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El sepulcro ó el subterráneo : historia de la Duquesa de C***escrita por ella misma en idioma italiano ; traducido en francés y de éste al castellano

Duquesa de C***

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ne OMT! dear 8.1 1O PUE] od 032:098 ad y EA “ 28 e - EL SEPULCRO. A Se halla venal en las librerías siguientes : Madrid .ocmonom.m.oo Razola. Barcelona ...s...... Saurí y Comp. Valencil..mmmmmm.... Fauli. PamploNQ coro... Longás. Bilbd0...o.mom.: ..... Garcia. COrUñA voocnonnnro rs. Calvete. OviedO ..commoom..... Longoria. SantiagO crm... Rey Romero. Valladolid.......... Rodriguez. Burgos cascos sr. VIlanueva. Salumanca......... Reyes Badajoz .....o....... Carrillo Sevilla. commmonorm.... Caro Hernandez Cadiz .cocemcnonmmm*.o Hortal y Comp. GIANAdA..cncano o... Vallejo. Malaga ..:....»..»-=> Aguilar. Murcia .ovcronoomn..» Benedito. Toledo c.ooooromonor. Hernandez. BarbastrO.....o...... Lafita. Palmade Mallorca Guasp. Mahon ........ dsdiso Serra. REUS voomosconnrmms.. Angelon. GerONA .occnnconer co» Figaro. Figueras common. Ripoll TOrlOSAcouronnrno ro Ferreres. Tarragona sem... Puigrubí, EL SEPULCRO, Este > Pyle sera e? ado Le ÍA MCIÓo de Liipucralo y cado dnd Lo halbrició En mo que cra eee Gieple de Vos. ta de Saint y Com Esta traduccion es propiedad de los Editores, todos las ejemplares 4 irán rubricados. —— _ , É 5 e de i LA. BARONESA, DE¡ALMANE '..'/' A LA -VIZGONDESA DE' LIMOURS.' Alvenga Miercoles á la noche.. ; Es fin ya la poseo» aquesta. historia tan deseada, tan. interesante, tan estraordinaria: ¿Este manus- -crito. precioso hecho de la «mano misma de la Duquesa de C.***;,se me' ha: confiado . por veinte y cuatro horas , con permiso para traducirlo -y;:sacar copia. Lo he leido, y seguramente no mé apartaré sin un: sentimiento inesplicable de la heroina: de semejante relación. Cuan desgraciada: fué esta muger tan virtuosa como ama- 2 ble! +0h!/que destiñió “tan ' fatal el suyo! Pero volvamos al asunto; y mientras que M.:D'¡Almane y Dainville están encerrados en su cuar- to para traducir al francés esta terrible historia, voy a daros cuenta del “dia que nos ha proporcionado un tan apreciable regalo, ¿Arlas once de esta mañana hemos: llegado: a la casa de: la Duquesa; que nos ha propuesto: inanediatamente un! paseo antes: de comer , :conduciéndonos -4 un-pe: queño mirador: desde «el» cual se descubre un: punto de. vista: tan agradable, que. mis hijos y 'Dainville: han tenido:ganas: de + dibuújarlo;; oy: deseando :la Duquesa ver algunos dibujos:de Adela, he mandado» por su «cartera. Admiróse de: que: una miña de doce años + y medio'dibujase al natural tán perfectamente y, añadiéndole» yo que tambien sabia cantar yotocar el. arpa, «fué, preciso! ¡r!, por «ella al. momento. Gomo «Adela deseaba mucho sobligarla, supo: conseguirlo de modo. que: la» Duquesa ha parecido :encantadaodde::sus habilidades. Despues ide haber: comido me «ha» 'propuesto,iun Nuevo: paseo, esto es; el salir fuera de la casa, porque :ella mo: puede carhinar mucho tiempo mi apresuradamente:: Sentáamonos las dos solas -en- un banco :de:.cespedes, y: la conversacion recayó otra vez sobre Adela: =Parecéme muy sensible , medijo. — No hay. duda, . le contesté, lo. es en estremo.> «Ah! «Señora, replicó la «Duque- «sa:, poned todo vuestro: cuidado «en garantir su corazon «de las h «funestas impresiones del amor: «haced que jamás “conozca esta «pasion fatal que puede producir «tantas desdichas , y hacer comé- «ter tantos crimenes.” Pronunció estas palabras con: un tono que me hizo' estremecer; reparólo ella, y tomandome 'afectuosamente la mano, me dijo: =«No sé si ha- «beis oido hablar de: mi historia. «—Ah!, vrepliqué vivamente, cual «seria mi dicha si: la -oyese de «vuestra misma» boca!:— De mi «misma --boca | esclamó: ah seño- «ra! es tan terrible, que me: se- «ría imposible tener <valor para «contarosla; sin embargo , lo tuve «para escribirla, porque he. que- «rido dejar 4 mis nietas, todavia «muy niñas, una .relacion que «podrá serles util algun dia; una «deccion que les probará dos ver» et...” + 5 «dades muy importantes : la «pri= «mera, que las pasiones «pueden «precipitarnos en el mas profun- «do abismo de las desdichas hu- «manas, y la segunda , que. no «hay males tan grandes. que. la «Religion no pueda hacernos só- «portar. — Oh. cielos! interrumpi «yo , este precioso manuscrito ec- «siste, y Adela jamás podra leér- «lo! — No, Señora, .replico la. Du- «quesa, no puedo rehusarlo a una «madre cual sois vos: permane- «ced aqui otros dos. dias y os lo «confiaré. ” Estas últimas palabras causaron en mi un reconocimien- to y un jubilo. tan vivos, que no pude espresarlo de. otro modo, que abrazando a la Duquesa con un transporte capaz de darle. a conocer. todo el valor que. yo. daba á semejante gracia. — «No es, me 6 «dijo ,: una señal de confianza: la «que as «doy, sino: una prueba «de amistad : nadie en «estos pai- «ses ignora mi historia, y en «Roma os. referirán sus particula- «nidades; pero unicamente yo pué- «do «comunicaros todos mis sen- «timientos y - reflexiones; y sin «duda este pormenor no será pa- «ra vos lo menos interesante.” - Despues de esta conversacion volvimos 4 entrar en su casa, y conduciéndome desde luego á su gabinete, abrió un pequeño armario, y sacando dos gruesos cuadernos de letra muy fina, me dijo: «Pomad : llevaos este manus- «Crito, y si os parece digno de «ello, hacedle copiar y ofreced- «lo de mi parte a la hermosa Ade- «la: estoy «segura de que no lo «leerá sin derramar algunas lágri- Ap... - EE «mas. ¡Pueda si lectura ofrecer «su juventud una leccion util, «y fortificar aun mas, si es po- «sible, todos los principios que «ha aprendido de vos! IAN ERA posa DAA mps Je Pe ARE EL SEPULCRO Ó EL - SUBTERRANEO HISTORIA DE LA DUQUESA DE C*** Aóná tendré valor para acordarme menudamente de unos males, —Uya sola memoria durante mu-. cho tiempo ha escitado en mi tan terribles revoluciones! ¡Como sera posible que yo misma escri- a esta historia deplorable! ¡Oh ijas mias! vosotras “la leéreis al. Sun dia, y ella podrá daros úti- 2 16 «dose, que me será imposible al «presente el darle la libertad, ha- «biendo tenido la imprudencia de «querer veros por segunda vez.” Estas palabras me pusieron colorada, embarazándome en gran manera. A pesar de mis. pocos años no dejaba de conocer, aunque confusamente , las consecuencias de semejante lance; y aun tuve la tentacion de salirme -in- mediatamente, ir á encontrar á mi madre y declararselo.. todo; pero una indiscreta curiosidad me detuvo haciéndome olvidar mis -de- béres. Es El Marques volviéndo 4. tomar un semblante mas serio, nos declaró que iba á confiarnos un secreto importante, añadiendo: «CONnozco vuestra discrecion, y es- «toy seguro de que: ambas jus- y «tilicareis la e que sabeis «nspirar.” Despues «de: este preams bulo del «Marques, tomando la palabra el joven desconocido, nos declaró que se llamabasel conde de Belmire, que su padre el Marques de Belmire era hermano del Duque de C***, uno:de, los mas grandes Señores de Napoles; que: este último, que es el primogeni- to, habiéndose enemistado com su: hermano , tuvo: medios para _ perderle. en la corte, y le persiguió con tanta crueldad que le obligó 4 dejar su patria y «establecerse en Francia, de donde se-vio tambien obligado á:salir al cabo. de cuatro años por un desgraciado. suceso; que el. Marques de Venuzzi su íntimo. amigo que ala sazon estaba en Francia y debia partir para la Italia cuan= ES ; x ; : 18 to antes, le determinó á venir secretamente a las cercanias de Roma, ofreciéndole un asilo en su casa de campo, en la «que estaba ocul- to «de tres: meses á esta parte; que habiendo: oido hablar de mi, ño pudo resistir el deseo de verme, y que despues de haberlo conseguido la noche «anterior :a la luz de la Luna, habia conjurado á su amigo á que le