Reflexión teórica sobre aspectos socio-educativos del ocio tecnocientífico
Abstract
En el presente texto se hace un análisis y evaluación de la sociología del ocio tecnocientífico. Se desarrolla una caracterización del ocio para, posteriormente, hacer un estudio socio-hermenéutica de su impacto a nivel socio-educativo.
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REFLEXIÓN TEÓRICA SOBRE ASPECTOS SOCIO-EDUCATIVOS DEL OCIO TECNOCIENTÍFICO1 THEORETICAL REFLECTION ABOUT SOCIO-EDUCATIVES ASPECTS OF TECHNOSCIENTIFIC LEISURE JESÚS A. VALERO MATAS, JUAN R. COCA Y ELENA JIMÉNEZ GARCÍA Universidad de Valladolid valerom[email protected], [email protected], [email protected] RECIBIDO: 25/04/ 2013 ACEPTADO: 30/05/2013 Resumen: En el presente texto se hace un análisis y evaluación de la sociología del ocio tecnocientífico. Se desarrolla una caracterización del ocio para, posteriormente, hacer un estudio socio-hermenéutica de su impacto a nivel socio-educativo. Palabras clave: ocio, tecnociencia, tiempo libre, divulgación. Abstract: This text provides an analysis and assessment of sociology of techno-scientific leisure. It develops a characterization of leisure, and then it makes a socio-hermeneutical impact to socioeducative level. Keywords: leisure, techno-science, free time, popularization. Introducción La nueva realidad social en la que nos encontramos sumidos muestra una enorme complejidad fruto de un aumento de la diferenciación social. Dicha diferenciación va a ocasionar que determinados subsistemas sociales, que, hasta hace relativamente poco tiempo, no tenían gran relevancia, incremente sus dimensiones y se transformen en uno de los grandes factores que condicionan la evolución social. El ocio moderno, consecuencia de la era industrial, ha sido una realidad en continuo avance. No sólo ha aumentado en cantidad y nuevos usos, sino en accesibilidad real, en usos y en aplicaciones. De hecho, hasta hace poco tiempo no ha sido posible hablar de ocio tecnocientífico, bien porque la tecnociencia –y su divulgación– no existía, bien porque el propio ocio no ha sido vinculado al 1 El presente trabajo es una ampliación del texto: Coca, Juan R. y Valero Matas, Jesús A. (2011): Sociology of the techno-scientific leisure: Between society and education, Dovela Clave - Working Paper 00001, Hergué, Huelva. ISSN: 2173-4194. Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
JESÚS A. VALERO MATAS, JUAN R. COCA Y ELENA JIMÉNEZ GARCÍA 92 ámbito tecnocientífico, al considerar a esta aceptación una actividad intelectual, alejada de la diversión y de ámbitos no tecnocientíficos, al tiempo que era considerada como una actividad enormemente racional y excluida de cualquier tipo de influencia social. Al final del siglo XX, la mayor parte de los ciudadanos en los países más avanzados hemos podido disfrutar de un ocio democrático y generalizado. Su desarrollo y evolución, que ha durado más de cien años, han supuesto el descubrimiento de modos de vida que han hecho posible la situación que conocemos. Pero, al mismo tiempo, la democratización del ocio ha traído un cambio de mentalidad, una diferente concepción de la vida y del mundo que nos rodea (Cuenca, 2002, 149-150). Un ejemplo paradigmático de esto lo podemos encontrar en el sistema, o subsistema, educativo. De hecho, recientemente se ha aumentado el rango de edad de la educación obligatoria. Asimismo, los estudios universitarios se están alargando y diversificando cada día más. Una prueba de ello es la transformación del CAP que en los próximos meses se transformará en Master (Plan Bolonia), siguiendo las demandas y necesidades sociales de la educación En tercer lugar, es preciso hablar de los nuevos procesos de comunicación que, fruto de un desarrollo del sistema (tecno) científico, son uno de los mayores condicionantes de nuestra realidad social. Por esta razón, es posible decir que