Educación empresarial y modelo de intenciones, formación para un empresariado de calidad análisis empírico para la provincia de Sevilla
Full text
Departamento de Economía Aplicada I
F ACUL T AD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y EMPRESARIALES
EDUCACIÓN EMPRESARIAL
Y MODELO DE INTENCIONES .
FORMACIÓN P ARA UN EMPRESARIADO
DE CALID AD .
Análisis empírico para la pr o vincia de Sevilla
F rancisco Liñán Alcalde
Director : J oaquín Guzmán C uev as
Sevilla, febrero 2004.
Í NDICE
U NIVERSIDAD DE S EVILLA
Índice
Agradecimientos 3
Capítulo I: Introducción, empresarialidad y desarrollo
económico 7
1. El empresario en el pensamiento económico . . . . . . . . . . . . . . . . .... 1 1
2 . L a i m p o r t a n c i a a c t u a l d e l f a c t o r e m p r e s a r i a l ..................... 1 9
2.1. El creciente papel de las pequeñas y medianas empresas 20
2.2. Causas del resurgir de las pymes 26
2.3. Los efectos del empresariado sobre el desarrollo económico 29
3 . J u s t i f i c a c i ó n ............................................... 3 6
4 . O b j e t i v o s ................................................. 4 1
5 . M e t o d o l o g í a .............................................. 4 5
6 . F u e n t e s .................................................. 4 7
Capítulo II: Análisis del proceso empresarial 51
1. Visión de proceso de la empresarialidad y modelos de intenciones . . . 55
1.1. La actividad empresarial como proceso 55
1.2. Los modelos de intenciones 66
2 . E l p o t e n c i a l e m p r e s a r i a l ..................................... 7 2
2.1. Modelo de intenciones del potencial empresarial 83
3 . L o s e m p r e s a r i o s n a c i e n t e s y l a e m e r g e n c i a e m p r e s a r i a l ............ 8 5
3.1. Modelo de emergencia empresarial de Cáceres (2002) 86
3.1.1. Características personales 87
3.1.2. Formación y experiencia laboral 89
3.1.3. Contextos social y económico 90
3.1.4. Variables políticas o institucionales 93
3.2. La puesta en marcha de la empresa 94
Í NDICE
E CONOMÍA A PLICADA I
3.2.1. El empresario naciente 98
3.2.2. Esquema del proceso de creación 104
4. La calidad del empresario y el desarrollo de la empresa . . . . . . . . . . . 107
4.1. Conceptualización de la calidad empresarial 108
4.1.1. Aproximación al concepto de calidad empresarial 108
4.1.2. Modelo de calidad empresarial de Santos (2001) 113
4.2. El desarrollo de la empresa 117
4.2.1. La dificultad de predecir los resultados de la empresa 119
4.2.2. Los objetivos del empresario frente a los de la empresa 126
4.2.3. Esquema del proceso de dinamización empresarial 131
5 . E l p a p e l d e l a e d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l .......................... 1 3 4
Capítulo III: Concepto y desarrollo de la Educación
Empresarial 141
1 . C o n c e p t o d e e d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l .......................... 1 4 4
1.1. Importancia actual de la educación empresarial 145
1.2. Definición 152
1.3. El debate sobre la educación empresarial 165
1.3.1. Argumentos en la esfera económico-social 165
1.3.2. Argumentos en la esfera individual 168
2. Desarrollo de la educación empresarial en Norteamérica . . . . . . . . . . 171
2.1. Estados Unidos 172
2.2. Canadá 181
3 . D e s a r r o l l o d e l a e d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l e n E u r o p a ............... 1 8 3
3.1. Visión de conjunto 184
3.2. Descripción detallada 192
3.2.1. Reino Unido 19 3
3.2.2. Francia 197
3.2.3. Resto de Europa Occidental 199
3.2.4. Europa del Este 201
3.3. El caso de España 202
4. Desarrollo de la educación empresarial en el resto del mundo . . . . . 207
Í NDICE
U NIVERSIDAD DE S EVILLA
Capítulo IV: Elementos de la Educación Empresarial 215
1. Objetivos y actores en la educación empresarial . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
1.1. Objetivos 221
1.1.1. Sensibilización hacia la actividad empresarial 226
1.1.2. Educación para la creación de empresas 228
1.1.3. Educación para el dinamismo empresarial 230
1.1.4. Formación para empresarios en activo 232
1.1.5. Prioridad en los objetivos 232
1.2. Profesorado e institución organizadora 235
1.3. Participantes 245
1.4. Infraestructuras de apoyo 249
2 . C o n t e n i d o s d e l a e d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l ....................... 2 5 1
2.1. Sensibilización hacia la actividad empresarial 254
2.2. Formación para el surgimiento de nuevos empresarios 262
2.2.1. Educación para la creación de empresas 264
Algunas iniciativas especialmente destacables 271
2.2.2. Educación para el dinamismo empresarial 277
2.2.3. Síntesis de los contenidos para el surgimiento de
empresarios 286
2.3. Formación para empresarios en activo 289
3. Pedagogía y didáctica de la educación empresarial . . . . . . . . . . . . . . . 290
3.1. El proceso de aprendizaje 293
3.2. Requerimientos del aprendizaje empresarial 297
3.3. Instrumentos pedagógicos de la educación empresarial 302
4 . E v a l u a c i ó n d e l a e d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l ....................... 3 0 8
4.1. Resultados de la educación empresarial 309
4.2. Criterios para el diseño de los procesos de evaluación 316
Capítulo V: Intenciones empresariales de los
universitarios sevillanos 323
1 . J u s t i f i c a c i ó n y d i s e ñ o d e l e s t u d i o e m p í r i c o ..................... 3 2 6
1.1. Contexto socioeconómico sevillano 327
1.1.1. Situación económica de Sevilla 327
1.1.2. Educación empresarial en Sevilla 332
Í NDICE
E CONOMÍA A PLICADA I
1.2. Diseño y elaboración del estudio empírico 337
1.2.1. Definición del objeto de estudio 337
1.2.2. Elaboración del instrumento de análisis (cuestionario) 340
1.2.3. Diseño muestral 343
1.2.4. Realización y análisis de resultados 345
2. Características generales de la muestra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 347
2.1. Características demográficas y socioeconómicas 348
2.1.1. Sexo 348
2.1.2. Edad 350
2.1.3. Origen y residencia 352
2.1.4. Nivel educativo de los padres 353
2.1.5. Nivel de renta 356
2.2. Educación y experiencia 360
2.2.1. Titulación 360
2.2.2. Experiencia laboral 361
2.3. Rasgos psicológicos relacionados con la empresarialidad 363
3. Antecedentes de la intención empresarial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 369
3.1. Conocimiento empresarial 370
3.1.1. Conocimiento del entorno empresarial 370
3.1.2. Conocimiento y valoración de empresarios 377
3.1.3. Síntesis de las relaciones relativas al conocimiento
empresarial 382
3.2. Deseabilidad de la actividad empresarial 384
3.2.1. Atracción hacia la actividad empresarial 384
a) Preferencia a la finalización de los estudios 385
b) Actividad preferida 388
c) Consideración sobre las perspectivas en su provincia 390
3.2.2. Valoración social de la opción empresarial 394
a) Obstáculos sociales 395
b) Valoración social de la actividad empresarial en relación
a otras 399
c) Apoyo familiar a la creación de empresa 406
3.2.3 Síntesis de las influencias sobre la deseabilidad 408
3.3 Factibilidad de la actividad empresarial 411
3.3.1. Variables analizadas 411
a) Dificultad de la actividad empresarial 412
b) Capacitación para la actividad empresarial 415
Í NDICE
U NIVERSIDAD DE S EVILLA
c) Formación para ser empresario 419
d) Probabilidad de supervivencia y éxito 426
3.3.5. Síntesis de las influencias sobre la factibilidad 436
4 . I n t e n c i o n e s e m p r e s a r i a l e s .................................. 4 3 8
4.1. Características generales 439
4.2. Antecedentes de la intención empresarial 444
4.2.1. Conocimiento empresarial 445
4.2.2. Deseabilidad de la actividad empresarial 447
a) Atracción percibida hacia la actividad empresarial 447
b) Valoración social del empresario 451
4.2.3. Factibilidad percibida de la actividad empresarial 453
4.3. Síntesis de las influencias sobre la intención empresarial 457
5 . R e s u m e n d e r e s u l t a d o s ..................................... 4 5 9
5.1. Actitudes e intenciones hacia la creación de empresas 461
5.2. Síntesis de relaciones 466
Capítulo VI: La educación empresarial en los
universitarios sevillanos 473
1 . P a r t i c i p a c i ó n e n e d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l ........................ 4 7 6
1.1. Nivel de participación 476
1.2. Relación con las características generales de la muestra 479
2. Relación con los antecedentes de la intención empresarial . . . . . . . . . 486
2.1. Conocimiento empresarial 487
2.2. Deseabilidad empresarial 490
2.2.1. Atracción hacia la actividad empresarial 490
2.2.2. Valoración social 494
2.3. Factibilidad empresarial 497
2.4. Síntesis de relaciones 500
3 . E d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l e i n t e n c i ó n e m p r e s a r i a l ................. 5 0 2
Capítulo VII: Conclusiones 509
1 . E l p r o c e s o e m p r e s a r i a l ..................................... 5 1 3
2 . L a e d u c a c i ó n e m p r e s a r i a l ................................... 5 1 8
Í NDICE
E CONOMÍA A PLICADA I
3. Los estudiantes universitarios sevillanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 524
4. Consideraciones para el caso sevillano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 530
Anexo: Cuestionario 537
Bibliografía 549
Í NDICE
U NIVERSIDAD DE S EVILLA
Índice de Tablas
Tabla I.1
Participación de la pequeña empresa en la creación de empleo.
Estados Unidos (1976-1986) 22
Tabla I.2
Participación de cada estrato empresarial en número total de empresas
y en las ventas. 1979-1986 (% de variación anual) 23
Tabla III.1
Creación de asociaciones y centros significativos en EE.UU. 178
Tabla III.2
Revistas científicas y congresos sobre educación empresarial 180
Tabla III.3
Actividades de investigación y educación empresarial en Europa 187
Tabla III.4
Instituciones implicadas en educación empresarial en el Reino Unido 193
Tabla IV.1
Programa de educación empresarial 257
Tabla IV.2
Master en empresarialidad e innovación (tiempo parcial) 274
Tabla IV.3
Competencias empresariales: un enfoque taxonómico 279
Tabla IV.4
Relación entre etapa de desarrollo de la empresa y contenido
formativo 282
Tabla IV.5
El enfoque del aprendizaje 299
Tabla V.1
Valor Añadido Bruto a Precios Básicos Corrientes 2001 328
Tabla V.2
Volumen y composición del empleo 2002 (media anual) 329
Í NDICE
E CONOMÍA A PLICADA I
Figura V.33
Síntesis de las influencias sobre la factibilidad 436
Figura V.34
Probabilidad de ser empresario según motivo de elección de estudios 441
Figura V.35
Intención empresarial según tamaño de la empresa 442
Figura V.36
Probabilidad de ser empresario según nivel del rasgo controlador 443
Figura V.37
Intención empresarial según consideración como “buen empresario” 446
Figura V.38
Intención empresarial según opción después de los estudios 448
Figura V.39
Intención empresarial según actividad preferida 449
Figura V.40
Intención empresarial según valoración del empresario
entorno/España 452
Figura V.41
Intención empresarial según sentimiento de capacitación 455
Figura V.42
Influencias sobre la intención empresarial 458
Figura V.43
Relaciones significativas entre los elementos del modelo de
intenciones 467
Figura VI.1
Participación en curso de educación empresarial según asignatura 477
Figura VI.2
Participación en educación empresarial según utilidad de los estudios 483
Figura VI.3
Asignatura cursada según puesto desempeñado 484
Figura VI.4
Asignatura cursada según tamaño de la empresa 485
Figura VI.5
Asignatura cursada según conocimiento del entorno empresarial 488
Í NDICE
U NIVERSIDAD DE S EVILLA
Figura VI.6
Participación en educación empresarial según opción después
estudios 491
Figura VI.7
Participación educación empresarial según valoración
entorno/España 494
Figura VI.8
Participación ed. empresarial según capacitación para ser empresario 497
Figura VI.9
Asignatura cursada según número de necesidades formativas 499
Figura VI.10
Síntesis de relaciones con la educación empresarial 501
Figura VI.11
Asignatura cursada según qué hacer con idea de negocio 503
Figura VI.12
Asignatura cursada según haber pensado en ser empresario 505
Agradecimientos
La realización de esta tesis doctoral ha supuesto un esfuerzo muy considerable
para el que suscribe, y es seguro que no hubiese podido finalizarla sin la gran
cantidad de apoyos recibidos. La colabor ación con la que he contado se extiende
más allá de lo puramente académico o científico, abarcando también aspectos
mucho más personales. Con estas lineas quiero expresar mi gratitud hacia todas
las personas que han participado de una u otra forma en este trabajo.
En el primero de esos ámbitos, es obligado comenzar agradeciendo al
profesor G uzmán Cuevas todo el es fuerzo que ha dedicado a su labor de
dirección de esta investigación. Sus comen tarios y sugerencias han permitido
dotarla de una mayor unidad y coherencia, clarificando en mucho el sentido de la
misma. Por otro lado, sus ánimos y sus enseñanzas, de los que comencé a
disfrutar bastante antes de que determinára mos el contenido de esta tesis doctoral,
me han hecho aprender mucho durante lo s casi diez años que llevo colaborando
con él.
A todos los compañeros del departamento -especialmente de la unidad
docente a la que pertenezco- debo agradecer les el ánimo que me han transmitido,
y el buen ambiente de trabajo que me ha n brindado. A muchos de ellos, además,
les debo partes más o menos signifi cativ as de esta tesis doctoral. En particular,
debo mencionar a Francisco Javier Santos Cumplido, que me ha proporcionado
orientación bibliográfica en las fases inic iales del trabajo y me ha animado hasta
el último minuto. Mis conversaciones c on Isidoro Romero Luna sobre distintos
aspectos -no siempre estrictamente académ icos- me han ayudado a despejarme y
a aclarar mis ideas y han contribuido así a la mejora del resul tado final. Por su
parte, Pilar Moreno Pacheco, María José Rodríguez Gutiérrez, José Fernández
Serrano y Pilar Tejada González me han descargado de una importante cantidad
de trabajo durante la fase final de redacción de la tesis. Otros compañeros, como
Domingo Martín Martín, Juan Manuel Va lderas Jaramillo o María Dolores Pérez
Hidalgo me han ayudado puntualmente con algunas cuestiones estadísticas.
No obstante, debido a la temática abordada, a veces ha sido necesario
introducirse en terrenos que quedan más a llá del ámbito de estudio convencional
del economista. En esas ocasiones he cont ado con la inestimable ayuda de Elvira
Busto Vergara, psicóloga, y María del Ca rmen Marín Martín, pedagoga. Ellas me
han proporcionado información y orientaci ón sobre esos aspectos, así como una
imprescindible bibliografía.
En cualquier caso, la obtención de la bi bliografía utilizada no ha sido siempre
fácil. En particular, algunos trabajos he tenido que recabarlos directamente de sus
autores o personas de contacto. En este sentido, agradezco a W. Edward
McMullan de la University of Calgary, Alan . L. Carsrud de la Florida International
University, Terry W. Noel de la Wichit a State University, y Nicolle Bart h de la
European Business School alemana, su amab ilidad desinteresada. En el mismo
sentido, Ana María Orti González puso a mi disposición su reciente tesis doctoral.
Por su parte, las conversaciones y entrevista mantenidas con Álvaro Leiva
Garnica, de Creara, me proporcionaron información muy útil sobre el
funcionamiento del concurso de planes de negocio 50K.
En cuanto a la elaboración del cuesti onario, por los motivos que se explican
en el texto, ha sido fruto de una tarea colectiva. En ese sentido, las aportaciones
realizadas por el equipo encargado de su el aboración, especialmente las de Mª José
Rodríguez Gutiérrez y las de Juan Carlos Rodríguez Cohard -de la Universidad de
Jaén-, han resultado fundamentales. Por su parte, la realización de la encuesta se
llevó a cabo en horario lectivo, por lo que debo agradecer a los profesores
implicados -especialmente a Ana María Moreno Menéndez y Francisco José
González Domínguez- la cesión de su tiempo de clases.
Para finalizar, debo hacer referencia necesariamente a los apoyos de carácter
más personal, que han sido para mí más im portantes si cabe que los anteriores. En
este ámbito, han sido varias las personas que me han ayudado directa o
indirectamente a realizar esta tesis. Así, en primer lugar, mi mayor agradecimiento
va dedicado a mis padres, pues a ello s les debo casi todo lo que soy. A
continuación debo citar a Inma, que me ha dado unos ánimos imprescindibles, y
además me ha soportado durante todo es te tiempo. Laura, por su parte, ha sido
mi motivo para seguir esforzándome. Je rónimo y Toñi también han contribuido
con infinidad de pequeñas cosas que, junt as, han supuesto una enorme ayuda. Por
último, a todos aquellos amigos y familiares que se han vi sto de algún modo
relegados o desatendidos durante todo este tiempo -especialmente mis hermanos
y sobrinos- les agradezco su paciencia y comprensión.
A todos ellos, mi más sincero agradeci miento. Espero que estas líneas sirvan
para reconocer mi deuda hacia los mismos . De igual modo, pido disculpas a quién
pueda echar de menos su mención en estas líneas. También las pido por los
defectos, errores y omisiones que sin duda aún permanecen en el trabajo, los
cuales son -claro está- de mi única y exclusiva responsabilidad.
Sevilla, febrero de 2004
Capítulo I:
Introducción, empresarialidad y desarrollo
económico
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
(1) En este sentido puede verse, por ejemplo, OCDE (1999):
Estimular el espíritu empresarial
, Organización para
la Coop eración y e l Desarrol lo Econó mico, Paris ; o Comi sión Eu ropea (2003):
Lib ro verde. El espíritu
empresarial en Europa
, Dirección General de Empresa, Bruselas.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 9
En la actualidad exi sten grandes retos a los que se tienen que enfrentar las
diferentes economías, tanto las nacionales como las regionales. Las nuevas
tecnologías de la información y la comuni cación, el proceso de globalización con
su secuela de creciente competencia, la re forma del papel del Estado, todas ellas
pueden ser amenazas muy serias para las regiones y países, especialmente para
aquellos económicamente menos desarrollado s. Frente a esta nueva situación se
intenta buscar soluciones que, en muchos casos, han pasado por proclamar la gran
relevancia de la actividad empresarial y, en consecuencia, de los empresarios y las
pequeñas y medianas empresas.
En este sentido, han comenzado a surgir una serie de iniciativas que pretenden
promover la aparición de empresarios como ins trumento para dinamizar las
economías y promover la flexibilidad del tejido productivo y, de esta forma, el
cambio estructural. Entre éstas, cabe ci tar la promoción del espíritu empresarial,
la simplificación de los trámites para la creación de empresas, o las políticas que
de una u otra forma tratan de compensa r a las pequeñas empresas por su supuesta
desventaja frente a las grandes (1) .
Dentro de estas medidas, destaca en pa rticular, por su gran crecimiento en los
últimos años, lo que se ha dado en lla mar la “educación empresarial”. A pesar de
que existen numerosas variantes de este ti po de programas, todos ellos tienen en
común el propósito de acercar a los bene ficiarios los conocimientos y habilidades
C APÍTULO I
(12) Leibenstein, H. (1968): ibídem, p. 73.
(13) Baumol, W.J. (1968): op. c i t., p. 65.
16 E CONOMÍA A PLICADA I
Evidentemente, estas deficiencias está n presentes en todas las economías, en
mayor o menor medida, pues los factores de producción necesarios son cada vez
más complejos (personal muy especializad o, conocimientos, información, ...) y no
existen mercados perfectamente establecido s para los mismos. Pero, en cualquier
caso, estas deficiencias serán probablemen te mayores en los países en desarrollo,
por lo que la visión de este autor tamb ién apunta a un papel relevante del
empresario en los procesos de desarro llo. «Recursos importantes que no son bien
distribuidos por el mercado son las moda lidades de gestión y el conocimiento del
mercado. Incluso los gestores de tipo más rutinario pueden no estar disponibles
a través de mercados organizados en mu chos de los países en desarrollo. Donde
están disponibles, sus capacidades pueden ser muy difíciles de evaluar. [...] En
algunos países, la capacida d de obtener financiación puede depender de
conexiones familiares en lugar de la di sponibilidad a pagar una cierta tasa de
interés» (12) .
Baumol (1968), por su parte, también de scansa en la distinción de Schumpeter
para clasificar a los distintos tipos de empresar ios. En concreto, este autor
considera que se debe difer enciar entre gestores (managers), de un lado, y
empresarios en sentido estricto, de otro. Los primeros serían los que supervisan
los procesos en marcha para que ésto s se desarrollen de forma eficiente, de
manera que los procesos y las técnicas disponibles se combinen en las
proporciones adecuadas a los niveles y cond iciones de producción presentes y los
ya pr evistos de cara al futuro. El empresario, por contra, (tanto si es al mismo
tiempo gestor, como si no) tiene como misión encontrar nuevas ideas y ponerlas
en práctica. Para él, «las prácticas de hoy no son nunca suficientemente buenas
para el mañana» (13) , de f orma que es “algo más” que un innovador
schumpeteriano.
En su trabajo, este autor pone de manifi esto la poca atención prestada en los
modelos teóricos a la figura empresaria l, al tiempo que indi ca expresamente la
importancia que tiene en el proceso de desarrollo. No sólo sería relevante conocer
cómo actúa el empresario, sino que serí a incluso más trascendental entender qué
determina el nivel de oferta de los mismos. Sin embargo, esta labor se ve
dificultada, p ues los elementos que d eterminan su oferta son muy difíciles de
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
(14) Baumol, W.J. (1968): ibídem, p. 69.
(15) Para una visión panorámica de la s diferentes escuelas dentro de la Economía del Desarrollo, puede verse
Bustelo, P. (1998):
Teorías contemporáneas del desa rrollo económico
, Síntesis, Ma drid; e Hidalgo, A.L.
(1998):
El pensamiento económico so bre el desarrollo. De los mercantilis tas al PNUD
, Universidad de Huelva,
Huelva.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 17
delimitar, ya que «existen motivos para suponer que estos factores son en muy
considerable medida materia de la psicolog ía social, de las instituciones sociales,
de desarrollos culturales, etc.» (14) . En todo caso, ese autor está convencido de que
la promoción del empresariado es la clav e para estimular el crecimiento. Así, para
él, el papel de los incentivos y recompen sas es muy relevante, ya que un cambio
en los mismos en favor de la actividad empresari al puede hacer que surja un
mayor número de empresarios, sin tener que esperar a que se produzca una
profunda transformación de en las esferas social y psicológica.
En trabajos posteriores, sin embargo, este autor parece haberse centrado en
el estudio de los incentivos y recompensas, abandonando la línea referida a los
aspectos socioinstitucionales y culturales. Así, Baumol (1990), analiza el papel de
los incentivos en orientar a los empresar ios hacia actividades productivas, de un
lado, actividades no productivas, de otro, o incluso actividades ilícitas. Según esto,
la política económica jugaría un papel trascendental en orientar al colectivo
empresarial hacia actividades productiva s, promoviendo el desarrollo económico.
En otro trabajo posterior, por su parte, Bau mol (19 93) insiste en esa línea de
pensamiento, y específicamente considera que los asp ectos culturales y sociales
que influyen en la oferta de empresarios quedan fuera del campo de acción del
economista.
En cualquier caso, la posición de este autor, como la de Schumpeter (1911)
y Leibenstein (1968), parte de una clara preocupación acerca del problema del
desarrollo económico. Para ellos, el empres ario sería el verdadero instrumento del
desarrollo. Su fu nción, a través de la introducción de innovaciones, o
completando las deficiencias de los mercad os, resulta esencial para el progreso de
la economía en la que operan.
En este análisis de la relación entre empresar io y desarrollo económico,
entendemos que resulta muy relevante tomar en consideración, aunque sea
brevemente, las aportaciones de algunos miembros de la denominada “Economía
del Desarrollo ” (15) . En este sentido, si bien la atención prestada a la figura
C APÍTULO I
(16) Hoselitz, B.F. (1952): “Entrepreneurship and ec onomic growth”,
American Jou rnal o f Economics and
Sociology
, vol. 12, num. 1, p. 106.
(17) Hoselitz, B.F. (1952): ibídem, p. 109.
18 E CONOMÍA A PLICADA I
empresarial es mayor que en la Teoría Económica convencional, en general, no
obstante, los empresarios no han recibido un trato diferenciado en esta rama de
la economía. Aunque es cierto que son numerosos los autores que han reconocido
su im portante papel en el proceso de desarrollo, parece haberse impuesto la
opinión de que se trata de una función “r eactiva”. Es decir, ante la existencia de
los estímulos adecuados, surgirán automáticamente los empresarios necesar ios
para aprovechar las oportunidades de negocio que se presenten.
Un caso particular es el de Hoselitz (1952), que se refi ere concretamente al
empresario ind ustrial privado como el auténtico motor de las transformaciones
estructurales que pueden llevar al desarro llo de las economías de los países más
atrasados. Considera, específicamente, que un excesivo intervencionismo del
sector público llevará a una economía de “gestores” , en los que el impulso
necesario par a la innovación y el desarrollo de nuevos proyectos se perderá. De
entre las distintas ramas de actividad, la industrial sería la que más contribuyese a
ese desarrollo. Sin embargo, es la que los empresarios locales más les cuesta
desarrollar, pues se trata de una labor más arriesgada, con unos periodos de
maduración más largos, más compleja, que suele conllevar la necesidad de
contratar y dirigir más personal, y el empr esario tiene que implicarse directamente
en la producción -“ensuciarse las manos” (16) -.
Por todo ello, sería preciso que se desarrollase un clima favorable a la
actividad empresarial industrial, en el que la misma gozase de una fuerte
aprobación social. Para lograrlo será necesario, de un lado, que se establezcan
instituciones sociales que hagan objetivam ente posible el ejercicio de empresas
indiv iduales independientes, y de otro lado, que se permita la maduración y el
desarrollo de personalidades cuyas orientaciones predominantes se inclinen hacia
la productividad, el trabajo y la integración creativa. De esta forma, ese autor
afirma que la planificación social en los países subdesarro llados debe dirigirse a
estimular la evolución de la libre activi dad empresari al en la industria, y debe
hacerlo mediante «... el establecimiento de condiciones externas objetivas que
harán de esa activid ad empresarial una alternativa de comportamiento social
atractiva e incluso fuertemente aprobada» (17) .
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
(18) Hoselitz, B.F. (1962):
Aspec t os sociológicos del desarrollo ec onómico
, Hispano Euro pea, Barcelona; o
Hoselitz, B.F. (1964):
Teorías del crecimiento ec onómico
, Herrero Hermanos, México.
(19) Véase, por ejemplo, Storey, D.J. (1988):”The role of Small and Medium-sized Enterprises in Europe an job
creation”, en Gi aoutzi, M., Nij kamp, P. y Storey, D.J. (Eds.):
Small and Medium-sized Enterprises and
regional development
, Routledge, Londres; o Piore, M. J. y Sabel, C. (1984):
La segunda rupt ura industri al
,
Alianza Universidad, Madrid, 1990.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 19
En trabajos posteriores (18) , este autor insiste en la importancia de los factores
socio-culturales para explicar el proceso de desarrollo económico, y sigue
considerando que la actividad empresarial privada -sobre todo en las ramas
industriales- es un elemento esencial para que ese proceso tenga éxito.
Como vemos , existe una abundante literatura que da cuenta del importante
papel que el empresario juega en los pro cesos económicos y, en particular, en los
de crecimiento y desarrollo. Sin embargo, estas aportaciones no han sido capaces
de construir una teoría sobre el desarrollo que incorpore ese papel tan relevante.
En todo caso, y frente a la tendencia que se vino a dar en los países occidentales
durante los años cincuenta y sesenta de concentración empr esarial y de pérdida
de importancia de las pequeñas empresas, la crisis de los setenta puso en marcha
un pro ceso de expansión acelerada de es tas últimas. El siguiente apartado está
dedicado a ese resurgimiento de las pequeñas y medianas empresas y a sus efectos
sobre el desarrollo económico.
2. La importancia actual del factor empresarial
Toda la discusión presentada en el prim er epígrafe acerca del papel del agente
empresarial en la economía y -es pecial mente- en los procesos de desarrollo
económico, se mantuvo -al menos hasta la década de los setenta- muy restringida
a determinados círculos académicos. Al mismo tiempo, el crecimiento de tamaño
de las unidades económicas de producción parecía confirmar las hipótesis de
Schumpeter (1942) sobre la evolución del capitalismo, reduciendo el papel de las
pequeñas y medianas empresas independie ntes. En este sentido, son numerosos
los trabajos que ponen de manifiesto la tendencia a la concentración empresarial
de la producción, las ventas y el empleo a lo largo del siglo XX, y especialmente
a raíz de la Segunda Guerra Mundial (19) .
C APÍTULO I
(20) Véase Wennekers, S. y Thurik, R. (1999): op. cit., o Storey, D.J. (1982):
Entrepreneurship and the new firm
,
Croom Helm, Beckenham, Kent.
(21) Véase Gibb, A.A. (1990): op. cit. , en lo referente a “intrapreneurship”.
20 E CONOMÍA A PLICADA I
De esta forma, aunque está claro que el empresario y la pequeña empresa son
dos conceptos diferentes, la afinid ad entre los mismos es elevada (20) . Por un lado,
si bien en toda empresa existe al menos un empresario, en las p e queñas es
normalmente mucho má s fácil identificarl o, ya que éste es al mismo tiempo
propietario, gestor, y promotor de la misma. Así, las nuevas empresas
independientes (es decir, que no son filiales de otra empresa mayor) son
necesariamente creadas por un empresario individ ual. En sentido contrario,
aunque puede existir actividad empresarial que no se refleje en la creación y
dirección de una pequeña empresa (21) , parece correcto afirmar que una de las
formas más evidentes y usuales de poner en práctica una iniciativa empresarial es
a través de la creación de una empresa.
Por ello, teniendo en cuenta esa estr echa relación entre empresario y pequeña
empresa, creemos necesario dedicar este epígrafe al análisis de la creciente
importancia que han venido adquiriendo las pequeñas y medianas empresas en los
procesos de ajuste y reestructuración de las economías. Esa mayor presencia,
además, ha venido acompañada por una creciente atención por parte de los
académicos al concepto de función empresarial, y a su papel en el desarrollo
económico.
2.1. El creciente papel de las pequeñas y medianas empresas
Es indudable que el peso de las peque ñas y medianas empresas ha aumentado
desde la crisis económica de los años setenta. Sin embargo, eso no quiere decir
que no haya existido siempre un considerable porcentaje de ellas en las economías
de los países desarrollados. A este respecto , es muy citado el Informe Bolton, que
analizó las características de las pequeñas y medianas empresas en el Reino Unido
a finales de los años sesenta. En él se poní a de manifiesto el relevante peso de esta
categoría de empresas en el empleo to tal. Sin embargo, se concluía que su
importancia había estado disminuyendo de sde varias décadas atrás, y que su papel
era poco más que residual o, a lo sumo, de complemento de las grandes empresas.
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 21
En el mismo sentido, Storey (1988) seña la cómo desde el comienzo del siglo
hasta finales de los años sesenta y prim eros setenta, y especialmente después de
la Segunda Guerra Mundial, la producción y el empleo han tendido a concentrarse
cada vez más en las grandes empresas. Para el caso de Alemania por ejemplo, las
empresas de más de 1000 trabajadores pasaron de representar un 13.8% del
empleo en 1907, a suponer un 31.2% en 197 0, mientras que la participación de las
de menos de 10 trabajadores cayó desde el 41.8% al 22.0% en el mismo periodo.
Piore y Sabel (1984), por su parte, constatan este aumento, y lo atribuyen a la
difusión general izada de un tipo de tecnología que favorecía la producción en
serie, y el aprovechamiento de las econom ías de escala. Para poder sacar partido
de ese tipo de tecnología, las empresa s debí an crecer en tamaño y dominar el
mercado. Sin embargo, la necesidad de planificar a largo plazo las enormes
inversiones requeridas, y garantizar un mercado suficientemente grande y
duradero como para rentabilizar esas inversiones, hac ían perder flexibilidad a todo
el tejido económico dominado por ese tipo de unidades. Según ellos, la crisis de
los años setenta sería fundamentalmente una consecu encia de la incapacidad de
la tecnologí a de pro ducción de masas para adaptarse a cambios rápidos e
imprevisibles en las condiciones económicas.
En cualquier caso, a raíz del estallido de la crisis económica de los años setenta
se detecta un importante cambio de ten dencia. Comienza a ponerse de manifiesto
una creciente presencia de pequeñas y medianas empresas en la economía, que
cada vez cobran un mayor protagonismo en distintos aspectos como la creación
de empleo, la producción, la innovación o la exportación.
En primer lugar, el aspecto más estudiado es la capacid ad de creación de
empleo de las pequeñas y medianas empresas (pymes). El hecho de que este
fenómeno haya atraído la mayor atención, no sólo de investigadores, sino también
de r esponsables políticos, es probablemente debido al importante aumento del
desempleo que han experimentado las distintas economías desde entonces. Fue
Birch (1979) el primero en poner de mani fiesto la mayor capacidad de creación
de empleo de las pequeñas y medianas empresas. En concreto, utilizó datos para
Estados Unidos entre 1969 y 1976. En ese periodo, encontró que las empresas
con menos de 20 trabajadores eran las re sponsables del 66% del incremento total
de empleo.
C APÍTULO I
(22) Acs, Z.J. y Audretsc h, D.B. (Eds. ) (1993):
Small firms and entrepreneursh ip: an east-west perspective
.
Cambridge university Press. Cambridge.
22 E CONOMÍA A PLICADA I
A raíz de ese primer estudio, han sido numerosos los trabajos que han tratado
de confirmarlo. Así, Storey (1988) recoge datos para doce países de la OCDE. En
todos ellos se observa cómo la particip ación de las pequeñas empresas (de 1 a 19
trabajadores) en el empleo manufacturero total ha tendido ha crecer, mientras que
la participación de las grandes empresas (con 500 o más trabajadores) ha perdido
peso. Loveman y Sengenberger (1991) presentan datos similares a éstos. En el
mismo sentido, pero aplicado a los Estados Unidos, Acs y Audretsch (1990)
concluyen que las pequeñas empresas crearon más de la mitad del empleo entre
1976 y 1986. Para ello, dividieron a las empresas en dos grupos según su número
de trabajadores. Las empresas de me nos de 500 empleados son consideradas
pequeñas, mientras que las restantes se consideran grandes empresas. Los
resultados se presentan en la Tabla I.1. En ese periodo, el empleo creció en casi
un tercio (32.36%), y las pequeñas empres as generaron más de la mitad de ese
nuevo emp leo. Es de destacar que, en el sector manufacturero, las grandes
empresas no solo no crearon, sino que destruyeron empleo, por lo que la
participación de las pequeñas empresas en la creación de empleo fue superior al
100%.
Tabla I.1
Participación de la pequeña empr esa en la creación de empleo.
Estados Unidos (1976-1986)
Crecimiento total del
empleo (%)
Participación de la pequeña empresa
en el crecimiento del empleo
Total
Manufacturas
Servicios
Finanzas
32.36
6.00
69.09
71.15
57.23
110.00
53.75
51.74
Fuente: Acs, Z.J. y Audretsch, D.B. (1990): “Sma ll firms in the 1990s”, en Acs, Z.J. y Audretsch,
D.B. (Eds.): The economics of small firms: a European challenge , Kluwer Academic Publishers,
Dortrecht, p. 3.
