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El paisaje como vector estratégico para la gestión integral del patrimonio. Una observación desde el marco español

López Sánchez, Marina; Tejedor Cabrera, Antonio; Linares Gómez del Pulgar, Mercedes

Abstract

El paisaje representa en la actualidad el mayor esfuerzo de contextualización e integración del patrimonio cultural en las políticas sectoriales relacionadas con el territorio. Se han abierto posibilidades sin precedentes a nuevos procesos integrados de ordenación, planificación y coordinación que son capaces de aportar procedimientos e instrumentos pertinentes en el camino hacia una convivencia eficaz del binomio patrimonio-desarrollo comprometida con la sostenibilidad del territorio. Este texto explora el potencial de la relación entre el paisaje y el patrimonio por medio del análisis de la recepción normativa del paisaje en el contexto español, con especial consideración por el caso andaluz, atendiendo principalmente al grado en el que se ha conseguido implicarlo en la construcción de un proyecto de territorio capaz de promover su valorización integrada. Se revisan dos ámbitos fundamentales en este discurso, la planificación del territorio y la legislación autonómica en materia patrimonial. Las lecciones extraídas apuntan a que el paisaje como vector operativo, base de una tutela patrimonial que se apoya en un sistema de gestión integral, es la condición clave sobre la que fundamentar los criterios para su inclusión en la normativa patrimonial.

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erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 164 Gestión | Estudios El paisaje como vector estratégico para la gestión integral del patrimonio. Una observación desde el marco español Landscape as a strategic driver for an integrated heritage management. An observation from the Spanish framework Marina López Sánchez Estudiante de doctorado en el Programa de Doctorado en Arquitectura de la Universidad de Sevilla Antonio Tejedor Cabrera Catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad de Sevilla Mercedes Linares Gómez del Pulgar Profesora Contratada Doctora de Expresión Gráfica Arquitectónica de la Universidad de Sevilla Fecha de recepción: 10 de enero de 2020 Fecha de aceptación: 25 de noviembre de 2020 Resumen El paisaje representa en la actualidad el mayor esfuerzo de contextualización e integración del patrimonio cultural en las políticas sectoriales relacionadas con el territorio. Se han abierto posibilidades sin precedentes a nuevos procesos integrados de ordenación, planificación y coordinación que son capaces de aportar procedimientos e instrumentos pertinentes en el camino hacia una convivencia eficaz del binomio patrimonio-desarrollo comprometida con la sostenibilidad del territorio. Este texto explora el potencial de la relación entre el paisaje y el patrimonio por medio del análisis de la recepción normativa del paisaje en el contexto español, con especial consideración por el caso andaluz, erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 165 atendiendo principalmente al grado en el que se ha conseguido implicarlo en la construcción de un proyecto de territorio capaz de promover su valorización integrada. Se revisan dos ámbitos fundamentales en este discurso, la planificación del territorio y la legislación autonómica en materia patrimonial. Las lecciones extraídas apuntan a que el paisaje como vector operativo, base de una tutela patrimonial que se apoya en un sistema de gestión integral, es la condición clave sobre la que fundamentar los criterios para su inclusión en la normativa patrimonial. Palabras clave: Paisaje. Gestión Patrimonial. Desarrollo Territorial Sostenible. Planificación Paisajística. España. Abstract Nowadays, the landscape represents the greatest effort regarding cultural heritage contextualization and integration in territory-related policies. Unprecedented possibilities have been opened to new integrated management, planning and coordinating practices, which are capable of providing relevant procedures and tools on the path towards an effective heritage-development relation committed with territorial sustainability. This paper explores the potential relation between landscape and heritage by an analysis of the statutory recognition of the landscape in the spanish context, especially regarding the case of Andalucía. It mainly addresses the extent to which the landscape has been involved in the development of a territorial project able to promote its integral enhancement. Fundamental fields for this topic will be reviewed, which are territorial planning and heritage-related regulations. Lessons learned point out that landscape as an operative driver, basis of a heritage