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La "riqueza" del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos

Méndez García de Paredes, Elena

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Antonio Narbona Jiménez (edición y coordinación) Elena Méndez-G.ª de Paredes nuevo retrato lingüístico de Andalucía Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 LA “RIQUEZA” DEL VOCABULARIO ANDALUZ Y LOS ANDALUCISMOS LÉXICOS Elena Méndez G.ª de Paredes Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 219 1. Introducción* El título de este capítulo refleja bien la situación paradójica en la que se sitúan muchos andaluces con respecto al componente léxico de las hablas andaluzas. Por un lado, repiten continuamente que el andaluz posee una enorme riqueza patrimonial en el vocabulario, siendo esta la cualidad lingüística que se valora más positivamente y, por otro lado, ellos mismos muestran serias dificultades para recordar al menos cinco palabras que puedan caber en el concepto de andalucismo1. Y eso ocurre aun cuando deciden responder premeditadamente a esta cuestión léxica del andaluz, tal y como ocurre en la campaña publicitaria con motivo del Día de Andalucía de una conocida cadena de supermecados andaluces. Si se accede al enlace del anuncio2, puede comprobarse que quienes intervienen en el anuncio, andaluces anónimos, no salen de formas como illo o quillo, mi arma, tajá, ancá, no ni na, malaje, esnortao, daleao, antié, carajote, remear, fitetú, berenhená, ¡ea!... Dichas formas remiten a palabras o a expresiones del español * El presente trabajo se enmarca, dentro de los proyectos “Construcción histórica y proyección social de la imagen del habla andaluza” financiados por la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía y por la Universidad de Sevilla, con referencias P18-RT-2431 y US-1257660. 1 Así se constata en medio centenar de encuestas realizadas a alumnos andaluces de tercero y cuarto del Grado en Filología Hispánica. 2 El anuncio publicitario de supermercados El Jamón, “Orgullosamente andaluces” apareció en las televisiones de Andalucía y en las redes sociales el 23 de febrero de 2021, como homenaje de la cadena a la riqueza del habla andaluza con motivo de la celebración del “Día de Andalucía”; puede consultarse en: <https://es-es.facebook.com/SupermercadosElJamon/videos/orgullosamen teandaluces-feliz-d%C3%ADa-de-andaluc%C3%ADa/1647003858818194/> Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 220 “Riqueza” del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos general (chiquillo, mi alma, tajada, no ni nada, desnortado, ladeado, antier, carajote, remedar, fíjate tú, berenjenal...) que suelen ser realizadas en esa forma fónica por muchos andaluces en situaciones coloquiales de máxima informalidad, sin importarles el que algunas de ellas estén marcadas socialmente como bajas. Las alteraciones gráficas con que se manifiestan en la escritura remiten a formas de pronunciar estereotipadas que aparecen sobreimpresas en la pantalla de las televisiones o de otros dispositivos. Lo mismo que se describe para este anuncio se repite en tantos diccionarios de localismos que transcriben gráficamente lo que pertenece a la oralidad más coloquial y familiar. Ese es precisamente el entorno en que algunos andaluces emplean estas formas léxicas, por lo que no se registran ni trascienden a situaciones definidas por parámetros pragmáticos de formalidad comunicativa, como las que se producen en situaciones en las que el modelo concepcional del hablar está ahormado por la lengua escrita de la distancia comunicativa, donde se exige una selección de variantes prestigiosas no marcadas en lo diasistemático. Es decir, ni coloquiales ni vulgares. El que la riqueza de vocabulario se asocie en el imaginario social principalmente con ese tipo de expresiones tan habituales en las redes sociales (pese a que, como se ha dicho, presentan marcas bien de registro –el coloquial–, bien de nivel sociocultural –bajo–, bien de ambos a la vez) da idea del locus habitual en el que se ha registrado el andaluz, justamente, en el de las situaciones coloquiales muy informales donde cabe cualquier realización lingüística. También da idea de las paradojas que encontramos en las actitudes lingüísticas de muchos andaluces, pues