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Biblioteca de religión o sea Colección de obras contra la incredulidad y errores de estos últimos tiempos. Tomo VIII

Carrasco Hernando, Basilio Antonio, (O. de M.), (1785-1852), rec.; Díaz Merino, Juan Antonio, (O.P.), (1772-1844), rec.

Abstract

Contiene: T.I 1826 (XLVI, 34 4p.) -- t.II 1826 (392 p.) -- t.III 1827 (VIII, 224 [i.e. 324] p.) -- t.IV 1827 (388 p.) -- t.V 1827 (230 [i.e. 330] p.) -- t.VI 1827 (352 p.) -- t.VII 1827 (400 p.) -- t.VIII 1827 (332 p.) -- t.IX 1827 (318 p.) -- t.X 1827 (XVI, 322 p.) -- t.XI 1827 (330 p.) -- t.XII 1828 (X, 350 p.) -- t.XIII 1828 (374 p.) -- t.XIV 1828 (IV, 327 p.) -- t.XV 1828 (XXIV, 637 [i.e. 376] p.) -- t.XVI 1828 (415 p.) -- t.XVII 1828 (VII, 388 p.) -- t.XVIII 1828 (380 p.) -- t.XIX 1828 (375 p.) -- t.XX 1820 (404 p.) -- t.XXI 1829 (XXXII, [1], 349 p.) -- t.XXII 1829 (410 p.) -- t.XXIII 1829 (350 p.) -- t.XXIV 1829 (371 p.) -- t.XXV 1829 (VII, 267 p.)

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AAA 6 . AAA uu .. rr / BIBLIOTECA eLigiot, Coleccion de obras contra la inoredulilad t.pze Y error de estos ulbimos hempios. a”. A RN] Comede volumen istud, et vadens loquere. EzECH. 1. V. 1. o, TOMO VIIL Ton óre Reas, MADRID: Imprenta de D, E, Aguado, bajada de santa Cruz, 1827. y ¡tran y E E 1 >: * PONUOOUUUIUDUEIUIUUIIID | DELAS FUENTES | DE LA IMPIEDAD. PARTE Ss EGUNDA de DE LA SEGUNDA FUENTE SI DAMADE> LA IMPIEDAD, y CAPÍTULO L ers t cea pues que el error'reside en el en- Aendimiento,. es necesario, investigar de: que y , ? : o modo esta potencia abandonando las vivísimas luces que por todas partes le presentan un primero y soberano Sér, con los otros principios fundamentales de la Religion, llega, por seguir las veleidades y estravagancias del corazon corrompido, á persuadirse la impiedad; es decir, abrazarse con un complexo de mentiras, falsedades y errores. Investigacion importantísima, que nos pondrá en estado de formar el debido y justo concepto del carácter de los impíos; pues como al examinar la primera fuente de su impiedad hallamos una espantosa perversidad de Corazon, asi al intermarnos en la averiguacion de la segunda descubriremos un trastorno de razon Bied singular, y no menos digno de llanto y compasion.- Trastorno, sí; pues aunque se reputen y quieran ser tenidos por los mas sa= : bios del género humano, que sacudido el yugo de la preocupacion y de la “credulidad saben hacer uso libre de su razon, y que con la agudeza de su ingenio han fegido á ver que todo el. mundo ESUIDA envuelto en tinteblas, y reconocido necedad lo que todos hasta aqui han adorado como verdades, gloriándo= se por eso de Pensadores libres y Espíritus fuertes; con todo eso nos proponemos demostrar no hay en” ellos mas que una Or (5) gullosa ceguedad; una ignorancia presuntuosa de las cosas mas sencillas, un espíritu de confusion que trastorna todas las leyes del sentido: comun, y se forma un modo de discurrir enteramente cónirario á la razon. Ingemios, en fin, estraviados y perdidos; no fuertes, como neciamente se apellidan, sino locos , como justamente los llama Aristóteles (4) en aquella ilustre sentencia de los Grandes Morales , cuando dice: S¿ alguno es tan osado que llega é despreciar ú los mismos Dioses, este no es ya un hombre fuerte, sino un loco rematado. ”. Cósa pasan les libertinos de le Religion úá la impiedad. Pintura que hace de ellos Pascal, Y para hablar primeramente de la parte máxima, Ó sea del cuerpo general de los incrédulos, es bien cierto que no por una larga série de exactos raciocinios mi aun de sofismas han llegado al punto de la impiedad; no: la simple. observacion de que el Ateismo ú el Deismo se adaptaba mas facil- A (1) Magnorum Moral, lib. x. (12) bres; perseverando en esta situacion son los hombres mas irracionales y embrutecidos que se pueden concebir. Y á vista de todo esto, ¿se alreverán todavía á aplaudirse en su interior y llamarse Espíritus fuertes, y mo' mas bien espíritus debilísimos y faltos de razon ? YI. Locura de los Impíos en pensar conciliarse la estimacion profesando la impiedad, Es e A Nuevo pasage de Pascal sobre ello. Otro carácter de Jocura nos descubre Pascal en el camino que toman para adquirir el concepto de espíritus grandes y sabios; y consiste en la afectacion con que en las conversaciones y concurrencias procuran hacer creer que profesan realmente la impiedad, censurando la Religion, y mostrando que como filósofos sublimes se desdeñan de ella, y la desprecian, á diferencia del vulgo idiota, que no se cansa de ensal- “zarla: oigámosle. : “Han oido decir que el gusto del siglo »es hacer ostentacion de impiedad. Esto es »lo que llaman haber sacudido el yugo de »la preocupacion; y la mayor parte no lo »háce sino por imitar á otros. Mas si con- (43) » servan “un: resto de sentido comun, es bien » facil hacerles entender cuán engañados vi- » ven buscando por este camino el aprecio y » estimacion, No es este el medio de conct- » liársela entre las personas que juzgan sana= » mente de las cosas, ni entre los que saben » que el único medio para merecer la comun »estimacion es el de manifestarse honrado, » fiel, juicioso y capaz de hacer bien á los » demas; porque los hombres de ordinario » no aman ':á los otros sino por su propio in- »terés. ¿Y qué utilidad se sacará de oir á » un hombre lisongearse de que no cree que » hay un Dios que vela sobre nuestras obras; » que se mira como dueño de hacer cuanto le »agrade; y que piensa no tiene que dar cuen- »ta de ellas mas que á sí? ¿Creerá por ven- »tura, que con tales espresiones habrá ani- »mado á fiarse de él, áesperar sus auxiz »lios y consejo, el socorro en todas las necó- »sidades de la vida? ¿Creerá habernos dado » una agradable noticia, diciendo que duda » si nuestra alma es mas que un soplo, ó un » poco de humo, por decirlo en un toño » marcial: y desdeñioso?: ¿Es cosa para de- » Cirse entre «sonTisas y gracejos, y no mas » bien abismado de tristeza“como la mas fu- ».nesta: que nos pudiera anunciar Pu... Silo (14) 5 meditasen «sériamente, -verian- que es tan »fuera de razon, tan. contrario 'á la 'hones- » tidad, tan torpe y. vergonzoso, y de todos »:modos tan 'opuesto á la reputacion que de- »sean adquirir, que. no hay medio mas se- »guro de perderla y atraerse el desprecio. y »aversion de los..hombres, y ser tenidos por »personas sin juicio, sin saber y sin. talen- »tos. En efecto, oblígueseles á. dar razon de » estos impíos sentimientos; pregúntenseles los » motivos en que .se fundan para dudar de »la Religion,. y. dirán cosas: tan futiles é » ineptas, que UE su petulencia y ne- »cedad. Esto es ló que en cierta ocasion les »decia uno oportunamente: sz contínuais en » discurrir de esa «manera, realmente. me » convertireis;. y. con «razon. Porque, ¿quién »no deberia horrorizarse de adoptar senti- »»mientos, en que tendria por. compañeros »¡personas. tan «despreciables P”?.. Todas estas son palabras «de: Pascal. a : Si. se considera, pues, el: mayor número de los incrédulos , «ya sea en; el: punto de su apostasía en virtud de tan ineptísimos.moliyos, Ó en su permanencia en. tal: estado apoyados « falsamente ¿en dudas, perplegidades € incertidumbres; bien sea en lá preten-. sion de conciliarse gloria y fama: con vender» (45) se por enemigos de «la Religion, sin-tener acaso en esto mas parte que la servil imita= cion: del.lenguage de: algun famoso libertino; por-cúalquier lado que se miren, se'has la en ellos: el. carácter de hombres los mas irracionales de-cuantos se pueden imaginar. IV. En vano. se. precian los Incrédulos que se. creen doctos, de razon y. de sano juicio; este en ellos está corrompido, y su discur= so trastornado. Y qué, ¿se podrá atribuir tambien: este caracter, á:los Ateos y Deistas por sistema quese .precian de eruditos, y hacen guerra, á:la Religion «con. sus producciones literarias”. Nada en realidad podrán oir que mas: les: desagrade; pero mada se' les puede decir. que les convenga con mas exactitud. A la verdad ninguna cosa: se lee mas frecuentemente en sus escritos que el nombre de razon y exacto modo de. sentir; pero ningunas se encuentran menos si. se examinan atentamente; no. parece que lo repiten tan frecuentemente, sino para que no se advierta que estan desterradas de ajli. A: oirlos, estas armas son propiamente suyas, .y con ellas piensan lograr tantos triunfos: como'so- (16) fismas acumulen. 'A su razon todo debe iceder y caer rendido, ¿Se presenta la Religion con «su autoridad” es una impostura. ¿Los santos Padres con sus grandes obras? son supersticiosos. ¿Los filósofos con sus razones? unos ignorantes. ¿Los justos con sus buenas costumbres ? son fanáticos. ¿Con el consentimiento «universal «el género humano? Todo él vive engañado. Ellos «son los únicos que ven, gracias ásu razon y buen: sentido: con esta balanza pesan' las cosas divinas y las humanas; la historia y las ciencias; la teología: y la: política, el sacerdocio y el imperio. Y solo aquello deberá ser verdadero 6 justo, posible 'ó existente que, á ellos les parezca tal. Sin embargo, entremos á exami= nar el valor y uso de esta decantada' razon en las materias de Religion; y puntualmen: te veremos lo contrario, Nos lisongeamos poder: demostrar que: astlos Ateos: como: los Deistas y. Naturalistas niegan los dogmas de la. Religion natural y de la revelada: por dificultades que no deben: hacer fuerza: á un hombre sábio; y-por*otra: parte abrazan sístemas llenos de dificultades incomparable= mente mas graves y + aun del toilo insuperables. En el discurso de esta nuestra obra se habia ya podido advertir este proceder en (17) ' varios egemplos que en varias partes hemos indicado; aqui se trata de reunir algunos mas como en un punto de vista, para que aparezca mas claro, que á los libertínos de nuestros. tiempos les conviene justamente no £l caracter de espíritus sublimes, y que piensan con exactitud, sino el de espíritus necios y faltos de razon. > CAPÍTULO 1. Ensayo del estravagante modo de pensar de los Libertinos en órden á la existencia de “Dios, y «la Creacion, 1 La razon humana tiene sus límites y. sus leyes; pero los Libertinos “no atienden á ello. Es constante que la razon es una luz concedida al hombre para investigar la verdad y descubrirla: mas tembien lo; es; que los alcances de esta razon son limitados, y debe con ciertas reglas moderarse su uso. Si el hombre 10 quiere ceñirse Tom. VIII. 9 á los alcan- (18) ces de su entendimiento, ni atenerse á ley alguna en juzgar ó discurrir, abusa de su entendimiento, es irracional y necio; y esta guia que se le ha dado para conocer la verdad en las cosas naturales, al modo de un caballo que ya no siente látigo ni freno, sacándole de los límites y del camino le precipitará al abismo de los mas vergonzosos errores. Tales son pues nuestros espíritus fuertes, que como nuevos Faetontes (1) presumiendo correr sendas desconocidas é inmensas, se dejan arrebatar de una razon acalorada y sin freno, y no escuchan otra ley:que la: del orgullo ó del capricho, ni juzgan. cosa' algúba inaccesible á la: actividad, ó mas bien á la audacia de su propio entendimiento; desprecian como falso cuan= to no comprenden, y discurren neciamente en órden á lo que pueden comprender (2). Probémoslo con ejemplos, € E K]<« Ka (1) Véase á Ovidio Metamorfos. lib. 2, y. 200, (2) Hi autem quecumque quidem ignorant, blas= phemant: quecumque autem natu aliter tanquam mu= ta animalia norunt, in his corrumpuntur, Epist, Judas Apost. Y. 10, nl ' (19) IL. Demuéstrase la falsedad del criterio de que se sirven los Ateos para negar la existencia de Dios. El primero y principal argumento con que pretenden los Ateos negar la existencia del Dios verdadero que adoramos, se funda en que nosotros entendemos por Dios una substancia del todo espiritual, inestensa - € infmita. Una substancia sin estension é infinita, añaden ellos, no puede concebirse; porque todo lo que concebimos es finito y estenso; Juego el Dios que los cristianos adoran no existe. ¿Quién no ve la falta de rectitud de un discurso semejante? ¿Cuán parecido no es á aquel otro de Lnerecio (1) con que negaba la verdadera é inmensa magnitud del Sol, porque los ojos no ven en él sino un globo de pocos palmos? Lucrecio se atenta al testimonio de los sentidos; y los Ateos se apoya en el de la imaginacion. Aquel no queria reconocer en el Sol la magnitud que los ojos no disciernen; y los Ateos no quieren admitir una substancia que la A A A ÓN (0) Lib 4 y 5. (20) fantasía no imagina. ¿Quién no ve el error de uno y de otros? ln el hombre ademas de los sentidos, hay una facultad y potencia de raciocinar que se llama ¿nteligencia, por cuyo medio conoce clara y evidentemente los objetos á que no alcanzan los sentidos ni la fantasía. Pues con esta facultad, calculada la distancia y la aparente magnitud del Sol, infiere y conoce que es realmente de una magnitud millares de veces mayor que la de la Tierra, aunque los ojos no lo noten ni puedan notarlo jamas. Con la misma (para servirme de otro egemplo) se concibe la naturaleza y se calculan las propiedades de un chiliógono ó figura de mil lados, que la fantasía mo es capaz de imaginar. Y con la misma últimamente se conoce que no ballándose razon adecuada de una obra tan grande y ordenada cual es el Mundo, como no sea en un Ser infinitamente sábio y poderoso; reconociéndose ademas que este Ser infinitamente sábio y poderoso mo puede ser una piedra, ni un árbol, ni cualquiera otra cantidad estensa, por muy sutil, agitada, fluida ó sólida, ó de cualquier modo figurada ó configurada que sea; por la misma se conoce, con aquella noticia que llaman consecultiva, que este Ser infinitamente. sábio y (21) poderoso es una substancia sin estension y sin materia, capaz de un conocimiento, de una voluntad y de un poder sin límites, que con la fantasía no se puede imaginar; y esa “substancia decimos que es Dios (1). Á vista; pues, de una verdad cuya evidencia es tan palpable á quien no quiera cerrar los ojos á la luz, ó tenga un átomiode entendimiento, ¿se podrá oir sin compasion, y no como el producto de. una cabeza débil, aquel petulante y necio entimema: Mí razon no concibe sino estension finita: luego no existe un espíritu infinito? EL Conócese mas claramente la insensatez de los Ateos, comparando sus monstruosos sistemas con la verdad que por ellos abandonan. Pero mas sensiblemente se conocerá la irracionalidad de los Ateos, si al lado de esta verdad que niegan, porque mo la pueden comprender, se ponen los sistemas contrarios que profesan, como cosas que entienden, y de que se dicen persuadidos. Habiendo ne- O A A (1) Véase á Pedro Gassendo en la Phisica, secc. 1, lib, /, (28) y penetrante discurso de que ellos se figuran dotados. | “Por mas esfuerzos que se hagan para » formarse idea de un acto de voluntad que. »convierta en una substancia real lo que: »antes era nada, es imposible, dice Bayle » (tomando en el mismo artículo que impug-. »na el Panteismo de Espinosa, la defensa. » del Ateismo universal), es imposible conce- » birse una materia criada de la nada, El prin- » cipio de los antiguos: De la nada, nada se »hace: Ex nihilo nihil fit, se presenta ince- »santemente á la imaginacion (1). Luego era » mejor, concluyen los Ateos, confesar hubo | j 4 W] » siempre Mundo, y dejarnos de reconocer »una Divinidad, que lo haya criado y lo » gobi erne.” 4 He aqui el decantado sofisma repetido en todos los tiempos por los incrédulos y libertinos, con el cual se creen encastillados en una fortaleza inexpugnable, en donde ni pueden ser forzados ni obligados á dar mas razon de su doctrina. Mas veamos si es asi, como se lo imaginan. 2] (1) Diccion, crít, art, Espinosa, E (29) VIL Descúbrese la equivocación en que proceden. Verdadera idea de la Creacion. - “El principio, dice Bayle, de la nada, »nada “se hace, se presenta incesantemente á nuestra imaginacion.” Mas qué, ¿ha de ser nuestra imaginacion el soberano juez de esta controversia? Yo iugenuamente con= fieso que por mas esfuerzos que haga nuestra imaginacion, no podrá concebir una materia criada de nada, si se figura esta creacion (como lo espresa Bayle) un acto de voluntad, que convierta la nada en una substancia real, al modo que se convierte, per= mílasenos un egemplo trivial, la leche en queso ó en cuajada. Entendido en esta forma efectivamente son inútiles los esfuerzos no digo 'de la imaginacion, sino de la razon misma, la cual jamás pudo ni podrá concebir la conversion de la nada en alguna cosa. Mas no es esto la creacion, La creacion es un acto eficaz, que no convierte, pues la voz conversion supone existencia anterior del sugelo que ha de convertirse, sino hace que exista lo que de ningun modo existia. Y por cuanto en esto consiste toda la equivocacion, que verdaderamente es pueril; aun- , (30) que sea clara y distinta la idea de la crear. cion que en estas breves palabras hemos das do, quiero no obstante traducir á nuesiro! idioma un hermoso pasage de Clarke, que ilustra en gran manera esta verdad. “Dice » pues así (1): ¿Qué contradiccion hay, nt » hubo jamás, en decir que una cosa qué » antes no existia, ha empezado á existir des* »pues? Hay mucha diferencia de esto á d »cir: que alguna cosa existe y no existe 4 » un mismo tiempo. sto último es una cont »tradiccion directa y formal, y en lo pri- » mero no hay contradicción alguna, ni di- »recta ni indirecta. Verdad es, que acostum” » brados á no ver mas que las cosas que vie” »nen al mundo por via de generacion, ó las » que acaban por corrupcion, y no habien? » do visto jamás creacion, nos llegamos á for? » mar una idea de esta seméjante á aquellé »otra de la formacion. Ímaginamos pues » que asi como toda formacion supone un » 20Sa preexistente, asi es preciso suponer el »la creacion, aunque no la haya, una nad? » preexistente, de la cual como de materló » real se hayan sacado las cosas criadas, Com ds is d' ] Í 5 ", | (1) De la existencia de Dios, t. 1, cap. 11- (31) » vengo ingenuamente que esta nocion tiene »una grande apariencia de contradiccion: » ¿pero quién no ve que no procede sino » de una miserable confusion de ideas? Sucede »aquí lo que acontece á los niños, los cua= » les imaginan que las tinieblas son un ente »real, al cual arroja la luz de la mañana »ó que se convierte en luz. Para formar una »idea justa de la creacion, no conviene fi- » gurársela (y es puntualmente lo que ha- »cen los Ateos, y Bayle tambien), como »la formacion de una cosa que se ha saca- » do de la nada, cual si la nada fuera la ma= » teria de que las cosas se formasen. No: criar »es dar la existencia á una cosa que antes »no la tenia: es hacer que exista lo que »antes no existia, Desafío á cualquiera que » me muestre contradiccion en esta idea.” Hasta aqui Clarke. =Esplicado pues lo que quiere decir creacion, demos en pocas pala= bras la respuesta al axioma decantado, contra la cual en vano replicarán los incrédulos. De nada no se hace cosa alguna; es decir, nada se saca de la nada como de causa material y preexistente; es bien cierto, y todos en ello convenimos: De la nada no se saca cosa alguna; esto es, no se puede hacer que exista lo que antes no existia, cier- (32) to es tambien respecto de un agente de po“ der finito y limitado; pero respecto de un: Ser, de un agente de poder infinito, como. es Dios, €s absolutamente falso (Veas d santo Tomás en la cuest. 