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Barros emeritenses : estudio sobre los restos de cerámica romana : que suelen hallarse en las ruinas de Mérida

Barrantes, Vicente (1829-1898)

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BARROS EMERITENSES. I I V I / / X I 4 BARROS EMERITENSES. ESTUDIO SOBRE LOS RESTOS DE CERÁMICA ROMANA QUE SUELEN HALLARSE EN LAS RUINAS DE MÉRIDA, POR EL EXCNIO. SEÑOR DON VICENTE BARRANTES, Individuo de número de las Reales Academias Española yde la Historia, Cronista de Extremadura, Consejero éInspector general de Instrucción pública. MADRID: IMPRENTA DE T. FORTANET, CALLE DE LA LIBERTAD fNÚM. 29. 1877 . I I Es propiedad del autor ,yse lian depositado los ejemplares que exige la ley. i BARROS EMER1TENSES. í. Gracias alos menudos pormenores que la Crónica del moro Rasis nos refiere de la devastación que sufrió Mérida por las gentes de Muza, podemos trazarnos el cuadro de las desdichas de aquella ciudad, ántes ydespués de la invasión de los árabes; pues si éstos despedazaban los mármoles yedificios délos godos, yhasta su memoria pretendían borrar del libro eterno de la tierra, lo mismo debieron de hacerlas huestes góticas con las de los romanos, yásu vez ,por último, las cristianas de Castilla yLeón con las de todos sus antecesores. Puesta la infeliz metrópoli de Lusitania en el paso forzoso de los ejércitos que álos extremos de la Península se encamináran, así meridionales como occidentales, sus propios elementos civilizadores contribuían ásu destrucion; ypor aquellas mismas calzadas romanas que la hicieron en lo antiguo tan poderosa, vió desembocar en la Edad-media, unos tras otros, en tropel incesante, ya por el Norte, ya por el mediodía, ya de sus propias entrañas lusitanas, poderosos enemigos de su grandeza ,que la iban convirtiendo en polvo. Roma, su madre ysu rival, la engendro con su misma estrella. ¡Triste confesión la de Moreno de Vargas, que no encontraba en Mérida piedra entera, estátua con brazos, ni cabeza con narices! ¡regla de escasísimas excepciones, según podemos observar atoda hora! Ysi esto aconteció álos monumentos que mejor resisten el impulso destructor del hombre, ála piedra inmortal yal bronce sempiterno, ¿cómo extrañar que hayan desaparecido completamente los mué- 6 bles, los barros, los frágiles elementos de la vida íntima del pueblo ibero-romano, que allí se desarrolló tan exuberante? ¿Cómo extrañar que carezcan los Museos españoles yextranjeros de objetos emeritenses, cuando la misma ciudad moderna apénas si los conoce, viviendo, como vive, sobre un verdadero Museo, entre ruinas ignoto ysepultado? Así la cerámica yla indumentaria son enteramente nulas en las antigüedades extremeñas, hasta el punto de figurar únicamente, ypor modo muy ligero ydespreciativo, en uno ódos de sus historiadores. Ambas artes, sin embargo, desempeñan airosísimo papel en la historia de la civilización hispano-latina. Concretándonos ála cerámica ,que es el objeto de estos apuntes, no hay para qué encarecer su importancia, habiéndolo hecho ya cumplidamente el director yredactores de una obra ,que ha venido ápopularizar en España conocimientos imprescindibles para la educación artística yliteraria de los pueblos modernos (1). Baste decir, con relación álas antigüedades lusitanas ,que donde tanto abundan bellos objetos cerámicos de épocas posteriores, no podía ménos de existir viva yvigorosa tradición romana, fuente de toda inspiración artística en las razas influidas por las del Lacio. En efecto; la bellísima vasijería árabe ymudejár, que tanto ha abundado en las provincias de Badajoz yCáceres, probando hasta cierto punto las oscuras tradiciones de haber existido famosas alfarerías hácia Salvatierra de los Barros ySalorino, ¿permiten dudar que los soldados de Tarik yMuza encontraron en esos puntos industrias más óménos florecientes, pero en todo caso halagüeñas yproductivas, que habían resistido los vaivenes ycatástrofes de la dominación gótica ,porque estaban profundamente arraigadas en el país? La loza de Talavera, ¿no conserva hoy mismo la tradición latina, sin que bajo ciertos aspectos la hayan desfigurado los árabes completamente? En los barros más modernos de casi toda Extremadura, ¿no vive esa tradición inextinguible, como observamos (1) El Museo español de Antigüedades ,publicación monumental, que consta ya de ocho grandes volúmenes, con más de 300 magníficas láminas. Véanse ,entre otras monografías, las de los Jarrones avahes de Qranada ydel Museo Aroueológico,por el Director, Sr. Rada yDelgado, en los tomos iv yvi ;en el i,los Vasos italo-griegos del Museo Arqueológico Nacional ,por D. Pedro de Madrazo; en el iii, el Retablo de loza del convento de San Pablo de Burgos,por D. Rodrigo Amador de los Ríos, y otras muchas que en este momento no recordamos. En dicha Colección se publicó por primera vez en 1876 este trabajillo nuestro sobre la cerámica emeritense ,muy ménos ordenado ynoticioso que ahora se reimprime. 7 en los de aquella misma Salvatierra, que llegan hasta Madrid con mucho aprecio ;en los cántaros de Alange ylos pueblos de la antigua demarcación de Mérida, tan elegantes yairosos como los mismos romanos, en las vasijas para refrescar el agua, que se hacen hoy en las dos faldas de Sierra-Morena, yen otras muchas obras de alfarería que revelan un tipo primitivo de bien conservada belleza? ¿Qué más? La fabricación de los búcaros americanos, tan generalizada y perfecta en varias partes de Portugal, de Extremadura yAndalucía, que ha llegado áparecer industria indígena, ¿no revela en aquella raza dotes nada comunes para la cerámica, yen el país hábitos artísticos, delicado gusto, que traen seguramente su origen desde los tiempos primitivos? Como quedaron las ciudades principales de los exiremos despobladas, yla que más recibió sobre sus ruinas viviendas miserables de gente inculta, sin que ningún suceso posterior haya venido ádesarrollar en ellas grandes elementos de vitalidad, la arqueología les debe escasísimos progresos, donde únicamente la casualidad toma parte. Uno solo de sus historiadores, como hemos insinuado, consagra alguna atención al ramo de antigüedad que nos ocupa, yotro no ménos ilustre, con los términos que emplea, paladinamente prueba lo escasos que eran ydesconocidos en el siglo xvi los más vulgares objetos de la cerámica romana, llamando mixtario áuna ánfora de cinco palmos, yponderando la extrañeza de su figura, como también llama casquillo de barro áuna lucerna ófragmento de ella; ygracias si nos copia el sello del alfarero, que por fortuna el casquillo conservaba (1). Ignorancia de este historiador (Rodrigo Dosma) tanto más estraña, cuanto que es el único que en aquellos buenos tiempos de la literatura ydel arte, haya coleccionado en Extremadura restos de antigüedad, hasta el punto de legar ásu patria un principio de Museo arqueológico, cuyo desbarate no hemos podido averiguar todavía. Así halla nuestro patriotismo disculpable el desdeñoso lugar que en las grandes publicaciones modernas tiene la cerámica de la antigua Lusitania. El diligente Hübner, que para el segundo volúmen de su Corpus inscriptionum latinarum ,allego cuantos libros, manuscritos, yáun apuntes, pudo haber de todas las provincias de Es- (1)Discursos patrios de la Real ciudad de Badajoz,compuestos por Rodrigo Dosma Delgado, canónigo de la misma ciudad.