Historia religiosa, política y literaria de la Compañía de Jesús
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HISTORIA DE LA COMPAÑÍA. DE JESÚS.
Varios Prelados de España han concedido 1260 dias de indulgencia á todas las publicaciones de la LIBRERÍA RELIGIOSA.
444 .1) BARCELONA: WaRki1 II I • n •• n • .‘, 1 -5 „„ HISTORIA i i RELIGIOSA, POLÍTICA Y LITERARIA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, ESCRITA EN FRANCÉS POR CRETINEAU-JOLI, traducida al castellano P011 E. 1. D. 1). J. C. TOMO A 4 JI Y'..) VÁ l ' .. ' 1 * lb i, 1 1 ', ,,1 ? \14 . .‘1,,, , • Con aprobacion del Ordinario. IMPRENTA DE PABLO RIERA, 1853.
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HISTORIA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS. -- nn ••• n • n •--- CAPITULO PRIMERO. Cuadro sinóptico del siglo XVI.— Ignacio de Loyola.—Es herido en el sitio de Pamplona. — Su conversion. — Sé consagra á Dios. — Su penitencia.— El libro de los Ejercicios espirituales. — Plan de la obra.— Ignacio marcha á Palestina.— Da principio á sus estudios.— Su llegada á Paris. — Elige por primeros consocios á Lefévre y Francisco Javier.— Laynez , Salmeron, Bobadilla y Rodriguez. — Sus votos hechos en Montmartre. — Vision de Ignacio. Los Padres llegan á Roma. —Situacion de esta corte y del catolicismo.— Ignacio se ofrece al Papa. — Sus primeros colegas se deciden á fundar una sociedad religiosa. — Sus trabajos en Roma. — Los calumnian.— Su justificacion y rendimiento. — El cardenal Guiddiccioni se opone al Instituto. — El Pontífice encarga á los Padres de diferentes misiones. — Establécese la Compañía de Jesús. — Bula de su fundacion.— Ignacio. de Loyola es elegido primer general de la Compañía. — Su retrato. Emprendo una obra difícil , imposible tal vez. Voy á referir el origen, desarrollo, grandeza, sacrificios, estudios, misteriosas cábalas, luchas, vicisitudes, ambiciones, defectos, glorias., persecuciones y martirios de la Compañía de Jesús. Daré á conocer la prodigiosa influencia que ha ejercido esta Sociedad sobre la Religion; por el asombroso número de Santos que abrigara en su seno, por sus apóstoles, sus teólogos, sus oradores y moralistas: sobre los reyes ; por sus directores espirituales y sus diplomáticos: sobre los pueblos; por su caridad y doctas instrucciones; y sobre la literatura; por sus poetas, sus historiadores, sus literatos, y por los escritores que ha producido de un gusto y un estilo tan puros en todos los idiomas del mundo. Voy á ostentarla en su cuna militando en favor de la Iglesia ca-
- 6 — tólica y de los tronos, que el protestantismo naciente se imponía ya la mision de derrocar. La seguiré al otro lado de los mares, por todos esos océanos desconocidos á donde el celo de la casa del Señor arrastraba á sus Padres que después de haber sido la antorcha de los gentiles, ensancharon el cuadro de la civilizacion y d'e las ciencias, enseñando á los hombres que yacian sepultados en la sombra de la muerte, cuán bellos son los piés de los que evangelizan la paz. Penetraré en sus colegios, de donde salieron tantos personajes famosos, gloria ó desventura de su patria. Sondearé en sus abismos esa Jerusalen celestial para unos, é infernal para otros, que ha tenido parte en cuanto bueno se ha hecho en el universo, y á quien han mezclado en todo lo malo. Estudiaré ese Instituto tan poco conocido hasta el dia y del que se ha hablado con tanto amor y tanto odio. Profundizaré esa política tan tenebrosa para sus detractores , y tan franca para sus partidarios, pero que ha dejado una marca indeleble sobre los siglos XVI, XVII y XVIII, época célebre por la difusion de ideas é importancia de los acontecimientos. No me dejaré alucinar por los entusiasmos que la Compañía ha suscitado en su favor, ni por las preocupaciones y odios que su semiomnipotencia se ha eternizado. Los Jesuitas no me han contado jamás en el número de sus educandos : ni me vieron tampoco entre sus neófitos. No he sido su amigo ni su admirador, como ni tampoco su adversario. No les debo ninguna especie de reconocimiento , ni experimento hácia su Orden prevencion alguna. No soy de ellos, ni con ellos, ni en pro ni en contra de ellos. Son á mis ojos lo que Vitelio , Othon y Galba eran á los de Tácito; no los conozco por la injuria ni por el beneficio. Como historiador no me separaré de la historia, me ceñiré á la verdad , y á favor de los hechos incontestados é incontestables trataré de deducir consecuencias lógicas, no insertando opinion alguna sin haberla pasado antes por el crisol del mas concienzudo exámen ; voy á continuar lo que ya he principiado para la historia de la Vendée militar y la de los Tratados de 1815. El dia de las justicias debe ya lucir para todos, aun para los discípulos de Ignacio de Lovola. Los Jesuitas, como todas las creaciones humanas que abrigan en su seno un germen de fecundidad,
7 han debido por precision hallarse expuestos á dos escollos á que la fragilidad de la humana naturaleza no les ha permitido siempre sustraerse. Han sido demasiado poderosos para carecer de aduladores; y se les considera aun demasiado temibles para no excitar contra sí la aversion y aun el odio de sus émulos. En medio de ese inmenso piélago de opiniones que se cruzan, se chocan y se combaten , y que durante el transcurso de tres siglos, cosa sorprendente! tienen al mundo en expectativa de una polémica cuyo interés se robustece á la sombra de las revoluciones mas ruidosas, la Compañía de Jesús ha producido sola mas hombres distinguidos , sufrido mas derrotas , conseguido mas triunfos, creado y perfeccionado mas cosas extraordinarias que veinte Órdenes religiosas á la vez. Nacida para la lucha; siempre sobre la brecha; lanzando sus intrépidos adalides á lo mas recio del combate desde lo interior de la soledad y del claustro; sirviéndose de todas las armas de que un sacerdote puede disponer; sustrayéndose á un peligro para precipitarse en otro; haciendo frente á la vez á los ingenios mas eminentes y á las poblaciones mas bárbaras; arrostrando la tempestad, y excitándola á veces; triunfando aquí, sucumbiendo allá para combatir sin cesar por todas partes; renaciendo en el foco mismo de las controversias ó espirando en los tormentos, la Compañía de Jesús se ha improvisado á sí misma el portaestandarte y el escudo de la Iglesia Católica, Apostólica Romana. Ha tenido sin duda momentos de exaltacion y de gloria, que el monarca mas venturoso del globo hubiera podido ambicionar para su reinado ; empero este sol tan lumioso y espléndido, así como todas las grandezas de la tierra, ha debido por precision padecer sus eclipses. A los dias de esplendor y de ventura sucedieron los años de luto y desolacion. Sus tesoros no podian menos de alarmar la codicia, y su inmenso poder (aunque lleno de una majestad imponente, puesto que no ansiaba los honores ni el brillo), la suscitó un gran número de rivales. Contentábase con una débil vislumbre, y aun á veces con la oscuridad, descendiendo de las gradas del trono por medio de la confesion al reducido albergue del artesano y á la mísera choza del jornalero. Ycíaseles asistir á los consejos de los reyes como á las escuelas de los párvulos, pasando sin transicion -al lecho de la indigencia doliente desde los palacios de los grandes y desde la antigua basílica en que se ce-
8 lebraban los concilios; y á fin de hacerse todo para todos, habitaban conigual efusion el calabozo del encarcelado, la mansion de los príncipes de la tierra y el aduar del salvaje. El renombre de los Jesuitas no ha cesado de volar en alas del eco por todos los ángulos del orbe desde el instante de su creacion hasta el en que escribo estas líneas. Religion, moral, oratoria, poesía, ciencias exactas, literatura, política, erudicion, jes, viaes, descubrimientos y bellas artes, todo se ha visto sometido á su influencia, todo ha sido de su dominio. Por medio de los reyes , cuyas conciencias dirigian, han gobernado al mundo. Colocándose al frente de la civilizacion y de las ideas, sabiendo, por las dificultades inherentes á la admision en su Orden, monopolizar y someter las inteligencias al yugo de una obediencia pasiva, popularizándose por su amenidad y discrecion, y amalgamando la ciencia de Dios á la de los hombres, llegaron á dominar á los pueblos. Por medio de la educacion , cuyo secreto poseian á la vez con los Padres del Oratorio, y que dispensaban con mano verdaderamente liberal, inculcaron á las generaciones nacientes los principios que era su deber difundir. Dueños así de lo presente por los hombres ya formados, disponiendo del porvenir por los niños, realizaron un sueño que nadie hasta san Ignacio hubiera osado concebir. Voy á trazar la historia de ese Instituto tan grande en lo pasado, tan combatido cuando suena la hora de las revoluciones, siempre tan paciente en sus esperanzas, animado siempre de un vigor que se aumenta en las luchas, tan magnífico en los reveses como en los triunfos, en la persecucion corno en la victoria, y dando únicamente un testimonio de debilidad cuando el viento de la fortuna hincha sus velas con demasiada rapidez. Publicaré lo bueno y lo, malo; aquello sin admiracion , esto sin acrimonia, y todo sin parcialidad. La Orden de los Jesuitas es hace ya mucho tiempo el blanco de las disputas de los hombres, mas no me lisonjearé de ponerlas un "término. Al finalizar esta obra continuarán todavía; pero al menos los hombres sensatos y reflexivos, los que no , se hallen sedientos de la mentira ni busquen las tinieblas, encontrarán un libro en que la conciencia del historiador se sustituye á las apoteosis y ca-
9 luinnias , un libro en que la Compañía de Jesús va á ser juzgada por datos positivos y documentos inéditos, y un libro, por último, en que la severidad de la historia reemplazará á las fábulas y errores, así como á las sátiras y lisonjas. Este es el libro que después de numerosas investigaciones, largos viajes y serios estudios, presento á mis contemporáneos. Creiase que el tiempo de las luchas á mano armada contra la religion del Crucificado habia ya cesado para siempre. Con el siglo XVI, la Iglesia protegida hasta entonces por la energía de sus Pontífices y por la veneracion de los reyes y pueblos, veia surgir una nueva generacion de enemigos. La espada tedia el campo á la pluma ó á la palabra. No eran ya soldados sino doctores los que necesitaba el catolicismo. Las Órdenes militares habian desaparecido corno el jornalero que ha concluido su labor. Las órdenes religiosas ya establecidas se habian impuesto cada una su fin especial , llenando sobre la tierra la mision que hablan recibido de Dios y de sus fundadores; mas érales imposible hacer frente á la tempestad que el siglo XVI preparaba. Habia en su misma existencia un principio que se oponia á que tomasen una parte demasiado activa en las discusiones de que la Europa era teatro. Consagradas al silencio y haciéndose un deber de la soledad, no se habian querido mezclar en los asuntos políticos: vejados solamente entre el altar y el claustro , y las mas veces á través del prisma de sus pasiones es , en la depravacion de sus costumbres. La oracion debia ser su única arma , pero sumidos en misteriosas bacanales, ó entregados á voluntarias austeridades que enervaban sus cuerpos al paso que purificaban sus almas , hallábanse en la imposibilidad de prestar los importantes servicios que necesitaba la Iglesia amenazada. La tempestad rugia por todas partes : tempestad en las ideas, en los ánimos, y sobre todo en los corazones que impelidos por el amor á los deleites sensuales y por la necesidad de independencia hallaban un camino en las innovaciones. El siglo XVI, á pesar de hallarse en su aurora , trabajaba por adquirir un nuevo mundo. Wiclef y Juan Hus , eclesiástico inglés el primero, sacerdote aleman el segundo, habian sembrado el gérmen de la discordia en el campo del padre de familias. Habíalos inspirado el orgullo,
16 pidió le trajesen las historias de los caballeros andantes , muy en boga en aquel tiempo. El castillo de Loyola, como todos los de aquella época, debía poseerlos sin duda. Mas en vez de los libros que demandaba pusiéronle entre las manos la Vida de Jesucristo y el Flos Sanctorum , con cuya lectura se realizó en su corazon una operacion súbita. Después de numerosos combates interiores, en que el amor á los placeres y la pasion de la gloria le disputaban á las ideas de la abnegacion de sí mismo y de la soledad , tomó Loyola una determinacion irrevocable. Se habia acostado soldado , y se levantó cristiano, pero cristiano de los de aquella época, que en el transporte de la caridad podian y debian emprender cosas gigantescas; porque entonces no media el hombre por sus fuerzas la debilidad humana. Estaba persuadido que era fácil con la fe hacer cambiar de sitio á las montañas. Por todas partes, así en la cima de los Pirineos como en el interior de Alemania, Francia é Italia, pululaban un gran número de ascetas que inmolándose al triunfo de un principio , como generosos mártires de la Religion ó de la ciencia, solo pedían á Dios el mas vasto campo posible para hacer germinar las ideas de que su mente estaba llena. Loyola renuncia súbitamente á todo lo que hasta entonces habia formado el sueño y la ilusion de su vida entera. Amaba con delirio á una señora de la corte de Castilla, y sufoca su amor. Hallábase tambien inclinado á la carrera de las armas con aquella propension que hacen concebir de antemano los grandes héroes, y elimina de su corazon las ideas de gloria militar, como lo habia hecho con las seducciones del deleite sensual para entregarse todo entero á la penitencia. No era yaignacio aquel gentil caballero cuyos recuerdos infantiles se perdían entre las prodigalidades y placeres de la corte del rey Católico: nada se advierte en él de la conducta de aquel jóven que ú través de la licencia soldadesca' sabia poco antes ostentar el perfume de la urbanidad mas exquisita y de la mas poética galantería. Despójase Ignacio de toda afeccion terrestre ; y aquel galan tan satisfecho de sí mismo, tan impetuoso y tan susceptible en lo concerniente á su pundonor, vuela 'á la conquista de la humillacion, como si esta le hubiese de proporcionar un nuevo y fecundo raudal de gloria..
— 17 — No ha fijado todavía plan alguno en su mente, y verdadero Colon de la santidad, ignora qué mundo va á descubrir, con qué clase de enemigos ha de habérselas, ni á qué peligros se expone. Babia ya consumado en espíritu su sacrificio; restábale perfeccionarle en la realidad ; y para verificarlo abandona secretamente el hogar paterno haciendo voto de castidad antes de llegar al monasterio de Montserrat , romería á que acudían una multitud de peregrinos , para captarse así de un , modo mas privilegiado la proteccion de María, cuya milagrosa imágen iba á visitar, No se habia aun el cristiano despojado de su coraza. El Amadis de Gaula , y demás historias romancescas de que estaba imbuida su mente, le hablan enseñado que los postulantes al recibir la órden de caballería, velaban una noche entera sus armas en su equipo militar. Denominábase la noche así pasada la vela de las armas. Loyola se ha improvisado caballero de Jesús y de María, y pasa la noche frente al altar de la Vírgen rezando , llorando y consagrándose á una nueva y mas dificil milicia. Suspende su espada al siguiente dia en un pilar de la capilla, cede á un pobre sus ricos vestidos, recuerdos enojosos de un lujo que desdeña , y cubierto de un grosero saco , ceñido con un tosco cordel, se dirige á pié á Manresa. La Iglesia celebraba este dia (año 1522) la fiesta de la Anunciacion de la Vírgen. Indigente voluntario se dirige á la puerta del hospicio, y pareciéndole una superfluidad la comida ordinaria que en él se distribuia á los miserables, este caballero poco antes tan delicado, se condena voluntariamente á un ayuno mas austero y á la mortificacion de sus sentidos; ciñendo su cuerpo con una cadena de hierro que sujetaba un áspero cilicio. Violentaba su sueño acostándose en el desnudo pavimento ; luchando de noche con el enemigo de la carne, mendigando y llorando de dia. Verdadero discípulo del Crucificado, ansía ser el blanco de las injurias y sarcasmos del populacho : mas no bastando estos ultrajes á mitigar su sed de padecimientos, busca y halla un sitio mas mezquino que el hospital en que se hallaba. Á seiscientos pasos de Manresa descubre una gruta abierta en el interior de una roca cási inaccesible, internándose en ella á través de las malezas y zarzas á que necesitaba agarrarse para verificar su ascenso. Segregado allí del resto de los mortales, absorto en la contemplacion del divino amor, y entregado á las mas 2 TOMO I.
— 18 — violentas mortificaciones, trabó un obstinado combate á que no pudieron menos de sucumbir las pasiones terrenas. Mucho habia va hecho Ignacio por Dios , y este se lo recompensó con usura. Cortesano , galante, hombre de placeres y soldado, habíale faltado tiempo y voluntad para investigar la ciencia en los libros; y fuele revelada la ciencia de los hombres, acaso la mas difícil de todas. El maestro que debia un dia formar tantos otros , fue de repente formado tal por una celeste iluminacion. Allí compuso el libro de los Ejercicios espirituales , obra que influyó tanto en su vida, y que se refleja con tanto poder en la historia de sus discípulos. En el manuscrito en que el P. Juvenci habla en su hermoso latin de tan extraños sucesos , se lee: «Esa luz divina infundida «en el alma de Ignacio , le patentizó á las claras el misterio de la adorable Trinidad y los demás arcanos de la Religion ; « permaneciendo durante el período de ocho dias como privado de existencia. Lo que pudo ver en estos raptos del espíritu así como «en tantos otros que le sobrevinieron en el transcurso de su vida, «nadie puede saberlo. Ignacio habia trazado en el papel sus celestiales visiones , pero poco antes de su muerte entregó á las « %mas sus apuntes, para que no cayesen en manos de los hombres. Algunas páginas arrebatadas á la accion del fuego engañaron su precaucion , y por ellas es fácil conjeturar cuánto «se acrecieron los favores que cada dia recibia del cielo. Exta- « siábase dulcemente al contemplar la divinidad de Jesucristo y «su inmensa caridad con el género humano. Avezado Ignacio á «las prácticas militares, se figuraba á Jesucristo como un general «que combatía por el triunfo de la gloria divina, invitando á, to- « dos los hombres á colocarse bajo su enseña, y de aquí le provino el deseo de formar un ejército de que Jesús fuese el jefe y « el emperador; teniendo por divisa: Ad majorem Dei gloriam, « cuya mision principal fuese la salvacion de los hombres. Esta « fue la imagen que se presentó á la mente de Ignacio al fundar «la Compañía. » Así se expresa el P. Juvenci. Este libro, que segun el mismo escritor ha producido tantos Santos como lectores, no es una de aquellas obras que debemos contentarnos con medir con el compás de la crítica humana. Es mas bien la conversion del pecador reducida al arte, y que se separa de
n — 19 -- todos los caminos trillados para conducir á la perfeccion: es el fruto de una idea profunda ó de una emanacion divina: examinado bajo el punto de vista católico, debia, por su originalidad y por los preceptos sustanciales que encierra, producir grandes resultados. Se apodera, por decirlo así , del hombre en las mantillas del pecado , y subyugándole por la rapidez de las imágenes y prescripciones, le impele á salir del mundo, y le coloca trémulo y palpitante en manos de la Divinidad. Obra ascética en verdad, pero que uniendo la práctica al misticismo conserva un vigoroso colorido militar que nunca abandona su autor (*). Así es que en la segunda semana, al hablar de la contemplacion de Jesucristo cotejándole con un rey de la tierra que convoca á sus súbditos para conducirlos á la guerra, se encuentra esa imágen, que es el resúmen de la Sociedad fundada por Ignacio. Imaginaré, dice, que me encuentro ante la presencia de un príncipe á quien Dios mismo ha investido de la potestad real, y á quien todos los príncipes y pueblos cristianos deben respeto y obediencia. Me figuraré escuchar á este rey que dirige la palabra á todos sus súbditos y les dice: «Pretendo someter á mi imperio todas las regiones de infieles; el que quiera seguirme de- « be disponerse á no llevar otro vestido ni probar otro alimento « que los que tenga yo mismo, etc. » En el cuarto dia de la segunda semana, continuando el parangon que ha establecido, no solamente ve Ignacio al rey que se ha figurado ; el enemigo tambien aparece, y vense ondear en el aire los dos estandartes. «El primer preludio , dice Ignacio, es consi- « derar históricamente á Jesucristo por un lado, y á Lucifer por el « otro , invitando ambos á los hombres á colocarse bajo sus ban- « doras. » El libro de los Ejercicios espirituales, como todo lo que pertenece á la Compañía de Jesús, se vió expuesto, aun antes de estar terminado, á violentas acusaciones y á una admiracion cuyos testimonios no dejan de tener algo de maravilloso. Tacháronle de presuncion temeraria, puesto que pretende poseer el secreto de hacer perfecto al neófito en treinta dias por me dio de los ejercicios espirituales. (*) No es extraño que san Ignacio, ex-militar, se valga tanto de las ideas militares, cuando esto se halla con tanta frecuencia en la Escritura. (Nota de los Editoras). 2*
— 20 — Acusáronle de vanidad impostora, porque segun sus detractores parece enseñar el arte de comunicar éxtasis y revelaciones. Las conversiones extraordinarias que el citado libro ha realizado en las almas; la oscuridad y el silencio que recomienda, procede, segun los enemigos de Ignacio , de la magia oculta, ó son un vehículo para conducir á la locura. Su doctrina era sospechosa á los ojos de los unos, y tachada de herética por los otros ; porque el secreto , dicen, que aquella recomienda es el mejor indicio y el verdadero carácter del error. Reprodujéronse mil veces y bajo distintas formas estos cuatro capítulos de acusacion; aun en tiempo de Ignacio se escucharon mil veces en las iglesias y en las cátedras. Viéronse llevar ante los tribunales eclesiásticos una multitud de folletos acusadores, pero que solo consiguieron hacer examinar el libro de los Ejercicios con mas escrupulosidad, y manifestar lo que era verdaderamente , intentando probar lo que no era. Encierra , á no dudarlo , esta obra palabras y prescripciones capaces de alarmar al espíritu preocupado ó inatento , y que pueden fácilmente prestar armas al ridículo con que paralizar las mejores intenciones y denigrar á los hombres mas dignos de aprecio; pero dejando á un lado estas extrañezas que el espíritu del siglo y que el de su autor principalmente debia depositar en él como una huella de su paso, es preciso no olvidar que san Francisco de Sales, tan buen juez en materia mística, decia: « Los « Ejercicios espirituales han convertido mas almas, que letras « contienen :» adviértase sobre todo en el acto de la canonizacion de Ignacio una declaracion que no debemos olvidar por ser la llave de toda la obra. Los auditores de la Rota se expresan de este modo : «El libro « de los Ejercicios fue compuesto en ocasion que el bienaventura- « do Padre ignoraba las bellas letras , por lo que nos vemos obligados á confesar que sus luces é inteligencia fueron en él mas « bien sobrenaturales que adquiridas. » El Papa Paulo III en su bula de 31 de julio de 1548, respondiendo de antemano á los adversarios de los Ejercicios espirituales, se expresa en estos términos : 4 A ciencia cierta aprobamos, « alabamos, y por la autoridad de este escrito confirmamos los «Ejercicios abajo mencionados y todo cuanto contienen en gene- « ral y en particular; exhortando eficazmente en el Señor á los
-- 21 — fieles de ambos sexos y de todos los países á no rehusar tan pia- « dosos Ejercicios y á practicarlos devotamente.» A vista de semejantes autoridades, seria imposible el discutir sobre esta obra, que es un libro sellado para el lector que carece de guia ; pero que estudiándole con la fe ó con la sencilla razon, fácil es comprender la impresion que ha debido producir. Es el molde en que todos los Jesuitas han sido fundidos, y si salen de el cada uno con. su carácter y su diverso talento, la señal, sin embargo , permanece indeleble. Poseedor Ignacio de este tesoro intelectual que en la soledad de su retiro acababa de arrebatar al cielo , después de haber experimentado en sí mismo y en otros su saludable influencia, se decide en fin á abandonar la ciudad de Manresa , imbuida su memoria en las tradiciones de las Cruzadas. Hay en los lugares en que Cristo vivió, enseñó y murió , un gran número de infieles, judíos y católicos indiferentes, y Loyola marcha á Jerusalen rehusando toda especie de apoyo humano, sin socorro , sin provisiones de ninguna clase, y abandonándose únicamente en manos de la Providencia. Se embarca en Venecia, llega á la Tierra Santa , y el í de setiembre de 1523 se arrodilla ante el sepulcro del Salvador ; pero habiéndole rehusado el permiso de estacionarse en Palestina, á pesar de sus instancias, se vuelve á hacer á la vela, arribando al puerto de Venecia á fines de enero de 1524. Durante su travesía conoce el peregrino que para trabajar en la salvacion de los otros, necesitaba instruirse á sí mismo en la ciencia de las letras humanas , sin cuyo auxilio, una piedad basada en la ignorancia y ceguedad , es perjudicial , en vez de ser útil. Rayaba á la sazon en los treinta años. A. esta edad, y con la educacion que se habia dado, era difícil dedicarse á los primeros rudimentos de la gramática latina. Consagróse, sin embargo , á este estudio , soportable únicamente á la indiferencia infantil , y para realizarlo se dirigió á Barcelona. Veíasele algunos dias después sentarse en medio de los niños, compartiendo con ellos sus estudios, y sin que estos trabajos literarios entibiasen su celo por el bien del prójimo, ni sirvieran de obstáculo á sus austeridades. De un lado mortificaba su carne sometiendo el ardor de su imaginacion á las primeras dificultades de la lengua latina; estimulando por el otro á la penitencia á los corazones rebeldes , como verdadero autor inspirado de los
— 22 Ejercicios espirituales: convenciendo á los incrédulos por la vivacidad de su fe, y haciendo penetrar los remordimientos en el alma de los que el crimen 6 el apego á los placeres lanzaba fuera del camino de la virtud , valiéndose de la energía de su palabra. Esta vida de abnegacion, que hacian aun mas intolerable las persecuciones de toda especie , no bastaba á su deseo de aprender y sufrir; y después de haber pasado dos años en Barcelona, se dirige á la universidad de Alcalá á cursar la filosofía. Nuevas tribulaciones le esperaban en esta ciudad como en todas partes : triunfa de ellas , va á estudiar á Salamanca, y se decide por último á dirigirse á Paris, cuya universidad se hallaba á la sazon en todo su auge, llegando á principios de febrero de 1528. En aquel tiempo en que la teología escolástica ocupaba á todos los hombres reflexivos , 'y en que las discusiones mas áridas en materia religiosa tenian el poder de un ejército ; la política del mundo y la ciencia de la mayor parte de los diplomáticos no salían del cuadro trazado á los estudios por los graves doctores del colegio de Francia y por los catedráticos de la universidad de Paris. Una multitud de oyentes se agolpaba de todos los puntos de Europa para asistir á las sabias lecciones de Gombaut, de Buchanan, de Govea, Latomus , Guillermo Budé , Pedro Danés, Láscaris, Juan de Salignac y Ramus. Aquí, los unos se apasionaban por la enseñanza que daba la Iglesia; del otro lado, imbuidos los otros en las nuevas doctrinas predicadas por Lutero, desarrolladas por Zwinglo , Calvin°, OEcolampadio y Melancton , introducian en las luchas puramente del ingenio aquel entusiasmo á favor de las innovaciones que bien pronto debia traducirse en guerra europea y guerra civil. La universidad de Paris era un campo cerrado en que á veces los principios ocupaban el rango de armas mortíferas; dejábase presentir en aquellas cabezas volcánicas, que la teología hacia fermentar, la necesidad de recurrir á otros argumentos mas terribles. En las cátedras se combatia con la palabra; pero los reyes y pueblos, arrastrados por aquellas disputas eclesiásticas, se disponian á luchar con el acero, como sucede en cada siglo. Para conducir á las masas no es menester mas que unas palabras que á los ojos de su fe encierren la autoridad de la cosa juzgada , que á los de su libre albedrío hagan una interpelacion á los sentimientos de independencia y libertad, lisonjeando otras pasiones.
— 23 — lin el siglo XVI la elocuencia lanzada en las calles ó en los escritos, y la que comentaba los pasajes de los Libros santos , ó que explicaba la oscuridad de los Padres de la Iglesia, prestaba á las creencias humanas una fuerza que los pueblos despreocupados de todo sentimiento religioso no pueden comprender. "Pero esta fuerza , cuyos efectos son innegables, no se debilita por faltarle uno de sus motores. Aun cuando en los dias marcados por la Divinidad no se precipita la multitud al campo de batalla por sostener su fe vacilante, marchan sin embargo al combate por conquistar su libertad. Luego que los resortes de la Religion se hallan momentáneamente gastados en un pueblo lanzado al escepticismo por medio de falaces doctrinas , engañosas luces y la necesidad de lujo y de crápula, lánzause á la palestra multitud de doctores que le impelen hácia un nuevo órden de cosas. Si la indiferencia y el sarcasmo extinguen la propension á las ideas religiosas, procuran reanimarla, comunicándola una nueva forma, tan incomprensible á las edades futuras, como á nosotros la mayor parte de las querellas piadosas que tan largo tiempo dividieron á la Europa. En medio de este incendio voraz de inteligencias, Ignacio, á quien no podia arredrar un trabajo incesante , ni saciar su sed de padecimientos los prolongados y peligrosos viajes, pasa al colegio de Montaigu á perfeccionar Sus estudios, imponiéndose una regla en sus ejercicios piadosos. Para dedicarse con mas libertad á sus tareas literarias , circunscribe las horas de su plegaria (sacrificio , en verdad, el mas grande para este hombre de oracion). Del colegio de Montaigu se traslada al de Santa Bárbara, y da principio al curso de teología entre los Padres Dominicos. El anhelo de instruirse no le hacia descuidar á Ignacio la salvacion de los demás. Existia en lo interior de su corazon cierta superabundancia de vida, cierto instinto de movimiento, que activaban en él , en vez de amortiguar, los mismos padecimientos y persecuciones. Al investigar los arcanos de la ciencia, se proponía Loyola un fin mas elevado y grandioso que la ciencia misma. El instituto que creia haber visto en sus éxtasis, y que ya aparecia en sus Ejercicios espirituales, bajo el emblema de las dos enseñas, existia ya en su pensamiento : se hallaba solo, es verdad, pero en su voluntad irresistible, la Compañía Babia ya nacido
— faltábanle soldados para crearla, y los reclutó entre sus discípulos. Pedro Lefévre, hijo de Villaret , en Saboya, y Francisco Javier, jóven caballero navarro, fueron sus primeros discípulos. Lefévre estaba dotado de un carácter afable y piadoso al par que instruido, por lo que no le fue difícil á Ignacio dominarle con el ascendiente de sus virtudes ; pero halló mas resistencia en Francisco Javier, que al seguir la carrera, de las letras ambicionaba un nombre. Nacido el 7 de abril de 1506, cási en el mismo año y dia que Lefévre, rayaba á la sazon en los veinte y dos años, siendo á esta edad catedrático de filosofía en el colegio de Beauvais. Las exhortaciones de Ignacio sobre la abnegacion de sí mismo apenas hacian impresion en la imaginacion ardiente de Javier, que solo soñaba en un risueño porvenir de fama literaria. Loyola no se desanimó, sin embargo; ya que no habia podido ganarle por la via de la austeridad, le sedujo con el atractivo de la lisonja, buscóle oyentes, condújole discípulos, y se hizo admirador suyo ; insinuándose así poco á poco en su confianza, y dominando sus ambiciosos deseos, llegó por fin á contarle en el número de sus prosélitos. No dejaba de entreverse un cálculo en esta condescendencia ; pero el fin iba á santificar los medios , puesto que la historia no podrá olvidar que haciéndose todo para todos como el apóstol san Pablo , sabia Ignacio tambien imponerse los mas duros sacrificios. Viósele efectivamente en esta época lanzarse cási desnudo en el estanque de Gentilly cubierto de hielo , triunfando por medio de este acto de caridad del amor que una mujer inspiraba á un amigo suyo '. Diegó Laynez , natural de Almazan, en la provincia de 1 El P. Uouhours , en la Vida de san Ignacio de Loyola, refiere así este acontecimiento: «Un conocido suyo se hallaba perdidamente enamorado de una « mujer de las cercanías de Paris, viviendo con ella amancebado. Después de « haber empleado Ignacio inútilmente todas cuantas razones divinas y humanas « pudo sugerirle su celo, para curarle de tan vergonzosa pasion, indagando el « camino que tomaba para avistarse con su manceba , lo aguarda cerca de un es- « tanque helado, y al verle se despoja de sus vestidos , lanzándose en seguida al « agua y exclamando : Á dónde vas, desdichado? ¿no ves la espada de la just, ticia divina pronta á caer sobre tí? Atemorizado el lascivo al escuchar estas « palabras, y asombrado de la caridad de Ignacio, cuya voz no le era desconocida, abrió los ojos á la luz, se avergonzó de su pecado, y retrocedió, resuelto á cambiar de vida en adelante. » ( Página 132 ).
25 Soria, y Alfonso Salmeron, hijo de Toledo, no le costaron tantos esfuerzos : ofreciéronse espontáneamente atraidos por la reputacion de santidad que Ignacio habia dejado en España. Nicolás Alfonso , llamado Bobadilla por otro nombre, á causa del pueblo en que habia nacido , y Simon Rodriguez de Avedo se pusieron buil bien bajo su direccion. Todos, á excepción de Lefévre, eran españoles ; todos jóvenes, pobres, dotados de entendimiento y de ánimo , y dispuestos á la obediencia como al sacrificio. Loyola tenia mas experiencia que los seis juntos, de los que ur Salmeron, el mas jóven , apenas contaba diez y ocho arios : con ocia muy bien Ignacio la inconstancia humana, y quiso antes unirlos á Dios que á sí mismo ; por lo que después de haber ayunado y orado en cornun , se reunieron el 15 de agosto de 1531 en una capilla subterránea de la iglesia de Montmartre , donde, segun tradicion, fue decapitado san Dionisio. Era la fiesta de la Asuncion de la Virgen. Ignacio habia elegido este dia á fin que la Sociedad de Jesús tuviese su origen en el seno de María triunfante. Allí estos siete cristianos, ignorados todavía del mundo, hicieron voto de castidad, después de haber recibido la comunion de manos de Pedro Lefévre, ya sacerdote : obligándose á guardar perpetua pobreza, y prometiendo á Dios que al finalizar su curso de teología se encaminarian á Jerusalen para glorificarle ; pero que si al cabo de un año no les era posible llegar á la ciudad santa y fijar su mansion en ella, irian á echarse á los pies del soberano Pontífice, jurándole obediencia sin acepcion de tiempos y lugares. Para no distraer á sus nuevos compañeros en sus estudios ó exponerlos á la tentacion de la patria y la familia, encargóse Ignacio de regresar á España, en donde Javier, Salmeron y Laynez debian arreglar ciertos asuntos domésticos antes de hacer la renuncia de sus bienes. Púsose, pues, en camino á principios del año 1535, señalándoles el punto de entrevista en Venecia para el 25 de enero de 1537. Con respecto á sí sintióse Ignacio con fuerza suficiente para visitar los lugares en que habla pasado su infancia. Volvió á ver el castillo de Loyola, á sus hermanos , parientes y amigos ; pero fue solo para mostrarles lo que la Providencia habia hecho en su favor : y para dar un ejemplo á su hermano mayor de la vida que ha abrazado, se resiste á sus instancias para que se quedase en su palacio, y se dirige al asilo de los pobres de Azpeitia. Predi-
32 Polos; los cinco prelados, Fregosí , arzobispo de Palermo; Gerónimo Alejandro, arzobispo de Brindis; Giberto , obispo de Verona; Cortesi , abad de San Jorge de Venecia, y Tomás Badía, maestro del sacro palacio. Exigia la santa Silla de estos médicos que acababan de sondear las miserias del catolicismo el medio de cicatrizar tantas heridas , quienes después de haber hablado de todo lo que era necesario separar en las diferentes ramas del árbol eclesiástico, añadieron: «Las Órdenes religiosas están de tal modo viciadas, que vienen « á ser la piedra de escándalo para los seglares, y perjudican mucho á la cristiandad con su ejemplo. Creemos urgentísimo el abolirlas todas sin ultrajar á ninguna, prohibiéndolas solo el recibir «mas novicios. De este modo quedarán bien pronto extinguidas «sin perjudicar á ninguna ; pudiéndolas después sustituir con ver- « daderos religiosos. En la actualidad creemos que seria conveniente eliminar de los monasterios á todos los jóvenes que no «han profesado. Otro de los abusos que perturban al pueblo cris- « tiano son las religiosas que existen bajo la direccion de los frailes conventuales. En la mayor parte de los monasterios de monjas se cometen sacrilegios públicos con escándalo de los ciuda- • danos. Su Santidad debe derogar á los conventuales toda auto- « ridad sobre las religiosas, adjudicando á los obispos ó á otros « extraños la direccion de los referidos monasterios.» Este cuadro desolador no ha sido ciertamente trazado por una mano enemiga; hállase en los archivos del Vaticano, y no se limita á estas revelaciones. La Congregacion dirige una ojeada hácia la . instruccion de los pueblos y sobre la educacion de los niños. Declara que después de haber inficionado la masa general de los hombres ya formados, corrompian Cambien á la juventud por medio de culpables doctrinas, y continúa así: «Existe en las ,escuelas públicas , principalmente en las de Italia, el pernicioso abuso de admitir como directores y catedráti- « cos á muchos cuyas doctrinas son impías. Aun en las iglesias «mismas se oyen disputas escandalosas, discutiendo ante el pueblo «las cosas divinas de un modo irreverente.» Tal era la situacion de la Iglesia; las Órdenes religiosas no podian en el comun peligro ofrecerla socorros prontos y eficaces. De la mayor parte de ellas solo podia esperarse el estándolo ó el abandono.
