En defensa del estatuto científico de las investigaciones en comunicación. [Reseña del libro] "Teorías de la comunicación". Miquel Rodrigo Alsina, 2003
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625Reseñas y mayo de 2000, así como otras composiciones más breves publicadas en este mismo diario entre los meses de junio de 2000 y mayo de 2001; se incluyen, además, algunos textos que no llegaron a publicarse. Cuentos que fueron noticia se desliza entre el terreno difuso que separa el Periodismo de la Literatura. Una carta de Elvis tan a destiempo que ahora puede formar parte de sus bienes subastables, perros que muerden a niños y ancianos, demandas que tasan la felicidad, amenazas que oprimen, guerras sin sentido, mensajes que informan sobre la existencia del cielo, muertos que regresan… fueron argumentos de una realidad, noticias casi de cuento, que dieron pie a estos artículos, un género periodístico que conserva la interdependencia que mantienen Periodismo y Literatura. En el artículo “Libros menores”, el autor reivindica este pequeño espacio que el periódico se reserva para construir, a la larga, un trabajo literario que contiene una unidad no pretendida: “Amo estos libros de recopilaciones de textos porque conservan la espontaneidad del momento y las confesiones que no caben en otras obras de arte mayor. Aquí se puede hablar de todos estos menesteres que nos preocupan durante sólo un día, de aquellas esperanzas que no sobrevivieron a los meses y de esas otras escaramuzas con las que solemos engañar a la vida, pero que no nos vale para despistar a los sueños”. Periodismo y Literatura son también dos disciplinas complementarias. Mª Ángeles Fernández Barrero Universidad de Sevilla EN DEFENSA DEL ESTATUTO CIENTÍFICO DE LAS INVESTIGACIONES EN COMUNICACIÓN RODRIGO ALSINA, MIQUEL: Teorías de la Comunicación. Ámbitos, métodos y perspectivas, Valencia, Universitat de València; Castelló de la Plana: Publicacions de la Universitat Jaume I, Barcelona: Universitat Pompeu Fabra; Bellaterra: Universitat Autònoma de Barcelona, Servei de Publicacions, 2001, 236 pp. La idea de que un investigador necesitaría un 10% de inspiración y un 90% de transpiración, que tanto gusta de citarse, es servil y su objetivo es prohibir el pensamiento. Th. W. Adorno Esta obra indispensable para los ámbitos académicos y científicos presenta la importancia de concretar y estudiar cuales son las demarcaciones de la investigación en comunicación que sostienen su estatuto científico. Ya conocemos todos la juventud de la oficialidad de esta disciplina, pero Rodrigo Alsina muestra además la solidez de estos estudios cuya referencia de partida sitúa en la publicación de Miguel de Moragas, Teorías de la Comunicación (1981), y en otra de
626 Reseñas Ángel Benito, Fundamentos de Teoría General de la Información (1982). Rodrigo Alsina se declara partidario de comenzar esta defensa desde la propia designación de la disciplina adoptando Teoría de la Comunicación, que es también la sostenida por Miguel de Moragas Spá. Los estudios sobre la comunicación de masas, como observa el propio Moragas Spá, han sido subordinados al contexto social y a la realidad comunicativa en los que se han desarrollado. La historia de los medios de comunicación han reflejado los valores y juicios sociales que sobre los medios se han establecido a lo largo de la propia historia humana. Dependiendo de la zona geográfica, de cada país, de su desarrollo social y de sus decisiones políticas, la investigación sobre comunicación ha tomado una u otras directrices (normalmente bajo la demanda de los poderes de acción y decisión). Desde un principio, Rodrigo Alsina considera que la actividad de la investigación debe estar en contacto con el mundo real, y advierte del peligro de profesores encerrados en sus asignaturas cayendo en un autismo científico. Por ello, estima fundamental el desarrollo epistémico de la comunicación y establece un marco pluridisciplinar para el progreso de esta disciplina. Sobre ello, Moragas dice (1981:10)1: “La investigación sobre comunicación de masas es, propiamente, un conjunto de investigaciones aplicadas que, como veremos, son el resaltado de irregularidades y descompensadas aproximaciones a