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Mittelafrika: geopolítica alemana en el África subsahariana y Oriente Medio (1871-1919)

Navarro Beltrame, Fernando N.

Abstract

Programa de doctorado: Historiografía, fuentes y métodos de la investigación histórica

Full text

Depar tamen to d e Ci e ncias H i stór ic as Prog rama d e Doc tor ad o: Hi stor iog rafía, F uent es y Métodos de la Inv esti gac ión H i stór ica T ESIS DOCTORA L MITTEL A FRIKA : GE OPOLÍ TICA ALE MANA EN E L ÁFRICA SUBSA HARIANA Y ORIENTE MEDIO (1871 – 1919) Fernando Ni col ás Na varro Belt r ame Las P alm as de Gran Canar ia 2015 ÍNDICE NOM BRES. Pág.5 SIGLAS EM PLE ADA S. Pág.7 1. INTRODU CCIÓN . Pág.9 2 . “ ESTÁ SU RGIENDO U N MUN DO NUEV O ” – ALGUN OS ANTECED ENTES HIS TÓRIC OS DES DE LA ED AD MEDIA HASTA 1871 . Pág. 22 2. 1. LOS ESTAD OS GE RM ANOS Y LAS G UER RA S NAPOLEÓN ICAS . Pág.27 2. 2. EL C ONGRES O DE VIEN A (1814- 1815) , LA CONFED ERAC IÓN GERM ÁN ICA Y EL ZOLLVERE IN . Pág.32 2. 3. LAS R EVOLUC ION ES DE 1848-1849 Y SU S CONSEC UEN CIAS . Pág. 45 2. 4. EL ASC ENS O DE BISM ARCK . Pág.55 2. 5. LA GUERR A DE LOS DUCA DOS Y LA GUE RRA AUSTRO-PRUS IANA . Pág. 59 2. 6. LA FED ERA CIÓN ALE MAN A DEL NORTE . Pág.62 2. 7. LA GUERR A FRAN CO-PRUSIANA (1870 -1 871) . Pág. 69 2. 8. LA PR OCLAM ACIÓN DEL SEGUN DO RE ICH . Pág.74 3. LA EXPAN SIÓN ALE MANA Y SU CON TEXTO . Pág. 77 3. 1. EL ESP ÍRITU ALEMÁ N . Pág.84 3. 2. CR ECIM IENTO DE M OGRÁFICO Y SU PER IORIDAD TECNOLÓ GICA . Pág.88 3. 3. NU EVAS CONDICION ES ECON ÓM ICAS Y FINANCIER AS . Pág. 92 3. 4. ADM INI STRACIÓN E IDEOL OGÍA COL ONIAL: I M PER IALISMO, ANTI IMP ERIALISM O Y PANGERMA NISM O . Pág. 101 3. 5. LAS SOCIED ADES COLONIALE S, GEO GRÁ FICAS Y M ISIONERAS Y LA OPI NIÓN PÚBLICA . P ág.108 4. “ LOS ALE MAN ES DE BERÍAN QUEDAR SE EN CASA ” – EL ASEN TAM IENTO DEL SEGU NDO REICH (1871 – 1878) . P ág.115 2 4.1. LA NUEVA RE D DIP LOM ÁTICA ALEM ANA Y LA KAISER LICHE MA RINE . P ág.117 4.2. COM PEN SAR A FRANCIA EN ÁFR ICA . P ág.128 5. “ NO QU IERE OIR H A BLAR D E COLONIAS ” – EL CONGR ESO D E BERLÍN Y SU S CONSE CUENCIAS (1878 – 188 3) . P ág.140 5.1. EL CONGRESO DE BER LÍN (1878) . P ág.145 5.2. UNA VENTAJ OSA AUS FALLTH OR . P ág.150 5.3. LA DECISIÓN DE OBTENER COLON IAS: A CU ERDOS C ON GRAN BRE T AÑA . P ág.1 68 6. WETTLAUF UM AFRIK A : LA CONFE REN CIA DE BE RLÍN (1884 – 1885) . P ág. 17 7 7. EL SEGUND O REICH Y SUS COL ONIAS (188 4 – 1885) . P ág.204 7.1 . ÁFRICA OCC IDENTA L ALEM A NA . P ág.220 7. 2. NAM IBIA . P ág.233 7. 3. ÁFR ICA ORIEN T AL ALE M ANA . P ág.240 7. 4. CON GO . Pág.2 49 7. 5. NOR TE DE ÁFR ICA Y ORIEN TE M EDIO . P ág.256 8 . “ ESE ES MI MA PA DE ÁFR ICA ” – EL IM PER IO COLON IAL ALEMÁN (1886 – 1890) . P ág.257 8. 1. NU EVO KÁISER Y R EBELIÓN ÁR ABE . P ág.2 83 9 . “ LA CRISIS DIPL OMÁTICA SERÁ MEM ORABLE ” – EL NEUER KURS Y ÁFRICA (1890 – 1897) . Pág. 311 9.1. LA LIGA PAN GERMÁ NICA. P ág.336 10 . “ O EL MAR TILLO O E L YUNQUE ” – LA WELTPOLIT IK Y ÁFR ICA (1898 – 1903) . Pág. 3 64 10 .1. PRIM ER INTENTO DE AC UER DO ANGL O -ALEM ÁN (1898) . Pág.3 70 10 .2. LA CRIS IS DE FA CHODA Y SEGUND O INTENTO DE ACUE RDO ANGLO-ALE MÁN (1898) . P ág.3 73 10 .3. EL KAISER EN OR IENTE M EDIO Y LA FLOTTENGES ETZ . Pág.3 76 10 .4. SEGUND A GUE RRA ANGLO-BOER (189 9- 1901) . P ág.3 83 10 .5 . TERCER INTENTO DE ACUE RDO ANGL O- ALEM ÁN (1899) . Pág. 385 3 10 .6 . RISIKOFLOTTE Y SEGUN DA FLOTTEN GESE TZ ( 1900) . P ág.3 88 10 .7 . CUARTO INTEN TO DE ACUE RDO ANGL O-ALEMÁ N (1900) . Pág.390 10 .8. LA C ONVENC IÓN NA VAL DE LA TRIPLE ALIANZA (1900) Y LOS ACUER DOS FRA N CO-ITALIANOS (1901-1 902) . P ág. 39 1 10 .9 . Q U INTO IN TENTO DE AC UERDO AN GLO-ALEM ÁN (1901-1902) Y APR OXIMACIÓN FRAN CO-BRITÁN ICA . P ág. 399 10 . 10 . FERR OCARR IL BER LÍN-BAGDAD . P ág.4 06 11 . “ MEJOR AB STEN ERSE DE CONC LUIR CU ALQUIER TRATA DO ” – REBE LIONES AFRIC ANAS Y LA PRIM ER A CRISIS MAR ROQUÍ (1904 – 190 6) . P ág.412 11.1. LA ENTENTE CORD IAL (1904 ) . P ág.4 14 11.2. EL DESEM BARCO DEL KAÍSER EN TÁNG ER (1905) . P ág.4 25 11.3. EL FALLIDO TRA TAD O DE BJ ÖRKÖ (1905 ) . P ág.4 32 11.4. LA CONFER ENC IA DE ALGECIRA S (1906) . Pág. 4 40 12 . “ ES NU ESTR A ÚLTIM A OPORTUN IDAD D E C ONSEGUIR UN PEDA ZO DE TIERRA EN ÁFRICA SIN LU CHA R ” – LA CONSOLIDAC IÓN DEL IMPER IO COLONIAL ALEM ÁN (1906 – 1911) . P ág.4 52 12.1. EL FIN DE LAS RE BELIONES AFRICA NAS . Pág. 457 12. 2. LA TRIPLE ENTEN TE. P ág.461 12.3. INCIDEN T ES FRA NC O-ALEM ANES EN CA SABLA NCA . Pág. 4 64 12.4. SEGUN DA CR ISIS M ARROQUÍ: PANTHER - SPRUNG NACH AGADIR . P ág.4 76 13 . MITTELA FRIKA – PLA NES DE ULTERI OR EXPAN SIÓN ALEM ANA (1911 – 1914) . Pág. 4 88 13.1. LA GUERR A ITAL O-OTOM ANA (1911- 1912) . P ág. 493 13.2. SEX TO INTENTO DE AC UER DO ANGLO-ALEM ÁN . P ág. 498 13.3. MITTELAFRIKA Y WIRTSCHAFT SWUNDE R . Pág. 5 06 13.4. DE CONFLICTO REGI ONAL A G UERRA TOTAL . Pág. 5 21 14. ÁFRICA, LA GUER RA NA VAL Y DER WELTK RIEG (1914 – 1918) . Pág.5 28 14.1. SEPTE MB ERPR OGRAMM (1914) . Pág. 550 14. 2. GUER RA SUBM ARINA TOTAL (1915) . P ág. 561 4 14. 3. NU EVO PR OGRA MA DE ANEXIONE S (1915 ) . P ág. 568 14. 4. CAM PAÑA SUBMARIN A SIN RES T RICCIONE S, CON DICIONE S PARA LA PAZ Y OBJETIVOS DE GUERR A (191 6) . P ág. 586 14. 5. GUER RA SU BM ARINA TOTAL Y OBJE TIVOS DE GU ERRA (1917) . Pág. 591 14. 6. ZONAS PR OHIBIDA S A LA NAV EGACI ÓN , MITTELE UROPA Y NUEV AS DEM ANDA S AFRICANA S (1918) . Pág. 609 14. 7. TOGO (1914) . Pág.623 14. 8. NA M IBIA (1914 – 1915) . Pág. 6 28 14. 9. CA M ERÚN (1914 – 1916) . P ág.6 35 14. 10 . ÁFR ICA ORIEN TAL ALEM ANA (1914 – 1918) . P ág.6 46 14.11. CONGO (1914 – 191 6) . P ág.6 58 14. 12 . NOR TE DE ÁFRIC A (1914 – 1918) . P ág.6 62 14.13. ORIENTE M EDIO (1914 – 1918 ). P ág. 687 15. CONC LUSIONES . P ág.706 16. ANEXO DOCUM ENT AL. P ág.7 15 16. 1. RE D CONSU LAR ALEM ANA (1871 – 1919). Pág. 7 16 16. 2. CA NCILER ÍAS AL EM ANAS (1 871 – 1919 ). P ág.718 17 . FUEN T ES Y B IBLIO GRAFÍA. 17.1 . FUENTES D OCUME NTALES NO IM PRESAS. Pág. 736 17.2 . FUENTES D OCUME NTALES IM PR ESAS. Pág. 7 62 17.3 . BIBLIOGRAFÍA. Pág.7 71 17. 4. ART ÍCULOS. Pág. 794 5 NOM BRES. Para hacer una lectura mucho más actual y menos confusa, he procedi do a indicar todos los nombr es geográfico s vigentes africanos y medioorien tales con la intención de f acilitar una mejor ubicación de lug ares, salvo en las citas en las q ue, por rigor históri co, he man teni do el nomb re empleado . Nombre anti guo – Nombre actual Abisini a – Etiopí a Adrianópol is – Edirne Alto Volta – Burkina Fa so Angra Pe queña – Lüderi tz bucht Antioquia – Adan a Antiv ari – Bar Bahía de De lagoa – Bah í a de Maputo Bardí a – El Burdi Bechuanal andia – Botsu ana Bénito – M bini Berberí a – Costas del Mag reb Bismarckbu rg – Kasan ga Bône – Annaba Bornu – Ní ger Cabo Juby – Ras Yubi Cirenai ca – Libia Orienta l Costa de O ro – Ghana Dahomey – Benin Damaraland – Namibia Dierid – Chot t el-Jerid Emesa – Homs Esmirn a – Izmir Fernando Poo – Bio ko Fort Dorothea – Akwi da Golfo de Bia f ra – Golfo d e Guinea Guinea Francesa – Gui nea Cona kry Guinea Portu guesa – Guine a Bissau Haifischinsel – Shark Isl and Hali carnaso – Bodrum 12 estos hechos han sido estudiados sin la neces aria continui dad histó rica e ideológic a que enlaz a los diversos acontecimientos y sin las herramienta s de análisis a decuadas. En segundo lugar, sostenemos y pretendemos demost rar que la presenci a alemana en div ersos puntos de África y Oriente Medio f ue, en etapas diferentes, el resultado de un diseño preciso y predeterminado, lue g o desvi rtuado y alterado, resultado de t oda una serie de ide as prese ntes en un sector econó m ico de la metrópoli. El motivo para l a elección del obj eto de inv estigación de la presente t esis se debe, sobre todo, a la ausencia de estudios y publicaci ones en la historiografía española y europea sobre el imperiali smo alemán en el África Subsahariana y Oriente Medio. El objetivo de esta tesis es, por lo tanto, colmar dicha laguna y presentar una serie de documentos sobre el imperiali smo ale mán en el Á f rica Subsahariana y Orien te Med io. Una primera f ase de estudi o tuvo lug ar en las I sl as Canarias ( Archivo Histórico Provincial , fondo Fe rnan do León y Castil lo y Archivo Intermedio Militar de Can arias , fondo Asuntos Generales - Marin a) y en Madrid ( Archivo Histórico del Mini sterio de Asuntos Exteriores , f ondo Política I IA). Posterior mente se ha r ealiz ado la investigación en los archiv os europeo s de Al emania ( Bundesarchiv , Pol itische Archiv Auswärtigen Amts y Senat Hamburg ), Austria ( Österrei chische s Staatsarchiv , f ondo Diplomatie und Außenpol itik), Francia ( Archives du Mini stère des Affaires Étrangè res , fondo Traités - Allemagne), G ran Bretañ a ( National Archives , f ondo s Coloni al Off ice y Foreign Office ), Holanda ( Nationaal Archief , fo ndo Nieuw e Afrikaanse Handelsv ennootschap ), Italia ( Archivio Storico del Ministero degli Affari Esteri , fondo Serie Politica), Lux emburgo ( Archives de l’ Etat du Grand -Duché de Luxembourg , fondo Dépar tement des Affaire s Etrangères) , Portugal ( Arquivo Regi onal da Madeira , fondo Repartição-E xpe diente) y Suiz a ( Schwei z erische Bun desarchiv , fondo Diplomatische Do kumente ). También pudimos consultar, medi ante una beca, los archivos estadounidense s ( Nationa l Archives and Record Administration , fondo General and Special I ndex es to the General Co rrespondenc e of the Off ice o f the Secreta ry of the Navy ). También se ha tenido la posibili dad de consulta r on -line los registros de los archivos de Se negal ( Archives National es du Senegal , fondo Aff ai res Poli tiques et A dm inist ratives) y de Sudáfrica ( Natio nal Archi ves of Sou th Af rika , fondo State Secreta ry ). Han complementado la búsq ueda de archivos las colecciones de Die Große Politi k der Europäischen K abinette (Deutsche Verlagsgesel lscha ft für Politik un d Geschichte m.b.H. , Berlín, 1922 – 1927 ), del Belgian Grey Book (The Times, Londres, 1917 ), los Do cumenti Diplomatici I taliani (I stituto Poligrafico e Zecca dello Stato S.p.a. , Roma, 2007 ) y l os Documentos República Portuguesa (Presidencia do Consel ho de 13 Mini stros, Secretari a-Geral, Lisboa, 1914- 1915) . T ambién hemos consultado Deutsche Reichsgesch ichte in Dokumenten (Deutsche V erlagsgesell schaft für Pol itik und Geschichte m.b.H., Berlí n , 1927), British Doc uments on the Origins of t he W ar (H.H.S.O ., Londres, 192 6-1938), Leyes Coloni ales (Impren ta Suceso res de Riv adeneyra, Madri d, 1 945) y Handbuch der D iplomatie (K.G. Saur Verlag, Munich, 2001) . Con respecto a los archivos, en la tesis aparecerán referencia dos con sus correspondien tes siglas. Los archivos alemanes visi tados ref lejan cómo la política colonial se consideraba parte de la política del comercio exterior, por lo que en los inicios parecí a suficiente confia r en el jefe de sección responsabl e de l as relaciones comerciales. La mayor part e de la documentaci ón presentada en esta tesis, los expedientes de la administración colonial del Segundo Reich, reflejan los diversos cambios su fridos por Alemania hasta nuestros días: hasta 1907 no hubo un Mi nisterio Colonial y, tr as la Gran Guerra, dichos archivos fueron trasladados primero al Mi nisterio de la Reconstrucci ón y luego fueron inte grados en el Mini sterio de Asuntos Ex teriores, siendo reclamados con asiduidad para las ne goci aciones de Versalles para luego se r archivad os. Buena parte de los archivos de la administración colonial alemana se perdieron con la destrucci ón del edificio durante un bombardeo el 14 de abril de 1945: se perdió al rededo r del 30% de los documentos, incluy endo la totalidad de los registros relacionados con los p resupues tos, contabi lidad, asuntos técnicos , ferrocarril es y f uerz as militares. Tras la guerra y la división de Alemania, el Archivo General del Estado de la RDA en Potsdam des cartó el sistema de registro original y creó el g rupo de re gistro Reichskol onialamt R 1001 . Después de 1989, con la reuni ficación de las dos Alemanias, lo que quedó de estos archivos f ue transferido po r el Ministerio de Asuntos Exteriores a los Archivo s Federales en f ebrero del 2000. Para completar las partes pe rdida s, se han busca do las noticias relativ as a la administración colonial en el f ondo Rei chs-Gesetz blattedel del Poli tische Archiv Auswärtigen Amts . Para la in formación relativ a al comercio de las ciudades hanseáticas con África , se ha consultado el fondo Sen at 111-1 del Sena t Hamb ur g. Para presenta rlo todo de una manera coherente, he mos intentado recopilar la mayor in formación do cumental posibl e, hemos sintetiz ado poste riormen te la información extraída de esos archivos, y he mos acoplado después los datos extraidos de la lectura de la bibliografía sobre Alemania y la r iv alidad imperialista entre los estados europeo s. Abordando el estudio del ví nculo entre el imperial ismo y la opinión pública, el ulterior obje tivo de esta investigación h a sido hallar sus consecuenci as en el 14 continente africano . Debi do a la inevi table perspectiva europeizante que se deriva del hecho m ismo que supone investigar las rela ciones diplomáticas estableci das entre Europa y Áf rica, hemo s creí do con ven iente hacer primero una investigación q ue procediera te mporal y geo gráficamen te del siguiente modo: situaci ón general, bibli ografía general de África y estudios r egion ales. Además d e buscar información relativ a al contine nte africano, se ha buscado aquella relativ a a los paí ses con intereses directos en Á frica (Alemania, Bélgica, España, Francia, Gran Bretaña, Italia , Portugal y el Imperio Oto mano) y otros paí ses que no estuvi eron directamente implicad os en Áfr ica (el Imperio Austro-Húngaro, Estados Unidos y Rusia). Hemos intentado reflejar la participa ción de estos últimos países en las relaci ones diplomáticas relativ as a África, para mostrar que la ausencia de colonias no significab a un total desinterés por el continente africano. Vea mos brevemen te la situación g eneral de los paí ses con inte reses di rectos en África: Para Alemania la belicosa imagen del k áise r Guil lermo II llegó a encarnar a l estado alemán en de trimento de elemen tos m ás democráticos de su gobierno. Es to provocó una sensación exagerada de peligro en los razonabl es intentos del Segundo Reich de t ener un m ayor peso e importancia en los asuntos mundiales proporciona l a su poderí o económico . A nadie se le escapaba el hecho de que, tras l a dimisi ón de Bismarck, el estado alemán habí a desarrollado un asombroso talento en crearse enemigos poderosos. E n un esfuerzo por ampli ar su esfera de in fluencia política y económica en el mundo ( Weltpolitik ) , Alemania llegó a ser m uy activa en la f ase f inal de l Reparto de África, observando t ambi én con interés las inmensas posibili dades ofrecidas por China y tratando de estar entre las primeras en aprov echar la disgregaci ón del Imperio Otomano. Pero la incompetenci a de la diplomacia al emana causó serios problemas para su ej é rcito y con el nacimiento de la la T ripl e Entente los peligros fueron evi dentes y conducirían a la Primera G uerra M undial (HART: 2013, 26- 35). Existe un interés crecien te por las consecuenci as concretas de la Gran Guerra , a bunda n la literatura y los estudios acerca del hundi miento de la Repúblic a de W ei mar y la toma del poder por el Nacional Socialismo, pero mucho m ás escasa s son las publicaci ones sobre África y el Seg undo Reich. Han sido leidas y releidas las obras de Mi chael B lafour ( The Kaiser and his Times : 1964), George L. Mosse ( The Crisis of German I deology : 1964), Fritz Stern ( Gold and Iron : 1977) y M ichael S türmer ( Das ruhelose Reich. D eutschl and : 1983, The German Empi r e : 2002) . Estudios más recientes han sido los de Rosa Sal a Rose ( El Mi sterioso Caso Alemán : 2007) y Francesca Predazz i y Vanna Vannuccini ( Piccolo V iaggio nel l’A nima Tedesca : 2009). 15 Francia, aún marcada por la derrota en la Guerra Franco- P rusiana (1870-1871 ) y por la pérdida de Alsacia-Lorena, era el más feroz oponente de Alem ania . En la Tercera República no f al taron los conflictos intern os, pero la democracia parlamentari a se impuso y no dejó de a spirar a mantener su pre stigio en Europa , con un fuer te deseo de ex pandir su imperio en África y en M ed io Oriente. El consenso nacional y la preocupación casi unánime se centraba en la necesidad de reconstruir el ej ército y prepararse para f uturo s conf licto s. Utiliz ando el reclutamien to masi v o, e incluso empleando a los hombres de las colonias, Francia podía af rontar una guerra victoriosa contra Alemania. Ademá s, buscando activamente alianzas y apoyos militares en todas partes, Francia se sentirí a finalmente empu jada hacia G ran B retaña, aunque ambos paí ses se observ aron durante mucho t iempo co n recelo, pero acabaron teniendo en Alemania a un enemigo común. Sobre el papel de Francia en la Gran G uerra se ha laido a Ian Su mmer ( The French Ar my : 1995) Gran Bretaña , con un imperio colonial f undado en la más pura explot ación comercial, extendió su control sobre todo el globo y no sólo esta ba decidida a mantener su posición de prem inenci a , sino que t ambién quería ampliar sus domini os en Egipto , Irak e Irán. La s friccion es colonial es aumentaron cuando Alemani a comenzó a preparar una f lota con la clara intención de des afiar a la Royal Navy por el control de los océanos. Gran Bretaña habría pref erido quedarse al margen de las disputas europeas, pero es te punto de vista estaba en contradicción con uno de los principios fundamentales de la política exterior británica: buscar sie mpre el equilibrio entre las grandes potencias. So bre el papel británico, pensa ndo más en sus relaciones internacional es que en su historia interna, fue de particular ayuda la obra de Niall Ferguson ( Empire : 2003) y de Mike Chappel sobre la Gran Guer ra ( The British Army in World War I : 2005). En cuanto a I talia , recién unificada como Alemania, tenía como vecinos fronteriz os a Franci a y al Imperio Austro -Húnga ro, con l os que le enfrentaban cuestiones territoriales. Italia miró haci a Á frica p ara f undar sus propi as c olonias, per o estaba frustrada en este objetivo por Francia. En dispar búsqueda de aliados que garantiz asen su seguridad en este peligroso escenario , Italia había dado lugar a la Triple Alianz a con el Segundo Reich y el Imperio Austro-Hún garo , pe ro estaba clar o que se trataba de una al ianz a más teutona q ue latina. Sobre el país transalpi no se ha leido el estudio clásico d e Mack Smith ( Italy: a Modern Story : 19 69 ) y el más reciente de David Nicolle sobre la Gran Guerra ( The Italian Army of World W ar I : 2003), y sobre 16 el colonialismo italiano se han tenido en cuenta los estudi os de Angelo Del Boca ( Gli Italiani in Af rica Oriental e : 2001 ) y de Do menico Q uirico ( Adua : 2004 ). Otros países con intereses en África, como Bélgica, España , Portu gal y el Imperio Oto mano, f ueron espectado r es de la l enta evol ución de l os grande s alineamie ntos diplomáti cos, con una participaci ón sólo m arginal. Bélgica, jun to a lo s otros paí ses europeos con intereses en África, fue espectado ra de cóm o cada bando trataba de atraer a su lado a los neutrales en los años q ue precedieron a la Gran Guerra . Ha resultado muy interesante la obra de Adam Hochschild ( King Leopold’ s Ghost : 1998), aunque se centrase demasiado en la f igura del monarca m ás q ue en el contexto colonial, y de L ierneux y Pawly sobre la G ran Guerra ( The Be lgian Army in World W ar I : 2009 ). Más i nteresante, pero a lo mejor con una redacci ón menos rigurosa, es la obra de Dav id Van Rey brouck ( Congo. Een Geschiedeni s : 2014). España f ue otro de los pa íses europeos con intereses en Áfr ica. Tras las Declaracion es de Cartagena (1907) , s u papel en el imperiali smo europe o y la Gr an Guerra, debido a su limitada participación , hizo que las causas, el desarrollo y las consecuencias del con flicto estuv iesen relacionad as con contextos históricos nacional es y reg ionales más que internacional es. Más que a las consecuencias políti cas se ha dado mayor hincapié a las sociales y la neutralidad fue sólo una fachada para la inv olucración. M ientras los bel igerantes creí an en un rápido desenlace, apenas nadie reparó en España; el j uicio cambió cuando se vi slumbró el largo conflicto : los neutr ales se volvieron muy importantes para el esfuerz o bélico y España se hizo imprescindible. Los alemanes di eron impor tancia a España desde el principio con propa ganda contra sus tradicionales enemigos, Francia y Gran Bre taña . (GARCÍA SANZ: 2014). Sobre Portugal se ha leido los más q ue necesarios estudios sobre el paí s y su actividad coloni zad ora de Oliv eira M arques ( História de Portugal : 1986, O Império Africano : 2001). El Imperio Otomano compar tía muchos de los problemas de sus antiguos adversarios austro-húngaros: sólo la m itad de la población era turca y la otra m itad era un conglomera do de div ersas nacionalidades y de diferentes reli giones. La Sublime Puerta habí a perdido la mayor parte de su terri torio en Europa y en África, y también estaba viva la histórica amenaza rusa . El Impe rio Otomano parecí a rodeado de enemigos, mientras que en el interior su cumbió a las presiones del nacional ismo y la moderniz ación del país estuvo acompañada por condicion es q ue amenaz aban con una m ayor espiral de decadencia. Sobre el Imperio Otomano se ha leído a Dav id Nicolle sobre la Gran G uerra ( The O ttoman Army : 1994), la mono grafía de Charles King ( The Black Sea: a History : 2004 ) y el recien te estudi o de Erik J. Zü rcher ( Turkey: a Mod ern Stor y : 2007). 17 En cuanto a ot ras poten cias, no directamente im plicadas en África, e l Imperio Austro-Húnga ro , el fiel aliado de Alemania, era una institución bastante anti gua , surgida tras sig los de lucha y era más una curiosidad histórica qu e un estad o moderno. El imperio era un mosaico de dif erentes nacionali dades en el q ue los austriacos y los húngaros f ueron superados co n creces en número por otros grupo s étnicos incluidos en el Imperio durante siglos. El sistema político era complejo y el emperador y sus mini stros ej ercí an el control s obre la política e xterior y las fuerzas armadas. Pese a ser ésta una tesis centrada en Alemania y su e xpansi ón en Áf rica, no se podía dejar aparte a su principal aliado, por lo q ue se han tenido en cuenta los clásicos estudios de Rob ert A. Kann ( A History of the Habsburg Empire : 1974) y de John W . M ason ( The Dissolution of the Austro-Hungarian Empire : 1977), y los monográfi cos de Hans Sokol sobre la guerra nav al ( Öst erreich-Unga rns Seekrieg : 1933) y de Peter Jun g sobre la G ran Guerra ( The Austro-Hunga rian Forces in World War I : 2003). Es tados Uni dos f ue el país menos inv olucrado directamen te en Á frica, pese al apoy o q ue daba a la indepedi ente Liberia según M aldwyn A. Jones ( The Limit s of Li berty: American H istory : 1982 ). R usia era l a más enigmática de l as g rande s potencias: pese a su industrial iz ación, la estructura del estado no e ra para nada moderna; esto no significaba q ue no t uvi ese a mbiciones terr itorial es y geopolí ticas. Primero estaba interes ada en la dif usión del pa neslav ismo y po r otro lado en l a expa nsión en Asia. Tení a, además, la obsesión de g anar el control marítimo en la desembocadu ra del M ar Negro hasta el M ar M editerráneo a través de l os E strechos de los Dardanelos para expandirse por el Mar Rojo hasta Etiopí a, por lo que temí a la even tual amenaza de la expansi ón naval otomana po r el Mar Negro. Un a reconcili ación con Gran Bretaña no era t area f áci l y los británicos temían desde hace tiempo que Rusia amenaz ase su control sobre la India, pero con la amenaz a alemana más inmedi ata y mucho más cercana , todos estos temas serían dejados de lado. T ras este v istaz o particular de los países interesados, en mi opi nión l os historiadores con más ampli as vistas para tener una vi sión g eneral de Europa y del mundo en la época que nos interesa s on Eric Ho bsbaw n ( The Age of Rev olutio n : 1962, The Age of Capital : 197 5, The Age of Empi re: 1987, Nations and National ism since 1780 : 1990, Extremes: the Short Twentieth Century : 1994) y Jean-Louis Miége ( Expansion Européenne et Décoloni sation de 1870 á Nos Jours : 1975 ), además de la obra colectiv a cordinada por Juan C arlos Pereira ( Historia de las R elaci ones Internacional es Contemporáneas : 2009). La obra más reciente que, a m i juicio, es un buen compendio de la trasformación europea entre el siglo XIX y el sig lo XX es la de 18 M argaret M acMi llan ( The W ar that Ended Peace : 2013). Tambiés es i nteresante el debate acerca el imperial ismo coordinado por Roge r Owen y Bob Sutcliffe ( Studies in the Theory o f Imperial ism : 1972). M e han sido útiles estudios clási cos como el de Harold Nicolson ( The Congress of Vienna : 194 5) y Henry A. Kissinger ( Diplomacy : 1994) , y obras más rec ientes como las de Niall Ferg uson ( The W ar of the World : 2006), Nicolao Merker ( Europa Oltre i Mari : 2006 ) o la obra colectiva co ordinada por José Antonio Gonzál ez Alcantud y Eloy Martín Corrales ( La Conferenci a de Algeciras en 1906 : 2007) . No se podí a empez ar sin tener en cuenta q ué visi ón de África tenían los alemanes, por lo q ue fundamental fue la lectura de Leo Frobeni us ( Kulturgeschicht e Afrikas : 1933). De obligatoria lectura fueron también los estudios de Anthony Atmore y Roland Oliv er ( Africa since 1800 : 1967), Peter J. Duigan y L.H. G ann ( Coloni alism in Africa : 1970, The R uler s of Ge rman Africa : 197 7) y l a obra coordinada por H elmu th Stoecker ( Drang nach Afrika : 1977). Muy útil y clarificadora f ue la obra colectiv a de Kw amena-Poh, Tidy, Tosh y W aller ( African History in Maps : 1982), así como la de A. Adu Boahen ( L'Afrique sous Domination Coloniale : 1985), H . L. W es seli ng ( Divide and Rule : 1991), Anna M aria G entili ( Storia dell’A frica Subsahariana : 1995), John Iliffe ( Africans : t he History of a Continent : 1995), John Reader ( Africa : 1997), la obra coordinada por M arc Ferro ( Le Livre Noir du Colonial isme : 2003), y la de Alfred Kagan ( Reference Guide to A frica : 2005) ; y para conclu ir, otra obra alemana, la de W i nfried Speitkamp ( Kleine Ges chi chte Afrikas : 2007) . Se han tenido en cuenta las interesantes monogra fías sobre paí ses afr icano s publicad as por las casas editoriales anglo-ameri canas Routled ge y Scarecrow Press, en particular las de Samuel Decalo y Katherine Murison ( Historical Dictionary of Togo : 1996), Mark De Lancey y Katherine Muriso n ( Historical Dictionary of Ca meroon : 2000), Thomas P. Ofcansky, Dav id H. Shinn ( Historical Dictionary of Ethiop ia : 2004), Ellen K. Eggers y Grego ry Mthembu -Salter ( Histo rical Dictionary o f Burundi : 2006), Phi l Cl ark, Zachary D. Kaufman y A imable Twagilimana ( Rwanda, Recent History : 2011), Mi chael Jennings, T homas P. Ofcans ky, Rodger P. Yeager ( Tanz ania, Recent History : 2011) y John J. Grotpete r, W il liam A . Lindeke, Christopher Sau nders, Victor L. Tonchi ( Historical Dictionary of Namibia : 2012). Muy interesante t ambién las de carácter más económico sob r e E gipto, de Dav id S. Landes ( Banker s and Pashas: International Finance and Economic Imperi alism in Egypt : 1979), y sobre Tanza nia de Karin Pallav er ( Lungo le Pi ste d ’ Africa: Com merci Loc ali e Strategie Imperiali i n Tanz ania : 2008) . También se han t enido en cuenta las obras de Hosea Jaff e sob re Kenya ( Dal 19 Coloni alismo Diretto al Coloni alismo Indiretto : 1968), de Olayemi Akinwumi sobre Nigeria ( The Colonial Contest for t he Nigerian Region : 2002), la ma g ní fica obra de Klaus Dierks sobre Namibia ( Chronology of Namibian History: from Pre -Historica l Times to Independent Namibia : 2003) y la de Víctor M orales Lezcano sobre Marruecos ( Historia de Marruecos : 2006). T ambién sob re Sudán la ob ra clásica de W inston Churchil l ( The River War: an Account of the Re-Conqu est of the Soudan : 1899) y la más reciente de M ichael Asher ( Karthoum : the Ult imate Imperial Adventu re : 2005). En cuanto al periodo de la Primera G uerra M undial, y a propósito de su centenario, recientes obras de autores co mo Pe ter Hart o M ax Hastings han omitido delibe radamente los f rentes africanos durant e la Gran G ue rra , y otros, como Christopher Clar k o Lawrence Sondhaus, apenas les dedican pocas páginas ; pese a tener en cuenta sus trabajos, claramen te mis fue ntes han tenido que ser otros estudi os que han q uedado fuera de los g randes textos. Estos, junto a los documentos y f uentes originales, han acompañad o a la lectura de Liddel Hart ( The Real W ar : 1968), Keith Robbins ( The Fi rst W orld War : 1984), John Keegan ( The First World War : 1998), Jean- Jacques Bec ker ( L’A nnée 14 : 2004), Nigel Thomas ( The G erman Army in W orld War I : 2004) y los ya citados Lawrence Sondhaus ( World War O ne : the Glob al Revol ution : 2011), Christopher Clark ( The Sleepwalke rs : 201 2) y Max Hastings ( Catastrophe : 201 3), Peter Hart ( The Great War : 2013) . Sobre Alemani a y Áf rica son interesantes las obras de Friedrich von Berhardi ( Deuts chland und der nächste Krieg : 1912), Giovanni Piopi ( Q uale sarà la Sorte delle Colon ie Tedesche dell’Africa? : 1919), Paul Frölich ( Krieg und Bürge rkrieg : 1924), Ugo Businel li ( La Guerra Coloni ale nell’Africa Orientale Tedesca : 1931) y Brian Gardner ( The Story of the First W orld War in East Africa : 1963). Sobre la guerra nav al son importantes las ob ras de W alther Hub atsch ( Die erst e deutsche Flotte : 1981), Erich G röner ( Die deutschen Kriegsschiffe : 199 1) y Luis de la Sierra ( El Mar en la Gran Guerra : 2006). Sobre Itali a y sus colonias he mos leído a Angelo Del Boca ( La Disfatta di Gasr Bu Hàdi : 2004) y sobre España y su neutralidad la obra de Francisco Jav ier Ponce Marrero ( Estra tegia y Diplomaci a: un Estudio sobre la Pol itica Exterior de España : 2006). Por último, sobre Medi o Oriente he mos leí do a Giorgio Seccia ( La Gue rra tra i Due Fiumi : 2007 ). No menos importantes son las memorias escritas por los directos protago nistas o las biografías o monog ra fías a ellos dedicadas. Entre las primeras las del príncipe Hohenl ohe-Schil lingsfuerst ( Denkwürdi gkeiten des Fürst en Chlodwig z u Hohenloh e- Schill ingsfürst : 1906), Alfred v on Tirpitz ( Erinne run gen : 1920), el k áise r Guillermo II ( The Kaiser’ s Memoirs : 1922) y Friedrich von Holstein ( The Holstein Papers : 1957). 20 Entre las segundas cabe señal ar las dedicadas al primer canciller de la Alemania Unificada por parte de C onstantin De Grunw al d ( Bismarck : 1963) y Edw ard Crankshaw ( Bismarck : 1981). M uchas han sido las r evistas y los artícul os consultados, tanto on -line como en papel, y hacer una selecci ón de las más importantes es una tarea ardua . Con r espec to a Alemani a destacarí a Kolonial e Rundschau y Vi erteljahresschrift für Sozi al- und Wirtschaf ts- G eschi chte por su reivi ndicaci ón d el colonialismo alemán, y Archiv des Völkerrechts para la s consecuenci as del i mperial ismo. C on respecto al contine nte africano, señal arí a History in Af rica y The Journal of African Hi story . No menos importante s han sido las hemerotecas y bibliotecas. Se han consultado las hemerotecas de la Amtspresse Preußens , la Hemeroteca del Museo Canario y las Universitäts-Bibli othek de Bayreuth, Berlí n, Heilderberg y Fran kfurt. No quisera dejar sin agradecimi ento a los bibl iotecarios, libreros y demás p ersonal de la Bibli oteca Joppi (Udine), Librerí a Feltrinelli ( M ilán), Lib rería de la Obra Social (Las Palmas y Telde), Librería del Mare (Mil án), Libreria Mi litare (Milán), Librería Pickwi ck (Bolonia) , Li bracci o (Bol onia, Florenci a y M il án) y Mediateca Casa África ( Las Palmas ). Nunca, como ahora , los inv estigadores habí an dispuesto de un a rsenal tecnológico t an podero so para rescatar material histórico on -line. Aunque las tecnologías de la inf ormación caminen en el campo de la Historia a un ritmo más lento que en otras á reas , hay aspectos como la simp le digitalización que ha cambiado la vi da de los investigadores. Afortunada men te existen di ferentes servici os on - line que utiliz an las últimas tec nol ogí as de la inform aci ón , permi tiendo usar una ampli a g ama de contenidos de archi vos digitales donde se han volcado miles de revistas y otros contenidos académicos. Para esta tesis se ha consultado Archive.org , Dial net , Jable , JSTOR y Memoria Digi tal de Canarias . He redactado la tesis si guiendo un estricto orden cr onológico , excep to en dos partes, las relativ as a la Conf e rencia de Berlí n y a la G ran Guerra, en las que el criterio es geográ fico. Así pues, la tesis se divide en cinco grandes perí odos q ue compr ende n los catorce capítul os de esta tesis, y las conclusiones. La primera f ase, desde 1871 hasta 1883 (del capí tulo 2 al capítulo 5), está caracteriz ada por la au sencia de col onia s y la Realpolitik ; l a seg unda f ase, de sde 1884 hasta 1885 (c apí t ulos 6 y 7), est á caracteriz ada por la admisi ón de la impor tancia diplomática, econó mica y polí tica de los enclaves comerciales en el África Subsaha riana; la t ercera fase, desde 1886 hasta 21 1890 (capítul o 8), está carac terizad a por el f racaso del i mperio in formal y la nacional ización de las c olonias; la cuarta f ase , desde 1890 hasta 1914 (del capítulo 9 al cap í tulo 13), se caracteriza por el cambio de rumbo en Alemania, de su política interna ( Neuer Kurs ) y de su política exterior ( W eltpoli tik ); y la quinta y última f ase , desde 1914 hasta 1918 (capí tulo 14), está caracteriz ada por el desplome colonial alemán, con la derrota militar y la pérdida de todo control sobre los terr ito rios afr icano s durante la G ran Gue rra. No he querido dejar de omitir algun a s precisiones terminoló gicas y conceptuales con respec to a la redacci ón de esta tesis :  Los conceptos geográfic os de “O rien te” y “ Levan te” h an sido sustituidos por “Europa del Este ” y “Oriente M edio”.  A los c iudadanos y soldados del Im perio de los Habsburgo se les suele de nominar como “ austríaco s” , pero he considera do que lo más correcto es “austro -húngaros ” (al menos tr as 1867) ; lo m ismo he hecho empleando “ británicos ” en vez de “ingleses” y “otomanos” en vez de “turcos”.  Tras la primera mención de un indivi duo en cuyo nombre está presente el “lord”, “sir” o “von”, he omitido el título honorif i co, así como los dobles apelli dos, mencionando sólo el prime ro. Las traduc ciones, ya se consideren errónea s o correctas , han sido reali zad as por el autor . 28 Napoleó n decidió reg resar a Francia, burlando a l a Royal Navy , mientras q ue los mamelucos continuaron hosti g ando las tr opas f rancesas aún presentes en suelo egipcio; pese a la conquista francesa de El Cairo , los británicos terminaro n derrotand o a los fr ance ses, recup erando Malta y restituyendo las provincias otomanas a la Subli me Puerta (HOPK IRK : 20 12 , 50- 51 ; SERIN O: 2003 ). En el centro de Europa, una serie continu ada de crisis internas en los Estados Germanos , el surgimiento de Prusia como potenci a y las derrotas militares ante Napoleó n, señalaron el final del Sacro Imperio Romano Germánico . Las ciudades mercantiles del norte luchaban duramente para mantener el tráfico mercantil en el Mar del Norte y en el Océan o Atlántico y evitar q ue dicho t ráfico se moviese hacia el Mar M editerráneo, como era la intención de los Hab sburgo. Los agricultores fueron atraído s con re gímenes ex cepcional es para colon iz ar los t erritorios eslav os, el exced ente de grano qu e cultivaban a gran escal a en los latif undios d e los Junkers disminuy eron la demanda interna y el comercio con las ciudades decayó, excepto en los puertos dedicad os a la exportación . Los Est ados Germanos del sur, por ausencia de grandes rí os navegables hasta que no llegó el ferrocarril, es tuvieron menos expu estos al comercio que los puertos hanseáticos, por lo que Alemania se dividi ó as í en una zona comercial- industrial en el cent ro-norte y una zona agr í cola-art esanal en el centro-sur (BALF O UR: 1 968, 23-25; S TÜRM ER: 1993, 100). En Europa, durante las Guerr as Napoleóni cas, las cinco coaliciones contra Francia exi stentes entre 1792 y 1815, donde con mayor o menor acierto Prusia estuvo inv olucrada, no fueron su ficientes para mantener estable el centro de Europa, por lo que Napoleó n cr eó la Con federación del Rin ( Rheinbund , 1806 - 1813 ) com o una nueva asociación de Estados Germanos tras la conquista f rancesa de casi tod a la Renania. Las ciudades portuarias de Génov a, Hambu rgo, Lübeck y Trieste se conv irt ieron en ciudades fr ancesas y el Imperio Napoleóni co, en su cenit, abarcaba práctica mente Europa entera, excepto Gran Bre taña y Port ugal y sus correspondien tes colonias. En su guerra contra Gran Bretaña, Napoleón impuso un Bloqueo Continental ( Kontinentalspe rre ), un embargo co mer cial que prohibí a e l comercio de productos británicos en el continente europeo, lo que impulsó la acti vi dad de los comer ciante s y de los armadores hanseáticos, que establ ecier on así vínculos directos con América Latina, Oriente Medio, Sudeste Asiático, Oceaní a y, cómo no, con África, pero q ue arruinó su come rcio continental (KAHRS: 19 41; M ORT ON: 1962, 50 ; NICOLSON : 1985, 44-45; STOECKE R, ed. 1977, 10; STÜR MER : 2003, 12-13). 