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CARMEN ANDREU-LARA PACO LARA-BARRANCO © Copyright 2012: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia. Murcia (España) ISSN edición impresa: 1889-979X. ISSN edición web (http://revistas.um.es/api): 1989-8452 Departamento de Pintura, Universidad de Sevilla, Sevilla, España [email protected] Departamento de Pintura, Universidad de Sevilla, Sevilla, España paco_lar[email protected] Federico Guzmán, Ramón David Morales y Miguel Ángel Moreno Carretero Recibido: 11-04-2014 - revisado 24-04-2014 - aceptado: 07-05-2014 Estrategias simbólicas en torno a la sostenibilidad 73-92 pp vol 10-11 / Jul-Dic. 2014
Estrategias simbólicas en torno a la sostenibilidad Carmen Andreu-Lara y Paco Lara-Barranco A model of relationship with the territory that delves into the symbolic and not only in the physical (Careri, 2013), does not contradict with the necessary development and the scientifictechnological transformation only if it does not produce an ecological imbalance (Guattari, 1996). Our study, which qualifies and interprets the work of the artists Federico Guzmán, Ramón David Morales and Miguel Angel Moreno Carretero, adds value to their creative strategies based on their symbolic contributions, that highlight the need to restore the lost relationship with the natural environment. In fact, these artists have searched the emotional conection with the unspecialized public to try to get a change of people behaviour towards the sostenibility. Keywords Sustainability, art, nature, landscape, culture. Un modelo de relación con el territorio que ahonde en lo simbólico y no exclusivamente en lo físico (Careri, 2013) no entra en contradicción con el necesario desarrollo y transformación tecnológica-científica siempre y cuando se realice sin producir un desequilibrio ecológico (Guattari, 1996). Nuestro estudio, cualitativo e interpretativo de la obra de los artistas Federico Guzmán, Ramón David Morales y Miguel Ángel Moreno Carretero, pone en valor sus estrategias creativas por sus contribuciones simbólicas, que subrayan la necesidad de restablecer la relación perdida con el medio natural. De hecho, estos autores han buscado la conexión emocional con el público no especializado, para intentar provocar un cambio de comportamiento hacia la sostenibilidad. Palabras Clave Sostenibilidad, arte, naturaleza, paisaje, cultura. RESUMEN ABSTRACT SYMBOLIC STRATEGIES REGARDING SUSTAINABILITY FEDERICO GUZMÁN, RAMÓN DAVID MORALES AND MIGUEL ÁNGEL MORENO CARRETERO
75 INTRODUCCIÓN Es un hecho aceptado que la dimensión de la crisis ecológica exige no solo soluciones científicas y tecnológicas, también implica cambios profundos en lo que refiere a los modos de vida humanos, individuales y colectivos (Guattari, 1996). Por ello, se hace necesario una reflexión crítica que sustente criterios éticos para el autocontrol y la autolimitación (Zimmer en Nogué, 2009, p. 31) desde todos los ámbitos vinculados a la acción humana sobre el territorio. El arte contemporáneo viene participando desde el pasado siglo XX en este debate con interesantes construcciones conceptuales en relación a la sostenibilidad. Ant Farm, Platform o Common Grown, entre otros colectivos, artistas como Hans Haacke, Mark Dion o Newton Harrison, pasando por los arquitectos, Philippe Rham y Richard Buckminster Fuller, y hasta jardineros como Richard Reynolds, han demostrado que los discursos artísticos y culturales, emergentes en los últimos años, tienen una alta eficacia para incentivar cambios sociales. Con frecuencia cuando se habla de arte y sostenibilidad sólo se consideran aquellas intervenciones artísticas en el espacio que revalorizan la naturaleza como entidad vital y establecen un nuevo vínculo de cercanía y equilibrio con los ecosistemas. Sin embargo, encontramos iniciativas destacadas en el ámbito de otras prácticas artísticas como la pintura o la escultura que participan en este debate conceptual desde la ética, la pedagogía y la revisión crítica. Compartimos con José Luis Albelda Raga, profesor de la Facultad de Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, el convencimiento de que: […] la reflexión del arte nos permite ahondar en aspectos a los que otras escenificaciones no llegan, por su vinculación a objetivos aplicados o ideologías