— 33 — Este fue el momento en que Ignacio, Lefévre y Laynez fueron á echarse á los piés del Pontífice. Paulo III acogió con júbilo á estos nuevos obreros, á quienes ya habia experimentado, y para no dejar enfriar su celo confió á Laynez la cátedra de teología escolástica en el colegio de . la Sapiencia, encargando á Loyola la mision de trabajar bajo su autoridad apostólica en la reforma de las costumbres romanas, afeminadas por una felicidad demasiado constante y estimuladas al vicio por la demasiada aficion á las artes. El cielo echó su bendicion sobre los trabajos de Loyola y sus compañeros ; pero esto no era bastante; era preciso dar un cuerpo al pensamiento siempre fijo de Ignacio. Llama á Roma los siete sacerdotes que habia dejado en diferentes ciudades de ltalia, y teniéndoles en derredor suyo á principios del año de 1539, les dijo: «El cielo nos ha cerrado la entrada en Palestina para franquearnos el universo entero. Nuestro pequeño número no era « suficiente para semejante obra; se ha aumentado, y se acrecerá «aun, ya cási formamos un batallon : pero como es cierto que los « miembros no se fortifican en un cuerpo hasta que se hallan uni- « dos por un mismo lazo, será preciso establecer leyes que arre- «glen la familia reunida á la voz de Dios, y que no solamente co- « muniquen la vida á la sociedad que vamos á establecer, sino mas «bien una duracion eterna: oremos juntos y en particular para « conocer la voluntad divina.» Manifestóseles en efecto como Ignacio lo deseaba, y en la segunda reunión convinieron unánimes en someter la sociedad á la aprobacion del Papa para que tomase el carácter de religion. llábase á la sazon el Pontífice ausente de Roma para asistir en la ciudad de Niza á la entrevista de Carlos V con Francisco I. El cardenal Carafi, su legado, solo pudo transmitirles las licencias para predicar. La uncion de sus discursos prodifjo efectos tan sorprendentes , que pronto cambió completamente el aspecto de la ciudad. Hablan elegido por teatro de su apostolado las iglesias mas populares : predicando Ignacio en castellano en Nuestra Señora de Montserrat, y sus compañeros en italiano ; Lefévre y Francisco Javier, en San Lorenzo in Dámaso; Le Jay, , en san Luis de los franceses; Laynez, en San Salvador in Lauro; Salmeron , en Santa Lucía ; Rodriguez, en el Santo Ángel in Piscina, y Bobadilla en 3 TOMO I.
— 34 San Celso. El cardenal Savellí , vicario del Papa, habla conferido á Laynez el poder de visitar y reformar las parroquias de Roma. Hallábase en esta ciudad un religioso eremita de san Agustin con gran fama de orador. Este monje, llamado Agustin de Piemont , era un partidario acérrimo de las doctrinas de Lutero , y bajo pretexto de predicar contra la relajacion de la disciplina eclesiástica, procuraba inocular en el pueblo el veneno de la herejía. Advertido Loyola del escándalo en el centro mismo del catolicismo, rehusa dar asenso á la delacion, y comisiona á Laynez y á Salmeron, poseedores del secreto del luteranismo, para que asistan á los sermones del Agustino. Averiguada la verdad del caso le mandó Loyola un aviso caritativo, de que hizo poco caso el fraile, declarando desde entonces guerra abierta á los que interceptaban su paso en la propagacion del error. Los futuros Jesuitas no guardaron ya con él consideracion alguna, y subiendo á los púlpitos quitaron la máscara al infame lobo que se cubría con la piel de oveja. El Agustino no pudiendo vencerlos por medio de la persuasion, confió triunfar de ellos por la calumnia. Cuatro españoles aseguraron que Loyola era un hereje, y que habia sido quemado en efigie en Alcalá, Paris y Venecia, ofreciendo aducir las pruebas de su aserto. Parecieron al pueblo tan graves estas revelaciones, que muy luego perdió Loyola su prestigio : pero prestándole nuevas fuerzas lo absurdo de la acusacion, se presenta á Conversini , obispo de Bertinoro y gobernador de Roma, pidiendo fuese examinado su proceso sin dilacion. Dióse principio al examen de las pruebas, y á poco tiempo se vió terminado aquel. Acusaban á Ignacio de haber sido quemado en estatua en tres ciudades de España, Francia é Italia. Hallábanse á la sazon en Roma por un singular concurso de circunstancias, tres magistrados eclesiásticos crue hablan conocido á Loyola en las tres ciudades indicadas, y sabiéndole inocente de los delitos que le imputaban, le absolvieron como testigos, después de haberlo verificado como jueces. La impostura fue confundida, y el Agustino salió para Génova, donde fulminó una obra contra la santa Silla, que mas tarde castigó la Inquisicion quemando vivo á su autor. Mas pensando Ignacio, y con justicia, que la reputacion le es al hombre mas necesaria que la misma existencia, no quedó satisfecho con un testimonio tan patente de su inocencia. 1 1
— 35 Rabian infamado á sus hermanos, y era un deber suyo el defenderlos. Un acontecimiento inesperado justificó la conducta de los diez Jesuitas. El invierno de aquel año, 1539, fue riguroso en Roma, al que se siguió una horrible escasez de cereales. Velase á los indigentes escuálidos y muertos de hambre en las calles y pórticos de las iglesias, sin fuerzas para demandar un débil socorro. Loyola y sus compañeros subsistián , como los demás miserables, de la beneficencia del público, que solicitaban de una en otra casa. Vióseles recoger por las calles á los indigentes desnudos y sin asilo, franqueando á estos desgraciados la casa que ellos mismos habian recibido de limosna, proveyendo de camas á los enfermos, de pan á los hambrientos, y de un abrigo á los desamparados; por último, estimulando la compasion de los ricos, ó triunfando de la indolencia de los poderosos, llegaron á proveer de alimento y vestido á mas de cuatro mil personas. Desde este momento dejó de imputárseles el crimen de herejía. El pueblo los contemplaba ortodoxos desde el instante en que se habian sacrificado en su favor. Sabia Ignacio perfectamente aplicarse el proverbio que dice: «Cuando un vizcaino introduce un clavo en la pared, si se le rompe el martillo , golpea con su cabeza.» intentando Loyola hacer triunfar á todo coste la idea que tenia fijada en su mente, se apresura á formular un Compendio de las constituciones que todos de comun asentimiento habian concertado en diferentes ocasiones. El cardenal Gaspar Contarini fue el encargado de presentar al Papa el plan del futuro instituto. Paulo III, después de haberle leido y examinado con atencion , exclamó, segun dicen: «aquí está el « dedo de Dios.» El elogio que Su Santidad acababa de hacer de su Órden naciente inspiró á Ignacio la idea de suplicar al Santo Padre que tuviese á bien confirmar por una bula auténtica el instituto que habia aprobado de viva voz y sin restriccion alguna; pero la corte pontificia, que tiene por principio el no precipitarse jamás con respecto á los negocios ventajosos á la Religion ó á su política, aplazó su demanda. De tiempos inmemoriales el sacro Colegio es un senado de príncipes de la Iglesia, togados de púrpura que convencidos de la perpetuidad prometida á la fe, dejan pasar las horas y los días sin dedicarse á los negocios. Son otras tantas imágenes de aquel Fabio Cunctator que salvó la antigua Roma á fuerza de di- 3
— 36 )aciones. Conservan con un piadoso respeto el uso de las tradiciones antiguas, las hacen revivir en sus actos, en sus ceremonias, y se inmovilizan persuadidos de que todo debe permanecer inmóvil, tanto lejos de ellos como en su alrededor, puesto que segun su opinion el mundo intelectual no gravita mas que entre el Quirinal y el Vaticano. Es verdad que Paulo I I I habla dado su asenso al Instituto; pero antes de consagrarle como tal , cometió su exámen á tres cardenales, uno de ellos el cardenal Bartolomé Quiddiecioni , hombre de un mérito eminente y de una virtud austera. Hallábase tan bien sentada la reputacion de este Cardenal (aunque adversario declarado de todas innovaciones) que cuando acaeció su muerte exclamó el Pontífice : «Acaba de morir mi sucesor. Creia Guiddiccio- ni , y tal lo habia revelado en un libro que todavía conservarnos, que por el interés del catolicismo y para seguir al pié de la letra lo contenido en los decretos del concilio de Letran, y aun en el de Lyon, importaba no solamente oponerse á la multiplicacion de las Órdenes religiosas, sino mas bien reducirlas á cuatro principales. La autoridad de un canonista tan ilustrado fijó la opinion de los otros dos cardenales y aun la del mismo Pontífice. El Cardenal no se habia dignado siquiera consagrar algunos momentos á la lectura de las Constituciones sometidas á su examen. Labia declarado con antelacion su parecer, y tal fue aceptado por los demás examinadores. Sin embargo, á instancia de algunos obispos, estos diez hombres, cuya paciencia no se arredraba, se vieron encargados de importantes misiones; Laynez y Lefévre acompañaron á Philonardi , cardenal de Saint-Ange en su legacion á Parma , amenazada entonces de ser invadida por los sectarios. Intentando preservar esta ciudad, habla escogido estos dos misioneros , quienes merced á sus sabias instrucciones, ven á las mujeres mas distinguidas en belleza y nacimiento ponerse á la cabeza de las sociedades filantrópicas. Ilipólita de Gonzaga, condesa de la Mirándola , y Julia Zerbini se improvisan apóstoles de las demás señoras. El clero por su parte se decide á tomar por modelos á unos hombres tan piadosos y caritativos. Pablo Domenech, canónigo de Valencia, Pablo Aquiles , Silvestre Landi- ni y T. B. Viole , practican los ejercicios espirituales v establecen una Congregacion. Bobadilla fue enviado cual pacífico embajador á poner un término á las disensiones que fermentaban en la isla
— 37 — de Ischia. Le Jay marchó á Brescia á oponerse con su dialéctica á los novadores que sembraban la herejía. Pasquier, Brouet y Francisco Strada , nuevo prosélito de Ignacio, se presentaron en Siena revestidos de la mision de atraer á su deber á las religiosas, que se habian entregado á toda clase de desórdenes; Coduro predicó el Evangelio en la ciudad de Padua. Rodriguez y Francisco Javier se encaminaron á Portugal, desde donde debian embarcarse para las Indias. Las noticias que de todos estos puntos diversos llegaron á la corte de Roma, contenian el relato de los prodigios de elocuencia y virtud que poseian los encargados de la Santa Sede. En unas partes resucitaban la fe extinguida en el corazon de los sacerdotes ; en otras mantenian las naciones en la obediencia, haciendo en todas partes el oficio de pacificadores y de apóstoles. Fuele imposible al cardenal Guiddiccioni el resistir por mas tiempo el fervor grabado en la mente de los pueblos á la vista de tantos prodigios. El Cardenal se decidió por fin á tomar conocimiento del decreto que formaba la regla de conducta de estos hombres, cuya fama publicaban sus hechos ; le leyó y le estudió con reflexion, y aunque persistiendo siempre en su primera idea con respecto á las nuevas Órdenes religiosas, declaró que para poner un dique al torrente de las herejías y remediar los males de la cristiandad, parecia indispensable la Sociedad propuesta por Ignacio. Una vez superados los obstáculos , no puso el Papa dificultad alguna , y el 27 de setiembre de 1540 hizo proclamar la bula : Regimini militarais Ecclesiae , instituyendo á la Compañía de Jesús bajo este título, como se halla en los anales de su historia. Antes de publicarla nos es indispensable hacer una reflexion: El romano Pontífice reposando confiado en las luces de Ignacio y sus compañeros, autorizó el Instituto por el simple modelo de las futuras Constituciones. Semejante testimonio dado por la corte de Roma, que habitualmente marcha con tanta lentitud aun para hacer el bien , es á la vez una excepcion y un elogio nada comunes.
— 38 — PAULO OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS. PARA PERPETUA MEMORIA. «Colocado aunque indigno, por disposicion del Señor al frente «de la Iglesia militante, y penetrado de todo el celo por la salva- « cion de las almas que nos recomienda el cargo de pastor universal, acogernos con todo el favor apostólico á los fieles, cuales- «quiera que sean, que nos exponen sus deseos, reservándonos «mandar en seguida segun que un maduro exámen de tiempos y «lugares nos lo haga juzgar útil y saludable en el Señor. «Acabamos de saber que nuestros muy amados hijos Ignacio «de Loyola , Pedro Lefévre, Diego Laynez , Claudio Le Jay, Pas- «quier-Brouet, Francisco Javier, Alfonso Salmeron, Simon Ro- « driguez, Juan Coduro y Nicolás de Bobadilla, sacerdotes todos « de las ciudades y diócesis respectivas de Pamplona, Génova, « Sigiienza , Toledo, Viseo, Embrun y Plasencia, todos maestros « en artes, graduados en la universidad de Paris y que han ejercido durante muchos años los estudios teológicos: acabamos de «saber, decimos, que estos hombres impelidos (como piadosamen- « te puede creerse por el soplo del Espíritu Santo) se han reunido de «diferentes comarcas del mundo, y después de haber renunciado «á los placeres del siglo, han consagrado perpetuamente su vida «al servicio de Nuestro Señor Jesucristo , de Nos y nuestros sucesores Pontífices romanos. Han trabajado ya de un modo lauda- « hle en la viña del Señor, predicando públicamente la palabra de «Dios después de haber obtenido permiso para ello; exhortando á « los fieles en particular á tener una vida santa y merecedora de «la eterna felicidad, estimulándolos á hacer piadosas contempla- « ciones; sirviendo en los hospitales, instruyendo á los niños é ignorantes en todo lo relativo á una educacion cristiana: j eercien- « do, en una palabra, con un ardor digno de toda especie de elogios, por todos los países que han recorrido, las obras de misericordia y todas las funciones análogas al consuelo de las almas. «Por último, habiéndose presentado en esta ciudad, permane- « tiendo siempre unidos por el vínculo de la caridad , y con el objeto de cimentar y perpetuar la union de su Sociedad en Jesu- « cristo, han fijado un plan de vida en un todo conforme á los
— 39 — « consejos evangélicos y á las decisiones canónicas de los santos « Padres, segun lo que su experiencia les ha demostrado ser mas « útil al fin que se han propuesto. Además , habiendo agradado « este género de vida , expresada en la fórmula que hemos citado, « y merecido los elogios de hombres sabios y celosos de la honra « de Dios , han tomado la resolucion de abrazarle. « 13é aquí esta fórmula de vida tal como ha sido concebida : « Cualquiera que quisiese bajo el estandarte de la Cruz tomar « las armas en favor de Dios y servirle á él solo y al Pontífice ro- « mano, su vicario sobre la tierra, en esta sociedad, que desea- « mos sea llamada la Compañía de Jesús, después de haber hecho « en ella voto solemne de castidad, se propondrá formar parte de « un instituto cuyo objeto se dirige á trabajar por el adelanto de « las almas en la vida y doctrina cristiana, y en la propagacion de « la fe, por medio de la predicacion ó ministerio de la palabra « de Dios, por ejercicios espirituales y obras caritativas , enseñan- «do en particular el catecismo á los niños , como á todos los que « ignoren el cristianismo , y oyendo las confesiones de los fieles «para su consuelo espiritual. Debe tambien tener siempre ante su «vista : en primer lugar á Dios, y después la forma del instituto « que ha abrazado , como un medio que conduce al-Señor, debien- « do emplear todos sus esfuerzos para conseguir este fin que Dios « mismo le propone , á medida de la gracia que haya recibido del «Espíritu Santo , y segun el grado de su vocacion, temiendo no « dejarse arrebatar de un celo ajeno de la ciencia. El general ó «prelado que elijamos será quien decida de ese grado de voca- « cion , así como de los empleos que todos se dejan á su cargo, « para que el órden tan necesario en toda comunidad bien arre- « glada, pueda ser observado. El referido general disfrutará el «privilegio de poder amoldar las Constituciones al fin que se pro- « pone el Instituto con el asentimiento de sus consocios, decidién- « dolo en un consejo general á pluralidad de votos. « Con respecto á las cosas importantes que deban subsistir en «lo sucesivo , podrá el general formar este consejo del mayor nú- « mero de miembros de la Sociedad que pueda reunir cómoda- « mente ; y con respecto á las cosas ligeras y momentáneas basta- « rá que se forme de los que se encuentren en la residencia del «general ; perteneciendo exclusivamente á este el derecho del «mando. Todos los individuos de la Compañía deben saber y re-
«cordar no solo en los primeros años de su profesion, sino todos «los días de su vida , que toda esta Sociedad y los que la compo- « nen combaten por la gloria de Dios y bajo las órdenes de p ues- «tro santísimo Padre el Pontífice y de los demás obispos de Rama «sus sucesores. Y aunque sabemos por el Evangelio y la fe orto- « doxa, y hacemos profesion de creer firmemente que todos los « fieles están sometidos al Pontífice romano como á su jefe y vica- «rio de Jesucristo en la tierra; sin embargo, para que la humildad « de nuestro Instituto sea mas sublime, y mas perfectos el des- « prendimiento y abnegacion de nuestras voluntades, juzgamos «muy útil que además del lazo comun á todos los fieles , nos obli- « guemos por un voto particular, empeñándonos á ejecutar al ins- « tante y sin efugio todo lo que se sirviere mandarnos el actual « Pontífice romano y sus sucesores , concerniente al progreso de « las almas y á la propagacion de la fe ; ora seamos enviados en- « tre los turcos ú otros infieles, ora á las Indias ó cualesquiera « regiones cismáticas ó heréticas, así como tambien entre cual- « quiera clase de fieles. « Así , pues, los que quisieren asociarse á nosotros deberán examinar antes si se hallan dotados de bastante espíritu para (segun « el consejo del Señor) terminar esta torre; es decir, si el Espíritu Santo que les inspira, les promete la gracia suficiente y efi- «caz para soportar el peso de su vocacion ; y una vez que la ins- « p,iracion divina les excite á afiliarse bajo la enseña de Jesucris- to, deberán entrar, dispuestos á satisfacer tan inmensa deuda. « Para que no podamos \ solicitar estas misiones á los diferentes «países, ni rehusarlas tampoco , todos y cada uno en particular «nos obliga i rémos á no hacer directa ni indirectamente solicitud « ni ge§tion alguna , sometiéndonos enteramente á la voluntad de « Dios , del Papa su vicario , y del general; quien tambien pro- « meterá por su parte no solicitar del Papa destino ó mision algu- « na para sí propio, á menos que la Sociedad le otorgue su asen- « timiento. Todos harán voto de obedecer al referido general en « lo concerniente á la observancia de nuestra regla, prescribien- « do aquel las cosas que crea mas convenientes al objeto que se «propone la Compañía, recordando siempre en el ejercicio de su « empleo la bondad y mansedumbre de Jesucristo , y las humildes «palabras de san Pedro y san Pablo, sin que él ni su consejo se « aparten jamás de esta norma.
— 41 — « Ante todas cosas recomendamos la instruccion de los niños é «ignorantes en las nociones de la doctrina cristiana, de los diez « mandamientos y otras nociones semejantes que convengan, aten- « to á las circunstancias de las personas , tiempos y lugares. Sien- « do absolutamente necesario que el general y su consejo vigilen «sobre este artículo con mucha atencion , ya porque es imposible « elevar sin cimientos el edificio de la fe, ya porque es de temer « suceda entre nosotros que á proporcion de la ciencia que vaya- « mos adquiriendo , eludamos este cargo como menos brillante, «aunque es cierto que no hay otro mas útil para edificar al prójimo y .ejercernos á nosotros mismos en la caridad y humilla- « clon. Con respecto á, los inferiores, ora á causa de las grandes «ventajas que reportarán á la Órden, como para practicar conti- « nuamente la humildad, virtud verdaderamente la mas laudable, « serán obligados á obedecer siempre y en todas las cosas que per- « tenecen al Instituto al general elegido ; creyendo ver en su per- « sona á Jesucristo como si estuviese presente. Siendo la vida mas «pura , como la experiencia nos lo ha enseñado, y la mas edifi- « cativa la que está mas separada del contagio de la avaricia y mas « conforme á la pobreza evangélica ; sabiendo por otro lado que «Nuestro Señor Jesucristo no negará lo necesario con respecto á «la vida y vestido de sus siervos, que solo buscan el reino de «Dios, queremos que todos y cada uno de nosotros hagamos un «voto de pobreza perpetua, declarándonos inhábiles á adquirir « en coman ni en particular para el sostenimiento de la Sociedad, « ya sean bienes inmuebles, rentas ó posesiones, debiéndonos con- « tentar con el usufruto de lo que nos suministren para procurar- « nos lo necesario. No obstante, podrán tener en las universida- • des, colegios que posean rentas, censos y fondos aplicables al « uso necesario de los alumnos, conservando el general y la Com- « pañía el derecho de administracion de los citados bienes y « estudiantes con respecto á la eleccion , repulsa , recepcion y « exclusion de estos y de los superiores ; de manera que ní los « alumnos puedan abusar de sus bienes, ni convertirlos la Socie- « dad en su uso. Cuando se haya experimentado la capacidad de « los alumnos en la piedad y en la ciencia, podrán ser admitidos « en nuestra Compañia, de la que todos los individuos que hayan « recibido las órdenes sagradas serán obligados , aunque no dis- « fruten de beneficio ni rentas eclesiásticas, á rezar el oficio divi-
— 48 — No quiso dar á la Compañía de Jesús un traje peculiar , adoptando el ordinario de los sacerdotes seglares, la sotana negra, el antiguo manteo y el sombrero de teja; regulando por esta medida lo concerniente á la morada y alimento de sus discípulos. No entraron en su plan las mortificaciones de la carne , que forman la base de las Ordenes anteriores á la suya, así como ni el silencio , soledad y oficios de coro. Trabajaba por formar una milicia siempre activa , dispuesta siempre á acudir á lo mas recio del confaate, y de ningun modo un cuerpo ascético á quien hubieran muy luego enervado las penitencias y los insomnios. Hizo de su Sociedad una Orden mendicante, á la vez que un instituto de clérigos regulares: lo primero, para continuar la obra de los Apóstoles; y lo segundo, porque el fin de estas órdenes se dirige á trabajar en la salvacion del prójimo por el ejercicio de su santo ministerio. En el fondo de todas estas leyes se encuentra, casi sin advertirlo Ignacio , el recuerdo de los usos y costumbres de su país, advirtiéndose en ellas mas de un artículo que parece tomado de los fueros de Vizcaya; mas de una disposicion que mirada de cerca ó en lontananza se amolda á esas especies de cartas provinciales que tanto entusiasman á los españoles; conócese, en fin, sobre todo que Ignacio fue guiado por un profundo conocimiento del carácter de los demás. Revélase el hombre político en cada una de sus instrucciones; y sin dejarse arrastrar por las ideas halagüeñas á sus sentimientos religiosos , traza con mano firme las diferentes reglas que. la Compañía debe seguir en todo lo concerniente al interés material é individual de sus miembros. Una vez terminado este trabajo, se ocupó Loyola de otro mas difícil, estableciendo las condiciones indispensables para la admision en su Sociedad, condiciones múltiples, sabias muchas veces, y onerosas algunas. Todo aquel que ha vestido el hábito de cualquiera otra religion es reputado inhábil para ser recibido en la Compañía. El (Lúe se ofrece espontáneamente á entrar en el noviciado debe al momento renunciar su voluntad propia, su familia y todo cuanto el hombre aprecia sobre la tierra. Deseando Loyola hacer comprensible el interior de su pensamiento con respecto á la obe-
49 — diencia, acumuló y bosquejó en un solo cuadro todas las imágenes con que los Padres de la Iglesia y las Órdenes anteriores á la suya recomiendan esta virtud. Para esto creó seis estados ó jerarquías en 'su Instituto. Los novicios se dividen en tres clases: novicios destinados al sacerdocio, novicios para los empleos temporales, é indiferentes, es decir, los que entran en la Compañía dispuestos á servirla, ya en clase de sacerdotes , ya como coadjutores temporales, segun que los juzgan capaces sus superiores. Llaman hermanos temporales á los que ejercen los empleos de la comunidad, como sacristanes, porteros, cocineros, etc. , los que son admitidos á pronunciar sus votos después de diez años de pruebas , y cuando han llegado á los treinta de su edad. Los escolásticos aprobados son aquellos que después de terminado su noviciado y hecho los votos simples de religion , continúan la carrera de las pruebas, ya en los estudios privados, ya en la enseñanza ó en los demás empleos hasta la época de su admision á los votos solemnes. Los coadjutores espirituales formados son aquellos que no habiendo adquirido aun la ciencia ó los talentos requeridos para pasar á la profesion de los cuatro votos, desempeñan el gobierno de los colegios y residencias, la predicacion, la enseñanza y la administracion. No pueden ser promovidos antes de haber cumplido los treinta años de edad y diez de religion. Los profesos de los tres votos, que se reducen á un pequeño número , son los que careciendo de las cualidades que se requieren para la profesion de los cuatro votos, son admitidos á la profesion Solemne á favor de alguna otra cualidad ó mérito de que la (h.- den puede sacar partido en un cierto círculo de ideas. Desempeñan los mismos oficios que los coadjutores espirituales. Los profesos de los cuatro votos son los que componen la Sociedad en toda la acepcion de la palabra, y los únicos que pueden ser nom-, brados para los empleos de general, asistente , secretario general ó provincial : tienen tambien el derecho de entrada en las congregaciones facultadas para la , eleccion de general y asistentes. En cuanto á la observancia de los votos y reglas , así como en el modo de vivir, no existe diferencia alguna entre estas distintas jerarquías. Con respecto á las necesidades individuales, al vestí- 4 TOMO 1.
— 50 — tido ', al alimento y hospedaje todo está basado bajo el sistema de la igualdad mas perfecta desde el general hasta el último novicio. No pudiendo ni debiendo la Compañía hacer otra cosa mas que experimentar á los estudiantes, solo se obliga con ellos bajo condicion ; pero estos quedan enteramente obligados con ella, prometiendo vivir y morir observando los votos de pobreza , castidad y obediencia; y se comprometen á aceptar el empleo que en lo sucesivo juzguen los superiores tener mas relacion con su carácter y disposiciones. Los estudiantes llegan á ser religiosos á favor de este triple vo- to, del cual, en ocasiones determinadas, el general ó la congregacion tienen derecho á dispensar. Les está permitida la propiedad de sus bienes , pero no pueden disfrutarlos ni disponer de ellos sin el asentimiento de los superiores. La Santa Sede y el concilio Tridentino aprobaron esta medida que aceptaron todos los países católicos , á excepcion de Francia. Pueden los novicios, si quieren, antes de pasar á la profesión, legar á la Sociedad el todo ó parte de sus bienes, facultándoles para ello las Constituciones, aunque sin empeñarlos por una obligacion ó un deber. El tiempo limitado para las pruebas es de quince á diez y ocho años; no obligándoles los votos hasta los treinta y tres años, edad en que murió Jesucristo. A. pesar de la diversidad de climas y caractéres nacionales, deben todos someterse al género de vida prescrito en las Constituciones. Los profesos están obligados á la mas estrecha pobreza. Nada deben poseer sus casas; y aun se empeñan por medio de un vo- to particular á no consentir jamás modificacion alguna en esta materia, á no ser para estrecharla mas. Les está prohibido el solicitar ó codiciar cargo alguno en la Compañía, obligándose los profesos á no aceptar prelacía , honor ni dignidades eclesiásticas, ya directa ó indirectamente ; y solo pueden aceptarlas cuando el Papa se lo ordena bajo precepto de pecado mortal. Este era el único medio de cerrar la puerta á las 1 El traje de los hermanos coadjutores es mas corto que el de los demás, y se les distingue tambien en que no llevan bonete.
— 51 — ambiciones y conservar en la. órden los individuos mas distinguidos. Los profesos llenan las intenciones que tuvo Ignacio al crear la Compañía de Jesús; puesto que enseñan , predican y dirigen : no debiendo aceptar dinero alguno por desempeñar estas funciones, ora sea bajo la forma de estipendio ó recompensa, y sí únicamente bajo la de limosna. A. estas disposiciones que reasumen un gran número de artículos especiales, añade el Fundador otros muchos que por su redaccion ó tendencia entran en la categoría de todas las constan- . ciones monásticas. El instituto de la Sociedad de Jesús fue creado sin modelo; y no puede servir de norma á ningun otro, porque encierra tan diversas pequeñeces, exige tanta perfeccion en los que se someten á su práctica, y fue creado en época tan excepcional, que no debemos asombrarnos de las contiendas. que ha suscitado, de las adhesiones que tuvo en su favor, y de la misma singularidad que le caracteriza ; singularidad que le ha dado incremento y fuerza cuando las otras corporaciones se debilitaban ó se contentaban con existir. Acabamos de explicar las leyes que rigen á los diferentes estados de la Compañía ; resta dar á conocer bajo qué bases estableció Ignacio el principio de autoridad. La Sociedad es gobernada por un general perpetuo y absoluto. Es nombrado este por la i pongregacion general sin que pueda eludir la eleccion. Roma, corno centro del catolicismo y de la Órden, debe ser la residencia continua del general. En él solo reside la autoridad para formar reglas y dispensar de su cumplimiento. Su mision se limita al gobierno de la Sociedad, y de ningun modo á la predicacion. El general comunica sus poderes á los provinciales y demás superiores, cómo y cuándo le place: nombrando á los que han de desempeñar los empleos y cargos de las casas profesas, colegios y noviciados por tres . ó mas años si lo juzga oportuno. Pertenece tambien al general el aprobar y desaprobar lo que en virtud de sus poderes han hecho los visitadores, comisarios, provinciales y otros superiores.
— 52 — Elige á los religiosos que son necesarios para la administracion de la Sociedad, como el procurador y el secretario generales. Tiene derecho para sustraer uno ó muchos individuos de la Órden á sus superiores inmediatos. Ningun individuo de la Compañía puede publicar una obra sin haberla sometido á la censura de tres examinadores al menos, delegados por el general. Cada provincia le envia todos los trienios los catálogos que indican la edad de cada súbdito, la proporcion de sus fuerzas, sus talentos naturales ó adquiridos, y sus progresos en la virtud y en las ciencias. Les está recomendada la mas activa correspondencia entre el general y los provinciales para que pueda conocer aquel lo que pasa á cien leguas, y aun á mil, como si estuviese en el mismo sitio. Todas las semanas pasan los superiores locales la estadística de sus casas al provincial, quien la remite á su vez cada tres meses al general. Este último debe tener energía y valor para soportar las debilidades de muchos, y emprender grandes cosas por la gloria de Dios : debiendo perseverar en ellas cuando le parecen útiles , aun cuando los poderosos de la tierra tratasen de ponerles un obstáculo, puesto que sus ruegos ni sus amenazas no pueden apartarlos jamás del fin que proponen la razon y la obediencia divina. Debe estar dotado de una profunda sagacidad y de una alta inteligencia, para conocer á fondo la teoría y la práctica de los negocios , siéndole mas necesaria la prudencia que los talentos. Á. él solo pertenece por sí ó por sus delegados el admitir en las casas ó colegios de la Sociedad á los que crea idóneos para el desempeño de sus funciones; pudiendo recibirlos ya para el noviciado ó para la profesion, ora como coadjutores espirituales, ó como estudiantes aprobados ; estando tambien facultado para despedirlos y separarlos para siempre de la Compañía ; pero para condenar á un profeso á esta pena , necesita el asentimiento del Papa. Puede aplicar á los postulantes y profesos á cualquiera clase de estudios que crea conveniente, y acabados estos , transportarlos de un lugar á otro por tiempo determinado ó indeterminado. Conserva asimismo el poder de revocar las órdenes de los Padres, á quienes el soberano Pontífice haya encargado de una mision por un tiempo ilimitado.
— 53 — Su autoridad se extiende á crear nuevos provincialatos. En él reside la facultad de estipular á favor de las casas y colegios todo contrato de venta, compra, empréstito, constitucion de rentas y todo lo concerniente á los bienes, muebles ó inmuebles 1 ; pero no puede suprimir una casa ya establecida sin el concurso de la congregacion general, como ni aplicar las rentas de ningun establecimiento de la Compañia á la casa profesa ó á la en que él habita. Conserva la superintendencia y gobierno de todos los colegios. Pertenécele asimismo velar en la observancia de las Constituciones ; hallándose facultado para dispensar de ellas respecto á las personas, lugares, tiempos y circunstancias , convocar la Sociedad á congregacion general; tiene dos votos en las asambleas, y en caso de empate prevalece el suyo. Debe conocer á fondo la conciencia de los individuos que le están sometidos, y en particular la de los provinciales y de todos los que ejercen algun destino en la Sociedad. Tales son las prerogativas del general, segun que se hallan definidas por el texto mismo de las Constituciones. Resta examinar el contrapeso que Ignacio creyó deber ponerle y las precauciones que le sugirió su sagacidad contra el abuso posible de esta especie de dictadura clerical. Redúcense á seis. La primera versa sobre las cosas exteriores, como el vestido, el alimento y los gastos del general. La Sociedad está autorizada para aumentar ó disminuir los referidos gastos, segun que convenga á ros intereses de uno ú otra : á lo que el general debe asentir sin réplica. La segunda concierne á la salud del indicado general, con el objeto de que no exceda la medida de sus fuerzas con los trabajos ó penitencias. La tercera respecta al bien de su alma. Coloca cerca de él un admonitor elegido por la congregacion general, el que está facultado para representar al general , aunque con respetuosa moderacion, lo que él ó los otros Padres hayan observado de reprensible en su conducta ó gobierno. La cuarta tiende á preservarle de la ;ambicion ; puesto que si un rey, por ejemplo, quisiese obligar al general de la Compañía ' Este poder fue restringido por bulas posteriores, concernientes á la administracion de los bienes de los Regulares.
sí — á aceptar una dignidad incompatible con sus funciones, y accediendo á ello el Papa , se lo ordenase; el general no podria aceptar sin el consentimiento de la Sociedad, á no ser intimándole la órden bajo pena de pecado mortal, en cuyo caso la Sociedad no consentirá, á menos que no hubiese un apremio moral por parte de la Santa Sede. La quinta provee en los casos de negligencia, vejez ó enfermedad grave en que toda esperanza de curacion fuese mas que dudosa; en cuyo caso se le agrega al general un coadjutor ó vicario que supla sus funciones.. La sexta es adoptada para ocasiones particulares, para pecados mortales que han llegado á ser públicos, para la aplicacion de las rentas á su propia utilidad ó de su familia, y para la enajenacion de los bienes inmuebles de la Sociedad ó doctrinas perversas. La Compañía puede en este caso, después de haber tomado todas las informaciones necesarias, deponerle, y si fuese indispensable, despedirle de la Órden. Para contrarestar la autoridad del general , instituye Loyola cuatro asistentes que sin separarse de su lado, ejercen el cargo de vigilar en la ejecucion de las tres primeras precauciones tomadas contra él ; y cuya eleccion se hace por los mismos que eligen al general . En caso de muerte ó ausencia prolongada, no repugnándolo los provinciales de la Compañía, puede el general sustituir á otro, que, con la aprobacion de todos ó de la mayor parte ocupe la plaza vacante. Los asistentes nombrados en cada una de las grandes provincias de Portugal, Italia, España, Francia y Alemania, son los ministros del general, y están autorizados para juzgarle. El general está facultado para suspender á un ministro. Si enferma en uno do los casos previstos para su destitucion, los ministros convocan á su pesar una congregacion general que le depone en la forma. Si el peligro es urgente, tienen derecho á deponerle por sí mismos, después de haber recogido por cartas los votos de las provincias. Adviértese por este análisis que el dominio del general es ilimitado, en tanto que su modo de gobernar y su conducta sean morigerados. Para hacer mejor comprender este importante pun- to, decidió Ignacio que las congregaciones provinciales reunidas {'!
por trienios, debían ante toda deliberacion examinar la conveniencia de una congregacion general ; queriendo el Fundador que los diputados de las provincias, apenas lleguen á Roma, se entiendan sobre un negocio tan delicado sin intervencion del general : y que en la asamblea reunida á este efecto , voten todos por escrito , para que la certeza del secreto proteja la libertad de la votacion. Tales son en resúmen las obligaciones , los cargos y deberes que unen á cada individuo á la Sociedad de Jesús : tales 'son los derechos y las prerogativas del general. rh Todo ha sido inspirado , todo hecho con el fin evidente de llevar hasta el extremo la abnegacion de sí mismo y de extender' hasta sus últimos límites el principio de autoridad. Esta evidencia resalta en cada uno de los artículos de las Constituciones, declaraciones ó paráfrasis tan obligatorias como el texto primitivo. 41 aparecer semejante Órden en un siglo en que el protestantismo difundia por todas partes la doctrina del libre examen, ha debido verse expuesta en mil ocasiones á los debates de una inmensidad de adversarios. Los Protestantes habian dado principio á su obra, teniendo por enemigos á los individuos de la Compañía. Mr. Guizot, calvinista, lo ha proclamado tambien i : «Nadie ignora, dice, que el «principal poder instituido para luchar contra la revolucion reli- « giosa del siglo XVI, fue la Órden de los Jesuitas.» El jansenismo por un lado , los incrédulos é indiferentes por el otro, las Órdenes religiosas y los tribunales finalizaron esta obra de destruccion. Pretendiendo ilustrar este conjunto de leyes, produjeron las tinieblas ; porque no investigaban sinceramente la verdad. De la multiplicidad de libros, de discusiones, de cuentas presentadas y decretos que originaron estas Constituciones, resulta sin embargo mas de una objecion seria que conviene pesar con madurez. Unas fueron hechas por los Protestantes, y otras por católicos á quienes la Compañía de Jesús se habia hecho sospechosa, merced á la elasticidad de ciertos artículos de sus Constituciones. Estas objeciones esparcidas en obras , cuyos títulos permanecen en la oscuridad, no dejan sin embargo de tener una fuerza impo- 1 Historia general de la civilizacion europea, por Mr. Guizot, pág. 363.
