Novalis o la estética del todo a través del fragmento
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Fedro, Revista de Estética y Teoría de las Artes. Número 14, enero de 2015. ISSN 1697- 8072 Pocos autores con tan poca obra y tan extraordinaria juventud han sido tan influyentes como Novalis, muerto a los veintiocho años tras haber publicado apenas unos manojos de aforismos y algunos poemas en algunas revistas. Aunque su producción teórica se despliega sobre todo en sus textos fragmentarios, anotaciones y comentarios desordenados que cada editor intenta ordenar de un modo, se han estudiado por medio de las investigaciones grafológicas la época en que fueron redactados y se han pretendido sistematizar un poco. Sin embargo, cuando se leen de un modo continuo, se percibe que se han publicado con los años muchas anotaciones prácticamente irrelevantes, apenas esbozadas siquiera para que él se acordara de cómo abordar esas ideas, casi ilegibles, por lo concisas, a fin de redactarlas más adelante. De hecho, se han llegado a publicar notas que él mismo dejara tachadas. Es como si se hubieran arrojado sus amigos y editores, en primer lugar los Schegel y luego los demás, sobre su despacho y su biblioteca para recoger no sólo poemas o novelas sino cada palabra, cada recibo por él firmado, cada miga de ese pan que dejó a medio hacer, apenas devorado. Ante esta obra magna estamos, sin embargo, frente a un esbozo, unos apuntes para desarrollar su Enciclopedia. Se diría que fue un genio precoz, como Schelling, en filosofía, para acabar con su enfermiza vida truncada, como su obra, inacabada como están sus dos novelas o así quedan sus colecciones de poemas y, sin embargo, resultó una vida lograda o, como diría Lukács de él: “es el único poeta auténtico de la escuela romántica. Sólo en él se transformó el alma entera del Romanticismo en poema. La vida y la obra de Novales forman una unidad inseparable.” NOVALIS O LA ESTÉTICA DEL TODO A TRAVÉS DEL FRAGMENTO Ilia Galán Universidad Carlos III de Madrid FRAGMENTOS Unos textos sueltos, como vigas de un futuro edificio, pretendían desarrollar su teoría a partir de la filosofía de Fichte, a quien con tanto empeño estudió; otros se dedican a las ciencias, a la política, a la medicina, mineralogía, física, pero también a la poesía y teoría de las artes. Por eso se los ha titulado también como Enciclopedia. “El término, teniendo en cuenta el ensayo del mismo título que había tenido lugar en Francia pocos años antes, puede inducir a error. En efecto, el proyecto novaliano de una «introducción a un auténtico saber enciclopédico» se halla a leguas de distancia del plan compilatorio del saber humano llevado a cabo por los ilustrados franceses. Con su Enciclopedia Novalis quiere derribar las fronteras que separan las ciencias y las artes y reducir la totalidad del saber y el hacer humanos a una unidad última de la que, en un despliegue múltiple, saliera la totalidad del saber y el hacer humanos a una unidad última de la que, en un despliegue múltiple, surgiera la totalidad de cuanto el hombre ha excogitado y llevado a cabo a lo largo de la historia. Un proyecto de altos vuelos que asustó al mismo Novalis, sobre el que bromeó Friedrich Schlegel - «Hardenberg se dispone a hacer una masa con la religión y la Física. Va a resultar un revuelto curioso», dice aquél en una carta a Schleiermacher- y del que han quedado solamente fragmentos dispersos en el Allgemeines Brouillon.”i De hecho, de esos textos que según las 1
