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Las manifestaciones artísticas y los arquetipos : sus precesos psicológicos relacionados con la fantasia y la creatividad

León-Río, Belén

Abstract

En la actividad artística apreciamos un método de trabajo basado en lo subjetivo, en los estados internos y en las emociones del artista, que le llevarían a enlazar con símbolos universales, comprobándose de esta manera como nuestra consciencia no puede ser sólo un compendio de experiencias y percepciones del mundo, sino que, ciertas categorías de nuestro pensar estarían dadas a priori, antes de toda experiencia, siendo condiciones preformadas de ese acto. El artista uniría a través de estos arquetipos el consciente y el inconsciente, de forma que el símbolo se convertiría en un transformador de nuestras energías psíquicas, ayudándonos en la evolución de nuestra consciencia. Mediante la visión interior y la intuición los artistas han iniciado una nueva etapa caracterizada por un creciente subjetivismo que ya se está imponiendo a esta edad pragmática de la razón donde el símbolo tendría un gran protagonismo.

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136 Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 LAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS Y LOS ARQUETIPOS: SUS PROCESOS PSICOLÓGICOS RELACIONADOS CON LA FANTASÍA Y LA CREATIVIDAD ARTISTIC AND DEMONSTRATIONS ARCHETYPES: PSYCHOLOGICAL PROCESSES RELATED TO YOUR FANTASY AND CREATIVITY Belén León Río Universidad de Sevilla , España Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad http://www.revistadocrea.com Fecha de recepción: 06 de febrero de 2018 Fecha de revisión: 10 de mayo de 2018 Fecha de aceptación: 31 de mayo de 2018 León-Río, B. (2018). Las manifestaciones artísticas y los arquetipos: sus procesos psicológicos relacionados con la fantasía y la creatividad. Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, 6, 136-150. Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 137 LAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS Y LOS ARQUETIPOS: SUS PROCESOS PSICOLÓGICOS RELACIONADOS CON LA FANTASÍA Y LA CREATIVIDAD ARTISTIC AND DEMONSTRATIONS ARCHETYPES: PSYCHOLOGICAL PROCESSES RELATED TO YOUR FANTASY AND CREATIVITY Belén León Río, [email protected] Universidad de Sevilla, España Resumen: En la actividad artística apreciamos un método de trabajo basado en lo subjetivo, en los estados internos y en las emociones del artista, que le llevarían a enlazar con símbolos universales, comprobándose de esta manera como nuestra consciencia no puede ser sólo un compendio de experiencias y percepciones del mundo, sino que, ciertas categorías de nuestro pensar estarían dadas a priori, antes de toda experiencia, siendo condiciones preformadas de ese acto. El artista uniría a través de estos arquetipos el consciente y el inconsciente, de forma que el símbolo se convertiría en un transformador de nuestras energías psíquicas, ayudándonos en la evolución de nuestra consciencia. Mediante la visión interior y la intuición los artistas han iniciado una nueva etapa caracterizada por un creciente subjetivismo que ya se está imponiendo a esta edad pragmática de la razón donde el símbolo tendría un gran protagonismo. Palabras clave: intuición, percepción, azar, subjetividad, consciencia. Abstract: In the artistic activity we appreciate a method of work based on the subjective, the internal states and the emotions of the artist, which would lead him to link with universal symbols, proving in this way how our consciousness can not be just a compendium of experiences and perceptions of the world, but, certain categories of our thinking would be given a priori, before all experience, being preformed conditions of that act. The artist would unite through these archetypes the conscious and the unconscious, so that the symbol would become a transformer of our psychic energies, helping us in the evolution of our consciousness. Through inner vision and intuition, artists have begun a new stage characterized by a growing subjectivism that is already prevailing at this pragmatic age of reason where the symbol would have a major role. Keywords: intuition, perception, random, subjectivity, consciousness. 