La discusión por la prensa. Liberales y conservadores en las páginas de El Comercio ante el congreso peruano de 1860
Abstract
Este texto analiza el enfrentamiento que tuvo lugar en la prensa –en concreto, en el periódico El Comercio- entre los grupos liberales y conservadores a raíz de la conformación de un nuevo Congreso en 1860, que tenía el objetivo de modificar la hasta entonces vigente Constitución de 1856. A partir de aquí, se plantea una reflexión sobre el papel de la opinión pública y los límites de la libertad de imprenta a mediados del siglo XIX en Perú.
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425 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 “LA DISCUSIÓN POR LA PRENSA”. LIBERALES Y CONSERVADORES EN LAS PÁGINAS DE EL COMERCIO ANTE EL CONGRESO PERUANO DE 1860 “THE DISCUSSION THROUGH THE PRESS”. LIBERALS AND CONSERVATIVES IN EL COMERCIO IN THE FACE OF THE PERUVIAN CONGRESS OF 1860 Marta Fernández Peña Universidad de Huelva ORCID: 0000-0001-7527-8873 Resumen: Este texto analiza el enfrentamiento que tuvo lugar en la prensa –en concreto, en el periódico El Comercioentre los grupos liberales y conservadores a raíz de la conformación de un nuevo Congreso en 1860, que tenía el objetivo de modificar la hasta entonces vigente Constitución de 1856. A partir de aquí, se plantea una reflexión sobre el papel de la opinión pública y los límites de la libertad de imprenta a mediados del siglo XIX en Perú. Palabras claves: libertad de imprenta, Congreso de 1860, liberales y conservadores Abstract: This paper analyses the confrontation that took place in the press –in particular, in the newspaper El Comerciobetween liberals and conservatives in relation to the formation of a new Congress in 1860. This Congress had the aim of modifying the Constitution of 1856, then in force. On the basis of this analysis, it is proposed a reflection on the role of public opinion and the limits of the freedom of printing in the midnineteenth century in Peru. Keywords: freedom of printing, Congress of 1860, liberals and conservatives Fecha de recepción: 05/05/2020 Fecha de aceptación: 04/10/2020
426 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 Libertad de imprenta y opinión pública En diciembre de 1859 se celebraron elecciones para conformar un nuevo Congreso Constituyente en Perú, el cual estaría encargado de reformar el texto constitucional vigente hasta entonces: la Constitución de 1856. En este momento, las diferencias ideológicas entre liberales y conservadores salieron a relucir más fuertes que nunca. Mientras que los liberales apostaban por mantener el texto de 1856, los conservadores abogaban por su necesaria reforma, con el objetivo de moderar algunas de las propuestas que resultaban a sus ojos demasiado radicales. En este contexto de fuerte disputa ideológica, la opinión pública no quedó al margen. Los periódicos se llenaron de diferentes escritos que apoyaban una u otra postura. Para ello, periodistas e intelectuales no renunciaron a utilizar en favor de su argumentación cualquier mecanismo, incluso ciertos insultos, acusaciones y burlas hacia los parlamentarios. Este texto se dedica a analizar este ambiente de tensión suscitado en la opinión pública a partir de algunos de los discursos vertidos en las páginas impresas. Importa aclarar qué se entiende en este texto por “opinión pública”. En la prensa, los escritores contemporáneos se referían con cierta frecuencia a la “opinión pública” o a la “opinión general”. No obstante, resulta evidente que a mediados del siglo XIX eran muy pocos los que sabían leer y escribir, y aún menos los que solían escribir artículos y editoriales en los periódicos. 1 Las personas que expresaban sus opiniones en la prensa conformaban una élite intelectual, la cual albergaba el debate de las ideas políticas. Como ha señalado Joëlle Chassin, desde finales del siglo XVIII la utilización del término “público” englobaba en realidad a la “comunidad de lectores”. Además, desde los inicios del siglo XIX la opinión pública tenía varias funciones que cumplir: “crear un nuevo espacio público, servir como tribunal para censurar los actos del gobierno, servir como 1 Como ha estudiado José Ragas, en gran parte del país la mayoría de la población continuaría siendo analfabeta a lo largo del siglo XIX. Además, se podían apreciar grandes diferencias en función de los grupos étnicos. Así, mientras que un porcentaje amplio de población blanca sabía leer y escribir (en torno al 80%), entre los asiáticos, los indígenas, los afroperuanos y los mestizos el analfabetismo suponía más del 50%. José Ragas Rojas, “Leer, escribir, votar. Literacidad y cultura política en el Perú (1810-1900)”, Histórica, vol. 31, nº 1 (2007), p. 118.
