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Unas memorias eclesiásticas de los tiempos de la restauración (El diario del ex jesuita P. Pereda)

Cuenca Toribio, José Manuel

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UNAS MEMORIAS ECLESIASTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACION EL DIARIO DEL EX JESUITA P. PEREDA Por JO SÉ M. CUENCA TORIBIO Abocado al ineludible deber del compromiso social que su generación tiene como imán, el historiador actual se desazona ante un tema como el biográfico, cons treñido forzosamente en lo individual y, de ordinario, por lo inm anen te. Existen, sin embargo, a su parecer, diversas razones que aconsejan la publicación del diario de un jesuit a innominado de fines del siglo XIX. Cu est iones de inn egab le trascendencia en la dialéctica político-ideológica del ochocientos cobran volumen y se esclarecen en algunos de sus puntos a la luz de la información facilitada por las cortas memorias que pronto reproduciremos. En el redescubrimiento de la hi stor ia regional que en la actualidad también figura como empresa inesquivable para el estudioso de Clío, la publicación del diario del padre Juli án P ereda V arona entraña igualmente una importancia indiscutible, según pronto podrá comprobarse. El hombre A punto de pasarse el ecuador del trienio esparterista vino al mundo -1 7 - III - 1842 -el aut or de estas memorias, fustigador implacable en sus días ad ultos de la obra que durante mucho tiempo simbolizara la figura del soldado man- 82 JOSC !\f. CUENCA TORIBIO chcgo. Placenta generosa de clérigos incluso en tiempos de hostilidad y relativa persecución, Burgos en su localidad de Campo, fue el suelo natal de nuestro personaje. No es difícil imaginar sus correrías infantiles en aquellas tierras abiertas y duras de la meseta, forjadoras por lo general de caracteres recios, más inclinados a la firmeza que a la flexibilidad. El medio familiar, modestos labradores, contribuiría también a modelar el carácter juvenil de Pereda conforme pautas de austeridad y consecuencia. Si nos interesara en esta ocasión primordialmente el hombre, tendríamos que incursionamos por sus lecturas de este período, sus amistades, maestros, etc.; pero nuestro objetivo apunta, por las modestas pretensiones del presente trabajo, a calibrar el valor historiográfico que exhumamos, para la cual basta y sobra el pergeño de algunos rasgos de nuestro personaje. El cual debió sentir pronto la vocación religiosa, pues ya el 12 - IV - 1861 le vemos ingresar en el centro de formación que la Compañía de Jesús tenía en Loyola. Amparado por las circunstancias propicias que el moderantismo consintió para las congregaciones religiosas pese a la protesta de los sectores progresistas y radicales, Pereda cursó los primeros años de la ratio studiorum con fruto y sin zozobras. Estas vinieron al implantar se la Gloriosa; pero, de cualquier modo, duraron poco. Así lo demue s tra el que tras una corta estancia en Fran - cia se ordenase sacerdote en el sem i nario de Salamanca (1871), cuando esta sede era diri g ida espiritualmente por un prelado al que ti e mpo adelante no escatimará sus censuras. Dos años más tarde - 15 - VIII - 1873- emitió los últimos votos en la Compañía . La marcha hacia la Restauración y el consolida - miento del Régimen a lfonsino le tuvieron como espectador en Sevilla, en cuyo col egio de su orden ejerció la docencia en el septenado de 1874-1881. Andalucía fue su residencia durante cerca de un lustro más. En el bienio 1882-83, en el recién crea - do colegio de El Palo; en el bienio sig ui ente, en otro célebre establecimiento docente j es uíti co de esta región: el de] Puer- to de Santa María. Después retornó a su Castilla (Palencia, 1885). Paso fugaz, camino del norte, meta e imán de casi todos 10s jesuítas de la primera Restauración. Bilbao y Loyola se- MEMORIAS ECLESI,\STICAS DE LOS TIEM POS DE LA REST AURAC I ÓN 83 rían aquí su s dos mansiones. Su and adura jesuí tica terminó d ond e había com enzado. En 18 91 , y luego de un trienio como a rchi vero y bibliotecario del últ im o cent ro, abandonó la Compañía. Para nuestra s inda gaci on es t erm inó aquí, un tanto abrupta men te, la biografía del reda cto r de l as br eves p ero en - jundio sas memorias de las que estas líneas constituyen su excerpta 1• Pocas notas, sin duda , para definir a un hombre si és ta fuera nuestra meta. Suficientes quizás, repetimos, para enten - der su proy ección en el diario qu e en s eguida tra nscri birem os. Al fin y a la pos tre , para los buenos ca ta do r es del esp íritu no exi ste mejor espejo en punto a conocer el enigma de cualquier personalidad y el talante de s us escritos. La obra El diario a bar ca poco más de un trienio - 188 2-18 85- . Según las trazas, fu e escrito a man er a de balance de cada año, co n servan do, no obstante, espo ntan eidad y ce r canía a Jo s hec ho s. Estos se encuent ran nuclea dos en torno al prob l ema religioso, entonces agit a do en las capas más profundas del mar c alm oso del ca novi smo 2 La posición del auto r es la de un integri sta enragé, quejoso de que el po sibili smo se hub i era intro - ducido e informara la lín ea de actuación de la jera rq uía vaticana y españo la con re la ción a u;: régimen espúreo. P ol ít ica y religión se entrem ezclan y abrnz~m contin u amente en las págin as de estos recu er do s; fiel tra su nto así de la realidad de la época. Se des crib en en ellas otro s aspe c tos de la socie dad finisecular, pero siempre como el rebc urs de la p luma del P. Pereda, posesa por la ex altaci ón de un cat olicis mo fiel en todo a la s directr ices del Syllabus. Pese al des eo de brevedad del prolo g uista, no podemos p or m enos de plantearnos la recepl. Todos los datos biográficos nos han sido facilitados, muy am ablement e, por D. Jo sé Ramón Eguill or , director del Archi\'u Histórico de Loyola, quien los ha extraído de libro s y catálogos de la Compañía , exi ste ntes en el célebre San tu ario . Igualmente expresamos nu estro agradecimie nto a D. Francisco Rodri guez de Coro, que nos propo rcionó el or iginal. 2. Cuenca Toribio, J . M., Apro.drnación o. la Hi storia de la Iglesia contemporánea, en España. Madr id, 1978 . 84 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO tividad o rechazo que, al pensar de esta manera, hacía el autor del medio en que se había formado y al que pretendía servír. Aunque investigaciones de relieve subrayan en la actualidad los matices y las diferentes opciones ideológicas constatadas en la actuación de la Compañía de Jesús en la fecha que ahora glosamos, el diario del P. Julián Pereda ofrece mucho material para reforzar la tesis comúnmente admitida de su intransigencia antiliberal, ribeteada ex abundantia de pujos integristas. Las circunstancias de que muy probablemente Pereda abandonara la Compañía por considerar su conducta conciliadora y dialogante con el régimen de Sagunto, no echa por tierra la anterior hipótesis. Referencias a compañeros, superiores, personas y acontecimientos revelan en este diario la espesa red de tradicionalistas a ultranza qu e confluían enrededor del universo jesuístico del momento. Al menos el testimonio aportado por Julián Pereda se presenta a este respecto como irrecusable. No definitivo, claro es. Frente a este significado de las memorias de Pereda que viene a reforzar la tesis, a lo mejor un tanto simplista pero habitual, en torno a la línea ideológica de la Compañía, el contenido del escrito que comentamos di screpa radicalmente de las versiones más al u so y estereotipadas atañ e ntes al talante con que la Santa Sede y el episcopado español observaron la monarquía alfonsina. Dada su prodigalidad, tenemos que escoger los ejemplos. En contra a la op inión sostenida por nosotros y circulante por la mayor parte de la bibliografía, Pereda sostiene la inexistencia de una corriente favorable al carli smo en la jerarquía de la Restauración, aportando pruebas de inequívoco valor. Inmerso tal vez