138 Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 1. La percepción de la realidad y su interpretación simbólica artística C. G. Jung (1993a) afirma como en el inconsciente encontraríamos no solo las cualidades adquiridas por el individuo sino también las hereditarias, como por ejemplo los instintos, a los que define como impulsos a actuar que sin motivación consciente resultarían de una necesidad, a ello añadiría las formas de intuición existentes a priori, a las que califica de congénitas, siendo éstas los arquetipos de la percepción y la aprehensión, que para este autor serían una condición determinante ineludible y a priori de todos los procesos psíquicos, señalando como el proceso creativo estaría encerrado en la consciencia, de manera que todo lo nuevo no sería más que descubrimiento o lucubración de ella misma: Todo individuo creativo sabe que la espontaneidad es la cualidad esencial del pensamiento creador. Por no ser el inconsciente mero reflejo reactivo sino actividad productiva autónoma, su ámbito de experiencia constituye un mundo propio, una realidad propia, de la cual podemos decir que influye sobre nosotros como nosotros sobre ella; lo mismo, pues, que decimos del ámbito de la experiencia del mundo externo. Y, como en éste los objetos materiales son los elementos que lo constituyen, así los factores psíquicos son los objetos en el mundo de aquél. (p.83) Según C. G. Jung (1994a, p.150) los arquetipos no representarían “un en-sí”, sino que encarnarían las formas en que las cosas serían contempladas y concebidas, no siendo el único fundamento “del ser-así” de las intuiciones. Los arquetipos fundamentarían exclusivamente la parte colectiva en una concepción, tomando parte de la naturaleza dinámica del instinto, por lo que poseerían a causa de ello una energía específica que tendría un declarado carácter numinoso, al que llamaría de “espiritual”, siendo este fenómeno de la mayor importancia para la psicología de la religión: “Es cierto que su efecto no es unívoco. Puede curar o destruir, pero nunca es indiferente.” Esto se puede comprobar en el arte infantil, según E. H. Gombrich (2002, p.76) el niño se argumentaría de manera que no miraría por ejemplo los árboles, sino que se contentaría con el esquema conceptual del árbol que no correspondería a ninguna realidad, ya que no incorporaría las características morfológicas individuales de un árbol, señalando como desde finales del siglo XIX se ha ido descubriendo, como el arte primitivo y el de los niños, usaría un lenguaje de símbolos, por lo que se habría llegado a la conclusión de “que tenía que haber una peculiar especie de arte basado no en la visión sino en el conocimiento, un arte que opera con <imágenes conceptuales>” J. Hoffmeister (citado por Giedion, 1991) dice que la abstracción en el sentido griego de afairesis significaría: … a la vez el proceso y resultado de la retirada del [ojo] de lo particular, lo accidental, lo no esencial, para obtener lo general, lo inevitable, lo esencial. Al reunir características esenciales en un solo concepto artístico, la abstracción nos ofrece nuestro medio más importante de ordenar sistemáticamente la ilimitada multiplicidad de objetos que nos llegan a través de nuestra percepción, de nuestra imaginación, e incluso de nuestros pensamientos. (p.36) S. Giedion (1991, p.56) cree que al igual que el símbolo, la abstracción nacería con el arte, alcanzando con la prehistoria una total supremacía que más tarde con el comienzo de la historia, se asociaría a la representación pictográfica del lenguaje: “Una idea se abstiene de tomar en consideración los rasgos individuales del objeto y pone toda la atención en la especie o categoría a que pertenece. No se subrayan las características específicas, sino las generales e intrínsecas”. Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 139 Este tipo de abstracción sería frecuente en el arte infantil, siendo especialmente significativo en las representaciones del ser humano, donde dibujan con gran fuerza y plasticidad, la figura de un individuo con los elementos constitutivos universales de nuestra especie (Fig. 1). Fig. 1. Dibujo niño de 4 años. 140 Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 E. H. Gombrich (2002,) dice que esta forma de trabajo donde prima una confianza en la construcción más que en la imitación, se atribuiría “más a la mentalidad peculiar de los niños y primitivos, que viven encerrados en un mundo propio.” Jung (1993b) nos introduce en la repetición ontogenética de la psicología del niño, donde el procedimiento arcaico era una peculiaridad del niño y de los primitivos, aunque también este mismo pensamiento ocuparía un amplio margen en nosotros mismos, entrando en juego tan pronto como cesaba el pensamiento dirigido: Basta un relajamiento del interés, un leve cansancio, para eliminar la exacta adaptación psicológica al mundo real, que se expresa por