proporcionase esta entrevista: que era para él de un: precioinestima: ble; y en fin, que al: siguiente dia partia con su: padre para Venecia. : | Despues de oida esta relación me levanté, y á pesar de las instancias del Marques me retiré itmediatamente. Subí a mi cuarto poseída de una melancolía profunda, y sin osar hacer ninguna | ] ] | TC reflecsion sobre lo que acababa de pasarme. Temia preguntar a mi eorazon y ecsaminar mi conducta, no pudiendo concebir como habia sido capaz de escuchar sin'noticia de mi madre,-en el silencio de la moche, á un jóven, á un desconocido que se habia atrevido á hablarme desu pasion: todo esto:me - manifestaba la des= confianza con que habia de recibir los consejos del Marques de Venuzzi, y niaun podia lison> jearme de que su: esposa estuviese en disposicion de guiarme. Hor: rorizome el peligro de mi situacion; “un presentimiento espanto> $0 parecia anunciarme que -iba á perder para siempre mi reputacion, mi reposo y la tranquilidad de que hasta entonces ha: bia:gozado.. Sin embargo, mi ami- 20 ga recobró luego sobre mi espiritu el ascendiente acostumbrado; hablabame sin cesar del Conde de Belmire, y sus peligrosas conversaciones acabaron de estraviar mi razon, sin poder a pesar de esto disipar mi tristeza. Permanecímos en el campo tres meses , volviéndonos despues á Roma, en cuya ciudad hubo muchas fiestas acia el fin del invierno. Con esta ocasion el Marques de Venuzzi dió un bayle de mascara en su casa al que concurri con mi madre. Acia las dos de la madrugada me propuso mi amiga que fuesemos á mudar de trajes en un cuarto, para lo que salimos del salon, y al atravesar una pequeña galeria algo obscura, observé que nos seguia una mascara; pero cual fué mi sorpre- 21 sa, cuando acercándose esta y arrojándose á mis pies reconocí en ella al mismo Conde de Belmire! A pesar de mi embarazo y de la interior satisfaccion que me causaba el volver á verle, mi primer movimiento fué el de escaparme ; pero él me detuvo asiéndome del vestido y suplicandome le concediese un momento de con- Versacion : conjuró á la Marque- Saá para que me empeñase en acceder á ello, y uniéndose esta á Sus instancias tuve por fin la debilidad de consentirlo. Dijome entonces el Conde que los negocios - de su padre se habian terminado felizmente , habiendo seis semahas que estaba en Napoles, en cuyo tiempo se habia sinceramente reconciliado con su hermano el Duque de C***. «Mi pa- 22 «dre , continuó:, parte dentro de «un mes para Francia, a donde «de llaman algunos intereses de faemilia, pero esta absolutamente «decidido á volver á su patria; y «yo, antes de seguirle á este úl- «timo viage, he querido saber «cual era mi suerte, habiéndome «escapado de Napoles unicamen- «te para cerciorarme de si los «votos que me he atrevido a for- «mar no os son del todo desagra- «dables..... Hablad, señorita, voy «á daros ahora mismo mi último «a Dios; despreciado por vos, es- «to es hecho, yo renuncio a la «Italia: y jamás se me volverá 4 «ver en ella: hablad, os suplico; «vuestra respuesta me fijará en «mi patria, o me desterrara de «ella para siempre.” Al pronun= ciar el Conde estas: últimas pal ¡ 23 labras no me fué posible conte: ner mis lágrimas, y esta respuesta fué compreendida muy pronto: no ecsigió. otra mas clara el Conde: repitióme una y mil veces el juramento de un eterno amor: seguro de verse correspondido y de volver á Roma dentro poco tiempo; igual á mi nacimiento; aunque su fortuna no fuese tan considerable como la mia; todo parecia justificar mis esperanzas, y no obstante mi corazon á pe- Sar mio no podia participar. de su contento. | Dos meses despues de este lance que me arrebató para siempre toda Mi tranquilidad, vino a Roma el Duque de C*** y lo conocí en Una tertulia en casa del Embajador de Francia. Cuando me dijeron su nombre, esperimenté en 24 mi interior una especie de sobresal- to muy estraordinario , efecto quiza de lo. que me habia dicho de él el Marques de Venuzzi, quien hablandome de sus procedéres com su hermano + el Marques de Belmire, me habia pintado al Duque: como a un hombre de un caracter igualmente vengativo y disimulado. | «Era entonces de edad de treinta y seis años y perfectamente hermoso; pero se advertia en sus ojos :un no sé que de sombrio y funesto. que chocaba. a prime= ra vista mucho mas de lo que agradaba la nobleza y regularidad: de su figura. Sus miradas eran penetrantes y feroces, y cuando queria dulcificarlas se hacian equiyocas y falsas; sus modales eran: generalmente altivos, y aunque 25 : no le faltaba en cierto modo la cortesia, su tono era siempre tan decisivo como imperioso. Ensoberbecido «con lo ilustre de su sangre, con los empleos, fortuna y crédito de que gozaba en la corte, y con sus buenos sucesos en el trato con las mugeres, juzgaba que nada debia oponerse á su voluntad, ni resistir jamás á sus deseos. Colerico, violento y :corrompido por el orgullo y una prosperidad no interrumpida, no sabia. vencer sus pasiones , mi hacerse superior á los resentimientos: implacable por: debilidad y Por. ostentacion, hacia eonsintir. toda su gloria en no perdonar jamás, en aborrecer con furor, y en sacrificarlo todo al horroroso placer de vengarse. - Tal era el Duque de C*** 3 32 «ay unos pesares que conservaré chasta mi' último suspiro. Soy con «todo respeto etc. =El Conde de Belmire. ” | No me es posible el dar una idea de la turbacion y espanto que me causó la lectura de esta carta, conociendo cuan facil era penetrar el doble sentido que encerraba en todas sus cláusulas; mayormente cuando el Duque era el hombre mas desconfiado y sospechoso. Sin embargo como ignoraba que su sobrino hubiese estado én Roma, y estaba al mismo tiempo convencido de que yo jamas le habia visto, no tuvo. la mas ligera sospecha de la causa “de mi confusion. Por lo que á mi toca, no siendo capaz de encerrar en el fondo de mi corazon, los sentimientos que le des»: 33 pedazaban, escribí al siguiente día á mi amiga la Marquesa de Venuzzi, una carta en la que tu: ve la debilidad éimprudencia de quejarme de mi destino: y llorar sobre una funesta pasion , de la que no podia triunfar. La Marquesa en su respuesta me hizo varias preguntas relativas a la conducta: del Duque, a las que contesté con. franqueza, no ocultandole que descubria cada dia mas en él defectos y vicios, y sabre todo un cierto caracter feroz que justificaba demasiado mi antipatia. De este modo y con Nuevas imprudencias acababa de ahondar el abismo entreabierto bajo de mis pies. Acia este tiempo tuve la sSatisfaccion de volver á ver á mis Padres que. vinieron á Napoles para asistir a: exit parto y habien: do dado felizmente á luz una niña, pedí y obtuve el permiso de eriarla a mis pechos; cuya dulce ocupacion suspendió mis penas todo el tiempo que duró, haciéndome casi insensible a los malos tratamientos del Duque, quien de mucho tiempo á esta parte habia cesado de reprimir su natural, dejandome conocer perfectamente toda su violencia y la ferocidad de su carácter. Er El otro dia despues que ds teté ami hija, entró el Duque en mi cuarto, diciéndome, era preciso partiesemos inmediatamente para una hacienda que poseta a doce leguas de Napoles. Penta entonces cerca de mí a mi hija, toméla en mis brazos: y sin proferir una palabra «me - levanté: Y 0 AARÓN 35 q segur al Duque que me hizo subir. en un coche. Durante «el cas mino tuve Ah: la niña sentada en mis rodillas acariciandola : el. Duque guardaba un absoluto silencio y parecia abismado en profundas 'reflecsiones. Al llegar á su castillo me ht ZO pasar un puente levadizo cuyo tuido de cadenas me sobresalto, haciéndome al mismo tiempo mirar al Duque que me dijo: «¿Qué «teneis? ¿Parece os sorprende: la «vista de este. antiguo castillo? «Como! ¿Creeis tal wez entrar en «una prision?” Pronunció estas palabras con una sonrisa tan amarga como forzada, y advertí en sus ojos una cruel alegria que no pudo menos de horrorizarme. Quetiendo ocultar mi turbacion, In» -liné la cabeza sobre mi hija sin 36 poder detener mis lágrimas; la inocente criatura al sentirlas caer sobre su rostro se puso á llorar, sus gritos penetraron hasta el fondo de mi alma, y apretándola en mi seno con toda la ternura maternal se redoblaron mis sollozos y SUSpiros. En este estado bajé del coche y arrancandome el Duque por decirlo ast á mi hija de los brazos, la entregó a uno de sus criados: tomandome despues de la mano, me condujo ó mas bien me arrastró acia la casa. Hiízome subir una escalera á cuyo alto encontramos una larga galeria, que, como la noche empezaba ya a acercarse, era escesivamente vasta y sombria. Caminaba el Duque en estremo apresurado, cuando deteniéndose de repente, me di- 37 jo: «Vos temblais:.