427 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 tribuna para hacer oír la voz del pueblo por los actores políticos”. 2 Por tanto, cuando en este texto hablo de “opinión pública” me refiero más bien a la “opinión publicada”, es decir, a las opiniones políticas expresadas por medio de la prensa por parte de una élite intelectual e instruida; si bien soy consciente de que, junto a esta opinión pública formulada por las élites, existían otras “opiniones plurales” –en palabras de Chassinque se transmitían de forma oral. En concreto, para este trabajo utilizo los artículos publicados en El Comercio, el periódico más antiguo del Perú y uno de los más relevantes tanto en el siglo XIX como en la actualidad. En esta publicación aparecieron, a lo largo de los años 1859 y 1860, escritos afines a las dos tendencias políticas más importantes del momento: conservadores y liberales. Como ha señalado Víctor Peralta, la relevancia de este diario recae en “su relativa neutralidad política” y “su papel de agente de transmisión de los debates suscitados en los espacios públicos y privados”. 3 Por ello El Comercio resulta adecuado para analizar la pugna política desarrollada en la opinión pública. Fundado en 1839 por el chileno Manuel Amunátegui y el argentino Alejandro Villota, este fue en sus primeros años “un periódico de tendencia liberal, que promovió campañas a favor de la abolición del tributo indígena y la libertad de imprenta”. 4 La libertad de imprenta había sido declarada por San Martín el 23 de octubre de 1821, y se contemplaba ya en el primer texto constitucional del Perú independiente, en 1823. 5 Su promulgación había traído consigo la profusión de periódicos, revistas, pasquines y folletos políticos. A su vez, también dio lugar a la aparición de valoraciones 2 Para un análisis más amplio sobre la evolución del término “opinión pública” en América Latina y en el caso concreto de Perú, véase: Joëlle Chassin, “Opinión pública. Perú”. En Javier Fernández Sebastián (ed.), Diccionario político y social del mundo iberoamericano. La era de las revoluciones, 1750-1850 [Iberconceptos I]. Madrid: Fundación Carolina, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2009, pp. 1077-1090. 3 No obstante, este autor ha señalado que su aparente imparcialidad política fue en realidad una estrategia para convertirse en el diario de mayor influencia nacional a mediados del siglo XIX. Víctor Peralta Ruiz, “Las trampas de la imparcialidad. El Comercio y el gobierno del general Castilla, Perú 1845-1850”, Debate y perspectivas: cuadernos de historia y ciencias sociales, nº 3 (2003), pp. 81-106, esp. p. 83. 4 Juan José Pacheco Ibarra, “Los primeros años del diario «El Comercio»” [en línea], Rincón de historia peruana (2012). http://historiadordelperu.blogspot.com/2012/05/los-primeros-anos-del-diario-el.html [Consulta: 27 marzo 2020]. Para saber más sobre la historia del diario El Comercio, véase: Héctor López Martínez, Los 150 años de El Comercio, 1839-1989. Lima: Edición de El Comercio, 1989. 5 Constitución de 1823, artículo 193. Lima, 12-11-1823.
428 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 individuales en torno al sistema político o a sus dirigentes. En ocasiones, estos juicios iban acompañados del sarcasmo, la ironía o incluso el insulto. Así, en el Perú de mediados del siglo XIX eran muy frecuentes los ataques dirigidos, a través de la prensa, hacia los representantes parlamentarios y hacia los individuos que ocupaban cargos en el Gobierno. En este contexto surgieron las primeras voces que denunciaban los “abusos” cometidos por una “excesiva” libertad de imprenta. Generalmente, eran los conservadores los que acusaban a los liberales de crispar la situación con sus escritos y de comenzar “la discusión por la prensa”. Además, algunos de ellos aseguraban que “no es de gente bien criada andarse cambiando desvergüenzas por la prensa”. 6 Trataban, de esta forma, de imponer ciertos límites a la libertad de prensa, especialmente cuando esta se utilizaba para arremeter contra los representantes de la nación. El 12 de marzo de 1860, El Comercio publicaba un artículo bajo el seudónimo de Salustio, que salía al rescate de aquellos hombres públicos que habían sido sometidos a burlas y escarnios por parte de periodistas y escritores, a los que se refería en realidad como “difamadores” o “libelos”, es decir, personas que escribían con el único propósito de denigrar a otros, empleando para ello “vulgaridades de rutina”. En primer lugar, destacaba la valentía y generosidad de aquellos individuos a los que “solo una laudable abnegación los induce a trocar el apacible solaz de la vida privada, por los azares de la ingrata y espinosa carrera pública”. Además, señalaba como uno de los principales inconvenientes que las críticas demoledoras podían traer consigo, la retracción de la política de las personas realmente válidas para ocupar los puestos de representación política: Sin el estímulo de la gratitud nacional (…) que es el galardón del mérito contraído por los altos dignatarios de la Nación, en el fiel cumplimiento de sus austeros deberes, el patriota más esclarecido por sus talentos y dotes cívicos se retraerá de tomar parte en nuestros asuntos domésticos, porque sabe que la depresión personal, será el único fruto de su consagración al bienestar de sus conciudadanos. 7 6 El Comercio, “Alerta conservadores”, 13-7-1860; “¡Basta de necedades! ¡Paso a la razón! ¡Atrás el comunismo!”, 12-7-1860. 7 El Comercio, “Los hombres públicos en el Perú”, 12-3-1860.
429 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 Con estas palabras, Salustio condenaba la situación que sufrían los “hombres públicos” que, a pesar de dedicar su vida voluntariamente a trabajar por el progreso del país, no encontraban otra recompensa que la burla, el escarnio y el ludibrio por parte de la opinión pública -o más bien, según las palabras del autor, de aquellos “demagogos” que se autodesignaban como intérpretes del pueblo-. Pero incluso aquellos individuos que denunciaban los “abusos” que había traído consigo la libertad de imprenta y exigían por tanto la limitación de este derecho -cuando no, directamente, la eliminación del mismo-, aprovechaban su vigencia para hacer uso de la libertad de expresión en su propio beneficio. Así, un escritor que firmaba como “el conservador a toda prueba” escribía en El Comercio el 17 de julio de 1860: Aunque estoy íntimamente convencido de que la maldita mil veces libertad de imprenta debe desaparecer de nuestro suelo, porque ella en el antiguo y nuevo mundo ha causado todos los desórdenes, todos los errores, y todas las herejías, quiero entre tanto que ella no esté suprimida, como lo deseo de corazón, aprovechar de esta época de desorden para sacar algún bien del mismo mal. 8 Frente a los discursos que condenaban la libertad de prensa, algunos escritores alzaron la voz para defender una amplia libertad de imprenta, sin restricciones, que permitiera expresar diferentes opiniones sobre la vida política y los políticos. De esta forma, el poeta e impresor Juan Francisco de Larriva, condenado por “abusos de imprenta” con el cierre de su local, no negaba que “algunas veces he sido violento en mis escritos de oposición al Gobierno”, pero se justificaba diciendo que ello había sido “un brote espontáneo nacido del deseo vehemente de ver a mi patria encarrilada por la legalidad y el orden”. 9 La crítica política, desde este punto de vista, se podía entender como una muestra de patriotismo, pues reflejaba la preocupación de cierto grupo de la élite intelectual por la situación política del momento. En definitiva, la crítica a través de la prensa se convertía, en los inicios de la modernidad, en un instrumento más con el que contaban las diferentes tendencias 8 El Comercio, “A los SS. Representantes conservadores del Congreso de 1860”, 17-7-1860. 9 El Comercio, “La imprenta y la policía”, 18-3-1860.
