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LA COMARCA DEL EXTRAÑO FÉLIX DUQUE In the wake of the recent publication of Heidegger's posthumous writing Beitriige zur Philosophie, this paper offers a meditation about the sense of Western Civilization, after the Second World War, seen as the manifestation of a destiny. Such a destiny discloses the defeat of the conjugation of the Jewish-Christian tradition, the Greek tendencies and modern science: Truth, Way (the teleology of Being), and Life. That defeat does not reveal a simple nihilistic reversal of those leading words, but the hidden ground of their affirmation and negation: Recusation (Verweigerung), Country (Gegend) and "Occisio" (Abgeschiedenheit). Too late for hope and too late for pain, Celan and Trakl go along this margin, already present in the precise and ambiguous Latín word "Occidens", whose derivaties point at once toward the victim and to the carnifex. So are the Beitriige the warning of the impossibility of "doing" philosophy (as one does, for instance, Computer Science or Genetical Engineering), even before Auschwitz. Beitriige zur Philosophie: Aportes a la filosofía: luego no contribuciones filosóficas, explicaciones sobre el mundo y el hombre, sino un tributo sacrificial que, como los aportes de tierra que engordan las corrientes, amenaza (allí donde el río cansado y abito se entrega) con retorcer -meandro violento-- la corriente y hacerla presentir la frescura de su inicio, ahora, cuando ya es quizá demasiado tarde. Aportes: ¿desde dónde? Vom Ereignis her. Desde el acaecer propicio que, al fin, aguarda el fin, si es que por fin (Ende) entendemos la colección, el recogimiento de todos los arrastres que, viniendo de lejos (ent-, como desgajamiento y desprendimiento), se proponen como meta, como aquello a lo largo de lo cual (ent-lang) se avanza (ent-, como auf etwas hin: "hacia algo ahí, fuera"). Y así, en este doble movimiento impresentable -un movimiento que resta siempre ausente-, ser propio, ser de propio es gustar, sentir la extrañeza. FRAGMENTOS DE FILOSOFIA 1 (1992) 55-68
56 Félix Duque La extrañeza, primero, de estar consignados al dios que nos está asignado, de que nuestro proyecto (Entwurf) está ya de siempre adjetivado (zugeworfen), calificado, sin que sea posible alcanzar el sustantivo, la sustancia sustraída en el retiro (Entzug). La extrañeza de que nuestra decisión (Entscheidung) provenga, no de un encuentro con aquello que nos hace salvos, sino de un desencuentro (Entgegnung) que deja abiertas posibilidades inéditas -impensadas e impensables- de encuentros al acaso (per Zu-fall) con lo otro y con los otros. Encuentros en la comarca del extraño, una comarca que, signándonos, nos pone fuera ( entsetzt) de nuestra posición habitual, cotidiana, introduciendo en nosotros el escalofrío del espanto (Ent-setzung) ante lo radicalmente otro 1• No es ésta una alienación, un distanciamiento (Entfremdung) como vehículo de salvación, como medio providencial para tomar al hogar, sino una dispuesta entrega a la extrañeza misma (Befremdung). Es "natural", es "lógico" que esta concepción de la mancha levante un clamor en el hombre ansioso de seguridad, de enraizamiento en la sustancia: "Todo esto ha venido sobre nosotros sin haberte olvidado", dice la queja indignada del Salmista. "No se ha rebelado nuestro corazón, no se salieron de tu camino nuestros pasos" 2• Pero, ¿y si esta máxima fidelidad encubriera la máxima blasfemia, la voluntad desmesurada de hacerse con el nombre del dios como escudo protector, convirtiendo así la adjetivación, el acento que cae y se obsequia consonante, en cosa absoluta? ¿Y si el dios no se revelara en y como el camino (Weg), sino como la suprema desviación que hace del ser del hombre un ser-apartado, un ser-arrebatado (Weg-sein 3) de las sendas trilladas? ¿Y si el dios se diera, no como la verdad, el camino y la vida, sino como la ocultación, como un estar fuera del camino, habiendo ya pasado de largo (im Vorbeigang), y como muerte? ¿Y si el dios se sustrajera como apáte, indisponible? Esta inquietud corroe y angustia al entendimiento calculador, sujeto a normas, prescripciones y restricciones. De ahí su queja: "Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios ... " 4• Sólo que el dios no es nuestro, no es una posesión segura y firme, una /este Burg, ni tiene nombre por cuya virtud pudiera ser convocado y conjurado; en suma: utilizado. El, que se da en el uso, la tradición y usanza (Brauch), se rehúsa a toda nominación. El dios agazapado en lo último no redime, sino que entrega al sacrificio: "Antes por tu causa nos entregan a la muerte cada día, y somos tenidos por ovejas para el matadero" 5• Quien así clama l. Cf. Beitriige zur Philosophie (BPh). G.A. 65, 471. [Citaré en lo que sigue la sigla y la página]. 2. Salmos 44, 18-19. 3. BPh. 324. 4. Salmos 44, 21. 5. /bid 44, 23.
