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El uso partidista de las víctimas de ETA: el caso de Miguel Ángel Blanco

Sánchez Gil, Lydia

Abstract

En este trabajo pretendo estudiar cómo los partidos políticos españoles han hecho un uso propagandístico de las víctimas de la banda terrorista ETA y, más concretamente, cómo muchos representantes públicos se han valido de la figura de Miguel Ángel Blanco para sus intereses partidistas y electorales. Para ello, explicaré en qué consiste el uso político de las víctimas de tragedias colectivas y expondré las razones por las que el concejal del Partido Popular ha sido tan ‘utilizado’ para hacer propaganda política. Finalmente, analizaré un acto de homenaje que el PP hizo por el 20 aniversario de su asesinato como ejemplo de ese uso partidista del concejal de Ermua.

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1 Universidad de Sevilla Facultad de Comunicación Trabajo Fin de Grado Curso 2020/2021 Doble grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual El uso partidista de las víctimas de ETA: el caso de Miguel Ángel Blanco Autora: Lydia Sánchez Gil Tutor: Miguel Vázquez Liñán 2 Resumen En este trabajo pretendo estudiar cómo los partidos políticos españoles han hecho un uso propagandístico de las víctimas de la banda terrorista ETA y, más concretamente, cómo muchos representantes públicos se han valido de la figura de Miguel Ángel Blanco para sus intereses partidistas y electorales. Para ello, explicaré en qué consiste el uso político de las víctimas de tragedias colectivas y expondré las razones por las que el concejal del Partido Popular ha sido tan ‘utilizado’ para hacer propaganda política. Finalmente, analizaré un acto de homenaje que el PP hizo por el 20 aniversario de su asesinato como ejemplo de ese uso partidista del concejal de Ermua. Palabras clave Propaganda, víctimas, uso partidista, memoria, terrorismo, ETA, Miguel Ángel Blanco. Abstract In this project I expect to study how Spanish political parties have made propagandist use of the terrorist group ETA’s victims and, specifically, how public representatives have used the figure of Miguel Ángel Blanco for their partisan and electoral interests. In order to do this, I will explain what does political use of victims mean and I will explain the reasons why Partido Popular’s city councillor has been so ‘used’ to propaganda purposes. Finally, I will analyze an act of homage that the PP did for the 20th anniversary of his assassination as an example of that partisan use of the councilor of Ermua. Key words Propaganda, victims, partisan use, memory, terrorism, ETA, Miguel Ángel Blanco. 3 Índice Introducción Descripción del tema 4 Estado de la cuestión 4 Preguntas de investigación e hipótesis 7 Objetivos 7 Método y contenidos del trabajo 8 Marco teórico Las víctimas y su papel político ¿Hasta dónde llega el daño? 8 Significado político de las víctimas 10 Memoria y uso propagandístico de las víctimas 14 Marco histórico Contexto de 1997 18 El asesinato de Miguel Ángel Blanco y su mitificación 21 Uso propagandístico de las víctimas de ETA y de Miguel Ángel 24 1997-2011: tras la tragedia de Ermua 25 2011-actualidad: ETA deja las armas 30 Análisis 34 Conclusiones 42 Referencias 44 4 Introducción Descripción del tema El objetivo de este Trabajo Fin de Grado es demostrar que los partidos políticos españoles han utilizado a las víctimas de ETA y, más concretamente, a Miguel Ángel Blanco para sus intereses partidistas y electorales. El terrorismo etarra tiene unas causas fundamentalmente políticas, puesto que su reivindicación era la independencia del País Vasco. En consecuencia, los representantes públicos son quienes más se deberían preocupar por las víctimas que este conflicto ha dejado a lo largo del tiempo. Sin embargo, nos encontramos con que, aunque el terrorismo de ETA es un problema que está ‘solucionado’ gracias al cese definitivo de su actividad que la banda anunció el 20 de octubre de 2011 y a la disolución de la misma el 3 de mayo de 2018, los políticos siguen trayéndolo al presente para convertirlo en un elemento más de su argumentario con el que sacar beneficio partidista y electoral. Es precisamente esa frecuente presencia de las víctimas en el discurso político lo que me hace elegir este tema, ya que mi fin es demostrar que su aparición responde sobre todo a un uso propagandístico. Estado de la cuestión Las víctimas de ETA son un tema bastante recurrente en los trabajos académicos. Los enfoques son tan diversos como los propios autores. Joseba Arregi (teólogo, sociólogo, antiguo profesor universitario y político que ha ostentado distintos cargos en el PNV y en las instituciones vascas, llegando a ser incluso consejero de Cultura y portavoz del gobierno de esa comunidad) es uno de los estudiosos que más tiempo y esfuerzo le ha dedicado a este tema. En El significado político de las víctimas (2008), Arregi trata la «verdad objetiva» de los asesinados por ETA. Aclara que el motivo por el que la banda terrorista vasca mataba a personas inocentes no hay que buscarlo en lo que estas víctimas opinasen en vida sobre el conflicto vasco ni en lo que opinan sus familiares después de su asesinato, sino en los propios terroristas y en el objetivo político que perseguían, ya que pensaban que matar era la única forma de alcanzarlo. Lo que Arregi intenta es, en definitiva, poner el foco de los asesinatos en los asesinos y no en las víctimas, en ellos se encuentra esa «verdad objetiva». Este tema también lo aborda en otros trabajos como Memoria, olvido, institución (2004) y en textos como Memoria de las víctimas (16 de enero de 2020). Cabe destacar 5 también su participación en libros como Las víctimas del terrorismo en el discurso político (2007), donde Cristina Cuesta y Rogelio Alonso coordinan los escritos de numerosos autores que hablan sobre las víctimas de ETA desde distintas perspectivas (derechos humanos, memoria, justicia, opinión pública…), así como su propio libro El terror de ETA. La narrativa de las víctimas (2015). Esta última obra me permite conectar con un trabajo que resume muy bien las aportaciones académicas que se han hecho sobre este tema: Escribir sobre las víctimas: la bibliografía dedicada a los asesinados por ETA (2017). El título no puede ser más esclarecedor. En él, María Jiménez Ramos realiza un recorrido sobre la bibliografía publicada en torno a las víctimas de ETA desde los inicios de su actividad armada, en 1968, hasta que anuncia el cese definitivo de la violencia en 2011. Lo hace analizando diferentes obras que tratan sobre el tema mediante dos variables: perfiles de autores y periodos temporales. En total, más de una treintena de referencias son las que recoge Jiménez Ramos (2017) en un trabajo donde se incluyen, entre otros, autores tan diversos como la política Rosa Díez con Porque tengo hijos (2006); Enrique Rodríguez Galindo, exgeneral conocido por su implicación en el caso GAL, con Mi vida contra ETA (2006); víctimas como Irene Villa con Saber que se puede (2004); o uno de los creadores más prolíficos: el periodista, escritor y profesor José María Calleja, con títulos como Contra la barbarie. Un alegato en favor de las víctimas de ETA (1997, primer libro de la historia escrito desde esta perspectiva, según la autora de la recopilación), La diáspora vasca (1999), ¡Arriba Euskadi! La vida diaria en el País Vasco (2001), Héroes a su pesar (2003), Algo habrá hecho: odio, muerte y miedo en Euskadi (2006) y La derrota de ETA. De la primera a la última víctima (2006). También menciona, aunque de forma breve en las notas a pie de página, al filósofo Reyes Mate a raíz de su libro Justicia de las víctimas. Terrorismo, memoria y reconciliación (2008a). Quizás el poco hincapié en él se debe a que Mate, aunque sí suele referirse muchas veces de forma concreta al conflicto vasco, en otras tantas ocasiones aborda la cuestión de las víctimas desde una perspectiva más global o centrada en otros conflictos, como demuestra, por ejemplo, La herencia del olvido (2008b), donde la sinopsis ya deja claro que el ensayo realiza un viaje «de las calles de México DF a la franja de Gaza y de la memoria de Auschwitz a la de Belchite», entre otros. 