Estos mismos autores también han estudiado el caso europeo, llegando a
conclusiones similares (22) . Por su parte, Schwalbach (1 994), también para Europa,
analiza estadísticamente la distribuci ón por tamaños del número de empresas
manufactureras y de sus ventas, para ci nco países (Reino Uni do, Alemania,
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
(23) Schwalbach, J. (1994): “Small business dynamics in Europe”,
Small Business Economics
, vol. 6, num. 1, p.
24.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 23
Francia, Italia y Dinamarca) entre 19 79 y 1986. Dividen las empresas en tres
categorías según su tamaño: pequeñas (20 a 99 empleados), medianas (100 a 499)
y grandes (500 y más). Sus resultados están recogidos en la Tabla I.2.
Como se puede observar, las pequeñas empresas aumentaron su participación
en el número total de empresas a razón de un 0.35% anual. Es decir, cada vez hay
más empresas pequeñas en relación a las de otros tamaños. Además, estas
empresas también aumentaron su participac ión en las ventas a un ritmo del 1.33%
anual. Por su parte, las grandes empresas perdieron peso tanto en número como
en volumen de ventas. Del mismo modo, cuando ese autor realizó el análisis de
los resultados por sectores, encontró que entre las industrias en las que la
participación de las peque ñas empresas creció más se hallan algunas de las
relacionadas con las modernas tecnología s, como la fabri cación de equipo de
telecomunicaciones, equipo electrónico, aparatos de radio y televisión, etc. (23) .
Tabla I.2
Participación de cada estrato empres arial en número total de empresas y
en las ventas. 1979-1986 (% de variación anual)
Países Indicador Tamaño
20-99 100-499 500 y más
Total Nº empresas
Ventas
0.35
1.33
-1.84
0.16
-2.37
-1.47
Francia Nº empresas
Ventas
0.25
0.76
-1.72
0.74
-0.95
-0.85
Italia Nº empresas
Ventas
0.59
2.48
-3.33
-1.18
-3.14
-2.26
Reino Unido Nº empresas
Ventas
0.56
1.17
-0.78
1.23
-4.02
-2.18
Dinamarca Nº empresas
Ventas
-0.12
-0.53
-1.51
-0.15
-3.10
-0.38
Nota: Los datos individualizados para Alema nia no se presentan tam poco en el trabajo original.
Fuente: Elaboración propia con datos de Schwalbach, J. (1994): “Small business dynamics in
Europe”, Small Business Economics , vol. 6, num. 1, pp. 21-25.
C APÍTULO I
24 E CONOMÍA A PLICADA I
Sin embargo, también hay algunos estu dios que tratan de mostrar que la
pretendida capacidad de generación de empl eo de las pequeñas empresas no es tal.
De ellos, uno de los más rigurosos es el de Davis, Haltiwanger y Schuh (1996).
Estos autores hacen hincapié en una seri e de errores que son comunes a la hora
de estudiar la creación de empleo en em presas de distintos tamaños, y que tienden
a sobreestimar la participación de las pequeñas empresas. No obstante, Carre y
Klomp (1996) realizan una severa crítica de ese trabajo, rechazando sus métodos
y las correcciones estadísticas utilizadas en su análisis. Con los mismos datos, y sin
manipulaciones complicadas, muestran como las pequeñas empresas crean más
empleo bruto del que le correspondería por su participación en el empleo total,
destruyen proporcionalmente menos empleo bruto, y en consecuencia concluyen
que las pequeñas empresas crean más empl eo neto del que equivale a su peso en
el empleo total.
Respecto a la calidad del empleo, Acs (1 992) señala para los Estados Unidos
que los trabajadores de empresas de más de 500 empleados ganan alrededor de un
33% más que los de las empresas más pequeñas. No obstante, gran parte de esta
discrepancia se debería a dife rencias geográficas, de tipo de actividad, o en el nivel
formativo y la experiencia de los trabaj adores. En concreto, dos tercios de esa
desigualdad salarial se explicarían por las citadas variables. Por tanto, si tenemos
en cuenta esos aspectos, las diferencias entre las condiciones salariales según el
tamaño de la empresa no serían importantes.
La solidez de esos datos parece haber ca lado en las administraciones públicas,
las cuales, con más o menos retraso, comienzan a recopilar y publicar información
cada vez más detallada sobre la estructura empresarial en las respectivas
economías. En el caso de la Unión Eur opea, la Comisión viene publicando desde
1990 un infor me periódico ( Enterprises in Europe ) en el que analizan las
caracterís ticas del tejido empresarial del continente (incluyendo, en los últimos
informes, datos para la Europa Central y Oriental).
Otro aspecto importante en el que se de staca el papel de las pymes es en la
innovación. A pesar de que las grande s empresas parecen tener importantes
ventajas para llevar a cabo proyectos de I+D, los estudios empír icos no han
podido confi rmar la existencia d e una relación positi va entre tamaño e innovación.
En este sentido, son muy relevantes los trabajos de Cohen y Klepper (1992, 1996),
que realizan un amplio repaso de la liter atura existente, referente a distintos países
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
(24) Cohen, W.M. y Klepper, S. (1996): “A reprise of size and R&D”,
The Economic Journal
, vol. 106, pp. 928-
930.
(25) Cohen, W.M. y Klepper, S. (1996): ibídem, p. 940.
(26) Coh en, W. M. y Klepper, S. (1992): “The tradeoff between firm size and diversity in the pursuit o f
technolog ical progress ”.
Small Business Economics
, vol. 4, num. 1, pp. 1-14.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 25
desarrollados desde los años sesenta en ad elante. En base a es ta revisión, llegan
a una serie de conclusiones, que llaman “hechos estilizados” (24) . Estas
regularidades parecen indicar que las pequeñas empresas no se encuentran en
situación de desventaja respecto a las gran des en relación a la innovación. Es más,
el hecho de que el número relativo de patentes e innovaciones (por unidad
monetaria invertida, por empleado, etc.) descienda con el tamaño de la empresa
parece indicar que las pymes tienen de hecho una ventaja en la innovación.
Sin embargo, en la medida que los resul tados de la innovación sólo puedan ser
apropiados enteramente por la empresa a través de su utilización directa, el
tamaño sí puede resultar importante, especialmente en dos aspectos (25) . En primer
lugar, pueden existir dificultades técnicas para comercializar los resultados de esa
innovación. En segundo lugar, puede trat arse de una innovación en una industria
madura, donde la posibilidad de ganar cu ota de mercado rápidamente es limitada.
En esos casos, la cuota de mercado ex ante y, por tanto, el tamaño de la empresa,
sería el indicador más relevante de la capacidad de obtener ingresos procedentes
de esa innovación.
Esto no significa, no obstante, que las pequeñas empresas carezcan totalmente
de importancia, ni siquiera en esas circunstancias. Estos mismos autores
consideran que el papel de la diversidad en la innovación tecnológica también es
factor relevante (26) . Así, la existencia de múltiples pequeñas empresas embarcadas
en proyectos de innovación dentro de una misma industria aumenta el número de
proyectos distintos que se están persiguiendo simultáneamente. En este sentido,
las pequeñas empresas supondrían una ventaja de cara a la capacidad de
innovación tecnológica general de esa ind ustria (así como del conjunto de la
economía).
Por otra parte, la necesidad -en oc asiones- de contar con un nivel de
producción ex ante elevado para rentabilizar la inversión en I + D, puede ser
compensada a través de la cooperación inter empresarial. Esta es al menos la visión
defendida por la OCDE (1996). En ese tr abajo se realiza una revisión de toda la
C APÍTULO I
(28) «New firm entry is a necessary requirement of su stain able c apitalism», Kirchhoff, B. A. (1990): “Creative
destruction among industrial firms in the Un ited St ates”, en Acs, Z.J. y Audretsch, D .B. (E ds.) :
The
economics of small firms: a Europea n challenge
, Kluwer Academic Publishers, Dortrech t, pág. 115.
32 E CONOMÍA A PLICADA I
(1993) cifra en un 20% las empresas que sobreviven hasta su décimo año. Para el
Reino Unido en 1980, Giaoutzi et al. (1988) cifran la tasa de mortalidad general
en el 10.8%, mientras que para empresas pequeñas esa tasa era del 25%. En todo
caso, incluso teniendo en cuenta estos datos, el ritmo de renovación del tejido
empresarial parece haber sido muy elevad o desde principios de los años setenta
hasta la actualidad.
Estaríamos así asistiendo a lo que Schumpeter (1911) llamó un proceso de
“destrucción creativa”, como se ha indicado en el epígrafe anterior. En este
sentido, Kirchhoff (1990) intenta compr obar la existencia de ese fenómeno. Para
ello, analiza el grado de renovación entre las grandes empresas en los Estados
Unidos, así como la presencia de una tendencia hacia la concentración
empresarial. Sus resultados parecen mostra r un apreciable grado de “destrucción
creativa” entre las grandes empresas norteamericanas, que son sustituidas por
otras empresas más jóvenes y con crecimiento más rápido. Por tanto, este autor
enfatiza la importancia de la entrada de nuevas empresas para mantener el
dinamismo del sistema capitalista (28) .
Acs et al. (1990), por su parte, encuentran evidencias en el sentido de que la
incorporación de tecnologías flexibles están claramente relacionadas con el
descenso de tamaño medio de las empresas. Este resultado estaría indicando que
el auge actual de las pymes se fundamen ta, entre otros factores, en la innovación
tecnológica -en consonancia con Piore y Sa bel (1984)-. Por ello, no cabe esperar
que se trate de un fenómeno temporal, causado exclusivamente por los efectos
negativos de la recesión sobre las grandes empresas.
Otra importante contribución de las pe queñas empresas al desarrollo que se
señala con frecuencia es su integración en el tejido productivo regional. Las
nuevas empresas suelen establecerse por el emp resario en su región de origen -
Maillat (1988), para diversas regiones eur opeas, cifra entre un 40% y un 50% las
empresas establecidas por personas originaria s de la región-. Además, sus
proveedores y clientes princi pales están, en mayor medida, localizados en la propia
región. Así, Storey (19 82) señala para el área de Cleveland (Reino Unido), las
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 33
nuevas empresas independientes compran un 60% de sus suministros en el
mercado local, mientras que para el conj unto de todas las nuevas empresas (tanto
independientes como fi liales) el porcentaje es del 50%. En lo que respecta a las
ventas, las nuevas empresas independientes colocan el 78% de las mismas en el
mercado local, mientras que el conjunto de nuevas empresas vende el 70%. En el
mismo sentido, Santos (2001) obtiene re sultados similares para la provincia de
Sevilla, donde el 57% de las empresas independientes tienen su proveedor
principal en esa provincia, mientr as que el 86% vende sus productos
fundamentalmente en la misma.
Por todo ello, esas nuevas empresas independientes tendrán un efecto
multiplicador mayor sobre el resto del te jido productivo local, creando riqueza y
empleo de forma indirecta. De esta forma, cabe también señalar el papel de las
n u e v a s e m p r e s a s e n l a m e j o r a d e l a d i s t r i b u c i ó n d e l a r e n t a , l o q u e t a m b i é n
supone una contribución significativa al desarrollo económico.
Para Giaoutzi et al. (1988), el mayor impacto de las pequeñas empresas
independientes en el territorio se concreta en: una mayor g eneración de empleo
indirecto; una mayor estabilidad y durabilidad de la empresa (no se traslada a otra
región); y un compromiso más cercano con lo s intereses regionales. Fisher (1988),
por ejemp lo, considera que esos efectos multiplicadores pueden ser muy
importantes, llegando en algunos casos extremos hasta la generación de 20
empleos indirectos p or cada puesto de trabajo directo. Powers (1999), por su
parte, comparando datos de Carolina del Sur con los de otros Estados sureños de
los Estados Unidos, relaciona su bajo ritm o relativo de crecimiento con la escasa
tasa de creación de nuevas empresas locales. Así, a pesar de que ese Estado
destaca por atraer grandes volúmenes de inversión foránea, sus tasas de creación
de empresas son (y han sido tradicionalm ente) de las más bajas, como también lo
es su ritmo de crecimiento económico.
Parece, por tanto, generalmen te admitido que una superior presencia de
pequeñas y medianas empresas independientes en una determinada rama
productiva la dota de un mayor dinamismo, al tiempo que la hace menos
dependiente de decisiones foráneas, contribuyendo a un tejido productivo más
integrado y sólido. Para el caso europeo, Carree y Thurik (1998) encuentran una
estrecha relación entre la estructura empresar ial de las distintas ramas
manufactureras en 1990 y su crecimiento en el periodo 1990-1994. Las industrias
C APÍTULO I
(29) Carree, M.A. y Thurik, A.R. (1998): “Sma ll firms and economic growth in Europ e”,
Atla ntic Economic
Journal
, vol. 26, num. 2, p. 145.
34 E CONOMÍA A PLICADA I
con una baja presencia de medianas y grandes empresas (a partir de cien y de
quinientos empleados, respectivamente) en relación a esa misma industria en otro
país, han tenido un mejor comportamiento en términos de producci ón. De un
lado, han sufrido en menor medi da los ef ectos de la recesión, y del otro, se han
recuperado más rápidamente de la misma. Así, estos autores concluyen que «los
resultados empíricos de este trabajo sugieren que una política de estimulación de
las pequeñas empresas o, más generalmente, del empresario, puede ser una de las
forma s más efectivas de combatir el actual descenso en la competitividad de la
industria europea» (29) . Aydalot (1988) también encuentra una relación positiva
entre la presencia de pequeñas empresas y los resultados en cuanto a creación de
empleo.
En la misma línea, Nickel (1996), ana liza el impacto de la competencia en el
nivel y el crecimiento de la productividad. Por una parte, los mercados más
concentrados (donde hay menos empresas que controlan una mayor cuota de
mercado) están asociados, ceteris paribus, a menores niveles de productividad. Y,
por otra, la mayor competencia (número de empresas en la industria) se asocia con
mayores tasas de crecimiento de la productividad. Este efecto no sólo se
prod uciría por que la competencia obligase a las empresas a “esforzarse más”.
También puede d eberse a que la presen cia de un mayor número de empresas
hiciera que coexistieran en cada momento una mayor cantidad de formas de llevar
a cabo la producción, por lo que la más eficiente sería la que tendría más éxito,
elevando los niveles generales de productividad de la industria.
Sin embargo, no está claro que el grueso de las nuevas pequeñas empresas
sean capaces de competir con las grandes. A este respecto, Audretsch et al. (1999),
concluyen que la mayoría de las pequeñas empresas no compiten directamente
con las grandes, sino que se especializan en nichos de mercado específicos. Estos
datos son consistentes con el fenómeno de diversificación de la demanda que se
apuntó como causa del resurgir de las pyme s. De cara al efecto sobre el desarrollo
económico, es evidente que no todas las nu evas empresas creadas presentarán un
mismo potencial. Giaoutzi et al. (1988), por ejemplo, distinguen entre: a) aquellas
empresas que son meros subcontratistas, empresas comerciales, o servicios finales
que atienden a una demanda puramente local, de un lado; b) las empresas
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 35
tecnológicas, de otro; y, por último, c) las empresas que surgen en ind ustrias
tradicionales. Para ellos, las dos últimas modalidades son las que pueden
contribuir al desarrollo, no obstante, las características d e esas empresas son
distintas, y las necesidades para su éxito también son diferentes. En el primer caso
jugará un papel fundamental la info rmación y las relaciones con centros de
investigación. Mientras, en el segundo, será importante la cooperación, las redes
d e e m p r e s a s , l o q u e s e h a d a d o e n l l a mar la especializaci ón flexible (Vázquez
Barquero, 1999).
La existencia de un elevado ritmo en la creación de empresas, así como una
alta presencia de pymes, serían por tanto factores de desarrollo económico
importantes, por los motivos ap untados. Además, también habría que tener en
cuenta el papel de esas empresas co mo “semilleros” de las futuras grandes
unidades. Storey (1982) cifró el porcentaje de las nuevas empresas que conseguían
superar los cien empleados al cabo d e diez años entre el 0.5% y el 0.75%.
Harrison (1994), por su parte, ofrece unas cifras similares. Si bien se trata de
porcentajes muy pequeños, hay que tener en cuenta que los ritmos de creación de
empresas se han acelerado en los últimos años. Según se ha indicado
anteriormente, en la Unión Europea se cr earon unos dos millones de empresas en
1995. De ellas, de acuerdo con Storey (1 982), entre 10.000 y 15.000 tendrían más
de cien empleados en el año 2005. Si tenemos en cuenta que en aquel año había
en la Unión Europea alrededor de 100.000 empresas de cien o más empleados,
esto supone que en ese periodo de diez años se habrán renovado entre el 10% y
el 15% de las mismas a partir de nuevas empresas (es decir, si n tener en cuenta la
variación adicional que proceda de las empresas ya existentes).
Podemos concluir, por tanto, que parece existir una relación a nivel general
entre grado de desarrollo y densidad empres arial, aunque la influencia de factores
ambientale s hace que no se haya podido establecer claramente el sentido de la
causalidad. Es probable que esta relación tenga un carácter de interdependencia.
Mientras que, por un lado, un elevad o grado de desarrollo proporcionaría una
mayor abundancia de oportunidades económicas y una mejor provisión de
factores productivos, en sentido contrario, se podría afirmar que la actividad
empresarial tendría un efecto muy positiv o sobre el nivel de desarrollo económico.
De forma más específ ica, se puede afirmar que el surgimiento y desarrollo de
nuevas pequeñas empresas independientes:
C APÍTULO I
36 E CONOMÍA A PLICADA I
C permite el rejuvenecimiento del tejido productivo,
C eleva la flexibilidad de ese tejido,
C y también su grado de integración productiva.
Por tanto, esa mayor presencia de pequeñas empresas, y su mayor
crecimiento, se ven acompañados de:
C una mayor creación de empleo,
C mayor crecimiento económico,
C y mayor nivel de productividad.
Así mismo, también hemos encontrado que existen diferencias importantes
entre los distintos tipos de pequeñas empresas. De cara a s u efecto sobre el
desarrollo, las nuevas empresas tecnológic as con capacidad de crecimiento, de un
lado, y las empresas más tradicionales pero dentro de un modelo de
especialización flexible, de otro, parecen ser las que pueden realizar una
contribución más positiva.
De esta forma, esa diferenciación entre empresas según su mayor o menor
contribución al desarrollo económico nos lle va hacia la cuestión sobre el nivel de
dinamismo de los empresarios que las crean y lideran. Co mo afirma Gartner
(1985), las diferencias existentes entre los propios empresarios son probablemente
mayores que las que se dan entre el colectivo de empresarios, de un lado, y el resto
de la población, del otro. Po r ello, resulta importante detenerse en el análisis y la
conceptualización de lo que Santos (2001) ha denominado la “calidad
empresarial”, ya que los empresarios c on mayores niveles de dinamismo serán
probablemente los que contribuyan en mayor medida al desarrollo económico
regional y nacional.
3. Justificación
La breve revisión realizada en los dos epígrafes anteriores sirve, a nuestro
entender, como muestra de la gran relev ancia que tiene la actuación del
empresario en el proceso de desarrollo económico. Es precisamente des de esta
posición de la que hemos partido a la hora de concebir y realizar esta
investigación. En cuanto a la selección de l objeto concreto de estudio, ésta se ha
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 37
realizado en base a una serie de consid eraciones que tratamos a continuación de
sintetizar.
En primer lugar, destaca la propia tr ayectoria profesional e investigadora del
autor. Desde la finalización de los estu dios de licenciatura ha desempañado toda
su actividad profesional en la provinci a de Sevilla, al tiempo que colaboraba -
desde el primer m omento- con e l departame nto de Economía Ap licada I, de la
Universidad de Sevilla, de diversas ma neras. En la esfera laboral, comenzó
trabajando en el sector financiero, en la administración local po steriormente, y
finalmente en la propia Universidad de Sevilla. En todo este tiempo ha convivido
con la situación de relativo retraso ec onómico de esa provincia y ha observado
cómo las diferentes actuaciones públicas puestas en marcha parecen ser incapaces
de corregirla o, en todo caso, tener un efecto muy reducido.
En segundo lugar, toda su actividad investigadora ha quedado marcada por
la pertenencia al Grupo de Investigac ión “Las PYMEs y el desarrollo económico”
que dirige el profesor Joaquín Guzmán Cuevas, Catedrático de Economía
Aplicada. Dentro del mismo existe una larga trayectoria de investigación sobre los
distintos aspectos que afectan a la relaci ón entre actividad empresarial y desarrollo
económico y, en particular, se han compl etado -entre otras- dos tesis doctorales
anter iores dedicadas concretamente al estudio de la emergencia y la calidad
empresariales, muy directamente vinculadas con el objeto del presente trabajo.
El programa de investigación desarrollado dentro del grupo incluye la
profundización en varias líneas diferentes. As í, en primer lugar, se intenta avanzar
en el análisis más detallado de la conexión entre la actividad microeconómica del
empresario, de un lado, y los resultados macroeconómicos para el conjunto de la
economía, del otro. Aquí se incluiría el an álisis de los mecanismos de transmisión
que hemos d escrito brevemente en los epígrafes anteriores. La forma en que se
producen esa mayor competencia y producti vidad, la mayor integración del tejido
productivo, o la capacidad de crecimi ento de las nuevas empresas hasta
convertirse en grandes, son aspectos en desarrollo dentro de esta vertiente.
Por otro lado, otra línea de expansión viene dada por la profundización en los
aspectos que llevan a las personas a decidir ser empresario, y al tipo de empresario
en que se van a convertir, entrando así más a fondo en ese componente no
formalizable de la función del empresar io -lo que el profesor Guzmán denomina
C APÍTULO I
(30) Véase, po r ejemplo, Guzmán, J. (1995):
El empresariado en la provincia de Sevilla
, Ed. Sevilla Siglo XXI,
Sevilla.
38 E CONOMÍA A PLICADA I
la Esfera Impulsora-. Esas funciones de promoción -surgimiento de empresarios-
y dinamización empresarial -calidad de los empresarios- son todavía poco
conocidas en su composición y funciona miento. Sin embargo, consideramos que
resulta esencial comprenderlas. En efecto , en la medida en que la disponibilidad
de recursos y los conocimientos de ges t ión no son suficientes para garantizar la
creación, supervivencia y desarrollo de lo s proyectos empresariales, ha de existir
un aspecto más perso nal, ligado a las características y motivaciones del propio
empresario que intervenga decisivamente en esos fenómenos.
Especialmente, cuand o existen r egion es con meno res cotas de bienestar
económico, pero en las que no se alca nza un nivel suficiente de activi dad
empresarial que permita corregir esa situac ión, cabe pensar en que la población de
la misma -por los motivos que sean- no consigue desarrollar suficientemente esos
aspectos impulsores de la función empresarial. Incluso ante la existencia de una
importante cantidad de medidas de apoyo por parte de las distintas
administraciones públicas, en zonas como la provincia de Sevilla, sigue existiendo
una relativa escasez de empresarios, y especialmente de “buenos empresarios” o
“empresarios de calidad”. Así, muchos tr abajos han puesto de manifiesto que el
más tradicional apoyo financiero a la creación de empresas no funcionan todo lo
bien que sería deseable. Es relativamen te habitual que los empresarios manifiesten
que la financiación constituye su principa l problema, y al mismo tiempo existan
programas de subvenciones y préstamos preferentes cuyos presupuestos no se
agotan (30) .
Esa aparente contradicción quedaría res uelta si explicásemos por qué la
población no se decide a crear empresas , y por qué los empresarios no invierten
en ampliar su negocio, a pesar de que existan oportunidades económicas y
medidas de apoyo. No obstante, es poco lo que aún se sabe sobre qué lleva a la
persona a ser empresario. En este sentido, hasta ahora se ha tendido a estudiar la
relación entre variables externas o datos biográficos del sujeto -edad, sexo,
experiencia, situación laboral, etc.- de un lado, y la creación de empresas del otro,
pero sin saber realmente cómo influye cada una de esas variables en la decisión
individual de ser empresario.
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 39
Sin embargo, algunas aportaciones han comenzado a desvelar lo que ocurre
dentro de lo que podríamos llamar la “caja negra” de la decisión empresar ial
individual. Los distintos análisis realizados, no obstante, se escapan
necesariamente del ámbito puramente económ ico, para adentrarse en otros como
el psicológico o incluso el sociológico. Esta circunstancia constituye un obstáculo
importante para el avance de los conocimientos, pues la investigación
interdisciplinar es muy compleja y por ello poco frecuente, a pesar de los
continuos llamamientos a la misma.
En este sentido, en la medida en que se va desvelando -si quiera sea
parcialmente- el proceso mental que lle va al individuo a la decisión de ser
empresario y, en su caso, al desarrollo posterior de su empresa, comienza a ser
posible diseñar instrumentos de apoyo empresarial más efectivos. En efecto, el
conocimiento de las variables que influyen en la decisión de ser empresario, y la
forma en la que influyen, permitiría actuar directamente sobre las mismas.
Entre las diversas teorías existentes, la visión de proceso de la acti vidad
empresarial y los modelos de intenciones nos parecen especialmente adecuados
e interesantes. La primera permite poner el énfasis en la complejidad del proceso
de creación -y también del de dinamizaci ón- de una empresa. En efecto, frente a
concep ciones más tradicionales que consideran esa creación como algo que se
realiza de una sola vez, la visión de pro ceso destaca la existencia de varios pasos
o actividades que deben llevarse a cabo para acabar creando la empresa. Por ello,
existen empresarios “nacientes” que tardan varios meses o incluso años desde la
toma de la decisión hasta que la empresa comienza efectiva mente a funcionar.
Durante ese proceso, una parte de ellos abandona el proyecto. Esta complejidad,
que es potencialmente muy relevante, queda obviada si consideramos la creación
como un sólo acto instantáneo.
Del mismo modo, el crecimiento em presarial o la innovación no son
resultados que puedan conseguirse de forma inmediata, con la mera decisión del
empresario, sino que están compuestos a su vez de sucesivas etapas. La decisión
de crecer debe verse acom pañada de una larga lista de acciones o
comportamientos por parte del empresario . Incluso existiendo esa predisposición
a desarrollar la empresa, el proceso de implementación puede acabar frustrándola.
Desde el punto de vista externo, esa situación se vería simplemente como
C APÍTULO I
(31) Cabe concebir situaciones extremas en las que alguien pueda ver se forzado a ser empresario sin querer serlo,
como el heredar una empresa cuya vent a resulte difi cultosa por cualqu ier mo tivo. Sin embargo, es evidente que
casos como ese representan situacio nes extremas muy poco habituales.
40 E CONOMÍA A PLICADA I
“ausencia de crecimiento”. En cambio, de sde la visión de proceso, sería posible
analizar qué fase es la que ha hecho fracasar el intento, y por qué.
Los modelos de intenciones, por su parte, hacen hincapié en una cuestión
muy importan te de la actividad empresarial. Se trata, por supuesto, de que el
sujeto debe tener previamente la intención de ser empresario. Es evidente, en este
sentido, que no se llega a ser empresario sin proponerselo uno (31) . En sentido
contrario, es también obvio que la falta de intención supone un obstáculo
prácticamente insa lvabl e para llegar a serl o. Por lo tanto, el análisis de los
condicionantes de la decisión empresar ial parecerían un campo de estudio de
primer orden si queremos elevar el ritm o de creación de empresas, y el grado de
dinamismo de las existentes.
Es posible que, a partir de ese conocim iento, se lleguen a diseñar medidas de
apoyo a la creación y a la dinamización empresarial completamente nuevas. No
obstante, en muchas ocasiones se tratará más bien de la modificación o adaptación
de otras ya existentes. En particular, existe un instrumento que está adquiriendo
un importante auge en las últimas décadas, especialmente en el ám bito
universitario. Se trata de la educación empresarial. Este tipo de formación puede
tener distintos objetivos, según sus distin tas variantes. En todo caso, como se
verá, los más habituales son el de dar a conocer la opción empresarial como salida
profesional, y el de ayudar a los part icipantes a la cr eación efectiva de una
empresa.
En este sentido, ese tipo de formaci ón parece que puede ser un instrumento
muy útil de cara al surgimiento de más y mejor e s empresarios. No obstante, no
siempre cumple esa función adecuadamen te. En particular, existe una tendencia
por parte de las instituciones que imparten este tipo de formación a li mitar su
actuación en un doble sentido. En primer lugar, en relación al objetivo perseguido,
tienden a centrarse en los conocimientos prácticos concretos para la creación de
empresas. Por su parte, en cuanto a los participantes, tienden a seleccionar a los
alumnos que ya están decididos a ser empresarios. De esta forma pueden, por
ejemplo, ofrecer resultados más favorabl es -como mayores tasas de creación de
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 41
empresas por los participantes-, aunque estén descuidando una posible función
de promoción de la actividad empresaria l en el conjunto de la población, o en
aquella parte que aún no ha decidido si quiere ser empresario.
La reflexión sobre estas circunstancias ha ll evado a este autor al
convencimiento de que existe un campo de análisis importante en este área que
puede ofrecer unos resultados muy significat ivos. Se trataría de la profundización
en los aspectos que explican la decisión de ser empresario, y la aplicación de este
conocimiento al diseño de iniciativas de e duca ción empresarial más efectivas. Esas
iniciativas de educación empresarial me joradas podrían suponer un instrumento
mucho más adecuado para la actuación en entornos en los que otras medidas han
resultado insuficientes. Si eso llega a ser cierto en términos generales, su posible
aplicación al caso particular de Sevilla permitiría c ontribuir a corregir la baja
reactividad de la población a los estímulos más tradicionales, la cual podría verse
superada con iniciativas educativas de es te tipo. De esta forma, sería idealmente
posible comenzar a transformar la realidad de atraso económico en la que vive esa
provincia desde hace mucho tiempo.
Por consiguiente, la justificación última que ha llevado a la realización de esta
tesis doctoral vendría dada por un doble mo tivo. En primer lugar, la contribución
al desarrollo más general del conocimiento en un área potencialmente muy
relevante. En segundo lugar, los posib les efectos sobre economías relativamente
menos desarrolladas como sería el caso, concretamente, de la de Sevilla.
4. Objetivos
Comienza a existir, como se h a in dicado, una emergente bibliografía
concentrada en la explicación de cómo se produce la decisión individual de ser
empresario, y de las dif erentes etapas por las que atraviesa la persona durante el
proceso de creación y desarrollo de la empr esa. Sin embargo, aún no se ha tratado
de aplicar ese conocimiento -que conoz camos- al diseño de instrumentos de
apoyo a la creación y desa rrollo empresariales. En particular, debido a las
características de ese proceso, la educación empresarial podría ser un instrumento
adecuado en el que desarrollar esas aplicaciones.
C APÍTULO I
48 E CONOMÍA A PLICADA I
El resto del trabajo empírico se ha realizado con los datos obtenidos de la
muestra seleccionada. No obstante, dada la ausencia de i nstrumentos
estandarizados para este tipo de investig ación, ha sido necesario elaborar un
cuestionario propio. En este sentido, aunque no hemos realizado u n
procedimiento de contrastación completa mente riguroso que permita garantizar
la fiabilidad del instrumento, se ha puesto el máximo cuidado para evitar errores
de diseño que pudiesen invalidar los resulta dos. En el Capítulo V se describe con
mucho m ás detalle el procedimiento de el aboración del instrumento de análisis,
así como la realización efectiva de la encuesta y las técnicas estadísticas utilizadas
para el análisis de los resultados.
En lo que se refiere a las fuentes bibliográficas, al fin al de este trabajo se
recogen detalladamente todas las que hemo s utilizado. Al ser los temas objeto de
estudio relativamente recientes, existe una abundante cantidad de trabajos
publicados en revistas científicas especializadas o presentados a congresos
científicos. En cambio, en el otro ex tremo, son muy escasos -por no de cir
prácticamente inexistentes- los trabajos monográficos que ofrecen un cuerpo
teórico más completo y una visión de conjunto sobre estos temas . Esto ha
supuesto una considerable dificultad a la hora de extraer la información relevante.
Entre otros aspectos, esta dificultad se ha hecho especialmente patente en el
esfuerzo de síntesis que ha sido neces ario realizar. Ante la falta de trabajos
globales, casi todos los consultados ana lizan aspectos parciales de los objetos de
estudio. Además, los métodos utilizados son muchas veces diferentes, cuando no
contrapuestos. De esta forma, ha re sultado dificultosa la extracción de la
información relevante a nuestro objetivo en cada caso, y el mantenimiento de un
hilo conductor a lo largo de toda la investigación.
En todo caso, se ha acudido siempre a fuentes originales. En este aspecto, los
fondos bibliográficos de la Universidad de Sevilla han sido una fuente esencial de
ayuda. Más concretamente, el acceso a base de datos de publicaciones científicas
informatizadas a través de los convenios firmados por la biblioteca universitaria
con las entidades gestoras de esos fond os, ha resultado fundamental. Al mismo
tiempo, la consulta directa de actas de congresos que se hayan publicadas en
internet ha p ermitido completar en la mayoría de los casos las necesidades
bibliográficas.
I NTRODUCCIÓN , E MPRESARIALIDAD Y D ESARROLLO E CONÓMICO
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 49
Han existido situaciones, no obstante, en las que de ninguna de las dos
maneras resultó posible acceder a deter minados artículos o comunicaciones que
parecían muy relevantes, al ser citados por otros autores con frecuencia. En esos
caso s, hemos optado por pedir directamente a los autores la remisión de los
mismos. En concreto, se han solicitado tr abajos a W.E. McMullan, A.L. Carsrud,
a T. W. Noel, y H. Klandt -este último a través de Nicolle Barth-. Desde aqu í
agradecemos a esas personas su amabilidad al remitirnos los trabajos solicitados.
Capítulo II:
Análisis del proceso empresarial
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 53
En el presente capítulo nuestro principal obj etivo va a ser el de analizar las
variables que inciden sobre la actividad em presarial, así como el modo en el que
lo hacen. En particular, pretendemos exponer un modelo de intenciones de la
actividad empresarial, según el cual la actitudes y habilidades hacia la misma
condicionarían la mayor o menor intención de realizar comportamientos
empresariales. En todo caso, no pretendemos desarrollar un modelo de función
empresarial que sea universalmente aceptado, pues entendemos que la falta de
consenso en cuanto a muchas de las cara cterísticas y facetas del empresario es aún
demasiado elevada.
No obstante, es necesario avanzar en este aspecto si queremos progresar hacia
nuestro objetivo de integrar la visión de la empresarialidad en la educació n
empresarial, en especial en relación al surgimiento de un creciente núm ero de
empresarios “de calidad”. Para ello va mos a tratar de profundizar en tres
cuestiones. La primera de ellas se refier e a la mayor o menor inclinación hacia la
actividad empresarial del individuo. En segundo lugar, consideramos el proceso
a través del cual el individuo toma la decisión y pone realmente en marcha una
iniciativa empresarial. La tercera cuestión se relaciona con los factores que
explican el grado de dinamismo que desarrollará este agente en su actividad como
empresario; es decir, la “calidad empresarial” del mismo.
De esta forma , a pesar de que no existe un consenso general sobre el
concepto de empresario, sí que existen numerosas aportaciones en este sentido.
En concreto, nuestro trabajo va a tomar como punto de partida los modelos de
emergencia empresarial del profesor Cácer es (2002) y de calidad empresarial del
profesor Santos (2001). Estos estudios han sido desarrollados dentro del Grupo
de Investigación “Las PYMEs y el desa rrollo económico”, de la Universidad de
C APÍTULO II
(32) Liñán, F. (2001):
Hacia una nueva polít ica de fomento empresarial: al apoyo a la esfera impulso ra del
empresario
. Dpto. de Economí a Aplicada I, Universidad de Sevil la. Sevilla, mimeo.
(33) Una visión muc ho más amplia sobre las distintas aporta ci ones a la teoría del empresario puede verse en O’Kean,
J.M. (1991): op. c i t.; además de en los trabajos seña lados: Guzmán, J. (1994): op. cit.; Santos, F.J. (2001):
La calidad del empresario sevillano
, Biblioteca de Socioec onomía Sevi llana. Sevilla Siglo XXI, Sevilla; y
Cáceres, F.R. (2002):
Ent or no socio económico y espí ritu empresaria l. Factores determinan tes de la emergencia
empresarial en Andalucía Occidental
, Secretariado de publicaciones, Universidad de Sevilla, Sevilla.
