scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El paisaje y el príncipe

Miranda Regojo, Antonio

Abstract

Con un renovado, y a pesar de los pesares, siempre posible optimismo, el autor -siguiendo a Schiller- viene a poner la emancipación humana en manos del poeta o príncipe colectivo educado en la auténtica, escasa y rara belleza.

Full text

EL PAISAJE Y EL PRÍNCIPE Antonio Miranda Con un renovado, y a pesar de los pesares, siempre posible optimismo, el autor -siguiendo a Schillerviene a poner la emancipación humana en manos del poeta o príncipe colectivo educado en la auténtica, escasa y rara belleza. 1960: Todavía el poeta Evtuchenko puede preguntar dad no. Las dos cabezas o formas neochabo- y dudar entre La Ciudad Sí, y La Ciudad No. listas con las que el monstruo se presenta ante los ojos de un meridional son: La gestión territorial -urbana, suburbana, ruralno parece haber estado nunca en manos de la poética inteligente, como hubiera sido deseable en función consecuente con su sagrada necesidad. El despotismo castizo, la guerra, la usura, la especulación, la barbarie cateta, la moda, la tecnocracia servil, la vanidad, la artisticidad, el esteticismo ... han sido los vectores de acción territorial en las diferentes épocas y lugares. Debiera resultamos milagroso el hecho de que la situación actual no sea aún peor. A lo largo del siglo xx, la antiurbana o falsa solución suburbana, aportada por el capital y justificada por las vanguardias socialdemócratas centroeuropeas, sólo ha podido engendrar un monstruo bicefalico: ni ciudad sí, ni ciu- a. La disgregación en forma suburbial, constituida por la vivienda aislada efectista, exhibicionista, bufonesca o postmodernista. b. La desagregación en forma suburbial de bloque colectivo abierto igualmente aislado, pero brutal, estadístico, robótico y «moderno». Ambas aberraciones suelen ofrecerse rodeadas de «zonas verdes» de desecho, de retales marginales de un territorio, para entonces, ya inespecífico, anómico, amorfo e irrecuperable. Estos dos tipos o modelos, inhumanos o antiurbanos, vástagos del viejo maridaje entre el derroche y la miseria, son enemigos periféricos, aunque poderosos, de una verdadera democra- -XXXIX- 39 ASTRAGALO, 13 (1999) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1999.i13.06 Arquitecto, profesor de la E. T. S. de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid y crítico de arquitectura. 40 cia panhumana. Ambas cabezas se necesitan y alimentan mutuamente, ambas engordan al mismo bodrio o centón, porque esa doble monstruosidad no es casual. También, a modo de homotecia, el ultraliberalismo salvaje y el bárbaro fascismo constituyen las dos estacas con las que la misma y única dictadura del capital golpea según las circunstancias, en unos u otros países, a la mayoría de la población del planeta. Una democracia sólo formal, sólo liberal, en la que sea necesaria y posible la miseria no es, en rigor, una democracia. Sería suficiente con que la indigencia afectase a una sola familia, para que tal democracia quedase deslegitimada por falsa y desenmascarada como farsa. Una de las mayores trampas que nos tiende la ideología -o falsa conciencia que nos es continuamente inyectadase encuentra en el error de identificar el electoralismo con la democracia, con el mercado y con el capitalismo. Aunque es mucho más cierto que un futuro mercado sano no tiene por qué implicar un sistema capitalista, no lo es menos que la confusión entre democracia y mero electoralismo es la peste para una democracia avanzada y sana. La futura espectativa es que, aun bajo la hipótesis de esa democracia del bienestar para todos, el proyecto territorial y urbano terminará siendo entrópico, grosero, ineficaz y dañino para la colectividad, salvo que haya de las estirpes consanguíneas en proceso degenerativo, esas mismas que atiborran de gusto plebeyo la prensa sensacionalista, amarilla o sentimental. Sin aceptar la artística partenogénesis del arquitecto aislado, heroico y «genial», tampoco quiero aludir al príncipe de Filarete que inseminaba al arquitecto con su idea, motivo por el cual, este útimo debía