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Juicio sobre la infantería española en la Batalla de Rocroi

Vega Viguera, Enrique de la

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JUICIO SOBRE LA INFANTERIA ESPAÑOLA EN LA BATALLA DE ROCROI por ENRIQUE DE l.A VEGA V/CUERA Perdimos la batalla de Rocroi el día 19 de Mayo de 1643. Reinaba en España don Felipe IV, más amigo de fiestas que de asuntos de gobierno, de lo que se aprovechó su vali do el Conde Duque de Olivares; mientras en Francia, con la regencia del Cardenal Mazarino, reinaba el monarca de cinco años Luis XIV, lo que anunciaba el amanecer del Rey Sol. Todavía Jo s Tercios guerreaban en Flandes y en Italia imponía respeto nuestra brava Infantería; pero desgraciadamente, ya no era la época afortunada y gloriosa, en que las blancas banderas con la cruz de Borgoña paseaban triunfales por todos los ámbitos del mundo. Los franceses proclamaron con entusiasmo, que la victoria de Rocroi había destruido para siempre la temida Infantería española. Esta especie la creyeron también, todos los demás enemigos de España, y lo que aún sería peor los españoles de las épocas siguientes, trasladando a la Historia, el equivocado concepto de que en Rocroi, Jo s franceses habían hecho desaparecer a los infantes de España, como si se los hubiese tragado la tierra. Sin embargo, la Corte española seguía divirtiéndose en el suntuoso Palacio del Buen Retiro, representando las comedias del Fénix de los Ingenio s, Lope de Vega, y los dramas de Calderón de Ja Barca. En ve.dad que si la española Infantería no feneció en Rocroi, debía haber muerto por entonces, no al impulso de las armas francesas, sino a consecuencia del abandono en que la tenía don Gaspar de Guzmán, Conde Duque de Olivares, hombre inteligente, activo y terco, siempre presto en allegar recursos para las regias diversiones, como '.240 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA tardo en enviar ropa, calzados y pagas, a aquellos soldados, que con la punta <le sus picas sostenía el todavía inmenso poder de la Monarquía española. La mentira de la destrucción de nuestra infantería, corrió de boca en boca y de pluma en pluma por la Europa entera, a Ja que interesaba mucho, por lo menos, acabar con su reputación, que era el terror de todos los ejércitos europeos. Interesaba animar a las demás infanterías, para que no entraran en batalla contra los españoles seguras de derrota. Sin duda el triunfo francés alcanzado en Rocroi, tuvo importancia estratégica, porque evitó la invasión de los españoles en Francia, aunque no influyó nada en la moral de los Tercios, como demostraron a los seis meses, el 14 de Noviembre del mismo año. haciendo añicos al ejército francés en la batalla de Tutlingen, que fue un ve rdadero Contrarocroi. Pero la mentira se hizo pétrea y secular en el transcurso de los tiempos; tanto, que un historiador de gran fuste, como don Antonio Cánovas del Castillo, en su Historia relativa al reinado del Rey Poeta, da in cluso, como desaparecidos a los Tercios inmortules. ¡Grave eITor, pues en esta época existían 23 Tercios! Mejor enterado, a los quince años se retracta. y confiesa que los datos adquiridos de otros historiadores extranjeros, no se ajustaban a la verdad, pues la tan cacareada victoria de Rocroi se reducía a un contratiempo de cierta importancia, pero que no había afectado para nada el crédito de nuestra Infantería, sino que, por el contrario, demostró una vez más la justa fama de solidez que disfrutaba. De todos los historiadores que se han ocupado de esta célebre batalla, el ge neral Almirante es, el que mejor aprecia todas las circunstancias que en la pelea intervinieron, y el que la ha estudiado con mayor profundidad y justo criterio. Un relato -siquiera sea muy suscint ode los sucesos, ayudará a demostrar que aquella batalla no tuvo los resultados catastrMicos, ni fue como la pintan los historiadores extranjeros, y aquellos españoles que se contentaron con copiar, en vez de estudiar e investigar. El general en jefe por España en la bata) la de Rocroi era don Francisco de Mela y Castro: Diplomático portugués, de regia estirpe, valeroso, co lmado de prestigio y veterano en el mando de Organismos políticos. Buen amigo del Conde Duque de Olivares, vino a España, ganándose la confianza del Rey Felipe IV que Jo nombró gentil-hombre. Sus cualidades diplomáticas e ilustración, le valieron ser nombrado Embajador en Roma y más tarde Gobernador y Capitán JUICIO SOBRE LA INF ANTERIA ESPAÑOLA ... 