Arte y Gelassenheit: Estética, ética y lógica originarias en el pensar de Heidegger
Abstract
Apartándose de la interpretación humanista/metafísica, la comprensión originaria de la estética, la ética y la lógica que expone Heidegger lleva consigo un nuevo humanismo centrado en torno a la idea de Gelassenheit. Pero Gelassenheit, núcleo del habitar poético del hombre, es también la esencia de la experiencia artística originaria, que es verdaderamente una poética de la receptividad del ser, es decir, una experiencia ética y ontológica originaria.
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Resumen Apartándose de la interpretación humanista/metafísica, la comprensión originaria de la estética, la ética y la lógica que expone Heidegger lleva consigo un nuevo humanismo centrado en torno a la idea de Gelassenheit. Pero Gelassenheit, núcleo del habitar poético del hombre, es también la esencia de la experiencia artística originaria, que es verdaderamente una poética de la receptividad del ser, es decir, una experiencia ética y ontológica originaria. Palabras clave: Heidegger, Gelassenheit, arte, estética, ética, ser. Abstract Separating from the humanistic/metaphysical interpretation, Heidegger’s original view of Aesthetics, Ethics and Logic, contains a new humanism centred in the idea of Gelassenheit. But Gelassenheit, the nucleus of poetic dwelling of man, is also the essence of the original artistic experience, that is in fact a poetic of the receptivity of being, in other words, an ethical and ontological original experience. Keywords: Heidegger, Gelassenheit, Art, Aesthetics, Ethics, being. SUMARIO 1. La interpretación humanista de la estética, la ética y la lógica. 2. Nuevo humanismo y Ereignis. 3. Gelassenheit como poética de la receptividad del ser. 4. La estética originaria de la Gelassenheit: el habitar poético. 5. La obra de arte, acontecimiento de la verdad, juego de ocultamiento y desocultamiento. 6. Arte, técnica y Gelassenheit. 7. Bibliografía. LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 ISSN: 1575-6866 153 Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica originarias en el pensar de Heidegger Antonio GUTIÉRREZ POZO Universidad de Sevilla Departamento de Estética y Teoría de las Artes gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 153
1. La interpretación humanista de la estética, la ética y la lógica ¿Cuándo escribe usted una ética?, le preguntó un joven amigo a Heidegger poco después de aparecer Sein und Zeit (1946a, p. 353; pp. 72 s)1. Tras esta pregunta, la siguiente afirmación de Heidegger no sólo responde a las dudas que a veces se han planteado acerca de si su pensamiento posee una dimensión ética2, sino que también anticipa la dirección en la que hemos de buscarla, y en la que hallaremos asimismo la conexión entre lo ético y lo estético –y lo lógico. “Cuando se piensa la esencia del hombre de modo tan esencial, escribe, esto es, únicamente a partir de la pregunta por la verdad del ser, pero al mismo tiempo no se eleva el hombre al centro de lo ente, tiene que despertar necesariamente la demanda de una indicación de tipo vinculante y de reglas que digan cómo debe vivir destinalmente el hombre que experimenta a partir de una ex-sistencia que se dirige al ser” (Heidegger, 1946a, p. 353; pp. 72 s); es decir, despierta necesariamente la exigencia de una ética. Además de esta legitimación ontológica de la ética, que Heidegger hace suya como pensador que piensa esencialmente la esencia del hombre –desde la verdad del ser–, Heidegger añade otra legitimación, esta vez de orden –en principio– histórico, aunque íntimamente conectada con la anterior porque, primero, también se plantea desde aquel pensar esencial, y segundo, porque la historia es esencialmente historia del ser: en una sociedad dirigida por la técnica, el deseo y la necesidad de una ética es apremiante, porque el hombre –cuyos proyectos y actos sólo poseen una ordenación acorde con la técnica, instrumental y absorbida por los entes– cada vez está más perdido, desorientado y perplejo, tanto de forma manifiesta y pública como encubierta. Heidegger experimenta la vanidad e impotencia de la voluntad pura de saber –el ideal de strenge Wissenschaft de Husserl– ante los poderes de la técnica moderna, y por eso reconoce la necesidad de ampliar la filosofía en la dirección de la búsqueda de condiciones de una nueva forma de existencia frente a la existencia tecnificada, proyecto que desembocará en la Gelassenheit (Haar, 1985, p. 182)3. Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 154 1Cfr. Bibliografía. Siempre que en las citas empleemos el punto y coma para separar los números de página, los primeros se referirán a la edición original y los segundos a su traducción al español. 2Cfr. A. Schwann, Politische Philosophie im Denken Heideggers, Opladen, Westdeutscher Verlag, 1989. Pöggeler (1984, p. 33) se ha referido al hecho de que la comprensión del ‘segundo’ Heidegger como un pensador irracionalista que invoca el destino y/o la historia del ser, ha llevado a sostener que desde su pensamiento no se puede acceder a la dimensión de la responsabilidad, la dimensión ético/política. 3Aunque la noción de Gelassenheit fue desarrollada por Heidegger en sus textos tardíos, Haar afirma que no es menos cierto que la relación con la técnica en términos de alternativa ética –que culminará en la Gelassenheit– estaba ya en sus primeras obras. Por ejemplo en Kant und das Problem der Metaphysik (Heidegger, 1929a, pp. 209, 246; pp. 177, 206) donde, después de afirmar –con Scheler– que aunque estamos en la época que más sabe del hombre nunca antes el hombre había sido tan problemático como ahora, pregunta si “somos acaso víctimas de la locura de la organización (Narren der gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 154
Ahora bien, si aquel joven esperaba de Heidegger una ética en sentido tradicional, moderno, o sea, una ética normativa fundamentada en la autodeterminación de la voluntad, en la primacía del sujeto, esperaba en vano (Haar, p. 183)4. Heidegger rechaza el discurso habitual sobre la responsabilidad, fundado en el humanismo metafísico, y adopta más bien la posición de Verwindung der Ethik, es decir, la actitud de reponerse o recobrarse de la ética metafísica del sujeto, tarea que se cumple en dos movimientos: destrucción de la etica de la subjetividad, del humanismo, y retroceso mediante esa destrucción hacia una ética originaria (ursprüngliche Ethik) (Pöggeler, 1984, p, 174. Cerezo, 1991, p. 12). En Heidegger no hay una ética en sentido tradicional, pero sí aquello a lo que la ética se refiere en su origen; no se trata por tanto de deducir una ética de una ontología anterior sino de descubrir lo originario que hay en su base (Leyte, 1991, p. 125). Colaborar en la aclaración de en qué otro sentido –poético, estético– Heidegger plantea una ética es el objeto de este trabajo. El pensar occidental después del inicio griego y especialmente en la modernidad ha entendido el humanismo como metafísica, una metafísica de la subjetividad, es decir, como “voluntad de explicarlo todo a partir del hombre y como expresión del mismo”5. Puede afirmarse entonces que la ética basada en la acción de una subjetividad que se autodetermina es de corte metafísico/humanista, y no hay lugar para ella en una filosofía ahumanista –en el sentido de humanismo metafísico– como la de Heidegger. Por el mismo motivo también esperaríamos en vano si pretendiésemos encontrar en Heidegger una estética o una lógica, entendidas en el sentido habitual –metafísico/humanista– de estos términos (Seel, 1991, pp. 244 ss)6. La Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 155 Organisation), la agitación y la velocidad a tal grado que ya no podemos ser amigos de lo esencial (Freunde des Wesentlichen), de lo simple y lo constante”, es decir, si estamos tan entregados al mundo tecnificado que ya no podemos plantear verdaderamente la pregunta por el ser en toda su importancia elemental y amplitud. 