dar a luz su proyecto al cabo de nueve meses. Me refiero al cada día más necesario príncipe moderno capaz de humanizar a Maquiavelo; o, dicho con otras palabras, aludo al príncipe crítico de Gramsci. Se trata de ese poeta que piensa en construcción, a decir de August Perret; o de ese intelectual colectivo que tiene la virtud de la prudencia: «la capacidad, la aptitud, la potencia», de conocer los límites, propios y ajenos. Se trata, pues, del hombre universal, un poeta de la realidad, que posee una visión estratégica de su mundo y del mundo y que, precisamente por ello, está dispuesto a trasformarlo. Se trata, por fin, de esa culta y arisca Sociedad Civil que controla al Estado antes de subsumirlo y que, por tanto, es capaz de promover poesía o acción trasformadora dentro de una mente crítica colectiva, cuyo buen sentido dialéctico y sabiduría paradójica, se contraponen a la doxa de! «sentido común» y a la opinión del vulgo patriota 1• Y es que esta doxa opinión pública o periodíssido concebido -y realizado con formas urbatica, como ya anticiparon los eleáticos de la annas- por personas que sepan distinguir lo subtigüedad clásica, implica parálisis del pensaurbano de lo suburbial o anómico, es decir, miento, o sea, parálisis de la crítica ... algo muy pensado por poetas principales o con princisimilar a la Moda, que para Apollinaire no era pios, esto es, por príncipes. más que la «máscara de la muerte». Aludiendo a los príncipes, no me estoy refi- El personaje necesario, escaso y plural del que riendo, claro está, a los vástagos decadentes hablamos, existe, pero es inútil buscarlo entre -XL- senadores, profesores, alcaldes, concejales, llos inmobiliarios a lo largo y ancho del territoregistradores de la propiedad o tertulianos rio. Es por ello que el noventa por ciento de los chismosos de la prensa y la televisión. Es arquitectos de todo el mundo, nunca trabajan preferible buscarlo -aunque sea aguja en un como tales -esto es, como príncipes o poetas pajarentre los poetas y en su defecto entre de la materiasino que se encuentran subemlos filósofos, los escritores, los ingenieros, los pleados en trabajos tecnocráticos como verdaarquitectos, siempre que ninguno de ellos sea deros chicos de los recados del promotor fi- un «especialista profesional» (robot) o un «arnanciero privado. Tambien es conocido que el tista creador» (bufón). A fin de cuentas, la poe- Gran Sujeto necesita lavar tanta infección y ticidad implica negación y exclusión de la presentarse o representarse con rostro amable artisticidad, como nos descubrió Lessing hace y culto. Para tales ocasiones de pompa y cirya doscientos años. Pensamos, pues, en alcunstancia le basta con disponer de un puñado guien que pueda resolver, con su acción, la postinero de especialistas en la composición o contradicción profesional local-global, es decomponenda estética. cir: técnico vs. político. Por el momento, más nos vale reconocer que todos somos técnicos (objetos informadores) sometidos a nuestros superiores, a la vez que políticos (sujetos decisores) de nuestros subalternos. Y en la gestión del territorio esta dialéctica piramidal, que no reconoce talentos, se hace clamorosa. El estatus de dominación, en terminos generales, no necesita al arquitecto. Más bien le odia o, lo que es lo mismo, le teme. El arquitecto que abomina de la pasarela de vanidades y no quiere representar el papel de sastre a la moda, usa de una racionalidad filantrópica o panhumana de carácter poético que excluye y destruye todo el racionalismo castrense o mercantilista prDpio de la contabilidad mafiosa del capital. El arquitecto no interesa. Así, como no podía ser de otro modo, la ideología plebeya (o sea: burguesa) de taberna está llena de chistes obscenos que hacen befa de la figura del arquitecto. Lo que necesita el estatus de esclavitud es un esclavo distinguido que gestione, justifique y resuelva las seudomórfosis y los atrope- Cuando un arquitecto sale al mundo del trabajo tiene, con suerte, alguna casilla de algún casiiiero esperándole para acogerlo. Será, tal vez, la que corresponde a un funcionario de rutinas; o a un diseñador