scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Sinopsis del guión de la película titulada Gustavo Adolfo Bécquer

Full text

¡ '2&r. tí,a_^_o o, r. t ce la üeai Acade .la Lspañola Idooaactual. Aparece una vieja calle de Sevilla inundada por la luz de la luna. Alo leles se ve avanzar auna pareja de enamorados, que muestran su amor Inter calando alcvn que otro verso de ecquer. Illa dice que siempre le atrajo la /ira del ¿ran coeta. Siguen andando por varias callejas. Al pasar por frente aun convento se dice que en ái susoír(5 lecquer una de sus legendas. un una plaza r...ártica, arde. un oaiaci janticuo se dice que en el tu vo lu. ar el primer amor imposible de ^ecquer. fe detienen en otra calle ante una casa, yleen en la lápida que conmesio ra el nac *siento de -Ecquer* fGn esta casa nació..." -¿fuá feliz el poeta? •..a historia lo cinta como un atormentado riel amor... i'al vez no lo fuá tarto. .5 a.muchas mujeres. -'ero no iucomprendido por ninguna. \ -Fuótras un amor iin cosible. frondoso jardín romántico. Al fondo jasa la somera de la figura del poeta (con ar^-e¿_lo al auténtico retrato que posee el autor}; hay una alada mu sica de violir.es y, d* minándola, ce oye la suave voz de Gustavo Adolfo qe dice con emoción la ría aaut biográfica (que posee el ator yque es desconocida} • Sevilla,vista de ta ciudad . -s tamos en lcp2. Gasa .-.odesta, pero decorosa, de los hermanos ecquer. a 11tac :ón donde hay profusión de cuadros, -n un ángulo, sobre un caballete el retrato casi acabado ce ecquer que pinta del natural su hermano Valeriano, inseparable yconstante at izador.de :octa. biálo¿ ode lo., dos ner- ede de recuerdo mano3 en el que se dirá que el retrato se hace -ara qué q en la casa,mientras el pintor no rueda trasladarse a!adrid areunirse los dos hermanes, Li -¡oefca, exaltado, habla ce los triunf os yde la c.loria q.e en i.adrid le aguardan, aunque de pronto muestra sus ducas ysus temores ;el pintor le anima. •.(Lntra el poeta narciso Campillo, (que represe -i t& la alearía yla confianza en contraste con su amigo Gustavo Adolfo/, entonando un himno ala libertad, que suspende al contemplar la escena. Interviene diciendo "fuera penas, ánimo yadelante, que ce ningún cobarde se ha escrito nada”, aadrid, a:iat rid ,f ... la están reunidos les originales de los versos, dramas ,comedias que han escrito ¿que serán el talismán de su triunfo en la Corte, falta aun el - dinero: solo hay, ¿muy escasamente, para el pago de la diligencia. ¿üSnio hacerse de unos napoleones oara los primeros días de la estancia en la úor te? Ca )ill© orepone la venta de unos cuadros que están en las artifes. - ecq er se opone débilmente: sor. oaras de su padre. Valeriano asiente alos proyectos de Campillo, -s te dice: Con los recuerdos no se vive, ti pasado no alimenta... Se venderán los cuadros que hagan falta... hay que triunfar. La Feria del Jueves en Sevilla.- Se ve la torre morisca de Sanctrium: ante la portada del te...?io, muchos cuestos de baratijas yde cosas -a usadas... Pasa, entre la abigarrada multitud, un ciego cantando una canción acompañado de una guitarra ypidiendo una limosna; se ve avanzar a.ácqer exami: ando con curiosidad los viejos cejetos que hay en los puestos: omeros, estatuas rotas* ue para ante un puesto •eíi^ros, yios e- a¿.m, Ir uno de ellos se lee: 51 Poesías de morrilla", en otro, nAtarifa en la Gr¿ ia n...Pregunta por ei orecio de este ulti o, yle dicen que vale seis reales. Introduce la mano en un .-oís ilio ysaca unas monedas, insuficienc: i—ara c'** ufsrio. I)© ocaer entonces cixuuro con oe^cil.