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La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después: la disputa por el relato

Molina Campano, Eduardo Manuel; Moloi, Tshepo

Abstract

Este artículo provee un estado de la cuestión sobre un acontecimiento parteaguas en la historia de Sudáfrica, la Masacre de Sharpeville del 21 de marzo de 1960 durante el régimen de Apartheid. Se ha visto pertinente incluir un apartado de antecedentes históricos que ayuden a contextualizar el episodio. La re-visitación de la Masacre de Sharpeville se justifica porque 65 años después aún no existe consenso sobre lo ocurrido. Este trabajo pretende explicitar este debate historiográfico, pero además aporta una interpretación que nace de comparar las versiones existentes con algunas fuentes primarias, archivísticas y orales, seleccionadas sobre el terreno.

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Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202 ISSN: 1696-2060 © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202 185 LA MASACRE DE SHARPEVILLE, SUDÁFRICA, 65 AÑOS DESPUÉS : LA DISPUTA POR EL RELATO THE SHARPEVILLE, SOUTH AFRICA MASSACRE 65 YEARS LATER: THE DISPUTE OVER THE STORY Resumen: Este artículo provee un estado de la cuestión sobre un acontecimiento clave en la historia de Sudáfrica, la Masacre de Sharpeville del 21 de marzo de 1960 durante el régimen de Apartheid. Se ha visto pertinente incluir un apartado de antecedentes históricos que ayuden a contextualizar el episodio. La re-visitación de la Masacre de Sharpeville se justifica porque 65 años después aún no existe consenso sobre lo ocurrido. Este trabajo pretende explicitar este debate historiográfico, pero además aporta una interpretación que nace de comparar las versiones existentes con algunas fuentes primarias, archivísticas y orales, seleccionadas sobre el terreno. Palabras claves: Apartheid, Afrikáner, CNA, PAC, Sharpeville Abstract: This article provides a status of the issue on a key event in South Africa’s history, the Sharpeville massacre of 21 March 1960 during the apartheid regime. It has been appropriate to include a section on historical background which helps to contextualize the episode. The re-visitation of the Sharpeville massacre is justified because 65 years later there is still no consensus on what happened. This paper aims to explain this historiographical debate, but also provides an interpretation that comes from comparing the existing versions with some primary sources, archival and oral, selected on the ground. Keywords: Apartheid, Afrikaner, ANC, PAC, Sharpeville Eduardo M. Molina Campano* https://orcid.org/0000-0003-4031-8016 Universidad de Sevilla, España. E-mail: [email protected] Tshepo Moloi https://orcid.org/0000-0002-7004-3992 Universidad de Johannesburgo, Sudáfrica. E-mail: [email protected]a DOI: https://doi.org/10.36132/3x902n19 Recibido: 28 octubre 2024 / Aceptado: 16 mayo 2025 / Publicado: 15 junio 2025 * Research Associate, Department of History, University of Johannesburg. La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202186 INTRODUCCIÓN La Masacre de Sharpeville sigue siendo un acontecimiento sin consenso explicativo entre los historiadores, politólogos y sociólogos que se han acercado a investigar aquel fatídico suceso. Por un lado, están los testimonios de los policías involucrados explicitados en la Comisión Wessels en 1960. Por otro, las declaraciones de las víctimas o de sus familiares en la Comisión de la Verdad y Reconciliación en 1996. Entre unos y otros se hallan las versiones independientes de los periodistas que estuvieron presentes en el evento, a saber: Jan Hoek y Benjamin Pogrund, del Rand Daily Mail e Ian Berry y Humphrey Tyler de la revista Drum. Los puntos de desacuerdo giran sobre cuestiones relacionadas con la manifestación multitudinaria durante esa mañana del día 21 de marzo, como el número de individuos en la entrada de la Comisaría Policial; el carácter violento o pacífico de la concentración; si portaban piedras o palos; si las lanzaron a la policía; si llevaban armas o no; si los africanos negros dispararon al aire antes del tiroteo; y viceversa, si la policía provocó a la multitud; si usó la violencia en los arrestos previos; si alguien dio la orden de disparar; si fue un error humano ante la tensión del ambiente; o si se usaron ametralladoras. Ante este escenario contradictorio, la metodología que hemos utilizado ha sido la de contrastar la declaración del sargento Grobler contenida en los documentos del Archivo Nacional de Pretoria con el testimonio de uno de los pocos protagonistas vivos de la masacre, el militante del Congreso Pan Africanista, PAC en adelante, Abram Mofokeng. A partir de aquí el trabajo se ha centrado en analizar la bibliografía específica que se ha escrito con el objeto de contrastar a los autores con las declaraciones de Grobler y Mofokeng. En concreto, se analizan las obras de Norman Phillips, David Wels, Thula Simpson, Philip