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Derechos humanos emergentes y comunicación

Diez, Alfonso

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------------------------------------------------------------------ Capítulo 25. Págs. 324 a 330 --------- Capítulo 25 Derechos Humanos Emergentes y Comunicación * Alfonso Diez ** * Transcripción de la ponencia/conferencia del mismo título pronunciada en el “Congreso Universal sobre Derechos Humanos Emergentes y Medios de Comunicación”, celebrado en el Salón de Grados de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, España, los días 24, 25 y 26 de noviembre de 2014 y organizado por el Equipo de Investigación de Análisis y Técnica de la Información de la indicada Universidad. ** Periodista en ejercicio, profesor en la Universidad Complutense, Madrid, España y presidente de la “Organización de Periodistas en Internet”. ace ahora un siglo, el político, médico y periodista francés Georges Clemenceau afirmo rotundamente que "La guerra es un asunto demasiado serio como para dejárselo a los militares", bien lo debía saber porque estaba inmerso, como primer ministro de Francia en gestionar el último año de Guerra Mundial; lo que nunca he comprendido es como siendo un político en activa actitud crítica con los políticos, no lo hizo extensivo también a la política y a los políticos, sobre todo mirándolo desde la perspectiva del periodista tan perseguido y censurado años antes que incluso llegó a cambiar el nombre de su periódico: de “El hombre libre” pasó a “El hombre encadenado”. ¿Por qué he comenzado así?: Para constatar que le pasó por alto lo que sucedía con los periodistas entonces y sigue sucediendo hoy, que con la profesión periodística se da la circunstancia contraria: el periodismo es un asunto tan serio que se deja en manos de cualquier indocumentado en la materia antes que en la de los propios periodistas. La realidad y la historia nos demuestran que los Políticos y los Militares gestionan con bastante soltura e impunidad sus serios asuntos; y, los políticos siempre, los militares a veces, buscan tiempo para gestionar y controlar, cada vez menos en la sombra, un asunto tan sencillo, y a la vez tan complicado, como es el oficio de informar. Oficio que conlleva el deber de satisfacer H ------------------------------------------------------------------ Capítulo 25. Págs. 324 a 330 --------- honradamente el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz, comprensible y seria. Ahí es donde los poderes no pueden resistirse a la tentación de desarrollar tentáculos para controlar todo ese flujo que desean favorable siempre, ya sea por las buenas o por las malas. Control férreo en las dictaduras; control indirecto y a veces hasta sutil, en las democracias. Cuando hablamos de ejercicio activo de la libertad de expresión de que hablamos? Pues probablemente estemos convencidos de que se trata de la libertad que debe tener cada periodista para transmitir honradamente lo que conoce, para actuar objetivamente, es decir sin deformar voluntariamente los hechos, transmitiendo informaciones que afectan o afectaran a la vida de los ciudadanos. Todo esto es una hermosa teoría. La libertad de expresión no la tienen los periodistas, la tienen y la ejercen los propietarios de los medios de comunicación cuando no se ven abocados a plegarse a los dictados del poder de turno. Así las cosas y con las leyes laborales actuales, los periodistas, obligatoriamente forzados a hacer suyo el principio “primum vivere deinde philosophari”, serian muy optimistas si entendieran como una realidad su libertad de expresión, cuando no pasa de ser una ilusión virtual. La inseguridad laboral absoluta y los sueldos cada vez más bajos dan como resultado una seguridad cada vez más absoluta de control a los empresarios y a los poderes que les soplan al oído, con menor discreción cada día. No se sorprendan por esta introducción. Tras cuarenta años de ejercicio activo y continuado de la profesión periodística, he llegado a constatar lo mismo que el catedrático de Economía, Valentín Andrés Álvarez, quien, hace medio siglo, tras escribir un magnifico tratado de economía, aseguró a un periodista extranjero que lo entrevistaba, que no había viajado nada para hacerlo, le había bastado con extrapolar lo que iba viendo todos los domingos en el mercadillo de su pueblo. Yo pienso como él, que a los periodistas y al periodismo le sucede en todos los lugares casi lo mismo. El