Arqueología y conservación: aliceres en la Catedral de Sevilla
Abstract
A raíz del hallazgo, identificación y d atación de dos tablas decoradas en la alcatifa de la bóveda de la sacristía de la iglesia del Sagrario de la catedral de Sevilla, es posible tener una idea más precisa sobre cómo fueron las armaduras que cubrían las naves del sahn de la aljama almohade, al que hipotéticamente pertenecerían. Se analizan en este artículo textos almohades y se recopilan documentos del archivo catedralicio relacionados con estas estructuras; finalmente se realiza un estudio comparativo con las armaduras de la Kutubīya, uno de los escasos paralelos pertinentes, edificio del presentamos aquí planimetría inédita.
Full text
ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 Madrid / Vitoria ISSN-L: 1695-2731 https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 MONOGRÁFICO: ARQUEOLOGÍA Y RESTAURACIÓN DE EDIFICIOS HISTÓRICOS / MONOGRAPH: ARCHEOLOGY AND RESTORATION OF HISTORICAL BUILDINGS Arqueología y conservación: aliceres en la catedral de Sevilla Archeology and conservation: “aliceres” in the Cathedral of Seville Álvaro Jiménez Sancho1 Dr. Arqueólogo Alfonso Jiménez Martín2 Arquitecto, Universidad de Sevilla RESUMEN A raíz del hallazgo, identificación y datación de dos tablas decoradas en la alcatifa de la bóveda de la sacristía de la iglesia del Sagrario de la catedral de Sevilla, es posible tener una idea más precisa sobre cómo fueron las armaduras que cubrían las naves del sahn de la aljama almohade, al que hipotéticamente pertenecerían. Se analizan en este artículo textos almohades y se recopilan documentos del archivo catedralicio relacionados con estas estructuras; finalmente se realiza un estudio comparativo con las armaduras de la Kutubīya, uno de los escasos paralelos pertinentes, edificio del presentamos aquí planimetría inédita. Palabras clave: aljama de Sevilla; armaduras de madera; carpintería almohade; Kutubīya. ABSTRACT After the discovery of two old decorated planks above the vault of the sacristy of El Sagrario (Cathedral of Seville, Spain), this paper analyzes several texts from the cathedral archive related to the roofing structures that are compiled and supported by a comparative analysis with the wooden frame of the Kutubīya mosque (providing unpublished drawings), it is possible to reconstruct the roofing of the main almohad mosque in Spain. Key words: great mosque of Seville; wooden structures; Almohad carpentry; Kutubīya. Recibido: 12-03-2019. Aceptado: 20-05-2019. Publicado online: 10-10-2019 Cómo citar este artículo / Citation Jiménez Sancho, Á. y Jiménez Martín, A. 2019: “Arqueología y conservación: aliceres en la catedral de Sevilla”, Arqueología de la Arquitectura, 16: e090. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 Copyright: © CSIC, 2019. © UPV/EHU Press, 2019. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). En noviembre de 2010 terminaron las obras que permitieron restaurar el frente oeste de la catedral de Sevilla, tanto la gran fachada gótica de la seo como las manieristas de su parroquia del Sagrario; la intervención concluyó en la sacristía de este templo dedicado a San Clemente, alojada en una de las antiguas naves del patio de la mezquita mayor de Išbīliya. Los trabajos aportaron varias novedades (Jiménez Martín 2013b, 2018), entre ellas una que afecta a la mezquita, pues en la planta alta de dicha sacristía identificamos una interfaz que da noticia de un tejado distinto del actual, más bajo, como acreditamos en la tesis doctoral de Á. Jiménez Sancho en 2016. Dos años después, concretamente el día 29 de noviembre de 2012, al excavar la bóveda de dicha sacristía para reconocer su estabilidad, se encontró, en la misma planta superior, a once metros de distancia de la impronta, una tabla decorada cuya importancia destacó desde los primeros momentos, tanto por su vejez y 1 alv[email protected] / ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-8580-7481 2 [email protected] / ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-9461-1317
