Orígenes y desarrollo de la sanidad en Lanzarote hasta finales del siglo XIX
Abstract
Programa de doctorado: Psicología de la salud
Full text
Título: Orígenes y desarrollo de la sanidad en Lanzarote hasta finales del siglo XIX. The origins and development of the health in Lanzarote until the end of the 19th century. Autora: María Luz Fika Hernando. Año: 2010 Universidad: Las Palmas de Gran Canaria Centro: Facultad de Ciencias de la Salud Departamento: Enfermería Resumen: Esta tesis doctoral tiene como principal objetivo el análisis de la asistencia sanitaria en Lanzarote a través del estudio de las enfermedades, de la actitud social frente a la salud o la enfermedad de la población, del conocimiento de la formación de las personas que atendían a los enfermos y de las instituciones. El estudio trata de mostrar las prácticas sanitarias, llevadas a cabo en la isla, desde sus orígenes hasta finales del siglo XIX. La primera parte del trabajo hace referencia a una aproximación historiográfica de la sanidad en el Archipiélago Canario, que nos permite profundizar en los aportes de historiografía regional al respecto. La demografía, la economía y la política e instituciones durante el período estudiado, nos permiten comprender el contexto en el cual desarrollaron su actividad los profesionales de la salud. El tercer capítulo acoge un estudio de la sanidad lanzaroteña hasta finales del siglo XIX, donde se presentan las instituciones responsables de la salud pública, el marco legal bajo el cual funcionaban, la práctica médica, el funcionamiento de los ayuntamientos, las Juntas de Sanidad y los hospitales, así como las actividades de otros profesionales sanitarios, sin olvidar mencionar la importancia del agua en una isla en la que se ha desarrollado una cultura en torno a este elemento. Las conclusiones obtenidas versan sobre la capacidad de los ayuntamientos para velar por la salud pública, sobre la labor asistencial de los médicos y el papel desarrollado por el resto de profesionales sanitarios ante la enfermedad, o la insuficiencia de hospitales para alojar a los enfermos, finalizando con las fuentes documentales.
7 Orígenes y desarrollo de la sanidad en Lanzarote hasta finales del siglo XIX
9 A mis padres
11 AGRADECIMIENTOS La elaboración de este trabajo ha sido posible gracias a numerosas personas a las que deseo expresar mi más sincero agradecimiento. A la directora del Archivo Histórico Municipal de la Villa de Teguise, María Dolores Rodríguez Cabrera por haber puesto a mi disposición todos los medios a su alcance, además de la abundante documentación que ha servido de base fundamental para la realización de este estudio. Durante las muchas horas que he compartido y departido con ella, he recibido siempre un trato más propio de una amiga que de una visitante. Todos los elogios que pudiera hacer, resultarían escasos en comparación con la realidad. A Francisco Hernández Delgado, cronista de la Villa de Teguise, por su inestimable ayuda. A Benchomo, director en funciones del Archivo Histórico Municipal de Arrecife por su disponibilidad. A María Dolores Santana, bibliotecaria de la Unidad Docente de Estudios de Enfermería de Lanzarote, por su colaboración para el manejo de la bibliografía existente. A Eduardo Núñez por sus inestimables consejos. A mis compañeros de la Unidad Docente de Estudios de Enfermería por su constante aliento, por su comprensión y ánimos para poder llevar a cabo este trabajo. A Benedicta y Pedro, mis directores, a quienes difícilmente pueda expresar con palabras el agradecimiento por la inmensa confianza que siempre han depositado en mí. A Suleica, Dulce, Vanessa y Eli por su disponibilidad. Finalmente, a mis familiares, a quienes he escatimado últimamente mi atención, aunque no mi consideración y estima. Hacer mención extraordinaria para Rafael, en quien siempre encontré una palabra de aliento.
13 ÍNDICE
15 pág. Introducción 21 Objetivos 27 Cuestiones 31 Estado de la cuestión 35 Material y método 43 Aproximación historiográfica - La sanidad en el Archipiélago Canario 53 Marco histórico - Demografía 65 - Economía 73 - Política e instituciones 87 La sanidad en Lanzarote - La sanidad en Lanzarote hasta finales del siglo XVIII 95 - Situación sanitaria de Lanzarote en el siglo XIX 137 Agua y supervivencia 231 El Hospital del Espíritu Santo y la Cuna de Niños Expósitos 241 Curanderos y santiguadoras 261 Mingitorios públicos y casetas de baños 273 La Real expedición filantrópica de la vacuna. El barco de la viruela 281 La vieja botica 293 Hospital de Nuestra Señora de los Dolores 301 Conclusiones 317 Anexo I 331 Anexo II 335 Anexo III 339 Fuentes - Fuentes manuscritas 347 - Fuentes impresas 351 - Fuentes orales 355 Referencias bibliográficas 359
17 Cualquier estudio histórico, por deficiente que nos parezca, tiene el valor de posibilitar la discusión y de abrir caminos alternativos. Montelongo Franquiz y Falero Lemes (2000) Es criterio generalmente admitido que una de las características propias de la especie humana es la curiosidad, el afán por saber más y superarnos. A ello atribuimos en buena parte el progreso de la humanidad. El acaecer histórico tiene la peculiaridad de poseer una doble representación en el tiempo, por un lado, está ligado al pasado y, por otro, es parte, aunque oculta, del presente. La importancia del estudio de la historia se debe a esta relación con el presente. La forma intuitivamente más sencilla que adopta este vínculo con lo actual se da en cada cosa que experimenta una transformación a 1. Introducción
19 Cualquier estudio histórico, por deficiente que nos parezca, tiene el valor de posibilitar la discusión y de abrir caminos alternativos. Montelongo Franquiz y Falero Lemes (2000)
21 Es criterio generalmente admitido que una de las características propias de la especie humana es la curiosidad, el afán por saber más y superarnos. A ello atribuimos en buena parte el progreso de la humanidad. El acaecer histórico tiene la peculiaridad de poseer una doble representación en el tiempo, por un lado, está ligado al pasado y, por otro, es parte, aunque oculta, del presente. La importancia del estudio de la historia se debe a esta relación con el presente. La forma intuitivamente más sencilla que adopta este vínculo con lo actual se da en cada cosa que experimenta una transformación a lo largo del tiempo. Así, cada una de estas cosas tiene su historia, cuyo estudio permite conocer mejor ese objeto. Hay, por lo tanto, en la historia siempre un aspecto interpretativo, que en uno de los caminos de su elaboración lleva a la filosofía de la historia y a la teología. En una visión global de la historia dice San Agustín (413-426): La historia de toda la humanidad, desde el comienzo al fin del mundo, es como la historia de un solo hombre. Para otros, en cambio, como Nietzsche (1874), la historia ha de mover a la acción y, por lo tanto, se proyecta al futuro. Así, dice el filósofo alemán: La palabra del pasado es siempre de oráculo. No la comprenderán sino los constructores del porvenir y los intérpretes del presente. Argumentar que la enfermedad y la muerte son tan antiguas como la humanidad y que ambas situaciones han sido objeto de preocupación y estudio en las sociedades que nos han precedido, es cuando menos obvio. De hecho, es un tema que ha sido estudiado y analizado desde distintas disciplinas. No se trata, por tanto, de centrar este estudio en algo que ya ha sido investigado desde diferentes planteamientos, sino de tratar de entender como era la sanidad y quienes fueron los profesionales sanitarios que la ejercieron en Lanzarote, hasta finales del siglo XIX. Se compone de una historia de triunfos y fracasos, de retrocesos y de avances, de ignorancia y de sabiduría, de ilusiones y de realidades, de mucho dolor pero también de mucha esperanza, es decir, de una historia profundamente humana, tan vieja como la humanidad y tan joven como sus aspiraciones actuales.
33 1.3. Estado de la cuestión
35 Cada vez son más frecuentes los estudios dedicados a cuestiones sanitarias en ámbitos reducidos, si bien es cierto que, aunque escasos, nunca han faltado investigaciones sobre alguna institución o persona en particular. Siendo más numerosas las investigaciones sobre demografía, epidemias o mapas históricosanitarios. A pesar de su evidente interés, son pocas las localidades españolas que cuentan con investigaciones al respecto. Este es el caso de la villa guipuzcoana de Rentería, trabajo realizado por Izaguirre Urquiola sobre demografía, prevención de enfermedad, profesionales sanitarios, hospitales y medicina popular desde 1517 a 1936 1 . Resaltar también el trabajo de Crehuet Gandiaga 2 sobre el modo en que la localidad de Ordizia se enfrentó a la enfermedad, la asistencia profesional y las medidas preventivas. Tenemos constancia de algunas publicaciones relacionadas con las instituciones sanitarias en la Villa de Teguise como la obra de Bosch Millares sobre el Hospital del Espíritu Santo 3 . 1 IZAGUIRRE URQUIOLA, M.I. (1993): Historia de la medicina de la villa guipuzcoana de Rentería. Tesis doctoral. Universidad de Navarra, 2 CREHUET GANDIAGA M.J.(1986): Historia médica de Ordizia. Tesis doctoral. Universidad de Salamanca. 3 BOSCH MILLARES, J.(1963): El Hospital del Espíritu Santo en la isla de Lanzarote. Revista El Museo Canario. Ed. El Museo Canario. ISSN 0211-450X, Nº 24, 85-88, pp. 5162.
36 Respecto a los profesionales de la salud que ejercieron en Lanzarote o en la Villa de Teguise, dado que constituyen el principal objeto de nuestro estudio, cabe señalar también, que la bibliografía no es muy abundante. La Villa de Teguise perdió la capitalidad de la isla en 1852 y, por esta razón, documentos de toda índole fueron trasladados al Puerto del Arrecife, actual capital de la isla, extraviándose muchos de ellos en el interín. Podemos citar por su valía, la obra del médico y polígrafo grancanario, referente para todos los especialistas hasta hoy en día, Bosch Millares 4 . También, nos parece interesante la documentación aportada por José Javier Viñes Rueda 5 , sobre la sanidad española en el último tercio del siglo XIX a través de la Junta de Sanidad de Navarra, ya que arroja datos relevantes sobre las medidas adoptadas por los responsables de la sanidad ante las enfermedades infecciosas y respuestas sanitarias sobre situaciones excepcionales, como la epidemia de cólera en Pamplona en 1885. Tratando de comprender lo que pensaron e hicieron por sus semejantes cuantos nos precedieron, con mayor mérito que nosotros, al no disponer de los recursos científicos, de la información y medios económicos, que hoy en día ha puesto en nuestras manos la sociedad, a través de la actual sanidad. 4 BOSCH MILLARES, J.(1951): Don Alfonso Espínola Vega. Su vida y su obra. Revista El Museo Canario. Ed. El Museo Canario. ISSN 0211-450X, Nº 12, 37-40, pp. 55-98. 5 VIÑES RUEDA, J. J.(2006): La Sanidad española en el siglo XIX a través de la Junta de Sanidad de Navarra (1870-1902). Departamento de Salud. Gobierno de Navarra.
37 No hemos encontrado trabajos sobre la historia de la Sanidad de la Villa de Teguise o de Lanzarote. Sin embargo, algunos manuscritos localizados en el Archivo Histórico Municipal de este municipio, relatan los desvelos tenaces de don Gaspar Rodríguez Carrasco por los pretéritos hospitales de Teguise, tal y como se desprende del documento dirigido al Secretario del Ayuntamiento de la Villa de Teguise, fechado el 15 de agosto de 1736, en el que podemos leer: … El Capitán Gáspar Rodríguez Carrasco, vecino de esta Isla, ante Vs. Digo: que por la infinita misericordia de Dios hallándome con razonables medios que ha sido servido darme su Divina Majestad, sin herederos forzosos, me ha dado también animo y intencion de corresponder agradecido a sus beneficios; y atendiendo y considerando los muchos trabajos que padecen los pobres en sus enfermedades y que si por los tiempos suelen muchas veces padecerla estrema por la falta de cirujano, y medico y botica, por no haber lo referido en esta Isla como es notorio à Vs., me he aplicado a fabricar Templo y casa y hospital contando lo necesario y conducir Religiosos de la orden de San Juan de Dios de la Provincia de Andalucia para que la tengan y administren en conformidad de su instituto de curacion y à cuidar a los pobres enfermos recogiendolos en su hospital para su curacion, que tambien redundara en procomun de los demas vecinos de esta Isla habiendo en ella botica y personas inteligentes; y para ello necesito del consentimiento y informe de Vs. Para obtener licencia Real que debe preceder en semejantes fundaciones y obras de piedad ... 6 6 ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE TEGUISE. Sin clasificar.
38 Al igual que el resto del Archipiélago, la isla de Lanzarote tiene una rica tradición en lo referente a curanderos/as y esteleros, si bien es escasa la información escrita sobre estas prácticas al ser conocimientos que se transmiten por vía oral, pasando de padres/madres a hijos/as 7 . La prensa insular, como Crónica de Lanzarote, en un artículo sobre el agua como condicionante histórico, nos sirve para acercarnos a los testimonios de nuestro pasado y constatar los binomios miseria y sequía y agua y supervivencia 8 . Relevante también la información encontrada sobre el agua y la construcción de maretas en el Archivo Histórico Municipal de Teguise 9 . La migración canario-americana constituye una de las páginas más aciagas de la historia de Canarias. Las sequías, las crisis de los cultivos de exportación, etc., son algunos de los motivos por los que la población lanzaroteña sale del archipiélago, casi con exclusividad a la República Oriental del Uruguay, lo cual va a afectar seriamente a la demografía de la isla 10 . 7 FIKA HERNANDO, M.L.(2006): Plantas, remedios y rezos para conseguir la sanación y otros menesteres. Área de la mujer del Ayuntamiento de Teguise. Excelentísimo Ayuntamiento de Teguise, Lanzarote. 8 CRÓNICA DE LANZAROTE, nº 53, 15 de marzo de 1861. 9 ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE TEGUISE. Actas del Cabildo 1825, fol.23. S/C 10 PAZ SÁNCHEZ, M. y HERNÁNDEZ, M.(1993): La esclavitud Blanca. Taller de Historia, p.35.
39 La práctica inexistencia de establecimientos hospitalarios en Lanzarote se debe, sobre todo, a la privación de los recursos necesarios para mantener el más mínimo funcionamiento según Madoz (1850), quien nos informa sobre el estado de decaimiento que atraviesan las mismas 11 . Entre las situaciones anormales que conmocionaron a la sociedad de la época objeto de estudio, estaban las epidemias. A pesar de que no hubo grandes contagios, las medidas sanitarias se mantuvieron hasta principios del siglo XX. La medida precautoria más eficaz era la cuarentena, conocida en las islas con la voz portuguesa degredo 12 . Sin embargo, muchas de estas acciones encaminadas a evitar los temidos contagios eran transgredidas por algunos barcos 13 . No existe ninguna Historia de la Medicina sobre la isla de Lanzarote. Con lo que sí contamos es con la biografía de algunos médicos insignes, sobre todo de los pertenecientes al término municipal de Arrecife. En este sentido, el estudio debería resultar más valioso cuanto más nos remontásemos en el tiempo. Razones de coherencia, contenido y ocasión para encontrar referencias significativas ayudaron a concretar este parámetro, optando por circunscribirlo hasta finales del siglo XIX. 11 GONZÁLEZ RODRIGUEZ, C.(1994): Lanzarote en la Diputación Provincial durante el Sexenio revolucionario 1868-1874). V I Jornadas Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, Arrecife p. 143. 12 La voz “degredo” es de origen portugués y equivale a destierro. En nuestro estudio la traducimos como aislamiento. 13 ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE ARRECIFE. Junta de Sanidad, folio 14, 1854.
41 2. Material y Método
43 Como puede apreciarse son numerosas las preguntas que nos gustaría responder y no sabemos si seremos capaces de encontrar soluciones a tantos interrogantes, pero en nuestro ánimo al iniciar esta investigación está el poder contestarnos a algunas de ellas, si no a todas y en ese caso allanar el camino a futuros investigadores interesados en abordar estos temas. Una vez que tuvimos claro las preguntas que debíamos responder, nos planteamos hacía dónde debíamos encaminar nuestros pasos, cómo llegar a encontrar las respuestas, es decir, nos estábamos situando ante lo que cualquier investigador debe resolver con claridad para que su proyecto encuentre la luz: las fuentes y la metodología. La metodología de este trabajo se centra fundamentalmente en la búsqueda de datos administrativos, revisión de datos bibliográficos y análisis y procesos de los mismos en el contexto socio-sanitario de Lanzarote, a través de una búsqueda y revisión, en profundidad, de las fuentes. Localizar fuentes que contuviesen los aspectos que queríamos estudiar fue más difícil de lo que habíamos imaginado. Lo primero que hicimos fue revisar los catálogos del Archivo Histórico Municipal de la Villa de Teguise y del Archivo Histórico Municipal del Puerto del Arrecife. Después de haber revisado diversos volúmenes comprobamos que había algunas noticias acerca de los profesionales de la salud, de algún médico, barbero y cuidadora que hacían referencia a su actividad Revisada esta documentación inicial, nos centramos en la lectura de la bibliografía para conocer lo que del tema en cuestión se había escrito con anterioridad. Las fuentes fundamentales que hemos empleado para nuestro estudio han sido los legajos y Actas del Ayuntamiento de la Villa de Teguise clasificados en el Archivo Histórico Municipal del citado municipio. Debemos resaltar la infraestructura del Archivo al disponer de diversas salas de lectura y la amabilidad de las funcionarias para proporcionarnos toda suerte de ayuda, fotocopias y aclaración de algunos datos difíciles de descifrar dado el tipo de escritura y el estado en el que se encontraba la documentación.
44 Hemos podido comprobar, también, que, en ocasiones, los pleitos entre instituciones o entre personas, aportan información que puede ser útil para el tema de estudio. Igualmente, dedicamos un tiempo a la revisión, en este archivo, de la documentación existente del siglo XVII, unos expedientes escasos, pero que nos han servido para conocer la evolución sanitaria del municipio de Teguise y, por tanto, de la isla de Lanzarote. En lo relativo a los manuscritos, hemos encontrado datos interesantes sobre el Hospital del Espíritu Santo, primer hospital de la isla de Lanzarote, ubicado en la Villa de Teguise, referente a la dotación para su mantenimiento, rentas, número de camas y sobre alguna de sus cuidadoras. También consideramos relevante la localización de datos sobre la Cuna de Niños Expósitos (1780), anexa al mencionado hospital, para niños de ambos sexos que eran recogidos y dados a criar en casas particulares. Hemos investigado, también otras fuentes municipales, custodiadas en el Archivo Histórico Municipal del Puerto del Arrecife. En concreto, los legajos que hacen referencia a la asistencia médica de los enfermos pobres de 1874 y 1894 y los correspondientes a las convocatorias municipales para practicantes y matronas, aunque éstos ya pertenecen al comienzo del siglo XX. La prensa insular del siglo XIX, como El Crisol, Crónica de Lanzarote, El Horizonte o La Legalidad, también han constituido un material sugerente para este estudio. Igualmente, hemos considerado relevantes algunos de los artículos publicados en la prensa regional como Las Canarias (editado en Madrid), La Lealtad Canaria o El Progreso, que nos ayudado a conocer la realidad isleña del pasado.
45 Otras fuentes documentales que han sido cruciales para nuestra tesis las hemos encontrado en el Archivo Parroquial de San Ginés y en el Archivo de la Sociedad Democracia, ambos en Arrecife La consulta de las Actas Municipales ha resultado baldía, en la mayoría de las ocasiones, ya que una gran mayoría se ha perdido. En las que hemos podido analizar la información ha sido farragosa al entremezclarse múltiples temas que hacen referencia a todos aquellos problemas que debería resolver la corporación, lo que exige una lectura minuciosa, porque incluso cuando no se tocan temas estrictamente sanitarios, en ocasiones, pueden aportarnos datos valiosos para nuestra investigación. Sin embargo, a pesar de las dificultades que entrañan, somos conscientes de la riqueza documental que contienen porque la información que aportan, lejos de ser una mera trascripción de los acuerdos tomados, recogen las diferentes posturas adoptadas por los miembros de la corporación. La relevancia de esta documentación se pone de manifiesto por el hecho de que en muchos casos será la única que permitirá seguir el nivel de materialización sanitaria en la isla. Para nuestro trabajo, hemos optado por estudiar la sanidad en Lanzarote por un orden cronológico, ya que éste hecho nos permitirá una mejor comprensión de la misma a lo largo de los años que comprenden nuestro estudio. En el capítulo sobre la sanidad en la isla, nos encontramos con el problema de la inexistencia de Actas parroquiales, perdidas en los incendios del siglo XVI y en el acaecido en 1909. El valor de la pérdida es incalculable ya que la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe actuaba como parroquia matriz de la isla de Lanzarote, albergando toda la documentación de la misma. El trabajo se divide en tres capítulos. El primero hace referencia a una aproximación historiográfica de la sanidad en el Archipiélago Canario, que nos permite profundizar en los aportes de historiografía regional al respecto. El apartado dos, engloba la demografía, la economía y la política e instituciones durante el período estudiado, lo que nos permite comprender el contexto en el cual desarrollaron su actividad los profesionales de la salud.
55 Entre tanto ¿en qué estado se desarrollaba la medicina en Gran Canaria? Pocos han sido los datos que se pueden aportar dados los escasos antecedentes que se han recogido de los legajos y documentos históricos, pues enfrascadas las tropas españolas en lograr la pacificación y sumisión de los aborígenes a los reyes Católicos, todo el interés de la nación radicó en el reparto de las tierras, legislación civil y militar, y en las disposiciones emanadas tendentes a lograr la normalización de la vida isleña. Sin embargo se ha de señalar que las únicas prácticas de la medicina fueron la creación de dos hospitales, uno en Las Palmas de Gran Canaria y otro en Telde, llamados Hospital de San Martín (fundado por Martín González de Navarro), y el de Curación de la Ciudad de Telde, fundado por Inés Chemida Chamovita 19 . El hospital, en sus comienzos, tuvo que sostenerse con los recursos económicos que le prestara su dueño. Sin embargo, los bienes legados por su fundador no bastaron para equilibrar el gasto inherente a la buena marcha administrativa, por cuya razón no faltaron beneméritos ciudadanos que en todo momento ayudaron con sus recursos materiales 20 . En el siglo XVI aparece un nuevo establecimiento benéfico con el nombre de Hospital de San Lázaro, situado en los Arenales de Santa Catalina, dedicado al cuidado de leprosos, gafos 21 y de otras enfermedades contagiosas. Durante este siglo, en el Hospital de San Martín comenzaron a prestar servicio los primeros médicos y cirujanos. Los mencionados hospitales continúan funcionando a lo largo del siglo XVIII y XIX, fundándose en 1786 el Hospital o Casa de Misericordia, llamado también de María Magdalena, para albergar a inválidos, enfermos y huérfanos 22 . 19 BOSCH MILLARES, J. y BOSCH HERNÁNDEZ, J.(1981) Op. Cit. p.11. 20 Ibídem, p.12. 21 Nombre con el que también se conoce a la Elefantiasis. 22 Ibídem., p.32.
56 Hospital de San Martín. Las Palmas de Gran Canaria. Archivo Municipal de Teguise
57 El espíritu ilustrado del siglo XVIII constituye uno de los más importantes puntos de arranque para la transformación de la Medicina. Uno de los ejemplos más significativos viene representado, sin lugar a dudas, por la organización y ejecución de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806), auspiciada por la Corona española, en la persona de Carlos IV. Su objetivo principal y prioritario fue difundir y expandir el uso y los beneficios de la vacunación antivariólica en todos los dominios de la Corona 23 , lo que podemos considerar el primer hecho histórico de carácter médico ocurrido en Canarias durante los primeros años del siglo XIX. La estancia de la Expedición de Balmis 24 en Canarias no fue una mera etapaprólogo. Todo lo contrario, se trató del primer banco de pruebas de la expedición. En Canarias, Balmis pudo ver con sus propios ojos que la difusión de la vacuna funcionó y todo lo que orquestó y organizó al respecto en nuestro Archipiélago, era extrapolable al resto de las Españas 25 . 23 BALAGUER PERIGÜELL, E. y BALLESTER AÑON, R.(2003): “En el nombre de los Niños. Real Expedición Filantrópica de la Vacuna 1803-1806” Asociación Española de Pediatría. Colección Monografías de la AEP., nº 2, pp. 165-170. 24 Francisco Xavier de Balmis y Berenguer, médico alicantino nacido en 1753, director de la Real Expedición, que junto con el doctor José Salvany consiguió llevar la vacuna a Colombia, Ecuador, Perú, México. Filipinas, China, Macao (dominio de la Corona portuguesa) y a la isla de Santa Elena (dominio de su Majestad británica). 25 GARCÍA NIETO, V.M. (2004): “El barco de la viruela”. Ed. Idea. Santa Cruz de Tenerife, pp.9-10.