titulo de mi conferencia, sumado al del Congreso: Derechos Humanos Emergentes y Medios de Comunicación, deberían llevarme a internacionalizar aparentemente mis palabras, pero les agradeceré que no se confundan: están internacionalizadas desde el principio. Durante unos años estuve representando a periodistas españoles en la FIP, la Federación Internacional de Periodistas. Reconozco que al principio era una misión deslumbrante, pero día a día fui observando que la organización funcionaba de una manera absolutamente ------------------------------------------------------------------ Capítulo 25. Págs. 324 a 330 --------- cínica, hipócrita y desvergonzada. Por la mañana en una reunión de múltiples nacionalidades se decidía condenar el despido de periodistas o la precariedad laboral o la utilización de becarios para cubrir puestos de plantilla… Por la tarde el secretario general despedía sin piedad, sin razón objetiva, contrataba por salarios de hambre y qué decir de su uso de becarios. Condenábamos el nepotismo para ocupar puestos relevantes en los medios; un rato después el Secretario General de la FIP cesaba a la vicesecretaria general, un personaje histórico y muy querido y nombraba a su novia, … esto en una organización en desarrollo creciente, no por méritos propios, sino gracias al hundimiento de la otra internacional, la OIP, por su vinculación a los países del Este y la caída del muro de Berlín que le rompió los esquemas. Gentes de muchos países votábamos, unos con cara de bobos, otros bastante escandalizados, propuestas que ni el más ingenuo esperaba que se cumplieran en nuestra propia sede. Nosotros al final nos rendimos y abandonamos, sumándose a eso que nuestro sindicato matriz en España nos avergonzaba debiendo buena parte de las cuotas. Tardaron años, pero al final acabaron expulsándolo. Sin exigirle responsabilidades, por supuesto. Descubrimos paralelamente que un periodista para un Sindicato no es un trabajador digno de defensa por las condiciones, a menudo indignas, en las que trabaja, es sobre todo alguien a utilizar, es quien puede meter una información, cuando convenga, en su medio. Pero a los periodistas se nos exige mucho más. Hace también algunos años, un alto cargo de un sindicato hablaba en una convención de periodistas y nos convocaba al mantenimiento de una actitud ética a prueba de cualquier intromisión; para desarrollar el argumento explicaba que había sido trabajador de banca y que se le ponían los pelos de punta cuando tenía que denegar un pequeño crédito a unos ancianos que lo necesitaban, pero que el Banco no le permitía concederlo, lo que iba en contra de su ética, pero si lo hacía perdía el puesto de trabajo, por tanto no lo concedía. Curiosamente, a los periodistas si nos exigía que nosotros nos jugáramos el puesto de trabajo en defensa de la ética profesional. Ciertamente la defensa de una actitud ética es prioritaria para nosotros, pero porque creemos en ello no por el ejemplo miserable del sindicalista Como pueden comprender yo mismo y cualquier colega en el mundo, apoyaremos al grupo político que con un programa electoral globalmente razonable haga una propuesta detallada de su intención de hacer una ley que realmente permita a los periodistas ser independientes sin estar sometidos a presión alguna que liquide cualquier buena intención profesional. Un periodista ------------------------------------------------------------------ Capítulo 25. Págs. 324 a 330 --------- tiene que tener garantizada la libertad de expresión por encima de las veleidades políticas y las amenazas de su empresa. La verdad debe ser tan cara de ocultar que los poderosos no puedan actuar impunemente contra ella. Hoy día si eres radicalmente independiente estas condenado al hambre y a la muerte civil. Reconozco que empieza a vislumbrarse una cierta esperanza gracias al control universal que ejercen las redes sociales. Cualquier censor se ve, casi de inmediato, censurado a su vez en las redes. Esto ira obligando a moderarse a quienes les quede un rastro de vergüenza. En las redes sociales no hay periodismo. Ni siquiera acepto el concepto de periodista ciudadano. O se es periodista o no. Y estos se fabrican en las Facultades primero y en los medios después. Pero lo que si esta consolidándose es una poderosa arma de control de los medios de comunicación y del periodismo. A lo mejor este catalizador nos genera algo de prestigio y nos empuja a pelearlo con alguna posibilidad de éxito. Herodoto