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MACROSINTAXIS DEL ADJETIVO CALIFICATIVO: USO PERSUASIVO VALORATIVO EN REDES SOCIALES Doctorando: José García Pérez Directoras: Catalina Fuentes Rodríguez y An Vande Casteele Sevilla – Bruselas, 2023
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 1 Esta tesis doctoral ha sido financiada por una Ayuda para la Formación del Profesorado Universitario (FPU17/00759), otorgada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Asimismo, se ha llevado a cabo al amparo y como fruto de los siguientes proyectos de investigación: “De Construcciones Periféricas a Operadores Discursivos: un Estudio Macrosintáctico del Español Actual” (FFI2017-82898-P, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y fondos FEDER), “Macrosintaxis del discurso persuasivo: construcciones y operadores” (MacPER) (P18-FR-2619, financiado por la Junta de Andalucía y fondos FEDER) y “Las relaciones en la construcción del discurso: un enfoque multidimensional” (PID2021-122115NB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y fondos FEDER).
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Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 3 A mi padre por el testimonio de su vida y el magisterio de su muerte
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Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 5 AGRADECIMIENTOS Quiero empezar mis agradecimientos aludiendo a mi madre y mi hermana. Ellas son las dos personas que más quiero en este (único) mundo. Y, aunque nunca tendré ni tiempo ni modos suficientes de expresárselo, quisiera que esta tesis fuera también un testimonio de mi amor por ellas. A mi madre le quiero agradecer sencillamente que me haya criado como lo ha hecho, y también que sea una persona excepcional como mujer y como madre. A mi hermana, que nunca haya dejado de quererme tanto como lo hace, a pesar de que no siempre me lo merezco. Tanto lo uno como lo otro me han otorgado la seguridad y la fortaleza que se necesitan para hacer un doctorado sin que el doctorado te deshaga. En segundo lugar, mis amigas de mi pueblo, Aceuchal (Extremadura, España), igualmente merecen mi mención en estas páginas: Cristina Asensio Marín, María Soledad Baquero Montejano, Esther Buenavida Duran y Ana Torrado Álvarez. Ni la mejor de las causalidades hubiera podido reunir en tiempo y espacio a personas tan complementarias y con las mismas experiencias vitales a sus espaldas. Juntas hemos crecido y hemos explorado el mundo que nos ha sido dado como no lo hubiera podido hacer solo o con otras personas diferentes. El testimonio de nuestra amistad es una de las experiencias más ricas que he experimentado como ser humano. Esta tesis también es reflejo de la inquietud y la pasión vitales que he compartido con ellas. Si hablamos de la suerte de coincidir y de Aceuchal, tampoco puede faltar aquí que me acuerde de mi amigo José Antonio Becerra Sánchez, con quien tanto comparto y he compartido en estos diez años que nos unen de amistad. Esta tesis también está hecha con la alegría de todos los Domingos de Ramos con él compartidos. Por otro lado, nunca mejor dicho, también aquí tienen que caber mis amigas de Sevilla, la ciudad que me ha acogido y que, gracias a ellas, he podido sentir como mi casa, porque verdaderamente hemos sido una familia, con El Plantinar como hogar. Me refiero a María Ángeles Begines León, Ana Isabel Carretero López, Miriam Gómez Alconchel, Patricia Hernández Castellano, Almudena Jiménez Moruno y María Zambrano Rico. Gracias a ellas, y a su cariño y compañía, Sevilla solo me puede parecer un oasis de alegría y comodidad. También del Barrio de El Sol son o proceden Sara Fuentes Estrada, Carmen Gallardo Fuentes y Lourdes Gallardo Fuentes, quienes, desde
José García Pérez 6 el primer momento en que me conocieron, me acogieron y me brindaron la calidez de su afecto. Como mi vida en la ciudad hispalense ha estado motivada por mis estudios en la Universidad de Sevilla, en esta institución también he conocido a personas maravillosas que han contribuido a que la Real Fábrica de Tabacos sea mi segunda casa. Me refiero a mis hermanos de tesis: Víctor Pérez Pérez Béjar, María Soledad Padilla Herrada e Irene Martín del Barrio. A Víctor y a Sole le quiero dar las gracias por haberme integrado y tratado como uno más desde el primer momento y haberme siempre dado los mejores consejos tanto a nivel académico como personal. A Irene simplemente le agradezco que nos parezcamos tanto. He tenido la suerte de que mis compañeros de trabajo me hayan dado la confianza de poder tenerlos también como amigos. La Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla también me ha permitido conocer, aunque tardíamente a mi pesar, a María López Romero, con quien he podido constatar lo bonito que es el compañerismo entre investigadores de otras ramas del mismo conocimiento. Ojalá que tengamos vida académica para que podamos seguir haciendo cosas juntos y que así se enriquezcan nuestros respectivos objetos de estudio. Mi trayectoria predoctoral no hubiera sido tan placentera si no hubiera formado parte de la Asociación de Jóvenes Lingüistas. Por ello, tengo que mencionar de nuevo a Víctor Pérez Béjar y a María Soledad Padilla Herrada, porque ellos fueron los que me recomendaron que me postulase para presentar mi candidatura a miembro de la Junta Directiva. Hoy, tengo el honor de concluir esta tesis como presidente de la asociación que solo me ha dado alegrías tanto en mi vida profesional como personal. En este último aspecto, quiero mencionar aquí a los dos amigos que la asociación me ha dado: Paula Albitre Lamata y Miguel Silvestre Llamas. Con ellos he podido comprobar lo maravillosa que puede llegar a ser la investigación científica si encuentra a personas tan admirables desde el punto de vista profesional y personal a partes iguales. Tampoco la vida predoctoral se entiende ya sin la realización de estancias de investigación en centros distintos al que se vincula el doctorando. En este sentido, tengo que dar las gracias al profesor Martin Hummel, de la Universidad de Graz (Austria), por haberme acogido y permitirme el contacto con su saber y el de su grupo de investigación, a quien también he de dar las gracias, en especial a los profesores Katharina Gerhalter y Stephan Koch, quienes también desde el primer momento me trataron e incluyeron como un miembro más del Insitut für Romanistik.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 7 Si se trata de acogida y de no sentir que se ha cambiado de hogar, me tengo que deshacer en agradecimientos a la profesora An Vande Casteele, de la Vrije Universiteit Brussel (VUB) (Bélgica), a quien, además, tengo que darle las infinitas gracias por haberme dado la oportunidad de que mi tesis se haya hecho en cotutela con esta institución y con ella como directora, pues nunca me ha faltado su ayuda y su apoyo para que el proyecto de mi tesis se llevara a cabo de esta manera. Ello también ha sido posible porque pude tener el apego de sus contratadas predoctorales, Anastasija Jagafarova y Brenthe Tilburghs, a quienes también quiero agradecer el placer de su compañía. Que, junto con Sevilla, Bruselas sea la ciudad de mi vida se lo debo también a María Soledad Padilla Herrada y a Rocío Martínez Regueiro. A Sole de nuevo le debo el haberme allanado siempre el camino y hacer que su hermano pequeño de tesis tenga siempre las mejores condiciones para ejercer su investigación. A Rocío le tengo que dar las gracias por tenerme en su vida y darme siempre las mejores alas para que nunca piense que hacer ciencia no es mi camino. Dicho camino evidentemente no empezó al inicio del doctorado, sino que, a lo largo de mi formación académica, he tenido la suerte de encontrarme con profesores que avivaron en mí el impulso por el estudio y conocimiento de las cosas de este mundo. Así, les tengo que dar las infinitas gracias a todos mis profesores de la Universidad de Extremadura, quienes me formaron de la mejor manera que pudiera esperar en el ámbito de la filología; en especial, quiero acordarme aquí de Rosa Montes Doncel, José Carlos Martín Camacho, Francisco Javier Grande Quejigo, Antonio Salvador Plans, José Manuel González Calvo y Carmen Galán Rodríguez. Igualmente soy deudor de muchos de los profesores que tuve como alumno de secundaria, sobre todo de Manuela Mogollo González, José Luis Aragón Rodríguez y Blanca Lavado Venegas, mis profesores de latín y griego, filosofía y lengua y literatura españolas respectivamente. A ellos tres quiero darles las gracias por haber influido en la manera en que lo hicieron en esa etapa tan crucial de la vida como es el final de la adolescencia. Antes de empezar a concluir, quiero también aquí que mi voz agradezca a todas las personas que han luchado, incluso dando su vida, para que la gente como yo haya podido tener el derecho y la oportunidad de acceder en buenas condiciones al mundo académico español.
José García Pérez 8 Para ir terminando, también quiero darme las gracias a mí mismo, porque, a lo (no tan) largo de estos cuatro años y medio, he tenido circunstancias en mi vida que perfectamente podrían haberme supuesto un estrago en mi salud mental y haberme apartado de la confección de esta tesis. Sin embargo, me tengo que agradecer el haber sido débil cuando podía y fuerte cuando debía, de tal manera que nunca se me ha olvidado que tenía que continuar y así consentir al máximo a ese niño que fui y que jugaba a los maestros con sus primas y se quedaba embelesado con las historias que le contaban sus abuelas. Hoy, ese niño que sigo siendo llora de alegría y alivio al concluir este trabajo. Por último, y precisamente por ello, en un lugar importante, quiero expresar mi gratitud a doña Catalina Fuentes Rodríguez, mi otra directora de tesis, por darme la oportunidad de trabajar junto a ella y así poder aprender y disfrutar de su aguda inteligencia y profundo conocimiento, con los consiguientes e incontables frutos que ello me ha reportado, algo esperable de quien tiene por principales virtudes la generosidad y la profesionalidad. También por perdonarme cada error, que los ha habido, y no haber nunca desconfiado de mí ni de mis capacidades. Todos los aciertos que esta tesis puede tener son producto de su guía, mientras que los defectos solo se pueden achacar a mi impericia, contra la que trabajo cada día.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 15 1. Introducción La tradición gramatical del español caracteriza el adjetivo como un paradigma reconocido de palabras, considerada bien como una subclase del sustantivo, bien como una categoría en la que también entra el adverbio o el verbo, o como una clase de palabras independiente, hecho que no sucede hasta el siglo XVIII (González Calvo 1982, Bosque Muñoz 2015). Por ello, el adjetivo español se ha estudiado desde el punto de vista semántico, morfológico y sintáctico. Según su naturaleza semántica, se diferencian dos clases de adjetivos: calificativos y relacionales, distinción que se asienta en criterios morfológicos y sintácticos. El estudio de la morfología del adjetivo nos revela, fundamentalmente, que se trata de una clase de palabras del español, independiente del sustantivo, del verbo o del adverbio. Por su parte, el comportamiento sintáctico que se le atribuye al adjetivo se explica en tres funciones que desempeña en la oración: complemento del nombre o adyacente (vg. Tengo una hermana guapísima), atributo (vg. Mi hermana es guapísima) y complemento predicativo (vg. Mi hermana llegó guapísima). Además, a pesar de la tradición y de los abundantes estudios que analizan esta clase de palabras, los investigadores se han ocupado mayormente de una cuestión propia del adjetivo hispánico: el fenómeno de su posibilidad tanto de posposición como de anteposición al sustantivo en la oración. Ello ha hecho que las explicaciones para delimitar dicho fenómeno sean tantas como autores y escuelas epistemológicas se han interesado por el tema. En la revisión que hemos llevado a cabo sobre esta cuestión, hemos detectado que la observación de la posición del adjetivo con respecto al nombre ha derivado en estudios que apuntan a razones de tipo estilístico (Flórez 1995) y que de manera tangencial aluden, por ejemplo, al aspecto informativo del adjetivo (Fuentes Rodríguez 2006), situación que nos pone sobre aviso sobre el posible comportamiento del adjetivo en el plano de la subjetividad del discurso. Por otra parte, el cambio de enfoque que ha experimentado la lingüística europea a lo largo del siglo XX para escorar al estudio del código en su contexto de realización no ha cambiado sustancialmente el panorama. En efecto, la investigación que la Pragmática y el Análisis del Discurso han llevado a cabo del adjetivo se ha dirigido en dos direcciones: la identificación de marcadores del discurso formados a partir de adjetivos (vg. bueno) y el empleo de adjetivos como intensificadores o mitigadores de la fuerza argumentativa del elemento al que acompañan, normalmente un sustantivo; se
José García Pérez 16 trata de lo que desde la tradición francesa (Ducrot 1998) se ha denominado modificadores realizantes (vg. gran alegría) o desrealizantes (vg. guerra dulce). Esta falta de estudios discursivos sobre esta categoría puede que se haya debido a que su consideración ha estado fundamentalmente ligada al entorno del sintagma y sus funciones en la oración. Por ello, consideramos que aún se puede profundizar en el estudio del adjetivo desde el punto de vista pragmático. La presente tesis quiere ser una contribución al análisis del adjetivo y su contexto de empleo para que ello nos revele si el comportamiento sintáctico del adjetivo se agota o no en los límites de la oración. Para ello, abordaremos su estudio desde el modelo teórico de la Lingüística pragmática diseñado por Fuentes Rodríguez ([2000]2015) y que se expone detalladamente en el Capítulo 2. La principal característica de este enfoque es que no entiende la pragmática como un nivel complementario de la semántica sino como una perspectiva de análisis (Verschueren 1995, 2002). El objetivo principal e inicial de esta tesis es abordar el estudio del adjetivo desde la óptica macrosintáctica. Es decir, nos proponemos determinar si el adjetivo desempeña funciones sintácticas que no pueden ser explicadas desde los parámetros de la sintaxis oracional y encuentran su motivación en factores externos al código. Nuestro estudio ha revelado que, en el caso del adjetivo en el español, son los adjetivos valorativos los que despliegan dos realidades sintácticas que ponen de manifiesto el potencial que el adjetivo tiene en la macroestructura textual, hasta el momento desatendido. En concreto: • Dos construcciones valorativas o <(verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración> (vg. Es maravilloso que estés aquí) o <lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración> (vg. Lo maravilloso es que estés aquí) • El adjetivo en enunciado autónomo (vg. Estás aquí. Maravilloso.) A consecuencia de esto, la identificación de estas distribuciones sintácticas del adjetivo valorativo nos ha planteado dos retos adicionales al objetivo principal e inicial de nuestra investigación. Por un lado, explorar herramientas metodológicas que permitan delimitar estos dos fenómenos de macrosintaxis. Por otro, considerar el
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 17 estatuto epistemológico de la valoración en la teoría gramatical, especialmente en su relación con el concepto de modalidad. En efecto, el estudio de la realidad macrosintáctica del adjetivo nos ha permitido reflexionar sobre la rentabilidad de algunos paradigmas teóricos y la necesidad de adecuar ciertos conceptos teóricos a la materialidad del código que los fundamenta. La identificación de dos patrones sintácticos con un orden significativamente mayoritario de sus constituyentes nos ha planteado la posibilidad de que estemos ante dos construcciones que el español tiene para la expresión de valoraciones, consideración que hemos podido basar en los postulados teóricos de la Gramática de Construcciones (Fillmore 1988, Goldberg 1995, Gras Manzano 2010, 2011, 2021). Por otra parte, la observación de que el adjetivo también puede formar un enunciado autónomo nos lleva a considerar las relaciones entre enunciados más allá de los enunciados parentéticos, el fenómeno que hasta el momento la macrosintaxis había estudiado sobre esta otra parcela de la sintaxis textual (Fuentes Rodríguez 2018). Como hemos señalado, comprobar el comportamiento macrosintáctico del adjetivo nos ha permitido constatar que los adjetivos valorativos son portadores de un contenido que se mueve entre lo descriptivo y lo modal, en tanto que son empleados por los hablantes para la expresión de juicios u opiniones que ponen de manifiesto su subjetividad en el discurso. Esto ha hecho que postulemos que la modalidad no es el único campo que acoge la subjetividad del hablante, sino que dicha subjetividad tiene dos cauces discursivos: la modalidad, como expresión de la reacción que un determinado hecho provoca en el hablante (hecho → locutor) y la valoración, como expresión del juicio que el hablante emite acerca de un determinado hecho (locutor → hecho). Para llevar a cabo todo lo anterior, la metodología que hemos empleado es semasiológica: hemos partido de la observación del adjetivo en un corpus para poder determinar si es utilizado para la expresión de contenidos macroestructurales. El corpus seleccionado para realizar la investigación que se presenta en esta tesis ha sido el Corpus MEsA (http://www.grupoapl.es/materiales-corpus/corpus-mesa), elaborado como parte de los resultados del proyecto “Macrosintaxis del Español Actual. El enunciado: estructura y relaciones” (FFI2013-43205-P), también dirigido por la doctora Fuentes Rodríguez, directora de esta tesis 1 . 1 Desde febrero de 2022, el Corpus MEsA ya tiene una nueva versión, 2.0, que cuenta con una ampliación y reorganización de los materiales llevada a cabo por Paula Gil Martínez e Irene Martín Del Barrio.
José García Pérez 18 Este corpus está formado por un repertorio de materiales digitales procedentes de las principales redes sociales que se usan hoy en nuestras sociedades, de tal manera que los testimonios están organizados por secciones que corresponden a cada una de las plataformas: Twitter, Facebook, Blogs digitales, WhatsApp, Youtube, Instagram, Foros y Páginas web. Para el propósito de nuestra investigación, se han seleccionado las tres primeras secciones arriba mencionadas: Twitter, Facebook y Blogs digitales. En total, forman un conjunto de 824.261 palabras distribuidas del siguiente modo: CORPUS MEsA Sección Número de palabras Twitter 234.994 Facebook 243.972 Blogs digitales 345.295 Tabla 1. Distribución de palabras en las secciones escogidas del Corpus MEsA (elaboración propia) Se han escogido estas tres secciones por intentar abarcar toda la realidad de lo que sucede en lo que se ha denominado Comunicación Mediada por Ordenador (Yus Ramos 2001, Rueda y Pano Alamán 2013): en Twitter predomina la inmediatez comunicativa (Koch y Oesterreicher 2007), tal y como lo exponen los propios editores del corpus al indicar, en la descripción de los “Rasgos lingüísticos”, que se trata de un “Registro muy coloquial”. Por su parte, Facebook estaría en un punto intermedio, de ahí que se indique que tiene un “Registro coloquial”. No obstante, en ambos casos podemos encontrar, asimismo, registros más formales de mayor distancia comunicativa, sobre todo en aquellos perfiles empresariales que tienen interacción con sus clientes. Por último, en la sección de Blogs digitales sí que se observa, en el caso de las entradas, “un registro menos coloquial y con cierto carácter de texto planificado”, además de una “frecuente aparición de vocabulario técnico en los blogs especializados”. Por tanto, serán testimonios con un grado mayor de distancia comunicativa, si bien en los comentarios predomina la coloquialidad. La elección de este corpus ha estado motivada por tres razones. En primer lugar, porque permite un análisis del español más actual, pues los materiales que recoge se han producido en la segunda década de este siglo XXI. Así, los de Twitter se recopilaron
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 19 entre octubre de 2015 y noviembre de 2017, los de Facebook abarcan desde julio de 2012 a julio de 2017 y los de los Blogs digitales pertenecen al periodo que va desde mayo de 2010 a julio de 2017. En segundo lugar, con nuestra investigación también queremos dar cuenta de cómo se produce la comunicación en un canal tan novedoso como extendido hoy en día, siguiendo la línea de aquellos trabajos que ponen de manifiesto el comportamiento lingüístico de los hablantes en estos medios (Yus Ramos 2001, Mancera Rueda y Pano Alamán 2013, Giammateo, Gubitosi y Parini 2017, Padilla Herrada 2015, Fuentes Rodríguez y Gutiérrez Ordóñez 2019, Vela Delfa y Cantamutto 2021). Esto solo es posible en un corpus como el que hemos escogido, pues la mayoría de los corpus de español carecen de testimonios procedentes de estas vías de interacción. Por último, la elección de este corpus responde al propio formato del repertorio, que presenta los materiales en páginas que conforman un único archivo por sección. Esto se aviene con los objetivos de nuestra investigación, que no busca ningún tipo de fenómeno ni ninguna unidad o estructura en concreto, sino que lo que pretende es ver cuál es el posible comportamiento macrosintáctico de una determinada categoría gramatical de la lengua, el adjetivo. Por ello, el examen de los materiales se hizo mediante la lectura y búsqueda de la presencia de adjetivos en las interacciones recopiladas.
José García Pérez 20 CHAPTER ONE INTRODUCTION
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 21 1. Introduction Spanish traditional grammar has always identified adjectives in different ways: as a subclass of the noun, as a grammatical category which includes adverbs or verbs, or as a separate word class. The latter took place in 18th century (González Calvo 1982, Bosque Muñoz 2015). Thus, Spanish adjective has been analysed semantically, morphologically and syntactically. Semantic analysis reveals that there are two groups of adjectives: qualifying and relational adjectives. This distinction relies on morphological and syntactical grounds. The morphology of the adjective shows that it is a word class on its own, independent of substantives, verbs or adverbs. On the other hand, the syntactic function postulates three functions for adjectives: noun modifier (e.g., Oh, aquí está mi linda hermana [Oh, here it comes my beautiful sister]), subject complement (e.g., Mi hermana es guapa [My sister is beautiful]) and object complement (e.g., Mi hermana llegó guapísima a la fiesta). Moreover, despite the long tradition and the large number of studies on Spanish adjectives, researchers have manly focused on a single phenomenon: the possibility of the Spanish adjective to appear after and before the noun in the sentence. Our literature review shows that some researchers suggest that the position of adjectives can be influenced by stylistic factors (Flórez 1995) and it alludes to their informative dimension (Fuentes Rodríguez 2006). This kind of explanations encourage us to further examine the potential of adjective in the expression of subjectivity in discourse. On the other hand, the change of perspective that experimented the western Linguistics throughout 20th century to recognize and include the influence of external factors did not alter essentially the panorama. In fact, Pragmatics and Discourse Analysis have studied adjective in two directions: pointing out that many of them can be used as discourse markers (e.g., bueno [well]), or describing them as units that can intensify or mitigate the argumentative force of the modified noun (e.g., gran alegría [huge joy] vs. paz problemática [problematic peace]) (Ducrot 1998). The aim of this thesis is to contribute to the analysis of the Spanish adjective from a pragmatic viewpoint, by following the pragmatic approach developed by Fuentes Rodríguez ([2000]2015), as we expose in Chapter 2. The main achieve of this model of analysis lies in its conception of Pragmatics as a perspective instead of a complementary level of Semantics (Verschueren 1995, 2002).
José García Pérez 22 So, the main goal of the study is to offer a macrosyntactic approach to Spanish adjective. That is to say, our intention is to determine if Spanish adjectives have not only syntagmatic relations with other words within the same sentence but also other functions motivated by external factors. Our research has revealed that, in the case of Spanish adjectives, evaluative ones are those that yield two macrosyntactic roles, in particular: • Two evaluative constructions: o <linking verb) + evaluative adjective + sentence> (e.g., Es maravilloso que estés aquí [It is marvellous that you are here]) o <lo + evaluative adjective + (linking verb) + sentence> (e.g., Lo maravilloso es que estés aquí) • Adjective as an independent utterance: (e.g., Estás aquí. Maravilloso [You are here. Marvellous]) The identification of these syntactic distributions of the evaluative adjectives leads us to pursue two additional goals. Firstly, we need to find the models and paradigms that fit these distributions in the Spanish grammar. Secondly, we have to take into consideration the status of appraisal in grammar, particularly concerning the concept of modality. The presence of these macrosyntactic behaviours of the evaluative adjectives has allowed us to test the profitability of some theoretical models of analysis and accommodate some theoretical concepts to real language use. The examination of two syntactic patterns with a predominant order of the constituents enables to claim that, in Spanish, we have two constructions to express assessments, consideration based on the assumptions of Construction Grammar (Fillmore 1988, Goldberg 1995, Gras Manzano 2010, 2011, 2021). On the other hand, the fact that adjectives can also form an independent utterance brings us to the field of the relations between utterances beyond parentheticals, which are the only phenomenon taken into consideration so far in this field (Fuentes Rodríguez 2018). As pointed out before, testing the behaviour of evaluative adjectives allowed us to prove that they have a meaning halfway between description and modality, since they are used by speakers to express their opinions and reveal subjectivity in discourse.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 23 Because of this, we postulate that modality is not the only area of the subjectivity, but the subjectivity has two ways of expression: modality, the expression of the emotional reaction that is caused by a fact in the speaker (fact → speaker), and appraisal, the expression of the opinion on the fact (speaker → fact). To carry out the latter, we have adopted a semasiological approach: we have examined how adjectives work in a corpus in order to determine if they are used to express macrostructural meanings. We have selected Corpus MEsA (http://www.grupoapl.es/materiales-corpus/corpus-mesa), developed as one of the results of the research project “Macrosintaxis del Español Actual. El enunciado: estructura y relaciones” (FFI2013-43205-P), led by Doctor Fuentes Rodríguez, who is also the supervisor of this thesis 2 . That corpus consists of digital testimonies from the most popular social media nowadays and it is organised into sections according to each social network: Twitter, Facebook, Blogs digitales, Whatsapp, Youtube, Instagram, Foros and Páginas web. To pursue the aims of this thesis, we have selected three of the sections mentioned above: Twitter, Facebook and Blogs digitales, which totals a 824.261 words, distributed as follows: CORPUS MEsA Section Number of words Twitter 234.994 Facebook 243.972 Blogs digitales 345.295 Table 2. Distribution per words in the three sections selected from Corpus MEsA We have chosen these sections in order to achieve an accurate picture of the real use of the language in computer-mediated communication (Yus Ramos 2001, Rueda and Pano Alaman 2013): The Twitter section has more materials from immediacy and colloquial usage as it is indicated by the authors of that corpus. Facebook section includes half testimonies from colloquial usage and half from a less colloquial level. However, in both sections, Twitter and Facebook, we can find formal register in profiles from companies that interact with their clients. Finally, The Blogs digitales section does 2 Since February 2022, it is available a new version of Corpus MEsA, 2.0, with more testimonies and a new organization of them. This work has been done by Paula Gil Martínez and Irene Martín Del Barrio.
José García Pérez 24 have, particularly on the posts, a less colloquial register, more organized texts, and a higher use of technical vocabulary in specialized blogs. Thus, it presents less immediacy although the comments are mainly colloquial. Our research is based on this corpus for three reasons. Firstly, because we can analyse the most current Spanish, since the testimonies are from the second decade of 21st century: Twitter (from October 2015 to November 2017), Facebook (from July 2012 to July 2017), and Blogs digitales (from May 2010 to 2017). Secondly, we want to describe with our work how the interaction in new communication channels takes place, building further upon previous contributions to this field (Yus Ramos 2001, Mancera Rueda y Pano Alamán 2013, Giammateo, Gubitosi y Parini 2017, Padilla Herrada 2015, Fuentes Rodríguez y Gutiérrez Ordóñez 2019, Vela Delfa y Cantamutto 2021). Our corpus allows us to carry out this aim, since other corpora do not contain this type of testimonies. Finally, we have selected this corpus because of its format and the way to present its data, since, on its web site, each section is available in a PDF file, something that fits with our research purpose: we do not look for a phenomenon in particular but we want to determine if Spanish adjectives have a macrosyntactic behaviour. Thus, the examination of the sections was made by our reading of them, with attention to the appearance of adjectives.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 31 el que se incluyen aquellas estrategias conversacionales que se utilizan con distintos fines sociales, como lo son reforzar los vínculos, reparar, mitigar o evitar posibles conflictos en la interacción o, también, romper dichos vínculos o provocar algún conflicto con los interlocutores. En el primer caso tendríamos cortesía o anticortesía y en el segundo, descortesía. La primera autora que esboza una teoría de la cortesía es Lakoff (1973). Tomando el concepto y el formato de las máximas griceanas, Lakoff apuntó a que la comunicación se rige por dos máximas: “Sea claro” (que atiende al Principio de Cooperación de Grice) y “Sea cortés” (la aportación de Lakoff). Aquí se resumen las dos utilidades de la comunicación para el ser humano: transmitir información e interactuar con sus semejantes. A su vez, la máxima de “Sea cortés” se subdivide en otras tres: “No se imponga”, “Ofrezca opciones” y “Refuerce los lazos de camaradería”. La primera está destinada a situaciones en las que hay algún tipo de relación jerárquica entre los participantes, de tal manera que los que están por encima, si quieren mostrarse corteses y tendentes a evitar conflictos, han de utilizar estrategias que reduzcan la distancia existente. Por otra parte, cuando hay equilibrio entre los participantes, pero falta familiaridad o confianza, es más cortés que uno “ofrezca opciones” y no quiera imponer sus intenciones u opiniones, a no ser que quiera provocar un conflicto. Finalmente, si entre los interlocutores existe una relación de familiaridad, lo cortés es que se utilicen estrategias conversacionales destinadas a “reforzar los lazos de camaradería”, de tal manera que sería descortés comportarse como si no existiera tal confianza. Similar es la delimitación que hace Leech (1983) del fenómeno de la cortesía, pues también en su modelo se contemplan una serie de máximas que pueden seguirse o transgredirse en función de las intenciones de los participantes: 1. Máxima de tacto: suponga que usted es el autorizado, y su interlocutor es quien debe autorizar. 2. Máxima de generosidad: minimice su propio beneficio; maximice el beneficio de su interlocutor. 3. Máxima de aprobación: minimice el desprecio hacia el otro; maximice el aprecio hacia el otro. 4. Máxima de modestia: minimice el aprecio hacia sí mismo; maximice el aprecio hacia el otro.
