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¿Qué es la escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas

Belda Plans, Juan

Abstract

Se analiza el debate actual sobre el concepto de Escuela de Salamanca. Se muestran las nuevas propuestas de los estudiosos: su carácter global (no solo Salamanca); su alcance interdisciplinar (no solo teológico, también jurídico, económico, sociopolítico, etc); la cuestión de los miembros también experimenta una ampliación, aunque siempre se señala un cierto cordón umbilical con los maestros salmantinos; todo ello dentro de un marco temporal que se extiende durante el siglo XVI y primera mitad del XVII. Estas nuevas perspectivas no excluyen los elementos tradicionales, sino que amplían y desarrollan el concepto primitivo, pero con carácter inclusivo. Por último, se aborda el tema de las condiciones de posibilidad de la Escuela, que se con-textualiza en un ámbito histórico que la hace posible. Al término del estudio se ofrece un posible nuevo concepto de la Escuela, todavía in fieri.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas What is the School of Salamanca? New perspectives Juan Belda Plans1 Universidad de Navarra – Universidad Eclesiástica San Dámaso (España) Recibido: 20-04-2023 Aceptado: 10-05-2023 Resumen Se analiza el debate actual sobre el concepto de Escuela de Salamanca. Se muestran las nuevas propuestas de los estudiosos: su carácter global (no solo Salamanca); su alcance interdisciplinar (no solo teológico, también jurídico, económico, sociopolítico, etc); la cuestión de los miembros también experimenta una ampliación, aunque siempre se señala un cierto cordón umbilical con los Maestros salmantinos; todo ello dentro de un marco temporal que se extiende durante el siglo XVI y primera mitad del XVII. Estas nuevas perspectivas no excluyen los elementos tradicionales, sino que amplían y desarrollan el concepto primitivo, pero con carácter inclusivo. Por último, se aborda el tema de las condiciones de posibilidad de la Escuela, que se con-textualiza en un ámbito histórico que la hace posible. Al término del estudio se ofrece un posible nuevo concepto de la Escuela, todavía in fieri. Palabras-clave: debate, global, interdisciplinar, miembros, contextualizar, nuevo concepto. 1 ([email protected]). Doctor en Filosofía y Doctor en Teología. Profesor jubilado de Historia de la Teología en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (Pamplona) y en la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica «San Dámaso» de la Archidiócesis de Madrid. Secretario del Simposio Internacional de Teología (Facultad de Teología. Universidad de Navarra (1980-1984). Miembro fundador de la Academia de Historia Eclesiástica de Valencia (España). Miembro del Instituto de Estudios Hispánicos de la Modernidad (IEHM). Colaborador con el Max-Planck-Institut für Rechtsgeschichte und Rechtstheorie. Frankfurt (am M.). Entre sus libros figuran La Escuela de Salamanca y la renovación de la teología en el siglo XVI (BAC maior, Madrid 2000), Historia de la Teología (ed. Palabra, Madrid 2010), Grandes personajes del Siglo de Oro Español (ed. Palabra, Madrid 2013) y la ed. de Melchor Cano, De locis theologicis (BAC maior, Madrid 2006). 392 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 Abstract The current debate on the concept of the School of Salamanca is analyzed. The new pro-posals of the researchers are shown: their global character (not only Salamanca); its inter-disciplinary scope (not only theological, but also legal, economic, sociopolitical, etc.); the question of the members also has a greater extension, although a certain umbilical cord with the Salamancan Masters is always indicated; all this within a time frame that extends during the 16th century and the first half of the 17th. These new perspectives do not ex-clude the traditional elements, but rather expand and develop the original concept, but with an inclusive character. Finally, the subject of the conditions of possibility of the School is addressed, which is contextualized in a historical environment that makes it possible. At the end of the study, a possible new concept of the School is offered, still in fieri. Keywords: debate, global, interdisciplinary, members, contextualize, new concept. 1. ¿Es posible definir satisfactoriamente el concepto de Escuela de Salamanca? Es conocido el interés actual de los estudiosos por este evento cultural, hasta ahora denominado “Escuela de Salamanca”, a partir de fines del siglo XIX2. Se produce, además, un crecimiento exponencial de estudios desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy. De 2010 a 2020 se han localizado más de 2000 estudios (de diversa extensión y calidad)3. Mayor atención de los 2 El nombre “Escuela de Salamanca” comienza a usarse a finales del siglo XIX. Los pioneros fueron Ehrle (1884); Stegmüller (1930); Pelster (1931); Grabmann (1933). También dominicos famosos como Beltrán de Heredia (1928) Alonso Getino (1930); Venancio Carro (1931) realizaron estudios sobre los grandes maestros salmantinos considerados como una escuela. Recientemente, sin embargo, se ha señalado al jesuita Gerhard Schneeman como el primero en usar este nombre, precursor de Ehrle. Vid. M. Martín-Gómez, “Sobre el uso y origen del concepto Escuela de Salamanca”, en Scripta Theologica 55/1 (2023) pp. 8-14. 