4En este sentido interpretamos la afirmación de Gadamer (1987a, p. 367) según la cual Heidegger ha rechazado la pregunta por una ética por cuestiones de fondo y no por mera omisión. Gadamer confirma el rechazo heideggeriano de una ética tradicional cuando sostiene que ni la fundamentación de la ética puede depender de la metafísica –ni de la antimetafísica–, ni la ética puede ser base de la metafísica, sino que el beneficio (Verdienst) de la pregunta de Heidegger por la ética es completamente distinto (Gadamer, 1987b, p. 349). La aclaración de ese beneficio nos lleva al ámbito de lo que en sentido amplio podemos llamar ‘estética’. 5Heidegger escribe que según el humanismo “nada es conocido y comprendido hasta no ser aclarado antropológicamente”, con lo que “se mueve en un plano donde sólo hay hombre” y donde, por tanto, se olvida el ser, la pregunta por la verdad del ser y por el modo en que la esencia del hombre pertenece a la verdad del ser (Heidegger, 1929a, p. 209; p. 177. 1946a, pp. 321 ss, 334; pp. 23 ss, 44. Cfr. 1936a, pp. 84 ss; pp. 77 s). 6La nota esencial propia de todo gran pensar de ir a contrapelo de la opinión (doxa), de constituirse en para-doxa, alcanza en Heidegger plena expresión: el pensar heideggeriano no se dirige simplemente contra unas tesis, unos tópicos, sino que de acuerdo con su Verwindung der Metaphysik supone un cambio en el mismo pensar, la apertura de otro marco de comprensión y pensamiento, al gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 155
ética, la estética y la lógica, desde que nacieron como tales, después del pensar inicial de los griegos, en Platón (Heidegger, 1946a, p. 354; p. 74), han significado lo que ahora significan, y en este sentido habitual, salvo que indiquemos lo contrario, empleamos esos términos. Heidegger expone en Nietzsche la analogía de índole humanista existente entre ética, lógica y estética (1936/1937, pp. 75 s; pp. 82 s). La lógica es la doctrina de los juicios como forma fundamental –y humanizada– del pensar; es, por tanto, el saber del pensar (humanizado), de sus formas y reglas. La ética es el saber del ethos, de la actitud interior del hombre, y del modo como ésta determina su conducta. La estética se configura como el saber acerca del comportamiento sensible del hombre –relativo a las sensaciones y los sentimientos– y de aquello que lo determina. Por tanto, las tres disciplinas se refieren tan sólo a distintos comportamientos humanos. Esto supone la humanización de lo verdadero, lo bueno y lo bello, objetos de la lógica, la ética y la estética. Y son objetos en doble sentido. Lo verdadero se reduce, por un lado, a aquello que determina al pensar concebido como juzgar, y por otro a aquello respecto de lo cual se comporta el pensar. Lo bueno es lo que determina la actitud y la conducta humanas, y aquello respecto de lo cual se comportan. Lo bello es lo que determina el sentir humano y aquello respecto de lo cual éste se comporta. La ética entonces sería, al tiempo, la comprensión de la actitud y comportamiento humanos en su relación con lo bueno, y la de lo bueno en tanto está referido a aquéllos. La estética consistiría, a la par, en la consideración del estado sentimental del hombre en su relación con lo bello, y en la de lo bello en la medida en que está referido a aquél, de modo que lo bello, concluye Heidegger, se reduce para la estética a aquello que al mostrarse produce ese estado sentimental (Gefühlszustand) humano (1936/1937, pp. 75 s; p. 83). Como el arte produce lo bello a su manera (también puede hacerlo la naturaleza), la comprensión del arte se convierte en estética. Heidegger define la estética como “aquella meditación sobre el arte en la que la relación sentimental (fühlende Verhältnis) del hombre respecto de lo bello expuesto en él, proporciona el ámbito decisivo (mabgebenden Bereich) para su determinación y fundamentación, y constituye su comienzo y su fin” (1936/1937, p. 76; p. 83). La estética define el arte como “expresión de lo bello”, y a éste como “lo que agrada en cuanto agradable”, es decir, como un obje- Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 156 margen del pensar representacional/enunciativo o metafísico en el que nos movemos. Ahora pensar es escuchar/esperar (abrirse a) lo que viene de fuera, y no representar, en el sentido de actividad subjetiva que pone (cfr. Heidegger, 1944/1945, pp. 42 s, 45 s; pp. 40 s, 45). El pensamiento, la palabra, no representa (vostellt) algo sino que apunta (be-deutet) hacia algo: camina para “llegar a la proximidad de algo lejano” (In-die-Nähe-kommen zum Fernen) (Ibid., pp. 48 ss; pp. 48 ss). El pensar heideggeriano camina, medita, a diferencia del pensar (razonar) dominante en la cultura occidental, que representa, esto es, calcula y domina; es pensamiento meditativo (besinnliche Denken) frente al pensamiento calculador (rechnende Denken) (Heidegger, 1959b, pp. 519 s; p. 18). Por eso es tan difícil de entender, porque seguimos pensando representacionalmente y lo que Heidegger dice no se puede exponer en el pensar enunciativo. Pensar el pensar de Heidegger pensar mediante la proposición representacional, con voluntad (cartesiana) de claridad enunciativa, es traicionarlo. gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 156
to relacionado con el goce humano, como expresión de las vivencias y, por tanto, como asunto humano, de manera que en la consideración estética “la obra de arte se convierte en objeto de la vivencia y, en consecuencia, el arte se considera expresión de la vida del hombre” (Heidegger, 1935, p. 140; p. 169. 1938, p. 69; p. 76). La concepción tradicional del arte ha sido estética, ha comprendido estéticamente el arte, lo ha estetizado; es decir, ha sido una comprensión humanista, lo ha humanizado. Ha comprendido el arte como “aquello que sustenta (Träger) y suscita (Erreger) lo bello en referencia a un estado sentimental del hombre”; la pregunta estética por el arte y la belleza pregunta por ambos –los entiende– exclusivamente a partir de los estados sentimentales de los productores (Erzeugenden) y receptores (Geniebenden), de donde se deprende que pone la obra de arte como un objeto para un sujeto (Heidegger, 1936/1937, pp. 76 s; p. 83). Comprendido estéticamente, el arte es un estado humano (Zustand des Menschen), un estado nuestro; en él se despliega esencialmente y de él surge (entspringt) (Ibid, p. 140; p. 137). Igual de humanista ha sido la consideración lógica del pensar y la comprensión ética de la actitud interior y del comportamiento del hombre. Esto significa que están elaboradas sobre la consideración del sujeto como base, sustancia/fundamento y origen. Ética, estética y lógica empiezan y acaban en el sujeto. Pero para Heidegger el humanismo es metafísica, y lo es porque pretende determinar la esencia del hombre dando ya por supuesta la interpretación del ente; es decir, pretende determinar la humanidad del hombre sin plantear la pregunta por la verdad del ser y por el modo en que la esencia del hombre pertenece a ella, por la relación del ser con el hombre. Pero no sólo eso: en virtud de su naturaleza metafísica, no entiende esa pregunta, no puede acceder a ella, la impide (Heidegger, 1946a, pp. 321 s; pp. 24 s). Eso es precisamente la metafísica: olvido del ser, incluso olvido del olvido, razón por la que hace imposible la pregunta por su verdad. En consecuencia, “la metafísica se cierra al sencillo hecho esencial de que el hombre sólo se presenta en su esencia en la medida en que es interpelado por el ser”, y es llamado por el ser para que ex-sista, esto es, para que “guarde la verdad del ser a fin de que lo ente aparezca en la luz del ser como lo que es” (Ibid., pp. 323, 330; pp. 27, 38). La metafísica no ve –no puede ver– que el hombre es “pastor del ser (Hirt des Seins)” cuya misión es guardar (hüten) su verdad, operación que consiste en que, “en el pensar, el ser llega al lenguaje”, y llega por propia iniciativa del ser, de modo que el pensar no hace –y esta es su esencia– sino ofrecer al ser esa iniciativa o relación del ser con el hombre como aquello que al propio pensar le ha sido dado por el ser (Ibid., pp. 313, 331, 342; pp. 11, 39, 57). En ese ofrecer que es el pensar, y que es un escuchar la llamada del ser, llega al lenguaje el ser. Lejos de ver esta apertura esencial del hombre al ser, que es trascendens, la metafísica entiende más bien lo contrario: que el ser es cosa humana, que el hombre es el “señor de lo ente (Herr des Seienden)”, verdad que ya podía encontrarse en Platón pero que ha tardado en ser evidente (Heidegger, 1927, p. 51; p. 48. Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 157 gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 157