58 A pesar de los importantes avances que se produjeron en la medicina y en la salud pública en los siglos XVIII y XIX, las condiciones de vida impactaron sobre el desarrollo de enfermedades infectocontagiosas aumentando el número de casos de muerte por tuberculosis, gastroenteritis, fiebre amarilla, cólera, etc. Sin embargo, la floreciente industria no podía prescindir de la mano de obra que accionaba las fábricas y producía los bienes de consumo que la sociedad demandaba. La perplejidad de la situación no distraía a la ciencia, que ponía su máximo interés en solucionar los problemas que el avance social y tecnológico presentaba a la modernidad. En este sentido, la medicina social, la incipiente bacteriología y la gestión sanitaria son tres elementos que, desde sus propios campos y en la diversidad de sus respuestas a una idéntica problemática, intentan obtener el correspondiente contrapunto a la insalubridad de las poblaciones y a la diseminación de los agentes patógenos. Las islas Canarias han participado por igual de riesgos y adelantos de la propedéutica sanitaria. Por su lejanía geográfica de los grandes centros de acumulación humana, se pensaría que estarían a salvo de los ataques infecciosos o los brotes epidémicos. Pero, esto no es del todo cierto. La insularidad y el distanciamiento constituyeron salvaguarda durante siglos a sus habitantes; no obstante, con el desarrollo de los medios de comunicación, especialmente los marítimos, los puertos han venido a ser puntos de introducción de la enfermedad. La historia sanitaria de las islas evidencia la incapacidad de las localidades costeras, en primer lugar, para atajar los males sobrevenidos de las embarcaciones que tocan puerto. Y después, a extensión de la infección hasta los interiores de los pueblos apartados del litoral 26 . 26 MARTÍN DEL CASTILLO, J.F.(2003): Higienismo antiepidémico en Las Palmas de Gran Canaria (1920-1921): divulgación y terapéutica. Boletín Millares Carlo, número 22, p.132.
59 Un caso prototípico, ejemplo del riesgo sanitario y de la ingenua confianza del isleño en la providencia, fue el cólera morbo de 1851, que diezmó el censo del principal núcleo urbano de Gran Canaria. Pareciera que la situación en 1900 vendría a experimentar un cambio hacia mejor, sobre todo en lo concerniente a la protección higiénica del entorno y las personas, pero no puede ser pronunciada una afirmación semejante sin caer en la falsedad histórica. La gripe de 1918-1919 dejó a muchos sin opción a la reacción eficaz. Al albur de la contingencia y el voluntarismo fue como pudo eludirse un mal que no cejaba por extenderse más allá de las fronteras que le habían adjudicado 27 . La labor de los profesionales de la medicina canaria no desmerece a la de cualquier otro rincón del mundo civilizado. Desgraciadamente, no puede decirse lo mismo de los medios a su alcance. Son dos los médicos que, a través de sus probadas cualidades y en provecho de sus conciudadanos, ejercitan la ocupación higienista: Navarro Torrens y Ruano Urquía 28 . 27 RAMÍREZ MUÑOZ, MANUEL (1994). El Lazareto de Gando y la gripe de 1918. Bernardino Valle y Gracia: un alcalde para unos días dramáticos. Aguayro, número 208, 34-38. 28 MARTÍN DEL CASTILLO, J.F. (2003). Op.Cit. p.133.
61 Tras la conquista, la drástica disminución de la población aborigen se vio parcialmente compensada con el aporte humano proveniente de la Península y otros países europeos, así como de las vecinas costas africanas donde moriscos y negros eran traídos como mano de obra esclava, para trabajar en las plantaciones azucareras 29 . Canarias tenía 155.763 habitantes en el primer censo moderno, el Censo de Aranda de 1768. En 1860, casi un siglo más tarde, contaba con 237.036 y en 1900 residían en el Archipiélago 364.408 personas. 4. Marco Histórico
63 4.1. Demografía
65 Tras la conquista, la drástica disminución de la población aborigen se vio parcialmente compensada con el aporte humano proveniente de la Península y otros países europeos, así como de las vecinas costas africanas donde moriscos y negros eran traídos como mano de obra esclava, para trabajar en las plantaciones azucareras 29 . Canarias tenía 155.763 habitantes en el primer censo moderno, el Censo de Aranda de 1768. En 1860, casi un siglo más tarde, contaba con 237.036 y en 1900 residían en el Archipiélago 364.408 personas. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN CANARIA 1768-1900
66 Habrá que tener en cuenta que aunque el siglo XIX y la segunda mitad del XVIII presentan mayor crecimiento poblacional que la media europea, aún así, poco tiene que ver con el ritmo de crecimiento registrado en el siglo XX, en el que casi se multiplicó por cinco la población. Entre las razones a considerar, atendiendo a localizaciones concretas, están las siguientes: • En 1769-1771, gran hambruna en Fuerteventura y Lanzarote, que se repitieron aunque con menor intensidad en 1784 y 1790. • De 1832 a 1846, de nuevo Fuerteventura y Lanzarote soportan hambrunas. • En 1846 y 1847, perecen de hambre más de 30.000 personas en la isla de Gran Canaria. • En 1851, la epidemia de cólera morbo afectó a casi la mitad de la población de Las Palmas de Gran Canaria. En toda la isla de Gran Canaria murieron más de 6.000 personas. • En 180, la fiebre amarilla se cebó con la población de Santa Cruz de Tenerife ocasionando una gran mortandad. En los años 1841, 1846 y 1862, la fiebre amarilla volvió a afectar a la población santacrucera. • En 1811, un año después de que afectara a Santa Cruz de Tenerife, la fiebre amarilla ocasionó 2.073 muertes en Gran Canaria, isla que vuelve a padecerla en los años 1842 y 1847. De nuevo, al año siguiente de que la padecieran los santacruceros 30 . La evolución que ha experimentado la población en los últimos años, es decir, en la etapa que los demógrafos denominan de la demografía estadística 31 , y que abarca desde 1857, año en el que se realiza el primer censo oficial en España, hasta la actualidad, presenta para la isla de Lanzarote un desarrollo diferencial en el tiempo a las del resto del Archipiélago, coincidiendo en los rasgos fundamentales. Es decir, en todas ellas se ha producido un proceso de transición demográfica 32 , pero éste no presenta la misma periodización para todos los espacios que componen el Archipiélago Canario. Este fenómeno, en Lanzarote, ha propiciado unos saldos vegetativos muy elevados, dándose, sin lugar a dudas, los mayores crecimientos de toda Canarias, cuando era una isla que ocupaban una posición marginal en el mencionado crecimiento demográfico canario. 30 Instituto Canario de Estadística (2006). Gobierno de Canarias. 31 Entendemos por demografía estadística el punto de partida del análisis de la población en el que se trata de medir con precisión las magnitudes demográficas. 32 Este concepto se emplea para designar un período característico dentro de la evolución demográfica de países que comienzan a vivir un proceso de modernización.
67 El principal factor de este cambio es el aumento de la vida media del hombre, que a su vez viene condicionado por la reducción de la natalidad y mortalidad perinatal e infantil, junto con el control de las enfermedades infecciosas 33 . Con todo, los valores de mortalidad son siempre inferiores al resto del Estado, las razones que lo explican son de dos tipos: por un lado la mayor juventud de la población canaria en general, y lanzaroteña en particular, pues la sanidad de Canarias es inferior a la del resto del territorio nacional. Por otro lado, y como ya indicó en su momento Burriel de Orueta (1982), por el evidente subregistro que existe en los registros civiles canarios, aunque este factor tampoco se debe sobredimensionar como señala Martín Ruíz (1978): … no debe tampoco exagerarse el subregistro porque controlada en parte la mortalidad catastrófica, los índices medios tuvieron forzosamente que experimentar un leve decremento … Otro poderoso factor que ha contribuido a presentar unos índices bajos con respecto a otros puntos del territorio nacional o de la propia Canarias, es el papel que la agricultura de subsistencia ha jugado en este espacio. En épocas de crisis se combaten mejor las mismas en lugares donde la agricultura de abastecimiento del mercado interno, y de autoconsumo, tienen un importante papel, es el caso de Lanzarote en esta época con la producción de cereales, pues la población tiene mayor disponibilidad de alimentos para sobrellevar la crisis 34 . 33 MARTÍN RUIZ, J.F. (1975): Dinámica y Estructura de la Población de las Canarias Orientales. Siglos XIX y XX. Cabildo insular de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria. 34 GONZÁLEZ MORALES, A. (1997): La evolución reciente de la población de Lanzarote y Fuerteventura (1857-1996). VIII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo I.
75 Cilla de diezmos y primicias. Archivo Municipal de Teguise
76 Orchilla En la etapa denominada Herreriana, andaluza y genovesa (1450-1550) se produce una fuerte “inversión económica” por parte de la colonia genovesa en toda Canarias, referida a la explotación y comercio del azúcar 41 . Su rentabilidad en Lanzarote estriba en el control de los granos producidos, con el fin de garantizar la subsistencia de la población trabajadora del resto de las islas, manteniendo estable el precio de los granos y con ello obtener un mejor beneficio en el comercio internacional del azúcar. El comercio interior estaba fuertemente regulado con el objetivo de controlarlo fiscalmente y lograr abastecer a la población residente en la isla. El comercio exterior se beneficiaba de la posición estratégica de Arrecife en las rutas comerciales africanas y posteriormente americanas (el derecho de los quintos 42 sobre la exportación e importación paralizaba el desarrollo económico lanzaroteño). A pesar de ello, durante el dominio de la Monarquía Española sobre Portugal y sus colonias, el puerto del Arrecife comerciaba directamente exportando grano a Madeira, hasta la independencia de estos territorios en 1640. La relación entre ambas islas fue de gran importancia por el continuo trasiego económico 43 . 41 TORRES SANTANA, E. (1982): El comercio..., f. 377 y 378, citando a R. DÍAZ HERNÁNDEZ: El azúcar en Canarias (siglos XVI-XVIl), Las Palmas, pp. 10 y 45. 42 Impuesto de aduana. 43 LOBO CABRERA, M. (1990): Emigración y comercio entre Madeira y Canarias en el siglo XVI. II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura", Arrecife, pp. 285-300 Economía
77 El desarrollo vitivinícola en las islas de Tenerife y La Palma desde el siglo XVI hasta finales del XVII, entrará en crisis a partir de 1680, debido al desplazamiento de los vinos canarios por los caldos portugueses en el mercado inglés, por la independencia de las colonias portuguesas y el aumento de la influencia inglesa en el comercio atlántico. De esta crisis se beneficia Arrecife a finales del siglo, dada la demanda de cereales del resto de las islas, aunque esta exportación se verá sometida al control impuesto desde Tenerife 44 . 44 SANTANA PÉREZ, G. (2005): Relaciones mercantiles de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote en el reinado de Felipe IV. Vector plus. Colegio Oficial de Corredores de Comercio de Las Palmas. (Tenerife controlaba este producto por ser de vital importancia para su población, evitando su exportación a otros lugares). Economía
78 El comercio con América tiene lugar por la Real Cédula de 30 de enero de 1503 en la que se dictan las primeras ordenanzas de la Casa de Contratación 45 , donde la Corona española trata de regular este comercio. Con el establecimiento de los Juzgados de Indias, organismos independientes encargados de ordenar y vigilar el comercio con América, surgen como verdaderas dependencias de la Casa de Contratación en Canarias. En La Palma (1563), Gran Canaria (1566) y Tenerife (1566), se origina el primer Centralismo Comercial canario de estas tres islas realengas y sobre todo, de las dos centrales sobre el resto. Los navíos de Lanzarote para comerciar con América debían pasar previamente la inspección de estos organismos 46 . En los siglos XV y XVI se realizan numerosas cabalgadas al continente africano en busca de berberiscos para poblar la isla, además de ser una importante fuente económica (Diego García de Herrera y su hijo Sancho de Herrera (1452), efectuarán más de 46 entradas en Berbería). Este comercio con el África berberisca implicaba riesgos tales como que la operación fuese un fracaso y quedasen los organizadores cautivos, unido al ansia de venganza por parte de esa población hacia el señor de Lanzarote por las continuas depredaciones en la costa africana 47 . Tras quedar atrás las reivindicaciones y pugnas contra los castellanos por el control de Canarias, un importante contingente poblacional portugués se asienta en la isla (Lanzarote durante la ocupación portuguesa -1448/1449tuvo capitán, escribano y alcalde nombrado por el gobernador portugués Antâo Gonçalvez) 48 . La ganadería será un renglón económico muy activo en Lanzarote. En los siglos XV y XVI el número de cabezas de ganado otorgaba distinción de riqueza 49 . El comercio ganadero se basa en la exportación de ganado, lana, cueros, manteca, quesos y cordobanes 50 . 45 Lo que parece se debe proveer para poner en orden el negocio y contratación de las Indias. En Simancas (Diversos de Castilla, legajo 6, folio 54), lleva como título 46 MORALES PADRÓN, F. (1995): El comercio canario-americano (S. XVI, XVII y XVIII). Revista de Estudios Americanos, Sevilla. 47 Véase RUMEU DE ARMAS, A., España en el África Atlántica, vol. I, Madrid, 1956-1957. 48 BONNET SUAREZ, S.F. (1948): Antâo Gonçalvez, Gobernador y Capitán General de Lanzarote (1448-1449). El Museo canario, Nº 9, 25-26, pp. 17-42. 49 DE LEÓN HERNÁNDEZ, J. (2004): Breve síntesis de la historia de Lanzarote. Siroco, Nº 7. Lanzarote. 50 Piel curtida de cabra.
79 Entre los años 1550 y 1700 tiene lugar la etapa del Marquesado o cerealista. El régimen económico señorial frena el desarrollo económico y social de Lanzarote, abasteciendo de cereales a las islas centrales, con una fuerte presión fiscalizadora, altas rentas eclesiásticas e importantes cargas de censos y tributos 51 . En Lanzarote la orchilla tenía carácter de monopolio por parte del señor insular, quien efectuaba las ventas a través de quintadores, tesoreros y servidores. A causa de ello, este producto, al ser exportado, tenía irremediablemente que salir a través del Puerto del Arrecife y Naos, ya que eran donde estaban situadas las casas de la Aduana o Quintos. De esta manera, el comercio facilitaba el asentamiento de una pequeña población para las tareas de transporte y almacenamiento, unido a una infraestructura de almacenes o depósitos. Así, Arrecife y Naos acogerán a naves y navegantes de diferentes nacionalidades: franceses, ingleses y flamencos 52 . Entre 1730 y 1736 tienen lugar las erupciones volcánicas, lo que conlleva una transformación económica 53 . En la segunda mitad del siglo XVII incidirán negativamente sobre Canarias las desventajas a las que está sometida en las relaciones comerciales atlánticas debido al monopolio de Sevilla y su actitud prohibicionista 54 , unido al proteccionismo inglés en su comercio e industria naval (Acta Navegación 1660, Staple Act 1663) dirigido contra Holanda, pero con efectos en toda Europa 55 . 51 DE LEÓN HERNÁNDEZ, J. (2004): Breve síntesis de la historia de Lanzarote. Siroco, Nº 8. Lanzarote. 52 SANTANA PÉREZ, G. (2005): Relaciones mercantiles de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote en el reinado de Felipe IV. Vector plus. Colegio Oficial de Corredores de Comercio de Las Palmas. 53 Reorganización del territorio. Ocupación de nuevas tierras. Se advierte que la presencia de las arenas volcánicas sobre los antiguos campos de cultivo dotaba a éstos de mejores condiciones para la agricultura. Surgimiento de una burguesía local y foránea. Despegue de Arrecife. 54 PÉREZ, J. (2000): El discutido monopolio de Sevilla. Revista de Indias, Vol. 60, Nº 218, pp. 85-90. 55 "Actas de Navegación," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2008 http://mx.encarta.msn.com © 1997-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
80 Las sucesivas recesiones económicas de finales del seiscientos e inicios del siglo XVIII –sobre todo las registradas desde 1701 a 1703 y en los años comprendidos entre 1719 y 1721supusieron para la población de Lanzarote una profunda adversidad, pues no sólo se perdió parte de las cosechas sino que un elevado número de vecinos se vio obligado a emigrar temporalmente a otras islas, y otra cantidad de habitantes, cercana al tercio, sucumbió ante las notables carencias y la hambruna desencadenada por la crónica ausencia de precipitaciones 56 . El gran beneficiado de estas recesiones fue el propio grupo de poder, pues no sólo se generó en su seno una reducción de efectivos y se elitizó aún más, sino que reforzó su posición socioeconómica con la adquisición de los bienes de mayor calidad introducidos en el mercado de compraventa por aquéllos obligados a emigrar o a enajenar sus propiedades para poder adquirir sustento 57 . En general y a pesar de algunas crisis de gran envergadura, como la que ocurre en la década de los setenta del s. XVIII en que se produce una prolongada sequía y una gran mortandad de vecinos, la isla se va recuperando progresivamente, desde el punto de vista económico y demográfico. Mientras las islas viven una importante recesión a finales del s. XVIII, Lanzarote, gracias a la producción y exportación de vinos y aguardientes y sobre todo con la introducción y expansión de la barrilla, representa una excepción 58 . 56 VIERA Y CLAVIJO, J. (1982): Noticias de la historia general de las islas Canarias. Santa Cruz de Tenerife. QUINTANA ANDRÉS, P.; OJEDA BÁEZ, F. (2000): Ecos del sufrimiento: las crisis de subsistencia en Fuerteventura y Lanzarote (1600-1800). Santa Cruz de Tenerife. 57 QUINTANA ANDRÉS, P.; DE LEÓN HERNÁNDEZ, J. (2002): Territorio, propiedad y oligarquía en Lanzarote durante el Antiguo Régimen: el caso del capitán Luís de Betancourt Ayala. El Museo canario, Nº 57, p. 158. 58 DE LEÓN HERNÁNDEZ, J. (2004): Breve síntesis de la historia de Lanzarote. Siroco, Nº 10, p.12.
81 Barrilla Gracias a los socorros del resto de las islas y a la política reformista de Carlos III (bajo su reinado se construye el Castillo de San José 59 , conocido como la “fortaleza del hambre”, pues con su construcción se trataba de dar trabajo a los isleños). Arrecife se recuperó de este trance económico y conoció una fase de expansión urbana a raíz del comercio de aguardientes (Reales Cédulas, 25RXXV. Archivo Municipal de La Laguna. 1772). Ordena se socorra a los vecinos de Lanzarote por las calamidades que han padecido y con la calidad de reintegrables las cantidades que se le entreguen 60 . Los molinos aparecen en Arrecife a mediados del siglo XVIII (panaderías y hornos). En los primeros momentos, el consumo de cereales, sobre todo, el gofio, obliga a utilizar los antiguos molinos de mano para pasar luego a la instalación de las tahonas y molinos. Este comercio permite destacar la labor de molineros y panaderos, aunque la mayoría de las veces la profesión la ejercen mujeres. La industria textil y del calzado se une a este crecimiento económico. Los sombreros del pasado, con la tradicional montera (especie de caperuza con una o varias picas de color oscuro y vueltas azules, encarnadas o amarillas) y el típico sombrero miliciano se ven desplazados a mediados del siglo XIX por las manufacturas inglesas más baratas. Desaparecen los telares, los laneros, las hilanderas, los tejedores, etc 61 . 59 Se encargó de las obras el ingeniero Alfonso Ochando, tras la aprobación del proyecto por el comandante general Miguel López Fernández de Heredia. Cf. Antonio RUMEU DE ARMAS (1950): Piraterías y ataques navales contra las islas Canarias, t. III, 2ª parte, Madrid, p. 604. 60 SUÁREZ GRIMÓN, V.J. (1994): Crisis de subsistencia en Lanzarote y Fuerteventura en el siglo XVIII. Tebeto: Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, Nº 7, pp. 11-44. 61 DE LA HOZ, A.(1962): Obra escogida-Lanzarote. Servicio de Publicaciones, Cabildo Insular de Lanzarote.
82 El zapatero 62 constituye una profesión interesante dentro de Arrecife; los zurradores que curtían los cueros contaban con un modesto taller instalado en la calle, donde se conjugaban el zumaque 63 , el bayón 64 y el hilo. En la artesanía predomina la elaboración de los cuchillos canarios, junto con los hojalateros o latoneros. A consecuencia del comercio de la barrilla, Arrecife tendrá un limitado y circunstancial acceso a los comercios internacionales, aunque básicamente los beneficios de este desarrollo económico serán las casa extranjeras con sede en Tenerife y los empresarios burgueses residentes en Arrecife. El abastecimiento de la población urbana y el volumen de las operaciones mercantiles lo efectuaba una minoría de negociantes y empresarios – sobre todo británicos – que monopolizaban la producción del cultivo. Tras la introducción de la cochinilla (1813-1825) se desarrolla un proceso de comercialización previa que conduce a su plenitud con la plantación de nopales 65 . La Ley de Puertos Francos (1852), unida a la coyuntura alcista de los precios de la cochinilla en el mercado europeo, la demanda creciente por el auge de la actividad textil, el libre comercio inglés y la caída de la cochinilla centroamericana, impulsan de manera febril el cultivo de este producto en detrimento de otros 66 . 62 GARCÍA FALCÓN, R. (2002): Las joyas en las dotes de Lanzarote. El Museo Canario, Nº 4. Las Palmas de Gran Canaria, p.24. 63 El zumaque (nombre científico Rhus coriaria L.), se emplea principalmente en el curtido de cuero, su nombre científico en latín lo indica coriarii (curtir). Es un arbusto que suele crecer por encima de 1 m de altura (llegando en ocasiones a tres), posee hojas muy verdes con tacto suave y venenosa que producen un aceite llamado urushiol que no es venenoso pero que al contacto con la piel genera una reacción alérgica generando sarpullido el cual aparece de 24 a 48 horas después del contacto. Las flores crecen en forma de ramilletes y poseen un color amarillo verdoso (despiden un ligero olor a madreselva), el fruto es del tamaño de un guisante de color pardo-rojizo. 64 Planta de hojas semejantes a las espadas, que crecen en zonas húmedas y cuya inflorescencia tiene forma cilíndrica de color marrón, recordando a un puro 65 Vegetal muy frecuente en México. La cría de la mayoría de las veces son nopales de la especie Opuntia ficus-indica, casi todas las especies Opuntia son comestibles. 66 PALLARÉS PADILLA, A. (2004): Tres productos históricos en la economía de Lanzarote: la orchilla, la barrilla y la cochinilla. Discurso leído en el acto de su recepción como Académico correspondiente. Academia de Ciencias e Ingenierías de Lanzarote, 20 de mayo de 2004.
83 Entre los años 1830 y 1844 los habitantes de Lanzarote tuvieron que soportar una aguda y larguísima crisis económica. Esta crisis tuvo su origen en la caída de ventas de la barrilla en los mercados, y se acrecentó con una escasa producción agraria, consecuencia de una pertinaz sequía. Los naturales de Lanzarote buscaron en la emigración la solución a los sucesivos períodos de crisis que padecieron hasta hace pocos años 67 . 67 CLAR FERNÁNDEZ, J.M. (1999): Arrecife, capital de Lanzarote. Cabildo de Lanzarote y Ayuntamiento de Arrecife, pp. 94-95.
85 4.3. Política e Instituciones
96 Al intentar ubicar históricamente el desarrollo de las enfermedades y epidemias nos encontramos con la posibilidad de crear modelos temporales que nos permiten hacer una clasificación de los períodos en los que tradicionalmente hemos visto dividido el tiempo anterior a nuestra época. Así sin necesidad de situarnos en un sistema de imaginarios colectivos, encontramos como las representaciones de los diversos azotes epidémicos nos sirven de elemento clasificatorio temporizador. La malaria ha sido presentada como la epidemia que en el siglo XVIII “reemplaza” a la peste, el gran azote del siglo XVII, que tiene como última referencia la ciudad de Marsella en 1720, antes de perder su protagonismo social frente a la fiebre amarilla, en torno al paso del siglo XVIII al XIX 80 . Pocas o casi nulas son las referencias en Canarias que hablen de la existencia de personas dedicadas a la atención de los enfermos antes de la llegada de los normandos en 1402. La única cita que de algún modo trata esta cuestión es la de Antonio de Viana, cuando narra que a falta de “Galenos” y “Avicenas”, los aborígenes se aplicaban zumo de mocán para sanar el dolor de costado, suero de leche de cabra u oveja con miel para purificar el vientre y la tabaiba dulce para fortalecer las encías y en caso de tumores externos y verrugas. La tabaiba salvaje la aplicaban sobre los eccemas y en casos de artritis. Entre sus tratamientos también se encontraban los bálsamos odoríferos compuestos de hierbas y flores salutíferas. 81 En el mismo poemario encontramos la figura de un herbolario y un cirujano, quienes estuvieron con los heridos durante las guerras acaecidas durante la conquista, recibiendo por ello ostentosos regalos 82 . 80 RODRIGUEZ MARTÍN, C.(1991): Enfermedad y medicina en las Islas Canarias prehispánicas. Revista Eres: arqueología/bioantropología, Cabildo de Tenerife, Museo Arqueológico y Etnográfico, Nº 2, pp.59-80. 81 VIANA, Antonio de, (1991): Antigüedades de las islas Afortunadas. Edición de maría Rosa Alonso, Canarias: Gobiernos de Canarias (SOCAEM), 2vols., Canto primero, p. 26-27. 82 Ibídem, p. 223.
