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Crónica de una familia corsa de Sevilla: Los Mañara

Pieveteau, Olivier

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CRÓNICA DE UNA FAMILIA CORSA DE SEVILLA : LOS MAÑARA Por OLIV!ER P!VETEAU « ... tratando de recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria.» Gabriel García Márquez, Crónica de una mu erte anunciada Señora Directora de la Escuela de Estudios Hispano-Ameri- canos, Señor Director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letra s, Señor Hermano Mayor de la Santa Caridad, Señoras y señores: Tengo que confesarles, de entrada, que lo que siento hoy es una sensación de absoluta irrealidad. No en ti endo todavía cómo pude aceptar con tal desenvoltura el honrosí si mo pero arduo encargo de pronunciar un par de confer enc i as sobre D on Miguel Mañara en Sevilla. Tres motivos explican mi perplejidad: el hecho de que me exprese públicamente por primera vez en una lengua que no es la mía, ante público tan ilustrado ; el que sean tres la s insignes instituciones que se dignan honrarme co n su confianza, siendo así que con una sola hubi era bastado y sobrado ; y el que haya propuesto yo mismo, para es ta tarde, un tema histórico, que 146 OLIVIER PIYETEAU no es en realidad de mi competencia, que es la de especialista en literatura comparada. Por cierto mi presencia aquí no se justifica por mis escasos méritos, sino por la generosa solicitud de amigos que, desde hace varios años, me acompañan fielmente en mi labor de investigación. Merced a ellos encontré la documentación histórica y la erudición sevillana que tanto me faltaban. Además de expresarle mi más sincero agradecimiento por sus amables palabras de presentación, quisiera manifestar muy especialmente a Doña Enriqueta Vila Vilar mi deuda y mi admiración por su ingente labor de investigadora, y quisiera asimismo rogarle se digne aceptar esta sencilla conferencia como modesto homenaje de gratitud. Y, pidiendo la benevolencia de los oyentes para mi habla «a trompicones)), seguidamente paso a iniciar mi charla. *** Los anales y colecciones de biografías del siglo XVIII, que ensalzan a cual más las virtudes del venerable siervo de Dios Don Miguel Mañara, son más bien lacónicos en lo que toca a los orígene s del fundador del hospital de la Santa Caridad. La presentación que nos dan de su familia no se diferencia en nada de lo que se podría esperar de un linaje aristocrático de antiguo asentamiento en la ciudad del Betis. Se caracteriza por unas fórmulas convencionales, repetidas machaconamente, que sintetiza este extracto de Arana de Varflora, en 1791 : Don Miguel Maíiara Vicente/o de Leca nació en Sevilla en 1626 [en realidad, 1627] siendo sus padres de las ilustres familias de su apellido, rnya nobleza está contestada no solo por la notoriedad, si también por haber sido Don Miguel Caballero de Calatrava. 1 En vano buscaríamos más detalles en és ta u otra compilación dedicada a los «hijos ilustres de la ciudad )> hasta finales del siglo XIX. Si exceptuamos una línea escueta y casi desapercibida, en una nota a pie de página, en la suma dedicada en 1886 a los establecimientos de Caridad de Sevilla por Francisco Collantes de Terán2, sólo a principios del siglo XX se darán a conocer con gran copia de datos la procedencia corsa de esa familia y el origen indiano de su fortuna. CRÓNICA DE UNA FAMILIA CORSA DE SEVILLA: LOS MAÑAR A 147 - -- - ¿Señal inequívoca de pronto olvido de tales pormenores en una ciudad con gran capacidad de int eg raci ón social? ¿U ocultación voluntaria por los biógrafos o por la misma familia, muy integrada en lo más granado de la socie dad sevillana, de una mancha extranjera y mercantil? Éste será uno de los interrogantes que acompañarán mi reflexión sobre la trayectoria de una famiHa de tanto significado histórico en Sevilla. En un primer momento trataré de recomponer el espejo