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Pedro de Lugo Albarracín y el desarrollo del pleno barroco en la escultura neogranadina del siglo XVII

Herrera García, Francisco Javier; Gila Medina, Lázaro

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Francisco Javier Herrera García Universidad de Sevilla Lázaro Gila Medina Universidad de Granada IX.- Pedro de Lugo ALbArrAcín y eL desArroLLo deL PLeno bArroco en LA escuLturA neogrAnAdinA deL sigLo xvii 307 Pedro de Lugo Albarracín Referirnos a Pedro de Lugo Albarracín, supone adentrarnos en el poco conocido campo de los talleres escultóricos neogranadinos del XVII y en la que, a juzgar por las obras conservadas, debió ser una intensa actividad artística, auspiciada por la creciente demanda de particulares, eclesiásticos, órdenes religiosas, catedrales y parroquias, tanto capitalinas como de localidades del entorno. Al igual que en pintura son citados nombres que expresan la madurez creativa del taller santafereño, como Antonio Acero de la Cruz, Baltasar de Figueroa y Gregorio Vázquez de Arce, nuestro protagonista y algún otro del mismo apellido (Salvador o Lorenzo) son los preferentemente citados a la hora de aludir los progresos que en la escultura acontecieron durante ese siglo en la Santafé colonial y otras ciudades como Tunja. Si bien, desde fechas tempranas de la pasada centuria, ha despertado el interés de diferentes historiadores y críticos de arte, todavía no existe una monografía que profundice en aspectos biográficos y en el catálogo de su obra, capaz de valorar su protagonismo y aportaciones en este importante y vital apartado creativo, auspiciado por la religiosidad barroca. Fue Luis Alberto Acuña el primero en trazar una escueta semblanza de su personalidad y destacar el potencial expresivo de sus creaciones, definitorio de su estilo, reconociendo la oscuridad que rodeaba su quehacer, sin duda relacionada con la falta de datos, y considerándole «el más devoto de los imagineros coloniales»1. Su capacidad para expresar el drama, el dolor y los signos de la mortificación, figuran como características de un creador, al cual se adivina intensa y profundamente sumido en vivencias y sentimientos religiosos que le llevan a la búsqueda compulsiva del realismo dramático. Fueron asignadas por Acuña como obras salidas de su taller, el Cristo Caído del Carmen, el Ecce Homo de San Ignacio, el Nazareno de la Misericordia de San Agustín, así como el Cristo atado a la 1 Acuña, 1934: 216. Queremos agradecer la desinteresada ayuda relativa a diferentes cuestiones que hemos recibido en Colombia y España de Laura L. Vargas Murcia, P. Edison Sahamuel Ortiz, Marta Fajardo de Rueda, Jaime Humberto Borja, Fray Marco Vinicio Mendieta Niampira, Constanza Villalobos, Clara Inés Ángel, Diana Farley Rodríguez, José Roda Peña y José Miguel Sánchez Peña. 308 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila columna de la parroquia de Las Nieves. Respecto al Caído de Monserrate, recurre a la leyenda de su procedencia inglesa pero factura española, asignándole la categoría de modelo inspirador de las producciones de Lugo2. P osteriormente Hernández de Alba en su célebre Teatro de Arte Colonial, vuelve sobre Lugo y enfatiza su relevante papel en el panorama artístico y religioso de la Santafé del seiscientos. El prestigioso historiador, después de conocer la documentación de la ermita de Monserrate, no tiene la menor duda en asignar el célebre Cristo del cerro bogotano al quehacer del escultor, significándolo como su más apurada y expresiva creación, obra que acertó a canalizar los sentimientos religiosos y devocionales de los neogranadinos. Amplía el catálogo de realizaciones atribuidas a Lugo, con el Señor de la Torre de la iglesia de la Orden Tercera, el Señor del Despojo de Las Cruces, Caído de Las Nieves y no debemos pasar por alto que fue Hernández de Alba el primero en destacar la faceta de vaciador de Lugo, que dice empleó en la confección del citado Caído del Carmen, hoy en la Veracruz bogotana3. La vinculación del escultor con tales creaciones caracterizadas por su descarnado dramatismo y desmesurado sufrimiento, sirvió para que la historiografía posterior le asignara numerosas imágenes cristíferas vinculadas a momentos pasionales4. No podemos dejar de mencionar a Carmen de Ortega Ricaurte, autora que recoge todo lo anteriormente estimado sobre el escultor, dando cuenta del catálogo que previamente habían planteado Acuña y Hernández de Alba5. Después de estas aportaciones que podemos considerar “clásicas”, menudean otras, como la efectuada por nosotros mismos al plantear la posible vinculación con el taller de Lugo de 2 Ibídem: 216-217. 3 Hernández de Alba, 1938: 126-127. 4 Durante los años setenta del pasado siglo, el catálogo de obras asignadas a Pedro de Lugo Albarracín quedó fijado en el Cristo de la Misericordia de San Agustín; Señor Caído de San Francisco; Ecce Homo de San Ignacio; Cristo de la Expiración de San Diego; Señor Caído de Las Nieves; Nazareno de La Candelaria; Señor atado a la columna de Las Nieves; Señor Caído de la Veracruz; San Francisco de San Ignacio, resultando la obra clave el Señor Caído de Monserrate. Véase Gómez Hurtado, 1970: s/p. 5 Ortega Ricaurte, 1979: 257. los cuatro relieves de estuco insertos en el grandioso retablo mayor de San Francisco y que representan El Bautismo de Cristo, El regreso de Egipto, La conversión de San Pablo y El martirio de Santa Catalina6. Recientemente Andrés Aponte sugiere la relación con el afamado taller del San Francisco que preside la célebre capilla del Santo fundador, popularmente conocida como del chapetón, en el citado convento franciscano de Bogotá7. Las fuentes tanto biográficas como profesionales sobre Pedro de Lugo y su estirpe escasean, y su catálogo destaca por su débil sustentación debido a esa carencia. En las líneas que siguen intentamos rellenar algunos de los múltiples vacíos que hacen de este escultor y sus familiares, practicantes también de este arte, un grupo de artistas bastante desconocidos. Procedemos a valorar sus creaciones en virtud de su originalidad expresiva e iconográfica, de manera que pueden ser esgrimidas para la reconsideración del peso e importancia del taller escultórico santafereño en el contexto americano. La nueva documentación que manejamos, procedente de distintas secciones del Archivo General de la Nación (Bogotá), Archivo General de Indias (Sevilla), Archivo de la Real Chancillería (Granada), Archivos Diocesanos y Municipal de Jerez de la Frontera, nos permiten ofrecer la visión de un hombre variopinto y multifacético, de ascendencia andaluza, establecido en la Nueva Granada como experto en fundición y escultor, minero en Cuba, demandante de un mayorazgo fundado por su abuelo en el Puerto de Santa María (Cádiz – España), regidor perpetuo en su ciudad de residencia, Santafé, y minero también en territorio neogranadino. A todo ello hay que sumar su presunción hidalga, según la ejecutoria ganada por su tío Juan de Lugo Albarracín a comienzos del XVII. DE ANDALuCíA A LA NuEVA GRANADA : antepasados andaluces y descendencia neogranadina Diferentes documentos nos informan sobre los ilustres antepasados de Pedro de Lugo, así como de algunos 6 Gila Medina-Herrera García, 2010: 545, n. 192. 7 Aponte Pareja, 2015: 310. 309 Pedro de Lugo Albarracín de sus familiares contemporáneos y su descendencia en tierras americanas, continuadores de la profesión. Son numerosas las fuentes de información que nos permiten reconstruir la estirpe de la que procede Pedro de Lugo, especialmente la ejecutoria de hidalguía antes citada, desarrollada entre 1603 y 16078. Posteriormente, los pleitos interpuestos por los procuradores del escultor en 1653- 1655 y luego en 1659-1670, abundan sobre los abuelos, progenitores y otras circunstancias familiares, sociales, contactos previos con América, en particular con la Nueva Granada, etc9. Para la familia establecida en el Nuevo Reino y algunos de sus parientes, existen documentos del Archivo General de la Nación bogotano, en los que salen a relucir hermanos y descendientes. Entre estos destacamos el pleito, según el cual resultó acusado de estupro un sobrino del escultor que llevaba su mismo nombre, hábil en la escultura de barro y activo en Tunja hacia 1645-164810. De momento seguimos sin conocer la fecha y el lugar de nacimiento de Pedro de Lugo Albarracín. Pudo acontecer en Jerez de la Frontera, de donde procedía su padre, ciudad de la que el mismo se declarará vecino en 1653- 1654. No hay que descartar la posibilidad de que viniera al mundo en territorio neogranadino, en los últimos años del XVI o primera década del XVII, quizás en la ciudad de La Palma (Cundinamarca, Colombia), donde sus padres, Jácome de Lugo Albarracín y María de Sotelo, residían desde finales del quinientos. Por el contrario, sabe- 8 Archivo Histórico de la Real Chancillería de Granada (ARCG). Hidalguías, 4949, pieza 3. Probanza de hidalguía de Juan de Lugo Albarracín. Año 1603. ARCG. Hidalguías, 4597, pieza 25. Sentencia-carta de hidalguía de Juan de Lugo Albarracín, 1607. 9 ARCG, pleito, caja 530, pieza 11. Cuaderno 1. El Capitán don Pedro de Lugo contra don Andrés Arias de Lugo. 1653- 1655. ARCG, Pleito, caja 581, pieza 18. Cuaderno 2. El Capitán don Pedro de Lugo contra don Andrés Arias de Lugo. 1659. 10 Archivo General de la Nación de Colombia (AGN), secc. colonia, criminales (juicios): SC 19, 5, D 9 y D 11. Simon de Riberos oficial sillero vecino de la ciudad de Tunja contra don Pedro de Lugo, menor, vecino de esta ciudad de Santafé, que le acusa diciendo haber desflorado a una hija suya doncella. 1648. mos que falleció a finales de 1678 o principios de 1679, en Santafé, donde su viuda, dña. Mariana de Alvís y Salinas, declara fue enterrado y se le hizo funeral11. Nacido en Andalucía o en la Nueva Granada, lo cierto es que su ascendencia es andaluza, establecida mayoritariamente en ciudades de la Baja Andalucía como Jerez de la Frontera y el Puerto de Santa María. Según veremos, algunos de sus antepasados participaron en la conquista del Nuevo Reino, en expediciones que partieron de Santa Marta, remontando el río Magdalena hasta llegar a la meseta neogranadina. Su padre, Jácome de Lugo, fue bautizado en la parroquia jerezana de San Miguel el 7 de diciembre de 1559, era hijo natural de Alonso de Lugo y una mujer principal, Isabel de Fuentes, con la que no estaba casado, radicando aquí la fuente de posteriores desavenencias y problemas de herencia para Pedro de Lugo y sus hermanos12. El procurador de este último declaraba en 1655, refiriéndose a su abuelo Alonso de Lugo: …siendo moço soltero y por casar, tubo amistad y tra- to carnal con doña Ysavel de fuentes vezª y natural de la dha. ciud. de Xerez, siendo la suso dha. doncella soltera y libre para poder contraer matrimonio y mujer principal; y deel trato carnal con el dho. Alonsso de Lugo, resulto preñada y pario a Jacome de Lugo que en siete de diciembre de este año de mil y quinientos y cinquenta y nueve se baptiçó, en la Pila de la Yglessia Parroquial de Señor San Miguel de la dha. ciud. de Jerez, por hijo natural deel dho. Alonsso de Lugo y en raçon de estar la dha. doña Ysavel de fuentes, en buena opinión y reputaçion de doncella onesta, y ser hija 11 AGN, secc. colonia, caciques e indios, 48 bis, D. 17. Indio de Jaramillo: demanda sobre mortuoria. 1679. 12 Consta en la partida de bautismo de Jácome de Lugo: «… no se dice el nombre de quien es su madre por la onestidad …». Fueron sus padrinos Juan de Vega, Álvaro de mendoza, Cristóbal Martín y Francisco Jade, clérigo. Archivo Histórico Diocesano de Jerez (AHDJ). San Miguel. Bautismos, lº 8º(1557-1562), fol. 302v. También figuran copias de las partidas originales en el pleito emprendido por Pedro de Lugo a partir de 1653. ARCG, pleito, caja 530, pieza 11. Cuaderno 1. El Capitán don Pedro de Lugo contra don Andrés Arias de Lugo. 1653-1655, fols. 104 y ss. 310 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila de padres principales y de mui buena calidad y bien enparentada, no se dijo en la partida de el libro deel baptismo el nombre de la suso- // -dha. por madre del dho. Jacome de Lugo…13. Con posteridad al nacimiento de Jácome, al que reconoce y cría como hijo, Alonso contrajo matrimonio con dña. Ana María de Acuña, jerezana14, con quien procreará otros hijos: Álvaro, Sebastiana, Catalina, Inés, siendo el mayor Juan de Lugo Albarracín, tío del escultor, con el que habría de mantener especial afecto y sintonía, pese a la distancia que les separaba. Después de casado, Alonso de Lugo, según testamento otorgado el 14 de mayo de 1586, fundó mayorazgo y vínculo principal, sobre «… una heredad de viña y olivar con su casa y pozos, en que puede aver sesenta i seys arançadas poco más o menos, en el sitio que llaman el cercado, termino de la ciudad de el Puerto de Santa Maria…»15. Fallecido el citado Juan sin descendencia en 1649, hijo mayor del fundador y titular del vínculo tras la muerte de su padre, por voluntad propia y especial afecto a los hijos de su hermanastro Jácome, el mayorazgo fue asignado a Pedro de Lugo, entonces domiciliado en la isla de Cuba. Sin embargo, los descendien- 13 ARCG, pleito, caja 530, pieza 11. Cuaderno 1. El Capitán don Pedro de Lugo contra don Andrés Arias de Lugo. 1653- 1655, fol. 59r.-v. Lucas García de Molina, de Jerez de la Frontera es el procurador de Pedro de Lugo, en la demanda por la que reclama ser legítimo poseedor del mayorazgo fundado por su abuelo Alonso de Lugo Albarracín. 14 Contrajeron matrimonio en fecha indeterminada, en el oratorio de la casa del padre de la desposada, don Francisco Pérez de Acuña. ARCG, Hidalguías, 4949, pieza 3. Probanza de hidalguía de Juan de Lugo Albarracín. Año 1603. Declaraciones de los testigos que intervienen en las informaciones correspondientes a la probanza, s/f. 15 De esta y otras noticias relativas al mayorazgo y el pleito en el que reclama Pedro de Lugo sus derechos sobre el mismo, da cuenta un impreso costeado por el propio Pedro de Lugo Albarracín, que lleva por título «POR D. PEDRO DE LVGO ALBARRAcin, residente en el Puerto de Santa Maria. EN EL PLEITO CON EL LICENCIADO DON Andrés Arias de Lugo vezino de la villa de Tribujena», Granada, Imprenta Real, Casa de Baltasar de Bolívar, 1654. Biblioteca Rector Machado. universidad de Sevilla, sign. A 110/123 (26). tes de otra línea familiar, en especial don Andrés Arias de Lugo, vecino de Trebujena, se apresuran a reclamar sus derechos y tratar de invalidar el nombramiento del hijo mayor de Jácome a quienes desestiman argumentando que desciende de un hijo ilegítimo del fundador. Volveremos sobre este delicado asunto. Continuando con los antepasados, Alonso de Lugo Albarracín, quien mediante la institución del mayorazgo pretendió robustecer su status nobiliario y garantizar el de su descendencia, vivió con hábitos y estilo de vida caballeresca en Jerez, donde residió en la calle Caballeros. Fueron sus padres Juan de Albarracín y Ana de Lugo, el primero a su vez hijo de Juan de Albarracín y Elvira Alonso Benítez, todos naturales y vecinos de las dos ciudades andaluzas antes citadas16. La aludida ejecutoria de hidalguía impulsada por Juan de Lugo Albarracín en 1603, informa de los citados, sin ir más atrás de los nombrados en último lugar, que vivieron entre los siglos XV y XVI17. En el abultado expediente, el principal argumento para justificar la condición hidalga de la estirpe Albarracín, es descender de García de Albarracín y Donoso, uno de los trescientos caballeros que acudieron a la conquista de Jerez con el Rey Alfonso X18. Siguiendo con la probanza de hidalguía, son dignos de mención otros datos que informan del rancio abolengo familiar, especialmente del apellido Lugo, abundando también en los signos de distinción que sus diferentes miembros observan en festividades y actos religiosos. Según avanzamos, Ana de Lugo aporta este apellido a la estirpe. Debió contraer matrimonio con el citado Juan de Albarracín hacia los años cuarenta del XVI, después de 16 Es posible que antepasado, quizás padre, de Juan de Albarracín, fuera Alonso de Albarracín, uno de los caballeros que bajo las órdenes de Alonso Fernández de Lugo, fue a la conquista de las islas de La Palma y Tenerife. Viera, 1982, I: 847. 17 ARCG, Hidalguías, 4949, pieza 3. Probanza de hidalguía de Juan de Lugo Albarracín. Año 1603, s/f. 18 Ibídem. Entre los caballeros que participaron en el repartimiento de Jerez en 1266 figuran, por un lado «Dn. Garcia de Sta. Maria de Albarracin y Dª Ró su muger», por otro «Domingo Garcia Dalbarracin, é Doñora su muger». Gutiérrez, 1886: 39 y 70. 311 Pedro de Lugo Albarracín las “aventuras” americanas de su esposo, que habrían de llevarle tras las huellas de los adelantados de Canarias y Santa Marta, Pedro Fernández de Lugo y Antonio Luis de Lugo. Ana fue hija de Leonor de Lugo y un comerciante genovés establecido en Sanlúcar de Barrameda, Jacobo Doméstico. A su vez, Leonor lo fue de Alonso Fernández de Lugo (II) e Isabel García Padual, establecidos en la ciudad de la casa Medina Sidonia, siendo los progenitores de éste último Alonso Fernández de Lugo (I) y Catalina Martínez de Luna, tíos del primer adelantado de Canarias, Alonso Fernández de Lugo, de manera que cuando a mediados del siglo XVI enlazan ambos apellidos, Ana de Lugo es prima lejana de Alonso Luis de Lugo, tercer adelantado del archipiélago canario y segundo de la provincia de Santa Marta, donde tuvo una breve y controvertida estancia19. No sabemos cómo ni cuándo Juan de Albarracín, en algún momento de la primera mitad del XVI, contactó con los Lugo, quienes le implicarán en sus andanzas americanas y por otra parte contrae con su pariente Ana de Lugo. Según informan las fuentes colombianas, el capitán Juan de Albarracín, experto en las artes de arqueo de navíos, llegó a Santa Marta en compañía de Pedro Fernández de Lugo y su hijo Alonso Luis, en 1535. Emprendió la exploración tierra adentro a través del Magdalena, bajo las órdenes de Gonzalo Jiménez de Quesada, de manera que alcanzaría las mesetas interiores y pudo participar en la fundación de Santafé de Bogotá, Tunja, así como en el 19 Sobre la estirpe de los Lugo y su enlace con los Albarracín informa Fernández de Béthencourt, 1952, I: 12-25. Respecto a Ana de Lugo y el entronque con los Albarracín, p. 28. Reconocimiento de Hidalguía de Juan de Lugo Albarracín. 