se observa que la percepción que poseen de la realidad que hablan, sustentada en premisas y argumentos más emocionales que racionales, los lleva a canalizar un sentimien- to, el del orgullo de ser andaluz y hablar como andaluz, a través de vocablos como los mencionados –que se tienen por andaluces, y se asumen sin comprobación alguna, como propios de la región–, con la pretensión, en algunos casos, de que su empleo cotidiano ayude a reivindicar la consideración que merece el andaluz como forma de expresión de Andalucía. La frecuente y repetida selección de vocablos como los mencionados nos permite asistir a una orientación estereotipada del proceso perceptivo que lleva a simbolizarlos como un Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 221 Elena Méndez G.ª de Paredes patrimonio colectivo de identidad lingüística regional por el hecho de que todos pueden reconocer en ellos su pronunciación andaluza. Para los razonamientos epilingüísticos que se activan en ciertos imaginarios sociales, basta con esta propiedad diferencial de los significantes (“así” es como se dicen en Andalucía) para considerar todas esas unidades lexicosemánticas del español común diferenciales y propias del lexicón del habla andaluza. Sin embargo, una cosa es que muchos andaluces reconozcan tras esas manifestaciones léxicas las situaciones en que pueden proferirse u oírse palabras semejantes en boca de andaluces (incluso de ellos mismos) y que dicho proceso –de carácter metalingüístico y metacomunicativo– les transmita una percepción del dialecto que fortalece la cohesión grupal, y otra cosa es que esas palabras sean realmente parte de un vocabulario propio y diferencial que enriquece el patrimonio léxico de los andaluces. Basta con hojear los numerosos diccionarios de localismos, vocabularios y palabrarios del andaluz, así como las muestras del paisaje lingüístico de los centros urbanos de ciudades andaluzas para apreciar el tenor del léxico que se desea hacer pasar por expresión de la “riqueza del habla andaluza”, cuando es en realidad un retrato distorsionado de la realidad léxica de Andalucía. Hablar con rigor del vocabulario andaluz requiere discriminar bien los trabajos elaborados por especialistas, dialectólogos e historiadores del español, de esos otros repertorios en los que se recogen indiscriminadamente, además de voces autóctonas –ya señaladas por las obras académicas–, incontables palabras a las que no es posible aplicar el concepto de andalucismo, bien porque no son propias de la región, al ser léxico panhispánico en los que cambia la pronunciación como en buhero, abulaga, entavía, to, na, po, pa… en lugar de las formas correctas agujero, aulaga, (en) todavía, todo, nada, pues, para…, sino variantes de pronunciación que forman parte de la biografía lingüística de ciertos hablantes. Y que, además de no ser propiamente dialectalismos, son indicadores sociolingüísticos que se correlacionan con el bajo nivel cultural de hablantes de cualquier zona del mundo hispánico. Esta marcación sociolingüística las bloquea, de ahí que no se registren con esa pronunciación en prácticas verbales propias de la oralidad formal. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 222 “Riqueza” del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos 2. La dialectología andaluza y el léxico recogido de los informantes encuestados Gran parte del léxico vernacular y patrimonial de los andaluces aparece reflejada en las encuestas que se realizaron para el Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía, el ALEA, como lo llamamos cuando tenemos que citarlo al hablar del andaluz o para recordar y referir la gran cantidad de conocimiento sobre las hablas andaluzas que está recogido en los seis tomos de mapas lingüísticos, de láminas con planos de vivienda o con dibujos de utensilios, recipientes, aperos de labranza y de fotografías en las que se contiene la realidad etnográfica de Andalucía de mediados del siglo xx. El ALEA es la magna obra de Manuel Alvar López y de sus colaboradores, Antonio Llorente Maldonado de Guevara y Gregorio Salvador, publicada entre 1961 y 1972. Si consultamos los índices de todos los tomos I, II, III, IV y V, que contienen los mapas léxicos en los que se registra el vocabulario recogido de los hablantes encuestados (mayoritariamente hombres, aunque también se encuestó a mujeres), observamos que todo el cuestionario gira en torno al hábitat natural y cultural de las gentes de las localidades encuestadas. Se pregunta sobre el entorno físico (el tiempo, las estaciones, la topografía, los insectos, las alimañas, los animales domésticos, pecuarios, marinos...); sobre las tareas y trabajos, los modos de vida y las maneras de hacer de los pueblos andaluces; sobre el campo y su cultivo, los utensilios e instrumentos, los procedimientos mecánicos, los aparejos para las bestias...; sobre los tipos de cultivo, la vid, el olivo, así como por su procesamiento alimentario (vinificación y oleicultura); sobre los oficios, el carboneo, el corcho, los molinos de harina y la panificación, la herrería, la marinería, los aparejos de pesca, embarcaciones... Por los mapas pasan la vida y las gentes de Andalucía de la cuna a la sepultura (la casa y sus estancias, los muebles, el ajuar, la cocina, el fuego y el hogar, el menaje de la casa, la vestimenta, las comidas, los dulces, las fiestas religiosas y tradiciones populares, los juegos, los ritos...), lo que nos permite reconstruir, a través de las palabras de las que se servían, el hacer, el ser, el estar y el vivir de los andaluces rurales de hace casi un siglo. Pero no solo. Además, algunas de las voces recogidas en los mapas permiten reconstruir la influencia que en los movimientos de reconquista y en los asentamientos poblacionales, tras la recuperación de Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 223 Elena Méndez G.ª de Paredes territorios, tuvo la procedencia variada de las gentes que se establecieron en los enclaves de frontera. Las designaciones de algunas realidades se hicieron con nombres de origen occidental (leonés, portugués) que delatan la presencia de repobladores leoneses y gallego-portugue- ses por el occidente. Son de origen leonés, frangollón, ‘el que hace las cosas de prisa y mal’, de frangollar, ‘romper el trigo’, frangollo, ‘potaje de trigo’; ponerse pingando-pingueando, ‘mojarse, empaparse de agua’; trastabillarsetrastabillearse, ‘tropezarse’; añugarse-añusgarse ‘atragantarse’; así como los conocidos vocablos esmoreci(d)o, ‘aterido de frío’ y (e)saborí(d)o, ‘persona antipática y de difícil trato’, o dobla(d)o, ‘desván’. De origen portugués, coruja, ‘lechuza’; alpende, ‘cobertizo’; fechadura, ‘cerradura’; gurumelo, ‘tipo de boletus’. Estas voces no son generales en toda la región. Se reparten en las áreas andaluzas más occidentales (Huelva, Sevilla, Cádiz). En otras áreas estas realidades se denominan con otros nombres. Pero lo más importante es que algunas también son parte del español general, como ocurre con esmorecido, añusgarse, pingando, etc. Son de origen castellano voces consideradas arcaísmos que pervivieron y aún hoy pueden oírse algunas de ellas: orear ‘ventilar una estancia’; sobera(d)o, ‘desván’; zarcillos, ‘pendientes, aretes’; candela, ‘lumbre, fuego’; refino, ‘mercería’; atacarse, ‘colocarse bien los pantalones’; hacer mala orilla, ‘tiempo desapacible’; hiniesta (o iniesta), ‘retama’. Tampoco estas voces son generales, se concentran en áreas concretas o coexisten con otras voces que designan la misma realidad. Son orientalismos voces de origen aragonés, como falsa, ‘desván’; farfolla ‘hojarasca’; melgo, ‘mellizo’. O murcianismos como panocha, ‘maíz’; zafa, ‘palangana’. De origen catalán son sardinel, ‘escalón de entrada al zaguán’; mollete, ‘tipo de pan de desayuno’; molla, ‘miga de pan’, flama, ‘reverberación del calor en verano’. También se documentan en otras zonas no andaluzas. Son palabras mozárabes asentadas en la región alcayata, ‘escarpia’; habichuela (blanca o verde), ‘judía’; alcaucil, ‘tipo de alcachofa’; chícharo, ‘guisante en unas zonas, alubia, en otras’; maceta, ‘tiesto’; capacho, ‘cestillo’, gazpacho, ‘plato típico de la gastronomía andaluza’; alpechín ‘sobrante de la molienda de la aceituna’. Algunas de estas voces pueden documentarse también fuera de Andalucía y no podemos asegurar su origen regional, aunque se oigan en boca de tantos andaluces. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 224 “Riqueza” del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos De los muchos arabismos que entraron en el castellano durante los siglos xii y xiii y luego desaparecieron por dejar de ser usados en la lengua general, algunos siguen empleándose en las hablas andaluzas. Hay voces que, sin ser andalucismos en estricto sentido, son de empleo muy frecuente y podrían ser tenidos como tales por lo arraigados que están en la región, como alhucema ‘espliego, lavanda’; arriate, ‘terreno tabicado para plantar flores’, atarjea, ‘surco o canal para evacuar el agua’; almoradú(j), ‘mejorana’, ajonjolí (o ajolí), sésamo; hallulla, ‘torta’; matalahúva o matalahúga, ‘anís’; alboronía, ‘pisto de verduras’; alcuza, ‘aceitera’; zaguán, ‘estancia de la casa que sirve de entrada y la separa de la puerta de la calle’; alacena, ‘despensa’; alcancía, ‘hucha’, o la casi desaparecida aljofifa, ‘bayeta o trapo de fregar el suelo’ que tantas variantes fonéticas ha tenido en Andalucía. Y, aunque no todos los mozarabismos ni tampoco los arabismos se manifiestan por igual en toda la región, muchos de ellos se asumen en la conciencia lingüística colectiva como si fueran andalucismos, si bien suele ser normal que coexistan con variantes léxicas del español general que no son ni mozarabismos ni arabismos como bien puede observarse en la geografía lingüística. Por ejemplo, alhucema es muy general, pero espliego se reparte sobre todo por puntos de la Andalucía oriental (Jaén, norte de Granada, Almería), y muestra que estas provincias tienen una mayor influencia castellana. Lo mismo ocurre con aljofifa, muy general en áreas occidentales, pero las otras áreas se reparten de forma desigual los nombres de trapo, bayeta y fregón. En realidad, en los mapas léxicos domina la diversidad y el polimorfismo fonético de las variantes de pronunciación cuando los informantes enuncian los nombres de los objetos por los que se pregunta. Las isoglosas léxicas se concentran de forma no siempre homogénea, por lo que es difícil llevar a cabo una delimitación precisa del alcance o extensión de las diferentes palabras con que en Andalucía se nombra un mismo referente. Y el hecho de que aparezca una de ellas no invalida el conocimiento ni la designación de lo que puede emplearse en otras localidades colindantes. La dialectología andaluza presenta estudios de vocabulario muy precisos y detallados a partir de los mapas léxicos del ALEA sobre las formas particulares de nombrar determinados objetos o las partes de que se componen estos, así como las variantes léxicas que nombran dichos objetos, dispersas o concentradas, en los diversos puntos de la Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 231 Elena Méndez G.ª de Paredes de Antequera, los gañotes de la Sierra de Cádiz, las poleás, la berza de Jerez, las tagarninas...). ¿De qué manera pueden surgir los andalucismos? Aunque nuevamente toda prevención sea poca, podemos pensar que lo mismo que en la lengua histórica se produce una renovación léxica y se crean voces por cambios en la sustancia fónica que repercuten en el significado o por procedimientos metafóricos y metonímicos o por asociaciones fonosimbólicas o por adaptación de extranjerismos cuando estos se han generalizado, no hay nada que impida que pueda ocurrir lo mismo en el espacio variacional del español en Andalucía. En la conciencia lingüística de muchos andaluces suele estar bastante extendida la idea de que por sí misma la pronunciación andaluza crea andalucismos léxicos. En estos casos los lingüistas se encuentran ante una encrucijada: o tomar la palabra como una una variante de pronunciación “a la andaluza” y tomar como referencia lo que podríamos llamar una “langue par défault”, es decir, una “lengua previa subyacente” que tenemos en mente, en donde el concepto léxico es indisociable de una forma significante que no se ha desgastado fónicamente en un proceso de regionalización; o tomar como punto de partida el andaluz, habida cuenta de que puede ser la única forma que conoce el hablante (Simone 1997). En no pocos casos los propios andaluces (no todos, por supuesto) son incapaces de proceder a un reanálisis que les permita reconocer el término de partida, en tanto que desconocen los cambios fonéticos producidos en el vocablo16, lo cual explica que determinados coloquialismos o acortamientos silábicos sean considerados andalucismos y permanezcan dentro del espacio mental de muchos andaluces como tópicos