¿_e¿ iO ¿ol chalán Compadecido, le ofrece el li.ro cor las monedas que le ha mostrado \al ir aentretárselas, el chalán le recaia el tomo de versos, diclend lo 3 stec será poeta ysabrá apreciar el lluro". iáequer, aleare ;» conmovió le dá las gracias: -:en hombre, al, un día, cuando la tloria aa sonría yno imprima mis ver sos, corres or.derá asu generosidad. ;aj un trato pintoresco entre unos itanos ¿un infles, sobre unas viejas cadenas, que son, segiín el gitano, las que tenía laoueoclonosor cuando San ierrando conquistó Sevilla alos moros, be piden al extranjero cien napoleones, ara terminar dejándoselas en sesenta reales, uecquer, desee un án ulo, contempla la escena, ce la que toma apuntes en una cartera. - us* ouede verse según -eco .o". va trazando ei título: -.rao o¿iuc-no ,y ai mar. en, algún ii, erísimo disujo que recuerda la escena. Se ve ahora abácquer ante un puesto donde hay cuadros viejas, yentre tilos los que se supone que Ca pillo ha vendido yque son los que se vie ron en el est dic ce :écq er. i-1 poeta los contempla con melancolía ¿- queda unos momentos pensativo, u» saca de su abstrae iun una mermóla javen acompañada de una dueña. La joven yel poeta se miran de manera meiacie. Por las calles sevillanas se ve ala joven seguiea tesde lejos por ex enamorado poeta; curante todo el camino ella no vuelve la cara, ¿llegan ante una puerta de un palacio -el mismo que se ha visto ax principio- y entrar. .il poeta ve con desilusión como se cierran las puer lácquer pasa yrepasa por celante del palacio: se supone que está así mcho tiemoo; lle^a la noche. Se oye música suave yromántica. Habitación cel palacio donde la joven toca el piano yentona una candín. Luándo aca^a, se soma ai balcón ylevanta levemente el •'• un la calle, ~«cquer contempla enardecido la escena, ycuancotrata - ce expresar ñor señas su admiración ala joven, el visillo cae; ue abre el balcón yaarece la dueña que cierra las maceras. .1 poeta queda sunido en tristeza; duda, vacila 5se aleja del lugar. diciendo k "Te vi un punto; flotando ante mis ojos la imánen de los ojos se quedó.. •" Otra vez el estudio de écquer, en el que se advierte la falta de los - cuadros 3anombrados. 11 poeta haola con Campillo, mosteándose indeciso oara emprender el viaje. Camoillo le dice que ese amor con que ha soñado, refiriéndose ala escena anterior, eimposible, porque la joven es una gran señora 3él es un sobre escritor. -"SI tu fueses céle ere, ¿i tu nombré sonase por los ámbitos de mspaña, como los ce un gran poeta, si lograras tener mucho oro, coches yoajacios ,esa joven te querría, Hay que ir aMadric ¿lachar, aconquistar la eloria jel oro'?. ¿écquer, súbitamente, se enardece, ~rá aMadrid, abandonará Sevilla yluchará hasta hacerse célebre, para que la joven le quiera. cafó del Turco ,de Sevilla.- En el centro, desde una silla elevada sobre una tarima, un dudada olee la "Gaceta de Wanric", en alta voz. Cuando aca- 9algunos do los concurrentes le dan unos cuartos. Entran varios "niños de la soga", ofreciendo lumbre alos fmadores. En un rincón del cafó, donde tienen establecido su rurnasi-ilo los poemas jóvenes ¿cthemios sevillanos, se habla de ¿ecquer, de su carácter, de sus ilusiones amorosas, de sus ensueños de gloria... Foco apoce, ios tertulianos van desa. arecier.de, oues dicen que van ala oarte aita de ica^c, donde se celebra un oaile en el que actúan guapas muchachas. Se les ve sbir las escale: syel salón ce calle. hs*-e esteá alumbrado oor cuatro quinq és de aceite, may un pequeño espacio circular formado por sillas, donde bailan. Al fondo, contrasta do con la llar. cra de las oartdes encaladas, se ve aun slo guitarrista vestido de negro, yalas dos o&iiarinas, muy jóvenes. Visten corpinos b: raac -s -u lentejuelas, ymientras no bailan se cubren con manteletas. Completar es - grupo los servios yios familiares de los artistas, puedan solos narcis Camailio yRamón Eodriguez correa, en la parte caja del establecimiento. SO A 5. Llega entonces -ácqaer 5les enseña *¿1 pasa orte del viaje. ^0stres hacen la 1a00sayconocí' acen ,ü•©lo que .