54 E CONOMÍA A PLICADA I
Sevilla, y parten a su vez del modelo de síntesis sobre la función empresarial
elaborado por el prof. Guzmán (1994). En un trabajo anterior (32) profundizamos
en algunas de las teorías de síntesis sobre la función empresarial, así como en los
factores determinantes de la emergencia y calidad empresariales (33) , encontrando
que los citados modelos pueden ser de gran utilidad a nuestro propósito actual.
Como veremos, estas dos conceptualizaciones sobre la emergencia y la calidad
empresariales, si bien suponen un gran paso adelante, no profundizan
suficientemente en el proceso mental que lleva al individuo a tomar las sucesivas
decisiones que lo convertirán en empresario , y/o en un empresario de calidad. Por
ello, en este capítulo vamos a tratar de integrar esos dos mo delos dentro de un
marco teórico que permita aproximarse a lo que podríamos llamar el “proceso
empresarial” del individuo. De esta manera, será posible avanzar hacia la
identificación de la forma concreta en que actúan aquellos elementos que influyen
más decisivamente sobre el inicio de la actividad empresarial, y sobre el grado de
dinamismo con el que la misma se lleva a cabo. Así, estaremos en condiciones de
desa rrolla r un mod elo de edu cación empresarial que intervenga en esos elem entos,
y que lo haga de la manera más efectiva , para lograr que aquellos ag entes que
participasen en ese proyecto de educación empresarial se convirtiesen
efectivamente no sólo en empresarios, sino en “empresarios de calidad”.
A lo largo de todo el capítulo pr estaremos un a especial atención a los
resultados que esta visión de proceso de la actividad empresarial pueda tener sobre
la educación empresarial. En este sentido, conocer no sólo las variables que actúan
en ese proceso, sino la forma en la que lo hacen, contribuirá probablemente a que
los contenidos y metodologías diseñados sean más efectivos. Por todo ello, en el
primer epígrafe de este capítulo presentare mos la visión de proceso de la actividad
empresarial, así como la estructura bási ca de los modelos de intenciones. En el
segundo prestaremos especial atención a la primera de sus fases, que se ha dado
en llamar ‘potencial empres arial’. A continuación, en el tercer epígrafe, nos
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 55
referiremos al proceso de creación de una nueva empresa. Por su parte, en el
cuarto epígrafe , trataremos de profundizar en el aspecto relativo a la calidad o
dinamismo empresarial. Para finalizar, dedicaremos el último epígrafe a señalar
brevemente las consecuencias que la visi ón adoptada de la actividad empresarial
puede tener para el diseño y contenidos de la educación empresarial.
1. Visión de proceso de la empresarialidad y modelos de
intenciones
Dentro de la literatura sobre la actividad empresarial, está cobrando fuerza en
los últimos años una visión de la empres arialidad basada en la idea de que el
comportamiento empresarial es algo que se pone de manifiesto mediante la toma
de sucesivas decisiones a lo largo del tiem po. En este sentido, la decisión de crear
una empresa no puede analizarse aisladamente del resto de las circunstancias y
trayectoria del individuo. En particular, pa ra que esa persona se decidiese a entrar
activamente en la condición de empresario debería existir al menos una inclinación
o afinidad previa hacia esa actividad, la cuál dependerá de otra serie de variables.
Del mismo modo, para que un empresario sea más o menos dinámico o de calidad
es necesario -lógicamente- que sea primer o empresario, es decir, que haya creado
o adquirido una empresa con anteriorid ad. Así, esta visión de proceso tiene la
virtualidad de poner de manifiesto todo ese cúmulo de decisiones que la persona
debe tomar a lo largo de su carrera empresarial.
Del mismo modo, cuando se resalta el hecho de que la actividad empresarial
cons iste en la toma de decisiones voluntarias por parte del sujeto, cobra
importancia el anál isis de los motivos para tomar esas decisiones. En particular,
muchos autores señalan la necesidad de que exista una intención previa, para que
esas decisiones se tomen. Más adelante, en este primer epígrafe, n os detenemos
en los modelos de intenciones de la actividad empresarial
1.1. La actividad empresarial como proceso
La visión de proceso de la actividad empresarial es muy interesante porque no
sólo señala una lista de variables que ti enen una influencia más o menos elevada
en la decisió n del individuo de ser empresario, o de dinamizar su empresa, sino
que se detiene a analizar la forma y el momento concretos en que el empresario
C APÍTULO II
(34) Véase, por ejemplo, Harvey, M. y Evans, R. (1995) : “Strategic windows in the entrepreneurial process”,
Journal
of Business Venturing
, vol. 10, num. 5, pp. 331-347; Dubini, P. y Ald rich, H. (1991): “Personal and
extended networks are central to the entrepreneurial process”,
Journal of Business Venturing
, vol. 6, num. 5,
pp. 305-313; o Birley, S. (1985): “The role of networks in the entrepreneurial process”,
Journal of Business
Venturing
, vol. 1, num. 1, pp. 107-117.
(35) Dyer, G. (1994): “Toward a theo ry of entrepreneurial careers”.
Entrepreneurship Theory and Practice
, vol. 19,
num. 2, pp. 7-21.
56 E CONOMÍA A PLICADA I
toma sus decisiones. Esto resulta muy relevante de cara al objetivo de nuestro
trabajo, pues si conocemos el modo de influir de las distintas variables podremos
diseñar medidas educativas específicamente orientadas a poten ciar ese efecto, o
a sustituirlo cuando la variable explicativa no se dé de forma espontanea.
Figura II.1
Principales etapas del proceso empresarial
Empr es a ri o
pot encia l
Empr es a ri o
naci ente
Emp re s ar i o
di nám ico
Fuente: elaboración propia.
De esta forma, el concepto de proceso empresarial hace referencia al estudio
de las distintas etapas o decisiones por las que pasa el individu o a lo largo de la
gestación y puesta en marcha de una iniciativa empresarial (34) . En ese mismo
sentido destacan las teorías sobre la carrera profesional, pues precisamente ponen
el énfasis en el hecho de que la actividad empresaria l es duradera, compleja y
comp uesta de diversas facetas y etapas (35) . A modo ilustrativo, en la Figura II.1
recogemos de forma resumida las tres etapas principales que componen ese
proceso empresarial. Cuando se analicen ca da una de ellas por separado a lo largo
de este capítulo, se irá profu ndizando en los distintos comportamientos
específicos que las componen.
En la práctica, sin embargo, la mayor parte de los autores se centran en las
fases de evolución de la empresa una ve z creada, dejando de lado u obviando las
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(36) Scott, M. y Br uce, R. (1987): “Fiv e stages of growth in small firms”,
Long Range Planning
, vol. 20, num.
3, pp. 45-52.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 57
etapas anter iores. Las fase de creación -e mpresario naciente- y la relativa a la
decisión de ser empresario -empresario potencial- son relativamente más
novedosas y, por tanto, menos estudiadas. En cambio, el análisis del desarrollo
empresarial ha recibido tradicionalmente más atención. Este es el caso de Scott
y Bruce (1987), que consideran la existen cia de cinco etapas en el crecimiento de
las pequeñas empresas, con sucesivas crisis que son las que desencadenan el paso
o no a la siguiente etapa. El objetivo de su estudio es desa rrollar un modelo de
crecimiento de la pequeña empresa que permita aislar los factores principales que
son importantes en cada etapa, y el tipo de crisis que será enfrentada al pasar a la
siguiente etapa. De esta forma, el em presario podrá planificar con mayor
seguridad el futuro de su empresa.
Según esos autores, la decisión de crecer depende en gran parte de cuestiones
internas a la empresa y al empresario, pero los factores externos también ejercen
una gran influencia, pudiendo provocar la aparición de una crisis cuya solución
supondría el paso a la siguiente etapa. A pesar de ello, los autores señalan la
importancia de los objetivos y valores del empresario, y reconocen que este
modelo general puede presentar variantes en fun ción de las características de la
empresa o las del mercado en el que opera. En cualquier caso, sólo el paso de la
primera a la segunda etapa se señala como imprescindible y relativamente rápido.
Mientras, las crisis que provocarían el cambio a la tercera y sucesivas etapas
pueden tardar en aparecer, o incluso no presentarse. Las características d e esas
cinco etapas descritas son las siguientes (36) :
C Establecimiento . La creación de la nueva empr esa supone un enorme esfuerzo
para su creador h asta que la unidad pr oductiva está en funcionamiento y ha
comenzado a comercializar sus productos o servicios. No obstante, esta fase
es necesariamente breve, puesto que cuando se ha logrado surgen
inmediatamente los factores que provocan la primera crisis. Estos consisten
fundamentalmente en tres: la necesidad de conseguir un flujo de caja positivo
y beneficios; las necesidades de orga nización y administración asociadas a la
creciente actividad; y la gran cantidad de tiempo que el empresario debe
dedicar. Si el empresario no reconoce esta situación de crisis y no acepta el
cambio requerido, el resultado será la desaparición de la empresa.
C APÍTULO II
(46) González, M. (2003):
El empresario innovador sc humpeteriano: una revisión
, Tesis Doctoral, Universidad del
País Vasco, Bilbao, p. 195.
(47) Sobre la variabilidad de los rasgos de la personalid ad, p uede consultarse Morizot, J. y Le Blanc, M . (2003):
“Continuit y and change in personalit y traits from adolescence to midlife: a 25-year longit udinal study
comparing representative and adjudicated men”,
Journal of Personality
, vol. 71, num. 5, pp. 705-755.
64 E CONOMÍA A PLICADA I
En este sentido, la posibilidad de desarrollar rasgos y habilidades que no estén
presentes en el sujeto es algo en cierta medida controvertido. Es muy habitual
consider ar que los rasgos de la pe rsonalidad son algo innato, que viene
determinado desde el nacimiento o -en todo caso- desde una etapa muy temprana
del proceso de socialización del indivi duo. Por ello, serían características no
modificables del sujeto. En este sentido, la Figura II.3 recoge la visión de
González (2003), qu e expresa esa idea. En ella se denomina talentos a lo que
nosotros consideramos rasgos , es decir, aquellas caracter ísticas que vendrían dadas
desde el nacimiento. Por su parte, las actitudes se verían muy influidas por el clima
social en el que se mueve el individuo y, «metafóricamente, son absorbidas por las
personas a través de un proceso de ósmosis» (46) . Por tanto, su modificación
resultaría también muy difícil.
Figura II.3
Factores hereditarios y adquiridos en la capacidad empresarial
Nato
Talentos Actitudes
Habilidades Conocimientos
Adquirido
Capacidad empresarial
Fuente: González, M. (2003): El empresar io innovador schu mpeter iano: una revisión , Tésis Doctoral,
Universidad del País Vasco, Bilbao, Gráfico 27, p. 193.
En cambio, en la literatura psicológic a, resulta generalmente admitido que la
distinción entre factores hereditarios y adquiridos no es tan absoluta (47) . En efecto,
a pesar de que los rasgos o talentos pued en ser en mayor o menor medida innatos,
no todas las personas desarro llan todos los rasgos o talentos que poseen. Una
parte de ellos p ueden permanecer latentes, sin expresión alguna. La expresión
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(48) Morizot, J. y Le Blanc, M. (2003): ibídem, p. 707.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 65
efectiva de esos rasgos dependería de la propia evolución del sujeto y del entorno
en el que se ha desenvuelto. No obs tante, los rasgos que permanecen latentes
pueden ser desarr ollados mediante el entrenamiento y la práctica. En cambio,
aquellos que no se poseen en absoluto pueden ser compensados con el desarrollo
de otros, o de ciertas habilidades.
Según esto, la distinción entre rasgos -o talentos- y habilidades sería solo
relativa. Aunque algunas personas pueden tener una cierta predisposición o una
mayor facilidad para d eterminados aspectos, sería posible desarrollar esa
característica con el entrenamiento adecuado (48) . De nuevo, este resultado es muy
interesante para nuestro objetivo, pues permite afirmar que la educación
empresarial puede ser efectiva -si se di s eña adecuadamente y se adapta a las
circ unstancias concretas de los p artici pantes - para elevar la inclinación empresarial
de todas las personas, sin necesidad de que estas presenten ningún perfil d e
personalidad predeterminado.
Se podría afirmar, por tanto, en rela ción a la educación empresarial, que no
existen ‘recetas’ universales para los programas formativos. El diseño educativo
debe ser específico para las característica s de los participantes -según qué ventana
estratégica es previsible que vayan a aprovechar-, y también para el contexto en
el que se actúe, el tipo de proyecto a de sarrollar y los objetivos que se persigan -
según las características de la oportunidad y del entorno-.
En cualquier caso, es importante señalar que las sucesivas etapas de ese
proceso empresarial suponen la toma cont inua de decisiones por parte del sujeto.
En este sentido, la mayo r parte de esas elecciones no tienen un carácter
estrictamente técnico, sobre la obtención de financiación o la forma de gestionar
los recursos dados unos objetivos. Por el contrario, se trata casi siempr e de
decisiones que afectan a ámbitos mucho menos cuantificables como las
preferencias personales del sujeto, las imp licaciones para la familia, la confianza
en la propia capacidad o la cota de incer tidumbre que se está dispuesto a soportar.
Es decir, son decisiones que afectan a lo que Guzmán (1994) denomina la Esfera
Impulsora del empresario. De ahí deriva la dificultad de establecer unos patrones
de conducta generales, o identifi car un a variable exógena concreta que permita
explicar el resultado del proceso.
C APÍTULO II
(49) Krueger, N.F., Reilly, M.D. y Carsrud, A.L. (2000): op. cit., p. 414.
66 E CONOMÍA A PLICADA I
1.2. Los modelos de intenciones
A la hora de estudiar las distintas etapas que componen el proceso
empresarial, es necesario reflexionar s obre el enfoque a utilizar. En este sentido,
las metodologías utilizadas han ido vari ando. Así, muchos autores comenzaron
buscando la existencia de ciertos rasgos de la personalidad que se asociaran con
la actividad empresarial. Posteriormente, se han realizado trabajos que señalaban
la importancia de otras característi cas de l sujeto tales como edad, sexo, lugar de
origen, religión, nivel de estudios, experiencia laboral, etc. A estas variables
podríamos llamarlas “demográficas” pues son perf ectamente identificables y
objetivas. Estas dos vías de análisis han permitido la identificación de relaciones
significativas entre determinados ras g os o características demográficas y la
realización de comportamientos empresariales. Sin embarg o, la capacidad
predictiva de las mismas ha sido muy reducida.
Desde otra perspectiva, se vienen realizando aportaciones últi mamente que
señalan la importancia de analizar lo que ocurre dentro de la mente del sujeto. En
efecto, puesto que la decisión de ser empresario se considera como voluntaria,
parece razonable analizar cómo se toma es a decisión. En este sentido, los trabajos
más prometedores, que comentaremos a lo largo de este capítulo, se centran en
la intención empresarial como elemento pr evio y determinante para la puesta en
práctica de comportamientos empresariale s. A su vez, la intención de realizar un
comportamiento, según Ajzen (1991), dependería de las actitudes del sujeto hacia
ese comportamiento. Una actitud más favo rable haría más factible la intención de
realizarlo, y viceversa.
En este sentido, Robinson et al. (1991) justifican que lo que ellos denominan
el “enfoque de las actitudes” es superior a otros que se han utilizado
tradicionalmente en el análisis del empres ario, como el enfoque de los rasgos o el
demográfico. Del mismo modo se manifi estan Krueger et al. (2000), que agrupan
esos otros enfoques bajo la categoría de variables individuales (49) .
Respecto al enfoque de los rasgos, que pretende explicar la decisión de ser
empresario por la posesión de ciertos ra sgos de personalidad determinados, son
muchos los autores que lo han criticado. Esas críticas provienen tanto desde el
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(50) Robinson, P.B., Stimpson, D. V., Huefner, J.C. y Hunt , H.K. (1991): “An attitude approach to the prediction
of entrepreneurship”,
Entrepreneurship Theory and Practice
, vol. 15, num. 4, pp. 15-16.
(51) Cooper, A.C. (1985) “The Role of incubator organi zations in the founding of growth-oriented firms”,
Journal
of Business Venturing
, vol. 1, num. 1, pp. 75-86.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 67
campo de la psicol ogía como desde el de la economía (Ajzen, 1991; Shapero y
Sokol, 1982; Gartne r, 1989; Santos, 2001; Veciana et al., 2000), tanto por sus
problemas metodológicos y conceptuales como por su baja capacidad explicativa.
En cuanto al enfoque demográfico, que pretende d escribir y predecir la
empresarialidad en base a una serie de da tos biográficos del individuo, también ha
recibido amplias críticas. En particular, Ro binson et al. (1991) señalan tres
deficiencias básicas (50) . La primera se refiere al modo en que esas variables
influyen. En efecto, una determinada caracter ística influirá en la empresarialidad
del individuo a través de las conclusiones que éste saque sobre las experi encias
vividas a partir de esa característica. Por tanto, serían muchas las posibles
interferencias que distorsiona rían la relación entre la característica y el
comportamiento empresarial. En segundo lugar, muchas veces se usarán las
características demográficas como sustitutos de los rasgos de personalidad,
implicando que ciertas características se asocian con determinados rasgos, con lo
que la crítica relativa a los rasgos tambié n sería aplicable aquí. En tercer lugar, las
características demográficas son inevitablemente estáticas -se poseen o no se
poseen-, mientras que el fenómeno empresarial es dinámico y polifacético.
Un ejemplo de esta diferencia de enfo que vendría dado por la relación positiva
existente entre experiencia laboral previa en empresas de la misma actividad y la
creación posterior de una empresa (51) . Desde el enfoque demográfico, la relación
sería lineal y automática entre número de años de experiencia y probabilidad de
creación. Desde ese “enfoque de las actitudes”, esa relación dependería de cómo
esa experiencia h aya modificado las a ctitudes del sujeto. Por tanto, no sería la
duración de la experiencia, sino lo que el individuo ha aprendido y sentido durante
la misma, lo que influiría en su propensión empresarial.
De esta forma, frente a esos enfoques, Robinson et al. (1991) abogan por el
análisis de las actitudes. Así, la actitud se define como la medida en que un
individuo realiza una valor ación positiva o negativa de algo. Las actitudes son
relativamente estables, pero cambian con el tiempo y con la situación, y lo hacen
C APÍTULO II
(52) Shapero, A. y Sokol, L. (1982): “The social dimens ions of entrepreneurship”, en Kent, C.A., Sexton, D. L.
y Vesper, K.H. (Eds.):
Encyclopedia of enptrepreneurship
, Prentice-Hall, Englewo od Cliffs, p. 86 .
68 E CONOMÍA A PLICADA I
a través de procesos de interacción con el entorno. El ritmo de variación de una
determinada actitud dependerá según esté más asentada y sea más básica para la
identidad del individuo, y también según la intensidad de las experiencias vividas.
Por último, esos autores consideran que existen tres tipos de reacciones ante todo
objeto, y que la combinación de las tres es la que conforma la actitud. Estos tres
componentes son el afectivo (sent imie nto s positivos o negativos hacia ese objeto);
el cognitivo (creencias y pensamientos sobr e ese objeto de la actitud); y el conativo
o relativo al comportamiento (intenciones y p redisposiciones a actuar de
determinada forma hacia ese objeto).
De forma similar, otros autores han tr atado de profundizar en el proceso
psicológico que lleva a la decisi ón de ser empresario. Así, partiendo de la
importancia de las actitudes, un paso má s consistiría en analizar cómo las mismas
condicionan la decisión de ser empresario. En particular, por su repercusión en
los trabajos más recientes, vamos a coment ar a continuación dos de esos análisis.
Se trata, en primer lugar, de la teoría del “suceso empresarial” de Shapero y Sokol
(1982) y, a un nivel mucho más formaliz ado, la del “comportamiento planeado”
de Ajzen (1991).
El primero de ellos parte de la base de que la creación de empresas es el
resultado de la interacción entre factores culturales y contextuales, los cuales
actuarían a través de la influencia que ejercen sobre las percepciones del individuo.
Según Shapero y Sokol (1982), el planteami ento o la consideración de la opción
empresarial se produciría como consecuencia de algún cambio externo. La
respuesta de la persona a ese suceso ex terno dependerá de sus percepciones sobre
la deseabilidad y la factibilidad de los diferentes comportamientos posibles, así
como de las necesarias interacciones entre ambos tipos de percepciones (52) .
La deseabilidad percibida se referiría al gr ado en que la persona siente
atracción por ese determinado comportami ento (establecerse como empresario).
Esa atracción dependería fundamentalmente de los factores sociales y culturales
que han contribuido a conformar el sistem a de valores del individuo a través de
la familia. La factibilidad percibida, de fo rma similar, se definiría como el grado
en el que la p erson a se considera personalmente capaz de realizar ese
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(53) Shapero, A. y Sokol, L. (1982): ibídem, p. 82.
(54) Ajzen, I. (2001): “Nature and operation of attitudes”,
Annual Review of Psychology
, vol. 52, pp. 27-58, pp.
43-44.
(55) Ajzen, I. (1991): “The theory of planned behavior”,
Organiza tional Behavior and Human Decision Pr ocesses
,
vol. 50, pp. 179-211, p. 181.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 69
comportamiento. En este caso, la presencia de modelos de conducta, mentores
o socios sería un factor determinante del nivel de factibilidad del individuo.
Para esos autores, por tanto, los factores culturales y sociales son los que
determinan am bos tipos de percepciones (53) . De esta forma, las circunstancias
externas no determinarían directamente el comportamiento a seguir, sino que éste
sería el resultado del análisis realizado por la persona -consciente o
inconscientemente- sobre las diferentes deseabilidades y factibilidades de los
distintos comportamientos posibles en esa situación. No obstante, esos dos tipos
de percepciones no serían totalmente rígidos, sino que pueden ser modificados.
En concreto, ellos señalan la posible func ión de la educación empresarial en ese
sentido.
En este misma línea, pero de forma mucho más detallada, Ajzen (1991)
desarrolla un modelo psicológico del “com portamiento planeado”. Se trata de una
teoría general, que no se limit a a la actividad empresaria l, sino que es aplicable a
prá cticamente todos los comportamientos voluntarios de las personas y que,
según parece, ofrece resultados bastante buenos en muy diversos campos,
incluyendo la elección de carrera profesional (54) . Ese autor parte de la base de que
existe una estrecha relación entre la intención de realizar un comportamiento, y
la puesta en práctica efectiva del mismo, tal como muestra la Figura II.4.
De esta forma, la intención se convierte en el elemento fundamental para
explicar un comportamiento. Las i ntenciones serían, por lo tanto, un indicativo
del esfuerzo que la persona está dispuesto a hacer para conseguir reali zar ese
comportamiento, por lo que capturarían los factores de motivación que influyen
en ese comportamiento (55) . En todo caso, según ese autor, parece claro que para
que esa relación tenga sentido el comporta miento en cuestión tiene que estar bajo
el control del sujeto. Es decir, el sujeto tiene que tener completa capacidad para
decidir si lo lleva a cabo o no. En caso contrario, aunque la persona tenga una
intención muy alta de hacer algo, puede resultarle materialmente imposible.
C APÍTULO II
(56) Ajzen, I. (1991): ibídem, p. 183.
70 E CONOMÍA A PLICADA I
Figura II.4
Teoría del comportamiento planeado
Acti tud hac ia el
comportamiento
Acti tud hac ia el
comportamiento
Normas
subjetivas
Normas
subjetivas
Control
perci bido so bre
el co mporta-
miento
Control
perci bido so bre
el co mporta-
miento
Int e nción Int e nción Comportamiento Comportamiento
Fuente: Aj zen , I. (1991): “The theory of planned bahavior”, Organizational Behavior and Human Decision
Processes , vol. 50, pp. 179-211, Figura 1, p. 182.
Sin embargo, si bien el control real sobre la realización de ese
comportamiento es muy importante, no es lo fundamental. Desde el punto de
vista psicológico, resulta mucho más esclarecedor tomar en considera ción la
percepció n que el propio sujeto tiene acerca de su control sobre ese
comp ortamiento. De esta forma, el hecho de que la persona considere que l a
realización del mismo está a su alcance le llevaría a intentarlo con más fuerza.
Concretamente, el “control percibido” sobre una conducta se definiría como la
percepción de facilidad o dificultad en la realización del comportamiento de
interés (56) . Se trata, por lo tanto y según rec onoce el propio autor, de un concepto
bastante similar al de la “auto-eficacia percibida” definido por Bandura (1977).
Del mismo modo, como acabamos de mencionar, también es muy similar a la
visión de Shapero y Sokol (1982) sobre la factibilidad percibida. En los tres casos,
lo importante es la sensación de capa cidad relativa a la realización del
comportamiento considerado.
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(57) Ajzen, I. (1991): ibídem, p. 185.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 71
Sin embargo, la influencia del contro l percibido sobre la intención y sobre el
comportamiento puede no ser siempre de igual magnitud. En efecto, un aspecto
muy relevante a tener en cuenta sería el del realismo de las percepciones. El sujeto
puede tener una impresión equivocada de su propia capacidad de llevar a cabo ese
comportamiento. Esto podría deberse a que hubiesen entrado en juego nuevo s
elementos o que se trate de situaciones no familiares para él (57) . En ese caso, la
persona podría intentar realizar el compor tamiento a pesar de que su capacidad
real d e lograrlo fuese prácticamente nula, o podría dejar de intentarlo aunque
contase con altas probabilidades objetivas de éxito.
Por su parte, el resto de elementos del modelo son mucho más intuitivos. El
primero de ellos es la actitud hacia el co mportamiento, y se refiere al grado en el
que la persona realiza una valoración posit iva o negativa sobre el comportamiento
en cuestión. En segundo lugar se situar ían las normas subjetivas, que medirían la
presión social percibida para realizar o no realizar ese comportamiento. Estos dos
elementos, junto con el control percibid o, constituirían los factores explicativos
de la intención. La contribución relativa de cada uno de los tres a la conformación
de la intención no queda establecida en el modelo, sino que puede variar para cada
caso. En particular, en los dieciséis trabajos empíricos analizados por Ajzen
(1991), las normas subjetivas tendían a c ontribuir muy débilmente a la intención
de realizar diferentes comportamientos. En todo caso, el modelo asume la
existencia de interacciones entre los tres factores explicativos.
Si comparamos estas variables explicativas con las recogidas por Shapero y
Sokol (1982), podemos comprobar que la factibilidad percibida -como hemos
señalado- se corresponde bastante bien con el control percibido. Por su parte, el
grado de atracción hacia ese comportamiento (deseabilidad percibida) podría
entenderse compuesta de la actitud hacia el mismo y las normas subjetivas. En
este sentido, cabe recordar que Shapero y Sokol (1982) consideraban la
deseabilidad como resultado de las influencias sociales y culturales.
Por último, el paso d e la intención a la acción vendría condicionado por el
control percibido sobre esa actividad. Esta v ariable se convierte así en un
elemento clave del modelo, pues no sólo contribuye a conformar la intenci ón,
sino también a que ésta se materialice. En nuestro caso, esa relevancia se traduciría
C APÍTULO II
72 E CONOMÍA A PLICADA I
en la necesidad de que la educación empresarial transmita a los participantes un
conocimiento realista sobre los distintas facetas que componen la actividad
empresarial, de forma que los mismos puedan tener una percepció n acertada
sobre su propia capacidad para lograr ser empresario. Además, en la medida en
que un bajo control percibido reduce la intención y la probabilidad de realizar el
comportamiento, resultaría fundamental tratar de elevarlo.
En base a este modelo, por lo tanto, cabe afirmar que la intención empresarial
constituye un antecedente de primer orden para predecir la creación de una
empresa. Del mismo modo, se podría cons iderar que la intención de dinamizar la
empresa explicaría la probabilidad de llevar a cabo comportamientos
dinamizadores o de “calidad”. Por lo tanto, esta perspectiva encajaría bastante
bien con el concepto de Esfera Impuls ora desarrollado por Guzmán (1994). Así,
las actitudes, las normas sociales, el c ontrol percibido y la intención son todos
ellos factores psicológicos que permiten explicar la decisión primera de ser
empresario, más allá de la inversión de r ecursos -Esfera Financiera- o de la gestión
de los mismos -Esfera Gerencial-.
A partir de estos modelos de intenci ones de Ajzen (1991) y Shapero y Sokol
(1982) es posible analizar las distintas fases del proceso empresarial y ofrecer así
una visión diferente de la forma en que los empresarios surgen y desarrollan su
actividad. Este enfoque resulta especialmente relevante para la educación
empresarial, pues si conocemos la fo rma en que los sujetos toman sus decisiones
relativas a cada fase del proceso empres arial, sería posible -al menos en teoría-
diseñar iniciativas formativas más específicas y, por lo tanto, efectivas. Por ello,
en los siguientes epígrafes vamos a analizar las tres fases principales en las que
hemos dividido el proceso empresarial, tratando de incorporar en cada una de
ellas el enfoque de las intenciones.
2. El potencial empresarial
La v isión de la actividad empresarial como proceso, según se ha señalado,
implica que no puedan considerarse cada u na de las decisiones empresariales
como actos aislados e independientes entr e sí, sino como parte de la evolución del
individuo, y siempre en interacción con las facetas personal, familiar y social. En
este sentido, parece claro que las dos pr imeras componentes señaladas por Dyer
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 73
(1994) dentro de la teoría de la carrera empresarial encajan con bastante claridad
dentro del análisis de lo que denominamos el potencial empresarial.
En la primera de esas dos componentes -la elección de la carrera de
empresario en lugar de otras-, ese autor enumera algunos de los factores que se
han encontrado en la literatura como influyentes sobre la inclinación empresarial:
aspectos psicológicos o personales, as pectos sociales y aspectos económicos. Sin
embar go, no se detiene a analizar la forma en que esos factores pueden actuar.
Respecto a la segunda componente -las expe riencias de socialización que preparan
y orientan a un individuo hacia la carrera empresarial-, Dyer (1994) también señala
algunas de las experiencias que pueden resultar significativas en el proceso de
socialización, aunque tampoco las analiza en m ayo r detalle: educación, experiencia
profesional, anteriores creaciones de empr esa, o experiencias de la infancia.. En
este sentido, a continuación trataremos de recoger algunos trabajos que sí buscan
explicar la forma en que se produce ese efecto.
Así, una primera aportación relevante en este sentido es la de Rodríguez
(2001). Esa autora toma como punto de partida la definición de potencial
empresarial de Guzmán (1995), según la cual éste vendría determinado por dos
factores. El primero sería la orientación del individuo hacia el trabajo por cuenta
pro pia, o preferencia por ese tipo de tr abajo frente a uno por cuenta ajena. El
segundo se ref iere a su propensión hacia el empresariado, que se mediría por la
probabilidad que el individuo cree que tien e de llegar a convertirse en empresario.
En cuanto al análisis de los factores determinantes de ese potencial, Rodríguez
(2001) considera que vendría condici onado fundamentalmente por dos tipos de
variables. En primer lugar se situarían la s preferencias del in dividuo, que afectarían
tanto a la orientación hacia el trabajo por cuenta propia como a la propensión
empresarial. En segundo lugar señala la percepción de la viabilidad de emerger
como empresario, la cual afectaría exclusi vamente a la propensión empresarial. En
ambos casos, tanto las preferencias como la viabilidad vienen determinadas por
las percepciones del individuo, que son las que condicionan su visión del mundo.
Es decir, sus características personales y mo tivos, así como las circunstancias de
su entorno, son filtradas a través de sus percepciones indivi duales, y serían esas
C APÍTULO II
(69) No obstante, en su tra bajo no distinguen suficiente mente entre la oportunidad objetiva, y la percepción que
tiene el individuo acerca de esa oportunidad. Véas e, Van Praag, M .y Van Ophem, H. (1995): “Determinants
of willingness and o pportunity to s tart as an entrepreneur”,
Kyklos Internatio nal Revi ew for Social Sciences
,
vol. 48, num. 4, pp. 513-540.
(70) Sin embargo, desde e l punt o de vista conceptual, la propensión empresarial no queda suficientemente bien
definida, pues incluiría ta nto motivaciones como estructura s mentales o rasgos de la person alidad. Véase
Gnyawali, D.R. y Fogel, D.S. (1994): “Environments fo r entrepreneurship development: key dimensionas and
research implica tions”,
Entrepreneurship Theory and Practice
, vol. 18, num. 4, pp. 43-62.
(71) Si bien es cie rto que, para que el sujeto pueda ap rovechar una opo rtunidad exis tente debe haberla detectado,
lo que implica estar alerta y una pred isposición personal favorable, la op ortunidad en sí es ajena al sujeto.
80 E CONOMÍA A PLICADA I
trabajo de Van Praag y Van Ophem (1995), trata de separar los efectos que la
voluntad y la oportunidad tienen sobre el pa so a la condición de empresario de los
individuos, encontrando que muchas veces es la oportunidad el factor limitativo
para la actividad empresarial (69) .
Otros modelos que tratan de profun dizar en lo que hemos denominado el
proceso empresarial -como el de Gnyawali y Fogel (1994 )-, no se limitan al
potencial empresarial, sino que se adentran en la fase de creación de la empresa.
Así, para ellos, los elementos clave del proceso de creación de empresas serían: la
oportunidad, la propensión empresarial, y la habilidad empresarial. La oportunidad
se refiere a la existencia de cierto grad o de posibilidades para nuevas empresas y
de margen suficiente de los empresarios para influir en sus posibilidades de éxito
a través de sus propias acciones. Para aprovechar esas oportunidades, los
individuos deben tener una propensión empresarial, que se define como la
presencia de ciertas características conductuales (70) . Junto a esa propensión, esos
autores definen la habilidad empresarial como la suma de las capacidades técnicas
y de gestión requeridas para crear y dirigir una empresa. Se trata, por tanto, de los
conocimientos sobre las técnicas formales de gestión que permiten una
maximización de las funciones de producción.
La introducción d e la oportunidad ec onómica dentro del modelo implica ir
más allá del análisis del potencial. En ef ecto, en la medida en que la existencia de
oportunidades es una característica derivada del entorno, es externa al sujeto y por
lo tanto no forma parte del potencial empresarial in dividual (71) . Por ello, aunque
Gnyawali y Fogel (1994) también analizan los aspectos psicológicos que llevan a
la decis ión de ser empresario, su visión no es completamente compatible con la
nuestra.
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(72) Cooper, A.C. y Dunkelberg, W.C. (1986): “Ent repreneurship and paths to business ownership”.
Strategic
Management Journal
, vol. 7, num. 1, pp. 53-68; o Guzmán, J. (1995): op. cit.
(73) Storey, D.J.(1994):
Understanding the sm all business sector
, Routledg e, London, compara cuatro trabajos
sobr e nuevas empresas de los cuales sólo uno incluye lo s antecedentes familiares en relación a la ac tivida d
empresarial como variable explicativ a, encontra ndo que su influencia no es estadísticamente significa tiva.
(74) Pihkala, T. y Vesalainen, J. (2000): “Barriers to en trepreneurship – educational opportunities”, c o municación
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 81
Sobre la complejidad del proceso psicol ógico que conlleva el potencial
empresarial, el trabajo de Birley y Westhead (1994) pone de manifiesto la
importante variedad de motivos que pueden llevar a una persona a crear la
empresa. Concretamente, ellos se proponen es tudiar si existe alguna diferencia en
las razones que los propietarios-gestores argumentan para crear sus empresas y,
si es así, si esas diferencias afectan al crecimiento y el tamaño subsiguientes de la
empresa. Así, comienzan analizando ve intitrés distintos motivos, que luego
agrupan en siete categorías. A continuación agrupan su muestr a de empresarios
en seis grupos distintos según las motivaciones expresadas para la creación.