estamos inmersos en la era de la información (Castells, 91-92) o en la sociedad del conocimiento. Esta nueva realidad social informacional o cognoscitiva comenzó su andadura gracias al desarrollo de la imprenta y a las transformaciones en el ámbito de la lectura producidas en el siglo XIX. Tal y como exponen Chicharro y Rueda, en la Alemania de comienzos del siglo XIX se editaban poco más de 3.000 obras anuales, en cambio un siglo después, en el 1900 el número ascendía a 25.000 (Chicharro y Rueda 2005: 78). Afirman estos autores que este aumento de lo impreso fue debido a una sucesiva expansión de los medios de comunicación. Por ello, si consideramos adecuada esta afirmación, será factible localizar en este momento el comienzo de esta nueva era informacional. En la actualidad, lo que podría denominarse como subsistema informacional (para no confundirlo con la comunicación) es un entramado de artefactos impresos y digitales. Todos ellos, sobre todo los segundos, están haciendo que la realidad social que conocíamos hasta ahora se esté transformando en una nueva sociedad digitalizada y webolucionada (en clara referencia a Internet). Por esta razón, ya no es tan fácil como antes afirmar que alguien lee o no, ya que todas las personas que se conectan a Internet tienen que leer obligatoriamente. Otra cuestión consistiría en discutir la idoneidad, comprensión Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
REFLEXIÓN TEÓRICA SOBRE ASPECTOS SOCIO-EDUCATIVOS DEL OCIO 93 o profundidad de lo que es leído, pero esto no es el objeto de este texto. Por otro lado, esta sociedad-web (o Telepolis en palabras de Javier Echeverría) está modificando los hábitos sociales de las personas, la comunicación, la búsqueda de información, la educación, el trabajo e incluso el ocio. Asimismo, el desarrollo de artefactos tecnológicos (tales como podrían ser los videojuegos) también están transformando la sociedad, además de algunos comportamientos sociales. En este sentido, es conocido el posible impacto negativo que producen los videojuegos sobre las personas que los usan con exceso: adicción, agresividad, aislamiento social, bajada del rendimiento escolar, desplazamiento de otras actividades, conducta delictiva o antisocial, juego patológico, consumo de sustancias y/o trastornos médico, así como también los posibles efectos positivos: entrenamiento y mejora de habilidades, utilidades terapéuticas y el uso como medio didáctico (Tejeiro et al., 2009). No obstante, estos autores han comprobado que la controversia no se sostiene únicamente en argumentos científicos sino, a menudo, también con opiniones, ideologías, prejuicios y argumentos morales. Ello hace que, científicamente, no se pueda tener un juicio concreto sobre la incidencia social de estos artefactos. De hecho, Tejeiro et al., (2009) afirman que son numerosos los cambios en el ámbito tecnológico, pero además no son las únicas transformaciones que se han venido realizando en los últimos tiempos, ya que también ha cambiado la propia sociedad, y muy especialmente los adolescentes y los niños. En línea con esta argumentación Belli y López Raventós (2008) ponen en duda la visión pasiva del sujeto “impactado”; dicho de otro modo la concepción de que los humanos nos dedicamos a “leer” de manera pasiva a nuestro entorno. Al contrario, interpretamos nuestro entorno buscando significados con los que comprendemos nuestro entorno y somos capaces de “reescribirlo” y “releerlo” al trasladar el resultado de esta lectura a nuestra vida cotidiana. Lo antedicho se enmarca dentro del ámbito de la socio-hermenéutica, de la concepción interpretacionista de lo social. En este contexto es en el que nos moveremos en el presente texto teniendo como objetivo fundamental el de mostrar en qué consiste el ocio tecnocientífico, su función social y algunas implicaciones educativas del mismo. Para ello, como acabamos de decir, haremos un análisis hermenéutico del mismo, basándonos en trabajos previos de Coca y Valero (2010), considerando que el propio ocio es un texto que puede ser analizado y comprendido desde una perspectiva sociológica. Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