muy señaladas [...] su capacidad de transmitir al espectador no sólo experiencias estéticas, sino la misma ética de la conservación, del respeto al medio. (Albelda, 2002, pp. 53-54) Son diversas y reconocidas las voces que defienden que la función del arte en relación a la sostenibilidad no es banal, sino que el hacer artístico puede convertirse en referencia para abordar muchos de los desajustes actuales en la relación del ser humano con el medio ambiente, y con el(lo) otro (Gardner,1994; Eisner, 1995; Guattari, 1996). En ese intento por revisar desde el arte nuestro actual sistema de vida y reflexionar sobre nuestro origen biótico, los autores de este artículo destacan la obra de tres artistas españoles, Federico Guzmán, Ramón David Morales y Miguel Ángel Moreno Carretero. Sus aportaciones constituyen un constructo estético, filosófico y social cuyo fin último es (tanto para el propio autor como para el espectador) aprender y hacer pensar. Con diferentes estrategias estos artistas han intentado resaltar, simbólicamente, la necesidad de restablecer la relación perdida con el medio natural. Resultan evidentes sus deseos de reforzar los lazos esenciales entre la naturaleza y la cultura, entre el medio ambiente y el hombre. Impulsan de diferentes formas el surgimiento de una conciencia biosférica en el sentido que propone Jeremy Rifkin (2010), para conseguir una transición exitosa hacia un modelo de desarrollo humano en armonía con los equilibrios ecosistémicos. Por esta razón, en este artículo entenderemos la sostenibilidad con una mirada que persigue y actúa por (y hacia) el equilibrio ecológico. Nuestro artículo pretende analizar y poner en valor estas tres estrategias artísticas por su clara relación con la sostenibilidad. Se persigue con ello contribuir a la reflexión sobre el compromiso del artista con la sociedad y su contribución al reconocimiento, análisis y posibles soluciones a sus problemas más importantes. Realizaremos un estudio cualitativo, descriptivo e interpretativo con la finalidad de analizar y comprender distintas estrategias simbólicas para la comunicación
Estrategias simbólicas en torno a la sostenibilidad Carmen Andreu-Lara y Paco Lara-Barranco de la sostenibilidad y la transmisión de valores a través de arte. Como técnicas de investigación se utilizarán el análisis documental y comparativo, la entrevista y la observación directa. Hemos dividido nuestra investigación en tres apartados: El primero, Federico Guzmán: la fuerza revolucionaria de un “artifex”, analiza la lucha pacífica que plantea la obra de este artista fuera de estereotipos, su peculiar modo de trabajar sobre (y por) la sostenibilidad, esbozando utopías, denunciando, imaginando, proponiendo una forma de vida basada en el intercambio, la confianza, el aprecio, el respeto, la cooperación, la ayuda mutua y la voluntad de compartir. El segundo apartado, Ramón David Morales: el arte como pedagogía social, aborda la posición crítica de este autor frente a la ecología como estrategia de marketing, para llamar la atención sobre la necesidad que tiene el hombre de hoy de replantear su forma de vida confrontándola con otra, primaria y esencial, cerca de la naturaleza y con valores vitales antiguos (que no anticuados). Finalmente, el tercer apartado, Miguel Ángel Moreno Carretero: la ironía en la relación con el paisaje, estudia las estrategias simbólicas de este joven artista que navega con soltura entre los límites de la pintura, la escultura, la fotografía y la intervención pública para cuestionar con agudeza e ironía nuestro concepto de naturaleza, y la constante búsqueda de la felicidad a través del consumo. El análisis comparativo de la posición y estrategias simbólicas que utilizan estos tres artistas serán las bases que nos permitan concluir cuáles son algunos de los planteamientos más significativos que se están abordando en torno a la sostenibilidad desde el arte; así como las estrategias simbólicas que se están desarrollando con el objeto de buscar una conexión emocional con el público no especializado, como desencadenante para la reconsideración de los valores y el cambio en el comportamiento y percepción de las personas hacia la sostenibilidad. FEDERICO GUZMAN: LA FUERZA REVOLUCIONARIA DE UN “ARTIFEX” 1 Federico Guzmán (Sevilla, 1964) inició