Mittelafrika: geopolítica alemana en el África subsahariana y Oriente Medio (1871-1919)
Abstract
Programa de doctorado: Historiografía, fuentes y métodos de la investigación histórica
Full text
Depar tamen to d e Ci e ncias H i stór ic as
Prog rama d e Doc tor ad o: Hi stor iog rafía, F uent es y Métodos
de la Inv esti gac ión H i stór ica
T ESIS DOCTORA L
MITTEL A FRIKA : GE OPOLÍ TICA ALE MANA EN E L
ÁFRICA SUBSA HARIANA Y ORIENTE MEDIO
(1871 – 1919)
Fernando Ni col ás Na varro Belt r ame
Las P alm as de Gran Canar ia
2015
ÍNDICE
NOM BRES. Pág.5
SIGLAS EM PLE ADA S. Pág.7
1. INTRODU CCIÓN . Pág.9
2 . “ ESTÁ SU RGIENDO U N MUN DO NUEV O ” – ALGUN OS
ANTECED ENTES HIS TÓRIC OS DES DE LA ED AD MEDIA
HASTA 1871 . Pág. 22
2. 1. LOS ESTAD OS GE RM ANOS Y LAS G UER RA S
NAPOLEÓN ICAS . Pág.27
2. 2. EL C ONGRES O DE VIEN A (1814- 1815) , LA
CONFED ERAC IÓN GERM ÁN ICA Y EL ZOLLVERE IN . Pág.32
2. 3. LAS R EVOLUC ION ES DE 1848-1849 Y SU S
CONSEC UEN CIAS . Pág. 45
2. 4. EL ASC ENS O DE BISM ARCK . Pág.55
2. 5. LA GUERR A DE LOS DUCA DOS Y LA GUE RRA
AUSTRO-PRUS IANA . Pág. 59
2. 6. LA FED ERA CIÓN ALE MAN A DEL NORTE . Pág.62
2. 7. LA GUERR A FRAN CO-PRUSIANA (1870 -1 871) . Pág. 69
2. 8. LA PR OCLAM ACIÓN DEL SEGUN DO RE ICH . Pág.74
3. LA EXPAN SIÓN ALE MANA Y SU CON TEXTO . Pág. 77
3. 1. EL ESP ÍRITU ALEMÁ N . Pág.84
3. 2. CR ECIM IENTO DE M OGRÁFICO Y SU PER IORIDAD
TECNOLÓ GICA . Pág.88
3. 3. NU EVAS CONDICION ES ECON ÓM ICAS Y FINANCIER AS . Pág. 92
3. 4. ADM INI STRACIÓN E IDEOL OGÍA COL ONIAL:
I M PER IALISMO, ANTI IMP ERIALISM O Y
PANGERMA NISM O . Pág. 101
3. 5. LAS SOCIED ADES COLONIALE S, GEO GRÁ FICAS Y
M ISIONERAS Y LA OPI NIÓN PÚBLICA . P ág.108
4. “ LOS ALE MAN ES DE BERÍAN QUEDAR SE EN CASA ” – EL
ASEN TAM IENTO DEL SEGU NDO REICH (1871 – 1878) . P ág.115
2
4.1. LA NUEVA RE D DIP LOM ÁTICA ALEM ANA Y LA
KAISER LICHE MA RINE . P ág.117
4.2. COM PEN SAR A FRANCIA EN ÁFR ICA . P ág.128
5. “ NO QU IERE OIR H A BLAR D E COLONIAS ” – EL CONGR ESO D E
BERLÍN Y SU S CONSE CUENCIAS (1878 – 188 3) . P ág.140
5.1. EL CONGRESO DE BER LÍN (1878) . P ág.145
5.2. UNA VENTAJ OSA AUS FALLTH OR . P ág.150
5.3. LA DECISIÓN DE OBTENER COLON IAS: A CU ERDOS C ON
GRAN BRE T AÑA . P ág.1 68
6. WETTLAUF UM AFRIK A : LA CONFE REN CIA DE BE RLÍN (1884 – 1885) . P ág. 17 7
7. EL SEGUND O REICH Y SUS COL ONIAS (188 4 – 1885) . P ág.204
7.1 . ÁFRICA OCC IDENTA L ALEM A NA . P ág.220
7. 2. NAM IBIA . P ág.233
7. 3. ÁFR ICA ORIEN T AL ALE M ANA . P ág.240
7. 4. CON GO . Pág.2 49
7. 5. NOR TE DE ÁFR ICA Y ORIEN TE M EDIO . P ág.256
8 . “ ESE ES MI MA PA DE ÁFR ICA ” – EL IM PER IO COLON IAL
ALEMÁN (1886 – 1890) . P ág.257
8. 1. NU EVO KÁISER Y R EBELIÓN ÁR ABE . P ág.2 83
9 . “ LA CRISIS DIPL OMÁTICA SERÁ MEM ORABLE ” – EL NEUER
KURS Y ÁFRICA (1890 – 1897) . Pág. 311
9.1. LA LIGA PAN GERMÁ NICA. P ág.336
10 . “ O EL MAR TILLO O E L YUNQUE ” – LA WELTPOLIT IK Y ÁFR ICA
(1898 – 1903) . Pág. 3 64
10 .1. PRIM ER INTENTO DE AC UER DO ANGL O -ALEM ÁN (1898) . Pág.3 70
10 .2. LA CRIS IS DE FA CHODA Y SEGUND O INTENTO DE
ACUE RDO ANGLO-ALE MÁN (1898) . P ág.3 73
10 .3. EL KAISER EN OR IENTE M EDIO Y LA FLOTTENGES ETZ . Pág.3 76
10 .4. SEGUND A GUE RRA ANGLO-BOER (189 9- 1901) . P ág.3 83
10 .5 . TERCER INTENTO DE ACUE RDO ANGL O- ALEM ÁN
(1899) . Pág. 385
3
10 .6 . RISIKOFLOTTE Y SEGUN DA FLOTTEN GESE TZ ( 1900) . P ág.3 88
10 .7 . CUARTO INTEN TO DE ACUE RDO ANGL O-ALEMÁ N
(1900) . Pág.390
10 .8. LA C ONVENC IÓN NA VAL DE LA TRIPLE ALIANZA (1900) Y
LOS ACUER DOS FRA N CO-ITALIANOS (1901-1 902) . P ág. 39 1
10 .9 . Q U INTO IN TENTO DE AC UERDO AN GLO-ALEM ÁN
(1901-1902) Y APR OXIMACIÓN FRAN CO-BRITÁN ICA . P ág. 399
10 . 10 . FERR OCARR IL BER LÍN-BAGDAD . P ág.4 06
11 . “ MEJOR AB STEN ERSE DE CONC LUIR CU ALQUIER TRATA DO ” –
REBE LIONES AFRIC ANAS Y LA PRIM ER A CRISIS
MAR ROQUÍ (1904 – 190 6) . P ág.412
11.1. LA ENTENTE CORD IAL (1904 ) . P ág.4 14
11.2. EL DESEM BARCO DEL KAÍSER EN TÁNG ER (1905) . P ág.4 25
11.3. EL FALLIDO TRA TAD O DE BJ ÖRKÖ (1905 ) . P ág.4 32
11.4. LA CONFER ENC IA DE ALGECIRA S (1906) . Pág. 4 40
12 . “ ES NU ESTR A ÚLTIM A OPORTUN IDAD D E C ONSEGUIR UN
PEDA ZO DE TIERRA EN ÁFRICA SIN LU CHA R ” – LA
CONSOLIDAC IÓN DEL IMPER IO COLONIAL ALEM ÁN
(1906 – 1911) . P ág.4 52
12.1. EL FIN DE LAS RE BELIONES AFRICA NAS . Pág. 457
12. 2. LA TRIPLE ENTEN TE. P ág.461
12.3. INCIDEN T ES FRA NC O-ALEM ANES EN CA SABLA NCA . Pág. 4 64
12.4. SEGUN DA CR ISIS M ARROQUÍ: PANTHER - SPRUNG NACH
AGADIR . P ág.4 76
13 . MITTELA FRIKA – PLA NES DE ULTERI OR EXPAN SIÓN ALEM ANA
(1911 – 1914) . Pág. 4 88
13.1. LA GUERR A ITAL O-OTOM ANA (1911- 1912) . P ág. 493
13.2. SEX TO INTENTO DE AC UER DO ANGLO-ALEM ÁN . P ág. 498
13.3. MITTELAFRIKA Y WIRTSCHAFT SWUNDE R . Pág. 5 06
13.4. DE CONFLICTO REGI ONAL A G UERRA TOTAL . Pág. 5 21
14. ÁFRICA, LA GUER RA NA VAL Y DER WELTK RIEG (1914 – 1918) . Pág.5 28
14.1. SEPTE MB ERPR OGRAMM (1914) . Pág. 550
14. 2. GUER RA SUBM ARINA TOTAL (1915) . P ág. 561
4
14. 3. NU EVO PR OGRA MA DE ANEXIONE S (1915 ) . P ág. 568
14. 4. CAM PAÑA SUBMARIN A SIN RES T RICCIONE S, CON DICIONE S
PARA LA PAZ Y OBJETIVOS DE GUERR A (191 6) . P ág. 586
14. 5. GUER RA SU BM ARINA TOTAL Y OBJE TIVOS DE GU ERRA
(1917) . Pág. 591
14. 6. ZONAS PR OHIBIDA S A LA NAV EGACI ÓN , MITTELE UROPA Y
NUEV AS DEM ANDA S AFRICANA S (1918) . Pág. 609
14. 7. TOGO (1914) . Pág.623
14. 8. NA M IBIA (1914 – 1915) . Pág. 6 28
14. 9. CA M ERÚN (1914 – 1916) . P ág.6 35
14. 10 . ÁFR ICA ORIEN TAL ALEM ANA (1914 – 1918) . P ág.6 46
14.11. CONGO (1914 – 191 6) . P ág.6 58
14. 12 . NOR TE DE ÁFRIC A (1914 – 1918) . P ág.6 62
14.13. ORIENTE M EDIO (1914 – 1918 ). P ág. 687
15. CONC LUSIONES . P ág.706
16. ANEXO DOCUM ENT AL. P ág.7 15
16. 1. RE D CONSU LAR ALEM ANA (1871 – 1919). Pág. 7 16
16. 2. CA NCILER ÍAS AL EM ANAS (1 871 – 1919 ). P ág.718
17 . FUEN T ES Y B IBLIO GRAFÍA.
17.1 . FUENTES D OCUME NTALES NO IM PRESAS. Pág. 736
17.2 . FUENTES D OCUME NTALES IM PR ESAS. Pág. 7 62
17.3 . BIBLIOGRAFÍA. Pág.7 71
17. 4. ART ÍCULOS. Pág. 794
5
NOM BRES.
Para hacer una lectura mucho más actual y menos confusa, he procedi do a
indicar todos los nombr es geográfico s vigentes africanos y medioorien tales con la
intención de f acilitar una mejor ubicación de lug ares, salvo en las citas en las q ue, por
rigor históri co, he man teni do el nomb re empleado .
Nombre anti guo – Nombre actual
Abisini a – Etiopí a
Adrianópol is – Edirne
Alto Volta – Burkina Fa so
Angra Pe queña – Lüderi tz bucht
Antioquia – Adan a
Antiv ari – Bar
Bahía de De lagoa – Bah í a de Maputo
Bardí a – El Burdi
Bechuanal andia – Botsu ana
Bénito – M bini
Berberí a – Costas del Mag reb
Bismarckbu rg – Kasan ga
Bône – Annaba
Bornu – Ní ger
Cabo Juby – Ras Yubi
Cirenai ca – Libia Orienta l
Costa de O ro – Ghana
Dahomey – Benin
Damaraland – Namibia
Dierid – Chot t el-Jerid
Emesa – Homs
Esmirn a – Izmir
Fernando Poo – Bio ko
Fort Dorothea – Akwi da
Golfo de Bia f ra – Golfo d e Guinea
Guinea Francesa – Gui nea Cona kry
Guinea Portu guesa – Guine a Bissau
Haifischinsel – Shark Isl and
Hali carnaso – Bodrum
12
estos hechos han sido estudiados sin la neces aria continui dad histó rica e ideológic a
que enlaz a los diversos acontecimientos y sin las herramienta s de análisis a decuadas.
En segundo lugar, sostenemos y pretendemos demost rar que la presenci a alemana en
div ersos puntos de África y Oriente Medio f ue, en etapas diferentes, el resultado de un
diseño preciso y predeterminado, lue g o desvi rtuado y alterado, resultado de t oda una
serie de ide as prese ntes en un sector econó m ico de la metrópoli. El motivo para l a
elección del obj eto de inv estigación de la presente t esis se debe, sobre todo, a la
ausencia de estudios y publicaci ones en la historiografía española y europea sobre el
imperiali smo alemán en el África Subsahariana y Oriente Medio. El objetivo de esta
tesis es, por lo tanto, colmar dicha laguna y presentar una serie de documentos sobre
el imperiali smo ale mán en el Á f rica Subsahariana y Orien te Med io.
Una primera f ase de estudi o tuvo lug ar en las I sl as Canarias ( Archivo Histórico
Provincial , fondo Fe rnan do León y Castil lo y Archivo Intermedio Militar de Can arias ,
fondo Asuntos Generales - Marin a) y en Madrid ( Archivo Histórico del Mini sterio de
Asuntos Exteriores , f ondo Política I IA). Posterior mente se ha r ealiz ado la investigación
en los archiv os europeo s de Al emania ( Bundesarchiv , Pol itische Archiv Auswärtigen
Amts y Senat Hamburg ), Austria ( Österrei chische s Staatsarchiv , f ondo Diplomatie und
Außenpol itik), Francia ( Archives du Mini stère des Affaires Étrangè res , fondo Traités -
Allemagne), G ran Bretañ a ( National Archives , f ondo s Coloni al Off ice y Foreign Office ),
Holanda ( Nationaal Archief , fo ndo Nieuw e Afrikaanse Handelsv ennootschap ), Italia
( Archivio Storico del Ministero degli Affari Esteri , fondo Serie Politica), Lux emburgo
( Archives de l’ Etat du Grand -Duché de Luxembourg , fondo Dépar tement des Affaire s
Etrangères) , Portugal ( Arquivo Regi onal da Madeira , fondo Repartição-E xpe diente) y
Suiz a ( Schwei z erische Bun desarchiv , fondo Diplomatische Do kumente ). También
pudimos consultar, medi ante una beca, los archivos estadounidense s ( Nationa l
Archives and Record Administration , fondo General and Special I ndex es to the
General Co rrespondenc e of the Off ice o f the Secreta ry of the Navy ). También se ha
tenido la posibili dad de consulta r on -line los registros de los archivos de Se negal
( Archives National es du Senegal , fondo Aff ai res Poli tiques et A dm inist ratives) y de
Sudáfrica ( Natio nal Archi ves of Sou th Af rika , fondo State Secreta ry ).
Han complementado la búsq ueda de archivos las colecciones de Die Große
Politi k der Europäischen K abinette (Deutsche Verlagsgesel lscha ft für Politik un d
Geschichte m.b.H. , Berlín, 1922 – 1927 ), del Belgian Grey Book (The Times, Londres,
1917 ), los Do cumenti Diplomatici I taliani (I stituto Poligrafico e Zecca dello Stato S.p.a. ,
Roma, 2007 ) y l os Documentos República Portuguesa (Presidencia do Consel ho de
13
Mini stros, Secretari a-Geral, Lisboa, 1914- 1915) . T ambién hemos consultado Deutsche
Reichsgesch ichte in Dokumenten (Deutsche V erlagsgesell schaft für Pol itik und
Geschichte m.b.H., Berlí n , 1927), British Doc uments on the Origins of t he W ar
(H.H.S.O ., Londres, 192 6-1938), Leyes Coloni ales (Impren ta Suceso res de
Riv adeneyra, Madri d, 1 945) y Handbuch der D iplomatie (K.G. Saur Verlag, Munich,
2001) . Con respecto a los archivos, en la tesis aparecerán referencia dos con sus
correspondien tes siglas.
Los archivos alemanes visi tados ref lejan cómo la política colonial se
consideraba parte de la política del comercio exterior, por lo que en los inicios parecí a
suficiente confia r en el jefe de sección responsabl e de l as relaciones comerciales. La
mayor part e de la documentaci ón presentada en esta tesis, los expedientes de la
administración colonial del Segundo Reich, reflejan los diversos cambios su fridos por
Alemania hasta nuestros días: hasta 1907 no hubo un Mi nisterio Colonial y, tr as la
Gran Guerra, dichos archivos fueron trasladados primero al Mi nisterio de la
Reconstrucci ón y luego fueron inte grados en el Mini sterio de Asuntos Ex teriores,
siendo reclamados con asiduidad para las ne goci aciones de Versalles para luego se r
archivad os. Buena parte de los archivos de la administración colonial alemana se
perdieron con la destrucci ón del edificio durante un bombardeo el 14 de abril de 1945:
se perdió al rededo r del 30% de los documentos, incluy endo la totalidad de los
registros relacionados con los p resupues tos, contabi lidad, asuntos técnicos ,
ferrocarril es y f uerz as militares. Tras la guerra y la división de Alemania, el Archivo
General del Estado de la RDA en Potsdam des cartó el sistema de registro original y
creó el g rupo de re gistro Reichskol onialamt R 1001 . Después de 1989, con la
reuni ficación de las dos Alemanias, lo que quedó de estos archivos f ue transferido po r
el Ministerio de Asuntos Exteriores a los Archivo s Federales en f ebrero del 2000. Para
completar las partes pe rdida s, se han busca do las noticias relativ as a la administración
colonial en el f ondo Rei chs-Gesetz blattedel del Poli tische Archiv Auswärtigen Amts .
Para la in formación relativ a al comercio de las ciudades hanseáticas con África , se ha
consultado el fondo Sen at 111-1 del Sena t Hamb ur g.
Para presenta rlo todo de una manera coherente, he mos intentado recopilar la
mayor in formación do cumental posibl e, hemos sintetiz ado poste riormen te la
información extraída de esos archivos, y he mos acoplado después los datos extraidos
de la lectura de la bibliografía sobre Alemania y la r iv alidad imperialista entre los
estados europeo s. Abordando el estudio del ví nculo entre el imperial ismo y la opinión
pública, el ulterior obje tivo de esta investigación h a sido hallar sus consecuenci as en el
14
continente africano . Debi do a la inevi table perspectiva europeizante que se deriva del
hecho m ismo que supone investigar las rela ciones diplomáticas estableci das entre
Europa y Áf rica, hemo s creí do con ven iente hacer primero una investigación q ue
procediera te mporal y geo gráficamen te del siguiente modo: situaci ón general,
bibli ografía general de África y estudios r egion ales. Además d e buscar información
relativ a al contine nte africano, se ha buscado aquella relativ a a los paí ses con
intereses directos en Á frica (Alemania, Bélgica, España, Francia, Gran Bretaña, Italia ,
Portugal y el Imperio Oto mano) y otros paí ses que no estuvi eron directamente
implicad os en Áfr ica (el Imperio Austro-Húngaro, Estados Unidos y Rusia). Hemos
intentado reflejar la participa ción de estos últimos países en las relaci ones
diplomáticas relativ as a África, para mostrar que la ausencia de colonias no significab a
un total desinterés por el continente africano. Vea mos brevemen te la situación g eneral
de los paí ses con inte reses di rectos en África:
Para Alemania la belicosa imagen del k áise r Guil lermo II llegó a encarnar a l
estado alemán en de trimento de elemen tos m ás democráticos de su gobierno. Es to
provocó una sensación exagerada de peligro en los razonabl es intentos del Segundo
Reich de t ener un m ayor peso e importancia en los asuntos mundiales proporciona l a
su poderí o económico . A nadie se le escapaba el hecho de que, tras l a dimisi ón de
Bismarck, el estado alemán habí a desarrollado un asombroso talento en crearse
enemigos poderosos. E n un esfuerzo por ampli ar su esfera de in fluencia política y
económica en el mundo ( Weltpolitik ) , Alemania llegó a ser m uy activa en la f ase f inal
de l Reparto de África, observando t ambi én con interés las inmensas posibili dades
ofrecidas por China y tratando de estar entre las primeras en aprov echar la
disgregaci ón del Imperio Otomano. Pero la incompetenci a de la diplomacia al emana
causó serios problemas para su ej é rcito y con el nacimiento de la la T ripl e Entente los
peligros fueron evi dentes y conducirían a la Primera G uerra M undial (HART: 2013, 26-
35). Existe un interés crecien te por las consecuenci as concretas de la Gran Guerra ,
a bunda n la literatura y los estudios acerca del hundi miento de la Repúblic a de W ei mar
y la toma del poder por el Nacional Socialismo, pero mucho m ás escasa s son las
publicaci ones sobre África y el Seg undo Reich. Han sido leidas y releidas las obras de
Mi chael B lafour ( The Kaiser and his Times : 1964), George L. Mosse ( The Crisis of
German I deology : 1964), Fritz Stern ( Gold and Iron : 1977) y M ichael S türmer ( Das
ruhelose Reich. D eutschl and : 1983, The German Empi r e : 2002) . Estudios más
recientes han sido los de Rosa Sal a Rose ( El Mi sterioso Caso Alemán : 2007) y
Francesca Predazz i y Vanna Vannuccini ( Piccolo V iaggio nel l’A nima Tedesca : 2009).
15
Francia, aún marcada por la derrota en la Guerra Franco- P rusiana (1870-1871 )
y por la pérdida de Alsacia-Lorena, era el más feroz oponente de Alem ania . En la
Tercera República no f al taron los conflictos intern os, pero la democracia parlamentari a
se impuso y no dejó de a spirar a mantener su pre stigio en Europa , con un fuer te deseo
de ex pandir su imperio en África y en M ed io Oriente. El consenso nacional y la
preocupación casi unánime se centraba en la necesidad de reconstruir el ej ército y
prepararse para f uturo s conf licto s. Utiliz ando el reclutamien to masi v o, e incluso
empleando a los hombres de las colonias, Francia podía af rontar una guerra victoriosa
contra Alemania. Ademá s, buscando activamente alianzas y apoyos militares en todas
partes, Francia se sentirí a finalmente empu jada hacia G ran B retaña, aunque ambos
paí ses se observ aron durante mucho t iempo co n recelo, pero acabaron teniendo en
Alemania a un enemigo común. Sobre el papel de Francia en la Gran G uerra se ha
laido a Ian Su mmer ( The French Ar my : 1995)
Gran Bretaña , con un imperio colonial f undado en la más pura explot ación
comercial, extendió su control sobre todo el globo y no sólo esta ba decidida a
mantener su posición de prem inenci a , sino que t ambién quería ampliar sus domini os
en Egipto , Irak e Irán. La s friccion es colonial es aumentaron cuando Alemani a comenzó
a preparar una f lota con la clara intención de des afiar a la Royal Navy por el control de
los océanos. Gran Bretaña habría pref erido quedarse al margen de las disputas
europeas, pero es te punto de vista estaba en contradicción con uno de los principios
fundamentales de la política exterior británica: buscar sie mpre el equilibrio entre las
grandes potencias. So bre el papel británico, pensa ndo más en sus relaciones
internacional es que en su historia interna, fue de particular ayuda la obra de Niall
Ferguson ( Empire : 2003) y de Mike Chappel sobre la Gran Guer ra ( The British Army in
World War I : 2005).
En cuanto a I talia , recién unificada como Alemania, tenía como vecinos
fronteriz os a Franci a y al Imperio Austro -Húnga ro, con l os que le enfrentaban
cuestiones territoriales. Italia miró haci a Á frica p ara f undar sus propi as c olonias, per o
estaba frustrada en este objetivo por Francia. En dispar búsqueda de aliados que
garantiz asen su seguridad en este peligroso escenario , Italia había dado lugar a la
Triple Alianz a con el Segundo Reich y el Imperio Austro-Hún garo , pe ro estaba clar o
que se trataba de una al ianz a más teutona q ue latina. Sobre el país transalpi no se ha
leido el estudio clásico d e Mack Smith ( Italy: a Modern Story : 19 69 ) y el más reciente
de David Nicolle sobre la Gran Guerra ( The Italian Army of World W ar I : 2003), y sobre
16
el colonialismo italiano se han tenido en cuenta los estudi os de Angelo Del Boca ( Gli
Italiani in Af rica Oriental e : 2001 ) y de Do menico Q uirico ( Adua : 2004 ).
Otros países con intereses en África, como Bélgica, España , Portu gal y el
Imperio Oto mano, f ueron espectado r es de la l enta evol ución de l os grande s
alineamie ntos diplomáti cos, con una participaci ón sólo m arginal. Bélgica, jun to a lo s
otros paí ses europeos con intereses en África, fue espectado ra de cóm o cada bando
trataba de atraer a su lado a los neutrales en los años q ue precedieron a la Gran
Guerra . Ha resultado muy interesante la obra de Adam Hochschild ( King Leopold’ s
Ghost : 1998), aunque se centrase demasiado en la f igura del monarca m ás q ue en el
contexto colonial, y de L ierneux y Pawly sobre la G ran Guerra ( The Be lgian Army in
World W ar I : 2009 ). Más i nteresante, pero a lo mejor con una redacci ón menos
rigurosa, es la obra de Dav id Van Rey brouck ( Congo. Een Geschiedeni s : 2014).
España f ue otro de los pa íses europeos con intereses en Áfr ica. Tras las
Declaracion es de Cartagena (1907) , s u papel en el imperiali smo europe o y la Gr an
Guerra, debido a su limitada participación , hizo que las causas, el desarrollo y las
consecuencias del con flicto estuv iesen relacionad as con contextos históricos
nacional es y reg ionales más que internacional es. Más que a las consecuencias
políti cas se ha dado mayor hincapié a las sociales y la neutralidad fue sólo una
fachada para la inv olucración. M ientras los bel igerantes creí an en un rápido
desenlace, apenas nadie reparó en España; el j uicio cambió cuando se vi slumbró el
largo conflicto : los neutr ales se volvieron muy importantes para el esfuerz o bélico y
España se hizo imprescindible. Los alemanes di eron impor tancia a España desde el
principio con propa ganda contra sus tradicionales enemigos, Francia y Gran Bre taña .
(GARCÍA SANZ: 2014). Sobre Portugal se ha leido los más q ue necesarios estudios
sobre el paí s y su actividad coloni zad ora de Oliv eira M arques ( História de Portugal :
1986, O Império Africano : 2001). El Imperio Otomano compar tía muchos de los
problemas de sus antiguos adversarios austro-húngaros: sólo la m itad de la población
era turca y la otra m itad era un conglomera do de div ersas nacionalidades y de
diferentes reli giones. La Sublime Puerta habí a perdido la mayor parte de su terri torio
en Europa y en África, y también estaba viva la histórica amenaza rusa . El Impe rio
Otomano parecí a rodeado de enemigos, mientras que en el interior su cumbió a las
presiones del nacional ismo y la moderniz ación del país estuvo acompañada por
condicion es q ue amenaz aban con una m ayor espiral de decadencia. Sobre el Imperio
Otomano se ha leído a Dav id Nicolle sobre la Gran G uerra ( The O ttoman Army : 1994),
la mono grafía de Charles King ( The Black Sea: a History : 2004 ) y el recien te estudi o
de Erik J. Zü rcher ( Turkey: a Mod ern Stor y : 2007).
17
En cuanto a ot ras poten cias, no directamente im plicadas en África, e l Imperio
Austro-Húnga ro , el fiel aliado de Alemania, era una institución bastante anti gua ,
surgida tras sig los de lucha y era más una curiosidad histórica qu e un estad o
moderno. El imperio era un mosaico de dif erentes nacionali dades en el q ue los
austriacos y los húngaros f ueron superados co n creces en número por otros grupo s
étnicos incluidos en el Imperio durante siglos. El sistema político era complejo y el
emperador y sus mini stros ej ercí an el control s obre la política e xterior y las fuerzas
armadas. Pese a ser ésta una tesis centrada en Alemania y su e xpansi ón en Áf rica, no
se podía dejar aparte a su principal aliado, por lo q ue se han tenido en cuenta los
clásicos estudios de Rob ert A. Kann ( A History of the Habsburg Empire : 1974) y de
John W . M ason ( The Dissolution of the Austro-Hungarian Empire : 1977), y los
monográfi cos de Hans Sokol sobre la guerra nav al ( Öst erreich-Unga rns Seekrieg :
1933) y de Peter Jun g sobre la G ran Guerra ( The Austro-Hunga rian Forces in World
War I : 2003). Es tados Uni dos f ue el país menos inv olucrado directamen te en Á frica,
pese al apoy o q ue daba a la indepedi ente Liberia según M aldwyn A. Jones ( The Limit s
of Li berty: American H istory : 1982 ). R usia era l a más enigmática de l as g rande s
potencias: pese a su industrial iz ación, la estructura del estado no e ra para nada
moderna; esto no significaba q ue no t uvi ese a mbiciones terr itorial es y geopolí ticas.
Primero estaba interes ada en la dif usión del pa neslav ismo y po r otro lado en l a
expa nsión en Asia. Tení a, además, la obsesión de g anar el control marítimo en la
desembocadu ra del M ar Negro hasta el M ar M editerráneo a través de l os E strechos de
los Dardanelos para expandirse por el Mar Rojo hasta Etiopí a, por lo que temí a la
even tual amenaza de la expansi ón naval otomana po r el Mar Negro. Un a
reconcili ación con Gran Bretaña no era t area f áci l y los británicos temían desde hace
tiempo que Rusia amenaz ase su control sobre la India, pero con la amenaz a alemana
más inmedi ata y mucho más cercana , todos estos temas serían dejados de lado.
T ras este v istaz o particular de los países interesados, en mi opi nión l os
historiadores con más ampli as vistas para tener una vi sión g eneral de Europa y del
mundo en la época que nos interesa s on Eric Ho bsbaw n ( The Age of Rev olutio n : 1962,
The Age of Capital : 197 5, The Age of Empi re: 1987, Nations and National ism since
1780 : 1990, Extremes: the Short Twentieth Century : 1994) y Jean-Louis Miége
( Expansion Européenne et Décoloni sation de 1870 á Nos Jours : 1975 ), además de la
obra colectiv a cordinada por Juan C arlos Pereira ( Historia de las R elaci ones
Internacional es Contemporáneas : 2009). La obra más reciente que, a m i juicio, es un
buen compendio de la trasformación europea entre el siglo XIX y el sig lo XX es la de
18
M argaret M acMi llan ( The W ar that Ended Peace : 2013). Tambiés es i nteresante el
debate acerca el imperial ismo coordinado por Roge r Owen y Bob Sutcliffe ( Studies in
the Theory o f Imperial ism : 1972). M e han sido útiles estudios clási cos como el de
Harold Nicolson ( The Congress of Vienna : 194 5) y Henry A. Kissinger ( Diplomacy :
1994) , y obras más rec ientes como las de Niall Ferg uson ( The W ar of the World :
2006), Nicolao Merker ( Europa Oltre i Mari : 2006 ) o la obra colectiva co ordinada por
José Antonio Gonzál ez Alcantud y Eloy Martín Corrales ( La Conferenci a de Algeciras
en 1906 : 2007) .
No se podí a empez ar sin tener en cuenta q ué visi ón de África tenían los
alemanes, por lo q ue fundamental fue la lectura de Leo Frobeni us ( Kulturgeschicht e
Afrikas : 1933). De obligatoria lectura fueron también los estudios de Anthony Atmore y
Roland Oliv er ( Africa since 1800 : 1967), Peter J. Duigan y L.H. G ann ( Coloni alism in
Africa : 1970, The R uler s of Ge rman Africa : 197 7) y l a obra coordinada por H elmu th
Stoecker ( Drang nach Afrika : 1977). Muy útil y clarificadora f ue la obra colectiv a de
Kw amena-Poh, Tidy, Tosh y W aller ( African History in Maps : 1982), así como la de A.
Adu Boahen ( L'Afrique sous Domination Coloniale : 1985), H . L. W es seli ng ( Divide and
Rule : 1991), Anna M aria G entili ( Storia dell’A frica Subsahariana : 1995), John Iliffe
( Africans : t he History of a Continent : 1995), John Reader ( Africa : 1997), la obra
coordinada por M arc Ferro ( Le Livre Noir du Colonial isme : 2003), y la de Alfred Kagan
( Reference Guide to A frica : 2005) ; y para conclu ir, otra obra alemana, la de W i nfried
Speitkamp ( Kleine Ges chi chte Afrikas : 2007) .
Se han tenido en cuenta las interesantes monogra fías sobre paí ses afr icano s
publicad as por las casas editoriales anglo-ameri canas Routled ge y Scarecrow Press,
en particular las de Samuel Decalo y Katherine Murison ( Historical Dictionary of Togo :
1996), Mark De Lancey y Katherine Muriso n ( Historical Dictionary of Ca meroon : 2000),
Thomas P. Ofcansky, Dav id H. Shinn ( Historical Dictionary of Ethiop ia : 2004), Ellen K.
Eggers y Grego ry Mthembu -Salter ( Histo rical Dictionary o f Burundi : 2006), Phi l Cl ark,
Zachary D. Kaufman y A imable Twagilimana ( Rwanda, Recent History : 2011), Mi chael
Jennings, T homas P. Ofcans ky, Rodger P. Yeager ( Tanz ania, Recent History : 2011) y
John J. Grotpete r, W il liam A . Lindeke, Christopher Sau nders, Victor L. Tonchi
( Historical Dictionary of Namibia : 2012). Muy interesante t ambién las de carácter más
económico sob r e E gipto, de Dav id S. Landes ( Banker s and Pashas: International
Finance and Economic Imperi alism in Egypt : 1979), y sobre Tanza nia de Karin
Pallav er ( Lungo le Pi ste d ’ Africa: Com merci Loc ali e Strategie Imperiali i n Tanz ania :
2008) . También se han t enido en cuenta las obras de Hosea Jaff e sob re Kenya ( Dal
19
Coloni alismo Diretto al Coloni alismo Indiretto : 1968), de Olayemi Akinwumi sobre
Nigeria ( The Colonial Contest for t he Nigerian Region : 2002), la ma g ní fica obra de
Klaus Dierks sobre Namibia ( Chronology of Namibian History: from Pre -Historica l
Times to Independent Namibia : 2003) y la de Víctor M orales Lezcano sobre Marruecos
( Historia de Marruecos : 2006). T ambién sob re Sudán la ob ra clásica de W inston
Churchil l ( The River War: an Account of the Re-Conqu est of the Soudan : 1899) y la
más reciente de M ichael Asher ( Karthoum : the Ult imate Imperial Adventu re : 2005).
En cuanto al periodo de la Primera G uerra M undial, y a propósito de su
centenario, recientes obras de autores co mo Pe ter Hart o M ax Hastings han omitido
delibe radamente los f rentes africanos durant e la Gran G ue rra , y otros, como
Christopher Clar k o Lawrence Sondhaus, apenas les dedican pocas páginas ; pese a
tener en cuenta sus trabajos, claramen te mis fue ntes han tenido que ser otros estudi os
que han q uedado fuera de los g randes textos. Estos, junto a los documentos y f uentes
originales, han acompañad o a la lectura de Liddel Hart ( The Real W ar : 1968), Keith
Robbins ( The Fi rst W orld War : 1984), John Keegan ( The First World War : 1998), Jean-
Jacques Bec ker ( L’A nnée 14 : 2004), Nigel Thomas ( The G erman Army in W orld War I :
2004) y los ya citados Lawrence Sondhaus ( World War O ne : the Glob al Revol ution :
2011), Christopher Clark ( The Sleepwalke rs : 201 2) y Max Hastings ( Catastrophe :
201 3), Peter Hart ( The Great War : 2013) . Sobre Alemani a y Áf rica son interesantes las
obras de Friedrich von Berhardi ( Deuts chland und der nächste Krieg : 1912), Giovanni
Piopi ( Q uale sarà la Sorte delle Colon ie Tedesche dell’Africa? : 1919), Paul Frölich
( Krieg und Bürge rkrieg : 1924), Ugo Businel li ( La Guerra Coloni ale nell’Africa Orientale
Tedesca : 1931) y Brian Gardner ( The Story of the First W orld War in East Africa :
1963). Sobre la guerra nav al son importantes las ob ras de W alther Hub atsch ( Die erst e
deutsche Flotte : 1981), Erich G röner ( Die deutschen Kriegsschiffe : 199 1) y Luis de la
Sierra ( El Mar en la Gran Guerra : 2006). Sobre Itali a y sus colonias he mos leído a
Angelo Del Boca ( La Disfatta di Gasr Bu Hàdi : 2004) y sobre España y su neutralidad
la obra de Francisco Jav ier Ponce Marrero ( Estra tegia y Diplomaci a: un Estudio sobre
la Pol itica Exterior de España : 2006). Por último, sobre Medi o Oriente he mos leí do a
Giorgio Seccia ( La Gue rra tra i Due Fiumi : 2007 ).
No menos importantes son las memorias escritas por los directos protago nistas
o las biografías o monog ra fías a ellos dedicadas. Entre las primeras las del príncipe
Hohenl ohe-Schil lingsfuerst ( Denkwürdi gkeiten des Fürst en Chlodwig z u Hohenloh e-
Schill ingsfürst : 1906), Alfred v on Tirpitz ( Erinne run gen : 1920), el k áise r Guillermo II
( The Kaiser’ s Memoirs : 1922) y Friedrich von Holstein ( The Holstein Papers : 1957).
20
Entre las segundas cabe señal ar las dedicadas al primer canciller de la Alemania
Unificada por parte de C onstantin De Grunw al d ( Bismarck : 1963) y Edw ard Crankshaw
( Bismarck : 1981).
M uchas han sido las r evistas y los artícul os consultados, tanto on -line como en
papel, y hacer una selecci ón de las más importantes es una tarea ardua . Con r espec to
a Alemani a destacarí a Kolonial e Rundschau y Vi erteljahresschrift für Sozi al- und
Wirtschaf ts- G eschi chte por su reivi ndicaci ón d el colonialismo alemán, y Archiv des
Völkerrechts para la s consecuenci as del i mperial ismo. C on respecto al contine nte
africano, señal arí a History in Af rica y The Journal of African Hi story .
No menos importante s han sido las hemerotecas y bibliotecas. Se han
consultado las hemerotecas de la Amtspresse Preußens , la Hemeroteca del Museo
Canario y las Universitäts-Bibli othek de Bayreuth, Berlí n, Heilderberg y Fran kfurt. No
quisera dejar sin agradecimi ento a los bibl iotecarios, libreros y demás p ersonal de la
Bibli oteca Joppi (Udine), Librerí a Feltrinelli ( M ilán), Lib rería de la Obra Social (Las
Palmas y Telde), Librería del Mare (Mil án), Libreria Mi litare (Milán), Librería Pickwi ck
(Bolonia) , Li bracci o (Bol onia, Florenci a y M il án) y Mediateca Casa África ( Las Palmas ).
Nunca, como ahora , los inv estigadores habí an dispuesto de un a rsenal
tecnológico t an podero so para rescatar material histórico on -line. Aunque las
tecnologías de la inf ormación caminen en el campo de la Historia a un ritmo más lento
que en otras á reas , hay aspectos como la simp le digitalización que ha cambiado la
vi da de los investigadores. Afortunada men te existen di ferentes servici os on - line que
utiliz an las últimas tec nol ogí as de la inform aci ón , permi tiendo usar una ampli a g ama
de contenidos de archi vos digitales donde se han volcado miles de revistas y otros
contenidos académicos. Para esta tesis se ha consultado Archive.org , Dial net , Jable ,
JSTOR y Memoria Digi tal de Canarias .
He redactado la tesis si guiendo un estricto orden cr onológico , excep to en dos
partes, las relativ as a la Conf e rencia de Berlí n y a la G ran Guerra, en las que el criterio
es geográ fico. Así pues, la tesis se divide en cinco grandes perí odos q ue compr ende n
los catorce capítul os de esta tesis, y las conclusiones. La primera f ase, desde 1871
hasta 1883 (del capí tulo 2 al capítulo 5), está caracteriz ada por la au sencia de col onia s
y la Realpolitik ; l a seg unda f ase, de sde 1884 hasta 1885 (c apí t ulos 6 y 7), est á
caracteriz ada por la admisi ón de la impor tancia diplomática, econó mica y polí tica de
los enclaves comerciales en el África Subsaha riana; la t ercera fase, desde 1886 hasta
21
1890 (capítul o 8), está carac terizad a por el f racaso del i mperio in formal y la
nacional ización de las c olonias; la cuarta f ase , desde 1890 hasta 1914 (del capítulo 9
al cap í tulo 13), se caracteriza por el cambio de rumbo en Alemania, de su política
interna ( Neuer Kurs ) y de su política exterior ( W eltpoli tik ); y la quinta y última f ase ,
desde 1914 hasta 1918 (capí tulo 14), está caracteriz ada por el desplome colonial
alemán, con la derrota militar y la pérdida de todo control sobre los terr ito rios afr icano s
durante la G ran Gue rra.
No he querido dejar de omitir algun a s precisiones terminoló gicas y
conceptuales con respec to a la redacci ón de esta tesis :
Los conceptos geográfic os de “O rien te” y “ Levan te” h an sido sustituidos
por “Europa del Este ” y “Oriente M edio”.
A los c iudadanos y soldados del Im perio de los Habsburgo se les suele
de nominar como “ austríaco s” , pero he considera do que lo más correcto
es “austro -húngaros ” (al menos tr as 1867) ; lo m ismo he hecho
empleando “ británicos ” en vez de “ingleses” y “otomanos” en vez de
“turcos”.
Tras la primera mención de un indivi duo en cuyo nombre está presente
el “lord”, “sir” o “von”, he omitido el título honorif i co, así como los dobles
apelli dos, mencionando sólo el prime ro.
Las traduc ciones, ya se consideren errónea s o correctas , han sido reali zad as
por el autor .
28
Napoleó n decidió reg resar a Francia, burlando a l a Royal Navy , mientras q ue los
mamelucos continuaron hosti g ando las tr opas f rancesas aún presentes en suelo
egipcio; pese a la conquista francesa de El Cairo , los británicos terminaro n derrotand o
a los fr ance ses, recup erando Malta y restituyendo las provincias otomanas a la
Subli me Puerta (HOPK IRK : 20 12 , 50- 51 ; SERIN O: 2003 ).
En el centro de Europa, una serie continu ada de crisis internas en los Estados
Germanos , el surgimiento de Prusia como potenci a y las derrotas militares ante
Napoleó n, señalaron el final del Sacro Imperio Romano Germánico . Las ciudades
mercantiles del norte luchaban duramente para mantener el tráfico mercantil en el Mar
del Norte y en el Océan o Atlántico y evitar q ue dicho t ráfico se moviese hacia el Mar
M editerráneo, como era la intención de los Hab sburgo. Los agricultores fueron
atraído s con re gímenes ex cepcional es para colon iz ar los t erritorios eslav os, el
exced ente de grano qu e cultivaban a gran escal a en los latif undios d e los Junkers
disminuy eron la demanda interna y el comercio con las ciudades decayó, excepto en
los puertos dedicad os a la exportación . Los Est ados Germanos del sur, por ausencia
de grandes rí os navegables hasta que no llegó el ferrocarril, es tuvieron menos
expu estos al comercio que los puertos hanseáticos, por lo que Alemania se dividi ó as í
en una zona comercial- industrial en el cent ro-norte y una zona agr í cola-art esanal en el
centro-sur (BALF O UR: 1 968, 23-25; S TÜRM ER: 1993, 100).