29 Fuera de Europa, durant e las Guerras Napoleóni cas, Gran Bretaña se apoderó de todas las colonias holandesas y repli có c on sus teorí as sobre l os derechos marítimos: un país belig e rante t iene e l derecho de visitar y de registrar los navíos neutrales en aguas internacion ales. Fue entonces cuando se estableci eron ciertos principios e intereses que permanecieron consta ntes en la política e xterior británica: el equilibrio de poderes, la indepen dencia de Holanda y el libre uso de la supremací a naval . Las Guerras Napoleó nicas permitieron a Gran B retaña establec er un control vi rtualmente monop olist a de todas las re giones colonial es y del mercado mundial extraeuropeo, ne gando de esta manera otras expansiones económicas y g arantiz ando la suya propia. Por ejemplo, más del 95% de las ventas de la industria del algodón estaban destinadas a los mercados colonial es, sobre todo hacia África. Las colonias y el comercio de ultramar conserv aron una importancia decisiva dentro del ámbito de estos mercados de ex p ortación, debido a q ue, mientras la demanda potencial había caí do en Europa, había aumentado en las áreas coloni ales (HOBSBA WM: 1988, 106 - 108 ; NICOLSON : 1985 , 83- 228 ). En 1802 Napoleón, a través del Tratado d e Al-Arish, ofreció devolv er Egipto al Imperio Otomano, altera ndo así el equilibrio de poder en el Mar M editerráneo. Gran Bretaña decidió actuar y en 1804 el prime r ministro británico esc ribió al zar que era necesario redu cir a Franci a a sus ante riores fro nteras, liberar l os territo rios conquistados y crear ba rreras contra futuras a gresiones f rancesas. Los intereses de Austria y de Prusia (expan sión hacia el sur de la primera, expansión hacia el norte y el oeste de la segunda) debí an ser tenidos en consideración; Holanda debía ser liberada y ampliada, dándole Amberes pa ra formar la necesa ria “barrera”. A cambio del acuerdo sobre estos pun tos, Gran Bretaña e staría di spuesta a llev ar a un fondo común muchas, si no todas , las conquistas coloniales que habí a hec ho a costa de Francia y de sus satélites. Napoleón r epli có distrayendo al zar con sueños románticos de esplendor oriental como la conquista de Constanti nopla y de Oriente Medio: Rusi a cumplirí a así su destino y G ran Bretaña, enfrentada con esta doble y uni da amenaza hacia sus posesiones, s e verí a f orzada, al fin, a aceptar una paz honorabl e . Rusia, que se estaba convi rtiendo en una po tencia naval europea, podrí a hacerse con el control del Mar Negro y de Constantinopla primero y, a través de Gibraltar y de E gipto, con el control del M ar Medi terráneo después. Finalmente, en 1809, median te el Tratado d e Çanak, la Subli me Puerta soli citó la protección de Gran Bretaña a cambi o del comercio en su territorio. Este tratado implicaba q ue buques de guerra de cualquier potencia no atravesarí an los Estrechos de los Dardanelos (KING: 2005, 155; NICO LSON: 1985, 40 -86). 30 Prusia había menguado hasta la condición de potencia de tercera clase, tras la Derrota de Jena ( 1806 ) y el T ratado de Tilsit ( 18 07). Su territo rio se había r educido a cuatro prov incias; su población, a cuatr o millon es y medio de habitantes; su ejército, a 42.000 hombres. Aus tria, con su hetero géneo imperio y con las dinásticas maquinaci ones de Klemens von Metternich 3 , aparecí a ante los prusian os, como al g o extraño al mundo alemán . En España y en Port ugal, Gran Bre taña había sido la primera en destruir la leyenda de un Napoleón invenci ble. En 1812 Rusia se había vi sto f orzada al con flicto con Napol eón y había log rado una imprev ista vi ctoria. Cuando Prusia se unió a la al ianz a, Napoleón se habí a sentido incómodo y alarmado por la s activi dades de los guerril leros alemanes sobre sus líneas de comunicación, y se veí a obligado a reconocer en la reacción de los pueblos alemanes una fuerza que, en cuanto irracional y, por tanto, incalculable, desafiaba toda inmediata val oración. Nadie se oponí a a que Gran Bretaña hiciese lo q ue quisiese con las coloni as de España, Holanda y Portugal, per o Metternich creía que no podría inducir una paz a Napoleón que incluy ese las petic iones coloniales y de na vegación de G ran Bretaña. Era más factible una paz entr e Francia, Prusia y Rusia con un rediseño de Euro pa central y oriental. Ahora bien, e ra evidente que los austria cos m iraban con suspica cia cualquier compensación que pudiese aum entar indebidamente el peso de Prusia dentro del cuerpo de los Es tados Germánicos y la actitud de Prusia era m enos cooperante por su sumisión ante Rusia (METTERN ICH: 1991, 156-226 ; N ICOLSON : 1985 , 41-152). Con el T ratado de Reicenbach ( 1813 ), Prusia y Rusia plantearon a Napoleón la extensi ón territorial prusi ana, con Prusia co mo pr ote gida de Rusia y el restableci miento comercial de las ciudades hanseáticas de H amburgo y de Lübeck. Gran B retañ a devolv ería los territo rios colon iales recién adquiridos pero l o s derechos marí timo s serían mantenidos a toda costa . En 1813 f ue levantado el Bloqueo Continental de Napoleó n, lo q ue produjo el desarrollo de la le gislación y la práctica del comercio mercantil mediante navegación marítima. Al final la diplomaci a británic a, pese a no haber obtenido una alia nz a general, habí a salvad o los derechos marítimos bri tánicos sin haberse visto obligada , como contrapar tida, a devolver una sola colonia 3 Metternich, Kl emens W enzel Lothar von (1773 -1859), político austriaco. Estadista, di plomático y ministro de as untos exteriores aus triaco hasta las Re volucio nes de 1848 -1849; co nservador, a tra vés del Congreso de Viena a bogó por la restau ración del Antiguo Régimen tras la c aída del Imperio Napoleónico. Reorganizó Europa en benefi cio de Austria, que pudo recuperar todos los territorios pe rdidos desde la Revolución Francesa (e x cepto Bé lgica, que se uni ó a Holanda) y cons ervar el Véneto. Redujo a Francia a sus fronteras pr e-revolucionarias y a poyó l a ex pansión col onial británica ( NDB: 1994, v ol.17, pág.236- 243 ). 31 (CRAN KSHA W : 1988, 11; KAHRS: 1941; MORTON: 1962, 50; NICOLSON: 1985, 72- 93; STOEC KER, ed. 197 7, 10; S TÜRM ER : 2003, 12-13). En los asuntos coloniales G ran Bretaña adoptarí a una actitud benévola tras las Guerras Napoleóni cas. Gran Bretaña dejó cl aro que podrí a restituir todas las posesiones coloniales, excepto el Cabo de Buena Esperanza, a condición q ue la esclav itud fuese abolida. Para ello, mant uv o operativ a durante medio siglo parte de la Royal Navy que, bajo el nombre de W es t Africa Squadron y con base en Freetown, patrulló el Océano Atlántico con la misión de suprimir el tráfico de es clav os. Durante algunos años la Royal Navy mantuv o una colaboración con la U.S. Navy y su Africa Squadron , con base en las I slas Cabo Verde, para erradicar el tráfico de esclavos (LOBBAN, M ENDY : 1997, 66-68; LLOYD : 1968, 67 ). Los principal es propósitos del vizconde de C astlereagh y del Forein Offic e fueron expresados en un me morando el 26 de dic iembre de 1813: derecho s marí timos , alianza general , excl usión de Francia en Ambe res, garantí a de seguridad de Holan da y garantí as territoriales a España y Portugal . Pero la parte más interesante fueron precisamen te las con ce siones coloniales: G ran B retaña estaría dispuesta a hacer ciertas co m pensacion es colonial es pe ro deseaba conservar el territorio que habí a sustraído a Holanda en el cabo de Buena Esperanza, incluso mediante una compensación económica, y el t erritorio que hab í a sustraído a Dina marca, la Isla de Helgoland, prev io pag o de una compensación adecuada; t ambién des eaba r etener , por razones estratégicas, M alta y otr as islas. En def initiv a: participar en un a g ran alianza a cambio de la cesión de unas distan te s colonias de las q ue hombres co mo M etternich o el zar Alej andro I escasamen te habí an oído hablar y las consideraban como “ meras expresi ones geográficas ” . M uchos austriacos contemporáneo s de M etternich estaban firmemente convenci dos de que Asia comenzaba en s us f ronteras , la mayorí a de los italianos del norte consideraba n a la mayorí a de los italianos del sur como una espe cie de bárbaros africanos , y hubo un gran debate en Ru sia acerca de su carácter europeo o asiático (HOBSBA W M: 2010, 109; HOBSBA W M: 2011, 21- 2 3; NICOLSON : 1985, 98- 10 3 ). El 10 de abril de 1814 C astlerea gh escribió que “ todavía siento dudas sobre la adquisi ción de tant as colonias holandesas ” ( NIC OLSON: 1985, 126). Pero cuando Talley rand, diplomático francés, pensó en reclamar Trinidad y Tobago, Castlereagh desplegó una súbita f irmez a, amenaz ando con transferir a Londres las negociaciones si no se atendí an sus deseos, ante lo cual Talley rand cedió. Según el trata do de la Paz 32 de París (1814), Francia renunciaba a t odas sus exigencias sobre Alemania, Bélgica, Holanda ( que recuperab a el puerto de Amberes) e Italia. Franci a cedía a G ran Bretaña las colonias de T rinidad y T obago, Santa Lucí a y M alta, con el beneplácito de Rusi a. Era natural que la Gran Bretaña de inicios del siglo XIX viese en el eq uilibrio de poderes el ideal político por el cual, con el míni mo esfuerzo, pudiese retener sus ricas posesiones y disfrutar de ellas. Pero era t ambi én evidente q ue los austriacos m iraba n con suspicacia cualquier compensación que acrecentase el poder de Prusia, pues el gobierno prusiano interpretaba el eq uili brio de poderes no como un interés general de Europa, sino en térm i nos de extensión de sus propias fronteras: los generales prusianos reclamaban Alsac ia -Lorena, la cuenca del Sarre, Luxembu rgo y Saboya. El 8 de agosto de 1814 Castlereagh intentó obtener de Berlín alguna manifestaci ón concreta de las intencio nes prusianas y la respuesta f ue introducir a Hol anda en la Confederación Germánica. Esta última su gerencia causó en Castlereagh un especial malestar (N ICOLSON : 1 985, 127-251). 2.2. EL CONGRESO DE VIENA (1814 – 1815) , LA CONFEDE RACIÓN GERM ÁN ICA Y EL ZOLLV EREIN . Tras estos acuerdos pre limina res se conv ocó el Congreso de Viena para el 1 de octubre de 1814. Estaban presentes tam bién unos treinta y d os pequeños soberanos g ermáni cos y un representante del sul tán otomano ; t ambién habí an l legado algunas diputaciones no of iciales, como la de l os católicos alemanes. Pasaro n desapercibida s las propuestas de apropiadas medidas contra los corsarios de las costas del Magreb pero sí f ueron instituidos comités para el comerci o de esclavos y la navegación en los ríos internacionales. Castler eagh no conocí a todas las inmensas riquezas de las colonias que G ran Bretaña retuvo. O sí lo hab í a, pero éstas fueron la moneda de cambio para la pa z en Europa. Pensaba más bien en tener las bases naval es más adecuadas para ap ostar naví os antes que en materias primas o en mercados. Castlereagh había obtenido la seg uridad de q ue Fra ncia suprimirí a el comercio de esclavos dentro de sus domini o s pero los círculos mercantiles lo interpretaban como un hipócri ta subterfugio de Gran Bretaña para sofoca r el comercio colonial fr an cés. Parí s presentó una propue sta de cuot as anu ales de ex port a ción de esclav os, o la cesión de Trinidad y Tobago, mientras q ue la Royal Navy t end rí a el derecho de visita de inspección en las costas afr icanas . Con respecto a Áfr ica el Congreso de Viena puso de mani fiesto q ue Austria, P rusia y Rusia no tení an especiale s intereses en el comercio a fricano , pero estaban prepa radas pa ra ganarse el 33 apoy o de Gran Bretaña en otros asun tos al ad op tar una ac titud benevol ente, no ex enta de escepticis mo, en a suntos col oniales (NICOLS ON: 1985 , 128 - 231 ). El 9 de junio de 1815 el co mité g ermano , incluyendo Hol anda, Luxemburgo y las ciudades libres, acordaron constituir una Dieta Federal en Frankfurt, bajo la presidencia de Austria, la cual vendría a ser el ór gano central para todos los treinta y ocho estados g ermáni cos. El Acta Final del Congreso de Viena t ambi én fue f irmada el 9 de j unio de 1815 y se acordó que el único medio por el que podrí a mantenerse el concierto de Europa sería estipular la celebració n de conferencias periódicas entre las grandes potenci as. El orden internacion al sur gido tras este con greso lo gró un equil ibrio de poder y de consenso europeo que dio esta bil idad al continente. T errito rialmente , Austria f ue f ortaleci da en I talia, Holanda adquirió Bélgica, Rusia recibió la part e central de Polonia, Francia tuvo que re nunci ar a t odas sus conquistas y Gran Bretaña limit ó sus ganancias territoria les a l as islas de Helgoland y Malta y a l Cabo de Buena Esperanz a. Londres, una vez conseg uidos sus deseos respecto a Amberes, los derechos marítimos y las colonias, no tendrí a ya ningún motiv o para apaciguar a Sa n Petersbur go, y podía, en interés g eneral del eq uilibrio de poderes, apoyar a los Estados Ger manos en su oposi ción a Rusi a (NIC OLSON: 1985 , 217-261) . Rusia, al verse frustrada en Poloni a, deseaba encontrar compensaci one s y ganancias en Oriente Medi o. El embajador r uso en el I mperio Otomano lanz ó un veto , manifestando que San Petersbur go no consentirí a la interferencia de ning una otra potencia en sus r elacion es con la Sublime Puerta. A f inales de 1814 el zar aprovechó esta coy untura para dirigirse ha cia Constantinop la en vez de provoca r más complicacion es europea s pero para Londres la amenaz a rusa era, en parte, un a inv ención de Metternich ampli ficada a trav és de sus serv icios diplomáticos. No obstante, los embajadores austriaco , británico y francés recibieron instrucci ones para buscar un arreglo con el gobierno otomano para allanar las dificultades entr e a mbo s imperios. El sultán, com o era de esperar, se negó a acep tar nin guna mediación en tales términos y se abandonó, por t an to, la idea de incluir al Imperio Otomano en cualquier t ratado, por lo q ue Gran Bretaña se orientó para con tener a Rusia (HOPKIRK: 20 12 , 85; NIC OLSON: 1985, 175-26 9) . Castlerea gh soñaba con un equilibrio ideal , calculado casi matemáticamen te en términos de pobl ación y de pode r, que con tribu yese a los tres inte rese s particulares para la seguridad británi ca: los derechos de n av egación, la neutrali dad de Holan da y la excl usión de l influjo extranjero en la pení nsula ibérica . Talley rand f ue más pragmátic o 34 y pl asmó la relativ ida d de cualquier equilibrio d e poderes. En de finitiva, el resultado más importante f ue la nuev a redistribución del centro de Europa q ue t uvo lugar con la creación de la Con federaci ón Germánica ( Deutscher Bund , 1815-1866), q ue agrupó a tr einta y ocho estados al emanes. El zar buscaba desalojar el influjo tan to de Austria como de Prusia en la Confederación Germáni ca y los estadistas austriacos, con M etternich a la cabeza, se propusieron consolidar Alemania, pe ro no unificarla, pa ra la defensa común a t oda agresión exterior: ser d emasiad o fuerte para s er atacada por Francia pero demasiado débil y descentralizad a para constituir una amenaz a para sus veci nos. Austria y Prusia eran los estados ale man es de may or impor tanci a, seguidos por un cierto número d e estados de dimensiones medias como Bavi era, Sajonia o W ur tembe rg, pero era Prusia la que más preocupaba a Austria: practicaba una diplomaci a sin escrúpul os, una dev oción por las artes mi litares y un desarrollado sentido de la discipl ina a lo que habí a que sumar sus capricho sas f ront eras, que se extendí an desde tierras polacas hasta la Renani a pero sin continuidad territorial. Esto deriv ó en un sentimient o abrumador acerca de cumplir un deber nacional de unida d territorial q ue terminó identif icándose con el de la unidad de t oda Alemania (KISSIN GER: 1998, 101-107; M ETT ERN ICH: 1991, 158-159; NIC O LSON : 1985 , 179 - 274 ). Año s más tarde , c on una mayor per specti va histórica, el Foreign Office hiz o el siguiente anál isis: “ de la historia de Prus ia, quizás la característica más notable […] fue el engrandecimien to territorial sistemático princi palmente a punta de espada, con las conquistas más importan tes y decisi vas del iberadamente iniciadas por gobernantes o estadista s ambiciosos para el objetivo declarado de garantiz ar a Prusia el tamaño, la cohesión, los kilómet ros cuadrados y la pobl ación necesaria para elevarl a al rango y a la influen cia de un Estado de pri mera clase ” (G OOCH, TEM PERLY, ed. 1938, 402-406) . Austria se encontraba en el centr o del continente europeo por lo que, e n el periodo q ue siguió al Congreso de Viena, Metternich desempeñó un papel decisivo administrando y salv aguardando el sistema internacional recién creado. La extraordinari a habi lida d diplomática de M etternich le permitió conv ertir verdades diplomáticas ya f amiliares en principi os f uncional es de polí tica exterior, que t ermina ron tomando el nombre de Sistema de Metternich ( Metternichsches System ). En reali dad se puede deci r q ue no se tr ataba de un “siste ma” t al cual sino de cie rtos principios fijos, y un t anto oportuni stas, con el f in de mantener el statu quo . Si n el equilibrio interno y exterior no po día e xi stir estabilida d, y la estabilidad era esen cial para los 35 asuntos eu ropeos. Par a G ran Bre taña, todo lo que debilitase o destruyese el Metternichsche s Sys tem no era visto con desa grado, pero Rusia, ocupada en sus reformas internas y con la mirada puesta en los Estrechos de los Dardanel os, la India y Afg anistán , era la única que podía tolerar el refuerz o de Prusia ( M ETTERNICH : 1991, 235-257; NIC OLSON: 1985, 69-70; STÜR MER: 1993, 207). Conv iene señalar q ue la Confederación Germánica no supuso ni nguna concesión al crecien t e naci onalismo alemán, por no se r éste del a grado de Viena, y así q ued ó ref le jado en lo s Decretos de Karlsbad ( 1819 ) . La f ra gmentació n polí tica y la falta de una M arina Mercante ( Hande lsmarine ) no permitió la acumulación de riqueza proveni ente fuera de Europa, lo que, en cierta f orma, retrasó la aparición y los ef ecto s del capi talismo en Alemania. En la may or parte del mu ndo , las f lotas mercan te s expe rimentaban un rápido crecimiento y estaban cada vez más presentes en los grandes puertos tripulaciones de marineros lasca r procedentes de la India. Por t an to, como veremos más adel ante, la historia de la expansión colonial ale mana no se inició hasta bien entrado el sig lo XIX con el desarroll o de un capitali smo de libre competenci a. Hasta entonces, la progresiv a introducci ón en los mercados de Europa de productos no europeo s m ediante la aplicación g radual de la pol ítica de libre comercio estuvo m uy ligada a la esfera de influencia de la burguesí a británica y de su supremací a en los m ercados mundial es ; más aún con la aplicación de las ley es de navegación de 1822, q ue permitieron una parcial apertura de las col onias británicas hacia los buques de pa íses extranjeros, inclui dos los alemanes ( HOBSBA W M: 2010 , 239; KISS INGER: 1998 , 107-134; M ANTELLI: 2006, 66 ; STOECK ER, ed . 1977, 10). En 1821 Gran Bretaña temía un intento de Rusia por conquistar los Estr echo s de los Dardanelos, y también Egipto, lo q ue incrementó el interés británico en la denominada Cuestión de Oriente ( Ori entalische Frage ). Dicha cuestión residí a en cómo distribu ir el Imperio O tomano si tuviese que llevarse a cabo su repart o, pero poco a poco dicha cuestión se terminó volvien do en contr a de Austria, ante la voluntad de independencia o de secesión de sus diferentes nacionalida des. Para de f enderse, a partir de 1826 el Im peri o Otomano entr ó en un periodo de reformas q ue provocaron el malestar en sus provinci as afr icanas y, paradójic amente, el debilitamiento de su brazo militar estatal. Mediante la Conferencia de Londr es (1829) y en e l Tratado de Edirne ( 1829 ), las potencias europeas se aprovecharon aun más de la coyuntur a y obligaron al sultán a aceptar la in dependenci a gr iega y d iversas autonomías en l os Balcanes (HOBSBA W M: 2010, 94-10 3; KING : 2005, 178-18 5). 36 Ante el desamparo que sufr ía Áfr ica por parte del sultán, l as guarniciones otomanas de Argel y Orán ofrecieron poca resistenci a ante la invasi ón f rancesa de 1830, manteniendo el control sólo en el puerto oriental de Annab a y una resistenci a local a occidente, por parte de las tribus de la cofradí a qadiriyy a lideradas por Abd- el - Kader; su ejército regula r dio lugar a una fuerte campaña y se tuvo q ue emplear una tercera parte del ej ércit o francés pa ra lograr su t otal rendición diecisiete años más tarde. La ardua conquist a hiz o que un diputado francés protestase exclamando: “ daría Argelia a cambio del más miserable villorrio del Rin ” (HORNE: 2007, 23). Aunque también abrió perspe ctiv as militares inusi tadas hasta entonces empleando a lo s africanos como tropas a uxili ares 4 . La independe ncia de Gr ecia ( 1830 ) negó al Impe rio Otomano sus más vál idos y expe rtos marinos pero también provocó que c omerciante s, mercaderes y banqueros griegos se expand iesen por Egipto, el Imperio Otomano y Oriente Medio , convi rtiéndose en ag en tes e inte rmedi adores de capi tales europeos, entre ellos alemanes. Egipto, prov incia del I mperio Otomano, era, de hecho, un territorio colonial donde alemanes, austro -hún garos, británicos y franceses podí an actuar encontrando su justi ficación en la ley del más f uerte . Aprov echando la debilidad del Imperio Otomano en Á frica, el gobernador de Egipto, Mehmet Ali , declaró su indepe ndencia conquistando el sur de Arabia, Siria y parte de Anatolia, además de derrotar al recién constituido ej érci to oto mano en la Batalla de Konya ( 1832 ) . Ante la derrota mili tar, Francia y Gran Bretaña retiraron su ayuda y el sultán M ahmud II se vio obligado a firmar el Trat ado de Hü nk âr Iskelesi ( 1833 ), me diante el cual el zar de Rusia pon í a bajo su tutela al Imperi o Ot omano y los Estrechos de los Dardanelos q ueda ron cerrados a las f lotas enemi gas que hubiesen intentado penetrar en el M ar Negr o (ALBER TINI: 2010, vol.1, 52; KING: 2005, 211; LA NDES : 1990, 40-93 ; O WE N , e d . 1 9 77 , 24 9 ). Decidi do en demostrar su autoridad y autonomí a ante las provocacion es r usas, M ahmud II proclamó la Yihad en 1833. Ante la nueva situación que se habí a creado, el objetivo de la política británica se r eafir mó en im pedir que Rusia ocupase los Estrechos de los Dardanelos y amenazase con su presencia en África ; además, Gran Bretaña ya estaba involucrada en las Guerras Anglo -Asante ( As chanti-Kri ege ) en Ghana y t ení a que lidi ar con Francia que, tras la ocupación de Seneg al, se asomaba también al Mar Medi terráneo desde Argelia. El futuro del I mperio Otoma no tendría q ue 4 AMAE- P, Marine, BB/4 1016, Ex pédition d’Al ger: Documents Diver s, Officier Supérieur de l'Armée F ran çais non identifiée au Ministre p our la M arine Français, 23/12/1830. 37 ser discutido, pues , en tre Gran Bretaña, Francia y Rusia, pero t ambién ante las otra s potencias, esto es, Austria y Prusia. Pero las rivalidades austro -rusas en los Balcanes no interesaban mucho a Gran Bretaña y el control de los estre chos no era un a prioridad para la polí tica ex terior austr í aca, po r lo que en Gran Breta ña empez ó a considerarse que Austria no era el contrapeso adecuado contra Rusia. Debido a la resistencia del sultán y al temor de un posibl e restableci miento y f ortalecimiento de la Subli me Puerta si M ehmed Ali llegaba a hacerse con el poder, las potencias europeas no procederí an con la desmembración del Imperio O tomano sino que decidieron mantener el st atu quo , frenando las ambici ones rusas y manteniendo en el poder a M ahmud II. Aprov echan do el nuevo escenario i nternacional , y gracias a préstamos europeos, el sultán continuó con las ref ormas para moderniz ar el Imperio Ot oman o (ATMORE, OLIVER: 1 99 7, 76; FERGUS O N: 2007, 194; HILGEM AN N, KINDER : 1974, 49; ILIFFE : 1998, 216 ; KISSINGER: 1998 , 118-134 ). En el m undo alemán también f ue tiempo de reformas : aunque ya se hab í an creado uniones ad uaner as desde 1828 , la entra d a en vigor el 1 de enero de 1834 de la Unión Aduanera ( Zollverei n ) bajo presi dencia prusiana supuso el primer paso hacia la unificación ya q ue homogeneizó las relaciones aduaneras de una poblaci ón t otal de casi 25 millones de habitantes. Austria intentó bloquearla y algunos Estados German os crearon union es aduaneras rivales, pero casi todas acabaron por integrarse en la Zollverei n prusiana en el transcu rso de la déca da siguiente . Uno de los mayores defensores de dicha uni ón aduanera , el economi sta Friedrich List 5 , protestaba contra el principio cosmopolita de la economía y contr a la doctrina absoluta del libre comercio. List cuestiona ba públicamente la sinc eridad de Gran Bretaña y de su libre comercio. List otorgaba más importancia a la idea de una economí a nacional e insistía en los req uisitos especiales de cada nación, dadas sus circuns tancias particulares, especialmente su g rado de desarrollo industrial. La econom í a alemana, al contrario que la belga o la británi ca, no entró en una in dustrializ ación a cort o pl az o porque sacrificó las manufacturas ante los inmenso s intereses ya establecidos del comercio y de las f inanz as, por lo q ue la burguesía y la industria no eran lo suficientemente 5 List, Friedrich (1789-1846), economista alemán. Subs ecreteario ministerial, en 1817 fue designado profesor de Administración y Política en la Universidad de T übingen. Como diputado de la cámara de Württemberg, abogó ac tivamente por reformas administrativas. Ex pulsado de la Cámara y condenado a trabajos forzados, via jó p or Francia y Gran Bretaña para emigrar lu ego a los Estados Unidos. Allí r esidió ha sta 1832, dedicándose a la agricultura y al periodismo e interesándose en economía, abogando con firmeza por la extensión del si stema de fe rrocarriles en Alemania y por el establecimiento de la Zo llverein . Protestó particularmente contr a el principio cosmopolita en la econ omía contemporánea y co ntra la doctrina absoluta del libre c omercio. Daba prominencia a la idea n acional e insistía en l os requisitos especiales de cada nación dadas sus circunstancias particulares (DKL: 1920, vol.II, pág.458; NDB: 1985, vol.14, pág.694-697). 44 M anteniendo el perf il económico, W ilhelm Rosche r 20 publicó National ökonomische Ansichten über di e deu tsche Aus wanderung , un artículo a favor de los beneficio s económicos del colonialismo como eventual salida a la crisis comercial e industrial que estalló en otoño de 1847 en Gran Bre taña. Precisamente la q uiebra de l os g randes comerciantes de productos colonial es af ectó a los bancos agrarios británicos lo cual a su vez pro vocó q ue en las ciudades industrial es se produjesen cier res de f ábricas (R OSCH ER: 1848 , 96-1 16). En Francia, l a crisis e conómica influyó no poco en el hecho de que se instituyese la Segunda República después que Luís Felipe de Orleáns abdicara a causa del descontento q ue había orig inado un g obierno prov isi onal; celebradas las elecciones, Luí s Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador , obtuvo la presidencia de la República con el benepláci to de Lo ndres, que dejó a un lado la tr adicion al descon fianza británica ante el derr oca miento de la monarquí a f rances a. Francia, a pesar de su gran poderí o militar, se ha llaba muy por detrás de Gran Bretaña en desarrollo comercial e industrial porque sus manu facturas eran in feriores o más caras que las británicas. Francia habí a adoptado una política proteccionista, reservando el comercio de las colonias afr icanas francesas a sus propios comerciantes: en Beni n, Costa de M arf il, Gabón, Guinea Cona kr y, M ada gascar y Senegal, se crearon base s naval es y zonas comerciales fr ancesas , en al gunos casos bastante exi guas, donde se mantuvieron alejados a l os come rciantes no franceses. Es tas medi da s llegaron a provocar crí ticas en el s entido de q ue los establecimientos protegidos africanos eran más un peso econó mico para Francia q ue una fuente de beneficios. Por el contrario , en las posesiones brit ánicas los derechos d e aduana se exigían tanto a lo s comerciantes británicos como a los extranjeros. Sin embargo, en g ene ral se intentaba realiz ar la mayor parte de los negocios en enclav es coster os de África donde todaví a no ondeaba ninguna bandera europea, hecho que f avorecí a a l os comerciant es hanseáticos en tanto que la mayor part e del comercio se realiz aba cerca de la costa y, mientras l a cos ta fuese asequible a t odos a quellos que llegaban a ella, ningún paí s europeo tení a motivo algu no para anexi onarse extensos territorios e n Á frica (ARENDT: 2006, 241; AT M ORE, O LIVER: 1997, 146; J OH N S O N , e d . 1 9 7 7 , 2 83 ; K ISSINGER: 1998, 136). 20 Rosc her, W ilhelm Georg Fri edrich ( 1817 -1894), economista a lemán. E studió en Göttingen y allí obtuvo cátedra en 1844 y posteriormente en Leipzig en 1848. Los principales orígenes de la escuel a histórica de la economía p olítica s e puede atribuir a Roscher. Trató de esta blec e r l as l eyes del d esarrollo económico mediante el uso del m étodo histórico y la investigación de l os aspectos jurídicos, polít icos y culturales. Roscher desarrolló una te oría c íclica donde las naciones y s us economías pasan a través de una especie de juventu d, madurez y decadencia (DKL: 1920, vol.III, pág.182; NDB: 2005, vol.22, p ág.39 - 41 ). 45 2.3. LAS RE VOLUCI ONE S DE 1848- 1849 Y SU S CONSECUEN CIAS. En medio, pues, de una crisis económica , tuv ieron lugar las Revoluci ones de 1848 -1849 en España , Francia, Grecia, Rusia y, más importante aún, e n los Estados Germanos . Al no estar bien organizadas y coordinadas, no t uvi eron éx ito y f ueron todas el las reprimida s. Mientras que S uiz a se recuperaba de su recién concluida guerra civ il, se habían rebelado contra el domin io austriaco rev oluci onarios italianos (Primera Guerra de I nd ependenci a italiana), croatos, húngaros, polaco s y rumanos , llegando al punto de que Austria solicitase la ayuda de Rusia para reprimir a los revol ucionarios. En los demás Estados Germ anos, durante los años previ os a la revol ución, las t ensiones sociales causadas por la progresiva industrial ización se tradujeron en alzamientos populares en t odo s los estados de la Confederación Germánica durante 184 8 y 1849, lo que obl igó a los prí ncipes y a los re yes a hacer concesiones de naturalez a varia, como el nacimiento de los primeros parlamentos verdaderamente representativ os ( ALBER TINI: 2010, vol.1, 41; CRANK SHA W : 1988, 51 -52; HAR DT W IG, ed. 19 98; HOBSB A W M : 2010, 13 ). Los estados de la Con federación Germánica decidieron f ormar un primer parlamento alemán en Frankfurt y el rey Federico Guil lermo IV de Prusia dio su consentimiento para la redacción de una primera constitución alemana ( Verfassung des Deutschen Reiches ). En ella se intentó aplicar un programa e conómi co, j urí dico e ideológico por parte de la burguesí a liberal que se combinase junto al predomini o de la aristocracia pro testante terrateniente y a la monar quía prusiana. Los miembros del Parlamento de F ran kfurt ( Frankfu rter Nationalversamml ung ) se r eunieron el 31 de marzo de 1848 y pocos días después se unieron a ellos un g rupo de delegados austriacos. E ste primer intento de democ ratizaci ón y unificación del paí s tuvo de inmediato una acog ida des favorable por parte de todas las naciones europeas. Pese a que Prusia y Austria, aun con recelo, permitieron q ue actuase dicho parlamento alemán, Dinamarca , ante el temor de una extensión de l os alzamientos hacia su territorio y a causa de la disputa t e rritorial acerca de los ducados limítro fes de Schlesw ig-Holstein, dec laró la g uerra y procedió a paralizar el com ercio alemán mediante un bloqueo nav al en el Mar del Norte y en el Mar Báltico. La Handelsmarine mantuvo un enfrentamien to económico desigual contra la experimentada Kongeli ge Danske Marine , que tenía una larg a experiencia comercial y de navegación con Áf rica ya que poseí a puestos y f ortalez as en G hana: Accra, Chris tiansborg, Frederi k sborg y 46 Takoradi 21 (HAC HTM ANN: 1997, 80- 85 ; HOBSBAW M : 2010, 132 ; KANN : 1998, 313, 315 ; K W AMEN A-POH , TIDY, TOSH, W ALLER: 1989, 30- 31 ; M ANTELLI: 2006, 64-71, 77 ; N ØRREGÅR D: 1936, 335- 412 ). El bloqueo naval danés pon í a en seria dificultad a la economía del no rte de Alemania por lo q ue, el 18 de mayo de 1848, el Parlamento de Frankfur t trató por primera vez la f ormación de una mar ina f ederal alemana q ue , con el nombre de Flota Imperial ( Reichsflo tte ), fue fundada el 4 de junio de 1848. Se constituyó una comisión técnica dirigida por Karl Brommy 22 y el 12 de ju nio de 1848 se presentó un primer presupuesto; dos días después, el Parlamento de Frankfurt aprobó el gasto de 6 millones de táleros para la creación de la Rei chsflotte y el 4 de no vi embre de 1848 el rey de Prusia nombró a Brommy como vicealmirante 23 . Ante la nueva coyuntura, y sin hacer caso a la negativ a del monarca prusi ano un año antes, el explorador Dieffenbach no q uiso perder la oportunida d y envió de nuevo un m emorando al Parlamento de Frankfurt para f omen tar la emig ración hacia unas colonias bajo protección alemana. L a Reichsflotte no habí a sido creada para tal f in y el Parlamento de Frankfurt tenía cuestiones más importantes que pensar en posibles colon ias, por lo que el memorando de Die ffenbach pasó inadv ertido. El 18 de marzo de 1849 el puerto de Brake se convirtió en la base prov isional de la Re ichsflotte a la vez que comenzaron las obras de f orti ficación y de infraestructuras portuari as. Brommy publicó Lehrbuch der Marine , un m anual que sirvió para sentar las bases de la Rei chsflotte a la par que el Parlament o de Frankfurt promul gó las bases le gales de la primera f lota alemana (HUBA T SCH: 1 981; ME RKER : 2006, 174 ). Los alemanes tuvi eron que constituir una flot a comprando buques a otras naciones y empleand o a oficiales ex tranjeros , sobre todo belgas y británi cos, para dirigir tripulacion es tomadas de la Handelmarine . La recién constituida Reichsflotte , que por primera vez enarboló la enseña negr a-roja-dorada como bandera of icial de Alemania, tuvo que libr ar, con su reducida capaci dad, la Primera Batal la naval de Helgoland. El 4 de junio de 1849 Brommy zarpó desde Bremerhav en con una f lota casi testimonial para dispersar las naves danesas en la desembocadura del r ío Elba y ante 21 BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2.13. Fre mde M arinen, 2.1 3.2 Einzelne Läner, 3RM1/752, Die Dänische M arine (Mayo 1834 - Diciembre 1863). 22 Bromm y, Karl Rudolf (1806 -1860), militar alemán. Había servido en las armadas de Brasi l, Chile y Greci a antes de establecer l a primera flota u nificada alemana, la Reichsflotte . También hizo significativas contribuciones a l a e ducación n aval y a la construcción de i nfraestructuras costeras ( NDB: 1955, vol. 2, pág.633 ). 23 BA, Bundeszentralkommission, 8. Bundeskassen - und Matrikularangelegenheiten, DB62 /333 Freiwillige Beiträge zur Gründung einer deutschen Kriegs - und Hand elsmarine. Zahlung von Vorschüssen zum Aufbau der Marine (1849-1851). 47 el puerto de Cux hav en. Las f uerzas danesas se retiraron hasta la isla británica de Helgoland y Gran Bretaña advirtió que la Reichsflotte no era reconocida y que podrían ser tratados como pirat a s. No obst ante, las nav es entablaron combate hasta q ue la artillerí a británica instalada en la isla interv ino a f avor de las naves danesas. Ante tal situaci ón, pese a no sufrir bajas, Brommy ordenó la retirada y las nav es danesas volvieron a su posición inici al para proseg uir con el bloqueo. As í pues, la debilidad de la Reichsflotte f ue similar a la del Parlamento de Frankfur t, q ue culminó con la aceptación del armisticio con Dinamarca y la anexión a la corona dan esa de los ducados de Schleswi g- Holstein 24 . Pese al f laco resultado de la Primera Batalla naval de Helgoland, Brommy extrajo tr es impor tantes lecciones: desde un punto de vista estructural se debía potenciar la Reichsflotte ; desde un punto de vi sta mili tar se debí a anular o derrota r a Dinamarca; y desde el punto de vi sta diplomático se debí a obtener la neutralidad de Gran Bretaña y de su f lota . Brommy empez ó a trabaja r para desarrollar la f lota alemana, pero se enc ontró con l a resis tencia de las clases conse rvadoras que frenaron, en pa rte, esta tarea. Las sesiones del Parlamento de Fran kfurt pros iguieron, pero la asamblea se fraccionó: a la derecha estaban los f ederali stas conservadores, que pro pugnaban un estado f ederal con amplios poderes para los monarcas; hacia el centro pol í tico se situaron los f ede ralistas constitucionales, q ue favorecían un estado federal con una monarquí a sometida a l a constitución; a la izquierda se con figur aron lo s unioni stas moderados, que desea ban un estado centralizado con una mo narquía responsable ante el parlamento. Las diferencias entre las f acci ones dificultó mucho el trabaj o del Parlamento de Fran kfurt, sobre todo en relaci ón con las rebeliones socialistas de los marxistas y l a resistenci a conservadora de Prusi a y Austria. Entre esta s corrien tes y en medio de di f ícil es debates, los diputados eligieron la solución de una “pequeña Alemania” ( Kleind eutschl and ), una nación aleman a bajo la dirección de Prusia sin Austria en vez de una “gran Alemania” (Großdeutschlan d ) que la incluyese (CRAN KSHA W : 1988, 6 4; H OBSBA W M: 2011 , 127 ; MAN TELLI: 2006, 86 ). A partir de entonces , la nación alemana asoci ó la idea de la Unificaci ón Alemana no a un Imperio Austriaco f uerte mente agrícol a y en gran parte constituid o 24 BA, Rei chsministerium der Marine, Hafenanlagen und Küste nsicherung - Ka nalanlage, 5.2 Küstensicherung, DB59/200 Vorsichtsmaßnahmen gegen Operationen des dänischen Blockadegeschwaders vor Helgoland (Abril -Agosto 1849). 48 por poblaciones no germanas, si no a una Prusia reformada y liberal, donde el esp í ritu cívico impregnarí a al ej ército. Pero el Parlamento de Frankfurt era débi l, ya que no tení a un verdadero poder legal: tras un encuentro el 1 de mayo de 1849 entr e el emperador austriaco y el zar ruso, los mov imientos rev olucion arios sobre los que se sustentaba f ueron aplas tados y a esto se sumó la negativa de Federico Guillermo IV a aceptar la corona de Alemania, lo cual dio a Prusia y a Austria una e xcusa para r etirar a sus diputados, anulando así la úl tima amenaza revol ucionaria (CRANKSHA W : 1988 , 64 , 116; KANN : 1998, 3 07 -322; M AN TELLI: 2006, 78) . Pese a la disolución del Parlamento de Fran kfurt, Berlí n decidió apoyar la unión políti ca diseñada por el diputado f ederal ista conservad or Joseph von Radowitz 25 : una Kleind eutschland bajo la dirección de Prusi a . Coincidió también con el abandono de la escena política de Metternich, huido de los rev oluci onarios de Viena, marcando el principio del fin del equilibrio con el cual Austr ia había util izado la unidad de l os intereses conservadores para mantener los acuerdos del Congreso de Viena. M etternich habí a llevado con sutileza la Cuestión de Or iente , pero sus sucesores, incapaces de adaptar las instituciones interna s de Austria a los nuevos tiempos , trataron de compensa r esta incapacidad armoniz ando la di plomacia austriaca con la naciente tendencia prusiana de la polí tica del poder. Despu és de los moti nes revol ucionarios, Austria fue debilitándose gradualmente con una polí tica exterior cada vez más errática mi entras que P rusia aumentaba su prestigio en tre los prí ncipes alemanes y a que en bu ena parte f ueron sus tropas las que sofocaron los foco s revol ucionarios. Esto provocó un importante aumento de la importanci a pol í tica de Prusia sobre los pequeños y medianos estados alemanes. Según Fried rich Engels, lo s grandes ganadores fueron los conservadores 26 y seg ún Karl Marx los c omerciantes alemanes tení an necesidad de e xportar sus productos por todo el globo ( CRANKSHA W : 1988, 66 - 67 ; HACH TMANN: 1997, 92 ; KAN N: 1998, 323; KI SSINGER: 199 8, 123 ; M ERKER: 2006, 228 ; STOECK ER, ed. 1977, 11- 12 ; TESTA : 2004, 60- 61 ). Para f avorecer la salida de la crisis, Gran Bretaña dero gó las últimas restricciones sobre el tran sporte marítimo y el comercio con las coloni as, l o cual 25 Radowitz, J oseph Maria Ern st Chris tian W ilhelm von (1797-1853), político y mi litar alemán. Suya fue la p ropuesta d e unificar Alemania bajo el liderazgo de Prusia mediante un acuerd o ne gociado entre los príncipes ale manes. Combatiendo en las Guerras Napole ónicas, p asó a través de div ersos ejércitos alemanes hasta al canzar el grado d e general de artillería e n 1830 dentro del ejército prusiano. Amigo d e Federico Gu illermo IV, abog ó por la reconstitución de la Lig a Germánica y dirigió la política exterior prusiana (NDB: 2003, vol.21, pág.99-10 0). 