dé pequeños gustos particulares en una sastrería «a la carta». En otros casos afortunados podrá ocupar la casilla de un gestor de capitales inmobiliarios; o de un urbanista de periferias y de trazo gordo. Su rol permitido (obligatorio) será el del tecnócrata unidireccional, unidimensional que ejecutará un trabajo parcial y ciego, cuyos fines no controla y que, en general, son espurios, aunque comunicativos o simbólicos a la vez que mercantiles. Si el arquitecto en cuestión no se limita y divide (ya ha sido dividida para ser vencida, la arquitectura territorial en asignaturas y profesiones distintas: ingeniería, urbanismo, paisajismo, etc.), sencillamente, no tiene sitio en esta sociedad encasillada por la barbarie del especialismo. Aun así, el especialista no será valorado tanto por la altura o perfección de su -XLI- 41 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 trabajo, como por su disponibilidad. Ha de ser desde arriba, esto es, emitida por el Gran Sujeto fácilmente domable como minisujeto y doanónimo o sujeto de la enunciación) modelará mesticable como objeto, de modo que, una un segundo ejercicio artístico o de composivez asalariado o comprado, se le pueda ocultar ción. La mayor parte de las veces el verdadero la realidad total, más facilmente que a un poesujeto de la enunciación o amo del estatus, no ta u hombre universal. Podemos ver al pobre necesita pronunciarse, ya que sus propios criteespecialista en su covachuela burocrática rios financieros se encuentran tan confortablecomo a un peón local cuyas creencias, limitamente instalados -en forma de superego cendas a un dialecto artístico y vernáculo, son el sordentro del cerebro inane del pobre técnico mejor instrumento del nacionalismo de teancillar, que éste los destila, fluida y ufanarruño al servicio del Poder caciquil lugareño, mente, como si le fuesen propios. esto es: internacional. Suele también -si es arquitecto- ser ese lacayo halagador, esnob y a Si además de esta mutilación o lobotomía «prola moda, ese «creador» un poco hortera y osfesional> >, el tal artista -arquitecto, ingeniero o tentoso en sus gustos externos, notablemente urbanistaha de someterse a la culturilla nacíaignorante -pero amigo del alcohol, de las aunal, de su potencial cerebro crítico sólo quedará toridades y de los deportes absurdosque un minúsculo muñón. El localismo castizo o retanto ha desprestigiado a la profesión. Por el gionalista -otra lacra aldeana del nacionacontrario, repito, el poeta constructor de Pelismo- es sinérgico con las ideologías de cam- 42 rret, el que no oculta una visión amplia, panario, de arcón de abuela, de chulo de coabierta, principesca, seca, áspera y universal es, para el sujeto de dominación regional (a cualquier escala), inútil o peligroso. Al dócil minisujeto, o técnico de la consigna, o sujeto del enunciado, sea éste arquitecto, urbanista o ingeniero (como si fuese posible ser de verdad, arquitecto, urbanista o ingeniero, por separado), se le dará un Programa Funcional. El artista no se rebajará a diseñar el prototipo atópico, ya que Él vive para la unicidad de lo exclusivo. Menos aún proyectará para una nueva y mejor geografía con su Proyecto. Más bien abocetará con mano gruesa, ancillar y sumisa, segun la doxa o único sentido común, un ejercicio de distribución. Más tarde y de acuerdo con la opinión vulgar (aunque prescrita por alguna que otra indicación que se le dará marca o, en menos palabras, es coincidente con una concepción también mutilada, cerril y provinciana del mundo. La auto-enticidad, la entidad de la mejor arquitectura en el mundo, cuando quiere enfrentarse al uniformismo banal y consumista que impone el tardocapitalismo, no lo hace a través del regionalismo de pastiche simbólico, mimético, pintoresco y retrógrado del postmodern que no cesa. Y esto es así, porque la arquitectura se hace tanto más auténtica respecto al Jugar que ocupa con su construcción, su función y su forma, cuanto más responde actualizada a su espacio-tiempo universal y panhumano. Por otra parte, debiéramos recordar a) que la tradición que se limita a la mimética reproducción historicista del