En Europa, durante las Guerr as Napoleóni cas, las cinco coaliciones contra
Francia exi stentes entre 1792 y 1815, donde con mayor o menor acierto Prusia estuvo
inv olucrada, no fueron su ficientes para mantener estable el centro de Europa, por lo
que Napoleó n cr eó la Con federación del Rin ( Rheinbund , 1806 - 1813 ) com o una nueva
asociación de Estados Germanos tras la conquista f rancesa de casi tod a la Renania.
Las ciudades portuarias de Génov a, Hambu rgo, Lübeck y Trieste se conv irt ieron en
ciudades fr ancesas y el Imperio Napoleóni co, en su cenit, abarcaba práctica mente
Europa entera, excepto Gran Bre taña y Port ugal y sus correspondien tes colonias. En
su guerra contra Gran Bretaña, Napoleón impuso un Bloqueo Continental
( Kontinentalspe rre ), un embargo co mer cial que prohibí a e l comercio de productos
británicos en el continente europeo, lo que impulsó la acti vi dad de los comer ciante s y
de los armadores hanseáticos, que establ ecier on así vínculos directos con América
Latina, Oriente Medio, Sudeste Asiático, Oceaní a y, cómo no, con África, pero q ue
arruinó su come rcio continental (KAHRS: 19 41; M ORT ON: 1962, 50 ; NICOLSON :
1985, 44-45; STOECKE R, ed. 1977, 10; STÜR MER : 2003, 12-13).
29
Fuera de Europa, durant e las Guerras Napoleóni cas, Gran Bretaña se apoderó
de todas las colonias holandesas y repli có c on sus teorí as sobre l os derechos
marítimos: un país belig e rante t iene e l derecho de visitar y de registrar los navíos
neutrales en aguas internacion ales. Fue entonces cuando se estableci eron ciertos
principios e intereses que permanecieron consta ntes en la política e xterior británica: el
equilibrio de poderes, la indepen dencia de Holanda y el libre uso de la supremací a
naval . Las Guerras Napoleó nicas permitieron a Gran B retaña establec er un control
vi rtualmente monop olist a de todas las re giones colonial es y del mercado mundial
extraeuropeo, ne gando de esta manera otras expansiones económicas y g arantiz ando
la suya propia. Por ejemplo, más del 95% de las ventas de la industria del algodón
estaban destinadas a los mercados colonial es, sobre todo hacia África. Las colonias y
el comercio de ultramar conserv aron una importancia decisiva dentro del ámbito de
estos mercados de ex p ortación, debido a q ue, mientras la demanda potencial había
caí do en Europa, había aumentado en las áreas coloni ales (HOBSBA WM: 1988, 106 -
108 ; NICOLSON : 1985 , 83- 228 ).
En 1802 Napoleón, a través del Tratado d e Al-Arish, ofreció devolv er Egipto al
Imperio Otomano, altera ndo así el equilibrio de poder en el Mar M editerráneo. Gran
Bretaña decidió actuar y en 1804 el prime r ministro británico esc ribió al zar que era
necesario redu cir a Franci a a sus ante riores fro nteras, liberar l os territo rios
conquistados y crear ba rreras contra futuras a gresiones f rancesas. Los intereses de
Austria y de Prusia (expan sión hacia el sur de la primera, expansión hacia el norte y el
oeste de la segunda) debí an ser tenidos en consideración; Holanda debía ser liberada
y ampliada, dándole Amberes pa ra formar la necesa ria “barrera”. A cambio del
acuerdo sobre estos pun tos, Gran Bretaña e staría di spuesta a llev ar a un fondo común
muchas, si no todas , las conquistas coloniales que habí a hec ho a costa de Francia y
de sus satélites. Napoleón r epli có distrayendo al zar con sueños románticos de
esplendor oriental como la conquista de Constanti nopla y de Oriente Medio: Rusi a
cumplirí a así su destino y G ran Bretaña, enfrentada con esta doble y uni da amenaza
hacia sus posesiones, s e verí a f orzada, al fin, a aceptar una paz honorabl e . Rusia, que
se estaba convi rtiendo en una po tencia naval europea, podrí a hacerse con el control
del Mar Negro y de Constantinopla primero y, a través de Gibraltar y de E gipto, con el
control del M ar Medi terráneo después. Finalmente, en 1809, median te el Tratado d e
Çanak, la Subli me Puerta soli citó la protección de Gran Bretaña a cambi o del comercio
en su territorio. Este tratado implicaba q ue buques de guerra de cualquier potencia no
atravesarí an los Estrechos de los Dardanelos (KING: 2005, 155; NICO LSON: 1985,
40 -86).
30
Prusia había menguado hasta la condición de potencia de tercera clase, tras la
Derrota de Jena ( 1806 ) y el T ratado de Tilsit ( 18 07). Su territo rio se había r educido a
cuatro prov incias; su población, a cuatr o millon es y medio de habitantes; su ejército, a
42.000 hombres. Aus tria, con su hetero géneo imperio y con las dinásticas
maquinaci ones de Klemens von Metternich
3
, aparecí a ante los prusian os, como al g o
extraño al mundo alemán . En España y en Port ugal, Gran Bre taña había sido la
primera en destruir la leyenda de un Napoleón invenci ble. En 1812 Rusia se había
vi sto f orzada al con flicto con Napol eón y había log rado una imprev ista vi ctoria. Cuando
Prusia se unió a la al ianz a, Napoleón se habí a sentido incómodo y alarmado por la s
activi dades de los guerril leros alemanes sobre sus líneas de comunicación, y se veí a
obligado a reconocer en la reacción de los pueblos alemanes una fuerza que, en
cuanto irracional y, por tanto, incalculable, desafiaba toda inmediata val oración. Nadie
se oponí a a que Gran Bretaña hiciese lo q ue quisiese con las coloni as de España,
Holanda y Portugal, per o Metternich creía que no podría inducir una paz a Napoleón
que incluy ese las petic iones coloniales y de na vegación de G ran Bretaña. Era más
factible una paz entr e Francia, Prusia y Rusia con un rediseño de Euro pa central y
oriental. Ahora bien, e ra evidente que los austria cos m iraban con suspica cia cualquier
compensación que pudiese aum entar indebidamente el peso de Prusia dentro del
cuerpo de los Es tados Germánicos y la actitud de Prusia era m enos cooperante por su
sumisión ante Rusia (METTERN ICH: 1991, 156-226 ; N ICOLSON : 1985 , 41-152).
Con el T ratado de Reicenbach ( 1813 ), Prusia y Rusia plantearon a Napoleón la
extensi ón territorial prusi ana, con Prusia co mo pr ote gida de Rusia y el restableci miento
comercial de las ciudades hanseáticas de H amburgo y de Lübeck. Gran B retañ a
devolv ería los territo rios colon iales recién adquiridos pero l o s derechos marí timo s
serían mantenidos a toda costa . En 1813 f ue levantado el Bloqueo Continental de
Napoleó n, lo q ue produjo el desarrollo de la le gislación y la práctica del comercio
mercantil mediante navegación marítima. Al final la diplomaci a británic a, pese a no
haber obtenido una alia nz a general, habí a salvad o los derechos marítimos bri tánicos
sin haberse visto obligada , como contrapar tida, a devolver una sola colonia
3
Metternich, Kl emens W enzel Lothar von (1773 -1859), político austriaco. Estadista, di plomático y
ministro de as untos exteriores aus triaco hasta las Re volucio nes de 1848 -1849; co nservador, a tra vés del
Congreso de Viena a bogó por la restau ración del Antiguo Régimen tras la c aída del Imperio Napoleónico.
Reorganizó Europa en benefi cio de Austria, que pudo recuperar todos los territorios pe rdidos desde la
Revolución Francesa (e x cepto Bé lgica, que se uni ó a Holanda) y cons ervar el Véneto. Redujo a Francia a
sus fronteras pr e-revolucionarias y a poyó l a ex pansión col onial británica ( NDB: 1994, v ol.17, pág.236-
243 ).
31
(CRAN KSHA W : 1988, 11; KAHRS: 1941; MORTON: 1962, 50; NICOLSON: 1985, 72-
93; STOEC KER, ed. 197 7, 10; S TÜRM ER : 2003, 12-13).
En los asuntos coloniales G ran Bretaña adoptarí a una actitud benévola tras las
Guerras Napoleóni cas. Gran Bretaña dejó cl aro que podrí a restituir todas las
posesiones coloniales, excepto el Cabo de Buena Esperanza, a condición q ue la
esclav itud fuese abolida. Para ello, mant uv o operativ a durante medio siglo parte de la
Royal Navy que, bajo el nombre de W es t Africa Squadron y con base en Freetown,
patrulló el Océano Atlántico con la misión de suprimir el tráfico de es clav os. Durante
algunos años la Royal Navy mantuv o una colaboración con la U.S. Navy y su Africa
Squadron , con base en las I slas Cabo Verde, para erradicar el tráfico de esclavos
(LOBBAN, M ENDY : 1997, 66-68; LLOYD : 1968, 67 ).
Los principal es propósitos del vizconde de C astlereagh y del Forein Offic e
fueron expresados en un me morando el 26 de dic iembre de 1813: derecho s marí timos ,
alianza general , excl usión de Francia en Ambe res, garantí a de seguridad de Holan da y
garantí as territoriales a España y Portugal . Pero la parte más interesante fueron
precisamen te las con ce siones coloniales: G ran B retaña estaría dispuesta a hacer
ciertas co m pensacion es colonial es pe ro deseaba conservar el territorio que habí a
sustraído a Holanda en el cabo de Buena Esperanza, incluso mediante una
compensación económica, y el t erritorio que hab í a sustraído a Dina marca, la Isla de
Helgoland, prev io pag o de una compensación adecuada; t ambién des eaba r etener ,
por razones estratégicas, M alta y otr as islas. En def initiv a: participar en un a g ran
alianza a cambio de la cesión de unas distan te s colonias de las q ue hombres co mo
M etternich o el zar Alej andro I escasamen te habí an oído hablar y las consideraban
como “ meras expresi ones geográficas ” . M uchos austriacos contemporáneo s de
M etternich estaban firmemente convenci dos de que Asia comenzaba en s us f ronteras ,
la mayorí a de los italianos del norte consideraba n a la mayorí a de los italianos del sur
como una espe cie de bárbaros africanos , y hubo un gran debate en Ru sia acerca de
su carácter europeo o asiático (HOBSBA W M: 2010, 109; HOBSBA W M: 2011, 21- 2 3;
NICOLSON : 1985, 98- 10 3 ).
El 10 de abril de 1814 C astlerea gh escribió que “ todavía siento dudas sobre la
adquisi ción de tant as colonias holandesas ” ( NIC OLSON: 1985, 126). Pero cuando
Talley rand, diplomático francés, pensó en reclamar Trinidad y Tobago, Castlereagh
desplegó una súbita f irmez a, amenaz ando con transferir a Londres las negociaciones
si no se atendí an sus deseos, ante lo cual Talley rand cedió. Según el trata do de la Paz
32
de París (1814), Francia renunciaba a t odas sus exigencias sobre Alemania, Bélgica,
Holanda ( que recuperab a el puerto de Amberes) e Italia. Franci a cedía a G ran Bretaña
las colonias de T rinidad y T obago, Santa Lucí a y M alta, con el beneplácito de Rusi a.
Era natural que la Gran Bretaña de inicios del siglo XIX viese en el eq uilibrio de
poderes el ideal político por el cual, con el míni mo esfuerzo, pudiese retener sus ricas
posesiones y disfrutar de ellas. Pero era t ambi én evidente q ue los austriacos m iraba n
con suspicacia cualquier compensación que acrecentase el poder de Prusia, pues el
gobierno prusiano interpretaba el eq uili brio de poderes no como un interés general de
Europa, sino en térm i nos de extensión de sus propias fronteras: los generales
prusianos reclamaban Alsac ia -Lorena, la cuenca del Sarre, Luxembu rgo y Saboya. El
8 de agosto de 1814 Castlereagh intentó obtener de Berlín alguna manifestaci ón
concreta de las intencio nes prusianas y la respuesta f ue introducir a Hol anda en la
Confederación Germánica. Esta última su gerencia causó en Castlereagh un especial
malestar (N ICOLSON : 1 985, 127-251).
2.2. EL CONGRESO DE VIENA (1814 – 1815) , LA CONFEDE RACIÓN GERM ÁN ICA
Y EL ZOLLV EREIN .
Tras estos acuerdos pre limina res se conv ocó el Congreso de Viena para el 1
de octubre de 1814. Estaban presentes tam bién unos treinta y d os pequeños
soberanos g ermáni cos y un representante del sul tán otomano ; t ambién habí an l legado
algunas diputaciones no of iciales, como la de l os católicos alemanes. Pasaro n
desapercibida s las propuestas de apropiadas medidas contra los corsarios de las
costas del Magreb pero sí f ueron instituidos comités para el comerci o de esclavos y la
navegación en los ríos internacionales. Castler eagh no conocí a todas las inmensas
riquezas de las colonias que G ran Bretaña retuvo. O sí lo hab í a, pero éstas fueron la
moneda de cambio para la pa z en Europa. Pensaba más bien en tener las bases
naval es más adecuadas para ap ostar naví os antes que en materias primas o en
mercados. Castlereagh había obtenido la seg uridad de q ue Fra ncia suprimirí a el
comercio de esclavos dentro de sus domini o s pero los círculos mercantiles lo
interpretaban como un hipócri ta subterfugio de Gran Bretaña para sofoca r el comercio
colonial fr an cés. Parí s presentó una propue sta de cuot as anu ales de ex port a ción de
esclav os, o la cesión de Trinidad y Tobago, mientras q ue la Royal Navy t end rí a el
derecho de visita de inspección en las costas afr icanas . Con respecto a Áfr ica el
Congreso de Viena puso de mani fiesto q ue Austria, P rusia y Rusia no tení an
especiale s intereses en el comercio a fricano , pero estaban prepa radas pa ra ganarse el
33
apoy o de Gran Bretaña en otros asun tos al ad op tar una ac titud benevol ente, no ex enta
de escepticis mo, en a suntos col oniales (NICOLS ON: 1985 , 128 - 231 ).
El 9 de junio de 1815 el co mité g ermano , incluyendo Hol anda, Luxemburgo y
las ciudades libres, acordaron constituir una Dieta Federal en Frankfurt, bajo la
presidencia de Austria, la cual vendría a ser el ór gano central para todos los treinta y
ocho estados g ermáni cos. El Acta Final del Congreso de Viena t ambi én fue f irmada el
9 de j unio de 1815 y se acordó que el único medio por el que podrí a mantenerse el
concierto de Europa sería estipular la celebració n de conferencias periódicas entre las
grandes potenci as. El orden internacion al sur gido tras este con greso lo gró un equil ibrio
de poder y de consenso europeo que dio esta bil idad al continente. T errito rialmente ,
Austria f ue f ortaleci da en I talia, Holanda adquirió Bélgica, Rusia recibió la part e central
de Polonia, Francia tuvo que re nunci ar a t odas sus conquistas y Gran Bretaña limit ó
sus ganancias territoria les a l as islas de Helgoland y Malta y a l Cabo de Buena
Esperanz a. Londres, una vez conseg uidos sus deseos respecto a Amberes, los
derechos marítimos y las colonias, no tendrí a ya ningún motiv o para apaciguar a Sa n
Petersbur go, y podía, en interés g eneral del eq uilibrio de poderes, apoyar a los
Estados Ger manos en su oposi ción a Rusi a (NIC OLSON: 1985 , 217-261) .
Rusia, al verse frustrada en Poloni a, deseaba encontrar compensaci one s y
ganancias en Oriente Medi o. El embajador r uso en el I mperio Otomano lanz ó un veto ,
manifestando que San Petersbur go no consentirí a la interferencia de ning una otra
potencia en sus r elacion es con la Sublime Puerta. A f inales de 1814 el zar aprovechó
esta coy untura para dirigirse ha cia Constantinop la en vez de provoca r más
complicacion es europea s pero para Londres la amenaz a rusa era, en parte, un a
inv ención de Metternich ampli ficada a trav és de sus serv icios diplomáticos. No
obstante, los embajadores austriaco , británico y francés recibieron instrucci ones para
buscar un arreglo con el gobierno otomano para allanar las dificultades entr e a mbo s
imperios. El sultán, com o era de esperar, se negó a acep tar nin guna mediación en
tales términos y se abandonó, por t an to, la idea de incluir al Imperio Otomano en
cualquier t ratado, por lo q ue Gran Bretaña se orientó para con tener a Rusia
(HOPKIRK: 20 12 , 85; NIC OLSON: 1985, 175-26 9) .
Castlerea gh soñaba con un equilibrio ideal , calculado casi matemáticamen te en
términos de pobl ación y de pode r, que con tribu yese a los tres inte rese s particulares
para la seguridad británi ca: los derechos de n av egación, la neutrali dad de Holan da y la
excl usión de l influjo extranjero en la pení nsula ibérica . Talley rand f ue más pragmátic o
34
y pl asmó la relativ ida d de cualquier equilibrio d e poderes. En de finitiva, el resultado
más importante f ue la nuev a redistribución del centro de Europa q ue t uvo lugar con la
creación de la Con federaci ón Germánica ( Deutscher Bund , 1815-1866), q ue agrupó a
tr einta y ocho estados al emanes. El zar buscaba desalojar el influjo tan to de Austria
como de Prusia en la Confederación Germáni ca y los estadistas austriacos, con
M etternich a la cabeza, se propusieron consolidar Alemania, pe ro no unificarla, pa ra la
defensa común a t oda agresión exterior: ser d emasiad o fuerte para s er atacada por
Francia pero demasiado débil y descentralizad a para constituir una amenaz a para sus
veci nos. Austria y Prusia eran los estados ale man es de may or impor tanci a, seguidos
por un cierto número d e estados de dimensiones medias como Bavi era, Sajonia o
W ur tembe rg, pero era Prusia la que más preocupaba a Austria: practicaba una
diplomaci a sin escrúpul os, una dev oción por las artes mi litares y un desarrollado
sentido de la discipl ina a lo que habí a que sumar sus capricho sas f ront eras, que se
extendí an desde tierras polacas hasta la Renani a pero sin continuidad territorial. Esto
deriv ó en un sentimient o abrumador acerca de cumplir un deber nacional de unida d
territorial q ue terminó identif icándose con el de la unidad de t oda Alemania
(KISSIN GER: 1998, 101-107; M ETT ERN ICH: 1991, 158-159; NIC O LSON : 1985 , 179 -
274 ). Año s más tarde , c on una mayor per specti va histórica, el Foreign Office hiz o el
siguiente anál isis:
“ de la historia de Prus ia, quizás la característica más notable […] fue el
engrandecimien to territorial sistemático princi palmente a punta de espada, con
las conquistas más importan tes y decisi vas del iberadamente iniciadas por
gobernantes o estadista s ambiciosos para el objetivo declarado de garantiz ar a
Prusia el tamaño, la cohesión, los kilómet ros cuadrados y la pobl ación
necesaria para elevarl a al rango y a la influen cia de un Estado de pri mera
clase ” (G OOCH, TEM PERLY, ed. 1938, 402-406) .
Austria se encontraba en el centr o del continente europeo por lo que, e n el
periodo q ue siguió al Congreso de Viena, Metternich desempeñó un papel decisivo
administrando y salv aguardando el sistema internacional recién creado. La
extraordinari a habi lida d diplomática de M etternich le permitió conv ertir verdades
diplomáticas ya f amiliares en principi os f uncional es de polí tica exterior, que t ermina ron
tomando el nombre de Sistema de Metternich ( Metternichsches System ). En reali dad
se puede deci r q ue no se tr ataba de un “siste ma” t al cual sino de cie rtos principios
fijos, y un t anto oportuni stas, con el f in de mantener el statu quo . Si n el equilibrio
interno y exterior no po día e xi stir estabilida d, y la estabilidad era esen cial para los
35
asuntos eu ropeos. Par a G ran Bre taña, todo lo que debilitase o destruyese el
Metternichsche s Sys tem no era visto con desa grado, pero Rusia, ocupada en sus
reformas internas y con la mirada puesta en los Estrechos de los Dardanel os, la India
y Afg anistán , era la única que podía tolerar el refuerz o de Prusia ( M ETTERNICH :
1991, 235-257; NIC OLSON: 1985, 69-70; STÜR MER: 1993, 207).
Conv iene señalar q ue la Confederación Germánica no supuso ni nguna
concesión al crecien t e naci onalismo alemán, por no se r éste del a grado de Viena, y
así q ued ó ref le jado en lo s Decretos de Karlsbad ( 1819 ) . La f ra gmentació n polí tica y la
falta de una M arina Mercante ( Hande lsmarine ) no permitió la acumulación de riqueza
proveni ente fuera de Europa, lo que, en cierta f orma, retrasó la aparición y los ef ecto s
del capi talismo en Alemania. En la may or parte del mu ndo , las f lotas mercan te s
expe rimentaban un rápido crecimiento y estaban cada vez más presentes en los
grandes puertos tripulaciones de marineros lasca r procedentes de la India. Por t an to,
como veremos más adel ante, la historia de la expansión colonial ale mana no se inició
hasta bien entrado el sig lo XIX con el desarroll o de un capitali smo de libre
competenci a. Hasta entonces, la progresiv a introducci ón en los mercados de Europa
de productos no europeo s m ediante la aplicación g radual de la pol ítica de libre
comercio estuvo m uy ligada a la esfera de influencia de la burguesí a británica y de su
supremací a en los m ercados mundial es ; más aún con la aplicación de las ley es de
navegación de 1822, q ue permitieron una parcial apertura de las col onias británicas
hacia los buques de pa íses extranjeros, inclui dos los alemanes ( HOBSBA W M: 2010 ,
239; KISS INGER: 1998 , 107-134; M ANTELLI: 2006, 66 ; STOECK ER, ed . 1977, 10).
En 1821 Gran Bretaña temía un intento de Rusia por conquistar los Estr echo s
de los Dardanelos, y también Egipto, lo q ue incrementó el interés británico en la
denominada Cuestión de Oriente ( Ori entalische Frage ). Dicha cuestión residí a en
cómo distribu ir el Imperio O tomano si tuviese que llevarse a cabo su repart o, pero
poco a poco dicha cuestión se terminó volvien do en contr a de Austria, ante la voluntad
de independencia o de secesión de sus diferentes nacionalida des. Para de f enderse, a
partir de 1826 el Im peri o Otomano entr ó en un periodo de reformas q ue provocaron el
malestar en sus provinci as afr icanas y, paradójic amente, el debilitamiento de su brazo
militar estatal. Mediante la Conferencia de Londr es (1829) y en e l Tratado de Edirne
( 1829 ), las potencias europeas se aprovecharon aun más de la coyuntur a y obligaron
al sultán a aceptar la in dependenci a gr iega y d iversas autonomías en l os Balcanes
(HOBSBA W M: 2010, 94-10 3; KING : 2005, 178-18 5).
36
Ante el desamparo que sufr ía Áfr ica por parte del sultán, l as guarniciones
otomanas de Argel y Orán ofrecieron poca resistenci a ante la invasi ón f rancesa de
1830, manteniendo el control sólo en el puerto oriental de Annab a y una resistenci a
local a occidente, por parte de las tribus de la cofradí a qadiriyy a lideradas por Abd- el -
Kader; su ejército regula r dio lugar a una fuerte campaña y se tuvo q ue emplear una
tercera parte del ej ércit o francés pa ra lograr su t otal rendición diecisiete años más
tarde. La ardua conquist a hiz o que un diputado francés protestase exclamando: “ daría
Argelia a cambio del más miserable villorrio del Rin ” (HORNE: 2007, 23). Aunque
también abrió perspe ctiv as militares inusi tadas hasta entonces empleando a lo s
africanos como tropas a uxili ares
4
.
La independe ncia de Gr ecia ( 1830 ) negó al Impe rio Otomano sus más vál idos y
expe rtos marinos pero también provocó que c omerciante s, mercaderes y banqueros
griegos se expand iesen por Egipto, el Imperio Otomano y Oriente Medio ,
convi rtiéndose en ag en tes e inte rmedi adores de capi tales europeos, entre ellos
alemanes. Egipto, prov incia del I mperio Otomano, era, de hecho, un territorio colonial
donde alemanes, austro -hún garos, británicos y franceses podí an actuar encontrando
su justi ficación en la ley del más f uerte . Aprov echando la debilidad del Imperio
Otomano en Á frica, el gobernador de Egipto, Mehmet Ali , declaró su indepe ndencia
conquistando el sur de Arabia, Siria y parte de Anatolia, además de derrotar al recién
constituido ej érci to oto mano en la Batalla de Konya ( 1832 ) . Ante la derrota mili tar,
Francia y Gran Bretaña retiraron su ayuda y el sultán M ahmud II se vio obligado a
firmar el Trat ado de Hü nk âr Iskelesi ( 1833 ), me diante el cual el zar de Rusia pon í a
bajo su tutela al Imperi o Ot omano y los Estrechos de los Dardanelos q ueda ron
cerrados a las f lotas enemi gas que hubiesen intentado penetrar en el M ar Negr o
(ALBER TINI: 2010, vol.1, 52; KING: 2005, 211; LA NDES : 1990, 40-93 ; O WE N , e d .
1 9 77 , 24 9 ).
Decidi do en demostrar su autoridad y autonomí a ante las provocacion es r usas,
M ahmud II proclamó la Yihad en 1833. Ante la nueva situación que se habí a creado, el
objetivo de la política británica se r eafir mó en im pedir que Rusia ocupase los
Estrechos de los Dardanelos y amenazase con su presencia en África ; además, Gran
Bretaña ya estaba involucrada en las Guerras Anglo -Asante ( As chanti-Kri ege ) en
Ghana y t ení a que lidi ar con Francia que, tras la ocupación de Seneg al, se asomaba
también al Mar Medi terráneo desde Argelia. El futuro del I mperio Otoma no tendría q ue
4
AMAE- P, Marine, BB/4 1016, Ex pédition d’Al ger: Documents Diver s, Officier Supérieur de
l'Armée F ran çais non identifiée au Ministre p our la M arine Français, 23/12/1830.
37
ser discutido, pues , en tre Gran Bretaña, Francia y Rusia, pero t ambién ante las otra s
potencias, esto es, Austria y Prusia. Pero las rivalidades austro -rusas en los Balcanes
no interesaban mucho a Gran Bretaña y el control de los estre chos no era un a
prioridad para la polí tica ex terior austr í aca, po r lo que en Gran Breta ña empez ó a
considerarse que Austria no era el contrapeso adecuado contra Rusia. Debido a la
resistencia del sultán y al temor de un posibl e restableci miento y f ortalecimiento de la
Subli me Puerta si M ehmed Ali llegaba a hacerse con el poder, las potencias europeas
no procederí an con la desmembración del Imperio O tomano sino que decidieron
mantener el st atu quo , frenando las ambici ones rusas y manteniendo en el poder a
M ahmud II. Aprov echan do el nuevo escenario i nternacional , y gracias a préstamos
europeos, el sultán continuó con las ref ormas para moderniz ar el Imperio Ot oman o
(ATMORE, OLIVER: 1 99 7, 76; FERGUS O N: 2007, 194; HILGEM AN N, KINDER : 1974,
49; ILIFFE : 1998, 216 ; KISSINGER: 1998 , 118-134 ).
En el m undo alemán también f ue tiempo de reformas : aunque ya se hab í an
creado uniones ad uaner as desde 1828 , la entra d a en vigor el 1 de enero de 1834 de la
Unión Aduanera ( Zollverei n ) bajo presi dencia prusiana supuso el primer paso hacia la
unificación ya q ue homogeneizó las relaciones aduaneras de una poblaci ón t otal de
casi 25 millones de habitantes. Austria intentó bloquearla y algunos Estados
German os crearon union es aduaneras rivales, pero casi todas acabaron por integrarse
en la Zollverei n prusiana en el transcu rso de la déca da siguiente . Uno de los mayores
defensores de dicha uni ón aduanera , el economi sta Friedrich List
5
, protestaba contra
el principio cosmopolita de la economía y contr a la doctrina absoluta del libre
comercio. List cuestiona ba públicamente la sinc eridad de Gran Bretaña y de su libre
comercio. List otorgaba más importancia a la idea de una economí a nacional e insistía
en los req uisitos especiales de cada nación, dadas sus circuns tancias particulares,
especialmente su g rado de desarrollo industrial. La econom í a alemana, al contrario
que la belga o la británi ca, no entró en una in dustrializ ación a cort o pl az o porque
sacrificó las manufacturas ante los inmenso s intereses ya establecidos del comercio y
de las f inanz as, por lo q ue la burguesía y la industria no eran lo suficientemente
5
List, Friedrich (1789-1846), economista alemán. Subs ecreteario ministerial, en 1817 fue
designado profesor de Administración y Política en la Universidad de T übingen. Como diputado de la
cámara de Württemberg, abogó ac tivamente por reformas administrativas. Ex pulsado de la Cámara y
condenado a trabajos forzados, via jó p or Francia y Gran Bretaña para emigrar lu ego a los Estados
Unidos. Allí r esidió ha sta 1832, dedicándose a la agricultura y al periodismo e interesándose en
economía, abogando con firmeza por la extensión del si stema de fe rrocarriles en Alemania y por el
establecimiento de la Zo llverein . Protestó particularmente contr a el principio cosmopolita en la econ omía
contemporánea y co ntra la doctrina absoluta del libre c omercio. Daba prominencia a la idea n acional e
insistía en l os requisitos especiales de cada nación dadas sus circunstancias particulares (DKL: 1920,
vol.II, pág.458; NDB: 1985, vol.14, pág.694-697).
44
M anteniendo el perf il económico, W ilhelm Rosche r
20
publicó National ökonomische
Ansichten über di e deu tsche Aus wanderung , un artículo a favor de los beneficio s
económicos del colonialismo como eventual salida a la crisis comercial e industrial que
estalló en otoño de 1847 en Gran Bre taña. Precisamente la q uiebra de l os g randes
comerciantes de productos colonial es af ectó a los bancos agrarios británicos lo cual a
su vez pro vocó q ue en las ciudades industrial es se produjesen cier res de f ábricas
(R OSCH ER: 1848 , 96-1 16).
En Francia, l a crisis e conómica influyó no poco en el hecho de que se
instituyese la Segunda República después que Luís Felipe de Orleáns abdicara a
causa del descontento q ue había orig inado un g obierno prov isi onal; celebradas las
elecciones, Luí s Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador , obtuvo la presidencia de
la República con el benepláci to de Lo ndres, que dejó a un lado la tr adicion al
descon fianza británica ante el derr oca miento de la monarquí a f rances a. Francia, a
pesar de su gran poderí o militar, se ha llaba muy por detrás de Gran Bretaña en
desarrollo comercial e industrial porque sus manu facturas eran in feriores o más caras
que las británicas. Francia habí a adoptado una política proteccionista, reservando el
comercio de las colonias afr icanas francesas a sus propios comerciantes: en Beni n,
Costa de M arf il, Gabón, Guinea Cona kr y, M ada gascar y Senegal, se crearon base s
naval es y zonas comerciales fr ancesas , en al gunos casos bastante exi guas, donde se
mantuvieron alejados a l os come rciantes no franceses. Es tas medi da s llegaron a
provocar crí ticas en el s entido de q ue los establecimientos protegidos africanos eran
más un peso econó mico para Francia q ue una fuente de beneficios. Por el contrario ,
en las posesiones brit ánicas los derechos d e aduana se exigían tanto a lo s
comerciantes británicos como a los extranjeros. Sin embargo, en g ene ral se intentaba
realiz ar la mayor parte de los negocios en enclav es coster os de África donde todaví a
no ondeaba ninguna bandera europea, hecho que f avorecí a a l os comerciant es
hanseáticos en tanto que la mayor part e del comercio se realiz aba cerca de la costa y,
mientras l a cos ta fuese asequible a t odos a quellos que llegaban a ella, ningún paí s
europeo tení a motivo algu no para anexi onarse extensos territorios e n Á frica (ARENDT:
2006, 241; AT M ORE, O LIVER: 1997, 146; J OH N S O N , e d . 1 9 7 7 , 2 83 ; K ISSINGER:
1998, 136).
20
Rosc her, W ilhelm Georg Fri edrich ( 1817 -1894), economista a lemán. E studió en Göttingen y allí
obtuvo cátedra en 1844 y posteriormente en Leipzig en 1848. Los principales orígenes de la escuel a
histórica de la economía p olítica s e puede atribuir a Roscher. Trató de esta blec e r l as l eyes del d esarrollo
económico mediante el uso del m étodo histórico y la investigación de l os aspectos jurídicos, polít icos y
culturales. Roscher desarrolló una te oría c íclica donde las naciones y s us economías pasan a través de
una especie de juventu d, madurez y decadencia (DKL: 1920, vol.III, pág.182; NDB: 2005, vol.22, p ág.39 -
41 ).
45
2.3. LAS RE VOLUCI ONE S DE 1848- 1849 Y SU S CONSECUEN CIAS.
En medio, pues, de una crisis económica , tuv ieron lugar las Revoluci ones de
1848 -1849 en España , Francia, Grecia, Rusia y, más importante aún, e n los Estados
Germanos . Al no estar bien organizadas y coordinadas, no t uvi eron éx ito y f ueron
todas el las reprimida s. Mientras que S uiz a se recuperaba de su recién concluida
guerra civ il, se habían rebelado contra el domin io austriaco rev oluci onarios italianos
(Primera Guerra de I nd ependenci a italiana), croatos, húngaros, polaco s y rumanos ,
llegando al punto de que Austria solicitase la ayuda de Rusia para reprimir a los
revol ucionarios. En los demás Estados Germ anos, durante los años previ os a la
revol ución, las t ensiones sociales causadas por la progresiva industrial ización se
tradujeron en alzamientos populares en t odo s los estados de la Confederación
Germánica durante 184 8 y 1849, lo que obl igó a los prí ncipes y a los re yes a hacer
concesiones de naturalez a varia, como el nacimiento de los primeros parlamentos
verdaderamente representativ os ( ALBER TINI: 2010, vol.1, 41; CRANK SHA W : 1988,
51 -52; HAR DT W IG, ed. 19 98; HOBSB A W M : 2010, 13 ).
Los estados de la Con federación Germánica decidieron f ormar un primer
parlamento alemán en Frankfurt y el rey Federico Guil lermo IV de Prusia dio su
consentimiento para la redacción de una primera constitución alemana ( Verfassung
des Deutschen Reiches ). En ella se intentó aplicar un programa e conómi co, j urí dico e
ideológico por parte de la burguesí a liberal que se combinase junto al predomini o de la
aristocracia pro testante terrateniente y a la monar quía prusiana. Los miembros del
Parlamento de F ran kfurt ( Frankfu rter Nationalversamml ung ) se r eunieron el 31 de
marzo de 1848 y pocos días después se unieron a ellos un g rupo de delegados
austriacos. E ste primer intento de democ ratizaci ón y unificación del paí s tuvo de
inmediato una acog ida des favorable por parte de todas las naciones europeas. Pese a
que Prusia y Austria, aun con recelo, permitieron q ue actuase dicho parlamento
alemán, Dinamarca , ante el temor de una extensión de l os alzamientos hacia su
territorio y a causa de la disputa t e rritorial acerca de los ducados limítro fes de
Schlesw ig-Holstein, dec laró la g uerra y procedió a paralizar el com ercio alemán
mediante un bloqueo nav al en el Mar del Norte y en el Mar Báltico. La Handelsmarine
mantuvo un enfrentamien to económico desigual contra la experimentada Kongeli ge
Danske Marine , que tenía una larg a experiencia comercial y de navegación con Áf rica
ya que poseí a puestos y f ortalez as en G hana: Accra, Chris tiansborg, Frederi k sborg y
46
Takoradi
21
(HAC HTM ANN: 1997, 80- 85 ; HOBSBAW M : 2010, 132 ; KANN : 1998, 313,
315 ; K W AMEN A-POH , TIDY, TOSH, W ALLER: 1989, 30- 31 ; M ANTELLI: 2006, 64-71,
77 ; N ØRREGÅR D: 1936, 335- 412 ).
El bloqueo naval danés pon í a en seria dificultad a la economía del no rte de
Alemania por lo q ue, el 18 de mayo de 1848, el Parlamento de Frankfur t trató por
primera vez la f ormación de una mar ina f ederal alemana q ue , con el nombre de Flota
Imperial ( Reichsflo tte ), fue fundada el 4 de junio de 1848. Se constituyó una comisión
técnica dirigida por Karl Brommy
22
y el 12 de ju nio de 1848 se presentó un primer
presupuesto; dos días después, el Parlamento de Frankfurt aprobó el gasto de 6
millones de táleros para la creación de la Rei chsflotte y el 4 de no vi embre de 1848 el
rey de Prusia nombró a Brommy como vicealmirante
23
. Ante la nueva coyuntura, y sin
hacer caso a la negativ a del monarca prusi ano un año antes, el explorador
Dieffenbach no q uiso perder la oportunida d y envió de nuevo un m emorando al
Parlamento de Frankfurt para f omen tar la emig ración hacia unas colonias bajo
protección alemana. L a Reichsflotte no habí a sido creada para tal f in y el Parlamento
de Frankfurt tenía cuestiones más importantes que pensar en posibles colon ias, por lo
que el memorando de Die ffenbach pasó inadv ertido. El 18 de marzo de 1849 el puerto
de Brake se convirtió en la base prov isional de la Re ichsflotte a la vez que
comenzaron las obras de f orti ficación y de infraestructuras portuari as. Brommy publicó
Lehrbuch der Marine , un m anual que sirvió para sentar las bases de la Rei chsflotte a
la par que el Parlament o de Frankfurt promul gó las bases le gales de la primera f lota
alemana (HUBA T SCH: 1 981; ME RKER : 2006, 174 ).
Los alemanes tuvi eron que constituir una flot a comprando buques a otras
naciones y empleand o a oficiales ex tranjeros , sobre todo belgas y británi cos, para
dirigir tripulacion es tomadas de la Handelmarine . La recién constituida Reichsflotte ,
que por primera vez enarboló la enseña negr a-roja-dorada como bandera of icial de
Alemania, tuvo que libr ar, con su reducida capaci dad, la Primera Batal la naval de
Helgoland. El 4 de junio de 1849 Brommy zarpó desde Bremerhav en con una f lota casi
testimonial para dispersar las naves danesas en la desembocadura del r ío Elba y ante
21
BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2.13. Fre mde M arinen, 2.1 3.2
Einzelne Läner, 3RM1/752, Die Dänische M arine (Mayo 1834 - Diciembre 1863).
22
Bromm y, Karl Rudolf (1806 -1860), militar alemán. Había servido en las armadas de Brasi l, Chile
y Greci a antes de establecer l a primera flota u nificada alemana, la Reichsflotte . También hizo
significativas contribuciones a l a e ducación n aval y a la construcción de i nfraestructuras costeras ( NDB:
1955, vol. 2, pág.633 ).
23
BA, Bundeszentralkommission, 8. Bundeskassen - und Matrikularangelegenheiten, DB62 /333
Freiwillige Beiträge zur Gründung einer deutschen Kriegs - und Hand elsmarine. Zahlung von Vorschüssen
zum Aufbau der Marine (1849-1851).
47
el puerto de Cux hav en. Las f uerzas danesas se retiraron hasta la isla británica de
Helgoland y Gran Bretaña advirtió que la Reichsflotte no era reconocida y que podrían
ser tratados como pirat a s.
No obst ante, las nav es entablaron combate hasta q ue la artillerí a británica
instalada en la isla interv ino a f avor de las naves danesas. Ante tal situaci ón, pese a
no sufrir bajas, Brommy ordenó la retirada y las nav es danesas volvieron a su posición
inici al para proseg uir con el bloqueo. As í pues, la debilidad de la Reichsflotte f ue
similar a la del Parlamento de Frankfur t, q ue culminó con la aceptación del armisticio
con Dinamarca y la anexión a la corona dan esa de los ducados de Schleswi g-
Holstein
24
. Pese al f laco resultado de la Primera Batalla naval de Helgoland, Brommy
extrajo tr es impor tantes lecciones: desde un punto de vista estructural se debía
potenciar la Reichsflotte ; desde un punto de vi sta mili tar se debí a anular o derrota r a
Dinamarca; y desde el punto de vi sta diplomático se debí a obtener la neutralidad de
Gran Bretaña y de su f lota . Brommy empez ó a trabaja r para desarrollar la f lota
alemana, pero se enc ontró con l a resis tencia de las clases conse rvadoras que
frenaron, en pa rte, esta tarea.
Las sesiones del Parlamento de Fran kfurt pros iguieron, pero la asamblea se
fraccionó: a la derecha estaban los f ederali stas conservadores, que pro pugnaban un
estado f ederal con amplios poderes para los monarcas; hacia el centro pol í tico se
situaron los f ede ralistas constitucionales, q ue favorecían un estado federal con una
monarquí a sometida a l a constitución; a la izquierda se con figur aron lo s unioni stas
moderados, que desea ban un estado centralizado con una mo narquía responsable
ante el parlamento. Las diferencias entre las f acci ones dificultó mucho el trabaj o del
Parlamento de Fran kfurt, sobre todo en relaci ón con las rebeliones socialistas de los
marxistas y l a resistenci a conservadora de Prusi a y Austria. Entre esta s corrien tes y en
medio de di f ícil es debates, los diputados eligieron la solución de una “pequeña
Alemania” ( Kleind eutschl and ), una nación aleman a bajo la dirección de Prusia sin
Austria en vez de una “gran Alemania” (Großdeutschlan d ) que la incluyese
(CRAN KSHA W : 1988, 6 4; H OBSBA W M: 2011 , 127 ; MAN TELLI: 2006, 86 ).
A partir de entonces , la nación alemana asoci ó la idea de la Unificaci ón
Alemana no a un Imperio Austriaco f uerte mente agrícol a y en gran parte constituid o
24
BA, Rei chsministerium der Marine, Hafenanlagen und Küste nsicherung - Ka nalanlage, 5.2
Küstensicherung, DB59/200 Vorsichtsmaßnahmen gegen Operationen des dänischen
Blockadegeschwaders vor Helgoland (Abril -Agosto 1849).
48
por poblaciones no germanas, si no a una Prusia reformada y liberal, donde el esp í ritu
cívico impregnarí a al ej ército. Pero el Parlamento de Frankfurt era débi l, ya que no
tení a un verdadero poder legal: tras un encuentro el 1 de mayo de 1849 entr e el
emperador austriaco y el zar ruso, los mov imientos rev olucion arios sobre los que se
sustentaba f ueron aplas tados y a esto se sumó la negativa de Federico Guillermo IV a
aceptar la corona de Alemania, lo cual dio a Prusia y a Austria una e xcusa para r etirar
a sus diputados, anulando así la úl tima amenaza revol ucionaria (CRANKSHA W : 1988 ,
64 , 116; KANN : 1998, 3 07 -322; M AN TELLI: 2006, 78) .
