Sobre soportes epigráficos. A propósito de las inscripciones del Traianeum de Italica
Abstract
Se ofrecen algunas consideraciones sobre los tipos de soportes de las inscripciones romanas del santuario de culto imperial localizado en Italica, el Traianeum. En algunos casos son formas singulares que deben vincularse a los talleres imperiales que trabajaron en la construcción y decoración de este particular edificio; se analiza la repercusión de tales tipos en otros talleres de la Baetica, en ciudades como Iulia Traducta Tingentera, Munigua, Hispalis y Astigi. Estos pedestales se asocian generalmente a estatuas de plata dedicadas a divinidades y personificaciones augustas.
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primera * Este trabajo se incluye en los resultados del proyecto I+D+i: «Proyecto Colonia Aelia Augusta Italica (Proyecto CAAI). Arqueología del Sector NE de la vetus urbs de Italica en el marco del proceso de romanización en el Guadalquivir Inferior» (ref. HAR2017- 89004-P), aprobado y subvencionado en el marco del Plan Estatal 2013-2016 Excelencia – Proyectos I+D, del Ministerio de Economía y Competitividad de España, con Fondos Feder. Además, se realiza en las actividades del Grupo de Investigación «Historiografía y Patrimonio Andaluz» (HUM 402), del Plan Andaluz de Investigación de la Junta de Andalucía, grupo adscrito al Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla. Nuestro agradecimiento a la profesora Pilar León-Castro Alonso por proporcionarlos las imágenes de las figuras 1, 5, 8 y 9; así como al profesor Antonio Caballos Rufino por la fotografía de la figura 7. Resumen Se ofrecen algunas consideraciones sobre los tipos de soportes de las inscripciones romanas del santuario de culto imperial localizado en Italica, el Traianeum. En algunos casos son formas singulares que deben vincularse a los talleres imperiales que trabajaron en la construcción y decoración de este particular edificio; se analiza la repercusión de tales tipos en otros talleres de la Baetica, en ciudades como Iulia Traducta Tingentera, Munigua, Hispalis y Astigi. Estos pedestales se asocian generalmente a estatuas de plata dedicadas a divinidades y personificaciones augustas. Palabras clave. Baetica; época adrianea; talleres lapidarios; pedestales; relieves; estatuas de plata. Abstract In this paper various considerations are made on the variety of Roman inscription supports from the imperial cult temple in Italica, the Traianeum. Some of these present unique forms, which link them to imperial workshops that collaborated in the construction and decoration of this outstanding building. The impact of these unique pedestal types on other Roman Baetica municipalities (Iulia Traducta Tingentera, Munigua, Hispalis and Astigi) is analyzed. These pedestals are associated with silver statues dedicated to augustean deities and other personifications. Key words. Baetica; Hadrian era; lapidary workshops; pedestals; reliefs; silver statues. LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. SOBRE SOPORTES EPIGRÁFICOS. A PROPÓSITO DE LAS INSCRIPCIONES DEL TRAIANEVM DE ITALICA* ON EPIGRAPHIC SUPPORTS. APROPOS OF INSCRIPTIONS FROM THE TRAIANEVM TEMPLE IN ITALICA DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Universidad de Sevilla [email protected] https://orcid.org/0000-0002-6540-3631 JOSÉ BELTRÁN FORTES Universidad de Sevilla [email protected] https://orcid.org/0000-0001-5841-4140 ISSN: 0213-2338 | ISSN-e: 1989-9904 DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 Cómo citar este artículo / How to cite this article: Becerra Fernández, D. y Beltrán Fortes, J. (2020). Sobre soportes epigráficos. A propósito de las inscripciones del Traianeum de Italica. Lucentum, XXXIX, 269-294. https://doi.org/10.14198/LVCENTVM2020.39.12 Recepción: 09-05-2020 Aceptación: 23-07-2020 Copyright: © Daniel Becerra Fernández y José Beltrán Fortes, 2020. Este es un documento de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC-BY-4.0).
DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 270 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 1. INTRODUCCIÓN El Traianeum es el punto neurálgico sobre el que bascula todo el urbanismo de la tradicionalmente denominada –desde la monografía básica de A. García y Bellido (1960)– como nova urbs de Italica (Fig. 1), la gran ampliación urbana que se lleva a cabo durante el reinado de Adriano (Caballos y León, 1995; Caballos, Marín y Rodríguez, 1999; León, 2004; Beltrán, 2009a; Caballos, 2010a). Ello se sustenta en su evidente significado ideológico, como expresión del culto que recibe el Divus Traianus en la patria de origen del emperador reinante (León, 1988). No corresponde a este lugar entrar a valorar su consideración como Adrianeo (Cortés Copete, 2010), ya que tampoco hay pruebas concluyentes para ello; es posible que el culto al emperador reinante estuviera presente de alguna manera en el recinto de culto dinástico, junto a las de divinidades constatadas epigráficamente como Júpiter, Apolo o el Genio de la colonia, pero pensamos que la razón de ser del conjunto se vincularía originalmente a la figura de Divus Traianus, de cuyo sacerdocio se conserva una inscripción en el recinto, como veremos, así como varias estatuas póstumas de época adrianea (León, 1995: 42-49, n.os 5-6; Ojeda, 2011: 35-37, n.os 9-10), aunque no proceden del Traianeum, sino del foro (Beltrán, 2008). La construcción del conjunto religioso del Traianeum se vinculaba a una «refundación» de la ciudad como patria imperial, que incluía además su conversión de municipium a colonia Aelia Augusta Italica, como elemento de prestigio. Constituía una magnificación de sus orígenes, vinculados a la fundación por parte de Escipión el Africano, y a acontecimientos tan singulares como la presencia de dona del botín de Corinto por regalo del imperator Lucio Mummio, en lo que se ha llamado una «mitificación de Itálica» bajo el principado de Adriano (Caballos, 2018). Por otro lado, la lógica preeminencia religiosa del Traianeum, con vocación de santuario de culto dinástico, asimismo se basaba en el hecho de que «en el modelo urbanístico de las ciudades orientales el elemento definidor por excelencia es el santuario, factor clave en la imagen de la ciudad. En Italica… es el cenit de toda la reforma urbanística, se erige en símbolo de la ciudad adrianea y actúa como elemento regulador en el trazado urbano, cuyas vías invaden las exedras del pórtico…» (León-Castro, 2018: 749; cfr., Vargas, 2017a). Como ya se puso en evidencia por P. León (1988: 59-73), el Traianeum constituye un ejemplo único que Figura 1: Situación de Italica, foto aérea (cortesía de P. León) y planta del Traianeum (según Vargas, 2017a)
SOBRE SOPORTES EPIGRÁFICOS. A PROPÓSITO DE LAS INSCRIPCIONES DEL TRAIANEVM DE ITALICA 271 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 reelabora arquetipos arquitectónicos de época adrianea, pero que conecta con la tradición romana anterior y con el mundo grecohelenístico (La Rocca, 2014); se relaciona de forma evidente con otros conjuntos arquitectónicos de época adrianea, en especial con la llamada Biblioteca de Adriano en Atenas (Boatwright, 1997), pero ofrece otros elementos singulares. Así, se articula mediante una gran plaza rectangular, con un pórtico hecatostylon, que tiene en tres de sus lados exedras semicirculares que flanquean una rectangular en el centro –de dimensiones mayores (Vargas, 2017a)–, mientras que en el lado corto oriental dispone un gran propíleo hexástilo con sendas escalinatas contrapuestas. Establece, pues, una clara diferencia con la Biblioteca ateniense, ya que sitúa en el centro de la plaza el gran templo octástilo, construido de mármol hasta la techumbre (Vargas, 2017b; 2018), con el altar delante y un estanque rectangular por detrás del templo; además, el encaje urbanístico justifica que las exedras exteriores del pórtico invadan las calles que circundan el complejo arquitectónico, así como que haya dos entradas secundarias en el pórtico, una en el extremo nordeste y la otra en el suroeste. El recinto excavado estaba muy arrasado y solo se conserva la gran plataforma de base, habiendo desaparecido incluso los sillares que se colocaban sobre ella en casi