Frankel, Tom Lodge, y Nancy Clark y William Worger. El enfoque histórico utilizado incorpora herramientas de la sociología y las ciencias políticas tanto para analizar las organizaciones como el acontecimiento en sí mismo. Nuestra hipótesis es que el régimen de Apartheid personificado en el alto mando policial, en estado de pánico por la radicalización de los africanos, necesitaba darles una lección contundente. Cualquier excusa que surgiera al calor de la protesta sería utilizada para estos fines. Defendemos que no hubo “error humano” sino premeditación y alevosía orquestado por el odio racial, y de clase por parte de un grupo ultranacionalista privilegiado que justificaba su supremacía blanca y dominio con la cobertura de la iglesia holandesa reformada de origen calvinista. 1. ANTECEDENTES HISTÓRICOS 1.1. Las leyes discriminatorias Tras el fracaso de los Boers en la Guerra Sudafricana (1899-1902)1, y el establecimiento de la Unión bajo el estatus de dominio2 británico en 19103, el nacionalismo afrikáner se fue desarrollando en torno a un grupo de interés cultural, en términos de 1 Las causas inmediatas que llevaron a esta segunda guerra estuvieron en el papel jugado por las autoridades del Imperio Británico. En un primer momento, Cecil Rhodes, primer ministro del Cabo, con la anuencia del secretario colonial Joseh Chamberlain designado en 1895, intentó derrocar al presidente Kruger por la fuerza, pero no tuvo éxito. Sería el nuevo alto comisionado colonial, Alfred Milner, en 1897, quien presionó a Kruger para que redujera los años de residencia a los uitlanders, residentes ingleses, de 14 a 5 años para que tuvieran el derecho al voto. Kruger se negó y Milner, en septiembre de 1899, solicitó a la Oficina de Guerra británica 10.000 tropas en las provincias del Cabo y de Natal, ante lo cual, los presidentes de sendas Repúblicas Boers declararon la guerra a los británicos. 2 El estatus de Dominio fue oficialmente definido en la Declaración de Balfour de 1926 y en el Estatuto de Westminster de 1931, que reconocían a estos territorios como comunidades autónomas dentro del Imperio Británico. 3 Custodio Velasco, Las independencias de África, (Madrid, Catarata, 2019), 138. Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202 187 Vallés4, llamado Afrikaner Broederbond -hermandad afrikáner-. Esta asociación fundada en 1918 en Johannesburgo y convertida en una organización secreta en 1924, promovía la identidad y ayuda a los afrikáners5 en todos los ámbitos de la vida. El soporte de apoyo espiritual lo proporcionaba la Iglesia Holandesa Reformada de origen calvinista compuesta por tres ramas, a saber, la Nederduits Gereformeerde Kerk en el Cabo; la Nerderduits Hervormde Kerk en el Transvaal; y la Gereformeerde Kerk fundada por el propio Van Riebeeck. Las tres se repartieron la doctrina calvinista de la predestinación, de la que se derivaba la teoría de que los afrikáners eran un pueblo escogido por Dios para gobernar Sudáfrica. Esta afirmación de superioridad se complementaba con el convencimiento de la inferioridad congénita del africano y con la noción de que su ignorancia y condición enfermiza eran producto de una predispuesta anormalidad6. Un hito importante para la creación de su mitología como pueblo, como había ocurrido en Europa con el ultranacionalismo palingenésico fascista7, fue la recreación teatral del Gran Trek de 18388 con motivo de su centenario. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial se había ido dando un impulso económico en las industrias que estaban ubicadas en el espacio de las ciudades, lo que implicó un aumento ininterrumpido de influ4 Josep María Vallés, Ciencias Políticas, (Barcelona, Ariel, 2015, [2000]). 5 Así comenzaron a autodenominarse los Boers como descendientes de los colonos holandeses. 6 Norman Phillips, El racismo en Sudáfrica. La tragedia del Apartheid, (México, Era, 1962, [1960]), 92. 7 Roger Griffin, Fascismo, (Madrid, Alianza, 2019) 8 A partir de 1830, y luego de la llegada en los años previos de 5000 británicos a la zona del Cabo, los Boers decidieron emigrar hacia el este con la idea de encontrar un territorio propio donde mantener su modo de producción y de vida. A esta emigración de unos 15000 Boers en sus carretas hacia el interior de Sudáfrica, acaecida entre 1836 y 1840, le pondrían posteriormente el nombre de Gran Trek. jo de mano de obra negra. Esta realidad hacía muy difícil aplicar las leyes de pases de 19229 y el gobierno del Partido Unido liderado por Smuts, producto de la fusión de su Partido Sudafricano con el Partido Nacional de Hertzog en 1934, decidió aceptar la realidad y reformar el sistema para rebajar los niveles de presión respecto de la segregación10. Este cambio se concretó en la creencia keynesiana de que se requerían a los trabajadores africanos para el proceso industrial. Con estas ideas, que erosionaban el régimen de segregación “blando o pequeño Apartheid” de la Unión Sudafricana, el Partido Unido se presentó a las elecciones