medio del pensamiento dirigido, y sustituirla con fantasías. Nos apartamos entonces del tema y vamos a la deriva, llevados por nuestras propias ideas; y si el relajamiento de la atención se intensifica, perdemos paulatinamente la consciencia del presente y la fantasía lo invade todo. (Jung, 1993b, p.50) K. Korotkov (2015, p.161) señala como el artista cuando está inmerso en su proceso creativo puede llegar a un periodo de iluminación o estado alterado de consciencia que define como “EAC”, describiendo este estado como si “…todas las páginas de un texto complejo permanecen en la memoria, como si las palabras, la música y las imágenes nacieran por sí solas y sólo necesitara tiempo para transferirlas a un papel o un lienzo”. C. G. Jung (1994b) desde el punto de vista psicológico distingue dos funciones que formarían parte de la aprehensión real del objeto y del crear artístico que serían la “abstracción” y la “empatía”. En la primera el objeto estaría a priori dotado de vida y de una actividad autónoma que llevaría a la creación de formas artísticas y al conocimiento del objeto: Frente a la confundente e impresionante abundancia de los objetos dotados de vida, el hombre se crea una abstracción, esto es, una imagen general abstracta, que somete a forma legal las impresiones. Tal imagen tiene el significado mágico de una protección contra la caótica mudanza de las vivencias. El hombre se sumerge en esa imagen y se pierde en ella de tal modo que acaba poniendo su verdad abstracta por encima de la realidad de la vida y con ello oprime la vida, que podría trastornar el goce de la belleza abstracta. Él mismo se eleva con ello a abstracción, se identifica con la validez eterna de su imagen y se congela en ella, por cuanto la imagen se convierte para él en cierto modo en una fórmula liberadora. De esa manera el hombre se enajena de sí mismo y transfiere su vida a su abstracción, en la que en cierto modo se cristaliza. (p.353) C. G. Jung (1994b) piensa que la abstracción separaría del objeto para suprimir el encadenamiento a éste, llevando al sujeto a la creación de formas artísticas y por otro lado al conocimiento del objeto. Pone de ejemplo como el artista en el proceso creativo desarrollaría imágenes de la naturaleza que puede mostrar semejanzas que coinciden con la estructura molecular de elementos orgánicos e inorgánicos de la materia, de manera que no habría una intencionalidad explicita del artista en buscar estos paralelismos, sino que la imagen surgiría de una forma más o menos inconsciente. Mientras que la empatía sería igualmente un órgano de creación artística y de conocimiento, pero esta última tendría lugar sobre una base completamente distinta de la abstracción, al sustentarse en el significado mágico del sujeto. … el cual se apodera del objeto por medio de la identificación mística. Así como, de un lado, el primitivo está mágicamente influido por la fuerza del fetiche, así de otro, él mismo es también el mago y el acumulador de la fuerza mágica que confiere “carga” al fetiche. (p.351-352) El inconsciente poseería contenidos no sólo personales, sino también impersonales y Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 141 colectivos que C. G. Jung llama categorías heredadas o arquetipos, de tal manera que el inconsciente en sus estratos en cierto modo más profundos poseería contenidos colectivos relativamente animados por lo que este autor los llama inconsciente colectivo. El artista abstraería su visión y la expresaría en un lenguaje de validez general, sacándola a la luz de la conciencia colectiva. El artista en tal caso elevaría su visión primitiva y meramente natural a la idea abstracta y de patrimonio universal consciente. En el artista la visión primaria que le brotaría, sería un patrimonio humano general, del cual, en principio todos participaríamos. En este mismo sentido K. Korotkov (2015) dice como existiría una consciencia individual y colectiva, que define como un campo de grupo, campo morfogenético o campo biológico, siendo el campo la base del comportamiento de la multitud como un todo, como si fuera un organismo que tuviera un comportamiento que no estuviera confinado al comportamiento de sus células individuales. Siendo la humanidad las únicas criaturas en la Tierra que tendríamos consciencia tanto individual como colectiva, constituyendo una poderosa herramienta para el desarrollo y creación de la civilización. Este desarrollo colectivo continuaría sin parar hasta un estado planetario, mediante el acceso del individuo al campo de información universal de la inteligencia