todo el recinto interno, manteniéndose solo sus huellas sobre el opus caementicium; en esa superficie se identificaron los lugares donde se situarían seguramente pedestales de estatuas, de una manera simétrica y ordenada, según la restitución ideal llevada a cabo (Fig. 2). De la decoración arquitectónica solo restan disiecta membra, pero que sirvieron para poder reconstruir todo el santuario (León, 1988: 55-81; Montero, 1988). Asimismo, se conoce el empleo de ricos materiales marmóreos, especialmente el mármol de Luni, así como fustes de columnas de portasanta (para el propíleo) y de cipollino (para las columnas del pórtico); eran marmora imperiales, que se complementaron con otros mármoles béticos, como los de las canteras de Almadén de la Plata (Sevilla) y de Mijas (Málaga) (Beltrán, 2013; Becerra, 2017; 2019; Becerra, Ontiveros y Beltrán, e.p.). En este sentido se ha dicho que posiblemente las canteras de Almadén de la Plata pasarían a control imperial en aquellos momentos (Rodà, 1997), quizás impulsado por el hecho de su empleo en las edificaciones imperiales de Italica, aunque también hay opiniones contrarias (Padilla, 2018). Es significativa la escasa presencia de materiales escultóricos recuperados del Traianeum (León, 1988: 82-85), frente al gran conjunto de estatuas de otros lugares del yacimiento (Beltrán, 2010), pero ello es causado por el abandono y el expolio del edificio ya en época tardorromana. En el marco de las excavaciones dirigidas por P. León entre 1980 y 1983 en el Traianeum, se documentó una serie de inscripciones que aparecieron, en parte, reutilizadas en una edificación bajoimperial que, tras el abandono de la parte norte de la nova urbs, se construyó adosada a la fachada oriental del recinto, ocupando parte del cardo maximus; en efecto, dos epígrafes aparecieron formando parte de uno de los muros de esa construcción 1 . Otras inscripciones 1. León, 1988: 14 y 45. Asimismo, se cita la existencia de un horno para hacer cal situado en el extremo suroeste del pórtico, pero hoy sabemos que este fue construido en el marco de las excavaciones de Ivo de la Cortina en el año 1839, quien describe cómo en los meses de junio y julio, aprovechando que las áreas anteriores en las que había intervenido estaban ocupadas por labores agrícolas, trasladó su excavación a la «Ciudadela», que en realidad corresponde a los restos del Traianeum (Beltrán y Rodríguez, 2012a: 40; 2012b: 43). Figura 2: Detalle de la restitución ideal del Traianeum, según Montero, 1988, plano 12
DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 272 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 se recuperaron en el interior de la plaza porticada del santuario, tanto en la zona nordeste como en la occidental (León, 1988: plano 6). Junto a las inscripciones sobre piezas de la decoración arquitectónica, aquellos epígrafes correspondían a dos fragmentos de placas y a cinco fragmentos de pedestales, más o menos conservados que, dados a conocer por P. León (1982: 116-118), fueron estudiados en profundidad por A. Blanco Freijeiro en el momento de la publicación de los resultados de aquellas campañas de excavación (Blanco, 1988: 103-117); posteriormente fueron incluidos en el volumen correspondiente del CILA Se 342-344 y 572-574, así como en repertorios epigráficos al uso (Hispania Epigraphica; L’Année Épigraphique), mientras A. Caballos ultima su publicación en el fascículo correspondiente de la editio altera del CIL II. Por otro lado, este último autor ha realizado otros estudios de forma individualizada de las inscripciones halladas en el santuario, ahondado en los aspectos prosopográficos, que han ayudado a comprender mejor la representación de la aristocracia italicense en el Traianeum, así como ha completado la serie de inscripciones correspondientes a este edificio con una nueva pieza epigráfica (Caballos, 2003a; 2010a; 2010b; 2011). 2. DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DEL MATERIAL DE ESTUDIO Las piezas epigráficas se conservan depositadas en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla. Los materiales marmóreos son identificados en algunos casos de visu y mediante la comparativa macroscópica con otras piezas del Traianeum que sí tienen análisis petrográficos (Becerra 2019; Becerra, Ontiveros y Beltrán, e.p.). Los soportes epigráficos tienen formatos diversos, pero se pueden agrupar en cuatro categorías: 1. Pedestales, de diferentes formas (n.os 1-5); 2. Bloque, moldurado (n.º 6); 3. Placas, lisas (n.os 7-9); 4. Diferentes soportes arquitectónicos con marcas (n.os 10-13). Lógicamente estos últimos soportes constituyen una realidad diferente a los otros, pues las inscripciones se relacionan con el trabajo en la cantera o, mejor, en el taller de elaboración; las marcas debieron ser hechas antes de su traslado a Italica, y se realizan sobre elementos pétreos de origen no local. Las otras inscripciones, a pesar de la diversidad de soportes, parecen documentar en todos los casos la dedicación de estatuas a distintas divinidades y per - sonificaciones y –en algún caso– a personajes de la aristocracia italicense que desempeñaban importantes sacerdocios en la colonia. Así, los dedicantes y homenajeados exteriorizaron su estatus social, durante al menos un siglo, desde la inauguración del Traianeum en época tardoadrianea hasta el período severiano, mediante la erección de ricas esculturas elaboradas generalmente en plata y situadas en diversas partes del santuario imperial, bien en las galerías del pórtico hecatostylon o bien sobre los lugares localizados en el espacio abierto de la plaza, en torno al templo. Las placas irían embutidas en otro monumento o en una construcción, pero en ese caso pudieron estar también asociadas a pedestales hechos de obra u otro tipo de piedra y recubiertos con placas marmóreas, incluyendo la epigráfica. En relación a la placa n.º 7, si se considera factible su unión con el otro fragmento que parecía testimoniar la dedicación de tres estatuas argénteas, avalaría esta consideración. Se plantea la hipótesis de que otra placa (n.º 9), recuperada en excavaciones de 1970-1974 –dirigidas por José María Luzón Nogué–, perteneciera originalmente al conjunto del Traianeum por el propio carácter de la inscripción y el lugar en que se recuperó. Singular es la forma de la pieza n.º 6, ya que el estrecho grosor impide que sea considerado como un pedestal sensu stricto, pero debió asociarse a otro elemento que cumpliera esa función de soporte de estatua, que en este caso es la de un particular y no una divinidad; la decoración moldurada de los laterales impide que se piense en que estuviera empotrada a la manera de las placas, pero el bloque epigráfico debió estar asociado al elemento o pedestal que sostuviera la estatua. Los soportes que formalmente cumplen de forma clara la función de pedestales de estatuas se dividen en dos tipos: en primer lugar, el documentado en las dos primeras piezas (n.os 1-2), que presentan un perfil cóncavo en el cuerpo inferior, aunque no sabemos cómo se desarrollaba; las hemos vinculado a un tipo de soporte documentado en una pieza romana de la actual Algeciras, que denominamos como pedestal de doble balaustrada (Beltrán y Ventura, 1992-1993). En segundo lugar, el tipo en que solo se dispone un bloque paralelepipédico, de orientación horizontal (n.os 3-5); asimismo cabría la hipótesis de que coronaran cuerpos similares, es decir, pedestales en forma de doble balaustrada con el coronamiento hecho aparte, pero no hay argumentos sólidos, pues podrían ir simplemente colocadas en hornacinas. En este segundo tipo se advierten dos variantes, una con el campo epigráfico delimitado por un listel rectangular, liso (n.os 3-4), y otra sin delimitación del campo epigráfico (n.º 5). A. Blanco (1988) calificó a todos estos soportes como «consolas», pero el término no tiene que ver con su definición actual, ni con la función de soportar una imago. Dado que la faceta epigráfica es bien conocida en estos materiales, con abundante bibliografía, no insistiremos en ella, y solo haremos referencia a aquellos aspectos que interesen para completar el análisis formal y decorativo, la cronología o para entender el contexto en que se desarrollaban.
