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El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos

Mota Zurdo, David

Abstract

En este artículo se analiza la impronta del terrorismo en la música vasca desde la década de 1980 a la del 2000, prestando especial atención a la imagen del “conflicto vasco”, a ETA y a los militantes de esta organización terrorista. Posteriormente, se examina qué tipo de contenido se ha mantenido en las canciones de este estilo musical, haciendo hincapié en las víctimas y las temáticas que se han impulsado desde el final de ETA.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos1 Terrorism in Basque music: from the singer-songwriters to the heirs of Radical Rock David Mota Zurdo2 Universidad Isabel I (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9578-8069 Recibido: 24-07-2021 Aceptado: 05-08-2021 Resumen En este artículo se analiza la impronta del terrorismo en la música vasca desde la década de 1980 a la del 2000, prestando especial atención a la imagen del “conflicto vasco”, a ETA y a los militantes de esta organización terrorista. Posteriormente, se examina qué tipo de contenido se ha mantenido en las canciones de este estilo musical, haciendo hincapié en las víctimas y las temáticas que se han impulsado desde el final de ETA. Palabras-clave: rock radical vasco, terrorismo, víctimas, música, conflicto vasco. 1 Este artículo forma parte del proyecto “Sociabilidad, identidad y culturas políticas en la España contemporánea. Un estudio de caso en perspectiva comparada”, de referencia PGC2018-094133-B100 (MCIU/AEI/FEDER,UE). Asimismo, este trabajo se ha realizado en el marco del GIR Humanidades y Ciencias Sociales en la Era Digital y Tecnológica, dentro de la línea de investigación Política, Economía, Sociedad y Memoria: el Estado, de los siglos XIX a XXI de la Universidad Isabel I. 2 ([email protected]). Doctor en Historia Contemporánea (premio extraordinario de doctorado) por la Universidad del País Vasco. Profesor contratado doctor de la citada disciplina en la Universidad Isabel I, donde también ejerce las funciones de coordinador del GIR Humanidades y CCSS en la era digital y tecnológica y del grado en Historia, Geografía e Historia del Arte. Ha sido investigador invitado en el BMW Center for German and European Studies de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos) y es colaborador del Centro de Estudios sobre Conflictos Sociales de la Universitat Rovira i Virgili. Es autor de más de cuarenta artículos académicos y capítulos de libro, y ha publicado diversas monografías, entre ellas, Un sueño americano. El Gobierno Vasco en el exilio y Estados Unidos (1937-1979) (IVAP, 2015), que fue galardonada con el Premio Leizaola 2015; Los 40 Radikales. La música contestataria vasca y otras escenas musicales: origen, estabilización y dificultades (1980-2015) (Ediciones Beta, 2017); Entre la pasión y la gloria. El fútbol riojano a través de Haro Sport Club (IER, 2020); En manos del tío Sam. ETA y Estados Unidos (Comares, 2021); y, como coautor, de Testigo de cargo: La historia de ETA y sus víctimas en televisión (Ediciones Beta, 2018), Héroes y villanos de la patria (Tecnos, 2021) y El Laberinto de la Representación: partidos y culturas políticas en el País Vasco y Navarra (1875- 2020) (Tecnos, 2021) 206 David Mota Zurdo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 Abstract This article analyzes the mark of terrorism in Basque underground music from 1980s to 2000s, paying special attention to the image of the “Basque conflict”, to ETA and to the militants of this terrorist organization. Later, it is examined what type of content has been maintained in the songs of this musical style, with special emphasis on the victims and the thematics have been promoted since the end of ETA. Keywords: basque radical rock, terrorism, victims, music, basque conflict. El olor de la sangre, resumen de la violencia (Hertzainak, Si vis pacem, 1991) Introducción El movimiento musical Rock Radikal Vasco (RRV) fue, utilizando la terminología de la izquierda abertzale (en adelante, IA), la banda sonora del “conflicto vasco” (metonimia utilizada por la IA, que se sustenta en la tesis de que España, en sus diferentes manifestaciones políticas, ha coartado las libertades de la nación vasca sempiternamente)3. Dentro de esta etiqueta hubo grupos de diferentes inclinaciones políticas (nacionalistas radicales, ácratas, nihilistas, anarquistas) que