26 NARA, New York Daily Tribune, The Causes of the Monetary Crisis in Europe, 25/10/1851. 49 permitió a los armadores hanseáticos del Mar del Norte y del Mar Báltico emplear sus instalacion es costeras africanas para abrir nuev as rutas hacia posesiones británicas, danesas y holandesas, mejorando así la econo mía alemana . Fue una m edida que ya habí a propuesto Alex ander von Bülow en Auswanderung und Kolon isation im Interes se des deutschen Handels , debatiendo sobre los intereses económicos que Alemania podí a obtener con la colonización . C on un a presión comercial cada vez m ás f uerte hacia el e xterior, la M arina de G uerra Prusiana ( Preußischen Kriegsschiffe ) empezó a vel ar por los inte reses comercial es de la burguesí a alemana bajo el mando de Ludwi g von Henk 27 y el almirante de la Öst erreichi sche Marine , W ilhelm von T egettho ff 28 , realiz ó e xpedi ciones por el Magreb y O rient e M edio. T ambién los exploradores y los misioneros alemanes prosiguieron con sus v iajes hacia Áf rica (B ÜLO W : 1849 ; STOECKE R, ed. 1977, 11- 12 ). La iniciativ a alemana en el continente africano quedó en manos privad as y no tuvieron prácticamente repercusión alguna ni para la noblez a ni para la burguesía alemana ya que no estaban involucradas. La excepción f ue la presteza de la navi era Woermann , que en 1849 empezó a comercial iz ar con prontitud varios productos desde Liberia hasta la desembocadura del r í o Cong o m ediante rentables trueques; la Woermann creó una amplia red de f actorí as a lo largo de la costa occidental africana, llegando a alcanz ar una posición predominant e y convirtiéndo se así en la más importante casa comerci al europea asentada en Á fr ica O ccidental. Vincul adas a ella, en mayor o en m enor grado, part icipaba n en sus activi dades alrededor de una docena de otras empresas alemanas. Por ejemplo, la G.L. Gaiser empezó a r ealizar operaciones económicas en Nigeria y en Namibia se establecieron las primer as 27 Henk, Ludw ig Friedrich W ilhelm von (1820 -1894), mi litar alemán. Comenzó su carrera profesional en buques mercantes , viajando p or el Océano Atl ántico, el M ar M editerrán eo y el Mar Negro. En 1844 fue ascendido a capitán, tras la fu ndación de la Preuβischen Marine y entró en servicio como oficial auxiliar en 1849, alcanzando el rango de capitán de corbeta en 1 859. En 1861 se trasl adó a Berlín como jefe de la Oficina Hid rográfica. En 18 65 s e l e d io el mand o de la c orbeta Nymphe s iendo destinado a l M ar M editerrán eo. Durant e la Gue rra Austro-Prusiana, Henk se c onvirtió en c omandante de la flota prusiana en el Mar del Norte . Durante la Guerra Fra nco-Prusiana, c omandó l a fragata König Wilhelm y despué s de la guerra se convirtió en comandante de las fuer zas navales del Mar del Norte. En 1 872 fu e ascendido a vicealmirante y nombrado director del Admiralstab , c argo qu e ocupó hasta 1879. E ntre 1890 y 1893 fue diputado en el Reichstag como miembro d el Partido Conservador (BRADLEY, HENRIOT, HILDEBRAND, ed.1989, vol.2, 54- 56 ). 28 Tegetthoff, W ilhelm Freiherr von (1827 -1871), militar austriaco. En 1840 ingresó en la Academia Naval de Austria, situada entonces en la ciudad de Vene cia, y tomó parte en los combates contra l a insurrección italiana en tre 1848 y 1849. Tras ser as cendido, Tegettho ff recibió en 1854 su prim er puesto de mando, abogando desde entonces para que la marin a impe rial austriaca adoptase l as máqu inas a vapor para sus emb arcacione s. Parti cipó en expediciones científicas, en la Guerra de Crimea (185 5), en la Se gunda Batalla naval de Helgol and (1864) y en la Batalla n aval de Lissa (1866). Tegetthoff fue condecorado y ascendido a vicealmirante. Después q ue Au stria y Hung ría llegaro n en 1867 al Compromiso Au strohúngaro, Tegetthoff ocupó el puesto de jef e de l a sección na val del Ministeri o de Guerra, cargo de sde el cual impulsó l a urgente modernización de la m arina imperial austro -hún gara (ADB: 1894, vol.37, pág.530 – 535). 50 compañí as mineras debido al descubrimiento de cobre en las cercanías d e W indho e k (AKIN W UMI: 2002 , 53 ; B ADE : 2005, 315-362 ; HIEK E: 1937, 261- 265 ). Tras un breve espacio de t iempo se abandonó la explotación de las minas namibianas debido a q ue el transporte hasta la costa era muy costoso y a que las condicion es de t rabajo eran adversas para los europeos. Pe ro la introducci ón de la profilax is basada en la q uinina, q ue se produjo en este periodo, redujo en cuatro quintas partes las m uertes por m alaria ent r e los europeos, dando paso a m ayores operaciones de ex ploración en territorios más alejados de la costa . Poco a poc o empezaron a aparece r i ntereses colon iales fuera de las ciudad es hans eát icas, como es el caso del Ducado de Sajonia- W eimar-Eis enach, pero, salvo esa excepci ón, Alemania no dio lugar a una tradición coloni al en África. En el caso de británicos , daneses y ho landeses ocurría todo lo contrario , aunque el 30 de marzo de 1850 todos los establecimi entos danese s de Ghana fueron vendi dos a Gran Bretaña. Con la salida de Dinamarca q uedaron España, Holanda y Portugal en Á frica como los competidores menores de Francia y Gran Bretaña. T al vez pueda servir como punto de referencia del inicio de una nueva fase de ambicion es territoriales la conquista de la cu enca del río Senegal, política declarada por F rancia, o la firma el 17 de enero d e 1852 de la Conv ención de Sand R iver, con la q ue Gran Bretaña r econocí a la independencia de la Repúbl ica de Transvaal (ATMORE , OLIVER: 19 97, 88- 98 ; FACIUS: 1941 ; REA DER : 2001 , 499 ; S TOECK ER, ed . 1977, 11- 14 ). Tras las Revoluci ones de 1848-1849, los viejos reg í menes r ecupera ron el poder en Alemania y en Austr ia . La v ictoria con servad ora en los Estados Ge rmanos dio lug ar a un papel cada vez más predomina nte de Prusia y el debilitamiento de Austria. El pueblo alemán fue moviéndose gradualmente hacia la derecha y olvidánd ose de una Prusia r e formada y liberal : f ue el momento en que el esp íri tu militar penetró en la vida civil . E l f racaso de las Revoluciones de 1848- 1849 y del Parlamento de Frankfurt , que f ueron incapaces de llevar a cabo l a Unif icación Alemana, facilitaron el retorno del conservadurismo. La mayor parte de los pr í ncipes alemanes no eran procl iv es a ceder su sobera ní a y se opusieron a la constitución alemana, de modo que ésta fr acasó y el Tratado de O lmü tz (1850) reinstaló la Confederación Germánica ( CRA NKSH A W : 1988, 67, 116 ; HOBSBA W M: 2010, 17; KANN : 1998, 324, 392; M OSSE : 2003, 284). Esta solución nunca había sido propugnada por un r elev ante grupo de opinión : era demasiado democrá tica para los conservadores, demasiado autorit aria para los 51 liberal es y demasiado or ientada al poder para los legitimistas. Según la mentalidad de un nov el Bismarck, la hegemoní a de Al emania, la del norte por lo menos, l e correspondí a a Prusia de pleno derecho. Así como la posi bili dad de crear una gran flota prusiana y sust ituir Danzig por Kiel como gran puerto, lo que permitirí a ser una gran potencia marítima además de terrestre, siendo todo ello compatible con la necesaria unificación nacional. A principios de 1851, el licenciamiento de la Reichsflotte f ue una de l as materias discutidas en el Parlamento de la Con federación Germánica, donde Bismarck ej erci ó como delegado de Prusia. También cayeron todas las barreras aduaneras austriacas por lo q ue, por vez primera, todos los Estados Germanos se convi rtieron en un territorio aduanero unificado. El 2 de a bril de 1852, ante la insistencia prusiana, se promul gó que la Reichsflotte abandonase el puer to de Brake y q ue los barcos de la flota se ven d iesen, quedándose Prusia con los má s modernos ( CRANKSHA W : 1988 , 203 ; DE GRUN W ALD: 1963, 50 - 55; KANN: 1998, 399 -400; KISSIN GER: 1 998, 126- 142) . Gefion y Rover , buques de la Preuβischen M arine (BAB, 134-B0338, Gefion und Rover) Finalmente en 1853 Prusia concedió a Austria un tratamien to adua nero favorable , beneficiando mutuas importaciones y exportaciones y permitiendo que la industria austriaca pudie se competir con la prusian a en deter minados sectores , como el textil . Al otro lado del rí o Ri n, Napoleón I II declaraba las intenciones pací ficas del Segundo Imperio, pero al mismo tiempo manifestaba una fuerte determinación en establecer una activ a polí t ica exterior para ex tender el poder y la gloria de Francia. Instrumento de esta política f ue la mayor presencia de buques de la Mari ne Im péri ale 52 por todos los mares de l mundo 29 . A raíz de esta políti ca, un incidente diplomático provocado por Francia entre el Imperio O toma no y Rusia hizo q ue Gran Bretaña envi ase buques de la Royal Navy a la entrada de los Estrechos de los Dardane los. Un tercio de t odas las exportaciones rusas nav egaban por el M ar Neg ro y San Petersbur go buscaba reducir al I mperio Otoma no a una especie de e stado vasall o; esto era inaceptabl e par a Austria , Francia y Gran Bretaña . Los es fuerzos austriacos de mediación para contener este peli gro f ueron ins u ficientes debido a la intransigencia rusa y Prusia mantuv o una actitud neutral (CRA NKSH A W : 1 988, 89; HOBSBA W M : 2010, 31 ; K ANN: 1998, 3 26- 327 , 399 - 400 ; K ING: 2005 , 185 ). Contando con el apoy o de Austria, Francia y G ran Bretaña, y la cautela de Prusia, el Imperio Otomano declaró la g uerra a Rusia. En esta guerra, Prusia no realiz ó ninguna actuación en este escenario tan alejado; máxime cuando el 31 de marzo de 1853 B rommy firmó la orden de disolución de la Reichsflot te . Las ambiciones rusas en los Balcanes eran muy antiguas y conocidas: Rusia había luchado contra los otomanos o bien para tomar sus ter ritorios o bien para ay udar a los eslav os y a los griegos ortodoxos a liberarse del yugo musulmán, pero c on la Guerra de Crime a (1853-1856 ) Rusi a había chocado contra la actitud hostil de Europa ( ALBE RTINI: 2010, vol.1, 52; KIN G: 200 5, 202 ; K ISSINGER : 1998, 175- 177 ). La Royal Navy empezaba a destr uir la f lo ta rusa del Mar Negro, una fuerza anglo-france sa desembarcó con órdenes de apo derarse de la base naval rusa de Sebastopol y la Guerra de Crimea hizo así añicos el S istema de Metternich: a partir de entonces, las potencia s europeas dejaron de actuar conjunta mente contr a el liberal ismo y se concen traron en sus propias am bici ones territorial es, pero Á frica aú n seguía siend o un espe jismo lejan o. Entre 1851 y 1853, el explorador Theodor Heugli n 30 acompañó al cónsul de Austria en Jart um en un viaje a través Et iopía y ll egó incluso a encargarse temporalmen te de dicho consulado a la muerte del diplomático. Pero Alemania se jugaba algo más que escaramuzas en O rien te Medio y e xploraci ones en África . L a Unificación Alemana debí a llevarse a cabo a través de Prusia y, a l poco de estallar la 29 BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2.13. Fre mde M arinen, 2.13.2 Einzelne Läner, RM1/747, Die Französische Marine (Julio 1848 - Septiembre 1856). 30 Heuglin, Martin Theodor von (1824-1876), explorador alemán. Su ambición d e ser u n científico e investigar regiones desconocidas le llevó a es tudiar Ciencias Natural es y Zoología. En 1850 viajó a Egipto, donde aprendió ára be . En tre 1852 y 1857 viajó a lo largo de la c osta oriental africana y en 1860 fue elegido para liderar una expedición para buscar a Eduard Vogel. Heuglin volvió a Europa a finales de 1864 pero e n 1875 se e ncontraba de n uevo en el n oreste d e África y Etiop ía. Cuando murió se encontraba preparando una ex pe dición a la isla yemení de Socotra (NDB: 1972, vol.9, pág.42). 53 Guerra de Crimea, Bismarck concibió el núcleo d e su pensamiento político : rechaza ba como fuente y motor de la gr andez a de Prusi a tanto la pol í tica liberal c omo el libre pensamiento ilustrado, su proceden cia vení a de los recursos militares y f inancieros que, mediante regentes que detenta ba n plenos poderes y q ue decid ía n la estructura y aplicaci ón de dichos recursos, favorecerí an los intereses del propio est a do (ASHER: 2008, 45; HASSENSTEIN: 1861 ; KISSINGER : 1 998, 123-179). Reiterando su postura, el 13 de octubre de 1854, Bismarck solicit ó que Prusia expl otara la r uptura entre Austria y Rusia y que se atacase a Viena sin otr a justificación que aprov echar la oportunidad, pero Prusia se m an tuvo neutral. Era obvio que los estados germanos est aban más preocupad os por la Unificación Alemana q ue en expl oraciones de lejanas t ierras africanas, pero se dieron algunos significa tivos casos: entre 1854 y 1864, las exploraci ones de Heuglin por África Oriental, Carl Bolle, Georg Hartung, Julius von Minu toli, Hermann Schacht, Johann Anton Schmidt por las islas Azores, Cabo Ve rde, Canarias y M adeira, Gerhard Rohlfs 31 por Etiopía y M arruecos , Brehm por E gipto, Sudán y Etiopía y Barth recorrí a la ruta comercial transaharian a. La W oermann construí a en Monrovia otro estableci miento comercial y poco a poco las gr andes empr esas comerciales de Bremen y Hamburgo establecieron sucursales y f iliales en Lag os, Zanzíbar y en otr os lugares de África , aprov echándo se del hecho de que el com ercio británico no consegu í a englobar todas las ocasiones que ofrecía el continente africano (BALLAN O G ONZA LO: 2013, 91 - 96 ; BREHM : 1862 ; 31 Rohlfs, Frederick Gerhard (1831 -1896), ex plorador alemán. Hijo de u n médico rural , intentó fugarse de casa para embarcarse en la m arina mercante holandesa. Alistado en el ejército de Schleswig - Holstein, en 1850 empezó a es tudiar medicina en Heidelberg, W ürzburg y Gotinga per o que a bandonó para alistarse en el e jército aus triaco primer o y en la Legión Ex tranjera francesa d espués. En Argelia ejerció como ci rujano en las campañas francesa s contra las cábilas. Habiendo a prendido el á rabe, fue nombrado médico jefe del e jército marroquí en Fez. Intentando viajar a Tombuctú fue asaltado y herido mortalmente. Después d e recuperar se, h izo o tro intento de llegar a Tombuctú convirtiéndose en el primer europeo e n llegar a l os oasis de Tafilet y Tidikel t. Pero la des confianza de l os lugareños le o bligó a abandonar sus planes y vol ver a l a costa líbica a través de Ghadames . En 1865 Roh lfs regresó a Alemania, colaborando con el cartógrafo Petermann. Rohlfs fue apoyado oficialmente para un nuevo viaje a Tomb uctú: desde Trípoli ex ploró el maci zo de Hoggar pero ya en Gh adames tuvo que c ambiar ruta debido al comportamiento hostil de los tuareg. Atravesó el Fezán y el Sultanado de Born u, navegó por el río Níger para llegar hasta Lagos en 1 867. En Berlín fue recibido por el ká iser Guillermo I y nombrado miembro honorario de la Berliner Gesellschaft fü r Erdkunde , recibiendo también medallas de las sociedades geográficas de Londres y París. Entre 1 867 y 1868 p articipó en la e x pedición pu nitiv a británica contra Etiopía, como intérprete y en nomb re del rey de Prusia. En una nueva expedición en Libia, Rohlfs deseaba l legar hasta Kufra pe ro la hostilidad de los Senussi, que lo creían un agente otomano, l e hizo imposible seguir avanza ndo. Durante la Guerra Franco -Prusiana (1870-1871) Rohlfs viajó com o agente prusiano h asta Túnez para fomentar desde a llí la rebelión contr a Francia de tribus be reberes argelinas; su misión fracasó porque las autoridades fra ncesas conocieron s us intenciones. Entre 1873 y 1874 el jedive egipcio Ismail Bajá financió una e x pedición y des de Egipto Rohlfs quería alcanzar Kufra, pero esta vez tam bi én fue i mpedido por los Senussi. En 187 8 Rohlfs, con el apoyo d e la Afrikanischen Gesellschaft y del gobierno otomano, fue el primer europeo en llegar a Kufra. En 1880 Roh lfs viajó como enviado de l rey de Prusia a la corte del rey Juan IV de Etiopí a. En tre 1884 y 1885 fue cónsul a lemán en el Sultanado de Zanzíbar, lidia ndo co n los Schutzbrief y el África O riental Ale mana, lo que le llevó a numerosos conflictos diplomáticos (DKL: 1920, vol.III, pág.1 81; NDB: 2003, vol.21, pág.767). 60 a Austria y a Pru sia los territorios en disputa ( AREN DT: 2006 , 241 ; BALFOUR : 1968, 264 ; CRANKSHA W : 1988, 220 ; KANN : 1998, 335 ). De acuerdo con lo establecido en el Tratado de Viena ( 1864 ) y en la Conv ención de Bad Gastein ( 1865 ), el ducado de Holstein quedó bajo dominio de Austria y el de Schlesw ig bajo el de Prusia, pero nin guno de los dos paí ses quedó satisfecho con el acuerd o. Bismarc k , contrario al Sistema de Metterni ch, consideraba que Prusia ya no pod ía ser el asociado men or de Austria en la Confederación Germánica : estaba conv encido de q ue los minúscul os estados soberan os alemanes maniataban a Prusia. Si Prusia q ue ría realiz ar su dest ino y unificar Alemania, t ení a que destruir definitiv amente el Sistema de Mette rnich ( CRANKSHAW : 1988 , 20 5; KANN : 1998, 335- 336 ; K ISSINGER: 1998 , 141). La pugna en tre Aus t ria y Prusia por el control d e la Conf ede ración Germáni ca siguió cr eciendo en medio de una crisis económica europea que esta vez sí alcan zó a Egipto en 1865, pero Gran Bre taña siempre habí a obtenido mejores resul tados que Francia. En octubre de 1865, Bismarc k obtuvo la neutr alida d de Rusia y de Francia. E l Sistema de Metternich apenas tenía consideración por lo que acaecí a f uera de Europa y con la creación del tí tulo de jediv e para e l gobernador otomano de Egipto, s e produjo una disociación con Constantinopla. El 19 de mayo de 1866 los cónsules de Prusia, Gran Bretaña , Franci a e Italia exigieron conj untamente al g obierno eg ipcio una solici tud de pagos. Pero la visión eurocéntrica de la política y de las finanzas era prioritaria: el 8 de abril de 1866, el g obierno ita li ano, por mediación de Napoleón III, firmó una alianza militar con Bismarck contra Austria para la anexi ón italiana de la provinci a del Véneto . Bismarck entorpeció deliberadamente la gestión de la administración austriaca del ducado de Holstein y envió tropas a ese ducado. Austria protestó ante el parlamento de la Conf ederación Germánica y, contando con la alianz a de Bavi era, Hannover, Hesse-Cassel , Sajonia y W urte mberg, declaró la guerra a M editerrán eo en 1835, fu e presentad o al sultán otomano Mahmut II quien le propuso, con e l beneplácito de Berlín, ref ormar el ej ército ot omano. T ras aconsej ar d efensas c ontra Rus ia, maniobras en M esopota mia y a lo largo del Mar Negro, pese una exitosa campaña en el Kurdistán, las derrotas ot omanas frente a Mehmet Ali hi cieron que Moltke volviese al es tado mayor prusiano. Tras vario s cargos, fue asce ndido a g eneral y n ombrado ayudan te p ersonal del príncipe Federico Guill ermo al que a compañó en viajes por Gran Bretaña, Itali a y Rus ia. Durante l a regencia en 1858 de Guillermo I, las fuerzas armadas p rusianas fu eron reforzadas y Moltke fue nombrado jefe del estado mayor. En la Guerra de los Ducados (18 64), en la Guerra Austro -Prusiana (1 866) y en la Guerra Franco -Prusiana (1870-1871), M oltke pudo demostrar la eficacia de su estrategia só lo a l conc edérsele el mando supremo, organizando una efica z campaña relámpago e incorporando nuevas armas, nuevas comunicaciones y nuevos transportes. Profundo estudioso de lo militar, consideró la guerra un negocio , vinculado a la d iplomacia, lo que le l levó a ponderar la fu erz a a inverti r en func ión de los bene ficios que se podían a dq uirir, aunque una vez in iciada la gue rra no se mos traba dispuesto a pe rmitir in jerencias, lo que le llevó a con tinuos roces con responsables políticos, especialmente con Bismarck (N DB: 1997, vol.18, pág.13 -17). 61 Prusia el 14 de junio de 1866. La Guerra Austro-Prusiana, también conocida como la Guerra de las Siete Semanas, f ue paral ela a la T ercera Guerra de Independ encia italiana (1866) pero, mientras el e jército austriaco derrotaba al italiano en la Batalla de Custoza el 24 de j unio de 1866, el ejército prusiano conquistaba Hannov er y Hesse- Cassel, invadí a Bohemia y Sajonia, y luego derrotaba al ejército austriaco el 4 de julio de 1866 en la Batalla de Sado wa gracias a las maniobras del general Mol tke: la movil idad de las tr opas prusianas, favorecida por la r ed ferroviaria, r esul tó decisiva para obtener la victoria. Un mediador enviado por Napoleón III solicitaba el mantenimien to del statu quo y el cancille r tuvo que frenar a Mol tke, que deseaba avanz ar hasta Viena y derrotar defini tiv amente a los austriacos . Bisma rck propuso, en broma, avanzar hasta Constant inopl a, f undar un nuevo I mperio Biz antino y abandonar Prusia a su suerte (CRANKSH A W : 1988, 227 ; KANN : 1998, 326 - 340 ; LAN DES : 1990, 2 19 - 264 ; STÜRM ER: 1993, 199 ). En los mares, donde la Preuβischen Marine no realizó acción alguna ya que las ciudades libres hanseáti cas estaban en el bando prusiano, todo el peso del conflicto recayó sobre la Regia Marina pue s todas las operaciones navales se concentraron en el Mar Adriático; la acción más destacada f ue la Batalla naval de Lissa, que tuvo lugar el 20 de julio de 1866 ce rca de la isla croata de V is entre la Österreichisch e Marin e y la Regia Marina : f ue la primera gran batalla naval en la q ue participaron barcos de vapor, con una vi ctoria decisiv a de la fuerza austr íaca 40 ; pero el enfrentamien to no tuvo grandes consecuencias en la g uerra debido al desfavorable resultado de las operaciones militares au stríacas en tierra (KAN N: 1998, 337 ; M ANTELLI: 2006, 104 ). Sin embargo, los esfue rzos de T egettho ff fueron importantes para impedir que los italianos tomasen posesión de las islas de Dalma cia. De hecho, la Preuβischen Marine empezó a considerar la posibi lidad de tener alguna base en el M ar Mediterráneo 41 u obtener alguna coloni a que sirv iese a es te propós ito 42 . Al t érmino de la g uerra Prusia se anex ionó Han nov er y Hesse-Cassel, Austr i a cedió el ducado de Holstei n e Italia se anexi onó la provincia de l Véneto con la Paz de Viena del 3 de octubre de 1866. Pese a s us derrotas militares, Italia empez ó tímida mente a ser conside rada en las relacione s diplomáticas europeas y por ello se 40 BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2.13. Fre mde M arinen, 2.1 3.2 Einzelne Läner, RM1/2903, Die italianische / sardinische Marine, Bericht von General -Konsul Lutterotte in Triest ü ber die Seeschlacht von Lissa vom 9. J an. 1867 Vortrag über die Seeschlacht bei Lissa, gehalten am 3. März 1868. 41 BA, R1001 Rei chskolonialamt, 1. Allgemeine Angelegenheiten, 1.26. Marinesachen, R1001/7136, Entsendung deutscher Krie gsschiffe zur M ittelmeerstation (1866 -1897). 42 BA, R1001 Reichskolonialamt, 1. Allgemeine Angelegenheiten, 1.26. M arinesachen, R1001/7154 - 7161, Kolonisationsprojekte und Errichtung von Flottenstati onen (1866 -1897). 62 lamentó que el al iado pr usiano no les a yudase a conquistar T rentino, pero Bi smarc k pensaba en no debilitar aún m ás a Austria ya que no le interesaba para nada una disoluci ón de la m onarqu í a asb úrgica , ya que Rusia se habría beneficiado demasiado y Berlín se habr ía q uedado sin ningún aliado g ermánico ( HOBSBA W M : 2010, 99; KANN : 1998, 337-348 ; KISSIN GER: 1998 , 193-1 94). Mientras t an to, en Áfr ic a, la activ idad alemana, como siempre, f ue más bien escasa: las únicas noticias q ue tenemos es la poca repercusi ón económica en Egipto de la G uerra Austro-Pru siana y del nombr amien to de Cepha s Theremin como cónsul prusiano en Alejand rí a. Por aquel en tonces la bibl iografía alemana sob re Á frica y las colonias se enriq ueció con la publicación de El Capi tal de Karl M arx (BRINGMAN N: 2001, 73; KEIPE R, KR ÖGER: 2008 ; LAND ES: 199 0, 185 ). 2.6. LA FEDE RAC IÓN ALEM AN A DEL NORTE. El resultado más i mporta nte para Alemani a de la Guerra Austro-Prusiana fue el establecimien to de la Federación Alemana del Norte ( Norddeutscher Bund ) el 16 de abril de 1867. Su constitución, redactada por Bis marck, entró en vigor el 1 de julio de 186 7; en ella se declaraba presidente al káiser de Prusia y a Bismarck como canciller . Los dif erentes estados al emanes estaban represen tados en un congreso f ederal q ue , a su v ez, se convirtió en el Parlamento del Zol lverein , intentando crear una may or cercaní a con los estados alemanes del sur, permitiéndoles de este modo envi ar representantes . Tras derrotar a Austria, era ya imposible ocultar que Prusia buscaba la Unificación Alemana y, lo más importante, tení a el interés y la capacidad diplomáti ca, económica y mili tar para llevarla a cabo. De este modo, la Federa ción Alemana del Norte puso los cimiento s del control prusiano sobre los restantes estados alemanes. Con esta perspectiv a, ante la derrotada Aust ria y ante una ex pectante Europa, una v ez conseguida la Federació n Alemana del Norte el objetivo sucesivo f ue el refuerzo de la marina. En marzo de 1867, el Consejo Federa l decidió mantener las instalaciones exi stentes y la arm ada prusiana se reconvi rtió en la Norddeutsche Bu ndesmarine 43 . M ovida por la necesidad de hacer reconocible s los buq ues militares y mercantiles perteneciente s a la nuev a entidad política, se eli gió una bandera trico lor horiz ontal negra, blanca y roja, uniendo así los tradicionales colores de Prusia, ne gro y blanco, con los tradicional es col ores de la Liga Hanseática, blanco y rojo. Una vez constituida legalmente, la Norddeutsche Bun desma rine , con el nombramiento de R oon como 43 AP, Provinzial -Correspondenz, Vom Reichstage, 27/03/1867. 63 Mini stro de la Marina, su primer respons able hizo suyos los objetiv os marcados años atrás por Brommy pero, y a desapare cida la amenaz a na val q ue suponía Dina marca, la creación y refuerz o de la f lota y la neutralida d de G ran Bretaña se convertirían en los ejes de la política naval e internaci onal alemana 44 . La constitución de la Federación Alemana del Norte y de la Norddeutsche Bundes marine f ueron pasos deci siv os hacia el predominio naval en los estados germanos y en la Unificación Alemana (HOBSBA W M: 1998, 13 1; M ANTELLI: 2006 , 107 ). Tras la Guerra de las Siete Semana s, se gún los nuev os cálculos del canci ller Bismarck, las potencias con las cuales tr a tar eran Francia, Gran Bretaña y Rusia; pero Francia t ení a su economí a en estado de recesión y aunque tenía intenciones de anex ionarse Bélgica (protegida por el Tratado de Londres de 1839) y Lux emburgo (prote gida por el T ratad o de Londres de 1867), países dinásticamente relacionados con el mundo alemán, no podí a contar con el apoy o de ninguna nación europea , ni de Rusia, en una guerra de conq uista que la habrí a puesto contr a Prusi a. Con el comprensible temor de q ue los f rancese s provocasen un conflicto con los Estados Unidos, el encuentro de Salzburgo de agosto de 1867 entre el emperador Francisco José y Napol eón III fue, oficialmente , una vi sita de luto por la muerte e n M éxico del hermano M aximil iano, comandante de la Österreichische Marine y esposo de la hermana de Leopoldo II de Bélgica . En realida d, dicho encuentro certificó el expa nsionismo de la política f rancesa y el e urocentrismo de la polí t ica vien esa (HOCHSC HILD: 2001 , 5 4; KEEGAN : 2001, 97 ; KISSINGER: 1998 , 148; STÜRM ER: 19 93, 210-221) . Las derrotas habían r educido a Austria de gran potencia de hecho a g ran potencia solo de nombre: a partir de ahora la Federación Alemana del Norte serí a el único estado ante el cual Viena t endrí a q ue adaptar su polí tica exterior . La directriz de su pol í tica interna sería que austriacos y húngaros debían ser los g rupo s nacionales dominantes como segu ro baluarte contra el avance eslavo haci a Europa : el pacto fue ratificado el 8 de octubre de 1867 con el Compromiso Austro- Hún garo ( Ausglei ch ), me diante el cual Austria renacería como un estado dual en comunión con Hungría. A partir de entonces, la B all hausplatz , el Mi nisterio de Ex teriores Aus tro-Húngaro, y la nuev a K.u.K Kriegsma rine , la armada austro-húngara, se orien taron hacia el centro de Europa y los Balcanes ya q ue, tras ser expulsada de los territorios germanos, el nuevo Imperio Austro-Húngaro no t uvo otro t errito rio por donde extender se . Así pues, 44 BA, 3RM Kaiserliche Admirali tät, 2. Kommandoangelegenheiten, 2 .13. Fre mde M a rinen, 2.13.2 Einzelne Länder, RM1/746, Die englische M arine (Mayo 1853 - Noviembre 1870). 64 aumentando la autonom í a que ya gozaba el pu erto de Fiume (la a ctual Rije ka) y de Trieste, el M ar Adriático y el Mar M ed iterráneo serí an centro de ate nción de los intereses austro-hún garos . Viena desea ba hacerse con el noroeste de Bosnia- Herzegov ina, arg umenta ndo q ue así def enderí a mejor el área de la Dalmacia, pero se vi o abrumada por los acontecimientos (ALBERTI NI: 2010, vol.1, 42- 51 , CR ANK SH A W : 1988, 85, 202 ; HOBSB AW M: 2010 , 88 -99; KAN N: 1998, 342- 394 ; PRUONTO : 2012, 96 -111; ROBBINS : 1999, 6). De todas las potencias europeas, el Imperio Au st ro-Húngaro f ue el únic o sin colonias, la última en la je rarquía del poder militar , marítimo y comercial. La única ventaja era la f avorable situación económica en su estratégica situación en el corazón de Europa, vía de paso para las rutas comercial es directas hacia los Balcanes y hacia Europa del Este. Las desventajas eran que los buques austro-húnga ros, por la total ausencia de posesiones colonial es , no tenían p uertos propios en el extranjero y su marina m ercan te era menos competitiva con respecto a las demás. El primer objetiv o de la polí tica marí tima del I mpe rio Austro-Húngaro, y de la Federación Alemana del Norte, era asegurar una marina mercante q ue acaparase todo el tr áfi co con el exterior, en manos de buq ues con pabellón extranjero. El transporte de mercancí as ejerc í a una influencia significa tiva en t odos los aspectos de la producción y de la d istribución en la economí a alemana y austr o-hún gara. El comercio marítimo, llev ado a cabo por la s respectivas Handelsma rine , salv aguarda ba as í a Berl ín y a Viena frente a la inconv enien cia de importar y de exportar bajo otros pabellones. Al ig ual que Alemania , pero con intensidade s dif erentes y por motivos diferentes, t al vez el Imperio Austro- Hú ng ar o, que no habí a encontrado serios obstácul os en su marcha hacia los océanos, sería capaz de romper la f uerza centrí fuga d e sus nacionali dades con un objetivo común en el exterior . Esta pol í tica tenía dos direct rices : alcanz ar el puerto albanés de Vlorë o el pue rto grie go de Tesalónica (S OKOL: 2010, vol.1, 11 -27). La Federación Alemana del Norte no veía ning ún interés nacion al en los Balcanes pero sí estab a enormemente i nteres ada en l a conservac ión de l Imperio Austro-Húnga ro. Los dé biles esf uerzos realizados por M etternich para retardar una unión económica g erman a habían t erminado por dañar a la misma Austria. Las ventajas de la unificación aduane ra y de la Rev olución Industrial eran mucho más evi dentes en la Federación Alemana del Norte que en los territorios austro -húnga ros : la Federación Alemana del Norte se estaba convirtien do en un I ndustriestaat mientras que el Imperi o Austr o-H úngaro se mantenía en un Agraarstaat ( HOBSB A W M: 2010, 97; KANN: 199 8, 306-30 7; KISSIN GER: 1998, 193- 194 ). 65 Tuvieron lugar conflictos africanos donde los alemanes estuvi eron inv olucrados: en 1868 las g uerras tribal es en tre here ro s , ho tentotes y o vambos hicieron que los misioneros pi diesen protección prusiana pero Gran Bretañ a r echaz ó cualquier acción de la Federación Alemana del Norte en África, por lo que nin guna fuerza germana se di rigió hacia Namibia y se c ontó sólo con el apoyo británico. En Camerún la coloniz ació n alemana empezó a ser una realidad cuando l a W oermann estableció una factoría en el estuario del río Camerún utili zan do para ello una nave en desuso. De ahí en adelante su in fluencia se ex pandió rápidamente y el comercio del caucho, aceite de pal ma, coco, plátanos, cacahue te y productos de marfil , a cambio de productos baratos p roce dentes de la ind ustria europea como el tabaco y el alcohol, hiz o que el comerci o fuese muy popular entre la po blación local. Factoría de la Woe rmann en Camerún instalada en una nave en desuso (K BA , 028-3106 - 71 , sin fecha) Entre 1866 y 1869 se publicó en Alemania una historia del comercio m undi al y sus posibilida des coloniales. Nuevos expl oradores alemanes recorrieron el contine nte africano: Karl Mauch 45 viajó por Sudáfrica y Zimbabw e , G eor g Vatke 46 viajó por Sudáfrica, Angola y Madagascar y Nachtigal fue comisionado por el rey de Prusia para llevarle reg alos al sultán del Imperio Kanem-Bornu, en agradecimiento por su benev olenci a ante los súbdi tos alemanes ( BÜCH E LE: 1867 ; SPEITKAM P : 2010, 118 ). 45 Mauch, Karl Gottlieb (1837 -1875), explorador alemán. Autodida cta, pidió sin éxito una subvención Augus t Petermann para explorar Sudáfrica. Llegó a Durba n en 1865 y, tras múltiples periplos, redescubrió y estudió las ruinas arqueológica s del Gran Zimbabue en 1871 (NDB: 1990, vol .16, pág.425). 46 Vatke , Georg Carl W ilhelm (1849-1889), ex plorador alemán. Botánico, recolectó e specímenes d e flora por el centro de Europa y en Angola, M adagascar y Sudáfrica (ADB: 1895, vol.39, pág.508 -510). 66 Para f ortalece r sus r elac iones comerciales el 19 de may o de 1868 Hambur go nombró cónsul en Ar gel a Johann Karl W ilhel m Hon sz 47 y el 10 de agos to de 1868 Bremen nombró un cónsul en La Orotava, Cele stino G. de Ventoso 48 . En una acción conjunta, el 27 de agosto de 1868 las ciudades de Bremen y de Lübeck nombraron un cónsul en Gibraltar , Ferdina nd Schott, y otro cónsul en El Cabo, Carl S imon Poppe , mientras que la Federaci ón Alemana del Norte no mbraba un cónsul , Bern hard Heinric h Bronn, en Puerto Sa íd 49 . Por últ im o, el 31 de octubre de 1868 Hamburgo nombró a Christian Ferdinand W ilhelm Jantzen como cónsul en Monrovia 50 ( KEIPER , KRÖGER: 2008). Pe ro con respe cto a las colonias Bismarc k escribi ó a su M ini stro de la Marina que “ por un lado, las ventajas para el comercio y la industria de la patria, que se espera de la posesión de las colon ias, en su mayor parte se bas an en ilusi ones. Debido a los costos causados por la creación, apo yo y mantenimien to de las colonias, a menudo estos sup eran los beneficios disfrutados por la madre patria, como lo muestran las experiencias de Inglaterr a y Francia. Además, es difícil de justificar ante tod a la nación, a través de los impuestos, los beneficios de deter minadas ramas de la industria y del comercio. Basándose en su experiencia, Gran Bretaña, ha r enunciad o a la política colonial de las adquisici ones y Francia también parece poco interesada en el estableci miento d e nuevas colonias… Po r otro lad o, nuest ra Mar ina no está suficientemen t e desarroll ada para asumir la responsabilida d de protección en estados di stante s. P or último , el intento de fundar coloni as en las re giones reclamadas por otros Estados, no impo rta con o sin leg itimación, causaría indeseados confl ictos ” ( SPE LLME YER: 1931, 3). Según este raz onamient o, si bien las coloni as no eran ob jeto de inte rés para Bismarck (erróneo f ue su análisi s respecto a Francia y G ran Bretaña), de nuevo el instrumento naval volvía a ser una pieza f und amental y se debía trabaj ar en ella . Sobre estas bases tení a que ser const ituida la marina mercante del paí s, teniendo en cuenta q ue el t ranspor te de mercan cí as ejercí a una signi ficativa inf luenc ia en costos, 47 SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.1 4, S.223 -224, Ernennung zu Deutschen Bundeskonsuln, 19/05/1868. 48 SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.2 7, S.470 -472, Ernennung zu Deutschen Bundeskonsuln, 10/08/1868. 49 SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.2 8, S.479 -480, Ernennung zu Deutschen Bundeskonsuln, 27/08/1868. 50 SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.3 1, S.514 -516, Ernennung zu Deutschen Bundeskonsuln, 31/10/1868. 67 producción y di stribución de toda la economía nacion al. El comercio marí timo, si realiz ado en buques nacionales, salvaguardarí a g randes sumas des tinadas a la expo rtación. El primer objetivo de la pol í tica marítima de la Federa ción Al emana del Norte y del Imperio Austro-Húngaro, era asegura r una marina mercante que realiz ase todo el tráfico marí timo con el exterior (SOKOL : 201 0, vol.1, 12) . Para el cancill er, acciones como la francesa no p odí an llevarse a cabo debido a la ausencia de medios, lo que llevarí a a r eforzar ulteriormente la Norddeutsch e Bundesmarine 51 . Tambié n Italia empez ó a mostra r ambicion es en el continente africano y el 8 de septiembre de 1868, con el ánimo de colonizar dicho t erritorio, firmó un tratado con Túnez . Dicho tratado fue vi sto con r ecelo desde G ran Bretaña porque, si bien no aprobaba la ex tensión del área de in fluencia fr ance sa en el nor te de África , tampoco veía con agrado q ue otra potencia pudiese controlar el Canal de Sicili a , más aún cuando estaba próxima la apertura del estra té gico Canal de Suez . Dicho tratado fue también visto con recelo desde el nuevo Imperio Austro -Hún garo ya que, con el Canal de Sue z, el puerto de Trieste y la compañí a estat al Ö sterreichi scher Lloyd se podrí an con vertir para los estados Germanos en la puerta y en el in strumento de comercio entre O rien te y O ccidente, particular men te con los puertos de la India y de l Imperio Oto mano, con la consiguiente consolidaci ón de la Handelsma rine . Para no perder la opor tunidad, el armador itali ano Rubattino empez ó a hacerse con territo rios en la Bahía de Asab par a emplearlos como depósito de carbón a lo largo del Mar Rojo ( AL BERTINI: 2010, vol .1, 136 ; CRANKSHAW : 1988, 85; KANN: 19 98, 353 -569; KING: 2004, 198-216; LAND ES: 1990, 166 ; QUAZZA , ed. 1991, 6 ; SOKOL: 2 010, vol.1, 11- 17; ZÜRCH ER: 2007 , 95 ). En 1869 se inauguró el puerto de W ilhelm shaven y el puerto de Kiel ta mbién fu e habili tado para uso militar . La única actuación en Áfr ica f ue el nombramiento , por parte de Hambur go, de José Antonio M artins como vicecónsul en Sal, en el archipiél ago de Cabo Verde 52 , mientras q ue la Fe deración Al emana del Norte formaliz ó el 7 de enero de 1869 la apertura de un consulad o en las Islas Canarias 53 . Las ciudad es hanseáti cas seguían llev ando la voz cantante en las relaciones comerciales a fricanas y, a su vez , el 1 de mayo de 1869 la ciudad de Lübeck nomb ró a 51 AP, Provinzial -Correspondenz, Die gegenwärtige Norddeuts che Kriegsflotte, 02/12/1868. 