Entre sus resultados encuentran que la gran mayoría de los empresarios
fundaría su empresa por motivos relaciona dos con el reconocimiento social o la
necesidad de aprobación por parte de su entorno cercano. Del mismo modo,
también hayan una relación entre la edad y el motivo principal. Esto par ece
confirmar las teorías sobre la carrera prof esional, al indicar que los motivos para
la creación van transformándose a medida que el individuo avanza de una fase de
su ciclo vital a la siguiente. Del mism o modo, la influenc ia de los modelos
familiares es muy diferente de unos gru pos a otros. Parece deducirse, por tanto,
que los modelos de conducta familiares ti enen una notoria relevancia, aunque su
efecto es distinto según cuál sea ese mode lo, en línea con el trabajo de Scherer et
al. (1991). Esto podría explicar porqué algunos estudios sí encuentran relación
entre tener padre empresario y tener inclinación empresarial (72) , mientras que otros
no toman en consideración esa variable, o no la encuentran significativa (73) .
Un trabajo parecido es el de Pihkala y Vesalainen (2000), aunque ellos analizan
las barreras que los individuos señalan para no convertirse en empresarios. La
metodología utilizada es bastante parecida a la de Birley y Westhead (1994), y de
nuevo encuentran que esas barreras varían con la edad, el nivel educativo y la
situación socioprofesional. Los autores señalan como resultado interesante que
«muchas de estas barreras son principa lmente obstáculos de tipo perceptivo, en
lugar de impedimentos objetivos y concretos» (74) . En consecuencia, cabe pensar
C APÍTULO II
presentada a IntEnt Internationaliz ing Entreprene urs hip Education and T raining Conference, Tampere
(Finlandia), 10-12 julio, p.11.
(75) Téngase en cuenta que la información para ese estu dio se obtuvo de ma nera re trospectiva, preguntando al
empresario -a posteriori- por los moti vos que le llevaron a la creación de su empresa. Birley, S. y Westhead, P.
(1994): “A taxonomy of business start-up reasons and their impa ct on firm growth and size”,
Journal of
Business Venturing
, vol. 9, num. 1, pp. 7- 31, p. 10.
(76) Scherer, R.F., Brodz i nsky, J.D. y Wiebe, F.A. (1991) : “Examining the relationship between personality and
entrepreneurial career preference”,
Entrepreneurship and Regio nal Development
, vol. 3, p. 203.
82 E CONOMÍA A PLICADA I
que sería posible actuar modificando esas percepciones a través -por ejemplo- de
la educación empresarial, la cual jugaría así un papel significativo para superar
estos obstáculos.
De esta forma, si expresamos los resultados d e esos trabajos en la
terminología de Krueger y Carsrud (1993) y Krueger y Brazeal (1994), se podría
afirmar que en todos los empresarios encuestados existía la intención de ser
empresario cuando crearon su empresa, pe ro que ésta se fundamenta en diferentes
tipos de preferencias, valoraciones social es o autoeficacia. Además, posiblemente,
la influencia de distintos hechos dese ncadenantes también puede tener una gran
relevanci a en cuanto al motivo -o combinación de motivos- expresado para la
creación (75) .
Muy rel acionado con los resultados de ese trabajo se encuentra el estudio
llevado a cabo por Scherer, Brodzinski y Wiebe (1991). Estos autores analizan en
estudiantes universitarios la relación entre alguna de esas características personales
tradicionalmente asociadas con la empresar ialidad (motivación de logro, control
interno, innovación, propensión a tomar riesgos) y la preferencia por convertirse
en empresario, y cómo ésta relación se ve afectada por la percepción que los
individuos tienen acerca de los modelos empresariales de su entorno más
próximo.
En sus resultados encontraron que habí a una importante diferencia en la
“congruencia” entre la personalidad y la preferencia por la actividad empresarial,
según tuviesen un padre empresario o no. «Los individuos que han observado un
modelo parental que perciben como de al to nivel, desarrollan un perfil en el que
la personalidad y la preferencia por la carrera empresarial s on vistas como
complementarias. La empresarialidad es contemplada como un terreno adecuado
para el uso de comportamientos de asunción de riesgos e innovadores» (76) . Por
contra, aquellos que no tienen un modelo positivo de activi dad empresarial -no
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(77) En este sentido, Kourilsky, M.L. y Walstad, W.B. (2002): op. cit., p. 9, encuentran que un 37'3% de los
empresarios en un sector tan dinámic o y cambiante como el de las nuevas tecnologías tardaron cinco o más años
desde la concepción de la idea hasta la puesta en marcha efectiva de la empresa.
(78) Krueger, N.F., Reilly, M.D. y Carsrud, A.L. (2000): op. cit., p. 414.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 83
tienen padre empresario-, si bien presen tan un perfil de personalidad similar, no
consideran que puedan desarrollar esa personalidad dentro de la actividad
empresarial, no asocian esos comportami entos con la creación y dinamización de
una empresa. Estos individuos tenderán a seguir otras profesiones en las que sí
piensen que pueden desarrollar esa pers onalidad (porque hayan tenido un modelo
positivo de la misma, posiblemente), como pueden ser las profesiones liberales,
representantes comerciales o cargos políticos o sindicales, entre otros.
En un trabajo más reciente, Krueger et al. (2000) vuelven a insistir en la
superioridad de los modelos basados en las intenciones frente a los que se basan
en las variables individuales. En concr eto, en ese trabajo comparan los modelos
de Ajzen (1991) en la formulación de Kr ueger y Car srud (1993), y de Shapero y
Sokol (1982) en la formulación de Kruege r y Brazeal (1994). Su conclusión es que
ambos son válidos para explicar las intenciones empresariales. No obstante,
incluso una fuerte in tención de crear una empresa puede permanecer en estado
latente durante un largo tiempo (77) . Para explicar su efectiva transformación en
comportamiento habría que investigar los posibles hechos desencadenantes, así
como la oportunidad concreta que se presente (78) .
2.1. Modelo de intenciones del potencial empresarial
En definitiva, para terminar este epígrafe, podemos afirmar que el análisis del
potencial empresar ial requiere tener en cuenta la consideración de la opción
empresarial como una carrera profesional, con diferentes etapas en las que los
objetivos del individuo van evolucionando. También es necesario considerar el
proceso psicológico que lleva al individuo hacia la intención empresarial,
exam inando la relación existente entre los factores externos, las actitudes y la s
intenciones del individuo. No obstante, consideramos que se debe concebir el
potencial empresarial como algo completamente interno al sujeto.
Concretamente, de acuerdo con las apor taciones analizadas en este epígrafe,
consideramos que se podría definir el po tencial empresarial como la existencia de
C APÍTULO II
(79) Sobre la posibilidad de que las percepciones no corresp ondan con la realidad, y los efec tos que ello conlleva de
distorsión de las intenciones y los subsiguientes co mp ort amientos, puede verse Ajzen, I. (2002): “Residual
effects of past on la ter behavior: habitu ation and reasoned act ion perspectives”,
Personality and So cial
Psychology Review
, vol. 6, num. 2, pp. 107-122.
84 E CONOMÍA A PLICADA I
una intención firme de ser empresario. En este sentido, esa intención dependerá
de las atracción, normas sociales y autoef icacia percibidas hacia la actividad
empresarial, tal como se muestra en la Fi gura II.7, las cuales se verán influidas por
otras variables que no se reco gen en la Figura. A efectos de clarificación, y puesto
que se trata de modelos bastante sim ilares, hemos integrado los modelos de
comportamiento planeado de Ajzen (1991 ) y de suceso empresarial de Shapero
y Sokol (1982) en un solo modelo de intenciones empresariales.
Además , fruto de trabajos como el de Scherer et al. (1991), consideramos
justificado incluir una variable adicional en ese modelo que recoja el conocimiento
que el sujeto tenga sobre la actividad y el entorno empresariales. En concreto, esa
variable incluiría aspectos como conocer personalmente a un empresario, o
conocer algunas de las instit uciones vinculadas al mundo empresarial (asociaciones
de empresarios, org anismos de apoyo, etc.). Esas circunstancias permitirían a la
persona tener unas percepciones más realistas sobre la actividad empresarial, lo
que no sólo influiría en una más ajustada percepción (79) sobre la atracción,
valoración social o capacidad del propio individuo, sino que además
proporcionaría directamente una mayor c onsciencia de que existe esa opción de
salida profesional y haría más realista la intención de ser empresario.
Figura II.7
Modelo de intenciones del potencial empresarial
Intención
empr esarial
Conocimiento
empresaria l
Factibil idad percibida
(auto-efic acia)
Deseabilida d percibida
Atracción p e rcibida
Valoraci ón social
percibida
Fuente: elaboración propia.
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 85
La intención d e ser empresario, no obsta nte, no es suficiente para llegar a
ser lo efectivamente. En la medida en que esa intención sea más firme, es más
probable que el individuo encuentra la fo rma de realizar ese comportamiento. No
obstante, puede ser necesaria la ocurrenc ia de un suceso desencadenante. Además,
por supuesto, será necesar io haber detectado una oportu nidad de negocio rentable
en el entorno en el que el individuo se desenvuelve. En todo caso, no creemos que
se deba considerar a los hechos dese ncadenantes o a las oportunidades, como
parte del potencial, ya que éste debe en tenderse como algo puramente interno a
la mente del sujeto.
3. Los empresarios nacientes y la emergencia empresarial
En el epígrafe anterior hemos tratado de profundizar en todo el proceso que
acaba llevando al individuo a una inclin ación u orientación hacia la actividad
empresarial. Sin embargo, teniendo en cu enta el enfoque de proceso que estamos
siguiendo, tampoco podemos considerar el paso desde el potencial empresarial a
la creación de la empr esa como algo automático. En efecto, en la etapa anterior
estábamos tratando con aspectos exclusivamente internos de la persona como sus
actitudes, sus percepciones o su auto-eficacia.
Frente a esa situaci ón, para la puesta en marcha de una nueva iniciativa
empresarial es necesario no sólo tener la intención, sino actuar efectivamente. Así,
en el caso de que el individuo, a tr avés de sus actitudes y/o su propensión a
actuar, alcance la determinación de ser em presario, deberá realizar a continuación
toda una serie de comportamientos. Por tanto, es im prescindible tener muy en
cuenta las variables del entorno en el que se pretende crear la empresa, y adaptar
el comportamiento a las mismas. De esta manera, en este epígr a fe vamos a
estudiar la serie de pasos que llevan de sde la posición de “empresario intencional
o potencial” hasta la de “empresario en activo”.
Nótese, no obstante, que en la etapa anteri or -l a relativa al potencial
empresarial- los factores del entorno también juegan un papel relevante en tanto
que influyen sobre las actitudes y -a tr avés de éstas- sobre las percepciones y
finalmente sobre el propio potencial. Sin em bargo, aunque el mayor o menor nivel
de potencial dependerá en parte de ese en torno, el individuo no tiene que realizar
ningún esfuerzo concreto para tener un a determinada actitud hacia la actividad
C APÍTULO II
(80) Recuérdese que no existe una relación biunívoca entre empresa y empresario, pues ni la aparición de un nuevo
empresar io co nlleva necesariamente la creación de una em presa, ni ésta última debe se r realizada necesariamente
por un nuevo empresario. A este respecto, puede vers e el Capítulo I, y también Westhead y Wright (1998):
“Novice, portfolio, and serial founders: are they different?”,
Journal of Business Venturing
, vol. 13, num. 3,
pp. 173-204.
(81) Robinson, P.B., Stimpson, D.V., Huefner, J.C. y Hunt, H.K. (1991): op. cit., p. 13.
86 E CONOMÍA A PLICADA I
empresarial y, en consecuencia, un cier to nivel de potencial empresarial. Por
contra, sí es necesario que actúe si quiere crear una empresa.
En este sentido, este epígrafe va a consid erar en primer lugar, cuáles son las
variables que pueden influir en la creación de la empresa. Para ello, vamos a
recoger un modelo de emergencia empresarial muy completo, que agrupa un gran
número de aportaciones anteriores desde las perspectiva demográfica. A ese
modelo, desarrollado por Cáceres (2002) , dedicaremos el primer apartado. A
continuación dedicar emos el segundo al análisis del proceso de creación, y del
empresario naciente. Terminaremos ese segundo apartado sintetizando las
aportaciones recogidas a lo largo del mismo en un modelo de creación.
3.1. Modelo de emergencia empresarial de Cáceres (2002)
Como se ha señalado, una gran mayoría de las aportaciones al estudio de la
creación de empresas o, más concretamen te, al estudio del surgimiento de nuevos
empresarios (80) , han seguido tradicionalmente el enfoque demográfico, o incluso
el de los rasgos (81) . En este sentido, el trabajo de Cáceres (2002) constituye una
excelente recopilación y síntesis de los mismos. Además, cuando ese autor analiza
cada una de esas variables que inciden sobr e el individuo, trat a de tener en cuenta
la manera en que lo hacen. En concreto, la forma en que esa influencia se produce
puede ser diferenciada según se produzca sobre la disponibilidad de capital y
financiación, sobre los conocimientos técnicos que el individuo precisa para
desarrolla r la labor de gestión, o sobre el conjunto de actitudes y valoraciones
relacionadas con la actividad empresarial.
Para ello, sigue la visión de Guzmán (1994) sobre la división de la ‘función
empresarial’ en tres esferas de actuación: la financiera, la gere ncial y la impulsora.
Así, la pri mera de ellas se refiere a la aportación de capital necesaria para
desarrollar el proyecto, la segunda está relacionada con la necesidad de gestionar
los recursos usados en la producción mediante la aplicación de conocimientos
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(82) Guzmán, J. (1994): op. c it., p. 86.
(83) Liñán, F. (2001): op. cit., p. 206.
(84) Cáceres, R. (2002): op. c it., p. 36.
(85) En este apartado seguimos el trabajo de ese autor, Cáceres, R. (2002): op. cit., pp. 47-120.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 87
técnicos. Por último, la esfera impulsora es la más importante de las tres, pues
viene determinada por el conjunto de el ementos más difíciles de formalizar y que
suponen la asunción por el empresario de la responsabilidad última en relación a
la existencia y desarrollo del proyecto empresarial (82) . En nuestra opinión, en esa
esfera impulsora se localizarían los valores y actitudes hacia la actividad
empresarial (83) .
De esta forma, la consideración de em ergencia empresarial que toma ese autor
como punto de partida identifica ese con cepto con la creación y puesta en marcha
de nuevos proyectos empresariales (84) .En este sentido, no limita esa posibilidad a
la creación de una entidad legalmente in dependiente, sino que ese proyecto puede
ponerse en marcha a través de otros medios.
A partir de esta definición, por tanto, Cáceres (2002) intenta sintetizar las
diferentes aportaciones realizadas al fenómeno de la emergencia empresarial (85) .
En este sentido, ante la gran diversidad de las variables a tener en cuenta, ese autor
sigue un criterio de clasificación de las mismas que parece bastante consolidado.
En efecto, su agrupación de las variables coin cide en gran medida con la realizada
por otros autores anteriores. A modo de ejemplo, Wil ken (1979) agrupa esas
variables en oportunidades económicas, aspectos sociológicos, aspectos
psicológicos, y papel del estado. Por su parte, Cáceres (2002) enfatiza más la
importancia de las característica s persona les, hasta el punto de considerar la
formación y experiencia como una categor ía con entidad propia. De esta forma,
las categorías por el consideradas son: la s características personales; la formación
y la experiencia; el contexto social; el entorno económico; y el papel institucional.
3.1.1. Características personales
Respecto a la primera de esas categorías, las características personales,
comienza analizando el concepto de autoeficacia basado en la visión de Bandura
(1977), que considera muy importante, al c onsistir en la confianza en la capacidad
de uno mismo para resolver las situacione s a la que se enfrenta. Esta variable,
C APÍTULO II
(86) Bandura, A. (1977):
Teoría del Aprendizaje socia l
, Espasa Calpe, Madrid, 1982.
(87) Véa se Robi nson, P.B., Stimpson, D.V., Huefner, J.C. y Hunt, H.K. (1991): op. cit., p. 19. Esos autores
consideran que la intenc ión empresarial del individuo se configura a partir de un co njunto de actitudes hacia
cuestiones vinculadas con la empresarialidad. Así, por ejemplo, a la hora de desarrollar su Test de Orienta ción
hacia la Actitud Empresa rial, toman cuatro actitudes re lacionadas: el logro en los negocios; la innovación
88 E CONOMÍA A PLICADA I
junto con los rasgos psicológicos de necesidad de logro y control interno ,
resultarían las más relevantes, y servirían para explicar otras que también han sido
consideradas en la literatura, como la seguridad en sí mismo o la propensión a
tomar riesgos. A estas características psicol ógicas habría que añadir la propensión
a innovar , la tolerancia a la ambigüedad , la iniciativa , la perspicacia , y la necesidad
de independencia o autonomía .
En este sentido, aunque Cáceres (2002) no lo especifica, parece entender se
que es la presencia de un cierto grado de estas variables lo que llevaría -junto con
los otros factores formativos, sociales y economicos- a la creación de la empresa.
Así, de acuerdo con la teoría d el aprendizaje social (86) , que el propio autor
considera, no debemos espe rar que los empresarios necesariamente presenten
todas estas cualidades a un alto nivel, y que la ausencia de al guna de ellas inhiba
la d ecisión de crear la empresa. En todo caso, sí podríamos considerar que es
necesario un cierto nivel de algunas de estas variables psicológicas para que el
individuo se decida por la actividad empresarial -siempre que los otros conjuntos
de variables no sean tan negativos que inhiban esa “vocación empresarial”-.
Dentro de las características persona les, además de las características
psico lógicas consideradas, también hay que tener en cuenta un factor de índole
económica, el nivel de renta y/o riqueza del individuo , ya que este puede
determinar la capacidad de superar los obstáculos fin ancieros inherentes a la
puesta en marcha de una nueva empresa, facilitando este proceso.
En lo que se refiere a la forma de infl uir de las variables agrupadas dentro de
est a ca teg oría , Các ere s (2002) cons ide ra qu e su i nflue nci a se eje rce
fundamentalmente sobre la que Guzmán (1994) denomina esfera impulsora. En
este sentido, si consideramos esa relaci ón desde un punto de vista más cercano a
nuestro modelo de intenciones, podemos decir q ue cada uno de esos rasgos
psicológicos tendrían una relación estrecha con alg una de las actitudes hacia la
actividad empresarial, y que sería el conj unto de esas actitudes empresariales del
individuo la que determinaría el mayor o menor nivel de potencial empresarial (87) .
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
empresarial; la percepción de control personal sobre los resultados de la em presa; y la percepción de autoestima
en la actividad empresarial. Est as cuatro actitu des estarían vinculadas con lo s rasgos psi cológicos si guientes:
motivación de logro; innovaci ón; locus de co ntrol; y auto eficacia. No obstante, la diferencia radica en que esos
autores tratan de medir si el individuo tiene una actitud más o menos favorable ha cia los comportamientos y
opiniones derivados de esos rasgos en la actividad empresarial, y no que esos rasgos estén presentes de forma
general en el individuo.
(88) Cáceres, R. (2002): op. c it., p. 98.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 89
Por su parte, el nivel de renta y/o riqueza influye también sobre la esfera
financiera, pues determina la mayor o me nor capacidad de autofinanciación y, por
tanto, la necesidad de recurrir a financiaci ón externa para la puesta en marcha del
proyecto.
3.1.2. Formación y experiencia laboral
En relación a este segundo grupo de facto res, es necesario distinguir entre la
“formación standard ”, que es aquella que se recibe a lo largo del sistema educativo
general, de la “formación específica para empresarios ”. La primera de ellas parece
más orientada a desarrollar la esfera ge rencial, pues con ella se transmiten
fundamentalm ente conocimie ntos formalizable s. Sin embargo, según Cáce res
(2002), esta formación no “orienta” a los in dividuos hacia la actividad empresarial,
sino que capacita de forma general para el desempeño de actividades productivas
y, en todo caso, puede orientar hacia actividades gerenciales.
La formación específica para empresario s, sí puede constituir un importante
estímulo para el desarrollo de la esfera impulsora (88) . Esta afirmación resulta de
gran interés para nuestro trabajo, pues justifica la utilidad de una educación
empresarial. En este sentido, dos de las aportaciones que ese autor considera muy
relevantes son las de Gibb (1993) y Fili on (1994). El primero de ellos considera
que el modelo de “enseñanza empresaria l” debe basarse en un diseño tanto de
contenidos como de métodos pedagógicos sustancialmente diferente a los
convencionales. Así, por ejemplo, considera la simulación como una estrategia
muy positiva para la formación del empresariado, al contribuir a superar las
limitaciones de los sistemas tradicionale s. Filion (1994 ), por su parte, señala el
importante papel que el docente debe jugar en este tipo de formación específica
para empresarios. En los siguie ntes capítulos recogeremos en mayor detalle las
aportaciones de ambos autores, a medida que analicemos la concepción de la
C APÍTULO II
(96) Gartner, W.B. (1985): op. cit. , p. 701.
(97) Para Veciana, J. M. ( 1999): “Creación de empres as como programa de investigación científica”,
Revista
Europea de Dirección y Economía de la Empresa
, vol. 8, num. 3, pp. 28-29,tanto su definición como la de
Gartner, W.B. (1985): op. c i t., se agrupa rían bajo la c ategoría de “modelos del proceso de creación de
empresas”.
96 E CONOMÍA A PLICADA I
Por otr a parte, cuando se tienen en cuenta estas cuatro dimensiones sería
posible encontrar explicación a algunas de las aparentes contradicciones halladas
en la literatura. El hecho de que un es tudio haya encontrado que un determinado
rasgo del individuo es importante para la creación de empresas, mientras que otro
estudio no lo encuentra significativo (o in cluso lo identifica como un obstáculo),
puede deberse a que las características del entorno, la organización o el proces o
sean distintas. De este modo, las interacciones entre las cuatro dimensiones
permiten configurar una amplísima tipolog ía de procesos de creación, por lo que
estaría justificada su idea de abandonar el concepto de una población empresarial
homogénea y diferente, al mismo tiem po, del conjunto de la población no
empresarial (96) .
La visión de Ga rtner (1985) tiene el importante mérito de haber sido
formulada con anterioridad a muchas de las otras aportaciones recogidas en este
apartado. No obstante, carece de una exp licación detallada sobre la forma en que
las interacciones entre las cuatro dimensio nes pueden producirse. Del mismo
modo, su análisis del empresario se encu adra dentro del enfoque de los rasgos,
que según hemos visto, ofrece peores resul tados que los basados en las actitudes
e intenciones. En cualquier caso, destacam os su visión de la creación de empresas
no sólo en base a una decisión del indi viduo, sino como interacción entre varios
elementos.
Veciana (1999), por su parte, limita su an álisis de los factores condicionantes
en la creación de una empres a a tres tipos. En primer lugar estarían lo que llama
los factores fundamentales: lo que hemo s llamado variables i ndividuales (que
incluye las demográficas y las psicológicas ), y las variables del entorno. Éstos se
verían mediatizados por los factores preci pitantes: la insatisfacción y/o deterioro
del rol anterior; y la existencia de una oportunidad o necesidad concretas. Las
distintas fases del proceso de creación, por su parte, las analiza de forma
independiente (97) .
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(98) Rodríguez, M.J. (2001): op. cit., p. 67.
(99) Sobre la duración de la fase de gestación puede ve rse Wolters, T. (2000): “Nasc ent entrepreneurship in the
Netherlands: a glimpse behind the scenes of business sta rt-ups”; en EIM:
Entrepreneurship in the Netherlands.
Opportunities and threats to nascent entrepreneurship
. Ministerio de Asuntos Económicos / EIM. Zotermeer.,
que muestra cómo esa dura ción es superior a los seis meses en -al menos- la mitad de los casos.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 97
En este mismo sentido, Rodríguez (2001) considera dos componentes
fundamentales de la emergencia empresarial, uno interno y otro externo . El
primero de ellos sería el potencial empresarial del individuo, que debe tener un
nivel suficiente para permitir el paso ef ectivo hacia el desempeño de la actividad
empresarial. En segundo lugar sería neces aria la existencia de una oportunidad de
negocio concreta. Así, l a confluencia de ambas daría lugar a la emergencia
empresarial. No obstante, esa autora especifica -como tercer elemento- la
incidencia que los factores del entorno del potencial empresario tienen en ese
proceso (98) . En cualquier caso, esos factores del entorno parecen jugar más bien
un papel moderador en su modelo.
Por su parte, dentro de la visión de proceso, H arvey y Evans (1995)
específicamente califican el proceso empresarial como dinámico, discontinuo y
que queda activado típicamente por un suceso desencadenante. Esta visión vuelve
a incidir sobre la importancia de considerar la decisión de entrar en la actividad
empresarial como un proceso largo y complejo, que incluiría las siguientes etapas:
1) conceptualización de una nueva inicia tiva empresarial; 2) evaluación de los
modos de entrada alternativos; 3) consid eración de las ramificaciones financieras
de entrar en la actividad empresarial; 4) búsqueda de capital; 5) compleción del
concepto de producto o de empresa; 6) se forma la intención de entrar en la nueva
iniciativa; y 7) entrada o no entrada en la nueva actividad empresarial. Se trata de
un proceso de decisiones discretas que puede conllevar un largo periodo de
tiempo (99) .
En función de las aportaciones recogida s en este apartado, por tanto, puede
considerarse que el proceso de crea ción de una nueva empresa es largo y
complejo. En nuestra opinión, se podrían identificar tres tipos de variables
fundamentales que intervendrían de forma decisiva en el mismo:
C En primer lugar, las relacionadas con el nivel de potencial empresarial del
individuo.
C APÍTULO II
(100) Carter, N.M., Gartner, W.B. y Reynolds, P.D. (1996): "Exploring start-up event sequences",
Journal of
Business Venturing
, vol. 11, num. 3, pp. 151-166.
98 E CONOMÍA A PLICADA I
C En segundo lugar, las relacionadas con la oportunidad de negocio en la
que se base el proyecto de empresa.
C Por último, el entorno que envuelve y condiciona a las otras dos variables.
De esta forma, en el siguiente apartado nos vamos a detener en la figura del
empresario naciente, es decir el agente que se haya en proceso de creación de una
nueva empresa. No obstante, es evidente que el alcanzar el éxito en esa tarea no
sólo depende de su nivel de potencial -aunque entendemos que es una condición
necesaria-, sino también de las caracterís ticas de la oportunidad económica, y del
entorno en el que se desenvuelva. Por ello , para finalizar este epígrafe tratamos de
integrar las tres variables en un esquema de síntesis de ese proceso de creación de
empresas.
3.2.1. El empresario naciente
En relación con esta figura, el trabajo de Carter et al. (1996) res ulta muy
ilustrativo, pues estudia la secuencia de actos que realiz an lo s individuos en su
carrera hacia la puesta en marcha de su empresa. En su trabajo, intentaron analizar
qué tipo de actividades eran realizadas por esos empresarios nacientes y en qué
orden. Para ello se r ealizaron entrev istas telefónicas a una amplia muestra de
ciudadanos adultos estadounidenses, en la que se preguntaba si el individuo estaba
“sólo o con otros, intentando crear una empresa ahora” (100) . En el caso de que la
respuesta fuese afirmativa, se procedía a preguntarle sobre si había iniciado o
completado una serie de comportamientos asociados con la creación de una
empresa, y en qué fechas. Posteriormente se realizó una segunda entrevista de
seguimiento. Así, de los 71 empresarios nacientes identif icados en la primera
entrevista, un 48% habían puesto en marcha la empresa, un 30% seguían
intentándolo, y sólo un 22% habían dejado el proyecto.
Los resultados parecen indicar que hay dos grupos de empresarios nacientes.
En un extremo estarían aquellos que rea lizan actividades para la creación a un
ritmo rápido, y en el opuesto los que lo hacen a un ritmo mucho más pausado.
Los primeros completan relativamente má s rápidamente el proceso d e creación
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(101) Es indudable que el momento de realización de la en trevista de seguimiento dete rmina el establecimiento de
un límite temporal al proceso de creac i ón. Sólo los que han creado la empresa
antes
de la segunda entrevista
son considerados empresarios en activo.
(102) Carter, N.M., Gartner, W.B. y Reynolds, P.D. (1996): op. cit., p. 163.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 99
de la empresa, tanto en sentido positivo (poni éndola en marcha) como en el
negativo (abandonando el proyecto). En cuanto a los segundos, su menor ritmo
podría deberse tanto a motivos relaciona dos con su potencial empresarial -por
ejemplo, no haber alcanzado un suficien te nivel de intención empresarial (según
el modelo de intenciones adoptado), o tener una reducida propensión a actuar
(Shapero y Sokol, 1982; Gnyawali y Fo gel, 1994)-, como también a que su
proyecto requiera un plazo más largo para su puesta en marcha (101) .
Carter et al. (1996), por tanto, plantea n una serie de cuestiones acerca del
proceso de creación que se ponen de manifiesto con su estudio. Así, en primer
lug ar, los autores no encontraron ningún efecto relativo al sector de activi dad,
pues los empresarios industriales no parecen precisar un periodo previo superior
al de otras actividades. Por tanto, sería más bien el grado de decisión del individuo
lo que determinara la secuencia de acci ones previas que se va a desarrollar y a qué
ritmo. No obstante, un mayor ritmo podría d eberse también a un exceso de
precipitación, pues una parte de los empresarios analizados aún no habían
obtenido flujos de caja positivos después de cinco años. En segundo lugar,
también se plantea analizar qué es lo que motiva el abandono del proyecto. Según
esos autores, los que han abandonado se habrían dado cuenta de la falta de
viabilidad de su proyecto, o carecerían de la suficiente flexibilidad para introducir
modificaciones necesarias en el mismo.
Entre las conclusiones que Carter et al . (1996) derivan de este trabajo, se
señala en primer lugar el hecho de que parece más acertado perseguir la creación
de la nueva empresa de forma agresiva y dedicándole todo el tiempo. Del mismo
modo, se sugiere que se deben concentr ar la s medidas de apoy o en aque llos
empresarios más activos y decididos (102) . Sin embargo, a nuestro entender, no se
aporta ninguna evidencia de que la tasa de supervivencia de los empresarios que
crearon su empresa a un ritmo más rápido sea superior a la de los que precisan un
per iodo de maduración mayor. Además, si tenemos en cuenta el concepto de
calidad empresarial de Santos (2001), debemos concluir que no basta con que se
cree un mayor número de nuevas empresas, sino que debemos tratar de
C APÍTULO II
(103) Carter, N.M., Gartner, W.B. y Reynolds, P.D. (1996): ibídem, p. 165.
(104) Krueger, N.F., Reilly, M.D. y Carsrud, A.L. (2000): op. cit., p. 427.
(105) Est a relación se mantiene en otros estudios. Véase, por ejemplo, para el ca so de Suecia, Delmar, F. y
100 E CONOMÍA A PLICADA I
desarrollar un empresariado de calidad. Po r ello, creemos que es necesario seguir
profundizando en este sentido y, como afirman esos autores, utilizar estudios
longitudinales que permitan un seguimiento prolongado en el tiempo (103) .
De esta forma, frente a la visión del proceso de creación como algo
automático y rápido, el trabajo de Carter et al. (1996) ha pe rmitido destacar la
considerable complejidad que acarrea el proceso de creación de una empresa, así
como el elevado lapso temporal que supone. En este sentido, no bastaría sólo con
estudiar aquellos que tienen éxito y aparecen en los registros oficiales de empresas,
a los cuáles se les suele preguntar de fo rma retrospectiva acerca de su proceso de
creación. Para conocer mejor el proceso de creación, habría que analizar también
a aquellos que abandonan el proyecto, y a los q ue continúan intentándolo a un
ritmo más lento (104) .
En relación a esa cuesti ón, el trabajo de Reynolds (1997), aunque los datos
con los que trabaja proceden de una de las muestras utilizadas por Carter et al.
(1996), les da una orientación muy distinta y relevante. En efecto, ese autor intenta
averiguar cuáles son los subgrupos de la población con una tasa más alta de
participación en procesos de creación de empresas. Es decir, aquellos que o bien
tienen un mayor nivel de potencial empresarial, o localizan más y mejores
oportunidades de negocio, o tienen una mayor propensión a a ctuar. Para ello,
divide la muestra total en subgrupos en función de las variables que explican las
diferencias en las tasas de empresarios nacientes de forma más significativa.
Así, frente a una tasa media de empresarios nacientes del 4'1% para el
conjunto de la población adulta estadou nidense, al segmentar la muestra según
grupos de edad -que es la variable que se muestra más significativa-, las diferencias
son muy impor tantes. El grupo de 25 a 34 años es el que recoge una mayor
presencia de empresarios nacientes, con un 9'8%. Por contra, los demás grupos
tienen unas tasas menores a la media hast a llegar a ser prácticamente nula entre los
mayores de 55 años (0'3% de empresarios nacientes). De esta forma, la r elación
entre la edad y la proporción de empr esarios nacientes tendría forma de U
invertida (105) . Por su parte, cuando analiza cada uno de esos grupos de edad por
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
Davidsson, P. (2000): “Where do they come from? Prev alence and characteristics of nascent entrepreneurs”,
Entrepreneurship and Regional Develo pment
, vol. 12, num. 1, pp. 1-23, que está diseñado pa ra reproducir el
estudio de Reynolds, P.D. (1997): “Who start new firms? - Preliminary explorations of firms-in-gestation”,
Small Business Economic s
, vol. 9, num. 5, pp. 449-462, y que encuentra esa misma relación aunque con tasas
más bajas en los estratos centrales. O también, para Alemania, Liñán, F., Martín, D. y González, R. (2002):
op. cit., si bi en éste con un dis eño y metodolo gía diferentes.
(106) Reynolds, P. D. (1997): op. cit. En este sentido, entre los más jóvenes (18 a 24 años), la m ayor tasa de
nacientes se da entre aquellos que cuentan con tres o má s adultos en su hogar (un 6’1%). Mientras, entre los
de 25 a 34 años esa proporción es muy alta para quienes es tán desempleados, estu diando o ya estaban
previam ente e n situación de autoempleo (un 25’5%). Po r su parte, para los adultos entre 35 y 54 años, son
de nuevo los que ya estaban autoempleados los que en mayor medida son nac ientes (8’8%). Por último, entre
los mayores de 55 años sólo en los q ue disponen de un a situación financiera favo rable existe una presencia
significativa de nac i entes (3’2%).
(107) Reynolds, P.D. (1997): ibídem, p. 461.
(108) Reynolds, P.D. (1997): ibídem, p. 450, revisa varios tr abajos anteriores que encont raron una serie de variables
estadísticamente signific ativas para explicar el pa so al autoempleo, aunque con una capacidad predictiva
realmente reducida. A modo de ejemplo, algunos de esos modelos explican menos del 1% de la varianza de la
variable dependiente, como Evans, D.S. y Le ighton, L.S. (1989): “Some empirica l aspects of
entrepreneurship”,
American Economic Review
, vol. 79, num. 3, pp. 519-535. Ante esa baja capacidad
predictiva, ese autor considera que las descripciones sobre el perfil de lo s autoempleados o em presarios basadas
en los resultados de esos estudios son claramente inadecuadas. Además, los modelos lineales normalmente
utilizados no son probablemen te los más adecua dos para describir la empresariali dad, pues probablemente
existan relaciones curvilínea s, efectos umbral, etcétera.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 101
separado encuentra que la variable expl icativa más significativa en cada uno de
ellos es diferente (106) .
Ese trabajo arroja resultados muy interesantes. En primer lugar, parece
confirmar que «los procesos que llevan a la iniciación de una nueva empresa
reflejan complejas interacciones entre los factores personales, de ciclo vital, y
contextuales. Parecen recaer en un peque ño conjunto de grupos bien definidos.
Es poco probable que los simples modelos lineales aditivos puedan ofrecer
explicaciones satisfactorias o predicciones útiles» (107) . Por lo tanto, la validez de la
visión de proceso empresarial, que tiene en cuenta la teoría de la carrera
profesional, parece confirmarse con este es tudio. Por otra pa rte, también ayuda
a explicar porqué existen tantos resultados conflictivos sobre las variables
explicativas de la emergencia empresar ial, ya que al ser los factores causales
diferentes para cada subgrupo de la pobl ación la selección de la muestra resulta
fundamental (108) .
