Arquitectura de la crítica
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, ARQUITECTURA DE LA CRITICA José Luis Sanz Botey Un edificio logrado nos muestra de una sola mirada una suma de intenciones, invenciones, conocimientos y fuerzas que su existencia supone manifiesta a la luz del día la obra combinada del querer, el saber y el poder del hombre. Paul Valéry e ualquier actividad humana que se precie de serlo necesita ser crítica y a su vez está expuesta a la crítica. Sin embargo, el descrédito acumulado por la crítica en todos los campos del trabajo intelectual, responde tanto a las oscuras condiciones del 122 mundo actual -definitivamente sometido a su condición espectacularcomo a sus propios desmanes, insuficiencias y burocratización. La crítica, tanto convertida en tarea de especialistas como en comentario frívolo e inconsistente, queda expuesta a intereses ajenos a su propia condición: a necesidades productivas, intereses comerciales, publicitarios o económicos y a oscuros privilegios gremiales o corporativos. La crítica sólo tiene sentido como ejercicio y afirmación de autonomía intelectual y de libertad individual y colectiva. La crítica de arquitectura es, probablemente, una de las más olvidadas. Las dificultades derivan, quizás, de la complejidad que el propio objeto comporta: un importante peso histórico de la disciplina, una fuerte componente técnica, la importancia social y económica, su consideración artística y, por supuesto, el fuerte sentido gremial desarrollado en su entorno. La poca crítica de arquitectura existente se realiza por y para arquitectos en medios especializados. No tienen cabida en este concepto de crítica las esquelas literarias de algunos periódicos como ejemplo. Eso son sólo ejercicios para el lucimiento personal de profesores, filigranas estilísticas de escasa calidad literaria y reparto de prebendas. En este desolador panorama, la obra de Antonio Miranda, Ni robot ni bufón. Manual para la crítica de arquitectura, resulta sorprendente desde las primeras líneas. Primero por su fuerte contenido crítico, segundo por el alto nivel y la disparidad de conocimientos que maneja con elegancia y discreción. Una prosa demoledora y casi panfletaria nos conduce, sin embargo, con gran maestría y sutileza al núcleo importante del libro, a lo que podemos denominar su propuesta: la construcción de una crítica poética de la arquitectura, una crítica objetiva, fiable y útil. La crítica no es un lujo, una actividad de desocupados o de elite, «la crítica -dice Miranda- viene a ser hoy desesperada y urgentemente necesaria para la supervivencia del pensamiento sobre el piélago reaccionario del confort menta». «Hacer crítica es descubrir y denunciar esa falsificación de la realidad y de la vida, que usa la simulación, la corruptela y la mentira envuelta en oropeles culturales y estéticos.» A la crítica como denuncia, puesta en - CXXIIASTRAGALO, 15 (2000) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2000.i15.14 Arquitecto y crítico de la arquitectura
crisis, o destrucción le sigue bien de cerca un concepto constructivo de crítica: «Creación» es crítica, crítica es «creación». A través de la lectura vamos descubriendo cómo la obra de Miranda es, a pesar de las apariencias, eminentemente constructiva. Se trata de una construcción inestable, una construcción crítica. Y es ahí, precisamente, donde reside el interés y el riesgo o debilidad de su obra. Si el primer objetivo de una crítica de la arquitectura apunta a distinguir entre buena y mala arquitectura o a denunciar la falsa arquitectura, tenemos ya un primer problema que se hace patente y visible en toda la obra de Miranda. No podemos, por razones obvias, denunciar toda la falsa arquitectura y, por lo tanto, si ése es nuestro objetivo, una gran parte de esa falsa o mala arquitectura queda exenta de juicio, sea ejercicios de simulación, imposturas académicas: geometrías o ejercicios caligráficos ajenos a la «razón constructiva» y, por tanto, sólo aptos para el juicio y la gratificación académica que tanto detesta Miranda. La crítica debe ser ante todo conocimiento y el conocimiento no puede prescindir de ningún aspecto por intrascendente que parezca ni hacer reduccionismos a priori. El crítico debe comportarse más como el detective en busca