Estudio analítico descriptivo y aplicación didáctica de las secuencias de Luciano Berio
Abstract
Programa de doctorado: Formación del Profesorado
Full text
1
FAC ULTAD DE FORMAC IÓN DEL P ROF ESORAD O
DEPARTAMEN TO DE DIDÁ CTICAS ES PECIALES
PROGRAMA DE DOCTORADO: FORMACIÓN DEL PROFESORADO
TESIS DOCTOR A L
ESTUDIO ANAL ÍTICO DES CRIPTIVO
Y
APLICACIÓN DIDÁCTICA
DE
LAS SECUENCI AS DE L UCIANO BERI O
DAV ID MENEN T I OLIVERT
LAS PA LMAS D E GRAN CANA RIA
DICIEMBRE DE 2013
Tesis doctoral realizada, presentada y reg istrada en el Registro de la Propie dad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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PÁGINA RESERVADA PARA LOS SERVI C I OS ADM I NI STRAT IVO S DE LA
UL PGC
Tesis doctoral realizada, presentada y reg istrada en el Registro de la Propie dad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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PÁGINA RESERVADA PARA LOS SERVI C I OS ADM I NI STRAT IVO S DE LA
UL PGC
Tesis doctoral realizada, presentada y reg istrada en el Registro de la Propie dad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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FAC ULTAD DE FORMAC IÓN DEL PR OFESORA DO
DEPARTAMEN TO DE DIDÁ CTICAS ES PECIALES
PROGRAMA DE DOCTORADO: F ORMACIÓN DEL PROFESORADO
TESIS DOCTOR A L
ESTUDIO ANAL ÍTICO DES CRIPTIVO
Y
APLICACIÓN DIDÁCTICA
DE
LAS SECUENCI AS DE L UCIANO BERI O
PRESENTADA POR:
D. DAVID MENENT I OLIVERT
Tesis doctoral realizada, presentada y reg istrada en el Registro de la Propie dad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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DIRIGIDA P OR LOS DOCTORES:
Dr. D. José Luis Correa Santana. Dr. D. Franc isc o Quintana Guerra
Fdo. Fdo.
Dr. D. Franc isco Robaina Palmés.
Fdo.
EL DOCTORANDO:
D. David Mene nt i Olivert
Fdo.
En Las Palmas de Gran Canaria, a 9 de diciembre de 2013
Tesis doctoral realizada, presentada y reg istrada en el Registro de la Propie dad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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AGRADECIMIENTOS
En primer lugar a los Doctores D. José L. Correa Santana, D. Francisco
Quintana Guerra y D. Francisco Robaina Palmés, quiene s con sus e xpertas y mu y
atentas recomendaciones me han guiado por el tortuoso y oscuro camino que conduce al
conocimiento.
En segundo lugar al alumnado del CPMiD de P alma de Mallorca que pa rticipó
en la aplicación didácti ca y a los Equipos dire ctivos de los conservatorios que me
facilitaron e l a cceso a algunos datos estadísticos.
A José Miguel Asensi, por animarme a retomar el camino.
A mi padre, porque sin él no hubiera ll egado a este mundo, para bien o para mal.
A Vicent, por ser como un seg undo padre.
A Yónatan Sánc hez, por muchas cosas.
A Ricardo Cabrera, p or s er como un cálido empujón de optimi smo para mí y para todo
el mundo.
A Gregorio Jiménez, por ser más que un Maestro, darme bue nos consejos y de una u
otra manera estar ahí siempre.
A Emili Renard, por ser un refere nte y no sólo a nivel musical.
A Lluna, por hacerme sonreír y c ono cer la bondad auténtica.
Y en último lugar y no por ello con menos efusividad sino todo lo contr ario, a
Phoebe, por aguantar mi insoportable leveda d d el ser.
DEDICATORIA
…a ma mare i al meu germà, que restaran allà o n siga; tot i que de vegades em fique
rabut amb ells, els continue sentint molt a prop meu, matí rere matí, tractant de
somriure…
"El hombre nunca puede saber qué debe querer , porque vive sólo una vi da y no tien e
modo de compararla c on sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores."
Milan Kunder a.
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Intelectual por David Menent i Olivert.
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ANOTA CIONES:
1. Los índic es d e este documento deben ser tenido s en cuenta como aproximado s ,
puesto que en el mi smo se han realizado ciertos cambios respecto al ejemplar físico
presentado en su momento.
2. En este documento se han eliminado todos los fragmentos originales extraídos de
las partituras en atención a la Ley de P ropiedad Intelectual.
3. C iertas su ge rencias de revisión del documento, planteadas en su mo mento por los
miembros del tribunal, así como otras autopla nteadas por el autor to davía no están
presentes e n este documento.
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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN-JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN …… …………. 14
PRIMERA PAR T E: MARCO TEÓRICO
CAPÍTULO PRIMERO: BIOGRAFÍA Y O PUS ………………………………… ..23
1.1.CARACTERÍSTI C AS COMP OSITI V AS FUNDAMENTALES
D E N T R O D E L A S E G U N D A M I T A D D E L S I G L O X X ………………… ..24
1.1.1. CONTEXTO H I S TÓR I CO ……………… ………………………………24
1.1.2. CONTEXTO CU LTURAL ………………………………………………25
1.1.3. CONTEXTO MUSICAL ………………………………………………...27
1.2. ACERCAM I ENTO BIOGRÁFICO AL AUTOR ………………………………....30
1.2.1. AÑOS DE FORM ACIÓN ……………………………………………….30
1.2.2. MADUREZ Y ESTABLECIMIENTO EN EL PANORAMA
INTERN AC IONA L …… …………… …………… …………… ……… …. ……3 3
1.2.3. CONSO LIDAC IÓN ……… ……………… ……………………… … …..35
1.3. EL L E NGUAJE MUS I CA L DE LUC I ANO BERIO,
CO NCEP TOS BÁS ICO S ………… ………… ……… ………… …………… … …….. .36
1.4. CATÁ L OGO COMP L ETO ………………… …………………………………….42
CAPÍTULO SEGUNDO: L AS SECUENCIAS Y SUS CONTEXTOS ……………57
2.1. CONTEXTO CREAT I VO DE LAS S ECUENC I AS ………………… …………...58
2.2. EL PARÁMETRO TEMPORA L EN EL CONTEXTO HISTÓRICO …………....63
2.3. E L PARÁMETRO DE LA ALTURA EN EL CONTEXTO H I S TÓRICO …….....71
2.4. EL PARÁMETRO DEL T IMBRE Y EL USO DE TÉCNICAS EXTENDIDA S
EN EL CONTEXTO H ISTÓRICO …………………………………………………....78
2.5. PLANTEAMI E NTOS MOT Í V I C OS EN EL C ONTEXTO H ISTÓRICO………..83
2.6. EL PARÁMETRO DE LA INTENSID AD
EN E L CONTEXTO H ISTÓR I CO…………… ……………………………………….88
2.7. E L CONCEPTO TEATRA L EN E L CONTEXTO H I STÓR ICO ………………...91
2.8. PLANTEAMIENT O S ESTRUCTURALES
EN E L CONTEXTO H ISTÓRICO …………………………………………………….93
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2.9. LA TEXTURA EN E L CONTEXTO H I S TÓR I CO ……………………... ...........105
SEGUNDA PARTE: MARCO EMPÍRICO
CAPÍTULO TERCERO: PLANTEAMIENTO Y MÉTODO DE L A
I N V E ST I GA CI Ó N …………………… ………………… ………………… ………11 0
3.1. OBJ ETIVOS GENER AL ES Y ESPEC ÍFI C OS ……………………………… .....111
3.1.1. OBJET I VOS GENERALES ……………………………………………....112
3.1.2. OBJ ETIVOS ESPECIFI COS D EL ES TUDIO PR IMERO ………………112
3.1.3. OBJETIVO S ESP ECÍFI COS DEL ESTUDIO S EGUNDO ……………...113
3.2. ESTRUCTURA DE L A I NVESTIGAC IÓN …………………………………….113
3.3. METODOLOGÍA GENERAL DE LA I N VES TI GAC IÓN……………………..115
3.4. SE L ECC IÓN DE P IEZAS SUJETAS A I NVEST I G ACIÓN ……………………117
3.5. L AS SECUENC IAS DE L UC IANO BERIO …………………………………….118
3.5.1. GÉNESIS DE L AS S ECUENCIAS ………………………………………119
3.5.2. GRABACIONES DE LAS OBRA S……………………………………….132
3.5.3. PARTITURAS D E REFERENCI A… ……………………………………..135
CAPÍTULO CUARTO: EST UDIO PRIM ERO: ANÁLISIS DESCRIPTIVO DE
LAS CA TORCE SEC UENC IAS D E L UCIAN O BE RIO … ………… …………. ..1 3 7
4.1. OBJET IVO S ESPEC ÍFI COS …………………………………………………….138
4.2. METODOLOG ÍA ESP ECÍFI CA …………… …………………………………...139
4.2.1. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS
TEMPORA LES … …………… ……………… ………… ……………… ………...1 43
4.2.2. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS
DE A L TURA ……… ……………………………………………………………...147
4.2.3. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS
T Í M BRICOS Y TÉCN I CAS EXTENDIDAS………………...… ………………. 153
4.2.4. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS
MOTÍVICOS Y FIGURAS PRINCIPALES ……………………………………. .155
4.2.5. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS
D INÁM ICO S………………………… ………………………… ………………..1 57
4.2.6. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS
FOR M A LES …………………………………………………………… ………...159
4.2.7. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS
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INTRODUCCIÓN-JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN
La s razones qu e motivan el nacimiento de esta investigac ión en torno a las
Secuencias (desde este momento uti lizaremos de for ma indi stinta los términos
Secuencia-Seque nza así como Secuencias-Sequenze ) de Berio son varias. La primera de
ellas es que el opus del maestro italiano puede ser considerado como uno de los más
célebres en la s egunda mitad del siglo XX. Dejando de lado cualquier tipo de
comparación, entre los nombres clave dentro d el periodo histórico señ alado siempre
encontraremos cuatro fu ndamentales: Boulez, Stockhausen, Ligeti y Berio. Cierto es
que muchos otros autore s han ocupado también lugares prominentes en la escena
compositiva, pero si re aliz áramos una criba utilizando la conciencia y perspectiva
histórica actual, con toda seguridad estos cuatro nombres aparece rí an de manera
obligatoria dentro de es e reducido grupo de com positores considerados como clásicos,
como definidores de un momento hist órico. Cabe señalar en este punto, q ue ésta es una
situación contractual, y a que la historia d e la músi ca se ha revelado en más de una
ocasión como olvidadiza. Ciertos autores básicos dentro de cualquier acervo musi cal,
durante pe riodos más o menos lar gos, han sido borrados de l a conciencia cole ctiva.
Baste citar el célebre caso de Bach, quien pocos a ños después de su muerte fu e relegado
al panteón d e los olvi dados. Sin ser resucitado para el gran público hasta qu e
Mendelssohn lo recuperó, representando la Pasión según San Mateo en 1829.
Dentro del corpus creativo del autor son muchas las piez as que podrían llamar
nuestra atención. El hecho de haber elegido las Secue ncias se deb e a qu e ocupan un
periodo temporal amplio, casi cincuenta años. Con lo que pueden funcionar para valorar
posibles evoluciones en el leng uaj e del compositor.
Otra cuestión que nos ha llevado a de cantarnos p or estas piezas , es su presencia
relativamente frecuente en programas de concie rto. Podemos decir que Berio y sus
Secuencias se han convertido en una parte importante del repertorio instrumental actual,
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tanto a nivel de estudios musicales, como en las temporada s regulares de l os auditorios
(dentro de la esca s a programación de música contemporánea a la que asistimos).
Una finalidad de esta investigación será el servir como introducción analítica
para entender el proceso compositivo-técnico de estas obras. Escapando tanto de una
mera investi gación musicológica basada en la recogida y análisis de datos contex tuales,
como de la investigació n interpretativa. Por ello, nuestra investigación n o cumple el
cometido de ser un análisis enfocado pedagógicamente a la difusión e interpretación,
sino que va más allá, d ado que la metodolo gía analítica se ha planteado desde otro
punto de vista más generalista. Este planteamiento de la investig ación no dirigido a un
objetivo único resulta más útil, y a que podrá funcionar como punto de partida en
ulteriores análisis conducidos a la propia interpretación, pero también a otros aspectos
como el compositivo y el musicológico, por eje mplo. Así, diversos perfil es discentes,
podrán acercarse a esta investigación y extraer información válida para descubrir
algunas de las herramientas básicas dentro del proceso compositivo del autor en estas
obras.
En c uanto a la motivación y t emática del estudio podemos decir que se basa en
la siguiente consideración : dentro de la práctica compositiva de un autor, siempre
encontramos puntos en común a t ravés de sus obras, por lo menos dentro de etapas
concre t as. A partir de est as similit udes emerge el concepto de técni ca y estilo. L as ob ras
objeto de inv estigación en esta t esis, no están agrupadas dentro d e un corpus
compositivo compacto, voluntario y consciente, puesto que no nacen con una intención
cíclica. No obstante, dentro de nuestra investi gación partimos de la situación hipotética
(que no hipótesis formal científic a, propuesta como germe n de una i nvestigación)
acabada de plante ar, mediante la que cualquier grupo de piezas dentro de la producción
de un autor comp artirá siempre eleme ntos y procesos compositivos. Máxime si
atendemos a lo dicho por el propio autor en Berio (1981: 107):
“Con el título [ de Secuenc ias ] quise poner el acento en que se trataba sobr e todo
de una secuencia de campos armónicos ( y este es un dato común a casi todas las
secuenc i as) a partir d el cual mediante una se rie de c aracteriza ciones se derivaban las
restantes funciones musicales” .
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A partir d e est as palabras se entiende que dentro de las S ecuencias podremos
encontrar una serie de principios compositivos comunes. Mediante los dist intos aspectos
que investigaremos, trataremos de entender el funcionamiento de la técnica compositiva
del autor, así como la hipotética similitud de procesos compositivos en varias piezas.
En referencia al estado de la cuestión en este momento, podemos señ alar lo
siguiente: actualmente encontramos una gran cantidad de información sobre Berio,
in cluso referida solamente a sus Secuenc ias (aunque en menor medida). Ahora bien, en
el trabajo previo de documentación, no hemos tenido constancia de ning un a
investigac ión qu e de manera s istemática analice sus catorce S ecuencias . Mucho menos
bajo la autoría de una sola persona y siguiendo los mismos criterios y metodología.
Cabe decir también que pocos trabajos se han dedicado a realiz ar una investi ga ción
pormenorizada de los aspectos fundamentales a nivel de mat erial sonoro concreto
(desde los punto s de vi sta paramétrico, motívico, tex tural y formal) en la lí nea que
planteamos nosotros aquí, tanto en lengua española como extranjera. Entre ellos
básicamente cabría destacar a Hansen (2010) o Añón (2006) (aunque con muchas
reservas en el caso de este últim o, puesto que no desarrolla con profundidad todos los
aspectos pertinentes). Por todo ello pensamos qu e esta investigación pued e aportar una
mirada distint a y c omplementaria a toda la información y a existente sobre el auto r y
estas obras. Especialmente por centrarse en aspectos fundamentales en la construcción
ge neral de cualquier música.
Tras esta prime ra contex tualización pasamos a presentar los objetivos ge nerales
de la investigación:
1. Conocer el contexto histórico-musical que envuelve a l as Secuencias de L uciano
Berio.
2. Estudiar la praxis compositiva desarrollada por el autor en las obras
seleccionadas.
3. Extraer una serie de conclusio nes a partir de l a información que emerja de l a
investigac ión.
4. Plantear una aplicación didác ti ca a pa rtir de los datos descubiertos en e l análisis
de las obras sujetas a estudio.
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Después de establecer l as líneas maestras de nuestra investigación pas amos a
explicar cómo se estructura. Ha sido establecida en dos tom os por razones de
comodidad y medios de impresión utilizados. El primer tomo abarc a hasta el análisis de
la Secuencia VIII para violín y el s egundo d esde el análisis de la Secuencia IX para
clarinete .
Primera parte , m arco teórico compuesto por dos capítulos:
Capítulo primero: biografía y opus.
Capítulo segundo: las Secuencias y sus contextos.
Segunda p arte, marco empírico compuesto por tres capítulos:
Capítulo tercero: planteamiento y método de la investigación.
Capítulo cua rto: estudio primero. Análisis descriptivo de las catorce Sec u encias
de L u ciano Berio. Dentro de este capítulo se realiza la partición de tomos.
Capítulo quinto: estudio segundo . El len guaje musical de Luciano Berio en sus
Secuencias , aplicac ión di dáctica.
Conclusiones ge n erales.
Propuesta de nuevas líneas de inve sti gación.
Bibliografía.
Anexos.
Tras exponer la estruc tur a general de la investig a ción pasamos a explicarla con
mayor grado de detalle:
Pr i mera parte, marco teórico, compuesto por los capítulos primero y segundo.
El marco teórico de est a investigación se estructura a través de dos capítulos, el
primero de ellos en torn o al autor de las Secuencias , el segundo como un ac ercamiento
al contexto estético, técnico e histórico d entro del cual s e des arrolló la música de la
segunda mitad del sig lo XX.
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En el capítulo primero realizamos una presentac ión de las características
compositivas fundamentales de la se gunda mitad del siglo XX. Seguidamente
exponemos un retrato biog r áfico del autor divido en tres et apas. Por último señalamos
las líneas maestras dentr o de su producción musical y adjuntamos un catálogo completo
de sus obras.
En el capítulo seg undo r ealizamos una breve eva luación contextual , fijando nuestra
atención en la s características compositivas más relevantes de l a segunda mitad del siglo
XX y el entorno histórico que envolvió a las Secuencias . Posteriormente centramos
nuestra at ención en asp ectos puntuales, r elacionados direct amente con la realiz ación
técnica de las Secuencias como son: el pa rámetro temporal, el pa rámetro d e la altura, el
parámetro d el timbre y el uso de técni cas ex tendidas, planteamientos motívi cos, el
parámetro de la intensidad, el concepto teatral, parámetro d e la dinámica, los
planteamientos estructur ales y por último el concepto de t extura. Debemos tener en
cuenta que todos los aspectos históricos y contex tuales present an un problema de índole
temporal, dado que l as o bras que nos ocup an se e scribieron a lo lar go de muchos años.
Por ello las contextualizac iones funcionan más bien a modo de visión general sobre
cómo se presentaba el panorama compositivo tras la Segunda Guerra Mundial (sin
perder de vista en ningún momento la globalidad del si glo XX) y aunque de forma
somera, prestan t ambién atenc ión a su evolución en los si guiente s años. P ensemos que
un enfoque más determinist a y estricto resultaría en vano pu esto qu e del mismo modo
que la situación musi cal g en eral fue evolucionando, la praxis composit iva y estétic a del
compositor en particular también.
Dentro de cada uno de es tos capítulos se desarr oll a la siguiente información:
Capítulo primer o: biografía y opus.
En este primer capítulo realiz amos un acercamient o a la figura de Luciano Berio a
través de cuatro puntos :
1. Características composit ivas fundamentales dentro de la segunda mitad del
siglo XX. Estas características serán tratadas med iante breves ac ercamientos a través de
tres contextos: hist órico, cultural y musical. En el últ imo de ellos, tras definir el entorno
crea ti vo, realizare mos una catalogación de las características compositivas
fundamentales.
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2. Ac e rcamiento biográfico al autor, que queda rá divi dido en tres etapas: Años
de formación. Madurez y establecimient o en el panorama internacional. De vuelta a
Europa.
3. C onceptos básicos de ntro del lenguaje musical del autor. Rel ación y breve s
explicaciones adjuntas.
4. Presentación del catálogo completo del autor por géneros.
Mediante los datos ofrecidos en este c apítulo, el lector podrá acceder a una
información teórica fundamental para pode r ubicar al autor y su opus dentro de la
producción musical de la segunda mitad del sig lo XX.
Capítulo segundo: las Secuencias y sus contextos.
Dentro de este capítulo r ealizamos un acercamiento a las obras objeto d e nues tra
investigac ión. En él habla mo s del contexto creativo de las Secuencias de Luciano Berio
en primer lugar, pa ra posteriormente centrar nuestra atención en los aspectos que
desarrollaremos en cada uno de los análisis. A tal fin realizamos apuntes contex tuales
sobre los parámetros d e tiempo, altura, timbre (junto a las té cnicas extendidas),
intensidad y dinámica, además de otros aspecto s como son los conceptos motívicos,
teatrales y estructura l es.
A través d e esta s contextualizaciones, los futuros lectores de esta investi gación
podrán entende r mejor el ideario estético y técnico que motivó la naturaleza sonora de
estas obras.
Segunda p arte: marco e mpírico , compu esto por los capítulos tercero, cuarto y
quinto
En el primer capítulo de esta parte (capítulo tercero puesto que la nume ración de
capítulos es continua a lo largo de toda la investigación) se desarrollan los aspectos
concernientes al pl anteamiento, método y desarroll o de la investi gación. En él hablamos
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sobre los objetivos generales y específicos, el nacimiento de las piezas sujetas a
investigac ión y sobre su difusión (grabaciones y partituras de referencia).
Dado el doble enf oque de esta tesis (analítico y didáctico), hemos creído oportuno
estructurar la información en dos estudios diferen ciados pero complementarios a la vez.
Éstos se desarr ollan en los capítulos cuarto y quinto.
Dentro del capítulo cuarto, subt itulado estudio primero, llevamos a cabo el análisis
de cada una de l as piezas sometidas a investigación.
En el quinto y últim o capítulo, subt itulado estudio segundo, desarrollamos una
aplicación didá ctica a partir de los datos obtenidos tras analizar la s Secuencias de Berio.
Capítulo tercero: planteamiento y método de la investigación.
Tras hablar sobre el autor y el contexto de las Sec uen cias en los dos capítulos
previos, en el terce ro enmarcamos el método d e investigación así como las obras objeto
d e estudio. Para ello establecemos en prime r lugar los objetivos generales ( ya
presentados du rante esta introducción-justificación) y específicos que funcionan como
el armazón sobre e l qu e se constru y e esta investigación.
Capítulo cuarto : estu dio primero. Análisis descriptivo de las catorce
Secuencias de Luciano Berio.
En este capítulo re alizamos el análisis de las 14 Secuencias de Luciano Berio,
siguiendo el orden cronológico de las primeras versiones: flauta, arp a, voz femenina,
piano, trombón, viola, oboe, violín, clarinete, trompeta, g uitar ra, fagot, ac ordeón y
violonchelo.
En prime r lugar exponemos los objetivos específicos que hemos planteado, son
los siguientes:
1. Establecer en qué med ida se relacionan los materiales inherent es a las Secuencias
con el contexto histórico-musical que las envue lv e.
2. Ex plicar el funcionamiento de una serie de elementos asociados a los parámetros
musicales (duración, altura, timbre e intensidad) y otros (fig u ras compositivas,
estructura musical y tex tura) en cada una de las 14 obras investi ga das mediante una
metodología similar.
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3. Esclar e cer hasta qué punto los c onceptos aleatorios son importantes d e ntro de la
escritura de estas Secuencias .
4. Verificar la presencia e importancia del concepto de proceso compositivo en las
Secuencias investiga d as.
5. Comprobar si una serie de conceptos tradicionalmente atribuidos a la música del
autor están prese ntes o no dentro de las obras invest igadas y de qué forma. L os
conceptos en sí son: obr a abierta , Work in Progress, Teatro musical, us o de c ampos
armónicos, intertextualidad y uso d e nuevas técnicas de interpretación.
6. Fijar una serie de posibles rasgos comunes en la praxis compositiva del autor
dentro de las obras seleccionadas.
7. De terminar un posi ble se nti do diac rónico- evolutivo dentro de las obras
investigada s, así como el establecimiento de una serie de etapas o épocas creativas.
Posteriormente, explicamos la metodología analítica se guida en el análisis de las 14
Secuencias , atendiendo a ca da uno d e los conceptos investigados e n cada obra:
- Conceptos temporales.
- Conceptos de altura.
- Conceptos tímbricos y técnicas extendidas.
- Conceptos motívicos y f iguras principales.
- Conceptos de intensidad.
- Conceptos formales.
- Conceptos de textura.
Con el análisis de la Secuencia VIII para violín finaliza el primer tomo, arrancando
el seg und o desde el análisis de la Secuencia IX para clarinete.
Tras realizar el estudio d e todas las piez as, plante amos un análisis de los datos más
relevantes dentro de cad a concepto sujeto a inve stigación. Posteriorment e realizamos
una discusión de resultados cotejando los nuestros con los presentes en otras
publicaciones. F in almente presentamos las conclusiones al primer estudio.
Capítulo quinto : estudio segun do. El lenguaje m u sical d e Lu ciano B erio en sus
Secuencias , aplicación didáctica.
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Dentro del s egundo estudio, presentamos en pri mer lu gar los objetivos específicos
(que en r ealidad funcionarían más bien como objetos) que hemos planteado, son los
siguientes:
1. Realizar unos materiales teóricos que sirvan como acercamiento a la praxis
compositiva de Berio en sus Secuencias.
2. Plantea r una seri e de actividade s que puedan servi r para afianzar los contenidos
aprendidos mediante los materiales te óri cos presentados y su ex plicación en el aula.
3. Evaluar la validez de la aplicación di dáctica propuesta construy e ndo una
herra mienta demoscópica adecuada al entorno educativo en el que se desarrolla.
4. Determinar si un ma y or conocimiento d e la t écnica compositiva de un autor
conlleva una may o r aceptación de su obra.
Tras exponer el planteamiento metodológico y e l desarrollo de la aplicación
didáctica, pr esentamos un análisis de los datos más re levantes. Tanto mediante la
reflexión del propio investigador sobre el rendimiento de la población sujeta a estudio
en las actividade s presentadas, como mediante los datos que emerjan del análisis
demoscópico.
Posteriormente realizamos una discusión de resultados, cotejando nuestros datos con
los presentes en otra s publi caciones relacionadas aunque no sea directamente con
nuestra investi gación. Para finalizar presentamos las conclusiones a este se gundo
estudio.
Tras el capítulo quinto, planteamos las conclusiones generales a toda la
investigac ión, derivadas de las conclusiones previas prese ntes en los capítulos cuarto y
quinto (re spe ctivamente primer estudio, b asado en el análisis descriptivo y s egundo
estudio como aplicac ión didáctica).
Posteriormente realiz amos la propuesta de nuev as lí neas de investi gación a las
que esta tesis podría aportar informac ión.
Para finalizar incorporamos las refe rencias bibliográficas ordenadas por fuentes
de información: libros específicos sob re cuestiones musi cales, libros esp ecíficos sobre
cuestiones referidas a la aplicac ión didáctica y la invest igación so ciológica, artículos,
tesis relacionadas con la investigación, r ecursos en la web, publi caciones en soport es
audiovisuales, grabaciones y ediciones de las parti turas. Completamos la investigación
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con la incorporación de dos anexos que recogen el inst rumento de medida demoscópica
utilizado en la tesis y el soporte digital de las partituras y grabaciones.
PRIMERA PAR T E: MARCO TEÓRICO
CAPÍTULO PRIM ER O:
BIOGRAFÍA Y OPUS.
ÍNDICE:
CAPÍTULO PRIM ER O: BIOGRAFÍA Y OPUS.
1.2.CARACTERÍSTI C AS COMP OSI TIVAS FUNDAMENTALES
DENTRO DE LA SEGU NDA MITAD DE L SIGLO XX ………………… ………….. 24
1.1.1. CON TEX TO HI S TÓR I CO……………… ………………………………24
1.1.2. CONTEXTO CU LTURAL ………………………………………………25
1.1.3. CONTEXTO MUSICAL ………………………………………………...27
1.2. ACERCAM I ENTO BIOGRÁFICO AL AUTOR ………………………………....30
1.2.1. AÑOS D E F ORM AC I ÓN………………… …………………………….30
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podemos encontrar fragmentos expresivos (en un sentido conservador y generalista del
término) que no habían tenido lug a r de manera ta n clara en todas las Secuencias previas.
Grosso modo (en parte por la falta de perspectiva hist órica) podemos decir que
desde los años 80, con l a aparición d e la Posmodernidad, los únicos acontecimientos
estéticos y compositivos a destacar serían los sigui entes:
- L os planteamientos de la Nueva simplicidad se ven reforzados.
- Fre nte a la Nueva simplicidad encontramos una corriente a ntitética, la llamada
Nueva complejidad en la que autores como Ferney h oug y desde una óptic a mu y distinta
Sciarrino proponen escuchas menos directas y más difíciles tanto de interpretar como de
aprehe nd er por el público.
- Especialmente dentro del ámbito francés por la influenc ia del IRCAM ( Institut
de Rec herche et Coordination Acoustique/Musique ), aunque rá pidam ente se
ge neralizará por todo el mundo, asistimos a un auge y desarrollo d e las
composiciones mix tas con instrumental acústico y electrónico. En torno a este
centro nace la corriente espectral con Gr ise y a la cabeza y a desd e mediados de
los 70.
- Se presta atención a las músicas étnicas (aunque a lo largo del siglo XX ya se
habrán dado casos). Cab e señ alar en este sentido a Ligeti con los Estudios para
piano (1985) influenci ados por diversas músi cas allende l a gran tradición
clásica e uropea. Esta ate nción a las músi cas étnicas se plasma de manera clara
solamente en una ob ra dentro del ciclo investi gado: la S equenza X IV para
violonchelo , en la que el tratamiento instrumental se ve influido por la música
de Sri Lanka.
- Aunque la muj er siempr e ha estado presente en el mundo de la composición,
cabría destacar su espectacular ir rupción y reconocimiento dentro del panorama
compositivo internacional co n nombres tan destacados como: Gubaidulina
Mundry, Saariaho o Ustvolskaya entre otras muchas.
1.2. ACERCAMIENTO BIOG R ÁFICO AL AUTOR
El acercamiento biográfico que vamos a presentar ha quedado establec i do en tres
etapas que son la s si guientes:
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
33
1.2.1. Años de formación.
1.2.2. Madurez y establec im iento en el panor am a internacional.
1.2.3. Consolidación.
1.2.1. PR I MERA ETAPA: AÑOS DE FORMAC I Ó N
La historia de las piezas que nos ocupan comienza en 1958, momento en el cual
nuestro autor contab a con treinta y tres años. Justo en este instante d e su vida se
encontraba dirigiendo el centro de música elec tró nica Studio di Fonologia Musicale en
Milán, dirección que ejerció entre 1954 y 1959. Dicho cargo re cayó en s u persona a la
vuelta de un periodo de estudios en Estados Unidos, con el comp osit or italiano
Dallapiccola, periodo que cerró su formación. Pe ro antes de llegar h asta a quí, debemos
destacar ciertos aspectos personales qu e de una u otra forma influ ye ron en su evolución
personal y musical.
Luc i ano Berio lle gó al mundo un 24 de octubre de 1925 en Oneglia, un pueblo
perteneciente a la r egión mediterránea d e Liguria en Italia. Tanto su pa dre como su
abuelo fueron o rganistas y compositores, razón por la cual, el joven Luciano Berio,
recibió las primeras enseñanzas musicales en el seno paterno. S u interés musical se
centró más en el piano que en el ór ga no y a l a edad de nueve años, empezó a participar
como pianista en recitales de músi ca de cámara que or ganizaba su padr e. Su carrera
musical se vio truncada a causa de una desafortunada lesión en la mano d erecha suf rida
mientras prestaba el servicio militar en el ejercito it aliano en 1945. Dich a lesión hizo
que girara sus ojos hacia la carrera compositiva. Así, al fin al de la Segunda Guerra
Mundial ingresó en el Conservatorio de Milán donde centró su interés en los estudios de
composición.
Realizó estudios de contrapunto y comp osición en tre 1946 y 1951 con P aribeni y
Ghedini respectivamente. En las clases de contrapunto de Paribeni se tra bajaba mucho
recreando obras de grandes compositores, especialmente Ravel y Prokofi ev, más allá
del típico estudio de las especies o de proc edimientos teóricos contrapuntísticos
(imitaciones, inversiones, etc…). En este hecho podemos ver y a una de las primeras
influencias que mar caron su pensamiento music al, puesto que en Berio la idea de
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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reelaborac ión, tanto de sus propios materiales a tra vés de dive rsas obras, como de
composiciones de otros autores (recordemos el célebre collage planteado dentro d e su
Sinfonía , por ejemplo) fue una c onstante.
En 1948 inició los estudios de técnica d e composición con Ghedini. En sus
clases entró en contacto especialmen te con la música de Strawinsk y . Aparte de este
descubrimiento, cabe de stacar el sólido conocimiento y cuidado instrumental que le
transmitió, además d e un gran interés por el aspecto melódico y lineal (no en balde
Ghedini fue un autor centrado sobre todo en la m úsic a voc al). Dentro de este periodo de
estudios resultó también mu y importante la audición de músicas de autore s como
Milhaud, Bartók o Schö nberg, cu y o Pierrot Lunaire no le causó en primer lugar una
impresión demasiado gra ta a nuestro compositor en ciernes. Cabe tener en cuenta que el
contacto con estas músicas resultó crucial en el aprendizaje de Berio, pu esto que cambió
de manera importante s u man era de compone r. Permitiendo que las piezas escritas
desde su adolescencia, trabajos cuya t écnica no iba más all á de las postrimerías del siglo
XIX, evolucionara n estilísti camente de man era significativa.
Entre las músicas con las que tomó contacto, cabe destacar también la del
compositor italiano de vanguardia p or ex celencia en aquel momento, Dallapiccola. La
música de este autor fijaba su atención en la t écnica s erial, en cierto modo la más
avanzada del momento en Europa. Una té cnica, con la qu e su maestro en Milán,
Ghedini, no congeniaba en demasía y de la que no se solía hablar mucho en clase. Este
interés de Berio por la música serial sólo se pudo ver satisfecho cuando a la culminación
de los estudios en 1951, mediante un a beca de l a Fundación Koussevitzk y , marchó al
Festival de Be rkshire en Tanglewood, Massachussets, para estudiar con Dallapiccola.
Sus estudios con D allapiccola se prolon garon durante dos años en lo s que
desarrolló su técnica compositiva en torno al S e rialismo y la música d e vanguardia. El
aprendizaje de la técnica serial con este maestro f ue un tanto especial. P orque así como
el pensamiento de la Segunda Escuela de Viena, parte de un ide al de eliminación de los
mecanismos tonales, el pensamiento de Dallapiccola llega a la atonalidad y al
Serialismo a partir de un a expansión del pensamiento neotonal que hunde sus raíces en
la segunda parte del si glo XIX. Podemos decir que la técnica atonal d e este autor florece
a partir de la utili zación de un a concepción m odal cromáticamente muy li bre, que
finalmente uti liza la técnica dodecafónica para establecer un cierto control sobre el libre
material cromáti co . Otra diferencia aún más importante radica en que D allapiccola lleva
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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a cabo este des arrollo de la técnica serial mediante formas musicales vo cales, por lo qu e
el factor belcantista y por consiguiente el planteamiento de un serialismo menos radical,
dada la espec ificidad del canto, se plantea como un eleme nto fund amental a la hora de
entender su pensamiento.
Tengamos presente las siguientes palabras de Dibelius (2004: 41 ):
“Dallapiccola, partiendo de un uso más o menos libre – y generalmente melódico - de
series de doce sonidos” .
La incidencia de la es critura vocal influ ye de ma nera im portante en la té cnica
compositiva del autor, p uesto que de una maner a o de otra ésta ex ige u nas reglas de
realización concreta (por las limitaciones del aparato fónico y la t radición lírica) qu e la
escritura instrume ntal no conoce.
Dentro de su periodo de estudios en Estados Unidos, además del aprendizaje con
Dallapiccola, cabe destacar la toma de contacto con algunos hechos culturales
importantes. Entre e ll os la asistencia al primer concier to de música electroacústica
celebrado en Estados Un idos en el MOMA, el 28 de octubre de 1952. La asistencia a
dicho evento significó el descubrimiento y apasi onamiento inmediato por este género
musical. Decidido a in vestigar más sobre la m úsica electroacústica, aceptó una
invitación de la RAI ( Radiotelev isi one Italiana ) para trabajar en s u estudio de
grabac ión. En el seno de esta instit ución realizó bandas sonoras p ara series d e
producción propia, pero asimismo también tuv o la oportunidad de trabajar con los
materiales más avanzados vinculados a la M ú sica concreta. Fruto de esta nueva
posibilidad de trabajo, nació ese mi smo año su primera pieza de Música concreta, la
obra para cinta magnetofónica Mimusique no.1. R englón seguido, su interés se centró en
la creación de un estudio de músi ca electroacús tica dentro de la propi a RAI, con la
colaboración de Maderna. Finalmente en 1955 el sueño de ambos músicos se vio
cumplido y arrancó la andadura del Studio di Fonologi a en Milán. Tal y como
apuntamos, Berio asumió la dirección de este centro (junto a Maderna), carg o que le
permitió entrar en contacto con una gran c antidad de importantes autores de vanguardia,
entre los que cabe citar a Posseur o Cage entre otros.