1607. Escudo del apellido Albarracín. Archivo de la Real Chancillería de Granada Foto: José Carlos Madero López 312 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila descubrimiento de numerosos pueblos indígenas y yacimientos mineros como las minas de esmeraldas de Somondoco20. Flórez de Ocáriz únicamente lo sitúa como capitán en la exploración del Río Grande (Magdalena)21, mientras Rodríguez Freyle, además de capitán que vino al frente de un navío desde España, lo destaca como encomendero en Tunja, donde dejó descendencia22, extremos que parecen difíciles de confirmar si hacemos caso de Rivas quien sostiene que en 1539 estaba de regreso en Sevilla y se establece definitivamente en Jerez23. 20 En sus elegías que rememoran los acontecimientos de la conquista, Juan de Castellanos lo refiere en diferentes ocasiones: Destos, los capitanes señalados que salieron con cargos de la costa fue Gonzalo Suárez Rendón uno, y Juan de Céspedes, varón insigne, y Juan de San Martín y Antón de Olalla Balthasar Maldonado y un Lebrija, del singular Antonio descendiente; un Juan Albarracín, Lázaro Fonte, Gómez Corral y Gonzalo García, que tenía de sobrenombre Zorro. Le relaciona también con la conquista de la tierra de Tunja y la búsqueda de minas de esmeraldas y estaría entre los primeros europeos en divisar las espectaculares llanuras de las mesetas andinas: Y por estar ya cerca de las minas do decían sacar las esmeraldas, envió allá ciertos soldados, de los cuales hoy vive y es presente Paredes Calderón, siendo caudillo un Juan de Albarracín, para que viesen la verdad y trajesen certidumbre. El cual, en cumplimiento deste mando, llegó con los soldados que llevaba a Somondoco y a las altas sierras do las preciosas piedras se sacaban, y desde donde vieron claramente buena parte de los inmensos llanos, según la vista pudo dar alcance; Juan de Castellanos, «Historia del Nuevo Reino de Granada…», págs. 76, 78, 79, 128 y 145. 21 Flórez de Ocáriz, 1674, I: 155. 22 Rodríguez Freyle, 1979: 51 y 63. 23 Se le atribuye un segundo viaje a la Nueva Granada en compañía de Alonso de Albarracín, probablemente su hijo, pero tales extremos no pueden ser demostrados, si bien en Tunja Estos años de contacto con el territorio neogranadino, interviniendo en su conquista, pueden explicar el posterior establecimiento de su nieto Jácome en aquellas tierras, es posible que incluso dejara alguna propiedad o derechos adquiridos sobre minas, que sirvieran de atracción al hijo natural de Alonso de Lugo, intuyendo el poco protagonismo que le esperaba en Andalucía. Insistimos en la importancia de las probanzas de hidalguía de Juan de Lugo Albarracín (1603), continuador de la línea sucesoria del mayorazgo fundado por su padre, pues abunda en las demostraciones de distinción social que al menos constan desde hace unos sesenta años, desde tiempos de Juan de Albarracín y Elvira Alonso Benítez, en las primeras décadas del XVI. Los diferentes testigos, de avanzada edad, aseguran fueron los antepasados vecinos y naturales de Jerez de La Frontera y del Puerto de Santa María. No había duda de haber sido todos casados y velados por las leyes de la Santa Iglesia y de su “limpieza sanguínea”, constando su hidalguía, con casa y solar, desde hacía unos sesenta años, con bienes repartidos entre Jerez y El Puerto. A parte de no pechar, no estaban afectados por los repartos de milicias o tropas o cualquier otra contribución. El primero de los testigos, el jurado Fernando López de Castro, declara que Juan de Albarracín y su esposa Ana de Lugo, vinieron del Puerto a vivir a la ciudad de Jerez hace unos sesenta años (hacia 1540-1545), con su primogénito llamado Pedro de Lugo Albarracín, el primero de este nombre en la familia. Al parecer, los Albarracín conservaban casas en la collación del Salvador, de las que habían sido otorgadas por el Rey Sabio a su legendario antepasado García de Albarracín en el reparto de Jerez. Los bisabuelos habían habitado en El Puerto de Santa María24. desde el XVI y a lo largo del XVII está constatado el apellido Albarracín, por lo que no puede descartarse alguna relación con el conquistador andaluz, que habría dejado descendencia en la capital boyacense. RIVAS, 1923: 42-43. Este autor recoge las citas a Juan de Albarracín formuladas por cronistas de la conquista como Fray Pedro de Aguado y Lucas Fernández de Piedrahita. Tendría trato con genoveses en Jerez, así en 1548 recibió poder de Alonso Botonel, de nación genovesa y vecino del Puerto, para que le cobrara 3.529 maravedís por un albalá. Mingorance Ruiz, 2013: 711. 24 ARCG, Hidalguías, 4949, pieza 3. Probanza de hidalguía 313 Pedro de Lugo Albarracín Todos ellos habían dado muestras de condición hidalga, confirmando el mismo testificante que: …cada uno de ellos en su tiempo, teniendo cavallos y criados y casas muy honradas, jugando las cañas y haciendo otros reguzijos que los caballeros hijosdalgos suelen hazer, a que no son admitidos los que no son tales hijosdalgos… y entre ellos como tales hijosdalgos, les ha visto tener sus asientos en las yglesias e monesterios de esta ciudad, igualmente como los demás caballeros hijosdalgos vecinos de la dha. ciudad…25. El testigo, insistiendo en la calidad de la familia, destaca lo que el mismo había visto con sus propios ojos, al mencionar que todos ellos tenían enterramiento en la iglesia jerezana de San Francisco y lucían escudos en las puertas de sus casas así como reposteros con sus armas: …si el dho. Juan Alvarrazin, abuelo del que litiga, no fuera de la calidad y nobleza que dho. tiene, no le amara y estimara por pariente don Alonso Luis de Lugo adelantado myor. que fue de las Yslas de Canaria, pariente muy zercano de la dha. Doña Ana de Lugo, mujer del dho. Juan Alvarrazin, abuela del dho. litigante y el dho. adelantado estuvo e posso en esta ciudad de Xeres, en casa de los dhos. Juº Alvarrazin y doña Ana de Lugo y llevo consigo al dho. Pº de Lugo, hijo mayor de los suso dhos., y en la villa de Madrid corte de su magd., año de mil y quios. y sinquenta y dos, vido este tº. al dho. Pº de Lugo en cassa de el dho. adelantado su tio, y anvos andavan a caballo, juntos como deudos, todo lo qual que dho. tiene, a sido y es cosa publica e notoria…26. Añade el testigo que del abuelo del litigante, Juan de Albarracín, de Juan de Lugo Albarracín. Año 1603, s/f. Declaración del jurado Fernando López de Castro. 25 Ibídem. 26 Ibídem. … se decía aver fho. muchas e muy notables hazañas en // servicio de su magd. en la Conquista del Nuevo Reyno de Granada, en las Yndias en conpania del dho. don Alº Luis de Lugo, e de don Pº fdz. de Lugo su padre, adelantados de Canaria, parientes de la dha. doña ana de Lugo, aguela del dho. litigante…27. Quedaba así reconocida su relación con los Fernández de Lugo, ilustres adelantados de Canarias y Santa Marta, relación que al parecer continuó siendo muy estrecha después de la aventura americana. La estrategia matrimonial de la familia Lugo Albarracín es un pilar clave para fortalecer sus aspiraciones nobiliarias. Después del matrimonio de Juan Albarracín con Ana de Lugo, podemos citar el de su hijo Alonso con Ana María de Acuña, de familia hidalga jerezana, y el de su hija Sebastiana con don Francisco Ponce de León, vecino de Jerez y descendiente por línea de varón del Duque de Arcos. una hija de Alonso, Inés, sabemos que casó con don Alonso de Mendoza Basurto28. Sin embargo, ninguno de los hijos de Alonso tiene sucesión capaz de heredar el mayorazgo que había fundado en unión de su esposa Ana María de Acuña, si exceptuamos al primero de los vástagos, el hijo natural Jácome de Lugo Albarracín, quien no dudó en marchar a América ante las escasas perspectivas de futuro que intuía en la Baja Andalucía, dada la mejor posición de sus hermanastros en todos los órdenes. Desentendido Jácome, el padre de Pedro de Lugo Albarracín, de mayorazgos y sus propiedades andaluzas, decide emprender la aventura americana. Está registrada una real cédula a su nombre dispensada por la Casa de la Contratación fechada en 1585, para pasar a la Nueva España29. No sabemos si realizó ese viaje, lo cierto es que 27 Ibídem. 28 Ibídem. Fernández de Béthencourt, 1952, I: 28. El apetecido reconocimiento de hidalguía quedaría definitivamente sancionado el 3 de Diciembre de 1607, cuando le fue expedida a Juan de Lugo Albarracín carta ejecutoria «en pergamino con sello de plomo pendiente de hilos de seda de colores…». ARCG, Hidalguías, 4597, pieza 25. Sentencia-carta de hidalguía de Juan de Lugo Albarracín, 1607. 29 Archivo General de Indias (AGI), Indiferente, 1952, L. 3, 320 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila monio inequívoco de que sería esta su principal actividad durante su estancia en La Habana y luego en Santiago del Prado. Lástima que no dispongamos de información más precisa reveladora si para entonces practicaba la escultura en bronce y otras aleaciones o simplemente aplicaba su ingenio en artillería y útiles funcionales como recipientes, pailas, calderería, etc. todo ello reclamado por los ingenios azucareros de la Isla. Si repasamos las circunstancias de permanente carencia de todo lo necesario para el mantenimiento de tropas y la seguridad de la Isla, especialmente artillería y pertrechos militares, es posible que fuera esta coyuntura la que atrajera al vaciador y fundidor a la capital de la isla antillana. Son numerosas, por parte de las autoridades, las solicitudes de caudales para adquirir artillería pagar artilleros capaces de atender la real fundición, como puede ser la petición que cursan el Capitán Simón Fernández Leyton, procurador general de La Habana y el gobernador Juan de Bitrián en 163357. Las deficiencias en esta materia continúan en los años siguientes, registrándose peticiones por parte del gobernador Riaño en los años sucesivos (1634, 1635, 1636), ante la incapacidad de la fábrica de artillería habanera para satisfacer la demanda por hallarse desmantelada, con las cubiertas hundidas58. Otra de las empresas mala administración en que se encontraban las minas del cobre de Santiago del Prado, para lo que ha tomado la decisión de nombrar a Pedro de Lugo su administrador. AGI, Santo Domingo, 101, R 8, N 114, s/f. 57 El capitán Simón Fernández Leyton, procurador general de la ciudad de La Habana, dice que tiene suplicado al Rey mande proveer esta plaza de municiones, artilleros y treinta piezas de artillería. Puesto que carecen de situado, suplica a su majestad de sirva librar 30.000 ducados, importe de las citadas piezas, que han llegado desde México, con destino a la casa de la contratación, y se apliquen a la fundición de artillería. No hallándose artilleros en la Habana, se ruega se busquen en México. AGI, Santo Domingo, 101, R. 7, N. 80, s/f. El 12 de enero de 1633 el gobernador Juan de Bitrián informa de la necesidad de piezas de bronce que existe en la ciudad; ruega se provea. Además de lo urgente que es cerrar la ciudad, a lo que ayudarán los vecinos. AGI, Santo Domingo, 101, R. 7, N. 71, s/f. 58 AGI, Santo Domingo, 101, R. 7, N. 93; R. 8, N. 105; La Casa de Contratación insta se busque fundidor y se emplee cobre del recientemente descubierto en Venezuela para producir que podrían haber reclamado la intervención de Lugo en la capital cubana, en 1635, era la cadena que protegía el acceso a la gran bahía interior, manufacturada en hierro, al parecer afectada por la herrumbre. Riaño, quizás después de consultar a Lugo, propone su nueva elaboración en bronce y maderos de cedro para mantenerla a flote, a la vez que apuesta fabricar en bronce todos los herrajes y clavazón de puertas y puentes de la ciudad, para lo cual podría emplearse algunas de las porciones de cobre llegadas de las minas de Santiago del Prado. Por el contrario, los anteriores gobernadores Lorenzo de Cabrera y Juan de Bitrián estiman que el material idóneo es el hierro, siempre que se recubra adecuadamente de brea59. La habilidad y experiencia de Lugo en la fundición y trabajo de metales son reconocidas en diferentes ocasiones60. La fama que adquiere en La Habana y quizás algunas relaciones previas, llevarían al gobernador Riaño a nombrarle el 24 de abril de 1636 administrador de las minas de cobre de Santiago del Prado y argumenta: preçiso tomar esta resolución y en la ultima carta con que me allo del administrador, me dize se va ya por seisçientos quintales de cobre que es lo que a labrado desde fin del año de 34 aca, y tengo entendido q. la mayor parte de el es el desecho del que se ha traído los años atrás= estas minas, señor, están oy tan atrasadas y tan faltas de todo lo necesario para el venefiçio de artillería, sin embargo el gobernador Riaño no ve factible el proyecto por el mal estado de la fábrica. 59 AGI, Santo Domingo, 101, R. 8, N. 101. 1635-VIII-12. El gobernador Bitrian estima que para costear la nueva cadena de hierro se puede recurrir a cuatro moradores de Sevilla que aporten cada uno 500 pesos de hierro, además de introducir algunos esclavos del Rey en el trabajo preciso. Como modelos posibles cita las cadenas que cierran las bocanas de los puertos de Dunquerque, Marsella, Liorn, siendo la más recomendable la de Malta, compuesta por una doble cadena. 60 En carta dirigida por el Rey el 28 de febrero de 1637, a Francisco de Riaño, instándole a poner fin a los desórdenes habituales en las minas del cobre, indica sobre el administrador Pedro de Lugo, ser «Persona platica e inteligente en materias de fundiciones de metales…» AGI, Santo Domingo, 870, L. 9, fol. 230v. 321 Pedro de Lugo Albarracín ellas, que no corriendo por quenta de persona poderossa, no se podrá esperar fruto de ellas y de todo pun- to se acavaran, y siendo la mayor parte de los esclavos que oy ay en ellas criollos y por sus malas costumbres, ynutiles y desvergonzados quando les obligan a que travajen, aun muy moderadamente, se huyen y alzan en el monte y assi combendria que a todos los criollos y criollas se passasen a nueva España, a vender que con su procedido se compraran mas negros bozales y de mas servicio, y todo el remedio principal de esto pende de la resolución q. V. magd. fuere servido de mandar tomar, y de la brevedad de ella guarde y prospere Nuestro Señor…61. Las esperanzas que Francisco de Riaño deposita en Lugo Albarracín para la recuperación integral de las minas, tanto en su organización, administración y producción del cobre necesario a los intereses reales, pretenden superar la nefasta gestión del asiento de Juan de Eguiluz y la administración de Gregorio de Laborda, ahora destituido de este cargo. Bajo la dirección de este último no producen el cobre que es preciso al año, 2.000 quintales según los términos contractuales del asiento, ni se cuida la calidad del mismo, al tiempo que se han producido numerosos desórdenes en la administración y excesos que no pueden consentirse y ahora pretenden enmendarse con el nombramiento de Pedro de Lugo como nuevo administrador. Convenía nombrar a persona experta, que atendiese y cuidase de la Real Hacienda, así ordena el presidente del Consejo de Indias «…q. el dho. don Pº de Lugo entre en las dhas. minas, por veedor de todo el metal q. se fundiese, por ser perssª. de mucha sufiçiençia en el ministerio de las dhas. fundiçiones…»62. Fue despachada real cédula en Madrid el 28 de febrero de 1637, reconociendo el nombramiento. Sin embargo, durante el primer año parece que Lugo encuentra numerosos impedimentos para el desempeño de sus funciones en el poblado de Santiago del Prado, al parecer debido a las presiones del administrador destituido, Laborda, secundadas por el gobernador de la ciudad de Santiago, 61 1636-IX-5. AGI, Santo Domingo, 101, R. 8, N. 114. 62 1637-VIII-22. AGI, Santo Domingo, 101, R. 8, N. 118. don Pedro Roca de Borja63, circunstancia que obligaría a Riaño a poner orden en el asunto y garantizar la autoridad de Pedro de Lugo en el complejo establecimiento minero. A finales de Agosto del mismo año, en carta dirigida al Rey en la que daba cuenta de las exploraciones del maestro mayor de fábricas José Hidalgo, con objeto de descubrir yacimientos de cristal, volvía el gobernador a insistir en la conveniencia del nombramiento del maestro fundidor, «por ser de las personas mas // inteligentes en materia de fundiçiones y metales que han pasado a las Yndias»64. Parece que Lugo, pese a estos obstáculos, logra iniciar el cumplimiento del encargo que recibe. Por las cuentas de cargo que rinde en 1640, sabemos que percibe un salario anual de 500 ducados (5.500 reales), y le fueron entregadas una serie de herramientas útiles a la mina, tasadas en 1.210 reales, las mismas que empleó el maestro mayor de fábricas procedente de La Habana, José Hidalgo, en el descubrimiento de unas minas de cristal en las cercanías del establecimiento minero65. Las minas de Santiago del Prado habían sido descubiertas en 1530, precisamente con la intervención de un experto en fundición, maestro campanero, llegado de la Nueva España: …ha muchos días que se sabe que tres leguas de esta ciudad, estaba un cerro que se decía del Cardenillo y 63 1637-VIII-26. Informa don Francisco de Riaño que el año pasado, el gobernador de Santiago de Cuba, Juan de Amezquita Quijano le remitió autos e informes sobre el mal estado de las minas de Santiago del Prado, por la mala administración de Gregorio de La Borda, procediendo seguidamente a nombrar nuevo administrador en la persona de «…don Pedro de Lugo para su buen cobro por ser de las personas mas inteligentes que hay de fundiciones y metales…» Hasta ahora se le había retenido por el gobernador de Santiago Don Pedro Roca de Borja, por lo que informa de esta circunstancia a su majestad y envía traslado del auto de nombramiento, escriturado en La Habana. AGI, Santo Domingo, 101, R. 8, N. 118, s/f. 64 1637-VIII-30. AGI, Santo Domingo, 101, R. 8, N. 127, s/f. No puede ser estimado como dato preciso, el hecho de considerar a Lugo como español que pasa a Indias. 