La comarca del extraño 57 no entiende que la entrega a la muerte cada día, que la muerte de cada día, el estar a la muerte (Sein zum Tod) es el testimonio supremo y más extremo del ser 6• El sacerdote no entiende el silencio del Dios (no entiende que el dios se guarde en silencio). Acostumbrado al tráfago diario, a la maquinación de lo útil (Machenschaft), a la vigilia, interpreta ese silencio como sueño profundo, y despavorido (desde un pavor que no se congrega en pudor: Scheu), zarandea a un dios que tiene por cosa exclusivamente suya: "¡Despierta! ¿cómo es que estás dormido, Yavé? ¡Despierta, no nos dejes del todo!" 7• Pero, ¿y si la Palabra de Dios fuera no tanto un secreto, cuanto una secreción? ¿Y si el sueño no fuera tanto una impregnación de lo ente para ponerlo en seguro, cuanto un deslizarse, un escurrirse de lo ente mismo, una abismal indisposición? Estar a la escucha de un sueño: el corazón de la angustia: "Una palabra que dormía cuando la escuchábamos se desliza bajo el follaje" 8• ¿Y si los Aportes a la filosofía dieran la palabra, no a la consolidación de lo ente al amparo de un Ser-Dios, sino al deslizamiento, la descomposición (Verwesung) de lo ente desde un dios-flujo, desde "aquel escondido culpable dios-río de la sangre" al que cantara Rilke? 9• Si así fuera, este libro plural, fragmentario, cuya compaginación (Fuge) se niega a toda composición, un libro que se niega a ser Libro (al igual que Ser y tiempo se obstinaba en su decisión de torso, de muñón que evoca la falta de tiempo, la falta del tiempo), constituiría el testimonio más extremo del abandono de todo intento de juntar esos tres círculos de ideas que, al decir de Scheler, configuraban Occidente: la tradición judea-cristia- na, la antigüedad clásica y las ideas forjadas por la ciencia moderna de la naturaleza y la psicología genética 10• Mas ello no se haría en nombre de otra posición -por caso, más avanzada y progresista- ni constituiría una entrega a otra civilización en la que, no se sabe por qué accidente feliz, no se hubieran dado los fallos que habrían arruinado a la nuestra. No hay ningún sitio a donde ir, porque el pasado de Occidente se adensa y despliega en su haber-sido (Gewesenheit), y lo sido no es aquello en donde el Estar (Dasein) del hombre ya no está, sino que el 6. BPh, 284. 7. Salmos 44, 24. 8. Paul CELAN, Die Ewigkeit: "Ein Wort, das schlief, als wirs hoerten,/schlüpft unters Laub". (En: Amapola y memoria. Ed. bilingüe de J. Munárriz. Hiperión. Madrid, 1985, p. 86). 9. R.M. RILKE, Duineser Elegien. Dritte El, V. 2.: "jenen verborgenen schuldigen Fluss-Gott des Bluts". (En: Werke. Ausgewiihl... vom Insel Verlag. Frankfurt/Main 1982; 11, 449). 10. M. SCHELER, El puesto del hombre en el cosmos. Tr. J. Gaos. Losada. Buenos Aires 1967, p. 23.