ediciones llevan un título u otro, así dice el traductor de una de las ediciones más completas en castellano: “Las notas dejadas por Novalis son de tal naturaleza que apenas se pueden presentar bajo un orden que no deje algo que desear; cuando se elige uno, se está, se está tentado de modificarlo y perfeccionarlo, y esto es lo que he hecho, e intentado hacer en muchas ocasiones. En puro rigor filológico no hay más que dos métodos que no se presten a contestación. El primero consiste en reproducir el «caos natural» de los cuadernos y los manuscritos; es el adoptado por Paul Kluckhohn (Scriften, 4 vols. Leipzig, 1928). Es preciso siempre partir de él para intentar ordenar los fragmentos de forma nueva y hacerlos más legibles. Gracias a Kluckhohn conocemos con certidumbre, al menos en grandes líneas, la cronología de sus notas y manuscritos. El inconveniente es que Novalis anotaba todas las ideas extrañamente ricas y variadas que se le ocurrían a medida que se le pasaban por la cabeza; muchas fórmulas se encuentran así yuxtapuestas, sin lazo sensible, y remitiendo a los dominios más diversos. Ante este desorden, la mayor parte de los lectores y de los amigos del poeta se encontraron penosamente desconcertados. Por este motivo he preferido otro método que la misma obra de Novalis justifica: simplemente he interrogado a las notas mismas para reconstruir sus planes originales. Al anotar sus pensamientos en los cuadernos, nunca perdió de vista los tres temas que corresponden a las tres etapas de su desarrollo y que él mismo indica en una antigua nota: «Sistemática, enciclopédica, profética».”ii Estos pedacitos de pensamiento son a veces aforismos de tipo poético, rayos de luz en una niebla general. “lo que caracteriza la intuición intelectual novaliana del Universo es lo siguiente: en el poeta esta visión es además un éxtasis –ec-stasis-, una salida del hombre de sí mismo y una proyección activa del sujeto sobre el objeto que conoce, una acción del ser humano sobre las cosas.”iii Esa intuición es un salto de la subjetividad para fundirse con el exterior, con el Todo: “La intuición intelectual no es, pues, una aprehensión pasiva de lo que está fuera de nosotros sino una actuación de nosotros sobre lo exterior al yo, donde tal distinción entre lo que somos nosotros y lo que es el cosmos ya se apartaría del sentido estrictamente novaliano de esta curiosa forma de idealismo, porque nosotros somos una réplica del mundo y el mundo es una imagen del hombre: «el hombre tanto puede ser el Yo como el No-Yo», dice nuestro autor dialogando con Fichte. Este es el sentido del adjetivo «mágico» que acompaña al rótulo del idealismo de Novalis: la magia es el arte de actuar sobre las cosas, a voluntad del mago, de transformar la realidad; a la actuación del alma individual sobre el cuerpo no la consideramos mágica, sí en cambio a la actuación del hombre sobre las cosas; pues bien, ésta es la vocación del hombre –concretamente, del poeta-, imponer la idea, el espíritu sobre la materia, convertir lo involuntario y azaroso en voluntario y planeado, espiritualizar el cosmos;”iv En la misma dirección está Novalis cuando dice: “El mundo ha de ser romantizado.”v Pues es ver lo Infinito a través de lo finito y viceversa, convertir todo en poesía, en resonancia ilimitada: “En cuanto doy un sentido elevado a lo vulgar, una estimación llena de misterio a lo habitual, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, una luz infinita a lo finito, lo romantizo. Para lo más elevado, desconocido, místico, infinito, la operación es exactamente contraria –todo se transforma en logarítmico por ese enlacerecibe una expresión corriente. Filosofía romántica.”vi Esta mirada se relata en varios textos, como cuando dicevii que se ve más 2