protection system supported by an integral management, is the key condition from which to set the criteria for its inclusion in heritage regulations. Keywords: Landscape. Heritage Management. Sustainable Territorial Development. Landscape Planning. Spain. Agradecimientos Artículo desarrollado en el marco del Proyecto de Investigación Smart Architectural and Archaeological Heritage: Instrumentos y Estrategias de Innovación para la Integración de la Gestión Patrimonial, Turística y Paisajística (HAR2016-79757-R) financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través del Plan Estatal 2013–2016 Retos. Proyectos I+D+i. La autora principal de este artículo recibe apoyo por parte de la Universidad de Sevilla y del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en la realización de su tesis doctoral a través de la Ayuda para la Formación de Personal Universitario (Ref. FPU16/02768) vinculada al proyecto Smart Architectural and Archaeological Heritage. Los autores agradecen los comentarios y sugerencias realizados por los evaluadores anónimos, que han contribuido a mejorar y enriquecer el manuscrito original. erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 166 Marina López Sánchez Arquitecta (E.T.S. de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, 2016). Actualmente realiza sus estudios de doctorado en el Programa de Doctorado en Arquitectura de la Universidad de Sevilla. En 2017 se le concede la Ayuda para la Formación de Profesorado Universitario (FPU) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para el desarrollo de su investigación doctoral, a través de la cual se formaliza un contrato vigente con la Universidad de Sevilla como Personal Investigador en Formación. Imparte docencia para el Departamento de Proyectos Arquitectónicos de la E.T.S. de Arquitectura de dicha universidad desde 2018. Contacto: [email protected] erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 167 Antonio Tejedor Cabrera Catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad de Sevilla. Director del Instituto Universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción US (desde 2015). Premio Extraordinario de Doctorado US 1997-98. Coordinador del Programa de Doctorado en Arquitectura (desde 2016). Especialista en intervenciones sostenibles en Patrimonio Histórico y Paisajes Culturales, fue asesor del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (1990-2001) y vocal de la Comisión Andaluza de Arqueología (1997-2003). Investigador Principal del proyecto I+D+i (Ministerio de Economía y Competitividad 2016-19) SMART ARCHITECTURAL AND ARCHEOLOGICAL HERITAGE. Ha recibido los siguientes premios internacionales: Voto de Louvor de la Universidad de Lisboa (2012); PRAM Premio Internazionale sul Restauro e Architettura Mediterranea (2013) y Finalista (segundo clasificado) en II PREMIO MEDITERRÁNEO DEL PAISAJE “Obra realizada” (2007). Contacto: [email protected] erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 168 Mercedes Linares Gómez del Pulgar Profesora Contratada Doctora de Expresión Gráfica Arquitectónica de la Universidad de Sevilla. Directora del Departamento EGA (desde 2018). Especialista en Patrimonio Histórico, es investigadora de la Arquitectura, la Ciudad y el Paisaje del siglo XIX. Premio de Investigación Archivo Hispalense (2014) y Premio Extraordinario de Doctorado Universidad de Sevilla (2013-14). Es miembro del equipo investigador del proyecto I+D+i SMART ARCHITECTURAL AND ARCHEOLOGICAL HERITAGE. Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra construida con TEJEDOR_LINARES & asociados (www.tejedorlinares.com). Contacto: [email protected] erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 169 1.- Introducción La vinculación entre el discurso patrimonial y el paisajístico aglutina ya décadas de reflexión investigadora (López Sánchez et al., 2020). La amplitud semántica del patrimonio desarrollada durante el siglo XX (Choay, 2007; Martín Jiménez, 2016) redirigió la tradicional mirada restrictiva y estática sobre los bienes culturales hacia una concepción más dinámica que concibe el patrimonio cultural como un proceso social, lo cual implica que no constituye algo dado de una vez y para siempre sino, más bien, un fenómeno en construcción permanente. Los bienes y espacios resguardados adquieren razón de ser en la medida que se asocian a una cultura presente que los contextualiza (Castillo Ruiz, 2009). Este concepto ha desplazado la idea del patrimonio como objeto a la del patrimonio como valor (Silva Pérez y Fernández Salinas, 2017) y, consecuentemente, de la conservación al desarrollo y el uso sostenible (Loulanski, 2006). Se trata de un cambio de paradigma en el campo del patrimonio que dirige la mirada hacia la noción de paisaje que