pasado no tiene el menor valor histórico, y b) que, por la recíproca, el desprecio absoluto por la -XLII- historia no produce más que payasadas artísticamente «originales». No creo que sea mirando hacia atrás sin ira, sino con el riesgo de apoyarse en la tradición para después negarla, como avanza la Humanidad en la Historia. La originalidad novedosa tal vez sea inocua en el mundo de la lencería o la peluquería. En el mundo de la cirugía (arquitectura del territorio urbano y periférico), la «originalidad» a la moda me parece, más bien, algo criminal. Es, sobre todo, el gran cacique internacional, bajo los más diversos disfraces, quien se beneficia de tanta mengua mental. Pero ese cacique, ya sea bancario, político, religioso, militar, industrial o político, es justamente la negación del poeta o príncipe cosmopolita y, por tanto, su peor enemigo. El poeta identifica materia y espíritu obteniendo así abstracciones de la materia. El pragmático utilitarista solamente teoriza para obtener materia inmediatamente. Aleccionados por la mutua relatividad entre espacio y tiempo, sabemos que el cacique -a toda escala-necesita para su medro del nacionalismo. Este mito cazurro, escondido bajo tantas ferias y fiestas culturales, ese hermano mafioso inseparable del kitsch, es a su vez incompatible con el flujo del pensamiento histórico mundial. El espacio localista es, respecto al tiempo anacrónico, lo mismo que el espacio global es respecto al tiempo histórico o diacrónico. Los intereses nacionalistas del enunciado (o consigna de, por ejemplo, el PNV) son por todo ello estimulados desde los intereses internacionales de la enunciación (p. ej.: Complejo Militar-Financiero) por medio de la ignorancia oscurantista, la miseria económica y el despilfarro conspicuo. Tres caras del mismo poliedro polifocal. Frente a tanta miseria ombliguista, el príncipe actúa en razón de que los valores amplios, universales y globales nacen para la dignidad popular panhumana, pero desde una teoría económica tanto más global, cuanto más pegada al suelo y puesta al servicio de esa dignidad particular exigible por cada quisque. El conflicto no es otro que la vieja dialéctica entre Teoría abierta y propia del poder poético de la claridad vs. Ideología cerrada y propia del tenebroso y confuso poder financiero y militar. 1920: Maiacovski había decidido y contestado, aunque muchos años antes, de un modo aparentemente enigmático: «Abandonad la ciudad hombres estúpidos». El príncipe o poeta colectivo del territorio, es un humanista que supera y niega el, ya rancio y cinco veces centenario, manierismo postmodernista que nunca cesa. Nuestro geopoeta usa de la modernidad internacional -antítesis del modernismo nacionalistaporque se sabe y se siente hermano solidario de todos los hombres, mujeres y niños de la Tierra. Su racionalidad o arquitectura o sabiduría universal y global será causa y efecto de los saberes locales siempre que excluya de sí, cualquier estrecho racionalismo o utilitarismo burgués. Alguien así, más filántropo y cosmopolita que metropolitano, como lo fueron Séneca o Jesús de Nazaret, debiera ser deseado por cada institución local. Pero la realidad, ya se sabe, es muy distinta. El príncipe o poeta sigue siendo acusado de dificil, aristado, hipercrítico y antipopular, cuando, por el contrario, es sencillamente antipopulista, antidemagógico y anti- -XLIII- 43 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 44 plebeyo. Este rechazo hacia la inteligencia universal -es decir, hacia la arquitecturaes una prueba más del caracter precario de la democracia formal, sea local o internacional. Nuestro príncipe metropolitano habrá sido educado austeramente, o sea, según los patrones de la verdadera aristocracia, esto es, de la altura espiritual, o sea, de la autoridad en el estudio encaminado a una vida racional o superior. Esa vida que eleva el espíritu de nuestra especie, se desarrolla, cuando menos: a. en el respeto prioritario hacia todos los que han tenido menos suerte, y b. en la autoprotección respecto a las gentes de moda; defensa basada en el hábito inveterado de no parecerse en nada