roto de la memoria y de extraer del complejo apellido que ll eva ba Don Miguel informaciones la s má s veces poco conocidas sobre los orígenes de su familia. Reconstituiré luego sucesivamente los respectivos itinerarios de la distintas generaciones que nos intere sa n: los antepasados de Don Miguel en el siglo XVI, desde su Córcega natal hasta la aventura americana ; Tomás y Miguel Mañara, padre e hijo en el siglo XVII, de la opulencia del indiano a la nobleza, y de la nobleza a la santidad ; y para terminar, los de sce ndientes de los Mañara en los siglos XVIII y XIX. l. EL NOMBRE COMO DISCURSO SOBRE LOS ORÍGENES En una época en la que no se habían establecido todavía normas fijas para apellidarse, resulta interesante interrogar la forma en que los españoles solían o escogían llamarse. Entre los apellidos heredados de su padre, Mañara, Leca y Colona, y los de su madre , que eran Anfriano y Vicentelo, Don Miguel eligió esa forma Mañara Vicentelo de Leca, con la cual se le identifica y que la Hermandad de la Santa Caridad mandó grabar sobre su sepulcro en la iglesia de San Jorge. Veamo s qué representan esos distintos apellidos. La primera observación que podemos sacar es que nun ca u só Don Miguel la pr eposición «de» ante el apellido Mañara. En el apellido completo, el «de» precede a Leca, y no a Mañara, y eso se entiende por ser Leca un antiguo nombre de feudo. Por ende no se justifica el empleo corriente incluso hoy día de la forma «Don Miguel de Mañara». Esta última aparece por primera vez en un impreso a mediados del siglo XVIII-', y barrunto que por esas fechas se había convertido en la forma más difundida del apellido de Mañara, como si les pareciera a los sevillanos que a esa figura arquetipal de Ja nobleza hispalense le faltara ese «de» con el cual se suele reconocer la estirpe nobiliaria. Otra observación sería que, en cambio, 148 OLIVIER PIVETEAU Mañara no se desposeyó jamás del «don» tan codiciado en aquel tiempo, tratamiento de respeto que la s más de las veces no se le concedía a su padre, pero sí a su madre y a sus hermanos, señal inconfundible del ascenso social de esta familia extranjera. La tercera observación que nos inspira el nombre de nuestro personaje es relativa al apellido principal: Mañara. No es de origen españo l. Es la fo1ma hispanizada de un Magnara de probable origen genovés, venido de la isla de Córcega -que en aquella époc a era posesión de la república de Génova - y más concretamente de Calvi, la pequeña ciudad natal de Tommaso Magnara, al noroeste de la isla. Pero mediante una leve modificación ortográfica -de GN a Ñ - que confería a ese apellido en cierto modo una cédula de hispanidad muy verosímil, la familia Magnara pudo fundirse en el paisaje onomástico sevillano con quizás má s facilidad que otras familias de origen extranjero, cuyos patronímicos mucho menos podían pasar por autóctonos. Si a eso añadimos el hecho de que su madre y su abuela materna eran ambas también oriundas de Córcega, aunq ue naturales de Sevilla, con prestigiosos deudos en esta ciudad, entendemos mejor por qué desapareció tan rápidamente el recuerdo de los orígenes corsos de esa familia. No es de extrañar que algunos literatos interesados en la figura de Don Miguel -entre los cuales el primero de ellos cronológicamente, Prosper Mérimée ~ -no reparasen en esas menudencias e ima gimu-an la existencia de una tierra señorial de Mañara, incluso de un castillo de Mañara, a pocas le - guas de Sevilla, y que en vano buscaríamos en un mapa de Andalucía ... Con lo que la literatura no hacía má s que reflejar la común opinión. Cuando los literatos se apoderaron del personaje en el siglo XIX, ya hacía largo tiempo que para toda la ciudad este corso injertado en sevillano se había convertido en el prototipo del caballero sevillano del siglo XVII. ¿Por qué conservó Don Miguel, en lugar de Anfriano, primer apellido de su madre, el apellido