3 Vid el importante repertorio bibliográfico de José Luis Egío-Celia A. Ramírez Santos, Revisión crítica de la investigación reciente sobre la Escuela de Salamanca (2008-2019), y bibliografía multidisciplinar (Conceptos, Autores, Instituciones), Madrid, Dykinson, 2020. Otro amplio repertorio bibliográfico es debido a Miguel A. Pena González, Aproximación bibliográfica a la(s) Escuela(s) de Salamanca, Salamanca, Universidad Pontificia, 2008, aunque en este caso incluye multitud de estudios que no tienen relación directa con la Escuela; esto se debe principalmente al concepto propio de este autor, que no coincide con el de la mayoría de los estudiosos. Por lo tanto, hay que acogerlo con cierta prevención. También cabe citar una interesante «Bibliografía selecta» sobre Francisco de Vitoria, desde el año 1983-1995, debida a Ramón Hernández, Francisco de Vitoria. Vida y pensamiento internacionalista, Madrid, BAC, 1995, pp. XVIII-XXIV. Por último, está el antiguo estudio de R. González, Francisco de Vitoria. Estudio bibliográfico, Buenos Aires 1946, centrado, como se ve, solamente en el Maestro Vitoria, pero que constituye un estudio valioso dentro de esos límites. 393 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 estudiosos supone mayor interés por el tema y se observa cada vez más la gran riqueza cultural y de pensamiento de este fenómeno histórico4. Pero enseguida se comprueba que es un tema difícil de definir con precisión. Se presenta como una realidad polisémica, compleja, alrededor de la cual hay variedad de opiniones, no fácilmente compatibles. Se podría decir que constituye un fenómeno “poliédrico”, con muchas caras o aspectos, difícil de reducir a unidad. De hecho, hasta ahora no ha habido acuerdo entre los especialistas historiadores. Es más, en los últimos años hay un fuerte debate en torno al concepto, que está todavía en marcha y quizá lejos de solucionarse. Existía, en efecto, hasta ahora un concepto que podríamos llamar “clásico”, en el que coincidían la mayor parte de los estudiosos, y que situaba este acontecimiento cultural en la Universidad de Salamanca del siglo XVI, y apuntaba a una Escuela de teología, sin grandes pretensiones, ligada a Francisco de Vitoria y su grupo de discípulos. Con la proliferación reciente de los estudios históricos, se va ampliando y profundizando el espectro de temas relacionados, de manera que parece necesario plantearse de nuevo cuál sea el verdadero concepto de “Escuela de Salamanca”. ¿Es posible definir con precisión dicho concepto? Es una pregunta que se hace presente, dada la gran diversidad de pareceres y estudios sobre la cuestión. ¿Hay un único concepto de Escuela de Salamanca? O, más bien, a la vista de una realidad con una gran riqueza de contenido, habría que hablar, no de un concepto unitario, sino de varios complementarios, de manera que se abarque omnicomprensivamente lo que se estudia. Esta es la tarea a la que se enfrenta el historiador de esta época en la actualidad. ¿Cómo llevarla a cabo? ¿Con qué metodología? Es el reto que se plantea para llegar a unas conclusiones válidas científicamente. Se podría comenzar por analizar la misma expresión clásica de “Escuela de Salamanca”, y, dado que no está claro cuál sea su significado, quizá buscar alternativas que orienten el estudio posterior. Por ejemplo, las siguientes: - “Escuelas” de Salamanca. - Escuela vitoriana de Salamanca. - Escuela de Salamanca española. - Escuela de Salamanca americana (global). - Comunidad científica salmanticense. - Segunda Escolástica Española. 4 Una descripción acertada del estado de la cuestión la expone José Luis Egío, uno de los principales exponentes del programa de investigación del Instituto de Historia del Derecho de la Fundación Max- Planck, Frankfurt (am M.); vid. “Siete propuestas para la renovación historiográfica de la Escuela de Salamanca y la revisión de su concepto” [en ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Madrid, Sindéresis, 2021], pp. 273-307. 394 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 A lo largo de este estudio iremos viendo los posicionamientos que responden a estas denominaciones, y su valoración concreta. 2. Líneas generales del debate actual De manera sintética, podríamos resumir las diversas soluciones ofrecidas por los estudiosos en la actualidad. La propuesta de Thomas Duve habla de una comunidad científica de expertos que realizan aportaciones que él denomina “un caso de producción global de conocimiento normativo”. Consideraciones desde una perspectiva histórico-jurídica y de la historia del conocimiento. Ya no estaríamos hablando de una Escuela de teología “cerrada”, por así decir, sino de un planteamiento más amplio, sobre todo en perspectiva jurídica, y no tanto ceñida a un marco geográfico y cronológico, lo cual permite transcender la perspectiva de una Escuela de Salamanca como un fenómeno puramente salmantino, hispánico e ibérico5. Una nueva propuesta la ofrece el historiador L.F. Rodríguez-San Pedro Bezares, que estudiaría un concepto más ligado al conjunto de la propia Universidad de Salamanca y sus instituciones y no tanto reducido a la Facultad de Teología y sus Maestros. En la voluminosa Historia de la Universidad de Salamanca (5 gruesos volúmenes), dirigida por él, parece deducirse esta noción, puesto que el concepto tradicional de Escuela de Salamanca casi no aparece propiamente, sino que se pierde en un sinfín de elementos académicos que se integrarían en lo que se ha llamado hasta ahora “Escuela de