—Madrid, 1G01 ;en 4.° 8 paña, en la sección adicional de objetos varios sólo hace las referencias áExtremadura que muestra el siguiente índice: Pondera 6artículos ..*Ninguna. Tesaerse 10 —Idem. Massee plumbi 2—... Una. 0-1 andes 2Ninguna. Idem. Auro, argento, aeri, plumbo inscripta. 10 —... Tee-iilae.. 43 —... Idem. Amphorse, trulla 36 —... Una. Lucernas 63 —... Ninguna. In vasis 569 —... Idem. En los relieves de otros vasos 10 —... Idem. Que no se leen bien 115 —... Idem. En fragmentos de vasos 56 —... Idem. Signacula aerea 76 —... Idem. Annuli signatorii 40 —... Una. Es decir, que entre 1.038 objetos de antigüedad, registrados por Hübner en las Inscripiiones Hispanice latinee ,sólo de tres se hace el honor áExtremadura, yesos, tan poco peregrinos, como que se trata: 1. °De una barra de plomo, que se dice descubierta en 1842, en el cerro de los Castillejos, cerca de Fuente de Cantos, que pesaba 18 arrobas, ypor añadidura no tenía inscripción ni particularidad alguna. Es noticia copiada del Diccionario de Madoz (1). 2. °De la inscripción L. M. F, del consabido casquillo que vió Rodrigo Dosma, yque el Sr. Hübner cree ánfora ótaza . 3. °De un anillo con el siguiente sello: SISIs encontrado en los baños de Alange, que se conserva en la Biblioteca de la Academia. (1) Ycopiada mal además, pues Madoz (tomo vm, pág. 211) habla de «unas »barras de plomo con liga de plata de 18 arrobas de peso.» Por cierto que el cerro de los Castillejos es una de las antigüedades más notables de Extremadura, digna de que un gobierno costease grandes ybien dirigidas excavaciones en ella. Toda su circunferencia, que es de 4.000 varas nada menos, se halla ceñida por un cinturón de piedras enormes ,de 4varas en cuadro ,simétricamente colocadas. ¿No será todo el cerro un colosal monumento de los llamados prehistóricos? ¿no será un muro ciclópeo, como el de Tarragona ? o ¡Y nada más! Cierto que para tratarse de la región de Emérita, Pax Augusta, Arsa, Mirobriga, Ucultuniacum, Norba Cesárea, Capara ytantas ciudades ycolonias importantes, no puede ser el hecho más vergonzoso. Cierto también, sin que esto s,ea negarlo, ni desconocer sus justos fundamentos, que el Sr. Ilübner padeció graves, indisculpables omisiones con Extremadura yque fué más diligente para utilizar descubrimientos ajenos que para hacerlos por sí propio (1). No abundan tanto en Europa los mosáicos romanos con el nombre del autor, que pudiera olvidar ódesconocer un erudito de su fama el existente en Mérida ,en la calle del Portillo ,donde se lee : C•A•E•F.SELEVCYS EFáNísíYs. Ni son tampoco tantas las estátuas con el nombre del artista, asimismo conservadas en Europa, que merezca olvido la peregrina especie que escribe Moreno de Vargas con breves frases, como quien no le diera importancia alguna, frases que vamos ácopiar por lo curiosas : «En aquella estátua, que en otro capítulo diximos auia recogido la Ciudad, están unas letras en el reuerso que dizen assi: (1) Apoco que hubiera ahondado, en el ramo de sellos huecos óanillos con inscripciones, por ejemplo, los anticuarios extremeños le hubieran henchido las páginas. Ahora mismo acaba de adquirir en Cáceres mi amigo el señor marqués de Torreorgaz un precioso ejemplar de oro ,destinado indudablemente áuna niña por sus pequeñas dimensiones, en cuya piedra encarnada (cornerina? ágata sardónice?) se lee esta inscripción : CLVM IVL. L. Ynosotros mismos, sin haber hecho nunca propósito de adquirir sellos, debemos ála buena amistad de D. Manuel Gundin ,notable abogado de Mérida, uno de bronce en perfecta conservación ,varonil ,con esta leyenda: MI III ytenemos noticia de otros análogos, cuya descripción sería inoportuna. 46 en pedazos de una obra inmediata al Conventual. Htzonos ya su semejanza con los barros saguntinos consagrar alguna atención á los barros emeritenses, ypronto vino ácompletar su obra la Fortuna, Diosa pagana áquien rendimos tan ferviente culto los apasionados de la antigüedad, que si el cielo no se digna perdonárnoslo, ¡ay de nosotros el dia de los premios ylos castigos! III. Fuá nuestro querido amigo D. Alonso Pacheco yBlanes, primer contribuyente de Mérida, avisado ála caída de la tarde del 25 de Noviembre de 1873, de que sacando piedra de las ruinas que existen en un corralón de su propiedad, al Poniente de la población, frontero con la calle de San Salvador, se habían descubierto unas habitaciones romanas, donde empezaban áaparecer muchos barros enteros, de los que el vulgo allí, como en toda ciudad antigua, llama candiles. Aunque tienen los alarifes de Mérida el hábito de tales hallazgos ysaben manejar el pico yla azada con las convenientes precauciones, los primeros golpes yel desprendimiento natural de las tierras, produjeron algunos destrozos en aquel monton de frágiles utensilios. Es sabido además que los barros salen de las excavaciones tan blandos ymaleables, que no se deben tocar sin precaución hasta que el aire atmosférico los seca. Nos hallábamos ála sazón en Mérida otra vez, que no es poca fortuna para un anticuario asistir al descubrimiento de un alfar romano, así como lo es no menor para las artes ylas letras, que estas invenciones se hagan en propiedad de persona tan ilustrada ypatricia como el Sr. Pacheco, que sin reparo al quebranto de sus intereses resolvió desde el primer momento salvar todo lo posible de aquella preciosa antigüedad. Algo versado también en las excavaciones artísticas el maestro do la obra, no nos dejó duda alguna de que la primera habitación destruida era el borno. Su forma circular, su construcción tosca de piedras sin pulir, unidas con una argamasa térrea, ysobre todo, su entrada estrecha ybaja ,como la boca de una cueva ,único resto que existia cuando nosotros acudimos, nos revelaron clarísima mente el foi-mxy el prcefurnium del fictor romano. ¡A cuántas reflexiones se prestaba aquel amasijo informe de barros yruinas, resto de un establecimiento industrial quizás famoso en su tiempo; recuerdo de un gremio tan ilustrado, que inventó los sellos ylas marcas más de 17 rail años antes que naciera Jesucristo, yhasta ponia versos de la Eneida por divisa en sus obras más vulgares (1)1 Ilustre debía de ser ciertamente desde la más remota antigüedad el gremio délos alfareros, pues