José García Pérez 32 5. Máxima de acuerdo: minimice el desacuerdo con el otro; maximice el acuerdo. 6. Máxima de simpatía: minimice la antipatía; maximice la simpatía. No obstante, el grado de sistematización de este autor es mayor. Por un lado, introduce la diferencia entre cortesía absoluta y cortesía relativa. La primera alude a la existencia de actos que son intrínsecamente corteses (vg. invitación) o descorteses (vg. orden); mientras que la cortesía relativa hace referencia a que el carácter cortés o descortés de una determinada estrategia conversacional depende de los factores contextuales de la interacción en la que es puesta en marcha. Según Leech (1983), un acto de habla es cortés cuando su coste es alto para el emisor y también es mayor el beneficio para el receptor; en el caso del descortés, el coste es demasiado alto y el beneficio demasiado bajo para el destinatario. A todo esto añade Leech (1983) otra distinción en este campo: la diferencia entre cortesía positiva y cortesía negativa. La primera se refiere a aquellas estrategias que aumentan la cortesía intrínseca que tienen algunos actos, mientras que la segunda tiene que ver con las estrategias que buscan atenuar la descortesía que poseen otros. Por ejemplo, en el caso de una invitación, un acto de habla inherentemente cortés, en vez de enunciarla por medio de un enunciado como Te invito a mi fiesta de cumpleaños, se podrían utilizar estrategias como presentar la invitación como una pregunta, con un verbo de deseo y en condicional que mostrara el acto, no como una voluntad del emisor, sino como una apetencia del receptor: ¿Te gustaría venir a mi fiesta de cumpleaños?. En el caso de la cortesía negativa, podríamos emplear los mismos recursos para mitigar la imposición que supone una orden. Así, en vez de emitir un enunciado como Alísame el pelo, podríamos hacerlo, de manera más cortés, con este otro: ¿Podrías alisarme el pelo?. Finalmente, la otra teoría sobre la cortesía que más impacto ha tenido en los estudios de pragmática ha sido la propuesta por Brown y Levinson (1987). Estos autores parten del concepto de face o imagen pública del sociólogo E. Gofman (1955), quien lo define del siguiente modo: “The term face may be defined as the positive social value a person effectively claims for himself by the line others assume he has taken during a particular contact” (Goffman 1955: 213). Así, Brown y Levinson (1987) también distinguen dos vertientes para esta imagen: la imagen pública positiva y la imagen pública negativa. La positiva abarca la tendencia de cada individuo a ser respetado y tener libertad de acción, mientras que la
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 33 negativa alude a la necesidad de aprobación y que los demás compartan nuestras mismas intenciones. Durante la interacción, pueden surgir acciones que amenacen una de estas dos vertientes de la imagen pública, de tal manera que los interlocutores tienen dos opciones: bien mitigarlas (ser corteses) o bien intensificarlas (ser descorteses). La cortesía o descortesía se cifra en las estrategias que usan los interlocutores para tal fin. El grado de cortesía o descortesía depende de factores como el poder que tiene el emisor sobre el receptor, la distancia social que existe entre ambos o el grado de imposición que per se tiene la acción. Todas estas teorías son fructíferas en tanto que ponen de manifiesto la relación entre lengua y sociedad. Señalan que la finalidad del lenguaje no es solo transaccional sino también interaccional. Sin embargo, con ninguna de ellas se ponen de manifiesto cuáles son los mecanismos que la lengua tiene en sí como sistema para dar cuenta de los factores contextuales en los que es utilizada. No hay un acercamiento gramatical, sino de índole filosófico, psicológico o sociológico. De ahí que, en los estudios lingüísticos, haya surgido otra concepción de la pragmática, entendida, no como un nivel más de análisis, superior al de la semántica, sino como una perspectiva desde la que abordar el análisis gramatical, viendo cuáles son las unidades, estructuras y mecanismos que la lengua tiene para revelar la inscripción contextual. Al desarrollo de esta concepción, que es la que nosotros adoptamos en nuestro estudio, se dedica el siguiente apartado. 2.2. LA PRAGMÁTICA COMO PERSPECTIVA La constatación de estas dos maneras de entender la pragmática ha sido puesta de manifiesto por varios estudiosos. Entre ellos, Verschueren (1995), tal y como recogen Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls ([1999]2019): La pragmática, actualmente, ha dejado de plantearse como un módulo más del análisis lingüístico que explica todos aquellos aspectos del significado que la semántica no puede explicar, para convertirse en una perspectiva, en una forma especial de acercarse a los fenómenos lingüísticos de cualquier nivel siempre que se tengan en cuenta los factores contextuales (Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls [1999]2019: 11)
José García Pérez 34 Han sido fundamentalmente los autores de la tradición francesa los que impulsaron esta óptica a la hora de ejercer el análisis gramatical. Sobre todo, Anscombre y Ducrot con dos obras: una conjunta, La argumentación en la lengua (1994) y otra elaborada por Ducrot, El decir y lo dicho (1984). En el caso de la primera, nótese la perspectiva pragmática en el propio título con el uso de la preposición “en”, que hace referencia a la búsqueda en el propio código lingüístico de unidades y mecanismos destinados a la praxis argumentativa (Anscombre y Ducrot 1994: 31). Como hemos señalado, estos autores se centran en el fenómeno de la argumentación, campo de investigación que, desde los años 50 del siglo pasado, experimentó un “giro” (Vega Reñón 2014) a causa del fracaso de la lógica formal para explicar la racionalidad del discurso cotidiano, de tal manera que surgieron corrientes dentro de la Teoría de la Argumentación que pusieron el foco en la manera en la que los seres humanos ejecutan sus razonamientos y argumentaciones sin acudir a los cauces de la lógica. De este cambio de perspectiva surgieron las aportaciones de Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989), Toulmin (2007) o Hamblin (2016). En esta misma línea se sitúan Anscombre y Ducrot (1994), poniendo el foco en cómo el propio código lingüístico tiene en sí unidades destinadas a la argumentación, fenómeno que ellos definen de la siguiente manera: “Argumentar para C por medio de A (empelar A en favor de la conclusión C) es para nosotros, «presentar A como si tuviera que llevar al destinatario a concluir C», «dar A como una razón para creer C»” (Anscombre y Ducrot 1994: 45-46). A lo largo de su obra, estos autores exploran diferentes unidades y mecanismos presentes en la lengua (en su caso, el francés, pero con equivalencias en el español) cuyo cometido es esencialmente argumentativo. Entre ellos, destacan los análisis de incluso o al menos, términos que introducen escalaridad argumentativa, situando el elemento al que acompañan en la parte superior (incluso) o inferior (al menos). Así, si tenemos un enunciado como A la fiesta van a ir incluso Javi, con incluso se marca que irán otras muchas personas que no se preveía que fueran, pues el término más alto de la escala de personas que el receptor podría pensar que no iban a ir, que es Javi, va. Igual, pero en diferente dirección, sucedería con un enunciado como Dame al menos diez euros, de donde se implica que esa cantidad es lo mínimo que se puede pedir y que se esperaba o se ha pedido mucho más. Como se aprecia, todos estos significados están denotados por
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 35 estas unidades del sistema lingüístico y no se deben a efectos contextuales particulares, sino que están plenamente codificados. Estas observaciones no se quedan en el terreno de las unidades, sino que la perspectiva pragmática permite dar cuenta, asimismo, de las relaciones entre enunciados, en este caso de índole argumentativa. De ahí que Anscombre y Ducrot recuperen la noción de topos, procedente de la filosofía aristotélica, para dar cuenta del “encadenamiento discusivo” que permite que un enunciado pueda presentarse como argumento para la aparición de otro que se presenta como su conclusión (Anscombre y Ducrot 1994: 207). Si tenemos una intervención como Este pantalón no se me tenía que haber roto tan pronto, me costó 53 euros, para entender el segundo enunciado como argumento del primero, es necesario un saber común o compartido por los interlocutores según el cual las cosas más caras suelen ser de mayor calidad. Esto es lo que recoge la noción de topos. De hecho, el topos puede aparecer explícito; en ese caso, Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara consideran oportuno denominarlo “base argumentativa”. Se trataría de intervenciones como la siguiente: Ayer me ingresaron el sueldo, así que ya me he comprado el nuevo iPhone. La vida son cuatro días. El último enunciado sería la base argumentativa que permitiría entender la relación entre el primer enunciado y el segundo, de tal manera que, el hecho de que la vida pase rápido (el tradicional tempus fugit) es lo que le sirve al hablante de base para establecer la relación entre el ingreso de su sueldo (argumento) y el gasto de un teléfono caro (conclusión). La rentabilidad de adoptar un enfoque pragmático en el análisis gramatical no se limita al campo de la argumentación, sino que también Ducrot (1984) puso de manifiesto la insuficiencia de nociones como la de emisor y receptor, pues con ellas no se abarcaba el fenómeno de la aparición de más de una voz en una intervención o enunciado. Por ello, en su obra El decir y lo dicho plantea la propia capacidad que tiene la lengua de hacer referencia al proceso de enunciación, una referencia que es simultánea al producto de la enunciación, el enunciado (Ducrot 1984: 135). El hecho de que el enunciado pueda hacer referencia a la propia enunciación permite que un hablante pueda presentar ese enunciado como producto de la enunciación de otra entidad, e incluso activar distintas voces que se hagan responsables de partes concretas de su discurso.
José García Pérez 36 Así, el concepto de enunciación permite hacer distinciones tanto en el polo del emisor como en el del receptor. La figura del emisor adquiere tres facetas: el sujeto empírico, que es quien tiene la capacidad psicofísica de enunciar un enunciado, valga la redundancia; el locutor, quien asume la responsabilidad de esa enunciación; y el enunciador, que son las posibles voces que un locutor puede activar a lo largo de su discurso para atribuirle la responsabilidad de alguna de sus partes. La figura del sujeto empírico y el locutor pueden coincidir o no, mientras que la del enunciador es opcional. Por su parte, en el polo del receptor también habría una tripartición. El auditor sería toda aquella persona que reúne las capacidades psicofísicas para recibir el mensaje. Por otro lado, los alocutarios son “las personas a las que el locutor declara dirigirse” (Ducrot 1984: 137). Por último, el destinatario sería aquella entidad a la que se dirige el enunciador. Si tomamos un ejemplo como el siguiente: (1) TW 2016 ene FUR 02 Esa rata que te dice que lo lleva fatal, que no ha estudiado casi o que le ha salido muy mal el examen y saca un 10. [imagen de un personaje pegando a otro] (Corpus MEsA, Twitter, página 187) Comprobamos que es necesaria la tripartición de Ducrot (1984) para poder explicar las circunstancias de su enunciación. En el caso del emisor, este tweet ha sido producido por aquella(s) persona(s) que gestionen este perfil, llamado “Furia Filológica”, destinado a tratar con humor asuntos cotidianos de la vida estudiantil en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Así, si bien el sujeto empírico es quien teclea el tweet, lo dicho se presenta como perteneciente a la cuenta, a Furia Filológica, y no se identifica con ninguna persona capaz de producir el mensaje físicamente. A su vez, en este caso, en el enunciado se activa una voz distinta a la del locutor: “ese niño rata” sería el responsable de la enunciación de que “lo lleva fatal, que no ha estudiado casi o que le ha salido muy mal el examen”. Precisamente Furia Filológica, locutora del tweet, no se identifica con lo dicho por “ese niño rata”. Por otra parte, en el polo del receptor, los auditores serían todas aquellas personas que pueden leer el tweet porque tienen la capacidad para hacerlo (en este caso, tener visión y saber leer), mientras que como alocutarios tendríamos a todos los seguidores de esta cuenta. Por último, dentro de estos, Furia Filológica, con este tweet, elige como destinatarios a los seguidores que pueden sentirse identificados con la
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 37 situación que describe: tener un compañero que afirme que no ha estudiado lo suficiente y luego saca buenas notas. Con las herramientas del emisor y el receptor hubiera sido imposible delimitar totalmente un mensaje como el anterior, de tal manera que se hacen necesarios modelos lingüísticos de análisis que tomen una perspectiva pragmática. En esta línea metodológica es en la que nosotros nos inscribimos, tomando como método la Lingüística pragmática desarrollada por Fuentes Rodríguez ([2000]2015) y que explicamos a continuación. 2.2.1. El modelo de Lingüística pragmática de Fuentes Rodríguez La metodología de estudio que sustenta esta tesis es la Lingüística pragmática diseñada por Fuentes Rodríguez ([2000]2015, 2013, 2017, 2019a). Para esta estudiosa, la pragmática no es un nivel lingüístico más, “complementario” al semántico, sino que la entiende como una perspectiva desde la que abordar el análisis gramatical. Esta concepción surge de la necesidad de “reflejar esa conexión de la lengua con su entorno” (Fuentes Rodríguez [2000]2015: 9), pues las teorías lingüísticas dominantes durante la primera mitad del siglo XX, el estructuralismo y el generativismo, habían hecho del inmanentismo uno de sus pilares básicos y ello había supuesto que muchas unidades, estructuras y relaciones quedaran sin el debido análisis porque en su delimitación y sistematización había que tener en cuenta factores extralingüísticos. La pragmática como herramienta de estudio lingüístico, como hemos señalado, fue introducida por la filosofía del lenguaje en los años sesenta del siglo pasado. No obstante, en la mayoría de las aportaciones, la pragmática se entendía como un nivel lingüístico más, distinto del fonológico, el morfológico, el sintáctico y el semántico, que recogía todos los fenómenos de los que la semántica no podía dar cuenta (vg. valor ilocutivo, inferencias, implicaturas). De ahí que Fuentes Rodríguez considere que “aquellas “pragmáticas” basadas en el análisis de las circunstancias y el entorno de la interacción están centradas en un aspecto situacional, no interno, del lenguaje. Luego esas pragmáticas no son estrictamente lingüísticas, sino en todo caso complementarias” ([2000]2015: 20). Ante este panorama, surgen propuestas como la de esta autora, para quien la pragmática constituye un enfoque que permite al lingüista hacer gramática teniendo en cuenta que la lengua tiene en sí unidades, mecanismos y estructuras que revelan la
José García Pérez 38 inscripción del contexto en el que se usa y permite estudiar las comunicaciones concretas (Fuentes Rodríguez [2000]2015: 12). Es decir, adoptar un enfoque pragmático conlleva la consideración de que se puede sistematizar la influencia del contexto en el código, de ahí que Fuentes Rodríguez sostenga que “nuestra propuesta metodológica busca, pues, ser el prototipo de una Lingüística pragmática estructurada” ([2000]2015: 14). Eso no implica que todos los factores contextuales estén presentes en el sistema y que sean uniformes sus manifestaciones, de tal manera que Fuentes Rodríguez matiza que desde su propuesta “queremos separar, por supuesto, lo que es entorno situacional de lo que es su reflejo lingüístico codificado o utilizado en el habla” ([2000]2015: 12). En definitiva, se trata de no perder de vista el hecho de que la lingüística tiene por objeto de estudio el código, y en ningún caso debe subordinar este cometido a la descripción contextual, utilizando la lengua como medio para ello, ya que el objetivo debe ser explicar las comunicaciones realizadas. Sin embargo, lo anterior no es óbice para que se tenga en cuenta la posibilidad de que la lengua sí pueda reflejar factores contextuales, máxime si se comprueba que los moldes metodológicos existentes no son lo suficientemente abarcables de la realidad del objeto de estudio (Fuentes Rodríguez [2000]20015: 14). El adoptar un enfoque pragmático implica considerar que los límites de la gramática son superiores a los de la oración como unidad máxima de la sintaxis. La meta es desarrollar un modelo que integre y explique todas las manifestaciones lingüísticas del ser humano. Para ello, se tiene que partir de la hipótesis de que también existe una organización, un orden -en definitiva, una sintaxistanto “extraoracional” como “interoracional”. Ello no siempre es así, pues en muchos modelos pragmáticos no se considera que el nivel oracional y el textual o discursivo tengan unidades y funcionamientos diferentes, lo cual supone una contradicción, porque la materia con la que se forman las oraciones y con la que se forman los textos o discursos es la misma (Fuentes Rodríguez [2000]2015: 22). La rentabilidad del modelo de Fuentes Rodríguez reside precisamente en que busca abarcar y delimitar la totalidad del hecho lingüístico, que al mismo tiempo también implica tener en cuenta tanto el monólogo como el diálogo, pues no en todas las propuestas se busca esa homogeneidad que vaya desde la producción lingüística hasta su lugar en la interacción comunicativa.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 39 Para elaborar su propuesta, esta investigadora parte de una revisión crítica, por un lado, de modelos de análisis textual ya existentes, concretamente, el de la Escuela de Ginebra (Roulet et alii 1985, Routlet 1991, 1997; Miche 1994; Rubattel 1989, 1990) y el de Kotschi (1996); por otro, de explicaciones acerca de la inscripción del contexto en un estudio lingüístico: las de Adam (1990), Charaudeau (1983) y Halliday y Hasan (1976). En cuanto a los modelos de análisis textual, si bien considera la autora que se acierta en el establecimiento de módulos que den cuenta de lo lingüístico y lo contextual (con interconexiones entre ellos), como en el caso del modelo ginebrino, se sigue considerando que el nivel “textual” es diferente del “lingüístico” en su organización y funcionamiento o, como en el caso del de Kotschi (1996), se hace una separación entre “nivel gramatical” y “nivel pragmático” sin que ni siquiera se indique una posible conexión. Con estos escollos, Fuentes Rodríguez vuelve sobre el problema de fondo, no considerar que la pragmática puede ser una perspectiva desde la que hacer gramática (Fuentes Rodríguez [2000]2015: 37). Así, para sistematizar la inscripción del contexto en el código, Fuentes Rodríguez ([2000]2015) divide el análisis textual en tres niveles: superestructura (género textual), macroestructura y microestructura. Este último hace referencia a los contenidos propios de la gramática tradicional (fonética y fonología, morfología, sintaxis oracional y léxico-semántica). Por su parte, la macroestructura recoge todos los datos referidos a la inscripción del hablante y del oyente en la comunicación, fenómeno que la autora organiza en cuatro planos: dos referidos al hablante (modal y enunciativo) y dos referidos al oyente (informativo y argumentativo). Todo ello con la base de que, en la comunicación, el enunciado es la unidad mínima de realización y, el texto, la máxima. 2.2.1.1. Oración y enunciado Como es de sobra conocido, tanto el concepto de oración como el de enunciado han recibido la suficiente atención teórica y el suficiente uso como para que ambos no sean términos unívocos, pues cada corriente, e incluso cada investigador que así lo ha considerado, han dado una definición propia para uno u otro término. El diccionario académico, en su quinta acepción del término oración, lo define, con la marca “Gram.” como “Estructura gramatical formada por la unión de un sujeto y un predicado”, de tal manera que el significado de esta acepción se ha establecido
José García Pérez 40 siguiendo más bien un criterio lógico o semántico, pues no se puede olvidar que la distinción entre sujeto y predicado nace en el seno de la filosofía aristotélica. A ello hay que añadir que, en la sexta acepción, también con la marca de “Gram.” la RAE-ASALE remite al término enunciado y entre paréntesis añade la definición “secuencia con sentido completo”. Sin embargo, no equipara oración con las otras dos características que la acepción tercera de este término, marcada como “Ling.”, da a enunciado: valor comunicativo y entonación propia. De ello se desprende que una determinada secuencia o producción lingüística puede tener valor comunicativo y entonación propia sea o no una oración -es decir, que esté formada por un sujeto y un predicado- o esté formada por varias oraciones. En nuestro caso, y para nuestro objetivo, vamos a comenzar partiendo de la oración como lo ha hecho la gramática tradicional, entendiéndola como la unidad máxima de la comunicación, siendo la unidad mínima con significante y significado el morfema. Así, se ha entendido que para el estudio gramatical había un sistema de unidades recursivas: morfema > palabra > sintagma > oración. La unión de morfemas da lugar a palabras, la unión de palabras da lugar a sintagmas y la unión de sintagmas da lugar a oraciones, que para la gramática tradicional sería la estructura gramatical dotada de “sentido completo”. Seguramente la definición académica hable de estructura gramatical formada por sujeto y predicado para englobar en el término oración a las tradicionalmente llamadas bimembres y unimembres, donde, aunque no hay un núcleo verbal, parte que se ha considerado siempre como la principal de una oración, ello no obsta para que la oración pueda tener sujeto y predicado o, más bien, sentido completo. El problema está en que los seres humanos no nos comunicamos por medio de oraciones, por medio de secuencias o estructuras que están divididas en sujeto y predicado, sino que, tal y como ha puesto de manifiesto la investigación sobre corpus (sobre todo los que testimonian la inmediatez comunicativa), nuestras producciones lingüísticas tienen unas características que difieren de las que se aducen para la oración. Aquí es donde entra la pertinencia de un concepto como el de enunciado. En el diccionario académico, la primera acepción remite a enunciación, algo que nosotros no consideramos del todo afortunado, puesto que uno y otro remiten a realidades distintas: la enunciación denota el acto de decir y el enunciado remite a lo dicho. Las dos acepciones restantes sí remiten a su caracterización. En la segunda se señala que el enunciado es una “secuencia de palabras delimitada por pausas muy marcadas, que
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 47 Este último ejemplo es problemático, pues plantea el escollo de si estamos ante un enunciado con un comentario en el MD o si, por el contrario, estamos ante dos enunciados distintos que guardan una relación semántico-pragmática. Y es que el campo de las relaciones entre enunciados es el fenómeno menos explorado hasta el momento de la investigación en la sintaxis textual. No obstante, entre los avances más sobresalientes está la identificación de la relación parentética, también de índole macroestructural. Los enunciados parentéticos se producen cuando el locutor se desdobla en dos enunciadores y rompe la linealidad del enunciado base e inserta otro que introduce algún contenido relacionado con contenidos macroestructurales como la formulación, la reformulación o contenidos modales (comentarios emotivos o apelativos) (Fuentes Rodríguez 2018): Ustedes no, ustedes allí donde gobiernan, señorías –y hay que decirlo en esta Cámara- , están desmantelando la sanidad pública (DSPA 19, IX leg., 69, tomado de Fuentes Rodríguez 2018: 131) Y hay cosas que también se pueden, cosas pequeñas, que se pueden resolver aquí (DSPA 12, IX leg., 74, tomado de Fuentes Rodríguez 2018: 168) Nos comprometemos a priorizar los pagos, pero no podemos renunciar –y ustedes nos comprenderán-, no podemos renunciar a seguir exigiendo lo que es de Andalucía (DSPA 12, IX leg., 275, tomado de Fuentes Rodríguez 2018: 186) En definitiva, consideramos que la identificación de la macroestructura textual y la nómina de unidades y huecos funcionales establecida puede constituir el sustento teórico necesario para estudiar tanto la valoración como una categoría como el adjetivo. La valoración, porque se trata también de un contenido relativo a un elemento contextual, como es el hablante que emite juicios u opiniones acerca de hechos o fenómenos de la realidad que lo circunda; el adjetivo, puesto que, como vamos a poner de manifiesto a continuación, solo se ha tenido en cuenta, fundamentalmente, desde el punto de vista de la sintaxis oracional o microsintáctico.
José García Pérez 48 CAPÍTULO TERCERO ESTADO DE LA CUESTIÓN
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 49 3. Estado de la cuestión: el estudio del adjetivo en el español 3.1. EL ADJETIVO COMO CLASE DE PALABRA DE LA LENGUA ESPAÑOLA El campo de las llamadas “categorías verbales”, “categorías gramaticales”, “clases de palabras” o “partes de la oración” 7 es una de las parcelas que más ha preocupado a nuestra tradición gramatical occidental. Ello va ligado también al problema de utilizar la palabra como unidad de análisis lingüístico (Barrenechea 1963: 11; González Calvo 1982: 378-379, 397). En efecto, todo gramático ha comenzado su obra señalando cuáles son las unidades que él establece en el sistema lingüístico del que se propone dar cuenta, atendiendo a diversos criterios (morfológico, sintáctico, semántico 8 ), excluidos o mezclados de todas las formas imaginables, sin que falten trabajos que aboguen por la conveniencia de unos sobre otros. Entre los trabajos para el español centrados específicamente en los criterios más convenientes para elegir clases de palabras en nuestra lengua encontramos el de Barrenechea (1963), en el que se elige el criterio sintáctico, entendiendo las clases de palabras como clases funcionales. Así, en el caso de los adjetivos, esta autora los clasifica, junto con los verbos, los sustantivos, los adverbios, los coordinantes (conjunciones de coordinación) y los subordinantes (conjunciones de subordinación y preposiciones), dentro de las palabras de una sola función en el texto, por contraposición a las de doble función: los relacionantes (pronombres y adverbios relativos y otras palabras semejantes) y verboides (infinitivos, gerundios y participios). Yendo concretamente a los adjetivos, los define como “las palabras que tienen las funciones privativas de modificadores directos de sustantivo” (Barrenechea 1963: 21). Esta será la tónica general de las gramáticas y los estudios sobre el adjetivo en y sobre el español. Por su parte, Mariner Bigorra ([1971]2007) propone que debe ser el criterio morfológico el delimitador para las clases de palabras en una lengua y presenta el adjetivo como categoría independiente del sustantivo en español, desechando para su identificación los criterios aducidos justamente por Barrenechea, pues referirse al adjetivo como “modificador del nombre” no revela nada acerca de sus propiedades 7 Sobre la diversidad terminológica y algunos apuntes más sobre este campo, véase Gutiérrez Ordóñez (1997a: 126-127). 8 Para una revisión de los criterios que se han utilizado en la fijación de las clases de palabras, con sus ventajas y límites, véase Rodríguez Ramalle (2005: 33-38).
José García Pérez 50 funcionales o sintácticas, sino que más bien se trata de un criterio semántico que postula esta unidad como categoría que expresa los accidentes del nombre (cualidad y determinación), algo que ha sucedido porque los gramáticos se han dejado llevar por “el peso de la tradición aristotélico-escolástica” (Mariner Bigorra [1971]2007: en línea). Por ello, es el criterio morfológico el que debe primar, pues, aunque las palabras tienen significado, lo que las caracteriza como elementos de una lengua determinada es el hecho de estar compuestas de unidades que tienen tanto significante (‘forma’ para Mariner Bigorra [1971]2007) como significado (morfemas). Estas consideraciones entroncan con las de Hjelmslev ([1928]1976: 302, apud Serrano Montesinos 2006: 24) acerca del criterio formal para determinar las clases de palabras de una lengua: “La gramática sólo puede reconocer categorías formales. Para que una categoría tenga existencia real desde el punto de vista gramatical es preciso que se defina por criterios de forma y no por criterios puramente semánticos”. La legítima preeminencia de lo morfológico tiene que ver con el hecho de que el análisis lingüístico ha de apuntar a lo material del sistema, en el sentido de que, para la descripción lingüística, se debe partir de los elementos mismos del sistema para poder establecer principios, generalidades y clases dentro de ese sistema. En ese sentido va la crítica que hace Gutiérrez Ordóñez (1997a) a Coseriu (1976) cuando establece la diferencia entre categorías verbales y clases gramaticales y que precisamente parte de lo apuntado por Hjelmslev: En las operaciones de una lingüística no especulativa se ha de partir del dato tangible, comprobable, del corpus. Ésta es la razón por la que Hjelmslev aconseja tomar como base el significante [en nota: “No hay que tomar la significación como punto de partida para buscar luego la expresión que le corresponde” (Principios de Gramática General, Madrid, Gredos, 1976, pág. 96)]. […] La experiencia muestra, más bien, todo lo contrario: no existe acuerdo ni en el número ni en su definición. Más aún, con frecuencia se observa circularidad en las definiciones. ¿Cómo se puede sostener que el verbo expresa “proceso” si el término proceso se ha creado ad hoc para designar lo que el “verbo” expresa? (Gutiérrez Ordóñez 1997a: 136). De ahí que este autor concluya: “No logramos atisbar ni el sentido ni la utilidad de mantener el concepto de “categoría” que está por encima de la descripción y
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 51 explicación de las lenguas y que no tiene aplicación alguna a estos menesteres” (Gutiérrez Ordóñez 1997a: 137). 3.1.1. Adjetivo y sustantivo Volviendo a Mariner Bigorra ([1971]2007), en el caso de la delimitación del adjetivo como “parte de la oración”, todo su esfuerzo se centra en desgajar el adjetivo calificativo del sustantivo, pues muchos han sido los autores de nuestro acervo científico que los han identificado. Entre los más recientes, Fernández Ramírez (1986) 9 , Marcos Marín (1980) o Serrano Montesinos (2006). Para el primero, la justificación de esta concepción tiene que ver con que lo mismo que en latín, no existen en general diferencias en las variaciones formales de género y número entre sustantivos y adjetivos. Las dos clases tienen también en muchos casos los mismos sufijos de derivación. Se ha producido a veces nivelación en las estructuras nominales por la evolución fonética, por la generalización del acusativo y por otras causas. (Fernández Ramírez 1986: 13-14) En este caso, es el criterio morfológico basado en la identidad de los rasgos de género y número el elegido para justificar la unión de las dos categorías aunque se es consciente de que no tienen igualdad funcional, pues cuando este autor aborda el fenómeno de la sustantivación (1986: §66), toma la clasificación de Jespersen [omito referencia] y su diferencia entre los términos primarios (sustantivos) y los secundarios (adjetivos), dando cuenta de las facultades y limitaciones que tienen los adjetivos para poder funcionar como lo hacen los sustantivos. Incluso esta distinción funcional le lleva a postular un cambio categorial en declaraciones como las siguientes: “Esta trasposición (METÁBASIS) de categoría no se realiza siempre en el mismo grado” (Fernández Ramírez 1986: 21) 10 . 9 Aunque la fecha de publicación de la obra gramatical de Fernández Ramírez es posterior (salvo el primer tomo, de 1962) a la de Marcos Marín, la incluimos en primer lugar porque Fernández Ramírez compuso su obra gramatical a lo largo de su carrera y, salvo el primer tomo, fue publicada póstumamente en 1986, tres años después de su muerte. 10 También aquí asistimos a la identificación entre trasposición, fenómeno de tipo funcional, y transcategorización, de tipo morfológico: en El no poder olvidarte me frustra (Bad Bunny, “Volando”) hay transposición, hay un verbo desempeñando la función prototípica de un sustantivo; mientras que en Los poderes económicos determinaron el curso de los acontecimientos lo que tenemos es un cambio categorial por el que poder ya se comporta como un sustantivo (admite morfema de plural, concordancia con un adjetivo que restringe su extensión).