colectiva, que sería facilitada por los estados de la consciencia regulados: No son los vuelos espaciales de astronautas congelados de cientos de años de duración, sino la información intercósmica e intergaláctica las que contactan fuera del tiempo y la distancia, ¡éste es el fututo de la humanidad! Seremos miembros de la unión galáctica, ¡pero no sucederá a nivel físico, sino al nivel de la información! (p.194) M. Bautista Pérez (2015) considera el inconsciente colectivo como un elemento clave en la evolución de nuestra consciencia: Podría suceder que el cerebro fuese necesario para darle la forma final a nuestros pensamientos, a nuestra imaginación, a nuestra creatividad, a nuestra consciencia, etc.; pero que todo ello no fuera el fruto exclusivo de su actividad. Nuestro cerebro podría ser un eslabón más, quizás el último de una cadena que se extendería más allá. Quizás más allá de nuestra configuración biológica conocida, más allá de lo que hoy entendemos por nuestra realidad individual. Podríamos especular incluso con la idea de que, a cierto nivel, las mentes individuales se interconectarán entre sí, constituyendo una especie de mente colectiva. Algo así como lo que sucede, según algunos zoólogos, con ciertos animales, como las hormigas y abejas, cuyo comportamiento parece mostrar signos de la existencia de una suerte de inteligencia colectiva, a nivel de hormiguero o colmena. Algo así ayudaría a explicar, por otra parte eso que los psicólogos denominan el inconsciente colectivo. (p.260) L. Duch (2003) cree como la memoria colectiva tendría una dinámica creadora que posibilitaría nuevas posibilidades en la historia humana, siendo una función que produciría la misma sociedad: La memoria colectiva como regulativo social, actuando, en realidad, como si se tratara de una especie de “inconsciente psicológico”, pone al alcance de la mano de individuos y grupos algunas convenciones verbales y morfológicas que permiten la articulación de aquellos sistemas de diferenciación cronológica, sociológica, significativa y lógica que posibilitan tanto la especificación de la representación aislada de los acontecimientos como su localización en el tiempo y el espacio. (p.165) 142 Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 2. El trabajo del símbolo y el arte. Sri Aurobindo (2002, p.22) llama la atención de cómo las sociedades humanas en sus comienzos o fases primitivas, tienen una mentalidad marcadamente simbólica al margen de que se trate de sociedades cultivadas o salvajes o incluso económicamente avanzadas o atrasadas. Este primer estadio del desarrollo social de estructuras antiguas y primitivas, sería de carácter religioso, ya que habría según este autor un “parentesco natural” entre el simbolismo y el sentimiento religioso en general que sería imaginativo o intuitivo, por lo que el simbolismo y la religión irían siempre a la par. El arquetipo no constituiría al hombre integral, sino que sería una acentuación y una fijación de la parte generalmente predominantemente de su naturaleza activa, así cada individuo no puede quedarse rígidamente encerrado en su estado, ya que cada uno contiene en sí mismo las “potencialidades y la necesidad de perfección de sus otros elementos constitutivos de una humanidad divina” (pp.151-152). Para C. G. Jung (1993b, p.48) podía trazarse un paralelismo entre el pensamiento mitológico de la antigüedad y el pensamiento similar de los niños, poniendo de ejemplo la anatomía comparada y la genética, que nos mostrarían cómo la estructura y funcionamiento del cuerpo humano se formaría a través de una serie de transformaciones embrionarias que corresponderían a transformaciones análogas en la historia del ser humano: “En la vida psicológica también la ontogénesis correspondería a la filogénesis: el pensamiento infantil en la vida psíquica del niño así como en el sueño , no sería más que una repetición de anteriores etapas del desarrollo.” En la obra de Henry Moore será numeroso el arquetipo de la madre con el hijo, como vemos en su escultura titulada Grande formas conectadas reclinadas de 1969 y 1974 (Fig. 2), el hijo es protegido por la forma envolvente de la madre como si estuviera dentro del útero. El escultor decía como en su obra podía combinar dos incluso tres temas que se repetían constantemente, a las que definía como la idea de la “Madre e hijo”, la “Figura reclinada” y las “Formas interiores/exteriores”, diciendo: La idea de una forma dentro de otra forma puede deber parte de sus incipientes inicios a mi interés en una etapa en la que descubrí las armaduras. Pasé