de 194811. El nuevo Partido Nacional Purificado, en adelante Partido Nacional, creado por el ultranacionalista Daniel Malan en 1935, se presentó a la campaña electoral de 1948 con el eslogan swart gevaar -en afrikáans-. Esto se traducía por el “peligro negro” que suponía para los blancos la rebaja de la presión sobre los africanos, y prometió que si ganaba la contienda establecería una política de Apartheid -el término aparece ahora-, es decir, de separación total entre las razas para proteger no solo a los afrikáners sino a la población blanca en general12. El primer paso para “institucionalizar”13 el régimen de Apartheid fue la aproba9 El principio propuesto en 1922 por la Comisión Stallard según el cual los africanos solo deberían estar en las ciudades para atender las necesidades del hombre blanco y por tanto debían salir de ellas cuando finalizara el trabajo realizado. De esta forma, los hombres africanos de más de 16 años debían llevar consigo un “pase” que debía recoger el permiso para trabajar y vivir en las zonas blancas. 10 Bill Freund, “South Africa: the Union years, 19101948, Political and economic fundations”, en The Cambrigde history of South Africa, 1885-1994, R. Ross, A. Meger, y B. Nasson, (eds.) (Cambrigde University Press vol. 2, 2011), 241,42. 11 Merle Lipton, Capitalism and Apartheid, South Africa, 1910-1984, (England, Gower, 1985), 20-22. 12 Gail Nattrass, A short history of South Africa, (Johannesburg, Johathan Ball, 2024, [2019]),166. 13 No estamos seguros si esa palabra es la que mejor define el momento, pues durante la Unión Sudafricana desde 1910 a 1948 -llegará hasta mayo de 1961la segregación, sin llamarse Apartheid toda- La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202188 ción de la Ley de Registro de la Población de 1950, que permitió clasificar a todos los grupos de acuerdo con la raza bajo los criterios de su apariencia física, su aceptación, reputación y más tarde su descendencia. Esta tarea no dejaba de ser algo surrealista teniendo en cuenta el proceso de mestizaje habido durante los últimos trecientos años de historia14. Empero esta clasificación, a diferencia de lo ocurrido en la Alemania Nazi, no tuvo como objetivo eliminar a la población negra para “descontaminar a la sociedad”, sino regular la relación económica entre las razas y asegurar la jerarquía racial blanca y sus privilegios a costa de la explotación de la población negra, mestiza e india. Por ende, el racismo afrikáner estuvo claramente asociado a la cuestión de clase en una suerte de capitalismo racial. La Ley de la Inmoralidad de 1949 y de los Matrimonios Mixtos de 1950 prohibían las relaciones sexuales y los matrimonios mixtos respectivamente para asegurar el mantenimiento de la pureza étnica afrikáner. Completaban el tándem legislativo la Ley de Áreas de Grupo de 1950, por la que se debía delimitar las áreas residenciales con criterios raciales; y la Ley de Prevención de la Ocupación Ilegal, que vetaba cualquier asentamiento fuera de los diseños oficiales15. La obsesión por la separación se extendió a todas las esferas de la vida como las instalaciones públicas, restaurantes, transportes, playas, la práctica del deporte, los cementerios o la donación de sangre. Los carteles de “solo blancos”, fungieron como dispositivo de sublimación para recordarles a los negros, indios y colorados, es decir, mestizos, que eran grupos subordinados. Uno de los objetivos primordiales del Apartheid fue vía, ya estaba institucionalizada a través de la aprobación de leyes discriminatorias en el Parlamento. 14 David Welsh, The rise and fall of Apartheid, (Johannesburg: Johathan Ball, 2020, [2009]), 53-54. 15 Deborah Posel, “The Apartheid Project: 1948-1970”, en The Cambrigde history of South Africa, 18851994, R. Ross, A. Meger, y B. Nasson, (eds.) (Cambrigde University Press, vol.2, 2011), 332-37. eliminar la competición económica de los trabajadores negros afianzando y generalizando las leyes de exclusión establecidas en las primeras décadas de la Unión Sudafricana. Estas leyes buscaban restringir los trabajos cualificados y de la administración pública a los blancos y para ello se les prohibía a la población negra y no blanca formar sindicatos, hacer huelga o abrir tiendas16. La Ley de Autoridades Bantú de 1951, fue auspiciada por el ministro de Asuntos Nativos, el profesor de sociología y doctor en psicología Hendrik Verwoerd, el arquitecto del Apartheid. La ley volvía a restablecer las antiguas organizaciones de representación tribal, nombrando o eliminando a los jefes tribales como un primer paso para la división territorial con criterios étnicos. Fue complementada en 1959 por la Ley de Autogobierno bantú que creaba diez zonas o territorios basados en la etnicidad (Zulú, Xhosa, Venda, Tswana, Sotho, etc.), los llamados homelands, que sustituían y reordenaban a las antiguas reservas17. En total, unos 3,8 millones de personas bantú fueron forzadas a mudarse a los homelands para mantener cada cultura separada con el supuesto objeto de preservarla18. En 1952 se había promulgado la Ley de Coordinación de los Pases que unificaba los anteriores pases en solo cuaderno, el Libro de Referencia, donde debía venir explícito todos los datos personales, laborales, residenciales, y fiscales de la población no blanca como mecanismo de control de la movilidad hacia las zonas urbanas. El objeto del libro, llamado por los africanos Dompas, -pase estúpido-, como si se tratara de un dispositivo 16 David Welsh, The rise and fall, 56. 