1.2.2. SEGUNDA ETAPA: MADUREZ Y ESTABLECI M IENTO EN EL
PANORAMA INTERNACI O NAL
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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Su trabajo junt o a Maderna en el Studio di Fonologia sirvió entre otras cosas
para colocar a nuestro autor en el panorama internacional. Así, en 1956 presenta su
primera gran obra para orquesta, Nones , recibida con bastante int erés d entro de los
cursos de Darmstadt. El contacto iniciado con el f estival alemán arrancó en este instante
y se vio prolonga do dura nte varios años con continuas apariciones. A lo la rgo de estas
apariciones, Berio no puso demasiado interés en las discusiones estéticas que siempre
estuvieron a la orden del día dentro de est e festival. Más bien fue, junto a Maderna, un
nombre importante en la consolidación de estos cursos, pero nunca comulgando
totalmente con el dictado y pensamiento que de allí salía. De hecho, junto a Maderna,
desde 1956 empieza a organizar una serie de con ciertos de música contemporánea , en
los que se pudier a apartar de cierta ortodox ia en torno a la nu eva música creada en el
entorno de Darmstadt, l os Incontri Musicali , el primero de los cuales t uvo lugar en
Milán en 1957. La importancia de estos conciertos radica en la labor divulgativa de la
nueva música que realizaron en la I talia de los años cincuenta. Labor divulgativa que se
vio complementada con la edición de una revista homóni ma en que apare ci eron
artículos de los c olabor adores que pasaban por el Studio di Fonologia , además de
traducciones realiz adas por el propio Berio de artí culos redactados por P osseu r, Boul ez
o Cage. En tot al fueron cuatro los números qu e aparecieron entre 1956 y 1960. Pero los
contactos ac a ecidos a raíz del Studio di Fonologia y la RAI no se limitaron a lo
estrictamente musical. Gracias precisamente a su presencia en dicha inst itución, Berio
conoció a Umberto Eco. La influencia de este escritor fue decisiva e n el des arrollo de su
estética, especialmente g r acias a la teorización del concepto de opera aperta (obr a
abierta) , el conocimiento de los principios lingüí sticos de S aussure y la s emiótica. En
cuanto a la composición, estos postreros años d e la década de los cincuenta fueron de
una abundante p roducción. P roducción centrada so bre todo en la creación camerística,
la cual o frecía posibil idades de estreno más grandes que l as piezas para formaciones
orquestales. Dentro de l as obras para este género en esta época, podríamos destacar
Quartetto (1956), Tempi conc ertati (1958), Différence s (1959) Circles (1960 ), y la
pieza con la que inicia el ciclo de obras que centran nuestra investigación, la Sequenza
per flauto solo de 1958.
Justo en este punto convergen varios elementos biográficos importantes en la
vida de nuestro autor. Por un l ado, se cierra y a de man era definitiva s u periodo d e
formación tanto desde el punto de vista educativo como de influencias . Por otro, la
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
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escritura de la S ecuencia para flauta marca un hito en su creación, ya que tal vez este
ciclo de piezas, fue y es lo más conocido y divulga do de su amplio opus.
Toda la labor llev ada a cabo dur ante los años ci ncuenta dio p ronto sus f rutos,
dado que a inicios de los años sesenta, Berio era y a considerado como uno de los
autores más reputados dentro de la composición de vanguardia. A raíz de este estatus
adquirido, fue invitado a dictar clases de composición en distintas instituciones. Uno de
los primeros puestos que ocupó fue el de profesor en los cursos de Tanglewood en
1960. En los dos veranos siguientes enseñó en los cursos estivales de Dartington. Esta
serie de nuevos compro misos docentes trajeron de la mano dos hechos importantes en la
carrera d e Berio. Uno de ellos, fue la posibilidad de s eg uir dando a conocer su obra y
nombre. El otro fue la necesidad de abandonar su cargo al fr ente d el Studio di
Fonologia en Milán. Durante el semestr e de primavera del año 1962 sustit uyó a
Milhaud, quien recomendó su nombre para su p ropia sustitución, en el Mills Collage
(Oakland, California). D urante el curso 1963 -64 se o cupó por completo del periodo
docente en dicho centro. Durante su primera estancia en Oakland conoció a la psicóloga
Susan Oy ama, entonces todavía estudiante. S u relación terminó con el m atrimonio que
le había vinculado a Cath y Berberian desde 1 950. Si bien la relación con Cath y
Berberia n terminó, su relación musical todavía dio alg unos importantes frutos como lo
son la Sequ enza III (19 66) o Folksongs (1964). A partir de 1964 desarrolló la bores
docentes durante un semestre en l a Universida d de H arvard. Ya a par tir de 1965 y
durante un periodo de s eis años fue contratado po r la Universidad de Juilliard . En esta
institución se ocupó de la s asignaturas de a nálisis y composición. Promovió adem ás la
creación del Ense mble J uilliard , del que se hizo cargo d e su dirección musical hasta
1971, y con el qu e realizó una important e labor d e difusión d e la músi ca
contemporánea. Durante su periodo docente crecieron bajo su tut ela músicos como
Louis Andriessen, S teve Reich, L uca Francesconi y Phil Le sh de la banda Grateful
Dead.
1.2.3. TERCERA ETAPA: CONSO LI DAC IÓN
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Una vez finalizada su relación doce nte con la Universidad de J uilliard, terminó
su periplo docente por E stados Unidos, y volvió a I t alia. I nstalado d e nuevo en Europa
aceptó la invitación hecha por Pierre Boulez en 1974 para dirigir la sección de
electroacústica en el IRCAM. El may or pro yecto al que hiz o frente ocupan do este carg o
fue la creación junt o al físico Giuseppe di Giugno del sistema digital 4X, sistema que
revolucionó la creación electroacústica porqu e posibilitó la realización de proc esos
informático-musicales en tiempo real. Berio s acó prov echo de todas estas nuevas
posibilidades en la pie za Chemins V (1980). Ese mismo año finali z ó su relación con el
IRCAM, y comenzó su batalla particular para conseguir un centro de características
similares en suelo italiano. Fruto de este esfuerzo nació en 1987 el estudio Tempo Reale
sito en la Villa Strozzi bajo el pat ronazg o del ayuntamiento de Florencia. En estos
mismos años asumió la dirección de la Orquesta Regionale Toscana e n 1982 y del
Maggio Musicale Fiorenti no en 1984, cargos que junto a la dirección del estudio Tempo
Reale ocuparía hasta su muerte acaecida en 2003 . Cabe señalar en este punto que sus
funciones como director artístico no se limitaron a estos dos cargos, puest o que durante
1975 tuteló la Orquesta de Cám ara de I sr ael , y entre 1975 y 1976 la Accademia
Filarmonica Romana
A finales de los 70, su interés se encaminó hacia piezas de gran formato .
Ejemplos de esta nueva necesidad estética son C oro para 40 cantantes y cuarenta
instrumentistas (1975-77) y la ópera de dos horas de duración La vera storia (1977-
1981) con libreto del escritor Italo Calvino. En ambos casos estamos habl ando de obras
concre t as, y no la reunión de piezas más pequeñas dentro de un só lo forma to, tal y como
sucedería en composiciones pre vias como la Sinf onia o Epifanie. Otra obra de grandes
dimensiones realiz ada en estos años es la ópera Un re in ascolto (1979-84). Una vez
fueron c ompuestas estas obras de gran for m ato, volvió a concentra rs e en su labor
investigadora al frente del estudio T empo Reale. El primer fruto de este trabajo fue el
sistema de localización sonora TRA ILS, medi ante el cual se puede pro cesar y mover el
sonido en tiempo re al dentro de un espacio sonoro virtual más allá de las posibilidades
físicas naturales de audición. La primera creación llevada a cabo apro vecha ndo las
nuevas posibilidades ofr ecidas por dicho sis tema informático fue l a pro yec ción en un
espacio tridimensional sonoro de Ofanim (198 8). Pero la investigación de nuevos
recur sos no finalizó aquí, sino que continuó en otras piez as como por e jemplo Outis
(1995-96).
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Durante sus últimos años de vida, además de continuar atendiendo algunas de las
instituciones previamente señaladas, desarrolló tareas docentes en la Cátedra Charles
Eliot Norton en la Universida d de Harvard dur ante el curso 1993 -94. Además de esta
labor, asumió funciones de gestión como por ejemplo la dirección in teri na de la
Accademia di Santa C ecilia entre los años 1999 y 2000, momento en el que ascendió a
la presidencia, cargo que ostentaría hasta su muerte en el año 2003. T ambién asumió la
dirección del festival Musik im 21. Jahrhundert organizado por la Saarländischer
Rundfunk en el año 2000 y del pro yecto L ' arte della Fuga en La Haya, Londres, Ly o n, y
Spoleto en 2001.
Toda esta extensa tra ye ctoria dio como fruto una cantidad importante de
ga lardones concedidos a su persona. Entre ellos cabría destacar el P remio Ernst Siemens
en 1990, el P remio de la Fundación W olf de las Artes en 1991 y l a dis tinción como
compositor residente en la Universidad de Harvar d durante el año en 1994, manteniendo
este cargo hast a el 200 0. En el año 1996 le f ue concedido el Pra emium Imperiale
concedido por la Japan Art Association . Además, fue reconocido como Doctor honoris
causa por la City Unive rs ity de L ond res en 1980 y la Universidad de S iena en 1985.
1.3. EL L E NGUAJE MUS I CA L DE LUC I ANO BERIO, CONCEPTOS BÁSICOS
Dentro del lenguaje musical del autor objeto d e n uestra investigación, los conceptos
básicos más destacados son los siguientes:
1.3.1. Work in Progress
Podríamos traducir este concepto como “trabajo en prog r eso o evolución”. Es
explicado por Laborda (1996 : 234) como:
“ podemos destacar su tendencia a considerar sus composiciones musicales [ de
Berio] no como sust ancia fija e inamovible, sino como materiales susceptibles de
posible ampliación , modificación y transformación ulterior”
De acuerdo a estas palabras podemos entender el W ork in Progress como un
planteamiento creativo en el que las obras pueden ser elaborada s (más que reelaboradas)
a lo lar go de varios trab ajos concretos , dando lu gar a nuev as partituras a partir d e los
conceptos presentes en ellas. Casos así tienen lugar con algunas de las Secuencias , que
han dado lugar a otras obras, como por ejemplo el caso acaecido con la Sequenza II
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para arpa (1963), de la que n ació l a obra o rquestal Chemins I (1965 ). A partir de la
Sequenza VI para viola (1967) apareció Chemins II (1967) y de la Sequ enza VII para
oboe (1969) fue derivada Chemins III ( 1975).
1.3.2. Obra abierta
En primer lugar, t engamos en cuenta lo dicho en torno a este concepto por Berio
(2006: 82)
“En 1962 Umberto Eco publicó […] Opera A perta (obra abierta) Este libro fue
parcialmente inspirado p or “abiertas” o r elativamente abiertas experiencias musicales
como mi Sequenza para flauta […] Eco comenta: “L a fo rma de la obra de arte adquiere
su validez estética precisamente en la propo rción al número de diferent es perspec ti vas y
puntos de vista a través de los cuales puede s er vista y aceptada”. Él comenta también
que una obra musical puede ser abierta en un sentido tangible y pu ede no tener un final
concre to, d eterminado” .
A través del con cepto d e obra abi erta el plantea miento totalmente determinista y
cerrado d e la músi ca d eja de ser prioritario, tanto a niv el formal como de otros.
Pensemos que en la mús ica del autor, no sólo en piezas construidas como un collage,
sino inclusive en aque llas que huyen de e sta t écnica de e s critura se pueden hacer
múltiples lecturas. Planteando de este modo un a obra abierta a la lectu ra del propio
oye nt e, sin llegar a uti lizar principios aleatorios importantes (por lo me nos en las 14
obras estudiadas en esta investigación).
1.3.3. Concepción tea tr al
Dentro de la creación m usical de Berio, en múl tiples obra s lo teatral, lo d ramático,
aquello que e stá más allá de lo meramente sonoro a pa rece d e una u otra forma. En las
Secuencias III para voz femenina (1965) y V para trombón (1966) encontramos los
ejemplos más claros de esta concepción teat ral. En la tercera po r e l tratamiento
eminentemente dramático conferido a la voz femenina a través de gestos más cercanos a
la labor de un a a ctriz que a un a cantante. En el caso de la quint a por la gran cantidad d e
elementos de índole teatral ex igidos al intérprete, además de por la propia concepción
tímbrica del trombonista como una pr olon gación de su instrumento y viceve rsa.
1.3.4. Composición mult idisciplinar e int ertextualidad
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Dentro de la segunda mitad del sig lo XX los compositores han combinado diversas
fuentes creativas para co ncebir sus obras. Berio f ue uno de los primeros r eprese nt antes
dentro de esta intertextualidad compositiva basa da en la interrelación de materiales y
medios propios o no del mundo musical. Uno de los casos más fáciles de entender tiene
lugar con la llamada co mposición lingüística en la cual se v alora el texto como fu ente
tímbrica a través de la sonoridad de sus palabras, más que como fuente semántica, tal
como sucede en l a Secuencia III para voz femenina.
Un uso un tanto distinto del tex to es el que ti ene lugar en su quinteto de viento Opus
number Zoo (1951, revisado en 1970) donde un te x to de Rhoda Levine es rec it ado por
todos los intérpretes de la formac ión.
Otro medio interdisciplinar dentro de su composición tiene lugar mediante la
reunión de medios sonoros diversos como en Ofanim (1988, revisada en 1997) en la que
a partir de unos tex tos del L ibro d e Ez equiel ex tra ídos del Canto de Salomón, realiza
una composición en la que convergen: voces femeninas, 2 coros de niños, 2 ensembles,
teclado MIDI , timbales más percusión y live electronics.
Otro tipo de influencias como por ejemplo la pintura o la danza no han sido tomadas
(por lo menos de maner a tan evidente como en el caso de lo textual) como elementos
básicos dentro de su composición. Aunque de un modo u otro lo coreog r áfico por lo
menos sí ha estado pr esente, dado que dentro del catálogo d e B erio e ncontramo s
algunas obras core ografiadas como Per la dolce memoria di quel giorno (1974).
1.3.5. Reelaboración, palimpsesto, cita y collage
Dentro de la música de Berio, un elemento fund amental es la elaboración de nuevas
obras a partir de material es ajenos. Esta elaboración tiene luga r de divers as formas, qu e
se podrían en globar en lo s cuatro términos q ue dan a nombre a este apartad o:
reelaborac ión, p alimpsesto, cita y collage.
La reelaboración podría entenderse a través de obras como el arreglo del opus 120
nº 1 de Brahms para clarinet e alto y orquesta (1986) o la composición de Rendering
(1989) a partir d e los borradores para la X Sinf onía de Schubert. En e stos casos el
proceso compositivo se basa en unos materiales previos más o menos definidos que bajo
la manipulación del autor se convier ten en algo nuevo.
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Chemins III
1967, revisada en
1973
15‟
Sinfonia
1968-69
Pieza orquestal en la que convergen
distintas piezas independientes y en la
que además participan solistas y c oro .
35‟
Chemins IIb
1970
11‟
Bewegung
1971 revisada en
1984
15‟
Apres Visage
1972
Orquesta y c int a
Chemins II c
1972
Chemins IIb con una parte solista
añadida. 11‟
Concerto
1972 – 73
2 pianos y orquesta. 18‟
Still
1973
Eindrücke
1973 – 74
11‟
“ Points on the curve to
find ”
1973 – 74
Para piano y 22 instrumentos. 16‟
Calmo (in memoria
Bruno Maderna).
1974
Mezzosoprano y 22 instrumentos. 20‟
Quattro versioni
originalli della Ritirata
notturna di Madrid de
L. Bocherini,
sobrepuesta y transcr ita.
1975
8‟
Chemins IV
1975, revisada en
2000
Pieza relacionada con la Secuencia
para oboe .
Fantasia
1977
Il ritorno degli
snovidenia
1976 – 77
Pas de quoi
1977
Sección extraída de La vera storia ;
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49
puede ser interpretada como pieza
independiente de concier to
Encore
1978
5‟
Scena
1979
Incorporado en La vera storia . 30‟
Entrata
1980
Incorporado en La vera storia. 3‟
Corale su
1981
Pieza relacionada con la Secuencia
para violín
Accordo
1981
Conjunto de vientos y percusión, para
4 grupos de 26 instrumentos.
El número puede multiplicarse y Berio
prefería un total de al menos 400
instrumentos. 30‟
Fanfara
1982
2‟
Requies in memoriam
Cathy Berberia n
1983 – 84
15‟
Voci ( Folk Songs II )
1984
30‟
Formazioni
1985 – 87
20‟
Concerto II . Echoing
Curves
1988
25‟
LB . AM . LB . M . W . D . IS . LB
1988
Festum
1989
2‟
Continuo
1989
20‟
Rendering
1988 – 89
A partir de los borradores para la X
Sinfonía de Schubert . 33‟
Chemins V
1992
Hör
1995
Para cor o y orquesta, p rólogo de
Requiem der Versöhnung , trabajo en
colaboración con 14 c ompositores. 5‟
Re - Call
1995
5‟
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50
Notturno
1996
Pieza relacionada con la Secuencia
para trompe ta.
Récit
2003
Pieza relacionada con la Secuencia
para saxofón alto . 15‟
Ekphrasis-Continuo II
1996-97
30‟
Alternatim
1997
Para clarinete, viola y orquesta. 30‟
SOLO 1999.
1999
Para trombón y orque sta. 22‟
Cabe señalar que muc has de estas piez as consider adas dentro del género
orquestal, son en realidad piez as para a grupaciones entre el ens emble y un a amplia
formación orquestal.
1.4.3. MÚSICA DE CÁMARA
Tabla 3: música de cá m ara .
Obra
Año
Datos significativos
Preludio a una festa
marina
1944
Orquesta de cuerda
Tre pezzi
1947
Para 3 clarinetes.
Trio
1948
Para trío de c u erda
Quinteto
1948
Quinteto de viento.
Due pezzi sacri
1949
2 sopranos, piano, 2 arpas, timbales y
campana s.
Concertino
1949-1950
(revisada en 1970)
Clarinete, violín, arpa, celesta y cuerdas.
11‟
Due Pezzi
1951
Violín y piano . 8‟
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51
Opus Number Zoo
1951 (revisada en
1971)
Recitador y quinteto de viento (aunque
los propios integra nt es pueden hacer de
recitador) . 7‟
El mar, la mar
1950-1952
Sobre textos de Rafael Alberti. 2 sopranos
y 5 instrumentos (aunque en versiones
posteriores el númer o d e instrumentos ha
cambiado).
Study
1952
Cuarteto de cuerda
Quartetto
1955 – 56
Cuarteto de cuerda . 9‟
Serenata I
1957
Flauta y 14 instrumentos. 11‟
Sequenza I
1958
Flauta
Différences
1958 – 59 (revisada
en 1967
Flauta, c larinete, arpa, viola, cello y cinta .
17‟
Sequenza II
1963
Arpa
Sincronie
1963 – 64
Cuarteto de cuerda . 15‟
Folk songs
1964
Mezzosoprano y 7 instrumentos
(arreglada p ara mezzo y orquesta en
Sequenza V
1966
Trombón
Sequenza VI
1967
Viola (versión para cello en 1981) .
Chemins II
1967
A partir de la Secuencia VI para viola.
Viola y 9 instrume ntos. 12
Sequenza VIIa
1969
A partir de la cual se desarrollan: as
Chemins IV ; y la versión para saxo
soprano de Claude Delangle como
Sequenza VIIb en 1993
Memory
1970
Para 2 pianos eléctricos y perc usión. 13‟
Autre fois-berceuse
canónica para Igor
1971
Flauta, c larinete, arpa . 2‟
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
52
Stravinski.
Linea
1973
Dos pianos, 52ibráfono y marimba . 15‟
Musica Leggera
1974
Flauta, viola, cello, pandereta . 5‟
Ritono degli
Snovidenia
1976-77
Violonchelo y 30 ins trumentos. 19‟
Sequenza VIII
1976 – 77
Violín
Les mots sont
allés …
1976 – 78.
Cello . 5‟
Sequenza Ix a
1980
Clarinete (reelaborada como Sequenza
Ixb , para saxofón alto en 1981, y
reelaborada como versión para clarinete
bajo por Rocco Parisi en la Sequenza Ixc
en 1997)
Chemins V
1980
Clarinete y sistema dig it al 4C. 20‟
Duetti per due
violini
1979 – 83.
Dos violines (10 secciones pueden ser
interpretadas sepa radamente como Zehn
ausgewählte leichte Duos . Otra
reelaborac ión es la realizada por Eugenia
Kanthou a partir de cinco dúos titulada
Selected easy duos para dos guitarras en
1987)
Corale
1981
Violín, dos coros y cuerdas, la pa rte d el
violín está sacada d e la Secuencia VIII.
15‟
Lied
1983
Clarinete
Sequenza X
1984
Trompeta y piano a mpl ificado
Call - St . Louis-
Fanfare -
1985, revisada en
1987.
Trompa, 2 trompetas, trombón y tuba . 5‟
Terre chaleureuse
1985
Flauta, oboe , clarinete, trompa y f agot
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
53
(obra incompleta) escrita para el 60
aniversario de P. Boulez
Gute Nacht
1986
Trompeta
Ricorrenze
1985 – 87
Flauta, oboe , clarinete, trompa y f agot.
15‟
Canticum Novissimi
Testamenti II
1989
8 voces, 4 clarinetes y c u arteto de
saxofón. 20‟
Comma
1987
Clarinete en Mib.
Sequenza XI
1987 – 88
Guitarra
Psy
1989
Contrabajo
Notturno –
Quartetto III
1986 – 93
Cuarteto de cuerda (reelaboración para
orquesta de cuerdas como Notturno )
Brin
1994
Guitarra (reelaboración realizada por
Bruce Charle s p ara piano)
Sequenza XII
1995
Fagot
Sequenza XIII
( Chanson )
1995 – 96
Acordeón
Kol Od-Chemins VI
1995-96
La p arte de trompeta es la Secuencia X.
20‟
Récit-Chemins VII
1996
Saxo alto y orquesta. 15‟
Glosse
1997
Cuarteto de cuerda . 6‟
Korót
1998
8 violoncelos . 9‟
Albumblatt
2001
Violín, acordeón y c ont rabajo, para los 70
años de M. Kagel
Sequenza XIV
2002
Violonchelo (reelaborada como versión
para c ont rabajo por Stefano S codanibbio
como Sequenza XIVb en 2004
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
54
1.4.4. PIEZAS PARA CORO
Tabla 4: piezas para co ro.
Obra
Año
Datos significativos
Due cori popolari
1946
O bone Je su
1946
Magnificat
1949
2 sopranos, 6 voces mixtas y orquesta . 13‟
Ora
1971
Soprano,mezzo, coro y orquesta
Cries of London
1973 – 74.
Seis voces mixtas (versión para ocho 8
voces mixtas en 1975 ). 12‟
Coro
1975-76, revisada
en 1977
Textos de E. Sanguinetti, canciones de
varias cultura s; 40 voces mixtas, orquesta
de cámara . 56‟
Ecce: música pe r
musicologi, de
Guido d‟Arezzo
1988
Coro mixto.
Ofanim
1988, revisada en
1997.
Textos del L ib ro de Ezekiel, Canto de
Salomón; voces femeninas, 2 coros de
niños, 2 ensembles, teclado MIDI,
timbales más percusión y live electronics.
45 ‟
Canticum
Novissimi
Testamenti I
1988
20‟
There is no tune
1994
Coro de cámara. Texto de Talia Pe ck er
Berio . 8‟
Shofar
1995
Texto de Paul Celan; coro mixto y
orquesta. 7‟
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
55
Hör
2002
Texto de Paul Celan; coro mixto y gran
orquesta. Utilizado en 1995 como sec ción
del Requiem de r V ersöhnung , en
colaboración con otros autores.
E si fussi pisci
2002
Texto a partir de una canción popular
siciliana; coro mixto . 2‟
Stanze
2002-2003
Textos de Giorgio Caproni, Edoardo
Sanguineti, Alfred Bre ndel, Paul Celan,
Dan Pagis; barítono, 3 coros masculinos
(seis voces en total) y gra n orquesta . 25‟
1.4.5. PIEZAS VOCAL ES
Tabla 5: piezas voca les.
Obra
Año
Datos significativos
L‟annunciazione
1946
Soprano y o rquesta de cámara.
Tre lirichi
greche
1946
Voz y piano
Due liriche
1947
Voz y piano
Tre Canzoni
popolari
1946 – 52, revisado en
1973
En 1952 fue añadida una cuarta canción.
Voces femeninas y piano. Versione s de
dos canciones ( Ballo y La dnna ideale
fueron incluidas e n Folk Songs de 1964.
Ad Hermes
1948
Voz y piano.
Tre vocalizzi
1950
Voz y piano.
Deus meus
1951
Voz y tres instrumentos.
El mar la mar
1952, revisada en
1969.
Texto de Rafael Alber ti ; soprano, mezzo -
soprano, flauta (+ piccolo ), 2 clarinetes
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
56
(2º mutta en clar inete bajo, arpa, cello,
contrabajo, acordeón)
Chamber Music
1953
Texto de James Jo y ce; voz femenina,
clarinete, arpa , cello . 8‟
Epifanies
1959-1961
Textos de Proust, Jo y ce, Machado
Simon, Brecht y Sanguineti. Para sopra no
y orquesta. 30‟
Circles
1960
Texto de E.E. Cummings; voz femenina,
arpa, 2 percusionistas . 20‟
Folk Songs
1946 – 64.
Textos extraídos de cantos populares
america nos, armenios, franceses,
sicilianos, italianos, Sardos, de
Azerbaiy á n; mezzo -soprano, flauta
( mutta a piccolo ), clarinete, arpa,
guitarra, viola, cello, 2 perc usionist as
Esposizione
1963-1964
Voces e instrumentos.
Sequenza III per
voce femminile
1965 – 66
Texto de Markus Kutter
O King
1967
Texto del compositor; mezzo-soprano,
flauta, clarinete, violín, cello, piano
(versión incorporada en la Sinfonia ).
Beatles Songs
1967
Arreglo de T h e Beatles para voz e
instrumentos. 8‟
Air
1969
Texto de Alessandro Striggio; sopra no,
orquesta. 7‟
Questo vuol dire
che
1969
Voz, coro, conjunto y cinta.
Agnus
1971
2 sopranos, 3 clar inetes, órgano eléctrico
obbligato . 5‟
Bewegnung II
1971
Barítono y orquesta.
Recital I (para
1971-72
Texto del compositor Mezz osoprano y 17
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
57
Cathy)
instrumentos. 3
E vó
1972
Texto extraído de una canción popular
siciliana; soprano, fl, oboe, 3 cls, trpt,
trmb, vl, vla, vcl, cb, pno, órg . eletrc.,
perc. . 4‟
Calmo -in
memoriam
Bruno Maderna
1974, revisado en
1989.
Texto de Homer; me zzo - soprano,
pequeña orquesta . 20‟
Duo
1977
Soprano y Violonchelo.
Epiphanies
1991-92
Voz femenina y orque sta . 40‟
Rage and
Outrage
1993
Voces y orquesta.
Altra voce
1999
Texto de Talia Pecker; mezzo-soprano,
flauta en sol, live elec tronics . 12‟
Alois
2001.
Texto de Alfred Brende l; barítono y
orquesta
1.4.6. PIEZAS PARA PIANO
Tabla 6: piezas para pia no.
Obra
Año
Datos significativos
Pastorale
1937
Toccata
1939
Berio Family
Album. Petite
Suite
1947
Agrupación de obras de Adolfo Berio,
Ernesto Berio y el propio L uci ano Berio,
para piano a 4 manos. 20‟
Cinque
Variazioni
1952 – 53, revisada en
1966.
Sequenza IV
1965 – 66
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
64
occidental, como obr as de estilo en las que el i ntérprete debe se r capaz de afrontar
dificultades propias de la nueva música (recordemos “el único tipo de virtuoso que es
aceptable ho y en dí a”). E stas dificultades específicas de nuestro tiempo so n las té cnicas
extendidas o nuevos recursos, la lectura de nue vas grafías (t anto específicas para l a
técnica instrumental como para otras cuestiones g enerales), un pensamiento rítmi co-
temporal distinto a la práctica h abitual, y una cierta exigencia t eatra l inserta en la propia
música. Esta misma situación sucedió con otras m uchas piez as de los años 50, como las
Klavierstücke de S tockhausen. Su planteamiento rítmi co resulta tan complejo que el
propio autor elude la determinación de un tempo determinado y al inicio de la partitura
indica que dichas piezas deberán se r interpretadas lo más rápido posible. Esto más allá
de la im portancia que tiene desde el punto de vist a de la escritura y otros aspectos, es un
claro sínt oma de que l a ex igenc ia interpretativa ad emás de ser mucho más difícil que en
las décadas anteriores, iba a ser sobre todo distinta.
La creación de pi ezas a solo que pudieran “ educar” a los intérpretes en la n ueva
música se reveló como un hecho casi necesario. Necesario y también obli ga torio porqu e
dentro de los primeros años de la posguerra europea, las plantillas orquestales del viejo
continente no prestaban demasiada importancia a las obras de vanguardia. Por todo esto,
la creación de piezas pa ra instrumento a solo , es pecialmente p ara piano, en la d écada
de los cincuenta y en concreto en el entorno d e Darmstadt fue un a constante. Sólo cabe
mencionar las Sonatas de Boulez (1946-57), las propias Klavierstücke I- XI d e
Stockhausen (1952-56) o las s onatas de Goe yva erts (p ara dos pianos de 1951) y
Barraqué (1952). L a razón que ex plica la creación de tantas piezas para piano se
sostiene en que éste es e l instrumento perfecto para rea liz ar avances, puesto que dada s
sus características (especialmente la posibilidad polifónica) es autosuficiente para
realizar casi cualquier ti po de música. D entro de esta importante cantidad de música
pianística, las piezas a solo de Berio fueron como una bocanada de aire fresco, y a que
precisame nte eluden la creación pianística. Tengamos presente qu e su Secuencia para
piano no llega hasta 1966 con la Sequenza IV.
Todo esto colo ca a la pr imera obra d e est e conjunto, la compuesta para flauta,
como una composición clave en la historia de l a música, por que es la primera pieza a
solo importante dentro de la van guardia europe a para un instrumento de v iento. Aunque
cabría matizar que en es e mismo año, 1958, Evang elisti escribió una obr a para flaut a
titulada Proporzioni en la que los criterios técnicos y estéticos son muy s imilares a los
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
65
propuestos por Berio. A hora bien, tanto la historiografía como la memoria colectiva
suelen olvidar este dato. L a razón por la que Berio se decantó por este inst rumento y no
otro, no queda clara, ya que todo pare ce indicar que la escritura de la pie za para flauta
no se debe a un encargo concreto o comisionado . Por lo tanto una de las posibles
razones que establecieron a la flauta como instrumento eleg ido, fue la tradición.
Recordemos que ya a principios del siglo XX Debussy es cribe una pieza básica en el
repertor io contemporáneo, tanto flautístico como ge n eral, Siryn x (1913). P ero no es ést a
la única pieza en estos años que c entra su a t ención en este instrumento, por que
Honegger escribe t ambién una pieza a solo, la Danse de la chèvre (1921). Por lo tanto,
el instrumento a lo largo del siglo XX y a había gozado de una atención especial, aunqu e
menos que el piano com o auténtico “banco de p ruebas”. Una atención p or cierto que
autores ya posteriores a Berio, han se guido dedicándole. Baste citar Unity capsule (1975 )
de Ferne y hou gh, Taire (1980-1983) de Holli ger o Air (1995) y Masque (1959) de
Takemitsu, la última de las cuales escrita p ara d os flautas y no publicada hasta 1962.
Así pues, podemos comprobar que la flauta ha sido un instrumento que tra dicionalmente
ha atraído la atención de la nueva música . Una raz ón que explique ésto puede ser la gran
capacidad técnica del ins trumento y su riqu eza tímbrica, con lo que la elección por pa rte
de Berio puede se r explicada por la tradición del repe rtorio y la ve rsatilidad del
instrumento. Un elemento significativo dentro la primera Secuencia es el uso de nuevos
recur sos tímbricos o técnicas extendidas. L a piez a no demanda únicamente una gran
exigencia interp retativa, sino que además requiere un a capacidad int erpretativa para
tocar de manera no habitual. Baste señalar el uso de la percusión de llave s, la emisión en
armónicos o el uso d e mult ifónicos, siendo considerada de hecho, la primera pieza e n la
que aparece e ste recurso. De todos modos, como y a apuntamos previamente e n e l
mismo año en que apare ce la Secuencia I para flauta , surge Proporzioni de Evangelisti,
pieza en la que también se utilizan multifónicos. Con lo cual, habría que investigar qué
autor en realidad fue el p rimero en h acer público el uso de r ecursos como éste. De todos
modos, en re alidad nin guno de estos dos autores fueron los primer os en uti lizar
multifónicos, puesto que el primer ejemplo en la li teratura aparece dentro del
Concertino para trompa de W eber (1815). Si bien, cabría matiz ar qu e en este caso la
emisión de multifónicos se realiza de forma dif erente (cantando y tocando al mismo
tiempo).
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
66
A pesar de la sonoridad vanguardista de la Se quen za I , el requ erimiento de
técnicas extendidas no es muy grande en realidad (bajo nuestro punto de vista). Y es que
no debemos olvidar la intencionalidad musical, puesto que el autor en nin gún momento
quería r ealizar “estudio s tímbricos” de los inst rum entos impli cados en estas obras, los
recur sos al servi cio de la música y no al r evés. Aunque en muchas de las Secuencias que
aparecier on posteriormente, el uso de t écnicas extendidas ll egaría a alcanzar cot as
mucho más altas, dando lugar a sonoridades aún más rompedora s.
2.2. EL PARÁMETRO TEMPORAL EN EL CONTEXTO HISTÓRI C O
Uno de los p rimeros ele mentos a tener en cuenta dentro d e la evolución de este
parámetro en l a se gunda mitad del si glo XX, es el gran desarrollo al que se vio
sometido. Tengamos pr esente que el parámetro de la altura evolucionó mucho en la
segunda mi tad del siglo XIX y primera del XX, pero el ritmo sólo c onoce un
tratamiento más avanzado a partir del siglo X X. Con lo cual el campo evolutivo, a
priori se presentaba con más espacio a explorar. Entre los distintos elementos de
desarrollo, uno de los más importantes es el que se produce con la invención de la
notación gráfica o proporcional. El nacimiento de este tipo de escritura tiene lugar a
finales de los años cincuenta, pudiendo señalar co mo una de las p rimeras o bras con este
tipo de notación rítmica, la Secuencia I para fl auta de 1958. Dentro de este ti po de
escritura el planteamiento rítmico deviene com o alg o totalmente libre, ya que las
duraciones no qu edan sujetas a unos valor es deter minados. L a única r eferencia temporal
que determina su duración es su situación a lo largo del pentagrama. La cuestión má s
perentoria desde el punt o de vist a contex tual, es saber cómo se lle gó a plantear este
concepto rítmi co. Antes que nada cabe decir que la búsqueda de un s entido a esta
notación dentro de la mú sica europea difiere ampliamente de lo acontecido po r ejemplo
en Estados Unidos, dado que allí todos estos tipos de notaciones abiertas en las que el
grado de deter mi nación se ve re bajado, y a está pr esente desde finales de los años
cuare nt a. En Europa, la búsqueda de una genealogía para esta es critura se pu ede enfocar
desde dos frentes. Por un lado, el de la influencia de la estéti ca y técnica
estadounidense, que con su desembarco en los cursos de Darmstadt (Cage en 1958 con
el estreno del Concierto para piano ) trajo de la mano planteamientos aleatorios. Bajo la
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
67
influencia de estas poéticas menos deterministas, l os autores europeos vieron como una
posibilidad de desa rrollo, establecer el p arámetro temporal de manera más libre
planteando distintos grados de aleatoriedad. P or otro lado, la propia ev olución de l a
música dentro d el fulgurante desarrollo d esde el final de l a Segunda Guerra Mundial,
demandó la nec esidad de simplificar el lengua j e rítmico, o por lo menos establecer
algún tipo de lectura más asequible para el intérprete. En cierto modo se había llegad o a
un callejón sin salida, en el que los compositores tenían la impresión de no poder ir más
allá en la c ompl ejidad rítmica.