52 SH, Bundesgesetzblatt des Norddeutschen Bundes Band 1868, Nr.3 4, S.568 -570, Ernennung zu Deutschen Bundeskonsuln, 29/12/1868. 53 AIMC, Cónsul es 035, Secc.2ª, Div.3ª, Caja 246, Exp.2098, Doc .s/n, Consulado de la Confederación de Alemania del Norte, 07 /01/1869. 68 W il helm Heinrich Johann Schabbel, m iembro de la Von Ronn, Scha bbel & Co. , com o cónsul en Puer to El iz abeth, en Sudáfrica 54 . Desde 1869 , la Armada de la Federación Alemana del Norte ( Norddeutsch e r Kriegsmarine ) empezó a buscar donde establecer sus bases para hacer más efectiv a su presencia en el Océano Atlán tico y en el Océano Pací fico, sin olv idar que había recuperado el puerto de Danzig y había s olicitado una concesión de f ondos extraordinari os, por un periodo de diez años, para su expansi ón y para alcanz ar sus objetivos 55 . Con estas pr emisas, a partir de 1870, la Federación Alema na del Norte pasó a ser el mayor centro de producci ón de hierro y acero de Europa , en paralelo con un impor tante cr eci mient o de l a poblaci ón. Con el crecimien to económic o, se produjo una orientación hacia el comercio exterior: importaba materias primas y alimentos , que pagaba con la exportación de productos industriales. Sin embargo, pese a los bene ficios económicos obtenidos, África no era crucial en g ene ral para las economí as europeas: por ejemplo, duran te la década de 1870 recibí a poco má s del 5% de l comercio b ritánico, princ ipal mente con E gipto y Sudáfrica 56 , y una serie de empresas financieras fr ance sas habí an basado su desarrollo en gr an medida en los prést a mos al gobierno egipcio o al monopoli o comer cial con el África Subsahariana ( O W EN, ed. 1977, 247). En princi pio, la voluntad de intervenci ón de Alemania en la mayor pa rte de África no f ue impulsada por la previa presencia de empresas de inici ativa privad a en el continente a fricano: los prósperos come rciantes dej aban las arr ies gadas inversiones colonial es en manos d e competidores con menos liquidez o en entusiastas con motivaci ones no comercial es y sólo después de q ue otros hubieran corrido con los costes de exploración, los grandes banco s alemanes empez aron a invert ir en Áfric a . Los intereses comerciales en otros puntos de Áfr ica Central y Áf rica O ccidental seguían una polí tica de no injerencia, ya q ue los comerciantes, como los alemanes en la Isla de Zanzíbar, solían oponerse a la conquista territorial para no interru mpir el comercio exi stente; las compañías alemanas más importante s eran Hasing & Co. , Meyer & Co. , O swald & Co. y Wiseman & Co. , q ue se dedicab an, sobretodo , a la compra e i mportación de perlas y de marf il: en sus m anos estaba aproximadamente la 54 SH, Bundesgesetzblatt des Nord deutschen Bundes Ban d 186 9, Nr.13, S.1 28, Ernennung zu Deutschen Bundeskonsuln, 01/05/1869. 55 BA, R901 Aus wärtiges Amt, 18.Marine, R901 /22280 Norddeutscher Kriegsmarine (1870 -1912); AP, Provinzial-Correspondenz, 20 /04/1870. 56 BA, R901 Ausw ärtiges Amt, 11. Handel, 11.2. Länder, 11.2 .5. Europa, 11.2.5 .30. Türkei, R901/6646 Haendels - und Schifffahrtsverhältnisse mit Ägypten und die ägyptische Steuerreform (1870 - 1913); BA, R901 Au swärtiges Am t, 11. Hand el, 1 1.2. Lä nder, 11.2.1. Afrika, R90 1/4375 Haend els - und Schifffahrtsverhältnisse mit der Südafrikanischen Rep ublik Pretoria / Transvaal Kolonie (1868 -1908). 69 mitad de toda la exportación, m ás del doble del vol umen controlado por Gran Bretaña 57 . En Namibia, el 17 de mayo de 1870 los jefes tribales Jan Jonk er Afrikáner y Samuel Mah arero t rataron de f ormar una alianza contra los europeos pero M aharero , bajo la influencia de la R heinische n M issionsge sellschaft , declinó la of erta y permitió que el misionero G ottlie b Viehe 58 fundase la ciudad de Omaruru . En o tras zonas del continente, los interese s alemanes f ueron prá cticamen te nul os: has ta 1870, los intercambios comerciales g er mano-marro quí es apenas existieron ya que la colonia alemana contaba, como máxi mo con dos o tres personas (ILIFFE: 1998, 246; JANU É I M IRET, ed. 2007, 79 - 86 ; MER KER: 2006, 203; STANLEY: 2005 , 28; PALLAVE R: 2008, 46 -110; STOECK ER, ed. 1977, 12 ; W ES SE LING: 1999, 176 ; W I LLIAM S: 2008, 223 ). 2.7. LA GUE RRA FRANC O-PRUSIANA (1870 -187 1). Pero antes que afrontar arriesgadas aventuras af ricanas , Bismarck estaba dispuesto a terminar con el S istema de Metternich y completar la Unif icac ión Alemana. Napoleó n III nunca habí a sido aceptado compl etamen te po r los de má s monarcas europeos, mientras que Prusia, v inculad a al conserv adurismo, t ení a un g ran presti gio ante todas las cortes europeas. La ideologí a de la Federación Alemana del Norte era innatamente reaccion aria y, pese a que no compar tiese la ideología prusiana, su s raí ces históricas, sus credencial es filosóficas y su militarismo exacerba do la hacían más creíbl e y merecedora de un gran respeto. La oportunidad de confrontaci ón contra Francia se presentó cuando tu vo lugar un desen cuentro por la candidatura de un Hohenz ollern al v acante tr ono español . Bismarck ejerció secretas p resiones con respecto al trono español pese a las adv ertencias q ue Viena envió a Berlín y a Madri d . Aunque se renunció a la candidatura, Francia env ió a su embajador para lograr po r escrito una renuncia pública del káiser, a lo cual Guillermo I se negó. El 13 de julio de 1870, el k áiser envió un telegrama a Bis m arck, narrándole el encuentro q ue había 57 BA, R100 1 Reichskolonialamt, 12. Fre mde Länder, 12.2. Englisch e Besitzungen, 12.2 .5. Sansibar, R1001/8891 Allgemeine Angelegenheiten Sansibars (Novie mbre 187 0 -Septiembre 1884; PAAA, Beständeübersicht, V. Auslandsvertretungen, 493 Sansibar (1885 -1914). Según Henry Morton Stanley, a su llegada en la isla de Zanzíbar a finales de 1870, ya h abía en fu ncionamiento un con sulado alemán y existía también u no austro -hú ngaro, aunque s egún la do cu mentación consultada, el c onsulado alemán no inició s u actividad en Zanzíbar co mo tal hasta 1885: e s probable que Stanley el evase de categoría a un agente consular o comercial hanseátic o o prusiano. 58 Viehe, Fr iedrich W ilhelm Gottlieb (1839-1901), misionero alemán. Su pr imer c ontacto con la Rheinische M issi onsgesellschaft en África fue en 1867 en el a sentamiento de Otjimbingwe , d onde trabajó con los ovahere ro . En 1870 s e trasladó a Om aruru y estableció una pequeña escuela para lo s hijos de los colonos europeos . En 1872, c onstruyó u na misión en Oma ruru y poco después traduj o el Nuevo Testamento al idioma herero . En 1885 Viehe construyó en Omaruru la p rimera estación meteorol ógica en la recién declarada colo nia d e Namibia . En 1890 se trasladó a Okahandja y fu e donde se enfrentó co n Theodor L eutwein, comandante de l as Sc hutz truppe , quien acusó Viehe de tratar demasiado suavemente a los indígenas (DIERKS: 2003). 76 “ con los acontecimien t os de 1871 el espíritu d e Prusia pasó a la nueva Alemania […]. A su debido tiempo sucedió que, con el impulso dado a todas las ramas de la actividad nacional por la unidad r ecién conquistada, y más especialmente por el desarrollo crecien te de l comercio de ultramar por los puertos de la políticame nte insignificante Liga Hanseática, el joven Segundo Reich encontró todo un mundo fuera de Europa ” (GOOCH, T EM PE RLY: 1938, 402 - 406) . 77 3 . INT RODUCCIÓN: LA EXP A NS IÓN ALE MA N A Y SU CONT EXTO Otto von Bismarck 1 hab ía declarado a menudo que mientras él f uese canciller del Segundo Reich, Alemania nunca tendría una polí tica coloni al. Sin embargo, el 1 9 de abril 1884, en contradicci ón con todas l as declaraciones ant e riores, prometió la protección alemana para las costas de Namibi a. Con esta decisión, confirmada por el káiser G uil lermo I 2 el 21 de abril 18 84, y comunicada a Gran Bret aña mediante el embajador alemán en Londres y por el cónsul alemán en El Cabo el 2 4 de abril del mismo año, Bismarck ca mbió por completo la dirección de la política e xterior del Segundo Reich . Desde 1884 hast a 1886, Alemania se hiz o carg o de protectorados en T ogo , Camerún, Namibia, T anz ania, Ruanda - Burundi, Nuev a Guinea, el Archipiél ago Bismarck y las Islas Marshall. Pero esta políti ca de adquisición se detuvo tan abruptamente co mo empez ó y las únicas adicion es posteriores fueron la Bahía de Kiautschou (ad quirida en régimen de arrendamien to en 1898), algunos g rupos de islas en el Pací fico (Carolinas, M arianas, Palau y Samoa, comp r adas a España en 1899), y una ampliación de Camerú n mediante tra tado con F ran cia en 1911 . Si tenemos en cuenta sólo la f igura del canciller, una de las últimas biogr afí as publicad as sobre Bismarck (BLED: 2012 ) apenas dedica una pág ina a l as colonias aleman as . Espa cio demasiado escaso como para pode r expl icar y entender 1 Bismarck-Sc hönhausen, Otto Eduard Leopold von (1815- 1898) , estadista, burócrata, m ilitar y político al emán. Durante s us úl timos años de vida se le ap odó el “Canciller d e Hierro” Cursó derecho y a partir de 1835 ejerció en los tribunales de Berlín y Aq uisgrán, actividad que abandonó para d edicarse al cuidado de s us te rrenos. En 1847 entró a formar parte del parl amento pru siano, do nde muy pr onto se convirtió en líder del a la conservadora y se opuso duramente a la revolución de 1848. Por esa época comenzó a perfilar la unificación d e Alemania desde presu puestos autoritario s. En 18 62, tras ser nombrado primer min istro de Prusia, emprendió una i mportante re forma militar que le p ermitió disponer de un p oderoso ejército para llevar a cab o s us planes de unificación; de esta forma derrotó a Dinama rca en la Guerra de los Ducados e n 1864 y a Austria en la Guerra de las Siete Semanas en 1866, logrando importantes a nexiones y c reando la C onfederación de Al emania del Nort e, y d errotando a Francia en l a Guerra Franco-Prusiana en 1870, procl amando el Segundo Reich en 1871. Durante los di ecinueve años que se mantuvo en el poder llevó a cabo una política c onse rvadora, enfrentándose i ni cialmente a los católicos y a l os socialdemócratas. Ad optó posturas proteccionistas que favorecieron el crecimiento industrial al tiempo que intentaba a traerse a los trabajador es con l a legislación soci al más avanzada del momento. Mantuvo a Alemania apartada de la vorágine imperialista que por entonces arrastraba al resto de la s potencias europeas. Fue precisamente esta precaución frente a la carre ra colonial la que le enfrentó co n el nuevo káiser Guillermo II (1888), asunto q ue pr o vocó la dimisión de Bismarck en 1890 y su retiro a vida privada (NDB: 1955, vol.2, pág.268-277). 2 Guillermo I de Alemania y de Prusi a (1797 -1888). Sirvió en el ej ército prusiano desde 1814 y s e le encomenda ron a lgunas misiones diplomáticas desde 1 815. S u hermano, el rey Federico Guill ermo IV, sufrió una crisis nerviosa en 1 857 sufrió u na crisis qu e le generó problemas d e salud mental hasta su muerte. En 1861 tuvo que hacerse cargo de la regencia de Prusia, accediendo al trono después. Se mostró fa vorable a una pol ítica conservadora, desig nando como c anciller a Otto von Bi smarck en 1862. Tras la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), fue proclamado káiser de Alemania ( ADB: 1897, vol.42, pág. 517-692; DKL: 1920, vol.III, pág.710). 78 plenamente las condici ones de la expansión, ayudadas por el crecimiento demográfico alemán, la superiorida d t écnica ( particul armente en los transportes y en las comunicaciones) y l as nuev as condi ciones financieras, que retroali mentaron a los factores pol í tico-ideológicos. T odos ellos di eron lugar a sociedades g eo gráficas , misioneras y coloniales, q ue no fueron caracterí st icas únicas de la e xpansión y del imperiali smo alemán, pero tuvi eron rasgos di ferenciadores con respecto a las demás potencias imperialistas. Rasgos tales como la opinión pública y su posici onamiento en relación con el imperialismo; las f ormas de participa ción, o de rechazo, de los grupos sociales en dicho fenómeno; y, de forma muy especial , l os ef ectos que sob r e el imperiali smo alemán tuvo la políti ca exterior y la di plomacia hasta la Gran Guerra. No hay q ue olvidar q ue las potencias imperial istas asumieron, de u n m o do u otro, que l a expa nsión económica de ultramar y la explotación del mundo exterior eran cruciales para sus econo mí as. Bismarck no habí a planeado poner los protectorados baj o el directo control del gobierno. Su intención orig inal era conceder la protecc ión del Segund o Reich a las empresas comercial es alemanas para que sus a sentamien tos en África, Asia y en el Océano Pací fico no perteneci esen a un Estado reconoci do internacional mente y así no pudiesen ser legalmente reclamados por cualqui er otra po tencia europea. Siguiendo el modelo británico u holan dés, el canciller del Seg undo Reich quería limitar el papel de Alemania, es decir, que f uese una mera protect ora con reconocimiento internacional oficial. Pronto se hiz o ev ide nte q ue esta forma de gobierno colonial i ndirecto er a irrealista: las empresas comerciales no estaban preparadas ni estaban capacitadas para desempeñar un papel análogo al de la Vereenigde Oostindische Compagnie o al de la B ritish East India Company y administ rar e ficientement e por sí mismos los territorios colonizad os. Cuando a causa de insurrecciones africanas necesi taron de la intervenci ón de unidades de policía arm adas, sól o el estado alemán disponí a de este recurso. Por lo tanto , en 1888, Bismar c k se vio obligado a poner los prote ctor ados bajo la administración y e l g obierno directo del Segundo Reich, con lo que se convertían en colonias al emanas de fa cto . El desarroll o de la administración coloni al alemana corresponde a la génesis del imperio colonial alemán en África, Asia y en el océano Pací fico. La intr oducción de la administración directa condujo a un cambio en la polí tica colonial, con el envío de buques de g uerra pa ra prote ger los intereses al emanes, y l a responsab ili dad recayó 79 en una nueva “ Sección de Asuntos Colon iales”. La r ecién creada secci ón era más o menos capaz de maneja r las responsabilida des relacionad as con las colonias pero la organiz ación y la exploración de los prote ctorados abarcaba demasiado. La introducción del g obiern o directo del Segundo Rei ch en los prot ector a dos ya no era una cuestión de polí tica exterior; de hecho, en v irtud de la “Ley sobre el Derecho de los Protect orados Alemanes” del 17 de abril de 1886, los protectorad os se hab í an convertido en territorios nacionales con personalidad j urí dica menor y don de el káiser ejercía el pode r de p rotección en nombre del Se gundo Rei ch. El “ Departamento Colonial ” se estableció en el Ministerio de Exteriores alemán el 1 de abril de 1890, pero pronto se colocó bajo el directo con trol de l canciller mediante una orden ejecutiv a de la Cancillería del 30 de junio de 1890. Se constituyó un Consejo Col onial con representan tes de las empresas que operaban en l os protectorados el cual, en sustitución del Reichstag, podí a inf luir en las cuestiones colonial es aunq ue sólo en sus decisiones presup uestarias . Ante cuestiones relativas a las relaciones con otros países o a las de pol í tica exterior era cuando el Depart a mento Coloni al ten í a que inf ormar al Ministerio de Exteriores alemán. El alto mando de las “ Fuerzas Mili tares de Se guridad ” constituidas en Camerún, Namibi a y Tanzania seg ún la “ Ley relativa a las F uerzas I mperi ales en los Protectorados” del 22 de marzo de 1891 fue, al princi pio, con fiado a la Marina: comprendí a a dos militares que formaban una especie de Estado May or y las unidades militares en las coloni as estaban directamente subordinadas a los gobernadore s l ocales. Las insurrecciones y la repetida necesidad de env iar f uerzas expe dicionarias para contener y reprimir a los rebeldes pronto hiciero n evi dente que esta estructura administ rativa no era muy efectiva. En todos los asuntos que eran esencialmen te colonial es, en part icular en el campo de la or ganiz ación, el Departamento Colonial estaba subordinado directament e al canciller del Segundo Reich con derecho de co municación inmediata. Esta decisión , que fue la causa de una g ran cantidad de malent endido s, fue confirmada por orden del káiser el 12 de dici embre de 1894. Desp ués de continuos con flictos de competencia con la Marina , los asuntos de las f uerz as militares f ueron trasladados al Departamento Coloni al en virtud de las actas del 9 de junio y del 7 de j ulio de 1896. A partir de entonces se delegó el mando directamen te en el propio canciller, elu diendo así al Mini sterio de Exteriores al emán. 80 El primer paso hacia la au tonomía del Departame nto Coloni al fue dado en 1905 tras el estall ido de la Reb elión Herero y N ama en Namibi a, la abier ta c rí tica pública culminó en f eroces controv ersias en el Reichsta g, en el curso de las cuales el Part ido Católico de Centro y los socialdemócratas atacaron duramente al gobi erno por los denominados “escándal os colon iales”, q ue recib ieron una ampli a cobertura por parte de la prensa , y exi gieron una reforma de la admin istración local en los p rotectorados . La Comisión de Presupuesto del Rei chstag votó a favor y el canciller enfatizó el tamaño y las f unciones del Departamento Colonial, subrayando que est e era más grande que la mayorí a de los departamentos del Segundo Reich. No se alcanz ó el consenso y, en su tercera lectura, el p roy ecto d e ley fue finalmen te rec haz ado en el Reichstag. El 13 de dici embre 1906, cuando el Reichstag rechazó de nuevo el proyecto de presupuesto suplementario para N amibia y, en consecuencia, también el establecimien to de un “ Mi nisterio de las Colonias del Segundo Reich ” , el canciller disolvi ó inmediatamente el Reichstag. Las siguientes elecciones del 25 d e enero 1907 se vieron inf luida s sustanci almente por el debate sobre los asuntos coloni ales. Las llamadas “E lecciones Hotentote” di er on lugar a una mayorí a del Reichstag f avorable a la política colonial del c ancill er. El Mini sterio Colonial fue es tableci do el 17 de mayo 1907 por decre to imperia l. Tras esta puntuali z ación, a ntes de empezar con el estudio de la exp ansión alemana, hay que precisar q ue en este momento hist órico no hubo “coloni alismo” sino “imperialismo” y, pese a q ue ambos térm inos están muy relacionados entre si, no son estrictamen te sinónimos . El colonialismo ha existido a lo largo de toda la Historia, desde su mismo comi enz o en la Edad Antig ua y más aún en la Era de l os Descubrimientos , pero el uso del t érmino “ impe rial ismo” suele limitarse a la expansión europea durante la Edad Contempo ránea. A ese período se ref ieren dos de los textos más importantes que f ijaron el concepto: Imperia li smo, un Estudio (19 02) , de John A. Hobson, y El Imperialis mo, Fase Superior del Capitali smo (1917), de Vladi mir Lenin . M ás espec í ficamente, la ex presión “ Era del Imperiali smo” , utiliz ada por la Historiogra fía, denomina el período que va, aproximadamente , desde 1871 hasta 191 9, en el que se produjo una v erdadera carre ra para construir imperios colon iales , principal mente con el denominad o “Reparto de África” , donde aproxima damente una cuarta parte de la superficie del planeta f ue di stribuida o redis tribuida en f orma de colonias entre media docena de Es tados (HOBSBA W M : 2005, 69; LAN GBEHN , SALAM A: 2011 ). 81 La historia de África es sumam ente compleja ya q ue el carácter estata l estaba consolida do sólo en el N orte de África y en algunos reinos costeros . L a penetració n colonial en Áf rica habí a empezado hací a sig los y f loreció con vigor desde el sig lo XV, prolongándose durante los siguientes q uinien tos años. El comercio de esclavos africanos , f omentado por los europeos (a m en udo con ayud a de otros africanos y también de árabes) , creó un comercio entre continentes utiliz ando las islas atlánticas e í ndicas, que se conv irtieron en estaciones de tránsito . La may or parte de l África Subsahariana f ue encuadrada entre las f ronter as colonial es y muchos de aq uellos reinos y comuni dades tribales, q ue llev aban a sus espal das lar gas historias de conflictos y guerras, se encontraron dentro de los lími tes de una mism a colonia y debí an someterse a un mismo poder y a una misma ley. Alemania, totalmente excl uida de la Era de los Descubrimientos, no pudo pa rticipar en ningún proceso colonial hasta que no tuvo lugar su proceso de unif icación nacional , m omento en el cual en Europa se producí a una tr ansición del colonialismo demográfico-militar al imperialismo económico- geoestraté gi co ( HOBSBA W M : 1998 , 148; KAPUSCINS KI: 2000, 15-26; SPEITKAM P: 2010, 68). El querer a glutinar un conjunto de numeros os principados alemanes, de carácter y ta maño v ariable, cont ribuy ó a su subdesarrollo polí tico, es decir, a s u incapaci dad para cambiar y adaptarse polí ticamente a la acelerada diversificación de su sociedad, de su economí a y de su cultura. Prev iamente a la Uni ficación Alemana, l o más parecido al coloniali smo en los Estados Germano s, cuy as esperanz as de expa nsión de ultramar e ran escasas como hemos v isto, era el derecho a expa ndirse por Europa Oriental ( Drang nach O sten ) al no poder hacer lo mismo q ue otras naciones por mar. El excepcional desarroll o de la historia ale mana ( Sonderweg ), q ue diferencia Alemania del resto de los sistemas democráticos occidentales, ha constituido un elemento fijo en su identidad nacional, aceptada o no en el debate historiográ fico, que se proyectará sobre su impe rial ismo. Algunas especifici dades en la evol ución histórica del Segundo Reich f ueron la persistencia de la preponderanci a de las élites t radicional es, en concreto de la aristocr acia agr ari a ( Junkers ), de los militares y de la burocracia, y la debilidad política de la b urguesí a en contraste con su poderío económico. Estas particularid ades del Segundo Reich cr earon, mediante un pacto entre las clases dominantes, una respue sta defensiv a ante la cr eciente sospech a de una amenaza ex terior y para eludir la amenaza de la revolución social en el interior. Así pues, las t ensiones internas se trasladaron hacia la perif eria, de m anera que, dentro de esta realidad , las ideas existentes en Alemania sobre las coloni as y el imperiali smo reflejaban un apasionado conflicto no resuelto en la cultura alemana 82 entre arcaí smo y modernidad ( GROH: 1983, 1.166-1.187; HE W ITSON: 2001, 725- 780 ; HOBSBA W M : 2010, 14; HO BSBA W M: 2011, 282; JANUÉ I MIRE T , ed. 2007, 74-76; KOCKA: 1999, 40-50; MANTELLI: 2006, 1 27 ; MOELLE R: 1984, 655-683; MÖLLE R: 1982, 162-165; SM ITH: 20 08, 225-240; TALM ON: 2002, 17- 53 ). Las causas de la adhesi ón de Alemania a la polí tica imperialista son div ersas aunque tuvieron una serie de motivos comunes q ue las vincul an a las demás expa nsiones europeas. La naturaleza y el ritmo de dicha expansión f ue variabl e y e l espí ritu de dominación intentó extende r la esf e ra de poder del estado más allá de los límites de l as respectiv as metrópoli s. El cambio de las condiciones demográficas , financieras y t ecnológic as, el aug e de los nacion alismos y la e vol ución de las instituciones, el acceso a los negocios de nue vos sujetos polí t icos y la difusión de los medios de inf ormación llev aron consigo un nuevo estilo en el t erreno de las r elacion es internacional es: el aban dono del Con cierto Eu rop eo y la nu ev a concepci ón de l a políti ca e xterior f avorecieron el imperial ismo y marcaron la ex tensión de las luchas entre intereses , del prestigio nacional y de las preo cupaciones ideológica s. Supuso la aparición de una polí tica global tanto por sus objetiv os y preocupaciones como por sus medios y su alcance. Con el imperialismo, l os nu evos t ipos de colonia er an “mercados a captar” q ue dependían de su capacidad de consumo, además d e la acumulación de bene ficios para las economías nacionales, con la posterior desvi ación del capital hacia la industria, la agricul tura y las f inanz as de ultramars . Esta acumulaci ón de capital dio lugar a q ue las empresas gubernamen tales fomentasen aún más las industrias, la expo rtación y las mis ma s colonias (HOBSB A W M : 1988, 49-63) . Pero la diferencia f undamental de Alemania consiste en que a mediados del siglo XIX no tenía ninguna coloni a y, por lo tanto, po día observar con u n ojo mucho más crítico la activ idad de los demás estados europeos. Los cálculos estraté gicos de las potencias riv ales se basaban en análi sis prev alentemente econó micos y , cuando Alemania decidió expandirse, pretendi ó realiz ar a la vez un a colonizaci ón d e ocupación y control pol í tico del territorio junt o a una expansión comercial y de dominación económi ca imperial ista. Esto se deb ió a decisiones pol í ticas tomadas en función de la mayor o menor inf luencia de la opinión pública, de los grupo s de presión, de la acción de algunas personalidades y de las condiciones del entresijo diplomático . Las nuevas condicion es internacionales no son suficientes para explicar el imperiali smo alemán: la importancia de los f actores políticos (nacionalismo, pod er, prestigio) permití a exaltar al estado a la v ez q ue prevení a las intrig as de otros. Di cha prevenci ón no ten ía com o principal objetivo la salvaguarda de los intereses materiale s 83 sino q ue estaba hench ido de preocupaciones patr ióticas : la rivalidad colonial se alimentaba del nacion alismo y el nacional ismo de la riv alidad colonial (HO BSBA W M : 2011, 73). T ras la Guerra Franco-Prusian a ( 1870 - 1871 ), Franci a encontró en la expa nsión colonial un motivo de orgullo y el medio para que el paí s volvie se a ocupar su lugar en Europa. La di plomacia alemana alimentó y al ent ó dicha ex pansi ón pero no pud o ignorar ese sentimiento , como tampoco estaba en disposición de despreciar las bazas que podían suministrarle los terri torios coloni ales que otros esta dos estaba n obteniendo. El imperialis mo alemán ya no podí a obtener t riun fos para emplearlos sólo en eventual es reg a teos, como hizo con la políti ca exterior alemana en África. El deseo de no modificar, para bene f icio de otros estados, el equilibrio general o r e gional de las fu erz as creó una m ayor competencia imperialista y las preocupaciones estratégicas fueron, a menudo, uno de los más importante s argumentos : Ale mania debía estar presente en el mundo entero y hacer oír su v oz ante cual quier asunto. Los británicos habí an s iempre considerado su expansión como un derecho propio. Al contrario, la expa nsión f rancesa en e l Norte de Á frica o la ru sa por Asia Cen tral r eprese ntaban el máximo de la amoralidad y eran vistas como actos de agresión. Cuando la expa nsión alemana dejó de tener sentido y sus derechos ya no convenci eron a los británicos , ésta lle gó a poner de acue rdo entre si incluso a británicos, franceses y rusos. Desde un punto de vista formal, la c ríti ca al imperiali smo empezó a sen tirse con fuerza a partir de la invasión d e T únez (1881), que provocó duros ata ques basados en el concepto de que las colonias habr í an sido conquistadas como una f uente de bene ficios sólo para ciertos grupos de empresario s y de financieros . Ta m b i é n d esde un punto de vista f ormal el imperiali smo se int rodu jo con f uerz a en Á frica a partir de la Conferencia de Berl í n (1884-1885), donde los países europeos, Francia y Gran Bretaña en primer lugar, pero también Alemania, Bélgica, España, I talia y Portugal, se repartieron todo el continente , y donde el Segundo Reich adquirió más de dos millones y medio de kilómetros cuadrados. La dominaci ón política, o de otr a índole, caracteriz aba a Francia y Gran Bretaña y sus víctimas f ueron, en cierta medida, l a s antigua s me trópolis prei ndustriales, España , Portu gal y el Imperio Otom ano, a pesar de sus intentos de mantener o extender territorios bajo su control en Áfr ica. La supervi ven cia, sin embargo, de los principales territorios españoles (Guinea Española, M arruecos y Sahara), portugueses (Guinea-Bi ssau, Angola y Mozambique) y otomanos (Libia), q ue iban a durar más q ue otras colonias europe as, se debió principal mente a la incapacidad de sus rivales para ponerse de acuerdo sobre la f orma 84 exacta de repartirlos entre sí . Toda una “segunda colonización” tuv o como motor no ya la metr ópoli sino las mismas colonias, a veces incluso en contra de la voluntad del estado, como en el caso de Neukamerun (AL BERTINI: 2010, vol.1, 93; AREND T: 2006, 364 ; HOBSBA W M : 2005, 69; HOBSBA W M : 2011 , 67-68; O WE N , e d . 1 9 7 7 , 2 3 9 - 253 ). Como hemos indicad o, una serie de profundas t ransfor maciones f acilita ron o estimularon la expansi ón alemana y las rivalidades europeas. Las más importantes fueron: la configuración del espíritu alemán, crecimiento de la pobl ación, superioridad tecnológica , mayor moviliz ación del crédito y abundancia de capitales, polí tica exterior, ideologí a col onial y la activi dad de sus socied ades y de la opinión púb lica. Veamos ahora cada una de ell as. 3.1. EL ESPÍR ITU ALE MÁ N. Cada nación y cada e stado, consciente de los valores q ue representa, ha pretendido propaga rlos y para el lo siempre se ha apelado a la Historia: España el recuerdo del Siglo de Oro, Francia la difusión de los G randes Princi pios, Gran Bretaña la Misi ón Civilizadora, el Im perio Oto mano la grandez a del Islam, I talia evocó la imagen de Roma , Portugal la Era dos Descobrimentos. En todas ellas la estrecha correlación entre el destino de las naciones y el mar se convirtió en ley y ninguna de las naciones europeas podía escapar a su influenci a: el futuro de Europa es taba en la mar (AREND T: 2006 , 269; SOKOL : 2007, vol .1, 1 0). Durante todo el sig lo XIX se acariciaba en el ámbito alemán un intenso afán de construcción nacional. Los alemanes habí an imagina do una utópica identi dad colectiv a con unas cualidades comparti das y con un a esencia étnica, lingüí stica y cultural común, pero cuya caracterí stica verdade ramente compartida era la escasez de raíces históricas. Remontándo se al pasado, Alemania no tení a tampoco una tradición histórica tan gible que p udiese con siderar com o propia: el S acro Imperio Romano Germánico era una ins titución fra gmentada , meramente nomina l, y los “bárbaros ” germanos no parecí an especialmente di g nos de admiración, sobre todo si se comparaba, como era inev itable, con la coetánea Roma. Las princi pales ciudades alemanas, entre ellas Berlí n, no formaban parte de esa unidad cultural de pueblos europeos surgida de la uni ón de la cultura clásica y del catolicismo. Buena parte de las ciudades alemanas estab an más all á del antiguo limes romano, al contr a rio de las principal es ciud ades de España, Francia, Gran Bretaña, Italia, Por tugal o incluso del 85 Imperio Otomano ( BALF OUR: 1968, 14; PRE DAZZ I, VAN NUC CINI: 2009, 132 ; SA LA ROSE: 2007 , 234 ). La Edad Med ia alemana habí a desarrollado un imaginario en el que se inclu ían una serie de leyenda s acerca de las riquezas y de las posibilidade s e conómicas de ultramar, siempre sobreestimadas , manteniendo el ester eotipo del moro ( Mohr ), la ley enda mediev al del Preste Juan ( Pries terkönig Johan nes ) y la fabulosa esperanz a de Eld orado . Para Alemani a, la Antig ua Grecia y su talasocracia pareci ó ofrecer un ideal lo suf iciente mente lejano como pa ra carecer de conno taciones histórica s inconv enien tes y lo bastante idealiz ado como para hacer de ell a un m odel o a seg ui r, proporcionando a l os alemanes el sueño colecti vo de llegar a ser un día los “nuevos griegos” , a mbición en p arte también perse guida por Rusia ( BAUM : 1999; FLÜH LER- KREIS: 1980 ; HAGEN : 197 9; KING: 2005 , 178). Ahora bien, la civilización griega ensalzaba la belleza pero t ambié n la g uerra: de aquí puede surg ir la identificación y la glorificación de la osadía pr usiana donde cada batalla y cada guerra eran un j ue go de todo o nada. M uy poco des pués, con el movimi ento romántico alemán ( Sturm und Dran g ), se m ani festó en el imag ina ri o colectiv o alemán la devoción acrí tica tant o por los héroes como por los rompedores de normas: personas que d esa fiaban al mundo como dioses, tomando el destino en sus manos. Sin duda Fede rico el Gr ande contribuy ó a anclar la f i gura del carismático desa fiante en el ima ginario colectivo alemán. El imperialismo alemán d ebe mucho a las individuali dades, t anto si se tr a ta de g obernantes como de coloniz adores, que iban más allá de las instrucciones r ecibida s, f orz aban los trámites y se presentaban ante la metrópoli con l os hechos consumados , dando lugar a un verdadero culto de la coloniz ación ya a part ir del siglo X VIII. Los colonos alemanes seguían un Sonderweg , una manera p ropia de colon ización , q ue se m an tuvo en vigor en la literatura y en los libros de tex to hasta la G ra n Guerra (ZA NTOP: 1999; SALA ROSE : 2007, 322 ). La insistencia en Alemania de un origen tr ibal común (semejante al de los griegos), su conside rac ión como esencia de la naci onali dad (f ormul ada por los nacional istas alemanes durante y después de las Guerras Napoleónicas), y el énf asis de los románt icos en su propia personalida d innata, prepararon intelectual mente el camino a una nueva me ntalidad alemana. La nación alemana se r efería a un número de ciudades ( Bürger ) q ue compartí an un conjunto de l eyes, costumbres y moralidad. Esto no podí a tener nin gún sentido t erritorial ya que miembros de nacione s di ferentes, dividi dos por dif erente s estilos de vida y de costumbres podían vivir juntos en un 92 3.3 . NUEVAS C ONDICIONES ECON ÓM ICAS Y FINAN CIERA S. Entr e f inales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la ex pansión europea parecí a detenida pero el crecimien to de sus economí as t uvo lugar , sobretodo, gracias a las economías de ultramar. Lo s principales economistas siempre han tenido en cuenta las coloni as en sus teorí as y tratados. Adam Smith dedicó a las col onias un amplio capítul o en La Riquez a de las Naciones (1776), lo mismo hizo Robert M althus en Ensayo sobre el Principio de Población (1798), e i ncluso Davi d Ricardo en Principi os de Economía Pol ítica (1817). El declive económico que supondrí a la pérdida de las m ismas lo señala John Maynard Keynes, especificando que es uno de los motivos por los cuales Alemani a no podría pagar las reparaciones de guerra en Las Consecuenci as Económicas de la Paz (1919). Los historiadores econó micos q ue han tratado el periodo que nos interesa han tendido a f ijar su atención en t res aspectos: la redistribución del pode r económico en Eu ropa, la alteración de las relaciones económicas en África y e l relativo declive de G ran Bretaña an te el avan ce de Alemania. En el primer aspecto, la importancia de las colonias parece habe r sido proporcionalmen te may or en los paí ses económicamen te menos dinámicos ya que sirvi eron, hasta cierto punto, como compensa ción por su inferioridad económica, políti ca, demográfica y militar ante sus rivales. Con la Unificación Alemana, la evol ución del capitalismo, el aumento de la competencia internacional y la aparición de las economías nacionales, se asfixió al libre comercio. Los economis tas alemanes argumentaron q ue las economí as estaban definidas por las fronteras de los estado s. Pero la industrializ ación y las cr isis económicas conv irtieron una competición entre empresas en una con frontación entre naciones o en un proteccionismo estatal, y en esto Alemania fue una alumna aven tajada al lograr amal gamar imperial ismo y proteccionismo . Aleman ia y l as potencias coloniales asumieron q ue la expansión económica de ultramar, l a búsqueda de nuevos mercados y la expl o tación del mundo exterior eran cruciales para sus economías. Aunque a veces la expansi ón no cumpliese las expe ctativas esperadas. Fue una época contradictoria en la que los aranceles y la expa nsión f ueron una demanda común. El capitalismo constituy ó el marco econó mico de esta política y l a ex pansión más allá de los mares su símbol o políti co. Desde un punto de vi sta militar se buscó la afirmación del d ominio de los mares ( Seemacht ) y d esde el punto de vista de la opinión pública alemana, esta tendencia pol í tica se m anifest ó a tr avés de una enorme propaganda . Para Alemania , este dominio sólo se aplicaba para abrir y para aseg urar las líneas de comunicación 93 entre los países exportadores y los paí ses importadores, convirtiéndose en el privil egio más pode roso, con un marcado carácter monopol ista. Esta talasocracia imperiali sta no representaba una mera expresión romántica sino q ue constituyó la base más importante de una nueva polí tica mundi al (ARENDT: 2006, 215; HILFER DING: 191 0, 61; HOBSB A W M : 2011 , 49-89; SOK OL: 2007, v ol.1, 9). En el segundo aspecto, la alteración de las relaciones económicas en África, el encuentro de dos civilizacion es t an dif erentes, prov ocó tr ansforma ciones en todos los sectores de la vi da local afr icana . El impacto de Europa, efectuado a p artir de las costas, estableció una nueva g eografía económica de las comunicaciones y de los recursos. Los ejes tradi cional es de i ntercambio cambiaron de direcci ón y, para fomentarlos , se desarroll aron recursos mineros esen cial es , expl otacion es ganaderas o gran des cultivos comercial es . Dicho proceso ya habí a sido analizado, en part e , por una serie de teóricos. John A. Hobson y Karl M arx han descrito la forma en que Europa ha penetrado en Áfr ica, y en el r esto del mundo, a través del comercio y de las expo rtaciones de capital, mientras que Rosa Luxemburgo ha descrito la transformación económica y social causada por esta penetración . Paul A. Baran y otros economista s han anal izado el proceso por el cual la integración forzada de un territorio en el sistema eco nómico europeo provoca una detención de su desarrollo económico, lo que ha o bligado a di cho territo rio a concen t rar todos sus es fuerzos y recursos en la exportaci ón de productos prima rios. En de f initiv a, l a pérdida de la independe ncia económica precede a la pérdida de la independencia polí tica . Rudolf Hilferdin g y John A. Hobson han destacado c ómo la expansión europea se tradujo, inevitabl emente, en el desarrollo de mov imiento s de libe ración nacional (O W EN, ed. 1977, 253-256) . En el tercer aspecto, el relativo declive de Gr an Bretaña ante Alemania, Londres mantuv o el libre comercio sin restriccion es a pesar de los poderosos desafí os ocasionados por los países proteccion istas; a Gran Bretaña le inte resaba mantener el statu quo porque era el m ayor ex portador de p rod uctos industrial es, mucho más que sus principales rivales, con grandes ví nculos en los mercados de Bélgica, Dinamarca, Holanda y Suiza. Además, Gran Bretaña era incomparablemen te el mayor exportador de capital, servicios f inanci eros y comerciales y de soluciones d e transporte (HOBSBA W M: 2010, 4 6 -375). P ero pa ra an aliz ar este aspecto hay que enfocarl o desde tres mo mentos diferentes . 