3. de las Dispu. tadas, art. 4. y siguientes, donde con su: acostumbrada claridad esplica esta materia, Jl está desvanecido este sofisma, que no se ha: hecho mas que repetir). En conclusion, un efecto finito, cual es el Mundo, no esto y aun está muy lejos de igualar al poder yá sa virtud de un agente. infinito, único que tie-. me en sí la razon 0 causa suficiente de su ser, y por consiguiente necesario, indepen diente é infinito; y la de todos 1 demas. seres fuera de sí, los que son en consecuencia! contingentes, dependientes y finitos, Por dos Inédios: pues se presenta á eta razon Jj se le hace perceptible esta creacion de la nar da, que los incrédulos no pueden concebir». Primeramente, de parte del efecto, ó sea de la materia y Mundo todo, que 2 do en sí mismo la causa suficiente de su sel). ni de su conservacion, necesariamente 00 conduce á un principio que le haya dado la existencia, y en ella le conserve, Y no mes. nos tambien por parte de este principio ó Dios, que debiendo existir necesariamenté. SE Dos. (33) por sí mismo, diverso.del mundo y dotado de todas perfecciones é infinitas, tiene un poder infinito. é ilimitado, y. por lo.mismo suficiente para dar el será substancias limitadas. En el Mundo como contingente, dependiente y limitado;.se ve la necesidad de la creacion. En Dios, ente necesario, independiente é 1n= finito, la virtud suficiente para: ella, la cual por consiguiente no puede negarse sin hacer agravio á la yerdad.. VUL Modo de pensar del Marques de Argens, | sobre esta materia. Permitasenos al tratar de esta segunda fuente de la: impiedad, que como hemos dicho consiste en un Trastorno. de la razon, tomar un: egemplo clarísimo en la materia de la creacion de que hablábamos, de la F:- losofía del: Buen Sentido,; obra del Marques de Argens, cuyo carácter, ingenio y sucesos son bien conocidos en el orbe literario. Este filósofo, hablando de la creacion del Mundo, arrogantemente dice (1): “ella se »opone 4, la opinion mas probable; y si. »osotros juzgamos que el mundo ha sido O (1) + Phil. du bon sens. reflex, 3, Véase el t, ant, Pb : : Tom, VIE 3 (34) »criado de la “nada, “y todas: las cosas de yla nada fueron hechas, es porque “la fé »nos obliga á creerlo, cautivando 'riuestro »entendimiento para abrazar unas ideas que »le repugnan, y le parecen falsas cuan- » do' trata de examinarlas.” He aquí el artificio pueril de que comunmente. se valen los" impíos; fingen venerar la Religian al tiempo mismo. que se 'mofan mas Irrisoria= mente de ella, suponiéndola én lucha y 0pó- sicion continua con: la razon. Acabamos de: ver cuan ageno. de verdad es que las nociones de la creacion deban aparecer falsas á ún entendimiento ilustrado quese aplique atentamente á examinarlas; y sin embargo este petulante escritor, despues de haber fastidiado con úna repeticion pesada de senténcias de los is filósofos, no se detiene” en afirmar: “era “imposible que los" filóso= » fos antiguos, careciendo ' como carecian de » la revelación, no creyesen la materia “in= » creada, Aunque: hubiese algunos ' qué ad- » mitiésen un principio inteligente, lo mas »4 que su razon natural podia moverlos, era' »á creerlo coeterno con la Materia. Y en seguida para probar -esta-repugnancia,-que supone debe hállar'el entendimiento én concebir la creacion de la materia de la nada; Dra e A (35) sé envuelve en un intrincado y fastidioso labe: rinto de sofismas, de que es supérfluo hablar, bastando para desvanecerlos estas palabras que en un nuevo filósofo hemos leido: “¿Qué »cosa hay, ni puede haber á que mas resis- » ta nuestra débil razon que el pensar que -»de la nada puede hacerse algo? Sin em- » bargo no solo la razon, sino la sána filo- » sofía nos enseña que Dios debió criar la » materia, Porque en efecto, si ella fuese coe- » terna á' Dios, sería independiente de él » pues no le deberia su propia creacion, ni » podria destruirla: y Dios entonces no sería > omnipotente. Habria ademas un ser tan an »tiguo como Dios, que no tendria con él re- » lación alguna. La Divinidad no sería infi- »nita; tendria límites su poder, pues no se »estenderia á la materia, cuando el infinito » debe serlo en todos sus atributos. Lá Ma- »teria en fin sería una Divimidad rival, que » competiria con la primera. ¿Qué estravagande cIas, qué absurdos no se siguen del siste- » ma que admite la cocternidad de la mate- »ria con Dios? Es necesario pues ó no ha= » cer uso de la razon, ó convenir en que Dios »ha criado de la nada todas las cosas,” )) Pod pies ciscuida e qu oras Ei AY + (0) 16d, Carta 8h . (36) ¡Oh y cuán diversas son estas palabras y sentimientos de las anteriormente citadas! Sin embargo ¿lo creeríamos? Ellas son del au= tor de las Cartas judías, el mismo que lo es de la Filosofía del buen sentido. ¿Cómo pues ha podido concebir y conciliar tan diversos sentimientos? Sin duda que el fingido Hebreo cuando se hizo filósofo de buen sentido, dejó de usar de su razon, En efecto, los argumentos que hallamos en el pasage que se acaba de citar, y en parte son los mismos con que los padres confutaron el error de la materia increada, como diremos despues, demuestran que una Materia increada, tanto en sí misma como respectivamente á Dios, repugna geométrica y metafísicamente; cuando la idea de la creacion, por mas del que quiera decirse, no envuelve contradiccion ni repugnancia alguna. ¿ ¡Qué otra cosa, pues, dan á entender nuestros libertinos Cuando negada la creacion que la Religion y la sana filosofía mos proponen, se o defensores ó fautores de la Materia eterna é increada, sino un lamentable Zrastorno de su razon Y de su entendimiento (*)? . nn A A A OS, reee *) ¿Y cuánto mo se aumenta esto, si consideramos los absurdos monstruosos que han substi- (37) “AX. Conviértese este principio contra los Ateos. No pudiendo estos asignar en la naturaleza causa alguna del Movimiento, están precisados d confesar que de la nada se hace alguna cosa. + Para hacer mas palpable el siniestro modo de pensar de estos mentidos sábios, observaremos que el citado avioma: De la nada no se hace cosa alguna, de que inútilmeute se sirven para negar la Creacion, en el sentido que ellos lo' entienden, está sin tuido á las grandiosas ideas que nos da la Religion? Unos hacen construido al mundo por el fuego, otros por el agua, por la casualidad, los átombs, por la naturaleza Sec. ¿pero qué es esta naturaleza? Este fuego”, esta agua, ¿quién los crió? Buffon lo supone hecho en seis dias, pero estos dias son épocas, y todas estas épocas hacen millares de años; y en ellos ¡qué sucesos! Un sol de vidrio, de spatho, de cuarzo, arcilla, «c. Y este sol, ¿quién lo habia amasado de tan diversos agregados? Una estrella que se cae, hace una esplosion, y forma quinientos cometas: un cometa ciento doce mil veces mas denso que el Sol, que choca en él, y le arranca una prime— ra capa de materia mas pesada que el plomo, y la arroja á once millones de leguas, y forma el planela Mercurio: otra de esmeril que la tira á veinie y un millones, y forma á Venus: otra de vi= 4 (44) | No siendo pues el movimiento esencial! la materia, ni pudiéndose este producir aul que se conciban multiplicados hasta lo inf nito los cuerpos movibles, ¿qué otro pri cipio podrá designársele sino un Ser diver so de toda la naturaleza corpórea,; omnip0' tente y superior á toda ella? Asi es, dec” mos, y este principio y causa es Dios, cri dor de todo. Pero los Libertinos no quierel reconocer á este Dios criador, porque 1 pueden concebir, dicen, que su omnipotel cia pueda hacer las cosas de la nada. Lueg? por la misma razon, replico yo, estan pre cisados á confesar que de nada ó por la n% da se hace algo; porque no pudiendo asig? nar caúsa alguna del movimiento, y existielf do efectivamente este, deben por consecuelí cia decir que nace de la nada; y por tan es falso el tan repetido axioma: ex ni¿hil nihil fit. Y á vista de esto ¿no tendremó razon para decir que no se puede ser At sin un trastorno de la razon? | iS Y. Pensamientos de Rousseau sobre el m | mo asunto. ) l o! Rousseau nos dará tambien una nuev? prueba de la verdad que tratamos. Tambicd (45) para él la Creacion es una paradoja; basta ver la Carta 4 Mr. de Beaumont para convencernos de ello. Es verdad que no se atre- ve á decir claramente que es imposible; pe= ro presenta de golpe todos los sofismas del raciocinio y de la autoridad que pueden en su dictámen persuadir que lo sea; y entre otras cosas dice (1): “Que todos cuantos » hombres y filósofos han pensado en todos » tiempos sobre esta materia, todos unánime- » mente han negado la posibilidad de la crea- »cion, escepto un cortísimo número que »parece haber sometido sinceramente su »razon á la autoridad. Sinceridad sin embara »go, añade, que hacen muy sospechosa los » motivos del interés, de la seguridad y quie- »tud, y de la que siempre será imposible > estar uno seguro mientras haya algun riesgo » en decir la verdad.” Se necesitaba ciertamente toda la osadía de Rousseau para escribir de este modo, y culpar á tantas personas de negra hipocresía , y juntamente de un error tan enorme que destruye los funda=" mentos de la Religion. Mas no nos deten-= gamos en eso, ni en desvanecer los sofismas EA CI O OA (1) Carta 4 Monseñor de Beaumont, pág. 53. (46) de este filósofo: sobre esta materia, . que en parte estan ya confutados en varios lugares de esta obra, y en parte se confutarán en los capítulos siguientes, donde se impugnará especialmente la solemne impostura con ¿Que quiere hacer pasar á los Padres de la Iglesia por defensores de la materia increada. Nos limitamos por ahora solo á decir, que este mismo filósofo que muestra tanta repugnancia á la Creacion , atendidos sus principios, debe reconocerla y de un modo que no lo puede negar sin precipitarse en un abismo de errores los mas repugnantes. En primer lugar, en el Emilio prueba la existencia de Dios por el movimiento, y por el órden ó armonía que hay en el mundo, como se ha dicho en otra parte. Ahora bien, st estos fenómenos prueban la existencia de Dios (como en efecto la prueban invenciblemente), es claro que el mundo ha sido criado; porque si no lo fuese, ó fuese increada la materia de que se formó, entonces sería un ser por sí independiente de Dios, y'no pudiera llevarnos al conocimien lo de su autor, motor y gobernador. Luego Rousseau ó debe confesar la Creacion, ó decir que su argumento (que ha sido el de todos los hombres para conocer á Dios), es | (47) un juego de voces y una mera im postura (Véase el capítulo 3. del tomo 1.2 de los Fundamentos de la Religion, donde hemos tratado de propósito este punto). Pero aun confiesa el dogma de la Creacion por otro camino. Rousseau reconoce las almas humanas como súbstancias espirituales; y para probarlo, especialmente en su Discurso sobre la desigualdad de los hombres, se vale del solidísimo argumento de la libertad, de la cual todos tenemos un sentimiento íntimo, y no puede convenir sino á un ser espiritual. Aun mas: reconoce y confiesa que el alma humana está sujeta á Dios, soberano lesislador, supremo Juez, y de quien debe recibir premio ó castigo en la otra vida. Óigasele sino en el Emilio (1). “Lo que »importa saber es que existe un Árbitro de: »los hombres..... que á todos nos manda ser » Justos y amarnos réciprocamente...... y ade- » mas que despues de la presente hay otra »vida, en la que este Sér supremo será re= » munerador de los buenos y castigará á los » malos.” Hasta aqui Rousseau. Ahora bien, ¿de dónde, dirémos á Rousseau, traen su: O A A AAN (1) Emil t. 4, pág. 87. (48) origen, 6 cómo esque existen estas Ánimas humanas? ¿Han salido del seno de la materia? Seguramente no, pues son substancias espirituales. ¿Son increadas? Si ta] fuesen serian entes perfectísimos é infinitos; y entonces, ¿cómo dependerian de aquel Sér supremo de quien no habian recibido la existencia ni la conservacion ? ¿Cómo podria él dar leyes en esta vida, y premios ó. castigos en la otra á substancias que no habia criado, y por consiguiente no tenian relacion con. él, sino que subsistian por sí y en sí mismas? Solo el título de Creacion puede fundar este derecho. Luego ó Rousseau debe negar cuanto ha escrito acerca de la maturaleza del alma del hombre y de la soberanía del Sér Supremo, y caer por lo tanto en un abismo de errores los mas Vergonzosos y repugnantes, ó debe reconocer y confesar la Creacion. Y sea esta una nueva prueba de que nuestros liberiinos, abandonando los dogmas de la Religion, como contrarios á su delicado modo de pensar, caen despues en Pensamientos y sentencias las mas irracionay les y. monstruosas. (49) CAPÍTULO III. V ano triunfo de los incrédulos con= tra el sistema de la Religion, fundado sobre el Origen del mal. L Objecion general de Epicuro tomada del orígen del mal. Impías consecuencias que han deducido de el los enemigos de | la Religion, Uno de los sofismas mas decantados y mas antiguos que se ha oido y se oye cada dia en boca de los incrédulos, y en que pohen mayor confianza para impugnar la Religion, es el que se toma de los males, así Ísicos como morales, que hay en el Universo. Estos males, dicen, no se pueden con» ciliar de manera algaida con las perfecciones Mmfinitas de un Ditd, autor y gobernador de todas las cosas; cúbl nosotros: confesamos. Porque “ó él (así argúia Epicuro como nos »refiere Lactancio) (1) quiere quitar estos (1) Lactanc. de Ira Dei, cap. 13. Tomo VIII. 4 (50) » males del mundo y no puede; ó. puede y » no quiere; ó ni lo quiere ni lo puede; ó » finalmente lo quiere y lo puede, Si quiere » y no puede será débil; si puede y “no quie- »re será envidioso'; si ni puede ni quiere »le falta el poder y la bondad; y-por con= > siguiente no es Dios. Si puede y lo quie- »re, que es lo que conviene á Dios, ¿cómo »es que hay males en el mundo? ¿De dón- »de han venido? ¿Quién los ha producido?” De: estas premisas infieren algunos con el citado Epicuro, que Dios no cuida de las cosas del mundo; y estos son los Deistas que niegan la Providencia: otros con Zoroastro y los Maniqueos, establecen el sistema de dos Principios eternos, independientes, infinilos; 'bueno el uno y malo el otro; autor el uno de todos los bienes, y orígen el otro de todos los males. Error que Bayle en su Diccionario apoya con todas sus fuerzas (1); y sofisma de que se sirve para establecer el Pirronismo (2), procurando poner en oposicion á la Religion verdadera con la recta razon; como que aquella enseña que todo A | ( 1) Diccion. crit. ari. Manicheos, (2) Ibid, art. Pyrrhon, (51) depende: de la providencia de un Dios infinitamente poderoso y bueno; y ésta demuestraá su parecer que la permision del mal ' no puede conciliarse con aquellos atributos: De todos estos semblantes se revisten los enemigos de «la Fé, y con un tono ya grave, ya festivo, exagerando la perversidad y las miserias del Universo, ya se hacen Deistas, ya Dualistas, ya Pirrónicos, y últimamente Ateistas; sin otro fundamento ni mas razones que el no saber conciliar estos males 'con' los divinos atributos, IL. Símil que hace conocer la futilidad de "estas ob )jeciones. Si hemos de esptesar lo que sentimos, acaso no hay argumento en que con, mas claridad nos hagan ver los incrédulos aque- Ma prevaricacion de entendimiento, ó sea 11- racional y siniestro modo de discurrir, que «nos hemos propuesto mostrar en este libro como segunda Fuente de su Impicdad. Per- -mitasenos anticipar á las razones abstractas con que se ha de disipar despues este so- «fisma sun Simil quelo haga palpable á, los mas sencillos. Figurémonos en Jerusalen en tiempo de Salomon, puntualmente en aque- * (52) llos dias en que entrando en la ciudad la Reina Sabá, aquel Principe quiso hacer os= tentacion de su grandeza, puso en órden é hizo vestir de gala toda la córte, y' parte por parte la fue mostrando los atrios, salas, gabinetes y jardines de su palacio, el órden de sus criados y sirvientes, las habitaciónes de los sacerdotes en el templo, el número y diversidad de las yíctimas, las varias séries de Ministros, con los yasos y ornamentos, y todo lo demas perteneciente al decoro del palacio y servicio de la Religion; 4 cuya vista absorta aquella Princesa, notando la distincion y la conexion tan sábia. y -Oportuna de todas las cosas, no sabia cómo espresar su admiracion, Supongamos pues que con ésta ocasion llega y se introduce un tosco y bárbaro habitante de la Arabia desierta, de la abrasada Libia ó de la fria La= ponia, que ya entre los demas mirando tos das aquellas grandezas. | Sorprendido al principio de la magnificencia y esplendor de tantos objetos, no puede menos de asentir á lo que oye á los circunstañtes, y á lo que la fama publica de que es un grande y poderoso señor el que tantas, tan bellas y grandes cosas ordenó y dispuso tan oportunamente: con todo-eso figurémonos (53) que llegando á ver en una parte del palacio una cocina con su hogar negro y ahumado, en otra una caballeriza ó establo con el estiercol de las bestias, en otra una escalera oculta y estrecha, más allá pasadizos angostos Ique conducen á lo interior de palacio, fi= gurémonos que ofendido de esto principiase á censurar la obra, y á dudar de la sabidu= ría de quien la ideó. Que viendo luego degollar centenares de corderos y toros, y consumir las carnes en el fuego; mirando los personages vestidos de trages estrañiamente diversos ; notando que algunos se estaban tranquilos y quietos al pie del trono, otros sudaban afanados en oficios mecánicos, aquellos gemian cerrados en las prisiones Ó eran castigados por las calles, inquieta su fantasía se disgustase de los mencionados objetos, y á pesar de los infinitos y visibles testimonios de sabiduría, de magnificencia, y de perfeccion que á cada paso sele presentaban, pareciéndole que tales cosas no se podian de modo alguno conciliar con el caracter de un Señor potentísimo y bondadoso, repitiese el argumento de Epicuro y de nuestros modernos deistas; á saber: Ó Salomon podia remover toda fealdad de las cocinas y de los establos, y hacerlos espléndidos, rI- (60) tísimo, cual es Dios, no puede haber habido motivos dignos de su sabiduría y de sus ¿otros atributos, que le hayan determinado rectísimamente á permitir, mas bien que á escluir del sistema del Universo, esos particulares males y defectos que condenas como inconciliables con sus perfecciones, En esto consiste el punto cardinal de la controversia. ¿Y lo estás? Hasta que no tengas esa: certeza, no tiene lugar tu discurso; porque si en el soberano Autor de. todas las cosas hay estos motivos ó razones dignas de su sabiduría, queda justificado en su proceder: el mundo es perfecto, no obstante esos males, y el incrédulo es un necio en sus raciocinios y censuras. Esto bastaria para convencer á todo hombre sensato; pero conviene dar á conocer al necio su necedad, para que se confunda y avergiience, ¿Sabe él por ventura, está seguro de que en Dios no hay esas razones, que suponemos y decimos? ¿S lo que era necesar Sería necesario co abes, 6 hombre, aun E a 10 para tener esa certeza! mprendieses todo el diseño, no de la metrópoli y de las fábricas de Salomon, sino de tod el cual todo está í¡ lazado, Sería neces en la estension, e o el Universo entero, en ttimamente conexo y enario comprender el plan n la duracion y en las re- (61) laciones de las partes con el todo y entre sí: sería necesario saber que de la introducción ó permision de estos males particulares , no solamente no podia seguirse mayor y universal perfeccion y belleza del Universo, sino un universal trastorno, desconcierto y desórden (1): sería necesario ademas comprender los consejos, miras y fines de la sabiduría divina en la eleccion, creacion, gobierno y direccion de este mundo; y saber con toda certeza que la, permision de algunos males par= ticulares no puede conciliarse con aquellos fines, ó que estos fines, aunque dignos por Otra parte de un Provisor universal y per= fectísimo, no pueden justificarse por ningu: na razon que á nosotros sea desconocida. ¿Y qué el incrédulo está cerciorado de todo esto? ¿Tiene el hombre en su mano la balanza para pesar los medios y fines de la providencia de un Dios infinito? ¿Llegará su arrogan= cia, por no decir mas, á eso? ¿Quién eres tú que:como juez te sientas), ... Y de lejos objetos infinitos Con la vista de un palmo ver intentas? A (1) Ninguno ha tratado con mayor delicadeza y verdad esta materia que.santo Tomas. El+mismo 2 (62) Si ello pues es. así, el decantado. dilema de que ó Dios podía y no queria; ó quería y no podía escluir los males del mundo, es UN puro y mezquino sofisma, Porque ademas del poder y bondad hay en Dios una sabiduría infinita, por cuyos 'insondables é infalibles consejos se ordenan todas sus obras. Sería necesario pues, oh ciego é ignorante, que - conocieses que en esta sabiduría infinita, que abraza el órden y complexo de todo el mundo, y cuyo bien universal y mejor, como Provisor supremo debe promover, no puede haber razones que Justifi quen plenamente la permision de algunos de fectos particulares, 1Y. En Dios hay seguramente razones que € Justifican su rectísimo modo de obrar. Por lo cual, así como un Deista jamas podrá “asegurar sin una estremada osadía óÓ demencia, que. en un.Dios, infinitamente sábio y poderoso no puede haber algunas razones á él desconocid as, que hagan justa, sabia, óptima la perm ision de estos males en «Wolfio le hace: esta Justicia. Véase al Santo, lib. 3 ¿Contra gentes y Cap. AA h. (63) el mundo, lo que deberia bastar. para' conxw tener su lengua, y desyanecer, toda censura; nosotros por el contrario tenemos irre= cusables y evidentes pruebas de que efectiva= mente las hay, aunque por menor no las co= nozcamos. Esos brillantes y Luminosos vestigios de bondad, sabiduría y de poder infinito que resplandecen en todas las obras de los; que no pueden ocultarse, ni aun á los mas ignorantes y sencillos; que los mas obstinados enemigos no pueden negar, ¿qué otra cosa son sino testimonios de ello? Testimonios que nos conducen como por la mano, de un modo: necesario y evidente, 4. reconocer en él un Sér infinitamente sabio, justo, podero= so, cuyos