^anarán en adric ;lo q-e sobre de aquella cartirad, una cifra rubí, losa para ios jóvenes poetas, se le :ará se, un propone ¿ócquer, alos pobres. Campillo insinúa q;e decían sibir al baile, c:mo despedida re La Sevilla castiza, antes ce. que -eequer emprtda el viaje. Cuando llegan, el calle está en su esplendor; el guitarrista tesa el ble. :jna ce las bai iarinas lo hace con el sombrero, yen sus giros hace como que pone el sombrero aun espectador, pero lo encaña; hace lo mismo en ctros, hasta q.elo ceja so ere la cabeza de ¿ócquer, en sefli de a¿ rade .iodos eplau den. >. ecq ter, teco confuso, devuelve el sombrero, ¿ale ai centro obra bailarina, qeen contraste cor. la anter ires 'rucia, -alie en forma parecida a la otra ¿temblón ceja el sombrero aózquer. Ln un ángulo del salón hay una hermosa mujer enlutada, ala que ¡áoquer no ha dejado de mirar con frenesí desde q¡e llegó, race por <irl¿ irse aella, pero varias veces es esquivado con coquetería. Al oocta se le aparecen sicesivamente, en sueños, estas tres mujeres, yen sos apariciones respectivas dirá los tres momentos de la rima: -Yo soj ardiente, yo soj morena, yo soy el símbolo de la pasión; be ansias ce goces mi alais está llena ¿A mí me buscas? -.\o es atí, no. -,i frente es cálida; mis trenzas de oro; Puedo brindarte dichas sin fin; ¿o de ternura tuardo un tesoro. ¿ü mí me llamas? -o, no es atí. -Yo so¿ un sueño, un imposible Vano fantasma de niebla yluz; so¿ incorpórea, so¿ intangible. üo puedo amarte .- ¡Oh, ver.; ven tu! Saioncito romántico en tora de necquer. ¿1 poeta vencer al po^fca para que qae oeilcros yhostilidad casa de doña .-.anuela Jonchaj, la madrina yprotecva adespedirse de su bienhechora, que quiere conse quede en Sevilla, i-n .¿anrid no encontrará mas - .está delicado ynecesita los cuidados de ia 6 milia en sene jace...ás, mas XTí t,-jeres son engañosas; hay muchas pulmonías, mu cho frío yno es oro taco lo que reluce; que se quede Lecquer er. Sevilla, que deje sus versos que no dan para coper yella lo pondrá al frente de la tienda que tiene, que es un buen negocio. ¿-1 poeta se mantiene firme en su decisión yse despide, dejando ala madrina, que con el oaholito de encajes enjuga una lágrima. La plaza del buque en Sevilla, de donde salen los coches del posta ylas diligencias para ...abrid yotros puntos de —spana. Gran animación de grente de muy diversa catadura. Se ve la diligencia que hace el viaje amacrid* van llegando viajeros con sus equipajes; un militar, un canónigo, varias se loras comerciantes, estudiantes, ^lega -úeqaer con su hermano Valeriano ycon Campillo. ^.1 equipaje del poeta es pobre. Ce acomoda en su asiento junto ai canónico. frente va una joven hermosa. Las seiloras preguntan al militar si habrá bandidos al pasar por Sierra - Lorena. canónigo se persiana, .n extranjero muestra su asombro. C&m íllo, momentos antes de partir la diligencia, le entrega una cartera de papeles: "Lucho calcado: son ios versos mios; publícalos en ios tyos en m&drid, para que cuando yo vaya ya me conozcan". Valeriano dice asu her mano que tan pronto venda unos cuadros yreana unos reales, volar' ala Cor te, asu lado, para triunfar* .'s Arranca la dili. encía que se ve transitar por las calles sevillanas ysalir por una ce las viejas puertas ce las murallas. Sevilla se va perdiendo alo lejos, mostrnadese de muy diversas maneras; apenas se ve, por último, y£lo se cstin¿ ue la parte mas alta de la ^ira.