moldearon las ciencias geográficas fundamentalmente a lo largo del siglo XX (Meinig, 1979), y que hoy en día está asumida por un amplio campo de investigación multidisciplinar (Antrop y Van Eetvelde, 2017). El paisaje, en su acepción contemporánea, se concibe como la manifestación visible de la interacción constante de factores naturales y humanos sobre el territorio. Es decir, a través del paisaje es posible reconocer que el territorio, lejos de ser una entidad estática, es fruto de condiciones de orden temporal o histórico (Ortega Valcárcel, 1998). Desde esta postura se argumenta la propia consideración del paisaje como un valor identitario de la cultura de los pueblos (Cosgrove y Daniels, 1988). Una comprensión del paisaje como expresión de la acción humana sobre el territorio a lo largo del tiempo, y como vínculo entre la sociedad y el espacio que habita, explica la necesidad de reconocerlo como patrimonio (Maderuelo Raso, 2010). La patrimonialización del paisaje bebe de la base teórica levantada por este nuevo giro conceptual (Galindo González y Sabaté Bel, 2009). Se trata de una reflexión que encaja perfectamente con la renovada visión del patrimonio cultural como un valor de civilización (Martínez Yáñez, 2006). Es más, la decantación semántica del patrimonio como un concepto integral que aúna valores naturales y culturales se ha producido en buena medida gracias a la revalorización del concepto de paisaje (Ortega Valcárcel, 1998). El reconocimiento oficial a nivel internacional del vínculo entre las disciplinas que desarrollaban una mirada hacia el paisaje –expresión de la dimensión cultural del territorio– y el escenario de la protección y la conservación del patrimonio cultural tendría lugar por primera vez en 1992, a través de la inclusión de la categoría de ‘paisaje cultural’ en la Lista de Patrimonio Mundial, de acuerdo con las Directrices Prácticas para la Aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial de 1972 elaboradas por el Comité del Patrimonio Mundial (UNESCO, 1992; Rössler, 2006). Aunque la inclusión de la categoría de ‘paisaje cultural’ supuso un esfuerzo de integración y contextualización sin precedentes para las disciplinas responsables de la conservación del patrimonio cultural, se trata de una figura enmarcada en las dinámicas propias del escenario patrimonial, orientada a la protección de espacios concretos seleccionados según criterios basados en un valor patrimonial sobresaliente. erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 170 Lo mismo había ocurrido en el marco de la conservación del medioambiente, donde se reconocieron nuevas figuras que prestaban una atención preferente al paisaje y que, igualmente, apuntaban hacia una visión más integrada de los valores culturales y naturales presentes en el territorio, pero que no dejaban de consistir en la delimitación de áreas protegidas en entornos humanizados que gozaban de especial significancia medioambiental. En este caso, la operación internacional de mayor trascendencia fue la inclusión de la categoría V de Paisaje Protegido dentro de la clasificación de las áreas protegidas que la UICN estableció en 1978. Esta categoría procura, y así lo indica explícitamente, la preservación de la interacción entre la naturaleza y la cultura. A partir de esta afirmación, se constata la progresiva construcción de un nuevo paradigma en la conservación patrimonial (Bloemers et al., 2010; Taylor y Mitchell, 2017; Moore y Whelan, 2016). La necesidad de proteger el paisaje, cuyo valor patrimonial reside precisamente en que se trata de un ambiente humanizado y vivo, pone en crisis el enfoque de protección museístico desarrollado a lo largo del siglo XX. El reconocimiento del valor patrimonial del paisaje cuestiona, por tanto, la utilidad de las prácticas asumidas en materia de protección patrimonial, tanto natural como cultural. Las fórmulas tradicionales basadas en la definición de perímetros de protección y en el establecimiento de criterios de corte restrictivo mostraron sus limitaciones para el paisaje e hicieron evidente la necesidad de desarrollar una nueva estrategia dinámica y adaptativa. Y es que la protección del paisaje no puede radicar en su simple conservación sino en “la adecuada protección a la dirección de su dinámica de sostenimiento y evolución, como en todo ser vivo” (Martínez de Pisón, 2017). El Convenio Europeo del Paisaje (2000), en adelante CEP, confirmó definitivamente este necesario cambio de paradigma. Algunas experiencias internacionales se apresuraron a dar forma al nuevo modelo, como los Piani Paesaggistici Regionali italianos que constituyen valiosos referentes acerca de la implementación del patrimonio como eje central de la planificación del paisaje (Magnaghi, 2016). A través