De Yturriaga Barberán, José Antonio, Portugal, Irak y Rusia. Semblanzas diplomáticas de unas misiones sensibles, Burgos, Dossoles, 2007. [Reseña]
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www.reei.org DE YTURRIAGA BARBERÁN, José Antonio, Portugal, Irak y Rusia. Semblanzas diplomáticas de unas misiones sensibles, Burgos, Dossoles, 2007, 302 páginas. Autor prolífico que no requiere presentación entre los internacionalistas, José Antonio de Yturriaga Barberán nos regala una joya con estas memorias de tres episodios de sus misiones diplomáticas. No cabe duda que la obra Portugal, Irak y Rusia hace honor a su subtítulo y a su dedicatoria. Son, sin dudarlo, semblanzas diplomáticas de misiones sensibles: sensibles los momentos históricos referidos –la transición política portuguesa tras la Revolución de los Claveles, los momentos críticos de la guerra irano-iraquí, y, por último, la presidencia de Yeltsin en Rusia en los episodios más complejos de su mandato-; como sensibles fueron los acontecimientos en los tres episodios – el asalto a la embajada española en Lisboa, el desinterés gubernamental por las relaciones hispano-iraquíes a pesar de la presencia empresarial española en el país, y los bombardeos de la OTAN sobre Kosovo, como preludio a una visita del presidente del gobierno, convertido en adalid de la Organización ante una muy crítica sociedad (y Gobierno) rusa. Todo ello adornado con el humor y la ironía, y a veces el testimonio de la incontenible franqueza, de un “granaíno”, afincado en Sevilla, de donde saldría para hacerse universal. Diplomático –genio y figura- José Antonio de Yturriaga se permite desvelar lo que su celo profesional durante muchas décadas le obligó a guardar para sí. Cuántos enfados no habrá aún provocado la lectura de esta obra en antiguos responsables de los sucesivos Ministerios de Exteriores... Cuántas sonrisas en los rostros de nuestros jóvenes diplomáticos hoy en el exterior, ante la fotográfica imagen de la casi permanente escasez de medios, de comunicación y de articulación entre nuestros sucesivos gobiernos y nuestros fieles diplomáticos itinerantes. En todo ello honra la obra a una profesión dura y desconocida, mitificada las más de las veces: la diplomacia de Estado. Y por todo ello dedica José Antonio de Yturriaga su obra ”a los diplomáticos, esos desconocidos”. El libro se estructura en un autoprólogo y tres capítulos, tres momentos históricos, saltando hacia delante en el tiempo. El autoprólogo (pp. 9-14) nos introduce en la biografía del autor, siendo muy significativa la descripción de su entorno familiar –ajeno a la profesión diplomática- y de sus años de preparación previos a la oposición que le permitiría comenzar su carrera diplomática como Secretario de Embajada en Liberia (1965-1967), desempeñando los puestos de Cónsul en Dusseldorf (1967-1970) y Asesor Jurídico Internacional (1970- 1975) antes de llegar a Lisboa, en 1975, momento en el que arranca la obra que comentamos. El primero de los tres capítulos, “Portugal” (pp. 15-82), nos sitúa en Lisboa en mayo de 1975, cuando José Antonio de Yturriaga se incorpora, como consejero político, al equipo del embajador Poch, que recibiera el placet del primer gobierno portugués postrevolucionario. Muy pronto, y ante la ausencia del Ministro Consejero, pasaría a ocuparse de las cuestiones Culturales como Consejero, aunque conservando ciertas
16 REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS INTERNACIONALES (2008) -2- competencias políticas, bajo la directa encomienda del embajador Poch. Yturriaga asistiría a la complicada situación portuguesa durante el año de 1975, de dónde saldría con los demás componentes de la legación tras el asalto a la Embajada española en Lisboa. El incidente ocurrió la noche del 26 al 27 de septiembre, como reacción anticipada a las ejecuciones de miembros de la organización armada ETA y del FRAP, que tuvo lugar el día 27 de septiembre, semanas antes de la crisis cardiaca que poco después llevaría a la muerte a Franco. En un momento tan complejo tanto en la vida política portuguesa como en la española, la actuación del embajador Poch en la crisis y asalto a la Embajada en Lisboa fue duramente criticada en Cortes. Tras su reincorporación a su puesto en Lisboa en diciembre de 1975 tras la entronización del Rey como Jefe de Estado, pasaría apenas cinco meses en su