97 Algunos historiadores aseguran que los canarios confiaban sus enfermedades a una especie de chamanes que bien podían ser los faycanes de Gran Canaria, los hombres adivinadores de La Gomera o las mujeres, citadas por Torriani (1978), que dicen existían en Fuerteventura. Conrado Rodríguez (1991), señala que las enfermedades y accidentes cotidianos de los canarios eran tratados por los propios enfermos y que es muy posible que las mujeres intervinieran en los tratamientos de este tipo de dolencias, porque se decía que éstas tenían un mejor conocimiento sobre plantas medicinales y preparados caseros 83 . Por su parte, Carlos García (1993), alude al carácter primitivo cultural de los primeros habitantes de las islas, relacionando este hecho con la interpretación de la enfermedad como consecuencia de maleficios mágicos o íntimamente relacionada con la religión o divinidad, sin por ello quedar exentos de un buen arsenal de medidas y elementos concretos de curación, citados anteriormente, que se los da el conocimiento de la naturaleza de su propio cuerpo 84 . En lo que se refiere a terapéuticas quirúrgicas, José Molina González (2003) nos habla de las sangrías para dolores de costado, disneas y sofocaciones y en general en las enfermedades de larga duración, y de trepanación en el caso de las cefalalgias muy fuertes 85 . De todo ello, se puede concluir que los aborígenes canarios trataban sus enfermedades haciendo uso de los remedios naturales que encontraban a su alcance, ya fueran minerales, animales o vegetales. 83 RODRÍGUEZ MARTÍN, C. (1991): Enfermedad y medicina en las Islas Canarias prehispánicas. Eres. Arqueología/Bioantropología, Nº 2, p.62. 84 GARCÍA GARCÍA, C, (1993): Las enfermedades de los aborígenes canarios: estudio de patología osteoarticular. Centro de la Cultura Popular Canaria, La Laguna, p.72. 85 MOLINA GONZÁLEZ, J. (2003): Conocimientos científicos técnicos de los guanches. Información del Norte de Gran Canaria, p.13.
98 Estudiar el pasado histórico de las Canarias más orientales del Archipiélago resulta harto difícil. Las fuentes se han perdido o desaparecido merced a eventos históricos. La cercanía de Lanzarote al continente africano le hizo presa de los ataques berberiscos y argelinos en los siglos XVI y XVII. Pero en el siglo XVIII tuvieron una especial importancia pues dieron lugar a cifras alarmantes de morbilidad y mortalidad. Pocos son los datos que se pueden aportar dados los escasos antecedentes que se han recogido de los legajos y documentos históricos, pues enfrascadas las tropas españolas en lograr la pacificación y sumisión de los aborígenes a los Reyes Católicos, todo el interés de la nación radicó en el reparto de tierras, legislación civil y militar, y en las disposiciones emanadas tendentes a lograr la normalización de la vida isleña 86 . Los archivos de Lanzarote, el del Cabildo y el de los escribanos públicos, perecieron en la invasión del corsario Calafat en 1569 87 . Casi veinte años después, en julio de 1586, volvían a arder los archivos y oficios de notarios. Si estas destrucciones, ya de por sí nos niegan la consulta de fuentes históricas de primera mano, el incendio del archivo de la iglesia parroquial de la Villa de Teguise acaecido el 5 de febrero de 1909 88 nos impide la consulta de la mayor parte de su archivo antiguo. Estas vicisitudes hacen casi imposible poder reconstruir enteramente la historia de Lanzarote, y más la de su sanidad, en los siglos XV y XVI. 86 RIERA, J.(1992): Capítulos de la medicina ilustrada española (Libros, cirujanos, epidemias y comercio de la quina), Valladolid, Universidad de Valladolid, Secretariado de publicaciones, pp. 81-112. 87 GALÁN CUARTERO, M. y FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, J.M. (2007) en Programas de innovación educativa: Las Puertas Atlánticas: Piratas y Corsarios en Canarias (Siglos XV – XIX). Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cultura y Deportes, p. 14. El primero de los ataques de envergadura documentados fue una represalia: el corsario Calafat invadió con diez galeras la isla de Lanzarote el 22 de septiembre de 1569. Durante un mes saqueó la isla, retornando a su refugio con más de 200 personas. El pánico provocó el éxodo hacia las islas mayores. Las incursiones no cesaron. En septiembre de 1571 el pirata Dogali, apodado el Turquillo, volvió a ocupar Lanzarote, llevándose un centenar de personas esclavas de la ya escasa población lanzaroteña. 88 LOBO CABRERA, M. (1990): Lanzarote en el siglo XVI. Noticias históricas. II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura. Tomo I. Historia. Servicio de publicaciones del Excmo. Cabildo Insular de Lanzarote. Arrecife. p. 291.
99 Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, 1909. Archivo Municipal de Teguise
100 No obstante, hemos tratado de realizar una breve síntesis de la sanidad en la Villa de Teguise, ya que a su vez es la de Lanzarote y pensamos que es de utilidad, dadas las escasas referencias existentes en la bibliografía nacional, y además para que sirva de marco a nuestro estudio. Ocho cerdas adquiridas por Colón en la isla Colombina, en su segundo viaje a América (1493), causaron una epidemia que mató a miles de indígenas, muchos más que la propia guerra de la conquista No se tiene constancia de contagio en las Islas, lo que hace pensar que serían los navegantes que acompañaron a Colón los que enfermaron durante la travesía, al entrar en contacto con las cerdas enfermas, siendo estos marinos quienes traspasarían el mal a los indígenas del Nuevo Mundo.. Sólo un año después, los castellanos trajeron a Canarias la llamada gripe de la modorra, que mató a más de 4.000 guanches 89 . La primera epidemia, en realidad, según Justo Hernández (2005), la primera enfermedad contagiosa que afectó a Canarias, de las que se tienen indicios, pudo ser la peste. Los normandos que desembarcaron en el Rubicón, en Lanzarote, mucho antes de la conquista castellana, pudieron haber producido este brote que sólo se circunscribió en el Archipiélago a la isla conejera y a Fuerteventura 90 . Se calcula que la pandemia surgió en torno a la mitad del siglo XIV en China y pudo acabar con un tercio de la población mundial. Alcanzó Venecia por los barcos que transportaban la seda y se propagó a través de las ratas y la acción de las pulgas. La segunda mitad del siglo XVI no fue muy buena para Lanzarote; al hecho de la prohibición de realizar cabalgadas en Berbería en 1572, 91 que eliminaba parte del origen de la riqueza de los lugareños, hay que unir las tres invasiones que iba a sufrir entre 1569 y 1586: la de Calafat, en 1569, que se llevó más de 200 cautivos, la de Dogali “el Turquillo”, en 1571, que apresó a más de 100 personas y la de Amurat, en 1586, que capturó otros 200 individuos 92 En total, más de 500 habitantes de la isla fueron cautivados y llevados a África, lo que originó un mayor despoblamiento de la isla. A ellas añadir las correrías de otras naciones como la de los ingleses en 1596 93 . 89 Investigaciones de los doctores Agustín Muñoz-Sanz –del Hospital Universitario Infanta Cristina de Extremadura– y Francisco Guerra –que fuera catedrático de Medicina de las universidades de Alcalá de Henares, México, California, Yale y Londres recogidas en un reportaje de El País publicado en septiembre de 1985. 90 MILLET, D.(2009): La primera gripe porcina partió de la Gomera en 1493. La Opinión de Tenerife. Suplemento: A Fondo mayo.
101 Por estos motivos, Torriani (1978) cifraba la población lanzaroteña en mil almas hacia 1590 94 y en la transición al siglo XVII, algunos autores señalan la población de la isla en torno a los 1.500-1.600 habitantes 95 . No obstante, la epidemia de principios de siglo que se extiende por todo el archipiélago y la sequía de 1603 provocan que el conjunto descienda situándose en torno a los 1.215 habitantes 96 . El hecho que culminaría todos estos infortunios y desgracias fue la invasión de 1618, cuando una flota mandada por Solimán Arráez, según Viera y Clavijo 97 , o Mostafá y Tabac Arráez, según Millares Torres y Castillo 98 , atacó la isla. Tras el incendio de parte de la cosecha y de la villa de Teguise en la que se quemaron los protocolos notariales y numerosas viviendas, entre ellas la casa marquesal y el convento de San Francisco, los saqueadores lograron capturar a más de 900 personas Esta parece ser la cifra más acorde a la realidad, tras las numerosas opiniones de diversos historiadores 99 . 91 RUMEU DE ARMAS, A. (1956-57): España en el África Atlántica, Madrid: Instituto de Estudios Africanos, Vol I, p.555. 92 VIERA y CLAVIJO, J.(2004) : Noticias históricas de las Islas Canarias, Valladolid, Vol. I, p. 321. 93 MILLARES TORRES, A. (1997): Historia general de las Islas Canarias, Santa Cruz de Tenerife. Tomo III, p. 217. 94 TORRIANI, L. (1978): Descripción e historia del reino de las Islas Canarias. Santa Cruz de Tenerife, p. 50. 95 LOBO CABRERA, M. (1990): Lanzarote en el siglo XVI. Noticias históricas. "II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura" (1985), Madrid 1990, Vol. I pp. 291. 96 W.AA.: Historia de Canarias. Valencia 1991, Vol. II p. 279.
102 Las condiciones climatológicas propiciaban años buenos y malos, en un ciclo que se repetía y repite intermitentemente. El profesor Roldán calcula para Fuerteventura lo que vale también para Lanzarote, que de cada década eran años buenos dos, otros dos o tres intermedios y el resto estériles 100 . En relación a la población se observa un aumento progresivo desde finales del siglo XVI a fines del XVIII. En 1587, en la relación remitida al rey por el obispo de la diócesis, se da como total de población para toda Lanzarote unos 120 vecinos 101 , los cuales, de acuerdo con los nuevos coeficientes hallados para Canarias, pueden dar una población no superior a los 720 habitantes 102 , moviéndonos siempre en cifras aproximadas, al trabajar sobre una época preestadística. Esta cifra se va a multiplicar en el siglo XVII, llegando a alcanzar en 1688 una población de 4.483 habitantes. Este crecimiento vertiginoso va a continuar a lo largo del siglo XVIII, aunque con ciertas inflexiones 103 . 97 VIERA Y CLAVIJO, J.: Noticias históricas .. Op. cit. Vol. I. p. 336. 98 MILLARES TORRES, A: Historia general . .. Op. cit. Tomo III pp. 241. 99 ANAYA HERNÁNDEZ, L. A (1984): La invasión de 1618 en Lanzarote y sus repercusiones socioeconómicas. Actas del IV Coloquio de historia canario-Americana, p. 211. 100 ROLDÁN VERDEJO, R.: El hambre en Fuerteventura (1600-1800), S/C de Tenerife, 1968, p.6. 101 FERNÁNDEZ MARTÍN, L. (1975): Aspectos económicos, administrativos y humanos de la diócesis de Canarias en la segunda mitad del siglo XVI. “Anuario de Estudios Atlánticos”, 21, Madrid-Las Palmas, p. 114. 102 ANAYA HERNÁNDEZ, A. y LOBO CABRERA, M.: Lanzarote en el siglo XVIII. IV Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, ,Arrecife, 1989, Tebeto VI,p.60.
103 Entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII se van a producir nuevas, epidemias y fuertes movimientos migratorios que inciden negativamente en el crecimiento demográfico 104 . A ello se une la erupción volcánica de 1730-1736, que además de arrasar la parte sur de la isla en torno a Yaiza, produce un fuerte despoblamiento, pasando muchas familias a la cercana Fuerteventura 105 . La primera noticia que nos llega de una alteración de la salud pública por morbilidad catastrófica, aunque directamente relacionada con Tenerife, aún sin conquistar, no se produjo en esta isla, sino en una de las llamadas de señorío, en Lanzarote. Las circunstancias que rodearon esta primera alteración de caracteres epidémicos, tuvo mucho que ver, por otra parte, con la cultura de los primeros colonizadores y con sus creencias religiosas. No debe perderse de vista que el esquema de la sociedad en las islas de señorío respondía al modelo feudal, vigente entonces en la organización de una sociedad, la castellana, que continuaba alimentándose en fuentes medievales. El modelo medieval perdura en Canarias al menos hasta 1570, período en el que continúa el predominio de teorías teológicas, filosóficas, jurídicas, sociales y económicas plenamente del Medievo, hasta que poco a poco las ideas y la vida renacentista van sustituyendo a las instituciones arcaizantes 106 . Según Viera y Clavijo 107 los hechos a los que vamos a referirnos se sitúan hacia el año 1464 o el siguiente, y su protagonista principal parece que fue Sancho de Herrera, quien, conocedor de la existencia de la imagen de la Virgen de la Candelaria en poder de los guanches de Tenerife, creyó oportuno trasladarla a Lanzarote, donde pensaba que podría recibir el culto debido de aquella comunidad cristiana. 103 SÁNCHEZ HERRERO, J.(1975): La población de las Islas Canarias en la segunda mitad del siglo XVII (1676 a 1688), “Anuario de Estudios Atlánticos”, 21, Madrid-Las Palmas, p. 287. 104 BERGASA, O. y GONZÁLEZ VIETEZ, A.(1969): Desarrollo y subdesarrollo en la economía canaria, Madrid, p.30 105 CASTILLO, PA. DEL: Descripción histórica y geográfica de las Islas Canarias, Madrid, 19481960, T.I, Ediciones de Miguel Santiago, fascículo 4, pp. 1530-1538. 106 COLA BENÍTEZ, L. (1977): Santa Cruz bandera amarilla. Epidemias y calamidades (14941910), Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, p. 36. 107 VIERA y CLAVIJO, J. (1982): Historia de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, Goya Ediciones, vol. I, p. 648. Está obra se publicó por primera vez en Madrid en 1776, pero nosotros hemos utilizado la edición revisada de 1982.
104 De acuerdo con su propósito, trató de negociar con el mencey de Güimar, pero, como era de esperar, se encontró con una tajante negativa, que, lejos de desanimarle, le hizo recurrir a una estratagema. Haciendo como que se resignaba y renunciaba a su intento, apartó su navío de la costa dando a entender que desistía del empeño, pero aquella misma noche, en un rápido asalto, se apoderó de la imagen y retornó con ella a Lanzarote. Sucedió entonces que antes de que llegara el castigo por la maldad del engaño y por haber arrebatado por la fuerza la santa imagen del lugar que ella misma había elegido como morada, comenzaron los avisos divinos de lo que se avecinaba. Por una parte, la de los guanches del valle de Güimar, dicen que no llegaron a echarla en falta y que continuaban viéndola en su sitio en la cueva en que siempre había estado. Por otra, la de los castellanos de Sancho Herrera, que la habían entronizado en el altar mayor de su iglesia, la encontraban todas las mañanas vuelta hacia la pared, a pesar de que todos los días la situaban de frente. Este hecho fue interpretado por los cristianos como señal de que la Virgen no deseaba estar allí, por lo que se hicieron públicas plegarias, procesiones y disciplinas, para que Dios tuviera a bien dejarla entre ellos. Y, ahora viene lo concerniente a la salud pública, señala Fray Alonso de Espinosa: … No fue Dios servido de oírles; tenía otra cosa ordenada. Antes para desengañarles les envió una pestilencial enfermedad de modorra, de que muchas personas murieron. No quiso Sancho de Herrera resistir más a la voluntad divina, viendo y conociendo el azote de su mano. Y así se dispuso para volver a restituir la santa reliquia a su asiento y antigua morada que ella había elegido… 108 . 108 COLA BENÍTEZ, (1977). Op. cit: 37.
105 Como consecuencia de dicha epidemia, más de 200 personas perdieron la vida, lo que sin duda constituyó una enorme desgracia para una comunidad tan reducida como era entonces la de Lanzarote. Enfermedad, que es a modo de peste llamada por los conquistadores españoles modorra 109 , aunque menos comúnmente, moquillo, morriña o simplemente pestilencia, cuyos síntomas principales aparecen en pocas fuentes históricas, siendo Viera y Clavijo (1776) quien afirma que predominaban tres síntomas sobre los demás: fiebre alta (Viera se refiere a ella como fiebre maligna); pleuresía aguda (a la que los españoles denominaban en aquella época dolor de costado o punta de costado y coma letal (sueño veternoso 110 en el lenguaje de Viera), que ocurría en la etapa final de la enfermedad y que llegó a ser el síntoma preponderante. Dado que los españoles denominaban modorra a cualquier cuadro que cursara con letargo o coma, no es extraño que todo el síndrome fuera conocido por este nombre a falta de uno mejor, aunque para otros autores como Rodríguez-Martín y Hernández González(2005), la modorra o moquillo fue una epidemia de gripe complicada con neumonía y con un tipo o variante de la encefalitis letárgica de Von Economo,y que duró cerca de nueve años en el Archipiélago 111 . Hablamos de la gripe de la modorra, definida así porque generaba somnolencia. El análisis de esta epidemia, que diezmó a los indígenas tinerfeños de forma tan definitiva en su lucha contra los castellanos, se debe a la labor investigadora del mencionado Justo Hernández y de Conrado Rodríguez Martín (2005), doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de La Laguna y director del Instituto Canario de Bioantropolgía de Tenerife. En el libro “El enigma de la modorra”, Hernández y Rodríguez Martín (2005) calculan que sólo en Tenerife pudo haber entre finales de 1494 y comienzos de 1495 más de 4.000 muertes de una población de entre 15.000 y 20.000 guanches. También denominado moquillo o morriña por quienes la trajeron pero no resultaron afectados, se determinó que era un tipo de gripe pues la sintomatología y los datos epidemiológicos eran concordantes con sus características. Existen evidencias, además, de que la afección se vio agravada por dos de sus más temibles complicaciones: la neumonía y la encefalitis letárgica. El siglo XVI se muestra especialmente trágico. No es sólo el continuado azote de epidemias, plagas y miserias, sino también y principalmente, la ignorancia, el desconocimiento total tanto de las medidas de prevención como del posible remedio de los males. 109 Algunos cronistas la identifican con la peste bubónica o con el tabardillo . En nuestro estudio compartimos la opinión de otros historiadores que relacionan el tabardillo con el tifus exantemático. 110 Aletargado, perezoso, chocheante. 111 COLA BENÍTEZ, (1977). Op. cit: 47.
112 En septiembre de 1626 muchos vecinos de Lanzarote arriban en la isla de Fuerteventura con sus ganados, ante la mala situación económica de los conejeros y el padecimiento de una enfermedad contagiosa. Ante este hecho, Fuerteventura recuerda a sus habitantes que en Lanzarote hay una dolencia “de la que muere mucha gente”, por lo que se cerrarán los puertos a la entrada de vecinos y bienes de aquella isla 127 . La situación crítica de la población de Lanzarote parece que mejora algo en el invierno de 1627, cuando llegan ciertas remesas de trigo y vino desde Gran Canaria 128 . En 1638 se encuentra viviendo en la Villa de Teguise el cirujano y barbero Juan Martín, en concreto la fecha es del 20 de noviembre. Era el único médico en la isla y estaba pagado por el Cabildo General 129 . De nuevo encontramos a Juan Martín en un acuerdo del Cabildo de 12 de septiembre de 1640, en el detalle de cuentas que presenta el mayordomo Melchor de Sosa Perera: … Se le descarga de 50 reales que por libranza pagó a Juan Martín, Cirujano, de resto de 100 que se le da por este Cabildo porque asista en esta isla por tal Cirujano y Barbero, que se cumplió por 7 de julio de éste presente año… 130 . En este mismo año, una extraña enfermedad atacó al ganado vacuno. Cada día fallecía algún animal, pero la preocupación llegó cuando las personas que habían estado en contacto con estos animales enfermaron, lo que obligó al Cabildo General a reunirse en sesión del 27 de agosto y acordaron … en lo cual se debe atender y mirar por ser una cosa tan importante a la salud, de que si no se remedia puede causar algún mal contagioso, el cual se debe evitar, por todos los mejores medios y caminos que convengan a cosa tan importante como la salud y sobre ello, le encarga al dicho Cabildo la conciencia para que lo mire con toda ciencia de razón y celo cristiano … 131 127 QUINTANA ANDRÉS, P. y DE LEÓN HERNÁNDEZ, J. (2002). Op. cit, p.37. 128 Archivo Municipal de Teguise. Libro de Actas del Cabildo de Lanzarote, acuerdo de diciembre de 1627. 129 Libro de Actas del Cabildo de Lanzarote, sesión del 20 de noviembre. 130 Libro de Actas del Cabildo de Lanzarote, sesión del 27 de agosto. 131 Ibídem.
113 Pero no era solo la enfermedad lo que terminaba con la vida de muchos lanzaroteños, sino también los ataques de piratas y aventureros que asaltaron Lanzarote. De los profesionales foráneos, la mayor parte de los que ejercen actividades relacionadas con la sanidad son miembros de la tripulación de navíos extranjeros, con una estancia de carácter temporal en la isla. Se hallan de paso y se instalan por un breve período de tiempo, como Simón Fol, cirujano inglés que reside entre 1643 y 1645. Solamente hemos encontrado un caso en que llegue a avecindarse, se trata de un médico francés Juan Carrera, que lo hace en el último cuarto del siglo, quizás porque se casa con una natural de la isla y decide permanecer definitivamente 132. La necesidad de una atención sanitaria a los habitantes de los lugares determina el asentamiento de algunos profesionales dedicados al área de la medicina. Aunque suelen tener una clientela abierta que incluye a todos los vecinos. En períodos en los cuales no había médicos o cirujanos, o en aquellos casos cuyos medios no les permitían asegurarse sus servicios, se recurrían a boticarios o herbolarios que se situaban en un escalafón más bajo que los anteriores, pues sus conocimientos eran menores 133 . Sin duda podemos afirmar que ya desde el siglo XVI, a pesar de que se desconocían los mecanismos de contagio, se adoptaban medidas preventivas entre la población insular que si bien no conseguían la salvaguarda de la salud de la población, sí lograban disminuir en parte las posibilidades de contagios.Con este fin, la Junta de Sanidad, mediante una circular, edita en 1649 las normas que se promulgan para evitar la entrada de barcos y pasajeros contagiados, consisten en no recibir a ningún navío español o extranjero “sospechoso” y en caso de hacerlo alguno, ponerlo a barlovento, sin entrar dentro del puerto; exigirles la documentación que se recogerá en la punta de una caña, chamuscándola con fuego antes de leerla, bajo pena de una multa de 1000 ducados. Posteriormente, y una vez adjudicada la boleta de salud, las personas podrían desembarcar 134 . 132 BRITO GONZÁLEZ, A. (2003): Los extranjeros en las Canarias Orientales en el siglo XVII, ULPGC biblioteca digital, p. 47. 133 Ibídem, p. 48. 134 RODRÍGUEZ ARROCHA, B. (2005): La prevención de las epidemias de peste en las Actas del Cabildo de Lanzarote. XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, Servicio de publicaciones del Cabildo de Lanzarote y Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura, Vol. 1, Tomo I Historia, p.251.
114 Es en el año 1652 cuando registramos otro cirujano para atender a la población de Lanzarote, Joseph Ruiz, pagado también por el Cabildo General, con un sueldo de 100 reales al año como ayuda para amortizar el alquiler de la vivienda. Estuvo ejerciendo en Lanzarote hasta el año 1654, fecha en que el Cabildo prescindió de sus servicios al no disponer de fondos para mantenerlo 135 . Tres años después, en 1655 llega a Lanzarote para ejercer como médico cirujano, Antonio de Espichueta, a quien se le ofrecieron 50 reales como ayuda para pagar el alquiler de la vivienda 136 . En 1659, Lanzarote vuelve a sufrir una epidemia, que obliga a las autoridades de la isla de Fuerteventura a cerrar los puertos de Corralejo y Tostón, así como cualquier otro posible punto de desembarco 137 . En la concesión de Patronato para la Ermita de la Vera Cruz de Teguise, en una nota del Obispo Fr. Juan de Toledo, de fecha 22 de agosto de 1661, se habla del hospital de la Vera Cruz de Teguise. Es esta la segunda referencia localizada de este hospital 138 . 135 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p.34. 136 Ibídem, p. 36. 137 Ibídem. 138 Ibídem, p. 37.
