Historia de las bibliotecas
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Ncut í* á MEMORIA ESCRITA POR SEVILLA.—1892. FRANCISCO LEAL YC.aEDITORES HARINAS 3.
HISTORIA DE LAS BIBLIOTECAS
DONACION MONTOTO .. ¿T* 9- DE LAS BIBLIOTECAS MEMORIA ESCRITA POR SEVILLA—1892. FRANCISCO LEAL YC.aEDITORES Harinas 3.
SEÑORES: I, presentarme esta noche entre vosotros, siento el temor que acompaña al que carece de méritos yde condiciones. Sin embargo, amante de Sevilla yadmirador de sus glorias, propóngome prestar mi débil concurso ála marcha progresiva de vuestros trabajos, siquiera sea como un microscópico grano de arena forma las masas silíceas de los desiertos. La benevolencia no desmentida en esta sociedad, sírveme de guía para molestar vuestra atención algunos momentos. Podría pareceres árido e! tema escogido; más si alguna aridez encontráis, achacadla ámi falta de conocimientos, no ála importancia entrañada por el título de esta memoria.
12 genete formó una nueva Biblioteca que se conservó hasta principio deí siglo 17 que fuá destruida por Amurates (4.0), Volviendo álos tiempos bárbaros ómejor dicho al periodo de la Edad Media, diré que Casiodoro principió áformar Bibliotecas en los monasterios. El papa Hilario I, fundó dos en Roma; Zacarías organizó otra en la Iglesia de San Pedro: Cario Magno creó la de la Isla de Barbe, una en Lyon, la de Aix de la-Chapelle ySaint-Gall. Todos los monasterios ycatedrales tuvieron bien pronto Bibliotecas. Las actas de los Benedictinos dan curiosísimos detalles de aquellos monumentos de la inteligencia humana, yde tal modo ycon tal aprecio conservan los libros ycódices, que habiendo ocurrido un incendio en la célebre abadía de Fleury los monges solo se cuidaban en salvar su Biblioteca, sin pensar en los demás departamentos del edificio. El número de volúmenes en los siglos 10, 11 y12 llegaba por regla general ámás de 100.000 en muchos monasterios, yla fundada por San Luis (rey de Francia) en la Santa Capilla fué objeto de estudio.
—13 En España, fueron acaso las más numerosas éimportantes las de la Universidad de Salamanca, Sahagun, Burgos, Granada, Barcelona yZaragoza. Hoy que se han fundado Bibliotecas provinciales con las de los antiguos conventos, diremos que Madrid posee tres Bibliotecas: la Nacional, la de San Isidro yla de la Universidad. La primera fué fundada por Felipe V, contando en la actualidad cerca de 500.000 volúmenes ymás de diez mil manuscritos, siendo su monetario sin duda el primero de Europa. La segunda pertenecía álos Jesuítas yconsta de cerca de 65.000 libros. La tercera es célebre por contener la Biblioteca complutense que fundó el cardenal Ximenez de Cisneros. Además de estas Bibliotecas existe la del Escorial establecida en el hermoso monasterio de San Lorenzo (real sitio) fundado por Felipe II, yconsiderado dicho edificio por sus grandezas como la séptima maravilla del mundo. Dicho Monasterio sirve de panteón para la familia real de España, ysu Biblioteca es la más grandiosa de Europa. Barcelona también cuenta con soberbias
—14 Bibliotecas, yla mayor parte de nuestras capitales, especialmente Sevilla. Permitidme, Señores, detenga la relación histórica que voy haciendo, para fijar un examen de las Bibiotecas de esta ciudad. La Colombina es realmente un magnífico caudal de obras, un compuesto de fuentes, donde el talento podrá encontrar medios de conocer la historia de aquellas epopeyas gloriosas que engalanan las páginas de la historia andaluza. Allí viven los recuerdos del descubrimiento de las Américas, allí se encuentran los sublimes rasgos de aquellos hombres, cuyas cabezas no aceptan todas las coronas mundanas, allí se guarda como oro en paño documentos, manuscritos, fechas, datos, tesoros inapreciables para ¡as inteligencias observadoras. Esta Biblioteca fué fundada por don Fernando Colón. Además tiene Sevilla la Biblioteca de la Universidad, fundada en 1842 por don Fernando Lafuente; consta de 64.852 volúmenes y228 manuscritos en vitela yárabe; existen las Bibliotecas del Instituto la Provincial, La Normal, la de la Escuela de Medicina, la del Palacio Arzobispal, Seminario yAteneo, esta