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DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 274 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 y a continuación una hoja de acanto con lóbulos redondeados. En el medio se reconoce claramente la parte superior de una cítara, que hace referencia a la divinidad que se representaba en la estatua, Apollo Augustus, para el que la cítara es claro atributo. Además, en línea con ese gusto recargado por los elementos vegetales, otra hoja de acanto –pero dispuesta en posición vertical como si de una corona se tratara– ocupa el espacio libre central por arriba del instrumento musical, a la vez que dos bulbos vegetales flanquean a la cítara, que podrían corresponder a dos capullos de laurel, planta consagrada a ese dios. Desde el punto de vista técnico es interesante anotar el empleo de profundos golpes de trépano en el relieve para delimitar las hojas de acanto, así como en la cítara. Aunque no se ha analizado el mármol, las características macroscópicas –mármol compacto de grano medio, de color blanco con grandes bandas grisáceas– apunta de forma clara a su identificación como de las canteras de Almadén de la Plata (Sevilla) (Taylor, 2015; Becerra, 2019: 1032). La inscripción recordaba el acto evergético de un alto magistrado de la colonia, M(arcus) Sentius M(arci) f(ilius) Serg(ia tribu) Maurianus, que había sido aedilis y IIvir y que dedica a Apollo Augustus una estatua de 100 libras de plata (según CILA Se 342, con bibliografía anterior), con motivo del desempeño del sacerdocio de augur perpetuus colon(iae) · Ael(iae) · Aug(ustae) · Ital(icae), como ya indicó A. Blanco (1983: 7-8; 1988: 110). La ordinatio es cuidada, con letras de mayor tamaño en la l. 1ª y ausencia de cortes de palabras; quizá la falta de espacio en la l. 2ª, que explica el nexo RI en Maurianus, pudiera también justificar la interpretación de Mauri(t) anus por Maurianus, pero la existencia de este cognomen, aunque muy raro (Kajanto, 1965: 206) –asimismo derivado del étnico Maurus–, no lo justifica. A la misma gens Sentia pertenece el evérgeta que impulsó la creación del santuario de Caelestis-Nemesis en el anfiteatro de Italica (Beltrán y Rodríguez, 2004: 87-89), que asimismo presenta un cognomen de origen étnico en relación con el norte africano; así, Marcus Sentius Africanus que realiza el votum cum liberis a Caelestis Pia Augusta, referido en una placa embutida al pie de la estatua de culto de la diosa (CILA Se 348, con bibliografía anterior). La referencia a la colonia en la inscripción de Apollo Augustus implica lógicamente un momento post quem en la colocación de la estatua. A. Blanco (1988: 110) la dató a mediados del siglo II d. C., en época de Antonino Pío –también plantea en otro lugar alargar esa cronología a época de Marco Aurelio (Blanco, 1988: 108)–, y en CILA Se 342 se fecha a finales del siglo I d. C. o primer tercio del II d. C., por el tipo de letra, pero no se tiene en cuenta el lógico argumento post quem de la construc - ción del Traianeum en época adrianea. A nosotros nos parece más probable que se feche en los momentos finales del principado de Adriano, acorde con el primer uso del edificio dinástico, como la pieza siguiente. También en época adrianea la fechaba A. M. Canto (1985: 168). Sobre el tipo de soporte y la erección de estatuas de plata trataremos más adelante. N.º 2. Pedestal de estatua del Genius coloniae (Fig. 4, A-B) La pieza fue descubierta en 1980 en el mismo contexto secundario que la pieza anterior, reutilizada en la construcción tardoantigua, y presenta características formales similares. El material corresponde a un mármol de grano medio-fino, compacto, de calidad, de color blanco, con venas y bandas marrones o rojas muy intensas y con pátina amarillenta, que de visu creemos que procede de las canteras de Almadén de la Plata (Sevilla) (Taylor, 2015; Becerra, 2019: 1030). Mide en lo conservado (29) x 58 x (22,5) cm, por lo que es de dimensiones bastante más pequeñas que la anterior. También se ha preservado solo la parte superior del soporte, con idéntico cimacio cuadrangular liso, pero roto en la zona derecha y en toda la parte posterior; no tiene en este caso rebajes para el asiento de la estatua. También las caras superior y laterales están solo trabajadas con la bujarda, sin alisar, mientras que la cara epigráfica dispone del mismo tipo de rehundimiento y de moldura, mediante un listel liso. Los perfiles cóncavos del cuerpo inferior son algo más acentuados, pero se han conservado en menor grado; de hecho, no se advierte la decoración lateral, que debió llevar. En el frente ocupan las esquinas cóncavas –en lo conservado– los extremos de dos grandes hojas de forma lanceolada, con nervio central, que enmarcan un motivo. Se trata de la parte superior de una Gorgona, de la que se reconocen las dos alas muy abiertas y bien representadas, así como las dos cabezas de serpientes afrontadas, que enmarcarían la cabellera del gorgoneion. A. M. Canto pensó que la pieza debía ser encastrada en los muros de la construcción, por lo que «la cara visible sería solamente la inscrita» (Canto, 1985: 170), pero ello lo invalida la decoración de los laterales y la propia forma del soporte, similar a la pieza anterior, que sí conserva los huecos para encajar la estatua en la parte superior. En este caso se presenta una cuidada ordinatio, apreciándose las líneas-guía, pero se cambia la estructura que hemos visto en la pieza anterior; así, en la l. 1ª aparece el nombre del dedicante, M. Cassius Caecili[anus], en letras de tamaño mayor, y solo en la línea final se dispone a quien va hecha la dedicación, el Genius coloniae splendidissimae Italicensis (CILA Se 343, con bibliografía anterior). En este caso la dedicación se hace para conmemorar el desempeño del duovirato colonial por parte del dedicante, que indica que es flamen perpetuus Divi Traiani, así como flaminalis provin(ciae) Baeticae. Además, se erigen en esta ocasión cuatro estatuas argénteas del Genio de la colonia, por lo que debieron de haber cuatro pedestales, seguramente gemelos. Esta dedicación plantea ciertas dudas. En primer lugar, de nuevo, la cronología; así, A. Blanco (1988: 108) la dató durante el principado de Marco Aurelio, debido al hecho de que en el busto de Adriano de Italica (León, 1995: 80-81, n.º 22) también aparece un gorgoneion en la coraza, pero ello no nos parece determinante; J. González (CILA Se 343) la fecha durante la primera mitad del siglo II d. C.,
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DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 276 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 mismo Traianeum, que hemos recogido más adelante bajo el n.º 9. Digamos ahora que, si se considera la identidad de ambos y la lógica datación adrianea para esta placa, habría que vincularla al Traianeum. Esto supondría un indicador ante quem para el pedestal que estamos tratando ahora, que debería por tanto datarse efectivamente en época tardoadrianea. En ese caso, tras haber desempeñado una importante carrera política y religiosa en Italica y la Bética, habría sido elevado al ordo senatorius por Adriano. Ello reforzaría la importancia local de Marcus Cassius Caecilianus, pues lo vinculaba directamente al propio emperador, justificando además el desempeño de ese raro culto a Trajano divinizado. Ello, incluso podría explicar la colocación preeminente de su nombre en la inscripción. A. Blanco apuntó que, puesto que Adriano había autorizado la fundación colonial a Italica, cabía la posibilidad de que, en el reinado de Marco Aurelio –en que él databa la pieza–, hubiera sido asimilado aquel emperador al Genius coloniae, y que los cuatro pedestales sostuvieran su efigie (Blanco 1988: 108). Más recientemente J. M. Cortés (2010: 591-592) ahonda en esta idea, añadiendo que «por debajo de la cartela rehundida en la que figura la inscripción se encuentran restos de lo que parece ser la cabeza de Gorgona en relieve, uno de los símbolos más queridos del emperador Adriano» (Cortés 2010: 592). Es verdad la singularidad de la presencia del gorgoneion, que no tiene relación directa con el Genius coloniae, pero el que estos pedestales fueran soportes de estatuas de Adriano no nos parece factible por el simple hecho de la estructura del epígrafe. En ese caso el dedicante aparecería en posición preeminente y la referencia de Adriano/Genius se colocaba al final de la inscripción, lo que sería impensable en aquel espacio de culto dinástico imperial; más bien el Genius coloniae es una personificación de la civitas (Dema, 2007) y de ahí la pertenencia de su dedicación en conmemoración del acceso a la principal magistratura cívica. En todo caso, podríamos pensar que tras la colocación del gorgoneion sí se podría insinuar aquella especial relación de Ceciliano con Adriano, por ser símbolo imperial, si el personaje se identifica entre los senadores directamente elevados por el favor del emperador. También ha creado cierta controversia la referencia sobre la expresión statuas quae sunt in ordinem positae n(umero) IIII, según reza la inscripción. Normalmente esa indicación era simple referencia de que las estatuas estaban colocadas, agrupadas y ordenadas en el propio Traianeum (Blanco, 1983: 2-7; 1988: 108), destacando que eran cuatro, pero para otros podría significar que las esculturas estuvieran colocadas en otro lugar, en concreto en la curia del foro donde se reunía el ordo, como sostenía A. M. Canto, quien afirma que «puede deducirse que la dedicación no se hace en el mismo lugar de la erección, puesto que no haría falta, y podría pensarse que la curia estaba dentro de la vetus urbs» (Canto, 1985: 167); aunque no se indicaba expresamente por esa investigadora, ese razonamiento podría conllevar que este pedestal erigido en el Traianeum tuviera la función de recordatorio en honor del propio M. Casio Ceciliano y que sostuviera su estatua, lo que explicaría también que su nombre aparezca citado en primer lugar. Es una solución que no creemos que pueda desecharse, aunque sorprendería en ese caso que su estatua no se hubiera colocado en el foro de la colonia3, sino en el santuario imperial; la única justificación sería su vinculación al culto imperial, por los sacerdocios desempeñados, y –en el caso antes indicado de la adlectio– al propio emperador reinante. Finalmente, nos parece lógico pensar que la cantidad de 100 libras argénteas correspondía a cada una de las cuatro estatuas (Canto 1985: 167; Melchor, 1994: 75; 2004: 263), siguiendo la norma de 100 libras por pieza4, lo que significaba una inversión total de 400 libras de plata. 