6 Pero no solo las víctimas de ETA a nivel general han sido objeto de estudio académico, también el propio Miguel Ángel Blanco de forma más específica ha protagonizado algunos textos, no desde el enfoque del uso propagandístico por parte de partidos políticos españoles que se aborda en este Trabajo Fin de Grado, pero sí desde la cobertura de su asesinato en la prensa española. Irún González (2013) e Irisarri Carredano (s/f) centran sus TFG en la cobertura informativa de diversas cabeceras españolas durante los días 11, 12 y 13 de julio de 1997. Caminos Marcet, Armentia Vizuete y Marín Murillo (2013) analizan el asesinato del edil del PP como ejemplo de key event en el tratamiento mediático de los atentados mortales de ETA. Es decir, como ejemplo del antes y el después que su asesinato supuso a todos los niveles, el periodístico incluido. Jiménez Ramos (2017) le llega a dedicar un apartado al edil del PP con obras como Ermua. 4 días de julio. 40 voces tras la muerte de Miguel Ángel Blanco de María Antonia Iglesias, o el ya mencionado TFG de Irisarri Carredano (s/f). También autores de otros países han estudiado lo que supuso el asesinato de Miguel Ángel Blanco en trabajos como The analysis of Basque conflict and ETA in the 1990s: The kidnapping of Miguel Angel Blanco (Özçelik, 2017), que desde la Universidad Çankırı Karatekin de Turquía analiza el conflicto vasco en la década de los noventa tomando como ejemplo el secuestro del concejal popular, Spain's mobilization against terrorism: the death of Miguel Angel Blanco (Garza, 1998), de la Universidad Boulevard de Texas (EEUU), donde se aportan más detalles sobre el porqué de la masiva movilización que hubo tras el asesinato de Blanco, o Are We All (Still) Miguel Ángel Blanco? Victimhood, the Media Afterlife, and the Challenge for Historical Memory (Crumbaugh, 2007), donde el autor estudia a las víctimas de ETA como una paradójica fuente de poder, lo cual provoca que sean utilizadas como un medio para conseguir fines políticos. Este último trabajo es el que más coincide con la perspectiva de este TFG, ya que Crumbaugh sugiere que los grupos políticos conservadores, donde se incluye el Partido Popular, han utilizado a las víctimas como una nueva forma de desacreditar a aquellos agentes políticos que tienen una visión sobre el conflicto diferente a la suya tomando como caso de estudio, además, el mismo que se analiza en este trabajo: Miguel Ángel Blanco. 7 Preguntas de investigación e hipótesis - ¿Es la referencia a las víctimas de ETA un recurso frecuente en la propaganda de los partidos políticos españoles? La respuesta preliminar a esta pregunta nos lleva a establecer la siguiente hipótesis: los partidos políticos españoles suelen utilizar tanto el conflicto vasco como a las víctimas de ETA de manera electoralista para conseguir votos, viéndose condicionada por su ideología, además, la forma en la que lo hacen. - ¿Por qué Miguel Ángel Blanco es una figura bastante utilizada de forma partidista por los representantes políticos españoles? Entendemos, a priori, que su asesinato supuso un antes y un después en el país en la consideración de las víctimas del conflicto vasco y en la respuesta de la sociedad frente a ETA, lo cual se vio reflejado en el tratamiento que los medios hicieron de su asesinato. - ¿De qué manera y para qué fines utiliza el Partido Popular a su concejal asesinado, Miguel Ángel Blanco? Como hipótesis de trabajo, planteamos que el PP aprovecha el caso del concejal de Ermua para establecer conexiones con otras cuestiones políticas que no tienen nada que ver con la tragedia de Blanco y para fomentar entre la ciudadanía emociones positivas y negativas que contribuyan a favorecer sus intereses políticos. Objetivos Generales: - Definir qué significa ‘víctima’ en el contexto de este trabajo. - Explicar la importancia de mantener viva la memoria del pasado y por qué algunos individuos y grupos se empeñan en hacer un uso interesado de ella. - Estudiar el uso propagandístico que los partidos políticos españoles hacen de las víctimas de ETA desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997 a través de la recopilación y análisis de varios ejemplos concretos. Específicos: - Explicar por qué Miguel Ángel Blanco no es mediática y políticamente una víctima de ETA más y por qué, en consecuencia, es una de las más utilizadas propagandísticamente. 8 - Analizar el uso partidista que el Partido Popular hace de su concejal a través del acto de homenaje que se hizo por el 20 aniversario de su asesinato. Método y contenidos del trabajo La metodología de este TFG comienza por la consulta de bibliografía para explicar, primero, los diferentes conceptos teóricos que atravesarán el contenido del trabajo y, segundo, para realizar un recorrido histórico por el uso propagandístico que los partidos políticos españoles hacen de ETA, de las víctimas que dejó y de Miguel Ángel Blanco. Es por eso que el criterio seguido para la recopilación de material bibliográfico es aquel que me permite analizar el conflicto vasco desde la perspectiva del uso electoralista que los partidos políticos han hecho y siguen haciendo de este tema. En ese sentido, comentaré varios ejemplos de uso partidista de las víctimas de ETA enmarcados en dos etapas: desde 1997 hasta 2011 y desde 2011 hasta la actualidad. El criterio seguido para realizar esta división responde al hecho de que me permite analizar la propaganda que utiliza a las víctimas de ETA cuando la tragedia de Miguel Ángel Blanco estaba reciente, aún con la banda en activo, y cuando el concejal de Ermua comenzó a quedar atrás, ya con ETA inactiva. De esta manera, podré comprobar si existe algún tipo de diferencia entre el uso propagandístico que se daba por parte de los partidos políticos de las víctimas y de Miguel Ángel cuando ETA todavía mataba y cuando anunció que dejaría de hacerlo, en octubre de 2011. Por último, profundizaré en el uso partidista y electoralista del concejal de Ermua a través del análisis de un acto de homenaje que el Partido Popular le hizo en julio de 2017, por el 20 aniversario de su asesinato. El criterio seguido para su elección se basa en el hecho de que Blanco era miembro del PP y porque el vigésimo aniversario de su muerte es, además, una fecha simbólica que provocó que el acto que se organizó fuese más especial que el de otros años: intervinieron 20 personas, incluyendo el presidente de España (Mariano Rajoy) y el ministro de Interior de aquel entonces (Juan Ignacio Zoido). Marco teórico Las víctimas y su papel político ¿Hasta dónde llega el daño? 9 La definición del término ‘víctima’, al menos en el contexto que aquí nos interesa, no es un asunto de fácil solución. Joseba Arregi asegura que «ha sido, y sigue siendo, una cuestión que crea problemas, una cuestión que no es fácil abordar y que causa malestar» (2008: 3). Para empezar, cabe destacar las últimas tres entradas con las que esta palabra cuenta en el diccionario de la Real Academia Española: 3. f. Persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita. 4. f. Persona que muere por culpa ajena o por accidente fortuito. 5. f. Der. Persona que padece las consecuencias dañosas de un delito. Son las que más nos interesan en este trabajo, ya que nos ofrecen dos claves para aclarar el concepto de víctima que, en un principio, pueden pasar desapercibidas. Por un lado, se habla de las consecuencias de un delito y, por el otro, se hace hincapié en que el daño o la muerte son provocados ‘por culpa ajena’, tres palabras que nos permiten conectar en cierta parte con la definición de víctima que aporta Reyes Mate, quien subraya la «inocencia» del afectado. El filósofo asegura que «no todo el que sufre es víctima». Para él, «víctima es quien sufre violencia, causada por el hombre, sin razón alguna», por lo que no se es víctima por el hecho de sufrir, hay que ser inocente; esa es su primera característica (2008a: 35). Si para ser víctima hay que ser inocente respecto del daño infligido, quiere decir que este es provocado por causa ajena. Esta definición de Reyes Mate, sin embargo, no hay que entenderla como una falta de consideración hacia todo aquel que no es víctima. Él mismo señala, de hecho, que los presos y sus familiares y amigos también sufren y que ningún tipo de sufrimiento debe dejar de importarnos, aunque este sea experimentado precisamente por una acción que ellos mismos llevaron a cabo con total libertad y que fue lo que en primera instancia ocasionó víctimas que no buscaban serlo: No podemos negar que en la sociedad vasca hay distintos tipos de sufrimientos […] No son homologables ni cabe juntarles en un todo […] porque ni todo el que sufre es víctima ni todos los sufrimientos son del mismo orden. Si hablamos del sufrimiento plural, hay que tener en cuenta, en primer lugar, que son diferentes y, en segundo, que ninguno puede dejarnos indiferente, al contrario (2008a: 82) Esta consideración hacia todos los tipos de sufrimiento no resta relevancia a las víctimas del conflicto vasco, a esos inocentes, en palabras del propio Reyes Mate, que deja claro que «el sufrimiento de la víctima