JESÚS A. VALERO MATAS, JUAN R. COCA Y ELENA JIMÉNEZ GARCÍA 94 Ocio y tipos de ocio Hablar del ocio tecnocientífico (Ot) es, en definitiva, hablar de una actividad humana condicionada e influenciada por otra actividad: la divulgación de la tecnociencia (Dt). Una y otra se retroalimentan de tal manera que Ot se modificará en parte por Dt y viceversa (Ot ↔ Dt). Esta última, a su vez, está constituida por una serie de subconjuntos diferenciados que van a determinar las funcionalidades de la divulgación tecnocientífica (Dt). Como han establecido Coca y Valero (2010b) son numerosas las personas que se informan y adquieren cierto conocimiento sobre diversos ámbitos tecnocientíficos a través de los numerosos medios de comunicación. Este hecho hace que Dt se encuentre inmersa dentro del contexto educativo (Ce), de tal modo que Ce ⊆ Dt. Recuérdese que Ce no es el único factor determinante del desarrollo de Dt. No obstante, el hecho de que Ot y Dt se retroalimenten, trae consigo la consideración de Dt como una actividad humana y por tanto supone la consideración de ésta como un factor potencial de progreso humano. Ello implica, a su vez, que Dt será progresiva siempre y cuando atienda a aquellos elementos socio-personales que, efectivamente, sean progresivos. En línea con esto podemos hacer mención ahora de la idea de progreso científico desarrollada por Bird (2007). Este autor afirma que podemos categorizar las concepciones del progreso científico afirmando la existencia de tres enfoques diferenciados; a saber: i) el enfoque epistémico, (ii) el enfoque semántico, y (iii) el enfoque funcional-internalista. Para Bird, el enfoque epistémico implica desarrollar aquel conocimiento acerca del concepto que necesitamos para entender lo que es el progreso. El enfoque semántico, en segundo lugar, tiene la verdad (o verosimilitud) como elemento central en la definición de progreso. Y, por último, la perspectiva funcional-internalista, que sostiene que el avance que se logra cuando un desarrollo científico tiene éxito es tal si este cumple una función determinada (por ejemplo, resolución de un problema científico). En este último punto se entiende la función de tal manera que los agentes científicos están en determinada posición para juzgar si la función se ha cumplido o no. En el tema que nos ocupa, Ot sólo podrá enmarcarse dentro del enfoque epistémico o del funcional-internalista. Posiblemente, lo más adecuado, dado que Ot ↔ Dt, sería desarrollar un enfoque integrador de ambas perspectivas. Es decir, dado que Ot está condicionado por Dt, Dt funcionará como un elemento de desarrollo epistémico, puesto que una mayor difusión de un determinado logro científico-tecnológico podrá fomentar un mayor incremento de un área determinada de determinado saber tecnocientífico, y tendrá, además, como objetivo fundamental el cumplimiento Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
REFLEXIÓN TEÓRICA SOBRE ASPECTOS SOCIO-EDUCATIVOS DEL OCIO 95 de función de diseminación del conocimiento científico. Asimismo, y dado que Ce ⊆ Dt, Ce será progresivo si y sólo si la parte correspondiente del contexto educativo relativo a la difusión tecnocientífica también lo sea. Esto obliga, por un lado, a la reconfiguraciones de la educación tecnocientífica no como una actividad conducente a la implantación de determinadas competencias relativas a la capacitación tecnocientífica de los educandos, sino que el Ce tecnocientífico tendría que ser progresual lo que implicaría la incorporación de la noción de persona, y los condicionantes que ello implica, en el desarrollo de dichas competencias