Vicentelo de su oscura tatarabuela corsa Cinarquesa, de la cual lo separaban tres generaciones femeninas? Indudablemente porque aquélla era la hermana del más acaudalado corso que conoció Sevilla, ese famoso Juan Anto ni o Vicentelo a quien todos llamaban «el Corzo», arquetipo del mercader con Indias, y cuya magnífica semblanza nos ha restituido hace diez años Enriqueta Vila Vilar5• A más del recuerdo que ha bía CRÓN I CA DE UNA F AM ILI A CORSA DE SEVILLA: LO S MAÑARA 149 dejado el propio magnate, hasta hacerse proverbial la expre si ón «S er más ri co que el Corzo de Sevilla »" , eran bien conocidos dos linajes que de él procedían: el de los condes de Cantillana, y el de los condes de Gelves y duques de Veragua -entroncando má s adelante este último con la casa de Alba. A pesar del carácter ya remoto de ese parentesco, los padres de Don Miguel Mañara mantuvieron siempre con esos ilustres deudos una estrecha relación, prodigiosa palanca sin duda, como Jo había sido medio siglo antes la protección del Corzo con respecto a muchos paisanos y par ientes suyos. Por el elemento Leca, que también usaban los Vicentelo como luego veremos, el apellido de Don Mi guel manifestaba otro parentesco no menos remoto. pero también de indudable interés en Sevilla, con la fami li a Vázquez de Leca. El primero de ellos, Don Mateo Vázquez de Leca, fallecido en 1591 , «por cuyas manos pasaban los negocios mayores y de más importancia en el mundo», a decir de un cro ni sta corso contemporáneo7, había sido el todopoderoso secretario privado del rey Felipe 11 . Por su hermana Doña María de Leca , tenía varios sobrinos en Sevilla, entre los cuales el mayor se ll amó como él Don Mateo Vázquez de Leca y heredó del tío, al uso del tiempo, por así decirlo, la canongía en el cabildo catedral y la dignidad mitrad a, el arcedianato de Carmona. Ese sobrino, uno de los más celosos apóstoles de la entonces ll amada «opinión pía» so br e la Inmaculada Concepción, nos interesa además aquí por dos razones: en primer lugar, por la estrecha amistad que mantuvo con la familia Mañara, como lo demuestra su repetida presencia como testigo, padrino o albacea de los Mañara. Por otra parte, tiene una vi nculación específica con Don Miguel por hab er protagonizado una conversión espectacular en la catedral hi spalense el día del Corpus de 1602, cuyo recuerdo se aureoló pronto de leyendas fantásticas, las cuales aparecerían vinculadas en el siglo xvm con el propio Mañara. Quizás no sea descabellado el pensar que la asociación de una mi s ma leyenda con ambos personajes quiz:.\s fuera facilitada por su parcial homonimi a, la que proporcionaba el apellido Leca. ¿Qué representaba aquel apellido de Leca tan preciado por estas tres familias sevillanas, los Vázquez, los Vicentelo y los Mañara? Para entenderlo, es necesario apelar a los cronistas medievales de Córcega. La Isla, que había sido siempre muy codiciada por su situación estratégica en el Mediterráneo, fu e durante to da Ja Edad 1 so OLIVIER PIVETEAU Media escenario de enfrentamientos continuos, de guerras de conquista donde intervenían potencias extranjeras, y también de luchas intestinas protagonizadas por los señores feudales de la Isla. Esos señores pertenecían casi todos a una mi sma dinastía, cuya ex istencia se do cumenta al menos desde el siglo XII y eran conocidos bajo el nombre de cinarchesi. Se habían ido dividiendo a pmtir del siglo XIII en cinco ramas principales, que fueron tomando el nombre de sus respectivos señoríos: las casas de Leca, de La Rocca, de Istria, de Omano y de Bozzi. Durante dos siglos y medio, las cró nicas corsas refieren la cruenta epopeya de esos señores cinarchesi, tan empeñados en aliarse contra las potencias extranjeras y casarse entre gente de la misma estirpe, como en destrozarse encarnizadamente para acaparar el poder. A pesar de su condición de rama mayor, la casa de los señores de Leca