Pese a la disolución del Parlamento de Fran kfurt, Berlí n decidió apoyar la unión
políti ca diseñada por el diputado f ederal ista conservad or Joseph von Radowitz
25
: una
Kleind eutschland bajo la dirección de Prusi a . Coincidió también con el abandono de la
escena política de Metternich, huido de los rev oluci onarios de Viena, marcando el
principio del fin del equilibrio con el cual Austr ia había util izado la unidad de l os
intereses conservadores para mantener los acuerdos del Congreso de Viena.
M etternich habí a llevado con sutileza la Cuestión de Or iente , pero sus sucesores,
incapaces de adaptar las instituciones interna s de Austria a los nuevos tiempos ,
trataron de compensa r esta incapacidad armoniz ando la di plomacia austriaca con la
naciente tendencia prusiana de la polí tica del poder. Despu és de los moti nes
revol ucionarios, Austria fue debilitándose gradualmente con una polí tica exterior cada
vez más errática mi entras que P rusia aumentaba su prestigio en tre los prí ncipes
alemanes y a que en bu ena parte f ueron sus tropas las que sofocaron los foco s
revol ucionarios. Esto provocó un importante aumento de la importanci a pol í tica de
Prusia sobre los pequeños y medianos estados alemanes. Según Fried rich Engels, lo s
grandes ganadores fueron los conservadores
26
y seg ún Karl Marx los c omerciantes
alemanes tení an necesidad de e xportar sus productos por todo el globo
( CRANKSHA W : 1988, 66 - 67 ; HACH TMANN: 1997, 92 ; KAN N: 1998, 323;
KI SSINGER: 199 8, 123 ; M ERKER: 2006, 228 ; STOECK ER, ed. 1977, 11- 12 ; TESTA :
2004, 60- 61 ).
Para f avorecer la salida de la crisis, Gran Bretaña dero gó las últimas
restricciones sobre el tran sporte marítimo y el comercio con las coloni as, l o cual
25
Radowitz, J oseph Maria Ern st Chris tian W ilhelm von (1797-1853), político y mi litar alemán. Suya
fue la p ropuesta d e unificar Alemania bajo el liderazgo de Prusia mediante un acuerd o ne gociado entre
los príncipes ale manes. Combatiendo en las Guerras Napole ónicas, p asó a través de div ersos ejércitos
alemanes hasta al canzar el grado d e general de artillería e n 1830 dentro del ejército prusiano. Amigo d e
Federico Gu illermo IV, abog ó por la reconstitución de la Lig a Germánica y dirigió la política exterior
prusiana (NDB: 2003, vol.21, pág.99-10 0).
26
NARA, New York Daily Tribune, The Causes of the Monetary Crisis in Europe, 25/10/1851.
49
permitió a los armadores hanseáticos del Mar del Norte y del Mar Báltico emplear sus
instalacion es costeras africanas para abrir nuev as rutas hacia posesiones británicas,
danesas y holandesas, mejorando así la econo mía alemana . Fue una m edida que ya
habí a propuesto Alex ander von Bülow en Auswanderung und Kolon isation im Interes se
des deutschen Handels , debatiendo sobre los intereses económicos que Alemania
podí a obtener con la colonización . C on un a presión comercial cada vez m ás f uerte
hacia el e xterior, la M arina de G uerra Prusiana ( Preußischen Kriegsschiffe ) empezó a
vel ar por los inte reses comercial es de la burguesí a alemana bajo el mando de Ludwi g
von Henk
27
y el almirante de la Öst erreichi sche Marine , W ilhelm von T egettho ff
28
,
realiz ó e xpedi ciones por el Magreb y O rient e M edio. T ambién los exploradores y los
misioneros alemanes prosiguieron con sus v iajes hacia Áf rica (B ÜLO W : 1849 ;
STOECKE R, ed. 1977, 11- 12 ).
La iniciativ a alemana en el continente africano quedó en manos privad as y no
tuvieron prácticamente repercusión alguna ni para la noblez a ni para la burguesía
alemana ya que no estaban involucradas. La excepción f ue la presteza de la navi era
Woermann , que en 1849 empezó a comercial iz ar con prontitud varios productos desde
Liberia hasta la desembocadura del r í o Cong o m ediante rentables trueques; la
Woermann creó una amplia red de f actorí as a lo largo de la costa occidental africana,
llegando a alcanz ar una posición predominant e y convirtiéndo se así en la más
importante casa comerci al europea asentada en Á fr ica O ccidental. Vincul adas a ella,
en mayor o en m enor grado, part icipaba n en sus activi dades alrededor de una docena
de otras empresas alemanas. Por ejemplo, la G.L. Gaiser empezó a r ealizar
operaciones económicas en Nigeria y en Namibia se establecieron las primer as
27
Henk, Ludw ig Friedrich W ilhelm von (1820 -1894), mi litar alemán. Comenzó su carrera profesional
en buques mercantes , viajando p or el Océano Atl ántico, el M ar M editerrán eo y el Mar Negro. En 1844 fue
ascendido a capitán, tras la fu ndación de la Preuβischen Marine y entró en servicio como oficial auxiliar en
1849, alcanzando el rango de capitán de corbeta en 1 859. En 1861 se trasl adó a Berlín como jefe de la
Oficina Hid rográfica. En 18 65 s e l e d io el mand o de la c orbeta Nymphe s iendo destinado a l M ar
M editerrán eo. Durant e la Gue rra Austro-Prusiana, Henk se c onvirtió en c omandante de la flota prusiana
en el Mar del Norte . Durante la Guerra Fra nco-Prusiana, c omandó l a fragata König Wilhelm y despué s de
la guerra se convirtió en comandante de las fuer zas navales del Mar del Norte. En 1 872 fu e ascendido a
vicealmirante y nombrado director del Admiralstab , c argo qu e ocupó hasta 1879. E ntre 1890 y 1893 fue
diputado en el Reichstag como miembro d el Partido Conservador (BRADLEY, HENRIOT, HILDEBRAND,
ed.1989, vol.2, 54- 56 ).
28
Tegetthoff, W ilhelm Freiherr von (1827 -1871), militar austriaco. En 1840 ingresó en la Academia
Naval de Austria, situada entonces en la ciudad de Vene cia, y tomó parte en los combates contra l a
insurrección italiana en tre 1848 y 1849. Tras ser as cendido, Tegettho ff recibió en 1854 su prim er puesto
de mando, abogando desde entonces para que la marin a impe rial austriaca adoptase l as máqu inas a
vapor para sus emb arcacione s. Parti cipó en expediciones científicas, en la Guerra de Crimea (185 5), en
la Se gunda Batalla naval de Helgol and (1864) y en la Batalla n aval de Lissa (1866). Tegetthoff fue
condecorado y ascendido a vicealmirante. Después q ue Au stria y Hung ría llegaro n en 1867 al
Compromiso Au strohúngaro, Tegetthoff ocupó el puesto de jef e de l a sección na val del Ministeri o de
Guerra, cargo de sde el cual impulsó l a urgente modernización de la m arina imperial austro -hún gara (ADB:
1894, vol.37, pág.530 – 535).
50
compañí as mineras debido al descubrimiento de cobre en las cercanías d e W indho e k
(AKIN W UMI: 2002 , 53 ; B ADE : 2005, 315-362 ; HIEK E: 1937, 261- 265 ).
Tras un breve espacio de t iempo se abandonó la explotación de las minas
namibianas debido a q ue el transporte hasta la costa era muy costoso y a que las
condicion es de t rabajo eran adversas para los europeos. Pe ro la introducci ón de la
profilax is basada en la q uinina, q ue se produjo en este periodo, redujo en cuatro
quintas partes las m uertes por m alaria ent r e los europeos, dando paso a m ayores
operaciones de ex ploración en territorios más alejados de la costa . Poco a poc o
empezaron a aparece r i ntereses colon iales fuera de las ciudad es hans eát icas, como
es el caso del Ducado de Sajonia- W eimar-Eis enach, pero, salvo esa excepci ón,
Alemania no dio lugar a una tradición coloni al en África. En el caso de británicos ,
daneses y ho landeses ocurría todo lo contrario , aunque el 30 de marzo de 1850 todos
los establecimi entos danese s de Ghana fueron vendi dos a Gran Bretaña. Con la salida
de Dinamarca q uedaron España, Holanda y Portugal en Á frica como los competidores
menores de Francia y Gran Bretaña. T al vez pueda servir como punto de referencia
del inicio de una nueva fase de ambicion es territoriales la conquista de la cu enca del
río Senegal, política declarada por F rancia, o la firma el 17 de enero d e 1852 de la
Conv ención de Sand R iver, con la q ue Gran Bretaña r econocí a la independencia de la
Repúbl ica de Transvaal (ATMORE , OLIVER: 19 97, 88- 98 ; FACIUS: 1941 ; REA DER :
2001 , 499 ; S TOECK ER, ed . 1977, 11- 14 ).
Tras las Revoluci ones de 1848-1849, los viejos reg í menes r ecupera ron el
poder en Alemania y en Austr ia . La v ictoria con servad ora en los Estados Ge rmanos
dio lug ar a un papel cada vez más predomina nte de Prusia y el debilitamiento de
Austria. El pueblo alemán fue moviéndose gradualmente hacia la derecha y
olvidánd ose de una Prusia r e formada y liberal : f ue el momento en que el esp íri tu
militar penetró en la vida civil . E l f racaso de las Revoluciones de 1848- 1849 y del
Parlamento de Frankfurt , que f ueron incapaces de llevar a cabo l a Unif icación
Alemana, facilitaron el retorno del conservadurismo. La mayor parte de los pr í ncipes
alemanes no eran procl iv es a ceder su sobera ní a y se opusieron a la constitución
alemana, de modo que ésta fr acasó y el Tratado de O lmü tz (1850) reinstaló la
Confederación Germánica ( CRA NKSH A W : 1988, 67, 116 ; HOBSBA W M: 2010, 17;
KANN : 1998, 324, 392; M OSSE : 2003, 284).
Esta solución nunca había sido propugnada por un r elev ante grupo de opinión :
era demasiado democrá tica para los conservadores, demasiado autorit aria para los
51
liberal es y demasiado or ientada al poder para los legitimistas. Según la mentalidad de
un nov el Bismarck, la hegemoní a de Al emania, la del norte por lo menos, l e
correspondí a a Prusia de pleno derecho. Así como la posi bili dad de crear una gran
flota prusiana y sust ituir Danzig por Kiel como gran puerto, lo que permitirí a ser una
gran potencia marítima además de terrestre, siendo todo ello compatible con la
necesaria unificación nacional. A principios de 1851, el licenciamiento de la
Reichsflotte f ue una de l as materias discutidas en el Parlamento de la Con federación
Germánica, donde Bismarck ej erci ó como delegado de Prusia. También cayeron todas
las barreras aduaneras austriacas por lo q ue, por vez primera, todos los Estados
Germanos se convi rtieron en un territorio aduanero unificado. El 2 de a bril de 1852,
ante la insistencia prusiana, se promul gó que la Reichsflotte abandonase el puer to de
Brake y q ue los barcos de la flota se ven d iesen, quedándose Prusia con los má s
modernos ( CRANKSHA W : 1988 , 203 ; DE GRUN W ALD: 1963, 50 - 55; KANN: 1998,
399 -400; KISSIN GER: 1 998, 126- 142) .
Gefion y Rover , buques de la Preuβischen M arine
(BAB, 134-B0338, Gefion und Rover)
Finalmente en 1853 Prusia concedió a Austria un tratamien to adua nero
favorable , beneficiando mutuas importaciones y exportaciones y permitiendo que la
industria austriaca pudie se competir con la prusian a en deter minados sectores , como
el textil . Al otro lado del rí o Ri n, Napoleón I II declaraba las intenciones pací ficas del
Segundo Imperio, pero al mismo tiempo manifestaba una fuerte determinación en
establecer una activ a polí t ica exterior para ex tender el poder y la gloria de Francia.
Instrumento de esta política f ue la mayor presencia de buques de la Mari ne Im péri ale
52
por todos los mares de l mundo
29
. A raíz de esta políti ca, un incidente diplomático
provocado por Francia entre el Imperio O toma no y Rusia hizo q ue Gran Bretaña
envi ase buques de la Royal Navy a la entrada de los Estrechos de los Dardane los. Un
tercio de t odas las exportaciones rusas nav egaban por el M ar Neg ro y San
Petersbur go buscaba reducir al I mperio Otoma no a una especie de e stado vasall o;
esto era inaceptabl e par a Austria , Francia y Gran Bretaña . Los es fuerzos austriacos de
mediación para contener este peli gro f ueron ins u ficientes debido a la intransigencia
rusa y Prusia mantuv o una actitud neutral (CRA NKSH A W : 1 988, 89; HOBSBA W M :
2010, 31 ; K ANN: 1998, 3 26- 327 , 399 - 400 ; K ING: 2005 , 185 ).
Contando con el apoy o de Austria, Francia y G ran Bretaña, y la cautela de
Prusia, el Imperio Otomano declaró la g uerra a Rusia. En esta guerra, Prusia no
realiz ó ninguna actuación en este escenario tan alejado; máxime cuando el 31 de
marzo de 1853 B rommy firmó la orden de disolución de la Reichsflot te . Las ambiciones
rusas en los Balcanes eran muy antiguas y conocidas: Rusia había luchado contra los
otomanos o bien para tomar sus ter ritorios o bien para ay udar a los eslav os y a los
griegos ortodoxos a liberarse del yugo musulmán, pero c on la Guerra de Crime a
(1853-1856 ) Rusi a había chocado contra la actitud hostil de Europa ( ALBE RTINI:
2010, vol.1, 52; KIN G: 200 5, 202 ; K ISSINGER : 1998, 175- 177 ).
La Royal Navy empezaba a destr uir la f lo ta rusa del Mar Negro, una fuerza
anglo-france sa desembarcó con órdenes de apo derarse de la base naval rusa de
Sebastopol y la Guerra de Crimea hizo así añicos el S istema de Metternich: a partir de
entonces, las potencia s europeas dejaron de actuar conjunta mente contr a el
liberal ismo y se concen traron en sus propias am bici ones territorial es, pero Á frica aú n
seguía siend o un espe jismo lejan o.
Entre 1851 y 1853, el explorador Theodor Heugli n
30
acompañó al cónsul de
Austria en Jart um en un viaje a través Et iopía y ll egó incluso a encargarse
temporalmen te de dicho consulado a la muerte del diplomático. Pero Alemania se
jugaba algo más que escaramuzas en O rien te Medio y e xploraci ones en África . L a
Unificación Alemana debí a llevarse a cabo a través de Prusia y, a l poco de estallar la
29
BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2.13. Fre mde M arinen, 2.13.2
Einzelne Läner, RM1/747, Die Französische Marine (Julio 1848 - Septiembre 1856).
30
Heuglin, Martin Theodor von (1824-1876), explorador alemán. Su ambición d e ser u n científico e
investigar regiones desconocidas le llevó a es tudiar Ciencias Natural es y Zoología. En 1850 viajó a
Egipto, donde aprendió ára be . En tre 1852 y 1857 viajó a lo largo de la c osta oriental africana y en 1860
fue elegido para liderar una expedición para buscar a Eduard Vogel. Heuglin volvió a Europa a finales de
1864 pero e n 1875 se e ncontraba de n uevo en el n oreste d e África y Etiop ía. Cuando murió se
encontraba preparando una ex pe dición a la isla yemení de Socotra (NDB: 1972, vol.9, pág.42).
53
Guerra de Crimea, Bismarck concibió el núcleo d e su pensamiento político : rechaza ba
como fuente y motor de la gr andez a de Prusi a tanto la pol í tica liberal c omo el libre
pensamiento ilustrado, su proceden cia vení a de los recursos militares y f inancieros
que, mediante regentes que detenta ba n plenos poderes y q ue decid ía n la estructura y
aplicaci ón de dichos recursos, favorecerí an los intereses del propio est a do (ASHER:
2008, 45; HASSENSTEIN: 1861 ; KISSINGER : 1 998, 123-179).
Reiterando su postura, el 13 de octubre de 1854, Bismarck solicit ó que Prusia
expl otara la r uptura entre Austria y Rusia y que se atacase a Viena sin otr a
justificación que aprov echar la oportunidad, pero Prusia se m an tuvo neutral. Era obvio
que los estados germanos est aban más preocupad os por la Unificación Alemana q ue
en expl oraciones de lejanas t ierras africanas, pero se dieron algunos significa tivos
casos: entre 1854 y 1864, las exploraci ones de Heuglin por África Oriental, Carl Bolle,
Georg Hartung, Julius von Minu toli, Hermann Schacht, Johann Anton Schmidt por las
islas Azores, Cabo Ve rde, Canarias y M adeira, Gerhard Rohlfs
31
por Etiopía y
M arruecos , Brehm por E gipto, Sudán y Etiopía y Barth recorrí a la ruta comercial
transaharian a. La W oermann construí a en Monrovia otro estableci miento comercial y
poco a poco las gr andes empr esas comerciales de Bremen y Hamburgo establecieron
sucursales y f iliales en Lag os, Zanzíbar y en otr os lugares de África , aprov echándo se
del hecho de que el com ercio británico no consegu í a englobar todas las ocasiones que
ofrecía el continente africano (BALLAN O G ONZA LO: 2013, 91 - 96 ; BREHM : 1862 ;
31
Rohlfs, Frederick Gerhard (1831 -1896), ex plorador alemán. Hijo de u n médico rural , intentó
fugarse de casa para embarcarse en la m arina mercante holandesa. Alistado en el ejército de Schleswig -
Holstein, en 1850 empezó a es tudiar medicina en Heidelberg, W ürzburg y Gotinga per o que a bandonó
para alistarse en el e jército aus triaco primer o y en la Legión Ex tranjera francesa d espués. En Argelia
ejerció como ci rujano en las campañas francesa s contra las cábilas. Habiendo a prendido el á rabe, fue
nombrado médico jefe del e jército marroquí en Fez. Intentando viajar a Tombuctú fue asaltado y herido
mortalmente. Después d e recuperar se, h izo o tro intento de llegar a Tombuctú convirtiéndose en el primer
europeo e n llegar a l os oasis de Tafilet y Tidikel t. Pero la des confianza de l os lugareños le o bligó a
abandonar sus planes y vol ver a l a costa líbica a través de Ghadames . En 1865 Roh lfs regresó a
Alemania, colaborando con el cartógrafo Petermann. Rohlfs fue apoyado oficialmente para un nuevo viaje
a Tomb uctú: desde Trípoli ex ploró el maci zo de Hoggar pero ya en Gh adames tuvo que c ambiar ruta
debido al comportamiento hostil de los tuareg. Atravesó el Fezán y el Sultanado de Born u, navegó por el
río Níger para llegar hasta Lagos en 1 867. En Berlín fue recibido por el ká iser Guillermo I y nombrado
miembro honorario de la Berliner Gesellschaft fü r Erdkunde , recibiendo también medallas de las
sociedades geográficas de Londres y París. Entre 1 867 y 1868 p articipó en la e x pedición pu nitiv a
británica contra Etiopía, como intérprete y en nomb re del rey de Prusia. En una nueva expedición en Libia,
Rohlfs deseaba l legar hasta Kufra pe ro la hostilidad de los Senussi, que lo creían un agente otomano, l e
hizo imposible seguir avanza ndo. Durante la Guerra Franco -Prusiana (1870-1871) Rohlfs viajó com o
agente prusiano h asta Túnez para fomentar desde a llí la rebelión contr a Francia de tribus be reberes
argelinas; su misión fracasó porque las autoridades fra ncesas conocieron s us intenciones. Entre 1873 y
1874 el jedive egipcio Ismail Bajá financió una e x pedición y des de Egipto Rohlfs quería alcanzar Kufra,
pero esta vez tam bi én fue i mpedido por los Senussi. En 187 8 Rohlfs, con el apoyo d e la Afrikanischen
Gesellschaft y del gobierno otomano, fue el primer europeo en llegar a Kufra. En 1880 Roh lfs viajó como
enviado de l rey de Prusia a la corte del rey Juan IV de Etiopí a. En tre 1884 y 1885 fue cónsul a lemán en el
Sultanado de Zanzíbar, lidia ndo co n los Schutzbrief y el África O riental Ale mana, lo que le llevó a
numerosos conflictos diplomáticos (DKL: 1920, vol.III, pág.1 81; NDB: 2003, vol.21, pág.767).
60
a Austria y a Pru sia los territorios en disputa ( AREN DT: 2006 , 241 ; BALFOUR : 1968,
264 ; CRANKSHA W : 1988, 220 ; KANN : 1998, 335 ).
De acuerdo con lo establecido en el Tratado de Viena ( 1864 ) y en la
Conv ención de Bad Gastein ( 1865 ), el ducado de Holstein quedó bajo dominio de
Austria y el de Schlesw ig bajo el de Prusia, pero nin guno de los dos paí ses quedó
satisfecho con el acuerd o. Bismarc k , contrario al Sistema de Metterni ch, consideraba
que Prusia ya no pod ía ser el asociado men or de Austria en la Confederación
Germánica : estaba conv encido de q ue los minúscul os estados soberan os alemanes
maniataban a Prusia. Si Prusia q ue ría realiz ar su dest ino y unificar Alemania, t ení a
que destruir definitiv amente el Sistema de Mette rnich ( CRANKSHAW : 1988 , 20 5;
KANN : 1998, 335- 336 ; K ISSINGER: 1998 , 141).
La pugna en tre Aus t ria y Prusia por el control d e la Conf ede ración Germáni ca
siguió cr eciendo en medio de una crisis económica europea que esta vez sí alcan zó a
Egipto en 1865, pero Gran Bre taña siempre habí a obtenido mejores resul tados que
Francia. En octubre de 1865, Bismarc k obtuvo la neutr alida d de Rusia y de Francia. E l
Sistema de Metternich apenas tenía consideración por lo que acaecí a f uera de Europa
y con la creación del tí tulo de jediv e para e l gobernador otomano de Egipto, s e produjo
una disociación con Constantinopla. El 19 de mayo de 1866 los cónsules de Prusia,
Gran Bretaña , Franci a e Italia exigieron conj untamente al g obierno eg ipcio una
solici tud de pagos. Pero la visión eurocéntrica de la política y de las finanzas era
prioritaria: el 8 de abril de 1866, el g obierno ita li ano, por mediación de Napoleón III,
firmó una alianza militar con Bismarck contra Austria para la anexi ón italiana de la
provinci a del Véneto . Bismarck entorpeció deliberadamente la gestión de la
administración austriaca del ducado de Holstein y envió tropas a ese ducado. Austria
protestó ante el parlamento de la Conf ederación Germánica y, contando con la alianz a
de Bavi era, Hannover, Hesse-Cassel , Sajonia y W urte mberg, declaró la guerra a
M editerrán eo en 1835, fu e presentad o al sultán otomano Mahmut II quien le propuso, con e l beneplácito
de Berlín, ref ormar el ej ército ot omano. T ras aconsej ar d efensas c ontra Rus ia, maniobras en
M esopota mia y a lo largo del Mar Negro, pese una exitosa campaña en el Kurdistán, las derrotas
ot omanas frente a Mehmet Ali hi cieron que Moltke volviese al es tado mayor prusiano. Tras vario s cargos,
fue asce ndido a g eneral y n ombrado ayudan te p ersonal del príncipe Federico Guill ermo al que a compañó
en viajes por Gran Bretaña, Itali a y Rus ia. Durante l a regencia en 1858 de Guillermo I, las fuerzas
armadas p rusianas fu eron reforzadas y Moltke fue nombrado jefe del estado mayor. En la Guerra de los
Ducados (18 64), en la Guerra Austro -Prusiana (1 866) y en la Guerra Franco -Prusiana (1870-1871),
M oltke pudo demostrar la eficacia de su estrategia só lo a l conc edérsele el mando supremo, organizando
una efica z campaña relámpago e incorporando nuevas armas, nuevas comunicaciones y nuevos
transportes. Profundo estudioso de lo militar, consideró la guerra un negocio , vinculado a la d iplomacia, lo
que le l levó a ponderar la fu erz a a inverti r en func ión de los bene ficios que se podían a dq uirir, aunque una
vez in iciada la gue rra no se mos traba dispuesto a pe rmitir in jerencias, lo que le llevó a con tinuos roces
con responsables políticos, especialmente con Bismarck (N DB: 1997, vol.18, pág.13 -17).
61
Prusia el 14 de junio de 1866. La Guerra Austro-Prusiana, también conocida como la
Guerra de las Siete Semanas, f ue paral ela a la T ercera Guerra de Independ encia
italiana (1866) pero, mientras el e jército austriaco derrotaba al italiano en la Batalla de
Custoza el 24 de j unio de 1866, el ejército prusiano conquistaba Hannov er y Hesse-
Cassel, invadí a Bohemia y Sajonia, y luego derrotaba al ejército austriaco el 4 de julio
de 1866 en la Batalla de Sado wa gracias a las maniobras del general Mol tke: la
movil idad de las tr opas prusianas, favorecida por la r ed ferroviaria, r esul tó decisiva
para obtener la victoria. Un mediador enviado por Napoleón III solicitaba el
mantenimien to del statu quo y el cancille r tuvo que frenar a Mol tke, que deseaba
avanz ar hasta Viena y derrotar defini tiv amente a los austriacos . Bisma rck propuso, en
broma, avanzar hasta Constant inopl a, f undar un nuevo I mperio Biz antino y abandonar
Prusia a su suerte (CRANKSH A W : 1988, 227 ; KANN : 1998, 326 - 340 ; LAN DES : 1990,
2 19 - 264 ; STÜRM ER: 1993, 199 ).
En los mares, donde la Preuβischen Marine no realizó acción alguna ya que las
ciudades libres hanseáti cas estaban en el bando prusiano, todo el peso del conflicto
recayó sobre la Regia Marina pue s todas las operaciones navales se concentraron en
el Mar Adriático; la acción más destacada f ue la Batalla naval de Lissa, que tuvo lugar
el 20 de julio de 1866 ce rca de la isla croata de V is entre la Österreichisch e Marin e y la
Regia Marina : f ue la primera gran batalla naval en la q ue participaron barcos de vapor,
con una vi ctoria decisiv a de la fuerza austr íaca
40
; pero el enfrentamien to no tuvo
grandes consecuencias en la g uerra debido al desfavorable resultado de las
operaciones militares au stríacas en tierra (KAN N: 1998, 337 ; M ANTELLI: 2006, 104 ).
Sin embargo, los esfue rzos de T egettho ff fueron importantes para impedir que los
italianos tomasen posesión de las islas de Dalma cia. De hecho, la Preuβischen Marine
empezó a considerar la posibi lidad de tener alguna base en el M ar Mediterráneo
41
u
obtener alguna coloni a que sirv iese a es te propós ito
42
.
Al t érmino de la g uerra Prusia se anex ionó Han nov er y Hesse-Cassel, Austr i a
cedió el ducado de Holstei n e Italia se anexi onó la provincia de l Véneto con la Paz de
Viena del 3 de octubre de 1866. Pese a s us derrotas militares, Italia empez ó
tímida mente a ser conside rada en las relacione s diplomáticas europeas y por ello se
40
BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2.13. Fre mde M arinen, 2.1 3.2
Einzelne Läner, RM1/2903, Die italianische / sardinische Marine, Bericht von General -Konsul Lutterotte in
Triest ü ber die Seeschlacht von Lissa vom 9. J an. 1867 Vortrag über die Seeschlacht bei Lissa, gehalten
am 3. März 1868.
41
BA, R1001 Rei chskolonialamt, 1. Allgemeine Angelegenheiten, 1.26. Marinesachen, R1001/7136,
Entsendung deutscher Krie gsschiffe zur M ittelmeerstation (1866 -1897).
42
BA, R1001 Reichskolonialamt, 1. Allgemeine Angelegenheiten, 1.26. M arinesachen, R1001/7154 -
7161, Kolonisationsprojekte und Errichtung von Flottenstati onen (1866 -1897).
62
lamentó que el al iado pr usiano no les a yudase a conquistar T rentino, pero Bi smarc k
pensaba en no debilitar aún m ás a Austria ya que no le interesaba para nada una
disoluci ón de la m onarqu í a asb úrgica , ya que Rusia se habría beneficiado demasiado
y Berlín se habr ía q uedado sin ningún aliado g ermánico ( HOBSBA W M : 2010, 99;
KANN : 1998, 337-348 ; KISSIN GER: 1998 , 193-1 94).
Mientras t an to, en Áfr ic a, la activ idad alemana, como siempre, f ue más bien
escasa: las únicas noticias q ue tenemos es la poca repercusi ón económica en Egipto
de la G uerra Austro-Pru siana y del nombr amien to de Cepha s Theremin como cónsul
prusiano en Alejand rí a. Por aquel en tonces la bibl iografía alemana sob re Á frica y las
colonias se enriq ueció con la publicación de El Capi tal de Karl M arx (BRINGMAN N:
2001, 73; KEIPE R, KR ÖGER: 2008 ; LAND ES: 199 0, 185 ).
2.6. LA FEDE RAC IÓN ALEM AN A DEL NORTE.
El resultado más i mporta nte para Alemani a de la Guerra Austro-Prusiana fue el
establecimien to de la Federación Alemana del Norte ( Norddeutscher Bund ) el 16 de
abril de 1867. Su constitución, redactada por Bis marck, entró en vigor el 1 de julio de
186 7; en ella se declaraba presidente al káiser de Prusia y a Bismarck como canciller .
Los dif erentes estados al emanes estaban represen tados en un congreso f ederal q ue ,
a su v ez, se convirtió en el Parlamento del Zol lverein , intentando crear una may or
cercaní a con los estados alemanes del sur, permitiéndoles de este modo envi ar
representantes . Tras derrotar a Austria, era ya imposible ocultar que Prusia buscaba la
Unificación Alemana y, lo más importante, tení a el interés y la capacidad diplomáti ca,
económica y mili tar para llevarla a cabo. De este modo, la Federa ción Alemana del
Norte puso los cimiento s del control prusiano sobre los restantes estados alemanes.
Con esta perspectiv a, ante la derrotada Aust ria y ante una ex pectante Europa, una v ez
conseguida la Federació n Alemana del Norte el objetivo sucesivo f ue el refuerzo de la
marina. En marzo de 1867, el Consejo Federa l decidió mantener las instalaciones
exi stentes y la arm ada prusiana se reconvi rtió en la Norddeutsche Bu ndesmarine
43
.
M ovida por la necesidad de hacer reconocible s los buq ues militares y mercantiles
perteneciente s a la nuev a entidad política, se eli gió una bandera trico lor horiz ontal
negra, blanca y roja, uniendo así los tradicionales colores de Prusia, ne gro y blanco,
con los tradicional es col ores de la Liga Hanseática, blanco y rojo. Una vez constituida
legalmente, la Norddeutsche Bun desma rine , con el nombramiento de R oon como
43
AP, Provinzial -Correspondenz, Vom Reichstage, 27/03/1867.
63
Mini stro de la Marina, su primer respons able hizo suyos los objetiv os marcados años
atrás por Brommy pero, y a desapare cida la amenaz a na val q ue suponía Dina marca, la
creación y refuerz o de la f lota y la neutralida d de G ran Bretaña se convertirían en los
ejes de la política naval e internaci onal alemana
44
. La constitución de la Federación
Alemana del Norte y de la Norddeutsche Bundes marine f ueron pasos deci siv os hacia
el predominio naval en los estados germanos y en la Unificación Alemana
(HOBSBA W M: 1998, 13 1; M ANTELLI: 2006 , 107 ).
Tras la Guerra de las Siete Semana s, se gún los nuev os cálculos del canci ller
Bismarck, las potencias con las cuales tr a tar eran Francia, Gran Bretaña y Rusia; pero
Francia t ení a su economí a en estado de recesión y aunque tenía intenciones de
anex ionarse Bélgica (protegida por el Tratado de Londres de 1839) y Lux emburgo
(prote gida por el T ratad o de Londres de 1867), países dinásticamente relacionados
con el mundo alemán, no podí a contar con el apoy o de ninguna nación europea , ni de
Rusia, en una guerra de conq uista que la habrí a puesto contr a Prusi a. Con el
comprensible temor de q ue los f rancese s provocasen un conflicto con los Estados
Unidos, el encuentro de Salzburgo de agosto de 1867 entre el emperador Francisco
José y Napol eón III fue, oficialmente , una vi sita de luto por la muerte e n M éxico del
hermano M aximil iano, comandante de la Österreichische Marine y esposo de la
hermana de Leopoldo II de Bélgica . En realida d, dicho encuentro certificó el
expa nsionismo de la política f rancesa y el e urocentrismo de la polí t ica vien esa
(HOCHSC HILD: 2001 , 5 4; KEEGAN : 2001, 97 ; KISSINGER: 1998 , 148; STÜRM ER:
19 93, 210-221) .
Las derrotas habían r educido a Austria de gran potencia de hecho a g ran
potencia solo de nombre: a partir de ahora la Federación Alemana del Norte serí a el
único estado ante el cual Viena t endrí a q ue adaptar su polí tica exterior . La directriz de
su pol í tica interna sería que austriacos y húngaros debían ser los g rupo s nacionales
dominantes como segu ro baluarte contra el avance eslavo haci a Europa : el pacto fue
ratificado el 8 de octubre de 1867 con el Compromiso Austro- Hún garo ( Ausglei ch ),
me diante el cual Austria renacería como un estado dual en comunión con Hungría. A
partir de entonces, la B all hausplatz , el Mi nisterio de Ex teriores Aus tro-Húngaro, y la
nuev a K.u.K Kriegsma rine , la armada austro-húngara, se orien taron hacia el centro de
Europa y los Balcanes ya q ue, tras ser expulsada de los territorios germanos, el nuevo
Imperio Austro-Húngaro no t uvo otro t errito rio por donde extender se . Así pues,
44
BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2 .13. Fre mde M a rinen, 2.13.2
Einzelne Länder, RM1/746, Die englische M arine (Mayo 1853 - Noviembre 1870).
64
aumentando la autonom í a que ya gozaba el pu erto de Fiume (la a ctual Rije ka) y de
Trieste, el M ar Adriático y el Mar M ed iterráneo serí an centro de ate nción de los
intereses austro-hún garos . Viena desea ba hacerse con el noroeste de Bosnia-
Herzegov ina, arg umenta ndo q ue así def enderí a mejor el área de la Dalmacia, pero se
vi o abrumada por los acontecimientos (ALBERTI NI: 2010, vol.1, 42- 51 , CR ANK SH A W :
1988, 85, 202 ; HOBSB AW M: 2010 , 88 -99; KAN N: 1998, 342- 394 ; PRUONTO : 2012,
96 -111; ROBBINS : 1999, 6).
De todas las potencias europeas, el Imperio Au st ro-Húngaro f ue el únic o sin
colonias, la última en la je rarquía del poder militar , marítimo y comercial. La única
ventaja era la f avorable situación económica en su estratégica situación en el corazón
de Europa, vía de paso para las rutas comercial es directas hacia los Balcanes y hacia
Europa del Este. Las desventajas eran que los buques austro-húnga ros, por la total
ausencia de posesiones colonial es , no tenían p uertos propios en el extranjero y su
marina m ercan te era menos competitiva con respecto a las demás. El primer objetiv o
de la polí tica marí tima del I mpe rio Austro-Húngaro, y de la Federación Alemana del
Norte, era asegurar una marina mercante q ue acaparase todo el tr áfi co con el exterior,
en manos de buq ues con pabellón extranjero. El transporte de mercancí as ejerc í a una
influencia significa tiva en t odos los aspectos de la producción y de la d istribución en la
economí a alemana y austr o-hún gara. El comercio marítimo, llev ado a cabo por la s
respectivas Handelsma rine , salv aguarda ba as í a Berl ín y a Viena frente a la
inconv enien cia de importar y de exportar bajo otros pabellones. Al ig ual que Alemania ,
pero con intensidade s dif erentes y por motivos diferentes, t al vez el Imperio Austro-
Hú ng ar o, que no habí a encontrado serios obstácul os en su marcha hacia los océanos,
sería capaz de romper la f uerza centrí fuga d e sus nacionali dades con un objetivo
común en el exterior . Esta pol í tica tenía dos direct rices : alcanz ar el puerto albanés de
Vlorë o el pue rto grie go de Tesalónica (S OKOL: 2010, vol.1, 11 -27).
La Federación Alemana del Norte no veía ning ún interés nacion al en los
Balcanes pero sí estab a enormemente i nteres ada en l a conservac ión de l Imperio
Austro-Húnga ro. Los dé biles esf uerzos realizados por M etternich para retardar una
unión económica g erman a habían t erminado por dañar a la misma Austria. Las
ventajas de la unificación aduane ra y de la Rev olución Industrial eran mucho más
evi dentes en la Federación Alemana del Norte que en los territorios austro -húnga ros :
la Federación Alemana del Norte se estaba convirtien do en un I ndustriestaat mientras
que el Imperi o Austr o-H úngaro se mantenía en un Agraarstaat ( HOBSB A W M: 2010,
97; KANN: 199 8, 306-30 7; KISSIN GER: 1998, 193- 194 ).
65
Tuvieron lugar conflictos africanos donde los alemanes estuvi eron
inv olucrados: en 1868 las g uerras tribal es en tre here ro s , ho tentotes y o vambos
hicieron que los misioneros pi diesen protección prusiana pero Gran Bretañ a r echaz ó
cualquier acción de la Federación Alemana del Norte en África, por lo que nin guna
fuerza germana se di rigió hacia Namibia y se c ontó sólo con el apoyo británico. En
Camerún la coloniz ació n alemana empezó a ser una realidad cuando l a W oermann
estableció una factoría en el estuario del río Camerún utili zan do para ello una nave en
desuso. De ahí en adelante su in fluencia se ex pandió rápidamente y el comercio del
caucho, aceite de pal ma, coco, plátanos, cacahue te y productos de marfil , a cambio de
productos baratos p roce dentes de la ind ustria europea como el tabaco y el alcohol,
hiz o que el comerci o fuese muy popular entre la po blación local.
Factoría de la Woe rmann en Camerún instalada en una nave en desuso
(K BA , 028-3106 - 71 , sin fecha)
Entre 1866 y 1869 se publicó en Alemania una historia del comercio m undi al y
sus posibilida des coloniales. Nuevos expl oradores alemanes recorrieron el contine nte
africano: Karl Mauch
45
viajó por Sudáfrica y Zimbabw e , G eor g Vatke
46
viajó por
Sudáfrica, Angola y Madagascar y Nachtigal fue comisionado por el rey de Prusia para
llevarle reg alos al sultán del Imperio Kanem-Bornu, en agradecimiento por su
benev olenci a ante los súbdi tos alemanes ( BÜCH E LE: 1867 ; SPEITKAM P : 2010, 118 ).
45
Mauch, Karl Gottlieb (1837 -1875), explorador alemán. Autodida cta, pidió sin éxito una
subvención Augus t Petermann para explorar Sudáfrica. Llegó a Durba n en 1865 y, tras múltiples periplos,
redescubrió y estudió las ruinas arqueológica s del Gran Zimbabue en 1871 (NDB: 1990, vol .16, pág.425).
46
Vatke , Georg Carl W ilhelm (1849-1889), ex plorador alemán. Botánico, recolectó e specímenes d e
flora por el centro de Europa y en Angola, M adagascar y Sudáfrica (ADB: 1895, vol.39, pág.508 -510).
66
Para f ortalece r sus r elac iones comerciales el 19 de may o de 1868 Hambur go
nombró cónsul en Ar gel a Johann Karl W ilhel m Hon sz
47
y el 10 de agos to de 1868
Bremen nombró un cónsul en La Orotava, Cele stino G. de Ventoso
48
. En una acción
conjunta, el 27 de agosto de 1868 las ciudades de Bremen y de Lübeck nombraron un
cónsul en Gibraltar , Ferdina nd Schott, y otro cónsul en El Cabo, Carl S imon Poppe ,
mientras que la Federaci ón Alemana del Norte no mbraba un cónsul , Bern hard Heinric h
Bronn, en Puerto Sa íd
49
. Por últ im o, el 31 de octubre de 1868 Hamburgo nombró a
Christian Ferdinand W ilhelm Jantzen como cónsul en Monrovia
50
( KEIPER , KRÖGER:
2008). Pe ro con respe cto a las colonias Bismarc k escribi ó a su M ini stro de la Marina
que
“ por un lado, las ventajas para el comercio y la industria de la patria, que se
espera de la posesión de las colon ias, en su mayor parte se bas an en
ilusi ones. Debido a los costos causados por la creación, apo yo y
mantenimien to de las colonias, a menudo estos sup eran los beneficios
disfrutados por la madre patria, como lo muestran las experiencias de Inglaterr a
y Francia. Además, es difícil de justificar ante tod a la nación, a través de los
impuestos, los beneficios de deter minadas ramas de la industria y del
comercio. Basándose en su experiencia, Gran Bretaña, ha r enunciad o a la
política colonial de las adquisici ones y Francia también parece poco interesada
en el estableci miento d e nuevas colonias… Po r otro lad o, nuest ra Mar ina no
está suficientemen t e desarroll ada para asumir la responsabilida d de protección
en estados di stante s. P or último , el intento de fundar coloni as en las re giones
reclamadas por otros Estados, no impo rta con o sin leg itimación, causaría
indeseados confl ictos ” ( SPE LLME YER: 1931, 3).
Según este raz onamient o, si bien las coloni as no eran ob jeto de inte rés para
Bismarck (erróneo f ue su análisi s respecto a Francia y G ran Bretaña), de nuevo el
instrumento naval volvía a ser una pieza f und amental y se debía trabaj ar en ella .
Sobre estas bases tení a que ser const ituida la marina mercante del paí s, teniendo en
cuenta q ue el t ranspor te de mercan cí as ejercí a una signi ficativa inf luenc ia en costos,
47
SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.1 4, S.223 -224, Ernennung zu
Deutschen Bundeskonsuln, 19/05/1868.
48
SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.2 7, S.470 -472, Ernennung zu
Deutschen Bundeskonsuln, 10/08/1868.
49
SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.2 8, S.479 -480, Ernennung zu
Deutschen Bundeskonsuln, 27/08/1868.
50
SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.3 1, S.514 -516, Ernennung zu
Deutschen Bundeskonsuln, 31/10/1868.
67
producción y di stribución de toda la economía nacion al. El comercio marí timo, si
realiz ado en buques nacionales, salvaguardarí a g randes sumas des tinadas a la
expo rtación. El primer objetivo de la pol í tica marítima de la Federa ción Al emana del
Norte y del Imperio Austro-Húngaro, era asegura r una marina mercante que realiz ase
todo el tráfico marí timo con el exterior (SOKOL : 201 0, vol.1, 12) .