José García Pérez 52 Por su parte, Marcos Marín (1980) se mantiene en la misma línea que nuestro gramático anterior y señala que “la vieja categoría tradicional nombre comprende el nombre-sustantivo y el nombre-adjetivo, distinción, en principio, nocional, aunque se apoya también, como veremos, en factores formales y funcionales” (Marcos Marín 1980: 183). Esta “vieja” identificación tiene su justificación, como apunta Marcos Marín (1980) en criterios fundamentalmente semánticos, pero también funcionales y morfológicos, que son los que toma Serrano Montesinos (2006) en su Gramática del discurso. Para esta estudiosa, sustantivos y adjetivos forman parte de la misma categoría, la del nombre, “una de las más amplias en la gramática de la lengua español” (2006: 43). Si bien los equipara porque son dos tipos de palabras que “aportan la inserción léxica a la estructura de la frase, siendo actualizados en una u otra forma por los determinantes” (2006: 43), el fundamento de la inclusión en una misma categoría tiene que ver con que “su proximidad funcional es muy estrecha y porque comparten morfemas de género y número” (2006: 43). La autora no especifica cuáles son esas funciones próximas, aunque indica que existe una “frecuente intercambiabilidad -que no afecta demasiado a la estructura formal de la sintaxis- [aunque] introduce aspectos discursivos interesantes” (Serrano Montesinos 2006: 43). El principal argumento para la fusión de sustantivos y adjetivos reside en que ambos admiten los mismos morfemas de género y número. También Mariner Bigorra ([1971]2007) añade otros tres: uno de tipo semántico, otro de tipo funcional y un tercero de tipo histórico. En cuanto al criterio semántico, señala Mariner Bigorra ([1971]2007) que, como los adjetivos, hay sustantivos que pueden expresar cualidades, como bondad o blancura. A nivel funcional, tenemos adjetivos sustantivados (Ricos contra pobres), nominalizaciones como lo bueno o lo malo o sustantivos funcionando como adjetivos (el presidente Sánchez). Por último, el criterio histórico que aduce Mariner Bigorra ([1971]2007) tiene que ver con el hecho de que no se tiene por qué tener en cuenta la distinción entre sustancia y accidente que se aplica a sustantivos y adjetivos respectivamente ya que, independientemente de que sea una discriminación de tipo lógico o semántico, solo sería ajustable al griego, donde la observó Aristóteles, de tal manera que, si en español la expresión de la cualidad puede materializarse en blanco y blancura, no habría por qué postular la pertenencia a categorías diferentes.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 53 Sin embargo, a pesar de que estas justificaciones cuentan no solo con el apoyo de la semántica, sino también de la morfología y la sintaxis, tanto Bosque Muñoz (2015) como Mariner Bigorra ([1971]2007) aportan argumentos y pruebas suficientes para establecer en español una distinción entre sustantivo y adjetivo. Bosque Muñoz (2015) atiende sobre todo a las diferencias de restricción y selección de posiciones en la cadena sintagmática para establecer el comportamiento de las unidades, de ahí que aúne en el concepto “categorías gramaticales” dos objetos distintos: por un lado, la existencia de una serie de tipos de palabras en español y, por otro, las posibilidades de combinación de estos tipos de palabras cuando aparecen en la cadena hablada (Bosque Muñoz 2015: 14). Por ello, este investigador pone el foco de la diferencia en las propiedades sintácticas que no son comunes a sustantivos y adjetivos, como el desempeño de la función de sujeto o complemento directo, vedada a los adjetivos, de tal manera que estos se definen y se oponen a los sustantivos por la imposibilidad de modificar de ese modo al núcleo verbal (Bosque Muñoz 2015: 102). Pero “el punto de vista sintáctico” de Bosque Muñoz (2015) no debe confundirse con un punto de vista funcional, ya que este autor no define al adjetivo por su incapacidad de funcionar de una determinada manera, sino que el hecho de ser adjetivo le impide actuar como lo haría un sustantivo. Para él, la distinción entre adjetivo y sustantivo, aunque con implicaciones sintácticas claras, tiene una base semántica, de tal manera que, más que la consabida distinción entre objetos vs. propiedades, Bosque Muñoz (2015) también se inserta en otra tradición filosófica que “consiste en sugerir que los sustantivos categorizan CLASES DE SERES, materiales o no (en el sentido de que les dan forma lingüística), mientras que los adjetivos describen PROPIEDADES que no constituyen clases” (Bosque Muñoz 2015: 103). Esa distinción puede verse en ejemplos como María es adolescente vs. María es una adolescente: en el primer caso estamos ante el adjetivo adolescente (propiedad), mientras que en el segundo se la clasifica como adolescente (sustantivos). Esto, a su vez, tiene relación con la idea también sostenida por Bosque Muñoz (2015) de que en realidad no hay adjetivos sustantivados que pueden funcionar sintácticamente como lo suele hacer un sustantivo, pues siempre el adjetivo conserva sus propiedades sintácticas, de tal manera que en sintagmas como El español me gusta se puede considerar que estamos ante el sustantivo español o ante otros sustantivos que
José García Pérez 54 no están presentes en el sintagma (vg. queso, tren) pero que se encuentran modificados tanto por el artículo el como por el adjetivo español 11 . No obstante, esto no quiere decir que no haya trasvases entre las categorías y que no haya adjetivos que terminen convirtiéndose en sustantivos con todas las implicaciones formales que ello conlleva. Así, partiendo de esa distinción entre ‘clases de seres’ y ‘propiedades’, apunta Bosque Muñoz que en español hay propiedades que “por su naturaleza distintiva y notoria en el interior de una comunidad, estas propiedades pasan a designar clases o categorías, y los adjetivos pasan, pues, a ser sustantivos” (Bosque Muñoz 2015: 107). Esto sucede, sobre todo, con los adjetivos referidos a personas (vg. ciego, viejo, criminal, nadador, liberal) e instrumentos (vg. tostador, adhesivo, tranquilizante, rotativa). Por último, concluye Bosque Muñoz (2015) su análisis de la relación entre el sustantivo y el adjetivo aludiendo a que la gradación no debe ser tomada como criterio disgregador al no ser una propiedad del adjetivo, ya que no todos la admiten (solo los calificativos), amén del hecho de que también hay sustantivos que admiten gradación (muy hombre) sin que por ello tenga lugar la adjetivación, pues, como se ha indicado, no es común a todos los adjetivos admitir gradación. Por su parte, Mariner Bigorra ([1971]2007) propone que sean los criterios morfológicos los que sustenten la distinción entre adjetivo y sustantivo. Si bien se atiene a la característica morfológica de que sustantivo y adjetivos comparten los rasgos flexivos de género y número, este estudioso encuentra otros criterios morfológicos que sí sirven para diferenciar entre adjetivos y sustantivos y a los que no se les ha prestado atención o no tanta como a los rasgos género y al número. Como él mismo señala, “se trata de las diferencias basables en el comportamiento ante los grados de significación expresados morfológicamente, a saber, el superlativo en -ísimo/a y los sufijos de aumentativos y diminutivos” (Mariner Bigorra [1971]2007, en línea). En efecto, solo los adjetivos admiten el sufijo superlativo -ísimo/a, mientras que los sufijos aumentativos y diminutivos son propios de los sustantivos. 11 Señala Bosque Muñoz (2015) que hay autores que prefieren considerar que el núcleo de ese sintagma es un nombre elidido o tácito, pero también hay corrientes, sobre todo las que beben de la lógica, que prefieren considerar que el núcleo es el artículo o que dicho artículo es una de las variantes del pronombre él. No obstante, Bosque Muñoz (2015) admite que la interpretación del artículo como variante del pronombre es más sencilla en el caso del neutro lo, aspecto en el que se ha centrado (Bosque Muñoz 2015: capítulo 9).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 55 A esta propuesta se le pueden hacer objeciones que el autor salva con las debidas justificaciones. En primer lugar, hay adjetivos que admiten sufijos aumentativos y diminutivos, como bonachón o buenazo, pero en estos casos “lo que aumenta o disminuye no es aquello que estos adjetivos expresan, sino el tamaño del ser u objeto a que se aplican”. En bonachón no aumenta el grado de bondad, sino que se refiere a alguien que, pudiendo no ser bueno (por sus características físicas, mentales o socioculturales), lo es. Esto se observa mejor en aquellas unidades que suelen estar en la frontera entre ambas categorías, como rico y pobre que admiten riquísimo y paupérrimo (superlativo) pero también ricachón y pobrecito (aumentativo y diminutivo). Sin embargo, en ricachón no se refiere a alguien muy rico, ya que “no podría decirse de un rico flacucho y humilde, por elevadas que fuesen sus rentas, antes evoca lo orondo del tipo, o, despectivamente, la ostentosidad de esa riqueza”; en el caso de pobrecito, tampoco indica “una rebaja en el grado de indigencia”, sino que se puede referir a un “ser pequeño -niño, por ejemplo-, o cesa toda idea de disminución para ceder el paso a los matices cariñoso, compasivo, de los diminutivos, que pueden darse al margen de referencia a tamaño” (Mariner Bigorra [1971]2007, en línea). Por otro lado, están las palabras que denotan color, que son consideradas adjetivos y que admiten sufijación diminutiva (vg. azulito, amarillito) para referirse a “prendas pequeñas, o finas o suaves o agradables o evocadoras” pero también denotan “matices menos acusados de los colores respectivos”. Sin embargo, este fenómeno no supone obstáculo alguno a la división entre sustantivo y adjetivo a partir del criterio propuesto porque las palabras que denotan color son precisamente un grupo de elementos que están en la frontera entre el sustantivo y el adjetivo. Que existan categorías o partes de la oración diferentes no quiere decir que haya elementos que no estén entre los límites de unas y otras, incluso podría ser el contexto el que determinara cuándo se trata de una u otra categoría. Además, estas palabras tienen también otros rasgos que demuestran su hibridismo categorial: así lo apuntan autores como Fernández Ramírez (1986: §75) o el propio Mariner Bigorra ([1971]2007, en línea) en el caso de las variaciones o “indecisiones” en los morfemas de género (“un corderito blanco, blanco, blanco y otro canelo” pero también “matiz canela”) y número (“vestidos azul marino” vs. *vestidos azules marinos). Así, que este tipo de palabras admitan sufijos diminutivos aunque se las caracterice como adjetivos no es óbice alguno para no tener en cuenta este criterio como disgregador de sustantivos y adjetivos pues la especial naturaleza de estas unidades hace
José García Pérez 56 que, “más que un obstáculo, [sea] una demostración del criterio propuesto: sólo vacila donde es natural que haya vacilación, ya que la hay también respecto a los demás criterios, morfológicos y sintácticos” (Mariner Bigorra [1971]2007: en línea) 12 . Sin embargo, la consideración de Mariner Bigorra ([1971]2007) sobre el adjetivo no es plena, pues él parte de la existencia del adjetivo calificativo, que diferencia de los determinativos (demostrativos, reflexivos y relativos), algo común en el panorama gramatical tradicional. No tiene en cuenta que también existe otra clase de adjetivos, los relacionales, los cuales, a partir de los rasgos aducidos por este autor, no podrían ser disgregados del sustantivo. Por ejemplo, Un viaje presidencialísimo (presidencial es un adjetivo relacional) solo puede tener una lectura valorativa, nunca relacional (no hay un tipo de viaje presidencialísimo frente a otro no presidencialísimo o vicepresidencialísimo). El hecho de excluir a los relacionales y no disgregarlos del sustantivo es una corriente que también está presente en mucha de la bibliografía sobre el adjetivo como categoría debido a su carácter denominal, de ahí que se los llegue a considerar “pseudoadjetivos”, tal y como lo señala Demonte (1999: 138). Esta investigadora también apunta la necesidad que tienen estos adjetivos de la estricta adyacencia con el nombre, a lo que hay que añadir la equivalencia con la relación entre un sustantivo y un sintagma preposicional (huelga patronal no es huelga de los patrones sino huelga de patrones), acercándose así a los compuestos romances. Por todo ello, como venimos diciendo, en muchas ocasiones se ha propuesto una relación más morfológica que sintáctica entre adjetivos relacionales y sustantivos 13 . De nuevo, como sucedía con las palabras que denotan color, los escollos se dan en aquellos elementos que más próximos están a la categoría de la que se diferencian. 12 Sobre esta cuestión de las zonas limítrofes entre las unidades lingüísticas también se manifiesta González Calvo (1989) del siguiente modo: “Cuando llegamos a las fronteras entre fenómenos lingüísticos, el análisis se complica sobremanera. En el sistema lingüístico siempre existen zonas de transición, no límites tajantes. Y eso, que pudiera parecer no científico, es precisamente lo que proporciona operatividad y vida a la lengua. Un sistema lingüístico no es científico ni acientífico; lo científico o acientífico será el método puesto en marcha para explicar el sistema” (González Calvo 1989: 101). 13 Señala Demonte (1999) que en un primer momento Bosque Muñoz (1993) adopta esa postura pero luego la abandona en Bosque y Muñoz y Picallo i Soler (1996) aduciendo diferencias entre compuestos y la relación <nombre + adjetivo relacional> como el hecho de que los relacionales pueden aparecer solos aludiendo a un nombre elidido (la sociedad industrial y la [sociedad] cibernética vs. vi a los hombresrana y a los [hombre]-anuncio) y la admisión por parte de los relacionales de modificadores (procedimientos estrictamente cibernéticos vs. *tren estrictamente mercancías). No obstante, Demonte (1999) objeta lo anterior indicando que hay autores que también han dado cuenta de casos en los que no es posible que el relacional aparezca haciendo referencia a un nombre elidido (*me preocupa la moderación consumista y la [moderación] salarial).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 63 • Adjetivos de color y forma: blanco, anaranjado, rojizo, blanquinegro • Adjetivos de edad: joven, arcaico, lejano, caduco • Adjetivos de aptitudes y (pre)disposiciones humanas: inteligente, arrogante, celoso, trabajador • Adjetivos valorativos: agradable, pésimo, excelente, malo Este último grupo es el que constituye el objeto de nuestra investigación, de tal manera que su descripción y análisis serán abordados en un capítulo aparte. 3.1.5.2.3. Clases de adjetivos relacionales La sistematización de esta clase de adjetivos es más problemática que la anterior, pues son múltiples las interpretaciones que pueden originar tanto por el tipo de modificación que introducen como por la clase de sustantivo al que acompañan. De ahí que Demonte, tras el cotejo de las diversas clasificaciones esbozadas, se haga eco de las consideraciones de Bosque Muñoz y Picallo i Soler (1996) sobre esta clase de adjetivos: Bosque Muñoz y Picallo i Soler (1996: nota 17) insisten en lo idiosincrásico del significado de estos adjetivos y nos recuerdan que, pese a ser posible, curación manual no significa “curación de las manos” (a semejanza de curación cutánea) y que análisis aéreo no significa “análisis del aire” (cuando análisis ocular sí significa “análisis de los ojos”). […] Indican también que la interpretación última de estos adjetivos ha de realizarse con criterios que tienen que ver con el ‘uso’ de estas expresiones (es decir con criterios pragmáticos) aunque buena parte de esa interpretación provenga también de un primer análisis léxico-semántico) (Demonte 1999: 167) Como se ve, la importancia de acometer el análisis lingüístico desde una perspectiva pragmática es esencial para la descripción de cualquiera de los elementos que componen una lengua. Por otro lado, entre las clasificaciones léxico-semánticas que Demonte expone como aquellas que mejor atienden a esos factores léxicos que permitan una discriminación dentro de esta clase está la propuesta por Bosque Muñoz (1993), para quien la diferencia léxico-semántica en esta (sub)clase viene determinada por la diferente posición sintáctica que adopta cada tipo de adjetivo. Se distinguen dos (sub)grupos, tomando la terminología de Demonte (1999), adaptada de la de Bosque Muñoz (1993):
José García Pérez 64 • Ajds-R, ‘adjetivos relacionales argumentales o temáticos’: producción automovilística • Adjs-RC, ‘adjetivos relacionales clasificativos’: excursión automovilística La justificación de esta clasificación se hace en Bosque Muñoz y Picallo i Soler (1996): en el caso de los adjetivos relacionales temáticos o argumentales, el adjetivo que acompaña al nombre está previsto o seleccionado por la semántica del sustantivo. En producción automovilística, el adjetivo cumple la función de factitivo de ese sustantivo deverbal que denota ‘acción’. Sin embargo, en el caso de los clasificativos no sucede así: excursión no tiene previsto en su “thematic grid” (en términos de Bosque Muñoz y Picallo i Soler) ninguna función semántica que necesite o seleccione el sustantivo, sino que el adjetivo lo que hace es restringir la extensión del sustantivo a un determinado dominio “according to which the NP is classified and its denotation restricted” (Bosque Muñoz y Picallo i Soler 1996: 361). Como observan Bosque Muñoz y Picallo i Soler (1996), los temáticos o argumentales no pueden ir junto con otros elementos que saturen la misma función semántica: *pesca ballenera de atún. El hecho de que lo que hacen es saturar funciones semánticas previstas en la valencia de los sustantivos, hace que puedan combinarse solo con algunas clases (nombres de objeto y de resultado: producción sedera, cría caballar; no con los eventivos: *la pesca ballenera por parte de los japoneses), mientras que los clasificativos pueden combinarse con cualquier sustantivo y no impiden que se saturen las funciones previstas en la valencia del sustantivo, ya que ellos actúan como adjuntos (“adjunts”) o “maximal projections” en términos de Bosque Muñoz y Picallo i Soler (1996): un análisis {sintáctico/estilístico/periódico} de Pedro de ese texto. Una vez que tenemos delimitado el adjetivo como categorial gramatical, a continuación se exponen los estudios que en español se han vertido sobre este elemento. Por un lado, en primer lugar se presentan las principales consideraciones que sobre esta unidad han hecho las gramáticas más notables del español. Tras ello, se muestran las consideraciones que de modo monográfico ha ido recibiendo esta categoría del español. 3.2. EL ANÁLISIS DEL ADJETIVO EN LA TRADICIÓN GRAMATICAL DEL ESPAÑOL Una vez que hemos delimitado el adjetivo como clase de palabra en español a partir de criterios morfológicos, procedemos a exponer cuál ha sido el recorrido y tratamiento
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 65 que esta categoría ha tenido en los estudios lingüísticos del español. Por un lado, analizaremos su presencia en distintas gramáticas y, por otro, examinaremos los principales estudios monográficos que sobre el adjetivo se han vertido para el español. En todos ellos hay temas sobresalientes que tienen que ver con la relación del adjetivo con respecto al sustantivo: la posición (anteposición o posposición) 18 y la manera de llevar a cabo la modificación (adyacente o a través de un verbo). 3.2.1. Las gramáticas La mayor parte de las gramáticas del español, cuando han abordado el adjetivo, se ha detenido igualmente en el fenómeno de la movilidad posicional del adjetivo con respecto al nombre. Al mismo tiempo, el adjetivo es mencionado cuando se trata del desempeño de tres funciones sintácticas que se le consideran prototípicas: • Complemento del nombre: Mi hermana es una muchacha guapísima • Atributo: Mi hermana es guapísima • Predicativo: Mi hermana llegó guapísima En la designación de estas funciones no solo hay variedad terminológica (vg. “adyacente”, “complemento del nombre”), sino que, en muchas ocasiones, un mismo término designa funciones diferentes (Acín Villa 1995, Demonte 1999: nota 1); y también hay autores que postulan la identidad de funciones, como en el caso de Acín Villa (1995), para quien no existen razones que sustenten la diferencia entre atributo y complemento predicativo (1995: 10). Por otra parte, señala González Calvo (1981: 115) que fue en el siglo XVIII cuando el adjetivo se identificó como unidad lingüística independiente por parte de gramáticos franceses y suizos. En el ámbito hispánico, y como también apunta Bosque Muñoz (2015: 101), ello sucedió en 1870 con la 12ª edición de la gramática académica. Sin embargo, creemos pertinente empezar nuestro recorrido de obras gramaticales por Salvá Pérez (1835), pues fue él el primero que hemos identificado en tratar las principales características del adjetivo y las cuestiones que suscitan que luego desarrollará la tradición posterior. 18 Para una exposición detallada de la bibliografía que se ha ocupado de la posición del adjetivo con respecto al nombre en español, véase Demonte (1999: §3.5.2.1).
José García Pérez 66 3.2.1.1. Salvá Pérez y los cuatro puntos cardinales Para este autor, nombre y adjetivo son subclases de una sola: el nombre (1835: 11). No obstante, da una atención específica a la realidad del adjetivo, de la que destacamos sus observaciones sobre la posición con respecto al nombre, por ser la cuestión que más ha interesado a los estudiosos posteriores hasta hoy. En efecto, Salvá Pérez (1835) indica que los adjetivos en español pueden anteponerse o posponerse al nombre, aunque matiza esta aseveración con algunas “observaciones” que enumera (1835: 125-127) y nosotros vamos a seleccionar cuatro de los fenómenos en ellas apuntados, pues son los que va a tratar la bibliografía posterior: 1. Con la anteposición se modifica la intensión del sustantivo y se resalta una cualidad inherente al nombre (vg. amargas adelfas), mientras que con la posposición lo que se modifica es la extensión del sustantivo, de tal manera que se “denota alguna circunstancia accidental o que no es de la esencia de la cosa” (Salvá Pérez 1835: 124) (vg. adelfas amargas frente a otras que no lo sean (tanto)). Esta consideración la heredará Bello (18471951) y se mantendrá hasta la gramática académica actual (RAE-ASALE 2009). 2. Con la anteposición puede haber un cambio de significado, normalmente de naturaleza subjetiva (vg. pobre hombre vs. hombre pobre, gran caballo vs. caballo grande, un solo hombre vs. un hombre solo, una cierta historia de amor, una historia de amor cierta). Esta observación la desarrollarán autoras posteriores como Demonte (1982, 1999) o Fuentes Rodríguez (2006). 3. Las propiedades fonológicas también tienen un papel determinante en la posibilidad de posición del adjetivo, de tal manera que, si el sustantivo del sintagma es monosílabo y el adjetivo que lo modifica tiene tres sílabas, este se pospone aunque denote cualidad inherente (vg. Sol resplandeciente), aunque esta consideración cambiaría con el artículo definido (vg. La dorada luz del sol). Esta explicación acerca de la importancia de la combinación sintagmática para atender a la sistematización de la posición del adjetivo serán esutidadas más tarde por estudiosos como Fernández Ramírez (1986), Gili Gaya ([1961]1970), Lapesa Melgar (1975) o Demonte (1982, 1999).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 67 Estos comentarios vertidos por Salvá Pérez (1835) han sido los puntos cardinales de la investigación que ha merecido el adjetivo en el español, de tal manera que los investigadores posteriores han centrado sus esfuerzos en intentar sistematizar el comportamiento del adjetivo con respecto al nombre a partir de los fenómenos apuntados, tal y como detallaremos en las secciones siguientes. 3.2.1.2. Bello y las varias especies de nombre Si bien este autor incluye el adjetivo entre las “varias especies de nombre”, lo presenta independiente en su clasificación de partes de la oración: “34 (17). Atendiendo ahora a los varios oficios de las palabras en el razonamiento, podemos reducirlas a siete clases, llamadas Sustantivo, Adjetivo, Verbo, Adverbio, Preposición, Conjunción, Interjección” (Bello [1847]1951: §34 (17), 22). Así, le dedica una sección en la que hace una serie de observaciones sobre nuestra unidad que tienen aún hoy bastante influencia en los tratamientos que se vierten sobre el adjetivo. En efecto, aunque Bello postula que adjetivos y sustantivos tienen rasgos comunes lo suficientemente pertinentes para su inclusión en una misma categoría, también reconoce que ambos tienen características propias por las que merecen un tratamiento aparte: Yo he reducido las partes de la oración a siete: Sustantivo, Adjetivo, Verbo, Adverbio, Preposición, Interjección y Conjunción; pero me ha parecido conveniente dar la denominación común de Nombres al sustantivo y al adjetivo, por la semejanza de sus accidentes y la frecuente trasformación de uno en otro; sin que por esto, cuando enumero las más altas categorías en que se dividen las palabras, considere al Nombre como una de ellas, puesto que el Sustantivo y el Adjetivo ofrecen caracteres especiales, exclusivos e importantísimos, que diferencian al uno del otro y de todas las otras clases de palabras. (Bello [1847]1951: Nota I, 359) Si abundamos en la sección que le dedica al adjetivo, el venezolano comienza aludiendo a esta unidad en su relación con el nombre, señalando las dos posibilidades sintácticas que tiene para llevar a cabo su modificación, bien mediante la adyacencia al nombre (vg. niño instruido), bien formando parte del “atributo”, es decir, a través de un
José García Pérez 68 verbo (vg. el niño es instruido o me parece instruido) 19 (Bello [1847]1951: §45(27), 26). Centrándose en el uso de modificador adyacente al nombre, observa que son posibles dos tipos de modificación: una que incide sobre la intensión (“particulariza, especifica [al nombre]”) y otra que atañe a la extensión (“desenvuelve, explica [el nombre]”), ligando la primera a la anteposición (las mansas ovejas) y la segunda a la posposición (los animales mansos), si bien admite que en el uso literario puede esto no darse. Lo que principalmente hace Bello ([1847]1951) es constatar un hecho de naturaleza semántica (Bello [1847]1951: §47(29) – §48(30), 26-27). La Nueva Gramática de la Lengua Española mantiene también (RAE-ASALE 2009: §13.2b) esta observación cuando habla de las clases de adjetivos y como primer grupo establece los adjetivos restrictivos frente a los no restrictivos. Los primeros restringen la extensión (gatos negros), indicando el tipo de referentes que pueden incluirse en el significado que denota el sustantivo, mientras que los otros modifican la intensión introduciendo un sema nuevo en el significado del sustantivo (misteriosos gatos). Como se ve, la estela de este autor es bastante extensa y llega a nuestros días, de ahí nuestra consideración de su obra en primer lugar. Aparte de lo arriba indicado, este estudioso no se adentra más en las propiedades sintácticas del adjetivo ya que el resto de sus consideraciones sobre nuestra categoría tienen que ver con aspectos como las propiedades morfológicas relacionadas con el género y el número que se derivan de la unión con diferentes clases de sustantivos, los modificadores que puede recibir ([1947]1951: Capítulo XXII – “Estructura de la oración”), la relación entre participios 19 Para él, al ser la misma función de modificación, la llama igual: “predicado”, y la identifica como función propia del adjetivo, frente a la función de “atributo”, que reserva para el verbo: “El adjetivo predicado, constante en su referencia al sustantivo, puede hallarse en muy diversos lugares, ya construyéndose inmediatamente con el sustantivo (la oscura noche, el triste invierno), ya modificando al verbo (el día amaneció tempestuoso), ya designando el término de un complemento (se acreditan de valientes, tiene fama de hermosa, da en temerario). Yo miro, pues, al predicado como una función del adjetivo, cuando refiriéndose al sustantivo sin limitar su extensión, enuncia una cualidad del objeto que éste significa. Por consiguiente hago diferencia entre predicado y atributo. El adjetivo predicado y el verbo modifican ambos a un sustantivo; pero el segundo lo hace precisamente designando la segunda parte de la proposición, el atributo; presidiendo en él a todas las otras palabras que lo componen, y tomando las formas peculiares que corresponden a la persona y número del sujeto, y a las ideas de tiempo y de modo que conviene indicar; caracteres de que no goza el adjetivo predicado” (Bello [1847]1951: Nota II, 361). Sin embargo, como hemos señalado, estos términos, atributo y predicado, no aluden siempre a las mismas funciones, de tal manera que en cada autor o corriente suelen denotar algo distinto. De hecho, el propio Bello es consciente de tal situación, aunque lo que a él le interesa es describir lo que en la estructura lingüística sucede: “Podrán preferirse otros términos para distinguir las dos cosas que yo llamo predicado y atributo; pero la distinción entre ambas es un hecho incontestable de la lengua”.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 69 y adjetivos ([1947]1951: Capítulo XXVI – “De los participios irregulares”), aspectos de la concordancia con el sustantivo ([1947]1951: Capítulo XXX – “Concordancia”) o los grados de comparación ([1947]1951: Capítulo XLVIII – “Cláusulas absolutas”). 3.2.1.3. Lenz y el factor de la subjetividad Traemos también a examen la obra de Rodolfo Lenz, Las partes de la oración (1925), cuyo Capítulo V está dedicado a “El adjetivo” (1925: 139-209). Influido por la lógica, Lenz comienza por los aspectos semánticos de nuestra unidad, diferenciando entre adjetivos cualitativos (bueno, grande) y cuantitativos (mucho dinero, algunas manzanas, pocas casas) haciendo referencia a la tradicional distinción entre calificativos y determinativos (Lenz 1925: §88), que retoma en §99 para señalar que, si bien tanto la cualidad como la cantidad se expresan en español con adjetivos, existen diferencias semánticas considerables entre ellas, hasta tal punto que la cantidad no modifica verdaderamente al significado del sustantivo, sino que solo lo restringe o actualiza. Nosotros hemos postulado que las diferencias entre calificativos y determinativos no son solo semánticas, sino también y sobre todo, morfológicas y sintácticas. Para nuestro cometido, el punto más importante de la reflexión de Lenz sobre el adjetivo reside en su referencia al “valor relativo” de los adjetivos, pues su significado siempre va a ser entendido a partir de una escala o norma que casi siempre va a depender de la subjetividad de cada hablante, algo sumamente interesante porque se incluye un factor extralingüístico en la determinación de cuál es la naturaleza semántica de una unidad. Al hilo de la consideración de que las “cualidades simples, primitivas” se suelen expresar en muchas lenguas por medio de “parejas contrarias” (grande – pequeño, claro – oscuro), Lenz señala lo siguiente: Todas estas palabras corresponden a parejas contrarias cada vez a una sola especie de cualidad que en abstracto solemos expresar por el substantivo del lado positivo: es decir, bueno y malo se refieren a la bondad; caliente y frío, al calor; grande y chico, al “tamaño” (tan magnum). La cualidad puede representarse por una línea que va de un extremo positivo a uno negativo. El valor de cada punto depende del punto de partida del que habla, y es absolutamente subjetivo; el alimento, bueno para un adulto sano, puede ser malo para un niño o un enfermo; agua de 50 grados será caliente en exceso para un baño, pero fría para hacer café. (Lenz 1925: §96)
José García Pérez 70 Este es un aporte sustancial que nosotros tendremos en cuenta en nuestro análisis sobre los adjetivos valorativos (§3.3), cuyo significado siempre se satura en función de las escalas -morales o éticasque maneja cada hablante. En cuanto a las funciones sintácticas que identifica para el adjetivo, Lenz, al igual que Bello, tiene en cuenta la relación del adjetivo con el sustantivo, de tal manera que le otorga dos funciones: atributo inmediato (Las manzanas maduras están en la mesa) y atributo predicativo (Pedro es guapo) (Lenz 1925: §109). Igualmente, también se adentra en la cuestión de la anteposición y la posposición. En un primer momento habla de que la atribución de la cualidad es mayor (“más íntima”) con la anteposición que con la posposición (Lenz 1925: 170-171). No obstante, más adelante precisa esta observación. Comienza indicando que esa vacilación en la posición del adjetivo es algo común a muchas lenguas indoeuropeas. En español, el primer gramático que dio cuenta de ello, según se recoge Lenz (1925: 176), fue Salvá Pérez (1835). Sin embargo, el primero que intenta dar una fórmula general o regla gramatical que justifique estas colocaciones es Bello, cuya explicación Lenz no encuentra satisfactoria porque el uso revela que los ejemplos aducidos por el venezolano no abarcan la realidad del comportamiento de esta categoría cuando modifica al nombre (Lenz 1925: 176). Para él, la solución está en las consideraciones de Gröber para el francés, que recogió y sintetizó Hanssen (1913) y que proponen entender el binomio anteposición/posposición a partir de la dicotomía entre subjetividad/objetividad. Así lo describía Hanssen en su Gramática histórica de la lengua castellana: 472. La Colocación del Adjetivo Atributivo. En cuanto al lugar que corresponde al adjetivo atributivo, Gröber, G. 273, ha dado la regla fundamental: „E1 adjetivo pospuesto determina ó distingue intelectualmente; el adjetivo antepuesto atribuye al sustantivo una cualidad dándole valor sujetivo". En terminología más sencilla, podemos decir que el adjetivo pospuesto tiene carácter objetivo y el adjetivo antepuesto tiene carácter sujetivo: un hombre grande, un gran emperador. Por este motivo, adjetivos que expresan cualidades objetivas, como los que se derivan de nombres de países, por regla general se posponen, y los que envuelven la idea de apreciación sujetiva, como bueno y malo, a menudo se anticipan: por malos mestureros (Cid 267), pero un dinero malo (Cid 165). (Hanssen 1913: §472)
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 71 La posibilidad de la anteposición queda reservada a aquellos que pueden expresar subjetividad, mientras que los que no tienen contenido valorativo no pueden anteponerse, de tal manera que en función de una u otra posición hay adjetivos que tendrían una u otra lectura (Lenz 1925: 177). Esta es la explicación que más ha proliferado en los estudios sobre la anteposición que han llenado la bibliografía sobre la cuestión hasta hoy, a pesar de que no se encuentran apenas referencias a Lenz, quien también alude a que, en el caso de adjetivos que pueden posponerse o anteponerse, el significado de todo el sintagma nominal varía en función de la posición que ocupe con respecto al nombre: En la combinación de substantivo y adjetivo, cualquiera que sea el orden, el segundo elemento es el enfático, el distintivo; de consiguiente, el primero indica la esfera general que prevalece. A una casa nueva se opone otra casa, en particular una casa vieja; en una bonita casa la esfera dominante es la de lo que me parece bonito, y se lo pondría otra cosa bonita; por ejemplo: un bonito jardín. (Lenz 1925: 177) La relación entre el orden que tiene cada elemento del sintagma nominal con la especificación de la referencia es lo que sustenta el hecho de que la anteposición se entienda como expresión de la subjetividad en tanto que el hablante no está especificando la referencia a la que alude (el sustantivo), sino que incluye esa referencia denotada por el sustantivo en un punto de sus escalas de valores éticos o estéticos: Si el adjetivo calificativo precede, domina el sentimiento; con el substantivo antepuesto prevalece lo real, lo objetivo, y por esto el adjetivo que sigue entra en la esfera lógica. […] El atributo antepuesto caracteriza al substantivo desde el punto de vista que interesa al que habla, sin que esta cualidad sea “específica”, formadora de subespecies, que excluyen unas a otras. (Lenz 1925: 177-178) Por último, deja también para el final Lenz su definición de adjetivo como parte de la oración, una vez que ha explorado y revisado todas las características que se le han atribuido: “Es adjetivo toda palabra variable que modifica o determina a un substantivo, sea como atributo inmediato o como atributo predicativo” (Lenz 1925: 205-206). De
José García Pérez 72 nuevo siempre la definición del adjetivo está relacionada con su comportamiento con especto al nombre, de ahí la necesidad de un estudio macrosintáctico de esta unidad que dé cuenta de todo su verdadero alcance. 3.2.1.4. Alonso y Henríquez Ureña y la identificación con el sustantivo Alonso y Henríquez Ureña no dedican un capítulo exclusivo al adjetivo en su Gramática castellana. Segundo curso (1984[1939]). Se alude a él por su relación con el sustantivo y atendiendo sobre todo a las propiedades morfológicas de los sustantivos que tienen variaciones en cuanto a la terminación genérica y la manera en que los adjetivos se combinan con ellos. También se hace referencia a la unidad que forman el sustantivo y el adjetivo a nivel semántico (Capítulo III, Lección VIII, pp. 56-67), pero en ningún momento se habla de las implicaciones de la anteposición y la posposición. 3.2.1.5. Gili Gaya y el oficio del adjetivo Uno de los autores de la tradición gramatical más aclamados por los pragmatistas es Gili Gaya, quien ya en su Curso Superior de Sintaxis Española (1970 [1961]) pone en jaque las consideraciones de Bello y tiene en cuenta otras posibilidades a partir de lo aportado por otros estudiosos, en este caso Fernández Ramírez, contribuciones que no dudó Gili Gaya en incluir en la edición (novena) del Curso… que manejamos. Él reconoce el adjetivo como parte de la oración, como clase de palabra, y le dedica un capítulo completo en esta obra, cuyo título revela su concepción de las clases de palabras como clases funcionales: Oficios del adjetivo. Sin embargo, a pesar del plural del título, solo le reconoce su papel de modificador del sustantivo: “Consiste la función peculiar del adjetivo en determinar o calificar al substantivo, cualquier que sea el oficio que este desempeñe en la oración” (Gili Gaya 1970[1961]: §163), bien por “atribución asindética” (fruta madura), bien por “atribución sintética” (vg. La fruta estaba madura). Este autor sí se detiene también en la problemática que supone en español la posibilidad de anteposición o posposición del adjetivo con respecto al nombre, y advierte que esta doble posibilidad anteposición – posposición se da fundamentalmente cuando hay un uso deliberado de la lengua, sobre todo cuando se trata del quehacer literario: el sistema de los adjetivos y la posición de éstos antes o después del substantivo, sólo funcionan a pleno rendimiento en el lenguaje literario; muchas secuencias propias de la lengua artística apenas están representadas en el habla popular corriente. El epíteto, que
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 79 sobradamente justificada una nueva investigación sobre la clasificación del adjetivo [omito nota]” (Penadés Martínez 1988: 151). Por otro lado, es de resaltar que, en todos esos trabajos, el fenómeno de la posición con respecto al nombre ha sido el que ha servido de criterio vertebrador para el establecimiento de las clases de adjetivos en español. Esta autora hace una división entre los gramáticos tradicionales y los estructuralistas y generativistas y detecta los mismos problemas en todos ellos, ya que los estructuralistas y generativistas en muchos casos solo repiten, bajo la óptica de sus metodologías, los mismos exámenes -y desaciertosque sus predecesores. Las imprecisiones que advierte Penadés Martínez son tres fundamentalmente. Por un lado, la mezcla de criterios (semántico y morfológico), fenómeno general en el quehacer gramatical, tal y como se expuso en el caso de la delimitación del adjetivo como categoría. Por otra parte, en muchos casos los gramáticos parten de factores extralingüísticos, entendiéndolos como semánticos, que dan lugar a clasificaciones “apriorísticas” y sin una oposición de elementos a nivel interno, de tal manera que ello da lugar a “interferencias entre los grupos y subgrupos separados y búsqueda de apoyos en la realidad extralingüística para analizar unidades de lengua” (Penadés Martínez 1988: 150). Finalmente, también sucede que los autores no ejecutan los análisis según sus presupuestos teóricos de partida o no aplican adecuadamente los conceptos metodológicos de los que se sirven. Por todo lo anterior, y teniendo en cuenta el lapso temporal que abarca el estudio de Penadés Martínez (1988), a continuación, nosotros vamos a exponer aquellos estudios que han indagado con mayor sistematicidad en este fenómeno de la posición del adjetivo con respecto al nombre, teniendo en cuenta al mismo tiempo las aportaciones más sobresalientes y rentables que se han hecho desde el estudio que acabamos de comentar. 3.2.2.1.1. La diversidad de factores: un intento de explicación El hecho de que la aparición del adjetivo antepuesto o pospuesto al nombre no era cuestión de un solo factor es un lugar común en la bibliografía sobre este tema. Así lo habían apuntado ya Fernández Ramírez (1986), Gili Gaya (1970[1961]) o Alonso Pedraz (1968). En esta tradición se inserta el trabajo monográfico de Lapesa Melgar
José García Pérez 80 (1975). Este autor acepta la distinción también tradicional entre valor explicativo para la anteposición y valor especificativo para la posposición. Sin embargo, considera que este es un “factor esencial, pero no único” (1975: 330) pues también es necesario tomar en consideración otros factores además del semántico. En concreto, dos: el uso “desviado” de la anteposición en ciertas tradiciones discursivas como la literaria y el co(n)texto gramatical en el que se inserta el adjetivo, pues no siempre en el sintagma nominal es el único elemento que modifica al nombre. En su trabajo, de corte diacrónico, analiza precisamente el uso de adjetivos en el lenguaje literario a lo largo de la historia del español, comparándolo con otros registros y con las posibilidades que ofrece el español de hoy, dando cuenta especialmente de los contornos sintácticos en los que el adjetivo se coordina con otros, lleva él modificadores o los lleva el sustantivo. La observación de estos contornos sintácticos le lleva a concluir que en este tipo de situaciones siempre va a ser mayoritaria la posposición aunque el adjetivo sea valorativo o explicativo: “la anteposición es tanto más infrecuente cuanto mayor sea el número de calificativos” (1975: 337); o, al menos, en pocos casos la anteposición es exclusiva de un determinado contorno 23 , pues la posposición siempre va a admitir todas las posibilidades (explicativas, valorativas, etc.) consideradas tradicionalmente como efectos de la colocación antepuesta del adjetivo: “Hoy es casi de rigor la posposición cuando los adjetivos son especificativos y dominante cuando explicativos” (1975: 33). También es dominante cuando se trata de adjetivos que van en estructuras de comparación (?Llegó un más atractivo que guapo profesor vs. Llegó un profesor más atractivo que guapo). La observación de contornos como los ejemplificados lleva a concluir a Lapesa Melgar (1975) que en la explicación de la posición del adjetivo español con respecto al nombre influyen factores de diversa índole, como la presencia de otros complementos en el sintagma, y no se puede atender a esta cuestión desde uno solo de ellos (Lapesa Melgar 1975: 345). Sin embargo, en el caso de los factores semánticos, lo marcado en la anteposición no es lo valorativo, sino que entran en juego otros factores semánticos que justifican y explican mejor la distribución del adjetivo con respecto al nombre en español, tal y como se expone en la siguiente sección sobre los trabajos de Demonte 23 Señala este autor que la anteposición sí es forzosa en el caso de interrogaciones y ponderaciones introducidas por qué, cuán, cuánto, tanto si estos elementos se refieren o modifican al adjetivo: Dios, qué buen vasallo! (Cid, 20). Sin embargo, cuando inciden sobre el sustantivo, son posibles tanto la anteposición como la posposición: cuántos buenos amigos, ¡cuánto esfuerzo inútil!.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 81 (1982, 1999), una de las autoras que más luz han arrojado sobre este campo de investigación 24 . 3.2.2.1.2. La diversidad de factores semánticos: otro intento de explicación Dos de los estudios que más repercusión han tenido en la investigación sobre el adjetivo en español son los llevados a cabo por Demonte (1982, 1999): “El falso problema de la posición del adjetivo: dos análisis semánticos” (1982: 453-485) y el capítulo publicado en la Gramática Descriptiva de la Lengua Española que lleva por título “El adjetivo: clases y usos. La posición del adjetivo en el sintagma nominal” (1999: 129-215). Esta autora tiene la misma concepción que Bosque Muñoz (2015) y considera que el adjetivo se define por la conjunción de sus propiedades sintácticas y semánticas, pues se trata de “una clase de palabras cuyos miembros tienen unas características formales muy precisas [se atributo o modificador del nombre sustantivo]; y es también una categoría semántica: hay un tipo de significado que se expresa preferentemente por medio de adjetivos” (Demonte 1999: 133). Aunque señala que también puede aparecer como predicado de una oración copulativa o como complemento predicativo, Demonte decide centrarse en la “construcción modificadora”, en el comportamiento del adjetivo con respecto al nombre en el sintagma o frase nominal y una de las cuestiones que más atención suscita es la posición que adopta el adjetivo con respecto al nombre. Sobre ello, Demonte expresa que, ante la cantidad de contraejemplos en la explicación antepuesto – no restrictivo vs. pospuesto – restrictivo, “en la determinación del valor semántico asociado a cada posición deben intervenir otros factores” (1982: 460 y esta misma consideración en 1999: 191). Esto se sustenta en algo que ya había señalado Gili Gaya (1970[1961]): el hecho de que esta oposición restrictivo – no restrictivo solo se mantenía en sintagmas o frases nominales definidos (vg. Las casas oscuras – Las oscuras casas vs. Unas casas oscuras – Unas oscuras casas) (Demonte 1982: 469): Tener en cuenta este hecho es uno de los dos factores que propone esta autora en ambos trabajos (1982, 1999) para abordar de una manera novedosa -y tal vez 24 Esta autora también hace referencia a otros factores diferentes de los semánticos, como el hecho de que, si bien tanto los antepuestos como los pospuestos admiten intensificadores (el muy estúpido profesor extremadamente gordo), solo los pospuestos admiten complementos (*el similar al de Pedro examen – el examen similar al de Pedro) (Demonte 1999: §3.5.1.1).
