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Lo real y lo virtual en la neurociencia: ¿inteligencia artificial o tránsito hacia una nueva metaciencia?

Ortíz de Landázuri, Carlos

Abstract

El materialismo eliminativo de Libet pretendió salvar las paradojas del empiriocriticismo de Mach, llevando a cabo una rigorosa comprobación empírica de tres supuestos: la validez de un paralelismo psicofísico mente-cerebro, de una inteligencia automática y de un paralelismo psicosocial igualmente inconsciente. Sin embargo la metaciencia cognitiva ha vuelto a hacer notar la interacción explicativo-comprensiva y real-virtual que ya Dilthey postuló entre ellos.

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1 Libet, B.; Mind Time. The temporal Factor in Consciousness, Harvard University, Harvard, 2004; Mind Time. Wie die Gehirn Bewusstsein produziert, Suhrkamp, Frankfurt, 2005. 2 Cf. Dennett, D. C.; Consciousness explained, Penguin, London, 1992. 3 Cf. Doty, R. W.; “Two brains, one person’, Britain Research Bulletin, 50, 1999, p. 46. 4 Cf. Sarkar, S.; Pfeifer, J.; The philosophy of science. An encyclopedia, Routledge, New York, 2005. 5 Cf. Brook, A.; Akins, K. (eds.); Cognition and the Brain. The Philosophy and Neuroscience Movement, Cambridge University, Cambridge, 2005. 6 Cf. Dennett, D. C.; Sweet dreams. Philosophical obstacles to a science of consciousness, MIT, Cambridge, Mass., 2005. 7 Cf. Churland, P. S.; Neurophilosophy. Toward a Unified Science of the Mind/Body, Bradford, MIT, Cambridge (Mass), 1986. THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 39, 2007. LO REAL Y LO VIRTUAL EN LA NEUROCIENCIA: ¿INTELIGENCIA ARTIFICIAL O TRANSITO HACIA UNA NUEVA METACIENCIA? Carlos Ortiz de Landázuri. Universidad de Navarra. Resumen: El materialismo eliminativo de Libet pretendió salvar las paradojas del empiriocriticismo de Mach, llevando a cabo una rigorosa comprobación empírica de tres supuestos: la validez de un paralelismo psicofísico mente-cerebro, de una inteligencia automática y de un paralelismo psicosocial igualmente inconsciente. Sin embargo la metaciencia cognitiva ha vuelto a hacer notar la interacción explicativo-comprensiva y real-virtual que ya Dilthey postuló entre ellos. Abstract: The eliminative materialism of Libet tried to save the paradoxes of the empirio-criticism of Mach, contributing a mental experiment in defence of three supposed ones: the validity of a psycho-physic parallelism mind-brain, of an automatic intelligence and an equally unconscious psycho-social parallelism. Nevertheless the cognitive meta-science has returned to make notice the explanatory-comprehensive and real-virtual interaction that already Dilthey postulated among them. 1. Libet, 2004: el experimento crucial a favor de un campo mental consciente. Benajamin Libet defendió en Tiempo mental. Cómo el cerebro produce la conciencia1, la posibilidad de someter a verificación empírica el paralelismo psicofísico y la génesis neurológica de la conciencia subjetiva o mental, sin considerarlo un problema irresoluble, como sucedió en McGinn, Chalmers, o los ‘qualia’ de Dennett. Con este fin defendió dos tesis2: a) La temporalidad retardada como rasgo neurofisiológico de los mecanismos inconscientes de la mente humana, que permite diferenciar lo involuntario respecto de lo voluntario, o lo inconsciente respecto de lo consciente, como sucede en el fenómeno ‘ahora actúo’, en polémica con Doty3. En estos casos la desincronización entre lo dicho y lo hecho se atribuye a las diferentes velocidades de respuesta de cada mente en particular, sin sacar la consecuencia oportuna4: el retardo temporal existente entre la estimulación neurológica inicial y la posterior aparición de la conciencia subjetiva es el factor decisivo del carácter fragmentado y multiforme ahora atribuido al paralelismo psicofísico, así como de la mera función de veto atribuida al libre