— 56 — ,Il nente, hallándose reproducidas por todos los ecos de la publicidad. La historia debe tenerlas en cuenta ; y para dar á conocer ciocinan y obran bajo la inspiracion de un hombre que no los cose encuentran perpetuamente ligados á la cadena despótica con que al general plazca aherrojarlos. Privándoles la facultad de disórden dada, se sigue que fuera de este caso , difícil de resolver, cutir y representar, son unos meros autómatas católicos, que raá sus caprichos. Eliminando á los individuos de la Compañía el derecho de resistencia, excepto en caso de pecado mortal, á la déspota al que hacen voto de obediencia pasiva, puesto que puede á su arbitrio v contra su temperamento y vocacion, someterlos una latitud inmensa sobre todos los súbditos de su Órden. Es un ,ii;I::,I I I,I,Ii IIIii, '11 ,111 11 , :,,1 1, rr/ mejor el punto que se discute, debe presentar la solucion al par de la dificultad. No nos hemos impuesto el deber de censurar ni de aprobar, solo intentamos referir. La . primera objecion hecha á las Constituciones de Ignacio, que versa sobre el dominio concedido á los generales, se reduce á lo siguiente : Siendo la autoridad del general ilimitada y perpetua, le otorga noce personalmente, y á quien ellos no han visto tal vez, ni verán jamás. 'il Los apologistas de la Compañía y sus mismos individuos contestan á dichas objeciones. Es cierto que el general es uno , pero su dominio está muy lejos de la unidad, puesto que se halla limitado por las Constituciones que en el transcurso de diez años de pruebas se glosan bajo distintas formas á los novicios y estudiantes. El voto de obediencia que se presta al Instituto en la persona del general , es voluntario, libre de toda violencia, y perfectamente conocido de los que son admitidos á pronunciarle, consagrándose por vocacion á la mas completa obediencia. Es un acto de libertad que continúan, aun cuando someten su vida entera á la direccion de un jefe. La prueba mas eficaz de que este régimen despótico no es tan intolerable como se pudiera creer á primera vista , es que los Padres de la Compañía están tan unidos á su Sociedad como los antiguos romanos lo estaban á su patria. Se creen felices de este modo, y á nadie atañe calumniar su felicidad. La autoridad de que está revestido su jefe , y el ascendiente
— 57 que este tiene sobre los demás, no puede servirles tampoco para hacerse una arma ofensiva contra la Compañía : puesto que la Órden de Jesús formada para la lucha y el combate, fue 'instituida cuando la Iglesia no contaba mas que defecciones en derredor suyo, y de consiguiente urgia el proveerla de sacrificios enteros, absolutos y sin restricciones. Ignacio habia tomado en los campamentos la costumbre de la disciplina militar , y la aplicó á su Instituto, creando soldados que defendiesen al catolicismo, cuya base estaba minada, y no ocultando nada de su plan á estos soldados que por medio de la oracion y el estudio preparaba á todos los martirios. Todos la adoptaron , y la adoptan en el dia; de consiguiente no hay motivo alguno de queja. Pero tal vez apurando la letra ó el sentido de las Constituciones haya que deplorar algunos excesos de ese poder que reside en la persona del general. La Sociedad entera declara durante tres siglos, por su mismo incremento, que esta objecion se halla disipada por la realidad. El general es para ellos un guia espiritual, un. tutor temporal que no se apropia jamás derecho alguno, que no tiene fondos ni rentas á su disposicion, que vive -con ellos y como ellos, y que no puede disponer de su existencia ó de su libertad sino para la gloria de Dios y salvacion de las almas. Un monarca ( y mas de una vez se ha dado este fastuoso título al general de la Compañía) no puede jamás ser depuesto por motivo alguno. Es rey por herencia ó eleccion ; es decir, superior á todos sus súbditos , y que aun en los Estados constitucionales se encuentra al abrigo de los tiros que sus faltas pueden suscitarle. Lo hace todo sin ser responsable mas que de lo bueno, y nunca de lo malo. Entre los Jesuitas por el contrario, el general ve, á pesar suyo, y léjos de sí , reunirse las congregaciones provinciales y disputarle el gobierno ; tiene á su alrededor un vigilante y ministros que toda vez que los motivos humanos prevaleciesen en su pensamiento, tendrian los demás un interés particular en sorprenderle en lo mas mínimo para optar á su sucesion. Su poder ciertamente es ilimitado para hacer el bien ; pero tiene las manos atadas para en el caso de cometer la menor falta ó abusar de su autoridad; porque entonces era indispensable, lo que no es posible suponer, que los asistentes, que el admonitor y todos los provinciales , entrasen á ciencia cierta en el complot que hubiese tramado.
— 64 de una orden religiosa respectivamente á las consideraciones humanas ó á las ideas vertidas en los salones, es condenar á todas las religiones á un tribunal incapaz de fallar en su defensa. La vida del claustro, dicen, es el antípoda de la vida del mundo: en este, todo se pone en juego y todo se ensaya con el objeto de procurarse los placeres, y por adquirir las riquezas y honores; en la vida del claustro, por el contrario, se sacrifican todos los goces. No se halla paridad en las existencias, luego es imposible, dicen, que haya equidad en los juicios. Pero dejando á un lado estas observaciones, los individuos de la Compañía no creen que el argumento presentado estribe sobre una base sólida. Ellos sacrifican su voluntad particular á la general , su pasion á la ley, y el interés de uno solo al de todos. Este sacrificio es voluntario; le practican á cada hora del dia , porque desearian consumarle á cada minuto : obedecen, porque se reputan demasiado débiles para dirigirse á sí mismos y para mandar á los otros, no teniendo por consiguiente este acto de sumision nada contrario á la voluntad é independencia. «Jamás existe la opresion , dice Reinaldo I , en una sumision es- « pontánea de los espíritus, ni en la propension y el voto de los «corazones en quienes la persuasion obra y precede á la inclina- « cion, que solo ejecutan lo que desean hacer, y que no desean « mas que lo que ejecutan. En esto se funda el dulce imperio de la « opinion, único quizá : que está permitido á los hombres ejercer « sobre sus semejantes , porque hace felices á los que se abandonan á él.» Pero cuando un corazon tranquilo pone en paralelo las prescripciones que Ignacio legara á sus discípulos y las ordenanzas á que están sometidos los ejércitos de mar y tierra en los Estados europeos, se disipa como el humo esa esclavitud tan decantada. La subordinacion es el primer deber de un ejército; obedeciendo todos sin reflexion á la primera señal desde el general hasta el último soldado. En la Sociedad de Jesús sucede de otro modo : la obediencia está inculcada bajo una forma menos absoluta, pues- to que en la carta por la que Ignacio recomienda esta virtud, se explica en estos términos: «Sin embargo, si os sucede alguna vez «ser de contrario parecer que los superiores, y si después de ha- Historia filosófica y política, libro VIII, cap. XIV, odie. 1793.
— 65 — « ber consultado humildemente al Señor, juzgais deber exponérse- «lo , no se os prohibe hacer vuestras representaciones.» Síguese de aquí que el Jesuita puede razonar sobre su obediencia, facultad que no tiene el soldado, ni aun el mismo oficial general. Si en vista de esto la Sociedad ó su jefe, que habla y obra siempre en su nombre y de una manera paternal , porque ante todo es padre, cree útil á la Compañía y á uno de sus individuos el colocarle ó deponerle, investirle de tal autoridad ó confiarle una mision cualquiera, no es por cierto á la Sociedad ni al referido individuo á quien pertenece saber lo que se juzgue mas oportuno al bien de la Compañía ó al servicio de Dios. Los coadjutores temporales y espirituales , el estudiante y el profeso reconocen cada dia con su sumision el beneficio de la obediencia cási ciega : se reputan felices de este modo, y nada les resta que desear. Dícese no obstante que esta esclavitud moral debe sufocar el pensamiento, poner un dique al torrente del ingenio apartándole de su camino natural; pero hasta ahora los Jesuitas han disfrutado una reputacion literaria que da el mentís mas completo -á esta asercion: nadie, ni aun sus adversarios mas acérrimos, les han rehusado el conocimiento de los hombres y la sagacidad para aplicarlos á las tareas que mas se amoldan á su carácter y á la naturaleza de su ingenio. La cuarta objecion nace del contenido de las Constituciones. liase preguntado mil veces: ¿por qué aparecen como simples extractos de alguna recopilacion auténtica que yace oculta á los ojos de los profanos? ¿ cuáles son los artículos sustanciales no expuestos á las variaciones de tiempos y lugares, y quién tiene facultad para cambiar ó modificar estas Constituciones? Estas preguntas hechas, ora por la pasion, ora por el deseo de instruirse , no dejan de ofrecer graves dificultades, que en vez de ser quiméricas, se apoyan en juicios fundados, y merecen por lo tanto un exámen profundo. Las Constituciones de Loyola existen en el mismo estado que las dejó á su muerte. Las hemos comparado por el texto español á la Casa-madre ó al Gesu de Roma. Fueron compuestas en diversos intervalos y dirigidas en manuscrito á los primeros miembros de la Compañía para su aprobacion y promulgacion. Es cierto que algunas parecen al observador inatento desprenderse de las otras por su redaccion; pero á la vista del que reflexiona, todas se en- 5 TOMO 1.
66 lazan perfectamente en un pensamiento idéntico. Ignacio dejó est . legislacion que subsiste en todo su vigor en la Sociedad. En cuan- to á las prescripciones ocultas y á las moniciones secretas que deberian , segun los enemigos de la Compañia, regular su foro interior , ó enseñarle los medios de gobernar el mundo , todos las co r nocieron al par de la Sociedad, cuando fueron inventadas y expuestas á la malignidad pública. No puede aplicársela la historia del Viejo de la Montaña , porque hubiera estado desde su fundacion in fraganti delito con todas las leyes eclesiásticas. Esta acusacion se reduce á un juego de palabras, propio únicamente para ocupar á los ociosos, y cuya misma imposibilidad debia prestar fuerza á . la credulidad humana. Nada hay misterioso en la Compañía de Jesús, porque nada hay culpable. Acriminar sin pruebas y por sospechas es condenarse á un error voluntario. Los artículos sustanciales, no expuestos á las variaciones de tiempos y lugares, es cierto que se hallan intercalados en las Constituciones; pero se hallan reunidos en la bula de Paulo III que estableció la Órden, y en la de Julio III que la confirmó el 21 de julio de 1550. Todo lo que ambas bulas contienen respecto á las Constituciones, medios, régimen y objeto de la Órden es sustancial y fundamental, y jamás ha sufrido modilicacion alguna. Las otras Constituciones que no pertenecen á estos puntos sustanciales pueden ser modificadas por una congregacion general, pero con prudencia excesiva. En el general solo existe el derecho de hacer reglas. Otra objecion algo menos seria que las precedentes se - reduce á que los Jesuitas ejercen entre sí el mas atroz espionaje; está fundada en el texto siguiente : «Se preguntará al postulante si para su mayor adelantamiento « espiritual, y para su mayor humillacion y rendimiento, consiente « en que todas sus faltas, defectos y todo lo que se advierta en él, « pueda ser revelado á sus superiores por cualquiera que lo obser- ve fuera de la confesion. «Si llevará á. bien que los otros le corrijan y ayudar á la cor- «reccion de los demás, y si están dispuestos á dejarse conocer «mutuamente para su mayor provecho espiritual , sobre todo, si «el superior que los dirige se lo ordena ó interroga para mayor «gloria de Dios.»
— 67 — Partiendo de este texto, incluido en el exámen, pero quehace parte de las Constituciones, así como el mismo exámen , los ému los de la Compañía han hojeado y vuelto á bojear en todos sentidos este pasaje, esperando demostrar con él que la Compañía recomienda la delacion, la pone en práctica y la hace figurar como ' una obligacion de conciencia. Este, dicen, es el mas vasto sistema de inquisicion perpetua que pudo ser concebido en cabeza humana; así como el principio activo del régimen interior de la Sociedad. En vano nos afirmarán, añaden , que el uso de las delaciones secretas ha sido recomendado y alabado por la mayor parte de las Órdenes religiosas. En vano citarán la regla de los Dominicos, el sentir de san Buenaventura y el de santo Tomás en sus cuestiones q'uodlibéticas. Reconocemos y nos guardamos muy bien de vituperar el manifiesto de la vida interior que los maestros de la vida espiritual recomendaron tan vivamente. Es útil á un religioso el revelar á su superior sus inclinaciones, defectos, tentaciones que experimente y todo lo que puede retrasarle en la vida de la perfeccion. Pero ¿sucede lo mismo respecto á esas delaciones clandestinas inculcadas de una manera tan imperiosa que acogen al postulante á su ingreso en la Sociedad, que le siguen durante su vida y hasta las puertas del sepulcro? ¿ tienden á extinguir los defectos reales, ó mas bien los vicios característicos, y las imperfecciones de genio y de temperamento? La observancia perpetua cuyo precep- to han recibido ¿no es un agente poderoso que los induce á, la traicion? ¿no es querer por un arte funesto, corromper el corazon, envilecer los sentimientos, extinguir la caridad cristiana, y sustituir la hipocresía á la virtud? Introducir semejantes máximas en una sociedad religiosa, es facilitar al general una nocion íntima de cada uno de sus individuos, y facultarle para gobernarlos á su arbitrio y emplearlos segun sus miras. Un gobierno fundado bajo precauciones tan despóticas viene á ser una inquisicion siempre activa ; puesto que bajo las apariencias de mayor perfeccion evangélica contiene un plan de envilecimiento y de temor por medio del cual el déspota , ó lo que es lo mismo , el general , estrecha mas fuertemente á los ciegos instrumentos de su voluntad. Para acusar á una corporacion en masa, responden los Jesuitas y sus defensores, no es la primera vez que se ha hecho el encomio de otra, elogiando en los unos el mismo precepto que se vi-
-- 68 — tupera con acrimonia en los otros. La revelacion de los defectos ajenos forma parte de casi todas las reglas de las Órdenes religiosas: en el capítulo XIII de las Constituciones de los frailes Dominicos se expresa su fundador en estos términos : «Deberá cada uno «referir al superior lo que haya visto , por temor de que se le oculten los vicios.» Los frailes Menores sometidos á esta regla mucho antes que el fundador de los Dominicos , leen en el capítulo VII de sus Constituciones lo siguiente : «Ninguno crea que no está obligado á denunciar las faltas de «sus hermanos al superior, único que debe remediarlas ; porque «segun el parecer de san Buenaventura, de todos los maestros de «la Órden y del capítulo general, semejante doctrina está reputada «como perjudicial y destructora de la disciplina regular.» Aquí no se trata de formar un equívoco de palabras, ni de poner en tortura el sentido de ellas. Los textos son formales , literalmente traducidos, y, es preciso confesarlo, conservan entre sí grande analogía. Sin embargo, los adversarios de la Compañía respetan el principio de delacion en la regla de los Dominicos y Franciscanos , al paso que le combaten en la de los Jesuitas. La razon es muy sencilla : nadie recelaba todavía de los primeros; no excitaban la envidia; y si encontraban algunos émulos, nada tenian estos de animosidad, y sí gran dósis de apatía. Dejáronlos tranquilos en sus conventos de Francia, Italia y Alemania, delatándose á su arbitrio para mayor perfeceion : su doctrina delatora no fue conocida hasta que atacados los Jesuitas sobre una materia idéntica, adujeron para justificarse los textos de san Buenaventura y santo Domingo. Pesaron cada palabra, interrogaron á cada sílaba, y profundizaron cada coma ; resultando necesariamente de esta comparacion la inocencia de los frailes Menores y Dominicos, y la culpabilidad de los hijos de Loyola. Empero semejante injusticia debia tener un término, puesto que cotejados los tres capítulos idénticos; si bien el de Ignacio desenvuelve algo mas el pensamiento , y apoya con mas claridad el provecho espiritual que los postulantes y profesos pueden sacar de una costumbre tan genérica; no le da por eso mas extension , ni le hace tampoco mas conminatorio.. El texto de Loyola tiende á mas léjos : circunda la regla de pre-
— 69 — cauciones múltiples: exige desde luego que se interrogue al novicio si suscribe á él , aspirando únicamente al bien del individuo y á la edificacion de los demás: apremia al superior, á quien se hace la denuncia, á examinar con escrupulosidad las circunstancias y el autor de la delacion, á no emplear otros medios que los paternales para atraer el delincuente, sirviéndose de la persuasion y de una vigilancia mas especial. El código de Ignacio no ordena en manera alguna los castigos corporales, la cautividad, el ayuno ni las maceraciones de la carne. Loyola gobierna á su Sociedad por medio de la inteligencia y de la razon , de ningun modo por el terror ¿Qué sucederia, si discutido este primer punto, y tomando la cuestion bajo el punto de vista que los hombres la presentan, insistiendo en lo vergonzoso de la delacion y lo repugnante que aparece el carácter de delator, probásemos que este sistema tan vituperado en los Jesuitas se ha hecho una cosa recibida y tolerada en el mundo? En las sociedades secretas (y no ciertamente en las que aspiran á la santidad); entre los franc-masones sobre todo, amigos de la independencia, y declarados rivales de los Jesuitas, tiene el espionaje fuerza de ley.. Los tribunales vehémicos de la edad media asesinaban jurídicamente por medio del espionaje: y por él los franc-masones se han arrogado un poder que en el dia no causa ilusion. Las sociedades secretas han sucumbido desde que todo el mundo conspira á cara descubierta; pero el espionaje subsiste aun en la franc-masonería, y pasa á las costumbres políticas. ¿Qué otra cosa son la tribuna y la prensa? Esas dos terribles voces que resuenan á tanta distancia. En la tribuna, cualesquiera miembro de la asamblea deliberante tiene un derecho para denunciar los fraudes, bajezas, exacciones y violaciones de ley que los funcionarios públicos de todas ,categorías pueden autorizar ó cometer; y el ministro puede á su vez acusar al diputado de ambicioso y conspirador. Para que las cosas lleguen á este estado; ¡ cuántas amarguras y humillaciones les habrá sido preciso tolerar! ¡ á qué oficios tan innobles y degradantes habrán debido resignarse ! De un lado se habrán visto precisados á sobornar con montes de oro la fidelidad de un oficial, á ocultar el secreto de los despachos , á estafar con una mirada, á expiar los pasos, á interrogar el gesto, y muchas veces á for-
— 70 ulular un acta de acusacion á favor de falaces indicios, ó relaciones de orígen inmoral. Otras veces ni aun se obrará con tanto misterio; se violará sencillamente el domicilio del diputado ó del ciudadano, registrando con ojos inquisitoriales los papeles de familia, las relaciones del individuo ; y aun se interceptarán en el correo las cartas que confiado en la buena fe de los tratados entrega á la discrecion pública. Pasando estas cartas á ser propiedad de sus enemigos, depondrán en justicia contra el ciudadano, sin que nadie anatematice tamaño sistema, en nuestra era de libertad. Es verdad que si hoy os le aplican, podréis mañana aplicarle á vuestra vez: y esta esperanza os cierra los labios sobre unos principios mucho mas extraños que lo son los de la inanifestacion del interior; principios que á pesar del ejemplo . de Loyola, os guardais bien de someter á la aprobacion de los que están destinados á vivir bajo un tal régimen. En todos los países libres, es decir, constitucionales, en Francia, en Inglaterra,. en España, en Bélgica y en los Estados-Uni- dos , se observa esto muy bien, tanto en la oposicion verbal como en la escrita y en la prensa gubernamental. Enlázanse unos individuos á los actos de otro , de cuyos errores, faltas ó crímenes él solo es responsable , y á él únicamente se le imputan. Entre los Jesuitas muy al contrario, prescindiendo de la perfeccion cristiana, hay un interés permanente, un interés de corporacion, porque la mancha en que puede incurrir un miembro aislado, se generaliza contra toda la Compañía. Lo mas odioso que en sí encierra el espionaje, es el misterio de que se le rodea; pero al dejar de ser protegido por el secreto, viene á ser una especie de garantía que cada individuo otorga á sus compañeros: de aquí se sigue que una cosa que se practica en el mundo, puede con mayor razon ser empleada en el claustro para cooperar á la santificacion del que acepta espontáneamente una ley semejante. El Dr. Leopoldo Ranke , 'en su historia del papado, no se muestra, aunque protestante, tan susceptible ni tan injusto como muchos católicos. «Lo que caracteriza evidentemente , dice 1 , á la «institucion de los Jesuitas , es que no solamente favorece el 1 Historia del papado, por Leopoldo Ranke, catedrático en la universidad de Berlin , tomo 1, pág. 301,
-- 71 -- « desarrollo individual, sino que le impone; se apodera de él y le «identifica consigo misma. Hé aquí por qué todas las relaciones « entre sus miembros están basadas en una sumision y una vigilancia recíprocas, formando sin embargo una unidad íntimamen- « te concentrada , perfecta y llena de nervio y de energía; por « cuya razon ha prestado en todas las ocasiones tanta fuerza al « poder monárquico, y le está enteramente sometida, á menos que « aquel no abdique sus principios.» La Francia tambien se ha reservado su objecion particular, que consiste en interrogar por qué no ha habido un solo general francés entre los veinte que han gobernado á la Compañía de Jesús: formando unos un pretexto de esta exclusion para injuriar á la Sociedad, y fundando otros sobre esta misma exclusion una multitud de argumentos , de los que creemos del caso citar los mas concluyentes. Habiéndose establecido la Compañía, dicen, bajo leyes siempre en oposicion con las del reino, parecia imposible confiar el gobierno de la Sociedad á un francés, que hubiera podido, prescindiendo de su carácter jesuítico, no perder completamente de vista en algunas circunstancias el recuerdo de su patria. Existe eternamente en el fondo del corazon de los franceses cierta levadura de independencia y cierto gérmen de libertad, que no podia combinarse con la omnipotencia del soberano Pontífice y con la que las Constituciones atribuyen al general. El primero , segun los mismos italianos, es en Roma el Papa blanco, y el Papa negro el segundo. Ambos ejercen una influencia real sobré la Compañía, que esta extiende después por todas las naciones. Acúsase á los franceses , con razon ó sin ella , de instabilidad en sus deseos, de inconstancia en los actos mas serios, y de una necesidad de cambio que su impetuosidad natural hace tan peligrosa respecto al órden político, como á una sociedad religiosa. Los italianos , y los romanos especialmente , son por el contrario graves, pero con esa gravedad que tiene mas bien su centro en el semblante que en el corazon. Créense reflexivos porque son lentos, y se reputan hábiles porque solo tienen fe en su interés. La eleccion se hace en Roma bajo la inspiraciou del Papa, por una mayoría de religiosos nacidos en Italia, España , Alemania y Países Bajos; naciones á quienes importa poco el reconocer la su-
— 72 — premacia del soberano Pontífice, y por lo tanto ha debido ser siem pre hecha esta eleccion con exclusion de los franceses. La Compañía de Jesús, replican sus apologistas y sus individuos, no ha sido establecida en detrimento de un pueblo en particular, ni en provecho de otro; tiende mas bien por el conjunto mismo de sus Constituciones al bienestar y á la felicidad de todos, no siendo mas contraria á las leyes de Francia que favorable á las de los otros pueblos. Ignacio llamó á su Órden á los sacerdotes de todos los países ; ¿no hubiera sido al menos extraño el observar que este profundo político excluia de hecho á los auxiliares, cuyo concurso, su profunda sagacidad debía hacerle apreciar como indispensable? Cuando Ignacio fundó la Compañía se hallaba la Francia al frente de la civilizacion : sus reyes y universidades concedian el mas vasto campo al desarrollo de las luces y de las artes; basta decir que reinaba Francisco I. Seria, pues, una injusticia pretender que las Constituciones de la Sociedad están opuestas á nuestras leyes antiguas , y que han sido redactadas en este sentido, puesto que hubiera sido cerrar espontáneamente la puerta de este reino. Ignacio no fue tan poco previsor, y debemos convenir en que los continuadores de su obra no se mostraron menos perspicaces que el Fundador. El carácter francés puede tener sus defectos, así como el de las otras naciones; pero estos defectos que se convierten en cualidades cuando se sabe sacar partido de ellos , no fueron jamás colocados abiertamente en la balanza que la objecion deja presentir. La Silla apostólica y la Compañía de Jesús han vivido siempre en la mas perfecta armonía, si se exceptúan algunas dificultades que tendrán un lugar en nuestra historia; pero ni el episcopado, ni el clero galicano han pensado jamás en turbar esa armonía tan j ustificada. La Iglesia ha encontrado siempre en Francia la veneracion mas esclarecida y los mas valerosos defensores de sus justos derechos. El contrato tácito de exclusion , pues, pasado entre Roma y los Jesuitas con perjuicio de los franceses no ha existido jamás. Resta todavía responder á la objecion que hacen algunos , respecto á no haber elegido jamás un general francés, de esta nacion que ha suministrado al Instituto tantos miembros distinguidos y que tanto le han engrandecido ; hé aquí cómo lo verifican los amigos de la Compañía :
-73—. Si la Sociedad tuvo por padre y fundador á un español, la universidad de Paris fue su madre; esta alimentó con su ciencia á Loyola , Javier, Laynez , Lefévre , Salmeron y cási todos los que se alistaron bajo la enseña de la Compañía de Jesús. Muy luego la Universidad tuvo celos, la madre se hizo madrastra, pero madrastra que apuró todas las sofisterías y suscitó toda clase de obstáculos para no admitir una Órden religiosa que habia concebido en su seno. Estas disensiones, que tenían por objeto aparente el honor de la Iglesia galicana, y cuyo verdadero móvil tomaba su origen en una serie de ideas mucho menos elevadas, retardaron los progresos de la Compañía en el reino. Tuvo en un principio algunos colegios y pocas casas que se veian incesantemente en guerra con la Sorbona, con las universidades y parlamentos; quienes ora dominados por su equidad natural , ora estimulados por la envidia, no pudieron jamás llegar á hacerse una legislacion estable con respecto á los Jesuitas. Esta instabilidad, justificada por mil decretos contradictorios, no podia menos de perjudicar al desarrollo de la Compañia de Jesús , puesto que la privaban en las congregaciones generales, en que el jefe es elegido, de los votos de que la Francia hubiera podido disponer ; toda vez que el número de las provincias fija el de los electores. Luego que la Órden dejó de estar expuesta á los disturbios escolásticos y judiciales que habian agitado su cuna, se propagó de tal suerte en los Estados católicos, que la mayoría no pudo jamás pertenecer á la Francia. No obstante, sin querer nosotros sondear el carácter de los diferentes pueblos y dar parte aquí del mayor ó menor fundamento de unos y otros, justo es decir que mas de una vez los mismos italianos no se mostraron ajenos á la eleccion de un jefe francés. En 1M8, aun en vida de Loyoll, el P. Andrés Frusís, natural de Chartres , fue llamado á desempeñar las importantes funciones de secretario general de la Órden: el primer provincial de Italia fue Pasquier-Brouet, elegido en 1552 ; y Juan Pelletier el primer rector del colegio romano : habiendo vacado el generalato en 1580 por muerte de Everardo Mercurian , fue elegido vicario general por los profesos de Roma el P. Oliverio Manare; y aun se vió sorteado en el escrutinio con el P. Claudio Aquaviva, que fue el elegido : en 1649 el general Vicente Caraffa nombró al morir al Padre Florencio de Montmorency por su vicario general: aun en
— 80 — ro, ya comprendemos el por qué excluye de su seno á unas gentes cu y o tacto es tan seguro: si la libertad que presta el gobierno representativo es una verdad , nada tiene que temer de un Instituto que ha sabido siempre dar vigor á lo que ya era fuerte por su misma naturaleza. ¿Será lícito condenar á una sociedad entera al silencio y á la nada, porque plugo á varios jansenistas, á Madama de Pompadour, , á los parlamentos y á unos cuantos ministros embriagados por las adulaciones filosóficas el coligarse contra ella, y porque un Papa importunado por toda clase de solicitaciones consintió en privar á la Iglesia de su mas firme apoyo ? Dícese que no debe existir, porque todos los sistemas, todas las jerarquías, todos los poderes y dinastías que creyeron asesinarla, han perecido algunos años después á impulsos de una revolucion que su orgullosa incuria habia preparado ; todo lo ha sumergido el huracan de las revoluciones, al paso que la Orden de los Jesuitas ha arrostrado impávida los embates del huracan. Los decretos expedidos por los parlamentos , los promulgados en España y en Portugal, y el breve de Clemente XIV han caido en desuso, unos por las nuevas leyes, mas en armonía con las costumbres, y el otro por una bula de un sucesor de aquel soberano Pontífice. La revolucion francesa ha destruido los antiguos parlamentos, anulando por un nuevo código lo que aquellos hablan hecho, sin que haya aceptado de su sucesion ni aún el odio á beneficio de inventario. Ahora bien, ¿aquella revolucion fue combinada ó para introducir un nuevo despotismo, ó para establecer el reinado uniforme de la ley? Nosotros creernos que ha deseado ser justa, á pesar de que los ejemplos nos han manifestado lo contrario. Preténdese que los Jesuitas son incompatibles con las ideas modernas; y que están en hostilidad abierta con los principios y preocupaciones del dia. ¿Quién lo ha dicho? ¿Quién lo ha probado? Los que poco antes demostraban que los Jesuitas saben acomodarse admirablemente á todos los principios de autoridad; pero se añade que esto podía ser bueno en épocas pasadas, mas no en el dia: ¿y en qué estriba semejante alegato ? Imposible es saberlo. Los Jesuitas han educado á los españoles del tiempo de Felipe II; pero Cambien han formado á los franceses del, siglo XVII,
— 81 — y á los que en el XVIII se señalaron tan brillantemente, así en lo bueno como en lo malo: imbuyéndolos en las costumbres y educacion que mas se acomodaban á los usos y leves de la época, pero nunca pensaron en hacerlos legistas y hombres de nuestro tiempo. Esta es otra garantía mas de su respeto hácia los gobiernos establecidos; puesto que siempre se muestran sinceramente adheridos al país y al príncipe que los recibe. Este es desde luego su primer interés; luego vosotros, que os apellidais dueños del porvenir, ¿por qué temeis que se pongan al abrigo de vuestro poder ? El mismo Voltaire ha tenido mas consideraciones con los Jesuitas. Hé aquí lo que escribia el 7 de febrero de 1716 1 : « Bu- « rante el período de siete años que he vivido entre los Jesuitas, « ¿qué he observado en ellos? La vida mas laboriosa y frugal, to- « das las horas del dia consagradas á los cuidados que nos prestaban, y á los ejercicios de su austera profesion. Pongo por tes- « tigos á millares de jóvenes educados entre ellos como yo lo he « sido; por cuya razon no ceso de admirarme de que haya hombres que puedan acusarlos de enseñar una moral corruptora. » Bacon , el genio mas universal de Inglaterra, Bacon , protestante, pero de un talento demasiado profundo para no ser equitativo , escribia 2 : « La parte mas bella de la antigua disciplina ha « sido renovada en algun modo en los colegios de los Jesuitas. « Al ver la aplicacion y el talento de estos maestros respecto al « cultivo del ingenio y costumbres de la juventud , no puedo me- « nos de recordar las palabras de Agesilao acerca de Farnaba- « ces : Siendo lo que sois, imposible es que no seais de los nues- « tros. » Los puntos sustanciales de las Constituciones no son otra cosa que las máximas del Evangelio adoptadas al objeto que se propone la Sociedad de Jesús. Este objeto es la perfeccion recíproca. Respecto á los puntos accesorios , manifiesta Loyola, es cier- to , el deseo de que todos sus discípulos tiendan á la uniformidad , ya en cuanto á las cosas exteriores, como en la manera de pensar ; pero añade en el primer capítulo de la octava parte de sus Estatutos: « Tanto como lo permita la variedad de tiempos, « lugares y otras circunstancias. » 1 Obras completas de Voltaire , correspondencia. Tomo 55, edicion de 1831. 2 De dignitate et augmentis seientiarum. 6 TOMO 1.
— 82 El Evangelio, esto es, la religion de Jesucristo, subsiste hace 1852 años al lado de cualesquiera forma de gobierno. Esta Religion se ha identificado con las monarquías mas absolutas ,..así como con las repúblicas mas favorables al desarrollo de las ideas democráticas; ha atravesado por medio de las revoluciones, tolerando sus consecuencias : mas cuando espiraba el poder en medio de la lucha, ó dimitia vilmente su autoridad , continuó, sin embargo , bajo el nuevo poder , enseñando , consolando y vivificando. La Compañía de Jesús encierra en su seno individuos de todas las partes del mundo, viéndose por lo mismo obligada á tener un código de ley que convenga á la universalidad. Y sentado este principio , ¿no puede adaptarse de la misma manera y tambien como la Iglesia á todas las variaciones políticas , una vez que ha sabido acomodarse tambien á todos los gobiernos pasados? Nadie ha pensado hasta el dia introducir en el ejército el sistema representativo: La autoridad en él, es siempre monárquica, absoluta siempre; sin embargo, las antiguas repúblicas, aun aquellas mismas que hemos visto en práctica, han tenido soldados tan disciplinados y tan valientes , corno los pueden tener las monarquías. Bajo el sistema republicano, ó lo que es lo mismo bajo un régimen en que la libertad de discusion puede formar causa á la existencia misma del poder, la obediencia militar (la mas pasiva de todas) no implica contradiccion. ¿Qué cosa será capaz de impedir á una Órden monástica, de forma mas ó menos absoluta, el vivir pacíficamente en un estado constitucional? ¿Quién puede poner trabas á su ministerio puramente espiritual, y extraño por su naturaleza misma á los asuntos terrenos? No deben , pues, causar extrañeza , ni encierran misterio alguno esas reconciliaciones de conciencia, y esas capitulaciones de partido que se atribuyen á la- Compañía. El respeto debido al poder secular no cambia de naturaleza por hallarse reunido en una sola persona ó en muchas: porque esta persona ó personas constituyen lo que llamamos autoridad. Las decantadas palabras sint ut sunt , aut non sint , no entran á formar parte de las Constituciones de la Sociedad de Jesús : sus individuos no pueden aprobarlas ni desaprobarlas; y aun dudan que el general , Ricci las haya pronunciado; hé aquí todo. Mas antes de aceptar la fe mortuoria que puede convenir á algunos
— 83 — apropiarles , quieren los Jesuitas ver con mas claridad el fondo de las cosas; preguntan por lo tanto en qué texto legislativo se apoyan las que votan su total expulsion, tan contraria á las leyes de la moral , como á las dé la libertad. Esta pregunta no obtendrá sin duda respuesta alguna categórica, y se dejará á merced de rencorosas prevenciones y de anticuadas preocupaciones la facultad de establecer respecto á lo mas precioso que el hombre tiene en el mundo, el derecho de orar, instruir y sacrificarse por los demás. Sin que pretendamos entrar en el laberinto de discusiones de que ha sido objeto la Compañía, hemos sentado, examinado y reasumido las mas fuertes objeciones que se han hecho 'contra ella Estas dificultades que la relacion de los hechos aclararán todavía mas, no han pasado"aun por el crisol de la crítica; resta echar una rápida ojeada sobre los votos y privilegios de la Sociedad. Los votos son de dos especies: votos simples, y votos solemnes. Los que el estudiante aprobado pronuncia al fin de su noviciado, no encierran ninguna promesa al general y al Instituto: solo se hacen dentro de la Sociedad, sin que quede por eso el que los pronuncia instalado miembro de la Compañía; pero le obligan á entrar en ella y á formular los votos solemnes , si la Compañía juzga conveniente aceptarlós. Hé aquí la fórmula : « Dios eterno y todopoderoso, yo, aunque indigno de aparecer «en vuestra divina presencia, pero confiando en vuestro amor y « misericordia infinita, é impulsado por el deseo de serviros, ha- « go á vuestra divina Majestad, en presencia de la santísima Yír- « gen María y de toda la corte celestial , voto de pobreza, de cas- • tidad y obediencia en la Compañía de Jesús. «Prometo asimismo entrar en esta Sociedad para pasar en ella « mi vida, entendiéndolo todo segun las Constituciones de la «misma. » El coadjutor temporal, el estudiante aprobado , el coadjutor espiritual y el futuro profeso, se consagran á los mismos votos, que son idénticos á los de las demás Órdenes religiosas. Llámanse votos simples los compromisos que los profesos contraen relativamente á la Compañ.ía, y consisten en no emprender 1 Aun restan otras muchas, que se expresarán mas adelante. (Nota del Traductor). 6*
— 84 — cosa alguna respecto á modificar el voto de pobreza, en no aspirar jamás á dignidad alguna dentro de la Órden, y en no pretender tampoco fuera de ella ninguna distincion ni cargo honorífico, á no verse compelidos en virtud de santa obediencia; se comprometen además á delatar al general á los que sepan haber solicitado cargos ó dignidades dentro ó fuera de la Compañía; declarando que si les fuese confiado el gobierno de una diócesis ó iglesia, no rehusarán el escuchar los consejos que el general pudiera darles por sí mismo ó por medio de un delegado; y se obligan, por último , á seguir en un todo dichos consejos si opinan ser mejores que su propio parecer. El Papa únicamente puede dispensar de esta parte del voto. Los profesos , esto es, la flor y nata del Instituto, y á cuya clase se la da por excelencia el dictado de Sociedad profesa, son los únicos admitidos á pronunciar los votos solemnes. Se hacen de la misma manera que los de los coadjutores ; con la única diferencia, de que la intencion del que los hace ó recibe es la de elevarlos á la clase de solemnes. Su fórmula es como sigue : « Hago profesion y prometo á Dios todopoderoso , en presen- « cia de la santísima Virgen María, de toda la corte celestial y de « todas las personas que se hallan presentes, y á vos, reverendo « Padre general, que estais en lugar de Dios, así como á vuestros «sucesores, guardar perpetua pobreza, castidad y obediencia, un «cuidado particular en instruir á los niños, segun la regla de vi- « da que contienen las letras apostólicas, otorgadas á la Sociedad « de Jesús y sus Constituciones. «Prometo además una obediencia especial al Papa en lo con- « cerniente á las misiones, entendiéndolo de la manera y en la « forma que está contenida en dichas letras y Estatutos. » Los Jesuitas, segun las Constituciones de Loyola , deben amar la pobreza como á una madre; ciñéndose á no poseer renta alguna en las iglesias de las casas profesas: no pueden recibir ningun tributo del altar, como ni tampoco imponerle á la piedad de los fieles : se hallan imposibilitados de aceptar retribucion alguna por las misas, y les está prohibido tener cepillos en las iglesias para recoger las limosnas. Exige su Fundador que se hallen siempre dispuestos á mendigar, y á no exigir ningun viático para pasar de una á otra comarca. Con respecto al voto de castidad, adoptan los Estatutos de la
— 85 — Compañía una multitud de precauciones para mantenerle en todo su brillo. Imponen á todos los sentidos , ministros habituales de la voluptuosidad, y en especial á los ojos y oidor, el mas estrecho recato y el pudor mas rígido. Proscriben todo paso indecente, toda postura inmodesta, todo juego indiscreto y toda apariencia de debilidad: y para cortar de raíz la ociosidad, ordena que los Jesuitas se dediquen sin cesar á una ocupacion determinada. No pueden salir de su casa sino acompañados de otro individuo á eleccion del superior; hallándose el citado acompañante, ya en las visitas, como en las confesiones de las mujeres, al alcance de ver lo que pasa, aunque no de oir lo que se habla. En caso de no ser suficientes todas estas precauciones para garantir la fragilidad de la humana naturaleza, exige el Instituto que el postulante ó profeso sospechado ó convicto de depravacion , sea expulsado al instante con el objeto de que un miembro cancerado no inficione á toda la Corporacion. Ya se ha discutido el voto de obediencia que prestan al general y á sus superiores. Los profesos únicamente se obligan por un cuarto voto á obedecer al sumo Pontífice respecto á las misiones, segun la norma de vida que designan las letras apostólicas y Constituciones de la Sociedad. En todas las épocas ha suscitado esta promesa deshechas tormentas contra la Órden, cuyo sentido y alcance harémos comprender en pocas palabras. Al redactar Ignacio los Estatutos de su Sociedad, tuvo presentes, á no dudarlo, los ejemplos de rebeldía é insubordinacion clerical que estaban dando una gran parte de los monjes, y aun de los obispos. Veia la Santa Sede desprenderse de la unidad á un gran número de diócesis, y aun de reinos enteros : érala por lo tanto indispensable atraer á la cristiandad á su punto de partida, á Roma; por cuya razon Ignacio se ligó á ella por este cuarto vo- to, que tomado al pié de la letra solo concierne á las misiones, á la propagacion de la fe en los países infieles y bárbaros, y á la predicacion del Evangelio en las naciones europeas, en que la fe yacia aletargada ó corria peligro de hundirse. Pero al profundizar el pensamiento de Ignacio ; al estudiar á fondo la idea de sumision que rendia á la cátedra de san Pedro, concíbese fácilmente, que por mas limitado que en sí fuese este voto, tuvo en su imaginacion mayores ensanches, como lo mani-
— 86 fiesta bien claro en las declaraciones agregadas por él á la parte quinta de sus Constituciones. « Toda la intencion , dice, de este «cuarto voto, se extiende á-obedecer al sumo Pontífice en todo lo « perteneciente á las misiones : y así deben ser comprendidos todos los breves apostólicos que hagan relacion á esta obediencia, « en todo lo que mande el soberano Pontífice, y do quiera que en- « vie , etc.» Ignacio quiso que siempre tuviese el Papa á su disposicion un cuerpo de vanguardia, ó una reserva, con el objeto de difundir las luces entre los gentiles, é ilustrar á las naciones en que la herejía agotaba el manantial de la vocacion -eclesiástica. Este voto no se redujo .á una vana formalidad, puesto que desde un principio se hizo odioso á los herejes por los frutos que producía. Denunciáronle bajo todas las formas, y para convencerse de esta verdad, no hay sino hojear las obras de los sectarios del siglo XVI. Lermceus confiesa que, «no contentos con atacar á los ministros del culto reformado , los Jesuitas corrompen la juventud « alemana y francesa. Tienen tanta destreza, añade, para obligar- « la á interesarse en favor de la Silla romana, que seria mas fácil «adulterar el color de la lana teñida de púrpura, (pie arrancar á «la juventud citada el gérmen de la doctrina papista con que la « penetran.» Lithus Misenus los denomina, «Atlas del papismo; » Elías Hasenmaller, «los sargentos del obispo de Roma; » Eunio, «los evangelistas del soberano Pontífice, que combaten por su can- « sa con tanto ardor, que seria difícil hallar gente mas revoltosa; Charmerio „David, Felipe Pareus, Calvisio y los dos Douza , usan el mismo lenguaje.. Todo esto no servia mas que para confirmar la obra de Loyola, valiéndose de acusaciones que la hacían honor ; por lo que no creyó conveniente desistir de ella. Pero corno sabia que Roma no es ingrata, se esforzó á poner diques á la gratitud de los Papas, obligando á sus discípulos á no solicitar en ocasion alguna los honores eclesiásticos. Esta prohibicion , hecha por el Fundador en términos tan explícitos,. era un beneficio tanto para la Compañía como para la Iglesia misma ; puesto que conservaba á la Sociedad los individuos de mas talento , y suministraba á la Iglesia soldados desinteresados. En aquel tiempo, un desinterés tan palpable destruía los mas capciosos argumentos de los novadores.