en un mundo feérico, Pereda mantiene igualmente que la s uert e definitiva del carlismo dependió, en última instancia, de los obispos, que arrojaron al lodo de las co modid ades y prebendas l as banderas del Pretendiente. La actitud aperturista de León XIII y sus nuncios en Madrid tampoco escapa a la s fulmínias críticas del arrebatado jesuíta. Pero al lado de estas anatemas de hombre de partido, se criban en el diario consideraciones dignas de cierta meditación sobre el ca rácter religioso de la sociedad del momento y de los resortes más íntimos que movían su MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEJ\IPOS DE LA RESTAURACIÓN 85 actividad política o, mejor dicho, de los que la paralizaban o impedían. Seria esta masa neutra, desterrada de todo nivel de ciudadanía y participación, sobre la que, en años ya no narrados por Pe reda, intentase el sector episcopa l encabezado por Cascajares al zar el es tandarte de desafío contra el turnismo canovista representado por la entrada en liza de un tercer partido confesional 3. La versión «Católica» del divorcio e ntre país «legal» y país «real», ritornello ele la crítica antir re stauracionista, cobra expresión de manera insuperable en la denuncia del redactor del diario. El repertorio de las requisitorias de Pered a es muy extenso, c onforme verificará dentro de unos instantes el lector. El repudio de la d es amortización es frontal. ¡Qué profunda debió de ser en el estamento religioso la herida abierta por Mendizábal y sus epígonos cuando en la mente de un joven sacerdote se agolpaban -al ver la incuria del antiguo patrimonio eclesiásticolas memorias y afrentas de un ti empo no vivido! ¡Cuán grande debía de ser también la sensación de marginamiento -voluntaria o nodel status eclesiástico de una sociedad por cuyo fluir no se sentía atraído! Hay mucho drama íntimo y colectivo en los pliegues del diario de Julián Pereda , notario inconsciente de una convivencia mutilada. Andalucía y Vizcaya se disputan el protagonismo de estos recuerdos. La primera es la vencedora del duelo. Los ruidosos y célebres eventos -en su tiempode la primaver a hispalense de 1882, la sembradura del copo educativo que de l as familias de a lt a alcurnia lle vará a cabo la Compañía en los decenios postreros de la centuria pasada, la s vicisitudes inaugurales de la orden ignaci ana en Andalucía durant e la cua rt a restauración religiosa, y mil detalles más que introduc en un relámpago de claridad en pasajes aún de sc onocidos de la historia meridional de la época, quedan cogidos en las mallas detallistas de este diario. ¡Qué imagen, v. gr., más preciosa que la de don Antonio Machado niño arengador de la turba anticlerical! ¡Qué testimonio más elocue nte del mefítico ambiente que algunas veces presidía las directrices episcopales co mo el del enfren- 3. Andrés Gallego, J.. La política re!i¡;:iosa en T!.<pmia ( 1 98 1 -1913 ). Madrid, 1975. 86 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO tamiento entre Lluch -a la espera de capelo catedralicio- y su auxiliar Spínola, fomentado por el personajillo de don Bernabé! La historia pequeña, la historia humanizada , hecha a la verdadera medida de las miserias y grandezas de su protagonista, se nos aparece con frecuencia en algunas de las páginas más recatadas del diario, como aquellas , v. gr., que describen los inicios del colegio del Palo. No amó a Andalucía el P. Perf'da. La sirvió bien, traba - jando duro y firme en su promoción cultural durante una década, pero sin gran afecto y comprensión. Como tantos de sus visit antes extranjeros del XIX que pretendían huir de su canícula con un salacof a la vez moral y físico, el adusto castellano no congeniaba con la pagana y tábida Andalucía. En vez de ser insólito, su caso es frecuente en los anales apostólicos y misioneros de la época, plagados de críticas a la degradada situación moral de las tierras del Sur ... 4 El País Vasco es el otro polo del diario . Las noticias proporcionadas en este capítulo por la pluma de Per e da son acaso más interesantes para la sociología religiosa del período que las estampadas sobre su periplo andaluz. Deusto, la propaganda religiosa, las maneras y estilos de captación de la alta burguesía del puj a nte y trepidante Bilb ao de los años 80, tienen en Pereda un pincel fidedigno y colorista. Las lacras de los sectores dirigentes y de la Compañía pintadas con buril trem e ndista años después por Blasco Ibáñez en «El Intruso » nos aparecen aquí de scri ta s por Per e da malgré lui. Los lamentos que se oy en en el diario salen de la pluma de un sectario dolorido por las torpezas y la frivolidad de los que dicen defender su misma causa. Si en el corazón mi sm o de la preten - dida fortaleza del ultramontanismo el dogma de la intransigencia era tan mal servido, ¿qué podía esperarse de su s uerte en otros t erri t or ios .. . ? En tal estado de espíritu era previsible su salida de la Compañía, enemiga de toda voz estridente y partidaria de lavar la ropa s ucia d ent ro de casa. Aunque pue - den ras trear se con cierta exu berancia en este diario los testi - 4. Con to do , los ana te ma s que el ardoroso jesuita la nzar a cont ra el clima moral de Valladolid pueden qu izá servir p ara relativizar algo sus at aques contr a la cor rupción meri dional. l\lEMORTAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 87 monios y pruebas de disidencias y querellas inte rnas en la orden igna ciana, no queremo s de s tacarlas con una alusión específica en estas breves notas introductorias, con el deseo de que nadi e se llame a escándalo. Por lo dem ás, sólo patentizan la evidencia de unos anta gonismos normales en cualquier comunidad, peraltados entonces por el clima de efervescencia ideológico que envolvía el vivir de las congregaciones religiosas de la España finisecular. ORIGINAL DEL EX PADRE JULIAN PEREDA EN LA PARTE HISTORICA (DIARIO DESDE 1882) Fue este año notable por los muchos acontecimi entos que tuvieron lugar en la Iglesia, en la Compañía y en la sociedad de España. Pidió el Sumo Pontífice una peregrin ación a los Nocedales y al partido Carlista, y se vio el escándalo que ocho obispos Alfonsinos con pr etexto de política la impidiesen. El de Sevilla, Santiago, Barcelona , Santander la pueden gloriarse de semejante triunfo. Cedió también el Papa. En Roma se advie rten tendencias marcadas a contemporizar. No se habla contra el catolicismo liberal. Los diarios del Vat ican o dejan mucho que desear. El Ministro de Estado, Jacobini, los favorece. En Francia hay división entre los católicos por la misma causa. En España la Unión Católi ca , favorecida por Cánovas, desun e al Partido C arlista y Católico, arrastra en pos de sí a muchos incautos, la bendicen y defienden mu chos obispos, escribe contra ella don Francisco Mateos Gago terribles filípicas, y con gra nde alegría de los malos y perjuicio de la religión reina la confusión en todos los buenos y la desanimación y el desaliento. Hay Prelados qu e prohíben diarios cató - licos. En Sevilla, la Academia de Santo Tomás se desentiende de la obligación de defe nder el Sylla bu s, y de mirar qu e no pertenezcan a ella personas inscritas en centros ateos y racionalistas. Se la debe considerar como un centro mestizo de ciencia conciliador y católico liberal. Por eso los más puros católicos no acuden ya a sus sesiones. El Arzobispo y Cardenal se distin guió sie mpre por su tolerancia y odio al car lismo. 