241 - -- ------- 1' ¡ i;,· ,. /" 1 f <L . <· -- -- - -- ·- ·~ - - - - - - ~-- -- Piquu o: So ldado que ut il i wba la pica como arma de comba1e. lns1ru111cn1u qu e consis· 1ía en una lanza de madera de 2.20 de larga. con un as ta de hierro de 17 cms. y otros 10 cms. de regalón. El piquero fue el alma de Ja i nfa111erí! 1 esp añola durante l os siglos XVI y XVII. desapareciendo d año 1703. El piquero tenía doble sueldo que los demás soldados. 242 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA - ~ ~~~~~~ ~~~ ~ -~~ ~~~~~~~ General de los Países Bajos, teniendo a sus órdenes a generales de la pericia, del conde de Fuentes, Alburquerque y Beck. El ejército francés, lo mandaba el príncipe Conde. El indicado príncipe, era Luis U de Borbón, también Duque de Enghien, que a Ja muerte de Richelieu fue nombrado para el mando del Ejército por el Rey Luis XIII, cuando sólo contaba 22 años. Elección muy acertada, pues en pocos meses el Gran Conde, como empezó a ser llamado, logró restablecer la disciplina en el ejército, bastante relajada de sde la muerte de el Cardenal. Condé contó con lo s valiosos y sabios consejos del influyente Marqués L'Hopital, y la ayuda del prestigioso y veterano General Labariere. Pero antes de Ja batalla, Melo había elevado al rey Felipe IV un escrito, manifestándole que, «no siendo militar profesional no disponía de las dotes indispensables para continuar al frente del Ejército; que le faltaba aquella visión y claridad de pensamiento necesarias a tan difícil y alta mi sión». El rey, sin duda aconsejado por el conde duque de Olivares, amigo íntimo de Melo, no tomó en cuenta ni concedió el relevo que el portugués solicitaba, a pesar de que el estilo de la misiva reflejada la desmoralización del ge neral en jefe. Y es sabido que todo aquel que, desconfía de si mismo para resolver probl emas militares y de gobierno de un Ejército, está vencido de antemano. Si como afirman todos los críticos, esta batalla se perdió por no existir órdenes que permitiese Ja movilidad de la infantería, lo achacamos, a que tanto el general en jefe como su Estado Mayor, en lugar de preocuparse de la actuación enemiga y la reacción de l as fuerzas propias, se dedicaron a lamentar lo que estaba ocurriendo, sin poner los remedios necesarios, principalmente por la carencia de do - te s de mando que el General Melo había confesado por escrito. Las fuerzas españolas y extranjeras -italianas, valonas y alemanas eran 25.000 hombresformaron en las acostumbradas líneas de masa: la primera de choque, y la segunda de reserva. Estas masas las constituían columnas apelmazadas, con artillería en los intervalos, y a los flancos escuadrones de caballería. Los Tercios españoles eras seis, a 3.000 hombres cada uno, todos muy curtidos en la guerra y bien mandados por maestres de campo, disponiendo del armamento reglamentario: pica, arcabuz y mosquete. El arcabuz y el mo squete tenían las mismas características técnicas y de disparo. Se diferenciaban en que el mosquete era mas largo y pesado que el arcabuz y se disparaba apoyándolo en una horquilla. JUICIO SOBRE LA INFANTERIA ESPAÑOLA ... 