ARQUEOLOGÍA Y CONSERVACIÓN: ALICERES EN LA CATEDRAL DE SEVILLA Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 2 el edificio fue aljama. Las fechas indicadas proceden de un testigo presencial que, si bien no estaba directamente implicado en la obra ni pudo estar presente en todo el proceso, procuró informarse, dejándonos gran cantidad de datos de los trabajos, y bien fechados, los más prolijos y consistentes que poseemos de una mezquita antigua; nos referimos a la obra titulada al-Mann bi-l-imma calà l-mustaḏc afīna bi-an ŷacala-hum Allh a’imma ŷacala-hum al-wriṯīn wa-ẓuhūr al-imm Mahdī al-muwahhidīn del andalusí cAbd al-Malik b. Muammad b. Shib al-Sal, que cubre los años que van de 557H/1162C a 594H/1198C (Título en Fierro Bello 2003, traducciones de Martínez Antuña 1930, Huici Miranda 1969 y Roldán Castro 2002). El edificio almohade tenía abovedados sus ámbitos más significativos, como indica la crónica al mencionar que Los alarifes se esforzaron y pusieron especial interés en la construcción de la cúpula que se elevaba sobre el mihrb de la mezquita (que fue edificada) con el mayor afán en lo que se refiere al trabajo del yeso, en las bóvedas del edificio y en la carpintería, tareas que trataron con el máximo cuidado. Se abovedó una galería (sbt) en el flanco izquierdo del muro del mihrb por la que se caminaba con amplitud. Sabemos que estas bóvedas eran de mocárabes, pues se conservan dos de las pequeñas (Almagro Gorbea et al. 2007: 39), pero la mayor parte de los techos, más del 97 % de los 11.785 m2 de la sala de oración que estaban cubiertos, fueron de madera, circunstancia nada trivial en una ciudad que no tiene árboles maderables en muchos kilómetros a la redonda; debieron ser realizaciones muy notables ya que para ello: Reunió en esta tarea a muchos hombres, y peones, habiendo acarreado materiales de madera desde las costas del otro lado del Estrecho con lo que llevó a cabo lo que ningún soberano precedente había sido capaz de hacer […] Ejecutó el alto mandato de construir (la mezquita) en el mes de ramadn del mencionado año 567 H./1172 C., y no abandonó su construcción en ninguna de las estaciones de los años en los cuales residió en Sevilla hasta rematarla con las cubiertas. Además, menciona el testigo las labores de ebanistería y marquetería de la maqṣūra y el minbar, pues decoración como por el lugar y circunstancias de su hallazgo. En 2016, en el mismo espacio, cuando se realizaba la obra para instalar el salón de actos que se denomina “Aula San Clemente”, se halló en otro lugar de la misma sala otra tabla virtualmente idéntica, evidencia de que el elemento no era único y de que ambas tablas pertenecieron a los dos faldones de una misma estructura. En este artículo queremos dar cuenta de estos tres hallazgos y plantear su interpretación y, por otra parte, presentar un ejemplo de la saludable asociación que, en temas de restauración monumental, se establecen entre los trabajos arqueológicos orientados con sentido común, la interpretación de las crónicas, en su gran mayoría bien editadas y traducidas, y las aportaciones de archivos documentales que, a partir del siglo XIV, marcan la pauta para el conocimiento más preciso y detallado de la historia de la arquitectura occidental. En este contexto, aportamos el paralelo más claro que conocemos, la Kutubīya de Marrakech, a través de material gráfico inédito proporcionado por el Dr. Almagro Gorbea, ya que otros casos que pudieran aducirse son de dimensiones, terminación y función muy distintos y, como las dos tablas sevillanas, rara vez están in situ, incluso la mayoría fueron desmembrados y desplazados de forma poco documentada. 1. ANTECEDENTES DOCUMENTALES DEL EDIFICIO ALMOHADE El ṣaḥn de la aljama almohade de Sevilla (Jiménez Martín 2018), empezada en 567H/1172C, inaugurada en 577H/1182C y finalizada en 594H/1198C, se ha denominado desde el siglo XV «corral de los Naranjos» (Jiménez Martín y Pérez Peñaranda 1997: 131) y, como es bien sabido, se trata de un patio monumental cuyos ejes están orientados a los puntos cardinales; en los lados este y oeste hubo galerías duplicadas, cada una de las cuales tenía siete arcos al patio, mientras la del lado norte, que era sencilla, corría de extremo a extremo, con trece arcos al interior del patio y otros cuatro abiertos a las galerías de levante y poniente; esta larga nave estaba dividida en dos partes por el arco central, de mayor luz, pues constituye el zaguán de la puerta principal de la aljama, llamada del Perdón desde el siglo XIV (ACS 1363); todas estas galerías, cuyos arcos de herradura túmida son similares a los de la sala de oración, permanecieron expeditas mientras
Álvaro Jiménez Sancho y alfonSo Jiménez martín ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 3 Figura 1. Planta general inédita de la aljama de Sevilla con indicación de elementos y hallazgos referidos en el texto (Tesis doctoral inédita de Álvaro Jiménez Sancho).