430 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 políticas para enfrentarse en la arena de la naciente opinión pública. Para ello, los individuos comprometidos con determinadas ideologías no renunciaron en ningún momento a utilizar estrategias como la exageración o la mentira para descalificar a sus oponentes, especialmente en momentos de gran controversia política, como el que se vivió en Perú a partir de la convocatoria de elecciones parlamentarias para conformar un nuevo Congreso en 1860. Pero antes de llegar a ese momento, debemos exponer brevemente la situación política de los años previos, para entender cómo desembocó en dicha convocatoria de elecciones. Perú, 1854-1860: la pugna entre liberales y conservadores En 1854 había estallado en Perú una revuelta protagonizada por los elementos liberales, que sería conocida posteriormente como Revolución Liberal, y que acabó triunfando en enero de 1855. Los dos pilares básicos de esta revolución fueron la eliminación del tributo indígena y la abolición de la esclavitud. Finalmente, los principios de los revolucionarios de 1854 quedaron recogidos y plasmados en la Constitución de 1856, promulgada el 16 de octubre de ese año. La obra cumbre de la Revolución Liberal establecía amplios derechos individuales, decretaba un modelo de sufragio directo, y recortaba en cierta medida las atribuciones del Poder Ejecutivo, concediendo mayor peso al Legislativo. Sin embargo, a la altura de 1860 poco quedaba de la obra revolucionaria que había traído consigo la Revolución Liberal (o, al menos, eso pensaban los liberales convencidos): “la Constitución no existe sino en el nombre, las garantías que ella asegura a la nación y a los ciudadanos no se cumplen y la esfera del Poder Ejecutivo se halla tan dilatada que propiamente puede decirse que no tiene límites”. 10 Según los liberales de 1860, la desviación de los principios revolucionarios de 1854 se debía a “la mano que por entonces se apoderó de sus resortes”, es decir, Ramón Castilla. 11 Y es que, como ha señalado Víctor Peralta, el líder de la Revolución Liberal no era en realidad un liberal convencido, sino que más bien utilizó las propuestas liberales 10 El Comercio, “El Gobierno de la moralidad”, 19-1-1860. 11 El Comercio, “1854-1860”, 27-1-1860.
431 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 para hacerse con el poder. Así, este historiador cuestiona el término “revolución liberal” adjudicado al proceso que vivió Perú desde 1854, y habla más bien del desarrollo de una “guerra civil”, que alcanzaría el culmen de desorden y violencia durante los años 1857- 1858. 12 Buena parte de la inestabilidad política característica de estos años se debía a las continuas protestas e incluso levantamientos protagonizados por los sectores más conservadores de la población, que se situaron abiertamente en contra de los postulados establecidos en la Constitución de 1856. En este contexto, la actitud de Castilla iría virando desde el acercamiento a los elementos liberales en 1854 hacia la progresiva moderación de los principios establecidos en 1856, hasta llegar a la convocatoria de elecciones en 1859 para conformar un nuevo Congreso encargado de llevar a cabo la reforma de la Constitución. Por tanto, desde julio de 1859, cuando se produjo la convocatoria de elecciones, Perú se encontraba en una situación en la que las leyes estaban “en contradicción con los hechos”. 13 Es decir, aunque la Constitución de 1856 seguía rigiendo oficialmente en el país, para los liberales resultaba una “Constitución casi cadáver”, mientras que los conservadores la consideraban una “Constitución impracticable” que ponía sobre la mesa “leyes exageradamente liberales”, por lo que defendían su necesaria reforma. En este contexto se podía apreciar una clara separación entre dos grupos políticos principales: los liberales y los conservadores; una pugna política que se venía desarrollando desde 1827, cuando se produjo la salida de Bolívar como dictador. 14 El partido conservador contaba entre sus filas con buena parte de los “altos dignatarios del clero, de la magistratura y del ejército”, a los que se sumaban los apoyos de “los restos de la nobleza colonial”. También contaban con la simpatía de los miembros del Gobierno, encabezados por Ramón Castilla. En definitiva, los conservadores tenían a su favor los principales resortes de poder: político, judicial, eclesiástico y militar. Por su parte, los liberales estaban en minoría: su “reducido personal” se componía mayoritariamente de 12 Víctor Peralta Ruiz, “La guerra civil peruana de 1854. Los entresijos de una revolución”, Anuario de estudios americanos, vol. 70, nº 1 (2013), p. 197. 13 El Comercio, “1854-1860”, 27-1-1860. 14 Víctor Samuel Rivera, “Tras el incienso. El republicanismo reaccionario de Bartolomé Herrera”, Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, vol. 10, nº 20 (2008), p. 197.