claramente con la música, pues al poetizar las cosas no es porque se encuentre en ellas, ya que los sonidos de la naturaleza son rudos y sin espíritu, si bien el susurro de bosques o el silbar de los vientos y el canto del ruiseñor son melódicos sólo para el alma musical que los escucha, es subjetiva esa operación, y así el músico o cualquier artista sacaría de sí la esencia de su arte. En cualquier caso, los fragmentos de Novalis tienen una gran unidad con su poesía y sus inacabadas novelas, así como con su vida, en apariencia también inacabada, truncada por la tuberculosis. Aquí podríamos tomar el criterio que tanto defiende Rafael Argullol de la transversalidad, para aplicarlo a su propia obra y enfrentarse al mundo académico actual, tan especializado y pretencioso en sus estilos supuestamente rigurosos, pues su pensamiento se expande en sus novelas y poesías con la misma claridad o más fuerza incluso y rigor, desarrollo racional y explicativo, que en sus prosas científicas o filosóficas. También está en consonancia con el ensayo tan alabado por Thomas Mann: Europa o la Cristiandad, muchas veces incomprendido. Novalis, como Hölderlin, fue un poeta impregnado de filosofía idealista alemana. Hölderlin la vivió ya en su origen cuando estudiaba no sólo a Kant sino al compartir vida en el seminario de Tubinga con Schelling y Hegel, sus compañeros de viaje. En el caso de Novalis, su acercamiento fue dado sobre todo por el estudio de unas obras que le entusiasmaron, en primer lugar las de Fichte y Hemsterhuis, pero también las de Schelling, si bien luego pudo conocer personalmente a estos autores. Lejos del pensamiento sistemático de los grandes padres del Idealismo Alemán, no sólo nos encontramos con un libro sin acabar, sin ordenar o no escrito, sino con unos esbozos que podrían ser reordenados de muy diferentes modos, como si ya previese que pudieran publicarse como notas sueltas, pedacitos de su pensar. Y así manifestará en esos mismos textos que cada parte de su libro podría estar escrita de manera completamente diferente, uniendo cartas con estudios, poemas, etc. De hecho, publicaría bajo el título de Polen (Blütenstaub), una pequeña colección de éstos en el primer número de la revista Athenaeum, que resultaría fundamental en el Romanticismo Alemán, el curso de 1797/1798, en consonancia con el misterio que de modo poético irradian las ruinas, los torsos de esculturas incompletas hallados bajo la tierra, los textos antiguos, medio borrados por el tiempo, quedando siempre de un modo abierto, como señala Antonio Pauviii en su libro: Novalis. La nostalgia de lo invisible, según se ven en las rocas de un edificio devorado por los siglos pintado por Caspar David Friedrich, uno de los más apasionados lectores de Novalis, pero que también se pusieron de moda en esos años, como los publicados por Herder en 1767, Fragmente über die neuere deutsche Literatur), los de Lessing en 1784 Wolfenbüttler Fragmenten, y más todavía después de la argumentación que empleó Friedrich Schlegel para defender esos textos como otro género que se convertiría en el propio del Romanticismo. Otra breve colección de aforismos de Novalis apareció en 1798 en una revista oficial, el Anuario de la Monarquía Prusiana (Jahrbücher der Preussischen Monarchie), bajo el título de: Creencia y amor (Glaube und Liebe), oscuros y apenas entendidos por el emperador, que los leyó, ni por sus ayudantes, que así los publicaron censurando una buena parte y que, pese a todo, obtuvieron un gran 3
éxito por esa línea intermedia que él buscaba entre libertad republicana y monarquía, en consonancia con la que llevaría también Chateaubriand. Abtei im Eichwald Caspar David Friedrich Precisamente con ese comienzo público como filósofo, Friedrich von Hardenberg escogió el nombre por el que hoy es conocido, Novalis, y es que esa mítica revista que marcaría una época con apenas tres años de existencia, se publicaba con iniciales o pseudónimos para que quedara la idea de una estética común de grupo. Era un nombre utilizado antiguamente para designar a su estirpe nobiliaria, pero también designaba en latín: barbecho o campo que se deja reposar para una posterior