su trayectoria artística a finales de la década de los 80. Desde entonces ha transitado entre la versatilidad de lenguajes hoy disponibles, “entre géneros, experiencias e ideas, pero sin que esta voluntaria confusión haya afectado a su potente imaginación, ni a su sensualidad y su humor” (Calvo Serraller, 2006). Desde muy temprano Guzmán ha cultivado un interés por el arte como herramienta de conocimiento y encuentro entre las personas, lo que le ha llevado a participar en proyectos colaborativos como, El museo de la calle con el colectivo Cambalache iniciado en Bogotá en los años 90, La Expedición a El Dibujo (1999) con artistas españoles y colombianos, y Copilandia (2005-2006) con el colectivo Gratis. Conjuga la experimentación colaborativa con la exploración interior en propuestas individuales como ¿Quiénes son los dueños de las plantas? en la galería Tomás March (Valencia, 2001), Matitas Divinas en La Cartuja (Sevilla, 2001), El Mercado Arrollador en la galería Pepe Cobo (Madrid, 2006), El mato de tomaco en el Encuentro MDE 07 (Medellín), Cielo y Tierra en la galería La Caja China (Sevilla, 2008), Mundo exterior, mundo interior en la galería Mecánica (Sevilla, 2013) –entre otras exposiciones, de su dilatada trayectoria. Desde 2007 participa con la Asociación de amistad con el pueblo Saharaui que ha impulsado su trabajo artístico sobre los derechos humanos, participando activamente en los encuentros de arte ARTIFARITI. Guzmán se auto-define como “artista co-laborativo” (Guzmán, 2014). Los autores de esta investigación adoptan el término “artifex” para definir su actividad. Esta palabra latina significa en su acepción original “maestro artesano”, pero también “artista” (el que hace o practica un arte). El artifex es, en la tradición esotérica, a un tiempo demiurgo (creador) y technites (trabajador manual). Federico Guzmán propone esta palabra para definir al nuevo artista en La fuente de
77 la vida (2011) haciendo alusión al paralelismo de la actividad del artista y la alquimia en su rebeldía, en su poder creador y en su carácter revolucionario. La sostenibilidad en la obra de Federico Guzmán 1.1 La crítica ha reconocido desde sus inicios el compromiso de este artista con su entorno. El crítico de arte Sema D´Acosta, con motivo de la exposición Cielo y tierra, lo presentó como “un artista trascendental que se preocupa por la convivencia armónica entre las personas y su entorno cercano, especialmente el que tiene que ver con el desarrollo sostenible y el respeto por el medio ambiente” (D´Acosta, 2009). Posiblemente, como apunta Margot Molina, “fue su estancia en Colombia, entre 1997 y 2000, lo que le llevó a ser consciente de la importancia de la naturaleza y a ratificar su idea de que el arte debe ser una herramienta para cambiar la sociedad” (Molina, 2012). El compromiso activo de Guzmán en relación a la sostenibilidad es desde entonces evidente, reconoce abiertamente su propósito de “transformar colectivamente el mundo en un lugar más justo y habitable” (Guzmán, entrevista, 2014). Sin embargo, orienta ese devenir revolucionario en el sentido que apunta Hakim Bey cuando afirma que “lo más revolucionario que podemos hacer es cultivar un jardín. Y es del arte de cultivarlo, de la permacultura de valores y saberes que lo mantienen vivo y creciendo en armonía, de lo que depende nuestra propia supervivencia en el planeta” (Guzmán, comunicación personal, 2014). Su obra El latido de la tierra (2012), un jardín sostenible de plantas aromáticas con forma de corazón en el centro de Almonaster La Real (Huelva) constituye una declaración de intenciones clara y contundente en este sentido. Reflexionar sobre la posibilidad de una práctica artística compatible con los equilibrios naturales y capaz de generar una mirada contemplativa y empática hacia el medio ambiente conecta su discurso con artistas como Wolfgang Laib, Christiane Löhr o Herman de Vries porque, todos ellos, añaden una dimensión espiritual al trabajo artístico vinculado a la naturaleza (Grande, 2005). Del mismo modo, lo hace con Joseph Beuys por su persistente “conciencia ecológica” basada en “una nueva idea del arte en comunicación simbólica con la naturaleza” (Wallis, 2005, p. 164). Desde esta perspectiva Federico Guzmán orienta su trabajo como una herramienta de lucha pacífica