consejos y caminos ni son ni pue- en ser sino justicia y verdad; es decir, estar llenos de toda equidad y justicia, como dignos de un Sér infinitamente perfecto. Ási pues, cuantas veces veamos ú. observemos algun mal en el mundo, digamos para nosotros mismos lo que el mismo Bayle (1) confiesa debemos legítimamente hacer: Ll pecado se ve introducido en el mundo (y lo mismo se debe entender de los demas males); A NS (1) - Resp. á un Provincial, cap. 165. (64) | sin duda pudo Dios permitirlo. sín ofender: sus infinitas perfecciones. Ab actu ad polen- _tiam valet consequentia. Y. Disúelvese el argumento tomado de los pretendidos defectos de la naturaleza. Por evidentes que sean estas reflexiones, tal vez alguno deseará saber cuáles “son los argumentos, y en qué formalos presentan los deistas para censurar las obras del supremo, poderoso y-sapientísimo Hacedor, Hélas aquí. e == Dos son, dicen, ó comunmente. se distinguen dos géneros de males: el uno Físico, y el otro Moral. El Moral, que tambien se dice mal de accion, consiste en el pecado: el FE sico:comprende todas las imperfecciones é irregularidades que á primera vista parece ha= ber en la máquina del mundo, como dolores, enfermedades, y todas las demas cuitas y miserias á que estan sujetos todos los amimales (1). En razon de estos desórdenes que (1) Algunos añaden un tercer género de mal que llaman metafísico , 6 de imperfección, Pero la privacion de mayores perfecciones y la dimitacion que se ve.en las Criaturas, como sacadas de la nada, (65) creian hallar en: el sistema del mundo. los antiguos Epicureos declamaban contra la Divina Providencia; y Lucrecio en su libro 5 tomaba ocasion de zaherirla de los bosques incultos, de las! lagunas, de. las rocas escarpadas, del vasto mar, que ocupan la mayor, parte del globo, y son. únicamente guarida de fieras y animales; sin:omitir la: tierra misma, esteril é infecunda simo se la cultiva, las tempestades, piedras y granizos, y lluvias que la inundan y devastan, y Otros semejantes fenómenos desagradables, y NOCIVOS, por todos los cuales llegó 4. esclamar: Que no para nosotros fue creado. Por la divina diestra aqueste mundo, ' De calpe tanta y males seminado (1). VEscliaciód y censura en verdad muy semejante, si mo decimos mas ridícula aún | que la del grosero y rústico africano , que vituperaba las cocinas ahumadas del STO de" Salomon. La ignorancia solo del fin, y de mo es un mal, sino una condicion necesaria de todo lo que no es el Sér perfectísimo. Véase á santo "Tomas, lib. 3, cont. gent. cap. 6. | (1) Véisa 199- Nequaquam nobis divinitus esse paratam VNaturam rerum: tanta stat pradita culpas o: VIII. (66) las inmensas utilidades que todas y cada una de estas partes tienen en el sistema del mundo, y que solo se advierten bien considerándolas en union con las demas, y con refle= xion al todo, no tomándolas aislada y separadamente, que es cuando pueden aparecer supérfluas ó nocivas, €s lo que hace esplicarse así (*). En efecto, todos cuantos descubri. mientos se hacen cada e dia en las ciencias fí_ O (*) Léanse las Reflexiones sobre la naturaleza de Sturm, y en ellas se verá la admirable sabiduría, bondad y poder de Dios en todos y cada uno de los fenómenos de los tres reinos de la naturaleza mineral, vegetal y animal. La estructura desigual de la tierra tan necesaria para la salubridad y fecundidad de ella: esos meteoros de nieves y escarchas que se nos figuran tan molestos y son tan oportunos para fecundarla con sus sales; la diversidad de fru= tas segun las diversas estaciones mas acomodadas para la salud; la caña sola del trigo hará admirar la grandeza de Dios, y cuan adaptadas estan todas las cosas para sus fines. Los vientos, las Huvias, las tronadas espantosas (prescindiendo del efecto moral que pueden producir, y comunmente producen de contener al pecador, y hacerle volverse á un Dios que puede temer irritado) » nada hay, hasta esos insectos parasitos que se sustentan de las plantas enfermas , nada hay que no presente innumerables utilidades. Alli donde el orgulloso filósofo se figura un desórden, el cristiano observador de la natura= leza halla mil motivos para alabar á Dios, que has- (67) sicás, nos subministran otras tantas pruebas de la sabiduría infinita del Autor de la naturaleza, presentando nuevos usos ventajosísimos y necesarios de aquellas cosas, que la ignorancia juzga haberse producido en vano. Malpighio, Borelli y Haryeo, el primero en la anatomía de las plantas, el otro tratando del movimiento de los animales, y el tercero de la circulacion de la sangre, descubierta en su tiempo (*), nos han abierto un camta en las cosas mas pequeñas ha querido manifes— tarse padre bondadoso. Mírense con ojos despreocu= pados y humildes todas las cosas que pueblan la naturaleza, desde el pequeño granillo de arena hasta la roca escarpada de los AIpes; desde el musgo que nace sobre las piedras hasta el cedro empinado del Líbano; desde el pequeñísimo. arador é insectillo Anicroscópico hasta el colosal elefante; desde el estúpido asno de las selvas hasta el pongo ú orang— outang, y cuanto mas se consideren, tanto tas sera necesario esclamar: Dios todo lo hizo bien. Véanse en el tom. 1 del Catecismo de Feller el art. de las Causus finales, tom. 3 de esta Biblioteca. No remitimos á les Études de la nature de Sainmt-Pierre , porque los filósolos rara vez dejan de instilar suavemente su veneno, Al que le sea lícito, pre verlo tambien alli, (*)- Cuarenta y seis años antes que naciese Harveo habia hablado de ella en su Christianismi restitutio el español Miguel Servet, tan mal teólogo como .buen médico, : k | (68) po intenso de las maravillas de la sabiduría de Dios en los reinos vegetal y animal. Y no se piense que éstos lo han descubierto ya todo. La anatomía del cuerpo humano ofrece cada dia nuevos usos y fines necesarios de cada una de sus partes, cuya utilidad se ¡gnoraba hasta aqui. Léanse' las obras del clarísimo Juan Bautista Morgagni, honor de nuestra universidad (*), y aun de toda Italia, y quedaremos convencidos. Roberto Boile, Josías Voodvart, Guillermo Derhan, Isaac Newton y otros muchos dedicados á la Astronomía y Física esperimental, de esta y de la otra parte de los montes, tambien lo testificarán. Ellos han hecho, por decirlo asi, el analisis de los elementos: han considerado la tierra, no solo en la superficie, sino hasta en las entrañas; han examinado los lechos y canales subterráneos, las grutas, las cavernas, las montañas, los valles, los climas, las relaciones, todo el sistema planetario; y en todas partes han encontrado tesoros de sabiduría infinita en la formacion y conformacion de todas sus partes, y ea la utilidad que mutuamente se prestan unas á otras, y en E EA A E (+) Padua, donde era profesor Valsechi, (69) la perfeecion y belleza que de todo el conjunto resulta al universo. Omito á Redi,' á Jonston, Gesner, á Lesseri, á Tournefor; á Vallisnieri, y otros mil, que tratando de las plantas y de los animales, grandes y pequeños, no solo nos descubren su perfeccion, mas demuestran también su uso y utilidad, los cuales debemos creer se estienden tanto mas, y son tanto mayores, cuanto esceden las miras del Artífice supremo á la diligencia de las esperiencias y 4 la delicadeza de los instrumentos de que 'se han valido para hacerlas:ó que jamás pueden emplear. Sin embargo, aun asi son mas que suficientes para persuadir, que pues tanta armonía, tán gran: des miras y tanta utilidad se descubre en las cosas sobre que se ha: egercitado la humana filosofía, otras no menores deberán hallar en las que no se han examinado, 6 cuyo uso nos esaun desconocido, ó á que no nós es dado acercar: lo cúal todo persuade que sólo unos hombres necios, ó ignorantes, son los que pueden mirarlas como inútiles, ó des= preciarlas como nocivas en el universo. ' (76) en Dios? =El entendimiento criado con sus débiles luces no puede percibirlas circunstanciadamente.=Luego no las hay en Dios.= ¡Consecuencia necia! Sin embargo, esta es la grande ilacion de todo el deístico raciocinio. Á. eso se reduce toda la dificultad de ese pretendido argumento indisoluble fundado únicamente en esta proposición, que ni se puede concebir'mas falsa mi mas inepta; á saber: un Ser infinito y perfectísimo, cual es Dios, no puede ver ni: saber mas de lo que puede saber y entender un entendimiento fmito, limitado € ¿ignorante , cual lo es el de todos estos Deistas. Vuélvanse hácia el lado que quisieren, esta es la base de su raciocinio y el fundamento en que se apoyan para argúir de:la permision del mal contra la providencia «de Dios. Porque si hay en Dios razones, por las cuales atendido el órden general de las cosas, ha debido permitir el mal y no impedirlo, es muy cierto que su permision está justificada. ¿Y las hay? El mismo hecho de la permision lo acredita, Y, el mismo Bayle lo tiene por una demostracion invencible. Propongámosla: Un ser perfectísimo, cual es Dios, ha permitido el pecado: Juego ha tenido razones diguísimas pa” ra permitirlo, sin ofensa alguna de sus per (41 fecciones infinitas. Los libertinos nada tienen que oponer á esta demostracion, la cual no Puede negar sino la propia ignorancia que no comprende distintamente cuáles sean estas Tazones, que por otra parte se demuestran existentes. ¿Qué modo puede darse mas estraño de razonar, que por no poder: comprender lo que es obscuro é incomprensible, negar lo que es evidente? Yo tengo eviden=. cia física de que hay cuerpos. Mas si alguno me pregunta, cuáles son los primeros principios físicos que los componen, no sé, ciertamente qué responder. Si me preguntan si un cuerpo se compone de puntos ó de partes, me hallo en un obscurísimo laberinto: Porque si digo que se compone de puntos inestensos, al punto me presentan Ja dificultad insuperable de ¿cómo muchos puntos Mestensos pueden componer una Cosa esten= sa? Si digo que el cuerpo: se compone de Partes estensas, y por consiguiente divisibles asta el infinito, se ofrece otro no menos terrible escollo, á saber: cómo en un pequeño globo de marfil, por egemplo, puede taber infinitos estensos, y mo formar una estension infinita. Las Inconmensurables que ivididas en partes tan pequeñas cuanto se Quiera, nunca podran tener una medida co- e qu) mun; y las Asintotas Apoloniíanas que st acercan siempre sin jamas tocarse, son consecuencias necesarias de la naturaleza de esta estension. Y sin embargo, por esta obscuridad que se halla en la composicion del cuerpo, jamas claramente esplicada aun por los mas sutiles ingénios; por estos misterios que chocan á: primera vista, ¿renunciaré á la evidencia que tengo de la existencia de los cuerpos? Sé muy bien que ha habido hombres estravagantes que los han llegado 4 Negar; pero su estravagancia no merece imitacion. Luego si nuestro entendimiento teniendo cada dia: pruebas sensibles de su cortedad, en especial cuando se toca á lo'infinito (como sucede en las matemáticas á cada paso), no por eso abandona lo que conoce con evidencia, aunque no pueda espli: car algunas de sus relaciones ó consecuencias; ¿por qué no ha de seguir este mismo método respecto á las demas cosas? Solo un trastorno de la razon puede justificar el modo de pensar de los Deistas en este punto. No pudiendo negar que Dios es un Ser per: fectísimo é infinito, de donde se deduce con evidencia en general la santidad y rectitud de todos sus procedimientos en el gobierno del mundo; sin embargo; ¿quieren poners (79) | las en duda y murmurar solo porque no descubren sus particulares razones y miras en todos esos procederes? ¿No advierten que estas no pueden faltar en él, que es la santidad y rectitud por esencia? ¿que solo puede conocerlas el que comprende todo el plan de esta grandiosa máquina, en la cual todo está conexo, todo ordenado? ¿que solo considerando las cosas en esta union, y bajo este punto de vista, se ve el órden de las partes, que mirándolas separadas parecen faltas de él y de perfeccion? Y porque nuestros débiles alcances no se eleven hasta aquel modo de contemplacion, ¿tendremos el indecible orgullo y necedad, de censurarlas?. Pe- TO pongamos término ya á este capítulo, y recreemos el ánimo del lector con los her- MOSOS versos que sobre este asunto hizo en el Anti-Lucrecio el Cardenal de Polignac, Que traducidos á nuestro idioma dicen asi O) ¿Pero con cuál derecho acusar osas Al que esta hermosa máquina ercára, Compuesta de unas partes tan hermosas “uyo curso sin él luego parára? ¿Tanto en orgullo estúpido rebosas A (1) Amti-Luerecio, lib. 11, y. 772, (80) ¿Que juzgues que con él rivalizára Tu mezquino poder, triste gusano, De quien hasta el pensar está en su mano? -— ¿Persuadirme podrán tus imposturas Que aunque admirable por do quier se ostente El sumo Creador en sus hechuras, Claros reflejos de su faz luciente, Fueran estas mas bellas y Mas puras A ser productos de tú débil mente - Que se pierde en un átomo invisible? ¡O del mortal orgullo ¡incomprensible! i de tu cuerpo y su oneroso peso Libre (pluguiese al cielo) en algun dia En la mente divina el embeleso - Dado te fuera ver de cuanto cria; : Confundido notáras el esceso De tu crítica necia como impía: Al observar el órden y belleza Que encierra en: cada ser naturaleza. + Wal vez.en lisa tabla habrás notado Confusas líneas, ó mas bien borrones, Que mil figuras forman de contado Sin órden y sin plan, ni relaciones: Todo informe aparece y embrollado De curvas y de mixtas á montones: Sin que en todo el conjunto mas se vea, ue un caprichoso objeto sin idea. Was si un cilindro en medio se coloca En justa proporcion y óptico punto, El la aparente confusion disloca, Haciendo de sus rasgos un conjunto: Su lisa superficie los convoca Y formando ya un solo y fiel trasunto, Salen de tan confuso acinamiento La hermosura, el color y el movimiento, (81) CAPÍTULO IV. h > j ES El exámen de los sistemas de los . Libertinos sobre el Orígen dei mal, es una prueba evidente del trastor-= no de su razon. a L ¿Eos Incrédulos abandonando el dogma de la Religion sobre el Orígen del mal, síguen hipótesis las mas necias y repugnantes. El sistema que nos enseña la Religion sobre el Orígen del mal, mo puede recusarse por un sano entendimiento, pues se funda en la evidencia de la existencia y perfec- Ciones de Dios. Y estamos tan distantes de Creer que nuestra rudeza en penetrar todas las razones y designios del Moderador: sobe- Tano sirva para hacer vacilar estos dogmas, que antes en el dictámen de los sábios adrni- "ablemente los establece y consolida. En efec- to, ¿qué maravilla es que un entendimien- to finito y limitado nocomprenda todos Os: pensamientos de un Ser-infinito? Sin Zom. VIII. ] 6 (82) embargo, parecerian dignos de alguna escusa los impíos en abandonar estos dogmas, y sería menos horrible el trastorno de su razon, si para esplicar los + fenómenos y salir del embarazo de las dificultades, -que sobre este asunto exageran, ofreciesen alguna hipótesi al menos plausible. Pero aquí puntualmente es en donde se echa de ver su obcecacion. Abandonado el partido á que se debe acomodar todo hombre sensato, se acogen á sistemas los mas absurdos y repugnantes, y los mas intrincados é incoherentes - que se pueden concebir. U. Primera hipótesi. Se destruye por el mism0 principio con que se establece, [ Sigámoslos en las hipótesis que se fingen. Algunos han pretendido cortar como héroes el nudo de un golpe. ¿Hay, dicen, tantos males físicos y morales en el mundo? Luego no hay un Dios sábio, infinito, bueno y omnipotente. Asi han llegado algunos á discurrir sin el menor miramiento, y pienso no ir muy lejos de la g¿erdad sospechan do que á eso mismo se dirigen todos los amaños de nuestros Deistas, aunque un resto de pudor los contenga aún para no pronun- (85) ciar abiertamente esta espantosa. consecuencia. Pero oigan como discurre sobre el particular santo Tomas de Aquino, TRESSpon= dan, si saben como, á sus razones: ** Boecio, »dice el Santo. (1), introduce en el libro, 4.2 »de Consolatione á un filósofo discurriendo » y razonando de este modo. Si hubiese Dios, » ¿de dónde habria venido el mal al mun- - » do?= No es este el legítimo modo de dis- » Currir, responde el santo Doctor: debiera »ser al contrario, :á saber: hay mal; luego » hay» Dios. = ¿Cómo? =Porque no podria » haber mal si no hubiese órden en el bien; » pues en la privacion del bien consiste el »mal. Y este órden en el bien no lo habria » si no hubiese Dios, Luego si hay mal, hay » Dios.” La demostracion es tan clara y tan precisa, que no necesita esplicacion. IL Hipótesis de los Dos Principios. No .sodo es falsa € imposible, sino intpta. para esplicar lo que se intenta. 0 : Pasemos á otro sistema de los Libertnos. Este es cel de los Dos Principios que “han tomado de los Maniqueos, y Bayle es- A (1) «Lib. 35 contra Gentes.» mes 71. (84) pone y engrandece altamente en su Dizcios nario. Supónganse, dicen, dos Principios coeternos y soberanos, uno esencialmente bue: no, y otro esencialmente malo; que tengan dividido entre sí el imperio del Universo. En el Principio bueno está el orígen de todos los bienes y de todas las felicidades que hay sobre la tierra: en el malo se hallará la causa de todas las maldades y Imiserias; es decir, de los males asi físicos como morales que infestan el mundo. ¿Podia fingirse er- ¿For mas repugnante y mas disparatado? En= tre mil medios que hay para confundirlo, discurramos asi brevemente. El Principio (4) que es sumo mal , NO debe tener nada bueno, asi como el Principio que es sumo bien, no puede tener en sí cosa mala. Siendo pues el mal una pura y simple privacion, un mal sumo será una privacion suma, que es lo mismo que decir, suma nada: ¿Y:á estassúmo. nada: se le ensalzará á divinidad soberana, que tenga compartido el imperio del universo con el sumo y verdadero Dios? ¿Se dirá por ventura que PP a PEO AAN 7 (1) Santo Tomas confuta en muchos lugares de sus Obras los dos Principios de los Maniqueos. Véase en particular el lib. 3, contra Gentes, cap. 15; y tambien desde el cap. y del mismo libro, | (85) este Principio malo es ciertamente un ser, un ente ó naturaleza, aunque corrompida y maligna por sus perversos designios y malignos afectos, como se dice del diablo, y que por eso es causa de todos los males? Pero fuera de que esa naturaleza no sería ya un sumo mal, añado que es un ser y por consiguiente ún bien, que aun en la hipótesis de los Maniqueos no puede proceder, sino del Principio bueno, causa y fuente de todo bien (porque si existiese por sí misma, sería necesariamente un sér perfectísimo como es Dios). Si procede pues del Principio bueno, debe depender de él tanto en su ser como en sus operaciones. Luego el primer origen de todos los males que hay en el mundo deberia refandirse en el Principio bue- Ro, el cual por medio de este Principio malo querrá ó permitirá que sean causados. Estas son demostraciones tan claras, que no admiten solucion alguna, y desmienten juntamente las mecias burlas de Bayle, quien fingiendo una disputa entre Zoroastro, partidario de los dos Principios, y Meliso, que admitia uno solo, hace que el primero hable al segundo de este modo (1): “Tú me A AA A A (1) Diccion. crit. art. Maniqueos. | , (92) >podrá tener nadie para temer al que rodea- »do de un muro inmenso € insuperable, y »separado del contacto y vista de los morta- »les, no tiene medio alguno de premiar ni » de castigar á los hombres (1)?” Así Séneca. Y bien, pregunto yo, ¿qué otra cosa sino una prevaricación de entendimiento podria reducir al hombre á abrazar semejantes ideas? ¿Y el sistema de la Religion, que estos filósofos incrédulos desprecian y abandonan, tiene alguna dificultad que pueda compararse con el inmenso cúmulo de contradicciones y repugnancias que se hallan en éste? Si á diferencia de los Ateistas confiesan un Dios, se sigue que admiten un Sér infinitamente perfecto, único y primer principio de todo, independiente, y de quien todo depende. El mundo es obra de sus manos; porque solo un artífice infinitamente sabio, é infinitamente poderoso, puede tener en sí la razon adecuada de esta gran máquina, Y del órden admirable que en ella se ve. Luego este Universo, y todas las cosas que hay en él, no teniendo en sí, ni aun por un solo momento, la razon suficiente de su existen A A A O (1) Séneca, lib. 4, de Beneficits, cap. 18. (93) cia, de su movimiento, y de su propio ser (pues todas son contingentes, y no necesa= tias), necesitan que aquella soberana causa las conserve en todos los momentos de su existencia. A la manera que el vasto espacio del aire, siendo por su naturaleza obscuro, y recibiendo toda su luz de los benignos influjos del Sol, es necesario que el Sol en todos los instantes, ó con el movimiento centrífugo de sus rayos, ó con el influjo de Ja Materia sutil, le conserve la claridad; de modo que si un solo instante se ocultase ó retirase su influjo, cualquiera que sea, volveria el aire á su natural obscuridad (1). Des biéndose, pues, estender indispensablemente la fuerza y la causalidad de aquel primer Principio, que es Dios, hasta el último punlo de todas las cosas; es decir, á todo ser, 6 todo modo de ser, ¿qué pensamiento mas Decio puede darse, mi mas repugnante á la Tazon, que el de un Deista, que por una Parte profesa la existencia de Dios, y por Otra niega que dependan de él todas las co- Sas, que ni por un solo momento sin él no Pudieran existir ni moverse (2) =Mas es E A AS (1) Véase á santo Vomas, 1 p. q. 8, art, 1 et 3, (2) Véase santo Tomas, 1 P. Y. 22. (94) Dios muy grande, dicen, para atender á cosas tan pequeñas: es muy felíz para cuidar de tantas, tan varias y desconcertadas cosas como hay en el mundo, que segun nuestro sentir se refieren á él.