1946a, p. 342; p. 57). Según Heidegger, la modernidad es justamente el momento histórico en el que se manifiesta y consuma aquella verdad metafísica que estaba subpensada en Platón, y la voluntad de poder nietzscheana y la técnica moderna a nivel planetario su punto culminante. En la modernidad, el hombre deviene el “lugar (Ort) en el que se decide cómo ha de experimentarse (erfahren), determinarse (bestimmen) y configurarse (gestalten) el ente (Seiende)”, de modo que el hombre, de acuerdo con la metáfora kantiana, se establece en tribunal que juzga sobre lo ente, convirtiéndose el yo en medida de todo, y su autoconciencia en fundamen- to de toda verdad (Heidegger, 1936/1937, p. 81; p. 87)7. Precisamente por no conocer la apertura esencial del hombre y de sus obras al ser, ética y estética y lógica son humanismos, metafísica: preguntan por sus objetos reduciéndolos a cosas del hombre, hombre que entienden como sustancia y fundamento, sin atender al hecho de que es el hombre –y sus obras– el que está esencialmente abierto al ser, y de que por tanto no puede ser origen. De hecho, añade Heidegger, el surgimiento de la ética, la lógica y la física, como disciplinas (independientes) se produce en la escuela de Platón, tras el pensar inicial de los primeros griegos, cuando el pensar salió fuera de su elemento, la verdad del ser, y coincidiendo con el surgimiento de la filosofía (Heidegger, 1946a, pp. 316, 354; pp. 15, 74). Lo mismo vale para la estética. Aunque el término ‘estética’ fuese posterior y designe al pensar sobre el arte a partir del s. XVIII, realmente la estética es tan antigua como la meditación sobre el arte y la belleza en el pensar occidental: nació con Platón y Aristóteles, los primeros que pensaron (mejor: teorizaron, pensaron representativa o enunciativamente) sobre el arte (Heidegger, 1936/1937, p. 78; pp. 84 s). Todos esos saberes coinciden en que reducen lo ético, lo lógico y lo estético –usados esta vez estos términos en un sentido neutral, si ello es posible– a diversas funciones humanas entendidas como sus respectivas condiciones de posibilidad. Pensamiento, ethos y arte no son sino estados humanos. Por tanto, la existencia de esas disciplinas, su separación y su autonomía, se corresponde con su progresiva humanización o subjetivización –de ellas mismas y de sus objetos. Kant sería el punto culminante de este proceso al descubrir las distintas estructuras o pre–juicios subjetivos que permiten que haya lógica, ética y estética, y sus objetos. Hay ética como ámbito autónomo, p. e., porque hay una disposición ética subjetiva, humana. Aquellas disciplinas son a fin de cuentas diversas disposiciones humanas, y a ello deben su autonomía. En definitiva, ética, estética y lógica, suponen el olvido humanista/metafísico del ser y de la pertenencia del hombre al ser. Responden al espíritu metafísico del humanismo que representa toda una actitud o ética: la ética de la subjetividad de la voluntad de poder, la ética del sujeto como centro y señor de lo ente, como sustancia/sujeto de lo que es, ética que ha dominado la historia occiden- Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 158 7Así, en la modernidad la meditación (Besinnung) del arte se traslada al estado sentimental del hombre, a la aísthesis, y se convierte en estética (Heidegger, 1936/1937, p. 82; p. 87). gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 158
tal, después del pensar inicial de los primeros griegos, y que llega a su culminación con la técnica8. De hecho, el sujeto de la técnica, el señor de lo ente, se fundamenta sobre el sujeto de la ética humanístico/metafísica, el sujeto del idealismo ético, paralelo del cogito, que cree en la ilusión de la libertad como autodeterminación del sujeto, como si pudiese disponer plenamente de sí, como si fuese su dueño, como si fuese su propio origen, origen absoluto de sí, olvidando su arraigo (Bodenständigkeit) en el ser, cerrándose a lo trascendens (cfr. Cerezo, 1991, pp. 15 ss). Sólo ese sujeto/origen para el que stricto sensu no hay ningún fuera, puede ser sustancia y “centro de referencia de lo ente” (Bezugsmitte des Seienden), “aquel ente sobre el que se fundamenta (gründet) todo ente en el modo de su ser y de su verdad” (Heidegger, 1938, p. 88; p. 87). Al erigirse en medida del ser como sujeto constituyente, ese sujeto configura (subjetiviza, humaniza) lo real, hace del mundo imagen (Bild) y valor, y por tanto no deja ser a las cosas en su verdad (Cerezo, pp. 36 ss). Sin embargo, contra el carácter infinito e incondicionado del sujeto idealista, Heidegger ha afirmado desde Sein und Zeit la finitud del hombre, al sostener que todo proyecto es yecto, o sea, que todo proyecto o apertura está condicionado, pertenece a un destino (Geschick) que le trasciende: a la interpelación del ser. 2. Nuevo humanismo y Ereignis ¿Qué podemos esperar entonces de Heidegger, si no es una ética, estética o lógica? No sería incorrecto decir que podemos con razón esperar de él una ética, una estética y una lógica originarias, suponiendo que podamos emplear estos términos en un sentido neutral, o sea, en clave no humanista-metafísica. En la afirmación que comenzaba esta exposición y con la que Heidegger responde a la pregunta acerca de cuándo escribiría una ética, se encuentra ya indicado el sentido en el que hay que entender esos saberes originarios. Allí decía que cuando se piensa esencialmente la esencia del hombre, o sea, a partir de la verdad del ser, surge necesariamente la exigencia de una –en sentido neutro– ‘ética’ que aclare cómo debe vivir el hombre que ex-siste, es decir, que existe en relación con el ser. Unas páginas después la llama “ética originaria” (ursprüngliche Ethik) y la define como “el pensar que piensa la Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 159 8El uso de los términos ‘actitud’ y ‘ética’ en esta afirmación necesita aclaración, y ello no sólo porque el segundo puede llevar a la confusión con la disciplina ética a la que hasta ahora nos habíamos referido, sino porque esa ‘actitud’ humanista que subyace a la ética, la lógica y la estética, esa ética de la subjetividad, no es resultado de una actitud humana, ni de una decisión ética, un acto de autodeterminación de la voluntad subjetiva, sino que es, en lenguaje heideggeriano, un destino, una actitud en la que estamos destinados por el ser. Una vez hecha esta precisión, podemos hablar de la ética de la subjetividad o humanismo metafísico, siempre que sepamos que se trata en ellas de decisiones esenciales, que son destino de la historia del ser, formas de su darse, darse en el que por cierto consiste el propio ser. gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 159