es prioritario y vertebrador» (2008a: 38). Tan 16 quieren aprovecharse de ellas o por parte de asociaciones que quieren imponer su política al gobierno: «Ni unos ni otros contribuyen a la causa de las víctimas» (2008a: 39). Precisamente las asociaciones resultan de especial interés para este trabajo por dos motivos relacionados entre sí. Por un lado, porque tienden a crear una sola visión del conflicto que incentiva la división de sus miembros, incurriendo así en el ocultamiento del verdadero significado político de las víctimas del que se habló anteriormente y que no debería depender de las opiniones subjetivas de nadie. Como prueba de ello tenemos la escisión de 200 socios del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) en el País Vasco por discrepancias con el equipo directivo (Ubarretxena, 25 de enero de 2014). En esta división tiene mucho que ver el segundo motivo por el que las asociaciones resultan interesantes para este TFG, y es el uso propagandístico que de ellas hacen los partidos políticos con el fin de satisfacer sus intereses. Ambas cuestiones (creación de bandos y uso propagandístico) vienen provocadas por la naturaleza política con la que nacen muchas de estas organizaciones. La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), por ejemplo, que se crea en 1981 para reunir a afectados por distintos tipos de terrorismo (vasco, yihadista, de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre –GRAPO–…), tiene entre sus fundadoras a Ana María Vidal-Abarca López, entonces vicepresidenta de Alianza Popular en Álava y cuyo marido, militar, fue asesinado por ETA en 1980. La Asociación Autonómica de Víctimas del Terrorismo de Extremadura, de hecho, criticó en 2006 la «politización» que sufría la AVT, a la que consideraban «un apéndice del Partido Popular» (Europa Press, 15 de noviembre de 2006). Uno de los expresidentes de la AVT, Francisco José Alcaraz, fundó en el año 2000 su propia organización, Voces contra el Terrorismo, y hoy es diputado de Vox en el Congreso al tiempo que ostenta la presidencia de su organización. Miembros de este mismo partido han creado recientemente la Asociación Nacional de Víctimas y Afectados por Coronavirus (ANVAC): Jaime Sánchez Bermúdez, su presidente, fue candidato de Vox al Ayuntamiento de Santander, y Alfonso Rivas Cuesta, su jefe de prensa, es asesor de comunicación de Vox en el mismo consistorio (Maestre, 3 de abril de 2020). Los ejemplos de politización de las asociaciones de víctimas, como vemos, son numerosos y están presentes en distintos momentos de la historia, incluyendo también el presente. Por eso no es de extrañar que existan problemas de democracia interna en el seno de muchas organizaciones, puesto que los partidos trasladan la polarización que hacen del panorama 17 político a las propias asociaciones a través de la instrumentalización que de ellas hacen, unas veces muy clara y otras, más implícita. La politización de las asociaciones de víctimas es una estrategia más de propaganda por parte de los partidos. Recordemos que la propaganda, desde un punto de vista conceptual, no es más que «un mecanismo difusor de pensamiento y generador de sentidos que busca influir en el sistema de valores del ciudadano y en su conducta» (Remón-Lara, 2021: 20). En este caso concreto que se estudia en este TFG, lo que vertebraría ese uso propagandístico serían las víctimas y la memoria, y el cambio de conducta que se busca con ello es la adhesión de los ciudadanos a un determinado proyecto político que incluye muchas cuestiones más aparte de las víctimas que no tienen nada que ver ni con ellas ni con el conflicto que les afectó. En el momento en el que usas el sufrimiento de las víctimas para conseguir tus objetivos políticos, ya estarías haciendo propaganda política, aunque como excusa para ello pongas la importancia de no olvidar una tragedia injusta. Tódorov es claro en ese sentido: «No se puede justificar un uso engañoso por la necesidad de recordar» (2000: 17). Etxeberria Mauleon (2010) es consciente de que la memoria de las víctimas, al tener impacto social porque la ciudadanía reacciona ante ellas, corre el riesgo de ser usada con diferentes fines, algunos más benévolos, como la justicia, otros más perversos, como «conseguir ventajas no acordes con el bien común» (2010: 64). Es aquí donde conectamos de nuevo con el uso propagandístico que se puede dar y que, de hecho, se da de la memoria de las víctimas: «Donde hay usos aparece la posibilidad de los abusos» (2010: 64). Estos abusos de la memoria son los que en ocasiones realizan los partidos, queriendo hacer ver a la población que existen dos opiniones enfrentadas respecto al conflicto que sea (el terrorismo vasco, en este caso) para aprovecharse de ello y obtener rédito político. Un ejemplo lo encontramos en los atentados del 11 de marzo de 2004. El PSOE se identificó inmediatamente con las víctimas, ya que el motivo de los atentados respondía a la decisión que José María Aznar, líder de su máximo rival político, el PP, tomó respecto a la participación de España en la invasión de Irak y con la que no estaba de acuerdo la izquierda. Los socialistas aprovecharon este contexto no solo para ponerse del lado de las víctimas, como es lógico, sino también para provocar la existencia de dos bandos, de tal manera que apoyar a las víctimas conllevase también apoyar al PSOE en las elecciones generales que iban a tener lugar el 14 de marzo y que finalmente ganaron. En eso consiste el uso propagandístico y partidista de las víctimas de conflictos colectivos que atraviesa 18 gran parte de este trabajo, en aprovechar una tragedia para favorecer tu proyecto político, para desacreditar el del contrario, o para ambas cosas a la vez. Marco histórico Contexto de 1997 A nivel general, el año 1997 español destacó por dos hitos: el crecimiento económico y la crisis del PSOE. Casanova y Gil Andrés señalan que la primera legislatura de José María Aznar (1996-2000) «estuvo marcada por un crecimiento económico espectacular» (2009: 343). España, de hecho, llegó a 1998 «cumpliendo con los indicadores de entrada en la Europa de la moneda única» (Barrera, 2004: 984). No en vano, fue en 1997 cuando Aznar pronunció su famoso lema de «España va bien» (La Sexta, 4 de marzo de 2019). Mientras el país crecía a nivel económico, el PSOE se sumía en una crisis interna que culminó en junio con la renuncia de Felipe González a su puesto de secretario general del partido y su sustitución por Joaquín Almunia, portavoz socialista en el Congreso de los Diputados. La derecha española, por tanto, se encontraba fuertemente unida en 1997 frente a una izquierda en crisis y en cierta descomposición, ya que IU también sufrió convulsiones: «La ruptura de la alianza por parte del Partido Democrático de la Nueva Izquierda (PDNI) de López Garrido y Cristina Almeida, y de Iniciativa per Catalunya (IC) de Rafael Ribó, más las escisiones de algunos aparatos regionales» (Barrera, 2004: 986). Aznar gobernaba gracias principalmente a los nacionalistas catalanes (CiU) y vascos (PNV), ya que ni PSOE ni IU quisieron hacerle fácil su investidura en 1996 (votaron en contra en lugar de abstenerse, lo cual hubiese evitado al PP tener que buscar el apoyo de los nacionalistas). Esa rivalidad con la izquierda también se materializaba en el conflicto vasco. El 21 de enero de 1997 tuvo lugar un hecho que no es muy conocido y que apenas ha tenido repercusión, pero que sirve para reflejar esa diferencia. Aquel día, Margarita Mariscal de Gante, ministra de Justicia, anunció una reforma del Código Penal para endurecer el delito de apología del terrorismo. Tomó la decisión a raíz de unas declaraciones por parte de Jaime Iribarren, parlamentario foral navarro de Herri Batasuna (HB), pocas horas antes de que el teniente coronel Jesús Agustín Cuesta Abril fuese asesinado por ETA: «Nos vemos obligados a presagiar un futuro inmediato de gran sufrimiento que, por supuesto, desde la izquierda abertzale no deseamos de modo alguno» 19 (EFE, 22 de enero de 1997). Los partidos de la oposición se opusieron a la reforma, pero no por estar en contra de investigar las manifestaciones de Iribarren, sino porque pedían hacerlo conforme al delito que de verdad estaba cometiendo: López Garrido [dirigente de Nueva Izquierda entonces] resalta que «en una sociedad democrática hay que preservar derechos fundamentales como la libertad de expresión, cuyo ejercicio no es sancionable penalmente» […] También Rosa Aguilar (IU) se opuso a la reforma del Código Penal y se mostró favorable a que se investiguen los hechos posiblemente delictivos (EFE, 22 de enero de 1997) [Juan Alberto Belloch, entonces diputado