siembra. La escritura de fragmentos no significa tan solo una manera más humilde de pensar y escribir que a través de los sistemas cerrados y supuestamente perfectos de filosofía entonces vigentes, aunque él no careciera de sistema, pues considera que tal sistema científico depende del orden de sus papeles. Novalis habla de su proyecto de una forma tajante, radical, como un visionario exaltado, como quien va a escribir una Biblia que mezcla ciencia, filosofía, poesía, etc., germen de todos los libros. Novalis, como buen científico, aunque también graduado en derecho, dedicado a la mineralogía y la supervisión de la explotación minera, considera las ciencias unidas al espíritu de la filosofía y a la misma poesía, al estilo de la mathesis universalis, que tanta firmeza diera a Galileo, y que perdura a través de la tradición pitagórica y platónica, pues considera que el álgebra es la poesía y el sentido del ritmo es el genio. Para Handerberg el arte es un complemento de la naturaleza o una evolución de ésta, leído Novalis desde Hegel, ya posteriormente. O, desde Schelling, a quien tanto admirara, como una culminación de la Naturaleza que puede tener consciencia de sí y se refleja por medio de las artes y la poesía. En el fondo hay un instinto artístico dentro de la naturaleza y no se pueden, en rigor, diferenciar lo natural del arte. El arte es parte de la naturaleza que se mira a sí misma y se imita, dándose forma. Por eso el poeta será quien mejor entienda la Naturaleza en conjunto, más que el científico. El poema es un 4
individuo viviente donde, como en un espejo se refleja en la belleza la esencia del mundo. Lyshornet bei Bergen Johan Christian Dahl De ahí viene la importancia de ser poeta como alguien que está en la cumbre del saber y de la experiencia humana, en continuidad con el pensamiento de Schelling, donde la filosofía culminaría en la revelación del arte y en especial de la poesía. “El genio es generalmente poético. Donde el genio ha obradoha obrado poéticamente. El hombre auténticamente moral es poeta.”ix La vida ética, como en los antiguos griegos, incluye la belleza en el comportamiento, pero aquí no es sólo eso sino que también significa que la vida se muta como algo pleno de sentido bello o sublime, atractivo, a través de la mirada poética, como en la mirada del enamorado, que en todo halla significado y transcienden los ojos a través de unos objetos que remiten a un horizonte más amplio. En realidad, para Novalisx, casi cualquier persona es artista aunque sea de poco nivel y así mira hacia afuera, no hacia adentro, arrojando al exterior sus sentimientos, pues tiene, como todo artista, vida autocreadora que arroja afuera con su libertad. Y es quexi ni siquiera el hombre más vulgar se comporta con su espíritu según las leyes de la mecánica. En los textos de Novalis encontramos que comprende, como no pocos románticos, que las artes se comunican en su raíz, aunque el modo de expresión, desde El Laocoonte de Lessing, sea diferente y no pueda todo decirse con cualquier medio, pero, en cualquier caso, sí podría ser así con el fondo común a la poesía, la música y la pintura. Para él, los instrumentos musicales son instrumentos poéticos y se ha de escribir libros como quien compone música. En el fondo la poesía es una disposición del ánimo que se enfrenta al exterior y lo transmuta; por eso también la novela ha de ser 5