tecnocientíficas y en la diseminación del saber tecnocientífico. De hecho, y siguiendo con nuestro razonamiento, Dt podría ser formalizado como un conjunto en el que nos encontramos con los siguientes elementos: Dt = <E, A, I, P, S> Donde: - E que es aquello que es enseñado a un determinado número de personas. - A que delimita lo aprendido por un grupo de personas (en ocasiones) menor que el grupo de personas al que se le enseña. - I es el conjunto total de imágenes y representaciones transmitidas y adquiridas socialmente. - P que es el conjunto de personas o individuos que entran en juego en el proceso. - Y S que hace referencia al aspecto subjetivo o personal: los sentimientos, el grado de autoestima, las motivaciones, intereses, etc. puestas en juego. La formalización que acabamos de establecer implica la inserción de P como elemento condicionante de Dt. Ello implica, tal y como hemos establecido previamente, la necesidad de tener presente a aquellas personas, que se verán condicionadas por la difusión de la tecnociencia. En una sociedad globalizada como la nuestra, el impacto de Dt es claramente internacional, gracias a los medios de comunicación de masas (especialmente internet). Por ello, el número de personas que se verán afectadas por Dt será muy elevado. Además incluso podríamos llegar a considerar que Dt no se restringe exclusivamente al ámbito lingüístico afectado por Dt, sino que toda Dt podrá tener efectos globalizados y, por tanto, condicionar, directa o indirectamente, la vida de toda la humanidad. Siendo ello así, Dt tendrá que asumir un condicionante ético muy importante a raíz del hecho de la consideración de la actividad tecnocientífica como una actividad personal. A su vez, y dado que Ce ⊆ Dt, la educación tecnocientífica tendrá que hacer algo semejante. Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
JESÚS A. VALERO MATAS, JUAN R. COCA Y ELENA JIMÉNEZ GARCÍA 96 Esta estructura es fundamental para poder entender la posterior concepción del ocio. No obstante, antes de llegar a ella es necesario hacer una serie de aclaraciones previas. Caracterización del concepto de ocio En numerosas ocasiones el término ocio y el de tiempo libre son considerados sinónimos. De hecho, Clawson y Knetsch (1974) afirmaron que el ocio es en gran medida el tiempo discrecional que uno tiene para ser utilizado como uno elige. Estos autores excluían la existencia y el tiempo de subsistencia, el tiempo de permanencia en el grupo social o las actividades determinadas en las que el individuo prefiere no participar. Otro ejemplo de esto lo tenemos en Dumazedier (1960) que establece que el ocio consiste en un conjunto de ocupaciones en las que el sujeto puede disfrutar de su tiempo libre bien para descansar, divertirse, para aumentar su conocimiento o mejorar sus habilidades de forma desinteresada o para incrementar su participación voluntaria en la vida de la comunidad tras descargarse de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales. Estas consideraciones clásicas parecen haber sido relegadas y actualmente el concepto de ocio no implica la sinonimización entre éste y el tiempo libre. El concepto de tiempo libre está vinculado con la idea de trabajo, de tal modo que este término hará referencia a aquel periodo temporal en el que una persona no está trabajando. Por el contrario, el concepto de ocio no está tan relacionado con el trabajo. Si esto fuese así, las personas que —desde una perspectiva administrativa— no «trabajan» (estudiantes, parados, etc.) no tendrían ocio, ya que podría estar en él gran parte de su vida, siempre y cuando, según esta concepción, disfrutasen de todo aquel tiempo en el que no tuviesen responsabilidades familiares, laborales y sociales. Obviamente, esto no sucede así. El ocio es una actividad que es de gran complejidad, debido a sus profundas connotaciones personales y sociales de