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Antifranquistas

Carrillo-Linares, Alberto

Abstract

No es posible saber a ciencia cierta cuántos y quiénes eran los antifranquistas porque los había de muchos tipos y no siempre tenían el coraje para expresar su malestar más o menos abiertamente por el riesgo que ello suponía bajo la dictadura. La libertad de expresión era uno de los muchos derechos básicos cercenados por el franquismo; si además la queja contra el sistema opresivo se hacía encuadrada o cercana a una organización política o sindical no gubernamental, el peso legal de la injusticia era aún mayor. A este segmento es al que los historiadores podemos identificar con precisión, concretar las acciones de sus protagonistas, ilustrar la expresión de su pensamiento, reconstruir los marcos en los que se movieron las mujeres y los hombres que decidieron abandonar la comodidad del silencio impuesto, castrante pero seguro.

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d o s i e r o es posible saber a ciencia cierta cuántos y quiénes eran los antifranquistas porque los había de muchos tipos y no siempre tenían el coraje para expresar su malestar más o menos abiertamente por el riesgo que ello suponía bajo la dictadura. La libertad de expresión era uno de los muchos derechos básicos cercenados por el franquismo; si además la queja contra el sistema opresivo se hacía encuadrada o cercana a una organización política o sindical no gubernamental, el peso legal de la injusticia era aún mayor. A este segmento es al que los historiadores podemos identificar con precisión, concretar las acciones de sus protagonistas, ilustrar la expresión de su pensamiento, reconstruir los marcos en los que se movieron las mujeres y los hombres que decidieron abandonar la comodidad del silencio impuesto, castrante pero seguro. La dimensión de la represión durante el régimen de Franco (1936-1975) queda perfectamente documentada en las numerosas fuentes con las que cuentan los investigadores: al abundante material de archivo legado se suman las fuentes generadas por los represaliados o los testimonios directos muy empleados desde hace años para preservar la memoria. Pero siguen quedando muchos espacios sin luz, incluidas las fosas en las cunetas, barrancos y montes y las tapias de los cementerios. Pese a todo, se puede decir que historiográficamente los trabajos sobre la represión franquista en Andalucía gozan de muy buena salud. Se realizan pesquisas en todas las universidades y en otros centros de investigación, se están cubriendo todos los periodos y ámbitos donde se produjo la respuesta al franquismo y la persecución siguiente, se han estudiado los marcos legales en los que se encuadra la actividad represora, hay investigadores noveles y consolidados, se trabaja desde diferentes perspecti- Antifranquistas CoordinAdo por: Alberto CArrillo-linAres UniversidAd de sevillA n Cartel pro amnistía que utiliza la icónica litografía de pablo picasso Preso con paloma de la paz como asunto central. Centro de Documentación de las Migraciones. Fundación 1º de Mayo. AH julio 2017 6 d o s i e r vas metodológicas y sobre diversos objetos, etc. Cualquier estudio bibliométrico lo clarificaría con rigor. El presente dosier refleja esa pluralidad académica y es al tiempo una radiografía en tres dimensiones bastante exacta de lo que fue el antifranquismo en Andalucía desde los tiempos de la guerra hasta la transición política a la democracia: se extendía por toda la geografía regional, ámbitos rurales y urbanos; afectó a las fábricas, a las universidades, a colegios profesionales, a espacios domésticos, a asociaciones de vecinos, a la Iglesia, al profesorado, etc. Tampoco hubo edad para oponerse, aunque el peso de la juventud es un hecho constatado y lógico que dotó de dinamismo y continuidad a la oposición. Desde el punto de vista político, aunque fue el PCE quien animó en mayor medida la resistencia activa a la dictadura, la oposición no fue sólo cosa de comunistas: anarquistas, socialistas, independientes, católicos, maoístas, trotskistas, cristianos de base, etc., dibujan un cuadro poliédrico. Quizás aquí se halle una explicación para comprender