y transformación social simplemente sirviendo a la evolución de la conciencia individual y colectiva. El ensayisa y crítico de arte, Francisco Calvo Serraller lo identificaba como “un agitador de signos que nos permite intuir el trastocamiento rutinario de significados y prácticas establecidos” (Calvo Serraller, 2006); ese carácter revolucionario se debe a su lucha por rescatar “la fuerza creadora del universo [que] está en nuestro interior” (Guzmán, 2011). En varias ocasiones, también en la entrevista realizada al autor para esta investigación, Guzmán identifica su posición con la metáfora de Paul Klee que parangona al artista con un árbol: Las raíces le unen con el mundo y la naturaleza de donde extrae la savia que alimenta su mirada y su talento, que se corresponden con el tronco, el cual se expande hacia todas partes en las ramas, mucho menos firmes y mucho más frágiles que las raíces, pero más visibles y sin duda mucho más bellas. (Guzmán, comunicación personal, 2014) Esa metáfora que inspirara una de sus obras más conocidas, El Hombre=Árbol (Fig. 1), explica cómo la belleza no nace en el artista, sino que sólo pasa a través de él: “La cultura, pues, no se encuentra más allá de la naturaleza, sino que tiene su fundamento dentro del ámbito natural” (Zimmer en Nogué, 2009, p. 31). Guzmán va más allá en su visión holística1 y se muestra
Estrategias simbólicas en torno a la sostenibilidad Carmen Andreu-Lara y Paco Lara-Barranco convencido de que “nuestras redes culturales son las mismas redes vivas complejas de los bosques, suelos, mares y ríos que nos proporcionan vivienda, ropa y alimento” (Guzmán, 2014). Estrategias simbólicas en relación a la sostenibilidad en la obra de Federico Gúzman 1.2 Debemos destacar en la obra de Federico Guzmán la preocupación por repensar los modos de interacción entre sociedad y biosfera a partir de una perspectiva ecológica, fundamentada en una actitud empática hacia el medio natural. Dicho de otro modo, su obra nos dice que nuestra interdependencia con la naturaleza es total, de ahí nuestra obligación de conservarla. La palabra ‘empatía’ designa una capacidad inherente al ser humano y deriva de la voz alemana einfühlung que traduce la expresión “sentirse dentro de”. En este sentido la empatía puede considerarse el fundamento de la actitud ética ante la naturaleza que Guzmán mantiene en su producción artística. La obra pictórica de este autor y sus intervenciones en el paisaje, expresan en consecuencia el anhelo de restaurar el vínculo umbilical entre el ser humano y la naturaleza. La elección de trasladar las formas anatómicas humanas a la naturaleza representa un recurso retórico útil para hacer patente este lazo visceral. Encontramos la personificación como estrategia simbólica no sólo en las obras El Hombre=Árbol (2009), Sangre y savia (2009), también en El hombre tomate y la mujer tabaco (2007), La planta que pinta (2004), o El Latido de la Tierra (2012). Debemos reconocer que ese recurso poético en la pintura, constituye una herramienta creativa muy eficaz para promover esa recuperación de un vínculo empático entre ser humano y biosfera de la que hemos hablado. Guzmán adopta una posición paralela al vínculo performativo con el entorno orgánico que establece el trabajo de Ana Medieta (Serie Siluetas, 1975), o Kazuo Shiraga (Challenging Mud, 1955). Mientras que estos artistas realzan el lazo primario y simbólico con la tierra creando formas rituales sobre el barro, Federico Guzmán cuando presta su cuerpo para dar forma a un árbol o proporciona carácer humano a la planta del tomaco está, de igual modo, visibilizando la relación unitaria que enlaza todas las formas de vida. Figura 1. Federico Guzmán, El Hombre=Árbol, 2009. Instalación, diversos materiales, 400 x 400 x 350 cm. (Fuente: Federico Guzmán)