Para el cancill er, acciones como la francesa no p odí an llevarse a cabo debido a
la ausencia de medios, lo que llevarí a a r eforzar ulteriormente la Norddeutsch e
Bundesmarine
51
. Tambié n Italia empez ó a mostra r ambicion es en el continente
africano y el 8 de septiembre de 1868, con el ánimo de colonizar dicho t erritorio, firmó
un tratado con Túnez . Dicho tratado fue vi sto con r ecelo desde G ran Bretaña porque,
si bien no aprobaba la ex tensión del área de in fluencia fr ance sa en el nor te de África ,
tampoco veía con agrado q ue otra potencia pudiese controlar el Canal de Sicili a , más
aún cuando estaba próxima la apertura del estra té gico Canal de Suez . Dicho tratado
fue también visto con recelo desde el nuevo Imperio Austro -Hún garo ya que, con el
Canal de Sue z, el puerto de Trieste y la compañí a estat al Ö sterreichi scher Lloyd se
podrí an con vertir para los estados Germanos en la puerta y en el in strumento de
comercio entre O rien te y O ccidente, particular men te con los puertos de la India y de l
Imperio Oto mano, con la consiguiente consolidaci ón de la Handelsma rine . Para no
perder la opor tunidad, el armador itali ano Rubattino empez ó a hacerse con territo rios
en la Bahía de Asab par a emplearlos como depósito de carbón a lo largo del Mar Rojo
( AL BERTINI: 2010, vol .1, 136 ; CRANKSHAW : 1988, 85; KANN: 19 98, 353 -569; KING:
2004, 198-216; LAND ES: 1990, 166 ; QUAZZA , ed. 1991, 6 ; SOKOL: 2 010, vol.1, 11-
17; ZÜRCH ER: 2007 , 95 ).
En 1869 se inauguró el puerto de W ilhelm shaven y el puerto de Kiel ta mbién
fu e habili tado para uso militar . La única actuación en Áfr ica f ue el nombramiento , por
parte de Hambur go, de José Antonio M artins como vicecónsul en Sal, en el
archipiél ago de Cabo Verde
52
, mientras q ue la Fe deración Al emana del Norte
formaliz ó el 7 de enero de 1869 la apertura de un consulad o en las Islas Canarias
53
.
Las ciudad es hanseáti cas seguían llev ando la voz cantante en las relaciones
comerciales a fricanas y, a su vez , el 1 de mayo de 1869 la ciudad de Lübeck nomb ró a
51
AP, Provinzial -Correspondenz, Die gegenwärtige Norddeuts che Kriegsflotte, 02/12/1868.
52
SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.3 4, S.568 -570, Ernennung zu
Deutschen Bundeskonsuln, 29/12/1868.
53
AIMC, Cónsul es 035, Secc.2ª, Div.3ª, Caja 246, Exp.2098, Doc .s/n, Consulado de la
Confederación de Alemania del Norte, 07 /01/1869.
68
W il helm Heinrich Johann Schabbel, m iembro de la Von Ronn, Scha bbel & Co. , com o
cónsul en Puer to El iz abeth, en Sudáfrica
54
.
Desde 1869 , la Armada de la Federación Alemana del Norte ( Norddeutsch e r
Kriegsmarine ) empezó a buscar donde establecer sus bases para hacer más efectiv a
su presencia en el Océano Atlán tico y en el Océano Pací fico, sin olv idar que había
recuperado el puerto de Danzig y había s olicitado una concesión de f ondos
extraordinari os, por un periodo de diez años, para su expansi ón y para alcanz ar sus
objetivos
55
. Con estas pr emisas, a partir de 1870, la Federación Alema na del Norte
pasó a ser el mayor centro de producci ón de hierro y acero de Europa , en paralelo con
un impor tante cr eci mient o de l a poblaci ón. Con el crecimien to económic o, se produjo
una orientación hacia el comercio exterior: importaba materias primas y alimentos , que
pagaba con la exportación de productos industriales. Sin embargo, pese a los
bene ficios económicos obtenidos, África no era crucial en g ene ral para las economí as
europeas: por ejemplo, duran te la década de 1870 recibí a poco má s del 5% de l
comercio b ritánico, princ ipal mente con E gipto y Sudáfrica
56
, y una serie de empresas
financieras fr ance sas habí an basado su desarrollo en gr an medida en los prést a mos al
gobierno egipcio o al monopoli o comer cial con el África Subsahariana ( O W EN, ed.
1977, 247).
En princi pio, la voluntad de intervenci ón de Alemania en la mayor pa rte de
África no f ue impulsada por la previa presencia de empresas de inici ativa privad a en el
continente a fricano: los prósperos come rciantes dej aban las arr ies gadas inversiones
colonial es en manos d e competidores con menos liquidez o en entusiastas con
motivaci ones no comercial es y sólo después de q ue otros hubieran corrido con los
costes de exploración, los grandes banco s alemanes empez aron a invert ir en Áfric a .
Los intereses comerciales en otros puntos de Áfr ica Central y Áf rica O ccidental
seguían una polí tica de no injerencia, ya q ue los comerciantes, como los alemanes en
la Isla de Zanzíbar, solían oponerse a la conquista territorial para no interru mpir el
comercio exi stente; las compañías alemanas más importante s eran Hasing & Co. ,
Meyer & Co. , O swald & Co. y Wiseman & Co. , q ue se dedicab an, sobretodo , a la
compra e i mportación de perlas y de marf il: en sus m anos estaba aproximadamente la
54
SH, Bundesgesetzblatt des Nord deutschen Bundes Ban d 186 9, Nr.13, S.1 28, Ernennung zu
Deutschen Bundeskonsuln, 01/05/1869.
55
BA, R901 Aus wärtiges Amt, 18.Marine, R901 /22280 Norddeutscher Kriegsmarine (1870 -1912);
AP, Provinzial-Correspondenz, 20 /04/1870.
56
BA, R901 Ausw ärtiges Amt, 11. Handel, 11.2. Länder, 11.2 .5. Europa, 11.2.5 .30. Türkei,
R901/6646 Haendels - und Schifffahrtsverhältnisse mit Ägypten und die ägyptische Steuerreform (1870 -
1913); BA, R901 Au swärtiges Am t, 11. Hand el, 1 1.2. Lä nder, 11.2.1. Afrika, R90 1/4375 Haend els - und
Schifffahrtsverhältnisse mit der Südafrikanischen Rep ublik Pretoria / Transvaal Kolonie (1868 -1908).
69
mitad de toda la exportación, m ás del doble del vol umen controlado por Gran
Bretaña
57
. En Namibia, el 17 de mayo de 1870 los jefes tribales Jan Jonk er Afrikáner y
Samuel Mah arero t rataron de f ormar una alianza contra los europeos pero M aharero ,
bajo la influencia de la R heinische n M issionsge sellschaft , declinó la of erta y permitió
que el misionero G ottlie b Viehe
58
fundase la ciudad de Omaruru . En o tras zonas del
continente, los interese s alemanes f ueron prá cticamen te nul os: has ta 1870, los
intercambios comerciales g er mano-marro quí es apenas existieron ya que la colonia
alemana contaba, como máxi mo con dos o tres personas (ILIFFE: 1998, 246; JANU É I
M IRET, ed. 2007, 79 - 86 ; MER KER: 2006, 203; STANLEY: 2005 , 28; PALLAVE R:
2008, 46 -110; STOECK ER, ed. 1977, 12 ; W ES SE LING: 1999, 176 ; W I LLIAM S: 2008,
223 ).
2.7. LA GUE RRA FRANC O-PRUSIANA (1870 -187 1).
Pero antes que afrontar arriesgadas aventuras af ricanas , Bismarck estaba
dispuesto a terminar con el S istema de Metternich y completar la Unif icac ión Alemana.
Napoleó n III nunca habí a sido aceptado compl etamen te po r los de má s monarcas
europeos, mientras que Prusia, v inculad a al conserv adurismo, t ení a un g ran presti gio
ante todas las cortes europeas. La ideologí a de la Federación Alemana del Norte era
innatamente reaccion aria y, pese a que no compar tiese la ideología prusiana, su s
raí ces históricas, sus credencial es filosóficas y su militarismo exacerba do la hacían
más creíbl e y merecedora de un gran respeto. La oportunidad de confrontaci ón contra
Francia se presentó cuando tu vo lugar un desen cuentro por la candidatura de un
Hohenz ollern al v acante tr ono español . Bismarck ejerció secretas p resiones con
respecto al trono español pese a las adv ertencias q ue Viena envió a Berlín y a Madri d .
Aunque se renunció a la candidatura, Francia env ió a su embajador para lograr po r
escrito una renuncia pública del káiser, a lo cual Guillermo I se negó. El 13 de julio de
1870, el k áiser envió un telegrama a Bis m arck, narrándole el encuentro q ue había
57
BA, R100 1 Reichskolonialamt, 12. Fre mde Länder, 12.2. Englisch e Besitzungen, 12.2 .5.
Sansibar, R1001/8891 Allgemeine Angelegenheiten Sansibars (Novie mbre 187 0 -Septiembre 1884; PAAA,
Beständeübersicht, V. Auslandsvertretungen, 493 Sansibar (1885 -1914). Según Henry Morton Stanley, a
su llegada en la isla de Zanzíbar a finales de 1870, ya h abía en fu ncionamiento un con sulado alemán y
existía también u no austro -hú ngaro, aunque s egún la do cu mentación consultada, el c onsulado alemán no
inició s u actividad en Zanzíbar co mo tal hasta 1885: e s probable que Stanley el evase de categoría a un
agente consular o comercial hanseátic o o prusiano.
58
Viehe, Fr iedrich W ilhelm Gottlieb (1839-1901), misionero alemán. Su pr imer c ontacto con la
Rheinische M issi onsgesellschaft en África fue en 1867 en el a sentamiento de Otjimbingwe , d onde trabajó
con los ovahere ro . En 1870 s e trasladó a Om aruru y estableció una pequeña escuela para lo s hijos de los
colonos europeos . En 1872, c onstruyó u na misión en Oma ruru y poco después traduj o el Nuevo
Testamento al idioma herero . En 1885 Viehe construyó en Omaruru la p rimera estación meteorol ógica en
la recién declarada colo nia d e Namibia . En 1890 se trasladó a Okahandja y fu e donde se enfrentó co n
Theodor L eutwein, comandante de l as Sc hutz truppe , quien acusó Viehe de tratar demasiado suavemente
a los indígenas (DIERKS: 2003).
76
“ con los acontecimien t os de 1871 el espíritu d e Prusia pasó a la nueva
Alemania […]. A su debido tiempo sucedió que, con el impulso dado a todas las
ramas de la actividad nacional por la unidad r ecién conquistada, y más
especialmente por el desarrollo crecien te de l comercio de ultramar por los
puertos de la políticame nte insignificante Liga Hanseática, el joven Segundo
Reich encontró todo un mundo fuera de Europa ” (GOOCH, T EM PE RLY: 1938,
402 - 406) .
77
3 . INT RODUCCIÓN: LA EXP A NS IÓN ALE MA N A Y SU CONT EXTO
Otto von Bismarck
1
hab ía declarado a menudo que mientras él f uese canciller
del Segundo Reich, Alemania nunca tendría una polí tica coloni al. Sin embargo, el 1 9
de abril 1884, en contradicci ón con todas l as declaraciones ant e riores, prometió la
protección alemana para las costas de Namibi a.
Con esta decisión, confirmada por el káiser G uil lermo I
2
el 21 de abril 18 84, y
comunicada a Gran Bret aña mediante el embajador alemán en Londres y por el cónsul
alemán en El Cabo el 2 4 de abril del mismo año, Bismarck ca mbió por completo la
dirección de la política e xterior del Segundo Reich . Desde 1884 hast a 1886, Alemania
se hiz o carg o de protectorados en T ogo , Camerún, Namibia, T anz ania, Ruanda -
Burundi, Nuev a Guinea, el Archipiél ago Bismarck y las Islas Marshall. Pero esta
políti ca de adquisición se detuvo tan abruptamente co mo empez ó y las únicas
adicion es posteriores fueron la Bahía de Kiautschou (ad quirida en régimen de
arrendamien to en 1898), algunos g rupos de islas en el Pací fico (Carolinas, M arianas,
Palau y Samoa, comp r adas a España en 1899), y una ampliación de Camerú n
mediante tra tado con F ran cia en 1911 .
Si tenemos en cuenta sólo la f igura del canciller, una de las últimas biogr afí as
publicad as sobre Bismarck (BLED: 2012 ) apenas dedica una pág ina a l as colonias
aleman as . Espa cio demasiado escaso como para pode r expl icar y entender
1
Bismarck-Sc hönhausen, Otto Eduard Leopold von (1815- 1898) , estadista, burócrata, m ilitar y
político al emán. Durante s us úl timos años de vida se le ap odó el “Canciller d e Hierro” Cursó derecho y a
partir de 1835 ejerció en los tribunales de Berlín y Aq uisgrán, actividad que abandonó para d edicarse al
cuidado de s us te rrenos. En 1847 entró a formar parte del parl amento pru siano, do nde muy pr onto se
convirtió en líder del a la conservadora y se opuso duramente a la revolución de 1848. Por esa época
comenzó a perfilar la unificación d e Alemania desde presu puestos autoritario s. En 18 62, tras ser
nombrado primer min istro de Prusia, emprendió una i mportante re forma militar que le p ermitió disponer de
un p oderoso ejército para llevar a cab o s us planes de unificación; de esta forma derrotó a Dinama rca en
la Guerra de los Ducados e n 1864 y a Austria en la Guerra de las Siete Semanas en 1866, logrando
importantes a nexiones y c reando la C onfederación de Al emania del Nort e, y d errotando a Francia en l a
Guerra Franco-Prusiana en 1870, procl amando el Segundo Reich en 1871. Durante los di ecinueve años
que se mantuvo en el poder llevó a cabo una política c onse rvadora, enfrentándose i ni cialmente a los
católicos y a l os socialdemócratas. Ad optó posturas proteccionistas que favorecieron el crecimiento
industrial al tiempo que intentaba a traerse a los trabajador es con l a legislación soci al más avanzada del
momento. Mantuvo a Alemania apartada de la vorágine imperialista que por entonces arrastraba al resto
de la s potencias europeas. Fue precisamente esta precaución frente a la carre ra colonial la que le
enfrentó co n el nuevo káiser Guillermo II (1888), asunto q ue pr o vocó la dimisión de Bismarck en 1890 y
su retiro a vida privada (NDB: 1955, vol.2, pág.268-277).
2
Guillermo I de Alemania y de Prusi a (1797 -1888). Sirvió en el ej ército prusiano desde 1814 y s e
le encomenda ron a lgunas misiones diplomáticas desde 1 815. S u hermano, el rey Federico Guill ermo IV,
sufrió una crisis nerviosa en 1 857 sufrió u na crisis qu e le generó problemas d e salud mental hasta su
muerte. En 1861 tuvo que hacerse cargo de la regencia de Prusia, accediendo al trono después. Se
mostró fa vorable a una pol ítica conservadora, desig nando como c anciller a Otto von Bi smarck en 1862.
Tras la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), fue proclamado káiser de Alemania ( ADB: 1897, vol.42,
pág. 517-692; DKL: 1920, vol.III, pág.710).
78
plenamente las condici ones de la expansión, ayudadas por el crecimiento demográfico
alemán, la superiorida d t écnica ( particul armente en los transportes y en las
comunicaciones) y l as nuev as condi ciones financieras, que retroali mentaron a los
factores pol í tico-ideológicos. T odos ellos di eron lugar a sociedades g eo gráficas ,
misioneras y coloniales, q ue no fueron caracterí st icas únicas de la e xpansión y del
imperiali smo alemán, pero tuvi eron rasgos di ferenciadores con respecto a las demás
potencias imperialistas. Rasgos tales como la opinión pública y su posici onamiento en
relación con el imperialismo; las f ormas de participa ción, o de rechazo, de los grupos
sociales en dicho fenómeno; y, de forma muy especial , l os ef ectos que sob r e el
imperiali smo alemán tuvo la políti ca exterior y la di plomacia hasta la Gran Guerra. No
hay q ue olvidar q ue las potencias imperial istas asumieron, de u n m o do u otro, que l a
expa nsión económica de ultramar y la explotación del mundo exterior eran cruciales
para sus econo mí as.
Bismarck no habí a planeado poner los protectorados baj o el directo control del
gobierno. Su intención orig inal era conceder la protecc ión del Segund o Reich a las
empresas comercial es alemanas para que sus a sentamien tos en África, Asia y en el
Océano Pací fico no perteneci esen a un Estado reconoci do internacional mente y así no
pudiesen ser legalmente reclamados por cualqui er otra po tencia europea. Siguiendo el
modelo británico u holan dés, el canciller del Seg undo Reich quería limitar el papel de
Alemania, es decir, que f uese una mera protect ora con reconocimiento internacional
oficial.
Pronto se hiz o ev ide nte q ue esta forma de gobierno colonial i ndirecto er a
irrealista: las empresas comerciales no estaban preparadas ni estaban capacitadas
para desempeñar un papel análogo al de la Vereenigde Oostindische Compagnie o al
de la B ritish East India Company y administ rar e ficientement e por sí mismos los
territorios colonizad os. Cuando a causa de insurrecciones africanas necesi taron de la
intervenci ón de unidades de policía arm adas, sól o el estado alemán disponí a de este
recurso. Por lo tanto , en 1888, Bismar c k se vio obligado a poner los prote ctor ados bajo
la administración y e l g obierno directo del Segundo Reich, con lo que se convertían en
colonias al emanas de fa cto .
El desarroll o de la administración coloni al alemana corresponde a la génesis
del imperio colonial alemán en África, Asia y en el océano Pací fico. La intr oducción de
la administración directa condujo a un cambio en la polí tica colonial, con el envío de
buques de g uerra pa ra prote ger los intereses al emanes, y l a responsab ili dad recayó
79
en una nueva “ Sección de Asuntos Colon iales”. La r ecién creada secci ón era más o
menos capaz de maneja r las responsabilida des relacionad as con las colonias pero la
organiz ación y la exploración de los prote ctorados abarcaba demasiado. La
introducción del g obiern o directo del Segundo Rei ch en los prot ector a dos ya no era
una cuestión de polí tica exterior; de hecho, en v irtud de la “Ley sobre el Derecho de
los Protect orados Alemanes” del 17 de abril de 1886, los protectorad os se hab í an
convertido en territorios nacionales con personalidad j urí dica menor y don de el káiser
ejercía el pode r de p rotección en nombre del Se gundo Rei ch.
El “ Departamento Colonial ” se estableció en el Ministerio de Exteriores alemán
el 1 de abril de 1890, pero pronto se colocó bajo el directo con trol de l canciller
mediante una orden ejecutiv a de la Cancillería del 30 de junio de 1890. Se constituyó
un Consejo Col onial con representan tes de las empresas que operaban en l os
protectorados el cual, en sustitución del Reichstag, podí a inf luir en las cuestiones
colonial es aunq ue sólo en sus decisiones presup uestarias . Ante cuestiones relativas a
las relaciones con otros países o a las de pol í tica exterior era cuando el Depart a mento
Coloni al ten í a que inf ormar al Ministerio de Exteriores alemán. El alto mando de las
“ Fuerzas Mili tares de Se guridad ” constituidas en Camerún, Namibi a y Tanzania seg ún
la “ Ley relativa a las F uerzas I mperi ales en los Protectorados” del 22 de marzo de
1891 fue, al princi pio, con fiado a la Marina: comprendí a a dos militares que formaban
una especie de Estado May or y las unidades militares en las coloni as estaban
directamente subordinadas a los gobernadore s l ocales. Las insurrecciones y la
repetida necesidad de env iar f uerzas expe dicionarias para contener y reprimir a los
rebeldes pronto hiciero n evi dente que esta estructura administ rativa no era muy
efectiva.
En todos los asuntos que eran esencialmen te colonial es, en part icular en el
campo de la or ganiz ación, el Departamento Colonial estaba subordinado directament e
al canciller del Segundo Reich con derecho de co municación inmediata. Esta decisión ,
que fue la causa de una g ran cantidad de malent endido s, fue confirmada por orden del
káiser el 12 de dici embre de 1894. Desp ués de continuos con flictos de competencia
con la Marina , los asuntos de las f uerz as militares f ueron trasladados al Departamento
Coloni al en virtud de las actas del 9 de junio y del 7 de j ulio de 1896. A partir de
entonces se delegó el mando directamen te en el propio canciller, elu diendo así al
Mini sterio de Exteriores al emán.
80
El primer paso hacia la au tonomía del Departame nto Coloni al fue dado en 1905
tras el estall ido de la Reb elión Herero y N ama en Namibi a, la abier ta c rí tica pública
culminó en f eroces controv ersias en el Reichsta g, en el curso de las cuales el Part ido
Católico de Centro y los socialdemócratas atacaron duramente al gobi erno por los
denominados “escándal os colon iales”, q ue recib ieron una ampli a cobertura por parte
de la prensa , y exi gieron una reforma de la admin istración local en los p rotectorados .
La Comisión de Presupuesto del Rei chstag votó a favor y el canciller enfatizó el
tamaño y las f unciones del Departamento Colonial, subrayando que est e era más
grande que la mayorí a de los departamentos del Segundo Reich. No se alcanz ó el
consenso y, en su tercera lectura, el p roy ecto d e ley fue finalmen te rec haz ado en el
Reichstag. El 13 de dici embre 1906, cuando el Reichstag rechazó de nuevo el
proyecto de presupuesto suplementario para N amibia y, en consecuencia, también el
establecimien to de un “ Mi nisterio de las Colonias del Segundo Reich ” , el canciller
disolvi ó inmediatamente el Reichstag. Las siguientes elecciones del 25 d e enero 1907
se vieron inf luida s sustanci almente por el debate sobre los asuntos coloni ales. Las
llamadas “E lecciones Hotentote” di er on lugar a una mayorí a del Reichstag f avorable a
la política colonial del c ancill er. El Mini sterio Colonial fue es tableci do el 17 de mayo
1907 por decre to imperia l.
Tras esta puntuali z ación, a ntes de empezar con el estudio de la exp ansión
alemana, hay que precisar q ue en este momento hist órico no hubo “coloni alismo” sino
“imperialismo” y, pese a q ue ambos térm inos están muy relacionados entre si, no son
estrictamen te sinónimos . El colonialismo ha existido a lo largo de toda la Historia,
desde su mismo comi enz o en la Edad Antig ua y más aún en la Era de l os
Descubrimientos , pero el uso del t érmino “ impe rial ismo” suele limitarse a la expansión
europea durante la Edad Contempo ránea. A ese período se ref ieren dos de los textos
más importantes que f ijaron el concepto: Imperia li smo, un Estudio (19 02) , de John A.
Hobson, y El Imperialis mo, Fase Superior del Capitali smo (1917), de Vladi mir Lenin .
M ás espec í ficamente, la ex presión “ Era del Imperiali smo” , utiliz ada por la
Historiogra fía, denomina el período que va, aproximadamente , desde 1871 hasta
191 9, en el que se produjo una v erdadera carre ra para construir imperios colon iales ,
principal mente con el denominad o “Reparto de África” , donde aproxima damente una
cuarta parte de la superficie del planeta f ue di stribuida o redis tribuida en f orma de
colonias entre media docena de Es tados (HOBSBA W M : 2005, 69; LAN GBEHN ,
SALAM A: 2011 ).
81
La historia de África es sumam ente compleja ya q ue el carácter estata l estaba
consolida do sólo en el N orte de África y en algunos reinos costeros . L a penetració n
colonial en Áf rica habí a empezado hací a sig los y f loreció con vigor desde el sig lo XV,
prolongándose durante los siguientes q uinien tos años. El comercio de esclavos
africanos , f omentado por los europeos (a m en udo con ayud a de otros africanos y
también de árabes) , creó un comercio entre continentes utiliz ando las islas atlánticas e
í ndicas, que se conv irtieron en estaciones de tránsito . La may or parte de l África
Subsahariana f ue encuadrada entre las f ronter as colonial es y muchos de aq uellos
reinos y comuni dades tribales, q ue llev aban a sus espal das lar gas historias de
conflictos y guerras, se encontraron dentro de los lími tes de una mism a colonia y
debí an someterse a un mismo poder y a una misma ley. Alemania, totalmente excl uida
de la Era de los Descubrimientos, no pudo pa rticipar en ningún proceso colonial hasta
que no tuvo lugar su proceso de unif icación nacional , m omento en el cual en Europa
se producí a una tr ansición del colonialismo demográfico-militar al imperialismo
económico- geoestraté gi co ( HOBSBA W M : 1998 , 148; KAPUSCINS KI: 2000, 15-26;
SPEITKAM P: 2010, 68).
El querer a glutinar un conjunto de numeros os principados alemanes, de
carácter y ta maño v ariable, cont ribuy ó a su subdesarrollo polí tico, es decir, a s u
incapaci dad para cambiar y adaptarse polí ticamente a la acelerada diversificación de
su sociedad, de su economí a y de su cultura. Prev iamente a la Uni ficación Alemana, l o
más parecido al coloniali smo en los Estados Germano s, cuy as esperanz as de
expa nsión de ultramar e ran escasas como hemos v isto, era el derecho a expa ndirse
por Europa Oriental ( Drang nach O sten ) al no poder hacer lo mismo q ue otras
naciones por mar. El excepcional desarroll o de la historia ale mana ( Sonderweg ), q ue
diferencia Alemania del resto de los sistemas democráticos occidentales, ha
constituido un elemento fijo en su identidad nacional, aceptada o no en el debate
historiográ fico, que se proyectará sobre su impe rial ismo. Algunas especifici dades en la
evol ución histórica del Segundo Reich f ueron la persistencia de la preponderanci a de
las élites t radicional es, en concreto de la aristocr acia agr ari a ( Junkers ), de los militares
y de la burocracia, y la debilidad política de la b urguesí a en contraste con su poderío
económico. Estas particularid ades del Segundo Reich cr earon, mediante un pacto
entre las clases dominantes, una respue sta defensiv a ante la cr eciente sospech a de
una amenaza ex terior y para eludir la amenaza de la revolución social en el interior.
Así pues, las t ensiones internas se trasladaron hacia la perif eria, de m anera que,
dentro de esta realidad , las ideas existentes en Alemania sobre las coloni as y el
imperiali smo reflejaban un apasionado conflicto no resuelto en la cultura alemana
82
entre arcaí smo y modernidad ( GROH: 1983, 1.166-1.187; HE W ITSON: 2001, 725- 780 ;
HOBSBA W M : 2010, 14; HO BSBA W M: 2011, 282; JANUÉ I MIRE T , ed. 2007, 74-76;
KOCKA: 1999, 40-50; MANTELLI: 2006, 1 27 ; MOELLE R: 1984, 655-683; MÖLLE R:
1982, 162-165; SM ITH: 20 08, 225-240; TALM ON: 2002, 17- 53 ).
Las causas de la adhesi ón de Alemania a la polí tica imperialista son div ersas
aunque tuvieron una serie de motivos comunes q ue las vincul an a las demás
expa nsiones europeas. La naturaleza y el ritmo de dicha expansión f ue variabl e y e l
espí ritu de dominación intentó extende r la esf e ra de poder del estado más allá de los
límites de l as respectiv as metrópoli s. El cambio de las condiciones demográficas ,
financieras y t ecnológic as, el aug e de los nacion alismos y la e vol ución de las
instituciones, el acceso a los negocios de nue vos sujetos polí t icos y la difusión de los
medios de inf ormación llev aron consigo un nuevo estilo en el t erreno de las r elacion es
internacional es: el aban dono del Con cierto Eu rop eo y la nu ev a concepci ón de l a
políti ca e xterior f avorecieron el imperial ismo y marcaron la ex tensión de las luchas
entre intereses , del prestigio nacional y de las preo cupaciones ideológica s. Supuso la
aparición de una polí tica global tanto por sus objetiv os y preocupaciones como por sus
medios y su alcance. Con el imperialismo, l os nu evos t ipos de colonia er an “mercados
a captar” q ue dependían de su capacidad de consumo, además d e la acumulación de
bene ficios para las economías nacionales, con la posterior desvi ación del capital hacia
la industria, la agricul tura y las f inanz as de ultramars . Esta acumulaci ón de capital dio
lugar a q ue las empresas gubernamen tales fomentasen aún más las industrias, la
expo rtación y las mis ma s colonias (HOBSB A W M : 1988, 49-63) .
Pero la diferencia f undamental de Alemania consiste en que a mediados del
siglo XIX no tenía ninguna coloni a y, por lo tanto, po día observar con u n ojo mucho
más crítico la activ idad de los demás estados europeos. Los cálculos estraté gicos de
las potencias riv ales se basaban en análi sis prev alentemente econó micos y , cuando
Alemania decidió expandirse, pretendi ó realiz ar a la vez un a colonizaci ón d e
ocupación y control pol í tico del territorio junt o a una expansión comercial y de
dominación económi ca imperial ista. Esto se deb ió a decisiones pol í ticas tomadas en
función de la mayor o menor inf luencia de la opinión pública, de los grupo s de presión,
de la acción de algunas personalidades y de las condiciones del entresijo diplomático .
Las nuevas condicion es internacionales no son suficientes para explicar el
imperiali smo alemán: la importancia de los f actores políticos (nacionalismo, pod er,
prestigio) permití a exaltar al estado a la v ez q ue prevení a las intrig as de otros. Di cha
prevenci ón no ten ía com o principal objetivo la salvaguarda de los intereses materiale s
83
sino q ue estaba hench ido de preocupaciones patr ióticas : la rivalidad colonial se
alimentaba del nacion alismo y el nacional ismo de la riv alidad colonial (HO BSBA W M :
2011, 73).
T ras la Guerra Franco-Prusian a ( 1870 - 1871 ), Franci a encontró en la expa nsión
colonial un motivo de orgullo y el medio para que el paí s volvie se a ocupar su lugar en
Europa. La di plomacia alemana alimentó y al ent ó dicha ex pansi ón pero no pud o
ignorar ese sentimiento , como tampoco estaba en disposición de despreciar las bazas
que podían suministrarle los terri torios coloni ales que otros esta dos estaba n
obteniendo. El imperialis mo alemán ya no podí a obtener t riun fos para emplearlos sólo
en eventual es reg a teos, como hizo con la políti ca exterior alemana en África. El deseo
de no modificar, para bene f icio de otros estados, el equilibrio general o r e gional de las
fu erz as creó una m ayor competencia imperialista y las preocupaciones estratégicas
fueron, a menudo, uno de los más importante s argumentos : Ale mania debía estar
presente en el mundo entero y hacer oír su v oz ante cual quier asunto. Los británicos
habí an s iempre considerado su expansión como un derecho propio. Al contrario, la
expa nsión f rancesa en e l Norte de Á frica o la ru sa por Asia Cen tral r eprese ntaban el
máximo de la amoralidad y eran vistas como actos de agresión. Cuando la expa nsión
alemana dejó de tener sentido y sus derechos ya no convenci eron a los británicos ,
ésta lle gó a poner de acue rdo entre si incluso a británicos, franceses y rusos.
Desde un punto de vista formal, la c ríti ca al imperiali smo empezó a sen tirse con
fuerza a partir de la invasión d e T únez (1881), que provocó duros ata ques basados en
el concepto de que las colonias habr í an sido conquistadas como una f uente de
bene ficios sólo para ciertos grupos de empresario s y de financieros . Ta m b i é n d esde un
punto de vista f ormal el imperiali smo se int rodu jo con f uerz a en Á frica a partir de la
Conferencia de Berl í n (1884-1885), donde los países europeos, Francia y Gran
Bretaña en primer lugar, pero también Alemania, Bélgica, España, I talia y Portugal, se
repartieron todo el continente , y donde el Segundo Reich adquirió más de dos millones
y medio de kilómetros cuadrados. La dominaci ón política, o de otr a índole,
caracteriz aba a Francia y Gran Bretaña y sus víctimas f ueron, en cierta medida, l a s
antigua s me trópolis prei ndustriales, España , Portu gal y el Imperio Otom ano, a pesar
de sus intentos de mantener o extender territorios bajo su control en Áfr ica. La
supervi ven cia, sin embargo, de los principales territorios españoles (Guinea Española,
M arruecos y Sahara), portugueses (Guinea-Bi ssau, Angola y Mozambique) y
otomanos (Libia), q ue iban a durar más q ue otras colonias europe as, se debió
principal mente a la incapacidad de sus rivales para ponerse de acuerdo sobre la f orma
84
exacta de repartirlos entre sí . Toda una “segunda colonización” tuv o como motor no
ya la metr ópoli sino las mismas colonias, a veces incluso en contra de la voluntad del
estado, como en el caso de Neukamerun (AL BERTINI: 2010, vol.1, 93; AREND T:
2006, 364 ; HOBSBA W M : 2005, 69; HOBSBA W M : 2011 , 67-68; O WE N , e d . 1 9 7 7 , 2 3 9 -
253 ).
Como hemos indicad o, una serie de profundas t ransfor maciones f acilita ron o
estimularon la expansi ón alemana y las rivalidades europeas. Las más importantes
fueron: la configuración del espíritu alemán, crecimiento de la pobl ación, superioridad
tecnológica , mayor moviliz ación del crédito y abundancia de capitales, polí tica exterior,
ideologí a col onial y la activi dad de sus socied ades y de la opinión púb lica. Veamos
ahora cada una de ell as.
3.1. EL ESPÍR ITU ALE MÁ N.
Cada nación y cada e stado, consciente de los valores q ue representa, ha
pretendido propaga rlos y para el lo siempre se ha apelado a la Historia: España el
recuerdo del Siglo de Oro, Francia la difusión de los G randes Princi pios, Gran Bretaña
la Misi ón Civilizadora, el Im perio Oto mano la grandez a del Islam, I talia evocó la
imagen de Roma , Portugal la Era dos Descobrimentos. En todas ellas la estrecha
correlación entre el destino de las naciones y el mar se convirtió en ley y ninguna de
las naciones europeas podía escapar a su influenci a: el futuro de Europa es taba en la
mar (AREND T: 2006 , 269; SOKOL : 2007, vol .1, 1 0).
Durante todo el sig lo XIX se acariciaba en el ámbito alemán un intenso afán de
construcción nacional. Los alemanes habí an imagina do una utópica identi dad colectiv a
con unas cualidades comparti das y con un a esencia étnica, lingüí stica y cultural
común, pero cuya caracterí stica verdade ramente compartida era la escasez de raíces
históricas. Remontándo se al pasado, Alemania no tení a tampoco una tradición
histórica tan gible que p udiese con siderar com o propia: el S acro Imperio Romano
Germánico era una ins titución fra gmentada , meramente nomina l, y los “bárbaros ”
germanos no parecí an especialmente di g nos de admiración, sobre todo si se
comparaba, como era inev itable, con la coetánea Roma. Las princi pales ciudades
alemanas, entre ellas Berlí n, no formaban parte de esa unidad cultural de pueblos
europeos surgida de la uni ón de la cultura clásica y del catolicismo. Buena parte de las
ciudades alemanas estab an más all á del antiguo limes romano, al contr a rio de las
principal es ciud ades de España, Francia, Gran Bretaña, Italia, Por tugal o incluso del
85
Imperio Otomano ( BALF OUR: 1968, 14; PRE DAZZ I, VAN NUC CINI: 2009, 132 ; SA LA
ROSE: 2007 , 234 ).
La Edad Med ia alemana habí a desarrollado un imaginario en el que se inclu ían
una serie de leyenda s acerca de las riquezas y de las posibilidade s e conómicas de
ultramar, siempre sobreestimadas , manteniendo el ester eotipo del moro ( Mohr ), la
ley enda mediev al del Preste Juan ( Pries terkönig Johan nes ) y la fabulosa esperanz a de
Eld orado . Para Alemani a, la Antig ua Grecia y su talasocracia pareci ó ofrecer un ideal
lo suf iciente mente lejano como pa ra carecer de conno taciones histórica s
inconv enien tes y lo bastante idealiz ado como para hacer de ell a un m odel o a seg ui r,
proporcionando a l os alemanes el sueño colecti vo de llegar a ser un día los “nuevos
griegos” , a mbición en p arte también perse guida por Rusia ( BAUM : 1999; FLÜH LER-
KREIS: 1980 ; HAGEN : 197 9; KING: 2005 , 178).
Ahora bien, la civilización griega ensalzaba la belleza pero t ambié n la g uerra:
de aquí puede surg ir la identificación y la glorificación de la osadía pr usiana donde
cada batalla y cada guerra eran un j ue go de todo o nada. M uy poco des pués, con el
movimi ento romántico alemán ( Sturm und Dran g ), se m ani festó en el imag ina ri o
colectiv o alemán la devoción acrí tica tant o por los héroes como por los rompedores de
normas: personas que d esa fiaban al mundo como dioses, tomando el destino en sus
manos. Sin duda Fede rico el Gr ande contribuy ó a anclar la f i gura del carismático
desa fiante en el ima ginario colectivo alemán. El imperialismo alemán d ebe mucho a
las individuali dades, t anto si se tr a ta de g obernantes como de coloniz adores, que iban
más allá de las instrucciones r ecibida s, f orz aban los trámites y se presentaban ante la
metrópoli con l os hechos consumados , dando lugar a un verdadero culto de la
coloniz ación ya a part ir del siglo X VIII. Los colonos alemanes seguían un Sonderweg ,
una manera p ropia de colon ización , q ue se m an tuvo en vigor en la literatura y en los
libros de tex to hasta la G ra n Guerra (ZA NTOP: 1999; SALA ROSE : 2007, 322 ).
La insistencia en Alemania de un origen tr ibal común (semejante al de los
griegos), su conside rac ión como esencia de la naci onali dad (f ormul ada por los
nacional istas alemanes durante y después de las Guerras Napoleónicas), y el énf asis
de los románt icos en su propia personalida d innata, prepararon intelectual mente el
camino a una nueva me ntalidad alemana. La nación alemana se r efería a un número
de ciudades ( Bürger ) q ue compartí an un conjunto de l eyes, costumbres y moralidad.
Esto no podí a tener nin gún sentido t erritorial ya que miembros de nacione s di ferentes,
dividi dos por dif erente s estilos de vida y de costumbres podían vivir juntos en un
92
3.3 . NUEVAS C ONDICIONES ECON ÓM ICAS Y FINAN CIERA S.
Entr e f inales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la ex pansión europea
parecí a detenida pero el crecimien to de sus economí as t uvo lugar , sobretodo, gracias
a las economías de ultramar. Lo s principales economistas siempre han tenido en
cuenta las coloni as en sus teorí as y tratados. Adam Smith dedicó a las col onias un
amplio capítul o en La Riquez a de las Naciones (1776), lo mismo hizo Robert M althus
en Ensayo sobre el Principio de Población (1798), e i ncluso Davi d Ricardo en
Principi os de Economía Pol ítica (1817). El declive económico que supondrí a la pérdida
de las m ismas lo señala John Maynard Keynes, especificando que es uno de los
motivos por los cuales Alemani a no podría pagar las reparaciones de guerra en Las
Consecuenci as Económicas de la Paz (1919). Los historiadores econó micos q ue han
tratado el periodo que nos interesa han tendido a f ijar su atención en t res aspectos: la
redistribución del pode r económico en Eu ropa, la alteración de las relaciones
económicas en África y e l relativo declive de G ran Bretaña an te el avan ce de
Alemania.
En el primer aspecto, la importancia de las colonias parece habe r sido
proporcionalmen te may or en los paí ses económicamen te menos dinámicos ya que
sirvi eron, hasta cierto punto, como compensa ción por su inferioridad económica,
políti ca, demográfica y militar ante sus rivales. Con la Unificación Alemana, la
evol ución del capitalismo, el aumento de la competencia internacional y la aparición de
las economías nacionales, se asfixió al libre comercio. Los economis tas alemanes
argumentaron q ue las economí as estaban definidas por las fronteras de los estado s.
Pero la industrializ ación y las cr isis económicas conv irtieron una competición entre
empresas en una con frontación entre naciones o en un proteccionismo estatal, y en
esto Alemania fue una alumna aven tajada al lograr amal gamar imperial ismo y
proteccionismo . Aleman ia y l as potencias coloniales asumieron q ue la expansión
económica de ultramar, l a búsqueda de nuevos mercados y la expl o tación del mundo
exterior eran cruciales para sus economías. Aunque a veces la expansi ón no
cumpliese las expe ctativas esperadas. Fue una época contradictoria en la que los
aranceles y la expa nsión f ueron una demanda común. El capitalismo constituy ó el
marco econó mico de esta política y l a ex pansión más allá de los mares su símbol o
políti co. Desde un punto de vi sta militar se buscó la afirmación del d ominio de los
mares ( Seemacht ) y d esde el punto de vista de la opinión pública alemana, esta
tendencia pol í tica se m anifest ó a tr avés de una enorme propaganda . Para Alemania ,
este dominio sólo se aplicaba para abrir y para aseg urar las líneas de comunicación
93
entre los países exportadores y los paí ses importadores, convirtiéndose en el privil egio
más pode roso, con un marcado carácter monopol ista. Esta talasocracia imperiali sta no
representaba una mera expresión romántica sino q ue constituyó la base más
importante de una nueva polí tica mundi al (ARENDT: 2006, 215; HILFER DING: 191 0,
61; HOBSB A W M : 2011 , 49-89; SOK OL: 2007, v ol.1, 9).
En el segundo aspecto, la alteración de las relaciones económicas en África, el
encuentro de dos civilizacion es t an dif erentes, prov ocó tr ansforma ciones en todos los
sectores de la vi da local afr icana . El impacto de Europa, efectuado a p artir de las
costas, estableció una nueva g eografía económica de las comunicaciones y de los
recursos. Los ejes tradi cional es de i ntercambio cambiaron de direcci ón y, para
fomentarlos , se desarroll aron recursos mineros esen cial es , expl otacion es ganaderas o
gran des cultivos comercial es . Dicho proceso ya habí a sido analizado, en part e , por
una serie de teóricos. John A. Hobson y Karl M arx han descrito la forma en que
Europa ha penetrado en Áfr ica, y en el r esto del mundo, a través del comercio y de las
expo rtaciones de capital, mientras que Rosa Luxemburgo ha descrito la
transformación económica y social causada por esta penetración . Paul A. Baran y
otros economista s han anal izado el proceso por el cual la integración forzada de un
territorio en el sistema eco nómico europeo provoca una detención de su desarrollo
económico, lo que ha o bligado a di cho territo rio a concen t rar todos sus es fuerzos y
recursos en la exportaci ón de productos prima rios. En de f initiv a, l a pérdida de la
independe ncia económica precede a la pérdida de la independencia polí tica . Rudolf
Hilferdin g y John A. Hobson han destacado c ómo la expansión europea se tradujo,
inevitabl emente, en el desarrollo de mov imiento s de libe ración nacional (O W EN, ed.
1977, 253-256) .
En el tercer aspecto, el relativo declive de Gr an Bretaña ante Alemania,
Londres mantuv o el libre comercio sin restriccion es a pesar de los poderosos desafí os
ocasionados por los países proteccion istas; a Gran Bretaña le inte resaba mantener el
statu quo porque era el m ayor ex portador de p rod uctos industrial es, mucho más que
sus principales rivales, con grandes ví nculos en los mercados de Bélgica, Dinamarca,
Holanda y Suiza. Además, Gran Bretaña era incomparablemen te el mayor exportador
de capital, servicios f inanci eros y comerciales y de soluciones d e transporte
(HOBSBA W M: 2010, 4 6 -375). P ero pa ra an aliz ar este aspecto hay que enfocarl o
desde tres mo mentos diferentes .