José García Pérez 82 definitivala problemática de la posición del adjetivo con respecto al nombre. El otro tiene que ver con la naturaleza semántica de los adjetivos, es decir, no es la posición la que determina un significado u otro, sino que es la naturaleza del adjetivo la que permite su aparición antepuesto o pospuesto. Así, para entender por qué la lectura restrictivo – no restrictivo solo parece operativa en sintagmas o frases nominales definidos, es necesario en primer lugar tener en cuenta qué clases de adjetivos son las que admiten la anteposición (1982: 472). En efecto, el principal problema reside en la clase de los calificativos, pues los relacionales siempre van pospuestos (vg. producción lechera - *lechera producción) y los modales, antepuestos (vg. presunto asesino - *asesino presunto) 25 . Es con los calificativos con los que Demonte afirma que la diferencia de posición conlleva cambios de significado: “en los calificativos esas dos posiciones se relacionan con dos interpretaciones semánticas diversas, salvo en el caso de los de extrema valoración” (Demonte 1999: 190). Como ya señaló Gili Gaya (1970[1961]) y también recoge Demonte en su trabajo de 1982, la mayoría de los ejemplos que los gramáticos tradicionales utilizaban para señalar una asociación anteposición – no restrictivo vs. posposición – restrictivo eran sintagmas o frases nominales definidas, de tal manera que esa interpretación semántica no se mantenía en el caso de frases o sintagmas nominales indefinidos. De lo que se preocupa Demonte es de intentar disociar la asociación entre ser modificador de la intensión y ser no restrictivo y entre ser modificador de la extensión y ser restrictivo ya que “la distinción de posición es, en realidad, un falso problema; tal distinción necesita ser complementada o sustituida por otras jerarquizaciones” (1982: 455). En el caso del uso de calificativos en sintagmas nominales con determinantes, Demonte (1982) acepta la asociación intensional – antepuesto vs. extensional – pospuesto. Sin embargo, esta distinción tiene implicaciones diversas según estén en un sintagma o frase nominal definido o indefinido (1982: 192). Así, cuando estamos en frases o sintagmas nominales definidos, la anteposición y la posposición del adjetivo con respecto al nombre sí tiene correlación 25 Sin embargo, la clase de los modales encierra una particularidad, y es que hay adjetivos que tienen un significado modal y otro calificativo en función de su posición: una verdadera alegría (= gran) vs. una alegría verdadera, un cierto episodio (= indeterminado) vs. un episodio cierto (tomados de Demonte 1982: 468). En estos casos, vemos cómo la anteposición/posposición sí refleja -que no implicauna diferencia en la interpretación de un significado u otro. La razón por la que los modales se anteponen tiene que ver con que desempeñan, según Demonte (1982), una “función casi deíctica” (1982: 468).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 83 con los valores semánticos de no restricción frente a restricción respectivamente. El adjetivo pospuesto contribuye a especificar o restringir la referencia del sustantivo (cuál es su extensión) y así identificar mejor al referente por él denotado (vg. Me gustan las ovejas mansas). Con el adjetivo antepuesto, no se pierde la lectura específica, puesto que esta es dada por el determinante definido, y también se consigue especificar el referente, pero esta vez añadiendo alguna nota o sema nuevo a la referencia (intensión) del nombre (vg. Me gustan las mansas ovejas), lo que da lugar a diferentes efectos “tal vez pragmáticamente seleccionados” según Demonte (1999: 193-194): énfasis en una cualidad intrínseca, valoración subjetiva, singularidad-exclusividad del individuo, etc. Sin embargo, según recoge Demonte (1999) de las aportaciones de Bosque Muñoz (1996) y Picallo i Soler (1994), cuando los cambios de posición se dan en sintagmas o frases nominales indefinidos, el adjetivo antepuesto solo permite la lectura específica, mientras que con el pospuestos, ambas son posibles. Compárese Ana cree que una periodista importante le solicitará una entrevista (lectura específica/genérica) con Ana cree que una importante periodista le solicitará una entrevista (lectura específica/*genérica). Esto se ve mejor en el caso de enunciados en los que la preposición a de los complementos directos, que marca justamente especificidad, no puede estar ausente si el adjetivo va antepuesto: Busco a un inteligente médico vs. *Busco un inteligente médico. Con el pospuesto, como permite también la lectura genérica, no nos pueden resultar agramaticales sus apariciones con este significado genérico: Busco a un médico inteligente (específico) vs. Busco un médico inteligente (genérico). Así, vemos que la asociación tradicional de los gramáticos entre restricción – no restricción para la posposición – anteposición solo se da en un co(n)texto determinado, que son los sintagmas o frases nominales definidos que tienen adjetivos calificativos. No obstante, la problemática no acaba aquí, puesto que existen otros usos antepuestos y pospuestos de adjetivos calificativos que conllevan cambios de significado. En efecto, hay una serie de adjetivos calificativos que se acercan a los modales, de tal manera que, además de modificadores de la extensión o del referente, son también intensionales o modificadores de la referencia. Sin embargo, en este caso, esa doble posibilidad tiene otra interpretación semántica: bien la lectura intersectiva o absoluta, bien la no intersectiva o relativa. Con la posposición ambas lecturas son posibles, pero parece ser que existe una tendencia general a que la anteposición solo
José García Pérez 84 admita la lectura intersectiva o absoluta (Demonte 1999: 198). Así, en el caso de Susana es una buena amiga, la lectura relativa o no intersectiva es clara y se considera que Susana es buena en tanto que amiga. Esta lectura no tiene por qué mantenerse. En cambio, si afirmo que Susana es una amiga buena, puedo tener también la lectura absoluta o intersectiva y considerar que es buena en general. Pero, además, hay un grupo de adjetivos en español que sí tiende a utilizar el cambio de posición para marcar la lectura relativa de la absoluta. Tomamos la nómina de Demonte (1999: 199): a. Una verdadera alegría [ = gran] – Una alegría verdadera [ = cierta]. b. Buen amigo [ = gran] – Amigo bueno [ = bondadoso]. c. Gran jefe [ = con grandeza] – Jefe grande [ = de tamaño] d. Nuevo libro [ = recién aparecido] – Libro nuevo [ = apenas usado, casi intacto]. e. Pobre hombre [ = miserable] – Hombre pobre [ = sin recursos]. f. Viejo profesor [ = antiguo en la profesión] – Profesor viejo [ = anciano]. g. Rara cualidad[ = no frecuente] – Cualidad rara [ = extravagante]. h. Real coche [ =muy bueno] – Un coche real [verdadero]. No obstante, se ha hablado de tendencia y no de ley porque en este comportamiento también entra en juego el significado del nombre al que acompañan estos adjetivos calificativos: en casos como médico bueno o abogado bueno se hace más difícil la lectura absoluta o intersectiva aunque van pospuestos. Lo que sí queda claro es que la anteposición no admite la lectura absoluta o intersectiva, sino que siempre selecciona la relativa o no intersectiva. Así cobran sentido las afirmaciones de Demonte (1982, 1999) sobre el hecho de que lo postulado hasta el momento sobre la anteposición y posposición solo puede hacerse sobre unas determinadas subclases de adjetivos y que las posibles generalizaciones solo caben en la anteposición: mientras que los modales se anteponen porque son intensionales y no intersectivos, los calificativos tienen la doble posibilidad (anteponerse o posponerse) porque precisamente pueden ofrecer las dos lecturas, intersectiva y no intersectiva. 3.2.2.1.3. El enfoque cognitivista a través de la Teoría de los Prototipos
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 85 También desde el punto de vista de la lingüística cognitiva se han hecho aportes a las consideraciones de la posición del adjetivo con respecto al nombre en el sintagma o frase nominal. Es el caso de Martini Ocampo (2006), quien, a partir de la Teoría de los Prototipos y del “privilegio de la primacía” intenta dar una explicación a por qué se produce el cambio de posición del adjetivo con respecto al nombre. Como es sabido, la Teoría de los Prototipos defiende que entre los miembros de una categoría hay unos que son centrales y otros marginales, es decir, hay elementos dentro del conjunto que cumplen con todos los rasgos asociados a esas categorías y hay otros que no los tienen todos o no en el mismo grado. Por otra parte, el “privilegio de la primacía” consiste en señalar que psicológicamente percibimos lo inicial como más importante y así también ocurriría en la comunicación, de tal manera que, cuando el hablante pospone el adjetivo al nombre, lo que pretende es añadirle una propiedad que no estaba en el conjunto de propiedades asociadas a la categoría a la que el nombre pertenece. Por el contrario, cuando el hablante antepone el adjetivo al sustantivo, quiere o bien que esa propiedad de la categoría se vea como la más esencial o importante (como ocurre en el tradicionalmente denominado epíteto: blanca nieve, verde hierba), o bien busca presentar esa categoría con una propiedad que él considera inherente o esencial de cara a sus intenciones comunicativas con el receptor (vg. Y así tuvo lugar el trágico viaje). Como se ve, esta explicación se aviene con lo que la tradición gramatical había postulado. De hecho, la propia autora reconoce que con su trabajo lo que ha buscado es confirmar las tesis de Bello pero bajo un paradigma científico actualizado como el de la lingüística cognitiva, poniendo el foco en el hecho de que es el hablante el que intencionadamente decide una u otra posición y ahí reside la novedad de su trabajo. En igual línea se mantienen otros estudios cognitivos sobre adjetivos particulares. Es el caso del de Maldonado Soto (2010) sobre claro: con este adjetivo antepuesto, se da la posibilidad de que gane prominencia la subjetividad del hablante sobre el objeto, del que no se tiene duda de que pueda pertenecer a la clase a la que se adscribe. Por otro lado, Flores y Melis (2010) analizan cómo feliz/infeliz, alegre/triste y dichoso/desdichado experimentan cambios semánticos a partir de la metonimia y adquieren significados valorativos (vg. ‘acierto’, ‘insignificancia’, ‘maldad’, ‘admiración’) con los que se incrementa la subjetivización de estas unidades.
José García Pérez 86 De hecho, el acudir a la subjetividad del hablante como factor que explica la anteposición del adjetivo en español ha sido propuesto por autores de otras escuelas, como se expone en el siguiente apartado. 3.2.2.1.4. La subjetividad del hablante como inductora de la anteposición Los trabajos que toman la subjetividad del hablante para intentar explicar la posición del adjetivo con respecto al nombre en español proceden de escuelas recientes que buscan factores extralingüísticos diferentes a los de la gramática tradicional para explicar los hechos de lengua. Es el caso de la escuela cognitivista del apartado anterior, o de la orientación pragmática de los dos estudios que se van a examinar a continuación. El primero de ellos es el de Flórez (1995), quien parte de la tradicional distinción entre modificación de la extensión y modificación de la intensión que el adjetivo produce en el nombre a través de la posposición y de la anteposición respectivamente. Esto se debe, sostiene este autor, a la intención del hablante: cuando no presupone la existencia del referente, lo que hace el adjetivo es modificar la intensión, y para ello lo pospone al nombre. Cuando presenta o quiere que el interlocutor presuponga la existencia espacio-temporal del referente con la modificación del adjetivo, lo que hace esta unidad es modificar la intensión del nombre, y para ello el hablante le antepone el adjetivo. Así, en carro viejo lo que se hace es añadir (atribuir) una nota que restrinja la extensión del nombre carro para que al interlocutor le sea más fácil identificar cuál es el referente exacto de carro al que le está aludiendo el emisor. En el caso de viejo carro el hablante ya presenta como inherente al referente la propiedad de ser viejo. A través de esta distinción intencionada entre modificación de la intensión y de la extensión, Flórez (1995) propone que todos los adjetivos pueden usarse bien atributivamente (modificando la extensión), bien referencialmente (modificando la intensión). No obstante, también reconoce que se puede alterar este comportamiento o asociación de la posición con la intención referencial o atributiva con fines de énfasis o estilísticos a través, sobre todo, de la entonación (mayor intensidad en el adjetivo pospuesto, pausas, etc.), algo que también será puesto de relieve por otros autores, como Narbona Jiménez (2015), al estudiar la posición del adjetivo en el registro coloquial, como se detallará en el siguiente apartado. Por su parte, Fuentes Rodríguez (2006) también considera que existen diferencias entre el adjetivo antepuesto y el pospuesto, y el cometido de su trabajo busca
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 87 sistematizar o dar detallada cuenta de cuáles son las funciones que puede desempeñar el adjetivo en la anteposición, pues el campo de la subjetividad del hablante es muy amplio y debe darse una sistematización de los contenidos que lo conforman. Así, esta autora propone que los adjetivos antepuestos pueden ordenarse de la manera siguiente: • Cercanía a la determinación: tiene su propio baño, quiero tratar cierto asunto contigo • Marco referencial, o modificadores de la intensión de la referencia, y enfatizadores informativos: un auténtico profesional, un perfecto manipulador, la clásica disculpa para salir del paso • Modalidad: epistémicos (hay un posible sospechoso, el presunto autor de los hechos) o valorativos (fue un magnífico partido, esta maldita guerra, la dichosa lluvia, no puedes tener así al pobre gato) • Orientación o fuerza argumentativa: es un simple juego, no hay que enfadarse; ha habido un pequeño error; apreciamos un ligero descenso de los casos Muchos de estos adjetivos, usados en esta (ante)posición, han experimentado una pérdida de su contenido designativo representativo y pueden considerarse operadores discursivos. Es el caso de mero, simple, puro, maldito o dichoso. Fuentes Rodríguez (2006) toma el ejemplo de maldito, que antepuesto sirve para marcar valoración negativa y no para expresar que algo está maldecido: maldita guerra (valoración negativa por parte del hablante) vs. guerra maldita (frente a otra exitosa o provechosa). Esta sistematización de la subjetividad que hace Fuentes Rodríguez (2006) revela que el tener en cuenta diversos factores en la explicación de la posición del adjetivo no solo es necesario para determinar las causas de la anteposición y la posposición, sino que dentro de la anteposición también existen contenidos de naturaleza procedimental diversos que pueden ser transmitidos. Entre esos factores que pueden explicar la anteposición y posposición queda por explorar el referido a la variación lingüística, concretamente a la de tipo diamésico, pues hay autores que apuntan a que la movilidad posicional del adjetivo está determinada por la relación de los participantes en la comunicación. A ello dedicamos la siguiente sección.
José García Pérez 88 3.2.2.1.5. La importancia de la variación Entre los estudios que estamos contrastando, son varios los que han apuntado que la cuestión de la posición del adjetivo con respecto al nombre está restringida al uso de estas categorías en el ámbito literario y que la anteposición o posposición obedece a cuestiones estilísticas. Un planteamiento similar hace Narbona Jiménez (2015) al poner de relieve la necesidad de contar con herramientas y métodos apropiados que expliquen la sintaxis del español coloquial, pues los moldes de la gramática tradicional se revelan para ello insuficientes. En efecto, este autor considera que, pese a todo lo vertido sobre este asunto de la posición del adjetivo con respecto al nombre, la cuestión no queda bien explicada porque no se tiene en cuenta, entre otros factores, el de la variación diamésica (Narbona Jiménez 2015: 138). Para su investigación, este autor parte de un corpus formado por grabaciones de conversaciones espontáneas de distintos estratos sociolingüísticos del habla cordobesa y observa que el grado de sistematización de la posición del adjetivo es alto y que, además, no entran en juego ni la prosodia ni la proxémica, de tal manera que también se postula un “falso problema”, como apuntaba Demonte (1982), solo que en una dirección diferente, la de dar cuenta de que no en todos los registros tal alternancia de posición sucede (Narbona Jiménez 2015: 142). Para Narbona Jiménez (2015), la diferencia entre especificación/explicación, al menos en el habla coloquial, no es la que explicaría la anteposición y posposición. La aparición a uno u otro lado del nombre tiene que ver, según este autor y como ya indicó Lapesa Melgar (1975), a factores de tipo esencialmente combinatorio en la cadena sintagmática. La posposición es también norma si el adjetivo está modificado por algún adverbio (a modo que lo que se quiera sea focalizar el adjetivo). Asimismo, no con la anteposición se consiguen efectos de énfasis o subjetivos, o no solo con este procedimiento, o no es este el procedimiento más potente del que disponen los hablantes para marcar énfasis o subjetividad. Así, “la pronunciación silabeada y destacada” (vg. Esa máquina hace un ruido ES-PAN-TO-SO) o la repetición o reduplicación (vg. Mi tío saca unas poesías preciosas-preciosas) del adjetivo pospuesto son los mecanismos más rentables que encuentran los hablantes para tales fines. Igualmente, la parcelación prosódica en construcciones como El tío / siempre bebiendo // y la mujer / la pobrecita / siempre pariendo hace que la posposición no tenga valor especificativo alguno, sino precisamente todo lo contrario.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 95 secundaria relativa a “su coloración afectiva”: valorizadores (vg. apasionante) o neutros (vg. blanco, inglés) 28 . Aunque en un primer momento puede parecer que se trata de una distinción semántica, vemos cómo la diferencia entre “neutros” y “valorizadores” de Milner (1978) tiene un reflejo sintáctico, pues los adjetivos valorativos son “característicos de las construcciones exclamativas” y resultan extraños en interrogaciones, justo al contrario de lo que sucede con los neutros (vg. ?¿Vives en una casa impresionante? vs. ¡Vives en una casa impresionante! | ¿Vives en una casa inglesa? vs. ?¡Vives en una casa inglesa!) (Demonte 1982: 466). Además, no es esta la única consecuencia sintáctica, tal y como lo demuestra Demonte (1982) en cuanto al problema de la anteposición/posposición del adjetivo en español. En efecto, mientras que los calificativos o cualitativos neutros, cuando van en sintagmas definidos, se anteponen o posponen en función de si son no restrictivos o restrictivos, modificadores de la intensión o de la extensión, los valorativos se anteponen y posponen sin motivación alguna, pues “son inequívocamente no restrictivos, cualquiera sea la colocación que tengan en la modificación directa del nombre” (Demonte 1982: 470). Así lo expone también en su trabajo de 1999: al atender a las diferencias entre valorativos y el resto de calificativos, indica que, en el caso de los primeros, “su anteposición o posposición no implica ningún cambio en el significado de la frase nominal” (Demonte 1999: 188): No compraré la casa maravillosa de ventanas enrejadas = No compraré la maravillosa casa de ventanas enrejadas. Esto se debe a que, en ningún caso, estos adjetivos determinan o especifican la extensión del nombre, por su propia naturaleza semántica, sino que siempre introducen la subjetividad del hablante acerca de la realidad denotada por el sustantivo modificado (Demonte 1982: 470). Este es el fundamento de que en este trabajo de 1982 la autora proponga dos criterios para la clasificación del adjetivo en español, el primario relativo a la diferencia entre calificativos o cualitativos, relacionales y modales; y el secundario tocante a su condición de neutros o valorativos. También esta diferencia sustenta la consideración de los valorativos como una “hiper-clase” en su estudio de 1999, donde añade la autora que, en el caso de los sintagmas indefinidos, la aparición en anteposición o posposición sí que puede conllevar un cambio en la interpretación semántica. 28 La propuesta de atender al criterio valorativo para hacer una clasificación de esta categoría gramatical es tomada por Demonte (1982) de Milner (1978).
José García Pérez 96 En efecto, la anteposición en sintagmas indefinidos favorece la interpretación relativa o sincategoremática, mientras que la posposición permite tanto esta como la absoluta o intersectiva (Demonte 1999: 180). En el enunciado Rafa Mir es un buen futbolista parece que solo es posible la interpretación que indica que es bueno como deportista, pudiendo no ser bueno en otros aspectos de su vida, mientras que si emitimos Rafa Mir es un futbolista bueno podemos extraer tanto el significado de ‘bueno como futbolista’ como el de ‘buena persona’. En cualquier caso, esta diferencia no altera su condición de valorativos, pues lo que distingue la anteposición de la posposición es el alcance de la valoración, pero no hay un significado distinto en cada lugar, como ocurría con los modales (vg. una verdadera alegría (‘gran’) vs. una alegría verdadera (‘cierta’)), ni un tipo de modificación frente a otro, como sucede con los calificativos o cualitativos (vg. las espesas ramas (‘no-restricción’) vs. las ramas espesas (‘restricción’)). Por otro lado, el reflejo sintáctico de la distinción de una hiper-clase de valorativos no se detiene aquí, sino que existen otros comportamientos que justifican una consideración de estos adjetivos como grupo independiente. Se refiere Demonte (1999) a la posibilidad de aparecer junto con otra clase de adjetivos. Los valorativos y, dentro de estos, sobre todo los elativos, pueden aparecer en sintagmas indefinidos modificando a sustantivos cuya extensión está restringida por un adjetivo relacional. Como hemos señalado, la anteposición y la posposición es posible y no entraña diferencia sustancial alguna: Un excelente masaje cardíaco, Una discusión parlamentaria {extraordinaria / horrible / bochornosa}, Un tráfico aéreo {terrible / insoportable} (tomados y reelaborados de Demonte 1999: 183). El resto de calificativos solo puede aparecer en este tipo de sintagmas si el sustantivo denota “objeto o entidad material” (Demonte 1999: 1983): La mesa presidencial ancha, La iglesia románica dorada. También es condición propia de los valorativos el aparecer antepuestos junto con otros calificativos, mientras que los restantes de esta clase van solo en la anteposición: El monumental largo cañón. Si el calificativo apareciera en primer lugar, se requeriría una conjunción: *El largo monumental cañón vs. El largo y monumental cañón. Esta propiedad tiene que ver con el hecho de que, en este caso, el adjetivo valorativo es en realidad modificador del otro calificativo, tal y como puede colegirse de su sustitución por un adverbio, clase de palabra con una función también modificadora: El monumentalmente largo cañón (tomado de Demonte 1999: 185). Todo
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 97 esto hace que la autora establezca un paralelismo entre los adjetivos modales y los valorativos frente al comportamiento de los calificativos o cualitativos: los adjetivos adverbiales (particularmente los modales) y los valorativos elativos constituyen una clase natural de modificadores que pueden referirse a un nombre modificado a su vez por un adjetivo, frente a ellos los restantes calificativos son modificadores únicos que, en la anteposición, sólo pueden actuar en paralelo (modifica cada uno por separado a un núcleo) y no tienen alcance sobre otros adjetivos. (Demonte 1999: 185) Como vemos, de las propiedades sintácticas que estamos comentando se deduce cierta “externalidad” de la clase de los valorativos. Este carácter “externo” se confirma con la observación de otra propiedad: cuando hay varios adjetivos calificativos pospuestos, los valorativos siempre ocupan el último lugar: La mesa grande maravillosa vs. *La mesa maravillosa grande, La niña alta bellísima vs. *La niña bellísima alta (tomados de Demonte 1999: 186) 29 . Es decir, su alcance semántico se aplica a todo el grupo formado por el nombre y el adjetivo calificativo: [la [[mesa grande] maravillosa]], [la [[niña alta] bellísima]] 30 . Todos estos comportamientos se deben, apunta Demonte (1999), al carácter eminentemente intensional que tienen estos adjetivos, pues su cometido es introducir la subjetividad del hablante con respecto a la realidad que está siendo denotada por el resto del sintagma nominal. Como ya hemos señalado, en ningún caso los valorativos sirven para restringir la extensión del nombre en busca de una descripción de la realidad de la que el hablante quiere dar cuenta. Así lo expone Demonte (1999): los adjetivos evaluativos elativos se anteponen, pero pueden además posponerse con toda clase de nombres porque son, además de calificativos, adjetivos intensionales que por lo tanto no añaden una propiedad sino que operan sobre el concepto, que en este caso es evaluado respecto de la opinión subjetiva del sujeto. Los adjetivos evaluativos intensionales no modifican al nombre solo (no forman un nombre común a partir de otro nombre común), se refieren a toda la expresión nominal. (Demonte 1999: 187) 29 En los ejemplos que da la autora solo aparecen dos adjetivos porque, como ella misma señala (1999: 190), 30 Este fenómeno también ha sido observado por Hunston y Sinclair (1999) en el estudio de los valorativos del inglés (1999: 93-95).
José García Pérez 98 Todas estas consideraciones acerca de las peculiaridades sintácticas de los adjetivos valorativos (preferencia por las exclamaciones frente a las interrogaciones, indiferencia de significado según la posición con respecto al nombre, modificación de otros adjetivos o de sintagmas nominales con otro tipo de calificativos) nos llevan también al examen de que, siempre que se apunta al trasvase de los adjetivos relacionales a la clase de los calificativos o cualitativos, estos siempre pasan al grupo de los valorativos, evaluativos, afectivos o axiológicos. Se trata de casos como los siguientes, de los que la gramática académica da cuenta (2009: §13.12q) cuando apunta al significado relacional o calificativo que pueden adquirir algunos adjetivos “en contextos diferentes”: Uso relacional Uso calificativo cartelera teatral gesto teatral planta industrial cantidades industriales método cartesiano claridad cartesiana anatomía humana gesto humano tumbas faraónicas gastos faraónicos deporte olímpico olímpica indiferencia precio infantil reacción infantil Tabla 6. Usos relacionales y calificativos de un mismo adjetivo según lo expone la RAE-ASALE (2009) Esta diferencia de uso tiene implicaciones morfológicas. Por ejemplo, la posibilidad de admitir gradación en el caso del uso calificativo: reacción muy teatral vs. *cartelera muy teatral (2009: §13.12q). Podemos observar que en todos los usos como calificativos estamos ante un significado valorativo. La gramática académica señala, además, que “el sentido primitivo en etas relaciones es casi siempre el relacional” (2009: §13.12q). Todo lo anterior casa con la observación de Demonte (1999) acerca del carácter de hiper-clase que atribuye a los valorativos y que, a tenor de lo expuesto, no solo abarcaría a toda la clase de los calificativos o cualitativos, sino también a la de los relacionales. Esto, a su vez, confirma las consideraciones de la misma autora en su trabajo de 1982 sobre la necesidad de tener en cuenta varios parámetros para estudiar el adjetivo en español, siendo la distinción entre descriptivo y valorativo uno de los criterios para poder delimitar esta categoría.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 99 Así, nuestra investigación quiere detenerse en las manifestaciones sintácticas propias de los adjetivos valorativos, pues consideramos que esta clase tiene en el español actual una serie de contornos sintácticos de los que todavía no se ha dado debida cuenta y que contribuyen al conocimiento de la manifestación lingüística de la subjetividad del hablante. Se ha señalado a lo largo de este apartado que una de las peculiaridades de esta hiper-clase reside en el hecho de que su significado está determinado por lo que cada comunidad considera –en un determinado momento, lugar, registro, etc.– que puede tener un significado valorativo, axiológico, evaluativo o afectivo. En este sentido, el valor de estos adjetivos depende de la (inter)subjetividad. Para poder explicar adecuadamente la naturaleza semántica de esta clase, creemos necesario acudir al concepto de saturación, tal y como explicamos en el siguiente apartado. 3.3.2. Adjetivos valorativos y saturación Consideramos que el comportamiento semántico de los adjetivos valorativos merece mención aparte por su relación con la expresión de la subjetividad del hablante. En nuestro caso, la observación de este hecho procede de una investigación que llevamos a cabo sobre la presencia de adjetivos valorativos o axiológicos en titulares de clickbait. Así, en García Pérez (2021) dimos cuenta de la rentabilidad que tenía para los periodistas el uso de este tipo de adjetivos como herramienta de captación de lectores que cliquen en sus noticias. Para ello, partimos del concepto de saturación según lo enuncia Reyes (2018) que, aplicado desde nuestra perspectiva pragmática y contextualista (Reyes 2018: 61-71) acerca del análisis gramatical, consideramos que es una herramienta teórica que no solo puede explicar el significado de pronombres y deícticos –estos últimos también muy presentes en el clickbait– sino que también podemos delimitar con él el comportamiento de los adjetivos valorativos. Si el significado de los pronombres y deícticos varía (se satura) en función de cada situación comunicativa, el de los adjetivos valorativos también, pues depende de cada hablante y/o de cada comunidad o grupo social. Esta concepción puede calificarse de contextualismo radical, perspectiva según la cual “los signos varían en cada ocasión de uso” (Reyes 2018: 29). Sin embargo, nosotros estamos más próximos a una concepción minimalista de la semántica, de tal manera que, a nuestro juicio, la información contextual solo puede introducirse en la descripción gramatical cuando se observa que hay unidades y mecanismos que no
José García Pérez 100 pueden explicarse sin ella. Aquí es donde entraría el concepto de saturación, reservado hasta el momento para los pronombres y deícticos pero que, a tenor de nuestro estudio, se hacía necesario extenderlo al de esta clase de adjetivos que estamos analizando 31 . Al igual que sucede con los deícticos, sostener que el significado de algunas unidades de la lengua depende de la información contextual (sea del tipo que sea), no implica que esas mismas unidades no tengan un “carácter”, es decir, una información gramatical a partir de la cual se satura el significado con la información del contexto en el que esa unidad es emitida. Así, como señala Reyes (2018) con respecto a un signo como tú, “el pronombre tú siempre se refiere al interlocutor, sea real o imaginario. Su carácter indica que se refiere al interlocutor; pero quién es el interlocutor –a quién se refiere tú en cada uno de sus usos– es infinitamente variable […]”. (Reyes 2018: 112). A partir de lo apuntado por esta autora, nosotros propusimos, como venimos señalando, explicar el significado de los adjetivos valorativos a partir del concepto de saturación, estableciendo asimismo que existe un significado estable, que puede ser de dos tipos: positivo o negativo, y a partir del cual se produce esa saturación con la subjetividad de cada hablante (García Pérez 2021: 130-131). Esto se aviene a lo indicado por Kerbrat-Orecchini (1986) cuando trata de dirimir la diferencia entre términos objetivos y subjetivos o axiológicos en la lengua. Mientras que “los términos objetivos […] tiene contornos estables, la de los términos subjetivos es un conjunto fluido” (1986: 93), de tal manera que “el uso de un adjetivo evaluativo es relativo a la idea que el hablante se hace de la norma de evaluación para una categoría dada de objetos” (1986: 113). Aplicado al análisis de la presencia de estos adjetivos en el clickbait, si nos encontramos con un titular como “La dura comparación que hace Tévez entre Messi y Cristiano Ronaldo” (Sport, 06/12/2019, enlace), el uso de un adjetivo valorativo como duro para atraer la atención de los lectores y que accedan a leer la noticia completa constituye una estrategia muy eficaz y rentable porque el significado de lo que es o no duro depende de lo que cada hablante considere a partir de su propia concepción de la 31 La relación entre estos dos tipos de unidades en tanto que elementos dependientes del contexto para su saturación la ilustra Kerbrat-Orecchioni (1986) con esta cita de Galileo Galilei: ““Quien dijese que las cosas reales son grandes o pequeñas estaría en un error. En una proposición así no hay ni verdad ni falsedad. Tampoco la hay en la afirmación de que los objetos están próximos o alejados. Esta indeterminación hace que las mismas cosas puedan llamarse muy próximas o muy alejadas, muy grandes o muy pequeñas; que las más próximas puedan llamarse alejadas y las alejadas, próximas; que las más grandes puedan llamarse pequeñas y las pequeñas, grandes” (Galileo, citado por Cohen, 1972, p. 440)” (1986: 110).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 101 dureza. Ello hace que, todos los lectores, independientemente de sus subjetividades, van a tener las mismas razones para clicar en el titular que da acceso a la noticia, pues todos van a saturar ese adjetivo en función de sus propias escalas. Si, una vez que leen la noticia completa, algunos consideran que la comparación no era tan dura, no pueden considerar que el periodista les ha mentido, pues habrá otros tantos lectores que sí consideren que se trata de una comparación dura. Nótese, a este respecto, que el uso de adjetivos valorativos por parte de los periodistas es una estrategia más ética o menos comprometedora con la verdad del titular, a diferencia de lo que ocurre con los deícticos, que conllevan la saturación de una información (vg. “Esto es lo que captó la cámara”) que luego en el cuerpo de la noticia no se proporciona. En el caso del ejemplo que nos ha ocupado, el carácter o información gramatical constante sería el de ‘valor negativo’. Cualquier hablante de español que lea “dura comparación” va a entender que se trata de una comparación negativa, solo que la cualidad de ser duro dependerá de las escalas subjetivas de cada uno, algo que hará que unos consideren acertada la atribución y otros no. Esto permite establecer que los adjetivos valorativos se dividen en dos grupos: positivos vs. negativos o, si se quiere, los que expresan aprobación vs. los que expresan desaprobación 32 . Esta división en realidad se refiere al dominio mismo de la valoración. Cuando se emite un juicio evaluativo, este puede ir en estas dos direcciones que hemos apuntado: VALORACIÓN Valoración positiva VS Valoración negativa Aprobación Desaprobación Tabla 7. Direcciones del juicio evaluativo (elaboración propia) Esto no implica que no haya adjetivos que puedan ser positivos o negativos en función del hablante que los usa, ni que haya adjetivos que puedan incluirse en ambos grupos. Con respecto a lo primero, si tomamos el adjetivo rojo como término que denota 32 Las mismas consideraciones hace Haverkate (2002) cuando clasifica los “evaluation predicates” que él identifica, si bien él lo ejemplifica con los verbos que se han dado en llamar “pseudo-impersonales” y a los que se aludirá detalladamente en §4.5.4.1.5: (Havekate 2002: §5.1.2.2.2). Por su parte, Giammateo (en prensa) denomina a esta distinción positivo/aprobación vs. negativo/desaprobación “valor vs. disvalor”.