o lugares comunes del andalucismo léxico, cuando en realidad no lo son, como arrecío, esmorecío, daleao, patochá, illo, quillo, etc.17. En estos casos ocurre que se ha detectado un patrón de pronunciación reconocido como habitual en el habla andaluza conversacional (la pérdida de /d/ intervocálica de la sílaba final de palabra), 16 Es lo que ocurre con una forma, omío, que se reparte por puntos de la campiña sevillana (Carmona, Marchena, Paradas, el Viso del Alcor), y que proviene de la expresión interjectiva, ¡hijo mío! En ocasiones omío se convierte en un marcador fático de interacción (inmovilizado en esta forma y, por tanto, sin variación de género). Y a veces funciona como apoyo continuativo del discurso coloquial en la zona donde se emplea. 17 Es lo que ocurre en muchos de los testimonios que aparecen en el anuncio publicitario citado más arriba. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 232 “Riqueza” del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos o algún otro patrón como la metátesis que se asigna sin más al habla castiza de andaluces de escasa instrucción (daleao en lugar de la forma normativa ladeado); acortamientos como illo o quillo remiten también a una forma por defecto, el diminutivo chiquillo < chico, cuya moción apreciativa puede originar pérdida de sustancia fónica en contextos vocativos de marcación apelativa o interaccional. Sin embargo, aquí no es apropiado hablar de andalucismos, por mucho que en Andalucía dichas palabras puedan emplearse con esta pronunciación en situaciones informales. En cambio, sí podemos considerar andalucismos voces características del léxico del flamenco (bailaor, tocaor, cantaor, toná, seguiriya, soleá o cantar por bulerías, por soleares...), porque pertenecen a un léxico de especialidad, propio de una tradición folclórica de carácter popular arraigada en Andalucía que se ha lexicalizado con dicha pronunciación. Otras veces lo son, justo, por lo contrario: un término más especializado se refleja en la lengua común de los andaluces con un nombre desgastado fónicamente que, lejos de remitir solo a la lengua popular, está normalizado y urbanizado en la población. Es lo que apreciamos en la designación empleada para una planta, la aspidistra, muy frecuente en los patios y casas de Andalucía, a la que se conoce como pilistra. Por tanto, para hablar de andalucismos de forma debe haber algo más que un desgaste en la forma del significante, ha de haber, asimismo, una repercusión en el significado que nos permita reconocer su vínculo con un ámbito específico de las formas de vida o culturales de la región. De este modo, palabras como velá18, madrugá19, (e)saborío, jartá(da), jartible (de harta con conservación de la aspirada inicial, lexicalizada con esa pronunciación en contextos expresivos), guarní(d)o, mascá(da), mi(ga)jita20, pringá(da)21, jardazo (de la voz farda ‘costal’, con aspiración mantenida y, por tanto, se trata de una formación paralela a la voz expresiva costalazo para referir ‘un fuerte golpe en la espalda’ dado con un costal cargado o a consecuencia de una caída), malaje (de mal ángel), ‘persona antipática’, podrían considerarse andalucismos. 18 Velá designa una ‘feria que transcurre al atardecer y se monta para celebrar la festividad de una virgen o un santo’. Ej. La Velá de Consolación. 19 Madrugá tiene como referente específico la que transcurre desde el Jueves Santo al Viernes Santo. 20 Mijita persona melindrosa y de poco aguante. 21 Pringá ‘panecillo caliente, relleno de las carnes del puchero’ y ‘las carnes del puchero’. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 233 Elena Méndez G.ª de Paredes En cualquier caso, es necesario estudiar cada caso concreto y comprobar su estatus dentro del continuum de variación del español general (y peninsular), para determinar su dimensión diasistemática que permita consignarlo o no como andalucismos de forma y de sentido, en virtud de su implantación geolectal, arraigo social, vitalidad lingüística y analizar en qué tipo de prácticas verbales afloran como vocablos disponibles dentro del espacio variacional del andaluz, aunque ello suela ser casi siempre en contextos coloquiales, dado que muchas de ellas se emplean como palabras expresivas. También puede ocurrir que determinada palabra se emplee