el barrio que habitaban en Aténas, llamado por esto Cerámica, disputaba su celebridad al Parlhenon, ápesar de la fragilidad de sus productos, que él acaso mereció asiduas visitas de Homero, cuando recorría, pidiendo limosna, las ciudades griegas, como sé deduce de la aventura que cuenta Herodoto(2). Alos lados del fornax ,gruesos paredones, donde saltaba el pico del albañil echando chispas, iban ádescubrírnosla casa del alfarero óla tienda de fictile ,nombre genérico que daban los romanos átodos los objetos de barro cocido, que hoy llamamos nosotros terracottas; (1) Conocidísima es átodos los amantes de la antigüedad la famosa teja hallada en las ruinas de Itálica, cuya impronta remitió áHtibner D. Demetrio de los Ríos, y aquél dio áconocer al mundo sabio con tanto encarecimiento, porque tenía grabado en preciosa letra cursiva el primer dístico de la Eneida , Arma virumque cano ,etc. (Hiibner, Tegulce, 31.) (2) «A la mañana siguiente, los alfareros (de Samos) que estaban preparando sus hornos, vieron áHomero, áquien ya de nombre conocían, yle llamaron para que les cantase trovas, ofreciéndole en cambio algún vaso óprenda de su pobre ajuar. Homero aceptó yse puso ácantarles el horno ,que es la composición siguiente: «Oid mis cantos, vosotros, los que trabajáis en barro yme ofrecéis una limosna. »Yo te invoco ¡oh Minerva! Yen aquí, yayuda con tu habilidad al horno; que los »vasos que van ásalir de él ,principalmente los destinados álas ceremonias religiosas, se ennegrezcan en buen punto ysazón; que todos cuezan al grado de calor conveniente ,yque vendidos muy caros en los mercados yen las calles, sean »para todos vosotros de mucha ganancia, para que podáis pagarme nuevos cantos. »Pero si teneis lá indigñidad de engañar al pobre ciego ,yo invoco los azotes más »terribles contra vuestro horno ;invoco áSyntrips ,yáSmaragos, yáAsbestos, y »á Abactos ,ysobre todo ,áOmodamos, que es el más destructor del arte que »profesais. »Devore el incendio la alfarería ;que todo lo que contiene el horno se mezcle y »se haga una masa; que el alfarero tiemble de espanto; que del horno salga un cuido semejante al castañeteo (de los dientes de una fiera), yque los vasos hechos ^pedazos parezcan un monton de escombros. » Según el traductor francés ,Syntrips ySmaragos simbolizan el romperse las vasijas; Asbestos, el fueg’o voraz que no es posible contener; Abados, q1infortunio del trabajador que ve su obra destruida ymalgastado su tiempo; ypor último, Omodamos es la destrucción ,la fuerza aniquiladora irresistible. (Les merveilles de la ceramique,ou l’art defaconner et decorer les rases en teñe cuite, fa'ience ,grés etporcelaine, par A. Jacquemart.— París, 1870, tomo i.) 2 18 pero era imposible de todo punto orientarse. Aunque alguna de las paredes estaba áflor de tierra, por otros lados las cubrían 3ó4me- tros de escombros ymantillo. Aquel sitio además ha debido sufrir en el trascurso de los tiempos muchas modificaciones, pues es tradición que allí tuvo la ciudad uno de sus muros, quizas el visigótico, quizás el arábigo, yen efecto, el terreno se halla elevado 30 ó40 pies sobre el nivel del Guadiana, siendo por otra paite el corral una zahúrda, que se llenaba de cerdos ála caída de la tarde, yla obra que se hacía una paridera, la casualidad fué al fin yal cabo la única directora de los descubrimientos, proporcionándonos al abrigo de alguna pared que quedo amedio caer ,medio centenar de barros en buena conservación, entre innumerables fragmentos y destrozos. Lámparas en su mayor parte, ántes de describirlas debemos hacer al lector algunas advertencias. Aunque el lujo sibarítico de los romanos, del cual apénas si podemos los modernos formar idea, aplicó los metales más preciosos áestos objetos de uso doméstico, nunca fué desterrado el barro ni aun de las casas patricias, gracias álas enseñanzas de los alfareros griegos, que habían hecho del fictile un arte suntuario. Colocábanse las lucernas sobre pedestales hechos ad hoc ,de bronce ómadera, llamados scapus ócandelabrum, ytenían ellas comunmente dos agujeros, uno en la tapa ócentro superior por donde se les echaba el aceite, yotro en el pico triangular (myxa), que les ha valido el nombre de candiles, por donde salía el ellychnium (la mecha). Cuando la myxa era más ancha yhacía alguna figura artística, se llamaba rostrata, por alusión sin duda álos primeros adornos que tuvo la tribuna en el Foro romano yque fué llamada Rostro. Después se llamaron rostratas las columnas de la Victoria naval, porque sus relieves semejaban proas de buques, ytambién se hacían coronas rostratas los emperadores que conseguían victorias navales, como se ve en la medalla de Agrippa, que trae D. Antonio Agustín al núm. 23 de su Diálogo segundo (1). La forma ytamaño délas lucernas es ordinaria- (1) Iritratti delle medaglie che nella presente apera si contengono. —In Roma, presso Ascanio Girolamo Donangeli. CIO. 10. XCII, en 4.° Rarísima, inapreciable traducción de los conocidos Diálogos de medallas,inscripciones yotras antigüedades del célebre obispo de Tarragona. Esta edición tiene la riqueza de 72 láminas, todas de medallas, excepto la portada yel retrato, mientras la primera de Tarragona (1587) sólo tiene 26 láminas. No puede ser la traducción italiana que hizo Octaviano Sada, yque el P. Escoto, según Mayans, en su Vida de D. Antonio Agustín ,supone im- 10 mente el de una mano regular, como que en la palma se llevaban por el interior de las habitaciones. Eslas de Merida varian entre 11 centímetros de largo por 7de ancho, y9y0respectivamente, aunque yo tengo otra de 14 por 9eme- rílense también, mucho más basta ymoderna. Carecen las más ricas de asa, nuevo alarde de lujo sin duda alguna. Los sellos en todas las que vamos ádescribir están en el asiento, ylos dibujos en la parte superior, aunque hemos visto alguna ,procedente de Roma ,con dibujos laterales. Se halló también en la excavación, yconservamos con esmero, un lingote de murrhina, tierra encarnada finísima que se traía del Oriente óquizás de la China, para dar barniz álos barros de mediano precio, pues eran tan caros, cuando se hacían de murrhina pura, que, según Jacquemart, valia un par de vasos murrhinos el caudal de una familia. IV. Nuin. 1. El caballo Pegaso. — Barniz encarnado muy fuerte, casi rojo, yátiempos cobrizo, como si fuera basto, yla presión de las tierras, la falta de aire ylas filtraciones hubieran alterado la murrhina. Es asimismo confuso el dibujo yel relieve tosco. Myxa rostrata. El caballo en su tosquedad semeja mucho al del mosáico de la calle del Portillo, cuya cenefa inferior representa la fuente Castalia con el Pegaso ylas Musas. No era este animal por lo visto objeto de predilección para los artistas de Mérida. Núm. 2. Igual. presa en Venecia en 1592, porque las láminas de aquélla estaban abiertas en bronce, ylas de la mia son de boj. Escoto, pues ,se equivocó al suponer en folio una edición romana del mismo año, que es esta indudablemente. La anónima en 4.