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La ofensiva contra el republicanismo conservador y la lucha por el liderazgo de las de las derechas en las páginas de El Correo de Andalucía

Vela Montero, José Antonio

Abstract

La presente comunicación analiza la contribución de El Correo de Andalucía a la ofensiva lanzada por la derecha católica accidentalista contra el centro-derecha republicano durante los inicios de la Segunda República en su esfuerzo por monopolizar la representación política de las masas conservadoras.

Full text

LA OFENSIVA CONTRA EL REPUBLICANISMO CONSERVADOR Y LA LUCHA POR EL LIDERAZGO DE LAS DE LAS DERECHAS EN LAS PÁGINAS DE EL CORREO DE ANDALUCÍA José Antonio Vela Montero (Universidad de Sevilla) La presente comunicación analiza la contribución de El Correo de Andalucía a la ofensiva lanzada por la derecha católica accidentalista contra el centro-derecha republicano durante los inicios de la Segunda República en su esfuerzo por monopolizar la representación política de las masas conservadoras. The present article analyzes the contribution of El Correo de Andalucía to the offensive stimulated by the catholic right against the republican right during the beginnings of the Second Republic to monopolize the political representation of the conservative masses. Son muchos los historiadores que, al abordar el estudio de la Segunda República española, han destacado la incapacidad de las fuerzas políticas del republicanismo conservador para consolidarse como una opción política relevante en el marco del sistema de partidos del nuevo régimen. Cabe señalar, en este sentido, que esta incapacidad de la derecha republicana para afianzarse en el escenario político como la gran fuerza moderadora del régimen republicano está inextricablemente ligada al fracaso de estas formaciones en su intento por granjearse el apoyo de las masas socialmente conservadoras y fundamentalmente católicas, circunstancia que, a la larga, habría de acarrear funestas consecuencias para la estabilidad de la República. No en vano, la ausencia en el panorama político de una fuerza republicana de carácter conservador verdaderamente influyente contribuyó a intensificar el clima de polarización derivado del creciente enfrentamiento político e ideológico entre la izquierda gubernamental y las fuerzas no republicanas, al tiempo que favoreció el crecimiento y expansión de dichas fuerzas bajo el liderazgo de la derecha católica accidentalista agrupada en torno a Acción Nacional, núcleo embrionario de la poderosa Confederación Española de Derechas Autónomas. Pero, ¿cuáles fueron las causas de este fracaso de la derecha republicana? En primer lugar, hemos de tener en cuenta la progresiva marginación política a la que fue sometido el republicanismo conservador –fundamentalmente, su principal representante, la Derecha Liberal Republicanadesde los primeros meses de vida del nuevo régimen por parte de las fuerzas de izquierda integradas en la coalición gubernamental. En efecto, para empezar, la formación liderada por Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura –a la sazón, presidente del Gobierno Provisional y ministro de la Gobernación, respectivamentesufrió, apenas proclamada la República, el hostigamiento de socialistas y republicanos de izquierda, quienes, en muchas circunscripciones, se negaron a incluir a los candidatos de la D.L.R. en las listas electorales para los comicios a Cortes Constituyentes debido a su excesivo conservadurismo. Poco después, en vísperas del comienzo de los debates para la elaboración de la nueva constitución, Alcalá Zamora vio cómo sus compañeros de gabinete rechazaban su pretensión de consensuar un proyecto constitucional para presentarlo ante las Cortes en nombre del Gobierno, un revés al que vino a sumarse también la negativa de la izquierda gubernamental a aceptar el moderado anteproyecto de constitución elaborado por la Comisión Jurídica Asesora, así como el anteproyecto de Ley de Reforma Agraria, auspiciado por el propio Alcalá Zamora. Esta labor de hostigamiento llevada a cabo por socialistas y republicanos de izquierda contra el ala conservadora del Gobierno llegó a su punto culminante durante los debates constitucionales sobre la cuestión religiosa y, sobre todo, con la aprobación de la legislación anticlerical consignada en el polémico artículo 26, circunstancia que forzó a Alcalá Zamora y a Maura a dimitir en respuesta al extremismo jacobino y sectario de sus aliados políticos. El otro gran factor que permite explicar la incapacidad del republicanismo conservador para convertirse en el referente la derecha sociológica española lo constituye la extraordinaria ofensiva desencadenada contra este bloque político por parte de la derecha no republicana y, especialmente, desde las filas de Acción Nacional, una ofensiva que, de hecho, obedecía a la pretensión de la derecha católica accidentalista de alzarse con el liderazgo de las masas conservadoras. En efecto, si bien es verdad que los dos principales pilares sobre los que se asentaba