Salamanca”, que abarcaría el conjunto de la Universidad y sus instituciones6. Por su parte, el profesor M.A. Pena González, de la Universidad Pontificia de Salamanca, propone un original concepto sobre el tema. No sería correcto hablar de “Escuela de Salamanca” (la referente a Vitoria y su grupo), sino más bien de “Escuelas de Salamanca” (en plural), puesto que existirían diversas Escuelas dependientes de los Estudios Generales de las Órdenes Religiosas arraigadas en la Universidad (agustinos, franciscanos, y, posteriormente, jesuitas). Se trataría de un concepto más amplio, relacionado principalmente con la teología. Este fenómeno, cuya configuración aparece en el siglo XVI en Salamanca, es nombrado también como “Pensamiento hispánico”, cuyo desarrollo histórico se puede seguir hasta nuestros días. Aquí, el enfoque de la cuestión es más diverso que en las propuestas ofrecidas hasta ahora7. 5 Thomas Duve, “La Escuela de Salamanca: ¿Un caso de producción global de conocimiento?”, en Working Papers Series, nº 2018-02. En este trabajo hace un extenso y profundo estudio sobre las nuevas perspectivas que propone sobre la Escuela de Salamanca. 6 L. E. Rodríguez-San Pedro Bezares (ed.), Historia de la Universidad de Salamanca, 5 vols., Salamanca, ed. Universidad de Salamanca, 2002-2018. 7 Miguel A. Pena González, La Escuela de Salamanca. De la Monarquía hispánica al Orbe 395 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 Finalmente, un grupo de profesores de la Facultad de Filosofía salmantina habla de una “Primera Escuela de Salamanca” del siglo XV, formada por diversos maestros y alumnos destacados de la Universidad de Salamanca, quienes trabajan en el campo teológico y canónico a lo largo del siglo XV, el cual de algún modo precede y prepara el fenómeno posterior protagonizado por el Maestro Vitoria. Veremos si se puede hablar propiamente de una “Escuela”, significando un grupo de profesores unido y cohesionado entre sí8. No obstante, persiste la corriente tradicional que señala la Escuela de Salamanca como una Escuela estrictamente teológica, partiendo de Francisco de Vitoria y su grupo de discípulos, en la Facultad de Teología de la Universidad salmantina9. Esta propuesta, en realidad, no supondría ningún avance original con relación al concepto tradicional primero. 3. Especificidad de la Escuela de Salamanca Según vemos se han abierto, a partir de los estudios más recientes, nuevas perspectivas que parecen exigir un replanteamiento del concepto mismo de la, hasta ahora, denominada “Escuela de Salamanca”, que es necesario analizar y precisar convenientemente. Sin embargo, para llevar a cabo esta tarea con garantías de éxito, es preciso, a nuestro juicio, poner algunos fundamentos que sostengan el nuevo edificio que se pretende construir. O, dicho de otra manera, deberíamos partir de los elementos específicos que hasta ahora definían el concepto tradicional, para ver qué hay que rectificar, suprimir, añadir, o en su caso desarrollar. ¿Cuáles eran las señales de identidad (la “huella digital” como se ha denominado a veces) que configuraban la esencia de este fenómeno cultural? Sin pretender agotar el tema, podríamos señalar cinco notas que caracterizan la Escuela de Salamanca, según la historiografía tradicional. 1) En primer lugar, es generalmente aceptado que el Maestro Francisco de Vitoria, catedrático de Prima de la Facultad de Teología de Salamanca, fue el origen y primer impulsor de este movimiento cultural. Es decir, se trata de un grupo de intelectuales en torno al Maestro Vitoria, que él formó y a los cuales transmitió unas pautas científicas concretas10. católico, Madrid, BAC, 2009. 8 Cirilo Flórez Miguel, La primera Escuela de Salamanca (1406-1516), Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2012. 9 José Barrientos, “La Escuela de Salamanca. Desarrollo y caracteres”, en Ciudad de Dios, 208 (1995), pp. 1041-1079. Vid. también Juan Belda Plans, “Hacia una noción crítica de la Escuela de Salamanca”, en Scripta Theologica, 31/2 (1999), pp. 367-411. 10 María Martín Gómez, “Francisco de Vitoria y la Escuela Ibérica de la Paz”, en Revista Portuguesa de Filosofía, 75/2 (2019), pp. 861-890. Vid. también Juan Belda Plans, La Escuela de Salamanca y la renovación de la teología en el siglo XVI, Madrid, BAC, 2000, pp. 170-178, y cap. IV, pp. 313-s. 396 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 2) En segundo lugar, cabe señalar que no se trataba de una «Escuela» en el sentido medieval del término; i.e., una Escuela compuesta por un gran Maestro, jefe de filas, cuyos discípulos seguían fielmente sus doctrinas y las defendían a ultranza frente a otras posturas. Son las famosas Escuelas Tomista, Escotista y Nominalista, que generalmente coincidían con determinadas Órdenes Religiosas a la que pertenecía el Maestro principal. Los debates ocasionados en defensa de una u otra tesis de la Escuela eran cerrados, y a veces no exentos de cierta obcecación. En el caso que nos ocupa no es así. Vitoria no inicia una Escuela al estilo medieval; no se trata tanto de contenidos concretos, cuanto de un “espíritu científico común” de hacer teología; o si se quiere, un estilo de trabajo teológico que no sigue a un autor determinado, sino que busca la verdad, allí donde esta se pueda encontrar. Por eso el Maestro Vitoria defiende una libertad científica hasta ahora inusual, en el sentido de no «juramentarse» (como él expresa) por ningún autor, ni corriente teológica cerrada, sino que preconiza una búsqueda libre y personal de la verdad, que da lugar a posturas variadas en cuanto a los contenidos concretos, de manera que podemos encontrar opiniones de muy diversos autores (de cualquiera de las Escuelas medievales, o de los autores contemporáneos)11. Les une un espíritu científico común, que, eso sí, reviste unas ciertas características que veremos a continuación. Esto hace que se pueda señalar una cierta conexión entre ellos, que de algún modo les une y caracteriza, pero de muy distinta manera a lo que ocurría en las Escuelas tradicionales medievales. 