° que poseyó Mayans ,tampoco concuerda con esta mia ,por tener aquélla di pin,nelfine,Voriginale spagnuolo , ysólo medallas de 8diálogos, miéntras carece del texto castellano la mia yes completísima de dibujos, sin que le falte el copioso índice de materias, no atribuido, como dice Mayans, sino fattoda Venanzio Mazzutilli. Finalmente, aunque del título que he copiado podría inferirse que mi ejemplar carece de portada, no lo creo en manera alguna, pues en la guarda blanca, que he conservado ál encuadernarlo, tenía un registro de Inquisición ,que por mano de Fr. Juan Diaz Vizcaíno borró con pluma el desnudo de ciertas figuras. El título que llevan otras liciones italianas es el siguiente :IDiscorsi del Xr. T). Antonio Agostini sopra le Me - tioglie altro Antigaglie,divisi in XTDialogJn: tradotti dalla lingua spagnuola. 20 i Núra. 3. ¿Diana lucífera? ¿Apoteósis de Roma?—La luna en creciente yuna estrella de particular hechura, que más parece rueda del carro del sol, como se pone en algunas medallas. Barniz encarnado, perfecto el dibujo, excelente el relieve, myxa ordinaria óde pico de pato. Aunque las alegorías de Diana son muy frecuentes en el simbolismo pagano, hasta el punto de sostener Guillermo Choul que Diana yla Luna «son una misma cosa» (1), siguiéndole nuestros traductores clásicos de Horacio, principalmente Villen de Biedma, nos parece ponderación excesiva, pues lo que hacen los poetas latinos es pintarnos ála diosa de la caza amiga de la oscuridad yde los bosques, rodeada de millares de doncellas, como el astro melancólico de sus satélites. Hé aquí por qué dudamos de la significación de esta lucerna. Cierto que eran multiformes en las artes plásticas las representaciones de aquella Divinidad, ymás óménos enlazadas siempre con la reina de la noche, figurándola con una antorcha en la mano, como aparece en las medallas de bronce de Julia Pia yFaustina Minor, donde la nombra la leyenda Luna lucífera; pero es también no ménos cierto que, simbolizada únicamente en el astro nocturno, hasta ahora no la hemos visto. Por lo común se la representa en un carro tirado por ciervos, ópersiguiendo jabalíes, como protectora de la caza. En cambio entre los varios símbolos de la grandeza de Roma ,singularmente en los siglos primeros, hallamos preferido éste de la luna, aunque todavía nos autoriza ádudar la carencia de leyenda, nunca vista en las medallas. En el reverso de algunas uncías ,no tan raras como las monedas de la república suelen serlo, debajo del astro en creciente corre la inscripción Roma, con que el haberla aquí omitido (1) Los discursos de la religión ,castramentacion ,assiento del campo,baños yexercicios délos antiguos romanos ygriegos, por...., traducidos en castellano por el maestro Baltasar Perez del Castillo, canónigo de Burgos. —León de Francia, M. D. LXXIX ,en 4.° 2] el artista, junto con la circunstancia de ser allí dos las estrellas que formando triángulo con el globo terráqueo coronan ála luna, aconseja suspender el juicio sobre este dibujo. Ni hay que extrañar las dudas en tal materia. Se pierde en la noche de los tiempos la simbólica que representa en la media luna la grandeza humana. Las hebreas de la clase noble usaban en los zapatos medias lunas de oro óplata por adorno, ylos Arcades ylos romanos primitivos tuvieron la misma moda. Primaque patritiis clausit vestigia Luna. Alos bustos de ciertas emperatrices suele servir como de supedáneo, de que hay ejemplos en preciosas medallas deSeverina, Marcia Otacilia, yprincipalmente en la fecundidad augusta,de Cornelia Salonina, la desgraciada esposa de Galieno. También suele contribuir la media luna al simbolismo de la seguridad óperpétua duración del imperio, colocada entre las astas de un toro, como en ciertas monedas de Juliano el apóstata. De aquí debieron los árabes tomarla para emblema de su pendón, ytodos los que han soñado con el imperio universal. Antes de ser electo Papa bajo el nombre de Calixto II, el hijo de Guillermo de Borgoña (114 9), soñó que un ángel le ponia la luna creciente debajo de las rodillas en señal de que había de señorear el mundo. Por aquel mismo tiempo, yáun bien entrado ya el siglo xm, usaban de ese mismo emblema en sus monedas los condes de Tolosa Ramón Y, VI yVII, de donde lo copió nuestro Sancho el Fuerte de Navarra, si damos crédito áIleiss (1 ). Finalmente, el apóstol del Apocalipsis ve álos piés de María Santísima una luna misteriosa, luna sub pedibus ejus,por donde los pintores místicos introdujeron en sus traslados, tratándose principalmente de la Concepción Inmaculada, este gracioso ysignificativo emblema, no*ya sólo de su divino poderío sobre todo el universo, sino del desarrollo de su amor yculto, que había de ir siempre en creciente. Reparando bien por conclusión la estrella de nuestra lucerna, tan distinta de las que suelen verse en otras obras artísticas, no parecerá aventurado suponer que quizás se trate de un símbolo de (1) Descripción general de las monedas Jiispano-cristianas desde la invasión de árales,por Aloiss Heiss. Madrid, 1869. —Tomo iii, pág. 19 ytabla 141. 22 Apolo yDiana (el sol yla luna), ccyno aquella invocación de Horacio en la oda xxi : Dianam tenerse dicite virgines: intensum pueri dicite Cynthium. Sin embargo, cuando se quería representar al sol yla luna juntamente, se pintaba áésta debajo del busto de Diana, con dos estrellas álos lados, según lo explica un texto inapreciable: —«Sub pectore »solis incurvat se crescens luna, cornua convertens ad majorero pla-< anetam» (1). Es también muy de reparar que el municipio Ilipense ponía en sus medallas la media luna coronada por una estrella (2) que acaso responde mejor al texto de Barto, porque los dos cuernos de la luna se inclinan así más claramente al mayor planeta. Es por lo demás bellísimo barro, yestimable sin duda alguna sobre todos los que poseemos. Núm. i. Lebrel atacando áun ciervo.—De iguales condiciones artísticas, excepto la finura del relieve, que no es tanta. En el Museo Vaticano se conserva actualmente como una de sus más preciadas joyas un grupo enteramente igual áéste ;grupo ,según el último viajero que en español lo ha descrito, «asombroso, que «adornó quizá las salas de Nerón óde Poppea» (3). Núm. 5. Dos GLADIADORES ,EL UNO VENCIDO YEN TRANCE DE CAER.— Pico, barniz ytamaño igual al núm. 2Relieve admirable. Sabido es que los gladiadores se elegían entre los prisioneros de guerra más robustos ólos esclavos mejor formados, yasí todas las obras plásticas de la antigüedad que tienen por objeto estos bárbaros combates, descuellan por el estudio anatómico ylo vigoroso del desnudo. Aésta le sucede lo mismo. Núm. 6. Toro adornado para el sacrificio. —Barniz basto y opaco, dibujo confuso, myxa común.En el asiento, sello hueco, sin letra ni leyenda alguna. 