94 El primero tuvo lugar cuando, una vez implantad a la economía de intercambio colonial , gran parte de los beneficios de l as firmas revertí a a la metrópoli. No es casual que los ciudadanos y las f amilias de Hambu rgo siempre se mostrasen muy org ullosos de la e xpansi ón y de los benef icios que el comercio africano había reportado a la ciudad. Por aquel enton ces, las grandes familias bancarias en Europa eran los Hope en Ámsterdam, los Bischo ffsheim en Bélgica, los André en Génov a, los Baring en Londres, los Hottinguer en Suiza y los Sina en Viena. En mayor o menor modo, interconec tados t ambién todos ellos con los ban cos y las econ omías ce ntroeuropea s. Después, en los estados alemanes, estaban lo s Bleichröder y los Mendelssoh n en Berlí n, los Oppenheim en Colonia, los Haber en Karlsruhe y los B amberger en M aguncia; aunque f ue la ciud ad de Frankfurt la q ue concentró el mayor número : l os Bethmann , los Erlange r, los Goldschmidt, los Rothschil d, los Schmid t, los Schu ster, los Seligman, los Speyer y l os Stern. En mayor o en menor modo, participar on todos ellos en los intercambios colo niales, pero d icho comercio g eneró nuev os millon arios, en su mayorí a alemanes hanseáticos, y surg ie ron las f amili as Beit, Eck st ein, Heine, W ar burg, W ernh er y otras, de las cuales la ma yoría f ueron al instante incorporados a la alta sociedad británica, receptiva como nunca a esta primera generación de dinero repartido en grandes cantidades (HOBSBA W M : 2011, 75 -87; KE EGAN: 2004, 19-20; LAGONI: 1988 , 261-365 ; LAND ES: 1990, 29-65; VA GTS: 1958, 289- 388 ). El segundo t uvo lugar cuando la burguesía alemana, y a admitida en la alta sociedad alemana, intentó, y en parte lo gró, convencer a sus g obiernos de q ue tomasen el sendero de la políti ca mundial. Las coloni as alemanas en Áfri ca se habí an obtenido realmente en un “m omento de distracci ón” por parte de Gran Bretaña : lo q ue habí a llegado a ser suyo mediante un accidente tuv o que hallar una interpretación q ue pudiese mutar el accide nte fortuito en una f utura polí tica consensuada. Apena s hace falta añadir q ue es ta políti ca estarí a dirigida por los vértices de la industrializ ación capitalista, a su vez impulsada por una vi goro sa burguesía. La incorporación a la alta sociedad británica, cada vez menos receptiva a la generación de riqueza por parte de la industria alemana, se empezó a conv ertir en rechazo (ARENDT: 2006, 313; HOBSBA W M : 1998, 38- 39; HOBS BA W M : 2011, 149; KOCKA: 1981 , 453- 468 ). A partir de ent on ces, tuvo lugar el tercer momento , cuando los lectores alemanes f ueron arras trados por las r evel aciones period í sticas de la invasión económica británica y v iceversa, como cuando en 1890 se publicó que las reserv as áureas de la banca central británica eran de 2 4 millones de libras m ientras que el Reichsban k poseí a 40 mill ones, tal y como lo describ ió Ernest E. W illi ams en su obra 95 Made in G ermany (1 896 ). Las advertencias acerca de la superioridad técnica extranjera en una si tuación de competencia económica interna cion al t erminaron exace rbando aún más el proteccionismo. Ec onómica mente, Alemani a pretendí a alejarse rápidamente de la ort odoxi a del libre comercio de la Gran Breta ña victoriana (empresa privada competitiva y abstención del gobierno en asuntos económicos), l o que los alemanes denominaban mancheste rismus ; Alemania quería dar paso a las grandes corporaciones industriales, cárteles, tr us ts, colectiv ismo, monop olios, en comunión con el g obierno. La compra por parte del gobier no bri tánico de una participación en la industria del pet róleo de Oriente Medio, de g ran impor tanci a militar, forzó la mayor disposi ción del gobierno alemán para f inalmente nacionaliz ar parte de su industria (H OBSB A W M: 2010, 44- 51 ; HOBSB A W M: 2011 , 74-75). Los historiado res económi cos q ue han estudiad o el imperialismo han demostrado también q ue la relación de estos tr es aspectos es aun más compleja y no una simple causa y ef ecto. La economía capitalista había cambiado en dos elementos importantes . En primer lugar un mercado in terno europeo cada vez m ás volcado al consumo y en segundo lugar una co mpetencia internaci onal a escala mundial que englobó también, por supuesto, a África. Las profundas trans formaciones del sistema crediticio europeo desd e 1852 y las crisis econó micas de 1847, 185 8 y 1864 desarrollaron las socied ades anónimas por accion es y los bancos (de neg ocio y de depósito), pe rmitien do la concentración de co nsiderabl es masas de capital. Estos enormes medios sus cit aron una nueva estra tegia de colocación del dine ro, de inv ersiones m ás rentables y de mercados para las producciones a través de l a expa nsión. Los préstamos y créditos a los gobiernos de los paí ses africano s, donde el dinero era escaso y caro frente a las necesidades de su lenta modernización, no sólo permitieron fructuosas operaciones, sino t ambién la adquisición de g arantí as, particular mente en los países islámicos del Norte de Áf rica, que atr aje ron importantes capitales: el Imperio Otomano, E gipto, Marrueco s y Túnez se endeudaron más al lá de su capacidad y los acreedores se esforzaron por imponer un control y asegurar el servici o prioritario de sus prést amos ( crédits m obi li ers ) y, de ese modo, se preparaba un terreno f avorable para las intervenciones (CRANKS HA W : 1988, 150; HOBSBA W M : 2010 , 264-375; HOBS B A W M: 2011 , 53- 72 ). La redistribución del poder económico en Europa comportó la f ormación de una clase de intermedi arios qu e participaba del au ge comercial, y que se hall a ba dotada de prestigio por sus inversiones coloniales. La burguesí a r ecurr ió a la política por necesidad económica y, como no deseaba renunciar al sistema capi tali sta (cuya ley 96 inherente es el cons tante crecimiento económico), tuvo q ue i mponer su criterio a l os gobiernos nacionales y proclamar que la expa nsión era el objetivo político de finitivo en la polí tica exterior. En de finitiva, el imperial ismo. Este fue el triunfo de una socied ad donde el crecimiento económico se basaba en la empresa privada y en la competenci a, donde las adquisicion es se real izaban en el mercado más barato (incluida la mano de obr a) y las ven tas en el más caro. Sin luga r a duda s este v asto proceso alentó la iniciativa pri vada y e l comercio ayudó a la expansión e conómica. La burguesí a de los negocios se iba consoli dando con la adaptación a las nuev as condicion es de f amilias que durante mucho tiempo habían desempeñado un papel importante o de g rupos burg ue ses extran jeros ( comercian tes hindúes en el Áf rica Oriental Alemana , por ejemplo). Por otra parte , se f or maba un proletariad o en f unció n de la creación prime ro de las infraestruc turas y luego de las primeras industrias , siendo en el sector de los transportes donde apa recieron las primeras organizaciones profesionales. A pesar d e la prohibición legal, los obreros africanos se a filiaban a los sindicatos europeos, con el acuerdo tácito de las autoridades coloniales pese a la fuerte oposición de los intereses metropolita nos, principal mente textil es y de procesamien to de alimen tos (AREND T: 2006, 215; HOBSB A W M: 2010, 3 - 45 ; HOBSBA W M : 2011, 98 ). Todos los esfuerzos para establecer estado s y economí as lo suf iciente mente fuertes como para sopor tar la pr esión europea mediante capitales euro peos, objetiv o contradictorio, no hizo más que aumen tar la dep endencia de Á frica hacia Europa . La alteración de l as relaci ones e conó micas en Á frica fue variand o a medida q ue los europeos lograban avanz ar hacia el interior. E l puerto, el f errocar ril y la estaci ón telegráfica f ueron los instrumentos para irr adiar la economí a de m ercado. La venta de los productos impor tado s, en un principio a bajo precio e incluso a v eces por debajo de su valor con la f inalidad de f avorecer su adopción, creó nuevas necesidades q ue podí an satisf acer sólo las grandes compañí as (en el caso alemán, Woermann ). Esta economí a iba generalmente acompañada del t rabajo f orzoso, una m ano de obra que a veces era reclutada en territorios muy alejados entre si, para la construcci ón de infraestruc turas o para la industria m inera . Las minas f ueron las pi oneras más importantes de la penetraci ón imperial ista en África, y lo f ue aún m ás cuando sus ganancias fueron lo suficien temen te importantes como para justi ficar también la construcción de puertos, ferrocarriles y estaciones telegr áficas para su mayor expl otación (concluido el siglo XIX, la construcci ón de grandes infraestructuras en las colonial es sustituyó a los grandes traba jos en Europa) . En más de una economía colonial , la presenci a de industrias artesanales combinada con la activi dad agrícol a, 97 ganadera y minera desarrolló m odes tamente a las colonias y la transformaci ón del mercado también tuvo lugar gracias a l os productos colonial es que los alemanes importaban cada vez más (HOBSBA W M : 2011, 2 5-75). La minería f ue el primer pilar de las econom í as imperiales. Plantacion es, haciendas y f incas fueron el seg undo. Comerci antes y f inanciero s metropolitano s fueron el tercero. El cuarto pilar de las economí as imperialistas, el sector público , podí a ser cr ucial, estraté gico, pero su peso real en la economía seg uí a siendo modesto. El comerci o con África, pese a q ue aument ase lig eramente entre 1870 y 1914, f ue bastan te marginal. Convertida al proteccionismo , Alemani a ag ravó su legislación aduanera a partir de 1897 hasta la imposi ción de nuevas t ari fas en 1902. El Reichstag estableci ó la reducción de tarifas para los productos de s us colonias ya q ue los intercambios eran escasos y sólo representaban una ínfima parte de su comercio. Aunque las i mportacion es y las e xpo rtaciones de Al emania con sus coloni as pasaran de casi 87 millones de marcos en 1911 a 464 millones de marcos en 1912, sólo representaban en es ta época el 1% de los interc ambios del Segundo Reich. Distribuci ón geo gráfica de la s inv ersiones en el exterior en ví speras de la Gran Guer ra Alemania Gran Bre taña Francia Estados Unidos Coloni as 1% 47,3% 8,9% 1,7% América 31,9% 40,1% 16,3% 71,6% Europa 53,2% 5,8% 61,1% 19,7% Asia y resto del mund o 13,9% 6,8% 13,7% 7% (MIÈGE: 1975, 8). Primero t uvo lugar la creación de una infraestruc tura q ue permitiese la expl otación econó mica del t erritorio: puer tos y ferrocarriles. A las inv ersiones en los ferrocarril es se destinaro n las cantidades más elev adas de los capitales colocados en las colonias. La construcción y equipamiento de los g randes puertos, a menudo alejados de los antiguos centros de intercambio, f ueron t ambién patrocinados por las principal es compañí as coloniales, proporcionando grandes beneficios a las sociedades concesionaria s. La puesta en marcha de los grandes cables telegrá ficos no hubi ese tenido lugar sin el apoyo f inanciero de la Bankha us A. Levy & Co. , Dresd ner Bank AG y Bankhaus S. Blei chröder . Compañí as como la Deutsche See-Te legraphen- Gesellschaf t no hubiesen podido actuar sin el apoyo de grandes capitales. Las 98 inv ersiones necesarias para la creación de estas infr ae structuras fueron alimentadas por los presupuest os colonial es, los empréstit os públicos y los capitales privados, gestionados por al gunos grandes bancos y compañí as q ue g ozaban de estrechos laz os pol í ticos. En defini tiv a, no hab í a Kolonialpoli tik s in G r o s s i n d u s t r i e y s i n G r o s s b a n k e n . Entidade s f inancieras como la Deutsch Bank (en estrecha colaboración con la Deutsch Überseei sch Bank y la Deu tsche Orientban k ) y la Diskonto Gesel lschaft fueron, en los pri meros años del siglo X X, los instrumentos más i mportan tes de la expa nsión alemana (HO BSBA W M: 2011 , 49-75; K OCKA: 1981 , 453- 468 ). En el caso alemán no hay duda de q ue en el periodo q ue nos intere sa los bancos, e instituciones similares, jugaron un papel muy importante . Tomemos co mo ejemplo a la Deu tsche Orientbank : fundada en 1905 tuv o como objetivo prom over el comercio alemán en la región m edite rránea tras el f racaso de un proyecto similar de cooperación germano-gri ega. La nueva institución f ue muy activa en los Balcanes y en M arruecos, pero sobretodo en Egipto (el j ediv e trató de usar el banco par a mejo rar su posición económica y política cont ra la domi nante influencia británica, aunque l a mayorí a de las empr esas alemanas estaban contentas con sus conex iones bancarias británicas) y en el Im perio Ot omano (la revolución de los Jóvenes Turcos debili tó la in f luencia del Deutsche Bank ante la Sublime Puerta pero permitió al Deutsche Orientbank realiz ar transacci ones y préstamos más rentables a la Bank- ı Osmanî - i Şahane para desv incul arse cada vez más de los capitales británi cos y franceses). Tras la Unificación Al emana , el Segundo Rei ch cada v ez estuvo más presente en los crédits mobiliers (BAR T H: 1997, 65- 88 ; H OBSBA W M: 20 10, 263-264) . A partir de 1873 los grandes paí ses industrializ ados entraron en un periodo de dificultades econó m icas que i ndujo al protecc ionismo y la conquista directa de mercados, con un modo de expl otación de los ter ritorios coloni ales que susci tó ampli os debates. Pon gamos po r ejemplo un producto , el az úcar: a partir de 1880, la superproducci ón de a zúcar suscitó una áspera compet enci a entre prov eedore s alemanes, austro-húngaros, belgas y fr ances es en los mercados libres, desd e M arruecos hasta Oriente Medio; los lazos entre cultivadores, f abricantes , expo rtadores, armadore s y f inanciero s ponían en juego i mportantes g rupo s de presió n con apoyos políticos eficaces. En Alemania , las tari fas moderadas f ueron m odi ficadas entre 1885 y 1891, momento en el que Berlí n se sumaba fuertemente a la polí tica colonial (AREN DT: 2006, 313 ; FER G USON: 2007, 174 ). 99 La situación económica m undial era tal que varias de las economías desarr ollad as simultáneamen te sentían la misma necesidad de hall ar nuev os me rcados. Si no eran lo su ficientemente fuertes , su ideal era la “ Puerta Abi erta”, pa ra repartirse u n determinado territorio más o menos en las mismas condiciones. Pero si eran lo suficientemen te fuertes, t ení an la esperanza de anexionarse por sí mismos terr i torios que darí an a las empresas nacionales una posición de monopolio o, por lo menos, una sustancial ventaja. Para Alemania el r eparto de las zonas no ocupadas del Áf rica Subsahariana f ue la lógica consecuenci a y u na tendencia haci a el monopolio o el oligopoli o era innegable en la indu stria pesada , in dustrias est rechamen te dependi entes de las órdenes del gobierno como el sector de l arm amento , el t ranspo r te, alguno s bienes de consumo masi vo y en las nuevas in dustrias revolucion arias del petróleo y de la el ectricidad. Frecuent emente no f ue el merca do existente sino sus posibilidades lo que impulsó las anexi ones: se trataba de hacer s e con él antes de q ue se adelantara otra naci ón. En la propag anda y en la acción co lonial intervini eron much o los r ecelos hacia empr esas extran jeras, ya f ueran reales o in fu ndados. Buena parte de la política de Gran Bretaña en el Mar Rojo y en el O céano Índico procede de esta actitud; a parti r de 1882, en Francia se denunciaban constantemente las ambiciones británicas y, para inducir a la acción, la s intenciones al emana s en M arruecos. La extensión del proteccionismo ganó terreno en casi todas parte s. A este punto el impe rialismo f ue el natural producto de una economí a internacion al basada en la riv alidad de varias economí as industriales competidoras. Determina dos grupos económ icos, en particular los relaci onados con el comercio ex terior y las i ndustrias que utilizaban mate rias primas en el extranje ro, presionaban fuertemente hacia la expansión , justificad a ante las perspectiv as de ventajas nacionales y económicas. Mientras q ue estos grupos proclamaban el imperialismo, la mayorí a de las nuevas colonias atr aí an poco capital y sus resultados económi cos habí an sido decepcionantes. El Imperialism o se convi rtió en un subproducto de la rivali dad pol í tico-económica entr e economí as nacionales, intensi ficada por las medidas proteccioni stas que obtuv ieron un moderado éxi to ya que el comercio metropoli tano con las colonias aumentó su porcentaje en su totalidad (HOBSBA W M: 2011, 49 -90). Porcentaje del comerci o col onial al emán Años Importaci ones Expo rtaciones 1891 0,13% 0,17% 1901 0,10% 0,46% 1905 0,24% 0,74% 100 1909 0,33% 0,61% 1910 0,54% 0,73% (MIÈGE: 1975, 77). El desarrollo de nuev a s instituciones económi cas llev ó a buscar nu evas oportunidades en el extranjero para la especulaci ón f in anciera. La afluen cia de f ondos europeos a África y Oriente M edio f ue atraí da p or las f abulosas tasas d e interés que se esperaba obtener a trav és de préstamos a comerciante s, agriculto res y ganaderos . La acumulación continua del capital europeo, en el últi mo t ercio del siglo XIX, aument ó la presión f inanci era sobre el r esto del mundo: inversione s directas, inv ersiones de cartera, cap itales privados o públicos se exportaban a di v ersas z onas, se g ún l os ritmos p ropios de cada paí s inversor. Además, las r entas de l os capitales exportados proporcionaban una parte relativ amente importante de la renta nacion al: aproxi madamente un 3% en el caso de Alemania. El primer modelo económico implantado en los territorios colonial es alemanes en África fue el de empresa s particulares con licenc ias de ex plotación estatal, pero m uy pocas obtuvieron bene ficios. El seg undo modelo económico estuvo muy mediatizado y obli gado a la búsqueda de rentabilida d, por lo que la metrópoli llegó a ser tan explotada como la colonia misma y los costes resultaron ser particular mente elev ados debido a las tendencias prot ecci onist as. El tercer modelo económico tuvo lugar cuando las nuevas industrias eléctrica y del motor aumentaron su demanda: las reserv as más importantes de cobre se encontr ab an en el Áf rica Subsa hariana y los grandes yacimientos petrolí feros se hallaban en Oriente M edio, todos ellos obje to de prebendas y de intensa confrontaci ón diplomática. La nacionalizaci ón de part e de la ind ustria alemana tuvo lugar como respuesta a l a compra, p or parte del gobierno británico, de una participación en la industria del petróleo en Orie nte Med io. Dicha polí t ica parecía dar sus f rutos po rque, a principi os del siglo XX, las importaciones desde los territorios colonial es pasaron a ser proporcional mente más importantes mient ras que las expo rtaciones de las metrópolis hacia las colonias aumentaron su porcenta je. Las potencias ya estaban conv encida s de q ue sólo a través de un establ ecimi ento colonial directo era posible eliminar los intermediario s africano s. Para Alemani a, con una industria en cr isis, el interior del Áf rica Central ofr ecí a, con su densa población, un mercado especialmen te grande para sus productos industriales y garant ías para una fuerte demanda . En ví speras de la Gran Guerra, sobre un total de 220.00 0 millones de francos, las inversiones exteriores de Alemania se elevaban a 30. 000 m ill ones de francos y la t endencia se af irmó después de la Gran G ue rra, pero para entonces 101 Alemania ya había perdido sus colonias (HOBSBA W M: 2010, 44; HOBSB AW M: 2 011 , 74 -87; O WE N , e d . 1 9 7 7 , 2 4 6 - 2 4 7 ; ST OECKER , ed . 1977, 23). 3.4 . ADM I NISTRACIÓN E IDEOLO GÍA COLON IAL: IMPER IALISMO, ANTI IMP ERIALISM O Y PANGER M ANISM O. Los años que nos intere san constituyen la edad de oro de la Diplomacia de las Cañoneras ( Kanon enbo otdiplomatie ) . El imperi alismo era tan sólo un a specto de un cambio más generaliz ado en la situación del mundo. El tér mino “imperial ismo” se incorporó a la política británica en los años 1870 y se incorporó al vocabulario político y periodísti co durante los años 1890 durante el curso de los debates q ue se desarrollaron sobre la conquista colonial (aunque el término no aparece en los escritos de Karl Marx). Ademá s, f ue entonces cuand o adquirió, en cuanto concepto, la dimensión económica por la que actualmen t e se le conoce. Por esa razón, carecen de val or las ref erencias políti cas y diplomáticas a las antiguas normas de ex pansión políti ca y militar en q ue se basa el t érmino. Desde q ue en 1895 Cecil R hodes observó que si se querí a evitar una g uerra civil se debí a convertir al imperial ismo, la mayoría de los observad ores han estado al t anto del llamado “imperialismo social ”, es decir, del intento de utilizar la expansión imperial para dis minuir el descontento interno por la ausencia de mejoras económicas o de reformas sociales. No hay dud a de q ue los políti cos eran per fectamente con scientes de los pot encial es bene ficios del imperiali smo. En algunos casos, especial ment e en Alemania, el surgimiento del imperiali smo ha sido expl icado princi palmente en t érminos de p rima cí a de la políti ca interna. Probablemen te f ue menos relevante la versión de Cecil Rhodes del imperiali smo social : lo q ue pensaba de los beneficios económicos que podría traer , directa o indirectamen te, el Imperio Británico a las masas descontentas. No hay una clara relaci ón entre la conquista colonial y los ingresos de la ma y oría de los trabajadores en las me trópol is (HOBSBA W M : 2005, 70; H OBSBA W M : 2011, 19-82) . En un principio, se pudo recur rir a los f unciona rios; desde mediados del siglo XIX, sólo el g obi erno británico habí a creado dos “departamentos imperial es”. En Alemania, la Soci edad Alemana de Coloniz ación de Namibia f ue funda da en febrer o de 1885 (Adolf Lüderitz 4 ), al igual que la Soci edad del Áf rica O riental Alemana ( Carl 4 Lüderitz, Fra nz Adolf Eduard (1834-1886), comerciante y colonialista alemán. Tras trabajar en varias empresas comerciales en Bremen, Estados Unidos y Méx ico, en 1859 ingresó e n el negocio familiar del tabaco y se hi zo cargo de la g estión d e la empresa. En 1882 adquirió la mayor parte de una oficina comercial en Lagos. En 1 883 firmó un contrato d e cesión de l a b ahía de Angra Pequeña y la desembocadura del río O ran ge. Después de haber intentado en varias ocasiones, en vano, que el 108 potencias, organizando a amplios estr atos de la población f uera del sistema de partidos, y aunque siempre fracasó en el resultado de logros t angibl es en lo que se refiere a la expansión , las rival idades g eneradas entr e las potencias llevaron a la Gr an Guerra (ALB ERTINI: 201 0, vol.1, 52-53 ; AREN DT: 2006 , 332- 351) . 3.5. LAS SOCIED ADES COLONIALES, GEOGRÁFICAS Y M ISION ERAS Y LA OPINIÓN PÚB LICA. En los siglos XV I y X VII la inexi stencia de un estado unitario alemán habí a impedido ampliar las posesiones colonial es al m ismo niv el q ue Francia, G ran Bretaña u Hol anda. A finales del siglo XVIII au mentó la legislaci ón y la práctica del comerci o mercantili sta por la navegación marítima, incluso el mismo Hegel se alegró de que se pudiese comer ciar de nuev o con los productos colon iales ( Koloni alwaren ). Pero hasta el siglo XIX los prí ncipes alemanes, g randes terratenientes, siguieron fr e nando el crecimiento y la inf luen cia de la burguesía m ercante y marítima por l o que, sin un fuerte poder estatal y sin poder m arí timo, Alemania no pudo part icipar en el reparto de África. Con las leyes de navegación de 1822 t uvo lugar una parcial apertura de las colonias británicas hacia los buques de paí ses extranjeros, que culminó con la derogación de todas la s restantes restricci ones sobre el transpor te marítimo y el comercio con las colonias entr e 1849 y 1854. Las grandes empresas c omerciales de Hamburgo y Bremen (o sus sucurs ales y filiales en Zanzí bar, Lagos y otros lugares ) fueron aprovech ándose de las oportunidades q ue el comercio británico con África no llegaba a abarcar y, des de G ran Bretaña habí a interés por m antene r el libre comercio con las ciudades hanseáticas ya que estas no suponían una amenaza debido a la superioridad económica británica. Los altos pre cios de venta en Europa y los bajos precios para la compra de bienes f uera de Europa hicieron crecer gradual mente a las burguesí as de Hamburgo y de Bremen, pero siempre representando una pequeña proporción den tro de la economía alemana. Con respecto a África, Bismarc k pensaba en términos principalme nte geográ ficos, ya q ue económi camente no daba benef icios tales como para embarcarse en dicha aventura. Además , intuía que la expansión podrí a destruir el cuerpo del estado del Seg undo Reich. No obst ante, Bi smarck fue seguidor no del art e romano de construcción de imperios, sino del modelo g riego de coloniz ación: en lugar de conquistar e imponer l a ley a lemana a pueblos extranjeros , los colonos alemanes se instalaron en los territor ios recientemente ganados en África y siguieron siendo miembros de la misma nación alemana. Aquí es donde entran en juego las diferentes sociedades, ligas y asociaciones, que se esforzaron en convencer 109 a l a opinión pública y en i n fluir sobre las de ci siones del Gobierno a cerca de las bondades de las colonias africanas (M ER KER : 2006, 67; STOEC KER, ed . 1977, 9- 11) . A principi os del siglo XX, la conciencia de q ue l a mar asegu raba el c ontacto con t odos los estados económicos y militares que a él se asomaban , comenzó a convertirse en un patrimonio común de todos los pueblos ambiciosos : Alemania , Austria-Hun gría, Bél gica, España, Francia , Gran Bretaña , Italia y Portu gal. Asimism o , se iba extendiendo también la convicci ón de que los pueblos que no estaban de ninguna manera interes ados en t emas marítimos y coloniales, como los Balcanes , Bulgaria, Grecia, el Imperio Otomano , Rumani a y Rusia q uedarí an prácticamente excl uidos de toda participación en los bienes del mundo. En última instancia, todos lo s asuntos de polí tica internacional estuv ieron más o menos relacion ados con el comercio y la libertad de navegación. Las sociedades colon iales a lemanas r euní an a representantes del mundo de los negocios, a intelectuales, escritores y políticos; ramificadas en numerosas secciones y comités especializados, contaban con un mayor número de miembros que, por ejemplo, l as asociaciones f rancesas. La Sociedad Colon ial Al emana ( Deutsch Kolonialgesel lscha ft ) , creada en B erlí n en 1887 por la unión de varias sociedad es y a existentes, tuvo un rápido éxito, y contaba con varias decenas de miles de miembros (en 1902 contaba con 32.756 afiliados y su periódico era el Deutsche Kol onialz eitung ). La Li ga Naval Alemana ( Deutsch e r Flottenverein ), fundada en 1898, agrupaba en sus 5.000 secciones lo cales a unos 650.000 afiliados , entre ellos publicistas, funcio narios, militares e industriales , como Friedrich Krupp 11 . M iembros de los grupos p arlamenta rios, entre ellos muc hos funcionarios, estaban presentes en las asamble as de estas asociacione s. No hay que olvidar que los es tados habían creado, y dependí an de el lo, una admini stración civi l con un cuerpo permanen te de f uncionario s, q ue la serví an sin atención a sus interese s de clase y a los cambios guberna mentales. En Al emania, más que en o tros e stados, su honor profesional y su respeto por sí mismos derivab an del hecho de ser servidores de la nación, m ás si cabe aquellos que estaban en la administración colonial , q ue dominaban a puebl os ex tranjeros en lejana s col onias, ya que eran los más heroicos servido res del Segun do Reich. Es característico del imperialismo, y lo f ue t ambién en 11 Krupp, Friedrich Alfred (18 54- 1902) , industrial alemán. Heredero de las fábricas Krup p , fue d esde muy joven fue iniciado por su padre en tema s d e gestión empresarial. Tras un viaje con fines comercia les a Egipto, en 1 875 empezó a entrar en la dirección de l a empresa. En 1883 a brió un segundo la boratorio químico para nuevas aleaciones m etálicas y tras la muerte de l padre, en 1887, la compañía se expandi ó enormemente, gracias también a los nuevos blinda jes para los buques de guerra alemanes desde 1890. En 1900 se abrieron nuevos altos hornos y tall eres mecánicos para la p rodu cción de piezas mu y g randes para la construcción naval necesaria para la política de flota de Tirpitz, comp rom etiéndose con l a polí tica imperial y co n su intervención indi recta a través de los órg anos de prensa de la Deutsch er Flottenverein (NDB: 1982, vol.13, pág.135-138). 110 el Segundo Reich, que las instituciones nacionales permanecier an separadas de la administración colonial, y que disfr utaran de una cierta autonomía aunq ue baj o el control de aquellas; sin embargo, aunque en la metrópoli, los servicios colonial es nunca dejaron de protestar contra la intervención de la ine xpe rta mayorí a de la nación que trataba de presionar a la experta minoría de los adm inistradore s colonial es con las normas generales de j usticia y libertad. Para la administración y los f uncion arios las colonias no eran un v asto sistema de salida li bre de capi tal superf luo y de mano de obra superflua: se habían convertido en e l v erdadero espinaz o de la burocracia y del nacional ismo alemán, que descubrió en la dominación de pa íses distant es y en el gobierno de puebl os extranjeros la única manera de servir a intereses alemanes y nada más que alemanes (AREND T: 2006, 217 -318 ; S OKOL: 2007, vol .1, 9- 10 ). Las sociedades geográficas alemanas, muc ho más antiguas q ue las sociedades colon iales, tuv ieron como caracterí stica un rigor científico y una practicida d destacadas y reconocidas en todo el mundo, procediendo a analiz ar, recopilar y categorizar t oda la información útil. Las ant i guas sociedades de geografía recuperaron cierto vigor, ta mbién se cr earon otras nuevas y su papel f ue decisivo en la multiplicaci ón de exploraciones. Por ejemplo, entre 1904 y 1914, Alemania había patrocinado nada menos que di ez expedi ciones etnográficas sólo ha cia el centro d e África. Por nombrar algunas, la Sociedad de Geografía de Berlí n ( Deutsche Gesellschaf t f ür Geogr aphie ), fundada en 1828, organizó numeros os vi ajes de expl oración a Áf rica, y su r evi sta, W estermanns illustrierte deutsche Monatshfte , era la fuente alemana más f ia ble sobre el continente. El Justus Perthes Geographi scher Anstal de G otha, dirigido desde 1854 por el cart ógra fo Auguste Petermann 12 , y el Deutsche Gesellschaft z ur Erforschung Äquat orial-Afrikas se interes aban por los nuev os territorios y estimulaban las expl oraciones de Heinrich Barth 13 , Gus tav 12 Petermann, August Heinrich ( 1822 -1878), editorialista alemán. Tras i ngresar en la Escuela d e Arte Geográfica de Potsdam, e n 1845 se trasladó a Edimburgo como a yudante para una edición británica del Physical Atlas de Hei nrich Berghaus. En Lo ndres y publicó varias obras, entre e llas el relato de una expedición por África Central. En 1854 fue nombrado director del i ns tituto geográfico d el edi tor alemán Justus Perthe s, fundó la re vista de g eografía Petermanns Geogra phische Mitteilungen y también editó uno de los atlas geográficos más empl eados e n el siglo XIX. Su tra bajo hi zo m ucho po r dilucidar la geografía del interior de África (DKL: 1920, vol.III, pág.39; NDB: 2001, vol.20, pág.237). 13 Barth, Heinrich (1821-1865), e xplorador a lemán. Tras s us estudios u niversitarios en Be rlín, estudió árabe en Londres para poder viajar por el Mediterráneo. En 1845 desde Marruecos l legó hasta Egipto para re montar el Nil o has ta Sud án. Cruzó el Sinaí y atravesó Palestina, Siria, Turquía y Grecia mientras examinaba restos arqueológicos. En 1847 volvió a Berlín, ejerciendo como profesor asociado y publicando informes sobre s us viaje s en 1849. A i nstancias del em bajador pru siano en Londres, Barth se unió a una expedición británica para abrir rutas comerciales e n África Central. L a expedición partió desde Libia en 1850, pero la muerte de l os otros ex ploradores lo pus o al frente de la misión y así fue el primer europeo en visitar A damawa. Regres ó a Europa en 185 5 y prep aró una colección de vocabularios de lenguas africanas publicadas entre 1862 y 1866. En 1858 viajó p or Oriente Medio y en 1862 por el Imperio Otomano. En 18 63 aceptó el puesto de pr ofesor de geogr afía e n la Uni ver sidad de Be rlí n y fue elegido presidente de la Sociedad Geográfica (DKL: 1920, vol.I, p ág.136; NDB: 1953, vol.1, pág.6 02 -603 ). 111 Nachtingal 14 , Georg Schw einfurth 15 y otros. En 1881 las distintas socied ades geográ ficas de Europa contaban con más de 30.000 mie mbros y este interés por la geogra fía f amiliariz ó a la opinión públ ica con las cuestiones coloniales, contribuyó a dar a las expedi ciones de ultramar una justificación moral y a reforz ar el ideal europeo del universal ismo gracias a la multiplicación de gr andes tiradas a precios reducidos. L o más importante f ue su repercusión popular ya que contr ibuy ó a la propag ación de la ideologí a del imperi alismo. Los relatos de los expl oradores f ueron leí dos áv ida mente, enfrentándose a los pel igros de lo d esconocid o con la ayuda de una tecnolo gía llevad a, en numerosas ocasi ones, sobre las espaldas de numerosos portead ores. Los expl oradores eran nat ur ali stas, a la caza de ejemplares por toda la geogra fía afr icana, aven tureros, espe cialme nte aquellos que se a ventura ron en los terr ito rio s del Islam, o misioneros, especial mente los que penetraron en el interior de Áfr ica . En definitiva, la influencia de estas sociedades se prolongó debido a la af ición del gran público por la literatura de viajes. Patrocinados por f inan ciaci ón privada al inici o (por ejemplo los Rothschild apoyaron f inancieramen te a la Asociación Africana Internacion al ) y por el gobierno después , estas instituciones coordinaron todo tipo de inv estigaciones y expl oraciones (HOBSBAW M : 2010 , 74; H OBSB A W M: 2011, 288- 289; HOCH SCH ILD: 2001, 58 -106; ME RKE R: 2006, 144; RAEDE R: 2001 , 526; SCH M IDT: 1981 ). La sociedades m isioneras alemanas, dividida s entre m isiones protesta ntes y misiones católicas, rival izaron entre si a través de sus di ferentes medio s de a cción y con sus particulares organiz acion es. Las primeras e ran más independi entes y má s variada s por su pertenencia a numerosas iglesi as reformadas (luteranas, baptistas , presbiterianas , metodistas, etc.), in fluyendo también en las misiones suiz as y escandinav as. Las seg undas, más jerarquiz adas, f omentaron una f uerte rival idad con 14 Nachtigal , Gustav Hermann (1834 -1885) , e x plorador a lemán. Tras e studiar medicina y ejerc e r como cirujano militar, por motivos de salud decidió ir a Argel y Túnez participando como cirujano de a bordo en numerosas expediciones. Fue c omisionado po r el rey d e Prusia para l levarle r egalos a l s ultán del Imperio Kane m-Bornu en a gradecimiento p or su benevolencia con l os comerciantes alemanes. Est a empresa c omenzó en Libia en 1 869 y concluyó en Bornu en 1871. Desde allí viajó hasta Sudá n en 1874. En 1884 Bismarck le designó c omo enviado e special en el África Occidental y Cen tral para negoci ar las anexiones territoriales de Togo y Came rún. M ientras re gresaba de es ta misión murió n avegando frente a Cabo Palmas, s iendo enterrado en Grand -Bassam, Costa de M arfil (DKL: 1920, vol.II, pág.612; NDB: 1997, vol.18, pág.682- 684 ). 15 Schweinfurth, Georg August (18 36 -1925), explorador alemán. T ras su s es tudios universitarios se interesa en botánica y pa leontología. Se l e enca rga clasificar l as co lecciones reunidas en Sudán y s e interesa po r esta región africana. En 1863 empren de una exploración ci entífica a lo la rgo de las c ostas del M ar Rojo y Sudá n, regresando a Europa en 1866. Sus es tudios s uscitan el inte rés de la c omunidad científica y es enviado en 1868 en o tra exploración en África Orient al y, en compañía de mercaderes de marfil, descubre el río Uelle en 18 70 y esculturas en 1871, sie ndo uno d e los primeros en llevar a Eu rop a arte afr icana. Schweinfurth p ublicó las informaciones de s us viajes en 1874 y acompañó a Rohlfs en su expedición del desierto libio. En 18 75 se instala en El Cairo, c reando una fundación par a lo s estudios de geografía, bajo los auspi cios de Jedi ve Is mail, y se consagra ex clusivamente al est udio histórico y etnológico de Áf rica. Penetra en el desierto de Ara bia, y conti nú a sus exploraciones hasta 1888 po r Egipto y Sudán. En 1889 regresó a Berlín aunque siguió visitando Eri trea entre 1891 y 1 894 (DKL: 19 20, vol.I II , pág.327; NDB: 2010, vol.24, pág.50 - 51 ). 