432 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 hombres jóvenes, aquellos que habían triunfado en la Revolución Liberal y que defendían el proyecto político desarrollado en la Constitución de 1856 hasta sus últimas consecuencias. 15 Por ello, con frecuencia los liberales se referían a sí mismos como “los revolucionarios de 1854”. Cada uno de estos grupos políticos presentaba visiones contrapuestas sobre sí mismos y sobre sus rivales. Por un lado, los liberales descalificaban a sus oponentes como “reaccionarios”, y ofrecían un discurso maniqueo y simplista sobre la situación política del país: Como en todas las naciones civilizadas, existen en el Perú luchando constantemente dos grandes partidos políticos: el uno que sostiene y defiende la dignidad y los derechos del hombre y de las sociedades y el otro que los coacta más o menos. 16 Por otro lado, los conservadores establecían una clara diferencia entre su grupo político y el de sus enemigos. Así, en el artículo de un individuo que firmaba como Frantz se podía leer lo siguiente: En el Perú lo que hay es un partido grande, poderoso, compuesto de todos los hombres honrados, inteligentes, morales y trabajadores que se le ha llamado con el nombre de “conservador” porque pretende conservar incólumes todos los más sagrados derechos del hombre y de la sociedad: la vida, la propiedad, el honor, la libertad, la familia, el trabajo, etc.; y una facción compuesta de cuatro demagogos ambiciosos que quieren conculcar todos esos derechos, para medrar a la sombra de la licencia y de la anarquía y que han logrado atraer a sus filas, por medio de falaces promesas (…), a unos cuantos jóvenes incautos (…). Esa facción, que se engalana con el nombre de liberal es una facción anarquista y demagógica que no tiene más bandera que la bandera ROJA. 17 15 El Comercio, “Los tres partidos”, 12-7-1860. 16 El Comercio, “Congreso. Proyectos contra la Constitución”, 10-7-1860. 17 El Comercio, “Congreso”, 11-7-1860. Se ha mantenido la tipografía original: cursiva, comillas y mayúsculas (y se mantendrá en todas las citas textuales que se reflejen en este texto).
433 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 Hay al menos dos conceptos utilizados en este discurso que merecen un análisis. El primero es la alusión final a la “bandera roja”. A menudo los partidarios del proyecto conservador presentaban en sus discursos una identificación entre los principios liberales y el “rojismo”. Los conservadores querían dejar claro que ellos también eran liberales, pues defendían la libertad; pero una libertad moderada y controlada, que en ningún momento supusiera una alteración del orden social. Así, el concepto de orden sería fundamental en el proyecto político que planteaba el grupo conservador peruano, al que podríamos insertar en la cultura política del liberalismo doctrinario, presente en aquel momento en buena parte de Europa y de América. 18 Por el contrario, desde este punto de vista se entendía que los que se autodenominaban como liberales pretendían establecer en Perú un proyecto político asociado al libertinaje, a la anarquía y al caos; una libertad más propia de la Francia jacobina que, más de sesenta años después, seguía atemorizando a las élites políticas peruanas. 19 Por ello se referían a sus adversarios como “rojos”, es decir, quedaban definidos como partidarios del radicalismo, el ateísmo y el desorden, y cercanos al jacobinismo. En ocasiones incluso se utilizaban los colores de forma simbólica para presentar las diferentes sensibilidades políticas del Perú del momento – también, desde esta perspectiva, de forma maniquea-. Así, un simpatizante del grupo conservador aseguraba que los liberales podían ser calificados como rojos porque “tienen el color del fuego del infierno que los ha abortado”, mientras que los conservadores podrían identificarse con el color azul, “que es el del cielo, del que han descendido nuestras santas luces, y la verdad eterna”. 20 En segundo lugar, una de las estrategias argumentativas más empleadas por los conservadores era la utilización del término “facción” para referirse al grupo liberal, que de esta forma quedaba identificado con un grupo minoritario de personas que perseguían 18 Así, por ejemplo, la idea de compaginar libertad y orden era compartida también por el liberalismo conservador español, como apunta Xosé Ramón Veiga, “El liberalismo conservador: orden y libertad”. En María Cruz Romero y María Sierra (eds.), La España liberal, 1833-1874. Madrid-Zaragoza: Marcial Pons y Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014, p. 297. 19 François-Xavier Guerra ha señalado la influencia que el recuerdo de la Revolución Francesa ejerció en los proyectos liberales posteriores: “la Revolución Francesa modifica las revoluciones posteriores, puesto que los actores conocen de antemano adónde puede llevar la lógica revolucionaria”. François-Xavier Guerra, Modernidad e independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispánicas. Madrid-México: Editorial Mapfre-Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 35. 20 El Comercio, “A los SS. Representantes conservadores del Congreso de 1860”, 17-7-1860.
440 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 Parlamento, no se debía a la intervención del Poder Ejecutivo en las elecciones, sino a la voluntad popular: “el pueblo conoce bien a ambos partidos, y porque los conoce bien, es por lo que el partido conservador aparece hoy fuerte y dominante”. 39 En este contexto, un escritor que firmaba como Junius Suculus se mostraba molesto con los defensores de la Constitución de 1856 que no hacían otra cosa que insultar y calumniar a los congresistas de 1860, unos representantes que, desde su punto de vista, habían sido elegidos libremente por el pueblo y, por tanto, estaban totalmente legitimados para ocupar los asientos en la Cámara. Les acusaba además de no plantear cuestiones relevantes para el debate parlamentario, y de que únicamente trataban de “excitar los ánimos y las malas pasiones de las masas”, pretendiendo provocar una insurrección popular que acabara con un Congreso legítimamente constituido. 40 Así, los conservadores recriminaban a los liberales el no saber perder y no acatar los resultados proclamados en unas elecciones pacíficas. En cualquier caso, parece que ningún grupo político quedaba exento de la utilización de la mofa o la mentira para desmerecer al contrario. En este sentido, también los liberales se quejaban de que los conservadores hablaban de su partido “calumniándolo, dirigiéndole insultos, forjándole groseras imposturas, y últimamente vilipendiando y ultrajando su más importante obra: la Constitución de 1856”. 41 El texto constitucional se convertía, por tanto, en uno de los elementos que haría que el debate entre liberales y conservadores se acrecentara. El asunto más polémico: ¿qué hacer con la Constitución de 1856? Dentro de los asuntos que preocupaban a los diferentes grupos políticos del momento y a la opinión pública a lo largo de todo este proceso, había uno que sobresalía por encima de los demás: qué decisión tomarían los congresistas de 1860 con respecto a la Constitución de 1856, ya que, como se afirmaba de manera frecuente, la decisión que se tomara marcaría el futuro político del país: 39 El Comercio, “Congreso”, 11-7-1860. 40 El Comercio, “A los llamados constitucionales de 1856”, 13-7-1860. 41 El Comercio, “Congreso. Proyectos contra la Constitución”, 12-7-1860.