un objeto que, de hecho, es común a diversas ciencias sociales”. Efectivamente, la comunicación es objeto de investigación de muchas ciencias sociales y de humanidades haciéndolo un territorio fronterizo, un espacio epistémico temporal por el que los saberes transitan por aquí sin apenas habitarlo. No obstante, la comunicación es una disciplina que debe auto-organizarse y no ordenarse en sistemas cerrados como dicta el pensamiento occidental/cartesiano. La investigación académica suele recaer en este problema potenciado por los estudios británicos en los que el neopositivismo está muy arraigado y también en las corrientes funcionalistas norteamericanas. Más que un sistema cerrado, la comunicación es un sistema auto-eco-organizado que nos permite hablar de interacciones entre sistemas y de ecosistemas con sus lazos auto-organizadores establecidos. Ya nos avisa Morin claramente sobre la problemática de la información y remite su estudio a la Teoría de la Comunicación2. La información se integra perfectamente en la noción organización biológica (genética) y en la Física (termodinámica). Por ello, tal como establece Morin, la información no es una solución sino un concepto que establece vínculos, es un concepto problemático. La información posee un aspecto comunicacional y otro estadístico: “El aspecto comunicacional no da cuenta para nada del carácter poliscópico de la información, que se presenta a la observación ya sea como memoria, ya sea como saber, ya sea como programa, ya sea como matriz organi- 1 Vid. Moragas Spá, M. (1981): Teorías de la comunicación, Barcelona, Gustavo Gili, 1990. 2 Vid. Morin, E. (1990): Introducción al pensamiento complejo, Barcelona, Gedisa, 1997.
627Reseñas zacional... El aspecto estadístico ignora, incluso desde la perspectiva comunicacional, el sentido de la información, no aprehende más que el carácter probabilísticoimprobabilístico, no la estructura de los mensajes, y, por supuesto, ignora todo el aspecto organizacional” (Morin, E., 1990:49-50). Según los trabajos de Morin y de los investigadores de la complejidad, en cuyos inicios debemos situar también a Wiener, Parsons, Watzlawick, Maturana y Varela, Luhmann o a Piaget, todos por sus implicaciones en las teorías sistémicas, la comunicación es una disciplina que pierde valores naturalistas. Creciendo en una epistemología postempirista y neoanalítica surge un giro hacia una epistemología sistémico-estructural cuya idea nuclear consistirá en un mundo construido antes incluso de que participe nuestra propia experiencia. Estamos frente a unos presupuestos idealistas que respaldan más las consecuencias hermenéuticas de la realidad. Ellos piensan que el lenguaje es el punto de confluencia; sólo desde aquí tiene existencia nuestro yo y la comunicación con los otros. No obstante, estos pensadores matizarán esta visión desde la autorreferencialidad de la experiencia común, desde la experiencia científica y desde el desarrollo de las teorías de autoorganización y recursión. Rodrigo Alsina, Morin, Maturana y Varela confluyen en su percepción epistémica. La ciencias de la comunicación deben retroalimentarse como un ser vivo, a través de su organización circular; dicho de otro modo, coinciden en la formulación de una teoría del conocimiento basado en la formulación de los sistemas autopoéticos que a través de sus integraciones regeneran y realizan la red de procesos que los ha producido. A pesar de lo dicho, las ciencias de la comunicación es una disciplina caracterizada por la complementariedad de las nociones de apertura y clausura, es decir, se comportan como sistema abierto y también como sistema cerrado. Son estructuras (abierto) y también organizaciones equipadas de permanencia e identidad. De este modo parece emerger en las ciencias de la comunicación una nueva lógica circular opuesta a la tradición lineal del saber científico. De la importancia de las relaciones en la teoría es conciente Rodrigo Alsina, quien afirma: “La tendencia actual en las teorías de la comunicación es hacer un tipo de aproximación global, o al menos, establecer las interrelaciones entre las distintas formas de comunicación” (p.52). De este modo, la comunicación emplea unidades globales no diseccionables, se apoya en movimientos de apertura y en movimientos de clausura, al tiempo que utiliza nexos entre lo que es el sistema-estructura y el sistema-entorno, ofreciendo lo que Luhmann, considera una interpretación operativa de los fenómenos sociales. La comunicación surge como una ciencia autorreferencial o lo que es lo mismo, que contiene información sobre ella misma, y además es autopoética, se transforma mediante la autorreferencia. Dice D´agostini3: “También para Luhmann, como para otros teóricos de la complejidad, la conside- 3 Vid. D´Agostini, F. (1997): Analíticos y continentales, Madrid, Cátedra, 2000, p.531