Cabe decir d esde l a p erspectiva histórica en la que nos encontramos, q ue ese
callejón sin salida, poste riormente fue abierto de p ar en par, gracias a los innovadores
planteamientos polimétricos de L i geti y algunos procedimientos rítmicos dentro de la
corriente etiquetada como Nue va Complejidad. (corriente musical cu yo término fue
establecido entre otros por Harr y Halbreich y sobre t odo por Richard Toop en 1988, con
un artículo titulado Fo ur Facets of the New Complexity. Esta corriente s e caracteriza por
el resurgimiento d e planteamientos musicales más complejos qu e los que años antes
estableció como poética del momento l a Nueva Simpl icidad. Entre los compositores
más destacados d entro d e esta co rriente podríamos señalar a Ferne y ho ugh, Finnissy y
Durand.) S ea cual sea el orig en de este tipo de notación proporc ional, ca be destacar la
importancia y vigencia que tuvo a partir d e los años sesenta. En las piezas que nos
ocupan dentro de esta investiga ción, varias ut ilizan este sistema de notación, las
Secuencias I, II, III, V, VII y XI I . No obst ante, cabe señal ar que la Secuencia I para
flauta escrita en un a pri mera ve rsión fue revisada y r e elaborada post eriormente por el
propio Berio con una notación más convencional. En nuestro análisis nos hemos basado
en esta últim a edición, puesto que si el propio autor realizó una nueva vers ión de la obra
es porque se trata de una versión mejorada de la primigenia. Aunque la ú nica razón sea
facilitar la grafía, la interpretación y por ende el acercamiento a la obra.
No olvidemos la riqueza que se deriva de este tipo de escritura, y a que al no
existir una pulsación regular ni unos valores d eterminados con exactitud, el intérprete
puede hacer más su y a la interpretación de la obra. Con esto la espontaneidad de la pieza
ga na mucho, porqu e la partitura será solamente una especie de mapa a partir del cual
determinar un contenido musi cal (en este caso dentro del parámetro tempora l). A
colación de esta idea, es interesante atender a las siguientes palabras pronunciadas por
Berio en un a serie de conferencias dictadas en la cátedra Charles Eliot Norton en la
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
68
Universidad de H arvard durante el curso ac adémico 1993 -94, aparecidas en Berio
(2006: 90):
“L o inacabado en músi ca es señaliz ado por la no tación, la cual debe a m enudo
asumir funciones a n álogas a las de un mapa”.
De lo dicho por Berio se desprende qu e el planteamiento de este t ipo de
pequeñas aleatoriedades está relacionado con un a idea d e composición per manente o si
lo queremos ver d e otra manera, d e obra abierta e n la que el intérprete debe aportar su
visión personal a la hora de leer esa e specie d e mapa sonoro que es la partitura.
Junto a esta notación proporcional, también encontramos un importante
desarrollo de otros aspectos temporales como lo s nuevos planteamientos en el uso de
compases y de la pulsa ción. Resultan dignas de mención las modulaciones métricas
ideadas por Elliot Carter (los ejemplos más intere santes son los que aparecen en sus
cuartetos de cuerda es critos entre 1951 y 1999 si consideramos su Fragment II ) o el uso
de métricas variables llevadas a c abo por Boris Blac h er en piezas com o su segundo
Concierto para piano (1952). Precisamente el de sarrollo de l a pulsación metronómica
es dentro de algunas d e las piezas que nos ocupa n, un elemento muy interesante. Un
recur so novedoso que propone Berio, así como ot ros autores del momento , es el uso de
metrónomos de tempo no exacto. S e trata en este caso de la fijación de una refe rencia
temporal no absoluta, puesto que la indicación metro nómi ca no establec e una sola
velocidad sino un margen sobre el que el intérprete puede determinar una velocidad fija,
o incluso puede realizar pasajes a velocidades distintas. Pongamos por caso la
indicación de negra a 72/104 presente en la Secuencia VIII para violín . Ante tal
indicación no determinada al cien por cien, el intérprete podr á jugar con los tem pi
recogidos dentro d e esta horquilla. La presentación de metrónomos novedosos no acaba
ahí ya que dentro de estos años podemos en contrar relaciones complej as, como por
ejemplo un patrón de crecimiento casi aritmético, en el que l as velocidades sigan un
proceso regular de incremento o decrecimiento de la velocidad. Un recurso más
utilizado respecto a la pulsación metronómica es la posibilidad de crear tempi
cambiantes en mom entos determinados. El primer caso importante en este sentido es el
que ofrece S tockhausen ya en su primer conj unto de Klavierstücke (1952) donde
propone al int érpre te l a posibilidad de cambiar la pulsación metronómica en los
fragmentos ocupados po r grupos rítmi cos a rtificiales. Mediante este p rocedimiento la
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
69
temporalidad de la obra queda abierta a una cantidad importante de opc iones mediante
las cuales se rompa la regular id ad métrica.
Más allá de las diversa s posibil idades deriva das del uso de tempi y pulsa ciones
especiale s, durante la se gunda mitad del si glo X X y especialmente a p artir de l os años
sesenta asistimos al nacimiento de nuevas grafías ideadas pa ra cubrir necesidades
especiale s y para posibilitar nuevas situaciones dentro de todos los parámetros.
Evidentemente el parámetro temporal no fue una excepción, y dentro de estos años se
presentan gra n cantidad de si gnos mediant e los que expresar co mportamientos
novedosos. Entre los más utilizados, podemos señalar aquellos que piden la acelerac ión
o desacelerac ión gradual de un grupo de figuras, o bien la creac ión de grupos de valores
sin duración exacta.
Por último y no por ello menos importante, mencionaremos la gestión del tiempo
global. Así como hasta finales del siglo X IX el perfil temporal y las pulsaciones solían
funcionar con un a regularidad bastante asentada a partir del siglo XX y es pecialmente
dentro de su segunda mitad, la ide a de un tiempo regular, estructurado, se ve cada vez
más de valuad a. Ya a principios de siglo, con pieza s como La consagración de la
primavera de Strawinsk y (1913), asistimos a un d esarrollo mu y si gnificativo de la idea
de irregularidad, conseguido por ejemplo mediante la yuxtaposición de compases.
Pensemos en el caso de la Danza Sacra pr esente en la Consagración con el
establecimiento de metro s (o compases) irregulares tal y como apunta S tone (1980: 82).
El establecimiento de este tipo de compases en este caso c onc reto, sirve c omo un
mecanismo que de manera si gnificativa altera e i mpide la escucha de una temporalidad
regular. A lo largo del siglo, los procesos para bo rrar tod a re gular idad y simetría fueron
haciéndose cada v ez más complejos, tanto que incluso se encaró el proble ma desde otra
óptica. Cabría en este punto recordar las pa labras dichas al respecto por Pousseur (1984:
76):
“La utili zación de simetrías aparentes en la obr a tardía d e Webern (aunque a
menudo complejas y fle xibles) aparece de pronto bajo un a luz nueva: ya no s e tr ata
simplemente de restos de un sistema clásico superado, sino de un intento de controlar
eficazmente la parte de igualdad que sub y ace en toda desigualdad”.
A finales de los años cuarenta con el advenimiento del S erialismo integral, en
piezas como Tres composiciones para piano de Babbitt (1947) o Modo de Valor es e
Intensidades de Messiae n (1949) los compositores idearon un procedimiento mediante
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
70
el cual poder bo rrar de raíz toda regularidad métri ca y temporal al concebir los valores a
partir de una p redeterminación y no a partir de la continuidad que en cierto modo
implica todo uso de compás. La aplicación de los principios de orde na c ió n serial sobre
el parámetro del tiempo, posi bilitó una may or libertad rítmica, en la que la regularidad
métrica presente en las técnicas compositivas previas fue evitada. De todos modos, aún
a pesar de intentar negar toda re gular idad, ésta seguía apareciendo todavía. Eso sí,
evitando la ma yor p arte de los procedimientos propios del pasado musical y limi tándose
al uso de células rítmicas con un contorno más o menos delimi tado. Así, sin ir más lejos
una de las piezas señera del Seria li smo integral, Modo de Valo res e Intensidades
plantea algunas células rítmicas bastante bien definidas y fijas a lo largo d e la pi eza. El
caso más evidente se da con el uso de los tres (o a veces cuatro) primeros sonidos de la
división ag ud a del piano. Estas alturas con sus valores ads critos ap arecen e n numerosas
ocasiones respetando un orden fijo de disposición en la partitura , convirtiéndose así en
un diseño rítmico coherente y re gular . En la música de Berio, el uso d e este tipo d e
células rítmicas también se encuentra presente. Tal y como podremos ver dentro de los
análisis de las Secuencias , en al gunas como por ejemplo la de clarinete, la presencia de
células rítmicas recur r entes se establece como un elemento importante en la obra.
Vemos así al compositor, tratando de aprovechase de ciertas rémoras del pasado
apare nt emente invencibles, pue sto que siempre se manifiestan de un a u o tra manera. Y
es que el sueño totaliz ador, como en este caso de la total desigualdad y asimetrí a,
siempre queda como una especie de desid erata, con alguna grie t a por la qu e se es cape el
control absoluto del material. Por lo tanto una postura inteligente es la d e resignarse y
aprovec h ar de la mejo r manera posible cie rtos mecanismos, int eg r ándolos dentro del
discurso propio. En este sentido, otras palabras i nteresantes pronunciadas nuevamen t e
por Pousseur (1984: 81) son las siguientes:
“La << té cnica de los grupos>>, tal y como se an uncia y a prude nt emente en las
<<Structure s >> de Boulez, puede servir de ayuda. Esta técnica tiene la enorme ventaja
de preservar los moment os negativos que se manifestaron en la técni ca serial primitiva,
cuy a necesidad está lejos de ser agotada. Gracias a ella, hemos aprendido a ser fieles a
los <<formantes>> utilizados y a delimitarlos cada vez mejor, a sit uarlos de una manera
siempre distinta. Los principales jalones en el camino de este aprendizaje son, aparte de
las obras posteriore s de Boulez, las grande s c omposiciones de Stockha usen como
<<Ge san g der J üngling e >> y <<Zeitmasse>> [ …] pero también los trabajos de Berio y
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algún otro. Ciertas cosas que se encuentran en esta s obras aparecen como < < reprises>>
(rec uperaciones) de posi bilidades momentáneamente ex cluidas del vocabulario musical,
por ejemplo, ritmos relativamente regulares, supe rposiciones armónicas bi en definidas
(por citar aspectos simples, elemental es). Si est as posibil idades no aparecen y a como el
<<ordenante>> sino como <<cosas ordenadas entre otr as>> [ …] ya no ha y nin guna
razón para seg ui r exclu yé ndolos”.
Por consiguiente , cie rtos mecanismos rítmicos más propios de la música del
pasado podrán ser r ecuperados, bien mediante p rocesos de filtrado com o las posibles
simetrías funcionando de fondo como en la última música de W ebern, bien mediante
procedimientos de y ux taposición formal pero también rítmico -motívica (como en la
forma rondó) o bien de manera directa en primer plano, como hace el mismo Berio en
algunas de sus Secue n cias . P odríamos citar en este sentido la simplicidad rítmica de la
apertura de la Sequenza VIII para violín con un ritmo totalmente simétrico y sen cillo,
basado en un ostinato de negras.
Dentro de esta gestión del tiempo global en la partitura, otro elemento también
interesante, es el de la combinación o superposición de dist intas temporalidades. Este
principio rítmico puede ser vist o como un desarrollo a partir de los plantea mi entos de
politempi dados d esde finales del XIX. El estable cimiento de esta serie d e mecanismos
métricos a partir de 19 50 func iona de manera más compleja, puesto que a veces la
combinación o superposición temporal se da a partir de la combinación de distintas
agrupac ion es, como su cede con los politempi o con las dive rsas medidas de tiempo
simultáneas planteadas por Stockhausen en Zeitmasse (1956). Este tipo de
combinatoria, será utili zado de manera puntual también por Luciano Berio en l as
Secuencias aunque de m anera más sen cilla, sin llegar a demandar el uso de metrónomos
simultáneos. Entre otr as cosas cabría señ alar, po r la limi tación a un sólo intérprete en
estas piezas. Un ejemplo interesante es el que ti ene lugar en la Sequenza p ara acordeón,
con la combinación de ritmos estables, definidos sobre un valor y pulsación concretos,
junto a diseños a interpretar lo más rá pido posibl e de manera continua.
En otras ocasiones en cambio, la superposición rítmica se da a partir de una sola
pulsación. Ejemplos de este ti po pueden ser encontrados en la música de L i geti,
especialmente en las piezas correspondientes a s u tercera etapa creativa (etiquetada a
veces dentro d e la Nuevas simpli cidad ) a partir de 1982. Los mejores ej emplos de ese
enfoque rítmico los e ncontremos seguramente en alguno de sus Estudios para piano
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(1985). En estas piezas, desarr olla frecuentemente estratificaciones tempora les que da n
lugar a la superposición de distintos metros a partir de una única puls ación.
Otro caso interesante es el de la música mi nimalista. En muchas partitur as de
Steve Reich como Musi c for a Word-blocks (1973) o Eight L ines (1979) enc ontramos
la presencia de metros derivados d e las combinaciones de distintos acentos y ataqu es
sobre una mi sma pulsación de base. De esta mane ra se ge ner an supe rposiciones y
y ux taposiciones de ritmo s y lo que es más interesante, aparecen pulsaciones y ritmos no
escritos en la p artitura. P ensamiento musical qu e se acercaría a lo que Zoe Browder
Doll cataloga como “ Phantom Rhytms” dentro d e un estudio sobre la música de Berio,
dirigido por Half y ard (2 007: 53). En este caso, el sentido del término se centra sobre
todo en un planteamiento métrico mediante el cual un elemento tímbrico sito en
segundo plano, con el discurrir de la música ll ega a establecerse como una entidad
rítmica más, la cual tiene su influencia en el desarrollo métrico de la partitura. Browder
centra este planteamient o métrico en referencia básica a la Secuencia IV para piano .
Según el estudio señalado, el uso del tercer peda l genera unas sonoridad es y un ritmo
virtual (o fantasmagórico si somos fieles a la terminología). En el caso d e l a Secuencia
X para trompeta , el uso de las r esonancias del pi ano dan lugar también a una sonoridad
virtual, que a su vez genera una posible rí tmica, supe rpuesta a la de primer plano
ge nerada por la trompeta.
A colación de esta reflexión en torno a proce sos de elementos rítmi cos, resultará
interesante at ender a la s siguientes palabras relativas a la disociación del tiempo,
pronunciadas por Adorn o (2003: 163) referidas espec ialmente a l a música de
Strawinsky, a unqu e la reflexión pueda ser oportuna dentro de nuestra diser t ación:
“Se alinean r estos de r ecuerdos, no se desarro lla musicalmente un m aterial
extraído de la propia fuerza motriz. La compo sición no se realiza por medio del
desarrollo, sino en virtud de las fisuras que la surc an. Éstas asumen un papel que antes
corre spondía a l a expresión: análogamente a como Einsenstein ex plicaba con respecto al
montaje cinematográfico, el <<concepto ge n eral >>, el si gnificado, la sí ntesis de los
elementos parciales del proyecto deriv a precisamente de su yuxtaposición en cuanto
separa dos. Pero por ello se disocia el mismo continuo temporal de la música”.
El concepto fisura ex traído de esta reflexión resulta m u y int eresante, puesto que
establece rítmica y temporalidad desde una persp ectiva nueva para el o y e nte. Dentro de
la músi ca de Be rio y muy espe cialmente en las piezas protagonistas de nu estro estudio,
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la discontinuidad, la su perposición y en algunas ocasiones la y ux taposición de los
elementos rítmi cos más que la propia combinación resulta fundamental para pode r
aprehe nd er el discu rso musical. No estamos ante un concepto sono ro b asado en una
cierta continuidad ló gica discursiva (si es que exist e una ló gica a l r especto), sino más
bien ante una conjunción de elementos concatenados. Como veremos a través de los
análisis, la dispo sición temporal y rítmica de muchas Secuencias pone en li za
mecanismos que dificultan la existencia de un discurso re gular y continuo. Por ejemplo
hacia el final de la pieza para clarinete con la importante y ux taposición de amplios
calderones que de ti enen el continuo fluir de la música.
Estas discontinuidades, parafraseando a Adorno “alinean restos de r ecuerdos”.
Recuerdos que la memoria del oye nt e, pero también del int érpre te deben reconstruir
continuamente para formar un todo c ompleto a pa rtir de esos re c uerdos. Nos
debiéramos p reguntar en este punto, si el propós ito rítmico de esta músi ca, así como
gran parte de la músic a a partir d e la segunda mitad del si glo XX, no se b asa
precisame nte un buscar esa discont inuidad… Los conceptos temporales y formales
desde siglos atrás, basaron su Darstellung (representac ión física del hecho artístico) en
la continuidad. Ante tal situación, y teni endo e n cuenta la estética de negación que
caracter iz a gran parte del arte a partir de 1945, ¿po r qué no podríamos entender todo
este rechazo a la continuidad temporal, como una voluntad propia de los
compositores?... A colación de esta reflexión, resultará interesante agregar las siguientes
líneas extraídas de un texto de Nyman (2006: 60):
“L os estudios que hizo J ohn Cage con Schoenberg le dejaron totalmente
indiferente al lenguaje tradicional de la música, que se organizaba y se articulaba
mediante la altura y la armonía. Todos los compositores de músic a tonal desde antes de
Bac h en adel ante habían utiliz ado la armonía para definir las partes estructurales de la
composición en su c onjunto. A medida que la fuerza de la tonalidad como a gente
organizador se debilit aba [ …] se desarrollaron otros métodos, de los que el más
importante fue el serialism o de S choenberg, Berg y Webern. P ero para Ca ge el
se rialismo no era la respuesta, dado que “no ofre cí a medios estructurales, sólo u n
método […] El neoclasicism o [ sic ] de Stravi nsky era para Cage ot ra línea poco
productiva a se guir: mie ntras que “las s eries de doce tonos ofrecen ladrillos pero no una
planificación”.
Más adelante en el mismo tex to de Ny m an encontramos:
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El segundo frente importante es el propio juego de imit ación entre voces o
permuta de voc es, cu y o s primeros ejemplos en contramos y a muchos s iglos ant es, a
inicios del Ars Antiqua , tal y como apunta C aldwell (1984: 133). Uno de los hechos más
importantes dentro del d esarrollo del contrapunto en la segunda mitad del siglo XX en
relación con la permuta o diálo go de voces fue la aplicación en piezas escrit as p ara
instrumentos monódicos. Pensemos en la dificultad que entraña este plant eamiento del
diálogo de un inst rumento consigo mismo, aún así, podemos señalarlo como una técnica
presente de manera importante en este momento h istórico. De todas formas, tamp oco es
que se tr ate d e una nov edad, puesto qu e en periodos anteriores de la h istoria de la
música, la presencia de procedimientos imit ativos en un instrumento monódico ya se
había dado de manera importante. Pensemos en términos como curva (o melodía
compuesta ) acuñado po r Piston en su libro de contrapunto (1992: 21), un principio
presente ya de manera importante en piezas instrumentales dentro del Barroco. El
concepto en sí, consiste en la creación de un a línea melódica quebrada en la que tiene
lugar un diálo go de re gistros, de manera que se pueda plantea r una esp ecie de juego
imitativo.
Otro principio contrapuntístico presente en gran cantidad de piezas dentro de la
segunda mitad del siglo XX es el estable cimiento de lí neas sub y a centes, mediante las
que distintas tramas melódicas son superpuestas o combinadas. El principio tampoco es
nuevo, ya que sin ir más lejos, Bach, junto a otros autores del Barroco ya lo uti lizaron .
Pensemos por ejemplo e n el Concierto de Brandenburgo Nº 4 (allegro) para dos flautas
y violín, donde el timbre de las dos flautas func iona conectand o una línea
contrapuntística sub yacente por grados conjuntos, que se combina (o se enfrenta a otras
líneas presentes en los in strumentos de cuerda). En el contexto histórico q ue nos ocup a,
este mismo principio podrá ser observado fácilmente en piezas de Ligeti, Stockhausen ,
el mismo B erio y un lar go etc étera. La clave est á en que algunos autores, entre los que
se incluye Berio, plant ean este juego de líneas contrapuntísticas su byacentes sobre un
único instrumento monódico. Se trataría de un r ecurso cercano al establ ecimiento de
curvas compuestas, con la dif erencia de que aquí más que de líneas melódicas
combinadas, se trat a de conexiones entre sonoridade s determinadas p or un mis mo
registro, dinámica, tímbrica, etc… Una de las posibles diverge n cias entre estas tramas
contrapuntísticas en la segunda mi tad del si glo XX y las que en su mo mento plantean
autores d el Barroco o el Clasicismo, estriba en que en este caso, no busc an un obj etivo
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final, tal y como apunt a entre lí neas Cook (198 7: 29). En este caso, se trata de un
discurso más libre por lo que respecta a la conducción de alturas, puesto q ue no se parte
ni se pretende llegar a un acorde o sonido principal como en la música tonal .
Es evidente que un planteamiento en el que las diversas líneas contrapuntísticas
subyacentes no atiendan a la jerarquía d e un soni do o acor d e, resulta bast ante contr ario
a los planteamientos o riginales sobre la Ursatz (nivel básico, originario de los
ma teriale s en una composición) y el establecimiento de líneas sub y acentes realizado por
Heinrich S chenker y dos de los analistas que más ha n profundizado en dicho sistema,
Forte y Gilbe rt (2002). No obstante debe mos entender la obra en su contexto, y por lo
tanto la necesidad de referencias sonor as no tiene que ser alg o prioritario en la s egunda
mitad del siglo XX. Los criterios d e estabilidad e inestabilidad cambian de la mi sma
manera qu e otros muchos elementos de la creación musical. Así, dentro de estos añ os el
principio de or den y desorden se e st ablece contrapuntísticamente a través de
organizaciones sonoras más complejas. Un e jem plo de ello sería la orde n ación a través
de la gestión del pará me tro tímbrico. Un caso entre los muchos que podrí amos c itar se
da en la primera parte de Kreuzspiel (1951) de Stockhausen en la que el proceso de
estabilidad-inestabilidad entre p artes se obtiene por el uso tí mbrico. Por un lado
encontramos una sonori dad continua en la percusión, junto a ella al inicio y al final
predomina el timbre del piano. L a evolución formal de la piez a se b asa de manera
importante en la substitución del piano por los inst rumentos de viento. Proceso que
posteriormente se invier te y a qu e paulatinamente el piano vuelve a o cupar el papel
preponderante.
2.4. EL PARÁMETRO DEL T IMBRE Y EL USO DE TÉCN I C AS EXTE NDIDA S EN
EL CON T EXTO H I STÓR I C O
La instrumentación dentro de la músic a oc cidental siempre se ha visto sometida
a un continuo proceso evolutivo. Esta e volución en algunos momentos se ha visto
caracter iz ada por el uso de técnicas no habituales dentro del repertorio tr adicional del
momento. Ya en el p rimer Barroco, el uso de nuevas técnicas en el violín (con las
aportaciones de autores como Monteverdi o Farina) resultó important e, tanto c omo
hecho puntual dentro del periodo histórico, así como elemento para el ulterior desarrollo
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instrumental. Aunque el desarr ollo tí mbrico e instrumental ha seguido siendo una
constante desde el Barroco, dentro del periodo que arranca en la se gunda mitad del siglo
XX, se presenta como uno de los hechos principales. Una de las razones que just ifica
este gran d esarrollo tímbrico se cimenta en el a gotamiento del instrumental de la époc a.
Tal como aparece e n el diccionario New Grove (2001: t omo 12, pág. 399):
“En la s egunda mi tad de l siglo XX el probl ema de crear un repertorio para un
nuevo instrumento […] resulta menos significante que en el pasado”.
La razón que justifica esta situación viene dada porque dentro de lo que es el
instrumental acústico en la segunda mitad del siglo XX asistimos a un esc enario en el
que ya no aparecen novedades d e nin gún tipo. Así como en el siglo X IX hicieron su
aparición nuevos inst rumentos como el sax ofón, o a principios del siglo XX se amplían
ciertas familias instrume ntales (baste recordar el orgánico de la Consagración de la
Primavera de 1913 con su amplia plantilla en la sección de viento con 2 flautines, 2
cornos in gleses o dos cla rinetes bajos en algunos momentos ) ya despu és d e la Se gunda
Guerra Mundial, el afá n por descub rir e incluir nuevos instrumentos cae e n desuso. De
todos modos, el desinterés por la incorporación de nuevas sonoridades acústicas debe
ser tom ado con cautela, porque asistimos al r edescubrimie nto de inst rumentos del
pasado. Un buen ejemplo de ello s ería l a revitalización del clave con piezas como
Continuum de Ligeti (1968) o dentro del panorama musi cal español en contramos un
ca so int eresa nt e en la música de S ánchez-Verdú quien en su ópera El viaje a Simorgh
(2007) utiliz a violas da gamba junto a instrum entos propios del or gá n ico orquestal
actual y medios electroacústicos. Por lo tanto el redescubrimiento de los instrumentos
del pasado y su c onjunción con los actuales es un buen ejemplo de innova ción, aunque
entendida en este caso desde la ópti ca de un nue vo uso de lo tradicional. Tradición que
en gran medida se reactu alizó a partir d e la ap arición de las o rquestas con inst rumentos
originale s a partir de los años setenta. Con lo que la búsqueda de nuevas sonoridades a
partir de inst rumentos acústicos siguió y sigue estando presente en la mente de los
compositores, sólo que ya no con la creación de nuevos medios. Además cabe r ecordar
un hecho, justo al finalizar la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar la e closión de la
Música concreta y ren glón seguido, la Electroac ústica. Tengamos en cuenta que en el
año 1948, S chaeffer escribe la que se ha consid erado como primera pie za de músi ca
concre t a de la hist oria: Étude aux chemins de fer. A partir de esta primera obra, se
empieza a desarrollar u na amplia actividad de ntro de este ter reno artíst ico. Dicho
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acontec imiento, influen ció entre otras cosas en la atención que los c ompositores
prestaron a los instrumentos acústicos, porque ahora la noveda d no era crear un nuevo
instrumento, sino hacer cosas distintas con éste. Otro hecho importante a t ener en cuenta
dentro del desarrollo d e las técnicas extendidas es que a partir d e los años cincuenta
únicamente un a pequ eña proporc ión de las composiciones instrumentales se destinan a
formaciones amplias como orque stas sinfónicas. Sólo a partir de los año s sesenta (con
el antecedente de Gruppen de Stockhausen, pieza de 1957) las composiciones de
vang uardia comenzarán a entrar de mane ra significativa dentro de las programaciones
de las orquestas. Este vacío estético y social desde el mundo de la orque st a llevó a los
compositores hacia un tr abajo concentrado en agrupaciones más reducidas, que daban
lugar a posibil idades tímbricas más limi tadas. Para mitigar esa carencia, se desarrolló de
manera importante la tímbrica de los instrumentos con los que se contaba. J unto a esta
situación, cabe observar, tal y como se apunta en el diccionario New Grove (2001: tomo
12, pág . 399 ):
“ A partir de los años cincuenta sólo una p equeña parte de la músi ca occi dental
escrita para ensembles de cualquier estilo o ár ea, inclu y e ndo orquestas sinfónicas,
bandas de j azz , dance, rock y grupos de mú sica folklórica ha sido interpretada
totalmente con instrumentos que e x istieran desde principios del s. XX.”
Así, instrumentos como el banjo en el jazz , o la guitarra eléctrica en el r ock se
fueron haci endo cada ve z más comunes dentro de la música. Además, los instrumentos
extraños a la cultura occidental (especialmente los orientales) cada v ez tuvieron más
importancia dentro d el inst rumental contemporáneo, baste citar el caso del sakuhachi ,
(instrumento folklórico t anto de C hina, como es pecialmente d e J apón). Así, ante tal
situación el desarrollo instrumental acústico dentro de la músi ca en ge n eral y la clásica
en particular se e nsanchó de manera conside r able. P ero dent ro del género a cústico
tradicional el desarrollo tal vez más significativo, y a que enlaza más dir ectamente con la
tradición clásica, es el de la exploración y uso de técnicas extendidas. Tal y como
señalamos previame nt e, la invención de la Música Electroacústica a ini cios de la
segunda parte d el siglo XX contribu y ó de manera importante al desarrollo tímbrico de
los instrumentos acústicos. Un tema de refle x ión en aquellos años era la relativa pobre z a
tímbrica del instrumental tradicional en comparac ión con las nue vas posibilidades
dentro de la Música C oncreta y Electrónica. Se gún comenta La nz a (1986:131):
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“Entre l as consecuencias indirectas de la experimentación el ectrónica h ay que
destacar la extensión a la composición para instrumentos tradicionales […] será aún m ás
significa tiva la repercusión de la nueva concepció n matérica del sonido”.
Como podemos ver, el pensamiento en torno a la tí mbrica cambió gracias a la
influencia de l a Música E lectrónica. Esta influencia afectó de dos maneras distint as: por
un lado al uso de los instrumentos tradicionales, por otro, respecto al replanteamiento
ge neral de l a música acústi ca. S obre la influencia en el desarrollo de los inst rumentos
tradicionales c omenta M arco (2002: 278):
“Si los compositores microtonales necesitaban de una lut hería [sic] distinta, no
es menos cierto que la necesidad d e ampliar el ámbito de los instrumentos conocidos se
sintió mu y perentoriame nte ante las nuevas estéticas y técnicas de composición que iban
surgiendo. Si el siglo XX conoce un enorme impulso en la incorporación de materiales
sonoros nuevos, éstos no sólo vienen de fuentes sonoras antes desconocidas sino de una
mejor exploración de las que s e cono cían. P ráctica m ente todos los instrumentos
tradicionales conocerán a lo larg o de la centuria un proceso de ampliación de sus
técnicas que corre parejo con los descubrimientos de nueva s posibilidades sonoras.”
Dentro de esta corriente de innovación, el instru mento más desarrollado fue el
piano. Debemos recordar que además fue uno de los pioneros en la búsque da de nuevas
sonoridades, ya que en el temprano 1938 aparece l a primera pieza para pian o preparado
considerada tradicionalmente: Bachanale de Cage. Aunque cabría señalar que
previamente, Cowell realiz a y a algunas preparaciones del piano en partitura s como The
Banshee en 1925. De t odos modos la evolución de los vientos también fue mu y
importante, citando a Marco (2002: 278):
“Pero son quizá los instrumentos de viento los que sufren un mayor número de
transformaciones puesto que, si comienzan el si glo como instrumentos esencialmente
monódicos, lo acaban como polifónicos. No es que anteriormente s e desconocieran las
posibilidades mul tifónicas […] sino que su producción era tan aleatoria e i mprecisa que
se considera b an simples desafinaciones o resultados no deseables”.
La influencia de esta evolució n se basa en primer lugar en la sonoridad
electroacústica . Pero por otro lado corrientes c omo la música de jazz , tal y como
comentan Cas ella y Mor tari (1950: 38 y 43) cua ndo hablan de la sonoridad “grotesca”
del clarinete dentro de esta música, también influ y en al poner de manifiesto las
múltiples posibilidades de los instrumentos de viento. O al plantear formas de toque
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mucho más libres en la s cuales cabían por eje mplo las desafinaciones, o el uso de
embocaduras esp eciales como el subtone. Esta evolución y libertad traída desd e el
mundo del jazz se sumó a la nueva libertad aportada por la Música Electrónica. La
consecue n cia d e todo est o es que los límites a un buen gusto, o mejor dicho a un gusto
supuestamente correc to o tradicionalista de difuminaron dentr o de la escritura
instrumental. Comenta Morgan (1994: 486):
“Proceso de cambio que culminó en [ …] el siglo XX, momento en el que el
contenido musical rompió una especie de barrera, estimulando una verdadera explosi ón
de nuevos desarrollos técnicos. El factor más importante fue la llegada de la atonalidad
que, al igua lar las relaciones melódicas y abolir las distinciones entre consonancia y
disonancia, planteó la cuestión de si l as nota s de la m elodía tenían que formar
necesariamente el eleme nto dominante d e la construcción musi cal. [ …] En una fecha
tan temprana como 1907, Busoni señaló en sus A puntes para una nueva estética de la
música que el “a gotamiento” de la vieja tradición pronto llevaría a los compositores
hacia un “sonido abstracto, una técnica clara, un materia l tonal limitado”. En la déca da
siguiente los Futuristas re definieron la músi ca como una “arte de ruidos” […] No
contentos con un cuerpo “especializado” enormemente li mitado de material
específicamente musical, los compositores comenzaron a concebir la composición como
la organización de todo s los sonidos posibles, especialmente d e aquellos disponibles
gracias a la tecnología del siglo XX […] Al igua l que en la música electrónica, el
número y va riedad de sonidos existentes a disposición del com positor ha ejercido una
influencia decisiva en la práctica composicional. Quizá la consecuencia más dire cta ha
sido el borrón existente en la dist inción entre lo que es sonido musical y ruido, siendo
este último un elemento composicional ca da v ez más signi ficativo”.
De esta manera se facilitó el desarrollo de nuevas téc nicas instrumentales, dado
que por un lado exist ía una necesidad propia por la evolución tímbrica que desde inicios
de siglo venía ocurriendo, y por otro la aparición de nuevos procedimientos musicales
( jazz , electroacústica, e t c…) extendieron la estética sonora de manera importante.
Como dij imos anteriormente, la evolución no sólo se entendió a través del
desarrollo d e nu evas técnicas inst rumentales, sino de la sonoridad en conjunt o. En este
sentido retomamos las palabras de L a nza (1986:131):
“Entre las consecuencias directas d e la ex perimentación electrónica ha y que
destacar [ …] algunos de sus procedimientos, los cuales h an contribuido a acelerar la
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superac ión d e fo rmas tr adicionales de composición. Notable im portancia ha alc anzado
en este sentido el principio de movimiento de sonidos en el espacio y la particular
config u ración del < <sonido blanco>>. […] . Efectos comparabl es a los del <<sonido
blanco>> se producen en los momentos de aglomera ción más compacta […]
perce pti bles únicament e como un continuum unif orme y casi inmóvil. La influencia de
la Gruppe n-Technik es inmediata […] L a té cnica de l continuum matérico se convertirá
en la carac terís tica estil ística del húnga ro L igeti y del polaco Penderec ki […]
Apparitions (1959) y Atmosphères (1961) marcan la aproximación de Ligeti a un tipo de
polifonía capilar [sic] y estratificada que ti ende a expandirse en tod o el espacio
acústico.”
La músic a poco a po co comienza a plantearse como una mera com posición
tímbrica ( Klangkomposition ) tal y como algunos musicólogos como Dibelius (2004: 91)
han llegado a sugerir. Dentro de este pl anteamiento musical, prácticamente el único
criterio que de fine la estructura de un a pieza es la sonoridad. Tanto es así qu e muchas
composiciones a partir d e la segunda mitad de si glo basan su des arrollo en gran medida
atendiendo únicamente al establecimiento y evolución de determinados materiales o
tímbricas. Un buen ejemplo sucede con las piezas que nos ocupan. L as Secuencias de
Berio funcion an desde el punto de vist a de la tímbrica, pero también de la estructura
musical y de otros el ementos como un friso sonoro, defini do en gran m edida por una
sonoridad concreta. Utiliz amos en este caso la palabra sonoridad en lu gar de ti mbr e
porque no se trata d e un a mera utili zación de técnicas extendidas que amplíen la paleta
tímbrica. El uso de estos planteamientos técnicos se presenta aquí como algo más, ya
que intenta relacionar la s posibilidades tímbricas de una té cnica extendida, con un fin
musical determinado. Además, estas técnicas e xtendidas cumplen una función más
dentro de la partitura: la inclusión, de una manera más o menos evidente, de una ci erta
teatralidad en la músi ca. Y no olvidemos que dentro de la producción de Berio el
elemento extramusical (y el teatral es sólo uno más de los posibles junto al literario)
siempre ha gozado de u na posición privile giada . Pensemos, por ejemplo, en el efecto
que produce en cualqui er o y ente las diversas apariciones de fragmentos musicales
conocidos de ot ros autores en su Sinf onia (1968), en la atención que p restó al gé ne ro
dramático por excelencia, la óp era, con piezas c omo Un re in ascolto (1983), La vera
storia (1981), o Thema (O maggio a Joyce) (1959 ) con textos e x traídos del X I capítulo
del Uly sses de J oyc e. Dentro de las Secuencias , la teatralidad puede da rse de dos
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maneras dist intas: por el propio g esto necesario para reproducir una técnica
corre spondiente, o por el propio gesto que en sí mismo tiene un componente dramático
tan importante o más que la sonoridad resultante. Dentro del primer grupo, podemos
incluir e l uso de la respi ración continua ( Sequenza para f agot de 1995). Dentro de esta
segunda clase de técnicas extendidas, destacaría su uso en piezas como l as Secuencias
para voz o trombón.