¿á qué viene «ese temor? ¿No os acompaña un «esposo a dich amais, y que de- «be tambien estimaros?... — Cielos! «esclamé yo, que: significa ese. ay- «re distraido, ese sonido de voz «terrible!... — Venid», venid, repli- «CÓ, vamos á terminar esta €s- «plicacion. ” Al decir esto, llevándome casi en sus brazos, porque yo no podia seguirle. ni aun Caminar, me sacó fuera de la galeria y me condujo 4 un cuarto grande, en donde me dejé caer sobre una silla dando libre curso 4: mi llanto. Entonces salio el Duque, sol» viendo luego a entrar con: luz que. colocó sobre una mesa en frente de mi, y cerca la cual se sentó. Yo no tenia valor para mi- Yarle; respirando apénas y po- 38 seida: del; terror;: los ojos: “bajos! y temblando; esperaba que rompiese el silencio: Todas mis faltas se acumularon en mi (memo-" ria: en aquel «momento, temiendo no se hubiese: llegado as penetrar el. fatal secreto que - traspasaba' mi corazon : este corazon póseidode un amor criminal palpitaba de horror, y temblaba 4 la presencia:de un juez irritado: y ven: gativo... Ah! ¡Qué valor" nome" hubiera infundido entonces lá imócencia | Pero yo me: sentia. culpas ble,» y este conocimiento me''le quitaba para sostener las ideas terribles causadas sobre todo: por mis remordimientos. *' Tomando finalmente la pala=" bra el: Duque, me «habló de :este modo. «Bastante he gozado de «la secreta turbacion de vuestra 39 «conciencia: tiempo es: ya de lle» «var. 4 cabo ¿la confusion que Os: «cubre :... leed estas cartas que «yo. mismo he copiado;”-Alargó- meentonces un: paquete de pa= peles, y viendo que titubeaba em tomarlo , sacó de él un pliego y se puso á leer en. voz alta. “A las primeras palabras conocí. ser una carta que habia escrito 4 la ¿Marquesa de Venuzzi, enla. que le: hablaba siu disfraz del sentimiento que ocupaba mi alma, y de: mi invencible -aver- sion: ácia «el: Duque.—«Ah ! -escla= «né!. soy perdida!... — Perfida, in= «terrumpió, yo no he podido hacer” «vuestra felicidad! Os habia ele: «ido, preferido... os ádoraba:.. > “vos me aborreceis... os teneis por” «desgraciada. “yO 08 inspiro una “Invencible aversion... Ah! yo jus-: Ko «tificaré vuestro odio... vos ten- «dréis en adelante el derecho de «aborrecerme... Engañado y des- «honrado por vos, creeis que pue- «da sufrir impunemente tales insul- «tos )...—Deteneos, le repliqué; po- «deis [acusarme y castigarme, pe- «ro no me calumnieis: soy cul- «pable, no hay duda; mas sino »me-há sido dable el triunfar de «una desgraciada pasion , a lo me- «nos está intacto «vuestro honor «y el mio, y no tengo que re- «prenderme mas que de las impru- «dentes' espresiones que la amis- «tad ha sabido arrancar de mi «boca. ” —Perjura, dijo entonces furioso «volviendo á tomar otra cat» ta, escuchad vuestra condenacion; y leyó la cláusula siguiente: — «Este objeto que mada puede ar= «rancar de mi corazon, ay! es de 2 : iia o TEA — 4 <tan digno de compasión como «yo misma: él ignora hasta que - «punto es amado; no sabe él cuan- «to me reprehendo a mi misma una ' «declaracion que hoy dia me ha- «ce tan culpable como infeliz. - Demasiado me acordaba yo de este pasage de una de mis cartas, pero tampoco me habia ol. vidado de que no soloen ninguna de ellas no habia nombrado al Conde de Belmire, pero ni aun hablado de él sino en términos: tan vagos, que era imposible sa= er por estas cartas la época en que: habia empezado la pasion de que me confesaba poseida; y como el Duque era eccesivamente zeloso, no dudó ya desde el Principio de mi matrimonio, que el objeto de ella era uno de los dos Caballeros de la corte de Napo- A 8 Pasmado el Duque y confundi> do de mi atrevimiento y firmeza, estuvo algun tiempo inmovil, no encontrando espresiones capaces de pintar su indignacion y su furor; pero por fin esclamó impetuosamente : «desdichada! «yo no lo sabré jamás!... ¡Ah! «lo veo: no teneis idea algu- «na de los eccesos á que puedo «entregarme ; todavia nome co- «noceis. ..— Estoy preparada pa- -«ra todo, le dije, y «soy dema- «siado infeliz para temer la muer- - «te.—La muerte! contestó, la muer- »te!.. deja de alucinarte. .. no... «no es la muerte lo que destino «para tí... Hace ya un «año que «tengo encerrados en el fondo de «mi alma mi odio y mi furor; «un año hace que estoy meditan- «do el castigo de tu infidelidad; | | ¡ ] | | | «y Crees» que: la venganza de' un «momento pueda satisfacerme?. .. «No, no morirás. ..: tu sepulcro «está abierto, no hay duda, pe- «o viva tendrás que bajar a: él, «y no' encontraras + allí tampoco «la muerte que deseas.” | A este horroroso discurso :senhelarse toda mi sangre, cerráronse mis ojos: y perdi enteramente el uso «de mis sentidos. Al PMA en mi, me hallé en brazos de: mis doncellas: pregunté luego: por la única «que habia traido de Roma y á la que miraba con mayor confianza ; pero se me contestó que: habia quedado en Napoles, lo que me dió á entender era con órden del Du- - que, que sin duda temeria un testigo importuno- y vigilante; y 50 esta circunstancia puso: el: colmo a mi terror. Pasé la noche solida de mis adas cuya presencia: me atormentaba, temiendo al mismo tiempo el hallarme «sola, por lo que no me atrevia 4: quejarme ni a despedirlas. Tenia que sufrir en mi» interior todos los tormentos que deben causar el arrepentimiento,-el susto, y la procsimidad de una horrorosa catástrofe. Al amanecer pedí queme condujesen al cuarto de: mi hija,:a la que hallé todavia durmiendo; mandé salir 4 mis doncellas y me senté al lado de la cuna. Pero ay! su vista lejos de dulcifi- «car mis penas, las aumentó todavia mas. «¡Ah querida hija mia! - «dije, tu duermes apaciblemente, «gozas las «dulzuras del descanso; | 5 asiéndote imposible el conocer ni «participar de los. terribles pesa- «ves de tu: desgraciada madre. Qui- «zh te veo por la última vez!. ... re- “«cibe mi tierna bendición... Gran «Dios! prosegutponiendome de «rodillas, estoy resignada a: todo cel rigor de mi suerte, pero que «mi hija «sea feliz, que "su vida «sea inocente y tranquila... Si es «cierto que «ha de: haber cruel- «dad para arrancarmela: .. Dios «mio , protejedla, servidla de madbel., RA 7 Abrogeo tr" ¿OLD Mis continuos sollozos me 1m>- _Pidieron: decir mas, yen aquel momento «abrase de repente la puerta del cuarto y se deja ver el Duque. Horrorizome su vista y mis. ojos. se secaron enteramente: éme del suelo; pero. faltandome Jas fuerzas para “sostener- * 52 me en pie, volví A: caer en la silla.—« Y bien, dijo, os he hecho «la reflecsion mas prudente? ¿Co- «noceis por fin lo que arriesgais «resistiendo 4:=mi voluntad >...” Toda mi respuesta fué un profundo suspiro. «¿Estais todavia, «continuo , en la resolucion de no «declararme jamás este nombre?” Yo levanté los ojos al cielo continuando en mi silencio. «Quiero «una respuesta positiva, replico, «me lo «nombraréis ó no?...—No «puedo, respondí...— Ah! . gritó, «ya has pronunciado tu sentencia: «mira esta niña y dale un eter- ¿mo á Dios... — No, interrumpí, no «tendreis «la barbarie de separar- «me de ella. Ah! dejadme 4 mi «hija, permitid que. 4-lo menos «la yea alguna vez, y sostendré «sin murmurar todo el rigor de 53 «vuestra cólera.