A propósito de un folclor médico trasatlántico, ejemplo Cuba - Islas Canarias: consideraciones epistemológicas y modelo de análisis teórico
Abstract
Programa de doctorado: Fuentes, métodos e historiografía del Mundo Atlántico
Full text
UNIVERSIDAD DE LAS P ALMAS DE GRAN CANARIA
DEPART AMEN TO DE CIENCIA S HIST ÓRICAS
“A PROPÓ SITO DE U N FOL CLOR MÉDICO T RASATLÁNT ICO:
EJEMPLO CUBA - ISLAS CANAR IAS. CONSIDERACION ES
EPISTEMOLÓ GICAS Y MODELO DE ANÁL ISIS TEÓRIC O”
TESIS EN OPCIÓN AL GRAD O ACADÉMICO DE D OCTOR
ISRAEL BERN ARDO TORRES JIMÉ NEZ
Las Palmas de Gra n Canaria.
Noviembre, 2015.
ª AD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Departamento de Ciencias Históricas
D. SERGIO SOLBES FERRI, SECRETARIO DEL
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS DE LA
UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA,
CERTIFICA,
Que el Consejo de Departamento en su sesión de fecha 12 de
noviembre de 2015 tomó el acuerdo de dar el consentimiento
para su tramitación a la tesis doctoral titulada: "A PROPÓSITO
DE UN FOLCLOR MÉDICO TRASATLÁNTICO: EJEMPLO
CUBA ISLAS CANARIAS. CONSIDERACIONES
EPISTEMOLÓGICAS Y MODELO DE ANÁLISIS TEÓRICO"
presentada por el/la doctorando D. Israel Bernardo Torres
Jiménez y dirigida por el Dr. D. Juan Manuel Santana Pérez.
Y para que así conste, y a efectos de lo previsto en el
Art º 6 del Reglamento para la elaboración, defensa, tribunal y
evaluación de tesis doctorales de la Universidad de Las Palmas
de Gran Canaria. firmo
la
presente en Las Palmas de Gran
Canaria. a trece
de
noviembre de dos mil quince
(J
UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS
Programa de Doctorado: Fuentes, Métodos e Historiografía para
la
investigación
en
el
Mundo Atlántico
Título de la tesis doctoral: A propósito de un folclor médico
trasatlántico: Ejemplo Cuba - Islas Canarias. Consideraciones
epistemológicas y modelo de análisis teórico.
Tesis doctoral presentada por D . Israel Bernardo Torres Jiménez
Dirigida por el Doctor
D.
Manuel Santana Pérez
El
Autor
El
Director
Israel Bernardo Torres Jiménez Juan Manuel Santana Pérez
Las Palmas de Gran Canaria.
Noviembre, 2015
3
AGRADECIMIENTOS.
Ante todo, quiero agradecer a mis padres Ana María y Agustín por haberme dado
el ser, cuidarme y mostrarme l os senderos lindos de la vida. A mis hermanos Bebi,
Raquel y Eva. A todos mis caprichosos finados. Por s u sincero a fecto y fiel amistad a
Chano, Javi, J orge, Fito, Gabi, Ve ro y G ema. Especialmente a Ma ría del Mar por todo s u
apoyo, acompañamiento y asesor amiento en este trabajo, por haberme enseñado el valor
del Amor, sa car lo mejor de mí y enseñarme a ser m ejor persona. A mi s fu turos hijos. A
todos ellos por el apo yo, avituallamiento moral y afectivo en todo este ti empo y el que
resta para nuevas experiencias investigativas y vitales.
Muy especialmente a m i director, J uan Manuel Santana Pérez por l a confianza
depositada en mi persona desde el primer mom ento, por no dejarme caer , concederme el
honor de ser su discípul o y moti varme e invitar me a la co gnición de la Historia de un
Mundo Atlántico en construcción.
Siguiendo la r uta de m i experiencia académica supe rior, he de a gradecer con
especial cariño l as enseñanzas del claustro de profe sores de los Departamentos d e
Historia de la Pedagogía y Sociolo gía de l a Univ ersidad de La Laguna, e specialmente a
Ze naida, Cori, Enrique, Montse, Marta y Paco, por despertar este intelecto emergente,
cuidarme y aceptarme t al y como soy. También ag radezco al claustro de los
Departamentos de Botánica, y el de Ecolo gía y Fisiología Vegetal de la U LL, Marcelino
J. Del Arco, Wilfredo Wilpret, Esperanza Beltrán, y J. Luis P érez de Paz, por sus
enseñanzas y a daptar sus enseñanzas a un estudiante de Ciencias Sociales ávido de
cognición de Ciencias Naturales.
Al claustro de profesores del Centro de Postgrados del Caribe de la Universidad
de Oriente d e S antiago d e Cuba, especialmente a l as doctoras Ma ría Eu genia Espronceda
Amor y Alicia M artínez Te na por su cariño, sabiduría y pra gmática instrucción
científica. A los departamentos de Farmacia y Bot ánica de la Unive rsidad de Oriente de
Santiago de Cuba. A la dele gac ión provin cial sant iaguera del Ministerio de Tecnología y
Medioambiente de Cuba (C ITMA), a l a Com isi ón P rovincial de Medicina Natural y
Tradicional de S antiago de Cuba y al in geniero Félix Acosta Castillo del Museo Tomás
Romay de Santi ago de C uba. A los vecinos del poblado “ L a Bruja” por su acogida y
enseñanzas durante mis años en los montes de Sierra Maestr a, Guamá, San tiago de Cuba.
A todos los recolectores, expendedores, y erberos y y erberas de los ar chipiélag os can ario y
cubano.
Por su asesoramiento bot ánico a D avid Bramwell , Bernardo N avarro Valdivieso y
Águedo Marrero, directores del Jardín Botánico Viera y Clavijo de Gran Canaria y
conservador del Herbario LPA. A las especialistas del J ardín Botánico Nacional de Cuba,
las Doctoras R osa Gloria Rankin R odríguez y Ángela Leiva Sánchez y a l Doctor Carlos
Sánchez y , conservador del Herbario Johannse Bisse, por su asesora miento técnico,
correcciones botánicas, cariño brindado y especial acogida en las instalaciones del J ardín.
A los traba jadores de los Archivos His tóricos Provinciales de La s Palmas y
Santiago d e C uba y a l os del Archivo N acional de Cuba en L a Habana. A todos los
especialistas, int eresados y estudiosos de las plantas autores de trabajos precedentes por
brindarme l a necesaria inspiración y re ferencia documental. Por último, al Grupo de
investigaciones Sobre el Mundo Atlántico (S IGMA) de la ULPGC, por procurarme el
marco discursivo ideal para a gestación d e esta propuesta.
4
5
Agradecimie ntos………...……………………………………………………………...….3
Listado de las p rincipales abre viaturas utilizadas .......................................................... 8
0. INTRODUCCIÓN ........................................................................................................... 9
PRIMERA PARTE
MODELO DE ANÁLISIS COMPARATIVO E INTE GRADOR. FUNDAMENTO
TEÓRICO DEL FOLCLOR MÉDICO TRASATLÁNTICO Y HE RRAMIENTA
METODOLÓGICA PARA SU E STUDIO.
1. Fund amentos m etodológicos y epistem ológi cos para l a introducció n del concepto
«folclor médico trasatlántico»... ..................................................................................... ..22
1.1 El Método A.C. I (Análisi s Comparativo Integrador) y su estructur a. ....................... 28
1.1.1. Estructura invariante: Unidades B.A.M. ( Botánicas, Animales o Minerales) . ..... 33
1.1.2. Subestructuras invariantes de Unidades B.A.M ..................................................... 38
1.1.3. Estructura variante: Unidades R.E.C (Re giones, Etnias o Culturas). ................... 43
1.1.4. Subestructuras variantes de Unidades R.E .C. ........................................................ 45
1.1.5. Correspondencia entre Unidades B.A.M y subestructuras variantes. ................... 49
1.2. Procedimiento: Fases y tareas científicas. ............................................................. 52
1.2.1. Elección y fund amentación de las Unidades R.E.C y B .A.M. ........................... 54
1.2.2. Revisión de bibliografía científica especializada. .................................................. 55
1.2.3. Fase comparativa preliminar (pre-documental). ..................................................... 57
1.2.4. Fase de observación. Trabajo de campo. ......................................................... 58
1.2.5. Fase de corrección. Análisis de ex pertos. ........................................................ 66
1.2.6. Fase de ratificación y valor ación de sinergi as del conocimiento producido. ........ 69
1.3 Del método y su aplicación por parte de otra s disciplinas. .................................... 71
1.3.1. Biomedicina, farmacia y agronomía. .................................................................... 71
1.3.2. Estudios socio-culturales: Etnobotánica, folclore, lingüística e historia aplicada. 73
1.3.3. Atención primaria de la salud ....................................................................... 74
1.3.4. Del material: la Tabla A.C.I ......................................................................... 75
1.4. Fundamentos epistemológicos para la i ntroducción del concepto “folclor fitomédico
trasatlántico. ........................................... .......................................................................... ....76
1.4.1. De medicinas verdes o populares. .................................................................. 77
1.4.2. Desde el término “folclor médico”. ................................................................ 79
1.4.3. Desde el concepto. ....................................................................................... 81
6
2. Análisis Comparat ivo Integrador sobre el empleo de plantas medicinal es en la
medicina popu lar de Cuba y Canarias……………………………………...…......……86
2.1. Elección y fundament ación de las Unidades B.A.M y R.E.C. .............................. 87
2.2. Revisión bibli ografía c ientífica. ........................................................................ 91
2.3. Fase comparativa preliminar (pre-documental) ................................................ 94
2.4. Fase de observación: trabajo de campo. ........................................................... 96
2.4.1. Pluchea carolinensis : Ejempl o material contemporáne o de antropocoria
trasatlántica. ....................................................................................................... 113
2.5. Corrección documental y material. análisi s de expertos…....................................122
2.5.1. Corrección documental. ................................................................................. ..122
2.5.2. Corrección y análisis material. ............................................................... 128
2.6. Ratificación y val oración de sinergias del conocimiento producido. .................. 136
2.7. Conclusiones del análisis. .......................................................................... 143
3. Patrimonio biocultural sincrético canari o- cubano. ejemplo de u na his tórica
interculturalidad etnobotánica en el trasiego interatlántico de personas y simientes.147
3.1. Constancia documental de la influencia can aria en el paisaje agrario americano y
su reciprocidad simbólica y material en la Región Macaronésica. .................................... 149
3.2. La flora exótica en la arquitectura indiana y su fun ción simbólica com o elemento
vivo. ........................................................................................... ........................................ 155
3.3. El jardín intrahistórico. consideraciones hist oriográfica s para su estudi o.............. 177
3.4. Procesos m igratorios e itin erar io comercial hi spano-cubano a través de canarias: su
contribución al mutuo enriquecimiento fitoterapéu tico. Siglos XVI al X IX . ................... 200
SEGUNDA PARTE
ANTROPOCORIA TRASATLÁNTICA ENT RE CANARIAS Y CUBA.
FUENTES DOCUMENTALE S Y ANTECEDENTES HISTO RIOGRÁF ICOS PARA
SU EST UDIO.
4. Antropocoria y farmacoergasia trasatlántica entre el caribe y la macaronesia ... 2 12
4.1 Plantas para la travesía. ................................................... ......................................... 214
4.1 Plantas en la travesía...................................................................................... ........... 234
5. Concu rrencias simbólicas y mat eriales entre la medicina p opular canaria y cub ana.
contingencias históricas f orjadoras de sincretism o. ................................................... ..261
5.1. Sabiduría femenina en el huerto medicinal de ultramar. ........................................ 267
5.2. Consolidación por migración y otros mecanismos contemporáne os de
sincretización de Folclor Médico Trasatlántico. .......................................................... .. 282
5.3. Apuntes para una historia de la fito-farmacología en Canarias. ............................. 297
7
5.4. Análisis histórico transversal sobre taxonom ía botánica en la obra de Juan Bosch
Millares. .................................................................................................... ..................... 312
5.4.1 Introducción ...................................................................................................... 319
5.4.2. Material y método ............................................................................................. . 321
5.4.3. Resultados .......................................................................................................... 323
5.4.4. Conclusiones ....................................................................................................... 324
6. Botánica y medicina atlántica de u ltramar. Antecedentes historiográf icos ........... 33 2
6.1 Algunos paradigmas historiográficos de la hist oria de las ciencias. Su posición
frente a las fuentes documentales. ......................................................... ........................ 334
6.2. Siglo XV. Interés proto-renacentista por la na turaleza. Encuentro entre dos
mundos y sus floras. ....................................................................................................... 337
6.3. Del siglo xvi al xvii. i nterés pragmá tico, mecánico-causalis ta. Correspondencia
entre medicina y botánica. ........................................................... ...................................... 348
6.3.1. Botánica y farmacoergasia. Tras el conocimiento y domesticación
transoceánica de especies útiles. ................................................................................... 355
6.4. Del siglo XVII alXVIII. la ilustración botánico-médica de ultramar. ..................... 363
6.4.1. Antropocoria trasatl ántica, exploraciones científicas al nuevo mundo e
investigación farmacológica de plantas americanas. .................................................... 365
6.4.2. Privación hermenéutica en análisis histor iográficos de fuentes primarias de
contenido botánico. El ejemplo del discurso científi co de Antonio Parra. ................... 379
6.5. Del siglo IX al XXI. Maduración científica en l a literatura médica de cuba y canarias.385
6.5.1 Fitoterapia en la antropol ogía médica cubana. medicina esc lavista e
indígena . .......................................................................................................... 391
6.5.2. Fitoterapia en la lit eratura científica canaria. antropología, medicina y
farmacia .......................................................................................................... 402
6.6 Aproximación a los estudios comparativos sobre etnomedicina entre Canarias y Cuba.414
CONCLUSIONES ........................................................................................................... 4 20
ÍNDICE DE FIGURAS ……………………………….…………….………….…..…...426
FUENTES ......................................................................................................................... 430
ANEXOS
I. Variedades de verduras y hortalizas de recie nte int roducción por l a comunidad china
residente en Canarias…………………………………………………… ……………......455
II . Micelanea documenta l para el estudio de la Historia de l a M edicina y l a Farmacia en
Canarias. Inconcordancia historiográfica entre fuentes documentales…… ……………..460
III. Dicc i onario botánic o ca nario–cubano de plantas medicinales, utiles y
venenosas………………………………………………………………………………...476
8
Listado de las pr i ncipales abre viaturas utilizadas
− A.C.I: Análisis Comparativo int egrador
− A.H.P.L.P . Archivo Histórico Provincial de Las Palmas
− B.A.M : Botánicas, Animales o Minerales
− BGCI : Botanic Gardens Conservation Internatio nal
− BSCIT : Bi odiversity Scie nces Technology group
− CC.NN : Ciencias Naturales
− CC.SS : Ciencias Sociales
− CESIC : Consejo Superior de Investigaciones Científi cas de España
− CINB . Código Internacional de Nomenclatura Botánica
− CITMA: Ministerio de Ciencia Tecnología y Medi oambiente. Cuba
− F.F.T : Folclor Fitomédico Trasat lántico
− F.M .T : Folclor M édico Trasat lántico
− GBIF : Global Biodiversity Information Facility
− I+D+I : Investigación, Desarrollo e Innovación
− ICIA : Instituto Cana rio de Inv estigaciones Agrarias
− ICOMOS : International Counsil on Monuments and Si tes
− IPNA : Instituto de Productos Natura les y Agrobiología
− IPNI : International Plant N ames Index
− ITB: Instituto de T ecnologías Biomédicas. Canarias
− IUPAC : International Union of Pure and Applied Chemistry
− JBN : Jardín Botánico nacional. Cuba
− MINAGRI: Ministerio de la Agricultur a. Cuba
− MTN : Medicina Tradicional y Natural
− MTP : Medicamento Tradicional a Base de Plantas
− N.M : Nuevo Mundo
− O.M.S : Organización Mundial de la Sal ud
− R E.C : Regiones, Etnias o Cultur as
− UNAM : Universidad Nacional Autónoma de Méx ico
− V.M: Viejo Mundo
15
Desde el punto de vista teórico, hemos diseñado y planificado un a estrategia
metodológica basada en un Modelo de Análisis Comparativo Integr al ex tensible en su
organización y aplicaci ón a disí miles context os biogeográficos y soci oculturales. El
enfoque microdimension al de partida, con el objet o de ajustarlo a las especi ficidades, nos
ha permitido abordar dinámicas histórico-cult urales y una problemá tica particular
compleja rica en matices. L o anterior nos perm itió justificar y plantearnos el segundo
objetivo de orden epis temológico consistente en la introducción de herramientas
conceptuales y téminol ógicas capaces d e si gnificar el objeto de estudio e mergente d e l a
discusión teórica del problema científico.
Diccionario botánico canario-cubano de plantas medicinales, útiles y veneosas
aportado en el Anexo II, representa la sis tematización de estos aportes t eóricos y un a
aproximación pragmática de su aplicabilidad, además de pretender servir como nuevo
ejemplo de recurso científico y di dáctico qu e brin da tributo a la unidad de los pueblos del
Atlántico. En él se un en Historia, Medicina, Antropología y Ped agogía de forma
dialéctica, estableciendo un espacio p ara la reflexi ón conjunta de estas di sciplinas. De
este m odo se l es brinda l a posibilidad de superar aquellas barreras de legit imidad teórica
que entorpe cen, o esteril mente contribu y en, al d esarrollo de propuestas mul tidisciplinares
para el análisis de este fenómeno y sus p rocesos, tan fascinantes, reales, complejos y
científicamente útiles como olvidados y relegados a los oscuros rincones de la ciencia
inaplicada.
El Folclor Médico Trasatlántico, como fenómeno y p roceso, no es estático. Su
dinamicidad histórica s e refleja en el constante flujo de importación y exportación de
flores y plantas, como vi ene s ucediendo desd e hace más de cinco siglos, p asan por ambos
16
archipiélagos en sus rutas transoceánicas con ori gen y destino a otras latitudes del planet a.
Por ese motivo, justo en el momento en el que se presenta esta investigación, continúa
enriqueciéndose el patrimonio vege tal y cultu ral en ambas orillas, por l o que el
diccionario botáni co que presentamos como aport e prá ctico d e esta tesis es tará l imitado a
la relación de especies vegetales detectadas e identificadas por el método.
No obstante, además de los aspectos positivos de este fenómeno de interacción
cultural y n atural, no hay que ol vidar qu e el problema se acentúa t oda vez que el
patrimonio cultural y nat ural del q ue se compone, sufren determinados grados de erosión
que los sit úan en los l ímites de su desaparición. Unos por la ne gación, indi ferencia o falta
de i nterés de nu evas generaciones por recoger ese l e ga do, relegando esa tarea a
investigaciones científicas como esta. Por su parte, el elemento vegetal, muchas veces
desplazado por la incontr olada naturalización de especies forá neas o por la destructiva
acción antrópica de sus hábitats, se ve obliga do a competir por el espacio físico de su
medio natural. ¿ Supervivencia, adaptación o especiación? Pensamos que, llegados a este
punto del discurso, no sería justo m antenernos ajenos a este debate.
Por su replicabilidad y , a pesar de sus l imitaciones, tanto el método c omo los
aportes que ejemplifican su aplicación práctica, el t rabajo posee sus propios alcances.
Entre ellos, su intención de ins ertar un con junto de ideas en el p lano teórico -
metodológico, junto a una práctica que ya alcanz a una corporeida d tal que ofrece una
línea de continuidad y ex tensión en su compromiso con el destino de las ciencias sociales.
En función d e estos presupuestos hemos estructurado el trab ajo en s eis c apítulos
distribuidos en dos partes. La prime ra, cu yo título es “Mod elo de Análisis C omparativo e
17
Integrador. Fund amento teórico del Folclor Mé dico Tr asatlántico y h erramienta
metodológica para su estudi o”
,
se compone de l os tres primeros capítulos y s e ocupa de
fundamentar l os aportes t eóricos de esta tesis. El capítulo prim ero t rata sobr e un a
propuesta metodoló gica cuya estructura procedim ental resulta ad ecuadamente aplicable a
los estudios comparativos sobre medicina popula r. La indagación hi stórica inserta en el
método j uega un pap el i mportante al posibilitar la mejor fundamentación de sus p receptos
desde distintos niveles de exploración. Esto se justifica, por un l ado, por que su objeto
tiene un i mportante e inseparable componente his tórico y, por otro, po rque las disciplinas
implicadas poseen también su historicidad y di alé cticamente se p restan al estudio integral
del binomio que conforman el objeto últim o de análisis: la cultura inmaterial y l os
elementos botánicos. S eguidamente se aportan l os fundamentos epistem ológicos por los
que introducir el concept o de Folclor Médico Tras atlántico. El segundo capít ulo presenta
un ejemplo de l a aplicación d el m étodo propuesto consist ente en el Análisis Com parativo
Integrador ( A.C.I) sobre el empleo de plantas medicinales en la medicina popular de
Cuba y Can arias, con el objeto de servir de referente para el desarrollo de futuras
investigaciones sobre Fo lclor M édico Trasatlánti co. Por último, el tercer capítulo ofrece
una visión general sobre la relación que asp ectos migratorios, artísticos y paisajísticos
encierran con el patrimo nio bot ánico canario y cubano, po r lo s qu e s e ju stifican algunas
de las consecu encias históricas e intrahist óricas identificadas para plantear
particularidades entrono a una antropocoria trasatlánti ca.
La segunda p arte, “Antropocoria trasatlántica entre Canarias y Cuba. Fue ntes
documentales y antecede ntes his toriográficos para su estudio”, la constitu yen los capítulos
cuatro, cin co y s eis. Los temas su geríos en ello s muestran distint os ejemplos de cómo
superar las lim itaciones que plantean las fronte ras teóricas de las disciplinas que abordan el
18
objeto de estudio. A par tir de ahí, se o frece un marco competenci al discursiv o práctico,
presumiblemente abarca ble para los estudios del Mundo Atlántico y los paradigmas
contempooráneos interes ados en este ámbito d e i nterés científico.. El capítulo cuarto
dedica su contenido al Océano Atlánti co como protag onista y como es cenario facilitador
de convergencias botáni cas y culturales entre su s dos orillas. La relev ancia de este h echo
es que posee una hi storicidad que ha venido confomándose desde el en cuentro entre el
Viejo y el Nuevo Mun do, actualmente en pleno proceso, como tratremo s de ejmplificar
con la comunidad china residente en Canarias.
De acu erdo a las cuestiones sur gidas ra íz de la lectura crítica de las fuentes
consultadas, los divulgadores (materiales e in telectuales), productores y c onsumidores de
fitoterapia, han ido incorporando, desde finales d el siglo XV hasta nuestra era global, las
nuevas fuentes de r ecursos alimenticios y terapéuticos presentes en las especies l legadas de
tierras l ejanas, reproduciendo el eco de una eficacia consolidada p or la experiencia
empírica de su uso cienstíficamente contrastado.
El capítulo quinto trata a cerca del rol de la mujer en los procesos est udiados y otros
mecanismos facilitador es del sincretismo cultural inherentes al F.M.T. Po r otra parte, y a
raíz de las c onsideraciones t eóricas de c arácter historiog ráfico pl anteadas al inicio, se
convino también ejemplificar, en la práctica, el re sultado del tratamiento a la Historia de la
Medicina en Gran Cana ria escrita por Bos ch Mi llares mediante el A. C.I. Con ello se
pretendió liberar el con tenido botánico de est e trabajo de l a limitación que supone el
empleo sistemático y ex clusivo de fitoni mia popular en su contenido. C reemos q ue la
“traducción” a nomenclatura botánica lo enriquece. El r egistro de tras cripción univers al
que ofrece el C. I.N.B, permite que esta obra de referencia i ncremente su nivel de
19
rigurosidad en su empleo como consulta docum ental historiográ fica. Confiamos en que,
además d e superar po r e ste medio su barrera idiomática, trascienda lo “ social” de sde el
punto de visita disciplinar al facilitar su tratamient o a la materia botánica y farmacéutica.
Por último, el capítulo sexto se ocupa de trazar un mapa histórico sobre el devenir
del interés científico por la materia. A través del análisi s de las fuentes historiográficas
consultadas, se resume y conjetura acerca de la relación histórica de C anarias y Cuba con
acontecimientos, escenarios, personajes y dist intas empresas institucionales promotoras
de l a di spersión botánica de especies út iles en el escenario Atlántico y, en consecuencia,
con el desarrollo de la fito-farmacología empírica y científica en este contex to
FU E N T E S
De las fuentes doc umentales a l as que hemos tenido acceso se seleccionaron
textos, documentos e investigaciones, imbricados en la Medicina, Botán ica, F armacia,
Antropología, Sociolo gía, L in güística, A gronomía, las Ciencias Ambi entales y
subdisciplinas afines, c on los que se ha trata do de fundamentar nue stros preceptos
teóricos y metodol ógicos. La parti cularidad de su tratamiento consistió en la comparación
simultánea de su dimensión histórica, disciplinar y espacial.
Para establecer los parale lismos que i nteresan a los objetivos de la investigación, y
a razón del it inerario propuesto en el método, se consultaron fuentes que tratan la materia
botánica, médica y farmacológica desde el si glo X V hasta nuestros días a n ivel universal,
europeo, español y americano, hasta lleg ar a un grado de conc reción que nos sitúa en
Canarias y Cuba.
20
El proceso consultivo c onsistió en la recopilaci ón, trascripción, solapami ento,
comparación y contrastación de la inform ación botánica obtenida por mat erial topográfico
(mapas históricos y actuales), foto gráfico (Fondos de la F EDAC, Tr ópico del Mi ssouri
Botanical G arden y de elaboración propia), a udio-visual (entrevistas personales) y
artístico (análisis d e obras pictóricas), con la analiz ada en Vademecums , farmac opeas,
tratados médico-botánicos , Reales Órden es, His torias Naturales, A rchivos de Indias,
diccionarios botánicos, com pendios florísticos, in formes y m isivas s obre ex ploraciones
científicas, marcos jurídicos de referencia, historia de viajes, costumbrism o y folclore.
De las fuentes esc ritas nos hemos apoyado sobre todo p ara clarificar la
nomenclatura botánica, muchas veces errada o in exist ente en documentos que tratan sobre
etnomedicina, por el qu e tratar de establecer un mapa histórico que ilust re la evolu ción
del trasiego botánico ent re el Nuevo y el Viejo Mu ndo y por el que Canarias s e ha visto
favorecida desde el punto de vista a gronómico, paisajístico y cultural.
De la historia oral transcrita hemos som etido a objetiva ción las referencias
botánicas subj etivas i dentificadas, tanto desde el punto de vista de su taxonom ía como en
lo que a fitonimia p opular re fieren. Todos ellos sirven como testi monios clave de la
evolución del i nterés del ho mbre europeo por l as plantas medicinales d e s us antípodas y
del Nuevo Mundo, así como de sus p retensiones d e explotación farmac éutica, agronómica
y / o industrial. Pero, sob re todo, porque reflejan l os contextos espac iales, históricos e
institucionales en los que las plantas ini cian su tra sciego entr e las dos orilla s del Atlántico
Medio.
21
P R I M E R A
P A R T E
M
O D E L O D E
A
N Á L I S I S
C
O M P A R A T I V O E
I
NTEGR ADOR
.
F
U N D A M E N T O T E Ó R I C O D E L
F
O L C L O R
M
É D I C O
T
R A S A T L Á N T I C O Y H E R R A M I E N T A M E T O D O L Ó G I C A P A R A
S U E S T U D I O
.
22
1 . FU N D A M E N T O S
M E T O D O L Ó G I CO S
Y
E P I S T E M O L Ó G I C O S
P A R A
L A
I N T R O D U C C I Ó N
D E L
C O N C E P T O
« F O L C L O R
M É D I C O
T R A S A T L Á N T I C O » .
Hemos denominado Aná lisis Com parativo Integrador (a p artir de aho ra A .C. I ), al
modelo de an álisis que aportamos en esta tesis, com puesto por s u dimensión teórica y la
propuesta metodológica que posibilita su o perativiz ación. Su fin preliminar pretende
superar e l nivel inicial exploratorio de su antecedente investi gativo m ás pr óxim o, e l
Análisis C omparativo Preliminar entre l a Flora Medicinal d e Cuba y Canarias
3
, un
estudio de caso previo que, en su limi tada ese ncia ló gica, guarda más relación con el
ámbito de las CC.NN.
En este caso, el A.C.I tratará de ir más allá en su afán de con crec ión
epistemológica y metodo lógica para estable cer crit erios de convergencia e ntre las CC.NN
y parti cularmente entre la Botánic a y otros fun damentos de naturaleza epistemológica
emergentes del análisis teórico, más p ropios de las CC .SS, cu y as relaciones pretende n
iluminar sus expl icaciones ca usales y sustentar la pertinencia de l a introducción del
término Folclor M édico Trasatlántico (a partir de ahora F.M.T) y su significación dentro
de los ámbitos de discusión en los que se imbrica el presente trabajo.
Dedicaremos este epígrafe a describir l a propuesta metodológica de cu ya
aplicación práctica sur girá más adel ante un cor pus de alto valor científico al que
llamaremos Diccionario Botánico Canar io Cubano de Plantas Medicinales, Útiles y
Venenosas , en que se verá materializado el interés aplicativo del A.C. I.
3
TO RRES JIME NEZ, I.B y QUINT ANA CARDENE S, I. J. “A nálisis co mparativo so bre e l
empleo d e plantas medicinales en la medicina trad icional de Cuba e Islas Canarias”. Revist a Cub ana de
Planta s Medicin ales [o nline]. 200 4, vol.9, n.1 [citado 2014-09 -09]. D isponible en: http:// scielo .sld.cu/scielo.
23
Para poder introducir n uestro modelo, conviene entender su ori gen a p artir del
referido trabajo de Torres y Quintana que perseguía el objetivo de establecer un
paralelismo entr e las pla ntas medicinales v asculares utiliz adas en la m edicina tradicional
de Cuba y Canar ias, reg iones insul ares diferent es geográfica y florísticamente (Cuba
pertenece al reino neo-tropical de la región del Caribe y Canarias a la Macarone sia), con
el fin de dar a conocer q ué especies medicinales ut ilizadas en C anarias eran empleadas en
Cuba, o viceversa, para iguales o diferentes dolen cias.
Años después de la publ icación del referido artículo nos dimos cuenta de que la
esencia del m ismo, la razón pura que en principio m otivó su desarrollo, guardaba en sí un
interés latente, y hasta ahora no sentido. Nos refe rim os a la i ndagación en sus
dimensiones histórica, social y cultural inheren tes al mismo que apremiaba ar marse
complementariamente d e herramientas y m étodos propios de las CC.SS para dot ar d e
cientificidad y un iformidad sistemática al c arácter i ntegrador de l a propuesta teórica que
ahora pretende este trabajo.
A partir d e esta premi sa, el diseño de la inv estigación compa rativa se trona más
complejo al inclui r nuevas ca te gorías d e carácter cu alitativo en aras de una int egral
cognición de los matices observables a t ravés de su tratamiento m ediante la s CC.S S. Esto
sucede cuando, a priori , se desarrollaron dos est udios de caso. Por un lado, del uso de
determinadas especies vasculares en la medicin a popular cubana, y por otro del empleo de
esas especies en la m edicina popular c anaria. Cuando el análisi s desc riptivo se convierte
en compa rativo se observa que, desde el punt o de vista de las CC.NN, nuestro objeto d e
estudio traía in cluido un elemento cate górico qu e hemos pasado a denomi nar estructura
24
invariante, constituida po r la relación que aglutina la nomenclatura bot ánica, es decir, los
nombres científicos de las especies descritas.
Sin embargo, en el mismo proceso, cuando se co mpara la nomenclatura popular de
un m ismo ta x ón en culturas diferentes, es dec ir, e l m odo en que dos o más grupos
humanos denominan a esa especie, nos encontramos con que, de la estru ctura i nvariante,
emergerá un ric o caudal de variables cultu rales e históricas singulares. Estas
subcategorías se enmarcarán dentro d e la denomi nada estructura variante, fruto de l a
tradición oral, caudal r eflejo del s aber empíri co, cu yo estudio suele ser abordado
mediante técni cas d e inv estigación tradicionalme nte propias d e l as CC .SS como pueden
ser las empleadas en etnobotánica.
Obviamente la construcción de nuestro método está condicionada por las
limitaciones metodológicas observadas en las obras objeto de re visión bibliográfica
analizadas e n la s egunda parte de este trabajo. Estas nos ser virán de revulsivo para
plantear el estado actual de la cuestión. Por ello, este método se sustenta en los siguientes
argumentos:
• Aplicación d e las m etodologías de las CC. NN y las C C.SS por separado para u n
mismo fin.
• Escasez de metodolo gías integ r adoras qu e permitan abor dar nu estros objetos de
estudio con uniformidad metodológica p ara dotar a los resultados de la
practicabilidad, objeti vidad, fiabilidad y r elevancia inseparables del proceso
científico propuesto.
31
Como ha de verse (Fif ura 1.), se tr atan de dis tintas especie s, aun tratando de
aproximar la similit ud de sus nombres ve rnáculos.
La semejanza d e la fitonimia popular en estos casos, se debe al color rojizo de
determinadas partes de s us ór ganos, p ero siguen s iendo especies totalment e di ferentes. El
hecho d e que en ambos pueblos hagamos uso común de este nombre popular par a
denominar una planta medicinal, no significa que se trate de la misma especie. Entre las
consecuencias científicas que se desprenden de est as erratas destacan las siguientes:
• Vulneración del acceso a una información veraz.
• Menoscabo d e la rigurosidad de las normativas internac ionales científi camente
consensuadas (Código Internacional de Nomenclatura Botánica).
• Limitación de las posibilidades y bene ficios del diálogo interdiscipli nar.
Conviene advertir que es te tipo de desaciertos, común en los trabajos d e co rte
folclórico, i mplican, además del descuido científico, peligros significativos para la salud
de u suarios y consumidores de este tipo de prácticas. Este fenómeno, al que podríamos
denominar error por sino nimia, es muy común en los procesos mentales de construcción
del conocimiento sobre esta materia. Com o sucede usualm ente, la p oblación poco
instruida
10
en botánica to ma como refe rencia principal el nombre común de la especie
cuando desconocen su aspecto físi co, dando lugar a la confusión entre especies ve getales
medicinales, las no medicinales o inocuas y , en el peor de los casos, las tóxi cas.
10
Co mo nor m a ge neral, esto s manuale s de medicina p opular incluyen a este perfil so ciocultural de
la pob lación como d estinatari os. En este t ipo de obras, el idiolecto de sus a utores se c aracter iza por un
registro lé xico a ccesible a l nivel cu ltural de las masa s p opulare s interesadas. Como consec uencia, la
divulgación y asi milación de sus co ntenido s res ulta más e xitosa q ue la de otro s trabaj os de fitoter apia más
especializad os, q ue se caracte riza n por el u so de tecnic ismo s farmaco lógicos. La pr áctic a extend ida d e la
automedicació n, las moda s medica mentosas y el b oca a b oc a ter minaran de con vertirlos e n i mpresci ndibles
vadem écums p ara la a tención primaria de la salud d e un gran sector de la pob lación.
32
Como respuesta a este y ot ros problemas qu e se pl antearán más adela nte
11
, el
método A.C. I emerge co mo una herramienta cien tífica para el d e estudio, s istematización
y des arrollo del Folclor Fitomédico
12
Trasatlántico. P or la solidez de su naturaleza
epistemológica, p odría constit uirse como un nuevo ámbi to de interés científico o l ínea de
investigación centrada en lo que bien podría ll amarse Historia C ultural Comparada y
Aplicada de los T erritorios I nsula res d el Atl ántico Medio. El cará cter
interdisciplinariedad y di aléctico de su p ropuesta m etodológica trata de unificar criterios
procedentes de la metodología compa rativa y el estudi o de caso. De este modo, se otorga
al método de un cuerpo conceptual ló gico y ada ptado para el ópt imo tratamiento de su
objeto de estudio. De ahí que su sentido, como di ría Hesse
13
, pretenda ser d eterminado y
comprendido por su coherencia teórica.
Como en la construcción de cualquier nueva perspectiva metod ológica,
precisamos introducir términos que definan la esencia epistemol ógica de su cuerpo
conceptual así como de una estructura ordenada por la qu e establecer los pasos a seguir
para su aplicación. Est os conceptos em ergentes surgen del modelo de análisis teórico
que, necesaria y ex clusivamente, hemos construid o para ex plicar el objeto de estudio. A
su vez se ha diseñado, sist ematizado y ejemplific ado la metodolo gía que aquí s e defiende
quedando conformada y representada en lo que de nominaremos Tabla A.C. I, de acuerdo a
la siguiente estru ctura y principales uni dades c ategóricas que la conforma n (Figura 2.), y
que ilustramos y explicamos en el siguiente epí grafe.
11
No s re ferimos ta mbién al vacio ep istemológico para el coherente tra tamie nto cie ntífico de este
objeto de e studio y a la falta de consenso metodoló gico, cua ndo no su total ause ncia.
12
Cfr, § 2 .2.2 infra, Desde el concepto.
13
HESSE, M : “In defence o f o bj ectivity”. E n: HE SSE.M (E d. ) R evolutio ns a nd recon structions in
the p hilosophy of scienc e . Harvester Pr ess, Br ighton, UK, 1 980 , pp. 167 -186.
33
Figura 2. Estructuras y unidade s ca tegóricas de la Tabla A .C.I
1 . 1 . 1
E
S T R U C T U R A I N V A R I A N T E
:
U
N I D A D E S
B . A . M .
( B
O T Á N I C A S
,
A
N I M A L E S O
M
I N E R A L E S
) .
La s estructuras invariantes y v ariantes conforman las dos categorías generales de la
tabla A.C. I. La primera de ellas, r epresentada po r una subestructura múlt iple y definida a
la que llamaremos Uni dades B.A.M, está a su vez conformada po r subestructuras
invariantes como se expli cará más adelante. Sus i niciales (B.A.M), se corr esponden con
los nombres científicos de especi es Botánicas, Animales y ele mentos o compuestos
Minerales
14
. Son in variantes dado qu e s e tratará del mismo agente anim al, vegetal o
14
Según la M ineralo gical Soci et y of America, mineral e s u na susta ncia natural y ho mogé nea, de
origen inorgánico, cu ya co mposición química está defi nida dentro d e ciertos límites y tiene general mente
forma cristal ina.
ESTRUCTURA
INVARIANTE
ESTRUCTURA VARIANTE
Unidades REC y S ubestructuras Var iantes
UNIDADES
B.A.M
subestructuras
invariantes
Unidad REC -A
Unidad REC-B
Botánicas:
Familia Género
y Especie.
Animales:
Familia, Género
y Especie
Minerales:
Clase
Nombre
Común
Pr opiedades
Terapéuticas
Parte
empleada
y Modo de
Empleo
Nombre
Común
Pr opiedades
Terapéuticas
Parte
empleada
y Modo
de
Empleo
Fuente: Elaboración propia.
34
mineral independientem ente de las uni dades R.E.C sobre las que hayan de compararse.
En cualquier caso se corresponderán con l as establ ecidas po r las ciencias af ines: bot ánica,
zoología y mineralo gía y en función de có digos internacionales científicamente
consensuados p ara cada d isciplina. Una vez relacionadas y ubic adas hab rá de explicitarse
el orden ló gico y coh erente de su suce sión jerár quica en la tabl a. L as unidades B.A.M
serán las m ismas para ca da una de las Unidades R.E.C de la estructura variante obj eto de
comparación cumpliend o así con los principios de extrapolaridad, u niformidad y
coherencia científica.
Estas unidades p ermiten analizar, compa rar e i ntegrar l a fit oterapia, la t erapia con
minerales y la aplicad a con productos de procedencia animal de dos o más unidades
R.E.C. De esta forma, el ámbito de investi gac i ón se extiende, no solo a sustancias de
origen v egetal, sino también permite comparar productos y subproductos elaborados de
base animal y mineral pr esentes desde tiempos inmemorables en la medicina popular de
muchas culturas como p ueden ser el cebo d e cabra en Cana rias o la grasa de serpiente en
Cuba, ambos con propiedades antiinflamatorias atribuidas por el acervo d e su tradición
oral y la experiencia e mpírica
15
. Las uni dades B.A.M son inva riantes porque s on las
mismas para las unidades R .E.C. Esta categoría es, desde el punto de vis ta instrumental,
la estructura integradora del método (Fi gura 3. ), ya que representa el conju nto de datos a
partir de los que se compara y expone la diversidad comprendida en el conjunto de
subestructuras variantes de las unidades R.E.C.
15
Dec ir e xper iencia e mpírica no es ni nguna red undancia ya que solo se ac umula la exp erie ncia
útil, es dec ir, la que cu y a utilidad ha qued ado pa tente mediante el en sayo y er ror, la q ue cuya utilidad es
demostrab le y de la acaba nutr iéndose la ciencia mi sma.
35
Fuente:
Elaboración propia
Hemos escogido para nu estra clasific ación estas tres unidades en correspondencia
con el origen de las sustancias uti lizadas por e l ser humano para la conservación de la
salud desde qu e tuvo conciencia de ello. La botáni ca porque el reino ve getal ha si do, y
sigue siendo, el proveedor por excelencia de sustancias terapéuticas para la humanidad.
Por otra parte la inclusi ón del reino animal r esponde al he cho de que esta e l
potencial terapéutico proveniente de esta fuent e de recursos no ha sido suficientemente
estudiada por la ant ropología médica española. Si bien determinados t rabajos de Pérez
Vidal
16
y Álvarez Escobar
17
, nos acercan a la relación exist ente entre el mundo animal y
16
PÉREZ VIDAL, J. “Contri bución al estudio de la medicina popular canaria”. Estud ios de
etnog rafía y folclore can arios . Museo Etno gráfico. Exc mo. Cabild o Insular de T enerife. 198 5, p.p . 203-208
Figura 3. Subestructuras Invariantes de las Unidade s B.A M en la ta bla A .C.I
36
la botánica en sus estu dios sobre la etnoveterinaria practicada en el ámbito insul ar
canario, estos quedan l ejos de esgrimir l a inte nción aquí propuesta de incluir a los
productos y subproducto s directos o elabo rados d e este ori gen como elem entos orgánicos
susceptibles de s er abord ados en rela ción con su uso hist órico y actual en el ámbi to de l a
medicina popular. Algun os de estos ejemplos son el propóleo y la apitoxi na de las abejas,
o el uso antirr eumático d e las grasas de determinados animales como las procedentes de
algunos reptiles en Cuba (manteca de m ajá)
18
, las d el ganado caprino pa ra el caso canario
o el no menos inv erosímil cocimiento de “cucaracha blan ca” ant año recom endada p ara la
pulmonía en ambos archip iélag os
19
. Ex iste constancia del empleo d e la v ersión cubana de
este procedimiento al m enos hasta el siglo XX
20
. El uso tópi co de fomentos con aceite
obtenido de la “fritura” del mism o ins ecto tuvo mucha r epercusión por lo i nverosímil del
preparado y su efi cacia terapéutica empíricamente consensuada.
Por último , la Unidad Mineral, como su propio nombre indica, abre un a puerta a
los estudios comparativ os de medicina popular incluyendo todos los que integran este
reino atendiendo a la cl asificación según su compo sición quí mica. Aunque en los estudios
relativos a medicina natural en C anarias no se les haya p restado especial atención, le
confieren a la propuesta metodol ogía un carácter visionario que pretend e vincular ámbitos
clásicos de inter és científico sobr e el ori gen de los productos util izados p ara la atención
17
ÁLV AREZ ES COBAR. A, RODRÍGUE Z DE LGADO. O, B ARONE TOSCO. R.:
“Contribució n al co nocimiento de las plantas e mpleadas en etnoveteri naria en la is la de Tenerife”. El Pa jar.
Cuade rno d e Etnogra fía Canaria , II Épo ca- Nº 24. Agosto 20 07: 45-52
18
El m aj á de Santa María, boa cubana o boa arbóre a cubana ( Ep icrates a ngu lifer Cocte au y
Brib on, 1843) , e ndém ica de Cuba de gra n ta maño. RO D RÍGUE Z SCHE TT INO, L. En GON ZÁLE Z
ALONSO (ed s.). Libr o Roj o d e los Verteb rado s d e Cuba. La Hab ana, E ditorial Acade mia , 201 2, pp. 160-
161.
19
Según refirió la in formante O tilia Ji ménez Díaz, nat ural d e M atanzas, Cuba e hij a d e e migrante s
canarios, esta práctica era utiliza da en s u tie rra natal po r p arte d e su madr e par a aliviarle la pul monía. Ella ,
tras su re torno a la tierra de sus p adr es y haber experi mentado su eficacia, contin uaría usa nd o esta te rapia d e
origen animal con su hija Ana María Jiménez Díaz en Canarias la c ual también nos ha confir mado su
eficacia par a esta do lencia.
20
ROI G D E LEU CHSENRI NG, E . Médico s y medicina e n C uba. Hi storia, b iografía y
costumbris mo . Acade mia d e Ciencia s de Cuba. Mu seo His tóric o de las C iencias Médic as Carlos Fi ndla y.
La Habana, 1 965 , pp. 2 35-231
37
primaria de salud en su dimensión popular y ci entífica. De esta forma , s e permite a la
mineralogía establecer relaciones metodológicas con otr as disciplinas de las CC .SS y
naturales como la Etnogr afía, la Historia, la Química inorgánica y la Medicina invit ando a
las primeras a indagar y conjeturar en ámbi tos de interés científicos aún no expl orados en
el sentido que nos ocupa en las segundas y a la inversa.
38
1 . 1 . 2 .
S
U B E S T R U C T U R A S I N V A R I A N T E S D E
U
N I D A D E S
B . A . M
Hemos denominado s ubestructuras inva riantes a cada una de las Unidades B.AM
que conforman la Est ructura Inva riante y que están supeditadas a esta. Su función
organizativa en la T abla A.C.I es p retender establecer crite rios de divi sión j erárquica
formal en función de l as particularidades de cada una de ell as. S u sistematización
responde a u nos mínimos necesarios de compr ensión científica global tanto para el
investigador- divulgador como para el lector o con sultor de la Tabla A.C.I.
Estas subestructur as tr atan de estar en correspondencia con la coherencia
organizativa de la Botáni ca, la Z oo logía y la M ineralogía conforme a los consensos
científicos establecidos internacionalmente.
Por tanto, para las uni dades botánicas hemos considerado oportuno que la relación
de las mismas se haga conforme a la jerarquía biológica establecida po r la tax onomía
botánica
21
, seg ún familia, género y especie, p ara facilit ar su ubicación en el list ado de la
tabla y en el proceso de d ocumentación e i ndagación científica teniendo en cuenta que « l a
especie» es consid erada p or el Cód igo Internacional de Nomenclatur a Botánica (C. I.N.B)
como la categoría taxonómi ca básica. Conviene además tener en cuenta el basiónim o
22
, es
decir, el nombre científico bajo el cu al fue ori ginalmente nomenclaturizado un tax ón para,
en caso de que sea necesario, seguir la pista histo riográfica a una especie determinada en
la lit eratura científic a precedente. Para nu estro caso nos referiremos úni camente a las
21
J . MCNEILL, CHAI RMAN (Dir.) . Sec retary of the Edito ria l Co mmittee Inter national Co de of
Botanical No menclature (Melb ourne Code) ad aptado p or el E ighteenth Internatio nal Botanical Con gress
Melbo urne, Australia, julio d e 20 11. P ubl. 2012. R egnum Vegeta bile 1 54. A.R.G. Gantner Ver lag KG.
22
Ibíd em. Art 6.1 0 y 41.2
39
especies ve getales vasculares
23
y a que estas suelen ser las ut ilizadas en medicina popular
por antonomasia.
Con respecto a l as Unidades Animales , se establecen como subcat egor ías
invariantes las establecidas para el reino animal de « famili a, gé nero y especie » cu y a
clasificación jer árquica es m ucho m ás compl eja a tenor de lo establecido en el
Código
Internacional de Nomen clatura Zoológ i ca ( ICZN)
24
, por lo que hemos seleccionado estas
categorías interm edias para facilitar su bús queda e n el list ado sin dejar de c umplir con los
mismos propósit os atribuidos a las c lasificaciones botánicas propuestas ante riormente.
Si se desea i ncluir los el ementos del univ erso mi neral qu e d eseen incluirs e como
Unidades B.A. N, dadas sus particularidades, el modelo de la tabla varía sensibl emente
con respecto a las unidades botánicas y anim ales para h acer más eficiente s u análisis
comparativo al incluir, como criter io de extrapolaridad y c oherencia científica, una
columna que indica su fórmula química.
Para que sea uniforme y ex tensible a cualquier unidad R.E.C, l a Tabla A.C.I
adapta para un análisis co mparativo sobre el emp leo de minerales en la m edicina popular
de dos o más un idades REC , dos variaciones con respecto a las unidades Botánicas y
Animales. P or un lado, la subestructura invariante mineral h a de ser re lacionada en l a
tabla a partir de un orden lógico pr eviamente establ ecido que lue go ha de ser reflejado en
23
Quedan e xcluidas, e n es te tra bajo las algas p roc ariotas y e uca riotas, mixófitos, ho ngos, líq uenes
y b riofi tos, en co rresp ondencia con la prop uesta de BRESINSSKY. A y EHE RENDOR FE R. F. T ratado de
Botánica. Sinopsis del Re ino Vegetal. 7ª Edició n del «S trasb urger». Ed. Marín. B arcelona, 1986.
24
T éngase e special pre caució n con la de no m inación de los nombres ver náculo s d e a nimales. P ara
evitar estos error es conviene seguir la Reco m enda ción 11. A d el Código Internacio nal de Nomenclat ura
Zoológica para es te e xtre mo. Internatio nal T rust for Zoolo gical No menc lature 1 999 . Ver sión P DF hec ha
disponible c on la ap rob ación d el IT ZN ( 2009) .- Ed ición T raducida. Museo Nac ional d e Ciencias Nat urales
(CESIC). M adrid . España, 2000, p .11.
40
la mism a. Por ejemplo, podrían ordenarse en fun ción de s u natu raleza y com posición de
acuerdo a las a las siguientes variables:
Figura 4. Elem entos minerales para el A.C.I según su naturaleza y composición
Con el propósito de dar c abida a las unidades minerales, se inclu y e l a
subestructura «Fórmula» dentro de sus subestructuras variantes. Est o podr ía verse como
una contradicción y a qu e se supone que las fór mulas han de ser las mismas en todo el
mundo a tenor de la configuración atómica d e los elementos de la tabla periódica
científicamente r egulada y aceptada intern acionalmente. S in embarg o, aqu í no s referimos
al m odo en qu e cada u nidad R .E.C realiz a, no sól o sus fórmulas magistrales, estable cidas
farmacológicamente por principios quími cos universales, sino también a los
procedimientos puntuale s que pudiesen ut ilizarse de forma empírica, y no por ello menos
Tipos d e Minerales según su
naturaleza y composición
Sustancias Simples (Metales, No Metales)
Sulfuros y Seleniuros, Telurios, Arseniuros,
Antimoniuros y Bisbuturos
Halogenuros O Haluros
Óxidos E Hidróxidos ,
Nitratos, Carbonatos y Boratos
Sulfatos
Fosfatos, Arseniatos y Vanadatos
Silicatos
Filosilicatos
Fuente: Elaboración propia.
47
investigador que confeccione una tabla mediante el A.C. I podrá incluir t anto las
atribuciones ter apéuticas proced entes del acervo popular como las descritas
científicamente, en caso de que los productos y subproductos de origen v egetal o animal
hayan s ido sometidas a ensa y os clí nicos o quedada d emostrada l a efi cacia t erapé utica en el
ámbito de la comunidad científica de la Unidad R .E.C a la que se refiera.
Otras semej anzas y difer encias a destacar en l a c omparación d e dos o m ás si stemas
de medicina popular resi den en cómo se gestionan los fitorrecursos. Nos referimos a la
parte d e la planta se emp lea y al cómo se transfor man para su consumo. Quizás s ea estos
unos de los asp ectos más di versos e inter esantes desde el punt o de vi sta folclórico y
Figura 6. Relación entre Unidades B. A M y la s Subestructuras Varia ntes
“parte em pleada y m odo de empleo”
UNIDAD
B.A.M
Subestructura s variante s
Parte Empleada Modo de Empleo
Botánica
Tallo, hoja, flor, tronco,
raíz, corteza,
sumidades, sabia, látex,
polen.
Uso interno : zumo, extracto, desecado, te,
tintura, decocción, jarabe, cápsulas, óvulos.
Uso externo: cataplasma, pomada, crema,
ungüento, gotas, loción, bálsamo, enjuague,
gárgaras…etc.
Animal
Parte interna, órganos,
grasa, piel, sangre,
huevos, huesos,
leche, segregaciones
internas, etc.
Uso interno : zumo, extracto, desecado, te,
decocción, jarabe, cápsulas, óvulos.
Uso externo: cataplasma, pomada, crema,
ungüento, gotas, loción, bálsamo, enjuague,
gárgaras.
Mineral
Micras, miligramos,
mililit ros (del
elemento simple o del
compuesto).
Uso interno : extracto, tintura, cápsulas,
granulado.
Uso externo : cataplasma, pomada, crema,
ungüento, gotas, loción, bálsamo, enjuague,
gárgaras.
Fuente:
Elaboración propia
48
farmacológico por la potencial relevancia que est a información pueda significar para las
ciencias médicas.
La s s ubestructuras « P arte empleada» y « Modo de Empl eo » , son comunes para
todas las unidades B.A.M. En ellas ha de expresarse la info rmación conteni da en el acervo
popular que, al igua l q ue l as otras s ubestructuras, puede hallarse t anto en prá cticas
cotidianas, en la memoria oral colectiva o en la literatura específica.
El nivel de concreción propuesto para el volcado de esta información en la t abla
A.C.I p ermite al i nvestigador abarcar, al rel acionar el complejo mundo d e las té cnicas d e
manejo de fit orrecursos, dis tintos ni veles de profundiz ación i nvestigativa. Igualmente
también tienen cabida los m odos de uso y las partes empl eadas re comendadas y
respaldadas por las ciencias, debiéndose incluir necesariamente su referencia si esta fuera
la intención. La pa rte emp leada se r efiere a l a porción de la s ubstancia destinada a la
práctica t erapéutica. No hay qu e ol vidar que dete rminadas partes d e las pl antas o animales
pueden emplearse individualmente y en c ombinación con otras para un mi smo producto.
En función de qué partes se tr ate, much as combinaciones llev an a sociadas
determinadas formas de preparación como es el c aso de las raíces que, por norma general,
necesitan se r rallad as, deshidratadas, pulverizadas, cocidas dur ante un tiempo prolongado,
o maceradas para la extracción de sus principios activos y facilitar su manipulación y
conservación. El resultado final de l pre parado y l a forma que adopte su prese ntación
determinará el modo de empleo.
49
1 . 1 . 5 C
O R R E S P O N D E N C I A E N T R E
U
N I D A D E S
B . A . M
Y S U B E S T R U C T U R A S
VARIANT ES
.
El contraste que resulta de la comparación de las unidades B.A.M ha de reflejarse
en las columnas co rrespondientes a l as estructur as variantes (part e empl eada y modo d e
empleo), donde se m uestran las semejanzas o disimilitudes de cada sist ema médico. La
síntesis combinatoria por la que la tabla ex presa el contenido permite s u análisis como
unidad integrada o como conjunto de unidades independientes (Figura 7.). Consideramos
acer tada la introduc ción y empleo de estructuras variantes en el métod o A.C.I porqu e,
además de i ncrementar el grado d e concreción científica del anális is comparativo,
contribuyen a reducir los errores por sinonim ia y otros de carácter t axonómico de los que
suelen acuciar los trabajos abordados por no especi alistas en las materias objeto de análisis.
Figura 7. Correspondencia entre unidades B.A.M y Subestructuras
Varia ntes
Unidades
B.A.M
Subestructuras Variantes de las un idades R.E.C
Botánicas
Familia- Especie
Nombre Común Pr opiedades
Terapéuticas.
Parte Empleada y
Modo de Empleo.
Animales
Orden-Clase-
especie
Nombre Común Pr opiedades
Terapéuticas.
Parte Empleada y
Modo de Empleo.
Minerales
Sustancias
simples-
Sulfuros-haluros-
óxidos …
Fórm ula
Nombre
Común
Uso
Terapéutico.
Modo de Empleo.
Fuente: Elaboración propia
50
El uso óptimo de la tabla permite a estos poder emba rcarse, al menos
metodológicamente, en la compleja, sutil y t entadora t area de empr ender trabajo s
científicos “tradicionalmente considerados no afines” -como es nuestro caso- a sus
respectivas disciplinas t eóricas. Este nivel d e concreción puede ser má s profundo en
función del dominio y relación de los i nvestigadores con cada di sciplina científica bien
sea Botánica, Zoología o Mineralogía y acorde a l os objeti vos científicos que se persigan
en su análisis.
Fuente: Elaboración propia
Figura 8. Distribución de las estructuras en la Tabla A . C.I
51
La Tabla A.C. I es el instrumento complementario diseñado para la aplicación
sistemática del m étodo A.C. I. Su fun ción es ordena r y si stematizar l a informa ción
obtenida y el conocimie nto construido mediante la metodología propuest a, por lo que
constitu y e en su esencia un valioso rec urso instrumental de considerable valor científico,
accesible y extrapolable.
Sus máx imas categorías (estructuras variante e in variante) se disponen d e forma
tal que permite ins trumentaliz ar el procedimiento del método, l a observación y la
medición resultante de l a compa ración e i ntegración de los d atos repres entados en cada
una de las Unidades R.E.C. La distribución de sus variantes (Figura 8.), diseño y
estructura pretenden hacer de este un instrumento práctico y representativo cu y a utilidad
en sí m isma trasciende lo meramente científico por constit uir un sopor te didáctico y
consultivo para las disciplinas afines y e l uso de los no tan expertos.
El interés integrador d el m odelo que representa p ermite operativizar sus objetivos,
editar, categorizar y cuantificar lo s contenidos que resultan del an álisis. En función del
interés científico, p ermite la s imple comparación o su tratamiento en un m arco teórico y
epistemológico más com plejo in teresada en la uni versalización y categorización d e la
realidad observable. Como herramienta qu e instr umentaliza el modelo d e análisis teórico
del que emerge, i nduce y deduce para construir conocimiento. Además d e compa rativa,
su carác ter integrador viene dado por la inclusión sim ultánea de las subestructuras
invariantes que compa rten o no ambas estructuras variantes (Fi gura 9.) y por la valios a
información de variables que emergen en la fase de revisión in dividual de cada una de las
unidades R.E.C. Es la materialización de la metodología de la investi gación en estado
puro y emerge intelectualmente, del más p rofundo sentido « gr amsciano » , de una
52
ideología sub y a cente qu e tiene como propósito f inal contribuir a la mejo ra d e l a calidad
de vi da de los seres humanos mediante la facil itación y demo cratización del acceso al
conocimiento útil. Trata de responder a las pre misas previamente des critas de f orma
lógica en el modelo de análisis t eórico para el que fue creada.
Figura 9. Ejemplo de distribución de la información c ontenida en la tabla
A . C.I s egún su e structura
UNIDA DES
BOTÁNICAS
Plantas Medicin a les
TERRITORIOS INSULARES
Cuba Canarias
Género, Familia y
Especie.
Nombre
común
Propiedades
terapéuticas
Parte
emp lea da y
Modo de
Empleo
Nombre
común
Propiedades
terapéuticas
Parte
emp lea da
y Modo
de
Empleo
AGAVA CEAE
Agave americ ana L.
Pita
Pitera
Antimicrob ia
na
antiinfla mato
ria, laxante,
Hoj as
Hoj as,
zumo,
forraj e,
yesca.
Maguey
Pita
Diurética,
antisifilítica
Raíces y
hojas
CAELSAPINIAC EAE
Cassia occident a lis L
Acacia.
Casia
“bruca”
Ornamental,
depurativa,
colagoga,
pector al,
laxante,
antipirética.
Hoj as, raíz ,
semillas,
planta
entera
zumo,
infusión,
decoc ción
Yerba
hedionda.
Brusca.,
GuánimaM
artinicoP lat
anillo
Pecto ral,
hepática,
digestiva,
diurética,
Hoj as,
semillas,
la raíz
Bauhinia var iegata L .
Pata de
vaca.
Árbol
orq uídea
Ornamental,
vermífuga,
astringente,
estomacal
Hoj as
Jard inería,
infusión
Bej uco d e
tortuga.
Cadena
Par a la
colitis y la
bro nquitis
El tallo
Fuente: Elaboración propia
53
1.2.
P
ROCEDI M IENTO
:
F
ASES Y TAR EAS CIEN TÍFICAS
.
El procedimiento, como s e ilust ra en la siguiente figura, consta de seis fases o
ejercicios cientí ficos cu ya sucesión l ógica r esponde a la necesidad de esta blecer de forma
coherente y efi caz la si stematización de un proceso de investigación metodológica capaz
de acercar la dinámica epistemológica de elementos propios de las CC .SS y las CC .NN de
forma dialéctica e integradora
Fuente: Elaboración propia.
Figura 10. S ecuenciación de las fases del Método A . C.I
54
Dada la naturaleza del objeto de estudio, el méto do no ha de negar la trans cendenc ia
de los resultados que emergen de la misma práctica metodológica para su
retroalimentación. C omo veremos en la siguiente descripción de sus seis fases, el A.C. I
no es solo finalist a, sino que considera también lo s beneficios investig ativos que puedan
hallarse en la dinámica de su proceso.
1.2.1
E
LECC IÓN Y FUNDAMENT ACIÓN DE L AS
U
NIDADE S
R.E.C
Y
B.A.M.
Necesariamente y en pri mer lugar se r ecomienda hacer un a ele cción just ificada d e
las unidades de compara ción en el siguiente ord en. P rimeramente se esco gen las uni dades
R.E.C, es decir, se decide si se van a comparar regiones bio geográficas, etnias o culturas
de acuerdo a las d efiniciones que hemos aportado u otras que el invest igador d ecida
reformular en función de su interés pe rsonal y el paradigma o cosmovisi ón científica qu e
haya adoptado para el tratamiento de su problema científico.
Seguidamente, una v ez se ha ya optado por la unidad R.E.C , solo queda es coger l a
unidad B. A.M. De i gual forma, si se cu enta con el equipo hum ano adecuado, l as
condiciones materiales nec esarias y la adecuada asimil ación de los preceptos
metodológicos propu esto s, se puede empr ender la significativa y ardua t area de hac er el
A.C.I con l as t res uni dades: Botáni ca, Anim al y Mineral, eso sí , pr eviamente se abord a
cada una por separado p ara lue go pres entar los resultados de forma independiente a las
ciencias a modo de compendio. Como condición necesa ria se recomienda que el
investigador o grupo de inv estigadores est én relacionados con l a re alidad natural,
antrópica, cultural y científica de las unidades R.E.C objeto de comparación .
55
1 . 2 . 2 .
R
E V I S I Ó N D E B I B L I O G R A F Í A C I E N T Í F I C A E S P E C I A L I ZA D A
.
En función de las uni dades R.E.C y B.A.M seleccionadas, esta f ase tend rá como
objetivo la consulta y l ectura sistemática de l a bi bliografía más completa, predecesora y
reciente r elacionadas con las estructuras var iantes e invariantes e n las que s e centra el
análisis comparativo. La revisión ha de enriquecerse con trabajos dispersos e inéditos
para contrastar sus resultados con los que posteriormente se obtengan en el trabajo de
campo y el an álisis de expertos.
Si de las Unidades B.A.M se esco giese la botáni ca para comparar flora medicinal
de dos unidades R .E.C, se han de revisar y analiz ar de forma independiente la bibliografía
biomédica, bot ánica, etn obotánica, farm acológica e his tórica según la uni dad B.A.M a la
que se refiera
28
, y la más reciente o significativa de referencia de cad a unidad R.E.C
relativa al objeto d e est udio con el fin de cons tituir una relación del conj unto de s us
elementos. C omo punto de pa rtida los tr atados de e tnomedicina, si lo hu biese para l as
unidades R.E.C, constituy en un r eferente d esde el que adentrarse en la cue stión interesada
para después trasladar la s conc lusiones de su análisis al ámbito científico de l a unid ad
B.A.M y delimitar la consulta.
Por ejemplo, si se tratase de comparar unidades b otánicas, convendría revisar
bibliografía relativa a aspectos históricos relacionados con ex pediciones científicas,
transporte, comercio e intercambio internacional de plantas, semi llas y herbarios,
diccionarios botáni cos, historias naturales, doc umentos de historia de la medicina e
historia de l a farmacia, descripciones, catálo gos de pl antas y d e jardines botánicos,
discursos, etc.
28
Historia d e la b otánica, la zoología y la mineralogía.
56
Seguidamente, previo a la fase si guiente, se seleccionan únic amente las especies
que concu rran en la bibliografía consultada de a mbas unidades de comparac ión (REC)
para establ ecer la relación de elementos que confo rmarán las Unidades B.A.N de nu estra
Estructura Invariante. La revisión bibliográfica ha de ser lo más eclética posi ble. Se hace
imprescindible los text os histórico-cie ntíficos con los que tener una visión cronológica de
los h echos que nos a yuden a expl icar y apo y a r nue stras conjeturas acerca de los grados de
similit ud potenc ialmente detectables en situaciones de sincretismo m édico.
Por una part e están los trabajos de Historia de la s Ciencias dedic adas a cada una
de las disciplinas naturales i mplicadas (botánica, z oología, m ineralogía). E llas convergen,
tanto de forma ind ependiente como en su conjunto, con los estudios relati vos a la Hist oria
de la Medicina y la Farmacología en todos l os ámbitos de interés ci entífico en los que
cualquier unidad B.A.M tenga cabida.
Con respecto a las CC. SS cabe d estacar la n ecesaria lectura d e tex tos hi stóricos y
contemporáneos relativo s a los procesos económicos, s ociales, políticos y culturales que
hayan influido o determinado la forma en l a que se manifiestan las prácticas m édicas o el
manejo de los recursos natura les p ara cualquier otro fin en los sistemas particulares de
cada unidad R.E.C objeto de estudio. Estas lecturas a y udarán al investi gador a adentrarse
en l a complejidad de estas relaciones por las qu e se expli can el porqué y el cómo de
determinadas prácticas, de sus a gente s, sus recursos y sus métodos.
63
de enriquecer el modo en que se determi nan las particularidades que definen estas
interacciones en su nivel simból ico, material y microsocial.
En oca siones, si dispone n de ella, algunos ex pendedores de y e rbas consultan la
literatura científico-popul ar par a enfr entar pos ibles dudas que los co nsumidores le
presentan resp ecto a l as cualidades terapéuticas d el material que estos de mandan para su
consumo. Por norma general los consumidor es s uelen c reer en el criterio del vendedo r.
Sin embargo ot ros tantos solo son simples vendedores qu e se l imitan a eje rcer e s ta
actividad come rcial com o medio de subsistencia, p or lo qu e no son y e rber os propiamente
dichos, sino intermediarios entre el producto y el consumidor.
Es aquí cuando cobre m ás relevancia ot ro agent e digno de consulta, el col ector-
proveedor. Algunos yerberos s on a la vez recolectores de las plantas q ue comercializan,
sobre todo los vendedores ambulantes, pero ot ros dependen de estos para p oder vender
37
.
El proceso de recolección de especies en estado silvestre con un colector-proveedor es un
ejercicio metodológico etnográfico interesante y hasta necesario.
Pero para que este tenga un s ignificado etnobotánico en su máx ima expresió n
científica, se r equiere que el investi gador pose a co nocimientos s obre botánica sist emática,
o en su defecto, solicitar el acompañamiento de un espe cialista en e sta área para la
correcta d eterminación d e las especies a det erminar. D e la confrontación sim ultánea entr e
el saber empírico y el c ientífico resultará un conocimi ento enriquecido asumibl e si se
repara en la posibilidad de su sistematiz ación y su validez intrínseca.
37
MARTÍNE Z BET ANCOURT , J.I. Yerb eros en La Habana. Colección La F uente Vi va, 40.
Fundación Fer nando Ortiz. La Habana. 201 3, p 74.
64
Espacios antropizados com o jardines singulares p úblicos y privados d e rec onocido
protagonismo histórico y / o científico son ta mbién obj eto del trab ajo de campo
etnobotánico. No han de excluirse los obviados por re gistros oficiales de patrimonio ya
que por ello no son menos int eresa ntes. Fincas de explot ación ag rí cola
38
, parques antiguos
y recientes, vi veros y o tros lug a res de ocio y esparc imiento or nament ados con f lora
exótica, representan lu gares alternativos donde o bservar y recolectar esp ecies vegetales
no halladas en otros espacios. En aras del rigor, cuando se trata de h acer comparaciones
de uni dades R.E.C inmersas en un mi smo contexto físico, se hace necesaria la visi ta a los
jardines, parterres y patios aledaños a l os asentamientos poblacionales donde convivan los
grupos humanos cu y a medicina popular se desee com parar .
La relación de los pueblos con medicina tradicional no es la m isma incluso en una
misma región g eo gráfica c uando convergen dis tintos microambientes ecológicos. La s
personas del l lano, la montaña o la costa tendrá n diferentes p erfiles de m orbilidad y por
ende disímiles fitorrecursos para tratar sus enfermedades. Cuanto más va riado sea el
contacto con diferentes mi crocontextos bio ge ográficos, más rico y co mplejo será el
análisis comparativo de las unidades R.E.C o bjeto de estudi o y, por c onsi guiente, m ás
abundante el contenido de unidades B.A.M.
Independientemente del lugar de obs ervación-recolección se r ecomienda l a visita
en prim avera y a que la floración contribu ye a despeja r dudas con respecto a la
determinación de las variedades de las di stintas especies o subespecie s de u n mismo
género bien sea para su herborización o para su identificación visual. S i eso no fuera
38
En el caso de tra tarse de territor ios insulares, la s visitas han d e ser a explotaciones ta nto d el norte
como del sur de la isla (en d iversidad de niveles de altitud sin despr eciar las disimilitud es que o frecen la
umbría y la solana) aprovech ando la diversidad cli mática que aumenta la pro babilid ad de existencias de
especies co n distintas e xigenci as cli m ato lógicas y edáficas.
65
suficiente, las condiciones microclimáticas creadas artificialmente dentro de estas
infraestructuras permiten la fructificación de muchas plantas.
Esto re presenta una oportunidad inmejorable tanto para un d efini tivo
reconocimiento que facil ite la r ecolección de mat erial he rborizable como para l a toma de
imágenes bien sea por fotografía, video o mediante el dibu jo al estilo más clásico.
La visita a los viv eros comerciales permite interpretar la dinámica realidad
referente a la introdu cción de especies foráneas. De i gual form a que los escenarios hasta
ahora abordados, los vi veros sirven también de centro de difusión activa de germoplasma
en los contex tos don de operan, po r lo que la obse rvación d e su oferta procura una visión
real de lo qu e está po r acontecer, a corto pl azo
39
, en su p aisaje urbano y rur al. Muchas de
las especies int roducidas en un lugar pr oceden de los viveros, por l o que su visita
posibilita adelantar la visión de nuevos es cenarios florísti cos así como especular acerca de
la trazabilidad de las especies vegetales objeto de comparación.
No es óbice apuntar la ex igencia que requiere esta fase en cuanto a la pos esión de
habilidades, recursos y técnicas p ara la entrevista, la investigación acción participativa y
todas aquellas herramientas propias de etnografía destinadas a este fin sustit uibles, en el
mejor de los casos, por cierto grado de inteligen cia social, respeto, empatía, pac iencia,
saber estar y conviven cia de larga duración con la s Unidades R.E.C objeto de estudio.
39
P or norma general, e n los viver os se p rod uce a quello que se vende, e s d ecir, lo que va d ictando
la demanda en tie mpo real o bien, lo que la d e m anda acep ta sin reparo s.
66
Entendemos que debe considerarse la importan cia y transcend encia que, para un
trabajo que s e pretenda e tnobotánico, si gnifica el acopio de info rmación pr ocedente de l a
heterogénea diversidad de escenarios aquí expuest os.
Por tanto, l a revisión bibliográf ica en el A.C .I, es necesaria, pero ins uficiente.
Consideramos q ue la aplicac ión de dist intas técnicas de tr abajo de campo ha de ser
extensible a todas las i nvestigaciones tend entes a compa rar prácticas, ex periencia o
manifestaciones culturales entre dos o más unidades R.E.C .
1.2.5
F
ASE DE CORREC CIÓN
.
A
NÁLISIS DE EXPERTOS
.
La corrección de la in formación obtenida en las fases precedentes por p arte de
expertos en la materia está orientada a legitimi zar la validez científica de l os datos que
habrán de ratificarse y re cogerse inte gralmente en la versión úl tima de la tabla A.C. I. La
justificación del empleo de esta fase en el méto do su justifica por el h echo de q ue, en
muchos casos, el trabajo comparativo s urge d e las CC .SS o por parte de investigadores no
expertos en Medicina, Fa rmacia, Historia Críti ca y Comparada, Botánica, Zoolo gía o
Mineralogía.
El devenir indiv idual de estas disciplinas, su consta nte desarr ollo tecnológico, los
nuevos hallaz gos bot ánicos, zoológic os y su consecuente re d efinición taxonómica, la
fluida actualización de sus fundamentos teóricos y m etodológicos jun to a los altos niveles
de especializ ación de s us recursos humanos, dificult an la asimilación si multanea de estos
supuestos en un individu o. Ello justifica l a n ecesaria colaboración interdis ciplinaria entre
67
expertos en C C.NN y C C.SS a la hora de enfrentar estudios cuya realidad af ecta a
disímiles ámbito s científic os.
El procedimiento de esta fa se, conlleva dos tipos de tareas diferenciadas: La
corrección documental y la co rrección material. La primera se refiere a los datos
obtenidos de fuentes documentales, sob re tod o bibli ográficas, utiliz adas en la fase
comparativa preliminar. P ara su óptima instrument alización, l a corrección bibliográfica y
documental requiere de la sucesión de las siguientes tareas:
1 Demanda d e col aboración y contacto p revio con especialistas de in stituciones
científicas
40
.
2 Vaciado de información proc edente de la revisión bibliog ráfica y del t rabajo de
campo.
3 Organización sistemática de la informa ción (Unidades B .A.M) en bloques
categóricos de acuerdo a la terminolo gía p ropia d e la disciplina i mplicada. (farmacia,
mineralogía botánica o zoología).
4 Remisión de la información a los especialistas par a su revisión y corrección
41
.
La relación de tax ones inc luidos en l os resultados finales de trabajos
etnobotánicos, además d e l a valoración del etnógrafo, ha de ser avalada por especialistas
en m ateria botánica pa ra fundamentar la cientific idad de su contenido. De igu al fo rma
debería p rocederse en estud ios compar ativos sobre el empleo d e anim ales en medicin a
40
Esta cola bor ación puede iniciarse en fases pr evias (tr abaj o de campo).
41
A fin d e opti mizar la co labor ación de futuras investigac iones, conviene la particip aci ón d el
investigado r en e sta tar ea científica, o al menos s u fa miliarizació n co n el p roced imi ento, métod os, técnica s
y recursos e mpleado s por el especia lista.
68
popular
42
, en cu y o caso la s especies deberían d e se r determinad as por un bi ólogo experto
en zoología. Como no rma g eneral, son los d epartamentos de las univ ersidades y los
centros públicos de i nvestigación científica los que suelen ten er predisposición
colaborativa p ara supervisar la información que s e pretend a pl asmar en los resultados de
una investigación que requiera el análisis de ex pertos.
Por t anto, los trabajos q ue prescinden de esta fas e, lógicamente suelen acarrear u n
significativo grado de errores como r esultado de una inapropi ada aplicación
metodológica. Pl agados de descuidos, omisi ones e inadver tencias, divulgan con
desacierto una información potencialmente perniciosa para sus destinatari os. Por e fecto
multipli cador, la reprodu cción de estos errores a través de la cita biblio gráfica l esionará
también los niveles de rig urosidad dese ables en estos n iveles de cientifi cidad. Por ese
motivo, y a efectos d e salvar estas posibles vicisitudes, se i ncluye en esta f ase la
corrección m aterial consi stente en la compa ración de muestras materi ales (plantas vivas o
herborizadas, elementos y sustanci as de origen anim al o mineral).
En función de la uni dad B.A.M d e que se trate se hará necesario la r ecolecta y
pre-clasificación previa de las muestras pa ra pod er trasladarlas, si es preciso, a las
instituciones científicas de la otr a unidad R.E.C con el objeto de identificar el material
objeto de compar ación c on la a y uda d e ex pertos y t odos aquellos recurso s técnicos a s u
alcance (laboratorios, instrumentos, herbarios, colecc iones, rede s de c olaboración
interdisciplinares e internacionales, etc.).
42
Ámbito d e estudio q ue bien p od ría de nom inarse co mo “etnomedici na zooter apéutica”
69
1.2.6
F
ASE DE R ATIFICACIÓN Y VALORACIÓN DE
S
INERG IAS DEL
CONOCIMIENT O PRO DUCIDO
.