17 Las reservas fueron creadas por Theophilus Shepstone en 1853 durante su gestión como Secretario de Asuntos Nativos de la Colonia británica del Natal, territorio Zulú liderado por el rey Mpande. Algunos historiadores han visto esta institución de espacio separado como un primer antecedente del Apartheid. 18 Gail Nattrass, A short history, 170. Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202 189 panóptico en términos de Foucault19, era asegurar el cumplimiento de las leyes anteriores, es decir, asegurar el funcionamiento del régimen de Apartheid tout court20. 1.2. La respuesta del Congreso Nacional Africano El Congreso Nacional Africano, en adelante CNA, desde los años cuarenta, había ido girando hacia un africanismo exclusivista influenciado por los dirigentes de la Liga de la Juventud, fundada en 1944, y liderados por Anton Lembede, Oliver Tambo, Walter Sisulu, y Nelson Mandela. Estos jóvenes insistían en que la liberación nacional debía ser obra de los propios africanos y rechazaban la importación de ideologías ajenas a África, en alusión al Partido Comunista21. En 1949 el CNA había adoptado el programa de acción propuesto por la Liga de la Juventud para enfrentar al régimen Afrikáner. El plan propugnaba unos repertorios de acción no convencionales22 y modulares23, que iban desde el boicot, la huelga, la permanencia de la gente en sus casas sin ir a trabajar y la resistencia pasiva, que, en línea con los métodos de protesta no violenta de Gandhi, rompían por primera vez con los métodos legales del CNA. Unos meses después, el gobierno aprobaba la Ley de Supresión del Comunismo que no solo ilegalizaba al Partido Comunista, sino que consideraba delito simpatizar con las ideas comunistas con penas de hasta diez años24. El 26 de junio de 1952, los dirigentes del CNA, el doctor Moroka, Walter Sisulu y Oliver Tambo, -Mandela era el presidente de la Liga de la Juventudorganizaron, en res19 Michael Foucault, Vigilar y Castigar, (Argentina, Siglo XXI, 2003, [1975]). 20 Keith Breckenridge, Biometric State, (Cambrigde University Press, 2014), 138. 21 Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad, (Madrid, El País, 1994), 109, 10. 22 Josep María Vallés, Ciencia Política. 23 Sidney Tarrow, El poder en movimiento, (Madrid: Alianza Editorial, 1997, [1994]). 24 Nelson Mandela, El largo camino, 127. puesta a las leyes de Malan y Verwoerd, una acción colectiva enmarcada dentro del programa adoptado tres años antes. La acción no violenta, llamada Campaña de Desafío a las leyes injustas, duró seis meses y se hizo por primera vez en alianza con el Congreso Indio de Transvaal y Natal bajo los liderazgos de Monty Naicker y Yusuf Dadoo25. La actividad consistía en que un pequeño número de militantes voluntarios, previo aviso a las autoridades locales, violarían las leyes del Apartheid entrando en las áreas urbanas sin permiso, empleando instalaciones solo para blancos, como retretes, compartimentos de tren, o salas de espera, y se quedarían en la ciudad tras el toque de queda. Esto llevaría al arresto masivo para abarrotar las cárceles y avergonzar a las autoridades. Ocho mil personas fueron arrestadas. La acción colectiva, aunque no consiguió derogar ninguna ley26, sirvió para generar mayor aceptación y hegemonía entre la población africana consiguiendo que el CNA pasara de 20.000 a 100.000 afiliados27. Tras la Campaña de Desafío, el CNA se abrió aún más a ampliar la alianza estratégica con otros sectores del movimiento de liberación, a saber, la Organización del Pueblo Colorado, y el grupo de radicales blancos de izquierdas organizados en el Congreso de Demócratas -donde hacían vida los comunistas ilegalizados en 1950-. Como resultado de dicha alianza, materializada en 1955 en el Congreso de los Pueblos, se aprobó la Carta de la Libertad como el programa general de todo el movimiento de liberación28. Se trata25 Thula Simpson, History of South Africa, (South Africa: Penguin Random, 2021), 14143. Esta alianza interracial rompía con los principios africanistas de la Liga de la Juventud adoptados en 1949 por el CNA. 26 Más bien al contrario, pues se aprobaron dos más en 1953, la Ley de Seguridad, que habilitaba al gobierno a detener a cualquier persona sin juicio, es decir, eliminando el Habeas Corpus, y la Ley de Enmienda del Código Penal por la que se permitían los castigos físicos. 27 Nelson Mandela, El largo camino, 139-149. 