—Qué! ¿vuestro co- «razon es en efecto inaccesible á «dla piedad? Ah! si asi fuese, por «riguroso que sea mi destino, to- «davia seriais mas digno de las- «tima que yo... pero no, no pue- «do creerlo; vos no me arrancareis á mi hija para siempre...” En este momento despertó la niña, abrió los ojos y mirando á su padre sonrióse y levantó acia él sus manecitas casi juntas. «Ay! «dije, no parece sino que os rue- «ga á favor mio. ¡Oh hija mia, «mi querida hija, que no puedas «tu hablar! tu aplacarias. á tu pa- «dre... ”. Quise entonces tomarla en. mis brazos, pero agarrandola - el Duque, me dijo: «dejadla, ya “no es vuestra. No! esclamé, qui- “tadme la vida, ó volvedme á mi «hija... es preciso. para conse- , «guirlo itinER vuestras plan- «tas, aqui-me teneis. ” Al decir esto me precipité á' sus pies, reguélos con. mis lagrimas, abrace sus rodillas... nada le costaba A mi orgullo; pedia á mi hija. El barbaro: pareció gozarse en mi abatimiento; contemplóme un instante en esta situacion: y en seguida me rechazo con furor eneaminándose a la puerta; pero yo iba siguiendole de rodillas y gritando, «hija. mia, hija mia.” Asustada la inocente criatura dió un grito «lastimoso tendiendome los brazos... Ay! pareola que me daba un doloroso 4 Dios. ..en aquel mismo instante: la perdí de vista, y el Duque salió impe-. tuosamente,- dejandome en una yerdadera desesperacion . sae Volvió a entrará «poco rató 55 obligandome ¿4 ir A mi: cuarto, *y serenando entonces su semblante, me dijo: «Vos me haceis de «an corazon inhumano, y no obs- «tante...” Parose aqui bajando los ojos , aquellos ojos cuyas miradas sombrias y feroces hubieran podido descubrir su horrible artificio; pero yo estaba en poder suyo, ignoraba todo: el horror de: sus proyectos, y no vela interés alguno que le obligase 4 disimular. Mi:corta edad de diez, y ocho años me hizo creer que efectivamente se reprehendiaá si mismo el ecceso de su «crueldad, y que a lo menos dulcificaria la Venganza que habia meditado al Principio. j dit Este rayo de esperanza Jlegó reanimar mi corazon y me alen-' y UN/ tó: para hablarle de mi hija ; es- e 3 SEVILL No 56 euchóme con un semblante sombrío pero «sin manifestar enfado, y aun fingiendo que no podia ocultar su enternecimiento, me dió a entender que su amor era el úunico movil de los eccesos á que se entregaba, y acabo diciéndome que si miraba por mi salud podria volver á vera mi hija. Una tan dulce esperanza me hizo olvidar todo lo que habia padecido: viendo al Duque menos furioso me “sentia yo' mas culpable, cono=- ciendo que en realidad debia odiarme, yque segun mis cartas podia juzgarme verdaderamente criminal: escusé pues su crueldad, mostrandome sensible á la compasion que aparentaba, y mientras que el mas sincero arrepentimiento hacia correr en abundancia mis lagrimas, el cruel au A A A AAA 5 tor de mís males se aplaudia en secreto del feliz écsito de «sus negros artificios, y lo preparaba todo para perderme. Entretanto una ardiente: calentura dimanada de tan violentos pesares me “obligó a guardar cama: entonces mostró el Duque la mas viva inquietud y despachó un espreso a Napoles para hacer venir dos médicos. Jamás se apartaba de mi cabecera , dándome"en presencia de mis criadas las mayores pruebas de ternura: deciame en particular todo lo que pudiera persuadirme que la pasion sobrepujaba á sus resentimientos, y me aseguraba de un modo positivo que volveria á ver á mi hija luego que me de- Jase la calentura. “A esta promesa olvidé todos y 6 trar .en mi od para enterarles de mi desgracia, ó socorrerme si todavia daba señales de vi: da. Acercóse á mi lecho cuyo 'cortinage habia tenido cuidado de cerrar y de obscurecer todo el cuarto; fingió prodigarme todos los socorros imaginables, y poco despues aparentó entregarse á la desesperacion mas violenta. Llego entretanto el Ministro, á quien mandó recitar las preces de difuntos , y durante la ceremonia, despiertas ya mis criadas y alborotada “toda la casa, corrian de tropel a mi aposento. El Duque estaba de rodillas á mi cabecera, y mis dos asistentes referian por menor á la familia reunida todas las pruebas que se habian hecho para conservarme la vida. Despues de esta relacion, entreabrió - 65 el. Duque un poco las. cortinas, 4 fin de que me 'viesen pálida y. sin movimiento, con lo que nadie dudó de mi. muerte. Hizo en seguida retirar á todos á la pieza inmediata, quedándose solo con el Ministro que era un anciano de ochenta años, á quien mandó continuar las oraciones hasta media noche; y declarando entonces que no queria me enterrasen hasta la tarde del dia siguiente, obligóa todos á que se fuesen á descansar, diciéndoles que queria pasar alli lo restante de la noche, no pudiendo resolverse a. separarse de mí. Cerró todas las puertas del cuarto y colocó al Clerigo y a los dos criados en una antesala separada por otras tres piezas grandes; dijoles que no me dejaria hasta las siete de la mañana, y 66' que deseaba estar solo para no distraerse en su dolor y oraciones. | Fatigada la familia por las vigilias anteriores y el trabajo de aquel dia, se aprovechó con ansia del permiso que'se le daba. Todos dormian profundamente 4 eso de las cuatro de la mañana, hora en que, saliendo por gra= dos de mi letargo, me desperté. Al abrir los ojos: y al recobrar mis sentidos, lo primero que se me ofreció fué el Duque en pié al lado de mi cama: estremecime al verle, no obstante que nada se me acordaba de lo sucedido: mirándole despues fijamente y vi=. «st v is niéndome en confuso á la memoria que estaba irritado contra mi, un movimiento de temor me hizo volver la cabeza, y queriendo llamar. ami itstógiiatl lo que habia pasado, se: me ofrecieron á ella mil ideas vagas y fantasticas, y af en un estupido desvario que fué seguido de una especie de entorpecimiento. Entonces me hizo el Duque 'respirar una agua espirituosa, haciéndome tragar al mismo tiempo unas gotas de un licor. que me reantmó enteramente. Sentéme luego en mi lecho, mirando con sor-' presa todo lo que me rodeaba: desenvolviéronse poco a poco to-. das mis ideas, y cuando me acordé que creia haber tomado un veneno, casi dudaba de mi ecsistencia, «¿Que milagro me vuelve a da vida? esclamé finalmente. — No «habeis esperimentado mas que “Un. terror panico, contestó el “Duque; sosegaos y desvaneced un | 68 «temor que me ultraja.” No me atreví a replicar: aparté mis cortinas para mirar todo el cuarto y viéndome sola con él fué: tan- to mas grande mi terror, cuan- to habia ya recobrado todo mi conocimiento. «Pues porque, le «pregunté, me velais yos solo?— Yo lo sabreis, me dijo, entretanto levantaos. Diciendo esto me presenta un vestido que me ayuda el mismo a pasar, y sosteniendome en sus brazos me acompaña O mas bien me lleva á una silla, y como advirtió que todavia estaba debil y trémula, me hizo Otra vez tomar. del licor que ya habia bebido, y despues. de uncorto silencio me habló «de este modo. «Ahora nada os encubriré: sar «bed que lo que tomasteis ayer 69 «fue un brebage soporifero para «adormeceros. — Y porqué? — Es- «cuchadme y no me interrumpais. «Vos me habeis engañado, me «habeis deshonrado; os ofrecí mi «perdon: pero lo: reusasteis. Con= «vencida de vuestra infidelidad, «continuais alimentando en vués- «tro pecho un amor criminal, y «toda mi cólera y Mis amenazas «no han podido obligaros 4: de- «clarar el nombre de vuestro com- «plice. Quiza os habeis lisonjea- «do de que la consideracion que «debo Ah vuestra familia, me im- «pediria 'el arrancaros vuestra hi- «ja y privaros de la libertad. Tam- «bien os habreis tal vez imagi- «nado, (pues vuestro odio me «Juzga capaz de todos los crime- Nes) que no tenia otro. medio | «de vengarme, que el de atentar 10) «en secreto a EA vida,: y esa «invencible aversion que me te- «neis no os. haria muy. sensible «la. muerte. Pero. sabed «sin emchargo que vivireis á pesar vues- «tro y. que vivireis separada pa- «ra siempre de vuestros - padres, «de. vuestros. amigos, de. vuestras «criádas y del mundo entero. —Oh ' «cielos , esclamé , y creéis que no «os. pidan cuenta de mi paradero «un padre tierno y la mejor: de «das. mádres?