En esta misma línea, la teoría de la carrera profesional contempla una
interacción constante de los aspectos persona les, familiares y profesionales, sobre
C APÍTULO II
(109) Dyer, G. (1994): op. cit., p. 13.
(110) Harvey, M. y Evans, R. (1995): op. c i t., p. 334.
(111) Reynolds, P.D. (1997): op. c i t., incluye dentro de la categoría de empresarios a todos los trabajadore s por
cuenta propia, tanto empleadores, como prof esionales liberales y trabajadores aut ónomos.
(112) Reynolds, P.D. (1997): ibídem, p. 451.
102 E CONOMÍA A PLICADA I
los que indudablemente influyen las circunstancias del entorno (109) . El paso del
individuo por las distintas etapas suele estar asociado con unas determinadas
edades (110) , este ser ía el motivo por el cual Reynolds (1997) encuentra que la
variable más significativa es la edad. Sin embargo, de las teorías consideradas se
desprendería que son las etapas vitales, a tr avés de su influencia sobre las actitudes
e intenciones, y no las edad es lo que determina la situación personal de cada
ind ividuo en relación con la actividad empresarial, lo cual debiera ser tenido en
cuenta para el diseño de futuras investigaciones.
Otro resultado destacab le de ese trabajo es la importante presencia de
autoempleados entre los empresarios na cientes. Esto parece indicar que, aunque
son numerosas las personas que en ca da momento están embarcadas en un
proceso de creación de una nueva empres a, una parte importante de ellas son ya
trabajadores por cuenta propia (111) . Quizá sería importante diferenciar entre los
empresarios nacientes que son autoempleados y los que no lo son a la hora de
estudiarlos, o incluso de diseñar medida s de promoción. En el primer caso -
aquellos que fundan más de una empresa-, ese continuado interés por seguir
poniendo en marcha nuevas empresas podría tener bastante relación con el
concepto de calidad empresarial de Santos (2001).
Sin embargo, el trabajo de Reynolds (1997) considera que el comportamiento
empresarial consiste en la realización de acciones dirigidas a la puesta en marcha
de una nueva inici ativa empresarial, independientemente de que esas acciones
tengan éxito o no (112) . Por tanto, no se detiene a analizar cuáles de los empresarios
nacientes han terminado creando efectivamen te la empresa, ni cuál es su tasa de
supervivencia o de crecimiento. Desde nuestro punto de vista, no es suficiente
con saber quiénes son los que lo están in tentando, sino que hay que ir más allá,
analizando a quienes realmente crean una organización productiva.
En relación a aquellos empresarios que fundan más de una empresa -los
llamados “empresarios habituales”-, un tr abajo muy interesante es el de Westhead
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(113) Westhead, P. y Wright, M. (1998): op. cit., p. 174. En particular, en su muestra encontraron que cerca del
40% de los empresarios eran habituales, lo cuál pone seriamente en cuestión la identidad que se suele establecer
en la práctica entre la aparición de u na nu eva empresa con la de un nuevo empresario.
(114) Harvey, M. y Evans, R. (1995): op. cit., p. 342.
(115) En concreto, los autores comparan su trabajo con el de Birley, S. y Westhead, P. (1994b): “A comparison of
new business established by ‘novice’ and ‘habitual’ founders in Great Britain”.
International Small Business
Journal
, vol. 12, pp. 38-60.
(116) Westhead, P. y Wright, M. (1998): op. cit., pp. 198-199.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 103
y Wright (1998), que estudian las difere ncias existentes entre los empresarios que
fundan una empresa por primera vez (a los que denomina empresarios novatos,
o “novice founders” ) y los fundadores habituales (“habitual founders”). Esta
distinción es muy importante en al menos un aspecto, permite poner de
manifiesto claramente la diferencia entre empresa y empresario. Por tanto, el
incremento en el número total de empresas, como se viene observando en l a
mayoría de los países occidentales en la s últimas décadas, «no es necesariamente
un indicador fiable del desarrollo de la empresarialidad en una economía» (113) . Del
mismo modo, se apunta el hecho importante de que la única forma de entrada en
la condición de empresario no consiste en la creación de una nueva empresa (114) ,
señalándose específicamente la posibilidad de adquisición o de herencia.
En concreto, frente a otros trabajos (115) , esos autores di stinguen entre dos
tipo s de fundadores habituales. Los fundadores en serie (serial founders) se
definen como aquellos que venden o ci erran su negocio original pero, que un
momento posterior, heredan, establecen o compran otro negocio. Por su parte,
los fundadores de cartera (portfolio founders) retienen su negocio original y
heredan, establecen o adquieren otro u otros. Estos fundadores habituales se
comparan con los fundadores novatos (novice founders). Sin embargo, este
trabajo no encuentra ninguna diferencia si gnificativa en lo que se r efiere a las
variables relacion adas con el éxito de la empresa. El haber creado antes otras
empresas, o el ser propietario simultáneamente de varias, no proporciona
apar entemente ninguna ventaja de cara al éxito empresarial. Las posibles
explicaciones a este fenómeno, que res ulta tan interesante de cara a nuestro
objetivo de promover la aparición de empresarios de calidad, podrían ser dos (116) .
En primer lugar, los empresarios de car tera son propietarios de varias empresas,
por lo que habría que tener en cuenta lo s resultados del conjunto de todas ellas.
En segundo lugar, también hay que considerar que una parte de los empresarios
C APÍTULO II
(117) Esta afirmación se basaría en argu mentos similares a los utilizados para analizar el potencial empresarial. En
particular, los trabajos de Per Davidsson son muy dest acados, como por ejemplo, Davidsson, P. (1990): “Small
business manager’s willingness to pursue g rowth ”, en Donkels, R. y Miettinen, A. (Eds.):
New findings and
perspectives in entrepreneurship
, Avebury, Aldershot.
(118) En este sentido, pue de vers e Davidsson, P. (1991): “Continued entrepreneurship: ability, need, and opportunity
as determinants of small firm growth”,
Journal of Business Venturing
, vol. 6, num. 6, pp. 405-429.
104 E CONOMÍA A PLICADA I
novicios acabarán siendo empresarios habi tuales, por lo que los dos conjuntos no
son totalmente excluyentes.
Sin embargo, en nuestra opinión, debe también valorarse el distinto ámbito
al que pertenecen las variables explicadas y explicativas. En efecto, mientras que
como variables explicativas hemos utilizado rasgos, circunstancias y
comportamientos del fundador de la empr esa, nuestras variables dependientes se
corresponden con los resultados de la em presa como organización productiva. La
relación entre esos dos tipos de variables es pro bablemente mucho más
complicada de lo que el modelo utilizado supone. Esa conexión posiblemente
debería establecerse entre las variables explicativas señaladas y los objetivos o
resul tados para el individuo (117) . En una fase posterior, habría que analizar la
relación entre esos objetivos individuales y los resultados de las empresas -estando
esta última relación seguramente cond icionada por variables del entorno
económico, socioinstitucional y político- (118) .
3.2.2. Esquema del proceso de creación
En este epígrafe se han visto una serie de aportaciones que inciden en la idea
de que el proceso de creación de una nueva empresa es esencialmente complejo
y dinámico. Es complejo porque son muchas las variables que influyen sobre toda
la cadena de decisiones y de acciones que llevan al individuo a la cr eación de la
empresa. En este sentido, consideramos que la visión de Gartner (1985) que
contempla cuatro dimensiones en la creación de empresas (individuo, proceso,
entorno y organización) constituye una a portación muy relevante. Y es dinámico
porque consiste precisamente en una secuencia de decisiones y de acciones que
no son todas simultáneas, sino consecutivas en el tiempo. La intención de ser
empresario sería una condición previa, pe ro una vez tomada la decisión, no está
garantizado que se acabe creando la nueva empresa.
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(119) Ajzen, I. (2002): op. c it., pp. 116-117.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 105
En este sentido, como pone de manifies to el trabajo d e Reynolds (1997), el
hecho de realizar un número determinado de esos “compor tamientos de
gestación” no garantiza la creación de la empresa. Es relativamente frecuente que
la realización de esos comportamientos de gestación lleve al convencimiento de
que la idea de crear la empresa no merece la pena, y se abandone ese proyecto
(temporal o definitivam ente). En cualquier caso, parece confirmarse que la
creación de empresas consiste en una larg a s erie de comportamientos, para los
cuales es necesario una intención previa, y que ésta se refuerza a medida que se va
alcanzando el éxito en cada uno de esos comportamientos. No se trata, por tanto,
de una decisión instantánea, ni de una acción inmediata.
Para concluir este epígra fe, la Figura II.9 puede servir de resumen de las
aportaciones consideradas. En ella se reflej a, en primer lugar, la idea de que son
las intencio nes del individuo las que, a través de algún suceso desencadenante,
ponen en marcha el proceso de creación. La creación de nuevas empresas es, por
tanto, una consecuencia del potencial empr esarial del individuo. No obstante, par a
que ese proceso comience es necesario que exista una oportunidad, y que sea
detectada por el sujeto. Del mismo modo, el paso de intención a creación no es
automático, sino que supone una serie de actividades. Esa idea queda recogida
mediante la inclusión de una etapa denominada empresario naciente.
Por su parte, las actividades llevadas a cabo durante esa etapa de empresario
naciente pueden hacer que se modifiquen las inten ciones del sujeto. Así, el
contacto directo con el mundo empresarial puede modificar la percepción de
deseabilidad o la de auto-eficacia del poten cial empresario. En el primer caso, las
recompensas y las cargas asociadas a esa actividad pueden verse modificadas,
haciéndola menos -o más- apetecible para el individuo. En el segundo, la
necesidad de realizar efectivamente las tareas requeridas puede hacer cambiar la
percepción sobre la dificultad de las mismas . En la figura, la flecha punteada desde
el proceso de creación a los antecedentes de la intención reflejaría esta posibilidad.
Esa modificación puede ser especialmente importante si las percepciones
acerca de la factibilidad y la deseab ilidad de la actividad empresarial no se
correspondían con la realidad (119) . En ese caso, el enfrentarse con una situación en
la que debe realizar esos comportamientos puede hacer que se modifiquen sus
C APÍTULO II
(128) Este es el caso, por ejemplo, de Honig, B. (1998): “What determines success? exam ining the human, financial,
and social capital of j amaican microentrepreneurs”,
Jou rnal of Business Venturi ng
, vol. 13, num. 5, pp.
371-394; Palich, L.E. y Bagby, D. R. (1995): “Using cogn itive theory to explain en trepreneurial risk-taking:
Challenging conventional wisdom”,
Journal of Business Venturing
, vol. 10, num. 6, pp. 425-438; McGrath,
R.G. y MacM illan, I.C. (1992): “More like ea ch ot her than anyone else? A cross-cultural study of
entrepre neuria l perceptions”,
Journal of Business Venturing
, vol. 7, num. 5, pp. 419-429; Bonnet, C. y
Furnham, A. (1991): “Who wants to be an en trepre ne ur? A study of adolescents interested in a Young
Enterprise scheme”,
Journal of Economic Psy chology
, vol. 12, num. 3, pp. 465-478; o Robinson, P.B .,
Stimpson, D.V., Huefner J.C. y Hunt, H.K. (1991): op. cit.
112 E CONOMÍA A PLICADA I
carácter multidimensional, que miden la actividad empresarial en base a un
número más o menos amplio de componentes.
En segundo lugar, también podemos decir que la calidad empresarial se
pondría de manifiesto por la presencia de ciertos comportamientos diferenciales
que, o no están presentes en los empresar io sin calidad, o que lo están en menor
medida. Si esto es así, nuestra siguiente preocupación debe ser el tratar de
establecer cuáles son esos comportami entos. Probablemente algunos de los
indicados en los estudios citados, como la innovación, el crecimiento o la
capa cidad planificadora, se encontrarán entre esos comporta mientos “de calidad”.
Pero, en cualquier caso, la calidad empres arial se identificará con la presencia de
ese conjunto de características, y no con la mera existencia aislada de alguna de
ellas.
Sin embargo, cuando nos centramos en los estudios sobre el comportamiento
empresarial general, a medida que se amplía el número de factores a tener en
cuenta, los estudios se hacen más variados y parciales. En efecto, la mayor parte
de los estudios que analizan en profundi dad las características o cualidades de los
empresarios no tratan de distinguir entr e los de mayor o menor calidad, sino entre
la población empresarial, de un lado, y el resto de la población, o un subgrupo de
ésta (la población activa, la población ocup ada, los directivos asalariados, etc.), de
otro (128) .
En esos estudios, además, se repite la situación que hemos analizado para el
caso de la emerg e ncia empresarial. Los primeros trabajos (partiendo de
McClelland, 1961) trataban de identificar aquellos atributos o rasgos de la
personalidad que hacen de los in dividu os empresarios de calidad, y que los
distinguen de los empresarios rutinarios, conformistas, o de los “pequeños
propietarios”. De esta forma, rasgos co mo la motivación d e logro, el control
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(129) Véas e, Ahmed , S.U. (1985): “nAch, risk-taking pr opensity, locus of control and entre prene urs hip” ,
Personality
and Individual Differences
, vol. 6, num. 6, pp. 781-782; Begley, T.M . y Boyd, D.P. (1987): “Psychological
charac teristics associated with performance in en trepreneurial firms and smaller business es”,
Journal of Business
Venturing
, vol. 2, num. 1, pp. 79-93; Mueller, S.L.y Tho mas, A.S. (2001): “Culture and entrepreneurial
potential: A nine country study of locus of control and innovative ness”,
Journal of Business Venturing
, vol.
16, num. 1, pp.51-75. Por su parte, Ginsberg, A. y Bu chholtz, A. (1989): “Are entrepreneurs a breed apart?
A look at the evidence”,
Journal of General Manage ment
, vol. 15, num. 2, pp. 32-40, analiza diez estudios
diferentes que estudian rasgos asociado s con la empresarialidad.
(130) Scherer, R.F., Brodz insky, J.D. y Wiebe, F.A. (1991): op. cit.
(131) Guzmán, J. y Santos, F.J. (2001): “The booster function and the entrepreneuria l quality: an application to
the province of Seville”,
Entrepreneurship and Regio nal Development
, vol. 13, num. 3, p. 213.
(132) En este apartado seguimos a Santos, F.J. (2001): op. c i t., pp. 101-113.
(133) Según el modelo de Guzmán, J. (199 4): op. cit., es a función se localizaría en la esfera impulsora del
empresario.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 113
interno o la autoeficacia parecen estar más presentes entre los empresarios que
muestran esos comportamientos de calidad que entre los más conformistas o
rutinarios (129) .
Sin embargo, como hemos señalado, el enfoque de los rasgos tiene unas
capacidades explicativas y predictivas bastante limitadas. Por ello, es necesar io
buscar explicaciones alternativas desde otros enfoques. En este sentido, por
ejemplo, se puede señalar la importancia de los distintos modelos de conducta -
especialmente de modelos empresariales que sean percibidos como exitosos- con
los que el empresario haya podido convivir o relacionarse (130) .
En resumen, como una primera aproximación, podemos definir la calidad
empresarial como el conjunto de comportamientos llevados a cabo por el
empresario o los empresarios para “m antener vivo y desarrollar su proyecto” (131) .
Si bien éstos comportamientos pueden trad ucirse en un mayor crecimiento de la
empresa, no tiene por qué ser necesariamente así.
4.1.2. Modelo de calidad empresarial de Santos (2001)
Este modelo es, hasta la fecha, el intento más completo que conocemos de
conceptualizar los rasgos definitorios de la calidad empresarial (132) . Como
acabamos de señalar, en el mismo no se trata de buscar rasgos identificadores de
los empresarios, sino lo que el autor llama “comportamientos dinamizadores”. Es
decir, aquellos que se encuadran dent ro de la función dinamizadora del
empresario (133) . Sin embargo, para que esos comportamientos dinamizadores
C APÍTULO II
(134) Santos, F.J. (2001): op. c it., p. 103.
(135) Santos, F.J. (2001): ibídem, p. 105.
114 E CONOMÍA A PLICADA I
correspondan realmente a un empresario de calidad, es preciso que éste cumpla
una primera condición.
A este requisito lo llama el autor la condición necesaria para ser empresario.
Se trataría del deseo de trabajar por cuenta propia. Si éste no existe, aunq ue se
puede ser empresario por circunstancias accidentales (empresa heredada, falta de
otras alternativas, etc.), difícilmente se podrá considerar como un empresario de
calidad aquel que elegiría trabajar por cuenta ajena en cuanto le surgiera la
oportunidad (134) . En consecuencia, parece lóg ico que exista un a elevada correlación
entre esa condición necesaria y aquellos comportamientos dinamizadores.
En cuanto a éstos, formarían parte de lo que Santos (2001) denomina los
exponentes de la calidad del empresario , que son los aspectos cualitativos que configuran
la f unción dinamizadora del empresar io. Aquí, enlazando con los modelos de
intenciones comentados en el primer epígra fe de este capítulo, el autor distingue
entre los comportamientos, de un lado, y las actitudes y las intenciones, del otro.
Según cómo sean éstas, se hablará de “motivación intrínseca o extrínseca”,
pudiendo considerarse la primera como aquella en la que las recompensas que se
esperan obtener son de carácter fundamen talmente interno -en especial, el propio
placer de llevar a cabo la actividad, o la satisfacción del tra bajo bien hecho-,
mientras que en la segunda las recompensas esperadas son fundamentalmente
externas -riquezas, status social, poder, ...-.
No obstante, la presencia de una motivación intrínseca no es sola mente un
rasgo diferencial de la población empresar ia, sino que también está presente en el
desempeño de otras actividades (notableme nte en artistas como músicos, actores,
etc.). Del mismo modo, podemos esperar que existan empresarios que carezcan
de ese tip o de motivación. Sin embargo, el autor enfatiza la relación de la
motivación interna con los compo rtamientos dinamizadores. En efecto, la
presencia de una motivación extrínseca en el empresario llevaría al desempeño de
su actividad como algo meramente instrument al, para el logro de otras metas. Por
lo que se puede entender que el esfuerzo a realizar quedaría limitado al necesario
para lograr un nivel aceptable de esos otros objetivos (ingre sos, posición social,
...), y no al máxi mo posible (135) . De nuevo, por lo tanto, debemos esperar la
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(136) Esta distinción sería similar a la que establecen Ro binson, P.B., Stimpson, D.V., Huefner, J.C. y Hunt, H.K.
(1991): op. cit., entre rasgos de personalidad y actitu des empresariales relacionadas c on los mismos. Desde el
punto de vista de los mode los de intenciones, son los comportamientos los que se explicar ían mediante la
intención de llevarlos a ca bo.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 115
existencia de una elevada correlación entr e el tipo de motivación, y la mayor o
menor presencia de comportamientos de calidad.
Los máximos exponentes de la calidad em presarial se recogerían, entonces, en
la presencia de esos “ comportamientos dinamizadores ”: el crecimiento (realización de
ampliaciones), la introducción de innovaciones , la puesta en práctica de nuevas
iniciativas de mejora (como la introducción de un sistema de planificac ión, de
control de calidad, de medición de la sa tisfacción de los consumidores, etc.), y la
realización de acuerdos de colaboración con otras empresas e instituciones.
Como vemos, existe considerable relación con las cuatro características que
identificaban Chan y Lau (1993 ), si bien entendemos que los comportamientos
definidos por Santos (2001) son más específicos y recogen una mayor variedad de
facetas. En cu alquier caso, se puede obs ervar que estas conductas parecen estar
relacionadas con ciertos rasgos de persona lidad, como la ambición, la capacidad
de innovación, la iniciativa o el espí ritu de colaboración (respectivamente). Sin
embargo, debemos tener en cuenta que -aunque pueda existir asociaci ón entre
rasgos y conductas- lo que define la ca lidad empresarial son los comportamientos
dinamizadores (136) .
Sobre este conjunto de factores que configuran la calidad del empresario
inf luyen una serie de variables del entor no. En primer lugar, en relación con el
entorno personal del empresario, en éste es en el que se localizan los factores que de
forma más directa pueden condicionar sus decisiones y, por tanto, su calidad
como empresario. De ellos, Santos (2 001) selecciona como más relevantes la
formación , la experiencia, y la influencia de la familia . Por su parte, en segundo
lugar, tanto directamente sobre el empresario, como indirectamente a través de
esos factores del entorno personal, tamb ién actúan lo que el autor llama los factores
del entorno global . Estos serían fundamentalmente tres: las disponibilidades
productivas , l os factores socioculturales y, por último, los factores político-
institucionales . Estos factores también son , como antes, coincidentes con los
recogidos en el modelo de Cáceres (2002), lo cual es lógico si tenemos en cuenta
C APÍTULO II
116 E CONOMÍA A PLICADA I
que los entornos personal y social están siempre presentes, tanto ante la creación
como ante el desarrollo de la empresa, condicionando la actuación del empresario.
No obstante, Santos (2001) no profundiza en la forma en la que se produce
esa influencia. La única referencia la establece al afirmar que esos factores del
entorno inciden tanto sobre la preferenci a por el trabajo por cuenta propia como
sobre la motivació n. Por tanto, además del efecto directo sobre los
comportamientos existiría ese otro efecto indirecto. En este sentido, este modelo
no es incompatible con la visión de proceso ni con los modelos de intenciones,
más b ien se puede decir que no se deti ene a profundizar en esa faceta. En el
siguiente apartado, trataremos de indagar en ese aspecto.
Figura II.10
Modelo de Calidad Empresarial de Santos (2001)
Fac t or es de l ent or n o
g l ob a l de l em p r e s ar i o
Di s pon ibil idade s pr od uctiv as ,
f act or es so cio cul tu r al es ,
f act or es p o lí t i co- i nst i tu ci o nal es
Fac t or es de l ent or n o
pe r son al de l em pre sar io
F or m aci ón , ex p er ien ci a, f am il ia
Pref eren cia p o r
e l t ra b aj o po r
cu en t a p ro pi a
Fun ci ó n Di nam i za dor a
Mot ivaci ón
C o mp or ta mi e n tos
di nam i z ador es
- D er iv ad o s d e l a am bi ció n
- D er iv ad o s d e l a i nn o v ació n
-D e r i v a do s de la in i c i a ti v a
- D er iv ad o s d el es pí r it u d e
col ab or aci ón
Fuente: Santos, F.J. (2001): La calidad del empresario sevillano , Biblioteca de Socioeconomía Sevillana,
Sevilla Siglo XXI, Sevilla. Figura 3.14, p. 112.
Para sintetizar el modelo de Santos (200 1), en la Figura II.10 recogemos cuáles
serían los componentes de esa función dina mizadora, así como la influencia de los
factores del entorno sobre la misma. Com o puede verse, la función dinamizadora
del empresario es la que define su nive l de calidad, que viene determinado por la
confluencia de una motivación intrínseca con la puesta en práctica de esos
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(137) Para un intento de aplicación práctica de ese mode lo, puede verse Santos, F.J. y Liñán, F. (2002): “Towards
an empirical methodology for the measurement of the qual ity ent rep ren eur: the case of Sevillian entrepreneurs”,
comunicación presentada al 42nd European Region al Science Associat ion ER SA Conference, Dortmund
(Alemania), 27-31 agosto.
(138) Santos, F.J. (2001): ibídem, pág. 112.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 117
comportamientos dinamizadores. Se trataría, de esta forma, de una variable
continua (en lugar de dicotómica), c on la posibilidad de que el empresario
presente distintos grados de calid ad, según su particular combinación de
motivación y comportamientos (137) .
No obs tante, debemos matizar que la Figura II.10 constituye una
simplificación de la original, pues existen otras relaciones que Santos (2001)
también considera relevantes y que no han sido recogidas aquí para tratar de
centrarnos en el concepto y los determinan tes de la calidad. Así, en primer lugar,
la actuación del empresario (su forma de llevar a cabo la función dinamizadora),
influirá en el éxito de la empresa. Este éxito empresarial, por su parte, influirá en
el entorno personal del empresario (mayores niveles de renta, status, experiencia
o relaciones).
En segundo lugar, yendo un paso más le jos, el éxito empresarial contribuirá
en cierta medida a mejorar la situación global de la economía en la que actúa.
Como afirma ese autor: «Además, existe una relación de interdependencia
adicional que también hay que tener muy en cuenta, y es que el éxito o desarrollo
empresarial resultante del comportamiento de los empr esarios influye en el
desarrollo económico de una determinada zona» (138) . Por último, a medida que el
nivel de desarrollo se eleva, eso a su ve z hará que los factores del entorno global
del empresario tienda a mejorar. Este resultado coincide con las referencias
recogidas en el Capítulo I, en el que exponí amos la existencia de una relación
significativa entre actividad empresarial y nivel de desarrollo.
4.2. El desarrollo de la empresa
De la misma forma que en los epíg rafes anteriores encontramos que los
factores puramente empresariales no pueden desligarse de los relativos a la carrera
profesional y personal del individuo que toma la decis ión de convertirse en
empresario, las aportaciones que recogemo s a continuación inciden en esa misma
línea, aunque ahora referida al desarrollo del proyecto empresari al en el que el
C APÍTULO II
(139) Dyer, G. (1994): op. cit., p. 14. Del mismo modo, en lo referente a las fases tardías de la actividad profesional
del individuo, la decisión sobre la sucesión de la em presa también incluye aspectos personales, familiares y
profesionales. Muchas empresas sufren consid erableme nte por la inhabilidad del empresario a la hora de
planificar su salida de la carrera empresarial.
118 E CONOMÍA A PLICADA I
empresario está embarcado. Así, es prev isible que las decisiones que el profesor
Santos (2001) denomina de “dinamización de la empresa” estén al menos en parte
determinadas por aspectos tales como las aspiraciones personales del empresario,
sus objetivos o su evolución personal.
Así, señalamos anteriormente cómo Dyer (1994) consideraba que la teoría de
la carrera profesional empresarial debía analizar cuatr o fases. En este sentido,
nuestro propósito ahora es detenernos en la cuarta de ella s, que se refiere a la
progresión en la carrera profesional. En su estudio, ese autor considera que la
cambiante naturaleza de los roles de los empresarios se debe a la combinación de
los dilemas de carácter personal, fam iliar y profesional a los que se van
enfrentando a lo largo de su vida. Se trata, por tanto, de una sucesión de dilemas
que no son siempre los mismos, sino que va n cambiando a lo largo de la carrera
del empresario.
A modo de ejempl o, Dyer (1994) seña la que los dilemas y roles asociados
típi camente con la fase media de la empresa presentan unas características
peculiares. El empresario comienza a dese mpañar unos roles de carácter cada vez
más administrativo, con una mayor tiempo dedicado a la supervisión,
planificación, solución de problemas “bur ocráticos” u organización de un sistema
de d e legación del control. Estos nuevos roles parecen ir asociados a nuevas
tensiones, como puede ser el provocar un a sensación de soledad en lo personal.
Además, en el caso de negocios en creci miento, la necesidad de contratar nuevo
personal y establecer nuevos sistemas de control puede plantear una colisión con
los roles familiares. Si se contrata a miembr os de la familia para la empresa, existe
un riesgo de conflicto entre las relaci ones familiares y las profesionales. Si se
contrata a personal externo, es probabl e que los objetivos personales del mismo
no coincidan con los del empresario (139) .
De esta forma, la progresión dentro de la carrera emp resar ial conlleva
importantes complejidades. En consecuencia, pretendemos considerar en este
apartado, en primer lugar, algunas apor taciones que permiten poner de manifiesto
la dificultad existente en la práctica a la hora de establecer una relación clara e
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(140) Davidsson, P. (1990): op. cit.
(141) En este sentido, resulta muy interesante la teoría de las anclas de carrera de Schein, E.H. (1996): “Career
anchors revisited: implica t ions for ca r eer development in the 21st century”,
Academy of Management
Executive
, vol. 10, num. 4, pp. 80-88. Según ésta, la orientac ión que cada individuo da a su carrera profesional
depende del ancla que asuma, entendiendo est a última co mo los valores y motivos a los que una persona no
renunciará si se ve forzada a realizar una elección; es decir, los principios que guían (conscient emente o no) toda
su actividad profesional. Para una ap licación de ese concept o específicame nte a la carrera empresarial, puede
verse Katz, J.A. (1994): “M odelling entreprene urial career progressions: c oncepts and considerations”,
Entrepreneurship Theory and Practice
, vol. 19, num. 2, pp. 23-40.
(142) Woo, C.Y., Cooper, A.C. y Dunkelberg, W.C. (1991): “T he development and interpretation of entrepreneurial
typologies”,
Journal of Business Venturing
, vol. 6, num. 2, pp. 93-111.
(143) Woo, C.Y., Cooper, A.C. y Dunkelberg, W. C. (1991): ibídem; Smith, N.R. y Miner, J.B. (1983): “Type of
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 119
inequívoca entre las características del empr esario y la evolución de la empresa. A
continu ación intentaremos proporcionar una posible explicación para esa aparente
dificultad.
4.2.1. La dificultad de predecir los resultados de la empresa
Parece constatado, en relación a las distinta s fases por las que atraviesa la
carrera del empresario, que después de los dos o tres primeros años desde la
creación, las pautas de evolución comien zan a divergir enormemente, con algunos
empresarios que continúan creciendo, mientras que la mayoría s e estanca por
dif erentes motivos (140) . De esta forma, parecen existir distintos tipos de
empresarios en lo que se refiere a su orientación hacia el crecimiento (141) . En este
sentido, el trabajo de Woo at al. (1991) sugiere que no resulta nada fácil establecer
una tipologí a de empresarios. Por otra parte, los trabajos de Birley y Westhead
(1990, 1994) analizan la posible relación entre motivación, tipo de empresa y
desarrollo posterior de la misma.
Si nos centramos en la primera de esas dos cuestiones (la diversidad de
“estilos” empresariales, o lo que ha da do en llamarse tipologías empresariales) (142) ,
encontramos una gran abunda ncia de trabajos que tratan de simplificar las
distintas alternativas en torno a dos grupos o tipos principales de empresarios, si
bien su denominación varía de unos estudios a otros. En cualquier caso, esos
intentos de clasificación de los empresar ios tienen mucha relación con el concepto
de calidad empresarial referido en el apartado anterior.
Según Woo et al. (1991), la clasificaci ón más frecuente es la que se establece
entre “artesanos” y “oportunistas” (143) . Otra denominación conceptualmente muy
C APÍTULO II
entrepreneur, type of firm, and managerial motivation : implications for organiza tional life cycle theory”,
Strategic Management Journal
, vol. 4, num. 4, pp. 325-340; Davidsson, P. (1988): “Type of man and type
of company revisited: a co nfirmatory clust er analysis appro ach”, en Kirchoff, B.A., Long, W.A., McMul lan,
W.E., Vesper, K. y Wetzel, W. (eds ):
Frontiers of entrepreneurship research
, Babson College, Wellesley (MA),
pp. 88-105.
(144) Carland, J.W., Hoy, F. , Boulton, W.R. y Carland, J.A. (1984): op. cit.
120 E CONOMÍA A PLICADA I
relacionada, según se ha visto, es la que distingue entre “propietarios de pequeños
negocios” y “empresarios” (144) . Así, los empresarios “artesanos” se caracterizarían
por presentar antecedentes obreros, con experiencia y educación reducidas,
preferencia por el trabajo técnico fr en te al administrativo y motivación más
conformista (del tipo “lograr un nivel a ceptable de vida”). Sus empresas tenderían
a ser menos ad aptables a los cambios y crecer menos. Por su parte, los
empresarios “oportunistas” estarían caracterizados por una experiencia más
amplia y mayor nivel educativo, con una orientación hacia el futuro, más
dispue stos a los ca mbios, con má s con fianza en su p ropia h abilidad p ara
responder al entorno, y su moti vación sería en mayor medida la ganancia
financiera y el des eo de desarrollar un proyecto de éxito. Así, sus empresas
tenderían a crecer ráp idamente, basánd ose en recursos externos y mediante
estrategias más variadas.
En este sentido, el trabajo de Woo et al. (1991) también hace referencia a
otros estudios que consideran más de dos categorías empresariales. Sin embargo,
en estos casos, los distintos tipos suelen pa recerse bastante a las dos categorías
principales identificadas, tratándose más bien de subdivisiones de esas dos. Por
ello , su trabajo se centra en tratar de examinar en qué medida esos distintos
estudios que utilizan esta categoriz ación (artesanos / oportunistas) son
comparables entre sí. Es decir, si las tipologías desarrollada s en los distint os
trabajos son consistentes o, por el cont rario, carecen de esa comparabilidad. Para
ello, clasificaron una misma muestra de em presarios en base a tres criterios que,
teóricamente, permitirían diferenciar entre artesanos y oportunistas. No obstante,
al comparar las tres clasificaciones obtenidas entre sí se pudieron observar
importantes discrepancias. Así, los resul tados obtenidos con cada uno de los tres
criterios resultaron claramente incompatible s entre sí, a pesar de haberse realizado
con una misma muestra de empresarios, con un mismo diseño del estudio, sistema
de recolección de datos, etc.
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(145) Woo, C.Y., Cooper, A.C. y Dunkelberg, W.C. (1991): op. cit., p. 107.
(146) Gartner, W.B. (1985): op. cit.
(147) Para un reciente estudio empírico sobre los diferentes objetivos personales y empresariales de distintos grupos
de empresarios, y cómo éstos afectan a los resultados de la empresa, véase O’Neill, C.M ., Nuss, R. y Coldwell,
D. (2003): “Defining success: goals and perceptions of female South African business owners”, comunicación
presentada a IntEnt2003, Internationalizing Entreprene urship Education and Training, Grenoble (Francia),
8-10 septiembre.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 121
Woo et al. (1 991), por tanto, llegan a la conclusión de que la distinción
tradicional entre oportunistas y artesanos no es clara en absoluto. Así, esos autores
afirman que «estos factores provocan un a fuerte duda sobre la probabilidad de
obtener tipos o categorías similares a tr avés de los distintos estudios. Muy
probablemente, se estén aplicando etiquetas similares a entidades
divergentes» (145) .De esta forma, en nuestra opinión, ese estudio pone de m anifiesto
que la tipología empresarial es mucho más compleja de lo que las clasificaciones
dicotómicas sugieren. La diversidad empresarial es probablemente muy alta, por
lo que los estudios sobre los empresari os en activo debieran ser capaces de
reconocerla (146) . Así, a la hora de utilizar esos tipos empresariales para predecir la
estrategia, el dinamismo o el éxito empres arial, es necesario tener muy en cuenta
el diseño de la investigación. Las afirma ciones sobre la vinculación entre tipología
y resultados de la empresa pueden en realidad estar poniendo de manifiesto la
existencia de relaciones entre objetivos y resultados, antecedentes y resultados, o
estilos de gestión y resultados.
En particular, nosotros apuntamos la importancia de tener en cuenta que,
mientras que los objetivos y antecedentes son variables exclusivamente personales
del empresario, los resultados que se suelen medir son los de la empresa. Por ello,
la naturaleza de la relación entre empresario y empresa debe ser tenida muy en
cuenta (147) . No obstante, es poco frecuente que se distinga explícitamente entre las
variable que afectan al empresario y las que afectan a la empresa. No es de
extrañar que los trabajos que obtienen mejores resultados se basen en teorías más
complejas que, sin embargo, parecen ser las que presentan una mayor capacidad
predictiva. En especial, trabajos como el de Davidsson (1991), Cooper (1993) o
Chandler (1996) toman en consideraci ón la visión de proceso del fenómeno
empresarial, aspectos relativos a la carrera profesional, así como la distinción entre
empresario y empresa.
C APÍTULO II
(158) Davidsson, P. (1991): op. cit.
128 E CONOMÍA A PLICADA I
C En primer lugar, están relacionados con la necesidad de delegar y lo que ello
supone en términos de pérdida de control.