3) Vitoria crea una metodología teológica original, que seguirán sus discípulos, y que caracteriza específicamente el quehacer teológico de su Escuela. Es la famosa metodología de los loci theologici, que constituye una nueva epistemología teológica. Esta es recogida y teorizada ampliamente por su principal discípulo Melchor Cano, en su no menos famoso tratado De locis theologicis, libri duodecim, publicado póstumamente en 156312. Esta obra supuso un «antes» y un «después» en la teología coetánea. De hecho, este método de argumentación y de tratamiento de las cuestiones teológicas se impuso de manera general, y durará siglos. La cátedra De locis que se instaura en las Universidades poco después, da fe de ello. Este rasgo principal y definitorio es el que no se encuentra en otros contextos teológicos anteriores (siglo XV, por ejemplo), o en el mismo siglo XVI en la labor teológica de los maestros pertenecientes a otros ámbitos (sobre todo franciscanos). 11 En relación al “tomismo” y a la libertad de investigación, preconizados por Vitoria, vid. exposición amplia en Juan Belda Plans, La Escuela de Salamanca y la renovación de la teología en el siglo XVI, Madrid, BAC, 2000, pp. 209-243. 12 Ibidem, pp. 549-572. 397 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 4) Otra nota característica es el “tomismo abierto” que asume Vitoria (y subsiguientemente sus discípulos). Se suele aludir a que la Escuela de Salamanca de Vitoria es una escuela “tomista”, es decir que en general sigue fielmente los dictados del Aquinate; algo semejante a lo que sucedía en las Escuelas clásicas medievales, donde encontramos a un Capreolo, a un Deza, o a un Cayetano, por citar a los más famosos autores bajomedievales. Esta idea no es correcta, a nuestro modo de ver. Lo cierto es que Santo Tomás es para ellos el teólogo más autorizado y de más prestigio, en el cual se ensalza su gran genio y santidad, presente en toda su obra. Se le admira y respeta en primer lugar. Pero hay que añadir que no se le sigue siempre, ni sin discernimiento previo. Esto lo afirma expresamente Vitoria, cuando aconseja tener muy en cuenta la doctrina del Aquinate, pero al que no hay que seguir siempre por principio; es más, habrá veces que parezcan más convincentes otras posturas teológicas, y en ese caso no hay inconveniente de apartarse de las opiniones de Santo Tomás13. 5) Finalmente, es también definitorio de la Escuela vitoriana lo que podríamos llamar “humanismo crítico”, tema este de gran alcance, que aquí no podemos sino resumir en breves trazos. Vitoria (y sus discípulos) son hijos de su tiempo, y en la época de la que tratamos, culturalmente mandaba el humanismo renacentista. Proyectado en el quehacer teológico, esto suponía una serie de notas específicas de gran relevancia, como eran trabajar sobre las fuentes bíblicas originales, dar un realce especial al aparato de teología positiva (Sagrada Escritura, Santos Padres y fuentes de autoridad conciliares, pontificias, etc.). Frente a una teología bajomedieval más bien “verbosista”, con una carga dialéctica exagerada (es decir, abstracta y especulativa en exceso), en la que el papel de las fuentes teológicas era gravemente descuidado. El elemento racionalfilosófico se hallaba hipertrofiado, oscureciendo, o incluso prescindiendo, de las autenticas fuentes de la Teología. Para Vitoria y su Escuela esto debía ser corregido de manera apodíctica. Su teología es, lo que podríamos llamar una teología primariamente “positiva”, en el sentido indicado. No se trataba del “biblismo” casi absoluto de un Erasmo, o, sobre todo de Lutero y los protestantes, pero ese enfoque positivo de la teología se hace presente de manera fundamental. Sin embargo, por otro lado, se rechaza el desprecio de los humanistas a la labor racional en sede teológica (la razón filosófica), que también debe entrar en el trabajo teológico en la medida conveniente. Es decir, los teólogos 13 Vid. Juan Belda Plans, La Escuela de Salamanca y la renovación de la teología en el siglo XVI, Madrid, BAC, 2000, cap. III. 398 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 salmantinos aceptan las buenas aportaciones de la cultura humanista, pero rechazan algunos de sus extremos. Por eso podemos hablar de un cierto “humanismo crítico”. Hay otros muchos elementos tomados del humanismo (aunque de menor trascendencia), como son el cuidado del estilo latino, los aspectos formales de estructurar y exponer la teología, que se desembaraza en gran medida de la “pesantez” clásica medieval (quaestiones disputatae, Sumas, estructura formal en partes, cuestiones y artículos, etc.). Se agiliza de manera fundamental el trabajo teológico adaptándolo a los nuevos tiempos14. 