115 El Gobernador Presidente y Capitán General de las islas comunica al Cabildo de Lanzarote que en Francia y los Países Bajos se padece mal de contagio, por lo que convocados en la Villa de Teguise el 15 de enero de 1668, las autoridades locales acuerdan: … Que en cumplimiento de todo lo que ordena su señoría, quién mandó se publicase en esta razón, como se publicó antes de ayer domingo 13 del corriente en la plaza de esta Villa, por ante Antonio López Carranza, escribano público de la Guerra, dijeron que en esta isla se guarde lo contenido: cualquier embarcación que llegare a apostarse a ella no traten ni comercien, ni entre gente alguna en tierra sin que primero se haya visitado y hecho las diligencias necesarias. En primer lugar no se consienta que en ninguna de los puertos de esta isla, sino es en los principales como el Arrecife, Puerto de Naos, Bufona, den habla ni echen gente en tierra, ni nadie vaya a bordo, y que quisieren comerciar y tratar haya primero de ir a los puertos principales para que se hagan las dichas diligencias primero, y ésta se guarde y cumpla. Que por cuanto en las partes de Haría y en la de Rubicón hay algunos puertos adonde suelen llegar embarcaciones, surgir y dar habla echando gente en tierra, y para que se ejecute lo que va dicho, en la parte de Haría se nombra a Baltasar de los Reyes Martín, alcalde ordinario del dicho valle y teniente de una de las compañías de a caballos, y al capitán don Cristóbal de la Torre, y en Rubicón al alférez Antonio García Pascual y a Joaquín Perdomo … 139 . A principios de la década de 1670 descubrimos en la isla un cirujano y un médico. El primero, aunque extranjero, es vecino de Gran Canaria, de paso en la isla en un viaje a Cádiz. El segundo se avecinda en la isla, casa con una natural de ella y vive allí ejerciendo su oficio, como médico, cirujano y boticario hasta su fallecimiento a principios del siglo XVIII. Se trata de Juan Cabrera, francés, quien en el mes de diciembre de ese año se trasladó a Fuerteventura, a donde fue llamado para curar al Padre Guardián Fray Marcos Rocío. Estando en Fuerteventura, el Cabildo le propuso que se quedara para traer medicinas y ejercer de cirujano, aceptó la propuesta con la condición de que cada vecino le diera, al año, fanega y media de trigo y 15 reales en el caso de no haber cosecha. Igualmente, se comprometió a no recaudar dinero alguno por sus servicios, salvo en la atención por heridas resultantes de pendencias, en las que cobraría sus curas a los implicados en las mismas 140 . 139 Libro de Actas del Cabildo de Lanzarote. Sanidad, enero 1668. 140 BRITO GONZÁLEZ, A. y TORRES SANTANA, E. Extranjeros en Lanzarote 1650-1700. Tesis doctoral p. 55.
116 Las epidemias y otras enfermedades hacen que un solo médico apenas pueda resolver todos los casos que surgían. Únicamente las personas pudientes podían permitirse el lujo de traer otro médico de fuera de la isla. En otras ocasiones, era el Obispo quien enviaba un médico a las islas cuando éstas eran azotadas por enfermedades contagiosas. En la segunda mitad del siglo XVII se aprecia ya una cierta reanimación demográfica, sin duda auspiciada por la mejora de las bases económicas. Así se comprueba cómo en 1676 se da un gran paso triplicándose los recursos humanos. Y en 1688 los lanzaroteños cuadriplicaron las cifras de población obtenidas en 1605 al llegar nada menos que a 4.483 habitantes. Con semejantes magnitudes la densidad se sitúa en 5,37 habitantes por kilómetro cuadrado. La población se concentra fundamentalmente en Teguise, capital de Lanzarote, en donde vivían 3.943 personas en 869 casas. Se trataba ya de una capital con una organización administrativa, religiosa y militar aceptable 141 . En el norte de la isla se encontraba Haría, que contaba con 540 habitantes alojados en 114 casas. El resto de la isla parece estar semivacío a excepción del Puerto de Arrecife, en cuyo caserío se erigió un oratorio o ermita, construida probablemente en 1630 por un mercader y capitán llamado Francisco García Santellas, de origen francés y administrador del Estado en Lanzarote 142 . Otros profesionales relacionados con la sanidad, vecinos de Lanzarote, en el siglo XVII, fueron los cirujanos franceses Hernallo Crusiel y Francisco Lamis; el inglés John Duarte; y el belga Francisco Hermans. Desconocemos que tipo de asistencia sanitaria prestaban 143 . Es preciso y saludable hacer un breve recorrido por la sanidad en nuestra isla y detenernos en sus hospitales cimentados en penurias; es la preocupación, el trabajo constante, la lucha de sus habitantes a lo largo de estos siglos, quien consigue obtenerlos y dotarlos invariablemente con carencias. 141 HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, J. y ARMAS MELIÁN, R.(2005): Historia del Ayuntamiento de San Bartolomé. Doscientos años de alcaldes. XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Cabildo de Lanzarote, p. 264. 142 Ibídem. 143 Archivo Municipal de Teguise. Sin catalogar.
117 La isla de Lanzarote, por su pobreza, careció desde los primeros años de su conquista de un hospital en que se curasen los enfermos indigentes. De ahí la preocupación de algunos hombres importantes de la Villa de Teguise, para que tal beneficio fuera recibido por los más necesitados. A partir del siglo XVII es cuando encontraremos reflejada, en la escasa documentación sobre el tema, la preocupación por la instalación de un establecimiento de este tipo. Los personajes más importantes de la isla, principalmente de la Villa de Teguise trataron de poner los medios económicos y legales para alcanzar este objetivo de fundar una edificación en la que atender a los necesitados. En las postrimerías del siglo XVII, en el año 1698, el Capitán Gaspar Rodríguez Carrasco con motivo de haber adquirido cuantiosos bienes, vecino de la Villa de Teguise, testaba sin herederos directos legando unas casas de su propiedad que años antes había hecho construir a extramuros de la ciudad, con el objetivo de que sirviesen de hospital para curación y asistencia de los enfermos pobres de la Villa. Para ésto ofrecía trasladar a dichas dependencias a los religiosos de San Juan de Dios que se hallaban en Andalucía, para lo cual era imprescindible obtener el consentimiento del Monarca, previo informe elaborado por el propio cabildo de Lanzarote 144 . Pero no pudo llevarse a cabo este proyecto ya que la orden de San Juan de Dios rehusó enviar algunos de sus miembros a la isla, argumentando no poder mantener una institución de esa envergadura a tanta distancia de su centro. Al parecer, tampoco fueron concebidos medios que permitiesen generar recursos para el sostenimiento de dicha institución, unido a las imposibilidades de los religiosos para mantener médico y botica, que era la principal finalidad del donante. Con todo esto el proyecto del hospital quedó paralizado, sin volverse a mencionar en los años siguientes, aunque en el último tercio del siglo XVIII se resaltará la tentativa de Gaspar Rodríguez como el primer precedente. 144 Archivo Municipal de Teguise. Sin catalogar. Hospital del Espíritu Santo y Cuna de Niños Expósitos. s/fol., 1837.
118 Es lógico pensar que esos intentos estaban motivados por la necesidad, aún incipiente, de ofrecer una respuesta institucional al problema de la marginalidad, probablemente más extendido en Teguise por tratarse del núcleo más importante de la isla y donde estaban los grupos más acomodados, únicos capaces de sustentar un hospital. En 1710 hallamos la segunda tentativa encaminada a instaurar un hospital en Lanzarote. Se envía primeramente el escrito a la Real Audiencia, que centralizará todo el material sobre este tema. Es un proceso diferente al que hemos señalado doce años antes, pero que a su vez se sustenta en ese primer paso, entre otras razones porque legaba unas propiedades que serían de gran utilidad para el instituto. En esta ocasión aparecen nuevos obstáculos, como la oposición entre intereses seglares y eclesiásticos, esgrimiendo la condición impuesta por el soberano, años atrás y vigentes en ese momento, en la cual se expresaba la prohibición de dar licencias a nuevas fundaciones monásticas en la isla, fuese cual fuese su fin. Se trataba de limitar la presencia religiosa en la vida social y política de Lanzarote, una isla de señorío con serios problemas económicos 145 . Ya no es la orden de San Juan de Dios, ahora es la de Santo Domingo, que ya estaba instalada en las islas Canarias con lo que se destruye el argumento de la excesiva distancia de la Península Ibérica. Los locales solicitados no estaban extramuros de la ciudad; en estos momentos se pide un convento que se encontraba ubicado en el mismo lugar. Resulta significativo observar que se denomina a la nueva institución hospicio, totalmente relacionado con los tratados de los consejeros de la Corona, que es a partir de aquí cuando están comenzando a hablar de este tipo de establecimiento. Sin embargo, en el Archipiélago Canario no se implantaron hospicios hasta finales del siglo XVIII. Las casas del capitán Gaspar Rodríguez, una vez inviabilizada la posibilidad de convertirlas en hospital, fueron legadas a los religiosos de Santo Domingo, de ahí esta nueva propuesta de establecer allí un hospicio. 145 SANTANA PÉREZ, M. Y PERDOMO MONZÓN, M.E. (1989): Beneficencia en Lanzarote. Cabildo de Fuerteventura, p.82
119 Convento de Santo Domingo (1925). Archivo Municipal de Teguise
120 A partir de aquí se abrirá un controvertido debate centrado en la aplicabilidad de la real cédula por la cual se prohibía la instalación de órdenes religiosas en la isla. Desde Lanzarote los grupos interesados en la instalación sostendrán la diferencia sustancial que significa dedicarse a una actividad asistencial de la que tan necesitada se encontraba la isla, argumentando que el nuevo centro redundaría en la utilidad espiritual de las almas y en el recogimiento de los enfermos con pocos recursos económicos. Tan sólo se expresa la idea sanitaria y asistencial, como suele suceder en los documentos de este tipo, pero por otro lado también ocuparía una parcela en la represión de la indigencia conejera que se encontraba principalmente en Teguise en busca del sustento diario, incomodando a sus vecinos más pudientes. Pese a todo, estos esfuerzos fueron inútiles, la posición de las altas autoridades fue invariable: prohibir la fabricación del hospicio que con título de hospital se intentaba hacer. En este estado las cosas, los clérigos de la Orden de Santo Domingo se establecieron en las referidas casas de Gaspar Rodríguez, otorgando ante el escribano público Juan Bueno Hernández de Rojas en la Villa de Teguise el 4 de julio de 1711 sus propiedades para la fundación del convento de Santo Domingo, pero debía cambiar de denominación, pasando a titularse de San Juan de Dios, en recuerdo de su primera intención frustrada desde los últimos años del siglo XVII 146 . Desde 1711 a 1725 no hallamos referencia alguna sobre el tema quedando estancado el proyecto de fundación de un hospital, al menos de modo explícito. M. 146 SANTANA PÉREZ, Y PERDOMO MONZÓN, M.E. (1989). Op.cit. p. 86.
121 El asunto vuelve a resurgir, ahora sin ningún tipo de oposición, el 10 de febrero de 1725 con la promulgación de una Real Provisión por la cual eran autorizados los religiosos de la provincia de Canarias a fundar en Lanzarote un convento con un hospital y un templo adjunto. Esto era así a pesar de estar prohibidos por la legislación vigente, en ese momento, cualquier clase de institutos religiosos que quisiesen implantarse en la isla; añadirían, como coletilla, siempre que no estuviesen dedicados a establecimientos benéficos y casas de misericordia 147 . Al introducir esta alteración se posibilitaba la construcción del hospital en manos de la Orden de Santo Domingo, ya que no existía en la isla otro colectivo capaz de hacerse cargo de esta empresa. Sin embargo, dada la ambigüedad con que había ido transcurriendo todo el asunto, volvió a hallar extraños obstáculos este tercer intento, cuando parecía completamente solucionado. Va a ser la propia Orden, que en las Islas Canarias no cumplía este cometido, la que vaya a poner objeciones al proyecto de hospital. De esta forma los religiosos instalaron en la isla su convento, pero no procedieron a dar el paso siguiente, con lo cual Lanzarote se quedaba privada del ansiado hospital para enfermos pobres y sin médico ni botica que habría de servir, en general, para toda la población indiscriminadamente. En el terreno asistencial el problema se había agrandado. Por un lado, la situación socioeconómica cada vez era más difícil, necesitándose con mayor urgencia un lugar en el que recluir a los marginales. Por otra parte, este fracaso rompía las pretensiones de los grupos conejeros, ya que todos sus proyectos pasaban por una regencia dominica del hospital, no habiendo, pues, alternativa, ya que las únicas propiedades con que podía contar el establecimiento habían sido ocupadas como convento. A partir de aquí existe un largo período de silencio con respecto a la instalación del hospital en la isla que no se corresponde con una mejoría económica, sino que viene determinado por reiteradas frustraciones. Cuando vuelva a impulsarse el tema ya no será enarbolado por los mismos grupos. 147 BOSCH MILLARES, J. (1963): El Hospital del Espíritu Santo en la isla de Lanzarote. Revista El Museo Canario, números 85-88, Las Palmas de Gran Canaria, p. 58.
128 La persistente sequía prolongaba la angustia de la población. La crisis afectaba no sólo a las islas orientales, donde la escasez se agudizaba, sino también a Gran Canaria y Tenerife donde la llegada de emigrantes producía graves problemas de abastecimiento. Ante esta situación, se opta por dirigirse al Rey el 4 de julio de 1771 solicitándole ayuda para redimir las consecuencias de la situación de hambruna y comunicándole la gravedad de la situación producida por el hambre y la acumulación de emigrantes procedentes de Fuerteventura y Lanzarote temiéndose se propague una epidemia por las muertes y enfermedades ocasionadas por la hambruna a pesar de que algunos particulares y el Cabildo Eclesiástico han distribuido bastante dinero en limosnas y en público socorro, yendo personalmente algunos capitulares por calles y plazas hasta los barrios más remotos facilitándoles medicinas y médicos asalariados a su costa, sin cuya ayuda muchos hubieran perecido 165 . Las ayudas oficiales, como los repartos de gofio y bizcocho efectuados en la isla en julio y agosto de 1771, tuvo carácter de préstamo. Vendiéndose a 40 reales la fanega de gofio y a 70 el quintal de bizcocho 166 . Esta circunstancia posibilitó que sólo aquellos que disponían de un patrimonio con el que garantizar la devolución del préstamo tenían acceso a estas ayudas a cambio de hipotecar sus bienes. Además de quedar excluida la parte de la población más necesitada, muchos de los beneficiados en estos repartos se vieron imposibilitados de efectuar la devolución, prevista para agosto de 1772, y tuvieron que enajenar parte de sus bienes para hacer frente a los compromisos contraídos 167 . Al año siguiente, Manuel de Armas Scorcio, coronel de milicias, comunica a la Audiencia que en las parroquias de la isla se llegan a enterrar a más de mil quinientas personas, amén de las que sepultan en las ermitas del campo y en los despoblados 168 . 165 Archivo Catedralicio Diócesis Canariense. Libro de Cartas, Tomo 5, 1768-1784. 166 Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. Protocolos notariales. Escribano: D. Antonio de la Cueva Zaldívar. Legajo: 2.844, fols. 390 y ss. Pan horneado dos veces. Se trata de una masa a la que se le da determinada forma, (cilíndrica o rectangular) y se hornea; luego se corta en "tajadas" y puestas nuevamente en la bandeja en forma horizontal, se cocinan nuevamente hasta que estén secas y crocantes. Pan duro y seco que se embarcaba en las naves. 167 QUINTANA y OJEDA (2000). Op. cit, p. 182. 168 ROLDÁN VERDEJO, R. (1968): El hambre en Fuerteventura. Aula de Cultura de Tenerife, p. 22.
129 Con fecha de 17 de febrero de 1776, el Cabildo de Lanzarote recibe un auto de don Antonio de Villanueba del Consejo de Su Majestad en el que se acusa a Basilio Podio de practicar la medicina y la cirugía sin que conste en el juzgado el título y/o licencia del Protomedicato, rogando se le notifique que no puede ejercer en ningún pueblo de la isla. El auto fue comunicado al Sr. Podio por el escribano público don Antonio Miguel del Castillo. En el mismo expediente figura un Real Despacho, donde se especifica, Que enterado de los muchos que se introducen a Médicos, Cirujanos y Boticarios sin tener las calidades prevenidas en las Leyes de estos mis Reynos y de que las Justicias y Concejos los admiten fácilmente en sus Pueblos respectivos sin asegurarse antes de las cartas de examen y licencias necesarias como es su obligación 169 . Dando cumplimiento a lo que especificaba el Real Despacho, el Señor Coronel don Manuel de Armas Scorcio y Betancurt, Alcalde Mayor de la isla y residente en la Villa de Teguise del Arcángel San Miguel de la Isla de Lanzarote, dispuso todo lo necesario para vigilar a quienes ejercían de médico, sin autorización. Descubriendo que, además de don Basilio, se encontraba don Miguel Guyot, dedicado a realizar curaciones, a quien se le prohibió ejercer dicho empleo. Sin embargo, el Sr. Podio demostraría, más tarde, que sí estaba facultado para ejercer como médico, puesto que en 1782, vemos que figura como médico titular del Hospital del Espíritu Santo 170 . Entre 1776 y 1777 llega al Puerto del Arrecife el Comandante General de Canarias, Eugenio Fernández de Alvarado, marqués de Tabalosos, quien queda asombrado de la miseria y despoblación de la isla. Probablemente, la visión de la “isla sufrida” le decidiera, más que otras razones, a realizar el renombrado Plan Político 171 , que en la actualidad se conserva en el Archivo de Simancas. 169 Actas del Cabildo de Lanzarote. Sesión de 17 de febrero de 1776. 170 Ibídem. 171 SANTANA PÉREZ, J.M. (1998): La población de Fuerteventura a fines del Antiguo Régimen, Boletín Millares Carlo, nº 17, p.167. El “Plan Político” fue redactado y remitido a las Cortes en 1777, en él se recogía la población, junto con las cosechas y el ganado de todas las islas.
130 Son los tiempos en que todo escasea en Lanzarote, siendo el único movimiento del Puerto las naves llegadas de Mogador 172 con algún trigo o cebada, pero que en realidad apenas abastecía a la población. Los mendigos se multiplicaban alrededor de las casones del Puerto del Arrecife, en particular delante de la ermita de San Ginés. Muchos necesitados encontraron salida en los barcos que invernaban en la bahía, empleados como engrasadores de sogas y maderos a cambio de unas galletas 173 . En una carta, con fecha de catorce de julio de 1784, el Marqués de Branciforte, Comandante General de las Islas Canarias, se dirigía al cuerpo de Justicia y Regimiento de la isla de Lanzarote para informarle del contagio de peste que estaba afectando al área dálmata, la isla de Bracia y otros parajes cercanos 174 . El Comandante conminaba en su epístola a que se practicaran las prevenciones estimadas como útiles en Lanzarote con el fin de evitar el contagio, alegando su propia responsabilidad ante el Rey, y mostrándose dispuesto a ejercer su autoridad y rectitud contra las autoridades insulares en los supuestos en que no se observara el debido celo y cumplimiento de las disposiciones. Branciforte estimaba que en la isla oriental no había médico que pudiera asistir a las personas contagiadas. Según su parecer toda embarcación que presentara dificultad en su admisión (sospechosa de contagio) debía alejarse de Lanzarote y dirigirse a las islas de Gran Canaria, Tenerife o La Palma, donde consideraba que podrían facilitarles todos los medios de favorecerles sin perjuicio del vecindario 175 . 172 Actual Essaouira (Marruecos) 173 HOZ de la, A.(1962): Obra escogida. Servicio de publicaciones del Excmo. Cabildo Insular de Lanzarote, p.36. 174 RODRIGUEZ ARROCHA, B.(2005): La prevención de las epidemias de peste en las Actas del Cabildo de Lanzarote (siglo XVIII). XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, Vol. 1, Tomo I Historia, Servicio de Publicaciones del cabildo de Lanzarote, Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura, Arrecife, 2008, p. 241. 175 Ibídem, p.254.
131 El día veinte y ocho del mismo mes don Manuel de Torrente, Conde del Asalto junto a otros miembros de la Junta Suprema de Sanidad de Cataluña, informaban a la Junta Suprema de Sanidad del reino de la peligrosidad que entrañaba la llegada de las embarcaciones procedentes de los dominios otomanos y potencias berberiscas. Por su parte, los Magistrados de sanidad de Niza y Génova habían establecido la prohibición de comerciar con las embarcaciones procedentes de los lugares mencionados. La Suprema Junta de sanidad aprobó en aquella ocasión las providencias sugeridas y acordadas por la de Cataluña tendentes a evitar el contagio, según se desprende del texto de la carta fechada el veinte de septiembre del mismo año, enviada por el Marques de Branciforte al cabildo de Lanzarote 176 . Nuevamente, el doce de agosto siguiente, el marqués de Branciforte escribía a las autoridades lanzaroteñas dándoles noticia de las más de trescientas personas que por causa de la peste habían fallecido en Túnez. Les informaba, además, de la llegada a Tánger de un barco posiblemente infectado, que procedía de Alejandría y Marsella, al que se había obligado a salir de la bahía. El Comandante volvía a exigir al cuerpo de Justicia y Regimiento la escrupulosa observación de las disposiciones tendentes a evitar el contagio, advirtiéndoles de la facilidad con que la tripulación superviviente de los barcos afectados se embarcaba en botes y chalupas para desembarcar fácilmente en las costas y playas. Sugiere que las autoridades insulares impongan a las naves y lanchas que se acerquen a las costas la obligatoriedad de llevar unas señales de cara a su mejor identificación. A este último requerimiento respondió el Cabildo de Lanzarote aludiendo a la inutilidad de la medida, puesto que únicamente el puerto principal de la isla era vigilado, las demás playas y surgideros de la isla carecían de defensa o vigilancia 177 . 176 RODRIGUEZ ARROCHA, B. (2005). Op. cit. p.255. 177 Ibídem.
132 El Comandante General de Canarias hacía especial hincapié en la debida observancia de la cuarentena de los buques procedentes de marruecos. Por consiguiente, los barcos costeros dedicados a la pesca debían ser inspeccionados para verificar si habían tenido trato con los patrones o buques procedentes del país magrebí. Desde el Cuerpo de Justicia y Regimiento de Lanzarote se dio constancia de la recepción de esta última epístola con una respuesta dirigida a Branciforte, con fecha de cuatro de octubre 178 . La epístola fechada pocos días después, el veinte y siete de octubre, muestra la disconformidad de Branciforte hacia las autoridades lanzaroteñas que al parecer habían permitido la admisión en la isla de una embarcación española llegada del continente americano, sin haber tomado las precauciones necesarias ni realizado la visita de inspección al barco el mismo día de su llegada. El Capitán General amenaza, en esta ocasión, con hacer uso de su poder sancionador para castigar a los infractores de las órdenes dadas tendentes a evitar la introducción de la epidemia. La fiebre azotó nuestras islas especialmente en dos fechas, las de 1780 y 1787. En ambas se practicó por primera vez la inoculación, pequeña intervención, que desde años antes se venía realizando en Las Palmas, extrayendo pus de las pústulas con un cordoncillo de algodón, que guardan, una vez empapado, en una cajita de madera de las utilizadas para guardar tabaco. En ella permanecía encerrado hasta que la luna estuviera en uno de los días de cuarto menguante, momento en el que se procedía a la inoculación, después de haber hecho pequeñas incisiones. Pasados ocho días, surgían ronchas de viruela que a los pocos días comenzaban a llenarse y a los cuatro en plena madurez eran pinchados de nuevo para recoger el pus en el correspondiente cordoncillo de algodón. Era habitual que hasta los seis años los niños parecieran viruelas locas, sarampión, paperas y sarna, enfermedades que eran tratadas con sangrías, purgas, ungüentos y lavativas; y pasada esa edad dolores de muelas, las que se sacaban a hierro sin anestesia 179 . Otros remedios utilizados en la época fueron la verbena, harina de centeno y yema de huevo en forma de emplasto para los dolores de costado. El amoniaco para la indigestión por hongos y píldoras de lagartija contra la lepra y la sífilis 180 . 178 RODRIGUEZ ARROCHA, B. (2005). Op. cit. p.256. 179 GARCÍA ORMAECHEA Y CASANOVAS, P. (1974): Betancourt, su juventud y su vejez. Revista de Obras Públicas, nº 3112, Madrid, p.3. 180 Ibídem, p.4.
133 Escolar y Serrano recoge en su trabajo Estadística de las Islas Canarias, 17931806., la epidemia que sufrieron los lanzaroteños en 1799, y como en la isla hay nueve Barberos sangradores, que la isla no es muy sana y que en ella se alarga poco la vida: sin duda por la falta absoluta de los montes, por lo cálido del clima y el exceso con que estos isleños beben licores espirituosos 181 . Y hablando de los pueblos de la isla relata cómo en Haría había un sangrador que ejercía también de médico y cirujano y que era un pueblo sano. En Tinajo, refiere también la presencia de un barbero que profesaba como cirujano. Respecto de Tías, lo define como uno de los pueblos más saludables de la isla, probablemente por vivir, sus vecinos, aisladamente y en el campo. Sin embargo, a pesar de que el clima y las circunstancias locales son similares, define a San Bartolomé como el pueblo en el que más personas fallecen y poco favorable para los niños. Tampoco recomienda Yaiza para la salud infantil ni para prolongar la vida. En lo tocante a Arrecife, relata que ejerce un cirujano, aunque el pueblo no es muy enfermizo, sin embargo, refiere que no es el mejor para la conservación de la especie 182 . Nos acercamos al final de un siglo en el que Lanzarote, bajo el impacto de circunstancias adversas, y a pesar de ellas, va sentando los cimientos de una estabilidad social, que contribuye a que sus ciudadanos comiencen a ser conscientes de su propia identidad. 181 DÍAZ HERNÁNDEZ, R.F. (1987): La mortalidad de Arrecife de Lanzarote entre los años 1914-1918, I Jornadas de Historia de Fuerteventura y Lanzarote. Tomo I, Cabildo Insular de Fuerteventura, pág. 538. 182 Ibídem, p. 539.