el proyecto organizativo puesto en marcha por la derecha accidentalista a finales de abril de 1931 eran, por un lado, la movilización política de las masas conservadoras y, por el otro, la unión de los distintos sectores derechistas sobre la base de un programa mínimo y una serie de principios fundamentales resumidos en el lema “religión, patria, orden, familia y propiedad”, no es menos cierto que, junto a estos factores clave, el proceso de organización de los sectores conservadores sevillanos cimentado sobre la estructura de Acción Nacional dependía al mismo tiempo de la capacidad de esta organización para lograr una posición hegemónica en el seno de las derechas. Sin embargo, este objetivo político se veía seriamente comprometido por la existencia de unas fuerzas políticas que, bajo la denominación genérica de “derecha republicana”, englobaban a una serie de formaciones y líderes conservadores empeñados en disputar a la derecha católica no republicana el privilegio de liderar a las masas conservadoras del país bajo la bandera de una República conservadora, tolerante, cimentada sobre los principios de autoridad y orden, respetuosa con las leyes y opuesta a todo tipo de extremismo. En consecuencia, consciente de la amenaza que la competencia del republicanismo conservador representaba para su proyecto de organización y sus intereses políticos, la derecha católica se apresuró a lanzar contra las fuerzas de la derecha republicana una feroz ofensiva, para lo cual contó con la inestimable colaboración de sus órganos de prensa, entre los que se hallaba El Correo de Andalucía, a la sazón, uno de los más destacados portavoces de Acción Nacional en aquella región. En efecto, guiado por el propósito de garantizar a Acción Nacional el monopolio de la representación política de las derechas, El Correo trató de socavar el prestigio del que gozaba la derecha republicana en amplios sectores de las clases conservadoras articulando una formidable campaña propagandística destinada a desprestigiar, desacreditar y deslegitimar a los líderes más destacados del republicanismo conservador. Como ya hemos señalado, el principal objetivo de El Correo en el contexto de esta ofensiva propagandística fueron los líderes de la Derecha Liberal Republicana. En este sentido, el argumento central de esta campaña de desprestigio orquestada contra Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura fue la nefasta actuación que, a pesar de su condición de católicos, ambos habían llevado a cabo en materia religiosa tanto a lo largo de la etapa preconstituyente como durante el debate constitucional. De hecho, para el veterano rotativo andaluz, las convicciones religiosas de las que hacían gala los dos principales líderes de la D.L.R. no sólo eran superficiales sino que, además, merced a la presencia en el Gobierno de ambos líderes conservadores, habían sido instrumentalizadas y capitalizadas por las fuerzas izquierdistas para atenuar el temor que el cambio de régimen había suscitado entre los católicos españoles. En esta dirección apuntaban las opiniones del historiador británico Hillary Belloc, unas opiniones que El Correo recogió así en su edición del 10 de enero de 1932: “Tenemos además (es casi un acompañamiento cómico de estos ataques contra la religión siempre y cuando sucedan en países católicos) los fútiles o lastimosos católicos ficticios empujados delante como una pantalla. Sus nombres son citados como ‘católicos’ en simpatía con las vilezas que se cometen. Hay siempre en esta cuadrillas uno o dos viejos patéticos señores de tercer orden, que pueden o no haber sido vistos en misa, que se lisonjean con llamarse católicos, y que se unen a los enemigos de la Iglesia siendo empujados delante como figuras puestas para tranquilizar a los muy estúpidos o a los muy ignorantes” 1 . De este modo, lejos de dar por buenas las credenciales católicas presentadas por Alcalá Zamora y Maura, El Correo puso en tela de juicio las supuestas convicciones religiosas de ambos políticos. Buena muestra de ello eran, por ejemplo, las palabras con las que el asiduo colaborador del diario “Patricio” hacía alusión a los sentimientos religiosos de los que, con frecuencia, hacía gala el entonces ministro de la Gobernación: “El señor Maura alardea frecuentemente de católico. Yo le aplaudo esas frecuentes manifestaciones, pero ‘por los frutos os conocerán’, dice el Divino Fundador de la Iglesia. Y las obras y los frutos gubernativos del señor Maura en el Gobierno de la República no hacen buenos, por desgracia, sus alardes” 2 . 1 BELLOC, Hilario: “La catástrofe española (II)”, en El Correo de Andalucía [en adelante, ECA], 10 de enero de 1932, portada. 