no fue prepotente, por lo menos hasta la segunda mitad del siglo XV, cuando recuperó gran parte de su protagonismo y tuvo en jaque a las autoridades genovesas, que resolvieron exterminarla en dos hecatombes sucesivas en las que perecieron más de medio centenar de ellos. Entre l os Leca que tuvieron un papel relevante durante ese período, cabe destacar particularmente a tres hermanos, Rinuccio, Mannone y Giocante, hijos de Niccolb da Leca, que se consideran ho y antepasados directos y por línea agnaticia de nuestros Leca de Sevilla: los Yázquez, descendientes del conde Rinuccio, los Yicentelo, del conde Mannone, y los Mañara, del conde Giocante. El personaje de más pre st igio fue el nieto de Rinuccio, Giovan 'Paolo da Leca, último conde de Córcega, que casó dos de sus hi jos con los hijos del dux de Génova y que a pesar de ello tuvo que exiliarse después de un postrer intento de adueñarse de la Isla, muriendo en Roma en 1515. Terminemos ese recorrido por los vericuetos del apellido de Don Mi guel señalando un apellido que la escritura de fundación de mayorazgo le imponía llevar y sin embargo no ostentó casi nunca. Me refiero al apellido Colona, forma hi spa ni zada del Colonna romano. Era tradición desde la Edad Media, tal como consta en las crónicas más antiguas, considerar a todos los cinarchesi como descendient es de un príncipe Ugo Colonna, venido a Córcega a petición del papa para exp ul sar a los sarracenos de la Isla y recibiera por ello el titulo de conde de Córcega en tiempos de Carlomagno. A pe sar del carácter más épico que histórico del episodio, y de sus induda- CRÓNICA DE UNA FAM ILIA CORSA DE SEVILLA: LOS MAÑARA 15 l bles anacronismos que no puedo pormenorizar aquí, consta que l os Colonna de Roma nunca desmintieron tal tradición, sino que la reconocieron en repetidas ocasiones. Asimismo los cinarchesi, por lo menos desde el siglo XV, se consideraron siempre como deudos de los patricios romanos, llegando hasta introducir a partir del siglo XVI el apellido Colonna entre sus apellidos y la columna romana dentro de sus escudos de armas, tal como lo hicieron los Vázquez de Leca y los Mañara. II. LOS ANTEPASADOS DE MAÑARA, DESDE LA PÉRDIDA DEL SEÑORÍO HASTA LA A VENTURA AMERICANA Después de interpretar ese jeroglífico de los apellidos de Don Miguel, podemos emprender el recorrido propuesto de tres o cuatro siglos en compañía de su familia, e intentar bosquejar Ja trayectoria singular de un linaje con escasa visibilidad histórica, al faltarnos la documentación o por resultar dificultosa Ja interpretación de la misma, dada la mutabilidad extrema de una familia que experimentó tan gran diversidad de condiciones geográficas, sociales y económicas. Volvamos a Có rcega. El principio del siglo XVI coincide allí con el desastre de la pérdida definitiva de su señorío por los cinarche- si más comprometidos en las guerras que asolaban la isla ; entre ellos figuraban los Leca, y más concretamente varios antepasados de los Leca sevilla no s. Su patrimonio se encontró obviamente menguado de forma considerable. Córcega no había sido nunca una tierra opulenta, pero los especialistas de la Isla en la Edad Media ponen en tela de juicio la imagen corriente de austeridad y rusticidad que se tiene de la vida de Jo s aristócratas corsos antes de su exterminación ; incluso durante el siglo XV vivieron con ínfulas de príncipes italianos del Renacimiento. Pero «los Leca de un siglo de. \1Jués no eran sino sombra inane de los de antes», como dijo con razón un biógrafo de Don Miguel~. Fueron reducidos a una vida de meros notables y, si bien no olvidaban su noble alcurnia, se fueron fundiendo poquito a poco en el resto de Ja sociedad, hasta ocultar quizás su noble apellido, tan abo- 1Tecido por Génova. El nieto del conde Giocante da Leca, Francesco de Leca, casó a su hijo Guiduccio con una calvesa, Anna Magnara, cuyo padre impuso en 151 O en su te