C En segundo lugar, el empresario cons idera que la mayor dedicación necesaria
acarreará un importante sacrifico familiar (más horas dedicado al trabajo, más
tensiones, ...).
C En tercer lugar, se argumenta que ello supondrá una pérdida de bienestar de
los trabajadores, por la que los empresarios suecos manifiestan sentirse
preocupados.
En un trabajo algo posterior, ese mismo autor (158) trata de profundizar en los
determinantes del crecimiento de las pequeñas empresas. En concreto, parte de
la idea de que la larga lista de variables explicativas que los distintos estudios han
encontrado, pueden ser agrupadas en tres categorías: habilidad, necesidad y
oportunidad. Así, los factores objetivos correspondientes a esas tres categorías
tendrían tanto un efecto directo sobre el crecimiento, como uno indirecto sobre
la motivación de crecimiento. En este segu ndo caso, ese efecto se manifestaría a
través de las percepciones de los empresarios.
En el modelo de Davidsson (1991), que se presenta en la Figura II.13, el
crecimiento real de la empresa depende de las variables objetivas que determinan
la habilidad, necesidad y oportunidad; pero sobre todo depende de la motivación
de crecimiento del individuo. Esa motiva ción es enteramente subjetiva, pues viene
determinada por la percepción que el indivi duo tiene de la realidad que lo rodea.
Las variables incluida s dentro de la oportunidad serían las relativas a la s
condiciones externas (fragmentación del mercado, tamaño y tasa de crecimiento
del mercado, acceso al capital, etc.). La necesidad de un mayor crecimiento se
mediría a través del tamaño y edad de la empresa (una empr esa más grande y/o
más antigua tendría menos necesidad de un crecimiento adicional), así como de
la edad del empresario (sería muy difícil obtener datos relativos a la necesidad
económica del empresario). La habilidad o capacidad para crecer vendría reflejada
a través de variables como la educación y la experiencia del empresario.
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(159) Davidsson, P. (1991): ibídem, pp. 421-422.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 129
Los resultados de su análisis permiten afirmar que la necesidad, la habilidad
y la oportunidad explican una parte sustancial de la variación en el crecimiento real
de la empresa. Además de ese efecto dir ecto, también existe una influencia de las
percepciones del individuo sobre la motivación de crecimiento (159) . Los resultados
relativos a la necesidad y la necesidad percibida son los más robustos. En
particular, los resultados indican que la cu estión principal radica en la percepción
subjetiva sobre la situación, y su relaci ón con las metas personales. Para muchos
empresarios -probablemente la gran mayoría- , la situación actual es satisfactoria,
por lo que un mayor crecimiento no supone ninguna ventaja, incluso puede ser
una amenaza. En cambio, para otros, la s recompensas de segu ir creciendo exceden
los costes.
Figura II.13
Modelo de los determinantes del crecimiento empresarial
Crec im iento
real
Motivac i ón de
crec im iento
Oportun ida d
percibida
Neces ida d
percibida
Habilida d
percibida
Neces ida d
Oport uni dad
Habilida d
Fuente: Davids son, P. (1991): “Continued entreprene urship: ability, need, and opportunity as
determinants of small firm growth”. Journal of Business Venturing , vol. 6, num. 6, Figura 1, p.
407.
A pesar de los buenos resultados obten idos, aún existe una parte considerable
de la variación en el crecimiento r eal de la empresa que no está explicada por el
modelo. Esto, según Davidsson (1991), puede deberse a varios errores de medida,
C APÍTULO II
(160) Shaver, K.G. y Scott, L. R. (1991): op. cit., p. 39. Aunque esos autores se refieren a la creación de la empresa,
en nuestra opinión el mismo razonamiento es válido para la expansión de la misma.
130 E CONOMÍA A PLICADA I
ya que los i ndicadores utilizados para la s variables son susceptibles de mejora.
Además, el dinamismo o calidad empresarial puede manifestarse de distintas
formas, y no sólo a trav és del crecimiento en las ventas o en el número de
empleados. Así, el empresario puede lanzar otra nueva empresa, o puede
introducir productos o procesos que eleven la rentabilidad de la empresa actual,
o sus probabilidades de supervivencia. Por todo ello, ese autor apuesta por una
medida de l a calidad que recoja de forma sintética varias vertientes del
comportamiento empresarial. En este sentid o, el trabajo de Santos y Liñán (2002)
supone un intento en esa dirección, elabor ando un índice de calidad empresarial
a partir de los comportamientos dinamizadores definidos por Santos (2001).
El trabajo de Davidsson (1991), por tanto, supone un importante paso
adelante en el sentido de que establece una línea de trabajo para tratar de medir
los aspectos económicos y psicológicos de la activida d empresarial c onjuntamente.
Además, este model o considera la importa ncia de la motivación de crecimiento
del individuo. Si el empresario no desea que su empresa crezca, es muy poco
probable que eso ocurra (160) . Del mismo modo, se s eñala explícitamente que el
dinamismo empresarial no puede medirse solamente a través del crecimiento de
la empresa, sino que los comportamientos empresariales pueden ser muy variados,
y todos ellos deben ser tenidos en cuenta.
Por último, queremos considerar una aportación que profundiza en un
aspecto señalado por Cooper (1993). En este sen t ido, el trabajo de Ronstadt
(1986) investiga por qué determinados empresar ios finalizan su carrera empresarial
voluntariamente antes de la jubilación. Se trata de una cuestión importante, pues
la decisión de cerrar la empresa no sólo se debe al fracaso de la misma (no alcanza
unos niveles mínimos de rentabilidad), sino que pueden exist ir ot ras m otivaciones.
Su estudio podría permitir extraer c onclusiones que evitasen que ciertos
empresarios potencialmente de éxito abandonen su actividad.
Entre sus resultados, destaca que el mo tivo principal de abandono no fue el
cierre de las mismas, como se podría pensar, sino su venta o traspaso (un 46% de
los empresarios), mientras que otro 43% liquidó la empresa, aunque no se señala
si se debió a los malos resultados o a ot ros motivos. Otro resultado interesante es
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(161) Ronstadt, (1986): “Exit, stage left why entrepreneur s end their entrepreneurial ca reers before retirement”,
Journal of Business Venturing
, vol. 1, num. 3, pp. 323-338, p. 334.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 131
el relativo al motivo del abandono de la carrera empresarial. Ante la pregunta de
si ese motivo era financiero, personal/fa miliar o relativo al entorno/la empresa,
una cuarta parte (27%) indicaron que exclusivamente financiero. Sin embargo,
existe otra cuarta parte que no adujo motivos financieros (15% por motivos del
entorno y la empresa, y 11% por motivos personales y familiares) (161) . El resto
indicó una combinación de factores que in cluía el financiero. De esta forma, se
pone de manifiesto que una decisión tan importante como la de continuar siendo
empresario no depende sólo de la rentab ilidad percibida, sino que los elementos
personales, familiares, de la empresa y del entorno también intervienen en la
decisión. Además, cabe esperar que la falt a de rentabilidad sea, en cierto sentido,
consecuencia de la falta de atención y/o dedicación derivada de la existencia d e
otros problemas.
4.2.3. Esquema del proceso de dinamización empresarial
De forma análoga a como hicimos en el proceso de creación, vamos a tratar
ahora de resumir las aportaciones recogidas respecto a la dinamizaci ón
empresarial. Para ello, debemos comenz ar señalando que, en nuestra opinión, en
este epígrafe se ha puesto manifiesto que la calidad empresar ial es un concepto
muy comp lejo y de c arác ter multidimensional. Así, existen nume roso s tra bajo s que
miden de distintas maneras el mayo r o menor grado de dinamismo del
empresario. En este sentido, la definición de Santos (2001) resulta muy útil, al ir
más allá de la mera supervivencia y se r al mismo tiempo multidimensional. Del
mismo modo, esa definición introduce los fa ctores psicológicos en el análisis del
comportamiento empresarial del individ uo, al tomar en consideración las
motivaciones y el deseo de trabajar por cuenta propia.
Por otro lado, hemos tratado de most rar que la visión de proceso de la
actividad empresarial y el enfoque de las actitudes también son aplicables al
comportamiento del empresario después de la fase de creación de la empresa,
contribuyendo significativamente a explicar el nivel de calidad empresarial que
mostrará ese empresario. En particular, la intención de realizar los distintos
comportamientos dinamizadores constitu ye una condición necesaria para lograr
que la empresa se desarrolle . Por supuesto, la sola in tención no es suficiente. Esa
C APÍTULO II
132 E CONOMÍA A PLICADA I
intención debe traducirse en actos, los cuáles deben ser acordes a las
características de la oportunidad económica que se desea aprovechar, l as
características actuales de la empresa, y las circunstancias del entorno.
En este sentido, según el modelo de intencion es adop tado, esa decisión de
dinamizar la empresa dependerá de la de seabilidad y factibilidad percibidas hacia
los comportamientos dinamizadores. Es en este aspecto donde es necesario tener
en cuenta cuestiones que van más allá de lo puramente económico o financiero,
introduciéndose en las esferas personal y familiar del empresario. En efecto, según
las creencias que éste tenga acerca de las consecuencias de llevar a cabo esos
comportamientos, su atracción hacia los mismos variará en un se ntido más
favorable o menos. Al mismo tiempo, según la percepción sobre la dificultad de
realizar esos comportamientos de forma adecuada, la sensación de factibidad
también variará.
De esta forma, en la Figura II.14 tratamos de recoger esa visión del
dinamismo -o calidad- empresarial. Como se ve, se trata de un esquema que tiene
muchos puntos en común con el relativo al proceso de creación. Esto, desde
nuestra perspectiva, es muy lógico , pues se trata en ambos casos de
comportamientos voluntarios y conscientes del individuo, para los cuales resulta
fundamental el papel de las intenciones. En esencia, la deci sión de crear y la de
dinamizar son similares, en el senti do de que ambas requieren de una intención
favorable previa. La diferencia, no obstante, radica en el tipo de actitudes y
percepciones sobre factibilidad y deseabilid ad que son relevantes para determinar
esa intención. También, por supuesto, diferi rá en cuanto a las características de la
oportunidad, y las circunstancias del ento rno que posibilitan la realización de cada
comportamiento.
En este sentido, hemos denominado “Empresa de supervivencia” a la
situación exist ente ante s de poner en marc ha alguno de los comport amientos
dinamizadores. Esa denominación no debe entenderse en sentido negativo o
peyorativo, sino simplemente como reflejo de la ausencia de iniciativas de
desarrollo empresarial. A modo ilustrati vo, se puede pensar en la fase de
“supervivencia” descrita por Scott y Bru ce (1987). Las características concretas de
la empresa en ese momento dependerán, entr e otras cosas, de la propia fase previa
de creación de la empresa.
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 133
Figura II.14
Factores condicionantes del dinamismo empresarial
Op o rtuni dad
económic a
Des ar rollo
empresarial
Empr e s a de
su pe rvive n cia
En to r no
In ten cio n e s
De sea b il id ad
Facti b ilid ad
Comp ortamien tos
din amizad ores
Creaci ó n d e
la e m p re s a
Fuente: elaboración propia.
Por su parte, ese proceso de creación seguramente habrá afectado también a
las percepciones sobre el grado en que es factibl e o deseable desarrollar los
comportamientos dinamizadores. Por lo ta nto, aunque es posible que la intención
de crecer o innovar pueda ser previa a la propia creación de la empresa, parece
razonable suponer que esa intención se cons olidará o se debilitará en función de
las experiencias vividas durante la fase de creación. En particular, el efecto que el
desempeño de las distintas funciones o roles empresariales tengan sobre las
esferas personal y familiar del sujeto pueden afectar sust ancialmente a la
percepción de deseabilidad de la dinamización. La flecha punteada de color
naranja trata de reflejar esos efectos de retroalimentación.
De nuevo, como en relación al proceso de creación, la intención de desarrollar
la empresa constituiría un elemento cl ave necesario para llevar a cabo esos
comportamientos dinamizadores. No obstante, que sea realmente posible
ejecutarlos con éxito depende también de ot ras variables. En pr imer lugar, de la
verdadera capacidad del sujeto para realiz arlos, que no tiene por qué coincidir con
la autoeficacia percibida. En segundo lu gar , de las características previas de la
empresa, pues si presenta debilidades anteriores puede ser inviable el proyecto de
C APÍTULO II
134 E CONOMÍA A PLICADA I
dinamización. En tercer lugar, da las circunstancias del entorno y de la
oportunidad económica sobre la que se pretende desarrollar la empresa.
Es claro, según esto, que la existencia de una intención de desarrollar la
empresa puede no ser suficiente para que se realicen de forma efectiva y con éxito
esos comportamientos dinamizadores. No obstante, sin la intención de llevarlos
a cabo por parte del empresario, la empr esa no mostrará ningún dinamismo. En
este sentido, según el enfoque que hemos adoptado acerca de la empresarialidad,
creemos suficientemente acreditado que el empresario toma sus decisiones
empresariales considerando no sólo los aspectos profesionales de la misma, sino
también los personales, familiares y social es. Por tanto, esos otros aspectos deben
ser tenidos en cuenta a la hora de estudiar la realización de comportamientos
dinamizadores por el empresario.
5. El papel de la educación empresarial
En los epígrafes anteriores hemos puesto de manifiesto la complejidad
inherente al proceso empresarial, así como la necesidad de tomar en cuenta los
factores psicológicos. En este sentid o, a continuación señalamos algunas
consecuencias que esa conceptualización de la empres arial idad tendría de cara a
nuestro objetivo de diseñar un proyecto de educación empresarial que tome en
consideración esta visión.
En primer lugar, Harvey y Evans (1995) señalan la existencia de ciertas
situaciones -ventanas estratégicas- que s on más favorable para que el individuo se
incline por la opción empresarial. De esta forma, si el individuo está prepar ado
para aprovecharlas, es más probable que de ese paso. En función de ello, existiría
un papel para la educación empresarial en la medida que es posible preparar a los
potenciales empresarios para que aprovechen efectivamente las ventanas
estratégicas que se abran ante ellos. Este resultado es consistente con varios
estudios que señalan la importancia de la formación y la experiencia como
variables explicativas del comportamiento empr esarial, y en particular con el de
Cáceres (2002) que aboga por una formación específica para empresarios.
Sin embargo, esos autores también seña lan que las circunstancias en las que
se presentan oportunidades de negoci o compatibles con una de esas ventanas
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(162) Harvey, M. y Evans, R. (1995): op. cit., p. 339.
(163) Loucks, K.E. (1982): “Elaboration on education in en trepreneurship”, en Kent, C.A., Sexton, D.L. y Vesper,
K.H. (eds.):
Encyclopedia of entrepreneurship
. Prentice Hall, Englewo od Cliffs (NJ).
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 135
estratégicas dependen de cada individuo y de cada combinación de factores
concretos (162) . Por ello, no sería posible diseña r programas formativos estándar,
válidos para todas las situaci ones y todos los individuos, sino que es necesario
adaptar el proyecto formativo al tipo de participante y de entorno en el que vaya
a desarrollarse.
En un sentido parecido, y en relación a la visión de proceso de la actividad
empresarial, la educación empresarial debe tratar de actuar sobre los distintos
eslabones de ese proceso. Autores como Ronstadt (1990), Gibb (1987) o Plaschka
y Welsch (1990) abogan por diseña r programas formativos que recojan
explícitamente esa visión de proceso, y adapten sus contenidos a las distintas fases
del mismo. Así, es poco probable que las medidas que son efectivas para
promover la participación en la fase de creación de empresas, lo sean también para
promover la innovación o el crecimiento de las mismas. Por tanto, sería necesario
diseñar distintos contenid os para actuar sobre cada una de las fases del proceso
pues, como señalan Shaver y Scott (1991), el proceso de creación está jalonado de
muchas actividades distintas, y el lograr cada una de ellas debe considerarse como
un resultado en sí mismo.
En segundo lugar, y como consecuencia del modelo de intenciones adoptado,
la educación empresarial debe tratar de incidir sobre las percepciones del
individuo, intentando promover actitudes y valoraciones favorables hacia l os
comportamientos empresariales (163) . Seg ún Ajzen (1991), esas actitudes se
conforman a partir de una serie de “cr eencias prominentes” en relación a los
posibles resultados y consecuencias de llevar a cabo ese comportamiento, así
como l a valoración que el individuo hace de esos resultados. Por tanto, la
educación empresarial debería tratar de actuar sobre esas creencias, tratando de
transformarlas en un sentido más favorable.
No obstante, en nuestra opinión, exis te un peligro que hay que evitar. En
efecto, ese intento de que los par ticipantes en los programas formativos
desarro llen unas creencias más favorables a la actividad empresarial puede
traducirse en el intento de convencerle s de unos resultados que no son realistas.
C APÍTULO II
(164) Cooper, A.C. (1993): op. c it., p. 248.
(165) DeGeorge, J.M. y Fayolle, A. (2003): “Role of entrepre neurship teaching on some entrepreneurial intention
determinants: exploratory study”, c omunic ació n presen tada a IntEnt2003, Internationalizing Entrepreneurship
Education and Training, Greno ble (Francia), 8-10 septiembre, reali zan una primera contrastació n empírica
sobre la aplicabilidad del modelo de intenciones a la educac ión empresarial.
136 E CONOMÍA A PLICADA I
Esta medida sería contraproducente, pu es una intención empresarial basada en
percepciones distorsionadas, tendería a d ecaer a medida que se van realizando
comportamientos y se pone de manifiesto que la realidad es diferente, según Ajzen
(2002). Por tanto, es muy probable que lo s individuos abandonasen el proceso de
creación antes de culminarlo, o que pongan en marcha empresas que luego no
responderán a sus expectativas, por lo que acabarían decidiendo cerrarlas (164) .
En l o que se refiere a la organización temporal de la actividad educativa,
parece lóg ico incluir los aspectos relativos a las actitudes empresariales en las
primeras etapas del proceso. De esta forma, si se logra elevar la intención
empresarial de los participantes desde el principio, estarán más motivados de cara
al resto de la formación. En este sentid o, Shaver y Scott (1991) señalan cómo la
simple creencia por parte de los indi viduos de que poseían características
empresariales les indujo a mostrar una mayor creatividad y motivación de logro.
En consecuencia, si realmente se modifica n sus creencias y actitudes en un sentido
más empresarial, también debe mostrarse ese cambio en los participantes (165) .
En cuanto al contenido específico de la formación, Krueger (1993) señala la
importancia de que se centren los esfuerzos no sólo en elevar el grado de
deseabilidad de la actividad empresarial, sino también en elevar el nivel de
factibilidad. En este sentido, Krueger y Carsrud (1993) distinguen entre la
autoeficacia general, que equivaldría a la confianza en sí mismo, y las distintas
autoeficacias específicas para cada tarea o función a desarrollar . Puesto que las
actividades que deben llevarse a cabo varían según el tipo de empresa y la fase de
desarrollo de la misma, es importante que se promueva la autoeficacia para las
tareas concretas que el individuo debe desarrollar en su proyecto de empresa. Del
mismo modo, será probablemente más útil que se ponga más énfasis en las que
debe desarrollar en primer lu gar, relegando la actuación sobre la autoeficacia para
las tareas posteriores hasta que haya alcanz ado un suficiente nivel en las anteriores.
Por su parte, Davidsson y Honig (2003) encuentran que el tipo de factores
que influyen sobre el pr oceso empresarial se hace cada vez más específico a
A NÁLISIS DEL P ROCESO E MPRESARIAL
(166) Davidsson, P. y Honig, B. (2003): “The role of social and human capital among nascent entrepreneurs”,
Journal of Business Venturing
, vol. 18, num. 3, pp. 301-331, p. 324.
(167) Davidsson, P. y Honig, B. (2003): ibídem, pp. 322 y 323.
(168) Véase Reynolds, P.D. (1997): op. c i t.
(169) Véase Dyer, G. (1994): op. cit., Davidsson, P. (1990): op. cit., o también Shaver, K.G. y Scott, L.R. (1991):
op. cit.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 137
medida que el individuo va realizando sucesivas tareas y avanzando hacia la
creación efectiva de la empresa. En partic ular, el énfasis va cambiando desde los
aspectos más estáticos hacia los más dinámicos y relacion ados con el proyecto
específico que se esté tratando de poner en marcha (166) . Por ello, esos autores
señalan la importancia de incluir aspecto s relativos a la construcción de redes de
contacto privadas en el contenido de la formación. Según parece, el contacto con
agencias públicas de apoyo no supone un factor decisivo, sino que es la propia
cons trucción por el sujeto de su red de contactos lo que contribuyen
significativamente a facilitar el éxito en ese proceso empresarial.
El estudio de esos autores también sirv e para poner de manifiesto la necesidad
de diseñar una actividad formativa que in cluya de forma diferenciada contenidos
dirigidos a cada una de las fases de ese proceso empresarial (167) . Así, puesto que las
varia bles más decisivas sobre el potencial empresarial son distintas a las que
afectan a la fase de creación, y éstas a su vez diferentes de las que influyen sobre
el dinamismo, habrá que incluir contenid os específicos para cada fase. De esta
forma, en la fase de creación, uno de los factores que más directamente influye en
los empresarios nacientes es el hecho de ser ya autoempleado, o haberlo sido con
anterioridad (168) . Por lo tanto, puede ser muy interesante adaptar los contenidos en
función de que los participantes tengan experiencia empresarial anterior o no.
Por otra parte, la actividad empresar ial tiene consecuencias que afectan a más
campos que al exclusivamente profesiona l. Así, las decisiones empresariales se
toman considerando todo el conjunto de consecuencias , tanto profesionales como
personales, familiares o sociales (169) . De esta forma, es necesario distinguir
claramente entre los obj etivos, metas y resultados personales, de un lado, y los
profesionales o empresariales, del otro. En nuestra opinión, la educación
empresarial debe ocuparse sobre todo de los primeros. En lo que se refiere a los
segundos, el énfasis debe ponerse en la forma que los resultados de la empresa
dependen de los objetivos personales del sujeto, pero teniendo en cuenta que esta
C APÍTULO IV
(348) Gibb, A.A. (1993): op. cit. : p. 32.
240 E CONOMÍA A PLICADA I
instituciones educativas. En particular, señala tres elementos fundamentales para
poner en práctica un modelo de educac ión empresarial que sea realmente efectivo
en el estímulo de los comportamientos, habilidades y atributos empresariales en
los estudiantes: a) incorporar l as esencias de la empresa en la clase (control por
parte de los alumnos, flexibilidad, liberta d, responsabilidad), aunque siempre con
unos objetivos didácticos claros; b) utilizar una estructura de gestión de proyectos
que incorpore la incertidumbre; y c) un modo “empresarial” de enseñanza. Para
la introducción de esos tres elemento s, no obstante, el papel del docente es
fundamental.
Sin embargo, para poder llevarlo a cabo es necesario que en la fase de diseño
del programa formativo se tengan en cuenta estos aspectos. Por lo tanto, de nuevo
debemos señalar que no es una cuestión que dependa exclusivamente del
profesor, sino que debe participar toda la institución docente. Según ese autor, «el
verdadero desafío del modelo para las escuelas de negocio, así como para las
escuelas de primaria y secundaria, es crea r un entorno empresarial, un enfoque del
aprendizaje basado en la gestión de pr oyectos bajo condiciones de incertidumbre,
y emplear un pr ofesorado con orientac ión hacia, y capacidad para, modos
empresariales de enseñanza» (348) .
En esta misma línea se manifiesta Hisrich (1992), que se refiere
específicamente a las ins tituciones universitarias y de educación superior,
señalando que las mismas -si quieren que la educación empresarial tenga un papel
más determinante- deben hacerse mucho más innovadoras internamente. Deben
acercarse más al mundo de la empresa y fo mentar la investigación y la enseñanza
interna interdisciplinar. Las actuales barreras exis tentes entre las diferentes
disciplinas y cursos suponen unos obstáculo s muy significativos para la creación
de un clima que estimule la creatividad, la innovación, y la actividad empresarial.
Del mismo modo, sería necesario desa rrollar más y mejores lazos entre las
universidades y las empresas, tanto las más emprendedoras como las más
convencionales.
Ese autor concluye preguntándose si pu ede lograrse desarrollar un programa
de educación empresarial de calidad en un as instituciones tradicionales como son
las universidades, dadas las normas y los procesos de toma de decisión que las
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(349) Hisrich, R.D. (1992): “Toward an organiz ation model for entrepreneurship education”, comunicac i ón
presentada a IntEnt92, Internationalizing Entreprene urship Educatio n and Trai ning Conference, Dortmund
(Alemania), 23-26 junio.
(350) Solomon, G.T., Duffy, S. y Tarabishy, A. (2002): “T he state of entrepreneurship education in the United
States: a natio nwide survey an anlysis ”,
International Journal of En trepreneurship Education
, vol. 1, num. 1,
pp. 1-22, p. 2.
(351) Finkle, T.A. y Deeds, D. (2001): “Trends in the market for entreprene urship faculty, 1989-1998”,
Journal
of Business Venturing
, vol. 16, num. 6, pp. 613-630.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 241
caracterizan. Sin duda, si esto ocurriera, se trataría de un situación inusual. En
nuestra opinión, aunque el autor se refiere al nivel universitario, sus reflexiones
pueden servir para describir las características que debe tener cualquier institución
que quiera impartir educación empresarial (349) .
Ahora bien, cuando estudiamos la s características de la institución que
organiza e imparte la educación empresarial, nos encontramos que éstas son muy
diversas. No obstante, revisando la li teratura existente podemos observar que la
mayoría de las referencias corresponden a programas puestos en marcha por las
universidades o centros de educación super ior. En este sentido, en la actualidad
existen más de mil quinientos centros universitarios por todo el mundo que
ofrecen algún tipo de curso o prog rama de educación empresarial (350) .
Posiblemente este desarrollo se pueda explicar por la tradicional autonomía
universitaria, que habría permitido la or ganización y puesta en marcha de estos
cursos sin alterar sustancialmente la propia estructura y funcionamiento de la
entidad.
En estos casos, los motivos que explican este desarrollo son de dos clases. En
primer lugar, la creciente demanda de este tipo de cursos por parte de los
alumnos. En efecto, como señalan, Finkle y Deeds (2001), la popularidad de los
cursos sobre empresarialidad se ha incrementado sustancialmente entre los
estudiantes tanto de grado como de postgrado, con los consiguientes aumentos
en la matriculación . En segundo lugar, y muy relacionado con lo anterior, la
creciente “presión” proveniente de al me nos una parte de la sociedad, a medida
que el papel del empresario ha adquirido una creciente relevancia, para que se
desarrolle este tipo de formación. De h echo, son en muchos casos los antiguos
alumnos u otros agentes y patrocinadores importantes de las universidades los que
han demandado -e incluso financiado, en muchas ocasiones- la creación y el
desarrollo de programas de educación empresarial (351) .
C APÍTULO IV
(352) Plaschka, G.R. y Welsc h, H.P. (1990): op. cit., p.60-61.
(353) Plaschka, G.R. y Welsc h, H.P. (1990): ibídem, p.63.
242 E CONOMÍA A PLICADA I
En este sen tido, Finkle y Deeds (2001 ) también señalan que, a pesar de su
mayor popularidad, ha habido una consider able resistencia por parte de la propia
comunidad universitaria a la expansión de este tipo de programas. Según ellos, los
profesores que no pertenecen específica mente a esa di sciplina han sido muy
escépticos -y todavía lo son en gran medi da- sobre la validez de la empresarialidad
como disciplina académica, sobre la calidad y el rigor de la investigación en la
misma, y sobre la necesidad de contratar personal para investigar y enseñar en ese
área. Así, según Plaschka y Welsch (1990), «para los analistas puros, enseñar sobre
visión y creatividad parecía equivocado, de segunda clase, anti intelectual -
precisamente lo que una adecuada educac ión debía pretender reemplazar-. Estos
analistas generalmente no pueden soportar los difíciles procesos mentales
intuit ivos, frecuentemente no racionales, que son característicos de los estilos
exploratorios, y comparten un desden por los exploradores y por sus insólitos
estilos cognitivos» (352) .
Pod emos decir, por tanto, que esa re sistencia hacia el establecimiento y
consolidación de la disciplina de la em presari alidad en las universidades, y por
consiguiente, de la educación empresaria l, estaría obstaculizando su desarrollo de
varias formas:
C En primer lugar, es evidente que donde este sentimiento sea muy fuerte, la
universidad sencillamente no aprobará la implantación de programas de este
tipo, por lo que las únicas iniciati vas tendrán que desarrollarse de forma
indi vidual por los profesores interesados mediante acti vidades
extracurriculares o -a lo sumo- asignaturas optativas o curriculares.
C Pero incluso si, cediendo a la presión de sde el exterior, se lleg a a aprobar la
implantación de un programa de este tipo, pueden seguir existiendo
problemas. Así, es posible que no se otorguen los medios necesarios para el
desarrollo de la educación empresarial, por lo que se desarrollará un curso de
forma aislada, y se ofertará dentro de una titulación convencio nal de
administración y dirección de empresas. Es decir, lo que se ha llamado un
“curso aislado sin apoyo” o, a lo sumo, una “recopi lación de cursos
inconexos” (353) .
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(354) McMullan, W.E. y Long, W.A. (1987): op. cit., p. 273.
(355) Birley, S. y Gibb, A.A. (1984): op. cit.
(356) Véase, por ejemplo, Gibb, A.A. (2000): “SME policy, academic research and the growth of ignor ance”,
International Small Business Journal
, vol. 18, num. 3, pp. 13-35; Whitley, T. (1995): “Enterprise in Higher
Education - an overview from the depa rtment for education and employment”,
Education and Traini ng
, vol.
37, num. 9, pp. 4-8; o Fletcher, M . y Rosa, P. (1998) : “The Graduate Enteprrise Programme: ten years on”,
en Scott, M.G., Ros a, P. y Klandt, H. (Eds.):
Educating entrepreneurs for wealth creation
, Ashgate,
Aldershot.
(357) Para un análisis del caso escocés, puede verse Danson, M. W. (1995): “New firm formation and regional
economic development: an introduction an d review of the Sco ttish experience”,
Small Business Economics
,
vol. 7, num. 2, pp. 81-87; y también Sc ott, M.G. (1998): “Case study: Scotland’s business bir th rate;
research, pol icy and act ion”, en Scot t, M.G., Rosa, P. y Klandt, H. (eds.):
Educating entrepreneurs for wealth
creation
, Ashgate, Aldershot.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 243
C Por último, puede también ocurrir que el profesorado de esta disciplina, en su
afán de obtener el reconocimiento de sus colegas, tienda a la formalización y
objetivación del contenido de sus clases, perdiendo parte del enfoque
pedagógico alternativo que debe acompañar a este tipo de formación (354) .
En cualquier caso, al margen de la uni versidad, también existen otras
entidades que han apostado por la educ ación empresarial de una u otra forma,
aunque los ejemplos son mucho me nos numerosos. En particular, es
relativamente frecuente que las administraciones con competencias en materia de
lucha contra el desempleo utilicen la formación empresarial como instrumento
para ayudar a personas sin empleo. Un ejemplo característico es el de la
Manpower Service Comission, en el Reino U n i d o , q u e p u s o e n m a r c h a n u m e r o s o s
programas en los años ochenta para la pr omoción de la actividad empresarial y el
autoempleo entre los desempleados (355) . Muchos de esos programas han
continuado en funcionamiento durante lo s noventa y hasta la actualidad, aunque
con algunas modificaciones (356) . En el caso de los Estados Unidos, también existen
varias inici ativa s en e se se ntido . Singer (1999) , por e jemp lo, de scribe en de talle
uno de esos programas para desempleados llevado a cabo en Massachusetts.
Por otro lado, y a partir de las teorías sobre el desarrollo endógeno, también
las agencias de desarrollo local o regiona l han tratado de promover el surgimiento
de nuevos empresarios locales mediante la formación empresarial. Quizá el caso
más par adigm ático sea el de Escocia, donde la Scottish Enterprise actúa desde
hace varios años promoviendo la empresarialidad entre su s habitantes (357) .
Curiosamente, algunos de los proyectos má s antiguos en este sentido provienen
C APÍTULO IV
(358) Loucks, K. (1988): op. c i t., describe nueve programas de educac ión empresarial, de los que siete desar rollan
sus actividades en países en desar rollo . Las instituciones promotoras de los mismos incluyen departa mentos
ministeriales , agencias extranjeras o fundaciones.
(359) Brockhaus, R.H. (1991): op. cit., p.80. También M cMullan, W.E. y Long W.A. (1987): op. cit., p. 273,
referido a las disputas políticas de ntro de la uni versidad, que llegan a hacer fracasar algu nos programas.
(360) Finkle, T.A. y Deeds, D. (2001): op. cit., p. 629.
244 E CONOMÍA A PLICADA I
de los países en desarrollo, donde -des de l os años setenta- se han desarrollado
impor tantes iniciativas de este tipo (Loucks, 1988). Algunas de estas han sido
promovidas por instituciones públicas de esos países, aunque en otras ocasiones
provienen de fundaciones u organizaciones no gubernamentales (358) .
En todo caso, las iniciativas que se de sarrollan al margen del sistema educativo
se enfrentan a un problema importante en cuanto a su duración y consolidación.
En efecto, puesto que la entidad que la promueve no es una institución educativa,
y su finalidad principal es otra -el desarrollo regional, la lucha contra el desempleo,
la mejora de las condiciones de vida l o cales, etc.-, el proyecto formativo sólo se
mantiene en tanto que existe presupuesto suficiente, y mientras se considera que
contribuye al objetivo principal de la enti dad con un nivel de prioridad suficiente.
En particular, si son las administracione s públicas, especialmente las regionales y
locales las que financian el proyecto, un cambio de gobierno en las mismas puede
frecuentemente comportar el fin de un prog rama de educación empresarial.
Además, su organización suele ser muy burocrática y carecer de s uficiente
credibilidad, por lo que le resulta difícil atraer y mantener a personal
cualificado (359) .
En nuestra opinión, parecer obvio que la labor del docente re sulta esencial
para que un proyecto de educación empresarial sea realm e nte efectivo. Sin
embargo, para que el profesorado pueda llevar a cabo su labor adecuadamente
requiere de una infraest ructura y un apoyo institucional muy importante, por lo
que debe encontrarse dentro de una inst itución que comprenda la importancia de
este tipo de formación y se comprometa a impulsarla convenientemente (360) . En
especial, ese apoyo es fundamental en actividades como el dar a conocer el
proyecto, el proceso de selección de los participantes o los contactos con el
mundo empresarial local, entre otros.
Además, debido a las peculiaridades propi as de la educación empresarial, el
profesorado debe reunir una serie de características específicas. Así, es
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(361) «Se trataba de personas que habían perdido sus empl eos y est aban explorando alternativas. En ese momento
ninguno de nosotros se dio cuen ta de cuán importante iba a ser este factor en la evolución del programa
formativo». Singer, V. (1999): op. c it., p. 57.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 245
imprescindible que cuente con un conocimiento directo de la actividad
empr esarial, preferentemente por haber sido empresario previamente. Por otra
parte, debe contar con una formación pedagógica sólida y/o una alta dosis de
iniciativa, para poder implantar sistemas de enseñanza que introduzcan “las
esencias de la empresa” en el aula.
1.3. Participantes
Si la educación empresarial pretende la transmisión de determinadas actitudes
e intenciones a los alumnos participantes, e incluso la realización por éstos de
ciertos comportamientos, debe ser muy importante tener en cuenta la situación
de partida de esos alumnos. Así pues, lo s participantes en la acción formativa se
constituyen en el tercer elem ento a tener en cuenta en la educación empresarial.
En este sentido, McMullan y Long (198 7) señalan que las características de l a
acción formativa deben ser diferentes se gún el tipo de alumno participante y, por
tanto, los procesos de selección han de ser muy cuidadosos. Del mismo modo se
manifestaba, según vimos, Brockhaus (1992).