65 AGI, Contaduría, 1187. Cuentas y asientos de las minas de Santiago del Prado. Cuba. 1614-1641, s/f. 322 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila hasta ahora nunca se había hecho experiencia de lo que tenía, y en una nao que venía de la Nueva España acertó a venir un maestro de hacer campanas, el cual era de su tierra de Gonzalo de Guzmán, y como supo del dicho cerro quiso ir a verlo y visto trujo algunas piedras de las cuales se sacó cobre…66. El resto del siglo XVI estuvo marcado en la mina por los continuos intentos de ponerla en explotación y disponer de materia prima capaz de abastecer las fundiciones reales de artillería y cubrir las necesidades de la creciente industria azucarera. No obstante, la empresa no prosperó, aunque está documentada la presencia de diferentes expertos en el beneficio de metales y su fundición, como el platero Luis de Espinosa (c. 1534), el flamenco Gaspar Lomans (1540), los alemanes Tetzel de Nuremberg (1542-1571) quienes trajeron técnicos centroeuropeos y acordaron asiento con el Rey en 1546, además de incorporar mano de obra esclava a los procesos extractivos y productivos. Finalmente, fallecido Juan Tetzel en 1571, las abandonarían. Se suceden a finales del XVI diversos asentistas como Álvaro de Clavijo Loaysa, Juan Velázquez, Hernán Manrique de Rojas, Manuel Núñez Lobo67. En la Habana comenzó a funcionar la fundición de cañones en 159468, que aprovechaba el cobre de unas minas cercanas que pronto se agotaron, por lo que se pone la vista en la materia prima de las minas santiagueras y luego en las descubiertas en territorio venezolano. Junto al abastecimiento de las necesidades locales, el primer objetivo del cobre cubano era su exportación a Sevilla para la producción de artillería, donde llegaba “en pasta”, con una o dos fundiciones previas que le liberaba de impurezas. Desde principios del XVII se estimaba que se podrían 66 Franco, 1975: 10-11. Carta remitida al Rey por los oficiales reales de la Isla de Cuba en 1530. 67 Franco, 1975: 15-27. Portuondo, 1996: 355-357. 68 La fundición habanera tuvo una trayectoria irregular en su funcionamiento. Durante un largo período la corona la suprimió, pues estimó era más adecuado fundir las piezas de artillería en Sevilla. Es posible que las expectativas de su reapertura en la década de los veinte atrajera a Lugo. Macías Domínguez, 1978: 65-77. Portuondo, 2002: 63. suministrar unos 2.000 quintales anuales, al precio de 9 ducados el quintal, evitando así las importaciones de las minas húngaras, cuyo producto llegaba a superar los 30 ducados el quintal. Tales partidas debían de disponerse en La Habana a tiempo de ser ensayadas y cargadas en los galeones de la carrera, que allí emprendían el tornaviaje. Sin embargo, las dificultades para lograr ese nivel de abastecimiento fueron constantes, por la escasa rentabilidad del trabajo de los esclavos, deficiente administración, atraso tecnológico y la inseguridad de la ruta marítima Santiago – La Habana. Entre 1598 y 1616 asistimos a un paréntesis de esplendor. Entonces el capitán Francisco Sánchez de Moya fue designado por el Rey para inspeccionar las minas y reanudar su explotación, ampliando el poblado, al que da el nombre de Santiago del Prado y construyendo iglesia, tres casas de fundición, hornos, además de proveer nuevos materiales para las nuevas instalaciones como ladrillo y tejas; Hasta entonces las casas eran bohíos y la principal construcción para las tareas de fundición una precaria estructura de madera. El capitán contrató a un técnico alemán que incrementó notablemente la producción. Serían así exportadas a España grandes cantidades de cobre y se funden fondos y calderas para la industria azucarera así como piezas de artillería. Al mismo ritmo que se incrementó la extracción de cobre, creció la producción agrícola y ganadera de la zona69. Se hace constar la bondad del mineral y, según indica el asentista, el cobre santiaguero supera al de Hungría, tanto por su menor precio como por la necesidad de menos fundiciones para obtener una pasta de gran pureza, y resulta más fácil de trabajar en Cuba o Sevilla. Sería posible obtener piezas de artillería de precio más reducido y gran calidad70. No dejó Sánchez de Moya de manifestar las carencias que le impedían cumplir puntualmente con los compromisos reales, quejándose de la falta de mano de obra esclava, no sólo para la labor en 69 Franco, 1975: 28-29. Portuondo, 1996: 357-362. Macías Domínguez, 1978: 77-88. Portuondo, 2002: 63-79. 70 AGI, Santo Domingo, 451. Expediente sobre las minas de cobre de Santiago de Cuba. 1606-1777, fols. 140r, 143r. y 156r.-157v. 323 Pedro de Lugo Albarracín los filones, cada vez más profundos, sino también para las operaciones de tala y producción de carbón, trabajo en las plantaciones e ingenio, etc71. Este ciclo se vería pronto interrumpido, en tiempos del asiento de Juan de Eguiluz y sus herederos, incapaces de suministrar las cantidades comprometidas, al tiempo que se acelera el deterioro de las instalaciones y se relaja la mano de obra esclava. Descendió la extracción de mineral, su calidad, la fundición fue desatendida, todo lo cual dio lugar a constantes reclamaciones por parte del Consejo de Indias, de manera que Eguiluz sería imputado, y viaja a España para la defensa de sus causas72. Respecto a la fortuna de Lugo al frente del establecimiento, hay escasos datos, pero a la vista del final de su gestión, todo parece indicar que no mejoraron mucho las condiciones descritas. Era difícil mover una maquinaria “obsoleta y oxidada”, especialmente canalizar la fuerza de los esclavos, progresivamente enfrentados a las autoridades mineras. Hay razones para sospechar que ante las dificultades existentes para el adecuado funcionamiento de la empresa, Lugo Albarracín no tuvo empacho en utilizar el mineral y la fundición en beneficio propio, produciendo fondos y calderos vaciados, planchas, pailas y otros utensilios labrados o batidos, que vende de forma ilegal en Cartagena, Nueva España, Santo Domingo y Jamaica73, bajo el pretexto de emplear las ganancias en bastimentos. La carta que dirige Bartolomé de Osuna, gobernador de Santiago al Rey, el 23 de Noviembre de 1646, puede resumir la nefasta e interesada gestión de Pedro de Lugo: …pues en nueve años que avia que la administrava, avia de aver dado diez y ocho mil quintales y no pareçe que hubiese Registrado mas de mill çiento y diez y nueve, porque los ochocientos y ochenta y çinco quintales que embio a la Havana, se los entrego el dho. 71 AGI, Santo Domingo, 451. Expediente sobre las minas de cobre de Santiago de Cuba. 1606-1777, fols. 82r.-83r. El capitán Francisco Sánchez de Moya informa al Rey sobre el estado de las minas de Santiago del Prado. 1609-XII-30. 72 Sobre el asiento de Juan de Eguiluz véase Macías Domínguez, 1978: 11-130. Portuondo, 1996: 363-364. 73 Portuondo, 1996: 365. Gregorio de la borda, quando se le dio la posesión de estas minas y que el cobre que sacava lo vendió en pasta y labrado, a las personas a quienes se lo querían comprar, que lo navegaban por ese Puerto a Cartaxª, Nuva Spaña y otras partes, causando grande perjuicio a mi hacienda y a las minas total ruina, y dessolaçion diciendo que lo haçe por orden de el gobernador de la havana para el sustento de ellas, y que los esclavos andan como sin dueño, los unos en servicios particulares y los otros en diferentes ministerios y separaciones, de lo que antes tenia necessitados de vestuarios y alimentos en que pasan grandes calamidades; el pueblo donde avitan, ocupado con gente forastera de vida nosçiva e inquieta y causan mal exemplo que se alojan en el con el amparo del dicho Don Pedro de Lugo que los admite, por // su comodidad y asi enplaçar con el sueldo a costa de aquella fabrica, nombrando cavos y otros ofis. de guerra sin que aya necesidad de ellos, y con gastos excesivos de todo lo qual me dava quenta…74. A estas alturas, ya se contemplaba el retorno de las minas a los herederos del asentista Eguiluz. Lugo no había resuelto las viejas cuestiones que lastraban la minería del oriente cubano y los instantes finales de su estancia en Santiago del Prado, resultaron convulsos y llenos de desavenencias. A lo largo de los años cuarenta se fue haciendo evidente la progresiva decadencia de las minas y la fundición, agravándose la situación desde 1646, cuando el gobernador de Santiago informa al Rey con todo lujo de detalles, según la misiva expuesta. Las diferencias entre administrador y gobernador irían en aumento, hasta que finalmente, en diciembre de 1647 Bartolomé de Osuna toma las riendas, invade las minas con efectivos militares, se apodera de ellas, destituye y encarcela a Pedro de 74 AGI, Santo Domingo, 871, L. 12, fols. 166r.-167v. «Al Govor. de Cuba Sse. la averiguaçion y castigo de los exçesos i fraudes que a cometido D. Pedro de Lugo administrador de las minas de cobre de aquella Isla». un fragmento de otra carta muy parecida a la citada puede verse en Macías Domínguez, 1978: 129. 324 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila Lugo Albarracín. A comienzos de 1648 este último inicia querella criminal contra Osuna, declarando su apoderado Miguel de Quiñones cómo aquél había sido designado administrador por «su rectitud, diligencia y limpieza» y a mediados de diciembre de 1647 el citado gobernador le desposeyó a la fuerza de su empleo, le encarceló, facilitó el ultraje y robo de la mina y sus haciendas e ingenios inmediatos, y se hallaba ahora preso en la Ciudad de Cuba, sujeto con grilletes75. Desde el calabozo santiaguero, a través de su representante legal, Lugo no ceja en su defensa. Se queja lo difícil que le resultará seguir el litigio desde la cárcel, donde ha llegado a estar encadenado, y el daño causado por el gobernador santiaguero estima puede ascender a 14.000 pesos y no tiene para subsistir76. Destaca que en 1646 había sido confirmado en su cargo a pesar de no haber satisfecho las cantidades de cobre comprometidas y el descubierto que se le imputa lo atribuye a la gestión del anterior administrador, Gregorio de Laborda y al asiento de Eguiluz77. No podía ser de otro modo, de su destitución y despojo, culpa al gobernador y capitán general Bartolomé de Osuna, 75 AGI, escribanía, 41ª, pleitos de la gobernación de La Habana, fol. 1 r.-v. «Dn. Pedro de Lugo Albarracin Admdor. de las minas de Santiago del Prado; con Barme. de Osuna govor. de dha. ciudad; sobre daños y agravios». 76 AGI, escribanía, 41ª, pleitos de la gobernación de La Habana, fol. 2r.-9r. 77 Madrid. 1646-II-8. Cédula enviada a Pedro de Lugo, en contestación a una carta suya. «El Rey= Don Pedro de Lugo, a cuyo cargo esta la administración de la mina de cobre de Santiago de Cuba, haviendose visto en mi junta de guerra de Yndias la carta, q. me escrivistes en veinte y ocho de marzo del año Passado de seiscientos y quarta. y cinco, tocante a el estado de esa mina y la causa porque no haveis podido remitir mas cobre del que se a ynbiado, y lo que conviene proveer de dinero para su mejor Benefizio y que se puedan dar por aciento, y los de mas papeles tocantes a eta materia, e tenido por bien de q. por ahora Prosigaiz en la administración de la dha. mina como lo ynbio a mandar a mi govor. y capitán general de la havana, y en quanto a lo que pretendeis de salario que se os a de dar, se queda mirando y tomaré la resolución que pareciere convenir, de Madrid a ocho de febrerº // de mil y seiscientos y quarenta y seis= Yo El Rey». AGI, escribanía, 41ª, pleitos de la gobernación de La Habana, fols. 14v.-15r. También fol. 4v. «…y bien se manifiesta q. assido passion que contra el a tenido el dho. goveror. Bartolome de Osuna, por no haverle obedeçido, por no ser su juez y averse querido entrometer en el conocimiento de las causas tocantes a las dhas. minas, de que se a querellado mi pte…»78. De tales afirmaciones puede inferirse injerencias por parte del gobernador, quizás ansioso de participar fraudulentamente de los beneficios de extracción y fundición. Al respecto no olvidemos que Osuna, tal como afirma Portuondo, se había enriquecido con el contrabando en el oriente cubano79, de manera que no sería extraño que pretendiera el control en beneficio propio de la empresa real, en un episodio más, representativo de la generalizada corrupción. El empleo de la fuerza fue preciso para apartar de Santiago del Prado a Pedro de Lugo; la infantería una vez que tomó posesión de las minas, así como los funcionarios que se presentaron con decretos y cédulas, le exigieron libros de administración, le prendieron, inventariaron los bienes de su casa, baúles de ropa, papeles «…cobres en pasta fundidos y labrados y herramientas peltrechos y ganados…», dando lugar al desorden generalizado, sublevación de esclavos y expolio de las plantaciones, almacenes y ganado80. De inmediato fue repuesto el anterior administrador, Gregorio de Laborda. El proceso incorpora las informaciones de testigos aportados por Lugo, interrogados en febrero de 1648, quienes dan cuenta de los desmanes cometidos y de la vulneración de sus derechos. Domingo Díaz de Vega, vecino de La Habana y artillero de la fuerza vieja, señala al respecto: …sabe y vio que alguno del cobre que se ynventario y del que se ocultó y otros muchos cobres labrados, se vendieron por el dho. Gregorio de laborda a algunos soldados de los que habían ydo, y en especial un solda- 78 AGI, escribanía, 41ª, pleitos de la gobernación de La Habana, fol. 3v. 79 Portuondo, 1996: 364-365. 80 AGI, escribanía, 41ª, pleitos de la gobernación de La Habana, fol. 5v. 325 Pedro de Lugo Albarracín do llamado Pedro de cordova, que oy esta en esta dha. ciud. y en especial y señalada mente, sabe este testº que el dho. // Andres de aranda vendió cantd. de cobre a un fulano Çavala, que estava allí de Cartagena y la cantidad señaladamente no sabe, y solo se puede acordar que fue cobre en pasta, el que le bendyan y anssi mismo el suso dho. le bendio a este testº., dos torteras forjadas y una pailita pequeña forjada, de la mesma manera un macho y unas tenazas de fragua…81. Cada uno de los interrogados da cuenta del expolio y desorden reinantes. En la misma línea se expresa Pedro de Córdoba, soldado del presidio del Morro en La Habana: y luego fueron visitando las casas del sobre estante y de todos los demas que allí estaban a todos los quales quitaron lo que tenían y en especial si hera cobre labrado o en pasta y vido que abrieron unas cajas donde estava la rropa del dho. don Pedro y toda ella la pusieron por ynventario y unos fondos y pailas que allí estaban que sin embargo de que los tenia conprados el alférez Juan Vallejo se los quitaron y fueron haciendo particulares prisiones…82. Particular relevancia tuvo el desorden entre la mano de obra esclava, que festejó la destitución del administrador, consumió ganado a su antojo, asaltó el ingenio y se resistió a la nueva autoridad, proclamando «ya se murió el Rey Don Sebastian que este nombre tenían puesto al dho. Capn. Don Pedro…»83. Desconocemos la posible resolución del proceso, a través de cuyos instrumentos Lugo reclama ser repuesto en su cargo, la devolución y reparo de todas las instalaciones, restitución de lo robado, así como una alta indemnización por daños y perjuicios. Mucho nos tememos que nada de esto fue posible, retornando las minas al asiento de los herederos de Eguiluz. Lo que parece probable es que hacia 1649, una vez excarcelado, Lugo abandonó Cuba y emprendió el camino de retorno 81 Ibídem, fols. 21v.-22r. 82 Ibídem, fols. 27r.-30r. 83 Ibídem, fol. 32v. a la Nueva Granada, donde de inmediato recibe encargos escultóricos y otro pleito, el ya referido tramitado en la Real Chancillería granadina, centraría nuevamente su atención. No parece que Pedro de Lugo sacara gran provecho de su paso por El Cobre. Obligado a abandonar su puesto, si acaso el producto de la venta legal o fraudulenta de piezas de cobre, sería la única recompensa que allí obtuvo. Sigue siendo una cuestión pendiente de resolver, si en Cuba desarrolló la práctica escultórica, como una aplicación más de su faceta de fundidor. Lo cierto es que la vuelta al asiento con los herederos de Eguiluz, a partir de 1648, tampoco traería la paz ni la productividad a las minas santiagueras. Así las cosas, en 1670 la Regente Mariana de Austria, confiscó las minas, cuya producción había descendido desde 1648 y se encontraban ruinosas, habiendo desaparecido el hospital, casas de tejas, naves de fundición, carnicería, incluso la casa parroquial e iglesia se encontraban maltratadas. La “gran casa” o construcción central más importante, residencia de contratistas y administradores durante décadas, estaba desmantelada, sin tejas y en estado prácticamente ruinoso. A partir de 1677 comenzó la reconstrucción de la iglesia parroquial y el santuario de la Caridad ahora cobra nuevo protagonismo, convertido en el principal punto de referencia en la periferia del renovado recinto. Desde esos momentos la devoción a la Virgen de la Caridad, según la leyenda descubierta en 1613, se convierte en un referente devocional para toda la Isla, construyéndose nueva ermita y casa parroquial, de manera que el culto mariano se erige en seña de identidad de los esclavos reales84 y símbolo de una nueva época. Es posible que Lugo se viera obligado a reconstruir los edificios religiosos del poblado, como la parroquia, destruida por un huracán en 1637, justo el año que toma posesión de la administración. Sabemos que aquella pequeña iglesia disponía de tres imágenes subsistentes hasta principios del XX: Santiago, Nuestra Señora del Rosario y Santa Bárbara, esta última patrona de los artilleros85. En la década de los cuarenta fue re- 84 Díaz, 2000: 29-31; 116-117 y 126-127. 85 Portuondo, 2002: 81. 326 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila construida la ermita del cerro, donde se ubica la Virgen de la Caridad del Cobre, imagen en principio dispuesta en el hospital de esclavos86. FuNDIDOR Y VACIADOR. sobre la experiencia en metales de pedro de lugo y su aplicación a la escultura. Tal como hemos señalado, si resulta difícil precisar el lugar de nacimiento de Pedro de Lugo, que pudo acontecer en Jerez de la Frontera, en Santafé87 u otra localidad del Nuevo Reino de Granada, mayor complejidad reviste aclarar su formación en el campo de la escultura y metalistería. Al margen de la información relacionada con el linaje, sus relaciones familiares, la primera noticia que lo sitúa en Santafé como escultor o vaciador, se refiere al ya citado compromiso de ejecución del monumento que debía instalarse en la catedral santafereña en 1625, en ho- nor de su anterior arzobispo natural de la capital neogranadina, don Fernando Arias de ugarte88. De momento, este encargo pone de manifiesto dos cosas importantes, el dominio de la talla de la piedra, pues en material pétreo ha de confeccionar la estatua del prelado y su escudo, así como el arte de la fundición, al comprender igualmente una plancha de bronce con inscripción y escudo. Pero es digno de señalarse la profesión que le asigna el notario, vaciador, alusión a la práctica de la fundición y la obten- 86 Portuondo, 2002: 81. 87 Ortega Ricaurte, 1979: 257, da por seguro su nacimiento en Santafé. 88 Citado por Hernández de Alba, 1938: 127, y Ortega Ricaurte, 1979: 257. Sin embargo, ambos autores confunden la fecha del contrato, señalando el año de 1629. El compromiso conservado en la sección de protocolos notariales de Bogotá, del Archivo General de la Nación, fue otorgado el 11 de Septiembre de 1625 y según los términos contractuales, Pedro de Lugo Albarracín en unión del platero Juan Bautista Cortés, se comprometían a realizar el bulto del Arzobispo, de piedra de ocho pies de largo, el escudo del prelado del mismo material y una plancha de bronce de una vara, con el escudo esgrafiado y una inscripción por determinar. AGN, notarías de Bogotá, not. 3ª, prot. 14; fols. 407r.