índole psico-social, ética, económica, educativa, etc. Pese a esta complejidad, consideramos que este concepto puede ser delimitado, mínimamente, de un modo relativamente sencillo. Para caracterizar el concepto de ocio, tenemos que hablar —en primer lugar— de la libertad (l). Es decir, tiene que ser una actividad libre y alejada de cualquier imposición. Por este motivo, no será adecuado considerar que una actividad impuesta por un docente, un familiar, un amigo, etc. será ocio. La razón de este hecho responde a que cualquier actividad impositiva no va a tener una transformación personal significativa. Es decir, no transformará el sistema psíquico y, por tanto, apenas originará alguna interpenetración en el sistema social a través del sistema personal (o psíquico). No obstante, es conveniente Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
REFLEXIÓN TEÓRICA SOBRE ASPECTOS SOCIO-EDUCATIVOS DEL OCIO 97 tener presente que esta elección será relativamente libre, ya que estará mediada —como no puede ser de otra manera— por el contexto socio-cultural donde se encuentre el elector. En segundo lugar, el ocio implica cierto aspecto educativo (e). No tanto, respecto al subsistema pedagógico, sino que trae consigo una transformación en nuestra manera de entender nuestro entorno adecuándola al modo que la entiende una determinada sociedad. Lo dicho puede parecer que excluye a las actividades deportivas. No es así. El deporte es una actividad netamente educativa, ya que implica una asunción de determinados valores sociales y personales. Por lo tanto, las actividades deportivas adecuadas serán constitutivas del ocio, siempre que estos deportes impliquen una transformación educativa personal. En último lugar, el ocio trae consigo un aspecto personal vinculado con el disfrute individual o colectivo. Este factor es el más extendido y el que suele vincularse con el concepto de ocio. Este factor hedonista (h) del ocio tiene una importancia fundamental. De hecho es el que permite distinguir una actividad que puede ser ociosa o no, en función de esta perspectiva hedonista. Pongamos un ejemplo. Pensemos por un momento en la actividad de ir a ver una exposición sobre insectos. Dicha actividad puede tener un claro componente pedagógico u ocioso. En el primer caso, habría una imposición proveniente del profesor de la materia correspondiente. En el segundo caso, en cambio tendría que traer consigo una decisión libre e implicar un disfrute. Por esta razón, una misma actividad (la exposición, en nuestro caso) podrá ser considerada ocio o no dependiendo de que estén presentes, o no, los distintos aspectos antedichos. Por otro lado, la mera consideración del ocio como un estado de ánimo, tal y como hacen Mannell, Zuzanek y Larson (1988), no satisface la correcta caracterización del mismo al excluir el aspecto pedagógico. De hecho, si considerásemos que el disfrute y la libre elección son los factores caracterizadores del ocio, nos veríamos en la obligación de considerar ocio al sexo, a la siesta e incluso —llevando la argumentación hasta el extremo— a las acciones violentas desarrolladas por los grupos fascistas hacia las personas discriminadas o interiorizadas por estos grupos. Ispizua y Monteagudo (1998) afirman que, actualmente, no sorprende que no tengamos una definición consensuada sobre el ocio que conjugue las diferentes posturas al respecto. No obstante, consideramos que es posible aportar una serie de factores que nos permitan delimitar dicho concepto, aunque no demos una definición canónica del mismo. Por lo tanto, podemos desarrollar la siguiente formalización de lo que hemos establecido, aportando con ello una caracterización del ocio (O) de mínimos con la que se pretende establecer una estructura de consenso que pueda ser implementada paulatinamente: Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