4. Nuevas perspectivas. Hacia un nuevo concepto A este respecto cabría plantearse: ¿hasta qué punto es necesario plantearse el presente debate? ¿Es realmente necesario redefinir, “deconstruir”, o modificar el concepto clásico? Analizaremos enseguida esta cuestión, pero ante todo debemos señalar que el interés, o el impulso que conduce a esta revisión del concepto, no procede propiamente del campo histórico-teológico, cuanto de otras áreas de conocimiento, como el ámbito jurídico o sociopolítico, filosófico, o incluso las ciencias relacionadas con la Economía. En todos estos casos sus cultivadores han estudiado los contenidos científicos aportados por los grandes maestros salmantinos, valorándolos en gran medida, pero desentendiéndose de algún modo de la cuestión historiográfica que ahora nos ocupa. Por ello el concepto tradicional ya no cuadraría con intereses mucho más amplios que los estrictamente teológicos. De ahí el empeño por proponer un nuevo concepto, revisando y corrigiendo el anterior. Los nuevos estudios históricos, que dan lugar a la búsqueda de una nueva noción de la Escuela de Salamanca, apuntan a varios elementos definitorios novedosos, que podemos resumir aquí. 1) En general, debe tratarse de un concepto flexible y amplio, de modo que pueda abarcar los elementos variados y complejos que la constituirían. Hemos de prescindir, por lo tanto, de una noción demasiado estrecha o cerrada, es decir, una Escuela que se reduce a la Universidad de Salamanca y exclusivamente teológica. 2) Hay que afirmar como un elemento definitorio importante el carácter interdisciplinar de la Escuela. Dichos estudiosos se fijan principalmente en los contenidos que afectan a sus ciencias concretas, y se desentienden casi por completo de la base teológica, moral o canónica, es decir, de la raíz cristiana 14 Juan Belda Plans, “Teología y Humanismo en la Escuela de Salamanca del siglo XVI”, en «Confrontación de la Teología y la Cultura», III Simposio de Teología Histórica, Facultad de Teología San Vicente Ferrer. Valencia, 1984, pp. 169-174. Exposición extensa del tema en Idem, La Escuela de Salamanca y la renovación de la teología en el siglo XVI, pp. 243-311. 399 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 como punto de partida de esos maestros salmantinos. Además de las ciencias sagradas, se añaden diversos campos científicos; la Escuela de Salamanca es una escuela jurídica, filosófica, económica, socio-política, física, etc. Derivado, quizá, del sentido ético-moral y práctico de su tarea científica, los grandes Maestros salmantinos estudian materias muy diferentes entre sí. Desde luego el campo teológico es el fundamental y primario, lo mismo que el jurídicocanónico, o el filosófico. Sin embargo, se extiende también al ámbito de otras ciencias como el Derecho, la Economía, la Política, o la Sociología. Incluso se alarga su actividad a las ciencias positivas como la Física o la Astronomía15. Es lo que podríamos denominar “interdisciplinariedad” de la Escuela. No es solo, entonces, una Escuela de Teología, o de Cánones; su aportación científica va más allá, extendiéndose a otros campos científicos diversos. Resultan evidentes unas contribuciones originales de los teólogos de la Escuela en esas áreas de conocimiento, que han sido reconocidas en la actualidad como fundamentales para esas Ciencias. Es de admirar, por ejemplo, que los historiadores actuales de las Ciencias Económicas reconozcan a algunos de estos autores salmantinos como pioneros en esos campos científicos, cuyas teorías tuvieron una especial relevancia en el avance de esas ciencias16. Que el punto de partida de estos sabios salmantinos (en cuanto a la materia de estudio) sean las Ciencias Sagradas, en concreto la teología, no debe extrañar a nadie, puesto que primariamente eran catedráticos de las Facultades de estas Ciencias; es más, eran profesores de gran fama en esas áreas de conocimiento, hasta el punto de que atraían a alumnos de toda Europa. El éxito académico era contundente. No obstante, la pregunta que queda en aire es más bien esta otra: ¿por qué estos teólogos y canonistas hablan de materias de otros campos científicos, ajenas a sus estudios propios? Se trata de profesionales de esas ciencias eclesiásticas, que contribuyen sustancialmente en otros campos científicos. Sin duda este es un fenómeno nuevo y de algún modo extraño. ¿Cuál la razón de ser de ello? La respuesta guarda relación ante todo con la concepción original que estos autores tuvieron de la teología. Vitoria, por ejemplo, habla expresamente de cómo no hay ningún tema o materia que no pueda ser objeto de la teología; o, dicho de otro modo, el objeto de la teología alcanza un espectro muy amplio de cuestiones diversas. Afirma, por ejemplo: “El oficio y cometido del teólogo abarca tanto que ningún argumento, ninguna 15 Es sorprendente el estudio realizado por autores de estas áreas, como el de Juan José Pérez Camacho- Ignacio Sols, “Domingo de Soto en el origen de la Ciencia Moderna”, en Revista de Filosofía de la Universidad Complutense (3ª época), 7 (1994), pp. 27-49. 16 Marjorie Grice-Hutchinson, The School of Salamanca. Readings in Spanish monetary theory, Oxford, Clarendon Press, 1952; y también, “Los economistas españoles y la Historia del Análisis Económico de Schumpeter”, en Ensayos sobre el pensamiento económico en España, Madrid, Alianza ed., 1995, pp. 75-94. Muy iluminadora sobre el tema es la Introducción de los editores de esta obra: L. Moss y Ch. Ryan, pp. 15-39. 