a tales gentes. Tan alta formación puede adquirirse en casi cualquier lugar del mundo, siempre que no coincida con los masters y doctorados de «las mejores universidades norteamericanas», cuyo modelo de individualismo gregario y antiurbano, nos invade por todos los flancos. Véase un ejemplo, llamémosle delicioso, en el desfile de seudoarquitectura (horrores atractivos y agradables majaderías) que flanquea las frondosas y falsas calles suburbiales de Beverly Hills. Nuestro príncipe, como todo poeta, sabe como intelectual colectivo, pero siente como pueblo trabajador individual, por eso desprecia y combate el gusto vulgar, el gusto de la masa acéfala, ese «gusto que tanto gusta a las gentes sencillas», y que tanto postulaba Goebbels mientras confiscaba -o quemabacuadros -o librosde la mejor vanguardia por consigermánicos». El Mal no es otra cosa que el poder en las manos de los parásitos de la jetse!, de los delincuentes sociales. El antipoeta Goebbels, modelo él mismo de plebeyez hitleriana, no hizo más que entregarse a la perfidia del parásito oportunista que babea ante la posibilidad de manipular, con artística propaganda, a las «gentes sencillas». A cambio nos enseñó la identidad existente, por ejemplo, entre el megakitsch arquitectónico y el matonismo. Porque, ese gusto vulgar hacia la payasada fascista o lindeza edulcorada -del que nadie puede decir estar completamente libreno es muy distinto del que ofician, en su mayor parte, nuestros democráticos ediles, concejales, consejeros, técnicos, los cuales a su vez, también babean ante lo efectista, lo gesticulante, lo histórico, lo grandilocuente, lo empalagoso, lo kitsch de ciervo y cisne, lo heterogéneo, lo superficial y lo fácil. El príncipe -personal o colectivonecesario en cada ayuntamiento y en cada comarca, albergará la pasión de la inteligencia, por lo que caminará a lo largo del dificil sendero de una sabiduría que, ajena a la pedantería, o a la demagogia, se funde con la Humanidad porque detesta sobrevolarla a lomos de la barata metafísica. Por ello, nuestro príncipe, gran destructor de entropías, es causa y efecto de la desmasificación mercantil, cultural e ideológica de los seres humanos de hoy. ¿O es que no es cierto que, en tanto que masa manipulada, somos tanto más gregarios en nuestro individualismo suicida, cuanto más individualistas y aislados de la acción colectiva? Así como para combatir el gusto vulgar, el prínderarlos arte degenerado producido por «no cipe ha de construir síntesis paradójicas entre lo -XLIV- social y lo individual, asimismo será capaz de sintetizar lo universal y lo particular. El gusto grosero o masificado -ya se mueva entre lo kitsch y lo chic, ya oscile entre lo cutre y lo cur- si- es el artístico caldo de cultivo de la estupidez, del miedo, y consecuentemente del odio grupal o fascismo. El realismo socialista -se- pulcro de la vanguardia soviética engrandecida por Maiacovskino fue muy superior al realismo romántico de Goebbels, por más que cualquier comparación entre ambos regímenes me resulte del todo irrisoria y bufa. Si el prínnacionalismo a la cubana o a la vietnamita. Lo inmaduro, tan inherente al nacionalismo o al localismo, era capaz, al menos, de generar suficiente heroicidad y energía como para detener al imperio internacional del dinero y el napalm. Pero ese imperialismo financiero, hoy ya no es apátrida; más bien posee el control y el lucro de toda patriotería fundamentalista, por lejanas que aparezcan las siempre ficticias fronteras y patrias, en el mapa. cipe puede vencer a las modas postmodernistas, 1999: << Resucitadme, aunque más no sea, porque ornamentales y oportunistas, es porque pertesoy poeta, y porque nece a una vanguardia crítica, actual y activa, a espera ba el futuro luchando contra una elite popular que constituirá el futuro cetodo lo m ezq uino de la vida> >. mento del «bloque histórico antiplebeyo». El (Vladimir Maiacovski) príncipe no camina por el filo de la navaja entre el sentir popular y el saber intelectual, porque él Nuestro príncipe, que abomina del puñado de mismo es Humanidad y está constituido por esa amalgama rara pero posible