José García Pérez 102 ‘persona o cosa de izquierdas’, este adjetivo puede ser positivo para alguien que se alinea a la izquierda (vg. Yo es que soy muy roja) y negativo para alguien contrario a esta postura política (vg. ¡Deja de ser tan rojo, por favor!) 33 . En cuanto a los adjetivos que pueden pertenecer a ambas clases, increíble puede ser una buena muestra de ello, tal y como se detallará en nuestro análisis sobre los adjetivos que aparecen en enunciado independiente (Capítulo 6). Por último, el tratamiento de los adjetivos valorativos conlleva también dirigir la atención a la valoración misma como fenómeno y su reflejo lingüístico, puesto que, al estar en el terreno de la expresión de la subjetividad del hablante, se hace necesario establecer una diferencia con un concepto afín que, hasta el momento, es el que más interés ha suscitado a la lingüística del enunciado: la modalidad. 3.4. LA VALORACIÓN Y SU ESTATUTO EPISTEMOLÓGICO Desde que los lingüistas occidentales se percataron de la necesidad de tomar el enunciado como unidad básica de la comunicación y entender la oración en su contexto de realización, la cuestión de la expresión lingüística de la subjetividad del hablante ha sido central, sobre todo en los estudios con una óptica pragmática o discursiva. En este sentido, una de las herramientas que la Lingüística utilizó para dar cuenta de la presencia del hablante en el enunciado fue el concepto de modalidad, heredado de la Lógica (Bravo 2017). Como señala esta última autora, en la Lógica filosófica la modalidad atiende a dos fenómenos de la intelección humana: la expresión de la ‘necesidad’ y la expresión de la ‘posibilidad’. Dependiendo de los autores y clasificaciones, estos dos campos quedan divididos bien en modalidad epistémica (posibilidad) y modalidad deóntica (necesidad), bien en modalidad alética (necesidad – posibilidad), modalidad déontica (necesidad – obligación), modalidad epistémica (posibilidad) y modalidad dinámica (posibilidad – capacidad) (Greimas y Courtés 1982: 263, Ridruejo Alonso 1999, Bravo 2017, VVAA 2008, Vela Bermejo 2014: §2.1). Sin embargo, los lingüistas que consideraron la necesidad de identificar las huellas del hablante en el código ampliaron el concepto de modalidad e introdujeron dentro de él otros campos de la experiencia humana. Así lo hizo Charles Bally (1937), 33 Para la misma situación en el inglés, véase el apunte de Thompson y Hunston (1999) para el caso del adjetivo deserted (1999: 1). También Thompson y Hunston (1999), en los primeros estudios exploratorios de la Appraisal Theory, consideran que la valoración (“opinion”) puede clasificarse en los dos polos (positivo y negativo) que nosotros también proponemos (1999: 3).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 103 quien parte y reelabora la distinción entre modus y dictum de la Lógica escolástica medieval para los enunciados (Vela Bermejo 2014: §2.1.4.2) y divide la expresión del juicio sobre la proposición, el modus, en cuatro tipos: modalidad intelectual (posibilidad), afectiva, volitiva e interrogativa. A partir de este momento, la Lingüística, preocupada por determinar cómo se refleja el contexto en el código va a tener siempre en cuenta que, además del compromiso con la verdad de lo que se dice o la expresión de la posibilidad o la necesidad, el hablante también puede igualmente hacer patente otras parcelas de su relación con el mundo, como la expresión de opiniones (morales, estéticas), emociones o deseos, campos más alejados de lo que se considera más objetivo o racional como lo verdadero o lo posible. A esta otra parcela de la actividad humana la bibliografía se ha referido como “subjetividad” o “modalidad (axiológica, apreciativa, evaluativa, etc.)”. Sin embargo, a pesar del avance que constituyó el señalar la necesidad de ampliar los campos de expresión de la presencia del hablante en lo dicho, la noción de “subjetividad” o “modalidad (axiológica, apreciativa, evaluativa, subjetiva, etc.)” ha dado lugar, a nuestro juicio, a dos problemas que se han quedado sin resolver. En primer lugar, la sistematización de la subjetividad, ya que este campo abarca diversos fenómenos y áreas de la expresión del hablante en el enunciado. Por otra parte, el inventario de los recursos lingüísticos que denotan este terreno de la actividad comunicativa. En nuestro caso, consideramos que, si nos atenemos a la realidad del uso y comportamiento de los elementos del código, se ha de establecer una diferencia entre las nociones de subjetividad, modalidad (axiológica, valorativa, apreciativa, afectiva, subjetiva, etc.) y valoración. Y, por otro lado, se ha de identificar cuáles son aquellos mecanismos que la lengua tiene específicamente destinados a la valoración. 3.4.1. Subjetividad, modalidad y valoración El apunte de que la lengua puede albergar la presencia del hablante, entre otros factores contextuales, ha hecho que, especialmente en el campo del Análisis del Discurso, los investigadores hayan abundado en la identificación de recursos que revelen este fenómeno y, al mismo tiempo, lo han utilizado para mejorar los análisis textuales o de situaciones comunicativas concretas, de tal manera que las marcas o huellas del hablante han constituido un factor más en la detección de las estrategias y mecanismos empleados
José García Pérez 104 por los hablantes para la consecución de diversos fines sociales (vg. persuadir, mostrarse cortés o descortés, dar consejos, etc.). Sin embargo, ya en un trabajo de 1991, Fuentes Rodríguez advertía de que “el concepto de modalidad se ha extendido a veces excesivamente [vg. Kerbrat-Orecchioni (1986)], y otras se ha reducido bastante [vg. Bravo (2017)]” (1991: 94), de tal manera que la autora llamaba la atención sobre la necesidad de delimitar los conceptos de modalidad y subjetividad adecuadamente para no englobar bajo un mismo concepto fenómenos de naturaleza lingüística diferente. Por ello, Fuentes Rodríguez (1991) distingue, por un lado, la subjetividad, que se manifiesta cuando el hablante introduce una evaluación sobre un elemento del dictum (vg. Tiene una casa bonita), y, por otro, la modalidad, que revela “la actitud ante todo lo que [el hablante] comunica” y que constituye “una invariante del enunciado, necesario en la enunciación, que tiene diversos medios de expresión, y que supone la utilización consciente de un funtor por parte del hablante” (vg. Afortunadamente, tiene casa) 34 . Nótese que, para ejemplificar la subjetividad, se propone un enunciado en el que el adjetivo acompaña a un nombre dentro de un sintagma nominal. Sin embargo, a tenor de lo observado en nuestro corpus, comprobamos que, cuando se trata de la expresión de la subjetividad con respecto a hechos denotados por una oración o que no pueden ser conceptualizados por un sustantivo en un sintagma nominal, existen dos construcciones recurrentes que los hablantes utilizan para expresar su subjetividad ante un determinado hecho o situación: [Verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración] y [Lo + adjetivo valorativo + verbo copulativo + oración]. Además, también encontramos estos adjetivos valorativos en enunciados independientes, lo que constituye el hecho más fehaciente de que el comportamiento de estos adjetivos no puede explicarse desde la óptica microsintáctica, sino que necesitan un abordaje macrosintáctico, paralelo al de las unidades modales. En efecto, aunque nosotros también consideramos que debe existir una diferencia entre subjetividad y modalidad, también queremos tener en cuenta la realidad de la valoración. En este sentido, consideramos que modalidad y valoración son dos manifestaciones de la presencia de la subjetividad del hablante en el enunciado. Mientras que la modalidad recoge los sentimientos que al hablante le suscita un 34 Para una diferencia de la modalidad de otros campos discursivos como la enunciación o la aserción, además de Fuentes Rodríguez (1991), véase también Fuentes Rodríguez (2004).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 111 4. Construcciones con adjetivo valorativo (I): identificación y discusión El examen de las tres secciones que hemos escogido del Corpus MEsA (Twitter, Facebook y Blogs digitales) nos ha revelado que hay tres distribuciones del adjetivo que pueden ser abordadas desde una óptica macrosintáctica en tanto que el adjetivo es utilizado por los hablantes para la expresión de su subjetividad. Esas tres distribuciones son las siguientes: a) (Verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración (2) Usuario 8 (hombre): Yo no he hablado de viviendas, sino de ampliar los planes de Gas Natural, aprovechando la zona de PARQUE NATURAL quemada Usuario 9 (mujer): Es absurdo quemar donde vas a construir algo que ya se te ha aceptado. Hay que mirar otro franco. (Corpus MEsA, Twitter, página 650) b) Lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración (3) FB 2017 jun-jul PAI 02 Searyl nació de Kori, un transgénero que no se considera ni hombre ni mujer. Para esta persona, atribuirle un género al bebé al nacer es un "avasallamiento" de los derechos del niño. Defiende que se debe esperar hasta que sean conscientes y puedan declarar por sí mismos qué se sienten [Enlace: https://elpais.com/elpais/2017/07/05/mamas_papas/1499245442_912759.html?id_exte rno_rsoc=FB_CM] Usuario 141 (mujer): Lo justo y natural sería que cuando él pueda y quiera decida por si mismo, ahí hay una violación de los derechos del niño. ¿ y si cuando crezca no le gusta lo que han hecho o han decidido con él qué pasa? Me parece que el fanatismo abunda en todos lados. Dejen ese niño vivir y decidir por Dios! (Corpus MEsA, Facebook, página 655) c) El adjetivo funciona como enunciado autónomo: (4) FB 2016 jul ERR 01 Les ha faltado decir que uso un "41" de pie [enlace a una publicación de Huffingtonpost.es llamada “21 cosas que no sabías de Íñigo Errejón”] Usuario 39 (mujer): Porque no dicen el dinero que tiene Mariano y Aznar ,coches y dinde viven etc , etc .....si pusieran el mismo interes en investigar a esos pero no a esos hai que respetarlos .....vomitivo. (Corpus MEsA, Facebook, página 134) En el caso de los fenómenos a) y b), se puede considerar que estamos ante oraciones copulativas compuestas por un tema o base de atribución, un verbo y un atributo (Gutiérrez Ordóñez 1986: §2.31), de tal manera que se trataría de producciones
José García Pérez 112 lingüísticas delimitables y explicables por los paradigmas y funciones de la sintaxis oracional o microsintaxis siguiendo nuestra terminología. No obstante, consideramos que estos testimonios deben estudiarse como enunciados que responden a construcciones de los que el hablante se sirve para la expresión de su subjetividad. Por tanto, deben estudiarse desde los paradigmas de la macrosintaxis. En este caso, como el contenido semántico del adjetivo pertenece a la valoración, cuando estos adjetivos valorativos aparecen en estas construcciones, adquieren un cariz macrosintáctico que hace que podamos delimitar la construcción entera como un medio o mecanismo para la expresión de la subjetividad del hablante sobre un determinado hecho o fenómeno. Así, teniendo en cuenta que la aparición de adjetivos en enunciados independientes constituye un fenómeno aparte, vamos a considerar a continuación la delimitación de <(verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración> y <lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración> como construcciones valorativas. Para ello, en cada capítulo, detallaremos lo que, hasta el momento, la bibliografía ha vertido sobre cada una de estas dos disposiciones recurrentes que hemos identificado en nuestro corpus para la expresión de valoraciones. Así, con la base de la tradición, podremos después delimitar el fenómeno de una forma novedosa y acorde con las coordenadas de nuestros presupuestos metodológicos. 4.1. <(VERBO COPULATIVO) + ADJETIVO VALORATIVO + ORACIÓN> EN LA LINGÜÍSTICA DEL ESPAÑOL Si escudriñamos la bibliografía que menciona o aborda la estructura <(verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración>, podemos clasificar en tres los fenómenos por los que los investigadores se han detenido en su estudio: la alternancia en el modo de la oración subordinada que funciona como sujeto, la relación con los marcadores del discurso y la expresión de distintos contenidos relativos a la faceta social de la comunicación 4.1.1. La alternancia en el modo de la oración subordinada que funciona como sujeto Uno de los campos de investigación en los que se suele mencionar la disposición <verbo copulativo + adjetivo + oración> es el que estudia la alternancia entre el modo indicativo y el subjuntivo en las denominadas oraciones subordinadas sustantivas. A su vez, este fenómeno de la selección modal no solo se ha estudiado de forma exclusiva, sino que
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 113 también se ha utilizado como un criterio o fenómeno que puede servir para el tratamiento de otros objetos de estudio como la distinción entre operadores discursivos y la estructura atributiva que tenemos por tema de investigación. 4.1.1.1. La alternancia de modo según el tipo de predicado En el estudio de la selección modal, el tipo de predicado se ha revelado como uno de los criterios que la determinan. De ahí que muchos estudios se centren tanto en la tipología del verbo como en la del adjetivo para el caso de las oraciones copulativas, en las que es el predicado lo forma un atributo (NGLE 2009: §37.1a y c). Este aspecto es el que a nosotros nos atañe, pues la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> es la que se escoge en algunos trabajos para la explicación del modo que seleccionan las subordinadas que funcionan como sujeto. Así, Ridruejo Alonso (1999) en su capítulo de la Gramática Descriptiva de la lengua española sobre el modo en las subordinadas sustantivas, cuando introduce el concepto de modalidad y su origen filosófico, utiliza la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> para ejemplificar lo que constituye una “proposición modal o modalizada”: vg. Sócrates es un hombre hermoso vs. Es posible que Sócrates sea un hombre (Ridruejo Alonso 1999: 3211). Como se ve, este autor considera que una disposición como <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración> puede expresar un contenido relativo a la subjetividad del hablante: la valoración. En este sentido, también es interesante traer a colación las consideraciones que Kratochvílová (2018) hace en su estudio sobre la modalidad en español. Esta autora parte de la propuesta de Zavadil (2010) sobre el concepto de modalidad. Señala que “in compound sentences, for Spanish is prototypical the combination of lexical expressions of modality with the subjunctive in the subordinate clause” y, debido a esto, “Zavadil uses the term modal part for the main clause of these constructions (this terms substitutes Bally’s original term modus that might be confusing) and Bally’s term dictum for the subordinate clause” (2018: 24). Comprobamos, por tanto, cómo los estudiosos suelen constatar que la expresión de la modalidad o de contenidos relativos a la subjetividad del hablante no necesariamente ha de estar ligada únicamente a unidades que tengan una función sintáctica extraoracional en los márgenes del enunciado, sino que también existen medios y procedimientos como la estructuras <(verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración> y <lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración> con el mismo
José García Pérez 114 cometido. De ahí que también Ridruejo Alonso (1999), atendiendo a la necesidad de adaptar el concepto filosófico de modalidad al campo de la lingüística, haga hincapié tanto en la diversidad de medios de expresión como en la posibilidad de que un mismo medio pueda servir para denotar distintos tipos de modalidad (Ridruejo Alonso 1999: 3212). No obstante, menciona el hecho de que existe un “grupo numeroso” de adjetivos que funcionan como atributos, seleccionan el modo subjuntivo en la subordinada y expresan “muy variados matices de valoración intelectual o afectiva que recae sobre la proposición subordinada en función de sujeto”, sin reconocerles el estatuto de modales al mismo nivel que, por ejemplo, posible o seguro. Serían casos como absurdo, curioso, fácil, difícil, justo, injusto, bello, hermoso, útil, inútil, legítimo, lógico, mejor, monstruoso, peligroso, raro, preferible, prudente, suficiente, vergonzoso, extraordinario, significativo, etc. (Ridruejo Alonso 1999: 3230) Esta idea de que es el predicado (verbal o nominal) el que determina el modo que elige la subordinada también está presente en Haverkate (2002) en su estudio sobre The Syntax, Semantics and Pragmatics of Spanish Mood. Para este autor, en todos los tipos de subordinadas del español (nominales, adjetivales y adverbiales en su clasificación), pueden aparecer tanto el modo indicativo como el subjuntivo, de tal manera que “their distribution is determined in particular, but not exclusively, by the lexical meaning of the verbal predicate or -in case a nominal predicate si selectedby the subject of the main clause [omito nota]” (2002: 46). Dentro de las oraciones nominales que desempeñan funciones en otras oraciones, este autor distingue tres clases basadas en “the set of processes that typify intentional human behaviour” (2002: 51). Una de ellas se refiere a “Predicates describing the storing and assessing of the input information” (vg. saber, ser preciso, apreciar) (Haverkate 2002: 51) A su vez, los predicados que expresan valoraciones (“predicates expressing an assesment of the stored information”) se dividen en dos subclases en función del tipo de evaluación que lleven a cabo: • Rational evaluations (vg. ser lógico, ser usual, ser preciso) • Emotional evaluations (vg. gustar, irritar, apreciar) (Haverkate 2002: 52)
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 115 Nótense, al respecto de la propuesta de este autor, tres fenómenos. En primer lugar, la relación que también se constata entre los llamados verbos pseudo-impersonales y la estructura <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración> que mencionaremos en §4.5.4.1.5. Por otro lado, siempre que se hace referencia a la posibilidad de que un adjetivo incide sobre una oración que funciona como sujeto se prefiere el orden en el que este aparece en último lugar. Por último, de nuevo encontramos a un investigador que considera que esta estructura está al servicio de la expresión de la subjetividad del hablante. Así, lo que observamos es que la estructura en cuestión es utilizada para emitir enunciados que recogen evaluaciones acerca de un determinado estado de cosas, situación, proceso, acción, etc.: “evaluation predicates denote the different ways in which the state of affairs described by the complement clause may be qualified” (2002: 88). También cabe señalar señalar que nuestra estructura es incluida en los dos subgrupos que Haverkate (2002) establece dentro de este tipo de “predicates”: las “rational evaluations” y las “emotional evaluations”. Las primeras quedan divididas en tres clases que el autor ilustra “by the following sets of unipersonal predicates”: • qualitative evaluations: ser extraño, ser inútil, ser significativo • quantitative evaluations: ser corriente, ser raro, ser frecuente • deontic evaluations: ser preciso, ser imprescindible, ser conveniente (Haverkate 2002: 88) Por su parte, las “emotional evaluations” engloban la expresión de “the subjective feelings of the evaluating person concerning an experienced state of affairs” (2002: 94) y se enuncian a través de verbos como gustar, encantar, alegrar, enojar, molestar o perífrasis verbales como dar asco, donde “a subclass of unipersonal expressions must be distinguished, such as ser triste (‘to be sad’), ser lamentable (‘to be lamentable’) and ser gratificante (‘to be gratifying’)” (2002: 95). Como el objetivo de este autor es la delimitación de la selección del modo verbal en las oraciones nominales que funcionan dentro de otras, se centra en la alternancia modal que se observa, por ejemplo, en las evaluaciones cualitativas y cuantitativas, donde en muchos casos se puede admitir tanto el indicativo como el subjuntivo (vg. Es extraño que no me hayas/has visto en el bar). Esto lo explica el autor como un medio
José García Pérez 116 de focalización de la información que se evalúa, de tal manera que con el indicativo se resalta la factividad del estado de cosas sobre el que se emite el juicio (“it fulfills the function of higlighting the content of the complement proposition”), mientras que con el subjuntivo “the content of the embedded proposition, therefore, is backgrounded or defocalized” (2002: 89), en tanto que “this information is presupposed by the speaker and the assertion made serves no other purpose than qualifyng the state of affairs involved in terms of the value judgment es extraño” (2002: 89). Por otra parte, existen autores que, si bien no consideran la valoración como una manifestación más de la modalidad, sí recogen nuestra estructura con adjetivos valorativos en sus estudios sobre la alternancia modal. Así lo hace Sánchez López (2020) en su estudio sobre Las modalidades oracionales, donde hace mención al hecho de que los “predicados factivos emotivos”, entre los que se encuentra nuestra construcción, también rigen subjuntivo en el sujeto (vg. Es lamentable que tenga yo que soportar eso) (Sánchez López 2020: 101). Explica esta autora que, en la mayoría de estudios, el uso del subjuntivo se entiende porque “es el modo de la no aserción”, de tal manera que con él “queda suspendido el compromiso del hablante con la veracidad o falsedad del contenido proposicional” (2020: 101). Sorprende el hecho de que, para ejemplificar lo anterior, utilice el término “verbo” para el predicado de nuestra estructura: “Sucede así con los verbos de deseo: cuando un hablante afirma Es deseable que la gente sea educada no implica que crea que, en efecto, la gente es educada” (2020: 101). En definitiva, comprobamos cómo, cuando se trata de estudiar y ejemplificar la alternancia modal en las oraciones subordinadas, se utiliza la disposición <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración> como prototipo de predicado cuyo núcleo es un adjetivo, al mismo tiempo que se otorga a estos enunciados la característica de servir para la expresión del punto de vista del locutor. Podemos considerar, por tanto, que la intuición siempre suscita a los investigadores el empleo de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> como un mecanismo para la expresión de contenidos que se encuadrarían en la esfera interaccional de los textos. 4.1.1.2. La alternancia entre modo indicativo y subjuntivo como criterio distinguidor de y con respecto a los operadores discursivos En varias de las entradas de las llamadas “partículas”, Santos Río (2003) señala la selección del modo indicativo o del subjuntivo como un factor que explicaba la
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 117 diferencia que se establece entre sus “partículas” y la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> como mecanismos de expresión de la subjetividad del hablante. Tomemos el caso de sorprendentemente como ejemplo: Sorprendentemente, no aceptó el dinero del premio vs. Resulta sorprendente que no aceptara el dinero del premio. Para Santos Río (2003), con el subjuntivo el hecho se presenta como “presupuesto” y con un “contexto emotivo-evaluativo”, mientras que con el indicativo el hecho se presenta como “novedoso” (Santos Río 2003: 150). Sin embargo, a pesar de que esa es la tendencia que observa en la mayoría de los casos en los que establece la relación con la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>, hay otros en los que esta distribución del modo verbal en función del mecanismo por el que opte el hablante adolece de sistematicidad. Así, en la entrada de curiosamente, también la estructura atributiva puede admitir el modo indicativo cuando tiene una “intención “informativa”, rememorativa o similar”: Es curioso que no dijo una palabra, a diferencia de cuando expresa una “factividad evaluativa”, que rige subjuntivo: Resulta curioso que no dijera una palabra (2003: 52). Nótese que el presentar un hecho como “rememorado” también era un rasgo propio de las “partículas” frente a la estructura atributiva, que expone el hecho como “consabido” o “presupuesto”. También la construcción <verbo copulativo + obvio + oración> admite tanto el modo indicativo como el subjuntivo, tal y como lo expone Santos Río (2003) en la entrada de obviamente. La diferencia, estima el autor, reside en que con el indicativo el compromiso del hablante con la verdad de lo denotado por la oración subordinada es mayor que con el uso del subjuntivo: Es obvio que son (IND.) mejores. No es obvio (/*No obviamente) que sean (SUBJ.: alusión neutral) mejores (y de hecho no lo son/y puede que no lo sean/y, sin embargo, lo son). Para algunos (/Según ella), no es obvio (/*No obviamente) que son (IND: alusión comprometidapresuposición de que sí lo son-) mejores (*y puede que no lo sean/*y no lo son). (Santos Río 2003: 117) En el caso de probablemente, es en la “partícula” donde se da la alternancia modal: “Antepuesto y sin pausa posterior, puede imitar a la secuencia es probable que e imponer el subjuntivo (Probablemente hayan ido al cine. Probablemente sea el más completo de todos)” (Santos Río 2003: 133).