del PSOE en el Congreso] Esas declaraciones no podrían penarse nunca como apología […]. Sus palabras, sin embargo, hubieran justificado una investigación por parte del fiscal, pero no por apología, sino por colaboración con banda armada […] Habría que investigar no solo cómo ese señor, sino el conjunto de la mesa nacional de HB, tienen ese conocimiento privilegiado (Paz, 27 de enero de 1997) Se demuestra así que en 1997 había unidad entre los partidos no nacionalistas vascos frente a ETA (en este caso, por ejemplo, todos estaban de acuerdo en investigar a Iribarren), pero discrepaban entre ellos a la hora de decidir cómo hacerles frente, lo cual provocaba la creación de dos bandos frente a un mismo problema sobre el que, al menos en lo básico, no disentían. El PP, de hecho, dio marcha atrás en su intención de reformar el Código Penal, lo cual hizo que uno de los miembros del partido se lo reprochase al PSOE y, en concreto, a Belloch: Alfredo Prada, portavoz del PP en la Comisión de Justicia del Senado, calificó ayer el texto legal de «deficiente». Recordó que el PP pretendió definir la apología del terrorismo de modo que se condenara la difusión de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor, «pero la intransigencia de Belloch impidió que estas propuestas prosperaran», dijo (B. de la C., 23 de enero de 1997) Estas diferencias también estaban presentes en los medios de comunicación. Tanto los conservadores como los progresistas coincidían en su repulsa a ETA, pero mientras que ABC, de los primeros, no escatimaba en editoriales cada vez que ETA cometía un atentado, El País, de los segundos, prefería que fuesen personas identificadas con sus nombres y apellidos quienes expresasen en sus páginas una opinión respecto a dichos atentados. Un ejemplo lo encontramos en la muerte del teniente coronel Jesús Agustín 20 Cuesta Abril el 8 de enero de 1997. ABC publicó durante los días siguientes tres editoriales distintos (Señales de muerte, 9 de enero de 1997; Dolor nacional, 10 de enero de 1997; Cosas que pasan: La tristeza callada, 12 de enero de 1997), mientras que en El País solo apareció una opinión escrita por Hermann Tertsch (11 de enero de 1997: 14), que hablaba en nombre propio y no en el del periódico. A pesar de estas desavenencias entre la ideología conservadora y la progresista. Barrera afirma que «la política antiterrorista, de la mano del ministro popular con mayor aceptación ciudadana, Jaime Mayor Oreja, obtuvo importantes éxitos fruto de un nuevo impulso de las medidas policiales y, especialmente, de la cooperación internacional» (2004: 985). Uno de estos éxitos fue la liberación del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara tras 532 días retenido por ETA en un zulo, el secuestro más largo de la historia etarra. Este hecho fue celebrado de manera eufórica por los españoles. Ortega Lara, de hecho, fue recibido entre aplausos y vítores por una gran multitud de personas en su vuelta a casa, en Burgos (EFE, 1 de julio de 2017), y es que el hartazgo de la sociedad española con ETA en los primeros años de la década de los 90 no hacía más que crecer progresivamente. Así lo demuestran los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de aquella época. En junio de 1991, más de la mitad de los españoles consideraba que el problema del terrorismo había empeorado en los últimos doce meses (un 32,2% pensaba que había empeorado «algo» y un 21,3%, «mucho»); en noviembre de 1992, el terrorismo era, después del paro y la situación económica, el problema que con más intensidad preocupaba a los españoles (en una escala de 1 a 10 de menor a mayor preocupación, un 53,8% lo colocaban en el 10); en julio de 1993, a un 61,6% de la población le preocupaba «mucho» el terrorismo, solo por detrás del paro y del problema de la droga; en enero de 1995, los españoles situaban el terrorismo como el quinto problema más importante que tenía el país; en febrero de 1996, tras los asesinatos de personajes tan célebres como Fernando Múgica, histórico dirigente del Partido Socialista de Euskadi, y de Francisco Tomás y Valiente, expresidente del Tribunal Constitucional, el terrorismo subió al segundo puesto, lugar donde todavía se mantenía en abril de 1997, pocos meses antes de la muerte de Miguel Ángel Blanco. 21 El asesinato de Miguel Ángel Blanco y su mitificación En medio de este panorama político, social y mediático, ETA secuestra y asesina a Miguel Ángel Blanco, un simple concejal de pueblo que se acaba mitificando. Su muerte no fue una más de las más de 800 vidas que se llevó por delante ETA desde que empezó a matar en 1968. El consultor de comunicación Luis Arroyo, por ejemplo, escribió una columna de opinión en infoLibre, por el vigésimo aniversario de la muerte del Blanco, que empezaba de esta manera: El asesinato de Miguel Ángel Blanco no fue uno más. Si eres español y tienes más de 30 años, es probable que recuerdes muy bien dónde estabas en aquellas horas terribles del 11 y 12 de julio de 1997 (14 de julio de 2017) El periodista Andrés Gil también hace hincapié en ese antes y después que supuso este acontecimiento: Aquel secuestro y las agónicas 48 horas que lo siguieron hasta el asesinato de Miguel Ángel Blanco llevaron a la sociedad española a salir a la calle a exigir la liberación del edil como nunca antes había ocurrido: de forma masiva, transversal y con manos blancas. El desborde ciudadano fue total, como no había ocurrido desde la Transición o el 23F, y que no ocurriría después hasta el Nunca Máis, el No a la Guerra o el 15M. Fue lo que se bautizó como Espíritu de Ermua, aquel que aunaba como nunca antes a sectores políticos, ciudadanos y sociales de Euskadi (10 de julio de 2017) Cuesta (2007) deja claro que la muerte del concejal supuso un antes y un después en el conflicto vasco y en la consideración de las víctimas del mismo: «Hasta que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles no se sintieron Miguel Ángel Blanco en aquellos trágicos días de julio de 1997, no se produjo el paso decisivo para definir y encarar el mal que nos afligía» (2007: 12). Bibiloni también cree que la muerte de Blanco supuso «la gota que colmó el vaso» (2019: 265) en la respuesta de la sociedad ante la actividad armada de ETA. Ella misma manifiesta que el secuestro de Miguel Ángel Blanco «puso de nuevo la movilización ciudadana en escena, y esta vez como nunca antes se había dado» (2019: 265). Además, se hace eco de autores como Fernández de Mosteyrín para asegurar que «este fue el acontecimiento que marcó un antes y un después 22 en el umbral de la tolerancia pública hacia la violencia terrorista» (como se citó en Bibiloni, 2019: 266). Jiménez Ramos (2017) también habla del concejal de Ermua bajo un título muy revelador: ‘El antes y el después de Miguel Ángel Blanco’. En él, recoge en palabras de Cristina Cuesta, a quien le realizó una entrevista personal en junio de 2016, una de las claves por las que su figura ha trascendido tanto: la inocencia que representaba, lo cual propiciaba una mayor identificación con él por parte de cualquier ciudadano: «La gente interioriza que Miguel Ángel puede ser su vecino, su amigo, su compañero de trabajo… Te sientes tan cercano a él, a su familia y a cómo responde el pueblo de Ermua, que la gente lo ve clarísimo» (2017: 18). Se trata de un argumento compartido por otros autores ya mencionados como Irisarri Carredano: «El hecho de que Blanco fuese humanizado, hizo que la sociedad sintiese que aquel era un igual, un conciudadano, alguien tan inocente como cualquier otro ciudadano dando a entender que podía haber sido él mismo» (s/f: 110). Garza (1998) aborda las claves de la masiva movilización que se produjo tras el asesinato de Blanco. Una de las primeras aportaciones que la autora realiza va en ese sentido, utilizando a Richard Flacks para señalar que «social movements arise when normal politics are failing» (como se citó en Garza, 1998: 91), otro de los motivos que explican la respuesta social española en julio de 1997. El país llevaba sumido en un terror continuo desde hacía muchos años sin que la política hubiese podido hacer nada por cesarlo, y su paciencia se estaba acabando, como ha quedado demostrado con los datos del CIS desgranados anteriormente. Garza asegura que, con aquellas manifestaciones multitudinarias que se llevaron a cabo, «the Spaniard's message to the world was their relendess stance against terrorism and its heinous, capricious violence» (1998: 91). El aspecto psicológico también tuvo mucho que ver en la mitificación que se produjo a posteriori del concejal de Ermua. La tragedia de Miguel Ángel Blanco duró cuatro días, desde que lo raptaron el 10 