que fue un buen antecedente de periodista, quinientos años antes de Cristo y que narro para la posteridad las Guerras Médicas entre Grecia y Persia, a base de hacer entrevistas y recopilar datos, afirmó: “Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no creérmelo todo” Ojalá pudiéramos llegar a ese nivel y contar ambas cosas lo que se cree y lo que no. Y señalar lo último. El Consejo Internacional de Human Rights apunta, entre otros, un par de datos muy interesantes sobre Periodismos y Derechos Humanos: Que los medios de comunicación tienden a dar por sentado que las violaciones de derechos humanos se producen en el extranjero y que además se asocian a regímenes dictatoriales y autoritarios. Olvidamos a menudo que las encontramos en nuestra propia casa, en nuestro país, no solo las violaciones que están a la vista, sino muchas otras que permanecen ocultas, por ejemplo están violando derechos humanos los jueces que ni escuchan, ni se leen los sumarios; los banqueros que actúan en la frontera de la usura y el fraude; quienes no protegen suficientemente a las mujeres maltratadas; quienes permiten el hambre en el Mundo, ya sea infantil o de adultos, aunque la primera sea más odiosa; los que reclutan niños-soldado; los militares que agreden impunemente a sus “inferiores” sabiendo que la Justicia Militar no condenara su delito. ------------------------------------------------------------------ Capítulo 25. Págs. 324 a 330 --------- Como el propio Clemenceau decía: “La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”. Es decir la justicia militar es militar, pero no es justicia. Asombrosamente, de manera tímida, en los últimos tiempos se van destapando por periodistas valientes y militares valientes, asuntos tremendos y corrupciones en las Fuerzas Armadas, que se comentaba que existían, que se sabía que existían, pero que nadie se atrevía a publicar y ahora afloran, aunque solo sea la punta del iceberg. Como se van publicando descarnadamente asuntos de pederastia en la Iglesia Católica que hasta la llegada de la posición firme de este Papa eran casi intocables, por la presión brutal que ejercían las Conferencias Episcopales, culpando a las víctimas y defendiendo a los criminales. Entre los militares y los curas, hasta ahora, los culpables siempre eran las víctimas. Una cierta incursión del periodismo dando valor a los testimonios valientes de las victimas comienza a invertir el proceso. REPORTEROS DE GUERRA. Permitan que me aproxime un poco a los conflictos bélicos, producidos generalmente por desequilibrios internacionales, a menudo por el control del agua y la energía, y por disputas de poder internas. El periodista que se desplaza a uno de estos conflictos lo hace con el ánimo de clarificar lo que ocurre y denunciar la continua violación de los derechos humanos. Hoy en algunos conflictos, especialmente en países árabes se ha convertido en mercancía de negociación, en rehén para negociar cosas que no atañen a su misión, a su cometido. Nunca las partes en conflicto han respetado mucho a los reporteros, pero no era normal que se convirtieran en rehenes de largo cautiverio, ni que fueran asesinados a sangre fría. Hoy sí. En esto también hemos ido a peor. El reportero de guerra es alguien que vive en directo un drama terrible que debe contar y saber contarlo, con el peligro latente de tender a comprender mejor a una de las partes (es cierto que a veces la otra parte lo pone muy fácil) y el derecho, como ser humano, de tender a implicarse. Cuando vives el horror tan cerca, tu solidaridad inmediata es con quien la necesita en ese preciso momento; el problema es que puedes llegar a no saber y, por tanto, no contar lo que ocurre con los otros. ------------------------------------------------------------------ Capítulo 25. Págs. 324 a 330 --------- Por ejemplo, en la guerra de los Balcanes, los Serbios agredieron brutalmente a los Croatas, limpieza étnica incluida. La mayoría de los Reporteros de Guerra bascularon inmediatamente a favor de los Croatas, ese entusiasmo a favor de esas víctimas inocentes naufragó cuando los bosnios se plantaron ante los serbios, estos cayeron también sobre ellos, pero en esta ocasión con los croatas sumados a la causa del genocidio bosnio, como verdugos. ¿Cómo puede cambiar un reportero de guerra el chip de croata víctima a croata verdugo? Dice Barry Lowe, periodista norteamericano: “Informar sobre un conflicto es una experiencia que prueba emocionalmente a los