Lisboa, con presencia intermitente, antes de recibir su nuevo destino. El segundo capítulo, “Irak” (pp. 83-160), comienza con el nombramiento de José Antonio de Yturriaga como Embajador en Irak en 1983, bajo el Ministerio de Fernando Morán, en el primer gobierno socialista. Entre Lisboa e Irak, José Antonio de Yturriaga había ocupado los puestos de Subdirector General de Cooperación Terrestre, Marítima y Aérea –de nueva creación- (1976-1980); Jefe de la Asesoría Jurídica Internacional (1981); Secretario General Técnico (1982). No había ocupado puesto en el exterior, por tanto, desde su cese como Consejero Cultural en Lisboa y era la primera vez que actuaba como Embajador ante una potencia extranjera. Allí agotaría un período de cuatro años, abandonando Irak el 19 de julio de 1987, rumbo a Irlanda. Este capítulo resalta especialmente la complejidad de la labor del diplomático en el exterior en zonas especialmente sensibles, en guerra y donde la amenaza para la propia vida es constante. Si en tal contexto los medios disponibles son escasos y la comunicación con el Ministerio –y el Ministro mismo del ramono es fluida, como testimonian los extractos de correspondencia reproducidos por el autor (“Tormentosas relaciones con al Superioridad”, pp. 138-160), el desánimo en la misión es comprensible. Aún así, trabajador incansable y, ante todo, responsable, José Antonio de Yturriaga no cejó en su empeño de mejorar las relaciones económicas, culturales y políticas entre ambas naciones en un momento en el que el gobierno español no atendía especialmente la política bilateral con Irak. Tras abandonar Irak, José Antonio de Yturriaga continuó sus quehaceres como Embajador en Irlanda (1987-1991), como Embajador–Presidente del Consejo Superior de Asuntos Exteriores (1991-1992) y como Representante Permanente ante las Naciones Unidas, la OIEA y la ONUDI en Viena (1993-1996), antes de ser nombrado el 22 de noviembre de 1996, Embajador en la Federación de Rusia y “Embajador concurrente –en régimen de acreditación múltiple y con sede en Moscú- en Armenia, Azerbaiyán, Belarús, Kirguistán, Georgia, Uzbekistán, Moldavia, Kazajstán, Turkmenistán y Tadyikistán” (p. 162). En el tercer y último capítulo, “Rusia”, (pp. 161-300), se expone con detalle la complicada situación que atravesaba la presidencia de Yeltsin, la pérdida de popularidad, su enfermedad y reclusiones temporales en su dacha, los cambios de
Portugal, Irak y Rusia. Semblanzas diplomáticas de unas misiones sensibles -3- gobierno... En tal contexto, el Embajador Yturriaga organizó y llevó a buen puerto tres visitas protocolarias: la primera, de SSMM en comienzos de mayo de 1997 (pp. 186- 208); la segunda, del Presidente del Gobierno a Kazajstán a finales de octubre de 1997 (pp. 212-2145); y la tercera, del Presidente del Gobierno a Rusia en mayo de 1999, poco después de los bombardeos de la OTAN sobre Kosovo (pp. 249-291). En todas estas visitas, sus protagonistas iban acompañados de sus respectivos cortejos de personalidades y miembros del gobierno. A estas tres complejas visitas habría que añadir en este período una escala técnica de SSMM en Alma-Ata (Kazajstán) en febrero de 1998, evitando el espacio aéreo de Medio Oriente en un viaje de regreso a España desde Filipinas. Con independencia del comentado incidente de la sustitución del saludo personal entre Aznar y Yeltsin por una pintoresca conversación telefónica (18 de mayo de 1999), incidente al que el autor dedica páginas en las que aún se destila una cierta incomodidad, estas visitas constituyeron importantes hitos en las relaciones bilaterales hispano-rusas. Este período ruso de la vida profesional de José Antonio de Yturriaga parece sembrado de situaciones de incomodidad para el siempre trabajador diplomático: la visita extemporánea de Esperanza Aguirre, a la sazón Ministra de Educación y Cultura (pp. 235-245) y la visita de parlamentarios españoles a Moscú con motivo del centenario de la Unión Interparlamentaria, presidida en aquel momento por un español – Miguel Ángel Martínez-, durante el período vacacional del Embajador (pp. 245-249) no dejaron de provocar reproches en la prensa y en el Parlamento que tenían por diana al Embajador Yturriaga. Esa negativa experiencia hizo al Embajador en una nueva visita de parlamentarios españoles a Moscú durante sus vacaciones de 1999 alterar sus planes volviendo a Moscú durante el período de permiso estival para acompañar al grupo en su reunión de la Asamblea de la OSCE (pp. 290-291). Pese a su cese repentino en julio de 1999 –que se publicaría en BOE el 13 de septiembre de 1999-, pese al “infarto de miocardio agudo de gran extensión y localización posterior interior”, pese a las duras opiniones vertidas a la prensa por algunos parlamentarios, pese a todo ello, el Embajador Yturriaga, “looking back without anger”, procura “rememorar con objetividad, sinceridad y cierta distanciamiento las luces y sombras de [sus] vivencias personales, teñidas naturalmente de subjetivismo”. Sin duda lo consigue. Haciendo un balance de esta obra, junto a las múltiples aportaciones de detalle, las anécdotas, las descripciones emocionales de las relaciones con la superioridad, con los responsables políticos españoles, con sus compañeros de misión, con sus contrapartes locales en el extranjero, es de reseñar la agilidad de la narración. Como ya se habrá observado, cada uno de los sucesivos capítulos es significativamente más largo que el anterior (ocupando el tercero de ellos prácticamente la segunda mitad de la obra). Paradójicamente cada uno de ellos se lee más rápido y con más interés, como si de la mejor de las novelas de ficción se tratara, siendo una obra de memorias, reflexión y pensamiento. Y no se debe olvidar el componente gráfico de la obra. Su trescientas dos páginas se ven acompañadas de más de una veintena de fotos de su archivo personal en las que junto a alguna retrospectiva familiar se encuentran testimonios del estado de la
16 REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS INTERNACIONALES (2008) -4- residencia diplomática en Lisboa tras el asalto, la visita de Samaranch a Rusia, fotos de un joven Saddam Hussein, de SSMM y del Presidente Aznar en sus viajes a la Federación de Rusia, y otras no menos significativas de los momento vividos por José Antonio de Yturriaga Barberán en los tres destinos descritos. En cuanto a los mensajes complejos que se ocultan tras el recuento de la historia y la vivencia, el primer capítulo ilustra la dificultad inherente a la toma de decisiones por los diplomáticos en el exterior en situaciones de riesgo, y la difícil comprensión de las mismas y la fácil crítica desde el interior del Estado, existiendo una distancia enorme entre el Parlamento y los medios de comunicación frente a la acción exterior de nuestros diplomáticos (pp. 60-69: “Polémica sobre la actuación del Embajador”). Este extremo vuelve a ponerse de manifiesto en el tercer capítulo (pp. 278-291: “Reacciones a la visita a Rusia”). Aún tratándose de Cortes bien distintas –las tardo-franquistas- y las Cortes plurales de la década de los noventala reacción fue aparentemente la misma: la crítica desinformada de las actuaciones de los Embajadores Poch e Yturriaga en las circunstancias complejas de Lisboa en septiembre de 1975 y en Moscú en 1999. El segundo capítulo, en cambio, nos aporta una imagen clara de la dificultad de la potencia media, su administración, la burocracia centralizada, la falta de comunicación entre políticos y diplomáticos.... que probablemente retrata aún hoy (una década después de la última de las situaciones narradas y 33 años después de la primera de ellas) el servicio exterior español. Es una obra importante en el estudio de la política exterior española para la correcta comprensión de cómo se idea –si acaso ocurre-, de cómo se gesta y de cómo se ejecuta. Nos aporta una interesantísima imagen de primera mano de momentos históricos clave en la historia de tres Estados –Portugal, Irak y Rusia- en las relaciones internacionales contemporáneas: Portugal, por cuanto vecino y socio ibérico; Irak como escenario de sucesivas guerras y décadas durante las cuales ha servido de tablero de ajedrez de las grandes potencias –y aún hoy....- y Rusia como potencia mundial de difícil comprensión desde parámetros occidentales. Esta monografía ayuda a acercar el mundo diplomático –y desmitificarlo- a los neófitos, a los estudiantes y al público en general; al mismo tiempo, es una obra de estudio y análisis que ofrece claves valiosas al erudito para entender determinados momentos y lugares de las relaciones internacionales contemporáneas. Eulalia W. PETIT DE GABRIEL Profesora Titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales Universidad de Sevilla