En este sentido, para Plaschka y Wel sch (1990) el tipo de necesidades
formativas de los individuos variará en función de la fase de desarrollo en la que
se encuentre el proyecto, y de las opcione s de carrera profesional cons ideradas.
Así, el diseño de los programas de educ ación empresarial debe proporcionar tanto
estructuras alternativas como mecanismos de aprendizaje muy variados para
atender a las cambiantes necesidades de los participantes a medida que éstos
avanzan. De esta forma, no es posible diseñar un programa formativo válido para
todas las circunstancias, sino que hay que partir de las limitaciones impuestas por
los objetivos que se persigan y la población a la que se atiende.
En esta misma linea se manifiesta Singe r (1999) cuando describe la forma en
que se desarrolló el contenido de un determinado proyecto. En particular, el no
haber tenido en cuenta específicamente la circunstancia de que los participantes
eran desempleados puso en dificultades el éxito del proyecto (361) . Así, por ejemplo,
entre las conclusiones de su trabajo, ap un ta la necesidad de no conformarse
C APÍTULO IV
(362) Singer, V. (1999): ibídem, p. 93.
(363) Gibb, A.A. (1987): op. c i t., p. 29.
(364) En este sentido, Singer, V. (1999): op. cit., p. 100, señala que la mayoría de lo s participantes esperan que se
ponga el énfasis en la transmisión de cono cimientos co ncretos e informaci ón técnica, en un entorno de clases
pasivas. Por su parte, Loucks, K. (1988): op. c it., p. 79., señala que puede suponer un esfuerzo c o nsiderable
para los participante s adaptarse a una metodolo gía centrada en el estudi ante.
(365) Ulrich, T.A. y Cole, G.S. (1987): op. cit., p. 37.
246 E CONOMÍA A PLICADA I
solamente con proporcionar acceso a la in formación técnica sobre la creación de
empresas y la gestión. En los progra ma s para desempleados debe considerarse
también el apoyo media nte programas de desarrollo y crecimiento personales
adaptados a las circunstancias específicas en las que se encuentran estos
individuos (362) .
Una distinción muy importante que debe hacerse es la referida a si el
programa de educación empresarial se desarrolla dentro del sistema educativo
general, o fuera del mismo. En el primer caso, al menos en los niveles primario
y secundario, la participación en los mismos será probablemente obligatoria, por
lo que todos los alumnos de ese centro deben tomar parte en el programa. En
estos casos, existe un mayor potencial para que se produzca n efectos duraderos
en el conjun to de los participantes, en el sentido de elevar la valoración de la
actividad empres arial entre la población, o de difundir las actitudes y valores
empresariales, en la l ínea de lo propu esto por Gibb (1993). Sin embargo, esto
supone enfrentarnos probablemente con mayores dificultades en relación al
profesorado. En efecto, cabe suponer que éste no será especialista en la materia
ni tendrá experiencia empresarial (363)
Por otro lado, en segundo lugar, el interés de los estud iantes puede ser
relativamente reducido, e incluso pueden mostrar rechazo a esos programas. En
concreto, los alumnos dentro del sistem a educativo suelen estar muy preocupados
por la evaluación de su aprendizaje, a fi n de seguir avanzando dentro del mismo,
por lo que un nuevo método docente -basado en una metodología pedagógica
centrada en el estudiante, activa y partic ipativa- puede ocasionar una considerable
inquietud (364) . Del mismo modo, también se puede producir un elevado grado de
incert idumbre en cuanto al método de evaluación de los conocimient os adquiridos
con el curso (365) , que haría que los alumnos se enfrenten más bien con temor que
con ilusión al contenido del mismo.
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(366) Clark, B.W., Davis, C. H. y Harnish, V.C. (1984): “Do courses in entrepreneurship aid in new venture
creation?”,
Journal of Small Business Management
, vol. 22, num. 2, p. 29.
(367) Gibb, A.A. (1987): op. c i t., p. 27.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 247
En sentido inverso, los programas en los que la participación de los alumnos
es voluntaria cuentan con un aspecto muy destacado a su favor, ya que suele
existir una alta motivación por parte de los mismos. Así, el simple hecho de
inscribirse en el curso demostraría una predisposición favorable hacia la
empresarialidad (366) . Este circunstancia suele darse en los proyectos que se sitúan
al margen del sistema educativo, por ejemplo en la formación para desempleados
con alta cualificación (Guedalla et al. 2001) , para ejecutivos de empresas en las que
se fomenta la intrapresarialidad o “intra preneurship” (Kuratko et al., 2001), para
desempleados sin cualificar (Loucks, 1 988), o para profesionales independientes
(Nieuwenhuizen y van Neikerk, 1997). No obstante, también es frecuente en el
nivel universitario, en donde se suele ofrecer el programa de educación
empresarial como una opción más dentr o de las varias alternativas existentes
(Vesper y Gartner, 1999).
En cualquier caso, los programas en los que la participación es voluntaria
suelen poner un mayor énfasis en la cr eación efectiva de nuevas empresas por
parte de los alumnos participantes. De es ta forma, estarían más relacionados con
lo que hemos denominado educación para la creación de empresas. Así, en este
tipo de programas los alumnos ya poseería n de antemano la suficiente motivación
y potencial para lograr que su idea sea llevada a la práctica y se convierta en un
negocio rentable (367)
No obstante, para lograr un mayor gr ado de efectividad en los resultados de
la formación -ya lo midamos en términos de empresas creadas, mediante la
satisfacción de los alumnos, por su mayor conocimiento de la opción empresarial
o intención de crearla, o por cualquier otro criterio-, es necesario realizar una
cuidadosa selección de los participantes. En efecto, son varios los autores que
insisten en la importancia de ese aspecto. Así, por ejemplo, Loucks (1988)
considera que la identificación, inscripción y selección de los participantes
constituye una parte integrante de los pr ogramas de educación empresarial. Para
ese autor, el proces o de selección puede suponer una forma de ‘ajuste fino’,
comenzando por iniciativas para incremen tar la conciencia del conjunto de la
población sobre el papel del empresario, y realizando sucesivas combinaciones de
C APÍTULO IV
(368) Gibb, A.A. (1987): op. c i t., p. 26.
248 E CONOMÍA A PLICADA I
formación/sensibilización con selección. De esta forma se lograría escoger a
aquellos participantes más interesados y con mayores probabilidades de
aprovechamiento de entre un conjunto muy amplio de la población.
En particular, es fundamental que las expectativas de los alumnos coincidan
con los contenidos y objetivos de la formación, pues de lo contrario se puede
producir una decepció n que lleve a la pérdida de interés por la actividad. Como
afirma Gibb (1987) refiriéndose a los cursos para la creación de empresas, aquellos
que asisten a estos programas no lo hacen habitualmente porque quieran logr ar
adquirir un determinado conocimiento más o menos teórico, sino porque desean
poner en prácti ca un cierto tipo de comport amiento con éxito. El cont enido
formativo debe adaptarse a esas metas de los participantes.
Seg ún Gib b (1987), hay que tener siempr e en cuenta cuál es el objetivo que
se persigue con esa formación empresarial, y que el contenido de la misma es sólo
el medio para alcanzar esa meta. P ara lograrlo, el diseño debe adaptarse no sólo
a los resultados esperados, sino también, de forma muy importante, a la capacidad
de las personas que toman parte en el programa. Del mismo modo se manifiesta
Fili on (1994). Lamentablemente, la evid encia sugiere que los participantes se
encuentran frecuentemente con enfoques convencionales sobre marketing,
finanzas, gestión de la producción, pers onal, etc., basados en una versión rebajada
de lo que se enseña a los gestores o, pe or aún, a los estudiantes o a los ejecutivos
de grandes compañías (368) . Filion (1994), por tanto, c onsidera que un sólo tipo de
programa formativo, o un método de selección único, resulta claramente
inapropiado cuando consideramos la gran diversidad existente entre los distintos
segmentos que componen el conjunto de la población potencialmente usuaria de
estos programas.
En definitiva, se puede afirmar que -u na vez establecidos los objetivos de la
formación- las características de los part icipantes condicionarán en gran medida
no sólo el contenido del programa formativo que se desee establecer, sino
también la selección del profesorado, el nivel de profundidad de los contenidos,
etc. Como señalan Sexton y Upton (1987), un modelo de educación empresarial
debe adaptarse a las circunstancias de los participantes , pues «requiere que el
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(369) Sexton, D.L. y Upton, N .B. (1987): op. cit., p. 36.
(370) McMullan, W.E. y Gillin, L.M. (1998): op. cit, p. 279.
(371) McMullan, W.E. y Long, W.A. (1987): op. cit., pp. 268-269.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 249
instructor desarrolle unos objetivos basados en las características que los
estudiantes presentan antes de la instrucción» (369) .
En particular, des de nuestra perspectiva, si los alumnos participantes se
caracterizan por una reducida intención empresarial, será necesario diseñar un a
actividad formativa acorde con esa circunst ancia. Así, es posible que se requiera
un proceso formativo más largo, en el que se comience sensibilizando hacia la
actividad empresarial -con elevación del c onocimiento, la deseabilidad y en parte
la fact ibilidad-. Post eriormen te, cua ndo ya exista u na predis posición más
favorable, cabría introducir formación específica para la creación y/o contenidos
tendentes a elevar la intención de dinamización empresarial.
1.4. Infraestructuras de apoyo
En este aspecto, McMullan y Gillin (1998) hacen referencia a una necesidad
que es específica de este tipo de form ación, al meno s de la que tiene como
objetivo la creación de nuevas iniciativas empresar iales, y su eventual
dinamización . En efecto, mientras que otros tipos de formación se limitan a
transmitir al alumno determinados conocimientos, en el caso de la educación
empresarial se pretende que el alumno ponga en marcha una empresa que sea
capaz de sobrevivir y crecer. Por tanto, in cluso si tenemos éxito en motivar a los
participantes y transmitirles las habilidades y intenciones empresariales, habrá que
complementar esa formación con los inst rumentos que posibiliten (o al menos
faciliten) que el alumno lleve a la prá ctica efectivamente su proyecto empresarial.
En este sentido, McMullan y Lo ng (1 987) identificaban cinco tipos de
recursos específicos que ayudan a lograr ese objetivo. En algunos casos, se puede
acceder a esos recursos a través de la red de contactos de los profesores (370) . De
esta forma, la importancia de que ésto s tengan experiencia empresarial queda de
nuevo puesta de manifiesto. En todo caso , se trata de recursos que son costosos
tanto en dinero como en tiempo, y que frecuentemente requieren la participación
de personal especializado (371) :
C APÍTULO IV
(380) Kent, C.A. (1990c): ibídem, p. 193.
(381) Kourilsky, M.L. (1990): op. cit., p. 146.
256 E CONOMÍA A PLICADA I
una iniciativa de sensibilización, más a llá de la mera mención acerca de la
necesidad de tenerlas en cuenta. Por su par te, las habilidades de gestión son
necesarias para toda actividad empresarial, por lo que debería n incluirse
necesariamente en la educación secundaria. En tercer lugar, las habilidades
sociales, para ese autor, debieran centrar se en la capacidad de comunicación y de
comprensión de la postura de los demás, especialmente la de los empleados. Por
último, en relación a los aspectos psicológicos, sería útil dar a conocer algunos
rasgos asociados con la empresarialidad, y el papel tan relevante que juega la
autoeficacia en el desarrollo de esas habilidades empresariales (380) .
Por su parte, según el modelo de ed ucación permanente de Ashmore (1990),
el factor decisivo para determinar si un programa de creación de empresas es de
sensibilización o no sería la existencia de una experiencia previa y/o una
formación específica por parte del sujeto, de forma que la participación en esa
iniciativa le lleve de form a más o menos directa a la pu esta en marcha del negocio.
De esta forma, todos los contenidos se ñalados por Kent (1990c) cabrían en una
iniciativa de sensibilización. Incluso podrí a tener cabida en el mismo la formación
sobre habilidades técnicas, si el proyecto de educación empresarial se imparte
dentro de la formación profesional.
Kourilsky (1990) describe algunas iniciativas concretas que se han puesto en
marcha en el sistema educativo estadounid ense para promover la empresarialidad,
tanto en la educación secundaria (REA L enterprises o Junior Achivement) como
en la primaria (Mini-society). En todos los casos, se realizan simulaciones en clase
sobre el funcionamiento de la empresa. En la enseñanza secundaria incluso se
llegan a crear empresas reales que operan durante el periodo lectivo (381) . Mientras,
el programa Mini- society simula toda la organización de una sociedad en la que
se introduce el dinero y la economía de merc ado. A partir de ahí, toda la evolución
del sistema depende de los alumnos, queda ndo el papel del profesor limitado a
guiar las sesiones de recapitulación en las que se ponen de manifiesto los
conocimientos relacionados con cada situación vivida.
Por su parte, Filion (1995) describe un proyecto de programa de educación
empresarial de una universidad canadiense, y que se divide en tres fases, según se
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(382) Filion, L.J. (1995): op. c it, p. 9.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 257
puede ver en la Tabla IV.1. En ese pr ograma exis te una serie de cursos que
imparten lo que ese autor denomina f undamentos de la empresarialidad. Sobre
esos cursos básicos se añadirían una serie de opciones qu e permiten al alumno
profundizar en determinados aspectos relativos a las formas que puede adoptar
la empresari alidad, o a diversas áreas funcionales de gestión específicamente
adaptadas a la situación en las pequeñas empresas.
Tabla IV.1
Programa de educación empresarial
Fundamentos
Empresarialidad Opciones
Empresarialidad Opciones
Gestión de Pequeñas Empresas
Conocimiento empresarial
Progreso empresarial
Competencias
empresariales
Tutoría
Estrategia
Creación de nuevas
empresas
Gestión de empresas
familiares
Asociación
Autoempleo
La empresa en casa
Empresarialidad interna
Gestión de pymes
Marketing para pymes
Financiación de la pyme
Gestión de operaciones en la pyme
Sistemas de información en la pyme
Contabilidad para pymes
Exportación en la pyme
Entorno de la pyme
Globalización y la pyme
Gestión de RRHH en la pyme
Fuente: Filion, L.J. (1995): “Entrepreneurship and management: differing but complementary
processes”, Cahier de Recherche 95-01, CETAI , HEC Montreal, Apéndice 1, p. 8.
Los fundamentos de la empr esarialidad, por tanto, incluyen el más
convencional curs o de creación de empresas, pero éste representa sólo una
pequeña parte del programa. En particul ar, en este primer apartado centraremos
nuestra atención en aspectos como el co nocimiento empresarial, el progreso
empresarial, o las competencias del empr esario, l os cuales reciben una atención
importante por parte de Filio n (1995 ). El primero de esos cursos está dirigido a
personas que no saben si van a ser empresarios en el futuro, a los cuáles les ofrece
una introducción y una toma de conciencia sobre la actividad empresarial. Entre
los contenidos de ese curso se incluirían los siguientes aspectos (382) :
C ¿Qué es la actividad empresarial?
C Papel del empresario en el desarrollo económico
C Características de los empresarios
C Aptitudes y competencias del empresario (liderazgo, negociación,
imaginación)
C APÍTULO IV
(383) En particular, en las suces ivas e dici one s de IntE nt In ternationalizing Entrepreneurship Education and Training
Conference suelen presentars e muchos de estos trabajos.
(384) Vesper, K.H. y Gartner, W.B. (1999): op. cit., pp. 247-248.
258 E CONOMÍA A PLICADA I
C Encuentros con distintos tipos de empresarios.
Por su parte, aunque el resto de cursos de fundamentos de la empresarialidad
en ese programa están orientado s a aque llos que ya tienen una idea de negocio,
algunos de sus contenidos pueden ser muy útiles para la sensibilización. Así, el
relativo al progreso empresarial intenta tr ansmitir la forma de pensar y de actuar
de los empresarios. Mientras, el curso s obre las competencias del empresario trata
de identificar cuáles son las aptitudes relacionadas con la actividad empresarial.
Esos contenidos tienen, según se ve , una importante similitud con las que
propone Kent (1990c), especialmente con los refe ridos a la sensibilización. No
obstante, los aspectos relativos a la gestión, al tratarse de un programa a nivel
universitario, no son incluidos por Filion (1 995) en la fase de fundamentos de la
empresarialidad -que sin duda incluye un importante componente de
sensibilización-. En ese programa, tales aspectos son tratados específicamente en
cursos optativos posteriores.
En esta línea, a nivel univ ersitario existen numerosos centros que ofrecen
educación empresarial en los estudios de grado. Los casos más sofisticados
consisten en programas con varios cursos , prácticas, etc. Una recopilación de los
mismos puede encontrarse en Vesper y Gartner (1999), si bien la oferta no se
limita a esos centros. Las comunicaciones presentadas en los distintos congresos
existentes sobre educación empresarial o sobre empresarialidad recogen otros
muchos casos (383) .
Un ejemplo muy interesante es el de Vä xjö University, en Suecia, que ofrece
un año de especialización en empresaria lidad a los alumnos de grado de ciencias
empresariales. Además de ese año final de especialización, todos los alumnos de
esa titulación han de cursar en el prim er año de estudios un curso obligatorio
sobre creación de empresas. La novedad más interesante del mismo es que los
alumnos -en grupos de tres- han de ayudar a un empresario naciente real a la
puesta en marcha de su proyecto (384) . Por su parte, aquellos que elijan la
especialización en empresarialidad también realizan unas prácticas en pequeñas
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(385) Johannisson, B. (1991): “University training for entrepreneurship: Swedish approa ches”,
Entrepreneurship
and Regional Development
, vol. 3, num. 1, pp. 67-82, p. 75.
(386) Véase Kaltenborn, O. (1998): “Entrepreneur-Service (E S) - a national project for improved local service to
entrepreneurs”, en Scot t, M.G., Rosa, P., y Klandt, H. (Eds.):
Educating Entrepreneurs for wealth cr eation
,
Ashgate, Aldershot.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 259
empresas que se prolongan durante dos o tr es días a la semana a lo largo de todo
el curso, de forma que combinan el ap rendizaje teórico en la clase con la
aplicación práctica en la empresa (385) . De esta forma, este programa combina las
dos dimensiones identificadas por Kent (1990c) y, aunque aparece recogido como
un proyecto de sensibilización, al impartir se en los estudios de grado, contiene
elementos muy interesantes de cara a la formación para la creación de empresas,
como veremos en el siguiente apartado.
Fuera del sistema educativo, cuando se trata de poner en marcha programas
específicamente centrados en la crea ción de empresas, también puede ser
conveniente una primera fase de sensibiliz ación para permitir a los participantes
conocer en qué consiste la actividad empresarial. En términos de la visión
adoptada en el Capítulo II, se trataría de que los parti cipantes tengan unas
creencias realistas sobre la actividad empr esarial, en base a las cuales formar sus
actitudes e intenciones.
En este sentido, el proyecto Entr epreneur-Sevice -en Noruega- incluye un
primer seminario de dos días de duración sobre “planificación personal” (386) . El
objetivo que pretende es el de que los participantes clarifiq uen su situación y
objetivos personales para, de esta mane ra, poder decidir con conocimiento de
causa si realmente quieren desarrollar una carrera empresarial. En el caso de que
el individuo decida no continuar con esa formación, no se considera un fracaso.
A continuación se imparte otro seminario de dos días sobre “perspectiva general
de la idea de negocio”, en el que de nuevo el participante tiene la oportunidad de
plantearse esa opción profesional.
Un sistema similar es el que se dise ñó para el Graduate Enterprise Programme
en el Reino Unido. En efecto, Brown (1990) describe cómo el p roceso de
selección consiste en seminarios de sens ibilización con una duración de medio día
en un iversidades y politécnicos. En esos seminarios se explora la opción
empresarial, y comienza el desarrollo de habilidades empresariales mediante la
utilización del aprendizaje activo, trabajos en grupo, técnicas de tormenta de ideas,
C APÍTULO IV
(387) Fletcher, M. y Rosa, P. (1998): op. cit., p. 65.
(388) Fletcher, M. y Rosa, P. (1998): ibídem, p. 66.
(389) Brown, R. (1990): op. cit. , p. 73.
(390) En concreto, se trata de alumnos universitarios eslove nos a los que se les imparte un curso sobre empresarialidad
con contenido s como: característ icas de los empresari os, generación de ideas de negocio, validación de las ideas,
planificación e implementación. Véase Glas, M . (1996): “Crea ting entrepreneurial awareness of students of
business and economics”, en Rosa, P., Scot t, M.G., y Klandt, H. (Eds.):
Educating entrepreneurs in
modernising economies
, Avebury, Aldershot.
260 E CONOMÍA A PLICADA I
y estudios de casos reales (387) . Los participantes generan ideas, realizan un DAFO
personal, analizan escenarios empresariale s, adquieren una noción de lo que los
inversores buscan en un plan de negoci o, y utilizan un marc o de análisis para
valorar sus características empresariales. A partir de ahí, los participantes
interesados deben rellenar un mini-plan de empresa para participar en un “taller
empresarial” de dos días de du ración. En el mismo se introducen técnicas para
desarrollar la creatividad, se avanza en las características del plan de empresa y del
de viabilidad (388) .
En cualquier caso, la participación en el Graduate Enterprise Programme se
ha basado principalmente en la autoselección (389) , ya que el proceso de
sensibilización permite conocer las caracterís ticas de la carrera empresarial y son
los que están interesados y se consideran capacitados los que vo luntariamente
escogen participar. No obstante, como señalan Fletcher y Rosa (1998), para que
este sistema de autoselección fun cione es importante evitar transmitir la idea de
que la empresarialidad es “mejor” que otras opciones, de forma que no exista
sensación de fracaso al abandonar la participación. En este sentido, Glas (1996)
señala que la intención de ser empresario puede llegar a disminuir después de
conocer en mayor profundidad la carrera empresarial (390) .
Así, pues, en función de las aportaci ones recogidas, podemos señalar al menos
cuatro a spectos que debieran conformar un proyecto de educación para la
sensibilización hacia la actividad empresarial.
C En primer lugar, se debería favorecer la comprensión del importante papel del
agente empresarial en el funcionamiento de la economía y en el de sarro llo
económico.
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(391) Para una enumeración detallada pu eden consultarse, por ejemplo, Filion, L.J. (1995): op. c it., o Gibb, A.A.
(1998): “Entrepreneurial core capacities, c o mpetitiven ess and management development in the 21st century”,
comunicación pres entada a IntEnt98, In ternationa lizing Entrepreneurship Education and Training,
Oestrich-Winkel (Alemania), 26-28 julio.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 261
C En segundo lug ar, habría que establecer la validez de la opción empresarial
como salida profesional digna y respetabl e, dando a conocer los roles y facetas
asociados a esa carrera, así como las di ficultades y problemas más habituales
con los que puede enfrentarse.
C En tercer lugar, deberían identificarse las competencias -habilidades- que
suelen utilizarse por los empresarios en el desempeño de sus funciones
(liderazgo, capacidad de negociación, pe rseverancia, creati vidad, pensamiento
estratégico, ...) (391) , dejando claro que esas habilid ades se pueden desarrollar y
mostrando algunas de las formas para ello.
C Por último, en cuarto lugar, habría que identificar los sucesivos pasos que
conlleva el proceso de creación y dinamización de proyectos empresariales.
Por su parte, Filion (1995) señala la im portancia de hacer que el individuo se
replantee sus propias metas y objetivos, comprobando si son coherentes con la
opción empresarial. Ese ejercicio de au todiagnóstico parece un elemento muy
interesante que también convendría incluir en la formación de este tipo. En un
sentido similar, la sensibilización hacia la actividad empresarial debiera transmitir
algo más que mera información, tratan do que los alumnos experimenten por sí
mismo en qué consiste ser empresario. Para ello, el método pedagógico resulta
esencial, como veremos en el tercer epígrafe.
Además de estos contenidos m ínimos, autores como Kent (1990c) apuntan
la posibilidad de incluir aspectos como alguna formación básica sobre habilidades
de gestión, o algunas habilidades técnicas (por ejemplo las relacionadas con las
nuevas tecnologías). En nuestra opinión, estos contenidos pueden ayudar al
alumno a hacerse una idea más clara de en qué consiste el proceso de creación de
una empresa, y la función de empresario . En la me dida que esto sea a sí, eso s
contenidos también ayudar ían a la sensibilización, aunque siempre teniendo en
cuenta que el objetivo no es enseñar gestión.
C APÍTULO IV
(392) Rabbior, G. (1990): “Elements of a successful entrepre neu rship/economics/education program”, en Kent, C.A.
(Ed.):
Entrepreneurship Education: current developments, future directions
, Quorum Books, Wes tport, pp.
53-54.
(393) Véase Brown, R. (1990): op. cit., o Kaltenborn, O. (1998): op. cit.
(394) Vesper, K.H. (1982): op. c i t., p. 329, y eso a pesar de q ue los propios profesores ha bían indica do que la
creación de empresas por parte de esos alumnos debería ser uno de los criterios para evalua r esos cursos.
(395) Westhead, P., Storey, D.J. y Martin, F. (2001): “Outco mes reported by students who participated in the 1994
Shell Technology Enterprise Programme”,
Entrepreneurship and Regional Develo pment
, vol. 13, num. 2, pp.
163-185, p. 180.
262 E CONOMÍA A PLICADA I
En lo que se refiere al momento de su impartición, las aportaciones recogidas
en este apartado han puesto de manifiesto la importancia de que se incluya la
sensibilización como parte del sistema educativo reglado. De esta forma puede
llegar al mayor número de alumnos posible , elevando los efectos sobre el conjunto
de la población, y aumentando la base de empresar ios potenciales de la
sociedad (392) . No obstante, algunos proyectos reales al margen del sistema
educativo han servi do para poner de mani fiesto la utilidad de las medidas de
sensibilización en todos los proyectos de educación empresarial (393) .
2.2. Formación para el surgimiento de nuevos empresarios
La formación que tiene como objetivo la creación de empresas es la que posee
una más larga tradición dentro de la educación empresaria l, siendo impartida
desde centros universitarios en su mayor parte, según se mostró en el capítulo
anterior. Sin embargo, como acabamos de señalar, la educación empresarial en el
nivel de grado funciona en muchas ocasiones como sensibilización hacia la
actividad empresarial. Así, Vesper (1982) señala que la mayoría de los profesores
que imparten educación empresarial no consideran que sus alumnos vayan a
conv ertirse en empresarios (394) . En cambio, consideran que podrán desarrollar
ciertas cualidades personales, o que serán capaces de elegir su carrera profesional
con mayor conocimiento de causa. Incluso existen autores que consideran que el
papel de las enseñanzas de grado debe ser el de sensibilizar hacia la actividad
empresarial (395) .
Del mismo modo, Vesper y McMullan (198 8) consideran que de los diferentes
motivos que los alumnos pueden tener para participar en un curso o programa de
educación empresarial (intención de crear una empresa, interés en el tema de la
empresarialidad, o simplemente adquirir créditos de cara a la titulación), los
programas de postgrado son los que mejo r pueden servir a aquellos que intentan
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(396) Birley, S. y Gibb, A.A. (1984): op. cit.
(397) A modo de ejemplo, se puede citar el Consortium for Entrepreneurship Education, o la Ewing Marion
Kauffman Foundation.
(398) Brockhaus, R.H. (1991): op. c it.; Loucks, K. (1988): op. cit.; Samuelsen P. (1997): op. cit.
(399) Ronstadt, R. (1990): op. cit. , p. 74.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 263
convertir se efectivamente en empresarios. Por tanto, en este apartado, a la hora
de analizar la formación para la creación de empresas desde las universidades, nos
vamos a centrar en la que se imparte a nivel de postgrado.
No obstante, también han existido numerosas iniciativas desde otros
organismos. En particular, los distintos ni veles de la administración, en la medida
que la empresarialidad se ha visto como una solución al desempleo, han tendido
a desarrollar programas en este sentido. Un caso paradigmático es el del Reino
Unido (396) . También en los Estados Unidos, organismos públ icos como la
Administración para la Pequeña Empresa son muy activos en la promoción de la
educación empresarial, así como numerosas organizaciones y fundaciones de
carácter privado (397) . Finalmente, en muchos países en desarrollo también existen
numerosas iniciativas de esta naturaleza al margen del sistema educativo (398) .
En todo caso, la filosofía que se esconde detrás de las primeras iniciativas
formativas pasa por considerar que exis ten ciertos rasgos de la personalidad que
determinan las probabilidades de éxito co mo empresario. Es decir, los primeros
intentos de formación para la creación de empresas se han basado en el enfoque
de los rasgos, como hacen por ejemplo Sexton y Bowman (1984). Por tanto,
según esa visión, sólo aquellos que posean esos rasgos serían capaces de poner en
marcha con éxito la empres a, y la participación en el curso de empresarialidad
serviría para comprobar si se posee o no ese perfil (399) .
En este sentido, tanto si la formación se imparte en la universidad, como si
se hace desde otras instituciones, los pr ogramas suelen tener una orientación hacia
lo que Curran y Stanworth (1989) denominan educación para la creación de
empresas y el autoempleo. Por su parte, se gún se señaló en el primer epígrafe, la
educación para el dinamismo empresarial persigue la creación de empresas que
incorporan un alto componente innov ador, no sólo en el momento del
surgimiento de las mismas, sino durante su desarrollo posterior. De esta forma,
el objetivo sería el surgimiento de empres arios de calidad que, según el modelo del
C APÍTULO IV
(400) Ronstadt, R. (1990): ibídem, p. 73.
(401) Loucks, K. (1988): op. c i t., p. 54.
264 E CONOMÍA A PLICADA I
Capítulo II, deben presentar unas actitudes e intenciones muy favorables hacia
comportamientos como el crecimiento , l a innovación, la cooperación o la
capacidad de iniciativa . Sin embargo, son pocos los programas que ponen el
énfasis en el desarrollo posterior de la em presa, y en las cualidades necesarias del
empresario.
A continuación nos vamos a centrar, primero, en la educación que tienen
como objetivo la creación de empresas. Po steriormente, al final de este apartado,
prestaremos una atención específica a aquellos contenidos más directamente
vinculados con el dinamismo empresarial.
2.2.1. Educación para la creación de empresas
Los contenidos de las iniciativas de educación específica para la creación de
empresas se concentran, como es lógico , en el proceso de creación. De esta
forma, son numerosos los autores que recomiendan la utilización del plan de
negocio como instrumento. Así, en la pr áctica, el contenido de la formación para
la creación de empresas ha tendido a estr ucturarse alrededor de la elaboración de
un plan de negocio. Según Ronstadt (1990 ), las distintas fases de elaboración del
mismo sirven normalmente como estructura básica del curso. Este contenido
básico es muchas veces complementado con la utilización de conferenciantes
invitados con experiencia empresarial que proporcionan historias interesantes,
consejos prácticos, e incluso inspiración motivacional (400) .
De esta forma, los alumnos que muestren un interés hacia la creación de
empresas, o que tengan una idea de negocio que no sepan muy bien como poner
en marcha, serían los candidatos idóneos para este tipo de cursos. Por lo tanto, un
aspecto esencial en cualquier caso, para el éxito de la educación para la creación
de empresas, es el de la selección de lo s participantes. Así, puesto que este tipo de
formación supone la e xistencia de un ele vado potencial e mpresarial en los
participantes, es necesario asegurarse de que sea realmente así. En caso contrario,
el éxito de la iniciativa se vería comprometido (401) .
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(402) Vesper, K.H. (1982): op. c i t., p. 327.
(403) McMullan, W.E. y Long, W.A. (1987): op. c i t., p. 268; Vesper, K. H. y McMullan, W.E. (1988): op. cit.,
p. 9.
(404) Lechner, C. y Dowling, M . (1998): “How to design bu siness plan seminars? Single topic business plan courses
as a focused approach”, co municación present ada a IntEnt 98, Internat ionalizing Entrepreneurship Education
and Training Conference, Oestrich-Winkel (Alemania), 26-28 julio, p. 5.
(405) Las posibles funciones del plan de negocio han sido recientemente debatidas en el foro sobre empresarialidad
de la Academy of Management ( [email protected] ). En particul ar, las funciones recogidas hacen
referencia a las conclusiones de ese debate por pa rte de Jerome Katz y Emeric Solymossy (3 mayo 2003).
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 265
Vesper (1982), en referencia a la situación hacia 1980, señala que el curso
básico que la mayoría de las universidade s ofrecen en relación a la empresarialidad
se construye en base a tres componentes. El primero de ellos consiste en lecturas,
tanto de artículos como de casos. En segu ndo lugar, se imparten clases magistrales
por parte del profesor, o conferencias de empresarios invitados. Por último, el
tercer componente consiste en el desarrollo de un plan de empresa por escrito
elaborado en base a un trabajo de campo. Así, los contenidos del curso cubren
normalmente aspectos como los modos de entr ada (adqu isició n, creació n), for mas
legales de las empresas, cómo proteger las ideas, aspectos fiscal es, información
sobre capital riesgo, y ejemplos históricos de empresarialidad (402) . En este mismo
sentido se manifestaba Klatt (1988) algunos años después. En todo caso, algunas
iniciativas han incluido t ambié n formac ión sobre la gestión de pequeñas empresas,
que sin duda presenta aspectos diferenc iados con respecto a la ge stión de las
grandes (403) .
La utilidad del plan de negocio no se limita a hacer operativa la idea, sino que
además puede ser un instrumento para obtener financia ción (404) . Por su parte, otras
funci ones importantes que cumple el plan de negocio son las de minimizar los
efectos negativos de posibles cambios, iden tificar y maximizar la utilización de los
recursos, y la de servir de legitimación del potencial empresario (405) . Así, no es
extraño que siga siendo parte integrante de prácticamente todos los programas de
educación empresarial analizados. Los elementos que conforman un plan de
negocio están sumamente estandarizados, y ex isten gr an canti dad de p ublica ciones
que los describen. En español están disponibles numerosas guías sobre su
composición y elaboración, ya sean trad ucciones como Stutely (2000), trabajos de
autores latinoamericanos como Borello ( 2000), o de autores españoles como Ollé
et al. (1997) o González (2002).
C APÍTULO IV
(419) McMullan, W.E. y Gillin, L.M. (1998): op. cit., p. 276.
(420) Este sería el cas o de L ouis J . Fillion en Montreal , de W. Ed Mc Mullan en Calgary, o de Allan A. Gibb en
Durham.
272 E CONOMÍA A PLICADA I
son los más antiguos, mientras que las in iciativas en Canadá y el Reino Unido
provienen de los años setenta, siendo el más reciente el de Swinburne University,
que se origina a principios de los años ochenta (419) .
Por otra parte, la segunda gran cara cterística que comparten en buena medida
es la existencia de una organización admini strativa diferenciada del profesorado
y personal investigador. Según Kent (1990b ), frente al modelo de mera agregación
de cursos impartidos por los departamento s tradicionales, el modelo integrado -a
través de la creación de un departamento específico sobre estudios empresariales-
ofrece considerables ventajas. Así, en pr imer luga r, permite que el profesorado
que imparte la for mación tenga como su área de especialización la
empresarialidad, con lo que estará má s actualizado. También es probable que
reciba más apoyo y medios por parte del equipo rector y de gestión de la
institución. Por último, ese enfoque permite evitar las lagunas y los solapamientos
en el diseño de los diferentes cursos que conforman el programa.
En la práctica, es as recomendaciones parecen funcionar, pues de esas ocho
instituciones, son cinco las que tienen un departamento o unidad docente
espe cífico. Aquellos que carecen del mismo, suelen disponer de cátedras sobre
empresarialidad o de abundantes infraestructuras de apoyo, lo cuál permite
posiblemente al catedrático, al director del programa, o al del centro de
empr esarialidad actuar como agente aglutinador y coordinador del programa, y
como cabeza visible frente al resto de la institución (420) . De cualquier forma, las
infraestructuras de apoyo al programa de educación empresarial son abundantes
en todos los casos. Entre ellas, cabe citar los centros de empresarialidad,
competiciones de planes de negocio, clubes de empresarios y asociaciones de
antiguos alumnos. Algunas de estas instit uciones ofrecen también otros servicios
más sofisticad os como incubadoras de empresas, organización de congresos
internacionales, la edición de revistas cien tíficas, e incluso la elaboración de u na
serie de documentales televisivos sobre la empresarialidad.