-— Mañana: recibirán «la falsa noticia de vuestra muerte, «replicó. — Gran: Dios! y como os «sera posible? — Todo 'el «castillo «está ya cierto de ella; toda la fa- «milia os ha visto durante vues- «tro letargo. —Ay de mi! grité «derramando amargas lagrimas, ya «pues. no ecsisto en el mundo «sino para vos! ¡Ah! ahora si que ni «conoaco todo. el horror de mi si- «macion! Aun no lo sabeis. todo, «replico el Duque, sabed que «este. palacio encierra, Unos vas», ctos subterraneos, desconocidos de «todos: la luz del dia ¡jamás ha, «penetrado en: ellos. — Dios mio! «esclamé, no hay remedio, soy per- «dida. sin recurso. — No, me. di- «jo, vuestra suerte está, aun en «yuestras manos: puedo. ir desde «luego á despertar á toda. la casa, «y, declarar que esto no ha. sido, «mas. que un. accidente; tampo- «co he despachado la carta a vues- «tro. padre; todavia puedo volve- «ros al mundo y perdonaros:- no, “ecsijo: de vos mas que una pa- «labra, una sola palabra. Me.es «preciso. una, víctima, ya os. lo he «dicho: nombradme a vuestro, “Amante y desde luego recobrais. 2 «vuestros qsechos , 0s vuelvo al «mundo, á la vida... —¿Que es lo «que me proponeis, le interrum- «pi, el que entregue á vuestro re- «sentimiento un objeto que, os lo repito, no os ha: ofendido? Ah! «seria indigna de vivir si tenia la «bajeza de 'eonsentirlo. — Pensadlo «bien, gritó -el Duque arrojan «dome una mirada espantosa; sl «reusals otra vez-Os arrastró a la «tenebrosa prision de la que na=" «die podra arrancaros. Mañana es «preciso que vuestros padres se' «desesperen por vuestra muerte, «ó se alegren de vuestra conva-' «lecencia; mañana volveréis a abra- «zar á vuestra bija y á gozar dela «luz, O sereis privada de ella pa- «ra siempre , gimiendo en un hor-' «vible calabozo; mañana por fin, cos verán en esta casa gozando | ade perfeta lia ó se celebrarán «vuestras ecsequias funebres... Pen- «sadlo bien: pasado este momen- «to ya no hay esperanza de per- «don: en vano lo imploraria vues- «tro arrepentimiento, ya no me «seria posible concederoslo.” A este terrible y precipitado discurso, me levanté fuera de mí, dirigí eon espanto la vista ácia la _puerta y arrojando un doloroso grito , esclamé. «Que! ¿estoy pues «abandonada del universo entero? «Fija mia! ¿viviré y no te veré «mas? Padre mio! Mi tierna ma- «lre! Mañana lloraréis mi muer- «tel... ¡Hija mia!... Ah! permitid- «me á lo menos que vea otra véz «a mi hija... Una sola palabra, di- «jo el Duque, y dentro de un cuar- «to de hora la estrecharéis en vues- “tros brazos. ” 80 una figura de cera palida y de . color de muerte, la que colocaria en mi lugar, y que so pretesto de querer complir con un acto de piedad, el mismo la sepultaria, acompañado de la criada vie- ja de que ya he hablado, sin que por esto se viese obligado á dar parte del secreto á nadie, ni aun a esta muger que solamente debia ser un testigo de sus acciones. «En fin, añadió, aceptais «el perdon que todavia me dig- «no ofreceros por la última vez? «Hablad: sacrificad vuestro aman- «te á mi resentimiento, decidme «su nombre, 0 renunciad para «siempre á la libertad, al mundo «y a la luz.” | Á. estas palabras estendi mis brazos acia el sol que ya empezaba á dejarse yer, como para: 81 darle uneterno 4 Dios. El cielo cargado de nubes brillantes y magestuosas ofrecia el espectaculo mas agradable; esta contemplacion elevó mi alma restituyéndome todo mi valor; arrojé sobre la tierra una mirada de desprecio, y volviéndome al Duque le dije con tono firme: «tomad vues- «tra víctima.” Al mismo instante me arrastra á la tumba, mi corazon palpitaba con fuerza y volvi la cabeza para mirar otra. vez lasluz que abandonaba para -siem- pre. Bajamos en seguida a una 0s- cura caberna y no pudiendo sostenerme mis trémulas piernas y agitada de terribles convulsiones, me desasi de los brazos de mt cruel perseguidor y cal á sus pies sin movimiento y sin sentidos. lguoro cuanto tiempo perma- E nec en este estado; pero ay! Ya no debia volver á la vida sino para aborrecer mi funesta ecsistencia. ¡Como espresar el horror que se apoderó de mi alma, cuando al abrir los ojos me vi sola en aquellos vastos subterraneos, rodeada de espesas tinieblas y echa: da sobre unas esteras de paja! Arrojé un lastimoso grito que repetido por el eco en toda la es tension de la caberna me hizo estremecer y redobló aun mas el terror y espanto que me oprimian. «Oh Dios! esclamé, ve ahí la sola voz que me responderá, el único sonido que oiré de aqui en adelante!” Esta sola reflecsion me hizo verter un torrente de lagrimas. En esto oigo abrir la puerta de mi prision y veo entrar al Du- 93 que con una linterna en la. mano, que dejando % mi lado un pan y un cántaro lleno de agua, me dijo: «Este será en adelante «wuestro alimento: y cada dia lo «hallaréis en el torno que está «en frente de vos: yo mismo 0S do traere y colocaré en él, sin «que vuelva ya mas a entrar en es: «te horrible calabozo.” A estas palabras miré al rededor de mi, y observé que estaba en una cueva inmensa á cuyos límites no podia llegar mi vista: la parte que yo ocupaba, estaba cubierta de esteras grandes de paja a fin de preservarme del frio y de la humedad, pues el barbaro que me precipitó en aquella tenebrosa hábitacion, habia tomado al mismo tiempo todas las precauciones para conservarme la vida. Despues de haber considerado horrorizada todo lo que me rodeaba, me dirigl a mi cruel carcelero, y haciendo finalmente estallar un odio tan- to tiempo oculto y tan fundado, le eché entonces en cara todo el horror y el desprecio que me inspiraba. Escuchóme un rato con un furor concentrado, y no pudiendo luego contener su ira, se entrego a la mas terrible cólera dejaudome apresuradamente. Desde aquel dia no volvió á entrar ya en mi carcel y cuando venia A traerme” el alimento, daba golpes al torno hasta que yo respondia, marchándose en seguida sin proferir una sola palabra, y del mismo modo recibia con bastante regularidad ropa blanca y algunos vestidos cuando los que traia eran ya inservibles. 85 No obstante no tardé en arrepentirme dehaber aumentado si era posible con mis reproches su odio y resentimiento: acordéme que era el padre de mi bija, y que este tierno pedazo de mi misma estaba en poder suyo. Ademas de esto, mi corazon no habia perdido absolutamente toda esperanza á pesar del horror de mi Situacion, y cuanto mas reflecsionaba en ello, tanto mas dificil me parecia que realmente hubiese-concebido el proyecto de tenerme para siempre en tan: espantoso cautiverio; llegando hasta a lisonjearme que no habria anunciado mi pretendida muerte, simo | que habria encontrado algun otro medio para sustraerme a las pesquisas de mi familia, reservandose la posibilidad de volverme al 86 trato del mundo cuando quisiese. ¿Como podia imaginarme que se hubiese impuesto á si mismo la penosa obligacion de traerme cada dos O tres dias lo necesario para mi sustento, sometiéndose de consiguiente á la triste esclavitud de no poder ausentarse de su castillo sino por tan corto tiempo, pues era mi único carcelero y a nadie habia comunicado su proyecto? Pero ay! no creia yo que el odio para saciarse fuese capaz de cargar con unas cadenas que el mismo amor llevaria con disgusto. Mis reflecsio= nes no obstante llegaron á persuadirme que pondria un término A su venganza, y ocupada de esta consoladora idea , le dirigia mi voz siempre que llamaba á mi torno, y a pesar de que jamás | | | 87 me contestaba, imploraba su compasion, asegurandole mi inocen» cla. | Como estaba absolutamente privada de la luz, mo me es posible decir cuantos meses, 0 tiempo conserve esta dulce esperanza, pero llegué por fin a perderla; y abandonandome entonces mi razon acusé a la Providencia, mur» muré de sus eternos decretos, y abatida mi alma con el ecceso del dolor, perdió su fuerza. y Sus Principios, cayendo en la mas sombria y funesta desesperacion., Aun hice mas: atrevime a creer que el fatal estado de mis males me daba el derecho de disponer de mi vida, como si nos fuese Permitido el romper un lazo tan Sagrado porque deja de sernos agradable! 