=He ahí la grande objecion ó, diré mas bien, locura que se oye á veces de boca de algunos, y que con pomposa gravedad se halla en el prefacio al Telliamed, que mencionamos ya en otra ocasion. “Pretende este filósofo (me serviré de »las palabras de un doctísimo Obispo: (1) de » Francia haber visto en el Universo, y en »cada uno de los globos de que se compo- »ne, un principio de vida, un espíritu vi- »tal, un gérmen, en virtud del cual estos » globos, despues de cierta sucesion de tiem- » pos, se reproducirán y renacerán de sí mis- » MOS, asi como se conservan, sin que la po” »tencia de Dios intervenga para cosa alguna: » El autor del prefacio, que se ve al frente »de este Romance filosófico, pretende quí »en este sistema se descubre con mas espler” »dor, y de un modo mucho mas digno 4 » Dios, la providencia; y con aire iusolentó »pregunta: $ se piensa honrar al Criado! A A A PR > ra DU A AR (1) Mr. de Auxerre, Instruc, past, sobre la Y” dad y santidad de la Religion. (95) »sujetándole 4 un cuidado tan pequeño para » Dios, cual es la conservacion de este Uni- »Uerso, y dá tan penosas y continuas. aten- »ciones? Palabras impías, que copiamos con » horror, y que nos dan una idea dél Om- »nipotente, como de un hombre débil, á » quien cansa y fatiga la atencion de conser- » Var y reponer su obra, lo que en realidad »es un verdadero ateismo.” En efecto, este filósofo, y los referidos deistas, conciben á Dios como un Príncipe de la tierra, á quien la variedad de los negocios tiene. ocupado el pensamiento, y distraido el corazon; que necesita muchas horas para atender á los diferentes negocios, mi puede tratar de ellos sin ¡nterrumpir la quietud, el ocio y las diver= Siones, ¡Qué mayor, estravagancia! Con res- Pecto á la sabiduría infinita de Dios (que €s Dios mismo), todo el Universo y todas las Cosas y vicisitudes que hay en él no son mas ¿Ue un punto. Desde la eternidad vió en sí Mismo toda esta gran máquina entre las in- Mitas posibles, como en la idea egemplar € todo (1): la eligió; y á la eficacia de aque- A EDS A (1) Tu cuncta superno Ducis ab exemplo pulchrum pulcherrimus ¿pse . Mundum mente gerens, similique in imagine formans. Boet+1, 3, de Cons. (96) la eterna y simplicísima voluntad correspondió lá existencia, la conservacion, la direc= cion, el movimiento, las variaciones, el suceso y fines temporales ó eternos de todas las cosas. Acá en la tierra estas varian, pasan y se trastornan;-pero Dios lo hizo y lo quiso todo con un simplicísimo acto, sin que en él haya mutacion ni sombra de vicisitud; y por consiguiente sin que pueda alterarse un punto la suma y eterna paz y bienaventuranza que goza y halla en sí mismo. Esta es la idea que debe tener de Dios el que dice que le conoce. Y. Los males que hay en el mundo prueban la Providencia. Por lo que hace á los males que hay en el mundo, y de que los Deistas pretenden sacar argumento para substraerlo neciamente del gobierno de Dios, ya hemos hablado bastante, y demostrado cómo y en qué manera puede conciliarse su permision con los atributos de supremo Gobernador. No obs» tante, para obligar á los Deistas á confesal la Providencia por esos mismos males, bas” ta traer á la memoria el argumento de sant0 Tomas, de que ya hicimos mencion contra (97) los Ateistas. Hay males en el mundo: luego hay Providencia soberana que gobierna el. muudo. En efecto, el mal no es otra cosa que una privacion, ó un desconcierto en el órden del bien: este no le habria si no hubiese un Soberano ordenador, fuente de todo bien, y la causa única del órden: luego si hay males en el mundo, es preciso que haya en el mundo un Ordenador y pro- Visor soberano, V L Objecion tomada de la felicidad de los malos y de las desgracias de los buenos. Pero mayor confianza parece ponen en el otro ya indicado sofisma de la prosperidad de los malos y funestos sucesos de los buenos, lo que parece debia ser al contrario bajo el imperio de un justísimo y potentísisimo Gobernador. Son célebres sobre este punto los testimonios de Ovidio, de Claudiano, y aun de muchos hombres santos y sábios, á quienes la felicidad de los perversos sirvió de tentacion para dudar de la pro- Videncia de Dios. Los libertinos los hacen valer en su apoyo; y el príncipe de los Es- Sépticos, Pedro Bayle (1), entra á perorares- e LA : 9) Diccion, crit. art. Rufin, Tom. VIT. 7 (98) ta causa, amontonando todas las impiedades y blasfemias vomitadas por los hombres disgustados de la Providencia, porque no se acomodaba en este particular á sus caprichos. Pretende que la razon humana nopuede sostener la conducta de la providencia de Dios sino retirándose como á una trinchera im= penetrable á lo interior del abismo de sus infmitas perfecciones, de donde nada puede salir que no sea recto; ó escudándose con la autoridad de su palabra infalible. Si este espediente nos viniese de otra pluma, podria pasar por bueno; pero en- Bayle, para los que le conocen, todo es sospechoso, pues es sabido que cuantas veces pone en contraste la razon y la autoridad, ó se burla de esta, ó hace triunfar al Pirronismo. Es induda= ble que la idea de un Dios infinitamente perfecto basta para justificar todas sus obras y procéderes, aunque nosotros no alcancemos las razones de ellas; y que esto, si se atiende á lo anteriormente dicho, es bas» tante tambien para hacer callar á los Deistas. Pero fuera de eso la autoridad, ó sea la revelacion, nos suministra y manifiesta muchas razones que justifican particularmeote las obras de Dios en el gobierno de los hombres, y nos las demuestran llénas de F (99) verdad y de misericordia. La razon tambien puede y debe tener su lugar en «esta causa, haciendo entender cuán infundada y teme- - rariamente se produce por «los Deistas esta objecion contra la divina Providencia. ¿Por ventura tienen ellos, ó ha tenido algun hombre en el mundo, la balanza: exacta para pesar el verdadero estado de los hombres, el número y gravedad de sus méritos ó deméritos en la presencia de Dios? Sea aquel en horabuena criminal. ¿Mas quién podrá ciertamente asegurar que entre tantos vicios no haya hbécho:en algun tiempo alguna buena obra que Dios remunera con premio temporal; y que aquel hombre de bien no haya cometido pecados que Dios castiga justamente? ¿Y quién tiene en la mano un criterío para dis: cernir y conocer si, atendidas todas las circunstancias, las consecuencias y las relaciones, son verdaderamente desgracias las que el mundo tiene por tales y sobrevienen á los buenos, y realmente dichas y felicidades en las que se ve nadando á los malos? Aun mas, ¿Cuál essel hombre tan. recto que: pueda quejarse justamente de haber recibido de - Dios menos bienes de: los que merece, y haber sido castigado mas de lo justo? ¿Y si «Dios quiere usar tambien con los malos de * . (400) clemencia, por fines rectísimos que él conoce y Nosotros podemos ignorar, ¿quién podrá culparle? Pero en fin, supongamos que los buenos se vean realmente afligidos á pesar de la rectitud de sus acciones, y los malos en prosperidad; olvidemos aquellas escenas que la divina justicia, aunque lenta, ha hecho parecer en todos tiempos sobre la tierra; ¿qué puede inferirse de aqui? Lo que dicta la razon es, que teniendo el hombre una alma espiritual, y por consiguiente inmortal, libre esta de los lazos del cuerpo por la muerte, habrá un estado en que viva para siempre y reciba de Dios, justo: juez, á medida de sus méritos ó. deméritos, aquellos premios ó castigos que no ha recibido en la tierra. VIL Del discurso de los incrédulos en órden al Orígen del mal se infiere con evidencia que un trastorno de la razon es la fuente de su impiedad, En efecto, esto es lo que la razon dicla, y en todos tiempos ha dictado á los sábios; este: el modo con que han discurrido siempre; «y esto lo que en mi dictámen demuestra contra Bayle, que el argumento to= (101) mado de las vicisitudes: del universo, no es una arma insuperable 4 cuyo 'aspecto deba enmudecer todo el:mundo. Cotéjense pues estas justísimas reflexiones y demas doctririas de la Religion en «órden áesta materia con los sistemas de los incrédulos: y libertinos. Ellos por los males y «vicisitudes que hay y se ven en: el mundo (de los cua= les hemos dado tales razones, que nunca padecerán escepcion alguna), infieren: como un sistema el: mas necesario y:4 propósito para esplicarlas, 6 que noshay Dios, ó que hay dos Principios, uno bueno y otro malo, y los dos supremos; ó últimamente, que Dios no se mezcla en las cosas humanas. Hipótesis todas que incluyen una contradiccion ma= nifiesta, La primera, ademas de repugnar en los términos, “se opone al principio. de que se deduce; porque si»hay: mal en el mun: do, hay bien en él. Y st hay bien,: hay Dios, Luego si hay mal, hay Dios. La:segunda se destruye: por sí misma; porque un Sumo mal: es un sumo nada, á que no se puede atribuir la causa física de cosa alguma. Y siveste Principio se concibe como un Ser malvado , por necesidad dependerá del sumo Bien, á cuya permision deberá siempre recurrirse para la esplicacion de los fe- (108) discurre es ciertamente mas necio que el que no quisiese, porque hay monederos falsos, recibir moneda alguna temiendo que fuese falsa. Pero examinemos la cosa mas de raiz. UL. Posibilidad de la Revelacion divina. Demostracion abreviada con que se prueba su existencia, Que Dios óptimó máximo pueda revelar á' los hombres una Religion que comprenda verdades especulativas superiores á las luces naturales de muestra razon, y preceptos prácticos que determinen el culto con que quiere ser honrado y venerado en la tierra, podrá solamente negarlo: quien: tuviese valor para negar que hay Dios, como tenemos ya plenamente demostrado “(*). El punto cardinal sobre que ahora versamos, y sobre que los Naturalistas deben, si no quieren obrar en vano, dirigir todos sus tiros, es la existencia de esta Revelacion misma; es decir, que Dios efectivamente ha revelado una Religion, y que ésta puntualmente es la cristiana, Y bien, entremos en (*) Véase el t, / de la Biblioteca, pág. 168» Es A 4 Ne (109) la lid; pásese la vista, y refléxiónese sobre lo que hemos dicho en el libro 2.? de los Fundamentos (*), y se verá demostrado hasta la evidencia con todas las pruebas de que en su género es susceptible, y que la ponen fuera de duda. En efecto, veremos la doctrina cristiana revestida y acompañada de un conjunto de caracteres ineluctables, que cada uno de ellos es bastante á demostrar que es divina, y todos tan enlazados y encadenados entre sí, y con un primer Principio, que es Dios, que establecido este como su autor, todos ellos naturalmente se esplican “y entienden, y quitado ó removido se dislocan, no hay base alguna donde se apoyen, ni por donde se pueda dar razon suficiente de ellos, ni señalar causa que los produzca. Vemos que ésta causa ha debido señorear y dominar en todos tiempos sobre los en-= tendimientos y corazones, y sobre la natu- Taleza toda. En el centro de estos fenómenos Se ve á Cristo resucitado; hecho que demostramos ser mas cierto y mas seguro que todos cuantos nos refieren las historias de todos los siglos, Se ve establecida una nueva alian- y A E AE > TA (E) Y en el t. 5 de la Bibl, cap. 3, (110) za, y convertidos los gentiles á Dios: coníirmada su doctrina con el esplendor de repetidos y ciertísimos milagros; sostenida con la sangre de millares de mártires; y llevado su nombre hasta los últimos estremos de la tierra. La obra era en sí misina la mas dificil, como contraria á la corrupcion de los cora= zones y á la disposicion de los entendimientos. Los obstáculos mas poderosos, y los medios de promoverla, segun las apariencias humanas, los mas ineptos é ineficaces; y eso no obstante el éxito fue tan feliz y perenne que nosotros mismos lo vemos y palpamos. Lo maravilloso es que todo este plan de sucesos, hasta en las mas menudas circunstancias, habia sido puntualmente predicho en el discurso de cuarenta siglos; y estos oráculos subsisten todavia en los libros, que conservan nuestros enemigos mas implacables; de suerte que es una série de fenómenos, mo solo maravillosos en sí mismos, sino todos unidos y conexos. Luego es necesaria una causa omnipotente y simple que los esplique, y esplique este su concierto y atmonía. Esta causa no puede ser otra sino Dios: luego la Religion cristiana acompañada de tales caracteres es la revelada por Dios. (115) UL Los Naturalistas no pudiendo responder directamente, prueban enel hecho que su modo de pensar nace de un. trastorno de su razon, He ahi úna abreviada demostracion de este hecho irrecusable: ¿qué pueden á ella responder los Naturalistas? No hay medio: es preciso ó demostrar que el Mahomelismo y las demas super sticiones que tienen la temeridad é insolencia de comparar con la Religion de Jesucristo estan adornadas de los mismos caractéres que esta nuestra; ó substituir á Dios una simple y sencilla causa que todo lo gobierne y lo dirija, y esplique el conjunto de estos caractéres y fenómenos tan maravillosos entre sí, y tan íntimamente unidos, que. unos á otros mútuamente se sostienen, sin que se pueda uno separar de los Otros; y «por consiguiente que de una sola y Simple causa deben depender, que los pueda €splicar, Este solo punto deben establecer los Naturalistas, si algo quieren persuadir. odo lo que salga fuera de este órden, nada €S: millares de Pol IEiES llenos de la eru- ¡cion mas .esquisita, trabajados con la elo: fucncia mas alhagiieña y seductora, si esto (112) no prueban, de nada servirán: puras inepcias son. Ahora bien, es ciertísimo que por mucho que hayan escrito y escriban cada dia los Naturalistas, no han llegado ni llegarán á mostrar el Mahometismo, ú otra supersticion adornada de esa union de caractéres de que nuestra Religion está dotada; ni han ha- Mado una Causa, fuera de Dios, que pueda esplicar todo el sistema; ni aun tampoco una de las notas ó caractéres de que nuestra Religion se gloría: luego invenciblemente se demuestra que Dios la ha revelado, y que su autoridad es superior á todos los ataques de sus enemigos. - Supuesta esta verdad, ¿qué mayor delirio puede darse que por no recibir la revelacion cristiana, asegurar que el nombre de revelacion ha inundado de supersticiones la tierra? ¿qué mayor delirio que afirmar que toda Religion ostenta ambiciosamente sus oráculos; y poner en una misma línea el Evangelio con el Alcoran, y por el flanco del fanático Mahoma ER sus dardos qe nenosos contra la Religion de Jesucristo? Pues sin embargo, léanse los libros de los Naturalistas, y señaladamente algunos trozo5 de Voltaire, y se verá practicado este 10” justo y necio proceder. un. Iv. A 26 voz de un Dios que habla no ño entendimiento que no deba” ft umillarse.“Páz sage de las Cartas judías en ue se cón= . pS esto IISTNO, Demostrado ya invenciblemente que Dios” ha hablado; y que de él proceden los" dog" mas asi especulativos como prácticos de la: Religion cristiana, el hombre debe a llarse: pretender censurarlos “es un trastórn manifiesto de la razon “Digamos: esta” es xima de boca de un“impio, que“ por“lo míis-" mo no” se “puede retusár: “El autor-de las Cartas Judías dice asi “Debe permitirse (P) »el examinar si una! cosá 'ha*sido verdadera“ » mente revelada; pero” demostrado que “lo: ha sido,» ya. no es permitido dudar” de ela; Pa aspirar á penetrarla;”: “Y poco debtn ds “Un hebreo en quien se"escitan dudás sobre »albunos hechos que: se hallan: en los Libros > Sagrados; pues" que ¡conoce ta” autenticidad »de: su revelacion; > debe» humillarse, creer” »Ciegamente y no pretender als con ra- %oues humanas umsteriós diviñios” Si esto il a (1) Carta 138, ¡397 Lom. PITT. 8 (144) es pues ast, todas las sofisterías de los incré= dulos contra los augustos misterios de la Keligion cristiana, todas sus críticas sobre la historia de ambos Testamentos, todas sus in= vectivas contra los documentos prácticos pertenecientes al culto y á las costumbres en ellos contenidos, todo es vano y nada demuestran: sino el delirio de su razon. Hemos ya demostrado que'los tales libros son revelados; á nuestra demostracion no han podido los Naturalistas responder; pues á la voz de un Dios que habla: ¿qué debe el hombre hacer sino. someterse y escucharla con humildad? Los mismos. Naturalistas. lo: confiesan - asi: Luego todos. sus, folletos. llenos de: tales críticas y sátiras contra. la Religion cristiana son delirios despreciables. Luego sus quejas sobre no. poder hacer uso del precioso. don del cielo; es decir, de la razon, á la que se prohibe examinar lo que se dice revelado, son injustas y pueriles. Lícito es usar de la razon en cuanto á ventilar los argumentos que demuestran la existencia de la revelacion cristiana; lo que la está prohibido es el citar á examen las verdades que se conoce haber Dios revelado, y que aunque arcanas é impenetrables, no pueden ser ni demostrarse contrarias á la recta razon. (115) Infiérese la impiedad. y locura de los Naturalistas contra las verdades reveladas. Primer ensayo tomado de la obra de Rousseau intitulada el Exilio. Esta verdad es tan patente, que no puede menos de hacer impresion en todo el que no quiera cerrar los ojos á la luz. De aqui es que los Naturalistas mas modernos como que se avergiienzan de presentarse al descubierto á atacar nuestra Religion con la impudencia de Espinosa, de Tindal, de Collins, de Woolston, de St. Evremond (si es que este es el autor del impío Examen de la Religzon); y se disimulan y toman diversos medios, pero que van al mismo fin, y demuestran de su delirio. Rousseau en el Enulío (obra que ha merecido á su autor la indignacion de todos los hombres sabios, y los anatemas y condenaciones de la Iglesia y del Imperio) introduce un episodio de Cierto apóstata eclesiástico, y atribuyéndole Una profesion de fe (*), 6 mas bien de im- AA AO IO ( Es la que se llama la profesion del Vi ica— rio Saboyano. $ (146) piedad, debajo de esta máscara vomita Sus venenosos solismas contra la revelacion divina. Permíitasenos seguirle paso á paso, pues su elocuencia aunque nunca podrá confundir la verdad, puede muy bien turbar á los sencillos. No hay necesidad, dice desde luego, de una Religion superior á la natural, pues no se puede señalar dogma alguno útil al hombre' y honorífico á su autor, que no pueda conocerse con el buen uso de la razon. Mas cuál y cuán grande sea para el hombre corrompido la necesidad de una revelacion soberana, ya respecto á los dogmas que, absolutamente hablando, puede conocer por la razon natural; ya tambien y, mucho mas respecto á los que superiores 4 ella nos muestran el único remedio de nuestros males y el camino de nuestra felicidad, ampliamente lo hemos hecho ver en el libro 2.2 de los Fundamentos, donde refutamos los sofismas de los incrédulos, que este nuevo filósofo vuelve hoy á reproducir. Pero oigámosle hablar sobre la existencia de la Revelacion. “Ó todas las religio- »nes, dice, son buenas y agradan á Dios, Ú »si es que hay una que él prescriba, y los » hombres esten obligados á reconocer, sope- » na de ser por ello castigados, la habrá disrr NA ÓN cedo (417) > tinguido con señales tan ciertas y patentes » que no se pueda confundir, y por donde » sea conocida como la sola verdadera 0) En efecto asi'es, y esta es puntualmente la Religion cristiana, y las señales Iramifiestas, luminosas y «tertísimas por donde se venga á conocer son el conjunto de aquellos caracteres que en el libro 2.” de los Fundamentos hemos esplicado y defendido. Á sa-' ber, la pureza y escelencia de su doctrina en sus dogmas y moral: la santidad de cos- _tumbres que en el mundo ha introducido: su propagación maravillosa á pesar de los obstáculos insuperables á todas las fuerzas de los hombres: la vida, muerte, los milagros Y resurreccion de Jesucristo, predicha hasta en las mas pequeñas circunstancias por una Serie de oráculos, y confirmadas despues con a sangre de muchos millones de mártires, Ustos y otros semejantes son los caracteres, 95 cuales cada uno de por sí, pero especial- Mente reunidos, ilustrándose y confirmándo- S* mutuamente, demuestran hasta la eviden- “la que la Religion cristiana es la única di- Vida y verdadera. (y) Emilio, 1, 3, pág. 122, (194) de parte de Dios creer contradicciones, cuando propone los misterios que ni Rousseau ni todos sus cohermanos son m han sido jamas capaces de demostrar repugnen á la razon. Pues este es el argumento mas robusto que lanza nuestro filósofo contra la verdad de la doctrina revelada. Sé muy bien que poco antes de introducir el Diálogo indicado, invectiva contra una “Revelacion (1) »que no inspira sino sentimientos de aver- »sion á sus semejantes, y de terror para » CONSIgO Mismo; que presenta un Dios co- » lérico, envidioso, vengador, parcial, y que .»aborrece á los hombres; un Dios de guer- »ra y de batallas, siempre en actitud de » destruir y lanzar rayos; que siempre habla »de tormentos y de penas; y se lisongea de » castigar á los mismos inocentes.” ¿Conoceis esta revelacion? Ó Rousseau habla de una revelacion que solo existe en su acalorada fantasía; y en ese caso le abandonamos con sus negros pensamientos; ó pretende hallarse esas blasfemias en la revelacion cristiana; y en ese caso las omitimos como una impostura demasiadamente solemne é indigna A (1) Jid, pág. 137. (195) de una sériá confutacion. ¿Quién, por'poco versado que se halle en las santas Escrituras, ignora que si en ellas resplandecen su= blimemente todos los divinos atributos, la bondad, la clemencia y las entrañas de misericordia y de piedad de muestro Dios para con el hombre estan representadas en cada línea con rasgos tan magestuosos y tan penetrantes que no pueden provenir. sino del mismo original? Y en cuanto á: la aversion que se dice inspira nuestra doctrina revelada á nuestros semejantes, siendo asi que nos manda amar hasta los enemigos, es una nueva prueba del candor y de la equidad con que estos filósofos impugnan la Religion. VIL Disuelvese otro sofisma contra los Mix lagros y Profecías. Pero veamos cómo rebate la demostracion de espíritu y de virtud; es decir, los Milagros y las Profecías, que confirman el divino origen de nuestra Religion. Introdute de nuevo á su Inspirado, y le hace halar asi: “Mis pruebas son sin réplica...... ” Mutaciones en el órden de la naturaleza, > Profecías, milagros y prodigios de toda es- (196) : »pecie (4). ¿Y qué escepcion da el filósofo á estas pruebas, cuya fuerza no podia ignorar Rousseau ?