del CEP, la disyuntiva entre conservación o desarrollo que prevalecía hasta ese momento, en la que los espacios protegidos se interpretaban como ‘obstáculos’ a sortear por las dinámicas de desarrollo territorial, se confirma como obsoleta e ineficaz. El paisaje se reivindica como una oportunidad metodológica que permite diluir la frontera habitual entre los ámbitos que tradicionalmente se han relacionado con procedimientos de corte pasivo, responsables de la definición de perímetros de protección, de imponer limitaciones sobre determinados bienes y entornos ante un modelo de desarrollo productivista, pero que generan un sistema de espacios protegidos inconexos, y aquellos otros de corte activo orientados a regular y ordenar el territorio en sintonía con las necesidades de desarrollo económico. El paisaje constituye, por tanto, un factor estratégico desde el que construir una renovada gestión integrada y responsable del territorio, basada en los principios de desarrollo sostenible en lugar de en una artificial dualidad conservación-desarrollo (Rotondo et al., 2016). El paisaje es ‘un objetivo de sostenibilidad’ (Mata Olmo, 2011) que pauta la evolución de nuestro ordenamiento hacia un nuevo modelo territorial enraizado en lo específico, en lo local (Agudo, 2007). Ante este gran reto metodológico, el reconocimiento y la valorización de los recursos patrimoniales del territorio encierran claves determinantes (Feria Toribio, 2012; Manero Miguel y García Cuesta, 2017). Cuando reflexionamos sobre el paisaje lo hacemos, en definitiva, sobre el patrimonio desde una aproximación erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 171 territorial. El territorio se reconoce como paisaje a través de su patrimonio. Por tanto, el patrimonio supone el soporte básico desde el que emprender la planificación estratégica del territorio. La formalización de una praxis para la gestión del territorio argumentada desde las interconexiones entre patrimonio y paisaje es de especial transcendencia, y se considera particularmente oportuna, en momentos fluctuantes como los actuales, ya que plantea renovadas estrategias para el desarrollo sostenible del territorio (Tejedor et al., 2020). En línea con estos planteamientos, este texto ofrece un análisis sobre los vínculos entre patrimonio y paisaje en España, atendiendo al panorama andaluz con especial interés. Para ello, analiza dos marcos de actuación fundamentales al respecto: la planificación del territorio y la legislación autonómica en materia patrimonial. Se persigue así establecer un marco de reflexión sobre el camino seguido hasta ahora en nuestro país hacia una gestión sostenible del territorio apoyada en su valor patrimonial y argumentada desde el paisaje, a partir de la observación específica de los instrumentos y las estrategias que se han venido desarrollando. 2.- El patrimonio en la planificación del paisaje en España La implementación del paisaje en la ordenación del territorio a nivel autonómico para la plena incorporación de la dimensión patrimonial ha sido hasta ahora desigual. No obstante, si atendemos a un plano estrictamente operativo, podemos apreciar algunas similitudes estratégicas. Entre los instrumentos más relevantes, y que han demostrado mayor viabilidad, se encuentran los catálogos de paisaje, desarrollados de forma pionera por el Observatorio del Paisaje de Cataluña. Los catálogos tienen como finalidad identificar, interpretar, representar el paisaje y establecer objetivos de calidad paisajística (Nogué et al., 2016). Además de Cataluña, comunidades como Andalucía, Galicia o el País Vasco cuentan con sus catálogos de paisajes, algunos de ellos en una situación aún inicial, como en Andalucía, donde solo tres de los ocho Catálogos provinciales han sido completados hasta la fecha. Otras comunidades desarrollan instrumentos con fines similares como, por ejemplo, los estudios de paisaje que promueven la Comunidad Valenciana o Cantabria, o los mapas de paisaje aragoneses. En el caso valenciano, cántabro, catalán y gallego, estos instrumentos se desarrollan al amparo de una ley específica del paisaje1. En el caso del País Vasco, se recogen en el Decreto 90/2014 sobre protección, gestión y ordenación del paisaje de la Comunidad Autónoma del País Vasco. En Aragón, el paisaje se integra en la normativa específica de ordenación territorial2, una situación que ocurre en varias comunidades. Andalucía, por su parte, no cuenta aún con un reconocimiento jurídico consolidado del paisaje, aunque parece avanzar en esta dirección a través de la Estrategia de Paisaje de Andalucía (Junta de Andalucía, 2012), aprobada mediante el Acuerdo de 6 de marzo de 2012 del Consejo de Gobierno, que es el marco de referencia de sus catálogos. 