94
El primero tuvo lugar cuando, una vez implantad a la economía de intercambio
colonial , gran parte de los beneficios de l as firmas revertí a a la metrópoli. No es casual
que los ciudadanos y las f amilias de Hambu rgo siempre se mostrasen muy org ullosos
de la e xpansi ón y de los benef icios que el comercio africano había reportado a la
ciudad. Por aquel enton ces, las grandes familias bancarias en Europa eran los Hope
en Ámsterdam, los Bischo ffsheim en Bélgica, los André en Génov a, los Baring en
Londres, los Hottinguer en Suiza y los Sina en Viena. En mayor o menor modo,
interconec tados t ambién todos ellos con los ban cos y las econ omías ce ntroeuropea s.
Después, en los estados alemanes, estaban lo s Bleichröder y los Mendelssoh n en
Berlí n, los Oppenheim en Colonia, los Haber en Karlsruhe y los B amberger en
M aguncia; aunque f ue la ciud ad de Frankfurt la q ue concentró el mayor número : l os
Bethmann , los Erlange r, los Goldschmidt, los Rothschil d, los Schmid t, los Schu ster, los
Seligman, los Speyer y l os Stern. En mayor o en menor modo, participar on todos ellos
en los intercambios colo niales, pero d icho comercio g eneró nuev os millon arios, en su
mayorí a alemanes hanseáticos, y surg ie ron las f amili as Beit, Eck st ein, Heine,
W ar burg, W ernh er y otras, de las cuales la ma yoría f ueron al instante incorporados a
la alta sociedad británica, receptiva como nunca a esta primera generación de dinero
repartido en grandes cantidades (HOBSBA W M : 2011, 75 -87; KE EGAN: 2004, 19-20;
LAGONI: 1988 , 261-365 ; LAND ES: 1990, 29-65; VA GTS: 1958, 289- 388 ).
El segundo t uvo lugar cuando la burguesía alemana, y a admitida en la alta
sociedad alemana, intentó, y en parte lo gró, convencer a sus g obiernos de q ue
tomasen el sendero de la políti ca mundial. Las coloni as alemanas en Áfri ca se habí an
obtenido realmente en un “m omento de distracci ón” por parte de Gran Bretaña : lo q ue
habí a llegado a ser suyo mediante un accidente tuv o que hallar una interpretación q ue
pudiese mutar el accide nte fortuito en una f utura polí tica consensuada. Apena s hace
falta añadir q ue es ta políti ca estarí a dirigida por los vértices de la industrializ ación
capitalista, a su vez impulsada por una vi goro sa burguesía. La incorporación a la alta
sociedad británica, cada vez menos receptiva a la generación de riqueza por parte de
la industria alemana, se empezó a conv ertir en rechazo (ARENDT: 2006, 313;
HOBSBA W M : 1998, 38- 39; HOBS BA W M : 2011, 149; KOCKA: 1981 , 453- 468 ).
A partir de ent on ces, tuvo lugar el tercer momento , cuando los lectores
alemanes f ueron arras trados por las r evel aciones period í sticas de la invasión
económica británica y v iceversa, como cuando en 1890 se publicó que las reserv as
áureas de la banca central británica eran de 2 4 millones de libras m ientras que el
Reichsban k poseí a 40 mill ones, tal y como lo describ ió Ernest E. W illi ams en su obra
95
Made in G ermany (1 896 ). Las advertencias acerca de la superioridad técnica
extranjera en una si tuación de competencia económica interna cion al t erminaron
exace rbando aún más el proteccionismo. Ec onómica mente, Alemani a pretendí a
alejarse rápidamente de la ort odoxi a del libre comercio de la Gran Breta ña victoriana
(empresa privada competitiva y abstención del gobierno en asuntos económicos), l o
que los alemanes denominaban mancheste rismus ; Alemania quería dar paso a las
grandes corporaciones industriales, cárteles, tr us ts, colectiv ismo, monop olios, en
comunión con el g obierno. La compra por parte del gobier no bri tánico de una
participación en la industria del pet róleo de Oriente Medio, de g ran impor tanci a militar,
forzó la mayor disposi ción del gobierno alemán para f inalmente nacionaliz ar parte de
su industria (H OBSB A W M: 2010, 44- 51 ; HOBSB A W M: 2011 , 74-75).
Los historiado res económi cos q ue han estudiad o el imperialismo han
demostrado también q ue la relación de estos tr es aspectos es aun más compleja y no
una simple causa y ef ecto. La economía capitalista había cambiado en dos elementos
importantes . En primer lugar un mercado in terno europeo cada vez m ás volcado al
consumo y en segundo lugar una co mpetencia internaci onal a escala mundial que
englobó también, por supuesto, a África. Las profundas trans formaciones del sistema
crediticio europeo desd e 1852 y las crisis econó micas de 1847, 185 8 y 1864
desarrollaron las socied ades anónimas por accion es y los bancos (de neg ocio y de
depósito), pe rmitien do la concentración de co nsiderabl es masas de capital. Estos
enormes medios sus cit aron una nueva estra tegia de colocación del dine ro, de
inv ersiones m ás rentables y de mercados para las producciones a través de l a
expa nsión. Los préstamos y créditos a los gobiernos de los paí ses africano s, donde el
dinero era escaso y caro frente a las necesidades de su lenta modernización, no sólo
permitieron fructuosas operaciones, sino t ambién la adquisición de g arantí as,
particular mente en los países islámicos del Norte de Áf rica, que atr aje ron importantes
capitales: el Imperio Otomano, E gipto, Marrueco s y Túnez se endeudaron más al lá de
su capacidad y los acreedores se esforzaron por imponer un control y asegurar el
servici o prioritario de sus prést amos ( crédits m obi li ers ) y, de ese modo, se preparaba
un terreno f avorable para las intervenciones (CRANKS HA W : 1988, 150; HOBSBA W M :
2010 , 264-375; HOBS B A W M: 2011 , 53- 72 ).
La redistribución del poder económico en Europa comportó la f ormación de una
clase de intermedi arios qu e participaba del au ge comercial, y que se hall a ba dotada de
prestigio por sus inversiones coloniales. La burguesí a r ecurr ió a la política por
necesidad económica y, como no deseaba renunciar al sistema capi tali sta (cuya ley
96
inherente es el cons tante crecimiento económico), tuvo q ue i mponer su criterio a l os
gobiernos nacionales y proclamar que la expa nsión era el objetivo político de finitivo en
la polí tica exterior. En de finitiva, el imperial ismo. Este fue el triunfo de una socied ad
donde el crecimiento económico se basaba en la empresa privada y en la
competenci a, donde las adquisicion es se real izaban en el mercado más barato
(incluida la mano de obr a) y las ven tas en el más caro. Sin luga r a duda s este v asto
proceso alentó la iniciativa pri vada y e l comercio ayudó a la expansión e conómica. La
burguesí a de los negocios se iba consoli dando con la adaptación a las nuev as
condicion es de f amilias que durante mucho tiempo habían desempeñado un papel
importante o de g rupos burg ue ses extran jeros ( comercian tes hindúes en el Áf rica
Oriental Alemana , por ejemplo). Por otra parte , se f or maba un proletariad o en f unció n
de la creación prime ro de las infraestruc turas y luego de las primeras industrias ,
siendo en el sector de los transportes donde apa recieron las primeras organizaciones
profesionales. A pesar d e la prohibición legal, los obreros africanos se a filiaban a los
sindicatos europeos, con el acuerdo tácito de las autoridades coloniales pese a la
fuerte oposición de los intereses metropolita nos, principal mente textil es y de
procesamien to de alimen tos (AREND T: 2006, 215; HOBSB A W M: 2010, 3 - 45 ;
HOBSBA W M : 2011, 98 ).
Todos los esfuerzos para establecer estado s y economí as lo suf iciente mente
fuertes como para sopor tar la pr esión europea mediante capitales euro peos, objetiv o
contradictorio, no hizo más que aumen tar la dep endencia de Á frica hacia Europa . La
alteración de l as relaci ones e conó micas en Á frica fue variand o a medida q ue los
europeos lograban avanz ar hacia el interior. E l puerto, el f errocar ril y la estaci ón
telegráfica f ueron los instrumentos para irr adiar la economí a de m ercado. La venta de
los productos impor tado s, en un principio a bajo precio e incluso a v eces por debajo de
su valor con la f inalidad de f avorecer su adopción, creó nuevas necesidades q ue
podí an satisf acer sólo las grandes compañí as (en el caso alemán, Woermann ). Esta
economí a iba generalmente acompañada del t rabajo f orzoso, una m ano de obra que a
veces era reclutada en territorios muy alejados entre si, para la construcci ón de
infraestruc turas o para la industria m inera . Las minas f ueron las pi oneras más
importantes de la penetraci ón imperial ista en África, y lo f ue aún m ás cuando sus
ganancias fueron lo suficien temen te importantes como para justi ficar también la
construcción de puertos, ferrocarriles y estaciones telegr áficas para su mayor
expl otación (concluido el siglo XIX, la construcci ón de grandes infraestructuras en las
colonial es sustituyó a los grandes traba jos en Europa) . En más de una economía
colonial , la presenci a de industrias artesanales combinada con la activi dad agrícol a,
97
ganadera y minera desarrolló m odes tamente a las colonias y la transformaci ón del
mercado también tuvo lugar gracias a l os productos colonial es que los alemanes
importaban cada vez más (HOBSBA W M : 2011, 2 5-75).
La minería f ue el primer pilar de las econom í as imperiales. Plantacion es,
haciendas y f incas fueron el seg undo. Comerci antes y f inanciero s metropolitano s
fueron el tercero. El cuarto pilar de las economí as imperialistas, el sector público ,
podí a ser cr ucial, estraté gico, pero su peso real en la economía seg uí a siendo
modesto. El comerci o con África, pese a q ue aument ase lig eramente entre 1870 y
1914, f ue bastan te marginal. Convertida al proteccionismo , Alemani a ag ravó su
legislación aduanera a partir de 1897 hasta la imposi ción de nuevas t ari fas en 1902. El
Reichstag estableci ó la reducción de tarifas para los productos de s us colonias ya q ue
los intercambios eran escasos y sólo representaban una ínfima parte de su comercio.
Aunque las i mportacion es y las e xpo rtaciones de Al emania con sus coloni as pasaran
de casi 87 millones de marcos en 1911 a 464 millones de marcos en 1912, sólo
representaban en es ta época el 1% de los interc ambios del Segundo Reich.
Distribuci ón geo gráfica de la s inv ersiones
en el exterior en ví speras de la Gran Guer ra
Alemania
Gran Bre taña
Francia
Estados
Unidos
Coloni as
1%
47,3%
8,9%
1,7%
América
31,9%
40,1%
16,3%
71,6%
Europa
53,2%
5,8%
61,1%
19,7%
Asia y resto del mund o
13,9%
6,8%
13,7%
7%
(MIÈGE: 1975, 8).
Primero t uvo lugar la creación de una infraestruc tura q ue permitiese la
expl otación econó mica del t erritorio: puer tos y ferrocarriles. A las inv ersiones en los
ferrocarril es se destinaro n las cantidades más elev adas de los capitales colocados en
las colonias. La construcción y equipamiento de los g randes puertos, a menudo
alejados de los antiguos centros de intercambio, f ueron t ambién patrocinados por las
principal es compañí as coloniales, proporcionando grandes beneficios a las sociedades
concesionaria s. La puesta en marcha de los grandes cables telegrá ficos no hubi ese
tenido lugar sin el apoyo f inanciero de la Bankha us A. Levy & Co. , Dresd ner Bank AG
y Bankhaus S. Blei chröder . Compañí as como la Deutsche See-Te legraphen-
Gesellschaf t no hubiesen podido actuar sin el apoyo de grandes capitales. Las
98
inv ersiones necesarias para la creación de estas infr ae structuras fueron alimentadas
por los presupuest os colonial es, los empréstit os públicos y los capitales privados,
gestionados por al gunos grandes bancos y compañí as q ue g ozaban de estrechos
laz os pol í ticos. En defini tiv a, no hab í a Kolonialpoli tik s in G r o s s i n d u s t r i e y s i n
G r o s s b a n k e n . Entidade s f inancieras como la Deutsch Bank (en estrecha colaboración
con la Deutsch Überseei sch Bank y la Deu tsche Orientban k ) y la Diskonto Gesel lschaft
fueron, en los pri meros años del siglo X X, los instrumentos más i mportan tes de la
expa nsión alemana (HO BSBA W M: 2011 , 49-75; K OCKA: 1981 , 453- 468 ).
En el caso alemán no hay duda de q ue en el periodo q ue nos intere sa los
bancos, e instituciones similares, jugaron un papel muy importante . Tomemos co mo
ejemplo a la Deu tsche Orientbank : fundada en 1905 tuv o como objetivo prom over el
comercio alemán en la región m edite rránea tras el f racaso de un proyecto similar de
cooperación germano-gri ega. La nueva institución f ue muy activa en los Balcanes y en
M arruecos, pero sobretodo en Egipto (el j ediv e trató de usar el banco par a mejo rar su
posición económica y política cont ra la domi nante influencia británica, aunque l a
mayorí a de las empr esas alemanas estaban contentas con sus conex iones bancarias
británicas) y en el Im perio Ot omano (la revolución de los Jóvenes Turcos debili tó la
in f luencia del Deutsche Bank ante la Sublime Puerta pero permitió al Deutsche
Orientbank realiz ar transacci ones y préstamos más rentables a la Bank- ı Osmanî - i
Şahane para desv incul arse cada vez más de los capitales británi cos y franceses). Tras
la Unificación Al emana , el Segundo Rei ch cada v ez estuvo más presente en los crédits
mobiliers (BAR T H: 1997, 65- 88 ; H OBSBA W M: 20 10, 263-264) .
A partir de 1873 los grandes paí ses industrializ ados entraron en un periodo de
dificultades econó m icas que i ndujo al protecc ionismo y la conquista directa de
mercados, con un modo de expl otación de los ter ritorios coloni ales que susci tó ampli os
debates. Pon gamos po r ejemplo un producto , el az úcar: a partir de 1880, la
superproducci ón de a zúcar suscitó una áspera compet enci a entre prov eedore s
alemanes, austro-húngaros, belgas y fr ances es en los mercados libres, desd e
M arruecos hasta Oriente Medio; los lazos entre cultivadores, f abricantes ,
expo rtadores, armadore s y f inanciero s ponían en juego i mportantes g rupo s de presió n
con apoyos políticos eficaces. En Alemania , las tari fas moderadas f ueron m odi ficadas
entre 1885 y 1891, momento en el que Berlí n se sumaba fuertemente a la polí tica
colonial (AREN DT: 2006, 313 ; FER G USON: 2007, 174 ).
99
La situación económica m undial era tal que varias de las economías desarr ollad as
simultáneamen te sentían la misma necesidad de hall ar nuev os me rcados. Si no eran
lo su ficientemente fuertes , su ideal era la “ Puerta Abi erta”, pa ra repartirse u n
determinado territorio más o menos en las mismas condiciones. Pero si eran lo
suficientemen te fuertes, t ení an la esperanza de anexionarse por sí mismos terr i torios
que darí an a las empresas nacionales una posición de monopolio o, por lo menos, una
sustancial ventaja. Para Alemania el r eparto de las zonas no ocupadas del Áf rica
Subsahariana f ue la lógica consecuenci a y u na tendencia haci a el monopolio o el
oligopoli o era innegable en la indu stria pesada , in dustrias est rechamen te dependi entes
de las órdenes del gobierno como el sector de l arm amento , el t ranspo r te, alguno s
bienes de consumo masi vo y en las nuevas in dustrias revolucion arias del petróleo y de
la el ectricidad. Frecuent emente no f ue el merca do existente sino sus posibilidades lo
que impulsó las anexi ones: se trataba de hacer s e con él antes de q ue se adelantara
otra naci ón. En la propag anda y en la acción co lonial intervini eron much o los r ecelos
hacia empr esas extran jeras, ya f ueran reales o in fu ndados. Buena parte de la política
de Gran Bretaña en el Mar Rojo y en el O céano Índico procede de esta actitud; a parti r
de 1882, en Francia se denunciaban constantemente las ambiciones británicas y, para
inducir a la acción, la s intenciones al emana s en M arruecos. La extensión del
proteccionismo ganó terreno en casi todas parte s. A este punto el impe rialismo f ue el
natural producto de una economí a internacion al basada en la riv alidad de varias
economí as industriales competidoras. Determina dos grupos económ icos, en particular
los relaci onados con el comercio ex terior y las i ndustrias que utilizaban mate rias
primas en el extranje ro, presionaban fuertemente hacia la expansión , justificad a ante
las perspectiv as de ventajas nacionales y económicas. Mientras q ue estos grupos
proclamaban el imperialismo, la mayorí a de las nuevas colonias atr aí an poco capital y
sus resultados económi cos habí an sido decepcionantes. El Imperialism o se convi rtió
en un subproducto de la rivali dad pol í tico-económica entr e economí as nacionales,
intensi ficada por las medidas proteccioni stas que obtuv ieron un moderado éxi to ya que
el comercio metropoli tano con las colonias aumentó su porcentaje en su totalidad
(HOBSBA W M: 2011, 49 -90).
Porcentaje del comerci o col onial al emán
Años
Importaci ones
Expo rtaciones
1891
0,13%
0,17%
1901
0,10%
0,46%
1905
0,24%
0,74%
100
1909
0,33%
0,61%
1910
0,54%
0,73%
(MIÈGE: 1975, 77).
El desarrollo de nuev a s instituciones económi cas llev ó a buscar nu evas
oportunidades en el extranjero para la especulaci ón f in anciera. La afluen cia de f ondos
europeos a África y Oriente M edio f ue atraí da p or las f abulosas tasas d e interés que
se esperaba obtener a trav és de préstamos a comerciante s, agriculto res y ganaderos .
La acumulación continua del capital europeo, en el últi mo t ercio del siglo XIX, aument ó
la presión f inanci era sobre el r esto del mundo: inversione s directas, inv ersiones de
cartera, cap itales privados o públicos se exportaban a di v ersas z onas, se g ún l os
ritmos p ropios de cada paí s inversor. Además, las r entas de l os capitales exportados
proporcionaban una parte relativ amente importante de la renta nacion al:
aproxi madamente un 3% en el caso de Alemania. El primer modelo económico
implantado en los territorios colonial es alemanes en África fue el de empresa s
particulares con licenc ias de ex plotación estatal, pero m uy pocas obtuvieron
bene ficios. El seg undo modelo económico estuvo muy mediatizado y obli gado a la
búsqueda de rentabilida d, por lo que la metrópoli llegó a ser tan explotada como la
colonia misma y los costes resultaron ser particular mente elev ados debido a las
tendencias prot ecci onist as. El tercer modelo económico tuvo lugar cuando las nuevas
industrias eléctrica y del motor aumentaron su demanda: las reserv as más importantes
de cobre se encontr ab an en el Áf rica Subsa hariana y los grandes yacimientos
petrolí feros se hallaban en Oriente M edio, todos ellos obje to de prebendas y de
intensa confrontaci ón diplomática. La nacionalizaci ón de part e de la ind ustria alemana
tuvo lugar como respuesta a l a compra, p or parte del gobierno británico, de una
participación en la industria del petróleo en Orie nte Med io. Dicha polí t ica parecía dar
sus f rutos po rque, a principi os del siglo XX, las importaciones desde los territorios
colonial es pasaron a ser proporcional mente más importantes mient ras que las
expo rtaciones de las metrópolis hacia las colonias aumentaron su porcenta je. Las
potencias ya estaban conv encida s de q ue sólo a través de un establ ecimi ento colonial
directo era posible eliminar los intermediario s africano s. Para Alemani a, con una
industria en cr isis, el interior del Áf rica Central ofr ecí a, con su densa población, un
mercado especialmen te grande para sus productos industriales y garant ías para una
fuerte demanda . En ví speras de la Gran Guerra, sobre un total de 220.00 0 millones de
francos, las inversiones exteriores de Alemania se elevaban a 30. 000 m ill ones de
francos y la t endencia se af irmó después de la Gran G ue rra, pero para entonces
101
Alemania ya había perdido sus colonias (HOBSBA W M: 2010, 44; HOBSB AW M: 2 011 ,
74 -87; O WE N , e d . 1 9 7 7 , 2 4 6 - 2 4 7 ; ST OECKER , ed . 1977, 23).
3.4 . ADM I NISTRACIÓN E IDEOLO GÍA COLON IAL: IMPER IALISMO, ANTI
IMP ERIALISM O Y PANGER M ANISM O.
Los años que nos intere san constituyen la edad de oro de la Diplomacia de las
Cañoneras ( Kanon enbo otdiplomatie ) . El imperi alismo era tan sólo un a specto de un
cambio más generaliz ado en la situación del mundo. El tér mino “imperial ismo” se
incorporó a la política británica en los años 1870 y se incorporó al vocabulario político
y periodísti co durante los años 1890 durante el curso de los debates q ue se
desarrollaron sobre la conquista colonial (aunque el término no aparece en los escritos
de Karl Marx). Ademá s, f ue entonces cuand o adquirió, en cuanto concepto, la
dimensión económica por la que actualmen t e se le conoce. Por esa razón, carecen de
val or las ref erencias políti cas y diplomáticas a las antiguas normas de ex pansión
políti ca y militar en q ue se basa el t érmino. Desde q ue en 1895 Cecil R hodes observó
que si se querí a evitar una g uerra civil se debí a convertir al imperial ismo, la mayoría
de los observad ores han estado al t anto del llamado “imperialismo social ”, es decir, del
intento de utilizar la expansión imperial para dis minuir el descontento interno por la
ausencia de mejoras económicas o de reformas sociales. No hay dud a de q ue los
políti cos eran per fectamente con scientes de los pot encial es bene ficios del
imperiali smo. En algunos casos, especial ment e en Alemania, el surgimiento del
imperiali smo ha sido expl icado princi palmente en t érminos de p rima cí a de la políti ca
interna. Probablemen te f ue menos relevante la versión de Cecil Rhodes del
imperiali smo social : lo q ue pensaba de los beneficios económicos que podría traer ,
directa o indirectamen te, el Imperio Británico a las masas descontentas. No hay una
clara relaci ón entre la conquista colonial y los ingresos de la ma y oría de los
trabajadores en las me trópol is (HOBSBA W M : 2005, 70; H OBSBA W M : 2011, 19-82) .
En un principio, se pudo recur rir a los f unciona rios; desde mediados del siglo
XIX, sólo el g obi erno británico habí a creado dos “departamentos imperial es”. En
Alemania, la Soci edad Alemana de Coloniz ación de Namibia f ue funda da en febrer o
de 1885 (Adolf Lüderitz
4
), al igual que la Soci edad del Áf rica O riental Alemana ( Carl
4
Lüderitz, Fra nz Adolf Eduard (1834-1886), comerciante y colonialista alemán. Tras trabajar en
varias empresas comerciales en Bremen, Estados Unidos y Méx ico, en 1859 ingresó e n el negocio
familiar del tabaco y se hi zo cargo de la g estión d e la empresa. En 1882 adquirió la mayor parte de una
oficina comercial en Lagos. En 1 883 firmó un contrato d e cesión de l a b ahía de Angra Pequeña y la
desembocadura del río O ran ge. Después de haber intentado en varias ocasiones, en vano, que el
108
potencias, organizando a amplios estr atos de la población f uera del sistema de
partidos, y aunque siempre fracasó en el resultado de logros t angibl es en lo que se
refiere a la expansión , las rival idades g eneradas entr e las potencias llevaron a la Gr an
Guerra (ALB ERTINI: 201 0, vol.1, 52-53 ; AREN DT: 2006 , 332- 351) .
3.5. LAS SOCIED ADES COLONIALES, GEOGRÁFICAS Y M ISION ERAS Y LA
OPINIÓN PÚB LICA.
En los siglos XV I y X VII la inexi stencia de un estado unitario alemán habí a
impedido ampliar las posesiones colonial es al m ismo niv el q ue Francia, G ran Bretaña
u Hol anda. A finales del siglo XVIII au mentó la legislaci ón y la práctica del comerci o
mercantili sta por la navegación marítima, incluso el mismo Hegel se alegró de que se
pudiese comer ciar de nuev o con los productos colon iales ( Koloni alwaren ). Pero hasta
el siglo XIX los prí ncipes alemanes, g randes terratenientes, siguieron fr e nando el
crecimiento y la inf luen cia de la burguesía m ercante y marítima por l o que, sin un
fuerte poder estatal y sin poder m arí timo, Alemania no pudo part icipar en el reparto de
África. Con las leyes de navegación de 1822 t uvo lugar una parcial apertura de las
colonias británicas hacia los buques de paí ses extranjeros, que culminó con la
derogación de todas la s restantes restricci ones sobre el transpor te marítimo y el
comercio con las colonias entr e 1849 y 1854. Las grandes empresas c omerciales de
Hamburgo y Bremen (o sus sucurs ales y filiales en Zanzí bar, Lagos y otros lugares )
fueron aprovech ándose de las oportunidades q ue el comercio británico con África no
llegaba a abarcar y, des de G ran Bretaña habí a interés por m antene r el libre comercio
con las ciudades hanseáticas ya que estas no suponían una amenaza debido a la
superioridad económica británica. Los altos pre cios de venta en Europa y los bajos
precios para la compra de bienes f uera de Europa hicieron crecer gradual mente a las
burguesí as de Hamburgo y de Bremen, pero siempre representando una pequeña
proporción den tro de la economía alemana. Con respecto a África, Bismarc k pensaba
en términos principalme nte geográ ficos, ya q ue económi camente no daba benef icios
tales como para embarcarse en dicha aventura. Además , intuía que la expansión
podrí a destruir el cuerpo del estado del Seg undo Reich. No obst ante, Bi smarck fue
seguidor no del art e romano de construcción de imperios, sino del modelo g riego de
coloniz ación: en lugar de conquistar e imponer l a ley a lemana a pueblos extranjeros ,
los colonos alemanes se instalaron en los territor ios recientemente ganados en África
y siguieron siendo miembros de la misma nación alemana. Aquí es donde entran en
juego las diferentes sociedades, ligas y asociaciones, que se esforzaron en convencer
109
a l a opinión pública y en i n fluir sobre las de ci siones del Gobierno a cerca de las
bondades de las colonias africanas (M ER KER : 2006, 67; STOEC KER, ed . 1977, 9- 11) .
A principi os del siglo XX, la conciencia de q ue l a mar asegu raba el c ontacto
con t odos los estados económicos y militares que a él se asomaban , comenzó a
convertirse en un patrimonio común de todos los pueblos ambiciosos : Alemania ,
Austria-Hun gría, Bél gica, España, Francia , Gran Bretaña , Italia y Portu gal. Asimism o ,
se iba extendiendo también la convicci ón de que los pueblos que no estaban de
ninguna manera interes ados en t emas marítimos y coloniales, como los Balcanes ,
Bulgaria, Grecia, el Imperio Otomano , Rumani a y Rusia q uedarí an prácticamente
excl uidos de toda participación en los bienes del mundo. En última instancia, todos lo s
asuntos de polí tica internacional estuv ieron más o menos relacion ados con el
comercio y la libertad de navegación. Las sociedades colon iales a lemanas r euní an a
representantes del mundo de los negocios, a intelectuales, escritores y políticos;
ramificadas en numerosas secciones y comités especializados, contaban con un
mayor número de miembros que, por ejemplo, l as asociaciones f rancesas. La
Sociedad Colon ial Al emana ( Deutsch Kolonialgesel lscha ft ) , creada en B erlí n en 1887
por la unión de varias sociedad es y a existentes, tuvo un rápido éxito, y contaba con
varias decenas de miles de miembros (en 1902 contaba con 32.756 afiliados y su
periódico era el Deutsche Kol onialz eitung ). La Li ga Naval Alemana ( Deutsch e r
Flottenverein ), fundada en 1898, agrupaba en sus 5.000 secciones lo cales a unos
650.000 afiliados , entre ellos publicistas, funcio narios, militares e industriales , como
Friedrich Krupp
11
. M iembros de los grupos p arlamenta rios, entre ellos muc hos
funcionarios, estaban presentes en las asamble as de estas asociacione s. No hay que
olvidar que los es tados habían creado, y dependí an de el lo, una admini stración civi l
con un cuerpo permanen te de f uncionario s, q ue la serví an sin atención a sus interese s
de clase y a los cambios guberna mentales. En Al emania, más que en o tros e stados,
su honor profesional y su respeto por sí mismos derivab an del hecho de ser servidores
de la nación, m ás si cabe aquellos que estaban en la administración colonial , q ue
dominaban a puebl os ex tranjeros en lejana s col onias, ya que eran los más heroicos
servido res del Segun do Reich. Es característico del imperialismo, y lo f ue t ambién en
11
Krupp, Friedrich Alfred (18 54- 1902) , industrial alemán. Heredero de las fábricas Krup p , fue d esde
muy joven fue iniciado por su padre en tema s d e gestión empresarial. Tras un viaje con fines comercia les
a Egipto, en 1 875 empezó a entrar en la dirección de l a empresa. En 1883 a brió un segundo la boratorio
químico para nuevas aleaciones m etálicas y tras la muerte de l padre, en 1887, la compañía se expandi ó
enormemente, gracias también a los nuevos blinda jes para los buques de guerra alemanes desde 1890.
En 1900 se abrieron nuevos altos hornos y tall eres mecánicos para la p rodu cción de piezas mu y g randes
para la construcción naval necesaria para la política de flota de Tirpitz, comp rom etiéndose con l a polí tica
imperial y co n su intervención indi recta a través de los órg anos de prensa de la Deutsch er Flottenverein
(NDB: 1982, vol.13, pág.135-138).
110
el Segundo Reich, que las instituciones nacionales permanecier an separadas de la
administración colonial, y que disfr utaran de una cierta autonomía aunq ue baj o el
control de aquellas; sin embargo, aunque en la metrópoli, los servicios colonial es
nunca dejaron de protestar contra la intervención de la ine xpe rta mayorí a de la nación
que trataba de presionar a la experta minoría de los adm inistradore s colonial es con las
normas generales de j usticia y libertad. Para la administración y los f uncion arios las
colonias no eran un v asto sistema de salida li bre de capi tal superf luo y de mano de
obra superflua: se habían convertido en e l v erdadero espinaz o de la burocracia y del
nacional ismo alemán, que descubrió en la dominación de pa íses distant es y en el
gobierno de puebl os extranjeros la única manera de servir a intereses alemanes y
nada más que alemanes (AREND T: 2006, 217 -318 ; S OKOL: 2007, vol .1, 9- 10 ).
Las sociedades geográficas alemanas, muc ho más antiguas q ue las
sociedades colon iales, tuv ieron como caracterí stica un rigor científico y una practicida d
destacadas y reconocidas en todo el mundo, procediendo a analiz ar, recopilar y
categorizar t oda la información útil. Las ant i guas sociedades de geografía recuperaron
cierto vigor, ta mbién se cr earon otras nuevas y su papel f ue decisivo en la
multiplicaci ón de exploraciones. Por ejemplo, entre 1904 y 1914, Alemania había
patrocinado nada menos que di ez expedi ciones etnográficas sólo ha cia el centro d e
África. Por nombrar algunas, la Sociedad de Geografía de Berlí n ( Deutsche
Gesellschaf t f ür Geogr aphie ), fundada en 1828, organizó numeros os vi ajes de
expl oración a Áf rica, y su r evi sta, W estermanns illustrierte deutsche Monatshfte , era la
fuente alemana más f ia ble sobre el continente. El Justus Perthes Geographi scher
Anstal de G otha, dirigido desde 1854 por el cart ógra fo Auguste Petermann
12
, y el
Deutsche Gesellschaft z ur Erforschung Äquat orial-Afrikas se interes aban por los
nuev os territorios y estimulaban las expl oraciones de Heinrich Barth
13
, Gus tav
12
Petermann, August Heinrich ( 1822 -1878), editorialista alemán. Tras i ngresar en la Escuela d e
Arte Geográfica de Potsdam, e n 1845 se trasladó a Edimburgo como a yudante para una edición británica
del Physical Atlas de Hei nrich Berghaus. En Lo ndres y publicó varias obras, entre e llas el relato de una
expedición por África Central. En 1854 fue nombrado director del i ns tituto geográfico d el edi tor alemán
Justus Perthe s, fundó la re vista de g eografía Petermanns Geogra phische Mitteilungen y también editó
uno de los atlas geográficos más empl eados e n el siglo XIX. Su tra bajo hi zo m ucho po r dilucidar la
geografía del interior de África (DKL: 1920, vol.III, pág.39; NDB: 2001, vol.20, pág.237).
13
Barth, Heinrich (1821-1865), e xplorador a lemán. Tras s us estudios u niversitarios en Be rlín,
estudió árabe en Londres para poder viajar por el Mediterráneo. En 1845 desde Marruecos l legó hasta
Egipto para re montar el Nil o has ta Sud án. Cruzó el Sinaí y atravesó Palestina, Siria, Turquía y Grecia
mientras examinaba restos arqueológicos. En 1847 volvió a Berlín, ejerciendo como profesor asociado y
publicando informes sobre s us viaje s en 1849. A i nstancias del em bajador pru siano en Londres, Barth se
unió a una expedición británica para abrir rutas comerciales e n África Central. L a expedición partió desde
Libia en 1850, pero la muerte de l os otros ex ploradores lo pus o al frente de la misión y así fue el primer
europeo en visitar A damawa. Regres ó a Europa en 185 5 y prep aró una colección de vocabularios de
lenguas africanas publicadas entre 1862 y 1866. En 1858 viajó p or Oriente Medio y en 1862 por el Imperio
Otomano. En 18 63 aceptó el puesto de pr ofesor de geogr afía e n la Uni ver sidad de Be rlí n y fue elegido
presidente de la Sociedad Geográfica (DKL: 1920, vol.I, p ág.136; NDB: 1953, vol.1, pág.6 02 -603 ).
111
Nachtingal
14
, Georg Schw einfurth
15
y otros. En 1881 las distintas socied ades
geográ ficas de Europa contaban con más de 30.000 mie mbros y este interés por la
geogra fía f amiliariz ó a la opinión públ ica con las cuestiones coloniales, contribuyó a
dar a las expedi ciones de ultramar una justificación moral y a reforz ar el ideal europeo
del universal ismo gracias a la multiplicación de gr andes tiradas a precios reducidos. L o
más importante f ue su repercusión popular ya que contr ibuy ó a la propag ación de la
ideologí a del imperi alismo. Los relatos de los expl oradores f ueron leí dos áv ida mente,
enfrentándose a los pel igros de lo d esconocid o con la ayuda de una tecnolo gía
llevad a, en numerosas ocasi ones, sobre las espaldas de numerosos portead ores. Los
expl oradores eran nat ur ali stas, a la caza de ejemplares por toda la geogra fía afr icana,
aven tureros, espe cialme nte aquellos que se a ventura ron en los terr ito rio s del Islam, o
misioneros, especial mente los que penetraron en el interior de Áfr ica . En definitiva, la
influencia de estas sociedades se prolongó debido a la af ición del gran público por la
literatura de viajes. Patrocinados por f inan ciaci ón privada al inici o (por ejemplo los
Rothschild apoyaron f inancieramen te a la Asociación Africana Internacion al ) y por el
gobierno después , estas instituciones coordinaron todo tipo de inv estigaciones y
expl oraciones (HOBSBAW M : 2010 , 74; H OBSB A W M: 2011, 288- 289; HOCH SCH ILD:
2001, 58 -106; ME RKE R: 2006, 144; RAEDE R: 2001 , 526; SCH M IDT: 1981 ).
La sociedades m isioneras alemanas, dividida s entre m isiones protesta ntes y
misiones católicas, rival izaron entre si a través de sus di ferentes medio s de a cción y
con sus particulares organiz acion es. Las primeras e ran más independi entes y má s
variada s por su pertenencia a numerosas iglesi as reformadas (luteranas, baptistas ,
presbiterianas , metodistas, etc.), in fluyendo también en las misiones suiz as y
escandinav as. Las seg undas, más jerarquiz adas, f omentaron una f uerte rival idad con
14
Nachtigal , Gustav Hermann (1834 -1885) , e x plorador a lemán. Tras e studiar medicina y ejerc e r
como cirujano militar, por motivos de salud decidió ir a Argel y Túnez participando como cirujano de a
bordo en numerosas expediciones. Fue c omisionado po r el rey d e Prusia para l levarle r egalos a l s ultán
del Imperio Kane m-Bornu en a gradecimiento p or su benevolencia con l os comerciantes alemanes. Est a
empresa c omenzó en Libia en 1 869 y concluyó en Bornu en 1871. Desde allí viajó hasta Sudá n en 1874.
En 1884 Bismarck le designó c omo enviado e special en el África Occidental y Cen tral para negoci ar las
anexiones territoriales de Togo y Came rún. M ientras re gresaba de es ta misión murió n avegando frente a
Cabo Palmas, s iendo enterrado en Grand -Bassam, Costa de M arfil (DKL: 1920, vol.II, pág.612; NDB:
1997, vol.18, pág.682- 684 ).
15
Schweinfurth, Georg August (18 36 -1925), explorador alemán. T ras su s es tudios universitarios se
interesa en botánica y pa leontología. Se l e enca rga clasificar l as co lecciones reunidas en Sudán y s e
interesa po r esta región africana. En 1863 empren de una exploración ci entífica a lo la rgo de las c ostas del
M ar Rojo y Sudá n, regresando a Europa en 1866. Sus es tudios s uscitan el inte rés de la c omunidad
científica y es enviado en 1868 en o tra exploración en África Orient al y, en compañía de mercaderes de
marfil, descubre el río Uelle en 18 70 y esculturas en 1871, sie ndo uno d e los primeros en llevar a Eu rop a
arte afr icana. Schweinfurth p ublicó las informaciones de s us viajes en 1874 y acompañó a Rohlfs en su
expedición del desierto libio. En 18 75 se instala en El Cairo, c reando una fundación par a lo s estudios de
geografía, bajo los auspi cios de Jedi ve Is mail, y se consagra ex clusivamente al est udio histórico y
etnológico de Áf rica. Penetra en el desierto de Ara bia, y conti nú a sus exploraciones hasta 1888 po r Egipto
y Sudán. En 1889 regresó a Berlín aunque siguió visitando Eri trea entre 1891 y 1 894 (DKL: 19 20, vol.I II ,
pág.327; NDB: 2010, vol.24, pág.50 - 51 ).
112
las primeras por lo que misioneros protestan tes y misioneros católi cos, confrontándos e
en casi todas part es, se convirtieron en un elemento más de las rival idades nacionales
hasta q ue , tras la G ran G uerra, el Vaticano cambió de actitud en 1919 c on la encíclica
Maximum ill ud . Las misi ones se es tablecieron en f unción de la población , de la trata d e
esclav os y de la apertura de nuev as rutas hacia el interior. Los g obiernos , pese a que
algunas veces intentaban frenar sus iniciativ as, sacaban muy a menudo partido de sus
activi dades: los conocimientos que habían adquirido sobre el país y sus gentes le s
convi rtieron en introductores, en intérpretes de los expl oradores, de los soldados y de
los diplomáticos, ademá s del apoy o más o menos tácito por parte de los conversos .
También se m ultipli caron los boletines de las sociedades misioneras, como el de la
Berliner Missi onsgesel lschaft , con un éxito parecido a las g randes tiradas de las
sociedades geográfi cas. En los primer os tiempos de la colonización, y h asta la Gr an
Guerra, las autoridades coloniales dejaron casi totalmente en manos de las mision es
la creación de escuel as; esta obra f ue ese ncial para la f ormación de un a nueva élite.
En líneas generales, los misioneros establecían un pacto con las aut oridades. En
algunas regiones, como el África subsaha riana, las misiones cristianas crearon la s
nuev as élites sociales basadas en la educación a la manera occidental, y a q ue esto
era imposible en los paí ses islámicos. Imperiali smo y activi dad misionera aparecen
estrechamen te entrelazad os, con su apogeo en 1890 con la Conferencia Internaciona l
Antiesclav ista de Bruselas. Los esfuerz os de las sociedades misioneras protestantes
desarrollados a partir del siglo XX se concent raron particularmente en África, donde el
movimi ento alcanzó mayor amplitud e importancia: desde unos 3.000 misionero s
protestantes a mediados de la década de 1880 a tal vez 18.000 en 1900. Fue en el sur
de Áfr ica donde las conversiones masivas realmente tuvieron lug ar, pero también tuvo
lugar un “movimiento etí ope” que se separó de las misiones en 1892 con el f in de
establecer una forma de cr istiani smo menos iden tificado con los europeos. Esta etapa
misionera cristiana coincidi ó con el esfuerzo de recuperar al proletariad o perdido en
las metrópolis y la d ifusión de las religiones riv ales en el mundo. El cristianismo, en
todas sus denominacion es, no se conv irtió en un serio competidor para la verdadera
religión en ex pansión , el Islam. Este con tinuó ex tendiéndose irresistiblemente , sin el
bene ficio de la org anización m isionera, el dinero o el apoyo de las g randes potencias,
a través de las t ierra s del interior de África y partes de Asia ( HEYD EN: 1996, 411-427;
KEEGAN : 2004, 21 -22; MER KER: 2006, 144- 178 ; HOBSBA W M: 2010, 338- 339 ;
HOBSBA W M : 2011, 84- 90; JAFFE: 1968, 19 ).
Con independe ncia de l prestigio o del benef icio q ue Alemania obtuv o con las
colonias, su opinión pública vio en las colonias afr icanas el retorno a la naturalez a, la
113
fascinación por la dureza y de la f uerza primigenia de un ambiente donde los colonos
pudiesen mantener sus t radicion es nacionales y f orjar propósitos comun es, domar
dicha naturaleza con la ayuda de la t ecnologí a, y poder llegar incluso a la creación de
un alma colectiva cone ctada con la metrópoli aunque estuv iese allende los mares .
M arineros, soldados, admini stradores o peri odistas coloniales dedicaron sus plumas y
esfuerzos para narrar q ue era el alba de una nueva era. La importancia de los medios
de comunicación crecía constantemente y aumentaba cada vez más el número de
personas q ue leí a un amplio abanico de pe riódicos q ue p roporci onaban m ucha s más
noticias g racias a la difusión de la alfabetiz ación, al menor precio de las publicaci ones
y al crecimiento del interés por la pol í tica ex terior y la diplomacia . Por ejemplo, con
novel as como Von Bagdad nach Stambul , Karl May
16
alcanzó la popularidad en 1892 ,
su trayecto ria ha sido paralel a al colonialismo alemán y tuvo una g ran influe ncia sobre
sus lectores. Salv ando l as diferencias, r epresen tó para los alemanes lo que Rudyard
Kipli ng (y su contrario, Joseph Conrad) fue para los británicos, Jules Verne o Pi erre
Loti para los f ranceses, Emilio Salgari para los italianos, Mark Tw ain para los
americanos o Nikolái G ó gol par a los r usos. Los protagonista s de sus obras, casi todos
ellos alemanes, llenaron una laguna en el subconsciente colectiv o alemán al mostrar
una serie de héroes populares que, trata ndo de escapa r de una sociedad
industriali zad a, reali zaban hazañas m ás allá de las fr ontera s europeas, escapando a
tierras exóticas y convirtiéndose en matadores de drag one s entre pueb los extraños e
interesantes (AREN DT: 2006, 271-462; HOBSB AW M: 2011, 94; MER KER: 2006, 64,
184 ; STERN: 19 89, 331 ).