=“ Prodigios y milagros? yo » no he visto ninguno(2).” Terribilísima confutacion; pues igual es tambien la que opone á las Profecías, “Y asi como no he visto » milagros, tampoco he oido profecías. Digo » mas: que ninguna Profecía tendria autori- »dad para mí (3) = Satélite del demonio, hace esclamar entonces á su inspirado con un rasgo propio de su autor. “¿Y por qué las ——»»prolecías mo tendrán contigo autoridad? = -» Porque para ello serian necesarias tres cosas »Cuya union es imposible, á saber; que yo » hubiese sido testigo de la profecía: que lo » fuese tambien del suceso; y se me demos- » trase que este no habia podido concurrir por » casualidad con la profecía (4). =Conozco que al verme copiar tales inepcias los lectores tendrán justa razon para quejarse de mí porque los detengo en futilidades indignas - verdaderamente de ocupar la atencion de un e A PESA AA (1) Rousseau, loco citato, pág. 142. (2) Ibid. pág. 143. (3) Lia, pág. 142. (4) Mid. E A E A (197) hombre medianamente instruido, y que tenga algun conocimiento del punto que tratamos. En efecto, ¿qué escepcion mas frívola puede oponerse 4 nuestros Milagros y Profecías, que decir no se han písto ni unos ni oido otras? ¿Quién es entre los hombres el que mo cree. fija y ciertamente millares de sucesos remotísimos por el lugar; ó tiempo en que acontecieron, aunque entonces ni los viese mi los oyese?. (*) Y porque no los vió mi oyó, ¿deberá negarlos? En otra parte hicimos ya el analisis, y manifestamos el gran principio, el piincipio firmísimo sobre que se apoya esta certeza moral ó histórica; esta certeza de hechos, igual en su género á la Metafísica, y aplicando este principio á los echos en. que estriba la. divina Revelacion, icimos ver y demostramos que eran supe= Tlores á toda duda y escepcion. Vimos, por: : ¡ ' ' j (*) Yo no he visto la China, ¿dejaré. por eso de creer que hay China? No vi ni oi hablar á JulO Cesar ni á Alejandro Magno, ¿no habrá habi- O Cesar ni Alejandro? No estuve en la batalla de . Aterloo , en la de Bailen, ni en la de los Ara= Pues, ¿no se dieron por eso estas batallas, £c,? En Verdad que dice bien nuestro autor , que es nece- Sarió tener trastornada la razon para moyerse y de- Jarse persuadir de tales razonamientos, (128) egemplo, la Resurrección de Jesucristo, que es, digámoslo asi, como el centro de este sistema, el milagro mas importante y luminoso, apoyada en tales testimonios, que ninguna historia en el mundo los ha tenido jamas ni podrá presentar iguales ni tan irrecusa= bles; y por tanto elevada á un grado de certeza que no admite la menor duda. Lo mismo proporcional mente puede decirse: de los milagros de Moisés y de los Apóstoles; lo mismo de la autenticidad de los oráculos prenunciados entre los Hebreos antes de la venida de Jesucristo. Cuanto puede exigir y desear la crítica mas severa, todo concurre á demostrar la verdad de cada uno de aquellos hechos. Pero lo: mas singular, y aun lo que les da una firmeza incomparable, es la relacion mútua, la conexion, el complexo, y union. que tienen entre sí todos estos ácontecimientos, con la cual formando un todo, un sistema, si puede usarse de esta voz, intimar mente «unido, inútuamente” se confirman, apoyan y Ade de manera que establecido uno, lo estan todos los demas. La Resúrvotción de Jesucristo, v. g. que lo ma nifiesta invenciblémente Dios, prueba la divina mision de Moisés, TS y 'elogias da mil veces por. Jesucristo, los milagros — e (129) obrados «por él, ypor la misma razón log vaticinios de los Profetas. La destruccion de Jerusalen, la dispersion del pueblo Judaico, la sangre de los Mártires, la predicacion del Evangelio, todo se refiere á Cristo Dios, : todo confirma en él este caracter, y muestra cumplidas las profecías. De modo que lo pasado y lo por venir, como si fueran líneas de un centro, terminan y. se unen en Jesucris- to para demostrarlo al mundo Hijo de Dios: y él por otra parte esparciendo las luces de su predicacion sobre los milagros , promesas y vaticinios, todos los cumple, autoriza, confirma; y. por consiguiente su Religion apoyada sobre todos! estos acontecimientos, se demuestra, claramente verdadera: y divina. Para destruir, pues, un conjunto tan hermoso, un sistema (démosle: este nombre, Pues á todo se aplica el dia de hoy) difusamente probado y :esplicado por nosotros en otra parte (*), se necesitaba algo. mas que un. diálogo al estilo de Luciano, . lleno de Sarcasmos y de dudas las mas estravagantes. Para dar en tierra con un edificio tan ma- Séstuoso, tan enlazado, y tan íntimamen- e) Véase el t. 5 de la Biblioteca. Lom, VIIT. | 9 (130) “te unido, se necesitaba mas que simplemense decir: Yo no he visto Milagros ni oido las Profecías. La verdad de unos y otras está demostrada con pruebas mas ciertas que el testimonio de los sentidos: sus efectos y el cumplimiento de unos y otras los palpamos visiblemente, y casi podemos decirque los -tocamos con las manos. Esto exigia algo mas que decir, qué en todos los paises del mundo se han creido muchas veces imposturas por verdaderos milagros (1); como si de haber mentiras en el mundo, se probase que no habia habido verdad: ó recordar los prestigios de los Magos de Faraon (2) para probar que el demonio puede imitar las obras de Dios: como si no hubiese un seguro y cierto criterio para discernir los unos de los otros; y sin cometer un círculo vicioso no se pudiese probar la doctrina con los milagros, y por la índole de la doctrina descubrir el origen, fuente ó principio por quien han sido producidos ú obrados los m+ lagros (3). Se necesitaba algo mas que decir (1) Tom. 3, pás. 134. (2) Ibid. pág. 135. (3) Libro 2 de los Fundamentos de la Religion» cap. 16, | (131) que el suceso pudo. casualmente correspon= der ó concurrir con la profecía. «Aqui no se trata de un suceso solo, ni de un oráculo aislado; se muestra una série de hombres que por el espacio de cuarenta siglos se sucedieron unos á otros, y que á pesar de ser diferentes en edad, en pais, en carácter, va= licinan, prenuncian separada y distintamenle una série de sucesos no solo libres y contingentes, sino dependientes solo de. las so= beranas y omnipotentes disposiciones de Dios; señalando los tiempos, los lugares, las variedades, hasta las mas pequeñas circunstancias; y sucesos que aunque predichos:.sepa= radamente, todos se unen, enlazan, combinan, y puntual y exactamente se cumplen en el tiempo y modo señalado. Ahora pues, llamar esto simplemente-efecto de. pura ca sualidad, es un pensamiento solamente digno de nuestro dialoguista, pero que no caerá jamas en el de una persona de sano juicio. Despues de esto parece supérfluo «dete nernos mas sobre este primer capítulo de acusación de nuestro filósofo, en .el que “se Proponia esparcir varias dudas (*) sobre al » A 4 EN a y () Este fue siempre el caracter de Rousseau: «e (132) gunas de las pruebas de la Revelacion, Siá alguno agradase mas instrucción sobre esta materia, puede leer el libro 2.” de los Fundamentos (*), donde tratándose de los milagros y profecías, estan prevenidas y disueltas todas las objeciones de este incrédulo libertino. dudar y esparcir dudas; por eso tan prontamente sostiene el sí como el no en todas materias. Su creen= cia no fue mas fija. Porque le den de almorzar todas las mañanas se hace de protestante católico: ve pecar á un católico, y se vuelye protestante: reco noce en Cristo un Dios, y no le sigue: ye en el Evangelio un libro divino, y luego le tacha de contradicciones: por todas partes ostenta una moral severa, y su lubricidad llega hasta el estremo: declama contra las novelas, diciendo que una jóven no puede leer novelas y.ser.casta, y escribe una, de la que confiesa que la que lea una sola página cuéntese perdida, Escribe sus confesiones, y en ellas con sinceridad filosófica un robo que habia hecho de unas cucharas de plata lo convierte en una “cinta, En fin, escribe contra el suicidio y se mata, ó sea de un pistoletazo, como dicen unos, ó sea loman= do veneno en el café, como quieren otros, k«c. ¿Y por el charlatanismo de un sofista semejante se ha de dejar de oir la yoz de Dios, y que él mismo reconoce que lo es? Véase en el t, 1 de la Bibl. pág. 133, -(%) Y elt, 5 de la Bis, y ES (133) VIIL Dificultades que se finge y exagera Rousseau en el reconocimiento de la Revelacion. Pasemos ahora á tratar del segundo pun- to, que consiste en exagerar las dificultades que hallaria un hombre siempre que entre las muchas revelaciones hubiese de discernir la única divina y verdadera. Aqui es donde le parece triunfar á Rousseau. No es ya un diálogo, esmuna viva y elotuente declamacion de la que se sirve. Oigámosla (1). “Entre tantas Religiones diversas que se » proscriben y escluyen las unas á las otras, »una sola es la buena, si es que hay algu- » na. Para conocerla no basta examinar una »sola; conviene, es necesario examinarlas » todas: en cualquiera materia no se puede » condenar sin haber oido á las partes; es » preciso confrontar las objeciones con las » pruebas; saber lo que cada uno opone á »los otros, y lo que éstos responden.” Al pie de la página confirma é ilustra su doctrina con esta erudicion escogidisima (2). A 1) Loco citato, pág. 146, (1) 2) lud, (140) seguir esclusivamente una sopena de eterná condenacion?=Sois muy entendido para dejar=de. conocer, que entonces nos hallamos en el principio; y que ese efugio nada sirve para poneros á cubierto del argumento invictísimo que se os hace; porque, lo repito, eso es puntualmente lo que disputamos; á saber: si toda Religion es buena, ó hay una revelacion divina que se debe seguir sopena de muerte eterna. Vos decis lo primero, y negals lo segundo; y la España, Francia, Inglaterra, la Holanda, Oriente y Poniente son de contrario parecer, y lo han sido por tantos siglos. Luego segun vuestros principios vuestro discípulo debe investigar en qué se fundan y, se han fundado tantos hombres grandes par ra ser de dictámen contrario al vuestro. Mas, conforme á vuestros principios este examen, si. se ha de hacer por los libros, necesita erudicion, lenguas, bibliotecas y lectura inmensa; mi bastando tampoco los libros, segua los mismos principios, se necesitan viages, peregrinaciones, inspecciones y comparacio” nes que ocupen al hombre todo el tiemp? de su vida, sin que acaso legue á saber j2” más lo que debe ser. Luego ó estos princr pios y exageraciones brillantes para proba" que no hay una revelacion esclusiva, como 1 (141) la llamais, son quiméricos y falsos; ó si alguna cosa probasen, aunque en realidad nada prueban, no solo sería contra ella, sino que en la ¿nisma ruina envolverian cuanto decis, y aun por su naturaleza misma arras- —trarian hasta el Ateismo, y aun al Pirronismo universal, peor que toda impiedad. En efecto, os declarais secuaz de la Religion natural, y respondiendo al Arzobispo de París os gloriais de haber espuesto y probado en un tono dogmático sus principales principios. Sin embargo, por mas que protesteis haber aprendido esta noble ciencia en los libros de la naturaleza, no iguorais que actualmente hay y ha habido en los siglos -pasa- dos Ateistas, Deistas, Materialistas y otros tnemigos de los dogmas, asi especulativos co- Mo prácticos Óó PE de esa misma Reli- Sion, los cuales pretenden que la naturale- Za nos enseña todo lo contrario. No ignorais Cuantos y cuan espinosos volúmenes se han Escrito en diversas lenguas de una y otra: Parte sobre estas materias. En fin, que Bay- € Y otros parciales suyos pretenden hallar Cerca de los polos, en las costas de África, € varias partes de la América, en las Islas Situadas entre las Molucas y Filipinas, y en Otras regiones remotas gentes sin costumbres (142) ni leyes, ni religion, las cuales, si 4. ellos se cree, viven tranquilas y. de un modo bastantemente virtuoso «y singular. Luego si en vuestro dictámen no se puede tener seguri=. dad de una opinion, aunque parezca denicób trada, si no se averigua antes en que se fun= dan los hombres que no la tienen por: tal; y esto, segun decis, mo puede averiguarse sí no se estudian todas las lenguas, se examinan todos los libros, se revuelventodas las bibliotecas, y ademas no se visitan todos los ángulos de la tierra en que hay indicio de una opinion contraria, y de que se siga un sistema opuesto; y en esto se deben emplear todos los pensamientos y la vida; antes de haberlo verificado, confrontado y calculado decidme: ¿cuándo llegará vuestro Emilio Y los que con él hubiesen tenido la desgracia ó la necedad de escucharós, á profesar tran” quilos la Religion natural ? Pero salgamos ya de este escéptico labe: rinto, en que de propósito nos hemos dete” nido algun tanto, para que se entienda el aprecio que debe hacerse de aquella veneno” sa facundia con que este filósofo, por lucha" contrá nosotros, no teme pelear y contrarial” se á sí mismo; y al mismo tiempo hacer e” tender á él y á cuantos le admiran, en 1% 0 (143) espantosas consecuencias , la falsedad y «estravagancia de los principios que con tanto artificio y tanta pompa maneja. X. Respóndese directamente á estos sofismas. - Rectifiquemos pues las ideas, y usando del lenguage de todos los sabios (á quienes solo un Pirrónico, que es decir un loco, puede oponerse) digamos, sin temor de enga= Ñarnos, que pueden conocerse con inelucta= ble certeza algunas verdades de hecho y de derecho , sin que para ello sea necesario aquel aparato de lenguas, de libros, de bibliotecas, de viages,+y de prolijos exámenes por toda la vida, que tanto exagera Rousseau, á fin de Que no.se crea posible hallar una revelacion di- Vina. Digamos que una demostracion, asi co- Mo nos hace ciertos de da verdad demostrada, asi nos asegura que no se pueden opo= ner á ella sino falacias y sofismas, porque á “na verdad mo se opone otra verdad. Diga- Mos que asi como los dogmas fundamenta- *s de la Religion natural, asi la existencia € una revelacion divina está probada con Verdaderas demostraciones, aunque de diver- Sa especie, porque lo son tambien las verda- €s demostradas. Las primeras, que son de (144) derecho, se prueban con demostracion metas física; y la segunda, que es de hecho, con demostracion moral, la cual en nada cede á la otra en firmeza, ni en la eficacia para persuadir. Por tanto siempre que se esponga esta demostracion moral, que abraza los diyersos caractéres de la revelacion divina, á un hombre sabio, que busque sinceramente la verdad, en la forma que despues de tantos grandes hombres se ha espuesto en el libro 2.” de los Fundamentos, basta para convencerle firmemente, de que Dios ha hablado, y que la Religion cristiana es verdaderamente obra suya. Reconocido esto, ya no es necesario ir al Japon 6 á la Nueva-Zembla á examinar las supersticiones de aquellos gentiles. Tampoco lo es estudiar la lengua arábiga, la de los Tártaros, ó de la China, ni leer todos los libros, y visitar todas las bibliotecas para reconocer, pesar ó examinar las Religiones ó las opiniones estrañas, y confrontarlas con la nuestra. Como las pruebas invencibles que á este hombre sábio le demuestran la verdad de la Religion cristiana no dependen absolutamente de minuciosas, vastas y prolijas 10” vestigaciones, está y puede: estar seguro de que todas aquellas pesquisas no podrian ]legar á dará entender que la Religion cris (445) tiana procedia de otro principio que de Dios; Y asi como (guardada siempre la debida proporcion) para conocer con invencible certeza la existencia de un Dios, diverso de esta máquina del mundo, Criador y Gobernador de todas las cosas, no es necesario haber meditado antes la Ética de Espinosa, examinado todos los sofismas de los antiguos y mo-= dernos Dualistas, estudiado á Hobbes, ni visitado los paises de los Hotentotes ó de los Iroqueses, porque las demostraciones de aquella gran verdad son superiores, é independientes de tales estudios é investigaciones; asi tambien mediante las demostraciones mismas, estamos ciertísimos de que tales indagaciones, estudios, viages ó lectura podrian ofuscar á un entendimiento débil, y no acostumbrado á este género de controversias; pero no confundir la verdad, ni mover á un sabio para que, no asienta á ella. Concluyamos Pues, que todo el grande aparato de dificultades, que aglomera nuestro filósofo para deciarar imposible el conocimiento cierto de Una Religion revelada, es un pirronismo miserable que nada prueba. Lo primero, porqué si algo valiese, destruiria el sistema del au= tor, y lo redujera á nada: y lo segundo, porque las pruebas ciertísimas y clarísimas de Zom, VIIT, 10 (146) la divina revelacion son. superiores é indepen= dientes de todas aquellas indagaciones. Asi. que ésta puede conocerse, y efectivamente se conoce con evidencia, no sin alguna especie de consideracion y examen; pero sin aquella multitud de investigaciones que solo pueden asustar. 4 un espíritu débil, mas no á- un hombre sabio é ilustrado. Mas en honor dela verdad y para confusion de sus enemigos, podemos decir francamente, y sin temor de que se-nos censuw re, que todas cuantas dificultades se han podido deducir de las fuentes que Rousseau ha indicado; cuantos exámenes se pueden hacer en los libros; cuantas notieías se pueden hallar en los monumentos antiguos, cuantos auxilios pueden prestar las lenguas exóticas, cuantas investigaciones se pueden hacer en los vyiages, cuantas observaciones sobre todas las Religiones del mundo, y últimamente todo cuanto puede haber desde el Oriente hasta el Ocaso, que en algun modo pertenezca á esta gran controversia de la Religion revelada, todo está ya examinado con la crítica mas severa, calculado y discutido; porque, como varias veces hemos dicho, la causa de la Religion no teme desafios mi exámenes; y lejos de hallarse en to” (147) da ella. algun.argumento que pueda hacerla titubear ló. mas mínimo, al contrario, se ha: demostrado que todo concurre á confir= marla. Ultrages, bufonadas; sarcasmos y audacia- podrán presentarnos, han presentado y nos presentan cada dia nuestros enemigos, pues son “sus mejores armas;-pero un argumento sólido, una razon clara que destruya las pruebas de la divina revelacion, por mas que blasonen que tienen tantas fuentes en donde tomarla, y tantas veces se les ha imvitado- por los católicos, mo la han producido todavía, ! XI. Desvanécese otro :sofisma de Rousseau sobre la Obligacion de; seguir una sola Re= ó digion revelada. Pasemos pues á examinar el tercer capitulo de la acusacion de Rousseau contra la Religion revelada, que-no- es de mas valor que los otros. Despues de haber esparcido dudas sobre algunos ' caracteres de la divina Revelacion; defguna de haber exagerado las dificultades en hallarla, pretende ¡ n= ferir. que no hay en el hombre obligacion de reconocerla; y por tanto que cada uno puede seguir á su arbitrio la Religion que mas le + (148) agrade. Asi Rousseau; pero nosotros nos juz: gamos con derecho de argiiir de un modo enteramente contrario, y decir asi: Las dudas que habeis esparcido son vanas; las diz ficultades exageradas son fingidas; ni aque= llas ni estas, mi juntas ni separadas, no con= mueven en un punto la demostracion de la existencia de una Revelación divina; luego esta es cierta y verdadera; luego: (oid esta se: gunda consecuencia) sola ella debe indispensablemente seguirse.