243 - ·-- - -- --- - Los proyectiles eran una pelota de hierro de seis ochavos para el arcabuz y de una onza para el mosquete. Para el lanza mi e nto se empleaban tres onzas de pólvora. El arcabuz costaba en 1.561 , 25 reales y 14 maravedies, y el mosquete estaba valorado en 46 reales y 5 maravedies. Las picas se construían en madera de haya o roble, medían 26 palmos y tenía el asta y la contera de hierro acerado. Su precio e ra de 7 reales. Melo suponía que lo s franceses no habían reunido todos sus soldados, y considerándose mucho más fuerte, presentó la batall a. Gran enor , pues no contó con el apoyo qu e prestaban 23 .000 infantes, 7.000 de caba ll ería y bastante artillería de la que disponían los franceses. Recroi se encuentra en una meseta al Noroeste de Mezieres y a la izquierda del río Moga que, por el camino de Amiens, ofrece una pequeña pero escarpada cordillera y un único desfiladero para entrar en el llano, sa lpi cado de pantanos y bosques. El general francés Gassión, que con Ja vanguardia se había adelantado considerablemente para reconocer las montañas y el de sfiladero, encontró libre Ja garganta y, pasándola sin dificultad, divisó desde las al turas al ejército español, que marchab an en orden de combate. Iban los piqueros con las pi cas verticales, a la misma altu ra ; y del an te de Ja primera línea, 1.000 arcabuceros, marcando el compás del pa so con el golpe que daban en tierra las horquillas de sus arcabuces. Oíase al mismo ritmo redoblar los tambores. Flameaban sobre el bosque de picas las banderas de las compañías, y la caballería, en los fl ancos, brillaban las corazas por los rayos del sol. En los in térvalos de Ja infantería veíase caminar a los artilleros arrastrando sus cañones. Al divisar al enemigo, el ejército español hizo alto, y permaneció así el ti empo que tardó el grueso francés en reunirse con la va nguardia de Gassion, sin intent ar reconocer, y mucho menos atacar, a dicha va nguardia, que se había replegado a la entrada del desfilade ro . Aquí ya se ve la fa lta de decisión de don Francisco de Melo; que seguramente esperaba desembocase lodo el ejército fr ancés en la llanura, para batirlo, al tener a su espalda un desfiladero que entorpecía la retirada. No debía de abrigar el general Condé muchas esperanzas de de- JTotar a los españoles, porque, en viéndolos formados y di spuestos a la pelea, envió todo su bagaje a cuatro lenguas del lu gar. Nótese que la artillería española, en aque ll as fechas, era, al igual que la infantería, la primera de Europa, no sólo por su av entajado 244 ENRIQUE DE LA VEGA VIGU ERA --- -- ---- -- -- -- · ma te rial, sino porque, puede asegurarse, que sólo los españoles y alg ún que otro italiano, producían métodos y tratados sobre la Artiller ía, algunos de los cuales, como los de Lechuga y Collado, fu ero n traducidos a varios idiomas. En presencia unos de otros habían pasado la noche l os do s ejércitos, cuando al amanecer del 19 de Ma yo rompieron el fuego de sus respectivos cañones; estaban separados 400 metro s. Melo desdobló sus dos líneas de infantería, convirtiéndolas en cuatro, para reducir su fren te y aumentar su fondo, con intención, sin duda, de embestir en cuña las lín eas enemigas. Como quedase mucho intervalo ent re la infantería y la ca ballería, co locada a ambos flancos, puso delante, en el intervalo de la izquierda , los 1.000 ar ca buceros que había separado de sus compañías , al ob ser var que la derec ha francesa era reforzada con va ri os escuadrones. El t emor de Melo quedó justificado en seguida, pue s Gassion se arrojó con su numerosa ca ball er ía contra los arca bu - ceros; pasó sobre ellos, rebasándolos, los desbordó y habría carga - do el flanco de la infantería españo la si el duque de Alburquerque, jefe de la caballería ligera española, no hubiese atacado la izquierda francesa, a la que des hi zo completamente, capturando siete piezas de artillería, matando al general La Ferté, hiriendo gravemente al general Labarre y destrozando del todo la columna que acudió en socorro, cuyo jefe, el ayo de Condé, L'H opita l, quedó gravísimamente herido. Impresionado por el desastre de su izquierda, Gassion se replegó a retaguardia de la línea, perseguido por algunos escuadrones españoles, que se replegaron por no desamparar su puesto. Los hi sto ri adores fran ceses confiesan que tanto Cond é, al contemplar el desbarajus te de la izquierda de su e jé rcito, como los demás generales a sus órd enes, temieron por el éxito de la batalla