— 87 — En efecto , el cardenal de Inglaterra, Guillermo Allen ' , en su Apología respecto al Seminario de los ingleses, cita el testimonio de Roscio , el cual asegura que Tapper, Eschio, Moro, Hosio , Hesselio , Sander y otras antorchas del catolicismo, no disfrutaban crédito alguno entre los herejes. Sospechábanlos, y les acusaban de trabajar mucho mas en favor de sus intereses que por el triunfo de la verdad ; añadiendo tambien que defendian su fe por el deseo de conservar sus rentas y dignidades. «Por esto, añade el cardenal de Inglaterra, pareció útil al Se- « ñor el suscitar unos hombres nuevos , sin bienes de fortuna, sin « silla, sin obispado ni abadía, viles á los ojos de todo el mundo, « que solo temian á Dios, y que de él solo lo esperaban todo, mi- « raudo la muerte como un beneficio ; unos hombres , en fin , que «podrán ser muertos, pero jamás vencidos.» Estos hombres, segun el pensamiento del Cardenal, eran los Jesuitas. Aun extendiendo los límites del cuarto voto, viene á ser un acta plena de prevision ; pero aun cuando así sea, ¿no concede á los Papas demasiada autoridad sobre una Compañía siempre tan activa? ¿No debe producir funestas disensiones en los Estados que, como la Francia, ponen diques al poder de la Santa Sede ? El cuarto voto, contestan los Jesuitas, no ha podido jamás sustraerlos á las leyes de los países en que se han establecido: . Siempre han respetado todos los códigos, pues que tal fue la intencion de los Papas y la suya. Tal vez algunos de sus teólogos han sostenido tesis por las que el dominio de los soberamos Pontífices adquiria una latitud que ofendia las susceptibilidades de los pueblos y el orgullo de los príncipes ; pero antes de juzgar á estos teólogos , se debe tomar en cuenta el siglo en que vivieron, y la falsa posicion en que los doctores opuestos trataban de colocar al sucesor de los Apóstoles. Estas discusiones no debilitan por otra parte el principio del voto. Su texto se refiere únicamente á las misiones : no compromete á la Órden, sino con respecto á las misiones ; salir de esta cuestion , es querer sustituir la arbitrariedad á la ley , y adulterar su interpretacion para procurarse argumentos en que ni aun ha pensado esta ley. Algunos autores ingleses y franceses escriben Alain.
88 — En la Compañía de Jesús hay obediencia, y aun si se quiere sumision hácia el vicario de Jesucristo ; pero no existe esclavitud alguna : la 'Sociedad sirve á la Iglesia sin esperanza de recompensa terrena, porque la Iglesia es el lazo que une entre sí á las naciones ; y la está adherida, no por su bien temporal, sino por el bien genérico. Así es como los profesos de la Órden comprenden su cuarto voto , y así es como le ha interpretado siempre la Compañía. Ahora viene la cuestion de los privilegios, árida y espinosa por cierto, porque desde el pontificado de Paulo III, hasta el de Benedicto XIV, contiene noventa y dos bulas ó breves apostólicos, y reposa en concesiones cuyo origen y memoria cási se han perdido en la oscuridad de los tiempos. Sin embargo, y en razon á que estos privilegios otorgados á la Compañía con mano tan liberal han suscitado al menos en ciertas cláusulas y en diversas ocasiones, ruidosas y justas acriminaciones, será preciso someterlas todas á una crítica imparcial. En el párrafo doce de la décima parte de sus Constituciones declaraba Loyola: « Convendrá que el uso de las gracias otorga- « das por la Silla apostólica sea discreto ó moderado , una vez que «no nos hemos propuesto por fin especial mas que la salvacion «de las almas. » Esta es la única vez que el Fundador habla en sus Constituciones de los privilegios con que preve que los Papas recompensarian á la Sociedad : y no habla de ellos mas que para recomendar la moderacion. Ahora resta saber si sus discípulos se han conformado siempre con la leccion de su maestro. Sus adversarios aseguran que no ; los individuos de la Compañía pretenden que han sido tan fieles, en observar este precepto como todos los demás. El relato de los hechos dará á conocer de qué parte se ha inclinado la balanza de la justicia. Entiende la Iglesia por privilegios las leyes particulares que establece para el sosten del estado religioso , los favores que la prodiga para el bien espiritual de sus individuos, y por último, las gracias ó exenciones que en el órden civil la otorgan los reyes, en reconocimiento de sus servicios. Los privilegios religiosos se dividen en tres clases. La primera abraza todas las gracias, ó facultades universales al clero, tan- to secular como regular : la segunda comprende los privilegios
— 89 -- de que gozan únicamente las Órdenes monásticas ; y á la tercera se refieren las gracias pontificales con que ha sido favorecido cada instituto. Los de la primera clase son : inmunidad de cargos incompatibles con la dignidad y ocupacion de , los religiosos ; inmunidad respecto á la jurisdiccion de los tribunales civiles ; inviolabilidad personal é inmunidad local. En los cultos antiguos, así en Egip- to como en la China, Grecia y Roma , los sacerdotes obtenian ciertas prerogativas ; y Constantino dotó al clero católico con las consideraciones y respeto con que aquellas naciones trataban á sus sacerdotes. El estado monástico no se hallaba aun organizado, y por lo tanto no participó de los favores imperiales ; pero en cambio bajo los reinados de Teodosio, Marciano y Zenon se ex-- tendió el privilegio de inmunidad á los monjes ; Carlo Magno le estableció en Occidente y aun subsiste en todo su vigor. En los Estados regulares, formados ó reformados después de la revolucion de 1789 , se ha visto siempre el clero eximido de los cargos incompatibles con sus funciones ; pero nada se ha hecho en favor de los religiosos que no se han ordenado in sacris. Sin embargo , ¿no seria justo que los que renunciaron á los bienes temporales, á las dignidades y empleos de la sociedad civil, fuesen por el mismo hecho exentos de los cargos onerosos de ella ? La inmunidad de jurisdiccion de los tribunales civiles tiene el mismo orígen, sigue los mismos progresos y decadencia que et primer privilegio. Al otorgarle Constantino y sus sucesores, no solamente reconocieron la jurisdiccion eclesiástica, sino que la aseguraron el apoyo del brazo secular. Esta exencion, admitida en otro tiempo en todos los Estados, no es reconocida hoy dia en muchos reinos católicos, resultando los motivos de este cambio de los tiempos , lugares , y aun muchas veces de las pasiones. En Alemania, por ejemplo, se cree haber descubierto y probado que la Iglesia no puede ejercer un poder coercitivo y judicial. Esto es ponerse de parte de la herejía. En otras naciones, principalmente en Francia, no se reconoce esa inmunidad , por el motivo tal vez mas especioso que justo de que todos los franceses son iguales ante la ley ; puesto que esta pretendida igualdad no impide al ejército de mar y tierra el hallarse sometido á una legislacion excepcional, así como muchas universidades de la otra parte del Rhin. La inviolabilidad personal consiste en una censura de excornu-
— 96 — conocidos con quienes no tendrán jamás una relacion seguida. Otorgar á los párrocos semejante facultad , vendria á ser una cosa inútil, toda vez que el objeto de la concesion no recaeria precisamente sobre los fieles que experimentan su mas directa necesidad. El medio adoptado por la Santa Sede no hiere en manera alguna la susceptibilidad de los párrocos. Estos poderes solo tienen valor en el foro interno de la conciencia : cesan desde el momen- to en que el crimen, y por consiguiente el pecado , se han llevado al tribunal del ordinario, resultando de semejante delegacion la mayor facilidad en el gobierno de los obispos y de sus diócesis. Con respecto á los Jesuitas, cuyos privilegios pretenden exagerar sus adversarios, estrujando el sentido de ellos hasta el infinito, un solo hecho los justifica: la famosa declaracion de los obispos de Francia, reunidos en la asamblea general del clero en 1762 Cuatro obispos únicamente, de ciento treinta que estaban congregados en la asamblea , protestaron contra el manifiesto en que la Iglesia anglicana declaraba públicamente que nada tenia que oponer respecto á este privilegio otorgado al Instituto. Esta acta oficial, y de la que hablarémos á su tiempo, responde claramente á los infinitos recelos, puesto que nadie puede acusar de apatía á los prelados franceses cuando se trata de la defensa de sus derechos. Y, ¡ cosa admirable! pero que no es conocida de muchos ; los Jesuitas, en la extincion de su Órden, en 1773, perdieron todos sus privilegios. El papa Pio VII, cuando en 7 de agosto de 1814 juzgó conveniente el restablecimiento de la Compañía, temiendo dar pábulo á las pasiones , que no habian podido amortiguar las revoluciones mas espantosas, rehusó volver al Instituto sus antiguas prerogativas. Los Jesuitas ya no tienen ninguna; pero en virtud de la comunicacion de privilegios, usada en las Órdenes religiosas, hé aquí las gracias de que disfrutan algunas , y de las que se ven privadas otras que las obtuvieron antes: 1. a Perpetuidad del general. 2. a Duracion del noviciado por mas de un año, y prolongacion 1 Colecccion de procesos verbales de las asambleas del clero francés, tomo VIII, pág. 334-, parte 2.a
— 97 — del tiempo de pruebas durante muchos años antes de pasar á los votos públicos y solemnes. Admision á las órdenes sagradas después de los votos simples y antes de los solemnes. 4.' Admision á las órdenes sagradas sin intersticios. 5.' Expulsion y dimision de la Compañía de Jesús, con dispensa de votos, tanto simples como solemnes, hecha por el general. 6.' Exencion de coro. Distincion de las diferentes clases de personas que forman la Sociedad , con Sus atribuciones y capacidades respectivas. 8. a Facultad para tener en todos sus aposentos un oratorio particular en que pueden celebrar el sacrificio de la misa, aun en altar portátil, y recibir. los Sacramentos aun en tiempó de entredicho, no solo para los miembros de la Compañía, sino tambien para sus domésticos. Exencion de todo cargo de aceptar ó ejercer el empleo de visitador y director 4 monjas, á no ser por órden formal de la Santa Sede. 10. Facultad para absolver de censuras; para dispensar en los impedimentos de matrimonio; para edificar y bendecir las iglesias, etc., en los países infieles en que no haya obispos. 11. Los superiores pueden (por justas razones) dispensar á los inferiores del ayuno, abstinencia y oficio divino en caso de enfermedad. 12. Otorgar los grados académicos á los aprobados en los exámenes. 13. Facultad de erigir por todas partes casas y colegios, etc., que en el mismo hecho de su creacion deben ser reputados como erigidos por autoridad apostólica. 14. Exencion de diezmos y otras gabelas eclesiásticas. 1.5. Privilegio para hacer contratos sin intervencion de los capítulos, y solo con la autoridad del general. 16. Declarada la Compañía de Jesús como Orden mendicante, entra á participar de todos los privilegios concedidos á las demás órdenes mendicantes. 17. Facultad de ganar todas las indulgencias otorgadas á las demás iglesias y oratorios de los lugares en que se encuentren losindividuos de la Compañía, realizando en sus mismas iglesias ú oratorios las condiciones que se exigen para ganarlas. 7 TOMO 1.
— 98 — Los privilegios referidos en los catorce primeros números, fueron concedidos por los papas Paulo III , Julio III y Pio IV, desde el año de 1510 hasta el de 1561. La vigésimaquinta, y última sesion del concilio Tridentino, en que se hace mencion de la Compañía de Jesús, se . verificó el 3 y 4 de diciembre de 1563; en la que, á pesar de la severa justicia introducida por la Iglesia reunida, respecto á la reforma de los abusos, por el órgano de sus primeros pastores, hizo aquella la declaracion siguiente : «El santo sínodo no intenta, sin embargo, innovar ó impedir «que la religion de los clérigos de la Compañía de Jesús pueda «servir al Señor y á su Iglesia, conforme al piadoso fin de su ins- « tituto aprobado por la Silla apostólica.» Aunque no concierne directamente este decreto mas que á la renuncia de los novicios , y á la profesion que deben hacer después de su noviciado; sin embargo , esta declaracion viene á ser una aprobacion indirecta del Instituto , tal como le habían confirmado los Papas, y tal como subsistia con sus usos, privilegios y forma de gobierno. 1 Per haec tamen sancta Synodus non intendit aliquid, innovare aut prohibere quin religio clericorum societatis Jesu juxta pium eorum instituturn á sancta Sede Apostolica approbatum Domino et ejus Ecclesiae inservire possit.
-- 99 — CAPITULO Pasquier-Brouet y Salmeron nuncios apostólicos en Irlanda. -- Persecuciones de Enrique VIII. — Instrucciones que dió Ignacio á los dos jesuitas legados del Papa.— Situacion de la Irlanda.— Hechos de Brouet y Salmeron en dicha isla.— Regresan á Italia.— Sus misiones en Foligno. — Lefévre y Laynez.— Laynez en Venecia. — La universidad de Paris. — Principio de la Órden de Jesús en Francia. — Guillermo Duprat , su primer protector. -- El doctor Postel quiere entrar en el Instituto.— Se ve obligado á salir de él. — Origen de la universidad de Paris y de otras universidades. — Su manera de gobernar y de instruir.— Rodriguez en Portugal.— Sus sucesos y los de Javier. — Colegio de Coimbra. — El P. Araoz en España. -- Lefévre en Alemania.— Situacion del imperio.— Le Jay y Lefévre en las dietas de Worms, de Spira y de Ratisbona.— Bobadilla en Alemania.— Lefévre en Maguncia.— En Colonia. — Dirígese á Portugal. — Regresa á Alemania. — El emperador Carlos V y los Protestantes. — El P. Canisio comisionado por el elector de Colonia cerca del Emperador. — Lefévre regresa á España. — Su apostolado. --Vuelve á Roma , en donde fallece.— Obras de Ignacio.— Sus fundaciones en Roma. — Modo de dirigir á sus hermanos. —Profecía de santa _Hildegarda contra los Jesuitas. — Alegoría de las langostas inventada por el jansenista Quesn el. Al paso que se ocupaba Loyola en redactar los Estatutos de su Órden, íntimamente persuadido de que la vida del hombre es un combate, no economizaba sus fuerzas mas que las de los demás compañeros: el choque amenazaba por todas partes , y por consiguiente dehia manifestarse tambien múltiple, segun su opinion , el plan de defensa. Al mismo tiempo que concebia en su menté los proyectos mas gigantescos , desarrollándolos con inflexible tenácidad , organizaba las leyes que debian regir á la Sociedad de Jesús; las preparaba con reflexion; las coordinaba con sagacidad, y preveía los obstáculos, enseñándole la experiencia á eliminarlos ó vencerlos. Desde las mas altas consideraciones descendia á los mas ínfimos detalles, resolviendo todas las dificultades, poniendo un freno á todas las pasiones, y pretendiendo en la extension misma de su Instituto, dar á la Iglesia un ascendiente, que en medio de la agitacion de este siglo , tan fecundo en turbulencias, *
— — parecia aquella rehusarse á sí misma. Su situacion era bastante deplorable: en cada ciudad, en cada villa, y aun en cada convento, se levantaba un enemigo armado para combatirla. La Iglesia solo contestaba lanzando anatemas contra sus adversarios; pero excomulgar, no era por cierto responder; y cuando los pueblos, fascinados por el atractivo de la novedad, aprenden á razonar sobre los motivos de su obediencia, ó á poner en duda la fe de sus padres, todos los anatemas eclesiásticos no valen tanto como una demostracion. Habla Ignacio perfectamente conocido el punto esencial de la dificultad: asesinaban á la Iglesia, desmantelaban á Roma exagerando las faltas queSe la suponia haber cometido, formando un punto de apo y o de los 'desórdenes que, á pesar suyo, se habian introducido en la administracion de las diócesis y parroquias ; calumniaban á la Santa Sede, al episcopado y á las sociedades religiosas; representábanlos bajo los mas odiosos colores, y daban á la doctrina de los Apóstoles y de los santos Padres una interpretacion siniestra. Hacíase por lo tanto urgente el oponer á todo este libertinaje del raciocinio las discusiones mas luminosas. No retrocede Loyola ante la lucha que hacia tan incierta y aun tan peligrosa el inmenso número de adversarios; lanza á todos estos campos de batalla teológica , á los veteranos que ha formado para la lucha y para el martirio, corriendo estos hácia el enemigo sin que nada pudiese aterrar su valor. En medio de esta existencia agitada, que parecia hecha expresamente para ellos, habian estudiado mucho y . aprendido mucho mas. En los bancos de las universidades se hablan ostentado llenos de erudicion y de lógica, y acababan de restaurar - en la soledad aquella fuerza que jamás debla rendirse á los mas furiosos embates, ni á las mas duras fatigas. Solo restaba abrir la liza para que se presentasen en ella unos hombres así preparados : abrióse efectivamente, y entraron en ella. Vamos á seguirlos á todos en el rápido movimiento que van á emprender á diferentes países. La Inglaterra, ese reino á quien los Papas habian apellidado la isla de los Santos, se veia entregada al espantoso vértigo de su error. Enrique VIII, que . había dado principio á su reinado improvisándose á sí mismo el teólogo destructor de los Protestantes para merecer el titulo de defensor de la fe, se dejó arrastrar por las ideas novadoras. No era por cierto la conviceion la que en él
I01 obraba: esposo legítimo de Catalina de Aragon, y tia del emperador Carlos V, se había enamorado perdidamente de Ana Bolena, una de sus camaristas, y en seguida quiso entablar con la Santa Sede un divorcio. El negocio era grave; el Papa le examinó, escuchando á ambas partes : iba ya á pronunciar como juez supremo, que el hombre no puede desunir lo que Dios ha unido sobre la tierra, cuando la cólera del Príncipe inglés terminó la cuestion. Separóse Enrique de la comunion romana , arrastrando con su ejemplo á sus cortesanos y á una gran parte de la nacion , esperando todos participar de los bienes que confiscaba el Monarca. La apostasía fue para los ingleses, así que para los alemanes, mas bien un cálculo que un acto de conciencia. Sustituíase el rey de Inglaterra propietario y señor de los monasterios que suprimia, atribuyéndose el derecho de despojar á los verdaderos posesores para recompensar la complacencia política y la felonía religiosa. Segun el doctor Luigard, ascendía la renta de los conventos á la suma de 3[1.301,&80 francos. Empero en Irlanda encontró Enrique un pueblo que no consintió en cambiar de fe con tanta frecuencia, como placia á su Soberano el cambiar de concubinas. Los irlandeses permanecieron fieles á su Dios ; y aunque por el derecho de conquista habian perdido su nacionalidad ó independencia, pasando á ser vasallos del rey de Inglaterra, quisieron al menos conservar su fe, haciendo contra sus opresores una protesta que han inmortalizado trescientos años de martirios. Con el carácter implacable que atribuye la historia al heredero de los Tudor, no podia quedar impune semejante resistencia. Enrique VIII se llenó de cólera, corno sabian encolerizarse todos los déspotas que destrozaban el lazo de la unidad católica, por no tener en la Santa Sede censores ó jueces de su conducta. Organizó el sistema mas terrible de persecucion que pudieron inventar los Dioclecianos y Recios; sistema que en la Gran Bretaña han dejado perpetuarse todas las revoluciones y todos los cambios de dinastía; el cual subsiste todavía con las agravaciones que ha podido inventar la legalidad moderna. La Irlanda palpitaba bajo la cuchilla del carnicero; contaba por millares los mártires, y se sentaba la ruina y la desolacion á la puerta de sus chozas ; de un lado se veian las proscripciones; del otro los secuestros, y por todas partes el degüello y las víctimas.
— 10 — La capital del mundo cristiano, kdonde se había refugiado Roberto , arzobispo de Armagh, escuchó por fin el rumor de todas estas exacciones. Este Arzobispo, escocés de origen, y ciego de nacimiento, solo debia á su ciencia el honor de ocupar la primera silla de Irlanda. Al escuchar la descripcion de tantas persecuciones suscitadas contra los irlandeses, por boca de su mismo pastor, Paulo 11I no pudo menos de conmoverse. Sabia que la cátedra de san Pedro habia recibido mas de una vez pruebas de adhesion y piedad por parte de este pueblo. Era preciso que enviase hombres tan dispuestos. á arrostrar el aparato de los suplicios como la miseria y la muerte; hombres decididos, que por su ciencia y virtud pudiesen sostener á los irlandeses en su fe, y consolarlos en sus males. A instancias del arzobispo de Armagh, fue llamado Ignacio por el Papa, que le pidió dos de sus compañeros. Coduro fue el designado ; pero falleció en este intervalo, siendo elegidos en su defecto Pasquier-Brouet y Salmeron , quienes se encargaron de una mision tan peligrosa. Importaba tanto á la Iglesia, que Paulo III tuvo por conveniente el revestir á los dos miembros de la Compañía de Jesús de todas las prerogativas adherentes á. los nuncios apostólicas. Salmeron y Pasquier-Brouet aceptaron con júbilo los peligros de la comision ; y aunque legados de la Santa Sede, no ambicionaban el brillo ni los honores que presta este título : salieron solos de Roma, sin provisiones , sin dinero, y á la manera que lo hacian los Apóstoles al ponerse en camino para conquistar al mundo. Pareció tan extraño este desprendimiento en medio de tan alta dignidad política, que Roma no lo perdió de vista. Francisco Zapata, notario apostólico, pensó en consagrarse á la Compañía de Jesús; y hallándose persuadido que el mejor modo de comenzar dignamente su noviciado era acompañar á los dos Padres en esta mision, ofrece costear los gastos del viaje, reputándose feliz en participarde sus trabajos y de sus peligros. Pusiéronse los tres en camino el 10 de setiembre de 1M1. Ignacio, no queriendo dejarlos marchar sin darles sus instrucciones, les trazó de su misma mano un plan de conducta, cuya habilidad y destreza podrian honrar al diplomático mas consumado. «Os recomiendo, les dijo en este escrito, la sobriedad y cir- « cunspeccion en vuestras palabras con todo el mundo en general,
— 103 — «pero sobre todo con vuestros iguales é inferiores; id siempre dis- « puestos á escuchar, prestando un oido atento , hasta que las per- « sonas con quienes hableis os hayan descubierto lo mas recóndito « de sus sentimientos. Entonces podréis darles una respuesta ciara y concisa, que complazca á todos los que os escuchen. Para « conciliaros la benevolencia de los hombres con la esperanza de « extender el reino de Dios, os haréis todo para todos, á ejemplo del « Apóstol , con el fin de ganarlos para Jesucristo: nada es mas pro- « pio, en realidad, que la semejanza de gustos y costumbres para «captarse el afecto y ganar los corazones; por lo que después de «haber estudiado el carácter y costumbres de cada individuo, « procuraréis conformaros con ellas tanto como os lo permita el « deber; de manera, que si teneis que habéroslas con un carácter «vivo y ardiente, desecharéis toda lentitud enojosa; y haceros, por «el contrario, lentos y mesurados, si el sugeto con quien habíais « se os presenta grave y circunspecto en sus discursos. «Para atraer á los hombres á la virtud y luchar con el enemigo «de la salvacion, emplearéis las mismas armas de que se sirve pa- « ra perderlos : tal es el consejo de san Basilio. Cuando el demonio acomete al hombre justo, no le descubre sus redes , antes «por el contrario las oculta atacándole indirectamente, sin combatir sus piadosas inclinaciones, y aun fingiendo amalgamarse «con ellas , hasta que al fin le sorprende en sus lazos; así conviene seguir una ruta semejante para apartar á los hombres del pe- « cado. Empezad por alabar con prudencia lo bueno que en ellos « viéseis , sin atacar desde luego sus vicios, para que cuando ha- « vais ganado su confianza podais aplicar el remedio propio para « sanarlos. Con respecto á las personas melancólicas ó turbadas, «mostrad al hablarlas, en cuanto os sea posible, un semblante « alegre y sereno, usando de la mayor dulzura en vuestras pala- « bras, para conducirlas mas fácilmente á un estado de tranquila- « dad , desarraigando un extremo con otro. «No perdais de vista, en vuestros sermones y discursos parti- • culares, en especial cuando trateis de reconciliar á los enemigos entre si, que todas vuestras palabras pueden ser publicadas, «y que lo que decís en la oscuridad, puede ser manifestado en público: anticipar el tiempo, mas bien que diferirle ó aplazarle, os « podrá dar mejor resultado; haced hoy lo que prometeís para tila- « nana.
— 1 1 » — «En cuanto al dinero, no deberéis tocar ni aun aquel que se «halla fijado respecto á las dispensas que otorgueis: mandad que se («listribuva á los pobres por manos extrañas, ó empleadle en bue- « nas obras, para que podais en caso necesario asegurar con ju- « ramento que durante el período de vuestra legacion no habeis re- « cibido un maravedí. Cuando sea necesario hablar á los grandes «señores , debe ser Pasquier-Brouet quien lo verifique. Escribid «con frecuencia á Roma durante vuestro viaje , y al punto que ha- « yais llegado á Escocia, ó cuando hayais penetrado en Irlanda; «y por último, dad cuenta todos los meses de los asuntos de la «legacion.» ..Loyola se guarda bien de hablar en estas instrucciones de las que le !labia dado el soberano Pontífice ; nada tiene que ver con la política: Salmeron y Brouet son los delegados del Papa; han merecido su confianza ; Ignacio se esfuerza á hacérsela merecer aun mas, pero no pasa de aquí. Sabe que los nuevos comisionados son de genios diametralmente opuestos ; que Salmeron es impetuoso, y que Brouet posee una alma ingenua y persuasiva, y por lo mismo encarga á este último que se comunique con los poderosos. Todo lo ha combinado de manera, que no puede ofenderse la delicadeza del uno ni del otro , haciéndoles estar de acuerdo con respecto al.interés de la Iglesia. Acababa de estallar la guerra en las fronteras de Francia á tiempo que los dos nuncios se vieron precisados á atravesar este reino, pero á pesar de todo llegaron á Escocia. Jacobo Y, sobrino de Enrique VIII , y padre de María Estuarda, reinaba á la sazon en ella. Poseia Enrique un inmenso ascendiente sobre el alma de Jacobo, y empleaba todos sus esfuerzos por atraerle á su partido, ó al menos por seducir á la Escocia. Paulo III 1-labia escrito á Jacobo Estuardo , suplicándole permaneciese fiel á la antigua Religion, y anunciándole que los dos sacerdotes de la Compañia/de Jesús estaban autorizados por la Santa Sede para desempeñar la legacion en Escocia é Irlanda . Avistáronse con el Rey, Salmeron y su compañero, y le exhortaron por el interés general de la Iglesia y por el de su corona á no desertar de la fe católica. Prometióles Jacobo resistirse á las súplicas de Enrique VIII, y desde allí se encaminaron á Irlanda. En Escocia solo necesitaban estudiar la situacion de los ánimos; pero en Irlanda necesitaban consolar vfortificar á los iie-
— 105 — les: penetraron en ella al principio de la Cuaresma del año 1542. Velase por todas partes el espectáculo de la desolacion y del espanto; no daban un solo paso sin tropezar con las mas horribles calamidades, de que no se habian formado una idea hasta en- 'onces. No se habia contentado el tirano con oprimir á la religion católica ; sus caprichos sanguinarios habian sacrificado hasta el Porvenir del país; el pueblo carecia de instruccion y de guias, porque esperaban conducirle á la apostasía por el embrutecimiento, y porque agradaba á Enrique VIII y á sus esbirros elyerseguirle ó asesinarle. La Inglaterra habia dado un paso para eximirse del yugo de Roma, y . su libertad eran las cadenas para la Irlanda. Esta tenia derecho de elegir á sus obispos y nombrar á, sus pastores de inferior jerarquía, y este derecho les fue arrebatado como todos los otros. Todos los grandes señores , á excepcion de uno solo , ora por miedo ó por codicia, habian prestado el juramento solemne de obediencia al edicto de Enrique V111. Juramento que no solamente obligaba con respecto á los edictos, sino tambien respecto á. la voluntad del rey : la voluntad de Enrique era arbitraria, sin freno s sin contrapeso, y que se transformaba , á cada paso, á medida de la cruel volubilidad de que están llenos todos los actos de este Príncipe. Enrique lo habia previsto todo: segun sus cálculos, la Santa Sede no podria abandonar á su capricho aquellas poblaciones católicas : el Papa no podria menos de socorrerlas , ora por cartas ó por legados. Érale , pues, preciso aterrorizar á los que estuviesen en relaciones con Roma, é intimidar á sus comisionados. El déspota no retrocedió ante ningun medio por depravado ,que fuese; ordenó, bajo las penas mas severas, que se quemasen todas las cartas procedentes del centro del catolicismo, y que se entregasen al rey de Inglaterra ó al virey de Irlanda, á los delegados que se atreviesen á poner el pié en aquel suelo de desolacion. El terror reinaba por todas partes, cuando Brouet y Salmeron entraron en el reino disfrazados y mendicantes; temían interrogarse por señas, y aun rehusaban el comprenderse. La hospitalidad era un crimen, la delacion un acto de patriotismo, y el silencio mismo una condena anticipada: habian sido precisos milagros de valor para llegar á un país cuyas fronteras estaban llenas de soldados; y para habitar en él se necesitaba cada' hora del dia y
112 nales. Laynez predicó el luto de la Iglesia, suplicando que se ve-7 rificasen con menos esplendor los festivos placeres á que se entregaban los habitantes de aquella ciudad, y que han pasado á ser proverbio. Los venecianos lo realizaron en parte: el mas bello triunfo tal vez que debió el jesuita á su oratoria; siendo el mas fructuoso y duradero el que se manifestó en la conversion de un gran número de cristianos ya inficionados con el veneno de la herejía. No !labia querido Laynez , á pesar de las instancias del Dux, abandonar el asilo que él mismo se habia escogido en el hospital de san Juan y san Pablo. En este mezquino refugio de la indigencia doliente, era donde recibia á aquellos poderosos senadores y á aquellos comerciantes mas opulentos que monarcas , que hacian un glorioso imperio de su pequeña república. Abandonaban sus palacios, sus alfombras orientales y sus salones de mármol, para venir á sentarse sobre el escabel del pobre misionero, y recoger el fruto de las lecciones que Laynez les daba en el colmo de su indigencia. Andrés Lipomani, mas afortunado que el Dux, venció la resistencia del Jesuita, obligándole á participar de su morada, y dando tal mérito á este favor, que destinó al punto su priorato de Padua á la formacion de un colegio de la Coinpañía. Había Ignacio enviado á Polanco y á Prusis á esta célebre universidad para que finalizasen sus estudios. Al paso que se afanahan estos dos jóvenes por adquirir las ciencias humanas , ocupabanse tambien en propagar la ciencia de Dios entre sus condispulos; procurando , aunque novicios todavía en la Sociedad, enviarle brillantes reclutas , en cuyo número se contaba Gerónimo Otelli. Después que Laynez puso á, Venecia al abrigo de las seducciones de la herejía, pensó aprovecharse de los dones de Lipomani presentándose en Padua con el objeto de restablecer la disciplina interior del colegio. La universidad de esta pobla,- cion contaba entre sus individuos numerosos sectarios que asistian á ella, para hacer germinar en el corazon de la juventud los dogmas de la independencia religiosa. En el mes de febrero de Uní se dejó ver Laynez en Brescia, á donde ya hablan penetrado los discípulos y las obras de Lutero y Calvino. Habitaba en esta ciudad, cuya fe habla reanimado el Jesuita, un fraile apóstata, que por medio de su dialéctica revestida de
— 113 — verbosidad y facundia, habia llegado á hacerse muchos prosélitos. Orgulloso el fraile con su ciencia `teológica, habia llegado 'á declarar públicamente, que si proponia á Laynez algunas objeciones sobre el purgatorio, le haria callar, ó le baria luterano.' Rabia llegado á ser entonces el palenque de la discusion ,mas bien una necesidad que un placer. Acompañado el fraile de una multitud entusiasta de aquellas justas, se presentó ante el Jesuita, que lleno de paciencia y 'con los ojos bajos, esperó que su antagonista sentase sus argumentos á su satisfaccion. Una vez enumerados todos, Laynez, cuya memoria rayaba en prodigio, reproduce una por una las objeciones de su rival en el mismo &d'en que las habia sentado : fuélas refutando con tal precision y claridad, que el apóstata confesó su error, volvió á entrar en el gremio de la Iglesia, haciéndose el partidario mas acérrimo de su. vencedor. Semejantes resultados , á la vista del mismo Pontífice, comunicaban al Instituto naciente una mágica influencia ; propagábase á la sombra de la Santa Sede, al mismo tiempo que penetraba en otros países. La universidad de Paris habia sido la primera escuela de la Compañía; no podia esta, por consiguiente, olvidar los talentos de unos, la ciencia de otros, y las virtudes de todos. Muchas personas pudientes sostenian á su costa un cierto número de jóvenes admitidos en la Sociedad, y á quienes Ignacio hacia estudiar en este foco de luces. La cuna de la orden debia ser tambien su seminario. En la primavera de 15/0 estableció Loyola por superior de estos estudiantes al navarro Santiago de Eguía, sucediéndole en su encargo Gerónimo Domenech en 15U. Pablo Aquiles, Rivadeneyra , Viola, Francisco Strada, uno de los mas célebres predicadores de su siglo., Andrés Oviedo , que fue patriarca de Etiopia, y otros menos conocidos pero no menos fervientes que los primeros, se entregaban con el ardor propio de novicios á las tareas escolásticas. El género de vida que practicaban en medio de Paris, era el mismo que sus antecesores acababan de legarles como un modelo; rezaban el oficio divino , y comulgaban en la iglesia de los Cartujos: pero como la piedad por sí misma no excluye la caridad hácia los demás, estos jóvenes, cuyo celo estaba tan experimentado corno su ciencia, empezaron á dar los ejer- 8 TOMO I.
