Pineda Novo, Daniel : Tauromaquia Lírica. Joselito el Gallo, Santander, Aula de Cultura “La Venencia”, 284 págs. [Reseña]
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Revista de Estudios Taurinos N.º 27, Sevilla, 2010, págs. 201-204 Dentro de su colección de “Tauromaquias Líricas”, el Aula de Cultura “La Venencia” de Santander ha reunido una serie de firmas consagradas para evocar la figura de Joselito el Gallo. Así, el prólogo se debe a la pluma de Andrés Amorós, mientras la selección de los poemas evocando la figura del diestro de Gelves es el resultado de la colaboración entre Salvador Arias, presidente de la entidad promotora, y Daniel Pineda Novo, el reconocido poeta, historiador, crítico literario y ensayista sevillano, que, además, como autor de la brillante bio- Fig. n.º 43.- Pineda Novo, Daniel (2009): Tauromaquia Lírica. Joselito el Gallo, Santander, Aula de Cultura “La Venencia”, 284 págs.
grafía de Joselito que cubre la mitad del volumen, vuelve a darnos una nueva prueba de su versatilidad y de su conocimiento de la realidad andaluza, pasada y presente, en este caso concreto, del mundo taurino. Para comenzar, Andrés Amorós no escatima elogios sobre la figura del gran torero, en términos entusiásticos pero rechazando el calificativo de hipérbólicos: «Joselito es el toreo, igual que Bach es la música; Velázquez, la pintura; Cervantes, la novela; Shakespeare, el teatro…» Lo de menos es soñar con la posibilidad de Mozart o de Beethoven para el primer caso; lo importante es la alta opinión del experto, del conocedor (aunque, como es lógico nunca le viera sobre la arena), sobre el arte de uno de los protagonistas de la edad de oro de la fiesta. Por eso, piensa el prologuista que nunca está de más seguir insistiendo en la evocación de una figura que no ha suscitado la atención de otros toreros: «¿Ha tenido Joselito el reconocimiento cultural y artístico que su jerarquía merecía? Siempre he creído que no. En su capacidad de fascinar a poetas, pintores o músicos, le aventajan claramente Juan Belmonte, Ignacio Sánchez Mejías o Manolete». E incluso da sus razones para esta relativa preterición: «¿Aqué se debe esto? Ante todo, a que es más difícil apreciar la técnica -hay que conocer al toroque la estética. Además, como decía Bergamín, hay toreros que tienen más 'percha literaria' que otros». Y sin embargo, Joselito es el Apolo de la fiesta: representa la claridad apolínea frente al pathos dionisíaco de Juan Belmonte, el otro dioscuro de la torería del primer siglo XX. Y esto es lo que ponen de relieve las páginas que le dedica Daniel Pineda, apoyándose en muchos años de investigación, que ya dieron como fruto otros escritos anteriores y, muy especialmente, su libro Joselito el Gallo o la exactitud emocionada del Toreo, publicado por el Ayuntamiento de Gelves en 1995. No utililiza el autor sólo su obra, sino también la restante bibliografía disponible (entre la que no podía faltar la obra de Paco Carlos Martínez-Shaw 202
Aguado, El rey de los matadores: Joselito el Gallo) y, sobre todo, nuevos materiales que ha ido incorporando a su incesante indagación sobre un personaje que le fascina. Materiales que acaban por construir una biografía sentimental, donde se mezclan los documentos del historiador, los datos inesperados del erudito y los conocimientos adquiridos sobre la Sevilla de la época, sobre los paisajes y las gentes que configuraron una figura ejemplar de la torería. De esta manera, la sorpresa asalta en cada página al lector bajo la forma de una noticia inédita, de una perspectiva insólita, de una asociación de ideas inesperada, de una pincelada, de una anécdota, de unos versos, de unas coplas, de un aroma perdido y recobrado en las páginas del libro. La corona poética que llena la segunda parte de la obra nos presenta todo un mundo de evocaciones líricas del torero de Gelves. Algunos de los poetas y de los poemas son bien conocidos, empezando por el celebérrimo (“Joselito en su gloria”) de Rafael Alberti en “El alba del alhelí”. Otros nos cogen desprevenidos, como el del rejoneador Angel Peralta, que recuerda emocionado la “Huerta del Algarrobo” tan unida a la familia y la vida del diestro, del mismo modo que Aquilino Duque revive para nosotros esas otras huertas de Gelves, donde «entre los naranjales ya no está Joselito, ni por los olivares va Fernando de Herrera», el de los imposibles amores. Son muchas las novedades, como son muchos los reencuentros con nombres sobradamente conocidos o los rescates de poemas apenas difundidos, como el “romance de ciego” de Ramón de Garciasol, que hay que buscar en un número de El Ruedo: «Torero como José no era para muerto, no era para quedarse sin sangre hecho escultura de cera, en una maldita plaza por mayo y en Talavera» Recensiones de libros 203
Aunque quizás los versos que respondan a una mayor voluntad de definición de una personalidad y de un arte sigan siendo para mí los muy conocidos de Gerardo Diego: “La lidia toda, atada y previsora, sabío ajedrez contra el funesto hado. Gesto de capitán, cómo te llora la cofradía del aficionado. Y todo cesó, al fin, porque quisiste. Te entregaste tú mismo; estoy seguro. Bien lo decía en tu sonrisa triste Tu desdén hecho flor, tu desdén puro.” En definitiva, una excelente edición, que se enriquece además con una sugestiva portada obra del pintor Indalecio Sobrino y una serie de fotografías y de reproducciones de obras artísticas consagradas a la memoria del torero de Gelves que complementan perfectamente su semblanza biográfica y poética. Carlos Martínez-Shaw Fundación de Estudios Taurinos Carlos Martínez-Shaw 204