y necesaria, que forma la racionalidad de la gente y la instintividad del fi lósofo. O viceversa. El príncipe sabe que sin esa amalgama, ambos vectores por separado, son despreciables formas de demagogia y de manipulación. Ejemplo s: Cuando la izquierda ha sido teórica y tecnocrátic a, ha rechazado el innoble nacionalismo, no tanto por su puerilidad circense o por su inherente falta de belleza, o por su antiestética barbarie, como porque representaba una barrera al internacionalismo proletario, cuyos miembros explotados, más que internacionales eran apátridas: turcos en Alemania, o marroquíes en Francia o España, etc. Por el contrario, cuando la izquierda ha sido resistente y militar ha abrazado, sin pudor, el poderosos que humillan el mundo, está del lado de los trabajadores y de los fuertes que forman la resistencia crítica en la lucha por una sabia ordenación del territorio y de la Tierra. Para evitar que el Planeta siga siendo inmundo, a veces ingenuo, milita en el optimismo histórico de la utopía desde siempre realizable, porque sabe que, con la resistencia del realismo histórico, la inteligencia de los fuertes (el poder) puede vencer a los poderosos (El Poder). Por otra parte, el príncipe ha aprendido que la kulturkampf televisiva o arquitectónica, alimentada por El Pod er con el grosero retro-seudo, y disfrazada de arte << poppost», es todo salacidad, aburrimiento y mercantilismo. La verdadera resistencia crítica popular o principesca puede ser, en consecuencia, aristocrática y global, es decir, antiplebeya por su propia razón de ser. - XLV - 45 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 46 Es la chusma idiotizada, ruidosa, multinacional y automovilística la que, suicida e insensata, perfora los subsuelos; la que impide que tengamos dobles filas de árboles en todas las aceras; la que se opone a que en todas las ca- Hes del mundo exista un carril-bici. Es tambien ese vulgo activado por el consumo memo, esa extensa e inmensa placa burguesa de arribistas -que tan buen soporte dieron a las dictaduras policiacasla que odia y teme al trabajador de la industria del campo o de la universidad; es la misma que desprecia al emigrante extranjero, y la misma que, por todo ello, huye del instinto racional y de la inteligencia popular. Es ese mismo extenso grupo -indoctrinado en el analfabetismoel que envidia, admira, adula y ama a las capas sociales parasitarias; el que se nutre de tele-basura y de prensa amarilla o deportiva; el que coloniza el campo con infectos chaletones, y las ciudades con ruido y humo. Pero esa chusma intoxicada por el mercado, esa masa aquiescente, verdadera obra maestra de la astuta crueldad del Nuevo Orden Financiero, constituye también una buena parte del electorado. El príncipe, al que ya podemos llamar pueblo no intoxicado por la doxa oficial, sabe que fue una concesión demagógica y fascista por tanto, la sustitución de las nuevas farolas de la Puerta del Sol en Madrid, por otras tan chabacanas como las fernandinas de infausta memoria, ya que se encuentran asociadas en nuestra historia al recuerdo del garrote vil, otro invento del más miserable y siniestro de los barbones. Nuestro príncipe nunca hubiera cedido ante la masa automovilística, maja y cañí. Dirigiendo las estrategias urbanas, hubiera activado la negación simultánea y sintética contra los falsos contradictorios: el Sancho bufonesco y el robótico Alonso, ya que ambos encarnan dos encantadores semblantes del mismo ser deficiente nacional. Las Escuelas de Arquitectura, y otras muchas facultades, podrían estar preparadas para formar tantos príncipes como regiones, comarcas, barrios ... pueblos, haya en un país. Bastaría con que se demandaran. Pero para e1Io tendría que poder manifestarse y hablar el colectivo de una auténtica democracia económica, y no la intoxicada plebe fantasiosa y facilista que consume tanta producción arquitectónica o periodística plenas de cotilleo verde y de corazón rosa 2• He sugerido que el príncipe es persona de síntesis dialécticas y heracliteas. Por eso puede distinguir que la realidad hostil -simplificada por su virtual sucedáneocamina