28 Los trotskistas prácticamente se habían desintegrado a excepción de un pequeño grupo organizado en La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202190 ba de una suerte de proyecto de constitución socialdemócrata de capitalismo de Estado interventor -se incluía la nacionalización de los monopolios, las minas y la bancadonde el elemento democrático multirracial seguiría siendo el central29. La respuesta del gobierno a la Carta Constitucional no tardó en llegar. En diciembre de 1956, 156 miembros de la Alianza del Congreso, 105 africanos, 21 indios, 23 blancos y 7 colorados, fueron arrestados y acusados de traición, entre ellos todos los dirigentes del CNA. La acusación recalcaba que el CNA y sus aliados habían buscado por medios violentos derrocar al gobierno para instaurar un sistema comunista. Tras cinco largos años de juicio, el 29 de marzo de 1961 fueron absueltos al no poderse demostrar la acusación por parte de los fiscales del Estado30. 1.3. El Congreso Panafricanista y la campaña contra los pases La otra respuesta vino de adentro, del propio CNA y es la que llevaría indirectamente a la Masacre de Sharpeville. La Carta rompía claramente con el espíritu africanista del programa de la Liga de la Juventud al aseverar que “Sudáfrica pertenecía a todos los que vivían en ella, negros y blancos”, declarando su intención de construir una democracia multirracial. La ruptura se produjo en la conferencia del CNA de 1958 cuando media docena de secciones se escindieron para formar al año siguiente, en abril de 1959 el Congreso PanAfricanista de Azania31, eligiendo presidente al célebre profesor de la Universidad de Wits Robert Sobukwe. Los panafricanistas Johannesburgo que formó la Liga Socialista de África. También solían trabajar dentro de la Alianza del Congreso. 29 Ian Liebenberg, “Resistance by the SANNC and the ANC, 1912-1960”, en The long march: the story of the struggle for liberation in South Africa, I. Liebenberg, F. Lortan, B. Nel, and G. v.d. Westhuizen (eds.) (Pretoria, HAUM, 1994), 14, 15. 30 David Welsh, The rise and fall, 116. 31 Nombre que los panafricanistas le daban a Sudáfrica y que proviene del topónimo dado a varias partes del África oriental durante el Imperio Romano. argumentaron que la identidad racial negra era necesaria para promover una conciencia revolucionaria de masas. A pesar de ello, insistían en que no eran racistas, sino que se trataba de un asunto de valores culturales, creencias y lealtades hacia un pueblo mayoritario que había sufrido la opresión durante siglos32. Unos meses antes, en abril de 1958 el presidente Nkrumah de la recién liberada Ghana había convocado para diciembre del mismo año la primera conferencia Pan africana del continente para coordinar la lucha pacífica por las independencias33. El proyecto de Nkrumah influenció sin duda el nacimiento del PAC. Esto connotaba que el futuro gobierno debía ser africano, gestionado por los africanos y para los africanos, aunque en palabras de Robert Sobukwe, el concepto de africano podía extenderse a todo aquel que demostrara su lealtad a África y aceptara el gobierno democrático de la mayoría34. Los pases, necesarios para poder transitar por las ciudades, simbolizaban la subordinación de los africanos y por ello se convirtieron en la institución del Apartheid más odiada. El CNA había planificado en su conferencia de diciembre de 1959 una acción colectiva de protesta continuada contra los pases que comenzaría el 31 de marzo de 1960 y terminaría con la quema de estos el 26 de junio del mismo año. Pero el PAC, en franca disputa con el CNA por la hegemonía del movimiento, decidió tomarle la delantera y organizar otra acción para el día 21 de marzo. El repertorio estribaba en lo siguiente: la gente dejaría sus pases en casa e irían a la estación de policía más cercana a su towns32 Tom Lodge “The Pan Africanist Congress, 19591990”, en The long march: the story of the struggle for liberation in South Africa, I. Liebenberg, F. Lortan, B. Nel, and G. v.d. Westhuizen, (eds.) (Pretoria, HAUM, 1994), 104-05. 33 Martin Meredith, The Fate of Africa, (New York, 2005), 29. 34 Ian Liebenberg, “Resistance by the SANNC”, 16. Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202 191 hip -municipio segregadopara buscar ser arrestado. Una vez arrestados la norma sería la de no pagar fianza, no defenderse ni pagar multa. Las mujeres igualmente no debían ir a trabajar sino quedarse en casa lo que implicaría un parón industrial viéndose el gobierno supuestamente forzado a aceptar la eliminación de los pases35. La campaña no finalizaría hasta lograr este primer objetivo, pero continuaría hasta alcanzar la independencia y la libertad total en 1963. Según Benjamin Pogrund, amigo y biógrafo de Sobukwe, los africanistas declaraban que el PAC tenía 34000 miembros y que, si un buen porcentaje de estos estuvieran dispuestos a ir a prisión por rechazar las leyes de pases la situación política de la Unión Sudafricana cambiaría dramáticamente pues animaría a la población africana a seguir el ejemplo provocando el colapso del sistema36. El lunes, 21 de marzo de 1960, la acción colectiva comenzó cuando Sobukwe recibió en su casa a sus camaradas del PAC sobre las 6.30 am. Saludándose al grito de ¡Afrika! y respondiendo ¡Izwe Lethu! -la tierra es nuestracon la palma de la mano abierta, marcharon 4,5 kilómetros desde su casa de Mofolo, en Soweto, hasta la estación de policía de Orlando para entregarse y ser arrestados al no portar sus libros de referencias. El repertorio incluía la unión a la marcha de otros manifestantes de las áreas vecinas. En el momento en el que se aproximaron a la estación de policía fueron arrestados todos bajo los cargos de sedición por el oficial a cargo, el capitán Wet Steyn37. 