112 las primeras por lo que misioneros protestan tes y misioneros católi cos, confrontándos e en casi todas part es, se convirtieron en un elemento más de las rival idades nacionales hasta q ue , tras la G ran G uerra, el Vaticano cambió de actitud en 1919 c on la encíclica Maximum ill ud . Las misi ones se es tablecieron en f unción de la población , de la trata d e esclav os y de la apertura de nuev as rutas hacia el interior. Los g obiernos , pese a que algunas veces intentaban frenar sus iniciativ as, sacaban muy a menudo partido de sus activi dades: los conocimientos que habían adquirido sobre el país y sus gentes le s convi rtieron en introductores, en intérpretes de los expl oradores, de los soldados y de los diplomáticos, ademá s del apoy o más o menos tácito por parte de los conversos . También se m ultipli caron los boletines de las sociedades misioneras, como el de la Berliner Missi onsgesel lschaft , con un éxito parecido a las g randes tiradas de las sociedades geográfi cas. En los primer os tiempos de la colonización, y h asta la Gr an Guerra, las autoridades coloniales dejaron casi totalmente en manos de las mision es la creación de escuel as; esta obra f ue ese ncial para la f ormación de un a nueva élite. En líneas generales, los misioneros establecían un pacto con las aut oridades. En algunas regiones, como el África subsaha riana, las misiones cristianas crearon la s nuev as élites sociales basadas en la educación a la manera occidental, y a q ue esto era imposible en los paí ses islámicos. Imperiali smo y activi dad misionera aparecen estrechamen te entrelazad os, con su apogeo en 1890 con la Conferencia Internaciona l Antiesclav ista de Bruselas. Los esfuerz os de las sociedades misioneras protestantes desarrollados a partir del siglo XX se concent raron particularmente en África, donde el movimi ento alcanzó mayor amplitud e importancia: desde unos 3.000 misionero s protestantes a mediados de la década de 1880 a tal vez 18.000 en 1900. Fue en el sur de Áfr ica donde las conversiones masivas realmente tuvieron lug ar, pero también tuvo lugar un “movimiento etí ope” que se separó de las misiones en 1892 con el f in de establecer una forma de cr istiani smo menos iden tificado con los europeos. Esta etapa misionera cristiana coincidi ó con el esfuerzo de recuperar al proletariad o perdido en las metrópolis y la d ifusión de las religiones riv ales en el mundo. El cristianismo, en todas sus denominacion es, no se conv irtió en un serio competidor para la verdadera religión en ex pansión , el Islam. Este con tinuó ex tendiéndose irresistiblemente , sin el bene ficio de la org anización m isionera, el dinero o el apoyo de las g randes potencias, a través de las t ierra s del interior de África y partes de Asia ( HEYD EN: 1996, 411-427; KEEGAN : 2004, 21 -22; MER KER: 2006, 144- 178 ; HOBSBA W M: 2010, 338- 339 ; HOBSBA W M : 2011, 84- 90; JAFFE: 1968, 19 ). Con independe ncia de l prestigio o del benef icio q ue Alemania obtuv o con las colonias, su opinión pública vio en las colonias afr icanas el retorno a la naturalez a, la 113 fascinación por la dureza y de la f uerza primigenia de un ambiente donde los colonos pudiesen mantener sus t radicion es nacionales y f orjar propósitos comun es, domar dicha naturaleza con la ayuda de la t ecnologí a, y poder llegar incluso a la creación de un alma colectiva cone ctada con la metrópoli aunque estuv iese allende los mares . M arineros, soldados, admini stradores o peri odistas coloniales dedicaron sus plumas y esfuerzos para narrar q ue era el alba de una nueva era. La importancia de los medios de comunicación crecía constantemente y aumentaba cada vez más el número de personas q ue leí a un amplio abanico de pe riódicos q ue p roporci onaban m ucha s más noticias g racias a la difusión de la alfabetiz ación, al menor precio de las publicaci ones y al crecimiento del interés por la pol í tica ex terior y la diplomacia . Por ejemplo, con novel as como Von Bagdad nach Stambul , Karl May 16 alcanzó la popularidad en 1892 , su trayecto ria ha sido paralel a al colonialismo alemán y tuvo una g ran influe ncia sobre sus lectores. Salv ando l as diferencias, r epresen tó para los alemanes lo que Rudyard Kipli ng (y su contrario, Joseph Conrad) fue para los británicos, Jules Verne o Pi erre Loti para los f ranceses, Emilio Salgari para los italianos, Mark Tw ain para los americanos o Nikolái G ó gol par a los r usos. Los protagonista s de sus obras, casi todos ellos alemanes, llenaron una laguna en el subconsciente colectiv o alemán al mostrar una serie de héroes populares que, trata ndo de escapa r de una sociedad industriali zad a, reali zaban hazañas m ás allá de las fr ontera s europeas, escapando a tierras exóticas y convirtiéndose en matadores de drag one s entre pueb los extraños e interesantes (AREN DT: 2006, 271-462; HOBSB AW M: 2011, 94; MER KER: 2006, 64, 184 ; STERN: 19 89, 331 ). Sus novelas ambientadas en África han influido mucho en el imaginario colectiv o alemán, aunque es curioso señalar q ue sus personajes deambula ban por los territorios de las colo nias británicas y francesas y nunca en l as alemanas . Ambiv alente, sus personajes creen en el pacif ismo y sienten la fascinación por la div ersidad, pero sobreviven con la a yuda de las tr ibus locales al tiempo q ue están conven cidos de la sup erioridad esp iritual de los al emanes , y terminan siendo los defensor es de lo s derechos tribales . Los protagonistas se convierte n en ideales prototipos de coloniz ador es , proporcion ando así un modelo para el naciente imperi o colonial alemán. Con el paso del tiempo, en sus obras se fue reduciendo la visión 16 May, Karl (1842 -1912), escritor alemán. Nació en e l s eno de una familia de tejedores, quedó ciego al poco de nacer y no recuperó la visión tras una operación hasta los cinco años. En 1861 consiguió el título de ma estro, p ero ejerció l a profesión durante poco tiempo. Acusado de robo, fue encarcelado y se le retiró la licencia para enseñar. Fue allí donde descubrió la escritura. En 1875 comenzó a colaborar con algunos diarios y en 1879 era colaborador fijo en una revista fam iliar, donde escribió una serie d e artículo s sobre Oriente. Entre 1 882 y 1887 a parecieron c inco novelas por e ntregas y consiguieron un e norme éxito entre el público alemán y se convirtió en un autor muy popular ( NDB: 1990, vol.16, pág.519- 522 ). 114 concili adora dando paso a imágenes mucho más agresiv as en las q ue empez aron a sobresalir el prejuicio racial, la explotación y la opresión, culminando casi en una obsesión por el culto de la colonización. Que personajes de novelas de av enturas infantiles f uesen model o de conduc ta para ec onomistas , mili tares y polí ticos de un Estado roza lo inverosímil, sin embargo, es cierto que las novelas de May f ueron responsables de la d ifusión de estereotipos r aciales y conocimientos et no- antropoló gicos sobre pueblos no europeos en tre los lectores alemanes y europeos del siglo XIX y del siglo X X , s iendo incluida s entr e los libros aconsejables para los jóvenes en el Tercer Rei ch (B E R MAN : 1996, 50). T ras la Segunda Guerra Mundial la temática col onial desapareció de re pente de la literatura, de la historiografía y de las publicaci ones alemanas. Sin e mbargo, exi stieron dif erencias entre las dos Alemanias de la segunda posguerra . Las obras de Karl May nos a yud an de nuevo en este caso, siendo r epubli cadas en la RFA y siendo primero censuradas y luego prohi bidas en la RDA . En la Alemania Oriental, las nov el as de May estab an consideradas antihumanas , imperial istas y, encima, mal escritas (BÜ TTNER: 133 -146; BRE Y: 2009 ). 115 4 . “ LOS ALE MA NES DEB ERÍAN QUEDARS E EN CAS A ” EL A SENTA MIENTO DEL SE GUND O REICH (1871 – 1878) La primera ví a de expansión europea en África fue el Mar Mediterráneo y su importancia no cesó de crecer a partir de la primera mitad del siglo XIX. El av ance europeo reflejaba la debilidad de l Imperio Otomano, que t odav í a contr olaba una sustancial área en los Balcanes, así como alg unas islas en el Mar Med iterráneo y parte del Norte de África. De especial relev ancia era Egipto, la encrucijad a come rcial más importan te entre Europa, África y Asia . A las orillas del río Nilo los cónsules europeos se enfrentaba n entre sí para sostener ante el gobierno local las solicitudes de indemnizacion es a favor de su s mercadere s . La apertura del Canal de Suez aumentó pero también redimensionó la importancia del M ar M editerráneo, y a q ue el África Subsaharia na pa recí a más accesible por las costas orientales que no por las costas occide ntales. Gran Bretaña llev aba a cabo en esta zona un tenaz esfuerzo que chocó con la política f rancesa, y también el monarca belga Leopoldo II que esperaba llevar a cabo allí sus diversos proy ectos (LAND ES: 1990 , 82-97). En 1871 existían dos g randes conjunt os de territorios coloni ales en Áf rica: uno , el más antiguo, compue sto por los vestigios de la primera expansi ón europea; el otro, más reciente, habí a surgido de la nueva f ase de la revol ución indust rial y de los transportes . A la primer a categoría pert enecí an l as posesiones de España, Holanda y Portugal, q ue ya no podían ampliarse más, e incluso resultab an difí ciles de conservar ya que los territorios realmente ocupados eran extension es m ucho menores de los declarados o r eclamado s. Los esfuerzos de Es paña en esta oleada expa nsionista fueron escasos y Holanda directamente cedió sus posesiones africanas. En el caso de Portugal, atra sada eco nómicamen te y f uertemente vincu lada con Gran Bretañ a, conservó sus posesiones africanas porque la s potencias europeas riv ales no se decidieron acerca de su repar to (HOBSBA W M: 2 011, 21-23). A la segunda categorí a, p or el c ontrario, perten ecí an Francia y Gr an Bretaña , que habían proseg uido con la adquisición de nuevas colonias a lo largo del sig lo XIX . La crisis del Impe rio Oto mano, y de sus posesio nes más o menos independi entes de Egipto y T únez, pus o en juego numerosos intereses: estraté gicos (por el dominio de la ruta mediterránea ), finan cieros ( debido a las amplias inversio nes de g rupos alemanes, británicos y franceses) y t ambién comercial es , ya que E gipto y Túnez podían convertirse en los pu ntos de partida haci a el Áfric a Subsahariana: hacia el este, 116 siguiendo el r ío Nilo, y hacia el oeste, en dirección de l g ran meandro del r í o Níger . La aparición de nuevos competidores como Bél gica e Italia enfrentó aún más las posicion es de los paí ses implicad os (MIÈGE : 1975, 30- 34) . En el caso de Alemania, dicha confrontación colonial favoreció el deseo de Bismarck de mantener el statu quo continental tras la derrota francesa en la Guerra Franco-Prusi ana: consc iente de que para Francia el Segundo Reich era el intransigente con quistador de Alsacia-Lore na , Bisma rck intentó minimiz ar las consecuencias que pudiesen perjudicar a Alemania, y para mantener la estabili dad europea apoyó la política francesa de expl oraciones hacia el sur de sus posesiones y los correspondientes p r oyectos de f erro ca rril. B ismarc k m ani festaba que el Segundo Reich no t ení a más ambiciones terr i toriales, no lanzó en el continente africano ningún desa fío q ue pudiese motivar la preocupación británi ca y f rancesa por el cambio de equilibrio, y mantuvo a Al emania fuera de t oda conq uis ta colonial. Además, Bis m arc k hiz o repetidamente declaraciones en el sentido de que no aspiraba a dotar a Alemania de posesiones colon iales (K ISSINGER: 1998 , 140-179; STÜRM ER: 1993, 252-253) . El mundo de l os coetáneos alemanes de Bismarck, j unkers , militar es y burócratas prusianos, e ra eurocéntri co: el coloni alismo y la exploración de África era absolutamen te marginal. L a corr espondencia per sonal entre Bismarck y su banquero Gerson von Bleichröder 1 , ex agente de los Rothschil d, sin duda habrí a revelado su interés por África si así fuese pero, por el contrari o, el Reparto de África ( Wettlauf um Afrika ) f ue discutido sólo de modo indi recto en su correspondenci a . Al no ser una fuente abundante, inmediata y de f ácil es recursos económicos, el mayor inter és de Bismarck por Á frica era, primero , como un nuev o medio para sembrar la discordia entre Francia y Gran Bretaña y, segundo, pa ra alejar a los votantes alemanes de la oposición liberal y socialista, aun que la campaña contra ellos resultó ser un fiasco peor que el de la Kultu rkampf (FERGUS ON: 2007, 197; HOBS BA W M : 2010, 334; MAN TELLI: 2006, 123-1 25; STERN : 1989, 254-398). La creación del Segundo Reich y el Tratado de Frankfurt dieron lugar a una nuev a problemática: ¿habí a q ue interferir con el poder co lonial británico para evitar 1 Bl eichröder , Gerson von (1822-1893), banquero alemán. De origen judío, su padre había fundad o la Bankhaus S. Bleichröder , que mantuvo una es trecha rela ción con la familia Rothschild; de h echo llegó a ser su filial en Berlín. Fue nombrado cónsul gen eral bri tánico en 1867, tu vo mucha importancia e n las distintas transacciones financieras de Bismarck así como un gran peso en los distintos préstamos y créditos de Prusia, de la Confederación Al emana del Nor te y del Segundo Reich . En 1872 Bismarck concedería a la familia Bleichröder un título nobiliario, convirtiéndose en los primeros ju dío s ennoblecidos en Prusia. Bleichröder entablaría amistad con Bismarck hasta el punto que l e hizo renunciar a su proyecto colonial a favor del Estado Libre del Congo de Leopoldo II d e Bélgica (NDB: 1955, vol.2, pág. 299 ). 117 que su potencial económico se emplease en contr a del Segundo Reich?. Fabri y los primeros propagandis tas del coloni alismo alemán prom ovi eron el debate mientras q ue las preocupaci ones de l a polí tica exterior alema na se centr aban en las acciones de Francia y Rusia ( ARN DT: 2009 , 293-314; HÜBBE -SCHLEIDE N: 1879; 1881; 1882; KISSINGER: 1998, 184- 202). 4.1. LA NUE VA RE D DIP LOM ÁTICA ALEM ANA Y LA KAISERLICHE MA RINE . Cuando Stanley encontró a Livi ngstone el 10 de noviembre de 1871 y se pusieron al t anto de los acontecimientos mundiales, la noticia q ue más le sorprendió al misionero británico f ue la apertura del Canal de Suez y el r esultado de la Guerra Franco-Prusi ana. Deseando participar en el nuevo orden europeo y dando m uestra s de una especi al mesura en su polí tica exterior , Bi smarck es tableci ó q ue Alemania no podí a ser de nuevo el campo de batalla para Europa : una política moderada y contenida lograrí a posponer, y acaso evi tar, el peligro inminente de una injerencia europea en los asuntos alemanes. Con la f undaci ón del Segundo Reich, la euforia nacional ista que se había g enerado parecí a empujar a Alemania hacia una ampliación a ultramar de las bases de su poderí o por medio de conquistas coloniales. Bisma rc k temía que toda política llevada a cabo en est e sentido por part e del gobierno se encontrarí a con la oposición de las potencias coloniales, contra las q ue Alemania carecí a de m edios suficientes para enfrentarse pese a lo m ucho que se argumentase al contrario (GRAEVE: 1872; HOBSBA W M : 2 010 , 138-177 ; JANUÉ I MIR ET: 2007, 76 ; LIVINGSTONE : 1875; STANLE Y: 2005, 228; REY BROUC K: 2014, 46). Bismarck habí a sufrido pa ra moderar las afirmaciones del poderí o alemán , conteniendo a muchos d e sus coetáneos para que no provocasen una n uev a g uerra. Pese a la victoria, los militares alemanes siempre se sintieron vagamente amenazad os, como lo d emuestran las e strate gias que siempre tuv ieron en cuenta p ara combatir si multánea mente a una combinación de todos los v ecinos de Al emania. Cuando Alemani a llegó a l os lí mites que Bismarck conside raba v itales para su seguridad, siguió una p olítica exterior prudente y estabilizad ora ; necesi taba impedir que el previsi ble re vanchismo fr ancés encontr ase aliados en Londres o en San Petersbur go, y necesitaba la opción de te ner, si no una verdadera alianz a, al menos buenas r elacion es con Roma y V iena . Para llevar a cabo estas transacciones diplomáticas, el 21 de marzo de 1871 se creó en Berlín el Ministerio de Exteriores alemán ( Aus wärtigen Amtes , también conocido como W ilhelmst raße ), nombrando al 124 general de Alejandrí a, Karl Albert Julius Hellmuth von Jasmund, f ue confirmado en su puesto. El rentista con residencia en B erlí n Carl Eberhard Fichard t entregó su exequátur ante el Segundo Reich como cónsul general del Estado Lib re de Orange 19 . Los nombramiento s prosiguieron también po r Oriente M edio: e l 7 de novi embre de 1871, Georg Friedrich August es confirmado como cónsul del Segundo Rei ch en Jerusalén, Heinrich Ludwig Theodor W ebe r 20 en Beirut y David Justus T heodor Ludw ig Friedlände r en Constantinopl a 21 . Tras Á frica, Portu gal y Oriente Medio, fue el turno de España, concretamen te en el archipiélago atlántico de las Islas Canarias, cuan do el 10 de noviembre de 1871 el cónsul Juan P edro Schwartz f ue confirmado en su puesto en Santa Cruz de T eneri fe 22 (BRINGM ANN : 2001, 73, 153; TAFLA: 1994, 58; PONCE MAR RERO: 2004 , 1. 289 ). En contraste con toda es ta maniob ra administrati v o-diplomática, que aseguraba al Segundo Reich su pr esencia y la pos ibilidad de t ener una acci ón má s e ficaz en el comercio con el t erritori o africano, Bis marck em pez ó a eval uar la posi bilidad de una alianza europea para conserv ar los f rutos de sus victorias. Las r el aciones entre Alemania y Francia fueron particularmente difí ciles debido a la Revuel ta de Argelia y a la crisis económica, agudi zad a por el T ratado de Frankfurt y su convenio adicional 23 . En octubre de 1871 el emperado r austro-hún garo Francisco José nombr ó al f iloalemán Gyula Andrássy ministro de asuntos exteriores y el primer movimiento fue mantener el apoy o británico y el intento de obtener el apoyo alemán. Bismarc k esta ba obl igado a mantener a Rusia y al Imperio Austro- Hún garo fuera de toda acción francesa, pero las tensas relaciones entre el emperador y el zar limitaban la colaboración entre ambo s imperios. Una posible acción r usa en los Balcanes alertaba a Bismarck, cuy a prioridad era asegura r la integrid ad del Seg undo Rei ch en el continente europeo: deseaba la paz para Alemani a y no querí a fricciones con ning ún otro estado . Esto exigía buenas relaciones con Rusia sin echarse encima el antagonismo de Gran Bretaña: trató de apaciguar a la primera conven ciéndol a de q ue Alemania no tenía int erés en los Balcanes y de persuadir a la segunda de que suaviz aría las ambiciones rusas sobre 18 BA, R901 Aus wärtiges Amt, 3 Differe nzen, 3.1 All gemein, R901/36208, Streitigkeiten d er Ägyptischen Regierung mit dem französischen Generalkon sulat in Alex andrien (Julio 18 71 - Diciembre 1871). 19 PAAA, RG 1871, St. 41, G. 714, S. 346, Ertheilung d es Ex equatur an Konsuln a uswärtiger M ächte, 31/10/1871. 20 DKL: 1920, vol.III, pág.692. 21 PAAA, RG 1871, St.4 3, G. 723, S. 373 -374, Ernennung zu Deutsch en Konsuln , 07/11/1871; NDB 3: 1957, 5 9. 22 PAAA, RG 1871, St.44, G. 729, S. 389 -390, Ernennung zu De utschen Konsuln, 10 /11/1871. 23 AMAE-P, Traités, Allemagne, 1 8710021, Convention additionnelle au traité de paix du 1871, Frankfurt, 11/12/1871. 125 Constantinopl a y la I ndia (ALBERTINI: 2010, vol.1, 44-45; JAN UÉ I MIRET, ed. 2007, 76 ). El Segundo Reich se limitó a abrir nuev os consulados en Arg el, Casabl anca, El Cabo, Monrovi a y Túnez 24 , mientra s que el Imperio Austro -Húngaro abrió consulados en Trípol i (Libia) y en T ánger y mandó una deleg ación permanente a Addis Abeba 25 . Salv o el nombramiento de sus representantes , Alemani a estaba bien lej os de toda activi dad en el continente a fricano, aunque el Au swärtigen Am tes empez ó a realiz ar un seguimiento de la si tuaci ón en Etiopí a: el neg us pensaba r eforz ar su posición mediante l a aper tura de canal es come rciales para el suministro d e arma s . Su acercamien to a Alemania, entr e otros paí ses , era también un intento de contr apone rse a la protección de Gran B retaña 26 (DEL BOCA : 2001, 58) . Independienteme nte de la polí tica exterior alemana, en el continente africano se estaba empezando a cr ear una nueva situación: Francia y Gran Bretaña habí an considerado la idea de dividir África Occidental en esferas de influencia, en las q ue sólo las corporaciones d e uno u otro país tendrí an derecho a comercia r y l os franceses sugirieron que Gambia deberí a ser entregada a Francia a cambio del control británico sobre la costa comprendi da entre S ierra Leo na y Camerún. La polí tica exterior británica veía con m ayor preocupaci ón el avance ruso hacia los Estrechos de los Dardanelos, Persia , I ndi a e incl uso hacia China. Las ambici ones coloniales f rancesa s en África chocaban con las británicas, especialmente en Egipto , y cada vez con mayor interés hacia la cuenca del río Senegal. ¿Su objetiv o? Uni r mediante ferrocarril dicha cuenca con la del r ío Níger, que hubiese atraí do aun más al comercio de g ran parte del interior del Áfr ica Occidental hacia m ano s fr anc esas. Esto podía af ectar al comercio de las f acto rí as comerciales británicas en Gambia y podía af ectar, con el tiempo, también a las rutas comercial es que iban hacia Ghana y hacia Si erra Leona . El comercio en África Occidental estaba dejando de ser exclusi vamente costero y, en los contados puntos clav e donde pudieron introducirse barcos de vapor, el comercio europeo empezaba a llegar siempre más hacia el interior del continent e (ATMORE , OLIVER: 1997, 97 -153; HOBSBA W M : 2010, 154; I LIFFE : 1998, 216; KISSINGER : 1998, 203-204) . 24 PAAA, Be ständeübersicht, V. Auslands vertretungen, 186 Algier (1871 -1914); 235 Casablanca (1871-1914); 308 Kapstadt (1871 -1919); 369 M onrovia (1871); 470 Tunis (1871 -1914). 25 OS A, Diplomatie und Außenpolitik, M i nisterium des Äußern, Politisches Archiv, Konsulates, P A XXXVIII Tanger (1871 -1896) , PA XXXVIII Tripolis (1871-1914); OSA, Diplomatie u nd Außenpolitik, M iniste rium des Äußern, Kaiserliche M issionen, F6 - 50 -1 Addis Abeba (1871-1918). 26 PAAA, Abesinien, Acta betr. die Verhältnisse Abyssinien, Bd. 1, Sig.14.885, 1872. 126 Alemania no podría ejercer ningún derecho en África Occiden tal pese a su presencia comercial, ya que dependí a excl usivamente del apoyo de la R oyal Navy . La primera misión de la recién constituida Kaiserliche Marine f ue la prote cción de las costas alemanas y de las r utas comercial es m etropoli tanas, pero no tenía la capacidad de ejercer una presenc ia constante en aguas afr icanas. C on bases e n Kiel y en W il helmshav en, a part ir del 1 de enero de 1872 el primer jefe de la nueva Kaiserliche Marine , aunque según la nueva constitución alemana era siempre el káiser quien t ení a el mando supremo 27 , f ue el g eneral Albrecht von Stosch 28 . Al contrario q ue la armada , el ejército prusiano habí a dado muestras de su poderío y preparación durante l a Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) , convirtién dose en el modelo del ejército austro- húngaro. Pero era numéricamente más débil que el ejército ruso: s i el ejército alemán tení a que volver a la acción, debí a ser el mejor ejército europeo gracias a su estructu ra interna, a su discipl ina y a la ca lidad de sus cua dros, por lo que Bisma rck no dudó en presionar al Reichstag para q ue, ade más de la Kaiserli che Marine , fuese aprobado el “Presupues to de Hierro” para el nuev o ejército f ederal a le mán (GRÖNER : 1998, 87-88; HILGEM ANN , KINDER: 1974, 81; SOND HAU S: 2003, 21 ; STÜRM ER : 1993, 221). Habien do f racasado la s negociaciones de Andrássy con Gran Bretaña, a principios de 1872 el Imperio Austro-Húngaro di o a conocer q ue deseaba una alianz a formal con el Se gundo Reich, posiblemente dirigida contra Rusi a . Bismarck er a contrario a una alianza enfocada contra San Pete rsburgo, ya q ue tal actitud provocaría un acercamiento del zar hacia Francia . Por lo tanto, Bismarc k tenía q ue asegurarse de que la relación entre Guill ermo I y el zar Alejand ro II fuese la más í ntima posibl e , mientras q ue las relaciones con Viena tenían que volver a su cauce . Bismarc k reiteró que Alemania era un estado “saturado” , que a partir de ese mom ento la idea dominante era la con sol idaci ón y no la e xpansi ón y que para g arantizar un lar go perí odo de paz necesario para el Segundo Reich aspiraba a mantener a Francia en un estado de incapacidad permanen te para evitar que emp rendiese u na revancha 27 BA, RM3 Reichsmarin eamt, Geschichte, Organisation und Stellenbesetzung der Marine, 2. Personen, 2.1. Kaiserliche M arin e, MSG 225/1 Admirale der Kaiserlichen M arine (18 71 -1918). 28 Stosch , Albrecht von (1818-1896), mil itar alemán . Proveniente de una familia de teólogos, d esde lo s once años ingresó en las escuelas militares de Potsdam y de Berlín. Desde 1835 sirvió en la infanterí a primero y en l a artillería después para, en 1844, llegar a la Oficina topográfica de l Estado M ayor General . Se interesó por la p olítica du rante las Rev oluciones de 1848 -1849. Asce ndiendo de grados, coincidió con Bismarck y W aldersee. Hombre d e confian za del príncipe heredero Federico Guillermo de Prusia, u n accidente ecuestre le impidió s ervir militarmente durante l as guerras d e la Unificación Aleman a po r lo que se le nombró jefe de intendencia y d e los departamentos de economía. Tras su n ombramiento en la Kaiserliche Marine , fu ndó la Academia Naval y reformó la armada. En 1875 fue nombrado alm irante y sus solicitudes de incremento d e presupuestos no hici eron m ás que aumentar. Una d iferencia de opinión con el k áiser provocó su dimisi ón en 1883 en plena cimen tación de la flota. Cuando la idea de la colon izació n alemana salió a la luz, propuso China como objetivo y en 1886 re dactó u n m emorando Die deutsche M arine un d die Colonisation (NDB: 2013, vol.25, pág.454-455). 127 (ALBERTIN I: 2010, vol.1, 45; LIDDEL HART, 1968: 18-20). Seg ún la prensa, el representante de Franci a en Berlín: “ ha hecho una proposici ón para entablar negociaci ones a fin de que Fr ancia ceda a Alemania una de sus coloni as a cam bio de la r esti tución de Alsacia y Lorena. Esta no ticia no pasa de ru mor aventurado. Lo que sí es cierto es que Bismarck pensó hace algún tiempo en pedir a Francia que le ce diese Conchinch ina, pero no a cambio de las dos pr ovincias, sino para atenuar la exagerada inde mniz ación de gue rra que F rancia estaba obligada a pagar ” 29 . Salv o esos rumores, lo único t angible q ue realizó el Segundo Reich en Áf rica fue un tratado de come rci o con Portu gal y sus col onias el 2 de marzo de 1872 30 . El Segundo Rei ch con t inuó t ejiendo su red consular y dipl omática por el Imperi o Otomano: el 12 de marz o de 1872, G ustav Travers 31 f ue no mbrado vicecónsu l en El Cairo 32 y el 9 de abril de 1872 Julius Eduard Große fue nomb rado vicecónsul en los Dardanelos 33 . Tras or gani zar t odo este entramado administra tivo-burocrático, el 30 de abril de 1872 Bismarc k inf ormó ant e el Reichstag del tr atado con Portugal y de la situación interna cion al: “ las negociaci ones entab ladas hace al gunos años con Portugal han lleg ado el 2 de mar z o de este año a la concl usión de un tratado de comercio y de navegación […] , así como un convenio consular con los Estados Unidos de América y un tratado postal concluido con Francia […]. La fuerz a que Alemania debe a su uni ón baj o la form a del I mperio , no sólo garantiz a a la patria una defensa y una protecció n seguras, sino que da además una p oderosa garantía a la paz de Europa ” 34 . Tras Gran Bretaña , Portugal y España, la acción administrativo-diplomáti ca prosiguió con la Subli me Puerta el 7 de may o de 1872, cuando se confirmó al 29 HMC, La Federación, 02/03/1872. 30 PAAA, RG 1872, St.22, G. 856, S. 254 -264, Handels- und Sc hiffahrtsvertrag zw i schen Deutschland und Po rtugal, 02/ 03/1872. 31 Travers, Gustav (1846-1892), dip lomático alemán . Curso Derecho y se doctoró e n la universidad de Göttingen. Entró en el servicio diplomático y entre 1871 y 1877. Entre 1883 y 1887 estuvo destinado en varios consulados del Oc éano Pacífi co pa ra volver a Áfri ca en 1 888 como cónsul en Tánger, pe ro dimitió en 1889 por motivos de salud (BRINGM ANN: 2001, 148 -153; CURSCHM ANN: 2002, 689 ). 32 PAAA, RG 1872, St.8, G. 801, S. 66, Ernennung zu Deutschen Konsuln, 12/03/1872. 33 PAAA, RG 1872 , St. 7, G. 797, S. 58 , Ertheilung de s Exequatur an Konsul n auswärtiger Mäc hte , 04/03/1872; PAAA, RG 1872, St.1 1, G. 812, S. 92, Ertheil ung des Ex equatur an Ko nsuln aus wärtiger M ächte , 09/04/1872. 34 HMC, La Federación, 30/04/1872. 128 empresario Luigi Sabetta , anteriormente cónsul italiano, como vicecónsul en Sf ax , Túnez 35 , mientras que el 24 de mayo de 1872 Bernhard Heinrich Bronn fue nombrado vi cecónsul en Port Said 36 . E l 4 de junio de 1872, en el M edi terráneo Oriental fueron confirmados en sus puestos Barthel emé Badetti en Edirne, al arm e nio otomano Simeon S. M urad en Jaffa , al comercian te Carl Friedrich W ilhel m Mey er en Suez, a l agente consular E. Ziffos en Haifa, Jacob Elias en Latakia, A. Abela en Sidón, A. Catzeflies en Tr í poli y al comerciante Emil Franck como vicecónsul e n Alejandría 37 (BRENN A: 1918, 144; CARAC HI: 2009 , 699; CICA R, ed. 2004, 75 -79; KARK: 1994, 115 - 116) . A m ediados de junio de 1872, la pren sa lanzó de nuevo rumores coloniales relacionados con A le mani a en términos ante riormente ya v istos: “ Alemania codicia algunas estaciones navales en lejanos mares. Si Portugal quisiera, se le comprar ían a buen precio algunas de sus posesiones. Si Francia cediese alguna de sus colon ias, serían menos duras las condici ones para la evacuación defini tiva de su territo rio ” 38 . Pero, de nuevo, la únic a acción concreta que tuvo lugar durante el ver ano de 1872 fue una acción de carácter ad mini strativ o-burocrático: la reestructuraci ón de la jurisdicción consular en Constantinopla y en los Estrechos de l os Dardanelos 39 , y la reorganiz ación ad uaner a de l as ciudades han seáticas, v incul ándolas f inalmen te al sistema econó mico del Segundo Reich pe r o no a sus adua na s 40 . También las publicaci ones sobre África f ueron escasas aun que el expl orador Karl Mauch bautiz ó con el nombre del canciller una montaña de granito entre la front e ra de Mozambique y Zimbabw e (FRITSCH: 1872; M AUC H: 1874 ; S TEPH AN: 1872 ). 4.2. COM PEN SAR A FRANCIA EN ÁFRICA. Una vez ex tendida la nueva red consular , tr as poco más de un año de actividad y debido a un escándalo diplomático, el 30 de septiembre de 1872 T hile presentó su dimisión y Hermann Ludwig von Ba lan 41 f ue nombrado Auß enstaatssekre täre interino 35 PAAA, RG 1872, St.13, G. 819, S. 109, Ernennung zu Deutschen Konsuln , 07/05/1872. 36 PAAA, RG 1872, St.14, G. 823, S. 135 -136, Ernennung zu De utschen Konsuln, 24 /05/1872. 37 PAAA, RG 1872, St.14, G. 823, S. 135 -136, Ernennung zu Deutschen Konsuln, 24/05 /1872; PAAA, RG 1872, St.16, G. 8 31, S. 168, Ernennung zu Deutschen Konsuln, 04/06/1872. 38 HMC, La Federación, 12/06/1872. 39 PAAA, RG 1872, St.23, G. 860, S. 288, Bezirkszuweisung für Deutsche Konsuln , 16/07/187 2. 40 PAAA, RG 1872 , St. 29, G. 880, S. 376, Be kanntmachung, betreffend die Bezeichnung de r Hauptzollämter in Lübeck, Bremen und Ha mburg, 26/08/1872. 41 Balan , Hermann Ludw ig von (1812-1874), d iplomático alemán. Estudió Derecho e n las Universidades de Berlín y de Heidelberg . Despué s de un bre ve pe ríodo como emplead o en el servicio judicial d e Prusia, en 1833 e ntró en el servicio dip lomático . Entre 18 37 y 1841 fue Sec retario de Legación 129 (BRINGM ANN : 2001, 70). En otoño de 1872 se reuni eron f inalmente en Berlí n los tres emperadores y sus ministros inter cambiaron sus puntos de v ista sobre asuntos importantes . Prefigu rad a la Liga de los Tres Emperadores ( Dreikaiserbund ), y coincidi endo con la liquidaci ón del importe pagado por los territo rios cedidos por Francia a Alemania 42 , el zar habí a aseg urado al embajador francés q ue Rusia no participarí a en ninguna acción contra Francia (ALBERTINI: 2010, vol.1, 45; DE GRUN W ALD: 1963, 225; KISSIN GER: 1998, 205). El 11 de f ebrero de 1873 el embajador b ritánico en B erlí n escribió a l Foreign Office que Bi smarc k “ quería pedir mi colaboraci ón en nega r la […] idea que Prusia in tentara anex ion ar se los Países Bajos con vistas a la adquisición de co lonias y de una flota para Alemania […] . Él no desea colonias o f lotas para Alemania. Las colonias, en su opinión, sólo serí an una causa de debilidad, ya que sólo p odían ser defendidas por f lotas de gran alcance y la posición geográfica de Alem ania no puede desarrollar una potencia marítima de primera clase. Para Alemani a era suficiente una f lota que pudiese hacer frente a la de Austria, Egipto, Holanda , Italia o tal vez Rusia. No podía haber un interés en Ale mania por las colonias ya que no pod ía rivaliz ar con potencia s m arí timas como Ingla terra, Estados Unidos o Francia. Muchas colonias se habían ofrecido a él y él las había rechaz ado. Q uería sólo estaciones carboneras adquirida s medi ante tratado con otras naci ones ” ( KNAP LUND : 1944, 87- 89 ). Pese al éxito diplomático en Europa, Berlí n segu ía llevan do a cabo una política africana mucho menos ambiciosa que la de Lon dres o Pa r í s. Es más, el 26 de ener o de 1873 Alemani a buscaba acuerdos de i n migración para súbditos al emanes que deseasen alcanz ar las colonias británicas 43 . En Namibia, los mision eros de la Rheini schen M issionsge sellscha ft fundaron una m isión en W aterb erg, y en T ánger, M arruecos, f ue abi erto un consulado alemán, cuya correspondencia inmediatamente empezó a tratar sobre las demás misiones extranjeras, la situación inte rna del paí s y en Bruselas y en 1845 fue nombrado c ónsul en Varsovia. En 1846 regresó a Alemania y tra bajó en el Auswartiges Amt hasta 185 7. Entre 18 58 y 186 4 fu e el representante prusiano en Stuttgart y en Copenhague, pa rticipando en l as negociacione s de l a Paz de Viena que pusi eron f in a la Guerra de l os Ducados. Desde 1865 fue c ónsul en Bruselas exce pto entre 1872 y 1873, cuando fue Außenstaatssekretäre . Tras ser sustituido por Bülow, volvió a la embajada de Bruselas (NDB: 2 013, vol.25, pág.733). 42 AMAE-P, Traités, Allemagne, 18 720008, Décision de la Commission mixte de liquidation relative aux consignations versées dans les territoires cédés par la France à l’Allemagne, 24/09/1 872. 43 NA -L, FO 918/17, To Bülow, Bernhard v on Prussian Se cretary of Stat e for Fore ign Affairs, Doc.241, Berlín, 26/01/1873. 130 las r elaciones internaci onales de Marruecos 44 , siendo también desc ri tas por el expl orador Rohlfs ( BAL LANO GONZALO: 201 3, 97- 98 ; KÖRN ER: 18 73; ROHLFS : 1873; W ILLIAMS : 2008, 126). Pese a los inconv enien tes presupuestarios, la Kaiserli che Marine se siguió desarrollan do 45 . Para Bismarck, la Francia derrotada y dividi da era un vecino mucho más peligroso que la Francia de Napoleón III, por l o que concentró su a tención en dicho pa í s : propugnando un entendi miento con París , reanuda ba una polí tica de con frontación para , acto seguido, alcanz ar acuerd o s mediante el empuj e de la atención f rancesa hacia las colonias. Pese a la reorganiz ación del ejército f rancés, q ue incluyó a la Armée d’A frique como el 19º cuerpo del ej ército dentro de l a Tercera Repúbl ica f rancesa, el trasla do de dicho cuerpo desde el Norte de África f ue objeto de discusiones entre diversos ministerios y la Marine Nationale durante los siguientes cuarenta años, divi didos a f avor y en contra de desviar la f lota de su misión ofensiv a para asignarla a m odo de escolta de convoy es de transporte ( CLAYTON: 1994 ; HA LP ERN : 2009, vol .1, 84 ; STERN: 1989, 399 - 408 ). El gobierno británico tuvo q ue aumen tar sus esf uerzos y soportar una mayor carga financiera debido a la guerra contra los ashanti en el Golfo de Guin ea, por lo que los impuestos en esta colonia sobre bebidas alcohólicas, pólvora y t abaco, hicieron crecer las exportaciones alemanas, que eran men os onerosas . Tras la Batall a de Raf in Jaki, en Nigeria, y con la extensi ón de la dominación colonial británica d esde la costa hacia el interior del continente africano 46 , el régimen de franquici a de las empresas alemanas en T ogo se habí a extendido hasta Aneho e inmediata mente se convirtió en un floreciente cont raband o (ATMORE , OLIVE R: 1997, 97). Pese a las favorabl es condicion es económicas en Áf rica, el 30 de marzo de 1874 Alemania prom ulgaba una ley sobre la limitación de la jurisdicción de sus c ónsules en Egipto 47 . En Ang ola tuvo lugar una expedi ción a lemana hacia Loango (BASTIAN: 1874) y salieron de las imprentas las nuevas publicacion es de otr os vario s ex ploradores ( M ARTINS : 1874; PROKES CH-OS TEN: 18 74; SCH W EINFUR TH: 187 4; SP EITKAM P: 2010, 118). Pese a q ue l a acción más de staca fue la publicaci ón de Der Anteil der D eut schen an de r 44 PAAA, Afrika I.B.13, Acta betr. Sc hriftw echsel mit der K. Ministerresidenteur zu Tanger sow ie mit anderen Missionen und fremden Kabinetten über die i nneren Zustände un d Verhältnisse Marokko s, Bd.1, Sig.15.458, 1873; PAAA, Beständeübersicht, V. Auslandsver tretungen, 451 Tanger (1873 -1914). 45 PAAA, RG 1873, St.10, G. 918, S. 59, Gesetz, betreffend die Etatsüberschreitungen bei den übertragbaren Fonds der Mari neverwaltung in den Jahren 1867-1871, 29/03/1873. 46 BA, R100 1 Reichskolonialamt, 11. Kamerun un d Togo, 11.1. Allgemeine po litische Angelegenheiten, 11 .1.1. Afrika allgemein, v .a. Berliner Kongo -Konferenz 1884/85 - Kol onisation a n d er W est küste von Afrika, R1001/4187 Bd.1 Kolonisation an der W estküste von Afrika (1875-1876). 47 PAAA, RG 1874, St.10, G. 993, S. 23, Ges etz, betr. die Einschränkung der Geri chtsbarkeit der deutschen Konsuln in Egypten, 30/0 3/1874; PAAA, RG 1 875, St.3 4, G. 1101, S. 381-384, Vero rdnung, betreffend die Ein schränkung der Gerichtsbarkeit der deutschen Konsuln in Egypten, 23/12/1875. 131 Entdeckung und Erforschung Afrikas (KONER: 1874 ), donde se pretendí a dar un pasado colonial a la ec onomí a a lemana, Bismarc k se encargó de asegurar ot ra v ez que Alemani a no tení a más ambici ones territo riales: “ los alemanes deberían quedarse en casa: no disponen ni de una flota suficientemen te fuerte ni de una burocracia suficientemente hábi l para administra r te rritorios lej anos . [Alemania] se parecería a los pequeños nobles polacos que poseían una pelliza de cibelina, pero sin una camisa que ponerse ” (DE GRUN W ALD : 1963 , 225; STERN: 1989 , 504). Tras las dimisión de Balan el 9 de octubre de 1873, y el nombramiento de Bernhard Ernst von Bül ow 48 como nuev o Außenstaatssekre täre , no cambió el r umbo de la política exterior alemana. El Segundo Reich estaba centrado en su desarrollo económico y, entre 1874 y 1875, el comercio alemán ocupó el se gundo lugar en los cambios internacional es inmediatamen te despu és de Gran Bretaña ( BR INGM ANN : 2001, 70; H OBSBA W M : 2010, 261 ; W IRTH: 1873 ). En 1875 fracasó el proyecto anglo-francés de divisi ón del Áf rica Occidental en esferas de in fluencia, debi do a la intervención de otras potencias europea s, entre ellas Alemania, que empezó a interesarse por los puertos marro quíes de El- Yadida y de Esauira 49 . Bismarck, irri tado por la frialdad mostrada por el gobierno italian o con respecto a una alianz a con el Segundo Reich , se desahogó indican do q ue podría encontrar " una salida para las tendencias hostiles a Alemania , en África o en América del Norte ” (ALBER TINI: 2010, v ol.1, 69). Ya más calmado, Bismarc k reiteró que la única finalidad con respecto a Francia era animar la aún más en sus miras coloniales y distraer así sus mirada s hacia río Rin (A TMORE , OLIVE R: 1997, 152; DE GRUN W ALD: 1963, 237-252). El 10 de enero de 1875 Bismarck escribió de forma confidencial al embajado r en Paris, prí ncipe de H ohenloh e, que 48 Bülow , Bernh ard Ernst von (1 815-1879), político al emán . Estu dió Derecho en las univers idades de Berlín , Gotinga y Kiel pero com enzó s u carrera en 184 2 al servicio de Dinamarca como consejero de negocios en las ciudades hanseáticas. Durante las Revoluciones de 1848-1 849 quiso o frecer su s servicios al g obierno prov isional de Kiel pero sin éx ito. De nuevo al servicio de D inamarca, de sde 1850 representó a los d ucados de Schleswig-Hols tein en e l Parlamento de la Confederación Germánica, donde coincidió con Bismar ck. Participó en las ne gociaciones para crea r la Confederación Alemana del Norte en 1867 y Bismarck, que ad miraba la defensa conse rvadora de Bülo w contra l os ataques liberales hacia los ducados , en 1873 lo co nvenció para entrar al servicio de Prusi a como Ministro de Asuntos Ex teriores. Desde ese momento, Bülow fue un fiel secuaz del canciller por lo que el diseño de la p olítica exterior correspondía en gran medida a l a Can ciller. Plenipotenciario en el Bu ndesrat y lug arteniente del Canciller, durante el Congres o de Berlín (1878) f ue uno sus represe ntantes oficiales (ADB: 1903, vol.47, pág .350- 355; DKL: 1920, vol.I, pág.253). 