=¿Indispensablemente?= Sí, vedlo aqui claro. Esta divina Revelación cuya existencia hemos demostrado, y con tales pruebas que vos mismo confesais que no se pueden contrarestar (1), com palabras espresas nos enseña “que en ningun otro, si= »mo en Jesus Nazareno, hay salvacion; por- »que no hay otro nombre debajo del cielo » dado á los hombres por el que hayan de » salvarse (2). Nos enseña, que el que creye- »re y haya sido bautizado, se salvará; mas el »(que no creyere, se condenará (3). Nos en- »seña, que sin la fé es imposible agradar ECO a, (1) Loco citato, pág. 164, (2) Act. Apost. L, y. 1a, (3) Marc, 16, a a (1495 »á Dios (1): que el que cree en Jesucristo » ho se condenará; mms el que no cree ya » está. condenado, porque no ha creido en el » nombre del Unigénito de Dios (2) Luego las mismas pruebas invencibles que nos demuestran la verdad de la divina Revelación, nos lleyan á. conocer, mediante una divina autoridad infalible, que ella es la única. que debe. seguirse. ¿Qué decís? =Yo solamente niego la obligacion de reconocer= la; porque esta imaginada obligacion es incompatible con. la. justicia de Dios (3). = Yo mego=;¿Y quién sois vos para responder á Dios, y decidir que no puede conciliarse lo. que claramente -manda con las leyes de la. justicia? ¿Pero qué guia, qué luces son las. que. seguís. para formar semejante juicio? = Mi. razon, que es don de Dios, = ¡Completamente !. ¿Y con ese' don, decid, pensais comprender. todas las razones de los divinos cousejos ,/yjuzgar sus mismos juicos? Con la razon, es verdad, podeis y debeis inquirir si Dios ha hablado y mandado; , £ i $ ME y $ y <(n,. Habr. 16. (2) Joan, 18. (3) Loco citato, pág. 164, E á (252) »cimiento de la ignorancia humana, es el » menos opuesto de todos á nuestra creencia, » y el mas propio para recibir las luces 50” » brenaturales de la Fé.” Pero oigamos * Bayle, quien despues de haber envuelto 4 lector en un tenebrosísimo caos de Pirron!ó mo, y héchole perder de vista todo vis” lumbre de verdad, dice asi: “Parece put » que este estado infeliz (y en realidad qu » mas infeliz puede ser que el que desp% »ja al hombre del carácter de racional) Y »el mas propio para convencernos de qu : » nuestra razon es el camino de los estraW% » porque puntualmente cuando ella se des » plega con mas sutileza, es cuando nos 0%. »duce á tal abismo. La consecuencia pi” » natural de esto debe ser renunciar á 0 »guia, y pedir otra mejor á la primera añ »sa de todo. Este es un gran paso hácil » Religion cristiana; puesto que ella qu » que esperemos de Dios el conocimiento”. »lo que debemos obrar, y cautivemos 1%, » tro entendimiento en obsequio de la Fél Iguales espresiones se leen alguna yez pos Voltaire, y se oyen á la demas turba 42% A (1) Art, Pirron, a (9253) libertinos, que con una afectada especie de obediencia y de piedad, dicen que no puede levantarse mejor el triunfo de la Fé que Sobre las ruinas de la razon (*). V.: El conocimiento de las pocas fuerzas del entendimiento favorece ú la Fe. El Pirronismo se opone directamente á recibirla Y | 4 mantenerla. Pero no será dificil descubrir el dolo de todos estos escritores, y demostrar con eyidencia la falacia de sus raciocinios. No se niega que un conocimiento verdadero de las estrechas y limitadas fuerzas de nuestro en= tendimiento sea una disposicion ventajosa Para recibir con docilidad los dogmas de la Ye, Convencido el hombre por la esperien= “ia de que no puede penetrar el fondo y la Ssencia de las cosas mas viles, no halla di- “cultad en creer que el Sér Supremo, que es infinito, exista por sí mismo, sepa y pueda 9 que él no es capaz de comprender. Y es- e justo conocimiento de su debilidad, opues- AR ANC + tios e sti sis A nfunda en manera aleuna á estos 'Mpios con el - 8 irtuoso La-Mennais: estos proceden (254) j | to al: espirita dogmático y decisivo de los orgullosos sofistas, es el único que fue apres ciado de.los Padres y de Jos Doctores citas dos por el autor. del Tratado. de la debilir dad, como mas propio para cautivar los 01% tendimientos á la obediencia de la Religior Mas que la doctrina de dudar de todo, c0 mo él la llama, 6 el Pirronismo universi que renuncia enteramente la guia de lat” zon como un camino de estravíos, segun * esplica Bayle, sea un gran paso, hácia-* Religion cristiana, es ana locura y una o postura solemne. En efecto, para abradl esta Religion y prefevirla á la Mahometad% 6 4 la Idolatría, es necesario que aquel * quien se propone, examine las prued” que la demuestran divinamente revelada, qu es lo que llamamos motivos de credibiliW0”” Ey Cobo? ta étlamoa yan of SS ' $ Wal dolosamente, y fingiéndose amigos clavan el pués de la Duda y del Escepticismo para hacerse 15 '] pendientes de toda subordinacion y obedienció? y La-Mennais humilla á la razon, presentando 12% energía lo que por sí sola puede para someten, la autoridad. Los unos son sofistas implos» ae so fingida humildad se glorían de hijos del Key * de berbia; y el otro llorando los rales. y eso los hombres, quiere escarmentemos ca elos E somelernos á Dios, = (955) y conocido su valor, dejando las otras cuya falsedad conoce, la abrace y la siga á:ella únicamente; ¿Mas cómo hará este examen con fruto, cómo se convencerá de la fuerza ' de los argumentos el que profesa que no hay criterio para discernir la verdad ? ¿Cómo la abrazará el que se halla persuadido de que la razon con que examinó tales pruebas y motivos es un camino de: estravíos, que no sirve sino para guiar ú los abismos del error, que debe siempre dudar de todo, aun á - vista de la mas clara evidencia? La Religion cristiana, dice Bayle, quiere que esperemos de Dios el conocimiento delo que debemos creer y de lo que debemos obrar. Está: muy bien: ¿mas cómo esperará de Dios semejante conocimiento, quien duda si hay Dios? Puesto pues el hombre en la tenebrosa nmo- : che del Pirronismo, no hay para él mas razon de seguir por el camino que conduce al Evangelio, que por el: que lleva al Alcoran: aun diré mas: está indiferente entre la Re- Agion y el Ateismo. Si se decide por la Reigion, obrará á la ventura, por fanatismo; Y en virtud de su sistema, diremos que con ¿misma imprudencia que si perseverase AMeista,=Ni es menos dañoso á la Religion Y 3 la Fé este yeneno del Pirronismo des- (256) pues que el hombre ha recibido ya la Religion. Bayle verdaderamente repite muchas - veceses una cosa escelentísima y en. estremo conforme al Cristianismo mortificar la razon humana, y contener y aun extinguir sus luces á vista de las verdades reveladas. Con este fin escribió tantas obras como -to- dos saben, y emprendió tantas disputas con Jaquelot y otros, á fin de sostener su crelda é imaginada oposicion entre la razon y | Fé. Esto mismo-es lo que trató de probar. en el famoso Diálogo (1) que figura: entre dos Abates, uno de los cuales, que supont pirrónico y es el héroe, pretende demostraf al otro que los principales Misterios de % Religion cristiana chocan abierta y mant fiestamente con los primeros principios de raciocinio; concluyendo despues con la Té flexion: patética, de que no por eso se 4% be temer de la Fé, que es de un órdeP superior y diverso de la razon; sino nt% bien se enseña á esta á renunciar á las VE dades que naturalmente conoce, y sometersó únicamente á las luces de Dios. Supercher* % AR a a o * . ., ly (1) Este Diálogo se halla en el Diccionario» La) Pirron, (257) indigna, aunque facil de conocer. Porque en efecto, ¿cuál debia ser el efecto de estas doctrinas respecto de.las personas para quienes escribia? Si efectivamente quedaban persuadidas de que los Misterios de la Fé. son contrarios á las luces de la razon, como el Abate pirrónico pretendia, debian negar los Misterios; siendo imposible que el entendimiento á un mismo tiempo se persuada ser verdadero lo que con evidencia está persuadido que es falso, y esto es lo que ellos pretenden; ó. deberian negar las luces de la evidencia, porque oponiéndose á la verdad infalible delos misterios, serian falaces y. engañosas...... Mas 'si esta. evidencia es falaz, ¿quién les aseguró, mi quién les asegura de los motivos de credibilidad por los que abrazaron la Religion de los Misterios? ¿Quién les asegura de haberla, oido predicar, leido en los libros, ni elegido 'como, procedente de Dios? Todo esto se apoyaba en,el principio de la evidenciaz si esta. es falsa, si no hay certeza, sivtodo es dudas, ya no estan ciertos si hay hombres, si hay libros, si hay Iglesia, si duermen, si *elan, ó si existen, Buenos cristianos serán Por cierto, y muy razonable el hecho de hba- Cr abrazado esta Fé: :¿y: cómo se hallarán en Lom, VIT, 17 (258) disposición de dar razon de ella á sí mismos y á todos los demas? Es pues del todo evidente que el Pirronismo, lejos de ser disposición y fomento para la Fé, es la: pes» te y veneno de ella, | VL Demuéstrase la necedad de este sístema. Sofisma y fraude de Bayle. Estilo de Luciano imitado por los libertinos del día, Mas, gracias á Dios, este sistema no puede echar raices sino en un cerebro descon= certado y en una cabeza delirante, Porque en efecto, ¿cómo es posible que un hombre de juicio dude seriamente si hay cielo, y tierra, si hay ademas de él otros hombres? Y si á fuerza de estravíos en el discurrir ]legase (como alguno se ha Tisongeado de ello) 4 dudar de la existencia de estas cosas que palpamos, ¿cómo ha de dudar á lo menos de que concibe que las hay? Y si aun de esto duda tambien, porlo menos no negar rá que duda, y por consiguiente que pien” sa, pues toda duda es pensamiento. El que sabe que piensa, no puede dudar de su exis tencia, porque no piensa el que no «existe Y he ahí ya establecido un ¡vincipio sobre qué fundar un raciocinio que nos lleve por (259) grados hasta el conocimiento de Dios. (*). Diremos mas, que en la certeza de: este principio se demuestra que la evidencia es el criterio de la verdad; porque no pudiéndola negar ni aun los mas obstinados Pirrónicos, se infiere contra ellos que cuando: una cosa es evidente, nose puede dudar: de ella, y el Pirronismo desaparece. Ni para' obscurecer la luz y la claridad de la evidencia, y debilitar la firmeza de este criterio mos oponga Bayle que los Misterios de la Religion cristiana, que suponemos ciertísimos, son contrarios á la evidencia. Mil veces se le ha res. pondido que son superiores á la razon humana; es decir, que ella sola no puede esplicar el cómo y forma con que se unen entre sí los estremos que enuncia un Ministerio; pero no son contrarios á la razon; eslo es, que no se puede mostrar jamas entre ellos verdadera oposicion y repugnancia, Asi (*) Veo que existo, al punto me pregunto á mí mismo, ¿quién me ha dado esta existencia ? ¿á mi padre, quién? Y asi hasta que Jleguemos á un Criador. Una obra mo puede estar sin artífice que * haya hecho; un relox sin un relojero que lo haya Or mado: me veo existir; fuerza es que haya un Ber que me haya dado la existencia, ” (260) que, los argumentos que se hacen contra los: Misterios mo pueden, segun está ya demostrado ser evidentes; y todos pueden disolverse. Asi lo hicimos ver tratando del Orígen del mal, y lo hacen ver igualmente res- to 4 todos los demas Misterios los Teólogos (1), que proceden en sus disputas con” ideas claras y método recto. Por tanto, si en el Diálogo -de Bayle el Abate dogmático cede álos sofismas del Pirrónico, no es defec- to de la causa, sino que como Bayle es el autor de toda la escena, pone en boca de su héroe lo que le agrada, y dá el desenlace que le acomoda; que es puntualmente el mismo que dá Luciano en el diálogo de Júpiter Tragedo á su comedia representada por 'Timocles y Damis que introduce disputando sobre la Providencia. Queriendo el Griego impío negarla, y vender la causa de la Religion, hace que Timocles, que es el que la defiende, ceda vilmente á las sofisterías : UN e : (1) Santo Tomas, lib. 1. Cont. gent. cap. 7- Ex quo evidenter colligitur, quecumque argumenta contrO Fidei documenta ponántur, hac ex primis principus natura: inditis per se notís non recte procedere ; un nec demonstrationis vim habent; sed vel sunt pationes probabiles , vel sophistico ; et sic ad ea solvenda l0- cus relinquitur, E | (261) del ateo competidor; terminando; luego su papel como quien se halla confuso - y convicto, con: una descarga de imprope= rios contra Damis; lo que sirye despues para dar ocasion á las mofas de Momo, y á cubrir de confusion 4 Júpiter y demas dioses espectadores. He ahi el modelo que imita Bayle en su Diálogo del Pirronismo, y que de ordinario vuelven á copiar, para decirlo de paso, nuestros últimos libertinos, presentando ya un Misionero y un Indio; ya un Persa y un Francés; ya un Inspirado fanático y un Filósofo atrevido; ya: un Capellan ignorante y una Dama iniciada en la impiedad. Por muy distantes que esten estos sus folletos de la elegancia y erudicion del impío de Samosata, siempre se «ye en ellos el mismo objeto y el mismo carácter en las personas. La causa de la Religion se pone en boca de algun rústico é ignorante, se la vende de mil maneras, y hace aparecer cubierta del oprobio y de la confusion, y seguida de las burlas y risa delos libertinos, ó de los lectores simples ó sencillos (4). OO (1) Oportunamente uno de los últimos comen— tadores de Luciano observa lo mismo en la' ariota= “ion al citado diálogo. Tom, 2, Edit, Vetsteny 1943. (268) DOO0D0O0VV0DVOOOVOOVOVLIVOVLVAOVAVLVO PARTE TERCERA. DE OTRAS DOS FUENTES DE LA IMPIEDAD. A E E CAPÍTULO L Del Protestantismo (7). L El sistema introducido por los NovadortS del siglo XVI es la tercera fuente de da impiedad. Aunque sean innumerables los argumer” tos con que puede demostrarse á los here” ges de nuestros dias la injusticia de su Sé , . la (*) Niñgun hombre ilustrado desconoce ya influencia que el Protestantísmo ha egercido AS los destinos de los pueblos que le dejaron pene en su seno, en las espantosas revoluciones que d de entonces acá se han sucedido , y sobre € nel actual de gran parte de la Europa, consecue l estado (269) paracion de la Iglesia católica, y la falsedad de sus opiniones contrarias á nuestros dogmas, y la deformidad de su pretendida reforma, no obstante uno de los mas sensibles y de los mas fuertes para despertarlos del Íunesto letargo en que yacen, deberia ser (y por la gracia de Dios lo ha sido ya para ON fatal de aquellas revoluciones. Esto nos debo hacer Mirar con toda reflexion los principios en que se apoya esta Reforma, y meditarlos atentamente, no hace poco honor al P. Valsechi el que antes de las últimas revoluciones, en que el Protestantismo ha sido parte tan activa, descubriese ya por los años de 65. en su principio fundamental el orígen de los errores morales y políticos que han desolado el mundo entero. Entendámoslo. El Protestantismo ño es una heregía semejante á las demas, ni hoy debemos entender bajo este nombre simplemente el Sistema particular de Religion que Lutero opuso á a Creencia general de la Iglesia. No: las Opiniones € los primeros reformadores, las reemplazaron sus discípulos con otras Opiniones contrarias , sin dejar N Ser protestantes, y si damos una ojeada por el Orte de la Europa, veremos que nadie se cuida - JA de lo que Lutero y Calvino pensaban sobre el re abedrio, la gracia y la predestínacion, No se ebe, pues, buscar el Protestantismo en tal creen- 2, en tal Símbolo determinado; pues no hay un 9 artículo del Símbolo en que esten todos de “erdo. Debemos sí subir á lo que hay entre ellos * Comun , al lazo que une sistemas tan contradic, ae (270) no pocos) el haber abierto con su proceder el camino á los errores mas absurdos, y aun á la misma impiedad, cuyos manantiales ya= mos esplicando. Quitadas las márgenes á un torrente, no es de admirar que se derrame por todos lados, y estienda sin límites sus torios y diversos , y que en tan grande número de. sectas opuestas os presenta los hijos de una mismá familia , con igual derecho todos al nombre de Pro* testantes. Evidentemente este es el principio de la independencia de la razon: el constituirse cada uno juez y árbitro independiente de su fé. Sí, esta es, por confesion de los mismos protestantes (Revue proteste de París 1824.) , la memorable esprasion de la Reforma: diríase mejor, la espresion del orgullo que heredamos de nuestro padre Adan; y bajo el non” bre de Reforma, el principio generador de 1todo$ los errores. Por. él la razon soberana de los primé* ros protestantes reformó desde luego, es decir, desconoció la autoridad del poder vivo, del Juez gue Jesucristo habia dejado en su Iglesia en el Papa cuerpo de Pastores; reformó progresivamente . Sacramentos y los dogmas; reformó por Socino mismo Jesucristo que los instituyó; se abandono a un absoluto Racionalismo; y en muchos ha lleg2 bl á reformar, esto es, 4 negar al mismo Dios. ¿ ó abismo á donde pasar de aqui? Apoyado en da hubo error que no sostuviese algun sectario, D! e men que no justificase, hasta alentar al robo Y y prostitucion, para que, segun las interpretacion” de su razon, donde abundase el delito, sobreabun la gracia de Dios. (Los Antinomiers secta nueva (271). estragos é inundacion. Puntualísimamente esa to es lo que ha hecho:el sistema de los protestantes; y he ahí una de las causas de ese diluvio de errores que inundan en nuestros dias la Europa, y se estienden'á contaminar hasta las Colonias del Nuevo Mundo. Punto Inglaterra.). Esas dudas, que como una negra somra vemos estendidas hoy sobre todos los objetos del mundo moral, efecto suyo: son; y efecto suyo esa indiferencia á todas las verdades que caracteriza huestro siglo, Principio fatal, que trasladado de lo moral á lo político, de la ¿ndependencia y soberanía individual ha abortado el dogma ésterminador de la Soberanía del Pueblo, que ha inundado de san= gre las naciones, Sabemos que no todos los. protestantes son revolucionarios é impíos ; pero su prin- Cipio fundamental, en que estriba la Reforma, esencialmente lo es. Bajo este punto de vista se ha de. Considerar el. Protestantismo , y es como lo mira Muestro autor, De los protestantes salieron los corjleos de los impíos Bayle, Cherbury, Hobbes, Rous- Sean, y hoy Benjamin Constant; y la horda reyo= Ucionaria contó entre sus filas varios de sus gefes, Al Principio de independeneía entrañado en el cora- 20m, naturalmente corresponde en los labios el grilO salido del infierno contra Dios y sus Cristos: Uis est Deus ut serviam ei? Non serviam, = Rebelion, úcremos seguir siempre el camino de la verdad Y de la vida? =La Iglesia es la columna y firma Mento de la verdad, Véase el £. I, Cap. 7 del En, Yo, = Memorial Catholique, passim s les Conferen» “S de Starck. (272) principal y de sumo interes que: vamos á ese poner y demostrar aqui brevemente. HL. Reglas de fé. para los Católicos... Dese? chándolas los hereges abren. el camino á todos los errores. En primer lugar es ciertísimo que los hijos de la Iglesia católica han reconocido Y reconocen, 'han: venerado y veneran en la palabra de Dios la regla de lo que han de creer, y de lo que deben obrar. Pero esta palabra de Dios la reciben de. mano de su madre la Iglesia, á la cual habiendo pro” metido y dado Jesucristo el Espíritu Santo para que la ilumine y dirija hasta el £in de los. siglos, ella con magisterio infalible esplica el verdadero. sentido de-aquella divina palabra; y fijando la inteligencia en la men te de los fieles, termina las controversias, Y estirpa y condena dos errores. La oposicion, pues, á este método ha sido el origen del cis" ma de los hereges de estos últimos tiempo y es el carácter esencial de su pretendida Ke forma. En efecto, aunque discordes entre 9 sobre muchísimos