2 “PATRICIO”: “Rectificación necesaria”, en ECA, 28 de agosto de 1931, portada. En efecto, a juicio de El Correo, estos dos ministros autodenominados “católicos” no sólo habían causado un daño irreparable a la Iglesia y a sus fieles debido a la imperdonable lenidad e incuria con la que procedieron durante la quema de conventos del mes de mayo 3 , sino que, por añadidura, demostraban una lamentable falta de coherencia y de dignidad política al seguir participando en un Gobierno que, además de haber decretado un sinfín de medidas lesivas para los intereses de la Iglesia durante el periodo preconstituyente, colaboraba activamente en la elaboración y aprobación de unos principios constitucionales extremadamente sectarios y anticlericales como los consignados en el artículo 26 de la Carta Magna. Todas estas consideraciones quedaban fielmente reflejadas en el artículo firmado por “Patricio” y publicado por El Correo en la víspera de la votación de aquel polémico artículo 26: “Me siento más agraviado por las acciones y las omisiones de los señores Alcalá Zamora y Maura, que por las omisiones y acciones de casi todos sus otros compañeros de Gobierno; porque éstos han procedido mal, han tenido o han aceptado iniciativas y resoluciones dañosas para la Iglesia y atentatorias a las creencias, sentimientos y derechos de los católicos, pero, al cabo, obraban dentro de su significación revolucionaria y anticatólica de siempre; pero el caso de aquellos es muy distinto; sus antecedentes, su historia, sus constantes honrosas declaraciones de profesar y practicar la Religión Católica, les obligaba a no cooperar o a estorbar seriamente todo propósito anticatólico y, sin embargo, no lo han hecho así” 4 . Esta campaña de desacreditación y deslegitimación orquestada por El Correo contra la derecha republicana se intensificaría aún más a raíz de la decisión de Alcalá Zamora de dimitir de la Presidencia del Gobierno Provisional el 14 de octubre de 1931 para liderar un movimiento revisionista destinado a reformar las medidas anticlericales consignadas en el artículo 26 de la Constitución. De este modo, todo parecía indicar que tras esta decisión de El Correo de acentuar su particular campaña de desprestigio contra 3 Cabe señalar, en este sentido, las palabras del profesor Nigel Townson quien, con respecto a este tema concreto, apunta lo siguiente: “(...) se consideraba que Alcalá-Zamora y, en particular, Maura, habían faltado imperdonablemente a su deber como católicos durante la quema de iglesias de mayo. Como escribió después Ángel Ossorio y Gallardo, también antiguo monárquico y amigo de Miguel Maura, ‘desde aquel instante, las derechas acentuaron contra él su odio y le trataron siempre como si fuera él – católico por convicción y por herenciaquien había ido personalmente a pegar fuego a los templos” (Townson, 2002, p. 81). Alcalá Zamora se escondía, en realidad, el empeño del rotativo católico de neutralizar la más que probable pretensión del líder conservador de rentabilizar políticamente el anuncio de su dimisión y su consiguiente paso a la oposición revisionista. No en vano, como apunta el profesor Montero Gibert, el efímero e irrelevante Partido Republicano Progresista –formación que pasó a acaudillar Alcalá Zamora tras abandonar Maura las filas de la Derecha Liberal Republicana a principios de agosto de 1931- “parecía llamado a arracimar más seguidores cuando Alcalá Zamora levantó su propia bandera revisionista tras los sucesos de octubre en el Parlamento” (Montero, 1977, p. 229). Ante esta situación, ya el 15 de octubre de 1931, El Correo se apresuró a llamar la atención acerca de las graves responsabilidades que cabía atribuir a Alcalá Zamora por su discutible actuación en lo relativo a la cuestión religiosa, un argumento que, de hecho, permitía al diario hispalense poner de relieve que la decisión del presidente del Gobierno Provisional de dimitir de su cargo en protesta por la aprobación del artículo 26, aunque honrosa, no era en absoluto suficiente para redimirle de sus culpas. De este modo, el periódico de la capital andaluza lograba no sólo deslegitimar al líder del Partido Republicano Progresista, sino también obstaculizar sus esfuerzos por capitalizar políticamente su renuncia a la Presidencia del Gobierno Provisional: “El gesto de su última intervención parlamentaria, con toda la nobleza que no hemos de regatearle, no basta a ser Jordán en el que el presidente dimisionario lave sus pasadas y graves responsabilidades, y le permita alzarse en el papel de víctima ante las derechas españolas... Con el corazón dolorido ante la confirmación de cuanto veníamos prediciendo, perdonando, a fuer de católicos, todo el mal que el señor Alcalá Zamora, con sus condescendencias y sus infundados optimismos, nos ha causado y ha causado a España, nosotros no olvidaremos su gestión en la cuestión religiosa, en la lucha que se avecina” 5 . A esta misma pretensión de minar las expectativas políticas suscitadas por Alcalá Zamora tras el anuncio de su paso a la oposición revisionista respondía también el artículo publicado el día anterior por “Patricio”, quien, pese a alabar la iniciativa del ex presidente del Gobierno Provisional, no dudó en subrayar su falta de autoridad moral para liderar a las masas católicas y conservadoras bajo la bandera de la revisión 4 “PATRICIO”: “Crónica madrileña”, en ECA, 14 de octubre de 1931, pág. 2. 5 “Del momento.