Por úl timo, una vez nos sean facilitadas las correcciones oportunas deriv adas de la fase
anterior, se p rocederá a la enmienda de l a información precedente reco gida en las fases
previas de comparación-integración y observación.
La s variaciones de cont enido se harán directamente en la Tabla A.C.I sobre la
información procedente de las fases anteriores.
La suma de estas variaci ones se ha de recoger a s u vez en u na tabla indepe ndiente par a
poder analiz ar y v alorar el grado de errores cometidos en el desarrollo del método antes
de la revisión de expertos. De esta forma se pueden detectar errores de carác t er
bibliográfico y d ocumental, determinar el nivel de pertinencia del uso de estos recursos en
posteriores investi gaciones o plantear esto últim o como un nuevo probl ema científico
para su posterior t ratamiento. En el m ejor de los casos, la divul gac ión de este ex tremo y
sus particular idades contribu y e a evitar que otros tra bajos se vicien con los mismos
sesgos metodológicos.
En ocasiones, a falta d e material herborizado contrastable, cuando se trata de
corregir nomenclatura o determinar la presencia o no de determinadas especie s vegetales
en el contex to biogeográfico de s u docto domini o, la revisión de al gunos expertos se
reduce a la m era consult a bibliográfica. Esta ex igüidad proc edimental, aunque ri gurosa,
suele j ustificarse po r el uso de la bibliografí a m ás re ciente en l a que, se gún los
entendidos, ha de hallarse la información más co mpleta para las especies soli citadas.
70
Sin embargo, dada la n aturaleza dinámica de la antropocoria voluntaria, distintos
ejemplares d e flor a y fauna exó tica que no apar ecen registradas en los libros ni en l os
registros gubernamentales, crecen, se mu ltiplican y son consumi das por l a población de
esos lugares mucho ante s de que sean “d escubiert as” y d escrita su pr esencia por part e de
las ciencias. El investigador ávido de respuestas para los dilemas que presentan los
conflictos bibliográficos y los posibles defectos interpre tativos del a nálisis de ex pertos,
como consecuen cia ló gica d e su condición hum ana, siempre podrá r etornar a fases
anteriores para dil ucidar lo que mejor proceda o el iminar del listado la especie que suscite
la polémica.
Para ello puede cont arse con los innumerables recursos di sponibles en la web par a
la consulta de l iteratura científica relacionada. En el caso de l a bot ánica, diversas
instituciones internacionales esp ecializadas h an c reado distint as bases d e datos en l as que
se pueden consultar l os herbarios hist óricos escaneados para la comparación vi sual de
especímenes.
En todo caso, y ante los ojos de la ciencia, el anális is de expertos si gue siendo un
recurso m etodológico so bre el que sust entar, m ejorar y enriquecer el resul tado de las
investigaciones en las que se impli can disciplinas cuyos fundamentos teóricos y
metodológicos disten de las capacidades y de la cualific ación técnica y académica del
investigador que haga uso del A.C.I.
71
1.3
D
EL MÉT ODO Y SU APLICACI Ó N POR P ARTE DE OTRAS
DISCIPLINAS
.
El método propuesto facilit a el trab ajo de estudios comparativos tendentes a
analizar relaciones entr e regiones geográficas y grupos hum anos en l o relativo a l a
medicina popular y la dispersión de especies vegetales. Su si stematización aporta
eficiencia, efectividad y coherencia a los gra dos de ri gurosidad científica del que carecen
estos estudios en el ámbito académico canario. Su perspectiva integradora permite su
realización en contextos científicos multi e int erdisciplinares que c ontribu y en al
desarrollo de distintas áreas del conocimiento. De su apli cación se despren de información
valiosa para los intereses de estas mat erias, en cuyas convergencias científicas se sientan
las bases teórico-metodológicas para un nuevo ámbito de interés científico en el marco de
los estudios atlánticos. Entre las disciplinas que pueden verse favorecidas se en cuentran
las siguientes:
1 . 3 . 1 .
B I O M E D I C I N A
,
F A R M A C I A Y A G R O N O M Í A
.
En palabras del Doctor Basilio Valladares, director del Instituto de Enfe rmedades
Tropicales de Canarias, l as enfermedades t ropicales han comenzado a ex travasarse desde
su ámbito ori ginal, a rom per sus b arreras geográficas, como consecuencia del incremento
de los i ntercambios de todo tipo en el mundo y en particular, como es obvio, de la
circulación de p ersonas (la pro gre siva conformación de una sociedad multi cultural, la
eclosión del turismo d e masas y los acelerados c ambios en la di námica climática global),
pero también de los productos agrícolas ”
43
.
43
GONZ ÁLEZ, A.C. La b iodiversid ad aplica da a la medicina puede ca mbiar la agricul tura en
Canarias. La Provincia Dia rio d e Las Palma s , 5 -10- 20 10, p. 31. Entrevista r ealizada al D o ctor D. Nicolá s
Díaz-Chico. Dir ector del I CIC (Instituto Canario de I nvestigaciones de l Cáncer).
72
Por este motivo, es importante que biomédico s de las universidades canar ias
conozcan los fitorrecurso s de conocida utili dad a su alcance y considerar la investi gación
sobre los benefi cios que se l es atribu ye en otras áreas d el planeta. Para e l caso que nos
ocupa, sus homónimos en Cuba, cuentan con la Sociedad Cubana de Medicina
Bioenergética y Naturali sta q ue, en sint onía con las directrices de l a O.M.S, organizan y
regulan su actividad mediante la denominada E strategia Nacional para el Desarrollo y
Generalización de la Me dicina Natural y Tradi cional. En C uba se conocen y s e divulgan
más trabajos sobre flora medicinal atlántica que en el contex to científico canario.
El Instituto de Product os Naturales y Agrobiología (IPNA)
44
ubicado en las
instalaciones de la Universidad de La Laguna, Tenerife, cuenta con el Grupo de Química
y Biotecnolo gía de Productos Naturales perteneciente al Departamento de Química
Biológica y Biotecnología. Est e equipo podría servirse t anto de la tabla como del m étodo
ACI en el marco de los proyectos de colaboración con otras insti tuciones con las que
compartan obj etivos cien tíficos en su afá n por en contrar solu ciones a prob lemas de s alud
o los relacionados con la a grobiología. La lucha biológica contra plagas e n la a gricultura
o la búsqueda d e principi os activos present es en m uchas plantas canarias son objeto de su
interés.
La flora ma caronésica comparte sus ecosistemas i nsulares con otras especies ,
antropizadas o naturalizadas, que guardan en sí muchos secretos biomoleculares
potencialmente útiles par a fines médicos, b romatológicos y a grobiológicos. Con l a a yuda
44
El Instituto de Pr oductos Naturales y Agro biolo gía (I PNA) for ma parte d e la red d e centros de
investigación del Co nsejo Superio r de Investigaciones Cientí ficas ( CSIC), Agencia E statal del Ministerio de
Econo mía y Co mpetitividad (M INECO). La actividad d el I nstitu to se enmarc a en la realizació n
de p royectos de investigació n financiad os po r p rogramas e urop eos, e l CICYT y el Gob ierno d e Canaria s,
así co mo por e m presas pr ivada s. La investigació n contrat ada con empresas supo ne m ás del 5 0% d e la
financiació n de los p royectos d e investigac ión del ce ntro.
79
inscriben en prác ticas humana análogas, estas mantienen sus diferencias, por lo que
pueden se r tratadas y est udiadas de forma individual como ha venido sien do en di stintos
ámbitos de interés científico.
No obs tante, el carácter integrador de nu estro objeto de estudio conlleva la
complejidad añadida co nsistente en percibir pr ácticas como una sola a p artir de l a
identificación y c onver gencia de algunos de sus elementos. Por tanto, estamos ante un
objeto di stinto por ser el resultado de la suma ho mogénea de ambas realidades que operan
al unísono en u n contex to cultural y geográfico más amplio que los acoge y los un e
(Océano Atlántico). Vist o así, obtenemos como r esultado el si ngular surgimi ento de una
realidad interdialéctica o bservable que precisa d e ser conceptualizada y no mbrada en aras
de poder ser tratada científicamente.
Por este m otivo acuñamos el t érmino Folclor Fitomédico Trasatlántico par a
conceptualizar y referir e sta realidad. A fin de revelar de forma ló gica y or denada la ruta
terminológica por la que se explica su etimología , deslindamos este proceso en dos pasos.
Primero se proferirá su origen desde un término precedente y después desde el concepto.
1.4.2
D
ESDE E L TÉR MINO
“
FOLCLOR MÉDIC O
”.
Ante la consideración d e haber detectado c ierto vacío epistemológico en este
sentido y en cuanto a qu e l as CC.S S, por los cauces que ha abierto l a cultu ra moderna,
precisan de un torr ente d e voces que aviven su infl uencia en la interacción con otras áreas
del conocimiento, apostamos para nuestro propósit o por el rescate d e dos términos
80
precedentes al nu estro: folck medicine, empleado por Foster
52
y folclor médico,
anecdóticamente utiliz ado por Seoane
53
desde el seno de las CC .SS en Cuba. Esta
elección de in cluirlos como parte de nuestro e ntramado sem ántico se debe a nuestro
reconocimiento a la t rascendencia de estos autores y su obra y a que su significancia
precedente contribuyó a la pro ye cción de nuestra p ropuesta científica.
A ef ectos s emánticos, hablar de folclor médi co impli ca reconocer que existen
diferentes tipos d e folclor (musical, gastronómico, indum entario, et c.). En cambio
preferimos no adopta r la denominación “m edicina folclórica”, más acord e con el patrón
anglosajón que, aunque im plica la presunción de que es posible hablar de o tras medicinas,
no se cor responde con el ámbito de int erés que aquí nos ocupa. A demás nuestro
planteamiento terminológico no será folclor médico, sino fitom édico, como veremos.
Para la construcción del sin tagma que propon emo s hemos reformulado los citados
anteriormente para su redefinición. Esta reconstru cción parte de una doble delimitación.
Primero los compleme ntamos añadiéndole al sufijo “Trasatlántico” para reflej ar el
carácter histórico-social y los procesos de acc ión intercultural en lo que a materia
botánico-médica se refieren. Con esto consegui mos concretar la a cción de los actores,
tanto humanos como vegetales, invol ucrados en este concepto y en dicho contex to
geográfico. S egundo, al añadir el prefijo “fito-” a “médico”, tratamos de refe rirnos úni ca
y exclusivamente a l a m edicina de bas e botánica exclu y endo las prácticas en las que se
incluyen elementos animales y minerales como recursos terapéuticos.
52
FOST ER, G.M. “Relatio nships bet w ee n Spa nish a nd Sp anish America n folk medicine”. En:
Journ al of American folklore . 66: 201 -217, 19 53.
53
SEAONE G ALLO. J. El fol clor médico de Cuba. Ed itorial de Ciencias Sociale s, La Habana
1987.
81
Estas delimit aciones i nvitan a la re-conceptualización del término del que emerge
para dotarlo de unas características p ropias qu e pot encian y expanden su grado de
influencia al situarlo en un contexto más amplio exp uesto a mult itud de inf luencias tanto
culturales, como económicas y m edioambientales.
1.4.3 D
ESDE E L CONCEPTO
.
Desde un punto de v ista onomasiológico, a cuñamos el término Folclor
Fitomédico Tr asatlántico , para si gnificar
54
y referirnos al con cepto d el conjunto de
conocimientos y práctic as médicas en las que se emplean plantas me dicinales y sus
derivados y cuya eficacia terapéutica ha sido avalada por la expe riencia empírica o
científica por parte de los gr upos humanos que comparten la influencia del espacio
Atlántico como esc enario geográfico de des envolvimiento vital en su s dimensiones
cultural (material e inmaterial), económica, históri ca y social.
¿Por qué es un folclor? Porque h ace re ferencia al patrimonio cultural intangible en
cuanto define al conjunto de creencias, costum bres y prácticas cu y a gé nesis empírica, a su
vez sos tenida en su carácter ut ilitario, se perpetúa mediante estrategias de herencia
cultural.
¿Por qué es Fitom édico ? Porque con l a adición d e este prefijo el término
resultante alb erga el pretendido grado d e concrec ión para referir al conjunto de prácticas
relacionadas con la prevención y cuidado de la salud f ísico-psíquica medi ante el uso y
54
El significado que se le da al co ncepto viene deter minado por la situación co municativa. En est e
caso, por la nece sidad de no r estr ingir su di m ensió n co munica tiva y ampliar su uso a los no especiali stas o
pro fesionales y p or otra p arte po r la necesidad de significar un hecho co ncreto en el espac io y e n el tie mpo
con el p ropósito de rescata rlo d e la abstra cción, nor m aliz arlo e instrumenta lizar c ientífica mente su valor
ter m inológico .
82
consumo de plantas medi cinales vas culares ex cluyendo otra s erie de recurs os t erapé uticos
de proc edencia animal y mineral que también fo rman parte del folclor médico de much as
unidades R.E.C.
¿Por qué es S incrético y Trasatlántico? Porque coincid e y concurre de form a
paralela entre dos o más pueblos, viaja, se instala y se ret roalimenta en tierras son
bañadas por las aguas d el Océano Atlántico, escenario físico y cofacilita dor hi stórico e
intrahistórico del proceso de acción antrópica conocido como Antropocoria.
El carácter tr asatlántico v iene a definir el contex to geográfico que nos ocup a en est e
trabajo y qu e no es u n paradi gma dete rminante y a que el motivo de establecer
paralelismos vi ene dado por criterios de afinidad intercultural de carácter idiomático,
idiosincrático, identitario y , sobre todo hi stórico. Por ese mot ivo es susce ptible de ser
emulado bajo una re-conceptualiz ación como bien pudiese ser b ajo una perspectiva
“Transpacífica” a la ho ra de comparar los fitorrec ursos y su empleo en medi cina por parte
de la población vietnamita en relación con l os puebl os asentados en algún archipiélago de
la micronesia, por poner un ejemplo.
Así, la inclusión del vocablo “Trasatlántico” s e c orresponde con nuestro i nterés en
concretar, en el espac io y el tiempo, el paradigma historiográfico de los estudios del
Mundo Atl ántico. Mediante un procedimiento de derivación eti mológica pretendemos
que, el morfema dependiente e inseparable de nuestra realidad “Trans”, m aterialice
nuestra intención semánt ica de si gnificar y evocar el carácter di námico pro pio del océano
desde el punto de vista biogeográfico.
83
De esta for ma concebimos el Atlánti co como una entidad vi tal en constante
movimiento y como agente pasivo facilitador tes tigo de l as revolu ciones científicas d e la
modernidad. Influenciado por la atra cción de l a l una y por la rot ación terrestre, ha
marcado desde tiempo in memorable a través de sus corrient es los límites y las direcciones
de las rutas n avales emprendidas por el hom bre lo s animales y las plant as bajo y s obre sus
aguas generando otro ampl io espectro de relaciones históricas, intrahistóricas,
bioantropológicas y materiales.
Llegados a este pun to d e controversia epistemológica estamos en condi ción d e
afirmar que nu estro pa radigma quiere ser Tra satlántico porque pretende evocar el
protagonismo del océ ano en los procesos de antropocoria a l o largo de la historia de la
humanidad tal y como h acía antes de nuestra breve aparición en este planeta, y como lo
sigue haciendo m ediante procesos de hidrocoria en l os que muchas especies vegetales
dispersan su diáspora a l o largo y ancho d el planeta. Nuestro folclor m édico pretende se r
trasatlántico porqu e v a y viene. Es tan insular c omo continental, s e retroalimenta y se
redescubre a sí mismo de forma constante y di námica.
Lo ha h echo por i nterés individual y colectivo, por interés científico, p olítico,
biomédico, industrial y comercia l. Ahora por interés intercultural, de hermanamiento y
por integridad histórica. Antes viajaba en c ajones y ahora también en contendores, por
mar como las semill as y restos vegetales qu e desde el área del Ca ribe ll egan a las costas
de Irlanda, po r air e, así como por “la nub e” m ediática de l as T I C´s y, aunque cada v ez
con menos prota gonismo, por la tradición oral, mecanismo por el que s e reproduce y s e
erosiona como patrimonio intangible.
84
Para s u mejor entendimiento se ofrece el siguiente esquema conceptual del
Modelo de Análisis Teórico (Figura 10.) ado ptado para ex plicar el procedimiento
mediante el que surge el concepto de Folclor Fitomédico Trasatlántico. Como punt o de
partida, se señala la coin cidencia de que el Océano Atlántico se confi gure como context o
geográfico de interacción entre dos categorías conceptuales independientes ;
La Medicina Popular ca naria y la Medicina Ver de cubana. De la tr anscendente
aplicación d el Método A.C .I a esta r ealidad observable consistente en la comparación y
sincretización de los paralelismos históricos, botánicos y socioculturales hallados en las
categorías conceptuales i niciales resulta un corpus lógico, coh erente que le ot orga a l as
anteriores la capacidad d e ser tratadas científicamente de forma conjunta e independiente
de su génesis.
El vacío epistemol ógico de esta nuev a r ealidad interdisciplin armente tr atable y
observable se comp ensa con una categoría conce ptual emergente, sól ida y sistémica con
pretensiones de nuevo ámbito de interés científico.
85
Figura 11. E squema conceptual del Modelo de A ná lisis Teórico. A.C.I
86
2 .
A N Á L I S I S
C O M P A R A T I V O
I N T E G R A D O R
S O B R E
E L
E M P L E O
D E
P L A N T A S
M E D I C I N A L E S
E N
L A
M E D I C I N A
P O P U L A R
D E
C U B A
Y
CANARI AS.
El s iguient e ejemplo de aplicac ión del A.C.I
surge como necesidad de tut elar el
concepto de Folclor Méd ico Trasatlántico al amparo de las CC.S S en su empeño de tratar
de valid ar conveniencia su oper ativización. Abrigamos los principi os teóricos que
defienden la nec esaria di aléctica entre las ci encias, lo que requiere del esfuerzo
epistemológico de crear un espacio de discusión y acercamiento interdiscipl inar de las
perspectivas metodoló gicas implicadas. Nuestro propósit o es acercarlas s in l as barreras la
legitimización teórico-metodológica que tradicionalmente vienen aislándolas.
Aferrados a la idea de que un mundo mejor e s posi ble, consideramos que la
mejora de la calidad de vida de l as personas pasa por el necesar io enten dimiento de las
CC.NN y CC.SS y, teni endo en cuenta las r epercusiones positivas que ello s upone, tanto
el modelo de análisis teórico como el M étodo A.C. I y la sucesión ló gica de sus seis
ejercicios metodoló gicos, pretenden convertirse en una herramient a que posibili te este
objetivo.
87
2.1 Elecci ón y fundamentac ión de las Un idades B.A.M y R .E.C.
El siguiente ejemplo de a plicación del Método A. C. I tiene como objeto de análisis
las si guientes estructuras. Co mo estructura invariante, centraremos nuestro estudio en la
Unidad Botánica. Qued an pues d escartadas las u nidades animal y miner al, por l o que l a
sistematización del método A.C. I se centrará en d ilucidar las conver genc ia s de un Fol clor
Fitomédico entre Canarias y Cuba.
Con respecto a su estruc tura variante, tal y como hemos venido anunciando a lo
larg o del t rabajo, nos d ecantamos por la Unidad Región. La s regiones biogeográficas
objeto de estudio serán la Macaronesia y la Antillana. Concretamente y pertenecientes a
las m ismas, se compararan el uso de plantas medicinales de los archipiélag os C anario y
Cubano. Por tanto su ca rácter ser á Trasatlántico por s er el Atlántico-m edio
55
el área de
influencia g eográfica común y de c onver ge ncia histórica, social y e conómi ca
56
entre
ambas Unidades R.E.C.
Intrínsecamente, a partir de sus resultados y desde un punto de vi sta más
pragmático, la aplicación del método facilitara a ambo s pueblos el enriquecimiento mutuo
consistente en el aprovechamiento inte gral de esto fitorrecursos. La realización d e
tamizajes fitoquímicos y farmacológicos significa además la necesi dad promover
acciones encaminadas a favorecer la conservación y explotación sostenible de estos
recursos botánicos com o fuentes latentes de desarrollo económico tanto lo cal, como
regional y nacional. Además de dar cuenta de tod o el potencial fito terapéutico qu e ambos
55
, En esta ár ea geográfica el aut or inclu ye los arc hipiéla gos oceánico s de, M adeira, Canarias , Cabo
Verde, Sao To m é y Pr íncipe, Islas Bioko, Corisco y An nobón, Santa Ele na, Ascensión y to do el Carib e.
SANT ANA P ÉRE Z, J.M. “Islas a tlánticas e n el co mercio entre América y África e n e l anti guo Régime n”,
en Cuade rnos America nos . Nueva é poca. Universid ad naci onal Autónoma de M éxico. México 201 2. Año
26. Vol.4., nº 1 42, pp. 113-135.
56
Sobre una e xplicación más extendida sob re s u d imensión econó mica re mítase a l conce pto d e
comercio c uadrán gular e n S ANTAN A P ÉRE Z, G y S ANT ANA P ÉREZ, J .M. La p uerta afort unada.
Canarias en la s relacio nes hisp ano–africanas d e lo s S iglos XVII Y XVI II . Madr id, Ed itorial Catarata, 20 02.
pp.138–1 39.
88
pueblos compart en se perseguirá, mediante la profundización d e sus fundamentos
epistemológicos, poner en valor el mutuo enriquecimiento histórico adquirido y asimi lado
por la her encia cultural, tanto en su fitonimia popul ar (modo de nom brar a las plantas),
como en el medio de transm isión por antonom asia del patrimonio cultural intangible, la
tradición oral.
Isleños y peninsulares migrantes, indianos, esclavos y ps eudoesclavos,
comerciantes, corsarios, tratistas neg reros, y expedicionarios que cubría n la ruta entre
ambas orillas del Atl ántic o, llevaban consigo fitorrecursos procedentes de las disti ntas
latitudes del mundo con ocido en sus viajes de ida y vuelta a trav és de l as corri entes de
este océano (de las Canari as, de Guinea, Brasileña, de Benguela, Ecuatori al del Atlántico,
Atlántica del Sur, Ecuatorial del Atlántico Norte, del Golfo y la del Atlántico Norte.
Uno de los elementos de convergencia a destacar es el hecho de que, a pesar d e
estar en pr esencia de contextos tan distantes geográficamente, los grupos hum anos
históricamente impli cados han generado un rec onocido caudal de sin ergia inter cultural
como consecuencia d e la zos hi stóricos de he rmandad forjados a t ravés d el constante flujo
migratorio propiciador de tanta afinidad desde el punto de vista folclórico.
Si a t odo esto se l e suma el carácter que l as instituciones científicas
internacionales han atribuido a ambos archipiélagos como “Puntos C alientes de
Biodiversidad” con un a lto g rado de fragilidad ecológica, la afinidad d e bi odiversidad
cuantificable ( Figura 12.) le confieren, al tratarse de territorios isleños, una doble relación
que se presta a las conjeturas plasmadas en este trabajo.
95
Fuente: Torres y Qui ntana 2004. Elaboración pro pia.
. Los resultados arrojado s por la comparación preliminar nos ofrecen un 55% d e
incidencia en este aspecto. Esto es, el grupo de 98 taxones cuyas aplicaciones terapéuticas
presumiblemente no reconocidas, o al menos no divulgadas, por las ciencias en Canarias.
Si así fuese, estos resulta dos irían en detrimento de las posibilidades económicas que
para nuestra región sup ondría la ex plotación in tegral (agronómica y farmacéutica) de
estos tax ones y el consec uente beneficio para el d esarrollo de la bi omedicina del si stema
de salud pública
4 5 %
5 5 %
C o n a l m e n o s u n a
p r o p i e d a d t e r a p é u t i c a
a t r i b u i d a e n c o m ú n
S i n p r o p i e d a d t e r a p é u t i c a
a t r i b u i d a e n c o m ú n
!
" "
F u e n t e : E l a b o r a c i ó n p r o p i a
Figura 15. Porcentaje de c oincidencia en aplic aciones tera péuticas entre
medici na popular de C uba e I slas Canarias según Torres y Qui ntana (2004).
96
2.4
F
ASE
D
E
O
BSERVACIÓN
:
T
RABAJ O
D
E
C
AMPO
.
Durante 11 años, entre e nero de 2003 y julio d e 2 014, se realiz ó trabajo de campo
en zonas urbanas y rural es de Cuba, Canarias y parte de la Península Ibérica. En C uba se
visitó el J ardín Botánico Na cional, viveros pú blicos forestales, ornamentales y otros
dedicados a l a farmacoergasia
66
, puntos de venta de hierbas medicinales, fijos y
ambulantes (Fi gura 19), con patente administrativa y si n ellas
67
, jardines y hu ertas
privadas, farmacias de distribución y ve nta de fito fármacos.
Figura 16. Granja Agrícola Municipal. Guamá. Santia go de Cuba
66
Se trata de explotacio nes y coop erativas a sociadas a la AN AP (A sociación Nacio nal de
Agricultor es P equeños) q ue, a través de la intermediació n del MI NAGRI (Mi nisterio d e la Agricultura)
establecen co ntrato s con e l Mi nisterio de Salud P ública par a el ab astecimiento de material vegetal destinad o
a la elab oració n de fitofár macos.
67
No s referi mos a yerberos recolectores (no permanentes) como e xpended ores (per m anente s) q ue
fueron entrevis tados de m ane ra no siste mática de sde la s zo nas más p obla das (La Haban a, Santiago) hasta
las más i mbricadas de las zona s montañosa s.
97
Para ob tener info rmación y asesoramiento técnico especializado en Cuba se
acudió al Museo Tom ás Rom ay, a l as Facultades de Biología y C iencias Farmacéuticas
de la Universidad de Oriente y al Jardín Botánico Nacional de La Habana.
También se anduvo po r montes y comunidades de mont aña y regio nes de
asentamientos de inmigrantes canarios ( La Habana, Unió n de Re y es, Pedro Beta ncourt,
San L uís, C ontramaestre, Bayamo, Santiago, el Cobre y Cabaiguán). T ambién fueron
objeto de observación los edificios his tóricos que albergan jardines privados en su i nterior
como las casas coloniales (Figura 17).
Figura 17. Patio interior d e inmueble histórico de La Habana .
98
En el mism o periodo y de igual forma y se procedió en G ran C anaria d onde se
entrevistó a los ti tulares de puestos d e yerbas situ ados en los m ercados de Las Palmas de
Gran C anaria, S an Mateo, S anta Brígida, Telde, Ve cindario y J inámar. Además s e
visitaron jardines históri cos e intrahistóricos de ambas unid ades R.E.C en determinadas
fechas pa ra ase gurarnos de la presencia de las especies relacionadas. L as vi sitas
consistieron en l a observación de la flo ración en primavera, lo que contribu y ó
mejorablemente a s u d eterminación taxonóm ica. En verano s e p rocedió a la observación
de la fructificación de las especies objeto de estudio.
.
Figura
18
. Granja San Idelf onso. Segovia.
99
La s comprob aciones, dada las particula ridades de los pro cesos históricos que han
posibilitado el d esarrollo de nuestro obj eto de estudi o, se extendieron hast a la Península
Ibérica, concretament e a l Jardín de la Real Botica de la Granja d e San I delfonso en
Segovia (Fi gura 18), los J ardines del Alcázar (Sevilla), el Real J ardín Botánico (Madrid )
y el J ardín Celestino Mutis (Cádiz ).
Toda la inform ación recogida en el trabajo de c ampo se obtuvo a través de la
entrevista personal semi-estructurada, el cruce de informa ción, la obs ervación sim ple y
participante, el inventario l ibre de las especies bo tánicas
68
. L os lugares de recolección de
las plantas fueron visitados en compañía de yerberos
69
y bot ánicos vinculados a
instituciones científicas.
La particularidad de las comunicaciones residió en que l as entrevistas guiadas
giraron en to rno a las especies incluidas en la tabla A.C. I. Los esp ecímenes recolectados
que entrañaron dificultad en su determinación bot ánica fueron debidamente identi ficados
por especialistas del Museo Tomas Rom ay de S antiago de C uba y mediant e la consulta d e
las fuentes bibliográficas anteriormente mencionadas .
68
M ARTIN, G ARY J . Et nobotánica. Mon tevideo, Ur ugua y, Nor dan-Co munidad, M ontevideo ,
199 5, p. 24 6.; CUNNI NGHAM , A. B . Etnob otánica a plica da. M ontevideo, Ur ugua y, No rdan-Co munidad,
2002, p. 310.
69
Con la finalidad d e o btener mues tras y co nocer aspectos relacionados con esta acti vid ad, en
cuanto a la for ma de rec olección y co nservación in situ y ex situ d e las espec ies. Los infor mantes cla ve
diero n deb ida cuenta d e sus conoci mientos sobr e fito so ciología y de s us sólidas redes co merciales
establecida s con los ve ndedor es permane ntes.
100
En la reg ión de l a Macaronesia se hicieron obser vaciones en el J ardín del Huerto
de las Flores (Agaete), J ardín de l a M arquesa (A rucas), J ardín Botánico Viera y C lavijo
en Gran C anaria y en el J ardín de Aclim atación de l a Orotava, Parque Ga rcía S anabria y
Jardines del I nstit uto de Canarias Cabrera Pinto
70
en Tenerife.
70
GARCÍ A GA LLO. A, WI LDPRET DE LA TORRE. W, P ÉREZ V ARG AS. I y S OCORRO
HERNÁNDE Z. J. S. Diversid ad florística en los jardines público s de la ciudad d e La Laguna (T enerife),
Patrimonio de la H umanidad. VIERAEA Vol. 31, 319-327. Santa Cr uz de T enerife, dicie mbre 2 003.
Figura
19
.
Puesto de venta de yerbas.
Santiago de Cuba
.
101
Estos l ugar es fueron esc ogidos porque su correspondencia con el escenario físico
de nuestro objeto d e est udio y po r constituir lu gares privilegiados don de apreciar, dadas
las exi ge ncias clim áticas que precisan para esta fase su reproducción, l a fructificación de
muchas de las especies estud iadas.
Los viveros com erciales que operan en Canarias, resultaron lu gares donde mejor
pudo apreciarse el volumen e int ensidad del tr asiego de especies foráneas. Esta actividad
económica constitu y e, a nuestro entender, uno de los principales focos de introducción,
reproducción y aclimataci ón de especies proceden tes de las más diversas la titudes en este
frágil y di námico contexto biogeográfico.
s superficies comerciales, tanto de Gran C anaria como de Ten erife, se observó la
venta al público de muchas especies cu yos nombres com erciales especifican l a
procedencia de las mis mas. Particularmente hemo s encontrado v ariedades de piña t ropical
( Ananas spp . ) con el sobrenombre de piña cubana (Figura 20).
La asimilación y connaturalización consensuad a, tanto activa como pa siva, de
especies ex óticas en el p aisaje c anario es una constante o bservable que se exp lica por el
hecho d e que estas, una vez rec onocidos y aceptados sus valores estéticos, medicinales y
alimenticios, terminan p or inte grarse con ma yor o menor éx ito en el univ erso simbólico y
material de la vida de los isleños.
102
Acostumbrados a la biodiversidad y a l a domesticación de esp ecies v e getales y
animales, este pueblo está dis puesto en todo momento a enriquecer, tanto el valo r
ornamental de sus hu ertas, jardines, como a no de scartar la míni ma posibili dad de añadir
Figura
20
. Vivero comercial . Gran Canaria.
103
atisbos de exotismo a su mesa y la atenu ación d e sus dolencias físicas y espi rituales. A l o
larg o de l os diez años de trabajo de campo en ambas unidades R.E.C hemos o bservado un
fenómeno común consi stente en episodios col ectivos de “fiebre” por l a adquisición,
consumo y divul gación p opular de las p ropiedades terapéuticas de d eterminadas esp ecies.
Concretamente nos r eferiremos a dos ejemplos; el noni ( Morinda citrifolia L.)
71
y la
moringa ( Moringa oleifera L am.)
72
.
Sucede que la inform ación de c ontenido fito-far macológico llega a la p oblación
por diferentes vías de comunicación. P or una parte, el descubrimiento
73
científico de sus
propiedades qu e es di vulgado en revistas científicas al auspicio de l os labo ratorios de las
grandes empr esas farmacéuticas (su asimi lación por parte de la población se hace a trav és
de mensajes cu yo registro se asemej a a l as recetas de los productos m ilagros). P or otra, el
boca a boca, aux iliado por los medios d e comuni cación d e masas y l as re des sociales que
acelera un proceso di vulgativo que bien conocen los a ge ntes que gestionan los
mecanismos comerciales asociados a estos pr oductos. El caso del noni ( Morinda
Citrifolia ), proc edente del pacífico, despué s de habe r tenido gran ac eptación en la
medicina popular cubana en l os últimos 10 años, ha sido introducido en nuestro
archipiélago de manos de la comunidad cubana residente en nuestras islas
74
.
71
LINNÉ. C. V, SA LVIU S. L. Sp ecies plan tarum :exh ibentes plan tas rite cognitas, ad gene ra
relatas, cum differentii s specificis, nomin ibus trivialib us, synon ymis selecti s, loc is n atalib us, secund um
systema sexua le dig estas ... Ho lmiae, Stoc kholm. I mpensis L aurentii Sal vii, 175 3, Vol. 1. p 17 3.
72
LAMARCK, J EAN-B APT ISTE. Ency clopéd ie méth odiq ue: bo tanique /Par m. le chevalier de
Lamarck P aris, Liè ge: Pancko ucke; Plo mteux, 1783 -1808 , Vol. 1 . p. 398.
73
Aunque mejor deber íamos decir re-descubri miento ya q u e las p rop iedades fitoterapéut icas de
estos ta xones están rec ogida s d esde hace tie m po en la lite ratura bo tánica y per sisten e n la tr adición or al de
su lugares de origen, y sólo recientemente ha desper tado el interés de los labora torios farmacéutico s
privado s que patentan y explot an sus principio s acti vos incor por ándolos a nuevos fitofárma cos.
74
Esto nos lo a severan lo s pro pietario s de los viveros e n d onde se co mercializan. Ello s mismos,
para favorecer la co mercializ ación d e eso s nuevos p roducto s, se hace n eco de las virtude s que se le s
atribu y en llegando incluso a consultarnos y ped irnos informació n para justificar do cumentalme nte las
cualidades medicina les de e st as nue vas e specie s e n venta y su no m bre cient ífico p ara su e tiquetado. A esto
último habría q ue añadir el co nsta nte a umento del nú mero de p racticantes de la “regla de Ocha” y santería
cubana e n Ca narias. Par ticular mente quedar ía p or analizar los factores socio -culturales q ue han d e explicar
104
Hoy en día no es difíci l encontrarlo en los viv eros comerciales ( Figura 21), e
incluso cultivado, t anto en fincas privadas como en jardines públicos, com o es el caso del
ejemplar que crece en e l Parque d e las Mil Palm eras en Jinámar, Gran C anaria, que fue
plantado por un operario municipal seducido por el fenómeno que estamos tratando.
el hecho de que sean los con textos socio-eco nó micos más desfavorecid os los princip ales consu midores y
repr oductor es de estas prácticas espirit uales en n uestro a rc hipiélago inde pendiente mente de la p roced encia
geográfica d e sus practica ntes.
Figura
21
. Vivero comercial
. Santa Lucía d e Tir ajana. Gra n Canaria
111
Esta riqueza fitonímica mu y propi a del castellano, nos ind ica el iti nerario
geográfico y cultural que, con la ay uda humana, presuntamente ha r ecorrido esta especie
vegetal. P robablemente f ueron los franceses quienes, tras perca tarse del uso local de sus
habitantes de las virtud es de esta especie durante su estancia colonial en indochina ,
lograrían ac limatarla en s us colonias antillanas, como por e jemplo Haití. Durante el
proceso revolucionario anti-colonial haitiano, muchos colonos hacendados franceses
encontraron r efugio en el oriente cubano, principa lmente en l a zona d e San tiago d e Cub a
y Guantánamo por la cercanía a sus colonias. Allí arribaron con s us costumbres y sus
recursos inmateriales y m ateriales, sus artes, su forma de entender la ex plotación
cafe taler a, su idioma, idiosincrasia y con sus fitorrecursos.
Seguramente s e llame en Cuba “o reganón” p or la dimensión de s u hoja en
comparación con el orégano común Origanu m vulgare L ., con el que comparte
características organolép ticas relacionadas con s u olor y sus aplicaciones medicinales y
culinarias. Sin embargo, a pesar de su procedencia asiática, como h emos dicho, en el resto
de Latinoamérica se le conoce también como oré gano cub ano, en referencia al origen
antillano de su diáspora por la región del Caribe y C entroamérica y no por su origen
estrictamente botánico.
Probablemente en Can arias lo llamamos or égano cubano por el hecho de haber
sido introducido por los grupos de inmigrantes cubanos que residen en n uestras islas. L os
mismos propietarios de los viveros donde se vende esta especie así lo confirman y a qu e a
ellos l es ha l lega do de esta manera. Esto es un hecho ineludible qu e va en incremento y es
extrapolable a ot ras especies y n acionalidades, lo cual refleja la constante e i ntima
112
vigencia d e la Medicina Popular, sus contemporáneas funciones sociales y su g rado de
transculturación transoceánica y universal
77
.
De ahí que, t anto esta especie como otra qu e recientemente hemos hallado en e l
municipio de M ogán y de l a hablaremos a continuación, no s e hallen recogidas en la base
de datos de especies int roducidas que supervisa y gestiona el Gobierno de C anarias
78
en
su actualización de noviembre de 2014.
Como tratare mos de elucidar media nte el e jemplo que expond remos a
continuación, en las comparaciones sobre unidades B.A.M entre dos regi ones diferentes,
no resultan suficientes las considerac iones científicas de las CC .NN para dar explicación
a las posi bles coincidenc ias susceptibles de ser halladas. En muchas ocasiones, es
necesario además contemplar l a dimensión histórica y soci al de l as u nidades R .E.C
implicadas para obtener una visión integral sobre otros aspectos que explican estas
relaciones.
77
Aunque no e s nuestro i nterés realizar aquí una et imolo gía d e la fito nimia, la ap reciación de este
extremo no está des vinculada del po rqué las cosas suceden t al y co mo aq uí las interp reta mos, sino más b ien
contribu y e a s u entendi miento .
78
Base de Datos d e Especies Introducidas en Canar ias, 201 4. Gobierno de Canarias.
(http://www.i nterreg-bio natur a.com/especie s/ )
113
2.4.1.
P
LUCHEA CA ROLINE NSIS
:
E
JEMPL O MATERIAL CONTEMPORÁN EO DE
ANTR OPOCORIA TRA SATLÁNTICA
.