verdad del ser como elemento inicial del hombre en cuanto ex-sistente” (Heidegger, 1946a, p. 356; p. 78). El hombre ya no es base ni origen, pues está esencialmente abierto al ser. Ética, estética y lógica son originarias cuando se elaboran sobre la convicción de que el origen es el ser, no entendido desde luego como fundamento sino como acontecimiento (Ereignis) que es –se despliega– en ellas mismas. Si los saberes humanístico/metafísicos pensaban lo real sobre la base del hombre como centro y señor de lo ente, como sustancia y origen, los saberes originarios piensan la verdad del ser como origen del hombre y de sus obras. La separación e independencia de las ciencias, la diferencia entre sus métodos, entre las distintas formas de tratar sus objetos, se debe a que han olvidado su enraizamiento (Verwurzelung) en su base fundamental (Wesensgrund), en su origen, el ser, y lo han suplantado por el hombre (Heidegger, 1929b, p. 104; p. 94. 1966b, p. 654; p. 5). El primer resultado de esta crítica al humanismo metafísico es la disolución de la moderna autonomía de las disciplinas que fue consecuencia de la actitud humanista. El fundamento de la anulación de la autonomía e independencia de las disciplinas, en suma, el factor determinante de la disolución de las disciplinas, es el hecho de que –a juicio de Heidegger– ya no responden a distintas funciones humanas, sino que ponen en obra la verdad del ser; o mejor, que en ellas el ser mismo acontece, se pone en obra. No hay disciplinas, sólo pensar esencial u originario, pensar/decir la verdad del ser. Este es el pensar inicial de los primeros griegos, el pensar en sentido estricto según Heidegger, antes de que muriera al convertirse en filosofía, y ésta en epistéme. Aquellos pensadores no conocían la ética ni la lógica, pero su pensar no era ni ilógico, ni amoral. Tampoco tenían una estética, pero sí un “gran arte” (grobe Kunst) (Heidegger, 1946a, p. 354; p. 74. 1936/1937, pp. 77 s; p. 84). Todo esto no significa que su pensar o su eticidad o su arte fuesen sólo vividos en un “oscuro arrebato (dunklen Aufwallung) de vivencias (Erlebnisse) no holladas por el concepto”, añade Heidegger refiriéndose exclusivamente a la estética; aquellos griegos no tenían vivencias, pero sí un “saber tan claro y originariamente desarrollado” (ursprünglich gewachsenes, helles Wissen) que no necesitaban lógica, ética ni estética (1936/1937, p. 78; p. 84)9. La aparición de las distintas disciplinas no es sino consecuencia de la desaparición de este saber esencial y de su sustitución por el pensar objetivante, representacional, el pensar metafísico, que sólo conoce el ser como pura presencia estable, como desvelamiento, como evidencia, sin resto de ocultamiento, el único ser en definitiva que puede ser representable, objetivable (Vattimo, 1990, pp. 56, 153)10. Aquel saber es el pensar esencial, el pensar la verdad del ser. Ahora bien, este pensar no es mera teoría; realmente “no es ni teórico ni práctico” Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 160 9Pero ese saber también es riguroso. El rigor no sólo es cosa del método moderno cartesiano; hay otro modelo de rigor, hay también rigor meditativo, poético. 10 El ser como juego de presencia y ausencia, el ser que se escapa al pensar objetivador de la metafísica, se pone en obra en la obra de arte. gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 160
sino que “acontece antes de esta distinción” tradicional, que para Heidegger es claramente de signo metafísico (1946a, pp. 358, 362; pp. 80, 88. 1966b, p. 676; p. 13). Es pensar, pero no teórico, supera la teoría, pues se ocupa de la luz en la que existe y se mueve todo teorizar; es hacer, pero supera toda praxis, y no por la magnitud y el éxito de sus resultados, que realmente no tiene ninguno, sino por la pequeñez e insignificancia de su hacer, inútil prácticamente. La acción insignificante del pensar esencial consiste en llevar al lenguaje la palabra inexpresada del ser, haciendo entonces del lenguaje la casa del ser. Esto significa que pensando, la ex-sistencia habita la casa del ser (Heidegger, 1946a, pp. 361 s, 313; pp. 86 s, 11). El pensar esencial, aquel saber originario y claro, es habitar la casa del ser; es un experimentar (saber y hacer) la verdad del ser, y en él se despliega la esencia originaria del hombre. ‘Dentro’ de él tendrán lugar nuestras teorías y haceres. Ciertamente los primeros griegos no tenían lógica, ética ni estética, pero tenían experiencia esencial del pensar, del ethos y del arte, los experimentaban como modos de revelación de la verdad del ser, de lo que es el ente –cada uno a su modo–, y por tanto también como caminos o residencias del hombre en las que se le abre la verdad del ser (Heidegger, 1936/1937, p. 82; p. 88)11. Aquellos griegos estaban en la verdad del ser. Nosotros no. La ética, la lógica y la estética, las disciplinas, surgieron cuando nació la filosofía, cuando se olvidó la verdad del ser y la pertenencia esencial del hombre al ser. Pero antes de que se produjese ese olvido y la consecuente existencia de distintas disciplinas, el pensar esencial suponía la ética, estética y lógica originarias. En el plano de lo esencial y originario no hay diferencia entre lógica, ética y estética. En la propia naturaleza de ese pensar, que también es acción, está ya planteada la índole de la nueva ética heideggeriana, esa ética originaria que forma parte también del arte –y de la lógica. Dicho de otro modo: hay en Heidegger una estética originaria, una forma esencial de comprender el arte al margen del humanismo que lleva consigo una ética, una ética originaria, y una lógica originaria12. Pensamiento, ethos y arte, son esencialmente lo mismo: modos (diversos) de experimentar la verdad del ser, o lo que es lo mismo una vez establecida por Heidegger la equivalencia esencial entre ser y verdad, modos de acontecer el propio ser13. Aquí está la raíz del nuevo humanismo. Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 161 11 La tarea decisiva (entscheidende Aufgabe) del gran arte, especifica Heidegger, es “revelar (offenbar zu machen) en el modo de la obra lo que es el ente en su totalidad (was das Seiende im Ganzen ist) y preservar (verwahren) en ella esa revelación (Offenbarkeit)”, o sea, poner en obra la verdad de lo ente, de manera que “el arte y su obra sólo son necesarios como un camino (Weg) y una residencia (Aufenthalt) del hombre en las que se abre (sich eröffnet) la verdad del ente en su totalidad, es decir, lo incondicionado (Unbedingte), lo absoluto (Absolute)”. 12 Heidegger rechaza la estética entendida como la concepción moderna (humanístico/metafísica) del arte. Pero F. W. von Herrmann (1980, XVIII) ha subrayado que esto no implica el rechazo de una filosofía del arte como meditación sobre lo que es el arte, que es lo que hace Heidegger y en este sentido usamos la expresión ‘estética’ referida a él. 13 En Vom Wesen der Wahrheit advierte que al preguntar originariamente por la esencia de la vergutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 161
de la tierra. Para recibir el ser, para abrir espacio en sí a lo otro que viene de fuera, para escuchar antes que hablar –lo que viene de fuera es antes escuchado que dicho, y una vez escuchado el decir humano es escucha–, en suma, para ser lugar del ser, el hombre tiene que sacrificarse, tiene que vaciarse, tiene que renunciar a sí como sujeto. Pero, escribe Heidegger, “la renuncia (Verzicht) no quita (nimmt). La renuncia da” (1949a, p. 90; p. 138. Cfr. Mújica, pp. 38, 193). La renuncia, dejar de ser señor, lo que da es la auténtica humanitas del hombre, la salvación del hombre, verificada en la “esencial pobreza del pastor”, cuya “dignidad consiste en ser llamado (gerufen) por el ser para la guarda de su verdad (Wahrnis seiner Wahrheit)” (Heidegger, 1946a, p. 342; p. 57). Al tiempo, la renuncia da el tesoro del ser, las cosas en su verdad, la “fuerza inagotable de lo sencillo” (unerschöpfliche Kraft des Einfachen), “el esplendor de lo sencillo” (die Pracht des Schlichten), aquello que el hombre moderno no escucha, pues sólo oye el ruido de sus máquinas, al que tiene como la “voz de dios” (Stimme Gottes) (Heidegger, 1949a, pp. 89 s; pp. 137 s. 1947, p. 79; p. 179). El hombre occidental ha explorado la vía del sujeto metafísico/técnico, y ha agotado la posibilidad de considerarse dueño de la tierra. El resultado ha sido la tecnificación del mundo y el dominio del propio hombre por la técnica. Merece la pena recorrer ahora otro camino. Cansado de encontrarse a sí mismo por todas partes, el hombre encuentra la salud en lo que viene de fuera, en lo trascendens (que no es sin nosotros), y a ello debe abrirse, y pasar así de ser dueño a ser servidor, de ser hablante, locuaz, a ser oyente. A diferencia del humanismo metafísico que concibe al hombre como señor de lo ente, Heidegger reconoce en su conversación con Der Spiegel que ni la acción humana, ni la filosofía, pueden producir un cambio inmediato (unmittelbare Veränderung) del estado actual del mundo, y que la palabra la tiene el ser (1966b, p. 671; pp. 10 ss). El hombre es Da-sein, su ser es ser lugar del ser, lugar de revelación del ser, pero ese Da no pertenece al hombre, no está en su voluntad sino que pertenece al ser. Por eso Heidegger confiesa en aquella entrevista que nur