79 En su proyecto La canción del tomaco (2011) (Fig. 2), Guzmán no sólo muestra al ser humano como “una hebra del tejido de la vida” (Guzmán, comunicación personal, 2014); evidencia también la sabiduría y la potencialidad creadora que encuentra en la naturaleza y apuesta abiertamente por el mestizaje de elementos heterogéneos como fuente de riqueza y biodiversidad. Ésta será, desde nuestro punto de vista, una de las aportaciones simbólicas más significativas en la obra de este artista: la potencia creadora del mestizaje, la importancia del intercambio, que está en el trasfondo de la gran mayoría de sus obras y que dió nombre al colectivo con el que trabajó ya en los años noventa, Cambalache. En 1998, junto este colectivo, puso en marcha en Bogotá un proyecto llamado Museo de la calle que, posteriormente, también ha desarrollado en otros lugares, como en el desaparecido mercadillo de la Alameda de Hércules de Sevilla. Su objetivo se centraba en promover el reciclaje cultural y el intercambio no monetario de bienes y servicios, y para ello, los miembros de este grupo convirtieron un carro de balineras (ruedas de acero) en una especie de museo rodante que se desplazaba por el espacio público portando trastos y cachivaches, ofrecidos en trueque a los transeúntes. La importancia de este tipo de intercambio está explícitamente expresada en otras obras suyas como Insideout: jardín del cambalache (2001) en la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona, La noche en Blanco saharaui (2009) en el Templo de Devod de Madrid o Arte=Capital (2008) en el Centro de las Artes de Sevilla. Resulta especialmente llamativa la conciencia proactiva que este artista manifiesta en su trabajo. Guzmán considera que los artistas deben “pasar del paradigma del artista en residencia al del artista en resistencia” (Guzmán, comunicación personal, 2014). Para lo cual, han de tomar conciencia de que su trabajo no se limita a generar representaciones, sino que debe “ir más allá de una mentalidad demostrativa y de un solo modo de producción, y construir una presencia más permanente orientada a ofrecer bienes y servicios, tangibles e intangibles, que la sociedad no proporciona actualmente” (Guzmán, 2014). El fondo de su obra nos conecta, insistentemente, con los recursos de la naturaleza, que no sólo alimentan nuestro cuerpo, también lo hacen con el espíritu. Ya lo dice el propio autor haciendo referencia a su proyecto el Tomaco: “El tomate, sustancioso alimento, es el cuerpo; y el tabaco, planta sagrada y alucinógeno chamánico es el espíritu” (Suárez, 2013). También nos alerta de las consecuencias nefastas para el medioambiente que la sobreexplotación de los recursos naturales produce sobre la tierra. Figura 2. Federico Guzmán, La canción del Tomaco, 2011. Huerto ecológico de Joaquín Araújo (Finca El Ventosillo, Cáceres) (Fuente: Federico Guzmán)
Estrategias simbólicas en torno a la sostenibilidad Carmen Andreu-Lara y Paco Lara-Barranco RAMÓN DAVID MORALES: EL ARTE COMO PEDAGOGÍA SOCIAL 2 Ramón David Morales (Sevilla, 1977) es, tal como él mismo se define, un “creador manchado día a día de pintura, atento desde que cambió el siglo a la labor artística, principalmente la pintura y en ocasiones la escultura” (Morales, comunicación personal, 2014). Mantiene vivo ese amor a la pintura, a su historia, a su tradición, a su cocina, a su magia, al azar de sus manchas desde 1998, año en el que comenzó a mostrar su obra en la exposición Inmortales en la Fundación Aparejadores (Sevilla, 1998). En el 2001, junto a un grupo de jóvenes artistas, funda Sala de eStar, un espacio independiente para el arte contemporáneo que catalizó y dió visibilidad a una generación de jóvenes artistas sevillanos, hoy reconocidos a nivel nacional como Juan del Junco, José Miguel Pereñiguez, Rubén Guerrero o María José Gallardo. Desde el inicio, su actividad ha estado centrada sobre “la naturaleza y el paisaje, un paisaje casi símbolo o idea” (Morales, comunicación personal, 2014). En Sala de eStar hizo su primera exposición de pinturas, I Iove la pintura (Sevilla, 2002), toda una declaración de principios. Ha expuesto sus resultados en exposiciones individuales significativas como Mi camiseta blanca manchada de pintura negra en la galería Cavecanem (Sevilla, 2005), La casa de la cascada en la galería DF arte (Santiago de Compostela, 2007), Campo Base en la Sala Castelar (Sevilla, 2008), El Zoom del campo en el Museo Provincial de Huelva (2011) y la galería La Caja China (Sevilla, 2012). En enero de 2014 expone en la galería La Caja China su proyecto La Tierra y el barro (Fig. 3), realizado durante 2012 y 2013, donde: […] el tema principal es la Alquimia, una práctica antecesora a la ciencia moderna que a partir de la observación de la naturaleza, combinaba los elementos de la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y el arte. (Morales, 2014) Figura 3. Izquierda: Ramón David Morales, Agua y fuego, 2013. Acrílico sobre lienzo, 41 x 33 cm. Derecha: Ramón David Morales, La máquina de arcoíris, 2013. Acrílico sobre lienzo, 130 x 97 cm. (Fuente: http://www.ramondavidmorales.com/Obras/ojo-pinta/)