los límites de aquella oposición. Si atendemos a los efectos visibles y más dañinos para la dictadura, fueron el movimiento estudiantil, el obrero y el campesino los que disponían de una fuerza simbólica y real más evidente, por la capacidad de respuesta y los efectos prácticos (económicos y sociales). Los tres habían sido fundamentales en la llegada de la II República. Su impulso se produjo una vez que se desmovilizó a la guerrilla, desde principios de los 50, al calor del propio desarrollismo del régimen. Con el fin del maquis, el PCE modificaba su estrategia de lucha, pasando a las acciones de masas características de los años 60 y 70. La teoría y la práctica de la unión de las Fuerzas del Trabajo y la Cultura ahondaban en los espacios interclasistas, mirando hacia las clases medias liberales. Este mismo hecho hizo que aumentara la represión sobre los activistas que pasaron por las comisarías y las cárceles. Tampoco en estos oscuros lugares faltaron las acciones de resistencia creando redes de solidaridad de gran importancia para la supervivencia y la seguridad material y psicológica. Once biografías que cubren un mapa amplio de la historia de la no resignación. Tres de los retratados representan la continuidad en la lucha contra la dictadura desde los días de la guerra civil hasta el final del franquismo. El resto, hombres y mujeres, ilustran la oposición en distintos ámbitos y con diversos protagonistas: el mundo laboral y el sindicalismo urbano, el movimiento estudiantil universitario, las asociaciones de vecinos, los clubes culturales y los despachos laboralistas, el movimiento campesino, el sector minero, el sector servicios, etc.; acciones realizadas en la más pura clandestinidad o a plena luz. En cuanto a los tipos de represión, la hubo de muy distinta naturaleza e intensidad. Los fusilamientos fueron los casos extremos, como el de Encarna Magaña (recogido en el texto de Sofía Rodríguez), mujer anarquista ejecutada en Almería; destierros, como el de Alfonso Fernández Torres, histórico del PSOE y la UGT (Francisco Acosta); cárceles, como la sufrida por Concha Gallardo y Rosario Ramírez, militantes del PCE (Encarnación Barranquero y Alfonso Martínez), Eduardo Saborido, del PCE y CCOO (Encarnación Lemus) o Francisco Romero, activista desde la II República, maquis y dirigente del PCE (Pedro Feria). Paseos intimidatorios por las comisarías, multas y otras formas de presión y represión completan el lienzo: Filomeno Aparicio, abogado de CCOO y el PCE (Antonio Barragán), Francisco Cabral, líder jornalero del PCE y CCOO del Campo (Diego Caro), Manuel Ramón Alarcón, estudiante universitario situado en la extrema izquierda (Alber- to Carrillo-Linares) o Ignacio Vázquez, ingeniero agrónomo en el PCE (Juan Bosco Díaz-Urmeneta). La masificación de la respuesta final contra la dictadura multiplicó los frentes de lucha, incluyendo la acción de cristianos revolucionarios, como Margarita María Barriel, que proyectó su lucha desde la Universidad al movimiento de Asociaciones de Vecinos (Javier Contreras-Becerra). Sobre las formas de la represión, en definitiva, se sabe y estamos en condiciones de dar a conocer los resultados de la acción vengativa y persecutoria sobre los antifranquistas. Los últimos trabajos sobre la represión económica de posguerra a través de las incautaciones de bienes en tierras andaluzas son muy elocuentes. Y sigue quedando por estudiar, por ejemplo, la represión de baja intensidad que afectó a miles de personas que no comulgaban con la dictadura y a los que se les quiso hacer la vida imposible: los certificados de buena conducta para obtener las prórrogas del servicio militar, conseguir un trabajo o sacarse el carnet de conducir; amenazas e intimidaciones, el uso del miedo como instrumento político, la represión de género, las torturas y vejaciones, la asfixia en el terreno laboral o académico, etc. Una historia, la del antifranquismo en Andalucía, que se sigue escribiendo en la actualidad, a través de la que se descubre el carácter aguerrido de algunos andaluces que no dudaron en transformar sus vidas en una causa política, como si remozaran el viejo espíritu de José María El Tempranillo.n AH julio 2017 7