23 milímetros de largo por 11. de ancho. (1) Veterum sepulcra sen mausolea Romano,'um et Etruscorum,por Pedro Sánchez Barto yJuan Potero.—Londres 1702, en f.° (2) Número 16, Tabla xxxvm, tomo n, del Nuevo método de clasijication de las medallas autónomas de España,por DAntonio Delgado. Sevilla, 1873. En la generalidad de las de Ilippa aparece sin estrella la media luna, que en muchas de ellas probablemente no será eso, sino un signo convencional. (3) Roma, obra postuma de D. Severo Catalina, publicada Española.—1873, en 4.° por la Real Academia Lomo en Mérida se adoraba áCibeles en templo suyo propio, es extraño que no abunde más este dibujo. Nosotros hemos dado áconocer recientemente la preciosa ara del Taurobolio existente en aquella ciudad, yque áestas horas debe pertenecer al Museo Arqueológico (1). Es la tercera que se ha descubierto en España, según un precioso trabajo leido en la Academia de la Historia por el señor Fernandez-Guerra, el 27 de Febrero de 1875. Núm. 7. ¿Signo de Géminis?—Dibujo confuso, que representa dos ñiños entrelazados. Está sin barnizar yacaso sin cocer, como si acabara de salir de la rota figularis. Es también algo más pequeño que los anteriores. Núm. 8. ¿Signo de Piscis?—Dos peces entrelazados, con enormes colas, entrelazadas también, que rematan en abanico. Barniz ysello iguales al núm. 6. (Repárese que no describen (1) Véanse nuestros artículos sobre las antigüedades de Mérida, en La Defensa de la Sociedad, números de Abril ,Mayo yJunio de 1874. Aprovecharemos esta ocasión para corregir la leyenda, que en 1873 copiamos imperfectamente, habiendo sacado después dos improntas, una para el señor Fernandez-Guerra, que la envió áBerlin, yotra para nuestro uso: M.D.S. VAL .AVITA ARAM TA/RIBOLl SVl .naTalicired DITI .DD .SACERDO TEDOCcVRICO VALE RIANO ARCIGALLO PVBLICIOMYST1CO No desagradará álos lectores la traducción de un taurobolio cordobés, que hizo el Sr. Fernandez Guerra, para compararlo con el emeritense: «Por mandato de la madre de los Dioses ypara la salud del Imperio hizo un »taurobolio Publicio Valerio Fortunato Tálamo ;encargóse del criobolio la Isiaca »Porcia Bassenia, siendo sacerdote Aurelio Estófano. Esta ara se dedicó el dia 25 »de Marzo del año 991 de la fundación de Roma (238 p. Ch. n.) siendo cónsules »Annio Junio Beticio Pió yPróculo Ponciano.» Sostiene el P. Fidel Fita, tan competente en estas materias, que la cabeza de carnero esculpida en el lado izquierdo de estas aras, es prueba indudable de haberse hecho el taurobolio por la salud de) imperio, yjustamente el de Mérida prueba lo contrario, pues tiene ese mismo símbolo, en admirable relieve por cierto, yfué dedicado ála salud de una dama particular. 24 así este signo los autores de astronomía, si no separados los peces; «el uno... aquilonar, puesto hácia nuestro Septentrión, yel otro al »Austro, puestas ambas sus colas ála contra)» (1). Núm. 9. Fama pregonando un senatus-consultus. —Admirable dibujo, buen relieve, destacando las piernas por lo modeladas. En el disco óclípeo, que ostenta en la mano derecha, estas letras muy claras: EX S. C. En el sello: C.OPPI .RES La inscripción aconseja que no la confundamos con la Victoria, pues aunque la figura sea idéntica, para representar la Victoria solía llevar palma ócorona ,óambas cosas ála vez, ycuando llevaba disco, como la que se acuñó en el consulado II de Trajano después de la guerra germánica, ostentaba dentro de su óvalo las conocidas siglas S. P. Q. R. Núm. 10. Igual. •En el disco, escasamente señalada la C. de consultus. En el sello: OPP Num. 11. Iguales condiciones artísticas, igual figura ,aunque actitud algo diferente. El brazo que sostiene el disco ménos levantado el ala izquierda más corta yse ve algo de la derecha, pues está la’ figura casi de perfil. También hay en el ropaje ligeras diferencias, sobre todo en el peto que ciñe la túnica. Barniz encarnado muy vivo Ninguna letra en el disco. En el sello, muy confusas ycomo ápun - zon, las de Opio Restituto, incompletas, en esta forma: ;\!» p? *i c¡L nnr M^^P°’COmpuesto J°an Pablo Galludo ytradujo por Miguel Perez. -Granada, 1606, en folio, con láminas yfiguras movibles oro de singularísima rareza, yde una utilidad práctica que no suelen alcanzar ylas obras destinadas ágeneralizar los conocimientos científicos. <0K V Núm. 12. Igual figura yalgo mayor tamaño. Dibujo tosco, relieve admirable. Barniz oscuro en el centro, yen las extremidades rojo. Sello hueco sin letras ,yen el disco unos trazos que parecen caractéres célticos, sino es la misma leyenda de la citada medalla de Trajano (S. P. Q. R.) muy borrosa, en cuyo caso tendríamos aquí una victoria germánica; pero repetimos que en nuestra opinión representa la fama. Desgraciadamente está roto el ejemplar que nos pertenece, lo que en cambio permite distinguir la delicadeza del barro ,que es casi tan fino como el cristal. Num. 13. La Victoria. —También este ejemplar mío es el peor de todos los que encontramos. Aquí no es posible dudar del simbolismo por tratarse de una figura muy conocida, que se encuentra en muchas medallas ymonumentos. Cuando la gran ciudad señoreaba el mundo, pintaban ála Victoria sus artistas con verdadero amor. En las medallas de Augusto yDomiciano la vemos con la palma al hombro, yen las de Vespasiano, con la palma apoyada en la cadera izquierda úoprimida sobre el pecho, lo cual la hace más airosa que en las lámparas emeritenses. En la medalla Concordia militum, de Maximino, tiene en las manos sendas coronas, yen las de Domiciano yL. Hostilio, el caduceo de Mercurio yun trofeo de guerra, significando que la guerra yla victoria conducen ála abundante paz. El mismo Vespasiano en sus últimos años la hizo pintar sin alas, áimitación de los atenienses, que temían que volando los abandonase. Tal vez la ponen Botante al aire, tal vez apoyada en un supedáneo, ylas más isobre un globo, símbolo del señorío del mundo yde su justa vanidad romana. El que más cuidó de esta parte del emblema fué Augusto, que en una de sus monedas áureas hace resaltar el globo de un modo extraordinario, triple ócuádruple que en todas las medallas cono- 32 Coa esto ylo que dijimos respecto al núm. 3, se acabará de comprender de dónde tomó el arte cristiano uno de los más bellos símbolos de la Virgen, haciéndola hollar la luua con sus plantas. Alguna vez llevó su inspiración politeísta áponérsela en la cabeza, amen de pintarla en traje yactitud de matrona romana, como se ve en el Calvario de la plancha de plata que cubre la tapa del arca de las reliquias en la Cámara santa de Oviedo, obra del reinado de Alfonso VI. Núm. 40. Inscripción manuscrita.