José García Pérez 118 En contraste con probablemente, de evidentemente indica este autor que no rechaza el subjuntivo cuando se integra en el enunciado (vg. Evidentemente que son buenos). No obstante, el propio autor es consciente de que puede haber contraejemplos como Evidentemente que hubiera ido, pero no los considera válidos. Sin embargo, no aporta razones para esta consideración, solo el uso de evidentemente separado por pausa del enunciado en el que incide: “No son verdaderos contraejemplos los del tipo de Evidentemente que hubiera ido, como lo demuestran Hubiera ido, evidentemente, Evidentemente, habría ido o Evidentemente, si me hubieran (/*habrían) invitado, hubiera (/habría) ido)” (Santos Río 2003: 70). Por su parte, Torner Castells (2007) utiliza esta alternancia modal como prueba de la existencia de dos grupos de “adverbios oracionales”, los “evaluativos”, que rigen subjuntivo, y los “reforzadores de la verdad de la aserción”, cuyos adjetivos base seleccionan el indicativo para la subordinada (Torner Castells 2007: 249-250). Así, este autor muestra la oposición que existe entre Es evidente que Juan no {viene/*venga} (refuerzo de la verdad) y Es {curioso/sorprendente} que Juan no {*viene/venga} (evaluación) (2007: 19-21). Para este autor, este criterio es lo suficientemente determinante como para postular la inclusión, en el grupo de los evaluativos, de unidades que suelen ser agrupadas dentro de la (sub)clase de los “reforzadores del valor de verdad de la aserción”. Es el caso de comprensible(mente), inequívoca(mente), natural(mente) o lógica(mente) que, a diferencia de otros “reforzadores” como evidente(mente) u obvia(mente), rigen subjuntivo en la subordinada, de tal manera que están más cerca, sostiene el autor, de evaluativos como asombrosa(mente) o sorprendente(mente). El autor opone los siguientes ejemplos (2007: 171-172, 19-21): Rección de subjuntivo Rección de indicativo Es lógico que estemos equivocados *Es lógico que estamos equivocados *Es evidente que estemos equivocados Es evidente que estamos equivocados Es sorprendente que estemos equivocados *Es sorprendente que estamos equivocados *Es evidente que Juan no venga Es evidente que Juan no viene Es {lógico/natural} que Juan no venga *Es {lógico/natural} que Juan no viene Es {curioso/sorprendente} que Juan no venga *Es {curioso/sorprendente} que Juan no viene Tabla 8. Diferencia de selección modal entre adjetivos evaluativos y reforzadores de la verdad de la aserción según Torner Castell (2007)
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 119 Sin embargo, esta sistematicidad no siempre se cumple y ello no es advertido por el autor. En efecto, cuando trata de los “adverbios reforzadores del valor de verdad de la aserción”, a pesar de que indica que es el modo indicativo el que imponen a la oración tanto estas unidades como la construcción atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración> con el adjetivo base, incluye, sin mencionar por qué, ejemplos donde el modo de la subordinada es el subjuntivo: Fue verdad que la guerra civil quedaba a la espalda […]. Fue real que los españoles pudieran ser lo que eran, sin ocultamientos ni falsificaciones, en una nueva fraternidad hacia delante. Todo eso fue cierto, pero no duró mucho, y hoy no lo es. (ABC, 13/11/1987) (tomado de Torner Castells 2007: 164) No obstante, Torner Castells confirma, en el apartado final y conclusivo de su trabajo, su hipótesis inicial: alguno de los adjetivos que pueden ser modificadores de eventos admiten en ocasiones predicarse de una cláusula subordinada, que, a diferencia de lo que ocurre con los reforzadores del valor de verdad, se conjuga en subjuntivo -o, alternativamente, en infinitivo-. Es el comportamiento que tienen los adjetivos que forman adverbios evaluativos de la actuación del agente (inteligente), los que indican convenciones sobre lo esperable o sorprendente y forman adverbios emotivos (absurdo) y los que forman adverbios de voluntad (deliberado) (Torner Castells 2007: 245-247) Al igual que apuntamos en la sección anterior, cuando se trata de dirimir la alternancia modal que imponen los adjetivos cuando son el núcleo de un predicado, se elige por defecto la estructura <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración>, siempre con la caracterización como un mecanismo del que se sirve el hablante para expresar su subjetividad. Esto, en estos últimos autores mencionados, se hace todavía más patente por el hecho de que se pone esta estructura en relación con lo que desde nuestra perspectiva macrosintáctica denominamos “marcadores del discurso”, elementos que sirven precisamente para la expresión de contenidos procedimentales que hacen referencia a la codificación de la inscripción contextual en el discurso. Esta relación que ponen de manifiesto quienes tratan de la alternancia modal no es el único aspecto que ha motivado una vinculación entre los marcadores del discurso
José García Pérez 120 y la estructura <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración>, ya que, por otra parte, también ha habido estudiosos que han considerado que la proximidad de dicha relación tiene, además, otras causas. 4.1.2. La paráfrasis atributiva en la explicación de la génesis de los operadores discursivos 4.1.2.1. La paráfrasis atributiva La alusión o aparición de la construcción <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración> en los estudios de gramática del español se ha debido en buena parte a que estos la han utilizado como una paráfrasis o equivalencia para la explicación y exposición del funcionamiento y significado de operadores discursivos, unidades que tienen un cometido “extraoracional” y cuya función sintáctica no puede explicarse desde los moldes y huecos de la sintaxis oracional. Este fenómeno, el acudir a la construcción <verbo copulativo + adjetivo + oración> como paráfrasis o equivalencia de estas unidades de función macrosintáctica, es transversal a toda postura epistemológica o metodológica que se adopte para explicar estas unidades (estructuralismo, generativismo, cognitivismo, pragmática). Ello también hace que, en los estudios encontrados, sus autores estudien los operadores discursivos como adverbios o atributos, pues no contemplan una sintaxis que exceda los límites de la oración y/o tomen el enunciado como unidad en su investigación. En este sentido, Alarcos Llorach (1969), principal exponente del estructuralismo y el funcionalismo en y para el español, cuando explica el valor de los adverbios que él clasifica como “atributos oracionales”, se refiere a la posibilidad de su paráfrasis y equivalencia por una estructura atributiva: Todavía algunos de los llamados adverbios nocionales se relacionan semánticamente de otro modo, pues se refieren a toda la oración. Respecto a ésta vienen a presentar un carácter semejante al que ofrecen los atributos respecto a los sujetos en las estructuras atributivas. En tales casos podría hablarse de “atributos oracionales”: Ciertamente eres un cretino (= “es cierto que eres un cretino”); Desgraciadamente todo ha terminado (= es una desgracia que todo haya terminado”), etc. 5. Estas precisiones semánticas inducirían a establecer dos tipos de aditamentos (no de adverbios), según su relación con la oración: el “atributo oracional” (transformable en
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 127 unidad que se ha fijado como operador. Se trata del caso de asombrosamente, operador modal que tiene dos empleos. Uno de ellos, “evaluativo de todo el contenido: equivale a es asombroso que” (Fuentes Rodríguez 2009: 55). Por otra parte, no es este el único trabajo en el que esta autora propone la estructura atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración> como paráfrasis explicativa de unidades en –mente con un cometido macroestructural. En Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996) se analiza ciertamente en el habla de Sevilla como “un adverbio de modalidad que aparece a veces como marginal y con todas las características de estas unidades” (1996: 74). Cuando aparece integrado en el enunciado con que, indican estas autoras que “Equivale a “es cierto que…”. Afecta a todo el enunciado. Reafirma, confirma lo que se ha dicho antes” (1996: 75). Igual sucede con el análisis de quizá(s) que, para las autoras, junto con posiblemente, probablemente y acaso, conforman un paradigma de “adverbios de no certeza”. Así, ellas analizan textos donde se da la alternancia entre ellos e indican que estas unidades expresan la noción “de duda, de no seguridad” a través de la “afirmación de algo como posible y no seguro, no cierto” (1996: 84), y ahí es donde las autoras se sirven de la paráfrasis con es posible que (1996: 84). Por otro lado, como hacen otros autores (Torner Castells 2007, Sánchez López 2020), Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996) utilizan la paráfrasis con la estructura atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración> para deslindar usos de operadores. Es el caso de lógico como “adverbio lexicalizado”. Las autoras encuentran ejemplos en los que lo calificado por esta unidad corresponde a lo dicho por otro enunciador y que el locutor, mediante lógico, asume: “Que se puede manipular, lógico” (M3H4, 297) oración nominal con un tema y un rema o comentario. Su estructura sintáctica podría ser: “Es lógico que se pueda manipular”, pero el significado es diferente desde el punto de vista modal. En la que tenemos, la primera parte, “Que se puede manipular”, se pone en boca de otro enunciador. Equivale a “tú crees que se puede manipular, apuntas esto como objeción o comentario”. El hablante está de acuerdo con ello y lo reafirma y comenta con lógico claro. (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara 1996: 174)
José García Pérez 128 También plantean estas autoras la posibilidad de que la estructura atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración> pueda ser la génesis de “la combinatoria claro está”, que en Fuentes Rodríguez (2009) ya se considera “operador modal” (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara 1996: 181). Por último, en los estudios diacrónicos también hay autores que se sirven de la paráfrasis con la estructura atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración> para explicar, en este caso, cuándo una forma en -mente ha adquirido la función “oracional”. Así lo hace Herrero Ingelmo (2013) cuando estudia tristemente: En el siguiente texto puede interpretarse como oracional (“Fue triste que muriera…”). La carta de Juan Chacón sobre el “tristemente” muerto no tiene desperdicio: En Salamanca murió tristemente D. Diego Bonal, que fué de la Compañía, en la forma que el P. Mendo habrá ya escrito. […] (Juan Chacón, Carta […], 1635). (Herrero Ingelmo 2013: 90-91) Para todos estos estudiosos, la conexión entre la disposición <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración> es rentable para la explicación del cometido “extraoracional” que tienen los operadores discursivos. Sin embargo, no solo se utiliza la estructura como mera paráfrasis para ilustrar el comportamiento “extraoracional” de los marcadores, sino que también ha habido estudiosos que han indicado una equivalencia funcional entre un mecanismo y otro, aunque siempre al hilo del tratamiento de los operadores discursivos. 4.1.2.2. Equivalencia funcional Entre los trabajos que aluden a la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> a partir del tratamiento de operadores discursivos, también encontramos que la mención a nuestra estructura no se detiene en la paráfrasis explicativa, sino que se le concede un estatus de equivalencia funcional con las unidades que se estudian. Así, también el generativismo ha utilizado la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> para la explicación del adverbio, tal y como apunta Egea (1979), quien toma como referencia a Barrenechea ([1969]2007). Este autor explica que, para dicha corriente, estos adverbios tienen como estructura profunda o subyacente la de una oración atributiva con el orden sintáctico que venimos exponiendo. Así, la estructura
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 129 profunda de Indudablemente, Acapulco está muy preparado para el turismo sería Es indudable que Acapulco está preparado para el turismo (Egea 1979: 80). Como comprobamos, para el generativismo, la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> no sería una paráfrasis de la forma en -mente, sino que se le otorga un estatuto ontológico al considerar que es la estructura subyacente a estas unidades. El problema que cabe advertir reside en el hecho de que estas estructuras, como demuestran nuestros resultados de corpus, son igualmente utilizadas por los hablantes, de tal manera que habría que considerarlas elementos patentes y, también, en términos generativistas, determinar su propia estructura profunda. En línea similar, pero ya fuera del generativismo, se encuentra el trabajo de Torner Castells (2007), quien estudia el uso de los adverbios en -mente a partir de las propiedades semánticas de la base adjetiva de la que proceden (2007: 47). Así, este autor se hace eco de que la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> se utiliza, en la bibliografía sobre lo que él denomina “adverbios oracionales”, como una de las paráfrasis (“glosa” en sus términos) de estas unidades. La glosa que más comúnmente se utiliza para parafrasearlos da cuenta tanto de su significado oracional (el adjetivo se predica, en oración copulativa escindida, de una completiva que reproduce el contenido representativo de la proposición) como de la orientación hacia el agente (mediante la fórmula “por parte de + agente”): (11) a. Sabiamente, Luis se presentó al examen. b. Fue sabio por parte de Luis presentarse al examen. (2007: 63) No obstante, Torner Castells (2007) no solo utiliza la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> como explicación de los “adverbios oracionales” que él investiga, sino que, como Gutiérrez Ordóñez (1997b), convierte esta posibilidad del adjetivo en uno de los criterios que permiten dirimir si un adverbio en -mente con base adjetiva puede tener la posibilidad de funcionar como “adverbio oracional”, fenómeno que sucede en el caso de los “adverbios evaluativos de la actuación del agente” (vg. astutamente, lucidamente, torpemente) y en el de los “reforzadores del valor de verdad” (vg. ciertamente, evidentemente, obviamente) 39 . Además, este autor va un paso más allá y establece que esta capacidad de “predicarse de una cláusula completiva” es la que permite determinar si estos adjetivos pueden dar lugar a “modificadores adverbiales con 39 El autor sigue la terminología propuesta por Kovacci (1999).
José García Pérez 130 lecturas oracionales”, apoyándose en el hecho de que “la interpretación que recibe el adjetivo es análoga a la que tiene el adverbio en su lectura oracional: toma como argumento la situación expresada en la proposición e indica una evaluación del emisor sobre ella” (Torner Castells 2007: 71-72). En iguales condiciones observa este estudioso que se encuentran los adverbios “reforzadores del valor de verdad” de la aserción (Torner Castells 2007: 159): Un dato relativo a la sintaxis de estos adjetivos que es especialmente significativo para su posibilidad de formar adverbios con lecturas oracionales es que todos ellos pueden tomar como argumento una proposición en una oración copulativa: (29) Es {evidente/obvio/incuestionable/indiscutible/indudable} que estamos equivocados. En este sentido, estos adjetivos se asemejan a los que forman adverbios evaluativos, que también pueden aparecer en construcción copulativa con sujeto oracional. (Torner Castells 2007: 159) El poder delimitador que este autor otorga al hecho de que el adjetivo base pueda aparecer en la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> tampoco se detiene aquí, sino que también sirve para probar el hecho de que hay adverbios que, como los adjetivos de los que proceden, no modifican la extensión, sino la intensión, de tal manera que, en estos casos, no es posible la paráfrasis atributiva (Presumiblemente, Juan es un terrorista > *Es presumible que Juan es un terrorista vs. Se presume/Presumo/Existe la presunción (de) que Juan es un terrorista) (Torner Castells 2007: 149-150). Esta misma restricción la tienen los adverbios “de enunciación” (vg. brevemente), puesto que su alcance tampoco es al contenido de la proposición, sino al propio acto de enunciar (Torner Castells 2007: 259). Así, este autor contempla la posibilidad de que tanto el adjetivo base como el adverbio tengan el mismo cometido y alcance por cauces sintácticos diferentes. Algo similar observamos en Meléndez Quero (2015). En su estudio sobre las “diferentes formas de expresión de la modalidad afectiva”, reconoce tanto los operadores discursivos (vg. afortunadamente) como ciertos verbos (vg. Me agrada que vengas) y estructuras atributivas con sustantivos valorativos (vg. Es una pena que te vayas) y apunta la equivalencia “onomasiológica” entre ambos medios de expresión:
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 131 “los adverbios emotivos pueden alternar onomasiológicamente con otros procedimientos [omito nota], como el uso de verbos realizativos o las paráfrasis atributivas en las que el predicado nominal coincide con la base léxica del adverbio modal [omito nota]. (Meléndez Quero 2015: 179). Por otra parte, en la misma línea de lo observado por Santos Río (2003), Meléndez Quero (2015) también apunta a que, con los operadores discursivos, la información contenida en la oración que funciona como sujeto se presenta como novedosa y con la estructura atributiva como presupuesta, hecho que hace, a juicio de este estudioso, que se desdibuje la presencia del hablante en el enunciado (Meléndez Quero 2015: 182). Estas consideraciones acerca de la menor o mayor carga de subjetividad de un medio u otro de expresión de los adjetivos valorativos puede tener más que ver, a nuestro juicio, con el carácter “impersonal” de las construcciones atributivas que explicaremos en §4.5.4.2. Sin embargo, todas estas observaciones quedan supeditadas a aquellos casos en los que existen las dos vías de expresión: el operador en -mente y el adjetivo en la construcción atributiva, algo que no siempre sucede, tal y como expondremos en §4.2.2.5. Desde el punto de vista diacrónico, también existen estudios que ponen de manifiesto la equivalencia funcional entre estos dos procedimientos. Es el caso de Herrero Ingelmo (2013). En su estudio sobre “Los adverbios evaluativos emotivoafectivos: la formación del paradigma”, alude a la necesidad de conocer el origen de estas unidades para poder delimitar adecuadamente su comportamiento sincrónico. Para ello, uno de los aspectos que se deben abordar es su relación y alternancia con la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>: “es importante conocer cuándo y cómo adquieren su valor “oracional” y qué relación tienen con la perífrasis de las que proceden o con las que alternan en el uso (Es una suerte que, es lamentable que) o con construcciones sinónimas (Menos mal que, gracias a Dios que…) (Herrero Ingelmo 2013: 65-66). Sin embargo, no parece ser que estos “adverbios con función discursiva” procedan sistemáticamente de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>. De hecho, el propio Herrero Ingelmo (2013) documenta que, en el caso de por suerte, su uso “oracional” tiene lugar en 1517, mientras que la construcción es una suerte que no aparece en los corpus académicos hasta 1875 (Herrero Ingelmo 2013: 73, nota 17).
José García Pérez 132 Lo mismo sucede con desgraciadamente, que se documenta con uso “oracional” a finales del siglo XVIII (1780), mientras que “ser + una + desgracia” no aparece hasta el siglo XIX (1843) (Herrero Ingelmo 2013: 87, nota 41). Intermedia podría considerarse la situación de milagrosamente. El primer testimonio como “adverbio oracional” aparece en 1868 y, mientras ‘es un milagro + oración’ se documenta en el siglo XVIII (1769), ‘es milagroso + oración’ no se encuentra hasta principios del siglo XX (1902) (Herrero Ingelmo 2013: 93-94, nota 45). No parece, por tanto, que sea siempre la estructura atributiva <verbo copulativo + atributo (sustantivo o adjetivo) + oración> ni el adjetivo los que den lugar a la formación de estos “adverbios con función discursiva”. Volvemos a encontrarnos con autores que ponen de manifiesto la evidente relación que existe entre los operadores discursivos y la estructura <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración> como mecanismos de expresión de la subjetividad del hablante. A estos apuntes habría que añadir otro grupo en el que la ilustración de esta relación se establece a partir de las diferencias entre un mecanismo y otro. 4.1.2.3. Diferencias entre los operadores discursivos y la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> Otro fenómeno identificado en el tratamiento de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> a raíz del estudio de operadores discursivos atañe a que los estudiosos, además de indicar la equivalencia funcional, establecen diferencias de diversa índole entre un mecanismo y otro. En el caso de Barrenechea ([1969]2007), ya hemos expuesto que esta autora se sirve de la estructura atributiva como paráfrasis para la explicación de los “adverbios en -mente” que funcionan como “operadores pragmáticos de actitud oracional”. Pero, por otra parte, la investigadora indica que, en sus encuestas, los hablantes también utilizan esta construcción <verbo copulativo + adjetivo + oración> como mecanismo de expresión de la “actitud oracional”. De hecho, hay ocasiones en las que la preferencia de los hablantes por la estructura atributiva supera cuantitativamente a los adverbios en -mente. A lo largo de todo su trabajo, son numerosos los casos y ejemplos de estructuras atributivas que, aunque presentadas como paráfrasis, son igualmente empleadas por los hablantes: es posible que, es probable que, es claro que, es lógico que, es evidente que, es indudable que, es seguro que, es notable que, es verdad que. De ahí que, en las
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 133 conclusiones, no solo señale el mayor cómputo de “construcciones verbales” sobre “adverbios en -mente”, sino que, de manera muy intuitiva, la autora también acaba buscando algún tipo de diferencia entre un medio de expresión y el otro, a pesar de haber presentado a uno como paráfrasis del otro: “Las construcciones verbales constituyen fórmulas directas de explicitación de la actitud oracional, y los adverbios, fórmulas indirectas, paralelas -podría decirse- a uno de los sentidos con que suele entenderse la distinción entre denotación y connotación” (Barrenechea [1969]2007, en línea). Como comprobamos, esta autora aduce diferencias de tipo pragmático entre un mecanismo y otro (dirección vs. indirección). Por su parte, también Egea (1979) arguye diferencias, dos de tipo sintáctico y otras dos de carácter semántico. En el plano sintáctico, este autor indica que las “construcciones verbales” tienen menos libertad de orden y, además, no pueden parecer intercalados, salvo en algunos casos, como el de no sé. En cuanto a las diferencias semánticas, explica que “las construcciones verbales” “muestran mayor resistencia a vaciarse de significación precisa y a convertirse en simples señales enfatizadoras o en muletillas” (Egea 1979: 62). El primer rasgo, el referente a la resistencia de perder el significado inicial, es una de las constantes que se encuentra en las alusiones a la diferencia entre operadores y adjetivos en estructura atributiva, pues con la estructura se vuelve al significado base del adjetivo, que no tiene por qué ser el mismo que cuando este pasa a la clase de los operadores (vg. Es bueno que te eches la crema vs. Bueno, cuéntame un poco de ti) (Hummel 2012). Por su parte, Martín Zorraquino (1999), siguiendo a Benveniste ([1977]2015: 82-91) y Palmer (1986), señala que la modalidad puede expresarse por medios diversos, entre ellos, “algunos tipos de palabras”. En concreto, en una nota a pie de página para ese marbete señala “adjetivos como posible, probable, seguro, evidente, cierto; etc. que forman parte de oraciones atributivas: es posible que…, etc.” (1999: 26). En su trabajo, esta investigadora diferencia, por una parte, partículas modales, que pueden ser, “categorialmente”, adverbios oracionales (posiblemente, probablemente), locuciones adverbiales (a lo mejor, sin duda) o interjecciones (ojalá, ah). Aparte, estas partículas “pueden alternar onomasiológicamente con otros procedimientos expresivos”) (1999: 28), entre los que se encuentran verbos realizativos (no sé, creo yo, opino yo), incisos y “sintagmas verbales copulativos, cuyo predicado nominal coincide con la base léxica de la partícula modal (es posible, es probable, es evidente, etc.” (1999: 28). Las mismas consideraciones hace para el caso de las “partículas” que ella estudia como deónticas:
José García Pérez 134 Lamentablemente, no le han concedido el premio; Lamento que no le hayan concedido el premio; Es lamentable que no le han concedido el premio; No le han concedido -es lamentableel premio (Martín Zorraquino 1999: 47). Sin embargo, esta autora no otorga la misma naturaleza a todos los procedimientos. Así, no considera que estos “sintagmas verbales copulativos” tengan un estatus “metalingüístico”, ya que denotan un contenido representativo o descriptivo. Además, admiten la negación, la coordinación, la cuantificación y la gradación, fenómenos que rechazan las “partículas discursivas” (Martín Zorraquino 1998: 28-29) 40 . Esta distinción basada en la incidencia sobre el modus o sobre el dictum para delimitar el empleo de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> del operador es la que también contemplaban Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (1996) para dar explicación al hecho de que los operadores modales posiblemente, probablemente y a lo mejor quedan fuera del alcance de la interrogación, a diferencia de otros de la misma naturaleza (*¿Posiblemente ha estado aquí? vs. ¿Es posible que venga hoy?) (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara 1996: 25-26). La distinción entre operar en el modus o incidir sobre el dictum también la consideran para postular la génesis de claro está, que para las autoras podría estar en la estructura <verbo copulativo + claro + oración> con este salto cualitativo de pasar de incidir en el dictum a hacerlo en el modus: “Cabría pensar que de la estructura “está claro que… + oración”, en que nos moveríamos en el dictum, surgiera la combinatoria claro está, con inversión del orden de sus constituyentes, que se comporta como comentario parentético, perteneciente, pues, al modus (1996: 181) Con esta consideración, a nuestro juicio, también queda patente que hay contenidos relativos a la subjetividad, como la valoración, que, afecten o no al modus, no se expresan con operadores discursivos, sino por medio de otros mecanismos como, en este caso, la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>. Otro de los autores que establece diferencias entre ambos procedimientos es Santos Río (2003). Si bien este autor se servía de la estructura <verbo copulativo + atributo + oración> como explicación o paráfrasis en alguna de las entradas de su 40 No obstante, a nuestro juicio, la gradación sí estaría presente en casos como correctísimo o segurísimo para expresar confirmación. De hecho, la propia autora, más adelante en su trabajo, apunta que, en el caso de “las partículas que expresan duda e incertidumbre” pueden graduarse o cuantificarse “(aunque con limitaciones” y aduce casos de muy posiblemente, casi seguro que, muy seguro y completamente seguro (1998: 31). También sostiene lo mismo para las evidenciales, que admiten “gradación subjetiva” como la duplicación (vg. claro, claro) o la sufijación superlativa (por supuestísimo), algo frecuente en “intervenciones reactivas” (1998: 35), tal y como nosotros hemos señalado al principio.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 135 Diccionario de partículas, también establece la comparación entre la “partícula” y la estructura atributiva, y establece diferencias de diversa índole entre ambos procedimientos. Las generales y comunes son las siguientes: Partícula en -mente Estructura atributiva Presenta el hecho como “novedoso”, “nuevo”, “anunciado” o “rememorado” Presenta el hecho como “consabido” o “presupuesto” Suele escoger el modo indicativo Suele escoger el modo subjuntivo Movilidad sintáctica Inmovilidad sintáctica Tabla 10. Implicaciones entre el uso de una "partícula" y la estructura atributiva según Santos Río (2003) La nómina de partículas que Santos Río (2003) presenta estableciendo una diferencia con la estructura atributiva es la siguiente: Clasificación Partícula(s) adverbio oracional de evaluación factual descriptiva absurdamente, accidentalmente, alentadoramente, asombrosamente, casualmente, comprensiblemente, curiosamente, desgraciadamente, explicablemente, extrañamente, ilógicamente, imperdonablemente, inadmisiblemente, incomprensiblemente, increíblemente, inexplicablemente, injustamente, irónicamente, llamativamente, milagrosamente, misteriosamente, paradójicamente, repugnantemente, reveladoramente, ridículamente, significativamente, sorprendentemente, sospechosamente, vitalmente adverbio oracional modalizador (a veces con matiz de intensificación) difícilmente adverbio oracional de evaluación factual cualitativa dolorosamente, escandalosamente, esperanzadoramente, lamentablemente, preocupadamente, trágicamente, tristemente, vergonzosamente adverbio oracional modalizador epistémico evidentemente, verosímilmente adverbio oracional modalizador fácilmente, preferiblemente
José García Pérez 136 adverbio oracional de percepción epistémica inequívocamente adverbio oracional modalizador (programático) inevitablemente adverbio oracional modalizador de refuerzo innegablemente adverbio oracional de evaluación factual descriptiva especial lógicamente, naturalmente adverbio oracional modalizador (de posibilidad marcada) probablemente Tabla 11. Relación de "partículas" con las que se establece una diferencia con respecto a la estructura atributiva correspondiente en Santos Río (2003) Como en el caso del grupo de aquellas “partículas” en las que aparecía la estructura atributiva como paráfrasis en la explicación de su funcionamiento, ahora también sucede que una “partícula” puede tener equivalencia con otro adjetivo que no sea su base, como en comprensiblemente, equivalente, además de a resultando/es comprensible (que), a pareciendo lógico o natural (Santos Río 2003: 42); desgraciadamente también se equipara con es una pena (que) (Santos Río 2003: 56); difícilmente puede tener como alternativa tanto es difícil (que) como sería raro (que) (Santos Río 2003: 58); fácilmente se relaciona asimismo con es muy posible que (Santos Río 2003: 73); y lamentablemente también se alterna con es una pena/lástima (que) (Santos Río 2003: 101). Por otra parte, al igual que con afortunadamente, Santos Río (2003) tampoco ve posible que la estructura atributiva que se relaciona con desgraciadamente, milagrosamente y misteriosamente tenga en el atributo un sustantivo: es una desgracia que (Santos Río 2003: 56, 101), es un milagro que (Santos Río 2003: 110) y es un misterio que (Santos Río 2003: 111) respectivamente; no contempla la posibilidad de que en español pueda enunciarse es desgraciado que, es milagroso que o es misterioso que. Mientras, para vergonzosamente se contempla tanto es una vergüenza como es vergonzoso (Santos Río 2003: 163).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 143 Por ello, cuando Hummel (2012) lleva a cabo las definiciones lexicográficas de sus “atributos enunciativos”, incluye “construcciones gramaticales” como uno de los reflejos formales que dan cuenta de esas funciones discursivas en el caso de atributos o adjetivos como claro, bueno, u obvio. Entre dichas “construcciones gramaticales” se encuentran fundamentalmente las estructuras copulativas que a nosotros nos conciernen. En nuestra investigación, nuestro propósito similar al de este estudioso, en tanto que buscamos considerar estas estructuras desde una perspectiva pragmática que permita dar cuenta de cuáles son los cauces lingüísticos que utilizan los hablantes para la transmisión de su subjetividad en el discurso. Las consideraciones de Hummel (2012) constituyen un aporte muy valioso para nuestro cometido, pues ponen de manifiesto que el tratamiento que se les ha dado en la bibliografía a estas estructuras no ha sido el adecuado, sino que dichas estructuras merecen ser estudiadas y tenidas en cuenta como una expresión más de la subjetividad del hablante. En su caso, Hummel (2012) apunta a que son la alternativa escrita de las funciones discursivas que tienen los por él denominados “atributos enunciativos”. No obstante, a nuestro juicio, esta propuesta de explicación conlleva una serie de escollos que dificultan entender las estructuras copulativas como una alternativa propia de la escritura. De ello se da cuenta en el siguiente apartado. 4.1.2.5. Escollos de la distribución diamésica de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> y los operadores discursivos Son dos los escollos que nosotros consideramos que tiene la explicación de Hummel (2012) para la aparición del adjetivo en la estructura atributiva en la escritura, frente a su uso inmovilizado en género y número (sobre todo en América) o en una forma terminada en -mente (sobre todo en España) con función discursiva en la oralidad. Por un lado, puede que exista en español la posibilidad de encontrar tanto un adjetivo en la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> como un operador discursivo formado a partir de ese adjetivo. Sin embargo, ello no conlleva que tengan el mismo cometido discursivo, pragmático o procedimental. Así sucede, por ejemplo, con justo, preciso o bueno. Mientras que justo ~ justamente y preciso ~ precisamente como operadores discursivos actúan en el plano informativo (Fuentes Rodríguez 2009: 199-200, 289-290) y son elementos focalizadores, cuando los adjetivos base de cada par aparecen en la
José García Pérez 144 estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>, actúan en el plano de la subjetividad expresando una valoración del hablante, tal y como sucede en estos ejemplos: (5) @SSantiagosegura: Se que muchos aún no conocíais esta“fascinante”noticia... Michael Bay producirá la película de Dora la exploradora [Enlace a publicación en Lacasadeel.net: Michael Bay producirá la película de Dora la exploradora] Usuario 12 (hombre): Una niña políglota que necesita un mapa parlanchín para encontrar lo que tienen justo al lado. El argumento es apasionante. (Corpus MEsA, Twitter, página 962) (6) FB 2016 jul 22 ABC 01 Telecinco cancela en dos días el programa de Sara Carbonero [vídeo en el que aparecen Sara Carbonero y los colaboradores de su programa] Usuario 6 (mujer): Es una tia muy guapa pero es sosisima y no tiene talento. Ni para modelo vale porque es muy fria y no transmite nada de nada. Telecinco es una cadena superbasura en general. Es repugnante. Usuario 7 (mujer): Que mala es la envidia..... Usuario 6 (mujer): Perdona [mención al usuario 7]. Me sobran defectos pero el de la envidia precisamente, te digo que no. Ademas soy mayor (Corpus MEsA, Facebook, página 11) (7) Usuario 1 (mujer): Creo que en este pueblo nadie se preocupa de que llueva salvo un par de familias de la corredera!!!!! Raúl Castilla Gutiérrez ya no sabemos cómo hacértelo llegar, pero ten por seguro que vamos hacer todo lo posible que te enteres!!! Que mis suegros se les cuela el gua cada vez que llueve, que no puede ser que se arregle la corredera y lo dejen peor de lo que estaba! Como se nota que no sois los perjudicados!!!!!!!!!!! Tanto os cuesta poner solución???????? [Vídeo del efecto de la lluvia en la zona mencionada] Usuario 15 (mujer): [Mención a usuario 1] espero q llegue esto a quien tenga q llegar y hagan algo ya, no es justo q estos vecinos estén con el miedo en el cuerpo cada vez q cae una gota de agua. (Corpus MEsA, Facebook, página 395) En los dos primeros casos (5 y 6), justo y precisamente focalizan el segmento del enunciado sobre el que inciden: el primero (5) sobre “al lado” para hacer hincapié en lo gracioso o insulso que es necesitar un mapa para encontrar algo que se tiene cerca; el segundo (6), para enfatizar que, a pesar de los muchos defectos que declara tener la
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 145 locutora, el de la envidia, que es el que se le ha achacado, no se encuentra en dicha nómina. En cambio, en el tercer testimonio (7) lo que tenemos es la valoración de la locutora, Usuario 15 (mujer), quien expresa que es inmerecida o deplorable la situación que se presenta: el hecho de que un grupo de vecinos viva atemorizado por un problema de obras públicas en su localidad. Del mismo modo sucede con honestamente y honradamente que, como apunta Torner Castells (2007: 186-187), cuando aparecen como operadores discursivos -o “adverbios oracionales” en la terminología de este autoractúan en el plano enunciativo, caracterizando al decir (“adverbios orientados hacia el emisor/receptor”), mientras que en la estructura atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración> adquiere un valor axiológico o evaluativo. Compárese los dos siguientes ejemplos (8 y 9) con honestamente ~ honesto: (8) Usuario 4 (hombre): Hola [mención al usuario 7], creo que no acabas de entender el trasfondo de este post. La respuesta anterior era para Maribel Yañez que sí lo entiende. Entiendo que desde mejico, no tienes por qué sabes quien es lydia falcon ni por qué la han echado de IU. Pero te aseguro que este post, y otros tantos en esta direccion que florecen desde hace un mes tienen su origen en esa accion. Honestamente creo que no estas entendidendo el trasfondo de esto, cosa que me parece comprensible puesto que te pilla lejos en la distancia el personaje antes mencionado. Respecto a lo que tu pienses de mi o no, y la agresividad en tus palabras, no entrare directamente Usuario 8 (mujer): [mención al usuario 4] ya vino el hombre a explicarnos cómo es nuestra lucha. Usuario 8 (mujer): [mención al usuario 4] honestamente, tú opinión nos interesa una puta mierda. Te puedes ir a tu casa a cuidar de l@s tuy@s para que así las mujeres que te tienen que aguantar tengan tiempo para dar su opinión que me interesa infinitamente más que la tuya? (Corpus MEsA 2.0, Facebook, página 889) (9) […] Porque, sí, las listas tienen un componente subjetivo, y sería poco honesto obviarlo. […] (Corpus MEsA, Blogs digitales, página 307) En línea con lo anterior, también sucede que no de todos los adjetivos (valorativos en nuestro caso) existe la correspondiente forma en -mente o esta no ha dado lugar a un uso como operador discursivo. Así lo detecta Martín Zorraquino (1999) para la expresión de parcelas de la modalidad epistémica: Por otra parte, para expresar la actitud de “inseguridad” total (la “imposibilidad”) carecemos de un signo como *imposiblemente; cabe echar mano de difícilmente o
José García Pérez 146 recurrir a las construcciones copulativas con un adjetivo como predicado nominal (es imposible) o al adjetivo -adverbializado- imposible (en giro semejante -aunque menos frecuenteal de seguro) (Martín Zorraquino 1999: nota 13) Algo similar se desprende de que Santos Río (2003) presente entre corchetes y signos de interrogación la acepción de vitalmente como “adverbio oracional de evaluación factual descriptiva”: [¿Adv. orac. de evaluación factual descriptiva? 1.3.-Es vital, fue vital. Todo parece indicar que este adverbio tiene capacidad para actuar como evaluador de hechos (Fue vital que bajaran [SUBJ] los tipos de interés/?Vitalmente, bajaron [IND] los tipos de interés) y, asimismo, para ir acompañado de complemento orientativo (para SN). ?Vitalmente para nuestro proyecto financiero, los tipos de interés seguían bajando.] (Santos Río 2003: 165) Este autor cuestiona la validez de un uso de vitalmente como operador discursivo que indique la evaluación del hablante sobre el enunciado, algo completamente aceptable con el adjetivo en la estructura atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración>, tal y como nosotros encontramos en nuestro corpus: (10) […] [Fotografía de un paisaje] No sólo puedes encontrarte huellas y excrementos, sino también otros signos de su presencia, como estos arañazos de oso en un árbol en el Parque Nacional de Picos de Europa ;) También es vital mantener siempre una misma metodología: si los transectos son a pie, no hacerlos una vez a pie, otras en coche… O si los transectos los realiza una persona, no hacerlos otro día con dos (cuatro ojos ven más que dos, también estarías doblando el esfuerzo). […] (Corpus MEsA, Blogs digitales, página 560) Igualmente Torner Castells (2007) se percata de que manifiestamente, notoriamente o visiblemente no se comportan como “adverbios oracionales reforzadores del valor de verdad de la aserción”, pero sí es frecuente encontrar a sus respectivos adjetivos base en la construcción atributiva <verbo copulativo + adjetivo + oración>, especialmente en el caso de notorio: ?Notoriamente, estamos equivocados vs. Es notorio que estamos equivocados (Torner Castells 2007: 171-172). En nuestro corpus también tenemos un caso con notorio:
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 147 (11) BL 2016 ene-abr DES 04 Suecia muestra cómo acabar con la emigración ilegal marroquí 31.01.16 @ 02:03:02. Archivado en Marruecos, Sahara Occidental, Europa (UE, Consejo de Europa), Derecho Público (Constitucional e Internacional) [hipervínculo]: Es notorio que uno de los graves problemas que amenaza a Europa es la emigración masiva marroquí. Parte de esa emigración ha adquirido nacionalidades europeas, aunque no por ello ha dejado de ser una amenaza. Pero otra parte de esos emigrantes no ha adquirido nacionalidades europeas e incluso se halla en situación de ilegalidad. En Suecia este grupo ha generado gravísimos problemas sociales. ¿Cómo acabar con ello? Suecia acaba de sugerir una fórmula.@Desdelatlantico [hipervínculo]. […] (Corpus MEsA, Blogs digitales, página 805) El autor explica este hecho señalando que, si bien tanto el grupo de adjetivos que dan lugar a los “adverbios oracionales” como aquellos que no lo hacen son utilizados por el hablante para expresar que la información sobre la que inciden es cierta, solo los primeros (vg. evidente, indudable, obvio) conllevan, además de la modificación del dictum, una modificación del modus oracional (Torner Castells 2007: 171-172). Aunque Torner Castells (2007) admite que “esta sutil diferencia semántica podría considerarse tal vez poco clara” (2007: 171-172), menciona que tiene un correlato formal y que reside en lo apuntado también por Kovacci (1999: 761): los “adverbios oracionales reforzadores de la verdad de la aserción” pueden ser parafraseados también por una coordinación con una anáfora con valor proposicional o aludir a un “sustantivo dicendi” (vg. Estamos equivocados, y esto (= mi afirmación) es obvio vs. Estamos equivocados, y esto (= *mi afirmación) es manifiesto) (2007: 171- 172). Sin embargo, como hemos expuesto en García Pérez (2022), consideramos que esta observación presenta dificultades para ser admitida. En primer lugar, el enunciado con el demostrativo también puede tener su propio modus: y esto, desgraciadamente, es obvio. Por otro lado, esta paráfrasis también puede hacerse con adjetivos que no han dado lugar al operador en -mente correspondiente, de tal manera que la diferencia entre afectar al modus o incidir (solo) sobre el dictum se vuelve aquí inservible 42 . Podría ser el caso de impagable: (12) Usuario 57 (no identificado): 42 Agradezco estas observaciones a mi compañero y amigo el doctor Víctor Pérez Béjar.