fueron fagocitados bajo el paraguas de las actividades de Herri Batasuna (HB) y sus campañas “alegres y combativas” como el Martxa eta Borroka. Si bien, tiempo antes, durante la etapa de la Nueva Canción Vasca4, se pusieron de manifiesto algunos elementos que definirían esta corriente y que, a la postre, conformarían una atmósfera músico-política en clave nacional que, como se verá, en muchos casos superó la mera reivindicación de la lengua y la identidad, al elaborar canciones que no fueron ajenas a la cosmogonía de ETA5. En efecto, las letras de estos cantautores y grupos dieron (in)directamente soporte a la “lucha armada” y a la estrategia política de la IA como sucedió con “Itziarren Semea” o “Hernani 15-VI- 84”, canciones de Pantxoa eta Peio y Kortatu respectivamente6. 3 En 1983, se acuñó la etiqueta de RRV para contrarrestar a la Movida Madrileña y su mercado. Vista su potencialidad, la IA instrumentalizó el RRV y lo utilizó para transmitir su discurso político. Mota Zurdo, 2017: 28-38. Sobre el conflicto vasco: Rivera, 2018; López Romo, 2019. 4 González Lucini, 1988. 5 Discrepo con otros autores que han sugerido que el contenido de las canciones de los cantautores vascos se centró en ideales democráticos, el antifranquismo y la reivindicación de la lengua y la identidad nacional vasca manteniéndose “ajenos a la lucha armada y al terrorismo de ETA” (Urrutia, 2019: 298-299). Coincido en que fue la tónica general, pero un significativo número de cantautores elaboraron canciones que, si bien no citaban explícitamente a ETA o aludían a la “lucha armada”, el universo de símbolos y lugares a los que hacía alusión están obviamente relacionados con ETA. 6 Mota Zurdo, 2017b: 113-129; Delgado y Etxezarreta, 2018: 377-412. 207 El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 Esto sirve para explicar el proceso de homogeneización de la escena de música underground en el País Vasco. Desde la década de 1980 ha estado copada por el discurso de la IA, lo que es visible a través de la narrativa que utilizan los partidos de esta ideología a la hora de explicar el terrorismo y “el conflicto”. Además, es especialmente visible en grupos icónicos y de larga trayectoria como los de Fermín Muguruza (Kortatu, Negu Gorriak), Sutagar, Etsaiak o Esne Beltza. En este artículo se realiza, pues, un análisis de la situación de este tipo de música en el País Vasco desde la década de 1970 a la del 2000, prestando atención a la imagen de este “conflicto”, y, en segundo, se examina cómo ha evolucionado este género durante los últimos años, comprobando qué grupos continúan tratando temáticas propias de etapas precedentes y rastreando las diferentes alusiones que en sus letras hacen al “conflicto”, el terrorismo, las víctimas y los victimarios. Para ello, se parte de dos premisas o enfoques principales de análisis. Primero, se concibe la música como eje vertebrador de la identidad y nexo entre lo individual y lo social para analizar su impacto sobre construcciones discursivas básicas de carácter político como la nación, el género o la clase7. Este enfoque se sitúa en sintonía con las tesis de Simon Frith, John Street y Peter J. Martin, que definen la música popular, aquí representada por el rock, como parte del tejido social de determinadas culturas políticas que utilizan sus canciones para construir narrativas contrahegemónicas y subrayar la diferenciación entre el nosotros y los otros8. Y, en segundo, se considera al RRV y a los grupos herederos de esta etiqueta géneros de música popular antisistema, definida esta última según lo señalado por Álvarez para cultura underground; es decir, una música que reproduce un marco cultural que posibilita la emisión de opiniones contracorriente con el objetivo de desasirse de la dominación parental y hacer frente a un Estado o Gobierno que, según su interpretación, subyuga y controla sus formas de expresión9. De los cantautores al RRV: un enfoque desde la cultura de la violencia No cabe duda de que el RRV ha jugado un papel clave en la ecuación que explica la cultura de violencia en la que vivió la sociedad vasca, especialmente la juventud, entre las décadas de 1970 y la del 200010. Sin la música no se 7 Delgado y Ward, 2018: 323-324. Sobre la música popular: Frith y Street, 2001. 8 Frith, 2003; Street, 2012; Martin, 2006: 57-73; Mota Zurdo, 2017a: 515-543. 9 Álvarez, 2013: 47. 