En numerosas ocasiones mientras recorríamos Cuba haciendo trabajo d e campo,
pudo comprobarse como muchas p ersonas, t anto en el campo como en l a ciudad, coloc an
hojas de hierb as con propiedades hipe rtensoras
79
b ajo el som brero que cubre sus cabezas
(Figura 26). En Canarias, y con el m ismo propósito, s uele usarse la salvia ( Salvia
canariensis. L) , el in cienso canario ( Arte misia canariensis Le ss.) o el romero
( Rosmarinus officinalis L.).
Particularmente en C uba es la s alvia del país, la planta que m ás comúnm ente es
utiliz ada de esta manera y para el mi smo fin. Y es p recisamente este taxón, Pluchea
carolinensis (Jacq.) G. Don.), a p artir d e ahora también “salvia de pla ya”
80
, la especie
botánica a través de la cual daremos cuenta de l a trascendenc ia que supone la vi sión que
del trabajo de c ampo tiene el método A.C.I. y s u importancia para validar su
funcionalidad en el estudio de los procesos de la a ntropocoria trasatlántica.
79
Que hacen d escender lo s nivele s de la tensió n arter ial.
80
Segú n Roig ta mbién co nocida co mo: salvia de costa, sal via cimarrona, sal via del paí s ( Cuba);
sour b ush ( Baha mas); sweet s cente ( sur de Estado s U nidos ); a linanche, c anela, ca nelón, chalca y, c halche,
hierba de Santa María , Santa M aría (México ); nahuapote, seguapetí, suquina y, s uquinayo (El Salvador );
salvia ( Puerto Rico y Nicar agua). ROIG Y ME SA J .T . Plantas m ed icinale s, ar o máticas o venenosas d e
Cuba. La Ha bana, Ed itorial Ci entífico T écnica, 1988, p 831 - 834 .
114
Figura
26
.
Infomante de Jigua ní. Cuba
115
La p resencia de e sta pla nta en Canarias fue descrita en 201 1 por el botánico F.
Verloove, del National Botanic Garden o f Belgium, cu ya s apreciaciones fueron
publicadas en una revista especializada del CS IC
81
. En el citado artículo el a utor se refiere
a este y a otros xenófitos
82
hallados en Gran C anaria en el transcurso d e su trabajo de
campo. Con relación a la especie que aquí interesa, el autor conclu y ó los siguientes
puntos:
1. El hallazgo de un solo só lo arbusto joven d e Pluchea carolinensis situado en tre los
kilómetros 4-5 de la cartera secundaria GC-505 en di rección Arguineguín- Soria
83
.
2. Atribución de su dispersión y establecimient o p or anemocoria
84
c on la
consiguiente fiabilidad de su comportamiento inv asor futuro.
3. Condiciones óptimas del entorno para el estableci miento de esta y otr as e species
foráneas que allí proliferan.
4. Desconocimiento del vector de introducción y probabilidad de int roducción
accidental.
5. No se cultiva como ornamental.
En aras de arrojar luz a algunos de los interrogantes surgidos de las de ducciones
planteadas por V erloove, consideramos que estas son merecedoras de una re-lectura que
contemple la dimensión histórico-social reciente.
La siguiente discusión, no s ólo tratará de confirmar la imprecisión de carácter
fitonómico que habrá de conjeturarse en el segundo capítulo sexto
85
, si no que además
planteará la reflexión acerca de la conveniencia d e los preceptos metodológicos del A.C. I.
81
F. VE RLOOVE: Ne w xe nophytes fro m Gran Canaria ( Canary Isla nds, Spain), with e mphasis o n
naturalized and (p otentially) inva sive species Co llecta nea Botanica vol. 32 ( 2013): 59–8 2
82
del p refijo griego 'xé nos', extr anjero o ajeno y 'fit ó n'. Planta.
83
Los datos de localizac ión apor tados po r el autor no facilitan suficie nteme nte la labo r de
seguimie nto del individ uo tenie ndo en cue nta su consider ació n co mo potencial m ente i nvasivo.
84
Dispersión d e las se millas de un vegetal mediante las cor rie ntes de aire .
85
cfr. infra II .6.5 . 6.6 Apro ximación a los est udios co mparat ivos sobr e etno medicina en tre
Canarias y Cuba.
116
Concretamente, y en est e caso, nos ref eriremos a nuestro método un como instrumento
compatible y compl emen tario a los empleados por el botánico. Consideramos que las
limitaciones teórico-me todol ógica s empleadas de for ma aislada por este especialista de
las CC.NN van en det rimento de u na visi ón integral que potenci almente ofr ece l a
apreciación de otros factores que dire ctamente afectan a la realidad po r él observ ada.
Valiéndonos de l as herramientas teóricas y m etodológicas del A.C.I, expresaremos
nuestra postura acerca de sus conclusiones.
Con respe cto a l punto uno, aprovechamos par a anunciar que existen más de un
individuo de esta especie en Gran Can aria. Con cretamente hemos localizado unos siete
ejemplares en un parterre situado en el núcleo urbano de Arguineguín (Figura 27).
Figura 27. Localización de ejemplares d e Pluchea carolinen sis . Gran Canaria.
117
Con respecto al punto do s, sobre l a atribución de su dispersión a la anemocoria, el
autor no contempla la posibilidad de esta se h a y a p roducido mediante ornitocoria o
también proba blemente por antropocoria, teniendo en cuenta que próxi mo al lugar que
cita, existe una finca agrícola provista de re cursos hídricos y signos evident es de actividad
humana.
A esto últ imo se s uma la caracterización del ent orno. Coincidimos en el punt o
tres con que exist en con diciones óptimas para el establecimiento de ésta y otras especies
foráneas acostumbradas a periodos de estrés h ídrico, máxim e cuando se trata de su
entorno ecológico potencial situado cerca del nivel del m ar.
Figura 28. Vivero comercial. M ogán. Gran Canaria.
118
Con respecto al desconocimiento del autor sobre el vector de introducción,
dudamos que este ha ya sid o accidental si ten emos en cu enta que esta especie se ha
comercializado en los viveros Tejera situado en la mis ma carretera GC- 550
86
(Figura 28).
Fue en el año 2009 cu ando, en el trans curso d el t rabajo de c ampo, identif icamos
esta esp ecie comercializ ándose en l os vi veros Tejera, situado en la misma carretera donde
el autor afirma haber ha llado el ejemplar de s u estudio. Casualmente , meses más tar de
también l a encontramos cultivada en unos p arterres del entorno urbano de Arguine guín
como ya se ha dicho (Fig ura 29). Como espacio públi co, el embellecimiento de este jardín
anexo a un mirador, corr e a car go del A yuntamiento del muni cipio de Mogán, po r lo que
es mu y p robable que l a Concejalía d e Parque s y J ardines de este c onsistorio haya
adquirido los ejemplares en el mencionado vivero. Paralela mente, como hemos pod ido
comprobar, esta especie no se comercializa en otr os establecimientos de la isla.
También es cierto que lo s ejemplares ex puestos para s u comercialización fueron
reproducidos as exualmente m ediante esquejes, t al y como nos aseveró la dependienta,
procedentes de un úni co ejemplar que un cono cido oriundo de Cuba les tr ajo al re gre sar
de uno d e sus vi ajes periód icos a su i sla natal.
Es comprensible que Verloove no h a ya
tenido en consideración la posible relación de los flujos migratorios Cuba- Canarias con su
descubrimiento de esta e specie en suelo c anario. De la misma forma es admisi ble que
tampoco ha y a contempl ado la i nfluencia pasiva que la a ctividad viveris ta ejerce en los
mecanismos antrópicos de int roducción de especies exóti cas en nuestro a rchipiélago. De
hecho, esta parte de l a investigación sur ge como consec uencia de estos sesgos
86
Te nem o s co nstancia de s u co m ercial ización e n e ste vivero desde el año 20 09 d onde fue
identificada en el transc urso d e nuestro trab ajo d e campo.
119
metodológicos. No cons iderar estos ex tremos es una constante en l os trabajos de este
autor y sus colaboradores.
Ellos han descubierto e introducido nuevas citas de x enófilos también en Tenerif e
y en la Penínsu la Ibérica. Esa es su t area como botánicos, identificar y pu blicar para la s
Ciencias Naturales los resultados de sus trabajos de campo sin preguntarse o contemplar
Figura
29
. Costa de Mogán. Gran Cana ria
.
120
las circunstancias hist órico-sociales q ue, según nuestro criterio, just ifican en gran medida
la presencia de flora exótica en los lugares objeto de sus investigaciones.
Esto puede deberse bien porque dichos aspectos no resultan para ellos relevantes,
o bien porque las métod os utiliz ados en s u trabajo de campo no alcanzan para d eterminar
de forma inte gra l l os fun damentos que exp lican el fenómeno de la ant ropocoria a ctiva e n
las actuales ci rcunstancia del mundo globalizado. Si n embarg o, n ada tenemos que objetar
al autor acerca de la capacidad de esta especie d e propagarse mediant e la disemin ación de
sus semillas.
De hecho, hemos podido comprobar person almente este extremo dando cuenta de
la ex istencia de un espécimen joven en el ex tremo inferior de los parterres dond e se
encuentran los ejemplares plantados po r el A yuntamiento (Figura 30). Un defecto del
sistema de rie go por goteo que aporta la hum edad suficiente, la s ombra p restada por un a
variedad de palmito ( Chamaerops humil is ) que c ontribuye a disminui r l a evaporación del
aporte hí drico extra del sist ema de riego, las altas temperaturas p ropias de esta zona y su
cercanía al mar, han creado las condiciones ecológicas que expli can este hecho.
A pesar de haber identificado de fo rma visual el g énero botánico de estos
individuos, ignorábamos a ciencia cierta d e qué especie se t rataba ya que las simi litudes
de las car acterísticas fisi ológicas de las espe cies de Pluchea pueden llevar a error en su
identificación. P ara s alvar la incertidumbre acerca de la identific ación b otánica de este
taxón, se de cidió pror rogar esta tarea pa ra la pos terior fase de c orrecci ón y análisis
material de expertos en la que se analizan de forma más profunda estos asp ectos.
127
Figura 36.
No encontrado s en la litera tura cons ultada dis ponible en el Jardín Botánico
Viera y Clavi j o: 2 especies (1,1% del total).
Nombre científico
Nombre común
Canarias Cuba
Lagenaria siceraria (Moli na) Standl
Calabaza de agua,
Calabaza de
peregrino,
calabaza de San
Roque.
Güiro amargo, güiro
cimarrón, güiro guayo,
güiro jiguey.
Zingiber officinale Rosc.
Jengibre.
Jengibre, ajengibre.
Fuente: Elaboración propia.
Tras contrastar y c aracteriz ar los datos aquí obtenidos, se conclu y e que l as
comparaciones bot ánicas entre dos uni dades R.E.C realizadas únicamente mediante
comparación documental conllevan un porcentaje significativo de e rror como habrá de
demostrase en la fase de ratificación.
magnolii (Spach) Briq. Pelotera.
Hyoscyamus n iger
L.
Beleño, beleño
blanco, veleño.
Beleño.
Solandra gr andiflora
Sw.= S.
Nitida
Zuccagni
Copa de oro.
Palo guaco, chamico,
bejuco, palo bajao,
mendieta.
V iola odorata
L.
Violeta, violeta de
Monte.
Violeta.
Nasturtium officinale
R. Br. in
Aiton.
Berro.
Berro, berro de agua.
Fuente:
Elaboración propia.
128
Lo anterior j ustifica l a convenien cia del us o sistemático de otros ej ercicios
científicos orient ados a subsanar estas carencias procedimentales con el ob jeto de dotar a
los resultados finales de unos niveles mínimos de rigurosidad te niendo en c uenta el
dinamismo científico propi os de l a sistemática y l a tax onomía botánica pa ra adecuarse a
los cambios de a quellos proc esos na turales en los que la acción humana ejerce una
influencia decisiva.
2.5.2
C
ORRECC IÓN Y A NÁLISIS MATE RIAL
.
Hasta este momento del proceso metodol ógico, el list ado de espe cies sur gido de la
comparación documental preliminar junto al nuevo hallazgo, solo eran hi pótesis por
contrastar. H erborizado y escaneado el mate rial b otánico, solo faltaba la determinación
por un especialista. Para ello era ne cesario que el especialista contar a con m aterial
herborizado de la mism a especie para su comparac ión bajo par ámetros de sistemática
botánica. En nuestro caso , al no disponer de esos recursos en Canarias se hi zo necesaria la
ratificación de nu estra h ipótesis con los medios adecuados, por l o que se tuvo que volve r
a Cuba para abordar co n coherencia esta fase d el método tomando como argumento la
pesquisa que se nos planteó con el hallazgo en Gran Canari a de los presuntos ejemplares
de Pluchea carolinensis .
En Julio de 2014, con moti vo del desarrollo de l trabajo de campo, acudimos al
Departamento de Botánica del Museo Tomas Romay en S antiago de Cuba, donde fuimos
atendidos por el ingeniero forestal el Sr, D. F élix Acosta C astillo. Com o técnico del la
institución, le pedimos que dete rminara el mat erial bot ánico recolectado e n Cana rias
conclu y endo que se trat aba de la especie Pluch ea caroli nensis [(Jacq.) g. Don] . Las
129
técnicas emplead as pa ra su identificación consistieron en la compa ración c on material de
herbario y m ediante l a consulta de bi bliografía específica ( Figura 37 ). D el mismo modo
que, una semana más t arde, invitados por el J ardín Botánico Nacional de Cuba en La
Habana, pudimos comp arar in situ (d e acuerdo a los p rincipios m etodológicos d el
A.C.I)
90
el mismo material con el que dispone el herbario J ohannes Bisse.
90
Par a evitar er rore s de nomencla tura se tu vieron e n cuenta el b asiónimo del ta xón co nsulta ndo la
literatura disponible en Bio diversity Heritage Libra y d el M issouri Botanical Garden. A tr avés d e la mis m a
institución y media nte la ba se de dato s T ropic os pudo co m pa rase visual mente con el mate rial herbor izado y
escaneado disponible en el pr o yecto Flor as Me soa m erica na. E ste siste ma cue nta c on má s de 1, 2 millone s de
nombres cientí ficos y 4 millon es d e registros de espec ímenes entre los que se encue ntra el que aquí esta mos
tratando. Aún así nosotros he m os p referido hacerlo con los recursos co n los q ue c uenta la otra unidad R.E. C
[Consultado el 15 de enero de 2015. Disponible en w e b]:
http://www.tr opico s.org/Na meSearch.aspx? pro jectid =3&langid=66
.
Figura
37.
130
En este caso tuvimos acceso una ca rpeta con m aterial herbo rizado (Fi gura 38.)
compuesto por m ás de 50 ejemplar es de di stintas especies del género Plu chea ( Pluchea
odorata, Pluchea caroli nensis y Pluchea ros ea ) con el que poder comp arar el material
recolectado en C anarias. El herbario es para la botánica l o qu e un archivo hi stórico es
para la Historia, y en esta fas e de la investi gación significaba una h erramienta de
primordial i mportancia para prov eernos del material compar ativo de referencia y
confirmar la identidad de la especie.
Figura
38.
131
Hechas las comparaci ones pertinentes (Fi gura 39), se pud o comp robar
nuevamente que se tratab a de la especie Pl uchea caroli nensis [(J acq.) g. Don] quedando
confirmada nuestr a hipótesis i nicial sobre la identidad de la planta recolectada meses
antes en Arguineguín, Gran Canaria.
Figura
39.
132
Seguidamente, se proc edió a cumplim entación de la ficha correspondiente al
material t raído desde Canarias, ahora co rrectamente identificado, para su depósito en el
archivo d el herbario del J BN junt o a los otros especímenes d el mismo gé nero. D e forma
complementaria s e co nsultaron además imá genes de plantas tanto vivas como
herborizadas a través d e los di stintos recursos asociados al Global Biodiversity
Information Fac ilit y (G BIF) como el Internatio nal P lant Names I nd ex (I PNI) y el C.V
Starr Virtual H erbarium del New York Botanical Garden entre otros tant os
91
. El 27 de
enero de 2015 s e deposit ó también muestras desecadas del tax ón semi-naturaliz ado para
ser incorporados al Herb ario LPA del J ardín Botánico Vier a y C lavijo de Gran Can aria
(Figura 40).
Desde el punt o de vista fitoquími co, los metabolitos aislados e identificados en
laboratorio avalan inte rnacionalmente l as propiedades antiba cteriana y anti oxidante de esta
especie
92
. Numerosos estudios fa rmacológ icos y los ensa yos clínicos respaldan la
adecuación de sus principios activos para di versas dolencias
93
. P articularmente,
91
CalFlora ( CalPhotos):B iod iversit y Science s T echnolog y gro up (BSCIT ) .
BSCIT University of Cal ifor nia, Berkele y B erkele y Na tural Histor y M useums. 1 9 95-20 15
Disponible en web: (ht tp://bsc it.berkele y.edu/)
Flora Mesoa mericana: Mi ssouri B otanical Ga rden.I nstit uto de Biolo gía de la Uni versidad
Nacional Autónoma de Mé xico (U NAM). N atural Hist ory M useu m, Londres. Di sp onible en web:
(http://www.tro picos.o rg/Pro jectList.aspx)
92
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http://scielo. sld.cu/scielo .php?scrip t=sci_arttext &pid=S00 34 751 520060002 00007&lng=es&nr m
93
ARTEAG A P EREZ, M. E et al. Evaluación del extrac to fl uido de Pluch ea carolinensis (Ja cq.)
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200 4, vol.9, n.2 [citado 2015-01 -16].
133
especialidades como l a e stomatología ha c entrado su interés en el potencia l aplicativo para
su práctica médica
94
. Todo este arsenal de producci ón científico-técnica ejer ce de revulsivo
para que la farmacoergasia contemple sus posibil idade s económicas, por lo que también se
ha ocupado de los aspectos agrotécnicos relacionados con su culti vo
95
.
En un estudio sobre la bot ánica económic a de este taxón, Hodges y B ennett
96
,
entrevistaron a diecisi ete t iendas herbarias de Miami . Entre la info rmación recabada en s u
trabajo de c ampo, los autores conclu yeron que en las h erboristerías atendidas por
ciudadanos latinos la llaman s alvia y l a choige en las regentadas por ciudadanos
haitianos. Como norma general, en estos establ ecimientos se ex penden par a alivia r
dolores de g arganta, catarro, cabez a, estómago, así como flatulencias, tensión alta,
sarpullido y do lores de muelas y a que se co nsidera antiséptica, anti coagulante, y
antiinflamatoria.
Los tés y las compresas son el modo m ás común de la preparación. Se gún estos
autores, los usos medi cinales de P. carolinensis en el sur de Florida son similares a
aquellos relatados en otras partes del C aribe y afines a los usos de otras especies
de Pluchea . La planta ta mbién desempeña un papel en limpiezas espirituales y se asocia
PÉREZ, C. et al. Ensa yo de la actividad anti microbia na de Pluch ea caroline nsis (salvia de pla y a)
Revista CENI C. Cien cias Biol ógic as [en línea] 2 007 , 38 (Ma yo-Agosto): [fecha de co nsulta: 16 de enero d e
201 5]
94
GUERR A B ET ANCOURT , R M e t al. U tilizació n de la Pluch ea ca rolinen sis en la gi ngivitis
crónica ed e m atosa. Cor reo Ci entífico Médico [online]. 2 013, vol.1 7, n.1 [citado 2015-01 -16], pp. 9-17.
95
E SCANDÓN ARBO LAY, M. C Y MÉ NDE Z HID ALGO.B . Enfermedades, insectos, y m aleza s
observad as en Plu chea caro linensis (Jacq ) G. Don ( Asteraceae ) cultivada en e l Instituto de Ecología y
Sistemática.
96
HO DGES. S, BE NNETT , B .C.: The Ethn obo tany o f Pluchea c arolinensis (Jacq.) G. Do n
(Asteracea e) in the Bo tánicas of Mia mi, Florida. Econ omic Botan y 2006 60 (1), pp . 75-84
134
con la deidad Santería Babalú A y é
97
. Actualmen te los componentes químicos de esta
planta son la base d e un nuevo fitofárm aco i ncluido en el recientement e aprobado Cuadro
Básico de P roductos Naturales en C uba
98
. El fitom edicamento se expi de a la población
con la denomina ción co mercial de “Salvia d el país crem a”. Como s u no mbre indica, s e
trata de una crema de uso tópico de sencilla fórm ula y composición: ex tracto fluido 20 ml
de extracto fluido de la planta y 100 g de ungüento hi drófilo c.s.p
99
.
97
En la cult ura inmaterial, e sta planta se a socia a B abalú Ayé, d eidad y oruba q ue sincrétic a m ente
se co rresp onde con San Lázar o en la religión católica. C ABRER A L. El monte. La Hab an a, Edito rial Letras
Cubanas, 19 93 , p. 511.
98
P ara su elab orac ión se tuvo en cue nta la in for m ació n téc nica ap ortad a por lo s p roductores a la
Direcció n de Medica mento s y T ecnolo gías Médic as del Ministerio de Salud P ública, as í co m o la Guía p ara
la pre scripción d e p roductos naturale s. La Hab ana. Minister io de Salud P ública. Ecimed. Edito rial Ciencias
Médicas. 201 4.
99
Po r su de mostrada acti vidad bio lógica co mo antii nflamator ia, antioxida nte, a ntibacter iana y
antifúngica está indicada p ara tratar el Acné, der matitis, artro sis, alo pecia, etc . MINSAP. Guía par a la
prescrip ción d e p rod uctos naturales. Dir ección de Med ica mentos y T ecno logías Méd icas. Eci med. Edito rial
Ciencias Méd icas La Hab ana, 201 4, p. 69.
135
Fuente: Elaboración propia
Figura 40. Muestras de Pluchea carolinen sis . Jardín Botánico Viera y Clavijo.
136
2.6
RATIFICAC IÓN
Y
VALORA CIÓN
DE
SINERGIAS
DEL
CONOCIMIENTO
PRODU CIDO.
A partir del análisis independiente y después com ún de l as correcciones aportadas
por los especialistas, s e desprende que las enmien das por ellos procuradas se centran en
47 espe cies; 24 en Cuba (Figura 41) y 23 en Canarias (Figura 42. ) c u yos porcentajes
dimanan de los criterios expresados en sus respecti vas figuras.
Figura 41.
Figura 42.
RESULTADOS DE LA CORRECCIÓN EXPERTOS EN CUBA
Criterio
Nº de especies
de un total de 24
Porcentaje de un
total de 184.
No presentes en Cuba
14
7.60 %
Sin conocimiento de su cultivo en Cuba
5
2,71 %
No encontrados en la literatura consultada
disponible en el JBN de La Habana.
5
2,71 %
Porcentaje de errata tras revisión
13,33 %
Fuente:
Elaboración propia.
RESULTADOS DE LA CORRECCIÓN EXPERTOS EN CANARIAS
Criterio
Nº de
especies de
un total de
23
Porcentaje del total
de un total de 184.
No presentes en Canarias 13 7,1 %
Sin conocimiento de su cultivo en Canarias 8 4,3 %
No encontrados en la literatura consultada
disponible en el Jardín Botánico Viera y
Clavijo.
2 1,1 %
Porcentaje de errata tras revisión
12, 5 %
Fuente:
Elaboración propia.
143
2.7
CONCLU SIO NES
DEL
ANÁLISIS.
La comp aración integradora de este análisis, a la luz de la ciencia moderna, refleja
los datos que para las su bestructuras inv ariantes aportan tanto la her encia empírica como
los emergidos d e las d isciplinas bot ánicas y f armacéuticas. Los resultados qu e s on
resumidos y categorizados int egralmente en la tabla A.C. I supon en una base documental
sólida con la que l as instituciones interesadas pue den aun ar esfuerzos i nvestigativos en l a
biotecnología aplicada a l desarrollo. Recordemo s que muchas d e estas especies fueron
llevadas a Cuba desde el continente africano por lo que el sab er acumulado tanto empírico
como científico puede s er devuelto a los pueblos de África como re cursos potenciales
para la atención primaria de la salud.
Desde el siglo X III , Cu ba comienza a r egistrar y conocer con p rofundidad las
especies que d esde ti empos inmemorables crecen e n su territorio y Canarias
presumiblemente cono ce bien aquéllas que proceden de l a otra orilla del océano. El
conocimiento m utuo de las propiedades t erapéuticas atribuidas a l as espe cies en ambos
países contribu y e, entre otros aspectos, a la op timiz ación y desarrollo integral de las
directrices propuest as por las investi gaciones biomoleculares en el estudio de plantas
vasculares, algas y/o mi nerales aplicadas a la medicina ya q ue, como se ha comprobado,
muchos investigadores y reconocidas publi caciones desconocen l a presencia en s u
contexto geográfico de especies vasculares procedentes de otras latitudes y mucho menos
de su potencial terapéutico.
Con independencia de que las ciencias botánicas de las uni dades R.E.C implicadas
consideren la revisió n d e los tax ones no reconocidos y en con cordancia co n los preceptos
del método propuesto, el resultado a modo de in ventario de este análisis recogido en la
144
tabla A.C. I comprend e u na r elación d e 141 esp ecies vasculares que, sin lugar a dudas, s e
encuentran en las dos or illas. Un número nada d espreciable como p ara ser i gnorado. En
cambio, suficientes para respaldar de fo rma objeti va la conveniencia d e la introducción y
uso sistemático del concepto de Folclor Médi co Trasatlántico. Deseabl emente, en los
tesoros (algunos t odavía ocultos) presentes en el ADN d e estos tax ones, p ueden hallarse
respuesta a los problemas derivados de la globalización de l as enfermedades, por lo que
potencialmente constituyen una res erva d e materi al genético que guarda u na información
de valor incalculable.
En este caso, la ex periencia popular ha alcanzado t al grado de des arrollo que ha
sido factible su inst itucionalización gracias a esfuerzos científicos y gubernamentales. La
asimilación de l a m edicina popular por parte de la medicina m odern a en Cuba, su
difusión, desarrollo y l a democratización del a cceso a la misma por parte del conjunto de
su población, es un eje mplo de la di aléctica qu e aquí s e p retende en el orden teórico y
metodológico d e la qu e p uede v erse beneficiado el conjunto d e la sociedad canaria a
través de su emulación.
Con el ejemplo de Pluc hea carolinensis cabe c uestionarnos si su presencia en
Canarias desde hace m enos de una década es p roducto de una causalidad histórica d e
carácter antrópico o si es la c ausalidad d e un factor mer amente ecológico. Contrariamente
a la limit ada visión de la botánica, el A.C. I nos ha permiti do el tratamiento integral de
esta situación r eal, observable e históric amente refutable p ara i ntentar conocerla y
entenderla en toda su complejidad (de la deducción a l a inducción) y así da r respuesta
desde las Ciencias Soci ales a cuestiones mal ent endidas como propias de las Ci encias
Naturales.
145
La conjetura sur gida del t rabajo de campo refuerza la importancia de esta fase en
el Método A.C. I donde el análisis comparativo entre plantas de distintos territorios
requería más qu e la m era comparativa documental. Si no hubiésemos mantenido una
estrecha relación científica con la otra uni dad R .E.C y poseer conocimiento previo de la
flora m edicinal cubana, d udamos que su hallazgo pudiese haber si do efecti vo al habérsele
pasado por alto su inaudita presencia.
Ahora qu e el herbario L PA del J ardín Botánico de Gr an Can aria conoce por
nosotros qu e la presencia en Can arias d e la salvia de pla ya cuban a tien e antecedentes
antrópicos contrastables y es cons ciente de s u po tencial fit oterapéutico, se espera sea
contemplada bajo una perspectiva más amplia que la estrictamente b otánica que la
considera potenci almente invasiva y de la que i gnoran su procedencia
104
. Así podríamos
estar h ablando d e otros m uchos t axones que tambi én se encuentran semi- naturalizadas en
los espacios urbanos y ru rales de nuestro archipiélago.
Como reflexión prospectiva, auguramos que el a celerado cambio climátic o traerá
para Canari as transformaciones ecológicas suficientes como para que m uchas especies
vegetales y animales amplíen sus lími tes corológicos hasta poder asentarse y desarrollarse
en nuestro archipiélago. En relación a esto últi mo, y más generalista y s imple, no resulta
descabellado establecer paralelismos entre la hospit alidad d e su clima y l as gentes que
aquí habitan. Como y a vi ene sucediendo en este t erritorio macaronésico, además de buen
anfitrión bio geográfico, históricamente también lo ha sido en su dimen sión social al
104
B ien sea para sacar provecho d e ella o p ara controlar su desarro llo en caso, si así lo
considerasen los expe rtos, de que sea un p otencial pel igro m e dioa mbiental po r la aquí de mostrada
capacid ad d e adaptab ilidad de esta espe cie a entor nos más si lvestre s.
146
permitir y facilitar que c omunidades culturales e xt ranjera s formen parte de este nuestro
trasatlántico paisaje humano multiétnico e intercultural.
Visto así, t al parece que la t abla A.C .I, propuesta documental base para l a edición
y divulgación de un « Di ccionario botánico can ario-cubano de plantas medicinales, útiles
y venenosas. » , an álogamente al d evenir las di sciplinas científicas y realidades socio-
naturales d e l as que dimana, h a de ser revisado d e form a periódica con t al de adecuarse a
las circunstancias que preceden a su intrínseca naturaleza cambiante.
147
3 .
P A T R I M O N I O
B I O C U L T U R A L
S I N C R É T I C O
C A N A R I O -
CUBANO.
E J E M P L O
D E
UNA
H I S T Ó R I C A
I N T E R C U L T U R A L I D A D
E T N O B O T Á N I C A
E N
E L
T R A S I E G O
I N T E R A T L Á N T I C O
D E
P E R S O N A S
Y
S I M I E N T E S
.
La s C C.SS, tanto en C anarias como en Cuba son proli jas en estudios, tanto cuantitativo
como cualitativo, acerca de l as relaciones inte rculturales de estos dos pueblos y las
migraciones trasatlánticas acaecidas entre ambos desde el si glo XV.
Los trabajos sobre canari os en Cuba evolucionaron antes que las i nvestigaciones acerca
de ot ros p rocesos mi gratorios hacia plante amientos teóricos y metodoló gicos y prioridades
temáticas relacionadas c on su contribución a la const rucción de las s ociedades, su cultur a,
los imaginarios y tambi én los pro y ectos político-nacionales.
La s distintas i nvestigaciones en torno al tema va rían a r azón de la s l uces de sus
respectivos enfoques y perspectiv as disciplinarias. En el análisis de la evolución
historiográfica más recie nte desta ca un déficits en la aportación de s u análisis al debate
internacional
105
.
Partiendo del ex amen de la bibli ografía a la qu e hemos tenido acceso p ensamos que,
tradicionalmente y con gran diferencia, s e ha tr atado la i nfluencia cana ria en C uba, en
detrimento del posible in flujo que la cubanía ha ejercido sobre un a canariedad en el Caribe.
En la histo riografía inmed iata, menor aún es el int erés po r la in fluencia de lo s cubanos que
hoy viven en C anarias y el verosímil atisbo de un “criollismo indiano” en los sistemas de
reproducción cultur al. Más cerca del C aribe que de l a España continental, se h a ya n
numerosos elementos identitarios de la personal idad canaria, por lo q ue no resultaría
descabellado hablar de la delimit ación de los rasgos de una idiosincrasia atlántica latina.
105
S ANTAMARÍ A G ARCÍ A, ANTO NIO. Una historia d ist inta, una historio grafía di ferenciada.
Estudios recie ntes de lo s ca na rios en Cuba (1 80 0-1930 ). Migra ciones y Ex ilios, 4. Mad rid, 2 004, p p. 115. -
132.
148
El estudio de procesos epistemológicos por lo s que la cultura canaria asimila
patrones culturales introducidos por la c omunidad cuba na asentada en nuestra re gión se
revela interesante toda vez que, desarrollado bajo una perspecti va microestructural,
permite ex plicar la transcendencia la transculturación. Vist o así, conviene alejarse de la
tradicional visión unidi reccional, lo cal e insul arista con la qu e se su elen abordarse las
temáticas centrada s en las relaciones históricas de ambos archipiélagos en materia
migratoria, económica, polít ica y cultural.
Coincidimos con Martín Marrero en l a ide a d e que l a cultura y el patrim onio
cultural no consti tuyen u n conjunto disperso e i ncoherente de r asgos y vest igios, s ino que
componen un si stema, en el que los elementos están fuertemente entre sí por una
compleja trama de relaciones e interr elaciones que hacen qu e l os unos estén siempre en
función de los otros
106
.
Por estos motivos, incluimos alg unos datos de estos estudios de interés para
nuestra investigación. Estos conf orman un conjunto de antecedentes historiográficos en
los que apoyarnos para just ificar las im plicaciones culturales y bio-antropológicas de la
dispersión botánica result antes de l a diáspora migratoria t rans-oceáni ca ent re estos
archipiélagos del Atlántico Medio.
106
MARTÍ N M ARRERO, M. Canarios e n América (1 897 -1997). Las P almas d e Gra n C anaria.
Colección la Diá spora, Gob ierno de Canarias. Viceco nseje ría de Relaciones Instit ucionales, 199 7, p. 7.
149
3.1.
C
ONSTANC IA DOCUMENTA L DE LA INF LUENC IA CANARIA EN EL P AISAJE
AGRA RIO AMERICANO Y SU RECI P ROCIDA D SIMBÓLICA Y MATERIAL EN LA
R
EGIÓN
M
ACAR ONÉSICA
.
La colonización de las Antillas iniciada por Colón convirtió a C anarias en lugar de
paso privi legiado y l aboratorio de experiencias, t a nto naturales como cultu rales. Acertada
y compartida por muchos autores es la idea de que América sería una segunda “ I sl a
Canaria” por gana r, com o ti erra intermediaria d e la difusión de planta s y animales en
ambos lados del Océano. Autores como Santa Ro drígue z coinciden en afirmar qu e la
producción a graria d e emigrantes c anarios se co nvirtió en la alimentació n principal d e las
clases bajas en América, especialmente en Cuba
107
.
La literatura histórico-ci entífica es rica en estu dios que analiz an, describen y
narran los tristes episodios protagonizados por el pueblo canario en su periplo de alcanzar
la orilla occidental del atl ántico medio, hechos qu e se remontan, se gún las crónicas, a los
primeros momentos de conquista y colonización del Nuevo Mundo.
Un ejemplo de constatación hi storiográfica de la temprana pa rticipación de l os
isleños en el p roceso de conquista y coloniz ación del Nuevo Continente es la recogida por
Viera y Cl avijo al dat ar estos hechos en 1493, coincidiendo con l a segunda expedición de
Colón hacia las indias.
«
El 5 de n oviemb re en tró en la Gomera, d ond e no só lo
tomo g ente, a guada , y las pro visiones de boca necesa rias p ara
107
SANT ANA RODRÍG UEZ, R. Ca narias e n Cub a. Infl uenc ia Socioe conó mi ca de la e migrac ión.
Las Pal m as d e Gran Ca naria. Sanro, 19 99, p. 23 -25.
150
contin uar su destino ; sin o tam bién simientes, p lanta s, v acas,
cabra s, oveja s, puercos, g allinas, etc.
».
108
No e s nuestra intención dar c uenta de la ac redi tada importancia que, para el
poblamiento y la confi guración cultural d e m uchos pueblos d e Am érica, supuso la
emigración canaria. La l iteratura al respecto es harto profusa en ex plicar, comprobar y
analizar este fenómeno, sobre todo en su relación con Cuba. Si n emba rgo, es preciso
acudir a algunos trabajos con el propósito de fundamentar los aspectos de es te tema.
Desde el punto geográfico, la ubicación del Archipiélago Canario tendrá una
importancia decisiva en el proceso expansioni sta europeo de la Ed ad Mod erna. A finales
del siglo XVI , los int ereses económicos e uropeo s que al entaban la proyección hacia el
Atlántico buscaban, por ot ra ví a, los productos de los que antes se abastecían en l os
mercados de Oriente, cada vez m ás inaccesibles y caros- por los costes d e intermediación-
para las economías occidentales
109
.
Durante el siglo XV II, l a presencia de l os canarios se encuentra también ya ligada
a la v egas tabacaleras y l a producción de tabacos, renglones ambos, donde los isl eños en
Cuba adquirieron, con los años, extraordinaria especialización
110
.
108
VIE RA Y C LAVI JO. JOSÉ DE. Noticia s de la Histo ria G eneral de las Islas Ca narias. I mpre nta
de B las Ro m án. Madrid , 17 73, p . 170.
109
MI GUEL B ERNAL, ANTONI O. “La e xplotac ión eco nómica d e las colo nias”. En Menénde z
Pida l. To mo XVIII. La épo ca de los descub rimientos y la s c onq uistas (14 00-15 70) , Mad rid, Espasa Calpe ,
1988, p. 496.
110
«Y de Canarias escapa ba todo el mun do a resar cirse de la ruina en las tierras m ás ricas y p rometedoras de l
Nuevo Mundo.- A p esar de todo, la emigración contin ua. Es m á s, pronto m ás bien aumenta. La Corona
suspende la s medid as pr ohib itivas y o frece apo yo y a yuda a los e migrante s. Hab ía surgido un n uevo
pro blema e n las In dias: elementos e xtranjero s, infiltrado s y radica dos d entro de las co lonias espa ñolas,
estaban a dquirie ndo una peli gro sa in fluencia. Y era pr eciso contrarr estar e se a menazad or movimiento. Una
de las m edidas que se ado ptaro n par a ataj ar el mal cons istió en fo mentar la e migración. Y con ella, co mo era
natural, la ca naria. E n consec uencia, a fines del siglo XVII una nota ble corr iente migra toria de isle ños se
dirige a Cuma ná, Ca mpeche, Antillas Mayores, Flo rida, Venezuela, etc.». PÉ REZ VI DAL, J . Apor tación
canaria a la p oblació n d e América . Su in fluencia e n la le ngua y en la p oesía tr adici onal. La s P al m as,
Cabildo Insular de Gr an Canar ia, 19 91, p . 24-26.
151
Entre ot ras manifesta ciones, su virtuosismo en el desempeño de esta ta rea llegó a
ser tal que ho y día si gue siendo reconocido po r la historia antillana al recono cer s u
influencia en la construcción de l a cubanidad como ideario simbóli co, cultural y
patriótico. All á donde s e halle un g uajiro en territorio cubano, est á patente la im pronta
isleña en su persona y su obra como l os pl asmaban l os estereotipos el pint or costumbrista
La ndadulce y cómo queda reflejado en l a hi storia mism a de Cuba y en s u tradición o ral.