stamento, del cual se conserva 152 OLIVIER PIVETEAU una copia auténtica", que su heredero Tiberio de Leca tendría que anteponer el apellido de Mañara al de Leca ; y así fue como entró ese apellido en Ja familia de Tomás Mañara. Un fenómeno parec ido se repitió en la descendencia de Anfriano de Leca, tatarabuelo de la madre de Don Miguel y cuyo nombre se convirtió en patronímico, según un uso corriente en aquella época de fijación incierta de los apellidos ; dicho fenómeno se acentuada todavía más en España y América dentro de la colonia corsa, donde la costumbre isleña de presentarse como hijo de tal, por ejemplo Giovan' Antonio hijo de Vincentello, facilitó la adopción del nombre de pila del padre como apellido -Juan Antonio Vicentelo -, y la ocultación del nombre del linaje, en nuestro caso: Leca. A pesar del prestigio social que se esforzaron en mantener, como se desprende sin embargo de los documentos que tenemos sobre las referidas generaciones del siglo XVI, no cabe duda de que la situación económica de todos ellos era más bien mediocre si Ja comparamos con la clase media o alta sevillana. Y ello a pesar de que todos los antepasados de Mañara que podemos identificar en este período, los Magnara, los Petrucci, los Guidi, los Frate, eran mercaderes, hombres de ne gocios, notarios, notables todos ellos de los más acomodados en Calvi. De donde, además de Ja opacidad ya mencionada ocasionada por los cambios de apellidos, la sospecha sistemática que encontrarían en España las pretensiones nobiliarias de Juan Antonio Corzo, Mateo Vázquez de Leca y más tarde Tomá s Mañara. En materia de nobleza, existía una incomprensión ev idente entre el Consejo de Ordenes o la aristocracia sevillana por una parte, y por otra esos corsos enriquecidos, que habían llegado a España y de allá a las Indias no muy boyantes, lo que no ne ga ban en absoluto, pero que no admitían reparos a su condición de nobles porque siempre habían sido considerados como lo más granado de su pueblo. Ese desfase era el mismo que existía entre una metrópoli de más de 100.000 habitantes como Sevilla y un puerto de importancia secundaria como Calvi, cuya ciudadela, principal núcleo urbano, no pasaba de 4 hectáreas y cuya población rayaría difícilmente en los 1.500 habitantes ... Otra característica que conviene destacar es la entrega masiva y exponencial de muchos parientes de los Magnara y Anfriani a la aventura americana, fenómeno inducido probablemente por la CRÓNI CA DE UNA FAMI LI A CO R SA DE SEV I LL A: LOS MAÑARA 1 53 co nt in ua decadencia económica que parece haber afectado a los antepasados de Don Miguel, y t am b ié n por Ja inevitable atracción ejercida por el enriquecimiento de lo s cal veses ya in volucrados en la carrera de Indi as. El padre de Tomás Mañar a, Giacometto (o Jácome), debía ser un niño pequeño cuando muri ó su padre Tib er io Magnara de Leca en 1532. Eso explica qui zás que _ lo encontremos años después como patron de barca, lo qu e no significa que era un modesto pescador, s ino que era capitán de un pequeño navío y que so lía ir y venir desde Calvi hasta Génova o Savona. En 15 84, después de más de ve inte a ño s, dejó esa actividad, marchó a Sevilla, y dos años después no s lo encontramos ya en Lim a. No pienso hablar largo y t en dido de esos as pectos de la presenc ia de l os cor sos en el comercio atlántico, qu e ya han s ido estudiados y me rem it o a esos trabajos. Pero sí merece la pena seña lar la hond a tradición indiana dentro de la familia calvesa de Don Migu el. Además de su padre Giacometto, Tomás Mañara tuvo en la s Indi as a un tío, hermano de su padre, a su hermano mayor, y sobre todo a un tío, he rm ano de su madre, el capitán Francisco Mañ ara, que hi zo allí cuantiosa fortuna. También tu vo a un hermano más joven, Giovanni, que probablemente se habría ido co n él al Perú, ant es de regresar, como muchos calveses. a su tie1ra