ARQUEOLOGÍA Y CONSERVACIÓN: ALICERES EN LA CATEDRAL DE SEVILLA Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 4 … fue elaborado con el arte más extraordinario. Se eligió la madera más noble, tallada, repujada, decorada, ejemplar en todo tipo de artesanía, trabajada con maestría, y todo ello con una técnica admirable, con molduras y geometrías asombrosas, con taracea de madera de sándalo e incrustaciones de marfil y ébano que brillan y producen el aspecto, (por contraste) de ascuas encendidas, con láminas de oro y plata y formas en su talla de (un) oro (tan) puro [que parece que] estuviera hecho de luz, de forma que cualquiera que contemplase (dichas forma) en la noche oscura, creería que son lunas llenas. A continuación se siguió con la obra de la maqsra, (igualmente construida) con la madera más hermosa, segura para velar (al soberano). A tenor de estos últimos datos, teniendo presentes los muebles de la época que se han conservado en África, maqṣūra y minbar debieron llevar temas de lazo, como la decoración de bronce de la puerta del Perdón, claveteada sobre madera de cedro del Atlas, o el de los frisos que coronaban las puertas y arquerías principales, sirviendo de apoyo visual a sus bóvedas y armaduras (Jiménez Martín 2018: 300-302). En 1248, al convertirse en catedral, el eje oesteeste del oratorio almohade albergó, organizados en hilera, los ámbitos destinados al coro, el altar mayor y la capilla Real, mientras la periferia fue repartida entre numerosas capillas que, de forma paulatina, fueron asignados al propio Cabildo, arzobispos, capitulares y eclesiásticos y a algunas familias de la nobleza local. Uno de tales espacios, ubicado en la parte de la qibla, fue destinado a Sagrario y además cumplió funciones parroquiales bajo la advocación de San Clemente, llegando a ser la iglesia de la collación más extensa de la ciudad. Cuando en 1433 decidieron derruir la sala de oración para construir la gran iglesia gótica, esta capilla sacramental cambió de sitio, fusionándose con la de San Esteban, situada en el extremo opuesto del conjunto, el rincón noreste del patio; unidas ocuparon la mitad oriental de la galería norte hasta alcanzar el zaguán de la puerta del Perdón, mientras la otra mitad, la «clastra de los Companneros», quedó casi expedita, pues en el XV solo tenía una capilla en cada extremo (Jiménez Martín 2018: 288 y 291) y en 1698 alojaba solo una herrería y una escuela (Ms. Biblioteca Capitular y Colombina [1698]: fol. 308 vº). Un apunte contable de 1434 atestigua que las armaduras de la cubierta del edificio almohade, prácticamente condenadas al derribo, aún recibían alguna atención, pues el «Miércoles siguiente [24 de diciembre] di a Diego carpentero [sic] que tyró e adobó los alizeres que se querían caer de las naues XX [maravedíes]» (ACS 1434-1436: 12vº), es decir, un profesional que a veces trabajaba para el Cabildo, ante el peligro que presentaban los «alizeres», recibió el encargo de desmontar unos y afianzar otros; la palabra, que hoy sería alicer y no debe confundirse con alizar (Jiménez Martín 2014: 28), permite imaginar una estructura de cubierta similar, en su concepto, a la de la catedral de Teruel, labrada poco después de 1261, una de las más antiguas, documentadas e intactas que se conservan en los reinos cristianos (Almagro Gorbea 1991: 190 ss.). Como es bien sabido el avance que representa la estructura turolense pasa por reducir el número de los tirantes respecto al de pares, pues estos no se unen directamente a aquellos, formando una sucesión de triángulos, sino que se ensamblan con una viga longitudinal, el estribo, que los vincula de forma general; en este inconfundible esquema, cuyos tirantes se suelen duplicar, los espacios entre ellos y el arranque visible de los faldones lo cerraba siempre el arrocabe, formado en los casos más complejos por cinco piezas superpuestas: dos tablas levemente inclinadas (aliceres con acuesto), dos listones moldurados intercalados con los aliceres (tocaduras) y como remate una cornisa (arjeute). Los aliceres, por su posición y decoración, eran de conservación costosa y difícil, por lo que su existencia constituye un indicio necesario del desarrollo estructural al que se vinculan, pero no