135 5.2. Situación sanitaria de Lanzarote en el siglo XIX
137 En el período de tránsito entre el siglo XVIII y el XIX la novedad más destacada desde un punto de vista económico será la aparición de un nuevo producto de exportación: la barrilla y asimismo la incorporación al comercio de exportación de las islas más orientales del Archipiélago (Fuerteventura y Lanzarote), dedicadas secularmente a sus funciones como “graneros insulares”. Los altos precios alcanzados por la barrilla transformó la situación socio-económica de Lanzarote, cuya población se había visto tradicionalmente afectada por la trilogía sequías-malas cosechas y hambre 183 . El siglo XIX es en España tiempo de revoluciones y de grandes crisis nacionales, siglo de conmociones políticas y militares, en el que el concepto indiscutible de la suprema autoridad real se resquebraja hasta caer de lo que era hasta entonces su intocable pedestal. Pero, además, por encima de los movimientos armados o ideológicos, con todo lo que ello representa, y como su inmediata consecuencia, se impone y destaca la conmoción, el cambio social, que se extiende incontenible por toda la nación. Al desaparecer la vieja estructura de la sociedad estamental, arrastrada por la ruina del Antiguo Régimen y a impulsos de las nuevas corrientes industrializadoras, surgen unos nuevos protagonistas sociales, burguesía y proletariado, que ineludiblemente marcarán la historia de la centuria. En las Islas, por razones geográficas y por su singular estructura social, los aires renovadores llegan tarde y atenuados y, al margen de la conmoción nacional de 1808 y años siguientes, los elementos constitutivos de la sociedad canaria – nobleza, propietarios, pueblo y burguesía -, mantendrán su estatus por bastante tiempo, aunque con creciente protagonismo de la última. Al inicio del siglo XIX coexisten órganos de formación pretérita que subsisten de manera precaria y que van a ir desapareciendo progresivamente de acuerdo a los principios político-organizativos del nuevo siglo y con la adaptación a los nuevos conocimientos técnicos que requieren el arte de curar y cuidar. Estos órganos heredados que fenecen a mediados del siglo son el protomedicato, las Juntas Gubernativas Superiores de Medicina y Cirugía y Farmacia y la Junta Suprema de Sanidad. 183 ARBELO GARCÍA, A.(1990): Burguesía tinerfeña y comercio de la barrilla: el ejemplo de la familia Casañas (1780-1814), Tebeto: Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, nº 3, p.27
138 Sin embargo, se mantienen otros órganos que, heredados del siglo anterior, perduran e incluso se fortalecen a lo largo de todo el siglo, como las Juntas provinciales y municipales y las academias de medicina y cirugía. En este período, surgirán órganos propios y genuinos que sustituirán a los anteriores, tal que el real Consejo de Sanidad, los subdelegados de sanidad, los inspectores sanitarios y los médicos titulares 184 . En Lanzarote, como en toda sociedad tradicional se practicó, simultáneamente, la medicina “popular” y la “académica”. La primera precedió a la segunda y han coexistido juntas. Hay que tener presente, a la hora de conocer los recursos ante la enfermedad con que cuenta una sociedad, la presencia de otras medicinas, el pluralismo médico. Como ha indicado López Piñero la aparición de las medicinas racionales no supuso el final de la lucha contra las enfermedades basada en las creencias mágicas y religiosas 185 , que han sobrevivido, incluso hasta la actualidad. Una isla representa por sí misma una limitada frontera topográfica, razón por la que está abocada al estudio y desarrollo de todo tipo de remedios o curaciones a partir de la fauna y flora que la integran 186 . Curanderas/os, sanadoras/es, esteleras/os, se encargaban de ello así como de trasmitir sus conocimientos, aunque algunas sanadoras fueron señaladas como brujas, han tenido discípulos hasta nuestros días. Por otro lado, no fueron muchas las ocasiones en que la población pudo plantearse acudir a otro tipo de medicina. En Teguise, primera capital de la isla, se instauró el primer hospital en 1774, pero sus condiciones y duración no fueron suficientes para paliar las deficiencias sanitarias de la Isla, convirtiéndose en 1794 en Casa de Expósitos 187 . 184 VIÑES RUEDA, J.J. (2006): La sanidad española anterior a 1847. Colección: Temas de historia de la medicina, Gobierno de Navarra, Departamento de Salud, p. 39. 185 LÓPEZ PIÑERO, J.M.(1990): Historia de la medicina, Madrid, Historia 16, p.24 186 GODOY PÉREZ, J.M. (1986): Curandería y cancionero de Lanzarote. En prensa: La Voz de Lanzarote. 187 JIMENEZ SÁNCHEZ, S.: Origen y extinción del Hospital del Espíritu Santo y Cuna de Niños Expósitos en la Villa de Teguise. El Museo Canario. VII-IX-46, pp. 59-65.
139 En el hospital no se admitían enfermos héticos (tuberculosos) o con “otras enfermedades incurables”. Las dolencias que más se trataban eran las venéreas 188 , no obstante, se pensaba que una de las patologías dominantes en la isla –tuberculosis pulmonarera atribuida al venéreo o humor gálico, una veces adquirido y otras, con más frecuencia, heredado, aunque la enfermedad más asidua era la elefancia 189 , cuya existencia achacaban a la mala alimentación: harina de grano picado, pescado salado y rancio y pardelas en el mismo estado 190 . El hospital contaba con cuatro camas, ingresando entre 1801 y 1805 21 enfermos, lo que habla más de su ineficacia que de una etapa saludable para la población a pesar de que no se registra más que una muerte en todo el quinquenio En el apartado de los expósitos encontramos que a 89 entradas le corresponden 86 defunciones, prácticamente el 100% de los niños expósitos morían 191 . Esta institución, encuadra más con las que se dedican al fomento de la asistencia y cuidado del enfermo, que a la curación, atendiendo a la raíz etimológica de la palabra “hospedería o asilo”. A principios del siglo XIX Teguise contaba con un médico, don Pedro Suárez 192 , y seis barberos sangradores. Tinajo, Haría y el Puerto del Arrecife, con un barbero sangrador en cada pueblo. Don Pedro Suárez fue médico de Teguise hasta que se trasladó a vivir a Arrecife. La isla era atendida por un número insuficiente de médicos, supliendo la asistencia a través de los sangradores y curanderos/as. De igual forma, la asistencia en los partos, la realizaban las comadronas. 188 HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, G.(1983): La estadística de las Islas Canarias. 1793-1806, de FRANCISCO ESCOLAR Y SERRANO. T II. Las Palmas de Gran Canaria, p.48. 189 No está claro si hace referencia a la elefantiasis o a la lepra. 190 MADOZ, P.(1986): Diccionario geográfico histórico-estadístico. 1845-1850. Salamanca, p.48. 191 JIMENEZ SÁNCHEZ, S.: Origen y extinción del Hospital del Espíritu Santo y Cuna de Niños Expósitos en la Villa de Teguise. El Museo Canario. VII-IX-46, p. 61. 192 ÁLVAREZ RIXO, J.A.(1982): Historia del Puerto del Arrecife en la isla de Lanzarote una de las canarias. Santa Cruz de Tenerife, p. 119.
146 Todo era motivo de observación, lo mismo contamina una persona que contamina la mercancía. Para evitar el desembarco de cualquier persona del navío se realizaban las rondas de mar, practicadas por un barco perteneciente a la Junta de Sanidad municipal (la Junta de Sanidad la constituyen el alcalde presidente, el comandante de Armas, el capitán del puerto, el jefe de Rentas, el farmacéutico y cuatro vecinos (plazas no remuneradas); un director médico, un secretario, un celador, un patrón de falúa, cuatro marineros y un intérprete (plazas remuneradas) 206 . Sin embargo, muchas de estas acciones encaminadas a evitar los temidos contagios eran transgredidas por algunos barcos que verificaban sus descargas por otros puertos de Lanzarote. En el trabajo sobre el Puerto de Arrecife de Montelongo y Falero (2000) 207 se recoge el acta de la Junta de Sanidad de Arrecife correspondiente al año 1811, en la que se relata cómo en octubre de dicho año fondeó en el puerto de Arrecife la goleta Lorenza, presuntamente fugada del puerto de la Orotava, donde había fiebre amarilla. La Junta de Sanidad de Lanzarote no quiso admitirla en el puerto, empero del saludable aspecto de sus tripulantes, imponiendo un aislamiento de ochenta días, a pesar de los ruegos de los familiares. Sin médico ni medicinas, los marineros de la goleta mostraban diariamente sus caras a los inspectores, muchas de ellas tiznadas con hollín para disimular las amarilleces. Y aunque muchos de los marinos saltaban a tierra por la noche, para dormir con sus mujeres, no hubo en el Puerto ningún contagio, quizás porque las frías aguas les mejoraban la enfermedad, porque a pesar de todo no hubo en el Puerto un solo contagio. En los últimos meses de 1811, en medio de una gran sequía, llegó una plaga de langostas. Volvieron a esquilmarse las pobres cosechas, se generalizó el hambre y la miseria, y los habitantes de Lanzarote buscaron una vez más refugio en la emigración, de forma especial hacia Tenerife 208 . 206 MONTELONGO FRANQUIZ, A.J. y FALERO LEMES, M.A. (2000): El Puerto del Arrecife. Servicio de publicaciones del Cabildo de Lanzarote y del Ayuntamiento de Arrecife, p.393. 207 Ibídem, p. 394. 208 COLA BENÍTEZ (1977). Op. cit. p. 148.
147 El 16 de julio de 1812, la Junta de Sanidad toma el acuerdo de fijar unos criterios para preservar la seguridad en materia de salud pública, de los habitantes de Lanzarote. Dicha política prohibía la admisión en el puerto de Arrecife de barcos procedentes de la Orotova, del puerto de La Luz en Gran Canaria, de Santa Cruz y de cualquier otro lugar que hubiese padecido o padezca la fiebre amarilla, estableciendo que tanto la tripulación como los pasajeros, realizasen la cuarentena a bordo de los barcos, al no haber suficientes guardias para mantener la seguridad de los lazaretos ni socorrer a los indigentes que entraban en ellos. Con el fin de proteger las playas fronterizas, se establecen tres guardias, compuesta cada una de ellas por tres soldados y un cabo, cubriendo de este modo la playa de Guacimeta y sus inmediaciones, Playa Quemada y su recinto y Papagayo hasta montaña Roja 209 . A los barcos de pesca de Papagayo de les prohíbe detenerse en el mar hasta después de las oraciones y salir a pescar antes que sea de día. Mientras, los barcos de pesca de Arrecife tenían que hacerlo al naciente y norte del puerto y bajo ningún concepto, en la temporada, al poniente o en las inmediaciones de Fuerteventura. Todos castigados bajo severas penas. El 5 de agosto de 1812, la Junta de Sanidad de Lanzarote tiene conocimiento del desembarco en Arrieta, de dos marinos procedentes de La Palma, procedentes del barco Soco. Una vez aprehendidos fueron obligados a guardar doble cuarentena 210. La cuarentena degredo se podía realizar en Arrecife, Arrieta y La Graciosa. Entre los papeles sueltos y notas de la Junta de Sanidad, destacamos varias referencias a los barcos retenidos y a los nombres de sus patrones y dueños entre los que figuraban vecinos de nuestra isla, como el bergantín barco “San Lorenzo y las Ánimas”, perteneciente a don Pedro Gutierrez, o el barquillo de remos, nombrado “San José”, cuyo patrón era don José Martín Curbelo y que transportaba fanegas de maíz. La Junta de Sanidad hace pública una relación de vecinos de la isla capacitados para realizar las guardias de vigilancia, reclutando a un total de 2.250 personas 211 . 209 Actas del Ayuntamiento de Arrecife. Sanidad. Acuerdo de 16 de julio de 1812. 210 Actas del Ayuntamiento de Arrecife. Sanidad. Acuerdo de 5 de agosto de 1812. 211 Actas del Ayuntamiento de Arrecife. Sanidad. Sin catalogar.
148 Antes de que la medicina en el municipio fuera ejercida por profesionales con reconocimiento académico, estuvo en manos de personas que no la tenían. Tal es el caso de un inglés que llegó al Puerto, Thomas James, en 1814 212 . Comerciante, que junto a su compatriota el cónsul británico King, montó una compañía que quebró, pasando, posteriormente, a ejercer la medicina sin acreditar su solvencia científica y logrando en 1837 un permiso del Ayuntamiento para poder ejercer en la isla de Lanzarote 213 , dada la escasez de médicos oficiales y la creciente demanda de los mismos. Thomas James se instaló definitivamente en la isla, falleciendo soltero y sin descendencia, no reposó junto a sus convecinos, pues al ser considerado protestante fue enterrado en el Islote del Castillo de San Gabriel 214 . 212 Archivo Municipal de Arrecife: Censo 12, leg. 12/1. Registro de defunciones, 3-X-1841 – 15VI1847. 213 ÁLVAREZ RIXO, J.A. (1982): Historia del Puerto del Arrecife en la isla de Lanzarote una de las canarias. Santa Cruz de Tenerife, p.119. 214 Hasta 1847 se registra a Thomas James en los padrones. Tenía 53 años y llevaba residiendo en Arrecife 33. ÁLVAREZ RIXO, J.A.: Op. Cit. p. 119.
149 Tenemos noticias de cómo en el año 1814 llegaron a Tinajo seis vecinos procedentes de Fuerteventura y, de que después de dos días de estancia en el pueblo, se observó que se encontraban enfermos. Este hecho motivó al alcalde de Tinajo a poner en conocimiento de las autoridades sanitarias el problema. Inmediatamente se reunió la Junta de Sanidad de Arrecife con fecha 18 de octubre de 1814, acordando que no se admitiese la comunicación con barcos procedentes de Fuerteventura mientras no se dilucidasen los síntomas de la enfermedad de los recién llegados a Tinajo, quedando los buques detenidos para someterlos a la normativa vigente. De igual modo, estableció un cordón a la salida y entrada del pueblo para impedir la comunicación de sus habitantes, exigiendo la papeleta de los Presidentes de la Junta de Sanidad o de los alcaldes a todas las personas que se hallasen en los alrededores para acreditar su procedencia 215 . Dos meses después, José María Bethencourt y Bethencourt, en carta fechada en la Vegueta el 17 de diciembre de 1814, describe los síntomas y la relación de personas de Tinajo que se encontraban enfermas, … Según he podido informarme allí del Venerable Cura de Tinajo, como de otros muchos vecinos, hay en este pueblo seis enfermos, todos venidos de la Isla de Fuerteventura en quienes se manifestó esta enfermedad a los dos días de llegados aquí; por la relación de los vecinos inmediatos se observan en todos unos mínimos síntomas. Cayetano Torres de Mancha Blanca se halla de mucho peligro, la mujer de Eusebio Cuadros también muy grave, su marido un poco menos y los otros tres no tanto como este último . Supe también como en la casa del Llano de la Oliva en Fuerteventura le dijeron a los tales que se hallan enfermos que iban a la Virgen de la Peña en romería, que no tuviesen que ir a Río de Palma, parece que allí se padece algún mal contagioso. Las medidas que tomé fueron internar a los vecinos que no tuviesen comunicación alguna con ellos porque su enfermedad era sospechosa, hasta tanto que la Sanidad determine otra cosa. Espero me diga V. a la mayor brevedad si se le pone guardias a las puertas de los enfermos, o lo que la sanidad tenga a bien … 216 215 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p. 76. 216 Íbidem.
150 En 1816 se obtiene en Lanzarote una copia del acta levantada por la Junta Superior de Sanidad, reunida en la Villa de Santa Cruz de Santiago, en la misma se cita al Correo Mercantil de Cádiz que había publicado un edicto de la Junta de Sanidad de Lisboa, dando relación de las medidas que se debían tomar con los barcos procedentes de algunos países, se decía que eran contagiosos de la peste de Levante, los puertos de Egipto, Constantinopla, todos los puertos del Reino de Nápoles, ningún barco que procediera de estos puertos debía entrar en la isla y si lo hicieran se les obligaría a salir con las precauciones necesarias. Al punto, se relacionaba otros puertos que también eran sospechosos, y que a los barcos procedentes de los mismos había que someterlos a cuarentena de veinte días. A los de una tercera relación, a diez días y si algún pasajero saltara a tierra se le ingresaría en los lazaretos correspondientes 217 . La cuarentena degredo fue en muchas ocasiones denunciada por los patrones a los que se retenía en el Puerto del Arrecife puesto que en ocasiones no tenían para sobrevivir en ese lugar dadas las condiciones en las que se encontraba la tripulación, después de dos días en el degredo, tras la pérdida de todo el fornecimiento en el naufragio. El incumplimiento de las normas que establecía la Junta de Sanidad implicaba graves consecuencias, como la sufrida por el médico don Francisco Mireaden, que fue cesado de su cargo, en 1817, por subir a un barco inglés, procedente de Gibraltar, en el período de cuarentena. Es también en 1817 cuando la peste invade el norte de África, motivo por el que se recibe en las islas un Real Decreto que da fe de la existencia en la costa septentrional de África de la enfermedad conocida con el nombre de peste de levante 218 , dolencia introducida por las relaciones comerciales con los países europeos, cuyas embarcaciones se contagiaban en áreas del mediterráneo oriental o norteafricano, prohibiéndose el intercambio tanto de pasajeros como de mercancías con la zona 219 . 217 COLA BENÍTEZ, (1977). Op. cit. p. 138. 218 Peste bubónica o de Londres como la llamaron nuestros abuelos. 219 RODRÍGUEZ ARROCHA, B. (2005): La prevención de las epidemias de peste en las Actas del Cabildo de Lanzarote (siglo XVIII). XII Jornadas de estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, Vol. 1, Tomo I Historia, Servicio de publicaciones del Cabildo de Lanzarote y de Fuerteventura, Arrecife 2008, p. 241.
151 El venerable vicario del pueblo de Haría, con fecha 17 de mayo de 1817, escribe al Cabildo General notificándole que en ese pueblo se padecen algunas calenturas denominadas tabardillos y que aunque no son muchas las personas que las padecen tiene temor de que se fomente su propagación por el clima, la poca ventilación de las viviendas y las reuniones en las casas de los enfermos, principalmente por las noches., rogando le indiquen qué medidas ha de seguir 220 . Hasta principios de la década de los veinte, Arrecife contaba con la asistencia sanitaria de Thomas James y un barbero sangrador para atender a una población de aproximadamente 2.000 personas 221 . En 1822, por resolución de 23 de enero, aparece la primera Ley Orgánica española de Beneficencia, que atendió a reglamentar la beneficencia pública, especialmente la municipal, y dentro de ella, la asistencia domiciliaria, declarándola obligatoria para los Ayuntamientos. Esta ley trazó un plan bastante completo de beneficencia, sobre la base de la autonomía del municipio y de la provincia, estableciendo en cada ayuntamiento una Junta Municipal de Beneficencia, bajo cuya dirección y vigilancia deberían estar los establecimientos públicos de beneficencia que existieran en las provincias 222 . El Ayuntamiento de Teguise continua preocupándose por la atención sanitaria a sus vecinos y así en los presupuestos de 1821 de Teguise se fijan 6.000 reales para el médico cirujano y 3.000 para el establecimiento de una botica 223 . 220 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p. 80. 221 Archivo Municipal de Arrecife. Contribución de Comercio. Sin catalogar. 1820-1821. 222 MOYANO BAZZANI, E. L. (2000): Notas sobre la beneficencia en Canarias a mediados del siglo XIX. Las Palmas de Gran Canaria, p.2. 223 Ayuntamiento de Teguise. Sanidad. Acuerdo de 1821.
152 Un gran avance de la legislación española en materia de higiene y organización sanitaria lo constituye la creación de los médicos y veterinarios municipales y su contratación por los ayuntamientos, ordenado en la Ley Municipal de 1823; reforma del trienio liberal, que va a ser el germen de una futura organización asistencial benéfica individual y luego inspectora en el ámbito local 224 . Entre 1823 y 1827 se abre la primera botica en la Plaza de La Unión (hoy de la Constitución), a cargo de José González Serrano 225 a la que siguen las de Santiago Hernández en 1851 y la de Cipriano Arribas en 1872. A finales de los 20 tenemos registrado además del barbero sangrador y boticario, a un médico 226 . Casi 90 años más tarde, en 1824, muy cerca de Timanfaya, entran en erupción tres nuevos volcanes, el de Tao o del Clérigo Duarte, el Nuevo del Fuego o del Chinero y el de Tinguatón. Se trata de una triple erupción que cubrió 4,9 Km 2 y que persistió durante 86 días. Las fracturas se abrieron entre las aldeas de Tao y Tinguatón, echando agua salada hirviendo que había penetrado por las fisuras subterráneas, con la consiguiente destrucción de tierras y de aljibes de agua y sin daños por ocupar terrenos afectados durante la erupción 17301736 227 . Este hecho forzó la emigración de muchos lanzaroteños, agravando la ya de por si desastrosa situación de la agricultura local, que únicamente vería un poco de luz con la plantación de la barrilla. 224 MACHADO, S. (1975): La concepción sanitaria decimonónica. En La sanidad Pública en España, Instituto de Estudios administrativos, Madrid, pp. 25-33. . Esta concepción sanitaria decimonónica tenía las siguientes señas de identidad: 1. “El papel de la administración queda limitado a la atención de aquellos escasos problemas que escapan a la resolución del individuo y cuyo carácter supra-individual reclama una respuesta del poder organizado, sólo si la enfermedad padecida por un individuo importa al conjunto de la colectividad, la Administración debe intervenir”. 2. “El sistema sanitario tendrá un carácter estrictamente preventivo, la Administración liberal debía atender al indigente enfermo porque era con excepción social, incapaz de satisfacer sus propias necesidades, encuadrada en el conjunto de las prestaciones de beneficencia”. 225 ÁLVAREZ RIXO, J.A.(1982): Historia del Puerto del Arrecife en la isla de Lanzarote una de las Canarias. Santa Cruz de Tenerife, pp.119-188. 226 Archivo Municipal de Arrecife. Contribución 1829. No quedó registrado su nombre. 227 MARTÍNEZ DE PISÓN STAMPA (1984): Las erupciones históricas canarias, Boletín de la Real Sociedad Geográfica, nº 120, Madrid, pp. 151-152.
153 De nuevo hace su aparición la viruela en Tenerife, introducida por un buque de guerra francés, atacando de forma especial a muchos de los inmigrantes de Lanzarote que habían llegado a Santa Cruz en un estado de total depauperación.. Busto y Blanco (1864) habla de una variedad gangrenosa epidémica y, sin citar cifras, dice que murieron bastantes personas, situando una primera invasión en 1825, que se repite en 1828 228 . En mayo de 1826, es nombrado “Maestro del Oficio de Barbero”, Manuel Pérez 229 . A ese período corresponden los escritos del que fuera cónsul británico en Tenerife, Coleman McGregor, reflejados en su obra “Las Islas Canarias: según su estado actual y con especial referencia a la topografía, estadística, industria, comercio y costumbres (1831)” 230 quien visitó todas las islas, tomando nota de sus costumbres y tradiciones, y al hablar de la sanidad en las islas comenta como el clima de Canarias es, en general, beneficioso para la salud y las enfermedades que afligen a la población son similares a las encontradas en la Península Ibérica, resaltando las oftalmias e inflamaciones de los ojos en Gran Canaria y en las dos islas más orientales como resultado de la calima que trae el viento, y que en ocasiones afloran la varicela, la tos ferina, la escarlatina y el sarampión, siendo más rara la viruela. 228 COLA BENÍTEZ, (1977). Op. cit. 159. 229 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p. 83. 230 COLEMAN MACGREGOR, F. y BATISTA RODRÍGUEZ,J.J. (2005): MacGregor: Las islas Canarias: según su estado actual y con especial referencia a la topografía, estadística, industria, comercio y costumbres (1831). Centro de la Cultura Popular Canaria, La Laguna, p. 124.