58 Félix Duque Estar es, fácticamente, aquello que él era ll. Persistir en el confín (Ende) como conjunto de posibilidades que se "proyectan-desde" (coligamiento de todas las maneras de Ent-) sería, entonces, estar abierto a un nuevo inicio (Anfang: estar prendido en lo aún pendiente, en lo que adviene). Y esa apertura se da, no a pesar de que las posibilidades hayan sido ya realizadas, sino precisamente porque, en tanto que lo han sido ya. Pues si la realidad es la deriva óntica del juego ontológico-fundamental entre ser-posible (ser-yectado desde una tradición que en mí se recoge) y poder-ser (dar tiempo al tiempo desde el pro-yecto), entonces la nivelación de ese juego deja abierta la localidad, el campo mismo de ese juego. Los Aportes a la filosofía no constituyen, según esto, una escapatoria a una situación insoportable sino, al contrario, el ahondamiento en esa misma situación. Cuando el dios ha sido interpretado como Hacedor (agudización de la lógica de la producción, que hace de lo ente algo a la mano) y su muerte vista como una herencia, en la que el Hombre se reparte ahora el botín de los bienes divinos; cuando la antigüedad clásica sirve para contar cuentos y adornar narraciones, o bien para establecer los archivos de la Historia de una presunta Humanidad y ver lo lejos que hemos llegado a partir de comienzos titubeantes (lo griego como lo que aún no es ciencia, aún no sociedad avanzada, pero a lo que se apunta "desde arriba", porque al cabo "por algo hay que empezar"); cuando la ciencia moderna de la naturaleza hace que la investigación se enseñoree de todo y a todo lo disponga como "existencia en plaza", Bestand; cuando, en fin, la psicología genética traduce en espectáculo y vivencia (Erlebnis) el hondón de nuestra alma y dispone de nuestro comportamiento para que seamos "normales" (normados y preprogramados); en una palabra, cuando el desierto crece y Nietzsche se convierte en destino para el Heidegger desengañado de su compromiso nacional-socialista, entonces no se trata de buscar novedades ni salidas a la "crisis", sino de dar un paso atrás y preguntarse por la verdad de nuestra propia historia. El 8 de abril de 1950, Heidegger confiesa a Jaspers: "En los años 1937 y 1938 llegué al punto álgido" 12• Entonces su mujer y él vieron venir la guerra y temieron por sus hijos: "Mediante amenazas tales adquiere el hombre una visión más clara; luego vinieron las persecuciones de los judíos, y todo se encaminó al abismo" 13 • Durante esos años escribe Heidegger sus Aportes: ¿obra de circunstancias, pues, prendida de su propio tiempo? ¿Tomaremos nota de ella y la archivaremos, como un documento más -bien que señaladode los "horrores de 11. Die Grundprobleme der Phaenomenologie. G.A. 24, 375. 12. M. HEIDEGGER - K. JASPERS, Briefwechsel 1920-1963. Klostermann. Frankfurt/M. 1960. Carta 144, p. 201. 13. /bid.
La comarca del extraño 59 la guerra?" Eso sería, de nuevo, apreciar el pasado como algo no sido, algo que no nos concierne. Sería restaurar la división metafísica entre la obra filosófica (ajena a los avatares contingentes, ligera paloma que se cierne en el éter puro de los grandes pensadores) y la suciedad -efímera, por suertede lo empírico. Es verdad que a la clara noche de la angustia de 1929, al hondo aburrimiento localizado en el curso de 1929-30, a la voluntad de correspondencia espiritual a las fuerzas de tierra y sangre de 1933, a todo ello sucede como pre-sentimiento del otro inicio el sobresalto (das Erschrecken), el pavor-pudor (Scheu), la contención (Verhaltenheit) al fin, como acorde-fundamental (Grundstimmung) 14 • Es verdad que no cabe leer los Aportes sin estremecerse. Mas ello no resulta de un colorido, una tintura que impregnara una obra que, además, trata de filosofía. Los Aportes muestran la imposibilidad de "hacer" filosofía, ya antes de Auschwitz. Ellos marcan el final de la época (epoche) de la filosofía. En ese final "suena" ( der Anklang) a través del acorde fundamental, no una disonancia o Misston, como dice el Hegel desengañado de Berlín, ya desde 1821, en la conclusión de su manuscrito sobre la Filosofía de la religión, sino una vibración: el trémolo de la recusación (Verweigerung) del Seyn respecto de lo ente. Un "ser" que no se dice de muchas maneras, sino que, absuelto de lo ente, muestra en su escritura una incisión: la "y" griega, que apunta al olvidado corazón de nuestro origen. Desde esa reverberancia, el primer inicio de nuestra historia es ya él mismo remisión, alusión (de ad-ludere: Zuspiel) al otro inicio. Un inicio que ya no es origen (faltan aquí, justamente, "las palabras del origen") ni punto de llegada, sino que se abre en el salto (Sprung), en la tras-posición (Entsetzung) de lo conocido y notorio a un estar-fuera (Weg-sein), arrojado de lo ente y del camino de los hombres. Un salto que nos lleva a la fundación (Gründung) de nuestro propio Estar (Dasein), no como una pavimentación y aseguración de lo firme, sino como lo abierto que desgaja (Lichtung), que deja que el abismo se des-fonde como tal: un salvamento (Bergung), no del ente en su ser (un ser seipseigual, redondo e idéntico a sí), sino del Seyn que perdura como rechazo en y de lo ente. Es esta una fundación que se da en la palabra y el sacrificio de los advenideros, de los que, por haber-sido (Gewesen-sein), no son cosa del pasado, sino que guardan el Seyn del inicio y nos aguardan en el destino por ellos apurado. Un destino que vela las señas del último dios, del dios que ya no es miembro de una serie ni tampoco la integral infinita: la serie misma, sino que pasa a través de ella; un dios no finito ni infinito, sino transfinito, que licúa cosas y mortales y los articula en su finitud. Tales son las compaginaciones (Fügungen) del compagamiento (Fuge: con mi neologismo, juego en castellano entre el compaginar y la conjunción de "pa- 14. BPh, 14 s.