10 Sobre la historia del RRV: López Aguirre, 2011; Sáenz del Castillo, 2013: 117-139; Herreros y López, 2013; Kasmir, 2000: 178-204; Lahusen, 1993: 263-280; Weston, 2011: 103-122. 208 David Mota Zurdo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 entiende que un significativo sector juvenil se politizara bajo el paraguas del imaginario de la IA o que, como mínimo, fuera cercano a su discurso. Así, se puede afirmar que la música ha sido uno de los principales altavoces de esta ideología en la transmisión de la memoria y en la traslación de su discurso político a la cultura popular; es decir, tanto los cantautores como los grupos del RRV han participado (in-)directamente en la batalla por el relato: un enfrentamiento memorístico abierto desde hace décadas y que desde entonces ha enfrentado a vascos y españoles, a nacionalistas y constitucionalistas, a nosotros y los otros11. Un combate de narrativas, por tanto, que en el ámbito de la música popular vasca es detectable tiempo antes de la eclosión del RRV, concretamente en la Nueva Canción Vasca, lo que se traduce en el movimiento cultural Ez Dok Amairu12. Canciones como las de Julen Lekuona, que abordó la autodeterminación de los pueblos en “Egin Karraxi” y denunció el estado policial franquista en “Aizak” e “Iltzalle bat bezala”, o las de Mikel Laboa, Xabier Lete y Benito Lertxundi, que pusieron banda sonora a “la libertad [a la] que aspiraba el pueblo vasco”, son demostrativas del clima de protesta social y reivindicación política del antifranquismo en Euskadi, pero también de otros fenómenos que a decir de Elena López Aguirre plagaron las canciones vascas de muerte, tortura, cárcel, odio y luto13. Cantautores como Imanol, Urko o Pantxoa eta Peio dedicaron algunas de sus canciones a narrar “el conflicto” y ensalzar las figuras de determinados miembros de ETA. Así, en la década de 1970, Imanol Larzábal dedicó una canción a Txabi Echebarrieta, el etarra que asesinó al guardia civil José Antonio Pardines y que poco después acabó muerto en un enfrentamiento con una pareja de esta misma fuerza policial: Hace un tiempo, en mitad de la calle, en el centro de Benta Handi han asesinado a nuestro camarada Xabier. ¿Y cómo es que vivimos en ese letargo cotidiano? ¿Cómo es que vivimos tan tranquilos? Esa otra gente que oprime a nuestro pueblo mañana matará a otro14. En 1975, Pantxoa eta Peio lanzó “Itziarren semea”, una canción en la que quedó evidenciado el papel instrumental jugado por la música vasca no ya en la transmisión de una determinada narrativa, sino en el aliento a la juventud para el apoyo a ETA. Como se puede observar en el siguiente extracto, la letra, aparte de mostrar al agente de policía como un torturador, ofrece directrices muy concretas sobre lo que debía hacer un simpatizante (un buen vasco, un 11 Rivera, 2019; Rivera, 2018. 12 Urrutia, 2019: 293; Jáuregui et al., 1993: 35; González Lucini, 2006: 260 y ss. 13 Urrutia, 2019: 294; López Aguirre, 2020: 64. 14 Imanol Larzábal, “Txabi Etxebarrieta”, en Orain Borrokarenean, Paris, Le Chant Du Monde, 1973. Sobre Txabi Echebarrieta: Casquete, 2009: 267-295; Casquete, 2012: 270-281; Casquete, 2018: 169-196; Domínguez y Fernández, 2018. 209 El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 luchador, un gudari) de la organización terrorista ante su captura por la policía: mantener el silencio15. El hijo de Itziar no denuncia al compañero…Y ante los perros permanece firme y callado. ¡El hijo de Itziar: eso es un chaval! Prefiere la muerte en vez de traicionar. La muchacha Maji puede estar orgullosa ¡Al salir de la cárcel irá a buscarlo! ¡Maji, muchacha, eso es un chaval! Prefiere la muerte en vez de traicionar. […] El sudor y sangre resbalando los labios heridos y las uñas arrancadas, pero no he dado nombres de amigos ¡Y se han quedado allá sin saber nada! Lleno de sangre ¡yo siempre callado!16. Manifestaciones de apoyo similares se observan en la canción y disco homónimo “Gure lagunei” (A nuestros amigos) que publicó el cantautor donostiarra Urko en 1978. En la portada de este elepé no sólo aparecieron las figuras del dirigente de ETA político-militar Eduardo Moreno Bergareche, Pertur, y Bernardo Bidaola superpuestas sobre el marco de un paisaje bucólico vasco, sino que Urko dedicó la citada canción a poner en valor la figura de los polimilis Juan Paredes Manot, Txiki, y Ángel Otaegi, como se observa en el siguiente extracto17: El 27 de septiembre [Gudari Eguna o día del soldado vasco]18 quedará grabado indeleblemente en el