2.5. PLANTEAMIENT O S MOT Í V ICOS EN EL CONTEXTO HISTÓRICO
Si tuviéramos que r esumir en pocas palabras la evolución del concepto m otívico
a lo largo del siglo XX sería como una progresiva negación de su función meramente
melódica (en el sentido más cercano al bel canto ) y una pro gresiva afirmación de su
concepción racional junt o a una ma yor complejidad e influencia en el discurso musical.
El elemento motívico pa sa de ser la materia básic a del constructo melódico, a funcionar
como un elemento básico en todos los aspectos y partes de la composición. De este
modo, la tradicional concepc ión motívico -melódica centrada en el parámetro de altura
transita hacia una cierta difuminación durante el siglo XX, especialmente en su segunda
mitad. En este sentido cabría recordar las palab ras apuntadas por Kühn ( 2003:212) en
torno al conce pto m elódico debuss y ano:
“¿Qué es “melodía” y qué “acompañ amiento” en la composición de Debuss y ?
Lo aparentemente ornamental se convierte en me lódico, lo melódico se transfor ma en
ornamento, las figuras melódicas desplazan circularmente sus notas [ …] o las separan
[…] estratifica ciones contrapuntísticas y rítmicas de “2” contra “3” disuelven las líneas
en un juego de ti mbres; las voces cambian su posi ción en el espacio sono ro en lugar d e
actuar en “su” sit io, no está claro quién es más im portante y dónd e. Las j erarquías
quedan abolidas, las fun ciones – conductor, a compañante, soporte - no s on claras. Un
entramado de vo ces entre línea y acorde, evanescente y sin rumbo.”
Según Kühn, en la música de Debuss y el con cepto melódico empieza y a a
desvanecerse . Al no estar clara su función ni su conformación, los el ementos mot ívicos
que lo componen pued en aparecer en otras part es de la composición de manera que el
material motívi co asociado a una clara melodía d esaparece. Aunque la desaparic ión de
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la melodía tradicional no significa el fin del concepto melódico, en este sentido comenta
Machlis (1975: 20):
“Debe mos recordar que la músi ca del si glo XX encierra varios estilos que van
desde el firmemente conservador hasta el radicalismo extremo. Por ese motivo toda
ge neralización a cerca de la melodía de nuestro tiempo debe estar acompañada de toda
suerte de especificaciones. C on todo un hecho resulta indiscutible. El siglo XX
reconoce la primacía de la melodía [...] Una vez que hemos aprendido a prescindir d e
los si gnos de puntuació n de los buenos tiempos [ …] estare mos en condiciones de
ajustarnos a las nuevas concepciones d e la melodía que se han desarrollado en nuestra
época. Hallare mos entonces que, hoy como en el pasado, la melodía constituye un fac tor
fundamental pa ra la virtud expresiva de la música. P uesto que como lo ha s eñalado Igor
Stravinsky: “Lo qu e sob revive a todo cambio de sistema es la melodía”. [se refiere a
unas palabra s pronunciadas por Strawinsky (1977: 42) en una serie de conferencias en
la cátedra de poética C harles E. Norton de la Universidad de Harvard, en la que
literalmente dijo según el tex to: “Lo único que sobrevive a todos los cambios de
régimen es la melodía. Los maestros de la Edad Media y del Renacimiento no sentían
menos la necesidad de la melodía que Bach o Moz art, y mi topografía musical no
solamente incluye la mel odía, sino que le reserva el mismo luga r que desempeñaba bajo
el régimen modal o tonal”.]”
A partir de esta conceptualización mucho más libre de lo melódico, debemos
aceptar ta mbién qu e lo m otívico tenga que s er renovado . De h echo a lo la rgo d e nuestro
análisis, de entrada utilizamos el concepto de fi gura en lugar de motivo, puesto que la
figura admite más f ácilmente la función de material si gnifica ti vo asentado sobre
cualquier parámetro musical, no solamente de alturas. Así, la fi gura musical puede ser
cualquier aspecto sonoro, e incluso elementos extra musicales, como el juego escénico
utilizado por Berio en la Secuencia V para trom bón. Tanto es así que la consideración
de fi gura puede muchas veces establecerse sobre una serie de ras gos pero no sobre una
idea básica y principal.
La historia d el concepto figura se vincula e specialmente con el nombre del
compositor Sciarrino, qu ien en los años 90 empe zó a asentar la generalizaci ón de este
término. Aunque en realidad el concepto alemán Gestalt (en lu gar del cual a veces s e
utiliza el término Figur ) utilizado desde antes, también se podría traducir de la mi sma
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manera. En torno a la consideración de fi gura de man o de Sciarrino apunt a Giacco
(2001:16 ):
“Salvatore Sci arrino realiz ó un seminario en 1992, bajo el tí tulo Strutture
percettive della música moderna. […] años después en 1995, en un ciclo de
conferencias en Roma (cu y o contenido era básicamente el mismo que el de las de 1992)
fueron tituladas Le fi gure della Musica, da Beethoven a oggi […] ¿cómo explicar el
cambio de tí tulo? ¿Y por qué el término figures ? ¿Por qué no hablar de structures
perceptibles ?” Sciarrino define Le figure della musica, como un <<libro de formas
musicales, que se sirve de todas las disciplinas. El discurso musical mantenido por las
otras artes…>> él afirma aún que <<es n ecesario hacer un libro de hist oria de la música
a través de otras disciplinas> >.”
Queda claro que para Sci arrino el concepto de figura se relaciona con las demás
disciplinas artísticas, da ndo lugar a una esp ecie de jue go sinestésico. Ahora bien la
concepción de fi gura qu e valoraremos en nu estra investigación no trata de an alizar la
relación sinestésic a, más bien se centra en la delimi tación y ex plicación de unos
materiales que s e superp onen sobre una planific ación formal compleja. Una concepción
que nos ayudará a ent ender el funcionamiento motívico de la fig ura , com o elemento de
forma es la planteada po r Kandinsk y (1993:58):
“La forma, en su senti do estricto, no es más que la d elimitación de una
superficie por otra. Ést a es su caracter i zación ex terna. Pero como todo lo externo
encierra necesariamente un elemento interno (qu e se manifiesta de manera más o menos
clara), toda forma tiene un contenido interno, La forma e s, pues, la e xpresión del
contenido interno [ …] El exterior de la forma, es decir la delimitación que en este caso
sirve de medio a la forma, puede ser mu y diverso.[ …] La forma, como delimitación¸
tiene por objetivo recortar sobre u n pl ano, por medio de esa delimitación, un objeto
material y así dibujar e st e objeto sobre el plano.”
He aquí una idea clave, delimitación. El concepto motívico y de figura a lo largo
de la segunda mitad del siglo XX ha servido especialmente p arar estru ctu rar la música,
para darle forma. Di gamos que en cierto sentido, e l motivo, la fig ura ha sido
básicamente un agente fo rmalizador de la músi ca. Una función fundamental, puesto que
la músi ca del periodo al que nos referimos es algo previamente amo rfo, de mane ra
contraria a lo que sucedía en el pa sado. Durante el Barroco, un autor sabí a cómo debía
estructurar una fu ga , du rante el Clasicismo, sabía cómo debía articular una sonata, en
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físicos tanto de percepción como de int erpre tación de un ser humano medio. Pensemos
por ejemplo en la di ficultad rítmica que entraña la interpretación de las Kla vierstücke de
Stockhausen con los grupos de valores artificiales entre compases. Precisamente fue
este autor uno de los ca sos más evidentes dentro de e ste g iro estético posterior al
ag otamiento de los parámetros de tiempo, altura e intensidad. En el caso de Berio, la
situación es bastante parec ida, puesto que si l a primera Secuencia del 58 resulta una
pieza con un lenguaje f ácilmente asimilable a los presupuestos de Darmstadt, las que
llegaron a pa rtir de los sesenta, ponen en liz a una serie de recursos mucho más teatra les
que no cercanos al Serialismo integral. Pr ecisa mente las piezas sitas al inicio de esa
década son las que de manera m ás evidente s acan a relucir el componente dramátic o
(pensemos una vez más en las S ecuencias p ara voz y trombón, de 1963 y 1965
respec tivamente).
Otro de los elementos que dieron pie a la aparición del elemento teatr al en la
música occidental fue l a influencia oriental. Don de más claramente se m anifestó esta
influencia fue dentro de la corriente ex perimental norteamericana, con autores como
Cowell, Partch o Ca ge que se vieron influidos por una concepción temporal y gestual
muy dist inta a la occidental. L a influencia de las diversas culturas orientales influ y ó
sobre todo en la nueva temporalidad de la músi ca. Así, el nuevo pl anteamiento del
tempo oriental vino a suplir un parámetro que se h abía visto agotado. Esta influencia dio
lugar a una consideración musical no lineal, que se presenta como un espacio a rellenar
en el que el uso de ex tensos silencios, junto con un alto nivel alea torio en relación a la
continuidad gestual, dinámica y de alturas, liberaliz a de manera important e el conc epto
de obra. Esta concreción más amplia, facilitó la apertura hacia nu evas formas de
expresión en occidente, que se manifestaron pr imero en los conceptos aleatorios, y
posteriormente en el teatro musical. Facilitó también la incorporación de nuevas
posibilidades interpretativas en los instrumentos, puesto que en la re alización de un a
técnica ex tendida, no habitual, siempre ha y un componente de artificio, de realidad
dramatizada por la difi cultad que significa tanto para el intérprete como para el o yente
la presencia de un elemento más allá de la pureza c lásica interpretativa.
Un tercer elemento que también facilitó el nacim iento y la implantación del
teatro musi cal como un gé nero musical más dentro d e las corrientes clásica s
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contemporáneas fue la música electroacústica. En este caso la noved ad que aportó dicho
gé nero fue un a consideración más amplia del hec ho musical en sí. T engamos en cuenta
que dentro de la música concre t a y la electrónica, cualquier tipo d e sonoridad era y es
posible. C ualquier tipo de fenómeno sonoro pu ede ser considerado como artístico. Esta
amplia visión s obre el concepto de obra sonora y lo artístico se desarrolló de manera
importante en la seg un da mitad del siglo XX con e l naci mi ento del arte concre to
(mencionamos anteriormente la que es considerada como primera pieza de música
concre t a de la historia, Étude aux chemins de f er de S chaeffer, 1948). No obstante
durante todo el siglo XX, el ámbito d e consideración artística ya se h abía ampl iado. Una
de las primeras y al mis mo tiempo m ás radicales muestras de este f enómeno tuvo lugar
con las van guardia s de principio de siglo, especialmente con la pu blicación del
manifiesto futurista en música.
2.8. PLANTEAMIENTOS ESTRUCTURA L ES EN E L CO NTEXTO HISTÓR I CO
El primer elemento importante en este sentido pu ede ser la consideración de las
palabras forma y estructura. Así como dentro del análisis tradicional y en la
terminología más corriente el uso d el término forma se h a aplicado de ma nera general
para todo lo relacionado con la or ganizac ión mu sical, a partir de l a segunda mitad del
siglo XX se ha hecho cada vez más necesario diferenciar ambos términos. A nivel
teórico una de las prim eras dif erencias entre fo rma y estructura la est ablece Ho d eir
(1988:13). Dicha diferencia radica en plantear la estructura como al go concreto,
perteneciente a una pieza única, con una or ga niz ación establecida por y p ara ella misma.
Mientras que el con cepto forma restaría como una or ga niz ación basada en los rasgo s
comunes de estructuras homóni mas. Como establece Hodeir: una óp era de Händel y
otra de Debuss y , como formas tendrían mucho en común, pe ro como estru cturas po co o
nada.
Así, desde un punto de vista estruc tur al dos son atas de Bee thov en simplemente
serían consideradas com o dos piezas iguales. En cambio desde una óptica centrada en la
organización estructural, dos sonatas (incluso dentro de una misma época) pueden ser
consideras como piezas muy dist intas. Este planteamiento diferenciado e ntre forma y
estructura, no es más que un pensamiento acaecido grac ias al nuevo tratamiento que los
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compositores estaban dando a la o rganización del discurso musical especialmente desde
principios del siglo XX, pero de forma más acentuada en la segunda parte de la centuria.
Así como los siglos XV III y XIX fueron pe riodos marcados por el uso de formas
establecidas (fuga, sonata, sinfonía…) a partir del siglo XX la tend encia a e scribir
piezas con una organización musi cal reacia a cu alquier molde formal ( aunque sólo fuera
por el título) fue cada v ez más patente. Ex ceptuando un periodo de apro ximadamente
veinte años entre 1920 y 39, la escritura d e pie zas tituladas como sinfonía, concierto
etc… fue ba stant e escasa. Este lapso de tiempo se enmarca dentro de un planeamiento
estético concreto que dio lugar al ll amado Neoclasicismo musical. En él, una cierta
postura de relajación e stética frente al ím petu que habían represe nt ado todas las
vang uardias previas a l a Gran Guerra, exigió el volver la mirada a elementos del
supuestamente “tranquilo” pasado decimonónico.
Fuera del lapso neoclásico, podemos decir que de mane ra ge ne ral los
compositores del sig lo XX extrapolaron las indivi dualidades y avances dados en el
terreno de la altura al de la organización musical. De este modo, se huy ó de formas
estereotipadas que pudier an representar un a regularidad y simetría. Con esto, el término
forma quedó un tanto obsoleto, ya que los autores no se planteaban la realiz ación de una
forma, sino de una estructura libre. Ante t al situa ción, el desarrollo fo rmal o estructural
dado a lo largo de todo el siglo XX, tal y como sucede con otr os aspectos, se tornará
cada vez más complejo y libr e. Uno de los elementos más importantes e n el desarrollo
de la nueva estru cturación musical es la inexistencia del marco tonal, y es que dentro de
éste, las alturas se organizan y a fectan al devenir musical de manera muy distinta.
Pensemos que los nuevos proce dim ientos dentro del parámetro de altur as en el siglo
XX, no son precisamente elementos fácilmente perceptibles. En las for mas musicales
del pasado, la audición de ciertos aspectos como por ejemplo la dupla consonancia -
disonancia, o las dominantes aplicadas (no entraremos en el debate sobr e la per cepción
de disonancias tonales ocasionado por el conflicto entre tónica y do minante en la
exposición de la forma sonata, tal y como apuntan teóricos, como Rosen (1998: 245) o
Caplin (1998: 97) era algo fácilmente perceptible. En cambio dentro de la música del
siglo XX, la percepción dentro del ca mpo d e las alturas se torna más difícil .
Esta percepción más difícil fuera del marc o de la tonalidad se puede entender a
través d e la conceptualización de ésta y su propia armonía como un hipotético sistema
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lingüístico, inteligible y lógico. Al respecto ser á interesante atender a las sigui entes
palabras de Fubini (1994: 58 ):
“¿En qué sentido, pues, se puede considerar la armonía el len gua je propio de la
música? ¿Se puede establece r un pa ralelismo entre armonía y lenguaje común? […] la
estética como estudio del lenguaje a rtístico deberá ocuparse d e la triple dimensión
(semántica, pragmática y sint áctica) del si gno icónico propio de dicho lenguaje.
Aceptando como hipót esis de trabajo e ste esquema […] parece como si las le y es de la
armonía, y en general las de cualquier otra técni ca musi cal, se correspondieran con l a
dimensión sintáctica d el lenguaje, es decir, par ece como si no representaran más que
funciones lógico- lingüísticas que regular an l a organización de una obra musical. […] .
Del reconocimiento de la función puramente si ntáctica que asumen las ley es de la
técnica musical, derivan importantes consecue nc ias. En primer lugar, un a concepción
puramente funcional de la armonía equivale a una afirmación de su convencionalidad y
de su historicidad. Todos los teóricos que re futan una interpret ación hist oricista de la
armonía incurren en graves dificultades ape n as sienten la tentac ión de expli car la
historia de la músi ca anterior al Renacimiento y posterior a W agner. Toda la historia de
la música, si es vista de este modo, es completamente false ada: en el centro estaría la
música tonal, única música verdadera y conforme a la naturaleza”.
Así prosigue diciendo Fubini:
“Como just amente observaba r ecientemente Fedele d‟Amico, la dodecafonía fue
una elección, no una fatalidad intrínseca al lengua je musical. Lo mismo aconteció con la
armonía, ésta representó una elección más o menos consciente entre las much as
posibilidades ofertada s p or la polifonía”.
Con lo cua l, a partir de estas palabras cabría preguntarse lo siguiente: ¿la forma
musical dentro de la a tonalidad (en cualquiera de sus múltiples ma nifestaciones)
también pretende rá albergar una lóg ica discursiva e inteligible, como la tonalidad
funcional? ¿O bien c omo sis tema distinto (o bien simple y libre evo lución) querrá
establecer otro or den comunicativo, en el que su int eligibilidad y dialéctica con el
oye nt e se tornen más complicados, o directamente sean negados?
Hasta aquí refle x iones en cua nto a la inteligibilidad de la música más allá de la
tonalidad funcional. Pero no debemos olvidar q ue dentro de la música posterior a la
tonalidad funcional encontramos otra s erie de elementos cu y a percepción e
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inteligibilidad también debiera se r puesta en tela de juicio. Tengamos en cuenta por
ejemplo elementos com o las derivaciones se riales mediante i nversión, r etrogradación,
etc… Resultará interesante recordar aquí el resultado de un experimento so bre la música
de Webern, plasmado en un artículo realizado por Cook (1987: 25):
“El primer movimiento de la Sinfonía de Anton W ebern […] un grupo de
oye nt es con ex perienc ia a quienes se pidió que anotasen sus impr esiones de la pi eza
mientras la escuchaban […] no captaron ninguno de los palíndromos patentes en la
partitura; es más, sólo la mitad de ellos reconocieron la rep etición literal de la p rimera
sección entera como t al, mientras que la otr a mita d o y ó la pi eza como una composición
en continuo desarrollo. Además, aquellos que no reconoc ie ron la repetición describieron
esa sección de m anera m u y distinta la segunda ve z que aparece, di ciendo, por ejemplo,
que se daba un constante aumento d e tensión o un a cla rificación de la tex tura a lo l argo
de la pieza entera . […] . Lo que, en cambio sí sucedió varias veces fu e que todos o la
mayor í a hici eron una observación ex actamente al mismo tiempo […] en tales casos y a
pesar de discrepancias, las reacciones de los o y entes parecen haber compartido cierta
evolución: no resulta descaminado sostener que, para todos, l a música poseía una forma
intersubjetiva en e l sentido de un esquema tem poral común de puntos de máxima
te nsión, mom entos estáticos y momentos dinámicos. Momentos que se pe rcibían como
cruciale s y otros que despertaban su indiferencia […] No veo motivo alguno para poner
en duda que los esquemas temporales de las respuestas de los sujetos fueron fruto de
todos los aspectos de l a música, no sólo d e sus repeticiones y palíndromos estructurales,
sino también de sus ar monías, tex turas, timbres y asociaciones ex ternas. Desde la
perspec tiva psicológica puede considerarse que la forma es consecuencia de todos los
difer entes pa rámetros del diseño musi cal [ …] . En cualquier caso, ninguna clasificación
de la música como objeto puede dar cuenta d e una experiencia de la fo rma musical
inseparable del contenido y que el o yente, por consiguiente, recree de n uevo con cada
pieza q ue escuc h a”.
Como vemos, los oyentes de la Sinfonía Op. 21 de Webern (1928)
evidentemente no perciben ningún jue go contrapuntístico, ni de formas seriales.
Simplemente perciben grados de tensión, dinamismo y al go tan subje ti vo como la
importancia o no de un pasaje en el desarrollo estruc tural. Con lo cual qu eda cla ro que
la percepción dentro de las alturas se torna mucho más compleja ante la falta de
periodicidad o la super posición de varios metros. C omplejidad que corre a la par, si la
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vemos desde la óptica de la altura o la rítmica. Así como los esquemas r egulares d entro
de las formas establecidas en lenguajes compositivos del pasado, solían plantear
mecanismos pa recidos en ciertos momentos de las obras (pensemos por ejemplo en
conceptos como: desarrollo o stretti ) a partir de la segunda mitad del XX a nte la
care n cia d e moldes pre fijados la organización for mal funcionará de m anera más libre.
De este modo el códi go lingüístico, el len guaje, abandona ciertos presupuestos
tradicionales que se l e habían asi gna do. A colación de estas palabras s erí a interesante
fijarnos en el siguiente fragmento extraído de un texto de St efani (1987: 120 ):
“En verdad , el término <<lenguaje>> con frecuencia es usado de forma equívoca
por la nueva música [sic ] . L os estructuralistas […] se han empeñado en hablar de
lenguaje con referencia a sim ples sistemas o conjuntos de elementos organizados, es
decir, reglas ló gicas [ …]. En realidad todo s los sis temas inventados por los
compositores para or ganiz ar los sonidos, desde la dodecafonía en adelante, son
simplemente técnicas, n o lenguajes. Como advirtiera Berio, <<se ti ene un verdadero
lenguaje cuando el conjunto de signos y su comportamiento apunta a un significado:
por eso la músi ca tonal es un leng u aje, tanto que puede llegar inclus o a imit ar la
estructura gramatica l, m ientras que la música de W ebern c asi nun ca no lo es>>.
Es significativo que esta conciencia de los problemas del len guaje sea tan lúcida
en un compositor como Berio, cuya música es tan rica en pro y e ctos comunicativos. Pero
debemos establecer en seguida qu e lenguaje no equivale a comunic ación. Esta últim a es
una prác ti ca más amplia y no necesariamente sis témica. A partir de estas palabras,
podemos comprender q ue la ininteligibilidad del leng uaje contempor áneo (o por lo
menos ciertos lenguajes o sistemas) no es un defecto. Más bien se trata de un a voluntad
totalmente consciente, a través de la cu al, no importa renunciar a ciert os canales de
comunicación. Canales entre los que se encontrarían el uso de recursos poco o nada
perce pti bles, como son l as transformaciones seri ales, o ciertas ordenacio nes formales.
No se busc a un si gnificado en nin gún mom ento, tampoco una forma de percepción
formal igual que la que s e ha dado durante siglos. En cierto sentido es como si la forma
musical naciera a partir de ciertos sucesos inesperados. Más allá de estos pla nteamientos
dialécticos más li bres para con el o y ente, debemos tener en cuenta, como apostilla
Stefani la diferencia entr e lenguaje y técnica. Un compositor (y no sólo desde el año
1945 hacia adelante) utiliz a una serie de técnicas compositivas con las que construir su
lenguaje, pero éstas, sólo son meros elementos de sujeción. Del mismo modo que para
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notar la belleza de una catedral gótica, no necesitamos percibir conscientemente las
proporciones que d an estabilidad, en el caso de la música tampoco necesit amos
reconocer una re tro gradación o inversión para disfrutar ( emo cional o intelectualmente).
De todos modos a pesar de este plant eamiento formal más holgado que hemos
señalado, la organización musical en estos años utiliza algunas herramientas comunes
presentes e n v arios autores entre los que c abe incluir a Be rio. Un a de e ll as es la
estructuración o Estructuralismo. La aplicación de este principio basado en el área de
humanidades dentro de la músi ca, h a sido la creación de un len guaje en el que l a
interrelación entre los distintos componentes de organización musical pasan a un
segundo plano, dado que la importancia reside en el desarrollo de un a estructura estanca
delimitada por unos mat eriales bien definidos, recluidos a veces d e manera exclusiva a
una estructura de la ob ra. El ori gen de este tipo de planteamiento en la mús ica se puede
encontrar dentro del Nacionalismo ruso con el Grupo de los Cinco compuesto por:
Balakirev, Borodin, Cui, Mussorgsk y y R imski - Ko rsakov. Estos compositores por
influencia del acervo folklórico eslavo trazan dis eños musicales en los qu e el elemento
de desarrollo propio de la tradición centroeuropea es re chazado en pos de una cierta
y ux taposición de secciones estancas. Renglón s eguido, la fi gura de Strawinsk y se sitúa
como uno de los composit ores clave dentro de este pl anteamiento d e yuxtaposición
musical. Baste cita r por ejemplo la Sinfonía en tres movimientos (1945), inicio del 1er
movimiento, con el uso de una tex tura antifonal, tal y como apunta Berry (1987: 222),
basada en la contraposición y alternancia de los vientos y la cu erda. Otro importante
autor previo a la mi tad del siglo, que uti liza la y ux taposición como herramienta
organizativa en su música es Messiaen, quien en obras como el c élebre Cuarteto para el
fin del tiempo (1941), segundo movimi ento Vocalise, p our l‟Ange qui annonce la fi n du
Temps basa la construc ci ón musical inicial en la y ux taposición de m ateriales sobre dos
pulsaciones básicas. Otro caso interesante como modelo de y uxtaposición en este autor
se da con N uemes rythmiques (1949). Ya rebasado el año 50, encontramos una cierta
radicalización del discurs o musical en todos los aspectos, la organización de la obra no
es una excepción y ciertos procesos como por ejemplo esta yuxtaposición de la que
hablamos se torna más evidente. La principal h erramienta utili zada para expresar de
manera más vehemente este principio estructural se basa en la parce l ación o
estructuración mediante el uso de sonoridades reducidas a un a estructura única. Estas
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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sonoridades concretas se asientan en la utili zación de ti mbres muy pe rsonales,
desarrolla das entre otras opciones mediante el uso de técnicas extendidas. Precisamente
las Secuencias d e B e rio, viene n a ser uno de los primeros ej emplos en este sentido . L a
praxis de este estructuralismo musi cal, deviene a veces a través de div ersos recursos, de
los cuales el más evidente es el uso de unas figuras concretas diferenciadas del resto.
Este tipo de trabajo hund e sus raíces en los proced imientos de la Gruppenmusik (músi ca
de grupos) desarrollada p or S tockhausen a p artir d e las Klavierstücke I-IV ( 1952) donde
el planteamiento resulta sim ilar al r ealizado con las técni cas ex tendidas: unos rasgos
caracter íst icos de un materia l, concretados dentro de una fig ura determinada, o a veces
presentados fuera de ell a, se establecen como el material básico de una estructura o
fragmento de la partitura. Aunque el planteamiento es de antemano el mi smo que con la
estructuración basada en recursos téc nicos, cab e decir que en este caso, la limitación a
una parte exclusiva de la obra no se da de manera tan férrea.
Dentro del concepto d e Gruppenmusik, pod emos entender la observación de la
forma como elementos p untuales básicos dentro de cualquier p arámetro, desarrollados
durante un espacio c oncreto. El tipo de desarroll o a pli cado a un g rup o y a es otra
cuestión más difícil de e xplicar: cómo, por qué, hacia dónd e…Las posibl es respuestas
pasarían por t ratar de codificar toda una s erie de procesos musi cales. Dentro de los
posibles procesos desarr olladores de un grupo musical, a veces se ha mencionado el
concepto de fórmula d entro de la música de Stoc khausen. Atendamos a la ex plicación
de este concepto dad a de manos del pr opio compositor, recogida en un tra bajo de
Tannenbaum (1988: 83):
“Antes de seguir adelante quisiera ex plicar lo que es una fórmula. L a fórm ula se
compone de diversos elementos como los rag as, los talas, los temas de las fugas y los
temas de las sonatas has ta llegar a las células del impresionismo [sic], y a la serie, la
serie múl tiple. La fórmula es un compendio y la integración d e todos estos elementos
elaborados a lo largo de l os siglos por culturas de distinto origen”.
Tal como era de esperar, la explicación de Stockhausen se basa en un lenguaje
capcioso, metafísico y arcano. No obstante los términos “compendio e i ntegración d e
elementos” puedan s ervirnos de a y uda… La m anipulación de los materiales dentro de
cada grupo sonoro en la Gruppenmusik funciona como una derivación a partir de los
elementos nucleares cuya sistematiz ación no responde a un a sola r azón. De man era
distinta a lo sucedido con músicas seriales previas, el discurso formal de un
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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Stockhausen o un Berio no utiliza mecanismos sim ples de derivac ión (aunque pueda
haber excepciones) como puedan ser una serie o un planteamiento serial int eg ral. El
único elemento claro den tro de los posibles procesos compositivos en la Gruppenmusik
es la p resencia d e una fi gura básica que determine la sonorid ad, la p ersonalidad del
grupo o estructura. Su presencia m ás o menos clara, ser á el único eleme nt o que con su
permanencia determinará unos rasg os fijos en torno a los cuales, se desarrollará el resto.
Ahora bien estos rasgos en realidad funcionarán como simples ras gos y p oco más. La
clara presencia d e materiales, tan propia de músicas pretéritas, deja paso a una
concepción musical centrada no t anto en los mat eriales sino en su evolución. Tal como
aparece en un artículo dedicado al contexto creativo de B erio, realiz ado por Imke Misch
y recogido por Tadda y (2005: 8) el principal foco de investigación musical y a du rante
los primeros años de su creación musical es la posibilidad de pensar musicalmente en
términos de proc eso y no de forma. Ahor a bien, la conc reción de los procesos musicales
en sí, dada su importancia, resulta poco clara a ca usa de la complejidad con la que son
realizados. Hasta tal punt o, que en al gunos casos pueda p arecer que se bas en en la mera
probabilidad más que en una serie de procedimie ntos sistemáticos. Tanto es así, que al
referirse a esta música, sobre todo dentro de formaciones amplias que posibiliten
texturas mu y densas, Morgan (1994: 402) habla de música estadística. Refiriéndose a
Xenakis y la llamada música estocástica , el mismo Morgan (1994: 413) comenta lo
siguiente:
“Tampoco X enakis ac eptaba el tipo de música c asual que por aqu el entonces
Cage estaba comenzando a desarrollar. <<Para mi gusto [sic] -señaló en una entre vist a
posterior- , s e tr ata…de un abuso d el lenguaje y en un a anulación d e la función del
compositor>>. La concepción musical de Xe nakis ac erca d e las configuraciones
texturales complejas rechazaba, por un lado, la irracionalidad sin límite y la
indeterminación, y po r ot ro, trataba de incorporar la determinación y la indeterminación
dentro de un esqueleto teórico más generalizado. Al buscar un tipo de causalidad
apropiada a los ef ectos sonoros, comenzó a aplica r a la música teorías de probabilidad
matemática […] Tomando prestado un término de Bernoulli, (J acques Ber noulli,
matemático suiz o del siglo XVIII , quien for mu ló la ll amada “L e y de los números
larg os ”) Xenakis habló de música concebida en estos términos como músic a estocástica,
o lo que es igu al, música indeterminada en sus de tal les pero que sin embargo, se diri ge
hacia un final definido”.
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105
Vemos por lo tanto que la música dentro de la segunda mi tad del siglo XX en
ciertas oc asiones se incardina hacia planteamient os cercanos a la probabilidad. Aunque
se trate de una probabilidad, un azar no deseado en realidad. Tal como s e lee a través
del comentario del propi o Xenakis, el libre albedrío, la sen cilla c asualidad, por lo qu e
parece no entraba en los presupuestos estéticos de estos autores. En el caso del propio
Berio , tanto en las piezas que centran la atención de esta investi gación , como en la
mayor parte de su opus, también huyen de la sim ple manifestación aleatoria. I n cluso en
piezas tan atrevidas y cercana s al Happening co mo las Secuencias para voz o trombón,
en realidad pocas cosas con dejadas al azar. Y es que c abría entender que incluso en
piezas como la Secuencia para voz, los posibles elementos a priori dejados al azar no
son tanto elementos dejados al total arbitrio del intérprete. Se tr ata más bien de
sugerenc i as de interpretación. En este punto p udiera ser interesante recuperar las
palabras pronunciada s po r Halffter, recogidas por Romero (2002: 30):
“La utiliz ación de una aletoriedad controlada en c iertos parámetros del contexto
musical me sirve p ara dar a algunos grupos vocales o instrumentales una cierta libertad
en el desarrollo de sus cometidos […] Esto me permite utili zar una forma de recitativo
polifónico, es decir, sob reponer elem entos diversos para que se produzcan con una
ma y or espontaneidad”.
El testimonio de este autor español, es una muest ra del sustrato a partir del cual
se desarrolla toda suerte de aleatoriedad y por ende todo libre a contecimiento estadístico
en la estética europea tradicional desde la mi tad d el siglo XX . Se trata más bien de dar
una may o r libertad y un a ma y or espontaneidad, p ero no de asumir una autonegación del
compositor y de los procesos de determinación qu e éste debe establecer. Al fin y al cabo
la utilización de mecanismos que den lugar a una opción interpretativa cada vez más
compleja (que no li beralizada) y po r tanto más rica, también gracias a puntuales
aportaciones d el hipotético intérprete es algo inherente a la música y su evolución. De
hecho podemos considerar toda partitura en incluso todo pr ocedimiento compositivo
como una sugerencia bien delimitada.
Otro elemento clave en el planteamiento musical de este momento histórico es el
de la disociación . El diccionario d e la RAE de fine el v erbo disocia r d e la siguiente
manera:
Disociar . (Del lat. dissociāre ): tr. S epara r algo d e otra cosa a la que estab a unida.
U. t. c. prnl. || 2. Separar los diversos componentes de una sustancia.
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los movimi entos que componen la obra) a partir de un a textura tipo. S egún plantea
Griffiths (2010:113):
“Esta otra pieza [ Mirroirs ] planteada como ce ntra l en torno a la que se mueve n
los otros cuatro for mante s […] es considerablemente menos ambigua gracias al uso de
materiales estratégica m ente simples (“puntos”: secuencias hechas esencialmente de
notas sueltas) junto a otros más complejos (“bloques”: acordes masivos o arpegios)”
Así, la estructura de la o bra no se pl antea a través de p rincipios basados en las
alturas o en rítmi cas determinadas, sino en la organización de los mat eriales, bien
mediante una tex tura de ti po eminentemente monódico (notas sueltas) bien mediante
otra de ti po acórdico ( bloques). Por consiguiente la dicotomía entre tex turas tipo
contraria s es la base sobr e la que se orga niz a el discurso musical.
El próx imo salto en la evolución de las tex turas se da con la aparición del
concepto de micropolifonía, definido por García-Laborda (1996: 252) como:
“Forma espec i al de la composición tímbrica o de clusters [sic] desarrollada por
G. L i geti y consistente en el empleo de una multi plicidad de voces diversas para
producir un conjunto sonoro fluctuante”.
García-Laborda r ecomienda el planteamiento de este procedimiento ll evado a
cabo en la obra Atmosphères (1961) del propio Lige ti . Aunque en realidad dentro de
práctica m ente todas las obras de e ste autor es critas en las décadas de los 60 y 70
encontramos este recurso. Cabría ver hasta qué punto se trata d e un recurso propio de la
música de L i geti no obst ante. P ensemos qu e otro s autores como Xenakis en piezas de
los años 50 como Pithoprakta (1956) y Acho rripsis (1957) y a realizaron texturas
musicales basadas en el movimiento de masas de notas, cu y o re sult ado sonoro en
ciertos momentos ( y co n ciertas reservas) estaría c erca de l plantea mi ento li ge ti ano.
Controversias musicológicas apa rte, cabe valorar la import ancia de este tipo de
recur sos, en los que los conceptos d e alt ura o r itmo concreto se eliminan en pos de
construcciones con texturas definidas. No en balde muchas veces se alude a la música
de Lige ti (años 60 y 70 s olamente) y pa rte de la de Xenakis como música textural. Con
lo cual podríamos reconocer este momento h istórico como la culminación de un proceso
en el que l a organización de los materiales, la tex tura musical, pasó de estar totalmente
supeditada a elementos c omo la altura para ser el elemento principal dentr o del proceso
compositivo.
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Centrándonos y a en la música de Berio, el tratamiento tex tural más interesante
tiene lugar en la Sinfonia (1968) especialmente en su célebre tercer movimiento In ruhig
fließender Bewegung . En este movimi ento el uso del collage da lu gar a planteamientos
te xturales verdaderamente complejos. No obst ante en otras obras también tienen lugar
planteamientos interesantes como por ejemplo en la parte final de Circles (1960). En
este fragmento l a c antante en c ierto sentido se acompaña (o responde) a sí misma
mediante la alternancia entre el canto o rdinario y la recitación d e br eves fragmentos de
los poemas de Cummings en los que se basa la pieza.
Dentro de las Secuencias el uso de técnicas ex tendidas como po r ejemplo los
multifónicos en instrumentos de viento, da lu gar a tex turas apriorísticamente
imposibles. Pensemos que hasta la aparición de esta técnica era literalmente imposible
emitir más de un sonido simultáneamente (dejando de lado ciertos recursos meramente
anecdóticos como el uso de la voz y el canto y a en 1815 en e l Concertino para trompa
de Weber). Por lo tanto, la importancia de estas obras como elementos par a ampliar los
tipos de textura propios de un instrumento concreto, es realmente si gnificativa desde un
punto de vista histórico.
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SEGUNDA PARTE: MARCO EMPÍRICO
CAPÍTULO TERCERO:
PLANTEAM IE NTO Y MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN.