406 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 semejante de la gran aportación canónica y moral de Azpilcueta. Así lo muestran diversos indicadores, en especial el gran número de estudios y monografías que reconocen este hecho como indiscutible36. Por tanto, se puede señalar que es el momento «dorado» de la Escuela de Salamanca. 5. ¿Por qué la Escuela de Salamanca? Claves históricas interpretativas Aquí sería preciso abordar nuevas preguntas, como las siguientes: ¿por qué la Escuela de Salamanca? ¿Por qué en este momento histórico? ¿Por qué en Salamanca? ¿Porqué su gran expansión e influencia mundial? ¿De qué dependió su profunda originalidad? Esta cuestión reviste gran interés porque a partir de ella podemos conocer mejor su alcance histórico y su misma interpretación. La pregunta es, por tanto: ¿cuáles serían las claves para poder fundamentar un nuevo concepto de Escuela de Salamanca? O, dicho de otro modo: ¿cuáles serían las condiciones de posibilidad de la Escuela? Esta misma cuestión es planteada por la historiadora de la Universidad de Salamanca Ana María Carabias37. La respuesta que aporta se mueve particularmente en el campo socio-político. Según esta autora los profesores y científicos salmantinos se vieron requeridos a dar respuestas urgentes a graves problemas planteados en ese momento histórico; en concreto se refiere a los dictámenes científicos reclamados por los Reyes y Papas en torno a las medidas espaciales, en relación a los descubrimientos territoriales americanos; o también a las rectificaciones del calendario meteorológico juliano, que se buscaban en este momento; o así mismo, a los problemas derivados del divorcio del rey inglés Enrique VIII, y otros parecidos. Todo ello dio lugar a una especie de habitus de reflexión y búsqueda de soluciones originales, que con el tiempo consiguió excelentes resultados. A nuestro modo de ver, este enfoque de la cuestión es sin duda valioso, pero no sería suficiente para dar razón de un fenómeno tan amplio y fecundo como el que estudiamos, porque prescindiría de algunos aspectos del mayor interés. Hubo elementos, que aquí no se contemplan y que exigieron un esfuerzo enorme y una originalidad sin precedentes. Nos referimos, entre otros, a la gran decadencia de la teología en la Baja Edad Media. Sus métodos y planteamientos habían quedado obsoletos y eran objeto de las más duras críticas por parte de diversas instancias del momento. Había que reinventar una nueva teología que sirviese para los empeños graves de este momento histórico. Esta tarea fue 36 Vid. Egío- Ramírez Santos (2020, passim). 37 Ana María Carabias Torres, La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación, Working Paper Series No. 2015-03, pp. 33-34. En The School of Salamanca. A Digital Collection of Sources and a Dictionary of its Juridical-Political Language. Max-Planck-Institut für Rechtsgeschichte und Rechtstheorie, Frankfurt (am M.). 407 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 la que abordó de lleno el Maestro Francisco de Vitoria y sus discípulos en la Facultad de Teología de Salamanca, en especial su más destacado discípulo Melchor Cano, quién puso por escrito las originales ideas de su Maestro en el tratado epistemológico De locis theologicis. Gracias a esta teología renovada y vigorosa, la así llamada “Escuela de Salamanca” pudo llegar a jugar un importante papel en la cultura del aquel tiempo. No podemos olvidar tampoco los retos planteados por la Reforma luterana, de tan largo alcance en una sociedad profundamente religiosa. Ello desembocará en el Concilio de Trento en donde, como es sabido, la presencia de los teólogos de la Escuela salmantina jugó un papel de primera magnitud38, cosa que no se puede entender sin un trabajo y estudio exigentes de largo aliento. En definitiva, la cuestión del por qué la Escuela de Salamanca y su importancia y del por qué en este momento histórico, es compleja y requeriría de investigaciones adicionales. Aquí solamente aventuramos algunas propuestas39. La Modernidad ha planteado nuevos desafíos. Nos situamos en los albores de una nueva época histórica: es el paso de la Edad Media a la Modernidad, que aporta unos parámetros antropológicos, culturales y sociológicos muy diversos de los anteriores. El horizonte geográfico mundial conlleva una serie de planteamientos nuevos y revolucionarios. Ya no se trata de la relación entre países tan solo (europeos), sino entre continentes, con ámbitos humanos y culturales totalmente nuevos. Esto plantea multitud de problemas antropológicos, políticos y jurídicos. Es, entre otras cosas, el origen del paso trascendente del orbis christianus al orbis universalis (totus orbis). Todo ello suponía ir más allá de los límites de las puras ciencias eclesiásticas y su temática propia. Los teólogos y canonistas tuvieron que salir al paso de nuevos planteamientos y problemas, con respuestas originales. Se trataba de una suerte de “teología práctica”, que aportaba enfoques éticos y morales a los graves problemas humanos planteados por entonces. El florecimiento de una nueva teología se basó en gran parte en las originales aportaciones de la Escuela hechas por los maestros de la Facultad de Teología salmantina. ¿Por qué la teología tuvo esa influencia? El gran papel de la teología en ese momento histórico (principios del s. XVI) se debió principalmente al alto nivel alcanzado, dentro de una sociedad plenamente cristiana. Contemplamos una teología renovada profundamente, debido ante todo al original método teológico ideado por Vitoria: los loci theologici, es decir, el retorno a las fuentes teológicas (Sagrada Escritura, tradición, Santos Padres, magisterio eclesiástico, etc.). Al mismo tiempo, conservando la vena especulativa característica del apogeo de la escolástica del siglo XIII), se logra 38 Cfr. Hubert Jedin, Geschichte des Konzils von Trient, Freiburg, Br., Herder, 1957, 5 vols. Reeditado: WBG, Darmstadt, 2017. 