última data su fundación del aflo 1886 ycada dia progresa en su colección, gracias al esmero del Ilustrado Bibliotecario señor Gradan. ¡Lástima grande que en esta capital, Atenas antigua ymoderna de las letras, artes yciencias españolas, emporio del talento donde tantos hijos ilustres dieron áconocer las ráfagas de sus génios, se encuentren Bibliotecas abandonadas, donde la polilla es el lector más asiduo, yla destrucción el Bibliotecario más constante. Avosotros los que escucháis, ysobre todo álos que sois maestros toca el remediar esta incuria, que casi raya en crimen científico, porque crimen habéis de llamar al abandonar esas Bibliotecas, donde la juventud estudiosa no encuentra más que insectos yvolúmenes desflorades. El gobierno ybuena administración del Estado exigen que se conserven yperpetúen aquellas noticias más importantes que trasmiten las glorias de sus pueblos, sus hazañas, sus vicisitudes ycontratiempos: ytambién los documentos que comprueban sus contratos con las demás naciones, sus acciones y
i6 — derechos en la sociedad general de todos los pueblos, ylos títulos en que descansan estos mismos derechos yacciones, ysus propiedades, su comercio ycuanto constituye su ser político ysu existencia material. La administración, pues, tiene un derecho al mismo tiempo que un deber en la conservación de dichas noticias, lo cual no podría verificarse sin que los papeles ydocumentos que las conservan se reúnan ycustodien cuidadosamente. Yhe aquí, señores; el origen yobjeto de los monumentos públicos conocidos con el nombre de Archivos. No fué España, por cierto, la que más atención puso en la conservación de ¡os papeles ydocumentos que podian interesarla, y este descuido se motejó con razón por las demás naciones. Verdad es que las continuas guerras y turbulencias que padeció en distintas épocas, impidieron ála administración que pudiese dedicarse con todo ahinco átan importante objeto. La dominación de los moros ocasionó la pérdida de infinitos documentos útiles; álo cual se agregaba, que no teniendo la corte
un lugar determinado, como puede decirse que no le tuvo hasta el reinado de Felipe II se hacia tanto más difícil la custodia de los papeles que no tenia otro archivo que las manos de los Secretarios yMinistros. Los reyes D. Juan II yD. Enrique IV, Mandaron al fin recoger algunos papeles y documentos en el Alcázar de Segovia yen el Castillo de la Mata de Medina; ha-ta que en tiempo de los serenísimos reyes católicos se reconocieron yaumentaron en virtud de diferentes cédulas ydisposiciones dirigidas á este fin. Estas mismas órdenes se repitieron por el rey Carlos I,pero la sublevación de ios comuneros en 1520 las hizo inútiles, pues que estos quemaron cuantos papeles de la Corona yde! estado cayeron en sus manos. Apaciguadas las turbulencias, fué necesario hasta impetrar la Bula de la Santa Sede, en 1531, comprendiendo átoda dase de personas áque entregasen los papeles que tuviesen órevelasen los parajes en que se encontraban. Se reunieron pues en bastante número, aunque muchos de ellos inutilizados, por
—18 — efecto del mismo cuidado que algunos hablan puesto en custodiarlos bajo de tierra; pero de todos modos, los papeles así reunidos formaban una colección informe yconfusa, hasta que bajo el reinado de Felipe II se puso más atención en su arreglo. Sin embargo, la traslación de la córte de Madrid áValladolid, yotra vez áMadrid en tiempo-de Felipe III, el descuido que hubo sobre ello en el reinado de Felipe IV, la privanza del Cardenal Duque de Lerma, la del Conde Duque de Olivares, la conducta menos conforme de sus secretarios, todas fueron causas muy poderosa para el extravio de papeles ydocumentos importantes, el que se separó en cierto modo por la merced hecha al primero de dichos favoritos en real decrede 5de Abril de 1625 de que retuviese en su poder yen los Archivos de su casa famú lia, vinculándose en ella los papeles que se dedicó al fin ábuscar yrecojer, yconsiguió en bastante número, mandándose igualmente que se le entregase algunos libros ydocumentos tocante ála casa de Austria, yotros papeles que había traído el Archiduque Carlos.