corazón de los patriotas. Vosotros con vuestra justicia, matasteis a nuestros compañeros […] no habrá paz aquí hasta que los nuestros vuelvan al hogar. Vaciad las cárceles de España […]. No habrá paz aquí hasta que Euskadi sea libre […] a aquellos que desprecian nuestra cultura y odian a nuestros hombres. […] el grito de la libertad jamás se secará en la garganta de los luchadores vascos. Libertad, Libertad. Palabra maldita para el opresor, para el que vive de la explotación. Pero palabra entrañable para el patriota vasco […] Patria o muerte. Euskadi o muerte19. Este género musical contribuyó a la retroalimentación del discurso de la IA, pero, también, debe señalarse que, así como posteriormente el cantautor Xabier 15 Durante el franquismo, la tortura fue una medida utilizada con frecuencia contra los categorizados como “elementos subversivos”. Sobre las medidas policiales tomadas por el franquismo contra los grupos terroristas véase Casanellas, 2014. 16 Pantxoa eta Peio, “Itziarren semea”, en Pantxoa eta Peio 1-2, San Sebastián, Elkar, 1975. Puesto que la letra está traducida directamente del euskera, en castellano se pierden matices. Por ejemplo, txakurra (perro) hace referencia a una de las etiquetas utilizadas para referirse a la policía. 17 Sobre Txiki y Otaegi véase Casquete, 2009: 267-295. 18 Inicialmente el Gudari Eguna fue una conmemoración impulsada por el PNV. Se celebraba cada 28 de octubre en homenaje a los soldados del Ejército vasco que fueron fusilados ese día de 1937 en Santoña (Cantabria). Sin embargo, a partir de 1975, con motivo de las ejecuciones sumarísimas de Sánchez Bravo, García Sanz y Humberto Baena, miembros del FRAP, y los polimilis Txiki y Otaegi, la IA marcó en su calendario el 27 de septiembre para homenajear a los miembros de ETA caídos por “la causa”, Casquete, 2012: 430-443. 19 Urko, “Gure lagunei”, Madrid, Novola, 1978. Como sucede en otras canciones traducidas del euskera al castellano, se pierden de nuevo matices. La referencia a “Patria o muerte. Euskadi o muerte” está directamente relacionada con el imaginario de ETA, Elzo, 2014: 40-41. 210 David Mota Zurdo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 Lete denunció que su música se convirtió en una excusa para la expresión de sus proclamas ideológicas en el tardofranquismo, durante la Transición y los primeros años de la etapa democrática hubo grupos musicales como Eskorbuto, incluso Hertzainak, que se situaron en las antípodas de esta ideología o que fueron muy críticos con algunas de sus premisas20. La imagen del terrorismo y del terrorista en el RRV Eskorbuto, Hertzainak y otras bandas fueron punks antisistema y pasotas. Con sus letras y música trataron de reflejar su punto de vista sobre la situación social, económica y política, así como la decadencia de la era post-industrial. En sus canciones abogaron por la ruptura y el cambio, por la anarquía y por la destrucción del Estado, fuera este español o vasco, a la par que denunciaron la pérdida de vidas que se habían producido como consecuencia de las acciones para “liberar” a la patria; es decir, de lo promovido por los nacionalismos21. Pero esta diferenciación ideológica entre unos y otros no diluye el hecho de que sus canciones tuvieran un alto contenido violento, provocativo e hiriente, contrarias muchas de ellas al Estado de Derecho y sus instituciones, lo que facilitó que la coalición política HB las fagocitara a través de iniciativas como la citada Martxa eta Borroka. Esta última fue una campaña músico-política que, iniciada en 1985, duró varios años, y tuvo como principal finalidad ofrecer charlas y mítines políticos sobre cuestiones en las que la coalición de IA quería trabajar para concitar el apoyo de una mayor parte de la sociedad juvenil, sobre todo, de esos antisistema que acudían en masa a los conciertos de RRV. En otras palabras, fueron campañas tanto para la retroalimentación del discurso entre los simpatizantes de la IA como para el adoctrinamiento de la juventud antisistema a la que se intentó mostrar que la lucha de HB y, por extensión, la de ETA, era la misma que la suya22. López Aguirre, escritora y articulista, una de las principales cronistas de la música popular vasca, además de exguitarrista del grupo de reggae Potato, ha reforzado esta línea argumentativa al referirse al papel desempeñado por la música underground vasca de finales del siglo XX en los siguientes términos: Muchos jóvenes vascos de los ochenta y noventa se hubieran reído, bueno, se habrían descojonado, si alguien les hubiera dicho que en el núcleo duro del rock radical había alojada una semilla religiosa ultraortodoxa que pedía a gritos el sacrificio y la autoinmolación, la entrega a la causa23. 20 López Aguirre, 2020: 64. 21 Sáenz del Castillo, 2013: 132-133; Mota Zurdo, 2018: 413-451; Mota Zurdo, 2019: 311-326; Marcus, 1993: 202. 22 Mota Zurdo, 2017c: 60-63. 23 López Aguirre, 2020: 70. 211 El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 Y es que canciones como “Mucha policía, poca diversión” (1985) de Eskorbuto, “Desobediencia” (1986) de Cicatriz, “A la calle” (1986) de Kortatu (1986) u “Odio a mi patria” (1987) de RIP son muestra clara de la existencia de una búsqueda premeditada de confrontación y diferenciación, de provocación y situacionismo, y de refuerzo de la identidad comunitaria. Estas canciones, junto con otras composiciones -algunas en la línea de las ya señaladas para los cantautorescomo “Hotel Monbar”24 (1986) y “Hernani 15-VI-84” (1988) de Kortatu, o “No hay tregua”25 (1986) y “Bahía de Pasaia”26 (1987) de Barricada contribuyeron a enmarañar una escena en la que del mismo modo hubo ingredientes propios del punk como altas dosis de rabia, apoyo a la lucha armada y compromiso ideológico que aderezaron el movimiento musical vasco y lo situaron, parafraseando la canción de Kortatu, “en la línea del frente”. Algunas bandas como La Polla Records cosificaron y deshumanizaron con sus letras a aquellos que luego ETA asesinó sin contemplaciones. Ciertamente, durante la década de 1980 resultó muy complicado separar el situacionismo, la rebeldía y el espíritu transgresor del punk de las canciones en apoyo al terrorismo. Más cuando en el País Vasco letras como “era un hombre y ahora es poli, era un hombre y ahora es policía nacional”, de la citada banda, tenían un significado que iba más allá de lo antisistémico. Pablo García Astrain ha sido muy elocuente al respecto: “la irreverencia transmutaba así en coartada, y la subversión en defensa del orden establecido, el invisible orden del terrorismo. Convirtiendo la rebeldía juvenil en salvoconducto para lo peor”27. También sus componentes confesaron su apoyo a la IA y a la organización terrorista, pese a que posteriormente evolucionaran ideológicamente y optaran por otras vías como el tercer espacio u opción etnopacifista28. Así, Fermín Muguruza, líder de Kortatu, admitió en una entrevista que mientras unos cogían las armas, otros, como él, las guitarras: 24 Trata del atentado cometido por el GAL en Baiona en 1985 contra los miembros de ETA José María Etxaniz Maiztegui, Potros; Iñaki Asteazunzarra, Beltza; Agustín Irazustabarrena, Legra, y José Sabino Etxaide. 25 Enrique Villareal (El Drogas), líder de Barricada, ha señalado que la letra hace alusión al proceso de reflexión que vive una persona que ha entrado en ETA y que no tiene vía de escape. Según adujo en una entrevista, surgió como consecuencia de varias conversaciones con expolimilis. Sin embargo, la letra es un tanto ambigua y ha sido interpretada siempre en clave de apoyo a la “lucha armada”. JotDown, 18-III-2016. 26 Esta canción cuestionó la versión y procedimientos utilizados por la policía contra varios miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, disparados en marzo de 1984. Una de sus estrofas es muy significativa: “Detrás del uniforme queda el anonimato, en el cuartel un brindis, esta vez fueron cuatro. Señor gobernador, lávese usted las manos, todo fue correcto, éxito asegurado. Bahía de Pasaia, emboscada criminal. Sangre”. Mota Zurdo, 2017c: 143. 27 García Astrain, 2020: 23-24. 28 El etnopacifismo es una postura “que hace a la paz contingente o condicionada al logro de ciertos derechos colectivos, formulados como atributos identitarios por el sujeto en cuestión. En ese caso, el sujeto portador de tales derechos es el Pueblo Vasco”, Alonso, 2009: 14. 