noch ein Gott kann uns retten, es decir, que sólo podemos esperar una nueva revelación del ser. La relación entre hombre y ser está dominada por el ser, pero el hombre puede y tiene que prepararse para (abrirse a) lo que viene, para que el ser pueda hablar. Esta es la única posibilidad que nos queda, el hacer que nos es propio: preparar el espacio para la revelación del ser, preparar la predisposición de la espera (die Bereitschaft der Erwartung vorzubereiten). Ahora bien, el pensamiento, reflexionando sobre nuestra situación actual, puede despertar (wekken), aclarar (klären) y fortalecer (festigen) aquella predisposición. Así el pensar según Heidegger ya no es pasividad (Untätigkeit) sino actividad en sí (in sich das Handeln) (1966b, pp. 672, 676; pp. 12 s)24. El ser tiene la palabra, pero el hom- Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 168 24 Recordemos que también Husserl sostiene que la reducción fenomenológica, verdadero núcleo teórico de la fenomenología, supone la “máxima mutación existencial que se encomienda a la humanidad como tal”, una especie de “conversión religiosa”, es decir, una forma superior de praxis, de vida (1935, p. 140; p. 144). gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 168
bre, en virtud de la relación esencial entre ser y hombre, tiene que predisponerse para dejarlo hablar, para oírlo. Esa predisposición es la Gelassenheit, el abandono del sujeto, el núcleo de –también en palabras de Gadamer– la “nueva ética” heideggeriana, la cual por tanto, añade, no consiste en la aparición de otro pensar sino que depende de una transformación o conversión (Verwandlung) del hombre (Gadamer, 1987b, p. 348). A la autenticidad (Eigentlichkeit) ético/existencial/ontológica se llega, señala Merker, mediante la conversión (Konversion), no a través de la reflexión (Merker, 1991, pp. 233 s, 238)25. Esto es lo que permite que el hombre sea Dasein, lo que permite dejar ser al ser. El Da es del Sein, pero el hombre tiene que prepararse para el Da-sein. Esta preparación o abandono es lo que Vattimo ha denominado “cura de adelgazamiento del sujeto”, el recobrarse de la enfermedad de ser subiectum, hypokeimenon, centro, sustancia o fundamento de lo real (Vattimo, 1990, p. 46). Gelassenheit por tanto no puede interpretarse como una antropología de la fortaleza del ánimo en clave estoica, ni como un ascetismo de la voluntad al estilo de Schopenhauer, ni como una metafísica de la esperanza, actitudes todas ellas muy ‘subjetivas’. Representa justo lo contrario: no pertenece al dominio de la voluntad, no es una actitud subjetiva, sino más bien un abandonarse (Gelassensein), el abandono del sujeto, lo que equivale a una apertura a las decisiones del ser (Heidegger, 1944/1945, pp. 39, 57; pp. 37, 59)26. En definitiva, la ética posthumanista evita la actividad provocadora del sujeto metafísico-técnico, pero no equivale a pura pasividad fatalista. Es un hacer, pero este hacer consiste en dejar ser en nosotros lo que desde nosotros deja ser al ser; es una “poética de la receptividad”, una actitud que es tanto más poética, más creativa, cuanto más pasiva parezca (Mújica, p. 18). Este hacer es un recibir (un recibir por tanto lo que viene, lo que no es nosotros), pero no es un recibir pasivo sino activo, creativo, poiético (pues lo que viene no es sin nosotros). Para recibir poéticamente, para abrirnos receptivamente a lo que viene hacia nosotros, lo que se nos destina, el ser que es destino, tenemos que hacer, y lo que hay que hacer es prepararse para el ser, dejar ser al ser, que es el que lleva la voz cantante, y ello exige suprimir la subjetividad dominante. Sólo así escucha- Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 169 25 Merker destaca que el interés que movía a Heidegger en Sein und Zeit no era establecer una teoría de la verdad ni una explícita teoría de la autenticidad (1991, p. 230). La ética originaria de Heidegger no es asunto teórico/reflexivo, no es asunto del pensar representacional, sino que es una teoría –un pensar– que es praxis, que está más allá de la distinción teoría/praxis. Ese pensar representa verdaderamente una transformación o conversión del hombre hacia la recuperación de su humanitas. Puede afirmarse que la filosofía de Heidegger es más una filosofía de la conversión que de la reflexión.26 Por esto J. L. Villacañas rechaza traducir Gelassenheit como ‘serenidad’ y prefiere ‘abandono’ (1997a, pp. 8 s. 1997b, p. 201). Nosotros hemos optado por dejarla en su idioma original. Es preferible que los términos fundamentales de un pensamiento, núcleos densos de significado donde se concentra el sentido, se entiendan a partir de lo que se dice de ellos y no a partir de una traducción que imponga ya una determinada comprensión. gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 169
mos la llamada del ser en la que somos verdaderamente. El poeta se configura en Heidegger como modelo de receptividad, de Gelassenheit, de existencia humana como guarda de la verdad del ser (habitar poético)27. El sujeto deja de llevar la voz cantante: ni dispone de lo real como el sujeto técnico, ni realiza siquiera el papel iluminador del sujeto fenomenológico en la manifestación de nuevos sentidos, sino que se pone humildemente en manos del ser, dispuesto a recibirlo, a oírlo, a recolectar el sentido activado por el ser, lo que equivale a guardar la verdad del ser, a salvar las cosas, dejándolas libres (freilassen) para volver a su esencia propia. Habitamos (poéticamente) en la medida en que salvamos (Heidegger, 1951a, p. 152; p. 132). Esta es la dirección del otro camino. Representa otro inicio, el paso atrás (Schritt zurück) hacia donde ya estamos (aufhalten) previa liberación de la subjetividad, hacia la localidad de la esencia humana (Ortschaft des Menschenwesens) (Heidegger, 1957c, pp. 179 s; p. 170), hacia lo que somos originariamente: Da-sein, guarda de la verdad del ser. 4. La estética originaria de la Gelassenheit: el habitar poético Gelassenheit, o sea, dejarse ser lugar del ser para dejar ser a las cosas, al ser, es habitar poéticamente. Heidegger pone de manifiesto que este nuevo humanismo, este humanismo originario de la Gelassenheit que subyace al pensar, ethos y arte esenciales, tiene una naturaleza muy artística. No es ninguna casualidad que, de entre los modos de acontecer (dejar ser) el ser, esto es, de entre los modos del mostrar el ente en su apertura o patencia (Zeigen des Seienden in seiner Offenbarkeit), Heidegger destaque el arte –que muestra las cosas en tanto las crea (schafft)– como modo privilegiado (1935/1936b, p. 210; p. 160)28. El arte es el modo propio de Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 170 27 Gadamer sostiene que poeta y pensador juegan en el pensar de Heidegger el papel de preparadores en el sentido de que muestran la posibilidad de otro habitar humano, el habitar poético, la posibilidad propia del hombre. Todo hombre vive poéticamente, aclara Gadamer, aunque no sea ‘poeta’ ni ‘pensador’ (1987b, p. 348). 28 El hecho de que el interés por el arte aparezca en Heidegger en la década de los treinta, en su época más política, ha suscitado la polémica acerca de su posible politización del arte, y de su probable acercamiento al ideal nazi de la “ciencia política” (politische Wissenschaft), según la cual la ciencia sería valorada en virtud de su fáctica utilización para el pueblo. No obstante la autoafirmación de la Universidad (die Selbstbehauptung der Universität) que Heidegger proclamaba –y que no pretendía en último término sino la recuperación de lo originario de la ciencia– se dirigía precisamente contra este ideal, que rechazó en su discurso del Rectorado de 1933 (Heidegger, 1966b, p. 656; p. 6.). Pero no sólo eso. La aparición del arte en los años treinta parece más bien una reacción a sus primeros años políticos (Molinuevo, 1998, p. 67. Gethmann-Siefert, 1989, p. 191.), de modo que resulta muy apropiada la pregunta planteada por F. Duque (1991, pp. 110 s) acerca de si no habrá que invertir la fórmula ‘politización del arte’, y afirmar la estetización de la política y de todos los ámbitos de la actividad espiritual humana, en el sentido de que el arte como modelo del acontecer de la verdad se exporta a la ética y la lógica. gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 170