441 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 Nos hallamos en un momento supremo en que todos los hombres se preguntan: ¿conviene o no, reformar la Constitución del Estado? Esta pregunta es demasiado compleja, de inmensas y dilatadas proporciones, y abraza en sí sola, el presente y porvenir de la Nación. 42 En este sentido, desde la convocatoria de elecciones en julio de 1859 el debate ocupó multitud de páginas en forma de artículos y editoriales en los principales periódicos, pero al comenzar el mes de julio de 1860 los textos que trataban este asunto en la prensa se multiplicaron, y el diario El Comercio es un gran ejemplo de ello. Los liberales eran partidarios de mantener en esencia el texto de 1856. De hecho, ellos mismos se intitulaban como “constitucionalistas”, ya que concebían como una de sus funciones principales “sostener esa sagrada y gloriosa enseña”, que entendían como la piedra angular de su “religión en política”. 43 Y ello porque consideraban que este texto constitucional era “la única tabla de salvamento” para el Perú, pues era un documento que, desde su punto de vista, consagraba las libertades, garantizaba la igualdad, establecía la justicia, aseguraba la paz y conducía al país por el camino del progreso. Los “constitucionalistas” contaban con el apoyo intelectual de periodistas y escritores que, a través de la publicación de sus escritos, defendían el mantenimiento de la Constitución de 1856 y denunciaban la forma en la que los representantes que habían resultado electos querían “trucidar la Constitución, con apariencias de legalidad, y sustituirla con otra, fabricada en algún taller teocrático, o en el pomposo gabinete de algún secretario del feudalismo”. Por tanto, en este controvertido debate, la prensa tenía un rol muy importante que cumplir: condenar “la inicua trama que está elaborando la tenebrosa logia del absolutismo”. La asociación de los conservadores con la “teocracia”, el “feudalismo” o el “absolutismo” resultaban lugares comunes en el discurso de los simpatizantes liberales. De esta forma, la defensa del texto de 1856 se exhibía como un elemento de modernidad, mientras que los conservadores solo pretendían restablecer “lo antiguo”. 44 Desde luego, la Constitución de 1856 se podía apreciar como un texto bastante 42 El Comercio, “La reforma de la Constitución”, 7-8-1860. 43 El Comercio, “Congreso. Proyectos contra la Constitución”, 10-7-1860; “El Gobierno de la moralidad”, 19-1-1860. 44 El Comercio, “Congreso”, 5-7-1860; “El Gobierno de la moralidad”, 19-1-1860.
442 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 avanzado para la época pues, entre otras cuestiones, incluía la abolición de los fueros, un sufragio bastante amplio e inclusivo o la prohibición de la elección de eclesiásticos como parlamentarios. 45 En el mes de julio de 1860, en vista de la cada vez más posible sustitución de la Constitución de 1856 por un texto más conservador, los discursos liberales vertidos en el periódico iban acrecentando el grado de agresividad. En este momento empezaron a aparecer referencias a los congresistas de 1860 como “sicarios”, “villanos” y “enemigos de su patria” que estaban a punto de cometer un “crimen” o “atentado”: la “muerte de la libertad”. Además, acusaban a los conservadores de tramar un complot para conseguir su objetivo, pues a través de “clandestinas y pérfidas maquinaciones” y de “asechanzas y manejos egoístas y villanos” habían diseñado ya una nueva carta magna, incluso antes de que el Congreso comenzara sus sesiones. Algunos escritores más provocadores con sus palabras, como el ya citado Hermann o el también asiduo Nemesio, se refirieron a los encuentros realizados por los conservadores como una “liga tenebrosa” que se reunía “en las tinieblas y el misterio” para urdir un plan siniestro, una conspiración: “herir de muerte la Constitución del 56”. 46 El 28 de julio, cuando el día de la fiesta nacional coincidía con la instalación del Congreso, los principales líderes del partido liberal se reunieron en el hotel Morin para celebrar un banquete en conmemoración de la independencia. 47 La celebración fue aprovechada para brindar por la defensa de los principios liberales y, especialmente, de la Constitución de 1856, que en ese momento se encontraba más en peligro que nunca. El Comercio recogía días más tarde la noticia sobre el evento celebrado y lo titulaba como “Banquete constitucional”. Entre los individuos que tomaron la palabra durante el brindis se encontraban algunos nombres principales como Francisco Javier Mariátegui, Francisco Lazo, José Silva Santisteban, los hermanos José y Pedro Gálvez, Fernando Casós, Germán Tejeda, Pedro Paz Soldán, José Casimiro Ulloa, Enrique Espinosa, Manuel María 45 Constitución de 1856, artículos 6, 37 y 47, respectivamente. Lima, 16-10-1856. 46 El Comercio, “Congreso”, 5-7-1860; “Congreso. Proyectos contra la Constitución”, 10-7-1860; “Basta de farsas! Paso a la ley! Atrás el absolutismo!”, 11-7-1860. 47 El hotel Morin, situado en la Plaza de Armas de Lima, era uno de los seis principales hoteles de la ciudad en aquella época, según relataba el escritor Manuel Atanasio Fuentes. Manuel Atanasio Fuentes, Guía histórico-descriptiva, administrativa, judicial y de domicilio de Lima. Lima: Librería Central, 1860, p. 230.