JESÚS A. VALERO MATAS, JUAN R. COCA Y ELENA JIMÉNEZ GARCÍA 98 O = <l, e, h> Esta formulación es un predicado conjuntista con tres factores: l (libertad), e (educación) y h (hedonismo). Dichos factores tendrán distinto grado, en función de la actividad que se está realizando y de los aspectos subjetivos y emocionales que se pongan en juego, pero es preciso que se den los tres a un tiempo. En caso contrario no estaremos hablando de ocio, sino de educación, disfrute, tiempo libre, opciones personales, etc. Pues bien, nuestra aproximación conjuntista no se contradice con el imaginario social del ocio concebido como sinónimo de ocupación deseada, apreciada y resultado de una elección libre (Pinheiro et al., 2010). De hecho, la consideración de la existencia de un elemento de hedonismo propio de toda actividad ociosa lo vincula, precisamente, con dicha volición. En este sentido, tal y como indican estos autores (Pinheiro et al., 2010), lo más relevante del ocio sería la experiencia del propio ocio en el mundo hipermoderno en el que nos encontramos. Por esta razón, afirman, que el ocio integra la forma de ser de cada persona, siendo independiente de la actividad en sí, del tiempo, del nivel económico o de la formación. El factor central del ocio, según ellos, sería el sentido que se le atribuye a éste en la vida de cada persona y en la vivencia emocional del mismo. Estas consideraciones parecen olvidar que la propia educación es uno de los principales elementos de configuración y construcción de la personalidad, así como de las consideraciones subjetivas que toda persona pudiera tener respecto a alguna cosa o actividad. Si ello no fuese así, carecería de sentido el subsistema educativo como parte del gran sistema social, ya que las personalidades de los sujetos se irían configurando de manera automática sin participación de los procesos educativos. Además de los aspectos conceptuales que acabamos de mencionar, el ocio – en general y el tecnocientífico en particular– tiene un componente de “marketing” que obliga a diseñar y presentar situaciones que sirvan para “descolocar” a los sujetos que se aproximan al ocio tecnocientífico. Es decir, el ocio ha seguido una senda semejante al consumo, pasando de ser una actividad pasiva (consumo convencional) a convertirse en una actividad conducente a la adquisición de nuevas experiencias (Sastre, 2010). De ahí que, anteriormente, hayamos expuesto que el ocio tecnocientífico se retroalimenta del proceso divulgador. De hecho, Núñez Centella (2003) afirma que en el desarrollo de mecanismos de implementación del ocio tecnocientífico se busca facilitar una experiencia nueva, sensaciones fuertes o, por lo menos, situaciones que provoquen la curiosidad y el desconcierto en las personas. Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
REFLEXIÓN TEÓRICA SOBRE ASPECTOS SOCIO-EDUCATIVOS DEL OCIO 99 Tipos de ocio Si revisamos la bibliografía existente acerca de la tipología del ocio es posible establecer diversas taxonomías del mismo, en función de lo que tomemos como punto de referencia. En este sentido, se han desarrollado tipologías basadas en la zona espacial (ocio de tierra, aire o agua), en la estación del año (ocio de primavera, verano, etc.), en función de la edad, etc. (Kelly, 1990). Ispizua y Monteagudo (1998) desarrollan una clasificación en función de los contextos donde se manifiesta el ocio. Así, diferencian entre la cultura como contexto de ocio, el turismo y el deporte. Todas las taxonomías, como casi todo, tienen una parte positiva y otra negativa. La positiva está relacionada con la utilidad pragmática de las mismas. Con ellas podemos entender a qué nos estamos refiriendo cuando establecemos determinadas diferenciaciones. No obstante, también traen consigo una parte negativa. Cuando establecemos dos tipos A y B, con características determinadas, nos permiten diferenciar correctamente aquellos elementos