suficiente, pues hay armaduras pequeñas, eminentemente decorativas, que tienen arrocabe, pero no tirantes, como la de la vivienda de un canónigo sevillano que en «lo alto es tejado a un agua e tiene un saquiçami de lazo con su arrocabe a la redonda» (ACS 1542: 264vº; “zaquizamí” está documentada desde 1490 en las Ordenanzas del Cabildo de Sevilla, 1527: CXLIX). Es una evidencia que el modelo general evolucionó de manera diferente a ambos lados de la frontera medieval y del Estrecho, acentuándose los valores plásticos en las armaduras cristianas, que mantuvieron el rigor estructural y grandes luces, mientras las andalusíes y africanas, con luces menores, son mucho más extensas, conservaron los valores de la geometría, hasta desvincularla de las soluciones constructivas, de acuerdo con la tendencia general de la arquitectura musulmana.
Álvaro Jiménez Sancho y alfonSo Jiménez martín ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 5 Es decir, a comienzos del XVI seguían cuidando las armaduras estribadas y atirantadas que cubrían la antigua nave noroccidental del patio de los Naranjos, la vieja claustra de San Esteban, donde se alojaba desde el XV el Sagrario y parroquia de San Clemente. En 1587 Alonso de Morgado publicó la primera historia de Sevilla, dedicando atención a lo que quedaba de la aljama, que comparó con la Kutubīya de Marrkuš (Morgado 1587: 95vº) siguiendo a Luis del Mármol (Mármol Carvajal 1573: 3, 40, 28): Las Naves unas, y otras tienen los Techos de madera de Alerze muy incorruptible, y olorosa, que por fuerça se avia de traer por la Mar desde Berberia, donde dizen, que lo ay solamente, sino es, que sea verdad, lo que por tradicion quieren algunos dezir, que todo el campo de Tablada, y alrededores de Sevilla estavan llenos destos arboles Alerzes por tiempo de Godos. Pero no aver en esto nuestro alguna muestra, ni señal de renuevos, parece lo contradize. Las Alfardas, y Tirantes dela techumbre tienen los cabos, que se entran en las paredes todo de madera de Olivo, que del todo es mas incorruptible, con Ençaxes tan ajustados con los Alerzes, que por ninguna via fe divisavan las junturas. Lo qual pone en mucha admiracion a los Carpinteros de nuestro tiempo, por ser obra en estremo costosa, y de muchissima flema, que dizen bien la curiosa Fabrica, y mucha perpetuidad, que los Moros procuravan a esta su gran Mezquita (Morgado 1587: 95vº y 96). Morgado, como «indigno sacerdote», quizás no supiera nada de carpintería, pero parece que consultó a los maestros de la generación que formó a Diego López de Arenas, el tratadista de la materia (Toajas Roger 1989), y por ello puso en duda la leyenda urbana de los alerces y los olivos; lo importante para nosotros es que describió una estructura, en cuanto a organización resistente, de la misma línea evolutiva de la de Teruel, con aliceres, alfardas y tirantes (Nuere Matauco 1989: 260 y 371) que constituyen casi toda la apariencia visible de una armadura. Estas estructuras se perdieron en el siglo XVII; quizás las primeras en caer fueran las occidentales (naves de los Caballeros o de la Granada), desmontadas en 1618, pues en abril empezó en su solar la cimentación de la actual iglesia del Sagrario (Bravo Bernal 2008: 67 y fig. 127) incluido el derribo, mediante un corte limpio, de dos módulos y medio de la galería adyacente (claustra de los Compañeros); hacia 1630 la cubierta de 2. DOCUMENTACIÓN SOBRE LAS ARMADURAS DE CUBIERTA DEL PATIO Cuando en 1506 la obra gótica de la catedral estuvo terminada (Jiménez Martín 2013a: 294), solo quedaban en pie las galerías del patio, cuyas cubiertas seguían teniendo estructuras de madera; por su tamaño no sorprende que en 1511 tuvieran tirantes además de aliceres, lo que confirma el modelo estructural … pagué mas por otro mandamiento fecho en xvii de diciembre a Damián de Mesa siete mil e seyscientos e treinta e seys maravedíes por pintar de naranjado las tirantes e techumbre de la Nave del Sagrario […y ] pagué mas por otro mandamiento fecho en xvii de diciembre a Andres de Nadales pintor cinco mill e quatroçientos maravedíes por pintar el çaquiçami del Sagrario (ACS 1511: 7). Figura 2. Vista general de la armadura de la catedral de Teruel. Fotografía de Alfonso Jiménez Martín.