88 Determinada pues ¿a dejarme morir de hambre, pasé cerca de dos dias sin tomar alimento, no queriendo recogerle del torno. En vano me llamaba el Duque, obstineme en no responderle jamás, lo que le obligó por último á entrar en mi calabozo. Cuando le vi con la linterna en la mano, a pesar del horror que su presencia me inspiraba, sentí un movimien- to de alegria volviendo a ver la luz. Sin embargo no le hablé: ofrecióme dulcificar mi cautiverio, dandome luz, libros y un alimen- to mejor, si queria decirle este nombre tantas veces pedido; a cuya proposicion le miré fijamente, * y con el mas profundo desprecio le dije: «ahora que habeis ya di- «suelto todos los lazos que por «desgracia nos unian, mi corazon 8 «es libre y se p. sin remor- «dimiento á una pasion que en otro «tiempo combatia en vano. Á este «óbjeto , cuyo nombre me pedís «para sacrificarlo á vuestro furor, «lo amo ahora mas que nunca: si, «mi último suspiro será para él: «uzgad pues si os lo denunciare. «— De esta manera, repuso, está «borrado en vuestra alma todo sen- —«timiento de religion: vos alimen- «tais en vuestro corazon una lla- «ma adultera y renunciais á la «vida... —Barbaro! le interrumpí, «¿soy yo acaso vuestra muger? «¿Os atreveréis á sostenerlo , vos «que me habeis. precipitado en «este espantoso abismo , vos que «llevais luto por mi muerte?..- “— Es verdad, no tengo fuerzas pa- “ra soportar mi vida; pero es- “te Dios que nos oye y ]JUZzga, 7 : *h PS 9 ' «obra de mi misma; no he tenido» «la debida confianza en mi madre, «y dejando de consultarla, me «he descarriado inmediatamente. «Hija ingrata y culpable! El. cie- «¿lo para castigarme cegó á mis «padres en su eleccion, y el es- «poso que me destinaron no po- «dia hacerme feliz. No obstante, los «sentimientos de la naturaleza hu- «bieran mitigado en gran parte «mis pesares, si no hubiese come- «tido nuevas imprudencias; pero «lejos de buscar todos los medios «para triunfar de una pasion cri- «minal, la kalimenté en el secre- «to de mi corazon, y tuve ade- «mas la osadia de hablar deella «en esas fatales cartas que han cau” «sado mi pérdida, atreviéndome «á pintar en ellas toda su vyiolen- «cia, y quejándome al mismo tiem-" «po: de un denia quien ofendia!” Estas -reflecsiones me hacian derramar muchas lagrimas; pero encontraba una cierta dulzura en llorar mis faltas, que no me era insufrible sentirlas con tanta viveza, segura de que mi llanto 'podia borrarlas. El remordimiento - que es hijo del crimen, debe sin duda roer de continuo nuestra conciencia; pero el pesar de una debilidad involuntaria nada: tiene de amargo ni de terrible: este virtuóso sentimiento nos consuela en medio del dolor, reconciliandonos al mismo tiempo con nosotros mismos. cut Despojada pues de todo, y separada enteramente del universo, 7 mi corazon hecho para amar, se entregó muy pronto á la pasion Sublime que unicamente podiacha- 8 cerme soportar ña vida. «La reli» gion me dió 4 conocer y gustar de todos los socorros inagotables que puede ofrecer a los mortales: ella desterró: con el tiempo é-in- sensiblemente de mi alma esta pa: sion desgraciada que era el mayor de mis.males: ella por fin supo: darme lo que la sabiduria mundana y la sola filosofia. no - podrian hacer,-esto es, el valor de su» frir., sin: desesperarme y sin murmurar, nueve: años de encierro en un subterraneo profundo é impenetrable a la: luz. 01339 «Debo sin embargo confesar que durante los dos ó tres años primeros sufrí penas tan terribles, que solo :su «memoria me estremece todavia. El tiempo «sobre todo en que, segun el calculo que habia formado, imagine «que má . $ E madre € hija Abal ya haber: lle= gado á aquel mismo castillo em que yo estaba prisionera; este tiempo, digo, pasó de una manera muy dolorosa para mi, “y forma la época mas cruel de mi cautiverio. Traspasado mi corazon con la terrible idea de que unos ob» jetostan queridos - estaban : tam cerca de mi,-sin que me fuese: posible el verlos y abrazarlos, mi aun conservar la esperanza de poderlo hacer algun dia; esclama= ba: «Ah madre mia! yos llorais «mi muerte y yo ecsisto! ¡Y que «mano, gran Dios, que: mano ses «la que enjuga vuestras - lagrimas! «Ah! vos las ¿derramais en el ses «No. mismo de mi perseguidor; de «mi verdugo!... No, no es mi ver» «ladera tumba aquella 4: que 0S «acompaña! Ay de mi! Mil veces la yOO ' «pisareis sin conocerla, y miraréis «con ojos enjutos esas rocas que la «ocultan! Tal vez en el silencio de «da noche, no permitiendoos vues- «tro dolor gozar de las dulzuras «del sueño, vendreis errante al «rededor de mi sepulcro! Tal vez «en este mismo instante estais sen- «tada cerca de esa horrorosa tram- «pa, que ya no se abrirá jamás «para mi! Ah! si es asi, sin dur «da pensais ahora en vuestra des- «graciada híja, la llorais aqui mis- «mo, sin poder oir sus dolorosos «gritos, y su trémula voz que os «llama; madre mia! madre mia!” Estas tristes reflecsiones me arrancaban el alma, turbando muchas veces mi razon, y á estos crueles accesos del dolor sucedia una cierta insensibilidad y estupidez quizá mas horrorosa qu£ 1OI! la desesperación misma. Pero á medida que se fortificaba en mi corazon la piedad, se debilitaban estos violentos transportes: encontraba en la oracion consuelos inesplicables; y todas aquellas ideas que contristan comunmente a. los mortales, eran para mi los mas agradables entretenimientos. ¡Gon que placer meditaba en la brevedad de la vida! ¡Con que serenidad contemplaba la muerte! «Por dichoso. que sea:el hombre, «decia, está jamas enteramente sa- «tisfecho con esa felicidad debil «Y pasajera que uno puede gozar «sobre la tierra? Ah! Menos se “ocupa en los bienes que posee, «que en aquellos que su incons- «tancia y deseos insaciables ambi- “cionan; y en el seno mismo de “su engañosa dicha, la imaginacion 102 «se complace en distraerse ácia lo «futuro.: ¿Pero que importa que «su suerte sea feliz ó: desgraciada? «¿Que consigue con que sus espe- «ranzas sean satislechas ó se desva- «nezcan? ¿No formara siempre su «corazon. nuevos deseos? ¿Sabe «acaso gozar de lo presente y con- «tentarse con ello? ¿Pues porque «debo yo sentir tan vivamente la «perdida de todos los bienes de «que estoy privada , si ellos solos «no pueden darme la felicidad? Es «verdad que he de pasar mis dias «en medio de unas tinieblas hor- »rorosas, que no presentan en lo «por venir a mi helada imaginacion , 0 «mas que una larga y tristisima no- «che; pero qué? No pensemos sino «en el despertar : olvidemos esta «vida perecedera y no veamos mas «que la eternidad: despreciemos 1053 '* «el dolor de un momento al que «debe suceder una dicha inmortal: «dirijamos todos los deseos, toda «nuestra esperanza “acia el único «objeto digno de atraer y llenar «el corazon : humano. ” De este modo, y por medio de semejantes reflecsiones se ha-= cia mi alma superior a la desgracia, llegando por último á sostenerla con una entera resignacion. Vuelta a la razon y 4 mi misma, ño solamente se dulcificaron mis Peras, sino que aun llegué á ac0s- tumbrarme á las tiniéblas y al cau tiverio. Como mi prision era esi' Paciosa, me paseaba una gran parte del dia (ó de la noche, pues que no podia saberlo), formándome un: cierto plan de ocupaciones. Hacia diferentes versos que "ecitaba despues en voz alta, y 104 como sabia con bastante regulari- - dad la: música, componia una especie de cánticos , siendo uno de mis mayores placeres el cantarlos y escuchar.el eco