1 Ley 5/2014, de 25 de julio, de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Paisaje de la Comunidad Valenciana y modificaciones. Ley 4/2014, de 22 de diciembre, del Paisaje de Cantabria. Ley 8/2005, de 8 de junio, de Protección, Gestión y Ordenación del Paisaje de Cataluña. Ley 7/2008, de 7 de julio, de protección del paisaje de Galicia. 2 Ley 8/2014, de 23 de octubre, de modificación de la Ley 4/2009, de 22 de junio, de Ordenación del Territorio de Aragón erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 172 La casuística normativa es muy diversa pero, en general, se observa un proceso metodológico que combina un instrumento específicamente diseñado para generar conocimiento sobre el paisaje con los planes territoriales y el resto de políticas sectoriales con incidencia territorial. Los catálogos, estudios, mapas de paisaje o instrumentos similares, representan una apuesta decidida por introducir la cuestión paisajística en la planificación del territorio a través de un proceso basado, por un lado, en una fase esencialmente descriptivo-analítica, diacrónica y sincrónica, que podemos denominar como ‘caracterización del paisaje’, que permite detectar sus valores desde un enfoque multidimensional, diagnosticar su estado actual y marcar objetivos de calidad paisajística; y, por otro lado, en una fase propositiva, que persigue la materialización de dichos objetivos en directrices de planeamiento específicas que serán trasladadas a las figuras de planeamiento territorial. Si atendemos de forma especial a esta dimensión propositiva, se observa que la mayoría de estos instrumentos desarrollan una red de itinerarios paisajísticos y miradores como mecanismo central para la puesta en valor del paisaje y el fomento de su disfrute por parte de la ciudadanía. Estos recorridos y puntos de observación son especialmente representativos para el reconocimiento del paisaje. En efecto, se trata de una estrategia que atiende de forma especial a la dimensión escénica del paisaje, aquella que hace referencia a su valor como espacio percibido. Bajo esta lectura, los bienes culturales forman parte de las panorámicas propuestas y funcionan como puntos de referencia en ese reconocimiento del paisaje, ya que constituyen rasgos diferenciadores indisolubles de su imagen. Desde esta aproximación se puede construir una valiosa red para la fruición del paisaje. No obstante, el papel del patrimonio cultural es susceptible de funcionar, además de como elemento compositivo y estructurador, como parte integrante de un relato que transmita las claves históricas que han determinado la configuración actual del paisaje. Los recursos culturales, correctamente interrelacionados, pueden construir una nueva experiencia de paisaje basada en el descubrimiento de formas pretéritas de ocupar y aprovechar el territorio, aportando legibilidad al paisaje actual. Hasta ahora, esta aproximación hacia el paisaje como estrategia discursiva para la interpretación histórico-cultural del territorio se ha contemplado en los instrumentos de caracterización del paisaje de forma solo superficial, revelando que sigue pendiente la tarea de fomentar lazos más estrechos entre el escenario patrimonial y la planificación territorial. Al fin y al cabo, paisaje y patrimonio territorial son, tal y como afirma A.M. Doctor (2011), “las dos caras de una misma moneda”. Es precisamente por ello que la caracterización del paisaje funciona como marco estratégico para la construcción de un modelo territorial de base patrimonial. Una mirada holística hacia el paisaje asegura que la activación del patrimonio cultural se produce en consonancia con las dinámicas socioeconómicas, la estructura territorial del lugar y el conjunto de valores patrimoniales, naturales y paisajísticos. En efecto, el habitual entendimiento de los bienes patrimoniales como elementos inconexos y descontextualizados, la carencia de elementos de articulación entre ellos y el poco impulso a la gestión del patrimonio como un recurso al servicio del desarrollo regional y local son cuestiones que han sido ya explícitamente señaladas por diversos planes de ordenación territorial en el marco nacional. Un instrumento que se mostró especialmente consciente y comprometido fue el Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía (Junta de Andalucía, 2006), en adelante POTA. De cara a articular estas erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 179 cultural’ se mostrase siempre como una única fórmula operativa cuando atendiera a paisajes de alto valor cultural. Independientemente de cual sea la fórmula administrativa más eficaz, los argumentos expuestos confirman que el paisaje se encuentra más próximo a representar un nuevo enfoque para la gestión del patrimonio cultural que una nueva figura específica de protección equiparable al ‘bien de interés cultural’. No obstante, esta afirmación no implica que no se deban desarrollar mecanismos específicos de protección para los paisajes de alto valor patrimonial. La cuestión es que el verdadero desafío, como señaló Miguel Ángel Troitiño (2011), “está en dar el salto de la conservación del patrimonio a la gestión inteligente del mismo, en el marco de nuevos modelos de desarrollo territorial”. 