ARQUEOLOGÍA Y CONSERVACIÓN: ALICERES EN LA CATEDRAL DE SEVILLA Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 6 y viviendas y pasó a ser el «Sagrario Viejo», por lo que imaginamos que siguieron existiendo tales estructuras hasta el siglo XIX. 3. CIRCUNSTANCIAS DE UNOS HALLAZGOS La obra de la sacristía del Sagrario, realizada entre 1657 y 1659, consistió en “soberar” lo que quedaba de la antigua galería de los Compañeros, cuyas dimensiones y proporción eran idóneos, ya que los arcos almohades que abren al patio ofrecen hoy día una altura libre, de suelo a clave, que alcanza 7,80 m, mientras por el exterior el límite superior está a 12,10 m sobre las gradas que rodean el edificio; tomando como base los cinco arcos que subsistían completos, más el fragmento que restaba del que formó el rincón noroeste del patio, esta última dejó una interfaz en la fachada manierista de piedra que es uno de los datos que estudiamos. En abril de 1657 (Cruz Isidoro 1997: 73) se decidió hacer en lo que restaba de la misma claustra la sacristía del templo parroquial, cuyo interior se terminó en 1659 (Bravo Bernal 2008: 117 y 120 y ACS 1657: 5 a 9, con azulejos fechados en 1657). Las cubiertas del lado opuesto del patio de los Naranjos, que habían protegido el contenido de la capilla real y posteriormente a la biblioteca, fueron derribadas y sustituidas por bóvedas entre 1677 y 1678, como acredita el canónigo Loaysa, que aún vio los «techos de alerce» en la claustra del Lagarto, la más cercana a la Giralda (Guillén Torralba 2006: 237-242). Las armaduras de San Esteban, las que se reparaban en 1511, no sabemos cuándo se perdieron, pues siguió la nave siendo Sagrario hasta la inauguración de la nueva iglesia en junio de 1662 (Falcón Márquez 1999: 145), momento en que se repartió entre oficinas, almacenes Figura 3. Fotografía de la impronta de un tejado desaparecido que intestó sobre la fachada del siglo XVII de la iglesia del Sagrario. Fotografía de Alfonso Jiménez Martín.
Álvaro Jiménez Sancho y alfonSo Jiménez martín ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 7 voltearon un cañón de ladrillo con cinco arcos fajones duplicados y uno simple, con un luneto en cada arco, en los que abrieron óculos al patio, sobre un pasadizo derribado en 1970; la bóveda tiene 6,40 m de diámetro y 20 cm de espesor y su clave enrasa con la parte alta de la cornisa dórica de la fachada pétrea de la iglesia, la más baja de las tres en que se divide el gran paramen- to. Como planta alta quedó un camaranchón igual de extenso, cuya altura libre, medida desde el lomo de la bóveda a la interfaz de su armadura era de 3,90 m; para darle utilidad se soló con ladrillos raspados, colocados a la palma, y para su acceso hicieron un caracol en el rincón noroeste; se usó como archivo y almacén, para lo que abrieron tres ventanas a la fachada de la calle Alemanes (C[uesta] y P[aulín] 1850: 172). El gran espacio de la sacristía estaba subdividido a comienzos del siglo XIX por medio de dos muros que definían un vestíbulo central, donde entre 1969 y 1973 (Gómez de Terreros y Guardiola y Díaz Zamorano 2002: 63) hizo obras el arquitecto Félix Hernández Giménez, continuadas por el párroco de entonces hasta su precaria conclusión en 1979 (Bravo Bernal 2008: 316-317) en las que, tras desmontar el tramo central de la bóveda de 1657 correspondiente al vestíbulo, ocuparon este con un núcleo vertical de comunicaciones y aseos para servicio de la planta superior, en la que se instaló un cine parroquial, un almacén y dos salas de reuniones, abriendo otra ventana a la calle Alemanes y unas lumbres acristaladas en el tejado. La cubierta actual de este camaranchón, que tiene tirantes simples y carece de canes y arrocabe, está replanteada a partir del muro de la iglesia para que la cornisa jónica de este proteja el contacto; muestra una reparación general consistente en carreras y jabalcones que disminuyen la flexión de sus exiguas piezas, arreglo que debe ser de los años setenta del siglo XX, pues integró los lucernarios; esta cubierta actual está a demasiada altura, pues su cumbrera alcanza al único merlón almohade conservado de los que coronaban la puerta del Perdón y su bocateja se apoya en un banco que lo levanta 70 cm sobre el listel de los merlones conservados de la fachada, los almohades originales (Jiménez Martín 2018: 316-317 y 294). Figura 4. La alcatifa del camaranchón de la sacristía del Sagrario donde se halló el primer alicer. Fotografía de Álvaro Jiménez Sancho.