arbitrio, fácilmente explicable en virtud de motivaciones ocultas o de un cálculo inconsciente de consecuencias5; b) La teoría del campo mental consciente aportó una respuesta estrictamente científica del problema de la articulación mente-cerebro desde un materialismo eliminativo aún más estricto que el de Dennett6 o Churland7, sin necesidad de recurrir tampoco a una teoría del homúnculo, como siguió sucediendo en Searle. En efecto, ahora se podrían justificar las peculiaridades de los epifenómenos de la conciencia subjetiva en virtud del retardo temporal que a su vez genera la estimulación neuronal correspondiente, aunque con una salvedad: sólo se podrían justificar 128 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 8 Cf. Sorensen, Roy A.; Thought experiments, Oxford University, Oxford, 1992. 9 Cf. Ortiz de Landázuri, C.; 'Lo real y lo virtual después de Einstein: ¿Vigencia del experimento mental en Mach o vuelta al Kant postcrítico?', VII Congreso Internacional de Ontología, De la caverna platónica a Internet, 2-6 de Octubre de 2006, UPV, Donosti, Octubre 2006, sin publicar. 10 Cf. Goldman, A. I.; Simulating Minds. The Philosophy, Psychology, and Neuroscience of Mindreading, Oxford University, Oxford, 2006. 11 Cf. Penrose, R. La nueva mente del emperador, Mondadori, Madrid, 1991. 12 Cf. Ortiz de Landázuri, C.; ‘El lugar del experimento mental en la evolución intelectual de Einstein. Desde el joven Einstein hasta la formulación de la teoría especial y generalizada de la relatividad’, V Congreso de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia de España, Noviembre, 2006, Universidad de Granada, sin publicar. 13 Cf. Oeser, E.; Das selbstbewusste Gehirn. Perspektiven der Neurophilosophie, Wissenschaftliche Buchgesellscahft, Würzburg, 2006. 14 Cf. Carruthers, P.; The Architecture of the Mind. Massive Modularity and the Flexibility of Thought, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006. mediante un simple experimento mental, sin poder ya comprobar este retardo de la conexión de forma directa8. De ahí la necesidad de admitir el complemento de un experimento crucial que permitirían confirmar o refutar el anterior retardo de la conexión mente-cerebro y elaborar incluso un mapa cerebral de zonas corticales, según sean capaces o no de provocar una respuesta subjetiva o vivencia psicológica proporcionada, una vez recibida la estimulación adecuada. Se proponen así diversos experimentos de desestimulación y re-estimulación de zonas corticales deliberadamente aisladas del resto del cerebro, que permitirían comprobar científicamente el multiforme e igualmente fragmentado paralelismo psicofísico que ahora se establece entre el sobreentendido campo cerebral inconsciente y la realidad de un campo mental consciente9. Para concluir una reflexión crítica: El materialismo eliminativo de Libet da lugar a una contradicción manifiesta, ya sea por pretender traspasar los límites de lo efectivamente comprobable en la experiencia, atribuyendo a la conciencia un carácter experimental, al modo de Searle, como ya le criticó Churland 10; o por identificar la actividad cerebral con la de una inteligencia artificial, como también le criticó Penrose, aunque fuera por los motivos opuestos al anterior11. En efecto, para poder justificar el carácter experimental ahora atribuido a estos campos mentales y cerebrales tan complejos y fragmentados, se hace necesario postular una relaciones miméticas de bi-similitud entre sus respectivas variables independientes y dependientes, así como una inteligencia artificial, automática o simplemente mecánica - incapaz de controlarse a sí misma – que, sin embargo, debería otorgar un carácter aún más refutable y autocrítico a los experimentos mentales y cruciales por los que se justifica. Libet rechazó, por otra parte, la pretendida identidad o equivalencia de su inteligencia inconsciente con otra meramente artificial, cuando