2.1.2. Pedestales en forma de bloque paralelepipédico horizontal N.º 3. Pedestal de estatua de Iuppiter (Fig. 5, A) Esta pieza apareció en la plaza del Traianeum y tiene unas dimensiones de 25 x (23) x (16) cm. No podemos plantear a qué origen pertenece el mármol blanco en que está trabajada. En este caso corresponde a un bloque paralelepipédico, de orientación horizontal, fracturado por su lado derecho. Queda la duda de si se trataba de una pieza única, colocada seguramente en una hornacina, quizás en la cara interna del muro de cierre del pórtico del Traianeum, o bien será –como pieza hecha aparte– el coronamiento de un pedestal en forma de doble balaustrada similar a las dos piezas anteriores, teniendo en cuenta que coincide en aspectos formales tales como el rehundimiento del campo epigráfico y la moldura que lo enmarca, conformada por un simple listel rectangular. No obstante, la cara inferior del bloque es lisa, con un simple tratamiento de bujarda, lo que parece abogar por la primera solución. La inscripción no está tan bien elaborada como en los dos casos anteriores, aunque coindice en el hecho habitual de que la primera línea tiene mayores dimensiones y aparece el nombre de la divinidad representada en la estatua, seguramente también argéntea, que sustentaba (vid., CILA Se 344); así, está dedicada a Iupitter, seguramente como Optimus Maximus, según ya fue apuntado por A. Blanco (1988: 113-116). Del dedicante, M(arcus) Antistius [---], no se sabe el cognomen; al final de esa l. 2ª hay restos de una letra, posiblemente una P –de 3. Ello encajaría con la hipótesis de que el pórtico y plaza del Traianeum fueran el nuevo «foro colonial», ya apuntada por A. M. Canto (1985: 168); a pesar del matiz que se le da a esta interpretación J. M. Luzón y E. Castillo (2006: 204), creemos que no hay argumentos para mantener esta postura y, en conclusión, el foro colonial debió seguir estando en la llamada vetus urbs de Italica como continuación del foro municipal (Beltrán, 2012). 4. Otras piezas béticas hacen referencia a un hecho similar: CIL II 1278, 1473, 1474.
SOBRE SOPORTES EPIGRÁFICOS. A PROPÓSITO DE LAS INSCRIPCIONES DEL TRAIANEVM DE ITALICA 277 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 P(ublius)–, nombre del padre, referido a la filiación. A. Blanco restituyó el final de la l. 3ª como Patriciensis, considerando además que «M. Antistius podría ser el hermano de L. Antistius Rusticus, duovir de Córdoba, caso de ser el mismo su cognomen» (Blanco, 1988: 114), pero ello no parece posible por el desfase cronológico. Es significativo que el dedicante no era italicense; el nomen Antistius está atestiguado en otros lugares de la Bética, aunque realmente no es muy común (CILA Se 21). Por otro lado, la inscripción presenta las salvedades de que la erección de la imago se hace en honor del Genio de la colonia, que de nuevo reaparece en el contexto de la epigrafía del Traianeum, y que en ella se acompaña el nombre del dedicante con el de su hijo5. En esa referencia al descendiente se advierte el error del lapicida, ya que el término fil(io), que se olvidó en la l. 5ª, se añade en la siguiente, en el lugar que debería haberse colocado en aquella. En la parte que falta por la fractura es posible que se indicara la distinción que justificaba la dedicación y, posiblemente, el que la estatua era de plata, como las otras anteriormente vistas. Se ha datado paleográficamente en la primera mitad del siglo II d. C. (CILA Se 21) o a mediados de esa centuria (Blanco, 1988: 116), pero creemos que la forma del soporte y paleografía apuntan a la época de Antonino Pío. N.º 4. Pedestal de estatua de una divinidad desconocida (Fig. 5, B). Se conserva solo un fragmento muy pequeño de esta pieza, de la parte inferior, que tiene unas dimensiones de (9) x (11,5) x (5) cm. No obstante, podemos deducir 5. A. Caballos (2011: 198) propone que el cognomen del hijo podría ser Luca[nus]; mientras que J. M. Luzón y E. Castillo (2006: 207) consideran que faltaría el cognomen y lo que no se encuentra debe transcribirse como vo[to susceptu?]. que corresponde a la parte inferior de un soporte similar al anteriormente analizado, con el que coincide en el rehundimiento del campo epigráfico y en la moldura simple que lo enmarca; ello lleva a identificarlo como de carácter votivo, aunque no sabemos a qué divinidad estaría consagrado y si la estatua pudo ser de plata, lo que es probable. La superficie del campo epigráfico muestra huellas del uso de la gradina, lo que asegura que el soporte iba finalmente pintado, como es habitual. Solo puede identificarse claramente en la última línea el término [---it]alicen[si ---] (CILA Se 573). Su datación sería similar a la de la pieza anterior, con la que coincide en forma y paleografía de las letras. N.º 5. Pedestal de estatua de Victoria Augusta (Fig. 6, A-B) Este pedestal apareció en la excavación de 1980, reutilizado en la construcción tardoantigua que ocupa parte del cardo maximus, adosada al frente del Traianeum, junto a los dos pedestales que vimos en primer lugar. Presenta unas dimensiones máximas de 12,5 x (37,5) x (36) cm 6 . Correspondía originalmente a un bloque cuadrangular, que está roto por la parte trasera, así como por el lateral derecho, desconociéndose el espacio que falta por este lado, lo que determina la restitución que se ha hecho de la inscripción (por ejemplo, CILA Se 358). Frente a las piezas anteriores, presenta la diferencia de que el campo epigráfico, en la cara frontal, aparece simplemente alisado sin moldura que lo delimite; lo conservado del lateral izquierdo está solo bujardeado, pero la parte superior aparece alisada. Por otro lado, desde el punto de vista formal destaca el que presente la parte superior completamente lisa, sin elementos para facilitar la sujeción de la estatua. A. M. Canto consideró 6. Pieza expuesta en el Museo Arqueológico de Sevilla con N.º Inv. REP4326. Figura 5: A-B. A: pedestal de estatua de Iuppiter, de 25 x (23) x (16) cm. B: fragmento de pedestal de estatua de una divinidad desconocida, de (9) x (11,5) x (5) cm; del Traianeum. Museo Arqueológico de Sevilla. Fotos: cortesía de P. León
DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 284 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 El origen de esta novedosa forma de pedestal quizá haya que vincularlo a ciertas formas de altares votivos, arae turicremae o turibula, que tienen forma asimismo de doble balaustrada, aunque redondeados y no cuadrangulares, con balteus central según aparecen reproducidos en algunos relieves (recogidos en Beltrán y Ventura, 1992-1993: 378), bien como altares de sacrificios o bien asociados a ciertos dioses como Apollo, quien en su acepción como Agyaeus está vinculado al betilo, que adopta forma de balaustrada simple y redondeada (Sinn, 1987: 73ss.). La singularidad de altaria de este tipo, que pudieron servir de modelo a la forma monumental, ha sido puesta en evidencia por V. Gasparini (2008) a propósito del culto isíaco, pero se extiende a otros. Todo ello aportaría un componente más sagrado a la dedicación de aquellas estatuas de divinidades en sus respectivos templos y, en concreto, en el Traianeum. 3.2. Pedestales en forma de bloque cuadrangular horizontal Ello enlaza con el segundo tipo de pedestal que hemos establecido, ya que surge la duda sobre si esos pedestales italicenses (n.os 3-6) conformados por bloques epigráficos cuadrangulares de orientación horizontal, con la estatua colocada encima, se asociaban o no a un soporte similar de doble balaustrada –hecho aparte–, o sobre otro tipo de monumento, o bien constituían todo el pedestal, colocados en una hornacina, lo que quizás parece más probable. Presentan como rasgo común con los anteriores que, en los tres primeros casos, serían de fecha similar de elaboración –dejando aparte el pedestal dedicado por Vibia Modesta, de datación posterior–. Estos disponen del típico enmarque de la inscripción con el simple listel rectangular y liso, lo que podría apuntar a la primera opción, pero no es determinante. De hecho, este tipo de pedestal está más extendido y en todos los casos que hemos documentados en la Bética se reduce solo al bloque cuadrangular, lo que parece apuntar a que no dispondrían de todo el otro desarrollo. Por otro lado, estas piezas presentan la característica común de ser soportes de estatuas de plata. Un paralelo muy similar se documenta entre los materiales epigráficos recuperados en las excavaciones de la vecina ciudad de Munigua (Villanueva del Río y Minas) (Schattner, 2003: 210-214; en general sobre la ciudad: Schattner, 2019). Se trata del pedestal que soportaría la estatua argéntea –aunque sin saberse el peso– de Fortuna Crescens Augusta (Fig. 12, A), un bloque paralelepipédico de orientación horizontal, de mármol blanco seguramente de Almadén de la Plata; sus dimensiones son 14 x (30) x (7,5) y solo presenta algunas pérdidas en la parte derecha de la inscripción, por lo que es de menores dimensiones que las piezas italicenses. La dedicación la hace por encargo testamentario Fabia Vrsina, y se ocuparon de la realización los libertos Fabius Mam(ercus), Marius, Salvius, Tertius y Psyche (CILA Se 1057). Se ha datado a fines de la época antonina o, mejor, en época severiana por razones paleográficas (CILA Se 1057). No obstante, la Figura 11: A-B. Pedestal de Diana Augusta, de (129) x 52 x 45 cm, de Iulia Traducta Tingentera (Algeciras). A: frente. B: detalle de la parte superior del lateral izquierdo. Museo Municipal de Algeciras. Fotos: J. Beltrán