114 cicios espirituales. A consecuencia de estas predicaciones que salían del círculo trazado á cada orador cristiano, y que hacian entrar á la elocuencia en una nueva senda, Jacobo Miron pidió entrar en el noviciado de la Compañía. Francisco Picard, ese famoso doctor en teología, cuyo nombre no ha podido borrar el tiempo, se declaró en público el amigo y propagador del Instituto. Eguía y Domenech hablan conocido la necesidad de reunir en una misma casa los individuos poco numerosos aun de la Sociedad; y el colegio de los pensionistas fue su primera morada en Paris: de allí pasaron en 1512 al de los lombardos. La confianza qtie Ignacio tenia en los futuros progresos de la Sociedad era tan ilimitada, que no temia, con tal de dilatarla , el arrancarla á sus estudios y á su patria misma á los individuos alistados en su bandera. Sabe en este mismo año que Portugal solicita colegios de la Compañía: solo contaba en Paris diez y nueve colegas, pero no le arredra el tener á sus órdenes tan corto número ; se desprende de Miron, Cogordan y . Francisco de Iloyas, y les ordena que marchen á Lisboa. El rey de Francia y el Emperador, esos dos rivales que llenaron la historia con el rumor de sus querellas , corrian aun á las armas. Estaba mandado á los súbditos de Carlos Y que pasasen la frontera en número de ocho. Domenech era español, y salió para Bruselas con siete compatriotas suyos pertenecientes al Instituto. Durante los años siguientes, el tumulto de los negocios y placeres impidió á los Padres que se habian quedado en Paris el atender á la propagacion de su Órden en esta capital. Esta Sociedad habia sido fundada por un español : la mayor parte de sus miembros pertenecian á la misma nacion ; esta se colocaba en rivalidad eterna con la Francia; existian preocupaciones, antipatía y diversidad de caracteres y costumbres , y los murmullos suscitados contra los Jesuitas por los herejes de Alemania y de Italia, habian encontrado eco en todo el reino, en donde contaban muchos partidarios. Ignacio habia colocado en Paris una piedra de apoyo ; y comprendiendo que la situacion no era favorable, y que era preciso dejar al tiempo el cuidado de calmar los ánimos, se valió de la prudencia que le produjo después copiosos resultados. Ofreciósele como protector de la Compañía en 1545 Guillermo Duprat, obispo de Clermont é hijo del canciller de este nombre, quien le
— 115 — fundó á su costa un colegio en la ciudad de Billon. Hospedó á los Padres en su palacio de Clermont que mas tarde se transformó en casa de la Sociedad; y después de haber tomado á la Compañía bajo su égida, la legó al morir una gran parte de sus bienes. Ya contaba la Sociedad en su apoyo un prelado francés. Guillermo Postel, el genio mas universal de aquella época, á quien Margarita de Valois llamaba la maravilla del mundo , desea abrazar su regla. Era Postel un hombre, de cuya boca, segun el parecer de los mas doctos, salian tantos oráculos corno palabras; dotado de un ingenio sútil y de una ardiente imaginacion , poseia todas las lenguas y todas las ciencias 1 : era el amigo de los reves, y le hacían la corte en algun modo los mas poderosos señores de aquella época. Al rumor quo la Sociedad difundia en Europa, Postel, que se hallaba en todo el vigor de su edad , abandona la corte, y suplica á Ignacio le reciba como uno de sus hijos. La conquista no podia ser mas halagiieña: Loyola se alegró en un principio; aunque no dejó de conocer que le habian engañado las apariencias. La soledad y abnegacion de sí mismo obraron de una manera reactiva sobre aquella poderosa inteligencia, para quien no existian misterios en el estudio u : solo hacia vislumbrado á . 1a Compañía de Jesús esparciendo la luz entre los idólatras, dogmatizando, predicando y combatiendo; pero se le habian escapado las pruebas á que la Sociedad somete á sus novicios: pretende practicar los ejercicios espirituales, pero bien pronto es el juguete de las mas extravagantes visiones. En el delirio de su iniaginacion ardiente, sueña un nuevo advenimiento d'e Cristo, lanzándose en todos los errores del rabinismo, y haciendo reposar los principios mismos de su fe en la astrología judiciaria. Semejante estado de cosas se hacia intolerable; Salmeron y Laynez procuraron atraer á la razon á aquel genio á quien cegaba el orgullo; el cardenal Savelli emprende la misma tarea; pero sus cuidados son tan inútiles como los de los hijos de Ignacio. Postel, por el ascendiente de su reputacion , hubiera podido ser peligroso á la Compañía: excluyéronle de ella; pero este acontecimiento, mal interpretado y presentado bajo tan falsos colores, debia retardar en Francia el establecimiento de los Jesuitas. 1 Fanfarronada francesa. 2 Otra por el mismo estilo. 8*
— 116 — Oponíanse la mayor parte de las universidades á la admision de la nueva Sociedad como cuerpo facultado para la enseñanza, c empezaron á luchar contra ella: lucha que ha durado tres siglos, y que aun continúa después que todo ha cambiado, excepto las pasiones. Cuando analicemos el sistema de educacion de los Jesuitas, y cuando hayamos dado á conocer sus colegios, su método y resultados, compararémos los principios que sirvieron de base á estos grandes establecimientos : pero antes de examinar esta cuestion, tan largo tiempo debatida, nos parece del caso referirnos , tomando nuestra idea de mas atrás , al origen de las universidades antiguas y de sus estatutos. Hemos dicho cómo se habia formado la Sociedad de Jesús, y ahora importa apreciar el espíritu primitivo de las universidades, é investigar cuáles fueron las necesidades sociales que inspiraron su idea. La cuna de la primera universidad, su fundador, y el siglo en que fue creada, pasan aun por misterios históricos. Las ciudades de Paris y Bolonia se disputan la presidencia; nosotros creemos sin embargo que la de Paris es la primogénita, y que las otras descienden de estas dos hermanas, aunque á distancias mas ó menos próximas. La universidad de Paris no fue establecida bajo un plan regular y completo. Un hombre de conceptos elevados, tal como Ignacio de Loyola, no meditó su conjunto ni lo observó en todas sus partes. Es verdad que Carlo Magno fomentó en su imperio de Occidente el estudio de las ciencias y bellas letras que esparcian un brillante esplendor en derredor de su trono. Salidas de aquel foco imperial, despidieron sus rayos por todo el mundo ; pero de una sala del palacio, escuela improvisada 1 , de una reunion de cuatro sabios que tenian por oyentes benévolos á los reyes, obispos guerreros, á una universidad digna de este nombre hay un espacio inmenso. Antes y después del reinado glorioso de Carlo Magno existieron otros santuarios de la ciencia. La Iglesia tenia sus cabildos, sus conventos y el palacio episcopal. La abadía de Lerins era una escuela célebre , cuyas tradiciones llevó san Honorato hasta las márgenes del Jura. San Colomban o y san Benito empeñaban á sus religiosos á dedicarse al estudio. Cada monasterio era un colegio. Schola palatiL
1 17 En el siglo XI se formaron escuelas públicas en las catedrales de eims , de Poitiers , de Mans , de Auxerre, y en otras muchas iglesias; la de Chatillon , sobre el Sena, en que fu! educado san Bernardo, gozaba de gran reputacion. Empero aquellos establecimientos creados por el catolicismo, que conocía muy bien la necesidad de la educacion, y que probaba á difundirla, porque aquella le prestaba fuerzas, estaban aun muy léjos de parecerse á universidad. El origen de estas corporaciones data, hablando en realidad, desde la época en que se formó la universidad de Paris; la historia no cuenta la existencia de esta , mas que desde el dia en que el reconocimiento de los Reyes y Pontífices la comunicaron una vida legal, dándola estatutos, privilegios y el nombre característico de universidad. En medio de las guerras civiles del siglo XI, cuando los normandos invadian la Francia , los catedráticos y estudiantes abandonaron la escuela del palacio para refugiarse en el atrio de Nuestra Señora ; desde allí se extendieron con el tiempo hasta la montaña de Santa Genoveva. Otras dos escuelas gozaban entonces casi tanta celebridad como la principal; existían bajo la invocacion de san German y de san Dionisio, á quienes llamaban los Pontífices sus tres hijos espirituales. Godofredo de Boloña , obispo de Paris y canciller de Francia, fundó á fines , del siglo XI la primera escuela seglar: Guillermo de Champeaux enseñó en ella la retórica y teología; Abelardo, su discípulo, su rival y sucesor, acrecentó la fama de este establecimiento. La emulacion dió una nueva actividad á los estudios, multiplicó los literatos y produjo los discípulos. A principios del siglo XIII, este agregado de maestros y alumnos tomó el nombre de universidad. Semejante dictado no tomó ciertamente su origen de la universidad de ciencias que se enseñaban en estos liceos ni en la aglomeración de todos aquellos que eran susceptibles de estudiar. No tiene esta voz una etimología tan ambiciosa. Los papás Inocencio III, Honorio III, Inocencio IV y Alejandro IV, concedieron una multitud de privilegios y favores á semejantes corporaciones. Para sostener la aficion á las letras, escribian con frecuencia á los catedráticos y discípulos, empezando cada una de sus cartas No se enseñaban en ella todas las ciencias á la vez. En Orleans y Bourges, por ejemplo, solo se enseñaba el derecho, y en illontpeller la medicina.
— 118 — por una de estas fórmulas: Soverit universalitas vestra ó universalitas magistrorum et scholarium'. De esta palabra; dirigida colectivamente , se originó el nombre de universidad. Roberto de Courson , legado de la Santa Silla en Francia, formó sus primeros Estatutos, que tienen la fecha de 1215, y solo mencionan como objetos de enseñanza la teología y las artes 5 `. Inocencio IlI les agregó la facultad de enseñar el derecho, y en una bula expedida en 1231, el papa Gregorio 1X supone la existencia de los maestros en teología, derecho, física y artes. La misma universidad, con fecha de 1253, explicando á los obispos sus desavenencias con los Dominicos, coteja las cuatro facultades con los cuatro ríos del paraíso terrestre. A mas de la universidad existian muchas escuelas: los Franciscanos, los Predicadores ó Dominicos , los Carmelitas y Agustinos franqueaban sus aulas á jóvenes de todas las naciones. Esta concurrencia acarreaba sin duda muchos conflictos , porque en todo tiempo han existido los celos y rivalidades; pero la Autoridad Real y la Santa Sede procuraban ponerles un término : las pasiones rivales eran juzgadas y condenadas; habia vencedores y vencidos : sin embargo, nadie ,osaba atacar á la libertad de enseñanza; la universidad acataba este principio, y las Órdenes religiosas le aceptaban. La universidad no era en aquella época mas que un agregado libre, en el que no se conocian aun ni el exámen, ni los grados, ni los diplomas : la sola capacidad comunicaba el derecho de profesorado. El pontífice Gregorio IX creó los grados de bachiller, licenciado, maestro y doctor. El nombre de bachiller a fue atribuido por el mismo Pontífice al primer grado, al modo que en la milicia al oficial inferior se le daba el título de bas-chevalier. Dábase el título de licenciado, al que después de haber sufrido las pruebas exigidas, obtenía licencia ó permiso para enseñar do quiera que se hallase. 1 Sepa vuestra universalidad, ó sepa la universalidad de los maestros y discípulos. Los maestros en artes estaban encargados de enseñar la filosofía , y los teólogos la Escritura sagrada. 3 Bacillarius ü bacularius
9 • — 119 El maestro y el doctor incluyen en estos nombres la explicacion de sus títulos La universidad, que en un principio carecia de administracion especial y se gobernaba con arreglo al derecho comun de todos los ciudadanos, fue adquiriendo poco á poco el nombre de corporacion, y metodizó su forma. No era por cierto á los reyes de Francia á quien apelaba en demanda de sus estatutos .y de las prerogativas que ambicionaba; Roma era mas bien el blanco de sus miradas. Inocencio III la permitió nombrarse un procurador, y autorizóla Inocencio IV para servirse de sellos, de donde se originó el cargo de canciller. Hallábase la universidad bajo la dependencia del Papa; reconocia esta dependencia; tenia entre sus dignatarios un representante especial de la Santa Sede, comisionado para vigilar en lo ortodoxo délas doctrinas: este representante especial se llamaba síndico. Al jefe de una facultad particular se le atribuia el nombre de decano (decanos) ó superior de diez individuos : el jefe de la facultad de artes lo era tambien de la universidad de Paris, bajo el nombre de rector. Esta corporacion no careció de privilegios, los exigia á menudo , y los Papas se los otorgaban con frecuencia. Esto hubiera debido ser para ella un motivo de reserva, y en varias ocasiones no debió haberse mostrado tan ardiente en vituperar á los demás lo lié aquí las pruebas que era indispensable sufrir para la admision á estos diferentes grados. Después de haber cursado el estudiante tres años de teología, sostenia su primera tesis, denominada la tentativa, sobre la primera parte de la Suma de santo Tomás ; si la defendía victoriosamente, era promovido al grado de bachiller y entraba en el de licenciado, á donde pasaba dos años ; sufria dos exámenes, el primero sobre toda la teología escolástica, y el segundo sobre los Sacramentos, sagrada Escritura é historia eclesiástica. ínterin transcurrian estos dos años de licencia, que se llamaba estar en los bancos, hacian los bachilleres varios actos ó sostenian varias tesis , que se denominaban la grande ordinaria, la pequeña ordinaria, y la sorbónica , así llamada porque se discutia en la Sorbona desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche: después de sostenidas semejantes tesis por espacio de dos años, eran promovidos al grado de licenciados, recibiendo la bendicion del canciller de Nuestra Señora de Paris. Por último, después de otro acto, llamado vísperas, porque se verificaba de tres á seis de la tarde, pasaba el licenciado á recibir la borla de doctor á la iglesia de Nuestra Señora de Paris, de manos del canciller de la universidad. Llamábase áulico el último acto que realizaba en esta ocasion, por la sala arzobispal, donde era sostenido. Estos grados daban el derecho de ser elegidos para los cargos importantes y altas dignidades.
— 120 -- que ella misma habia obtenido ó esperaba obtener de la liberalidad dé la Santa Sede. Pueden reducirse á nueve los privilegios que obtuvo y que el tiempo ha destruido; á saber : Derecho de fisco, de beneficios, de committimus, de excomunion, de grados, de peaje, de residencia, de servicio militar y de subsidios. El derecho de committimus, ampliado y variado en su aplicacion, fuéle otorgado ya por la Santa Sede, como por los soberanos. Sustraia á la universidad á la jurisdiccion ordinaria, señalándola jueces y defensores particulares. Respecto á los hechos universitarios, se hallaba al abrigo de las excomuniones lanzadas por los obispos: estaba facultada para enseñando quiera; y sus doctores ocupaban la presidencia sobre cualesquiera otros. La Sorbona y el colegio de Navarra eran sus mas principales y célebres casas. Hácia . fines del siglo XIV contaba la universidad cincuenta colegios. A hnitacion de las escuelas de Atenas y de Roma, dividió á sus alumnos en cuatro naciones : la Francia, la Picardía, la Normandía y la Alemania que fue sustituida á la de Inglaterra durante las guerras del siglo XIV, subdividiéndose á su vez en provincias estas mismas naciones. Las demás universidades adoptaron las mismas distinciones : la de Oxford se dividió en dos, y últimamente en cuatro; las de Viena, Praga y Leipsick tuvieron tambien cuatro: las restantes, esparcidas por las principales ciudades del reino introdujeron el mismo uso : la de Orleans tomó la denominacion de Paris , y la de Poitiers se subdividió en Francia, Aquitania, Berri y Turena. Estas, distinciones tenían por objeto la clasificacion de los educandos respecto á la habitacion , asambleas, procesiones y distribucion de las dotaciones pias y de los socorros; y procuraban excitar en los jóvenes el espíritu de provincialismo, en una época en que la provincia venia á ser para todos la única patria. Las universidadeshabian sido fundadas, ya por los Reyes ó por los Papas, y á veces por el concurso de ambas potestades. En 1312, Clemente V y Felipe el Hermoso crearon la de Orleans; el Papa Nicolás IV estableció la de Montpeller en 1289, y Bonifacio VIII la de Aviñon en 1303: Juan XXII, fundó en 1332 la uiversidad ,de Cahors ; Alejandro IV la de Aix en 1409 ; Pio II la de Nantes en 1150 ; Carlos, cardenal de Lorena, fundó la de Reims en 1548,
— 121 — Francisco, cardenal de Tournon , edificó la de este nombre en 1560; las demás fueron debidas á los reyes San Luis, Carlos V, Carlos VII, Luis XIII y Estanislao de Polonia. Bajo este régimen, que hemos descrito detalladamente, la enseñanza fue seria y libre. Por una tendencia natural á todas las corporaciones privilegiadas, trató la universidad diferentes veces de hacer cerrar las escuelas secundarias: viósela aspirar al monopolio de la educacion; pero esa lucha incesante é infructuosa en el mismo hecho, es un nuevo testimonio que prestaba al principio de libertad. Este habla sido su principio y aun lo era á la sazon. Los soberanos al promulgar los edictos en su favor no temían proclamarse protectores 'de todos los derechos y de todas las escuelas. Los antiguos soberanos de Francia y los demás monarcas de Europa, llegaron á comprender que por el interés de sus coronas y de sus pueblos, era preciso permitir la concurrencia á los padres de familia. Eclesiástica en su origen, en sus progresos, hombres y doctrinas, la universidad, hija primogénita de los reyes cristianísimos, lo fue tanabien en su forma de instruccion cási gratúita. El canciller de Nuestra Señora de Paris otorgaba á los catedráticos, en nombre de la autoridad pontificia, y con solo su bendicion, la facultad de enseñar. La Religion era el tronco á que estaban unidas todas las ramas de las ciencias humanas ; pero luego qne el cisma , la herejía y los funestos celos invadieron estas grandes corporaciones , fueron perdiendo poco á poco su influencia, espiran:- do, así como los parlamentos, á impulsos de una revolucion que ellas mismas se habian preparado. Con esto hay lo suficiente para conocer la universidad de Paris , á la irreconciliable enemiga de los Jesuitas. Vamos á verla en práctica con sus preocupaciones, sus cálculos, y aun á veces con sus odios. Lo que ella ejecutó contra la Compañía, lo intentaron á las claras 6 paladinamente las demás universidades de Europa, puesto que la Sociedad de Jesús era su mas peligrosa antagonista. Congregáronse todos los cuerpos facultativos para desviarla de su fin, 6 para perderla en el ánimo de los pueblos; pero la universidad de Paris , por el esplendor que lanzaba en el mundo literato, por los hombres ilustres que formaban su gloria, y por su mismo poder político, reasumió en sí misma los combates dirigidos contra los Jesuitas ; sobrepujó á todas las universi-
-- 128 — p ian asistir á un sínodo que celebraban los Católicos y Protestantes. La dieta de Ratisbona se abrió en el mes de abril de 1511 en presencia del Emperador y de su corte. El partido católico tenia por oradores á Lefévre, Eschio, Julio Pfiug y Juan Gropper, arcediano de Colonia: siendo sus antagonistas Martin Bucero , que acababa de casarse con una monja, Pistorio y Melancton, oráculo del protestantismo. Empezóse la discusion ante ocho jueces legos que nada entendian de teología, y que por consiguiente no podian introducir en la discusion el órden y la regularidad. El cardenal de Granvelle comprendió muy luego que no se podia sacar ningun resultado de semejantes disputas. Nadie se confesaba vencido ; todos se mostraban irreconciliables después del combate en que se habian cambiado, al par de los discursos, amargas acriminaciones. Granvelle suplicó á Lefévre que se entregase á ocupaciones mas útiles. El consejo era bueno ; siguióle por lo tanto, y en el decaimiento de ánimo á que le lanzaban estas disputas, que ocultaban una revolucion bajo su pesada frivolidad , escribió desde Ratisbona el 5 de abril de 1511: «Es para mí una cruz insoportable el observar á una parte tan «cónsiderable de Europa, que antes era la gloria de la Religion, «hundirse ó vacilar ahora, y decir que ni el poder del Envera- « dor, ni el talento y sagacidad de sus ministros, ni los persona- « jes que han acudido á esta dieta imponente, pueden ni saben « hacer nada para impedir el exterminio de la fe.» La dieta habia sido impotente para el bien: LeféVre emprendió solo esta tarea y sin contar con. ella. Abrió los ejercicios espirituales á los obispos, prelados, electores, vicarios generales, embajadores de las coronas, teólogos, doctores y demás miembros de la dieta. El hijo de Carlos, duque de Saboya, de quien Lefévre era súbdito , le confió la direccion de su conciencia. Era tan grande la multitud que se agolpaba para oírle, que se veia precisado á cercenar las horas de su sueño para responder á todas las necesidades. Alemanes, portugueses, españoles, italianos, todos se estrechaban en derredor de su púlpito ; todos aceptaban las reglas de conducta que les dictaba con una santa libertad. Contaba todos los dias en el número de sus oyentes á los Fernandos de la Cerda, á los Manriques, duques de Nájera, á los San-
— 129 — ehos de Castilla, á los Carlos de Saboya y de Pescara, y á Juan de Granada, hijo del último rey de esta ciudad. Esta flor y nata de la aristocracia que le adoptaba por su padre espiritual, iba después á esparcir por sus diferentes reinos la semilla que recibia en su corazon. Sostenida en la piedad, mantenía á su vez á los pueblos en la fe por medio de sus ejemplos. Lefévre no se contentó con predicar en Ratisbona ; pasa á Nuremberg, y en seguida á España por órden de Ignacio; pero la obra que habia comenzado en Alemania debe ser continuada: Loyola le dió por sucesores á Le Jay y Bobadilla. Acababa Le Jay de renovar á Faenza. Desde esta ciudad se dirige á Bolonia convirtiendo en todas partes á los que se dignaban escucharle. El clero se subleva á la vista misma del Emperador, al escuchar el cambio que este francés trata de introducir en las costumbres, y los herejes se reunen á él con idéntico sentimien- to de odio. Amenazan á Le Jay de lanzarle al Danubio : el Jesuita se sonrie y responde: « Qué me importa entrar en el cielo por mar ó por « tierra !» Los sectarios se habian apoderado de dos iglesias, y en ellas predicaban públicamente ; porque el Emperador, por combinaciones políticas , cuyas causas no ha profundizado hasta el dia la historia, toleraba en Alemania los excesos del proselitismo luterano que hubiera rigurosamente castigado en España. El amor á la novedad no sedujo á los Católicos, de quienes Le Jay era el guia. Bobadilla, que habia terminado por su parte, á una con el cardenal Reinaldo Polo , la reforma de las costumbres en la diócesis de Viterbo, salió para Alemania el año de 1541. Detúvose en Inspruk á donde residia Fernardo I, rey de los romanos; entabló conferencias con el Rey y la corte, trató de la salvacion de todos, y el Rey le condujo á Viena después para asistir á las conferencias que iban á celebrarse en aquella capital. Tenian estas por objeto salvar á la Religion de los peligros que la amenazaban. Bobadilla predicaba siempre en italiano y en latin ; explicó el sentido de las Escrituras; discutió delante del Rey con los herejes mas célebres, y siguió al nuncio del Papa á la dieta de Nuremberg. Acompañó tambien á la primera asamblea de Spira y á la de Worms, por órden del Rey y por el dictámen 9 TOMO 1.
— 130 — del cardenal Alejandro Farnesio, al obispo de Passau , embajador de este príncipe. Concluida la dieta, Bobadilla, á quien todos los prelados alemanes se disputaban, cedió á las instancias de Fernando , que se propuso ponerle en contacto con el clero de Viena; hizo triunfar el Evangelio en el corazon de aquellos sacerdotes disolutos; y como si la salud de este Jesuita pudiese ser tan infatigable como su celo, le nombró Fernando su teólogo en la nueva dieta, que se renovó en 1543. Intimidóse la herejía ante el fuego de aquella voz tan llena de verbosidad y facundia que afirmaba á los Católicos en su creencia. Estando en la dieta de Ratisbona, en donde encontró al Padre Claudio Le Jay, explicó en latin su obra De christiana conscientia. El nuncio del Papa le encargó de pasar á Ingolstadt, donde á pesar de la vigilancia del príncipe de Baviera, habia hecho el luteranismo una irrupcion. Ratisbona ofrecia un campo neutral á las diversas opiniones que se emitian: este Príncipe habia prohibido á sus súbditos presentarse en ella; y cuando le hablaban de la guerra que podian suscitar contra él los Protestantes: Antes « consentiré, respondia , perder todos mis Estados, que entregar « á Lutero uno solo de mis súbditos. » El Jesuita encontró ayuda y apoyo; entraba á suceder al gran teólogo Juan Eschio, y manifestóse digno . de él. Los obispos de Alemania procuraban todos poseer en su diócesis una antorcha tan brillante; pero obtuvo la preferencia Oton Truchsez, obispo de Ausburgo. Oton y el Padre unieron sus esfuerzos para reanimar la fe en el pueblo de Dillingen, que se apartaba de ella, y llegaron á conseguirlo. Habíase convocado una asamblea provincial en Salzburgo, en la que se debia tratar de conciliar las opiniones de ambos partidos beligerantes. A pesar de su repugnancia , se puso Le Jay en camino , porque el arzobispo de Salzburgo , hermano del duque de Baviera, quiso apoyarse en tan crítico momento, en la autoridad y prestigio de tan gran teólogo. El Emperador, sin cuidarse demasiado de la cuestion religiosa , deseaba conservar la paz en sus Estados germánicos. Comprometido en una guerra política y desastrosa para la Francia; se espantaba al ver que la herejía habia invadido la Alemania, y
131 — empezado á degenerar en disensiones civiles. Conveníale apaciguar á toda costa el cisma que empezaba á perturbarle en sus ambiciosos proyectos. La idea de un concilio general exasperaba á l os Protestantes, que temiendo fuesen condenados en él sus principios, les parecia mucho mas ventajoso el proponer incesantemente algunos de esos sínodos provisionales que aplazaban la cuestion , ó la enconaban cada vez mas. Al principio de cada sesion era Le Jay consultado por los obispos, hasta que se vió obligado á redactar para ellos un escrito en que se reasumian los dos puntos puestos á discusion por el Emperador. Probó desde luego que los prelados no podian jamás consentir que una asamblea de legos se arrogase el derecho de resolver una cuestion religiosa; y mostró en seguida que los Protestantes, aun suponiendo que admitiesen todos los dogmas católicos, deberian ser tachados dé herejes, si rehusaban reconocer la autoridad de los soberanos Pontífices en,máteria de fe. Adhiriéronse á la declaracion de Le Jay los obispos reunidos en Salzburgo, é hicieron eliminar la proposicion de un concilio nacional hecha por los Luteranos , encargándole que escribiese á Roma para acelerar la convocacion de la asamblea general, cuyos promotores habian sido los Jesuitas. Lefévre llegó á España acompañado de Ortiz ; visitó á Madrid, Zaragoza, Medina, Sigüenza y Alcalá; tuvo algunas entrevistas con la grandeza ; predicó al pueblo, y catequizó á los niños. Este hombre, á quien el consejero de Carlos V profesaba la mayor estimacion , no temió confundirse con los indigentes, y hacerse aun mas pobre que ellos para instruirlos. Apenas establecido en la Península le vuelve á llamar el papa Paulo III, para que continuase en Alemania la serie de sus tareas apostólicas. No desagradaban por cierto á Loyola estas emigraciones continuas. Su Compañíaera aun poco numerosa, y esperaba multiplicarla haciendo ver en cien pueblos á la vez el mérito de sus hijos. En Ocaña fue presentado el Jesuita á las princesas María y Juana, hijas de Carlos V, y de cristianas las hizo piadosas. Entusiasmados por su relato, Juan de Aragon y Álvaro Alfonso, sacerdotes /ambos de la capilla real , renunciaron los honores y la corte, y siguieron á Lefévre, que á través de mil peligros, llegó á la ciudad de Spira en el mes de octubre de 1M2. Su presencia en esta ciudad alarmó al clero. El nombre v las 9
— 132 obras de la Compañía eran ya conocidos en ella, y el clero por lo tanto estaba persuadido de que Lefévre iba á proceder desde luego á la reforma de sus costumbres. Tal era, en efecto, la mi- • sion del Jesuita. Para hacérsela gustar, empezó por insinuarse en la confianza dé los sacerdotes por medio de la dulzura, y haciéndose su amigo. Dado ya este primer paso, el mas difícil de todos, les habló con tanta uncion de la santidad de su ministerio y de los deberes que este les imponía, que todos los eclesiásticos de Spira abandonaron los placeres mundanos y locos regocijos, que poco antes ocupaban sus corazones. Obtenido este triunfo, marchó Lefévre á Maguncia, en donde le esperaba el arzobispo Alberto , cardenal de Brandeburgo. Maguncia , como todas las ciudades de Alemania, veia cada dia renacer en su seno nuevas facciones religiosas. Aprovechándose de los excesos del clero, no tercian pervertir á los fieles so pretexto de que sus antiguos pastores estaban tambien pervertidos. Apoyado Lefévre en la autoridad y virtudes del Arzobispo, restableció muy luego la paz en los corazones, la regularidad en el clero, y la fe en el pueblo. Generoso hasta el extremo, Alberto de Brandeburgo deseó recompensar al Jesuita la deuda que él y su diócesis acababan de contraer tan afortunadamente, y le obligó á aceptar cien luises de oro. El Jesuita habia hecho voto de pobreza, y quería observarle; los cien luises fueron al punto distribuidos entre los indigentes de la ciudad y los hermanos de la Compañía de Jesús que estudiaban en la universidad de Lovaina. Vuelve á Spira y regresa á Maguncia, porque los obispos alemanes no creian poder hacerlo mejor, que oponer el mismo adversario á cada nueva fase del lateranismo. En el mes de enero de 1543 se decidió á explicar públicamente la sagrada Escritura. Sus lecciones fueron practicadas por los habitantes de Maguncia; su persuasion hace entrar en el gremio de la Iglesia á muchos cristianos á quienes la incesante actividad de los Luteranos habia separado de ella. Una multitud de extranjeros acude á Maguncia de todas las provincias rinianas para escuchar á un sacerdote cuya reputacion era tan extraordinaria. Pedro Canisio, nacido en Nimega el 8 de mayo de 1521, era de este número. Impelido siempre por el deseo de aprender; espíritu sólido.,y brillante; pero en cuya cabeza se abrigaban algu-
— 133 — nas dudas de las que corroen las mas hermosas naturalezas, era mirado como uno de los mas eruditos de la universidad de Colonia. Apenas rayaba en los veinte y cuatro años, cuando ya aseguraban sus catedráticos, Nicolás Eschio y Lorenzo Surio , que seria uno de los mas firmes apoyos de la Iglesia. Canisio escuchó á Lefévre, tuvo con él una entrevista, y afirmándose en su vocacion entró sin mas tardanza en la Compañía. Estando en esto, tuvo aviso Lefévre de las calamidades que aquejaban á la ciudad de Colonia, y de que su arzobispo elector, Herman de Weiden, vacilaba en la fe. Podia muy bien el pastor convertido en lobo arrastrar á su grey á un precipicio, pero nadie osaba oponerse á la autoridad de un potentado. Los católicos del electorado solo cifran su esperanza en el Jesuita, que no tarda en escuchar sus deseos, pero el mal era inveterado y la Haga incurable. Alentado Herman , sin embargo , y sostenido por el Padre, promete permanecer fiel á su religion; mas no pareciendo á Lefévre asaz concluyente su promesa, consultó á Juan Poggi, nuncio del Papa , residente en Bona. Ordepóle el nuncio, bajo precepto formal de santa obediencia, que no se alejase de Colonia, puesto que su presencia y sus discursos podían únicamente contrarestar los progresos de la herejía. El Jesuita obedeció, y la ciudad no siguió á su arzobispo en la apostasía. Colonia se mantuvo fiel al catolicismo. Hallándose ocupado en estas tareas de la inteligencia y de la palabra, recibió órden expresa de pasar á Portugal. Juan III iba á realizar el enlace de su hija María con Felipe II, hijo de Carlos V. Rabia este último Monarca pedido á Roma dos individuos * de la Compañía para que acompañasen al_jóven príncipe en su viaje á Castilla, designando en particular á Lefévre. El honor dispensado al misionero abria un vasto campo á la Sociedad en muchas provincias de España; resjstese á las instancias de Poggi, que testigo del bien que habia hecho en Colonia, intentaba retenerle, y sale-de la ciudad en cumplimiento de las órdenes de Ignacio y de la Santa Sede. Agregadas las fatigas de un viaje pedestre á todas las que afligian su espíritu, se ve asaltado por una de esas fiebres malignas que deciden de la vida ó de la muerte; pero aunque agobiado en el lecho del dolor, encuentra todavía en su alma bastante energía para inspirar á Strada el pensamiento de hacer cambiar por
13L medio de la predicacion las costumbres de la ciudad de Lovaina , sitio en que cayó enfermo. Strada pone mano á la obra; convoca y reune en derredpr de sí , valiéndose del encanto de su locucion, á los principales personajes de la ciudad, y los conduce al lecho de! Jesuita doliente, quien á pesar de su enfermedad los estimula á la perfeccion ; logrando por medio de su elocuente persuasion que abrazasen el Instituto Oliverio Manare, Maximiliano Capella y diez y nueve jóvenes de las mejores familias. Esta abundante mies produjo en el alma de Lefévre efectos mas saludables que todas las medicinas. Empezó á convalecer, y el 21 de enero de 1514 se dirigió hácia Bolonia, pasando en seguida á Lieja y á Maestricht, donde predica y combate con fruto á los heresiarcas. A su segundo regreso á Colonia, encuentra al arzobispo empeñado en una liga con los Protestantes; habia dado entrada en su diócesis á Bucero, Pistorio y Felipe Melancton, cuya fama en literatura y oratoria no se ha podido borrar después de tres siglos. Lefévre defiende paso á paso el terreno minado bajo sus plantas, y hace triunfar la doctrina , de la Iglesia, á pesar de tener en su contra todas las pasiones mas desenfrenadas. Crea un colegio, confiando su direccion á Leonardo llessel , y después de arreglados todos los asuntos del catolicismo y de la Compañía, espera con paciencia un nuevo destino. Rabia sido su enfermedad un obstáculo insuperable para encaminarse á Portugal; pero una vez enteramente eliminado, emprende el viaje á instancias del rey Juan III, que le llamaba de nuevo á su lado (12 de julio de 1544). Este año, tan fecundo en acontecimientos, finalizaba por grandes y ruidosas controversias. La dieta de Worms , presidida por el Emperador, y en la que se representaban, bajo las mismas peripecias, escenas idénticas á las que habian ocurrido en las asambleas de Spira y de Ratisbona , duraba todavía: no produciendo semejantes reuniones otro resultado que el endurecimiento y las tinieblas; puesto que como dice san Gregorio Nacianceno « la «dulzura de los príncipes inflama las pasiones de los herejes, que «jamás podrán ser vencidos por la clemencia.» Le Jay participaba de esta opinion, á que Carlos Y no habia querido suscribir hasta entonces. No-dejaban, sin embargo , de alarmarle las turbulencias de los herejes'y el sistema de invasion que seguian con una constancia inalterable; al paso que las exhorta-
— 135 ciones del Jesuita y los consejos del cardenal Alejandro Farnesio, legado y sobrino del Pontífice, le hacían temer por su poder y conciencia. Siempre en contacto con los Luteranos, habia aprendido á sondear el interior de sus inclinaciones y tendencias: no escapánd ose á su profunda penetracion , que bajo la copa dorada de la reforma religiosa , ocultaban el veneno fatal de las doctrinas políticas, poco en armonía con la potestad que como príncipe y soberano atribula á las testas coronadas. Si las discusiones teológicas no hablan acertado á herir en el resorte de su alma, la libertad de exámen . en los negocios gubernamentales le hizo reflexionar con , alguna mas detencion. Era tan sagaz como disimulado, y no tardó en conocer que después que los sectarios hubiesen derrocado la autoridad pontificia, no tardarian en minar los tronos por su base. Fortificábanle el Jesuita y los obispos en estas ideas, que el protestantismo no sabia ocultar á la perspicacia de sus adversarios; y al ver Carlos Y en lontananza los riesgos que corría su autoridad real, resolvió en un instante lo que el interés de la Religion y de su conciencia no le hubieran estimulado á realizar. Por motivos de un interés secundario , se habia aplazado indefinidamente el concilio universal que solicitaba la Iglesia, y solo se opuso á, esta medida cuando llegó á persuadirse que la cuestion religiosa que se debatia pudiera tal vez transformarse en cuestion política. Este fue acaso el resultado de las numerosas dietas en que Lefévre, Bobadilla y Le Jay se colocaron á la altura de hombres experimentados, científicos é inteligentes en materia de gobiernos. Ofreciósele á Carlos una ocasion de patentizar sus verdaderos sentimientos, y no quiso dejarla escapar de las manos. Las disensiones religiosas, de que la ciudad y el electorado de Colonia eran teatro, se propagaban cada dia. Herman de Weiden, su arzobispo , habia roto sus hostilidades contra la Iglesia; príncipe mas débil que culpable, desertaba de su creencia por no haber sabido resistir á la seduccion de los heresiarcas, que habian tenido la destreza de lisonjear su orgullo. Lefévre habla esparcido en Colonia la buena semilla; Canisio y los otros Jesuitas pasaron á recoger el fruto. Los Protestantes, cuya intolerancia sostenia el Arzobispo, viéndose incesantemente obligados á luchar contra los individuos de la Sociedad, tomaron el partido de apelar á la insurreccion.