en su caso se pretende resaltar más bien el carácter fragmentado y multiforme de las diversas manifestaciones de la conciencia. En cualquier caso el debate sobre la neurociencia adquirió con Libet un marcado acento mentalista, que exigió la intervención de otros neurocientíficos materialistas12. Veamos un caso. 2. Oeser, 2006: la ampliación psicosocial del campo mental consciente. Erhard Oeser en El cerebro autoconsciente. Perspectivas de la neurofilosofía13, amplia la aplicación del proyecto materialista eliminativo de la neurociencia a los diversos tipos de conciencia. En su opinión, la demostración por parte de la neurociencia de un paralelismo psicofísico entre la mente y el cerebro permitiría lograr una definitiva erradicación de los residuos ancestrales de la metafísica del sujeto, que aún subsisten en la cultura contemporánea, especialmente en la antropología cultural y evolutiva14. Con este fin se recuperan los experimentos mentales y cruciales de la neurociencia de Libet, incluyéndolos dentro de un programa empiriocriticista y antimetafísico similar a los defendidos por la filosofía y teoría de la ciencia de Mach. Además, la neurociencia permitiría extrapolar estas propuestas a la antropología cultural y evolutiva, a la ética de la responsabilidad y a las ciencias del espíritu en general, con una ventaja: permitiría pasar estos saberes de una formulación en primera persona a otra en tercera persona, generando a su vez un 129 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 15 Cf. Gaynesford, M.; I. The Meaning of the First Person Term, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006. 16 Cf. Damasio, A. R.; Descartes Irrtum. Fühlen, Deken und mensliche Gehirn, München, 1945. 17 Cf. Eigen, M.; The Sensitive Self, Wesleyan University, Middletown (CT), 2004. 18 Cf. Bergmann, M.; Justification without Awareness. A Defense of Epistemic Externalism, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006. 19 Cf. Metzinger, T. (Hrsg.); Bewusstsein. Beiträge aus der Gegenwartsphilosophie, Mentis, Padeborn, 2005. 20 Cf. Koch, C.; The Quest for Consciousness. A Neurobiological Approach, Roberts, Englewood (CO), 2004. 21 Cf. Sturma, Dieter; Philosophie und Neurowissenschaften, Suhrkamp, Frankfurt, 2006. 22 Cf. Kühne, Ulrich; Die Methode des Gedanken-experiments, Suhrkamp, Frankfurt, 2005. paralelismo psicosocial muy peculiar y transformándose así en un saber unificador de todos los saberes científicos15. A este respecto la neurociencia dejaría de justificar las relaciones mente-cerebro en nombre de una teoría del homúnculo, del espíritu o de la inteligencia, al modo como Damasio ya criticó en Descartes y por extensión a Popper, Eccles, o el propio Chomsky16. A este respecto se concibe la conciencia como una propiedad sobrevenida global, que a su vez vendría generada por la falsa ilusión de participar en un ámbito de realidad superior verdaderamente autónomo, cuando tampoco se puede garantizar el correspondiente correlato bi-símil en el respectivo campo cerebral inconsciente y solo se debería concebir como una simple propiedad sobrevenida local. Por eso se prefiere seguir refiriéndose a distintos tipos de conciencia con una intencionalidad diferenciada, según se trate de la conciencia lingüística, estética, moral, jurídica o religiosa, sin pretender establecer un criterio de unificación entre ellas17. De ahí que se postule una doble reducción psicofísica de las vivencias subjetivas propias de cada ciencia, primeramente, a la realidad de un campo mental consciente; y, posteriormente, a la suposición de un ulterior campo cerebral inconsciente. Sólo así sería posible llevar a cabo una comprobación experimental del retardo temporal y de las relaciones de bi-similitud existentes entre ambos campos cerebrales, el consciente y el inconsciente, dando a su vez razón de la peculiar mimética psicosocial que de este modo se genera18. Para concluir