SOBRE SOPORTES EPIGRÁFICOS. A PROPÓSITO DE LAS INSCRIPCIONES DEL TRAIANEVM DE ITALICA 285 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 forma de este soporte, tan similar a los italicenses, y la función de sostener una estatua de plata, que estaría colocada en el santuario de terrazas muniguense donde se constata el culto imperial, hacen plausible que estuviera influenciada por el taller italicense del Traianeum, seguramente, ya en época de Antonino Pío. Todo ello apunta a que haya que llevar su fecha de elaboración a ese momento. Otro pedestal muniguense documenta la dedicación, asimismo testamentaria, de una estatua de Ceres Augusta por parte de la flaminica Divar(um) Aug(ustarum) muniguense Quintia Flaccina; la dedicación la llevó a cabo su heredero y amicus Q(uintus) Ael[ius] Vernaclus. Corresponde a un bloque cuadrangular de las mismas características, pero sin delimitar el campo epigráfico (Fig. 12, B), que aparece liso como en el caso italicense de la dedicación a Victoria Augusta por Vibia Modesta, datada en época severiana, como vimos. El pedestal muniguense es de mármol blanco de Almadén de la Plata y tiene unas dimensiones de (21) x 52,5 x 20 cm. La inscripción se ha datado paleográficamente en la segunda mitad del siglo II d. C. (CILA Se 1055; Navarro, 2013-2014: 164). Se ha dicho que la estatua de la diosa Ceres pudo tener los rasgos de la propia difunta (Gimeno, 2003: 184), en una suerte de consecratio in formam deorum, bien documentada en términos generales (Wrede, 1981), lo que quizás explique que en este caso no usara la plata, así como que estuviera erigida en el foro y no en un santuario de la ciudad. La propia Quintia Flaccina sí dedica una estatua de plata que representaba al Genius del municipio y Figura 12: A-B. A: pedestal de Fortuna Crescens Augusta, de 14 x (30) x (7,5) cm. B: pedestal de Ceres Augusta, de 21 x 52,5 x (20) cm, de Munigua (Villanueva del Río y Minas). Museo Arqueológico de Sevilla. Fotos: CILA Se 1057 (A) y http://ceres.mcu.es/pages/ Main?idt=126289&inventary=REP10735&table=FMUS&museum=MASE (B)
DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 286 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 que colocó en la exedra de una aedes que construyó de su dinero, como consta en la gran placa en mármol conmemorativa (CILA Se 1058). Existen fragmentos de otra placa con similar texto (CILA Se 1059), por lo que debían estar colocadas las dos inscripciones gemelas en diferentes partes de la aedes. Pertenecía, pues, la homenajeada a la importante familia de los Quinti muniguenses, relacionada asimismo con los Aelii, otra de las grandes familias de la ciudad y que la relaciona con la familia de Adriano y los Aelii italicenses (Gimeno, 2003; Caballos, 2004: 53-54). Entre los primeros, debemos recordar, por ejemplo, a Lucius Quintius Rufus, que dedicó un pedestal con su estatua a Hercules Augustus (CILA Se 1060), incluido dentro de la interesante serie de pedestales béticos que se decoran con frisos de roleos acantiformes en el cuerpo central, delimitando asimismo el campo epigráfico. Estas series de pedestales y altares con frisos de acanto fueron elaboradas en la primera mitad del siglo II d. C. en talleres béticos, usando mármol de Almadén de la Plata, y tuvieron una dispersión en el territorio occidental de la Bética, sobre todo, en ciudades próximas a las orillas del Guadalquivir como Naeva (Cantillana), Hispalis (Sevilla) o Caura (Coria del Río), aunque no se han documentado en Italica (Beltrán, 1988; 2007) y a las que hay que agregar ahora Astigi (Écija), de donde procede un pequeño fragmento anepigráfico –con el típico friso de roleos– inédito y conservado en el Museo Arqueológico Municipal de Écija. La mayor concentración en Munigua nos hizo considerar la existencia de un taller en la propia ciudad con esa especialización (Beltrán, 2006). Precisamente, ese mismo Lucius Quintius Rufus aparece como dedicante de otra inscripción también ofrecida a Hercules Augustus en Algeciras, donde se situaba Iulia Traducta Tingentera, según ya dijimos. La inscripción se encuentra desaparecida y solo se testimonia por una referencia antigua, pero se defiende su autenticidad (Stylow y Gimeno, 2002: 335-336); ilustra, por un lado, su devoción personal por esta divinidad, así como, por otro lado, las relaciones de estas ciudades del interior con otras del ámbito costero bético atlántico. Deben de considerarse también las estrechas relaciones que unen a ciertos sectores de la sociedad de Munigua con la de Italica desde al menos inicios de época imperial, con el nexo común de las explotaciones mineras, en las que Italica se encuentra involucrada desde época tardorrepublicana, sustituyendo a Ilipa Magna (Alcalá del Río) en el control de la explotación de la cuenca minera de Aznalcóllar (Garrido, Guisado y Costa, 2012). Además, la epistula Titi ad Muniguenses, del 7 de septiembre del 79 d. C., testimonia cómo en época flavia un tal Servilius Pollio era acreedor del municipio de 150.000 sestercios. Este personaje posiblemente era carmonense, por homonimia con un L. Servilius L. f. Pollio documentado en una inscripción de Carmo, pero de época tiberiana (CIL II 5120; CILA Se 843), de quien era quizás hija o hermana, Servilia, cuyo pedestal y estatua funeraria se encontró precisamente en la llamada «tumba de Servilia», dedicada por su madre (CILA Se 870; Stylow, 2012). Pero asimismo estos Polliones béticos, derivados del gobernador Cayo Asinio Pollión, deductor de la colonia Iulia Genetiva Vrso y de la colonia Romula Hispalis (Caballos, 2006: 338-362; 2017: 101ss.), se documentan en Italica, como testimonia la inscripción pavimental de la orchestra del teatro, donde se citan a dos duoviros y pontífices del culto a Augusto con el cognomen Pollio, L. Blattius Traianus Pollio y C. Traius Pollio, en época tardoaugustea (CILA Se 383). Además, T. G. Schattner citaba otras vinculaciones con Italica de diverso género: por un lado, el que el liberto con nombre etrusco Ferronius –que aparece citado en un altar votivo de la edícula de Mercurio, construido en época flavia, y que se dedicaba al negocio del mineral– solo encuentra otro personaje en Hispania con el mismo nombre en Italica, aunque este se encuentra citado en su cipo sepulcral y es de datación anterior, hacia fines del siglo I a. C.; por otro, la afinidad técnica entre la construcción de la puerta sur de Munigua y la puerta norte de la Italica adrianea (Schattner, 2003: 219). Como concluye A. Caballos: «Los vínculos entre familias de Italica y de Munigua, cabecera de un riquísimo distrito minero, habrían supuesto para los italicenses la ampliación de su círculo de clientelas, la generación de nuevas y operativas amicitiae y el desarrollo de nuevos intereses económicos, especialmente los vinculados al potencial que la minería es capaz de generar» (Caballos, 2003b: 54). Otro pedestal similar y asimismo soporte de una estatua de plata de 106 libras procede de Hispalis (Sevilla); se conserva en la colección de los Condes de Lebrija, en Sevilla 8 (Fig. 13). De visu parece corresponder a mármol de Almadén de la Plata y conserva solo la parte central izquierda de la pieza –de 13 x (42) x 28 cm–, ya que se aprecia que en la parte superior dispone una oquedad para el asiento de la estatua que hoy está tapada, así como el inicio de otra en la rotura de la izquierda. El campo epigráfico de esta pieza se encuentra rehundido y se delimita con el típico listel rectangular y liso que ya hemos observado en Italica y en Munigua. La inscripción se ha realizado en solo dos líneas y está lógicamente incompleta. También, se ha de mencionar que se ha datado en el segundo cuarto o mediados del siglo II d. C. (CILA Se 14). En este caso se interpreta que es la propia colonia Romula la dedicante de la inscripción, aunque podría pensarse que se tratara de una ofrenda a una personificación augusta vinculada a la colonia, como, por ejemplo, [Fortun] ae · Aug(ustae) · col(loniae) Rom[ulae ---]. Pero pudo ser tanto la dedicación de una estatua de plata a una 8. Apareció en 1914 en las casas n. os 10-16 de la calle Cuesta del Rosario y formó parte de la colección de Elena Whishaw (1857-1937), en Sevilla. Actualmente se encuentra en la colección de los condes de Lebrija en Sevilla, seguramente por incorporación de Regla Manjón (1851-1938) cuando la primera se trasladó a Niebla.