de pistas esclarecedoras para el conocimiento de la verdad que «como la Guardia Civil que persigue al delincuente allí donde se encuentre» pero a la que no le interesa lo más mínimo el conocimiento, sino que cede el juicio a otras instancias superiores de rango político, militar o «judicial». de forma casual o intencionada y de mala fe. La propuesta de Miranda es la de una crítica ¡ 23 Segundo problema: si la lógica interna, el orden previo auto impuesto -como gusta llamar el autor-, la geometría o coherencia interna de la obra, el objeto en sí, pueden ser analizados y valorados al margen del autor, la época, las circunstancias sociales o políticas, las formas de implantación social, se está afirmando una «razón compositiva» autónoma. Es decir, la lógica y coherencia entre plantas, alzados y secciones, es decir, la «razón compositiva», viene a sustituir a la arquitectura entendida como resultado de una serie de actividades me - diadoras entre naturaleza, técnica, arte historia y economía. Así pasarían la prueba de la crítica propuesta por Miranda arquitecturas perfectamente estructuradas, obras con un alto grado de perfección o rigor formal, obras de arquitectos con mucho oficio pero muertas, es decir, poética que supera y está por encima de sus hermanas menores: la crítica descriptiva, la crítica analítica y la crítica interpretativa. La crítica poética es para Miranda una crítica del objeto en sí, una crítica que revela las contradicciones internas del objeto arquitectónico como signo de su falsedad, que le hace entrar en crisis mostrando su falta de coherencia interna, de modo que el propio objeto se autodescalifique, se niegue así mismo y a su condición de verdad. Si no puede ser falseado pasa la prueba de la buena arquitectura. Quizá este método basado en el estructuralismo filosófico y dirigido al objeto en tanto que significante puede tener sentido frente a un ejercicio teórico en una escuela de arquitectura, o simplemente como método de aprendizaje para autoimponerse un cierto rigor. - CXXIII -
No podemos, en los tiempos que corren, descalificar este esfuerzo titánico por construir una crítica en un medio tan hostil como es el contexto español de la posmodemidad y de su linda y anquilosada universidad, sin cometer una atroz injusticia. La obra de Miranda es sumamente valiosa pero insuficiente, y no creemos que esa insuficiencia sea el fruto de una escasa valía intelectual o personal, sino todo lo contrario: esa insuficiencia nace del propio medio en el que la obra se gesta: la escasez de interlocutores, la inexistencia de una tradición crítica, la imposibilidad del ejercicio libre de la crítica aplicada a nuestro más inmediato entorno, sin la cual no tiene sentido una construcción teórica. La crítica de la obra de Graves, Venturi, Moore o Johnson no es, por evidente, innecesaria pero sí insuficiente. No podemos ocultar la crítica de la propia y débil 124 tradición de nuestra modernidad: Sert, Sostres, Coderch, Oíza, Moneo, Bohigas o Bofill. No podemos dejar de lado a Eisenman, Stirling, Síza, Koolhas o Nouvel. ¿Podemos hablar con franqueza y libertad de los propios compañeros de viaje? ¿Debemos descalificar la crítica «popular» a determinadas obras simplemente porque se expresa en términos «erróneos» al margen de la verdad intrínseca que muchas veces encierra? Estas y otras muchas preguntas nos asaltan durante la lectura de este apasionado y apasionante libro salpicado de notas brillantes y valientes como las dedicadas a Wright, Aalto o Khan y alimentado también de algunos tópicos y horrores que justificarían obras dudosas o mediocres. El libro de Miranda es, ante todo, un libro necesitado de crítica, creemos que la obra lo me - rece y que su autor lo agradecerá. No se debe dejar pasar la oportunidad de abrir un debate a todos los niveles sobre la necesidad de la crítica. Un libro como éste puede levantar ampollas pero nunca caer en el olvido. Sin una crítica de calidad no puede haber una arquitectura de calidad. Hacer arquitectura es necesariamente hacer crítica, pero hacer crítica es también -como demuestra Mirandauna forma de «construir», de hacer arquitectura. • ANTONIO MIRANDA, Ni robot ni bufón. Manual para la crítica de arquitectura. Ed. Cátedra. Madrid, 1999. • - CXXIVASTRAGALO,15(2000)ISSN 1134-3672