443 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 Rivas o José Morales Bermúdez. También se encontraba entre ellos el director del periódico El Comercio, Manuel Amunátegui, lo cual, desde luego, nos puede conducir a asociar la línea editorial del mismo a la corriente liberal. Entre los principios liberales que defendieron en sus discursos, Francisco Lazo señalaba algunos como el derecho de asociación –“¿Es cierto que estamos reunidos pacíficamente? Luego la Constitución de 56 existe. Ella es la única que ha declarado expresamente que los peruanos podemos reunirnos en público o en privado (…)”- o la libertad de expresión –“(…) me queda el consuelo de hablar con libertad, puesto que la ley que hoy nos rige no me cierra los labios”-, ambos amparados por la Constitución vigente y en riesgo en aquel momento en que se iniciaba un nuevo Congreso. 48 Desde el prisma contrario, los conservadores consideraban que la sustitución de la Constitución de 1856 por una más moderada era la mayor obra de amor a la patria que podían hacer. Así, lo que para los liberales del 56 resultaba una propuesta encaminada a desarrollar el régimen liberal en Perú, para los conservadores no era más que “un engendro raquítico y monstruoso, aborto de sus imaginaciones calenturientas y pervertidas”. 49 Los “reformistas” –como se les denominaba en este momento, en oposición a los “constitucionalistas”- entendían que la Constitución de 1856 no respondía a las preocupaciones políticas por las que el pueblo se había echado a la calle en 1854, sino que había sido el resultado de una maquinación política por parte de los liberales, a los que acusaban de manipuladores y demagogos: “mezclados con la gente verdaderamente patriota y de buena fe, marchaban unos cuantos saltimbancos y titiriteros políticos, que aprovecharon de la desorganización consiguiente a un cambio brusco en la administración pública”. Utilizando la demagogia y el engaño, los liberales habían conseguido, según 48 El Comercio, “Banquete constitucional dado el 28 de julio”, 31-7-1860. La Constitución de 1856 había decretado por primera vez el derecho de asociación y había establecido una amplia libertad de prensa. Ambos derechos serían limitados con la posterior Constitución de 1860, que se basaba en un modelo de liberalismo conservador que trataba de compaginar los principios de libertad y orden. Marta Fernández Peña, “El concepto de libertad en el imaginario sociopolítico de la élite parlamentaria peruana y ecuatoriana durante la década de 1860”. En Jaime J. Lacueva Muñoz y José Saldaña Fernández (eds.), Sujetos, espacios y poder. Visiones sobre las elites en América Latina, 1810-1910. Valparaíso: Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso, 2018, pp. 53-74. 49 El Comercio, “Congreso”, 11-7-1860.
444 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 ellos, promulgar un texto “que limitado a consagrar utopías y a llenar miras esencialmente anárquicas, no tuvo en cuenta por nada la sociedad, entregándola por tanto al pernicioso absolutismo del ocaso”. 50 La asociación de este texto constitucional -y en general, del proyecto político liberalcon la utopía o la quimera resultaba bastante frecuente en el discurso conservador, que aseguraba que “este partido vive más bien en la región de las teorías que en las realidades de la vida práctica”. Evidentemente, albergaban una concepción negativa del término “utopía”, que entendían como algo irrealizable y etéreo, alejado de la realidad, como apuntaba un escritor que firmaba con el nombre de Andrés: “Su artificioso edificio es como esos castillos de naipes que forman los niños, que un ligero puntapié echa por tierra, o como un globo de espuma de jabón, que el más débil soplido hace desaparecer”. 51 En el punto álgido de la discusión entre ambos grupos, los conservadores también emplearon un lenguaje agresivo, definiendo a los liberales con los calificativos habituales: “sois los rojos sin corazón; sois los inmundos mormones; sois los socialistas pervertidos; sois los utopistas delirantes”. 52 Los términos utilizados servían para simplificar el proyecto liberal en contraposición al conservador: “rojos” y “socialistas” como radicales, frente a ellos que preservaban el orden y la moderación; “mormones” frente a los defensores de la verdadera religión, el catolicismo; y “utopistas” frente a los que proponían leyes basadas en la realidad social del Perú del momento. En definitiva, la Constitución de 1856 se concebía por los conservadores como un proyecto radical y utópico, que había traído consigo el desorden y el caos, “hasta anegar al país en ríos de sangre”. Consecuentemente, para el mencionado Frantz resultaba no solo oportuno, sino inaplazable, “reorganizar de nuevo el país sobre bases sólidas y 50 El Comercio, “Congreso”, 11-7-1860; “Misión Legislativa”, 14-7-1860. 51 El Comercio, “Los tres partidos”, 12-7-1860; “¡Basta de necedades! ¡Paso a la razón! ¡Atrás el comunismo!”, 12-7-1860. No obstante, un análisis del concepto a lo largo de su historia pone de manifiesto que la utopía está siempre en contacto con la realidad social, económica y política. Como apunta Fernando Aínsa, “la utopía no se limita a ser la construcción imaginaria de un mundo posible, sino que es una forma de percibir y analizar la realidad contemporánea”. En este sentido, la utopía critica los problemas que percibe en la realidad y propone alternativas. Fernando Aínsa, “Utopías contemporáneas de América Latina”, América. Cahiers du CRICCAL, nº 32 (2004), p. 20. 52 El Comercio, “A los llamados constitucionales de 1856”, 13-7-1860.