154 Por último, considera endémicas enfermedades como la sarna, la tiña en todas sus variedades, el herpes, la lepra y otras enfermedades de la piel. La sarna estaba extendida, por lo que no resultaba extraño encontrar infectados con ella a personas de las principales familias (un prejuicio muy arraigado, que cuenta con defensores incluso entre las clases altas, sostiene que la curación de esta enfermedad resulta perjudicial para la salud, de manera que se transmite de padres a hijos). Diferentes tipos de elefancía son también endémicas y no existe casi ningún pueblo donde no hay uno o varios de tales enfermos. A pesar de las enfermedades mencionadas, de la miseria y de las privaciones, refiere que los habitantes de las islas son sanos y fuertes, aunque no llegan a lograr una edad tan avanzada como la alcanzada por los habitantes de los países fríos, hecho que achaca a lo pronto que se presenta la pubertad 231 . En cuanto al tratamiento de los cadáveres o de los entierros, menciona que los sepelios de la gente acaudalada se celebraban acompañados de algunas ceremonias. Veinticuatro horas después de la muerte de una persona, en el cuarto más solemne de la casa mortuoria y encima de una mesa rodeada de cirios encendidos, se coloca el ataúd abierto con el cadáver, el cual, a veces, está vestido con el hábito de una orden eclesiástica. La familia del difunto, el alcalde del lugar, parientes y amigos, están todos presentes y se mantienen en derredor cerca de la pared. Si ha un convento en el lugar, se presenta también la congregación clerical. A continuación, una campanilla anunciaba que se aproximaba el clero con su séquito de sacristanes y niños del coro. Después de haber chillado más que cantado algunas estrofas en latín, se trasladaba el cadáver, seguido de todo el cortejo fúnebre, bien a la iglesia parroquial, bien a la capilla de un convento. Por el camino se hacían varias paradas y se entonaba, en cada una de ellas, un canto fúnebre. El número de descansos era determinado de antemano por la familia del difunto, quienes pagaban por cada uno de ellos. Al finalizar el culto cuatro personas cargaban el ataúd y lo llevaban a paso rápido hasta el cementerio, habitualmente situado a las afueras del pueblo, salvo en las aldeas más pequeñas en la que todavía enterraban a los muertos en las iglesias. Una vez en el camposanto, sacaban el cuerpo del ataúd de gala y lo colocaban en un cajón de madera de pino cubierto de cal viva, para que se descompusiera más rápidamente y se sepultaba en la tierra 232 . 231 COLEMAN MACGREGOR, F. y BATISTA RODRÍGUEZ,J.J. (2005). Op. cit. p. 124 232 Ibídem, pp. 146-147.
155 Por el contrario, si el fallecido era pobre su cadáver era arrastrado más que llevado hasta la tumba, por dos mozos cargadores, estando su cuerpo cubierto con los harapos imprescindibles y atado a una barra por la cabeza y los pies, de manera que el cuerpo colgaba hasta casi tocar el suelo. En las aldeas sólo había un ataúd, sin tapa, en el que se trasladaba al interfecto a la iglesia, amortajado y con la cara descubierta. El suelo de la iglesia, cubierto con baldosas o ladrillos rojos, se abría mediante unas estrechas viguetas de madera en una superficie de seis pies de largo por dos y medio de ancho, dejando el espacio necesario para enterrar el cadáver, sin féretro, ya que solamente los ricos eran enterrados en las iglesias con ataúd. Al día siguiente, los familiares o parientes del extinto mandaban oficiar una misa de difuntos, por la que el clero cobraba los habituales derechos de estola 233 . A principios de los años treinta, se incorporan otro barbero sangrador, Lucas Ruano, natural de Gran Canaria, y dos médicos, José Bethencourt que se avecina a los 41 años y Blas Curbelo Guerra, de Yaiza, con 36 años. En Teguise continua como médico titular Manuel Ramírez Monfort 234 . Entre los años 1830 y 1844 los habitantes de Lanzarote tuvieron que soportar una aguda y larguísima crisis económica, de las más duras que se han registrado en su historia. Esta crisis tuvo su origen en la caída de ventas de la barrilla en los mercados, y se acrecentó con una escasa producción agraria, consecuencia de una pertinaz sequía. 233 COLEMAN MACGREGOR, F. y BATISTA RODRÍGUEZ,J.J. (2005). Op. cit. 147. Recaudación por el ejercicio del culto. La iglesia recibía una ofrenda en dinero o especie, siendo habitual depositar en los escalones del altar un par de carneros, un barril de vino o algunos sacos de cereal. 234 Archivo Municipal de Arrecife; Contribución 1833.
162 Chil afirma que ya en abril de 1837, se dieron algunos casos de fiebre amarilla en la provincia de Las Palmas. Según este autor, se adoptaron las medidas usuales en estas situaciones. Aunque la enfermedad duró poco, quizás porque la climatología de estos meses no es la más propicia para el desarrollo de la fiebre amarilla. A pesar de ser el único autor que la menciona, los datos que proporciona hacen verosímil la existencia de una enfermedad epidémica, fuera o no la fiebre amarilla 250 . Mayores repercusiones tendría la que fue importada desde La Habana por el bergantín español Temerario, que arribó a Las Palmas el 23 de agosto de 1838 251 . Ya durante la travesía enfermaron varios tripulantes y pasajeros, a pesar de lo cual sólo se les mantuvo en observación ocho días, lo que al igual que el año anterior, provocó la protesta de la población contra la Junta Municipal de Sanidad. Realmente, las críticas parecen justificadas, pues la Real orden del 24 de abril de 1817 estipulaba, que los buques procedentes de las Antillas y de la costa americana, debían guardar una cuarentena de ocho días si no habían tenido novedades sanitarias durante la travesía, y quince si las hubiera, que es el caso que tratamos 252 . En estas fechas, el Síndico Personero de Teguise reitera en la necesidad de que la Villa cuente con un médico y un veterinario, adjuntando al expediente varias notas que argumentan la necesidad de estos profesionales, y que a diferencia del año 1809, en esta ocasión el Ayuntamiento tenía un soporte legal más claro. La Instrucción para el gobierno económico y político de las provincias de 3 de febrero de 1823, en pleno Trienio Liberal, era en realidad una Ley sobre Régimen Local 253 . 250 CHIL y NARANJO, G. (1891): Estudios climatológicos de las Islas Canarias. Archivo Museo Canario, Ms 5 II-4.4., p.1094. 251 Ibídem, pp. 1000-1114. 252 CARRILLO, J.L. y GARCÍA-BALLESTER, L. (1980): Enfermedad y Sociedad en la álaga de los siglos XVIII y XIX. Fiebre amarilla (1741-1821). Málaga, Universidad de Málaga, p. 137. 253 SORIANO PALAO, J.A. (2000): La asistencia sanitaria pública en Yecla (Murcia): 18501930. Asclepio, Vol. LII-1., pp. 197-198.
163 Esta importante ley, que constituiría un modelo para las posteriores leyes de régimen local, fue suprimida por Fernando VII en su segundo período absolutista y restablecida, tras su muerte, en octubre de 1836. Muñoz Machado divide las atribuciones de los Ayuntamientos que son conferidas por esta ley en dos tipos: unas funciones propias y otras delegadas por la Administración. Pues bien, las funciones propias son casi en su totalidad de carácter sanitario o relacionadas con la sanidad 254 . Lo que aquí nos interesa es el artículo 12, en el que se especifica que los Ayuntamientos deberán procurar que “haya facultativo o facultativos en el arte de curar personas y animales, según las circunstancias de cada pueblo, señalando a los médicos y cirujanos la dotación correspondiente, a lo menos por la asistencia de los pobres, sin perjuicio de que si los fondos públicos lo pueden sufrir se extienda también la dotación de la asistencia sanitaria a todos los demás vecinos. Los facultativos serán admitidos y contratados por el Ayuntamiento, pero si sus sueldos u honorarios se hubieran de satisfacer por igualas o repartimiento vecinal, sólo se sujetará a este pago a los que quieran servirse de los facultativos elegidos». Así pues, la ley vigente dejaba claro que el Ayuntamiento podía optar por uno u otro sistema según las disponibilidades económicas, lo cual ya era una fuente de conflicto entre los vecinos y también entre los médicos, pero es que además, admitía que en el caso de repartimiento vecinal, sólo se debía sujetar a este pago a los que (voluntariamente) quisieran servirse de los facultativos. En resumen la ley establece, al menos, la asistencia a los pobres (beneficencia) y abre el camino a la función asistencial pública, si bien de forma voluntaria 255 . 254 SORIANO PALAO, J.A. (2000). Op.cit. pp. 197-198 255 En palabras de Muñoz Machado, «Es ésta la primera manifestación, aunque su contenido sea parcial, de la asunción por la Administración del cuidado de la salud individual, es decir, que estamos ante la primera declaración constatable hasta ahora de actividad pública sanitaria de carácter asistencial... es de tomar en cuenta el dato de esta primera manifestación (en cierto modo extemporánea en relación con las ideologías reinantes), que de haberse fortalecido podría haber sumado al tradicional sector preventivo el asistencial como obligada prestación de la Administración pública.
164 Continuaba el Personero, con la asignación que debía tener el médico que se estableciera en Teguise, que debía ser mayor que la que recibe el médico de Arrecife, dada la gran cantidad de núcleos que tiene el municipio y la distancia entre ellos. También dice que la asignación se debe fijar desde que el médico inicia su actividad, no sea que ocurra como con el facultativo don Manuel Ramírez Monfort, que ejercía en Teguise y como amenazó con trasladarse al Puerto del Arrecife, por no serle rentable estar en la vieja Villa, se le amplió la asignación, que cobró solo el primer año, el de 1833, pero no en los siguientes 256 . Narra, también, como el Coronel de Fuerteventura tiene un médico para atenderlo a él personalmente y a su familia, en la Oliva, y que le paga 1.000 duros y que sin embargo aquí no hay nadie con ese poder económico para mantener un médico en el pueblo, ya que no hay industrias, solamente dos abogados, tres escribanos, cuatro procuradores, dos tiendas, unas cuantas lonjas, un carpintero, un herrero y algunos zapateros. Ruega a las instituciones que sean conscientes de la situación y que no miren hoy con indiferencia lo que mañana les hará derramar lágrimas, ya que están expuestos a ver morir como animales a sus hijos, a sus padres y a sus mujeres por no tener con que pagar a un facultativo 257 . El médico Manuel Ramírez Monfort obtenía como ingresos el arrendamiento de la finca de Las Castellanas, pero al ser reclamada para la dotación de escuelas quedó privado de ese ingreso que era de unos quince pesos. Al no tener medios para subsistir, pasó a residir en Arrecife en 1844 258 , registrándose como médico junto a Pedro Suárez ya viudo y con 68 años 259 y a José Bermúdez 260 . 256 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p. 94. 257 Íbidem. 258 Era natural de Teguise y había nacido con el siglo. Hijo del hacendado Carlos Ramírez y Margarita Monfort. Residirá en Arrecife desde 1844 y no se casará. Fallece a los 52 años. Archivo Parroquial de San Ginés. II Libro de Defunciones,11-X-1852. 259 Archivo Parroquial de San Ginés. II Libro de Defunciones,15-VII-1853. Fallece a los 73 años. 260 Archivo Municipal de Arrecife. Contribución comercial. 1842. Única información que contamos para este profesional.
165 Aunque la información disponible no es profusa, el historiador tiene que aprehender el sufrimiento que provocan la miseria y el hambre, más difícil sino imposible de cuantificar. El 2 de junio de 1840, José María Bremón firmaba en la capital de Canarias una circular de la Diputación provincial solicitando ayuda para los moradores lanzaroteños, víctimas por ocho años consecutivos de escasísimas cosechas, y cuya situación se hacía indescriptible 261 . … Figuraos no obstante que poblaciones enteras se dirigen a las playas con el fin de trasladarse a otras islas en la primera embarcación que se ofrezca a su vista, pero que careciendo del preciso alimento para su viaje, no son admitidas en ella y quedan en las mismas playas acosadas del hambre y de la sed; pues esas mismas poblaciones llegan diezmadas a sus hogares, porque muchos no han tenido fuerzas para resistir a tal miseria y perecen dolorosamente en los caminos. ¿Será posible un grado mayor de penuria y desesperación?... En consecuencia, mientras se esperaba que llegasen los socorros solicitados del gobierno, la Diputación proponía la realización de una suscripción pública. La indignación ante los desastres causados por la escasez de alimentos y la desidia de las autoridades en la isla de Lanzarote ante tal situación, desde Santa Cruz de Tenerife se propone que hablen con el párroco para despertar la consideración de los vecinos y que contribuyan según posibilidades para poder distribuir, entre los indigentes, un plato de potaje o sopa 262 . 261 Diputación Provincial. Habitantes de Canarias, B.O.P.C, 80, Santa Cruz de Tenerife, 4 de julio de 1840, p. 1. 262 MILLARES CANTERO, A. y DE PAZ SÁNCHEZ, M.(1987): Fuerteventura y Lanzarote: sondeo en una crisis (1875-1884). I Jornadas de Historia de Fuerteventura y Lanzarote. Tomo I Historia y Geografía. Servicio de publicaciones del Excmo. Ayuntamiento de Fuerteventura, Puerto del Rosario, pp..36-37.
166 Tres años más tarde, el jefe político Pedro Mariano Ramírez continuaba la obra benéfica. En concreto, durante la primavera de 1843, Lanzarote se hallaba tan acuciada por la falta de lluvias que “la miseria general en los años anteriores ha crecido en términos que perecerán aquellos habitantes de hambre y de sed si no se procura aliviar pronto su aflictiva situación” 263 . Estos escenarios angustiosos se repiten en años sucesivos, agravadas no sólo por las sequías sino por las esporádicas plagas de langosta 264 . En lo concerniente a las crisis de 1850-1860 sabemos que el primer año fue realmente desastroso para la existencia de los lanzaroteños, solicitando de la Intendencia Provincial la condonación de los impuestos 265 . El siglo XIX es un período de clara recesión económica donde se presenta un espectacular aumento de la emigración, con el consiguiente despoblamiento de la isla, del cual las autoridades son conscientes, llegando a la conclusión de que se deben establecer prohibiciones a la emigración a la República Oriental del Uruguay, lugar elegido por la mayoría de los lanzaroteños y que queda patente en la normativa siguiente: … El Señor Presidente expuso en la Corporación procurar no se verifiquen las expediciones que a intervalos se habilitan en esta isla para Montevideo representándolo a las autoridades superiores de la Provincia” y al Gobierno de S.M. Si necesario fuese pª q. Impidan la extracción de las pequeñas reliquias que de la población ya nos quedan llevadas al Sud de América a un asunto tan grave y de tanta trascendencia como es la despoblación de un país efectuada por aventureros que ya han convertido nuestra raza en esclavos … 266 A pesar de la prohibición de continuar la salida de naturales por el Puerto del Arrecife, se buscarán otras vías de escape burlando los bloqueos legales en unos casos y, en otros, serán las propias autoridades, a veces contradictorias en sus resoluciones, quienes aborden el tema de la emigración de forma más pragmática cuando la escasez alimentaria no da chance a otra salida. 263 Parte de Oficio. Gobierno superior político de Canarias. Circular núm. 56, B.O.P.C. 59, Santa Cruz de Tenerife. 20 de mayo de 1843. 264 MILLARES TORRES, A. (1977-1980): Historia general de las Islas Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 6 vols., t. V, p. 20. 265 MILLARES CANTERO, A. y DE PAZ SÁNCHEZ, M. (1987): Op. cit. p.38. 266 Libro Capitular, folio 1, legajo 239, Arrecife 1843.
167 Para poder aliviar la situación de la hambruna de los años de 1843 y 1844, las autoridades de la isla solicitaron suspender el pago de las contribuciones , recibiendo un oficio del Sr. Administrador de Rentas Nacionales de Lanzarote comunicándoles la decisión adoptada por el Sr. Intendente de Canarias de suspender el cobro de las contribuciones como medida provisional hasta que la reina se dignara aprobar las disposiciones convenientes para paliar la calamidad que agobia a los lanzaroteños 267 . En 1843 las lluvias fueron sustituidas por los vientos y una gran sequía. La situación de la isla no mejoró en los años siguientes y como las desgracias nunca vienen solas, a la penosa situación económica que padecía la isla, se le sumó a finales del mes de noviembre de 1844 una devastadora plaga de langosta que arrasó la superficie de Lanzarote. El hambre y la sed hicieron estragos entre la población de Lanzarote 268 . El 5 de abril de 1846 el Ayuntamiento de Teguise confecciona un informe sobre don Manuel Ramírez Monfort, en el que consta su ejercicio en la Villa de Teguise durante 14 años como médico-cirujano, dando prueba de una conducta moral inapreciable y de su buen hacer y saber en la facultad que profesaba, de su puntualidad, de su esmerado celo, caridad y desinterés en el momento de asistir a los enfermos, en particular a la clase pobre y de cómo tanto el Ayuntamiento cómo el vecindario lamentan no disponer de medios para que pueda seguir ejerciendo en el pueblo. El mencionado informe se entregó a don Manuel Ramírez para los efectos que le pudieran concernir 269 . El 26 de marzo de 1847, se dicta el Reglamento del Consejo y de las Juntas de Sanidad. Debían constituirse en los municipios de más de mil habitantes. Estaban presididas por el alcalde y se componían de un médico, un cirujano, un farmacéutico y un veterinario, además de tres vecinos. Eran órganos estrictamente consultivos de la autoridad política y podían proponer medidas extraordinarias a la alcaldía, que era la encargada de ejecutarlas 270 . 267 CLAR FERNÁNDEZ J.M. (1999). Op. cit. p. 106. 268 Ibídem. 269 Ayuntamiento de Teguise. Sesión de 5 de abril de 1846. 270 SORIANO PALAO, J. (2000): La asistencia sanitaria pública en Yecla (Murcia): 1850-1930. Asclepio, Vol. LII-I, p. 201.
168 Por su parte, los facultativos titulares contratados por los municipios tenían como misión atender a las familias pobres de la localidad, asesorar al Ayuntamiento en materia de política y policía sanitaria y, en caso de epidemia, estaban obligados a no ausentarse del pueblo, pudiéndoseles exigir el que sus servicios se prestaran al total de la población; sin embargo se mantenía el libre ejercicio de la profesión en el ámbito de actuación de los titulares 271 . En 1849 se avecindaba en el Puerto del Arrecife el palmero Santiago Hernández, quien abre una botica en la calle Nueva (hoy calle Fajardo) 272. En 1850, se registra Pedro Medina Báez como médico cirujano 273 . También se recogen otros profesionales, sin instrucción académica que completan el panorama sanitario del Puerto, como el caso de Rosa Páez que se registra como hospitalera 274 . 271 SORIANO PALAO, J. (2000). Op. cit. p. 201. 272 Archivo Municipal de Arrecife. Censos. Tenía 43 años y estaba casado con la palmera Mª Dolores Salazar. 273 Archivo Municipal de Arrecife. Censos De 33 años y natural de Gran Canaria, como su esposa Soledad González. 274 Archivo Municipal de Arrecife. Censos. Padrón 1841.
169 En esta época llegan a Lanzarote, al igual que a otros puntos de la península, algunas personas que diciéndose relacionados con la medicina distribuyen medicamentos y ungüentos, remedios mágicos, bálsamos y semejantes, charlatanes de feria que, introducen en los locales comerciales; lo que obliga a las autoridades a dictar normas para que los vecinos adquieran los medicamentos en los establecimientos autorizados y no en las lonjas y tiendas o a través de los curanderos. El 6 de agosto de 1847, el señor Juez del Partido se dirige al Presidente e individuos de la Junta de Sanidad en relación con las quejas presentadas contra el farmacéutico don José González Serrano, en el Puerto del Arrecife, por negarse a despachar los medicamentos, instándole a que no estuviese desatendido este servicio y subrayando la responsabilidad en la que incurría con tal negativa. A dicho oficio responde el farmacéutico indicando que el Ayuntamiento no contribuye para atender la expedición de medicamentos a los pobres de solemnidad y que hay otras personas que sin ser facultativos despachaban medicamentos. Sin embargo, continuó despachando a puerta cerrada por súplica del Ayuntamiento y el bien de los vecinos, pero advirtiendo que no se tomaba ninguna medida, entendió que había llegado el caso de cerrar su botica y negarse a suministrar medicinas. El juez, que considera la situación impropia de un país civilizado, ruega a la Junta que adopte las medidas oportunas para evitar las consecuencias que pudieran derivarse de tal decisión, teniendo en cuenta que era la única botica que existía en la isla 275 . En 1848, el señor Juez de primera instancia del Partido de Arrecife, don Rafael de la Puente y Falcón, abogado del Colegio de la Ciudad de Zaragoza, hace público el siguiente edicto: … Hago saber al público que habiendo abierto su Botica el Farmacéutico don José González Serrano a consecuencia del expediente instruido en este Juzgado en virtud de sentencia Fiscal, se prohíbe a cualquiera otras personas vender medicamentos de ninguna clase bajo las penas establecidas en el artículo 471 – Código penal, las que serán exigidas sin contemplación por primera vez y las que reincidan quedaran sujetos a los recargos. Del Sumario que irremisiblemente se les formará, y para que nadie alegue ignorancia y al mismo tiempo sepan todos que don José González Serrano desde este día despacha toda clase de medicinas, mando fijar el presente edicto que firmo en Arrecife a catorce de septiembre de mil ochocientos cuarenta y ocho … 276 275 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p. 99. 276 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p. 100.
170 A pesar de la notificación dada por el juez y ante las quejas de algunos vecinos, la Junta de Sanidad de Teguise tomó entre otros el siguiente acuerdo el 9 de agosto de 1847: … Esta Junta tome pronto medida, para que don José González Serrano, único farmacéutico que hay en la isla, despache los medicamentos de su Botica en los términos legalmente establecidos, a los que parece se ha negado abiertamente … 277 En 1848 el Juzgado del Cuerpo Nacional de Artillería de Canarias, autoriza que el cirujano romancista 278 don José Pérez Luzardo, cumpla el arresto de la pena que se le impuso en el Castillo de Santa Bárbara de la Villa de Teguise. Desconocemos de qué se le acusaba. En ese mismos año figura viviendo en Arrecife el cirujano Pedro Medina Cabrera 279 Llamados romancistas porque no pasaban por la universidad, donde se hablaba Latín, ellos hablaban lenguas romances. A comienzos del siglo XVIII, la Cirugía era una disciplina poco prestigiada. Frente a los cinco años de estudios universitarios y dos de prácticas que se le exigían a un médico para ejercer su profesión, previo examen realizado por el protomedicato, a un cirujano latino solo se le exigía haber asistido durante un año a los cursos de la Facultad de Artes, y tres a los de Medicina. A un cirujano romancista, por su parte, solo se le exigían cinco años de práctica. Se comprende que escaseasen los primeros, pues quien podía asistir a la Universidad optaba por cursar Medicina, y que la impericia de los segundos, limitados a la aplicación de unas pocas técnicas, hubiese desacreditado totalmente la profesión. En un escalón todavía inferior se hallaban los cirujanos barberos. 277 HERNÁNDEZ DELGADO, F. y RODRÍGUEZ ARMAS, M.D. (2010). Op. cit. p. 101. 278 Archivo Municipal de Arrecife. Censos. Padrones 1852-1856. 279 Archivo Parroquial de San Ginés. III Libro de Defunciones.
171 En la década de los cincuenta se registran dos amas de cría: Manuela Martín y Ana Fangia, de Gran Canaria 280 , y una partera: Feliciana Álvarez, quien había llegado entre 1820-30, de su tierra natal, Fuerteventura, junto con Francisco de la Concha (1854), médico, procedente de Cádiz, a quien se le registran cinco asistencias a enfermos de pulmón y estómago, que fallecieron en 1858 281 . Una circular del Gobernador de la provincia, comunica en 1851, a todos los alcaldes de Lanzarote, que en el barrio de San José de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, ha hecho su aparición el cólera morbo epidémico. Se prevenía a las autoridades que extremaran la vigilancia para evitar todo trato, roce, o comunicación, con buques que llegaran de la isla afectada. Al declararse la epidemia de cólera en Gran canaria, la isla quedó bloqueada, impidiendo la entrada y salida de nadie, a fin de evitar su extensión a otras islas. Esta medida repercutió entre los habitantes de Lanzarote, pues, o bien no pudieron acceder a la misma en busca de la solución al problema del hambre y sed que padecían, o bien sufrieron las consecuencias de la epidemia los que se hallaban en aquella isla 282 . Este brote de cólera afectaba de un modo especial a la isla de Lanzarote, pues el puerto de Las Palmas era el punto de salida de muchas de las ayudas que llegaban a nuestra isla. Las medidas de protección y vigilancia de los puertos conejeros estuvo a cargo de los soldados enviados desde Teguise, en cada punto se situaba un soldado y un paisano. La eficacia de las gestiones realizadas desde Teguise, para impedir la llegada de barcos de Las Palmas, fue reconocida por el resto de las corporaciones, en tal sentido se manifestaba la corporación de Tinajo en sesión celebrada el 23 de mayo de 1852, … Que Teguise era el pueblo de la isla desde con mayor prontitud y mejor éxito se podía organizar un sistema de defensa y conseguirlo. La prueba de ello la tenían en lo que acababa de suceder el año anterior, cuando la isla se encontraba amenazada nada menos que por la muerte misma, es decir, el cólera morbo. Todos estaban llenos de un tremendo pánico por los horribles estragos que la peste estaba causando en la vecina isla de Gran Canaria. Pero, de un modo casi milagroso, y con la rapidez del rayo, vieron que no bien habían llegado al Gobernador los avisos de las costas por donde hacían tentativas para saltar a tierra las gentes de algunos lugares sospechosos, y de quienes con harto fundamento se temían les trajeran aquella mortífera y desoladora enfermedad, cuando ya las costas se hallaban amenazadas, los soldados enviados desde Teguise impidieron el desembarco … 283 280 Archivo Municipal de Arrecife. Censos. Padrones 1852-1856. 281 Archivo Parroquial de San Ginés. III Libro de Defunciones. 282 CLAR FERNÁNDEZ J.M. (1999). Op. cit. p. 156. 283 CLAR FERNÁNDEZ J.M. (1999). Op. cit. p. 156.