periodistas, porque no solamente intentan comprender y describir un proceso de cambio intenso y brusco, sino que además tienen que tratar con sus propias reacciones a la tragedia de la guerra que presencian tan de cerca”. Lo comparto. Mi problema cada vez que regresaba de una guerra era la mala conciencia que arrastraba por haber dejado allí a tanta gente ya conocida que no podía salir de aquella ratonera; sin embargo yo me reincorporaba a mi cómodo cuartel de invierno. Hasta la siguiente que llegaba enseguida y vuelta a empezar. Veinte años después de la terminación de la guerra de Vietnam, donde me estrene y de donde, por fortuna, salí vivo tras una accidentada huida, encontré en la Habana a un periodista cubano que había estado trabajando allí, durante las mismas fechas que yo, pero en el otro lado, en Hanói, con los vietcong; intercambiamos experiencias y descubrimos que todo lo veíamos igual o muy parecido, aunque cambiando la posición o el bando, si se quiere. El situacionismo nos había atacado a los dos, a cada uno en su sitio, el contrario del otro. Hoy día las cosas han cambiado mucho para los reporteros de guerra: o logran estar en sitios muy peligrosos, donde ya no quedan idealistas, lideres que hacían la guerra, equivocados o no, por mejorar las condiciones de vida de sus pueblos, sitios donde campan asesinos en serie y niñatos ferozmente asociales que han cambiado masacrar muñecos de ordenador por hacerlo con personas vivas, convencidos de que cumplen una misión superior, de que son el brazo ejecutor del reordenamiento universal. O tienen que pelear por situarse en la primera línea de censura con las potencias intervinientes en el conflicto. Esto ha creado una figura de reportero muy atípica: el periodista empotrado. Es decir que circula con un ejército en acción, instalado en su seno, por donde le dejan, es decir por pocos sitios, con escasa libertad y sometido a intolerables procesos de censura. Ya se sabe que transparencia y ejercito son términos contradictorios, ------------------------------------------------------------------ Capítulo 25. Págs. 324 a 330 --------- pese a que incluso han creado unos oficiales a los que llaman PIOs, que se encargan del contacto con los periodistas y de facilitarles la información, cosa que obviamente no hacen, sino más bien todo lo contrario, salvo contadas excepciones, que después lo han tenido difícil. Sumar información veraz y ejercito es un oxímoron. Hay ejércitos, como el norteamericano y el británico que son más tolerantes en eso de transportar rémoras de periodistas empotrados y otros como el español, en sus misiones internacionales, que no quieren ver periodistas ni en pintura. Aunque tienen PIOs preparadísimos. Cuenta Mayte Carrasco, una de nuestras mejores reporteras de guerra actuales, junto a Olga Rodríguez, que la echaron con malas formas de la base española de Qala-e-Naw, en Afganistán, en un momento crítico de esta guerra. Lo hizo un PIO no tan preparado… o sí. Los reporteros que yo conocí y frecuenté y yo mismo, circulábamos solos, con nuestros equipos si éramos de televisión, por todos los lugares en conflicto del mundo. Ahora comprendo que cada vez es más difícil, aunque los compañeros siguen haciéndolo de forma muy meritoria y escasamente reconocida y compensada. Muchos free lance apenas han ganado para comer cuando regresan de un conflicto. Los empresarios de los Medios ya no valoran la información, un buen reportaje serio. Vende lo frívolo, las tertulias a gritos y sobre temas banales. Las entrevistas repitiendo agresivamente preguntas que no tendrán la respuesta que quiere obtener la figurilla que lo intenta. Los reportajes de investigación que realmente son filtraciones interesadas. “La verdad es la primera víctima de la guerra”, sentencio Esquilo, hace dos mil quinientos años; si a esto le aplicamos la afirmación de Parménides, prácticamente coetáneo de Esquilo, que aseguró: “La política es el arte de engañar a los hombres” y lo filtramos todo a través de las dudas de Herodoto, podremos convenir que cuando aún no estaba “inventada” la profesión periodística, ya había profetas y precursores que nos lo pintaban muy negro. Aunque tenemos que seguir intentándolo, peleando por la verdad más probable, por la objetividad posible, por la independencia de alto coste… Ignorando incluso al Sísifo, de Camus, cuando aseguraba: “Sabemos que las cosas no tienen arreglo, pero hay que seguir intentándolo todos los días como si lo tuvieran”.