que me respondia. Mi sueño llegó A «ser con el tiempo dulce y “tranquilo, y en ellos me presentaba la imaginacion ideas agradables sobre mis padres y mi hija, pintandome a estos queridos objetos siempre satisfechos y felices. A veces me hallaba como transportada en medio de brillantes palacios y jardines deliciosos, volviendo a gozar de la agradable vista de los .cielos, de los árboles y las flores, y de* toda la naturaleza: estas dulces ilusiones me volvian por. algun tiempo y en cierta manera todos los bienes que habia dido. Es verdad que pa desper- 1 105 tar, viéndolas:en un momento des: vanecidas ; pero volvia á entregarme al sueño con gusto, y aun estando “despierta, mi 'corazon no era inaccesible al placer; ecsalta: base: mi-imaginacion, y contemplandome á la presencia del Eterno, me atrevia 4 lisonjearme de que mi paciencia y resignacion no eran un espectaculo del todo : indigno de sus: miradas. Testigo de todas mis acciones El me oia, hablaba 4 mi corazon, lo alentaba elevandolo Aácia si, y entonces me Parecia que ya no era sola en mi Caverna. + Despues de la privacion de los Objetos de mi amor, lo único que Sentia haber perdido, era la luz y la vista: de los cielos , no pudiendo “Ompreendcr como podia entregar- Se ninguno a la desesperation, aun 112 posicion sin que 'oyese-el menor ruido: entonces agotadas enteramente mis fuerzas, creí llegaba: por fin al término de mi desgraciada vida, y aguardé con tranquilidad la muerte. | Llegó sin embargo á turbar mi calma , y enterneció mi corazon la: memoria de todo lo que' amaba. «¡Infeliz hija y madre! decia, en «que funesto abandono se ecsa- «lan mis ultimos suspiros! Que- «ridos autores de mis dias, con- «qué es preciso morir sin recibir «vuestra bendicion? ¡Oh hija: de «mis entrañas! No me es: posible «darte la. mia; no me es permi- «tido el dulce consuelo de. espi- «rar en tus brazos! Hija mia! Hi- «ja mia! Tu ni aun puedes sen- «tir mi pérdida! en este instante «en que tu desgraciada madre vé ' Li «i pagar su tributo '4 la muerte, «te entregas quiza a. los entrete- «nimientos y placeres propios de «tu. corta edad!... Pensamiento es- «pantoso ! Yo muero, y aquellos «que mas amo estan ya - tiempo «hace persuadidos de mi muerte!... «Y tal vez. consolados!.... ¿Pero «que digo insensata? ¿Me quejo? «¿Murmuro de la Providencia «cuando mis males van á aca- «barse ?. Dios bueno! Perdona mi «criminal debilidad; mi alma la «abjura, y mi corazon la detesta. «Oh mijuez y padre mio! Dig- “nate finalmente recibirme en tu «seno: llena de confianza en tus «bondades, y segura de llegar pron- «to á poseer una dicha immortal, “aguardo con sosiego la muerte y “aun la hubiera invocado si tu jus- “ticia me permitiese desearla.” is -Al concluir 0d palabras volvi a. caer. casi. espirando «sobre la paja: mi-.alma-se hallaba: poseida de una. calma y de una tranquilidad, cuyas dulzuras no habia: probado: hasta entonces; y mépareció: que «un bálsamo: saludable curaba de un golpe todas las heridas «de «mi corazon. El ecceso de mi debilidad confundió á no «tardar todas mis ideas, apoderóse poco á:poco de mi razom un «entorpecimiento vago «y delicioso', un cierto ensueño apa= cible; díúrante el cual se:ofrecieron. sucesivamente a mi imaginacion «las - pinturas mas halagueñas: Pareciame vislumbrar al rededor de mi lecho unos angeles rodeados de luz y unas como figuras: celestes:; creia olr voces armoniosas y divinos conciertos; represen- 11) tábaseme el: cielo -eritreabierto y el. Eterno: que: desde su: ecselso y brillante trono me llamaba acia sí, estendiendome su:brazo 'omnipotebte. Ah Ll él velaba sin duda sobre mi, y “sua mano paternal iba: a romper: de un ye pe mis: cadenas. rr «De repente despierto temblando: de 'mi letargo y + pareceme baber oido golpes en * el torno: escucho sobresaltada... los' repiten.: Mi: corazon palpitaba" fuertemen- e... pero:que'sorpresa! que .admiracion inaudita, + imposible de ese presar! Oygo: el sonido” de una VOZ, y esta no es laude mi ti- > Tano»; es una vOz nueva para má; parecióme la voz de “un a E jado del «cielo para librarme. (5: Atónita, fuera: de mí, ¡unté mis Manos y esclamé com el mis vivo 116 reconocimiento: «Dios mio! «tu «me envias sin duda un libertador. «Ah! Yo recibia con gusto la muer- «te y tu me vuelves á la vida: «ella es un beneficio tuyo, tu me «permites amarla.” Al decir: esto quiero levantarme para acercarme á mi torno, pero no me es posible, las fuerzas me abandonan, y caygo otra vez sobre mi estera. En este momento se abre la puerta del calabozo, y apercibo de lejos una luz. ..; «entran... ; yo me siento, quiero mifar, pero no puedo distinguir objeto alguno; mis ojos tanto tiempo hace privados de la luz, no pueden sostener la debil claridad de. un farol, y se cierran a pesar mio. Entretanto se acercan... Oh! quien sois? dije con tono apagado... vuelvo á abrirlos 1 ojos todavia ¡dosfaralinadas , y veo a un hombre de rodillas que pasando su brazo. tras de mi: cabeza la. sostiene, y:me presenta algunos alimentos. Consumida entonces por una hambre devoradora, no tuve más que una-:idea, la de satisfacer esta necesidad imperiosa; + todas las demas estaban por decirlo: asi suspendidas en mi' imaginacion , y de consiguiente me arrojé con ansia: sobre: el «sustento que se me ofrecia. Sintiendo despues que mis fuerzas se iban rea- .himando poco á poco, volvíme acia mi libertador, pero. la isombra daba A su rostro; y no: supe distinguir sus baii « Hablad, «dije, sois el cómplice de mi per- “seguidor ó venís para librarme... «— Cielos! interrumpió -el: desco- “nocido, qué voz es esta? ¿en don- 118 «de estoy: gran. Dios!.:.”. Al decir esto. se levanta apresuradamente, tomá la, linterna: que habia ' dejado, vuelve. corriendo, + mírame con «una :¡atencion-:mezoelada: de enternecimiento:y hórror; mis ojos se fijan luegó en su:cara que des jaba ver la ]uz', tenia erizado el cabello ;: estaba mlici «y temblan= do, pero: no. pude «desconocerlo: quiero: hablar... el llanto me: cortalas palabras y. no puedo pro= —«nuhciar mas que el mombre de). Gonde de Belmire: M0 «El. era en. efecto: arrojase á mis pies, los: riega:con sus: lagrimas. y.«vuelye despues «2 levantarse para .mirarme de. nuevo: profiere algunas palabras cortadas: 2 un tiempo acusa al cielo y le ben». dice, y el. .ecceso. de la sorpresa dá á su: alegria la: aparien= * 11 cia. del: furor” y de la desespera= cion. misma. . Hablabamos los dos juntos sim escucharnos «y sin res pondernos ,;; 'resonando' nuestros gritos por la estension: de la caberna; pero. por. fin'el Gonde léván: tandose impetuosamente, esclamó:. «Oh hombre el «mas bárbaro ' de «todos los hombres! - Monstruo ee- «secrable.! ¿Hay acaso: un suplicio bastante afventoso' para castigar «tus crímenes? Y vos, continuó “ayudandome á levantar, vos, vít= “tima desgraciada de. los: furorés «de un stigre feroz, venid, ya es- “tais libre.” 33 STBGR «Al. oir. estas palabras; mi pri- Mera accion fué la de precipitar- Me ácia. la puerta ; pero detenién= dome de repente , dije al: Con- «de. «Ahi! sois. mi libertador”, *os «debo. Ja: vida , la libertad, pero + 120 «estos bienes que ahora me vol- «veis. pueden todavia hacerme fediz? ¡[Ay de mil No me atrevo «a preguntaroslo. ... Mis padres... «—Viven , me dijo.... — Cielos! ¿Y «mi hija?... — Está en Roma, pron- «to volará á vuestros brazos.... «— Oh Dios bueno! esclámé po- «niéndome de rodillas, ¿con que «reconocimiento «podré: jamás pa- «gar tus beneficios? este solo mo- «mento me indemniza de todas «mis penas. Y vos, generoso pro- «tector mio , proseguí dirigiéndo- «me al Conde, sabed ahora mismo «para vuestra recompensa: que soy «inocente: pero antes de instrui- «ros sobre los pormenores de mi «historia , permitidme os haga una. «pregunta: sin duda el Duque es” «tá enfermo ?