ARQUEOLOGÍA Y CONSERVACIÓN: ALICERES EN LA CATEDRAL DE SEVILLA Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 8 En un laboratorio especializado se ha determinado que la policromía de la acanaladura va directamente sobre la madera; en el color rojo se ha encontrado bermellón al temple con goma arábiga como aglutinante y en la pintura de color negro, que es temple de origen animal, se ha hallado carbón vegetal; en la muestra analizada hay una capa blanca de yeso y arcilla blanca. La tabla, una vez consolidada, fue debidamente enmarcada por encargo de la doctora Laguna Paúl, conservadora de las colecciones capitulares, quedando expuesta en la segunda cámara de la Giralda. En 2016 se realizó una importante obra en el antiguo camaranchón, que obligó a limpiar y consolidar la bóveda por completo, hallándose otra pieza de madera similar y en circunstancias espaciales y arqueológicas La impronta advertida en 2010 no tiene esos problemas, pues está 1,38 m por debajo del lomo de la cumbrera del tejado actual y toca la cara interna del muro sur 60 cm más abajo que la actual, de la que se desvía 22 cm al norte, señal de que el muro exterior ha aumentado de espesor; es evidente la diferencia de pendiente, pues la actual es de 40º y la de la interfaz, con reparaciones, se aproxima a 37º. La documentación permite datar la cubierta nueva que sustituyó a la de la impronta, pues pagaron a «Treinta y tres mil novecientos y setenta y seis maravedíes que por libranza e contaduría de 10 de dicho mes y año [diciembre de 1661] Martín de Arate por la clavazón de fierro que dio para la armadura de la Sacristía del Sagrario nuebo» (ACS 1661: 6vº), cantidad muy importante que indica que no fue una restauración, sino una estructura nueva, con mucha ferretería, la normal cuando se diluyeron los principios de la «Carpintería de lo Blanco». Aunque la bóveda de la sacristía se conserva bien, en 2010 advertimos hundimientos inexplicables en el suelo del cine parroquial, pero hasta 2012 no pudimos reconocer la alcatifa existente entre el trasdós de la bóveda y la solería horizontal del camaranchón, que resultó estar enjarrada con loza quebrada (cfr. Jiménez Sancho 2000, 2001 y 2002) mezclada con cascotes; entonces identificamos las partes altas de los arcos almohades de la claustra de los Compañeros, con rastro de su decoración original, y entre los escombros se halló la primera tabla, carcomida pero virtualmente intacta. Se infiere que quedó incluida en la alcatifa entre 1657, año en que se terminó la bóveda, y 1661, fecha del nuevo tejado; obviamente formaba parte de la techumbre medieval, caída en el seno de la bóveda durante el derribo, pues se mezcló con la alcatifa al nivelar el trasdós para solar el camaranchón. La tabla es de conífera, de la familia Pinacea, concretamente de Pinus Sylvestris; su altura total es de 47,4 cm, la base mide 23,3 cm y tiene un espesor de 3,5 cm; el anverso es plano y está decorado, mientras el reverso conserva algo de la curva del tronco. La decoración consiste en surcos agramilados, rellenos de policromía, formando la silueta esquemática de una especie de nicho o ventana, con un arco trilobulado y bulboso, cuya base queda próxima a la de la propia tabla; muestra sendas volutas, como zarcillos sin cerrar, ubicadas en el cambio de curvatura entre los lóbulos laterales y la parte alta que, a su vez, tiene figura bulbosa y apuntada; sobre ella, en el mismo eje vertical, se trazó un hexágono estirado; el contorno de ambos se reflejó a izquierda y derecha y se cerró por arriba, como muestran las imágenes. Figura 5. El primer alicer hallado en la alcatifa. Fotografía de Artyco S. L.