de julio hasta que lo enterraron el 14. La angustia aumentó con el modus operandi que siguió ETA con su secuestro, ya que dio un ultimátum de dos días al gobierno: o acercaba al País Vasco a todos los presos de ETA, o lo mataban. El final de toda esa agonía ni siquiera terminó cuando lo encontraron maniatado con dos disparos en la cabeza, ya que Blanco falleció en el hospital 12 horas después tras entrar en un coma irreversible, lo cual añadió más drama al suceso. «The mix of emotions such as rage, grief, and indignation were self-evident» (1998: 92), añade 23 Garza. La liberación de Ortega Lara apenas unos días antes añadió un plus de intensidad a estas emociones, puesto que dicho rescate, como ya se ha explicado, supuso una gran alegría para aquella parte del país que deseaba el fin de la banda terrorista. Que la venganza de ETA por esta liberación llegase tan pronto y se desarrollase de esta manera tan agónica intensificó el impacto del asesinato de Blanco. Otra de las razones por las que este trascendió más de lo normal fue que su cargo en el PP y en Ermua no eran demasiado importantes, lo cual lo hacía más absurdo aún. Los políticos que ETA marcaba como objetivos hasta entonces siempre tenían un cargo más representativo, incluso aunque ya no estuviesen en activo: presidentes de diputación, alcaldes o tenientes de alcalde, directivos de partidos políticos contrarios al nacionalismo, senadores, candidatos al parlamento… En 1977, a modo de excepción, la banda asesinó a un concejal (Julio Martínez Ezquerro, Alianza Popular, Irún). No volvió a hacerlo hasta 1997, justo con el concejal de Ermua, lo cual provocó un miedo entre sus compañeros que Miguel Ángel Mellado plasma muy bien: Los cargos locales del Partido Popular en el País Vasco pensaban que a Gregorio Ordóñez lo habían matado porque era un verdadero peligro para el nacionalismo. «Como yo no soy nadie –se decían–, no tengo casi nada que temer. ¿Cómo van a querer matarme si soy un simple concejal de pueblo?». Es el asesinato de Miguel Ángel Blanco, un concejalillo de Ermua, lo que extendió el miedo como una mancha de aceite. «A partir de ese día, todos nos cagamos de miedo», reconoce veinte años después Alfonso Alonso, exministro de Sanidad, exalcalde de Vitoria, máximo dirigente del PP del País Vasco. «Cuando mataron a Miguel Ángel Blanco nos dimos cuenta de que podían ir a por cualquiera» (2016: 49-50) No era infundado ese miedo: en diciembre de ese mismo año, ETA se cobró la vida de José Luis Caso Cortines, concejal del PP en Rentería; de los 6 asesinatos de 1998, 4 eran concejales y 1, la esposa de uno de ellos; en 1999 la banda no cometió atentados mortales, pero en el 2000 volvió a matar a 5 concejales; en 2001, 1; y en 2002, otro. La política de los terroristas, por tanto, experimentó un cambio, y Miguel Ángel Blanco fue la primera víctima de esa transformación. Todos estos elementos hicieron que la muerte de Miguel Ángel Blanco sobresaliese entre el resto de las provocadas por ETA y afectase a la sociedad más que otras, pero no hay que olvidar que la cobertura que realizaron los medios de 24 comunicación, diferente a la que se llevó a cabo con otras víctimas de la banda terrorista vasca, provocó que el impacto fuese todavía mayor. Así lo confirma Irisarri Carredano: Miguel Ángel Blanco recibió un tratamiento excepcional y diferente en comparación con el resto de las víctimas de ETA […] La unión política, periodística y social […] permitió una cobertura informativa diferente a la que se daba hasta entonces […] que logró activar a la sociedad y plantar cara de forma mucho más contundente y sólida a los terroristas (s/f: 12) Esta diferencia en la cobertura mediática respecto a otras víctimas de ETA se materializó, por ejemplo, en la inmediatez de la información sobre el tema por parte de los principales periódicos de la época. En tres días (del 11 al 13 de julio), El País publicó 70 textos, ABC, 60, y El Mundo, 40 (Irisarri Carredano, s/f: 37), por lo que se puede concluir que la información sobre Miguel Ángel Blanco fue prácticamente inmediata, puesto que ya entonces estos diarios contaban con edición digital. La prensa fue, además, la principal artífice de que la sociedad se identificase con Blanco y su familia a través de una cobertura informativa más emocional que racional: «Con subjetividad y personalización, muchos de los periodistas que trabajaban en los medios, sobre todo escritos, mostraron su opinión y su malestar frente a la situación cuando en otra situación habría sido impensable» (Irisarri Carredano, s/f: 106). Además, también propulsaron parte de las manifestaciones que se llevaron a cabo: «Los medios fueron el vínculo entre la sociedad y los organizadores para lograr un movimiento en masa tan contundente» (Irisarri Carredano, s/f: 10). Y no solo la prensa escrita aumentó el impacto de la tragedia de Blanco; la televisión coincidió con ella en muchos de los aspectos ya descritos, ya que todos los medios cubrieron la noticia. Rosa María Mateo, por ejemplo, evidenció la influencia de la televisión en la identificación de la sociedad con Blanco y su familia llegando a hablar de él en primera persona: «Hoy, a las tres de la madrugada, se nos ha muerto a todos Miguel Ángel Blanco Garrido», dijo en el informativo cuando se hizo oficial la muerte del concejal (La Sexta, 7 de marzo de 2019: 6m57s). Uso propagandístico de las víctimas de ETA y de Miguel Ángel El conflicto vasco y sus víctimas han sido y siguen siendo un elemento al que los partidos políticos españoles recurren frecuentemente en campañas electorales o, 25 simplemente, en discursos ordinarios que buscan, bien la adhesión de nuevos votantes a su proyecto político, bien la fidelidad de los que ya les votan. El principal motivo por el que ETA y sus víctimas son utilizadas de forma partidista lo encontramos en los sentimientos que este tema despierta entre la ciudadanía, y es que la emoción es uno de los elementos más empleados por los partidos para conseguir votos, ya que la propaganda política «intenta ejercer su influjo con efectos emotivos» (Alcalá y Reynaga en Remón Lara, 2021: 24). Vega lo confirma: Estudios realizados desde diversos enfoques, como el psicológico, el sociológico y el semiótico, han demostrado que los spots políticos recurren frecuentemente a las emociones como un elemento para llegar a los votantes […] Diversas investigaciones han dado cuenta de que los mensajes políticos que apelan a emociones pueden tener una mejor receptividad por parte de la audiencia que los que no contienen elementos emocionales. (2000: 141) La tragedia de Miguel Ángel Blanco dio lugar a una mezcla de rabia, dolor e indignación más intensa que en el resto de asesinatos por motivos que ya se han explicado. Estas emociones, sin embargo, se pueden extrapolar perfectamente a cualquier otro atentado, aunque con diferente intensidad. Su presencia en todas y cada una de las muertes provocadas por ETA es lo que propicia su uso propagandístico por parte de los partidos políticos españoles, algo que trataré de ilustrar a continuación tomando como punto de partida 1997, año en el que la banda terrorista etarra mató al concejal de Ermua. 1997-2011: tras la tragedia de Ermua Cuesta (2007) señala que la movilización ciudadana antiterrorista comenzó a gestarse tímidamente en la década de los 80 con la creación de varias organizaciones, algunas con un claro vínculo político. Ya se ha explicado el caso de Ana María Vidal- Abarca López o de Francisco José Alcaraz, pero hay más ejemplos. Bakea Orain (Paz Ahora) la fundó Javier Madrazo después de abandonar otra organización, Gesto por la Paz, en 1992; Madrazo era militante del Partido Comunista de Euskadi desde 1986, fundador de Ezker Batua-Berdeak (EB-B), una organización política vasca de izquierdas relacionada con IU, y, posteriormente, consejero vasco por el PNV. En los años 90, este movimiento ciudadano continúa cogiendo fuerza, sobre todo a finales de la década a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que provoca la 32 Cabe destacar otro aspecto de las declaraciones de Luis Salvador, y es que relaciona a Pedro Sánchez con el asesino de Miguel Ángel Blanco a través del partido independentista vasco EH Bildu. Este tipo de argumentos bastante repetidos por el ala conservadora de la política española tienen como fin, además de conseguir votos mediante las víctimas de ETA, deslegitimar cualquier acuerdo con partidos de la izquierda abertzale. También Vox sigue esta estrategia, que lo que en realidad provoca es un planteamiento engañoso del debate en torno a ETA. En marzo de 2021, el ya mencionado Francisco José Alcaraz defendió en el Congreso una