- Triste despertar”, en ECA, 15 de octubre de 1931, portada. constitucional, habida cuenta del significativo y comprometedor silencio que, tanto él como Maura, guardaban en aquellos momentos ante la arbitraria suspensión de decenas de publicaciones católicas decretada por el Gobierno a finales de agosto de 1931: “(...) nos parece plausible el buen ánimo del señor Alcalá Zamora para, en el caso de que la iniquidad se consume [el autor se refiere a la hipotética aprobación del artículo 26 de la Constitución], levantar ante el país la bandera revisionista. En esa dirección iríamos el mayor número de los españoles buscando fórmulas de democracia, de libertad y de justicia verdaderas (...) Pero si el señor Alcalá Zamora y el señor Maura se proponen levantar la aludida bandera, ¿cómo en estas horas en que los enemigos de la Religión se esfuerzan para que prevalezca la iniquidad, consienten que continúen amordazadas arbitrariamente publicaciones católicas que contribuirían a purificar el ambiente que enrarecen tantos periódicos anticatólicos?” 6 . No obstante, esta campaña de desprestigio desencadenada por El Correo de Andalucía contra la figura de Alcalá Zamora comenzó a remitir ligeramente a medida que el diario sevillano fue constatando con el paso de los días las escasas posibilidades con las que contaba el ex presidente del Gobierno Provisional para liderar un proyecto político capaz de movilizar a amplios sectores de la clase conservadora, una circunstancia que se haría patente a principios de noviembre de 1931, fecha a partir de la cual el nombre del político cordobés comenzó a sonar como uno de los más firmes candidatos a la Presidencia de la República. En consecuencia, consciente de que el ascenso de Alcalá Zamora a la más alta magistratura del país y su consiguiente alejamiento de la lucha partidista descartaba, en la práctica, al ex jefe del Gobierno como rival directo en la pugna por la hegemonía política en el seno de la derecha, El Correo optó por modificar su discurso al objeto de adaptarlo a estas nuevas circunstancias políticas. De este modo, una vez hecha pública la designación de Alcalá Zamora como único candidato a la Presidencia de la República, el rotativo católico abandonó el tono hostil que había caracterizado a sus anteriores artículos y editoriales relativos al líder del Partido Republicano Progresista para adoptar, en su lugar, un discurso destinado a poner de relieve el ingrato y pesado deber que, a juicio del diario, 6 “PATRICIO”: “Crónica madrileña”, en ECA, 14 de octubre de 1931, pág. 2. había recaído sobre Alcalá Zamora al aceptar la Jefatura del Estado. En este sentido, El Correo se mostraba plenamente convencido de que el líder conservador no sólo había sido convenientemente apartado de la lucha política y confinado por sus antiguos compañeros de Gobierno en la “dorada jaula” de la Presidencia de la República, sino que, además, estaba condenado a ejercer de árbitro de las desmesuradas ambiciones de poder de las distintas fuerzas políticas. Era ésta, precisamente, la idea que el colaborador de El Correo “Patricio” trataba de reflejar en uno de sus artículos publicado pocos días antes del nombramiento de Alcalá Zamora como primer presidente de la República: “No creo que el señor Alcalá Zamora deba ser catalogado entre los hombres que son presa de la vanidad. Y si no tiene esa triste condición, me parece que mirará el cargo que se le viene encima o que le echan encima, como un deber, pero también como una gran pesadumbre; la pesadumbre de tener que vivir más o menos tiempo entregado a zurcir voluntades y a casar ambiciones dispares y contradictorias’” 7 . Con todo, a pesar del mutis político de Alcalá Zamora, el republicanismo conservador siguió constituyendo una seria amenaza para los intereses políticos y electorales de la derecha accidentalista debido, sobre todo, a la presencia en el escenario político de destacadas personalidades dispuestas a disputar a Acción Nacional el liderazgo que ésta pretendía ejercer en el seno de la derecha. En este sentido, el dirigente conservador que más inquietud suscitaba en las filas accidentalistas era, sin duda, Miguel Maura, quien, tras dimitir de su cargo al frente del Ministerio de la Gobernación el 15 de octubre de 1931 en protesta por la aprobación del artículo 26, se había erigido en uno de los líderes más carismáticos de la clase media conservadora, a la cual pretendía organizar al objeto de dotar al régimen republicano de una oposición derechista capaz de compensar el abrumador predominio de las fuerzas de izquierda. Como señalaba el diario republicano Crisol, la intención del ex ministro era agrupar en torno a su figura “a las derechas capaces de sentir el régimen y sus postulados de dignidad y eficacia moderna, sin renunciar por ello a sus ideales, mientras que esas otras derechas cerriles, aferradas ‘a lo que ya no puede ser’ se disuelven en esfuerzos 7 “PATRICIO”: “Crónica madrileña”, en ECA, 5 de diciembre de 1931, pág. 2. inútiles y perturbadores” (Montero, 1977, pp. 231-232). En vista de