una reflexión crítica. Oeser ha llevado hasta sus últimas consecuencias el materialismo eliminativo neurocientífico de Libet, tratando de evitar a su vez alguna posiciones numantinas indefendibles del materialismo clásico de Mach. Pero es precisamente aquí donde su estrategia se vuelve más discutible. En efecto, la aceptación del los anteriores experimentos mentales y a la vez cruciales que han permitido llevar a cabo la anterior doble reducción psicofísica, también requiere admitir la posibilidad de intercambiar experiencias con los demás interlocutores sociales, dando lugar a una peculiar mimética psicosocial, sin que el único interlocutor válido solipsista sea ya el propio cerebro19. Evidentemente Oeser no tiene en cuenta este segundo paralelismo psicosocial cada vez más compartido que la neurociencia también debe postular entre la mente, el cerebro y las otras mentes. Evidentemente Oeser no tiene en cuenta este tipo de presupuestos de su propio método, cosa que no ocurre en otros neurocientíficos. Veamos dos de ellos20. 3. Sturma, 2006: el paralelismo entre las neurociencias y las ciencias del espíritu. Dieter Sturma en la obra colectiva Filosofía y neurociencias21, ha reconstruido el paradójico paralelismo que hoy día se han vuelto a producir entre las neurociencias y las ya clásicas ciencias del espíritu. En efecto, la localización de un paralelismo psicofísico tan fragmentado por parte de las neurociencias fue resultado de experimentos mentales y a la vez cruciales muy sofisticados, así como de complejos procesos de explicación y comprensión compartida, al modo como con anterioridad ya había sido señalado por la tradición neokantiana22. En ambos casos el reconocimiento de la mediación de la praxis material o neuronal en la descripción e interpretación de la realidad de la conciencia, también habría conducido a una reflexión filosófica más profunda sobre las condiciones de posibilidad subyacentes a sus respectivos procesos de explicación y comprensión, exigiendo la elaboración de un 130 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 23 Cf. Taylor, Barry; Models, Truth, and Realism, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006. 24 Cf. Gendler, T. S.; Hawthorne, J.; Oxford Studies in Epistemology, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006. 25 Cf. Rosenberg, A.; Philosophy of Science. A Conteporary Introduction, Routledge, Abingdon, 2006. 26 Cf. Sustar, P.; Il problema delle leggi biologiche. Una soluzione di tipo kantiano, CLEUP, Padova, 2005. 27 Cf. O’Shaughnessy, B.; Consciousness and the World, Clarendon, Oxford, 2000. 28 Cf. Stoljar, D.; Ignorance and Imagination. The Epistemic Origin of the Problem of Conciousness, Oxford University, Oxford, 2006. 29 Cf. Boden, Margaret A.; Mind as Machine. A History of Cognitive Science, Vol. I-II, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006. materialismo aún más sofisticado. En cualquier caso el materialismo eliminativo tuvo que llevar a cabo una previa justificación metacientífica o filosófica del alcance intersubjetivo otorgado a los respectivos mecanismos automáticos inconscientes o a las diversas formas de racionalidad compartida resultante, ya que su concurso se hizo necesario para poder justificar dichos procesos de explicación y comprensión23. Evidentemente la neurociencia otorgó a sus diversas especialidades múltiples usos heurísticos y terapéuticos, anteponiendo un objetivo metaciéntifico o filosófico muy preciso: invertir el círculo hermenéutico en sí mismo vicioso que suele acompañar a la descripción inicial e interpretación posterior de estos mismos procesos de explicación y comprensión de las relaciones existentes entre lo físico y lo psíquico, entre el cerebro y la mente, entre los acontecimientos y las vivencias, a fin de poder postular una complementariedad recíproca entre ellos. Sólo así se pudo admitir el futuro logro de una explicación