poesía, como las suyas lo son. Lo poético aparece como natural pero, a la vez, resulta maravilloso. En el fondo la poesía honda, la transcendental, la que desentraña los misterios del mundo, estaría preñada de filosofía, y eso afecta a cualquier artista, pues quien lo es a fondo, lo es de modo transcendental. Laocoonte y sus hijos Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas Friedrich von Hardenberg considera que cualquier escrito, incluidos los históricos, filosóficos, los sermones, mientras no se consideren como trabajos de negocios o protocoles, son también literarios, amables y placenteros. En ese sentido recuerda a lo que más tarde asumirá Miguel de Unamuno cuando considerará también a Herodoto o a Kant como escritores literarios. El considera que incluso los trabajos de negocios pueden ser tratados poéticamente, como hacían los antiguos griegos al describir poéticamente hierbas, máquinas o utensilios. En realidad el filósofo sería al final un poeta interior, pues todo lo real es absolutamente poético. La poesía, sin embargo, se expresa de un modo absolutamente personal y, por eso mismo, resultaría indescriptible e indefinible. Haría frente a los abstractos que luego elaboraría Hegel, pero, en realidad, Novalis no hizo tal confrontación, pues no tuvo tiempo para vivir dicha confrontación; él, más bien como Schelling, considera las Ideas fundidas con lo sensible, en una amalgama que mejor que el filósofo académico descubriría el poeta, pues se comprende con la intuición, más que con el análisis. Frente el mundo analítico, que conoce por partes, despedazando, partiendo, compartiendo en compartimentos a veces estancos lo que del exterior le llega, Novalis propone otro modo de abrazar el mundo y, desde dentro, como todo, paradójicamente, comprenderlo. Intenta evitar las heridas, la división del odio que en cierto modo 6
provoca el juicio puro y cortante, como una navaja ockhamiana, y que sólo se puede usar con enorme prudencia. Será la poesía quien cure esas heridas infligidas por una razón fría y abstracta, pues la poesía unirá los contrarios, tal y como conciben, no de un modo tan diferente, Nicolás de Cusa, en su texto sobre estética Tota Pulchra, y Schelling en su filosofía del arte. Novalisxii piensa que la filosofía refuerza la energía individual mientras se une a la humanidad y al cosmos, por medio del sistema y del estado, pero lo mismo y con más potencia logra la poesía en la vida, de manera que el todo viva en el individuo y éste en el todo, ya que la poesía logra más simpatía e intensidad en esa comunión entre lo finito y lo finito. La poesía realza todo elemento particular por su original relación con el conjunto, de modo que se convierte en llave de la filosofía, su fin y significado, para formar la sociedad bella, la familia del mundo, en similar tendencia a la que intentara también mostrar Friedrich Schiller en sus Cartas para la educación estética del hombre. Así, Friedrich von Hardenberg, afirmaráxiii, que la poesía es la base de la sociedad, como la virtud la base de los estados. Se podría así adivinar si también la religión sería una mezcla de poesía y virtud, dirá también, de modo que la mirada estética llevaría a una mirada cívica y a la vez religiosa y virtuosa. Su mirada es en verso, como la mirada del místico que vea lo que vea encuentra la anhelada huella de la divinidad y se llenan los objetos de dulzura porque es una búsqueda amorosa. Por eso terminará afirmando que todo se convierte finalmente en poesía, el mundo acaba en alma poética como quien llega a su cumbre y desde allí divisa el panorama universal hasta donde los ojos alcanzan. De ahí la necesidad de ahondar en el fenómeno poético, que cada uno vive, ya que es lo que sana, frente a lo que nos trocea, a la división del trabajo, como dirá Schiller, a la división que ejerce la razón y la lógica, etc. “La poesía es el gran arte de la construcción de la salud transcendental. El poeta es así el médico transcendental.”xiv Pues en ella se dan placer y dolor, error y verdad, salud y enfermedad, mezclando todo para conseguir el fin de todos los fines, que es la elevación del hombre sobre sí mismo. Así podrá ver el universo desde lo alto, siendo a su vez lo más alto del mundo el