4.- Conclusiones Las sinergias entre paisaje y patrimonio en el ámbito español, discutidas con especial atención ante la casuística andaluza a través de sus dos escenarios administrativos y normativos principales, muestran que aún es necesaria una mayor integración entre ambas esferas. Hasta ahora, el escenario patrimonial, y de forma aún incipiente, se ha centrado en la tutela de aquellos paisajes de valor cultural sobresaliente. No cabe duda de la necesidad de atender a estos lugares, pero el análisis de las dinámicas que se están desarrollado en el marco de la planificación urbanística y la ordenación del territorio, donde se observa el potencial del paisaje como estrategia discursiva y generadora de vínculos interpretativos del patrimonio, y la atención que se manifiesta por la gestión de marcos estratégicos en el ámbito patrimonial, como el propio PNPC, permiten reconocer otras potencialidades del paisaje para el patrimonio cultural. En primer lugar, el paisaje representa una nueva aproximación a la gestión del territorio que supera la dicotomía conservación-desarrollo en virtud de dinámicas integradoras. Se presenta como una de las oportunidades metodológicas más claras a la hora de impulsar procesos de desarrollo territorial sostenible, ya que construye un modelo territorial enraizado en lo específico, en lo local, que en definitiva es el valor patrimonial del territorio. Establecer estrategias de cooperación más sólidas entre ambos marcos podría por tanto posicionarnos de forma más clara ante el complejo reto de la sostenibilidad territorial. Por otro lado, el paisaje constituye un marco operativo desde el que finalmente rechazar la gestión de los bienes patrimoniales como objetos aislados y descontextualizados, apostando por un modelo de base territorial que incorpore de forma conjunta a entidades patrimoniales de naturaleza diversa. El paisaje nos acerca al territorio como un producto cultural, concediendo un énfasis especial a la influencia que el legado histórico, las tradiciones, los oficios, el aprovechamiento de los recursos naturales, etc., tienen en la configuración del paisaje actual. Esas claves de su formación y desarrollo trazan conexiones espaciales y temporales que permiten establecer pautas de acción desde las que visibilizar y valorizar los diferentes recursos patrimoniales. El paisaje reconoce el denso entramado patrimonial que lo sustenta. La detección de las claves relacionales revelan una comprensión más profunda del objeto patrimonial e implica, a su vez, poder detectar una mayor cantidad de bienes, ya que pueden existir recursos patrimoniales que no presenten la relevancia suficiente para que se aplique sobre erph Gestión | Estudios | Marina López, Antonio Tejedor, Mercedes Linares erph nº 27, diciembre2020, pp. 164-184 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/erph.v0i27.442 180 ellos una figura de protección específica pero que, enlazados interpretativamente con otros bienes de mayor entidad, pueden verse revalorizados o gozar de un mayor reconocimiento y recibir la tutela adecuada, aunque esta sea de menor exigencia en términos de protección que la aplicada a otros bienes más significativos. De esta forma, el patrimonio rural difuso, que en muchas ocasiones pasa desapercibido, puede pasar a formar parte de una red que lo rescate del anonimato. El paisaje permite cohesionar los recursos patrimoniales, dotarlos de estructura, construir narrativas y adelantar criterios y fórmulas para su gestión coordinada. Estas aspiraciones solo pueden abordarse desde la consolidación de un punto de convergencia entre la planificación del paisaje y la gestión del patrimonio, junto al resto de políticas sectoriales de incidencia territorial. Si, como hemos argumentado, se trata de desplazar el énfasis de la protección y la conservación hacia la gestión integral y el desarrollo sostenible, es necesario construir nuevos modelos de ordenación del territorio coherentes con el nuevo paradigma patrimonial. Empieza a resultar urgente impulsar en el contexto español una gestión del patrimonio en clave territorial y paisajística. BIBLIOGRAFÍA AGUDO GONZÁLEZ, J. (2007). “Paisaje y gestión del territorio”, Revista jurídica Universidad Autónoma de Madrid, n. 15, pp. 197-237. 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