¡.da . La dili encia está ya en pleno campo, le oye el cascabeleo ce los caballos yel látigo del mayoral. LI zagaiillo en el pescante, canta: "Guando salí de íeviiia volví la cara llorando, ¡Adiós, tierrecita mía... ¡qó lejos te vas quedando!" El ooeta, oaquinal^ecte, vuelve la cabeza hacia donde se supone que queca 7 la ciudad, ydice con profunda eoción: -"¡Adiós, tierrecita mía!". i.s oe nocne. .a ciii-encia avanza ala luz de la luna. Lo:- viajeros enoiezan aacomodarse para dormir. _<& joven sonrió dulcemente al poeta, aquien pregunta : -¿Vais muy lejos? -A badrid. f¿A la Universidad? -A soñar despierto. Se simulan los sueños del poeta: Aplausos en los liceos; triunfos en los teatros; los periódicos que con ¿randes tit lares publican las poesías fcecqueria as; las parejas de enaorados leen, diciéndose su amor, las Limas , en los mas apartados lugares del mundo. Las imprentas publican sus ediciones colocación de una lápida en la casa donde nació yla inauguración de un monumento er. las orillas del Guadalquivir. Mientras estas escenas pasan, se verán varias veces distintos puntos ce interior de la dili encia con los viajeros dormidos yaéoquer soñando. Habitación modesta, en casa de doña Soledad, mujer sevillana que para ayudarse avivir admite huéspedes*, boña Soledad siente profunda simpatía por el mocito sevillano que aca_a de llegar ala Corte; para él sen toros sus mimos de pupilera. Idálogo breve de Loria Soledad con écquer, er; el que esta cuenta su desllución ce la vida madrileña, le ces ide de dei.a Colé dad para seguir su peregrinación busca do lut.ar é-.nde publicar sus versos. Heéacción ce un periódico.- -écquer ofrece al director unas Rimas ,qeel director rechaza "porque no tienen interés", bcriba usted artíc los políticos, de lucha -le rice, -écquer sale cabizbajo. o;; aca.tile madrileña, ,orla que transita el poeta, -Asomada ai balcón es á Julia mspín, el amor ideal de Gustavo Adolfo. «„ueda prendado de ella, ¿subyugado, tímido, la conté.,, la desde ur.a esquina. o 8 Cuarto de iéoquer en la casa de huéspedes.- 11 poeta oasa yasa hojas - en llancede un amnanaque; al llegar ala del día en Que vive, escribe; ?, Hoy la he visto, la he visto yme ha mirado. Hoy creo en Líos'5. -lcc.a la pupilera, tí ña Soledad, que con grandes r'tíeos yhaciendo un esfuerzo le dice que desde que esté en su casa, hace dos meses, no le ha paga do nada, iécquer ofrece, todo turbado ytriste, que saldré abuscar trabajo aunque sea er: los oficios mas bajos. Di no lo encuentra, abandonaré la er.- siér. jle dejaré en prenda el cofre con el tesoro de sus poesías. Lona SoledcA, e¿< .e >nec if a, ±e dice que puede estar en su casa todo el tiempo que quiera, que ya le pa, aré. ^iueda r.écq »t*r slo ybuscando inspiración; se ve en el fóno ,cao er: un t^i'. r. ,la aarqevi 5en el palacio de Levil la; la que f:e fr-ert: ü. é1*n "•ci Madrid,y«Julia —s pin, asonada «al balcón. .. #sde la evocación de estas imá enes escr •be con mano trémula los or imeros ren, Iones - de la lima -terna... uietore interrumpe ydibuja al mar. er. cíe la cartilla el rostro de una mujer ideal; apenas lo ha bosquejado, eserloe el final de la Rima; ”Mientras exista ur.a mujer jermesa habré poesía 55 . Despacho suntuoso en casa del Duque ce Rivas.