estos planteamientos, no es de extrañar que El Correo pusiera todo su empeño en combatir desde sus páginas la amenaza que, para las expectativas políticas de la derecha accidentalista, suponía el nuevo proyecto político abanderado por Maura. De hecho, la hostilidad con la que El Correo acogió la pretensión de Maura de encabezar un nuevo movimiento político de carácter conservador quedó de manifiesto en el editorial publicado por el diario sevillano el 28 de octubre con motivo de la conferencia pronunciada cuatro días antes por el líder conservador en el Círculo de la Unión Mercantil de Madrid, una conferencia que dio pie al rotativo a desatar contra el ex ministro su particular campaña de desprestigio: “El señor Maura (...) se dirige a las derechas directamente. Que formen un partido político dispuesto a gobernar, por él ‘no quedará’. Pero para que las derechas le oigan confiadas es necesario que se olviden muchas cosas y que se rectifiquen las mayores. No ya de su vida ante-republicana. De su unión con cuantos trajeron lo que existe; de su marcha política –a veces con Alcalá Zamora, a veces cercano a Lerroux; con el Gobierno antes, hoy dimitido, como con el artículo 24 [del proyecto constitucional, que pasaría a ser el artículo 26 de la Constitución]. Y, entretanto, vayamos sabiendo lo que todavía puede decir: qué fue aquello de los conventos...” 8 . A la luz de lo expuesto en aquel editorial, no resulta difícil apreciar las profundas diferencias que existían entre el proyecto político de Acción Nacional y el acaudillado por Miguel Maura, unas diferencias centradas, fundamentalmente, en las diversas formas de articular la peculiar relación entre religión y política. De este modo, mientras que para los accidentalistas el catolicismo constituía el principal aspecto del ideario conservador y, por tanto, el eje central de su acción política, los sectores derechistas liderados por el ex ministro de la Gobernación –y, en general, el conjunto del republicanismo conservadorconsideraban que el conservadurismo de corte liberal, moderno y democrático debía renunciar a hacer de la religión un estandarte de lucha política en la medida en que ello iba en detrimento de la estabilidad del régimen republicano. En vista de estas circunstancias, no es de extrañar que, apenas confirmada 8 “Un discurso”, en ECA, 28 de octubre de 1931, portada. conservador. Hemos de declarar paladinamente que el señor Ossorio carece para nosotros –pensamos que para todos los españoles consecuentesde esa autoridad, de la posibilidad de que ese propósito se logre. No le vemos en él la primera condición indispensable: la confianza. Este monárquico que contribuyó, en calidad de tal, con la fuerza del enemigo, que ayuda al advenimiento de la República; este católico que niega –de espaldas a la realidad europeala posibilidad de un partido con tal ideario ni el intento de revisar una Constitución sectaria, este jurista implacable, complaciente con ‘las vacilaciones’ de la República en cuanto a vías de derecho; este conservador, protector a título de abogado de movimientos social y políticamente perturbadores (…) no tiene para nosotros la confianza que el jefe político requiere, ni puede ser guía de un movimiento político” 14 . Como ponen de relieve las anteriores líneas, el eje central de esta ofensiva dialéctica desatada contra la figura de Ángel Ossorio lo constituían las continuas alusiones a la falta de coherencia, a la conducta hipócrita y la actitud oportunista que, según El Correo, caracterizaban al afamado jurista, una circunstancia que, a decir del diario, había quedado bien patente a la luz de su incondicional adhesión a la antidemocrática y autoritaria política de orden llevada a cabo por el Gobierno republicano. En consonancia con estos planteamientos, el 20 de diciembre de 1931, “Patricio” subrayaba en su habitual columna que, a pesar de sus supuestas convicciones democráticas, Ossorio no parecía tener reparos en justificar las constantes ilegalidades cometidas por el Ejecutivo republicano: “(...) puede decirse de los tiempos que corren, que llevan hojas por fruto los árboles y palabras por obras los hombres. Y ahí está para hacer bueno nuestro juicio el señor Ossorio Gallardo, botafumeiro de los gobiernos del régimen, panegirista de la juridicidad y enamorado de lo democrático, conviviendo espiritualmente, sin embargo, con quienes atropellan los derechos ciudadanos y proceden en abierta pugna con los principios más elementales de la democracia” 15 . 14 “Del momento.- Ossorio”, en ECA, 21 de octubre de 1931, portada. 