ÍNDICE:
CAPÍTULO TERCERO: PLANTEAM IE NTO Y MÉTODO DE L A
INVESTIGACIÓN
3.1. OBJETIVOS GENERALES Y ESPECÍFICOS …………………………………. 111
3.1.1. OBJET I VOS G ENERA LES……………………………………………....112
3.1.2. OBJ ETIVOS ESPECIFI COS D EL ES TUDIO PR IMERO………………112
3.1.3. OBJETIVO S ESP ECÍFI CO S DE L ESTUD IO SEGUNDO…… ………...113
3.2. ESTRUCTURA DE L A I NVESTIGAC IÓN …………………………………….113
3.3. METODOLOGÍA GENERAL DE LA INVESTI GAC IÓN……………………..115
3.4. SE L ECC IÓN DE P IEZAS SU J ETAS A INVESTI G ACIÓN……………………117
3.5. L AS SECUENC IAS DE L UCIANO BERIO…………………………………….118
3.5.1. GÉNESI S DE LAS S ECUENCIAS………………………………………119
3.5.2. GRABACIONES DE LAS OBRAS……………………………………….132
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115
3.5.3. PARTITURAS DE REFERENCIA ………………………………………..135
CAPÍTULO TERCERO. PLANTEAMIENTO Y MÉTODO DE LA
INVESTIGACIÓN
Tras hablar sobre el autor y el contexto de las Sec uen cias en los dos capítulos
previos, ah ora enmarcaremos a gra nd es rasgos el método de investigación así como las
obras objeto de estudio. P ara e ll o estableceremos en primer lugar los objeti vos generales
y esp ecíficos que fun cionan como el a rm azón sobre el que se construye est a
investigac ión. S u valoración tanto al inicio como puntos de referencia para organizar
esta tesis, como al final evaluando su consecución o no, será f und amental.
3.1. OBJETIVOS GENERALES Y ESPECÍFI C OS
Los objetivos dentro de la investigación han sido p lanteados en dos bloques,
objetivos generales y específicos. Los objetiv os ge n erales funcionan a modo de
referenc i a previa básica que cualquier investigación de este tipo entendemos que
debiera atender: los objet ivos de tipo teórico, de análisis de datos (en este caso los datos
son las obras en sí) y d e establecimiento de con clusiones generales. P or lo tanto más
que funcionar como obj etivos funcionarían com o obje to de la investi gación, tengamos
en cuenta lo planteado por Perujo (2009: 119):
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“Es evidente qu e el ob jetivo central de la investigación tiene que ser una
derivación directa de la hipót esis de partida. Será aventurado, no obstante, concretar y
cerrar todos los objetivos en la planificación previa pues, en muchos casos, son más una
co nsecuencia de la acció n investigadora que un propósito global que se desprenda de la
formulación ini cial de la mi sma. [ …] es un error superlativo confundir objeto y
objetivos de la investi gación. El primero hace r eferencia al tema concret o que hemos
convertido en el centro de todas nuestras cábalas y conjeturas. Constituye el qué y el
porqué de la mi sma, mientras que los se gundos ci fran y fijan sus para qué . El objeto es
esencialista, e n cambio, los objetivos son, por naturaleza, finalistas.”
Los objetivos específicos, algunos de ellos definidos a lo largo de la
investigac ión, se estable cen de man era más precisa, a modo de d esar rollo desde los
cuatro ge nerales. Son planteados de forma concreta e indi vidualizada para los dos
estudios diferentes y complementarios que co m ponen esta investi gación. Estudio
primero: análisis descriptivo de las catorce S ecuencias de Luc iano Berio. Estudio
segundo: el leng u aje musical de Luciano Berio en sus Secuenc ias , aplicación didáctica.
3.1.1. Los objetivos ge ne rales planteados son los siguientes:
1. Conocer el contexto histórico-musical que envuelve a l as Secuencias de L uciano
Berio.
2. Estudiar la praxis compositiva desarrollada por el autor en las obras
seleccionadas.
3. Extraer una serie de conclusiones a partir de l a información que emerja de la
investigac ión.
4. Plantear una aplicación didác ti ca a pa rtir de los datos descubiertos en e l análisis
de las obras sujetas a estudio.
3.1.2. Los objetivos específicos se con cretan de la siguiente manera dent ro del estudio
primero: análisis desc riptivo de las catorce Secuencias de Luciano Berio.
1. Establecer en qué med ida se relacionan l os materiales inherentes a las Secuencias
con el contexto histórico-musical que las envuelve.
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2. Ex plicar el funcionamiento de una serie de elementos asociados a los parámetros
musicales (duración, altura, timbre e intensid ad) y otros (fig u ras compositivas,
estructura musical y textura) en cada una de las 14 obras investigada s mediante una
metodología similar.
3. Esclar e cer hasta qué punto los c onceptos aleatorios son importantes dentro de la
escritura de estas Secuencias .
4. Verificar la presencia e importancia del concepto de proceso compositivo en las
secuenc i as investigadas.
5. Comprobar si una serie de conce ptos tradicionalmente atribuidos a la música del
autor están prese ntes o no dentro de las obras investigadas y de qu é forma. L os
conceptos en sí son: obr a abierta , Work in Progress, Teatro musical, us o de c ampos
armónicos, intertextualidad y uso de nuevas técnicas de interpretac ión.
6. Fijar una serie de posibles rasgos comunes en la praxis compositiva del autor
dentro de las obras seleccionadas.
7. Determinar un posibl e sentido diacrónico -evolut ivo dentro del ciclo de obras
investigada s, así como el establecimiento de una serie de etapas o épocas creativas.
3.1.3. Dentro del estudio segundo: el lenguaje musical de Luc iano Berio en sus
Secuencias , aplicación di dáctica, los objetivos específicos (que en realidad funcionarían
más bien como objetos) son los siguientes:
1. Realizar unos materiales teóricos que sirvan como acercamiento a la praxis
compositiva de Berio en sus Secuencias.
2. Plantea r una seri e de actividade s que puedan servir pa ra afianzar lo s contenidos
aprendidos mediante los materiales te óri cos presentados y su ex plicación en el aula.
3. Evaluar la validez de la aplicación didáctica propuest a, cons truye ndo una
herra mienta demoscópica adecuada al entorno educativo en el que se desarrolla.
4. Determinar si un ma y or conocimiento de la técnica compositiva de un autor
conlleva una may o r aceptación de su obra.
3.2. ESTRUCTURA DE LA INVESTI GAC IÓN
La inv estigación se articula a lo lar go de dos t omos de la sig uiente m anera:
Tras un índice completo y la introducción -justificación encontramos:
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Primera parte , m arco teórico compuesto por dos capítulos:
Capítulo primero: biografía y opus.
Capítulo segundo: las Secuencias y sus contextos.
Segunda p arte, marco empírico compuesto por tres capítulos:
Capítulo tercero: planteamiento y método de la investigación.
Capítulo cuarto: primer estudio. Análisis descriptivo de las catorce Se cuencias
de Luciano B erio. Tras el análisis de l a Se cuencia VIII para violín finali za el primer
tomo, arrancando e l segundo con el análisis de la Secuencia IX para clarin ete.
Capítulo quinto: segundo estudio. El len guaje musical de Luciano Berio en sus
Secuencias , aplicac ión di dáctica.
Conclusiones ge n erales
Propuesta de nuevas líneas de inve sti gación
Bibliografía
Anexos.
La primera part e, marco teórico, funciona a trav és de sus dos capítulos como una
gran contextualización del autor y su obra, además de sus Secuencias . Pe ro en el caso de
las Secuencias, se centra en la d escripción a niv el histórico de los conceptos que va n a
ser estudiados dentro del análisis de cada una d e ellas: temporales, de altura, tímbricos y
técnicas ex tendidas, motívicos o d e figuras com positivas, dinámicos, formales y po r
último de textura (este último sólo en cinco piezas).
La segunda parte, marco empírico, se articula en tres capítulos: tercero, cu arto y
quinto. El primero de ellos funciona a mo do de expli cac ión general en la que se
establece n l as líneas ma estras de l a investi ga ció n. En primer lu gar esta blecemos los
objetivos tanto gene ral es como espec íficos. Seguidamente explicamos cómo se
estructura la investi gación (punto en el que nos e ncontramos en este mis mo instante).
Posteriormente hablamos de la metodología general atendida, para pasar finalmente a
hablar de los criterios de selección y contextualizar las obras objeto de investigación.
Fijando nuestra atención en su génesis así como las grabaciones y partitura s disponibles.
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Una de las cuestiones fu ndamentales d entro de la estructura de esta tesis es su
desarrollo a partir d el capítulo cuarto en dos partes diferenciadas aunque
complementaria s.
En el capítulo cuarto des arrollamos el p rimer estudio: Análisis descriptivo de l as
catorce Se cuencias de Luc iano Berio, centr ado e n el estudio de una serie de conceptos
dentro de las S ecuencias. Los conceptos son los contextualizados en el m arco teórico:
temporales, de altura, tímbricos y técnicas ex tendidas, motívico s o de figuras
co mpositivas, dinámicos, formales y por últ imo de textura. Dentro de este estudio
exponemos en primer lugar sus objetivos específicos para seguir des pués con la
metodología propia antes de ade ntrarnos en el estudio pormenoriz ado de las obras.
Tras el estudio de las S ecuencias realizamos un análisis de los resultados más
significa tivos dentro d e cada uno de los c onceptos estudiados. P osteriormente
establece mos una dis cusión de r esultados f rente a otros trabajos p revios relacionados
con nuestra investigación. Para finaliz ar este capítulo presentamos las conclusiones. En
este caso al tratarse de conclusiones un tanto complejas, hemos c reído conveniente
establecer arg um entaciones en cada una de ellas.
En el capítulo quint o desarr ollamos el segundo e studio: El lenguaje musical de
Luc i ano Berio en sus Secuencias , aplicación did áctica. La finalidad de este estudio es
aprovec h ar la amplia información extraída de los análisis previos para construir una
aplicación didá ctica. Ésta es llevada a cabo como pro gra ma ción de aula a través de una
serie de materiales y actividades, además de ser p uesta en práctica de forma empírica y
evaluada m ediante varios instrumentos.
Dentro del se gundo estudio presentamos en primer lugar sus ob jetivos
específicos, pasando a continuación a la metodología propia tanto desde un punto de
vista didáctico como par a la construcción de una herra mi enta demoscópica. Finalmente
desarrolla mos la aplicación didáctica y po nemos en práctica la herramienta
demoscópica y estadística. Tras ellas realizamos un análisis y discusión de resultados.
En este ca so dada la es casez o direc t amente inex istencia de aplicaciones didácticas
sobre la misma temática, hemos optado por confrontar la ex periencia de nuestros
resultados con otros mat eriales didá cticos en los que hemos detectado posibl es mejoras.
Para finalizar este estudio presentamos sus conclusiones propias. En este caso aparecen
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sin argumentaciones, puesto que su enunciado resulta menos complejo que el de las
expuestas en el estudio primero.
Tras el capítulo quint o, presentamos las conclusiones generales d e la
investigac ión (estas vuelven a estar acompañadas de argumentaciones) y la propuesta de
nuevas líneas de investigación.
Cerramos la tesis con l a información bibliográfica, atendiendo a los distintos
formatos contemplados, y dos anexos: el primero de ellos es la herramienta estadística
utilizada en el s egundo estudio (cuestionario), el segundo es la agrupación de las
partituras en PDF junto a sus respec tivas grabaciones.
3.3. ME TODOLOGÍA GENERAL DE LA I N VEST I GACIÓN
El método de investigación más cerc ano al tipo de investiga ción que es tamos
planteando es el no experimental, seg ún Alb ert (2006: 91):
“Podemos definir la investigación no experimental como la <<búsqueda
empírica y sistemática en la que el científico no posee control directo de las variables
independientes debido a que sus manifestaciones ya h an ocurrido o que son
inherentemente no man ipula bles>> (Kerlinger, 2002:504) [ …] Se trata de una
investigac ión dond e […] lo que hacemos es observar fenómenos tal y como se dan en su
contexto natural para d espués analiz arlos. En la investi gación no ex perimental […] los
participantes lle gan al investigador con sus c aracte rísticas distintivas intactas. […] En
una investigación no experiment al o ex postfacto no se constru y e ninguna situación,
sino que se observan situaciones y a ex istentes no provocadas intencionadamente por el
investigador.”
Dentro de los múltiples tipos de diseños o enfoques no experimentales, el más
adecuado a la temática de nuestra investigación e s el Diseño transeccional exploratorio ,
definido por Albert ( 200 6: 93) como:
“Este tipo de diseño tiene como objetivo conocer a una comunidad, un cont exto,
un evento, una situac ión [ … ]. Se trata de una exploración inicial en un momento
específico. Se aplica a pr oblemas de investigación nuevos o poco conocidos y suelen ser
el preámbulo de otros diseños.”
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121
Resulta evidente qu e ant e una inv estigación cent rada en un ex postfacto como
son obras musi cales fij adas mediante un códi go gráfico (notación en partitura), el
método más apropiado será el no ex perimental. Pensemos también que aunque estemos
ante un ex postfacto ya estudiado, en rea li dad no lo ha sido de la manera que vamos a
enfocar nuestr a investigación (menos aún en lengua española con lo q ue significa a
nivel de accesibilidad para e l resto de la comunidad educativa hispanoamericana).
Ahora bien, atendiendo al último objetivo formulado basado e n el
establecimiento de posibles aplicaciones didácticas, debiéramos plantear otro método
dentro del ca pít ulo quinto, estudio segundo.
En este caso nos decantamos por un método cuasi ex perimental, puesto que por
sus características se presenta como el más idóne o para valorar l a validez de un p roceso
educativo. Tengamos en cuenta que dentro d e est e método en principio el investig ado r
sólo puede establecer u na variable independiente para valorar la respues ta de una
muestra de población, m uestra de población además controlada, sele ccionada. En este
caso la variable independiente será la aplicación d idáctica qu e elaboraremos a partir del
estudio de las obras investigadas. Dicha aplica ción se definirá mediante un dossier
informativo y una programación de aula.
La variable dependiente no será como suel e suceder en este ti po de
investigac ion es el rendimi ento de la muestra de población sim plemente. En esta
investigac ión las dos variables dependientes básicas serán la valoración que la muestra
de población hace de nuestra aplicación didáctic a y la evaluación de la a dquisición de
competencias de mano del grupo-clase, p ara qu e el investigador r eflexione sobre la
valía de su propue sta did áctica.
En cuanto a la presencia de posibles v ariantes contaminadoras o ex trañas a
priori han s ido filtradas en la medida de lo posible, puesto que la aplicación didáctica
se desarrollará sobre un segmento de población h omogéneo, conocido y c ontrolado en
todo momento por el investiga do r.
3.4. SELECCIÓN DE PIEZ AS S UJETAS A I NV ESTIGACIÓN
El ciclo de pi ezas que nos ocupa s e compuso dentro de un l apso de tiempo bastante
prolongado. En concreto, son cuarenta y cuatro l os años que separan la primera
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al mi smo tiempo: tocar y cantar. Ambas acciones no son fá ciles de c oordinar, y la
eficacia de la piez a reside en la relación sonor a r esultante de la combinación interválica
entre voz e instrumento. Para que esta acción resulte con éxit o , es pr eciso vocalizar el
instrumento e instrumentalizar la voz.
Co mo en la Secuencia III para voz, quise desarrollar también aquí un comentario
entre el virtuoso y su instrumento […] . Del mismo modo que en la secuencia para voz ,
la Secuenc ia V para trombón se presenta como un teatro de la voz y una gestualidad del
instrumento para oír y ver.
Con la Sec uencia V también rindo homenaje a Groc k (Adriano Wettach) el
último gran clown . Gro ck fue nuestro vecino en Oneglia. El viví a en una maravillosa
villa con una especie de jardín oriental con pequeñas pa godas. A menud o junto a mis
compañeros d e colegio, trepaba sobr e la puerta para entrar en el jardín y robarle
naranjas. Un a vez cuando tenía once años, tuve la oportunidad de asistir a uno de sus
espectáculos en Port Mauricio, y finalmente entendí quién era él. En uno de sus
números musicales de re pente en medio de la actuación s e detuvo y pre guntó fijamente
al público: ¿Por qué ? Yo no entendí nada, no sabía si reír o ll orar. Después de esta
vivencia no robé m ás naranjas en su jardín.
La Secuencia V fue escrita para Stuart D empster, como un homenaje a Grock y
su Por qué , el cual se sitúa en medio de esta pieza” .
En torno a la Sequenza VI para viola comenta:
“ La S equenza VI para viola está escrita para un intérprete moderno en un amplio
y responsable sentido de la palabr a. Es un traba jo de g ran dificultad (un indirecto y tal
vez en cierto s entido de svergonzado homenaje a los Caprichos de P aganini), el cual
sobre una consta nte base armónica repetida, se desarrolla y toma forma. Es un estudio
sobre la repetición, sobre la relación de un mod elo, el cual f recuentemente reaparece,
pero que como tal, sólo una vez se p resenta. La pieza, d eterminada en su ma y oría
mediante estructuras armónicas, finaliza con una inespera da e interrog ante
repre sentación de una melodía.
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La Sequenza VI ser á considerada en los siguientes años como un modelo básico
para otros traba jos como Chemins II (para viola y 9 inst rumentos) y Chemins III para
viola y orquesta); los cuales llevan el desarrollo de los rasgos a rmónicos y de los giros
musicales más significativos del material básico más allá, sin afectar al m ismo tiempo la
parte del soli sta. La Sequenza VI sería al go así como el centro de una id ea que se puede
mirar a tra v és de tres historias”.
En otro comentario del autor sobre esta obra, extraídos de una entrevista
realizada por U s cher (1979) la describe como un:
“estudio so bre la resistencia, fuerza e intensidad”.
En torno a la Sequenza VII para oboe anota:
“Evoluciona desde un conflicto duradero, un conflicto para mí apasionado y
dramático, basado en la propia oposición entre la extrema v elocidad de la composición
instrumental y la lentit ud de los procesos musicales basados en la inmovilidad de
registro, limitación de altura s y la paulatina acumulación de un determinado intervalo.
En la s ecuencia para oboe ( así como en l as secuencias p ara flauta, tro mbón,
clarinete, tromp eta y f agot) intento la búsqueda de construcciones music ales dist intas,
las cuales plantea n cie rtas polifonías virtuales. En esta secuencia debe situarse la parte
solística en una perspectiva, a través de la cu al, el soni do Si int erpre tado por otro
instrumento detrás del escena rio, d ebe funcionar como una especie de tónica.
La s ecuencia fue escrita en 1969 para Heinz Holliger.”
Sobre la Sequenza VIII para violín comenta:
“Compone r la Sequenz a VIII fue en gran m edida como saldar una deuda
personal con el viol ín, para mí uno de los instrumentos más complejos y sutiles.
Mientras ca si todas mis otra s secuenc ias basan su desarrollo en una mu y limitada
elecc ión de las posibilidades instrumentales y llevan la int ervención solísti ca a la
cumbre, la Se qu enza VIII aporta una amplia imagen global, más de tipo historicista.
La Sequenza VIII se apo y a en dos notas (La y Si) las cuales, como en una
Chacona forman el camino para los muy diferenciados trayectos por los que transita la
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obra, en los cuales la poli fonía no aparece tan apa rentemente desarrollada c omo en otras
secuenc i as, sino de manera más evidente y cl ara. L a Sequenza VIII func iona también
como un homenaje a l a c ima musi cal, que es la C hacona de la Partita en r e menor de J.
S. Bach, con su entrelazado de elementos técnicos violiní sticos del pasado, presente y
futuro”.
Sobre la Sequenza IX para clarinete dice:
“La secuencia IX pa ra c larinete (así como la I X b para saxo fón alto) hunde sus
raíces en las bases de la construcción de una lar ga melodía. Por ello encie rra como casi
todas las melodías redundancia, simetría, transfor mación y r etorno. La Sequenza IX es
una “secuencia” de ge stos instrumentales que desarrollan un cambio continuo y un a
permanente transformación entre dos campos de intervalos: uno basado en siete notas,
que ti ende a aparecer siempre en el mi smo registro, y otro bas ado en cinco notas, las
cuales se presentan de manera más flexible en cualquier registro. Este segundo bloque
de sonidos, penetra y mo difica las funciones armónicas del primero.
La s ecuencia IX fue escri ta en 1980 para Miche l Arrignon.”
La S equenza X para trompeta comenta:
“Asimilación, transformación y superación de la p ropia naturaleza idiomática (o
vocal) como hechos son oros inseparables del desarrollo de mis secuencias precedentes.
[…] En esta secuencia hay también un a cier t a ausencia de la transfor ma ción tí mbrica.
La trompeta es presentada de manera directa, y es quizá esta franqueza, lo que hace
especialmente d e esta Sequenza X , la más ambici osa de todas.
La s ecuencia para trompeta fue escrita en 1984 para Thomas Steven” .
Sobre la Sequenza XI para guitarra anota:
“En la Sequenza XI fue mi interés desarrollar u n diálogo entre las insi stentes
disposiciones armónicas idi omáticas, inherentes a la afinación del inst rumento y otras
armonías; el paso d e un territorio a otro es el i ntervalo de cuar t a aumentada. En la
Sequenza XI dominan tambi én dos estilos: uno instrumental y otro gestual; uno hunde
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sus raíces en la tradici ón de la g uit arra flamenca, el otro en cualqui er ra s go del
repertor io clásico de la guitarra. La mediación entre ambas <<histor ias>> es para mí
una visión bastante experimental del instrumento. El diálogo entre l as dos fo rmas
armónicas y las dos formas, técnica e histórica por otro lado, ti enen lugar mediante un
proceso de continuo inte rcambio y de <<transcripción>> d e figuras, l a s cuales son
reproduc idas reiteradamente de forma clara”.
En torno a la Sequenza XII para fagot comenta:
“Es una meditación sobre un hecho, el que el fag ot más que cualquier
instrumento de viento-madera s e pres enta ( y esto vale sobre todo para los registros
extremos de su tesitura) como provisto de un a p ersonalidad casi opuesta, con pe rfiles
diferenciados, posibilida des de articulación dist intas, y diversos ti mbres y dinámicas.
[…] L a secuencia XII tiene una estructura circular: envuelta entre el glissando , diversas
relaciones temporales, y los disti ntos registros.
La s figuras reiteradas a l o largo de la pa rti tura, emergen cuando se ausentan las
distintas articulaciones de las extensiones sonoras.
La frecuente transformación de la imagen idiomática de este inst rumento, ha
dado lugar a un limitado repertorio en el aspecto de la articulación. Pre cisamente este
as pecto ha func ion ado como uno de los componentes or ganizativos en la partitura. Así
por ejemplo el hecho de plantear el cambio rápid o entre dos reg ist ros muy separados se
ha manifestado como algo nuevo e interesante. Alternancia que aúna la reunión de
cambios en las características armónicas, acústicas y de otros parámetros que se ven
afec t adas en ese mismo instante.
La s ecuencia para fagot fue escrita en 1995 para Pasca l Gallois”.
Sobre la Sequenza XIII “Chanson” para a cordeón escribe:
Yo había utilizado el acordeón y a en diversas ocasiones, <<escondi do>> en
agrupac ion es y como int ermediar io tí mbrico entre divers as familias instrumentales. El
encuentro con Teodo ro Anzellotti me llevó a considerar el acordeón como un
instrumento solista y poner ante mis ojos la tr adición popular qu e vive en él y que forma
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parte de su idiosincrasia. Pienso en el ac ompañamiento de melodías en las fie stas
populares y en l as canciones de la clase tra bajadora, en los Nightclubs, tangos
argentinos y en el J azz, el cual ha t enido más vigencia que nin gún otr o estilo en las
últimas décadas, como c ontribuye nte p ara una nu eva valoración del instrumento. Con la
Sequenza XI II se guramente no he r endido homenaje a la cuestión im puesta, de todas
estas previas tradiciones c onjuntas. La obra no pretende otras cosa más que con ceder
una espontánea ex presión (¿como improvisación, como rondó ? ): <<un recuerdo al
futuro>> ( como I talo Calvino diría) de este inst ru mento, el cual de manera permanente
crece” .
Hasta aquí la informació n relativa a las 13 Secuencias . Dentro de la entrevista
realizada por Rosana Dalmonte en 1981, aparece una info rmación complementaria
(página 97 y siguientes) que proce d emos a exponer:
“En el seno de las Secuencias hay diversos eleme ntos unificadore s, planifica dos
o no. El más obvio y externo es el virtuosi smo. Tengo un gran r espeto por el
virtuosismo [ …]. Un signo d e virtuosismo bien entendido, se cumple, cuando la
preocupación técnica y el estereotipo ejecutivo ti enen ventaja sobre la ide a, como en el
caso de Paganini […] . Otro caso ti ene lu gar cuando la novedad y la complejidad del
pensamiento musical -con sus consecuentes comp lejidades y dimensiones diversificadas
expresivas- impone cambios en la relación con el instrumento, frecuentemente
imponiendo cualquier solución técnica inédita […] donde el int érpre te debe funcionar a
un altísimo nivel de virtuosismo técnico e int electual. […]
Otro elemento unificador de las Secuencias es mi misma conciencia, de q ue los
instrumentos musicales no puede n ser realmente cambiados ni destruidos, y ni tan
siquiera inventados. Res ponsables de la lenta transformación a trav és de los siglos, no
son sólo los ocasionales conflictos sobre la idea y la técnica d e ejecución sino también
los procesos evolutivos de la estructura soc ial y e conómica del públ ico […] . Un
instrumento musical es por sí mismo un fragmento de leng u aje music al. Tratar de
inventar uno nuevo es algo casi tan p atético y fútil como cualquier t entativa de inventar
una nueva regla gra mática en nuestra lengua . El compositor puede contribuir a la
transformación de los instrumentos musicales solamente a trav és del uso y tratando de
entender post factum, la naturaleza c ompl eja de las transformaciones. […]
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Estoy mu y atraído por esta lenta y digna transformación d e los instrumentos y de
las técnicas a trav és de l os siglos. Y tal vez por esto es que en todas mis Secuencias no
he tratado de cambiar la naturaleza del instrumento y no he tratado d e utilizarlo “contra”
su propia naturaleza. De hecho no he estado nun ca capaz de insertar torn illos y g omas
entre las cuerdas de un piano o de golpear un mi crófono con un violín, aunque esté
totalmente comprometido con la posi bilidad de ex tender la ejecución instrumental
mediante nueva técnica digital. Así en el I RCAM, algunos músicos han tratado de
cambiar y d e “mejorar” la flauta. […] mediante ciertas manipulaciones l a flauta podía
realizar acordes y efectos bastante singulares. Pero los pobres, debían renu nciar a Bach,
Mozart, Debussy e in cluso a mi Secuencia, ya q ue no podían sonar una escala d e Do
May or afinada.”
En la mi sma entrevista realizada por Dalmonte, tras estas id eas gen erales
encontramos información puntual sobre algunas Secuencias , que no aparece en las not as
al programa d e la grabación del Ensemble InterC ontemporain (1998). Procedemos a
presentar l a aquí y aho ra:
Sobre la Secuencia I para flauta comenta :
“En el año 1958, no utilizaba en absoluto el término polifonía en se nti do
metafórico, como tendería a hacer ahora tr abajando con inst rumentos monódicos, más
bien lo utilizaba en sentido literal. Quería alcanzar un modo de escucha fuertemente
condicionante, con el que poder sugerir constantemente una pol ifonía latente e
implícita. [ …]. La experiencia, un poco utópi ca, me ha estado mu y útil. Como sucede
en la investigación cientí fica cuando y endo tras la lí nea correcta, aparecen tantas líneas
paralela s que el objetivo de la investigación acaba modi ficado, persiguiendo mi ideal de
polifonía implícita descubrí la posibilidad estereofónica d e la melodía. C on el títu lo
quería poner el a cento sobre el hecho de que s e trataba sobre todo, d e un a secuencia de
campos a rmónicos (un dato común a todas las secuencias), del cual, brotan con un
máximo de caracterizaciones [ entendemos en el sentido de “adaptaciones” musicales ]
las restantes funciones musicales.”
Respecto a la Secue n cia III para voz femenina ano ta:
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“Siempre he sido mu y s ensible, quiz á demasiado, al exceso de connotaciones
que la voz, lleva consigo. L a voz […] significa si empre al guna cosa [ …] asociaciones:
cu lturales, musicales, c ot idianas, emotivas, fisiológicas, etc…Ha sido necesar io utili zar
el texto de forma homo génea y disponible en tod os sus aspectos, de cara al proyecto que
consistía, en sus lí neas esenciales, en tomar, en e xorcizar el ex ceso de connota ciones y
establecer una unidad musical. El texto “modular ” constituido p or pequeña s frases
permutables, que Mark Kutter m e escribió , era pa rticularmente adecuado para mi
intención compositiva. Era suficientemente am biguo per permitir una considerable
movilidad sintáctica y s emántica; pero al mi smo tiempo hacía uso de un vocabulario
elemental de carácter em blemático […] hecho de palabras “universales”. [ …]. Quería lo
escénico de las palabras , pero considerando que la escena estaba constitui da de un
campo más restringido y no demasiado ambi guo de asociaciones fonéticas y semántic as.
[…]. L a Secuencia III, en resumen es una especie de “invención a tres voces”
(segmentac ión del text o, gesto vocal y “expresión”): es el desarrollo sim ultá neo y
paralelo de tres div ersas fisonomías, parcialmente extrañas la una a la otra, que
interfiere n. […] Me parece que en la S ecuencia III , el ex ceso d e connotaciones
encuentra siempre una vía de escape. Mientras el ámbito semántico más elemental del
texto original se dil ata y dism inu y e, la elabo ración musi cal funciona como dilatador
haciendo estallar el texto en diversas direcciones. El germen de l a Secuencia III, está y a
en Thema (Omaggio a Joyce), mi entras que la Secuencia III, es el ge rmen de un trabajo
más reciente: A-Ronne, so bre un texto de Sanguinetti.”
Sobre la Secuencia V trombón podemos añadir la siguiente infor m ación:
“La columna d el aire del inst rumentista debe cumplir simultáneamente dos
labores: sonar y ca nta r. No es fácil coordinar las dos acciones y el sentido y la eficacia
de la pieza reside p ropiamente en un r espeto escrupuloso de los intervalos realizados
entre la voz y el inst rumento. Sólo así es posible conseg uir el grado d e transformaciones
previstas (vocalizaciones del instrumento, instrumentaliz ación de l a voz) y suministrar
un mate rial idóneo y simultáneo en los niveles de transformaciones: modulaciones
tímbricas con la sordina y modulación de amplitud con los “batimentos” sobre la voz y
el instrumento. En la Secuencia V la referencia a un estado más sim ple y elemental del
discurso es constante. Los estados más simples son dos y están interconectados: los
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unísonos entre voz e instrumento y la articul ación periódica que se produce con los
“batimentos” cua ndo voz e instrumento se alejan imperceptiblemente desde el unísono”.
En torno a la Sequenza VII para oboe comenta:
“En la S equenza V II para oboe prosigue la búsqueda de una polifonía latente
[…] sobre complejas estructuras sonora s del instrumento soli sta con una “tónica ”
siempre prese nte: un S i natural que debe sonar, pianissi mo, en cualquier otro
instrumento, dentro del escena rio o entre el públi co. Se trata de una perspectiva
armónica que contribu ye a un a percepción más sutil y analítica de v arios estados de
transformación de la parte soli sta. La escucha de tipos polifónicos propu estos se basa,
en parte sobr e la rápida transición entre caracteres diferentes y sobre l a interacción
simultánea”.
Junto a estos comentarios complementarios podrí amos añadir otros pa ra las trece
primeras S ecuencias , en forma d e a forismos poéticos realizados en 1995 por el escritor
y amigo de Luciano Berio, Edoardo Sanguinetti:
" Incipit sequentia sequentiarum, quae est
musica musicarum sec undum lucianum."
("Aquí comienza la sec u encia de secuencias,
que es la música de la música según Luc iano.")
Sequenza I:
“ y aquí comienza tu deseo, que es el delirio de mi deseo: la músi ca es el deseo de los
deseos ”.
Sequenza II:
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“ he esc u chado cadenas de colores, musculosamente agresivos:he sentido tus rudos y
rígidos ruidos ”.
Sequenza III:
“ quiero tus palabras: y quiero destruirlas, con p risa, tus palabras: y quiero destruirme,
y o , finalmente, verdaderamente ”.
Sequenza IV:
“ me dibujo contra todos tus muchos espejos, me transformo con mis venas, con mis
pies: me encierro dentro de todos tus ojos ”.
Sequenza V:
“ te dig o: ¿por qué? ¿por qué? y so y la seca mueca de un paya so
para qué qui eres saber, digo, ¿por qué digo por qué? ”.
Sequenza VI:
“ mi caprichoso f u ror y a f ue tu calma lívida; mi canción será tu lentísimo silencio ”.
Sequenza VII:
“ tu perfil es mi paisaje frenético; mantenido a dist ancia es un falso fuego de amor que es
mínimo: está muerto ”.
Sequenza VIII:
“ para ti he multiplicado mis voces, mis vocablos, mis vocales, y entonces grito que eres
mi vocativo ”.
Sequenza IX:
"eres inestable e inmóvil, tu eres mi frágil fractal, esa quebrada forma mía que tiembla” .
Sequenza X:
“ describe mis confines y estréc h ame en ecos, en reflejos desde lejos y ,
desenvueltamente , vu élvete yo, tú, por mí ”.
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Sequenza XI:
“ te enc uentro, pueril e innatural seudodanza mía; te encierro en un cerco y te
interrumpo, te rompo ”.
Sequenza XII:
“ te muevo sig il osamente, te tallo, te exploro las caras, te palpo meditabundo; te vuelvo
y revuelvo, variándote, temblando; te atormento, tremendo ”.
Sequenza XIII:
“ y así conforta un acorde que se cierra gentilmente aquí, plebeyo; la catástrofe está en el
medio, está en el corazón, pero está r odeada, podada ”.
3.5.2. GRABACIONES DE LAS OB R AS
La s grabaciones más destacadas de las Secuencias de L u ciano Berio son las
siguientes:
1. Circles, Sequenza I, Se quenza III, Sequenza V . (W ergo, 1991).
2. The Complete Sequenzas and W orks for Solo Instruments. Ensemble Modern
(Mode Recor ds, 2006 ).
3. „Points on the Curve to find… ‟, Folksongs, Sequenza VII, Laborintus II . Swiss
Italian Radio Orc hestra, Ensemble Contrechamps (Ermitage, 1995).
4. Sequenza III & VII, Différences, Due Pezzi, Cha mber Music. Julliard En semble
(Philips, 1970).
5. Sequenzas . Ensemble InterContemporain (Deutsche Grammophon, 1998).
6. Sequenzas I, IV, VIII, IXa & XIV, Due P ezzi, Musica Leggera, Les Mots sont
Allés…, Lied. Ex Nova Ensemble (Black Box, 2006).
7. Luciano Berio Complete Sequenzas and Works for Solo Instruments . (Mode 161-
163, 2006).
8. Berio Sequenzas I-XIV . Flauta. Varios intérpretes (Naxos, 2006)
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conceptos en sí son: obr a abierta , Work in Progress, Teatro musical, us o de c ampos
armónicos, intertextualidad y uso d e nuevas técnicas de interpretación.
6. Fijar una serie de posibles rasgos comunes en la praxis compositiva del autor
dentro de las obras seleccionadas.
7. Determinar un posibl e sentido diacrónico -evolut ivo dentro del ciclo de obras
investigada s, así como el establecimiento de una serie de etapas o épocas creativas.
4.2. METODOLOGÍA ESPECÍFI CA
El análisis de las piezas seleccionadas arranca d e un principio hist oricista, dado
que a la hora de plantearnos su enfoque h emos tenido en cu enta el autor y su contexto.
Tratándose de un nombre relacionado con el Serialismo integ ral, e l enfoque básico nos
ha parecido bastante claro: l a investigac ión a tr avés de los parámetros es la metodología
más adecuada. R ecordamos en este punto que la consideración paramétrica tradicional
considera 4 elementos básicos: altura, duración, intensidad y timbre.
Dentro de la altura se consideran todas las c uestiones relacionadas con la
afinación tanto a nivel de sonidos puntuales como de agrupaciones simultánea s
(armonía) como consecutiva (c ontrapunto).
El parámetro de la duración o del tiempo recoge todos los elementos que
influye n en la ord enación cronológica de la música: tempo , valores métricos (tanto
sonidos como silencios), compases, dete n ciones temporales significativas, etc…
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El parámetro d e la intensidad reúne todos los as pectos que afectan a l a fuerza
con la que escucha mos los sonidos. En un nivel básico esta fuerza se li mita a la cantidad
de decibelios, aunque otr os elementos como por ejemplo la acústica de la s ala en la que
escucha mos u na música pueden influir de manera importante.
La manera más sencilla de entender el pa rámetro timbre es compará ndolo con el
color en la pintura. De h echo en alemán la p alabra equiv alente es Klangfarben que s e
podría entender como “color sonoro”. El timbre a través de los formant es acústicos así
como las formas de ataque del sonido hacen que los inst rumentos o los registros suenen
de manera distinta.