88 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO Para él no se distinguen de este partido de los herejes. Esto explicará lo que luego diremos. Esta actitud y la de la mayor parte de los Canónigos y Eclesiásticos, contaminados con las ideas liberales, o que pasan la vida en un marasmo e inacción continuos, fueron sin duda la causa de que habiendo en Sevilla innumerables publicaciones periódicas, no se cuente una sola que sea católica. La iniquidad extiende a mansalva sus velas, sin que nadie ponga límite a su imprudencia e impiedad. Se alaba al Cardenal, impugnarle sería peligroso, y a renglón seguido se llama a los religiosos asesinos, adúlteros, haraganes; se habla contra la Iglesia, sin que aquél se perturbe ni se le vea tomar medio alguno para cortar tanto mal. De aquí el escándalo de los buenos, las caídas de los débiles, la destrucción y ruina de nuestra sacrosanta religión. En condiciones tan desfavorables y peligrosas el P. Juan B. Maga había formado una Asociación de Jóvenes de la Inmaculada Concepción. En un principio bastante numerosa, pertenecientes gran parte a la Universidad. A pesar de los esfuerzos inauditos de su Presidente, decayó mucho al poco tiempo, si no en el número en la calidad de jóvenes que la formaban. Su falta de ex periencia y genio e mprendedor en cuanto se relacionaba c on la Inmaculada inspiró la idea de celebrar el aniversario de Murillo, amalgamándole con la Inmaculada y el Pontífice Pío IX. La Inmaculada, Pío IX y Murillo fue el lema de la celebración del Centenario . Pronto aparecieron la s dificultades . Los liberal es, por ser religiosos, se retrajeron, los impíos lo miraron con odio; los mestizos vieron en ello una manife s tación carlista; los de este partido, al ver que los anteriores tomaban parte, o no concurrieron o lo hicieron de mala gana. Entre los indiferentes de alguna instrucción se murmuraba por lo bajo de la mezcla informe del Centenario . El P. Maga no ente ndía de partidos políticos, ni en su ent us iasmo por el Pintor de la Inmaculada era capaz de detenerse en estas menudencias. Emprendió, pues, los trabajos de preparación ayudado de los jóvenes de su Asociación. Envió al P. Provincial una Memoria para que la revisase y obtener MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 89 el debido permiso . Conseguido esto extendió a los cuatro vientos sus planes. La prensa publicó sus pensamientos. Casi todos los periódicos no manifiestame nt e impíos le alabaron. Lo fomentan los Obispos . Se recaudan limosnas o dinero especialmente de nuestros amigos: se pide a los sevillanos. Quiere el P. Moga que el mismo Alfonso y su Gobierno contribuyan, y aunque las dificultades pululan po r todas partes y el P. Provincial se hace reacio, y Jos de la Compañía en general lo acogen fríamente, se lleva adelante el proyecto y empieza una nueva serie de acontecimientos. En Madrid pensaban los carlistas favorecidos por personas influyentes de la Nunciatura, que el Centenario debía ser exclusivamente carlista. Ignoraba esto el P. Moga. Se vio después, cuando viendo en él mestizos y liberales se negaron a venir y aún hasta a enviar las poe sías. Se escribió a todos los ob is pos de España, que lo recibieron con aplauso. Pero su apoyo se redujo en casi todos a palabras. El Ayuntamiento de Sevilla se negó a cooperar, por el simple hecho de que en un manifiesto se llamaba al Papa Rey. Y de tan pequeña chispa resultó después un incendio. Se acercaba ya el día, pide al Arzobispo la Asociación de Inmaculados una reunión magna de todas la s Corporaciones de la ciudad para tratar de su cooperación y manifestación en las funciones del Centenario . Tuvo ésta lu ga r el 14 de ma yo en el Palacio del Arzobispo. Acudieron efect iva mente todas las Corporaciones civiles y militares y eclesiásticas y hasta mostraron cierto entusiasmo , exce pto el A yunta miento , que brilló por su ausencia. El P. Moga pronunció un entusiasta discurso, después de ha ber el Prelado anunciado el objeto de la reunión. Mas cuando és te vio que no asis tía la representación del Municipio, se echó a tembl ar a lo que parece; se rt!sfrió ¡su entusiasmo, invocó l'egalité, lib erté y fraternité y el deseo que antes había expresa do , y la obli gación que, puede decirse, quería imponer a su diocesano pa ra que tomasen parte en el Solemne Centenario, se disipó como el humo anunciando al P. Moga que era muy posible se qu edase sol o con sus jóvenes inmaculados. Estos quisieron oír para retirarse a lgunas Cofradías que 96 JOSt M. CUENCA TORIBIO En el entretan to se formó en los cafés de la Calle de las Sierp es un grupo como de 1000 hombres de levita que a eso de las 9 de la noche se diri gieron al Colegio. Le salieron al e ncuentro en la ca lle de Fr ancos algunos de policía que co n repartir a die st ra y sinies tr a algunos palos los hicieron volver atrás más que depri sa. Ba stó también en la Calle de Paj ari - tos que les echase el alto el centinela del Banco para que retrocediesen a t od o correr. ¡Cuántos valientes ha habido siem~ pre c ontra la s monjas y frailesl Al abrigo de la impunidad se han convertido en héro es en nuestros tiempos cobardes y feroces criminales. Se dirigi eron en tonces a la Iglesia de San Antonio y a la Res id encia de la calle de la Palma. Allí es tuvieron hora y media gol peando la puerta, haciendo un ruido infernal, y dando los consabidos gritos. A cuarenta pasos es taban un cuartel militar y la Capitanía General. En ésta, no sabernos si por sarcasmo, se celebral:. nn baile a la misma hora. La post er idad no po d rá creer qu e en una ciuda d culta y pacífica, con espanto y terror de to dos los ciudadano s honrados, se permita a sa ngre fría por las autor idad es que los malvados ha ga n befa y escarnio de la porción más escogida de sus religiosos habitantes. Se re tir aron pacíficamente lo s a lboro ta dores cuando su paciencia o sus pulmones se cansaron de blasfem ar y gritar a su placer . Ya no se contentaban c on los muera s a l os Jesuitas. Se oyeron también los Vivas a la R epú bli ca y los mueras a Alfonso XII. El Miércoles por la mañ ana continuamos con mayor a lar · ma , al vf.r eme p l S r. López Dominguez, gob ernado r int erino -qo tomaba aún nin gún medio para sofo car el tumulto . Se trató ya seriamente de e nviar l os niño s a sus cas as y retirarnos '\l osotro s. O currióle al Marqu és de T ., padre de un niño, amigo del P resi d ente del Cons ejo de Ministros, Sagasta, dirigirle un parte pregunt á ndol e si habría seguridad de que el Gobernador pod ría d efen d er n uestro Colegio en ca so de ser acometido por la plebe, como se temía. D et uvo el Gobernador este parte y llamando al Marqu és de T. le suplicó no le en viase ;Jor que el Gobi erno de M adr id nada de esto sabía. En cambiu ME\l.ORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 97 le prometió que este día quedaría todo sosegado y tranquilo. Publicó un bando , pidió tropas al Capitán General y efectivamente desd e entonces desapareció el tumulto que empezó antirreligioso y se convirtió en político y social. Pe:ro no hay duda que fue dirigido por los masones a quienes de seguro no era extraño el tal Gob ernador. Parre eclesiástica. Entremos ahora en lo más grave. El Arzobispo Sr. Lluch, hombre amigo de contentar a todo el mundo y enemigo de los carlistas a quienes solía llamar los solos sabios, los solos santos, los carlo-farisaicos, salió como dijimos de la segunda sesión del Alcázar ll eno de hiel y di sp uesto a hacer un escarmiento. Por no dar un escándalo no lo hizo en la sesión. Se unió como después se decía en una protesta al Sr. Nuncio, a los revolucionarios. Así se explica como sabiendo que los Jesuitas estaban en gravísimo peligro hasta de su vida, él colmase el cáliz de la amargura quitando, como clérigo culpable y escandaloso, las licencias de confesar y predicar al P. Moga. La razón que dio a cierto sujeto fue que al verlo hablar en la sesión le par eció hombre ligero y medio loco. Pero más que todo, extrañó que estan do ocho días esperando una satisfacción de los Jesuitas, ni el P. Maga, ni el Superior, ni otro alguno se presentó en su palacio. Aunque como h em os dicho, más estaban éstos para huir que no para pensar en dar satisfacciones de faltas que no habían imaginado les perteneciesen; sin embargo, sobre todo en el P. Maga hubo en esto algún descuido o temor siquiera por atención a la autoridad, debiera haberse pre sentado. No así el Superior y los demás, quienes sabido es de todos más bien disgusto que ninguna otra cosa tuvieron en el Centenario. De nada