Sus novelas ambientadas en África han influido mucho en el imaginario
colectiv o alemán, aunque es curioso señalar q ue sus personajes deambula ban por los
territorios de las colo nias británicas y francesas y nunca en l as alemanas .
Ambiv alente, sus personajes creen en el pacif ismo y sienten la fascinación por la
div ersidad, pero sobreviven con la a yuda de las tr ibus locales al tiempo q ue están
conven cidos de la sup erioridad esp iritual de los al emanes , y terminan siendo los
defensor es de lo s derechos tribales . Los protagonistas se convierte n en ideales
prototipos de coloniz ador es , proporcion ando así un modelo para el naciente imperi o
colonial alemán. Con el paso del tiempo, en sus obras se fue reduciendo la visión
16
May, Karl (1842 -1912), escritor alemán. Nació en e l s eno de una familia de tejedores, quedó
ciego al poco de nacer y no recuperó la visión tras una operación hasta los cinco años. En 1861 consiguió
el título de ma estro, p ero ejerció l a profesión durante poco tiempo. Acusado de robo, fue encarcelado y se
le retiró la licencia para enseñar. Fue allí donde descubrió la escritura. En 1875 comenzó a colaborar con
algunos diarios y en 1879 era colaborador fijo en una revista fam iliar, donde escribió una serie d e artículo s
sobre Oriente. Entre 1 882 y 1887 a parecieron c inco novelas por e ntregas y consiguieron un e norme éxito
entre el público alemán y se convirtió en un autor muy popular ( NDB: 1990, vol.16, pág.519- 522 ).
114
concili adora dando paso a imágenes mucho más agresiv as en las q ue empez aron a
sobresalir el prejuicio racial, la explotación y la opresión, culminando casi en una
obsesión por el culto de la colonización. Que personajes de novelas de av enturas
infantiles f uesen model o de conduc ta para ec onomistas , mili tares y polí ticos de un
Estado roza lo inverosímil, sin embargo, es cierto que las novelas de May f ueron
responsables de la d ifusión de estereotipos r aciales y conocimientos et no-
antropoló gicos sobre pueblos no europeos en tre los lectores alemanes y europeos del
siglo XIX y del siglo X X , s iendo incluida s entr e los libros aconsejables para los jóvenes
en el Tercer Rei ch (B E R MAN : 1996, 50).
T ras la Segunda Guerra Mundial la temática col onial desapareció de re pente
de la literatura, de la historiografía y de las publicaci ones alemanas. Sin e mbargo,
exi stieron dif erencias entre las dos Alemanias de la segunda posguerra . Las obras de
Karl May nos a yud an de nuevo en este caso, siendo r epubli cadas en la RFA y siendo
primero censuradas y luego prohi bidas en la RDA . En la Alemania Oriental, las
nov el as de May estab an consideradas antihumanas , imperial istas y, encima, mal
escritas (BÜ TTNER: 133 -146; BRE Y: 2009 ).
115
4 . “ LOS ALE MA NES DEB ERÍAN QUEDARS E EN CAS A ”
EL A SENTA MIENTO DEL SE GUND O REICH
(1871 – 1878)
La primera ví a de expansión europea en África fue el Mar Mediterráneo y su
importancia no cesó de crecer a partir de la primera mitad del siglo XIX. El av ance
europeo reflejaba la debilidad de l Imperio Otomano, que t odav í a contr olaba una
sustancial área en los Balcanes, así como alg unas islas en el Mar Med iterráneo y
parte del Norte de África. De especial relev ancia era Egipto, la encrucijad a come rcial
más importan te entre Europa, África y Asia . A las orillas del río Nilo los cónsules
europeos se enfrentaba n entre sí para sostener ante el gobierno local las solicitudes
de indemnizacion es a favor de su s mercadere s . La apertura del Canal de Suez
aumentó pero también redimensionó la importancia del M ar M editerráneo, y a q ue el
África Subsaharia na pa recí a más accesible por las costas orientales que no por las
costas occide ntales. Gran Bretaña llev aba a cabo en esta zona un tenaz esfuerzo que
chocó con la política f rancesa, y también el monarca belga Leopoldo II que esperaba
llevar a cabo allí sus diversos proy ectos (LAND ES: 1990 , 82-97).
En 1871 existían dos g randes conjunt os de territorios coloni ales en Áf rica: uno ,
el más antiguo, compue sto por los vestigios de la primera expansi ón europea; el otro,
más reciente, habí a surgido de la nueva f ase de la revol ución indust rial y de los
transportes . A la primer a categoría pert enecí an l as posesiones de España, Holanda y
Portugal, q ue ya no podían ampliarse más, e incluso resultab an difí ciles de conservar
ya que los territorios realmente ocupados eran extension es m ucho menores de los
declarados o r eclamado s. Los esfuerzos de Es paña en esta oleada expa nsionista
fueron escasos y Holanda directamente cedió sus posesiones africanas. En el caso de
Portugal, atra sada eco nómicamen te y f uertemente vincu lada con Gran Bretañ a,
conservó sus posesiones africanas porque la s potencias europeas riv ales no se
decidieron acerca de su repar to (HOBSBA W M: 2 011, 21-23).
A la segunda categorí a, p or el c ontrario, perten ecí an Francia y Gr an Bretaña ,
que habían proseg uido con la adquisición de nuevas colonias a lo largo del sig lo XIX .
La crisis del Impe rio Oto mano, y de sus posesio nes más o menos independi entes de
Egipto y T únez, pus o en juego numerosos intereses: estraté gicos (por el dominio de la
ruta mediterránea ), finan cieros ( debido a las amplias inversio nes de g rupos alemanes,
británicos y franceses) y t ambién comercial es , ya que E gipto y Túnez podían
convertirse en los pu ntos de partida haci a el Áfric a Subsahariana: hacia el este,
116
siguiendo el r ío Nilo, y hacia el oeste, en dirección de l g ran meandro del r í o Níger . La
aparición de nuevos competidores como Bél gica e Italia enfrentó aún más las
posicion es de los paí ses implicad os (MIÈGE : 1975, 30- 34) .
En el caso de Alemania, dicha confrontación colonial favoreció el deseo de
Bismarck de mantener el statu quo continental tras la derrota francesa en la Guerra
Franco-Prusi ana: consc iente de que para Francia el Segundo Reich era el
intransigente con quistador de Alsacia-Lore na , Bisma rck intentó minimiz ar las
consecuencias que pudiesen perjudicar a Alemania, y para mantener la estabili dad
europea apoyó la política francesa de expl oraciones hacia el sur de sus posesiones y
los correspondientes p r oyectos de f erro ca rril. B ismarc k m ani festaba que el Segundo
Reich no t ení a más ambiciones terr i toriales, no lanzó en el continente africano ningún
desa fío q ue pudiese motivar la preocupación británi ca y f rancesa por el cambio de
equilibrio, y mantuvo a Al emania fuera de t oda conq uis ta colonial. Además, Bis m arc k
hiz o repetidamente declaraciones en el sentido de que no aspiraba a dotar a Alemania
de posesiones colon iales (K ISSINGER: 1998 , 140-179; STÜRM ER: 1993, 252-253) .
El mundo de l os coetáneos alemanes de Bismarck, j unkers , militar es y
burócratas prusianos, e ra eurocéntri co: el coloni alismo y la exploración de África era
absolutamen te marginal. L a corr espondencia per sonal entre Bismarck y su banquero
Gerson von Bleichröder
1
, ex agente de los Rothschil d, sin duda habrí a revelado su
interés por África si así fuese pero, por el contrari o, el Reparto de África ( Wettlauf um
Afrika ) f ue discutido sólo de modo indi recto en su correspondenci a . Al no ser una
fuente abundante, inmediata y de f ácil es recursos económicos, el mayor inter és de
Bismarck por Á frica era, primero , como un nuev o medio para sembrar la discordia
entre Francia y Gran Bretaña y, segundo, pa ra alejar a los votantes alemanes de la
oposición liberal y socialista, aun que la campaña contra ellos resultó ser un fiasco peor
que el de la Kultu rkampf (FERGUS ON: 2007, 197; HOBS BA W M : 2010, 334;
MAN TELLI: 2006, 123-1 25; STERN : 1989, 254-398).
La creación del Segundo Reich y el Tratado de Frankfurt dieron lugar a una
nuev a problemática: ¿habí a q ue interferir con el poder co lonial británico para evitar
1
Bl eichröder , Gerson von (1822-1893), banquero alemán. De origen judío, su padre había fundad o
la Bankhaus S. Bleichröder , que mantuvo una es trecha rela ción con la familia Rothschild; de h echo llegó a
ser su filial en Berlín. Fue nombrado cónsul gen eral bri tánico en 1867, tu vo mucha importancia e n las
distintas transacciones financieras de Bismarck así como un gran peso en los distintos préstamos y
créditos de Prusia, de la Confederación Al emana del Nor te y del Segundo Reich . En 1872 Bismarck
concedería a la familia Bleichröder un título nobiliario, convirtiéndose en los primeros ju dío s ennoblecidos
en Prusia. Bleichröder entablaría amistad con Bismarck hasta el punto que l e hizo renunciar a su proyecto
colonial a favor del Estado Libre del Congo de Leopoldo II d e Bélgica (NDB: 1955, vol.2, pág. 299 ).
117
que su potencial económico se emplease en contr a del Segundo Reich?. Fabri y los
primeros propagandis tas del coloni alismo alemán prom ovi eron el debate mientras q ue
las preocupaci ones de l a polí tica exterior alema na se centr aban en las acciones de
Francia y Rusia ( ARN DT: 2009 , 293-314; HÜBBE -SCHLEIDE N: 1879; 1881; 1882;
KISSINGER: 1998, 184- 202).
4.1. LA NUE VA RE D DIP LOM ÁTICA ALEM ANA Y LA KAISERLICHE MA RINE .
Cuando Stanley encontró a Livi ngstone el 10 de noviembre de 1871 y se
pusieron al t anto de los acontecimientos mundiales, la noticia q ue más le sorprendió al
misionero británico f ue la apertura del Canal de Suez y el r esultado de la Guerra
Franco-Prusi ana. Deseando participar en el nuevo orden europeo y dando m uestra s
de una especi al mesura en su polí tica exterior , Bi smarck es tableci ó q ue Alemania no
podí a ser de nuevo el campo de batalla para Europa : una política moderada y
contenida lograrí a posponer, y acaso evi tar, el peligro inminente de una injerencia
europea en los asuntos alemanes. Con la f undaci ón del Segundo Reich, la euforia
nacional ista que se había g enerado parecí a empujar a Alemania hacia una ampliación
a ultramar de las bases de su poderí o por medio de conquistas coloniales. Bisma rc k
temía que toda política llevada a cabo en est e sentido por part e del gobierno se
encontrarí a con la oposición de las potencias coloniales, contra las q ue Alemania
carecí a de m edios suficientes para enfrentarse pese a lo m ucho que se argumentase
al contrario (GRAEVE: 1872; HOBSBA W M : 2 010 , 138-177 ; JANUÉ I MIR ET: 2007, 76 ;
LIVINGSTONE : 1875; STANLE Y: 2005, 228; REY BROUC K: 2014, 46).
Bismarck habí a sufrido pa ra moderar las afirmaciones del poderí o alemán ,
conteniendo a muchos d e sus coetáneos para que no provocasen una n uev a g uerra.
Pese a la victoria, los militares alemanes siempre se sintieron vagamente
amenazad os, como lo d emuestran las e strate gias que siempre tuv ieron en cuenta p ara
combatir si multánea mente a una combinación de todos los v ecinos de Al emania.
Cuando Alemani a llegó a l os lí mites que Bismarck conside raba v itales para su
seguridad, siguió una p olítica exterior prudente y estabilizad ora ; necesi taba impedir
que el previsi ble re vanchismo fr ancés encontr ase aliados en Londres o en San
Petersbur go, y necesitaba la opción de te ner, si no una verdadera alianz a, al menos
buenas r elacion es con Roma y V iena . Para llevar a cabo estas transacciones
diplomáticas, el 21 de marzo de 1871 se creó en Berlín el Ministerio de Exteriores
alemán ( Aus wärtigen Amtes , también conocido como W ilhelmst raße ), nombrando al
124
general de Alejandrí a, Karl Albert Julius Hellmuth von Jasmund, f ue confirmado en su
puesto. El rentista con residencia en B erlí n Carl Eberhard Fichard t entregó su
exequátur ante el Segundo Reich como cónsul general del Estado Lib re de Orange
19
.
Los nombramiento s prosiguieron también po r Oriente M edio: e l 7 de novi embre de
1871, Georg Friedrich August es confirmado como cónsul del Segundo Rei ch en
Jerusalén, Heinrich Ludwig Theodor W ebe r
20
en Beirut y David Justus T heodor Ludw ig
Friedlände r en Constantinopl a
21
. Tras Á frica, Portu gal y Oriente Medio, fue el turno de
España, concretamen te en el archipiélago atlántico de las Islas Canarias, cuan do el 10
de noviembre de 1871 el cónsul Juan P edro Schwartz f ue confirmado en su puesto en
Santa Cruz de T eneri fe
22
(BRINGM ANN : 2001, 73, 153; TAFLA: 1994, 58; PONCE
MAR RERO: 2004 , 1. 289 ).
En contraste con toda es ta maniob ra administrati v o-diplomática, que aseguraba
al Segundo Reich su pr esencia y la pos ibilidad de t ener una acci ón má s e ficaz en el
comercio con el t erritori o africano, Bis marck em pez ó a eval uar la posi bilidad de una
alianza europea para conserv ar los f rutos de sus victorias. Las r el aciones entre
Alemania y Francia fueron particularmente difí ciles debido a la Revuel ta de Argelia y a
la crisis económica, agudi zad a por el T ratado de Frankfurt y su convenio adicional
23
.
En octubre de 1871 el emperado r austro-hún garo Francisco José nombr ó al f iloalemán
Gyula Andrássy ministro de asuntos exteriores y el primer movimiento fue mantener el
apoy o británico y el intento de obtener el apoyo alemán. Bismarc k esta ba obl igado a
mantener a Rusia y al Imperio Austro- Hún garo fuera de toda acción francesa, pero las
tensas relaciones entre el emperador y el zar limitaban la colaboración entre ambo s
imperios. Una posible acción r usa en los Balcanes alertaba a Bismarck, cuy a prioridad
era asegura r la integrid ad del Seg undo Rei ch en el continente europeo: deseaba la
paz para Alemani a y no querí a fricciones con ning ún otro estado . Esto exigía buenas
relaciones con Rusia sin echarse encima el antagonismo de Gran Bretaña: trató de
apaciguar a la primera conven ciéndol a de q ue Alemania no tenía int erés en los
Balcanes y de persuadir a la segunda de que suaviz aría las ambiciones rusas sobre
18
BA, R901 Aus wärtiges Amt, 3 Differe nzen, 3.1 All gemein, R901/36208, Streitigkeiten d er
Ägyptischen Regierung mit dem französischen Generalkon sulat in Alex andrien (Julio 18 71 - Diciembre
1871).
19
PAAA, RG 1871, St. 41, G. 714, S. 346, Ertheilung d es Ex equatur an Konsuln a uswärtiger M ächte,
31/10/1871.
20
DKL: 1920, vol.III, pág.692.
21
PAAA, RG 1871, St.4 3, G. 723, S. 373 -374, Ernennung zu Deutsch en Konsuln , 07/11/1871; NDB
3: 1957, 5 9.
22
PAAA, RG 1871, St.44, G. 729, S. 389 -390, Ernennung zu De utschen Konsuln, 10 /11/1871.
23
AMAE-P, Traités, Allemagne, 1 8710021, Convention additionnelle au traité de paix du 1871,
Frankfurt, 11/12/1871.
125
Constantinopl a y la I ndia (ALBERTINI: 2010, vol.1, 44-45; JAN UÉ I MIRET, ed. 2007,
76 ).
El Segundo Reich se limitó a abrir nuev os consulados en Arg el, Casabl anca, El
Cabo, Monrovi a y Túnez
24
, mientra s que el Imperio Austro -Húngaro abrió consulados
en Trípol i (Libia) y en T ánger y mandó una deleg ación permanente a Addis Abeba
25
.
Salv o el nombramiento de sus representantes , Alemani a estaba bien lej os de toda
activi dad en el continente a fricano, aunque el Au swärtigen Am tes empez ó a realiz ar un
seguimiento de la si tuaci ón en Etiopí a: el neg us pensaba r eforz ar su posición
mediante l a aper tura de canal es come rciales para el suministro d e arma s . Su
acercamien to a Alemania, entr e otros paí ses , era también un intento de contr apone rse
a la protección de Gran B retaña
26
(DEL BOCA : 2001, 58) .
Independienteme nte de la polí tica exterior alemana, en el continente africano
se estaba empezando a cr ear una nueva situación: Francia y Gran Bretaña habí an
considerado la idea de dividir África Occidental en esferas de influencia, en las q ue
sólo las corporaciones d e uno u otro país tendrí an derecho a comercia r y l os franceses
sugirieron que Gambia deberí a ser entregada a Francia a cambio del control británico
sobre la costa comprendi da entre S ierra Leo na y Camerún. La polí tica exterior
británica veía con m ayor preocupaci ón el avance ruso hacia los Estrechos de los
Dardanelos, Persia , I ndi a e incl uso hacia China. Las ambici ones coloniales f rancesa s
en África chocaban con las británicas, especialmente en Egipto , y cada vez con mayor
interés hacia la cuenca del río Senegal. ¿Su objetiv o? Uni r mediante ferrocarril dicha
cuenca con la del r ío Níger, que hubiese atraí do aun más al comercio de g ran parte
del interior del Áfr ica Occidental hacia m ano s fr anc esas. Esto podía af ectar al
comercio de las f acto rí as comerciales británicas en Gambia y podía af ectar, con el
tiempo, también a las rutas comercial es que iban hacia Ghana y hacia Si erra Leona . El
comercio en África Occidental estaba dejando de ser exclusi vamente costero y, en los
contados puntos clav e donde pudieron introducirse barcos de vapor, el comercio
europeo empezaba a llegar siempre más hacia el interior del continent e (ATMORE ,
OLIVER: 1997, 97 -153; HOBSBA W M : 2010, 154; I LIFFE : 1998, 216; KISSINGER :
1998, 203-204) .
24
PAAA, Be ständeübersicht, V. Auslands vertretungen, 186 Algier (1871 -1914); 235 Casablanca
(1871-1914); 308 Kapstadt (1871 -1919); 369 M onrovia (1871); 470 Tunis (1871 -1914).
25
OS A, Diplomatie und Außenpolitik, M i nisterium des Äußern, Politisches Archiv, Konsulates, P A
XXXVIII Tanger (1871 -1896) , PA XXXVIII Tripolis (1871-1914); OSA, Diplomatie u nd Außenpolitik,
M iniste rium des Äußern, Kaiserliche M issionen, F6 - 50 -1 Addis Abeba (1871-1918).
26
PAAA, Abesinien, Acta betr. die Verhältnisse Abyssinien, Bd. 1, Sig.14.885, 1872.
126
Alemania no podría ejercer ningún derecho en África Occiden tal pese a su
presencia comercial, ya que dependí a excl usivamente del apoyo de la R oyal Navy . La
primera misión de la recién constituida Kaiserliche Marine f ue la prote cción de las
costas alemanas y de las r utas comercial es m etropoli tanas, pero no tenía la capacidad
de ejercer una presenc ia constante en aguas afr icanas. C on bases e n Kiel y en
W il helmshav en, a part ir del 1 de enero de 1872 el primer jefe de la nueva Kaiserliche
Marine , aunque según la nueva constitución alemana era siempre el káiser quien t ení a
el mando supremo
27
, f ue el g eneral Albrecht von Stosch
28
. Al contrario q ue la armada ,
el ejército prusiano habí a dado muestras de su poderío y preparación durante l a
Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) , convirtién dose en el modelo del ejército austro-
húngaro. Pero era numéricamente más débil que el ejército ruso: s i el ejército alemán
tení a que volver a la acción, debí a ser el mejor ejército europeo gracias a su estructu ra
interna, a su discipl ina y a la ca lidad de sus cua dros, por lo que Bisma rck no dudó en
presionar al Reichstag para q ue, ade más de la Kaiserli che Marine , fuese aprobado el
“Presupues to de Hierro” para el nuev o ejército f ederal a le mán (GRÖNER : 1998, 87-88;
HILGEM ANN , KINDER: 1974, 81; SOND HAU S: 2003, 21 ; STÜRM ER : 1993, 221).
Habien do f racasado la s negociaciones de Andrássy con Gran Bretaña, a
principios de 1872 el Imperio Austro-Húngaro di o a conocer q ue deseaba una alianz a
formal con el Se gundo Reich, posiblemente dirigida contra Rusi a . Bismarck er a
contrario a una alianza enfocada contra San Pete rsburgo, ya q ue tal actitud provocaría
un acercamiento del zar hacia Francia . Por lo tanto, Bismarc k tenía q ue asegurarse de
que la relación entre Guill ermo I y el zar Alejand ro II fuese la más í ntima posibl e ,
mientras q ue las relaciones con Viena tenían que volver a su cauce . Bismarc k reiteró
que Alemania era un estado “saturado” , que a partir de ese mom ento la idea
dominante era la con sol idaci ón y no la e xpansi ón y que para g arantizar un lar go
perí odo de paz necesario para el Segundo Reich aspiraba a mantener a Francia en un
estado de incapacidad permanen te para evitar que emp rendiese u na revancha
27
BA, RM3 Reichsmarin eamt, Geschichte, Organisation und Stellenbesetzung der Marine, 2.
Personen, 2.1. Kaiserliche M arin e, MSG 225/1 Admirale der Kaiserlichen M arine (18 71 -1918).
28
Stosch , Albrecht von (1818-1896), mil itar alemán . Proveniente de una familia de teólogos, d esde
lo s once años ingresó en las escuelas militares de Potsdam y de Berlín. Desde 1835 sirvió en la infanterí a
primero y en l a artillería después para, en 1844, llegar a la Oficina topográfica de l Estado M ayor General .
Se interesó por la p olítica du rante las Rev oluciones de 1848 -1849. Asce ndiendo de grados, coincidió con
Bismarck y W aldersee. Hombre d e confian za del príncipe heredero Federico Guillermo de Prusia, u n
accidente ecuestre le impidió s ervir militarmente durante l as guerras d e la Unificación Aleman a po r lo que
se le nombró jefe de intendencia y d e los departamentos de economía. Tras su n ombramiento en la
Kaiserliche Marine , fu ndó la Academia Naval y reformó la armada. En 1875 fue nombrado alm irante y sus
solicitudes de incremento d e presupuestos no hici eron m ás que aumentar. Una d iferencia de opinión con
el k áiser provocó su dimisi ón en 1883 en plena cimen tación de la flota. Cuando la idea de la colon izació n
alemana salió a la luz, propuso China como objetivo y en 1886 re dactó u n m emorando Die deutsche
M arine un d die Colonisation (NDB: 2013, vol.25, pág.454-455).
127
(ALBERTIN I: 2010, vol.1, 45; LIDDEL HART, 1968: 18-20). Seg ún la prensa, el
representante de Franci a en Berlín:
“ ha hecho una proposici ón para entablar negociaci ones a fin de que Fr ancia
ceda a Alemania una de sus coloni as a cam bio de la r esti tución de Alsacia y
Lorena. Esta no ticia no pasa de ru mor aventurado. Lo que sí es cierto es que
Bismarck pensó hace algún tiempo en pedir a Francia que le ce diese
Conchinch ina, pero no a cambio de las dos pr ovincias, sino para atenuar la
exagerada inde mniz ación de gue rra que F rancia estaba obligada a pagar ”
29
.
Salv o esos rumores, lo único t angible q ue realizó el Segundo Reich en Áf rica
fue un tratado de come rci o con Portu gal y sus col onias el 2 de marzo de 1872
30
. El
Segundo Rei ch con t inuó t ejiendo su red consular y dipl omática por el Imperi o
Otomano: el 12 de marz o de 1872, G ustav Travers
31
f ue no mbrado vicecónsu l en El
Cairo
32
y el 9 de abril de 1872 Julius Eduard Große fue nomb rado vicecónsul en los
Dardanelos
33
. Tras or gani zar t odo este entramado administra tivo-burocrático, el 30 de
abril de 1872 Bismarc k inf ormó ant e el Reichstag del tr atado con Portugal y de la
situación interna cion al:
“ las negociaci ones entab ladas hace al gunos años con Portugal han lleg ado el 2
de mar z o de este año a la concl usión de un tratado de comercio y de
navegación […] , así como un convenio consular con los Estados Unidos de
América y un tratado postal concluido con Francia […]. La fuerz a que Alemania
debe a su uni ón baj o la form a del I mperio , no sólo garantiz a a la patria una
defensa y una protecció n seguras, sino que da además una p oderosa garantía
a la paz de Europa ”
34
.
Tras Gran Bretaña , Portugal y España, la acción administrativo-diplomáti ca
prosiguió con la Subli me Puerta el 7 de may o de 1872, cuando se confirmó al
29
HMC, La Federación, 02/03/1872.
30
PAAA, RG 1872, St.22, G. 856, S. 254 -264, Handels- und Sc hiffahrtsvertrag zw i schen
Deutschland und Po rtugal, 02/ 03/1872.
31
Travers, Gustav (1846-1892), dip lomático alemán . Curso Derecho y se doctoró e n la universidad
de Göttingen. Entró en el servicio diplomático y entre 1871 y 1877. Entre 1883 y 1887 estuvo destinado en
varios consulados del Oc éano Pacífi co pa ra volver a Áfri ca en 1 888 como cónsul en Tánger, pe ro dimitió
en 1889 por motivos de salud (BRINGM ANN: 2001, 148 -153; CURSCHM ANN: 2002, 689 ).
32
PAAA, RG 1872, St.8, G. 801, S. 66, Ernennung zu Deutschen Konsuln, 12/03/1872.
33
PAAA, RG 1872 , St. 7, G. 797, S. 58 , Ertheilung de s Exequatur an Konsul n auswärtiger Mäc hte ,
04/03/1872; PAAA, RG 1872, St.1 1, G. 812, S. 92, Ertheil ung des Ex equatur an Ko nsuln aus wärtiger
M ächte , 09/04/1872.
34
HMC, La Federación, 30/04/1872.
128
empresario Luigi Sabetta , anteriormente cónsul italiano, como vicecónsul en Sf ax ,
Túnez
35
, mientras que el 24 de mayo de 1872 Bernhard Heinrich Bronn fue nombrado
vi cecónsul en Port Said
36
. E l 4 de junio de 1872, en el M edi terráneo Oriental fueron
confirmados en sus puestos Barthel emé Badetti en Edirne, al arm e nio otomano
Simeon S. M urad en Jaffa , al comercian te Carl Friedrich W ilhel m Mey er en Suez, a l
agente consular E. Ziffos en Haifa, Jacob Elias en Latakia, A. Abela en Sidón, A.
Catzeflies en Tr í poli y al comerciante Emil Franck como vicecónsul e n Alejandría
37
(BRENN A: 1918, 144; CARAC HI: 2009 , 699; CICA R, ed. 2004, 75 -79; KARK: 1994,
115 - 116) . A m ediados de junio de 1872, la pren sa lanzó de nuevo rumores coloniales
relacionados con A le mani a en términos ante riormente ya v istos:
“ Alemania codicia algunas estaciones navales en lejanos mares. Si Portugal
quisiera, se le comprar ían a buen precio algunas de sus posesiones. Si Francia
cediese alguna de sus colon ias, serían menos duras las condici ones para la
evacuación defini tiva de su territo rio ”
38
.
Pero, de nuevo, la únic a acción concreta que tuvo lugar durante el ver ano de
1872 fue una acción de carácter ad mini strativ o-burocrático: la reestructuraci ón de la
jurisdicción consular en Constantinopla y en los Estrechos de l os Dardanelos
39
, y la
reorganiz ación ad uaner a de l as ciudades han seáticas, v incul ándolas f inalmen te al
sistema econó mico del Segundo Reich pe r o no a sus adua na s
40
. También las
publicaci ones sobre África f ueron escasas aun que el expl orador Karl Mauch bautiz ó
con el nombre del canciller una montaña de granito entre la front e ra de Mozambique y
Zimbabw e (FRITSCH: 1872; M AUC H: 1874 ; S TEPH AN: 1872 ).
4.2. COM PEN SAR A FRANCIA EN ÁFRICA.
Una vez ex tendida la nueva red consular , tr as poco más de un año de actividad
y debido a un escándalo diplomático, el 30 de septiembre de 1872 T hile presentó su
dimisión y Hermann Ludwig von Ba lan
41
f ue nombrado Auß enstaatssekre täre interino
35
PAAA, RG 1872, St.13, G. 819, S. 109, Ernennung zu Deutschen Konsuln , 07/05/1872.
36
PAAA, RG 1872, St.14, G. 823, S. 135 -136, Ernennung zu De utschen Konsuln, 24 /05/1872.
37
PAAA, RG 1872, St.14, G. 823, S. 135 -136, Ernennung zu Deutschen Konsuln, 24/05 /1872;
PAAA, RG 1872, St.16, G. 8 31, S. 168, Ernennung zu Deutschen Konsuln, 04/06/1872.
38
HMC, La Federación, 12/06/1872.
39
PAAA, RG 1872, St.23, G. 860, S. 288, Bezirkszuweisung für Deutsche Konsuln , 16/07/187 2.
40
PAAA, RG 1872 , St. 29, G. 880, S. 376, Be kanntmachung, betreffend die Bezeichnung de r
Hauptzollämter in Lübeck, Bremen und Ha mburg, 26/08/1872.
41
Balan , Hermann Ludw ig von (1812-1874), d iplomático alemán. Estudió Derecho e n las
Universidades de Berlín y de Heidelberg . Despué s de un bre ve pe ríodo como emplead o en el servicio
judicial d e Prusia, en 1833 e ntró en el servicio dip lomático . Entre 18 37 y 1841 fue Sec retario de Legación
129
(BRINGM ANN : 2001, 70). En otoño de 1872 se reuni eron f inalmente en Berlí n los tres
emperadores y sus ministros inter cambiaron sus puntos de v ista sobre asuntos
importantes . Prefigu rad a la Liga de los Tres Emperadores ( Dreikaiserbund ), y
coincidi endo con la liquidaci ón del importe pagado por los territo rios cedidos por
Francia a Alemania
42
, el zar habí a aseg urado al embajador francés q ue Rusia no
participarí a en ninguna acción contra Francia (ALBERTINI: 2010, vol.1, 45; DE
GRUN W ALD: 1963, 225; KISSIN GER: 1998, 205). El 11 de f ebrero de 1873 el
embajador b ritánico en B erlí n escribió a l Foreign Office que Bi smarc k
“ quería pedir mi colaboraci ón en nega r la […] idea que Prusia in tentara
anex ion ar se los Países Bajos con vistas a la adquisición de co lonias y de una
flota para Alemania […] . Él no desea colonias o f lotas para Alemania. Las
colonias, en su opinión, sólo serí an una causa de debilidad, ya que sólo p odían
ser defendidas por f lotas de gran alcance y la posición geográfica de Alem ania
no puede desarrollar una potencia marítima de primera clase. Para Alemani a
era suficiente una f lota que pudiese hacer frente a la de Austria, Egipto,
Holanda , Italia o tal vez Rusia. No podía haber un interés en Ale mania por las
colonias ya que no pod ía rivaliz ar con potencia s m arí timas como Ingla terra,
Estados Unidos o Francia. Muchas colonias se habían ofrecido a él y él las
había rechaz ado. Q uería sólo estaciones carboneras adquirida s medi ante
tratado con otras naci ones ” ( KNAP LUND : 1944, 87- 89 ).
Pese al éxito diplomático en Europa, Berlí n segu ía llevan do a cabo una política
africana mucho menos ambiciosa que la de Lon dres o Pa r í s. Es más, el 26 de ener o
de 1873 Alemani a buscaba acuerdos de i n migración para súbditos al emanes que
deseasen alcanz ar las colonias británicas
43
. En Namibia, los mision eros de la
Rheini schen M issionsge sellscha ft fundaron una m isión en W aterb erg, y en T ánger,
M arruecos, f ue abi erto un consulado alemán, cuya correspondencia inmediatamente
empezó a tratar sobre las demás misiones extranjeras, la situación inte rna del paí s y
en Bruselas y en 1845 fue nombrado c ónsul en Varsovia. En 1846 regresó a Alemania y tra bajó en el
Auswartiges Amt hasta 185 7. Entre 18 58 y 186 4 fu e el representante prusiano en Stuttgart y en
Copenhague, pa rticipando en l as negociacione s de l a Paz de Viena que pusi eron f in a la Guerra de l os
Ducados. Desde 1865 fue c ónsul en Bruselas exce pto entre 1872 y 1873, cuando fue
Außenstaatssekretäre . Tras ser sustituido por Bülow, volvió a la embajada de Bruselas (NDB: 2 013,
vol.25, pág.733).
42
AMAE-P, Traités, Allemagne, 18 720008, Décision de la Commission mixte de liquidation relative
aux consignations versées dans les territoires cédés par la France à l’Allemagne, 24/09/1 872.
43
NA -L, FO 918/17, To Bülow, Bernhard v on Prussian Se cretary of Stat e for Fore ign Affairs,
Doc.241, Berlín, 26/01/1873.
130
las r elaciones internaci onales de Marruecos
44
, siendo también desc ri tas por el
expl orador Rohlfs ( BAL LANO GONZALO: 201 3, 97- 98 ; KÖRN ER: 18 73; ROHLFS :
1873; W ILLIAMS : 2008, 126). Pese a los inconv enien tes presupuestarios, la
Kaiserli che Marine se siguió desarrollan do
45
. Para Bismarck, la Francia derrotada y
dividi da era un vecino mucho más peligroso que la Francia de Napoleón III, por l o que
concentró su a tención en dicho pa í s : propugnando un entendi miento con París ,
reanuda ba una polí tica de con frontación para , acto seguido, alcanz ar acuerd o s
mediante el empuj e de la atención f rancesa hacia las colonias. Pese a la
reorganiz ación del ejército f rancés, q ue incluyó a la Armée d’A frique como el 19º
cuerpo del ej ército dentro de l a Tercera Repúbl ica f rancesa, el trasla do de dicho
cuerpo desde el Norte de África f ue objeto de discusiones entre diversos ministerios y
la Marine Nationale durante los siguientes cuarenta años, divi didos a f avor y en contra
de desviar la f lota de su misión ofensiv a para asignarla a m odo de escolta de
convoy es de transporte ( CLAYTON: 1994 ; HA LP ERN : 2009, vol .1, 84 ; STERN: 1989,
399 - 408 ).
El gobierno británico tuvo q ue aumen tar sus esf uerzos y soportar una mayor
carga financiera debido a la guerra contra los ashanti en el Golfo de Guin ea, por lo que
los impuestos en esta colonia sobre bebidas alcohólicas, pólvora y t abaco, hicieron
crecer las exportaciones alemanas, que eran men os onerosas . Tras la Batall a de Raf in
Jaki, en Nigeria, y con la extensi ón de la dominación colonial británica d esde la costa
hacia el interior del continente africano
46
, el régimen de franquici a de las empresas
alemanas en T ogo se habí a extendido hasta Aneho e inmediata mente se convirtió en
un floreciente cont raband o (ATMORE , OLIVE R: 1997, 97). Pese a las favorabl es
condicion es económicas en Áf rica, el 30 de marzo de 1874 Alemania prom ulgaba una
ley sobre la limitación de la jurisdicción de sus c ónsules en Egipto
47
. En Ang ola tuvo
lugar una expedi ción a lemana hacia Loango (BASTIAN: 1874) y salieron de las
imprentas las nuevas publicacion es de otr os vario s ex ploradores ( M ARTINS : 1874;
PROKES CH-OS TEN: 18 74; SCH W EINFUR TH: 187 4; SP EITKAM P: 2010, 118). Pese
a q ue l a acción más de staca fue la publicaci ón de Der Anteil der D eut schen an de r
44
PAAA, Afrika I.B.13, Acta betr. Sc hriftw echsel mit der K. Ministerresidenteur zu Tanger sow ie mit
anderen Missionen und fremden Kabinetten über die i nneren Zustände un d Verhältnisse Marokko s, Bd.1,
Sig.15.458, 1873; PAAA, Beständeübersicht, V. Auslandsver tretungen, 451 Tanger (1873 -1914).
45
PAAA, RG 1873, St.10, G. 918, S. 59, Gesetz, betreffend die Etatsüberschreitungen bei den
übertragbaren Fonds der Mari neverwaltung in den Jahren 1867-1871, 29/03/1873.
46
BA, R100 1 Reichskolonialamt, 11. Kamerun un d Togo, 11.1. Allgemeine po litische
Angelegenheiten, 11 .1.1. Afrika allgemein, v .a. Berliner Kongo -Konferenz 1884/85 - Kol onisation a n d er
W est küste von Afrika, R1001/4187 Bd.1 Kolonisation an der W estküste von Afrika (1875-1876).
47
PAAA, RG 1874, St.10, G. 993, S. 23, Ges etz, betr. die Einschränkung der Geri chtsbarkeit der
deutschen Konsuln in Egypten, 30/0 3/1874; PAAA, RG 1 875, St.3 4, G. 1101, S. 381-384, Vero rdnung,
betreffend die Ein schränkung der Gerichtsbarkeit der deutschen Konsuln in Egypten, 23/12/1875.
131
Entdeckung und Erforschung Afrikas (KONER: 1874 ), donde se pretendí a dar un
pasado colonial a la ec onomí a a lemana, Bismarc k se encargó de asegurar ot ra v ez
que Alemani a no tení a más ambici ones territo riales:
“ los alemanes deberían quedarse en casa: no disponen ni de una flota
suficientemen te fuerte ni de una burocracia suficientemente hábi l para
administra r te rritorios lej anos . [Alemania] se parecería a los pequeños nobles
polacos que poseían una pelliza de cibelina, pero sin una camisa que ponerse ”
(DE GRUN W ALD : 1963 , 225; STERN: 1989 , 504).
Tras las dimisión de Balan el 9 de octubre de 1873, y el nombramiento de
Bernhard Ernst von Bül ow
48
como nuev o Außenstaatssekre täre , no cambió el r umbo
de la política exterior alemana. El Segundo Reich estaba centrado en su desarrollo
económico y, entre 1874 y 1875, el comercio alemán ocupó el se gundo lugar en los
cambios internacional es inmediatamen te despu és de Gran Bretaña ( BR INGM ANN :
2001, 70; H OBSBA W M : 2010, 261 ; W IRTH: 1873 ).
En 1875 fracasó el proyecto anglo-francés de divisi ón del Áf rica Occidental en
esferas de in fluencia, debi do a la intervención de otras potencias europea s, entre ellas
Alemania, que empezó a interesarse por los puertos marro quíes de El- Yadida y de
Esauira
49
. Bismarck, irri tado por la frialdad mostrada por el gobierno italian o con
respecto a una alianz a con el Segundo Reich , se desahogó indican do q ue podría
encontrar " una salida para las tendencias hostiles a Alemania , en África o en América
del Norte ” (ALBER TINI: 2010, v ol.1, 69). Ya más calmado, Bismarc k reiteró que la
única finalidad con respecto a Francia era animar la aún más en sus miras coloniales y
distraer así sus mirada s hacia río Rin (A TMORE , OLIVE R: 1997, 152; DE
GRUN W ALD: 1963, 237-252). El 10 de enero de 1875 Bismarck escribió de forma
confidencial al embajado r en Paris, prí ncipe de H ohenloh e, que
48
Bülow , Bernh ard Ernst von (1 815-1879), político al emán . Estu dió Derecho en las univers idades
de Berlín , Gotinga y Kiel pero com enzó s u carrera en 184 2 al servicio de Dinamarca como consejero de
negocios en las ciudades hanseáticas. Durante las Revoluciones de 1848-1 849 quiso o frecer su s
servicios al g obierno prov isional de Kiel pero sin éx ito. De nuevo al servicio de D inamarca, de sde 1850
representó a los d ucados de Schleswig-Hols tein en e l Parlamento de la Confederación Germánica, donde
coincidió con Bismar ck. Participó en las ne gociaciones para crea r la Confederación Alemana del Norte en
1867 y Bismarck, que ad miraba la defensa conse rvadora de Bülo w contra l os ataques liberales hacia los
ducados , en 1873 lo co nvenció para entrar al servicio de Prusi a como Ministro de Asuntos Ex teriores.
Desde ese momento, Bülow fue un fiel secuaz del canciller por lo que el diseño de la p olítica exterior
correspondía en gran medida a l a Can ciller. Plenipotenciario en el Bu ndesrat y lug arteniente del Canciller,
durante el Congres o de Berlín (1878) f ue uno sus represe ntantes oficiales (ADB: 1903, vol.47, pág .350-
355; DKL: 1920, vol.I, pág.253).
49
PAAA, Bes tändeübersicht, V. Auslandsvertretungen, 362 Mazagan (1875 -1907), 367 Mogador
(1875-1914).
132
“ para nosotros no es una desventaja ni una tendencia a combat ir si la política
francesa busca en el norte de África y en el oriente otomano un nuevo campo
de actividad . La absorci ón de las fuer z as no utilizad as por Franci a, y el
comercio que es capaz de fo rmar allí, es una deducción de sus tendencias
agresivas contra Aleman ia. Todas las otras grand es poten cias, con la inclusión
de Italia e incluso de España, están más cerca de nosotros, ya que en el
Mediterráneo e stán celosos de Franci a ”
50
(DE GR UN W ALD: 1963, 267).
En 1875, las relaciones entre Alemania y Francia sufrieron una crisis: u na
psicosis de guerra prov ocó que Rusia apoyase a Francia y q ue el Imperio Austro -
Húngaro apoyase a Alemania ( S TÜRM ER: 1993, 255-256). El 30 de abril de 1875
Bülow escribió a Hohenl ohe:
“ creo exclui r que los intereses de Francia y de Alemania los lleven a l ucha r
entre sí. En África y en el Levante, las colisiones entr e los esfuer z os ale manes
y franceses, cuando se producen, son inducido s artificialmen te y de manera
indirecta ”
51
.