José García Pérez 148 [Mención a otro usuario] Y quién los audita. El donar está muy bien, pero después de la declaración del topo mayor. Suena a que lucran y cobran por sus servicios. Usuario 58 (no identificado): Y si lo cobraran, es lo mínimo que podríamos hacer por arriesgar sus vidas en salvar otra, esto es impagable. (Corpus MEsA, Twitter, página 811) (tomado de García Pérez 2022: 216) A nuestro juicio, en este caso estamos ya moviéndonos en otro terreno de la macrosintaxis: las relaciones entre enunciados, que plantea una serie de retos y problemas todavía poco resueltos. El hecho de que haya casos en los que el adjetivo puede aparecer en la construcción <verbo copulativo + adjetivo + oración> sin que sea necesario que haya una forma en -mente equivalente no disuade a este autor de considerar que existe una relación que motiva ambos procedimientos. Tanto es así, que, a diferencia de otros autores que postulan una relación genética en la dirección <verbo copulativo + adjetivo + oración> → operador discursivo, Torner Castells (2007) justifica la aparición de un adjetivo en esta estructura porque existe la posibilidad de que la forma en -mente derivada tenga un uso “oracional”. Así lo propone para el caso de verdadero y real (Torner Castells 2007: 171-172). En este caso, no le importa al autor el hecho de que estos adjetivos no afecten al modus, sino al dictum, fenómeno que tomaba anteriormente para explicar la inexistencia de usos “oracionales” en manifiestamente, notoriamente o visiblemente. A estas unidades no se les hace necesario una modificación del modus para ser incluidas dentro de los “reforzadores de la verdad de la aserción” junto con formas en - mente como obviamente o incuestionablemente (Torner Castells 2007: 159-166). Con todos estos contraejemplos queremos poner de manifiesto que la propuesta de Hummel (2012) de presentar la estructura atributiva como un mecanismo más propio de la distancia comunicativa y, sobre todo, de la escritura, no delimita ni abarca completamente la realidad del uso de esta construcción, puesto que hay casos en los que, independientemente de la variación -sea del tipo que sea-, si el hablante quiere emitir su valoración acerca de un hecho, no tiene otro mecanismo a su alcance que el de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>. De ahí que se haga necesario un estudio autónomo de la realidad de esta estructura como mecanismo con valor discursivo.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 149 La relación que la bibliografía ha establecido entre los marcadores del discurso y la estructura <verbo copulativo + adjetivo valorativo + oración> es valiosa en tanto que pone de manifiesto que, si el cometido de los marcadores puede expresarse por ella, ello necesariamente implica que el uso que de ella hacen los hablantes tiene que ser paralelo y estar dentro de la misma órbita de mecanismos o estrategias que sirven para un determinado fin. No obstante, al mismo tiempo, lo anterior ha supuesto que no se atienda a la realidad del empleo de la estructura copulativa y que no se lo considere un medio autónomo para la expresión de contenidos pertenecientes a la esfera de la subjetividad del hablante. Cuando ello ha sucedido, la mención se produce a partir de la identificación de un adjetivo en concreto que, en un determinado texto, tiene una función discursiva. No hay una alusión a que la rentabilidad la encuentra el hablante en el empleo de la estructura que alberga al adjetivo. 4.1.3. Tratamiento independiente de estas estructuras como mecanismos de expresión de la subjetividad del hablante Aunque en menor medida, también hemos encontrado mención a la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> como un procedimiento con fines discursivos. En el caso de Santos Río (2003), hay ocasiones en las que trata como “partícula” la construcción copulativa con los adjetivos casual y cierto. De cierto considera Bien es cierto que, Si bien es cierto que y Es cierto que. A la primera le da un valor adversativo y la considera “locución conjuntiva adversativa restrictiva tenue” (primera acepción) y “expresión de reconocimiento anticipadora de restricción” (segunda acepción) (Santos Río 2003: 228). En ambos casos se considera que esta “partícula” sirve a fines que se pueden considerar procedimentales: introducir una “restricción o matización […] secundaria en importancia respecto del hecho o hechos anteriormente aducidos (2002: 228) (primer caso: vg. Brahe fue un observador incomparable. Bien es cierto que no le faltaron medios [CORPES XXI, 2008, España]) y jerarquizar estratégicamente el impacto de la información en el receptor (segunda acepción: vg. Bien es cierto que cada municipio canario confecciona sus alfombras, pero en el caso de La Orotava asistimos a la ejecución de una gigantesca obra de arte [CORPES XXI, 2015, España]). Similar consideración se hace de Si bien es cierto que, a la que también se le otorga la naturaleza de “pseudolocución conjuntiva” que, además del significado adversativo (vg. Nos están robando lo nuestro, si bien es cierto que con mucha
José García Pérez 150 educación), también tiene otro concesivo (vg. Si bien es cierto que fuma, no fuma tanto como tú decías) (Santos Río 2003: 230). El carácter atenuativo que se advierte en ambas “partículas” no es el que observa el autor para Es cierto que, “partícula” que remite a la entrada de Cierto que, definido como un “esquema admisivo en que, estratégicamente, se reconoce o concede un dato de orientación argumentativa contraria a lo que defiende o trata de imponer el hablante y anticipa o predice una adversativa fuerte donde éste manifiesta el pensamiento principal […]” (Santos Río 2003: 245). A Es cierto que OInd y Cierto es que OInd las considera “variantes con cópula expresa” y de ella se señala que “están menos gramaticalizadas” (2003: 245). Por último, a casual se le asigna un cometido argumentativo. La entrada para este adjetivo recoge No es casual que OSubj como “estructura argumentativa” que “presenta un hecho, descrito como consabido aunque pueda no serlo, del que se presupone que apoya y aclara el aserto que se acaba de hacer (sea descriptivo o conclusivo)” (2003: 242) (vg. -Con el tiempo te darás cuenta que hizo mucho para que te quedaras. No es casual que estés con nosotros. [CORPES XXI, 2001, Chile]). A nuestro juicio, aunque no compartimos la consideración o equiparación de elementos como hasta y <verbo copulativo + adjetivo + oración> como “partículas” es decir, como marcadores discursivos, estimamos valiosa la identificación de Santos Río (2003), en tanto que pone de manifiesto que estos “esquemas” o “estructuras”, como él las llama, tienen también un cometido discursivo que no puede explicarse en los límites de la sintaxis oracional. Para nosotros, ambos procedimientos tienen un cometido macroestructural, en tanto que manifiestan la presencia del hablante en el texto, pero tienen una naturaleza distinta: en el caso de unidades como hasta estamos ante marcadores del discurso (categoría gramatical), mientras que la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> merece otra consideración que dé cuenta de su potencial discursivo, tal y como explicaremos en §4.4. Este efecto argumentativo de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> también ha sido advertido por otros estudiosos. Así lo hace Torner Castells (2007) para el mismo tipo de adjetivos. A raíz del análisis de ejemplos de esta estructura copulativa con verdadero, real y “otros similares que se podrían hallar para cierto”, indica que “se establece un contraste entre lo dicho en la proposición y otro argumento de sentido contrario, que se introduce las más de las veces con un conector adversativo (pero, si, bien, etc.). (Torner Castells 2007: 159-166)
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 151 También hay mención de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> en varios de los trabajos de Fuentes Rodríguez. En Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (2002), el análisis de textos desde una perspectiva argumentativa hace que las autoras identifiquen un papel activo para nuestra estructura en el esquema o dimensión argumentativa de los testimonios. Se trata de los mismos procesos a los que aluden Santos Río (2003) y Torner Castells (2007), como la introducción de un argumento o información que tiene mayor fuerza. Así, señalan la capacidad que tiene es evidente que como “expresión de reafirmación” del contenido de la subordinada que funciona como sujeto, en tanto que, con el adjetivo evidente, el hablante presenta su aseveración como si la secundara la “vox publica”, “toda la comunidad en la que se incluye. De esta manera consigue un elevado grado de fuerza informativa y argumentativa sobre lo que dice, además de plantearlo como un hecho incontestable” (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara 2002: 131). Un efecto parecido atribuye Fuentes Rodríguez a <verbo copulativo + posible + oración> en otro trabajo (2005) cuando analiza el discurso sobre la inmigración en España: En el último párrafo se aclara esa lucha contra un “racismo de Estado” basado en un “discurso “culturalista” para engañar mejor”. Y se conmina a reaccionar contra ello de forma suave, con estructuras impersonales de obligación: “hay que dar muestras de realismo y espíritu de justicia”, “hay que tener el valor de denunciar la hipocresía y el cinismo racista”, “ya no es posible callarse”. (Fuentes Rodríguez 2005: 245) No obstante, a diferencia de lo que le sucede a evidente, en este caso la estudiosa considera que el uso de esta construcción con posible es una forma de atenuar o restar fuerza a la verdad de la aserción. Es el adjetivo el que, inserto en esta estructura, otorga el valor que esta adquiere. La mención a la estructura <verbo copulativo + posible + oración> ya se había hecho de manera autónoma en la obra de Fuentes Rodríguez. En efecto, se analizan las apariciones del adjetivo curioso en un corpus del habla de Sevilla a partir de las ocurrencias de curiosamente como “evaluativos de extrañeza”, que, aunque las autoras indican que “no tenemos ningún caso de este elemento como adverbio modal […] sí de estructuras de comentario con este contenido” (1996: 178). Entre ellas está el adjetivo curioso en la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>. Sin embargo, no
José García Pérez 152 consideran estas autoras que esta estructura tenga el estatus de enunciado modal, condición que otorgan únicamente a la aparición del adjetivo en enunciado autónomo: “es curioso+ oración: “Es curioso que hayan tenido en cuenta incluso eso” (C2V3, 134) Pero sólo el curiosísimo citado antes es enunciado modal, de todas las ocurrencias que encontramos” (1996: 179). Igual sucede con posible también analizado a partir de las ocurrencias de posiblemente. Aparte de los casos “como término con todo su valor léxico” (1996: 77), apuntan las autoras lo siguiente: “Aparte de este uso, que no nos interesa desde el punto de vista de la expresión modal, hay otras combinatorias con ser, en que aparece como elemento propio de una estructura explícita de modalidad de posibilidad” (Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara 1996: 78) (vg. Pero es posible que vuelva a salir más adelante). Por otra parte, el “efecto argumentativo” que tiene la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración> de presentar un hecho como consabido o compartido por toda una comunidad, desdibujándose así la subjetividad del hablante, no solo se produce con adjetivos modales epistémicos. También Fuentes Rodríguez y Alcaide Lara (2002) documentan este fenómeno en otro tipo de adjetivos como difícil: “Los elementos lingüísticos muestran cuál es su conclusión. También valen para ello los enunciados genéricos dichos por el locutor, como el que inicia ese párrafo: es difícil recordar… haya desafiado tan drásticamente… (Esto lo dice Rojas Marcos)” (2002: 134). Ese carácter “genérico” permite al hablante presentar su opinión como una conclusión libre de toda subjetividad, de ahí que las estudiosas hagan hincapié en que, a pesar del carácter genérico de la conclusión, esta sigue siendo opinión del locutor del texto (Rojas Marcos). También en el discurso político se identifica la rentabilidad discursiva de la estructura <verbo copulativo + adjetivo + oración>. En Fuentes Rodríguez (2020), dentro de las marcas modales que pasan al plano enunciativo en el discurso parlamentario, esta autora, a raíz del comentario de un ejemplo, indica que, para marcar su discurso como “rotundo” (2020: 294), el político “mezcla elementos gramaticalizados con expresiones como es cierto” (2020: 292). Se entiende, por tanto, que existen unidades específicas en la lengua destinadas (a partir de un proceso de gramaticalización) a la expresión de contenidos procedimentales y, por otro lado, existen otras alternativas con el mismo cometido.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 255 estos autores, en tanto que hay un enunciado, el que expresa la evaluación, que depende del otro (es su satélite) para tener sentido dentro del texto. Tomemos el siguiente testimonio: (88) TW 2016 jun SUS 01 En Andalucía ponemos en marcha junto a @eACNUR un proyecto para acoger a menores #refugiados. ¡Europa no puede dar la espalda a estos niños! Usuario 39 (hombre): @susanadiaz @eACNUR no haceis nada en todas partes más que apoyar al PP y ahora a aprovecharse de las desgracias que provocais...penoso (Corpus MEsA, Twitter, página 414) Constatamos que tenemos dos enunciados en la intervención de Usuario 39 (hombre): “no hacéis nada en todas partes más que apoyar al PP y ahora a aprovecharse de las desgracias que provocáis…” y “penoso”. Aunque no medie ningún conector entre ellos, existe una relación que le da coherencia a la intervención. Así, tendríamos una Relación de Evaluación, en la que el adjetivo penoso expresa la subjetividad del hablante con respecto al contenido del enunciado previo, de tal manera que, si desapareciera el enunciado que contiene la evaluación, el sentido de la intervención del Usuario 39 (hombre) podría sostenerse aún: “no hacéis nada en todas partes más que apoyar al PP y ahora aprovecharse de las desgracias que provocáis…”, como acto descortés y de desacuerdo con la labor y el perfil político del interlocutor y su partido. Por ello se considera que “penoso” sería el enunciado satélite y el anterior el núcleo. Si desapareciera este último y el Usuario 39 (hombre) solo hubiera emitido “penoso”, el sentido o intención de la intervención o bien se perdería, o bien sería distinto y al locutor, Usuario 39 (hombre), lo que le parecería penoso sería que en Andalucía se pusiese en marcha un proyecto con ACNUR para acoger a menores refugiados, en lugar de el apoyo que el PSOE en aquel momento le estaba dando al Partido Popular (PP) y de que, a juicio del locutor, las políticas del PSOE causan daños que luego se enorgullecen de paliar con otras medidas. Como hemos expuesto al inicio de este apartado, el principal escollo que presenta la propuesta de Mann y Thompson (1988) es la falta de anclaje gramatical de las relaciones que se acotan. En nuestro caso, el reflejo lingüístico de la relación que establece el adjetivo como enunciado autónomo puede estar en la propia naturaleza
José García Pérez 256 gramatical del adjetivo, modificadora 72 . Se trata de la misma relación <Locutor → Hecho> que hemos constatado en las dos construcciones anteriores, solo que en otra parcela de la macroestructura del texto: la relación entre enunciados. Esta no es la única propuesta que ha intentado explicar fenómenos como el que estamos analizando, sino que ha habido autores que, para el inglés, han buscado otras formas de afrontar el análisis de las relaciones entre enunciados sin conectores discursivos. 6.3.2. Los patrones Retrospective X y Prospective X En su análisis de la conversación oral inglesa, Couper-Kuhlen y Thompson (2008) identificaron una serie de patrones (“patterns”) destinados a la evaluación de situaciones y eventos. Entre ellos, el más frecuente en su corpus fue el que denominaron Retrospective X: “a semi-fixed or formulaic phrase built on the pattern: it/that + BE + evaluative adjective/noun” (2008: 446), tal y como sucedería en el siguiente caso que ellas aducen: 1 ABBIE: a:nd in- (0.9) <where they spend most of their time>, is like 2 this major bone of contention about whether they spend 3 time at my parent's house or his parent's house? 4 (.) six blo;cks, 5 MAUREEN: ;six blocks away? 6 ABBIE: ªyes.ª (1.0) ª it's insane .ª (.) so, (1.5) ) already wa:rned my 7 sister ) said look mo:m's out there and she's c2anky 8 so (.) whate:ver you $/, just be careful.= (Tomado de Couper-Kuhlen y Thompson 2008: 449) En ejemplos como este, lo que hace el locutor es “proffering an evaluation of some state of affairs mentioned or talked about in prior talk” (2008: 447). Igualmente encuentran estas estudiosas, la situación contraria: la expresión de evaluación puede ser previa a la enunciación de lo evaluado. En ese caso, el patrón es denominado “Prospective X” y se ejemplifica con casos como el siguiente: 1 Nan: they are so cute yeah they really. 2 they were just (.) ve:ry.hhhhh very very sweet with me: 72 La misma tesis se ha sostenido para el caso de las anáforas con valor proposicional (vg. esto/eso es maravilloso) (García Pérez 2022), donde es el adjetivo, por su condición de categoría modificadora, la señal que aporta la relación con los enunciados previos o posteriores, en tanto que el demostrativo lo que hace es indicar el que el alcance es proposicional.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 257 3 a:nd it was so funny 4 in fact one of the kids came up to me; 5 (.) one of the young.hhhh fellas that (.) 6 Ra:lph's about twenty two:, 7 Emm: mm h;m:z = 8 Nan: [ a:]=nd he had been,h in, (.) one of my mi:cro groups right at the very beginning, (Tomado de Couper-Kuhlen y Thompson 2008: 452) El estricto paralelismo con el español lo tendrían enunciados formados por <Eso/Esto + verbo copulativo + adjetivo/sustantivo valorativo>, tal y como hemos expuesto en García Pérez (2022). Pero también se puede considerar que los casos de adjetivos en enunciado autónomo que estamos en esta tesis tratando pueden igualmente explicarse como un patrón recurrente para la expresión de la valoración. No obstante, a nuestro juicio, la identificación de estos dos “patrones” (“patterns”) presenta un escollo, y es que consideramos que en realidad se trata de una misma función, de la expresión de un mismo contenido/cometido, con distintos co(n)textos de aparición. Es decir, los locutores utilizan estos enunciados para manifestar valoraciones acerca de lo dicho en otros enunciados, que sean previos o posteriores es una distinción secundaria de sus posibilidades de distribución/aparición co(n)textual. De hecho, como constatamos en nuestro corpus, estos adjetivos en enunciados independientes no solo aparecen previa o posteriormente a los enunciados sobre los que inciden, sino que también cabe la posición parentética como con(n)texto de aparición. Por ello, nosotros queremos delimitar, por un lado, la función de estos enunciados en el texto y, por otro, dar cuenta de cuáles son sus contextos de aparición. 6.3.3. La Relación Discurso-Metadiscurso En García Pérez (2019b) llevamos a cabo un primer acercamiento a la realidad del uso de adjetivos en enunciados independientes. No en vano, llamamos a aquel trabajo “Hacia una macrosintaxis del adjetivo calificativo”. En él, analizamos únicamente la sección de Twitter del Corpus MEsA y un corpus de editoriales de prensa española de elaboración propia. Así, para explicar la relación que establecía el adjetivo con el enunciado o los enunciados a los que dirigía su alcance, tomamos la explicación sintáctica que Fuentes
José García Pérez 258 Rodríguez (2018) aduce para los enunciados parentéticos y la adaptamos a nuestro objeto de estudio. En efecto, los enunciados parentéticos son aquellos que rompen con la linealidad de otro enunciado en el que se insertan (de ahí el nombre de parentéticos), de tal manera que el locutor se desdobla en dos enunciadores y expresa algún contenido metadiscursivo relativo al enunciado base o host que denota “las circunstancias macrosintácticas necesarias para su comprensión” (2018: 227). Esos contenidos, de índole procedimental, pueden ser relativos a la formulación, a la reformulación (explicación, corrección, concreción, etiqueta, aclaración, ejemplificación), o tratarse de comentarios modales (emotivos o exclamativos, apelativos), siguiendo la clasificación que hace Fuentes Rodríguez (2018). Para dar explicación a esta relación entre enunciados, Fuentes Rodríguez (2018) desarrolla una herramienta teórica que da cuenta del comportamiento de estos enunciados: la relación Discurso – Metadiscurso que, en palabras de la propia autora, es definida del siguiente modo: El metadiscurso presupone el discurso sobre el que establece indicaciones de procesamiento. Pero su presencia es optativa. Constituye una estructura relacional, una posibilidad constructiva entre dos enunciados de manera que frente a dos enunciados secuencialmente ordenados, estos establecen una relación en un segundo plano (la de comentario). (Fuentes Rodríguez 2018: 229) Así, si tomamos uno de los ejemplos de Fuentes Rodríguez (2018), la relación, esquemáticamente, se vertebraría del siguiente modo: “Ustedes no, ustedes allí donde gobiernan, señorías –y hay que decirlo en esta Cámara- , están desmantelando la sanidad pública” (DSPA 19, IX leg., 69) (Tomado de Fuentes Rodríguez 2018) ENUNCIADO BASE ENUNCIADO PARENTÉTICO DISCURSO METADISCURSO Ustedes no, ustedes allí donde gobiernan, señorías y hay que decirlo en esta Cámara están desmantelando la sanidad pública Figura 4. Relación Discurso - Metadiscurso en enunciado parentético
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 259 En lo que concierne a nuestro fenómeno, postulamos que estamos ante la misma situación, pues el adjetivo que aparece en el enunciado autónomo supone un comentario (en este caso, una evaluación) sobre el contenido de los enunciados anteriores o posteriores, de tal manera que tenemos un enunciado que actúa como un metadiscurso de los enunciados sobre los que incide. El siguiente ejemplo de García Pérez (2019b) puede ser ilustrativo de esta explicación: (89) Usuario 43 (hombre): Increíble . Ganó la ignorancia, el odio, el racismo, la discriminación, la xenofobia. Ganó #Trump. #EleccionesEEUU2016 #Trump (Corpus MEsA, Twitter, página 107) Figura 5. Relación Discurso - Metadiscurso entre enunciados contiguos, tomada de García Pérez (2019b: 106-107) 6.4. CO(N)TEXTOS DE APARICIÓN La función Discurso-Metadiscurso que explica la relación que establecen estos enunciados formados por adjetivos tiene distintas distribuciones en el texto. Como hemos apuntado en la exposición sobre posibles metodologías y herramientas que podrían explicar este fenómeno, creemos necesario hacer una distinción entre la función desempeñada por estos adjetivos en enunciados independientes y sus co(n)textos de aparición, en lugar de identificar una función distinta para cada distribución si el cometido es el mismo. En efecto, el uso del adjetivo en enunciado autónomo puede producirse tanto en una intervención reactiva (Gallardo Paúls 1998a y b) evaluando lo enunciado en una intervención anterior, como dentro de la intervención de un hablante para incidir sobre otro(s) enunciado(s), con un alcance bien anafórico, bien catafórico, o como enunciado parentético. Esquemáticamente nuestra propuesta y análisis de este fenómeno se ilustraría del siguiente modo: Metadiscurso •Increíble Discurso •Ganó la ignorancia, le odio, el racismo, la discriminación, la xenofobia. Ganó #Trump. #EleccionesEEUU2016 #Trump
José García Pérez 260 Figura 6. Explicación de la aparición de adjetivos en enunciado autónomo (elaboración propia) 6.4.1. Distribución dialogal Con distribución dialogal nos referimos a la aparición de enunciados formados por adjetivos que, o bien constituyen intervenciones (90), o bien forman parte de intervenciones (91), pero en ambos casos se expresa una valoración acerca de algún elemento del universo del discurso o contexto de la interacción del que dicha intervención forma parte: (90) FB 2017 jun 28 LIN 01 [Fotografía adjunta de un dibujo de una pareja separada por un acantilado donde ella le dice a él: «A lo mejor si tomás mucho envión y corrés fuerte, fuerte, fuerte»] Usuario 108 (mujer): Amoroso... (Corpus MEsA, Facebook, página 712) (91) TW 2016 jul 26 RIV 01 DAESH atenta contra Europa, nuestros valores, derechos y libertades. Los demócratas unidos derrotaremos al terror [enlace a la siguiente publicación en Twitter de El Confidencial: “Hollande, tras el ataque a la iglesia en Normandía: "El Daesh nos ha declarado la guerra"”] Usuario 1 (hombre): .@Albert_Rivera muy bonito. Pero ¿cómo? ¿Con el bienvenidos refugiados que os ordena Merkel y Juncker? ¿O con minutos de silencio? (Corpus MEsA, Twitter, página 141) En este sentido, en primer lugar conviene diferenciar, por un lado, los casos en los que el adjetivo aparece en enunciado autónomo pero incide sobre una entidad conceptualizada por un sustantivo. Si tomamos los dos siguientes ejemplos:
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 261 (92) FB 2016 jun 28 LUG 02 Esta es una de las playas más bonitas del Mediterráneo y está en España (Ses Illetes, Formentera) Desde el blog compartimos lugares increíbles y poco conocidos que puedes recibir en tu email. Puedes suscribirte en este enlace [enlace a una entrada del blog 101 lugares increíbles llamada “La playa de Formentera que parece una piscina natural infitina (Ses Illetes)”] Usuario 5 (mujer): Maravillosa yo setuve allí y es el paraíso (Corpus MEsA, Facebook, página 4) (93) FB 2016 jun 29 LUG 03 Este pueblo se ha escapado de un cuento. Se llama Riquewihr y está en Alsacia, #Francia Desde el blog compartimos lugares increíbles y poco conocidos que puedes recibir en tu email. Puedes suscribirte en este enlace [enlace a una entrada del blog 101 lugares increíbles llamada “En la lista de pueblos que parecen sacados de un cuento en Francia, Riquewihr”] Usuario 5 (mujer): Hermosoooo..pero quiero conocer Islandia y Alaska... (Corpus MEsA, Facebook, página 7) constatamos que el alcance de los adjetivos que aparecen en enunciado autónomo es, bien el pronombre demostrativo “esta” (92), bien el sustantivo “pueblo” (93), tal y como se hace patente sobre todo en el caso del pronombre demostrativo, que aparece en femenino y así también lo hace el adjetivo que sobre él incide en la intervención posterior (“maravillosa”). Sin embargo, no se puede señalar lo mismo para casos como los siguientes: (94) @xavieraldekoa: Otra vez. Boko Haram envía a dos niñas de entre 10 y 15 años a hacerse explotar en un campo de desplazados de Camerún. 9 muertos, 30 heridos Usuario 7 (hombre): ¡Terrible, horrible! Usuario 8 (hombre): @xavieraldekoa @usuario Terrible (Corpus MEsA, Twitter, página 461) (95) Usuario 26 (hombre): Este año por desgracia no he podido ir mucho al cine, pero por ahora me está pareciendo un año flojo. Mis favoritas por ahora son Lalaland, Logan, Loving y una película que dudo que se estrene en España pero que pude ver en el festival de cine de Múnich: Blind & Hässlich (Ciega y Feo) [https://www.filmaffinity.com/es/film982244.html] De las que comentas hay bastante que me apetece ver y confío que estén bien, pero Split me sigue pareciendo una película de serie B a la que se la ha dado demasiado
José García Pérez 262 bombo, y Toni Erdman me pareción un soberano coñazo, las tres horas me parecieron cinco. Swiss Army Man como curiosidad está bien, aunque tampoco la considera una película reseñable. Este julio promete, y confío que de aquí a fin de año mejore la cosa, aunque casi siempre encuentro las mejores películas cuando me pongo al día a final de año. Usuario 7 (hombre): Subjetivo, como todo. Yo no me lo he pasado así en un cine exceptuando cuando era niño. De mi top diez de lo que llevamos de década, dos películas que he tenido la oportunidad de disfrutar este 2017 en el cine entrarían de lleno. Tal vez en el top 5 incluso. Fijate que a mí las películas me ganan con el tiempo, pero este año era plenamente consciente de estar viviendo el estreno de las que iban a ser algunas de mis películas favoritas el resto de mi vida. (Corpus MEsA, Blogs digitales, página 489) En ambos testimonios (94 y 95), los adjetivos que conforman enunciados no inciden sobre ningún sustantivo o pronombre que esté en la intervención anterior como sucedía en los casos anteriormente presentados. Ahora, estos adjetivos inciden sobre todo lo denotado en la intervención anterior. Por otro lado, habría que deslindar estos casos de aquellos en los que el adjetivo que aparece en enunciado autónomo lo que hace es saturar la incógnita que plantea una oración interrogativa en la intervención anterior (Escandel Vidal 1999), como ocurre en el siguiente ejemplo: (96) @JoseantonioJun: ¿Qué os ha parecido el discurso de @miqueliceta en el Parlamento de Cataluña? Usuario 7 (mujer): Excelente Usuario 11 (mujer): Muy bueno. Usuario 19 (mujer): Confuso Usuario 22 (hombre): Vulgar Usuario 23 (hombre): BRILLANTE. Usuario 25 (no identificado): Patetico (Corpus MEsA, Twitter, páginas 899-901) En (96), además de la saturación de la incógnita expresada en el pronombre interrogativo, igualmente tenemos la atribución a un sustantivo en esa misma intervención anterior (“discurso”), que es precisamente lo que se pide y falta en la oración copulativa que plantea la interrogativa. Cabría en este caso la distinción que hace la gramática académica entre “grupo adjetival exclamativo” y “fragmento” para
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 263 explicar la diferencia entre, por ejemplo, “¡Muy interesante!, dicho al examinar una cosa” y Muy interesante como respuesta a ¿Qué te pareció? (RAE-ASALE 2009: §42.13p). Esta cuestión de la respuesta que plantea una oración interrogativa en la intervención anterior nos lleva a otro aspecto que queremos tratar para el deslinde de nuestro fenómeno: la relación con los marcadores discursivos de aceptación (Santos Río 2003, Fuentes Rodríguez 2009, Padilla Herrada 2021). Tomemos los siguientes tres ejemplos: (97) @JoseantonioJun: ¿Qué os ha parecido el discurso de @miqueliceta en el Parlamento de Cataluña? Usuario 11 (mujer): Muy bueno. (Corpus MEsA, Twitter, página 900) (98) Vueling: Hola [mención a Usuario 37], para que el descuento del Black Friday sea válido las dos personas deberán constar en la misma reserva, es decir, no pueden hacer rutas diferentes. Lo sentimos. Usuario 37 (mujer): :( bueno.. Miraré a ver por separado! Gracias vueling :) Vueling: No hay de que [mención a Usuario 37], que tengas un buen día! (Corpus MEsA, Facebook, página 375) (99) TW 2016 jun ART 22 Tan natural como la vida misma. Observen que no mira a la cámara del grupo, sino a su fotógrafo oficial. A nosotros. [enlace a un tuit de Mariano Rajoy: “Regresamos a Madrid tras dos días en Andalucía, donde me siento como en casa. Hasta pronto #AhoraMásQueNunca [fotografía de Mariano Rajoy]”] Usuario 3 (no identificado): @perezreverte Bueno, el hombre es coherente; siempre miró para otro lado [enlace a fotografía de Rajoy] Usuario 4 (mujer): @usuario3 @perezreverte MUY BUENO, ZÍ ZEÑÓ!! (Corpus MEsA, Twitter, página 393) Como hemos apuntado, en el primer caso (97) tendríamos un “fragmento” que satura la incógnita que plantea la palabra-cú o palabra interrogativa en la intervención anterior y funcionaría como atributo del verbo parecer. Por otra parte, entre los dos casos restantes, la diferencia estriba en que bueno, en el segundo caso (98), funciona como un marcador de aceptación o de “asentimiento” (Santos Río 2003: 231), concretamente, como un operador modal que “aparece en una intervención de respuesta marcado acuerdo o aceptación” (Fuentes Rodríguez 2009: 63-64). En efecto, la hablante expresa su avenencia con la respuesta que le ha dado la compañía aérea acerca de la
José García Pérez 264 duda que ella le ha planteado previamente; el efecto que consigue bueno –y que lo diferencia de otros marcadores de aceptación– reside en que expresa una aceptación inconveniente para la locutora o sin la anuencia que ella hubiera querido con lo dicho por su interlocutor. Sin embargo, lo anterior no se puede postular para explicar el tercero de los ejemplos (99), donde el locutor que utiliza bueno lo que pretende es expresar un juicio positivo de lo enunciado en la intervención anterior. Esta misma situación la encontramos en el caso de otros adjetivos que (solo) han sido identificados como marcadores de aceptación como estupendo (100) o genial (101): (100) Media Markt España: La robótica y su lado más humano: crean un exoesqueleto que permitirá a las personas con movilidad reducida caminar de nuevo [Emoticono sonriente]. [Fotos] Usuario 1 (hombre): Estupendo y que lo financien los gobiernos y no se compren tantos carros de combate (Corpus MEsA, Facebook, página 758) (101) Usuario 1 (hombre): “Sé que nunca más encontraré nada ni nadie que me inspire pasión. Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, al principio mismo; en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré.” Usuario 2 (hombre): Wow, genial. (Corpus MEsA, Facebook, página 704) En estos ejemplos (100 y 101), el hablante no utiliza los adjetivos en enunciados independientes para expresar aceptación o acuerdo con lo denotado (100) o lo dicho (101) en otra intervención, sino que el acto de habla que constituyen es una valoración acerca de eso denotado o dicho. Así, testimonios como estos han estado sin delimitarse tanto desde la gramática oracional como desde los estudios de sintaxis textual, de ahí la necesidad de plantear nuevas funciones que expliquen estos co(n)textos de aparición. Por otra parte, en los ejemplos que se han presentado a lo largo de este apartado, el alcance del adjetivo a nivel referencial estaba en lo denotado o lo dicho en la intervención anterior. No obstante, también es posible que el adjetivo no modifique la extensión del contenido de la intervención anterior, sino que la valoración puede asimismo ir dirigida a otra entidad del universo del discurso, como ocurre en el siguiente caso:
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 271 @sanchezcastejon @greenpeace_esp Jajajajajajajajajajajajaj espectacular .... #pedrosanchezobreroespañol (Corpus MEsA, Twitter, página 450) Por último, en relación con la utilización de adjetivos valorativos para expresar valoraciones negativas, registramos ocasiones en las que el adjetivo valorativo positivo se utiliza como estrategia argumentativa, en tanto que el hablante expresa su acuerdo con lo dicho por su receptor, mediante la valoración positiva de lo dicho/denotado, pero con la intención de introducir una objeción o desacuerdo que subsuma la tesis de su interlocutor y así presentar su contraposición como más válida: (110) TW 2016 jul 26 RIV 01 DAESH atenta contra Europa, nuestros valores, derechos y libertades. Los demócratas unidos derrotaremos al terror [enlace a la siguiente publicación en Twitter de El Confidencial: “Hollande, tras el ataque a la iglesia en Normandía: "El Daesh nos ha declarado la guerra"”] Usuario 1 (hombre): .@Albert_Rivera muy bonito. Pero ¿cómo? ¿Con el bienvenidos refugiados que os ordena Merkel y Juncker? ¿O con minutos de silencio? (Corpus MEsA, Twitter, página 141) En este ejemplo (110), comprobamos cómo el adjetivo bonito es utilizado por Usuario 1 (hombre) para expresar su acuerdo con lo dicho por el entonces líder político de Ciudadanos, Albert Rivera Díaz. Sin embargo, también tiene una objeción que plantear a lo propuesto por este político, pues el usuario está de acuerdo con la idea, pero no con la forma de llevarla a cabo, de ahí que, tras expresar su avenencia con la necesidad de luchar contra el DAESH, también arguya al político que ello no se está llevando a cabo de la manera más efectiva. Con su valoración positiva previa, el usuario se presenta más legitimado para emitir su objeción al político, en tanto que acepta su tesis, se alinea con él en el mismo campo ideológico. En definitiva, con casos como el anterior, constatamos que la valoración y, en concreto, los adjetivos valorativos, intervienen igualmente en todas aquellas actividades comunicativas que conforman las relaciones que establecen los usuarios de las redes sociales en el intercambio y negociación de opiniones, como la ironía o la contraposición argumentativa. Como indicamos al inicio de este capítulo, la distribución del adjetivo valorativo formando enunciados autónomos no se detiene en la conformación de intervenciones en las que se evalúa lo dicho o denotado en la intervención anterior, sino que igualmente los encontramos dentro de la misma intervención para referirse a hechos o eventos expresados en otros enunciados.