—19 — En el reinado de Felipe V, fué cuando con más celo yeficacia se ordenaron yarreglaron los Archivos públicos, se recuperaron en los papeles yse fijó un método constante para en conservación ycustidia. Cuando por efecto de las repetidas turbulencias, las continuas guerras ylas diversas revueltas ysublevaciones, conoció la administración que no era posible, las pérdidas óextravio de papeles importantes, en tanto que no estuviesen bien custodiados, determinó colocarlos en sitios fuertes yseguros donde se encontrasen ácubierto de cualquier accidente contrario. Entre estos sitios fué uno el castillo ófortaleza de Simancas, al cual se mandaron llevar los documentos que se nallaban en otros parajes menos segyroy más expuestos áser invadidos cuando alguna mera turbulencia -apareciese. Este fué el origen de dicho Archivo, cuya antigüedad casi no puede fijarse exactamente. Después de estos ligeros detalles, concretaría un poco de espacio áclasificar el cuadro de las Bibliotecas de Europa. Italia tiene la Biblioteca del Vaticano fun-
20 dada por el Papa Nicolás Vyla cual cuenta con más de 40.000 manuscritos y30 libros. En Bolonia, Ferrara, Turin, Venecia,. Pádua, Milán, Florencia yNápoles existen grandiosos templos consagrados álas obras intelectuales. París tiene 40 Bibliotecas, las cuales pueden considerarse como las principales de Europa; éstas reúnen un número de dos millones de volúmenes. En Bélgica, la Biblioteca de la Universidad de Leida, fundada por Guillermo de Orauge, es la principal, que se compone de 50.000 obras impresas y10.000 manuscritos. Los hay además en Amsterdam, La Haya, yotros puntos. En Bruselas existe la célebre Biblioteca de Borgoña. En Alemania es donde hay mayor número de Bibliotecas. En treinta ciudades tan solo se encuentran seis millones de obras impresas. La Imperial de Austria, fundada por el Emperador Maximiliano pasa hoy de seiscientos mil volúmenes ytiene unos 12.000 manuscritos hebreos, árabes, griegos, latinos ytevecos. Berlin posee siete grandes Biblio-
21 tecas: Munit yDresde atesora quizás las más curiosas ynotables del Norte de Europa, poseyendo la segunda 3000. Hesse cuenta con la Biblioteca de Cassel que consta de ochenta viilvolumenes . Wurtemberg con la de Stugard con docientos mil pudiendo decirse lo propio de los demás Estados alemanes. En Suiza hay cuatro importantísimas Bibliotecas; una en Bále, otra en Berna, otra en Yeveih yotra en Ginebra; todas son ricas en manuscritos, especialmente de la Edad Media. Hay en la primera un Nuevo Testamento escrito con letra de oro, yErasmo se valió de él para conseguir la versión de este sacrado libro. En Inglaterra, Escocia éIrlanda, son numerosísimas las Bibliotecas públicas. La de Asaforel es una de las mejores, ytiene asignado 300.000 reales anuales, con cuyo presupuesto compró áVenecia; por el doble de esta cantidad 240 manuscritos hebreos, griegos ylatinos. Suecia, Noruega, Dinamarca, Rusia, Portugal, cuentan con famosas Bibliotecas. En la de Upsal existe el primer libro impreso en Suecia (1483).