de es to se hizo cargo el Sr. Lluch, ni quiso oir las reflexiones que sobre el escándalo que causarían sus medid as le hizo una persona imparcial y deseo sa del bien de la Iglesia y de la Compañía. Entre los aplausos de los lib era les y de los masones que habían causado tantos escándalos para evitar que el Centenario lo celebrasen los católicos, disolvió la Asociación de Jó- 98 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO venes de la Inmaculada por carlista y alborotadora. Atribuíales ser causa de los desórdenes causados. Disminuía las blasfemias de los malvados, diciendo no haber gritado muera la Inmaculada, sino los Inmaculados; ni haber dado otros mueras que los contrarios a los vivas que se dieron en las sesiones del Alcázar. Y prohibió las funciones de desagravio. Esta conducta inconcebible sublevó los ánimos de los verdaderos católicos. Le creían unido a los liberales. Se escribieron varias protestas que se remitieron al Nuncio llenas de firmas, pidiendo se habriese (sic) una información sobre los hechos. Estaban los católicos afligidos y escandalizados. De Roma, parece, vino la orden para que se devolviesen las licencias al P. Moga. De Roma obtuvo permiso la congregación de San Pedro ad Vincula para hacer una solemne función de desagravios. Continuaba aquí la prohibición . El Boletín Eclesiástico dio un nuevo golpe a los buenos con un artículo titulado La Verdad del Centenario, en que se confirmaba estas ideas, y parecía querer justificar la conducta de los liberales. Le refutó admirablemente D. Francisco Mateas Gago, poniendo la verdad, como antes había hecho en su verdadero punto de vista (Véase el periódico El Siglo Futuro. Junio, 1883). Así continuaron las cosas, des ean do el Señor y otros que el P. Moga sa lie se de Sevilla y éste trabajando en vano por levantar su disuelta Asociación. Ya se empezaron a permitir las funciones de desagravio. El S eñ or Arzobispo despu és de haber sido nombr a do Cardenal cuyo hecho tanto celebraron los liberales, se retiró a su palacio de Umbrete ( 4 leg uas de Sevilla) donde se acrecentaron sus padecimientos y murió a los tres mes es sin recibir los sacramentos por falta de tiempo y abandono de su mayordomo Bernabé, quien de algunos años a esta parte, a pesar de su ineptitud e ignorancia, er a el hombre de confianza y consejo del señor Lluch. Por eso se cometieron tantas faltas en su Gobierno mientras estuvo en Sevilla. Dios le haya perdonado. Era de excelente corazón, muy amigo de los pobres; pero deseoso de estar siempre bien aún con los malo s, sobre todo tratándose de Gobierno, fue causa de que en sus tiempos sufriese mucho la Religión por su miedo de no ponerse mal con los liberales, aunque MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEl\lPOS DE LA RESTAUR<\.CIÓN 99 se escandalizasen de es to los católicos fervorosos. Le importaba esto bien poco. Volebat esse quietus et inconcussus. Con motivo de estarse edificando el Colegio de Málaga los Sevillanos que durante 12 años no habían pensado en Colegio, empezaron a moverse por el sentimiento de que los dejábamos. Ya pasaba la suscripción de 10.000 duros con esperanzas de que se aumentasen. El P. Sanz y Moga lo promovieron en tre sus amigos. Se pidió permiso al P. Provincial. La respuesta fue que no teniendo personal para dos Colegios y existiendo el compromiso con Málaga era imposible el de Sevilla. Acudieron al P. General con una Solicitud firmada por el Sr. Arzobispo, el Obispo de Milo, el Cabildo y gran número de personas importantes de Sevilla. Después de mucha esper a la respuesta fue semejante a la del P. Provincial. Mucho lo sintieron las personas qu e tenían con nosotros sus hijos . Algunos creyeron que no siendo conveniente, como era verda d, que empezase el Colegio de Málaga con todas las clases de 2.ª Enseñanza, podían quedar en Sevilla sobre todo las Clases Superiores. No parecía creíble, decían, que para echar los fundamentos de un colegio, se admitan al principio toda clase de niños despedidos muchos de ellos de otros colegios, y que por su mucha edad es probable sean incorregibles. ¡Por otra parte está n l as obras del Colegio suficientemente adelantadas para que pueda ser habitado! ¿No dic en que no hay dinero y no hay pu er tas, ni ventanas , ni escaleras, ni cocina, etc., etc.? Además estando en tan excelentes condiciones el de Sevilla, ¿a qué viene el afán y precipitación de aba ndonarl e? ¿no sería mejor continuar este año y arreglar cómodamente el de Málaga? Así razonaban algunos, y no dejaban de h acer fuerza a muchos sus argumentos. P ero poco les servirá. Despu és de haberse examinado los niños con mucho brillo en el In stituto, omitida por la s c ir cunstancias la Solemne Distribución de Premios, se empezó a toda prisa a destrnir el Colegio. Los P.P. salieron en seguida para el Colegio del Puer- to, sin darse la ra zón de tanta precipitación. Empaquetados todos los muebles y puestos en camino de Málaga, también 100 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO todos los Coadjutores sin excepción alguna se dirigieron al Puerto. No acertaban algunos a explicarse esta especie de misterio. Un trabajo indecible había costado cargar 19 vagones de muebles. ¿Quién los descargaba en Málaga? ¿quién estaba encargado de transportarlos desde la Estación al Colegio? ¿quién los recibía en ést e, los colocaba en orden y cuidaba de que no los robasen? ¿por qué no ir allá directamente los Coadjutores? Esto decía el vulgo y se daba la conjetura que el tiempo se encargó de aclarar. La razón era que el Colegio estaba tan atrasado que ni en mes y medio podía en él prepararse aún la comida ni tenía habitaciones medianamente habilitadas en que pudieran vivir los nuestros. Esta ausencia, como es natural, causó en los muebles que llegaron un desorden espantoso . Muchos se destrozaron, otros debieron perderse: se amontonaron en los tránsitos en confusión indescriptible. Providencia ha sido de Dios que con tanto abandono no haya desaparecido la mitad. En el Puerto tuvieron los P.P. unas vacaciones regulares, tomaron baños de mar los que pudieron. Les dio los Ejercicios el P. Tomás Suárez, Superior de la Residencia de Málaga. Después de estos que concluyeron el 15 de Agosto empezó la gente a salir para su destino. Los que pertenecían al Colegio de Málaga permanecieron allí hasta mediados de Septiembre. En Sevilla se quedaron el P. Salís y el P. García para entre ga r las llaves del abandonado Colegio. Como recuerdo, séanos permitido hacer aquí de él una breve reseña. El Colegio de Sevilla. Cuando en 1868 estalló la revolución y arrojó a lo s Jesuitas de sus Colegios y casas, el P. Francisco Fernández que estaba de Superior en el Seminario de Canarias vino oculta - mente a Sevilla y con dos Coadjutores abrió allí su pequeño Colegio. Se hizo con todo disimulo por e star prohibido expresamente los Je s uita s en Sevilla. Pronto reunió bastantes alumnos por concurrir los hijos de nuestros amigos. Habían éstos abierto antes otro Colegio dirigido por un Sacerdote, pero continuó con tan mal que MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 101 tuvi er on que cerrarle. Pasad a la primera efervescencia de la Junta revo l ucionaria y establecido en Madrid un Gobierno formal ya pudo el P. Fern ández cuyo talento y habilidad gana ban la s voluntades de cuantos le trataban , sal ir de la calle de Sant a Te res a y tomar en la de Ar gote de Molina, 19, una ca sa m ás cómoda y ca pa z pa ra los de la 2. ª En se ñan za y dejando la l. ª casa para los más pe qu eñ os. El P. Fernánd ez se había h echo cargo de este Colegio y lo dirigía, pero corría con l as cuentas de los gas tos una Junt a de Pad res de Familia . Es to como e ra natural se prest aba a tener di sgust os. Por eso se tr ató bien p ronto y se consiguió el que nad a tuvie se n que ver los segl ares en el Colegio. Este se iba llenando de niños tanto qu e al poco tiempo hub o qu e to ma r l as dos ca sas ad - juntas. Los Prof esores vestían de seglares y así continuaron