-408v. ción de piezas o figuras a partir de moldes89. uno de los principales problemas para explicar esta faceta profesional de Lugo, es determinar dónde y cuándo aconteció su aprendizaje, especialmente su instrucción en las técnicas de fundición de metales, el modelado y la talla de la piedra y la madera. Todo ello se complica al no existir constancia segura de su lugar de nacimiento. En caso de que este se haya producido en territorio neogranadino es posible que fuera aprendiz de escultor en Santafé, donde figuraban establecidos algunos escultores a comienzos del XVII, como Ignacio García de Ascucha, dedicado a la talla y el modelado. Más complicado será determinar su relación con el arte de la metalistería, que quizás pudo iniciarse en 89 Según expresa Sebastián de Covarrubias, «VACIAR, … vaciar los metales en quanto son fusiles. Vaciar figuras dellos y hazer pieças vaciadas en moldes». Covarrubias, 1611: ad vocem. Anónimo. C. 1625. Retrato del Arzobispo Fernando Arias de Ugarte Convento de Santa Clara (Bogotá) 327 Pedro de Lugo Albarracín un taller de platero, como el de Alonso de Anuncibay, platero, ensayador y fundidor, activo en Santafé por aquellos años, muy relacionado con las reales cajas. Es posible que el dominio de las técnicas de aleación, fundido y vaciado las haya adquirido a través de la manufactura de calderería, campanas o artillería90, cuyos principios técnicos fueron aplicados a la producción escultórica desde tiempos medievales, tal como sostiene Maltese91, de manera que no resulta extraño encontrar profesionales que ejercen la escultura además de otros oficios relacionados con la fundición, como es el caso emblemático de Bartolomé Morel en Sevilla durante el XVI o del portugués Joao Afonso, en el siglo XIV92. Tampoco podemos descartar una estancia en edad juvenil en La Habana, anterior a 1625, donde pudiera haber resultado instruido por algún maestro fundidor, de los que ocasionalmente recalaban allí para el beneficio del cobre y atender a las ocasionales puestas en funcionamien- to de la fundición de artillería habanera. No olvidemos que por La Habana había pasado, en la primera década de siglo, un célebre maestro fundidor, experto artillero, como es el caso de Francisco de Ballesteros, de quien dice Pacheco fue enviado a la Habana en los últimos años del reinado de Felipe II, donde permaneció once años93, 90 Desde fechas tempranas consta la presencia de fundidores en el Nuevo Reino como Juan de Eloy (1560), Jaime Francés (1560), Juan Sánchez Lucas (1568), Juan de Palomares (1568), Juan Barroso (1568), Juan Álvarez Maroto (1568). Muchos de ellos ejercían también la platería y llegaron atraídos por la abundancia de metales preciosos. Paniagua Pérez, 2005: 91-92 y 95-96. A mediados del XVI, según Martínez Silva, 1987: 128, se estableció el primer taller de fundición en Santafé, el del dominico fray Lope de Acuña, en las inmediaciones de la plaza del mercado, allí fundiría campanas para el convento de su orden y para la primitiva catedral. 91 Maltese, 1995: 46-47 y 58. En relación con una posible vinculación con las prácticas de la artillería y su tecnología, no podemos olvidar que con ocasión del pleito que sostuvo por el mayorazgo heredado de su tío, aparece citado como “capitán”, tal como ya señalamos, alusión a un posible servicio de armas en edad juvenil, cuando quizás tuviera contacto con las técnicas de fabricación de artillería. 92 Marcos Villán, 1998: 34-35. 93 Pacheco, retratos, 1985: 365-367. Después de su regreso, al menos hasta 1607, cuando emite numerosos informes desaconsejando la continuidad de la maestranza por sus altos costes productivos, dificultades de abastecimiento y, a su juicio, mala calidad del cobre insular94. Teniendo en cuenta su ascendencia bajoandaluza, su posible nacimiento en Jerez y las estrechas relaciones que en cualquier caso tanto él como sus progenitores tendrían con Andalucía, el lugar más adecuado para acariciar la idea de su formación es Sevilla. Bien antes de marchar a América por primera vez, o en una estancia juvenil, Pedro de Lugo pudo formarse como escultor y vaciador en la capital andaluza. No en vano, la ciudad contaba con un importante establecimiento productor de artillería, donde aprendería las técnicas de aleación del hierro, el cobre y el estaño e incluso el plomo y otros metales dulces. Pero más interesante, desde la perspectiva de su inclinación por las artes figurativas, es la constatación de los múltiples talleres en los que se producía escultura seriada obtenida a partir de moldes, tanto en yeso, papelón, barro y, especialmente en plomo y aleaciones derivadas del mismo como el peltre. En la segunda mitad del siglo XVI fundidores como Bartolomé Morel habían sido responsables de importantes creaciones escultóricas en bronce como la veleta de la torre catedralicia, el popular Giraldillo, el tenebrario de la misma iglesia catedral, la lauda de Per Afán de Ribera III, a las que podríamos agregar las logradas aplicaciones metálicas del facistol, del templo mayor sevillano. En esos momentos se desarrolló igualmente la escultura seriada en barro y en pasta de papel o telas encoladas, la primera de forma particular en el taller de Gaspar Núñez Delgado95, mientras en el segundo caso recordamos el emblemático caso del Cristo de la Expiración, o del museo, realizado por Marcos Cabrera hacia 1575, obra compuesta por una suerte de telas encoladas y pasta de papel, que puede co- en la real fundición de Sevilla realizó grandes avances técnicos que facilitaban las labores para la obtención de las piezas, resultando estas más eficaces y de mayor alcance en el disparo. Pacheco, 1985: 366. Véase además la semblanza que del mismo realiza Vicente de los Ríos, 1805, IV: 56, n. 1. 94 Macías Domínguez, 1978: 68-80. 95 Luna, 2008-2009: 379-394. Alonso Moral, 2010: 333-356. Porres Benavides, 2013: 9-16. 328 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila rresponderse con la conocida en Italia por técnica de la cartapesta, abundantemente utilizada desde la baja edad media96. No está de más recordar la estancia de Cabrera en tierras neogranadinas entre 1582 y 1590, así como el contrato de aprendizaje firmado en 1586 en Santafé, según el cual se comprometía a enseñar el arte de la escultura a Alonso de Salinas, por tiempo de cuatro años97. Es posible que entonces transmitiera a su aprendiz aquella versátil, económica y rápida tecnología, que pudo mantenerse en algunos talleres de la capital hasta bien entrado el XVII. Ahora nos interesa considerar el importante desarrollo que la escultura en plomo tuvo en Sevilla desde aproximadamente 1600. No hemos de olvidar las bases de ese momento de esplendor de la fundición de plomo y aleaciones de otros metales como estaño, antimonio, zinc, etc.98, fundamentado en el despegue de la minería plúmbea, durante la segunda mitad del XVI, en la localidad jiennense de Linares, si bien a menor escala en el entorno serrano de la propia Sevilla se localizaban algunas explotaciones de este metal, blando y fácil de fundir a baja temperatura99. La incesante demanda de imágenes, 96 Se ha supuesto el posible influjo en esta técnica, de los procedimientos empleados por los escultores novohispanos, en la manufactura de crucificados de pasta de caña, o de la seriación mediante moldes, empleando yeso o barro como materia prima, técnica importada por el escultor nórdico Huberto Alemán a principios del XVI. Amador Marrero y Pérez Morales, 2007- 2008: 87-98. Pereda, 2007: 249-373, en especial, 287-338. Es posible, sin embargo, que Cabrera conociera la manufactura de la cartapesta en un, de momento, no documentado viaje a Italia o a través de artistas procedentes de aquella península o sus islas. 97 Acuña, 1934: 8-10. Gila Medina-Herrera García, 2010: 534. 98 El plomo presenta una serie de ventajas para la escultura, es blando, su punto de fusión bajo, resiste muy bien la intemperie al ser inoxidable y blanquea fácilmente al alearlo con estaño o zinc. Durante los siglos XVII y XVIII fue muy empleado para esculturas de jardín y fuentes. Los moldes más aptos para su vaciado son los de yeso. Rich, 1988: 177-189. 99 En la segunda mitad de esa centuria se incrementa notablemente la explotación de las minas de plomo, empleando renovada tecnología, especialmente en las comarcas orientales de Sierra Morena, como en las occidentales próximas a Sevilla, ubicadas en la serranía onubense y sur de Extremadura. Se inespecialmente desde América, la comodidad del trabajo mediante moldes y la multitud de aprendices y oficiales que, de forma mecánica, podían implicarse en estos trabajos, son razones que justifican su generalización. Al propio Pacheco, según se ha repetido tantas veces, le sorprendía la extensión de estos procedimientos que daban lugar a la «demasía de cosas vaciadas, particularmente de Crucrementa la demanda destinada a la construcción (para cubiertas y cañerías), así como para la obtención de balas para cañones y fusiles. Véase al respecto Sánchez Gómez, 1989, I: 136-137; 1989, II: 658-673. Anónimo. C. 1620. Niño Jesús basado en un original de Juan de Mesa Convento de Santa Clara (Pamplona-Colombia) Foto Fray Marco Vinicio Mendieta 329 Pedro de Lugo Albarracín cifixos, i de Niños»100. Ambos, Niños Jesús triunfantes y crucifijos de pequeño formato, de inspiración italiana, resultaron ser los productos más demandados de los talleres de vaciado. Son múltiples los nombres de vaciadores, fundidores, expertos en modelado etc. quienes procuran originales foráneos o manufacturados por escultores locales como Martínez Montañés o Juan de Mesa, preferidos por sus modelos del Niño Jesús, para obtener moldes y proceder a la seriación indiscriminada de los mismos con objeto de su exportación a otros puntos de la Península y al territorio americano, como pudo ser el caso de la Nueva Granada, a la que quizás se refiera un envío de 26 Niños Jesús consignados en 1619 para Tierra Firme, en uno de los galeones de la Carrera de Indias, salidos del taller del flamenco Diego de Oliver101. Precisamente, en el valón natural de Lieja Diego de Oliver, llegado a Sevilla en 1612, tenemos a un experto fundidor y fabricante de este tipo de obras seriadas. Ya conocíamos su pericia y mañas para la reproducción rápida y barata de los modelos de Montañés, Mesa y quizás hasta de Francisco de Ocampo, viniendo ahora Palomero a agregar una truculenta historia de apropiación fraudulenta de imágenes de Niños triunfantes, primero de Montañés, en 1615 y posteriormente de Juan de Mesa, en 1618, para proceder a la obtención de sus respectivos moldes, en lo que se percibe un antecedente remoto de los actuales fraudes por derecho de imagen102. Abundan las muestras de Niños triunfantes inspirados en Mesa, Montañés y Ocampo principalmente, manufacturados en plomo, distribuidos por España y 100 Pacheco, 1990: 501-502. 101 Palomero Páramo, 2007: 111. Marcos Villán, 2013: 71. 102 Palomero Páramo, 2007: 111. El soborno del que fue objeto Juan Martínez Montañés hemos de tomarlo con cautela, pues Palomero no cita la fuente de estas noticias que, suponemos, deben proceder del Archivo Histórico Provincial de Sevilla y su sección de notarías. Los documentos relativos al encargo cursado a Juan de Mesa, de un Niño Jesús de barro, por el maestre Francisco López, apoderado del vaciador Diego de Oliver, los conocíamos ya a través de Hernández Díaz, 1928: 30. América103. A los ya conocidos de México y Perú104, podemos agregar el bello y delicado ejemplar que conservan las monjas de Santa Clara de Pamplona (Colombia)105, que recuerda el modelo de Juan de Mesa de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, Descalzas Reales de Madrid y el también fundido en plomo de la colección uvense de San Cristóbal de las Casas, Chiapas (México)106 por citar algunos. Sin embargo, el tratamiento sumario y suavizado del Niño pamplonés, invita a pensar en su elaboración en territorio neogranadino, por algún escultor vaciador que tuviera acceso a alguno de los ejemplares metálicos llegados en 1619 u otro momento, inspirados en un original debido a Juan de Mesa. No fueron únicamente Niños en distintas versiones y Crucificados, los productos de aquellos talleres sevillanos especializados en la fundición. Se ha podido constatar el alcance de sus técnicas y, tal como ha demostrado Marcos Villán107, nos encontramos con imágenes del Ecce Homo, Dolorosas, San José, o Inmaculadas como la del Victoria & Albert Museum de Londres108. Entre las Dolorosas circuló un modelo al parecer inspirado en las creaciones de Pedro de Mena109, como la del Museo de Málaga o la restaurada en el Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte de Madrid, hace unos cuarenta años110. 103 No vamos a entrar en la génesis de la iconografía del Niño triunfante, ni en el estudio de sus implicaciones religiosas, difusión de imágenes, etc. para ello véase Gómez Piñol, 2010: 15-104. Recio Mir, 2010: 261-288. Ramos Sosa, 2010: 315-361. 104 Ramos Sosa, 2010: 315-361. 105 Agradezco al padre franciscano y restaurador de Bogotá, Fray Marcos Vinicio Mendieta Niampira, que me haya dado a conocer esta imagen, elaborada en una aleación de plomo y estaño. Mide 42 cms. de alto y una anchura máxima de 11 cms. Es posible que entre los distintos Niños Triunfantes de Colombia, existan más ejemplares de plomo, como el decapitado del Museo de La Merced de Cali. Aponte Pareja, 2015: 206-214. 106 Amador Marrero y Pérez Morales, 2009: 7-19. 107 Marcos Villán, 2013: 73-77. 108 Trusted, 1996: 89-90. 109 Marcos Villán, 2013: 77. 110 Interesante la concepción polimatérica de estas esculturas, pues constan de estructura interna de vástagos de madera, telas encoladas para parte del cuerpo, láminas de plomo o peltre para el manto y manos y cara de fundición del mismo metal. 336 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila dieron forma a un eremitorio que conjugara su voluntad mística con el adoctrinamiento de los fieles que en ocasiones señaladas allí acudían. Se entronizó entonces la advocación mariana que daría nombre a la empinada cumbre, Nuestra Señora de Monserrate, cuya devoción le pudo ser transmitida por su hermano Fernando Solís y Valenzuela (1611-1677), cartujo en la casa segoviana del Paular, donde adoptaría el nombre de Bruno, también inclinado a la poesía y literatura laudatoria de su religión. Este último en 1638 realizó un viaje hasta la Península, para trasladar el cadáver del Arzobispo fray Bernardino de Almansa, acompañándole su hermano, quien luego regresa a la Nueva Granada. Pudo ser Bruno promotor de la adquisición en España de una copia de la célebre Moreneta catalana, de inmediato entronizada en la fundación del cerro bogotano. Al año siguiente de la constitución de la hermandad, en enero de 1651, se agregaría al proyecto cenobítico otro clérigo de relieve en el arzobispado y acaudalado, igualmente ávido de ascetismo, como fue Bernardino de Rojas, quien se compromete a construir un convento de doce celdas, claustro, refectorio y biblioteca. Son abundantes las donaciones que ambos clérigos efectúan a la ermita e incipiente convento, que piensan disponer bajo la religión de san Agustín, según deseos de Solís o de los terciarios franciscanos, como pretendía Rojas. Sin embargo, la autorización real no llega y en 1657 el padre Rojas decide orientar su patrocinio y protección al nuevo noviciado jesuítico ubicado en el barrio de Las Nieves, no sin causar disgusto y la manifiesta oposición de Pedro Solís y el resto de los hermanos que continúan en su ermita, hasta el punto que se inicia un sonoro pleito133. Entre 1662 y 133 Sobre la fundación de la ermita y proyecto de convento existen diferentes textos que dan cuenta de los distintos episodios; Ibáñez, 1891: cap. IX, consultado el 14 de junio de 2017 en http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/crbogota/9.htm. Hernández de Alba, 1938: 125-128. Bayona Posada, 1680 se dispuso bajo la tutela de los agustinos recoletos, recayendo posteriormente en los hermanos de la cofradía. Cuando Solís fallece en 1711, dejó a la ermita por heredera de todos sus bienes, pasando a ser gestionada por la Archidiócesis134. En este contexto de apropiación del lugar, sacralización del espacio, promoción de prácticas religiosas ascéticas en línea con la religiosidad barroca, intereses económicos y personales, culto mariano, etc. cabe preguntarse por la génesis y razón de ser del Señor de Monserrate. Ciertamente, tal como anticipábamos, sus orígenes son bastante confusos. Merece repasar algunos de los hechos y circunstancias, poco conocidos hasta ahora, en relación con la fundación del cerro de Monserrate, que quizás aporten alguna luz sobre los orígenes del culto al célebre Cristo bogotano. Nos informa Bernardino de Rojas en su solicitud dirigida al Consejo de Indias en 1653, para fundar un pequeño convento bajo la doctrina de la orden tercera de penitencia franciscana, que cuando llegó al voluntario retiro, con la venia de la autoridad eclesiástica, encontró edificada, «una hermita de teja del titulo de Sta. Maía de 1981. Rojas Salazar, s/f: 12-36. Recientemente destacamos los modélicos trabajos de Mejía, 2006: 253-257 y Cuéllar Sánchez, 2012: 43-60. 134 Rojas Salazar, s/f: 27-35. Cuéllar, 2012: 54-56. Pedro de Lugo Albarracín. C. 1652-1653. Señor Caído de Monserrate Basílica de Monserrate (Bogotá). Foto: Arquidiócesis de Bogotá 337 Pedro de Lugo Albarracín la cruz de Monserrate, para que en ella se celebrasen las fiestas de la Sta. Cruz por el cura parroquial … de Nra. Señora de las Niebes…», erigida en 1650 por Solís y su congregación. Pretende el adinerado clérigo, contando con la conformidad de los fundadores, ampliar el recinto y agregar a la capilla, unas casas en forma de conven- to con claustro, doce celdas, escalera de acceso al coro, sacristía, refectorio, sala de profundis, biblioteca, nueva capilla mayor más capaz para la ermita y demás complementos de servicio135. Es interesante señalar que el proyec- to no sólo procura el retiro de los ascetas, la práctica de la vida activa y contemplativa, sino también la atención a los fieles que acudan al lugar regularmente «…con la administración de los Stos. Sacramentos de la penitencia y comunión, pláticas y lición espiritual al amor y temor de la divina magd…». Se congratula de que fuera permitida la exposición permanente del Santísimo, y de las prácticas penitenciales de la cuaresma y Semana Santa, hasta el punto que se encierra al Santísimo el jueves Santo en su monumento, prueba de la importancia creciente de la meditación y experiencias espirituales en torno a la Pasión de Cristo136. Pero de momento la devoción que concentra todas las atenciones de eremitas y fieles es la Virgen de la Santa Cruz de Monserrate. Es necesario insistir en la relevancia de la Cuaresma y los cultos relacionados con la Pasión, pues sin duda en ellos radicó la razón de ser del lacerado y caído Señor de Monserrate. Entre los testigos que dan fe de las prácticas religiosas instauradas por Rojas, el abogado de la Real Audiencia Fernando de Berrio, asegura que la concurrencia de fieles es grande todas las 135 AGI, Gobierno. Santafé, 247. Cartas y expedientes de eclesiásticos. «Autos en Razon de la Licencia que pide el Bachiller Bernardino de Rojas clérigo presbítero para fundar Religion de clérigos reglares debajo de la regla del Patriarcha San Augn». Fol. 1 r.