José García Pérez 272 6.4.2. Distribución monologal Con distribución monologal nos referimos a la posibilidad de que la relación Discurso- Metadiscurso que establecen los adjetivos cuando aparecen en enunciados independientes se produzca con respecto a lo dicho o lo denotado en la misma intervención. Consideremos los ejemplos siguientes: (111) Usuario 1 (hombre): @perezreverte ¿Que libros suyos me recomendaría para iniciarse en su universo literario? Usuario 17 (hombre): @perezreverte @usuario1 Propondría Las aventuras del capitán Alatriste. Genial. (Corpus MEsA, Twitter, página 381) (112) Usuario 12 (mujer): Buenas. Acabo de terminar el libro hoy mismo y de repente me encuentro con que has hecho reseña. Genial. Coincido contigo, un libro muy entretenido. Creo que se veía venir el final, pero eso no supone ningún problema a la hora de disfrutar del recorrido, dejándose llevar por el buen hacer del autor mezclando realidad y caricatura a raudales. Otro libro con el que me he divertido hace poquito ha sido "Los palimpsestos", otra sátira bastante bien construida en mi opinión. Saludos. PD: Por fin me animé a dejar mi primer comentario en el blog. A ver si siguen muchos. (Corpus MEsA, Blogs digitales, página 673) En el primer caso (111), el adjetivo, empleado en adjetivo autónomo, supone un comentario (Fuentes Rodríguez 2012) sobre uno de los constituyentes del enunciado anterior, “Las aventuras del capitán Alatriste”. Al tratarse de un nombre propio, estaríamos ante la modificación de un sintagma nominal que funciona como complemento directo, y que el hablante ha dispuesto en otro enunciado por la propia dinámica de la sintaxis de la inmediatez comunicativa (Narbona Jiménez 2015). Sin embargo, en el segundo caso (112) el fenómeno es distinto, ya que genial incide sobre todo el enunciado previo (“Acabo de terminar el libro hoy mismo y de repente me encuentro con que has hecho reseña”), de tal manera que ya no puede considerarse que se trate de un modificador de un sintagma nominal en cualquiera de las funciones que esto se manifiesta (complemento del nombre/adyacente, atributo o predicativo). Por ello, necesitamos nuevas u otras herramientas que delimiten estos
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 273 fenómenos que exceden la órbita oracional y nos sitúen en el plano macrosintáctico o de sintaxis textual, cuyas investigaciones han estado fundamentalmente centradas en la identificación de marcadores del discurso. Así, con nuestro trabajo queremos poner de manifiesto esta otra dimensión de los adjetivos en el texto, que podemos de nuevo constatar en la comparación de estos dos testimonios con el adjetivo natural: (113) Lo que pasa es que como somos más somos más pues, claro, parece por loque decíamos antes. Antes decíamos, en Alcalá se moría una persona cada año, y ahora en Alcalá todos los días quince o veinte entierros. ¿Me entiendes? ¡A ver! Sí, sí, claro. Natural. Es eso lógico ¡A ver! Somos más (Conversación 17, Universidad de Alcalá de Henares, tomado de Fuentes Rodríguez 2009: 229-230) (114) @sanchezcastejon: Crearemos un área de Transición Ecológica cuyo papel va a ser determinante en el nuevo proyecto socialista. [Icono mundo] http://www.psoe.es/actualidad/noticiasactualidad/pedro-sanchez-se-compromete-a-situar-el-area-de-transicion-ecologica- al-mas-alto-nivel-en-su-nueva-ejecutiva/ … Usuario 96 (hombre): @sanchezcastejon @greenpeace_esp Poner el medio ambiente en el tablero del ajedrez es necesario y urgente. Una gran noticia. Usuario 97 (hombre): Y el Pp q siga gobernando, muy natural (Corpus MEsA, Twitter, página 455) (113) corresponde al ejemplo que aduce Fuentes Rodríguez (2009) en la entrada de natural como operador modal y que presenta como variante coloquial y poco culta de naturalmente, mucho más usado este último para expresar “que lo afirmado es algo conocido por la comunidad, evidente, deducido de forma natural de los hechos” (2009: 230). Por el contrario, en el segundo testimonio (114) el locutor utiliza natural en su significado de “perteneciente o relativo a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas” (RAE-ASALE: 2014-actualidad), pues en la interacción se están tratando temas de ecologismo, de tal manera que este locutor introduce una valoración irónica acerca del hecho de que el líder del partido socialista español, en aquel momento en la oposición, esté preocupado por futuras medidas ecologistas en lugar de centrar su actividad en intentar derrocar al partido que gobernaba entonces, el Partido Popular. Así, natural incide sobre el enunciado anterior para caracterizar, de forma irónica, que lo contenido en ese enunciado no es lo que él cree que debería estar sucediendo (no sería lo natural).
José García Pérez 274 Apariciones de adjetivos como la última nos empujan a ampliar los límites de la sintaxis discursiva y buscar que estos fenómenos encajen dentro de la macrosintaxis porque no pueden explicarse en los límites oracionales. Como hemos comentado, esta distribución monologal presenta tres co(n)textos de aparición: • Anafórico: (115) […] Hay muchos programas que nos facilitan la tarea de crear una bibliografía sólida. Mantienen un listado de nuestros documentos y papers y tienen diversos estilos de bibliografía que se adaptan a las principales revistas y publicaciones científicas y nos dejan darle formato automáticamente. Además, muchos permiten insertar las citas directamente en el texto mientras escribimos y colocar automáticamente la referencia completa en la bibliografía. Limpio, rápido y cómodo. […] (Corpus MEsA, Blogs digitales, página 511) • Catafórico: (116) Media Markt España: Hola [Usuario 6]. ¿Qué sucedió con el portátil? ¿Nos puedes contar un poco más sobre el caso? Media Markt España: Hola [Usuario 5]. ¿Porqué dices eso? ¿Te podemos ayudar de algún modo? Usuario 6 (no identificado): Muy sencillo compre un ordenador portatil de regalo para mi padre, lo pagué a plazos en 2 años. Aún lo estoy pagando. Y resulta k a los pocos meses empezó a fallar y funcionar mal y mi padre se dio cuenta de k habia sido habierto. Y al llevarlo dicen k le hemos cambiado el disco duro pero k además la placa base estaba defectuosa y daba problemas. Cosa que no habia hecho. (Corpus MEsA, Facebook, página 770) • Parentético (117) […] Mussvital Dermactive Labios. Son bálsamos, que protegen, hidratan y repararan nariz y labios, y muy importante, que no contienen parabenos ni derivados del petróleo. […] (Corpus MEsA, Blogs digitales, página 364) En (115), de distribución anafórica, los adjetivos limpio, rápido y cómodo, que forman todos un solo enunciado, no tienen otro posible referente sobre el que incidir que el enunciado inmediatamente anterior: lo que es limpio, rápido y cómodo es que muchos programas gestores de bibliografía permitan “insertar las citas directamente en el texto mientras escribimos y colocar automáticamente la referencia completa en la bibliografía”. Lo mismo le ocurre a sencillo en el segundo ejemplo (116). Su alcance catafórico viene determinado porque no hay nada en la intervención a la que responde que pueda acoger su modificación, de tal manera que esta se dirige a todo lo dicho posteriormente.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 275 Con ello el locutor señala que lo que viene a continuación en su discurso es sencillo de entender, de explicar o de resolver. Por último, en la distribución parentética (117), la locutora, que está enumerando las propiedades de un determinado bálsamo de labios, interrumpe esa secuencia enumerativa y, antes de exponer la última de las características, introduce un enunciado parentético para anunciar que dicha propiedad es, para ella, la más importante de todas. Por otro lado, hay ocasiones en las que los adjetivos pueden tener alcances simultáneos: (118) FB 2017 jun-jul PAI 02 Searyl nació de Kori, un transgénero que no se considera ni hombre ni mujer. Para esta persona, atribuirle un género al bebé al nacer es un "avasallamiento" de los derechos del niño. Defiende que se debe esperar hasta que sean conscientes y puedan declarar por sí mismos qué se sienten [Enlace: https://elpais.com/elpais/2017/07/05/mamas_papas/1499245442_912759.html?id_ex terno_rsoc=FB_CM] Usuario 69 (mujer): Yo no veo dónde está el problema. Que nosotros como cisgénero no entendamos tal vez del todo el asunto, bueno, es normal, no es nuestra experiencia. Pero no invalida la ajena. ¡Bien por los padres! Y tranquilos todos, que no le va a pasar nada a la criatura. Usuario 84 (hombre): Tienen manera de comprobar que no le pasara nada?, hay algun antecedente?... no creo, por lo pronto el/la nin@ estara totalmente confundido, no sabra si ir al baño de niños o niñas... patetico (Corpus MEsA, Facebook, página 638) En este ejemplo (118), podemos considerar que el adjetivo patético tiene un alcance tanto anafórico como dialógico, pues la valoración que expresa puede atribuirse tanto a lo denotado en los dos enunciados previos (“el/la nin@ estará totalmente confundido, no sabrá si ir al baño de niños o niñas…”) como extenderse también a la publicación que ha dado lugar a los comentarios de los dos usuarios, es decir, a Usuario 84 (hombre) le parece patético que alguien no le asigne ningún género al nacer a su bebé. Se trata de un fenómeno paralelo al que apuntábamos en la exposición de la distribución dialógica: la posibilidad de que el adjetivo expresara una valoración tanto a lo denotado como al interlocutor, hecho que también nos encontramos en la distribución monologal:
José García Pérez 276 (119) TW 2016 jun 22 RIV 01 El Ministro del Interior en vez de dar explicaciones se enroca. Rajoy debe cesarle y explicarnos si estaba al corriente,como dice Fdez Díaz. Usuario 18 (hombre): @Albert_Rivera El Ministro hace su trabajo y tú le estás haciendo el juego a los separatistas y dando votos a Podemos. Lamentable. (Corpus MEsA, Twitter, página 124) El locutor, Usuario 18 (hombre), al emplear lamentable, consigue que su valoración pueda estar dirigida tanto a lo denotado en el enunciado inmediatamente anterior (“El Ministro hace su trabajo… dando votos a Podemos”) como al interlocutor al que se le reprocha lo expuesto en dicho enunciado previo. Por último, presentamos a continuación la nómina de casos que hemos encontrado en esta distribución monologal que hemos expuesto 74 : TWITTER – ENUNCIADO AUTÓNOMO (Distribución monologal) DISTRIBUCIÓN ANAFÓRICA DISTRIBUCIÓN CATAFÓRICA Adjetivo(s) Nº casos Adjetivo(s) Nº casos apasionante 1 fácil 1 contradictorio 1 increíble 1 decepcionante 1 sencillo 1 fascinante 1 urgente 1 feo y antidemocrático 1 impagable 1 imprescindible 1 impresionante 1 impresionante, fascinante 1 increíble 2 indignante 2 irónico 2 lamentable 4 lógico 1 74 Para el detalle de las páginas del corpus en las que se encuentra cada caso, véase el Anexo IX.
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 277 mejor 2 natural 1 normal 2 penoso 2 propio 1 recomendable 1 revelador 1 simple 3 sospechoso 1 sucio 1 típico 2 triste 2 triste y patético 1 triste y preocupante 1 vergonzoso 2 vomitivo 1 Tabla 26. Adjetivos identificados en distribución monologal (Twitter) FACEBOOK - ENUNCIADO AUTÓNOMO (Distribución monologal) DISTRIBUCIÓN ANAFÓRICA DISTRIBUCIÓN CATAFÓRICA DISTRIBUCIÓN PARENTÉTICA Adjetivo Nº casos Adjetivo(s) Nº casos Adjetivo(s) Nº casos bonito 1 fácil 1 importante 1 bueno 1 importante 1 interesante 1 decepcionante 1 sencillo 2 mejor 2 deleznable 1 urgente 1 peor 1 demencial 1 feo 1 fuerte 1 importante 1 inconcebible 2 increíble 2
José García Pérez 278 indignante 1 inexplicable 1 injusto 3 lamentable 3 lógico 1 normal 1 patético 2 penoso 1 pésimo 1 precioso 1 raro 1 sencillo 1 triste 3 triste y lamentable 1 vomitivo 2 Tabla 27. Adjetivos identificados en distribución monologal (Facebook) BLOGS DIGITALES - ENUNCIADO AUTÓNOMO (Distribución monologal) DISTRIBUCIÓN ANAFÓRICA DISTRIBUCIÓN CATAFÓRICA DISTRIBUCIÓN PARENTÉTICA Adjetivo(s) Nº casos Adjetivo(s) Nº casos Adjetivo(s) Nº casos corriente 1 crucial 1 importante 2 curioso 1 deprimente 1 fácil 1 desacertado 1 importante 2 peor 1 fantástico 1 mejor 1 fuerte 1 típico 1 genial 3 imprescindible 1 increíble 2 injusto 1 interesante 1 lamentable 1
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 279 limpio, rápido y cómodo 1 maravilloso 1 mejor 1 perfecto 3 sencillo 2 terrible 1 típico 1 triste 1 Tabla 28. Adjetivos identificados en distribución monologal (Blogs digitales) Si hacemos un recuento total de las posiciones, encontramos que en las tres redes sociales la posición mayoritaria es la anafórica, con 117 casos totales, mientras que la posición catafórica y la parentética estarían prácticamente a la par (15 casos de catafórica, 9 de parentética), si bien en Twitter no encontramos casos de adjetivos valorativos en enunciados parentéticos. Esquemáticamente, estos resultados quedarían distribuidos del siguiente modo: ADJETIVOS EN ENUNCIADO AUTÓNOMO (DISTRIBUCIÓN MONOLOGAL) Posición Red social Nº casos/red social Total Anafórica Twitter 47 118 Facebook 34 Blogs digitales 37 Catafórica Twitter 4 15 Facebook 5 Blogs digitales 6 Parentética Facebook 5 9 Blogs digitales 4 Tabla 29. Relación cuantitativa de las posiciones de los adjetivos valorativos que forman enunciado autónomo en distribución monologal Que la mayoría de casos se concentre en la posición anafórica puede tener su explicación en la propia naturaleza modificadora del adjetivo, de tal manera que, por la propia naturaleza del proceso modificador, para que exista modificación ha de haber en
José García Pérez 280 primer lugar un elemento sobre el que recaiga la modificación. De ahí la tendencia mayoritaria a colocar las modificaciones, mediante adjetivos valorativos en este caso, después de aquello que se modifica (otros enunciados en nuestro estudio). Esto guarda relación con lo observado por Hummel (2012) y por nosotros en el caso de la caracterización del adjetivo real como operador discursivo (García Pérez 2020), pues, cuando lo encontrábamos en posición catafórica, aparecía integrado en el enunciado mediante que, un mecanismo este que, como apunta Hummel (2012), se utiliza para reorientar la dirección que se considera no marcada para los modificadores como los adjetivos. Así, la menor frecuencia de enunciados catafóricos y parentéticos puede explicarse por el hecho de que estamos ante un registro discursivo de escasa planificación y de alto grado de inmediatez comunicativa, de tal manera que la alteración del orden mayoritario (en el caso de la posición catafórica) o la interrupción de la linealidad discursiva (en el caso de la posición parentética) son procesos que requieren de una mayor planificación del discurso. No en vano, en el caso de la posición catafórica, el número de casos aumenta a medida que aumenta la planificación de la red social analizada: Twitter (4 casos – 26,66%) > Facebook (5 casos – 33,33%) > Blogs digitales (6 casos – 40%). Igualmente sucede con la posición parentética, que no la hemos identificado en Twitter, que es la red social con el mayor grado de inmediatez. Como en el caso de la distribución monologal, también aquí hemos reparado en la distribución entre valoración positiva/aprobación y negativa/desaprobación. ADJETIVO EN ENUNCIADO AUTÓNOMO (Distribución monologal - ANAFÓRICA) Red social VALORACIÓN POSITIVA VALORACIÓN NEGATIVA Twitter apasionante, fascinante, impagable, imprescindible, impresionante (2), fascinante, lógico, mejor (2), natural, normal (2), propio, recomendable, revelador, simple (3) antidemocrático, contradictorio, decepcionante, feo, increíble (2), indignante (2), irónico (2), lamentable (4), penoso (2), patético, preocupante, sospechoso, sucio, típico (2), triste (4), vomitivo, vergonzoso (2) TOTAL: 18 TOTAL: 29 casos
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 287 parentético con el que se emite una valoración acerca del argumento venidero. Con ello, el locutor llama la atención a sus interlocutores sobre el hecho de que el argumento siguiente, aunque de naturaleza distinta, para él está al mismo nivel –es igual de “interesante”– que los dos anteriores, tanto en el sentido de que lo jurídico y lo moral tienen la misma validez, como en el de que no defiende la igualdad de la atención por machista si no, precisamente, para acabar con el machismo que también afecta al fenómeno. Por último, en este campo de la rentabilidad argumentativa, podemos, asimismo, destacar que hay ocasiones en las que algunos adjetivos, más que expresar una valoración sobre lo denotado o lo dicho en enunciados posteriores, califican al propio proceso argumentativo o alguna de sus partes: (129) @maberalv: Los Premios Nobel de este año han reconocido a siete científicos, dos economistas, un político y un músico. Once galardones = CERO mujeres. Usuario 16 (hombre): @maberalv ¿Hay que darles premios por tener un género concreto? Si hacen más méritos que el resto en su campo obtendrán el premio, simple. (Corpus MEsA, Twitter, página 45) En este caso (129), el adjetivo valorativo simple no se refiere a ningún hecho o fenómeno denotado en enunciados anteriores o posteriores, sino que lo que valora es la propia argumentación que ha hecho el hablante; con ello pretende demostrarle su desacuerdo haciéndole patente que su tesis se ajusta más a la realidad sobre la que se está debatiendo. 6.6. RECAPITULACIÓN A lo largo de este capítulo hemos expuesto cómo la observación de un corpus de habla real nos ha permitido constatar que el adjetivo tiene un alcance superior a los límites oracionales y es utilizado por los hablantes con un cometido y alcance macrosintáctico, pues también lo emplea como enunciado autónomo para expresar valoraciones acerca de hechos o fenómenos denotados por enunciados o intervenciones. En nuestro caso, hemos delimitado este hecho de sintaxis textual dentro de la función Discurso-Metadiscurso, pues hasta el momento la única posibilidad reconocida del adjetivo en enunciado autónomo era la posición parentética. Con nuestro estudio, hemos puesto de manifiesto que el adjetivo en enunciado autónomo tiene una
José García Pérez 288 distribución dialogal y monologal, que en este último caso puede adoptar, además de la parentética, la posición anafórica o catafórica con respecto a los enunciados sobre los que incide. Al mismo tiempo, el examen de los testimonios nos ha revelado que la naturaleza positiva o negativa de la valoración puede darse simultáneamente en un solo adjetivo, bien por el propio semantismo del adjetivo (vg. increíble), bien por el co(n)texto en el que aparece (vg. cotidiano, típico). Igualmente, la ironía también juega un papel fundamental en la consideración de un adjetivo con valor positivo o negativo. Por último, nuestro análisis también ha mostrado que la valoración determina la dimensión argumentativa de los textos, pues los adjetivos valorativos intervienen en parcelas como la estructura argumentativa del texto (funcionando como argumento o conclusión), la jerarquía de la información (vg. mejor, peor, importante) o la calificación del propio proceso argumentativo (vg. sencillo, simple, fácil).
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 289 CAPÍTULO SÉPTIMO CONCLUSIONES
José García Pérez 290 7. Conclusiones La presente investigación ha buscado delimitar y explicar de la realidad macrosintáctica del adjetivo calificativo del español. Esto nos ha llevado a analizar el adjetivo en todas las dimensiones macroestructurales, sin limitarnos a los procesos de fijación en marcadores discursivos ni a la combinatoria argumentativa, únicos campos en los que hasta el momento se había estudiado el adjetivo desde una óptica pragmática. En concreto, ese análisis macrosintáctico se ha efectuado sobre los adjetivos valorativos, por ser una clase que, como indica Demonte (1982, 1999), introduce la subjetividad del hablante en el discurso. Así, el semantismo de este grupo de adjetivos nos ha conducido a plantearnos cuál es el estatuto teórico que tienen la subjetividad, la valoración y la modalidad en la gramática de una lengua, pues los adjetivos valorativos introducen un contenido que se encuentra entre los límites de lo descriptivo y lo modal. En nuestra tesis, la subjetividad se entiendo como el fenómeno que abarca la presencia del hablante en su discurso. Dicha manifestación tiene dos cauces: la expresión de un juicio o una opinión con respecto a un hecho o evento (valoración) o la exteriorización de la reacción emocional que al hablante le suscita el suceso o acontecimiento (modalidad). Esquemáticamente, esta diferenciación que proponemos se vertebraría como lo hemos ilustrado en la Figura 2 y que reproducimos de nuevo a continuación como Figura 7: Figura 7. La expresión de la subjetividad del hablante en el discurso (elaboración propia)
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 291 La diferencia entre modalidad y valoración tiene un reflejo gramatical, que es precisamente el que nos ha revelado esta doble manera que tiene el hablante de enfrentarse a los hechos sobre los que expresa su subjetividad. Dicho reflejo lo constituyen las tres distribuciones macrosintácticas que hemos identificado en el corpus que ha servido de base a nuestra investigación: • Construcciones valorativas o (Verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración (vg. Es maravilloso que estés aquí) o Lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración (Lo maravilloso es que estés aquí) • Adjetivo valorativo en enunciado autónomo (Al final has venido. Maravilloso) A diferencia de los marcadores del discurso que expresan modalidad (vg. afortunadamente, desgraciadamente), estos procedimientos no marcan la modalidad del enunciado que forman sino que, de hecho, pueden coaparecer con otras marcas de modalidad como operadores discursivos (vg. Desgraciadamente, es muy difícil llegar hasta ahí) o la entonación exclamativa (vg. ¡Lo peor es que lo saben!). Aquí reside la distinción entre modalidad y valoración que hemos propuesto como diferencia entre los dos cauces de expresión de la subjetividad del hablante. Por otra parte, la identificación de estas distribuciones ha necesitado de las pertinentes herramientas teóricas que abarquen estas realidades de uso. En el caso de las dos construcciones, <(verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración> (vg. Es maravilloso que estés aquí) y <lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración> (vg. Lo maravilloso es que estés aquí), la frecuencia de uso de estas disposiciones nos ha revelado que, cuando se trata de emitir valoraciones, los hablantes tienen un esquema constructivo sobre el que realizarlas, algo que hemos podido considerar gracias también al sustento teórico que ofrece la Gramática de Construcciones como metodología de estudio, en tanto que los hablantes utilizan los adjetivos valorativos en las construcciones identificadas y les asocian un contenido procedimental concreto: la expresión de valoraciones. Además, la caracterización como construcciones valorativas de estos enunciados nos ha permitido ofrecer una solución a la relación que había establecido la bibliografía
José García Pérez 292 entre estas construcciones y otros fenómenos próximos. En el caso de la construcción <(verbo copulativo) + adjetivo valorativo + oración>, ha sido constante la equiparación con los operadores discursivos que comparten la misma base que algunos adjetivos valorativos, de tal manera que ha habido investigadores que, ante esta proximidad, han postulado hipótesis genéticas con la dirección <construcción → operador discursivo> o equivalencia funcional <construcción = operador discursivo>. Para nosotros, la relación que guardan estos dos procedimientos lingüísticos es la expresión de contenidos referidos a la subjetividad del hablante, pero cada uno de ellos atiende a una parcela distinta de la subjetividad: la valoración en el caso de la construcción, la modalidad en el caso del operador. Esta diferencia la hemos representado en la Tabla 21, que reproducidos a continuación como Tabla 33: SUBJETIVIDAD EN ELDISCURSO Manifestación (macro)sintáctica Ejemplo MODALIDAD Locutor ← Hecho Operador discursivo “Lamentablemente, no ha podido asistir” VALORACIÓN Locutor → Hecho Construcción valorativa “Es lamentable que no haya podido asistir” Tabla 33. Diferencia de medios de expresión lingüística entre la modalidad y la valoración (elaboración propia) Por su parte, la construcción <lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración> ha sido identificada -y equiparadacomo una estructura ecuacional, mientras nosotros hemos distinguido entre una estructura ecuacional (vg. Lo que es maravilloso es que esté aquí) de una estructura ecuativa como la que tenemos en la construcción valorativa que hemos delimitado (vg. Lo maravilloso es que estés aquí), aunque los dos mecanismos tengan una motivación informativa. En efecto, la construcción <lo + adjetivo valorativo + (verbo copulativo) + oración> supone que el hecho o evento denotado por la oración sea el único (entre otros posibles) que puede recibir la valoración que se le atribuye. En este sentido, hay que resaltar que, con el análisis de esta estructura, nuestro estudio no se ha detenido únicamente en la expresión de la valoración, sino que también hemos tenido en cuenta
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 293 la expresión de otros posibles contenidos procedimentales como los de tipo informativo 76 . Por otra parte, también a razones de tipo informativo se debe la alteración de estos dos órdenes mayoritarios que hemos identificado como construcciones; en este caso, si la información denotada por la oración es ya conocida (vg. Yo quería que estuviera, así que que haya venido es maravilloso; Que haya venido es lo maravilloso de todo esto) o si lo que se quiere es focalizar la valoración contenida en el adjetivo (vg. Maravilloso es que hayas venido; Es lo más maravilloso que haya venido). En cuanto a la tercera de las distribuciones, la identificación de adjetivos que forman enunciados autónomos nos ha revelado un comportamiento específico del adjetivo en las relaciones de enunciados. No estamos ante un mero caso de elipsis, sino que el adjetivo como enunciado autónomo funciona en los casos en los que el hablante añade, mediante esta distribución, una valoración sobre lo previo. En este caso, el locutor se desdobla en dos enunciadores para emitir un contenido bajo la forma de <Información + Valoración> (vg. Al final ha decidido no venir. Muy lamentable por su parte; No han venido y -peor- no ha llamado para avisarlo). La consideración de un adjetivo que constituye un enunciado autónomo es relevante, no porque implique una elipsis del verbo copulativo, sino porque es un patrón macrosintáctico específico de la expresión de la valoración, pues con él el hablante emite un comentario sobre lo previo y se compromete con lo dicho y, también, es un contenido que posibilita efectos como la ironía, lo que hace que esta distribución sea particularmente interesante. A la vez, la aparición del adjetivo en un enunciado autónomo nos obliga a replantearnos la sintaxis del discurso y sus patrones expresivos. En este sentido, la función Discurso-Metadiscurso (Fuentes Rodríguez 2018) es la que ha permitido delimitar el uso del adjetivo valorativo en un enunciado autónomo, pues hasta el momento solo conocíamos esta posibilidad para el caso de aquellos adjetivos que pasan a formar parte del elenco de los marcadores de aceptación (vg. genial, perfecto). Este patrón sintáctico del adjetivo como enunciado autónomo puede resultar un testimonio del eslabón intermedio, en tanto que el uso de adjetivos valorativos en enunciados 76 También es de resaltar que el segmento <lo + adjetivo valorativo> también se utiliza como una construcción semilibre y en distribuciones periféricas (margen derecho, margen izquierdo, enunciados parentéticos) con determinados adjetivos para la jerarquización argumentativa del texto, tal y como hemos constatado en García Pérez (2023, en evaluación) para el caso de importante e interesante.
José García Pérez 294 autónomos no solo puede dar lugar al desarrollo de significados procedimentales como el de la aceptación (Padilla Herrada 2021), sino que también el semantismo de algunos adjetivos valorativos es aprovechado por los hablantes con un fin argumentativo, tal y como sucede con importante, interesante, mejor o peor en la jerarquización de argumentos. Igualmente, en otras ocasiones, no se valora un hecho o fenómeno, sino el proceso intelectivo al que se alude, algo para lo que suelen emplearse adjetivos como fácil, simple o sencillo. En definitiva, la investigación presentada en esta tesis doctoral ha querido poner de manifiesto que el conocimiento del adjetivo como categoría gramatical no se agota en el ámbito microsintáctico (oracional). Nuestro examen de los adjetivos valorativos ha revelado que el contenido de esta (hiper)clase expresa un significado relativo a la inscripción del código en su contexto de uso, como es el caso de la subjetividad el hablante. En este sentido, este trabajo ha abordado cómo situar el contenido valorativo en relación con la modalidad y cómo se manifiesta macrosintácticamente en construcciones. Lo anterior ha sido posible por dos razones. En primer lugar, por haber utilizado un corpus de habla real y actual, en este caso de materiales digitales (Twitter, Facebook, Blogs digitales) procedentes fundamentalmente de la inmediatez comunicativa. En segundo lugar, porque se ha adoptado un enfoque lingüístico pragmático que ha tenido en cuenta el contexto y la presencia de los agentes comunicativos en el análisis gramatical, de tal manera que nuestros resultados demuestran la rentabilidad del reconocimiento de una macroestructura textual y de la macrosintaxis como campo de trabajo en el que encuentran explicación muchas estructuras que realmente obedecen a fines discursivos. En dicha macroestructura textual es fundamental el concepto de construcción y el de multidimensionalidad. El primero porque permite aunar el valor de contenido, procedimental, con los esquemas sintácticos en que aparecen elementos como los adjetivos valorativos. Por su parte, el concepto de multidimensionalidad atiende a la constatación de que contenidos procedimentales como la argumentación, el resalte informativo o la valoración interactúen en el mismo elemento lingüístico. Por último, este estudio nos abre diferentes líneas de investigación, entre las que podemos destacar las siguientes. En primer lugar, la extrapolación de este análisis a la realidad de los sustantivos valorativos (vg. pena, lástima, alegría) con el fin de
Macrosintaxis del adjetivo calificativo: uso persuasivo-valorativo en redes sociales 295 determinar si ocupan las mismas distribuciones sintácticas que los adjetivos valorativos y así poder lograr un conocimiento completo de la gramática de la valoración en español. Por otra parte, se puede aplicar a los resultados obtenidos una dimensión didáctica que permita la enseñanza de estas distribuciones tanto a alumnos de español de lengua materna como extranjera, pues tanto las construcciones valorativas como el uso de adjetivos en enunciado autónomo son recursos que permiten la expresión de una de las parcelas de la subjetividad lingüística, fenómeno del que se necesita una competencia para poder desenvolverse como agente social en cualquier contexto comunicativo. Otro posible rumbo lo puede constituir el estudio y explicación de la diacronía de estas distribuciones para conocer, dentro de lo posible, tanto el momento de su génesis como los co(n)textos de aparición que las motivaron y las difundieron. Igualmente, sería pertinente observar el comportamiento de aquellos adjetivos valorativos que estén en el proceso de difuminar su cometido valorativo (semantic bleaching) en favor de otro tipo de significados procedimentales (argumentativos, modales, informativos o enunciativos). En definitiva, con nuestro estudio hemos querido contribuir al conocimiento de la macrosintaxis del español, acercando la delimitación de las estructuras sintácticas al uso real que de la lengua hacen los hablantes. Para ello, el uso de un corpus basado en redes sociales se ha revelado como un recurso de incalculable valor por su reflejo del habla española actual.
José García Pérez 296 CHAPTER SEVEN CONCLUSIONS
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