acontecer la verdad, de su ponerse en obra, de manera que el origen de la obra de arte es la propia verdad del ser tal como acontece originariamente (Pöggeler, 1986, p. 228)29. La reflexión heideggeriana sobre el arte, su estética originaria, considera el arte como Ereignis des Seins, pero el ser sólo acontece históricamente (Heidegger, 1960, p. 505)30. Heidegger encuentra la Gelassenheit como esencia de la actitud estética originaria al estudiar la comprensión kantiana del fenómeno estético y la poesía de Angelus Silesius. Heidegger interpreta el agrado desinteresado con el que Kant en la Kritik der Urteilskraft (§ 2-5) caracteriza al comportamiento estético (ästhetische Verhalten), el comportamiento respecto de lo bello, es decir, lo que determina el temple de ánimo estético de modo que podamos llamarle estetico, apartándose de la mala –aunque exitosa– inteligencia que tuvo de él Schopenhauer (1936/1937, pp. 107 s; pp. 109 s). En el agrado desinteresado kantiano está (no) dicho lo esencial de la actitud estética originaria. Cuando Kant se pregunta por cómo tiene que estar determinada nuestra conducta para que encontremos algo bello, descubre que desde luego la razón determinante no es el interés: “Para encontrar algo bello tenemos que dejar que lo que nos sale al encuentro llegue ante nosotros puramente como él mismo. No debemos considerarlo de antemano en vista de otra cosa, de nuestros propósitos” (Ibid., p. 109; p. 111). El comportamiento estético es dejar ser, Gelassenheit, dejar en libertad la cosa para ser ella misma. La conducta es, dice Kant, el “libre favor” (freie Gunst) (KU, § 5), y profundiza Heidegger: “Tenemos que dejar en libertad lo que nos sale al encuentro como tal en lo que él mismo es, tenemos que dejarle y concederle lo que le pertenece y nos aporta. Este libre favorecer no es suspender nuestra voluntad, que es como lo interpreta Schopenhauer, sino máximo esfuerzo de nuestro ser, liberación de nosotros mismos para dejar en libertad aquello que tiene en sí una dignidad propia a fin de que pueda tenerla en su pureza”. Para dejarlo en libertad para ser él mismo, tenemos que liberarnos de nosotros mismos, de nuestra subjetividad. Por tanto, la exclusión del interés no implica –como creía Schopenhauer– suprimir toda relación esencial con el objeto; no es la actitud negativa del abstenerse (seinlassen) sino justo lo contrario: Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 171 29 Heidegger define la esencia de la obra de arte como “el ponerse en obra de la verdad de lo ente” (sich-ins-Werk-Setzen der Wahrheit des Seienden) (1935/1936a, pp. 25, 58 s, 64, 67; pp. 28 s, 61 s, 66 s, 70). Esto significa, aclara Heidegger, que el cuadro de las botas de Van Gogh, que es al que se refiere, no sólo muestra (pone en obra) la verdad de ese ente: al mostrar la verdad de un ente, lo que está en verdad en la obra de arte es la esencia de lo verdadero. Lo que está en obra en el cuadro de Van Gogh “no sólo es algo verdadero” (ein Wahres); no muestra sólo lo que es ese ente, sino que deja descubierto (Unverborgenheit) “lo ente en total” (das Seiende im Ganzen). Lo que está en obra en la obra es la verdad, el ser mismo (Heidegger, 1960, p. 60. Cfr. Perpeet, 1969, p. 219. Sobrevilla, 1989, pp. 82 ss). 30 Por eso Heidegger asegura que su “pregunta por el origen de la obra de arte no implica una averiguación de la esencia de la obra de arte válida para todo tiempo, que sirva como hilo conductor para una explicación retrospectiva de la historia del arte” (1936b, p. 603). gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 171
la actitud positiva del dejar ser (sein-lassen) que salva a la cosa llevándola a su plenitud. Merced al sin interés entra en juego la “relación esencial con el objeto mismo” (wesenhafte Bezug zum Gegenstand selbst), la Gelassenheit, la relación que le deja ser, la que lo deja en libertad para ser él mismo; sólo entonces “el objeto como puro objeto llega al aparecer” (zum Vorschein kommt) (Ibid., p. 110; p. 111), sólo entonces accedemos a la cosa misma, al ser. En Der Satz vom Grund oye lo no dicho –interpreta– en el verso místico de Angelus Silesius: “La rosa es sin porqué; florece porque florece” (Die Ros ist ohn warum; sie blühet weil sie blühet), y en él encuentra desplegada la esencia de lo poético como Gelassenheit, esto es, en dirección contraria a la esencia del hombre de la voluntad de poder (Heidegger, 1957a, pp. 53 ss; pp. 71 ss)31. Lo que oye en el verso es que la cosa es (en su verdad) cuando se la deja ser, cuando no se la somete al principio de razón. Lo que descubre es, lejos del principio de razón, el ser sin fundamento, el ser pensado desde la idea de juego, el ser que es como el juego, como gratuidad: el ser ‘florece porque florece’, ‘es porque es’, del mismo modo que se juega para jugar. Pero para guardar esta/la verdad del ser, el ser como juego, libertad, gratuidad, al margen del principio de razón, el hombre tiene que igualarse a él. Dejar ser a la rosa, dejar que despliegue su ser, abandonarla a ella misma, no someterla al principio de razón; contemplar la rosa sin por qué ni para qué, no proyectar sobre ella la voluntad de poder, la voluntad de racionalizar, es lo propio del poeta. Ahora bien, lo hace cuando él mismo es como la rosa, sin por qué ni para qué, cuando abandona su subjetividad metafísico/técnica, el sujeto del principio de razón, el sujeto que funda, construye y dispone de lo ente, y no deja ser; en suma, lo hace cuando es poéticamente. Esto es lo no dicho (das Ungesagte) en el verso de Silesius: “El hombre, en el fondo más oculto de su esencia, no es de verdad más que si a su modo es, como la rosa, sin porqué (ohne warum)”; cuando se libera del subiectum, del hypokeimenon, y vive sin fundamento, abierto al ser (Ibid., pp. 57 s; p. 75 / cfr. Mújica, p. 60). Este es el hombre libre, el hombre poético, el único que deja ser. Liberar las cosas, dejar ser al ser, supone liberarnos nosotros, y viceversa. En ese ‘ser como la rosa’ está implicada toda una ética, la ética originaria. El ethos del hombre/pastor que guarda la verdad del ser, el habitar poético, tiene que ser una éticadel juego, porque el ser es juego y –según enseñaba Platón– sólo lo igual conoce a lo igual. Experimentamos el ser, es decir, el ser como juego de ocultamiento y desocultamiento, el ser que no es sólo presencia (desocultamiento) sino también ocultamiento, ausencia de fundamento, abismo, cuando somos como él, sin fundamento, juego. Sólo podemos abrirnos al ser, sólo lo dejamos ser, y esto es poetizar, cuando nos liberamos de nuestro sujeto/fundamento, el que funda y no juega; cuando nos abismamos. Esto es habitar poéticamente, la esencia del hombre, el modo de Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 172 31 Lo no dicho de algo dicho es la verdad de ese decir, y de acuerdo con la naturaleza misma de la verdad eso no dicho está oculto en lo desoculto. gutierrez.qxd 03/11/2003 12:54 Página 172