628 Reseñas ración de la autorreferencialidad recursiva, que se remite a un mismo título en la investigación fenomenológica sobre la experiencia del sentido, en el análisis sistémico, y en biología, permite anular la diferencia entre las two cultures, entre la orientación técnico-científica y la humanista-hermenéutica. El modo en el cual opera esta convergencia es la comprobación de una identidad substancial entre el problema científico de la complejidad y el hermenéutico del sentido”. Precisamente, cuando esta identidad se enreda y el teórico duda y construye ciencia confundido, produce efectos no deseados como recoge Rodrigo Alsina: “La falta de integración de los distintos tipos de comunicación ha producido que haya conjuntos de teorías sobre cada clase de comunicación pero apenas enlaces entre ellas” (p. 53). En la obra de Rodrigo Alsina, Mattelart o Moragas Spá el estudio de las Teorías de la Comunicación está ubicado epistemológicamente e ideológicamente en la investigación de la Comunicación de Masas (Mass Communication Research), siendo los estudios de Harold Lasswell y el impacto de la propaganda de los primeros contenidos estudiados. Es el enfoque empírico-funcionalista de los medios masivos de comunicación, en el que figura también los nombres de Paul Lazarsfeld y Carl Hovland. Desde aquí, las investigaciones se encaminan a través de distintas corrientes filosóficas y sociológicas, sucediéndose en la descripción y en el desarrollo del libro las principales escuelas y más influyentes pensadores que configuran con sus esfuerzos la casi totalidad de la historia de las Teorías de la Comunicación. En este sentido, es muy importante y considerable el esfuerzo de Rodrigo Alsina por reflejar las principales líneas de trabajo actualizada a nuestros días en una división por países y por contenidos (veáse en el Capítulo I, Epígrafe 4, titulado La situación de la investigación en comunicación, páginas 79-118, dividido en los subepígrafes: 4.1 Introducción; 4.2. La investigación en Estados Unidos; 4.3. La investigación en Europa; 4.4. La investigación en España; 4.5. La investigación en Catalunya; 4.6. Los retos actuales de la investigación). De su lectura y de las siguientes páginas, podemos establecer un elemento epistémico original en las teorías de comunicación desarrollada en todas las investigaciones, como observa Rodrigo Alsina, y es su múltiple carácter disciplinario: la comunicación es pluridisciplinar, interdisciplinar y transdisciplinar. La pluridisciplinariedad consiste en la suma o yuxtaposición de los conocimientos propios de distintos saberes científicos. La interdisciplinariedad se diferenciaría desde cuando contrasta puntos de vista e intercambia metodologías buscando también un objeto común. Si esta colaboración entre saberes llegara a ser completa estaríamos hablando de transdisciplinariedad, es decir, cuando las teorías y los conceptos son comunes entre las diversas ciencias sociales y humanas. Surgen aquí de nuevo las cuestiones filosóficas de la comunicación, la posibilidad epistémica de estas modalidades disciplinares siempre respaldadas por la razón en un mundo donde sólo es verdad lo racional. Pero a pesar de ello, del fuerte respaldo social que ya tiene esta disciplina como ciencia, todavía se hace necesario una reflexión crítica sobre lo