15 “PATRICIO”: “Crónica madrileña”, en ECA, 20 de diciembre de 1931, pág. 2. Lejos de ser exclusivas de El Correo, estas opiniones en torno a actitud parcial de la que, supuestamente, hacía gala Ángel Ossorio eran compartidas también por varios miembros del Colegio de Abogados de Madrid, cuya presidencia ostentaba el propio Ossorio, circunstancia que, de hecho, permitió al rotativo católico reafirmar su postura con respecto al antiguo dirigente maurista. En este sentido, el 23 de diciembre, El Correo se hizo eco de las duras críticas que el político conservador había recibido durante la Junta del Colegio de Abogados de Madrid, celebrada dos días antes, por parte de algunos de sus miembros, quienes reprocharon a Ossorio su vergonzante silencio ante las repetidas violaciones de los derechos ciudadanos llevadas a cabo por el Gobierno republicano: “Dura lección la recibida anteayer por el señor Ossorio Gallardo y los que como él se comportaban en la Junta de gobierno del Colegio de Abogados de Madrid. Ha sido lo ocurrido consecuencia lógica del pasado de aquellos. ‘Con dolor, casi a la fuerza -dijeron hace unos mesesse alza nuestra voz, pero a ello nos fuerza nuestra condición de juristas. Hemos de colocar por encima de todo nuestra toga de letrados’ (...) Y ahora se encuentran con que la transformación [política], ni con mucho, ha sido perfecta. En tantos órdenes pudiera encontrar, como entonces, el celoso jurista motivos de protesta. Al ver que no se producen y que lo que antes indignó ahora se disculpa hasta con gesto complaciente, han surgido esas voces de la Junta de anteayer, que más que en los oídos del señor Ossorio, habrán producido lesión en lo más hondo de su conciencia. Esta acusación de parcialidad lanzada contra determinados abogados de la Junta de Madrid, apercibirá a muchos de cuán peligroso es excederse de listo y pretender encubrir con sonoras palabras intenciones particulares” 16 . Al mismo tiempo, estas acusaciones lanzadas contra Ossorio por parte de sus propios colegas proporcionaron también a “Patricio” argumentos más que suficientes para censurar sin ambages la controvertida actuación desarrollada por el político conservador desde la presidencia del Colegio de Abogados de Madrid, una actuación que, lejos de estar fundamentada en la imparcialidad y en el respeto a la legalidad y el 16 “Del momento.-De parcialidad”, en ECA, 23 de diciembre de 1931, portada. derecho, respondía, según el colaborador del rotativo, a inconfesables intereses políticos y partidistas: “Es difícil que en la historia del decanato del Colegio de Abogados de Madrid, pueda encontrarse un titular de ese cargo que haya usado y abusado de él en la medida en que lo ha hecho el señor Ossorio. Desde él disparó a bala rasa contra los Gobiernos que tuvo por adversarios sin detenerse en ningún género de consideraciones (...) A nadie se debe tolerar, pero menos que a nadie a quien habiéndose pasado buena parte de su vida haciendo lo que ha creído necesario para aparecer a los ojos de la opinión como un sacerdote que sólo quemaba el incienso de su adoración en los altares de la justicia y de la ley, se olvidase de ambas por miras, conveniencias y simpatías partidistas” 17 . No cejó El Correo en su empeño de denunciar el carácter parcial, el oportunismo político y el escaso apego al principio de igualdad jurídica que, a su entender, demostraba con su conducta Ángel Ossorio, de quien, según “Patricio”, “podría decirse lo que del hipócrita escribiera el gran Fray Luis de León: ‘chorrean sus manos sangre inocente, y álzalas al cielo como limpias” 18 . Así, por ejemplo, el 23 de diciembre era nuevamente “Patricio” quien, en el contexto de esta campaña de desacreditación, volvía a cargar las tintas contra Ossorio, tomando como pretexto unas declaraciones en las que el político conservador advertía de las consecuencias de un hipotético triunfo electoral de la derecha no republicana, triunfo que, según Ossorio y Gallardo podría suscitar en las masas populares un sentimiento de frustración muy peligroso para la estabilidad del régimen republicano. En respuesta a estos planteamientos marcadamente antidemocráticos y, en concreto, a la maniquea distinción que Ossorio establecía con sus palabras entre los conceptos de “derecha” y “pueblo”, el colaborador de El Correo apuntaba lo siguiente: “(...) ¿no hemos quedado, señor Ossorio, en que el pueblo expresa sus anhelos e impone su voluntad por el sufragio? Pues, si ejercitando éste resultaran victoriosas las derechas, ¿quién podría dudar de que habría triunfado el pueblo? ¿Y eso es lo que, según el señor Ossorio Gallardo, debe evitar un 17 “PATRICIO”: “Crónica madrileña”, en ECA, 26 de diciembre de 1931, pág. 2. 18 “PATRICIO”: “Crónica madrileña”, en ECA, 20 de diciembre de 1931, pág. 2. conservador que ame a su patria? ¿Qué espíritu conservador, ni jurídico, ni moral puede tener quien, alardeando de conservadurismo, de juridicidad y de moralidad política, puede admitir que se considere defraudado un pueblo cuando la mayoría de él vota unas determinadas ideas?” 