La fi gura d el i nmigrante can ario ocup a muchas páginas por el rol desempeñado en
acontecimientos propi ciadores de transformacione s en el s ector p rimario d e su e conomía
desde los prim eros ti empos de la colonización. As í hace c onstar D e la Pezuela en el siglo
XIX:
«Los munic ipios de la isla que de sde 1577 habían sido
faculta dos p ara ad judicar con el titu lo de me rcedes usuf ructu arias,
y casi gratu itamente, g rand es e xtension es d e terrenos en sus
respectivas d emarcac iones, no nec esitaron m ás qu e alg uno s año s
para distribu ir en tre c onta dos individ uos tod as las ca mpiñ as
cultivab les q ue alc anzaban á de scubrir. Pero solo sa caron a lgún
provech o d e la s localid ades inme diata s á lo s peq ueños ce ntros d e
pob lación y consum o d e aquel tiempo, y esto c on la cría de g anado s
y los inge nios qu e fue ron fomentá ndo se. Ninguno con siguió de sus
mercedes territor iales los fa vorecid os por los a yunta miento s,
mientras faltaron b razos que se las explo taran. Por esta ra zón los
terrateniente s a cog ieron d esd e un princip io favo rablemente la s
propo siciones de 105 p roletarios y ca mpesino s de Canaria s que po r
aqu el tiempo se traslada ban á busca r suerte en A mérica, co n la sola
garan tía de su buen a volun ta d, su robustez, su traba jo p ersonal. A
cuan tos se presen taron so licitand o veg as de taba co se les
conce dieron mediante una in significan te renta a nual; y much as
veces sin ob ligarles pag ar ningu na , y por el solo interés de que c on
su resid encia co municasen algun a vida y movimien to á lo calidade s
desiertas y ca si igno rada s hasta ento nces.»
111
.
Desde los prim eros tiempos se llamó vegue ros a los labradores blancos, oriundos
de C anarias y de Andalu cía, dedicados con sus famil ias a la siembra y cosecha de t abaco.
En l os ú ltimos lustros del siglo X VII m enudeab an las personas dedicad as al cultivo d e
tabaco. Pa ra Fernando Ortiz, e sta solanácea fue descubier ta por los e uropeos en Cuba ,
111
DE LA P EZUELA. J . Dicc ionario geográ fico, estadístico, histórico, de la Isla de Cuba, Volu m en 1 .
Madrid , I m prenta de l establec imiento d e Mellad o, 1 863, p.32.
152
aunque h ubo otros autores que, según el polígrafo cubano, sostuvieron que esta planta fue
conocida por el Viejo M undo euroasiático antes que Crist óbal Colón hiciera su primera
visita a este otro mundo cisatlántico
112
.
Por nuestra p arte, consideramos que fue la mi gración canaria quien mostró a
Europa el potencial valo r comercial de este producto. Se debió al ópti mo empleo de una
agrotecnia ad aptativa cu ya ma yor expresión fue manifi esta las vegas tabacaleras
gestionadas por canarios.
En un minucioso estudio sobre datos demo gráficos, García M edina conclu y ó qu e
en la segunda mitad del si glo XVII, d esde el oc cidente (actual P inar del Río) hasta oriente
(actual provincia de G uantánamo), se encontr aron asentamientos canarios en ciento
veintiocho de l os puebl os censados (el 94% de los 136 totales) y sola mente en ocho
pueblos no habitaban oriundos de las I s las Canar ias (6%). La ma y or inm igración blanca
radicada en Cuba, pa ra el año 1.847, era l a p rocedente de las Islas C anarias ya que
contaba con 30.194 pers onas, de las cuales, 19.28 5 eran varones (64 %) y 1 0.909 hembras
(36%) mu y superior a la de cualquier otra re gión de Espa ña o a la de otros países
113
.
Además, otros d atos vien en a confirma r que fu eron emigraciones canarias l as que,
con diferenc ia, las mujeres acompañaban más a los hombres (esposos, padres, etc.) en
proporciones si gnificativas, hecho no característi co en las natur alidades del resto d e las
regiones esp añolas o de otros países emigrados a C uba. R eynaldo González afirma qu e
entre los emigrantes espa ñoles, los provenientes de Canarias, p referían culti var lo s
112
ORTIZ F. Contrapu nteo cu bano del tabac o y el azúcar . La Haba na Pensa miento c ubano.
Editor ial Ciencias So ciales, 19 91, p. 104.
113
GARCÍA ME DI NA. R. La E migració n Canaria en Cuba . La Laguna. Editoria l Glob o, 1 995 , p.
16.
255
transformaron los éx odos en bus ca de sueños en insufribl es odiseas tanto pa ra la
tripulación como para sus emi grantes pas ajeros. S on sin duda los episo dios más tristes de
la historia de la Medicina Marítima-Comercial.
El escritor canario Francisco González Díaz protagonista a principios d el siglo X X
de uno de esos iti nerarios trasatlánticos desde C anarias a C uba en el “ Balmes”, antiguo
barco de carga convertido en uno de pasaje y de cuy a tra yecto re lata:
«Ven ía el buq ue repleto d e pasaje que había ido recorrie ndo
en los pu ertos de Espa ña [ …] Aú n tomó e l B almes más pa saje de n uestros
puerto s, en Las Palmas, S anta Cruz de Tenerife y San ta Cru z d e La Palma;
por man era q ue cuando de este último puerto sa limos para las Antilla s, ya
sin o tras e scalas que las de P uerto Rico, la cubie rta d e la na ve ofrecía el
aspecto q ue debieron ofrece r an taño los bu ques fatíd icos y terr ibles co n
que se realizaba la trata de negros»
271
.
González asimila la emigración canaria qu e viaj a por contratas como si de una
trata d e escl avos blancos s e tratase. Par a partici par en el p eriplo transo ceánico como
pasajero no se exigía cer tificado de vacun ación a los que embarcaban. Las carestías d e la
atención médic a a bordo se ha cen nota r y s on p ercibidas po r el autor que de su plum a
dice:
«Trata de blan cos son, sin dud a, estas mo derna s contratacion es o
exped iciones d e e migrante s h echas en forma qu e con stituye un agra vio para
la hu manidad y una afren ta pa ra la civilizació n. En las calas se amon tonan
los exped iciona rios como b estias: les fa ltaban aire, luz, h igiene, garan tías
sanitarias en a bsolu to. Mezc lado s y en vueltos en p romi scu idad esp anto sa
homb res, niño s y mu jeres, quedan d uran te la travesía entregad os tan sólo a
la misericordia de Dios…
»
272
.
Relatos de este ti po forman parte de la extensa bibliografía dedic ada a l a
emigración canaria a América. L a crónica viajera es un fiel testimonio que invi ta a
interesarse por la atención sanitaria durante l a tra vesía. La austeridad d el t ray ecto era l a
271
GONZÁLE Z DÍAS, F. Un c anario e n Cuba. Ha bana, I mprenta La P rueba, 1916, p. 6.
272
Ibíd em, p.7.
256
antesala de lo que les es peraba a la ma yoría de las familias canarias p ara enfrentar, co n
futuro i ncierto, lo s numerosos contratiempos y dificultades que, por su condición
humilde, estaban destinadas a padecer.
No resulta difí cil imaginar a Manuel González da ndo paseos p or la cubierta de este
navío intentando asimilar con estupor la atroz im age n que ante sus ojos se presentaba y que
en su diario de viaje q ue dó plasmada pa ra l a hi storia. La idílica gira de paseos, festines y
entretenidas e ilustradas visitas con personalidades del mu ndo de la cultura y l as ciencias
cubanas que l a Aso ciación Canaria en Cuba h abía or ganizado de ant emano para las
delicias poéticas de Gonz ález, veríanse alteradas en su inicio con una desgarradora im agen
bien distinta de la que, p or su condición de viaje ro de prim era, probablemente n o hubiese
imaginado aquel aciago día 14 de noviembre de 1 914 y que describió de esta forma:
“
No meno s de seiscien tos emigra ntes, p roceden tes de Ca narias, llevaba
el Balme s hacin ados en sus bo degas y cu biertas. Estos pa sajeros de
tercera clase nos o frecían a los d e primera el pen oso espectáculo de su
desamp aro y sord idez. Cuando nos asomáb amos a la boca del infierno
retrocedía mos esp anta dos creyen do ver allá la su ma de todos los
huma nos do lores. Mu cho s estaban tendido s en posicio nes d urísimas,
como be stias en fermas; otros, la mayo r parte, reían y ca ntaban al son
de sus d estemplad as vihuelas. Los niñ os se arrastraban en torno a sus
madres o reto zaban sobre mon tone s d e in mun dicias. S alía d el antro u n
vaho pestilente, irresistible … En el Ba lmes hab ían sido a dmitido s so bre
seiscientos pasa jeros de terce ra, y ni aú n trescientos hu bieran p odido ir
bien
”
273
.
Imposible no pensa r en l a c antidad de rep roducciones de este espantoso e scenario
.Según Flores P eña
274
, la emigración canaria de finales del s iglo XIX y prin cipios del XX,
se produce fundamental mente a C uba. Calcula q ue, en l as dos ú ltimas dé cadas del si glo
273
Ibíd em, p 17.
274
PEÑA F LORES, J. J . “Los bar cos d e la e migración” . La Ciesma . 2007-2009.
http://www.la ciesma.co m/nav egar_e migrar.html
257
XIX, más de sesenta mil canarios emigraron a Cub a en navieras británicas
275
,
alemanas
276
, italianas
277
, francesas
278
y españolas
279
que estarán pres entes con frecue nc ia
en los puertos canarios desde finales d el siglo X IX y du rante el primer tercio del siglo
XX.
Otro ejemplo t estimonial de las duras condiciones de la travesía trasatlánt ica d e
los siglos X I X y X IX es la recogida por Yánez
280
qui en señala que peor s uerte qu e los
emigrantes del R oger de L luria
281
corrieron los que viajaron en el Carolina.
Particularmente, la nefasta experiencia se debió a un cuadro colectivo de gripe:
«el o tro trasatlá ntico de la emigrac ión que estand o p endiente de
partir para Cub a fue víctima , po r la s misma s fec has, de la q ue ha bría d e ser la
última epid emia g ripal del puerto de S anta Cruz d e Ten erife. En efecto , tras
erradicar el azote, toma r las med idas cautela res o portun as y recibir e l vi sto
buen o de las autoridades sanitarias p ara partir hac ia la s Antillas, el vapor
francés sufrió lu ego un rebote en altamar que se saldó , tras una travesía
«inferna l» q ue se p rolongó por espacio d e 20 días, con 9 v íctimas mortales, las
cuales fueron sep ultada s en el océa no, y una d ecena larga de en fermos q ue, al
final, fueron hospitalizad os en La Ha bana
»
282
.
275
Elde r De mpster Li ne, U nion Castle Line, Britis h a nd Af rica n S tea m Na vigation Compa ny, Ro yal
Mail Stea m Packet Co mpan y , Y eo w a rd B rothers Li ne, Aberd een Line, Dav id Ma cIver & Company.
276
Ha m b urg S üdamerikanisc he Linie, Nord deutscher Llo yd , Ha mburg Amerika Linie, Deutsche Ost
Afrika Linie.
277
Navigazione G enerale Italiana, Lloyd Sabaudo .
278
Co m pagnie Gé nérale T r ansatlantique y Messagerie s Mariti mes.
279
Co m pañía T rasatlántica Española y Compañía T ras mediterr ánea
280
YÁNE Z MES A, J. A. “El Ocaso de la Emigración Ca naria a Cuba ” , 19 20-19 35. En: An ales de
historia co ntemp oráne a . Cátedra d e Historia Contemporáne a. Univer sidad d e Murcia. Vol. 2 3. 2007 .
281
E l “Roger de Lluria” siempre tu vo una vida agitada y triste; pasa por barco prisión, en 1 .91 9;
epidemias e ince ndios, y a ca usa d e uno de esto s en Te nerife, el viejo “Roger d e Lluria” se h unde el
11 d e Abril d e 1.9 20. Así lo co nfirman el d iario E L SO L, d e Mad rid, e n su edició n de 28 de enero de
192 0, en su pági na 6, en q ue c ita: …” Las i slas Ca narias. Lo s caso s hab idos a b ord o d el vapo r Ro ger
De Lluria”. En.: http://v ida maritima.co m/2013 /11/j-jo ver-serra-y-roger-de -lluria/ 9 Febrer o 20 14.
282
D iario El Pro greso de Santa Cruz de T enerife, 13 d e marzo y 3 d e abril d e 1920, p. 1 en a mbos. La
prensa d e La H aba na, p or los d emás, nos legó eloc uentes t estimonios sob re las dr amáticas condicione s
en las q ue l legaba n los e migrantes por en tonces: «cada tra satlántico q ue lle ga a La Habana ofrece l a
perspe ctiva de un c uadro d e dolo r y d e miseria. Los e migrantes viaj an en esos vapor es aglo merados,
hacinados ( …) en la s b odegas , sobre las c ubiertas, reb otánd ose po r las esco tillas (…) d espid en u n hedor
que los as fixia, la mala ali mentación lo s d ebilita (… Luego…) sie mbran las ep ide mias (…) y lle nan los
hospitales de griposo s, vario losos e in fluenzad os» (ibíd em, 17 de marzo de 19 20, p.1, fragmento
trascrito de un per iódico cubano sin e specificar la cabecer a). O tro tanto ocurría p or entonces en Bue nos
Aires, en Y ÁNEZ MES A J. A.; Op us Cit. 20 07.
258
Entre los protagonistas d e esta odisea estab a Arturo Roca Mandillo, representante
en Tenerife de la empresa The C uban Am erican S ugar C ompany, quien viaj ó con los 987
canarios que había reclut ado con burd as estrategias propagandísticas p ara trabajar en los
centrales Chaparra y Deli cias, en la provincia de Oriente. Pa ra Yánez, la dura ex periencia
de aquellos infelices, no fue más que el preámbulo de lo que les aguardaba en Cuba
283
.
En sus estudi os sobre l os flujos migratorios canario-americanos, mu chos autores
se afanan en describir, con especial detalle, l as malas condiciones del viaj e; hacinamiento,
malos olores, en fermedades, convalecencias, más en la l iteratura canaria escasean o son
casi i nexistentes los trabajos t endentes a analizar el escenario r eal de este ext remo desde
una perspectiva histórico-medica y crítica.
El t ratamiento de estas fue ntes por esta perspectiva contribuiría a matiz ar las
verdaderas causas materi ales de estas catástrofes. En este s entido, analiza r el posible el
vacío documental al respecto sea un objetivo a trata r, partiendo del hecho de que ex istían
tantos medios técnicos y humanos como estrictas regulaciones enc aminadas a la
prevención de estos tristes incidentes.
Como y a hemos postulado, mediante el cé lebre ejercicio de la ruptura de las
barreras qu e en el ámbito académico imponen la le gitimidad teórica de determinadas
disciplinas, consideramos un reto interesante p a ra las CC.SS en Canarias la tarea de
acercarse a la His toria de la Medicina M arítima c on el objeto de encontrar en su s text os y
documentos contenidos válidos para un tratamiento más profundo y sistemático de las
283
YANE Z ME S A. J ULIO ANTONI O. El Ocaso de la Emigración C anaria a C uba, 1920 -1935. L as
Palmas, Ed iciones de Baile d e Sol. G obier no de Canarias. 200 6, pp. 134-137
259
circunstancias que pudieron caracterizar la morbi lidad de los pasajeros y las medidas
sanitarias -ex istentes o no- de los viajes trasatlánticos protag onizados por la migración
canaria, tanto legal como clandestina, que nos permit a dibujar una realidad más obj etiva y
crítica, si cabe.
Por ot ro lado, como hem os tratado de d emostrar, l a m ateria ve getal estará más que
presente en la boti ca de u ltramar. Como revulsivo para una dis cusión teórica, entendemos
que no podría hablarse, a l m enos hasta el siglo XX, de una Medicina Marítima Occidental
Moderna o Contemporánea. Los fitorrecursos empleados en alta mar se presentan, t anto
en lo organizativo y material, como un cue rpo hom ogéneo bien estructurado y
sistematizado donde, f ruto de la relación dialéctica entre lo empírico y cientí fico se
combinan, de forma arm oniosa, recursos botánicos del Nuevo y del Viejo Mundo con los
medicamentos que sur gen a raíz del florecimiento de la Química como disciplina
científica independiente.
Este corpus médico-naval, al que de forma activa y p asiva con curren t odas las
potencias m arítimas monárquicas y liberales del Antiguo y del Nuevo Ré gimen, no solo
fue tolerado, sino necesa riamente complementario a l os estandarizados tratamientos de la
entonces floreciente med icina alopática marinera. En este escenario médico naval, y a
tenor de las condiciones extremas y singul ares en las que se dese mpeña su minis terio,
estarán de más l as pesqu isas y en frentamientos te óricos entre l os ex perimentados agentes
encargados de la salud m arítima y los s eguidores de la pos itivista mater ia médica d e
principios del S. XIX en lo que respecta al modo en que había de dotar a las boticas de las
naves.
260
La complejidad del dilema referente a la calidad del servicio m édico naval será
extensible a l o bélico y l o comercial (incluida la trata ne grera, el contraban do, la pesca, el
corso y la piratería), m á s cuando están en juego los intereses económicos y políti cos de
las potencias que se disputaban su espacio de influencia y n avegación en los confines de
la mar océana.
261
5 . C O N C U R R E N C I A S
S I M B Ó L I C A S
Y
M A T E R I A L E S
E N T R E
L A
M E D I C I N A
P O P U L A R
CANARI A
Y
CUBAN A.
C O N T I N G E N C I A S
H I S T Ó R I C A S
F O R J A D O R A S
D E
S I N C R E T I S M O .
Partiendo de las diferencias entre relacionar y conf rontar, la complejidad
caleidoscópica que dibuja la compara ción de saberes y prácticas médicas popu lares de
dos contex tos insulares, contrasta con l a sencillez que resulta hacer lo propi o en contextos
continentales. Por ese mot ivo hacemos hincapié en la bi-dir eccionalidad y el carácter
transcultural implícitos en los procesos de sincretismo.
Desde el punto de vista ps icosocial, la base m ultic ultural con la que l as sociedades
insulares de nuestro inte rés se constru y en están í ntimamente relacionada por una parte,
directamente con sus características geográficas (lim itación de espacio que facilita la
interacción) y por otra, por el contexto físi co en el que se ins ertan, por lo general
oceánico, que facili ta l a arribada migratoria c onstante de nuevas man ifestaciones y
elementos cult urales. A nivel biológico la amplia compl ejidad or ganizativa que poseen
ambos arc h ipiélagos, los sitúan en las esca las más amplias de biodiversidad. Est o s e
explica por el modo en que l as espe cies v egetales y animal es lle gan y colonizan las islas
oceánicas como consec uencia d e las compleja s int eracciones de sus condicionante s
geológicos
284
y biológicos
285
.
Hasta ahora h emos tratado de demostrar que una Hist oriografía Etno médica
Atlántica es capa z de establecer elementos epistemológicos necesarios para describir y
284
Super ficie, altitud, latitud intertr opical, d iversidad de hábitats y nic hos eco lógico s, e dad
geológica, p roximida d al co ntinente y a otra s islas, r égimen eó lico y de cor rientes.
285
Poder de d ispersión, tipo s y tasa de reproducción, pod er competidor, plasticidad genética y
ecológica.
262
analizar las convergencias y diver gencias existentes entre prácticas médicas populares de
dos unidades R .E.M. P or ese mot ivo pensamos que sería un d espropósito obviar l o qu e
las Ci encias Sociales y la Botánica pueden recíprocamente of recerse para sondear las
posibilidades científicas en este ámbito de interés común.
De hecho, como y a hem os señalado, mientras la tradición oral se erosiona, bien
por el desuso o por el s obreuso, los elementos botánicos de los folclores fito-médico s
trasatlánticos, unidades tangibles d e este p roceso, persisten, se aclimatan y se int egran en
los ecosistemas naturales y antrópicos de estos contextos físicos, geográficamente
distantes, pero cercanos en su saber.
Así, mientras u na Historiografía Etnomédica Atlántica persiste en a nalizar y
describir el ori gen y esta do de estos proc esos históricos, el M étodo A.C.I se hace eco d e
una necesaria Hist oriografía Etnomédica Atlán tica Aplicada que comulgue con la
Antropología Médica Cr ítica. Esto es, que no se conform ará con analizar y d escribir el
pasado, sino que se e mpeñará en re crear, en un escenario histórico contemporáneo,
aquello que por su ut ilid ad convenga a l as nuevas generaciones en s u presente para sentar
las bases para su recreación en el futuro, con tradición, si, pero no si n vanguardia en lo
metodológico (interdisciplinariedad científica e institucional) y en su propósito (mejora
de la calidad de vida).
La influencia his tórica d e los canarios en Cub a ha s ido sobr adamente es tudiada
desde las ciencias sociales. P ero tal parece que est a se ha olvidado que ho y en día también
la influencia cubana es bastante notable en el i nfluenciable universo cultural canario en
distintas m anifestaciones: mús ica, l ingüística, alim entación, agronomía e idi osincrasia.
263
Pero, sobre todo, c omo s ucediera en tiempos pretéritos con Cana rias c omo referente
atlántico, en la creciente introducción de especies vegetales foráneas en s us ecosistemas.
Muchas son propa gada s por Am érica y resto del mundo desde el área del C aribe. Un
importante número de el las arriban a nuestro a rchipiéla go de manos de los residentes
cubanos que vu elven d e su t ierra con fitorrecursos de cierto valor simbólico (estético,
identitario o espiritual) y m aterial (capitalizable desde el punto de vista agronómico,
comercial o medicinal).
Los paralelismos e influe ncias en a gronomía, alim entación y s alud d e los c anarios
en Améric a y vicev ersa, ha s ido abordada por diferentes autores y a d istintos niveles
como P érez Vidal, Guerra y S ánchez, Guanche, López, González y D e León, entre ot ros.
Pero poco se ha dicho a cerca de l a influencia l atinoamericana qu e l os mismos canar ios
trajeron a Canarias.
No sólo indianos retornaba n a su tierra natal, sino qua ahora también lo s hacen
criollos y cubanos de n ación. ¿Hasta qué pun to las prácticas cult urales de estos grupos
migratorios i nciden en las de la población receptora? Si pudiesen vislum brarse e
identificar est as int eracciones, ¿Bajo qué p risma debería tratarse? ¿Convendría tal v ez
estudiarlo bajo una p rospectiva t rasatlántica que p ermitiera a un a Hist oria Apli cada s acar
provecho en su análisis de estas circunstancias actuales para moldear las fu turas?
En su acertado an álisis sobre la caracterización y o rigen multicultura l de la
medicina popular canaria, P érez Vidal asevera que no debe negarse, sin embar go, l a
existencia de algunos ras gos popular es auténticamente canarios. Per o este asp ecto
genuino y autóctono d el folklore is leño es, precisamente, la parte más difícil d e
264
determinar. La dificult ad se pl antea incluso cuando s e cuenta con un m aterial
completísimo y se h an tomado las debidas preca uciones de acierto. Generalmente suelen
encontrarse datos acompañados de otros análo gos pertenecientes a disti nto país con cu yo
folklore no se ha confrontado, por lo que resulta com plejo deducir su originalidad.
Por t anto, ¿ hasta qué pu nto sería acertado h ablar de una in fluencia de l a medicina
popular canaria en s u h omóloga cubana? M ás bien podría habl arse d e una influenci a
canaria “a secas” y no d e su medicina ya que, como venimos diciendo conjeturando, esta
está conformada por u n crisol sumativo de p rácticas procedentes d e todas aquellas
culturas con l as que ha mantenido un contacto. La extensión temporal de esta relación ha
permitido la asimilación y domesticación de determinados fitorrecursos de ig ual
condición foránea por procesos de inter culturalidad. L ue go, ¿ No sería más acertado
hablar de un Folclor Médico Trasatlántico?
Aunque dispersas y col madas de errores t axonómicos, en el ámbito de las CC. SS
en Canarias, ex isten m uchas investigaciones i nteresadas en dar f e de estos supuestos. Esto
es debido, entend emos, por el enfoque etnocultural
286
con el que su ele ser abordada esta
materia en detrimento del nivel de profundización y rigurosidad que, dada l a naturaleza
del obj eto de estudio, brindaría la perspectiva de etnomedicina o una etnobotánica
histórica.
A más abundamiento, p ocas atienden a los proc esos, es d ecir, a los m ecanismos
epistemológicos, las causas mismas que expl ican, y por las que mejor se entiende, el
producto de estas interacciones que, además de cult urales, son biológicas e his tóricas. El
286
Más interesada en el a nálisis d el pr oducto cultural de estas i nteracciones.
271
mantenimiento d e la huert a familiar, donde se incluí an canteros de plantas medicinales
297
.
El autor también d educe que el patio jardín con plantas medicinales esta ba situado en l a
parte delantera de la casa.
Pensamos en l a estrategia simbólica l a s imbólica de su ubi cación. Ad emás de la
práctica y fun cional cerc anía, se ex pone como muestra de los valores estéti cos y la pericia
de su cuidadora en cues tiones de farmacoergas ia. El cantero de pl antas medicinales
también es ornamental, dado que en esos climas y para estos propósit os, es frecuente el
cultivo de melíferas d e vi vos y llamativos c olores que invitan a la contemplación y
despiertan los sentidos y l a curiosidad de la gente a su paso. La inevitable sinestesia
facilita la interacción so cial entre vecinos , transeuntes y propietaria en intercambio de
saberes y material vegetal.
El estilo de educación a mbientalista y nurturista que l a mujer canaria des arrolla
como madre en el seno de la institución familiar también será reproducido en Cuba.
Entendemos que esta co nsideración p edagógica, sobre todo la relacionada con la
alimentación, y d esde su cosmovisión como cubano e hij o d e emigrantes is leños, también
es compartida por Rosario:
« La selec ción, cla sificación y plan ificación de lo s a limentos son d etermina dos
por e stos sa beres a cumula dos. El p apel d e las m ujeres en la emigrac ión canaria
favoreció la inco rporac ión de receta s, p atrone s alimen tarios, formas d e c onservac ión y
dosificac ión y a daptación de o tros pro ducto s trop icales a la d ieta; pero también
tuvieron un pa pel imp ortan te p ara estructurar lo s c iclos de crianza a la s con dicion es
climáticas de Cuba . La coc ina se p resentaba co mo un encla ve c entral de las relac iones
doméstica s, do nde la may or pa rte de la s activida des q ue se realizab an diariame nte
giraba n en torno a la producción , tra nsformació n y a dquisición d e los a limentos. Po r
297
“A este conju nto de instalac io nes, inclu yendo el espac io q ue e xiste entre ellas se le den ominó
como p atio, en tanto que al espacio delantero de la casa, que incluí a el jar dín y canteros de pla ntas
medicinales se d eno minó co mo b atey”. ROSARIO MO LINA, J. C; Opus ci t, 20 07, p. 175.
272
tanto las mujeres determin aba n los recu rsos d ispon ibles prove nientes d e conuco s,
patio s y mercad o para administrar su co nsumo »
298
.
Como venía siendo característico en su lu gar de ori ge n, el f emenino es u n
colectivo acostumbrado a la ausencia periódica de la figura paterna en el seno del hogar.
Por l os motivos que y a hemos expuestos, este atributo, al igual que el profundo sentido d e
matriarcalidad, continuará reproduciéndose en el entramado social antill ano.
Respecto a la gestión m aterial, R eyes señala que los hombres se encargaban d e las
especies arbóreas y si lvestres, fundamentalmente; en tanto qu e las muj eres se ocup aban
de las herbáceas y cultivadas
299
. Discrepamos con esta noción sobre la di visión sex ual en
la gestión de los recurs os bot ánicos. Puede par ecer ordinario pensa r que l as especies
arbóreas, por su porte físico, fuer a inac cesible a la manipulación femenina debido a la
supuesta fuerza que hab ría de emplearse en su manipulación. Queremos pensar que la
autora no hace una pr esunción sex ista de este ex tremo, pero a todas mi ras, si resulta
tradicional y r educcionista dado que, a nuestro criterio, no se corresponde con la realidad
histórica. Prim eramente, desde el punto de vista a gronómico, los elementos botánicos
arbóreos, antes de ser tales, pasan por un pro ceso de crecimi ento y d esarrollo, es de cir,
antes de ser á rboles son semillas, plantones o posturas. Como es lógico pens ar, este
estadio solo requiere de técnicas viveristas que se reducen a la atención deli cada y
constante, prescindibl es del empleo de una fu erza física especial. Una vez convertidos en
árboles y s er trasplantad os, lo único que requieren es pod a y riego. La recolección d e
fruta t ampoco necesita m ucha fuerza física. Desde el punto de vi sta de la farma coergasia
y l a Fitoterapia h a y q ue apuntar lo siguiente. Por un l ado, la recole cción, acopio y
conservación de droga fresca o s eca proveniente de material ve getal arbóreo (hojas, tallos,
298
Ibíd em, p. 151
299
REYES SÁNC HEZ, E. E. La medicina nat ural, el e migrante ca nario y su tradició n e n Cuba .
Ensayo. La Hab ana. Asociació n Canaria en C uba. Leonor Pér ez Cabre ara. 200 3, p.11.
273
semillas, flores, corteza, sabia o r aíces) empleada en Fitoter apia pa ra la atención primaria
de l a salud domésti ca, no requiere el empleo de maquinaria o fuerza física particular. La
preparación de fitofárma cos se adminis tra en dosis manipulables, a ser pos ible, de forma
paciente y delicada, por lo que también se invertir mucho tiempo.
En el caso de la z ona oriental de Cuba, l a distancia, el aislamiento, l as dificultades
para acceder a servicios clínicos y las característi cas del trab ajo de los hombres durante
las cosechas, obligaban a las mujeres a permanecer largo tiempo ocupadas en las tareas
domésticas. Estos factores contribu y eron a des arrollar formas de cooperació n, asistencia u
ayuda, que pudieran entenderse como una especie de cofradía con sello fem enino
300
. Sin
duda, estas circunstanci as favorecieron espacios de transc ulturación ent re el complejo
crisol que conformaba el nicho sociocultural del oriente cubano.
Damos por supuesto que, en ese escenario hist órico, las condiciones físicas y
materiales de h abitabilidad y poblamiento, los há bitos alimenti cios, los factores genéticos
y estadios ocupados como recursos humanos en los procesos de producción económica,
perfilaran la morbilidad de cada grupo étnico. Pero, dada la versatilidad terapéutica de los
recursos natural es dispo nibles, es prob able que el conocimiento y uso de los m ismos
fuese compartido por to dos los grupos. Muchas fuentes dan constancia de l as relaciones
de canarios y canarias con otros gr upos étnicos en centros de tr abajo. La mejora de las
condiciones laborales en haciendas, in ge nios y centrales azuc areros no f ue a la par del
desarrollo te cnológico indus trial y l a organización del trabajo de estos centros de
producción.
300
ROSARIO MOLIN A, J. C; Opus cit, 20 07,p . 203
274
La m orbilidad en los in genios azucareros en la s eg unda mitad del s iglo X IX no
había variado mucho respecto a l os sig los precedentes
301
. En sus mismas boticas se
preparaban los medicamentos para combatir l as patologías propias q ue generaban la
naturaleza estructural, organizativa y pr oductiva del sector azucarero. En el Archivo
Provincial de Santiago d e Cuba existen numerosos documentos que lo demuestran y por
cuya interpretación, además de los i nteresantes tra bajos que obran en la Historia de la
Antropología Médi ca en Cuba sobre medicina esclavista, se deduce el cuadro mórbido
que padecían trabajadores y esclavos de la sacárina industria
302
.
«
San tiago d e Cu ba, 12 sep tiembre de 18 77. Autorizo a los señores
Cura y Rou sseau pa ra qu e pueda n remitir a l in gen io Unión la s med icina s
compren dida s en la siguien te relación: 1 b otella de vo mitivo Leroy , 2
botella s d e purgante Lero y, 2 libras de u ngüento amarillo, 1 libra de
ung üento me rcurial, 1 libra de cerato simple, 6 onza s d e tintu ra de
aloes.
»
303
.
Pérez recoge qu e el 9 de Octubre de 1883 arribó al puerto de Santi ag o d e Cuba el
vapor An a de S ala pro cedente de Canarias, conduciendo 100 hombres, 5 0 m ujeres y 30
301
Veánse, como testim o nio científico- humanístico sobre las enfermedade s de los esclavos y
demás trabaj ad ores de los ingenios az ucareros: B ARRER A Y DOMIN GO. F. Refle xiones físico na turale s
médico quirúrgica s. P rácticos y espec ulativos entreteni mientos acerca d e la vida, usos, costu mbres,
alimentos, vestid os, colo r y e nfermedad es a que pro penden los negro s de África venido s a la s Américas.
Habana 1 758 . Re vista Lati no american a d e Psico patolog ía Fu ndamen tal. vol.11, n.4, 2 008 .; DE
CHATE AUSALINS HONO RATO BE RNARD. El Vad emecum de los hacendado s Cubanos o guía práctica
para curar la m ayoría de la s enfermedad es . H abana, 18 54: DUMON T HENRY. In vesti gaciones generales
sobre las enfermed ades d e las ra zas que no pad ecen la fiebre amarilla y e studio particular sobr e la
enfermedad de lo s ingenios d e azúcar o hinchazó n d e los n egros y c hinos… La H abana, Real Acade m ia de
Ciencias Méd icas, Físicas y N aturales de La Haba na, 18 65
302
Ade más de sudo ríficos p ara calenturas y p urgantes d e toda índole, se tra tan, se gún D E
CHATE AUSALINS (18 54) , de medicame ntos d e uso tóp ico e interno. El cera to simple es u na mezcla de
cera y acei te q ue ser vía de ba se p ara hacer un güentos. Añadié ndole láuda no se empleaba co mo emolie nte
para combatir, herp es, sarna, e tc. El ungüento mercurial ta mbién co mo base p ara po madas anti venéreas. La
tintura de aloe co mo vermífugo …,o sea, prep arados far macéuticos dest inados a co mbatir a feccione s de fác il
pro pagación pro ducidas po r hacina miento, la mala a li mentación y e xiguas condic io nes higiénico -sanitarias
pro pias de la co nvivencia e n los b arrac ones del b atey. Aunque no po de mos d ar ci fras del porc entaje de
brace ros canarios q ue vivía n en las instalacione s d e lo s i ngenios, si es muy pro bab le q ue, po r su c ontacto
directo en las jo rnadas lab orales con el r esto de g r upos étnicos, p adecer ían las patol ogías de carácter
contagioso.
303
ARCHI VO HI STÓRI CO PR OVINCI AL. Acade mia de Ciencias. Santiago de Cuba. Far macias.
Fondo del Go bierno Pr ovincial. Año 1 877 . Legajo . 3 07. Sig natura 3 . Autorizació n del Señor Gob ernador
para la remisión de medicinas al Ingenio U nión.
275
niños, contratados por los señores Cuz a y Rousseau, par a d istribuirlos entre va rios
hacendados
304
.
Más canarios si guieron i ncorporándose en los lati fundios s antiagueros dur ante las
últimas décadas del siglo XIX. Según consta en la Crónicas de S antiago de Cuba, en
enero de 1890, arribaron a Santi ago de C uba 100 familias isleñas, bajo contra to de los
señores Santia go Rousse au y Félix Dussac d estinados al establecimiento d e colonos en el
Central Unión, propieda d del español Catasús Hermano y Compañía, ra dicado en e l
partido de Enramada
305
.
Como se vist o, y pes ar de que y a no era ingenio sino C entral Az ucarer o, con el
desarrollo técnico e i ndust rial que esto im plica, el Unión continuaba demandado mano de
obra blanca para el corte de caña. Según Pérez era propiedad de Don Santiago del Castillo
y H echevarría y poseía 32 caballerías de tierra y 31 esclavos de dotación
306
.
Toda vez que se te rminaban los contratos que amparaban su entrada en C uba, las
familias canarias s e iban instalando en los predios cercanos para, con el t iempo ir
conquistando la libertad de movim iento y j urídica que tanto ansiaban. Aú n así se guirían
dependiendo de los establ ecimientos situados en l os ingenios y centrales az ucare ros para
obtener los medicamentos prescritos por los facultativos
307
. Los peque ños comercios
establecidos en l os bateyes, proba blemente di spuestas entre otros produ ctos de primera
304
P ÉREZ DION ICIO, M. " La in migración hispana e n Santia go d e Cuba (18 60-1898 )", S eparata
de Estudio de Historia So cial y Eco nómica d e Am érica , núm.13, Servicio de publicacio n es, Un iversida d d e
Alcalá de He nares, E spaña. 19 96, (51), p, 43 6.
305
BAC ARDÍ MO REAU, E. Cr ónicas de Santiago d e Cuba. T ipografía Arro y o. Sa ntiago de Cuba, Cuba,
1995, p . 268.
306
PÉ REZ DIONICIO, M ; Opus cit, 1996, p. 434.
307
Sobr eentendemos q ue la med icina p opular no er a la p anace a ter apéutica d e la morbilid ad r ural.
Como he m o s venido d iciendo, esta se reduce a tr atar los trastornos pisco -físicos en el á mbito de la atención
primaria de la salud.
276
necesidad, servían también como punto de venta y di stribución de “hierbas”. Según
Suárez, algunos canarios establecieron pequeñ os comercios en los bate y es. Los
propietarios de pequeños establecimientos en los bate yes de los centrales y las colonias en
buena medida sol uciona ban el abastecimiento de parte de las necesidades de las famili as.
Otorgaban crédito no con la lógica del cálculo f río e impersonal de la admi nistración, sino
siguiendo l os enredados análisis del peque ño tendero sobre el veci no de bar rio
308
.
Presumimos que en muchas ocasiones, las familia s que no di sponían de bienes para pagar
las medicinas e incluso las se lo podían permitir
309
, debían contentarse con lo s
fitorrecursos presentes en la naturaleza y con los naturaliz ados en los j ardines de sus
bohíos
310
.
Como suele ser des crita, ávida de lit eralidad, su tri ste realidad, el guajiro oriund o
de Canarias a lo largo de su migrante periplo, se asienta y constru ye su bohío en z onas
recónditas de la Gran Antilla par a vivir e n paz y creerse emancipado de las mac ro
estructuras ec onómicas que reinaron en l a colonia, la república , y la revolución. La
historia es más bi en otra. La may or parte de l as masas i nmigrantes de canarios s e
asentaron en contextos rurales porque las condiciones l egales y las co yunturas polí ticas y
socioeconómicas internacionales, qu e puntual y coetáneamente tenían l ugar en las dos
orillas, condicionaron el destino de su flujo migratorio. Esto es, c erca de los centrales
azucareros o de l as vegas tabacaleras donde enco ntrar trabajo d e fo rma p eriódica. No es
308
SUÁREZ BOS A M .: E m pr esarios canario s en Latinoaméric a. El caso d e Cuba. An uario
American ista Euro peo , N° 4-5, 200 6-2007,Sala manca. C onsejo Europ eo d e Investigac iones Sociale s de
América Latina. 20 07, p. 331.