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Se ha dicho que estas piezas estarían en un contexto de culto imperial (Ordóñez, García-Dils y Saquete, 2012: 195), aunque no aparece el epíteto Augustus/-a en la referencia a las divinidades correspondientes, por lo que quizás todas se concentraron en la llamada porticus Munatiana (García-Dils y Ordóñez, 2015). No obstante, presentan una diferencia tipológica evidente, ya que el campo epigráfico aparece delimitado en estos casos por una típica moldura de talón entre biseles que en ocasiones decora las caras laterales. El conjunto es integrado por las siguientes piezas: 1) Pedestal de 27 x 103 x 54 cm, de mármol blanco10, que documenta la dedicación del liberto astigitano P(ublius) Numerius Martialis de una estatua argéntea de 100 libras a Pantheus; en la parte superior tiene dos oquedades para facilitar el encaje de la estatua. Ello se hace tras su muerte, por disposición testamentaria, indicando en la inscripción que no se lleva a cabo ninguna deducción (CIL II 1473; CIL2/5 1164; cfr., Merchán, 2015: n.º 115). Sorprende que no aparezca como Pantheus Augustus, sobre todo si se tiene en cuenta que el dedicante era séviro augustal. A 9. Precisamente como [Matidi]ae Aug(ustae) aparece en la base de datos epigráfica de la Universidad de Heidelberg, n.º HD029292 (https://edh-www.adw.uni-heidelberg.de/edh/ inschrift/HD029202). 10. Aunque no se han llevado a cabo análisis petrográficos, de visu, toda la serie se hizo en los mármoles ya citados de Almadén de la Plata. su vez, a él uno de sus libertos le dedica una inscripción (CIL II: n.º 1479). 2) Pedestal de 24 x 103 x 40 cm, de mármol blanco, que recoge una dedicación post mortem de Caecilia Trophime de una estatua de plata, de 100 libras, a la Pietas (CIL II 1474; CIL2/5 1165; cfr., Merchán, 2015: n.º 116). En la parte superior tiene dos oquedades para facilitar el encaje de la estatua. Los herederos, una hija y dos libertos, quizás hermanos de la anterior antes de casarse Caecilia Trophime –asimismo liberta– con su antiguo amo y patrono, cumplen su designio testamentario, una vez muerto ya el marido, a quien incorpora asimismo en el mandato. Los herederos indican que no dedujeron la vigésima. 3) Pedestal de mármol blanco (Fig. 14, A), de 24 x 105 x 55 cm, en el que la inscripción indica que Aponia Montana, hija de Cayo, también por disposición testamentaria, en su nombre y en el de su hijo Caesius Montanus, ordena la erección de una estatua argéntea de 100 libras de peso (Ordóñez, 1989: 219ss.; CIL2/5: n.º 1165; Merchán, 2015: n.º 117). En la parte superior tiene también dos oquedades para facilitar el encaje de la estatua. En este caso no se indica ningún nombre de la divinidad, por lo que es posible que se trate de una estatua póstuma de la misma Aponia Montana, pero singularmente elaborada en plata; por el contrario, otros autores indican que la escultura debió de ser de una divinidad, ya que todo el lote, que debería estar colocado en el mismo espacio relacionado con un templo, así lo está (Chic, 1988-1989). Tampoco el heredero –el propio hijo, por lo que se evita la repetición– dedujo la vigésima. 4) Pedestal desaparecido que acompaña la dedicación de Aponia Montana, sacerd(os) Divar(um) Augustar(um) col(oniae) Aug(ustae) Fir(mae), de una estatua de plata de un peso de 150 libras de Bonus Eventus, en conmemoración de haber desempeñado un sacerdocio (CIL II 1471; CILA Se 687; CIL II2/5 1162; cfr., Merchán, 2015: n.º 114). Aunque la pieza está desaparecida y no hay dibujos o referencias a dimensiones, debe de corresponder a la misma serie. Destaca la posición sobresaliente de Aponia que justifica no solo la erección de su estatua en plata –como hemos visto–, sino que el peso de este metal precioso para la escultura es mayor que el habitual, 150 libras, y que acompañó además con juegos de circo. No son corrientes en la Bética las dedicaciones a Bonus Eventus y precisamente el otro único testimonio procede de la referida Munigua (CILA Se 1054), aunque allí se le denomina como Bonus Eventus Augustus. No obstante, según se advierte en el ejemplo astigitano en ningún caso se acompaña el nombre de la divinidad, Pantheus, Pietas, Bonus Eventus, con el epíteto Augustus-a. 5) Finalmente, podemos incorporar un pedestal epigráfico de las mismas características realizado en mármol blanco –que hemos reconocido de visu como de las canteras de Mijas– y del que solo se conserva la parte izquierda (Fig. 14, B-C); mide 25 x (26) x (14) cm, por lo que podemos pensar que faltaría algo más Figura 13: Pedestal de Hispalis (Sevilla), de 13 x (42) x 28 cm. Colección de los condes de Lebrija, Sevilla. Foto: J. Beltrán
DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 288 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 de tres cuartos de la anchura de la pieza, hasta sobrepasar el metro. Presenta las caras superior e izquierda pulimentadas y la inferior simplemente desbastada, y no tiene en lo conservado ninguna oquedad en la parte superior, pero debieron situarse en la zona perdida, como en las anteriores. Se dedica una estatua o signum a M[inervae?, por un personaje llamado C(aius) Septumus G+[---] (Ordóñez, García-Dils y Saquete, 2012: 192, n.º 2; cfr., Merchán, 2015: n.º 113). La letra dudosa en el cognomen puede ser probablemente una E, pero asimismo una L o una R; el nombre de la divinidad es asimismo hipotético. Como en tres de las anteriores, la erección de la estatua se hace por un mandato testamentario. Cabe asimismo hacer referencia a un bloque marmóreo de las mismas características y dimensiones a los ya referidos, que se conserva inédito en los fondos del Museo Arqueológico Municipal de Écija (Fig. 14, D), procedente de las excavaciones de «El Salón» y por tanto del mismo contexto que los anteriores. Está elaborado en mármol de Mijas, pero no llegó a grabarse ninguna inscripción en él; quizás la inscripción iba solo pintada y ha desaparecido, pero no quedan rastros de ello y, por otro lado, las caras aparecen alisadas, sin oquedades para colocar estatuas, como en los casos anteriores, por lo que es posible que no llegara a ser utilizado como pedestal. Según se ha destacado recientemente, estas inscripciones astigitanas «…fechables en la primera mitad del siglo II d. C., momento de máximo auge del comercio aceitero, costeadas por miembros de familias enriquecidas con dicho negocio, así los Caecilii, y también libertos seguramente conectados con el mismo sector oleícola… debieron ubicarse en un recinto consagrado al culto imperial, siendo este grupo de estatuas argénteas, junto a las documentadas en Italica, el conjunto más importante de tal tipo en el Occidente romano» (Melchor y Rodríguez, 2019: 305). Como han puesto en evidencia estos autores, durante la primera mitad del siglo II en la Bética decrecen las evergesías en el campo edilicio –de ahí la singularidad de la Italica adrianea, aunque fruto de las liberalidades de Adriano y, seguramente con anterioridad, también de Trajano–, y aumenta el «evergetismo efímero, con espectáculos y banque - tes» (Melchor y Rodríguez, 2019: 306), así como con dedicaciones de estatuas, con esa excepcional profusión de las realizadas en plata. M. J. Merchán ha llegado a considerar que se trata de un «importante conjunto de estatuas argénteas, a la altura del de la Italica adrianea aunque cronológicamente posterior. Dada la semejanza de formatos, no solo en el aspecto y tamaño del pedestal sino también en el tipo de letra usada, podríamos pensar que el taller italicense se traslada a colonia Firma tras el declive postadrianeo que se constata en la nova urbs» (Merchán, 2015: 165). Probablemente, este sea un planteamiento que debería contar con más datos para aseverarlo, sobre todo, por las diferencias formales que presentan con la serie italicense y los ejemplares de Munigua e Hispalis en detalles menores como el tipo de moldura que enmarca la inscripción, pero que parece un signo de identidad del trabajo lapidario del taller del Traianeum en época tardoadrianea. No cabe duda de Figura 14: A-D. Pedestales de Astigi (Écija). A: pedestal del Aponia Montana, de 24 x 105 x 55 cm. B-C: pedestal fragmentario, de 25 x (26) x (14) cm: frente (B) y lateral derecho (C). D: pedestal anepigráfico. Museo Arqueológico Municipal de Écija. Fotos: J. Beltrán