y comprensión neurocientífica de un paralelismo psicofísico y psicosocial más bi-símil y a la vez más compartido, a pesar de reconocer los numerosos condicionantes y limitaciones que en cada caso habría que superar24. A este respecto hay un objetivo común en las diversas propuestas de articulación entre la filosofía y las neurociencias aquí recogidas: superar la interacción unidireccional, las diferencias irrebasables y el cierre metodológico que el materialismo eliminativo terminó imponiendo de lo físico sobre lo psíquico, de lo neuronal sobre lo mental, de los acontecimientos sobre las vivencias, cuando más bien se debería establecer una complementariedad recíproca. Se defiende así una vuelta a la tradición neokanntiana de las ciencias del espíritu de Dilthey, en la forma como hoy día también habría sido recuperada por el ‘nuevo dualismo analítico’ o por la nueva ‘hermenéutica del lenguaje’ de algunos seguidores de Wittgenstein25. Sólo así las neurociencias pudieron iniciar una reflexión mas profunda sobre la peculiar complementariedad psicofísica y psicosocial existente entre todos estos extremos, sin minusvalorar los automatismos inconscientes y la simultánea racionalidad compartida que las hacen posibles. Hasta el punto que el método de la explicación y la comprensión se podría justificar, siguiendo a Dilthey, en virtud exclusivamente del libre juego de las facultades, al modo propuesto por el Kant post-crítico en la Crítica del Juicio, sin rechazar la posibilidad del libre arbitrio26. Para concluir una reflexión crítica. Se vuelve a Dilthey a la hora de reconocer la mediación que los procesos de explicación y comprensión ejercen en la formulación de los experimentos mentales y a la vez cruciales de la neurociencia. Sin embargo se presta poca atención a las posibles aportaciones que la neurociencia pudiera hacer a la correcta interpretación del nuevo horizonte real-virtual ahora descubierto27. Y en este sentido cabría preguntarse. ¿Las ciencias cognitivas en general y la inteligencia artificial en particular no tendrían algo que decir sobre el peculiar paralelismo psicofísico y psicosocial generado a su vez por estos automatismos inconscientes y estas nuevas formas de racionalidad compartida? Sturma no analiza este problema, aunque otros lo han hecho28. Veámoslo. 4. Boden, 2006; la articulación real-virtual entre mente y cerebro. Margaret A. Boden en La mente como una máquina. Una historia de la ciencia cognitiva29, ha reconstruido las posibles aportaciones históricas de la inteligencia artificial a la descripción del peculiar paralelismo psicofísico existente entre la mente y el cerebro. En efecto, los desarrollos históricos de las ciencias cognitivas han permitido depurar las peculiares relaciones psicofísicas y psicosociales existentes entre la mente, el cerebro y las otras mentes de viejos conceptos subjetivistas ya 131 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 30 Cf. Rheinberger, H-J.; Epistemologie des Konkreten. Studien zur Geschichte der modernen Biologie, Suhrkamp, Frankfurt, 2006. 31 Cf. Cacioppo, J. T.; Berntson, G. G. (eds); Social Neuroscience. Key Readings, Psychology, New York, 2005. 32 Cf. Thies, C.; Einführung in die philosophische Anthropologie, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 2004. 33 Cf. Stark, A.; The limits of Medicine, Cambridge University, Cambridge, 2006. 34 Cf. Popper, K. R.; Eccles, J.; El Yo y su cerebro, Paidós, Barcelona, 1982. 35 Cf. Searle, J. R.; Freiheit und Neurobiologie, Suhrkamp, Frankfurt, 2004. 36 Cf. Pagallo, U.; Introduzione alla filosofia digitale. Da Leibniz a Chaitin, G. Giappichelli, Torino, 2005. 37 Cf. Keeke, B. L. (ed); Paul Churland, Cambridge University, Cambridge, 2006. 