puntos, todos, Calvinistas y Luteranos; conyienen en qu critura debe ser la única regla de la [6 IB ¿la santa ES” (273) los Cristianos, y que no hay sobre la tierra un interprete infalible de ella. Principio del cual necesariamente se sigue que todo cristiano debe legr la Escritura, y esplicarla segun su juicio privado, y creer como verdadero sentido del Espírita Santo lo que á él le: parece tal. De aqui es que mientras un Ministro de Ginebra, por egemplo, se esfuerza en mostrar desde su cátedra con gran- - de aparato de erudicion que las palabras de la institucion del sacramento de la Eucaristía: esto es mi cuerpo, se deben entender en un sentido puramente figurado, si cualquiera, un remendon que sea, en virtud de su juicio privado está persuadido que se deben entender en el sentido obvio y literal, esto es lo que debe seguir, sin'que la autoridad del Ministro, ni de toda la Iglesia calviniana'y“Binebrina, tenga autoridad para precisarle 4 pensar y*creer de otra manera. Siendo pues esto una cosa ciertísima, y consistiendo en ello el carácter de los pretendidos reformados, que por eso levantan como blason propio suyo seguir en las materias relisiosas la vía de examen, á diferencia de los católicos que siguen la de autoridad, no tenemos que buscar en otra parte el ge- Meu de tantos erróres como-nos fatigan: ese Lom, VIT. 18 (274) es el manantial del prodigioso número dé sectas, en que despues de su separacion de los católicos, se han dividido y subdividi- - do los protestantes: ese el manantial de las innumerables variaciones, que en órden á dogmas importantísimos se han visto en una misma secta: ese finalmente el origen de aquella inconstancia de fé en los particulares, y de esa Religion voluble y capricho: sa, que es un camino abierto hácia el abismo de la impiedad. Podran muy bien levantar el grito los ministros hereges contra tan monstruoso desórden; pero en virtud de su sistema les falta el principio represivo, y remedio eficaz para detener estos estrayíos. IL Pruebase con una razon de Mr. Coste que los Protestantes, en virtud de sus: principios, deben permitir una ¿limitada libertad de pensar. E La cosa es á todos palpable. Pero sin en bargo permítasenos él dar á conocer como la trata no un católico, sino un literato holan* dés, Mr. Coste, quien despues de haber tr2” ducido al frances el Cristianismo razonable de Locke, que hemos mencionado en olrá parte, Madió en la cuarta edicion una Di- (975) sertacion suya, en la cual sobre los principios de la obra de Locke pretende establecer el verdadero y único medio de reunir á to- _dos:los Cristianos, mo obstante la diferencia de sus sentimientos (1). Dice pues asi (2): “Todos los que reconocen á Jesucristo por »su dueño, Señor y Key, y no defienden » cosa alguna que no crean sinceramente ha- » berla enseñado Jesucristo ó sus Apóstoles en »las Escrituras, todos son súbditos de este di- »vino Señor, todos miembros de «su. glesia; » y por tanto no tienen derecho alguno para » anatematizarse unos á otros, ó escluirse re- » ciprocamente de la salvacion, sin embar- »go de la diversidad de: sentimientos que »los dividen en tantas sectas, ó comuniones » diferentes,” ¡A qué caos de errores no se abre aqui el paso con tales doctrinas! Habrá quien adore la 'Prinidad, y quien se ria de este misterio: quien reconozca á Jesucriá to: por Hijo de Dios, y quien lo mire como un puro hombre: quien admita los Sacramentos, y quien se burle de ellos: quien evea los Misterios, y quien los niegue! En su- (1) En la Disertacion citada. (2) lid, núm, 8, E (976) ma, Arrianos, Nestorianos, Pelagianos, Al. bigehbes; Socinianos, Luteranos, y cuantos hereges hubo y pueda haber, á: todos todos se debe conceder la salvacion, si les parece hallar en la Escritura Jos errores pernicio= sos y enormísimos que defienden, 6 que no hallan en ella doctrina contraria. + Horroriza solo el oir tales monstruosidades; y en efec- to, el mismo Coste nos hace el honor de decir, que los católicos romanos pueden, segun sus principios, desecharlas, aunque luego pretenda que nuestros principios no son firmes; de lo, que hablaremos despues. Mas por lo que respecta á: los protestantes, esta proposiciones á su parecer una consecuencia tan justa y natural de su sistema, que no ve se pueda impugnar razonablemente (1). Cigamnos pues algunas de sus palabras (2): “¿Pero cómo, esclamará algun protestante ce- »loso de su partido, y. para quiénes un ar- »tículo de fé el condenar 'á todos 'los gue » no admiten los dogmas de su Iglesia: ¿có” » Inmo es posible se Hegue jamas á admitir »un principio que alias la Iglesia cris- A RR 1) 1bid. núm, 10, ( 2) 1bid, (277) stiana de todo género de hereglas?=So= »segaos, replica Coste: la ira no ha termina- »do, jamás cuestion alguna, ¿No es cierto »que la santa Escritura debe ser la única » regla de fé de los cristianos? ¿No lo es que al » presente no hay sobre la tierra algun intér- » prete infalible de las santas Escrituras? Todos »los protestantes estan de acuerdo en estos » dos principios. Pues si sinceramente los ad- » miten, como miles de veces lo han declara- » do en sus sermones, confesiones de fé y li- » bros que han escrito contra los católicos »TOMAanos; es necesario reconozcan en ca- »da uno de los cristianos un derecho igual » para interpretar por sí mismo la Escritura, -»y que una doctrina que es artículo de fé . P» para uno, porque la encuentra en la Escri- »tura, no lo es para otro que en ella no la » puede hallar. Por consiguiente ningun pro- »testante tiene derecho para infamar, ana- » temalizar y tratar de hereges á los que des- 5» pues de haber estudiado la Escritura con »la diligencia de que son capaces, ven en » ella otra cosa, que la que encuentra él. » Encontrais por egemplo, en la Escritura »los dogmas de la Consubstanciacion, de la »Ubiquidad del cuerpo de Cristo, y de la » predestinacion absoluta; debeis creerlos, ni (284) 5rado los pasages de la Escritura en que la » razon humana encontraba alguna violencia, »no hicieron mas que ampliar esa regla á » todos los puntos donde el entendimiento ha- » llaba estas dificultades. Añádanse á estas ma- »las disposiciones introducidas en los ánimos »por la Reforma, los fundamentos generales »que tenia establecidos. La autoridad de la » Iglesia despreciada, vilipendiada la sucesion »de los Pastores, los siglos precedentes acu” »sados de error, los mismos Padres de la » Iglesia indignamente tratados , rotos todos »los diques, y la curiosidad humana entera” » mente abandonada á sí misma, ¿qué debia »suceder sino lo que se ha visto, esto €% » una desenfrenada licencia en todas las ma” »terias de Religion?” Hasta aqui Bossueb quien despues con mas amplio estilo, y Co” todo género de argumentos trata el mism0 punto en las Advertencias ú los Protestan? tes; y demuestra contra el mencionado 1” nistro Jurieu, impugnador miserable de la inmortal Historia de las Variaciones » “4 progresos y establecimientos de la impieda Sociniana bajo los auspicios de la prelen 5 da Reforma, bo (285) NGN Confútanse las respuestas de un teólogo luterano á este ineluctable argumento, No será inútil observar aqui que un teólogo luterano, á la verdad menos turbulento y fanático que Juricu, aunque no mas feliz que él, á saber, Francisco Budeo, habiendo entrado tambien en esta contienda, se empeñó en rechazar, aunque sin fruto, este golpe fatal que sonroja y abate á su secta. Para ello dió á luz una disertacion intitulada: Del orígen del Socinianismo, que no debe atribuirse 4 la Reformacion (Contaminacion deberia decir) dela Lelesía introducida por Lu- _tero y Calvino. Refiriendo «pues el testimonio de dos: historiadores. socinianos (4), los cuales decian que Lutero,. Calvino, Zuinglio y Mennon con sus .¡nnovaciones fueron - la hermosa «Aurora «de; aquel «luminoso dia que: trajo alo mundo. Socino, se indigna de Este pomposo: elogio, y pone todo su empeño en refutarle como un falso. pretesto i1- Ventado: por los Socinianos para apoyo de su piedad, “ Aun cuando, escribe, se quiera A AI OR (2) Andres Wisowat y Estanislao Lubienicey, (286) 5decir, lo que no se probará jamas, ha- 5 ber ellos tomado ocasion de la enmendacion » de la Iglesia para llegar hasta donde llegaron, -»no por eso se podrá refundir en nosotros »la culpa de su impiedad, mas bien que po- »dria hacerse en los Apóstoles y varones »apostólicos, con motivo de haber nacido »al mismo tiempo que ellos predicaban. el » Evangelio, la de los Simonianos, Cerin- »tianos, Gmósticos y demas hereges, cuyos » nombres ignoraríamos hoy, ni habríamos » oido jamas, si no hubieran existido los que »creyeron de su: obligacion esparcir en el » mundo la luz de las verdades divinas (1) Hasta aqui Buddeo, el cual arrebatado del amor de su secta y de la predileccion á suS gefes, perdió de vista una doctrina vulgarísima, y que como profesor de teología nO sele podia ocultar, á saber: que hay dos es” pecies de ocasion, una que lo es tal por su naturaleza, porque en efecto,-de sÍ' mis” ma induce, mueve y arrastra á algun fin> y otra que siendo por su naturaleza indiferente, solo por el uso bueno ó malo que se hace de ella; viene á serlo de algun efec- A (1) Budeo en la Disertacion citada, (287) to. Las palabras de Jesucristo eran todas divinas, y sin embargo fueron tropiezo y escándalo á los Fariseos por su perfidia (1). La doctrina evangélica predicada en el mundo, primero por los Apóstoles, y despues conservada por sus sucesores en la Iglesia católica, es y ha sido siempre palabra de verdad: mo podia pues nacer en los tiempos apostólicos ni en nuestros dias el error en su seno sino de la perversidad humana; es por consiguiente mas claro que la luz del mediodia que no podia refundirse la culpa de las nacidas heregías en la predicacion del Evangelio, ó en el sistema de Religion, la cual lejos de favorecerlas, por su constitucion misma todas las condena. Mas cuando los Socinianos dicen que la pretendida Reforma ha sido la hermosa Aurora de que ellos son el mediodia, y los Católicos repetimos que sus fatales innovaciones han sido ocasion de tanta impiedad como hoy vemos y lloramos, se habla de ocasion que lo es por su naturaleza; es decir, que por sí Misma conduce á tales estremos (*). Es in- E. (1) Matther, cap. 15. (*) Una vez admitido el principio del libre Exa- Mea, y de la supremacía del Espíritu privado, es im- (288) ñegable; siendo la base fundamental de vuestras Iglesias quitar la regla viva é infalible de la creencia cristiana, y dejar la Religion al arbitrio y juicio privado de cada uno, queda abierto y sin reparo alguno el camino por donde, gracias á vuestro principio, llegaron los Socinianos á tan graves y monstruosos errores (*). Es pues una ¡luposible no confesar todas estas consecuencias, y mi= rarlas como simples matices, si es lícito espresarse así, de la Reforma protestante; y asi á todas las profesiones de Luteranismo , Calvinismo, Socinia= nismo , Deismo, Materialismo , Ateismo, Escepticismo , un protestante que quiere ser consiguiente no puede menos de responder: 4men. Pregúntese á todos los sectarios ó filósofos que han renovado en nuestro siglo los delirios de todos los pasados: pregúnteseles por qué niegan una parte de las verda= des reveladas, ó por qué las niegan todas: por qué creen algunas cosas, Ó por qué nada creen; y todos á una voz responderán: Que asi ha: parecido 4 su razon; y esta.es la regla soberana de sus opi” niones y su fé, (*) “Y llegarán todos los que se apoyen en tales principios: erigido en árbitro de la fé y creencia el juicio particular Ó razon de cada uno, solo cretrá aquellos que le parezca bien: si no parece á SU razon concebible el misterio de la Trinidad, negará la Trinidad: si la Encarnacion, la Encarnacion; y no ha mucho que los Protestantes de Ginebra Y (289) sion querer comparar la predicacion de los Apóstoles, á los tumultos escitados por Lutero y por Calvino; el orígen de las heregías de los primeros siglos, y el Socinianismo propagado en estos últimos tiempos bajo los auspicios, de vuestros patriarcas; y por consiguiente es una empresa imposible querer defenderos por este medio de una culpa de que os condena vuestro sistema esencial - y característico. y Mas :no por eso sede el teólogo Luterano; antes procura rechazar el golpe responatondo directamente á la objeccion, Ósea acusación que le habia hecho el autor de la Historia del Socinianismo. Daremos 'sus mismas palabras con tanta mas complacencia, cuanto que siendo célebre y conocida su erudicion é ingenio, al verle y reconocer tan débiles é ineptos sus fundamentos, no se po: drá menos de inferir que no tienen sólida respuesta nuestras reflexiones. Dice pues asi: “El argumento con que (el autor de la His » toria del Socinianismo) pretende probar que del Canton de Vaud llegaron (el 1817), guiados del Mismo principio, á mandar que no se _hablase de pecado original, Encarnacion, $x. y aun pública mente á decires en las calles: Fuera Jesucristo, Tom, VIT. 19 (290) » de la enmendacion de la Iglesia no han po- »dido menos de nacer y promoverse los er- »rores de los Socinianos, nada vale. Noso- »tros no reconocemos mas juez de las cues- »tiones' y controversias que la Sagrada Es- »critura; ó al Espíritu Santo que en ella mos habla: esto es asi; y en efecto, no » podemos reconocer otro. Mas por lo que . » respecta á la interpretacion de la Escritura, » tan lejos está de que concedamos á cada »uno la facultad de: seguir á su arbitrio el »propio genio, que antes bien establecemos »que la Sagrada Escritura se debe esplicar »segun las reglas ciertísimas y evidentísimas » que ella misma nos suministra, El que ca- » mina sobre estas huellas, encuentra no » aquella Religion que cada. amo se forma »segun sus pensamientos, sino la que por »la misma Escritura se demuestra claramen- »te que es la única verdadera (1), Hermosas palabras ciertamente, pero que en la boca de un Protestante nada significan, Á pesar de ellas el argumento de los católicos siempre subsiste. Porque ¿á quién, preguntamos á Budeo, pertenece en su igle- (1) Loco citato, (291) sia señalar estas reglas: ciertísimas, por las que se: ha de interpretar la Escritura? Ciertamente no será á la autoridad de los Sínodos ni de los Pastores, que es nula entre ellos, sino al estudio, al examen, á la discusion, y al juicio privado de cada uno. Las reglas pues que á unos parecerán claras, evidentes, y espresas en la Escritura, no parecerán tales á otros; y á éstos recíprocamente parecerán claras y espresas algunas otras que aquellos no encontrarán en ella, Es pues evidente que' unos ú otros por lo menos errarán, y ni aquéllos ni éstos tendrán derecho de dar por auténticas ó infalibles sus reglas ó sus leyes, y reprobar las de los demas. Luego estando en el arbitrio y gusto de cada uno entre los Protestantes establecer las leyes de la interpretacion de la Escritura, todo queda fluctuante é incierto, Aun mas: Supongamos que todos convienen en fijar estas leyes, y que se forme entre ellos, lo que será imposible, un cuerpo de cánones hermenéuticos ó' críticos, no sujetos 4 disputa ó yariacion; ¿qué tenemos con ellos? Nada : es preciso hacer la aplicacion de estos cánones á los pasages de las Escrituras para deducir el sentido y establecer, las doctrinas y los dogmas: y no estando. entre ellos : + (299) esto reservado á una autoridad infalible, debe dejarse al juicio privado de cada: uno; y he ahi de nuevo el mismo inconveniente; porque tan varios como son los pareceres, lo serán tambien: las interpretaciones y: varios Ó «diversos los dogmas, y varias y diversas las religiones, El raciocinio no puede ser mas exacto: ni manifiesto ;' pero la esperiencia que es mayor que todo discurso, enteramente lo confirma. En efecto, la doctrina de Buddeo en “órden á las reglas tomadas de la Escritura para su interpretación, es comun entre los Luteranos, Calvinistas, Socinianos y, demas heteródoxos separados del Catolicismo. Pues sin embargo, ui unos ni otros. se con= vienen en la inteligencia de sus palabras y testimonios: leen: los primeros la Sagrada Escritura, y hallan alli, por egemplo, la presencia val de Jesucristo en la Eucaristía: la leen: los segundos y dicen que no la encuentran: la leen tambien los terceros, y á su: parecer no hallan ni: presencia real, né Trinidad, ni Misterios. Luego nada por sí solo vale semejante aserto para fijar los espíritus y determinar el verdadero sentido: dé las Escrituras, y hallar por consiguiente en ellas: la ente! verdadera Religion. Asi q el sistema de los istuates que niega: la (293) autoridad infalible que: dejó: Jesucristo 4 su Iglesia: para. esplicar. las Escrituras, + y. «con= servarouna y ¡pura la yerdad de la' [é en sus hijos; este sistema, que: en el último analisis lo deja todo al. Juicio privado: de cada uno; es, no temo decirlo, el: que ha abierto elcamino y señalado. las huellas, por las cuales han: legado. los Socimianos á los últimos escesos de la impiedad: yode que se aplauden diciendo que Calvino. y Lutero fueron la hermosa Aurora de aquel : brillante día que ellos vieron; 6 para: decirlo mas bien,- del abismo: de errorés. que-han introducido en el mundo; y aun de ésa impiedad que inunda hoy la lierra, ycuyos manantiales yamos indicando, | Vi. Otros escesos do que conduce la via: de -examen ¿ntroducida: por los Protestantes. Pero para . mas palpable” cómo abrazado este sistema' ya no hay dique que contenga la impiedad, la cual necesariamente ha de arrastrar hasta sus últimos estremos: en vez del Sociniano que hemos visto interpretar y alterar arbitrariamente el sen tido delas Escrituras, figurémonos un amigo del impío Collins, que se mofa del mis- (300) 1X. Todo esto confirma que el Protestantismo conduce úá la impiedad. Conversion y obra de Mr. Papino acerca de esto. En efecto, este mismo argumento fue el que, como hemos dicho ya, rindió felizmente el espíritu del célebre Mr. Papin, ministro protestante francés, y acérrimo defensor en tiempo de la Zólerancia, la cual sabia bien era la base y el carácter esencial de la pretendida Reforma. Habiéndose parado á reflexionar y meditado atentamente las consecuencias de semejante sistema, halló que en virtud de él era preciso y le conducian paso á paso á tolerar: todo género de estraviados, aun á los Deistas y á los mismos Ateos, si lo eran de buena fé. Horrorizado de tal absurdo quiso dar un: paso hácia atras, y lmitar una tolerancia tan escesiva y negarla á algunos. Pero advirtió por otra: parte que entonces ponia en mano delos: católicos la : victoria, adoptando de esta manera la via de autoridad, que condena como cismática y herética la separacion de los suyos de nuestra Iglesia. Entre estos »escollos rindióse: por la gracia de Dios á la verdad; se hizo católico, y de propósito espuso y trató en und (301) obra (1) este grande argumento demostrando que los Protestantes en virtud de su sistema habian abierto un anchuroso camino á los hombres para llegar hasta el abismo de la. impiedad, y que no podian contener semejante,, esceso sin retroceder de sus mismos principios. Por lo que entre otras cosas hace ver escelentemente, que los Protestantes principiaron con la pía de examen, y retenden conservarse por la vía de autoridad, celebrando sinodos, y haciendo ordenaciones: y leyes para impedir los escesos. Pero si esta vía de autoridad que emplean para conservarse, añade, es legítima éinocente, entonces se ve Enñdenado su origen, en el que no se quisieron sujetar á la autori-, dad de la Iglesia. Y si la vía de examen que - toma razon de los principios, fue justa y recta, queda condenada la vía de autoridad, que siguen ahora para impedir los escesos; y en su consecuencia abierta sin remedio la puerta hasta los mayores desórdenes de la impiedad, ÓN (1) Les deux vies oppostes en matiere de Re» 'gion, (302) CAPÍTULO IT. Continúa el mismo sistema del Pro- _Jestantismo, tercera fuente de impiedad. Los hechos demuestran que el Protestantis- “mo es en des fuente de la litis - Hemos demostrado á nuestro parecer con razones incontestables y clarísimas la verdad que indagábamos ; ; añadamos ahora á ellas los hechos y esperiencia que la hagan mas palpable y eyidente. Es cierto y no negamos que antes de la pretendida Reforma hubo en' los paises cristianos Deistas, Ateos y toda clase de impíos; pero tambien á nuestro entender lo es que los acusados de este crímen, especialmente despues de la restauracion de las bellas letras en la Italia, lo fueron. por sus malas costumbres y obscenísimos escritos, con lo cual se demostraban hombres sin temor de Dios, y sin aprension de la otra vida; y asi pasaron por incrédulos, y acaso (303) eran Ateos mas de voluntad que de enten= dimiento; mas de deseo que por conviccion; en una palabra, Ateos prácticos, y no especulativos y por sistema. Mas sea de esto lo que se quiera, es cierto que por mucho que se aumente (como los Protestantes hacen) el catálogo de los incrédulos, no hay proporcion entre los que hubo en la antigiiedad, y la: turba innumerable de impíos que en el anterior y presente siglo han inundado é inundan todavia los paises protestantes, donde tranquilamente hablan y escriben, y desde alli esparcen por todo el mundo su pestífero veneno, Los héroes mas principales, entre ellos, á saber; Hobbes, Espinosa, Tolando, Bayle, Collins, Tindal, Wolston, y otros semejantes nacieron en Inglaterra y en Ho-= landa, y alli tuvieron en cierto modo escuela abierta contra la Religion natural y revelada. Ya vimos la pintura que de la: ciudad de Londres hacen VWVoodyart y Gipson, Obispo protestante de ellos, quien entre otras cosas no duda asegurar, parece ser como la plaza de la irreligion, y que supera á todos los otros paises en este odioso genero de comercio. Alí ellos y sus impíos discípulos tienen la complacencia de yer salir impune y repetidamente de las prensas (en particular (304) de Holanda) sus indignas producciones: y tambien la licencia de oponer contra los que las impugnan el terrible escudo de la tolerancia. protestante ya indicada. Las desgracias de Woolston, se puede decir fueron un fenómeno extraordinario. Ya antes hemos hecho observar formada, por decirlo asi, la apología de todos los libertinos por los Protestantes, quienes enseñan se deben dejar, impunes, aun cuando prediquen públicamente la impiedad. ¿Qué mas se necesita para conocer y confesar,-que bajo de tales auspicios y á favor de la: libertad «introducida por el sistema de los reformadores, naturalmente, como decia VWoodvart,-se estiendan é dos aquellos infelices paises de Deismó, Áteismo y todos los errores? Por consiguiente, ¿qué mas necesitamos para recono= cer que en efecto el Protestantismo, ó sea el método introducido por los Protestantes de opinar en materias de Religion, es uno de los manantiales de la AS impiedad? 