445 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 seguras, dándole leyes conforme a sus deseos, armónicas con su estado social y análogas a sus necesidades”. 53 La presidencia del Congreso Finalmente, el Congreso Constituyente, reunido en una sola cámara con el objetivo de reformar la Constitución de 1856 y darle un tono más conservador, comenzó sus sesiones el día 28 de julio de 1860. Este Congreso estuvo presidido por el obispo de Arequipa, Bartolomé Herrera, a pesar de que durante los días previos habían aparecido en El Comercio muchas opiniones contrarias a que un obispo participase en el Parlamento. De hecho, el debate sobre quién ocuparía la presidencia del Congreso dominó buena parte de las páginas impresas que circularon en el mes de julio, pues resultaba una cuestión “eminentemente trascendental en los trabajos futuros del Congreso” y, como aseguraba el articulista Monteagudo, “puede imprimir a este el sello de la marcha que se proponga recorrer”. 54 Algunos individuos abogaban por no adelantarse a los acontecimientos y dejar que fuera el propio Congreso el que eligiera a su presidente una vez que los parlamentarios hubieran tomado asiento en el mismo: Desde que los hombres prominentes o que figuran en la línea entre los diputados marchan de acuerdo en todo lo concerniente a la alta política del país, indiferente es que uno u otro de aquellos sea el llamado a ocupar el primer lugar entre sus iguales. Adelantarse a designarlo puede producir dañosos resultados. Déjese la elección a la espontaneidad de los miembros del Congreso y estamos seguros que llegada la vez, sin previos conciertos, se hará la mejor elección posible. 55 Sin embargo, resulta evidente que los grupos políticos se estuvieron reuniendo a lo largo de todo el mes de julio, a través de la figura de los “clubs”, para decidir de antemano a quién designarían. Estos clubs funcionaban como asociaciones de diputados que compartían los mismos intereses. No obstante, eran tachados por buena parte de la 53 El Comercio, “Congreso”, 11-7-1860. 54 El Comercio, “Las juntas preparatorias”, 12-7-1860. 55 El Comercio, “Congreso”, 1-7-1860.
446 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 opinión pública como “parciales”, “inútiles” y hasta “perjudiciales” para el buen desarrollo de la función legislativa. Aunque parece que se barajó el nombre de algún que otro candidato –entre los círculos liberales apareció el nombre de Francisco Forcelledo, que ya había presidido la Cámara de Diputados en 1853- 56 , sin duda era Bartolomé Herrera el aspirante que tenía mayores posibilidades, pues contaba con el favor de la mayoría conservadora que iba a ocupar el nuevo Congreso. Bartolomé Herrera era el principal ideólogo del conservadurismo peruano, y fue el promotor por excelencia del proyecto constitucional que saldría de este Parlamento: la Constitución de 1860. Su carácter reaccionario estaba influenciado por el pensamiento contrarrevolucionario de figuras como Louis de Bonald o Joseph De Maistre. Víctor Samuel Rivera lo define como “el más poderoso pensador antiliberal peruano que gestara el siglo XIX”. 57 Desde el Convictorio San Carlos –cuyo rectorado ocupó entre 1842 y 1846-, Herrera había tejido la red del conservadurismo peruano, formando a jóvenes que posteriormente se convertirían en claros defensores de sus postulados, y que llegarían a ocupar la mayoría de los escaños en este Congreso de 1860. En los años cuarenta, Herrera había protagonizado un polémico debate contra los hermanos Gálvez en torno al asunto del sufragio de la población indígena. Como defensor de un gobierno dirigido por los individuos más ilustrados, propuso el concepto de “soberanía de la inteligencia”, que consistía en la prohibición del sufragio a los indígenas, pues el clérigo estaba convencido de la inferioridad de estos, rechazando toda posible equiparación del indígena en términos de igualdad. 58 Su pensamiento reaccionario y su característica intolerancia religiosa eran a menudo señalados por sus férreos opositores: Es un solapado jesuita, lacayo de Roma, que después de haber levantado una cátedra de enseñanza de las doctrinas más contrarias al derecho constitucional, de haber predicado la conquista y el absolutismo en los púlpitos, inició su carrera 56 El Comercio, “Una elección. El presidente de las juntas”, 12-7-1860. 57 Rivera, op. cit., “Tras el incienso”, vol. 10, nº 20, p. 196. 58 El debate Herrera-Gálvez ha sido profundamente estudiado por numerosos historiadores, entre los que destaco los textos de Gabriella Chiaramonti, “A propósito del debate Herrera-Gálvez de 1849: breves reflexiones sobre el sufragio de los indios analfabetos”. En Aljovín de Losada y López, op. cit., pp. 325- 358 y de Manuel Andrés García, La construcción del poder: Estado, Nación e Identidades. La construcción del Estado Nacional en Perú y la marginación política indígena (siglo XIX). Zaragoza: Diputación de Zaragoza, 2002, pp. 104-105.
447 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 política con la famosa ley de reprimir, que confinaba, encarcelaba y desterraba a los peruanos sin sentencia ni fórmula de juicio. 59 Más allá de su faceta política e incluso filosófica, Herrera era también en aquel momento obispo de Arequipa –un puesto que venía ocupando desde el 20 de mayo de 1860-, lo que suscitaría las críticas más profundas por parte de los liberales, que argumentaron la incompatibilidad de ejercer ambos cargos en base a la ley aún vigente. Y es que la segunda cláusula del artículo 47 de la Constitución de 1856 establecía que no podían ser representantes los arzobispos y obispos. Por ello, durante los días previos al 28 de julio se sucedieron en el periódico una serie de artículos que utilizaban este argumento para tratar de evitar que Bartolomé Herrera fuera designado como presidente del Congreso. El 12 de julio, un grupo de individuos que firmaban como “demócratas”, aseguraban que “el señor Ilmo. Herrera Obispo de Arequipa (…) no podrá ni deberá tener asiento en ninguna de las Cámaras”. Quedando imposibilitado por el artículo constitucional, lo que pretendía hacer Herrera al tomar asiento en el Parlamento era “asaltar el banco de los Legisladores para descargar allí sobre la Constitución política todo el peso de su abominación y de la odiosidad que hace tiempo abriga contra tan sacrosantos principios”. En este estado de cosas, al obispo no le quedaría más remedio que elegir entre uno de los dos cargos, una decisión en la que los liberales le aconsejaban optar por el terreno espiritual: “El Dr. Herrera ha sido llamado por Dios a cuidar de sus ovejas. Vaya y deje en paz a la República, que su reino es de otro mundo y no de este”. 60 Haciendo alusión a las palabras de Jesucristo aparecidas en el Evangelio de San Juan, los liberales apostaban por establecer en Perú una clara separación entre la Iglesia y el Estado, entre la vida religiosa y la política, entre la esfera privada y la pública. 61 Desde luego, 59 El Comercio, “El partido conservador”, 14-7-1860. 60 El Comercio, “Congreso. A los señores representantes”, 12-7-1860; “Las juntas preparatorias”, 12-7- 1860; “Una elección. El presidente de las juntas”, 12-7-1860. 61 Algo que realmente nunca se conseguiría, pues la religión católica siguió influyendo no solo la esfera social, sino también la política, a lo largo de todo el siglo XIX. Gabriella Chiaramonti, Ciudadanía y representación en el Perú, 1808-1860: los itinerarios de la soberanía. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ONPE, 2005, p. 284.