38 Cf. Ross, D.; Brook, A.; Thompson, D. (ed); Dennett's philosophy. A comprehensive assessment, MIT, Cambridge, Mass., 2000. superados30. Se ha podido comprobar que tanto el paralelismo psicofísico como el psicosocial están a su vez condicionados por diversos procesos automáticos inconscientes, similares a los de la inteligencia artificial, pero también por otras formas de racionalidad compartida meramente convencional, que a su vez lo hacen posible. Hasta el punto de otorgar a este doble paralelismo un peculiar carácter real-virtual, que a su vez vendría condicionado por los desarrollos históricos de la inteligencia artificial y de las ciencias cognitivas, sin hacerlo depender ya exclusivamente de los criterios meramente empíricos a los que recurren los experimentos mentales y a su vez cruciales de la neurociencia31. Las ciencias cognitivas se conciben así al modo de una metaciencia capaz de reconstruir el peculiar paralelismo real-virtual que ahora debe postularse entre la mente, el cerebro y las otras mentes, sin reducirlo ya a un paralelismo psicofísico o psicosocial entre la mente y el cerebro o entre la mente y las otras mentes, cuando ambos se complementa recíprocamente entre sí. De este modo la neurociencia, junto a otros saberes, como la inteligencia artificial, la antropología cultural o la lingüística, habría entrado a formar parte de las ciencias cognitivas, consiguiendo una separación cada vez más clara entre dos aspectos32: por un lado, los mecanismos automáticos de explicación inconsciente, que ahora podrían ser objeto de los análisis de la inteligencia artificial; y por otro, los procedimientos de racionalidad compartida que habrían hecho posible el logro de una comprensión recíproca más plena, dando así entrada a un conjunto de especialidades aún más abiertas y pluralistas. Sólo así se pudo dejar un margen de indeterminación a la responsabilidad ética, que a su vez permitiera hacer compatibles los mecanismos automáticos de la inteligencia artificial con el libre ejercicio de la capacidad de arbitrio por parte de estas otras formas de racionalidad compartida, extrapolando sus conclusiones para la humanidad en su conjunto33. Según Boden, a lo largo de la historia del pensamiento ha habido tres posturas acerca de las relaciones entre la mente, el cerebro y las otras mentes, a saber: a) el dualismo psicofísico cartesiano, también seguido por Popper, Searle o numerosos teóricos de la ciencia34; hicieron depender las relaciones psicosociales del predominio decisionista otorgado al espíritu sobre la inteligencia meramente mecánica, inconsciente o simplemente artificial atribuida al cerebro, ya sea de un modo directo, o a través de una serie en cascada de estructuras lingüísticas automatizadas, como ahora también se critica a Chomsky (p. 627 y ss.)35; b) el conexionismo behaviorista humeano, seguido también por Russell, Skinner, o numerosos postmodernistas; se hizo depender el paralelismo psicofísico de una red inconsciente de automatismos egoístas psicosociales conectados entre sí a través de una inteligencia artificial plenamente autosuficiente, postulando a su vez un claro reduccionismo materialista de la mente respecto del cerebro, como ahora también se critica a Libet (p. 396, 1218, 1223)36; c) las ciencias cognitivas localizan una tercera vía media entre las dos anteriores, postulando una complementariedad entre estos dos anteriores paralelismos psicofísico y psicosocial, ya se formulen desde un materialismo eliminativo aún más sofisticado, como ocurrió en Churland37 o Dennett38; o para justificar la posibilidad de un genio emergente efectivamente innovador, como ahora sucede en Boden. De este modo Boden deja abierta una tercera posibilidad, a saber: establecer un peculiar paralelismo real-virtual aún más autocrítico entre la mente, el cerebro y las otras mentes, que nos permita compartir una determinada reconstrucción racional de la inteligencia artificial, sin por ello negar los márgenes de indetermi- 132 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 39 Cf. King, R. (ed); Computerization and Controversy. Value, Conflicts, and Social Choices, Academic, San Diego, 1996. 