—Es otro fragmento no ménos precioso, asiento de una lucerna tan bella como la anterior, por la finura del barro yla pureza de la murrhina. Miéntras todos los sellos parecen estampados en la dirección natural, tendiendo sobre una mesa las lámparas en fila con los picos para arriba, ésta fué cogida en la mano por el alfarero, que grabó en ella su nombre con un estilo. Así ha dado ocasión áque muchas personas la leyeran al revés, creyendo por lo tanto caractéres cúficos ócosas más extrañas todavía los de su inscripción, por ser la letra primitiva, de los primeros tiempos de la república. Héla aquí: 3PP ! que en latín vulgar equivale ála que ya nos es tan conocida: OPPI. Parece al pronto la inscripción ibérica de algunas medallas de Abdera. No cayó por cierto en semejante error mi querido amigo ycolega D. Aureliano Fernandez-Guerra ,que es áquien se debe su lectura, yeste último yperegrino justificante de que Cayo Opio Restituto fué un alfarero de Mérida. Dálo áentender con harta verosimilitud la abundancia de lámparas de su rueda ,que en aquella ciudad aparece, siendo así que en Tarragona, que es el Museo más rico de España en barros con inscripciones, sólo existe una, otra en Evora (Portugal) en el gabinete que formó en la Biblioteca el señor Obispo Fr. Manoel do Cenáculo, otra en Madrid, en casa del Duque de Uceda, otra en Mabon, descrita por Ramis, que puede calificarse de dudosa, si bien fué leída así: P-PPI 33 yen Alcalá la Real un tiesto de barro, que igualmente se califica de dudoso, con estas: OF. OP. Hoy deben abundar bastante los sellos de Opio, habiéndose repartido por toda España los descubiertos en Mérida. Núm. 41. Lucerna muy sencilla yelegante, sin dibujo, con dos líneas por orla, yal reverso una manera de sello, que dice: TVLLÍ. Núm. 42. Mílitb.— El más precioso relieve de una medalla flor de cuño, no se aventaja áesta lucerna. Aun así es difícil distinguir si el escudo que le cubre el pecho forma dos ótres círculos, uno dentro de otro, como tal vez parece ,en cuyo caso podría ser un soldado celtíbero, como lo representan las medallas 11 y13 de Ytuci (Florez,tabla XXXI, tomo 2.°), si bien no gasta el cabello largo de los lusitanos, ni la mitra ómorrión de los demás españoles. ¿Será lovi stator? Su actitud fiera, lanza en ristre yescudo al pecho, parece recordar la ocasión en que Rómulo dió áJúpiter este nombre. Núms. 43 á50. Duplicados de varios dibujos, sin más diferencias que los sellos huecos, donde hay alguno muy profundo, pero sin leyenda. Sin embargo, tal vez de uno de ellos podría sacarse casi ininteligible esta: MPERO De otro de ellos, sin dibujo, merece recordarse la orla de laurel elegantísima. Núm. 51. Hombre ymujer en actitud obscena. —Aunque el dibujo es incorrecto, la expresión revela el cincel griego de los mejores camafeos de la Roma imperial. Representa un episodio de las infames costumbres amorosas de aquel tiempo. Guando Livia estaba embarazada, Augusto solia acariciarla de una manera brutal, como de bestia cuadrúpeda, ymilagro será que no reproduzca esta lucerna al matrimonio cesáreo, pues la mujer parece embarazada. jA tal punto llevaria Emérita el entusiasmo por su fundador, eternizando 3 en el arte los vicios de aquel hombre, que en España misma se habia prostituido áHircio por 300.000 sextercios...! ¡de aquel hombre, que llamaba ásus hijos llagas ycánceres!... vómicas aut... carcinomata sua (I). También Nerón yDoriforo presentan actitudes muy semejantes en el curioso libro de camafeos publicado en Francia con el título de Monuments de la vie privée des douze. Cesars, d'aprés une suite des pierres gravees sur leur regne (2). El camafeo igual de Nerón áque nos referimos, es el núm. XXXVIII, que ilustra el conficeretur aDoriphoro liberto,de Suetonio; pero el XXXV no es ménos obsceno y parecido ála lucerna emeritense, cuyo busto varonil recuerda el de Antonino, si bien es exagerado buscar semejanzas fisionómicas en dibujos de tal naturaleza. En Marcial puede verse una larga lista de las matronas romanas que hacían gala de esta moda infame, ¡y él las recuerda ásu esposa en tono de reconvención, por resistirse áadoptarla! Indudablemente, sin el providencial advenimiento del cristianismo el mundo se hubiera disuelto, acabando las criaturas por prostituirse álos brutos de las selvas. * Núm. 52. Dos animales, al parecer langostas, en actitud obscena. —Mediano relieve, confuso dibujo, que no permiten distinguir bien todas las formas de este grupo, copiado asimismo de otro camafeo griego. Núms. 53 á55. Tres ejemplares, alguno admirable por su dibujo yrelieve, de la Loba que amamantó áRómulo yRemo,sin los gemelos chupando las tetas, cual se ven en la conocida estátua del Capitolio yen infinidad de medallas; pero modelada por el mismo estilo, yloba indudablemente. Uno de los ejemplares tiene casi ininteligible sobre el dorso del animal estas letras: M. PER más bien trazoó que siglas. (1) Suetonio.— Augusto, LXV. (2) París, 1786, aunque se finge en Roma en la imprenta Vaticana. Es una de tantas calumnias como en el siglo pasado iniciaron la guerra al catolicismo; pero libro curioso yraro. Sólo he visto un ejemplar en Gáceres, en la selecta biblioteca de mi amigo el Sr. Marqués de Castrofuerte yTorreorgaz. 35 V. De algunos otros barros debe hacerse mención ligera, porque merecen figurar entre la cerámica emeritense. Al principio insinuamos que al lado del Conventual ,en las excavaciones para un pozo, había encontrado el Sr. Amarillas otra lámpara no menos peregrina, ycúmplenos añadir ahora que procede de la misma fábrica indudablemente ,mereciendo entre sus productos especial mención. El barro yel barniz son idénticos, así como su tamaño, yaunque no se ha podido restaurar por completo la mtjxa, que le falta un trozo, es sin duda alguna de pico de pato. Representa un pajarito picando un capullo de rosa, tan admirablemente dibujado ycon tal relieve, que lo estimo como obra de arte muy primorosa. Relieve también que, aunque poco señalado, se percibe al tacto, parécese en el asiento un como sello ómarca de fábrica ,que viene áser así: También se descubrió un vaso de barro en el corral del Sr. Pacheco, cuya elegancia ycalidades merecen encarecimiento. El color es indefinible de puro opaco, porque en vista de que ninguna de estas piezas salía entera, nos hizo el temor lavarlo poco yconserva demasiada patina. Orlado con recuadros que lo hacen muy airoso yartístico, parece que debió tener camafeos óalgún adorno sobrepuesto, que hoy no existe. Yo conservo un pedazo de otro, adornado semejantemente con abejas, de labor admirable, que por fortuna se conservan íntegras. Si damos crédito áJacquemart, estos relieves ornamentales se bacian por medio de moldes aplicados al vaso cuando estaba húmedo, progreso que como todos los de la cerámica