309
Dad o que, como nor ma ge nera l estos bien escasea ban p or depender d e su i mportaci ón p ara
disponer de ello s, bien se ca ducaban o, en el pe or d e los casos, se clau suraban la s botica s y herb olario s por
no contar c on los req uisitos le gales para su ejerc icio.
310
Cabe considerar el hec ho d e que la necesid ad fue, y si gue siendo, la fuente motivacio nal q ue
inspira a los desp oseídos a la c onservación, d esarro llo y reprod ucción de prácticas e mpíricas “yerbiles”
orientadas a la p revención y curac ión de la salud física y espiritual. Desdic ha por la q ue indirecta mente
contribu y en a a l conser vación d e la d iversidad b iocultural.
277
que eligiera el campo p or propia i niciativa, sin o que los espacios p roductivos del sector
primario a los que se dirigía o eran enviados, se encontraban en este contex to.
La s inapelables circunstancias e conómicas det ermi naron el universo mat erial de
su vida cotidiana a ex cepción de los que tuvieron m ejor fortuna. Desde e l punto de vista
histórico, el ámbito d e l a salud se presenta como una de las dimensiones más polémicas
de su re alidad, puesto que refleja todos los fa ctores externos li mitantes de s u desahuciada
condición. En contubernio con el desamp aro que padecía de l a prot ección sanitari a
pública, fracasó en su empeño de sentirse so berano de la profiláctica la medicina
convencional a la que, p or norma general, tuvo limitado acceso, lo que expl ica el éxito
alcanzado por yerberos, curanderas y matrona s en zonas rurales.
La l iteratura costumbrista cubana es ric a en historias que narran las desventuras
del hombre y la m ujer d el campo. De entre ellas, donde l a intrahistoria s e ha ce novela,
«L a tr agedia del guajiro» , escrita por el periodista y pedagogo Ciro Espi nosa, representa
una de las más mordaces manifestaciones d e denuncia ac erca d el completo y f atídico
desamparo en el que viv ía el guajiro y su numerosa prole en pleno siglo X IX en lo que
asistencia sanitaria s e refiere. En l a trama que se d esarrolla en tiempos de la República, el
médico y la botica distan varios kilómetros de dis tancia de la vivienda del criollo. P or ese
motivo no suele acudir a él si no por causas ex tremas, toda vez que la empírica popular y
los recursos a su alcance no logran hacer efecto curativo en la enfermedad de sus hijos.
Para pa gar l os medicamentos que el m édico receta, tiene que empeñ ar m ás bienes de l os
que poseía.
«
Yo no tengo mieo minetrah la mujel y loh muchach os eh tán
buen oh; p ero eso si, en cuantico yo b eo que tie nen un do lol e barriga, y a yo
soy el h ombre más cuico que uh té c ono ce, poh cua lquier ca lenturita ha ce
que el botica rio y e l méd ico se lo co man a uno p or una pa ta: y menoh mal,
que Doña Lo reta, la sueg ra de Do n Pancho , eh muy enten día en remedioh,
278
a beseh mah q ue el mihmitico méd ico y enfelmo h ha habío, que se loh h a
quita o d e lah manoh a l méd ico, q ue con toa su sen scia lo iba a ma ndar p al
otro mund o. Sabe partial también y a tooh loh mucha choh mioh loh ha
resebio ell sin nob eá
»
311
.
A pesar de que en el segundo cu arto del siglo XX s e producen importantes
cambios en el desarrollo de la m edicina en Cuba, (incremento del número de hos pitales e
instituciones, Implantación del protom edicato, i nicio de l a ense ñanza medica en el
Convento San J uan de Letrán de la orden de los Domini cos, creación de l a Academia d e
Ciencias Médicas, Físic as y Naturales, establecimiento de sistemas de control a l a
producción farmacéutica ), el mundo rural ofrecía una estampa bien distinta caracterizada
por la i ndefensión, l a miseria tot alizadora y el sis tema de vi da d eficiente en lo higiénico
en el que vivan sus habitantes.
El m édico de la obra de Espinoza fracasa al pretender aplicar, en un a mbiente
privado de los recursos que ofrece la civil ización, las experiencias científicas aprendidas
para la p ráctica alopátic a moderna en el m edio propicio
312
. Est o s e ex plica porque en la
casa d el guajiro falta lo más apremiante pa ra este cometido y en dond e « l as r ecetas
cubrían con sus emana ciones el ámbito del boh ío, saturando d e paso a sus m oradores
antes de ser lanzadas al aire libre »
313
, como satíricamente apuntaba Espinoz a en esta obra
de gran valor intrahistórico.
Estas circunstancias trascienden lo literario ya que representan en l a ficción
hechos puntuales recogidos en fuentes his tóricas. No solo médicos botánicos empíricos,
sino también “boticarios” emergieron en estos co ntextos en respuesta a la demanda d e sus
311
ESPI NOZA CIRO. La traged ia del Guaj iro. La Habana, I mprenta Carasa y Cª, 19 39, p. 37
312
ROIG DE LEUCH SENRI NG, E . Mé dicos y m edici na en Cuba . Histor ia, b iografía y
costumbris mo. La Ha bana Academia de Ciencias de Cuba. M useo Histó rico de las Ciencias Méd icas Carlos
Findlay, 196 5.
313
ESPI NOZA, CIRO.; Op us cit, 19 39, p. 61 .
279
servicios por parte de la poblac ión rura l. Este tu rbio y n ecesario negocio, flore cía a l a
sombra de las re gulac iones administrativas y legales del ámbito farmacéutico. Las
constantes intervencione s de la dele gación prov incial y subd elegaciones regionales de
farmacia dan cuenta del incremento negocios “ fraudulentos” denunciados por bot icarios
que si contaban con las garantías le ga les. Estos, que normalmente eran l os que ejer cían en
cabeceras de municipios, vieron m enoscabados su s intereses por aquellos q ue no pagaban
impuestos por ejercicio profesional o carecían de la necesaria titulación par a tal efecto.
Como ejemplo de estos casos, el 18 de noviembre de 1904 por el subdelegado de
farmacia de S an Luis, Santiago de C uba, interpuso una demanda solicit ando al
Gobernador Provincial que exhortase al Alcald e municipal ordenar el cese del Ldo.
Alberto González Veranes por estar pr estando servicios fuera del marco legal por
entonces existente.
« Ha ber cerrad o la Farmac ia que p oseía en e l poblado de San Luis, titu lada
la Central, h echo q ue participó en lo d el m ismo mes al señ or Alcald e Munic ipal de
aqu el términ o, qu e co n fecha 15 sigu iente trasladó a d ich a Auto ridad el oficio d el
señor V eranes, para qu e ev itase q ue d icho estable cimien to co ntinu ara abierto,
contra viniend o las disposicio nes vigentes, y qu e e n 17 del mismo mes hice no ta al
referido seño r A lcalde q ue en el Inge nio San ta An a se v enían infringiendo el
artículo 72 de las o rdenanzas d el ra mo; por lo q ue le e ncarecí impidiera la
existencia en aqu el término d e Botiqu ines, Bo ticas u otro estab lecimiento que n o
estén legalmente a utorizad os p ara vende r med icamento s. Co mo a p esar d e lo
expue sto, tiene noticias esta Subdelega ción que ilegalmente continúa a bierta la
Farmacia q ue en san Luis poseía el Ldo . Gonzá lez Vera nes, así c omo los botiquin es
del Ing enio San ta Ana y Dos Camino s, me apresuro en comu nicarle a Ud ., para qu e
se sirva orde nar se cu mpla n las orden anzas d el Ramo. »
314
El referido artículo 72 de la o rdenanza que supu estamente s e venía infrin giendo,
señala las directrices y protocolos que regulaban los permisos admin istrativos para el
ejercicio de la actividad farmacéutica. En este caso Gonz ález carec ía de ello s:
314
ARC HIVO HIST ÓRICO R EGIONAL. Sant iago d e Cub a. Academia de Cie ncias. Año 1 904.
Sección d e E stad o y Go bernació n. Ne gociado d e Sanidad . Nº . 91. Denuncia del S ubdele gado de Far macia
por la existencia de b oticas y botiq uines sin haber llenado lo s requisitos de Le y.
280
«
Po r e l n egoc iado de farmacia se proveer á directa mente al inspec tor
genera l d e to dos lo s da tos que o bren en la oficina para el me jor d esempeñ o de su
cargo , tales como rela ción d etallad a de la s fa rmacias de la Re púb lica, qu e se hará
mensua lmente; altas y baja s de lo s di rectores d e las oficin as de fa rmacias,
drogu erías, laborato rios, farmac ias auxilia res y botiquines. Trimestralmen te se
elevar á po r el jefe d el neg ociad o a l seño r sec retario de Sa nida d y Ben eficencia,
por condu cto d e la direcc ión de Sanid ad, una rela ción d e las farma cias establecid as
en la Re púb lica, especificando en la misma el estado en q ue se encuentren, de
acuerdo con los d atos que figu ren en los exped ientes re specti vos.»
315
.
Atendiendo a la d emanda del denunciante, el Gober nador Provincial ordenó l a
clausura de la botica sub alterna por l o que la veci ndad, advirtiendo el a gravio que s uponía
el cese este servicio bási co, formularon un escrito al goberna dor pidiendo que el botiquín
siguiera prestando sus servicios y en donde expusi eron los motivos de su súplica:
«
Lo s q ue su scriben , co mercian tes, prop ietarios y lab radores, vecin os d e Do s
Caminos, términ o mun icipal d e San Luis, respetuosa mente a u sted expresam os que d e
orden del Sr. A lcalde Municipal del términ o, un cumplimiento del Gobiern o p rovincia l,
ha sido clausura do el herb olario q ue tenía abierto en este po blado d esde 1897 e l seño r
Emilio Sole r Fu r, ocasio nándono s esa clausura g raves perjuicios, porqu e pa ra adquirir
los objetos qu e este señ or nos vendía, ya recetados por facultativo s o p or nosotros
mismos en caso s de enfermed ade s, nos vem os prec isados, pa ra su ad quisición, a
traslada rnos a esa Capital o a San Luis, distan tes amb os de este p oblado . El señ or Soler,
posee aquí un p equeño h erbolario y un botiquín, y nos consta que en lo s ca sos de
herida s, en que han intervenido e l Juzgado , h a prestado sus servicios co mo pra cticante ,
facilitan do a la vez gratis los medica mentos que ne cesitaba el faculta tivo para efectua r
las curacion es, y que en los casos perento rios el mismo Juzgad o le ha llamad o para
practica r la cura de primera in tervenció n y siempre lo ha h echo p restand o su p ersona y
medicina s sin retribu ción.
Tenemos enten dido que la orden de clau sura de su estable cimiento, obedece a
órden es supe riores po r no ll ena r requisitos lega les con c ernientes a la s disp osicio nes
legales tamb ién sobra la Fa rmacia, pe ro también sabemos que el Cole gio de
Farmacé uticos d e la provincia, h ubo un acuerd o, por el q ue se autorizab a a los
Practican tes recon ocido s, p ara poder dirig ir u n Botiqu in en los punto s donde no h ubiese
farmacia y q ue distare do ce leguas de ella s. P or lo expuesto a usted acud imos suplican do
se dig ne orden ar qued e sin efecto la cla usura del herbola rio exp resado po r ser de
imprescindib le nec esidad para en el poblado . Es g racia q ue n o du dan a lcanzar po r
noto ria expresa das d e usted. Dos Camino s Diciembre 6 de 190 4
.»
316
El gobernador, supl icó al subdelegado de Farma cia que l e asesorase par a toma r
una dete rminación, tal ve z con el d eseo d e que est e di ese el visto bu eno para satisfacer l a
315
«R egla mento par a el ejercicio de la farmacia en la Repúbli ca d e Cuba » . La Farma cia e spaño la.
Revista cien tífica profesio nal. P eriódico consagrad o a la defensa d e los derec hos e intereses de la cla se
farmacéu tica esp año la. Añ o XLVI. Mad rid, 12 d e febrero de 1914. Núm. 7.
316
ARCHIVO HIST ÓRICO RE GIONAL. Sa ntiago de Cuba. Academia de Ciencias. Año 19 04. Secció n de
Estado y Go bernació n. Negociado de Sanidad . N º . 9 1. F olios: 24-40. Sigu e n las rúbr icas de unas 68
personas.
287
Según el INE
322
, l a población extranjera en nuestro país a finales del año 2001 se
situaba en torno a los dos mi llones de personas, cifra que representaba un 4 ,7 p or ciento de
la pobl ación residente e n España. De l as cuatro comunidades extranjeras establecidas en
nuestro país, la I b eroamericana, nutrida principalmente por ecuatorianos, colom bianos,
argentinos, peruanos, dom inicanos y cubanos, re presentaba el 33 por ciento de ext ranjeros
residentes en nuestro pa ís.
De ellos, 25.788 er an cubanos, es decir, un 1,28 por ci ento,
mayoritariamente adulto s, seguidos de ancianos y en m enor medida jóve nes. Cabe res altar
el hecho de que el 21 por ciento de los c ubanos re sidentes en España lo ha cían en Canarias,
lo que arroja una cifra de 5.424 residentes para esta región.
Según nota de pr ensa del INE
323
, la población esp añola que l legó a España d urante
2012 procedía, principalmente, de Cuba (5.810 llegadas), V enezuela, Francia y Reino
Unido (en todos estos casos con más de 2.000 llegadas).
En términos relativos, destacó el incremento de la inmigración de españoles
procedentes de Ecuador (37,1%) y el descenso d e l os provenientes de Cu ba (–31,9%) ya
que la inmigración ex terior de los esp añoles proc edentes d e este país fue de 3.332 en el
mismo año de los cuales 334 tenían Cuba com o lugar de destino. España mantuvo un
saldo migratorio pos itivo en 2012 con Cuba (6. 731 migrantes), se gún reco ge la misma
fuente. Es más, si nos r est ringimos a la pobla ción española, Cuba fue, con diferencia, el
país con el que España tuvo un saldo migratorio más posi tivo en 2012. S egún datos
consultados para el ámb ito t emporal del 1 de enero de 2011, en el ámbit o t erritorial de
Canarias residían en valores absolutos un tot al de 26.691 ciudadanos nacidos en Cuba de
322
INE. Censo de p oblació n. 2001.
323
I NE. Nota de P rensa. 25 de j unio d e 2013 (actualizada el 0 8 de julio d e 2013 ). Cifras de
Po blación a 1 d e enero de 2013. Estadística de Migrac iones. 2 012 . Datos P rovisionales.
288
donde 12.729 eran hombres (47,69 %) y 13.962 (52,61) eran d el s exo o puesto
324
. Según
la misma fuente y p ara el mis mo lugar y fecha, de los 26.691 residentes nacidos en C uba,
14.626 tienen la nacionalidad española
325
.
Estos datos reflejan el dinamism o entre España y C uba en términos mi gra torios l o
que fundam enta la actual importancia de est e f enómeno y su r elación con nuestro objeto
de estudio y su posi ble relación con los y a referidos procesos antropocóricos
interatlánticos de nuestro interés.
En su dimensión hi stórica y , como sucediera antaño, además de los factores
económicos, la dinámic a mi gratoria actu al cobr a un particular matiz hi stórico al verse
afec tada por repercusiones políticas. Nos referimos a los r ecientes cambios en las
regulaciones migratorias del gobi erno cubano
326
por cu y a flexi bilización
327
podrí a
aumentar el saldo migratorio entre España y C uba.
324
http://www2. gobier nodecanaria s.org/istac/d w/pad ron/pad ronmultianual/ ver_tabla. jsp
325
Seg ún los dato s reco pilado s entre febrer o y marzo de 201 3 en los 2 1 ne gociado s de Esta dística
de los ayuntamientos que ho y hay en Gr an Canar ia re siden casi el mismo n úmero de cubanos que hace un
año ( 5.70 0 frente a 5.7 07), pero se han pro ducido d escens os co nsiderables entre otr os grupos co n fuerte
implantación, co mo e s e l cas o de los colo m biano s (-62 9), los argentinos ( -213) y los ecuato rianos ( -20 4).
Detrás de e sas cifras se e scond en muchos s ueños frustrad os, sob re todo d e j óvenes que e n su día j untaron
ahorro s y pr obar on for tuna e n e sta e squina d el mundo , q u e e ncontrar on una op ción p ara establecer se e n
Occidente a través de la constr ucción, la a sistencia do miciliar ia, la lim p ieza a do micilio o la hosteler ía, pero
a los que la rece sión y el paro desbo cado han golp eado sin re misión y, encima, s in la r ed que supone el
tener a alg ún familiar con una casa donde hallar cob ijo . El recuento i ndica q ue actual mente está n
empadro nados en Gran Canar ia 27 .374 americanos p roced entes de 28 estados frente a lo s 46 .825 euro peos
de 41 pa íses q ue lid eran el ranking. La Provin cia Dia rio de La s Palmas. http:// www.lap rovincia.es/ gran-
canaria/20 13/0 5/05/gran-canar ia-supera-10 000 0-extranjero s-residentes/52 948 3.ht m l. [06 .05.20 13].
326
Decreto-Ley 302 del 11 de octubre del 20 12, m o di ficativo de la Ley No. 131 2 “Le y d e
Migración”, d el veinte d e sept ie m bre d e 19 76, y los Decretos y resolucio nes comple mentar ios
327
La nor mativa eli mina ta nto la solicitud d el pe rmiso guber na mental (la lla mada tarje ta blanca)
como la pre sentación d e una carta de invitación, a mbos otr ora indispensables par a ausentarse d el país.
Además, la n ueva le y de migr ación pe r m ite pro longar la s estadías e n el e xtranj ero de 1 1 a 24 meses, sin
peligro de pe rder los benefic ios ciudad anos. Asimismo, pe r m ite q ue los me nores d e eda d salgan del paí s,
pero con permiso notaria l de s us padr es o tutores le gales.
289
Por otra parte, l a l lamada Ley d e Nietos, aproba da por el gobierno de J osé L uis
Rodríguez Zapatero, para extender l a n acionalidad a descendientes de e spañoles, y la
desesperanza con que s e viven las "reformas" d e Raúl Castro, han elevado las cifras d e
emigrantes desde Cub a. Est o permitirá a los cana rios all í residentes viajar a Canarias con
más facilidad, l o que comporta un poten cial in cremento d el trasi ego i nteratlántico d e
especies y simi entes de orige n vegetal asociados a estos movi mientos esp aciales de esta s
poblaciones
328
.
Dada la compleja naturalez a de este fenómeno, l os anteriores supuestos no son
suficientes pa ra entender de forma i ntegral los m ecanismos que conciben su ex istencia.
Por su génesis multifactorial y riqueza en matices sociológicos, merece también ser
examinado bajo la perspectiva culturalista de esta di sciplina.
La i diosincrasia, como ex presión comportamental de la identidad, es el resultado
de la conv ergencia dial éctica d e todos los elementos m ateriales e in materiales que
conforman la cultura de un grupo en un lu gar y en un momento histórico determinado.
La s expresiones cultural es, concebidas aquí como fenómenos impasibles, i ncrementan su
dinamismo a medida que se d esarrollan y relacionan con proc esos y context os
globalizantes. De este modo, l a cultura canaria, ex puesta hoy m ás q ue nunca a la
influencia de estos m ecanismos y otras estru cturas dispativas del si stema cultura global,
destaca por la transformación paulatina de los hábitos que la definen incluy endo sus
cosmovisiones en torno a las relaciones de parentesco.
En el contexto social cana rio este f enómeno se complementa con los lazos
afec tivos que, b asados e n los principios qu e c aracterizan su idiosincrasi a- me diante
328
co mo ta mbién sucedie ndo en América y r esto d el mundo q ue tie nen a l Caribe co mo i mp ortante
emisor natural y artificia l de e species foránea s de reciente intro ducción en s us ecosiste mas.
290
matrimonio o simpl e convivencia, enriquecen y diversifican los elementos que definen su
concepto de inst itución familiar mediante l a convivencia o inclusión de miembros
extranjeros en su seno. Cont emplar esta idea conlleva elevar a debate el concepto d e
« i ntra filiación » que de fiende Galván Tud ela
329
como ca racterística inseparable de l as
relaciones de pa rentesco y mod elos de organización familiar que canarias y canarios
manifiestan en su tierra y lug ares donde emigra.
En las úl timas dé cadas h an emer gido pequeños c omercios en especializados en la
importación de especies vege t ales y productos comestibles va rios proc edentes de la s
naciones de donde es or iunda la población inmigrante que l os demanda. Normalmente
estos establecimientos se sit úan estratégicament e en ár eas cercanas a s us núcleos
residenciales y suelen ser regentadas t ambién por inm igra ntes. Esto s servicios se
caracterizan por una oferta minorista y variada de productos alimentic ios ex tranjeros
tanto frescos como elaborados. La razón de esta demanda puede explicarse por l as
respuestas emocionales r elacionadas con mecanismos de resistenci a cultural, el desarraigo
y l a nostalgia que p roduce el estar lejos d e c asa. Para satisfacer esas necesidades el
inmigrante opt a por la reproducción d e hábitos y ras gos di stintivos culinarios, de ocio,
religión, ind umentaria, si st emas de valores, etc. Pero l a cultura, como medi o de expresión
por el que el ser humano toma conciencia d e sí mismo se reconoce, por los mism os
mecanismos, como un pro y e cto i nacabado por el que cuestionar sus propia s realizaciones,
crear nu evos si gnificados y obras qu e los trasciendan. Est e carácter últim o de la cultura,
su dinamism o, se rev ela más intenso cuando se desenvuelve en un contexto ge ográfico y
cultural diferente forjando el sincretismo que crea nuevas formas de ex presión originales.
329
G ALVAN T UDELA J . A. Estruct ura Fa miliar y alia nzas matri moniales en un pue blo de
Te nerife. En Revista d e Histor ia Can aria , nº 172. 1 980, p.p. 85-120
291
No sólo bienes de cons umo, sino también servicios, son ofertados por aná logas
razones (religiosos, peluquería, estética, o cio, etc .) con el objeto de atender necesidades
de carácter espiritual y estético. En muchos casos, determinados gr upos culturales
invierten casi tanto capital como para el sustento. P articularmente, p ara muchos rit os
religiosos si ncréticos y de o rigen a fricano (Regl a de Och a, Abakuá, Can domblé, Arará,
Culto de I fá, Akán, Odi nani, Vudú, e tc.) se req uieren especies botánic as concretas qu e
difícilmente pueden hal larse en estable cimientos corrientes
330
, por lo que no resulta
extraño encontrarlas entr e las relaciones d e especies de reciente introducci ón en t erritorio
español.
Este fenómeno es t an v etusto como común y a que desde el comienzo de la s
migraciones humanas, e l hombre ha actuado co mo agente d e dispersión de plantas y
animales ex óticos. No obstante, y según Pau chard y Alaback
331
, el m ovimiento de
especies a gran escala ha aumentado expo nencialmente con la globalización. Aun cuando
la eviden cia científica su giere qu e aquellas p lanta s i ntroducidas qu e se vue lven in vasoras
pueden modificar profun damente los e cosistemas donde se establecen, la magnitud y las
características del impacto en especie s nativas y ecosistemas son todavía objetos de
debate.
Un ejemplo de la cualidad extrapolable del modelo de análisis teórico del Folclo r
Médico Trasatlántico es el ref erente que supone su t ratamiento en relación a la
comunidad de inmigrantes chinos residentes en España . Su habilidad y pr agmática
330
Aunque ta mbién se da el ca so d e grandes s uperficies q ue, conscientes d e los b eneficio s qu e
supone este fenómeno, oferta n puntual m ente prod uctos como yuca o malangas impo rtado s de la costa
occide ntal africana y que for man parte d e la d ieta de los inmigrantes p roced entes de Centro y Suramérica.
331
P AUCHARD. A, A LABACK. P . La a menaza d e p lantas i nvasora s. Sc hool of Fo restry,
University o f Montana. E n Ch ile Fo restal 2 002 . 289:13-15 .
292
comercial es facilitadora de conv ergencias interculturales a ni vel micro-espacial.
Miembros del contingente asiático ubican con avidez el núcleo de s us negocios en
núcleos pobl acionales que demand an bien es de co nsumo que no s e produ cen en t erritorio
español. A diferencia del micro-comercio latinoamericano, el c aso chino t iene la
particularidad de atender una demanda heterogénea que va más allá de las necesidades de
su propio grupo cultural
332
.
Si bien m uchos de ellos se especializan ex clusivamente en productos chinos, cada
vez es más común encontrar comercios r egentados por asiáticos dond e la comunidad
latinoamericana encu entran productos alimenticios como malang a, y u ca, plátano ver de,
frijol a granel, quimbom bó y di stintas variedades de ají que, por su alta demanda, a veces
escasean en aquellos donde tradicionalmente venían ofertándose.
Tanto en unos como en otros pueden encontrarse productos de origen vegetal de
fácil r eproducción asex ual (tubérculos, raíces y t allos) como sex ual (frutas, verduras qu e
contienen semil las). Tanto es así que incluso buscan terrenos agrícolas que arrendar pa ra
cultivar las especies más demandas, t anto comest ibles como ornamentales
333
y evitar el
sobrecoste que supone la importación y l a pérdida de calidad de su trazabilidad.
332
T odo e llo a pesar d e su estigma co mo “desplazado res” del p equeño co mercio nacio nal po r parte
de los que alej an su mirada crítica de las grandes multinacionales ase ntadas en nuestro terr itorio . No solo su
consolidació n en nuestra econ omía, si no el creci miento expo nencial del co mercio d e la comunidad chi na es
fiel prueba d e que gran p arte d e la po blació n consume sus pro ductos y servicios.
333
“La de legación de e mpresario s chinos b usca ter reno s par a pr oducir ca m elias. Los in versor es
plantean co labor ación para desarro llar derivados de la flor, vi no, co nservas o turis m o, otros de sus
intereses.” Faro d e Vig o . Edición digital. Ed itorial P rensa Ib érica.1 6.12.201 4
293
Pero los intereses chino s en Canarias v an m ás allá de l as iniciativas de comercio
de proxim idad. El 18 de septiembre de 2012, una delegación de cinco prof esionales
334
de
diferentes ramas de la m edicina oriental encab ezada por el Doctor Wan g Linpeng, vis itó
el J ardín Botánico Vier a y Cl avijo, el hospit al Doctor Negrín y el Museo d e plantas
medicinales de Tejeda. El propósito de su visita era el de conocer nue vas especies de
plantas cu ya s p ropiedades terapéuticas fueran pot encialmente útiles p ara ser aplic adas en
sus respectivos centros hosp italarios. El Doct or Tu Zihiato se r efirió al gran uso
gastronómico qu e s e l e d a a l as plantas aromátic as en España, y lo poco ex tendido de su
uso en medicina
335
.
Tal vez la influencia china en n uestra medicina popula r solo sea c uestión de
tiempo toda vez que se den circunstancias econó micas propicias que per mitan establecer
y d esarrollar mecanismo s de interacción sociocu ltural suficientes para q ue así sea. Sin
embargo en el ámbito agrónomo esta influe ncia, aunque no direct a, ya ha sido
suficientemente acredita da. La razón de s u indirecc ionalidad viene ex plicada por que, a
excepción de aquellas especies que nos llegaron de Así a vía África tr as l a expansión del
islam, como suponemos que fueron el caso de lo s prim eros ejemplares de pl átanos de la
variedad guinea a Can arias, ot ras tantas especies subtropicales vien en a consolidarse en
nuestro archipiélago dos si glos después de que las principales potencias coloniales del
siglo XV II y XV III im plantasen la ex plotación de cultivares asiáticos en sus colonias
americanas y vicev ersa.
En los últ imos dos años, algunos comerciantes Ch inos de Las Palmas han dado el
salto en la autoporduc ción de verduras, frutas y ho rtalizas que demanda la gastornomí a de
334
Wang Li npeng (P ekin M edi cal Univer sit y ), W ang H uiyi ng (B eijing U niversity o f C hinese
Medicine), Song Ping (G uang A n Me n Ho spital Hospital ) y Song Qing. La p rovincia Diario de Las
Palma s . 8 d e septiembre de 2012, p. 8
335
Ibíd em.
294
su comunidad. Los más destacadpos son los que se encu entran en l a c alle Barcelona d e la
capital, donde en va rios establecimientos venden estos productos frescos. El coste de la
trazabilidad y l a impo rtación de los mismos se ha sustit uido por el arrendamiento o
adquisición de a reas de cultivo por la zona de T elde y el areopuerto don de ellos mismos
cultivan estos productos. Además d e económicos, s on de buena calid ad, por lo que
también resultan atractivos a consumidores no chinos de la zona. N osotros hemos
comprobado la varieda d de cucrbitaceas y sol anáceas entres las que se encuentran
distintas variedades d e calabaza, calabacinos , melones, berenjen as, pimientos,
quimbombó, chayotes, m alangas, frutos se cos, distintas variedades d e apios, cebolletas y
otras hojas comestibles y condimi entales. Entre las frutas se ofertan las de pit ahay a,
mangos, melosnes, y unos pópelos también pomelos importados
336
.
Pero si algo ha y qu e destacar de esto es que hemos podi do comprobar que muchas
verduras contienen semi llas en perfectas condi ciones de viabilidad reproductiva. Queda
pues re calcado el caráct er dinámi co y actual d e la antropocorea activa en Canarias, esta
vez de mano de la comunidad china. Nuestra versatilidad bioclimática, el factor
migratorio y otros d e carácter económico van p erfilando las motivciones d y el ritmo de
este proceso. Será cuesti ón de t iempo el que estos productos se introduzcan también ene
el mercado local aumentando el abanico del perfil de sus consumidores. L o s chinos tienen
inicativa, mano de obra empírcamente isnt ruida y disciplinada suficien te como para
ssatisfacer nuevo retos q ue imponga l a d emanda. La cercanía al Mercado C entral no es
ninguna casualidad, si no pura estrategia comercial y sus produ ctos ya están en el punto de
mira de algunos productores locales.
336
Veanse la s imágenes e n el Anexo 2.
295
Ya hemos dado constancia a l o largo del trabajo s obre ejemplos indi scutibles de
antropocoria trasatlánt ica contemporánea y sus consecuencias paisajísticas,
socioculturales y económ icas. Como fenóm eno dinámico d e abarcable t ratamiento por
parte d e la H istoria Inmediata en lo que a bo tánica económi ca s e r efiere, co ntinúan
llegando noticias sobre la impl antación de tendenc ias y modas e xperi mentales sobre
alternativas a gronómicas de la América subtro pical. Y tom amos este enclave como
referencia porque, como ya hemos apuntado, aun siendo estas especies d e orige n asiático,
tras varios si glos de p ermanencia y ex plotación en t ierras americanas, tienen como
resultado la ampliación de variedades de culti vo como consecuencia de la manipul ación
artificial humana de mejora selectiva y cr uces entre especies del mismo gé nero.
A las transforma ciones estrictamente bi ológicas se sum a el tr atamiento cultural
que se a grega a un a especie en función de los grupos humanos con los que se relaciona.
Esto es, por ejemplo, el enriquecimiento de saberes sobre d e sus aplicaciones, mejoras en
técnicas d e ex plotación y transformación de s ubproductos, la fitonimia vernácula como
elemento de patrimonio cul tural intangible y la carga simból ica asociada al fitorrecurso en
cuestión.
Por último, y no menos importante, los cada vez más intensos cambios en la
dinámica meteoroló gica global que en Can arias se traduce en atisbos de ma y o r
tropicalización debido a las alteraciones en algunos f actores que deter minan su clima
(corriente fría y debili tamiento del Anticiclón de las Azores). Otras razones económicas
micro-estructurales contr ibuyen a entender porqu é muchos agricultores en C anarias se
lanzan a la experimentación en sus expl otaciones en su constante búsqueda d e alternativas
296
comerciales en un s ector primario cada vez mas competitivo por ser comuni tario y a la
vez más debilitado por ser ultra-periférico.
Sin ir más lejos el siguiente artículo periodístico sirve como ejemplo ilustrativo de
lo que estamos tratando:
« El lichi, u na p equ eña fruta origin aria d e este p aís asiático , emp ieza a
crecer en la s hu ertas d e mu cho s de sus a griculto res. La iniciativa su rge d e F ermín
León, u no de su s residen tes. Hace a ños u n buen amigo le rega ló un pequeñ o á rbol.
Después de m ucho s cu idados, de impro visar confo rme cogía fuerza, d e reg arlo con
más o menos a gua seg ún su intuición, este ve rano, al fin, h a dado sus fruto s. Esta no
es la primera ave ntura en la q ue se ade ntran los vecino s de Ig ueste de S an Andrés.
Ademá s de sus famosos mang os, mucho s agricultores tamb ién tienen plantados
gua yabos, gua nábana s, caña de azúc ar, m amey y hasta piña trop ical, entre otros
frutos. "To do lo q ue se h a traído de Cub a ha fu nciona do en Igu este de S an And rés",
explica orgullo so Fermín León . Aho ra A mérica del S ur de ja p aso a Asia. China es
la q ue se abre camino entre la s hu ertas d e este pueb lo tran quilo d el litora l de
Anaga .»
337
.
Se equivoca el periodista al concluir que América del Sur deja paso Asia. En t odo
caso l os asiáticos residentes en Canarias tendrán m ejor acce so a esta fruta fresca par a
consumo propio o para comercializarla en sus est ablecimientos y restaurantes. Aunque no
se ex plicita, tal v ez sea esta t ambién la intenció n de sus cultivadores y no solo por su ya
reconocida inquietud por un e xotismo agrícola. El caso es que los arboles de L i chi
cultivados en Igueste, au n s iendo espe cie de ori gen asiático, son importa dos de Améri ca,
según sospechábamos y terminó por corroborarnos sus principales comercializadores en
Tenerife “Viveros La Cosma”.
337
http://www.laop inion.es /tener ife/2012 /08/17 /china-endulza- igueste/429 495 .html
303
boticario, y a cumplir lo ordenado por el cirujano, si la enfermedad pe rtenecía al campo de
la cirugía
348
.
Aunque Bosch no lo refi ere, el salario del m édico se establecía, a i gual qu e sucedía
en La H abana, mediante el procedimiento d e iguala. Los trabajos realizados por el médico
a l os no igualados s e r esol vían por alvalas o escr ituras de cura como las que Ál varo de la
Mata concertó con algunos pacientes
349
.
Este método no estaba ex ento de controversia, y a que muchos vecinos morosos
llegaron a ad eudar a J uan de Quesada, médico s ustituto de Álvaro d e l a Mata dur ante su
periodo de ausencia en la isl a, serias cuantías por sus servicios. Las elevadas sumas
llegaron alcanzar los 12.000 maravedíes qu e, en t otal, varios vecinos de Telde le debían. El
grado de morosidad de lo s pacientes lle gó a ser tal que, en 1524 el médico t uvo que otorgar
un poder a Antonio de Jaén, tesorero de la Santa Cruzada, para que s e hi ciera c argo de los
cobros
350
. En Las P almas d el si glo XVI, l a iguala o el precio por el servicio de asistencia
médica durante un año, podía costar doce doblas de oro castellanas.
Pensamos que los médicos t ambién pasaron sus penurias personales al ver mermada
su calidad de vida cu ando sus ingresos dismi nuían por l os anteriores moti vos. En algunas
ocasiones también tuvieron que arrendar sus propios bienes.
De entre ellos merece es pecial aten ción el que Ál varo de la Mata tuvo que arrendar
a un terce ro. Se tr ataba d e un esclavo qu e este tenía a s u cargo. Se lo arrendó a otro v ecino
348
BOSCH MI LLARES, J ; Opu s cit, 19 67 , p.119
349
A.H.P.L.P . Cristóba l de San Clemente, núm. 73 6. 1 524/IV/22. Las Palmas, Fol.1 40 vº -142vº .
350
A.H.P.L.P . Cristóba l de San Clemente, núm. 73 6. 1 524/IV/ 19. Las Palmas. Folio .139 r-vº.
304
de L as Palmas, Esteba n de L a Feria, por “ dos años y 17 d oblas de oro castellanas que
pagaría cuando se moliese un cañaveral que tiene a su cago para d ar de comer y beber al
esclavo en dicho plazo”
351
.
Por su condición de méd ico, con unas cosmovisi ones mínim as de civismo , es mu y
probable que se estableciera una relación una re lación personal entre el médico y su
esclavo, aunque esta ocasión fuese concebido c omo moneda de cambio . P robablemente
estas circunstancias le proporcionaron al negro Antón la posibilidad de estar en conta cto
directo con la materia qu e ejercida por su dueño. Po r su p arte, Mata, t ambién compartiría
inquietudes culturales con su esclavo, tomando prestado de este al gunas cosmovisi ones que
enriquecerían su docta sabiduría, presumiblemente relacionada con los nuevos cuadros
mórbidos de procedencia caribeña y africana, en suma, tropi cales. Los saberes sobre
fitoterapia tampo co es tarían ajenos a las consecuencias de l os mecanismos de
transculturación acaecidos en este contexto de it erac ión dado que, en esta época, s e
incrementó también la introducción de nuevas especies medicinales, probablemente
conocidas por el negro Antón.
Según Lobo y Rivero, a principios del siglo XVI, en l as botic as, expi diendo
remedios y dro gas, estaban un t al maestr e Juan, J uan Merchante y Fr ancisco Lópe z entre
1506 y 1528
352
. Estos datos no concuerdan con l os Bosch por los que refi ere que el primer
boticario-farmacéutico en establecerse en Las Palm as fue Luis de Salazar en 1531, seguido
de J uan Merchante en 1534 y d e J uan de Alarcón en el 1538, con el salario de 40 doblas a
cambio de proveer de m edicamentos a las p ersonas de l a mesa, capitulares y famili ares.
Últimamente lo hicieron los hermanos Mat eo y P edro de Alar cón, hijos d e J uan, en el año
351
A.H.P.L.P . Cristóba l de San Clemente, núm. 73 6. 1 524/IV/22. Las Palmas Fol.14 2r-vº .
352
LOBO C ABRERA, M, RIV ERO SU ÁREZ, B ; Opus cit, 1 991 , p. 63.
305
1578, y diez años despué s Die go de Lá zaro, que adqui rió la botica de M ateo establecida en
la calle de la Herrería
353
.
Dejando atrás esta dis y u ntiva his toriográ fica de carácter cronológico, nos interesa
el dato aportado po r L obo y Rivero por el que afirman qu e, en 1 512, en los
alumbramientos ayudaba una partera, l a muj er de Fernando Alonso. También s eñala la
existencia en la misma época de 5 barberos que cumplí an las funciones de s ang rador -
dentista y un yerbero
354
.