-v. Llamamos la atención sobre un claro error en el encabezamiento del expediente, al considerar a Bernardino de Rojas partidario de la fundación agustina, sin embargo deja bien claro en su solicitud que aspira a recogerse bajo la regla de la tercera orden penitenciaria franciscana. Véase además Mejía, 2006: 254-255 y Cuéllar Sánchez, 2012: 50. 136 AGI, Gobierno. Santafé, 247. Cartas y expedientes eclesiásticos. «Autos en Razón de la Licencia…» fol. 1 v. semanas, aportando limosnas a la advocación mariana y en cuaresma se prestan a los ejercicios guiados por el padre Rojas y otros religiosos, acudiendo en gran número. Todos los informantes insisten en la especial atracción del santuario en tiempos cuaresmales137. De las donaciones iniciales del padre Bernardino de Rojas, junto a las cuantiosas rentas y ajuar litúrgico, destacamos una serie de cuadros, cuya temática no se especifica, un sagrario, una custodia de plata, siete láminas del mismo metal con historias de la Vida de Cristo en relieve, una cruz de manga de bronce, además de cien libros de materias espirituales y morales predicables138, sin que figure mención alguna a la imagen del Caído objeto de estas líneas. El 21 de marzo de 1652, entre los diferentes controles que de la fundación realiza la autoridad arzobispal, fue elaborado un inventario de los bienes atesorados en la ermita por el provisor y vicario general don Bartolomé del Río, delimitándose los aportados por cada uno de los clérigos. En estas relaciones no figura mencionado el milagroso Cristo, ni entre las aportaciones de Solís ni en las efectuadas por Rojas139. Así pues, la escultura pudo ser confeccionada con posteridad a esta fecha o, al menos, llegó al santuario después, procedente de otra ubicación previa. El siguiente año, al igual que efectúa Bernardino de Rojas, Pedro Solís y Valenzuela formaliza la donación de bienes inmuebles y muebles, destacándose los enseres ubicados en la ermita. Este inventario y donación lleva fecha de 18 de Junio de 1653. Junto a la ya vista Virgen de Monserrate, San Bruno y numerosos libros y objetos litúrgicos, destaca la mención a «una echura de un Santo Christo de 137 Ibídem, fols. 3v.-6v. Para el resto de testificaciones, fols. 9v.-29r. 138 Ibídem, fols. 1v.-2r. Sobre el asunto abunda Cuéllar, 2012: 53. 139 Entre las obras que figuraban en la ermita destacamos el altar principal de madera, púlpito del mismo material, el coro, la imagen de Nuestra Señora de Monserrate, donada por Solís, un sagrario donación del mismo así como «una echura de San Bruno de yeso y madera de bulto de bara y media de alto con su peana dorada y un altar de madera llana». Ibídem, fols. 69v.- 72v. 338 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila escultura de cuerpo entero del paso de cuando le clavaron el primer clavo en la Cruz para la Sachristía»140, inequívoca mención al devoto Señor, de momento resguardado en la sacristía, pero definitivamente emplazado en el monte de Monserrate. Por tanto, la escultura pudo ser confeccionada durante el año de 1652 aunque, tal como indicamos, es posible que fuera entonces dispuesta al culto en Monserrate y procediera de otra fundación de Pedro Solís, quizás de su propio domicilio. De todos modos, no creemos que su elaboración fuera anterior a 1650, pues en 1649 debió retornar Pedro de Lugo de Cuba. En esta línea, no deben olvidarse las fuentes consultadas por Hernández de Alba141 en el Archivo General de la Nación en Bogotá, de las que dedujo el encargo de la imagen por el clérigo Bernardino de Rojas. Nos referimos a la documentación probatoria aportada por Solís para sustanciar el pleito que en torno a 1662 enfrenta a este último con los jesuitas, por los derechos sobre la ermita y los bienes donados por el padre Rojas142. De la relectura de las cuentas de la fundación, otorgadas por Solís en 1657, en las que constan distintos descargos relativos al ornato del templo, como puede ser el retablo mayor realizado por Francisco García de Ascucha y dorado por Diego de Quiñones, se deduce que los gastos ahora recogidos no son únicamente del citado año, sino que se remontan al momento de la construcción de la ermita y la hospedería, hacia 1650. Destaca el descargo que hace constar «mas doi en descargo la hechura de un Sancto Chrispto caído a los açotes y clavado a la cruz que está en la Sacristía, que los costos que tubo fueron quarenta patacones»143. No consta el autor, pero es razonable pensar, tal como en su día propuso Hernández de Alba, que se trata del Señor de Monserrate realizado por Lugo. Es preciso señalar que las cuentas aquí consignadas fueron otorgadas por Pedro de Solís, no por Bernardino 140 Ibídem, fol. 48r. 141 Hernández de Alba, 1938: 126. 142 AGN, colonia. Miscelánea, SC. 39, 128, D. 1. Ejecutorial en pleito por bienes de ermita. 1662. 143 Ibídem, fol. 31r. Parece escaso el importe de la imagen, cuarenta patacones, pero posiblemente sería uno de los plazos estipulados entre comitente y escultor. de Rojas, por lo que proponemos correría por cuenta de este último, quizás en nombre de la hermandad por el fundada, la contratación del Cristo con el maestro Lugo. No parece lógico que fuera propiedad del padre Rojas, pues si repasamos las donaciones otorgadas a los jesuitas una vez constatada la imposibilidad de fundar convento, en 1657, en ningún momento fue donada esta imagen y sí otras obras como un sagrario, cuadros, una custodia, una custodia-cáliz, las siete láminas de plata con escenas de la Pasión de Cristo, antes señaladas, «dos Niños grandes de medio cuerpo en sus florones y peanas doradas», así como «un Sancto Chripsto de la Espiración de estaño encarnado con cruz y peana dado de verde al olio» y una echura de Nuestra Señora de Monserrate. Esto en cuanto a piezas de indudable interés artístico, además de abundantes vasos y textiles litúrgicos, utensilios de cocina y por último numerosas propiedades urbanas y rústicas144. No vamos a descartar que el encargo para la ermita y hermandad del Señor de Monserrate estuviera asesorada por Rojas. Sin embargo, está claro que no fue de su propiedad sino de la fundación. Esta circunstancia se dio igualmente para otras obras cuyo paradero hoy desconocemos, como fueron los «dos angelitos de media bara de alto de pasta y manos de plomo encarnados de pulimento» encargados a Lugo para coronar la imagen de la Virgen de Monserrate145, o los «dos pasos de la humildad y Chrispto Cruçificado», por los que Bernardino de Rojas abonó a Lugo en 1656 un total de 105 patacones146, imágenes que seguirían recibiendo 144 Ibídem, fols. 40r.-50 r. 1657-III-13. Donación del padre Bernardino de Rojas a la Compañía de Jesús de todos sus bienes, recepcionada por el padre jesuita Jerónimo de Escobar, para fundación de una casa de probación de la Compañía, que debería instituirse en el barrio de las Nieves. Protocolizada en AGN, notarías de Bogotá, not. 1ª, prot. 54,1657, fols. 90r.-96v. 145 AGN, colonia. Miscelánea, SC. 39, 128, D. 1. Ejecutorial en pleito por bienes de ermita. 1662, fol. 31r. Importaron 23 patacones. Citado por Hernández de Alba, 1938: 127. Aquí tenemos un buen ejemplo de la tecnología habitual en el taller de Lugo, imágenes de pasta o yeso con manos de plomo injertadas. 146 Ibídem, fols. 38v. y 40r. Dice el recibo que otorgó Pedro de Lugo al padre Rojas: «Recibi del Padre Bernardino de Roxas ciento y cinco patacones por las hechuras de un Sancto Chrispto Cruçificado, y otro asentado, y por que conste lo firme en Sancta 339 Pedro de Lugo Albarracín culto en la ermita de Monserrate y en ningún momento serían reclamadas por el citado clérigo, señal de que no fueron de su propiedad sino, al igual que el Cristo Caído, de la hermandad instituída por Solís. Tal como han señalado distintos autores, durante el XVII no parece que el Señor de Monserrate tuviera culto preferente en el santuario, reservado más bien a la imagen mariana. Sin embargo, las menciones aludidas a la afluencia masiva de fieles en tiempos de Cuaresma, parece indicar que entonces cobraría protagonismo la desgarradora imagen del Caído. Habría que llegar casi a mediados del XVIII para que se erigiera en la principal de las advocaciones de la ermita del cerro, especialmente después del terremoto de 1743, cuando se le considera abogado frente a los temblores de tierra y comienza a protagonizar innumerables milagros, de manera que los santafereños le tendrán por uno de sus principales intercesores147. Se convierte así en imagen principal del imaginario colectivo bogotano, integrando como prácticas religiosas vigentes hasta la actualidad, la peregrinación ritual al cerro, antaño vinculada a las estaciones de un Viacrucis, y la visita al Señor148. Anticipábamos la peculiar técnica aplicada por Lugo a la imagen del Cristo, consistente en vástagos internos de madera, con malla metálica para asegurar el volumen to- Fee a quinçe de febrero de seisçientos y cinquenta y seis años, y por verdad lo firme. Dn. Pedro de Lugo». Citado por Hernández de Alba, 1938: 127. Aunque se desconoce el paradero de ambas efigies, un Ecce Homo y un Crucificado, es posible que, al menos el primero, pueda tratarse de algunos de los que hoy vemos en iglesias bogotanas, como en el convento de Santa Clara, tanto en el antiguo templo como en la actual residencia conventual, o en la iglesia de la Veracruz. 147 Rojas Salazar, s/f: 41-43. Cuéllar Sánchez, 2012: 57-58. Si hacemos caso de Ibáñez, la ermita de Monserrate resultó igualmente derruida por el terremoto de 1743. Ibáñez, 1891, cap. IX, s/p, consultado el 15 de Junio de 2017 en http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/crbogota/9.htm. 148 No podemos pasar por alto el carácter marcadamente popular de esta devoción, puesto de relieve de forma sorprendente en el siglo XX, cuando la violencia que ha azotado al país y se ha cebado con su población, encuentra un referente esencial en la imagen de un Cristo, también injustamente sometido a prácticas violentas. Jiménez Becerra, 2012: 185-187. rácico, telas encoladas revistiendo todo lo anterior y una gruesa capa de escayola modelada para lograr los detalles anatómicos y no olvidemos como el cráneo, rostro, manos y uno de los pies, el izquierdo, fueron efectuados en plomo o peltre a partir de vaciados149. Conviene repasar ahora sus rasgos formales, muy personales a pesar de que se haya insistido en su inspiración en modelos hispanos, especialmente andaluces. Nos muestra al hombre caído, vencido por los implacables azotes a los que ha sido sometido. Sus últimas fuerzas le permiten mantener el tórax ligeramente inclinado, pero el semblante con labios entreabiertos en los que se adivina el rictus jadeante, la mirada perdida, párpados pesados, anuncian la inminente caída. El ser humano así representado, resignado, doliente, a punto de desvanecer, definitivamente abatido, había sido explotado ya por el arte griego del período helenístico, tal como muestra la conocida escultura en mármol del Galo moribundo, de los Museos Capitolinos de Roma150. La sugerencia de la célebre escultura clásica se adivina en la portentosa obra bogotana. 149 El segundo de los pies, el derecho, es de madera tallada, según indica la restauradora Otto-Herzog, 1996: 31. Véase también Ángel Casas, 2000: 11-12 y 20-21. 150 Réplica romana en mármol de un original perdido del siglo III a. C. Fue redescubierto a comienzos del XVII en Roma. No hay que descartar que Pedro de Lugo conociera alguna estampa del mismo. Anónimo. S. III a. C. Galo Moribundo (copia romana) Museos Capitolinos. Roma 340 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila Su anatomía, en líneas generales bien concebida, tan- to en modelado como en proporciones, advierte cierta sequedad y dureza. En el tórax, las costillas figuran señaladas con bastante precisión, así como la musculatura en espalda, hombros y abdomen. Los rígidos brazos están recorridos por venas o tendones muy marcados y es en el rostro donde se concentra el drama. Como en otras obras del taller de Lugo, la cabeza se concibe a partir de una forma ovoide, con cráneo ancho, en este caso sin modelar pues fue previsto para aplicarle cabellera natural, pómulos salientes, cuencas oculares profundas, cejas, nariz y entrecejo rectilíneos y rígidos, barba apuntada, bífida en extremo y compuesta por minúsculos mechones de impresión grumosa, pacientemente modelados. uno de los aspectos más llamativos y expresivos de la imagen son las llagas producto de azotes y contusiones, patéticamente despellejadas y sanguinolentas en hombros, rodillas y espalda. Las extremidades y el cuerpo están surcados por multitud de regueros sanguíneos. El policromador debió recibir insistentes órdenes de extremar los detalles patético. El acento dramático de la escultura, en línea con los ideales contrarreformistas, se complementa con su peculiaridad iconográfica, que continúa sin encontrar una explicación convincente. Nos referimos a la caída, después de los azotes, que se produce sobre la cruz y figurar ya con una mano clavada sobre el brazo de aquella. Podríamos pensar que el episodio así plasmado tendría que ver, no con la del Cristo desvanecido después de los azotes, sino con la del Cristo que está siendo crucificado, lo cual no deja igualmente de extrañar pues es sometido a la crucifixión con el cuerpo inclinado y no recostado sobre la cruz, Pedro de Lugo Albarracín. C. 1652-1653. Señor Caído de Monserrate (detalle) Basílica de Monserrate. Bogotá. Foto: Arquidiócesis de Bogotá 341 Pedro de Lugo Albarracín o incluso se revuelve y resiste a este episodio pasional. Sin embargo, si recordamos las escuetas notas que señalan su presencia en la sacristía de la ermita de Monserrate, prevalece la idea de que el Cristo así derribado, acaba de ser víctima de los azotes que sufre atado a la columna; «la hechura de un Sancto Chrispto caído a los açotes y clavado a la cruz», señalan las cuentas de Solís, rendidas en 1657151. Por los mismos años, la primera vez que figura inventariado en 1653, consta según señalamos ya, como «un Santo Christo de Escultura de Cuerpo entero del paso de cuando le clavaron el primer clavo en la Cruz»152. No parece que estuviera bien definido el episodio representado, pues no era precisamente ese el propósito. Es difícil saber el grado de heterodoxia que quizás obrara en mente de Pedro Solís o incluso imputable a Bernardino de Rojas. Parece que el propósito de tal “incorrección” iconográfica pudo ser otro, muy en línea con la espiritualidad y prácticas meditativas contrarreformistas, en gran medida orientadas por los Ejercicios Espirituales ignacianos, promotores de la elaboración de imágenes fantasiosas próximas a los sentimientos del fiel. Si hacemos caso de Weisbach, hemos de «identificar esta imagen elaborada por la fantasía con un sentimiento adecuado a su significación»153. La composición de lugar de san Ignacio, en su afán por acercar el objeto de meditación a la realidad cotidiana y asequible al fiel, supera el sentido exclusivamente empático, emotivo y psicológico de la estrategia devocional franciscana de origen medieval, instituida en las obras de san Buenaventura154. Si contemplamos la posible derivación del misterio de Cristo desatado y desvanecido después de ser azotado, 151 AGN, colonia. Miscelánea, SC. 39, 128, D. 1. Ejecutorial en pleito por bienes de ermita. 1662. Fol. 31r. 152 AGI, Gobierno. Santafé, 247. Cartas y expedientes eclesiásticos. «Autos en Razón de la Licencia…», fol. 48r. 153 Weisbach, 1948: 66. 154 Sánchez López, 2006: 204-205. Fernández Paradas y Sánchez Guzmán, 2012a: 42-44. Sobre el impacto y vigencia de la composición de lugar en la Nueva Granada, Borja Gómez, 2012: 78-84. Queremos agradecer expresamente, la ayuda prestada sobre cuestiones iconográficas, a Juan A. Sánchez López y Antonio Fernández Paradas. recurrentemente representado mientras recoge sus vestiduras, tema muy explotado por el arte de los siglos XVII y XVIII, contamos con numerosos textos místicos que orientan sobre su potencial meditativo, desde los tiempos de san Buenaventura en la baja edad media hasta el siglo XVIII155, en los que se insiste en la desmesura del martirio, como fue desatado y cae al suelo sin fuerzas, para luego emprender la búsqueda y recuperación del vestuario. Por su cercanía temporal a la obra santafereña reparamos en dos autores como fueron Luis de la Puente, cuya edición príncipe de sus Meditaciones vio la luz en Valladolid en 1605, y especialmente el jesuita Diego Álvarez de Paz (1549-1620), autor de otra guía para la meditación impresa en 1619, posteriormente llevada a las prensas en múltiples ocasiones156. Merece recordar algunas de las propuestas para la contemplación mental de este último: 155 Podemos citar a san Buenaventura y las ediciones de sus obras que se suceden desde finales del XV, místicos como santa Brígida de Suecia, Pedro Jiménez de Prejano, Gonzalo de Ocaña, san Pedro de Alcántara, Juan de Padilla, Sánchez del Campo, Bernardino de Laredo, Antonio de Aranda, Juan Basilia Santero, Luis de la Puente, Martín de la Madre de Dios, Diego Álvarez de Paz, Alonso Villegas o María Jesús de Ágreda. Cumplida noticia de sus obras ofrecen Fernández Paradas y Sánchez Guzmán, 2012a: 31-40 y 139-147. 156 Luis de la Puente, «Meditaciones de los misterios de nuestra Santa Fe, con la práctica de la oración mental sobre ellos», Vall adolid, 1605. Diego Álvarez de Paz, «Opera Omnia», Lyon, 1623. Willem Panneels. 