— 136 Incapaces de triunfar contra la lógica de los Padres, propusieron como último argumento el hacer cerrar su casa y expulsarlos de la ciudad; para realizarlo se apoyaban en un antiguo decreto que prohibia toda fundacion nueva; los magistrados expiden un decreto análogo y referente al anterior, y se someten á él los Jesuitas; pero si ya no existen en clase de comunidad, no faltan aun ciudadanos católicos y sacerdotes que los acojan. Habitan separados, sosteniéndose con limosnas y privaciones , y hallando la mayor parte un asilo entre los Cartujos : su paciente constancia admira á los magistrados, quienes reflexionando con mas detencion y serenidad, derogan el decreto, y mandan á los Padres que se instalen de nuevo en su casa, ',de la que hicieron después un colegio y un seminario. Este acontecimiento, que indicaba hien á las claras la especie de libertad con que pretendia dotar á los pueblos el protestantismo, así como todas las revoluciones, sirvió para abrirles los ojos y hacerlos salir de su apatía. El clero y la universidad de Colonia se reunieron á instigacion del arcediano Gropper (honrado después por Paulo IV con el capelo), decididos á oponerse á una esclavitud ignominiosa, disfrazada bajo el augusto nombre de independencia, y resolvieron por unanimidad que pasase Canisio en nombre del electorado á exponer los padecimientos de los Católicos á los pies del Emperador y del obispo de Lieja. Explicóse desde luego el comisionado con Jorge de Austria, hijo de Maximiliano 1 y sobrino de Carlos V, que ocupaba á la sazon la silla episcopal de la referida ciudad; y obteniendo el Jesuita el concurso y la mediacion de este Prelado para con el Emperador, se dirigió hácia el campo imperial de Worms , satisfecho de haber ganado esta primera victoria. Carlos V, que apreciaba las intenciones rectas y estimaba el talento unido á la sagacidad, no pudo menos de sorprenderse al observar en un jóven que aun no habia cumplido los veinte y cinco años, tanta sabiduría y experiencia en los asuntos gubernamentales. Escuchóle con detencion , aprobó su dictamen, y prometió su ayuda y proteccion á los católicos de Colonia. Herman fue pública y solemnemente excomulgado en Roma; y obrando el Pontífice de acuerdo con el Emperador, despojaron á este desgraciado pastor de su cualidad de arzobispo elector, confiriendo ambos honores á Adolfo Schaumbourg.
— 137 — Lefévre , que habia preparado los ánimos en Colonia ;prestando su apoyo á las primeras tentativas de Canisio , entró en el Tajo el 25 de agosto de 1544, y se presentó en Ebora , donde el Rey residia á la sazon. Vióle D. Juan y le escuchó, otorgándole desde luego su confianza. Araoz estaba en Lisboa por órden de Loyola, reemplazando á Lefévre en su mision cerca de la corte de Portugal, y fascinando con su elocuencia á la aristocracia y al pueblo. El viaje de Araoz, á quien acompañaban Strada, Oviedo y Juan de Aragon habia sido sin duda poco grato á Neptuno y Eolo : embravecióse la mar, se desencadenaron los , vientos, y se vieron sorprendidos por una horrible borrasca que los obligó kabordar en la Coruña. Strada predicó en esta ciudad, y al punto se unió á ellos Juan Beira, canónigo de la catedral. Áraoz continuó en Valencia su apostolado durante la Cuaresma, mostrándose la multitud tan ávida de escucharle, que no bastando la iglesia á contener el gentío , invadieron las ventanas y hasta los techos. Dueño ya el Jesuita de los ánimos de los habitantes, hizo levantar los cimientos de un nuevo colegio para la Compañía. El P. Francisco Villanueva de Plasencia habia fundado ya uno en Alcalá el año de 150. Todo contribuia al progreso de la Orden de Jesús , el odio de unos, el afecto de otros; así la tormenta como la calma. Los Jesuitas, á quienes el azar habla impelido hácia las costas de la Iberia, llegaron por último á Lisboa en mayo de 1544, pocos meses antes del arribo de Lefévre. Hallábase el colegio de Coimbra en lp, situacion mas floreciente : acababan de entrar en su seno Melchor Nuñez, Noguerra, Luis de Granada, Carnero , Gonzalo Silveira , y Rodrigo Meneses, descendientes todos de las familias mas ilustres del reino. Rodriguez, fundador de esta casa, habia empezado grandes cosas : tocábales terminarlas á Lefévre, Áraoz y Strada. El vuelo estaba ya dado ; el Rey le secundaba ; los doctores en teología y los sacerdotes mas afamados por la santidad de su vida se presentaban para ser admitidos en la Sociedad, entre los que se contaban Juan Beira, Serrano, Nobrega, Nuñez y Gonzalo de Cámara. La mision de Lefévre era para Castilla : dirigió por lo tanto su rumbo hácia esta provincia á principios de marzo de 1545, acompañado, de Áraoz ; en Salamanca, la poblacion entera cuya fe vivifican los dos Jesuitas , solicita una casa de la órden, á que ac-
— -- Una de las cosas que mas afligian el corazon de Loyola era el ver á los huérfanos de ambos sexos abandonados, sin asilo y expuestos á la pública caridad; y como albergaba en su corazon inagotables tesoros de caridad, concibe el proyecto de dar un padre sobre la tierra á aquellas pobres criaturas que ni aun al del cielo conocían. Llama á todas las puertas, conmueve todos los corazones, y se dirige á todos los poderosos, hasta que por fin lora construir dos casas para los huérfanos de ambos sexos. Existen aun estos monumentos bajo la direccion de los clérigos de la Somasca, fundados por san Gerónimo Emiliano, y se ocupan en la educacion de la juventud. Todos los años en la fiesta de san Ignacio concurren estos niños á la iglesia del Gesu , y para manifestar su reconocimiento al que proveyó de asilo á tantas generaciones de huérfanos , ayudan á todas las misas que se celebran en su memoria. No impedian á Ignacio tantos afanes el vigilar por la ventura de la cristiandad y por conservar la armonía entre los soberanos. Hablase suscitado una querella entre la corte de Roma y la de Portugal , siendo la causa el haber concedido el papa Paulo III el capelo de cardenal á D. Miguel de Silva, embajador que habia sido cerca de los pontífices Leon X , Adriano VI y Clemente VII. No habian consultado al Monarca para esta promocion, que sin duda hubiera aprobado, puesto que el obispo de Viseo , Miguel de Silva , era su favorito y disfrutaba su confianza. Temiendo el nuevo Cardenal la cólera del Rey su amo, creyó prudente ponerse al abrigo de su persecucion, y se refugió en Roma, donde sus talentos acababan de ser tan dignamente recompensados. Juan III se quejó con amargura, y la corte de Roma, que hubiera debido ser circunspecta, recibió sus quejas con frialdad: no satisfecha de haber honrado á Silva con el cardenalato, le nom, bró su nuncio apostólico en España, en reemplazo de Contarini, que acababa de fallecer. En las cortes , en que una cuestion de etiqueta decide á veces de los negocios mas complicados, no podia pasar desapercibida semejante infraccion de costumbres. Juan III era piadoso, pero firme. El soberano Pontífice unía el orgullo de los Farnesios á la fuerza que presta la tiara. Semejante conflicto podia ser una nueva calamidad para la iglesia: Ignacio se constituyó mediador en-
-145-- , tre ambos Soberanos. Escribió al rey de. Portugal, negoció directamente con el Papa y con su sobrino el cardenal Alejandro, autor de la querella y amigo de Silva. Sus ruegos, sus consejos y las consideraciones que supo emplear para no ofender la susceptibilidad de ninguno, produjeron un feliz resultado, y apresuraron la reunion del concilio ecuménico. Los primeros años de la Compañía de Jesús, tan útiles y laboriosos, no podian menos de producir la alarma en el campo luterano, en los conventos, y sobretodo, entre los hombres apáticos, que á cualquier clase de culto que pertenezcan, no quieren ser atormentados por la agitacion de nuevas ideas. El ascendiente que los Jesuitas tenian sobre todos los ánimos, y la influencia que habian adquirido por el hecho mismo de su apostolado, suscitaban contra sí toda especie de enconos , que degeneraron en profecías ó alegorías segun el gusto del tiempo. Los Luteranos é incrédulos del siglo XVI, que ponian en duda las profecías, cuya autencidad reconocía la Iglesia católica, y que discutiendo y aun torturando su texto las explicaban cada uno á su modo, acogían con gusto todas las que se inventaban contra la Compañía de Jesús, las esparcia,u con profusion atribuyéndolas el carácter de verdaderas, por la sola razon de que la eran hostiles. Refiriero n , atribuyéndola á santa Hildegarda 1 , una pre- 1 Santa Hildegarda , abadesa de la órden de san Benito, en el monte de san Rapen° , nació en 1098 y murió en 1179. El proceso de su canonizacion fue comenzado en 1237, vuelto á tomar en 121-3 y últimamente en 1317, sin que se haya terminado jamás. Sin embargo ha prevalecido su culto. La lista de Ius obras auténticas se halla en Tritemio (Crónica Hirsauge, año de 9.147) , y con mas exactitud en el proceso de su canonizacion. Hé aquí las obras que se mencionan en él: Acta Hildegardae anno 1232; el libro intitulado Sci-vías; el de la Medicina simple y medicina compuesta, el de la Exposicion de los Evangelios, el Cántico de la celeste armonía; la Lengua desconocida con sus letras; el de los Méritos de la vida, y el de las Obras divinas. Entre todas estas obras DO se encuentra ciertamente la profecía sobre las cuatro Órdenes mendicantes que debió forjarse sin duda á mediados del siglo XIII, y dirigida en un principio contra las comunidades religiosas de san Francisco y santo Domingo, cuando Guillermo de San Amor y otros profesores de la universidad de Paris atacaban á estas dos Órdenes nacientes. Mas adelante hicieron los herejes algunos cambios en esta falsa profecía para aplicársela á los Jesuitas. Casimiro Oudin , que de religioso premostratense pasó á aumentar el número de los protestantes, dice al bablar de las profecías de Hildegarda ( Commentaria de Scriptoribus ecclesiasticis , t. II, ed.1572) : Son puras ilusiones nocturnas de un cerebro vacío: Purissimae vacu cerebri 10 TOMO 1.
146 diccion hecha en el siglo XI, y de la que esta abadesa, del convento de San Ruperto , estaba mas inocente que los Protestantes ó los envidiosos celos de algunos monjes. lié aquí esta prediccion tal como se lee en la historia de los religiosos de la Compañía de Jesus : « Se levantarán unos hombres que se engordarán con los pe- « cados del pueblo; se jactarán de pertenecer al número de los « mendigos; se conducirán como si no tuviesen vergüenza ni pu- « dor ; se estudiarán entre sí para inventar nuevos medios de ha- « cer daño ; de manera que esta órden perniciosa será maldita « de los sabios y de los que permanezcan fieles á Jesucristo. El « diablo arraigará en su corazon cuatro vicios capitales : la lison- ja, de que se servirán para comprometer al mundo á hacerles « grandes dádivas; la envidia, que les conducirá á no poder to- « lerar (lúe se haga bien á otros y no á ellos ; la hipocresía y la « murmuracion , á cuyas armas recurrirán para solapar sus crímenes y hacerse recomendables vituperando á los demás. Pre- « dicarán sin cesar en presencia de los príncipes de la Iglesia, pe- « ro sin devocion, y sin que puedan presentar ningun ejemplo de « un verdadero mártir ; y sí únicamente con el objeto de captarse « la adulacion de los hombres y el aprecio de los sencillos. Se ar- • rogarán el derecho que asiste á los verdaderos pastores para ad- « ministrar al pueblo los Sacramentos. Arrebatarán las limosnas « á los pobres, miserables y enfermos, mezclándose con el popu- « lacho para realizarlo; contraerán familiaridad íntima con las mn- « jeres adiestrándolas en el arte de engañar á sus maridos , y á « dejarles sus bienes sin noticia de aquellos; aceptarán libre é in- «illusiones nocturnae.» Largo tiempo después de esta confesion se arrebata en éxtasis, y admira con qué exactitud pinta la Santa en sus ilusiones á las cuatro órdenes mendicantes y á los Jesuitas que debían seguirlas. Tritemio, en sus Crónicas, por los años de 1147 , dice haber leido todas las obras de Hildegarda en original, y no haber encontrado jamás esta profecía. Papebroch , en las Actas de los Santos de los Bollandistas (tomo I , pág. 607) declara haber ido él mismo, en 1660 al monasterio de Binghen , residencia de Hildegarda, y haber tenido entre sus manos las obras de la abadesa, de las que no formaba parte la famosa profecía. 1 (Tomo II, pág. 68). Esta obra , que ha llegado á ser muy rara . , consta de cuatro volúmenes en dozavo impresa en Utrecht , su editor Juan Palfin, 1741. Es anónima, pero el Diccionario de los anónimos y pseudónimos, de Barbier, afirma que su autor es Quesnel, famoso jansenista.
--- « diferentemente toda clase de bienes mal adquiridos, prometien- « do rogar á Dios por los que se los leguen: salteadores - , ladro- « nes, cohechadores, usureros, fornicadores, adúlteros, herejes, « cismáticos, apóstatas, soldados disolutos, comerciantes perju- • ros, hijos de viudas, príncipes que viven contra la ley de Dios, «y finalmente todos aquellos á quienes el demonio tiene enreda- « dos en una vida libertina y afeminada , conduciéndolos por el « caminó de la condenacion eterna; todo será bueno para ellos. « Empero el pueblo empezará á entibiarse cuando haya conocí- « do por experiencia que son seductores; cesará de darles, v en- « tonces correrán como perros hambrientos y rabiosos en derredor « de las casas, con los ojos bajos, y alargando el cuello como hui- « tres, buscarán pan para saciar su hambre; pero el pueblo les, « gritará: ¡INFORTUNADOS! HIJOS DE DESOLACION! el mundo os ha « seducido ; el diablo se ha apoderado de vuestros corazones y de « vuestras bocas; vuestro espíritu se ha extraviado en vanas es- « peculaciones ; las vanidades mundanas han fascinado vuestros « ojos, y vuestros pies serán alas para volar á toda clase de crí- _ « menes. Recordad que no habeis practicado ningun bien; que os « habeis disfrazado con la máscara de pobres , humildes, piadosos, «pacíficos, caritativos y humanos ; siendo poderosos, soberbios, « avaros , insensibles á las necesidades ajenas , calumniadores, « revoltosos, perseguidores, amantes del mundo, ambiciosos de « honores, expendedores de indulgencias, sembradores de discor- « días, mártires delicados, confesores asalariados, gentes dispuestas á, sacrificarlo todo por la comodidad, glotones insaciables y « compradores incesantes de casas que habeis procurado conti- « nuamente levantar, de manera que no pudiendo subir mas al- « tos , habeis caido como Simon Mago, á, quien Dios fracturó los « huesos é hirió con una llaga mortal á ruego de los Apóstoles. « Por lo tanto , vuestra Órden será destruida á causa d'e vuestras « seducciones é iniquidades. Alejaos, doctores del pecado y del « desórden, padres de la corrupcion , hijos de la maldad, no que- « remos vivir bajo vuestra direccion, ni escuchar vuestras máximas'.» En 1338, Jorge de Bronswel, arzobispo de Dublin , profetizó contra la Compañía de Jesús, poco mas ó menos en los términos de santa Hildegarda ; pero la profecía del prelado irlandés, así como la de aquella abadesa , no fue conocida hasta el momento en que los Jesuitas hallaron enemigos declarados l o•
— 148 — El P. Quesnel , en su buena fe de jansenista, no se para en barras; acaba de dar á luz una acusacion profética contra la Compañía de Jesús , en la que va á demostrarnos en el cielo y sobre la tierra mas de un signo precursor de las tempestades. Refiere inmediatamente, y á consecuencia de la profecía atribuida á santa Hildegarda, el prodigio I que él solo habia justificado mas de un siglo después de su pretendida realizacion. «El año de 15/1, dice, y pocos meses después de la fundacion « de esta nueva órden , se levantó de repente y en muchos para- « jes de Europa á la vez una inmensa multitud de langostas ex- « traordinarias. Pequeñas y sin alas en un principio, les fueron « naciendo poco á poco hasta cuatro , y crecieron hasta el grosor « y la longitud del dedo pulgar; eran tan innumerables, que for- « maban á veces una especie de nubes de la extension de una mi- «lla , y tan espesas que oscurecian la luz del sol. Estos insectos « hicieron grandes estragos por todas partes; devorando toda ve- « getacion hasta la raíz, volaban por encima de los árboles, de «las casas y de los edificios mas elevados, de donde se lanzaban « con fuerza sobre los trigos y sobre cuanto la tierra produce pa- « ra el alimento de los seres humanos ; de suerte que no se habian « visto semejantes langostas desde la plaga con que Dios castigó « á Faraon y á los egipcios. Destruyeron , sin que se pudiese re- « mediar, toda la cosecha, y cuando murieron, á fines de otoño, « dejaron una inmensa cantidad de huevecitos negros, que pro- « dujerod, al año siguiente , un infinito número de gusanos que « sirvieron de alimento á los cerdos. » La alusion es tan clara que no necesita comentarios: hemos referido los primeros años de la Sociedad de Jesús: restábanos para hacer evaluar lo que pueden las pasiones , citar semejantes fábulas, que deponen con tanta energía contra las aberraciones del espíritu humano. en todas las cortes entregadas al filosofismo del siglo XVIII. En esta época se la ve citada en las Novedades de 1755, página 207; en las de 1759, pág. 61, y en la recopilacion de los diferentes procesos contra los Jesuitas , impresa en el mismo año. 1 Historia de los religiosos de la Compañía de Jesús, tomo XI , página 72.
— 149 — CAPITULO IV. Javier marcha á las Indias. — Predica en Mozambique. Convierte al cristianismo á la isla de Socotora. —Los portugueses en Goa.— Su fausto.— Javier se opone á tanta depravacion. — Empieza ganando la confianza de los niños. —Cambia de aspecto la ciudad.—Javier en la costa de Pesquería.— En el cabo Comorin. —Los bracmanes. — Guerra de los bagades. — Triunfa de ellos Javier. — Resucita un muerto en Travaucor. Persecuciones del rey de Jafanapatan. — Carta de Javier al rey de Portugal. --Llega á Meliapor.— Se dirige á Malaca. — Predica en la isla de Arnboyna.— Las Molucas.—La isla del Moro.— Su carta á Ignacio. — Coalicion de los reyes indios contra los portugueses.— Van aquellos á sitiar á Malaca. — Javier la liberta de sus enemigos. — Parte para el Japon. — Aborda en Cangoxima.—Los bonzos. — Su culto.— Sus costumbres. — Llega á Amanguchi. — Sus padecimientos y predicacion.— El reino de Bungo.— Entrada solemne del Jesuita en la capital. —Forma el proyecto de penetrar en la China.— Visita á Goa. — Su carta al rey de Portugal. —D. A-Ivaro de Atayde se opone á su viaje á la China. — Pretende desembarcar solo en la costa. — Llega á Sancian. — Su muerte. —Honores fúnebres hechos en su memoria. Juan III de Portugal , el príncipe mas afortunado de su siglo, había encargado á D. Pedro de Mascareñas, su embajador en Roma, que solicitase del Papa seis de aquellos hombres apostólicos cuyo nombre se habia popularizado en Europa. Las armas portuguesas se habian franqueado un paso en las Indias orientales , y el rey Juan 111 deseó introducir en ellas el Evangelio para hacer partícipe al cielo de su conquista. Consultado Loyola por el soberano Pontífice, contestó que solo tenia dos individuos á su disposicion , y que los ofrecía con gusto á la Santa Silla y al rey de Portugal. Rodriguez marchó primero, y Francisco Javier reemplazó á Bobadilla, que era el segundo nombrado para esta expedicion , y que no pudo realizar por hallarse enfermo. Acogió el Papa con transporte á Francisco , que se presentó á sus órdenes con el corazon rebosando de júbilo: habíale Ignacio designado el 14 de marzo de 1540 para su marcha; pero su celo no le permitió diferirla por mas tiempo, y tomando solo el que le bastó para remendar su sotana, salió de Roma el dia siguiente.
— 130 En la entrevista que tuvo con Loyola el futuro apóstol de las Indias , le dijo aquel: « Aceptad la mision de que os ha encarga- « do Su Santidad por mi boca, como si os la ofreciese el mismo « Jesucristo, y alborozaos por haber hallado con qué satisfacer « ese ardiente deseo que todos teníamos de transportar la fe del « otro lado de los mares. No es ya solamente la Palestina , ni « una provincia del Asia á la que se limita nuestra mision; extién- « dese mas bien á tierras inmensas , á reinos innumerables y al «mundo entero. Id, hermano mio, á donde la voz de Dios os lla- « ma, y á donde os envía la Santa Sede, procurando incendiario « todo con el fuego de caridad que en vos arde: solo tan vasto « campo pudiera ser digno de vuestro celo. El de estos primeros individuos de la Compañía era tan grande como su pobreza. Javier se dirige á regiones desconocidas , y no piensa ni aun en proveerse de las cosas mas esenciales á la vida. « ¡Oh! Francisco, exclama Ignacio cuando observa esta des- « nudez, esto es demasiado, llevaos al menos un harapo de lana « para cubrirás; » y ordena al misionero que se vuelva á poner el chaleco con que abrigaba su pecho, y del que el Jesuita se habla ya despojado. Uno de aquellos hombres marchaba para continuar en las Indias la obra que !labia empezado el apóstol santo Tomás, y el otro le envía allá, no queriendo ambos ser bastante ricos para procurarse un doble vestido. Francisco se puso en camino; atravesó la Francia y los Pirineos , sin consentir dar un último á Dios á su familia y á su madre, aun cuando se halló cerca de la casa paterna , porque temia que este tierno desahogo retardase su proyecto; llegó á Lisboa á fines de junio, y se vió obligado á retardar su embarco hasta la primavera siguiente. Rodriguez y Javier,. que á pesar de las instancias del Rey pasan á mendigar un asilo en el hospital público, y que se sostienen con las limosnas recogidas de puerta en puerta, no permanecen un solo instante en la inaccion; vuelven á empezar en Portugal el género de vida que hacian en Bolonia, en Venecia y Roma; visitan los hospitales y calabozos; instruyen á los niños , y conducen los hombres á la virtud. Las riquezas, que habian llegado como un tributo de los países nuevamente conquistados, habian diseminado en Portugal , y en
151 — especial en Lisboa, un amor insaciable á los placeres y un esmero tan excesivo respecto al lujo, que nada era capaz de detener sus progresos. Los dos Jesuitas intentan poner un dique á este torrente , y á su voz abandonan, los grandes sus apegos mundanos para adherirse á los preceptos del Evangelio ; abrazando unos el Instituto , entregándose otros á los ejercicios espirituales, y entrando todos en una nueva senda. Reconocido el rey Juan al observar los prodigios de conversion que realizan los Jesuitas hasta en su mismo palacio , manifiesta un vivo deseo de conservar en su reino á aquellos apóstoles; pero el infante D. Enrique, su hermano, y una gran parte del Consejo, se oponen al pensamiento del Monarca. Eran ya las Indias una provincia agregada al Portugal , y para adherir á la metrópoli esta brillante conquista del gran Alburquerque , importaba enviar á ellas á unos hombres que estuviesen animados del espíritu de Dios: tal era el parecer del infante D. Enrique y del Consejo, que no fue sin embargo seguido. Pidió el Rey á Paulo I1I que dejase en su reino á los dos misioneros que en tan poco tiempo habian renovado sus costumbres. La Santa Sede no se atrevía á rehusarlo ; pero adoptando Ignacio un término medio , propuso al Rey que se quedase Rodriguez, y que permitiese á Javier emprender su marcha para el Nuevo Mundo. Este medio fue aceptado , y antes de separarse Juan del misionero, le puso en la mano cuatro breves apostólicos, solicitados por él de la corte de Roma, en que el Pontífice nombraba al Jesuita su nuncio apostólico en Oriente, y le otorgaba amplias facultades para difundir y sostener la fe en aquellas regiones. Solo contaba la Compañía diez profesos, y este es ya el cuarto embajador que el Papa ha elegido. El 7 de abril de 1511 salió del Tajo la flota mandada por D. Alfonso de Sonsa, virey de las Indias , y después de una travesía de cinco meses en medio de borrascas y escollos todavía no conocidos, puso Javier el pié en la tierra de Mozambique. Estaban á fines de agosto, y el calor se hacia insoportable aun para los mismos portugueses. Apenas desembarcado, continuó el Jesuita en el litoral africano la obra de regeneracion á que hacia consagrado todos sus momentos desde el instante de su embarcacion. En el navío predi-
— 152 có á los marineros y á los soldados, haciendo saber en la costa á los negros que la habitan la h uena nueva de Jesucristo. La isla de Mozambique pertenecia anteriormente á los sarracenos , y linda con la region en que habitan los catres. El ejército y los marinos se encontraban en una situacion deplorable; habian enfermado en el mar, y la insalubridad del país multiplicó sus dolencias; Mozambique era ya la tumba de los portugueses. Javier, á una con Pablo Camerino y Francisco Mansilla, dos compañeros que se habian agregado á su fortuna, se improvisa médico corporal , enfermero y consolador de los dolientes , así como hermano y servidor de aquellos á quienes el clima no habia agotado el valor: predica por el dia, y pasa las noches á la cabecera de los moribundos consolándoles y administrándoles., siendo para él el sueño algo menos que un pasajero reposo, que no le impedia escuchar los mas leves ayes exhalados por el dolor ó por el insomnio. Hallábase . el misionero en todo el vigor de la edad; vendria á tener treinta y seis años : de talla mediana y constitucion robusta, dejaba ver en sus facciones alguna cosa de augusta y majestuosa que inspiraba respeto y confianza: su frente espaciosa, sus ojos azules y expresivos , su tez animada y su paso en que se descubria cierto viso de su nobleza pasada, daban á toda su persona un conjunto de gravedad agasajadora que atraia los corazones. Ellemperamento mas robusto no hubiera podido resistir á aquellos excesos de caridad; la naturaleza pudo mas que el sacrificio ; vióse Javier atacado de una ardorosa fiebre, mas no por eso se permitió ningun descanso. Por último , después de haber permanecido seis meses en Mozambique aparejó la flota , y quedándose Camerino y Mansilla para cuidar los enfermos que dejaban en la isla, acompañó Javier á D. Alfonso de Sousa, y después de una feliz travesía, abordaron en Socotora en frente del estrecho de La-Meca. Este país , segun la opinion de los moros que le habitan, es la antigua isla de las Amazonas , y fundan su parecer en que mandan en ella las mujeres, como lo hacian aquellas en otro tiempo. La tierra es seca y estéril , el aire abrasador , y como si quisiera la naturaleza dar á estas poblaciones una débil imágen de la vegetacion , únicamente produce el aloe. E xistia entre aquellos bárbaros una especie de culto tomado de todas sectas; pretendian ser
— 153 cristianos, amalgamando las prescripciones de Moisés con las leyrs de Mahoma, y solo tenían del cristianismo la imágen de la cruz que en otro tiempo colocaron en su suelo. Javier ignoraba su lengua, que no tenia conexion alguna con las de Europa; pero esperaba iniciar á aquellos corazones agrestes en el recuerdo de un Dios muerto por la salvacion del género humano. Púsose á catequizarlos por señas; y sea que se le hubiese comunicado el don de lenguas, ó que la conviccion que se dejaba ver en su semblante conmoviese á estos hombres medio salvajes, lo cierto es que acudian en tropel para verle y escucharle. Apenas salieron algunas palabras de su boca, cuando para darle una prueba de afecto se llegaron unos ofreciéndole frutos; otros presentándote sus hijos , y prometiéndole todos vivir y morir en la fe que les enseña ; pero con la condicion de que permaneciese entre ellos. Las lágrimas que inundaban los rostros de aquella multitud , y que justificaban la vivacidad de su afecto , enternecen á Javier ; iba ya á ceder á sus instancias , cuando Sousa interceptó su deseo, sirviéndose de algunas razones que fueron para el Jesuita un aviso celeste: señalóle el Virey un campo mas vasto que debería fecundar, y en que tendria mas peligros que arrostrar y naciones menos fáciles de convencer. Francisco se sometió : arrancándose á las lágrimas de aquellos primeros fieles, é inclinado sobre el navío que le separa de ellos , bendice aun desde lejos á los infortunados habitantes de Socotora que le tendían los brazos. El 6 de mayo de 1542 se hallaron enfrente de Goa. Esta ciudad , situada de este lado del Ganges , es la capital de las Indias y una de las escalas del comercio de Oriente. El duque de Alburquerque la había ' tomado á los sarracenos en 1510 , y uno de sus parientes la gobernaba como obispo. Es verdad que Javier iba en calidad de nuncio apostólico, y como tal disfrutaba de todas las atribuciones y poderes que confiere la Silla apostólica ; pero ante todo quería ser misionero sometido á la jurisdiccion episcopal, y esperaba de ella proteccion y ayuda. Los portugueses habian introducido en las Indias con la victoria, la fe, que segun ellos decían, les aseguraba el dominio perpetuo: realizóse, á no dudarlo, la profecía de santo Tomás apóstol grabada para memoria de los siglos sobre una columna de piedra, no lejos de los muros de Meliapor, en el Coromandel. Los
— 256 « fianza de los primeros rudimentos de la gramática, no guar- « dai ido conmigo consideracion alguna, ni mirándome mas que « coi no la escoria del mundo : esta es la penitencia que elijo por « ah( » sumision no podía ser mas completa, puesto que habia dado el m as raro ejemplo de humildad y obediencia : únicamente restaba vengar la ley. El General se guardó bien de prohibir el estudio i Laynez, antes por el contrario , le mandó componer una Suma de teología , agregándole los PP. Viole y Aladin Olavio, para que le ayudasen en la visita de los colegios. Julio III y Marcelo II no hablan hecho mas que pasar, por decirlo así, por el trono pontificio. El 23 de mayo de 1555 fue elegido pontífice Pedro Caraffa que tomó el nombre de Paulo IV : tenia e ste Cardenal cerca de ochenta años al tiempo de su eleccion; mas como su nombre de fundador de los Teatinos le habla obligado, con bastante frecuencia á intervenir en los asuntos de la Com palla de Jesús, no dejaron de alarmarse los Padres residentes en Roma cuando supieron su elevacion al solio pontificio. Ignacio fue el único que conservó bastante serenidad para presentarse en su palacio á la primera audiencia. Caraffa se habia desp ojado del carácter de teatino como igualmente del de cardenal, para tomar el de Jefe supremo de la Iglesia : tocábale por lo tanto recompensar los servicios que la Sociedad habia prestado al catolicismo. E 1 primer pensamiento de Paulo IV, luego de su ascenso al pontificado, fue el de otorgar á Laynez la investidura del cardenalato. Alarmóse el Jesuita al recibir la noticia de su promocion; coniunica sus temores á Loyola , quien le tranquiliza diciéndole que; el Papa es demasiado justo para arrancarle á su humildad. Sin. embargo, el Pontífice, que deseaba triunfar de su resistencia, y queria acostumbrar á Laynez á los honores del Vaticano, le ordena tomar en él un aposento con el objeto de que se ocupase en la reforma de la Dataría. Es la Dataría el tribunal encargado en Roma de cuanto concierne á la colacion de los beneficios eclesiásticos, obispados y abadías : entrando tambien en sus atribuciones el distribuir las dispensas para los matrimonios. Habíanse introducido una multitud de agiotajes en este ramo de la administracion, tal vez el mas complicado é importante de la Santa Sede. Ocupóse Laynez
— 257 — 0,n desentrañarlos, aplicando un remedio eficaz para extirparlos de raíz : mas no tardó en conocer que aquella ocupacion era un cebo para retenerle en el Vaticano , y , viendo ya terminada su comision, se fuga un dia del palacio, acogiéndose á la casa profesa. Muy 'luego conoció el Pontífice que de nada serviria su autoridad para obligar á Laynez á aceptar el capelo; por lo que le pareció mas conveniente renunciar á su proyecto. Hacia ya mucho tiempo que la salud del General, minada por los continuos trabajos y prolongadas vigilias , amenazaba ruina veia Ignacio aproximarse su hora, sin que por eso dejase de ocuparse un momento en las atenciones que reclamaba su Sociedad; pero los padecimientos vencieron por último su constante energía. Laynez, aunque mas jóven, no por eso estaba mas robusto que su maestro, ó por mejor decir, se hallaba en una situacion casi desesperada; por lo que Loyola creyó oportuno asociar á su empleo un Padre que vigilase por él en lo concerniente al generalato. Empero no quiso verificar por sí mismo esta eleccion; reunió para ello á todos los sacerdotes residentes en Roma, suplicándoles que le agregasen un vicegerente, y todos unánimes designaron al P. Gerónimo liadal. ia no tenia Ignacio mas cuidados que el de pensar en su salvacion : retiróse á lo interior de sí mismo, ó mas bien, se dedicó á consolar los enfermos y desgraciados ; corno para aprender el arte de morir santamente, teniendo á cada instante ante sus ojos el espectáculo de la muerte. Hallábase en la agonía y su pensamiento creaba todavía, puesto que en el lecho del dolor compuso para la Sociedad las Cuarenta horas que después adoptó la Iglesia universal, y que sigue celebrando en los tres dias de carnestolendas : en el lecho del dolor dictó sus últimas inspiraciones respecto á la virtud de la obediencia; testamento lleno de sabiduría y que justifica el prodigioso vigor que conservó su bien organizada cabeza , aun en los últimos instantes de su vida. Finalmente, el viernes 31 de julio de 1556, á las cinco de la mañana exhaló el último suspiro , pronunciando el nombre de Jesús , y á, la edad de sesenta y cinco años. Tres cosas habia ansiado sobre la tierra : ver confirmado su Instituto por los soberanos Pontífices; oirlos aprobar-el libro de los Ejercicios espirituales, y saber que sus Constituciones se hallaban promulgadas en todos los países en que se hallaban sus dis- 17 TOMO I.
.— 258 p úl o s . Ignacio descendía feliz á la tumba puesto que veía cumplidos sus tres deseos. Reconocemos con la Iglesia la excelencia de las virtudes cristianas y la autenticidad de los milagros de aquellos que coloca en el catálogo de los Santos , en cuyo número se cuenta 'á Loyola. Los Protestantes de buena fe se han unido á la Iglesia católica para tributar homenaje á la santidad de Ignacio : «No creemos, di- « ce Macaulay , que un lector imparcial de sus escritos, ni un « exacto historiador de su vida ponga jamás en duda la integri- « dad y probidad de este hombre; ni creemos tampoco que se le « pueda contestar el mérito de una devocion sincera , habitual y « profunda.» La memoria de los finados se perpetúa sobre la tierra por los monumentos útiles y establecimientos emprendidos en favor de la comun felicidad: si la Iglesia venera en Ignacio al cristiano , al religioso y al sacerdote; la historia debe tributar honor al hombre grande ; su mas augusto y verdadero panegírico resalta en la celebridad de sus mismas obras; veamos las que ha legado á la pos teridad. Además de la Compañía de Jesús, que es por sí sola un monumento inimitable, se elevan en la capital del mundo cristiano dos gigantescos edificios, en cuya ereccion consumió el General de los Jesuitas sus últimos años : estos edificios son, el colegio Romano y el Germánico. Trece escolásticos , conducidos por el P. Pelletier, , se trasladaban el 1.6 de febrero de, 1550 desde la casa profesa á una pequeña mansion que acababa de tomar en arrendamiento Loyola al pié del Capitolio : la habitacion era estrecha, y los trece escolásticos habitaban en ella sosteniéndose con una corta suma de dinero que les habia dado Francisco de Borja , duque de Gandía. Apenas se dió principio á las clases en este colegio improvisado , cuyo acceso, segun los deseos del General, debla ser libre á cuantos deseasen instruirse gratúitamente , cuando se vieron obligados á buscar una morada mas cómoda: ofrecióseles una cerca de la Minerva, que habia pertenecido á la familia Frangipani ; aceptóla el General, y con el objeto de disponerla con arreglo á sus miras, empezó por gastar en su reparacion el peculio que habia señala- Revista de Edimburgo, 1842. Edimburgo lieview, , 1842.