629Reseñas científico de la comunicación. Rodrigo Alsina no rehuye la duda en su obra. Así recoge la opinión de Valbuena, quien se pregunta sobre la posibilidad de establecer el estatuto gnoseológico de la teoría general de la información. Pensamos que es un error la desvinculación de la epistemología de la biología, de los principios de las ciencias naturales, como hemos pretendido mostrar en las primeras líneas, por lo mismo que observa Rodrigo Alsina, porque estaríamos haciendo una ciencia demasiado idealista y poco realista; aunque como observaba Husserl es necesario lo transcendental en la ciencia, porque si no estamos condenados a un empirismo y observacionismo propio de un radical y erróneo positivismo. Aunque sobre esto, Rodrigo Alsina introduce una cita de Giddens en la que explica lo equivocado de aquellos investigadores por otorgarle el mismo poder explicativo a las ciencias humanas que a las ciencias de la naturaleza, y se refiere a los elementos positivistas introducidos por Marx en su obra. Sin embargo, discrepando un poco del autor, esto hay que completarlo. La epistemología clásica es un fracaso en este punto. Debemos defendernos de la tradición positivista y recoger las palabras de T.W. Adorno4 que son muy explicativas sobre esto: “En las ciencias sociales, a diferencia de lo que ocurre en las ciencias naturales no puede avanzarse desde la parte al todo, pues en ellas el momento conceptual del todo tiene una lógica que nada tiene que ver con la unidad de notas común a los elementos particulares, y este todo, precisamente en virtud de su mediación conceptual, tampoco tiene nada en común con esas totalidades y formas que se presentan siempre como algo inmediato, la sociedad se asemeja antes a un sistema que a un organismo”. Adorno prefiere explicar la sociedad como sistema rehuyendo de la investigación empírica que opera sólo desde simples hipótesis, y no la contempla más como objeto que sería lo lógico, pues la sociedad no es, en palabras suyas, un atlas social ni en sentido literal ni en sentido figurado. Adorno es muy tajante con esto, y reconoce que la sociedad no puede reducirse a la vida inmediata de sus miembros, ni tampoco piensa que pueda reducir a un conjunto de hechos objetivos y subjetivos que provengan de ella, y mucho menos, piensa que las ciencias sociales puedan reducirse a una mera descripción. La epistemología clásica conduce en múltiples ocasiones a una cosificación del método, como nos dice Adorno, basándose en la investigación empírica se construye un simulacro del conocimiento del mundo real, dando o creando una imagen de proximidad, de cercanía, cuando sólo estamos frente a la apariencia. Introduce Adorno además otro aspecto importante como son las controversias científicas: “La investigación social empírica debería deshacerse totalmente del prejuicio de que la investigación habría de comenzar como una tabula rasa en la que ir disponiendo los datos hallados sin partir de supuesto alguno, y naturalmente debería acordarse de las controversias epistemo- 4 Vid. Adorno, T.W. (1972/ 1975): Epistemología y ciencias sociales, Madrid, Cátedra, 2001, p.32.
630 Reseñas 5 Vid. Velasco Gómez, A. (1997): Racionalidad y cambio científico, México, UNAM/Paidós, p. 101 y ss. 6 Vid. Sierra Caballero, F. (1999): Elementos de la Teoría de la Información, Sevilla, MAD, p. 24. lógicas mantenidas durante tanto tiempo, que la conciencia disneica olvida demasiado fácilmente apelando a las urgentes exigencias técnicas. A la ciencia escéptica le convendría ser escéptica ante su propio ideal ascético”. Las preguntas sobre si estamos capacitados para imaginar una teoría de la comunicación, o si existen claras diferencias con otra teoría de la información fueron publicadas también por Robert Escarpit en Théorie général de l´information et de la communication (Hachete, Paris, 1976) y también han sido formuladas más recientemente por Bernard Miège en La pensée communicationnelle (Presses universitaires de Grenoble, 1995). Justo en lo que coinciden estos autores es en la incomensurabilidad de las “teorías generales” publicadas; ello es un grave problema epistémico que padece la ciencia frente a la traducción de las teorías. Dice sobre esto Miège: “las publicaciones de teorías generales se sucedieron a intervalos regulares, sin que sus autores se apoyaran en las teorías precedentes para refutar los argumentos o incluso…para retomar sus elementos clave. Sucede como si un abuso de autoridad teórico tuviera más oportunidad de triunfar, si