ser humano, como en el sistema de Schelling, pero en una versión más personal: “El artista se eleva sobre la poesía como la estatua sobre el pedestal”xv Novalis es el pensador de la poesía como realidad absoluta, pues el mundo exterior se diluye en la subjetividad. Y es que según él sólo quien vive como un artista es capaz de vislumbrar el sentido más hondo de la vida. Tal vez recogiendo la tradición de la pankalía, donde el universo sería la gran obra de arte de Dios y por tanto habría que ver el conjunto también con una mirada hondamente estética y por tanto amorosa, ya que se percibiría su honda belleza, tal vez sublime a la vez, quizás sin terror. Y es que la poesía será la realidad absoluta, diluyendo la realidad ajena en la propia, pues sólo siendo o viviendo como artista se vislumbra el sentido de la vida, por eso acabará afirmando que vivimos en una fabulosa novela, de la que somos personajes y creamos nuestro destino, en consonancia con la idea del juego de Schiller o La vida es sueño, de Calderón de la Barca. El universo de Novalis tiene muchas similitudes con la concepción de Berkeley, en que todo sería un sueño, fundiéndose así Idealismo Alemán con misticismo clásico. 7
No en vano él también leyó en profundidad a Böhme, Spinoza, Lessing, Goethe, Fichte y Schelling, siguiendo una misma estela. Él considera la filosofía una especie de fe superior, un arrojarse a un modo de vida y por eso se empeñará en lograr una civilización de lo divino y a la vez a la divinización de lo común. El que es capaz de poesía lo es también de alcanzar el estado místico, pues ve lo desconocido, lo misterioso, lo que hay que revelar y representa lo irrepresentable, viendo lo invisible, y de ahí surgiría la capacidad de profecía y religión. El poeta representará, como en Schelling, alma y mundo unidos, sujeto y objeto. En cierto modo, el universo de Novalis es similar al de Borges, pero en el caso del autor argentino se trata de un juego, un refugio en la biblioteca, una huida total a la fantasía, como refugio, mientras que en el del romántico alemán se trata del modo más profundo de acceder a lo real que, en el fondo, como diría Platón, es Ideal. De ahí que proclame que todo cuento sea maravilloso, misterioso y con cierta incoherencia, ya que todo ha de estar animado; así habría que encontrar el universo en un solo libro, como en la Biblia. El poema ha de ser inagotable, como lo es una persona o un hondo proverbio. Y así fue su obra, como lo fueron muchos de sus retazos, fulguraciones, chispas de una mirada mágica que convierte en misterioso lo que toca, como las ensoñaciones de Hermann Hesse en su Novalis. La estética sería, en fragmentos o en novelas inacabadas, en poemas o cartas, el modo más poderoso para comprender el mundo que nos comprende, la Poesía Total. i Introducción de Eustaquio Barjau a Novalis, Himnos a la noche/ Enrique de Ofterdingen, Madrid, Cátedra, 1992, pág. 20 ii Fernando Montes, en su introducción a Novalis, La enciclopedia (Notas y fragmentos),Madrid, Fundamentos, 1996, págs. 5-6 iii Introducción de Eustaquio Barjau a Novalis, Himnos a la noche/ Enrique de Ofterdingen, Madrid, Cátedra, 1992, pág. 18 iv Ibidem, pág. 19 v «Die Welt muss romantisirt werden.» Novalis, Sapphische Fragmente, vorberaiten 1798, en Werke, Tagebücher und Briefe Friedrich von Hardenbergs, Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, pág. 334, nº 105. vi «Indem ich dem Gemeinen einen hohen Sinn, dem Gewöhnlichen ein gehimnissvolles Ansehn, dem Bekannten die Würde des Unbekannten, dem Endlichen einen unendlichen Schein gebe so romantisire ich es- Umgekehrt ist die Operation für das Höhere, Unbekannte, Mystische, Unendliche –dies wird durch diese Verknüpfung logarythmisiert- Es bekommt einen geläufigen Ausdruck. romantische Philosophie.» Novalis, Sapphische