SOBRE SOPORTES EPIGRÁFICOS. A PROPÓSITO DE LAS INSCRIPCIONES DEL TRAIANEVM DE ITALICA 289 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 la uniformidad y singularidad de esta serie de pedestales astigitanos, son soportes de la misma tipología y mármoles locales –Almadén de la Plata y Mijas–, que llevarían estatuas siempre elaboradas en plata –incluso cuando se trata del retrato de una particular, Aponia Montana– y que son dedicaciones póstumas, por mandato testamentario, excepto en un caso, aunque se trata de la pieza desaparecida, y donde predominan las dedicantes femeninas. Como se ha dicho, en ningún caso se trata de divinidades o personificaciones que aparezcan con el epíteto Augustus/-a. Desde un punto de vista estrictamente formal podemos relacionar esta serie con el conjunto de seis pedestales del sacrarium del teatro de Augusta Emerita (Mérida), que contextualizó W. Trillmich como un espacio religioso consagrado al culto imperial en época de Trajano (1988-1989; 1993: 116-117). Los seis pequeños pedestales tienen la misma y simple inscripción en el frente epigráfico, rodeado de molduras de talón entre biseles: Aug(usto) · sacr(um), y soportarían estatuillas de Lares et imagines imperiales, es decir, de los Lares y del Genius Augusti, como explican las oquedades practicadas en la superficie superior. Las esculturas han desaparecido, pero seguramente eran metálicas, de oro o plata. Las piezas estarían colocadas sobre sendos basamentos corridos a ambos lados de un altar, según la restitución de W. Trilmich (1988-1989: fig. 4, láms. 11-12; 1993: lám. IV). Se trataba, por tanto, de un claro y prestigioso antecedente en cuanto a la forma de disponer de las estatuas en metal precioso, aunque con lógicas divergencias con respecto a los conjuntos béticos que analizamos. También podemos señalar otro pedestal de similares características procedente de la capital de la Bética, la colonia Patricia (Córdoba), procedente de las obras del centro comercial Gran Capitán, al sur de la ronda de los Tejares y al este de la avd. Gran Capitán (Fig. 15, A). Tiene unas dimensiones conservadas de 22 x (47,5) x 22 cm, y testimonia en la «inscripción grabada en un epistylium» que «un miembro de la elite local cordobesa, un tal C. Vale[rius ---], mandó hacer una estatua de mil libras de plata (un peso, en el oeste del Imperio romano, solamente sobrepasado por la de Adriano en quadriga de Benevento, ILS 5502, e igualado por otras pocas esculturas), representando al Genio común de las colonias Claritas Iulia (Ucubi / Espejo) y Patricia, y ponerla (l. 2 ex) in templo +u[---]» (Stylow, 1990: 271; CIL II2/7 228). Este mismo autor concluye que es más conveniente suponer que se trata de un templo de Tutela que de Iuno u otras divinidades posibles, porque Figura 15: A-B. Pedestal de Corduba (Córdoba). A: dedicado al Genio de la colonia Claritas Iulia y al Genio de la colonia Patricia, de 22 x (47,5) x 22 cm. B: dedicado a la colonia Patricia, de 30 x 89 x 42 cm. Museo Arqueológico de Córdoba. Fotos: CIL II, n.º imágenes (A) y J. Beltrán (B)
DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ Y JOSÉ BELTRÁN FORTES 290 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 es más adecuado para recibir una estatua de un genio. Sí pensamos que más que un epistylium el soporte es un pedestal, pues la pieza soportaría la estatua que indica la inscripción; además, presenta molduras en la parte inferior que conectarían con el resto del pedestal, hecho al menos en dos partes. Esta inscripción se ha datado de manera genérica en el siglo II d. C. El tipo tuvo continuidad en los talleres patricienses, como demuestra otro pedestal similar fechado en época severiana y de dimensiones mayores, 30 x 89 x 42 cm (Fig. 15, B). En este caso el IIvir, pontifex y flamen perpetuus de la colonia Patricia y, además, flamen provincial, Lucius Iunius Paulinus, ofreció –entre otras liberalidades– varias estatuas que debían personificar a la propia capital de la Bética (CIL II 5523; CIL II2/7 221). El pedestal está elaborado en mármol de Mijas y tiene una oquedad en la parte superior que debe ser para sujeción de la estatua, aunque también dispone de otra menor en la esquina delantera derecha que no sabemos qué función cumpliría o incluso si no es posterior. El epígrafe se encuentra enmarcado por una moldura de talón entre biseles, como la pieza anterior. En la parte inferior del ejemplar se advierten varias molduras, que unirían con un cuerpo inferior hecho aparte. Por otro lado, las estatuas ya no son de plata, sino que hemos de suponer que eran marmóreas. 3.3. Las dedicaciones de estatuas argénteas Elemento característico de la serie de pedestales tardoadrianeos en el Traianeum, así como en la mayor parte de las otras localidades citadas –en especial en Astigi–, es la dedicación de estatuas argénteas. El gasto de estas esculturas es expresado en peso de plata y no en denarios o sestercios y, además, con un peso de 100 libras en los dos pedestales de doble balaustrada, lo que parece un intento de estandarizar y homogenizar las ofrendas de los miembros de la elite en este lugar capital para la autorrepresentación, el recinto de culto imperial de la colonia. También encontramos esculturas argénteas con el mismo peso en otros puntos de la Bética como Ostur, Salpensa y en el sur de la actual provincia de Cádiz (Melchor, 2004: 262-263), aunque la serie más completa y uniforme es la de Astigi, que hemos repasado, con la salvedad de la estatua de Bonus Eventus, de 150 libras, que documenta, además, la construcción de una aedes. Cabe pensar que esta regulación continuase hasta el tercer cuarto del siglo II d. C., como sucede con la escultura de divinidad de Ostur, datada en el segundo tercio de dicho siglo; por el contrario, en momentos posteriores se altera esa cantidad, como en la estatua de Victoria Augusta del Traianeum, con 132 libras y dos onzas y media. En otros lugares hay inversiones evergéticas diversas durante el siglo II d. C.: desde las 50 libras de plata de una estatua de divinidad de Regina (CIL II2/: n.º 975), hasta las 250 libras de plata de otra estatua de divinidad de Carthago Nova (CIL II: n.º 3424). Excepcional es el caso ya citado de Corduba, en que se invierte 1000 libras en una o, mejor, dos estatuas argénteas (Melchor, 2004: 262-263). La estandarización de gastos en el Traianeum tendría como fin que no hubiese personajes que destacasen sobre otros en la grandiosidad de las ofrendas escultóricas argénteas y que las piezas tuvieran un determinado tamaño que no comprometiese la simetría y armonía del programa escultórico presente en el patio del santuario o en el interior del pórtico. La referencia expresa en el epígrafe a la cantidad de plata serviría como muestra del gasto importante del oferente y de que posiblemente este modelo preestablecido no fuera el único existente, por lo que pudo haber otros formatos también reglamentados para llevar a cabo este tipo de ofrendas, quizás a los emperadores. Algo similar ocurriría con los pedestales, que presentarían una tipología predeterminada a fin de procurar una visión homogénea del conjunto, en función de los dos tipos principales que hemos constatado: el pedestal de doble balaustrada y el pedestal de bloque cuadrangular, aunque este pudo ir colocado en una hornacina o coronar otro monumento de diferente tipo, incluso una doble