el autor (o la corriente), al hacer tabla rasa del pasado científico, afirmara por esto con más convicción la radical novedad de su propósito”. Las controversias han sido siempre un grave problema en la que los científicos han pretendido validar sus propias teorías mediante la demostración del error de sus adversarios y así, decidir las controversias a su favor. Rodrigo Alsina recoge esta cuestión cuando estudia la epistemología de Kuhn. Las controversias son necesarias en las ciencias de la comunicación como lo son en otras ciencias. La comunicación no puede avanzar en una suma de teorías, en una acumulación de datos que son cada vez más confirmadas (que sería tal como afirma Marcelo Dascal5, el ideal positivista), por el contrario, avanza reemplazando una teoría por otra, y en muchas ocasiones, son inconmensurables con ellas. Como afirmaba Popper en su principio de falibilidad y retoma Rodrigo Alsina en sus páginas, la comunicación deberá entenderse no como la confirmación de la teorías establecidas, sino como una reflexión crítica que pretende refutarlas buscando la verdad, y no como advierten nuestros autores persiguiendo el escepticismo o el relativismo. Dice Francisco Sierra6: “Pensar la comunicación, abordar y escribir sobre la información en nuestro tiempo es una tarea tan decisiva como compleja. En el actual contexto histórico, los procesos fundamentales de la comunicación son de una complejidad y densidad socioculturales re-veladoras”. Por ello y concluyendo sobre Teorías de la Comunicación de Miguel Rodrigo Alsina damos cuenta, a la vez que Francisco Sierra, de la complicada singladura que supone esta investigación desde la pluralidad y la fragmentación de este territorio de la indagación científica emplazada entre redes materiales e inmateriales, entre lo biológico o
631Reseñas natural y lo social, entre lo simbólico y lo real, entre lo cultural y lo técnico, entre la economía, la microperspectiva, la macroperspectiva, el sujeto, el objeto, el individuo, lo moderno, lo global y la aldea. De todo ello, Miguel Rodrigo Alsina ha formalizado una incomparable y admirable explicación científica y académica. Fernando Ramón Contreras Universidad de Sevilla OPINIÓN PERIODÍSTICA Y PERSUASIÓN SANTAMARÍA SUÁREZ, Luisa y CASALS CARRO, María Jesús: La opinión periodística. Argumentos y géneros para la persuasión, Fragua Editorial, Madrid, 2000, 398 pp. ROIZ, Miguel: La sociedad persuasora. Control cultural y comunicación de masas, Eds. Paidós, Barcelona, 2002, 288 pp. Dos libros, dos enfoques complementarios: el que llevan a cabo desde la ciencia periodística las profesoras Santamaría y Casals, y la visión del sociólogo de la comunicación en el texto del profesor Roiz. El primero de los libros tiene la ventaja de conectar los géneros periodísticos más persuasivos con la teoría persuasora. Después, si el lector desea centrarse más en este último aspecto deberá acudir al libro de Miguel Roiz. Siete capítulos conforman la obra de Santamaría y Casals. En ellos pueden apreciarse las conexiones entre el discurso periodístico persuasivo y las técnicas de persuadir, todo ello sin olvidar una parte dedicada al análisis de contenidos que viene a completarse con los numerosos documentos periodísticos que utilizan las autoras para fundamentar sus argumentos. Precisamente el capítulo IV, dedicado a desmenuzar las distintas formas de la argumentación en el periodismo, es para mí el más brillante por su complejidad, que las autoras convierten en algo asequible gracias a la claridad expositiva y, de nuevo, al apoyo empírico textual. Se refieren, por ejemplo, al caso de Francisco Umbral, un autor que desea apasionar y que domina las técnicas de cómo lograr sus fines (p. 223 y ss.). Desde el principio, las autoras dejan claro que existe un lenguaje periodístico, que periodismo y literatura son disciplinas diferentes. Sentada esta premisa, se preocupan por el lenguaje periodístico en el que hallan tres “vicios, abusos o agresiones que cercan el género periodístico más utilizado en la actualidad -el relato interpretativo- y que amenaza a la prensa independiente y objetiva. Estos son el lenguaje literario, el lenguaje administrativo y el lenguaje de base oral” (p. 25).