35 David Welsh, The rise and fall, 120. 36 Benjamin Pogrund, Robert Sobukwe: How can man die better, (Johannesburg, Jonathan Ball, 2024, [1990]), 124. 37 Ibid., 131. 2. LA MASACRE DE SHARPEVILLE 2.1. Entrevistando a Abram Mofokeng: militante local del PAC Sharpeville, a cincuenta kilómetros al sur de Johannesburgo, era un modelo de municipio segregado, un township, que empezó a ser construido durante la Segunda Guerra Mundial. Su edificación fue un proyecto para reubicar a los habitantes no blancos de un barrio de chabolas llamado Top Location, situado dentro de la ciudad industrial de Vereeniging, a 6 kilómetros al este de Sharpeville. Top Location, durante los años cuarenta se encontraba superpoblado por personas de diferentes grupos étnicos, en su mayoría sothos, unas 15.000, que habían ido emigrando desde sus zonas pobres rurales en busca de trabajo en las industrias cercanas a Johannesburgo. El objetivo del traslado de Top Location a Sharpeville no era otro que el de separar a los negros de los blancos residentes en Vereeniging para la tranquilidad y “seguridad” de estos últimos. Esta idea se intensificó luego de la llegada al poder del Partido Nacional en 1948, acelerando la construcción de las viviendas e incorporando la separación física entre los propios grupos étnicos en los distintos vecindarios38. Según Verwoerd, los africanos se estaban destribalizando en las ciudades y perdiendo contacto con sus comunidades rurales tradicionales por lo que había que revertir ese proceso. Dentro del township, en la entrada de Sharpeville, se había construido una estación de policía a finales de la década del 50 ubicada estratégicamente en el centro de la localidad. La entrada daba a la calle central Zwane y parecía una suerte de dispositivo panóptico de control, en concreto, controlando si vulneraban la ley que les prohibía beber alcohol, si pagaban o no la renta de las casas y si tenían el permiso para residir en el lugar. La mayoría de los residentes de Sharpeville trabajaban en las fábricas de Vereeniging como 38 Nicho Ntema, Comunicación oral, 4 de septiembre de 2024. La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202192 Stewarts and Lloyds, African Cables, Union Steel, o Safim39. Abram Mofokeng, de 85 años, en plenas facultades mentales y físicas, fue uno de los miembros del Congreso Pan Africanista local durante aquel período, y es el único protagonista directo vivo del acontecimiento. Mofoken nos recibió en su casa de Sharpeville el día 4 de septiembre de 2024 y nos narró, en lengua sesotho, su versión de lo que ocurrió ese día 21 de marzo de 1960. “Mientras marchábamos a la comisaría, los policías nos echaban a los perros para ahuyentarnos, pero no lo consiguieron. Mientras íbamos cantando ¿Senzeni na? - ¿qué mal hemos hecho? - Y Mayibuye iAfrika izwe lethu -hay que devolver Sudáfrica a sus legítimos dueñosalgunos quemaban sus libros de referencia gritando que no los querían. Llegamos sobre las 10 am a la comisaría y detuvieron a Nyakane Tsolo, líder del PAC, que iba disfrazado de mujer con un pañuelo en la cabeza. Había mucha gente. Mientras esperábamos tras la valla de la comisaría llegaron más refuerzos con carros de combate sarracen que estacionaron en el patio de la estación. Varios helicópteros sobrevolaban la zona intimidando a la multitud. Sobre las 11 o 12 Nyakane Tsolo salió de su celda para hablar con nosotros y dijo: “dicen que debo deciros que os vayáis” y le respondimos que “no nos iremos a ninguna parte antes de que os liberen a todos de las celdas. Nos iremos juntos, iremos a casa a comer y luego volveremos”. Se llevaron a Nyakane de vuelta a la celda. La policía blanca se dirigió a nosotros en afrikáans: “Iros a casa. Debéis volver a las 2 en punto. Hemos transmitido vuestra demanda al Parlamento para que el ministro de Administración Bantú nos aconseje cómo debemos responder”. Yo estaba 39 Nancy Clark y William Worger, Voices of Sharpeville, (New York, Routledge, 2024), 72-96. de pie cerca de la puerta en el camino a Seapoint. Vi una piedra volando en el aire. Creo que la policía la tiró para que pareciera que nos estábamos peleando. Pero no estábamos peleando. Sólo cantábamos. La policía empezó a disparar y la multitud se dispersó. A algunos les dispararon dentro de las casas. Recuerdo