debieron los romanos álos griegos. Para mí no es ya dudoso, en vista de la delicada abeja del fragmento que poseo, formada seguramente en molde griego. La hechura del vaso del Sr. Pacheco nos llena de embarazos acerca de su verdadero nombre. Calificarlo simplemente de poculum, que era toda vasija para beber, nos parece indigno de su belleza. Desde luégo no es un cáliz, de los que los romanos llamaban así, y los atenienses pteroto, porque éste tenía la peana más estrecha, desarrollándose airosamente en forma de plinto. La figura de nuestro cáliz sacerdotal, que es, algo modificado, el mismo de los romanos, borra sobre este punto la duda. Fáltanle también las asas, para el adorno así como para el uso ,indispensables. El sinum,óvaso grande para beber leche en las giras campestres yvino en los festines, debía de ser algo mayor que este género de taza emeritense, pues de lo contrario le haría Virgilio ofensa áPriapo al ofrecerle un sorbo de leche ,cuando en la égloga 7.ale dice: Sinum lactis,et haecte liba,Priape,quot annis expectare sat est:cusios es pauperis horti. donde traduce Ochoa cantarillo de leche, con más propiedad, en mi concepto, que Diego López yotros clásicos, que han traducido vaso (1). Pues el scyphus era un perfecto cono truncado que también tenía asas, yla patera ,tan usada en los sacrificios como conocida, ménos profundidad ydiámetro que los que reparamos en el barro emeritense. La patina ,de ninguna manera puede ser. Tráela Rich copiada de un original hallado en un sepulcro de Pcestum, yántes que taza parece fuente, ómejor aún, lo que nosotros llamamos ponchera ó (1) Las obras de Publio Virgilio Marón ,traducidas ycomentadas por Diego López, natural de Valencia en la Órden de Alcántara yprofesor de latin en la ciudad de Mérida.—Lisboa, 1627; en 4.° 37 palangana, ybien advierte el mismo anticuario que era más ancha que la olla ymás honda que la patera. Tapa tenía, que es circunstancia que lo dice todo. Siendo, en fin ,el precioso barro del Sr. Pacheco poco mayor que las tazas grandes nuestras, se hace sumamente difícil su calificación. La falta de asas nos veda llamarle mixtarium, donde mezclaban los romanos el agua con el vino, costumbre muy general entre ellos, ni tampoco cymbum, el más elegante en nuestro concepto de sus vasos, que tenía asas también, ymuy prolongadas. Para lo mismo les servía el cráter, que copia nuestra ponchera, que los franceses llaman bol; ytanto es así, que el cráter se colocaba en una peana artística, al lado de la mesa óen su centro, como hoy el platean, y de allí el pocilator (maestresala) iba llenando las copas con un cyatus (especie de cucharon). Virgilio explica todo esto muy bien al final del canto primero de la Eneida, en el banquete de Dido: Postquam prima quies epulis, mensaeque remotse: CTdtCTdS magnos statuunt, et vina coronant. Hic regina gravem gemmis auroque poposcit implevitque mero paterdm...... «Acabado el primer servicio ylevantados los manteles, trajeron los grandes cráteres rebosando vino... Aeste punto la Reina cogió una patera de oro macizo yla llenó hasta el borde...» (Ochoa traduce muy mal este pasaje, lo mismo que Diego López, por no entender de cerámica.) Se confirma la magnitud del cráter por su oposición al acratophorum, vaso griego, introducido, según Rich ,en tiempo de Varron, para tener el vino puro en las mesas al lado del mezclado. No difiere mucho su forma de la del barro emeritense; pero el ser éste más chico yel borde de aquél más ancho, me hace desechar semejante idea. Ypor cierto que el anticuario inglés se contradice, cuando compara ála galeota con el acratóforo, diciendo que era honda y circular como un casco, yque servían igualmente las dos vasijas para tener depositado el vino puro ántes de mezclarlo, que en tal concepto no podian ser vasos en puridad, sino poncheras, como hemos dicho. El mismo destino tenía la lepasta, de figura de concha univalva. Atentos, pues, ála elegantísima de éste de Mérida, ásu adorno yásu cabida, más que mediana, debemos aplicarlo al tocador de las matronas, yal punto se nos acuerda el que copia Rich de una 38 pintura pompeyana en la palabra epichysis,donde se ve una redoma cubierta con una taza muy semejante. Cierto que allí parece de cristal; pero diferencias que estriban en las condiciones sociales, en manera alguna empecen ánuestro argumento, pues las matronas de la clase media verosímilmente gastarían de barro los objetos que las patricias de cristal. Pudo también tener aplicación álos balnearios, muy abundantes enMérida, así para derramar perfumes sobre la cabeza de los bañistas, como para contener los aceites olorosos con que se frotaban el cuerpo los nadadores. Volviendo la mirada álas costumbres orientales, que los romanos copiaron, yexplican al momento casi todas las suyas, hoy mismo en la India yen la Oceanía, sino perfumes, el agua del baño se vierte lentamente sobre la cabeza, come quien bautiza ,con vasos de coco de cabida igual yde forma análoga al del Sr. Pacheco. Háilos en nuestro archipiélago elegantísimos, que los produce el cocotero de isla de Negros admirables, y hasta suelen engarzarse en plata por mayor lujo. Trájelos yo ylos conservo de incomparable hermosura. Olla ytapadera romana.De cada una de estas cosas se consiguió un ejemplar intacto, que tuvo el Sr. Pacheco la galantería de ofrecernos. La olla áprimera vista no llama absolutamente la atención, que es de todo punto igual álas nuestras, aunque la pureza de sus líneas yla elegancia de sus formas revelan bien pronto su procedencia al anticuario ménos perito. Llámola olla por amoldarme al uso corriente; pero es en puridad urna cineraria.Se hizo para enterrar los restos de un difunto, una vez devorados por el fuego. Yno nos espante su reducido tamaño, pues él inspiró áOvidio aquellos felices versos donde recuerda al hombre orgulloso, que si en el mundo no cabe, después de muerto, non bene compleat urnam. La verdadera olla romana para hacer la comida era el cacabus,que tenía el asiento redondo para colocarse sobre unas trébedes (tripus). Al revés de lo que sucede hoy entre nosotros, únicamente su caldera (ahenum) tenía asiento plano, yesa estaba siempre colgada como las llares de nuestras poblaciones rurales. Sostiene sin embargo Pistolesi, que en la abena yno en el cacabo, era donde la carne se cocía (1). Hánse encontrado, entre las pinturas de Herculano yPompeya, ollas algo semejantes ála emeritense, sin asas, yni más ni ménos que nuestras macetas ynuestras orzas, como su mismo des- (1) Real Museo imbonico descritto ed illustrato da Erasmo Pistolesi. —Tomo m. Roma, 1839, 30 tino indica, que era sembrar flores yguardar frutos. Las uvas principalmente, se conservaban allí muy bien en su propio jugo vend.en ose en los mercados ámayor precio, con el nombre de ollaris uva (uva de olla.) La etimología de ciertas palabras produce extrañas confusiones en los pueblos neo-latinos. ¿Hay nada más común que creer que el cantare viene del ánfora yla olla de la que usaban los romanos? Y sin embargo, bien vemos que nada está más léjos de la verdad. Teman verdaderos cántaros para traer agua de la fuente ypara depositar los votos en los comicios, que los llamaban urna, ypor un raro capricho etimológico, este último nombre lo damos nosotros áun objeto que tiene muy distinta forma, sin perjuicio de seguir diciendo entrar en cántaro por entrar en suerte. Lo mismo ha acontecido con la olla. Amedida que el cristianismo desterraba la cremación de cadáveres, íbase comprendiendo que la olla ossuaria ó cineraria era más propia para los usos culinarios que el cacabus y el ahenum,por su menor tamaño, por su garganta más estrecha y su boca más cerrada, ydejó de ser la de barro enterramiento de pobres yplebeyos para serlo de pavos ygallinas. Hacíanse también de lujo, yen el gabinete numismático de la Biblioteca imperial de París se conserva una bellísima barnizada de negro, que sirvió según se cree, para las cenizas de Gimon, hijo de Milciades... sin otro fundamento que una corona de laurel que ostenta en relieve. De las ollas humildes cinerarias, iguales ála de Mérida, trae Rich un ejemplar con inscripción en la tapa, añadiendo la curiosidad de que solian depositarse enfiladas en una especie de cavidad al propósito, que tomó el nombre de columbarium (palomar]. ¿No se ven claros aquí los nichos en línea de nuestros cementerios? En cuanto ála tapadera descubierta en el mismo dia, igual también álas romanas yálas nuestras actuales, ofrece la singularidad de estar casi toda ella ennegrecida, que apénas si algunas partes tienen el color del barro. Para creerla usada no hay fundamento verosímil, ymás me inclino ápensar que en la catástrofe que derribó la alfarería de Opio, cayera sobre ella alguna preparación química de color oscuro, que combinada con el fuego yla humedad de las filtraciones, haya producido ese resultado con el trascurso de los Siglos. 6Un Lar? Apareció también en la excavación una figurita sumamente extraña ,del mismo barro, aunque con vestigios de color. Si Constanzo no se hubiera limitado, respecto álas cuatro estatuitas que dice haberse descubierto en Mérida en 1792, yde que ya los 40 lectores tienen idea por el dibujo de la pág. 10, ácopiarlas toscamente yádarnos las medidas de un modo tan revesado, que apenas si deducimos que la última tenía una cuarta, quizás podríamos encontrarles hoy alguna relación con esta, desenterrada en nuestra presencia, que mide 12 centímetros de alto. Ni tampoco hubiera pasado por falsario aquel escritor para algunos, que se han reido de sus láminas groseras, hasta que el famoso descubrimiento de el Cerro de los Santos ha venido recientemente áprestarlas una verosimilitud, que ála verdad no tenían. La estátua descubierta en el corral del Sr. Pacheco envuélvese de la cabeza álos piés, excepto la cara, en una especie de abolla major ómanto, como los que usaban los filósofos cínicos, rematando por la cabeza en punta muy aguda. Los rasgos de su rostro son feos yáun deformes, lo que unido al contraste de otra cabeza igual, pero bellísima, encontrada allí mismo, infunde la sospecha de que se trate de génios de la casa, que los habia buenos ymalos, como es notorio, por lo que llamaba Platón álos primeros Calodemon, yCachodemon álos segundos, si no mienten nuestros eruditos del siglo de oro. En la descripción de estos símbolos se con- 41 funden los autores, dándoles por atributo los del génio de la gente latina, es decir, los de Roma, en vez de los del hogar del ciudadano, que eran propiamente los lares, de formas yactitudes tan caprichosas yvarias como el gusto individual, como el concepto que de Dios tenía cada uno. Por eso es bellísimo símil el que hace Horacio, pintando en el otoño al padre de familia calentándose ásus lares, ódicho mejor, al fuego de su hogar, que por figura poética son aquí una misma cosa, pues el ¡araño ócapilla de los dioses caseros estaba entre los pobres al lado de la cocina, como quien sostenía el fuego de ella ,alma oespíritu de la casa. No ya la cabeza hermosa que se encontró en el mismo sitio, sino algunas otras enteramente iguales que suelen parecer en Mérida y que sin duda proceden de la misma alfarería, confirman la sospecha de que la estatuita en cuestión sea un ángel malo, un verdadero Cachodemon, cuyo simbolismo plástico ningún autor nos describe. Verdad es que todos, como es natural, se placen en los lares buenos, yni áun así concuerdan, pues miéntras Pistolesi en el tomo iv del Museo de Ñapóles,nos los pinta con las alas extendidas, un ramo de encina úolivo en la mano derecha yen la izquierda una cornucopia de oro macizo, Rich reproduce un verdadero pocillator,sin alas, con una copa en la mano que figura un ave, yen otro lugar como niño coronado de laurel yvestido de tonelete, ni más ni ménos que los angelitos de nuestras procesiones. Hay, pues, gran variedad yanarquía en esta parte de la simbólica pagana; pero al dar ásus génios Pistolesi, en la lámina VI, pechos yombligo de mujer, mística actitud yceleste mirada, nos los hace en un todo semejantes álos bustos emeritenses. «Nel volto vi traluce il bello ideale,» dice el anticuario napolitano; yen otro lugar:—«II bel Genio tien gli occhi fissi erivolti al ciel.» —No es otra la actitud de las cabecitas que suelen hallarse en las ruinas de Mérida, así como la figura entera del Sr. Pacheco ,por la expresión de sus ojos yde su boca deforme ysonriente, parece estarse burlando de las tristezas de la casa. Concluiremos advirtiendo que en esto de dioses, diosas yobjetos de culto privado, en un pueblo que tenía tantos como son los caprichos de la locura humana, la verdad resulta siempre imposible de apurar. Lo que hoy acontecería si fuera moda hacer imágenes plásticas de las abstracciones ydelirios filosófico-religiosos ,fué exactamente lo que aconteció en el mundo latino; ypor eso es tan cierto como triste que las sociedades modernas por momentos se paganizan. Dos casquillos, como decía Rodrigo Dosma, hondones que pare- 4 fSff i# UNIVERSIDAD DE SEVILLA o íp «'7, '^•S'/DA.O'* 600706073 *1 5i'? C A/*•( »I v\ V.' ] N) = CO IBARROS EMERITENSES. II CJ1 = O) = ESTUDIO SOBRE 1RESTOS DE CERÁMICA ROMANA 00 = CO = QUE SUELEN HALLARSE EN LAS RUINAS DE MÉRIDA, POR =EL EXCW10. SEÑOR DON VICENTE BARRANTES i EE Individuo de número =Reales Academias Española yde la Historia, Cronista de Extremadura, =Consejero éInspector general de Instrucción pública. I\0JE 00 = ^= en =TERCERA IMPRESI MADRID: IMPRENTA DE T. FORTANET, CALLE DE LA LIBERTAD 9NÚM. 29. 1877 . ro —Digitalizado por :Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla -BUSFAAH