19 . En definitiva, y tal como sucedía en el caso de las campañas de desacreditación orquestadas contra Maura y Alcalá Zamora, lo que verdaderamente subyacía en el fondo de estas lacerantes críticas lanzadas contra Ossorio y Gallardo era la pretensión de El Correo de obstaculizar todo proyecto político tendente a agrupar a los sectores derechistas en el marco de una organización conservadora de carácter republicano, una maniobra a través de la cual el diario sevillano trató de facilitar la consolidación de Acción Nacional como vanguardia política de la derecha y como principal baluarte de los intereses conservadores y católicos. Esta pretensión de El Correo de lograr para Acción Nacional un espacio político privilegiado dentro del campo de las derechas se hacía especialmente evidente a la luz de las palabras con las que “Patricio” valoraba en su artículo del 20 de diciembre al proyecto de Ossorio de crear un partido conservador capaz de actuar dentro de los límites del régimen republicano con el objetivo de contrarrestar o compensar el abrumador predominio de las fuerzas políticas de izquierda: “Por lo visto, el hombre de la juridicidad [el autor se refiere a Ángel Ossorio] no se ha enterado todavía de que, no digamos tal partido, mas sí semejante organización, existe: es la Acción Nacional, que viene actuando casi desde el día siguiente al de la instalación del régimen republicano, dentro de las normas democráticas y sometida al mismo para defender los principios ejes de la sociedad y de la historia ¿Qué otras derechas quiere organizar o a cuáles puede referirse el señor Ossorio Gallardo? ¿Dónde están las derechas republicanas que merezcan tal nombre?” 20 . Con todo, es preciso señalar que esta tendencia a presentar a Acción Nacional como la única organización verdaderamente derechista del escenario político español, 19 “PATRICIO”: “La euforia de don Ángel”, en ECA, 23 de diciembre de 1931, portada. 20 “PATRICIO”: “Crónica madrileña”, en ECA, 20 de diciembre de 1931, pág. 2. no era, en modo alguno, un rasgo exclusivo de El Correo. Por el contrario, esta propensión del diario hispalense a identificar a la agrupación accidentalista como la única opción política capaz de satisfacer los intereses y necesidades de las masas católicas y conservadoras era compartida también por el rotativo madrileño El Debate, el cual, con relación a este tema, sostenía lo siguiente: “Si en Madrid, o en toda España, existieran organizaciones coincidentes en algún punto con los fines propios de Acción Nacional, no vacilaríamos en recomendar la unión de todas. Como no advertimos otro movimiento colectivo organizado que este de Acción Nacional, y en él contemplamos campo tan ancho como sea necesario para que quepan cuantos tengan por lema de su actuación política los propios de Acción Nacional, y no olvidamos que ésta tiene ya una historia breve, pero honrosa, y un principio de organización en Madrid y centros a ella adheridos en provincias (...), nuestro consejo es que cuantos en España quieran, de verdad, hacer algo por la Iglesia y por la Patria, acudan a Acción Nacional con su nombre, con su cuota mensual, o con su trabajo, cuando sean requeridos” (García, 1983, p. 897). Por otra parte, en su empeño por desacreditar a los más destacados representantes del republicanismo conservador y cercenar cualquier tentativa de aglutinar a los sectores derechistas en el marco de una organización de carácter republicano, El Correo de Andalucía llegó incluso a cuestionar en sus páginas la figura del célebre filósofo José Ortega y Gasset, quien, tras la proclamación de la República, se había ubicado en el centro del espectro político al frente de la joven Agrupación Al Servicio de la República, lo cual hacía del prestigioso intelectual una amenaza para los proyectos organizativos y los objetivos políticos de una derecha accidentalista empeñada en liderar en exclusiva al grueso de los sectores conservadores, agrupándolos en torno a Acción Nacional. En efecto, desde el punto de vista de El Correo, la amenaza que Ortega representaba para las aspiraciones hegemónicas de la derecha accidentalista radicaba tanto en el enorme prestigio atesorado por el afamado filósofo, como –sobre todo- en su afinidad al proyecto político acaudillado por Miguel Maura, una circunstancia que había quedado bien patente a tenor de las evidentes muestras de apoyo que Ortega había brindado al ex ministro de la Gobernación en su famoso discurso del 6 de diciembre de 1931. En consecuencia, El Correo optó por convertir a Ortega y a la agrupación que éste lideraba en blancos de sus críticas, denunciando desde sus páginas su falta de decisión para combatir el extremismo jacobino de la mayoría izquierdista, circunstancia que, según el diario católico, había quedado ya bien patente a tenor de la pasividad y la falta de iniciativa demostrada por Ortega y sus compañeros de partido frente al quebrantamiento de los derechos y de la libertad de los ciudadanos católicos que había supuesto la aprobación de determinados artículos de la Constitución. Este era, de hecho, el principal argumento en torno al cual giraba el artículo que, bajo el seudónimo de “Thaderin”, publicó uno de los colaboradores de El Correo en su edición del 20 de noviembre de 1931: “¿A qué se ha reducido la actuación del señor Ortega Gasset en el Parlamento (...)