La combinación de inquietud británica, maniob ras f rancesas y ambivalencia
rusa conv enció a Bismarck a no mov iliz ar t ropas y de que sólo una política e xterior
activa podría impedir la f ormación de una coalición contra Alemania. Gran Bretaña,
siempre temerosa de que una sola potencia d ominase la costa no rte de E uropa,
empezó a agitarse. El primer ministro británi co, dio instrucci ones al Foreign Off ice para
que, a través del canciller ruso, se in timidase a Berlín pero la política eu ropea estaba
determinada , cada vez más, por la políti ca colonial. Lo q ue G ran Bretaña temí a era
que sus rivales se r ese rv asen el comercio de sus nuevas colonias mediante elevadas
tarifas o bar reras aduaneras, por lo q ue se vio empujada a entrar en la carre ra con
Francia por los territorios af ricanos con el f in de hacerse con la mayor esfera de
influencia posible para sus f uturas a ctivida des. La Guerra de Cabo Palmas, por la
frontera entre Liberia y Costa de Marfil, f ue ej empl o de ello, pero provocó también la
apertura en Liberia de un consulado alemán en Cavalla para la protección de sus
50
DGPEK, 1. Ba nd. Der Frankfurter Friede und s eine Nachwirkungen 1871 -1877, Berlín 1922,
pág.303, Der Reichskanzler Fürst von Bismarck an den Botschafter in Paris Fürsten von Hohe nlohe,
Konzept Nr.194, 10/01/1875.
51
DGPEK, 1. Ba nd. Der Fran kfurter Friede und seine Nac hw irkunge n 1871 -1877, Berlín 1922,
pág.262-263, Der Staatssekretär de s Auswärtigen Amtes von Bülow an den Botschafter in Paris Fürsten
von Hohenlohe, Konzept Nr.168, 30/04/1875.
133
intereses
52
. Otro ejemplo fue el interés tant o de Francia como de I talia por Libia o que
el jediv e I smael no r enunció a sus agresiv os pl anes y en enero de 1876 los egipcios
desembarcaron en M assaw a. Ante la agresiv id ad egipcia, el ne gus Meneli k pensab a
reforz ar su posición mediante la apertura del co mercio de arma s c on Europa,
estrechando sus r elac iones con Alemania en 1876 (DEL BOCA : 2001, 46;
KISSINGER: 1998 , 205-207; KÜHNE: 1875; RE ADER : 2001, 449; VA MBE RY: 1875 ;
ZITTEL: 1875 ).
Dicha carrera t uvo dos m omentos sobresalien tes, ambos protagoniz ados por
Gran Bretaña. El primer o tuvo lugar el 19 de novi embre de 1875 cuando Londres se
adelantó a Parí s y, con capi tal prov eniente de los banqueros Rothschild, compró las
acciones del Canal de S uez en poder del jedi ve egipcio . El segundo f ue cuando
Londres q uiso cumplir con el propósito de una única colonia q ue acoplase a sus
territorios suda frican os las repúblicas bóe rs. Los franceses se acusaba n entre si d e
seguir el juego de Bismarc k al empeñarse en África y ol vi d arse de Europa, pero la
inici ativa f rancesa estab a en manos de la facción decidida a revitaliz ar Francia con la
riqueza col onial , f unda mentalmente con la de África Occidental ( FERGU SON: 2007 ,
195; HOPKIRK: 2004, 402; HORNE: 2007, 25; I LIFFE: 1998, 241; LANDES : 1990,
290; MOHR: 1875; M ORTON: 1962, 170-172; READ ER: 2001, 449). Por parte italiana,
todaví a nadi e pensaba en Túnez hasta que en julio de 1876 And r ássy no se lo
propuso al emba j ador ita li ano, q ue decl inó la o fert a (ALBERTINI : 2010, vol .1, 66).
La deuda of icial de Egi pto era enorme. Sus esfuerzos para div ersificar su
economí a creando una industria azucarera, y no depender así del comercio del
algodón, se vieron f rustrados por el hecho q ue no se logró impedir la importación
desde Alemania y desde Rusia, q ue expor taba n a precios m ás bajos gracia s a
subsidios gubernamen tales. T ras su bancarrota, una comisión interna cional , Caisse de
la Dette Publique , se hizo carg o de las f inanz as egipcias el 3 de m ayo de 1876
siguiendo el model o del Imperio Otomano
53
. La comisi ón fue dirigida inicialmente po r
un secretario y tres comisi onados, que represent aban a los gobiernos de Francia, Itali a
y del Imperio Austro -Húnga ro; Alemania no tuvo representación alguna tras el visto
bueno de Bismarck ya que pensaba q ue, de todas f ormas , el Segundo Reich también
saldrí a benef iciado sin ser involucrado d irectamente en los asuntos eg ipcios g racias a l
control b ritánico del Ca nal de Suez (FER GUSON: 2007 , 195 ; ILIFFE: 1998 , 214 ;
52
PAAA, Beständeübersicht, V. Auslandsvertretungen, 237 Cavalla (1876-1904).
53
NA -L, FO 918/17, To Bülow, Bernhard v on Prussian Se cretary of State for Foreign Affairs,
Doc.254, Berlín, 05/11/1876.
140
5 . “ N O QUIERE OÍR HA BLAR DE COLON IAS ”
EL CONGRES O DE BE RLÍN Y SUS CONS ECU ENC IAS
(1878- 188 3)
Para Bismarck la inv ersión de capital alemán en el extranjero era una f ue nte de
poder, de in fluencia y de presti gio para el Segund o Reich. Estaba convenci do q ue
Al emania deb í a promover sus intereses f uera de sus f ronteras, siemp re que f ues e
posible y sin dañar otr os intereses europeos que pudiesen llevar a cabo represali a s
que per judicasen al Segundo R eich . Para l ograr una plena y r entable activi dad
económica y comercial, la diplomacia debía lograr la mayor estabilida d i nternacional.
El mundo era similar a un tablero de aj ed rez donde cada movimien to de cada potencia
tendría cientos de repercusion es a distancia, y v iceversa, donde un pequeño país o
una colonia podrían de satar enormes consecuenci as. Por otr a parte, el tablero se
transformaba con tinuamen te, con nuevos problemas y con crisis que amenazab an el
precario equilibrio de las piezas. Bismarck estab a decidi do a preveni r y manejar en la
medida de lo posible estos cambios de intere ses y alianz as (STERN: 19 89, 385-387 ;
STRANDM ANN: 1969, 140-159).
El interés alemán por Áfr ica no puede analizarse de manera aislada y debe
insertarse en el contexto de la interconexión entre acontecimiento s afr icanos y
europeos . Con respecto a Europa, la g ran mayoría de estos eventos están
relacionados con l a coexistencia de las di ferentes polí ticas coloni ales y su r epercusión ,
tanto interna como exter na, en diferentes aspec tos geopolí t icos. Con res pecto a África,
la gran mayoría de estos eventos están relacionados con la trans formación de las
economí as africanas, en particular con la incorporación de los territorios a fr icano s ,
Egipto en primer lugar, al sistema económico europeo como exportador es de materias
primas . P a ra m e j o ra r di c h a s e x p o r t a ci o ne s , Egipto y T únez podían convertirse en los
puntos de partida para las penetraciones hacia el África Subsaha riana: hacia el oeste
de Áfr ica en dirección al gran meandro del río N íger y hacia el este de África por el r ío
Nilo ( O W E N , e d . 1 9 7 7 , 2 40 - 2 4 1 ) .
Desde la constitución del Segundo Reich y en orden a la promoción de los
intereses comercial es alemanes , Bismarc k evitó poner en m archa una polí tica colonial
por mo tivos estratégicos , econó micos y políticos. Dicha polí tica debería coexi stir con
las diferentes polí ticas colonial es y sus derivaciones geopolí ticas se basaban en tres
axi omas: compensa r a Francia en Á frica, alcanz ar acuerdos comerciales con Gr a n
Bretaña y usar el contine nte africano como moneda de cambio en las cr isi s europeas.
141
En primer luga r, la políti ca colonial f rancesa se afirmó tras la derrota en la Guerra
Franco-Prusi ana (1870-1871) y fue amplificad a con la complicidad del canciller
alemán ; las expl oraciones hacia el Sahara se m ultipli caron y los proyectos de un
ferrocarril transahariano tomaron cuerpo: el objetiv o de la política colonial francesa era
reforz ar su influenci a en África Occidental y consolidar su posición en el Magreb . En
segundo lugar, Gran Bretaña esta ba irremedi abl emente inv olucrada en Eg ipto tras la
apertura del Canal de Sue z, vigilando de cerca la polí t ica colonial francesa e
intenta ndo ponerle obstáculos, principalmente en la expansión por el Sahara: el
objetivo de la política colonial británica era reforzar su inf luencia en el M ar Rojo y
consolida r su posición en Egipto , inten tado abolir el condominio franco- británi co tras
comprar al jedive egipcio sus acciones del Can al de Suez y tr as obtener Chipre del
Imperio Otomano a cambio del apoyo británico contra las ambiciones r usas . Como
resarcimien to, Gran Bretaña de jó a Francia li bertad de acción en Túnez, gracias
también a la neutralidad de Bismarck. En tercer lugar, Bismarck util iz ó las crisis en
Europa del Este, el antagonism o franco-británico, las inquietudes de España y las
decepciones de Italia p ara plantear una Liga Medi terránea para la def ensa del statu
quo y contra la política colonial francesa, que el mismo canciller defendí a (STERN:
1989, 504).
El Congreso de Berl í n ( 1878) reforzó esta política e xterior alemana y un
acercamien to entre el Segundo Reich y la T ercera Repúbli ca f rancesa f ue perseguido
activamente por ambas partes, con o sin colonia s. El antagonismo franco-británico, en
sus correspondien tes pe rspectiv as polí t icas y diplomáticas, y los impotent es deseos d e
las naciones del sur de Europa, blo quearon cualquier polí tica colonial en el Mar
M editerráneo y desplazaron hacia el Áf rica Subsahariana las riv alidades de las
potencias. La atención de la política col onial francesa recay ó también sobre el resto
del Magreb ante las presiones británicas en el Norte de África, la decepci ón por la
pérdida del condominio fr anco -británico en Egipto, el deseo de encontrar una nuev a
ví a de penetración sahariana hacia el oeste y el auge del panislamismo . A part ir de
1882 el g obierno francés se esforz ó en obtener importante s concesiones del sultán de
M arruecos pero la oposición conjunta de Alemania, España, Gran Bretaña e Italia
hi cieron renunciar las p retension es frances as en junio de 1884 (STERN : 1 989, 727 ).
En el Áfr ica Subsahariana se enfrentaban los proyectos de Francia y de
Leopoldo I I de Bélgica. Las expl oraciones de Pierre Sav orgnan di Braz zà y de Henry
M orton Stanley encontraron vías de penetración hacia el África Central , lo q ue puso en
alerta a b ritánicos y portugueses ya que el N orte del Congo era, nominalmente hasta
142
1880 , una prov inci a egipcia y un área cercan a al control portu gués . Desde 1880
Brazz à f ue f irmando contratos con jefes locales y el gobierno f rancés , para hacer
olvidar la humillación causada por la liquidación del condomini o fr an co-británico en
Egipto, decidi ó ocupar b uena par te del área del Congo . Leopoldo II y Gran Bre taña,
inquiet os ade más por el prog rama colonial f rancés para Á frica O ccidental ,
reaccionaron apoyan do los interes es de España , I talia y Portugal , q ue en ese año
ocupó la reg ión norte del r í o Congo. En Á fr ica Central, Stanley hizo lo i mposible para
impedir en el río Congo el avance de los intereses comerciales franceses, q uienes e n
octubre de 1882 ratificaron l os t ratados obteni dos por Brazz à. Esto amenazaba la
supervi ven cia de las estaciones construidas y de los tratados negociados por Stanley ,
pero eso era y a una cuestión de derecho internaci onal: la soberanía es una
prerrogativ a de los Estado s, no de indiv idu os, asociaciones o empresas ( HAMM O ND:
1966; MIÈGE: 1975, 31-37; READER: 2001, 459- 460 ; REYBROUC K: 2014, 45-66;
STERN: 1989 , 498 ).
Esta situación en África se había desarrollado a raíz de lo q ue ocurrió en el Mar
M editerráneo: el ejército ruso habí a llegado a las puertas de Cons tantin opla e impuso
el Tr atado de San Stefano el 3 de m arzo de 18 78. Contrariamen te a lo que se habí a
acordado en el precedent e Conveni o de Budapest (1877), este tratado creó una g ran
Bulgaria autóno ma, más g rande q ue cualqui er otro estado bal cánico, cu y as fronteras
alcanz arían la ciudad grieg a de Tesalónica. Rusia ignoró los compromiso s previos y el
desacuerdo austro-hún garo y británico hizo poco probable la acep taci ón de este
tratado por parte de las potencias, por lo que el conde Gyula Andrássy, el ministro de
relaciones ex teriores austr o-hún garo, expresó su intención de promover un congreso
europeo. El zar y el ministro de relaciones exteriores r uso, Alex ander Gorchakov ,
trataron de ev itar un pel igroso ent endimien to ent re G ran Bretaña y el Imperio Austro -
Húngaro, tratando de ser los primeros, con el benepláci to de Bismarck, en llegar a un
compromiso con Viena . Andrássy f u e muy exigente: la reducci ón t errito rial de Bulgaria
y e l derecho de anexionarse Bosnia-Herzegovina a cambio de u na benévola
neutralidad en un posible conflicto ruso -británico (KAN N: 1998, 345 ; M ER KER: 2006,
181).
Viena veía en la ocupación de Bosnia-Herz egovina no sólo una mejor posición
militar en los Balcanes contra Rusi a y contra Itali a, en el caso de anexión itali ana de
Albani a en v ez de Túnez, sino además una etapa en el camino hacia Tesalónica, l o
que contribuirí a a un mayor y m ejor comercio con el Norte de África . Además, el
Imperio Austr o-Hún garo, con sus más de dos mil k ilóme tros de litoral continental y sus
143
más de cuat ro mil kilómetros de costa s insul ares, tení a que confiar en el tr áfico
marítimo, tanto para el comer cio como para el tr anspor te de t ropas, debido a las
deficientes l í neas ferrovi arias y al i nsuficiente trá f ico fluvi al . Andrássy r econoció q ue
Viena ten ía q ue asegu rarse cier tas ven tajas comercial es, sin buscar la anexión
inmediata, pe ro sin permitir obs táculos para la expansión austro -húnga ra: el objetivo
de la polí tica “colonial” austro -húngara era mantener ba jo su influencia al m enos la
mitad occide ntal de los B alcanes (ALBER TINI: 20 10, vol .1, 57-69; SOKOL : 2010, v ol.1,
45 ; SONDHAU S: 2003, 45). La atención de Alemania estaba bien lejos de lo que
Rusia hací a en los Bal canes o del comerci o austro -hún garo con África. El 20 de abril
de 1878 el e mbajador alemán en Londres, Georg M ünster
1
, escribió a Bismarc k:
“ será el mundo financi ero el que muy pron to cal mará al gobierno de Par ís, ya
que los be neficios económicos serán mayo res que todos los recuerdos
históricos de Napoleón en Egipto. Lo que Francia busca en África es consol idar
su poder en Argel, en Túnez y en el puerto de B ona [ Annaba] . Para Inglaterra ,
esta adquisici ón frances a sería mucho menos g rave que la ital iana ”
2
.
Francia no irí a a la g uerra por Egipto, pero estaba m uy pendiente de la
situación en los Bal canes. El 30 de abril 1878 el embajador francés en Vien a comunicó
a Parí s q ue era probabl e que la consecuencia natural de la ocupació n de Bosnia -
Herzegov ina fuese la anex ión austro-húngara de Albania y de Macedonia. Esto e ra ir
más allá del Tratado de San Stefano y perjudic arí a los intereses británi cos, ya que
1
Münster, Georg Herbert zu (1820 -1902), diplomático alemán. Nacido en L ondres, tr as sus
estudios de Derecho en Bonn, Göttingen y Hei delberg se hizo cargo de las grandes propiedades de la
familia. C onservador, rechazó las reformas en el Reino de Hannover y consideró las Revoluciones de
1848 -1849 como u n desastre. Rep resentó a dicho reino en Sa n Pete rsburgo entre 18 57 y 1865 y estaba
en contra de que Hannover fuese integrado en la Federación Alemana del Norte prime ro y al Segundo
Reich despué s. Debido a sus víncul os con la sociedad a ristocrática británica, fue nombrado embajador
alemán en Lo ndres en 1873. A partir de la psicosis d e guerra de 1875, su relación c on Berlín comenzó a
deteriorarse ya que mostraba un a lto grado de autonomía al enviar directamente s us informes a Guillermo
I sin pasar previamente por el Auswartiges Amt , ganándose la r eputación de insubordinado. Dur ante el
Congreso de Be rlín en 1878, se esfo rzó para que el gobierno británico comprendiese la actitud alemana al
mismo tiempo que advertía al gobierno alemán de l os peligros que l e acechaban. La e scalada de tensión
entre el Canciller y Münster tu vo s u cúlmen entre 1884 y 1885 por la política colonial: Münster se había
negado a plantear la necesidad de colonias alemanas ya q ue el Segundo Reich no tenía los medios
navales necesarios . Sin e mbargo, trató d e alcanzar un acuerdo con Gran Breta ña ante las recl amacione s
alemanas en África y en el Océano Pacífico. Se gún Bis marck, n o lo hizo de manera eficiente y, entre
violentos reproches, organizó una m isión especial a Londres a ca rgo de su hijo Herbert . No consid erando
a M ünster apto para representar l as ideas c oloniales alemanas d urante la Con ferencia de Berlín ,
Bismarck lo nombró embajador en Francia en nov iembre de 1885. Busc ando un equilibrio d e intereses
con París, m antuvo controversias personales c on Gui llermo II, sobretodo por la injerencia de los
agregados militares en la lab or diplomática. El despido d e Bis marck en 1890 fue recibid o con júbilo por
M ünster. Representó a A lemania durante la Primera Conferencia de la Paz de L a Haya en 1899 pero
sabiendo q ue el d esarme era sólo ficticio. Solicitó su ces e a Bülow y a Hol stein, q ue lo a ceptaron en
noviembre de 1900 (NDB: 1997, vol.54, pág.535-537).
2
DG PE Kabinette, 2 . Band. Der Berliner Kongreß und seineVorgeschichte, Berlín 1922, pág.291,
Der Botsch after in London Graf M ünster an den Reichskanzler Fürsten von Bismarck, Ausf ertigung
Nr.401, 20/04/1878.
144
darí a el beneplácito a las conquistas rusas y colocaría al gobierno de Co nstantinopla a
la merced de San Pe tersbur go. Un acuerdo anglo -ruso, que tendrí a ta mbién el
benepláci to de Bi smarck, hací a temer a András s y , más aún tras recibir el 8 de m ay o
de 1878 una r espuesta poco satis factoria desde San Petersburgo: Rusia aprobaba la
ocupación austro-hún gar a de Bosnia-Herzegov ina pero insistí a en que una parte f uese
dividi da entre Serbia y M ontenegro, lo q ue signi ficaba cerrar a Viena la vía hacia
Tesalónica (ALBER TINI: 2010, vol .1, 59- 69 ).
Andrássy promovió de nuev o un congr eso europeo y q ue se celebrase lo antes
posible, sobre t odo para que la situación no se volviese aún m ás desvent ajosa para el
Imperio Austr o-Húnga ro. Aceptando la invitación para un a conf erencia sobre la que se
iba discutir el Tr atado de San Stefano y, m ás importan te aún, con un Bismarck
totalmente neut ral, cuando se fijó la fecha de ini cio del congreso ya era demasiado
tarde: Gran Bre taña y Rusia ya hab í an resuelto las cuest iones más importan tes en u n
acuerdo f irmado el 30 de mayo de 1878, donde Bulgaria f ue redimensionad a y
Rumania f ormalmen te reconocida . En estas ci rcunstancias , Constanti nopla, San
Petersbur go y Viena se dieron prisa en retomar las negociacion es con Londres. Er a
importante acla rar, bil ateral mente o no, las a mbi ciones austro-húngaras y rusas en el
M ar M editerráneo: Viena deseaba hacerse con el puerto de T esal ónica para su
comercio y San Petersburgo deseaba hacerse con el control de l os Estrechos de los
Dardanelos . En acuerdos secretos y separados, Gran Bretaña promet ió al Im peri o
Austro-Húnga ro que apoy ar ía su ocupación de Bosni a- Herz egovina si a su vez se
empeñaba en apoyar las exigencias británicas relativ as a Bulgaria durante el
congreso; luego ase guró al sultán otomano que g arantizarí a su control sobre la
Turquí a asiática a cambio del uso de Chipre como base naval (ALBE RTINI: 201 0 ,
vol .1, 59 -60, KISSINGE R: 1998, 216; SOKOL : 2010, v ol.1, 21; WIESER: 1989, 32).
Tras estas concesi ones bilaterales en los Balcanes, la principa l f unción del
congreso sería la de otor gar la venia europea a todo lo previamente ya negociado. No
obstante, Alemania, Gran Bretaña y el Im perio Austr o-Húngaro volvi eron a plantear
compensaciones en el contine nte africano. Bis marck al teró por co mpleto su ant eri or
en foque en polí tica exterior: si ya no podí a mantener el e quilibrio de pode r teniendo
menos compro misos que ningún potencial adversario, establece rí a más relaciones con
más paí ses que ningún otr o posible adversario y, con ello, dejaría a Francia sin
compromisos y podría escoger entre muchos aliados, seg ún lo ex igieran las
circunstancias . Bismarc k e mpezó a preparar un sistema de ali anz as di estramente
concebido: por una parte , para impedir que los po tenciales adv ersarios de Alemani a se
145
unieran y , por otra, para contene r las activ ida des de los asociados de Alemania. D e
este modo, Bismarc k si empre t end rí a un veto sobre la acción co mún, así como la
opción de actua r por su cuenta. Para ello, el canci ller prefirió e mpez ar a gana rse la
confianz a de los f ranceses r espetando su in fluencia en Marruecos
3
, pero esto signi ficó
para Parí s f irmar acuerd os y entre el 1 y el 4 de junio de 1878 fueron f irmadas una s
declaraciones de intenciones mediante los cuales T o go quedaba bajo custodi a
alemana
4
. No era una auténtica colonia, pero signi ficaba que Parí s se empeñaba en
respetar los interese s a lemanes en el África S ubsahariana , concretamente entre el
Benin f rancés y la Ghan a británica, y en otros p untos de la cos ta occidental afr icana .
Así pues, el Congreso que iba a reunirse en Berlín perf ilaba a África como una simple
subcláusul a en un acuerdo más grande y complejo relacionad o con el futuro de los
Balcanes (ALBERTINI: 2010, vol.1, 68-69; FER G USON: 2007, 194; JA NU É I M I RET:
2007, 86; OBE RLÄN DER : 1878; STERN : 1989, 395 ).
5.1. EL C ONGRESO DE BER LÍN (1878).
Bajo la presidencia de B ismarck, se abrió el Congreso de Berl í n el 13 de j unio
de 1878. Bismarck inició todas sus intervenciones c on estas palabras: “ Alemani a, que
no tiene ningún interés directo en los asuntos d e Oriente ” , y describió su papel en el
congreso como el de “ honorable ag ente ” (“ ehr licher Makler ” ), aunque el banquero
Bleichröder recordó a Bismarc k q ue en su posici ón podí a ser cualquier cosa meno s
neutral . Al ig ual que un comerciante, Bismarck exponí a su pensamiento con franqueza
y, cuando encontraba recal citrantes a sus interlo cutores , se e s forzaba en ganárselos
para su causa con “agasajos” que no le costaban nada ya q ue se trataba de regiones
alejadas de las f ronter as alemanas. Una vez pasada la novedad de las t ácticas
diplomáticas de Bismarck, la posición del canciller se f ue complican do cada vez más:
no había n ingún interés alemán q ue salvaguarda r en los Balcanes excepto evi tar una
guerra entre el Imperio Austro-Húngaro y Rusia. Bismarck intentó desviar el centro de
l a atención cuando señaló al primer ministro británi co, Di sraeli, como el más direct o
interesado . Cierto es q ue ambos estadistas llegaron a admirarse mutuamen te: los dos
suscribí an la Realpolitik , no sentí an la menor simpatía por los pueblos eslavos y eran
muy dados a las f rases cí nicas y mordaces, a las generaliz acion es y a las puyas
sarcásticas. Hastiad os por los detalles, Bisma rck y Disraeli preferían resolver la
diplomaci a a grandes r as gos , encar gándose los correspondientes ministros de
3
BA, R901 Auswärtiges Amt, 12. M itteilungen (N achrichten) und In formationsa ustausch zu
verschiedenen gesellschaftspolitischen Bereichen, 12.2. L änder, 1 2.2.1. Afrika, R9 01/33240, Bd.1,
Berichte und Nachrichten allgemeinen Inhalts aus und über M arok ko (Feb rero 1874 - Juni o 1903).
4
SB A, Bundesblatt, Band 1, Heft 14, 05/04/1890.
146
exteriores, Bülow y S alisbury , de la cotidiana y detallada negociación política
(KISSIN GER: 1998, 216 -251; S TERN: 19 89, 395- 499 ).
Pese a l os acuerdos preli minares, éstos no f ueron precisos y varia s v eces los
plenipo tenciarios estuv ieron a punto de ruptura . Con respec to a Á frica, Bülow hab í a
señalado a Italia su apr obación sobre la ocupación de Túnez o de Trípoli , siempre y
cuando G ran Bre taña estuviese de acuerdo; temerosa de la reacción fr ancesa, Italia
se abstuvo de cualquier interven ción. Cuando el embajado r italiano en Londres supo
del tratado anglo-otoma no, mostró su preocupaci ón a Bülow . Bi smarck, inf ormado e
indignado por la neg ativa italiana, le dijo a los br itánicos: " tomen Egipto y dejen que
Francia to me Túnez ". Sali sbury dej ó entender vel adamente al e mbajador italian o e n
Berlí n que hubiera preferido que Italia f uese más f uerte en el Mar Mediterráneo pero,
para apaciguar a Francia, Salisbury declaró : " Tomen Túnez si quieren, Inglaterra no se
opondría a ello y respetará sus decision es ” (ALBER TINI: 2010, vol.1, 30 -3 1) . El
cancill er instó una vez más a Francia a t omar T únez y mostró hostil idad hacia I talia.
Tras acordar el f uturo de Bulgaria, Bosnia-He rzegov ina y también de Grecia, pese a l a
oferta hecha a Francia e Italia con r espec to a la ocupación de T únez, la única acción
italiana en África f ue que sus cónsules en Ad én llegaron a acuerdos con Etiopía
(ALBERTIN I: 2010, v ol.1, 32 -69; QUAZZ A, ed. 19 91, 9 ; R AULICH : 1925, 401 ).
Se establecieron otros f rágiles acue rdos sobre las de más pose si ones
otomanas en Europa y en África que f ueron, bajo varios aspecto s, la si mpl e
prosecución de la dipl omacia europea f ue ra del contine nte. M edi ante una conv enci ón
firmada con la Subli me Puerta el 14 de junio de 1878 f ue ratificada la cesión de Chipre
a Gran Bretaña por parte del Imper io Ot oman o. Ante la pérdida de poder y de
prestigio, el sultán Abdul Hamid II hizo un llamamiento a la solidaridad musulmana
usando los sí mbolos del califato y del Islam en un modo aún mayor que sus
predecesores. El I mperio Otomano se habí a vue lto más asi ático y m ás musulmán a
causa de las pérdidas territoriales por lo que podía amenazar con proclamar una yihad
entre los m usulmanes de todo el mundo , especi almente en las coloni as británicas y
francesas y en las posesiones rusas . Much os polí ticos europeos consid eraron poco
realista la política panislamista pero, en g eneral, los administradores de las colonias s í
tuvieron en cuenta la gravedad de dichas a menazas (FERGUSON: 2007, 194;
ZÜRC HER : 2007, 96-100).
147
El Congreso de Berlín
(UBH, Kladderadatsch, 16/06/1878).
El 20 de junio de 18 78 Disraeli le comunicó a la r eina Victoria, recién
proclamada empera triz de la India, que “ Bismarck está encantado de que tomemos
Chipre porque cogemos algo ” (DE G RUN W AL D: 1963, 287) . Pero más importante
aú n, a cambi o de t ener las manos libres en Egipto, Gran Bretaña pactó con Alemania
la renuncia a Namibia, ex cepto el enclave de W al f ischbucht , la actual W alv is Bay . El
acuerdo anglo-ruso sobre la div isión de Bulgaria, con m utuas limitacione s para el
sultán y para el z ar, fue rec hazado por el Imperio Aust ro-Húngaro. En estas
circunstancias , Andrássy se dio prisa en concluir otro acuerdo con Salisbury . Viena ,
alentada por Berlín, abogó cada vez m ás a favor de un acercamien to haci a Alemania
con el fin de contener las ambiciones de S an Petersbu rgo en l os Balcanes y la
consolida ción de las recientes ad quisiciones acordadas . Rusia obj etó que su s
propuestas se alejaban por completo de t odas sus prevision es y el resentimiento ruso
se volvi ó principalmente contra Alemania y contra Bisma rck, el mediador en el
congreso (ALBERTINI: 2010, vol .1, 58- 89 ; ATM ORE, OLIVER: 199 7, 70 ; STER N :
1989, 395).
El 4 de julio de 1878 el pl enipotenciario otomano, Karatheodory Bajá, declaró
que había recibido nuevas instrucciones de Constantinopl a y el g obierno otomano
tení a plena confianza en la opinión del congr eso sobre la mejor manera de asegurar la
148
paz en Bosnia-Herz egovi na, pero que se reservaba el derecho de considerarlo
directamente con el gabinete de Viena. A pesar de las protestas de Bismarc k, la
delegación otomana permaneció en esta actitu d. No obstante, el sult án otomano,
conven cido de la necesidad de llegar a una ali anz a con un estado europeo, eligió a
Alemania como socio: Berlí n g ozab a de gran influenci a ante la Sublime Puerta debido
al enorme volumen de negocios entre ambos imperios y el Islam empezó a ser f uen te
de interés para los académicos alemanes. Desd e el punto de vista otomano, Alemani a
era vista como el peligro menor entre las potencias europeas ya q ue era la única q ue
no presionaba en sus f ronteras y q ue no habí a coloniz ado ni tierras musulmanas ni
territorios africanos . Desde el punto de vista alemán, pese a que Bi smar ck albe rgaba
desprecio por la Sub lim e Puerta y por su modo de hacer polí tica, existían concreta s
posibil idades para la creación de una es fera de influencia econó mica y mili tar en el
Imperio Otomano que atajase en parte la amenaza r usa ( ALBERTINI: 20 10, vol.1, 61-
63; LÜTTKE : 1878; SECCIA: 2007, 21; STER N: 1989, 314, 516; ZÜRCHE R: 2007,
100 ).
El Congreso de Berlín concluy ó e l 1 3 de j ulio de 1878 con la f irma de un
tratado, el T ratado de Berlí n, por parte de Alemania, el Imperio Aus tro -Húnga ro,
Francia, G ran Bre taña, Italia, Rusia y el Imperi o Otomano, q ue mantu v o en vigor el
statu quo de l a navega ción en los Es trecho s:
“[Quiene s] deseen estab lecer un pensamiento de orden europeo conform e con
las disposiciones del Tratado de París [de 1856], conforme a las cuestion es
planteadas por los acont ecimientos de los último s años y conforme a la guerra
concluida con el Tratado de San Stef ano […], la reunión en un Congreso sería
la mejor manera de plantearlas […]. Art.VIII. Los tratados de comercio y
navegación, así como todos los convenios y acuerdos celebrados entr e las
potencias extranjeras y la Sublime Puerta se mantienen en vigor […]. Art. LXIII.
El Tratado de París y el Tratado de Londres [de 1871] mantienen t oda s sus
disposici ones ”
5
.
Ese mismo día Andrássy daba a conocer un documento en el cual el gobierno
austro-hún garo d eclarab a que la ocupación de B osni a-Herzegovina no afectaba a los
derechos soberanos del Sultán y q ue l a ocupación sería t emporal. El 27 de j ulio de
1878 en Sarajevo los musulmanes, apoy ados por la g uarnición otom a na de la ciudad,
5
BA, RG 1878 , St .31, G. 1267, S. 307-345, Vertr ag zw ischen Deutschland, Ö sterreich -Ungarn,
Frankreich, Großbritannien, Italien, Rußland und der Türkei , 13/07/1878.
149
dieron lugar a una revuelta en señal de prot esta por la inminente ocupaci ón y el 3 de
agosto de 1878 se llegó a la abierta confr ontaci ón, no sólo en el ámbito internacional
sino también en el interi or del mismo Imperio Austro -Húngaro . En Bosnia -Herzegóv ina
se tuvieron que recurrir a t ácticas militares poco conven cional es q ue, años más tarde
serían similares a las que empleasen los alemanes en Á frica: ausencia de mapa s
detallados, recurrir a guías y a porteadores del lugar, g uerra de g uerrill as y captura de
rehenes (prevalentemen te los jefes locales). Bosnia-Herzegóvi na f ue prácticamen te
pacificada en noviembre de 1878 ( ALBER TINI: 2010, vol .1, 61 -78; SOND HAU S: 2003,
27 -38).
El congreso, realiz ado en medio de g randes f astos, fue un tr iun fo para
Bismarck ya que pare ció que el canciller modificaba el mapa de Europa, que
transformaba las relaciones internacionales y q ue guiaba a las potencias hacia la pa z.
Pero también f ue ron días de grandes crisis , internas y externas: hubo dos intentos de
atentado contra el káiser, públicas diver gencia s de opini ones entre el canciller y el
prínci pe heredero Feder ico Guill ermo y e l Reichstag exigió una actitud más enérgica
del canciller en el congreso, con amenaz as de Bismarck de poner a salv o el Segundo
Reich disolviendo el Reichstag y convoca ndo nu evas elecciones. Tras el Congreso de
Berlí n las potencias bus caron su segurida d multipli cando su superioridad militar para
no depender tanto de lo s desconcertantes avata res de la diplomacia. Llegados a este
punto, Bismarck denominó “ la pesadi lla de las coaliciones ” ( Der Alptraum de r
Koali tionen ) al hecho de que las pot e ncias europeas pudiesen alia rse contra el
Segundo Reich (BALFOUR : 1968, 113; HOPKIR K: 2004, 424 -425; KISSINGER: 1998,
221 ; STÜRM ER: 1993, 272- 273 ).
Poco o nada interesaba al canciller q ue e l 14 de diciembre de 1878 Gran
Bretaña rati ficase la anexión de Wa lvis Bay a la colonia de El Cabo y que intentas e
anex ionarse def initiv amente Tr ansvaa l y Natal. El intento de confederaci ón f racasó y
provocó la reacción de los bóer s y de los zul úes: durante la Guerra Ang lo-Zulú
( Zulukrieg ) los af ricanos derrotaron al ejé rcito británico en la Batalla de Isandhlwana el
22 de enero de 1879 y los bóer s estaban próx imos a la sublevaci ón
6
. El gobierno
francés, siempre apoyado por Alemani a, reformó la administración arg elina y f inanció
el estudio para un posible ferrocarril entr e los r íos Sen egal y Níger mientras q ue su s
6
PAAA, Afrika Generalia 1, Krieg der Englander gegen die Zulus un die Verhältnisse in Südaf rika,
Bd.1, Sig.14.599, Enero 1879.
252
Bismarck es cribió a M ünst er, que pr ecisamente mediante las colonias Gr an Bretaña
podría ganarse a la opi nión pública alemana 83 .
Entre los colonialistas alem anes estaba abriéndose camino la idea de una
Mitt elaf rika y Bis m ar ck estaba convencido de que la existencia de una z ona de libre
com er cio en Áf rica Central, g obernada por Leopoldo II , sería mucho más ventaj osa
para los intereses alemanes que una colonia alemana, un gobierno proteccionista
francés o portugués o cualquier presencia b ritánica . Gran Bretaña aceptar í a las
colonias alemanas a cambio del apoyo alemán contra las reclamaciones francesas en
África, incluido el Con go (STERN: 1989, 499 - 500 ) . El 30 de agost o de 18 84, Bismarck
escribió a Busch, de nue vo Subsecretario de Ex teriores:
“ Sent imos la necesidad de llegar a un entendimiento sobre el desarrollo futuro
de estas relaciones, primero con Francia y l uego c on los otros po deres
involucrados al mism o tiempo, es pecialmente con el Congo […] . Fr ancia tiene
la intención de un tramo contiguo de propiedad del Gabón y de gana r por el
mismo , desde el r ío Ogowe, un a fluente para una conexión con el río Congo
por encima de las cataratas. Las emp resas belgas del Congo simpatizan con
Francia […] y hubo un acuerdo preliminar entre Stanley y Brazz à al respecto.
Por este m otivo Francia exige, en todo el ám bito fut uro del Estado del Congo,
la opción bien conocida de la plena libertad de comercio y está dispue sta a
llegar a un acuerdo con nosotr os ; entonces Alemania también se asegur aría el
libre comerc io para siempre, incluso en el caso de adquisición pref erente [ …] .
Libre navegación en el Congo y en el Níger de acuerdo con los principios que
entraron en vigor en el C ongreso de Viena y más tarde para los flujos
internacionales del Danubio ” 84 .
83 DGPEK, 4. Band. Die Dr eibundmä chte und E ngland, Ber lín 1922, pág.5 9, 61, D er Reic hskanz ler
Fürst v on Bi smar ck, z . Z. in Friedr ich sruh , an d en B ots chaft er in London Gr afen M ünster Telegr amm .
Nr.234, 0 1/06 /18 84.
84 DGP EK, 3. B and. Das B ismar ck sche Bün dni ssyst em, B erlín 1 922, pág. 424 - 42 6, Der
Reichsk anzler Für st v on B ism arck, z. Z. i n V arzin, an den Unter staat sse kretär im A usw ärti gen A mt Bu sch,
Diktat Nr. 688, 30/08/1 884.
253
Gran Br etaña s aci ada co n Su dáfri ca y Cong o, pero Alema ni a aún tie ne hambre.
Nótese a Bism arc k con u nifor me de m ariner o de la K aiserli che M arine
(UBH , Kladder adat sch, 0 7/09 / 1884).
La decisión final de Bismarck hay que verla como la opción del mal menor: el
Congo no ser í a ni de Francia, ni de Gran Bret aña, ni de Portug al. Bismarck autorizó el
reconocimient o oficial del Estado Libre del Con go per o Francia, pese a los acuerdos
con Alemania, continuó dudando de las in t enciones alemanas. T anto Leo poldo II com o
Bismarck consiguieron sus respectivos objetivos: el primero obtuvo el re conocimiento
internacional de la AI C y el seg undo una g ran región de libre intercambio en Áf rica
Central, el libre acces o a esa Mitt elaf rika . No obstant e Bleichröder no mostró un
particular entusiasmo por el Congo ( HOCHSCHILD: 2001, 106; STER N: 1989, 501 -
502).
254
Acuerd o entr e el Seg undo Rei ch y la A s ocia ción Int ernacion al de l Con go
(PAAA, Reichs- Gesetz blatte 1 884, St.23, G.1 616, S.211 - 21 4 , 08/1 1/18 84).
El 8 de novi embre de 1884, el Se gundo Reich reconoció formalmente la
soberanía del Estado Libre del Cong o 85 . La Kongoconferen z , la otra manera en la que
fue denominada la Con ferencia de Berlín, se inició el 15 de nov iembre de 1884. Casi
un mes más t arde, el 24 de diciembr e de 1884, L eopoldo II acept ó, a favor de Franc ia,
modificar las f ronteras del Estado Libre del Congo, c ediendo parte del ter ritorio al norte
a f avor de la anexi ón de Katang a en el este. Francia aceptó la nueva situación que se
habí a creado en el Congo cuando, el 5 de febrero de 1885, firmó una convención
fronteriza con la AIC ac erca de sus r espectivas posesiones y la cesión de algunas
estaciones y propiedades 86 . L os portu gueses, después de arduas negociacione s con
Bismarck, abandonaron sus aspiraciones sobr e la desembocadura del río Congo a
cambio del enclave de Cabinda, ubicado más al nor te. Portugal t erminó reconociendo
el Estado Libre del Cong o el 15 de f ebr ero de 1885, lo q ue provocó que l a penetración
85 PAAA, RG 1884, S t.23, G. 1616, S .211 - 214, Ueb ereinku nft zw ischen dem Deut s chen R eich un d
der Int ernat ionalen Gese ll scha ft de s Kon go, 08/11 /1884.
86 A MA E - P, Tr aités, Congo , 188 50016, C onventi on re lativ e au x frontière s entr e le s poss essi ons de
la France et les poss essio ns de l’Ass ociat ion inter national e du Congo en Af rique oc ci dentale et à la
cession à l a Fr ance de sta tion s et de pr opri étés, 05 /02/ 1885 .
255
lusa en Mozambique se transformase en una ocupac ión militar, debido a las mir as
expansionistas de los demás países europeos. Así pues, nuevos acuerdos t erritoriales
africanos fuer on firmados por Alemania, Francia y Portug al. El acta final de la
Conferencia de Berlín f ue firmada el 26 de f ebrero de 1885, con la procla mación de un
acta de protección ( Schutz brief ) sobre l os te rritori os alemanes r ecién adquiridos en
África y la ratif icación de los mismos t ras la firma el 21 de marzo de 1885 del Acta
Adicional de Lisboa 87 (READER: 2001, 463; REYBR OUCK: 2014, 75).
Portuga l bloqu eand o el paso d e Ale mania ha cia el Cong o
(UBH , Kladder adat sch, 1 5/02 / 1885).
Leopoldo II contactó varias v eces con Bleichröder para proponerle que las
compañías alemanas usasen el puerto de Amberes como principal puert o continental,
pero la política colonial alemana preveí a un masivo uso de los puertos hanseátic o s y la
defensa de sus intereses comerciales. El 14 de julio de 1885 Francia llegó a nuev os
acuerdos r especto al Congo 88 y aunque Gr an Bretaña , con un nuevo primer ministro
británico, Salisbury, aún no del todo con vencido ante la nue va situación , s e negaba a
reconocer las fronteras d el Estado Libre del Congo, durante el verano de 1885 un error
administr ativ o en el Foreign Office hizo que Londres aceptase también las
reclamaciones territor iales de Leopoldo I I (ATMORE, OLIVER: 1997, 14 4 - 162; ILIFFE:
87 SBA, Bu ndesblatt, B d.1, Hf. 14, S.9 59 - 96 0, Ex trait de s D élibérat ions du Co nseil F é déral,
05/04/189 0.
88 A MA E - P, Trait és, Congo, 1 8850015 , C onventi on fi nancièr e relativ e a ux conditions a ux quelles la
France aur a la pr opriété des s tations ér igées par l’A ssoci ati on Inte rnat ionale d u Cong o d ans le bass in du
Niadi Kwilu, 14/0 7/1885.
256
1998, 245; READER: 2001, 463; STERN: 19 89, 502; W ESSELING: 1999, 181) .
Bismarck t enía su Bélgica afr icana y los comerc iantes alemanes una in creíble f uente
de oportunidades en Mittelafr ika .