que a una de las mujeres le dispararon mientras lavaba los platos dentro de su casa. La bala atravesó la ventana. Delante de mí, mientras corría, caían mujeres. Tuve que saltar por encima de ellas. A mí también me dispararon. La primera bala me dio en el tendón de Aquiles. La segunda me dio en la espalda mientras corría. Me salvé escondiéndome en las tiendas. No habían pasado diez minutos desde el inicio del tiroteo cuando empezó a llover a cántaros. Cuando dejó de llover nos asomamos afuera y vimos a mucha gente tendida en el suelo. Observamos como la policía pateaba a algunos y apuñalaba a otros”40. Bien, esta versión de Mofokeng como protagonista de los hechos contrasta en diferentes niveles de detalle con otras narrativas ofrecidas por algunos historiadores e investigadores y coincide mutatis mutandis con otras. Obviamente desentona completamente con la versión del gobierno afrikáner transmitida a raíz de la Comisión Oficial de Investigación dirigida por el juez Wessels y celebrada un mes más tarde de la masacre. 2.2. La declaración del sargento Grobler Vamos a examinar, dentro de la documentación de la Comisión Wessels, la declaración del comandante de la Comisaría Policial, el sargento Grobler, realizada el 12 de abril de 1960, e interrogado por el señor Kentridge en nombre de las víctimas. “¿Qué población tiene Sharpeville señor Grobler? -Habla el interrogador, 40 Abram Mofokeng, comunicación oral, 4 de septiembre de 2024. Traducida del sesotho al inglés por Thato Aphane. Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202 193 Sr. K36.000 habitantes. ¿Y cuántas personas rodeaban la Estación? Entre 15 y 20.000 personas […] pero al medio día habían bajado a unas 10.000. […] Yo le digo esto -sigue el sr. Kporque ayer el ministro de Asuntos Exteriores dijo que 40.000 personas marchaban hacia la Estación, pero según usted eso no tiene sentido, ¿verdad? Sí, -respondió el sarg. G-. […] Usted también ha dicho que cuando el coronel Spengler -jefe de la policía de seguridad en la regiónarrestó a tres personas, la multitud estaba agresiva e ingobernable, ¿verdad? Sí, -respondió el sarg. G-. ¿Por qué Spengler los arrestó? Ellos eran los líderes de la marcha -respondió G.-. Pero eso ¿no sería un acto de provocación teniendo en cuenta el estado de excitación de la multitud? Yo no diré que eso fue un error pues él cumplía con su obligación, -respondió el sarg. G-. ¿Cuánto tiempo antes del tiroteo se produjeron las detenciones? -preguntó ahora el presidente de la mesaUn cuarto de hora antes del tiroteo -respondió el sarg. G-. ¿Y la última detención? Dos minutos antes. […] ¿Y qué estaba haciendo la multitud? -preguntó ahora el interrogador KEstaba con palos en las manos y agitando sus puños mientras presionaban la valla que protege a la comisaría intentando romperla -respondió el sarg. G-. Entonces, ustedes interpretaron eso como un ataque, ¿verdad? Sí. ¿Cuánto tiempo duró el ataque con relación al inicio del tiroteo? El tiroteo empezó inmediatamente después de que la multitud presionara la valla -respondió el sarg. G- ¿Sobre qué hora dices que empezó el tiroteo? Sobre las 2:30 de la tarde. […] ¿Entonces usted no vio disparar las ametralladoras desde los carros de combate saracens? No. ¿Si las hubieran usado, usted los hubiera visto? Sí. […] Usted dice que durante los seis minutos que transcurrieron después del tiroteo mandó recoger las piedras que había dentro de la Estación policial. ¿Cierto? Sí. Entonces usted mandó a recoger las piedras como evidencia del lanzamiento de piedras de la multitud previo al tiroteo, ¿en vez de atender a los heridos y muertos que yacían en el suelo? Sí, para eso estaban los otros oficiales -respondió el sarg. G-. ¿No hubiera sido mejor dejar esas piedras en el suelo de la Estación para que los investigadores independientes la vieran? No, porque había testigos que eran discutibles”41. Como se puede apreciar ambas declaraciones se contradicen con relación a cómo fueron los hechos. Mientras que el señor Mofokeng afirma que la concentración de la población negra en la Comisaría fue completamente pacífica y no portaron piedras, insinuando que algún agente de policía de paisano la podría haber lanzado desde dentro de la multitud, el comandante aseveró que tenían palos y que lanzaron piedras antes del tiroteo. Sea como fuere, pareciera que la cuestión fundamental para justificar o no la masacre era o es si la multitud portaba palos y piedras. Vamos a recurrir ahora a los trabajos especializados de ciertos autores referentes que usaron ampliamente las fuentes documentales y orales para ver si podemos llegar a una conclusión verosímil. 