en contextos de uso inhabituales de los que se extrae una nueva acepción diferencial identificada así en el habla de andaluces, aunque ellos mismos no lo aprecien, de manera que entran a formar parte de expresiones características de la región. Es lo que pasa con cuero(s) en estar o quedarse en cueros, ‘desnudo’, o encuerar(se), ‘desnudar’ o ‘desnudarse’; apartarse una presa o porción de comida de una fuente de servir (por ej.: “Anda, deja de hablar y apártate que tienes la fuente a tu lado y los demás también queremos”) cuando se emplea en contextos donde la voz general es “servirse algo de un plato u otro recipiente”. Puede haber, sin embargo, conciencia de la cotidianidad del uso propio, así, embarcar una cometa en un árbol o una pelota en un balcón o en un tejado es de uso general en gran parte de Andalucía. Al igual que en los mismos contextos se emplean empeñar o encaramar la pelota o la cometa en un árbol o en un balcón. Fuera de Andalucía es más propio colar la pelota en un balcón. Emborrizar es palabra común en Andalucía para la acción de rebozar un alimento por azúcar, canela, coco, piñones, ajonjolí, harina, etc. En el vocabulario de las pequeñas reparaciones domésticas suelen mantenerse muy estables denominaciones que se apartan de los usos léxicos más estándares. Es el caso de chapú o chapuz (del francés chapuis) para referirse a un trabajo de poca importancia o a una obra menor; regola es la denominación usual que tiene la ‘canalización que se abre en una pared para empotrar cables o tuberías’ (lo que en otras zonas se conoce como roza). La relación de contigüidad referencial desencadena procesos semánticos por metáfora o metonimia que puede dar lugar a nombres particulares y propios de un espacio variacional: marear se emplea en Andalucía, además de con los significados habituales, para la acción Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 234 “Riqueza” del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos dar vueltas en la sartén a ciertos ingredientes para ‘rehogarlos’ o ‘sofreírlos’. Jeringo, tejeringo, calentitos dan nombre en Andalucía a la masa frita más conocida como churros, los dos primeros toman el nombre del utensilio con que se echa la masa a la sartén, que tiene forma de jeringa; mientras que calentitos es un empleo atenuante para describir la elevada temperatura con que salen de la sartén y se comen. Pringá toma el nombre de la pringue o grasa que llevan las carnes, chorizo, morcilla y tocino del puchero; sombrajo es ‘construcción efímera de cañas y toldos’ para estar a la sombra y protegerse del calor en la era o en la playa; lengüetón nombra al ‘que habla más de lo que debe’; gorrilla a los ‘aparcacoches ilegales’, por la gorra que suelen llevar; palillos son las ‘castañuelas’ con que se acompaña el cante y el baile; chicotá(da) 22 es ‘el trecho que anda un paso de Semana Santa a hombros de costaleros’; costaleros, los encargados de portear en andas o en un paso, canastilla o trono las imágenes de Semana Santa que procesionan (toman el nombre por el costal con que se protegen la zona del cuello donde apoya la trabajadera); canijo es ‘delgado’ y se refiere también al ‘pequeño de la casa’, cani, ‘individuo joven de barrio deprimido y fama de pendenciero’; zancajo es una palabra desusada que en castellano antiguo nombraba la parte del pie a que llamamos talón. En Andalucía, designa el agujero o tomate que se hace en el calcetín o en la media por el roce del zapato; del mismo modo, sebadura o cebadura (con ceceo) es la ‘herida producida por roce o sobadura del zapato en la piel’. Las voces propias puede ser creaciones fonosimbólicas y onomatopéyicas que surgen ex novo y se generalizan para referir una determinada realidad: pipirrana, piriñaca, (picado o aliño de tomate, pepino, pimiento y cebolla); repapalilla, ‘buñuelo de bacalao’; retotolludo o retotoyudo (dicho a un niño pequeño, ‘gordo’, ‘sanote’, ‘de buen ver’), chingachingueta, ‘balancín’ en la comarca de Lepe, etc. Hay ciertas palabras que están tomadas del francés o del inglés y han sido adaptadas o remotivadas en ciertos ámbitos andaluces. Así 22 Esta voz propia del léxico cofrade de Sevilla, probablemente tenga un origen marinero: chicote es el ‘remate, punta o cabo de una cuerda’ con la que se puede medir el trecho que recorre un paso a hombros de los cargadores del puerto, que eran quienes desde antiguo portaban las imágenes en procesión. El desconocimiento de ese término marinero (y que ya no sean cargadores del puerto los que portan las imágenes) ha podido favorecer el cruce con chico al que se añade el morfema apreciativo chicote, ‘robusto, fortachón’. Este derivado se percibe adecuado para calificar a quienes soportan el peso de las imágenes y por metonimia pasa a designar al tramo recorrido por ellos. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 235 Elena Méndez G.ª de Paredes ocurre con el malagueñismo, merdellón ‘persona de mal gusto, sin estilo, vulgar’ o dicho de una cosa propia de ese tipo de personas, que procede del uso despectivo de la expresión francesa merde gens; chipichanca o chiquichanca, ‘persona sin oficio ni beneficio que está a lo que sale’ procede de la voz shipchandler, aplicada a quienes captaban con engaño a compradores de billetes de barco; o el gaditanismo y malagueñismo “estar aliquindoi”, ‘mirar o estar atento a lo que otros hacen’, procede de la expresión inglesa look and do it; igualmente puede decirse de la denominación de guarrito para el taladro eléctrico, que procede de la marca Warrington bajo la cual se vendían. Este uso descriptivo que se documenta en ciertas zonas de Andalucía convierte un nombre propio de marca comercial, en nombre común adaptando su fonética extranjera a la española de un modo humorístico o festivo que termina generalizándose para denotar el artefacto eléctrico. Lo más interesante es que se documenta en la provincia de Málaga y en algunas zonas de Huelva y de Sevilla, curiosamente las áreas en las que el mapa 547 del ALEA, documenta la palabra guarro como variante léxica para designar al cerdo y guarrillo o guarrino para su cría. Por último, podrían considerarse andalucismos ciertas especializaciones léxicas como tapa, ‘platillo de comida que se sirve con la bebida en los bares’ y tapeo, ‘ir de bares’; marear ‘dar vueltas el sofrito en la sartén para que no se queme’; pegarse o ‘agarrarse la comida a la sartén cuando empieza a quemarse’; pego, ‘mentira, tontería’; castrojo, ‘persona basta, poco cultivada y sin muchas luces’; chorraera, ‘tobogán’; chorr(e)ar las olas, ‘dejarse arrastrar por la ola desde que rompe hasta la orilla’ (Málaga); gañafón, ‘arañazo’ que hace un animal o una persona; trochería, ‘pamplina o tontería’ (de troche, que está solo en la expresión a troche y moche); trochar, ‘atajar por un camino’; farota ‘persona descarada y fresca’ (< (des)baratar, con asimilación del grupo -sb- > [f]); voces para nombrar la ‘acción por la que se deja de asistir intencionadamente algún día a las clases’: “hacer rabonas o piardas”; meterse o salirse de la bulla o estar en una bulla ‘gentío’; tener bulla o ir con bulla, ‘prisa’; meter bulla, ‘ruido, escándalo’; qué le gusta una bulla, ‘juerga’, ‘diversión’; darse una pecha(da) de reír, comer, andar... significa ‘hacer algo intensa o abundantemente’; (d)escamondar es ‘dar un buen flete’ o ‘limpiar a conciencia’; empercocharse es ‘llenarse algo de suciedad’ y enguachinarse o enguachingarse es ‘empaparse de agua en exceso algo’. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 236 “Riqueza” del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos 4. Final Como se puede apreciar por el tipo de palabras que se han ido analizando a lo largo de estas páginas, muchas de ellas forman parte de expresiones coloquiales o son voces expresivas que se reconocen como propias de la inmediatez comunicativa ya que afloran, por lo general, espontáneamente en el habla de muchos andaluces. Algunas son más generales, mientras que otras no traspasan una circunscripción reducida. Son formas de la oralidad, lo cual manifiesta el lugar, el locus, existencial del andaluz como un habla regional que aflora en la expresión oral de la inmediatez comunicativa, que es donde emerge siempre la acumulación de rasgos más identificadores de una variedad regional tanto de pronunciación como léxicos. Y tanto unos como otros están, asimismo, sujetos al perfil o nivel diastrático de los hablantes. Algunas de las voces que se han recogido arrastran en su conformación el nivel sociolectal del grupo social que las emplea; otras tienen un arraigo y una urbanización