muchas horas en la colección Wallace en Londres mirando armaduras. Pues bien, la armadura es un caparazón exterior como la concha de un caracol que está para proteger las formas de dentro más vulnerables, como ocurre con la armadura en el cuerpo humano, que es dura y se pone para proteger el cuerpo blando. Esto a veces me ha llevado a la idea de la madre y el hijo donde la forma exterior, la madre, está protegiendo a la forma interior, el hijo, como la madre protege al hijo. (Moore , citado por Mitchinson, 1981, p.228). En los dibujos infantiles podemos ver este mismo concepto descrito por Henry Moore donde los niños representan en sus composiciones un gran círculo que simbolizaría el útero protegiendo al hijo que se está formado en el vientre materno, habiendo similitudes en la simplificación de la figura del feto en sus primeras semanas de formación (Fig. 3). Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 143 Figura 2. Henry Moore, Grande formas conectadas reclinadas, 1969-1974. Arte en la calle. Henry Moore. Sevilla 2014. Fig. 3. Dibujo niño de 3 años. 144 Revista Electrónica de Investigación, Docencia y Creatividad, DOCREA, 6; ISSN: 2174-7822 Este símbolo del útero enlazaría con la caverna, el vaso, el regazo como vemos en este pasaje de San Ambrosio (citado por Jung, 1994b, p.279) que alude al nacimiento de Cristo: “No de la tierra… sino del cielo se eligió Cristo el vaso por el que descender, y consagró el templo del pudor”. L. Duch (2003, p.180) cree como los mitos tendrían una doble dirección que no sólo sería argumentativa, sino también ideológica, que dividiría en los orígenes y el término. Estas dos realidades habrían sido los campos privilegiados de trabajo del símbolo y de la memoria, de forma que por la vía de la rememoración o por la anticipación, se mantendrían vigentes frecuentemente “de manera inconsciente o no suficientemente tematizada, las fronteras entre lo sagrado y lo profano, entre el ámbito de la facticidad y del deseo”. Estos arquetipos son definidos por C. G. Jung (1994b) como una fórmula simbólica que comenzaría a funcionar en todos aquellos sitios en que no estarían presentes conceptos conscientes o estos conceptos no serían posibles en absoluto por razones internas y externas: Los contenidos del inconsciente colectivo están representados en la consciencia en forma de inclinaciones y concepciones pronunciadas. Por lo regular el individuo las concibe como condicionadas por el objeto –cosa que en el fondo es falsa-, pues proceden de la estructura inconsciente de la psique y sólo son desencadenadas por la acción del objeto. Estas inclinaciones y concepciones subjetivas son más fuertes que la influencia del objeto, su valor psíquico es superior, de suerte que se sobreponen a todas las impresiones. (p.448) Este autor descubrió que además del material reprimido, se encuentra en el inconsciente todo lo psíquico vuelto subliminal, incluidas las percepciones sensoriales subliminales, junto con todo el material que no ha alcanzado todavía el umbral de consciencia. Estos serían los gérmenes de los ulteriores contenidos conscientes y conjetura que el inconsciente no se encuentra en reposo e inactivo, sino que se halla continuamente agrupando o reagrupando sus contenidos, coordinadamente con la consciencia en el sentido de una relación compensatoria. Estas ordenaciones no ocurrirían según este autor por azar o de manera arbitraría, sino que obedecerían a condiciones rigurosamente preformadas, de forma que estas ordenaciones no serían transmitidas por la experiencia como contenidos de la visión de las cosas, sino que serían condiciones “a priori” de esa visión: Son ideas ante rem, condiciones formales, líneas directivas trazadas a priori, que asignan una determinada configuración a la materia de la experiencia, de suerte que se las puede pensar, y así las concibió Platón, como imágenes, en cierto modo como esquemas o posibilidades funcionales heredadas, pero que excluyen o, por lo menos limitan en gran medida otras posibilidades. A eso se debe que ni siquiera la más libre actividad del espíritu, la fantasía, pueda nunca vagar por lo ilimitado (aunque el poeta tiene esa sensación), sino que permanezca ligada a posibilidades preformadas, a imágenes primordiales o imágenes primigenias. (p.364) M. Kaku (2014) dice que la estructura más reciente de la corteza cerebral sería la neocorteza (“nueva corteza”) que controlaría los comportamientos cognitivos más elevados. Constituiría casi el 80 por ciento de la masa cerebral, estando especialmente desarrollada en el cerebro humano: