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La contemporaneidad occidental desde las teorías de la comunicación: algunas claves para el desentrañamiento de la cultura

García Jiménez, Leonarda

Abstract

Vivimos en sociedades altamente complejizadas. Más allá de este supuesto socialmente compartido, son necesarias reflexiones que ayuden a entender nuestros entornos de una manera profunda, que vayan más allá de lo evidente y que lleguen hasta la estructura social, apasionante tarea que puede ser brillantemente respondida desde la investigación en ciencias sociales. En este artículo se proponen algunas claves para el desentrañamiento de lo social, claves que son propuestas desde una perspectiva comunicativa, desde las interdisciplinares ciencias de la comunicación.

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Ámbitos ISSN: 1139-1979 [email protected] Universidad de Sevilla España García Jiménez, Leonarda LA CONTEMPORANEIDAD OCCIDENTAL DESDE LAS TEORÍAS DE LA COMUNICACIÓN: ALGUNAS CLAVES PARA EL DESENTRAÑAMIENTO DE LA CULTURA Ámbitos, núm. 17, 2008, pp. 311-322 Universidad de Sevilla Sevilla, España Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=16812702019 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto LA CONTEMPORANEIDAD OCCIDENTAL DESDE LAS TEORÍAS DE LA COMUNICACIÓN: ALGUNAS CLAVES PARA EL DESENTRAÑAMIENTO DE LA CULTURA Leonarda García Jiménez (Universidad Católica de Murcia) [email protected] 1. INTRODUCCIÓN: UNA MIRADA COMUNICATIVA HACIA LO CULTURAL Vivimos en una sociedad que, ante todo, se caracteriza por su enorme complejidad, circunstancia sin duda fomentada por la interconexión global de los distintos fenómenos (políticos, sociales, económicos, legales-jurídicos), lo que hace que raras veces podamos aislar un acontecimiento, es decir, raras veces po- ÁMBITOS. Nº 17 - Año 2008 (pp 311-322) Resumen: Vivimos en sociedades altamente complejizadas. Más allá de este supuesto socialmente compartido, son necesarias reflexiones que ayuden a entender nuestros entornos de una manera profunda, que vayan más allá de lo evidente y que lleguen hasta la estructura social, apasionante tarea que puede ser brillantemente respondida desde la investigación en ciencias sociales. En este artículo se proponen algunas claves para el desentrañamiento de lo social, claves que son propuestas desde una perspectiva comunicativa, desde las interdisciplinares ciencias de la comunicación. Palabras clave: Teorías de la comunicación, ciencias de la comunicación, sociedad contemporánea, cultura. Abstract: We live in a very complex social environment. Because of that, the reflections about the society are very necessaries for understanding the context. We need a deep knowledge to exceed the evidence. And this kind of knowledge is contained in social sciences. This article proposes some keys for understanding the contemporary society, some communicatives keys. The principal aim is to think about culture from a communicative perspective. Keywords: Communication theories, communication sciences, contemporary society, culture. demos entenderlo de manera independiente del resto. Creo que este hecho otorga un papel clave a las ciencias sociales en esta época, dado que los saberes científicos que las integran deben ser los que den cuenta y desentrañen las claves valederas para aprehender lo social, lo cultural y lo ecológico. Lo social aparece referido a […] lo más evidente de la composición, lo que aparece a la mirada del observador que inicia una indagación […] La dimensión de la cultura es lo que se encuentra más allá de lo evidente, la estructura que configura en poco a la diversidad y heterogeneidad de lo social. La dimensión de la ecología es lo más amplio de toda la observación reflexiva, lo que permite relacionar lo socio-cultural con lo no social ni cultural, lo que marca los ámbitos generales de configuración de la escena humana, lo que marca los límites de lo humano y lo no humano (Galindo Cáceres, 1998: 13). Teniendo en cuenta estos tres espacios teórico-reflexivos, el presente artículo se moverá en el plano intermedio de la cultura, ofreciendo algunas claves que abran nuevas preguntas exploratorias para llegar hasta la dimensión más ambiciosa, la ecológica. En este contexto se nos va a permitir centrarnos en un campo de estudio concreto, dado que es muy probable que debido a la importancia de la información y la comunicación en el presente, las ciencias de la comunicación tengan una mayor responsabilidad en la profundización científica del entorno, puesto que es precisamente su objeto de estudio el que finalmente se manifiesta como el gran tótem de este tiempo. No abordaremos en este artículo la polémica de la identidad de la investigación en comunicación, puesto que esa empresa ya la hemos tratado de resolver –con mayor o menor acierto– en otro lugar (García Jiménez, 2007). Por ello, más que el debate metatéorico o epistemológico sobre la relación que estas ciencias interdisciplinares mantienen con el resto de disciplinas sociales, nos interesa aquí la reflexión sobre la cultura, no desde cualquier perspectiva (lo que, sin duda, desbordaría las pretensiones de este trabajo), sino desde un punto de vista comunicacional, esto es, partiendo de que la comunicación es el fenómeno primario que explica todos los demás (Craig, 1999). Podría objetarse que esta visión es sesgada e inconclusa, determinista si se prefiere, pues vamos a tratar de aportar algunas claves desde un solo ángulo que a todas luces es comunicativo. No queremos con ello defender la idea de que la sociedad ha evolucionado exclusivamente gracias a la comunicación, sería demasiado sencillo, demasiado totalitario, puesto que en esa línea discursiva, el siguiente paso sería la reafirmación de la disciplina comunicativa como LA VÍA para aprehender nuestro tiempo, postura cientificista1en la que de momento no quisiéramos caer. Lo que vamos a tratar de desarrollar son una serie de cuestiones que desde las teorías de la comunicación, o lo que es lo mismo, desde la perspectiva comunicacional, darán buena cuenta de la sociedad contemporánea. Llegados a este punto es necesario aclarar que la articulación teórica que recogemos en este artículo está referida principalmente a occidente, pues es el ámbito sociohistórico desde el que hemos mirado a la contemporaneidad y dado que las teorías son hijas de su tiempo, dado que en ciencias sociales objeto y sujeto convergen en el denominado efecto Heisenberg, las teorías aquí recogidas son fruto de un pensamiento occidental que en ocasiones ha estado impregnado por un indudable eurocentrismo. 1Para profundizar en la crítica al cientificismo, véase Alonso (2004). La contemporaneidad occidental desde las teorías de la comunicacion... 312 Leonarda García Jiménez 313 Los aspectos que de manera sucinta van a ser planteados deben ser entendidos como trazos de un cuadro social que es abstracto y complejo. En concreto, nos centraremos en las dos siguientes pinceladas. En primer lugar, creemos que la categoría de la información y la comunicación en esta revolución tecnológica es superior a la de épocas anteriores, pues si bien es cierto que estas realidades han existido a lo largo de toda la historia, no lo es menos el hecho de que ahora se han convertido en las principales fuentes de poder y riqueza del sistema, afirmación menos evidente antes de la emergencia de la época moderna en el siglo XVIII. En segundo lugar, los medios de comunicación son las instituciones sociales más importantes de nuestro tiempo gracias a su enorme capacidad de creación de contenidos simbólicos, por lo que hay que prestarles una especial atención, debido a que las industrias culturales han tenido una influencia poderosa y a largo plazo, lo que ha hecho que a lo largo de los tres últimos siglos los media hayan moldeado las distintas realidades humanas (identidad, espacio público, creencias, etc.) hasta configurarlas tal y como son en la contemporaneidad. Por ello, las industrias culturales han jugado un papel clave en la emergencia de la modernidad, puesto que junto a otros factores (Reforma Protestante, Ilustración, Revolución Industrial) fueron una de las causas del paso de una época premoderna a otra moderna (a partir del siglo XVIII). Hoy continúan siendo elementos clave en la configuración social, puesto que aparecen como potenciadores de una cultura visual, cuestión que se encuentra íntimamente relacionada con la espectacularización de la vida en general y con el predominio de los elementos emotivos frente a los cognitivos, lo que abre el debate sobre la posibilidad de una nueva época posmoderna. Teniendo en cuenta estos planteamientos, es el objetivo prioritario del presente artículo esbozar una reflexión teórico-comunicativa, una mirada más sobre lo socio-cul- tural, para aprehenderlo, comprenderlo, profundizarlo y tomar conciencia de quiénes somos, dotando de sentido a los eventos que acontecen en nuestro entorno. 2. LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN EN LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA CONTEMPORÁNEA La información y la comunicación se han convertido en dos elementos claves dentro del sistema capitalista de acceso, hasta tal punto que se define a la época contemporánea como una sociedad informacional, es decir, una sociedad en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en fuentes esenciales de productividad y poder debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este periodo histórico (Castells, 2000: 51). En este sentido, es probable que una expresión que ha alcanzado un mayor grado de legitimación sea la de sociedad de la información, si bien es cierto que no resulta novedosa la existencia de información en la sociedad, por lo que definir de esta forma a la era contemporánea resuelta un tanto superfluo. Además, no hay que obviar el componente ideológico de la expresión (Pérez Tapias, 2003 y Mattelart, 2002) dado que con frecuencia se habla del acceso ilimitado a enormes volúmenes de conocimiento, donde éste es obtenido y compartido por todos lo miembros del entorno –ciudadanos, empresas y administraciones públicas– (Telefónica, 2003). La carga ideológica de esta última perspectiva hace que la aproximación conceptual no contemple, o al menos, no refleje la problemática de la brecha digital, es decir, aquellos ciudadanos, áreas La contemporaneidad occidental desde las teorías de la comunicacion... 314 geográficas o actividades que están quedando al margen de la lógica tecnológica (acceso a los dispositivos o uso provechoso de los mismos). Este hecho tiene, si cabe, unas repercusiones más graves en la actualidad, puesto que sabemos que el principal modelo de desarrollo consolidado es el socio-técnico, es decir, aquél fundamentado en las tecnologías de la información y la comunicación (telecomunicaciones, informática, sistemas de satélites) y que ubica en su epicentro a Internet, lo que significa que no estar conectado a la red de redes tiene una consecuencia más profunda: quedar excluido de las principales vías de desarrollo, las únicas, una vez que el sistema capitalista ha ganado la partida al comunista (Castells, 2001). Definitivamente, creemos que la apuesta conceptual de Galindo Cáceres (1998: 15-16) en su aproximación a la contemporaneidad puede ayudarnos a clarificar algunos aspectos. El autor distingue entre sociedad de información y sociedad de comunicación: la primera es una forma cerrada de lo social y se da en aquellas sociedades en las que la información es manejada por unos pocos que ejercen el poder y la dominación sobre los muchos. Es el caso de las dictaduras, teocracias, monarquías absolutas, etc. El autor también incluye aquí a las democracias occidentales actuales (Galindo Cáceres, 1998: 15). La segunda, la sociedad de comunicación, es abierta –el proyecto de la modernidad occidental– y está compuesta por ciudadanos libres y participativos, por individuos críticos y reflexivos. No importa tanto el control como el diálogo y concertación con los demás, poniendo en juego todo el saber posible para un mejor diálogo y una mayor decisión concertada y ejecutada (Galindo Cáceres, 1998: 16). En este segundo tipo de organización social, la información es clave pero es estructuralmente más relevante lo que hacen con ella los actores en interacción dialógica (Galindo Cáceres, 1998: 17). Como vemos, el segundo tipo de estructura es de una mayor complejidad que la primera, puesto que en ella la horizontalidad en las relaciones multiplican hasta el infinito las interacciones, situación que no se da en las sociedades de carácter más vertical y unilateral. De todas formas, el autor no se queda aquí y ofrece cuatro tipos, cuatro tipologías sociales que irían de las formas de interacción más simple a las más complejas: comunidad de información, sociedad de información, sociedad de comunicación y comunidad de comunicación (Galindo Cáceres, 1998: 15). Ahora cabría preguntarse en qué estadio se encuentran las sociedades occidentales sobre las que se centra la reflexión de este trabajo, partiendo del supuesto de que en cualquiera de las tipologías perviven rasgos y elementos de las demás: en unos casos la cultura de información será predominante (en la comunidad y en la sociedad de información), es decir, el hecho social más relevante será la distribución disimétrica del saber; y en otros casos, la cultura de comunicación será la realidad más fehaciente (en la sociedad y comunidad de comunicación), esto es, más que el flujo de datos unidireccionales, se desarrolla y pervive en estas últimas tipologías las formas sociales de encuentro y diálogo (Galindo Cáceres, 1998: 17). Suponemos que a la espera de un mayor desarrollo de la cultura de comunicación para llegar hasta lo que el autor denomina como comunidad de comunicación, son las sociedades contemporáneas occidentales híbridos, mixturas, en las que prevalece la cultura comunicativa frente a la informativa, aunque los elementos y rasgos de esta última subsisten, difícil tarea su erradicación definitiva: Las formas de este tipo social no están agotadas, el futuro tiene un lugar aún para la sociedad de información (Galindo Cáceres, 1998: 15). Leonarda García Jiménez 315 Una vez aclarada esta cuestión, en relación al capitalismo y la importancia de la información-comunicación, nos encontramos en un momento en el que la propiedad intelectual ha adquirido mayor relevancia que la física (el concepto de valor se separa de lo material y cada vez tiende más al disfrute y al acceso), de ahí que se haya denominado a este momento como una era de acceso (Rifkin, 2000). Apunta Rifkin (2000: 13-21) que en la época moderna la propiedad y el mercado eran prácticamente sinónimos, de hecho la economía capitalista se fundó sobre la idea del intercambio de propiedad en el mercado (proceso abstracto de comprar y vender cosas). Pero la nueva realidad económica está contribuyendo a que la sociedad reconsidere los tipos de vínculo que definirán a las sociedades venideras. En esta nueva era del acceso los mercados dejan sitio a las redes y el acceso sustituye cada vez más a la propiedad, lo que obviamente no significa que ésta desaparezca, sino que empieza a abandonarse la realidad básica de la vida económica moderna: el intercambio mercantil de la propiedad entre compradores y vendedores. Lo que sucede con la propiedad es que es menos probable que se intercambie en el mercado, sino que los proveedores se la quedan y la ceden en alquiler con opción de compra, arrendamiento, la alquilan o cobran una cuota de admisión. En la economía red, en lugar de intercambiar la propiedad, es más probable que las empresas accedan a la propiedad física e intelectual. Por ello el capital intelectual es la fuerza motriz de la nueva era y lo más codiciado. Y en este punto radica una de las grandes transformaciones, una de las principales consecuencias del estatus adquirido por la información como es el que para disfrutar de algo no hace falta poseerlo, basta con tener acceso a él. Así, Rifkin expone que si bien en el capitalismo industrial el régimen de propiedad era el fundamento que daba sentido a la economía y al sistema en general, en el emergente capitalismo cultural se está produciendo una transición hacia el acceso. Los conceptos, las imágenes, las ideas y no las cosas son los artículos de valor en la nueva economía. El valor ya no está asociado a la posesión material, sino que, en parte, queda virtualizado, es intangible, puesto que reside en la imaginación y la creatividad humanas en vez de en el capital físico. El capital intelectual rara vez se intercambia sino que los proveedores (que han sustituido a los vendedores y los usuarios a los compradores) lo retienen rigurosamente y arriendan u ofrecen a otros la licencia de uso por un tiempo delimitado: En la nueva era asegurarse el acceso a la mayor diversidad de recursos y experiencias que alimenten nuestra existencia psicológica se convierte en algo tan importante como mantener la propiedad. La producción cultural es la etapa final del modo de vida capitalista que comenzó fabricando productos, para más tarde abocarse a la proporción de servicios y terminando en el ofrecimiento del acceso a la experiencia (Rifkin, 2000: 19). Y ésta es precisamente la crisis de la posmodernidad que señala el autor: La economía ha puesto sus miras en la última esfera de la actividad humana que quedaba por mercantilizar: la cultura. El tiempo cultural se desvanece, dejando a la humanidad exclusivamente con vínculos comerciales como elemento de apoyo civilizatorio (Rifkin, 2000: 21). También la existencia del espacio de flujos (Castells, 1997) pone en evidencia el carácter totémico de la información, puesto que las redes, las interacciones repetitivas entre las diferentes infraestructuras, son los nuevos ejes sobre los que se con- figuran las sociedades contemporáneas; éstas no están construidas en torno a lugares o espacios físicos determinados, sino en torno a flujos: de capital, de información, de tecnología, de interacción organizativa, de imágenes, sonidos y símbolos (Castells, 1997: 409 y ss.). Lo más llamativo de estos intercambios es que la mayor parte de las realidades compartidas a través de la sociedad red podemos resumirlas en información. Estos flujos funcionan en torno a ejes y nodos, son un elemento de organización social y también son los procesos que dominan nuestra vida económica y política. El flujo quedaría así entendido como el intercambio y la interacción repetitiva que se produce entre las estructuras económicas, políticas y simbólicas que están físicamente desconectadas, alejadas. Evidentemente, esos intercambios se producen entre los actores que operan en esas estructuras económicas, políticas y simbólicas. Por tanto, el lugar, el espacio físico comienza a perder relevancia, aunque continúa siendo una cuestión importante. Para Castells (2000) se han transformado los viejos espacios de acción, donde éstos ya no dependen de la ubicación geográfica, sino que más bien son espacios de flujos (las localidades son relativamente irrelevantes, respecto a los flujos de información, mercancías o poder). Estas redes (habrá tantas como actividades) están dinamizadas desde los nodos, que son los espacios geográficos desde los que se impulsan los intercambios de flujos. En algunos de estos nodos (por ejemplo, Londres, París, Nuevas York, Tokio, Osaka o Ciudad de México) quedan concentradas las actividades superiores del planeta (desde los servicios financieros, pasando por la investigación y el desarrollo, hasta los medios de comunicación), servicios avanzados que pueden reducirse a la generación de conocimiento e información (Castells, 1997: 412). 3. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN COMO INSTITUCIONES SOCIALES PODEROSAS Una vez tratado el estatus adquirido por la información en esta era, es preciso analizar el papel histórico que los medios de comunicación han jugado en el desarrollo de la modernidad, dado que han sido varias las áreas que se han visto profundamente transformadas, como es el caso de la identidad, de la experiencia, de la dimensión pública o de la cultura –con el auge de lo visual– (García Jiménez, 2007). Nos vamos a centrar aquí en el ámbito concreto de la tradición, esto es, el conjunto de creencias, costumbres, ritos, etc. transmitidas de generación en generación, lo que sin duda nos lleva a plantear de manera abierta el debate en torno a la modernidad y a la posmodernidad. La hipótesis que ya planteábamos en la introducción de este artículo es que, al igual que en la emergencia de la modernidad (siglo XVIII) los medios de comunicación fueron uno de los factores claves que ayudaron a la configuración de una nueva época (junto a otros tales como la Reforma Protestante, la Ilustración, las revoluciones burguesas y rebeldes o la Revolución Industrial), en la actualidad los media de nuevo aparecen como una de las causas que pueden ayudar a explicar la aparición de la era posmoderna. En este segundo caso, obviamente, junto a los medios de comunicación apuntaríamos otros factores tales como: la consolidación del sistema capitalista tras la derrota de la Unión Soviética en la guerra fría; la tercera revolución tecnológica, ahora basada en tecnologías de la información; la consolidación del estado de bienestar; la democratización en el consumo2o la cultura de masas. La contemporaneidad occidental desde las teorías de la comunicacion... 316 Sobre la modificación de la tradición, podría decirse que ha superado las limitaciones que suponía su única transmisión y perdurabilidad a través del intercambio cara a cara, como sucedía en épocas anteriores: La tradición se desritualizó; perdió sus lazos con la experiencia de la vida cotidiana de las personas. Sin embargo, el desarraigo de las tradiciones no les privó del sustento. En vez de ello, preparó el camino para ampliarlas, renovarlas y reincorporarlas en nuevos contextos y unidades espaciales que se encontraban más allá de los límites de la interacción cara a cara (Thompson, 1998: 239). También Vattimo (1998) señala la modificación de la tradición por la influencia de los media. Así, los medios de comunicación liberan al individuo, desempeñando un papel fundamental en el nacimiento de la sociedad posmoderna, dado que la caracterizan no como una sociedad más transparente (título de su obra), sino como una sociedad más compleja, incluso caótica, situación en la que reside la esperanza de emancipación del hombre. Los media han jugado un papel preponderante en la disolución de los puntos de vista centrales, en la caída de los grandes metarrelatos (Dios, la razón, la libertad), ya que, y he aquí la posible liberalización del individuo, ofrecen una explosión de las visiones del mundo. En esta multiplicidad de la comunicación, un importante número de subculturas ha tomado la palabra (Vattimo, 1998: 80), pluralización que hace imposible concebir al mundo desde un único punto de vista. El resultado será que la realidad objetiva (en el sentido positivista clásico) no existe, sino que es el resultado del entrecruzamiento de las muchas imágenes, interpretaciones y reconstrucciones que compiten entre sí y que son distribuidas por los media. Este hecho es el que abre la puerta a la emancipación del ser humano; en cuanto cae la idea de una racionalidad central de la historia, el mundo de la comunicación generalizada estalla en la multiplicidad de las racionalidades locales (minorías étnicas, sexuales, religiosas, culturales o estéticas) que toman la palabra al no ser, por fin, silenciadas ni reprimidas por la idea de que hay una sola forma verdadera de realizar la humanidad, en detrimento de todas las individuales. El efecto emancipador de la liberación de las racionalidades locales no consiste sólo en la manifestación de lo que cada uno es de verdad (negro, mujer, homosexual, musulmán) sino que está más bien en el extrañamiento que acompaña al primer paso de identificación. Si soy consciente de que mi sistema de valores (religiosos, éticos, políticos, étnicos) no es el único, sino que convive con otros muchos en este mundo de culturas plurales, tomaré conciencia de las limitaciones de todos estos sistemas, empezando por el mío (Vattimo, 1998: 85). La perspectiva de Vattimo podría ser definida como excesivamente optimista dado que habla de una liberación que es negada de manera sistemática por otros autores posmodernos3. Por ejemplo, Baudrillard (2002) señala que vivimos en una era de simulaciones en la que lo real ha quedado finalmente disuelto en el artificio. El filósofo 2El sistema capitalista ha evolucionado de un capitalismo de producción (a partir del siglo XVIII, implicaba el acceso principalmente a bienes primarios), a uno de consumo (a partir de la segunda mitad del siglo XX, donde cobró especial importancia el sector servicios, se abrió al acceso al consumo de bienes, al ocio y al entretenimiento), para terminar en el contemporáneo de acceso (García Jiménez, 2003). 3Por ello es muy complejo definir a la posmodernidad con un discurso unitario, porque dentro de la propia corriente se incluyen a autores de muy diferente pensamiento. Leonarda García Jiménez 317 La contemporaneidad occidental desde las teorías de la comunicacion... 318 francés, en su análisis sobre la sociedad contemporánea, indica que ésta ya no está dominada por la producción, sino por los medios de comunicación, modelos cibernéticos y sistemas de control, ordenadores, industrias de entretenimiento y conocimiento, etc. sistemas que son auténticas fábricas de creación de signos (Kellner, 1989: 61). El objetivo ha cambiado de la explotación y el beneficio, a la dominación de los signos y los sistemas que los producen (Ritzer, 2002: 589). Baudrillard (2002) apunta hacia una era de la simulación en el mundo posmoderno en donde los signos enmascaran y esconden la ausencia de una realidad profunda, no significan nada, han perdido el referente que una vez tuvieron con la realidad: se convierten en autorreferenciales, sólo se aluden a sí mismos. La simulación cuestiona la diferencia entre lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo imaginario. Ya no podemos diferenciar lo que es real de lo que no: la distinción ha implosionado (Ritzer, 2002: 589). La era de la simulación se abre con la liquidación de todos los referentes, se trata de una suplantación de lo real por los signos de lo real (Baudrillard, 2002: 11), la sustitución de lo real por su representación. Pero Baudrillard llega más allá, dado que para él lo real no tendrá nunca más ocasión de producirse: imperará lo hiperreal que no es otra cosa que la eliminación de distinciones entre lo real y lo imaginario. A partir de ahora al igual que el mapa precede al territorio, el simulacro precede a la realidad. El autor aplica la metáfora del mapa y el territorio para explicar la simulación y escenificar el desierto de lo real. En esta representación, Baudrillard utiliza la fábula de Borges en la que éste cuenta cómo los cartógrafos de un imperio trazaron un mapa tan detallado que llegó a recubrir con toda exactitud al territorio, aunque el ocaso del imperio contempló el paulatino desgarro de este mapa, que acabó convertido en una ruina despedazada cuyos jirones se esparcieron por el desierto. Obviamente el mapa no era el territorio en sí, sino su representación. Tras esta creación, el territorio ni precedió, ni sobrevivió al mapa. La simulación ya no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación a través de los modelos de algo sin origen ni realidad: lo hiperreal (Baudrillard, 2002: 9). Como hemos apuntado será el mapa el que preceda al territorio, el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los jirones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. La era de la simulación conlleva la creación de reproducciones de objetos y la cada vez más difícil identificación de lo real en cosas que simulan la realidad. En el caso, por ejemplo, de la televisión, Baudrillard habla de la disolución de la misma en la vida y viceversa (la cuestión se centra ahora en saber dónde acaba la una y empieza la otra). Finalmente son las representaciones las que predominan y terminan de manera inevitable eliminando a lo real. De ahí que donde uno apunta liberación del individuo (Vattimo), el otro ve supeditación y dominación (Baudrillard). En cualquier caso, esta contraposición de perspectivas no es novedosa, sino que se presenta como la heredera contemporánea de históricas disputas que han protagonizado la investigación de la comunicación (como por ejemplo, la Escuela de Frankfurt, crítica, frente a la Mass Communication Research, funcionalista). Pero Vattimo no ha sido el único autor que ha señalado la modificación de la experiencia debido a la incidencia, entre otros factores, de los medios de comunicación. También Thompson habla de esta modificación de la tradición. La hipótesis que defiende Thompson (1998: 239), así como la teoría de Vattimo (1998) introducen el de-