178 En 1852 se cerró la única botica y aún en 1853 la municipalidad no contaba con el suficiente presupuesto como para remunerar la dotación al boticario y pide ayuda al gobierno regional para hacer frente a los gastos, ya que se corre el peligro de que se traslade a otra isla si no se le abonan los honorarios. El farmacéutico propuesto 293 . Las partidas de defunción nos señalan la continuidad de la inclusa y la existencia en Arrecife de una casa cuna a modo de hijuela. En Arrecife, a medida que avanzaba la centuria, se fueron domiciliando profesionales médicos acreditados, que por término medio fueron dos. La oferta cualificada privada no será suficiente como para paliar, al menos, las causas de la mortalidad ordinaria. En enero de 1854, el Ayuntamiento de Arrecife, preocupado por contar con un médico en la isla ruega se contribuya proporcionalmente en la renta que permita la contratación de un médico cirujano. Ante esta solicitud el Ayuntamiento de Teguise, emite un informe negativo esgrimiendo que lo realmente necesario y efectivo es que el facultativo se estableciese en Teguise, como centro que es de la isla, y desde allí desplazarse al resto de los pueblos. Continua, aduciendo que un solo médico es insuficiente para atender a todos los enfermos dada la distancia existente entre los pueblos. En este año, las nodrizas de la Inclusa de Teguise, Francisca Alvarado, Francisca Berriel y Felipa Batista, presentan una reclamación ante el Ayuntamiento para que se les abone los sueldos que se les adeudaban 294. Por este motivo se tomó el acuerdo de convocar la Junta de Sanidad y la asistencia a la misma del Mayordomo de la Inclusa don Luciano Vega. Para el mantenimiento de la institución, los ayuntamientos de Lanzarote debían pagar una cuota, para el pago de los empleados de la misma, hecho que no todos cumplen. 293 Archivo Municipal de Arrecife. Correspondencia, 20-IV-1853. 294 Beneficencia. Libro de Acuerdos de 1853, sesión de 11 de septiembre de 1853, pp.34-35.
179 El reglamento de 14 de mayo de 1746, promulgado por el Consejo de Castilla, regulaba los partidos médicos, en los que la asistencia médica central se organizaba mediante la asociación de todos los vecinos del pueblo, los cuales contrataban a uno o varios médicos y contribuían, entre todos, al pago de sus haberes anuales. El contrato se establecía entre el Ayuntamiento y el facultativo, y se debía someter a una reglamentación adecuada en cuanto haberes, tiempo de vigencia, obligaciones, formas de pago, etc. Sin embargo, dicho reglamento había caído en desuso a comienzos del siglo XIX, como se reconoce en el acta citada: … pero como sea expedido por el Rey y el Señor D. Felipe en el año de mil setecientos veinte y cinco y no se halla renobado por los demás señores reyes que le han subcedido … 295 En julio de 1854, el Jefe Civil del Distrito de Canarias hace referencia al establecimiento de Partidos para la asistencia médica de los pueblos. El Partido en el que estaba Teguise lo integraban también Haría y Tinajo. A pesar de que dicho reglamento cae en desuso a comienzos del siglo XIX, como ya hemos comentado, el Gobernador Civil propone la contratación de un médico y un cirujano, con residencia en Teguise el primero y en Haría el último 296 . 295 ALBARRACÍN TEULON, A. (1969): La asistencia médica rural en la España del siglo XIX. Asclepio, vol. XXI, pp. 35-42. 296 Ibídem.
180 El 14 de mayo de 1854 se celebra una sesión ordinaria en el Ayuntamiento de San Bartolomé en la que se concreta la creación de una plaza de médico titular dotada con los fondos municipales de los pueblos de este Partido, acordando que se le pague una renta anual de mil quinientos reales de vellón siempre que recete gratis a todos los habitantes de la mencionada jurisdicción y no exija más de sesenta por cada vez que se le llame para acudir a algún pueblo, siendo esto último de cuenta de la persona que lo haga concurrir, exigiéndole, además, al enunciado médico, el servicio obligatorio de subir al pueblo sin llevar estipendio alguno, una vez en cada mes, desde las diez de la mañana hasta las dos de la tarde para que recete gratis a las personas que le consulten en el punto que se le señale, y queda estipulado que si hubiese alguna persona incapacitada para salir de su respectiva casa y llevase a ella al citado médico ha de pagarle cinco reales vellón por la visita; y en cuanto a la distancia y vías de comunicación que hay entre este pueblo y el de Arrecife, que es el que se ha de señalar punto fijo de residencia 297 . En 1854 tiene lugar un juicio de faltas contra don Juan Enrique Palmar, que por esa fecha ejercía de cirujano particular. La acusación fue realizada por don Antonio Pereyra, según se registra en el Ayuntamiento de Arrecife: … Contra don Juan Enrique Palmar, por haber abusado del título de cirujano de tercera clase … 298 La Ley sobre el Servicio General de Sanidad de 1855 299 , consolida las reformas realizadas a lo largo de la década de los cuarenta, sustancialmente el reglamento del Consejo y las Juntas de Sanidad de 26 de marzo de 1847 y el Reglamento de los Subdelegados de Sanidad del 14 de julio de 1848. 297 Libro de Acuerdos Ayuntamiento de San Bartolomé, signatura 33-11, código 01.03.07, pp. 14-15. 298 Auto del Ayuntamiento de Arrecife de 24 de septiembre de 1854. 299 La Ley fue elaborada y publicada en pleno Bienio Progresista el 28 de noviembre de 1855.
181 A partir de dicha ley, el órgano supremo de la sanidad española será la Dirección General de Sanidad, que tendrá, como órgano consultivo al Consejo de Sanidad del reino. En el ámbito local, los subdelegados de Sanidad serán unos agentes delegados de la Administración central en cada partido judicial. Su misión consistía en la vigilancia y exigencia del cumplimiento de las disposiciones que, en materia sanitaria, emanaban del gobierno a través de la Dirección General de Sanidad. En cada partido había tres subdelegados de Sanidad: uno de Medicina y Cirugía, otro de Farmacia y otro de Veterinaria, todos ellos nombrados por el gobernador civil a propuesta de la Junta Provincial de Sanidad. Dichos funcionarios actuaban como superiores inmediatos de los facultativos de distrito. La nueva ley obligaba a todos los ayuntamientos a crear la beneficencia domiciliaria mediante médicos cirujanos y farmacéuticos titulares y se establecían normas para la venta de medicamentos, prohibiendo los remedios secretos y estableciendo los requisitos que debían exigirse a las recetas. Finalmente, la ley establecía la obligatoriedad de la vacunación antivariólica y disponía que se publicase un Reglamento especial conteniendo las reglas higiénicas a que debían estar sujetas todas las poblaciones 300. En cuanto a las Juntas de Sanidad, se mantenía el reglamento, al que hemos aludido de marzo de 1847. El 19 de enero de 1855 se reúne la Corporación del Ayuntamiento del Puerto del Arrecife en la que en el orden del día se manifiesta que la convocatoria tiene por objeto requerir en los Boletines Nº 50 y 51, según el cual es obligación del establecimiento, plazas de facultativos titulares de medicina y cirugía y farmacia y al no figurar en el presupuesto de ese año ninguna cantidad para contratar a estos profesionales, el alcalde se dirige a la Diputación Provincial solicitando dos mil reales de vellón para el médico cirujano y cuatro mil para un farmacéutico, según prescripción del real decreto en esta materia. En julio del mismo año, la Villa de Teguise solicita un facultativo en medicina y cirugía, pero con un gravamen menor, ya que debido a la pobreza que padecía, era imposible asumir el pago de tales asignaciones 301 . 300 BÉCARES, F. (1935): Técnica sanitaria municipal. Artes Gráficas Afrodisio Aguado, Valladolid 301 Archivo Municipal de Arrecife. Sanidad, signatura 2097-XV.
182 Poco tiempo después, bajo la amenaza de una epidemia de cólera, procedente de Indonesia, que asoló a Europa, de forma generalizada durante los años 1854-55, y que se extendió en la península a través de Valencia, donde se dieron los primeros casos, Arrecife convoca a todos los ayuntamientos para estudiar la conveniencia y la necesidad de crear plazas de médico, cirujano y farmacéutico como titulares de Partido. Resaltar el importante avance que supuso la investigación del científico británico John Snow (1813-1858) al demostrar que la enfermedad era causada por un microorganismo que se propagaba a través del consumo de agua contaminada por materias fecales. Ante la amenaza de esta nueva epidemia, en agosto de 1855, se indica a todos los ayuntamientos la necesidad y la urgencia de poner en práctica las medidas prescritas en épocas anteriores respecto a la limpieza de las calles, el aseo exterior e interior y la ventilación de las casas, cárceles, mercados, carnicerías, pescaderías y demás comercios. Al margen de las cuestiones higiénicas, también se recomienda emplazar una recaudación para crear un fondo común con que hacer frente a las necesidades que ocasionara tal enfermedad. Dicho fondo consistía en la aportación de una peseta por vecino. En este período, don Francisco de la Concha era el médico titular de Lanzarote, y aunque residía en Arrecife, atendía a toda la población de la isla. Era natural de Cádiz 302 . Algunas anécdotas se registran sobre la actuación de este médico, una de ellas la recoge la sesión plenaria del Ayuntamiento de Teguise del 14 de septiembre de 1856, … Se acordó contestar que la salud pública en este distrito municipal y en todos los demás pueblos de esta isla es la mejor que pudiera desearse, y el origen de la enfermedad que provocó el fallecimiento del Teniente Coronel don Matías Chamorro fue un exceso en los alimentos que este cometió y la falta de asistencia médica, pues el médico titular don Francisco de la Concha se negó a acudir a socorrer al enfermo hasta el día siguiente. Forzado por las amenazas del propio que fue enviado en su busca, llegando una hora antes de expirar el paciente … 303 302 MONTELONGO FRANQUIZ, A. FALERO LEMES, M. (2000). Op.cit. p.397. 303 Ibídem.
183 Don Francisco de la Concha, como único médico cirujano titular que existía en Lanzarote, formaba parte de la Plana Mayor del Batallón de Nacionales de la isla. El Ayuntamiento de Haría, según certifica su secretario don José Quesada Álvarez, lo propone junto con don Leandro de Lara, entre otros, para que se integraran en la citada Plana Mayor. Entre los vecinos de Haría que hacían la propuesta estaban, Cristóbal Lanzarote, Andrés Curbelo, Ginés Perdomo, Juan Cabrera, Francisco Perdomo, Nicasio Bermúdez, Francisco Fránquiz, Francisco Silva y Manuel Martín, que eran capitanes, tenientes y subtenientes respectivos de las dos Compañías de Milicia que existían en dicho pueblo 304 . En 1858 el grupo de aficionados del teatro de Teguise colabora en diversas campañas de tipo religioso y humanitario, representando algunas obras con el fin de recaudar fondos para la vacunación de los niños pobres en el mencionado local, penándose a los que no acudían con 40 reales de multa y, si eran reincidentes, se penalizaba al padre o la madre con dos días de arresto. Un año después trata el tema de la vacuna en Arrecife el maestro barbero Felipe Hernández. Pensamos que dicha vacunación hace referencia a la viruela 305 . 304 MONTELONGO FRANQUIZ, A. FALERO LEMES, M. (2000). Op.cit. p.397. 305 Teatro de aficionados en Lanzarote. Conferencia de Periferia 2007.FRANCISCO HERNÁNDEZ. Presidente Grupo Esperanza Spínola.
184 Las causas de mortalidad más frecuentes, en el período comprendido entre 1842-1856, fueron la disentería, la hidropesía, la tisis y la pulmonía. La disentería o cólera morbo llegó a principios del siglo XIX a la Península 306 . En 1859 diezmó, especialmente, a la población de Gran Canaria. Por esta razón el Puerto del Arrecife habilita un cordón sanitario para controlar los barcos no siendo admitidos todos aquellos que no tengan en regla las patentes de sanidad y refrendos 307 . A pesar de las medidas, el cólera incide en Arrecife, siendo causa de mortalidad para el 8,7% del total de los fallecidos. El hambre obligaba a recurrir a alimentos en mal estado: cereal enmohecido o corrompido por el cornezuelo 308 . 306 NADAL, J. (1968): La población española siglos XVI-XX. Barcelona, p. 145. 307 Archivo Municipal de Arrecife: Sanidad 2/1. Libros de la Junta de Sanidad. 308 PÉREZ MOREDA, V. (1980). Op. cit. p.71.
185 La hidropesía y la tisis supone el 7,4% por igual, pero dado que la pulmonía (6,4%) es una patología relacionada con la tisis, estas dos suponen el 13,8%. De lo que se deduce que la patología pulmonar es la causa mayor de mortalidad y más aún si sumamos aquellas enfermedades relacionadas con el aparto respiratorio, lo que en total suponen el 25,9%. Causa mortalidad enfermedades respiratorias % Del pecho 5,2 Consunción 3 Catarro 1,4 Ahogo 1,1 Asma 0,5 Garganta 0,3 Constipado 0,3 Escrófulas 0,3 Fuente: Pérez Moreda. Elaboración propia. Las enfermedades infecto-contagiosas causantes de mortalidad, aparte de la disentería e hidropesía, fueron: Causa mortalidad enfermedades infecto-contagiosas % Viruela 3 Estados febriles 1,5 (calentura 0,8%, gripe 0,5%) Elefancia 0,8 Tabardillo 0,8 Alfombrilla 0,8 Venéreas 0,8 Sarna 0,3 Carbunco 0,3 Fuente: Pérez Moreda. Elaboración propia. Dado que otras causas de muerte son atribuidas a estados de putrefacción o de gangrena (4,2%), de infección (0,3%) o de procesos ulcerosos (0,3%), las incluimos en el apartado de enfermedades infecto-contagiosas.
186 Las patologías digestivas suponen el 7,4% de las causas de muerte: Causa mortalidad ad patologías digestivas % Infección del vientre 3,4 Biliosa 2,4 Estómago 0,8 Diarrea 0,5 Despeños 0,3 Fuente: Pérez Moreda. Elaboración propia. De las enfermedades relacionadas con la infancia y juventud destacan la alferecia (3,2%) y la alfombrilla (0,7%), ya relacionada con las enfermedades infecto-contagiosas pero con incidencia importante en este tramo de edad. Igualmente se recogen un pequeño porcentaje de infanticidios (0,3%). Las patologías específicas de la mujer que conllevaron la muerte no son muy numerosas y se registran bajos porcentajes: Causa mortalidad enfermedades específicas de la mujer % Parto 0,5 Matriz 0,3 Opilación 0,3 Patologías con incidencia en los órganos neuromusculares fueron también causa de mortandad como la perlesía (1,9%), la parálisis (1,9%), la quebradura (0,8%), el lisiado (0,3%) y la baldada (0,3%). Lo que supone un 5,2% de las defunciones. Las patologías relacionadas con el sistema nervioso central suponen el 1,8% (derrame cerebral 0,8% e insulto 0,8%). Las cardiacas el 0,5% (aneurisma) y los tumores (neoplasias) el 1%. Las enfermedades neuropsiquiátricas suponen el 0,8% (epilepsia 0,5% y demencia 0,3%).
187 Las patologías hepáticas: hígado 0,3%, embriaguez 0,3%, orina 1,1% e ictericia 0,8%. En total el 2,5% de las defunciones 309. Las muertes registradas directamente con la malnutrición son escasas 0,3% (languidez). Los accidentes como causa de mortalidad están representados, exclusivamente, por los ahogados en el mar, pues a pesar de ser población marinera, lo común es que no se supiera nadar, suponiendo el 1,8%. Otras patologías referidas poseen un alto grado de indeterminación, por lo que es difícil incluirlas en un apartado concreto: cólico, irritación, retroceso de ronchas, revolución de humores, granos en la cabeza, de repente, vejez o muerte natural, siendo en total el 17,3% 310 . Entre 1851 y 1856 las enfermedades del aparato respiratorio aumentan hasta un 38,9%, las enfermedades infecto-contagiosas disminuyen al 16,3%, al igual que las infecciones pútridas que descienden al 2,1%, manteniendo las enfermedades digestivas el mismo porcentaje. Las enfermedades relacionadas con el sistema neuromuscular se elevan sensiblemente. Las enfermedades infantiles se mantienen. Las patologías del sistema nervioso central desciende ligeramente. Las enfermedades cardiovasculares se mantienen y se estabilizan los procesos neuropsiquiátricos, al igual que las enfermedades de la mujer. Los accidentes aumentan y la malnutrición continúa registrando índices bajos 311 . 309 PÉREZ MOREDA, V. (1980). Op. cit. pp..73-74. 310 PÉREZ MOREDA, V. (1980). Op. cit. p.71. 311 Ibídem.
302 Hospital Nuestra Señora de los Dolores. Archivo Municipal de Teguise
303 En la sesión del 19 de mayo de 1869 de la Diputación Provincial, el diputado por Arrecife, Elías Martinón, solicita la creación de un hospital en Arrecife. La Diputación acuerda iniciar un expediente. Y en septiembre del mismo año, vuelve a exponer en la Diputación la necesidad de dotar al Puerto del Arrecife de un hospital. La Diputación encarga al Ayuntamiento de Arrecife que solicite informes al resto de ayuntamientos de la isla de Lanzarote de cuál sería la cantidad que cada ayuntamiento podría aportar al mantenimiento del futuro hospital 486 . En 1873, el diputado de Lanzarote, Emilio Serra, solicita una vez más ante la Diputación Provincial la creación de un hospital en Arrecife. Estas peticiones de instalaciones hospitalarias para Lanzarote, en palabras de González Rodríguez (1995), tenían una finalidad, conseguir mejoras para la generalidad de la población implantando una medicina científica y erradicar las prácticas ejercidas por los santiguadores, muy extendida entre la población 487 . La solución a la cuestión de un establecimiento de beneficencia parece ser una realidad gracias a la propuesta realizada por el diputado de Fuerteventura Francisco Marrero. Esta proposición consistía en utilizar el dinero legado por el señor Tomás Antonio Mena para la construcción de un hospital en la jurisdicción de Casillas del Angel (Fuerteventura), con objeto de que sirviese de hospital de partido tanto a la isla de Fuerteventura como a la de Lanzarote 488 . Pero este ofrecimiento tampoco prosperó y así el edificio que se pensaba destinar a hospital para las dos islas, fue utilizado como Escuela Nacional de Asistencia Pública en la II República. Habrá que esperar al año 1887, en que la Diputación acuerda, gracias a las iniciativas del diputado José Pineda Morales, la creación del hospital de Arrecife, con categoría de hijuela y con la condición de que se instalara en el mismo una casa de expósitos. La Diputación aportó 4.500 pesetas para el hospital y 1.000 pesetas para la casa de expósitos 489 . 486 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, C. (1995): Lanzarote en la Diputación Provincial durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874). VI Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Excelentísimo Cabildo de Lanzarote, pp. 133-147. 487 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, C. (1995). Op. cit. pp. 133-147. 488 Ibídem. 489 PERERA BETANCOR, F.M.(1996): Causas de mortalidad en el Puerto de Arrecife (18421856). XII Coloquio de Historia Canario-Americana. Tomo II. Cabildo Insular de Gran Canaria, pp. 330-344.
304 Con la ayuda de la Diputación Provincial y la colaboración de todos los ayuntamientos de la isla y sobre todo por la iniciativa y gestiones del sacerdote don Manuel Miranda Naranjo, se creó el 20 de junio de 1887 el Hospital de Dolores en la casa de Justo Cabrera Cabrera, conocida por el “sitio de Cabrerón”. Su administración la llevaba una Junta de Delegados mientras que colaboraba con los enfermos una Junta Benéfica de Señoras 490 . Se fijó una cuota que debían de pagar todos los ayuntamientos de la isla, al considerarse el establecimiento como Hospital Insular, al que podían acudir los enfermos pobres de todo Lanzarote. Un papel importante tuvo en este hospital, al igual que con los pobres y enfermos de Arrecife, la Sociedad de las Señoritas de San Vicente de Paúl, creada en enero de 1888 y dedicada a la Virgen de los Dolores 491 . La segunda planta de esta institución se destinó para los enfermos dementes. El 5 de enero de 1888 obtuvo la plaza de médico titular de Arrecife Juan Castro Fariñas, que unos meses después, el 5 de julio del mismo año abrió su despacho de médico y un gimnasio en la calle La Amargura, número 22. Juan Castro Fariñas sustituyó como director del hospital a Casimiro Cabrera Cabrera el 30 de noviembre de 1888. A pesar de la domiciliación de médicos acreditados, éstos son escasos y no encontramos referencias de la presencia de practicantes y/o enfermeras 492 . 490 PERERA BETANCOR, F.M.(1996). Op. cit. pp. 330-344. 491 Ibídem. 492 FIKA HERNANDO, M. L.; RODRIGUEZ ARMAS, M.D. y cols. (2004): De la residencia sanitaria Nuestra Señora de los Volcanes al Hospital general de Lanzarote. XI Jornadas de estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, Fuerteventura, Tomo I., Historia, p. 261.
305 Cuño del hospital de Dolores. Archivo Municipal de Teguise
306 El periódico el Horizonte hace pública una nota de la situación en que se encontraba este hospital, … Se queja el Horizonte de Arrecife de que ningún ayuntamiento de la isla ha liquidado la cantidad asignada para el hospital, a excepción del de Arrecife y el de Tías. Al mismo tiempo se lamenta de la falta absoluta de instrumentos de cirujía y propone una suscripción a los habitantes de la isla para comprarlos. Aplaudimos que se provea de todo lo necesario a aquel Hospital refugio de los más desgraciados entre nuestros hermanos. Y por lo mismo insistimos en que se llamen Hermanas de la Caridad para su servicio, porque no solo se proporciona un cuidado más exquisito y más tierno a los enfermos, sino también económicas y celo desinteresado a favor del establecimiento. Piensen bien los lanzaroteños cuanto les conviene lo que proponemos… 493 También se encargaron de la dirección del hospital los doctores José Arata Álvarez y Bernardo Mascaró Sitjá. En julio de 1902 se traslada todo el material de este hospital y de la Cuna de Expósitos al nuevo hospital creado en la Plaza de la iglesia de Arrecife, que sería gestionado por las Siervas de María. El entonces Tesorero de la Junta que administraba el hospital, José Pereyra, entrega al sacerdote don Manuel la cantidad de 140 pesetas con 81 céntimos. El edificio de Cabrerón se reubicó como intendencia militar, y fue con los militares cuando el edificio sufrió algunos tristes desperfectos, en concreto varias ventanas del interior fueron utilizadas como leña para cocinar. También fue sede de una escuela, para terminar alquilado, y posteriormente reconvertido en varias viviendas. 493 El Horizonte. 10 de marzo de 1888.
307 José Gregorio González (2003), en su libro Canarias mágica, comenta que un edificio antiguo, conocido como casa de “Cabrerón”, se ha convertido en hospital y como la creencia popular lo situaba a modo de hogar de duendes, dados los ruidos, luminiscencias y ocasionales movimientos de objetos que tenían lugar en su interior. Aliviada en parte la situación de los lanzaroteños, don Manuel continúa su obra en la iglesia de San Ginés. En enero de 1880 se terminó el retablo del camarín, colocando en él la imagen de la Inmaculada Concepción. En el mes de julio se restauró la Cofradía del Carmen. El último domingo de octubre de 1884 hizo por las calles del Arrecife la primera procesión de la Virgen del Rosario. El párroco juega un papel importante en la creación de la Asociación “Conferencia de San Vicente de Paúl” en el año 1888. Asociación que se dedicaba a obras de caridad y a la asistencia de los enfermos. En 1897 era presidenta de la Conferencia doña Matilde Navarro. El 30 de junio de 1896, don Manuel Miranda, con autorización del alcalde de Arrecife, don Rafael Ramírez Vega, convoca a los cien vecinos más representativos de Arrecife. A dicha reunión solo asisten unas 26 personas. Don Manuel les expuso la idea de fundar en Arrecife una casa de beneficencia y enseñanza, que en principio estarían a cargo de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Se constituyó una Junta que estaba formada por el propio don Manuel, como presidente, don Rafael Ramírez como vicepresidente, don José Pereyra de Armas como tesorero, don Augusto Lorenzo Viera como secretario, y como vocales don Lorenzo Cabrera Cabrera y don Luís Perdomo Ávila 494 . Una de las primeras medidas tomadas por esta Junta fue el imprimir unas mil cartas a fin de repartirlas entre los habitantes pudientes de la isla, solicitando su colaboración económica para levantar la obra benéfica. 494 Fotocopia de la libreta abierta por don Manuel Miranda Naranjo, a modo de “Memorias”, Presbítero Párroco de Arrecife y Arcipreste de la isla de Lanzarote con motivo de la elaboración del proyecto de fundación de una Casa de Beneficencia y Enseñanza en Arrecife de Lanzarote. Archivo Municipal de Teguise. Sin clasificar.