ser del hombre en la tierra. El habitar poético, la conducta estética es el núcleo de la Gelassenheit: por una parte, es lo que deja ser a las cosas, y por otra es la esencia del hombre, lo que permite al hombre verificar su esencia de guardián del ser. Heidegger escribe que la guarda o cuidado poético de la verdad tiene por tarea jugar el “juego universal del ser” (Weltspiel des Seins) (1946b, p. 282; p. 254)32. El poeta es el modelo de humanidad como vivir abismado, que es lo que deja ser; representa la humanitas del hombre. La poética de la receptividad, el recibir poético, creativo, es dejar ser, y no consiste en otra cosa que en escuchar, pero esto, escuchar para dejar ser, es lo propio del poeta. Por tanto, hablar (sprechen) en tanto que decir (sagen), en tanto que nombrar poético que guarda la verdad del ser, es un escuchar (hören), un “dejar-se-decir” (sich-Sagenlassen), y lo que escuchamos es el hablar del propio lenguaje en tanto casa del ser; ahora bien, este ‘dejar decir’ “sólo puede producirse en la medida en que nuestra propia esencia está comprometida (eingelassen) y admitida en el decir (Sage). Lo escuchamos (hören) sólo porque pertenecemos (gehören) a él” (Heidegger, 1959a, pp. 243 s; pp. 229 s). El dejar ser es dejar ser a la cosa misma, y esto es lo propio del pensar que medita, del pensar que poetiza o del poetizar pensante. Heidegger realiza poeticamente –estéticamente– el ideal fenomenológico husserliano que llevaba por título: a las cosas mismas. Gelassenheit es lo que permite verificar esta tarea fenomenológica. Husserl optó por el paradigma científico/cartesiano de la ratio como camino para verificar aquella tarea, pensando que en la conciencia trascendental encontraría las cosas mismas, las cosas independientemente de todo significado cultural, el sentido que tiene el mundo antes de todo filosofar, el mundo natural, verdadero desiderátum de la filosofía fenomenológica33. Pero el dejar ser es algo propio del comportamiento estético. Ahora bien, esta afirmación necesita ser profundizada para no ser malinterpretada. Alejándose de la concepción estética del arte que lo conectaba con la belleza y la vivencia, la idea heideggeriana del arte, parafraseando al propio Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 173 32 Ahora bien, jugar el juego del ser, el “juego supremo” (höchsten Spiel), experimentar el ser en su verdad, implica peligro, riesgo (Wagnis), porque ya no hay fundamentos, razones, porque desaparecen las medidas que configuran nuestro mundo habitual, sobre todo desaparece el fundamento de ser –o el ser como fundamento–, de modo que aquel juego es un abismarse, un habitar en la “cercanía de la muerte” (Nähe des Todes), muerte que es la que da la medida del juego (Heidegger, 1957a, pp. 167; pp. 176 s). El vivir poético del hombre es un vivir en peligro, “pero donde está el peligro (Gefahr), advierte Heidegger con Hölderlin, crece también la salvación (das Rettende)” (Heidegger, 1949b, p. 29; p. 24. Cfr. Seel, 1991, p. 256). 33 Y de Heidegger como se comprueba en Sein und Zeit § 11. No obstante, Husserl intuyó la particularidad de la naturaleza del arte al considerarlo – desde las categorías propias de su teoría fenomenológica – como una vía peculiar de cumplimentación del ideal fenomenológico. Así, según Becker, Husserl solía decir que en el arte se verifica una “reducción eidética espontánea”, es decir, una reducción no reflexiva/teorética hacia la cosa misma (cit. por Gadamer, 1996, p. 199 / cfr. Husserl, 1912, § 23, 77, 111). gutierrez.qxd 03/11/2003 12:55 Página 173
Heidegger34, queda condensada en esta tesis: la esencia del arte no es nada artístico, nada estético. Su esencia es –de forma inseparable– la puesta en obra de la verdad del ser, el acontecer del ser, y la Gelassenheit. Tal es la verdad esencial del arte. Ahora puede entenderse adecuadamente aquella afirmación. El dejar ser es lo propio del comportamiento estético siempre que pensemos que la concepción heideggeriana del arte supone una explosión de lo estético, de lo artístico, fuera de los límites de la estética (moderna). El dejar ser puede ser considerado como lo propio de la conducta estética siempre que tengamos presente que esta conducta ya no es simplemente algo estético, sino modelo del habitar (poético) concebido como existir/ser originario del hombre. Ahora bien, el “rasgo fundamental del habitar” (Endzug des Wohnens) es el cuidar, proteger o respetar (schonen) (Heidegger, 1951a, p. 151; p. 131). La conducta originariamente estética entonces es la actitud positiva del dejar ser como cuidar la cosa llevándola a su esencia, el habitar poético: realbergar algo en su esencia. La obra de arte necesita cuidadores (Bewahrenden), que son los que la mantienen viva, los que la salvan como puesta en obra de la verdad del ser; son, en suma, los que se mantienen en el “interior de la apertura (Offenheit) de lo ente acaecida (geschehenden) en la obra”, lo cual supone un saber (Wissen) que, según la noción originaria de saber, más allá de la distinción tradicional entre teoría y praxis, no es un mero conocer (bloben Kennen) o representarse (Vorstellen) algo sino el “comprometerse (Sicheinlassen) del hombre en el desocultamiento del ser (Unverborgenheit des Seins)” (Heidegger, 1935/1936a, pp. 54 s; p. 58). El ser y la verdad acontecen, y para que acontezcan es preciso el ethos de la Gelassenheit, el dejar ser al ser. Ahora bien, el arte se ha configurado en Heidegger como modelo del dejar ser. El arte por tanto no es cosa estética, ni es un mero fenómeno cultural entre otros, sino el fundamento del Grundstimmung, el temple de ánimo fundamental, el ethos originario (ética) del habitar poético, el único temple que abre el ser del ente, la verdad (lógica) (Molinuevo, 1998, p. 70). Sólo eso permite a Heidegger afirmar el paralelismo entre arte y verdad que establece cuando comprende la obra de arte como “el ponerse en obra la verdad” (1935/1936a, pp. 25, 58s, 64, 67; pp. 28s, 61s, 66s, 70). Así verifica Heidegger la fusión de estética (arte), ética (ethos) y lógica (verdad) originarias: todas expresan lo mismo, lo originario del hombre, su ethos/morada en la verdad del ser. Por esto Heidegger sostiene que Nietzsche, a pesar de llevar la estética más allá de sí misma, hasta su límite más extremo, no superó la estética, la estética metafísica de la subjetividad, porque para ello es preciso un cambio (Wandels) más originario de nuestra existencia y saber (1936/1937, p. 152; p. 130)35. Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 174 34 “Tampoco la esencia de la técnica es en modo alguno nada técnico” (nichts Technisches), escribe Heidegger (1949b, p. 7; p. 7). 35 Con su ‘estética de la existencia’, Foucault (1994, pp. 730 ss) ha insistido en estas dos tendencias complementarias que venimos observando en Heidegger: primero, llevando el arte fuera de los gutierrez.qxd 03/11/2003 12:55 Página 174
5. La obra de arte, acontecimiento de la verdad, juego de ocultamiento y desocultamiento El dejar ser es algo básicamente artístico. Esta principalidad de lo artistico se debe a que en el dejar ser lo que se deja ser es la verdad del ser, y la verdad es algo que acontece principalmente en el arte. Arte y verdad, este es el título que dirige las meditaciones heideggerianas sobre el arte. El arte es modelo del acontecer de la verdad. La obra de arte es definida por Heidegger como una puesta en obra de la verdad, como un dejar ser la verdad. Esta es la esencia de lo artístico. Pero no sólo eso. Heidegger considera que la verdad es de un modo tal que donde acontece de modo principal es en el arte. Si hasta ahora la tradición (estética) dominante en Occidente había vinculado el arte a la belleza –y a través de ella, entendida como lo agradable, a la vivencia humana– y lo había desligado de la verdad, ha sido debido a que no ha pensado originariamente el concepto de verdad y ha imperado el concepto metafísico de verdad, ajeno a la naturaleza esencial del arte y complemento ideal de la comprensión estético/humanista del arte. Ahora bien, se pregunta Heidegger, qué es la verdad (o el ser) para que acontezca (ereignet) a veces como arte (1935/1936a, p. 25; p. 32). No es desde luego la verdad metafísica. La verdad se pone en obra de modo principal en el arte precisamente porque la verdad no es la verdad metafísica, estable, pura presencia, certeza, sentido pleno captado en una intuicion, puro desvelamiento, modelo de verdad que Heidegger encontró desplegado paradigmáticamente en Husserl, que así pretendía acceder a la cosa misma, como intuición de un sentido/presencia en la conciencia trascendental. De hecho, para desplegar la verdad metafísica no es necesaria la poiesis artística, sino más bien la técnica. Heidegger enseña que comprender adecuadamente la esencia del arte requiere pensar originariamente el concepto de verdad, el concepto griego de alétheia, para pensar lo no dicho en él. El ser es acontecer, desocultamiento, y esto, el desocultarse del ser, es en principio la verdad. Ahora bien, ese ser no es el concepto metafísico de ser como presencia plena, base a su vez del concepto metafísico de verdad. Villacañas sostiene que el ser heideggeriano, la verdad del ser, es posibilidad –y, en este sentido, tiempo–, de modo que excede todo sentido ya establecido captado en la intuición, o sea, toda objetivación (1997a, pp. 5 ss). En el acontecer que es el ser, en su ponerse en obra, en su desocultarse, es decir, en la verdad del ser, no todo es desocultamiento, presencia; no se agota en su acontecer, en su desocultarse, sino que en su desocultamiento esencial hay ocultamiento que no se desoculta, y que también es de él, también es él. El ser pues no es sólo presencia; también es ausen- Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 175 límites tradicionales que lo reducían a fenómeno cultural o acontecimiento estético, de manera que el arte no sólo tiene que ver con los objetos sino también y principalmente con la existencia; y segundo, superando la ética como obediencia a un código de reglas. Vattimo ha conectado esa explosión heideggeriana de lo estético con el proyecto vanguardista de superar la institución arte como algo al margen de la vida, y de estetizar (revolucionar) la existencia (1993, pp. 52-71 passim). gutierrez.qxd 03/11/2003 12:55 Página 175