cinco o seis a ños . Eran ayudados éstos por seg l ar es. No co ncebía el P. Fern ánde z s in estos requisitos el Colegio. L as circu ns tan cias e ran difíciles. Es lo cierto que a pesar de la revolución ca rlista y cantonalismo que hubo en Se villa nada pa - deció el Coleg io . Así c ontinu ó cuatro o más añ os enviando pe rs onal el P. Pro vinci al, au nque no todos es taban a gusto con la dir ección d el P. Fern ández. En el Cole gio se estudiaba mucho y so lían ser muy br illante s los exámenes, p er o ni se seg uía el Ratio Studioru.111, ni la vida de nu est ros jóve ne s Maestros era muy c onforme en general a nue s tros usos y costumbres. A e sto se atribuyeron muchos la salida del H. S. Ruiz que pue s to por el P. Fernández al frente de l os de In strucció n Prim aria en Santa Te re sa , no dio poco qu e hab lar por lo eleg ante de s us traj es y su v ida as eglarada. Así co ntinuaba dando como hemos dicho excel en t es resulta do s en los es tud ios y no pudiendo sa tisfa cer por falta de l ocal las numero sas peticiones de alumnos. En ferm o el P. Fernández, el excel ente, santo y nunca bastantemente alabado P. B erasáteg ui lo llevó adelante con ta l prud en cia y circunspección que aprovechando todo lo bueno ant iguo le vantó el Colegio a se r el mode lo de todos los nue str os de España, a unque algo le perjudicaron los que le siguieron por su abandono , con de sc endencia y modo especial de ve r las cosas en los Col eg io s, conse rv ó sin e mbar go su lustre y es pl en do r ha st a 102 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO que se cerró en 1882. Debe atribuirse esto sob re todo al rigor que se tuvo en tiempos del Rector P. Rabanal para despedir los niños que por sus faltas morales, fa lta de talento y de sapli - cación exigían más castigo que los de ordinario se u san en nuestros Colegios. Yerran los que creen poder conservar sin esta medida en todo su vigor la moralidad escolar. Ni hay que temer produzca en los de fuera mal efecto como algunos han sostenido. De dos medios se sirvió para est imular los jóvenes al estudio. En los primeros tiempos de su extensió n había todos los Domingos una Academia o examen General de las materias estudiadas durante la semana. Asistían y preguntaban to dos los profesores y preguntaba cada cual a sus discípulos. Con esto se obtenía que los Sábados y Domingos en que de ordinario no estudian los alumnos, tra b ajasen más que los demás días. Se quitó más tarde esta Academia, porque no se había pedido antes ni en el Puerto ni en Carmona. Era el segundo el examen riguroso que en el Colegio se tenía a fin de curso, establecido por el P. Provincial Juan José de la Torre. Se llevó a efecto con exactitud; y niños hubo que habiendo salido suspensos en casa y sidos aprobados en el In stituto tuvieron que repetir el año. Los que no quisieron acomodarse a éste, no se admitían en el Colegio. Algunos juzgaron excesivo este rigor, y aflojaron en los exámenes, ya que no les era dado quitarlos por completo. Lo que yo sé decir es que en el Instituto con estos exámenes se levantó muy alto el nombre de nuestro Colegio, y que los alumnos a ellos se atenían cuando celebraban las notas de sus estudios. Ser non omnes capiunt verbum istud. Mas a causa del local había necesidad urgenté de sacarle de allí. Dos o tres años que fue muy lluvioso el invierno se desarrollaron enfermedades que pusieron en peligro la vida de varios niños y la existencia del Colegio. Es cierto que en los trece años no murió ninguno, pero más que otra cosa fue providencia de Dios. Por otra parte era pequeño el número de niños que podía admitirse y era necesario tener ocupado todo el personal de un Colegio grande. Lo que maravilló a todos es que se conservase en el mis- i\füMORIAS ECLEsri<sTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 103 mo status quo sin adelantar un paso desde que faltó el P. Fer· nández. Influyó en esto el estar tan cerca el Puerto de Santa María y más aún el mismo natural de los Superiores, que o nada les satisfacía de cuanto se buscaba para Colegio, o no trabajaron con eficacia para que lo s sevillanos se moviesen a edificarnos nuevo edificio. Lo que últimamente ofrecieron an· tes se pudiera haber conseguido. Es Sevilla un punto excelente para un gran Colegio nuestro. Sin quitar alumnos a los del Puerto puede pasar el número de 200. Solamente la ciudad pudiera dar este contingente. Por otra parte no es decible el bien que pudiera hacerse en los prójimos, ya trabajando los profesores con los P.P. de la Residencia, ya aconsejando, ya dirigiendo, ya animando a cuantos trabajan entre los católicos en bien de la Religión y de la Sociedad. Al personal que después del P. Fernández tuvo esta casa fue debido en gran parte si no en todo su buen resultado y que con razón se le pusiese como modelo de los demás de España, sobresalieron los P.P. Rabanal, Berasátegui , Sánchez Prieto y entre los H.H., Gil, Guillén, Ramón Martínez, López Pajares, etc. Sin hablar de otros muchos que por su buen espíritu religioso y por su aplicación al trabajo contribuyeron podero samente a mantener a g rande altura la disciplina escolar y el aprovechamiento en lo s estudios. Ya sé que no faltó a quien le parecía demasiado rigor la facilidad de des· pedir los niños que no adelantaban o cometían faltas m ás o menos graves . La exper i encia hará ev id e nt e que sin est o tarde o temprano vienen a tierra todos los Colegios, después de haber causado la ruina moral de mu c hos in oce nte s, sin evitar la aversión que naturalmente tienen los jóvenes al Colegio, que es el desiderátum a que se dirigen los esfuerzos o, mejor dicho, los de seos ineficaces y perjudiciales de esta benign a escuela. Colegio de Málaga -1 882-. Se edificó este Coleg io por una Sociedad de Padres de Familia que deseosos de dar a sus hijo s una edu cación ex· presada y cristiana, se reunieron y propusieron adelantar el 104 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO dinero que fuese necesario para construir este magnífico edificio. Se hizo demasiado aprisa debido a la actividad del P. Vélez. Es un asombro que en diez meses se levantase y con poco más se habilitase para abrir en el Curso de 1882 a 83. Se resiente de esta precipitación. Y por mucho que se le cuide no creo tendrá muchos siglos de existencia. Muchas dificultades hubo que vencer, que sólo pudo hacerlo la eficacia del P. Vélez. Mas al fin se consiguió abrir el curso. Los R.º trabajaron como peon es. Muchos de l os muebles de Sevilla, como ni aún siquiera había local para guardarlos, se destrozaron. Todo se sacrificaba a la idea de inaugurar e] Co legio el primer día de O ctu br e. Como ésta había de ser pública, c uanto no contr ib uía a su esplendor, todo servía de estorbo. Mucho sufrieron la Biblioteca y los muebles más apreciables con esta confusión. Se inauguró con bastante solemnidad el 2 .