212 David Mota Zurdo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 en ese momento había muchas discusiones también sobre si los músicos debíamos apoyar o no a la izquierda abertzale en las campañas. Nosotros teníamos muy claro que sí apoyábamos, que había lugares comunes en los que teníamos que trabajar juntos29. Igualmente, frisando la mitad de la década de 1990, Nacho Echebarrieta, vocalista de Cicatriz y sobrino de Txabi, el citado dirigente de ETA, confesó en las ondas de la emisora Eguzki Irratia cuál había sido su evolución ideológica, en qué atmósfera había crecido y cuál había sido durante un tiempo su meta en la vida: Yo pensaba morir por ETA, vamos mi máxima ilusión era ser etarra; eso era de chaval lo que pensaba. Era muy broncas, siempre en asambleas, manifestaciones, siempre a tirar piedras, siempre la ikurriña, independentzia, presoak kalera. […] Así hasta los 14 o 15 años; luego empecé a fumar porros, empecé a desviarme ya de tanto politiqueo. ¡Me atrajo tanto lo del porro y lo de los hippies y lo de la música! Todo eso me llenó tanto que me anuló lo anterior. Y, luego, cuando empecé a oír chorradas de que si vasco traidor, que si drogadictos, me mosqueó mucho30. El clima socio-político que evidenciaron estas canciones contribuyó a constatar un hecho, ya apuntado más arriba, de que estos grupos animaban a la lucha armada cuando cantaban sobre la represión policial, los presos de ETA y el sentimiento de ocupación31. Este tipo de cuestiones se ha mantenido en el tiempo y se ha convertido en un lugar revisitado por los grupos herederos del RRV, entre ellos, Piperrak (hoy Josetxu Piperrak & The Riber Rock Band), cuya canción “Okupados” (1995) es significativa de lo apuntado: hay pueblos en este puto mundo que viven todavía bajo la ocupación de gobiernos imperialistas que utilizan el miedo y la opresión. ¿Cuándo coño se van a enterar de que se ha acabado la Edad Media? ¿Cuándo coño se van a enterar de que existe el derecho a la libertad? Ocupados. Oprimidos. Torturados. Por el Gobierno español. Por el Gobierno de esta puta nación32. Pero algunas de las letras de los grupos citados y de otros como Bap!, Danba, Negu Gorriak, Sutagar, Utikan, Etzakit, Oliba Gorriak o Esne Beltza, han mitificado a miembros de ETA, han utilizado sus composiciones poéticas, han puesto en valor las acciones de la kale borroka o han hecho humor negro con cuestiones especialmente delicadas, como Lendakaris Muertos. Kortatu, por ejemplo, utilizó en “Hernani 15-VI-84” (1988) el término de “asesinos a 29 Entrevista a Fermín Muguruza citada en Herreros y López, 2013: 166. 30 López Aguirre, 2020: 66. 31 El País, 1-VI-1986. 32 Piperrak, “Okupados”, Los muertos de siempre, Discos Suicidas, 1996. 213 El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 sueldo” para referirse a la Guardia Civil. Este grupo musicalizó la versión de la IA, que diverge de otras fuentes, sobre cómo se desarrolló la desarticulación del sanguinario comando Donosti. Según Kortatu, el Instituto Armado cometió un exceso durante el transcurso de un tiroteo con los etarras Jesús María Zabarte (el carnicero de Mondragón), Agustín Arregui y Juan Luis Elorriaga en la localidad guipuzcoana de Hernani cuando los agentes lanzaron una granada al apartamento en el que estaban atrincherados. Como consecuencia se desató un virulento incendio en el que Arregui y Elorriaga murieron carbonizados. Zabarte, a la sazón jefe de la célula, fue arrestado. La canción contiene multitud de elementos propios del ámbito sociopolítico y cultural, incluso mítico, de la IA. Ésta comienza con ruidos de pisadas, de personas marchando al frente de guerra, y un punteo de bajo que entona las notas del “Eusko Gudariak”, el canto de los soldados vascos de la Guerra Civil del que se apropió la IA para rendir homenaje a los miembros de ETA33. Posteriormente, adquiere un mayor ritmo y velocidad hasta llegar a la letra, donde la actuación de la Guardia Civil se define en los términos anteriormente apuntados: una suerte de pesadilla en la que los agentes irrumpen premeditadamente en el hogar como se observa en el siguiente extracto: “un horrible sueño, mi cuarto en llamas, una granada, todo lo incendiaba. Entre las llamas, yo disparaba, sombras verdes acechaban. Ahora lo recuerdo, asesinos a sueldo. Buena recompensa por un etarra muerto”34. Como ya se ha señalado, Kortatu compuso más canciones de este tipo en las que hizo alusión a etarras caídos a manos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) y de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL): un mecanismo discursivo no sólo para contar lo sucedido desde la perspectiva de la IA, sino para honrar a los miembros de ETA y, de paso, apuntar hacia los instrumentos del Estado de Derecho, legales e ilegales, como principales causantes de la violencia y, por consiguiente, únicos culpables del origen del “conflicto” y, por ende, del terrorismo; es decir, una forma de validar el mantra de “no