308 Fotocopia de la libreta abierta por don Manuel Miranda Naranjo, a modo de “Memorias”. Archivo Municipal de Teguise.
309 El 29 de agosto de 1896, don Manuel Miranda toma la iniciativa de embarcarse personalmente hacia Las Palmas para llevar a cabo una cuestación en los domicilios de las principales poblaciones de aquella isla 495 . El 8 de marzo de 1897 se disolvió la Junta, pero don Manuel continuó la obra apoyado por la Junta de Mujeres de Arrecife 496 . El Diario de Las Palmas correspondiente al 16 y 17 de junio de 1897 publicaba la lista de las personas de los pueblos de Telde, Las Palmas, Los Llanos, Arucas, Guía, Gáldar y Teror que habían contribuido con sus limosnas para la fundación en Arrecife de la casa de beneficencia y enseñanza. Los lanzaroteños residentes en la República Oriental del Uruguay, también aportaron varias ayudas para este hospital Otras aportaciones fueron las de los párrocos de Lanzarote, de don Fernando León y Castillo, de la viuda de don Tomás Rocha, del Obispo de Segovia, del Arcediano de Lugo don Miguel Moreno, del Arcipestre de Segovia don Bartolomé Rodríguez, de don Francisco Matallana, de la Junta de Socorros de Arrecife, de la Junta de Socorros de Las Palmas y de la Junta Municipal del Puerto de Arrecife que entregó un resto del dinero que recaudó para atender a los gastos de la guerra, de la condesa viuda del Conde de Santa Coloma, de don Luís Tresguerra Melo que lo enviaba desde Tenerife y de don Luís Tresguerra Barón que lo remitió desde Aviñón 497 . En octubre del mismo año visita Arrecife el señor Obispo don José Cueto a quien le informa don Manuel de las gestiones realizadas hasta la fecha y le sugiere la conveniencia de adquirir, para sede de la proyectada casa, el solar situado al sur de la Plaza de la Iglesia, con frontis a la misma y espalda hacia el mar, y que estaba ocupado por una casa de don Lorenzo Cabrera, otra de don Alfredo Cabrera y coherederos, un almacén de la Condesa de Santa Coloma y una plazoleta del Ayuntamiento 498 . 495 Fotocopia de la libreta abierta por don Manuel Miranda Naranjo, a modo de “Memorias”, Presbítero Párroco de Arrecife y Arcipreste de la isla de Lanzarote con motivo de la elaboración del proyecto de fundación de una Casa de Beneficencia y Enseñanza en Arrecife de Lanzarote. Archivo Municipal de Teguise. Sin clasificar. 496 Ibídem. 497 Ibídem. 498 Ibídem.
310 Días después se adquiere el solar y, por indicación de varios vecinos de Arrecife y con la aprobación del Obispo, se acuerda que fueran las Siervas de María las que se hicieran cargo de la proyectada casa, ya que se tenía conocimiento que las mismas se dedicaban a cuidar enfermos a domicilio, a la dirección de hospitales y a la enseñanza, es decir, cumplían las tres funciones que le quería dar a su obra don Manuel Miranda. Las Siervas de María habían sido fundadas por Santa María Soledad, cuyo nombre original era Bibiana Antonia Manuela Torres Acosta, que había nacido en Madrid el 2 de diciembre de 1826. Murió María Soledad en la Casa General de la orden de Chamberí en octubre de 1887. Fue beatificada por Pío XII el 5 de octubre de 1850 y Pablo VI la proclamó santa el 25 de enero de 1970. Su fiesta se celebra el 11 de octubre. A las Siervas de María se les llama las enfermeras de cuerpo y alma por amor de Dios 499 . Don Manuel dirige en 1900 una carta a la Superiora General del Instituto de Las Siervas de María en Madrid pidiéndole el número indispensable de siervas para la fundación y las condiciones en que ésta debía verificarse. A esta carta la Superiora contestó que el número de siervas debía de ser cinco, que les debería abonar el pasaje desde Madrid al Puerto del Arrecife y que su manutención sería por medio de suscripciones que ellas mismas gestionarían, aunque también se podría tramitar por una junta de vecinos. Mientras llegaban las Siervas de María, don Manuel inicia la reparación de las casas donde se han de instalar las hermanas y hace un llamamiento a todos los habitantes de Lanzarote para que contribuyan al arreglo de dichas casas. En octubre y noviembre de 1900 don Manuel recorre todos los pueblos pidiendo limosnas para su obra. Los habitantes de Lanzarote apenas responden a esta llamada pues la isla sufre una angustiosa situación por falta de lluvias, gravedad que obliga al alcalde de Arrecife a convocar a todas las autoridades para una reunión a celebrar el 20 de enero de 1901 500 . 499 Fotocopia de la libreta abierta por don Manuel Miranda Naranjo, a modo de “Memorias”, Presbítero Párroco de Arrecife y Arcipreste de la isla de Lanzarote con motivo de la elaboración del proyecto de fundación de una Casa de Beneficencia y Enseñanza en Arrecife de Lanzarote. Archivo Municipal de Teguise. Sin clasificar. 500 Ibídem.
311 En 1902, el mismo día que se terminan las obras de la galería en las casas de la fundación, se recibe un telegrama en el que el Obispo comunica a don Manuel que en el vapor correo del día 21 de junio embarcarían en Las Palmas cuatro siervas que venían para hacer la fundación. Las hermanas llegaron a Lanzarote en el vapor “Milán Carrasco”, el 22 de junio de 1902, a las cuatro y media de la tarde. Sus nombres eran sor Martirio Herrera, sor Cecilia Esquiroz y Ardanaz, sor María Arza y Azurmendi y sor Paulina Arteta y Acedo que venía como superiora. Fueron recibidas en el Muelle de las Cebollas por don Manuel y diversas autoridades 501 . En el mes de octubre llegó sor Pía, completando así el número indispensable para crear la fundación. El 28 de junio don Manuel Miranda envió un escrito al presidente de la Junta de Delegados del Hospital de Dolores de Lanzarote, en la misma manifestaba, que una vez establecidas las religiosas “Siervas de María”, ministras de los enfermos, en el edificio preparado al efecto en esta población, ponía a su disposición gratuitamente y solo en cuanto al uso, la parte necesaria del mismo para que se trasladase a ella el hospital, encargándose las siervas del cuidado del establecimiento y la asistencia de los enfermos 502 . El alcalde de la ciudad ofrece también a don Manuel un local para que instalara en él la Cuna Expósito. Don Manuel Miranda, después de tantos sacrificios y penurias, de tantos días y noches en vela, ve realizado su sueño al traer a su ciudad unas religiosas que cuidaran de los enfermos, los niños y los pobres, y que al mismo tiempo educaran a los hijos de esta isla. 501 Fotocopia de la libreta abierta por don Manuel Miranda Naranjo, a modo de “Memorias”, Presbítero Párroco de Arrecife y Arcipreste de la isla de Lanzarote con motivo de la elaboración del proyecto de fundación de una Casa de Beneficencia y Enseñanza en Arrecife de Lanzarote. Archivo Municipal de Teguise. Sin clasificar. 502 Ibídem.
319 3 Sobre los datos aportados por los viajeros ingleses de los siglos XVIII y XIX. - Los relatos de estos viajeros, dotados de una sólida capacidad de observación, suponen a pesar de su condición extranjera, una insustituible fuente de información positiva y de discutibles pero estimulantes puntos de vista sobre la realidad insular. - Sus obras nos permiten conocer las observaciones realizadas sobre la salubridad y las condiciones higiénicas de la isla, narrando la geografía humana de aquel tiempo. 4 Sobre los recursos de los Ayuntamientos y su capacidad de actuación para velar por la salud pública. - La documentación obtenida nos ha permitido constatar la crítica situación económica de los ayuntamientos en Lanzarote, plasmado en las continuas protestas, y abandono por falta de pago, en algunas ocasiones, de los diferentes profesionales sanitarios, hecho que condicionó la solución de los problemas sanitarios cotidianos. - Ante las enfermedades endémicas de carácter pulmonar e infectocontagioso, las autoridades se encontraban impotentes para tomar medidas más allá de darse por enterados y quedar registradas en los partes de defunción. - Enfermedades asociadas a la pobreza, a la escasez de agua potable y a la falta de una adecuada eliminación de excretas por ausencia de un correcto alcantarillado, estas eran las circunstancias que se daban en Lanzarote. - A pesar de la escasez de agua por las sequías y las acumulaciones de suciedad en las maretas, no aparece el suministro de agua entre las medidas higiénicas contra la enfermedad como prioridad. - Empero la vacuna contra la viruela se aplicó en Canarias en fechas tempranas, hemos comprobado que, en alguna ocasión, se alude a la existencia de la misma, lo que refleja la falta de una vacunación sistemática
320 - Cuando se acerca el “peligro” se establecen cordones sanitarios en la isla y lazaretos para cuarentena tanto de equipajes, como de pasajeros y mercancías. - La cuarentena va a generar continuos problemas y quebraderos, dando lugar a debates sobre la utilidad o no de estas medidas. - La contención de la epidemia no impedía los desembarcos ocultos de géneros y personas por la costa, sobre todo en la noche. - Las epidemias moverán a los municipios a establecer unas medidas efectivas tanto para erradicarlas como para evitar su propagación. - Podemos afirmar que las autoridades en materia sanitaria y epidémica, en la isla, siguieron la estela de las actuaciones que se pusieron en práctica en toda Europa y que se plasmaron en la legislación sanitaria española. - Los lazaretos se fundaron sobre una lógica de exclusión y purificación, tanto de las personas como de las mercancías y los lugares. - La incomunicación, aunque efectiva desde el punto de vista sanitario, significa en cualquier comunidad, la paralización de una gran parte de su actividad económica, pero en una isla que vive, en gran medida, del comercio exterior, esta situación revestía mayor gravedad. - Los mayores perjuicios de la incomunicación los sufrían, obviamente, las clases bajas, que por tanto, también solían estar en contra de la misma. - Preventiva también es la sanidad que se consigue con el control de alimentos. En Lanzarote al no existir mercados institucionalizados se realiza respecto al grano (trigo, centeno, cebada) que estuvieron regulados por los pósitos. - Se considera la necesidad de tener un lugar preparado donde se pueda albergar a los enfermos en casos de epidemia. - Las medidas sanitarias no tienen carácter estable, sino que son adoptadas cuando “santabárbara truena”. El Gobierno, los delegados gubernativos y los alcaldes se olvidan de la salubridad en los períodos inter-epidémicos.
321 - La forma del pago del facultativo en la beneficencia se realiza a través de los impuestos del pueblo, ya que no existe participación estatal. - En esta época, el médico del hospital era, además, el médico de toda la isla, lo cual es indicativo de que cualquier enfermo que esperase curarse debía trasladarse hasta la capital, en el mejor de los casos. - Advertimos la diferenciación que se realiza entre infección y contagio. Para algunas enfermedades infecciosas se adoptan medidas higiénicas, mientras que las enfermedades contagiosas se abordan con la implantación de cordones sanitarios. - La sanidad no es una organización técnica o administrativa sino una actividad gubernativa correspondiente al ámbito de la policía de salubridad confiada a jefes políticos y alcaldes. - El mayor o menor presupuesto municipal condiciona la asistencia médica.
322 5 Sobre los condicionantes de las postulaciones de las autoridades locales ante los problemas sanitarios. - Ante la deficiente salubridad, la isla de Lanzarote sufría regularmente de las denominadas “enfermedades estacionales”, que identificamos como infecciosas, las autoridades locales dilatan la adopción de medidas frente a tales males. - El contagio epidémico de una ciudad generaba perjuicios que rebasaban el ámbito sanitario. Los más importantes son de tipo económico, que provocan paralelas crisis de subsistencia y hambre, e incomunicación. De ahí la reticencia de las autoridades locales a declarar la infección. - El tráfico mercantil se paralizaba y las transacciones se interrumpían y la producción ante la falta de demanda se hundía, con lo que a la mortalidad epidémica se le unía el hambre. - La única defensa posible de los cordones sanitarios se justificaba si los lugares contagiados estaban bien provistos y los enfermos cuidados y con auxilio médico y humano. Como esto no se cumplía nunca, las situaciones se volvían inhumanas e invalidaban el método. - Un inconveniente más para el comercio era que cuando se declaraba una enfermedad contagiosa o una epidemia, muchos de los productos se perdían al salir perjudicados con los elementos que se utilizaban para eliminar la transmisión del contagio. - La amenaza de las crisis fue constante en la vida de los lanzaroteños. Los intentos por mejorar la red asistencial fue un factor insuficiente para mitigar las crisis de subsistencia que cíclicamente azotaban a la isla. - La actuación de las autoridades locales y regionales iban desde su inoperancia e ineficacia para buscar soluciones a las crisis en su afán por salvaguardar sus intereses y aprovecharse de una coyuntura nefasta para la mayoría de la población. - Lejos de plantearse reformas estructurales, optan por paliar los efectos de las dificultades a medida que las circunstancias se agravan. - Tratan de mejorar las condiciones benéficas sanitarias de la isla como remedio para atajar las consecuencias de las hambrunas en la población y, sobre todo las autoridades regionales, evitar las repercusiones que pudiesen tener en las islas centrales los movimientos migratorios.
323 6 Sobre la labor asistencial de los médicos. - Junto a los profesionales sanitarios con formación regular como médicos, cirujanos y sangradores, barberos o parteras, se encontraban otros sanadores, de muy variado tipo, y también recursos religiosos, además de aquellos que lo hacían sin titulación alguna. - Un acercamiento a los sanitarios es posible a través de los diversos vecindarios y censos y de las actas municipales donde debían registrarse todos los que querían ejercer como médicos, cirujanos, sangradores, boticarios, parteras, amas de cría o albéitares. - Los profesionales sanitarios que ejercieron en Lanzarote, provenían mayoritariamente de otras islas, de diversos lugares del territorio español e incluso del extranjero. - Con la estructura de la época, las principales poblaciones contrataban un médico, y al ser la economía muy limitada, lo cual sucedía la mayoría de las ocasiones, lo hacían con cirujanos y sangradores, generalmente barberos, que no gozaban de la misma formación académica pero que resultaban más económicos. - En ocasiones, se llegó a contratar a comerciantes para ejercer la medicina, como es el caso de Thomas James, mercante inglés. - Los sanitarios contratados por las instituciones, especialmente los médicos, eran los encargados de gestionar las situaciones de crisis y de asistir a los pobres de solemnidad y a sus familiares en la enfermedad, tanto en los locales designados a tal fin, como en los domicilios. - La plaza de médico titular dependía únicamente de los ayuntamientos. - Nos parece relevante la normativa sobre la responsabilidad, por parte del médico titular o asalariado, de nombrar un sustituto cada vez que se ausentase. - Los médicos también participaron en otras actividades sanitarias como el control de los barcos sospechosos de padecer enfermedades contagiosas y designar la cuarentena de mercancías o pasajeros. I - El hecho de encargar los medicamentos a Tenerife nos indica que los contactos sanitarios con esa isla eran mayores que con Gran Canaria, unido a que allí estaban mejor dotados en este terreno.
324 - Las continuas reclamaciones para contratar un médico en cada municipio obedecen a evitar el desplazamiento a la capital para recibir asistencia. - La estabilidad sanitaria se ve afectada por el continuo desplazamiento de los médicos en busca de mejoras económicas. - Durante el siglo XIX la oferta sanitaria experimenta un ascenso, sobre todo en la cantidad de médicos acreditados y, aunque fueron pocos, su labor trascendió más allá de lo meramente sanitario. - Los boticarios fueron los encargados de preparar los remedios expedidos por los médicos y tuvieron que rebelarse contra las emergentes figuras de los charlatanes que anunciaban soluciones a todo tipo de enfermedades. - Otra de sus obligaciones, como farmacéuticos titulares, consistía en despachar gratuitamente los remedios a los pobres reconocidos por el Consistorio. - Las farmacias en Lanzarote fueron escasas y se encontraban en el Puerto del Arrecife, la capital, con la consiguiente dificultad por parte de la población para acceder a los medicamentos.
325 7 Sobre el papel desarrollado por el resto de profesionales sanitarios ante la enfermedad. - En la documentación consultada encontramos noticias sobre las enfermeras, encargadas de cuidar a los enfermos, de hacerles la comida y de asear sus habitaciones y camas. - La asistencia a los enfermos es desempeñada por mujeres laicas, fundamentalmente en el ámbito doméstico, con dos vertientes: ayuda las mujeres durante el parto y a los familiares enfermos. - Hemos comprobado que el término enfermera ya se adopta en el siglo XVIII, aunque en ocasiones es sustituido por la denominación de hospitalera. - El registro de las parteras se produce en el siglo XIX, al igual que la figura del practicante. - Los barberos sangradores se registran en la isla desde la primera mitad del siglo XVII, aunque tenemos noticias de su presencia desde el siglo XVI, permaneciendo hasta bien avanzado el siglo XIX, período, este último, en el que no encontramos ninguno sin acreditación para ejercer. - Como la medicina y la terapia farmacéutica aplicada no suponían una panacea, o era muy cara, muchas personas recurrieron a curanderos y santiguadoras que basaban sus dotes curadoras en supuestos dones sobrenaturales innatos. - La difusión de las creencias mágicas afectan por igual a todas las clases sociales y la enfermedad es considerada no sólo como un dolor físico de nuestro cuerpo, sino también de nuestra mente. - El gran número de curanderos que ejercían en Lanzarote preocupó a la Diputación Provincial, no a las instituciones insulares, pues estos maestros de la medicina popular cubrían la falta de médico titulado. - El hecho insular y la difícil situación que vivió la isla de Lanzarote, con las invasiones piráticas, las hambrunas y las epidemias, motivó de algún modo a los lanzaroteños a crear una medicina tradicional o popular, mezcla de creencias y ritos. - Con el estudio de la asistencia hospitalaria no agotamos el tema de los recursos médicos con que contaba la población, en concreto los grupos de menor nivel socioeconómico, aunque si la estructura oficial sobre la que se articulaba dicha asistencia.
326 8 Sobre las ventajas que confería la capitalidad provincial e insular en la lucha contra las enfermedades. - Los núcleos urbanos alcanzaron una posición ventajosa quizás porque fue en las ciudades donde se produjeron los primeros intentos de mejora de la sanidad pública y de ahí se fueron difundiendo a las islas de señorío. - Contaban con mayores presupuestos para cumplir sus compromisos y mejorar la calidad de las intervenciones, adecuando las estrategias al contexto sociocultural, lo que se traducía en mayor número de profesionales sanitarios, probablemente más preparados, y hospitales. - La transición del Antiguo al Nuevo Régimen sorprenderá a la isla sin ninguna institución benéfica, lo que hará que no se pudiesen aprovechar las medidas innovadoras, produciéndose un desfase en este terreno con respecto a las islas centrales del Archipiélago.
327 9 Sobre los intereses particulares de determinados grupos sociales y su influencia en las decisiones a adoptar en materia de desarrollo sanitario. - Las intenciones del capitalismo para mejorar las condiciones higiénicosanitarias se basaron en la condición imprescindible para fomentar el desarrollo económico de la Isla y de sus habitantes, sobre todo el de la burguesía comercial. - A finales del siglo XVIII continuaron los problemas de las crisis en las exportaciones de la barrilla y la cochinilla, todo ello unido a las pertinentes sequías padecidas a lo largo de la centuria. - El hambre, la miseria y las enfermedades eran las notas constantes que ponían aún más en evidencia las carencias sanitarias de la isla. - Los grupos burgueses intentaron buscar soluciones mediante reclamaciones dirigidas a los gobiernos correspondientes, principalmente a la Diputación Provincial, siempre bajo una actitud paternalista y caritativa. - Será la revolución liberal del siglo XIX la que forme definitivamente el sistema asistencial, dentro de las coordenadas decimonónicas liberales, dicha reforma tardará en llegar a la isla.
328 10 Sobre la insuficiencia de hospitales para alojar a los enfermos. - Un hecho inalterable a lo largo del camino de la sanidad en Lanzarote son los desvelos tenaces de particulares por las infraestructuras sanitarias, acostumbrados de siglos a la inoperancia política. - La Villa de Teguise albergó el primer hospital de la isla en la segunda mitad del siglo XVIII, pero su corta existencia y condiciones no fueron suficientes para paliar las deficiencias sanitarias de la Isla - El segundo hospital, de carácter privado, también tuvo una efímera persistencia. - Hacia finales del siglo XIX se inaugura el hospital de Nuestra Señora de los Dolores, en condiciones precarias y con escaso personal. - La isla tendrá que esperar hasta mediados del siglo XX para poder gozar de una sanidad más digna con la apertura del Hospital Insular. - Tal vez la existencia del Hospital del Espíritu Santo explique, en parte, por qué fueron menos los conejeros internados en los hospitales tinerfeños que los habitantes de Fuerteventura, ya que la situación socio-económica en ambas islas tenía múltiples semejanzas. - La lucha contra las deficiencias sanitarias de la población era una constante, sin embargo, las carencias se encontraban a todos los niveles, incluso en aquellas instituciones que debían ser ejemplo, las cuales tenían una total falta de limpieza, atención y cuidados. - El Hospital de Nuestra señora de los Dolores supuso el advenimiento de una institución sanitaria con cierto carácter de estabilidad para la población lanzaroteña. - Un hecho, también significativo, es constatar como el mantenimiento de centros independientes era antieconómico. - La práctica inexistencia de establecimientos hospitalarios en Lanzarote fue sobre todo por carecer de los recursos necesarios para mantener el más mínimo funcionamiento.
339 Anexo III
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343 7. Fuentes
345 7.1. Fuentes manuscritas
347 ♦ Actas Ayuntamiento de Teguise, años 1821,1833, 1846, 1850, 1852, 1853 y 1861. ♦ Actas del Cabildo de Lanzarote, 1776, 1825 y 1826. ♦ Actas del Cabildo de Tenerife, acuerdo de 1499. ♦ Actas Comisión Provincial. Libro 17, 1873. ♦ Actas Diputación Provincial. Libros 14 y 15, 1873 y 1875. ♦ Actas Diputación Provincial Santa Cruz de Tenerife, GACTO FERNÁNDEZ, E.: La situación jurídica de los hijos naturales e ilegítimos menores de edad en el derecho histórico español. ♦ Actas de navegación 2008. ♦ Archivo Cabildo Catedral de la Diócesis de Canarias, expediente sobre el mal de la elefancia y la lepra. ♦ Archivo Catedralicio Diócesis Canariense, 1768-1784. ♦ Archivo General de Simancas. Diversos de Castilla, legajo 6, folio 54. ♦ Archivo Histórico Nacional. Inquisición, 1828. ♦ Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. - Informe sobre la conducción de agua potable al Puerto del Arrecife, 1862. - Protocolos notariales. ♦ Archivo José Ramón Santana Godoy. Copia mecanografiada del manuscrito original. ♦ Archivo Municipal de Arrecife. - Censos. Padrones de los años 1844, 1852 y 1856. - Contribución comercial, 1820, 1821, 1829, 1833, 1842 y 1843. - Correspondencia, 1853 y 1872. - Registro de defunciones, 1847. - Sanidad, 1812. - Sanidad. Libros de la Junta de Sanidad, 1854.
348 ♦ Archivo Municipal de Teguise. - Hospital del Espíritu Santo y Cuna de Niños Expósitos, 1837. - Copia manuscrita de las memorias de don Manuel Miranda Naranjo respecto la fundación de una Casa de Beneficencia. - Varios, sin clasificar. ♦ Archivo del Museo Canario. Colección Bute. ♦ Archivo del Museo Canario, inquisición. ♦ Archivo Parroquial de San Ginés. II y III Libro defunciones, 1853. ♦ Archivo Parroquial San Roque de Tinajo. ♦ Auto del Ayuntamiento de Arrecife, 1854. ♦ Gobierno Civil de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife, sección 5ª beneficencia, 1835. ♦ Libro Borrador de Oficios, 1853. ♦ Libro de Actas del Cabildo de Lanzarote, años 1618, 1627 y 1668. ♦ Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de San Bartolomé. ♦ Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Teguise, 1853.
349 7.2. Fuentes impresas
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