El enfoque paramétrico resulta el más adec uado en el estudio de esta música por
tres razones básicas:
En primer lugar porque e ntronca con los enfoques analíticos tradicionales en los
que la gran ma yoría de músi cos se educan. Por ello, resultará más cercano a futuros
discentes que se acerquen a esta investi gac ión. Ca be tener en cuenta ad emás que de cara
a ulteriores aplicaciones didácticas este enfoque resulta más interesante. Atendiendo a
los postulados del Ap rendizaje significativo de Ausubel (1963, 1978 y 1978b) y sus
continuadores Novak y Hanesian (1978b) ha y d os ideas que r esultan fu ndamentales
para c onst ruir una didáctica óptima:
1. L os contenidos previos han de estar relacionados con los nuevos que se
quieren adquirir, de ma nera que funcionen co mo base para la adquisición de más
conocimiento.
2. El aprendizaje significativo utiliza lo y a asimilado para mediante comparación
o interca la ción con l os nuevos contenidos, construir un nuevo con junt o de
conocimientos.
I d eas que en parte han in fluido en la definición de nuestra metodología analíti ca,
sobre la arg um entación ya e x puesta.
Seguimos exponiendo las razones que argumentan por qué el enfoque
paramétrico re sulta el más adecuado en el estudio de esta música:
En segundo lugar porque pone en primera línea de estudio varios aspectos más
ge neralistas y evidentes de las obr as, dejando d e l ado otras mat erias que só lo de manera
puntual alberga n una verdadera importancia.
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Este enfoque, desde un punto de vist a did áctico resulta también más estimulante
que haber realizado la in vestigación de por ej emplo un sólo aspecto en cada Secuencia .
Atendiendo a las teorizaciones de Gardner (1998, 2003) y S ternberg (1997) centradas en
el estudio de la inteli gencia y cómo asimilamos la nueva info rmación, resulta m ás
motivador aprender sobre varios aspectos al mismo ti empo. Desarrollando distint os
tipos de capacidade s y f ormas de conocimiento, que además pueden pote nciarse entre
ellos. Por ello pensamos que nuestro enfoque sobre varios elementos puede resultar más
interesante que ce ntr arnos en un sólo aspecto.
En tercer lu gar por l a razón de índole contextual y a mencionada . A trav és de
escritos, podemos constatar que dentro del Seriali smo int eg r al los compositores trat aron
de organizar su música mediante la atención a cada uno de los parámetros. Así, en las
últimas obras de W ebern y las primeras de otros autore s una vez finaliz ada la Segunda
Guerra Mundial , podemos ver que la organización de las obras a través d e la
consideración paramétric a resulta fundamental. Cabría re cordar en este sentido textos
como Webern (2009), Boulez (1984), Berio (1981) o en AAVV (2006: 1 75) donde el
propio Berio se define como un “autor serial”.
Por otro lado, clásicos de la hermenéutica musical dentro de la segunda mitad
del siglo X X han planteado el estudio de obras atendiendo de manera principal a la
ordenac ión p aramétrica.
Uno de los casos más célebr es es el del análisis de Modo de valores e
intensidades (1949) de Messiaen, r ealizado por Klaus Schweizer (en Oli vier Messiaen
Klavieretude, Mode de valeurs et d‟intensités, Archiv für Musikwissenschaft, 30 (2),
1973). Aquí Schweiz er realiza una s erie de m atrices en las qu e engloba l os elementos
(formas seriales utilizadas), a lt ura, duración intensidad y ataque. De tal modo que
asienta su aná lisis sobre la observación de los pará metros.
Otro de los casos más célebres es el análisis realiz ado por G. L i geti (publicado
en el volum en 4 de Die R eihe en 1958 ) titul ado Pierre Boulez: decision and automatism
in Structures Ia . En este caso el análisis propone la derivación de todos l os elementos
paramétricos a partir del material serial, inte rrelacionando todos los aspectos.
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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Dentro de la músi ca de Stockhausen, otro c ompositor cuy a estética y técnica,
salvando las dist ancias podría asociarse al nombre de Berio, podemos encontrar más
análisis que se asientan sobre la atención par amétrica. Al gunos de los estudios más
celebrados en torno a su obra, como son los real iz ados por Schnebel (1958), Maconie
(1976, 2005), Cook (1987) y Blumröder (1993) analizan esta obra atendiendo a todos
los aspectos paramétricos, con la excepción del timbre (pensemos que éste dentro de
una pieza para piano sol o no resultaría tan intere sante). Aunque en el c aso de Schnebel,
Cook y Blumröder, también se analizan aspe ctos como la distribución de registro , el
contorno y la textura-densidad, relacionados en cierto modo con la tímbrica.
En el caso de las Se cuencias de Berio, como planteamos en la introducci ón no
existen demasiada s investigac ion es que ha y a n enfocado la visión de su música a través
de esta visi ón paramétrica, con la excepción de Hansen (2010) y Añó n (2006). La
mayor parte de los trabajos enc ontrados de autori v ari (1995) y (2007 ) agrupa dos
respec tivamente por Restagno y Half y a rd se centran en aspectos concretos. Por este
motivo, pensamos que nuestra investigación pu ede ser interesante y aportar nuevos
datos a la comunidad científica, y a que se desarrolla a partir de una metodología
analítica aplicada comúnmente a las obra s del mismo conte x to y en algunos casos
puntuales también a las propias Secuencias de Berio, aunque nunca hasta ahora de
manera tan exhaustiva y sistemática.
Ahora bien, atender simpl emente a los parámetros de alt ura, dura ción e
intensidad sería insuficie nte, tal como demuestra la hermenéutica previa afín. P or ello
decidimos incluir el estudio de conceptos tímbricos centrados en la uti lización de
técnicas ex tendidas, conceptos motívicos basados en el uso de figuras concretas, el
estudio del planteamiento formal y de los conceptos de textura.
En cuanto al des carte e n la metodología de la investigación de aspectos
concre tos p ropios de cada obra, pensamos que res ulta más interesante rea liz ar el mismo
tipo de estudio en todas e llas. Aunque estemos ha blando de obras con un mismo título y
de un mismo autor, su n aturaleza sonora resulta dispar. De tal forma que el estudio de
un aspecto concre to como por ejemplo el bisbigliando , pudiera resultar mu y int eresante
en algunas piezas, pero sencillamente imposible en otras dada su incomp arecencia. Lo
mismo sucedería incluso con aspectos más generales como por ejemplo la textura.
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Podría resultar muy int eresante en las piezas para inst rumentos polifónicos, pero en las
Secuencias para inst rumentos monódicos su significancia se v ería limitada.
Cabe tener en cuenta también que mediante una investigación g ene ralista como
la que hemos desa rrollado, podremos establecer unas conclusiones en las que se pueda
hablar (aunque no sea a través de un a comparación científica al cien por cien, pu esto
que estamos hablando de crea ciones artísticas singulares y no d e principios físicos
inmutables) de elementos presentes en todas las ob ras. Además, este enfoque generalista
centrado en el estudio paramétrico entronca con la praxis analítica habitual. Con lo que
podrá funcionar como una información más útil y accesible de cara a u n alt o porce ntaj e
de la comunidad c i entífica y educativa.
Partiendo de estas prem isas metodológ icas, h emos estable cido los s iguientes
conceptos de estudio den tro de la investigac ión de cada pieza:
1. Conceptos temporales. Dentro de estos conceptos estudiaremos todas las
cuestiones re lacionadas con el ritmo.
2. Conceptos de altura. En este punto estudiaremos todas las cuestiones
relacionadas con la armonía, el contrapunto y la melodía.
3. Conceptos tí mbricos y téc nicas extendidas. Dentro de estos conceptos
estudiaremos todas las c u estiones relacionadas con el timbre.
4. Conceptos motívicos y fi guras p rincipales. En estos conceptos estudiaremos
todas las cuestiones re l acionadas con la construcción motívica.
5. Conceptos dinámicos. Dentro de este punto estudiaremos el comportamiento
de los aspectos referentes a intensidad.
6. Conceptos form ales. En estos conceptos estu diaremos todas las cuestiones
relacionadas con la orga niz ación de los mater iales .
7. Conceptos de tex tura. En este concepto estu diaremos todas las cuestiones
relacionadas con la orga niz ación de voc es y generación de texturas.
En cada uno de los conceptos de estudio, dada la amplitud, complejidad y
diferentes enfoques con los que se podrían atender, hemos establecido diversos
ap artados, pasamos a concretarlos.
4.2.1. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS TEMPORAL ES
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4.2.1.1. Estudio metronómico.
4.2.1.2. Estudio de los valores métricos.
4.2.1.3. Estudio de las células rítmica s.
4.2.1.4. Estudio de las detenciones temporales.
El criter io de selec ción que nos ha ll evado a escoge r estos element os se basa en
las aportaciones r ealizadas por Krumhansl (2000) en su artículo sobre la percepción del
ritmo y l a altura en l a mú sica. La ord enac ión está planteada sigui endo un o rden desde el
elemento más básico a l más comple jo, atendiendo a los planteamientos de Agmon
(1997: 48), Rothstein (1989: 58) o Cooper y Meyer (2000) .
Explicamos ahora de forma más concreta la metodología se guida dent ro del
análisis de ca da concepto temporal :
4.2.1.1. Estudio metronómico
Hemos limitado la investigac ión al elemento m etronómico, pue sto que otros
como el d e ritmo subj etivo Smi ther (1964: 59) se centran en a grupac ion es basadas en
estímulos entendidos de forma personal e individualizada. De hecho citand o a Cooper y
Mey er (2000: 20):
“El agrupamiento rítmi co es un hecho ment al, no físic o. No ex isten reglas
absolutas para calcular en un caso particular cuál es el agrupamiento […] El
agrupamiento es – en todos los niveles arquitectónicos- producto de l a semejanza y la
diferencia […] sonidos perc ibi dos por los sentidos y organizados por la mente”.
Este tipo de estímul os dentro de una música como la que estamos anali zando
funcionan de manera especialmente irr egular y poco clara. P or ello no son fácilmente
perce pti bles por una gran parte de la población. En cambio la pulsación metronómica,
como sim ple propuesta d e velocidad sí es un hecho objetivo, y a que es determinado de
manera exacta por e l pro pio autor.
La metodolo gía analíti ca de las pulsaciones se ha planteado desde un punto de
vista taxonómico. Puesto que ante la aus encia de una pulsación perpétua, el p rimer
elemento a considerar es la justificación (por lo m enos teórica) de las velocidades como
nivel rítmi co primigenio de refere nci a. Dentro de esta justificación será muy importante
la búsqueda de posibles relaciones matemáticas que puedan explicar la elección de
metrónomos. Pensemos que dentro de la metodología analítica aplic ada al repertorio del
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Serialismo integral la derivación a ritmética de r eferencias temporales es una constante.
Recordemos casos si gnificativos como el análisis de Modo de valores e intensidades
(1949) de Messia en, realizado por Simund ža (1988) o el llevado a cabo por Song (2008:
115) en torno a Structures I (1952) de Boulez.
Dentro de e st e apartado nuestra investigación se basará en:
1. Señalar las distintas marc as t emporales que aparezcan en la partitura .
2. Establecer las posibles relaciones que puedan tener lu gar entre ellas. Estas
relaciones tratarán posibles patrones de v elocidades que s e justifiquen mediante una
selección temporal que ati enda a un prin cipio arit mético. P or ejemplo ante una serie de
pulsaciones de negra co mo 60, 75, 45, 90 estableceríamos una progresión aritmética e n
la selección de metrónomos, puesto que asistimos a un crecimiento regular en base +15:
45, 60, 75, 90. Este tipo de ordenaciones metronómicas serán tenidas en cuenta aún en
casos como el apuntado en el que el incremento de velocidades no aparece de manera
ordenada .
3. Analizar la ubic ación de los metrónomos. Con esta observación pod remos
sacar a la luz principios y ord enaciones de las pu lsaciones que nos a y ude n a entender
mejor el planteamiento temporal de la obr a, y nos sirvan p ara co nocer algunas
herra mientas compositivas.
4. Por último, el uso de los distint os tempi y pulsaciones en la partitura se verán
sometidos a un análisis estadístico, para valo rar la importancia y uso d e cada uno de
ellos.
4.2.1.2. Estudio de los valores métricos
El segundo elemento investi ga do ser á el uso de los valores métricos.
Reconoce mos este elemento como fundamental basándonos en los planteamientos sobre
perce p ción y segmentación propuestos por Clarke y Krumhansl (1990: 215). Según
estos autores el primer criterio de identificación, relacionado con la t eoría de la Gestalt
son las re glas de preferencia basadas en la proximidad y similit ud. A partir de esta ide a,
resulta evidente que dentro de una música compleja como la que investi ga r emos, la
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151
búsqueda de valores r eunidos simil ares resulta rá especialmente significativa para
entender la o rganización temporal.
El primer p aso que daremos en la investi gación de este elemento será l a
observac ión d e los valores utiliz ados, tanto a nivel general como particular (secciones
pequeñas o puntu ales de las obras). Posteriormente se establece rán posibl es relaciones
entre los valore s. P or último, t endremos en c u enta su ubicación.
4.2.1.3. Estudio de las células rítmicas
Una vez estudiados los valores, el tercer elemento sometido a investi gación
será l a conforma ción de posibles células rítmicas, derivadas de la reunión de dive rsos
valores métricos present ados a partir d e una for ma primaria. Tengamos en cuenta qu e
las células rítmicas o simplemente ag rupamient os rítmicos nacen a partir de complejas
reuniones de valores difere nciados, citando de nuevo a Cooper y Mey e r (2000: 17):
“Puesto que un grupo r ítmico puede ser identif icado únicamente cuando sus
elementos se diferencian entre sí, el ritmo [ …] implica siempre un a corr elación entre
una única parte acentuada (fuerte ) y una o dos partes no acentuadas débile s ”.
Vemos pues que la conformación de células rítmicas nacería efectivamente de la
reunión en una entidad compleja de valores dif erenciados. C abe decir que dentro de las
piezas analizadas la consideración de partes fuertes o débiles no será valorada con la
importancia que lo hacen Cooper y Me yer. La razón es que su plant eamiento teórico de
la ac entuación s e r efiere a músicas tonales, c u y as re la ciones no e stán presentes (por lo
menos de la misma manera) e n l as piezas que nos ocupan en esta investigación.
El primer paso d entro de l estudio de l as células rí tmicas será su id entificación.
Seguidame nt e comprob aremos la d eriva motívica a partir de los material e s germinales.
Dentro del estudio d e l as c élulas rítmicas también contemplaremos la ex istencia de
procesos concre tos como por ejemplo de aceleración.
4.2.1.4. Estudio de las detenciones temporales
El cua rto elemento de estudi o dentro de los conceptos t emporales será el de las
detenciones, especialme nte establecidas sobre los calderones. Resulta evidente que los
calderones con sus detenciones serían en cierto m odo la “antimateria” del ritmo, puesto
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152
que al fin y a la postre no son más que l a negación del fluir temporal. P ero
precisame nte gracias a esta posibilidad intrínseca de d etener el tiempo resultan
significa tivos.
Atendiendo a planteami entos dentro de la metodología analítica teórica
propuesta por Uno (1994) y Gr ant (2001), centrada en la investi gación desde la
perspec tiva del o y ente, la atención a las detenciones sobre calderones resul tarían básicas.
Puesto que son elementos más fácilmente perceptibles que otros procesos
precompositivos como las series o posible s relaciones aritmética s entre pulsac iones.
Queremos apuntar que tras una ardua ta rea de búsqueda de informac i ón no
hemos encontrado sistemas teóricos o metodológicos su ficientemente fundamentados,
que nos sirvan de modelo para nuestra investigación. Por ello hemos decidido trazar una
metodología analítica a partir de la id entificación y tax onomía de los elementos
aparecidos en las piezas, para posterior ment e investigar su dispo sición en la partitura y
las posibles influencias en la pe rcepción tempor al que é sta pu eda motiv ar. Pensemos
que en un hipotético caso en el que las detenciones musicales sobr e calderones
ocurrieran de manera acumulada en una parte concreta de las obras, podría tener lugar
un flujo temporal más lento. Precisamente aquí radicaría, el sentido de investiga r estos
elementos.
4.2.2. METODOLOGÍA EN EL ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS DE ALTURA
4.2.2.1. Estudio de los campos armónicos.
4.2.2.2. Estudio de las construcc iones acórdicas.
4.2.2.3. Estudio de las focalizaciones.
4.2.2.4. Estudio de los elementos interválicos, seriales y melódicos.
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153
Pasamos ahora a d etallar la metodología seguida dentro del análisis de los conce ptos d e
altura:
4.2.2.1. Estudio de los campos armónicos
La razón que sustenta el interés de dedicar un apartado al estudio de los campos
armónicos radica en que las Secue n cias como apuntó el mi smísimo Berio (1981: 97) en
cierto sentido son básicamente una concatenación de campos armónicos.
Una definición de campo armónico es la si guiente, planteada por Aulestia (1998:
50):
“El conjunto de notas re sultante de la multipli cac ión entre sí de c ada domi nio
armónico. El dominio armónico se obtiene disponiendo la serie de 12 sonidos en cinco
grupos de notas ( Martea u ) [ está haciendo alusión a la ob ra: Le Marteau sains Maît re
(1955) de B oulez ]. Grupo de alturas de dife r ente densidad que se extrae de la re lación
interválica de la serie y que es utilizada en cada subdivisi ón de la unidad de tiempo
( Quinteto de Pousseur)”.
En realidad en la música de Berio, los procesos que dan lugar a un campo
armónico no siguen criterios clara y sistemáticamente formulados como e n el caso de
Boulez. Más bien seguirían el planteamiento más li bre d e relación intervá li ca
dependiente de una serie, aunque no de forma obligatoria.
Un método frecuentemente utilizado a la hora de organizar el material de alturas
dentro del Serialismo integr al ( y más allá) h a sido utilizar campos armón icos. Uno de
los primeros ejemplos dentro del entorno Darmstad t tiene luga r con Boulez y su
Marteau sains Maître (1955). Recomendamos al respec to el análisis presentado por
Aulestia (1998: 447 ).
En nue stro s a n álisis el criterio seguido para delimitar campos armónicos se
basará en un principio que será común a la s eñalización de focalizaciones, la reiteración.
Dentro de la variabilidad cromática de estas pie zas un hecho b ásico ser á observar qué
sonidos se presentan como base sonora reincide nte en torno a la que cre ce el discu rso
musical. El número de s onidos más frecuente puede ser mu y distint o, ya que algunos
análisis consideran campos armónicos d e un só lo sonido. Nosotros en esta pieza vamos
a demarcar el límite en un mínimo de tres sonidos. En cuanto a la segmentación del
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256
las dos primeras figuras limitadas a la parte inicial de la obra, el resto de los materiales
aparece n a partir de esta subdivisi ón.
2. En 10 de las 14 subdivisiones de esta estructura encontramo s las fi guras 3 y 4.
Con lo cual, tal y como apuntamos previamente, estos dos materiales se r evelan como
los principales en esta sección.
3. J unto a las figura s 3 y 4, las restantes 5, 6 y 7 s e presentan si guiendo un esquema
que parece s eguir ciert a lógica. La aparición de los gestos productores de ruido,
reunidos bajo la figura 5, aparecen en prime r lugar para posteriormente mez clarse c on l a
figura 6 d e los glissandi. Finalmente encontramos el diseño 7 (acordes), qu e se presenta
sólo o junto al 3, como anticipación de su uso may o ritario en la última parte de la pieza.
4. La aparición de fragmentos determinados por l a presencia de ruido, se d a siempre
de manera altern a con ot ros en los cuales no tiene lugar. Así entre las sub divisiones 2.4
y 2.12, podemos ver la presencia de figuras 5 sólo de manera intermitente.
5. Las s ecciones caracteriz adas por la presencia de la figura 5 se organizan a través
de procesos de cr ecimiento-decrecimiento formal por el ti empo que ocupan. Así, si las
presentamos respetando su orden de a p arición veremos:
Tabla 62 . Seccio nes caracterizada s por la fig ura 5.
Subdivisión
Figuras
Ubicación en
partitura
Ubicación
temporal
Duración t otal
2.4
5
c.c. 102 y 105
3‟13”
13”
2.6
3 + 5
c.c. 120-129
3‟38”
17”
2.8
3 + 5
(dinám i ca
general
en f )
c.c. 144-190
4‟20”
59”
2.10
4 + 5
c.c. 194-208
5‟21”
19”
2.12
5
c.c. 240-248
6‟20”
10”
La s subdivisiones 2.4 y 2.6 representan un proceso de crec im iento, y a qu e la 2.6
dura más que la anterior y además la presencia de la figura 5 es may o ritaria. Situación
que se repite entre 2.6 y 2.8; por consiguiente esta última funciona como eje de todo
este proceso de crec im iento y decrecimiento.
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257
Otro elemento interesante es ver cómo las figuras 5, 6 y 7, como ele mentos
secundarios dentro de esta estructura aparecen siempre bajo ex posiciones efímera s. En
las subdivisiones 2.4, 2. 9, 2.13 con las respectiva s propuestas de las fi guras 5, 6 y 7
encontramos una especie de anticipación de estos materiales que e n posteriores
subdivisiones será n utilizados de forma más desarrollada . Cabe decir que esta función
formal como anticipación de materiales posteriores, n o es algo que se limite a esta parte
de la pieza. Así por ejemplo en el compás 49, encontramos una anticipación de la figura
3, que hasta la c i fra 61 y siguientes no se establecerá de m anera asentada.
Un caso aún más extremo se daría en el compás 40 con el acorde por cuartas. Un
acorde que anticipa toda una serie de acordes formados a partir de este interva lo, que no
se asentarán ha sta mucho después.
El siguiente aspecto en el que nos detendremos es e l de l as proporciones de duración
de las diversas estructuras.
6.2 PROPORCI ÓN FORMA L :
En este caso, realizaremos este estudio atendiendo a las subdivisiones f ormales de
las estructuras 1 y 2. La estructura 3 como no presenta una subdivisi ón interna clara a
través d e comp artimentaciones y m ateriales cla ramente definidos, se cons iderará como
una parte entera.
Ordenadas de menor a ma y or, estas secciones presentan las si guiente s duraciones:
{2”, 7”, 10” (2 casos), 1 2”, 13”, 16”, 17 ”, 19”, 21”, 22”, 25”, 32 ”, 38”, 4 0”, 43”, 47”,
57”, 59”}
Si planteáramos una media i deal, se encontraría en los 27” . Media qu e s ólo se va a
cumplir de manera a proximada en una de las estructuras, la de 25”.
La moda de duraciones, se p odría establec er en torno a 10” y a que es la ún ica
extensión que se repite. No obstante ante tal cantidad de secciones, una simple
repetición no alcanzaría ningún tipo de significancia.
Los cuartiles de durac ión quedarían organizados de la siguiente manera:
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258
Tabla 63 . Cuart iles for m a les.
Cuartil
Primero
Segundo
(mediana)
Tercero
Valor máximo
Ubicación
Hasta 16 ”
Hasta 30 ”
Hasta 45 ”
Desde 46 ”
Estructuras
2”, 7”, 10” ( 2
casos ), 12”,
13” , 16”
17”, 19”,
21”, 22”,
25 ”
32”, 38”, 40” , 43”
47”, 57”, 59”
A partir de esta tabla se d esprenden los siguientes datos estadísticos:
Tabla 64 . Po rcentaje de uso en los cua rtiles.
Cuartil
Primer cuartil
Mediana
Tercer c uartil
Valor máximo
Número de
casos
7
5
4
3
Porcentaj e
36,84%
26,31%
21,05%
15,78%
La s estructuras más breves, primer cuartil más mediana (hasta una dur ación del
50%) alcanzan más de un 63% d e los casos, con lo cual s e establecen como duraciones
tipo algo más signi ficativas. Hecho que pod ría tener su reflejo auditivo en una
perce p ción formal rota, ya que una ma y orí a de las secciones en las qu e se o rganizaría la
pieza duran poco; no dejando mucho ti empo para que auditivamente se tomen
referenc i as sólidas. De todos modos esta observación podría contradecirs e si atendemos
a otros m eca nism os formales, como por ejemplo l a “aliteración” de las figuras 3 y 4 en
la estructura central. La reaparición c ontinua de estos materiales podría s ervir como un
anclaje psicoacústico que fr en ara esa s ensación d e rotura formal y falta de continuidad
de la que e stamos hablan do.
Otro aspecto interesante resulta la colocación de l as estructuras atendiendo a sus
dimensiones dentro de la obra e n general. En la siguiente tabla presentamos una relación
entre las 19 subdivisiones y el cuartil al que pertenece n:
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259
Tabla 65 .Subdivisiones ub ica das.
Estructura
1
2
Subdivisiones
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
Cuartil
2
3
3
1
1
4
2
1
1
2
Estructura
2
3
Subdivisiones
11
12
13
14
15
16
17
18
19
Cuartil
2
4
1
2
3
1
1
3
4
Como vemos a través de esta re la ción de datos:
1. La s s ecciones más br eves se sitúan fundamen talmente en la estructura central.
Este hecho, desde l a ó ptica de un a ci erta coh erenc i a formal clásic a, puede resultar
normal. Pensemos que las secciones más br eves dan lu gar a una e scuch a más
discontinua que llevará de la mano una ma yor ten sión. La ma yor tensión tiene su m ejor
(o más tradicional) ubic ación en las se cciones centrales de las formas musicales. En
cambio las secciones inicial y final demandan una ma yor estabilidad a través de
secciones más amplias y as entadas. Así pues, en este c aso la ordenación de las
duraciones formal es estaría en consonancia c on este principio formal. Principio formal
que además se vería refrendado por la ordenación interna de la última estructura, la cual
frente a las otras dos, no parece proponer disolución formal al guna. Presentándose como
un elemento granítico, só lido, con una continuidad y estabilidad máximas q ue dan lu gar
a un reba j amiento de la tensión musical, apto para cerrar la obra.
2. Otro hecho a re s altar es que en varias ocasiones la prese nta ción de secciones de
un tipo concreto se mantiene, o sea que dos secciones contiguas pertenecen al mismo
cuartil. Hecho que suced e en los siguientes casos : 2-3, 4-5, 8 -9, 16 -17. C abría s eñalar
que estos procesos d e so stenimiento de la extensión de las estructuras se da sobre todo
con las de tipo brev e, ya que t res de los cuatro c asos aquí apuntados, corres ponden a es a
tipología. Hecho por ot ro lado lógico, si tenemos en cuenta qu e pr ecisamente la
tipología bre ve es la más frecuente.
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260
6.3 FIGU RAS Y FORM A MUSICAL :
La primera cuestión será atender la presencia y r ecurrencia de algunos materiales.
Vamos a tratar de or ganizarlos mediante las siguientes tablas en las que relacionaremos
las principales figuras con las estructura s ( y subdivisi ones en este c aso ) que ocupan.
Antes rec ordaremos brevemente los materiales que hemos considera do como
figuras compositivas básicas en la organización de esta obra :
Tabla 66 . Co nsideración de figura s.
Figura
Cotenido bási co
1
Bisbigliando
2
Línea libres sob re un ámbito am plio con dinám ica punt ual
3
Materiales h omorrítmicos
4
Anillos (diseño s lo más ráp i do posib l e en repe ti ción )
5
Técnicas ext endidas produc t oras de sonidos per cusivos
6
Glissando
7
Diseños acórd icos
Por último cabría añadir una octava fi gura (basada en el gruppetto ) pero cuy o uso no
funciona como un elemento definidor de la e stru ctura musical.
Tabla 67 . Ubicació n de figura s.
Estructuras
Figuras
1.1
1.2
1.3
1.4
Figura 1
+
+
Figura 2
+
+
+
Figura 3
Figura 4
Figura 5
Figura 6
Figura 7
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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261
Estructuras
Figuras
2.1
2.2
2.3
2.4
2.5
2.6
2.7
Figura 1
Figura 2
Figura 3
+
+
Figura 4
+
+
+
+
Figura 5
+
+
Figura 6
Figura 7
Estructuras
Figuras
2.8
2.9
2.10
2.11
2.12
2.13
2.14
Figura 1
Figura 2
Figura 3
+
+
Figura 4
+
+
Figura 5
+
+
+
Figura 6
+
+
Figura 7
+
+
Estructuras
Figuras
3
Figura 1
+
Figura 2
+
Figura 3
Figura 4
Figura 5
Figura 6
Figura 7
+
A colación de estas tablas, cabe dest acar:
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262
1. Dentro de la obra una ma y orí a de las estructuras utilizan una sola fi gura. No
obstante podemos encontrar reuniones de h asta 3 simult áneos.
2. La presencia de estructuras con más de un mat erial ti ene lu gar en la sub estructura
1.3 y ya no vuelve a tener lugar hasta la subestru ctura 2.6. Desd e este mo mento y hasta
el final, en 6 de las restantes 9 subestructuras ( y una estructura) comparece más de una
figura. De este modo, prácticamente podríamos es tablecer dos grandes se cciones en la
pieza: la primera de ellas con secciones con un sólo material (con la ex cepción de l a
subestructura 1.3), la segunda con frec u entes combinaciones.
3. L as presentación de materiales de forma conjunt a se da de manera reit erada en
dos casos: con la agrupación de las figuras 1 y 2, y con la a grupac ión de las figuras 3 y
5.
4. La s fi guras 1 y 2 funcionan de manera int eresante, ya qu e son un material
significa tivo en la pri mera parte, pero que después desaparece para no volve r a
comparecer hast a la estructura final de la obra. Con esa reaparición final, podría
entenderse su presencia en la obr a como un agente que daría lu gar a una cierto sentido
de recapitulación.
5. La s figuras que aparecen de manera más estable son la 2 y l a 7. La 2 aparece
durante tres subestructuras consecutivas: la 1.2, 1 .3 y 1.4. Mientras que la 7 aparece en
las subestructuras 2.15, 2.16 y la postrera estructura 3.
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263
7. CONCEPTOS DE TEXTURA
A continuación pre s entaremos en las siguientes tablas la información básica a nivel
de textura, junto a los datos más signific ativos que se desprenden de ella.
ESTRU CTURA,
CONSIDER ACIÓN
POR TEXT URA
TEXTURA TIP O
PREDOM INANTE
RASG O S BÁSIC O S
1
Ubicación e spacial:
c.c. 1-58
Com pases ocupados :
58
Monofónica
- Número de v oces: 1, 2 en ciertos m omentos
- Coordinac i ón de voces : ba j a
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: no
2
Ubicación e spacial:
c.c. 59-100
Com pases ocupados :
42
Mixta:
hom of ónica y espe j o
pero
c.c. 88-93 poli f ónica
- Número de v oces: 2
-Coordinación d e voces: alta
- N. de imita ci ón: alto
- Transición: sí (c. 9 8)
3
Ubicación e spacial:
c.c. 101-105
Com pases ocupados :
5
Monofónica
- Número de v oces: 1
- Coordinac i ón de voces : -
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: sí (c. 1 07)
4
Ubicación e spacial:
c.c. 105-138
Com pases ocupados :
34
Mixta: hom of.-espejo
y polifónic a.
c.c.116 y 121- 123
m onódi ca
Número de voc es: 2 (menos cuan do actúa
m onódi ca)
-Coordinación d e voces: alta, m edi a cuando
aparece tex t ura po l ifónica.
- N. de imita ci ón: alto
- Transición: no
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264
ESTRU CTURA,
CONSIDER ACIÓN
POR TEXT URA
TEXTURA TIP O
PREDOM INANTE
RASG O S BÁSIC O S
5
Ubicación e spacial:
c.c. 139-145
Com pases ocupados :
7
Monofónica
- Número de v oces: 1
- Coordinac i ón de voces : -
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: sí (c.14 1)
6
Ubicación e spacial:
c.c. 145-188
Com pases ocupados :
44
Mixta:
Sonoridad (po lifónica
sólo en c.c.159,16 2)
- Número de v oces: 1 (menos cu ando actúa la
polifónica)
-Coordinación d e voces: m edia
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: no
7
Ubicación e spacial:
c.c. 188-198
Com pases ocupados :
11
Polifónica
- Número de v oces: 2
- Coordinac i ón de voces : ba j a
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: no
8
Ubicación e spacial:
c.c. 199-205
Com pases ocupados :
6
Sonoridad
- Número de v oces: no fijo
-Coordinación d e voces : -
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: no
9
Ubicación e spacial:
c.c. 205-229
Com pases ocupados :
25
Polifónica
- Número de v oces: 2
- Coordinac i ón de voces : ba j a
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: no
10
Ubicación e spacial:
c.c. 230-254
Sonoridad
- Número de v oces: no fijo
-Coordinación d e voces : -
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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265
Com pases ocupados :
25
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: no
ESTRU CTURA,
CONSIDER ACIÓN
POR TEXT URA
TEXTURA TIP O
PREDOM INANTE
RASG O S BÁSIC O S
11
Ubicación e spacial:
c.c.256-285
Com pases ocupados :
20
Mixta: hom ofónica y
acórdica
- Número de v oces: 2 (menos con l os aco r des)
- Coordinac i ón de voces : alta
- N. de imita ci ón: m edi o
- Transición: sí (po r la m ezcla de texturas).
12
Ubicación e spacial:
c.c. 288-323
Com pases ocupados :
36
Acórdica
- Número de v oces: no fijo aunque pre dominan 6
- Coordinac i ón de voces : alta
- N. de imita ci ón: -
- Transición : -
DATOS MÁS SIGNIFI C ATIVOS:
1. Las texturas 3, 5, 7 y 8 destacan por su bre vedad, sobr e todo tenie ndo en
cuenta las que les envue l ven. Muy especialmente en el caso de l a 3 y la 5 que además
son del mismo tipo, monofónicas.
2. La primer a tex tura c on 58 compases s e est a blece como la más amplia de
forma destacada .
3. Cabría destacar l a similitud en cuanto a la extensión de las texturas 9 -11,
especialmente l as dos primeras.
4. R esulta interesante ver la importancia que adquiere el uso de texturas como la
sonoridad (basada en el uso tímbrico) así como la monódica. Ésta última especialmente
si tenemos en cuenta que estamos ante una pieza para un instrumento polifónico.
5. Hemos detectado la p resencia de juegos de alternancia en el uso de te xturas
tipo. El más destacado es el que ti ene lugar d esde el inicio de l a partitura c on la
monofónica y homofónica-espejo.
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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272
A partir de esta tabla, se desprende lo siguiente:
En cuanto al diseño d e los campos, las cantidades de notas se concretan de la
siguiente manera :
Tabla 69 . Ca ntidad de notas en ca mpos armónicos.
Campo armón ico
Cantidad de nota s que lo con f orma.
1
8
2
8
3
9
4
9
5
6
A tenor de estos datos se establece una media d e notas sobre la cifra 8. Media
relativamente alta, ya que representa el 66,7% del total cromático.
Hemos querido resaltar este dato, porque pone de manifiesto que estamos ante
campos armónicos e x tensos.
La s apariciones de los 12 sonidos del total cromático se concretan de la siguiente
manera:
Tabla 70 . No tas presentes en cada c ampo.
Sonido
Do
Do#
Re
Re#
Mi
Fa
Fa#
Sol
Sol#
La
La#
Si
Apariciones en
el campo 1
+
+
+
+
+
+
+
+
Apariciones en
el campo 2
+
+
+
+
+
+
+
+
Apariciones en
el campo 3
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Apariciones en
el campo 4
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Apariciones en
el campo 5
+
+
+
+
+
+
A partir de este recue nto podemos establecer los siguientes datos estadísticos:
Tabla 71 . Po rcentaje de notas en cada ca m po.
Sonido
Do
Do#
Re
Re#
Mi
Fa
Fa#
Sol
Sol#
La
La#
Si
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Apariciones
2
3
3
3
4
4
3
5
2
2
5
4
Porce ntaje
40%
60%
60%
60%
80%
80%
60%
100%
40%
40%
100%
80%
Sólo dos sonidos se establecen como fijos para los campos a rmónicos: Sol y Sib.
Otros tres, se presentan como sonidos muy estables, y a que aparecen en el 80% de los
casos, se trata de: Mi, Fa y Si. Por consi guiente es tos cinco soni dos podrí an reconocerse
como una entidad casi fija dura nte gran parte de la obra.
Antes de seguir estableciendo posibles generalidades de los campos armónicos
vamos a estudiar cada caso concre to.
El primero de ellos se define media nte los soni dos:
Sib, Si, Do#, Re#, Mi, Fa, Fa#, Sol
Su forma primaria la hemos d efinido como: [0,1,3,5,6,7,8,9]
El intervalo básico en su formación es el de semitono, ya que con sus 5
apariciones representa m ás del 70 % de los intervalos internos. Las dos ot ras opciones
interválicas son ocupada s por el intervalo de segunda ma y or.