º de Octubre . Asi stieron la Junta Constru ctora y las personas más distingu idas de la ciudad, menos el Instituto que se disgustó porque el día antes no habíamos nosotros conc urrido a su inauguración de curso. Se redujo nuestra función a una Misa Cantada de Espíritu Sa nto, y a pronunciar después un discurso alusivo al acto el P. Rector . Entraron unos 90 niños, desech os la mayor parte del Puerto y otros colegios. Como había poca gente era natural que se admitiese a todo el que se presentase. No pa reció a algunos este m éto do muy a propósito para dar principio a un Colegio, pero hay casos en los que las circunstancias lo alteran todo . Emp ezó el curso con esta mezco lan za y abigarrada variedad de niños. Se sup rimieron los Rudiment os y aún el examen de ingreso, c on lo que se formó como fundamento una numerosa clase de latín en la cual muchos ni sabían escribir. Puerto de Santa María -1 883-. Después de haber parado en los baños de Villaharta (Córdoba) la mitad del mes de Septiembre para reparar la quebrantada salud; me dirigí al Colegio del Puerto de San ta María. Notable por su posición, por la grandez y hermosura MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTA URAC IÓN 105 del edificio, por las reparaciones y cambios que ha sufrido en estos últimos tiempo es a no dudarlo uno de los mejores Colegios de Europa. El método que él seg uía para el buen orden de los alumnos era el tener muchas divi siones y muchas clases: método excelente si fuera posible tenerlo sin emplear tantos sujetos. No me gustó la demasiad a importancia que se daba a las fútiles quejas de las familias de los niños en lo referente a lecciones, tiempos de clase, comidas, etc., y la poca atención en cambio de las quejas de los profesores. Se echaba de menos, debido sin duda a los años anteriores, el crédito para con los profesores del Instituto. Era extraño que después de tanto tiem po aún le considerase, con corta diferencia como un Colegio de seglares. Sin atender a las notas del curso, ni a la opinión que de los niños tenía formada su propio profesor y a pe sar de eso se dice que estamos en buena armonía con el Instituto. Pero es lo cierto que la tiranía más horrible pe sa con este sistema sobre la enseñanza en España. En los Institutos y Universidades con raras excepciones no se estudia una palabra. Los profe sores en vez de enseñar la verdadera ciencia, como dueños absolutos y despóticos de sus clases y de las de los Colegios, y necesitados por otra parte por la módica remuneración que les da el Gobierno; convierten la ciencia en grangería publicando libros de texto y programas insustanciales, que obligan a causa del lucro y por temor de sus injusticias en los exá menes a que se estudien en todas aquellas clases cuyas asigna turas ellos representan ¿a qué conduce en una clase de primero de latín que los alumnos estudien como de prolegómenos cincuenta lecciones de Sáscrito (sic)? ¿_A qué viene en la Historia elemental emplear veinte o treinta lecciones en los descubrimientos prehistóricos o fabulosos y llenos de opiniones y nuevas conjeturas? ... Si prescindimos de la parte doctrinal. No puede ser más triste ver que a hijos de católicos se les obligue a estudiar Ji. b ros de texto plagados de errores y de herejías. A esto se añade que habiéndose apoderado de la en se ñanza oficial hombres por lo general impíos o indifer e nte s en religión es casi 112 JOS~ M. CUENCA TORJBIO mosear las calles y plazas que le rodean y el promover obstáculos y dificultades de todas clases para en torpecer el que fuera se adelante. Ya sé que hay honrosas excepciones, pero los latrocinios que encierra el Museo, el abandono de las bibliotecas, el despilfarro de los archivos, son pruebas má s que suficientes para demostrar que la sociedad pudiente de aquella ciudad se ha criado bajo la sombra del árbol de la libertad, y alimentado con la sustancia y jugo de las posesiones de los conventos. ¡Qué espectáculo tan desolador presentan aquellos montones de esculturas en el Museo! Unas, mutiladas por la mano vandálica que las arrebató a sus legítimos dueños. Otras, arrancadas de preciosos retablos que fueron el asombro del arte y el testimonio evidente de la vida fe de nuestro s mayores; yacen de aquí para allí como errantes piedras dislocadas publicando a la faz del mundo el crimen refoz del pueblo que cometió tan horrible latrocinio. Trozos de altares, sagrarios, aras, crucifijos, apostolados, mártires verdugos y tiranos, todo forma allí un conjunto indescriptible que si al artista indiferente puede causar alguna satisfacción de que el vandalismo salvaje de aquella ciudad no haya convertido en cenizas tantas bellezas artísticas; el serio pensador racionalista o católico concibe lleno de pavor al contemplar aquella escena de desolación y de iniquidad que el genio exterminador de la revolución dejó grabado en estos monumentos imperecederos su idio infernal a Dios y su instinto vandálico de destrucción. Visité varias bibliotecas y archivos. P ero los tesoros literarios de aquéllas han de saparecido por el abandono que en algunos años est uvieron. Los archivos, si se exceptúa el de la Audiencia, es una compasión el verlo s. En 1845 se dio una ley por la que se ordenaba que todos los archivos de los conventos y de las iglesias se entregasen al Gobierno Civil. Se ejecutó la ley con el rigor que entonces se les legaba en todo lo referente a la Igl esia . P ero el Gobierno no se cuidó de preparar bibliotecas o habitaciones para colocarlos. Se amontonaron en corrales, sótanos, tránsitos sin orden ni concierto en la mayor confusión y abandono. No sabemos por qué no le pe ga ron fuego. Cada cual llevaba los que mejor le parecían. Se dio en MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 113 Valladolid caso de vender en las tabernas y especerías muchos quintales los subalternos. Así se explica que el proceso original que la Inquisición formó contra Fr. Luis de León se encontrase casualmente en el baúl de un trabajador del Canal de Castilla. ¡Qué riqueza de manuscritos no desapareció entonces! Los trabajos de muchos sudores y vigilias, lo que había de servir para ilustrar las inteligencias de las generaciones venideras, lo que se conservaba como sagrado en aquellos centros de sabiduría, para celebrar a nuestros antepasados y refutar las calumnias de los enemigos de nuestra nación y de nuestra fe se aglomeraron. Se confundían, se despreciaba, se destruía, o se estimaba en menos que el abono de los campos o los harapo s inmundos que por las calles y plazas recogen entre las burlas del pueblo los necesitados y hambrientos. Todo porque en estos documentos iba envuelto el nombre de religión. Odio más propio que de hombres de crueles fieras. ¡Qué baldón para los españoles! Eran aquellos los tiempos clásicos del liberalismo. Se formaba este partido con los latrocinios de los conventos y la persecución de los frailes. El de s truir y aniquilar hasta el nombre de éstos, a más de ser una gloria, un mérito para ganarse la confianza del partido, envolvía para los particulares grande interés y crédito, inicuamente adquiridos, cuya existencia dependía de hacer desaparecer estos documentos y borrar si les fuera posible la historia de lo pasado. No es pues de maravillar que se encuentren en los Gobiernos Civiles de las provincias hacinados y revueltos en gran - des montones legajos y más legajos sin orden ni concierto alguno, llenos de polvo o pudriéndose con la humedad y expuestos a la curiosidad o el interés de cuantos empleados y gentes ignorantes entran en aquellos inmensos salones. Estos llevan, quitan o ponen cuanto les da la gana sin que orden alguna se lo impidan . Así desaparecieron del de Valladolid preciosas bulas originales de los siglos XIII y XIV de grandísima importancia para la historia religiosa de Valladolid. ¡Tan grande es el abandono! Y es lo más triste que si algún inteligente en la materia 114 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO pretende sacar de allí algún manuscrito, ento nces se conmueven todo s los Dioses del Olimpo, se recuerdan todas las ordenanza s y pragmáticas, se le sujeta a todas las formalidades oficinescas y se concluya por cansarle la paciencia y obligarle a que desista de tamaña pretensión. Es decir , que tales documentos, por importantes que puedan ser, están destinados a perecer . Me prometió un aficionado a las antigüedades, miembro de la comisión de monumentos , que trabajaría por si se podía evitar la de struc ción. No sé qué habrá conseguido. Supongo atendida la materia de que se trata que los artistas que vieron impasible a su autoridad con la mayor sangre fría y con todas las formalidades de costumbre decretar el romper todas las campanas de las iglesias tomasen con bastante indiferencia la cons ervación o destrucción de los papeles de los conventos. ¡Qué les importa la historia y qué la gloria de Felipe II o de cualquier otro Rey católico! Te mpi e passati. 1885 -Enero- Palencia.