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(421) Harvard Business School, University of Durham y Swinburne University ofrecen sólo programas de postgrado.
(422) Para el análisis de los contenidos de estos ocho prog ramas se ha seguido la descri pción rec ogida en Vesper, K.H.
y Gartner, W.B. (1999): op. cit., completándola con la consulta de los sitios web de esas instituciones.
(423) McMullan, W.E. y Gillin, L.M. (1998): op. cit., p. 276.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 273
En l o que se refiere al nivel académico, las ocho universidades ofrecen
programas de postgrado, mientras que sólo cinco lo hacen a nivel de grado (421) , por
lo que cabe suponer que es su oferta de postgrado la que le s proporciona su
reconocimiento. En todo caso, no es la temática de los cursos lo que distingue a
estas instituciones del resto de los centr os, ya que la distribución de los mismos
es bastante similar. Así, los cursos sobre creación de nuevas empresas, gestión de
pequeñas y financiación, están entre los más frecuentes, representando
aproximadamente un tercio de la oferta total (422) .
En resumen, se puede decir que los prog ramas de estas universidades se han
desarrollado a partir de cursos aislados, y lo han hecho a lo largo de un periodo
de tiempo considerable, que su oferta se concentra sobre todo en los programas
de postgrado, y que la estructura de los contenidos ha evoluci onado hacia una
div ersif icación de los cursos, aunque siempre manteniendo la oferta básica de
creación y gestión de pequeñas empresas.
No obstante, es interesante destacar que aunque el objetivo principal de estos
centros es el de la creación de empresas , existen aspectos de los mismos que los
acercan a la educación para la dinamización empresarial. Así, ofrecen un
abundante número de cursos (alrededor de l 15%) dedicados a analizar el papel y
las funciones del empresario en la economía. Esos cursos podrían cumplir la
función de elevar la intención empresarial e, indirectamente, la intención de llevar
a cabo comportamientos dinamizadores.
Del mismo modo, tres de esos centros permiten obtener u na titulación
específica en empresarialidad. Se trata de las universidades de Stirling, Durham y
Swinburne. Al parecer, ya en 19 85 la p rimera de ellas comenzó a ofrecer un
Master en Empresarialidad en colabora ción con la Scottish Enterprise (423) . A
continuación, el pro grama de Swinburne permite desde 1989 obtener un
Certificado en empresarialidad e innovación con una duración de un curso
académico a tiempo parcial. A partir de ahí, un segundo año llevaría a la obtención
de un Diploma, y un tercero -siempre a tiempo parcial- finalizaría con la
C APÍTULO IV
(424) Para una descripción detallada de l programa de Swinburne University puede verse Mc Mullan, W.E. y Gillin,
L.M. (1998): ibídem, y para una información más ac tualiz ada la página web de la Australian Graduate School
of Entrepreneurship, que es el centro encargado de im partir ese programa: ht tp://www.swin.edu.au/agse /. Entre
las variaciones producidas des taca la posibilidad de cursar esos estudios a tiempo completo con la mitad de
duración, así como algún cambi o en los curs os ofertado s.
(425) McMullan, W.E. y Gillin, L.M. (1998): ibídem, Tabla 5, p. 282.
274 E CONOMÍA A PLICADA I
consecución del título de Master (424) . La estructura de contenidos está organizada
de forma que cada curso construye sobre el anterior, según se muestra en la Tabla
IV.2, por lo que en cualquier momento el participante puede decidir dar el paso
hacia la creación de una empresa, sin ten er que esperar al final del programa, ni
tampoco renunciar a su título universitario.
Tabla IV.2
Master en empresarialidad e innovación (tiempo parcial)
Título
académico Primer Semestre Segundo Semestre
Certificado de
postgrado La organización empresarial
Evaluación de oportunidades Marketing para nuevas empresas
Finanzas para nuevas empresas
Diploma de
postgrado Gestión empres as en crecimiento
Estrategias financieras y legales Creatividad e Innovación
El plan de negocio
Master
Evaluación de proyectos de
crecimiento
Estrategia empresarial
2 optativas (o 1 doble) a elegir entre:
- Proyecto práctico tutelado (doble)
- Proyecto de investigación
empresarial (doble)
- Mercados globales
- Proyecto de crecimien to empresarial
- Materias de otros programas
Fuente: McMullan, W.E. y Gillin, L.M. ( 1998): “Entrepreneurship education. Developing
technological start- up entrepr eneurs: a case study of a graduate entrepr ene urship programme
at Swinburne University”, Technovation , vol. 18, num. 4, Tabla 2, p. 2 78; y Australian
Graduate School of Entreprene urship, Swinburne University,
http://www.swin.edu.au/agse/.
Con esta iniciativa, en el plazo de un a década Swinburne University pasó de
no ofrecer ningún tipo de curso en educac ión empresarial, a ofrecer uno de los
programas más innovadores a nivel mundial. Por su parte, no sólo el
reconocimiento internacional por parte de otr os académicos, sino también los
resultados parecen avalar la validez de este enfoque, pues las tasas de creación de
empresas por parte de los alumnos llegan a ser de hasta el 87% (425) .
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(426) Ya se ha hecho referencia en el ca pítulo anterior a los materiales didácticos desa rrollados por este centro para
los niveles primario y secundar io del sistema educativo.
(427) Véase Vesper, K.H.y Gartner, W.B. (1999): op. cit., p. 185.
(428) Esa denominación se corresponde con las siglas Grad uate Learning of Entrepreneurship Accelerated through
Mentoring (aprendizaje acelerado de la empresarialidad para graduados mediante mentores). Véase Hartsho rn,
C. y Parvin, W. (1999): “Teaching entrepreneurship: creating and implementing a naturalistic model”,
comunicaci ón presentada a
International Conference EURO PME
, Rennes (Francia), 30 Septiembre-2
octubre, p. 2.
(429) También se incluyen una serie de sesiones para sensib ilizar a los alumnos de grado hacia la ca rrera empresarial.
No obstante, puesto que el programa es para graduados, esas sesiones dirigida s a alumnos universitarios de grado
no contribuyen directamente al proc eso de selección. En todo caso, a medio plazo, los alumnos sensibilizados
pueden ser futuros participantes en el programa. Vé ase Hartshorn, C. y Parvin, W. (1999): ibídem, p. 6.
(430) Véase, entre otros, Johannisson, B. (1991): op. cit.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 275
Un ejemplo algo diferente es el de la Durham University. Esa institución es
considerada como una de las pioneras en educación empresarial en Europa. Sin
embargo, no ha sido hasta finales de los años noventa cuando ha puesto en
marcha programas de postgrado en empr esarialidad. Hasta entonces se había
centrado en la educación para alumnos no convencionales (empresarios en activo,
par ticipantes en el Graduate Enterprise Programme, etc.), y para los niveles
primario y secundario del sistema educativo (426) . En la actualidad imparte dos tipos
de programas (427) , siendo uno de ellos de postgra do, y otro el programa GLEAM.
En efecto, el programa denominado GLEAM (428) , puesto en marcha en 1997
por la Universidad de Durham, c on financiación del Fondo Europeo de
Desarrollo Regional (FEDER), constituye también una iniciativa relativamente
novedosa. Se dirige a recién graduados de cualquier titulación que quieran poner
en marcha una empresa, y tiene una duraci ón de un año. Su estructura incluye una
primera fase de sel ección de dos días de duración para graduados que quieran
conocer la empresarialidad como opción pr ofesional, la cual incluye también un
importante componente de sensibilización (429) .
En lo que se refiere al programa form ativo en sí, se imparte mediante dos días
de formación cada mes durante diez meses, con la posibilidad de organizar
seminarios sobre temas específicos en función de las necesidades particulares de
los participantes y sus proyectos. Sin emba rgo, este programa no se limita sólo a
procurar habilidades técnicas y de gestión, sino que incluye un componente muy
importante de desarrollo de redes de contacto que, según numerosos autores
constituyen un elemento esenci al para el éxito empresarial (430) . En concreto, cada
participante es emparejado con un peque ño empresario local que ejerce de su
C APÍTULO IV
(431) Hartshorn, C. y Parvin, W. (1999): op. c it., p. 5.
(432) Otro programa parecido, con ejecutivos en su mayorí a jubilados que participan gr atuitamente en el programa,
es el de scrito en Miettinen, A. (2003): “Mentoring for entrepreneurs as educational intervention”,
comunicación presentada a IntEnt2003, Internationa liz ing Entrepreneurship Education and Training
Conference, Grenoble (Francia), 7-10 septiembre.
(433) No obstante, debe tenerse en cuenta que el número de alumnos participantes es todavía bajo. Posiblemente haya
que esperar a posteriores ediciones para confirmar esos resultado s. Véase Alliso n, G., Charles, D., Conway, C.,
Quinn, P. y Stone, I. (2003): “Evaluation of graduate retention programmes in the N orth East of England”,
Northern Economic Research Unit , NorthUmbri a University, p. 28 .
276 E CONOMÍA A PLICADA I
mentor, apoyándole en el proceso de cr eación de su empresa, e introduciéndolo
en la comunidad empresarial local a través de su propia red de contactos (431) . Así,
el futuro empresario se beneficia no sólo de la experiencia y conocimientos del
mentor, sino que también participa de un proceso de socialización importante (432) .
Los resultados de esa novedosa iniciativa parecen haber sido espectaculares, con
una tasa de creación de empresas por parte de los participantes del 100% (433) .
Las iniciativas descritas en esta sección deben seguir siendo considera das
educación para la creación, ya que ese es su objetivo principal, y no se plantean
específicamente que sus particip antes se c onviertan en empr esarios dinámicos. No
obstante, con el objetivo de elevar las probabilidades de supervivencia de las
empresas creadas, han tendido a incluir una serie de contenidos complementarios
que, sin proponérselo expresamente, creemos que pueden estar contribuyendo a
elevar la intención de dinamizar las empresas creadas. De esta forma, a medida
que analicemos los contenidos de la educación para el dinamismo empresarial se
irán poniendo de manifiesto algunas de las coincidencias existentes.
En cualquier caso, en términos genera les, el conjunto de actividades de
formación para la creación de empresas se suele centrar en la viabilidad del
proyecto empresarial mediante la elaborac ión del plan de negocio. No obstante,
cada vez es más frecuente recoger la visi ón de proceso, de forma que se analicen
las distintas fases del proceso de creación y gestión posterio r del proyecto. Las
iniciativas más interesantes incorporan también otros aspectos como una primera
etapa de sensibilización combinada con selección, o como la utilización de
mentores, o una fase de apoyo posterior a la creación.
Por su parte, los programas de postgrado sobre la empresarialidad parecen ser
-dentro del currículum universitario- el instrumento idóneo para la formación que
persigue la creación efectiva de empres as por parte de los p articipantes. En
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(434) Harvey, M. y Evans, R. (1995): op. cit.
(435) Laukkanen, M. (2000): op. cit. , señala que esos pr ogramas tienden a conce ntrarse en la transmisión de
conocimiento s (know-what) y de habi li dades de gestión (know-how), aunque en Europa se ha hecho un cierto
hincapié en la necesidad de consider ar las redes de contacto (k now-who).
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 277
principio, un programa específicamente diseñado para ese objetivo, como el de
las universidades de Stirling o Swinburne, puede parecer a priori más efectivo. No
obstante, las especializaciones dentro de otras titulaciones de postgrado tienen la
ventaja de permitir combinar la formación empresarial con otros aspectos que
también pueden ser relevantes para el tipo de negocio concreto que se vaya a
poner en marcha. En todo caso, los alumnos de este nivel académico han
finalizado normalmente su etapa formativa, y suelen poseer cierta experiencia
profesional previa, por lo que se encontrarían ante una de esas “ventanas
estratégicas” (434) para dar el paso hacia la actividad empresarial. Sin embargo,
deben contar con un potencial previo, pues los contenidos de estos programas no
incluyen el desar rollo de la intención empresarial en los participantes, sino que
ésta se presupone.
2.2.2. Educación para el dinamismo empresarial
Según se indicó, la educación para la calidad empresarial persigue el
surgimiento de empresarios de calidad, dinámicos e innovadores. En este sentido,
sus contenidos no sólo deben inducir a la creación efectiva de la empresa por
parte de los participantes, sino que además deben ayudar a lograr un determinado
comportamiento posterior por parte de lo s mismos. De acuerdo a nuestro modelo
de proceso empresarial, no sólo habría que desarrollar intenciones favorables
hacia la creación, sino también hacia comportamientos como la innovación,
crecimiento, iniciativa, o cooperación.
Desde esta perspectiva, los programas para la creación de empresas que
hemos analizado arriba resultan insufi cientes, pues se centran normalmente en
desarrollar una serie de competencias in dividuales que se asocian de forma
genérica con la actividad empresarial . En particular, suelen concentrarse en los
aspectos relativos a los conocimientos necesarios para la puesta en marcha y, en
todo caso, a las habilidades de gestión (435) . Dentro de estas categorías se
encontraría la elaboración del plan de negocio o la formación sobre ges tión de
pequeñas empresas. Por último, existen algunas iniciativas destacables que
C APÍTULO IV
(436) Johannisson, B. (1991): op. cit. , p. 73.
278 E CONOMÍA A PLICADA I
incorporan aspectos de desarrollo personal o motivación, o que intentan
desar rolla r la capacidad de resolución de problemas de los potenciales
empresarios.
Para el fomento de la calidad empresar ial, sin embargo, esto no es suficiente.
Aunque esa formación puede impulsar la aparición de nuevos empresarios, no
contribuye significativamente a elevar el grado de dinamismo empresarial de los
mismos (436) . En este sentido, Johannisson (19 91) desarrolla un modelo de
aprendizaje empresarial basado en cinco categorías o niveles de aprendizaje, que
van desde las actitudes y creencias del individuo, pasando por las habilidades,
hasta llegar a los conocimientos y datos concretos. A pesar de que lo más habitual
es centrarse en estos últimos, ese autor considera que son los que en menor
medida contribuyen a la calidad empresarial.
De forma similar, Laukkanen (2000) llama “educación individualista” a la
educación para la creación de empresas. Sin embargo, desde el punto de vista de
la calidad empresarial, la formación debiera adaptarse a las características
específicas del territorio en el que se im parte La formación que presta atención a
estos aspectos la denomina “Estrategia de Generación de Empresas”, y entre los
aspectos a incluir en la misma señala algunos como: el tipo de actividades factibles
en ese entorno; los actores o agentes lo cales; el entorno social, tecnológico y
económico; y la oferta de recursos locales disponibles.
De igual modo, Johannisson (1991) también señala que un empresariado de
calidad requiere tener en cuenta que su actuación no ocurrirá en el vacío, por lo
que su contexto debe ser tomado en cons i deración. Así, la formación para el
dinamismo empresarial no debe sól o inci dir sobre el individuo, como es más
habitual en los programas de creación, sino que éste ha de conocer su entorno y
cómo desarrollar las competencias empres ariales en el mismo. De esta forma,
aunque la filosofía y los principios de un programa de educación para la
empresarialidad puedan aplicarse a distinta s situaciones, los contenidos concretos
requieren ser adaptados al entorno concreto en el que operará esa iniciativa
formativa. La clasificación de contenid os resultante de combinar los niveles de
aprendizaje con las competencias empresariales se muestra en la Tabla IV.3
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(437) Krueger, N.F., Reilly, M.D. y Carsrud, A.L. (2000): op. cit., pp. 427-428.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 279
Tabla IV.3
Competencias empresariales: un enfoque taxonómico
Nivel de aprendizaje
Competencias
Individuo Contexto
KNOW-WHY
Actitudes, valores,
creencias
Autoconfianza, motivación de
logro, perseverancia, aceptación
del riesgo
Espíritu empresarial,
disponibilidad de mentores y
modelos
KNOW-HOW
Habilidades Habilidades profesionales Estructuras empresariales y
ocupacionales complejas
KNOW-WHO
Habilidades sociales Capacidad de desarrollar redes
de contacto Redes de producción y sociales
KNOW-WHEN
Intuición Experiencia e intuición Tr adiciones profesionales
KNOW-WHAT
Conocimiento Conocimiento concreto, hechos Redes de información,
formación profesional, vida
cultural variada
Fuente: Johannisson, B . (1991): “University tr aining for entrepreneurship: Swedish appr oaches”,
Entrepreneurship and Regional Development , vol. 3, num. 1, Tabla 1, p. 71.
Respecto al primer nivel de aprendizaje, el in divi duo debe convencerse y
motivarse plenamente sobre su capacidad de crear una empresa y desarrollar una
carrera emp resarial dinámica. La educac ión debe actuar deshaciendo las falsas
creencias sobre el comportamiento empresarial y desarrollando la autoeficacia -
factibilidad- y la deseabilidad, no sólo en relación al proceso de creación, sino a
los co mportamientos de dinamización posteriores (437) . En este sentido, Kirby
(2003) identifica las ocho siguientes habilidades empresariales que considera
necesarias, y que básicamente coinciden con las once habilidades de la
personalidad empresarial señaladas por Gibb (1998):
C Capacidad de comunicación, especialmente persuasión.
C Habilidades creativas.
C Pensamiento crítico y capacidad de valoración.
C Habilidades de liderazgo.
C Capacidad de negociación.
C Habilidades de solución de problemas.
C Habilidad para desarrollar contactos sociales.
C Capacidad de gestión del tiempo.
C APÍTULO IV
(438) Gibb, A.A. (1987b): op. c i t., pp. 13-14.
280 E CONOMÍA A PLICADA I
Por su parte, desde el punto de vista con textual, la legitimación de la actuación
empresarial es importante, como también lo es contar con modelos de conducta
y mentores en los que el futuro empresario pueda confiar (438) . Kourilsky y Walstad
(2002), señalan la importancia de que la educación empresarial en el sector de la
alta tecnología incluya expe riencia práctica, mentorización, y desarrollo de redes
de contacto. El programa GLEAM, me ncionado más arriba, es propuesto por
Hartshorn y Parvin (1999) como un ejem plo de incorporación de mentores en el
proceso formativo.
Las habilidades profesionales in cluy en t ant o la fo rmac ión s obre gestión, como
la relativa a los aspectos técnicos del sector de actividad. Este es un tipo de
formación bastante bien cubierto por lo s programas de creación. No obstante,
éstos suelen centrarse exclusivamente en el aspecto individual, sin tener en cuenta
las exigencias del contexto. Conocer las organizaciones empresariales, las
características del mercado laboral, o los mo dos de gestión habituales en el sector
serían aspectos contextuales a tener en cuenta.
Las habilidades sociales constituyen el tercer elemento señalado por
Johannisson (1991), que las considera esenci ales para el éxito empresarial. Según
Gibb (1987, 1998), la educación para el dinamismo empresarial debe fomentar la
capacidad del individuo para crear y de sarrollar redes personales y profesionales
suficientemente extensas y densas para el éxito de su proyecto. Al mismo tiempo,
el programa formativo debiera ayudar a introducir a los participantes en las redes
sociales y de producció n locales. En este sentido, Kent (1990b) apunta la
posibilidad de seminarios de “socialización” de los empresarios potenciales, en los
cuales los mismos son puestos en conta cto con empresarios reales. Este formato
permite a los participantes establecer contactos que pueden serles útiles cuando
su empresa esté en marcha, al tiempo que le puede servir para resolver alguna
duda concreta, o como refuerzo de su motivación.
La intuición hace referencia a la capaci dad del individuo de estar alerta, y de
actuar con información incompleta. A nivel individual, eso se traduce en la
capacidad de tomar decisiones en ambientes de incertidumbre, aspecto que puede
desarrollarse a través sobre todo del m étodo pedagógico utilizado. No obstante,
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(439) En ese trabajo se considera q ue un empresario es de alta calidad si establece una empresa con alto potencial de
crecimiento y de exportación, y con alto contenido tecn ológico. Véase Foley, A. y Griffith, B. (1998): op. c i t.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 281
según Johannisson (1991), el conocimiento de las costumbres y tradiciones en el
ambiente empresarial local puede constituir un importante punto de partida, tanto
si ofrecen soluciones útiles como si no lo hacen. En este último caso, el nuevo
empresario debería ser capaz de desafiarlas.
En este sentido, si bien este tipo de educación empresarial es mucho más
difícil de desarrollar, existen algunas inic iativas que se acercan a este objetivo. Así,
teniendo en cuenta l a necesidad de adaptarse a un contexto específico, esos
proyectos de educación para la calidad em presarial tienden a hacerlo en el campo
de las nuevas tecnologías, al tratarse de un sector en rápido crecimiento, con
buenas perspectivas de futuro, y donde los empresarios dinámicos parecen ser
más necesarios. Este es, por ejemplo, el caso d e Foley y Griffith (1998), que
analizan un programa irlandés para la promoción de “empres arios de alta
calidad” (439) con los siguientes contenidos:
C Información . Creación de la empresa, fuentes de ayuda, fuentes de financiación,
y fuentes de oportunidades empresariales.
C Habilidades empresarial es . planificación en la empresa, enfoques para la
contratación de diferentes competencias funcionales , habilidades de
investigación, metodología de toma de decisiones.
C Profundización en aspectos personales . Características de los empresarios de éxito,
enfoque de auto-evaluación de la em presarialidad, equipos empresariales y
trabajo en equipo.
C Estudios de caso empresariales . Discusión con empresarios de éxito y proceso
empresarial.
De esta forma se cubren, siguiendo la clasificación de Johannisson (1991), los
aspectos relativos a know-what, know-how, know-why y know-when,
respectivamente. No obstante, además de esos contenidos, el programa incluye
un sistema de mentorización. Del mismo modo, se presta mucha atención a la
componente de construcción de redes. Los participantes tienen en general un alto
C APÍTULO IV
288 E CONOMÍA A PLICADA I
Esta parte de los contenidos, como se observa fácilmente, tiene mucho en
común con los de las actividades de sens ibilización a las que nos referimos en el
apartado anterior, si bien aquí se incl uirían en mayor profundidad. En nuestra
opinión, aunque está claro que la sensib ilización hacia la actividad empresarial es
diferente de la que se hace hacia el dinamismo, existen obvia mente puntos en
común. Por tanto, si bien la educación para la calidad empresarial no tiene porqué
incluir la primera de esas sensibilizaciones, sí debe contener la segunda.
En segundo lugar, la fase relativa al establecimiento de la actividad tomaría la
mayor parte de sus contenidos de la educ ación para la creación de empresas. Sin
embargo, debería integrarlos dentro de es a visión de proceso, articulandolos con
el resto del programa. En particular, teniendo en cuenta la aportación de
Johannisson (1991), sería necesario cubrir los cinco niveles de aprendizaje que
señala ese autor, así como prestar atenci ón al contexto en el que los participantes
pretenden desarrollar la actividad.
Por último, en cuanto a la fase d e dinamización de la empresa, sería muy
importante desarrollar el tipo de habilidades que van a permitir dinamizar la
empresa con éxito. Especialmente, la capacidad de comunicación y negociación,
la de solucionar problemas, la gestión del tiempo o la de desarrollar contactos
sociales serían muy útiles. De esta form a, los participantes deben sentir que -una
vez fijados sus objetivos-, ellos tienen las capacidades necesarias para lograrlos en
la práctica. Así mismo, habría que hacer hincapi é en la necesidad de que el
empresario identifique las carencias de la empresa y pueda cubrirlas. Si no dispone
de alguno de los recursos, conocimientos o habilidades precisos, debe
complementarlo introduciendo a otras personas en el equipo empresarial.
La construcción y desarrollo de redes de contacto resultaría fundamental para
la dinamización empresarial, por lo que debería prestársele gran atención. Con este
propósito se incluirían técnicas para establecer los contactos necesarios con los
empresarios locales, instituciones de apoy o, líderes sociales, etc. En particular, la
utilización de mento res pue de ser u na est rategia muy válid a para in troduc ir al
participantes en la red de contactos loca les, al tiempo que se adquiere una valiosa
experiencia práctica.
Para finalizar, consideramos que la la bor del programa no debe limitarse a la
fase formativa, sino que es necesario capi talizar los contactos establecidos durante
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(444) Kent, C.A. (1990b): op. c it., p. 119.
(445) Westhead, P. y Storey, D. (1996): op. c it., p. 20.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 289
la misma y consolidar la red incipiente entre los propios participantes. Esa labor
de seguimiento no se limitaría a un periodo concreto post-formación, sino que
deberían buscarse medios para instit ucionalizarla y que continúe de manera
indeterminada.
2.3. Formación para empresarios en activo
En lo que se refiere a la educación empresarial para los empresarios en activo,
su objetivo es el de permitir mejorar aspectos concretos de su forma de actuación.
Se trata normalmente de cursos de corta duración que se dirigen a cuestiones
específicas. No obstante, como señalan Curran y Stanworth (1989), la dificultad
principal con la que se encuentran estas in iciativas es la del poco interés por parte
de esos empresarios, que no tienen tiempo para par ticipar, y no creen que
realmente les puedan aportar mucho.
Según Kent (1990b), se puede distinguir entre los “seminarios de
establecimiento de redes” y los “seminarios de habi lidades”. Los primeros son
más adecuados para potencial es empresarios, mientras que los segundos para
empresarios en activo. En estos últimos, un experto trata un problema concreto
que afecta o puede afectar a los particip antes. Por sus características, este tipo de
seminari os parece más apropiado para instituciones académicas como las
universidades (444) , por lo que no es extraño que és tas se hayan centrado en él. En
este sentido, la mayoría de las universidades ofrecen este tipo de formación a
empresarios en activo, aunque también cabría ofrecerla a empresarios nacientes
para ayudarles en aspectos concretos de la puesta en marcha.
Sin embargo, este tipo de ofertas educat ivas tiende a atraer mu y poco a los
empresarios en activo, según Westhead y Storey (1996). Entre los motivos
señalados por esos autores destaca la necesidad de que el contenido de la
formación esté muy específicamente adaptado a las necesidades concretas del
empresario, alejándose de descripciones o recomendaciones generales, y que los
conocimientos adquiridos puedan ser inme dia tament e aplicad os para la resolución
de los problemas a los que se enfrenta ese empr esario en su empresa (445) . En el
mismo sentido se manifiesta Kiesner (1 990), que realiza un estudio sobre la
C APÍTULO IV
(446) Kiesner, W.F. (1990): op. c it., p. 109-110.
(447) Weinrauch, J.D. (1984): “Educating the entrepreneur: understanding adult learning behavior”,
Journal of
Small Business Management
, vol. 22, num. 2, pp. 32-37, p. 35.
290 E CONOMÍA A PLICADA I
valoración que hacen los pequeños empresarios de ese tipo de formación. Del
mismo modo, también se señala el h echo de que los empresarios tienden a
reconocer solamente como expertos a aquellos que tienen experiencia práctica
como empresarios, así como la necesidad de que la oferta educativa se realice en
un horario y una forma adecuados para el empresario, cuestión bastante evidente
que aparentemente no es tenida en cuenta todo lo que se debiera (446) .
De forma similar se manifiesta We inrauch (1984) en relación a las
características específicas de la educaci ón de adultos que son aplicables a los
empresarios. En este sentido, ese autor se ñala que los empresarios tienen ciertos
miedos y ansiedades ante la perspectiva de retornar al aula, que deben ser tenidas
en cuenta por el educador. En particul ar, es importante desarrollar un enfoque de
evaluación de las necesidad formativas específicas de los participantes,
incentiv ando la comunicación y la retroalimentación. Del mismo modo, debe
tenerse en cuenta que los contenidos y materiales deben ser muy concretos y estar
directamente relacionados con la problem ática específica de los participantes (447) .
Por último, éstos suelen preferir cursos intensos pero cortos, y con unos horarios
adaptados a su jornada laboral.
A modo de conclusión de este epígrafe , podemos afirmar que los contenidos
de la educación empresarial varían sust ancialmente en función de los objetivos
que se establezcan para la misma. Así, a medida que las metas son más ambiciosas
-calidad empresarial-, el abanico de con tenidos necesarios es más amplio. En este
sentido, si bien existen puntos comunes entre los otros tipos de formación y la
educación para la calidad empresarial, ésta última articula y adapta esos contenidos
dentro de unos objetivos más amplios y ambiciosos.
3. Pedagogía y didáctica de la educación empresarial
El método de enseñanza es el sex to de los aspectos considerados por
McMullan y Gillin (1998) como elementos esenciales de una iniciativa de
educación empresarial. Los contenidos r ecogidos en el epígrafe anterior pueden
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(448) Véase, por ejemplo, Dreisler, P. Kjeldsen, J., Meibom , H. y Blenker, P. (2003): “How do we reformulate the
question of how to learn and teach entrepreneurship?”, comunica ción presentada a IntEnt2003,
Internationalizing Entrepreneurship Education an d Training Conference, Grenoble (Fra ncia), 7-10
septiembre.
(449) Filion, L.J. (1995): op. c it., p. 4.
(450) McMullan, W.E. y Long, W.A. (1987): op. cit., p. 266.
(451) Gibb, A.A. (1987b): op. c i t., pp. 18-19.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 291
ser impartidos con diferentes metodologías didácticas, lo cual podría afectar a los
resultados y efectividad del proceso de ap rendizaje. En este sentido, son muchos
los autores que señalan la importancia de la pedagogía utilizada en la educación
empresarial (448) . En particul ar, puesto que la educación empresarial suele estar
asociada a la gestión de empresas, se argumenta que los métodos de enseñanza
usados en esta última no son adecuados para la ense ñanza de la actividad
empresarial o empresarialidad (449) .
Así, por ejemplo, para Zeithaml y Rice (1987) se puede considerar que la
empresarialidad es una profesión, y la idea de enseñarla sin un laboratorio es como
tratar de enseñar ingeniería o medicina sin laboratorios. Brockhaus (1992), por su
parte, compara la educación empr es arial para aquellos que quieren ser
empresarios, con las enseñanzas artísticas para quienes quieran ser artistas. Al
mismo tiempo, distingue según si el form ato de la enseñanza es pasivo -leer un
libro, escuchar una clase magistral, ver un video, etc.- o es experimental.
En este sentido, en el epígrafe anterior se han señ alado cuáles son los
contenidos de la educación empresarial, en particular los que persiguen el
surgimiento de empresarios dinámicos. En tre los mismos se incluye el desarrollo
de aspectos personales, como la creatividad, y las actitudes hacia los
comportamientos empresariale s, los cuáles son tanto más necesarios para el
surgimiento de empresar ios de calidad. Para McMullan y Long (1987), son
muchos los programas educativos que aseg uran desarrollar los talentos creativos
de los participantes. No obstante, en la i nmensa mayoría de los casos, «esas
reivindicaciones representan ideales más que realidades» (450) . De hecho,
normalmente, la educación -especialmente la relacionada con la administración y
dirección de empresas- suele organizarse en base a un alto grado de control en el
aula, y con una dependencia de la “aut oridad” y la validación del “experto” (451) . De
esta fo rma, Morris y Morris (1997) señalan la tendencia a centrarse en los
contenidos que es típica de los enfoque s docentes tradicionales, donde el alumno
C APÍTULO IV
(452) Plaschka, G.R. y Welsc h, H.P. (1990): op. cit., p. 61.
(453) Carland, J. C. y Carland, J.W. (1997): “Entrepren eurship education: an integrated approach using an
experiential learning paradigm”, co municación presentada a IntEnt9 7, Internationalizing Entrepreneurship
Education and Training Confer ence, Monterey Bay (Califo rnia /EE.UU.), 25-27 j unio, p. 1.
292 E CONOMÍA A PLICADA I
es un participante pasivo que debe abso rber el conocimiento que le transmite el
profesor.
No obstante, en el epígrafe anterior se señaló que la información es sólo una
parte de los contenidos necesarios, y se gún Johannisson (1991) no es precisamente
la más importante. Así, si ese método trad icional puede ser útil para la transmisión
de información, parece no serlo para los otros tipos de contenidos. Como señalan
Plaschka y Welsch (1990), la educación en gestión actualmente utiliza enfoques
que son analítico-funcionales, cuantitativos, orientados a las herramientas,
teóricos, sobre-especializados y compar timentalizados. Estos métodos, sin
embargo, resultan inadecuados para solucionar el tipo de problemas propios de
la actividad empresarial, que están mal definidos y no estructurados, y son
ambiguos, complejos y multidisciplinares (452) .
En este mismo sentido se manifiesta Ul rich (1997), para quien la habilidad
empresarial no puede ser enseñada de la forma tradicional, sino que se reconoce,
se evalúa y se desarrolla. Así, Fayolle (1 998) señala que la educación empresarial
pretende provocar comportamientos, o un cambio más o menos impo rtante en
los mismos. Estos cambios se logr arían mediante la activación de diferentes
elementos: conocimientos; experiencias; aptitudes; actitudes; y personalidad. Sin
embargo, sólo el primero de ellos se podría desarrollar me dian te los métodos
tradicionales de enseñanza. Los restantes requieren práctica, experiencia y
confrontación con los problemas.
Por tanto, son muchos los autores que a bogan por la utilización de un sistema
pedagógico alternativo. En este sentido, Carland y Carland (1997) señalan que el
aprendizaje experimental ha atraído mucho interés, y no sólo en el área de la
educación empresarial. Para esos autores, se definiría como una secuencia de
sucesos que requieren la implicación activa de los estudiantes en varios moment os.
Así, aunque pueden existir múltiples obj etivos didácticos, el principio básico en
el que se asienta es que uno siempre aprende mejor mediante la participación
activa (453) . De esta forma, la no utilización de ese enfoque alternativo se debería,
E LEMENTOS DE LA E DUCACIÓN E MPRESARIAL
(454) Para una descripción detallada del mismo, así como un estudio de sus propiedades psicométricas, puede verse
Brew, C.R. (2002): “Kolb’s Learning Styl e Instrument: sensitive to gender”,
Educational and Psycholo gical
Measurement
, vol. 62, num. 2, pp. 373-390.
U NIVERSIDAD DE S EVILLA 293
según Kolb (1976) a la falta de comprens ión sobre el propio proceso de
aprendizaje de los individuos.
En consecuencia, creemos conveniente comenzar este epígrafe dedicando un
apartado al análisis del proceso de ap re ndizaje. A partir de ahí, dedicaremos el
segundo apartado al estudio de los requisi tos concretos que debe reunir un estilo
de enseñanza para ser válido en la educación empresarial. A continuación,
intentaremos recopilar los principales in strumentos concretos que pueden servir
para lograr poner en práctica ese método empresarial de enseñanza.
3.1. El proceso de aprendizaje
Son muchos los trabajos que analizan la forma en que el individuo aprende.
La importancia de ese proceso se pone de manifiesto, como afirman Whetten y
Cameron (2002), por el hecho de que en la actualidad más que nunca es necesario
un aprendizaje continuo. En este sentido, una de las teorías más difundidas a este
respecto es la del modelo de aprendizaje experimental, de sarrollado por Kolb
(1976). A partir de ese modelo, el mismo autor ha construido un test que es muy
utilizado, se trata del Inventario de Estilos de Aprendizaje (Learning Style
Inventory) (454) .
El modelo de aprendizaje experimental s e b a s a e n e l a n á l i s i s d e d o s
dimensiones. La prim era de ellas se re fiere a la forma en que los individuos
adquieren la información y es denomin ada por Muñoz-Seca y Sánchez (2001) eje
de la percepción . La segunda dimensión se corresponde con la asimilación o
transformación de la información. En relación a la primera de ellas, Whetten y
Cameron (2002) describen las dos formas extremas de adquirir la información.
Así, algunas personas tienen una mayor in clinación a utilizar la experiencia directa
y concreta. Esta categoría es denominada “Experiencia Concreta”. Mientras, el
extremo contrario viene determinado por aquella situación en la que se asimila
mejor esa información mediante datos abstractos, simbólicos o teóricos. Este otro
vértice es denominado “Conceptualización Abstracta”.
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