1631. Cristo Caído. Grabado Colección particular 342 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila Azotado crudelísimamente, oh dulcísimo Jesús, fuiste soltado de la columna y caíste en tierra a causa de la debilidad. Pues habías quedado tan machacado y exhausto de la multitud de azotes y del derramamiento de sangre que no podías tenerte en pie. Te contemplan en este paso las almas piadosas arrastrándote por el pavimento, barriendo con el cuerpo tu propia sangre y a punto de recoger las vestiduras esparcidas acá y allá157. No vamos a entrar en la multitud de textos y posibles sugerencias gráficas que pueden alimentar una imagen de estas características, ampliamente estudiadas ya por Sánchez López y Fernández Paradas, tanto en España como en América158, pero al menos merece reparar en una estampa debida al grabador flamenco Willem Panneels (1600-1634), fechada en 1631, de un Cristo desfallecido de evidente concepción simbólica, pensada para la contemplación de diferentes instrumentos y circunstancias pasionales159. De ese modo, Cristo con las manos desatadas, desfallece a la derecha de la columna, sobre la cruz, en cuyo madero apoya ambas manos, delante de un cáliz. Tales componentes conforman un elenco de recursos orientados a la reflexión particular sobre cada uno de ellos y su significado. En esta línea debió concebirse el Señor de Monserrate, de acuerdo a los principios de la composición de lugar ignaciana, aportando detalles elocuentes para el estímulo de la meditación. No olvidemos que tales ideas debió conocerlas puntualmente Pedro Solís, que había sido formado en el colegio de San Bartolomé de la Compañía de Jesús, sin olvidar el particular afecto “filojesuítico” que igualmente demostró Bernardino de Rojas. Tenía sentido que fuera la cuaresma el período de máxima afluencia de fieles al cerro de Monserrate. Recordemos 157 Citado en Fernández Paradas-Sánchez Guzmán, 2012a: 144. 158 Sánchez López, 1995: 31-52; 2006: 195-229. Fernández Paradas, 2013: 617-631; 2016: 9-47. Fernández Paradas-Sánchez Guzmán, 2010: 80-94; 2011: 465-531; 2011-2012: 251-263; 2012a; 2012b: 23-36. Véase también López Plasencia, 2007: 447-476. Sorroche Cuerva, 2012: 42-56. 159 Fernández Paradas, 2016: 38. la declaración del abogado Fernando del Berrio en 1653, asegurando que «siempre que subió a quedado muy edificado, asi de los exerçiçios de dhos. padres, como de ver el grande fruto que se sigue dellos a los fieles que con mucha continuación y devoçion y grande numero suben, especialmente las quaresmas…»160. Sin duda alguna, tales ejercicios tendrían en el Cristo de la sacristía un referente de primera categoría. La meditación particular sobre los distintos detalles patéticos de la pasión, pueden justificar la obra que nos ocupa, una síntesis apretada de la mayoría de ellos: el semblante abatido, las lágrimas, la corona de espinas, el conjunto de llagas, especialmente la perforación de las manos a la hora de la crucifixión, la desnudez, etc. de manera que sería una impactante y minuciosa guía visual para los fieles. Esa fragmentación de las señales del martirio se evidenciaba, por ejemplo, en las prácticas meditativas propuestas por una mística medieval, como fue Santa Brígida de Suecia (1303-1373), que enumera cada una de las heridas y secuencias del cruel martirio: Con tu santísimo cuerpo todo herido, desgarrado, arrojando corrientes de sangre preciosa, con tu rostro pálido y muerto, tu cabeza coronada de espinas, tus brazos extendidos, tus manos clavadas, tus venas rotas, tus huesos fracturados, Tus entrañas de misericordia se abrieron, tus ojos llorando y oscurecidos, tu voz quebrada, tu pecho sediento y tu santo corazón roto161. una imagen, por tanto, de sentido alegórico, concebida como guía espiritual para la compunción del fiel, a través del sufrimiento de Cristo y la complicidad en el mismo, habida cuenta de su condición de pecador. El Redentor sufre por los pecados del cristiano, y eso debe dar lugar a la aflicción lacrimógena del mismo y a un diálogo figu- 160 AGI, Gobierno. Santafé, 247. Cartas y expedientes eclesiásticos. «Autos en Razón de la Licencia…», fol. 4v. 161 Citamos las oraciones de Santa Brígida por la edición en lengua inglesa de Amberes (1659): «The most devout prayers of St. Brigitte, touching the most holy passion of our saviour Iesus», pág. 19. La traducción es nuestra. 343 Pedro de Lugo Albarracín rado con la imagen, de acuerdo a los principios de los Ejercicios ignacianos. Constituiría, la escultura colombiana, una especie de imago pietatis, de forma parecida a otra de las imágenes pasionales de mayor éxito simbólico y meditativo, como es el Varón de Dolores, de gran difusión desde tiempos bajomedievales162. Aunque carecemos de datos precisos, hay razones para sospechar que el sustrato jesuítico de los clérigos ya nombrados y otros, pondrían en práctica los principios de la espiritualidad y meditación de la Compañía. una característica que no debemos pasar por alto, de este y otros Cristos caídos bogotanos, es su desnudez integral, luego mitigada mediante ricas faldillas o paños de pureza textiles, pero tal como podemos observar en algunas fotografías tomadas durante el proceso de restauración, el escultor los modeló y esculpió integralmente desnudos, con todos sus detalles anatómicos, al igual que muestra el Ecce Homo del hoy Museo de Santa Clara, peculiaridad que podemos asociar, según sostiene Jaime Humberto Borja, al «extremo de la humildad», mostrando así a Cristo despojado hasta de sus vestiduras, con toda su anatomía castigada, elevado al «ideal de cuerpo espiritualizado»163. Según lo expuesto hasta aquí, el perfil de espiritualidad y de uso de la imagen con propósitos meditativos y devocionales, se corresponde con una religiosidad privada, un tanto restringida a iniciados o instruidos en la materia164. Sin embargo, puede constatarse que las imágenes pasionales neogranadinas, desde antes de mediar el siglo, fueron igualmente previstas para el culto orientado a las masas, bien en parroquias, ermitas o en el exterior en for- 162 González García, 2015: 398-403. No está de más recordar el uso intenso que los artistas neogranadinos hicieron de los evangelios apócrifos, como fuente de inspiración para recrear imágenes más allá de las Sagradas Escrituras “oficiales”. Fajardo de Rueda, 1992: 47. 163 Borja Gómez, 2012: 275-276. 164 El Ecce Homo de la iglesia-museo de Santa Clara, al que acabamos de referirnos, es un buen ejemplo de imagen prevista para uso particular. Fue dispuesta en la sacristía del convento por su fundadora dña. María Arias de ugarte, donde le decían misas en las que ella participaba, muchas veces por el alma de sus familiares fallecidos. Gutiérrez Vallejo, 1995: 99. ma de procesiones que recrean Viacrucis de la Pasión. Las propias autoridades arzobispales santafereñas fomentaron tales recursos, como es el caso del deán Gaspar Arias Maldonado (+ 1648), inquisidor general y gobernador del arzobispado quien, junto a la promoción de la devoción y culto a la Inmaculada, según señala Flórez de Ocáriz, «… introduxo en Santa Fé se sacassen en la procession del entierro de Christo los Passos de la Passion, llevando en cada uno un Sacerdote»165. Más ilustrativa es la noticia que el mismo cronista nos transmite del célebre Señor Caído del convento de San Francisco, cuyo discurrir procesional propició acontecimientos tenidos por milagrosos: fuera de la iglesia, debaxo de la torre, está un Santissimo Christo de bulto de cuerpo entero, desnudo, açotado, y postrado de bruces, que se sacaba por la Religión de la Tercera Orden en la Procession de la Veracruz el Iueues Santo; y aviendo sudado se ha detenido, y venerado en su Capilla, haciendo otro semejante para la Procession166. Merece la pena igualmente recordar, en relación con las prácticas meditativas y cultuales sobre la Pasión de Cristo escenificadas durante la cuaresma, como en la cofradía del Niño Jesús de la iglesia jesuítica de San Ignacio, después de disciplinarse en su capilla los hermanos y fieles masculinos en general, respetando cierta privacidad, se procedía a la procesión callejera, portando los cofrades insignias de la Pasión167. SECuENCIAS O PARALELOS DEL SEñOR DE MON SERRATE vinculados al taller de lugo albarracín No podemos asegurar que el de Monserrate fuera el primero de una serie de Cristos caídos, rebosantes de sangre y sentido patético, así como de Ecce Homos y cruci- 165 Flórez de Ocáriz, 1674: 135. Los sacerdotes orientarían a los fieles sobre la meditación de los misterios pasionales. 166 Flórez de Ocáriz, 1674: 195. 167 Villalobos Acosta, 2012: 61-62. 344 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila ficados que insisten en el pathos pasional. La mayoría de las órdenes religiosas, tanto masculinas como femeninas sienten por estos años centrales del XVII, la necesidad de proveerse de imágenes cristíferas centradas en los momentos culminantes de la Pasión. El Cristo caído parece que cobra importancia y se convierte en modelo recurrente, de manera que muchos conventos y parroquias encargan sus respectivas réplicas. El Señor Caído, del monasterio del Carmen, hoy en la iglesia de la Veracruz, es el paralelo formal más directo del Señor de Monserrate. Hernández de Alba supone que fue el primero de la serie de Cristos caídos salidos del taller de Lugo, destacando a continuación el de Monserrate168. Sin embargo, es una simple conjetura sin apoyo documental alguno. Sin lugar a dudas, ambas esculturas se sitúan en un momento temporal muy próximo, en torno a 1652-53, pero no está claro el origen de la carmelita. Del antiguo templo conventual sabemos que la iglesia fue construida en torno a 1655, merced al 168 Hernández de Alba, 1938: 127. patrocinio del enriquecido tunjano Pedro de Arandia, fallecido en 1658. Serían sus herederos los encargados de embellecerla interiormente, así en 1659 fue concertado el retablo mayor con el ensamblador Francisco García de Ascucha169. No parece que fuera el citado patrocinador ni s us herederos, continuadores de sus proyectos para el cenobio, los que encargaran la escultura. Según apunta Marta Fajardo, habría sido adquirida por la madre Francisca María del Niño Jesús, en el siglo Francisca Beltrán de Caicedo (1665-1708), santafereña de nacimiento, religiosa dada a la meditación, ansiosa de experimentar el martirio, que falleció en olor de santidad170. En los últimos años del XVII y principios del XVIII, participó activamente en el ornato del templo carmelita. Es 169 Ibídem, 142. Herrera García-Gila Medina, 2013: 331- 333. 170 Fajardo de Rueda et alt., 2005: 120. La imagen fue vendida a finales del XX a monseñor Arturo Franco Arango, destinándose al culto en la iglesia de la Veracruz. Barón Fernández, 2005: 83-88. Pedro de Lugo Albarracín. C. 1650-1655. Cristo Caído de la Veracruz (procede del desaparecido convento de Carmelitas Descalzas. Bogotá) 345 Pedro de Lugo Albarracín posible que a partir de esta imagen fundamentara sus meditaciones sobre la Pasión de Cristo, llegando incluso a experimentar sobre sí misma algunas de las prácticas martiriales, como es el caso de los azotes171. Entre los 171 Pedro Pablo de Villamor, «Vida y virtudes de la venerable Madre Francisca Maria del Niño Jesus, religiosa professa en el Real Convento de Carmelitas Descalzas de la ciudad de Santa Fe…», Madrid, Tomás Rodríguez Frías, 1724 (Biblioteca Nacional de España, sign. 3/60968, Biblioteca Rector Machado y Núñez de la universidad de Sevilla, sign. A 068/054). Relata Villamor, en referencia a su desvelo por padecer como Cristo que «... creciendo su amor en la penitencia, virtud tan celebrada de los Santos, … movida de la imitación de el muy paciente Jesús, … descargó sin tiento los golpes de la disciplina, sobre su macerado cuerpo, ya acardenalándole, ya hiriéndole; y finalmente ensangrentándole con la sangre, que corria de las partes heridas. Duró este cruento furor, contra si misma, por termino de cinco horas, en que contó su ardiente deseo de padecer cinco mil golpes, que descargó sobre si. Ya se puede considerar, qual numerosos desvelos con el ornato del convento, destaca su biógrafo: Aviendo dilatado el Coro, como diximos, procuró adornarle, mandando hazer florones de talla dorados para su techo. En el lado diestro hizo colocar una Imagen de admirable escultura, que representa a Christo Nuestro Señor caído en tierra; haziendole poner vidrieras, para que por entre ellas sea visto con ternura devota de las Religiosas, como en efecto atrae la compassion de todas, que le miran enternecidas, y le reverencian amantes en su Passion. Para colocarle, previno toda solemnidad, autorizándola con su presencia el Ilustrissimo, y Reverendissimo Señor Arzobispo Don Fray Ignacio de urbina, con asistencia de los Prelados de las Sagradas Religiones172. Según observamos, la imagen fue prevista para el ejercicio penitencial de la comunidad, al localizarse en el ámbito restringido del coro alto, protegiéndose además con vidrieras. Hemos de preguntarnos cuándo pudo ser encargada a Pedro de Lugo o su taller, pero esto de momen- to no tiene respuesta. Es posible que fuera comprada a los herederos del escultor o a algún particular. La meditación sobre las huellas de la Pasión y hasta la imitación del dolor y los padecimientos del Redentor, mediante el ejerció de la mortificación, parecen justificar la razón de esta escultura. El biógrafo Villamor aporta numerosos datos al respecto: A y colocado en el Coro alto, entre dos claras vidrieras, una Estatua de Christo, que le representa caído por los suelos al pie de la Columna, después de azotado por los verdugos (la qual tengo dicho arriba, que colocó la Madre con decencia.) Soliase poner en pie delante de esta Dolorosa Imagen, mirándola con tanta atención, que admiraba a quien veía el pasmo, y admiración, con que suspensa era arrebatada a mantener devota, y lastimada toda su atención. quedaría quebrantada en quanto al cuerpo; pero muy alentada en el espíritu». Ibídem, 46. 172 Ibídem, 216-217. Pablo de Villamor. 1724. Portada de la «Vida de la venerable madre Francisca María de el Niño Jesús». Biblioteca Nacional de España 352 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila Llegados a este punto y antes de pasar a considerar posibles creaciones al margen de la iconografía pasional, conviene descartar como producto del taller que estudiamos, algunas obras que en ocasiones han sido vinculadas con Lugo. Tales son el Nazareno de la Misericordia de San Agustín184, el también Nazareno de la iglesia de la Candelaria y el Señor Caído de San Francisco. Especialmente en los rostros y manos, así como en el cuerpo de este último, se observa una ejecución más sumaria, menos orgánica y detallada que en los casos analizados para el taller de los Lugo. Esta falta de pericia incide en la expresividad limitada, talla de la barba y anatomía de impresión más superficial y esquemática, etc. OTRAS IMÁGENES VINCuLABLES AL TALLER: hagiografía y relieves historiados. Hasta ahora, tal como hemos expuesto, es la figura de Cristo en distintos momentos pasionales, la que fundamentalmente se ha relacionado con el quehacer de Lugo y su taller. Los recursos formales habituales han permitido además numerosas atribuciones. Pero prácticamente no se había ido mucho más allá, especialmente en lo que a iconografía de santos y santas respecta. En este campo son más arriesgadas las atribuciones, pero lanzaremos algunas ideas que, de antemano, no consideramos definitivas hasta que avancen los estudios. Otra vez volvemos a compartir la asignación que Jesús Andrés Aponte hace al taller de Lugo, en esta ocasión del San Francisco de la capilla del chapetón en el templo franciscano de Bogotá185. Es una escultura que podemos considerarla maniquí para vestir, cuyo rostro revela caracteres muy cercanos a los planteamientos de Lugo, con las consabidas cuencas oculares profundas, cejas marcadas, entrecejo triangular, párpados abultados, barba bífida apuntada, integrada por menudos mechones y el rictus equivalente al de sus 184 AA. VV., 1995: 158. Quizás pueda ser obra de dos miembros menos conocidos de la familia Lugo, Lorenzo y Luis, que sabemos trabajaron en el ornato de la iglesia, según Arbeláez, 1968: 125. 185 Ibídem, 2015: 310. Cristos. En la misma línea nos atrevemos a proponer, al menos a llamar la atención, sobre otras dos esculturas del Santo de Asís, localizadas en la iglesia del convento de la orden en Tunja. En primer lugar el del retablo mayor, esmerada producción, al parecer de madera tallada, en cuyo rostro destacan paralelismos con otras obras de Lugo, en la cabeza y expresión facial, además se observa la buena ejecución de la anatomía de manos y pies, con dedos largos y articulaciones señaladas, tal como denotan algunos de los Cristos estudiados. Guarda semejanzas con el San- to homónimo del retablo de San Francisco de Borja, en el templo jesuítico de Bogotá, también relacionado ya con Lugo. El San Francisco localizado en una nave lateral de la iglesia tunjana, parece una réplica del titular del templo y puede provenir del mismo taller. Hace unos años apuntamos la posibilidad de que una de las manos detectadas en los altorrelieves laterales del emblemático retablo mayor de San Francisco en Bogotá, los de mayor calidad técnica, fuera la de Pedro de Lugo Albarracín o su taller, y cuya ejecución habría que situar en momento avanzado de los años cuarenta o cincuenta186. Se corresponden con las cuatro historias ejecutadas en estuco policromado y que representan El martirio de Santa Catalina, Regreso de Egipto, Conversión de San Pablo y el Bautismo de Jesús. Nos afirmamos en esta idea si reparamos en múltiples detalles, especialmente de rostros y cabellos que nos aproximan a los rasgos ya descritos, como se puede observar en las imágenes del Padre Eterno del Martirio de Santa Catalina y Conversión de San Pablo, así como en las figuras de Jesús y san Juan del Bautismo y san José del Regreso de Egipto. Son composiciones muy elaboradas, en las que predomina el horror vacui, con perspectivas forzadas, múltiples personajes, gesticulantes y expresivos, insertas en marcos paisajísticos con abundancia de detalles descriptivos, entre los que destaca el interés por la flora regional y los animales. Ya se ha insistido en la utilización de grabados para la composición 186 Gila Medina-Herrera García, 2010: 559, n. 193; 2011: 91. Herrera García-Gila Medina, 2013: 321. En la bibliografía contenida en estos trabajos se recogen los estudios pioneros de Hernández de Alba, Gil Tovar o Cristóbal Bernal. Pág siguiente ¿Pedro de Lugo Albarracín o taller? 1.- San Francisco de Asís. Iglesia de San Francisco. Bogotá. Foto: Fray Marco Vinicio Mendieta 2.- San Francisco de Asís (detalle). Iglesia de San Francisco. Tunja. Foto: Fray Marco Vinicio Mendieta 3.