natal, donde lo encontramos todavía en el cuarto decenio del siglo XVII. notable acomodado y co n descendencia. C uan do se fueron su padre y su herm a no mayor D ome nico, Tommaso era un niño de m ás o menos diez años y se quedó co n su madre Rochetta. Como todos los hij os des tin ados a embarcarse para la s Indias, apre ndi ó a le er y escribir -se han conservado l as es cri turas de pago destinadas a su ma estrow ... No se marchó antes de los últimos años del siglo, si nos atenemos a una escritu ra notarial donde actúa como testigo, en 1596, en Calvi. En 1600 , ya lo encontra mos en Lima. Cu ando se asentó definitivamente en Sevilla, un decenio después, y rayando ya en lo s cuarenta. se co nocía que no había estado ocioso durante su estancia americana, y estaba en condiciones de tomar, para sí mismo y sus de sce ndi e nt es, un rumbo muy distinto al que había ha s ta entonces ll evado su familia. Para ello casó con un a muchacha de 20 años, natural de Sevilla pero oriunda de Calvi, Jerónima Anfriano Vicentelo, cu ya familia casi e nt era había estado o estaba tod avía vo lc ada en el comercio con I nd ia s: su padre Julio Anfria no , d esa par ec id o allí en fecha tempra- 162 OLI VIER PIVETEAU - - - -·--- -- NOTAS D eseo agradecer el tic:mpo y el saner que, en la claboradcín y la public:adón de esta c:onli:rcnc:ia. me ha regalado Don Alfredo Ortega, andaluz asentado en Córcega y cc.:lnso defensor <le la memoria <l e Don Miguel Mañar.i. Siendo imposible en tan poco espacio aducir para cada <lato histórico las referencias correspondientes. pn::fiero re<luc:ir el número <le notas y consignar a conti nuación l os principales títulos <le la bibliografía consultadu para ese tema. 1. Fennín Arana de Varllora (seud. de Fray Fernando Val<lcrrama), Hijos de Sevilla Ilustres e11 Sa111idad. Ú'tras. Armas, Artes o Dignidad. Sevilla. Vázqu ez e Hidalgo, 1791, tomo IV. pág. 33. 2. Francisco Co ll antes de Tenín. " L1 Santa Caridad "· in : Los estahlecimiemos de Caridad de Se1 · i/la qm• se co11sidera11 como particulares -Apullfes y Ml'll1orias para su historia. Sevilla. El Orden. 1886. págs. 51 -122. 3. Eni.:ontramos por primera vez la denominación Don Miguel de Mañara en la pequeña hingrafía basadu en ht de Jmm de Cürdenas. escrita por un « humilde monje basiliano » . el P. Bla.~ Rufo (8re1·e extracto. 1í abreviado infimne de la 1•inuosa 1•ida, y preciosa muerte de el 1·e11erahle, humilde y dwritalii·o sie11'0 de Dios Don Miguel de Maiiara Vicellft'lo de Leca , Clll'IJ/lero del Orden de Calatrara, Hermano Mayor de la Santa Caridad de Sevilla, escrito por 1111humil d e111011ge hasilimw de la Prol'incia de Andalucía. Sev ill a. 1768. 56 págs.). 4. Prosper Mérimée. ú•s Ames du Purgatoire. lern publicaci6n en : Reme des Deux Mondes. París, 15 <le agosto 1834, tomo III. 3era época, págs. 377-434. 5. Enriqueta Vila Vilar. Los Co r.:.11 y los Mmiam : tipos y arquetipos del merctu.ier con Indias. Sevilla, Es cuda de Estudios Hispano-Americanos, 19 91. 321 pág~. 6. Antonio Domínguez Ortiz. El A11tig110 Régimen : ú1s Reye.Y Católicos y /0.1 · Austrias {His/(lria de fapmia dirigida {1(11' Miguel Arto/a. vol. III ), nueva edicicín. Madrid, Alianza Editorial. 1988. pág. 181. 7. Anton Pietro Filippini. Chro11 i q11e de la Corse 11560-1594], ed. Antoine-Maric Grazia- ni. Ajacc io. E<litions Alain Piazzola. 1995. vol. l.. pág. 11 8. 8. P. Jesús María Granero. S.I.. Do11 Miguel Mmiara ú:ca y Colona y Vic emelo (Un rnhallem se1 •illa110 dl'I siglo XVII) -Estudio hiogrdjico. Sev illa. Artes Gráfica~ Salc- si;mas. 1963. pág. 50. 9. Erpedie111e de hábito de D(ln Mig11el Mmiara. Madrid. Archivo Histó1 ico Nacional. Calatrava. 1510. íol. 54. JO. Fé li x Ba ttestini. Cafri au XV/e si<" cle 1563-160/i. Sa tradition dit qu'un siede plus t<it Christophe Colomb ,. est ni. Asniéres. Ed. N. Am hrosini. 1968, p. 249. 11. 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