2.3. La disputa por el relato 2.3.1. Norman Phillips Norman Phillips, editor encargado de las noticias extranjeras del Toronto Star de Canadá, viajó a Johannesburgo el mismo lunes 21 de marzo de 1960 tras conocer las primeras noticias del episodio. Su reportaje constituye la primera versión extranjera del acontecimiento. Revisó los informes policiales y las declaraciones del gobierno, así como la opinión de dos de los cuatro periodistas 41 NARSSA, Archivo Nacional y Servicio de Registros de Sudáfrica, Comisión de Investigación Wessels, volumen 2, 107-132 La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202200 No merece la pena ocultar información relevante, aunque esta no vaya acorde con la hipótesis del autor. Es entendible en el caso de Abram Mofokeng, como una manera personal de contrarrestar la historia oficial vigente hasta 1994, según la cual, la masacre fue culpa del temperamento imprevisible e impulsivo de los africanos que llevaron la situación al límite, y luego “un error humano” desencadenara la tragedia. Pari passu, Clark y Worger no mencionan -Abram Mofokeng tampocoel incidente producido por el tsotsi Geelbooi justo antes de la masacre según el relato de Lodge; Frankel; y Welsh. Este incidente acaecido justamente después de la última detención del teniente coronel Spengler, más el lanzamiento de piedras, pudo haber sido el detonante que “necesitaba” el teniente coronel Pienaar para dar la orden de disparo como si se tratara de una reacción defensiva. CONCLUSIONES Parece estar claro que, independientemente de estas eventualidades que no dejan de ser relevantes, el régimen de Apartheid personificado en el alto mando policial quería y necesitaba dar una lección contundente y violenta a los africanos, de ahí todo el arsenal acumulado con premeditación, y cualquier excusa -léase accidenteque surgiera al calor de la protesta sería utilizada para sus fines represivos. El enfoque social de los historiadores Tom Lodge, Nancy Clark y Wiliam Worger van en la línea de esta hipótesis y ofrecen un relato complementario en base a un amplio trabajo de fuentes documentales y orales. David Welsh y Thula Simpson ofrecen un relato sin profundizar en los detalles y en las fuentes, pero mientras el primero se inclina implícitamente hacia la justificación de la masacre, el segundo se alinea más con los historiadores sociales contrarios al relato oficial del régimen de Apartheid. No parece apropiado el enfoque de Frankel porque aísla el acontecimiento del contexto histórico en el que se inserta. Intentando analizar el movimiento interno de la acción colectiva desconectado del régimen racista se pierde el sentido de la lucha de un movimiento de liberación para caer en una suerte de crítica psicológica de los actores independientemente de su posición de clase y de raza. La tragedia del Apartheid no fue una atrocidad ordinaria, como señala Philip Frankel en el título de su libro cuando intenta elevarla al mismo nivel que otras ocurridas en diferentes espacios y tiempos históricos, sino que fue una masacre orquestada por el odio racial y de clase de un grupo ultranacionalista privilegiado que justificaba su supremacía con la cobertura de la iglesia holandesa reformada de origen calvinista que afirmaba que el pueblo afrikáner era el elegido por dios y que por ello tenía el derecho de dominio. El gobierno afrikáner actuó, mediante su policía, para asegurar sus prerrogativas frente al movimiento de liberación de los oprimidos que empezaba a radicalizarse por la acción política colectiva del Congreso Pan africanista. Si querían garantizar el mantenimiento de su poder tenían que darles a los africanos una lección usando todos los instrumentos represivos que poseían. Y lo hicieron. A partir de ahí, el régimen reforzaría aún más los dispositivos de control con la implementación “legal” de diferentes leyes que llevaron a la ilegalización del PAC y el CNA, y como respuesta de estos, al cambio de la lucha pacífica a la lucha armada. Pero eso, es otra historia. Eduardo M. Molina Campano y Tshepo Moloi La masacre de Sharpeville, Sudáfrica, 65 años después © Historia Actual Online, 67 (2), 2025: 185-202 201 FUENTES NARSSA, National Archives and Records Service of South Africa, Comisión de Investigación Wessels, volumen 2, páginas 107-132. Mofokeng, Abram, comunicación oral, 4 de septiembre de 2024. Traducida del sesotho al inglés por Thato Aphane. Ntema, Nicho, Comunicación oral, 4 de septiembre de 2024. BIBLIOGRAFÍA Breckenridge, Keith. Biometric State. Cambrigde University Press, 2014. Clark, Nancy, y Worger, William. Voices of Sharpeville. New York: Routledge, 2024. Foucault, Michael. Vigilar y Castigar. Argentina: Siglo XXI, 2003, [1975]. Frankel, Philip. An ordinary atrocity: Sharpeville and its Massacre. Johanesburg: Witwatersrand University Press, 2001. Freund, Bill. “South Africa: the Union years, 1910-1948, Political and economic fundations”. En The Cambrigde history of South Africa, 1885-1994. R. Ross, A. Meger, y B. Nasson (eds.), Cambrigde University Press vol.2, 2011, 211-253. Griffin, Roger. Fascismo. Madrid: Alianza, 2019. Hirson, Baruch. “The trotskyist groups in South Africa, 1932-1948”. En The long march: the story of the struggle for liberation in South Africa. I. Liebenberg, F. Lortan, B. Nel, y G. 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