moción sobre las medidas a adoptar para acabar con los homenajes a etarras en las calles. EH Bildu propuso quitar parte del texto y añadir la siguiente frase: «Reconocer a todas las víctimas de la violencia ocurrida en el Estado español y asegurar el derecho a la verdad, la justicia y la reparación para todas ellas». Ante esta enmienda, Alcaraz se manifestó de la siguiente forma: “Maldigo su enmienda, a usted y a todos los que le blanquean”, ha clamado el diputado de Vox Francisco José Alcaraz, que ha roto el texto de Bildu tras exhibir las fotografías de José Antonio Ortega Lara y la de los féretros del atentado en la casa cuartel de Zaragoza (Vox saca fotografías de Ortega Lara en el Congreso y maldice a Bildu, 17 de marzo de 2021) La forma en la que Vox hace un uso propagandístico de las víctimas de ETA suele llamar más la atención, pues no se limitan simplemente a mencionarlas, sino que van más allá. En este último caso, por ejemplo, dos diputados enseñaron diversas fotografías desde sus asientos. En otra ocasión, Santiago Abascal, líder del partido, empleó uno de sus turnos de palabra en mencionar los nombres y apellidos de cada una de las víctimas de la banda terrorista vasca. Casualmente, lo hizo como respuesta al partido EH Bildu, tal y como ya hiciera en 2013 Antonio Basagoiti, diputado y presidente del PP vasco: Abascal ha empleado su turno en relatar uno a uno la lista de las 857 víctimas de ETA, según la Fundación de Víctimas del Terrorismo, tras la intervención de la portavoz de EH-Bildu, Mertxe Aizpurua, emulando a Antonio Basagoiti que en 2013, siendo diputado y presidente del PP en el País Vasco, hizo lo mismo en un pleno en el Parlamento autonómico convocado por Bildu para hablar del “conflicto vasco” (Agencias, 21 de octubre de 2020) Si los nuevos partidos políticos siguen empleando propagandísticamente a las víctimas de ETA tras el cese definitivo de su actividad, los partidos políticos tradicionales 33 como PP y PSOE no son menos. Entre los socialistas, por ejemplo, nos encontramos con que incluso personas que han sido víctimas de ETA realizan un uso partidista de ellas. Fernando Grande-Marlaska, actual ministro de Interior perteneciente al PSOE, se utilizó a sí mismo en un debate desarrollado en el Congreso el 9 de marzo de 2021 para responder a la oposición. Cierto es que él no sacó el tema de ETA de la nada, sino que lo utilizó para contestar a las acusaciones vertidas en ese sentido por sus contrincantes políticos, pero en lugar de hacerlo mediante la defensa de las víctimas y de la democracia que consiguió vencer a la banda terrorista, lo hizo mediante su propia experiencia, lo cual acabó dando lugar a una victimización de sí mismo en favor no de los intereses de los afectados, sino de los suyos políticos, como se puede comprobar en este fragmento publicado en El País: «Yo fui objetivo de ETA. [Hubo] varios planes para atentar contra mi persona, uno muy desarrollado. Me siento casi culpable porque hoy muchos están muertos y yo sigo viviendo». Y remató: «¿Cómo va a humillar a las víctimas de ETA el Gobierno al que pertenezco?» (Hermida, 10 de marzo de 2021) También en el PP nos encontramos con personas que aprovechan su condición de víctimas para pedir el voto para un candidato popular. Mari Mar Blanco, hermana de Miguel Ángel, ha utilizado propagandísticamente su tragedia personal, como se ha descrito anteriormente. Hoy en día, continúa haciéndolo. Tanto ella como Teresa Jiménez-Becerril, ambas integrantes del PP y víctimas de ETA debido a que la banda terrorista asesinó a sus respectivos hermanos, pidieron el voto para Isabel Díaz Ayuso en las elecciones madrileñas celebradas el 4 de mayo de 2021 porque «a su juicio, es “la única candidata” que defiende a las víctimas del terrorismo» (Aduriz y Caballero, 28 de abril de 2021). De nuevo vemos cómo se usa un elemento concreto (la defensa de las víctimas del terrorismo etarra) para conseguir la adhesión de los ciudadanos a un proyecto político completo que implica muchas más cuestiones. Según Leonisio, es precisamente el Partido Popular quien más tiempo de su discurso dedicó a las víctimas entre 1980 y 2011, solo por detrás del ya desaparecido UPyD (2013: 34). Reyes Mate también sugiere una mayor tendencia del PP a hablar de las víctimas de ETA: «Mientras al Gobierno socialista le cuesta entender la importancia de las víctimas, el Partido Popular parece haberse identificado con ellas, proclamando que ellos sí son conscientes de cuál sea su lugar» (2008a: 17). 34 Tzvetan Tódorov trata de dilucidar el motivo de la existencia de esa «necesidad experimentada por otros individuos o grupos de reconocerse en el papel de víctimas pasadas»: «Haber sido víctima da derecho a quejarse, a protestar y a pedir» (2000: 54). Pero es que el autor franco-búlgaro va más allá, y llega a profundizar en las razones que llevan no ya a individuos, sino a grupos, a identificarse con los damnificados: Si se consigue establecer de manera convincente que un grupo fue víctima de la injusticia en el pasado, esto le abre en el presente una línea de crédito inagotable. Como la sociedad reconoce que los grupos, y no sólo los individuos, poseen derechos, hay que sacar provecho; ahora bien, cuanto mayor fuese el daño en el pasado, mayores serán los derechos en el presente. En vez de tener que luchar para obtener un privilegio, éste es recibido de oficio por la sola pertenencia al grupo antes desfavorecido. (2000: 54-55) Esta explicación encaja perfectamente con muchas de las actuaciones del Partido Popular, que sigue intentando sacar rédito político de su papel de víctima de ETA aún con la banda terrorista inactiva, como a continuación se estudiará. Análisis Organizar actos que traten de evitar el olvido de las víctimas de cualquier conflicto no siempre conlleva la utilización propagandística de las mismas. Reyes Mate habla de la «deuda que les debemos y que deberían conocer y reconocer las generaciones futuras» (2008a: 87) en referencia a la valentía con la que los miembros de los partidos políticos objeto del acoso de ETA (sobre todo el PP) mantuvieron sus ideales a sabiendas de que eso podría costarles la vida, como al final les ocurrió a muchos de ellos. Sin embargo, Mate asegura, por otro lado, que «resulta moralmente incomprensible que un demócrata se aproveche de la perversa cosecha del violento» (2008a: 85), algo en lo que precisamente incurre el PP cuando intenta sacar partido de su papel de víctima de ETA, como ya se ha podido comprobar en anteriores ejemplos. A continuación, profundizaré en uno más concreto debido a su magnitud y al momento clave en el que se produjo: el acto de homenaje que el PP organizó los días 15 y 16 de julio de 2017, por el 20 aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, bajo el lema ‘Sigues dejando huella’ (Partido Popular, 18 de julio de 2017a). Mi intención es encontrar las relaciones que el PP establece entre Miguel Ángel Blanco y otras cuestiones 35 políticas que nada tienen que ver con la tragedia que vivió el concejal de Ermua con el fin de demostrar que el Partido Popular aprovecha lo que le pasó a Blanco para sus propios intereses políticos, pero con un matiz muy importante: estas relaciones buscan lograr que disentir respecto a los mensajes políticos que se lancen (que no tienen nada que ver con el concejal de Ermua) signifique disentir también de la idea de que lo que le pasó a Blanco fue terrible. Así, aquellas personas que no estén de acuerdo con la posición que el PP mantiene respecto a determinadas cuestiones políticas, lo tendrán más difícil para defender la suya, puesto que en seguida se les consideraría favorables a la banda terrorista que mató a Miguel Ángel. Para demostrar todo esto, trataré de analizar los medios que puso el PP para conseguir su objetivo. El principal fue el discurso de cada uno de los invitados al acto, que estuvo lleno de referencias emotivas y de comparaciones de la tragedia de Blanco con otras cuestiones políticas que no tenían nada que ver con lo que le pasó a él, pero también tienen importancia otros elementos como la puesta en escena, la estructura del propio acto o los intervinientes. Por ejemplo, los participantes del acto se olvidaban en muchas ocasiones casi por completo de Miguel Ángel Blanco. Por eso, para que el público tuviese siempre presente a la persona en cuyo nombre se estaba hablando, se colocó detrás del escenario una gran lona con la imagen del concejal que más se difundió cuando lo secuestraron. En el acto, además, participaron 20 personas, la mayoría de las cuales (18) ostentaba cargos en el PP en 2017 o en 1997, y ninguna víctima, salvo la hermana de Miguel Ángel, Mari