— Acometido de una «enfermedad mortal, me: respon” 121 : «dió, está á «la orilla del sepul- «cro y no puede vivir mas de. «dos dias. Venid, salid de este «horrible calabozo: sepa el bár- «baro antes de espirar que sois «libre 4 pesar suyo. —No, le in- «terrumpí; mis padres son los que «deben sacarme de esta tumba: so- «do guiada por ellos «mismos prue «do Ali de aqui.” Conjuré entonces al Conde paraque enviase inmediatamente un correo a mi padre, lo. que me prometió; y dándome un lapiz y ún pedazo de papel de su carteta, escribí luego un billete con- “ebido en estos términos. «Oh pa- «dres mios! aun vivo, soy ino- “cente; venid para volverme jrer> «daderamente a la vida, venid ¿ “Sacarme de un espantoso: col “terraneo, y hacerme olvidar to= : 9 128 obstante que no: podia: saber mí. edad sino con una diferencia de cuatro á cinco años. El Conde vino a la media noche en punto. El ecceso de su palidez, su turbacion y enternecimiento, me dieron facilmente a conocer el interés que tomaba su corazon en el cambio de mi suerte; pero respetando mi situacion, ue me obligaba á recibirle: sola en la mitad de la noche, y teniendo consideracion al fatal nmudo que me ligaba todavia, á pesar de estar prójimo á romperse; no me habló una sola palabra ni de los sentimientos que yo me habia atrevido á manifestarle en tiempos mas felices, mi de los que. él mismo me habia siempre conser-. vado. Despues de haberme hecho saber que ya habia”escrito a mi 12 padre Acinisidadole mi billete ; y que el: Duque estaba acabandose; le supliqué me instruyese de. los motivos que habian determinado «a aquel á confiarle un secreto tan “importante; y el: Conde, tomando la palabra, satisfizo mi curiosidad de este modo. | «Habia ya un año que viajaba «cuando recibí la noticia de vuestra «muerte: supe al mismo tiempo «que el: Duque estaba inconsola- «ble, cuya circunstancia disminu- «yO en gran parte la antipatia na- «tural' con que le miraba. Conti- «nué por otros dos años mis via- «jes, y llamado despues por di- «ferentes asuntos, regresé por fin «A la Italia. Obligado a tratar con «el Duque, me fué preciso: venir «i este castillo, porque no salia . «de él sino muy rara vez, y €s- 130 «tas solamente para ir a Napoles «por dos o tres dias. Al llegar aquí avi vuestro sepulcro; y colocado: «un retrato vuestro en casi todos «los cuartos de la casa: asi es, «que no tardo mucho tiempo en «hacerseme grata esta morada, y «aun llegué a amar al monstruo «inhumano cuya víctima erais. Pa- «recia penetrado de un dolor tan «vivo , de una melancolia tan pro- «funda, que prefiriendo su com- «pañía á todas las demas, venia «todos los años a pasar cinco 0 «seis meses en el castillo. De un «año á esta parte atacado el Du- «que de una enfermedad mortal, «no acababa de desengañarse s0- «bre su estado, continuando toda- «via sus viajes a Napoles; pero «este último invierno cesó ente” «ramente de ir a la corte, y mé 131 «escribió á Roma paraque vinie- «se: 4 verle. Llegué A ultimos de «Enero, y lo encontré en un es- «tado fatal, sin embargo que no «hacia cama y se paseaba conti- «nuamente. En ciertas ocasiones «parecia que su juicio no estaba «del todo libre, y que, devorado «por sus remordimientos, la vida «no era para él de mucho tiempo «ach mas que una insoportable «carga, sin que por esto dejase de «observar su fin con horror y «espanto. Por último agotadas de «dia en dia sus fuerzas, Cayó pron- «tamente en unas convulsiones que «de obligaron á ponerse en cama: «a las nueve de la noche del ter- «cer dia que estaba en ella, vi- »no uno de sus ayudas de Cca- «mara, para decirme que su amo «queria hablarme, añadiendo que 132 «aquella ainia: noche y la 'ante- «rior los habia hecho salir á to- «dos: del cuarto para probar si «podria levantarse solo; pero que «no permitiéndole su debilidad ni «aun el sostenerse en pié, habia «tocado la campanilla y lo habian «encontrado fuera del lecho y á «medio vestir. Fuí allá inmedia- «tamente: luego que me vio, hi- «zo salir al médico y toda la ser- «vidumbre, y auunciandome que «iba. a confiarme un secreto. muy «importante, me hizo jurar que lo «guardaria fielmente; y mirándo- «me en seguida con ojos desen- «cajados, me habló de este modo: «razones de familia me obligan a «tener encerrada en este castillo a «una muger criminal y que merecia «la muerte; a estas horas debe «faltarle el alimento: id pues 4 133 «llevarselo, llamad al torno. que «hallaréis y si no os respondiese, «entrad dentro y socorredla: pero «os advierto que esta muger es- «tá privada de su razon; no: la «escucheis pues , dadle su alimen- «to y volveos inmediatantente; yo. «os prometo comunicaros. un dia «su historia y su nombre. Hízome «saber entonces el secreto del sub= «terraneo , y sacando «un manojo «de llayes de debajo.de la'almohada «me lo alargó, encargandome - eje= «eutase su comision. El barbaro «creyendo, que nunca os habia vis- «to, juzgaba que: en ningun» otro «podia colocar mejor su confian= «za, y de este modo:puso en:mis «manos vuestro destino y el mio.” Cuando acabó surelacion el Conde de Belimire, me conjuro Para que yo: le hiciese la de: mis 13 desgracias; pero dci no me. era posible el hacerlo, sin hablar al mismo tiempo. de los. sentimientos que me habia inspirado, le contesté que: le referiria mi historia en presencia. de «mis padres. Segun su calculo debian estos llegar al castillo 4: mas tardar dentro de dos dias; de consiguiente menos agitada ya mi alma, y mas tranquila mi razon para entregarse á las reflecsiones, gocé por es- _pacio de veinte y cuatro horas de todo el placer que debia: cau. sarme una: tan dulce esperanza- Sin embargo aumentabase mi impaciencia a medida que se acercaba el feliz instante de mi libertad, y muy pronto no pudo contenerse volviéndose en un tormento insufrible. Nada ha pasado -enomi alma que pueda igualarse 135 alas violentas agitaciones que esperimenté en la noche que precedió al dia mas hermoso. de «mi vida. Mis ojos fijos en el reloj consideraban tristemente el pesado curso de sus agujas; a cada instante me parecia oir algun: ruido , sobresaltabame , sentia hervir la sangre en mis venas «y palpitar mi. corazon con toda su violencia. Creció aun mas mí inquietud al oir el canto «de los pajarillos que anunciaban el nacimiento del dia; de este dia afortunado en que des bia volver A macer, «recobrando «el título y los derechos sagrados de bija y de madre. (ña Este dichoso momento capaz de recompensar un siglo de peñas, este momento tan ardientemente deseado, se acerca... llega por fin. Oyense yoces con- 136 fusas, gritos repetidos; distinguese poco despues el ruido de los coches, caballos y armas; este tumulto se aumenta «rapidamente... se acerca: yo tiemblo... Oti Dios! ¿Qué voz. es esta que llega a mis oidos, y penetra sin parar hasta el fondo de mi: alma?... ¡Madre mia! ella llama á.voces a su hija, mi corazon vuela 4 su encuentro... ¡Gran Dios! tu queme diste valor. para soportar nueve años de horrorosas desdichas, ah! no. per-: mitas que sucumba áeste ecceso: de alegria Yo muero! ¿Será pre- E ciso que espire á los pies de mí madre? Al concluir estas palabras abresé la puerta y me arrojo fuera de la caverna. A pesar de que la brillante luz del dia ofuzca mis deslumbrados ojos, veo y.reconozcó. a mi padre... 4 mi madre... doy ul ] j po 13 grito penetrante : caigo sin Conocimiento en sus brazos. ¡Ah! ¿cómo podré espresar el jubilo, los transportes que :esperimenté al recobrar mis «sentidos? Hallabame en el seno de la mejor de las madres, sentia mi rostro. inundado con, suslágrimas: mi padre de rodillas delante de mi apretaba mis manos entre las suyas : volvia a ver la, luz, el sol; en fin, estaba segura de recobrar pronto a mi hija, momento que realizaba todos mis deseos satisfaciendo del todo: mi corazon. Me seria imposible dar una idea de lo que pasaba en mi alma en este primer arrebato; sentia de- Masiado paraque me fuese dable el. reflecsionar , ni espresar de otro modo el ecceso de mi alegria que con mis suspiros y mi 10