-Tuvimos un riguroso invierno. Yo mejoré de salud y pude trabajar en la viña del Señor. Con la fundación del Apostolado de la Oración de las Escuelas Dominicales y de Señoritas , y el visitar los talleres de mantas , el Círculo de Obreros, escuelas y catecismos; no es decible el grande impulso que se dio al espíritu y fervor de los palentinos. Se echaba de menos la piedad en las gentes acomodadas y muchas desidias o al menos poquísimo celo en las personas eclesiásticas. Esto, no obstante , en pocas diócesis de España hay más religión y piedad que en Ja de Palencia. Encontré casi completa la biblioteca de nuestro antiguo Colegio. El señor Obispo tuvo la bondad de permitirme sacar como unos doscientos volúmenes pertenecientes a la historia de la Compañía. Se conservan en el Palacio Episcopal, por supuesto, cubiertos los libros de po lvo sin que nadie los toque en muchos años. E nel Instituto hay una biblioteca en el mayor abandono de libros eclesiásticos que pudieran en cualquier Colegio nuestro hacernos excelente servicio. ME..\iORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACI ÓN 11 5 Pero la biblioteca por excelencia es la de la Catedral. Fundada por el Canónigo y Cronista de Felipe IV, Pérez del Pulgar, encierra en sí preciosos tesoros, sobre todo en lo referente a la historia de España, de la s Indias y de toda Europa . Conserva muchos y buenos manu scr itos . Es un verdadero tesoro, pero escondido y soterrado, puesto que nadie lo disfruta. Tambi én es precioso y está admirablemente arreglado el Archivo de la Catedral. Su Indice es obra maestra. Los papeles todos se refieren a los bien es qu e tenía el Cabildo y a sus privilegios. También en la biblioteca del Seminario observé qu e había muchos libros. En la Catedral se en c uentran mu c has preciosidades artísticas en cuadros, retablos, tapices, ornamentos, relicarios, etcétera. Y la mi sma C ate dral, por la pureza de su estilo gótico, mere ce ser visitada por todos los aficionados a esta clase de estudios. Cuando yo me disponía a utilizar a mi modo estos conocimientos recibí la orden de salir para Bilbao. En cuanto a política , observé que casi todo el Clero era mestizo. El señor Obispo, hombre santo y de muy bu enos deseos, pero tímido y apocado, se dejaba arrastrar tras esas apariencias de bi en con que a tantos hombr es de bien han enga· ñado los ca mp e one s del misticismo . Julio En Bilbao.-Se publicaba en Bilbao hacía dos o tres años El Mensajero del Corazón de Jesús, y se había establecido allí el centro del Apostolado de la Oración para toda España. Se trataba también de reimprimir los Varones Ilustr es de la Compañía. Por estas razones me llevaron a Bilbao. El Mensajero, aunque por estar representado y escr ito por PP. de la Compañía, se iba extendiendo mucho, como en el director, a unque hubiese bu e na voluntad, faltasen las c ua - lidades necesarias; llevaba un a vida pobre y eran de poquísima importancia sus publicacion es. Quiso el P. Provincial poner a esto remedio trayendo personas que junta sen a su 116 JOSÉ M, CUENCA TORIBIO talento y discreción la facilidad de escr ibir. Porque no solamente en la parte de redacción estaba por los suelos, sino también en la administración y parte material, había tal con - fusión y desorden que sin arreglarlo radicalmente era imposible sostenerlo. Se trató de poner remedio a esto segundo aumentando el personal en la Administración e introduciendo varias divisiones entre El Mensajero, El Apostolado y los varios libretos y objetos de devoción que allí se vendían. Para el servicio de los suscriptores se introdujo un nuevo sistema de fajas inventado por el P. L. M., que está dando excelentes resultados. Se reduce a que se coloquen en grandes bastidores 500 números de suscriptores de cada una, siguiendo la numeración ordinaria. Se suprimió el sistema de grandes listas y se introdujeron o mejoraron las cartulinas en que por orden alfabético constaba el nombre, apellidos con el número y demás señas del suscriptor. Con esto y la mejora que se introdujo en El Mensajero acrecentando su tamaño y publicando notables escritos serios y los célebres recreativos del P. Luis Coloma subió en poco tiempo la suscripción a 12.000 suscriptores. También se empezó a publicar la Edición Pequeña, con intención a lo qu e parece de hacer de la prim e ra una revista que tratase cosas ser ias y tra sce ndentales. No nos honra mucho que no haya habido fue rzas hasta el presente para llevar a efecto este hermoso plan . En el Apostolado había también grande confusión: que la hacía mayor la qu e tuvo des de su fundación en Francia por el P. Ramier e. El afán de mezclar muchas cosas fue causa de que este buen Padre no se entendiese y se viese alguna vez en la precisión de pedir perdón de su error y de que el S. P. subsa n ase lo mal he c ho . Desapareció el Rosario viviente. En Es paña, sin embargo, se acre ce ntaba esta devoción de una manera extraordinaria: se veía cumplida la profecía del V. Bernardo de Hoyos. No se daba a basto a expender papeletas o intenciones de mes y diplomas a los muchísimos centros que en tod a España se formaban. Y como con esto iban unidas las cédulas, las instrucciones de Celadores, las MEJ\IORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 117 medallas y escapularios, unidos a esto la poca cabeza y el espíritu ruín y apocado del administrador: no es decirle Ja confus ión y trastorno y por lo mismo la falta con el público. Personas hubo que sólo por esto dej aron la suscripción. Creíble es que sin este abandono hubieran llegado a 20.000 los abonad os . Se empezó también este año a publicar los Varones Ilustres de la Compañía, procurando qu e en cada tomo saliesen las vidas de una región o país. Abrazaba el primero las Misiones del Japón. Nada en ello se cambiaba, excepto la ortografía. Por ahor rar cuatro o seis pliegos de papel sale una edición ba stan te miserable. Muchas veces se reclamó. Todo fue inútil. Lo propio su ce dió con los mapas de las Misiones que al guno proyectaba para qu e se pusi esen en cada tomo . Todo se quedó en plan es porque no era idea de cierto sujeto. En la residencia trabajaba extraordinariamente el R. P. Martín, hombre de sólida virtud y con grande celo de la salvación de las almas; consiguió en los cuatro años que estuvo en esta población aumentar sensiblemente su religión y piedad. En veintidó s colegios enseñaba semanalmente la doctrina cristiana: or ganizó los catecismos durante las misas más concu rr idas de los domingos, teni endo él tres de ellos. Confesaba a los niños de esos Colegios y los del Hospicio , visitaba el hospital, los enfermos de las Hermanita s de los Pobr es, daba ejercicios a religiosas, de noche y de día le llamaban incesantemente a confesar moribundos, él solo hacía los meses de marzo, mayo, junio y julio en honor de San José, la Virgen, el Corazón de Jesú s y San I gnacio. El l evan tó la Congregación de San Luis , para que muera por anemia a manos de otros; él estableció la Sociedad de Artistas Piadosos; él fue el que varios años dio los Ejercicios de San Ignacio a los niños, a las criadas, a las señoras y al pueblo fiel de Bilbao. No es pues de extrañar que ese mismo pueblo cuando él le invitaba a alguna procesión mon s truo acudiese en masa a su llamamiento. Tal fue la procesión del Rosario en 1885 y la del Corazón de Je s ús en 1886. Jam ás vio aquella villa manifestación de fe más grandiosa. Y esto mismo , sin em bargo , 118 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO desagradó a los curas, porque les parecía (ut volet) hacer demasiado ruido. Sobre todo, en la del Corazón de Jesús hubo verdadero empeño en que no fuera por la calle de San Francisco. Se trabajó con el señor Obispo (que asistió) para que lo impidiese. No accedió este señor y fue magnífica. Y esto y su excesiva bondad para algún súbdito fueron, sin duda, ocasión que le sacasen de allí. Así y con lo que siguió debieron quedar complacidos los pacíficos párrocos. Pronto se echaron de ver los efectos. El comercio y tráfico asombroso de aquella villa atrae mul titud de gentes advenedizas, y si no trabaja con energía el Clero las malas ideas de