La importancia del int ervalo de semi tono vie ne dada porque en r ealidad,
práctica m ente podemos entender el campo armónico como un segmento por semitonos:
(Re#, Mi, Fa, Fa#, Sol)
El segundo campo ar món ico se compone de las siguientes notas:
Sib, Si, Do, Re, Fa, Fa #, Sol, S ol#
Su forma primaria queda definida como: [0,1,2,4,5,6,7,8]
Nuevamente el intervalo de semitono es el más utilizado. Ta mbi én de la misma
manera que en el caso a nterior, podemos entend er el campo armónico a partir de un
segmento por s emitonos; aunque en este caso en realidad encontramos dos segmentos
completos:
(Sib, Si, Do) - (Fa, Fa#, Sol, Sol#)
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274
El tercer ca mpo qued a definido por las notas:
Sib, Si, Do, Do#, Re, Mi, Sol, Sol#, La
La forma primaria que establecemos para este campo es: [0,1,2,3,4,6,9,10,11].
El intervalo más reincidente es el de semitono. En este caso al i gual que en el
segundo campo, podríamos dividir el conjunto de notas en dos seg mentos c romáticos:
(Sib, Si, Do, Do#, Re) - (Sol, Sol#, La).
El cuarto campo armónico apuntado se c on creta con las siguientes notas:
Reb, Re, Mib, Mi, Fa, Sol, L a, Sib, S i.
Notas cuya f o rma primaria definimos como: [0,1,2,3,4,6,8,9,10].
Junto al int ervalo mayoritario de semitono, el único que ap arece es ot ro por
grados conjuntos, el de segunda ma y or. Al i gual que en casos anteri ores podemos
delimitar dos partes a través de la sucesión de segundas menore s:
(Reb, Re, Mib, Mi, Fa) - (La, Sib, Si).
El quinto y últ imo campo está compuesto por las siguientes alturas:
Mib, Mi, Fa, Fa #, S ol, Sib
Su forma primaria la establ ecemos como: [0,1,2,3,4,6].
De los 5 intervalos internos, 4, el 80% son d e semitono. A partir d e esta
config u ración, evidentemente prácticamente todo el campo armónico no es más que una
sucesión de notas por semitono.
Después de observar todos los casos, podemos sacar varias conclusiones:
La p rimera de ella es que el intervalo de semitono resulta fundamental en la
conformación de los c ampos armónicos. En los cuatro primeros casos, es lógico qu e se
dé esta situación, ya que estamos ante campos mu y amplios con 8 y 9 sonidos del total
cromático, y por consig ui ente es previsible que se den concatenaciones por semitono.
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275
No obstante, el quint o caso con menos sonidos, nos induce a pensar que la
preeminenc i a del interval o de semitono no se d ebe únicamente a la ca ntidad de sonidos.
Este campo, con menos notas, 6, también utiliza de forma masiva el intervalo de
semitono. Así pues, el intervalo de semitono parece ser el elemento fundamental en la
construcción de los campos armónicos. Ahora bi en, una cosa es la constr ucción int erna
y otra mu y distinta cóm o se presentan esos sonidos en la partitura. S u presentac ión no
se construye a partir del int ervalo de semitono, sino a partir de otros principios, que
vamos a estudiar e n el subapartado 2.4
El apartado 2.2 dedicado al estudio acórdico no reviste ningún interés e n esta
Secuencia, dadas las características de la voz .
2.3 ESTUDIO DE L AS FOCALIZACI O NES :
El uso de referencias sonoras en l a pieza aparece en va rios casos, v amos a
señalarlos:
Tabla 72 . Fo calizaciones.
Focalización
Ubicación
Sonido
1
c.c. 4-5
Ag udo no pr ecisado
2
c. 8
Reb
3
c.c. 14-15
Do
4
c. 16
Sib
5
c. 17
Ag udo no pr ecisado, aun que
m enos que las focal i zacion es 1 y
7.
6
c. 37
Sib
7
c.c. 38-41
Ag udo no pr ecisado
A partir de la presentación de las focalizaciones podemos realizar ciertas
observac iones:
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276
1. La coloc ación de las distintas focalizaciones parece est ablecerse d e manera
ordenada , acumulándolas en espacios concr etos. Así las dos primeras se ubica n en
compases prácticamente seguidos (entre el 4 y el 8). Las focaliz aciones 3, 4 y 5 se
presentan nuevam ente de manera continuada en los compases 14 al 17. La s tres últimas
focalizaciones se p resentan de nuevo seguidas entre los compases 37 y 41.
2. En torno a este planteamiento espacial, pode mos entrever un cierto sentido
formal a través del cual, la utilizac ión de focalizaciones pare ce ser cada vez más
importante. P ensemos que el espacio ocupado por estos tres fragmentos con
focalizaciones es cada v ez ma y or. Así el p rimer fragmento, o cupa tr es compases (que
además no son se guidos) entre las cifras 4 -5 y 8. El segundo fragmento ocupa un tot al
de cuatro compases entre las cifr as 14 y 17 - El t ercer y último fragmento a barca cinco
compases entre las cifras 37 y 41.
Otro planteamiento espa cial de las focalizaciones se puede ver a través de la
ubicación de los sonidos primero y últim o, que se establece n sobre los alturas más
ag udas. De este modo, las dos focalizaciones más importantes desde el punto de vista
formal utilizan los sonidos más agudos y por t anto más tensos y destacados. Pensemos
que estas focalizaciones además de utili zar el registro con más tensión, son dos de las
tres que se establecen durante más de un compás. Esta prolongación en el tiempo,
también podría fa vorecer una ma y or si gnificancia de estos dos sonidos.
3. El conjunto de alturas y su uso se presenta de la siguiente manera:
Tabla 73 . Po rcentaje de uso en las f ocalizacio nes.
Sonido
Do
Do#
Re
Re#
Mi
Fa
Apariciones
1
1
1
0
0
0
Porcentaj e
14,2 %
14,2 %
14,2 %
-
-
-
Sonido
Fa#
Sol
Sol#
La
La#
Si
Sonidos agudo s no concretos
Apariciones
0
0
0
0
2
0
2
Porcentaj e
-
-
-
-
28,4 %
-
28,4 %
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Hay dos grupos d e soni dos atendiendo al criterio de uso: por un lado los que
aparece n en una sola ocasión, por otro los que aparecen en dos. A partir de esta
consideración podemos establecer que unos sonidos se establecen como referencias
puntuales y otros como referencias reincidentes que ostentan un nivel más alto dentro de
las focalizaciones.
4. Las alturas presentadas como focalizaciones, responden a ciertos criterios que
las interrelac ion an de manera s encilla. Para ello, hemos establecido en este c aso la
focalización aguda últim a sobre un Sol 5, ya qu e en la grabación sobre la que hemos
trabajado el an álisis de esta pieza, la intérprete identifica esa focalización como ese
sonido. Cabe decir que e ste planteamiento, evidentemente sólo valdría para un análisis a
partir de esta gra b ación. De todos modos algunos de los criterios de interrelación no
precisan de esa altura.
Fijémonos en las siguientes hipótesis de inte rrelación entre focalizaciones:
Sol-Sib-Re: sonidos focales que se pued en relacionar a partir de varios
principios:
- L a superposición de terceras (menor y ma yor).
- L a pro y ec ción de armónicos a partir de un Sol básico (aunque en este caso Sib,
sería un armónico muy alejado de la fundamental).
- L a sonoridad de tríada menor.
Reb, Re, Do: Sonid os que se podrían vincular a partir de la relación por
semitono. P or su parte, tanto R e, como Reb podría n relacionarse a partir del intervalo de
tercera con el Sib del primer grupo apuntado. Con lo cual ambas sucesion es de sonidos
se podrían interrelac ion ar de la siguiente manera:
- Sol-Sib-Re, enlazando con el interva lo de semiton o Reb- Do
- Sol-Sib-Reb, enlazando con el interva lo de semito no Re- Do
La relación int erválica dada entre estos sonidos, está en clara consonancia con lo
sucedido a nivel de formación de campos armónicos. Tal y como apunta mos durante el
estudio de este elem ento, los dos intervalos principales tanto en la formación interna,
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278
como en la ex posición directa en la partitura, eran los de tercera y s emitono. L os
mismos intervalos que enlazan ahora las focalizaci ones presentes en la obra.
2.4 ESTUD IO DE LOS E L EMENTOS I NTERVÁLICOS, SERI ALES Y MELÓDI COS:
En primer lugar vamos a exponer los cinco campos armónicos, con el diseño de
alturas concreto que define a cada uno ( en estos ejemplos las alteraciones afectarán
únicamente a la nota inmediatamente posterior) como orden de aparición en partitura. A
través de estas exposiciones podremos ve r algunos de los usos interválicos y melódicos
más interesantes dentro de esta pieza.
Figura 32 . Cam po 1 , co m o frag m ento melódico.
La p reemine n cia interválica no se da de manera cl ara en este caso, ya que n o ha y
un único intervalo cu y o uso descuelle d e manera importante. Las clases in terválicas con
un uso destacado son: l a 3 con 4 casos (señalada con líneas de puntos), la 2 con 3
(señalada con líneas conti nuas) y la 4 con 3 apariciones también (señalada con líneas
discontinuas).
Cabría señalar qu e 2 de estas clases además, funcionan de manera agrupada
dentro del s egmento mel ódico. Así los 4 casos co rrespondientes a l a cl ase 3 aparecen de
manera continua. Por su parte, los casos correspondientes a la clase 4 funcionan de
manera relativame nte agrupada también.
Dentro de l a s ecuencia de alturas, hemos señalado entre p aréntesis dentro del
ejemplo anterior un dise ño con las notas Sib -Sol repetidas. La repetición de este diseño
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279
le confiere una significancia sobre el resto de t razos melódicos utilizados. Además,
considerándolo en relación a toda la secuencia de alturas, vemos que su intervalo
formador, el de tercera (considerando enarmonías y ampliando la consideración a mayor
y menor), sería el más utilizado:
Figura 33 . Clases intervá licas 3 y 4
Con las flechas hemos señalado los intervalos de terc era (con l a inclusión entre
paréntesis de la s exta Sol-Mi, que sería la inversión de una tercera menor).
Con las líneas por encima y debajo del pentagrama hemos sele ccionado dos
fragmentos. En el primero de ellos, los int ervalos son de tercera mayor. E n el segundo
de tercera menor. A p artir de est a observación, podemos establecer un posible criterio
organizativo en el uso de las terceras, b asado en presentarlas d e man era a grupa d a,
considerando si son mayores o menore s.
Cabe señalar que junto a los intervalos de tercera, los de se gunda (m enor y
mayor) de manera conjunta aparece n hasta en cinco ocasiones. Con lo c ual, se podría n
establecer fá cilmente co mo una segunda referencia importante dentro de este diseño
melódico.
Figura 34 . Cam po 2 , co m o frag m ento melódico.
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280
En este c aso el intervalo de semitono, presenta una relevancia ma yor , ya que
aparece en cuatro ocasiones. A pesar d e ser m ás utilizado, el intervalo básico en el
diseño melódico, seguirá siendo la tercera .
Entre paréntesis h emos s eñalado un diseño sobre la r ecurrenc i a de este inte rvalo.
Pero junto a los tres casos sitos en este punto, debemos considerar los otros dos. Casos
que además de propone r tercera menor y m a y o r respectivamente, lo ha cen sobr e las
alturas Si o Sol. Con lo cual a partir de esta coincidencia d e alturas básicas, sobre la
nota Si, podemos encontrar otro elemento de coherencia.
Hablando de coherencia, no debemos descuidar otro elemento que relaciona el
diseño melódico de este campo, con el anterior. Se trata precisamente de la insistencia
de las alturas Si-Sol. Alturas que también en el caso previo eran las más utilizadas.
Figura 35 . Cam po 3 , co mo frag m ento melódico.
En este caso, tal y como hemos mar cado con los paréntesis, se establecen tres
diseños interválicos rec u rrentes. El primero de ellos a partir de la tercera menor, sobre
las notas Si y Sol#, qu e enlazan con los c asos de terceras sobre estas altur as aparecidos
en los dos casos anteriores.
Los int ervalos de se gunda menor o semitono, seguidos por los de tercera, se
establece n una vez más como los diseños de refere nci a sobre los que se constru y e el
edificio melódico.
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281
Figura 36 . Cam po 4 , co m o frag m ento melódico.
En esta ocasión, el diseño más evidente es el de la recurrencia sobre ter ceras con
los sonidos Re-Si y Sib-Reb. Caso que lleva implícito al mismo tiempo un intervalo de
segunda menor: Si -Sib. Junto a este caso lo más r emarcable sea el planteami ento previo
de lí neas contrapuntísticas subyacentes por semitono, tal y como hemos marca do en el
ejemplo. Con lo cual, en este caso nuevamente los int ervalos de semitono, junto a los de
tercera menor se pre s entan como las referencias básicas en el diseño melódico.
Figura 37 . Cam po 5 , co mo frag m ento melódico.
En este último caso, planteando una coherencia máxima con los anteriores, de
nuevo las segundas y terceras s erán los int ervalos básicos en el diseño lineal. El primer
fragmento apuntado se desarrolla básicamente a partir de la segunda (aunque lleva
inserta una tercera entre Sol y Mi), el segundo a p artir de la tercera. Terceras menores y
mayor , sobre alturas de Si y Sol en total coincidencia con los casos ante riores, donde
éstas protagonizaban también la construcción a partir de e ste interv alo.
Después de realizar est e estudio pormenorizado de cada caso concreto, podemos
establecer lo sig uiente:
1. L os campos funcionan como diseños melódicos con dos inte rvalos recurrentes,
segunda y t ercera. De estos dos, los de s egunda menor son coincidentes co n el intervalo
básico en la o rganización int erna. Intervalo que se torna el más importante dad a su
obligatoria comparecen cia en la conformación de formas primarias de ca mpos
armónicos de 8 y 9 notas.
2. L os intervalos de tercera, aun sin ten er nin guna importancia a nivel formativo,
resultan funda mentales en la plasmación melódica de estos campos.
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288
Figura 39 . Caracterización musical.
Nos encontramos con u na situación musi cal muy parecida al caso previo que
explicamos. De nuevo podemos ver un crecimiento de la tensión dramática, con
exactamente los mismos términos que antes y en el mismo orden. No obstante, en este
caso el diseño es ampliado, puesto que en lu gar de ap arecer el trazo punt ual de antes,
ahora el susurro se amplí a a tres emisiones jalonadas m ediante acentos agudos sobre
valores breves, marcados en la fi gura anterior d entro de cír culos. Por consiguiente el
planteamiento de estos diseños, se da en este momento de forma m ás desarrollada;
propiciando un aumento, en relación al proceso primero que explicamos previamente.
Otro proceso tímbrico interesante es el que se da entre los compases 14 y 16.
Fijémonos en el prime r fragmento:
Figura 40 . Juego tímbrico con vo cales.
Se trata de un diseño sobre un Do 4, el cual se articula sobre sílabas que n o son
más que mera s vocales dentro de un proceso de cambio de color, m otivado por la
tímbrica vocálica y la posición del aparato fonador que ésta conlleva.
Posteriormente en e l 16 encontramos lo siguiente:
Figura 41 . Cam bio s sobre u na sola a ltura.
Se trata de un pasaje parecido, ya que mantiene ciertos elementos respecto al
anterior: una sola nota, con altura determinada, mu y cercana a la ante rior (antes un Do 4,
ahora un Sib 4), poca actividad musical, y una forma de emisión sonora muy ordinaria,
cercana a canto puro en ambos casos. Ahora bien, además de estos puntos en común,
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podemos encontrar una s erie de elementos a través de los cuales asistimo s a un proceso
de crecimiento, d e ma yor tensión musical. Este proceso se articula a t ravés de los
siguiente s e l ementos:
En primer lu gar, así como ante el texto anterior, simplemente se propo nía un
proceso de paso gradual entre vocales, en este caso asisti mos a una pronunciación de
sílabas. Síl abas límpidas y con cretas, pertenecie ntes a uno de los pocos fragmentos
inteligibles del texto dentro de la secuencia. Con lo cual, no estamos ante procesos
paulatinos de cambio, si no que cada palabra emite una nueva sílaba y p or ende una
nueva tímbrica de fona ción. J unto al importante inc remento de t ensión musi cal que esta
nueva vocalización puede significar, encontramos otros dos elementos que añaden aún
más carga dramática. En primer lu gar, d esde el punto de vist a d el o yente, cabe ten er en
cuenta qu e el hecho de escuchar sílabas de pal abras completas (monosílabos) motiva un
mayor g r ado de atención, puesto que se tr ata d e un mensaje con significado que podrá
despertar el interés de un hipotético o y ent e, más allá de la mera cuestión auditiva.
En segundo lugar, cabe atender a las indicaciones de interpretación ubicadas
encima de las notas: ten se, dreamy, tens e, dreamy respectivamente. Estas indicaciones
motivan int erpre tacione s dist intas para cada s onido, frente a la qui e tud con que
aparecían en el pasaje previo ( distant and drea my ) establecidas d e man era fija al ini cio
del mismo. Pero ade más, funcionan como elementos diverge ntes en cierto sentido,
puesto que tenso y ens oñador son tér mi nos hasta cier to punto contradictori os, que
podrían dar lu gar a perfiles sonoros distintos y hasta enfrentados. No e n balde, en la
interpretación de referencia, la de Cathy Berberian, las notas con la indicación tense son
emitidas con una diná mica y un carácter m ás fue rt e y tenso que las que van
acompaña das del término dreamy.
Por lo tanto, no sólo estamos ante un nuevo elemento resp ecto al anterior
fragmento, sino que este nuevo elemento es trat ado de manera mu y inest able y t ensa.
Puesto que en un espa cio mu y breve de ti empo, dos sonoridade s contradictorias dan
lugar a una gran inestabilidad, apta para que el proceso de incremento de tensión
musical, funcione de m anera eficiente.
El último elemento que comentaremos dentro de la concepción tímbrica de la
pieza, se centra en el uso que hace el autor de los perfiles sonoros para establecer
distintos puntos climáticos. Dentro de la piez a encontramos 3 estructuras de máx ima
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tensión, que se ubican en las cifras: 27-32, 38-41 y 42-44. En el caso de las estructuras
27-32 y 42-44 l a concepción tímbr ica se centra en recur sos y técnicas extendidas que
dan lugar a una sonoridad mucho más dramática que vocal, en un sentido clasicista de lo
que es el canto. Frente a éstas, la central entre los compases 38 -41, funciona como un
clímax basado en la sonoridad vocal más pura, m ás cercana al c anto. De este modo, una
de las ideas principales para entender la concepción matérica de la obra: la dualidad
entre sonido cantado y sonido dramático, encuentra también su dicotomía dentro de la
organización de los momentos climáticos.
4. CONCEPTOS MOTÍVICOS Y F I GURAS PRINCIPALES
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291
Los elem entos musicales que he mos considera d o como figuras compos itivas
básicas en e sta se cuencia son c uatro. Vamos a señalarlas y ex plicar brevemente el
funcionamiento de cada una de e ll as.
1. L a primera figura qu e consideramos se d efine mediante el uso de repeticiones
estáticas y regulares (sin direc ción interválica) lo más rápido posible. Podemos
encontrar casos e n los compases: prime ro, segundo o sex to entre otros. Veamos un
ejemplo correspondiente al primer c ompás d e la obra:
Figura 42 . Ejemplo de la figura 1 .
Un rasgo igual en casi t odas estas fi guras es la uti lización de fragmentos del
texto. S e trata de monos ílabos, lo s cuales precisamente debido a esa condición de se r
monosílabos, puede n ser pronunciados con un só lo golpe de articulación. Esta
caracter íst ica los hac e idóneos para ser p ronunciado s de manera mu y rápida. De este
modo, la figura se presenta como una especie de ca le idoscopio sonoro en el que un
fragmento del texto es deconstruido. Deconstruido en dos niveles: primer o, en un nivel
puramente li terario, porq ue la p ropia elección de las palabras no p arece seguir nin gun a
voluntad semántica aparente; segundo, desde un punt o de vista más centrado en la
acústica, la propia presentación de estos monosíl abos lo más rápido posible, con valores
breves y con una tensa murmuración (“ tense mu ttering ”, solicita el autor) hac e que la
sonoridad de estas palabras se pierda, y se tornen irreconoc ibl es. P or lo menos en una
primera a udi ción e incluso varias si el público no tiene la partitura delante.
En cierto modo, las palab ras utilizadas junto a estas figuras, par ecen más bi en un
compromiso entre la necesidad de utiliz ar algunos fonemas con los que concretar la
emisión del sonido y la utilización de l texto de Markus Kutter ; de hecho, incluso
algunas de las palabras so n en realidad simple s monemas y no palab ras completas.
Pensemos que la propia grafía utiliz ada pa ra el tex to, s ugiere que las pal abras pu eden
ser inte rpr etadas de mane ra aleatoria. Este hecho pone de manifiesto la poca
importancia que tiene en estos puntos concretos l a int eligibilidad de cualquier mensaje.
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292
No obst ante la utilización de estas palabras sí alberga un cierto sent ido, aunque éste se
circunscr ib a a lo meramente acústico. Las palab ras utiliz adas en estas figuras en las
cifras 1 y 6 son las mi smas: to, /co/, us, for, be. A partir de e ste principio de igualdad,
podrá establecerse una cier ta re la ción entre ambos puntos de la partitura. C omo la
cantante está diciendo las mismas palabra s (aunque en órdenes distintos y c on un tipo de
emisión nada claro por l a ex ige ncia del murmul lo) sobre patrones musicales ig ual es en
cuanto a tempo y carácter, la sonoridad de ambos pasajes será muy parecida. Con lo
cual, a partir de esta ref lexión puede cobrar sentido la utilización del texto en estos
casos. No siendo entendido más que como otro elemento sonoro, sus palabras son
utilizadas por su sonido, por su consideración ac ú stica y musical.
En estos dos casos que hemos apuntado en los c.c. 1 y 6, la selección de
monosílabos pare c e s eguir un c riterio de acumula ción vocal. Y es que si n os fijamos en
la sonoridad de cada una de las palabras, veremos que están representadas cuatro de las
cinco voca les básicas:
us: [a]
be: [i ]
/co/ : [o]
for: [o]
to : [u]
Figura 43 . Uso de vocales en el texto.
La ú nica vocal que falta es la [e], curiosamente una letra o sonido que no aparece
en ninguna de las figuras de este tipo, siempre que uti lizan como texto palabras
concre t as. Esta situación en realidad no es tan c uriosa si tenemos en cuenta que en el
propio texto no encontramos ni un sólo fonema con la voc al [e] .
2. La se gunda fi gura considerada, es más compl eja que la anterior y a q ue así
como la primera utiliz aba únicamente un rec u rso de voz , e l murmullo, la seg unda
amalgama todo un conjunt o. Una posible d efinición de esta fi gura l a ex plicaría
mediante la acumulación de v arios recursos d e sonidos breves y pe riódicamente
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293
articulados, con dirección establecida en algunos casos como ascenso o descenso
regular.
Los recursos presentes e n las distintas variant es de la figura 2 son: murmul los,
suspiros, jadeos, sonrisa s, estallidos de sonrisa, chasqueo bo cal, tos, y tr émolos. Este
conjunto de figuras no s e resume en un sólo sonido tipo que las unifique, ya qu e son
recur sos que d an resultados sonoros mu y distintos. Si bi en es cierto que ex ceptuando los
murmullos, todos ellos tiene n un cierto componente acústico con diseño acentuado, en
el que su forma de ond a presentaría un perfil d e ataqu e enfatizado con decaimiento
súbito.
Otro elemento qu e int errelaciona l as d iversas variantes de esta figura es
precisame nte su sonoridad llamativa. A raíz de acumular técnicas extendidas, con un
cierto aire de teatralidad, las figuras se puede n delimitar clara ment e gracias a su
tímbrica heterog énea y curiosa, diferente a lo que le rodea.
Y es que posi blemente ése sea el sentido de esta figura en la obra, presentar un
canto roto y trans gresor, en el sentido de contradecir al canto más tradicional. De hecho,
varios ejemplos de estas figuras se sit úan como is las sonoras entre fragmentos de canto
más ordinario. El caso más evidente se da en un amplio fragmento entre los c.c 12 y 26
donde en medio de una sección dominada por formas vocales más cercanas al canto
tradicional, en puntos concretos y mu y breves encontra mos esta figura 2. Es tas
apariciones súbitas y efímeras con su sonoridad t an especial derivada de la acumulación
de recursos, rompe con la atmósfera sonora del momento. Todas estas pequeña s isl as
sonoras que aparecen d e manera puntual, cobran sentido cuando entre los c ompases 27
al 32, la música se establece ma yoritariamente sobre esta fi gura de recursos. J usto en
este fragmento el el emento que aparece como breves “islas sonoras” es el canto con
técnica y sonoridad más tradicional, rodea do por todo un conjunto de sonidos extrañ os
al canto ordinario. Así pues, este planteamiento de sonoridades confrontadas, parece ser
una de las finalidades d e toda esta a cumulación de recursos y técnicas extendidas dentro
de esta figura.
3. La tercera fi gura qu e consideraremos se concreta media nte sonidos extensos y
cantados, mantenidos sobre una vocal o un proceso de transiciones vocales. Fre nte a la s
otras dos figur as, ésta propone una sonoridad más cerca n a al canto tradicional. Si bien
es cierto qu e es a sonorid ad, aúna una p roducción sonora m u y al modo o rdinario, pero
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
294
acompaña ndo esta emisi ón de l a pr esentación de vocales en transición. O sea, que si
esta figura uti lizase un texto concreto, podría pasar como una forma de canto propia de
estéticas musicales anteriores. Pero la utilización de es tas vocales en proceso de cambio,
aporta una sonoridad m ás original, y a qu e junto a una emisión sonora tradicional
encontramos un uso del (texto) fuera de toda tradición. Veamos un ca so concreto
aparecido en la cifra 5:
Figura 44 . Transición vo cálica.
A partir de la vocal [ e], encontramos un proceso d e transición ha cia [i] , [ u] y [ o].
El proceso parece se guir una cierta lógi ca establecida por la posición de todo el aparato
fonador. Lógica cent rada en regular la posi ción de los l abios, cerrá ndolos cada vez más;
o de la leng ua, a sentándola sobre posiciones c ada vez más retra ídas y cerca n as al
paladar.
Cabe tener en cuenta que la observación que hemos r ealizado sobre el
tratamiento de técnicas clasicistas de forma novedosa, como este canto tr adicional pero
articulando glissandi vocálicos, alberga en su seno una cierta importancia; ya que en
ella se resume aunque de manera muy b ásica, e l ideario de la estética posmod erna que
pocos años después irru mpirá con fuerza en el p anorama musical clásico. Un ideario en
el que autores como el propio Berio, mez clarán en sus obras el ementos de corte clásico
con ideas mucho más vanguardistas.
La presentación de esto s procesos de vari ación vocal, no tiene lu gar c on un
orden fijo en el que los fonemas respeten siem pre una misma disposición. El único
elemento permanente que se da en los diversos c asos, es iniciar o termin ar el pro ceso
pasando d e una voc al a boca cerrada o viceversa . C on este re curso la pro nunciación de
vocales se torna imposible, sirviendo como un perfe cto inicio o final al nie nte.
La utilización de las vocales, como elemento tímbrico de base, posibilit a además
una relación de este m aterial con otros momento s dentro de la pieza. Por ejemplo entre
esta figura 3 y la 1 en su s variantes de los compases 1 y 6. En estas dos v ariantes, tal y
como apuntamos antes, se da un proceso de acu mulación de todas las voca les con la
excepción de la [e]. A partir de esta idea, grosso modo podríamos relacionar las cifra s 1
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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295
y 6 como una presentac i ón velada de las vocales, y la 5 como una recreac i ón sobre estos
mismos fonemas, con su proceso de transición. De este modo, la fig ura 3 se podría
entender como una espe cie de detención tempor al, como una especie de n egativo sobre
la instantánea de los compases 1 o 6, en los qu e hubiér amos eliminado todo menos el
sonido de las vocales. Esta idea de detención se asienta también so bre e l diseño
puramente musical en este caso, y a que la figura se defin e sobre u na sola altura
mantenida. Pensemos que esta estabilidad sonora traspasa la frontera de l os compases,
y a que la altura presente tanto en el compás 3 como en el compás 5 por ejemplo, es una
altura sim ilar. En ambos casos sobre una referencia de altura escrita sobre t res líneas, se
pide una entonación justo por encima de la terce r a línea. Entonación que de hecho en la
interpretación de Cath y Berberian (referencia básica pa ra esta obr a) da lugar a los
mismos sonidos.
Por lo tanto, podemos ver a través de estas reflex iones una lógica constructiva
para esta figura, tanto por su propia coherencia interna, como en relación a otros
elementos dentro de l a obra.
Por lo que a nivel de tempo se r efiere, este elem ento no comporta nin gún tipo de
actividad que genere un perfil sonoro activo. Sólo la transición de vocales plantea algo
de movimiento, pero un movimiento muy lento y poc o prec iso, a través del proc eso de
transición dado entre éstas.
4. La cuarta figura que hemos considerado es el canto articulado sobre diversas
notas. En ella se unen la recitación del tex to del poema de Markus Kutter con una
técnica voc al que aún echando mano de algunas técnicas ex tendidas, se acercaría a
formas de c anto más tra dicionales, con alturas concretas y semántica bie n definida. El
texto utilizado en estos fragmentos, que es el uti lizado durante toda la pieza , es el
siguiente:
Give me a fe w words for a woman
To sing a truth allowing us
To build a house without worrying before nights comes.
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296
Texto que se podría traducir como:
Dame una pocas pala b ras para una mujer
Para ca nt ar una verdad que nos permita
Construir una casa sin t ener que preocuparse antes de que la noche llegue.
La significancia del tex to en rel ación a esta figura resulta muy impo rtante, ya
que la recitación completa e inteligible del mismo, sólo se da vin culada a las apariciones
de esta fi gura. Con lo cu al, podemos decir que esa es la función básica de esta fi gura en
la obra, presentar el texto bajo un formato más int eligible que los que p roponen los otros
tres diseños básicos apuntados.
Una comp arativa inicial entre texto y músi ca, daría lu gar a ciertas interrelaciones.
Alguna s son harto sencillas, otras pueden resultar menos claras o subjetivas:
- El tex to alude a una persona de género femenino y la pi eza está es crita para voz
femenina.
- A raíz de la demanda d el primer verso give me a few words, se podría entender el
tratamiento del tex to como un mero jueg o con palabra s, como una simple dación de
palabras que puede n t ener sentido o no.
- El fragmento to sing a t ruth: “ cantar una verdad” podría entenderse de la siguiente
manera : partir d e esta id ea, nad a más fácil que h ace r de este tex to algo musi cal, al go
para ser c antado. Ya la idea a truth sería demasiado difícil o subjetiva de ex plicar. No
obstante proponemos u na posible interpretación. Cantar la v erdad, representar la
verdad…Todas e stas ideas podrían entenderse en esta piez a bajo la divisa de un
tratamiento de la voz que mientas se aleja del canto impostado y a rtificial, se acerca a
una sonoridad más cotidi ana. Pensemos que algunas de l as técnicas extendidas como la
recitac ión, risa, suspi ros, tos, proponen un sonido alejado del canto t radicional pero qu e
paradójica m ente nos acercan a un sonido más cotidiano de la voz. Todos reímos,
suspiramos, hablamos- re citamos, pero no todos cantamos con voz im postada…En fin,
es esta una idea muy subjetiva que podría dar lugar a mil y un deb ates.
- To build a house. A partir de este fragmento, se puede entender que con las
palabras se de b e const ruir al go. El propio tratamiento dado por Be rio al texto
precisame nte, puede entenderse en va rios momentos como una construcción sonora, a
partir de las pal abras ofrecidas por el propi o texto de Kutter. El principio de
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297
deconstrucción, básico e n el pensamiento de Be rio, en cuentra así en esta pieza s u
máximo sentido. A partir de un material c errado como es la palabra, tras desmontarla se
crea algo nuevo, algo musical a partir de la sonoridad de las sílabas.
La r elación texto-música en esta fig ura sólo se puede entender como una idea
extendida en el ti empo. Pensemos que la exposición completa de la letra del poema con
las últim as palabras before nights comes sólo se produce en el último pentagrama;
aunque antes han aparecido algunas de estas palabras, como fra gmento completo no
encontramos una aparición hasta este último momento. Por eso decimos que el
planteamiento de esta fi gura se desarrolla en el ti empo como un elemento se gmentado,
interrumpido por otras figuras que impiden su compl etitud tanto a nivel sonoro como, y
esto es lo más importante, semiológico.
Este planteamiento discontinuo y roto de una cierta lógica textual, se pone de
manifiesto desde el mi smo inicio de la obra. Pensemos que la primera apa rición de una
figura que pudiéramos catalogar de tipo 4, no tiene lugar de manera clara hasta el
compás 12 (aunque antes entre el 8 y 9, el mat erial sonoro se acerque bastante a la
fisonomía de aquélla). Así pues, la aparición del t exto en la pieza se da e n primer lu ga r
de manera dec onst ruida y sólo a posteriori se concreta en su forma primigenia.
Atendiendo ahora a elementos de tipo meramente musical, el primer aspecto que
destacaremos en el diseño de esta figura es su perfil temporal. Se trata de un
planteamiento del parámetro del tiempo en el que la actividad se ve reducida respecto a
otros elementos como las figuras 1 y 2. La aus encia de sonidos rápidos periódicamente
articulados, hace qu e el nivel de a ctividad mus ical sea mucho más b ajo que en los
fra gmentos dominados p or las otras fi guras apunt adas. No obstante, sí es cierto que en
el diseño melódico d e esta figur a podemos reconocer v arios mordentes, q ue de manera
puntual aportan un plus de celeridad.
Desde el punto de vis ta del parámetro de alt uras, lo más significativo sea
precisame nte la ausencia de algo si gnificativo. Y es que si posamos nuestra mirada
sobre las diversas estructuras basada s en la sonoridad inherente a los ras gos de la figura
4, veremos que no encontramos ninguna fijación de regist ro mantenida o proceso
direccional alguno. Con lo cual, aunque sea cierto que algunos element os funcionan
como axiom as constructivos (como por ejemplo la reitera ción interválica de tercera),
más allá de ellos da la sensación que el autor no ha querido esta ble cer un canto
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304
no agrupada s y que por lo tanto no dan motivo a un tratamiento sistemático de la
dinámica en e ste sentido.
3. El nivel de estabilidad ha sido considerado alto en las estructuras 1, 3, 4 y la
última. De esta manera, podemos concluir que la obra se inicia de manera estable por lo
que respecta a la dinámi ca, ya qu e 4 de l as 3 primeras estructu ras fun cionan de esta
manera.
4. Dentro de los proc esos dinámicos hemos encontrado 8 estructuras sin ningún
cas o claramente establecido. Cabría destacar la r eunión dada entre las estructuras 2 y 8,
dentro de las cuales en contramos 6 de estos casos sin proceso establecido. Debemos
tener en cuenta además que dentro de la 1 el proceso dinámico no resulta espec ialmente
llamativo. De esta manera la estabilidad acumulada en el inicio (tal como apuntamos en
el punto anterior) se asienta también sobre el rechazo de procesos de cambio dinámico.
6. CONCEPTOS F OR MALES
6.1 PLANTEAMIENT O FORMAL:
La or ganización formal que hemos con cluido para esta pieza se articula sobre la
aparición de las cua tro figuras básicas que acabamos de estudiar:
1. Definida po r el uso de repeticiones estáticas y regulares (sin dirección interválica)
lo más rápido posible.
2. Construida mediante la acumula ción de varios recursos de sonidos bre ves y
periódicamente articula d os, con direcc ión establecida en algunos casos como ascenso o
descenso regular .
3. Definida a tra v és de s onidos extensos y cantados, mantenidos sobre una vocal o
un proceso de transiciones vocales
4. Compuesta a travé s de l canto articulado sobre diversas notas.
Pasamos a ex poner un esquema de la or ga niz ación formal que proponemos dentro
de nuestro análisis de esta sec uen cia.
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305
Tabla 78 . Plantea m ie nto fo rm al.