39 A partir de aquí aportamos nuestra propia posición, basada en numerosos trabajos históricos sobre esta época, que venimos realizando desde tiempo atrás. Vid. CV en mi web: juanbeldaplans.com 408 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 un equilibrio, perdido anteriormente, echando mano de una teología con una fuerte influencia de la cultura humanista, con sus elementos característicos: latín clásico, agilidad formal, temas vivos, fuentes bíblicas originales (hebreo y griego). En síntesis, se trata de una teología renovada capaz de dar respuesta a muchos interrogantes del momento, proyectando la luz de la revelación cristiana, junto con la especulación filosófica. La teología como ciencia moral y práctica se desarrolla a manos de los teólogos y canonistas a quienes llegaban con frecuencia consultas sobre problemas relacionados con la licitud moral de situaciones y casos, sobre todo en el campo mercantil y económico. Los nuevos tiempos habían propiciado nuevas cuestiones que producían dudas de conciencia a sus protagonistas. Era el caso de las operaciones mercantiles: préstamos, contratos, precio justo, transacciones económicas, cambios monetarios, inflación, etc. Sobre todo eran consultados teólogos y canonistas, buscando criterios morales. Para poder proporcionar un criterio fundado, los teólogos debían conocer a fondo la realidad concreta sobre la que se planteaban esos problemas morales, su naturaleza propia. Pero al ser cuestiones nuevas, se debía estudiar y precisar conceptualmente de qué se trataba. De ahí que acabaran haciendo aportaciones fundamentales en esos campos científicos. Los profesionales actuales de las ciencias políticas y económicas; igualmente en el campo del derecho, y otros, reconocen a esos autores como pioneros en esas áreas científicas. La presencia española en América, a su vez, generó preocupaciones antropológicas y jurídicas. El gran tema de la época fue la famosa “duda indiana”: ¿era lícito jurídica y moralmente la ocupación y conquista de América por parte de los españoles? La discusión sobre esta cuestión fue el detonante de algunas de las principales aportaciones de la Escuela de Salamanca. Se pedían respuestas fundadas a estos interrogantes: ello contribuyó al gran esfuerzo de pensamiento creador sobre temas nuevos. Temas derivados fueron: la dignidad de toda persona humana (cristianos o paganos); el derecho de propiedad (o de “dominio”, como se denominaba técnicamente); el Derecho de Gentes, la libertad política, etc. La Escuela salmantina es conocida sobre todo en relación con este tema. De esta manera, el tomismo filosófico-teológico apunta a la recuperación de la filosofía tomista con planteamientos eficaces para resolver estos problemas planteados. Suponía una cosmovisión metafísica realista (frente al nominalismo), y unos planteamientos antropológicos concretos, capaces de enfrentarse con los interrogantes del momento. El papel de la ley natural y su aplicación, tuvieron gran importancia. La Escuela siguió las doctrinas tomistas en general; aunque siempre conservaron cierta independencia de pensamiento que le llevaba a tamizar críticamente la doctrina tomista, cuando lo consideraban oportuno. Es un tomismo relativo y, para así decirlo, abierto, pero 409 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 muy influyente en los planteamientos de fondo. Las corrientes nominalistas de moda hasta entonces se revelaron incapaces para solucionar casos semejantes. Al mismo tiempo hubo presiones provenientes del humanismo. Los grandes humanistas del siglo XVI planteaban a los teólogos escolásticos, para ellos anclados en el pasado, varios interrogantes: a) su teología no era válida porque estaba basada en una traducción de la Sagrada Escritura (la Vulgata de San Jerónimo); era necesario ir a las “fuentes”, a las lenguas bíblicas originales (hebreo y griego). b) Se perdían en especulaciones alejadas de la vida cristiana. c) Su latín era de muy baja calidad; según ellos, había que emplear un latín clásico, preciso, propio, y sobre todo elegante. Todo ello creó un reto importante para los maestros salmantinos, que les exigió un enorme esfuerzo, pero que desembocaron en respuestas a estas exigencias. También la Reforma luterana jugó un papel fundamental en todos los aspectos de la vida social y religiosa del momento. La teología católica se vio comprometida dando lugar desde el principio a la así llamada “teología de controversia”, con la que los grandes Maestros salmantinos tuvieron que hacer frente a los desafíos planteados, como todos los demás. Lo peculiar en este caso fue que los problemas planteados se afrontaban de manera original y constructiva, intentando solucionar los problemas de una manera serena, fuera de discusiones inútiles, estudiando los temas a fondo para aportar una respuesta positiva. Un ejemplo significativo de esto es el tratamiento que hizo Melchor Cano de la eucaristía, de la misa como sacrificio, tema este rechazado