49 PAAA, Bes tändeübersicht, V. Auslandsvertretungen, 362 Mazagan (1875 -1907), 367 Mogador (1875-1914). 132 “ para nosotros no es una desventaja ni una tendencia a combat ir si la política francesa busca en el norte de África y en el oriente otomano un nuevo campo de actividad . La absorci ón de las fuer z as no utilizad as por Franci a, y el comercio que es capaz de fo rmar allí, es una deducción de sus tendencias agresivas contra Aleman ia. Todas las otras grand es poten cias, con la inclusión de Italia e incluso de España, están más cerca de nosotros, ya que en el Mediterráneo e stán celosos de Franci a ” 50 (DE GR UN W ALD: 1963, 267). En 1875, las relaciones entre Alemania y Francia sufrieron una crisis: u na psicosis de guerra prov ocó que Rusia apoyase a Francia y q ue el Imperio Austro - Húngaro apoyase a Alemania ( S TÜRM ER: 1993, 255-256). El 30 de abril de 1875 Bülow escribió a Hohenl ohe: “ creo exclui r que los intereses de Francia y de Alemania los lleven a l ucha r entre sí. En África y en el Levante, las colisiones entr e los esfuer z os ale manes y franceses, cuando se producen, son inducido s artificialmen te y de manera indirecta ” 51 . La combinación de inquietud británica, maniob ras f rancesas y ambivalencia rusa conv enció a Bismarck a no mov iliz ar t ropas y de que sólo una política e xterior activa podría impedir la f ormación de una coalición contra Alemania. Gran Bretaña, siempre temerosa de que una sola potencia d ominase la costa no rte de E uropa, empezó a agitarse. El primer ministro británi co, dio instrucci ones al Foreign Off ice para que, a través del canciller ruso, se in timidase a Berlín pero la política eu ropea estaba determinada , cada vez más, por la políti ca colonial. Lo q ue G ran Bretaña temí a era que sus rivales se r ese rv asen el comercio de sus nuevas colonias mediante elevadas tarifas o bar reras aduaneras, por lo q ue se vio empujada a entrar en la carre ra con Francia por los territorios af ricanos con el f in de hacerse con la mayor esfera de influencia posible para sus f uturas a ctivida des. La Guerra de Cabo Palmas, por la frontera entre Liberia y Costa de Marfil, f ue ej empl o de ello, pero provocó también la apertura en Liberia de un consulado alemán en Cavalla para la protección de sus 50 DGPEK, 1. Ba nd. Der Frankfurter Friede und s eine Nachwirkungen 1871 -1877, Berlín 1922, pág.303, Der Reichskanzler Fürst von Bismarck an den Botschafter in Paris Fürsten von Hohe nlohe, Konzept Nr.194, 10/01/1875. 51 DGPEK, 1. Ba nd. Der Fran kfurter Friede und seine Nac hw irkunge n 1871 -1877, Berlín 1922, pág.262-263, Der Staatssekretär de s Auswärtigen Amtes von Bülow an den Botschafter in Paris Fürsten von Hohenlohe, Konzept Nr.168, 30/04/1875. 133 intereses 52 . Otro ejemplo fue el interés tant o de Francia como de I talia por Libia o que el jediv e I smael no r enunció a sus agresiv os pl anes y en enero de 1876 los egipcios desembarcaron en M assaw a. Ante la agresiv id ad egipcia, el ne gus Meneli k pensab a reforz ar su posición mediante la apertura del co mercio de arma s c on Europa, estrechando sus r elac iones con Alemania en 1876 (DEL BOCA : 2001, 46; KISSINGER: 1998 , 205-207; KÜHNE: 1875; RE ADER : 2001, 449; VA MBE RY: 1875 ; ZITTEL: 1875 ). Dicha carrera t uvo dos m omentos sobresalien tes, ambos protagoniz ados por Gran Bretaña. El primer o tuvo lugar el 19 de novi embre de 1875 cuando Londres se adelantó a Parí s y, con capi tal prov eniente de los banqueros Rothschild, compró las acciones del Canal de S uez en poder del jedi ve egipcio . El segundo f ue cuando Londres q uiso cumplir con el propósito de una única colonia q ue acoplase a sus territorios suda frican os las repúblicas bóe rs. Los franceses se acusaba n entre si d e seguir el juego de Bismarc k al empeñarse en África y ol vi d arse de Europa, pero la inici ativa f rancesa estab a en manos de la facción decidida a revitaliz ar Francia con la riqueza col onial , f unda mentalmente con la de África Occidental ( FERGU SON: 2007 , 195; HOPKIRK: 2004, 402; HORNE: 2007, 25; I LIFFE: 1998, 241; LANDES : 1990, 290; MOHR: 1875; M ORTON: 1962, 170-172; READ ER: 2001, 449). Por parte italiana, todaví a nadi e pensaba en Túnez hasta que en julio de 1876 And r ássy no se lo propuso al emba j ador ita li ano, q ue decl inó la o fert a (ALBERTINI : 2010, vol .1, 66). La deuda of icial de Egi pto era enorme. Sus esfuerzos para div ersificar su economí a creando una industria azucarera, y no depender así del comercio del algodón, se vieron f rustrados por el hecho q ue no se logró impedir la importación desde Alemania y desde Rusia, q ue expor taba n a precios m ás bajos gracia s a subsidios gubernamen tales. T ras su bancarrota, una comisión interna cional , Caisse de la Dette Publique , se hizo carg o de las f inanz as egipcias el 3 de m ayo de 1876 siguiendo el model o del Imperio Otomano 53 . La comisi ón fue dirigida inicialmente po r un secretario y tres comisi onados, que represent aban a los gobiernos de Francia, Itali a y del Imperio Austro -Húnga ro; Alemania no tuvo representación alguna tras el visto bueno de Bismarck ya que pensaba q ue, de todas f ormas , el Segundo Reich también saldrí a benef iciado sin ser involucrado d irectamente en los asuntos eg ipcios g racias a l control b ritánico del Ca nal de Suez (FER GUSON: 2007 , 195 ; ILIFFE: 1998 , 214 ; 52 PAAA, Beständeübersicht, V. Auslandsvertretungen, 237 Cavalla (1876-1904). 53 NA -L, FO 918/17, To Bülow, Bernhard v on Prussian Se cretary of State for Foreign Affairs, Doc.254, Berlín, 05/11/1876. 140 5 . “ N O QUIERE OÍR HA BLAR DE COLON IAS ” EL CONGRES O DE BE RLÍN Y SUS CONS ECU ENC IAS (1878- 188 3) Para Bismarck la inv ersión de capital alemán en el extranjero era una f ue nte de poder, de in fluencia y de presti gio para el Segund o Reich. Estaba convenci do q ue Al emania deb í a promover sus intereses f uera de sus f ronteras, siemp re que f ues e posible y sin dañar otr os intereses europeos que pudiesen llevar a cabo represali a s que per judicasen al Segundo R eich . Para l ograr una plena y r entable activi dad económica y comercial, la diplomacia debía lograr la mayor estabilida d i nternacional. El mundo era similar a un tablero de aj ed rez donde cada movimien to de cada potencia tendría cientos de repercusion es a distancia, y v iceversa, donde un pequeño país o una colonia podrían de satar enormes consecuenci as. Por otr a parte, el tablero se transformaba con tinuamen te, con nuevos problemas y con crisis que amenazab an el precario equilibrio de las piezas. Bismarck estab a decidi do a preveni r y manejar en la medida de lo posible estos cambios de intere ses y alianz as (STERN: 19 89, 385-387 ; STRANDM ANN: 1969, 140-159). El interés alemán por Áfr ica no puede analizarse de manera aislada y debe insertarse en el contexto de la interconexión entre acontecimiento s afr icanos y europeos . Con respecto a Europa, la g ran mayoría de estos eventos están relacionados con l a coexistencia de las di ferentes polí ticas coloni ales y su r epercusión , tanto interna como exter na, en diferentes aspec tos geopolí t icos. Con res pecto a África, la gran mayoría de estos eventos están relacionados con la trans formación de las economí as africanas, en particular con la incorporación de los territorios a fr icano s , Egipto en primer lugar, al sistema económico europeo como exportador es de materias primas . P a ra m e j o ra r di c h a s e x p o r t a ci o ne s , Egipto y T únez podían convertirse en los puntos de partida para las penetraciones hacia el África Subsaha riana: hacia el oeste de Áfr ica en dirección al gran meandro del río N íger y hacia el este de África por el r ío Nilo ( O W E N , e d . 1 9 7 7 , 2 40 - 2 4 1 ) . Desde la constitución del Segundo Reich y en orden a la promoción de los intereses comercial es alemanes , Bismarc k evitó poner en m archa una polí tica colonial por mo tivos estratégicos , econó micos y políticos. Dicha polí tica debería coexi stir con las diferentes polí ticas colonial es y sus derivaciones geopolí ticas se basaban en tres axi omas: compensa r a Francia en Á frica, alcanz ar acuerdos comerciales con Gr a n Bretaña y usar el contine nte africano como moneda de cambio en las cr isi s europeas. 141 En primer luga r, la políti ca colonial f rancesa se afirmó tras la derrota en la Guerra Franco-Prusi ana (1870-1871) y fue amplificad a con la complicidad del canciller alemán ; las expl oraciones hacia el Sahara se m ultipli caron y los proyectos de un ferrocarril transahariano tomaron cuerpo: el objetiv o de la política colonial francesa era reforz ar su influenci a en África Occidental y consolidar su posición en el Magreb . En segundo lugar, Gran Bretaña esta ba irremedi abl emente inv olucrada en Eg ipto tras la apertura del Canal de Sue z, vigilando de cerca la polí t ica colonial francesa e intenta ndo ponerle obstáculos, principalmente en la expansión por el Sahara: el objetivo de la política colonial británica era reforzar su inf luencia en el M ar Rojo y consolida r su posición en Egipto , inten tado abolir el condominio franco- británi co tras comprar al jedive egipcio sus acciones del Can al de Suez y tr as obtener Chipre del Imperio Otomano a cambio del apoyo británico contra las ambiciones r usas . Como resarcimien to, Gran Bretaña de jó a Francia li bertad de acción en Túnez, gracias también a la neutralidad de Bismarck. En tercer lugar, Bismarck util iz ó las crisis en Europa del Este, el antagonism o franco-británico, las inquietudes de España y las decepciones de Italia p ara plantear una Liga Medi terránea para la def ensa del statu quo y contra la política colonial francesa, que el mismo canciller defendí a (STERN: 1989, 504). El Congreso de Berl í n ( 1878) reforzó esta política e xterior alemana y un acercamien to entre el Segundo Reich y la T ercera Repúbli ca f rancesa f ue perseguido activamente por ambas partes, con o sin colonia s. El antagonismo franco-británico, en sus correspondien tes pe rspectiv as polí t icas y diplomáticas, y los impotent es deseos d e las naciones del sur de Europa, blo quearon cualquier polí tica colonial en el Mar M editerráneo y desplazaron hacia el Áf rica Subsahariana las riv alidades de las potencias. La atención de la política col onial francesa recay ó también sobre el resto del Magreb ante las presiones británicas en el Norte de África, la decepci ón por la pérdida del condominio fr anco -británico en Egipto, el deseo de encontrar una nuev a ví a de penetración sahariana hacia el oeste y el auge del panislamismo . A part ir de 1882 el g obierno francés se esforz ó en obtener importante s concesiones del sultán de M arruecos pero la oposición conjunta de Alemania, España, Gran Bretaña e Italia hi cieron renunciar las p retension es frances as en junio de 1884 (STERN : 1 989, 727 ). En el Áfr ica Subsahariana se enfrentaban los proyectos de Francia y de Leopoldo I I de Bélgica. Las expl oraciones de Pierre Sav orgnan di Braz zà y de Henry M orton Stanley encontraron vías de penetración hacia el África Central , lo q ue puso en alerta a b ritánicos y portugueses ya que el N orte del Congo era, nominalmente hasta 142 1880 , una prov inci a egipcia y un área cercan a al control portu gués . Desde 1880 Brazz à f ue f irmando contratos con jefes locales y el gobierno f rancés , para hacer olvidar la humillación causada por la liquidación del condomini o fr an co-británico en Egipto, decidi ó ocupar b uena par te del área del Congo . Leopoldo II y Gran Bre taña, inquiet os ade más por el prog rama colonial f rancés para Á frica O ccidental , reaccionaron apoyan do los interes es de España , I talia y Portugal , q ue en ese año ocupó la reg ión norte del r í o Congo. En Á fr ica Central, Stanley hizo lo i mposible para impedir en el río Congo el avance de los intereses comerciales franceses, q uienes e n octubre de 1882 ratificaron l os t ratados obteni dos por Brazz à. Esto amenazaba la supervi ven cia de las estaciones construidas y de los tratados negociados por Stanley , pero eso era y a una cuestión de derecho internaci onal: la soberanía es una prerrogativ a de los Estado s, no de indiv idu os, asociaciones o empresas ( HAMM O ND: 1966; MIÈGE: 1975, 31-37; READER: 2001, 459- 460 ; REYBROUC K: 2014, 45-66; STERN: 1989 , 498 ). Esta situación en África se había desarrollado a raíz de lo q ue ocurrió en el Mar M editerráneo: el ejército ruso habí a llegado a las puertas de Cons tantin opla e impuso el Tr atado de San Stefano el 3 de m arzo de 18 78. Contrariamen te a lo que se habí a acordado en el precedent e Conveni o de Budapest (1877), este tratado creó una g ran Bulgaria autóno ma, más g rande q ue cualqui er otro estado bal cánico, cu y as fronteras alcanz arían la ciudad grieg a de Tesalónica. Rusia ignoró los compromiso s previos y el desacuerdo austro-hún garo y británico hizo poco probable la acep taci ón de este tratado por parte de las potencias, por lo que el conde Gyula Andrássy, el ministro de relaciones ex teriores austr o-hún garo, expresó su intención de promover un congreso europeo. El zar y el ministro de relaciones exteriores r uso, Alex ander Gorchakov , trataron de ev itar un pel igroso ent endimien to ent re G ran Bretaña y el Imperio Austro - Húngaro, tratando de ser los primeros, con el benepláci to de Bismarck, en llegar a un compromiso con Viena . Andrássy f u e muy exigente: la reducci ón t errito rial de Bulgaria y e l derecho de anexionarse Bosnia-Herzegovina a cambio de u na benévola neutralidad en un posible conflicto ruso -británico (KAN N: 1998, 345 ; M ER KER: 2006, 181). Viena veía en la ocupación de Bosnia-Herz egovina no sólo una mejor posición militar en los Balcanes contra Rusi a y contra Itali a, en el caso de anexión itali ana de Albani a en v ez de Túnez, sino además una etapa en el camino hacia Tesalónica, l o que contribuirí a a un mayor y m ejor comercio con el Norte de África . Además, el Imperio Austr o-Hún garo, con sus más de dos mil k ilóme tros de litoral continental y sus 143 más de cuat ro mil kilómetros de costa s insul ares, tení a que confiar en el tr áfico marítimo, tanto para el comer cio como para el tr anspor te de t ropas, debido a las deficientes l í neas ferrovi arias y al i nsuficiente trá f ico fluvi al . Andrássy r econoció q ue Viena ten ía q ue asegu rarse cier tas ven tajas comercial es, sin buscar la anexión inmediata, pe ro sin permitir obs táculos para la expansión austro -húnga ra: el objetivo de la polí tica “colonial” austro -húngara era mantener ba jo su influencia al m enos la mitad occide ntal de los B alcanes (ALBER TINI: 20 10, vol .1, 57-69; SOKOL : 2010, v ol.1, 45 ; SONDHAU S: 2003, 45). La atención de Alemania estaba bien lejos de lo que Rusia hací a en los Bal canes o del comerci o austro -hún garo con África. El 20 de abril de 1878 el e mbajador alemán en Londres, Georg M ünster 1 , escribió a Bismarc k: “ será el mundo financi ero el que muy pron to cal mará al gobierno de Par ís, ya que los be neficios económicos serán mayo res que todos los recuerdos históricos de Napoleón en Egipto. Lo que Francia busca en África es consol idar su poder en Argel, en Túnez y en el puerto de B ona [ Annaba] . Para Inglaterra , esta adquisici ón frances a sería mucho menos g rave que la ital iana ” 2 . Francia no irí a a la g uerra por Egipto, pero estaba m uy pendiente de la situación en los Bal canes. El 30 de abril 1878 el embajador francés en Vien a comunicó a Parí s q ue era probabl e que la consecuencia natural de la ocupació n de Bosnia - Herzegov ina fuese la anex ión austro-húngara de Albania y de Macedonia. Esto e ra ir más allá del Tratado de San Stefano y perjudic arí a los intereses británi cos, ya que 1 Münster, Georg Herbert zu (1820 -1902), diplomático alemán. Nacido en L ondres, tr as sus estudios de Derecho en Bonn, Göttingen y Hei delberg se hizo cargo de las grandes propiedades de la familia. C onservador, rechazó las reformas en el Reino de Hannover y consideró las Revoluciones de 1848 -1849 como u n desastre. Rep resentó a dicho reino en Sa n Pete rsburgo entre 18 57 y 1865 y estaba en contra de que Hannover fuese integrado en la Federación Alemana del Norte prime ro y al Segundo Reich despué s. Debido a sus víncul os con la sociedad a ristocrática británica, fue nombrado embajador alemán en Lo ndres en 1873. A partir de la psicosis d e guerra de 1875, su relación c on Berlín comenzó a deteriorarse ya que mostraba un a lto grado de autonomía al enviar directamente s us informes a Guillermo I sin pasar previamente por el Auswartiges Amt , ganándose la r eputación de insubordinado. Dur ante el Congreso de Be rlín en 1878, se esfo rzó para que el gobierno británico comprendiese la actitud alemana al mismo tiempo que advertía al gobierno alemán de l os peligros que l e acechaban. La e scalada de tensión entre el Canciller y Münster tu vo s u cúlmen entre 1884 y 1885 por la política colonial: Münster se había negado a plantear la necesidad de colonias alemanas ya q ue el Segundo Reich no tenía los medios navales necesarios . Sin e mbargo, trató d e alcanzar un acuerdo con Gran Breta ña ante las recl amacione s alemanas en África y en el Océano Pacífico. Se gún Bis marck, n o lo hizo de manera eficiente y, entre violentos reproches, organizó una m isión especial a Londres a ca rgo de su hijo Herbert . No consid erando a M ünster apto para representar l as ideas c oloniales alemanas d urante la Con ferencia de Berlín , Bismarck lo nombró embajador en Francia en nov iembre de 1885. Busc ando un equilibrio d e intereses con París, m antuvo controversias personales c on Gui llermo II, sobretodo por la injerencia de los agregados militares en la lab or diplomática. El despido d e Bis marck en 1890 fue recibid o con júbilo por M ünster. Representó a A lemania durante la Primera Conferencia de la Paz de L a Haya en 1899 pero sabiendo q ue el d esarme era sólo ficticio. Solicitó su ces e a Bülow y a Hol stein, q ue lo a ceptaron en noviembre de 1900 (NDB: 1997, vol.54, pág.535-537). 2 DG PE Kabinette, 2 . Band. Der Berliner Kongreß und seineVorgeschichte, Berlín 1922, pág.291, Der Botsch after in London Graf M ünster an den Reichskanzler Fürsten von Bismarck, Ausf ertigung Nr.401, 20/04/1878. 144 darí a el beneplácito a las conquistas rusas y colocaría al gobierno de Co nstantinopla a la merced de San Pe tersbur go. Un acuerdo anglo -ruso, que tendrí a ta mbién el benepláci to de Bi smarck, hací a temer a András s y , más aún tras recibir el 8 de m ay o de 1878 una r espuesta poco satis factoria desde San Petersburgo: Rusia aprobaba la ocupación austro-hún gar a de Bosnia-Herzegov ina pero insistí a en que una parte f uese dividi da entre Serbia y M ontenegro, lo q ue signi ficaba cerrar a Viena la vía hacia Tesalónica (ALBER TINI: 2010, vol .1, 59- 69 ). Andrássy promovió de nuev o un congr eso europeo y q ue se celebrase lo antes posible, sobre t odo para que la situación no se volviese aún m ás desvent ajosa para el Imperio Austr o-Húnga ro. Aceptando la invitación para un a conf erencia sobre la que se iba discutir el Tr atado de San Stefano y, m ás importan te aún, con un Bismarck totalmente neut ral, cuando se fijó la fecha de ini cio del congreso ya era demasiado tarde: Gran Bre taña y Rusia ya hab í an resuelto las cuest iones más importan tes en u n acuerdo f irmado el 30 de mayo de 1878, donde Bulgaria f ue redimensionad a y Rumania f ormalmen te reconocida . En estas ci rcunstancias , Constanti nopla, San Petersbur go y Viena se dieron prisa en retomar las negociacion es con Londres. Er a importante acla rar, bil ateral mente o no, las a mbi ciones austro-húngaras y rusas en el M ar M editerráneo: Viena deseaba hacerse con el puerto de T esal ónica para su comercio y San Petersburgo deseaba hacerse con el control de l os Estrechos de los Dardanelos . En acuerdos secretos y separados, Gran Bretaña promet ió al Im peri o Austro-Húnga ro que apoy ar ía su ocupación de Bosni a- Herz egovina si a su vez se empeñaba en apoyar las exigencias británicas relativ as a Bulgaria durante el congreso; luego ase guró al sultán otomano que g arantizarí a su control sobre la Turquí a asiática a cambio del uso de Chipre como base naval (ALBE RTINI: 201 0 , vol .1, 59 -60, KISSINGE R: 1998, 216; SOKOL : 2010, v ol.1, 21; WIESER: 1989, 32). Tras estas concesi ones bilaterales en los Balcanes, la principa l f unción del congreso sería la de otor gar la venia europea a todo lo previamente ya negociado. No obstante, Alemania, Gran Bretaña y el Im perio Austr o-Húngaro volvi eron a plantear compensaciones en el contine nte africano. Bis marck al teró por co mpleto su ant eri or en foque en polí tica exterior: si ya no podí a mantener el e quilibrio de pode r teniendo menos compro misos que ningún potencial adversario, establece rí a más relaciones con más paí ses que ningún otr o posible adversario y, con ello, dejaría a Francia sin compromisos y podría escoger entre muchos aliados, seg ún lo ex igieran las circunstancias . Bismarc k e mpezó a preparar un sistema de ali anz as di estramente concebido: por una parte , para impedir que los po tenciales adv ersarios de Alemani a se 145 unieran y , por otra, para contene r las activ ida des de los asociados de Alemania. D e este modo, Bismarc k si empre t end rí a un veto sobre la acción co mún, así como la opción de actua r por su cuenta. Para ello, el canci ller prefirió e mpez ar a gana rse la confianz a de los f ranceses r espetando su in fluencia en Marruecos 3 , pero esto signi ficó para Parí s f irmar acuerd os y entre el 1 y el 4 de junio de 1878 fueron f irmadas una s declaraciones de intenciones mediante los cuales T o go quedaba bajo custodi a alemana 4 . No era una auténtica colonia, pero signi ficaba que Parí s se empeñaba en respetar los interese s a lemanes en el África S ubsahariana , concretamente entre el Benin f rancés y la Ghan a británica, y en otros p untos de la cos ta occidental afr icana . Así pues, el Congreso que iba a reunirse en Berlín perf ilaba a África como una simple subcláusul a en un acuerdo más grande y complejo relacionad o con el futuro de los Balcanes (ALBERTINI: 2010, vol.1, 68-69; FER G USON: 2007, 194; JA NU É I M I RET: 2007, 86; OBE RLÄN DER : 1878; STERN : 1989, 395 ). 5.1. EL C ONGRESO DE BER LÍN (1878). Bajo la presidencia de B ismarck, se abrió el Congreso de Berl í n el 13 de j unio de 1878. Bismarck inició todas sus intervenciones c on estas palabras: “ Alemani a, que no tiene ningún interés directo en los asuntos d e Oriente ” , y describió su papel en el congreso como el de “ honorable ag ente ” (“ ehr licher Makler ” ), aunque el banquero Bleichröder recordó a Bismarc k q ue en su posici ón podí a ser cualquier cosa meno s neutral . Al ig ual que un comerciante, Bismarck exponí a su pensamiento con franqueza y, cuando encontraba recal citrantes a sus interlo cutores , se e s forzaba en ganárselos para su causa con “agasajos” que no le costaban nada ya q ue se trataba de regiones alejadas de las f ronter as alemanas. Una vez pasada la novedad de las t ácticas diplomáticas de Bismarck, la posición del canciller se f ue complican do cada vez más: no había n ingún interés alemán q ue salvaguarda r en los Balcanes excepto evi tar una guerra entre el Imperio Austro-Húngaro y Rusia. Bismarck intentó desviar el centro de l a atención cuando señaló al primer ministro británi co, Di sraeli, como el más direct o interesado . Cierto es q ue ambos estadistas llegaron a admirarse mutuamen te: los dos suscribí an la Realpolitik , no sentí an la menor simpatía por los pueblos eslavos y eran muy dados a las f rases cí nicas y mordaces, a las generaliz acion es y a las puyas sarcásticas. Hastiad os por los detalles, Bisma rck y Disraeli preferían resolver la diplomaci a a grandes r as gos , encar gándose los correspondientes ministros de 3 BA, R901 Auswärtiges Amt, 12. M itteilungen (N achrichten) und In formationsa ustausch zu verschiedenen gesellschaftspolitischen Bereichen, 12.2. L änder, 1 2.2.1. Afrika, R9 01/33240, Bd.1, Berichte und Nachrichten allgemeinen Inhalts aus und über M arok ko (Feb rero 1874 - Juni o 1903). 4 SB A, Bundesblatt, Band 1, Heft 14, 05/04/1890. 146 exteriores, Bülow y S alisbury , de la cotidiana y detallada negociación política (KISSIN GER: 1998, 216 -251; S TERN: 19 89, 395- 499 ). Pese a l os acuerdos preli minares, éstos no f ueron precisos y varia s v eces los plenipo tenciarios estuv ieron a punto de ruptura . Con respec to a Á frica, Bülow hab í a señalado a Italia su apr obación sobre la ocupación de Túnez o de Trípoli , siempre y cuando G ran Bre taña estuviese de acuerdo; temerosa de la reacción fr ancesa, Italia se abstuvo de cualquier interven ción. Cuando el embajado r italiano en Londres supo del tratado anglo-otoma no, mostró su preocupaci ón a Bülow . Bi smarck, inf ormado e indignado por la neg ativa italiana, le dijo a los br itánicos: " tomen Egipto y dejen que Francia to me Túnez ". Sali sbury dej ó entender vel adamente al e mbajador italian o e n Berlí n que hubiera preferido que Italia f uese más f uerte en el Mar Mediterráneo pero, para apaciguar a Francia, Salisbury declaró : " Tomen Túnez si quieren, Inglaterra no se opondría a ello y respetará sus decision es ” (ALBER TINI: 2010, vol.1, 30 -3 1) . El cancill er instó una vez más a Francia a t omar T únez y mostró hostil idad hacia I talia. Tras acordar el f uturo de Bulgaria, Bosnia-He rzegov ina y también de Grecia, pese a l a oferta hecha a Francia e Italia con r espec to a la ocupación de T únez, la única acción italiana en África f ue que sus cónsules en Ad én llegaron a acuerdos con Etiopía (ALBERTIN I: 2010, v ol.1, 32 -69; QUAZZ A, ed. 19 91, 9 ; R AULICH : 1925, 401 ). Se establecieron otros f rágiles acue rdos sobre las de más pose si ones otomanas en Europa y en África que f ueron, bajo varios aspecto s, la si mpl e prosecución de la dipl omacia europea f ue ra del contine nte. M edi ante una conv enci ón firmada con la Subli me Puerta el 14 de junio de 1878 f ue ratificada la cesión de Chipre a Gran Bretaña por parte del Imper io Ot oman o. Ante la pérdida de poder y de prestigio, el sultán Abdul Hamid II hizo un llamamiento a la solidaridad musulmana usando los sí mbolos del califato y del Islam en un modo aún mayor que sus predecesores. El I mperio Otomano se habí a vue lto más asi ático y m ás musulmán a causa de las pérdidas territoriales por lo que podía amenazar con proclamar una yihad entre los m usulmanes de todo el mundo , especi almente en las coloni as británicas y francesas y en las posesiones rusas . Much os polí ticos europeos consid eraron poco realista la política panislamista pero, en g eneral, los administradores de las colonias s í tuvieron en cuenta la gravedad de dichas a menazas (FERGUSON: 2007, 194; ZÜRC HER : 2007, 96-100). 147 El Congreso de Berlín (UBH, Kladderadatsch, 16/06/1878). El 20 de junio de 18 78 Disraeli le comunicó a la r eina Victoria, recién proclamada empera triz de la India, que “ Bismarck está encantado de que tomemos Chipre porque cogemos algo ” (DE G RUN W AL D: 1963, 287) . Pero más importante aú n, a cambi o de t ener las manos libres en Egipto, Gran Bretaña pactó con Alemania la renuncia a Namibia, ex cepto el enclave de W al f ischbucht , la actual W alv is Bay . El acuerdo anglo-ruso sobre la div isión de Bulgaria, con m utuas limitacione s para el sultán y para el z ar, fue rec hazado por el Imperio Aust ro-Húngaro. En estas circunstancias , Andrássy se dio prisa en concluir otro acuerdo con Salisbury . Viena , alentada por Berlín, abogó cada vez m ás a favor de un acercamien to haci a Alemania con el fin de contener las ambiciones de S an Petersbu rgo en l os Balcanes y la consolida ción de las recientes ad quisiciones acordadas . Rusia obj etó que su s propuestas se alejaban por completo de t odas sus prevision es y el resentimiento ruso se volvi ó principalmente contra Alemania y contra Bisma rck, el mediador en el congreso (ALBERTINI: 2010, vol .1, 58- 89 ; ATM ORE, OLIVER: 199 7, 70 ; STER N : 1989, 395). El 4 de julio de 1878 el pl enipotenciario otomano, Karatheodory Bajá, declaró que había recibido nuevas instrucciones de Constantinopl a y el g obierno otomano tení a plena confianza en la opinión del congr eso sobre la mejor manera de asegurar la 148 paz en Bosnia-Herz egovi na, pero que se reservaba el derecho de considerarlo directamente con el gabinete de Viena. A pesar de las protestas de Bismarc k, la delegación otomana permaneció en esta actitu d. No obstante, el sult án otomano, conven cido de la necesidad de llegar a una ali anz a con un estado europeo, eligió a Alemania como socio: Berlí n g ozab a de gran influenci a ante la Sublime Puerta debido al enorme volumen de negocios entre ambos imperios y el Islam empezó a ser f uen te de interés para los académicos alemanes. Desd e el punto de vista otomano, Alemani a era vista como el peligro menor entre las potencias europeas ya q ue era la única q ue no presionaba en sus f ronteras y q ue no habí a coloniz ado ni tierras musulmanas ni territorios africanos . Desde el punto de vista alemán, pese a que Bi smar ck albe rgaba desprecio por la Sub lim e Puerta y por su modo de hacer polí tica, existían concreta s posibil idades para la creación de una es fera de influencia econó mica y mili tar en el Imperio Otomano que atajase en parte la amenaza r usa ( ALBERTINI: 20 10, vol.1, 61- 63; LÜTTKE : 1878; SECCIA: 2007, 21; STER N: 1989, 314, 516; ZÜRCHE R: 2007, 100 ). El Congreso de Berlín concluy ó e l 1 3 de j ulio de 1878 con la f irma de un tratado, el T ratado de Berlí n, por parte de Alemania, el Imperio Aus tro -Húnga ro, Francia, G ran Bre taña, Italia, Rusia y el Imperi o Otomano, q ue mantu v o en vigor el statu quo de l a navega ción en los Es trecho s: “[Quiene s] deseen estab lecer un pensamiento de orden europeo conform e con las disposiciones del Tratado de París [de 1856], conforme a las cuestion es planteadas por los acont ecimientos de los último s años y conforme a la guerra concluida con el Tratado de San Stef ano […], la reunión en un Congreso sería la mejor manera de plantearlas […]. Art.VIII. Los tratados de comercio y navegación, así como todos los convenios y acuerdos celebrados entr e las potencias extranjeras y la Sublime Puerta se mantienen en vigor […]. Art. LXIII. El Tratado de París y el Tratado de Londres [de 1871] mantienen t oda s sus disposici ones ” 5 . Ese mismo día Andrássy daba a conocer un documento en el cual el gobierno austro-hún garo d eclarab a que la ocupación de B osni a-Herzegovina no afectaba a los derechos soberanos del Sultán y q ue l a ocupación sería t emporal. El 27 de j ulio de 1878 en Sarajevo los musulmanes, apoy ados por la g uarnición otom a na de la ciudad, 5 BA, RG 1878 , St .31, G. 1267, S. 307-345, Vertr ag zw ischen Deutschland, Ö sterreich -Ungarn, Frankreich, Großbritannien, Italien, Rußland und der Türkei , 13/07/1878. 149 dieron lugar a una revuelta en señal de prot esta por la inminente ocupaci ón y el 3 de agosto de 1878 se llegó a la abierta confr ontaci ón, no sólo en el ámbito internacional sino también en el interi or del mismo Imperio Austro -Húngaro . En Bosnia -Herzegóv ina se tuvieron que recurrir a t ácticas militares poco conven cional es q ue, años más tarde serían similares a las que empleasen los alemanes en Á frica: ausencia de mapa s detallados, recurrir a guías y a porteadores del lugar, g uerra de g uerrill as y captura de rehenes (prevalentemen te los jefes locales). Bosnia-Herzegóvi na f ue prácticamen te pacificada en noviembre de 1878 ( ALBER TINI: 2010, vol .1, 61 -78; SOND HAU S: 2003, 27 -38). El congreso, realiz ado en medio de g randes f astos, fue un tr iun fo para Bismarck ya que pare ció que el canciller modificaba el mapa de Europa, que transformaba las relaciones internacionales y q ue guiaba a las potencias hacia la pa z. Pero también f ue ron días de grandes crisis , internas y externas: hubo dos intentos de atentado contra el káiser, públicas diver gencia s de opini ones entre el canciller y el prínci pe heredero Feder ico Guill ermo y e l Reichstag exigió una actitud más enérgica del canciller en el congreso, con amenaz as de Bismarck de poner a salv o el Segundo Reich disolviendo el Reichstag y convoca ndo nu evas elecciones. Tras el Congreso de Berlí n las potencias bus caron su segurida d multipli cando su superioridad militar para no depender tanto de lo s desconcertantes avata res de la diplomacia. Llegados a este punto, Bismarck denominó “ la pesadi lla de las coaliciones ” ( Der Alptraum de r Koali tionen ) al hecho de que las pot e ncias europeas pudiesen alia rse contra el Segundo Reich (BALFOUR : 1968, 113; HOPKIR K: 2004, 424 -425; KISSINGER: 1998, 221 ; STÜRM ER: 1993, 272- 273 ). Poco o nada interesaba al canciller q ue e l 14 de diciembre de 1878 Gran Bretaña rati ficase la anexión de Wa lvis Bay a la colonia de El Cabo y que intentas e anex ionarse def initiv amente Tr ansvaa l y Natal. El intento de confederaci ón f racasó y provocó la reacción de los bóer s y de los zul úes: durante la Guerra Ang lo-Zulú ( Zulukrieg ) los af ricanos derrotaron al ejé rcito británico en la Batalla de Isandhlwana el 22 de enero de 1879 y los bóer s estaban próx imos a la sublevaci ón 6 . El gobierno francés, siempre apoyado por Alemani a, reformó la administración arg elina y f inanció el estudio para un posible ferrocarril entr e los r íos Sen egal y Níger mientras q ue su s 6 PAAA, Afrika Generalia 1, Krieg der Englander gegen die Zulus un die Verhältnisse in Südaf rika, Bd.1, Sig.14.599, Enero 1879. 252 Bismarck es cribió a M ünst er, que pr ecisamente mediante las colonias Gr an Bretaña podría ganarse a la opi nión pública alemana 83 . Entre los colonialistas alem anes estaba abriéndose camino la idea de una Mitt elaf rika y Bis m ar ck estaba convencido de que la existencia de una z ona de libre com er cio en Áf rica Central, g obernada por Leopoldo II , sería mucho más ventaj osa para los intereses alemanes que una colonia alemana, un gobierno proteccionista francés o portugués o cualquier presencia b ritánica . Gran Bretaña aceptar í a las colonias alemanas a cambio del apoyo alemán contra las reclamaciones francesas en África, incluido el Con go (STERN: 1989, 499 - 500 ) . El 30 de agost o de 18 84, Bismarck escribió a Busch, de nue vo Subsecretario de Ex teriores: “ Sent imos la necesidad de llegar a un entendimiento sobre el desarrollo futuro de estas relaciones, primero con Francia y l uego c on los otros po deres involucrados al mism o tiempo, es pecialmente con el Congo […] . Fr ancia tiene la intención de un tramo contiguo de propiedad del Gabón y de gana r por el mismo , desde el r ío Ogowe, un a fluente para una conexión con el río Congo por encima de las cataratas. Las emp resas belgas del Congo simpatizan con Francia […] y hubo un acuerdo preliminar entre Stanley y Brazz à al respecto. Por este m otivo Francia exige, en todo el ám bito fut uro del Estado del Congo, la opción bien conocida de la plena libertad de comercio y está dispue sta a llegar a un acuerdo con nosotr os ; entonces Alemania también se asegur aría el libre comerc io para siempre, incluso en el caso de adquisición pref erente [ …] . Libre navegación en el Congo y en el Níger de acuerdo con los principios que entraron en vigor en el C ongreso de Viena y más tarde para los flujos internacionales del Danubio ” 84 . 83 DGPEK, 4. Band. Die Dr eibundmä chte und E ngland, Ber lín 1922, pág.5 9, 61, D er Reic hskanz ler Fürst v on Bi smar ck, z . Z. in Friedr ich sruh , an d en B ots chaft er in London Gr afen M ünster Telegr amm . Nr.234, 0 1/06 /18 84. 84 DGP EK, 3. B and. Das B ismar ck sche Bün dni ssyst em, B erlín 1 922, pág. 424 - 42 6, Der Reichsk anzler Für st v on B ism arck, z. Z. i n V arzin, an den Unter staat sse kretär im A usw ärti gen A mt Bu sch, Diktat Nr. 688, 30/08/1 884. 253 Gran Br etaña s aci ada co n Su dáfri ca y Cong o, pero Alema ni a aún tie ne hambre. Nótese a Bism arc k con u nifor me de m ariner o de la K aiserli che M arine (UBH , Kladder adat sch, 0 7/09 / 1884). La decisión final de Bismarck hay que verla como la opción del mal menor: el Congo no ser í a ni de Francia, ni de Gran Bret aña, ni de Portug al. Bismarck autorizó el reconocimient o oficial del Estado Libre del Con go per o Francia, pese a los acuerdos con Alemania, continuó dudando de las in t enciones alemanas. T anto Leo poldo II com o Bismarck consiguieron sus respectivos objetivos: el primero obtuvo el re conocimiento internacional de la AI C y el seg undo una g ran región de libre intercambio en Áf rica Central, el libre acces o a esa Mitt elaf rika . No obstant e Bleichröder no mostró un particular entusiasmo por el Congo ( HOCHSCHILD: 2001, 106; STER N: 1989, 501 - 502). 254 Acuerd o entr e el Seg undo Rei ch y la A s ocia ción Int ernacion al de l Con go (PAAA, Reichs- Gesetz blatte 1 884, St.23, G.1 616, S.211 - 21 4 , 08/1 1/18 84). El 8 de novi embre de 1884, el Se gundo Reich reconoció formalmente la soberanía del Estado Libre del Cong o 85 . La Kongoconferen z , la otra manera en la que fue denominada la Con ferencia de Berlín, se inició el 15 de nov iembre de 1884. Casi un mes más t arde, el 24 de diciembr e de 1884, L eopoldo II acept ó, a favor de Franc ia, modificar las f ronteras del Estado Libre del Congo, c ediendo parte del ter ritorio al norte a f avor de la anexi ón de Katang a en el este. Francia aceptó la nueva situación que se habí a creado en el Congo cuando, el 5 de febrero de 1885, firmó una convención fronteriza con la AIC ac erca de sus r espectivas posesiones y la cesión de algunas estaciones y propiedades 86 . L os portu gueses, después de arduas negociacione s con Bismarck, abandonaron sus aspiraciones sobr e la desembocadura del río Congo a cambio del enclave de Cabinda, ubicado más al nor te. Portugal t erminó reconociendo el Estado Libre del Cong o el 15 de f ebr ero de 1885, lo q ue provocó que l a penetración 85 PAAA, RG 1884, S t.23, G. 1616, S .211 - 214, Ueb ereinku nft zw ischen dem Deut s chen R eich un d der Int ernat ionalen Gese ll scha ft de s Kon go, 08/11 /1884. 86 A MA E - P, Tr aités, Congo , 188 50016, C onventi on re lativ e au x frontière s entr e le s poss essi ons de la France et les poss essio ns de l’Ass ociat ion inter national e du Congo en Af rique oc ci dentale et à la cession à l a Fr ance de sta tion s et de pr opri étés, 05 /02/ 1885 . 