11, Refútase la respuesta de un anonismo protestante. Parecer de Mr. Coste sobre esto. Estrechados de semejantes verdades los Protestantes, ha parecido á algunos de ellos (305) que el medio mas oportuno para evitar la odiosidad que de tan horribles consecuencias recae sobre la pretendida Reforma, no era el responder directamente, lo que sería imposible, sino acusar á la Iglesia católica de igual desórden. Un anónimo protestante, hombre á'la verdad bastantemente sabio, autor, 'si no nos equivocamos, de una obra filosófica muy sutil, viendo que el Abate Prades, y mucho mas el Obispo de Auxerre, su -impugnador, daban en cara á los reformados de que con haber negado la autoridad de:la Iglesia habian abierto la puerta á todos los errores y delirios, se empeña en probar que la infalibilidad que reconocemos en nuestra Iglesia de nada sirve para contener el torrente de la impiedad. Copiaremos enteramente sus palabras, porque de ellas se conocerá cuán grandes son las preocupaciones y. cuán desesperada la causa de nuestros contrarios: Dice pues asi (1): “Los católicos concordes úni- » camente en reconocer uma Iglesia infalible (1) El libro citado se titnla: Court examen de la These. de Mr. P' Ab. de Prades. Y si mucho no nos engañamos, el autor es Mr, Boullier, de quien tenemos una obra bastante ingeniosa, bajo el títu= lo de : Essai philosophique sur P'ame des Bétes. Es Lom. VILT, 90 (306) »y que esta es la Romana, se dividen luego »en opiniones cuando se trata de saber en »dónde reside esta infalibilidad, y cuál es el »sagrado tribunal de que han de salir sus »oráculos. Unos lo fijan en el Papa solo, »otros en el Concilio, y otros finalmente en »el Concilio y Papa unidos. Por el. con- »travio los que llamais hereges, persuadi- »dos de: que no: hay infalibilidad sobre la » tierra, se dispensan de buscarla. Ademas, »de esa diversidad de opiniones en que, es- y'tals divididos en órden: á la sede de la in- » falibilidad, infieren ellos animosamente que » la Iglesia no es infalible; porque st lo fuese, »ya ha tiempo que con «una decision imfa- » liblé hubiera puesto fin á esta division tan »embarazosa, Ó por mejor decir, .Supues- »ta la infalibilidad jamás se hubiera yerifi- »cado. En lo que son de observar dos. cosas. >» 1,2 Que esta controversia hasta el presente »indecisa en el seno de vuestra Iglesia crel- » da infalible, es la mas importante de todas; » porque de su decision depende la de las A A A A lástima que las preocupaciones de la. secta, hagan discurrir tan desgraciadamente en materias de Keliston á un metafísico por otra parte lan sutil, pr (307) »demas; siendo necesario reconocer el tri= » bunal infalible antes de sujetarse á sus de- » terminaciones. 2.2 Que de los tres partidos » que sobre este punto capital dividen la Igle- » sia Romana, los dos necesariamente yerran, » y el tercero hasta ahora no ha podido 'ha- » llar el secreto de desengañar á: los otros dos. » Por consiguiente su pretendida ¿nfalibili- » dad. de nada le sirve; porque tanto aque- »llos 4 quienes este derecho de infalibilidad » pertenece, como los otros á quienes no per- »tenece, pierden igualmente el fruto. Qui= »siéramos respondieran á este argumento, y »se desafia á que lo hagan no solo,el. Abate »Prades, sino «toda la Sorbona, y aun la » misma Iglesia Romana en cuerpo,” Hasta aqui: nuestro Protestante, en cuya objecion bien' entendida no se descubre otra cosa que lo grande de sus preocupaciones y la desesperacion de su causa. Porque á la verdad, para satisfacerla no-se necesita.apelar á la Sorbona, ni menos á la Iglesia Romana; un principiante de teología, y aun cualquiera' «fiel medianamente instruido en su Religion basta para disolverla, Con solas estas ideas le responderá sencillamente: que, el sagrado : tribunal, en quien reside la ¿nfalibil; del 7 de quien recibimos los oráculos,, es la Ígle- . (308) sia, en cuyo nombre se entiende el cuerpo de los Pastores unidos y concordes con su cabeza, que es el Romano Pontífice. Esta es y ha sido desde los tiempos apostólicos la doctrina inconcusa é invariable de todos los Católicos. Los Padres, los Gatecismos y todos nuestros teólogos: asi lo acreditan. Ast pues, cuando el protestante hace mencion de las diversas opiniones que, á su parecer, hay entre los Católicos sobre este punto, y dice que unos ponen este tribunal infalible en el Papa solo, otros en tl: Concilio, otros final=. mente en el Concilio yen el. Papa unidos,. da á conocer ó su ignorancia, ó. su mala fé, Porque prescindiendo' de las «dos primeras opiniones, de que no hay necesidad por-aho- ra de hablar, digo que la. tercera no -es, opinion de-alguños, como se figura ó parece piensa el herege, sino «una persuasion constante de todos los Católicos. Ni esta persuasion se ha de creeres una simple opi-. nion buena para consignarse solamente en los libros, sigo que la demuestran y la ban demostrado prácticamente los hechos, subien= do désde el Concilio de Trento hasta el de, Nicea, y desde éste hasta el de-los Apóstoles. En cuyos Concilios, que llamamos ecumenscos porque representan á la Iglesia univer E E Ec (309) sal de Jesucristo, creen los Católicos y han creido siempre asiste el mismo Jesucristo con el Espíritu Santo, conforme á sus promesas, para enseñar todas las verdades, y disipar todos los :errores. Por eso se han recibido y reciben como oráculos infalibles los cánones emanados de este tribunal sobre materias de Fé. Han creido y creen que por su sentencia se terminan sin apelacion las controversias pertenecientes á la Religion, y han mirado y miran como hereges 6 miembros separados de este cuerpo, á todos los que ham reusado prestar una entera sumision á sus decisio= nes, como fueron los Arrianos condenados en el Concilio de Nicea, y otros posteriormente hasta los últimos Novadores, contra quienes pronunció anatema' el Concilio de Trento. Siendo pues este un hecho ciertísimo, luminoso y resplandeciente, desaparecen todas las sofisterías del mencionado herege, y se vé ser falso cuanto dice de que estamos de acuerdo en «admitir una Iglesia infalible, pero no en designar el tribunal de esta infalibilidad. Es falso que en la Iglesia católica permanezca indecisa esta disputa; y falso en consecuencia que nuestra creida infalibilidad no sirya para oponer- (316) Religion, é inficionada de Ateismo. Y estó seguramente, dice, no puede nacer de otra causa sino de hallar alli tantos y tan espertos maestros en la impiedad, que con sus discursos y egemplos la pervierten y corrompen. La ltalia pues, infiere Conringio, es una escuela celebérrima y numerosísima de Ateismo. =Pues que' hemos espuesto el argumento del herege, no se lleve á mal oir la respuesta del citado Boigneburg, que Er e católico, debe reputársele como testigo de vista, por haber vivido largo mes en aquellos paises. “Si muchos Protestantes, dice, al vol- » ver de Italia se burlan de la Religion, es- »to nace de haber yisto y oido alli cosas muy » diversas de las que acerca del Pontífice, » Cardenales y del Clero todo habian antes »oido á los suyos en las Academias, en las » Escuelas 6 en el púlpito. Encuentran all » muchas cosas que les agradan, aunque no »todas las aprueben: y poco á poco parán- »dose á examinar el mérito de su propia » Creencia, y á investigar su origen, se fasti- »dian de su propia Religion, y empiezan á » preferir la que llamais Romana. Pero co- » mo no estan dotados de tanta erudicion que »comprendan todos los puntos de ella; Ml (317) » de tanta perspicacia que puedan distinguir » puntualmente las c. as como son en sí; mi - »de tanta constancia de ánimo, que se hallen: » prontos á abandonar los parientes, rique- »zas y comodidades de esta vida, ni de tal » virtud, en fin, que se determinen á imitar »la inocencia de costumbres, que con gran- »de admiracion ven profesar sinceramen- »te á muchísimos en la Iglesia Romana: » para calmar los remordimientos de su es- »píritu agitado, y á yeces abandonados por »justo juicio de Dios, llegan á un estado que »ó6 tienen por indiferente el profesar cual- » quiera de las comuniones cristianas, ó juz- » gan que solo es verdadera. la Religion na- »tural: de modo que todo lo que se la ha »añadido, se debe reputar con Hobbes, Her- » berto Cherbury, y otros semejantes maes- »tros del libertinage, por invencion humana »á fin de contener á los hombres en su de- »ber: y legan por último al mayor esceso »que es dudar hasta de la inmortalidad del »alma. No se debe pues culpar, á la Htalia, »si vuelven de allá tantos Ateos como decís; »sino á los viajantes mismos,' cuya pertinacia —»resistiendo á la verdad conocida, busca un » medio 6 espediente cualquiera para calmar >su espíritu agitado, Que en efecto ello. sea (318) -»asi, se puede facilmente inferir, al ver que » si algunos llegan á al «zar alguna Religion, »es la católica: y esto muchas veces con gran » pérdida de riquezas y de honores. Cierta= - » mente, no negareis que no hay pais en » el mundo en que haya tanto número de » incrédulos como en Inglaterra. Los mismos » ingleses lo confiesan públicamente. ¿Y cuál »será la causa? No otra á la verdad, sino el » tedio y aversión que tienen tanto á las otras »sectas, como á la dominante. Aprueban en » su corazon, á la verdad, la Religion católica; » mas con suma timidez, porque la ven »oprimida, y porque á los que la profesan »no solo se les cierra la entrada á todos los » honores y empleos de la república, sino que »se esponen á graves daños y peligros. Por » temor pues dé esto los débiles quieren mas » bien no creer cosa alguna, aunque en lo »esterior celebren y profesén la secta domi- »nante, que: profesar la Religion católica: ¿ohoderás pues, 9 Conringio, has sido »injusto con: la Ttalia; y que es acciden- »tal si vuelven de allá sin Religion los que »antes de su viage parecian buenos y adicl lres (1).” Has- »tos á la creencia de sus padres (1) Tom. r, Boa 56.: | (319) ta-aqui Boineburg, cuya erudicion singular dignidades, empleos y fama pueden verse en el Prefacio, que está al frente del primer tomo de la correspondencia literaria de Lejbnitz. Ási pues aunque no nos constituimos fiadores de que la causa universal de la impiedad de los Protestantes, que viajan por Italia: (*), sea la que menciona este escritor, porque sabemos cuantos y cuan variamente pueden combinarse los resortes que mueven el corazon del hombre; pero sí es cierto que (*). Y lo mismo por otras partes. Procede tambien de que por lo comun lo que frecuenta la juventud son los teatros y las diversiones : y las bailarinas y cómicas no. son-las.mejores maestrás de Religion. Corrompidas las costumbres es pronto el tránsito á la irreligion. Caen pues en la primera: fuente de la impiedad , esto es, la Corrupción del corazon. Háganse los viages con el recto fin de instruirse en la Religion y ciencias, como dice exactamente Mr. de La-Chapelie (Lettres sur 1” Italic de y aquella tierra clásica les presentará objetos en grande que despertarán su Religion, y aun escitarán la devocion. Pero querer entre cómicas y rufianes aprender 4 ser virtuosos y conseryarse puros , Cas— los y modestos, es querer no quemarse en medio de las llamas; y Dios no hace milagros sin necesidad. Pocos viageros jóvenes vuelven como fueron, porque á los yiages sigue la disipacion. (320) / refiere un hecho muy verdadero, cuando dice que los Protestantes, que vienen á nuestros paises, ven y esperimentan cosas Muy diversas de las que acerca de los dogmas, cul- to y costumbres de nuestra: Iglosia escriben y predican con mil impertinencias é imposturas los ministros protestantes. Pretender lo contrario, como lo ha hecho Conringio en la respuesta á Boineburg, no es mas que sostener caprichosamente una falsedad «que la lectura de los libros protestantes de una parte, y una ligera tintura de nuestra Iglesia por otra bastan para desmentir, Por tan- to es tambien muy natural, que un desengaño tan luminoso y tan sensible deba hacer dudar á los Jóvenes viageros acerca de su Religion que se apoya en tales imposturas. Y de esté estado vacilante mo es de admirar que cerrando los ojos á-la luz que ciertamente les deslumbra, pero sin tener valor para rendirse á la verdad, desgraciadamente se dejen caer en un estado de incredulidad. Conoce pues, y lo debe confesar todo hourado. protestante, que este modo de raciocinar es mucho mas justo que el fingir en ltalia esparcidas sociedades de alelstas O AAA, APARENTE A (*) Sin embargo las sociedades secretas que CM (391) para corromper á la juventud. Concluyamos pues esta materia, y digamos que aunque no se niegue hay entre nosotros desgraciados que ó por ignorancia ó. por pasion: vacilan en la fé, y acaso yacen en el abismo de la impiedad, su número no es tan crecido como fingen los Protestantes; y “ademas «el sistema de la Iglesia católica no solo no lesinduce en manera alguna á ello, sino antes bien eficazmente los aparta de semejante: abominacion. Al contrario entre: los pretendidos Reformados es grandísimo, por 'su misma confesion, el número de los incrédulos, es decir, de Hereges,. Naturalistas, Deistas y Altcistas; y ademas el sistema que ellos han introducido, esto es, la vía de examen, enemiga de todo tribunal infalible de las con- A O estos últimos años se han descubierto en todos los paises del otro lado de los Pirineos, deben hacer muy cautos á nuestros padres de familias en enviar á sus hijos á viajar. La desgracia de otros muchos los debe cautelar. ¿A qué, con peligro de sus costumbres, enviarlos á tomar una tintura de erudicion, que en su pais y al lado de buenos maestros puede ser sólida instruccion sin estos inconvenien= tes? No se engañen con pretesto de gusto y erudicion: volverán mas habladores sí, y tal vez mas corrompidos; pero mas sabios no. Tom, VIII, 91 (329) troversias en materia de Religion, abre por su naturaleza la puerta: á Jos “mas perniciosos y espantosos delirios, y desórdenes (*). Debe pues reconocerse el Protestantísmo por uno de Jos manantiales de la. moderna impiedad, que es lo que nos Ap propuesto demostrar. De esto veremos pruebas espantosas en la vbra de Minler, que con tanto aplauso se publicó en Francia é Inglaterra, ; (623) ÍNDICE DEL TOMO vu ' A 5 AA A M á y C ontínuación PA o Fuentes de la Im- HUB acesia ada ai RRA vá 3, Parte lada y. vegunda Fuente: de la Impiedad. Heaqonsnegstocreropotranacnrnaaataps ibid. CAMA do de la AO, ibid. La segunda Fuente dela Impiedad reside en el en- _tendimienlo, y es propiamente un trastorno ó des .cabellamiento de la razon, Pág. 3. Cómo pasan los incrédulos de la Religion á la impiedad, 5. Necedad y locura suya en pensar conciliarse de “este modo la estimacion, 12. En vano se: pre= cian de doctos y de sano juicio; su proceder ¡indica: que éste está en ellos is y su dis= cursó Lo y 5h. C APÍTULO IL. le del estravagan. tes modo de pensar de. los Incrédulos en órden á la Bxistencia de Dios RR 1 A e Y La razon humana tiene sus límites, de que no le es dado pasar; los libertinos lo desatienden, y de ahí sus errores, ¿0id, Demuéstrase la falsedad del , de (324) “Criterio, de que se sirven los Ateos para negar la existencia de. Dios, 19: Descúbrese mas su insensatez , comparando “Sas "monstruosos sistemas con la yerdad que por ellos abandonan, 21. Espinosismo, 6 Panteísmo, 23. Abuso que hacen del axioma: Ex nihilo nihil fit, 29. Qué se entiende por creacion, ¿bid, Modo de pensar sobre estos puntos del Marques de Argens 33, Hipótesis absurdas que él-y-demas-tilósofos “suponen, y substituyen á las ideas.que nos da la Religion, :36, nota. No pudiendo ellos asignar, cansa, alguna del Movimiento, estan precisados á confesar. que de la Nada se hace alguna cosa, 37. Pensamientos sobre ésto mismo de Rousseau, 4.0005 CAPÍTULO 111. Vano. triunfo. de los In==- : > crédulos contra la Religion, funda- "> do sobre el Origen, del Mal... 49 ; Ñ , 19 *$IV2 51 4 - e Objecion general de Epicuro tomada del Origen del:mal , é impías consecuencias que han deducido de él los enemigos! de, la Religion ,.4g, Simil que da á conocer la futilidad de todas «estas objeciones, 81, En Dios hay seguramente razones que justifican su rectísimo modo de obrar, 62, Disuélvese el argumento tomado de los pretendidos-defectos de la naturaleza, 6%. Indícase el verdadero orígen de los males físicos y morales: del + ¿ hombre, que justifica la Proyidencia, 70. Demués- “trase en un todo la vanidad de esta objecion; 74, yt (395) : CAPÍTULO JY. El examen delos sis.» temas de los Incredulos sobre el Orígen del mal es una prueba eviden- . te del Trastorno desu TazOM.m 8) Los incrédulos, abandonando el dogma de la Reli- ——gion sobre el Orígen del mal, abrazan las hipó— tesis mas absurdas, ibid. El Dualismo y 6 hipótesis de los los Principios no solo es falsa € im= posible, sino aun inepta para” ésplicar lo que se intenta, 83, Lá que niega á Dios la Providencia coincide con el Ateismo,-9o. Idea justa y digna que nos da de Dios la razon, 10d, Los males que hay en el mundo prueban la Providencia, 96. La felicidad termporal de los malos, y adversidades de los buenos, en nada perjudica á la pro videncia de Dios, 97. Infiérese de los absurdos de los :impíosen «esplicar el Orígen: del mal. el. Trastorno de su razon, 100,» : CAPÍTULO V.:Examínanse las ob Je cion oo nes de los Naturalistas, y en. espe= cial de: Roússeau, contra la Reve=" IPPO O a to IRSA mt 3 OCIO 303 1] 0 E UY E p z 1 . Los Naturalistas encomian artificiosamente la razon para deprimir' la necesidad de la revelacion, íbid, Noticia sobre la famosa tésis de Prades, 105. Posibilidad de la revelacion, 108. Su existencia , 10d, A la voz de un Dios que habla no hay entendi miento que no deba humillarse, 113, Impiedad y locura de los Naturalistas contra las verdades (332) Don Luis Gonzaga Colon, presbítero en id. Don Tomás Diaz Blanco, en id. Don Francisco Ferrer, de: san Juan Lasabadesas. Don: Sebastian Miró, canónigo de san Juan Lasabadesas, Don Andrés Llops' cura de Mayals, A Don Sebastian Llop, cura de Llardecans. Dr, Don Vrancisco Narciso de Sil inge me Tar ragona, : Don Ciriaco García. f > Don Matías Priras, presbítero beneficiado de Tara e gona. Don José Ginjo, Prior causídico. «Don Gabriel Estebe , presbítero de Gerona, Don Juan Gimenez Gomez, cura de Peralejos, Don Antonio Zamorano, cura de la parroquial de la” villa de Torres. El licenciado Don José Pedro de Alcántara Rodriguez. El Dr. Don Isidoro Magan. - ' El Sr. Cura de Pinilla. Don Jaime Domenech. Don José Perez Riego, Don Ventura Padilla. Doña Manuela Risel. Si (Se continuará), )RELÍGIOA + wwe A ER A o Y ÚS Pa '“ PES ; + PS - e > q ; Ñ A Pt pers ” « e o colorchecker cLAssic | | | a > 4 N $ ! y S 1 , y AN SS A E 5 heroina ER E dd So ES .s ca PR au ar as 1») a | A Ms A aos nor nen, 207 A e e