Mar Blanco, que también era miembro del PP. El perfil de los invitados al acto ya nos indica un cierto uso partidista de la figura del concejal de Ermua. Si hubiesen participado también expertos y otras voces autorizadas ajenas al partido que hablasen de cuestiones relacionadas con las víctimas y el conflicto, no habría motivo por el que tratar este acto como un ejemplo de uso partidista de las víctimas de ETA y, en concreto, de Miguel Ángel Blanco, al menos en ese aspecto. Pero no es el caso, y además de este, existen otros muchos elementos que me permiten demostrar esta afirmación. Uno de ellos lo encontramos en la forma en la que se articularon los contenidos del evento. Cardete Quintero, de Esteban Curiel y Antonovica recogen el principio de estructura como uno de los que «pueden incrementar la exactitud y claridad de los mensajes» de los políticos (2020: 65). La organización del mensaje en una serie de etapas sucesivas puede aumentar la posibilidad de que el receptor perciba y comprenda de forma 36 clara lo que el emisor está tratando de transmitirle. En este caso que estoy analizando, el PP decidió dividir las intervenciones en diferentes bloques con el siguiente orden: ‘La unidad de España frente al desafío secesionista’, ‘Desafíos de la Unión Europea: el terrorismo yihadista’, ‘Como el populismo deriva en autoritarismo’, y ‘Antes y después de la barbarie terrorista’. La secuencia que siguen también es indicativa del uso partidista de Miguel Ángel Blanco, y es que los tres primeros bloques, que apenas tenían relación con él, se trataron en la primera jornada del acto, donde acudieron más personas y de mayor rango en el partido. Sin embargo, el último bloque, el único que versaba sobre algo relacionado con el concejal de Ermua, se dejó para el segundo día. El resto de temas se trataron antes y constituyen, además, un fiel reflejo del contexto político que marcó 2017: Cataluña, Venezuela y el yihadismo. El 1 de octubre de ese año, se celebró el referéndum de independencia de la comunidad catalana. Durante los meses anteriores, esta cuestión estuvo muy presente en la actualidad política, ya que era un proceso ilegal. La situación venezolana también se encontraba muy candente en 2017, puesto que tuvieron lugar varias manifestaciones y protestas sociales que llegaron a provocar 120 muertos (EFE, 27 de diciembre de 2017). Por otro lado, el yihadismo había afectado bastante al país en 2017. En junio, el español Ignacio Echeverría murió en un atentado de corte islamista ocurrido en Londres (González y Sahuquillo, 8 de junio de 2017). En agosto, tuvo lugar otro ataque de este tipo en Barcelona (García, Congostrina, Güell y Carranco, 18 de agosto de 2017). Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación del PP por aquel entonces, por ejemplo, vinculó a Miguel Ángel con dos de estas tres cuestiones a través del hilo conductor de su discurso, que fue la reivindicación de «héroes de lo cotidiano» (Partido Popular, 18 de julio de 2017b: 4m40s) como Blanco y otras personalidades asociadas, en este caso, a Venezuela y el yihadismo: Nosotros no idolatramos a asesinos, sino que idolatramos a héroes como tu hermano [en referencia a Mari Mar Blanco] […] A mí me entristece mucho ver cómo un estudiante puede llevar una camiseta de Chávez [expresidente de Venezuela], en vez de llevar una camiseta de otro héroe vivo como es Leopoldo López [opositor venezolano] […] Yo prefiero reivindicar a héroes como Ignacio Echeverría (Partido Popular, 18 de julio de 2017b: 3m18s a 5m09s) 37 Mariano Rajoy hizo lo propio con Cataluña. Al contrario que Casado, no buscó ningún elemento retórico que conectase esa cuestión con Miguel Ángel. Después de hablar de su secuestro y asesinato, mencionó de forma aislada el bloque dedicado a la independencia de Cataluña: «Sé que vais a dedicar una parte importante de esta jornada al desafío secesionista que hoy sufrimos en España […] Yo quiero deciros que este es un desafío que no lleva a ninguna parte» (Partido Popular, 18 de julio de 2017c: 13m00s). A partir de esta introducción, Rajoy habló sobre el tema sin hacer ningún tipo de referencia al concejal de Ermua, lo cual demuestra que Blanco no era el protagonista del acto, sino la excusa para verter otro tipo de opiniones sobre cuestiones ajenas a su tragedia. Así, en medio de este contexto, el Partido Popular convierte casi la totalidad de un acto de homenaje a Miguel Ángel Blanco en un mitin propagandístico para tratar cuestiones políticas que nada tenían que ver con el concejal de Ermua. Para ello, buscaron puntos de conexión entre la tragedia de Blanco y los diferentes temas de actualidad ya mencionados (Cataluña, Venezuela y yihadismo), de tal manera que cada participante terminó olvidándose de Blanco para acabar centrándose, sobre todo, en la actualidad de entonces. En ese sentido, cabe destacar otro principio del que hablan Cardete Quintero, de Esteban Curiel y Antonovica que también atravesará gran parte de las manifestaciones de los intervinientes de este acto: el de comparación: Es esencial para obtener una clara comunicación, pues se comprende mejor a través de la comparación de conceptos. Se trata de un recurso que logra identificar los parecidos y ayuda a remarcar las diferencias de dos o más ideas a través del uso de modelos, metáforas, analogías y explicaciones (Cardete Quintero, de Esteban Curiel y Antonovica, 2020: 66) Capdevila (2005) profundiza un poco más en esto a través de los spots electorales, que nos sirven también para analizar este mitin que, aunque no se enmarca dentro de ninguna campaña electoral, sí que tiene como uno de sus fines mantener la fidelidad de los votantes y lograr la adhesión de algunos nuevos. Según ella, «en discursos persuasivos las microestructuras se plasman en lenguaje figurado. Las figuras retóricas son una manifestación de procesos más profundos de la inventio y la dispositio [dos de las cinco partes retóricas que articulan los niveles estructurales que componen un spot electoral] que, mediante transformaciones sobre estructuras profundas, consiguen añadir elementos estético persuasivos» (2005: 244). 38 Capdevila conecta con Cardete Quintero, de Esteban Curiel y Antonovica al enumerar las principales figuras retóricas: metáfora, metonimia, sinécdoque, antítesis, elipsis y repetición. Es la primera, la metáfora, la que atraviesa todo el acto de homenaje del PP a Miguel Ángel Blanco, pues, según Capdevila, «establece una operación de asociación entre dos conceptos que pueden tener algún punto en común» (2005: 244), y los populares hallaron ese punto entre el conflicto vasco y Cataluña, Venezuela y el yihadismo en la búsqueda de la independencia, en las consecuencias del populismo y en las del autoritarismo, respectivamente. En el discurso de Javier Maroto, vicesecretario de Política Social y Sectorial del PP, tenemos un claro ejemplo de esta figura retórica. Al principio, se dirigió a Mari Mar Blanco para manifestar el orgullo que sentía por Miguel Ángel debido a lo que Maroto cree que simboliza: «Si tu hermano hoy significa algo, es solo y nada más que el mejor de los símbolos de la lucha por la libertad» (Partido Popular, 18 de julio de 2017d: 2m29s). Seguidamente, pasó a hablar sobre la independencia catalana llegando a comparar a Carles Puigdemont con el director de orquesta del Titanic (Partido Popular, 18 de julio de 2017d: 7m27s). Así, una metáfora literal en referencia única y exclusivamente a Cataluña se enmarcó dentro de un discurso cuyo fin era relacionar la situación catalana con el conflicto vasco. Junto a la metáfora, tenemos al uso de las emociones como otro elemento propagandístico también latente en todo el acto de homenaje. Vega dice que «los mensajes políticos que apelan a emociones pueden tener una mejor receptividad por parte de la audiencia que los que no contienen elementos emocionales», pero la autora va más allá y especifica que las emociones negativas (culpa, miedo, ira e incertidumbre) son más utilizadas que las positivas (esperanza, orgullo, confianza y confort) «porque este tipo de propaganda ha demostrado ser altamente efectiva en varios casos» (2000: 141). Todas estas emociones están presentes en el acto del PP, pero cabe destacar el uso que los populares hacen de la ira y el orgullo. Como se verá a continuación, los participantes tratan de manifestar constantemente el orgullo que todo español debería sentir por Miguel Ángel Blanco, al que se le define como un mártir que dio su vida por la libertad, como ya se ha visto. El ‘sacrificio’ que hizo se utiliza para intensificar la ira hacia quienes se considera principales culpables del conflicto en el País Vasco (ETA) y, al mismo tiempo, hacia aquellas circunstancias políticas actuales (Cataluña, Venezuela y yihadismo) que al PP le interesa relacionar con la banda terrorista. 