40 Cf. Smith, D. W.; Thomasson, A. L.; Phenomenology and Philosophy of Mind, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2005. 41 Cf. Tirozzi, B. et al.; Neural Networks and Sea Time Series. Reconstruction and Extreme-Event Analysis, Birkhäuser, Basel, 2006. 42 Cf. Leiter, B. (ed); The Future for Philosophy, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006. 43 Cf. Bermúdez, J. L. (ed.); Philosophy of Psycology. Contemporary Readings, Routledge, London, 2006. 44 Cf. Ortiz de Landázuri, C.; ‘El giro analítico hacia la arquitectónica trascendental kantiana, 200 años después. (A través de Karl-Otto Apel); Andaluz Romanillos, A. M. (ed.); Kant. Razón y experiencia, Diálogo Filosófico, Madrid, 159-166 pp. nación y de autonomía reguladora del libre arbitrio. Se reconoce así las necesidades reales insoslayables inherentes a estos automatismos inconscientes verdaderamente compartidos. Pero a la vez también se le otorga a la mente humana una racionalidad compartida, distinta de la física, y con mayores posibilidades virtuales de desarrollo autónomo, especialmente una: la capacidad de diseñar unos experimentos mentales y a la vez cruciales, que sean verdaderamente capaces de garantizar sus márgenes de operatividad psicofísica y psicosocial en la realidad práctica39. A este respecto ahora se destacan las importantes aportaciones que hicieron diversos científicos, instituciones y programas de investigación de Inteligencia artificial, a fin de justificar la reconstrucción intersubjetiva de este peculiar paralelismo realvirtual, fáctico-contrafáctico, psicofísico y psicosocial, existente entre la mente, el cerebro y las otras mentes, a pesar de que la mayoría tampoco se dedicaron específicamente a las ciencias cognitivas40. Para concluir una reflexión crítica. Boden concibe las ciencias cognitivas al modo de una metaciencia filosófica capaz de valorar el papel desempeñado en cada caso por estos automatismos inconscientes y estas formas especiales de racionalidad compartida, extrapolando los respectivos márgenes de libertad para la humanidad en su conjunto. Sin embargo aquí surge el problema41. ¿Hasta qué punto este tipo de propuestas recuperan un tipo de cuestiones más propias de las ciencias del espíritu, traspasando el ámbito propio de las ciencias cognitivas, debiéndose abordar desde un enfoque estrictamente trascendental, que ahora tampoco se ha analizado? Evidentemente alrededor de este problema se podría iniciar un nuevo debate, pero ya es hora de concluir42. 5. Conclusión: ¿Inteligencia artificial o tránsito hacia una nueva metaciencia? Los experimentos mentales de Libet volvieron a plantear un antiguo dilema: si se debería fomentar un materialismo eliminativo más “realista”, donde sólo se podría admitir la referencia a una inteligencia artificial plenamente autosuficiente; o si, por el contrario, se debería fomentar una apertura al horizonte virtual de un mundo vital más compartido, donde también se debería dar entrada a una metaciencia cognitiva aún más abarcadora43. La comunicación ha evitado polémicas estériles y ha tratado de mostrar como ambos planteamientos se demostraron muy fructíferos. En efecto, los desarrollos posteriores de la inteligencia artificial y de la ciencia cognitiva permitieron localizar un gran número de automatismos cerebrales inconscientes y de procesos de racionalidad compartida, cuya complementariedad anteriormente había pasado desapercibida. Incluso se podría cuestionar si la justificación de esta complementariedad presupone la adopción de un enfoque trascendental, que ahora tampoco se ha justificado. Sin embargo el análisis de este problema desborda totalmente la extensión de este artículo, y tendrá que ser analizado en otro lugar44. Carlos Ortiz de Landázuri Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Navarra [email protected]