más general porque pertenecen a manifestaciones culturales o forman parte de un léxico de especialidad que traspasa, en no pocas ocasiones, la frontera regional para oírse de boca de hablantes no andaluces. Esta consolidación fuera de Andalucía permite reconocer su raigambre andaluza, por lo que pueden conceptualizarse como andalucismos. En otros casos, es más controvertida esa etiqueta y mucho más su extensión a palabras cuyas referencias están en la lengua común. La acumulación sin control de palabras pretendidamente diferenciales, como quien recoge conchas de la playa o colecciona cromos, no enriquece una variedad que, realizándose en las formas andaluzas de hablar, se integra armónicamente tanto en el continuum variacional del español peninsular e hispánico, como en el continuum “inmediatez-distancia” que estructura, en su dimensión concepcional de la comunicación, la presencia y/o el retraimiento de variantes andaluzas, en función del prestigio que los hablantes andaluces confieren a unas y otras formas. En cualquier caso, no podemos asignar sin un análisis lexicológico el estatus de andalucismo por el hecho de que sea sentido de esa forma por los hablantes andaluces, máxime cuando este sentimiento de “andalucidad” lo provoca casi siempre una intuición mal encaminada que se asienta en una escasa reflexión metalingüística y en el mero desconocimiento de un saber más elaborado de su propia lengua y de la variedad regional que aflora en su comportamiento lingüístico. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 237 Elena Méndez G.ª de Paredes Por su parte, hay que tener en cuenta que, en Andalucía, como en otras zonas dialectales del español europeo, se produce una convergencia y una nivelación hacia formas más generales y estándares. Estos cambios en el léxico son fruto de los cambios sociales, de las influencias externas y de la globalización. Ello ha supuesto que más de la mitad de las palabras dialectales que se empleaban cuando se realizaron las encuestas del ALEA hayan quedado en el olvido. El proceso de convergencia léxica es muy complejo y depende de la edad, de la educación familiar y nivel de estudio, de la exposición a influencias cada vez más externas, del tipo de reacciones (positivas o negativas) a la influencia normativa que condiciona la selección de variantes no marcadas y prestigiosas. No obstante, se observan movimientos contrapuestos de glocalización, que llevan a multiplicar en las redes sociales, blogs y foros de interacción de carácter metalingüístico sobre el andaluz la participación individual para la recuperación de la memoria colectiva del léxico patrimonial que ha cambiado de valoración y ahora se representa connotado emocional y afectivamente como recuerdo de unas épocas pasadas que los andaluces que las sufrieron casi prefirieron olvidar. Las tensiones debidas a la jerarquización normativa, siendo menor en el léxico, pueden no obstante determinar tanto el mantenimiento y recuperación como la convergencia hacia modelos de prestigio, según como sea la orientación ideológica del hablante hacia la lengua y hacia su uso social. Nuevo retrato lingüístico de Andalucía. Antonio Narbona Jiménez, Elena Méndez-G.ª de Paredes (edición y coordinación). Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, 2022. ISBN 978-84-7993-382-1 (PDF). Enlace: http://hdl.handle.net/10334/6586 238 “Riqueza” del vocabulario andaluz y los andalucismos léxicos Referencias bibliográficas Alcalá Venceslada, Antonio (1999 [1951]): Vocabulario Andaluz. El Mundo. Andalucía. Alvar Ezquerra, Manuel (2000): Tesoro léxico de las hablas andaluzas, Madrid: Arco Libros. Alvar López, Manuel (1997): “Acercamiento al léxico andaluz (ALEA)”, Demófilo, 22, 29-57 Alvar López, Manuel, Llorente Maldonado de Guevara, Antonio y Salvador Caja, Gregorio (1961-1972 [1991]): Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA), (IV tomos, 3 vol.), Universidad de Granada/CSIC; Madrid: Arco Libros.` Ávila Muñoz, Antonio M. y Villena Ponsoda, Juan A. (2010): Variación social del léxico disponible en la ciudad de Málaga. Diccionario y análisis, Málaga: Sarriá. Fernández-Sevilla Jiménez, Julio (1973): Aproximaciones al andaluz: léxico de la agricultura. Granada: Universidad de Granada. 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