255 lusa en Mozambique se transformase en una ocupac ión militar, debido a las mir as expansionistas de los demás países europeos. Así pues, nuevos acuerdos t erritoriales africanos fuer on firmados por Alemania, Francia y Portug al. El acta final de la Conferencia de Berlín f ue firmada el 26 de f ebrero de 1885, con la procla mación de un acta de protección ( Schutz brief ) sobre l os te rritori os alemanes r ecién adquiridos en África y la ratif icación de los mismos t ras la firma el 21 de marzo de 1885 del Acta Adicional de Lisboa 87 (READER: 2001, 463; REYBR OUCK: 2014, 75). Portuga l bloqu eand o el paso d e Ale mania ha cia el Cong o (UBH , Kladder adat sch, 1 5/02 / 1885). Leopoldo II contactó varias v eces con Bleichröder para proponerle que las compañías alemanas usasen el puerto de Amberes como principal puert o continental, pero la política colonial alemana preveí a un masivo uso de los puertos hanseátic o s y la defensa de sus intereses comerciales. El 14 de julio de 1885 Francia llegó a nuev os acuerdos r especto al Congo 88 y aunque Gr an Bretaña , con un nuevo primer ministro británico, Salisbury, aún no del todo con vencido ante la nue va situación , s e negaba a reconocer las fronteras d el Estado Libre del Congo, durante el verano de 1885 un error administr ativ o en el Foreign Office hizo que Londres aceptase también las reclamaciones territor iales de Leopoldo I I (ATMORE, OLIVER: 1997, 14 4 - 162; ILIFFE: 87 SBA, Bu ndesblatt, B d.1, Hf. 14, S.9 59 - 96 0, Ex trait de s D élibérat ions du Co nseil F é déral, 05/04/189 0. 88 A MA E - P, Trait és, Congo, 1 8850015 , C onventi on fi nancièr e relativ e a ux conditions a ux quelles la France aur a la pr opriété des s tations ér igées par l’A ssoci ati on Inte rnat ionale d u Cong o d ans le bass in du Niadi Kwilu, 14/0 7/1885. 256 1998, 245; READER: 2001, 463; STERN: 19 89, 502; W ESSELING: 1999, 181) . Bismarck t enía su Bélgica afr icana y los comerc iantes alemanes una in creíble f uente de oportunidades en Mittelafr ika . 7.5. NO RTE DE ÁFRICA Y ORIENTE MEDIO. La historia del Norte de Á f rica, el M agreb y el Máshrek, y así como la de Orient e M edio está vinculada a la histor ia de los pueblos de l Mar Mediterr áneo: fenicios, r omanos, vánd alos, bizantinos y la expans ión del Islam hasta el Sahara. El Norte de África, islamizado y arabizado, mant uvo un fuerte comercio con los Reinos de Castilla, de Port ugal, la Corona de Ar agón, las Repúblicas Marítimas I talianas, y otros Estados Italianos, y el Imperio Biz antino. Las Cruzadas significaron la ex istencia durante los sig los XII y XIII de una presenc ia cristiana en Orient e Medi o, y además la relación comer cial a través de nav egantes de las R epúblicas Marítimas It alianas. Los otomanos se f ueron imponiendo como la potencia dominante de la z ona, incluso en la Europa balcánica a partir del sig lo XIV. Mientras el Islam permanecía en e l Reino de Granada, Portugal había sido lo suf icientement e fuerte para llevar la guerr a hacia África en el siglo XV, interfiriendo repetidamente en los asuntos d e M arruecos, mientr as que España a dquirió varios puertos e n Argelia y en Túnez. El comercio de esclavos, oro y otras materias primas propició l a f ormación de aris tocracias en los Estados Berberiscos y en la región del S ahel, en la q ue pocos soberanos centralizaba n el comer cio en determinadas zona s desde el interior hacia la costa nor t e de África o viceversa. El avance del Islam hacia el sur f ue detenido por el ancho cinturón de densa selva, de la mism a manera q ue con anterior idad bloqueó su avance el Sahara. Los Estados Berberiscos fueron cayendo en la órbita de in fluencia de la S ublime Puerta y el co merc io f ue decayendo a favor de la pirater í a, mient ras que en África Occidental, en los Reinos del S ahel y en l a region de los Gr andes Lagos surgieron reinos y estados bien organizados y centralizados, q ue ex plotaron sus recurs os miner os y agr ícolas. M ás tarde, la Revolución Indus trial iniciada en Europa fue desequilibrando el nivel de desarrollo de Áf rica y M edio Oriente, hasta el punto de que posibilitó la Independenc ia de Grecia (1821 - 1832) con el apoyo de las potenc ias europeas y co n un r ey germano. La apertur a de una amplia pl ataforma sobre el Mar M editer ráneo al Imperio Austr o - Húngaro y el progresivo av ance de Rusia hacia el sur, que le había proporcion ado una gr an fachada marí tima en el mar Negro, era visto con recelo por las pot encias occidentales, no dispuest as a permitir t ambién su acceso al M ar M editerráneo, lo que llev ó a su enfrentamiento en la Guerra de C rimea (1853 - 2 57 1856). La cons trucción del Canal de Suez (1859 - 1869) inició una asoci ación anglo - franco - egipcia que, en la prác tica, se tornó en do minación colonial. La ocupación británica se hab ía concebido como una ocupación conjunta anglo - fr ancesa para reinstaurar la autor idad del jedive T e wf ik , una mera inter vención temporal, por lo que no se hizo nada para altera r el control de las finanzas de E gipto por parte de la Caisse de la Dette . La dominación británica en Egipto dependí a, pues, de la buena voluntad de dicha comisión, donde el voto francés c ontrario a la ocupación británica er a una certeza por lo q ue el voto alem án er a f undamental. En abril de 1884 el Foreign Office escribió q ue en Egipto “ los inter eses financieros al emanes no superaban un mísero millón de marcos ” ( STERN: 1989, 506 ) pero los británicos vieron que la repr esión del Alzamiento Urabi (1882) y la ocupación del Valle del Nilo hab í a compromet ido su libertad de acción y que se enc ontr aban a nte la exigencia de obtener el apoyo alemán contr a Francia, aunq ue el gobierno brit ánico no tenía la intención de reconocer protect orados alemanes en África (BALFOUR: 1968, 7 5- 7 6; FERG USON: 2007, 197; STERN: 198 9, 507 - 520; S TOECKER, ed. 1977, 19) . Bismarck apoyó la dominación británica en Eg ipto y la peculiar posici ón de Alemania en el Jedi vato resultó ser de vital imp ortancia en la dip lomacia del Wet tlauf um Af ri ka . El desin terés de Bismarck por el M agreb se debía también a que el 11 de mayo de 1884 Italia, su aliada en la Triple Alianza, rehus aba una propuesta francesa de ocupación italiana en Libia a cambio de la ocupación frances a en M ar ruecos. El 12 de mayo de 1884 B ismar c k f u e inf or m ad o de q u e “ las relaciones e ntre Francia y Marruecos son muy satisfac torias y sin conflictos ” 89 ; el g obierno francés se había esforzado en obtener importantes concesiones d el sultán de Marruecos pero encontró la oposición conjunta de Alemania, España, Gr an Bretaña e Italia a una ult erior expansión por el Magreb. Bismarck utilizó las expecta t ivas de Madrid y las desilusiones de Roma para proponer una Liga M ed iter ránea que defenderí a el sta tu quo contra la polí tica francesa. En dirección contraria , e l apoy o alemán a la polí tica colonial fr ancesa sirvió para desvi ar su atenc ión del centro de Europa, haciendo todo lo posible para satisfacer al máx imo las ambiciones francesas, salvo en Alsacia - Lorena. Dichas am biciones terminaron por enfrentar a Franc ia contr a sus rivales coloniales: Par í s present ó un proyecto de tr atado sobre Marruecos q ue no gustó ni a M adrid ni a Roma. Fr ancia se había enemistado con España a causa de Marruecos 90 , 89 PAAA, Afrika I.B.2 0, Bd. 1, Si g. 14.59 8, Do c.44 41G, Par ís, 1 2/ 05/18 84. 90 PAAA, Spanisc he Be sitzung e n in Afri ka 3, Col onisati on s - Bestre bungen S panie ns in Nor dw est - Afrika, Bd.1, Sig. 16.3 14, 25/11 /1884; NA RA, T he W ashin gto n Post , Fran ce and M orocco, 16/ 06/188 4. 258 con Gran Bretaña a causa de Egipto y con I talia a causa de Libia y Tún ez. Mientr as varios minist ros franceses proponían la compensación de Libia a cam bio de Túnez , Londres y París estuvieron a punto de enf rentarse por Egipto (ALBERTINI: 2010, vol .1, 113; AT MORE, OLIVE R: 1997, 77 - 153; ILIFFE: 1998, 245; QUAZZA , ed. 1991, 9; R EADER : 2001, 493 ). E l 17 de mayo de 1884 Bism arck se inform ó sobre la salv aguar dia de los intereses de los propietarios alemanes y la cuantificación del capital alemán en Eg ipto 91 . A posteriori escribió al embajador alemán en Londres, M üns ter, que “ a princ ipios de mayo todavía estábamos dispuestos a apoyar a Inglaterra, pero a condición de que Gran B retaña viniese a nuest ro encuentro en asunt os de ultramar ” 92 . El 1 de junio de 1884 B ism arck comunicó a Münster que preguntase al Foreign Off ice si estaban dispuest os a negociar, sólo verbalmente, sobre Egipto 93 . Pensando en la posibilidad de una verda dera liq uidación de la par ticipación alemana en l a cuestión de Egipto, en junio de 1884 Bismarck se quedó sorprendido al conoce r que “ cien millones de marcos alemanes estuviesen invertidos en títulos egipcios ”, aunque la cifr a real era bastant e in ferior (S TERN: 1989, 520). Bismarck escr ibió al Secretario de Relaciones Exteriores, Hat z feldt, que estuvo a punto de apoyar los intereses franceses en Egipt o pero después consider ó como mejor opción el repar to de las esfer as de influencia en las r e giones c osteras de África que aún no estaban sometidas a ninguna jur isdicción europea. A cambio del apoyo alemán ante las reclamac iones francesas en Á fr ica, excepto en Egipto, Gran Bretaña debería acept ar las colonias alemanas. Ant e esta situación, el 11 de ag osto de 1884, Hatzfeld, escribió a Bismarck q ue el embajador francés en Berlí n preguntaba si Egipto podía ser el inicio de una al ianz a formal con Alemania pero se le respondió q ue Egipt o era sólo un caso puntual 94 . Desde Par ís, entre el 23 y 24 de ag osto de 1884, Bismarck recibía noticias análog as de su 91 PAAA, Aegypten 5 Ad h.1, Di e W ahrung der Int eress en de utscher B esitz er ae gypt isch er Fonds auf der proje ct. C onferenz in London b ehuf s A bänder ung d as a egypti schen Liq uidat ionsg esetze s un d d ie Feststel lun g des Betr ages d es in Aegy pt. W ert hen ange l egten deut sch en Capit ale, B d.1, Sig. 15.2 33, 17/05/188 4; PA AA, A egypten 5, Ad h.3, Zuschr ifte n v on P rivatper sone n be treffe nd di e Conferenz i n London z ur Reg elun g der aegy pt Angel agen heit, Bd. 1, Sig .15. 237, M ayo 1884. 92 DGPEK, 4. Band. Die Dr eibun dmä chte und Eng lan d, Berlí n 1922, p ág.9 3 - 94, Der R eich skanz le r Fürst von Bis mar ck an d en Bo tschafter in London G raf en M ünster, Konz ept. Nr.75 7, 24 /01/ 1885. 93 DGPEK, 4. Band. Die Dr eibundmä chte und E ngland, Ber lín 1922, pág.5 9, 61, D er Reic hskanz ler Fürst v on Bi smar ck, z . Z. in Friedr ich sruh , an d en B ots chaft er in London Gr afen M ünster Telegr amm . Nr.234, 0 1/06 /18 84. 94 DG P EK, 3. B and. Das B i smarck sche Bün dni ssyst em, B erlín 1 922, pág.414 - 415, De r Staats sekretär des Ausw ärtig en Am tes Graf v on Hatz feldt an d en Re ic hskanz ler Für sten v on B ismarc k , Nr.681, 1 1/08 /18 84. 259 embajador, el príncipe Hohenlohe, sobre una acción concer tada q ue no implicaba una alianza form al 95 (DE GRUN W ALD: 1963 , 267 ; HOHENL OHE: 1926, 310). Por tant o, ni alianz a f ormal ni mediación alemana, pero p ara allanar divergencias París dio instrucciones para que su embajador se reuniese con Bi smarck . T r as el encuentro con el embajador francés, el 30 de a gosto de 1884 “ Bismarck no hizo ninguna concesión corr espondiente con respecto a Egipto, donde los franceses e speraban tomar la iniciativa; cuando [el embajador francés] comen z ó a hablar del Canal de Suez , una gar antía solidaria, etc., el Canciller dijo: ‘estos acuerdos no tienen ni el valor del papel en el que están escritos. Q uien es dueño de Egipto es tam bién dueño del Canal'. En ot ras palabras, él no t endría nada que ver con un acuerdo que le pusiesen en un compromiso de obligación ” (HOLS TEIN: 1957, 160). Bismarck apoyaba un Egipt o británico, siempre y cuando Gran Br etaña aceptase la presenc ia alemana en África. Bismarck también apoyaba a Francia en África, excepto en Egipto y si no alteraba el st atu quo en el Mar M editer ráneo. Un enviado especial llegó a Gran Bretaña con estas directr ices, el e mbajador en La Haya Herb ert B isma rck, y , de regr eso, se desplazó hast a París donde el 6 de oct ubre de 1884 escribió al canciller q ue desde Parí s se recordaba el apoyo de Al emania durante la ocupación de Túnez 96 . Al inicio de la C onf erencia de Berlí n, el 15 de noviembre de 1884, Francia reconocía que el Norte de Áf rica era cada vez más important e: los colonos franceses en Argelia eran ya 350.000 y, a d iferencia de los colonos europeos en otras par tes del mundo, éstos podían mantener un estrecho contacto con su metrópoli a través del M ar M editer ráneo y acabaron teniendo una gran influencia sobr e la política fr ancesa, no proporcional en absoluto a su número e importancia reales. Alemania se preocup ó también de la colonizaci ón española cuando M a drid prom ulg ó una declaración en la que ot or gaba pr otecció n a la costa occidental de África com prendida entre Oued Edhahab y R’as Nouadhibou 97 . Antes de que concluy ese el año, se em pez ó a hacer 95 DGP EK, 3. B and. Das B ismar cksch e Bünd nissy ste m, Ber lín 1922, pág.4 20 - 421, Der Bot s chafter in Par is Fürst v on Hoh enlo he an de n Rei chska nzler F ürste n v on Bis marc k, A usfertigun g Nr.686 , 23/08/188 4. 96 DGPEK, 3. Ba nd. D as B isma rcksch e Bü ndnis system , Ber lí n 19 22, pág.431 - 436, Der G esand te im Haag G raf Her bert von B ismarc k, z. Z. in P aris , Nr. 694, 0 6/10/1 884. 97 PAAA, Spanisc he Be sitzung e n in Afri ka 3, Col onisati on s- Bestrebung en Sp anie ns in N ordw est - Afrika, Bd.1, Sig. 16.3 14, 25/11 /1884. 260 un seguimiento de la prensa acerca de Egipto 98 . El mayor pr oblem a eran los mahdistas, seguidor es de un movi miento de resistencia islámico q ue se oponí a al avance británico en Sudán y que hab ían proclamado una Yihad contra el jedive, y en enero de 1885 se hi cieron con el c ontrol de Jartum, donde fue e jecutado el cónsul austro - húngaro pese a la protección ofrecida por Gran Bretaña 99 . Los r ef u er zo s británicos lleg aron con retr aso como para salvarles y parecía obvio q ue, tanto Francia como Italia, empezasen a hacer planes sobre el territorio (ASHER: 2008, 183, 322 - 326, 350, LI NDQVIST: 2000, 51). El príncipe hereder o Guillermo escr ibió al zar “ que Alá los mande al infierno, así como dicen los turcos… ¡Esperemos que el Mahdi consiga ahogar en el Nilo a todos estos ingleses! ” (L UD W IG: 1930 , 158). Con l a conferenc ia todaví a en cur so, respecto a l eventual cam bio de postura ante Francia, e l 24 de enero de 1885 Bismarck comunicó al embajador Hohenlohe que apoyar a Francia en la cuestión eg ipcia signif icaría constituir un control mult ilateral 100 . Ese mismo día B ismarck escribió al emba jador Münster q ue “ el gabinete británico no t iene que tener dudas que vam os a derr otar la política egipcia de Inglaterra si nuestra política colonial fuera perjudicada [ …] . Ha sido una sorpres a para mí […] ver que [el For eign Office ] , en relación a Egipto , considera nuestra actitud como una de las causas de la difícil posición del gabinete británico [ …] . S i este es el caso, sólo pu edo expresar mi pesar p or no haber rectificado a tiempo [ …] . Asegúrese de que [el Foreign Office ] diga con franque z a qué querría que hiciésem os con Egipto y, en c ambio, el comercio con las colonias será una ganga pa ra Inglaterra ” 101 . Bismarck reiteraba su apoy o a un Egipto británico, siempre y cuando G ran Bretaña acept ase la presencia alemana en Áf rica; par a hacer más aceptable es t e acuerdo, las condiciones económicas para el comercio británico en las colonias alemanas serían muy rentables. Hubo divi sión de opiniones en el Foreign Office ya que Bismarck podía exhibir su opción egipcia y Londres no quer í a buscar dificult ades con Berlín sobre este asunto. Además, otra potencia se a cercaba a Egipto: la ocupación italiana de M assawa, para r eparar en p arte la ocupación francesa de Túnez, tuvo lugar el 5 de febrero de 1885 sin informar formalm ente a los aliados de la Triple 98 PAAA, Aegypten 6, Die aegy ptische P re sse, Bd. 1, Si g.15.245, 31/ 12/1 884. 99 AT- OeStA/HHStA SB Nl Braun 9 -1- 122 (1883 - 1888) . 100 DGP EK, 3. B and. Das B ismar ck sche Bün dni ssyst em, B erlín 1 922, pág.440 - 441, De r Reichsk anzler Für st von B is marck an de n Bot schafter in P aris Für s ten von Hohe nl ohe, Konz ept v on de r Hand Nr.69 7, 24/01/188 5. 101 DG P EK, 4. Band. Die Dreib un dmächte u nd Eng lan d, Berlí n 1922, p ág.9 3 - 94, Der R eich skanz ler Fürst von Bis mar ck an d en Bo tschafter in London G raf en M ünster, Konz ept. Nr.75 7, 24 /01/ 1885. 261 Alian za. Rom a explicó al embajador aus tro - húngaro que M assawa servía para frenar y restring ir el movi miento colonialista italiano, ya que este presionaba hacia Libia y eso hubiera sido un "robo" contra el Imperio Otom ano. Dirigirse hacia el Mar Rojo, donde Eg ipto r etir a ba tropas y donde el Imperio Otomano se negaba a ocupar el vacío egipcio, podía ser la so lución más adecuada si además se t enía el consent imiento británico y si Londres aseguraba también el statu quo mediterráneo . Pese al v isto bueno a la acción italiana, el 8 de febrero de 1885 Gran Bretaña no aceptó la ay uda de un cuerpo militar italiano par a combatir contra el M ahdi en Sudán (ALBE RTINI: 2010, vol.1, 93 - 94; QUAZZA, e d. 1991, 9; SPEITKAM P: 2010, 124). El acta f inal de la Conf erencia de Berlín fue f irmada el 26 de f ebrero de 1885; t ra s el ac ta de p rotección ( Schut z br ief ) sobr e los territorios alemanes re cién adquiridos en África . T ras la firma el 21 de marzo de 1885 del Acta Adicional de Lisboa 102 , para aumentar la confusión , Alemania abogaba por la participación de España y Holanda en los asuntos r elativos al Canal de Suez 103 . Desde finales de abril y primeros de mayo de 1885, Alemania fue procediendo con la liquidación de sus valores en el Fondo Eg ipcio 104 y tranq uiliz ando a los brit ánicos sobre la neutr alidad del Canal de Suez 105 . En junio de 1885 el nuev o gobierno br itánico decidió adoptar una postura diferente ante el imperialismo ale mán en Áfr ica, aceptando la postura de Bismarck (STERN: 1989, 506). El Segundo Reich no había avanzado n ing ún reclam ación colonial en Orient e M edio desde 1871 y es t o no sólo se debía a la distancia g eográ f ica sino porque habían aprendido de los problemas coloniales de las demás potencias presentes en la zona. Con las colonias alemanas en Áf r ica, empezarí an a produc irse relaciones muy intensas con O riente Medio a tr avés del espacio eg ipcio - otomano p e ro Be r l ín lleg ó a la c onclusión de que en esta r eg i ón e ra mejor no tener pos esiones terr itoriales y q ue la in fluencia fuese a través del comer cio . A partir de 18 85 Alemania abandonaba el Má shrek y prefer í a entenderse directam ente con el Imperio Otomano en Oriente Medio donde podí a lleg ar a ventajosos acuerdos comerciales y militares 106 (SCH W ANITZ: 2003, 29) . 102 SBA, Bundesbl att, B d.1, Hf .14, S.9 59 - 960, Ex trait des Délibér atio ns du Co ns eil F é déral, 05/04/189 0. 103 PAAA, Aegypten 8, Regelu ng der Suez kanalfra ge, Bd. 1, Sig.15.267, M arzo 1885 ; PAAA, Aegypten 8 A dh.1, Bet hei ligung H olla nds und S paniens an der Suezkanal - Commi ssi on , eb en so di e Anträge ander er St aate n zw eiten Ranges auf T heilnahme , B d.1, Si g.15 .285, M arz o 1885. 104 PAAA, Aegypten 5 , Adh.1, Bd.1, Sig. 152 33, 30/ 04/1 885; P AAA, Aegypten 5, Adh. 1, Bd.2, Sig.15 234, 01/ 05/1885. 105 BA, R901 A uswärtige s Amt, 13 Ne utral ität , 13 .6 Se ekr ieg un d S chiff sverk ehr, R 901 /3361 5, Neutral ität der Ka näl e, Bd. 1 ( M ayo 1885 - Jul io 1 904). 106 BA, R901 Au sw ärtige s Amt, 11 M ilitaria, 11. 8 Ein tritt v on Deut schen in fr emde M ilitärdienst e, R901/29 075, Gesuch e u m Ei ntr itt in f remd e M ili tärd ienste u nd W ieder eintr itt v era bschi edet er pr eußisc her Offiz iere i n die Ar mee. P ersi en (Octubr e 186 0 - Nov iembre 1916). 263 nama Jan Jonker Afrikáner 2 y el 10 de enero de 1886 Bismar ck explicó ante el Reichstag la política colonial que per se guiría su gobierno 3 , con las correspondientes críticas en la prensa , en f ebrero de 1886 , a la socialdem ocracia y cr í ticos a e s t a “ misión civilizadora ” q ue se atribuían los imper i alista s 4 . Debido al pequeño tamaño de Togo las per spectivas económicas tampoco fueron muy altas por lo que la inversión en la c olonia tam poco fue muy elev ada; de todas formas, l os comerciantes alemanes ya se habían asegurado una zona de li bre comer cio exenta de impuest os mientras q ue la vecina colonia británica tenía unos aranceles del 50% . En el Áf rica Oriental Alemana , el gobierno colonia l mantuvo una presencia administrativa l imitada sólo en la costa, donde se concentr aban la mayor parte de las act ividades económicas y c omer ciales y donde lo s b eneficios más consistent es estaban asegurados por el cobro de las tasas aduaneras y por las mer cancías transportadas en caravanas ; e l número de las empresas alemanas era bastante limitado y la situación en el interior de l a colonia era de abierta host ilidad por par te de comerciantes árabes y af ricanos, llegando a incendiar la sede de la W einbe rger & Schumann en Tabora. Esta situación evitó que las empresas alemanas se moviesen hacia el interior de la colonia y se busc ase la protecc ión de la Ostafrikanische Kreu z er geschwader en la costa 5 . L as ciudades del interior no s e consideraron centros administrativos sino presidios militares , has t a que no se aumentó el númer o de militares y se a mplió el capital de la D OAG , cuyo principal accionista f ue el mism o k á is er ( BRAUN: 1886 ; PALLAVER: 2008, 111 - 112; R ING: 1887; SEBALD, ed. 197 7 , 72 ; TSCHACKERT : 18 86 ; W AGNER: 1886; WEIß: 188 6) . No obstante su rivalida d, Alemania ve ía en las ac ciones de G r an B r et aña u n modelo a seg uir pese a que tuviese un modelo sin precedent es en Sudáfrica y una administr ación sin precedentes en Egipto 6 . Para Bismarck, este géner o de influencia irregular er a preferible a una polí tica colonial bie n definida, porque podía ser alterada en cualquier m omento y no implicaba necesar iament e al gobierno m etropolitano en caso de dif icultades. Y estas no t ardaron en llegar: por mucho q ue se insistiese sobre el áureo futuro económico de ul tramar, las colonias seguían sin r egistrar cifras 2 BA, R1001 Rei ch skolon ialamt, 9. Deu ts ch - Südw estaf rik a, 9.24. V erwaltung ssache n, 9. 24.2. Angelegen heit en un d Aufst ände der einhei misc hen Stä mme, R 1001/ 2151, G ebi et des Häuptli ngs Jan Jonker Afr ikáner (M ay o 1885 - O ctubre 188 9). 3 NARA, T he W ashingto n Post, Polit ics in B erlin, 10 /01/1886. 4 AP, Kolonial - Po litisc he Korr espo ndenz, 09 /02/ 1886 ; AP, Kolonial - P oliti sche K orre spondenz , 16/02/188 6. 5 BA, R1001 Rei chsko loniala mt, 8. Deu ts ch - Ost afri ka, 8.18. Marine, R 1001/91 3, Bd .1, E ntsendun g deutsch er Krie gs schiffe nac h O stafri ka und Ber icht erst attu n g der Ko mmanda nten ( Febr er o 1886 - Abril 1887). 6 PAAA, Aegy pten 5, Ad h.4, Vo rlage der De klar ation u nd d es G aranti ever trage an B undëra th und Reichstag . Vor lage an di e P arlament e an derer M ächte. Emiss ion der gara ntierten A nleihe, Bd.7 , Sig.15. 244, marzo 18 86. 264 positivas en los libros cont ables y la única f uente const ante de beneficios eran las destilerías de pésimo alcohol par a los africanos, de las que incluso el propio Bismar ck poseía cuatro (ARENDT: 2006, 321; MERKER : 200 6 , 143 - 176). Pero Alemania no sólo se preoc upaba de sus más r e cientes colonias: en la medida de lo posible, trató de imponer sus criterios coloniales a otros paí s es, como cuando e n f ebrero de 1886 Portugal aceptó negocia ciones con Alemania acer ca de la frontera sur de Angola y l a norte de M ozambique 7 , e intentó proseguir su ex pansión en a quellos territ orios a fricanos aún no asignados, como, por ejemplo, en marzo de 1886 la i sla Matakong, fren te a S ierr a Leona 8 . Portugal buscaba ejercer la soberaní a sobre el terr itorio entre Ang ola y M ozambique, reivindicando Malawi, Zambia y Zimbabwe, conectando a s í el O céano Atlántico con el O céano Índico; Lisboa promovía expediciones que luego serían seguidas por la efect iva ocupación de los t erritorios deseados por Port ugal en África ( HAMMOND: 1 966 ; STOECKER, ed. 1977, 65 ). El 28 de f ebrero de 1886, el ag re gado militar en París, Karl von Villaume 9 , envió un inf orme en el cual los oficiales de la Arm ee d’A frique ex hortaba a los zuavos q ue Alemania sería el enemigo a combatir 10 . La Sublime Puerta mostr ó su apoyo a las empresas alemanas en África Oriental contra e l Sultanat o de Zanzí bar 11 , por lo q ue e l 2 de abril de 1886 Bismarck escribió a l e mbajador en Lond res, Hatzf eld: “ Inglaterra reclamó la soberanía de part e de las costas de Somalia que caen dentro del alcance [ de la D OAG] . I ntenc ión amistosa de investigar, antes de una expansión de la esfera de influencia alemana en Áf rica Oriental , s obr e la 7 BA, R1001 Re ic hskolo nialam t , 8. Deut sc h - Ostafr ik a, 8.13. G renz sachen, R1 001/ 602, A n spruch Portuga ls auf T eilnahme an de r Grenzkommi ssion (N ovie mbr e 188 5 - Febrer o 1886) . 8 BA, R1001 Re ic hskolo niala mt, 1 1. Ka merun und T ogo, 11.1. A llgeme ine pol itis c he Angelegen heit en, 11.1 .1. A fri ka allg eme in, v .a. Ber liner Ko ngo - Konf erenz 1884 /85 - Ko lonis atio n an d er W es tküs te v on Afri ka, R1 001/ 4186, Bd.13, E nthä lt u.a. : Erw erbung der In se l M atakong (v or Sierra Leon e) durch O tto L öw enthal und A ng ebot a n Deut sc hland z um K auf die ser I nse l (M arz o 1886 - O ctubr e 1901) . 9 Karl von Villa um e (1840 - 190 0). Ingresó en e l ejér cito prusia no en 18 60, al canza ndo el gr ado de capitán. D ura nte la Guerr a Ruso - Tur ca (1877 - 1 878) fu e obs ervador en el bando r uso. P er maneció a ctiv o como diplomát ico mi litar en la emba jada al emana d e Roma hast a 18 82. Lueg o se le con fió el cargo d e agregado m ilitar e n la embaja da alema na en París , sospe c hando ca da vez más que fue s e el jefe de un a red de espi ona je, p or lo que fue al ejad o de la capit al fra ncesa en 1886 . Fue nombr ado ay udan te de l príncipe hered ero G uiller m o II pero e n 1887 fu e de signado agrega do militar e n San P etersburgo, dond e entró en 1887. Vil lau me, y su s coleg as en Lon dres , Parí s, Roma y V iena, c ontr ibuy eron i ndirecta ment e a la desti tuc ión de Bi sm arck m ediant e su diplo macia para lela, que ar rojó mala luz sobre e l cancil ler. Ha sta 1893 fue el respons abl e del manteni mient o de las relaci on es político - militar es del Segu ndo Re ich en la corte de l z ar. A su r egr eso e n Alemani a t omó el m ando de una br igada para lu ego ser de signado dir ect or de la Direk t or d er Kr ie gs aka demi e (Academia de G uerr a) e n B erlín y c onsej ero pers onal de l ká iser ( HULL : 2004, 211) . 10 DGPEK , 6. Ban d. Kr iegsgefa hr in Ost und W es t Auskla ng der Bismar c kzeit , Ber lín, 19 22, pág. 128 -1 30, Ber ic ht de s M ilitärattache s i n Pari s Ober stl eutnant von Villaum e, Ab schrift. N º12 2 3, 28/ 02/1886. 11 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. Deut sch - Ost afri ka, 8 .1. Al l gemeine p oli tische A nge legen hei ten, R1001/8 23, Stel lung des S ultans der Türkei z u den deutschen Unt erneh mun gen in O stafri ka, insbeso nder e gegen über dem Sultan v o n Zanzíb ar (Abril 1 886 - D iciem bre 1 888) . 265 certe z a que no se ib a a llegar a conf licto con los actuales der echos británicos [… ] en la costa somalí. Cu a ndo ahora vemos que, al igual que hace dos años en Angra Pequeña, se hace un intento p or ev i tar una política en particular, tenemos que c reer que hay una intención dilat oria en t ratar con nosotr os para impedir, m ientras tanto, un hecho consumado en la cost a somalí : el temido protector ado alemán ” 12 . Otr as dificultades podían ser el tr áfico de armas y de municiones entr e Namibia y Sudáfrica 13 o las descritas por la prensa al em a na e ntr e e l 8 y el 17 de abril de 1886 acerca de los com bates que entabló la tripulación del SMS Cyclop en Ca merún 14 . Una m ayor autogestión de las colonia s se ot org ó el 17 de abr il de 1886 con la promulgación de una ley de un “desarrollo por separado” en las z onas protegidas ( Schut z gebiets geset z ) , lo que implicaba también un régimen jurídico dual, uno par a los alemanes y otro para lo s afr icanos . Este régimen jurídico dual se consolidó cuando el 21 de abril de 1886 se prom ul gó una l ey sobre el matr imonio y el estado c ivi l par a los ale ma nes y para los africanos en Camerún y en T og o 15 . Tras f irmar con jefes locales, Dehnhardt q uis o fundar una sociedad para la ex plotación comercial de W itu , la Deutsche W itu - Gesellschaft , pero al logr ar sólo la mitad de los f ondos necesarios , anunció la obligación de vender a los británicos, únicos interesados en e l proyecto, solución que, naturalmente, no inter esaba a la W ilhemstra β e 16 ( BO RNHAK: 1886) . El 21 de abril de 1886 , Bismarck escribió a Ha tzfeld: “ el trabajo de la Comisió n de Fronteras ha sido te mporalmente pospuesto hasta la llegada del nuevo miembr o francés [ …] . Pero según los inform es de nuestros agentes, tengo la impresión de que hay antagonismo por parte de Lord Kitchener [gobernador de Egipt o] contra los intereses alem anes […] . S e ha posicionado en todos lo s casos contr a nosotros y, ciert amente, hará todo lo posible para predisponer al [ repr esentante francés] t ambién contra nosotros. Esta situación, en la que nuestros agente s son siempre a priori una minoría sin 12 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. De utsch - Ostafr ika, 8.2 2. P rotekt orat ssach en, R1 001 /950 , Bd. 1, Deuts che Geb ietserw erbungen in So malilan d (Sept iem bre 1884 - Abr il 1886) ; DGP EK, 6. B and. Kriegsgef ahr i n Ost und W est A uskla ng der B ismarc kzeit, B erlín, 192 2, pág. 14 4 - 145 , De r R eichs kanzle r Fürst von Bis mar ck an d en Bo tschafter in London G raf en vo n Hatz feldt , Konz ept. Nr.79 1, 02/04/ 1886. 13 BA, R1001 Reic hs koloni alamt , 9. D eutsch - Südw estafrika, 9 .12 H andels - und Schiffa hrtssache n, R1001/1 838 - 43, B d.1 - 9, Hand el mit Waffen und M unition in D eutsch - Südw estafrika und Sudáfri ca (Abr il 1886 - Ago sto 1 913). 14 AP, Neueste M ittheilung en, 08/04/1886; AP, N eueste M ittheilungen , 17/ 04/1 886. 15 PAAA, RG 1886, St. 12, G. 1658, S. 128, Verordnun g, bet reffend die Ehe schli eßun g und di e Beurku ndung d es Per so nenst ande s für die S chutzgebi ete v on Ka merun und T ogo, 21/04/1886. 16 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. De utsch - Ost afri ka , 8.2 2. P rotekt orat ssach en, R1 001 /950, B d. 1, Deuts che Geb ietserw erbungen in S omal iland. - Ver träg e der Deuts ch - Ost afri kanis chen G esellsc haft mit Häuptl ingen (Sep tie mbre 1884 - Abril 1886). 266 esp eran z a, no es aceptable para nos otros, y si el gobierno br itánico no est á dispuesto a permitir un cambio, nos veremos obligados a retirarnos de esa Comisión y nuestr as condiciones en la costa de l Áfr ica Oriental s e tomarán de forma independiente ” 17 . El esp ect ro de la rap acidad británica er a el arg umento favorit o de l os impe rialist as para lograr los f ondos neces ario s en Alemania, de hecho e l c ónsul alemán en El Cabo prot est ó en ju nio de 1886 cont ra la fr ontera unilateralmente adoptada por los británicos en W alvis Bay 18 . E st os hechos no impidieron que la prensa, el 22 de junio de 1886, conmemor a se los dos años de política colonial 19 . Bismarck no hizo o tra cosa que conf ir mar su hoja de ruta en política colonial : protecc ión a las empresas alemanas, aprovechar el e stado de ánimo del elect orado y emplear la vía diplomática, lo que significaba a veces ceder ante los inter eses legítimos de otr os paí s es eur opeos pero también alcanzar acuerdos, como c on Gr an Bretaña, para de f inir las propias es feras de influencia, principalmente en Sudáfrica 20 ( STERN: 1989, 510 - 511 ) . E n el verano de 1886, Bi smarck no creyó necesario ayudar más a la D OAG y el 17 de julio de 1886 llegó a declarar que : “ podía tranquilamente contemplar la quiebra de la compañía sin t emer que se resintiese nuestro prestigio nacional […]. A ten erse , todavía , al princip io de seguir , pero no abri r , el camino a los pioneros alemanes ” (STERN: 1989, 510). Para Bismarck, la act ividad comercial en Áfr ica era secundaria, mientras no perjudicas e a l as compañí as en suelo alemán . P ero los acuerdos con Gr an Bretaña eran de gran import ancia ante cualquier posible alteración del stat u quo en E uropa. En agosto de 1886, durante una vi sita a Rusia, el príncipe Guillerm o, en nombre de Bismarck, of reció a San Petersburgo mano libre en los Estrechos de los Dar danelos. Esto suponía que, para contener una posible ex pansión rusa en Europa, para Alemania era import ante mantener la Triple Alianza y tener buenas relaciones con Gran Bretaña y eso podrí a lograr se si obtení an un común y satisfactorio acuerdo en Áfr ica e nt r e las difer entes potencias , en particular con Gran Bretaña e Italia . Pa ra 17 DGPEK , 6. Band. Kr iegsgefah r in Ost und W est Aus klang d er Bismarc kzeitp ág. Ber lín, 1922, pág . 146 - 147, D er Reich skanz ler Fürst von B ismarc k an den B otschaft er in Lon don Gr afen v on Hatz feldt Konzept v on d er Han d de s Un tersta atsse kretär s Grafe n Herbert v on Bi smarc k. Nr.7 92, 21/ 04/18 86. 18 BA, R1001 Rei c hsko lonial amt, 9. Deuts ch - Sü dw estafri ka, 9. 11 Grenz - und Vermes sungs sache n , R1001/1 789 - 96, Bd .1 - 8, Abgre nzung de s W alfi schba i - T erritor iums (Junio 18 86 - Oct ubre 1913) . 19 AP, Neues te M itteilu nge n, 22/ 06/1886. 20 BA, R901 Ausw ärtiges Amt, 12 M itteilungen (Nachr ich t en) und Inf ormat ionsa ustaus ch zu verschi edenen ge sell schaft sp olitisc hen Bere ichen, 12. 2 Länder, 12.2.1 Afr ika , R901/33 0 28, Ver hält niss e in Südaf rika, B d.9 ( Jul io 1886 - Nov iembre 18 86 ). 267 empezar, Bismarck empuj ó al Imperio Austro - Húng aro a adhiri rse a un acuerdo sostenido por Gr an Bretaña entre las pot encias mediterráneas, excluida Franc ia, cuyo objetivo declarado era el de mantener el statu quo en el Ma r Medi terr áneo : bloquear las aspiraciones fr ancesas en Egi p to y las aspiraciones rus as en los Estrechos de los Dardanelos (ALBERTI NI : 2010, vol.1, 92; BALFOUR: 1968, 138; DE GRUN W AL D: 196 3, 291 ; KANN: 1998, 501 - 502). Para mant ener dicho statu quo habí a que apoyar al Jedivato de Egipto, por lo q u e l a Bankhaus S . Bleichröder y l a L. Behrens & Söhne de H amburgo estaban interesado s en un nuevo préstamo a l jedive y se pus ieron en contact o con el gobierno egipcio en agosto 1886 ; se pr evió también la posibilidad de que se p usiese f in a la mediación de Francia y G ran Bretaña en la balanza comercial entr e el Segundo Reich y Egipt o. La Wilhe mstr a β e , dada la propensión de los capitalistas alemanes a buscar mayores tasas de interés en el extranj ero, trató de evit ar un exceso de of erta en Europa del Este y canalizar el capital hacia el mercado m undial: int e n tó negar a Rusia el dinero alemán y consi de r ó apr opiado la reducción de las dif icultades políticas para una mayor presencia de Bleichröder en Egipto. Bis marc k instó de nuevo a los banqueros a la f undación de un institut o f inanciero alemán en el extranjero 21 . E l 11 d e agosto de 1886 se firmó un t ratado comercial con el Sult anato de Zanzíbar sobre derecho aduanero y, más im portante aún, acuerdos comercial es entre el Segundo Reich y Gran Bretaña en la isla 22 (ST ERN: 1989, 522 - 527) . En Na mibia se vislumbraba n nuevas o portunidades comerciales, en concr eto con la p esca y la acuicultura 23 . El 2 de octubre de 1886, Herbert Bismarck inf or m ó q ue : “ no sabía en detalle los deseos de la DOAG pero que est o no quer í a decir que , probablement e , s er ía ganar el apoyo de Ingla terra ante e l S ultán en el derecho de uso de l puert o de Dar es Salaam ; tal vez concediendo algún tipo de impuesto , y con la neces idad de la afiliación territorial de Ga z i [ …] . Los asuntos de Zan z íbar llegarán a una conclusión satisfactoria ” 24 . 21 BA, R1001 R eichskolonia la mt, 8. Deut sch - O stafr ika, 8. 12. G esell schafte n, 8.12 .4. A nder e Handel sgesel lscha ften, R 100 1/433 e, Deut sche B ank. - Un terneh mungen in Ost - Afr ika (O ctubre 1886 - Noviembre 190 0). 22 PAAA, RG 1886, St. 28, G. 1683 , S. 285, Bekannt machun g, betref fend die Ermäß igung de s in de m Handel svertrag e m it Za nzibar erw ähnten, in Zanz ibar v om T abac k zu er hebe nden Zo lle s, 11/ 08/188 6. 23 BA, R1001 Re ich skolo nialam t, 5. Lan dw irtschaf t, F ischer ei, Jagd und Forstw es en, 5.1. F isch ere i und Fischz ucht, R 1001/ 7643, Bd.1, Fisc herei und Fisc hzuch t in Deut sch - S üdw estafri ka (Septie mbre 188 6 - Noviembr e 19 03). 24 DGPEK , 6. Band. Kr iegsgefah r in Ost und W est Aus klang d er Bismarc kzeitp ág. Ber lín, 1922, pág . 151 - 152, A ufzeichnu ng des Staats sekretär s des Au sw ärtigen Amt es G rafen Herbe rt von B ism arc k, Reinschri ft. Nr.7 98, 02/1 0/18 8 6. 268 Colabor ación a ngl o - ger mana ante e l Su ltán de Z anz íbar (U BH, Kladderadat sc h , 23/08 /1886) . El 5 de octubre de 1886 Roma advirtió que estaba a punt o de lle gar a un acuerdo con París sobre Libia si I ta lia estaba dispues ta a separarse de l Segundo Reich y d e l Im perio Austro - Húngaro (ALBERTINI : 2010, vol.1, 93 - 94). I nmediatamente e l e m bajador alemán en Roma escr ibió a Bism arck acerca del mantenimiento del s t at u quo en Libi a 25 . Fr ancia estaba molest a por lo concern iente a E gipto y la opini ón pública fr ancesa habría protestado ya que G ran Bretaña estaba a punt o de declarar un protector ado . P a r ís se apr oximaba a Roma y había e vocado el espect ro de otras anexiones británicas en el Ma r Mediterráneo , con la esperanza de una mediación por parte de Berlín ante Londr es debido a la amenaza de un entendim iento franco - ita liano . Ale mania y Gran Bret aña, de acuerdo en establecer de una vez por todas las áreas de influencia en Áf rica, se pusier on de acuerdo a f inales de octubre de 1886 tras haber hecho un inventario de l os terr itorios pertenecientes al sultán Bar gash Said: las islas de Zanzíbar, Pemba, Chol e Shamba y Lamu, un tramo de di eciséis kil ómetr os de ancho en la costa entre el rí o Mninjani y la localidad de Kipini, y los puer tos somalíes de Kismaayo, Barawa, M ar ka, M ogadiscio y Uarscheich. Alemania obtuvo toda la región compr endida entre los rí os Umba y Rowuna y Gran Bret aña finalmente ocupó el terr itorio entre los rí os Umba y Juba 26 . En el otro lado del continente afr i c ano , a parti r 25 DGPEK, 4. Band. Die Dreibu ndmä chte und Eng land, Berlí n 1922, pág.18 7, Der Botsch after i n Rom von Keu dell an den R eichsk anzler Für sten v on Bi smarck, Eige nhä ndige Au s fer tigung. N r.82 3 , 05/10/188 6. 26 BA, R1001 Rei chsko lon ialamt, 8. De utsch - Ostafr ika, 8.2 2. P rotekt orat ssach en, R1 001 /946 , Bd. 1, Deuts che Kolon ial bestr ebunge n im Ju ba - Gebi et (Junio 18 85 - A bril 1887) . [Document text truncated for crawler view.]