- Regreso de Egipto. Retablo mayor de la Iglesia de San Francisco. Bogotá 4.- Descanso en la Huída a Egipto. Iglesia de Egipto. Bogotá. Foto: Constanza Villalobos. 353 Pedro de Lugo Albarracín 354 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila de la mayoría de estas secuencias187 como las estampas de Cornelis Galle 1576-1650) para El Regreso de Egipto, basada en un lienzo original de Giovanni Baptista Paggi (1554-1627), o la de Cornelis Cort (1533-1578) para el Martirio de San Lorenzo, a partir de un original de Tiziano. La elaboración de estos altorrelieves revelan gran cultura artística por parte de su autor, a la vista de las fuentes grabadas con las que está familiarizado, la reflexión sobre el potencial estético y evocador del entorno paisajístico de la Nueva Granada, su fina capacidad de observación, así como destreza en la tecnología del modelado y vaciado empleando moldes y otros recursos. No dudamos, que algunas de las esculturas y relieves confeccionados para el mismo retablo en madera, puedan deberse a su gubia188. Otro relieve todavía conservado en Bogotá, al que queremos hacer mención pues nos parece vinculable al taller de los Lugo, es la representación del Descanso en la huída a Egipto, resguardado en las dependencias de la popular iglesia de Egipto. Era esta otra de las ermitas de la periferia fundadas a mediados del XVII por otro clérigo apasionado por empresas piadosas, el doctor don Jerónimo de Guevara Troya189. Las obras se suceden a partir de 1651 y cuando fallece el fundador, en 1657, se encontraba casi terminada, con el retablo mayor a medio construir. Según dejó establecido en su testamento, la empresa sería continuada por el maestro Pedro Peláez Sotelo, quien años después da cuenta de las mejoras realizadas para la terminación de la ermita y su embellecimiento, entre otras «la hechura de Nuestra Señora de Egipto, haberla dorado y granado una parte del cuerpo que costó veinte patacones»190. Sin duda esta es la imagen que conoció Flórez de Ocáriz, cuando cita la existencia en este templo 187 Marco Dorta, 1950: 313-318. Sebastián, 1968: 119-133. Fajardo de Rueda, 1999: 42-51. 188 Entre los estudios recientes sobre el retablo destacamos el análisis de sus elementos arquitectónicos acometidos por la profesora María del Pilar López; López, 2011: 6-36. 189 Flórez de Ocáriz, 1674: 196. Ibáñez, 1891, I: cap. VIII. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/crbogota/8. htm#escultura. Consultado el 1 de julio de 2017. 190 Villalobos, 2003: 34-38. La historia de la ermita recientemente ha sido sintetizada por Cuéllar Sánchez, 2013: 129. de «la Huida a Egypto en escultura de media talla, colorido, y perfilado de oro». Debió formar parte del primitivo retablo, hoy desaparecido191 y consiste en un medio relie- ve de yeso192, cuya frescura, composición, tipos, pliegues ligeramente rígidos, nos remiten a los cuatro altorrelieves citados del retablo mayor de San Francisco. Es po sible considerarla otra de las producciones del taller familiar. LA ACTIVIDAD COMO FuNDIDOR Y ESCuLTOR : obras documentadas, hoy perdidas. Como anticipamos líneas atrás, las primeras obras de las que existe constancia documental de Pedro de Lugo Albarracín, son las referidas en el concierto fechado en 1625, para realizar el bulto del Arzobispo Arias de ugarte, de piedra de ocho pies de largo, el escudo del mismo material y una plancha de bronce de una vara, con el escudo esgrafiado y una inscripción por determinar193. El encargo era compartido con el platero Juan Bautista Cortés, una prueba más de los contactos de Lugo con profesionales de la metalistería, como los plateros, y de su pericia en el arte de la talla de piedra, así como en la fundición, no en vano, el escribano lo denomina vaciador. No se especifica el tipo de imagen del arzobispo, es posible que se le representara arrodillado «vestido de pontifical, con casulla, tunicelas, báculo, mitra, guantes y zapatos, hecho de la dicha piedra y puesto sobre una almohada de medio relieve». El escudo medía una vara y la plancha de bronce, a modo de lauda, contendría el mismo escudo y la leyenda, todo abierto a buril y luego dorado a dos hojas. El importe total del encargo ascendía a 250 pesos de plata y debería finalizarse para el día de Navidad de ese año194. Nos muestra este documento a un artífice que merece la confianza de la más alta instancia eclesiástica de la ciudad, el cabildo de la 191 Hernández de Alba pondera sus calidades estéticas y lamenta los burdos repintes que luce hoy. Hernández de Alba, 1938: 132-133. 192 Agradezco esta información a dña. Constanza Villalobos, Dra. en Historia de la universidad de los Andes (Bogotá). 193 AGN, notarías de Bogotá, not. 3ª, prot. 14, 1625, fols. 407r.-408v. Contrato fechado el 11 de septiembre de 1625. 194 Ibídem. 355 Pedro de Lugo Albarracín catedral, representado por el ya citado deán don Gaspar Arias Maldonado, quien encarga las piezas para ubicarlas en la capilla de la Trinidad de la sede catedralicia, una de las abiertas en la nave del evangelio, del primitivo edificio hoy desaparecido. Según informa Caycedo, en ella fundó el prelado algunas capellanías que heredan sus parientes y la dotó con diferentes alhajas muy ricas195. El monumento allí instalado tendría un carácter más bien conmemorativo. En estos momentos el Arzobispo se encontraba en su nueva sede de La Plata, en la Real Audiencia de Charcas y luego pasaría a la de Lima, donde falleció en 1636. No podría tratarse, por tanto, de un monumento funerario. Desconocemos la posible dedicación artística que pudo desarrollar Lugo durante los años de permanencia en Cuba, al frente de las Minas de Santiago del Prado, si bien hemos visto que ejerció como fundidor, vendiendo sus productos por distintos puntos del Caribe y Nueva España, tal como se le imputaba en los últimos años de su discutida jefatura en aquel establecimiento minero196. A comienzos de los años cincuenta, hasta aproximadamente 1656 permaneció en Santafé, acometiendo algunas de sus obras más célebres. Hemos de tener en cuenta que, incluso durante su estancia en Cuba, el taller familiar seguiría funcionando en la capital del Nuevo Reino, dedicado a la escultura y fundición, bajo el cuidado de sus hermanos, de manera que se generaría un estilo común para los diferentes miembros del clan. La estrecha relación que debió mantener con Pedro Solís y Valenzuela y Bernardino de Rojas no sólo daría lugar al Señor de Monserrate y los citados Ecce Homo, Crucificado, y pareja de Ángeles, «de pasta y manos de plomo», todo ello hoy perdido o no identificado, salvo la primera de las obras. Hay menciones, en 1652, a la «echura de un San Bruno de yeso y madera de bulto de bara y media de alto con su peana dorada»197, que pudo 195 Caycedo y Florez, 1824: 39. Restrepo Posada, 1961 (II): 51. 196 Portuondo, 1996: 365. 197 Citado en el inventario efectuado en la ermita de Monserrate por el provisor arzobispal Bartolomé del Río, el 21 de marzo de 1652. AGI, Gobierno. Santafé, 247. Cartas y expedientes de eclesiásticos. «Autos en Razon de la Licencia que pide el ser encargo de Pedro Solís a Lugo o su taller. Por su parte, Bernardino de Rojas hace constar en su inventario de bienes, primero donados a la fundación de Monserrate y luego traspasados a los jesuitas, «un Sancto Chripsto de la Espiracion de estaño encarnado», «dos niños grandes de medio cuerpo» y «una echura de Nuestra Señora de Monserrate»198, cuyo origen pudo estar en el mismo taller, pero sólo son suposiciones. Debe mencionarse, en relación con su faceta de fundidor, la elaboración de campanas. Tenemos noticia que, apenas regresa de Andalucía, en 1663, recibió el encargo de cuatro campanas para la recién construida torre de la catedral santafereña. El encargo fue compartido con su hermano Alonso, comprometiéndose ambos a realizar cuatro campanas de distinto tamaño en plazo de mes y medio, debiendo entregarles el metal el arcediano don Juan Bernal de Salazar y Castro o don Martín Pérez de Vargas. La mayor pesaría 14 quintales, otra siete u ocho, la tercera cuatro o cinco y la última tres quintales. Es exigencia de los contratantes «que suenen bien con sus letreros y labores y en toda perfección sin defecto alguno», lo cual advierte sobre ciertas calidades artísticas. Percibirían 4 reales por cada libra de peso, y le fueron adelantados 200 patacones199. Sabíamos de la intervención de Lugo en la manufactura de las campanas, según indicó Caycedo y Flórez, quien aseguró se había concluido la torre catedralicia y su altozano, a partir de 1661, por empeño del presidente de la Real Audiencia don Diego de Egües Beaumont, asimismo impulsor de la disposición de las campanas, cinco dice Caycedo y Flórez, «fundidas todas por dirección de D. Pedro de Lugo, rejidor del M. Itre. Cabildo, hombre muy inteligente en esta clase de obras de fundicion»200. En estos momentos ocupaba la sede ar- Bachiller Bernardino de Rojas…», fols. 69v.-72v. 198 Relación de bienes donados a la Compañía de Jesús por Bernardino de Rojas, según escritura de donación otorgada en Santafé el 13 de marzo de 1657. AGN, secc. colonia, miscelánea: SC. 39, 128, D. 1. Ejecutorial en pleito por bienes de ermita. 1662-1761, fols. 44r.-v. y 49r. 199 AGN, notarías de Bogotá, not. 1ª, prot. 64, 1663, s/f. 1663-X-17. 200 Caycedo y Flórez, 1824: 41-42. Citado también por Res- 356 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila zobispal el dominico fray Juan de Arguinao. Años más tarde, en 1671, todavía se le debían a Lugo 505 patacones por la campana grande de la catedral, otorgando poder para su cobro201; quizás se tratara de la quinta de las campanas aludidas por Caycedo. La actividad como fundidor debió proporcionar saneados beneficios tanto a Lugo como a sus hermanos. Vagas son las noticias que nos informan del desempeño de esta faceta profesional en la actual Venezuela, en torno a 1665- 1666, manufacturando tres campanas para la catedral de Caracas, la mayor de ellas denominada de San Bernabé por un importe de 500 pesos. No cabe duda de que se trata del mismo maestro, de quien dicen los capitulares caraqueños que unos años antes se le reclamó para esta operación, pero se hallaba «tierra adentro», indudable alusión a su permanencia en la capital del Nuevo Reino202. Se pone así de manifiesto ese carácter itinerante de la profesión de fundidor, en especial de campanero203, habida cuenta de la dificultad para el transporte de tan pesados productos cuando las distancias son largas y la orografía no ayuda. Sin embargo, en aquellos centros donde se registraba una alta concentración de establecimientos religiosos, como pudo ser el caso de Santafé, sí pudieron establecerse hornos y talleres de fundición fijos, que atienden una demanda más o menos regular hasta cierta distancia. Ambas circunstancias, un taller fijo, y la necesaria y ocasional itinerancia, parecen simultanearse en la actividad de los Lugo, tal como muestran los ejemplos citados. trepo Posada, 1961: 101. 201 1671, marzo, 18. Don Pedro de Lugo Albarracín, regidor perpetuo de Santafé, dice que está ajustada la cuenta de los metales y costos de la campana grande que hizo para la Santa Iglesia Catedral y como la fábrica ha sido alcanzada en 505 patacones, por esta escritura autoriza al capitán Juan Pérez Camino, regidor y tesorero de la Santa Cruzada para que los pueda cobrar. AGN, notarías de Bogotá, not. 3ª, prot. 83, 1671, fols. 115r.-116v. 202 Duarte, 1978: 528. 203 Marcos Villán, 1998: 37. Durante la Edad Media se ha constatado el alto grado de itinerancia entre los maestros campaneros europeos, en particular los hispanos. Gradualmente, a lo largo de la Edad Moderna se irían asentando en núcleos donde la demanda era importante. Véase Sebastián, 2014: 119. Intensas relaciones debió mantener el taller con otro de los clérigos patrocinadores e impulsores de notorias empresas constructivas y ornamentales en la Santafé de mediados del XVII, nos referimos al clérigo de origen tunjano, Juan de Cotrina, fundador en 1644 de una ermita con el título de Nuestra Señora de las Aguas, según licencia que le otorgó el Arzobispo fray Cristóbal de Torres. Durante su vida no cejó en acrecentar la fundación con nuevos edificios y el ornato del templo, presidido por una pintura de la Virgen del Rosario, del pintor Antonio Acero de la Cruz204. En los años cincuenta es posible que Lugo se ocupara de algunos pormenores destinados a la fundación de Cotrina, tal como el clérigo deja entrever en su testamento otorgado en Santafé el 21 de septiembre de 1667. En sus últimas voluntades alude a una deuda con Pedro de Lugo, por dos frontalitos de pasta, dorados y el recubrimiento también de pasta de un púlpito, sin duda alusión a relieves de yeso, cuyo resultado final parece que no agradó al clérigo y exige al escultor la devolución de sesenta pesos205. Algunas de las esculturas inventariadas en su relación de bienes, fechada en 1680, pudieran deberse también al escultor y fundidor como son tres crucifijos de estaño, encarnados, dos niños de medio cuerpo de yeso, seis pebeteros de yeso en forma de serafines y queremos destacar de forma especial las menciones a «un panecillo de plomo», de poco más de una arroba y «quatro 204 Flórez de Ocáriz, 1674: 197. Ibáñez, 1891: cap. XI. http:// www.banrepcultural.org/blaavirtual/ historia/crbogota/11.htm. Consultado el 1 de Julio de 2017. Hernández de Alba, 1938, pp. 111-115. Téllez Castañeda, 1964: 22-24. Martínez Silva, 1987: 257. Pinzón Rivera, s/f: 1-9; http://www.fonade. gov.co/ Contratos/Documentos/4515__20141023030919RESE%C3% 91A-IGLESIA%20Y%20CLAuS TRO%20AGuAS%20OPC- 145-2014.pdf. Consultado el 1 de julio de 2017. Torres, 2013: 166-173. 205 «Don Pº. de Lugo me debía sesenta ps. por un bale y ajustándolo que era de mas cantidad, resto los sesenta ps. y me los pago en dos frontalitos de pasta dorados y en cubrirme de pasta un pulpito contando por cada piesa veinte ps. y me los dio por dorados con oro fino y a salido ser mº oro de forma que oi están tan deslucidos que es fuerza repetir el engaño quiero que pague lo que pareciere justo». AGN, notarías de Bogotá, not. 1ª, prot. 90, 1667, fols. 118r-130v. La cita en fol. 122v. 357 Pedro de Lugo Albarracín planchas de plomo pequeñas muy delgadas»206, materiales estos últimos quizás previstos para ponerlos en manos del escultor y obtener complementos como pies, manos o mascarillas. Por último, referimos otro importante dato alusivo a una obra proyectada, que no llegó a confeccionar pues le sorprendió la muerte antes de su realización. Se trata de una imagen de la Inmaculada Concepción, para la cofradía homónima del pueblo de indios de Jaramillo (Antioquia), de dos cuartas de alto sin la peana, encargo de Juan Payma, indígena del citado pueblo, quien asimismo había solicitado del regidor y escultor, la confección de una campana. La primera obra, la Inmaculada, fue valorada en 80 pesos, si bien Lugo decidió rebajarla a 60 pesos, mientras la campana ascendió a 2 pesos. El concierto pasó en Junio de 1678, si bien en febrero de 1679 el citado Payma reclamaba a dña. Mariana de Alvís y Salinas, viuda de Pedro de Lugo y vecina de Santafé, un total de 18 pesos que le había dado por adelantado, sin haber llegado este último a entregar la imagen. Desconocemos la causa de la muerte de Lugo, que debió acontecer a finales de 1678 o principios de 1679. No obstante, dña. Mariana declara que murió sin bienes fuera de Santafé, celebrándose su funeral en la capital, donde tampoco parece que haya dejado herencia alguna207. Aquí tenemos una buena prueba de las 206 Inventario de bienes de Juan de Cotrina. AGN, notarías de Bogotá, not. 1ª, prot. 90, 1680, fols. 156r-171v. Las citas en los fols. 164r; 167v; 168r. y 170v. 207 El 1 de julio de 1678 escribió Pedro de Lugo al maestro fray Diego Gamero. Escribe desde algún establecimiento minero, quizás beneficiado por el mismo, al citado fraile por el que siente especial veneración, explicando las negociaciones con los indios quienes, indica, estimaban que la imagen no valdría más de 50 pesos, sin embargo les convence del superior precio de la misma habida cuenta de que estaría dorada y grabada. Para la campana indica que es pre preciso se le entregue «alguna plata para estaño». Llama la atención en esta carta manuscrita la deficiente caligrafía y expresión gramatical de Lugo. La viuda declara que los únicos bienes que dejó en el desconocido lugar de fallecimiento fueron «dos vestidos de color raydos y otro negro de la misma calidad una espada y daga y otros trastos de poca importancia que todos se inventariaron y asi mismo un platillo, y candelero de plata de mi dote, y con todos y mucho mas aun, no ay para la paga de su entierro, y funeral que se le hiço en esta circunstancias vitales del maestro en los últimos años de su vida: seguía ejerciendo de regidor perpetuo de Santafé, practicaba el arte de la escultura y la fundición, a menudo salía de la ciudad buscando encargos o atendiendo otros negocios como los mineros, y no parece que falleciera disfrutando de una economía saneada. ASPECTOS BIOGRÁFICOS DE PEDRO DE LuGO en su última etapa santafereña. Son variadas las circunstancias que vive Lugo desde mediados de los años cincuenta en adelante. Ya señalamos su estancia en Andalucía aproximadamente entre 1656 y 1663, intentando resolver favorablemente para el y su familia el pleito por el mayorazgo del Puerto de Santa María. Sin embargo, sí parece que le fue reconocida su condición hidalga. Desde el punto de vista vital, antes de embarcarse rumbo a la Península, tuvo lugar un importante acontecimiento, el matrimonio con la citada Mariana de Alvís y Salinas, celebrado en Santafé el 28 de octubre de 1654. Era hija de Beatriz de Pina y, probablemente, del capitán Martín de Alvís, corregidor perpetuo de la ciudad de Santafé y justicia mayor de Coyaima y Natagaima. Dña. Beatriz, fallecida el 29 de junio de 1653, según declaró en su testamento otorgado ese mismo año, había previsto que su hija Mariana profesara en las descalzas. Sin embargo, después de su óbito las cosas cambiaron para su hija, contrayendo con Lugo208. Conocemos corte, y estarse debiendo todo lo mas por no tener con q. pagar». No hay constancia de la resolución de esta reclamación. AGN, secc. colonia, fondo caciques e indios, 48 BIS, D. 17. Indio de Jaramillo. Demanda sobre mortuoria. 1679. 