- Un cirado anuncia que hay un joven que desea ver al señor, -rae una carta que le entrega. DI Duque la lee yordena que pase el pretendiente. Lntra -écquer tímido; el Duque le recibe con llaneza acogedora; le pregunta por sus versos, yle dice; -Conocí asu familia; su padre de Ve. me hizo el dibujo oara algunos de mis artículos. Procuraré complacerle ydar satisfacción al amigo de Sevilla que lo amadrina. w,%ue sabe *:c. hacer'? ¿Ls usted médico*? ¿Abogado? ¿Ingeniero? -Soy -dice uécquerpoeta 15 ,-Pues como mi poder no alcanza oara arle un empleo en el Parnaso, lo clocaré en hacienda, que es el inisterio er el que 14 . -ero no; no soñemos... -y, encarándose con el cuadro donde está él con su mujer, dice ala efigie de Casta: "También yo ati te soñé! "aaMén te •» -i» noches de fiebres; también yo puse mÍ air5S Sn 103 Versos «uo ne inspiraste. En la primavera de mi vida -tena ce nieves yce sombras, yo te deoia: 'Tú aliento es el aliento de las florestu voz es de los cisnes la armonía * tu creces de mi vida eñ él desierto, como crece en un páramo la flor". A1 empezar ?«°quer este breve eintenso Parlamento, aparece Campillo en la cuarta de la sala, einterviene poniendo, como siem pre, un matiz de fina alegría andaluza, trayendo ala realidad al soñador Poeta. Camoillo yValeriano dicen aGustavo Adolfo que tie ne cue sobreponerse, abandonar Kadrid por una temporada. ¿Por qué no ir aToledo, donde Eéoquer hallé en otra oeasién la tranquilidad per ida? ¿T3l vez -dice Campillo, entra exoéptioo ycreyenteencuentres aaquella mujer ideal que desde el alféizar de una vent3na morísoa te llamaba con su mano de nieve. -¡o me hagas soñar -replica el poeta, entornando con deleite ios ojos, como para evocar un delicioso sueño... Aparece Toledo.- -or sus calles, donde palpitan tantas leyendas, se vé al poeta, joven ylleno de vida, con su cartera de dibujos ysus lápices, toma apuntes de los más insignes monumentos, yde labios de alguna vieja traslada al capel cuentos yleyendas. Llega auna solitaria plaza en cuyo fondo hay un hermoso palacio; árboles frondosos yplantas trepadoras florecidas asoman por las tauias yescalan -aleones yventanas. Bécquer, maravillado cor la magia reí lugar, lo escoge para dibujarlo; se sienta sobre un roto eaoitel yempieza su labor que interrumpe ña pronto, porque algo ...ai oviHoso avisto con los ojos ocon la fantasía. Tirata de cer- 7/ 15 dorarse que no sueña... r.,*. una ventana, una mano delicadisic*, 10 daña... ¿Será aál? ¡ara asu alrededor... En la maza no hay ninguna otra persona. Es aál... ¿re quién será aquella nano? Te una -ser herbosa c.ue él no puede ver, oero que lo presiente... La -no ha desaparecido... Béoquer espera en vano... En su oartera, escribe una fecha... F 'l P°eta ’en 13 aótvni, tal como lo vimos en Jfedrid, »lsa por las oa.ies de Toledo... Ya en busca del palacio que ahora está triste: Ms árboles muestran sus retorcidas ramas sin hojas; las - Plantas trepadoras están secas ysin flores... el Poeta se entriste oe aún mas al contemplar tanta desolacién. . . Abandona el lugar y se le vé transitando por calles hasta dar ante los muros de un convento; se queda contemplándolo ,yvé con admirao i 5ncémo tras las -Pies celosías de una ventana, la misma mano maravillosa lo llama... corre ansioso al pié de la ventana, pero la mano no vuelve aaparecor; inútil espera... Bécquer escribe en la cartera otra fecva... -uerta re una Iglesia, en la que entra gente... Eay una vieja - que pide limosna. Las campanitas del Convento unas veces tocan a gloria, oeras amuerto... Sn las plaza unas niñas juegan ala rueda caneando la conocida canción: Yo me quería casar con un