los forasteros ahogarán los buenos sentimientos de los bilbaínos. Por este tiempo se fundaron varias casas religiosas. Los Carmelitas edificaro n su convento, las Adoratrices el suyo y los Capuchinos el suyo, junto a San Mamés. También se establecieron en San Francisco las Esclavas del Corazón de Jesús, traídas por el P. Martín. Un P. de la Residencia les estuvo diciendo la misa casi siete meses. Universidad. A la derecha de la ría, término de Deusto, distante dos kilómetros de Bilbao, está situado este magnífico ed ificio. Tiene 134 metros de largo y casi otro tanto de ancho. La fachada, de puro estilo bizantino con tres hermosas escalinatas, es de un aspecto magnífico. La capilla, h echa a imitación de Santa Sofía, aunque a los sem i sabios parece de mal gusto. es la admiración de los inteligentes. Merecen llamar la atención sus proporciones, sus pinturas, su altar con preciosas escu ltura s y el órgano con que últimamente la han adornado. Corresponde a esta magnificencia la espaciosa escalera. Arrancando del vestíbulo y de un tránsito opuesto se sube con pendiente suave por peldaños que imitan el mármol a la meseta o de scanso, en donde se divide en cuatro subidas que terminan en los grandes tránsitos. Los arcos y las columnas pareadas que rodean su ámbito están distribuidas con tan buena proporción y trabajadas con tanta elegancia, que dan a todo el conjunto mucha hermosura y una grandiosidad regia. MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEM.POS DE LA RESTAURACIÓN 119 No desdicen de esto los patios, tránsitos y aposentos dd piso principal, por más que no corresponda el segundo piso con sus oscuros e irregulares corredores; tiene el defecto la parte edificada de que se ha empleado n1ucho en adornos y magnificencia y poco en utilidad. Parece increíble que un edificio de 134 metros de fachada y poco menos de fondo sólo tenga habitaciones para 120 alumnos. El remedio es no seguir el mismo plan en la parte que falta. La historia de esta casa puede ll enar muchos volúmenes. Hacia 1880 vino a Bilbao desde Sevilla el P. Manuel de Ysasi, rico comerciante que había sido antes de entrar en la Compañía. La idea de fundar una Universidad surgió de la apremiante necesidad en que se hallaban los jóvenes católicos de huir de las Univers idade s ateas del Gobierno. Se trató de fundarla en Vitoria , pero el caudal del P. Y sasi y su s buenas diligencias inclinaron la balanza en favor de Bi lbao. Se repartieron acciones y se reunió una respetable cantidad de dinero . Pero, ¡qué de dificultades para elegir el sitio! Cada cual tenía su opinión distinta. Pa recía sob r esalir la op inión de don Pascual Ysasi, que quería se edificase en el ensanche ... (ininteligible). P. Ysao, y despu és de mil vueltas y disgustos, se decide el Provincial porqu e se haga en Deusto. Mucho debieron influir los señores de Ybarra, que tanto cooperaron con dinero y su influencia moral. A los accionistas se les paga el dos por ciento. Es verdad eramente admirable que sólo en Bilbao se reunieron 220.000 duros. Al frente de las obras estuvieron el P. Aróstegui y dos Hermanos Coadjutores. Hizo los planos el Arquitecto señor Cubas. Algunos errores graves se cometieron en la construcción. Pero en cambio se ahorró mucho, por el cuidado que tuvieron en vigilar a los operarios y con la aplicación de la s máquinas de hacer mortero, de subir pesos y el plano inclinado para bajar piedra. Hubo el primer año casi 100 alumnos de Derecho y Matemáticas. Se portaron muy bi en en su conducta; pero no sé si debido al afán del Prefecto de tenerlos contentos prodigando los recreos y vacaciones, es lo cierto que estudiaron poco, 120 JOSÉ M. CUENCA TORIBIO c omo se echó de ver en los exámenes del curso de 1886-87. De esto se quejaban habitualmente los profesores. Estos se eligieron entre los mejores de la Provinci.a: PP. Cienfuegos, Alcolavo y Obeso S. para Matemáticas; Vinuesa, Minteguiaga, Conde, Segura, S. O caña para Leyes y Filosofía y Letras; Superior P. Gallo, que fue a la vez director de El Mensajero. No faltaron dificultades para hacer andar esta gran máquina; pero se fueron venciendo: Hubo un verdadero disgus- to con los bilbaínos quienes deseaban, como era natural, que se admitiesen exter nos en las clases. Pa recía na tur al esta exigencia y aún algunas, se cree le impusieron como condición, cuando en tr egaron el dinero y aún les dio casi palabra el P. que lo recogía. Pero todos los que han estado en los Colegios de 2. 3 Enseñanza saben los grandes inconvenientes que esto t rae, y aún el peligro que con ello hay de trastornarse el orden del Colegio: juzgaron, pues l os PP. conscriptos, apoyados en estas razones que por ahora no debían admitirse alumnos externos. Algunos creyeron que estos inconvenientes no tenían razón de ser en el caso presente. Quis suo ... También los Redactores de El Mensajero pasaron a la Universidad y quedó a sus anchas en Bilbao en la Admi nistración el P. Rodeles. Estaba entre ellos el P. G. Cañas, quien a pesar de su poca salud y de su genio y carácter especiales, de tal suerte sabía ganarse las voluntades que con tener que trabajar en la Administración desde las ocho de la mañana . acudía a su confesonario un numeroso concurso de lo más se lecto y aún el egante de Bilbao. De suerte que atendido su modo de ser, en este empleo es donde podía al parecer, dar más gloria a Dios. Pero no llevaba esto en paciencia cierto sujeto: y ... todo se deshizo con grande sen timiento de las gentes; y él sin hacer cosa de provecho paró se is o siete meses en la Universidad hasta que salió para la Guardia. La redacción de El Mensajero sufrió bastante con este cambio. Gracias a los PP. Coloma y Castillo se acrecentaba su crédito y suscripciones. Era director el mismo Sup erior de la Universidad, hombre aunque literato y de regular gusto, ya por las muchas ocupaciones del Colegio, ya sobre todo, MEMORIAS ECLESIÁSTICAS DE LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN 121 por no estar acostumbrado a escribir, no tomó apenas parte en la dirección de la Revista. El P. Paz publicó su Re glamento para la formación del Apostolado en los Seminarios: se encargó de la correspondencia y relaciones con los Obispos: consiguió que el de Valladolid se interesase con los demás Prelados para que en Roma se concediese la institu c ión de la Archicofradía del Corazón de Jesús para los dominios de España. Ignoro hasta el presente el resultado . Uno de los medios con que se pudiera haber hecho mucho fruto en los prójimos era el Calendario Americano. Supuesto el crédito de El Mensajero y de la Compañía pudiera habérsele dado un impulso e xtraordinario; pero , como tantas otras cosas, tanto en su redac ción como en el modo de hacerlo, cayeron en manos de persona sin grande ingenio y sin ningún gus to literario ni artístico . Todo lo c ontrario que deseaba el difunto Sa nto Obispo de Almería. Se inutilizó, pues, un poderoso medio de propa g anda . Y si aún así se vendieron más de 40.000 ejemplares (. qué hubiera sido si redactado por personas inteligentes se hubiera hermoseado con los numerosos medios a que se presta el arte de nuestros tiempos? Pero es enfermedad de difícil remedio. La Política de estos tiempos. Pensaba haber hecho caso omiso de esta materia, pero como en las cosas más prop ias de Ja Religión y aún en las de la Compañía se introduc en sin poderlo remediar , aunqu e sea brevemente, no estará fuera de propósito que se consignen los hechos más capitales. La situación por que atraviesa la Iglesia en España desde la subida de Alfonso XII al trono, es verdaderamente crítica. Con el auxilio de los Obispos y de Roma, D. Carlos hubiera vencido. Pero aquéllos no se movieron y en Roma lo despreciaron. Más daño , qu e 50.000 hombr es, hi zo a los Carlistas la venida del Nuncio a la Corte de Alfonso. Es por demás triste que no se hayan entendido en Roma las necesidades y la Religión a prueba de los Españoles. La aprobación de la venta de los bienes eclesiásticos cr eó en España