fuimos nosotros, sino vosotros”. A finales de la década de 1980, Pikutara (A la mierda), otro grupo del RRV, dio a conocer su maqueta con canciones como “Gudarien Eguna”. Una composición que remite al 27 de septiembre, efeméride a la que se ha hecho alusión con anterioridad35. Concretamente, puesto que la banda es de la zona de Rentería (Guipúzcoa), esta canción está dedicada a los gudaris de esta localidad, muertos como consecuencia de la “lucha”. Así, la canción hace alusión a los etarras Vicente Perurena, asesinado por los GAL en 1984 junto a Ángel Gurmindo en el municipio vasco-francés de Hendaya; Rafael Etxebeste, 33 Sobre los himnos: Collado, 2016; Casquete, 2012: 345-356. 34 Kortatu, “Hernani 15-VI-84”, Kortatu, Oihuka, Pamplona, 1985. El País, 16-VI-1984. Los asesinatos de Zabarte se recogen en Alonso, Domínguez y García-Rey, 2010: 275-451. 35 Casquete, 2012: 430-443. 220 David Mota Zurdo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 Conclusión. La desatención a las víctimas de ETA y la tesis del “conflicto” Entre 1977 y 2011, ETA fue el principal obstáculo para la estabilidad de la democracia en España, sobre todo, en Euskadi. Y, durante este periodo, la música underground vasca contribuyó a la cultura de la violencia y, por consiguiente, a reproducir el discurso del odio, que ampliamente ha estudiado Martín Alonso57. De hecho, el RRV y sus herederos, cercanos a HB y a las distintas siglas con las que se ha refundado esta coalición política, desde Euskal Herritarrok a Sortu, pasando por Batasuna, han formado parte del capital simbólico de ETA, pese a la negativa huidiza de algunos grupos. Aunque por razones obvias no todo lo underground se puede vincular con el radicalismo nacionalista vasco, sí que una buena parte de los grupos analizados forman parte de la ecuación que los vincula (in-)directamente con la IA y con ETA, pues sus letras cuando no reflejan la realidad violenta, la fomentan, y, en muchos casos, se sitúan próximas a la apología del terrorismo. Ciertamente, muchos protagonistas han evolucionado desde los primeros discos y han relajado su discurso, tratando en algunos casos de situarse en posiciones equidistantes o en el tercer espacio, pero esto no difumina aquellos años huligánicos, parafraseando a Jesús Casquete, que se caracterizaron por el clima de terror, miedo, silencio, muerte, amonal y luto, como fueron los denominados años de plomo y los de la socialización del sufrimiento58. Durante este periodo, que se extiende desde la década de 1980 a la del 2000, los grupos musicales underground jugaron un papel determinante como cronistas de una época convulsa, pero también como agitadores y banalizadores de un terrorismo (entendido en sus múltiples formas) que se convirtió en cotidiano y con el que (in-)conscientemente la sociedad vasca se acostumbró a vivir al verlo normalizado en los medios de comunicación y los espacios de ocio y sociabilidad. Este tipo de referencias relacionadas con el terrorismo son habituales en la música underground vasca. De hecho, en muchas de las letras analizadas se ha comprobado cómo estos grupos han convertido al terrorista en arquetipo de una suerte de luchador antifascista y revolucionario, transmitiendo esta imagen a los sectores más jóvenes de la sociedad. Han ensalzado sus acciones y representantes, como se ha visto en las letras de Esne Beltza o Pikutara, y en algunos casos, como sucede con las composiciones de Oliba Gorriak, se señala abiertamente que el terrorismo es un camino transitable, el único para conseguir determinados fines políticos. Por este motivo, la mayoría han sido denunciados públicamente por asociaciones y colectivos de víctimas del terrorismo debido a que han ensalzado la figura de los victimarios, la ideología y acciones de grupos 57 Alonso, 2017: 29-52. 58 Casquete, 2018: 176. Sobre el impacto del terrorismo, López Romo, 2015. En cuanto al miedo y el terrorismo véase Llera y Leonisio, 2017. 