mocito vechieero ymis padres me querían monjita de un Monasterio...” -sta escena se reproducirá conforme lo vaya indicando las ceremonias que se supone se celebran en el interior del coro. "Salieron arecibirme monjas vestidas ce negro... lo que mas sentía yo -.ue me cortaran el pelo... Bécquer, atraído oor alge sobrenatural entra en el templo, den- 77 16 ce se ce le ora la profesión de una monja... El poeta se Ínteres** viva-ente por la ceremonia, yen vano intenta ver através ce las rejas el rostro de la monja... Se vé yse oye el sonido de las tijecuando le cortan el oelo, que en abundantes risos rubios cae -1 suelo... Bécquer siente vivo dolor ante lo que ven sus ojos... °or fin, cuando la monja dá el último adiós al mundo desde la cierta oe la clausura, el poeta puede adivinar el rostro hermosísimo eacuella mujer. ¿Bónde ha visto él aesta mujer? Sale del Temóle, pregunta ala vieja, quien le dice que aquella monja fué huérfana yque habitó en un palacio... Bécquer le enseña el que ha copiado, :;uS es c>rec isamente donde viÓla mano por vez primera. ¿Será verdad que aquella mujer q©imaginó lo llamaba aél, enamorado de to olo imposible? Saca la cartera yescribe una fecha. .Sala en casa de écquer: Gustavo Adolfo ysu hermano Valeriano Ccsjla.a re asta, la mujer del primero, que pretende reunirse con su esposo. Valeriano trata de convencer asu hermano de que tal cosa seria volver ai infierno de las luchas familiares por la incompresión yvulgaridad de Casta. El poeta se muestra, como siempre, n^Ie ygeneroso, dispuesto ai oer-ón, aolvidarlo todo. ¿, ->or qué no sonar despierto? Ahora roas que nunca necesita los cuidados de la esposa; está enfermo tanto del cuerpo como del alma, ¿^or qué no ha de poder curarlo su mujer? Gabinete de trabajo de Bécquer; el poeta escribe alguna de sus poesias. Aparece su mujer, que de manera vulgar, ycon la mayor indiferencia trata asu mardio. Le echa en cara que, como siempre, soñando yescribiendo leyendas ,no está en la realidad. Ella no puede vestir bien, se ocupa en los mas bajos menesteres de la casa, porque tiene ooca serví umhre. fa sido una equivocación su casamiento. ¡Cuan distinto lo que ella pensó al casarse, lo que 17 sucedido !Hubiera sido mas feliz, seguramente, casándose con aquel su primer novio, de Koviescas. El Poeta, herido en lo mas hondo ce su ser, rechaza las quejas de su mujer... ^ara vivir asi, 'ara vivir en un perpetuo infierno de incomprensión, mas vale distanciarse otra vez... Estamos en el Monasterio de Verus la, en el Moncayo. Gustavo Adolfo yValeriano pasean cor la ¿ierra. El poeta da'pronto señales de cansancio. Su hermano lo ani-a para que se prolongue el paseo asta la Cruz del liablo, donde, como todos los dias, esperarán al peatón que trae la correspondencia. Ai0S de la Cruz, Gustavo Adolfo lee, su hermano pinta, lécquer se muestra encantado del lugar ydel paisaje. Solo echa 0menos aquella música que toca la mujer aquella, yque él, cuando está en Madrid oye maravillado» ~*or la agreste sierra del Moncayo pasa el cartero oon su mochila, dáñe oal viento su copla, una jota, conforme se acerca ales vumildes casorios: Mocitas del 3omontano os entregaré las cartas si me oagais con un beso que yo no diré palabra". Aparece el cartero, alegría de recibir la correspondencia, en ella vienen los parió icos, entre los que se destaca el Contemporáneo .donde lécquer colabora. Abre el periódico, donde ha de leerse la noticia de la ida de Bécquer aYeruela, yque desde allí escribirá una correspondencia con la descripción de aquellos lugares. Interior cel Monasterio de Yeruela ala caira