Fragmente, vorberaiten 1798, en Werke, Tagebücher und Briefe Friedrich von Hardenbergs, Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, pág. 334, nº 105. vii «Nirgends aber ist es auffallender, dass es nunr der Geist ist, der die Gegenstände, die Veränderungen des Stoffs poëtisirt, und dass das Schöne, der Gegenstand der Kunst uns nicht gegeben wird oder in den Erscheinungen schon fertig liegt –als in der Musik. Alle Töne, die die Natur hervorgringt sind rauh –und geistlosnur der musikalischen Seele dünkt orft das Rauschen des Waldes – das Pfeifen des Windes, der Gesang der Nachtigall, das Plätschern des Bachs melodisch und bedeutsam. Der Musiker nimmt das Wesen seiner Kunst aus sichauch nicht der leiseste Verdacht von Nachahmung kann ihn treffen.» Novalis, Vorberaiten 1798, en Werke, Tagebücher und Briefe Friedrich von Hardenbergs, Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, págs. 362-363, nº 226. viii Editado en Madrid, Trotta, 2010, pág. 93 8
ix “Das Genie überhaupt ist poëtisch. Wo das Genie gewirckt hat-hat es poëtisch gewirckt. Der ächt moralische Mensch ist Dichter.“ Novalis, Poësie, vorberaiten 1798, en Werke, Tagebücher und Briefe Friedrich von Hardenbergs, Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, pág. 325, nº 49. x « Fast jeder Mensch ist in geringen Grad schon Künstler –Er sieht in der That heraus und nicht herein – Er fühlt heraus und nicht herein. Der Hauptunterschied ist der; der Künstler hat den Keim des selbstbildenden Lebens in seinen Organen belebt –die Reitzbarkeit derselben für den Geist erhölt und ist mithin im Stande Ideen nach Beliebenohne äussre Sollicitation- » Novalis, Vorberaiten 1798, en Werke, Tagebücher und Briefe Friedrich von Hardenbergs, Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, págs. 363, nº 226. x Madrid, Trotta, 2010. xi « Gänzlich richtet sich indess auch bey dem gemeinsten Menschen, der Geist nach den Gesetzen der Mechanik nicht –und es wäre daher auch bey jedem möglich diese höhere Anlaga und Fähigkeit des Organ auszubilden.» Novalis, Op. Cit., págs. 363-364, nº 226. xii «Die Poësie hebt jedes Einzelne durch eine eigenthümliche Verknüpfung mit dem übrigen Ganzen. und wenn die Philosophie durch ihre Gesezgebung die Welt erst zu dem wircksamen Einfluss der Ideen bereitet, so ist gleichsam Poësie der Schlüssel der Philosophie, ihr Zweck und ihre Bedeutung; denn die Poësie bildet die schöne Gesellschaft –die Weltfamiliedie schöne Haushaltung des Universums. Wie die Philosophie durch System und Staat, die Kräfte des Individuums mit den Kräftender Menscheit und des Weltalls verstärckt,das Ganze zum Organ des Individuum. Durch Poësie entsteht die höchste Sympathie und Coactivität, die innigste Gemeinschaft des Endlichen und Unendlichen.» Novalis, Poësie- Vorarbeiten 1798, en Werke, Tagebücher und Briefe Friedrich von Hardenbergs, Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, págs. 321-322, nº 31. xiii « Poësie ist die Basis der Gesellschaft, wie Tugend die Basis des Staats. Religion ist eine Mischung von Poësie und Tugend (...)» Novalis, Op. Cit., Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, pág. 323, nº 38. xiv « Poësie ist die grosse Kunst der Construction der transscendentalen Gesundheit. Der Poët ist also der transscendentale Arzt. Die Poësie schaltet und waltet mit Schmerz und Kitzel –mit Lust und Unlust- Irrthum und Wahrheit –Gesundheit und Kranckheit- Sie mischt alles zu ihrem grossen Zweck der Zwecke –der Erhebung des Menschen über sich selbst.» Novalis, Poësie, Vorarbeiten 1798, en Werke, Tagebücher und Briefe Friedrich von Hardenbergs, Band 2, Herausgegeben von Hans-Joachim Mähl, München, Carl Hanser Verlag, 1978, pág. 324, nº 42. xv « Der Künstler steht auf dem Menschen, wie die Statüe auf dem Piédestal. » Novalis, Op. Cit., pág. 323, nº 38. 9