221 El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 terroristas como ETA. Esto es síntoma, siguiendo a José Antonio Marina, de que nuestra sociedad está fascinada por “la personalidad psicopática”: el psicópata se ha convertido “en retorcido modelo de comportamiento”59. Y es que la gran mayoría de las canciones hacen alusión a los victimarios y a los miembros de ETA, desatendiendo a las víctimas de este y otros grupos terroristas. Se heroiza al terrorista, se le comprende y se le justifica. Además, muchas de las bandas analizadas inciden en las acciones del GAL, que asesinaron a 27 personas entre 1983 y 1987, para legitimar, en parte, que ETA continuara atentando. De este modo, sobrerrepresentan la imagen del grupo parapolicial en sus canciones, transmitiendo una imagen de longevidad, que no es cierta, frente a una ETA con cerca de 60 años de vida, 853 víctimas mortales y 2.600 heridos a su espalda60. Asimismo, no hay una sola canción de un grupo underground vasco en la que se haya hecho referencia explícita a las víctimas de ETA en clave de dignificación. En este tipo de música las víctimas del terrorismo de ETA han sido (y son) invisibles. Porque las canciones que se han compuesto van por otros derroteros. Se centran en cómo cultivar la convivencia y la paz para construir un “nuevo País Vasco” tras la violencia terrorista. Aquellos grupos que se han significado han optado por una vía en la que se hace borrón y cuenta nueva, blanqueando el pasado o en su defecto estableciendo una narrativa cómoda y complaciente con su implicación en la historia del terrorismo en el País Vasco. En otras palabras, la autocrítica está ausente dentro de la música underground vasca en una dinámica en la que se ha optado por mirar hacia el futuro sin leer la página de la historia del terrorismo. De este modo, se entiende que, en 2012, el grupo vitoriano Betagarri publicara “Milaka izar berri” (Miles de estrellas nuevas): Cuando dicen que es el momento de escribir la historia, cuando venden momentos de explicar la verdad, repiten una y otra vez que seremos vencedores, perdedores, víctimas o asesinos. Con una única mirada que no lo quiere ver todo no se puede pintar la vieja historia de un viejo pueblo. El perdón, la memoria, no son de nadie, si todos se fueron, recordemos a todos. […] No olvidéis que miles de nuevas estrellas se han encendido sobre el cielo de Euskal Herria. Estad seguros de que los llevaremos a todos en el corazón. Recordad al tomar el aire que necesitamos para avanzar que ellos nos han traído el sol. Un pueblo que olvida no puede soñar, vamos a ganar61. Estas composiciones son consecuencia de la tesis del “conflicto” promovida por la IA y en ellas se eluden responsabilidades, se realizan circunloquios acudiendo “a ese perverso discurso de que todos somos víctimas”, como ha 59 Marina, 2012: 117. 60 Jiménez y Marrodán, 2019. 61 Martín, 2013b: 76. 222 David Mota Zurdo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 señalado Jesús Prieto62. Pero no todos hemos sido víctimas, como ha indicado Edurne Portela. En todo caso “hemos sido testigos mudos, ciegos y sordos” de la violencia63. Ha habido grupos y cantantes mainstream que han dedicado su atención a las víctimas, principalmente a las del atentado yihadista del 11-M, con canciones como “Ecos” de Luz Casal, “Jueves” de La Oreja de Van Gogh, “Fragilidad” de Ismael Serrano o “Jueves 7:36 horas” de Marwan. Incluso el underground español también ha tratado esta cuestión: Kannon compuso “Chaval”, El Chivi “Trenes para el cielo”, Caskarrabias “Jueves 11”, Los Suaves “Vísperas de destrucción” y Habeas Corpus, un grupo de extrema izquierda, dejó una pista en blanco de un minuto en su álbum Armamente que tituló “11 de marzo”. Sin embargo, ninguno de estos se ha atrevido a realizar canciones sobre las víctimas de ETA. El rastro que hay de éstas en la música alternativa es anecdótico. Sólo el grupo de rock Local 9 ha compuesto “Valor para recordar”, para mantener viva su memoria, y “Epílogo”, en la que se recitan todos sus nombres desde José Antonio Pardines a Jean-Serge Nerin. En conclusión, las referencias a las víctimas son circunstanciales e irrelevantes. Hay, por tanto, una deuda pendiente. Más si se valora el espacio concedido a los victimarios en el underground. 62 Prieto, 2018: 141. 63 Portela, 2016: 124-125. 223 El terrorismo en la música vasca: de los cantautores al rock radical y sus herederos Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 205-227. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.09 Bibliografía: Alonso, Martín, “La razón desposeída de la víctima. La violencia en el País Vasco al hilo de Jean Améry”, Escuela de Paz, 18 (2009). Alonso, Martín, “Los discursos del odio”, Cuadernos del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, 4 (2017), pp. 29-52. Alonso, Rogelio; Domínguez, Florencio; García Rey, Marcos: Vidas rotas. 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