balaustrada hecha aparte. Puede parecer lógico que estas estatuas argénteas no estuvieran situadas en los lugares para pedestales a cielo abierto en el gran patio, que se han comprobado en la excavación, sino en lugares cubiertos del pórtico hecatostylon, quizás asociadas a algunas de las capillas que se dispondrían en las exedras circulares y rectangulares. Junto a estas piezas hemos identificado, al menos, la existencia de otro singular soporte en el bloque moldurado que conmemoraría la erección de una estatua que honraba a un particular, Q. Vibius [---], antecedente relacionado seguramente con Vibia Modesta y su padre Q. Vibius Libo, de época severiana. Este soporte debió ir asociado a un elemento que constituía realmente el asiento de la estatua, ya que su escaso grosor impide esa finalidad. Finalmente, las placas epigráficas iban asociadas a otros monumentos o a espacios concretos dentro de los pórticos, pero embutidas en esos otros elementos. Las estatuas testimoniadas en las inscripciones del monumento italicense representarían mayoritariamente a divinidades y personificaciones, vinculadas al culto imperial bajo su acepción de Augustus/-a, no teniendo identificado ningún ejemplar que con seguridad perteneciese a una escultura de algún emperador, a no ser la placa analizada en el n.º 7 del catálogo de piezas. También es común que el oferente dedique estas ofrendas a una divinidad u abstracción de su mismo género. En este caso los oferentes masculinos dedican estas piezas a Apollo Augustus y al Genius coloniae –en época tardoadrianea– y a Iuppiter –en época de Antonino Pío–, mientras que la oferente femenina dedica la escultura a la Victoria Augusta, así como refiere la dedicación de diversas imagines de Ceres, Iuno e Isis –en época severiana–. Esta pieza es asimismo singular, pues describe la serie de joyas que se donaron para adornar la estatua, como se documenta en otro pedestal de Algeciras. A estas dos piezas hay que unir algunos otros ejemplos localizados en el sur
SOBRE SOPORTES EPIGRÁFICOS. A PROPÓSITO DE LAS INSCRIPCIONES DEL TRAIANEVM DE ITALICA 291 LVCENTVM, XXXIX, 2020, 269-294. DOI: 10.14198/LVCENTVM2020.39.12 de Hispania, de Celti (Peñaflor) –estatua de Venus–, Tucci (Martos) –estatua de Pietas Augusta–, Nueva Carteya –no se conserva el nombre de la divinidad–, Loja –estatua funeraria de Postumia Aciliana– y Acci (Guadix), de donde proceden dos ejemplos, uno de otra estatua funeraria, de Livia Chalcedonia, y otro dedicado a Isis, con una estatua de la diosa en plata (Hoyo, 1984; Beltrán, 2009b). No se testimonia esta costumbre de engalanar con joyas a las estatuas de diosas en otras partes del orbis Romanus, como ocurre en este territorio hispano, siendo el ejemplar italicense uno de los más completos en el repertorio de joyas donadas, junto al isíaco accitano. 4. CONCLUSIONES La Italica adrianea supuso una excepción en el panorama de la Bética, y también de Hispania, por la singularidad de ser patria de los emperadores Trajano y Adriano. La construcción del Traianeum –en aquella enorme ampliación adrianea que triplicaba el perímetro urbano– significaba el hito sobre el que basculaba el nuevo urbanismo italicense y el concepto refundacional de la nueva colonia Aelia Augusta. También es excepcional desde la perspectiva de su plasmación arquitectónica, con paralelos, como la Biblioteca de Adriano, pero con singularidades en su definición, con el gran templo octástilo en su centro (León, 1988). Desde el punto de vista del material lapídeo, se documenta especialmente el marmor Lunense en todo el orden arquitectónico del templo, así como fustes de columnas de portasanta (de Quíos) y cipollino (de Eubea), y capiteles de proconnesio, asociados a la intervención de talleres imperiales que se testimonian por las marcas en Villa Adriana y en Ostia; a su vez, los mármoles regionales de Almadén de la Plata y Mijas se emplean de manera complementaria (Beltrán, 2013; Becerra, 2017; Becerra, 2019). Aunque son pocas las esculturas de bulto redondo asociadas al Traianeum que corresponden a fragmentos de estatuas colosales, estas están realizadas en mármoles de importación (Becerra, 2019: 661-ss; León, en prensa), y el programa italicense de época adrianea que conocemos de otros puntos de la ciudad emplean mármoles foráneos de mayor prestigio y calidad, especialmente el mármol de Paros, junto al de Luni y Pentélico (León, 1995). Por el contrario, el conjunto de soportes epigráficos está elaborado exclusivamente en esos dos tipos de mármoles béticos citados, de Mijas y, sobre todo, el de Almadén de la Plata, del que se ha dicho que pasaría a formar parte del patrimonium Caesaris al menos desde la época de Adriano (Rodà, 1997; en contra, Padilla, 2018: 121-124). Los artesanos que los elaboran, o sea, el taller lapidario italicense, demuestran una evidente singularidad que se plasma en los dos tipos de pedestales que hemos analizado, tanto el de bloque cuadrangular de orientación horizontal, como especialmente el que denominamos de doble balaustrada. Es posible que en aquellos trabajos intervinieran algunos operarios de los talleres imperiales, junto a otros artesanos béticos habituados al trabajo de los mármoles regionales, que en este caso satisfacían a una clientela local de prohombres italicenses vinculados al culto imperial que generaba el gran santuario. Estas producciones están fuera de los circuitos oficiales de abastecimiento de mármoles imperiales, por lo que se buscan los materiales marmóreos más asequibles económicamente. Es posible que el Traianeum pudiera albergar pedestales elaborados en marmora foráneos para ser dedicados a miembros de la domus Augusta, como suele suceder en la decoración de los monumentos relacionados con la dignidad imperial (Schneider, 1986: 149-152). Un ejemplo sería el caso de Tarraco, en el que aparecen dedicatorias a miembros de la familia imperial en marmora coloreados de importación, aunque datados en época julio-claudia, mientras que para los prohombres locales se utilizan piedras locales en sus pedestales (Ruiz, 2017: 48-49). Esta sería una hipótesis plausible en el caso del Traianeum, aunque no cuenta con el respaldo de la evidencia arqueológica, pero consideramos esa posibilidad por la importancia de la construcción –máxime en una época de gran difusión de las rocas ornamentales de las principales canteras mediterráneas– y por el expolio tan importante que ha sufrido la edificación. Los notables italicenses se hacen presentes en el santuario de culto imperial con dedicaciones de estatuas argénteas, con pesos estandarizados, aunque esa norma se rompe ya en época severiana con la donación de Vibia Modesta que ofrece una escultura de un valor mayor y, además, el pedestal no mantiene las características propias de la producción preexistente. La existencia de otros pedestales que siguen estos modelos en ciudades como Iulia Traducta Tingentera (Algeciras), Munigua (Villanueva del Río y Minas), Hispalis (Sevilla), Asitigi (Écija) y Corduba (Córdoba), demuestra la trascendencia que tuvieron aquellas formas en los talleres lapidarios béticos durante el siglo II d. C., a partir de momentos tardoadrianeos, e incluso en época severiana en menor grado; y cómo esos tipos de pedestales se asociaban a dedicaciones de estatuas argénteas a divinidades y personificaciones en su mayoría relacionadas con el culto imperial. REFERENCIAS Abascal Palazón, J. M. (1994). Los nombres personales en las inscripciones latinas de Hispania. Murcia: Universidad de Murcia. Ahrens, S. (2005). Die Architekturdekoration con Italica. Mainz am Rhein: P. von Zabern. Becerra Fernández, D. (2017). El marmor en Itálica. Un estado de la cuestión. Romula, 16, 167-194. Becerra Fernández, D. (2019). Materiales marmóreos del Traianeum de Italica. (Tesis doctoral). 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