60 Félix Du<¡ue gos", de "estancias" deslindadas por la hendidura del ser) que se compagina en los Aportes y da a este espacio de remisiones la apariencia de libro, de "obra". Una obra que vive de la dislocación de los fragmentos, teselas que no concuerdan en el mosaico de una verdad adaequatio, que no recomponen una perdida facies totius universi ni dan cuenta del nombre olvidado del dios, sino que exponen y se exponen a una derrota (en el doble sentido de fracaso y deriva). Y sin embargo ... " ... a pesar de la muerte y las lágrimas, a pesar del sufrimiento y la crueldad, de penuria y tormento, de desarraigo y destierro, en esta falta de tierra natal (Heimatlosigkeit) lo que acaece no es nada [la mala y huera nada del nihilismo europeo F.D.]; allí se oculta un adviento ... " 15 • En estas palabras no hay esperanza, si por tal entendemos la expectativa de un futuro, la creencia de una redención final del mal. Son palabras que invitan al silencio, en medio del regocijo alborotado por la reconstrucción de Europa. Son palabras no sólo no entendidas, sino malentendidas, distorsionadas por el buen Jaspers, el creyente en el progreso y en el futuro, que se atiene "al plano de la medida humana y de las posibilidades humanas". Jaspers, poco antes a punto de la reconciliación, retrocede espantado, como si hubiera pisado una serpiente. Esas son puras ensoñaciones, parejas a las que nos han embrutecido durante cincuenta años, dice. "¿Acaso quiere V d. salir a escena haciendo de profeta que, partiendo de fuentes ocultas, muestra lo suprasensible, o como un filósofo pervertido que rechaza la realidad y hace caso omiso de lo que es posible, sustituyéndolo por ficciones?" 16 • ¿Es esta una muestra -penosa- de la imposibilidad de diálogo entre filósofos y, más aún, entre hombres que han sufrido el desgarramiento de Alemania? ¿O anuncia algo más profundo: lo inaceptable de la posición de Heidegger, el hombre que, incapaz de reconocer sus culpas y desvaríos (¿ante quién? ¿ante qué tribunal de la Historia?), achaca la errancia de Occidente a los envíos de un ser loco (¿no habla acaso él mismo de Verrückung, algo propio de un ser verrückt, trastornado?), de un ser que parece complacerse en su propia destrucción? ¿O acaso se transparenta allí la sed de venganza del vencido, del resentido? Entonces, Heidegger, ¿nada había aprendido de Nietzsche? ¿Anidaría en él el espíritu de revancha? Son preguntas, éstas, que no admiten respuesta, al menos directa. No podemos, no debemos escrutar los corazones. Pero sí escuchar la voz del poeta ahogado: 15. Carta de Heidegger a Jaspers de 8 de abril de 1950 (Br., 203). 16. Carta de Jaspers del 24 de julio de 1952 (BR., 211), más de dos años después. Heidegger no dio respuesta a esas preguntas. •
La comarca del extraño ... elocuente será el otoño, más elocuente la mano que lo recoge, fresca, como la amapola del olvido, la boca que la besa 17 • 61 ¿Qué habla desde el otoño? El otoño no es una estación del año, sino el instante en que el año, el flujo del tiempo, se hace estación: la sede del instante (Augenblicks-Staette). Habitando en el otoño (la tardar, dice admirablemente el idioma catalán), los hombres recogen los frutos que el fuego estival maduró. Conocemos la imagen: es la doncella-historia cantada poéticamente por Hegel en su Fenomenología 18 • Pero, ¿quién recoge y levanta el otoño mismo? ¿Cúya es la mano que soporta esta cadencia? ¿Y por qué ha de ser más elocuente? Lo será, si su e-locuencia habla a partir del suelo en que la tarde ha caído. Lo será, si esa mano sabe a tierra, a la tierra que está apartada (weg) del camino (Weg) mortal. La mano que presenta los frutos caídos está separada-de (abgeschieden) la vía iluminada por el sol del cielo. Ella misma es limen, frontera: la hendidura de una occisión (de ab-caedere; corresponde al alemán Abgeschiedenheit). La mano es el paso extremo: la vía más corta. No es una mano cortada, muerta. Tampoco la mano de la muerte, pues ésta no es ofrenda sino rechazo. Es la mano del decidido a la oc-cisión; la mano del estar-a-la-muerte, del "fondo secreto del estar decidido a la vía más corta" 19 • No la historia misma, como creía Hegel, sino su kéntron, su centro de desfondamiento: "el aguijón (Stachel) de la suprema historicidad" 20• Tal la respuesta a la retórica pregunta paulina por el aguijón de la muerte. El secreto de Heidegger es tan simple como el del dolor que no admite consuelo ni esperanza: "y por lo demás, ahí están también las dos espinas: la controversia con la fe de proveniencia y el fracaso del rectorado" 21 • Las espinas luteranas clavadas en la carne de la mano que ofrenda los frutos de otoño, miden la dimensión entera de la vida: la infancia creyente, el frustrado futuro de una comunidad nacional. Sonst ist es einsam 22• Es la soledad del occidental dispuesto a la occisión. También la amapola se yergue al borde del camino. La sencilla brillantez de su prestancia guarda el negro secreto de su promesa de olvido. Ella, la adormide- 17. P. CELAN, Die Ewigkeit, vv. 5-8 (op. cit.). 18. Phii8, G.W. 9: 402. 19. BPh, 282. 20. /bid. 21. A Jaspers, 1 de julio de 1935 (Br. 157). A esta confesión en carne viva, acompañada por la tra-ducción del Coro de Antígona, contesta lacónica, estólidamente Jaspers: "Ambas cosas me han gustado mucho" (14 mayo 1936; Br. 160). 22. A Jaspers, 16 de mayo de 1936 (Br. 161).
62 Félix Duque ra, es fresca a fuerza de brotar de la seca tierra, al igual que la boca se abre desde la hondura de un interior que se retira. Otoño, mano, amapola, boca: imágenes liminares, traspaso de una transgresión. Así también, impronta de transgresiones es el ser del hombre como Da-Sein, como siendo el lugar en el que el ser se deja ir, re-negando, de lo ente. Y en el centro, la muerte, cuya experiencia hace serhombre: el choque en que co-liden la posibilidad (el "No" del ser en cuanto tal) y la necesidad (no el lógico "no poder no ser", sino la falla, el hiato del ser) 23 • Los Aportes a la filosofía son la obra de un hombre occiso; y ello, no en el sentido trivial de que su autor esté ya muerto. Ellos fueron la sustitución de un suicidio: se escribieron como si la mano viniera ya "del otro lado". Nacieron póstumos, con la firme intención de que no fueran leídos hasta después de la muerte de su autor: una datación perfecta, cuidadosamente fijada. Después de escribir los Aportes, el Profesor Heidegger siguió impartiendo sus lecciones, antes (Parmenides, Heraklit) y después de la guerra (Was heisst Denken?, Der Satz vom Grund). Pero en los aportes, el hombre Heidegger hizo la experiencia de su propia muerte (una experiencia incomparable con la rapsodia Aus der Erfahrung des Denkens, pensada en definitiva para ser leída, y aun recitada como poesía). Entre 1936 y 1938, y al hilo de la incipiente controversia con Nietzsche, Heidegger escribe su testamento filosófico: ¿como si con ello hubiera ingresado, también él, en el ámbito de los ad-venideros? Una suerte de "ejercicios espirituales", allí, donde el espíritu es llama que destruye y cobija a la vez: llama siempre-viva, como el rojo de la amapola de Celan. ¿Quiénes son los advenideros? "Aquellos extraños (Fremdlinge) de corazón igual [unánimes, pues, F.D.], igualmente decididos en pro del obsequio y recusación a ellos destinados" 24• Extraño es también sobre la tierra el hombre en Novalis: der herrliche Fremdling, dotado de los ojos que donan sentido, del andar oscilante que articula los prodigiosos fenómenos del espacio expandido, de los labios ricos en sones 25• Y es extraño porque, situado a la luz del día y en medio de lo ente, su estar amenaza cual sombra de otrora la antigua alianza. El, que manifiesta la magnificencia de los reinos del mundo, se debe empero ante todo a la noche y la tierra. También él, como Heidegger en su alma atormentada, recuerda las "lejanías del recuerdo", los "sueños de la infancia" y las "vanas esperanzas". El extraño arrastra consigo la frescura de la noche y, así, da consistencia opaca, bulto a la plétora de lo ente. También él manifiesta un rechazo. 23. BPh, 282s. 24. BPh, 395. 25. Novalis, Hymnen an die Nacht. l. (En: Werke. Aufbau-Verlag. Berlín y Weimar 1983, p. 3).
La comarca del extraño 63 Y Georg Trakl, el poeta con-veniente al alma occidual (ab-geschieden) de Heidegger tras la guerra, evoca igualmente al extraño: A la tarde se pierde el extraño (Fremdling) en la negra [devastación de noviembre, Bajo mohoso ramaje, a lo largo de muros cubiertos de lepra. [(Aussatz), Por donde antes ha ido el hermano sagrado, Sumido en el suave teñido de arpa de su insensatez [(Wahnsinn) 26• El insensato (W ahnsinniger) no es el demente, sino aquél a quien le falta (Whan, de wana: ohne, "sin") el sentido de los vivientes. Es extraño porque contiene en su comportamiento (Vet:halten) la evocación del alba gris, guardando así en lo aún no gestado la frescura del olvido, no contaminado todavía por las luchas y entremezclamiento de lo ente y los intereses e inclinaciones de los mortales. El in-sensato está suspendido, pendiente: más acá del ac-ceso (nacimiento), más allá del de-ceso (defunción). Ingresado en el reverso del ser, allí donde éste se zafa como Seyn, él contempla ya el otro inicio, destinado a la estirpe aún no nacida. Extraña comarca ésta en la que, tras la devastación otoñal, se adentra el extraño. En ella no brilla el sol de la consistencia y patencia de las cosas, mas tampoco el pálido brillo lunar del reflejo. La comarca es previa a los reinos de Apolo y de Artemis, la efesia diosa de la muerte y la caza, la diosa de Herácli- to 27• En su lucidez extrema -insensatez, para el mundo- Rilke había llegado a fijar esos dos reinos, transitados, conectados por Orfeo: el día y la noche, la vida y la muerte. Mas no le fue dado atender a la pálida grisalla que antecede a ambos, que recoge nacimiento y muerte: la comarca de la aurora-crepúsculo (Diimmerung es la sola palabra alemana para lo que nosotros, latinos, distinguimos como dos regiones previas). El alba es indecisa, neutral. Como neutra es la madre de Apolo y de Artemis, Letona (Leto; voz emparentada con Lethé: oculta- 26. G. TRAKL, Helain, vv. 34-37 (En: Das dichterische Werk. DTV. Munich 1977, p. 41): "Zur Vesper verliert sich der Fremdling in schwarzer Novemberzerstoerung/Unter morschen Oreaste, an Mauern voll Aussatz hin,/Wo vordem der heilige Bruder gegangen,Nersunken in das sanfte Saitenspiel seines Wahnsinns". Heidegger recoge y comenta estos versos en el I. apdo. de "El habla en el poema" (De camino al habla. Serbal. Barcelona, 1987, p. 48). 27. Sobre Artemis, ver Heraklit. G.A. 55, 16, s y mi Artemis y Cibeles. Raíces del pensamien- to político de Heidegger. (En: Acercamiento a la obra de Heidegger (En Alvarez Gómez, comp.). Sociedad Castellano-Leonesa de Filosofía. Salamanca, 1991).