448 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 todo lo contrario a la intención de Herrera, que pretendía construir “un modelo peruano de teología política”. 62 Quedaba patente, por tanto, que los liberales no deseaban que el reaccionario obispo de Arequipa presidiera el Congreso de 1860, pues ya había desempeñado esta función con anterioridad, entre 1849 y 1851, y permanecía aún el recuerdo de su actitud despótica y excesivamente intolerante, especialmente en el terreno religioso. Para muchos de los intelectuales que publicaban en El Comercio, como Nemesio, en Herrera se encontraban todos los males indeseables: Es un político solapado, de guerrillas, de emboscadas, de términos medios, y sin la noble franqueza del que aspira con conciencia a hacer el bien. (…) Es hombre capaz de resentimientos políticos; gusta mucho de las banderías y del espíritu de secta, y bajo este aspecto es esencialmente intolerante y exclusivista. 63 Por último, entre las razones expuestas por los liberales para tratar de desacreditar a Herrera como candidato a la presidencia del Congreso, Monteagudo denunciaba la utilización de su autoridad e influencia para atraerse los votos necesarios por parte de los diputados indecisos: “bajo el pretexto de su jerarquía social, anda comprometiendo el voto de algunos colegas”. 64 Todos estos argumentos vertidos en las páginas de El Comercio, sin embargo, no causaron el efecto esperado. El día 13 de julio a las once y media de la mañana se reunieron ciento veintiocho miembros del poder legislativo en juntas preparatorias para elegir a su presidente. Finalmente, Bartolomé Herrera saldría electo por noventa y siete votos a favor, y desde ese momento comenzaría a ocupar la silla presidencial. 65 Los conservadores consideraban que no se estaba cometiendo ninguna ilegalidad con la elección de Herrera como presidente del Congreso, ya que, a pesar del mencionado artículo constitucional, el pueblo lo había designado como representante y, además, lo había hecho antes de ser nombrado obispo: 62 Rivera, op. cit., “Tras el incienso”, vol. 10, nº 20, p. 213. 63 El Comercio, “Una elección. El presidente de las juntas”, 12-7-1860. 64 El Comercio, “Las juntas preparatorias”, 12-7-1860. 65 El Comercio, “Lima. Congreso de 1860. En juntas preparatorias”, 13-7-1860.
449 Número 45, diciembre 2020, pp.425-451 Marta Fernández Peña “La discusión por la prensa”. Liberales y conservadores en las páginas de “El Comercio” ante el Congreso peruano de 1860 […] si existe un obispo en el Congreso es porque el pueblo soberano no ha admitido ese artículo constitucional, y porque fue elegido en otra diócesis y antes de ser consagrado obispo, y sobre todo porque ninguna Constitución puede privar de sus derechos a los verdaderos ciudadanos sin justicia. 66 De hecho, incluso pensaban que el “elevado carácter sacerdotal” de este individuo le colocaba en una posición más idónea para dirigir el Parlamento de una nación católica como Perú. Epílogo El Congreso constituido con las características analizadas dio a luz un nuevo texto constitucional en noviembre de 1860. Los liberales esperaban que la sanción de la Constitución de 1860 fuera respondida con un levantamiento popular similar al ocurrido en 1854, que haría dar marcha atrás a los legisladores. 67 Sin embargo, este texto constitucional acabó siendo el más longevo de todo el siglo XIX, estando vigente hasta 1920 con escasas modificaciones, y siendo solo sustituido durante unos pocos meses por la Constitución de 1867, salida de un Congreso de corte liberal en el que tomaron asiento las principales figuras del liberalismo peruano. Reflexiones finales Podríamos concluir que la dicotomía entre el grupo político liberal y conservador quedaba definida por una serie de tópicos utilizados con frecuencia por escritores afines. De este modo, para los liberales, los congresistas de 1860, empezando por el propio presidente de la Cámara, eran unos representantes “ilegítimos”, “usurpadores” e “invasores” de los escaños, que habían llegado al Parlamento a través de la “conspiración” y el engaño, mediante reuniones clandestinas en “ligas tenebrosas”. Así, señalaban que los conservadores eran por lo general individuos egoístas y corruptos, que solo buscaban su propio beneficio y engrandecimiento. El Congreso al que habían dado lugar no podía calificarse como tal, sino más bien como un “cónclave” o un “taller teocrático” en el que imperaban las actitudes “dogmáticas” y los elementos religiosos, a pesar de la 66 El Comercio, “Triunfo de los principios”, 4-8-1860. 67 El Comercio, “Congreso. Proyectos contra la Constitución”, 10-7-1860.