39 Un gran ejemplo de la relación que establece el PP entre Miguel Ángel y la independencia catalana lo encontramos en la primera intervención del acto, la de Xavier García Albiol, presidente del PP de Cataluña, que desde el primer momento revela el uso tanto de la metáfora como de las emociones con un fin propagandístico. Por un lado, conecta el asesinato de Blanco con los momentos de «indignidad política» (Partido Popular, 18 de julio de 2017e: 1m04s) que estaba viviendo Cataluña en 2017. Por el otro, sugiere que pactar con EH Bildu es lo mismo que hacerlo con ETA, un argumento bastante repetido por el ala conservadora de la política nacional, como ya se ha comentado. Albiol iguala a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) con ETA cuando habla de los actos que lleva a cabo junto con Arnaldo Otegi, coordinador general de EH Bildu desde junio de 2017. De esta forma, el presidente del PP catalán intenta que su audiencia sienta hacia ERC la misma ira que sienten hacia la banda terrorista vasca con el objetivo deslegitimar cualquier acuerdo con ellos, al igual que ocurre con EH Bildu. El uso de la metáfora es clave a la hora de persuadir al público, pero la antítesis, otra figura retórica, también juega un papel especial: «Unos son federalistas, otros somos autonomistas; unos republicanos, otros monárquicos; pero, al final, todos, en mayor o menor medida, nos sentimos catalanes y españoles» (Partido Popular, 18 de julio de 2017e: 8m28s). La contraposición de algunas de las diferentes identidades que tienen las personas acaba desembocando en la idea que el Partido Popular quiere transmitir en este bloque: la unidad de España. Esta figura retórica también está presente en la reflexión de Javier Maroto: «Este discurso se entiende igual el Melilla que en Vitoria, […] en un pueblecito pequeño […] o en una gran capital, lo entiende bien un afiliado de Nuevas Generaciones y lo entiende también cualquier persona de más edad» (Partido Popular, 18 de julio de 2017d: 8m37s). Todo esto vuelve a demostrar que Miguel Ángel no es el protagonista del acto, sino el pretexto para hablar de otras cuestiones ajenas a su tragedia: moción de censura, investidura, reforma constitucional, presupuestos, creación de empleo… Todos estos términos aparecen en el discurso de Maroto. Lo mismo ocurre en el segundo bloque, ‘Desafíos de la Unión Europea: el terrorismo yihadista’. Juan Ignacio Zoido, por entonces ministro de Interior, comenzó hablando del caso del concejal de Ermua. Fue quien más tiempo le dedicó: casi la mitad de su intervención de 30 minutos fueron para él; otros intervinientes, como José Ramón García, Secretario Relaciones Internacionales PP, ni siquiera le dedicaron unas palabras al que supuestamente era el protagonista del acto. Sin embargo, el ministro terminó 40 cambiando de tercio hacia el terrorismo islamista. Tanto en la parte del discurso dedicada a Blanco como en la dedicada al yihadismo, Zoido realizó constantes y numerosas referencias a la labor del Partido Popular en ambos aspectos, las cuales tenían como fin fomentar una de las emociones positivas anteriormente mencionadas: la confianza en el PP y en su trabajo por la defensa de la ciudadanía ante peligros como el yihadismo y el terrorismo etarra: Ahí [en el espíritu de Ermua] se unió todo el mundo. Es verdad que no pasó mucho tiempo que empezaron los desmarques. Unos por un motivo, otros por otro, y empezaron a flaquear las fuerzas, pero siempre hubo un grupo y hubo un partido, que fue el Partido Popular, que ni cambió entonces de mensaje ni cambia ahora tampoco (Partido Popular, 18 de julio de 2017f: 3m49s) [La detención preventiva de yihadistas en España] no es fruto de una casualidad, es fruto de que hemos tenido un gobierno del Partido Popular, de Mariano Rajoy, responsable que ha cambiado la legislación penal (Partido Popular, 18 de julio de 2017f: 16m48s) El bloque ‘Cómo el populismo deriva en autoritarismo’ está dedicado a Venezuela, a pesar de que no se especifique del todo en el título 2 . En él intervino uno de los dos únicos participantes del homenaje que no formaban parte del PP: Miguel Henrique Otero, director del periódico venezolano El Nacional, que ni siquiera mencionó a Miguel Ángel Blanco y a ETA. Habló de la ruta que Venezuela ha seguido hacia la dictadura mediante el populismo aprovechando la conexión que el PP ya se había encargado de establecer entre este tema y el conflicto vasco para justificar su presencia en el acto: Jordi Roca, portavoz adjunto de Exteriores del PP en el Congreso de los Diputados, dejó claro nada más comenzar su discurso que los asesinos de Miguel Ángel eran populistas y totalitarios, y seguidamente comparó lo que hicieron con la situación que vivió él en Venezuela cuando pasó allí parte de su infancia (Partido Popular, 18 de julio de 2017g: 1m37s). 2 El panorama político de Venezuela suele ser bastante utilizado por el Partido Popular para hacer propaganda en España y, sobre todo, para intentar desacreditar a partidos políticos españoles que, por su ideología, están más cercanos a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, que el PP. El hecho de que los medios utilizados por Maduro para gobernar sean, en ocasiones, democráticamente reprobables, le permite al PP atacar a aquellos partidos como Podemos que, según los populares, suelen estar de acuerdo con todo lo que hace el gobierno venezolano. 41 El otro invitado que no formaba parte del partido fue Miguel Ángel Ballesteros Martín, general director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, que simplemente expuso en el bloque anterior las líneas estratégicas que militarmente se siguen para acabar con la actividad yihadista. Él sí que habló de Blanco, pues conectó la resiliencia de la sociedad y los gobiernos a la hora de evitar la negociación y la justificación de los terroristas, sean del tipo que sean, para hablar de lo que supuso el asesinato del concejal de Ermua. Ellos dos se limitaron a transmitir sus conocimientos, que coincidían con la línea ideológica que el PP tiene respecto a ambos temas, pero no hicieron propaganda a favor del partido, o al menos no explícitamente. Jordi Roca, en cambio, sí que volvió a hacerla. Solo mencionó a Miguel Ángel Blanco para decir algo sobre sí mismo, ya que fue su asesinato lo que le hizo ingresar en el PP. A partir de ahí, aprovechó la temática del tercer bloque para atacar a adversarios políticos comparándolos con el populismo venezolano: «Pero sobre todo utilizan [en referencia a los populistas] la violencia contra las almas, la mentira […] A Podemos ya sabéis que se les da muy bien esto de la propaganda» (Partido Popular, 18 de julio de 2017g: 7m11s). Pedro Mouriño Uzal, fundador y director ejecutivo del grupo empresarial de inversión IberAtlantic Global Corporation y antiguo miembro de las Nuevas Generaciones del PP, también hizo hincapié en esa relación entre Podemos y Venezuela: comparó a las juventudes populares que ensalzan a «héroes» como Miguel Ángel Blanco (única referencia que hizo al concejal de Ermua en todo su discurso) con «otras que ensalzan al Che Guevara» (Partido Popular, 18 de julio de 2017h: 1m46s) en clara referencia a la formación morada. La repetición del argumento de Mouriño y Roca despierta entre los ciudadanos otra emoción negativa: la incertidumbre de lo que puede pasar en España si Podemos llega a gobernar. En este sentido, cabe destacar el empleo indirecto de otra técnica propagandística que cruza todo el ‘homenaje’. En el acto se expresan argumentos en los que el PP suele incidir mucho en su día a día. Castillo Sánchez (1988) dice que repetir una serie de ideas «por todos los medios de comunicación de que se disponga, pero siempre cuidando el matiz diferente» (1988: 43) es una de las principales técnicas propagandísticas, y aquí queda claro que el Partido Popular utiliza este evento para transmitir de nuevo su argumentario político, aunque con ese matiz diferente que Castillo Sánchez señala y que, en este caso, consiste en vincularlo a Miguel Ángel Blanco, lo cual 48 Recuperado de https://elpais.com/ccaa/2017/08/17/catalunya/1502982054_017639.html Garza, C. (1998). Spain's mobilization against terrorism: the death of Miguel Angel Blanco. International Journal on World Peace, 15(4), 91-99. Gil, A. (10 de julio de 2017). 20 años de Miguel Ángel Blanco: del desborde ciudadano contra la violencia de ETA a la pugna política por los homenajes. elDiario.es. 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