Álvaro Jiménez Sancho y alfonSo Jiménez martín ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 9 en la superficie de la tabla que tal vez fuera blanca, tez obtenida mediante yeso. Es evidente que cada una de estas dos tablas constituye por sí sola un campo decorativo autónomo, pues sus dibujos carecen de conexiones compositivas o materiales con partes adyacentes y sus dimensiones son idénticas, sugiriendo la ubicación que inmediatamente veremos. No entramos en el análisis compositivo de las formas y colores que ofrecen las tablas por ser este artículo ajeno a cuestiones artísticas. El mismo día en que se localizó la primera tabla consultamos al doctor Almagro Gorbea, arquitecto de la Escuela de Estudios Árabes, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que apreció la importancia del hallazgo y la conveniencia de realizar un análisis de radiocarbono; así se hizo en el Centro Nacional de Aceleradores, acreditando que la tabla es antigua, pues con un 95 % de probabilidad se fecha entre los años 994 y 1155, lo que quiere decir que es de época islámica y no de la etapa cristiana. Por lo tanto, pertenecieron a la techumbre original de la aljama y concretamente a dos aliceres intercalados entre parejas de tirantes contiguos, como acredita la Kutubīya de Marrkuš. 4. OBSERVACIONES Y ANTECEDENTES HISTORIOGRÁFICOS Estas tablas es lo que esperaban los arquitectos que restauraron el patio antes de 1973, especialmente Félix Hernández Giménez, que entre 1941 y 1973 efectuó numerosos derribos de estructuras modernas que ocultaban parte del patio, pues pretendía, y prácticamente lo consiguió, devolver a este parte de la apariencia que, según sus indagaciones, tenía en época almohade, como explica la publicación póstuma de sus documentos (Gómez de Terreros y Guardiola 1999 y Gómez de Terreros y Guardiola y Díaz Zamorano 2002). En un proyecto que firmó en 1969, destinado a restaurar la nave del Lagarto, mencionó dos estructuras de madera distintas: … de que estuvo dotada la indicada nave, y de que perduran, en lo alto, las cajas de entrega de las alfarjías del atirantado, reposición, a la que ha de acompañar la limpieza y encerado del tramo de alfarje existente en esa nave misma, procedente de la desaparecida iglesia de Sto. Tomás (Gómez de Terreros y Guardiola y Díaz Zamorano 2002: 61 y 62). muy parecidas, menos carcomida pese a estar hendida por la veta natural, siendo sus medidas 47,4 cm verticales, 11,6 cm horizontales y 3 cm de espesor; conserva más policromía, confirmando que eran negros el arco y el hexágono, y rojo todos los demás surcos, destacando Figura 6. El segundo alicer hallado en la alcatifa. Fotografía de Artyco S.L.
ARQUEOLOGÍA Y CONSERVACIÓN: ALICERES EN LA CATEDRAL DE SEVILLA Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2019.012 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 16, enero-diciembre 2019, e090 16 Hispalensis. Recuperación de la Aljama almohade, pp. 13-22. Cabildo Metropolitano, Sevilla. Toajas Roger, M.ª de los Á. 1989: Diego López de Arenas. carpintero, Alarife y Tratadista en la Sevilla del siglo XVII. Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla. Nuere Matauco, E. 1989: La carpintería de armar española. Ministerio de Cultura, Madrid. Nuere Matauco, E. 2010: Dibujo, geometría y carpinteros en la Arquitectura. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Roldán Castro, F. 2002: “De nuevo sobre la mezquita aljama almohade de Sevilla: la versión del cronista cortesano Ibn Sahib al-Sala”, Magna