por los protestantes, pero sobre el que la teología católica no se había pronunciado todavía. Había que hacer una construcción teológica nueva, sobre un problema no planteado hasta el momento. Y lo mismo ocurría con algunos temas antropológicos, relativos a la ley natural y la libertad humana. Así, la Escuela de Salamanca se vio potenciada en su labor teológica, haciendo aportaciones importantes que de otra manera es probable que no se hubieran dado. Sin embargo, estudiar la Escuela de Salamanca es, sobre todo, estudiar sus grandes autores, sus obras científicas, su pensamiento, su influencia en otros autores y áreas. Sus famosas Instituciones no dan razón, de por sí, del “terremoto” científico que se produce en este momento histórico, ni reflejan los contenidos de su aportación científica. El famoso lema de la Universidad fue: Omnium scientiarum princeps, Salmantica docet: “Salamanca enseña, por ser príncipe en todas las ciencias”. La alta calidad de sus estudios, que dieron lugar a una ciencia rectora y pionera, situaron a la Universidad de Salamanca en el puesto privilegiado que ocupó entonces. No fueron tanto sus instituciones, cuanto sus trabajos, posibilitados, eso sí, por un entramado jurídico de gran valor. Genialidad de los protagonistas. Pero, sobre todo, hay que añadir, para responder a la pregunta: ¿por qué la Escuela de Salamanca?, un factor decisivo 410 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 que casi resulta evidente: es la gran altura intelectual y religiosa (sobre todo en el caso de teólogos y canonistas), que alcanzaron estos personajes protagonistas de una revolución científica de alcance universal. Solo se puede atribuir a la Providencia de Dios, el que, en un momento histórico concreto, se diesen un grupo tan numeroso de estudiosos y científicos geniales, que hicieron una aportación decisiva al mundo. El momento y las circunstancias históricas requerían la presencia de personajes especiales, que estuvieran a la altura de los graves problemas planteados, y curiosamente allí estuvieron. 6. Conclusiones. Un concepto renovado Según lo expuesto hasta aquí, contamos ya con una serie de elementos específicos que apuntan a determinar la, así llamada, “huella digital” de la Escuela, como características esenciales que la definirían de algún modo. Es claro, al mismo tiempo, que estamos al comienzo del estudio detallado de estas nuevas categorías historiográficas. Ya se vislumbran nuevos horizontes, pero aún queda mucha materia por estudiar y fundamentar de manera definitiva. Después de nuestra exposición, pensamos que podríamos aportar nuestro punto de vista al debate moderno sobre el concepto de “Escuela de Salamanca”. Aunque es importante señalar que no se trata de un tema concluido, sino que está in fieri, y probablemente requerirá nuevas investigaciones. Existen diversos temas todavía no del todo esclarecidos; algunos de los cuales hemos señalado a lo largo de esta presentación. Así pues, podríamos hablar de la “Escuela de Salamanca” como una comunidad científica de pensadores (teólogos, canonistas y filósofos), con una actitud común ante el saber de su tiempo, que se originó en la Universidad de Salamanca, cuyos principales representantes fueron Francisco de Vitoria y sus discípulos y que crearon métodos científicos propios que tuvieron una influencia universal (transnacional) en una multitud de autores de todo el orbe (Europa, América y Asia). Al mismo tiempo, fueron creadores de un foco de producción global de conocimiento teórico-práctico, cuyo trabajo intelectual realizó aportaciones originales en diversos campos del saber (interdisciplinariedad). Finalmente, sus límites temporales propios serían los siglos XVI y XVII. Obviamente este concepto que presentamos ahora supone una importante novedad con respecto al concepto clásico vigente hasta ahora, y que nosotros mismos expusimos en nuestro estudio del año 200040. Según esto, a este fenómeno cultural que estudiamos, se le podría calificar como “Escuela” en un sentido genérico; asimismo, “de Salamanca” en cuanto que tuvo su inicio original en la Universidad de Salamanca del siglo XVI. 40 Juan Belda Plans, La Escuela de Salamanca y la renovación de la teología en el siglo XVI, Madrid, BAC, 2000. 411 ¿Qué es la Escuela de Salamanca? Nuevas perspectivas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 No obstante, a nuestro juicio, se debería mantener la denominación clásica “Escuela de Salamanca”, como la más apropiada. Todavía una observación final: nótese que la propuesta realizada hasta aquí, pretende tener un carácter inclusivo. Es decir, no se trata de prescindir completamente de la noción clásica, sino más bien de ampliarla y completarla de algún modo. Hablamos no solo la Universidad de Salamanca, sino todo el orbe; no solo los catedráticos salmantinos, sino multitud de autores influidos por Salamanca, pero independientes; no solo de la teología, sino derecho, filosofía, economía y política; incluso de algunos ámbitos de ciencias positivas, como expusimos. 412 Juan Belda Plans Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 391-415. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.20 Bibliografía: Andrés Martín, Melquiades, La Escuela teológica de Salamanca, en Tomasso D´Aquino nella storia del pensiero, Roma 1974, pp. 242-253. — La teología española en el siglo XVI, Madrid, BAC, 1976. 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