comprendidos en A o B. Pero siempre existirá un elemento, C, que no se circunscribirá a ninguno de los grupos anteriores. Por ello, unos autores considerarán que está en A, otros dirán que está en B, mientras que unos terceros establecerán otra categoría C para incluir a dichos elementos. Esta diferenciación podría llegar a elevarse hasta el infinito, ya que toda tipologización será imperfecta. Por lo dicho, consideramos que lo más adecuado a la hora de hablar del ocio es no establecer ninguna taxonomía. El ocio, presenta unas determinadas características —de las que ya hemos hecho mención— que nos permiten establecer una diferenciación clara entre lo que es ocio y lo que no lo es. A nuestro juicio esto es suficiente. Consideramos, que posteriormente, en función de lo que cada autor necesite en cada momento concreto de su investigación, será posible hablar de distintos tipos de ocio. Ello no indica que nos comprometamos con ninguna tipologización. Funciones sociales del ocio En una sociedad de gran diferenciación social como la nuestra, es factible hablar de que el ocio tiene una funcionalidad individual y social (Ispizua y Monteagudo, 1998). Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
JESÚS A. VALERO MATAS, JUAN R. COCA Y ELENA JIMÉNEZ GARCÍA 106 Clawson, M. y Knetsch, J. L. (1974) “Leisure in modern America”. En: J. F. Murphy, J. F. (Ed.) Concepts of Leisure, Prentice-Hall, Englewood Cliffs - NJ, pp. 78-90. Coca, J. R. y Valero Matas, J. A. (2010): “Ciencia, sociedad y hermenéutica analógica”, Revista de Fomento Social, Nº 260, Vol. 65, octubre-diciembre, pp. 681-693. Coca, J. R. y Valero Matas, J. A. (2010b): “Televisión y divulgación tecnocientífica. Análisis de algunos programas españoles”, Hologramática, VII, 13/2: 55-71. Dumazedier, J. (1960): “Current problems of the sociology of leisure”, International Social Science Journal, Nº 4, Vol. 4, 522-531. Dumazedier, J. (1967): Towards a Society of Leisure, Free Press, New York. Ispizua Uribarri, M. y Monteagudo Sánchez, M. J. (1998): “Ocio y deporte en las edades del hombre”. En: García Ferrando, M.; Puig Barata, N. y Lagartera Otero, F. (Comps.) Sociología del deporte, Alianza, Madrid, pp.231-257. Kelly, J. R. (1990): Leisure, Prentice Hall, NY. Luhmann, N. (1998): Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general, Anthropos/Universidad Iberoamericana/Pontificia Universidad Javeriana, Barcelona. Luhmann, N. (2007): La sociedad de la sociedad, Herder/Universidad Iberoamericana, México. Mannell, R. C.; Zuzanek, J. y Larson, R. (1988): “Leisure status and flor experience: Testing perceived freedom and intrinsic motivatio hypotheses”, Journal of Leisure Research, 20/4, 289-304. Núñez Centella, R. (2003): “Casa de las Ciencias de La Coruña”, Física y Sociedad, Nº 14, pp. 25. Pinheiro, K. F.; Rhoden, I. y Martins, J. C. De Oliveira (2010): “A experiência do ócio na sociedade hipermoderna”, Revista Mal-estar e Subjetividade, 10/4, pp. 1131-1146. Roberts, K. (2010): “Sociology of leisure”, Sociopedia.isa, pp. 1-13. Accesible en: http://www.sagepub.net/isa/resources/pdf/Leisure.pdf Sastre, C. (2010): McMundo. Un viaje por la sociedad de consumo, Los libros del lince, Madrid. Tejeiro Salguero, R.; Pelegrina del Río, M. y Gómez Vallecillo, J. L. (2009): “Efectos psicosociales de los videojuegos” Comunicación, Nº 7, Vol.1, pp. 235- 250. Valero Matas, J. A. (2008): “La institución sanitaria: la salud”. En: Valero Matas, J. A. (Coord.) Las instituciones y organizaciones sociales. Un análisis sociológico, Pirámide, Madrid, pp. 223-250. Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107
REFLEXIÓN TEÓRICA SOBRE ASPECTOS SOCIO-EDUCATIVOS DEL OCIO 107 Wilenski, H. L. (1961): “The uneven distribution of leisure: The impact of economic growth on ‘free time’”, Social Problems, Vol. 9, No. 1, Summer, pp. 32-56. Argumentos de Razón Técnica, nº 16, 2013, pp. 91-107