— 259 — do el duque de Gandía para el futuro colegio. La casa es verdad que era vasta; pero contando Ignacio con la Providencia, hubiera , deseado ensancharla mas para acoger á cuantos se presentasen: era tambien pobre; mas no era solo la cruz de la indigencia la que estaba destinada á soportar; existia aun otra mas difícil y mas gravosa en aquella época.. Los profesores eran todos Jesuitas: no imponian tributo alguno por la educacion que dispensaban , ni aun consentian recibir de manos de sus alumnos el pan de que á veces carecían. Este desinterés que ofrecía tantas ventajas á las familias, no podía agradar á los demás doctores , quienes por esta sola comparacion, comprendían fácilmente que bien pronto sus aulas quedarian desiertas: esto era á la vez para ellos un asunto de especulacion y de amor propio , por lo que no tardó en empezar la guerra entre la universidad de Roma y el colegio Romano. Empezaron por calumniar á los Padres de la Sociedad ridiculizando su porte, insultándoles y lanzándoles toda clase de injurias, sin olvidar las acusaciones de mala fe, de herejía y aun de ignorancia. Érales imposible persuadir á la generalidad de los habitantes de Roma que los miembros del Instituto eran unos sectarios, por lo que se vieron precisados sus detractores á colocarse en mejor terreno; los Jesuitas ya no eran á los ojos de la universidad y de sus catedráticos mas que unos hombres ignorantes é incapaces: al saber Loyola esta nueva acusacion se contentó con responder: «No pretendemos pasar plaza de sabios; mas lo « poco que hemos aprendido lo comunicamos gustosos á todos por « amor de Dios. » Los herejes, que jamás perdían de vista á Roma y la Compañía de Jesús, cuyos esfuerzos por su desgracia conocian, en 1352 reunieron sus propias maquinaciones á las contiendas suscitadas por los celos de la universidad. Felipe Melancton envió á uno de los suyos al campo enemigo: y el emisario, que era un hombre consumado y fecundo en el arte de la palabra, especialmente en el conocimiento de las sagradas Escrituras, se introdujo en la Sociedad con el objeto de inocularle sus doctrinas; pero fue descubierto y entregado á la lnquisicion. Iliciéronse después otras tentativas; pero las inutilizó la vigilancia continua de los Padres. En 155'3 el colegio Romano comenzó á enseñar la teología escolástica , y se encargó de esta primera cátedra Martin Olavio; 17
— 260 — uintin Carlat de la de teología moral; Frusis de la Escritura sagrada, y las demás se repartieron entre los Jesuitas Juan Ruggieri , Francisco Roilet y Baltasar Turnan. Loyola, excelente apreciador del mérito, conoció la excelencia del método que usaba la universidad de Paris; y le adoptó al punto, y para que le gustaran mejor los italianos, procuró que todos los jefes de su colegio fuesen sacados de esta universidad; homenaje que esta no ha osado agradecer al General de los Jesuitas. Con semejantes Maestros no podia menos la ciencia de hacerse fácil á los alumnos ; mas esta misma facilidad era un embarazo pecuniario cada vez mas gravoso. Eran muy frecuentes las representaciones que se dirigian á Ignacio, en que le hacían observar las numerosas entradas de escolásticos y los crecidos gastos que ocasionaban; á lo que siempre contestaba : «Dejadlo , el cielo pro- « veerá á todas las necesidades:» y en medio de la escasez de las cosas mas necesarias á la vida, se entregaban discípulos y maestros á todo el ardor de las discusiones científicas. No era ya un seminario el que Loyola habia creado para la Compañía; era, sí, una casa en que todo jóven y todo hombre ya formado adquiria un derecho para recibir la instruccion y seguir una carrera. El papa Julio III, testigo ocular de tanto bien, habia prometido á Loyola una dotacion anual de 2000 escudos de oro; pero murió antes de poder dar á su voluntad una forma legal. Paulo 1V supo é hizo saber este deseo de su predecesor á los Jesuitas, que se hallaba dispuesto á cumplirle y á pasar mas adelante. En 1555 se diseminaron los 100 primeros alumnos por los diferentes Estados de Europa, y vinieron otros 200 á ocupar los puestos que aquellos dejaron vacantes. Es verdad que nada poseían; pero Loyola, que confiaba en la Providencia, compró una casa de campo inmediata á las Termas del emperador Antonino, con objeto de trasladar á ella los convalecientes para que respirasen un aire puro. El papa Paulo III en 1556 otorgó á esta casa todos los privilegios de que disfrutaban las universidades. Dióse principio en el año de 1557 á una de esas solemnidades literarias que tanto se han echado en cara al Instituto: los estudiantes del colegio Romano, que después fue trasladado al palacio Salviati, en la misma plaza en que está situado el edificio actual, representaron un drama. Aunque Ignacio habia muerto, su espíritu animaba todavía á los demás, y el profesor habia juzgado úti-
— 261 — les estos ejercicios dramáticos para formar el físico y desarrollar el entendimiento. Era entonces rector del colegio Gerónimo Nadal : Manuel Sa , Polanco y Ledesma figuraban en el número de los doctores, y se contaban entre los escolásticos un gran número de italianos, portugueses, españoles, franceses, griegos, ilíricos, belgas, escoceses y húngaros que todos profesaban una misma regla, aunque venidos de puntos tan diferentes, y hablaban , ora el idioma de su patria, ora el latin , y algunas veces el griego ó el hebreo. Consagraban las horas de recreo de los domingos y dias de fiesta á la visita de los hospitales y cárceles; predicaban en las plazas públicas, ó pedian limosna para la casa profesa; y extendiéndose su celo hacia un teatro mas vasto en las vacaciones de Pascua y del otoño , hacian sus excursiones al antiguo Lacio y á la Sabinia: pero estas excursiones que el estudio podia hacer agradables, tenían un objeto mas cristiano, puesto que se ocupaban en predicar el Evangelio, en confesar y catequizar, y así era como toda su existencia, aun el placer mas inocente, era referido á Dios. Estos resultados se limitaban todavía á eventualidades ; nada se preparaba de fijo ni respecto al establecimiento, ni en cuanto á su dotacion ; sosteniéndose solo con los donativos imprevistos; pero una situacion tan precaria no podia durar mucho tiempo. Veíanse entrar en esta escuela jóvenes llenos de un brillante porvenir, tales como Possevino , Belarmino y Aquaviva; ú hombres tan consumados literatos como Avellaneda y Toledo. Los Jesuitas que se habian formado bajo la férula de tan grandes maestros se derramaban por todo el mundo. Sin embargo, esto no impedia que penetrase la miseria al través de laelocuencia; porque si bien es verdad que el papa Pio IV suministraba anualmente limosnas considerables, no bastaban estas á cubrir las necesidades que se seguian al prodigioso incremento de los individuos. En 1560 encargó el soberano Pontífice á los cardenales Moro- ni , Savelli, Hipólito de Este y Alejandro Farnesio que proveyesen á las necesidades del colegio dotándole de una manera estable. La marquesa de la Tolfa, viuda de Camilo Orsini y sobrina del papa Paulo IV; poseia un convento que las religiosas habian abandonado; ofreciósele á los Jesuitas, quienes empezaron por construir la capilla, siendo ellos mismos los arquitectos y albañiles, y trabajando por espacio de siete años.
262 El emperador Fernando I, el 6 de marzo de 1560 escribía Pío IV dirigiéndole un socorro para el colegio Romano: «De esa « casa han sido enviados en los años anteriores un gran número « de hombres de una virtud y ciencia admirables, no solamente « á nuestros reinos y dominios, sino á todos los Estados de Italia, «Francia, Bélgica y demás reinos de la cristiandad , y aun hasta « las mismas Indias. No hay año en que no salgan diferentes suge- « tos, que diseminados por los diversos países del mundo se ocupan en propagar la verdad, en defender la Religion y reanimar « la fe antigua.» El año siguiente en 21 de noviembre, no era ya un príncipe seglar sino el mismo soberano Pontífice quien formaba el elogio del colegio Romano. Felipe II hahia prohibido que saliese de "España el dinero destinado para este establecimiento, y Pio IV le dirigió en esta ocasion un breve del que citaremos algunos fragmentos : «La Compañía de Jesús, dice el Papa, merece entre todas las « Órdenes una especial proteccion de la Silla apostólica: aunque « estos obreros infatigables han llegado los últimos de todos y á la «hora nona para cultivar la viña del Señor, no solamente han lo- « grado arrancar las malezas y espinas, sino que la han extendido «y propagado en otras regiones. Tenemos en esta ciudad el primer colegio de la Órden, que viene á ser como el semillero de « todos los otros que se establecen en Italia, Alemania y Francia : «de este seminario fecundo saca la Silla apostólica ministros es- « cogidos y capaces, al modo de unas plantas llenas de savia y abundantes en frutos, para aclimatarlas en los lugares que mas «lo necesitan. No rehusan jamás trabajo alguno por ímprobo que «sea, mediando el honor de Dios y el servicio de esta Silla apos- «tólica, van sin temor do quier que son enviados, aun á los países « mas herejes é infieles, y hasta los confines de las Indias: debe- « mos mucho á este colegio, que ha merecido tanto y continúa «mereciendo de la religion católica, y que se ha consagrado enteramente al servicio de Nuestro Señor Jesucristo y de la cátedra de san Pedro. No obstante, para que colocado en esta ciudad « como en la ciudadela de la religion cristiana y el centro de la «Iglesia católica, pueda ser útil á todos sus individuos, conviene «que no solo le sostengamos sin faltar nunca á este deber, sino «que reclamemos los auxilios de todos los cristianos piadosos, y «sobre todo el vuestro y vuestra proteccion. Y esto nos ha movi-
— 263 — « do á daros á conocer por medio de estas nuestras letras el fruto « grande y oportuno que la Iglesia universal recibe de él.» El colegio Romano crecia como el niño Jesús en piedad y sabiduría. Aldo Manucio , ilustrado editor del Salustio, publicaba á la cabeza de su obra un magnífico elogio de ésta casa , que habia pasado á visitar en persona : el cardenal Carlos Borromeo la esti - mulaba con su presencia y sus consejos: el cardenal Marco Antonio Colonna , arzobispo de Tarento , pedía que se le examinase para el grado de doctor ante los maestros del colegio Romano, y Pio IV, al recomendar al rey de Francia á los Padres que residian en Paris , le cita como ejemplo del bien que pueden hacer por medio de la educacion , aquel establecimiento que pocos años después de la muerte del Pontífice albergaba en su seno mas de mil alumnos. No era el único don que poseian los Jesuitas el arte de hacer amable la instruccion; sino que buscaban todos los medios idóneos á excitar la emulacion. Ya Laynez en el año último de su vida (156k) inventó en Roma la distribucion pública de los pre- i Hállase este elogio en la edicion de las obras de Salustio, impresa en Venecia en 1567. La epístola dedicatoria, de la que solo traducimos un fragmen- to, que lleva la fecha de 1563, dice así: «Al colegio romano , Aldo Manucio, hijo de Pablo Manucio. «No lo ocultaré ; llamado á Roma por mi padre el ario pasado , me apresuré «á ir allá : acosábame el deseo de ver con mis propios ojos cuanto habla hecho «el encanto de mis estudios : iba á pisar aquel mismo suelo que hablan habitado tantos personajes ilustres; así es que recorrí con el mayor placer aque- «Ilos antiguos monumentos que , nos recuerdan el genio del artista y las glorias «de la edad antigua. Pero ni las estatuas de mármol ó de bronce, ni el aspecto «de las siete colinas, ni el augusto esplendor del Capitolio, sedujo ni extasió «tanto mi espíritu como el brillo y el orden de vuestro Colegio : en él nada se «practica por un vano deleite ó por intereses pasajeros; al contrario, todo lu «he visto dirigido hácia un fin sólido y glorioso, cual es la salvacion de las al- « mas : de esta manera se ven afluir todos los dias nuevos alumnos en vuestro «derredor. «No se os ha propuesto por haber emprendido tan nobles trabajos ni el interés, ni los honores, esos móviles de la emulacion entre los hombres, sino « una recompensa celestial; y esa nueva ambicion encendida hace pocos años «por el gran Ignacio de Loyola, no se extinguirá jamás, antes producirá los «mas felices resultados, no solamente en esta ciudad, sino en todo el universo. « ¿Qué villa, qué nacion, qué pueblo sinceramente apasionado por las leyes de «Jesucristo no ha de aprobar vuestro Instituto y recibiros en su seno , ó mas « bien llaniaros para instruir á la juventud, conservar las buenas costumbres y extender el imperio de la Religion ?
— 261 — mios; solemnidad tan lisonjera para el corazon de las madres, y tan mágica en la existencia de los niños y aun en los recuerdos de la edad madura. Asocióse á este pensamiento el cardenal Fax-. nesio , costeando las obras que los catedráticos distribuyeron á los mas dignos: el esplendor de la ceremonia y sus felices resultados respecto á los estudiós, la popularizaron en todas las casas de la Compañía; siendo mas adelante adoptada como. una recompensa un aliciente en todo el mundo literario, que siguió las huellas del colegio Romano. En 1576 empezó en él el P. Belarmino sus célebres controversias. El cardenal Carlos Borroneo y el de Lorena se habian declarado los protectores especiales de la Compañía, y proveian lo Mismo que los Papas, á sus mas urgentes necesidades, y le hacian la donacion de cuantiosas sumas. Cuando después de la cuarta congregacion general , rogaron los Jesuitas á Gregorio XIII que tuviese á bien dar al colegio una basa mas durable, consultó este al cardenal Contarelli. «Santísimo Padre, contestó el Cardenal, vuestros predecesores « y Vos mismo habeis construido una estatua semejante á la de «Nabuco : la cabeza de oro es el colegio Germánico ; el Inglés, « el pecho de plata ; empero , el colegio Romano , que sirve de ba- « sa á la estatua y sostiene á los demás, tiene los piés de barro : « apoyémosle para que gastos tan útiles no se pierdan un dia.» El Papa comprendió que era indispensable poner un término á semejante situacion, ordenó construir el edificio inmenso que Ignacio Babia llegado á vislumbrar en sus proféticas esperanzas; y además le asignó rentas fijas para solventar las deudas contraidas y sufragar á lós gastos de los profesores. El registro de los alumnos para el año de 1584 asciende al número de 2107, que continuó el mismo á poca diferencia hasta el año de 1591. El hambre y la peste asolaban la Italia en esta época, dejando uña multitud de huérfanos, que eran acogidos como otros tantos hermanos por los escolásticos del colegio. En este mismo año fallecieron Luis Gonzaga , que por la santidad é inocencia de su vida, es invocado como el patrono de la juventud, y elP. Tucci, poeta, orador, historiógrafo, filósofo, canonista, y una de las primeras glorias literarias de la Compañía. El papa Gregorio XIII merece, después de Ignacio, el título
-- 265 — de fundador del establecimiento. Entró á sucederle, después de su muerte, un discípulo de este colegio, bajo el nombre de Urbano VIII ; y desde esta época no ha cesado de producir hombres distinguidos , tanto en ciencia, como en política y santidad, pues- to que de él salieron Inocencio X, Clemente 1X, Clemente X, Inocencio XII, Clemente XI, Inocencio XIII, y Clemente XII., que tanto brillaron en los anales de la Iglesia. Albergaba sin duda alumnos ilustres ; empero sus profesores no eran menos célebres: viéronse ocupar sucesivamente los profesorados á, Sachini , Malrei, Clavio , Mariana, Maldonado, Suarez , Azorio , Vazquez , Cornelio á Lapide, Pallavicino , Conti, Kircher, , Martinez y Casati ; y al paso que se formaban en él hombres eruditos , abrigaba en su seno algunos santos, como Juan Berchmans , Camilo de Lelis, Leonardo de Porto Mauricio y el venerable mártir Pedro Berna. Ya no era solo el colegio de los Jesuitas , sino mas bien el colegio del mundo entero, porque todos los demás establecimientos de Roma tenian á mucho honor el considerarse como sus agregados. Roma obtenia la supremacia de la educacion ; sin embargo, nunca han desistido los enemigos de la Iglesia de achacarla una antipatía declarada á todo lo que se asemeja á ilustracion; aun en tiempo que existían en la capital del mundo cristiano catorce escuelas públicas, que aparte de sus estudios peculiares, seguian los que daban los Jesuitas. Por su sola nomenclatura se echará de ver de qué modo contestaba la Santa Sede al reproche de oscurantismo y de ignorancia que ha osado atribuirla la mala fe de sus antagonistas, pues formaban aquella brillante pléyade los colegios de los ingleses , griegos, escoceses, maronitas, irlandeses y neófitos; los llamados Capránico, Fuccioli , Mattei, Pamphili , Salviati, Ghislieri , el Germánico y el Gimnasio Acababa Ignacio de sentar las basas de un monumento; mas no se limitaron á él solo sus creaciones. Rabia penetrado la herejía en el corazon de Alemania: veía ca- 1 Estos catorce establecimientos eran instituciones fundadas, unas por los Papas ó cardenales, y por los príncipes ú obispos las restantes. En la actualidad ya no existen algunos de los citados colegios; conservando los demás, que han podido resistir á los esfuerzos del tiempo y á los trastornos políticos, el nombre de sus fundadores. Aun se cuentan entre los asistentes al colegio Romano, los alumnos de los colegios Capranica, Pamphili, Salviati, los del tole - gio Germánico, de los irlandeses, escoceses y nobles.
272 ocurrió su muerte legó para el sosten de los germanos una posesion rústica, que mas adelante inundaron é hicieron improductiva las obras emprendidas por Sixto V en las lagunas Pontinas. Estos auxilios permitieron á los seminaristas regresar á Roma, agregándose á ellos otros muchos que solicitaban el favor de ser admitidos en el colegio. Pio IV , que era el reverso de la medalla de su predecesor, se le mostró enteramente favorable , y aun confió á los Padres (le la Compañía la direccion del seminario Romano, vaciado en el mismo molde que el colegio Germánico. Rabian transcurrido veinte años desde su fundacion hasta la muerte de Pio IV ocurrida en 1572 , y habian salido ya de este establecimien- to mas de 160 alumnos, señalándose los mas por su celo y virtudes, é ingresando otros en el Instituto , donde adquirieron inmensa celebridad combatiendo á la herejía, agradecidos á la educacion que les proporcionara Loyola. Deben contarse en este número Pablo Hoffeo el húngaro Esteban A.rator, y el Jesuita Guillermo de Metternich , que en la ciudad de Colonia, su patria, prestó á la Iglesia y á la Compañía los mas importantes servicios. Apenas hubo ocupado Gregorio XIII el solio pontificio i cuando el cardenal Truschez y el P. Canisio , pasaron á exponerle la necesidad en que se hallaba la Santa Sede de favorecer el incremento de que era susceptible la creacion de Loyola. El Pontífice accedió sin tardanza al dictámen de los exponentes, y envió varios legados al Emperador, á los reyes y demás príncipes católicos, con órden de interesarlos en favór de una casa, cu y o saludable influjo hablan experimentado por mucho tiempo los Estados de Alemania. El 6 de agosto de 1573 promulgó el Papa una bula por la que concede al colegio Germánico las posesiones y la iglesia de un monasterio situado en el monte Aventino , y le señala una renta anual de . 1300 escudos de oro. Por otra bula fechada en 9 de enero de 1574, consagra el citado Pontífice para el mismo colegio la iglesia y el palacio del Apolinario y todos los edificios que le estaban agregados ; le exime de todo impuesto ; le compra una granja con el objeto de que pasen á ella los seminaristas durante el tiempo de vacaciones ; le asigna como protectores á varios cardenales, y realiza, en fin, por una piadosa grati- 1 en una carta del emperador Fernando II : • Canisius et Paulus Hoffirus ipsi nos docuerunt legem tuam, Domine.
— 273 — tud todos los ensueños con que ningun otro hombre sino Ignacio de Loyola, hubiera osado alimentar su imaginacion. Debia encerrar en sí algo de prodigioso el bien que se obrara, cuando el. papa Gregorio habiendo fundado el colegio Húngaro en 1577 , tres años después, por su bula de 13 de abril de 1580, le reunió al Germánico con las rentas que había fijado la Santa Sede para su conservacion. Velase ya prosperar en Roma la obra de Ignacio ; pero para que fuese tan apreciada por los soberanos Pontífices, era preciso que extendiese por toda la Alemania luces muy inmensas. Profesábanla los Papas un afecto tan paternal, que solo estudiando la historia, los progresos que ha hecho hacer al catolicismo, y las luchas que ha sostenido contra la herejía, se puede comprender el motivo de este afecto. La Alemania proveía de jóvenes al colegio Germánico sacando después sacerdotes virtuosos é instruidos, á quienes nada podia hacer vacilar en la fe, y que al regresar á su patria comunicaban á sus familias y amigos el fruto de las lecciones que habian recibido. No cesaban los novadores de echar en cara al clero sus inmorales costumbres ; pero á vista de la castidad que observaban estos eclesiásticos, no cabia en ellos la mas leve tacha. El celibato de los sacerdotes habia sido siempre para los sectarios un formidable argumento, cuyas consecuencias exageraban á los ojos del vulgo ; mas el pudor, tal vez un poco agreste, que velan observar á los germanos, y su porte tan modesto como reservado, inutilizaba los tiros de la calumnia. Al paso que acusaban al clero secular y regular de que celebraban los oficios divinos con una indiferencia, que rayaba en desprecio y aun en . incredulidad; se mostraban los germanos tan devotos en el altar, que su sola vista parecia vindicar á los santos misterios del descrédito en que los había hecho caer la irreverencia de los sacerdotes. Decían que el clero era insaciable en atesorar, y que aspiraba únicamente á enriquecerse para vivir en la abundancia : pero la sobriedad y el desinterés de los germanos contrarestaba la intolerable situacion en que el clero se veia sumido, y que se resignaba á aceptar. En Alemania, ese país de los serios estudios, y en el que se hallaban una multitud de herejes, que adulterando los textos de la Biblia ó de los santos Padres, se prometían un triunfo fácil ; 18 TOMO I.
— 274 — eran sospechados de ignorancia los sacerdotes hasta tal punto, que cuando los sectarios los desafiaban públicamente á que respondiesen á sus argumentos contra la Religion , se veian precisados á callarse ; por lo que el vulgo los abandonaba para agregarse á los Luteranos, cuya palabra tenia cierto colorido de erudicion. Empero los discípulos del colegio Germánico disiparon bien pronto estos rumores : veíalos el pueblo amamantados con la leche de la ciencia ; p íalos confundir la dialéctica de los sectarios : sabia que venian de Roma, fuente y origen de toda buena doctrina, y los adoptó como literatos ; formando desde luego un juicio favorable que todavía subsiste. Los alemanes comenzaron á estimar á estos jóvenes, que para conducirlos por las sendas del deber se habian expatriado voluntariamente, dirigiéndose á otros climas á exigir lecciones y ejemplos, que estaban muy léjos de encontrar en el seno de la familia alemana. Ignacio habia concebido la idea del' establecimiento : los Papas poseían todos los medios necesarios para desarrollarla, como lo hicieron; y seria hoy imposible apreciar los servicios de toda especie que ha recibido la religion católica de su ministerio. En él se han educado representantes de las mayores casas del imperio, y nosotros hemos leido en las listas de los alumnos que cursaron en esta casa, los nombres mas ilustres de Alemania, Italia y otros diferentes países. Vense figurar en ellas á los Fernandos de Baviera, los condes de !brach , los Dietrichstein , los Hun, los Kuenburg, los Furstenberg, los Schrattenbach, los Hollonitz, los Chymay, los Sotern, los Kollowrat , los Metternich , los Esterhasy, , los Firmian, los Breiner , los Frankenberg , los Lodron, los Waldstein, los Erdeedy, , los Reynach, los margraves de Bade, los Wartenherg, los Holstein , los Orsini , los Bacalar, los Cibo, los Sadolet, los Chisholm , los Conti , los Aldobrandini , los Sev--- ton, los Aquaviva, los Justiniani y los Jiruenez. Á fines del siglo XVIII se contaban ya 21 cardenales y. el papa Gregorio XV ; 6 electores del sacro imperio; 19 príncipes ; 21 arzobispos y prelados; 121 obispos titulares ; otros 100 in parl'ibus infidelium ; 16 abades ó generales de Órdenes ;11 mártires por la fe, y 13 de la caridad , que todos se habian sentado en los bancos del colegio, y habian sido formados en esta escuela que Ignacio habia dejado en germen.
— 275 — .11.1.1110. IMMIIM11.11111711 n CAPÍTULO VII. Eleccion del nuevo general.— Causas que la retardan.— Nombramiento de Laynez. — Primera congregacion general. — Intenta el papa Paulo IV modificar el instituto de los Jesuitas. — Los Padres se oponen. Entrevista del Papa y del General.— Su discusion.— Francisco de Borja en el monasterio de Yuste con el emperador Carlos V. — Su conversacion. — Francisco de Borja en Portugal.— El P. Luis Gonzalez , preceptor de D. Sebastian. — Los herejes en Sevilla. -- Acusaciones contra Francisco de Borja y los Jesuitas. — Felipe II. Carta de Francisco de Borja á este Príncipe.— Se dirige á Roma. — Los asistentes de las provincias. — Laynez es propuesto para Papa por una fraccion de cardenales. —El Conclave. — Pio IV, sumo Pontífice. — Suplicio de los sobrinos del papa Paulo IV. —Los auxilia el P. Perucci.— Los Jesuitas perseguidos en Venecia.— Se declara su enemigo el patriarca Juan Trevisani. El P. Palmio y el Dux Priuli.— Bula de Pio IV en favor de los Jesuitas.— Marcha Laynez á la conferencia de Poissy con Hipólito de Este, cardenal de Ferrara.— El P. Ponce Cogordan.— Decídese Francisco II á aprobar la real cédula de Enrique II su padre.— Oposicion de la universidad, del Parlamento y del arzobispo de Paris.— Los Jesuitas renuncian á sus privilegios. -- Eustaquio du Bellay se adhiere al Instituto condicionalmente.—Real órden de Carlos IX al Parlamento.— La reina regente Catalina de Médicis. — Cogordan en el Parlamento.— Los Jesuitas en Pamiers , Marsella y Avilion. El árbol que Ignacio habia plantado echaba ya profundas raí-- ces , y extendia á lo léjos sus nacientes ramas. Francisco Javier acababa de conmover el Nuevo Mundo por medio de una revolucion pacífica, al paso que sus hermanos en Europa se lanzaban á través de otra revolucion , que amenazaba hundir en el abismo, tanto á los tronos, como á, la Santa Sede. Pero la muerte del General complicaba sobremanera las dificultades : la transmision del poder en los Estados apenas creados , va siempre acompañada de trastornos. El fundador de una sociedad ó de un reino electivo, puede gobernarlos con los medios que le parecen mas idóneos, puesto que conoce á los súbditos, que marchan bajo sus órdenes por haberlos amoldado con su propia mano : algunos le deben reconocimiento ; otros una parte de su gloria ó de su fortuna, y todos le manifiestan al menos aquel aparente respeto que se aseme- ja á la obediencia : guárdanse muy bien de disputar con él el orí- 18
276 gen de su poder ; basta que sea su creador , su jefe, y el que ha promulgado las leyes, para que por una razon muy natural se halle facultado para explicárselas y hacérselas ejecutar como él mismo las ha comprendido. En semejantes circunstancias es fácil encontrar de esos hombres, que se resignan á tomar el carácter de soldados durante la vida de Alejandro ; pero que aspirarán todos á ser reyes , después que fallezca aquel. La ambicion, el descontento y la rivalidad, han callado para no agitar la agonía del jefe; pero es imposible que tan diversos sentimientos reprimidos en el corazon humane, permanezcan mudos cuando la muerte abre campo á las esperanzas y acriminaciones. Una vez descendido Loyola á, la tumba, no dejaba detrás de sí sino iguales. Esta última prueba que la restaba sufrir á la Compañía, iba á ser decisiva, puesto que la ponia en presencia de las naciones enemigas , y de tan distintos caracteres : todos habían adquirido en diferentes regiones un influjo y un nombre que las pasiones de la humanidad les daban opcion á engrandecer sucediendo á su padre comun. Durante el interregno eligieron á Laynez , que á la sazon se hallaba muy enfermo , para desempeñar el vicariato general, y señalaron la reunion de la congregacion general para el mes de noviembre de 1556. Esta congregacion, en quien reside el poder supremo y legislativo de la Sociedad de Jesús , es la única que tiene el derecho de eleccion : compónese de los ministros, provinciales, y dos profesos de cada provincia ; se reune en la casa madre del Gesu, y nombra al general por mayoría absoluta y en escrutinio secreto. Formábase la Compañía de Jesús en 31 de julio de 1536, de doce provincias distribuidas del modo siguiente : Portugal, Italia, Sicilia, Germania superior é inferior , Francia, Aragon , Castilla, Andalucía, las Indias, la Etiopia y el Brasil, de las que referiremos en un capítulo particular el principio de las misiones. Todavía existian cinco de los primeros colegas de Ignacio : fuera de estos profesos no se contaban mas de 35 en el Institu- to, lo que prueba que Loyola se habia mostrado rígido y reservado respecto á las admisiones ; sin embargo, abrigaba la Compañía en su seno mas de 1.000 Jesuitas diseminados por el globo, y poseia mas de 100 casas ó colegios. Á mas de una alma ambi-
277 ciosa debía sonreir el mando de un ejército tan bien disciplinado, y que se habia hecho tan poderoso en solos diez y seis años de existencia : resta ahora ver cómo salió de este embarazo la congregacion general. Acababa de estallar la guerra entre el papa Paulo IV, y Felipe Il de España, ocasionando este rompimiento unos motivos bien frívolos, suscitados por el cardenal Carlos Caraffa y el duque de Palliano, que ejercian un poderoso ascendiente en el corazon del Papa, su tio ; y por la ambicion del duque de Alba, de los Sforcias y de los Guisas que dóminaban las cortes de España, Francia y Alemania. En aquellas circunstancias venia á ser la citada guerra un plazo , ó mas bien una ventaja de que no dejaron de aprovecharse los Protestantes. El cardenal Caraffa y el duque de Palliano abusaban del ascendiente que ejercian sobre el sumo Pontífice, para entregarse á toda clase de excesos : recorrian la Toscana y la Rornanía una multitud de condoteros asalariados suyos, que en nombre del Papa y por órden de sus sobrinos, saqueaban las iglesias, imponian tributos á los conventos, y se rebelaban por todas partes , tan ávidos y desenfrenados como sus amos. Para impedir que las quejas de los ciudadanos llegasen hasta el trono pontifical , necesitaban los dos sobrinos del Papa llamar hacia otro lado la atencion pública, poniendo en juego el primer pretexto que encontraron á mano : hicieron creer á Paulo IV que sus derechos temporales habían sido invadidos por parte del virey de Nápoles ; y como por la disposicion en que se hallaban los ánimos se hacia imposible cualesquiera especie de negociacion, tuvieron por conveniente declarar la guerra. Viendo Laynez la imposibilidad en que se hallaban los Jesuitas españoles de concurrir al nombramiento de general, aplazó la congregacion para el mes de abril de 1557. Felipe II habia prohibido á los Jesuitas, vasallos suyos, y aun á Francisco de Borja, su salida para Roma. Este Príncipe tan previsor , y que todo lo amalgamaba á sus intereses, ¿ quería acaso obligar á la Compañía á reunir en sus Estados la congregacion, ó tedia simplemente á, un movimiento de cólera? Esto es lo que falta decidir ; sin embargo , con el carácter que la historia atribuye á este rey de España, puede sernos permitido el conjeturar que no era una pasion no premeditada la que habia determinado su conducta : Felipe poseia el don de la perspicacia, y tal
278 vez se regocijaba de antemano con la idea de que los Jesuitas, una vez instalados en su reino, elegirian una de sus capitales como centro de su Órden. Dejábase sentir la necesidad de elegir un general : ya hablaban algunos de trasladarse á España para abreviar tan interminables dilaciones, una vez que el Rey persistia en su prohibicion ; pero el Papa y la corte pontificia no quisieron acceder á semejante deseo. Esparcióse en Roma el rumor de que Laynez se habia adherido al dictámen de los que proponían pasar á España, y que lo que intentaba la Compañía, era sustraerse á la autoridad de la Santa Sede. Esta imputacion lanzada en un tiempo en que por todas partes se originaban obstáculos contra el Instituto , era una dificultad tanto mayor, cuanto que existia siempre en el corazon del anciano Pontífice un cierto fermento de recelos y vagas inquietudes, á que servían de excusa estas acusaciones. Prohibió á todos los profesos la salida de Roma, sin autorizacion suya ; y aprovechándose de este primer paso que había dado, mandó someter las Constituciones de la Compañía á un nuevo examen. Laynez era español : la corte romana guerreaba contra Felipe, y aunque se habia demostrado hasta la evidencia que la Sociedad de los Jesuitas no abrigaba ninguna especie de miras políticas en detrimento de los Estados , hallándose únicamente basada en los intereses de la fe ; no se satisfizo el Papa con semejante demostradon , antes bien encargó al cardenal Carpí, que examinase el asunto con madurez. Carpi interroga á Laynez y demás Padres, y todos convienen unánimes en que, aunque es cierto que visto el obstáculo que impedia la eleccion de un nuevo general (mediante la separacion forzada de los hijos de Ignacio) habia una pequeña fraccion propuesto el dictámen de pasar á España con el objeto de realizarla ; tambien era verdad, que Lavnez se había opuesto á semejante propuesta; porque, aun suponiendo que la generalidad de los Padres la hubiese adoptado , bastaria un mero precepto del Papa para dejarla sin efecto. Semejante lenguaje convenció desde luego á Carpi, quien por su parte trató de tranquilizar los recelos del Papa , sin que por eso mandase este último cesar, á los que habia mandado encargarse del examen de las Constituciones. El caso era embarazoso, puesto que Paulo IV conservaba ideas contrarias respecto á cier-
279 Los - puntos, al paso que los Jesuitas, robustecidos con el ascendiente que les prestaran las anteriores bulas , no parecían muy dispuestos á consentir modificacion alguna que alterase la esencia de su instituto. Concluida en este intermedio la paz entre España y la Santa Sede, dejaba expedito el camino de Roma á los Jesuitas españoles, que citados para el mes de mayo de 1558, se reunieron sin demora en el Gesu con sus hermanos de las demás provincias. Verificóse, por fin , la apertura de la congregacion general el 19 de junio del mismo año, hallándose presentes solos veinte electores; porque , aunque es cierto que estaban obligados á concurrir todos los provinciales acompañados de dos profesos de cada provincia; en Francia, Sicilia y otros reinos lió existia aun ese número, ó si realmente existia, se hallaban demasiado distantes, como sucedia á los misioneros de Ultramar, ó tal vez enfermos, como Francisco de Borja. Formaban la congregacion los cinco primeros discípulos de Loyola: Laynez, Salmeron , Bobadilla , Rodriguez y Pasquier-Brouet ; acompañados de Canisio , Nadal, Polanco, Turrian , Domenech, Miron, Viole, Juan de Parma, Nicolás Lanoy, Luis Gonzalez , Everardo Mercurian, Miguel Torres, Gonzalo de Vas, Godin y Juan de Plaza. Jorge Serrano, Antonio Winch, Pelletier, , Cristóbal Madride, D. Diego de Guzman, y D. Diego Avellaneda, no pudierón asistir á la eleccion, y solo tomaron parte en los actos de la congregacion. El 2 de julio de 1558, día en que se verificó la eleccion, se presentó en la asamblea el cardenal Pacheco en nombre del sumo Pontífice, y dijo á los Padres : «Paulo IV no pretende influir de «ningun modo en una eleccion, que tan solo debe hacerse con «arreglo al Instituto : el Papa solo desea ser mirado como pro- « tector de la Órden, no ya en un sentido genérico , como lo es « de todos los fieles y sociedades religiosas ; sino en otro sentido « mas especial y particular. » Terminada esta arenga, anunció que se hallaba comisionado por Paulo IV para hacer por sí mismo las veces de secretario y de escrutador : tomábase habitualmente esta precaucion, porque en aquella época de disturbios, estallaba á cada paso la division en cási todas las Órdenes religiosas en el momento en que la eleccion de un nuevo jefe suscitaba las pasiones monásticas. Verificóse, por fin, la votacion , siendo elegido Laynez por una mayoría de 13 votos por 20 : Nadal obtu-
— 280 — vo 4 , y los 3 restantes recayeron en Francisco de Borja, Lanoy y Pasquier-Brouet. Luego de promulgadas las Constituciones, Loyola, que deseaba dejar á su sucesor y á la congregacion general el derecho de modificar aquello que en la práctica pudiera parecer demasiado absoluto, habia decidido que se examinasen de nuevo ; ordenando además que fuesen aprobadas por esta misma congregacion para que adquiriesen fuerza de ley ; y en efecto , fueron admitidas por un decreto , tales como las habia hecho Loyola. El soberano Pontífice intervino á la sazon en este asunto : acababa de expulsar de Roma, y aun de castigar, como príncipe irritado , á sus sobrinos , cuyos crímenes pasaban de regla ; mas aunque semejante severidad manifestaba las buenas intenciones del anciano, siempre impetuoso, no reparaban, sin embargo, del todo los desórdenes que se habian introducido en la administracion eclesiástica. Conocia muy bien el Papa que para hacer respetar su autoridad comprometida importaba dar un gran ejemplo de austeridad : proponíase extirpar de raíz los vicios que pululaban. en los individuos del clero secular y regular ; y no encontrando sin duda medio mas plausible para realizar sus miras, la tomó contra la Compañía de Jesús, cuyos individuos se hallaban tan ajenos á los disgustos que le habia proporcionado su familia, como inocentes de los males que aquejaban á la Iglesia. La Sociedad, con arreglo al dictámen de la congregacion general, aceptaba las Constituciones de Loyola ; empero el Pontífice, que deseaba impedir semejante aceptacion, envia al cardenal Frani para que anuncie en su nombre á la asamblea, que era su voluntad que los Jesuitas asistiesen al coro como las demás Ordenes religiosas, y que fuese elegido el general por un término dado ; un trienio, por ejemplo. Semejantes alteraciones , una vez introducidas en la Compañía, desconcertaban toda su economía. Los Jesuitas no tardaron en comprender que el Pontífice cedia á sugestiones extrañas á la Santa Sede, dimanadas, como era probable, de la novedad y maravillosos progresos de la Compañía ; velan que Paulo IV ordenaba,. y que su voluntad lanzaba entre ellos el disturbio ; por cuya razon se vieron precisados á protestar ; empero , á protestar , no de un modo ostensible clamando en voz p t'Inca contra la fe violada, porqué hubiera sido dar un escándalo inútil, sino con el mayor
— (2 8 1 respeto, declarando en la sesion del 24 de agosto, que se pasaria á someter al Papa el dictámen unánime de la congregacion, respecto á la perpetuidad del generalato : hé aquí los términos en que se hallaba concebida su exposicion : «SANTÍSIMO PADRE : « Cuando el muy reverendo cardenal Pacheco asistió por órden « de vuestra Santidad á la asamblea reunida para la eleccion de « nuestro general, declaró, antes que aquella se hubiese llevado «á efecto, el sentir de vuestra Beatitud respecto á las cualidades «que debia poseer el sugeto en quien recayese la eleccion; ana- «diendo que juzgábais mas conveniente que fuese elegido de por «vida, y no por un cierto número de años. Todos nosotros recibí- « mos con el mayor júbilo esta manifestacion de la voluntad de « vuestra Beatitud, como emanada de la voluntad de Dios, que á «todos y cada uno de nosotros inspiraba los mismos deseos y « sentimientos : mas adelante , cuando se dignó vuestra Santidad « admitirnos á besarle el pié, y nos estimuló con tanto ardor á « servir á Dios , entre otros favores que nos otorgó liberalmente « en el Señor, tuvo á bien confirmar la eleccion del general per- « petuo que habíamos nombrado , favores que nosotros agrade- « cernos, tributando á, la divina Bondad y á vuestra Beatitud todas «las acciones de gracias de que somos capaces. Sin embargo, en «estos últimos dias, nos ha declarado el muy reverendo carde- « nal Frani , que vuestra Beatitud tenia aun alguna duda acerca «de la perpetuidad del general, y que por consiguiente debíamos «reflexionar respecto á ese punto : lo hemos reflexionado ya dele- « nidamente después de haber dirigido al cielo fervientes súplicas, « conviniendo todos con la mas completa unanimidad en que, pa- « ra el mayor bien de nuestro instituto, no cese en sus funciones « el general durante su vida; empero , aunque tal haya sido nuestra comun deliberacion, somos hijos de obediencia, y dispuestos á ejecutar lo que vuestra Santidad se sirviere ordenar : mas «como pudiera suceder, que vuestra Beatitud desease adquirir «mayor certeza respecto á nuestro modo de opinar, hemos firma- « do este escrito sometiéndole humildemente tal como es, al dic- « támen de vuestra Santidad. «El 3 de las calendas de setiembre (30 de agosto) de 1558. »
— 288 — « puesto que los que hoy son impúberes llegarán á la madurez , « pasada una veintena de años. A. mas de que no somos tan jóve- « nes como intenta persuadírselo Y. M. ; una vez que yo cuento « cuarenta y seis años, y que no es raro hallar en la Compañía « novicios que rayen en los sesenta.» El P. Bustamante, compañero del P. Francisco , se hallaba en este caso. El Emperador confesó que se habia engañado respecto á la tendencia del Instituto ; pero con esta confesion esperaba tal vez indemnizarse con usura y fascinar á su interlocutor, proponiéndole compartir con él la soledad de Yuste, como lo habia hecho respec- to á las glorias del imperio: el Jesuita eludió respetuosamente una oferta que no carecia , sin embargo , de seduccion ; y pasados tres dias en el monasterio de Yuste , se retiró para continuar su apostolado. Habla reinado Carlos Y con tal majestad y esplendor; habia comunicado á la España tanta energía, y ejercia desde su monasterio de Yuste tan poderoso influjo en la corte de Felipe II , que nadie osaba sustraerse en el reino á tan poderoso ascendiente: los ministros y cortesanos eran todos hechuras suyas, y enriquecidos á expensas de su liberalidad; de manera que en él palacio del nuevo,monarca se escuchaban todavía los discursos y se caminaba por las huellas de aquel Emperador que en sus dias de triunfo habia conducido á Madrid al rey de Francia en clase de prisionero. El P. Francisco acababa de pasar sesenta y dos horas en conversacion íntima y familiar con Carlos V, quien participaba después á cuantos veia la nueva opinion que habia formado de la Sociedad; lo que no podia menos de influir favorablemente en todos los ánimos. D. Juan de Vega, presidente del Consejo de Castilla, se habla declarado al mismo tiempo protector de la Orden ; así es que semejantes apoyos en un tiempo en que la herejía se entronizaba en Sevilla, seduciendo á una multitud de católicos por medio de sus obras, tanto mas apreciadas cuanto mas severas se ostentaban las órdenes que las prohibian , eran un contrapeso enorme contra el luteranismo que se introducia en esta ciudad con el atractivo del fruto vedado. De un Emperador sepultado en el retiro de un claustro , pasa el P. Francisco sin transicion á. la morada de un rey muerto. El 11 de junio de 1557, exhalaba Juan 111 el último aliento en Lisboa ; y no encontrando Carlos V medio mas á propósito para consolar á
289 la reina Catalina , ' su mujer , que se hallaba sumida en un profundo desconsuelo, mandó salir á Borja para Portugal. Iba el Jesuita encargado á la vez de una embajada de familia y otra de confianza; mision que llenó á satisfaccion del Emperador, regresando á España después de haber visitado las casas de la Compañía. El colegio de Coimbra se hallaba en estado floreciente y puesto que contaba mas de quinientos escolares en 1558. • Sobre el mismo tiempo se erigian otros en Toledo , Ocaña , Montilla , Palencia, Segovia y Madrid siendo el P. Francisco el alma de todas estas fundaciones. Carlos Y le llamó á su lecho de muerte, y le nombró su albacea testamentario : el P. Francisco pronunció en presencia de toda la corte la oracion fúnebre de este Emperador, que segun la palabra del Rey profeta, se habia alejado para habitar en la soledad.. La universidad de Alcalá se hacia como tiña auxiliar de los Jesuitas , incorporándose en este mismo año de 1558 á. la Compañía treinta y cuatro de sus doctores: Deza , su rector, y Francisco Toledo , á quien el célebre Domingo Soto apellidaba ya entonces un prodigio de ciencia, acababan de renunciar á sus dignidades para caminar en pos de las huellas de Borja. En las montañas de Asturias, en ese país del que un dia salió Pelayo para empezar contra los moros una guerra que duró siglos enteros, la ignorancia habia engendrado el embrutecimiento; Francisco envia misioneros á ese pueblo próximo á recaer en su antigua barbarie, y somete á la fe la brutalidad de sus pasiones. Pero Francisco se vió obligado á separarse de España á instancias del cardenal D. Enrique de Portugal y la reina Catalina, que necesitaban sus consejos. En 1559 fue llamado á la corte el P. Luis Gonzalez de Cámara, asistente del general , para encargarse de la educacion del jóven rey D. Sebastian; invitacion á que se resistió el Jesuita , porque sabia cuán difícil es instrúir á un soberano. El carácter impetuoso de D. Sebastian y su pa s ion desenfrenada por las armas y combates, pasion que mas adelante acarreará la ruina de Portugal y de su dinastía, todo esto lo expone Gonzalez en las cartas que dirigió al general de la Compañía Aterraban al Jesuita sus inclinaciones marciales, y retrocedía ante el compromiso de tan peli- 1 Estas cartas están depositadas en los archivos del Gest,: 19 TOMO 1.