? Él mismo lo dice: ‘A no estorbar’. Ha dejado hacer, no ha suscitado ninguna dificultad. Si se ha pasado por el ojo el derecho y la libertad de muchos ciudadanos, él y los otros conspicuos de los de ‘al servicio de la república’, lo ha presentido e incluso con su voto lo ha aprobado (...) Y si lo que se hace, después de mucho hablar o de mucho escribir, se reduce a no estorbar, a dejar hacer, a no suscitar dificultades a esa política que contrae la vida española, angosta sus horizontes y lleva al triunfo a la inspiración pueblerina, ¿para qué decirle al país cosas propias o ajenas? Los hombres tenidos por selectos que forman en la agrupación de ‘al servicio de la República’ no han sabido levantarse contra las inclinaciones plebeyas de mayorías pueblerinas” 21 . En este mismo sentido, la conferencia pronunciada por Ortega y Gasset el 6 de diciembre proporcionó a El Correo una nueva oportunidad para poner de relieve la excesiva carga teórica y la falta de contacto con la realidad y con las necesidades concretas de la sociedad que, al decir del diario, caracterizaban el proyecto político auspiciado por el líder de la A.S.R. Así pues, el 9 de diciembre, El Correo ponía en cuestión las tesis expuestas por Ortega en aquel famoso discurso, subrayando el carácter abstracto, ambiguo e impreciso de su proyecto político, lo cual, según el rotativo sevillano, contrastaba sensiblemente con el concepto de política práctica y de realizaciones concretas que propugnaba la derecha accidentalista: 21 “THADERIN”: “Crónica madrileña”, en ECA, 20 de noviembre de 1931, pág. 2. “Un partido político es una agrupación de hombres unidos alrededor de principios fundamentales y de soluciones concretas que forman un programa de actuación aplicable a las realidades de la vida nacional, provincial o local. No es una mesnada, ni una escuela de principios abstractos (...) Lo que no es posible, ni hacedero, es lograr el acuerdo sobre cosas imprecisas, sobre enunciados amplios vacíos de un sentido realista o en desacuerdo con la realidad (…) Vengan esas soluciones concretas, esas realidades vivas y determinadas, y entonces será el momento de enjuiciar, sobre una política de realidades, cuáles sean los puntos de coincidencia y cuáles los puntos de discrepancia” 22 . De hecho, estos argumentos coincidían en gran medida con los expuestos el día anterior por El Debate, quien, movido por ese mismo afán de cerrar el paso a los propósitos de Ortega de granjearse el apoyo de los sectores conservadores, comentaba el discurso pronunciado por el prestigioso intelectual en los siguientes términos: “El señor Ortega habló como quien es, como lo que es; un literato, un ensayista, un profesor, un observador de la realidad que le circunda, un pensador (...) Anteayer dijo cosas estimables, valiosas, acerca de la política española, como las dirá cualquier día que otra vez le dedique un poco de atención y unas palabras. Pero ni ayer ni nunca fue ni será el señor Ortega un hombre político: menos el promotor de un nuevo partido (...) En fin, no pretendemos vaticinar el éxito o el fracaso de los intentos del señor Ortega. No nos han de afectar el uno ni el otro, porque, con fracaso o con éxito, su partido vivirá muy lejos de nosotros y de las masas con quien convivimos” (García, 1983, pp. 955-966). En definitiva, guiado por su pretensión de lograr para Acción Nacional el monopolio de la representación política de esas masas conservadoras con quien decía “convivir”, El Correo de Andalucía utilizó todo tipo de estrategias y recursos propagandísticos con el fin de desprestigiar, desacreditar y deslegitimar no sólo a las dos grandes figuras de la derecha republicana –Alcalá Zamora y Maura-, sino también a todos aquellos representantes del republicanismo conservador que, desde posiciones 22 “¿Política de qué?”, en ECA, 9 de diciembre de 1931, portada. ajenas o contrarias a los principios ideológicos de la derecha católica, aspiraban a liderar a un amplio sector de las clases conservadoras con el fin de convertir a éstas en uno de los más sólidos puntales del régimen republicano. De este modo, El Correo trató de contribuir al éxito del proyecto de unificación y organización política auspiciado por la derecha católica accidentalista, un proyecto que –según se esperabahabría de otorgar a Acción Nacional la representación de los intereses políticos de la España conservadora en el marco de la lucha contra las reformas impulsadas por los gobiernos de la alianza republicano-socialista. Bibliografía citada TOWNSON, N. (2002). La República que no pudo ser: la política de centro en España (1931-1936). Madrid: Taurus. MONTERO GIBERT, J.R. (1977). La CEDA. El catolicismo social y político en la II República, volumen I. Madrid: Ediciones de la Revista de Trabajo. ÁLVAREZ REY, L. (1997). La derecha accidentalista en la Segunda República española. En J. TUSELL; F. MONTERO y J. M. MARÍN (Ed), Las derechas en la España contemporánea (pp. 197-209). Barcelona: Anthropos. REDONDO GÁLVEZ, G. (1993). Historia de la Iglesia en España, 1931-1939, tomo I. Madrid: Rialp. GARCÍA ESCUDERO, J. M. (1983). El pensamiento de “El Debate”: un diario católico en la crisis de España (1911-1936). Madrid: Editorial Católica.