81 Destacamos en Ramón David Morales su concepto de artista-pintor que pretende ser útil a la sociedad. En consecuencia, opta por un trabajo creativo que parte del conocimiento personal del medio natural para compartirlo a través de la pintura, “hacer pensar, sentir, reflexionar, disfrutar” (Morales, comunicación personal, 2014). Ese carácter educativo es una de las principales aportaciones de su obra, que justifica sus estrategias técnicas y simbólicas y llena de sentido su trabajo en relación con el espectador. La sostenibilidad en la obra de Ramón David Morales 2.1 Ramón David Morales nace y se cría en una pequeña aldea agrícola de la provincia de Sevilla rodeado de campo. Esa experiencia de vivir y educarse en la naturaleza desde la infancia marca sin duda la perspectiva desde la que plantea la idea de sostenibilidad en su producción artística. Crítico con los modelos ecológicos, productos de la sociedad capitalista que, según su opinión, no aborda en profundidad los problemas y se aprovecha de estas cuestiones como estrategias de marketing (Kotler, 2003), es por lo que propone en su obra clara y abiertamente una vuelta a la observación de la naturaleza. Así lo subraya la crítica de arte, Regina Pérez Castillo: “Ramón David Morales cree que el contacto con la naturaleza es la manera más auténtica de descubrirse a sí mismo y el camino que revela con sinceridad la condición humana” (Pérez Castillo, 2012). Aborda por tanto la sostenibilidad desde la radicalidad más esencial, como “una valoración del placer de vivir hacia elementos primarios (Morales, comunicación personal, 2014). En consecuencia, su obra nos propone revisar y puntualizar la vida del hombre en sus valores esenciales. Al hilo de lo anterior, el propio autor subraya como uno de sus objetivos: “Poner la atención en una forma de vida primaria y esencial, cerca de la naturaleza y con valores vitales antiguos necesarios para el hombre de hoy en su momento actual” (Morales, comunicación personal, 2014), lo cual constituye el núcleo de la declaración de intenciones de su último proyecto, La Tierra y el barro. Aborda la sostenibilidad, por tanto, como una cuestión global, de principios. No le interesa entrar a valorar ni proponer soluciones concretas sobre los problemas concretos que nos llevan a hablar de la insostenibilidad de nuestra actual forma de vida. Su peculiar modo de rearmarse ante la fuerza arrasadora del poder tecnológico de la que nos previene Günther Anders (2001) viene a ser una vuelta a la naturaleza, un contemplar los procesos técnicos que devienen directamente de los procesos naturales, hijos miméticos de la observación. Esta no es una cuestión baladí teniendo en cuenta que es el éxito técnico el que ha garantizado nuestra supervivencia y nos ha hecho propiamente humanos, pero también nos ha situado en un punto en el que nuestra comprensión de nosotros mismos y de nuestra vida se nos muestra mucho menos transparente. Afronta la revisión de la técnica como un principio aprehendido de la naturaleza, y no en oposición a la naturaleza –en el sentido de reacción enérgica contra la naturaleza–, como la definiera Ortega y Gasset (1927). No concibe entonces la técnica como adaptación del medio al sujeto, sino como reproducción de los procesos del propio medio para proporcionarnos adaptabilidad al mismo. Esta es en esencia su estrategia simbólica ante el reto de la sostenibilidad: frente al abismo que la técnica ha abierto entre hombre y naturaleza propone la aproximación mimética que ya empleaban nuestros antepasados. Ante el vacío abierto entre la complejidad tecnológica y nuestra capacidad de comprender sus consecuencias últimas, nos lleva a dirigir la mirada a un estado pretécnico, nos sitúa en una perspectiva capaz de tomar consciencia, de vislumbrar el horizonte tecnológico más allá de la “globalización” (Fuat Keyman, 1997) y la uniformidad. Nos coloca en una perspectiva capaz de entender cómo la técnica no se opone en esencia a lo natural.