sobre dos muletas opuestas pero complementarias: la del Bufón y la del Robot. Puro bipartidismo americano. El príncipe, pues, resiste al Bufón cuya pasión nihilista, expresionista, manierista, romántica y sensual, nutre a una mente irracional; y, de modo simultáneo, resiste frente al Robot cuya razón utilitaria, mecanicista, mercantilista y racionalista, suele disfrazarse de racionalidad y progresismo. El príncipe, elegante, sabe elegir en la distinción. Por ello distingue y no confunde lo contrario (complementario) con lo contradictorio (excluyente); por ello conoce que la separación estilística y pendular basada en las naturalezas humanas (Robot clasicista-Bufón romántico) es tan falsa, artificiosa y académica, como hija del miedo a las verdaderas contradicciones: las que -XLVI - surgen de las condiciones humanas. En consecuencia actúa para negar y superar -por medio de la síntesis crítica y la mutua negaciónlas fáciles dicotomías occidentales, para ocuparse de las difíciles y verdaderas contradicciones de clase. Y respecto al progreso, también distingue que no es el puro Progreso tecnocientífico el que importa, sino salvo en la medida en que tal progreso construya progreso panhumano. En cuanto al territorio, el poeta o príncipe no olvida que el miedo nacido de la ignorancia es la causa de los mayores errores primero (maestros Tessenov y Kahn) para después, a su vez y respectivamente, hacerse causa de los mayores horrores (discípulos Speer y Venturi) de la Historia de la Arquitectura. A pesar de lo dicho, aún quedan otras fáciles dicotomías por negar y superar en el ámbito local-global. Así como he supuesto que el príncipe es capaz de superar las falsas separaciones (tecnoespecialismo vs. generalismo retórico; urbanismo mercantil vs. arquitectura artística; internacionalismo uniformizador vs. nacionalismo variopintoresco) puedo también imaginarlo como capaz de producir inteligencia partiendo de la síntesis idónea entre materia y abstracción. El fracaso de la inteligencia moderna -/'esprit est a gauchetras la segunda guerra mundial y la guerra fría, nace también del fracaso moral. La cobardía ha acompañado a la arquitectura a lo largo del siglo. Una moral revolucionaria, sin coraje, no supera la mera moralina de salón, in - tegrada y meramente rebelde. Por ello podríamos expresar la ecuación del príncipe que luchó, lucha y luchará en la Resistencia, así: valor moral = valor ético + valor físico La sedicente vanguardia sociopolítica del siglo ha abrazado un falso liberalismo -o anarquismo de derechasporque necesita de la expresión materialista, entusiasta y bufonesca como soporte filosófico para una rebeldía esnob, estéril, mezquina y narcisista. El localismo y el romanticismo -subjetivismo de masas- han oficiado de comparsas demoliendo la verdad, la libertad, y la consecuente belleza inherente a ambas. (Ver la cadena de bluffs pictóricos por ejemplo en tantas obras «sub-realis- tas» de Dalí, Magritte, Chirico, Salle, Villalta ... y tantos otros famosos artistas comerciales.) Por paradoja simultánea, esa misma falsa vanguardia o rebaño de individualistas, necesitó también de la fría abstracción robótica que parecía internacional y «objetiva». Su resultado no ha sido otro que una burocracia carcelera de la razón de la vida y de la vida de la razón. Ese capitalismo de Estado limitando las libertades, ha abierto -al fracasarel camino, en todos los frentes de la ocupación territorial, a un neoliberalismo desalmado. (Ver en similar sentido pictórico tantos fiascos producidos por Warhol, Tapies, Pollock, Hockney ... ) El indecoroso único y co-incidente resultado de ambos errores ha sido su colaboracionismo con el ultraliberal mercadeo «democrático», globalizado y tolerado -<:uando no apadrinado- por sendos correspondientes epígonos genéricos. Una vez citada la Resistencia, se impone -<:o mo correlato- un recuerdo para el Colaboracionismo artístico con las fuerzas de la esclavitud que han provocado, de modo local y a domicilio, la falta de alimentos, vivienda, sanidad y educación para otra gran -XLVII - 47 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672