Los autores no inclu y en en esta profesión a una mujer, Magdalena que, a unque se
cita también en las actas estudiadas como barbera, el autor cree que m eramente se le asocia
a l a profesión de su marido. Para nue stro interés, l a figura del y erbero recogida junto a
otros actore s d e la práctica m édica en Las Palmas del siglo XV en las referidas fuentes,
viene a corroborar nu estra hipótesis a cerca de la e xistencia de estos actores a l os que, mu y
probablemente, acudirían miembros del gremio médico y f armacéutico insul ar en periodos
de es casez o alta demand a. Probablement e, a dife rencia d e médi cos y boti carios, el yerbero
sería natural de la tierra conocedor, y por ende también recolector y pre goner o de las
bondades que ofrecían los fitorrecursos terapéuticos que ex igía la morbilidad de la é poca.
Por nuestra parte pensa mos que los barberos no eran m eros san gra dores -dentistas,
sino también flebotomia nos, uno de los grupos profesionales más cara cterísticos de l a
medicina empírica d ur ante la España de pri ncipios de la Edad Mo derna. Aunque
alcanzaron cierto r econocimiento social, su práctica siempre estuvo cond icionada por su
353
BOSCH MI LLARES. J ; Opu s cit, 19 67 , p, 123.
354
LOBO C ABRERA, M, RIV ERO SU ÁREZ, B ; Opus cit, 1 991 , p. 66.
306
posición ambi gua entre los profesionales titulados (médicos y cirujanos) y otros más
empíricos como era el caso del y erbero o especiero.
Su práctica estaba regul ada pr evia solicitud de li cencia par a su ejercicio. Las
diferencias formativas y funcionales como l as establecidas ent re médico -físico y médico-
cirujano se corresponderían posteriormente con su grado d e s ocialización profesional
supeditada al reconocimiento de sus p acientes en función de su posición en l a estr atificada
organización social del Anti guo Régimen. Esto es que consider amos a los seis primeros
barbero –flebotomianos, del Real de L a s Palmas cómo v erdaderos pro motores de un a
necesaria discipli na auxi liar de la medicina d estinada a at ender también las necesidades d e
la población urbana más y menos pudiente.
Decimos seis y no cinco, como considera Lobo y Rivero, porque incluimos también
a la tal M agdalena como « miembro activa n o-oficial » del supuesto gremio. Si en
alumbramientos el médi co se auxiliaba de una partera, no sería desacertado pensar que
Magdalena colaborase en las actividades practicad as por su marido b arbero en l a estructura
socio-profesional del Ant iguo Régimen en esta provincia atl ántica. A difere n cia de las
Actas Sacramentales, los autores no la considera n barbera y en c ambio, a tenor de su
interpretación de las fuentes, sí reconocen el r oll de la mujer Fernando Alonso como
partera. A nuestro juicio, ambas tenían la misma importancia.
La constatada necesidad de la población por la i nsuficiencia de recursos hu manos y
la demanda social del ejercicio de sus empíricos ministerios, consti tuy en a rgumentos
suficientes para consider ar el mer ecido reconoci miento de la importan cia de su l abor a los
ojos de una Historia de la Medicina en Canarias que se pretenda crítica y atlántica.
307
Ignoramos si en el R eal de L a s Palmas existían mec anismos oficiales d e control
gremial por los que solía n supervisarse los ex ámenes para obtener la licencia médica ant es
de la creación, estableci miento y funcionamient o del Real Protomedicato. Probablemente
fuera el Cabildo el encargado d e esta supervisió n o el alcalde d e la Aud iencia
355
. De s er
así, este gremio o cofradía de barberos estaría bajo la abdicación de S an Cosme o San
Damián, como era común en el Reino de Castilla.
De no exi stir tal control, serían los inte grantes jerárquicamente m ás elevados del
gremio, o incluso el méd ico, quienes acreditaba n la ex periencia de los n uevos bot icarios.
Fuera de los muros operarían y erberos y y e rberas cu y a p restigio estaría acreditado por las
experiencias terapéutic as positivas experimentadas por los usuarios de s us servicios, al
menos hasta el establecimiento del S anto Oficio de la Inquisición en la provincia.
Es casi seguro, afirma R odríguez-Sala, que las co fradías de facultativos de la salud
existi eran en la ma y or parte de las ciudades españolas. A la fundación de l R eal Tribunal
del Protomedicato p or l os Re y es C atólicos, est e organismo vino en mu ch o a sust ituir las
funciones de reglamentación y de c ontrol del ejercicio de quienes atendían la salud y
enfermedad, aunque muchas de ellas si guieran vinculadas a labor es de atención
humanitaria y ecl esiástica bajo el auspicio del san to venerado en su cofradía
356
.
355
c o m o venía hacié ndose a te nor d e las d isposiciones de la Pr agmática d e 1 477 , donde se cuenta
con la po sibilidad de q ue estos actuaban co mo ór ganos cole giales plurip ersonale s.
356
RODRIG UEZ-SA LA GÓ ME ZGIL, M .L. L a co fradía-gr e m io d urante la Baja Edad Med ia y
Siglos XVI y X VII: El caso de la cofradía d e cirujanos, Barbero s, Fleboto m ianos y M édicos en España y e n
la Nue va E spaña. Ba rataria. Revista Caste llano- Manch ega de Ciencia s S ociales , Asoci ación Ca stella no-
Manchega de Sociolo gía, (AC MS), nº 10. 2009, p. 15 8.
308
Ha y que tene r en cuenta que esta profesión, a pesar d e ser indispensable para la
población, era aun considerada como vil, dado su carácter mecánico y a rtesanal. Sin
embargo la gente acudía a ellos para sanarse de l a mi sma forma que ho y e n día acude gente
al estelero
357
, yerber o o san tero a creditados por el reconocimiento social otorgado por sus
pacientes a tenor de la experiencia en sus respecti vas especialidades
358
.
Como parte de la estructura de u n gremio, indep endientemente d e que estuviesen
oficialmente constituidos como tal, pensamos que entre ellos existían los rangos de
maestro, oficial y ap rendiz. L a flebotomía no so lo requería del correcto conocimiento de
los vasos sanguíneos, (función en el sistema circulatorio, composición, estructura,
situación, no mbres, etc.), sino también de ciert os conocimientos de farmacología par a
poder atender al paciente como por ejemplo, realizar la sangría de las venas L eóni cas:
«Qu itand o la cin ta, y enjuagánd ose el en fermo c on agu a, y vinag re
frio: y si esto no bastare, tomarè un os polvos restrictivos , como el
Bolo Armenico , Tierra Se llada, y Sa ngre de Dra go: las mezclarè
con u n po co d e clara d e huevo, mo jarè do s lechino s en el la, y lo s
pon drè sobre la s cisuras: y n o basta ndo esto, los moja rè en Agua
Estiptica.»
359
.
En caso de sufrir un acci dente durante el san grado, el barbero debía estar preparado
para atender esta emergencia disponiendo para ell o de una serie de preparados galénicos:
«Harè sobre la pa rte u na embroca cion con aceyte rosa do, y
vinag re; p ondrè so bre la cisura e l un güento Ba silicòn, y à falta de este e l
amarillo, encima de èl, un parche de Cerato de Galeno . Despues lo
cubrirè todo con u n pañ o gr and e d e seis, ù och o dobleces, mojado en
agu a, y vinag re tibio . Y aviendo hecho materia, y ce sado la infla macion,
pon drè sobre ella un parchecito d el emplasto neg ro de Cerusa, ò de
Diapa lma, ò de Minio , p ara secar, y cica trizar…. Pero en caso de n o
halla rse el en fermo con otro accide nte mas, que el dolor, que se estiende
desde la pun tura hasta e l dedo pu lgar, sin apariencia de inflama cion 30
357
aun a sabie ndas de la existencia de la figura del fisioterap euta.
358
Dos siglos más tard e estaría especia lmente re gulado te niendo e stos de superar una prueb a tr as
demostrar, ante el Pr oto-Bar berato, c uatro años d e e xperienc ia en el eje rcicio d e la p rofesión. LE - P REU Z,
RICARDO . Do ctrina mode rna p ara los Sang radores, en el q ual se trata de la Fleb otomia, y Arteriotomia :
de la ap licación de las vento sas: de las san guiju elas: y de l as enfermed ades de la d enta dura, q ue ob ligan à
sacar d ientes, co lmillos, o muelas: con el a rte de sacarlas . Madrid , Imprenta de Francisco del Ye rro, 1712
359
Ibíd em, p 23. Capítulo V. De la flebo tomia en partic ular.
309
ni de supu racion : en este caso h arè simplemente u na emb rocacion
caliente de a gua ardien te, y aceite ro sado , p ara mitigar el dolor; y la
repetirè dos ò tre s veces a l di a. Tamb ien pa ra esto es bu eno el aceyte d e
lombrices con el espiritu de vin o; y el ung üento M arciato n pa ra unta r
todo el bra zo…»
360
.
Para las picaduras del tendón, cuando los accidentes s ean mu y graves, s e
recomendaba las siguientes aplicaciones astrin ge ntes y antihemorrágicos:
«Ech arè en la cisura algu nas g otas de ace yte d e T rem entina de
Abeto caliente, para que penetre ha sta la herida del te nd òn, y pon drè
encima un p egado de la misma trementin a, ò d e balsamo de l Perù , ò de
gom a Elemi , para que salgan afuera las humeda des, que avràn salido del
tendó n.»
361
.
Al barbero, además de acudir en su aux ilio l as personas que no podían costearse un
médico, llegaban tambié n personas con r econocida distinción s ocial, para lo cual, el trato
era diferenciado:
«Fina lmente le p ondrè u na toalla, ò un ta fetan neg ro, según la calida d, y
distincion de la persona, y la a tarè al pescuezo, para que el brazo estè
suspend ido, y doblado comodamen te.»
362
.
Su actividad, insistim os, no se reducía al san grado, sino que también a la atención
primaria de otros tr astornos de la s alud ante la ausencia de M édicos en e l lugar. Este es el
caso de la por aquel entonces Noble Ciudad del Real de Las Palmas d onde, al solo haber
uno para toda la p oblación, es muy prob able que los barberos hubiesen d e atender a algún
paciente estando el médico ocupándose de otro en ese momento:
«En qu e oc asione s se podrà sang rar à un enfermo, no
halla ndose Medico qu e lo ordene, como suc ede en lo s Luga res qu e n o
los ay? D. E n qu alqu iera d e las siguientes, que son E rys ipela e n la
cara: Mal de Garga nta: Caìda: Dolo r de Costad o: Supresion repen tina
360
Ibíd em, p. 29. Capítulo VI. De los a ccidentes que sob revie nen à la flebo to mía.
361
Ibíd em, p. 30.
362
Ibíd em, p. 32.
310
del Men struo: Flu xo d e Sangre: P esadu mbre: qua ndo es ta n grand e que
sufoca : y Apop legìa de Sangre.»
363
.
También la odontología, espec ialidad médica, t iene sus raíc es en la activ idad del
barbero. A igu al que la estomatología utiliz a hoy en día antis épticos y analgésicos, los
barberos del s iglo XVI utiliz aban fármacos a base de plantas para los mismos fines a la
hora de extraer o calmar el dolor por haber algún diente podrido:
«Harèle que tome alguno s granos de Alma ciga en la boca, po niendolo s
en la p arte qu e mas do liere; pa ra qu e descarg ue con a lgun as flemas a quel
corrimiento. Tambien se podrà cocer un po co de agua y vinagre co n piedra
lumbre, y se en juagarà co n èl : ta mbien se pon drà en las arterias S ieneticas u nos
pega dillos de incienso mo lido, y leche d e muger, y otros detràs de las orejas : ò
uno s pa rchecitos de emplasto divino : ò que en el d iente, ò mu ela, qu e ma s le
parezca q ue le du ele, la un te con una s h ilitas mojad as en la qu inta esenc ia de
clavos .»
364
.
Probablemente la anterior era una n ecesaria prácti ca que, a parti r del siglo XVII s e
desarrollaría con m ás precisión técnica dado que la terapéutica p ara at ender el escorbuto
constituirá una de las demanda s más comunes de los puertos atlánticos a tenor de su
importancia dentro de la morbilidad de las g ent es del mar. En este contex to históric o y
geográfico el médico, el cirujano, y hasta el b arbero, habrí an estado f amiliarizados con el
mundo de la farmacia galénica en la que se incluían numerosos simples a base de hierbas.
La falta de competencia por parte de la medicina científica s erá ot ro de l os factores
que expli can el arra igo y persistencia de l a medicina popular en Las Palmas hasta el Siglo
XIX. S egún Navarro, en el siglo XV II, « u n solo m édico bastab a y sobra ba para la corta
clientela que tenía. La buena ciudad nunca se ha bía cuidado de médicos y se contentab a
con el que s olía traer algún Obispo: y si n o l o traía, nadi e por eso se alarmaba. Los
363
Ibíd em, p 33
364
Ibíd em, p 42. CAP. IX. De la D entadura, y d e los ac cid entes que obliga n à sacar d ientes ,
col m illos, ò muelas.
311
cirujanos no fueron cono cidos en el país hast a el año 1811 en que el D r. Ro y fijó en él su
residencia»
365
.
En esta ce nturia, los adelantos ob tenidos por la medicina he rborísti ca, las
comunicaciones y el t ráfico marítimo entre las naciones, c ada v ez m ás intenso, fueran
causa d e que los médico s y cu randeros aconsejaran l os más diversos remedios para tr atar
las enfermedades que iban conociéndose en las Islas
366
. Entre otras causas, la apreciación
de estos hechos contribuye a entender el porqué durante este siglo y h asta nuestros días se
siga haciendo uso de los remedios naturales.
365
N AVARRO. DOMINGO JOSÉ Rec uerdo de un nove ntón: memorias d e lo que fue la c iudad de
Las Pal mas de Gran Canaria a principio s del siglo y de lo s u sos y cost umbres d e sus habita ntes. Las Pal mas.
Tipografía La Ver dad. 189 5. p. 10 4.
366
BOSCH MI LLARES, J ; Opu s cit, 19 67 , p. 207
312
5.4.
ANÁLISIS
HISTÓRICO
TRANSVERSAL
SOBRE
TAXONOMÍA
BOTÁNICA
EN
LA
OBRA
DE
JUAN
BOSCH
MILLARES.
La s su cesivas importaci ones de pr ácticas y creencias enriquecieron d e forma
paulatina el primitivo caudal como aquellas pr ocedentes de los es clavos africanos, los
colonizadores portugueses y mallorquines y las importaciones americana s. Estos
acontecimientos, junt o a l a fe general en los remedios populares debier on de ser, según
Garrison, cada vez más f irmes e ir rebatibles al cons tituir medios de supervi vencia para las
masas de población que no tenían acceso a la atención especializada del m édico. Y es que,
como acertadamente esc ribió Navarro, el alivio y curación que debi eron de ex perimentar
muchos enf ermos de Las P almas y ot ras localidades de la isla, hub o de a umentar la
confianza en curanderos y saludadores.
367
.
En nuestra historia inme diata, a pesar de la erosi ón que s ufre la tr ansmisión oral d e
conocimientos sobre me dicina natural en la cult ura popular canaria, se s igue util izando
remedios a base de plantas. Esta no se d esarro lla de forma i ntegral y está suj eta a l a
transformación de los hábitos cult urales y otras coyunturas de orden económ ico y social
368
.
Con l a prospectiva inherente a nuestra concep ción de la Historia Aplicada, en este
epígrafe t rataremos de sum ar elementos que contribu ya n a sust entar, aun más si cabe, l a
dimensión botánica omnipresente en los fu ndamentos epistemológicos del Folclor
Fitomédico Trasatlántico.
367
GARRISON, FIE LDING H . I ntrod ucció n a la Historia d e l a Med icina . T omo lº. Madrid . Calpe,
192 1, p. 23 .
368
Par alela m ente, la inmersión y el peso d e la m edici na m od er na, se c onvierte e n es tructur a
disipativa d el d esorden producido p or nuestra vaga e hipoco ndriaca imitación de algunos modelo s
comporta mentales e fímeros pr opio s de la cultura occid ental. Co mo consu midores de cultura y usuarios de
un sistema de salud p ública so m etido a la pr escripció n impue sta por p oderosas red es internacio nales d e
pro ducción far macéutica, la nuestra se car acteriza por una pob lación de nor malizada aut omedicació n tan to
en lo natura l co mo en lo sintét ico.
319
5.4.1
INTRODUCCIÓN
El objetivo de esta t area es nomenclatu rizar los n ombres vern áculos de 13 0 t axones
extraídos del trabajo Historia de la Medicina en Gran Canari a del Doc tor J uan Bosch
Millares
374
, en la que, entre otras cuestiones histó ricas, describe cronológicamente aspectos
sobre la medicin a practicada en Gr an Canaria entre los siglos XV y XVII I. Aunque es de
destacar el número de alusiones a pl antas ut ilizadas en medicina, el autor prescindió de
referir los nom bres ci entíficos de las plantas v asculares que recoge su tr abajo. A nuestro
entender, esta circunstancia obstaculiza el óptimo provecho de esta fu ente secundaria para
la profundización en el estudio de la historia de la farmacología en v arios a spectos. Por una
parte, la dim ensión científica del contenido botá nico resulta inaccesible para el le ctor no
hispano-hablante, circunstancia salvabl e si se hu biese empleado el C INB para la co rrecta
identificación de la fitonimia popular, ut ilizada por el autor. Además, este ex tremo redunda
en la imposibili dad de servir de referente para otros estud ios, no sólo del extranjero, sino
de la propia botánica o farmacolo gía de ámbito ac adémico y científico n acional.
El uso del idioma español, con más de 405 m illones de hablantes na t ivos, se
extiende por l as region es biogeo grafías con más biodiversidad del pl a neta (Colom bia,
Ecuador, Méx ico, Venez uela, etc.). Desde el siglo XV I y sobre t odo en siglo XV II, con el
incremento d e los vi ajes trasatlánticos, los descubrimientos de nuevas tierras y el
desarrollo d e las cien cias naturales en el ámbito c ultural europ eo, se incr ementa la riqueza
de fitónimo s vernáculos en el idio ma español por l o que, desde entonces, muchas especies
vegetales compart en nombre común, aun tratándose de d istintos tax ones. La biodiversida d
cultural asociada a la medicina tradicional qu e actualmente se practica en Canarias atribu y e
374
BOSCH MI LLARES, J . Historia de la m e dici na e n Gran Canaria. 2 T omos. Las P al mas d e
Gran Canaria : Cabildo Insular de Gran Canaria (Co misió n de Ed ucación y Cultura) , 19 67.
320
propiedades te rapéuticas a unas 803 plantas vasculares de las 2000 present es en su flora. A
esto se suma el he cho de que, no sólo se comparte el empelo de determi nadas especies con
países hispanohablantes, sin o que, además, por esta misma condición, se com partimos una
ingente variedad de fitónimos para nombrar disím iles taxones.
Los t rabajos científicos qu e tr atan sob re Etnobotánica histó rica, Fitoterapia,
Historia de la Medicin a e Historia de la Farmacia, cu yo cont enido úni camente r efieren
nombres comunes en detrimento de la n omenclatura botánica científica, dificultan su
posterior tratamiento y limit an la consulta científica para l as Cien cias Naturales
375
al no
corresponderse con los ni veles de cientificidad exigido por la materia botán ica supeditada a
sus propias reglas metódicas y le nguaje técnico.
Deducir los nombres científicos de las plantas m edicinales ut ilizada s en la
medicina practicada en Gran Canaria entr e los si glos XV y XV III, s egún el trabajo de J uan
Bosch Millares, constitu y e un a valiosa herramienta que aporta cientificidad a la obra
analizada posibili tando su re-lectura desde una Hist oria de la Farmacia. Con ell o se
pretende contribuir al d esarrollo de l a casi in explorada Historia de l as Ciencias en Canarias
y otros ámbitos de interés científico en torno al Mundo Atlántico. Además el análisis del
contenido se expresara en una t abla cu y o formato y estructura permite s u actualización a
efec tos de posibil itar su re-lectura y futu ra ampliación. La tabla, entendida también como
instrumento, permite la cuantificación del cont enido, lo que h a permit ido concluir y
expresar gráficamente la i nterpretación de l a evolución histórica sobre el empleo de plantas
vasculares en la medicina practicada en Gran Canaria entre los S iglos XV y XV III.
375
Reducie ndo el interés d e su co ntenido a su di mensión históric a y social.
321
5.4.2.
MATERIAL
Y
MÉTODO
Se realizó un estudio analítico, histórico y tr ansversal de la fitonimia popul ar
citada p or Ju an Bosch M illares en su obra Hist oria de l a Medicina en Gran Canaria con
el objeto de det erminar, de a cuerdo a lo dispuesto en el Cód igo Internacional de
Nomenclatura Botánica ( C I N B), la nomenclatura t axonómica correspondiente a cada una
de las especies ex traídas de este tr abajo. Se aporta una relación d e 134 nombres
vernáculos d e esp ecies botánicas vas culares cuyas simi entes, frutos, cortezas, raíces o
sumidades fueron empleados en medicina y farm acia en la isla de Gran Canaria entr e los
siglos XV y XV III.
La estrategia de búsqueda y categorización de la i nformación consi stió en
relacionar la fitonimia vernácula empleada por el autor y agruparla s e gún las centurias
correspondientes a cada especie teni endo en cuenta si alguna se repetía indisti ntamente
para las épocas señal adas. La se gunda f ase cons istió en averiguar la nomenclatura
botánica correspondiente a cada taxón.
Esta segunda tarea, da das las característi cas de la fuente (que sol o incluye
nombres comunes insertados en distintos contextos históricos), requirió de una doble
interpretación transversal para dotar a los resultados de una rigurosida d botánica e
historiográfica que p ermita su tratamiento científi co más allá de los estudi os de fitonimia
popular más afines a las C iencias So ciales. Con ello se pretende extender su uti lidad a
otros ámbitos de interés científico como la Me dicina la Historia de la Farmacia y la
Botánica en España enmarcados en los estudios del Mundo Atlánti co.
322
En su di mensión hist óric a, para el análisis y re visión re trospectiva se recurrió a
ediciones di gitales d e las farmacopeas o ficiales correspondientes a las épocas estudi adas
por el autor: Concordia Apothecariorum (1511) para el si glo XV I y XV I, Off icina
Medicamentorum, (1601) para el si glo XV II y l a Pharmacopoeia Matriten sis (1739) para
el siglo XV III
376
. El rastreo de los tax ones se hiz o a través de sus índices que,
minuciosamente orga niz ados según s e t rate, se ha llaron e ntre los preparados simples o
formando parte de fórmulas galénicas compuestas.
A su vez, los subíndi ces alfab éticamente o rdenados permitieron opti mi zar la
búsqueda sistemática de las especies po r su antiguo nombr e en latín q ue, en al gunos
casos, no ha v ariado de masiado. P ara el mis mo propósito también se revisaron fuentes
primarias publicadas en esos mism os periodos así como diversas fuentes terciarias.
Para la reinterpretación botánica de l a información obtenida del análisis hi stórico,
esta vez para det erminar el nom bre científico a ctual de cada taxón, se recurrió a fuentes
de información tax onómica d el Ke w R oyal Botanic Gardens y el Mi ssouri Botanica l
Garden dond e se compro baron los s inónimos que la sistemática botánica actual reconoce
para cada una de las especies vasculares relacionadas en este trabajo. De forma si milar y
para el mismo propósito se consult aron los r ecursos digitales de otras instituciones
científicas como sus listados, herbarios e historio grafía inherente a su cinomenclatura
377
.
376
El for m ato en «pdf» facilitad o en sus páginas web po r las institucio nes c ientí ficas que
comparten y difunden e stos do cumentos histórico s contribu yó a facilitar la b úsqueda de la s espe cies.
377
B ase de Dato s de Especies Introducidas en Ca narias, 201 4. Go bierno de Canarias.
http://www.interr eg-bio natura. com/especies/
Banco d e da tos de biod iversidad de Canarias.
http://www.biod iversid adcana rias.es/atla ntis/co mmon/inde x.jsf
Guía de p lantas en Wa ste maga zine.
http://waste.id eal.es/t hevetiap eruviana.h tm
Natio nal Center f or Biotechnolo gy Info r m a tion, U.S. Natio nal Library o f M edicine.
http://www.ncb i.nl m.nih.gov/ T axonomy/taxonom yhome.html/i ndex.cgi? chapter=c gencod es
323
5.4.3.
RESULTADOS
Los resultados obtenido s se organizaron en una tabla de ocho columnas de
entrada. En la primera, a fin de poder ser i dentificadas en l a fuente original , s e relacionan
alfabéticamente ordenad os en 135 filas los nombres vernáculos de plantas v asculare s de
las más de 1 50 citadas por Bosch. En algunas de estas celdas se incluye otro nom bre
popular que el autor ut i liza para nombrar a la misma espec i e. La segunda columna
siguiente in dica el tax ón actual s e gún el C INB. La s casil las de la tercera y cuarta
columna; Viejo Mundo (V.M) y Nuevo Mundo (N.M), marcadas con una “x ” refie ren el
hipotético origen geográfico de la especie según proceda. El r esto de col umnas i ndican,
con di stintos colores el periodo histórico al que corresponde su empleo en medi cina o
farmacia.
Según puede apreciarse las cuatro úl timas columnas de l a t abla corresponden a la
categoría « D et erminación histórica de su empleo farmacológico » . C ada un a se refiere a la
época concreta en la que se ha determinado su utilización y señalando la casilla con una
“X” según corresponda. Los cuatro si glos estudia dos se identifican con distint o color, l o
que permite apreciar la continuidad o no del empleo de l as especies relacionadas a l os
larg o de estas cuatro centurias. P or último, algunas celdas de las dos primeras columnas
(nombres comun es científicos) contien en r eferenci as con notas a pié de página en las q ue
se esclarecen o plantean cuestiones de interés s urgidas du rante la det erminación de la
especie.
The Natura l Histor y M useum , London.
http://www.n hm.ac.u k/researc h-curation/scie ntific -resource s/co llections/botan ical co llectio ns/botany-
speci m en-databa se/
The Roya l Bo tanic Garden Edinburgh.
http://www.rb ge.or g.uk/databases
324
5.4.4.
CONCLUSIONES
Para tratar de determinar su nombre científico actual, el empleo de do cum entos
históricos, como son l as farmacopeas oficiales c onsultadas, resultaron de suma utilidad
para el seguimiento de la evolución histórica de la nomenclatura b otánica de l as especies
estudiadas.
Po ese motivo defendemos su viabil idad como recursos pa ra el análisis botánico
retrospectivo d entro d el ámbito dialéctico de inte rés ci entífico en el qu e esta discipli na se
encuentra con la fito-fa rmacología. La g ráfica « E volución d el porcenta je de especies
vasculares utilizadas en la Medicina y Farmacia practicadas en Gran Canaria e ntre los
siglos XVI y XV III» , muestra y r esume la categorización cuantitativa de las espec ies
relacionadas en la T abla 1 en función de los perio dos hist óricos en que fueron empleadas.
El 100% equivale a las 135 especies objeto de este estudio.
De su int erpretación se conclu y e que, entre los siglos XV y XV I, se pro duce un
incremento del 36, 48% en el empleo de plantas en la Medicina y la Farmacia practicadas
en Gran C anaria. A p artir del siglo XV II este inc remento s e ve disminuido en un 28,35%.
El protagonismo botánico en la pr áctica médica i sleña durante el siglo X V II experimenta
un descenso de apenas u n 2,24%, hasta el siglo XVIII , lo que se t raduce en una práctica
estable en el tiempo probablemente debido a la confianza atribuida a su efi cacia.
Cualitativamente ha de apreciarse l a riquez a botánica presente en la práctica
médica y fa rmacéutica d el archipiélago atlántico en el intervalo histórico estudiado por el
autor. Muchas de estas especies todavía forman p arte del arsenal de fitorrecursos que ho y
en día integran l a práctica médica popular en atención primaria de la salud. Otras t antas
325
siguen si endo objeto de int erés por la industria farmac éutica, l a parafarmacia y l as
investigaciones biomédicas
La evoluc ión de la pr esencia his tórica de los fitorrec ursos e studiados, han de
coincidir con la evolució n his tórica e int rahistórica de la morbilidad isleña en los periodos
de referencia. Represent a la ínti ma relación histórica de la enfermedad y e l patrimonio
biocultural de un pueblo. Algunas de estas especies y a estab an en su ecosistema, otras
llegaron por casualidad y muchas otras por necesi dad mediante antropocoria trasatlántica
activa y consciente. Mu chas de ellas y a no se usan, pe ro un importante número l levan
desde entonces formand o parte del paisaje bot ánico macaronésico y del Folclor Médico
Trasatlántico. L a coherencia en la elección met odológica nos ha per mit ido profundizar
con rigor y mayor com plejidad hermenéutica la riqueza en m atices que encierran las
Figura 73
.
326
fuentes tratadas, sortear los sesgos teóricos. El mismo tratamiento metódico es
susceptible de aplicación a otros trabajos que ofrecen datos his tóricos refere ntes a
compuestos vegetales e n m edicina sin espe cificar la nomenclatura científica de l os
mismos.
Figura 74. Pl a ntas vasculare s cu yas sumidades, r aíces, t allos, resinas y
frutos fueron empl ea dos e n la m edi cina practicad a en Gran Canaria
entre los siglos XV y X VIII
378
Duda mos si se ref iere a Laván dula canariensis, y a q ue s i así fuera la hub iese lla mado “mato
risco” co mo se co noce co mún mente en n uestras islas. Alh uce ma, pensa mos, re fiere más c oncreta mente a la
variedad mediterránea Laván dula angustifo lia.
379
Entende m os a quí “ malfurada ”.
Nombre
común
Nombre
científico
Origen
de la
especie
Determinación histórica
de su empleo
farmacológico
V.M
N.M
S.XV
S.XVI
S. XVII
S.XVIII
1. Achicor ia silvestre Cichori um intybus L. X
2. Adel fa Nerium oleand er L. X
3. Ajo Allium sativ um L. X
4. Ajo Po rro Allium am pelo prasum L. X
5. Alavaza Rum ex Ob tusifolius L. X
6. Alba haca Ocim um ba silicum L. X
7. Alfalfa Medica go sa tiva L. X
8. Algaritofe Cedronella cana riensis (L.) Webb
& Bert hel.
X
9. Alhuce ma
378
Lava ndula a ngustifolia X
10. A l majurad a
379
Hypericum g randifolium Choisy.
11. A l mendr o a margo Prunus am ygda lus Bat ch var. am ara
(DC.) Focke) and La etrile
X
12. A l mendr o dulce Prunus d ulcis (M ill.) D.A.Webb X
13. A l mirón Wahlenberg ia lob elioide s (L. fil.) Link
X
X
14. A lp iste Phalaris pa rado xa L. X
15. A ltea Althaea o fficinalis L. X
327
380
P or “Gra ma”, se conoce en leng ua castel lana a las varied ades de césped ( Cyno don dactylo n)
conocida también en C uba p or “gra m a canaria”. Si n embar go, p or aludir el autor a la Bata ta de Gra m a,
pensamos que aquí se r efiere a la cono cida como “gra ma de la botica ” (Agropyrum rep ens P. B eauv .) po r la
significación histórica del uso d e su raíz co mo diurético .
381
Aunque mucha s subespecies y varie dades d e aeoniu m co mparten p rincipios ac tivo s nos
decanta m os po r esta, p ensando que a ella se refería el autor po r ser la más común en Gra n Canaria
16. Am apola Papaver rho eas L X
17. Am or seco Bidens pilosa L X
18. A p io Apium g raveolens L
19. Av ellana Corylu s avella na L X
20. A za frán de la tierra Cartham us Tintorius L X
21. A za har Citrus sinen sis Os beck X
22. Barba Brom us rigidus Ro th X
23. Bardana Torilis arven sis (Hud s.) Link X
24. Batata de grama
380
Agropyrum repe ns P. B eauv. X
25. Bejeque
381
Aeonium undulatum We bb &
Bert hel.
X
X
26. Beleño Hyoscyam us niger L. X
27. Berro Nasturtium o fficinale W.T Aiton
28. Borraja Borago off icinalis L.
29. Buen as noche s Datura stram onium L. X
30. Cabellos de or o Clem atis chrysoco m a var.
sericea (F ranch. ex Finet &
Gagnep.) C .K. Schneid.
X
31. C acao ( Manteca) Theob roma cacao L. X
32. C afé Coffea Arabica L. X
33. C alabaza d e agua Lage naria siceraria (M olina)
Standl.
X X
34. C ampana Brugma nsia arb orea ( L) Steud.
X
35. C aña de azúcar Saccharum off icinarum L. X
36. C aña santa Cymb opogon citratus ( DC.) S ta pf X
328
382
T ambién podría tratarse d e cualquiera d e las 23 especie s silvestres ca narias del mismo gé nero.
383
Alberga mos cie rtas d udas co n re specto a qué especie se r efiere el autor. Nos hemos i nclinado
por ésta p or ser la q ue co múnmente en bo tá nica se di ferenc ia d el chocho dulce, a unque t a m bién p od ría ser
el chocho sil vestre az ul o “chocho de hoj a estrecha” ta m b ién i ntroducido en nuestras islas, y q ue cr ece de
forma sil vestre. T ampoco q ueda claro para los exper tos que no se i nclinan por ninguna var ied ad en co ncreto
ya que, seg ún refiere n algunos, en la b otica d el siglo XVI y principios de l XVI I se reco mendaba
simpleme nte, co mo parte de p r epara dos medicinales el altra muz. P ara a mpliar la i nfor mación véase D AVIS
y LÓPE Z. (201 0)
37. C ardón Euphorbia canariens is L. X
38. C ebada Horde um vulgare L. X
39. C ebada blanca Ho rdeum murinum L. ssp.gla ucum
(Steud.) Tzvelev
X
40. C ebolla Allium ce pa L. X
41. C enteno Secale cerea le (L.) M . B ieb. X
42. C erezo Prunu s cerasus L. X
43. C erraj a
382
Sonchus ole raceus L.
44. C hocho a margo
383
(Altramuz)
Lupinus m utabilis Sw eet X
45. C icuta Cicuta virosa L. X
46. C ilantro Coriandrum sa tivum L. X
47. C lavo Syzygium a roma ticum L. X
48. C ola de Caballo Equisetum ramosissim um Desf. X
49. C omino Cuminum cym inum L. X
50. C onservilla Salvia a egyp tiaca L. X
51. C onsuelda Sym p hytum of ficinale L. X
52. C ulantrillo Adiantum cap illus-veneris L. X
53. Doradilla Ceterach aureum ( Cav.) Buch var.
parvifo lium Benl G.Kunkel
X
335
elementos objetivos y subjeti vos necesarios para reconstruir el pas ado, como a menudo
ocurre con la interpretación ses gada d e los tra bajos sobre Historia de las Ci encias en
España
399
relativos a nuestro objeto de estudio.
Consideramos que, p ara reducir estos sesgos, los historiadores - y los que, aun no
siéndolos, pretendan interpretar o analizar h echos histó ricos-, han de valerse de
conocimientos teóricos y metodológicos mínim os propios de las C iencias Sociales. Cuando
el objeto de análisis se centra los procesos por lo s que se constru ye el pensamiento y se
explica el comportamiento humano, la perspectiva ideal sería la qu e considerase la
psicología como discipli na auxi liar para el fundam ento de sus pl anteamientos. Sobre todo,
porque el pensamiento, y hasta l os procesos cognitivos básicos, t ienen historicidad. No
pensamos como hace cinco siglos y mucho menos como lo haremos mañana.
Por pedir, y aún en caso estimar lo ant erior, valdría también cierto gra do de empatía
anacrónica y a l a vez visionaria de l a per cepción, la memoria y l a aten ción con las q ue
exploradores, colonos y conquistadores oper ativizaban la percepción en sus contrariadas y
expectantes mentes “proto-renacentistas”.
Por tanto, nuestra postur a sobre l a r enovación hist oriográfica defiende, s obre todo, el
replanteamiento y actualización del método. Y a no solo en lo referente a lo s instrumentos y
recursos empelados en el mismo, sino a los p rocesos m etacognitivos por los que el
investigador instrumentaliza sus procedimientos.
399
Aunque hay q ue se ñalar q ue muchos de esto s au tores no s on histor iador es sino e speciali stas e n
botánica, medicina y farmacia interesad os e n los aconteci mientos y pro cesos histó ricos re lacionado s con sus
respectivas discip lina s.
336
Partiendo d e la presunció n de que s abemos las causas por las que s e expresa
nuestra particular visión sobre los hechos hist óricos aquí estudiados, int eresa revelar que la
nuestra podría bien ser una perspecti va histórica insular. A pesar de q ue no sentimos
especial inqui etud po r e sclarecer y calificar nue stras cosmovisiones al respecto, si nos
ayuda a estable cer un punt o d e partida por el que construir con sol idez un cuerpo
epistemológico y un marco conceptual propio s. Además, de ello no s valemos para
justificar el carácter dialéctico e i ntegrador de los procesos por los que s e rige la
construcción de nuestras cosmovisiones en relación al objeto tratado.
Dicho de otro modo, nue stra visión “insularista” e s conciliadora entre la continental
y , las a m enudo enfrentadas, perspectivas “americanista” y “eu rocentrista”
400
. R esulta
pues indis pensable plant earnos la razón dialéctica de est a cuestión por necesidades
metodológicas de carácter pragmático y a que el caso canario-cubano se sitúa
irremediablemente entre estas dos vertientes o par adigmas historiográficos.
En este sentido coincidimos con el i nterés de Barros por concretar su co ncepto de
historiografía de pa radigmas. Conclu y e que p ara que esta pueda abarcar en la investigación
(participativa, i nmediata ) e l conjunto de la disciplina de la historia, desde una óptica
trasatlántica de ámbito latino, debe ir m ás allá de la clásica hist oriografía de autores y
obras y de una historio grafía de tendencias
401
.
400
Pr ecisamente porq ue nos enco ntramos física e i ntelectual mente en medio d e ellas.
401
BARROS, C.; Opus cit, 2 010 , p. 9.
337
6.2.
SIGLO
XV.
INTERÉS
PROTO-RENACENTISTA
POR
LA
NATURALEZA.
ENCUENTRO
ENTRE
DOS
MUNDOS
Y
SUS
FLORAS.