de la tarde... A la indecisa luz del atardecer se vé al poeta llegar alas puertas cel Monasterio, entrar ypasar por los claustros ytránsitos olvidados yruinosos. Llega aLa celda que le sirve de habitación, y 1S. e-Dieza aescribir las famosas car-fes titulabas Bes de mi celda .que ”an everse coa grandes titulares en el Contemporáneo Como si el es néctar or leyese las cartas, verá el monumento, tal como lo evoca el poeta. In erior re un imponente salón gótico del Monasterio. Ala luz ce la lumbre ce una gran chi enea están los dos hermanos. SI viejo guarda del Monasterio le narra como todas las noches, consejas de orujas yfantásticas leyendas. Sn esta noche se dispone acontarle la leyenra fe Cruz reí _lab lo .Los dos hermanos se disponen soirla. nSl caso fué que allá por el año de...” Se escenifica . eb leyenca, yen los momentos de mas emoción se suspende, cara que vuelva averse la escena en que el guarda cuenta ylos Béoquer escuchan ... Estamos en 'ana mañana alos piés de la Cruz del rlabio .Bécouer se queja re su estado de salud... es preciso regresar afadrid... le faltan las fuerzas.Se siente agorado. •• Llega el cartero con el guarda, abren la correspondencia, yen un periódico aparece la leyenda que se ha visto. Eécquer le muestra al Guarda el número diciendole: ”Aqui está lo que Vd. nos contó; mírelo. El guardián le responde: "¿eñor, si yo no sé leer”. Estamos en ^dric, yen la casa de Bécquer. El poeta está en su sillón, con su color asolas ,ycon la calentura de su cuerno yde su inspiración. Es un atardecer de invierno. Valeriano cuida de que nadie moleste al poeta. Ee cuando en cuando se levantó de su asiento yle pregunta si desea algo. Se oyeiunos golpes en la puerta de la habitación. Valeriano se levanta, abre la puerta, la cierra, yse supone qeen el pasillo habla con Casta, que trata ce ver asu marido. Valeriano so opone... Sería mortal la visita centro del estado delicadísimo del enfermo; ella, mas que por 19 . amor, x>or satisfacer su idea, «ntra en la habitación. El poeta la v5 lie ar sin inmutarse, resignare, fiiau.ato abeber hasta la última gota el cáliz fie su o'olor. Ella le habla para animarlo, pero sus relabras sumen en mayor postración ai posta. ¿Pr.r qué no ha- >>las? i-or qué no me rices algo? Pregunta Casta. Béoquer, que ha astado fiesasifio fie la conversacién, recohránfiose, ycono recordando algo fie remotos filas, fiirá carta fie la rima: "Todo cuanto me hempscallado lotenemos cue hablar ..." . Entra Valeriano que quiere llevarse aCasta oara que fieje fiescan sar al enfermo. Los fios se alejan ce la habitacién procurando no hacer ruido. *a9R la '5Uerta *7alerlano vuelve la cabeza, ycontempla con ine- Cable ternura aGustavo Adolfo; luego, al cerrar las cortinas fie la habitación filos paternal: "htem..." Casta maquina lmente, recite: Duerme .°ronto estará soñando”. El poeta abre los ojos, mira a su 5ire ecl or yse convence ce que ñafie hay en la sala; con -r^n - desaliento exc lama : r? De la triste alcoba tofos se salieron. ios mió, qué solos se quedan los mueírfcos ! -ja madrileña calle del T’erro, donde tantas veces hemos visto al poeta embebecí oen la contemplación de su amor ideal, Julia Espin.- Zb ¿rente se anrieta oars ver pasar un entierro: Se oye la salmodia -e los sacerdotes; se vé casar alos viejos del Asilo con las velas encendidas ;ñero ni el ataúd ni el coche fúnebre han de verse. Ieben imaginarse. Mientras pasa el entierro, ycomo final, aparecen Julia Esdíh si oiario, vestiría de luto, ytocando con ne 3sentimiento que nunca la marcha de Chopin, la que Gustavo Adolfo cueria para su entierro.