Estructura
Ubicación en
partitura
Ubicación temporal
Duración total
Figura(s) que
la definen
1
c. 1
Inicio
5”
1
2
c. 3
6” - 10”
5”
3
3
c. 3
11” - 17”
7”
2
4
c. 4
18” - 27”
10”
3
5
c. 6
28” - 34”
6”
2
6
c. 7
35” - 54”
20”
3+4
7
c. 9
55” - 1‟07”
13”
2
8
c. 12
1‟08” - 1‟17”
10”
4
9
c. 13
1‟18” - 2‟08”
51”
3
10
c. 18
2‟09” - 3‟14”
1‟05”
4
11
c. 27
3‟15” - 3‟25”
11”
2
12
c. 28
3‟26” - 3‟31”
6”
2+4
13
c. 29
3‟32” - 3‟44”
13”
2
14
c. 31
3‟45” - 3‟54”
10”
1
15
c. 33
3‟55” - 4‟04”
10”
4
16
c. 34
4‟05” - 4‟17”
13”
3
17
c. 34
4- 18” - 4‟40”
23”
4
18
c. 37
4‟41” - 4‟47”
7”
2
19
c. 38
4‟48” - 5‟09”
22”
4 (variación)
20
c. 42
5‟10” - 5‟32”
23”
1+2
21
c. 45
5‟33” - 5‟40”
8”
3
22
c. 46
5‟41” - 6‟14”
24”
2+4
23
c. 49
6‟15” - 7‟05”
51”
4
6.2 PROPORCI Ó N FORMA L :
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306
La o rdenación de estruct uras de menor a mayor d uración es:
{5” (2 casos), 6 ” (2 c.), 7” (2 c.), 8”, 10 ” (4 c. ), 11”, 13” (3 c. ), 20”, 22”, 23” (2 c. ), 24”,
51” (2 c. ), 65”}.
La media ideal de duraci ones que se establecería para las 23 estructuras sería de
17,9 segundos. Medi a que no se cumple en ninguna estructura. Ni tan siquiera
encontramos estructura s con duraciones ad y a centes.
La moda se podría est ablecer en 10 segundos, duración establecida en 4
estructuras. Como segunda moda, podrí amos establecer la duración d e 13 seg undos que
aparece en 3 ocasiones.
La o rganización de cuartiles se presenta de la siguiente manera:
Tabla 79 . Co njunto de cuartile s.
Cuartil
Primero
Segundo
(mediana)
Tercero
Cuarto
Ubicación
Hasta 20 ”
Hasta 35 ”
Hasta 50 ”
A partir de 51"
Estructuras
5” (2 ), 6” (2) ,
7” (2 ), 8” , 10”
(4), 11” , 13”
(3), 20”
22” , 23” (2),
24”
-
51” (2), 65”
Atendiendo a los datos recogidos en esta t abla, e stadísticamente los cuartiles se
organizan como:
Tabla 80 . Po rcentaje de cuartiles.
Cuartil
Primero
Segundo
(mediana)
Tercero
Cuarto
Ubicación
Hasta 20 ”
Hasta 35 ”
Hasta 50 ”
Desde 51”
Casos
16
4
0
3
Porce ntaje
69,56%
17,39%
0%
13,04%
Vemos que una clara m ay o ría de los casos, casi el 70%, se establece sobre las
estruct uras más breves d e como mucho 20”. El segundo cuartil con un p orcentaje más
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307
alto de uso es el de las segundas estructuras más ex tensas, de hasta 35”, con 4 elementos.
Así, un 87% de las estructuras se establecen sobr e los dos tipos más breves dentro de la
estadística de duraciones propia de esta obra.
Otro hecho inte resante es la inexistencia de estructuras dentro del tramo
corre spondiente al tercer cuartil, el de los valor es medios -amplios. Cabe decir de todos
modos, que este cuartil se cerraría en 50” y dentro de la secuencia hem os encontrado
duraciones de 51” en dos casos. Con lo que siend o un poco laxos en nuest ra valo ración,
estos dos casos, podrían ser asumibles dentro de l t ercer tramo.
A tenor de estos datos, formalmente podríamos entender la piez a como una
especie de agrupación de breves segmentos musicales. Interrumpidos por algunas pocas
secciones más amplias. Este hecho podría dar lugar a un tipo de escucha rota, con gran
cantidad d e c ambios; los cuales con su inestabilidad serí an generadores de una tensión
formal sig nificativa.
Otro aspecto interesante resulta ver la colocación de las estructuras atendiendo a
sus dim ensiones dentro de la obra en ge ne ral. En la siguiente tabl a presentamos una
relación entre las estructuras y el cuartil al que pertenecen como 1: hasta el 25%, 2 hasta
el 50%, etc.
Veamos la relac ión:
Tabla 81 . Estructura s ubicadas co mo cuart iles tipo.
Estructura
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
Cuartil al que
pertenecen
1
1
1
1
1
1
1
1
4
4
1
1
Estructuras
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
Cuartil al que
perenecen
1
1
1
1
2
1
2
2
1
2
4
A partir de esta re l ación de estructuras y dura ciones podemos destacar lo siguiente:
1. Apreciamos una cierta tendencia a agrupar secciones d e duraciones sim ilares.
Descartamos dentro de esta tendencia las duraciones dentro del primer cu artil, ya qu e
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308
dada su omnipresencia, de manera obli gatoria aparecerán a grup adas en algunos
momentos. Pero los otros casos, ofrecen también una or ganización significativa en este
sentido. Así por ejemplo, dos de las tres estructuras más amplias aparecen seguidas
como estructuras 9 y 10 hac ia mitad de la ob ra. Por otro lado, las 4 estructuras
pertenecientes a l cuartil 2 (entre 21 y 35 se gundos) aparece n concentradas dentro de 6
estructuras.
2. Cabría señalar también que entre las estructur as 17 -23 (las 7 últimas) se ubican
todas las no pertenecientes a la tipología 1, con l a ex cepc ión de 2 de las más amplias
sitas en 9ª y 10ª posición.
3. De ntro de estas 7 últimas estructuras se da otro hecho curioso. F ij émonos en los
casos concretos:
Tabla 82 . Pa rticularidades en la duración de las estruct uras.
Estructura
Ubicación en
partitura
Ubicación temporal
Duración total
Figura(s) que
la definen
17
c. 34
4- 18” - 4‟40”
23”
4
18
c. 37
4‟41” - 4‟47”
7”
2
19
c. 38
4‟48” - 5‟09”
22”
4 (variación)
20
c. 42
5‟10” - 5‟32”
23”
1+2
21
c. 45
5‟33” - 5‟40”
8”
3
22
c. 46
5‟41” - 6‟14”
24”
2+4
23
c. 49
6‟15” - 7‟05”
51”
4
Estas duraciones se po drían or ganizar en tres grupos (c oin cidentes c on los
cuartiles) con tiempos absolutos mu y par ecidos (casi exactos) qu e parecen funcionar
mediante un juego de alterna nci a:
Tabla 83 . Alter nancias en las duracio nes.
Duración total
23”
7”
22”
23”
8”
24”
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309
51”
La s du raciones de entre 22” y 24” se alternan con las de entre 7” y 8”. Para
finalizar se establece un a estructura amplia de 51”, la cual viene a ser aproxim adamente
el doble de cada una d e las duraciones previas entre 22” y 24”
Como conclusión podemos ver la organiz ación estruc tural -temporal de esta
pieza de la siguiente manera: dentro de los 2 primeros tercios sólo encontramos
secciones b reves, interrumpidas eso sí, por las a mplias secciones 9 y 10 . Durante el
último tercio de la partitura, por contra, p redomi nan secciones más amplias. A trav és de
éstas, la percepción psicoacústica que pod ría generar la pieza, s e establecería de m anera
más asentada; sirviendo así como contra peso a las vertiginosas secciones que
dominaron las dos primeras partes.
Después d e id entificar las estructuras y su contenido, así como las proporciones
de duración, vamos a realizar una serie de reflexiones sobre la articulación formal de la
pieza.
6.3 FIGU RAS Y ESTRUC TURA MUSI C AL:
La primera cuestión será atender a la presencia y recurr encia de al gunos
materiales en ciertas est ructura s, para ello recordaremos cuá les h an sido las figura s
consideradas en nue stro análisis:
Fig ura 1. Contenido básico:
Se define mediante el u so de repeticiones estáti cas y regulares (sin dirección
interválica) lo má s rápido posible.
Fig ura 2. Contenido básico:
Acumulación d e varios r ecursos d e sonidos breves y periódicamente articu lados,
con dirección establec id a en algunos casos como ascenso o descenso regular.
Fig ura 3. Contenido básico:
Se concreta mediante sonidos ex tensos y cantados, mantenidos sobre una v ocal o
un proceso de transicio nes vocales. Frente a las otras dos fi guras, ésta propone una
sonoridad más cerca n a al canto tradicional.
Fig ura 4. Contenido básico:
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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Canto articulado sobre diversas notas. E n ella se unen la recitac ión del texto del
poema de Markus Kutter con una técnica vocal que aún echando man o de algunas
técnicas ex tendidas, se acercaría a formas de canto más tradicionales, con alturas
concre t as y semá ntica bi en definida.
En la siguiente t abla presentamos un esquema organizativo de todas estas figura s:
Tabla 84 . Rela ción entre figuras y estructuras.
Estructuras
Figura
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
Figura 1
+
Figura 2
+
+
+
+
+
Figura 3
+
+
+
+
Figura 4
+
+
+
+
Estructuras
Figuras
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
Figura 1
+
+
Figura 2
+
+
+
+
Figura 3
+
+
Figura 4
+
+
+
+
+
Los datos más significativos dentro del uso de las principales figuras co mpositivas
son los siguientes:
1. L a aparición int ermitente de la figura 4. Entre las estructuras 6 -12 y 15-19 ,
encontramos un proceso de apa ri ción intermitente de esta figura.
2. Cabe decir qu e este proceso de int ermitencia formal no es el úni co. Tanto la
figura 3 c omo l a 2 en ma y o r medid a, presentan procesos similar es. En el ca so de l a 3,
entre las estructuras 2-6. En el caso de la 2 entre l a 3 -7 y 18-22. Mediante la
combinación de estos do s procesos de int ermitencia aparece otro de alternancia basado
en estas dos figuras.
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311
3. La ord enación de las figuras se establece de manera i gual en dos momentos de la
pieza, 8-11 y 15 -17:
Tabla 85 . Si m i litud en la dis posición de fig uras.
Estructuras
Figuras
8
9
10
11
15
16
17
18
Figura 1
Figura 2
+
+
Figura 3
+
+
Figura 4
+
+
+
+
En ambos casos encontramos un proceso de intermitencia en la figura 4,
alternando con la 3, para acabar en la 2. Esta simil itud se podría incluso ampliar con
algunas li cencias, abarcando las estructura s 8-13 en semejanza con el grupo 15-19. P ero
en estos casos, la s estructuras presentarían ciertos cambios:
Tabla 86 . Diver gencias en similitudes f ormales.
Estructuras
Figura
12
13
19
20
Figura 1
¿?
+
Figura 2
+
+
¿?
+
Figura 3
Figura 4
+
+
Con los signos de interrogac ión, indicamos la ausen cia d e un material, en
relación a su estructura c orrespondie nte en la otra sección de la obra. Aceptando que la
ausencia de una fi gura pudiera entenderse com o una v ariación en la presencia de los
materiales formantes de cada estructura, la semejanza entre estas dos metaestructura s de
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312
la pieza podría ampliarse hasta estas dos agrupaciones de cinco partes cada una. Con lo
que más de la mitad de la partitura (12 de 23 est ructuras) se verían afectadas por este
proceso de disposición semejante en los materiales básicos.
4. Atendiendo al punto anterior, cabe decir que en realidad se trataría de dos
metaestructuras prácticamente seguidas en la pieza, puesto que la primer a ocuparía las
seis estruc tur as 8 -13 y la otra las estructuras 15-19. D e este modo, solamente la
estructura 14 funcionaría como separac ión, e chando mano de un elemento, la fig ura 1,
que no está presente en l os dos casos apuntados. Con lo que podríamos ver toda la parte
central de la pieza, como un proceso de repetición de una ordenación concreta de las
figuras compositivas básicas.
5. P ero la semejanza en la dispo sición de las figuras no acaba aquí, puesto que en
otros puntos podemos apreciar una ordenación simil ar. Entre las estructur as 1 -3 y 20-22,
los materiales se pare cen aunque de manera menos evidente que en el caso presentado
previamente:
Tabla 87 . Si m i litudes entre estr ucturas.
Estructuras
Figura
1
2
3
20
21
22
Figura 1
+
+
Figura 2
+
+
+
Figura 3
+
+
Figura 4
+
Vemos que ci ertos materiales, destacados en negrita, se mantienen en cada caso.
Aunque en realidad, e n 2 de las 3 estructuras relativas hay algún e lem ento divergente.
6. A partir de todas estas consideraciones, podemos tener en cuenta que la obra
establece 7 p rocesos musicales con interrelaciones
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Intelectual por David Menent i Olivert.
313
Tabla 88 . Pro cesos de interrela ción for m a l.
Estructura s y
metaestructura s
1- 3
4- 7
8- 13
14
15- 19
20- 22
23
Catalogación at endiendo a los
materiales in ter n os
A
B
C
D
C
A
E
Cabe decir no obstante, que estos procesos se podrían im bricar con otros y a
señalados como el del uso intermitente o la a lt ernancia de las figuras 2 y 3.
ANÁLISIS DE LA SE C UENCIA IV PAR A PIANO
1. CONCEPTOS TEMP O RALES
1.1 ESTUDIO METRONÓMI C O:
El conjunto de velocidade s metronómicas dentro de esta secuencia, se presenta de
la siguiente manera, siempre sobre pulsación de corchea :
Tabla 89 . Ref erencias te m po rales.
Metr ón omo
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
Velocidad
72
60
50
40
72
50
72
104
72
104
60
40
Compás
1
3
6
8
11
15
17
21
29
33
35
38
Compases
2
3
2
3
4
2
4
8
4
2
3
1
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
320
1.3 ESTUDIO DE LAS CÉLULAS RÍ TM ICAS:
Después de estudiar por menorizadamente la partitura hemos concluido que no ex iste
ninguna célula rítmi ca compleja que se establezca de manera clara como referencia o
recurrenc i a. No obstante, hay tres formas de organizar los valores, que parecen revelarse
como importantes, son las siguiente s:
1. Acelerac ión de valores.
2. Alternancia de va lores.
3. Agrupación de diversos valores.
El primer caso re f erente a la ac el eración de valores, consiste en la organiz ación de
valores sucesivamente más rápidos. Así en las cifras 21, 26 y 34 pod emos observar
secuenc i as de cinquillos, seisill os y septillos de fusas. Un tipo de aceleración más rápido
tiene lugar e ntre los c.c. 71-72 con seisillos de fus as, septillo de fusas y semifusas.
La alternancia de valores aparece en los siguiente s casos:
Tabla 94 . Alter nancia de va lores tipo.
Compás
Valores
71
Seisillo y sep tillo de fusas
76- 78
Septillo de fus as y semifusas
163- 164
Tresillo y sep tillo de fusas
La agrupación de diversos valores se da en los siguientes casos:
Tabla 95 . Ag rupación de va lores tipo.
Compás
Valores
117, 120
Cinquillo y t resillo de fusas
126
Cinquillo y se isillo de fu sas
30- 32, 46 -49, 58- 60
Cinquillo y septillo de fusas
18, 27, 134-137, 163- 164
Tresillo, cinqu illo y septillo de fusas
A partir de esta información se desprende que:
1. El planteamiento de células rítmicas siempre se da sobre valor es br eves.
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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321
2. L as c élulas rítmicas se construyen básicamente a través de valores artificiales
como los cinquillos, seisillos y septillos.
3. L os valores uti lizados son mu y cercanos entre sí, buscando relaciones temporales
aproximadas.
4. Este principio del va lor próximo, se ma nifiesta de mane ra explícita e n
planteamientos compositivos como las ace leraciones virtuales, mediante valores
cercanos como los de los c.c. 21, 26 o 34. Casos como el paso de cinquillos a seisillos y
septillos dejan bien claro este principio.
5. Un punto de conexión entre la organización de las pulsaciones metronómicas
vistas previamente y la o rganización de estas células rítmi cas podría establecerse sobre
la idea d e la alternancia. Del mi smo modo que ciertos metrónomos funcionaban d e
manera alterna, algunas células se establ ece n a p artir de la alternancia de ci ertos valores
artificiales tal c omo l os grupos de seisillos y septil los.
6. El planteamiento de estas células rítmi cas se d a de manera general a lo largo de la
pieza, sin limitarse a zonas conc r etas o acumularse en determinadas estructuras.
1.4 ESTUDIO DE L AS DETENC ION ES TEMP ORA L ES:
El último aspecto que est udiaremos dentro del p arámetro del tiempo es el uso de
las detenciones establecidas sobre calderones. Las apariciones se dan en los siguientes
puntos:
Tabla 96 . Det enciones te m po rales.
Calderón
Compás en el que se
Valor sobre el que se
Duración
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322
ubica
inserta
1
38
Corchea
x 5
2
46
Corchea
x 6
3
50
Corchea
x 5
4
64
Negra
x 4
5
75
Corchea
x 4
6
99
Corchea con puntillo
x 6
7
116
Negra
x 6
8
133
Corchea
x 5
9
150
Corchea
x 4
10
181
Corchea
x 6
11
214
Resonancia previa
Indetermina da
De los once calderones aparecidos, 7 de 11, el 63 % se establece sobre un mismo
valor, el de corchea. C on lo cual este es el valor may orita rio. Después encontramos dos
casos sobre negra, uno sobre corchea con puntillo y otro (el último) sobre un valor
indeterminado a raíz de la resonancia d e un acorde sostenuto. Ya que el valor más
pequeño que se da es el de semicorchea (derivado del punti llo del sexto calderón), p ara
establecer una re f erencia ex acta de las duraciones presentaremos una tabla c on las
duraciones sobre la ba s e de este valor:
Tabla 97 . Ca lderones con duració n especificada.
Calderón
Compás en el que se ubica
Duración sobr e semicorch eas
1
38
10
2
46
12
3
50
10
4
64
16
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323
5
75
8
6
99
18
7
116
24
8
133
10
9
150
8
10
181
12
11
214
Indetermina da
A través de estos datos podemos ver:
1. L a moda de dura ció n de los calder ones se establece en 10 semicorcheas de
duración (tres apariciones) seguida de 12 y 8 (dos apariciones).
2. La media se establece en 12,8 semicorche as. Media situada en el la mitad superior
de las duraciones a c ausa del desajuste estadístico que supone el valor de 24
semicorcheas.
3. Podemos establecer u n patrón regular de c recimiento de las duraciones sobre la
base +2: 8 (+2): 10 (+2): 12 . 12 (+2 +2): 16 (+2): 18 (+2 +2 +2): 24 .
4. Este patrón regular de crecimiento de las duraciones no se presenta en la piez a de
manera explí cita. No obstante sí tiene lugar un proceso de crecimiento/decrecimiento de
la duración de los cal derones. Así, justo has ta el séptimo ca lderón asistimos a
duraciones cada vez más grandes, para a partir del octavo y noveno contemplar
calderones más peque ños . Aunque el último con valor explícito vuelve a crec er.
5. La dispo sición a lo largo de la pieza, se est ablece de mane ra equilibrada sin
acumularse en zonas determinadas.
2. CONCEPTOS DE ALTURA
2.1 ESTUDIO DE L OS CAMP OS ARMÓNI CO S:
El primer diseño que hemos rec ono cido como tal (má s allá de los posibles campos
armónicos dentro de acordes, que estudiarem os posteriormente) se da entre los
compases 11 y 12. Ade más de establecerlo como un campo armónico, vamos a ver
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324
cómo se relaciona c on e l ac orde mantenido (gracias al p edal sostenuto ) que suena
mientras aparecen las notas en la m elodía dentro de la que aparece. En el sigui ente
ejemplo compara mos ambas entidades armónicas, acorde y diseño melódico:
Figura 45 . Notas del ca m po a rmónico.
En la siguiente tabla comparamos los contenidos de altura de cada entidad armónica:
Tabla 98 . Co ntenidos de altura.
Notas
Acorde
Diseño me l ódico
Notas coinc i dentes
Do (Si#)
+
Do#
+
+
+
Re
+
Re#
+
Mi
+
Fa
+
Fa#
+
Sol
+
Sol#
+
La
+
+
+
La#
Si
+
+
+
Número de not as
8
6
3
En tot al 3 de los 6 sonidos son comunes entre el acorde sostenuto y el diseño
melódico. Si bien es cierto que todos los sonidos coincidentes están desplazados de
octava. Sea como fuere es un porcentaje eq uilibrado entre la continuidad y la
discontinuidad ya qu e representa la mitad de los sonidos posibles.
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325
La forma primaria del campo melódico sería: [0, 2, 3, 5, 7, 8]
A partir del compás 20 otro acorde se establece con el pedal sost enuto pasa ndo a
funcionar como nuev a resonancia de base. En este caso la relación de éste con el
contenido de alturas de los diseños horizontales es en cierto modo parecido a lo
acontec ido hasta ahora. Así entre las cifras 21 y 22 se presenta un diseño melódico con
las siguientes nota s:
Figura 46 . Diseño melódico de las cifras 2 1 y 22.
El contenido cromático se re sume de la siguiente manera:
Do, Re, Mib, Mi (natural), Fa, Fa#, Si
Cuya f o rma primaria se concretaría como: [0, 1, 3, 4, 5, 6, 7]
Si cruzamos este campo armónico con el d el acorde sost enuto vi gente en ese
momento encontraremos que las notas Re, Mi y Fa# son comunes. Lo que significa que
3 sonidos de 7, un 42,8% es igua l. Pero una vez más las notas coincident es se sit úan en
octavas distintas.
Este principio de notas c omunes, pero sin ata car las mismas que for man el
campo armónico del acorde se mantiene vi gente hasta el compás 27 donde finaliza el
mantenimiento de l ac o rde iniciado en el 20. Por ende podemos afirmar que la r elación
entre los campos armón icos de los acordes m antenidos y los diseños melódicos se
establece n a tr avés de: notas comunes (hecho normal dada la gran cantida d de notas que
forman algunos de los campos armónicos y la limitación a 12 del total c romático) en
octavas distintas.
Pero esta relación no va a ser un pro cedimiento a rmónico fijo. En el compás 31
comienza otro acor d e sos tenuto , conformado en este caso por los sonidos:
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326
Figura 47 . Acorde del co m p ás 31.
Así como en los casos p revios el principio asociativo entre acorde y línea era el
de no compartir notas en octavas coincidentes, ahora entre los compases 32 y 33 se da
todo lo contrario. De hecho las cuatro notas del segmento superio r son ataca das en la
siguiente cifra. Con lo c ual, parece claro que no ex iste un criterio único a la hora de
relacionar el conte nido armónico de los dos diseños.
Otro aspecto interesante a colación de los diseños melódicos es la constitución de su
contenido armónico. Va mos a r ecordar dos de los campos armónic os horizontales
señalados hasta ahora , p resentándolos junto a cuatro más:
- Do#, Re, Fa #, S ol#, La, Si (c.c. 11-12)
- Do, Re, Mib, Mi, Fa, Fa#, Si (c.c. 21-22)
- Do, Re#, Fa , Fa#, Sol, Lab, La, Sib, Si (c.c . 23 -24)
- Do, Re, Mib, Mi, Fa, Fa#, Sol, La b, Sib, Si (c.c. 26-27)
- Re, Mi, Sol#, La Sib, Si (c. 27)
- Do, Do#, Re, Fa, Fa#, Sol, Sol#, La (c. 28 )
- Re, Mi, Fa, Fa #, Sol, Sol#, L a (c. 30)
La información que se desprende de estos dise ños desde la óptica del contenido
armónico es la siguiente :
1. La p rimera de ellas es que en todos ellos encontramos amplios seg mentos
cromáticos. De he cho el contenido de semitonos en su seno es verdaderamente
significa tivo hasta casi poder hablar en c asos co mo el de los c.c. 26 -27 de segmentos
cromáticos completos. E ste principio de elección de notas s e mantendrá durante toda la
obra para conformar gran parte de estos diseños melódicos.
2. A partir de esta p rimera cuestión se d eriva que l a clase inte rválica 1, es la materia
interválica princ ip al de base en la formación de estos campos.
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
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327
3. L a idea de continuidad sonora entre campos, parece ser importante sólo de
manera p arcial. Primero porque ante campos mu y amplios, como el del los c.c. 26 -27,
necesariamente se dará la coincidencia d e mucho sonidos del total cromátic o
dodecafónico; razón por la que esta coincidencia sonora no tendrá gra n significancia.
Segundo, po rque los campos más redu cidos tampoco presentan un a gran interrelación
entre ellos.
4. Así pues estamos ante diseños lineales cuy o diseño interno no busca ni la
continuidad sonora ni la diferencia.
5. No obstante si acep tamos la idea de tr ansposición como una herramienta
asociativa entr e diseños de altura, queda claro que muchas de las colecciones de alturas
apuntadas hasta aquí pod rían partir de un a matriz común.
Otra cu estión es cómo se presentan estos diseños en la partitura. En est e sentido ha y
un hecho fundamenta l; se trata de la idea de recurrencia. Comparemos dos fragmentos
sitos entre las cifras 21 y 24:
Figura 48 . Diseños melódicos en las cifra s 21 y 24.
La pr esencia de células recurrentes, etiquetadas por nosotros como a , b y c
resulta básica p ara entender la construcción de estos diseños melódicos. Desde el punto
de vista armónico, funcionan como estructuras básicas en torno a las cuales se añaden
las demás notas. En r ealidad podríamos ver los tres casos como u na sola id ea
desarrolla d a. Así la célula a con las notas Si y Do se establecería como: [0,1] , la b con
Sib, Si, Do (aunque Si no aparece en el se gundo caso) como [ 0,1,2] y la c con Fa#, Sol,
La b, La como: [ 0,1,2,3]. Así vemos que aumenta paulatinament e el número de
semitonos y notas en cada ca so.
Esta célula recurrente b asada en los movimientos por semitono, no sólo aparece
en estos dos casos. En e l cercano compás 26 podemos ver:
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328
Figura 49 . Célula recurrent e.
Con una línea continua hemos h echo refe rencia a diseños originados
nuevamente po r la recurrencia del intervalo de semitono. Una vez más un conjunto de
notas definido por semitonos se establece de ma nera recurrente en el seno de un dibujo
melódico. Así las notas Sib/ Si-Do [0,1,2] con su reincidencia dan lugar a u na especie de
núcleo armónico. Núcle o acompañado por otras notas, que en realidad no representan
más que una ex tensión del set recurrente por semitonos. Con una lí nea curva, h emos
reunido una serie de n otas por debajo d el diseño Sib/ Si -Do, las cua les también se
podrían en cuadrar d entro de la idea armónica básica d e semitonos : Mib, Mi, Fa, Fa#,
como: [ 0,1,2,3]. Dentro de esta ampliación semitonal podríamos incluir otras alturas
presentes en el diseño como el Sol 5 agudo o el Lab3 mante nido en el pentagrama
inferior. Estos se añadi rían a la estructu ra [ 0,1,2,3] como dos adendas por semitono más.
Un hecho que también alberga cie rta coherencia c onst ructiva, e s que el set
Sib/Si-Do [ 0,1,2] sea el mismo que aparecía entre los c.c. 21 y 24. Planteando así una
conexión armónica que enlaza de manera recurre n te varios diseños melódicos, sobre un
grupo de alturas estable cidas de manera fija. Por s u parte el diseño enmarcado dentro de
una elipse al final del ejemplo presenta otra serie de rasg os que también denotan una
cierta coherencia compositiva. En este caso no s e trata una v ez más de la repetición del
set Sib/Si-Do [ 0, 1, 2]. Si desgranamos las clases interválicas interiores de todo el
diseño, encontramos que se definiría de la siguiente manera: [ 1, 5, 2, 5, 1]. Huelga decir
qué es lo llamativo de este diseño, se tra ta de una forma retro gradada , hecho
significa tivo por la cohere nci a y recurrencia que trae de la mano. Estamos ante un
conjunto de notas que además, prácticamente de manera exacta reaparecerá más tarde
en los compases 32 o 35. Su contenido de alturas, aunque expuesto de manera distinta,
será el inicio (ocupará l as siete primeras notas ) de un diseño más amplio que abarca
todo el compás 34.
2.2 ESTUDIO DE L OS ACORDES:
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329
En primer lu gar vamos a exponer los acordes que definen los tres primeros
pentagra mas de la pieza. Los c uales además de s ervir de apertura formal, presentan un
material que dará lugar a ciertas recurrencias.
Figura 50 . Conjunto de aco rdes.
El prim er aspecto a t ener en cuenta será el de la densidad sonora que present an. En
principio se trata de ac orde s relativam ente r egula r es desde este punto de v i sta, ya que presen t an
cantidades d e notas bas tante sim il ares. En l a siguiente tabla recog emos dichas ca ntidades:
Tabla 99 . Ca ntidad de notas en cada acorde.
Acorde
A
B
C
D
E
F
G
H
Notas
9
6
8
6
7
7
9
9
Acorde
I
J
K
L
M
N
O
Notas
7
8
9
8
7
6
8
A partir de esta tabla se desprende qu e la moda de notas puede ser de 7, 8 o 9
notas (cada opción apar ece 4 veces). La media se establecería en 7,6 n otas, algo por
debajo de la medi a mo dal. A partir de estos datos podemos r efutar la tesis de qu e
efec ti vamente estamos a nte acordes regulares en cuanto a su densidad, una densidad que
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336
marcaremos qué notas del total cromático apare c en en cada caso, así como el número de
apariciones de cada:
Tabla 103 Nú m ero de aparic iones de cada nota.
Acordes
Notas
A
B
C
D
E
F
G
H
I
Número de apar iciones
Do
+
+
+
+
+
5
Do#
+
+
+
+
+
5
Re
+
+
+
+
+
+
+
7
Re#
+
+
+
+
+
5
Mi
+
+
+
+
+
+
+
+
8
Fa
+
+
+
3
Fa#
+
+
+
+
+
+
+
7
Sol
+
+
+
+
+
+
+
7
Sol#
+
+
+
+
+
5
La
+
+
+
+
+
5
La#
+
+
+
+
+
5
Si
+
+
+
+
+
5
Acordes
Notas
J
K
L
M
N
O
Número de apar iciones
Do
+
+
+
+
4
Do#
+
+
+
3
Re
+
+
+
3
Re#
+
+
+
3
Mi
+
+
+
+
+
+
6
Fa
+
+
+
3
Fa#
+
+
+
+
+
5
Sol
+
+
+
+
4
Sol#
+
+
2
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337
La
+
+
+
+
4
La#
+
+
+
+
4
Si
+
+
+
+
4
Tabla 104 . Nú m ero de apariciones de cada nota .
Notas
Número de apar iciones
Do
9
Do#
8
Re
10
Re#
7
Mi
14
Fa
6
Fa#
12
Sol
11
Sol#
7
La
9
La#
9
Si
9
Después de estos cálculos podemos establec er los siguientes datos:
1. Dada l a riqueza de l os campos armónicos constitu y entes de estos a cordes, los
doce sonidos cromá ticos están representados en su totalidad.
2. La repetición de notas dentro de un mismo c ampo armónico (como repetición de
octavas) no se da.
3. L a presencia d e los sonidos varía bastante de u n caso a otro. Así por ejemplo, el
sonido Mi aparece en un total de 14 ocasiones, frente a éste, el sonido F a, tan sólo en 6
ocasiones.
4. Cuatro sonidos (lo q ue vendría a ser un 33 % del total) aparecen d e mane ra
totalmente equitativa, en nueve ocasiones.
Proseguimos investigando el enlace de acordes consecutivos. En este caso nos
vamos a limitar al estudio de los primeros once acordes, y a qu e a partir del K (undécimo)
empiezan a reapa recer algunos:
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338
Acord es
Notas
A
B
C
D
E
F
G
H
I
J
K
Do
+
+
+
+
+
+
Do#
+
+
+
+
+
+
Re
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Re#
+
+
+
+
+
Mi
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Fa
+
+
+
+
Fa#
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Sol
+
+
+
+
+
+
+
+
Sol#
+
+
+
+
+
+
La
+
+
+
+
+
+
+
La#
+
+
+
+
+
+
+
Si
+
+
+
+
+
+
+
Número total d e
notas
9
6
8
6
7
7
9
8
7
8
9
Notas
mantenidas
desde el acorde
anterior
-
5
3
4
5
2
5
8
5
4
6
Porcentaj e c omo
tanto por cien
-
83%
37%
66%
71%
28%
55%
100%
71%
5 0%
66%
Después de recopilar todos estos datos podemos establecer las siguientes
observac iones:
1. En un caso, el enl ace entre los acordes G y H se da un porcentaje de continuidad
de alturas de hasta un 10 0%. Razón por la que po dríamos considerar H como un subset
del campo ar móni co que le antecede.
2. Podemos establecer como norma general que la presentación de los distintos
campos armónicos, estadíst icamente propone un a cierta continuidad. Se establece un a
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339
media de continuidad sonora de casi un 68%. De todos modos ten gamos en cuenta que
es tamos ante una serie d e campos armónicos amplios con una media de más de 7 notas.
Con lo cual, dada la ca n tidad de notas presentes en ca d a campo, es preciso que se den
repeticiones significativas, y a que el número de alturas cromáticas es solamente de 12.
1.3 ESTUDIO DE LAS FOCALIZACIONES:
Lo primero que haremos será indicar en una tabla los distintos sonidos que
consideramos lo suficientemente importantes c omo para otorgarles el status de
focalización:
Tabla 105 . Fo calizaciones.
Foc ali zaciones
Compás/compases
31
65-70
76-79 y 80-88
120-122
Foc ali zación
Do#
Sol#
Fa - Re
Fa
Compás/compases
123-124
132-134
206-207
211-213
Foc ali zación
Do#
Do - Fa
El principa l criterio establecido para reconocer uno o varios sonidos como
hipotéticas focalizaciones ha sido principalmente el de la duración. L a razón es que la
pieza presenta una activ idad musical bastante ri ca con una gran cantidad de notas en
valores breves. Frente a estas notas breves ha y otras que s e prolongan con valores más
extensos. Precisame nte ese contraste, esta especie de “tiempo detenido” sobre ellas,
hace que puedan p ercibirse como sonidos d e referencia. Otros criterios como la
recurrenc i a también han sido importantes, pero mucho menos y a que estamos ante una
pieza con una gra n in estabilidad cromática.
Ya que planteamos la es tabilidad como el c riterio de selección básico, d ebemos
poner nuestr a aten ción también en otros soni dos estables, esta bilizados a rtificialmente
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340
mediante el uso de calderones. Gracias a este nuevo “tiempo detenido” los soni dos
dentro de estos ca lderon es podrían ser escuchados de manera análoga a los que hemos
establecido como focalizaciones en la ante rior tabla. Presentamos ahora los sonidos
focalizados mediante e l u so de calderones:
Tabla 106 . Fo calizaciones sobre caldero nes.
Compás/compases
38
48
49-50
64
Foc ali zación
La -Mib
Sib
Sol#
Compás/compases
75
99
116
133
181
Foc ali zación
Sol#
Sib
Do -
Fa#
Sol#
A partir de estas dos tablas pode mos establecer lo siguiente:
1. En la pieza encontramos tres tipos de focalizaciones: sonidos simples, díadas o
agrupac ion es de dos not as, y acordes de 6, 8, 9 y 11 notas. Los aco rdes no obedecen
tanto al criterio de nota prolongada, sino al de reiteración en un espacio de tiempo
limita do. En cuanto al último acorde, dada la gran cantidad de notas que acumula,
podríamos relac ion arlo incluso con la sonoridad de un cluster .
2. El uso estadístico de estas focalizaciones se puede organizar sobre los c alderone s
y / o sob re los sonidos fuera de estos calder o nes. Nosotros presentaremos ambas
opciones.
Tesis doctoral realizada, presentada y reg ist rada en el Registro de l a Propiedad
Intelectual por David Menent i Olivert.
341
Tabla 107 . Fo calizaciones, cantidad de nota s.
Foc ali zaciones
De un sonido
Díada o dos sonidos
Acordes de 6 o más
notas
Sin uso de
calderones
5
2
2
Sobre
calderones
4
2
2
Total
9
4
4
Casualmente los usos e n sendos casos son prá cticamente iguales. El ca so más
frec uente con diferencia es el de las focalizaciones simples sobre una única nota.
En las tablas siguientes, presentamos la relación dada ent re sonidos del tot al
cromático y sus apariciones. Dentro de este cómputo de sonidos hemos considerado
únicamente las focaliz aciones de un a y dos notas. La razón para establecer este criterio
es que desde el punto de vista auditivo, la discriminación de alt uras concretas e n
acorde s puntuales de ent re 6 y 11 sonidos resultaría im posible para la inmensa ma y o ría
de la población.
Tabla 108 . Focalizacio nes sobre altura s no mantenidas po r un calderón .
Sonidos
Do
Do#
Re
Re#
Mi
Fa
Fa#
Sol
Sol#
La
La #
Si
Foc ali zaciones
1
2
1
0
0
3
0
0
1
0
0
0
Tabla 109 . Focalizacio nes sobre altura s sí mantenidas por un calderón .
Sonidos
Do
Do#
Re
Re#
Mi
Fa
Fa#
Sol
Sol#
La
La #
Si
Foc ali zaciones
1
0
0
1
0
0
1
0
3
1
2
0
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