A comienzos del si glo XIV, se había producido un periodo de decaden cia en las dos
mayores instituciones p olíti cas m edievales, el P apado y el I mp erio. En relación a esto,
Mardones desta ca la consolidación, simultánea a esta decadencia, de una n ueva y crecient e
fuerza económica de la burguesía de las ciudades, y l a rápida fo rmación de nuevas y m ás
eficientes instituciones polít icas, como las señorías de Italia y las monarquí as nacionales en
Francia, Inglaterra, etc. El absoluti smo carac terí stico de estas instituciones favoreció, por
un lado, la ruptura del orden del Medioevo (da ndo relieve a las reales capacidades del
individuo, i ndependientemente de su pertenencia por nacimiento a l as com plejas jerarquías
feudales) y, po r el otr o, al progresivo fraccionamiento de Europa que terminó por
encontrarse dividida, no solo por nuevas fronteras, sino también por l enguas, l iteraturas y
economías diferentes
402
.
A propósito de su in terpretación s obre estos he chos hi stóricos, Ge y mon at s ostiene
que, en razón de l a invas ión turca, se produjo la ampl iación del horiz onte geográfico ha cia
continentes desconocidos, con l os grandes v iajes de p ortugueses y de Colón y la
consiguiente i mportación a Europa de nuevos productos y nu evas riquezas . Ambos hechos
modificaron profundamen te e l equilibrio econó mico del Viejo Mundo. Si e s tos viajes
fueron posibles- como bi en es cono cido- por la r enovación de l a técnica náutica promovida
por los portugue ses, tambi én debe recordarse que una renovación análo ga se verificó, más
o m enos en la misma época, en c asi todas las ra mas de la técnica medieval. Recordemos
por su importancia, la recuperación de algunas t endencias antiguas ( como la perspectiva
402
MARDONE S, J. M. Filos ofía de las cie ncias h umanas y sociales. Ma teriale s para una
fundamentac ión cie ntífica. Ba rcelona, A nthropo s Edicio nes., 19 94, p.36 .
338
arquitectónica) y la i ntroducción de algunas t écnicas nuevas y renov adoras (como l a
imprenta y la pólvora)
4 03
.
El re descubrimiento y divulg ación d e las bondade s estético- ornam entales,
industriales y farmacéuti cas que la flora d el Nuevo Mundo representaba para la Corona
española y para el r esto de las potenci as coloniales de este periodo his tórico, se empiez an a
concretar en focos de interés naturalista por problemas particulares y concretos, más que en
teorías generales, presta ndo especial atención a las d escripciones botánicas. Ejemplo de
ello es que se trata l a naturaleza o la Historia N atural según los reinos vegetal, anim al y
mineral por separado, dando lugar también al nacimiento de una li teratura centrada en la
descripción de las costumbres y cosmovisi ones de las sociedades precolombinas.
El i nterés naturalista se debe sobr e t odo a la insistencia con la qu e l a nueva
sociedad requie re perso nas mejor preparadas capaces de aportar medios de p roducción
cada vez m ás eficient es orientados al pro greso
404
. En opini ón de Ge y m onat, esta atmósfera
de general renov ación, esta continua búsqueda por incrementar el poder del humano sobre
la naturaleza, es l o que p one fin decididamente al antiguo di vorcio entre t eoría y práctica,
entre ciencia y técnica, y cu yos principios qued arán re flejados en las po sturas planteadas
por autores como Bernardino Telesio, Giordano Bruno y Tommaso Camp anella.
Entre finales del siglo XV y principios del XVI fueron publi cadas las primeras
farmacopeas: Recetario Florentino (1498) y Con cordia de Barcelona (15 11), antecedente
de la Farmacopea Matritense que siglos más t arde auspiciará Carlos III. También s e
conformaron, a pa rtir de cofradías y gr emios bajomedievales, los pioneros cole gios de
403
GEYMON AT, L. Historia d e la Filosofía y de la Ciencia. B arcelo na, Edito rial Crítica, 1998, p. 205.
404
Ibíd em, p. 211 .
339
boticarios: Nobile collegio de gli aromatari (Rom a, 1429), colegios de Vale ncia (1441), de
Zaragoza (1506), etc.
Otras modas renacentistas ligadas al int erés cientí fico médico y botáni co, según
Schott (2004), consistier on en los jardines botáni cos, las cátedras de si mples (donde se
estudiaba materia méd ica), los museos de materia farmacéutica y los herbar ios
modernos
405
.
A las drogas empleadas durante el Medievo se les añadieron las traídas de I ndi as.
La s crónicas de l os co nquistadores y viajeros dedican g eneralmente atención a "los
simples"; pero los l ibros m ás conocidos por divul gar las drogas de Am érica en Europ a s on
el Códice Badiano, los de Ber nardino de Sa hag ún, Nicolás Monardes y Francisco
Hernández.
En aquel entonces, además, de las dro ga s nu ev as, los farmacéuticos re nacentistas
usaron l as más r eputadas de la Anti güedad y el Medievo como mitridato, piedra bezoar,
unicornio, triaca, y los remedios secretos, como pí ldoras de Barbarroja, panacea an waldina
o bálsamos de Fiorabanti
406
. A ellas se les unirían l as m ás divulgadas y nove dosas plantas
y dro gas americanas: guayaco o palosanto, tabaco, zarzaparrilla, coca, maíz, jalapa,
sasafrás y l os bálsamos de Perú y Tolú.
Los des cubrimientos geográficos tuvieron ta mbién como consecuencia, un
intercambio de enfermedades que atravesaron el Atlánti co en uno u otro sentido : sífilis,
fiebre a marilla, virue la, paludismo, g ripe, p este, etc. A esto se le sum ó la a parición d e
405
SCHOTT . HEINZ. Crónica d e la M edicina. B arcelo na, Plaza y Janes E ditore s, 200 4.
406
Ibíd em, p. 57
340
epidemias de tifus y peste. La s ífilis i mplicó el uso de medicamentos esp eciales ( guayaco,
mercuriales) y una mejor comprensión del concepto de contagio
407
.
La s formas farmacéutica s evolucionaron a partir de entonces y , la l egislación del
Renacimiento (r eal, mun icipal, del P rotomedicato creado por los Re yes C atólicos o la d e
los propios colegios de Barcelona, V alencia y Zaragoza) se ocupó específicamente de los
exámenes de boti carios, inspecciones d e botic as, intrusismo profesional, forma oficial de
preparar l os medic amentos, é tica farmacéutica, e tc. Compartimos con Bl asco, la idea de
que esta será la definición de la línea legislativa p ara los siglos posteriores
408
.
El estudio de las obras de Fra y Bartolomé de l a s Casas Historia de l as Indias y
especialmente la Historia Apologética de l as Indias, han si do, por su contenido
farmacológico, de interés para la Historia de la Farmacia.
La objetividad con que Las Cas as describe el complejo universo médico de los
indios americanos desde una perspectiva etic . A esto se sum a su d enuncia sobr e los
nefastos acontecimientos de tortura y enajenación al que estuvieron somet idos los indi os
por parte funcionarios coloniz adores y l a impositi va m isión evangelizadora de la Iglesia.
Como humano preo cupado por la felicidad d e su s semejantes. De este mod o, Las Casas
enfrentó el conflicto p ersonal que l e generó su c ontradictoria condición d e Evan gelizador
y Humanista en aquel entonces.
407
Par ticularmente e stas e nfermed ades causaro n e stragos en la po blación Ca naria de la ép o ca tal y co mo
recoge BOSCH MI LLARES. J : Histor ia d e la Medic ina e n Canaria s, T omo I. Las Pal mas de Gran Canaria,
Edicio nes del Exc m o. Cabild o de G ran Canaria, 19 67 , pp. 44-10 5.
408
B LASCO NOGU ÉS R.: “Medic amento s y fórmulas magistrale s en los albor es d el siglo XIX: El
medica m ento y su mundo e n el entorno de los sitios”. E n DE T ORRES AURED Mª.L ( coo rd.). Los S itios
de Zarag oza: Alimen tación , enfermed ad, salu d y p ropaga nda . Institución Fer nando El Católico . C.S.I .C.
Excma. Dip utación de Zarago za, 2 009, p. 175.
341
Según Nieto Olarte, es absurdo suponer, un a relación entre el expl orador,
naturalista, botánico, g eógrafo o z oólogo, y una naturaleza desconectada de ámbi tos
sociales, de conocimientos arraigados en las culturas nativas, d e sab eres y ex periencias de
la pobl ación no europea. Si n embargo, en l as tra dicionales narraciones de expl oración de
nuevos territorios, suel e haber un notorio silencio sobre r elaciones entre viajeros eu ropeos
y conocim ientos de los nativos
409
.
Por esas consid eraciones, entendemos que el autor, en r elación al modo en que la
Historia de las C iencias interpretan las fuentes hi stóricas relacionadas c on el encuentro
entre los dos mundos y la colonización de América, anima a ocuparse de u n elemento clave
en la comprensión del Nuevo Mundo, una forma de apropiación, movilización y
traducción; ya no únicamente de la naturaleza, sin o de los conocimientos de otros.
Atendiendo a su s ugerencia, hemos de añadir que los proceso coloniz ador y
evangelizador fu e mucho más arduo de lo que llega a p reciarse po r las descripciones d e
los cronistas. Ellos escribieron lo que veían bajo elementos perce ptivos modelos
occidentales de asimilación, int erpretación y procesamiento de la in formación. Sin
embar go, quizás fuese un a t area d emasiado pr ofunda p ara ellos, de mentalidad aun
medieval. Al contrario de como f ue para los clásicos c omo Aristóteles o Platón, los
cronistas de l Nue vo Mundo no escr ibieron lo que les pasaba por la mente a ntes de
descifrar lo que veían y a que, previa interpretación de “lo nuevo”, h ubo un proceso d e
aprendizaje por parte de los naturalista. Pensamos que esto tuvo l ugar cuando
necesariamente hubieron de aprender códigos lingüísticos para referir pla ntas, animales a
409
“ La pro ducción de co nocimie nto no es el re sultad o de una r elac ión d irecta entre el e xplorad or y
la naturaleza, sino que se de sarrolla en el marco de trad iciones c ulturales en las c uales ya existen c o m plej as
relaciones entre la naturaleza y la so ciedad ”. NIET O OLART E; Op us cit. 20 09, p 36.
342
través de una fitonimia y zoonimia arauco-taina previa a la determinación botánica de
Dioscórides y m ás tarde linneana
410
.
Esto fue necesario incluso antes de servirse de interpretes p ara facilitar t area l a
expedicionaria. H abría e ntonces que pl antearse la expl oración del V iejo M undo por p arte
de los habitantes america nos y otros pueblos p recolombinos del Atlántico Medio a tr avés
de su interpretación de las cosmovi siones de aquellos ex ploradores y lo s procesos de
comunicación metaco gnitivos en los que se reflejaba la cultur a material representada en
sus personas. Entendem os que tanto los nativos americanos, africanos y pol inésicos
exploraron la mentalidad occidental a trav és de las cosmovisio nes de s us coloniz adores y
de los productos foráneos importados en sus ecosi stemas.
Y es qu e, ciertamente, tal y como asevera Ni eto aún más interesante y novedoso es
examinar el papel de l as culturas americanas y su s conocimientos en la tra nsformación de
la cienci a eu ropea y expli car de qué manera fue posi ble l a in corporaci ón del Nuevo
Mundo dentro d e marco s de re ferencia familiares
411
. Previo acercamiento a este t ipo de
cuestiones, merece la apr eciación crítica de l as fu entes primari as por l as q ue se h a de re-
descubrir el encuentro entre los dos mundos.
Los tex tos de Crónicas d e Indias, sobre todo las His torias Naturales anteriores al
siglo XVII, tienen en co mún un modelo sintáctico compuesto de tres elementos básicos
para la elaboración de sus descripciones se gún el esquema siguiente:
1. -Descripción física con terminología técnica de la especie: (botánica o animal)
2. -Alusión a su nombre nativo: «este árbol, al que los indios nativos ll aman J ikí,…»
410
De ahí q ue e n las crón icas rel ativas a topó nimos y elemento s de la naturaleza conser vasen voc es
taínas aú n tras la redefi nición d e los concep tos q ue e stos signi ficaban. De hecho muc hos n ombres co munes
de plantas y ani males d e origen taíno gozan d e buena salud . La o ralida d y el haber sido considera dos en la
literatura cien tífica les ha salv ado de sufrir pro cesos de erosión o sincretizació n lingüístic a.
411
NIET O OLARTE; O pus cit. 200 9, p 37.
343
3. -Alusión por similit ud: «… dicen que es tan r esistente como nuestr o r obl e y su
tr o nco es similar al los almácigos que cr ece n en el l as llanuras de
Castilla ….»
Con el paso de los años, t oda vez que se va equilibrando la balanza idi omática en el
aprendizaje su rg ido por la convivencia, el elem ento descriptivo número 2 tendrá algunas
variaciones e n las nuevas crónicas y discursos sobre el ementos naturales, sobre todo a
partir del siglo XVIII.
2. Alusi ón a su nombre nativo:
«…..este árbol, al qu e l os indios nativos llaman Jiquí,
también es conocido con el nombr e de pal o de ha cha
por los criollos libr es debido a la extraor di naria dur eza
de su madera q ue es empleada para la construcció n de
sus viviendas.…».
Esto es, que con el paso del tiempo y a medida de que el colono asume y se adapt a
al nuevo contex to natural, la información que se recoge sobre la especie en estas fuentes
se i ncrementa. Igualmente ha y que ser m u y cuida doso al interpretar crónicas de Indias ya
que, los mi smos cronistas admiten en sus escritos que la información r ecogida procede d e
fuentes indirectas toda vez que sus relatos comienzan con frases como las siguientes:
Según n os han contado…., Hemos oído decir q ue…., Di cen que eso vien e sucediendo …,
He sabido por otr os que lo han visto …, etc.
Como y a hemos señalado y más adelante concret aremos, a partir del si glo XVIII y a
raíz del surg imiento de disciplinas científicas fís icas, natur ales, médicas y f armacéuticas
en el seno de la a cademia criolla de las anti guas provincias de ultramar , las His torias
Naturales y otros tratados se mult iplican y adquieren subj etividad y pe rsonalidad propia
en su for ma y contenido. Cambian los i ntereses de sus discursos y los métodos, ahora
344
enfocados al desarrollo científico, t ecnológico y económico par a el b eneficio de las
nuevas naciones libres o en proceso de independe ncia política e ideológica.
Pensamos que la influencia del mundo atlántico no fue de finitiva para la ciencia
moderna oc cidental, sino que esta fue mutua en tant o comulgara con los in tereses de cada
una de ellas. La moderna occidental y la té cnica a mericana p recolombina, t enían distintos
niveles de evolución cuando se encontraron.
Entre ellas hubo de todo , desde acopio, aprobación, asimil ación, imposición,
resistencia, destru cción, replanteamiento, sustituc ión, transmisi ón, sincretización, caos y
estructuras disipativas. E n fin, todos los pro cesos humanos inherentes a l a naturaleza de la
cultura mism a como sistema y fenómeno soc ial en toda su complejidad simbóli ca y
material.
Desde una perspectiva crítica, Sanfuentes so stiene que las descripciones eu ropeas
de la naturalez a americana, las primeras imá genes de sus produ ctos alimenticios y
especies autóctonas pintadas con los colores de l paraíso, el ex otismo y la belleza, la
fertilidad y la abund ancia, a yudarán a conformar una imagen pos itiva del continente
americano. A pesar del original desp recio o indiferencia frente a ciertos alimentos
indígenas estas percepciones cambiarán con el tiempo al converti rse m uchos de ellos en
auténticos salvavidas de las hambrunas mundiales
412
.
Entre las fuentes documentales mas estudi adas por la Historia de la Ciencias se
encuentran también las ca rtas que médicos pioneros acompañantes de los vi ajes
colombinos enviaban a la metrópoli. Guerra as evera que un o d e los primeros documentos
referentes a nuevas especies vegetales del Nu evo Mundo fue la carta esc rita por Mi guel
412
SANFUENT ES ECHEVE RRÍ A; Op us cit, 200 9.
351
Entralgo sosti ene que en este periodo de ex pansión coloni al, la misión religiosa o la
búsqueda de materias pr imas y m ercados l levó a los europeos de los siglos XV al XV II
hacia lugares donde continuaban vigentes
424
.
El secretismo tácito inherente a los procesos de transculturación que t ienen lugar a
partir de esta centuria se convierte en un constan te que se ex tiende hasta nuestros días y
que va más allá del mero intercambio de conocimientos. Esto es, que t ambién incluyó un
intercambio material de especies bot ánicas
425
y su dispersión global e n el medio natura l
silvestre y el antropizado mediante dos vías; la a cción natural, por encontrar estas nu evas
especies tr aídas del Nu evo Mundo un clim a y un as condiciones ecológicas óptim as para su
desarrollo, l a acción humana conscient e por la que se domestica y aclimata dichas especies
en y para este nuevo ambiente
426
. Como veremos, este proceso se llevará a c abo a partir de
entonces y d e forma voluntaria, consciente, interesada e imparable a través de mares,
océanos, y en menor medida a través de los territorios continentales.
Coincidimos con la concepción hermenéutica d e Entralgo relativa a la idea de que
la medicina arcaica se i ncorporó a la « medicina popular» o « fol k medi cina » . De ella
importaron ante todo sus mom entos sociológicos y psicoló gicos, también su contenido; en
éste se combinan de diverso modo el empirismo propio de c ada pu eblo. De la medi cina
popular de mu chos país es actuales son p arte n o poc os r emedios de l a far macoterapia
hipocrática, restos d e m u y dif erentes formas pre técnicas de la medicina y, po r supuesto,
424
ENT RALGO, LAIN. P . Histo ria de la Medicina. B arcelo na, Ed iciones Cie ntíficas y T écnicas,
Masson- Sal vat Medici na, 19 78, p. 56.
425
y útiles par a distintos pr ocedimie ntos de tr ansfor mación y extrac ción de su s principio s activos.
426
M ención ap arte merece tamb ién la ac ción humana in volunta ria o accid ental en lo s pr ocesos d e
dispersió n q ue se verá incremen tado p or la intensificaci ón experi mentada en su grado de movilidad
geográfica.
352
diversos componentes de carácter má gico
427
. Pero i nsistimos en que esta combinació n
intercultural de la fa rmacoterapia pretécnica y transoceánica l leva implícit a, además del
conocimiento intangible o escrito, elementos materiales inseparables; los fitorrecursos en
torno a los cuales gira todo este universo cognoscit ivo.
Una de las p rimeras referencias acerca de la re cepción y a climatación d e semi llas
en España procedentes del Nuevo Mundo la const itu y e l a obra del Doctor D. Nicol ás
Bautista d e Monardes Alfaro (1512-1588)
4 28
en la que t ambién se rela cionan diversos
animales y mine rales de igual pro cedencia. Aunque nunca estuvo en A mérica, estableció
relaciones de int ercambio con el Nuevo Mundo, donde contó con un socio de excepción:
Juan Núñez de Herrera ( 1533), quien l e permiti ó intercambiar productos comerciales, con
los que hizo fortuna mientras perduró el negocio
429
.
Consideramos trascende ntal el contexto geográfico de sus actividades, Sevilla,
como puerto de entrada de estas mercancías y a que, fue este un h echo clave para l a
trascendencia históric a de s u obra , tanto en lo intelectual como en lo pragmático por e l
hecho de permitir s u clima el desarrollo de determinadas especies. Fruto de su tarea, fue
incorporando a su patrim onio semil las, productos y objetos, que fueron, entre otras cosas,
la base del auténtico jardín bot ánico del que dispuso en el huerto de su casa hi spalense. En
él germinaron y se reprodujeron muchas de las semill as recibidas. F ue t al su éx ito
reproductivo que pudo servirse de ellas para la aplicación terapé uti ca experimental,
almacenando pro gresivamente un saber empírico que plasmó en auténticas aportaciones
427
Ibíd em, p. 39.
428
MON ARDES, N. Primera, S egunda y T erc era p artes de la H istoria Med icinal de las c osa s q ue
se traen de nuestras India s Oc cidentales que sirve n en Medi cina. Sevilla, 157 4.
429
Par a una impresión desd e la Histor ia de la Far m acia de esta relació n comercial véase E ST EV A
DE SAGRER A, J . La far macia, comercio y ciencia : Monarde s y Hernández co mo ej emplo. Offarm.
Revista d e la o ficina de Farmacia . V ol 25, Nú m. 11. B arcelona. Dicie mbre 200 6, pp . 68-73.
353
de farmacología experimental hispano-americana. El tabaco, el bálsa mo, la jalapa y
muchas plantas americanas fueron anunciados antes de su arribada al Viejo M undo y
perfectamente descritos en sus libros. Su suministrador de semillas era Pedro de Osm a y d e
Xara y Zejo, quien d esde el Perú, le escribiera al Doctor Monardes, c ómo los indios
utiliz aban las y erbas que éste le envía
430
.
Este hecho nos lleva a preguntarnos si ello representa un ejemplo de int ención
sincrética ent re las medi cinas d el Viejo y del Nuevo Mundo. C omo referente histórico
sobre la constancia d e antropocoria transo ceánica voluntaria, y en correspondencia al
esquema sintáctico descri to para esta tipo d e textos, dice Mon ardes en referencia al libro de
su autoría antes citado:
«
Un a cosa a ciertan d e lo qu e a quí está escri to, p arte de ell o
apren dimos d e lo s que de aquellas p artes h an venido qu e tienen
noticia d e ellas: y parte se atribu ye a sus comp lexiones y
calida des, que lo que pued e h acer: y parte hemos
experimen tado
»
431
.
Como demuestra la nota del autor, la transmisión d el conocimiento iba, a su vez,
acompañada de material botánico, semi llas, y m inerales. P or tanto, concebimos l a idea de
que esta “Antropoco ria Trasatlántica” entre Am érica y España se inicia por esta época,
sentando las bases del histórico intercambio biocultural y botánico.
Este caso representa u n ejemplo de i ntercambio bidireccional dad o que los
experimentos realizados por Monardes supuso el incremento del potencial terapéutico del
430
M ONARDES NICOLÁS. Historia Medicinal d e las cosas que se traen de nuestras Indias
Occidentales q ue sir ven en M edicina. Carta del 26 de dicie mbre d e 156 8. Bib lioteca Mo nardes. Se villa, Ed.
Pad illa Libros, 1 988. p 7 7.
431
Ibíd em: Nota del do ctor Nicolás Monarde s, p. 7 8.
354
material recibido toda vez que le fueron aplicados los fundamentos de la medicina europea.
Según Pé rez y Re y , co etáneamente y junto la del anterio r, l a de Simón de Tovar s erá
también una de las primeras huertas de hi erbas privadas donde se cultivaron especies
vegetales americanas utilizadas en España con fines terapéuticos
432
.
Paralelamente s e da la ci rcunstancia d e que, en 15 89, Tovar re cibió licencia real pa ra
llevar 750 esclavos negros a Indias a través de las Islas Canarias, dejando 500 en Cartagena
de Indias y el r esto a su libre disposición
433
.
432
LÓP EZ PÉREZ, M y REY BUENO, M. Si món d e Tovar (1528 -1596): Redes fa miliares,
naturaleza Americ ana y co mercio de m ar a villas en la Sevilla del XVI . Dyna mis . Acta hispanica ad
medicinae scie ntiarumque hist oriam illu strandam, N º. 26, 2006 , p . 86.
433
Ibíd em, p, 79.
355
6.3.1.
B
OTÁNICA Y
F
ARMACOER GASIA
.
T
RAS EL CONOCIMIENTO Y
DOMESTICAC IÓN TRA NSOCEÁNICA DE E SPECIES ÚTILE S
.
Los pu eblos autóctonos, americanos, conviene Leiva, pra cticaban la dom esticación
y selección d e plantas úti les y su difusión h acia nu evos t erritorios. Fue así com o el maíz, el
pimiento y el sisal vi ajaron desde las tierras altas de Méx ico hacia el sur del continente, y
desde éste hacia el norte, la piña, el cacao, el tomate, el tabaco y otros
434
.
Aunque la minería era la base de la economía española en América, la b otánica y
los cultivos precolombinos fueron p aulatinamente despertando el int erés e spañol a m edida
que iba redescubriendo para sí el continente y sus archipiélagos. Y no sólo l a corona
española era receptora de las informaciones re cogidas por c ronistas y viaje ros acerca de las
riquezas potenciales presentes en estos territ orios. Prueba d e ellos es el conocim iento que
tuvieron otras m onarquías y m iembros de l as nobl ezas europeas de la épo ca. Tal es el caso
de Am érico Vespucio, que en el año 1500, escribi ó su famosa carta “el Nuevo Mundo”,
dirigida a Lorenzo de Medicis en la que desc ribe su impresión acerca de la fertilidad de las
tierras antillanas:
“ La tier ra de aque llos pa íses es muy fértil. Árbo les g rand es
arraiga n allí sin cultiva dor, de lo s cuales, muchos frutos so n
deleitab les al gusto y útiles a los hu manos cuerpo s, otros
verdad eramente al con trario; y n ingú n fru to e s allí semeja nte al
nuestro”
435
.
Miguel Bernal llega a la conclusión de que en este proceso d e exploración,
explotación y dominio ex istían, por parte d e l a coron a española, las concesiones de
434
LEIV A SÁNCHE Z, L. “Lo s Ja rdines bo tánicos neotro picales y el inter ca m bio d e p lantas:
Pasad o, presente y futuro ” . M ono grafía s del Jardín Botánico de Córdoba , 1997, 5: 75-84.
435
Frag mento de la carta de 1 8 d e j ulio d e 1500 , dirigida de4sde Sevilla a Lore nzo di Pierfrancesco de
Medici, en Florencia. En VE SPUCIO AMÉ RICO. Frag mentos del Nuevo Mundo . Flor a y fauna, p. 1 6.
www.elaep h.co m (edit.) 20 00. Dispo nible en: http://W WW .educ.ar
356
monopolio de negociaci ón o explotación por un tiempo l imitado en los territorios
incorporados: en lo s primeros años de la colonización, la concesión afect aría al « res cate »
que, en un principio, era actividad exclusiva reservada al consorcio Coron a-Colón, aunque
todavía se harían cesio nes, por cuatro años. Un ejemplo de esta m odalidad sería el
monopolio de la especiería otorgado en 1540 a Belalcázar y su familia cuando éste
emprendiera la anexión a Popa y án
436
.
En particular, las pl antas medicinales despertaron gran int erés en los europeos por
el uso de l os remedios médico-naturales uti lizados por los indígenas mexicanos para el
tratamiento de sus enfermedades. L os esp añoles, antes que el rest o de Europa,
descubrieron el amplio conocimiento que los indí gena s precolombin os tenían de la
farmacopea y las pl antas medicinales. Estas no solo eran útiles para la alimentación y la
industria, sino también p ara l a salud; su uti lidad medicinal fue el princip al motivo por el
que en t oda Europa, in cluida España, se impulsara la creación de jardines Botánicos. Com o
el que había creado en Aranjuez en 1555 Felipe II, donde se cultivaban plantas medicinales
que luego eran utilizadas en la Casa Real.
El monarca, inte resado por la naturaleza americana, esp ecialmente po r el Libellus
de medicinalibu s indorum herbis, escrito en l engua nahu alt por el indio Martín de l a Cruz
en 1552, y traducido al latín por J uan Babiano, decidió que era preciso conocer mejor la
flora y la fauna de Nueva España.
436
MIGUEL BERN AL, A. “ La exp lotac ión económ ica de las co lonia s .” En: MEN ÉDEZ PIDA L,
R. Histo ria de España. La é poca d e los descubri mientos y la s conqui stas (1 400 -1570 ) Tomo XVIII . Madr id,
Espasa Calpe, 19 98, p. 507.
357
Según Guerra, M éxico, capital de Nueva Esp aña, imprim ió libros desde 1 539, es
decir, 27 años antes qu e Madrid que no tuvo i mprenta h asta 1566. Es nat ural que el l ibro
impreso desempeñará un papel decisivo en la trans misión de l os conocimientos médicos
entre España y sus colonias y facilitara además l a educación y l a práctica, como vehículo
de l a medicina española a los países nuevamente descubiertos. De ahí s e deduce que los
libros de medicina i mpre sos en las colonias español as de Amé rica y Filipinas a lo lar go de
tres siglos, sean ho y fiel testimonio de aquella medicina española de ult ramar y su m ejor
esfuerzo
437
.
Cuando Francisco Hernández (1517-1589) fue nombrado por Felipe II P rotomédico
General de las Indias en enero de 1570, se le encomendó la primera ex pedición científica
enviada por España a su s ti erras de América. La ruta de ida s alió de Sanl úcar y , pasando
por Gr an Canaria pa ra abastecerse, acabó en S anto Doming o en noviem bre de 1570.
Hernández era el primero que llegaba a América con la misión de, según instrucciones
dadas por Felipe II
438
, obtener informa ción de médi cos, cirujanos, herbolarios e i ndios ;
debiendo asimi smo registrar algun as generalidades sobre l os usos medicin ales, mane ras de
administrarlos, lugar de procedencia, clima y fo rm a de cultivo
.
Nos planteamos la posib ilidad de que est e hecho representa el prim er ejempl o de
farmacoergasia instit ucional sobre Folclor Médi co. Convino al monarca saber cómo se
cultivan para luego tratar de ac limatarlas y n aturalizarlas en España y así entrar en la
carrera competitiva intermonárquica europea de l a época consist ente en presumir de la
437
GUERR A, F RAN CISCO. Historia de la M ateria Méd ic a Hispano -Americana y Filipinas.
Inventario Cr ítico y Bibliográ fico d e manuscritos. M adrid , Editorial Af rodísio Aguado , S. A. 19 73.
438
Instrucciones d adas p or Felipe I I al Proto m édico general de to das las India s, islas y tier ra fir me
del Mar océa no, p ara hacer la Historia natural de las cosa s d e las Indias, po r e spacio y tie m po de cinco
años, con u n salario an ual de do s mil ducados.
358
posesión de nuevos fitor recursos capitalizables desde el punto de vista industrial, estético,
medicinal y alim enticio en una incansable búsqueda de alternativas económ icas- como
venía haciendo años antes los pioneros Nicolás Monardes y Sim ón de Tovar en S evilla.
Significa esto que el encuentro entre dos mundos y su flora no sólo contribu ye al
enriquecimiento mutuo en cuanto a la acum ulación y d esarrollo de conocimientos
fitoterapéuticos y botáni cos, sino además, al comienzo de un proceso, aún reproducible en
nuestros días, por el que l a antropocoria directa cobra ma yor relevancia frente a ot ras
formas de dispersión bot ánica como hasta la fecha habían sido la hidro coria, la z oocoria, la
areocoria o la o rnitocoria como principales agen tes de dispersión de las pl antas en largas
distancias y más concretamente en la transoceánica.
No sol o en las importaciones controladas, tambié n de forma indi recta las semillas
se dispersarán entre las mercancías del comercio tras e inte ratlántico, en las ropas d e los
viajeros y en el estóma go y pieles de anim ales. Este p roceso se incrementa a medida que se
desarrollan nuevas técnicas y m edios de nave gación, se expanden las rutas marítimas y se
crea n condiciones físi cas, científicas e institucionales para la recepción y proliferación de
especies foráneas en to dos los t erritorios continentales. En Europa, so bre todo, por l as
particulares condiciones bioclimáticas, la tendencia s erá el culti vo y reproducción en
jardines botánicos d e aclimatación en s u i ntento de naturalización p ara s u potencial
explotación in si tu o para su ex portación a ot ras colonias de simi lares posi bilidades
ecológicas para este fin
439
.
Siguiendo con el ejempl o, cuando Francisco Hernández regresó a España en 1577,
por encontrarse con una situación poco propicia para publi car su Historia Natur al de
439
V alga el ej emplo del árb ol del p an e xportad o en el siglo XVI II por la monarquía in glesa desd e
la Po linesia hasta su colo nia d e Jamaica par a econo mizar con s u hari na la ali mentació n d e los esclavo s q ue
trabaj aban en sus explotac ione s azucarer as.
359
Nueva España, presentó un memorial a Felipe II. En él señala de form a categórica las
plantas de S anto Domin go, Cuba y C anarias, t rat ando de dife renciar « l as natural es y las
introducidas en esas t ierras y la manera en qu e han de conocerse las plan tas de acá y de
allá»
440
. ¿Se trata del primer a nálisis comparativo entre flora del Viejo y del Nuevo
Mundo? ¿ Fue tan significativa la coincidencia bot ánica fruto d el intercambio y la
aclimatación i ntercontinen tal de especies que el a utor advirtió l a necesidad de plantearse el
memorial como un compendio integrador formand o por las Antillas y Canarias?
Durante los siguientes doscientos años ningún ot ro re y esp añol enviaría e x pedición
alguna a l a América hispana para pros eguir l a interesante labor de Hernández . Al respecto,
Blanco y Zamudio afirman que durante el reinado de F elipe II , la enemistad con otras
potencias coloniz adoras europeas como Inglaterra, Francia, Países Bajos y Portugal, cr eció
y se materializ ó en continuas guerras por la pose sión de las tierras bajo dom ino español.
Esto ocurría en el úl timo t ercio d el siglo XVI. Así, durante todo el si glo XV II, la debilidad
interior del estado españ ol se acentuó debida, en gran medida, a l as sucesivas g ue rras y
derrotas du rante los reinados de Felipe II, Felipe IV y Ca rlos II. A esta creciente
decadencia co rrespondió la proliferación, en el s iglo XV III , de colonias inglesa s francesas
y holand esas en regiones de América que antes era n súbditas de España
441
.
Este periodo no ha sido abordado ínte gramente por l os estudios de his toria de la
botánica en España en su relac ión con América. Est e l apsus en el d esarrollo de las
expediciones científicas auspiciadas por l a C orona de Españ a significa un entorpecimiento
440
HE RNÁNDE Z, F RANCISCO . Histo ria de las p lantas de Nueva España, 3 to mos, 19 42-19 46,
México, I nstituto de B iolo gía de la Universidad Nacio nal A utónoma d e México . I mprenta U niversitar ia.
194 3. lib. 5 , cap. I, t. III : 695.
441
B LANCO FE RN ÁNDEZ DE C ALEYA y ZAMUDIO VA RELA, G. La e xpedició n de M artín
Sessé e n Cuba. E n: SAN P ÍO ALARDÉN M ª.P y PUIG- SAMPE R M U LERO. M. A; O pus cit, 19 99, p p.
53-62.
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del ya inici ado proceso de di spersión de la di áspora d e l a flo ra ameri cana. En cambio,
lejos de concebir l a ausencia de aconte cimientos históricamente si gnificativos, pensamos
que ello significó un proceso de desarrollo antrop ocorio paralelo en el área del Atlántico y a
que, en este p eriodo béli co y de recoloniz ación p or parte d e otras potencia s marítimas y su
consecuente intensifica ción del tráfico marítimo, se enriqueció más aún e l patrimonio
natural y la difusión de l a flora americana a a mbos l ados del océano. No solo navíos
oficiales prota gonizaron estos hechos, corsari os, piratas, aventureros y filibust eros
surcaban los océanos contribu ye ndo, intr ahistóricamente y a s u forma, a este particular
proceso.
Los portugueses si guieron ext endiendo su búsqueda hacia nuevas isl as como Ceilán
hasta descubrir las famo sas Islas de las Especies. El intento d e control del comercio con
estas islas produj o nu merosos enfrentamiento s entre portu gueses y españoles que
terminaron cuando Felipe II unió las dos coronas en su reinado. En el siglo XV II la armada
y el corso holandés capit alizaban su posición en el Caribe y en el Pacífi co mediante el
comercio de las especies y el trueque de especie con m oneda real
442
.
Así resulta ser, según h a podido constatar Santana Pérez, (2004), que las I slas
Canarias se convirtieron en un foco de int erés para Holanda. En los si glos XVII y XV III
existi ó contacto regular entre ambas z onas des de el si glo XV I. Los b arcos holandeses
hacían habitualmente escala en las islas dentro d e su comercio atlántico. Participaron en el
comercio de es clavos, en las actividades pesqueras en Berbería, en el contrabando
americano y en los ataques corsarios contra l os in glese s y portu gueses. Gracias a l a a yuda
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B OTANICAL-ON LINE. Histo ria de las Especias. [Consultad o el 24 marzo 2010] . Disponible
en web: http:// ww w.botanical- online.co m/comercioespe cias.ht m 199 9-201 2.
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cuño, nuevos procesos de ins titucionalización, estancias en el extranjero como la
formación de la que disfruto Viera y C lavijo en Francia, etc.
450
.
Pero la introducción de estas nuevas discipli nas no conlleva si empre la n ecesaria
crítica i ntracientífica. En opini ón de Gonz ález, importa m ás el uso de la Ciencia que ésta
en s í misma, d e modo q ue las p reocupaciones d e índole metodoló gico, precisas para el
avance propio del conocimiento, quedan alejad as, s alvo ex cepciones, d e este proceso
incorporador de nuevos saberes
451
.
En este sentido, comparti mos con Puerto Sarmiento l a opinión de que, de entre las
reformas consideradas m ás necesarias por l os ases ores de la nuev a dinastí a española, las
realizadas en el Ej ército y en la Sanidad
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fueron favorecidas por la int roducción de los
conocimientos positivos. Esta consideración coincide con la opinión de Lafuente y Peset
cuando refieren que la r eorganización milit ar er a el objetivo prioritario i mprescindible
para acometer futuras r eformas en otros estament os; la acomodación del ejército a las
nuevas necesidades d efensivas y d e ex pansión de l a Corona esp añola obligó a la
formación de especialistas en disciplinas y actividades t ales como la cons trucción naval,
la fortificación de plaza s, la carto grafía, la hidrografía, el pilot aje náutico, etc., lo que
trajo consi go un cierto desarr ollo, bajo presupuestos prácticos, de algunas disciplinas
450
En r elació n a esta te mática véanse los traba jo s de RICHAR HE RR. E spaña y la Re volució n de l
siglo XV III. Madr id, Aguilar , 1 975 ; DOMÍN GUEZ O RTIZ, A. Carlos III y la España de la Ilustració n.
Madrid , Alianza E ditorial, 1 988 ; ARTOLA, M. " Améric a en e l pe nsamiento e spañol d el siglo X VIII" .
Revista de I ndia s , 1 15 -118, 196 9, p. 51-77 ; JOVER ZAMOR A, J. M. (Dir. ) “ La ép oca de la I lustración. El
Estado y la Cultura (17 59-18 08)”. Historia de España, 31 . Madrid , Espasa Calpe, 1 987.
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ilustrada. E n: FE RNÁN DEZ PÉREZ. J, G ONZ ÁLEZ T ASCÓN. I ( coor d.) Ciencia, T écnica y E stado en la
España il ustrada. Madrid -Zaragoza, MEC-Socied ad Españo la de Historia de las Ciencia s y la s T écnicas,
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452
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