e incluso pensaron en la retirada, que habriese realizado si el general Claudia de Letour, jefe de la línea de reserva, no sólo se negase a cumplir Ja orden, sino que mandó avanzar a Ja carrera cont ra el enemigo, determinando, ese momento psicológico que en todas l as tropas produce una rápida y en ér - gica reacción, que eleva Ja moral y en tuasiasmo al soldad o. Pero la hi sto ri a, si empre caprichosa concedió los méritos al Barbón, exa lt ando la figura de Condé. A todos esto, los Tercios de infantería española, resist en fir - mes como una muralla a pesar del nutrido fuego de la artillería francesa. Los gritos de ¡Santiago y España! se comunicaban de JU I CIO SOBRE LA INFANTERIA ESPAÑOLA ... 245 Ar cab11aro: So ld ado armado de arcabuz. arma de fu ego portatil con cañón de bronce, exteriormente ochavado, de a ni ma lisa, caja de madera y mecanismo par a dar fuego con llave de serpentí n. 246 ENRIQUE DE LA VEGA V!GUERA ---- ---- ~ boca en boca, aunque quizás hubiera comenzado ya los días del ocaso, como ocurriría en aquellos cielos grises tan distintos a los azules de España. Melo, arrastrado por la impetuosidad de Alburquerque, en lugar de ocuparse del conjunto de la batalla, sacando Ja espada confundiéndose con los jinetes; de daba sí mismo el gusto de exponer la vida y acuchillar a los enemigos. Posiblemente si hubiese estado en el puesco de mando que le correspondía, hubiera dado a los seis Tercios de infantería la orden de atacar, aprovechando la confusión introducida en el flanco izquierdo francés. Sucedió todo lo contra - rio: no fueron los españoles, sino los franceses, empujados por su reserva, los que se lanzaron al ataque de la línea española. Momen- to, psicológico para los regimientos de extranjeros del ejército español, que se desbandaron, y emprendieron la retirada. Es un episodio inexplicable, porque no se ha podido averiguar quién diera la orden y por qué fue pronto obedecida, contribuyendo con ello a la derrota. Los tres Tercios españoles de la derecha, es decir, los que estaban junto a los Tercios italianos, dieron media vuelta y, reposadamente, empezaron a retirarse por escalones, sin que nadie les corrigiera aquella desastrosa equivocación. Quedaron solamente en el campo de batalla los otros Tercios, que impasibles, como si estuviesen en una parada, aguantaron el fuego de la artillería, de la arcabucería y las repetidas cargas de los jinetes franceses, empeñados en deshacer aquella ciudadela de carne humana. El mando de estos Tercios lo ejercía el general Ja Fuente, conde de Fuentes hombre veterano en edad y guerras, que había discrepado con Francisco de Melo en relación con el momento y el lugar de la Batalla. No tomando Melo en consideración su criterio, y a pesar de estar enfermo, se hizo conducir en la silla de manos situándose pica en ristre al frente de sus Tercios, encontrando Ja muerte en la primera fila de piquero s. La muerte del valeroso general no desmoralizó a su tropa, aunque no pudieron evitar Ja victoria de los franceses. La infantería española había establecido un cuadro alrededor del cual, se formó una barrera de hombres y caballos muertos que servían de parapetos a los demás combatientes. El príncipe Condé, jefe de las fuerzas francesas, rindió homenaje a tan brava infantería de Jos Tercios, hincó la rodilla en tierra, y tras rezar una oración exclamó a sus oficiales que le rodeaban: «De no haber salido vencedor en la batalla, así como este venerable soldado hubiera querido morir». JUICIO SOBRE LA INFANTERIA ESPAÑOLA. 247 '¡ ,:1 I l , ~ ! .; --._ ) / M os quetero: Soldado que utilizaba el mosquete. arma de fuego. algo pesada que se disparnba apoyándola sobre una horquilla; se daba fuego por medio de unas palancas y una mecha. Ex istían mosquetes de diferentes calibres que variaban en peso y el tamaño de la bala. "Los tres dibujos ha11 sido obtenidos por deferencia de la lnstitucíón Colombina. Biblioteca Capitular reptoducidas del li/Jm "Maniement D'Armes. O'Arquelmses, Monsquets el Piq11e s" . A1io 1608. Sixnat11ra 441511.