208 Dña. Beatriz y su esposo habían mantenido estrecha relación con el citado bachiller y presbítero Juan de Cotrina, de manera que contribuyeron a su fundación de Las Aguas con importantes donaciones. Cotrina confesó a la citada en su lecho de muerte y se ocupó de su entierro, por lo que reclama a sus herederos, en su testamento otorgado según vimos en 1667, un total de 30 pesos por los gastos de funeral y sepultura. AGN, notarías de Bogotá, not. 1ª, prot. 90, 1667, fols. 118r-130v. La cita en fol. 122r. En el funeral intervino interpretando «cuatro posas de canto de órgano» el célebre compositor y músico natural de Murcia (España), José de Cascante, quien otorgó recibo de cua- 358 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila los gastos ocasionados por el matrimonio de Lugo, fundamentalmente resultantes del tafetán, listón, seda para faldellín y saya de la novia, así como hebillas. El desayuno posterior estuvo compuesto por huevos, azúcar, piña, pan de leche, chocolate, vino blanco, conservas, almendras, y aderezo de canela, pimienta y azafrán. En concepto de dote percibió el maestro veinte pesos «para la entrada de regidor», cargo cuyo consecución, le traía de cabezas esos mismos instantes209. Con este matrimonio parece que nuestro protagonista enlaza con lo más elevado de la sociedad santafereña, que ocupa además cargos importantes en la burocracia colonial. Este será otro de los objetivos de Lugo en esos instantes: adquirir una posición respetable a través de la adquisición de un puesto público de relevancia, como era el de corregidor o regidor de su ciudad. Este tipo de cargos requería un desembolso elevado, por lo que la citada dote resultaría anecdótica, frente a los 1.500 patacones que debió abonar. El mismo día que se celebró el matrimonio, el 28 de octubre de 1654, su suegro Martín de Alvís, ausente de Santafé, otorgó poder a Nicolás Garzón, procurador del número de la Real Audiencia para que en su nombre renunciara al oficio de regidor perpetuo de la ciudad y de provincial de la Hermandad del Santo Oficio, y otorgara ambos cargos a don Pedro de Lugo, siempre que se sometiera a pregones y se admitieran otras solicitudes. Sin embargo, desde un principio se pone de evidencia el amaño que comportaba la operación, en primer lugar por los otros contrincantes, que debieron figurar a efectos de una supuesta legalidad del traspaso y por la baja cantidad que debió abonar Lugo, 1.500 patacones, frente a los 2.560 tro patacones por tales servicios, el dos de julio de 1653. Anotaciones mecanografiadas por Guillermo Hernández de Alba, de documentos probablemente procedentes del AGN, sin embargo la signatura que indica “particulares”, no se corresponde con ninguna de las secciones o fondos actuales del archivo. Las hojas mecanografiadas se conservan en la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA), secc. libros raros y manuscritos, MSS2467, h. 3. Agradezco a Diana Farley Rodríguez que me facilitara este documento. Sobre el compositor José de Cascante véase Bermúdez, 2000: 24-25. 2001: 105-111. 209 BLAA, secc. raros y manuscritos, MSS2467, h. 3. que había depositado don Martín de Alvís en 1623. Por todo ello el presidente de la Real Audiencia ordenó el 29 de diciembre siguiente, pregonar debidamente el oficio, admitir posturas y otorgarlo a la mejor propuesta económica. Hasta el 16 de febrero de 1655 se proclamaron 30 pregones, fueron admitidas posturas, para resolverse todo a favor de Lugo, quien abonó la cantidad ya señalada, disfrutando así desde comienzos de 1655 de su oficio de regidor perpetuo210. Distinguido con el oficio de regidor y suponemos que ocasionalmente dedicado a la escultura y fundición, prácticas que debieron ser continuas en el taller familiar que el dirige, Pedro de Lugo vuelve a invertir caudales y experiencia en la explotación y beneficio de minas metálicas, de plata, oro y cobre. Parece que disfruta durante los años sesenta y setenta de una economía saneada, como para adquirir casas en Santafé211, y no cabe duda que la familia de su mujer resulta vital para sus planes de ascenso social que finalmente no parecen haberse satisfecho plenamente. En este sentido, es muy expresivo el documento otorgado dos años antes de fallecer, el 22 de septiembre de 1676, por medio del cual dona generosamente a su cuñado, Juan de Alvís y Salinas, nombrado como hermano, la doceava parte de las distintas minas que tiene descubiertas y registradas en la ciudad de Ibagué, de oro, plata, cobre u otro metal de fundición o beneficio de azogue, además de idéntica porción en las minas del desmonte de las Ánimas, de Palmilla, de San José y San Juan. Y agrega que todo ello es por «los beneficios q. del he rezevido q. son dignos de remuneración»212. Todas las explotaciones se hallaban 210 El oficio recibirá confirmación real años después, cuando Lugo se encontraba en tierras andaluzas, el 21 de junio de 1659. El expediente figura en AGI, Santafé, 156, N. 18. Confirmación de oficio de regidor a Pedro de Lugo, s/f. 211 1668, Agosto, 28. Don Pedro de Lugo Albarracín, regidor, tiene tratado con D. Jerónimo de Berrio recibir en traspaso las casas que habían pertenecido a su padre, el licenciado don Fernando de Berrio, por 700 patacones. Ofrece como sus fiadores al capitán don Juan de Vargas y al ensamblador, suponemos que amigo, Francisco Ignacio de Ascucha. AGN, notarías de Bogotá, not. 3ª, prot. 70, 1668, fols. 101r.-103v. 212 AGN, notarías de Bogotá, not. 3ª, prot. 98, 1676, fol. 509r.-v. 359 Pedro de Lugo Albarracín situadas al oeste de Santafé, en la vertiente occidental del Magdalena y en las cercanías de Pereira. Carecemos de datos que nos informen de la prosperidad de tales establecimientos, sin embargo es sintomático que su cuñado las aceptara sin inconvenientes y pudo ser asimismo prestamista de Lugo, pues no olvidemos que el descubrimien- to, explotación y adquisición de derechos sobre las minas comportaba un importante desembolso económico. La mano de obra, fuera indígena o esclava, las canalizaciones para la conducción de agua y proveer lavaderos, hornos e instalaciones de fundición y amalgama del mineral, etc. significa grandes inversiones. Lo que parece evidente es que más que proveer materia prima para sus empresas como vaciador, Lugo tendría ánimo empresarial y afán de enriquecimiento, acudiendo así a una actividad muy extendida entre los neogranadinos, de manera que oficios ajenos por completo a la minería, en muchos casos acaban dedicándose a esta lucrativa actividad213. La documentación consultada no especifica el lugar de residencia de Lugo en Santafé, aunque es posible suponer fuera en el barrio de las Nieves, donde radicaban numerosos artesanos, muchos de ellos artistas, como pintores, plateros, orives, ensambladores, escultores, canteros, etc214. No es descabellado pensar que en torno a esta parroquia estuviera su domicilio y taller. LA FAMILIA LuGO ALBARRACíN y la continuidad de la profesión. Retomamos el hilo biográfico que esbozamos al principio de estas líneas. Pedro de Lugo Albarracín nació del matrimonio compuesto por Jácome de Lugo y María de Sotelo, presumiblemente en tierras neogranadinas. Por un poder que otorgan los hermanos de Pedro en 1658, autorizando a este a defender sus intereses sobre el mencionado mayorazgo andaluz, sabemos que fueron igualmente resultado del expresado matrimonio, Alonso, Juan y Álvaro, este último ausente de la ciudad de Santafé ese 213 Colmenares, 1975: 276-287, en especial, 282. 214 Hernández de Alba, 1948: 148. Triana y Antorveza, 1967: 334. Hernández Molina-Carrasco zaldúa, 2010: 28-29. año215. Alonso integró el taller familiar y ya lo vimos al lado de Pedro concertando en 1663 las campanas para la torre de la catedral santafereña. Debió morir hacia 1675, año en el que otorga testamento, por el que sabemos que la fábrica de la iglesia mayor de Tunja le adeuda 200 patacones, ordenando se los paguen en su nombre a la iglesia de Turmequé, con la que tiene una deuda. Estas noticias se pueden corresponder con tareas inherentes a su oficio de fundidor o escultor. Recordemos que la actual catedral tunjana cuenta con abundantes esculturas de yeso, en su altar mayor, así como relieves en el correspondiente a la capilla del clero. Es posible que compartiera el trabajo con Agustín de Chinchilla Cañizares216. Nombró por heredero a su sobrino Francisco, hijo de Juan, quien compartió las funciones de albacea con su tío Pedro217. El siguiente de los vástagos de Jácome es Juan de Lugo, según indicamos. Hay razones para confirmar que practicó el arte de la escultura y quizás el de vaciador de metales. Lo hemos visto otorgando poder al lado de su hermano Alonso, para el asunto del mayorazgo. Parece que disfrutó de cierta solvencia económica, tanto como para imponer 500 pesos de censo en la fundación del citado bachiller Juan de Cotrina en las Aguas218, o para disfrutar de cuatro estancias con sus hatos y sementeras en la localidad de Soacha, vendidas en fecha indeterminada a don José Flórez de Acuña, presidente del tribunal de cuentas de Santafé219. Casó con Ana de Baena, resultando por hijos Juan, Francisco, Tomás, Felipe, Pedro y Ana María de Lugo Albarracín. Falleció en 1668220. De ellos sabemos 215 Véase nota nº 31 216 Sobre la actuación de Chinchilla Cañizares, especialista en la escultura en yeso, Vallín, 1987: 51-55. 217 1675, mayo, 4. Santafé. Alonso de Lugo, hijo de Jácome de Lugo, natural de Jerez y María Acedo Sotelo, natural de La Palma, otorga testamento. Manda ser enterrado en la catedral. AGN, notarías de Bogotá, not. 3ª, prot. 95, 1675, fols. 37r.-38v. 218 1667, septiembre, 21. Santafé. Testamento de Juan de Cotrina. Declara que Juan de Lugo impuso un censo de 500 pesos. AGN, notarías de Bogotá, not. 1ª, prot. 90, 1667, fols. 118-130. 219 Colmenares, Melo y Fajardo, 1968: 393. 220 El 28 de agosto de 1668 los citados, la viuda Ana de Baena y Pedro de Lugo, regidor de Santafé, comparecen en el pleito que sostienen sobre los 500 pesos de censo que habían impuesto 360 Francisco J. Herrera - Lázaro Gila que Tomás contrajo matrimonio un año después con dña. Petronila de Rojas, percibiendo una saneada dote de 3.479 patacones221. Ya citamos como compareció en la almoneda de bienes del escultor Ignacio García de Ascucha, en 1629, adquiriendo «unos moldes de cera quebrados, en tres pesos»222. Pero la mejor prueba de su condición de escultor la obtenemos repasando el controvertido pleito que afectó a su hijo, Pedro de Lugo Albarracín, en 1648, cuando contaba unos 19 años y al que seguidamente nos referiremos. Juan de Lugo procura la defensa de su hijo y trasladar el proceso desde Tunja a la justicia de Santafé. En una de las diferentes alegaciones que efectúa se declara escultor223, irrefutable dato que nos permite asegurar su integración en el multifacético taller familiar, sin que de momento podamos asignarle obras concretas. Siguiendo con la estirpe, acabamos de citar a Pedro de Lugo, hijo de Juan, quien en 1648 se vio envuelto en un desgraciado incidente en la ciudad de Tunja, cuando contaba 19 años. Al parecer llevaba cuatro años residiendo en aquella localidad, ocupándose de ciertas obras que no se detallan. Según el abultado proceso conservado en el Archivo General de la Nación en Bogotá, compuesto de dos piezas, Pedro de Lugo es acusado por el oficial de sillero vecino de Tunja, Simón de Riberos, «de aver desflorado a una hija suya doncella», a lo que Juan de Lugo alega que todo es una artimaña para obligarlo a matrimoniar con la mestiza llamada Petrona de Riberos de 14 años. De ella indica Juan de Lugo, es muchacha de vida pública, habitual de la calle, caminos, ríos y fuentes del entorno, donde se le ve con vida disipada. Su hijo, según dice, fue engañado y llevado a la casa de la doncella224. sus padres en la fundación de Las Aguas. AGN, notarías de Bogotá, not. 3ª, prot. 86, fols. 66-67. 221 Véase nota nº 33. 222 Gila Medina-Herrera García, 2011: 95. 223 1648, abril, 23. Santafé. Juan de Lugo, escultor vecino de Santafé, y el capitán Fernán Pérez Cortés de Párraga, se constituyen fiadores de Pedro de Lugo, menor, preso en la cárcel de Tunja, garantizando que no huirá y abonarán las costas del proceso. AGN, colonia, fondo criminales (juicios): SC 19, 5, D. 9, 1648, fol. 330v. 224 Ibídem. En el largo y rocambolesco proceso en que se ve envuelto el joven escultor, cada una de las partes aporta testigos que informan y defienden la presunción de inocencia de los implicados. Petrona de Riberos insiste en que la noche del 6 de abril de 1648 Pedro de Lugo escaló la casa de su padre y se la llevó, encerrándola en el domicilio de unos conocidos. La joven reconoce que desde hacía tiempo el santafereño la procuraba, le hacía regalos, acudía a menudo a su casa, a veces de noche, deleitándola con sus cantos que acompañaba con una guitarra, todo lo cual confirman innumerables testigos. No deja de advertir que en una de estas visitas la poseyó y perdió su virginidad, hecho del que se lamenta y espera pueda ser reparado con el matrimonio225. Por el contrario, Pedro de Lugo y sus testigos traen a colación su condición hidalga226, heredada de su padre, tal como hemos visto, denunciando que la encontró la citada noche del 6 de julio casualmente en la casa de sus conocidos, donde esperaba a unos indios para enviar cartas a Santafé. Respecto a la deshonra que padece la joven, distintos informantes denuncian que fue violada por un amigo de su padre, que en ocasiones pernoctaba en el domicilio familiar, llamado Fandino. Desconocemos la resolución del enconado y meticuloso pleito, así como la posterior suerte de Pedro de Lugo227. No abundaremos en más detalles del mismo, pues nos alejan del tema de estudio. Eso sí, en relación con la profesión de este último y de las circunstancias que cuatro años antes le habían llevado a Tunja, hay algunas citas reveladoras. Ya señalamos que su padre, Juan de Lugo, aseguró que su hijo Pedro acudió a la capital boyacense para hacerse cargo de ciertas obras. En una ocasión uno de los testigos, Pedro de Trigueros, alude al joven como «pintor»228. Puede ser un error o que efectivamente se ocupara igualmente del policromado de sus esculturas. En los decretos que 225 AGN, colonia, fondo criminales (juicios): SC 19, 5, D. 11, 1648, fol. 347v.-360v. Acusaciones a Pedro de Lugo por estupro. 226 Ibídem, fol. 407r. 227 Ibídem, fols. 369v.-413v. 228 Ibídem, fol. 354r. Testifica el 15 de abril de 1648. 361 Pedro de Lugo Albarracín acompañan las declaraciones es citado como escultor229 y en su propio alegato dice ser natural de Santafé, de oficio escultor y tener 19 años230. Pero es el acusador, Simón de Riberos, quien nos ofrece la cita más elocuente sobre su profesión, al calificarle como «oficial de estatuas de barro»231. No vamos a insistir sobre la abundancia de esculturas de pasta, yeso, estuco o barro en las iglesias tunjanas232, algunas de las cuales pueden deberse a su factura. Otro dato de interés, aportado por diversas testificaciones insertas en el largo proceso, indican su lugar de residencia en Tunja: el convento de San Francisco, frente al cual vivía la desdichada Petrona de Riberos con sus hermanos. Esta declara que durante los días que estuvo «cautiva», Lugo le prometió el matrimonio y llevarla a Santafé, sin embargo lamenta el escaso tiempo que compartían pues no quería el joven que «le echaran de menos» los franciscanos en el convento233. El mismo escultor asegura en su confesión «que le pesaba de yr a desoras a tocar la campanilla del convento de San Francisco donde vive»234. un fraile franciscano, fray Juan Gómez de Aldana, llegó a salir en defensa del mismo, asegurando que Petrona había resultado deshonrada por el citado Fandino235. Tan estrechas relaciones con los franciscanos, hasta el punto de residir en el propio convento, y merecer la confianza de los frailes, invitan a pensar que Pedro de Lugo acudiría a Tunja para dar cumplimiento a algún compromiso relacionado con la comunidad. En este sentido, sin que podamos afirmar nada fehacientemente, ya señalamos en otra ocasión que el retablo mayor de la iglesia franciscana pudo ser ejecutado en la década de los cuarenta. Recordamos que sus esculturas de Padres de la Iglesia Latina, 229 Ibídem, fol. 360r. 230 Ibídem, fol. 369v. 231 Ibídem, fol. 384v. 232 Vallín llama la atención sobre la abundancia de esculturas de yeso en Tunja y Bogotá durante el XVII, dando por hecho la existencia de un importante grupo de escultores activos en ambas ciudades. Vallín, 2011: 79. 233 AGN, colonia, fondo criminales (juicios): SC 19, 5, D. 11, 1648, fol. 358v. Acusaciones a Pedro de Lugo por estupro. 234 Ibídem, fol. 372v. 235 Ibídem, fols. 412r.-413r. San José, Santa Catalina, La Inmaculada, Santo Tomás de Aquino, San Buenaventura, etc. son medio relieves y están confeccionados en yeso o barro236, por lo que no estaría de más considerarle probable autor de estas obras. Pero insistimos en la prudencia que debemos mantener sobre este asunto237. Poco conocida sigue la figura de Lorenzo de Lugo, al que se le ha supuesto probable origen tunjano, pues se encargó de algunos de los relieves en yeso del célebre retablo de la capilla del Rosario de Santo Domingo (Tunja)238. Recordemos que en 1683 fue el ensamblador José de Sandoval quien se hizo cargo de confeccionar la estructura del retablo, finalizada ya en 1689 cuando sabemos que Lorenzo de Lugo se comprometió a manufacturar los ocho relieves por 240 pesos. La muerte le sorprendió al siguiente año y únicamente dispuso los tres del segundo cuerpo, a saber La Visitación, Nacimiento de Cristo y Presentación en el templo. Del resto se haría cargo posteriormente Francisco de Sandoval, quizás pariente del ya citado José239. Estos relieves muestran a un escultor hábil compositivamente, conocedor de los recursos de perspectiva y esmerado en gestos y expresiones. Debe tratarse de uno de los descendientes de la familia Lugo pero, de momento, resulta difícil de precisar su relación de parentesco con los miembros conocidos, ya citados. No vamos a descartar que fuera hijo de Alonso o el propio Pedro cuya descendencia, si la tuvo, nos resulta desconocida. Según Arbeláez, Lorenzo y Luis de Lugo, se hicieron cargo de la talla de florones y distintos motivos en el arco toral, de la iglesia bogotana de San Agustín240. Quizás a 236 Herrera García-Gila Medina, 2013: 356-358. También por estos años pudieron acometerse los relieves y esculturas del retablo de la capilla de los clérigos, en la iglesia mayor. Ibídem, 352-353. 237 Tampoco está de más pensar en que fueran realizadas por su padre en el taller santafereño y el se encargara de su disposición en el retablo. 238 Acuña, 1964: ad vocem. Ortega Ricaurte, 1979: 258. 239 Herrera García-Gila Medina, 2013: 363-366. En este trabajo damos cuenta de la bibliografía principal sobre este retablo y sus altorrelieves. Destacamos la contribución más reciente, Fajardo de Rueda, 2014: 181-208. 240 Arbeláez Camacho, 1968: 125.