Estrategias simbólicas en torno a la sostenibilidad Carmen Andreu-Lara y Paco Lara-Barranco ¿Cómo alertar sin dar soluciones? ¿Cómo cuestionar sin responder? Moreno Carretero opta por la sorpresa, la ironía y un despliegue de recursos poéticos (referente de su obra es Chema Madoz y bebe directamente de su poesía visual). Partiendo de la estética de la semejanza y la vecindad de referentes, Moreno Carretero desplaza el sentido natural de las imágenes explotando al máximo sus capacidades simbólicas, y resolviendo su discurso con figuras retóricas como la analogía, la metáfora, la paradoja o la metonimias visuales, que ofrecen al espectador la posibilidad de intervenir en un juego de percepción poética. CONCLUSIONES En base al desarrollo de nuestra investigación, y partiendo del convencimiento de que la función del arte en relación a la sostenibilidad no es banal y puede convertirse en referencia para abordar muchos de los desajustes actuales en la relación del ser humano con el medio ambiente, cabe señalar las siguientes conclusiones. La primera apunta a lo siguiente: hemos podido comprobar que las estrategias simbólicas en relación con la sostenibilidad tienen en sí mismas una orientación didáctica. Más que informar al público, los comportamientos artísticos enunciados en este estudio se enfrentan al desafío de cuestionar y hacer cuestionar, reflexionar y hacer reflexionar la relación del ser humano con el medioambiente. Mediante la búsqueda de referentes vinculados al tema de estudio se ha detectado, tanto en el ámbito teórico como en el contexto de la creación artística, una interesante coincidencia en identificar la empatía aplicada al medio ambiente como criterio de acercamiento y de interacción sostenible entre el ser humano y su medio natural. Siendo ésta la segunda de nuestras conclusiones. En tercer lugar concluimos que los tres planteamientos simbólicos estudiados proponen la instauración de un cambio esencial en la sociedad que pasa por reforzar la consciencia de nuestro origen biótico (Federico Guzmán), volver la mirada a la naturaleza (Ramón David Morales) y cuestionar nuestro modo de buscar la felicidad con una mirada irónica a los mecanismos que conducen al consumo por el consumo (Miguel Ángel Moreno Carretero). Si bien, en todos los casos, se dejan abiertas las formulaciones (interpretaciones) que el espectador realiza (haciendo preguntas y proponiendo respuestas) cuando mantiene una relación proactiva (y auto-crítica) con la propuesta estética. Estas propuestas no se dirigen exclusivamente a un público especializado, se enmarcan dentro de los procesos de democratización del arte y se ofrecen como herramientas para el cambio social al alcance de todos. La simplificación de las formas, el lenguaje sencillo, la figuración y en algunos casos la ironía, resultan esenciales en este sentido y son recursos compartidos por los tres artistas objetos de esta investigación. Es, haciendo uso de la metáfora, como se consigue involucrar al espectador en una actividad con cierto sentido lúdico, cuando al reemplazar el término propio por otro figurado se reconoce al primero sin engaño. La metáfora, por tanto, cumple con una función importante en la sensibilización del ser humano porque permite entender fenómenos abstractos a través de otros concretos. Deducimos, en consecuencia, que estos artistas asumen la misión de implicar a la sociedad actualizando concretamente su propio contenido crítico. Y de este modo, las estrategias de los autores abordados se orientan, cada una con su significación particular, hacia la necesidad de lograr un despertar en el espectador que vive en un mundo acolchado y, peor aún, “sordo”.
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Estrategias simbólicas en torno a la sostenibilidad Carmen Andreu-Lara y Paco Lara-Barranco NOTAS 1. 2. Es sabido que el término “holístico” (integral) es originario de la palabra griega holos y significa la observación de algo desde el punto de vista funcional, a partir de todas sus partes e interrelacionarlas unas con otras como un todo. Se utliza con reiterada frecuencia para hablar de la visión del mundo como un todo. Moreno Carretero lleva los objetos elegidos a la miniatura en: Un día en el campo buscando agua en el bosque, encontré una cantimplora (2006), Helado tejado (2001); o la ampliación más surrealista: Esferas de juego (2005); Dispositivos para territorios de consumo (2006); Gigantes (2011) –son algunos ejemplos.