cia, posibilidad. Por tanto la verdad del ser no puede ser sólo desocultamiento; también es ocultamiento. A la verdad, al desocultamiento, le pertenece esencialmente el ocultamiento; la verdad del ser es tensión entre presencia/ausencia (Heidegger, 1935/1936a, pp. 38, 41; pp. 43, 45 s). Gadamer señala que con esta idea de verdad como enfrentamiento entre desocultar y ocultar (Gegeneinander von Entbergen und Verbergen), Heidegger se sustrae al concepto idealista de sentido como algo plenamente captado, sin reservas, sin residuos, al mostrar que el concepto griego de alétheia es sólo “una cara de la experiencia fundamental del hombre en el mundo. Pues junto al desocultar, e inseparables de él, están el ocultamiento y el encubrimiento”, de manera que la verdad debe entenderse como desvelamiento y ocultamiento al mismo tiempo (Gadamer, 1987c, p. 259. 1991, p. 89. 1994, p. 398). La verdad (alétheia) es no-encubrimiento, pero esto no implica apartar el encubrimiento, el ocultamiento; lejos de ello, la comprensión heideggeriana de la verdad se monta sobre la tesis de que el descubrimiento necesita siempre el ocultamiento. Heidegger entiende que por ser desocultamiento, la verdad es al tiempo y esencialmente ocultamiento. El ocultamiento es inseparable de la verdad, y ello impide que ésta pueda ser concebida como total desvelamiento, de donde se desprende que para Heidegger el ocultamiento no es mera privación inesencial o añadido del desvelamiento, que tarde o temprano se verificará, sino su corazón, de manera que la verdad conserva lo más propio del ocultamiento como propiedad suya. En consecuencia, el dejar ser, en tanto que lo que deja ser es a la verdad, “es en sí y al tiempo un ocultar (verbergen)” (Heidegger, 1930, pp. 192 s; pp. 163 s. Cfr. 1966a, pp. 117 s)36. Esta es la consecuencia de la operación de pensar originariamente el desocultamiento, la verdad. Tal es el concepto originario de verdad, frente a la verdad metafísica, que es presencia plena, sólo desocultamiento, una verdad que desconoce el lado del ocultamien- to. Su desocultamiento, el desocultamiento que es el ser, es también ocultamiento. No hay en Heidegger sólo desocultamiento, pura claridad, pura voluntad ilustrada de claridad, sin sombras; no hay pues puro logos. En el logos hay misterio, y éste es fuente de logos. El binomio desocultamiento/ocultamiento corre paralelo en Heidegger al juego mundo/tierra (Welt/Erde). El ser se desoculta en sentidos históricamente acontecidos, en plexos de significados articulados o mundos, teniendo en cuenta que mundo, según define Vattimo, es el “sistema que los entes constituyen dentro de un horizonte o apertura del ser”; pero esos mundos se desocultan sobre un fondo de tierra, es decir, sobre lo que acoge o cobija (Bergenden) y lo que esencialmente se cierra a sí Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 176 36 Heidegger añade que en la libertad del Da-sein acontece el ocultamiento que posibilita el desocultamiento del ente en su totalidad, de modo que la libertad es el ocultamiento desvelador. Esto significa que el hombre se libera de su subjetividad (moderna), de su ‘voluntad de dominio’ de los entes, para devenir ‘pastor del ser’, actitud que se corresponde con la Gelassenheit, y sólo entonces libera, deja ser, a los entes en su verdad. gutierrez.qxd 03/11/2003 12:55 Página 176
mismo (Sichverschliebenden) (1993, p. 132. Cfr. Heidegger, 1935/1936a, pp. 28, 35, 57; pp. 35, 40, 59). Ahora bien, precisamente por ser tal, por ser esencialmente ocultamiento que no se abre, añade Vattimo, la tierra se constituye en “reserva permanente de significados, la base ontológica del hecho de que la obra no se deje agotar por ninguna interpretación” (Vattimo, 1993, pp. 132 s); la tierra sólo se desoculta como ocultamiento y por tanto como fuente de nuevos mundos. El desocultamiento procede del ocultamiento, pero también es, al tiempo que desocultamiento y en tanto que tal, ocultamiento y fuente por tanto de nuevos desocultamientos, de nuevos mundos. Heidegger sostiene que el enfrentamiento (Gegeneinander) entre mundo y tierra es un combate (Streit). Mundo y tierra son “esencialmente diferentes entre sí”, pero nunca son separados (getrennt): el mundo se funda (gründet sich) sobre la tierra y ésta se alza mediante (durchragt) el mundo (Heidegger, 1935/1936a, p. 35; pp. 40 s). Configuran una unidad de opuestos que siempre tienen que ver entre sí. El ocultamiento esencial del ser es precisamente Lichtung (claro) desde donde se produce el desocultamiento de todo sentido/ente actual, presente; es el horizonte donde son los entes, donde los entes se iluminan, la luz/claro que desoculta todo ente/sentido, pero ella misma, esa luz desocultadora, desoculta ocultándose; queda oculta porque de lo contrario dejaría de desocultar; no se ilumina, permanece oscura, porque dejaría de iluminar. No es una luz que ilumine algo otro que ya es aparte, sino claro donde se revelan, aparecen o se desocultan, los entes. Ahora bien, Heidegger ha concebido la esencia de la obra de arte desde el juego Welt/Erde, como permanente trasvase de tierra a mundo, y al revés. Levantar (Aufstellen) un mundo y traer aquí (Herstellen) la tierra pertenecen a la esencia de la obra de arte; es más, “el ser obra de la obra (Werksein des Werkes) consiste en la disputa del combate (Bestreitung des Streites) entre el mundo y la tierra” (Ibid., pp. 34, 36; pp. 40 s). Pero no cabe duda de que –tal como ha destacado Gadamer– la aportación principal de Heidegger en este punto es la consideración de la tierra como determinación necesaria del ser de la obra de arte (1987c, p. 253)37. Esta tesis ha permitido a Vattimo interpretar la concepción heideggeriana del arte desde las categorías de creación, cuestionamiento y superación de límites (1993, pp. 96 s, 101 ss, 126, 165)38. Los griegos experimentaron la misteriosa verdad del ser o desocul- Antonio Gutiérrez Pozo Arte y Gelassenheit. Estética, ética y lógica ... LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2003, 36 153-186 177 37 Gadamer añade que el binomio Erde/Welt sustituye al esquema tradicional sujeto/objeto, lo que permite a Heidegger superar la comprensión ‘estética’ del arte dominante desde el s. XVIII, es decir, la subjetivización del arte, que desde luego se fundaba sobre aquel esquema (1987c, p. 257). 38 Sobre la base de la noción de ser como posibilidad, como aquello que esencialmente excede todo sentido que él mismo ilumina desde su ocultamiento inagotable, Vattimo sostiene que la categoría de ‘estética’ en Heidegger haría básicamente referencia al hecho de la creación de mundos, de inauguración de posibilidades, de institución o fundación de épocas. El criterio estético será entonces la originariedad: la obra de arte es bella, o sea, estéticamente correcta, si es origen de un nuevo mundo. La estética no significa moverse en un mundo ya dado y articularlo, sino que tiene que ver con los límites, con los horizontes, con el cuestionamiento de ese mundo dado, con la capacidad de revisión gutierrez.qxd 03/11/2003 12:55 Página 177
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