7.5. NO RTE DE ÁFRICA Y ORIENTE MEDIO.
La historia del Norte de Á f rica, el M agreb y el Máshrek, y así como la de
Orient e M edio está vinculada a la histor ia de los pueblos de l Mar Mediterr áneo:
fenicios, r omanos, vánd alos, bizantinos y la expans ión del Islam hasta el Sahara. El
Norte de África, islamizado y arabizado, mant uvo un fuerte comercio con los Reinos de
Castilla, de Port ugal, la Corona de Ar agón, las Repúblicas Marítimas I talianas, y otros
Estados Italianos, y el Imperio Biz antino. Las Cruzadas significaron la ex istencia
durante los sig los XII y XIII de una presenc ia cristiana en Orient e Medi o, y además la
relación comer cial a través de nav egantes de las R epúblicas Marítimas It alianas. Los
otomanos se f ueron imponiendo como la potencia dominante de la z ona, incluso en la
Europa balcánica a partir del sig lo XIV. Mientras el Islam permanecía en e l Reino de
Granada, Portugal había sido lo suf icientement e fuerte para llevar la guerr a hacia
África en el siglo XV, interfiriendo repetidamente en los asuntos d e M arruecos,
mientr as que España a dquirió varios puertos e n Argelia y en Túnez. El comercio de
esclavos, oro y otras materias primas propició l a f ormación de aris tocracias en los
Estados Berberiscos y en la región del S ahel, en la q ue pocos soberanos
centralizaba n el comer cio en determinadas zona s desde el interior hacia la costa nor t e
de África o viceversa. El avance del Islam hacia el sur f ue detenido por el ancho
cinturón de densa selva, de la mism a manera q ue con anterior idad bloqueó su avance
el Sahara. Los Estados Berberiscos fueron cayendo en la órbita de in fluencia de la
S ublime Puerta y el co merc io f ue decayendo a favor de la pirater í a, mient ras que en
África Occidental, en los Reinos del S ahel y en l a region de los Gr andes Lagos
surgieron reinos y estados bien organizados y centralizados, q ue ex plotaron sus
recurs os miner os y agr ícolas. M ás tarde, la Revolución Indus trial iniciada en Europa
fue desequilibrando el nivel de desarrollo de Áf rica y M edio Oriente, hasta el punto de
que posibilitó la Independenc ia de Grecia (1821 - 1832) con el apoyo de las potenc ias
europeas y co n un r ey germano. La apertur a de una amplia pl ataforma sobre el Mar
M editer ráneo al Imperio Austr o - Húngaro y el progresivo av ance de Rusia hacia el sur,
que le había proporcion ado una gr an fachada marí tima en el mar Negro, era visto con
recelo por las pot encias occidentales, no dispuest as a permitir t ambién su acceso al
M ar M editerráneo, lo que llev ó a su enfrentamiento en la Guerra de C rimea (1853 -
2 57
1856). La cons trucción del Canal de Suez (1859 - 1869) inició una asoci ación anglo -
franco - egipcia que, en la prác tica, se tornó en do minación colonial.
La ocupación británica se hab ía concebido como una ocupación conjunta
anglo - fr ancesa para reinstaurar la autor idad del jedive T e wf ik , una mera inter vención
temporal, por lo que no se hizo nada para altera r el control de las finanzas de E gipto
por parte de la Caisse de la Dette . La dominación británica en Egipto dependí a, pues,
de la buena voluntad de dicha comisión, donde el voto francés c ontrario a la ocupación
británica er a una certeza por lo q ue el voto alem án er a f undamental. En abril de 1884
el Foreign Office escribió q ue en Egipto “ los inter eses financieros al emanes no
superaban un mísero millón de marcos ” ( STERN: 1989, 506 ) pero los británicos vieron
que la repr esión del Alzamiento Urabi (1882) y la ocupación del Valle del Nilo hab í a
compromet ido su libertad de acción y que se enc ontr aban a nte la exigencia de obtener
el apoyo alemán contr a Francia, aunq ue el gobierno brit ánico no tenía la intención de
reconocer protect orados alemanes en África (BALFOUR: 1968, 7 5- 7 6; FERG USON:
2007, 197; STERN: 198 9, 507 - 520; S TOECKER, ed. 1977, 19) .
Bismarck apoyó la dominación británica en Eg ipto y la peculiar posici ón de
Alemania en el Jedi vato resultó ser de vital imp ortancia en la dip lomacia del Wet tlauf
um Af ri ka . El desin terés de Bismarck por el M agreb se debía también a que el 11 de
mayo de 1884 Italia, su aliada en la Triple Alianza, rehus aba una propuesta francesa
de ocupación italiana en Libia a cambio de la ocupación frances a en M ar ruecos. El 12
de mayo de 1884 B ismar c k f u e inf or m ad o de q u e “ las relaciones e ntre Francia y
Marruecos son muy satisfac torias y sin conflictos ” 89 ; el g obierno francés se había
esforzado en obtener importantes concesiones d el sultán de Marruecos pero encontró
la oposición conjunta de Alemania, España, Gr an Bretaña e Italia a una ult erior
expansión por el Magreb. Bismarck utilizó las expecta t ivas de Madrid y las
desilusiones de Roma para proponer una Liga M ed iter ránea que defenderí a el sta tu
quo contra la polí tica francesa. En dirección contraria , e l apoy o alemán a la polí tica
colonial fr ancesa sirvió para desvi ar su atenc ión del centro de Europa, haciendo todo
lo posible para satisfacer al máx imo las ambiciones francesas, salvo en Alsacia -
Lorena. Dichas am biciones terminaron por enfrentar a Franc ia contr a sus rivales
coloniales: Par í s present ó un proyecto de tr atado sobre Marruecos q ue no gustó ni a
M adrid ni a Roma. Fr ancia se había enemistado con España a causa de Marruecos 90 ,
89 PAAA, Afrika I.B.2 0, Bd. 1, Si g. 14.59 8, Do c.44 41G, Par ís, 1 2/ 05/18 84.
90 PAAA, Spanisc he Be sitzung e n in Afri ka 3, Col onisati on s - Bestre bungen S panie ns in Nor dw est -
Afrika, Bd.1, Sig. 16.3 14, 25/11 /1884; NA RA, T he W ashin gto n Post , Fran ce and M orocco, 16/ 06/188 4.
258
con Gran Bretaña a causa de Egipto y con I talia a causa de Libia y Tún ez. Mientr as
varios minist ros franceses proponían la compensación de Libia a cam bio de Túnez ,
Londres y París estuvieron a punto de enf rentarse por Egipto (ALBERTINI: 2010, vol .1,
113; AT MORE, OLIVE R: 1997, 77 - 153; ILIFFE: 1998, 245; QUAZZA , ed. 1991, 9;
R EADER : 2001, 493 ).
E l 17 de mayo de 1884 Bism arck se inform ó sobre la salv aguar dia de los
intereses de los propietarios alemanes y la cuantificación del capital alemán en
Eg ipto 91 . A posteriori escribió al embajador alemán en Londres, M üns ter, que “ a
princ ipios de mayo todavía estábamos dispuestos a apoyar a Inglaterra, pero a
condición de que Gran B retaña viniese a nuest ro encuentro en asunt os de ultramar ” 92 .
El 1 de junio de 1884 B ism arck comunicó a Münster que preguntase al Foreign Off ice
si estaban dispuest os a negociar, sólo verbalmente, sobre Egipto 93 . Pensando en la
posibilidad de una verda dera liq uidación de la par ticipación alemana en l a cuestión de
Egipto, en junio de 1884 Bismarck se quedó sorprendido al conoce r que “ cien millones
de marcos alemanes estuviesen invertidos en títulos egipcios ”, aunque la cifr a real era
bastant e in ferior (S TERN: 1989, 520). Bismarck escr ibió al Secretario de Relaciones
Exteriores, Hat z feldt, que estuvo a punto de apoyar los intereses franceses en Egipt o
pero después consider ó como mejor opción el repar to de las esfer as de influencia en
las r e giones c osteras de África que aún no estaban sometidas a ninguna jur isdicción
europea. A cambio del apoyo alemán ante las reclamac iones francesas en Á fr ica,
excepto en Egipto, Gran Bretaña debería acept ar las colonias alemanas. Ant e esta
situación, el 11 de ag osto de 1884, Hatzfeld, escribió a Bismarck q ue el embajador
francés en Berlí n preguntaba si Egipto podía ser el inicio de una al ianz a formal con
Alemania pero se le respondió q ue Egipt o era sólo un caso puntual 94 . Desde Par ís,
entre el 23 y 24 de ag osto de 1884, Bismarck recibía noticias análog as de su
91 PAAA, Aegypten 5 Ad h.1, Di e W ahrung der Int eress en de utscher B esitz er ae gypt isch er Fonds
auf der proje ct. C onferenz in London b ehuf s A bänder ung d as a egypti schen Liq uidat ionsg esetze s un d d ie
Feststel lun g des Betr ages d es in Aegy pt. W ert hen ange l egten deut sch en Capit ale, B d.1, Sig. 15.2 33,
17/05/188 4; PA AA, A egypten 5, Ad h.3, Zuschr ifte n v on P rivatper sone n be treffe nd di e Conferenz i n
London z ur Reg elun g der aegy pt Angel agen heit, Bd. 1, Sig .15. 237, M ayo 1884.
92 DGPEK, 4. Band. Die Dr eibun dmä chte und Eng lan d, Berlí n 1922, p ág.9 3 - 94, Der R eich skanz le r
Fürst von Bis mar ck an d en Bo tschafter in London G raf en M ünster, Konz ept. Nr.75 7, 24 /01/ 1885.
93 DGPEK, 4. Band. Die Dr eibundmä chte und E ngland, Ber lín 1922, pág.5 9, 61, D er Reic hskanz ler
Fürst v on Bi smar ck, z . Z. in Friedr ich sruh , an d en B ots chaft er in London Gr afen M ünster Telegr amm .
Nr.234, 0 1/06 /18 84.
94 DG P EK, 3. B and. Das B i smarck sche Bün dni ssyst em, B erlín 1 922, pág.414 - 415, De r
Staats sekretär des Ausw ärtig en Am tes Graf v on Hatz feldt an d en Re ic hskanz ler Für sten v on B ismarc k ,
Nr.681, 1 1/08 /18 84.
259
embajador, el príncipe Hohenlohe, sobre una acción concer tada q ue no implicaba una
alianza form al 95 (DE GRUN W ALD: 1963 , 267 ; HOHENL OHE: 1926, 310).
Por tant o, ni alianz a f ormal ni mediación alemana, pero p ara allanar
divergencias París dio instrucciones para que su embajador se reuniese con Bi smarck .
T r as el encuentro con el embajador francés, el 30 de a gosto de 1884
“ Bismarck no hizo ninguna concesión corr espondiente con respecto a Egipto,
donde los franceses e speraban tomar la iniciativa; cuando [el embajador
francés] comen z ó a hablar del Canal de Suez , una gar antía solidaria, etc., el
Canciller dijo: ‘estos acuerdos no tienen ni el valor del papel en el que están
escritos. Q uien es dueño de Egipto es tam bién dueño del Canal'. En ot ras
palabras, él no t endría nada que ver con un acuerdo que le pusiesen en un
compromiso de obligación ” (HOLS TEIN: 1957, 160).
Bismarck apoyaba un Egipt o británico, siempre y cuando Gran Br etaña
aceptase la presenc ia alemana en África. Bismarck también apoyaba a Francia en
África, excepto en Egipto y si no alteraba el st atu quo en el Mar M editer ráneo. Un
enviado especial llegó a Gran Bretaña con estas directr ices, el e mbajador en La Haya
Herb ert B isma rck, y , de regr eso, se desplazó hast a París donde el 6 de oct ubre de
1884 escribió al canciller q ue desde Parí s se recordaba el apoyo de Al emania durante
la ocupación de Túnez 96 .
Al inicio de la C onf erencia de Berlí n, el 15 de noviembre de 1884, Francia
reconocía que el Norte de Áf rica era cada vez más important e: los colonos franceses
en Argelia eran ya 350.000 y, a d iferencia de los colonos europeos en otras par tes del
mundo, éstos podían mantener un estrecho contacto con su metrópoli a través del M ar
M editer ráneo y acabaron teniendo una gran influencia sobr e la política fr ancesa, no
proporcional en absoluto a su número e importancia reales. Alemania se preocup ó
también de la colonizaci ón española cuando M a drid prom ulg ó una declaración en la
que ot or gaba pr otecció n a la costa occidental de África com prendida entre Oued
Edhahab y R’as Nouadhibou 97 . Antes de que concluy ese el año, se em pez ó a hacer
95 DGP EK, 3. B and. Das B ismar cksch e Bünd nissy ste m, Ber lín 1922, pág.4 20 - 421, Der Bot s chafter
in Par is Fürst v on Hoh enlo he an de n Rei chska nzler F ürste n v on Bis marc k, A usfertigun g Nr.686 ,
23/08/188 4.
96 DGPEK, 3. Ba nd. D as B isma rcksch e Bü ndnis system , Ber lí n 19 22, pág.431 - 436, Der G esand te
im Haag G raf Her bert von B ismarc k, z. Z. in P aris , Nr. 694, 0 6/10/1 884.
97 PAAA, Spanisc he Be sitzung e n in Afri ka 3, Col onisati on s- Bestrebung en Sp anie ns in N ordw est -
Afrika, Bd.1, Sig. 16.3 14, 25/11 /1884.
260
un seguimiento de la prensa acerca de Egipto 98 . El mayor pr oblem a eran los
mahdistas, seguidor es de un movi miento de resistencia islámico q ue se oponí a al
avance británico en Sudán y que hab ían proclamado una Yihad contra el jedive, y en
enero de 1885 se hi cieron con el c ontrol de Jartum, donde fue e jecutado el cónsul
austro - húngaro pese a la protección ofrecida por Gran Bretaña 99 . Los r ef u er zo s
británicos lleg aron con retr aso como para salvarles y parecía obvio q ue, tanto Francia
como Italia, empezasen a hacer planes sobre el territorio (ASHER: 2008, 183, 322 -
326, 350, LI NDQVIST: 2000, 51). El príncipe hereder o Guillermo escr ibió al zar “ que
Alá los mande al infierno, así como dicen los turcos… ¡Esperemos que el Mahdi
consiga ahogar en el Nilo a todos estos ingleses! ” (L UD W IG: 1930 , 158). Con l a
conferenc ia todaví a en cur so, respecto a l eventual cam bio de postura ante Francia, e l
24 de enero de 1885 Bismarck comunicó al embajador Hohenlohe que apoyar a
Francia en la cuestión eg ipcia signif icaría constituir un control mult ilateral 100 . Ese
mismo día B ismarck escribió al emba jador Münster q ue
“ el gabinete británico no t iene que tener dudas que vam os a derr otar la política
egipcia de Inglaterra si nuestra política colonial fuera perjudicada [ …] . Ha sido
una sorpres a para mí […] ver que [el For eign Office ] , en relación a Egipto ,
considera nuestra actitud como una de las causas de la difícil posición del
gabinete británico [ …] . S i este es el caso, sólo pu edo expresar mi pesar p or no
haber rectificado a tiempo [ …] . Asegúrese de que [el Foreign Office ] diga con
franque z a qué querría que hiciésem os con Egipto y, en c ambio, el comercio
con las colonias será una ganga pa ra Inglaterra ” 101 .
Bismarck reiteraba su apoy o a un Egipto británico, siempre y cuando G ran
Bretaña acept ase la presencia alemana en Áf rica; par a hacer más aceptable es t e
acuerdo, las condiciones económicas para el comercio británico en las colonias
alemanas serían muy rentables. Hubo divi sión de opiniones en el Foreign Office ya
que Bismarck podía exhibir su opción egipcia y Londres no quer í a buscar dificult ades
con Berlín sobre este asunto. Además, otra potencia se a cercaba a Egipto: la
ocupación italiana de M assawa, para r eparar en p arte la ocupación francesa de Túnez,
tuvo lugar el 5 de febrero de 1885 sin informar formalm ente a los aliados de la Triple
98 PAAA, Aegypten 6, Die aegy ptische P re sse, Bd. 1, Si g.15.245, 31/ 12/1 884.
99 AT- OeStA/HHStA SB Nl Braun 9 -1- 122 (1883 - 1888) .
100 DGP EK, 3. B and. Das B ismar ck sche Bün dni ssyst em, B erlín 1 922, pág.440 - 441, De r
Reichsk anzler Für st von B is marck an de n Bot schafter in P aris Für s ten von Hohe nl ohe, Konz ept v on de r
Hand Nr.69 7, 24/01/188 5.
101 DG P EK, 4. Band. Die Dreib un dmächte u nd Eng lan d, Berlí n 1922, p ág.9 3 - 94, Der R eich skanz ler
Fürst von Bis mar ck an d en Bo tschafter in London G raf en M ünster, Konz ept. Nr.75 7, 24 /01/ 1885.
261
Alian za. Rom a explicó al embajador aus tro - húngaro que M assawa servía para frenar y
restring ir el movi miento colonialista italiano, ya que este presionaba hacia Libia y eso
hubiera sido un "robo" contra el Imperio Otom ano. Dirigirse hacia el Mar Rojo, donde
Eg ipto r etir a ba tropas y donde el Imperio Otomano se negaba a ocupar el vacío
egipcio, podía ser la so lución más adecuada si además se t enía el consent imiento
británico y si Londres aseguraba también el statu quo mediterráneo . Pese al v isto
bueno a la acción italiana, el 8 de febrero de 1885 Gran Bretaña no aceptó la ay uda de
un cuerpo militar italiano par a combatir contra el M ahdi en Sudán (ALBE RTINI: 2010,
vol.1, 93 - 94; QUAZZA, e d. 1991, 9; SPEITKAM P: 2010, 124).
El acta f inal de la Conf erencia de Berlín fue f irmada el 26 de f ebrero de 1885;
t ra s el ac ta de p rotección ( Schut z br ief ) sobr e los territorios alemanes re cién adquiridos
en África . T ras la firma el 21 de marzo de 1885 del Acta Adicional de Lisboa 102 , para
aumentar la confusión , Alemania abogaba por la participación de España y Holanda en
los asuntos r elativos al Canal de Suez 103 . Desde finales de abril y primeros de mayo
de 1885, Alemania fue procediendo con la liquidación de sus valores en el Fondo
Eg ipcio 104 y tranq uiliz ando a los brit ánicos sobre la neutr alidad del Canal de Suez 105 .
En junio de 1885 el nuev o gobierno br itánico decidió adoptar una postura diferente
ante el imperialismo ale mán en Áfr ica, aceptando la postura de Bismarck (STERN:
1989, 506). El Segundo Reich no había avanzado n ing ún reclam ación colonial en
Orient e M edio desde 1871 y es t o no sólo se debía a la distancia g eográ f ica sino
porque habían aprendido de los problemas coloniales de las demás potencias
presentes en la zona. Con las colonias alemanas en Áf r ica, empezarí an a produc irse
relaciones muy intensas con O riente Medio a tr avés del espacio eg ipcio - otomano p e ro
Be r l ín lleg ó a la c onclusión de que en esta r eg i ón e ra mejor no tener pos esiones
terr itoriales y q ue la in fluencia fuese a través del comer cio . A partir de 18 85 Alemania
abandonaba el Má shrek y prefer í a entenderse directam ente con el Imperio Otomano
en Oriente Medio donde podí a lleg ar a ventajosos acuerdos comerciales y militares 106
(SCH W ANITZ: 2003, 29) .
102 SBA, Bundesbl att, B d.1, Hf .14, S.9 59 - 960, Ex trait des Délibér atio ns du Co ns eil F é déral,
05/04/189 0.
103 PAAA, Aegypten 8, Regelu ng der Suez kanalfra ge, Bd. 1, Sig.15.267, M arzo 1885 ; PAAA,
Aegypten 8 A dh.1, Bet hei ligung H olla nds und S paniens an der Suezkanal - Commi ssi on , eb en so di e
Anträge ander er St aate n zw eiten Ranges auf T heilnahme , B d.1, Si g.15 .285, M arz o 1885.
104 PAAA, Aegypten 5 , Adh.1, Bd.1, Sig. 152 33, 30/ 04/1 885; P AAA, Aegypten 5, Adh. 1, Bd.2,
Sig.15 234, 01/ 05/1885.
105 BA, R901 A uswärtige s Amt, 13 Ne utral ität , 13 .6 Se ekr ieg un d S chiff sverk ehr, R 901 /3361 5,
Neutral ität der Ka näl e, Bd. 1 ( M ayo 1885 - Jul io 1 904).
106 BA, R901 Au sw ärtige s Amt, 11 M ilitaria, 11. 8 Ein tritt v on Deut schen in fr emde M ilitärdienst e,
R901/29 075, Gesuch e u m Ei ntr itt in f remd e M ili tärd ienste u nd W ieder eintr itt v era bschi edet er pr eußisc her
Offiz iere i n die Ar mee. P ersi en (Octubr e 186 0 - Nov iembre 1916).
263
nama Jan Jonker Afrikáner 2 y el 10 de enero de 1886 Bismar ck explicó ante el
Reichstag la política colonial que per se guiría su gobierno 3 , con las correspondientes
críticas en la prensa , en f ebrero de 1886 , a la socialdem ocracia y cr í ticos a e s t a
“ misión civilizadora ” q ue se atribuían los imper i alista s 4 . Debido al pequeño tamaño de
Togo las per spectivas económicas tampoco fueron muy altas por lo que la inversión en
la c olonia tam poco fue muy elev ada; de todas formas, l os comerciantes alemanes ya
se habían asegurado una zona de li bre comer cio exenta de impuest os mientras q ue la
vecina colonia británica tenía unos aranceles del 50% . En el Áf rica Oriental Alemana ,
el gobierno colonia l mantuvo una presencia administrativa l imitada sólo en la costa,
donde se concentr aban la mayor parte de las act ividades económicas y c omer ciales y
donde lo s b eneficios más consistent es estaban asegurados por el cobro de las tasas
aduaneras y por las mer cancías transportadas en caravanas ; e l número de las
empresas alemanas era bastante limitado y la situación en el interior de l a colonia era
de abierta host ilidad por par te de comerciantes árabes y af ricanos, llegando a
incendiar la sede de la W einbe rger & Schumann en Tabora. Esta situación evitó que
las empresas alemanas se moviesen hacia el interior de la colonia y se busc ase la
protecc ión de la Ostafrikanische Kreu z er geschwader en la costa 5 . L as ciudades del
interior no s e consideraron centros administrativos sino presidios militares , has t a que
no se aumentó el númer o de militares y se a mplió el capital de la D OAG , cuyo principal
accionista f ue el mism o k á is er ( BRAUN: 1886 ; PALLAVER: 2008, 111 - 112; R ING:
1887; SEBALD, ed. 197 7 , 72 ; TSCHACKERT : 18 86 ; W AGNER: 1886; WEIß: 188 6) .
No obstante su rivalida d, Alemania ve ía en las ac ciones de G r an B r et aña u n
modelo a seg uir pese a que tuviese un modelo sin precedent es en Sudáfrica y una
administr ación sin precedentes en Egipto 6 . Para Bismarck, este géner o de influencia
irregular er a preferible a una polí tica colonial bie n definida, porque podía ser alterada
en cualquier m omento y no implicaba necesar iament e al gobierno m etropolitano en
caso de dif icultades. Y estas no t ardaron en llegar: por mucho q ue se insistiese sobre
el áureo futuro económico de ul tramar, las colonias seguían sin r egistrar cifras
2 BA, R1001 Rei ch skolon ialamt, 9. Deu ts ch - Südw estaf rik a, 9.24. V erwaltung ssache n, 9. 24.2.
Angelegen heit en un d Aufst ände der einhei misc hen Stä mme, R 1001/ 2151, G ebi et des Häuptli ngs Jan
Jonker Afr ikáner (M ay o 1885 - O ctubre 188 9).
3 NARA, T he W ashingto n Post, Polit ics in B erlin, 10 /01/1886.
4 AP, Kolonial - Po litisc he Korr espo ndenz, 09 /02/ 1886 ; AP, Kolonial - P oliti sche K orre spondenz ,
16/02/188 6.
5 BA, R1001 Rei chsko loniala mt, 8. Deu ts ch - Ost afri ka, 8.18. Marine, R 1001/91 3, Bd .1, E ntsendun g
deutsch er Krie gs schiffe nac h O stafri ka und Ber icht erst attu n g der Ko mmanda nten ( Febr er o 1886 - Abril
1887).
6 PAAA, Aegy pten 5, Ad h.4, Vo rlage der De klar ation u nd d es G aranti ever trage an B undëra th und
Reichstag . Vor lage an di e P arlament e an derer M ächte. Emiss ion der gara ntierten A nleihe, Bd.7 ,
Sig.15. 244, marzo 18 86.
264
positivas en los libros cont ables y la única f uente const ante de beneficios eran las
destilerías de pésimo alcohol par a los africanos, de las que incluso el propio Bismar ck
poseía cuatro (ARENDT: 2006, 321; MERKER : 200 6 , 143 - 176).
Pero Alemania no sólo se preoc upaba de sus más r e cientes colonias: en la
medida de lo posible, trató de imponer sus criterios coloniales a otros paí s es, como
cuando e n f ebrero de 1886 Portugal aceptó negocia ciones con Alemania acer ca de la
frontera sur de Angola y l a norte de M ozambique 7 , e intentó proseguir su ex pansión en
a quellos territ orios a fricanos aún no asignados, como, por ejemplo, en marzo de 1886
la i sla Matakong, fren te a S ierr a Leona 8 . Portugal buscaba ejercer la soberaní a sobre
el terr itorio entre Ang ola y M ozambique, reivindicando Malawi, Zambia y Zimbabwe,
conectando a s í el O céano Atlántico con el O céano Índico; Lisboa promovía
expediciones que luego serían seguidas por la efect iva ocupación de los t erritorios
deseados por Port ugal en África ( HAMMOND: 1 966 ; STOECKER, ed. 1977, 65 ). El 28
de f ebrero de 1886, el ag re gado militar en París, Karl von Villaume 9 , envió un inf orme
en el cual los oficiales de la Arm ee d’A frique ex hortaba a los zuavos q ue Alemania
sería el enemigo a combatir 10 . La Sublime Puerta mostr ó su apoyo a las empresas
alemanas en África Oriental contra e l Sultanat o de Zanzí bar 11 , por lo q ue e l 2 de abril
de 1886 Bismarck escribió a l e mbajador en Lond res, Hatzf eld:
“ Inglaterra reclamó la soberanía de part e de las costas de Somalia que caen
dentro del alcance [ de la D OAG] . I ntenc ión amistosa de investigar, antes de
una expansión de la esfera de influencia alemana en Áf rica Oriental , s obr e la
7 BA, R1001 Re ic hskolo nialam t , 8. Deut sc h - Ostafr ik a, 8.13. G renz sachen, R1 001/ 602, A n spruch
Portuga ls auf T eilnahme an de r Grenzkommi ssion (N ovie mbr e 188 5 - Febrer o 1886) .
8 BA, R1001 Re ic hskolo niala mt, 1 1. Ka merun und T ogo, 11.1. A llgeme ine pol itis c he
Angelegen heit en, 11.1 .1. A fri ka allg eme in, v .a. Ber liner Ko ngo - Konf erenz 1884 /85 - Ko lonis atio n an d er
W es tküs te v on Afri ka, R1 001/ 4186, Bd.13, E nthä lt u.a. : Erw erbung der In se l M atakong (v or Sierra Leon e)
durch O tto L öw enthal und A ng ebot a n Deut sc hland z um K auf die ser I nse l (M arz o 1886 - O ctubr e 1901) .
9 Karl von Villa um e (1840 - 190 0). Ingresó en e l ejér cito prusia no en 18 60, al canza ndo el gr ado de
capitán. D ura nte la Guerr a Ruso - Tur ca (1877 - 1 878) fu e obs ervador en el bando r uso. P er maneció a ctiv o
como diplomát ico mi litar en la emba jada al emana d e Roma hast a 18 82. Lueg o se le con fió el cargo d e
agregado m ilitar e n la embaja da alema na en París , sospe c hando ca da vez más que fue s e el jefe de un a
red de espi ona je, p or lo que fue al ejad o de la capit al fra ncesa en 1886 . Fue nombr ado ay udan te de l
príncipe hered ero G uiller m o II pero e n 1887 fu e de signado agrega do militar e n San P etersburgo, dond e
entró en 1887. Vil lau me, y su s coleg as en Lon dres , Parí s, Roma y V iena, c ontr ibuy eron i ndirecta ment e a
la desti tuc ión de Bi sm arck m ediant e su diplo macia para lela, que ar rojó mala luz sobre e l cancil ler. Ha sta
1893 fue el respons abl e del manteni mient o de las relaci on es político - militar es del Segu ndo Re ich en la
corte de l z ar. A su r egr eso e n Alemani a t omó el m ando de una br igada para lu ego ser de signado dir ect or
de la Direk t or d er Kr ie gs aka demi e (Academia de G uerr a) e n B erlín y c onsej ero pers onal de l ká iser ( HULL :
2004, 211) .
10 DGPEK , 6. Ban d. Kr iegsgefa hr in Ost und W es t Auskla ng der Bismar c kzeit , Ber lín, 19 22, pág.
128 -1 30, Ber ic ht de s M ilitärattache s i n Pari s Ober stl eutnant von Villaum e, Ab schrift. N º12 2 3, 28/ 02/1886.
11 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. Deut sch - Ost afri ka, 8 .1. Al l gemeine p oli tische A nge legen hei ten,
R1001/8 23, Stel lung des S ultans der Türkei z u den deutschen Unt erneh mun gen in O stafri ka,
insbeso nder e gegen über dem Sultan v o n Zanzíb ar (Abril 1 886 - D iciem bre 1 888) .
265
certe z a que no se ib a a llegar a conf licto con los actuales der echos británicos
[… ] en la costa somalí. Cu a ndo ahora vemos que, al igual que hace dos años
en Angra Pequeña, se hace un intento p or ev i tar una política en particular,
tenemos que c reer que hay una intención dilat oria en t ratar con nosotr os para
impedir, m ientras tanto, un hecho consumado en la cost a somalí : el temido
protector ado alemán ” 12 .
Otr as dificultades podían ser el tr áfico de armas y de municiones entr e Namibia
y Sudáfrica 13 o las descritas por la prensa al em a na e ntr e e l 8 y el 17 de abril de 1886
acerca de los com bates que entabló la tripulación del SMS Cyclop en Ca merún 14 . Una
m ayor autogestión de las colonia s se ot org ó el 17 de abr il de 1886 con la
promulgación de una ley de un “desarrollo por separado” en las z onas protegidas
( Schut z gebiets geset z ) , lo que implicaba también un régimen jurídico dual, uno par a los
alemanes y otro para lo s afr icanos . Este régimen jurídico dual se consolidó cuando el
21 de abril de 1886 se prom ul gó una l ey sobre el matr imonio y el estado c ivi l par a los
ale ma nes y para los africanos en Camerún y en T og o 15 . Tras f irmar con jefes locales,
Dehnhardt q uis o fundar una sociedad para la ex plotación comercial de W itu , la
Deutsche W itu - Gesellschaft , pero al logr ar sólo la mitad de los f ondos necesarios ,
anunció la obligación de vender a los británicos, únicos interesados en e l proyecto,
solución que, naturalmente, no inter esaba a la W ilhemstra β e 16 ( BO RNHAK: 1886) . El
21 de abril de 1886 , Bismarck escribió a Ha tzfeld:
“ el trabajo de la Comisió n de Fronteras ha sido te mporalmente pospuesto hasta
la llegada del nuevo miembr o francés [ …] . Pero según los inform es de nuestros
agentes, tengo la impresión de que hay antagonismo por parte de Lord
Kitchener [gobernador de Egipt o] contra los intereses alem anes […] . S e ha
posicionado en todos lo s casos contr a nosotros y, ciert amente, hará todo lo
posible para predisponer al [ repr esentante francés] t ambién contra nosotros.
Esta situación, en la que nuestros agente s son siempre a priori una minoría sin
12 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. De utsch - Ostafr ika, 8.2 2. P rotekt orat ssach en, R1 001 /950 , Bd. 1,
Deuts che Geb ietserw erbungen in So malilan d (Sept iem bre 1884 - Abr il 1886) ; DGP EK, 6. B and.
Kriegsgef ahr i n Ost und W est A uskla ng der B ismarc kzeit, B erlín, 192 2, pág. 14 4 - 145 , De r R eichs kanzle r
Fürst von Bis mar ck an d en Bo tschafter in London G raf en vo n Hatz feldt , Konz ept. Nr.79 1, 02/04/ 1886.
13 BA, R1001 Reic hs koloni alamt , 9. D eutsch - Südw estafrika, 9 .12 H andels - und Schiffa hrtssache n,
R1001/1 838 - 43, B d.1 - 9, Hand el mit Waffen und M unition in D eutsch - Südw estafrika und Sudáfri ca (Abr il
1886 - Ago sto 1 913).
14 AP, Neueste M ittheilung en, 08/04/1886; AP, N eueste M ittheilungen , 17/ 04/1 886.
15 PAAA, RG 1886, St. 12, G. 1658, S. 128, Verordnun g, bet reffend die Ehe schli eßun g und di e
Beurku ndung d es Per so nenst ande s für die S chutzgebi ete v on Ka merun und T ogo, 21/04/1886.
16 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. De utsch - Ost afri ka , 8.2 2. P rotekt orat ssach en, R1 001 /950, B d. 1,
Deuts che Geb ietserw erbungen in S omal iland. - Ver träg e der Deuts ch - Ost afri kanis chen G esellsc haft mit
Häuptl ingen (Sep tie mbre 1884 - Abril 1886).
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esp eran z a, no es aceptable para nos otros, y si el gobierno br itánico no est á
dispuesto a permitir un cambio, nos veremos obligados a retirarnos de esa
Comisión y nuestr as condiciones en la costa de l Áfr ica Oriental s e tomarán de
forma independiente ” 17 .
El esp ect ro de la rap acidad británica er a el arg umento favorit o de l os
impe rialist as para lograr los f ondos neces ario s en Alemania, de hecho e l c ónsul
alemán en El Cabo prot est ó en ju nio de 1886 cont ra la fr ontera unilateralmente
adoptada por los británicos en W alvis Bay 18 . E st os hechos no impidieron que la
prensa, el 22 de junio de 1886, conmemor a se los dos años de política colonial 19 .
Bismarck no hizo o tra cosa que conf ir mar su hoja de ruta en política colonial :
protecc ión a las empresas alemanas, aprovechar el e stado de ánimo del elect orado y
emplear la vía diplomática, lo que significaba a veces ceder ante los inter eses
legítimos de otr os paí s es eur opeos pero también alcanzar acuerdos, como c on Gr an
Bretaña, para de f inir las propias es feras de influencia, principalmente en Sudáfrica 20
( STERN: 1989, 510 - 511 ) . E n el verano de 1886, Bi smarck no creyó necesario ayudar
más a la D OAG y el 17 de julio de 1886 llegó a declarar que :
“ podía tranquilamente contemplar la quiebra de la compañía sin t emer que se
resintiese nuestro prestigio nacional […]. A ten erse , todavía , al princip io de
seguir , pero no abri r , el camino a los pioneros alemanes ” (STERN: 1989, 510).
Para Bismarck, la act ividad comercial en Áfr ica era secundaria, mientras no
perjudicas e a l as compañí as en suelo alemán . P ero los acuerdos con Gr an Bretaña
eran de gran import ancia ante cualquier posible alteración del stat u quo en E uropa. En
agosto de 1886, durante una vi sita a Rusia, el príncipe Guillerm o, en nombre de
Bismarck, of reció a San Petersburgo mano libre en los Estrechos de los Dar danelos.
Esto suponía que, para contener una posible ex pansión rusa en Europa, para
Alemania era import ante mantener la Triple Alianza y tener buenas relaciones con
Gran Bretaña y eso podrí a lograr se si obtení an un común y satisfactorio acuerdo en
Áfr ica e nt r e las difer entes potencias , en particular con Gran Bretaña e Italia . Pa ra
17 DGPEK , 6. Band. Kr iegsgefah r in Ost und W est Aus klang d er Bismarc kzeitp ág. Ber lín, 1922, pág .
146 - 147, D er Reich skanz ler Fürst von B ismarc k an den B otschaft er in Lon don Gr afen v on Hatz feldt
Konzept v on d er Han d de s Un tersta atsse kretär s Grafe n Herbert v on Bi smarc k. Nr.7 92, 21/ 04/18 86.
18 BA, R1001 Rei c hsko lonial amt, 9. Deuts ch - Sü dw estafri ka, 9. 11 Grenz - und Vermes sungs sache n ,
R1001/1 789 - 96, Bd .1 - 8, Abgre nzung de s W alfi schba i - T erritor iums (Junio 18 86 - Oct ubre 1913) .
19 AP, Neues te M itteilu nge n, 22/ 06/1886.
20 BA, R901 Ausw ärtiges Amt, 12 M itteilungen (Nachr ich t en) und Inf ormat ionsa ustaus ch zu
verschi edenen ge sell schaft sp olitisc hen Bere ichen, 12. 2 Länder, 12.2.1 Afr ika , R901/33 0 28, Ver hält niss e
in Südaf rika, B d.9 ( Jul io 1886 - Nov iembre 18 86 ).
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empezar, Bismarck empuj ó al Imperio Austro - Húng aro a adhiri rse a un acuerdo
sostenido por Gr an Bretaña entre las pot encias mediterráneas, excluida Franc ia, cuyo
objetivo declarado era el de mantener el statu quo en el Ma r Medi terr áneo : bloquear
las aspiraciones fr ancesas en Egi p to y las aspiraciones rus as en los Estrechos de los
Dardanelos (ALBERTI NI : 2010, vol.1, 92; BALFOUR: 1968, 138; DE GRUN W AL D:
196 3, 291 ; KANN: 1998, 501 - 502).
Para mant ener dicho statu quo habí a que apoyar al Jedivato de Egipto, por lo
q u e l a Bankhaus S . Bleichröder y l a L. Behrens & Söhne de H amburgo estaban
interesado s en un nuevo préstamo a l jedive y se pus ieron en contact o con el gobierno
egipcio en agosto 1886 ; se pr evió también la posibilidad de que se p usiese f in a la
mediación de Francia y G ran Bretaña en la balanza comercial entr e el Segundo Reich
y Egipt o. La Wilhe mstr a β e , dada la propensión de los capitalistas alemanes a buscar
mayores tasas de interés en el extranj ero, trató de evit ar un exceso de of erta en
Europa del Este y canalizar el capital hacia el mercado m undial: int e n tó negar a Rusia
el dinero alemán y consi de r ó apr opiado la reducción de las dif icultades políticas para
una mayor presencia de Bleichröder en Egipto. Bis marc k instó de nuevo a los
banqueros a la f undación de un institut o f inanciero alemán en el extranjero 21 . E l 11 d e
agosto de 1886 se firmó un t ratado comercial con el Sult anato de Zanzíbar sobre
derecho aduanero y, más im portante aún, acuerdos comercial es entre el Segundo
Reich y Gran Bretaña en la isla 22 (ST ERN: 1989, 522 - 527) . En Na mibia se
vislumbraba n nuevas o portunidades comerciales, en concr eto con la p esca y la
acuicultura 23 . El 2 de octubre de 1886, Herbert Bismarck inf or m ó q ue :
“ no sabía en detalle los deseos de la DOAG pero que est o no quer í a decir que ,
probablement e , s er ía ganar el apoyo de Ingla terra ante e l S ultán en el derecho
de uso de l puert o de Dar es Salaam ; tal vez concediendo algún tipo de
impuesto , y con la neces idad de la afiliación territorial de Ga z i [ …] . Los asuntos
de Zan z íbar llegarán a una conclusión satisfactoria ” 24 .
21 BA, R1001 R eichskolonia la mt, 8. Deut sch - O stafr ika, 8. 12. G esell schafte n, 8.12 .4. A nder e
Handel sgesel lscha ften, R 100 1/433 e, Deut sche B ank. - Un terneh mungen in Ost - Afr ika (O ctubre 1886 -
Noviembre 190 0).
22 PAAA, RG 1886, St. 28, G. 1683 , S. 285, Bekannt machun g, betref fend die Ermäß igung de s in de m
Handel svertrag e m it Za nzibar erw ähnten, in Zanz ibar v om T abac k zu er hebe nden Zo lle s, 11/ 08/188 6.
23 BA, R1001 Re ich skolo nialam t, 5. Lan dw irtschaf t, F ischer ei, Jagd und Forstw es en, 5.1. F isch ere i
und Fischz ucht, R 1001/ 7643, Bd.1, Fisc herei und Fisc hzuch t in Deut sch - S üdw estafri ka (Septie mbre 188 6
- Noviembr e 19 03).
24 DGPEK , 6. Band. Kr iegsgefah r in Ost und W est Aus klang d er Bismarc kzeitp ág. Ber lín, 1922, pág .
151 - 152, A ufzeichnu ng des Staats sekretär s des Au sw ärtigen Amt es G rafen Herbe rt von B ism arc k,
Reinschri ft. Nr.7 98, 02/1 0/18 8 6.
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Colabor ación a ngl o - ger mana ante e l Su ltán de Z anz íbar
(U BH, Kladderadat sc h , 23/08 /1886) .
El 5 de octubre de 1886 Roma advirtió que estaba a punt o de lle gar a un
acuerdo con París sobre Libia si I ta lia estaba dispues ta a separarse de l Segundo
Reich y d e l Im perio Austro - Húngaro (ALBERTINI : 2010, vol.1, 93 - 94). I nmediatamente
e l e m bajador alemán en Roma escr ibió a Bism arck acerca del mantenimiento del s t at u
quo en Libi a 25 . Fr ancia estaba molest a por lo concern iente a E gipto y la opini ón
pública fr ancesa habría protestado ya que G ran Bretaña estaba a punt o de declarar un
protector ado . P a r ís se apr oximaba a Roma y había e vocado el espect ro de otras
anexiones británicas en el Ma r Mediterráneo , con la esperanza de una mediación por
parte de Berlín ante Londr es debido a la amenaza de un entendim iento franco - ita liano .
Ale mania y Gran Bret aña, de acuerdo en establecer de una vez por todas las áreas de
influencia en Áf rica, se pusier on de acuerdo a f inales de octubre de 1886 tras haber
hecho un inventario de l os terr itorios pertenecientes al sultán Bar gash Said: las islas
de Zanzíbar, Pemba, Chol e Shamba y Lamu, un tramo de di eciséis kil ómetr os de
ancho en la costa entre el rí o Mninjani y la localidad de Kipini, y los puer tos somalíes
de Kismaayo, Barawa, M ar ka, M ogadiscio y Uarscheich. Alemania obtuvo toda la
región compr endida entre los rí os Umba y Rowuna y Gran Bret aña finalmente ocupó el
terr itorio entre los rí os Umba y Juba 26 . En el otro lado del continente afr i c ano , a parti r
25 DGPEK, 4. Band. Die Dreibu ndmä chte und Eng land, Berlí n 1922, pág.18 7, Der Botsch after i n
Rom von Keu dell an den R eichsk anzler Für sten v on Bi smarck, Eige nhä ndige Au s fer tigung. N r.82 3 ,
05/10/188 6.
26 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. De utsch - Ostafr ika, 8.2 2. P rotekt orat ssach en, R1 001 /946 , Bd. 1,
Deuts che Kolon ial bestr ebunge n im Ju ba - Gebi et (Junio 18 85 - A bril 1887) .
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