— 290 — groso honor ; pero consultados Laynez, Francisco de Borja y todos los provinciales, declararon la imposibilidad en que se hallaba la Compañía de rehusar al nieto de Juan III y sobrino de Carlos V este testimonio de gratitud; pasando D. Sebastian á ser el primer monarca educado por los Jesuitas. El dominico Bartolomé de los Mártires , que acababa de ser elegido arzobispo de Braga, escribia á Laynez en esta misma época: «Me dirijo á los Padres de vuestra Órden, tan llenos de celo «y capacidad, para hacerlos coadjutores mios en la obra del Se- « ñor, y los mas activos instrumentos de la gloria divina en un « país que necesita extremadamente su caridad. » Desesperábanse los herejes y algunos frailes católicos al observar tales progresos, y como la calumnia es en todos los países y en todos los rangos la condicion tácita de la gloria, amalgamaron su odio, procurando suscitar una furiosa tempestad contra los Jesuitas, y en especial contra el P. Francisco de Borja. Como la herejía no contaba otro adversario formal mas que la Compañía de Jesús , que aparecía como por encanto para combatirle en cualquiera terreno elegido por los sectarios, progresaba rápidamente en Sevilla. Pusieron en juego los herejes un nuevo artificio respecto á la ignorancia y credulidad de las masas : sabian que en Valladolid, así como en Sevilla, iban á tener álos jesuitas por adversarios, y los acusaron de hallarse imbuidos en las doctrinas que esperaba sembrar el luteranismo en el suelo español. Empezaron desde luego á esparcir esta calumnia con solapada astucia, diciendo que ya se habian dado á conocer los propagadores de las nuevas ideas, dando á entender que bien pudieran ser los Teatinos , nombre que llevaban aun los Jesuitas en la Península; y aunque se hallaba este aserto tan poco verosímil , la multitud le dió crédito. Citaron testigos que en diferentes ciudades, distantes entre sí, habian visto quemar á los Jesuitas por las autoridades inquisitoriales; y que Francisco de Borja solo había debido á la elevacion de su cuna el que se hubiese dilatado su suplicio. Los mas interesados en propagar la calumnia parecia le daban asenso , aun cuando conocian perfectamente su falsedad : otros menos audaces se contentaban con limitarse á meras reticencias , mas funesta§, aun que las mas robustas convicciones. Hallábase á la sazon desempeñando el cargo de inquisidor general el arzobispo de Sevilla, D. Fernando Valdés; quien propo-
-291 — niéndose dar un testimonio público de la inocencia de los Jesuitas, declaró por medio de una acta emanada de su tribunal , que la doctrina de los hijos de Loyola era completamente ortodoxa ; y para quitar á la malignidad todo pretexto de duda , quiso servirse de ellos en el ejercicio de sus temibles funciones; proyecto á que se negaron constantemente los Jesuitas. La Inquisicion era en todas partes , y en España especialmente , el orígen y fuente del poder , y al incorporarse en su gremio los hijos de Ignacio, hubieran pasado á gobernar ; y esos hombres á quienes tanto se ha tachado de ambiciosos, rehusan con todas sus fuerzas el ejercicio de la magistratura inquisitorial, cuyos rigores hubieran mitigado antes con su proverbial mansedumbre. Los sectarios que no habian logrado convencerlos de herejía, desesperando de su mala causa, los transformaron en un instante en inquisidores: no habian podido acusarlos de víctimas, y quisieron darles el título de jueces , aglomerando sobre sus cabezas una calumnia, que por lo absurda dejó de rebatirla la Compañía, que hizo mal. La Sociedad de Jesús callaba, es cierto; pero sus émulos concluian de su silencio que seguramente existiria un fondo de verdad en medio de tanta•impostura, y coligados los frailes y los herejes volvieron . á la carga con mas ahínco , cuando vieron la ninguna oposicion que les hacian los Padres. La ausencia de Francisco de Borja , que se hallaba hacia diez meses en Portugal, fue explotada por los coligados como un pun- to de apoyo en que basar sus nuevas intrigas. Francisco hacia tenido frecuentes relaciones con Domingo Rosas, sectario acérrimo que fue condenado á morir en la hoguera, y conservaba una estrecha amistad con el arzobispo de Toledo, Carranza, de la Orden de Predicadores; y como el arzobispo de Sevilla envidia el pues- to del de Toledo, este es conducido al tribunal del Santo Oficio. A_cúsanle á Borja de intimidad con este Prelado : acusacion que confesó ser cierta gloriándose de ella, y aun encargándose de su defensa; pero si Carranza, después de haber estado preso en España y en Roma, es declarado inocente y restituido á su silla ; Francisco , que siempre ha sido su partidario aun cuando le vió abandonado de sus clientes y amigos, no encuentra para sí la misma justicia. Rabia compuesto , antes de su ingreso en la Compañía, dos opúsculos ascéticos, y sus enemigos introducen en ellos pasajes 19
— 292 — sospechosos y frases que necesitaban explicacion , y comunicando á estos libros , así adulterados por manos ajenas ó ávidas, una celebridad que jamás habia obtenido su primitivo texto. Deci a san Agustin, hablando de su siglo : que el temor de las herejías hacia juzgar de todo con rigor : en el siglo XVI sucedia lo mismo ; la Inquisicion sospechaba de todas las obras, por cuya razon se vieron sometidas al Santo Oficio las atribuidas al duque de Gandía, lanzándolas aquel un entredicho. Fácil le hubiera sido á Francisco el justificarse; pero se contentó con sonreirse, esperando del cielo una defensa que su humildad no le permite entablar. Esta abnegacion que los hombres no comprenden, porque saben que en el mundo todos procuran sostener su reputacion y ho- nor, redobla la audacia de los adversarios de Borja : si la Inquisicion se contentaba con censurar los libros apócrifos que se publicaban á nombre del antiguo duque de Gandía , sus émulos se ejercitaban en poner en juego los resortes de la política; bien persuadidos de que Felipe II no seria tan tolerante respecto á este asunto , como se mostraban los inquisidores en materia de fe. Borja no podía ser hereje ni inquisidor; improvisáronle de repente reo de Estado. Felipe II, durante su mansion en los Países Bajos, infantazgo de la corona de Castilla, habia nombrado regenta de España á la infanta su hermana. Esta princesa habia recurrido á la prudencia y conocimientos de Borja en todos los asuntos de gravedad, concernientes al régimen de la monarquía, y esto solo bastó para que los émulos de los Jesuitas vituperasen cuanto bueno se habia hecho en el transcurso de la regencia: acusaron á Francisco, solapadamente en un principio, y de un modo mas explícito después, de infidelidad á la persona del Soberano, y de mantener relaciones secretas con los enemigos del Estado. Semejante acriminacion perjudicaba á la Compañía entera, puesto que de la persona de Borja recaia directamente en todos sus individuos como subordinados y cómplices suyos. Era demasiado perspicaz el Soberano para dar crédito á unos alegatos desprovistos de pruebas; pero era rey, y por consiguiente dispuesto á dejarse engañar. Sabia muy bien que Francisco estaba inocente de semejantes imputaciones; pero entraba en los cálculos de su política el abrigar la sospecha, aun contra sus mismos amigos, para no permitir á sus enemigos una débil vislumbre de perdon ú olvido. Disponíase Borja á obedecer la órden del
— 293 — pontífice Pio IV y el precepto de Laynez, general de toda la Compañía , que le mandaban presentarse en Roma, cuando pasaron á verle el príncide de Eboly y el duque de Feria, favoritos ambos del Monarca, y no le ocultaron que Felipe esperaba de él que se justificase : «Bien conoce el Rey, le dijeron, que no sois culpa- « ble ; pero desea que aparenteis disculparos , ora para dar un « ejemplo patente de vuestra sumision , como para vindicará vues- • tro Instituto, que pudiera tal vez tener un disgusto por el des- « contento que manifiesta el Soberano. » Esta última consideracion influyó poderosamente en el ánimo de Borja. Si solo se hubiese tratado de su personal reputacion, jamás hubiera consentido en justificarse de un crimen imaginario ; pero atendiendo al interés general de sus hermanos en religion , dirigió á Felipe II una carta en que le explicaba con la mayor franqueza su conducta, ya en lo concerniente á los asuntos políticos , ya en los respectivos y peculiares de la Sociedad. El Monarca hubiera debido quedar satisfecho con esta demostracion; pero no fue así, corno vamos á, verlo. bábale parte Borja en su carta de su próxima marcha para Roma, y el Jesuita salió sin aguardar su permiso : se alejaba de España en un momento en que el Soberano desconfiaba de Lodos sus vecinos, y en el que Laynez se dirigia á la corte de Francia, tal vez para poner un dique á sus proyectos, tan vastos ó mas que los del emperador Carlos V, su padre. No fue menester mas : recogieron una por una todas estas circunstancias producidas por el acaso, y formularon una nueva acta de acusacion. Púsose Felipe á echar en cara á la Sociedad de Jesús su demasiado apego hácia la Francia; al paso que en esta nacion reprochaban á los Jesuitas que no sabian disimular sus inclinaciones por la España. El 7 de setiembre de 1561 entraba en Roma el P. Francisco. Lavnez , que debia acompañar á Paris á Hipólito de Este, cardenal de Ferrara y legado de la Santa Sede, antes de ponerse en camino nombró á Salmeron por vicario suyo ; pero hallándose precisado este á asistir al concilio de Trento , recayó el empleo en Francisco de Borja, cuyos consejos tomaban y seguian la corte pontificia y el cardenal Carlos Borromeo, sobrino del Papa. Este momento en que el general de la Compañía se dirige á Francia para asistir á una conferencia que ha de celebrarse en Poissy, es el mas á propósito para dar á conocer los primeros actos de su adminístracion.
'994 En 1558 se habían nombrado al General algunos asistentes, conforme al número de asistencias en que estaba dividida la Compañía. La asistencia de Italia, cuyo delegado era el P. Madride, comprendía este reino y la Sicilia; formándose en este mismo año otras tres provincias del reino de Nápoles, de Sicilia y la Lombardía. La de Alemania, cuyo delegado era el P. Nadal, contenia la Francia y la Germania superior é inferior. El P. Luis Gonzalez era asistente de la de Portugal, que comprendia el Brasil , las Indias y la Etiopia; y por último, el P. Polanco, secretario general de la Compañía, desempeñaba las funciones de asistente en las tres provincias de España, á saber: Castilla, Aragon y Andalucía. Los dos años que vacó el generalato en nada perjudicaron al desarrollo de la Orden: ya hemos visto los progresos que hacia en España; mas adelante expondrémos los que realizaba en Alemania, Francia, Saboya, y por todas partes. Laynez marcha en pos de las huellas de Loyola, hasta que, luego del fallecimiento del pontífice Paulo IV , en 18 de agosto de 1559, un suceso inesperado vino casi á trastornarcuanto habia sido tan sabiamente arreglado. Se hallaba reunido el conclave; pero en aquella época en que el papado no era solo una carga espiritual, como en nuestros días , no dejaban las facciones de introducirse en el sacro Colegio. La Francia solicitaba la Tiara en favor del cardenal de Tournon , ó bien para el de Armagnac ó el de Puy, al paso que du Bellay aspiraba á obtenerlo intrigando por su cuenta. España presentaba su candidato, y Alemania los suyos. Los cardenales de Italia y Roma procuraban rechazar estas influencias ; pero al paso que trataban de contrarestarlas , cada uno las aceptaba en su favor. Renovábase en esta eleccion cuanto se habia hecho en las anteriores; solo habian cambiado de nombres; las ambiciones y cábalas eran siempre las mismas. El conclave amenazaba eternizarse, porque Corno los cardenales llevaban la voz de las coronas, no llegaban jamás á ponerse de acuerdo acerca de los intereses opuestos que representaban. Estando en esto, el cardenal Oton Truschez se vió obligado á avistarse con el P. Laynez l• El cardenal de Ausburgo asegura este hecho en el elogto que hizo en Dillingen, en 1565, al pronunciar su discurso en el funeral de Laynez, que costeó á sus expensas.
995 A la vista de este sacerdote, cuyas virtudes , ciencia y energía conoce muy bien el sacro Colegio, opinan los cardenales que no pueden hacer una eleccion mas acertada; puesto que segun ellos no podrá, menos de asegurar la tranquilidad de la Iglesia, una vez que Laynez se ocupará, á no dudarlo, en activar la reforma de las costumbres del clero, que habla promovido antes con tan ardiente celo. Algunas palabras cogidas corno al acaso, hacen comprender al Jesuita esta intriga de nueva especie, y no quiere presentarse mas al conclave, á pesar de las mas vivas instancias de los cardenales, que se obstinaban .en llevar á cabo su nombramiento. Ya se habia declarado en favor suyo una minoría que podia fácilmente pasar á ser mayoría, cuando se suscitó una nueva dificultad que frustró este plan. Existe en la corte romana un antiguo uso que tiene fuerza de ley, aun cuando no lo sea de hecho, por el que se requiere que la eleccion de sumo Pontífice recaiga siempre en uno de los individuos del sacro Colegio: viendo los partidarios de Laynez que no admitia réplica este uso, trasladaron sus votos al cardenal Médicis , que tomó el nombre de Pio IV. El nuevo Papa se manifestó mas favorable aun á los Jesuitas que Paulo III, siendo ayudado en sus buenas intenciones por el cardenal Borromeo , su sobrino, á quien la Iglesia ha colocado en el número de los Santos. Pero, un proceso famoso y de sangrienta ejecucion, que inauguró el principio de este pontificado, tenia en expectativa á todos los ánimos. E1,6 de marzo de 1561, espiraban á manos del verdugo los sobrinos de Paulo IV, en esta misma ciudad de Roma, que pocos meses antes habian gobernado como soberanos. Los hechos que motivaron esta catástrofe han pasado ya á formar parte de la historia, por lo que nosotros no hemos hecho mas que indicarlos. Se empezó á formar la sumaria á poco del fallecimiento del Pontífice, y en breve tiempo fueron sentenciados á pena capital el cardenal Carlos Caratra , Juan Caraffa, conde de Montorio y duque de Palliano, sobrinos ambos de Paulo IV; el conde Allifani y Leonardo Cardini, sus parientes : el santo Padre no 1 Después del fallecimiento de Pio IV solicitó la familia de los Caraftas el nuevo exámen del proceso, gracia que les otorgó Pio V. Los nuevos jueces declararon que el procurador general habia engañado á Pio IV, el cual fue condenado á muerte , y la familia Caraffa restablecida en sus honores y dignidades. El historiador Palla icini , que ha hecho grandes investigaciones en este asunto, afirma que no le pajece muy probada la culpabilidad del cardenal.
— 296 — podía perdonarlos, y solo les restaba apelar al tribunal de Dios, El duque de Palliano habia suplicado á Laynez que le enviase un Padre de la Compañía para acompañarle. Paulo IV y sus sobrinos habian sido hostiles á la Sociedad, y esta prueba de aprecio dada en semejante momento , era una satisfaccion para la Urden. Los herederos de Paulo IV pedian un Jesuita en su última hora, y se les envió el P. J uan Bautista.Perucci. «Yo miro esta desgracia, dijo el duque de Palliano al verle en- « trar en su calabozo, como el mayor beneficio de Dios, pues me «vuelve lo que la felicidad me habia arrebatado , el cuidado de « mi alma.» Aproximábase la hora de la ejecucion: el patíbulo estaba levantado en la plaza de Tordinon ; el reo lleno de resignacion tenia en su mano izquierda un Crucifijo de plata, y en la derecha una carta que dirigía á su hijo, y que existe todavía: los cofrades de la Misericordia le esperaban á la puerta de la cárcel para acompañarle al patíbulo. Dió al P. Perucci el collar dela órden de san Miguel que poco antes habia recibido del rey de Francia Enrique 1I, el papel en que habia escrito los puntos de su última meditacion sobre la muerte, un libro de oraciones y un rosario. Los carceleros le introdujeron en seguida en otro calabozo en que estaban reunidos sus dos parientes, culpables y sentenciados como él. Segun la version del P. Polanco, testigo ocular, que refiere en una de sus cartas toda esta tragedia, se abrazaron •con efusion estos tres personajes, se pusieron de rodillas confesándose en alta voz autores de las calamidades.que pesaban sobre sus cabezas, se dieron el último á Dios y los separaron. Palliano se quedó solo con el Jesuita, siendo Állifani y Cardini asistidos por otro Padre. Los sentenciados hicieron oracion en compañía de sus confesores, hiciéronse leer la pasion de Jesucristo ; y un momento antes de partir se expresó el Duque en estos términos : «Después «de mi muerte, P. Perucci , entregaréis este Crucifijo y estos libros á vuestro General, suplicándole se acuerde de mí.» Hablase ya desprendido Palliano de todo pensamiento terrestre : caminaba con serenidad á la muerte, y al pasar entre las filas de los soldados alabó la justicia eterna de Dios que habia inspirado al Papa su vicario para que castigase sus crímenes : acusábase de ellos muchas veces, y de cuando en cuando recitaba con el Padre algunos versículos del Te Deum que se confundian en su corazon con los lúgubres versículos del De profundis. Sobrellevó con una
— 297 — constancia admirable la vista de los aparatos del suplicio , espirando en sus labios el nombre de Jesús cuando el verdugo le cortó la cabeza. Allifani y Cardini murieron ostentando el mismo valor. En la misma noche, que tuvo lugar esta triple ejecucion, leyeron su sentencia al cardenal Caraffa. Jamás se habia llegado á imaginar que la Santa Sede ejecutaria en su persona semejante sentencia, por lo que no habia recorrido á implorar una gracia que reputaba inútil; mas luego que vió que no habia medio alguno de suspender la sentencia del tribunal, se llenó de una santa resignacion ; confesó , recibió el Viático y rezó el oficio de la Virgen. Habia sido Caraffa el amigo intimo de muchos monarcas, y en el momento en que los ejecutores se aproximaron á él para estrangularle, fue superior en él la humanidad á la penitencia: dirigió una mirada atrás, y con un acento de amargura, cuya energía seria imposible describir, exclamó : « Oh papa Pio ! oh rey Fe- « fipe !" no esperaba esto de vosotros:» terminadas estas palabras, el cardenal Carlos Caraffa no era mas que el cadáver de un ajusticiado. • Al dia siguiente fueron expuestos al público en el puente del castillo de San Angelo los cuerpos mutilados del duque de Palliano , de Allifani y de Cardini. Los romanos, caprichosos en su amor hácia los Papas, habian destrozado en el Capitolio las armas y la estatua de Paulo IV, por odio á sus sobrinos: érales odioso su nombre tanto por las exacciones-de su familia como por las reformas que se esforzaba á introducir en los Estados pontificios; pero á vista de aquellas cabezas que les ofrecian como una expiacion, se cambió en piedad la cólera de los romanos , y una vez vengada la ley, gimieron por las víctimas que hablan exigido. Era peligrosa esta reaccion; urgia, pues, calmar la ansiedad de ese pueblo que tan fácilmente se deja impresionar por los objetos exteriores , y para ello comisionaron á los Jesuitas que habian sido sobre la tierra los , últimos amigos de Caraffa; pusieron estos mano á la obra, y en breve tiempo restablecieron la tranquilidad que amenazaban comprometer algunas sordas agitaciones. La congregacion general, y Laynez con ella, habian declarado que el jefe de la Orden debia ser perpetuo. El soberano pontífice Paulo 1V habia deseado que el general solo fuese elegido por un trieno , este se hallaba próximo á espirar, y queriendo Laynez ofrecer á la Santa Sede un testimonio de su respeto hácia unas decisiones que los Jesuitas estaban lejos de aprobar, anuncia al
— 304 — de los Prados. «Creyeron, como lo observa el historiador de Thou, « su adversario que les era preciso acomodarse al tiempo ; y con « la esperanza de que el odio que inspiraba su nuevo Instituto se « fuese mitigando poco á poco, guardaron un profundo silencio «hasta el reinado de Francisco II, en que hallándose al frente del « poder los Guisas sus protectores , volvieron á empezar sus pretensiones los Padres.» Existia á la sazon en Paris un miembro de la Compañía de Jesús que unía á su celo una gran habilidad en los negocios: era este el P. Ponce Cogordan, de quien, si debemos dar crédito á Esteban Pasquier « decia el cardenal de Lorena en sus conver- « saciones familiares , que era el más diestro negociador que ha- « bia visto jamás, y habla visto muchos.» Dió á conocer este Jesuita á los Príncipes y á la Reina madre que era indispensable oponer un dique al torrente de la herejía; y que siendo imposible _hallarle en el clero de Francia, podía echar mano de la Sociedad de Jesús, instituida con el objeto de hacer la guerra á los sectarios. El Consejo del Rey se penetró desde luego de estas razones, y se decidió á mandar registrar la real cédula de Enrique II que se hallaba hacia ocho meses en el archivo del Parlamento, ordenándole al mismo tiempo que aprobase la Compañía de Jesús: el Parlamento, que contaba en su. seno algunos calvinistas y muchos partidarios del protestantismo, se resistió á poner en práctica las órdenes del Consejo, y el 25 de abril siguiente, 1560 , expide el Rey otra real cédula concebida en estos términos: «El Rey después de haber hecho ver á su. Consejo privado las «representaciones de la facultad de teología, y sabiendo que la citada Compañía ha sido favorablemente acogida en los reinos de «España y Portugal, así como en otros muchos países, y que en «esta Compañía pueden formarse muchos individuos que se ocupa- « rán en predicar, instruir y edificar al pueblo, tanto en la ciudad « de Paris, como en otras partes; ordena al referido tribunal que « proceda á la autorizacion y aprobacion de las mencionadas bu- « las y cédulas, sin obstar las indicadas representaciones hechas «por la dicha facultad y el arzobispo de Paris.» Mas no por esto se dieron por vencidos el Parlamento y la universidad ; ambos conocian bien la debilidad del poder, y ambos intentaron resistirse por medio de formas legales ; ordenando el 1 De Thou , tomo III, lib. XXXVII. 2 Catecismo de los Jesuitas, lib. 1, cap. IV.
305 Parlamento que, « las mencionadas bulas , reales cédulas y esta- « tutos de los escolares y la Sociedad, en caso de haberlos , fue- « sen comunicados al diocesano de Paris para que oido su pare- « cer , se pasase á mandar lo que fuese de razon.» La facultad de teología se improvisó á sí misma el eco de las demás facultades ; pero creyendo después que tendria mas fuerza y autoridad una asamblea compuesta de las cuatro corporaciones facultativas, se reunieron en agosto de 1560, y convinieron unánimes en la no admision del nuevo Instituto. «No es apto, dice el decreto, mas «que para engañar á toda clase de gentes, y en especial á los in- « cautos; se halla enriquecido con privilegios exorbitantes, res- « pecto á la predicacion ; no tiene distintivo alguno ni prácticas «peculiares , que le distingan de los legos y de la generalidad de «los ciudadanos; ni se halla, por último, aprobado por ningun « concilio universal ó provincial.» En estas sofisterías existía mayor dósis de frivolidad que verdadera oposicion, por lo que no les costó gran trabajo á Cogordan y sus compañeros el descubrir la intriga tramada por la universidad, con el objeto de asociar á su oposicion la Iglesia galicana. Apoyaba la universidad su repulsa en los privilegios otorgados á la Sociedad por los Papas ; visto lo cual por los Jesuitas y sus alumnos, se dirigen al Soberano por medio de una exposicion en que le suplican, « que se digne admitir á la Sociedad en «Paris y en todo el reino de Francia, bajo la condicion de que las «gracias y privilegios que ha obtenido de la Santa Sede, y las re- « glas y estatutos concernientes á la indicada Compañía, no serán « opuestas en modo alguno á las leyes y estatutos reales, á los «privilegios de la Iglesia galicana, ni á los concordatos entre el « Pontífice y' la Santa Sede de una parte, y la majestad del Rey y «su reino por otra : con tal que no perjudiquen á los derechos « episcopales , parroquiales, cabildos de las iglesias, ya catedra- « les ó colegiales, así como ni á sus dignidades ; porque única- « mente desean ser admitidos en clase de relígion aprobada, con « la limitacion y restriccion sobredichas. » Hallábanse con esto superadas las dificultades legales que habian opuesto los miembros de la magistratura, como las suscitadas por el arzobispo Eustaquio du Bellay y la universidad: argiiian á los Jesuitas apoyándose en los privilegios que les habla otorgado la Silla apostólica, y los Pades hacían cesion de ellos TOMO 1.
— 306 — con la ma y or claridad posible, colocándoles esta renuncia en una posicíon inexpugnable. Vieron sus antagonistas que va les era imposible parar el golpe, y se sometieron, aunque de mala gana, pero no antes de ver una órden del Rey con fecha de 31 de octubre de 1560, v una carta imperativa de Catalina de Medicis , que fechada en 8 de noviembre, comentaba la que su hijo habia dirigido al Parlamento. Este y la universidad abrigaban su oposicion á la sombra del báculo pastoral de E ustaquio ; quien arrojado de sus últimos atrincheramientos con la cesion de los Jesuitas, y estimulado por la corte, de quien esperaba el capelo de cardenal, consintió, por último, en la admision de la Sociedad ; pero reinaba en su corazon demasiado rencor por su derrota, para no acompañarla de tales restricciones, que á su modo de ver, destruian el efecto de su condescendencia. Es verdad que los Jesuitas se comprometian con el Rey, prometiendo en un acta oficial aceptar y seguir las leyes del reino y las de la Iglesia galicana acerca la jurisdiccion del ordinario ; pero el arzobispo de Paris no se satisface con esta promesa, que relataban muy por extenso los feales despachos del Soberano y de la Reina madre; y no cedió el campo, sino después de haber hecho sus reservas respecto á todos los puntos de su jurisdiccion, y haber exigido «que los referidos Padres fuesen admitidos solo como Sociedad ó Compañía, y de ningun modo bajo el nombre de «religion nueva ; que se les obligase á cambiar su nombre de Je- « sús ó Jesuitas , en otro ; y que no pudiesen formular Constituciones nuevas, ni cambiar ó alterar las ya establecidas. » Venian á ser estas precauciones un arma de dos filos de que esperaban aprovecharse un dia los Calvinistas y el' Parlamento contra los Jesuitas y demás obispos de Francia. Vejan los Calvinistas, que les era imposible oponerse á la aprobacion de los reales despachos concernientes á la Sociedad de Jesús ; les era fácil apreciar pOr el daño que habian causado á la herejía estos Padres, el que iban á causarle cuando podrian• fundar colegios y cubrir la Francia de predicadores ; prohibíaseles cerrarles la entrada del reino, y quisieron al menos suscitarles por do quiera continuos obstáculos, poniéndolos sin cesar en desacuerdo aparente con los obispos, tan susceptibles respecto á sus prerogativas. No se engañaban á la verdad en sus cálculos los sectarios, y mas adelanta;
-- 307 — Yerémos la destreza con que supieron aprovecharse de la enemistad de E ustaquio du Bellay, que proscribía en Paris á los Jesuitas, en tanto que el Cardenal su tio se mostraba en Roma uno de sus mas acérrimos defensores. Mientras que el arzobispo de Paris recibia á los Padres de la, Compañía con todas estas reservas en su diócesis, que venia á ser para ellos una especie de lazareto, en qúe para obtener la libre práctica de sus funciones se veian precisados á recurrir á él ; el Parlamento siguió la misma marcha, y el 18 de noviembre de 1560, accedió al deseo del Rey en estos términos : «Los fiscales de los tribunales supremos han presentado en « este dia en la cámara del Parlamento, por mano de Mr. Bautista da Mesnil, abogado de S. M., acompañado de Mr. Edmundo «Boucherad, abogado también del mismo señor, las cartas misivas del Rey y de la Reina su madre, insertas en seguida, que «contienen la otorgacion y la aprobacion de las bulas, privilegios « é instituto de la Compañía de Jesús ; quienes han dicho, que «por lo que á ellos toca, atendida la declaracion hecha por los «sacerdotes, religiosos y escolares de la referida Orden, no saben que sus privilegios perjudiquen á las leyes reales, liberta- « des de la Iglesia galicana, concordatos hechos entre nuestro san- « tísimo padre el Papa, la Santa Sede y el dicho señor Rey, así « como ni á los derechos episcopales ó parroquiales, á los cabildos ni otras dignidades , y que por lo tanto consienten en la apio- « bacion de los referidos privilegios ; reservándose sin embargo «el derecho de requerir en lo sucesivo, en caso de hallarlos per- «judiciales ú ofensivos á los mencionados derechos y privilegios «eclesiásticos, )) El Parlamento, como ya se deja inferir, se mostraba tan recalcitrante como el arzobispo de Paris. Francisco II se hallaba próximo á espirar, y espiró en efecto el 5 de diciembre del mismo año. La muerte de este Rey, como sucede en casi todas las imprevistas, que vienen á complicar ó evocar las revoluciones, así palaciegas como populares, fue atribuida á los que parecian estar interesados en ella , cargando á los Calvinistas este improbable atentado, y acusándolos de haber administrado cierta dósis de veneno, que produjo la mortal languidez bajo la cual sucumbió el débil esposo de María Estuart. Hav en la historia tantos crímenes probados, que:ya no debe 9 0 "'
— 308 admitir los que reposan en vagas sospechas. Para acriminar á un gran partido , ó á un solo individuo de él , son necesarias pruebas mas fuertes que las presunciones, y este hecho carece de ellas. Entre los Calvinistas, así como en todas las facciones que toman las armas en nombre de un principio religioso ó político, será. fácil sin duda el hacer surgir un monstruo que, presa las mas veces de un fanatismo aislado , deja tras sí una huella de infamia, que sus correligionarios se apresuran á borrar por medio de protestas, á que la historia debe dar mas crédito que á las pasiones de la época. La muerte de Francisco II en nada cambiaba la situacion de los negocios, puesto que su. madre y los Guisas gobernaban en su nombre ; antes bien los revestia de un poder mas regular, porque Carlos IX se hallaba en la minoría, y Catalina de Médicis, su madre, pasaba á ser regenta de derecho. Uno de los primeros actos de Catalina fue el dar á los Jesuitas una satisfaccion completa. Guillermo du Prat al morir habia legado á la Compañía una parte de sus bienes. Hallábase destinada esta manda, segun el parecer del obispo de Clermont, al sostenimiento de los colegios de Billon y de Paris ; mas, aunque la penuria de estas casas era grande, se negaron los albaceas testamentarios á hacer cesion de los bienes en tanto que no fuese reconocida la Sociedad. El 22 de febrero de 1561 dirigió el Rey una nueva órden al Parlamento concebida en estos términos : «Habiendo S. M. y la «Reina madre conocido la gran pesadumbre de los mencionados « religiosos, y visto que la referida Sociedad puede ser de gran «provecho á la Religion , á la cristiandad y al mayor bien de su «reino ; oido el parecer de su Consejo , ordena expresamente la «Reina madre al señor de Saint-jean , que signifique á los magistrados su última y entera voluntad , que se reduce á que la cita- « da Compañía sea admitida en Paris y en todo el reino , con ar- « reglo , no obstante, á la declaracion hecha por los indicados religiosos. » Mientras que el rey Carlos IX dirigia desde Fontainebleau su real órden al Parlamento, cuya resistencia parecian estimular los disturbios inseparables de una regencia, Ponce Cogordan excitaba á la Reina madre y á los cardenales de Lorena, Borbon y Tournon, á declararse en favor del Instituto, obteniendo de ellos l'ayo-
— 309 rabies recomendaciones para con los miembros influyentes del Parlamento. Eustaquio du Bellay estaba medio vencido, y solo faltaba doblegar á este tribunal de justicia ; pero los hugonotes declarados ó secretos 1 , que se sentaban en sus bancos, y en especial su espíritu de oposicion á las órdenes del Rey, que se transformaba á cada paso en turbulencias, cuando el poder real se mostraba débil, no permitían al P. Cogordan esperar gran cosa de la mediacion de tan altos personajes. El 4 de marzo de 1561 intimaba Carlos IX al Parlamento la órden de admitir á la Compañía, ó de exponer los motivos de su repulsa dentro el término de quince dias. La órden era perentoria y no permitia subterfugios, por cuya razon fue llamado Ponce Cogordan á presencia del tribunal. «De- « cidnos, le dijo el primer presidente Gil Le-Maitre, con qué re- « cursos contais vivir en estos tiempos de calamidad , en que se «ha llegado á entibiar la caridad de muchos.» - — «La caridad de muchos, concedo, respondió el Padre, pe- « ro no la de todos : jamás negará el. Señor lo necesario á los po- «bres que le sirven con piedad y rectitud, y poco importa que « ellos sean tales por eleccion ó necesidad.» Dichas estas palabras, cogió el presidente el decreto de la Sor-. bona ; dió principio á su lectura , y deteniéndose á cada período : «¿ Qué teneis que responder? » decia á Cogordan. Este Jesuita, que segun Pasquier y el cardenal de Lorena, á mas de ser un hábil negociador, tenia las ideas bien ordenadas, un juicio recto , y mucha franqueza unida á un gran conocimien- to del corazon humano, habló con una elocuencia tan confiada, que decidió el tribunal que se referirla al dictamen de la Sorbona. Pero este triunfo no era el único que conseguia Ponce Cogordan , pues que ya habia descubierto la llaga que la universidad y el calvinismo se habían propuesto envenenar. Algunos miem- 1 El consejero mayor Ana du Bourg habia sido declarado hereje en 1559 y degradado del sacerdocio por el arzobispo de Paris, quien le entregó al brazo secular. Después del asesinato del presidente Minard , uno de sus jueces, fue ahorcado du Bourg y quemaron su cadáver en la plaza de la Gréve el 20 de diciembre de 1559. Pero esta ejecueion , de uno de los miembros del parlamento de Paris, no impidió que la herejía continuase progresando, aun en el seno del Parlamento. El suplicio del Calvinista aterraba á los demás ; pero no dejaban por eso de servirle con celo , ya neutralizando las medidas tomadas por el gobierno, ó bien favoreciendo debajo cuerda á los sectarios.
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