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Biología y cultura. Una deconstrucción, desde un punto de vista cristiano, de la obra de Y. N. Harari

Rodríguez Valls, Francisco Paula

Abstract

La obra de Harari es una proyección hacia el futuro de la situación actual de la humanidad. Está fundada en tres supuestos básicos: materialismo, cientificismo y ateísmo. Debido al fuerte reduccionismo de sus supuestos, su explicación de lo humano y del futuro de lo humano queda en una especulación interesante de conocer pero que carece de objetividad.

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- 9 - ISIDORIANUM 55 (2019) 9-25 Biología y cultura Una deconstrucción, desde un punto de vista cristiano, de la obra de Y. N. Harari Francisco Rodríguez Valls Universidad de Sevilla Resumen: La obra de Harari es una proyección hacia el futuro de la situación actual de la humanidad. Está fundada en tres supuestos básicos: materialismo, cientificismo y ateísmo. Debido al fuerte reduccionismo de sus supuestos, su explicación de lo humano y del futuro de lo humano queda en una especulación interesante de conocer pero que carece de objetividad. Palabras claves: Harari, deconstrucción, Sapiens, Homo Deus, siglo XXI. Abstract: Harari’s work is a projection into the future of the current situation of humanity. It is founded on three basic assumptions: materialism, scientism and atheism. Due to the strong reductionism of its assumptions, its explanation of the human and the future of the human remains in an interesting speculation to know but that lacks objectivity. Keywords: Harari, deconstruction, Sapiens, Homo Deus, 21st Century. Yuval Noah Harari (1976), profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, se ha convertido en uno de los autores más mediáticos y discutidos de los últimos años. Se piense como se piense, e independientemente de que uno confíe o no en el juicio intelectual —además del mercantil— de las editoriales, es un autor con el que hay que entrar en discusión. Sus provocadoras tesis no dejan indiferente. En el presente artículo se pasa revista en tres puntos a cada uno de sus últimos tres libros, con el propósito de evaluar sus propuestas y, en la medida de lo posible, comprender los supuestos de los que parte y que le llevan a sostener las tesis que lanza a la humanidad en su conjunto. Además, se Fecha de recepción: 28 de abril de 2019 Fecha de aceptación y versión final: 11 de mayo de 2019 https://doi.org/10.46543/ISID.1928.1002 | ISSN: 1131-7027 | ISSN-e: 2660-7743 ISIDORIANUM 28/55 (2019) 9-25 Francisco RODRÍGUEZ V ALLS - 10 - establece una conclusión que resume lo tratado y se ofrece, en una nota final, una bibliografía de referencia que puede ser útil para someter a crítica la postura del historiador israelí. 1. DE LA BIOLOGÍA A LA LIBERTAD. ¿PUEDE ENTENDER HARARI LA HISTORIA HUMANA SIN DAR CUENTA DE LA SINGULARIDAD HUMANA? Harari escribe en Sapiens. De animales a dioses un ensayo de casi quinientas páginas sobre la historia de la humanidad. Es un magnífico escrito de divulgación que comete el error, grave, a mi juicio, de no manifestar en ningún momento sus supuestos. Tiene que descubrirlos el lector a medida que avanza en la obra. Si, como escrito de divulgación que es, va a ser leído por un público no especializado en los argumentos históricos y filosóficos, hubiera sido conveniente explicitarlos. Como muchos escritos antirreligiosos ampara expresamente su argumentación bajo el paraguas de la ciencia natural para apropiársela. Pensando bien, no se da cuenta de que la ciencia no tiene nada que decir, por su propia limitación metodológica, sobre la mayoría de las cuestiones que el autor supone que le da la razón. Es un libro que hubiera ganado mucho si se hubiera fundado en el reconocimiento de sus propias limitaciones conceptuales y no hubiese acabado en ser aquello en lo que se convierte: el manual de la visión que un ateo combativo tiene sobre la historia de la especie humana. En lo que sigue procuraré hacer lo que Harari no hace: poner de manifiesto lo que supone y que, a sabiendas o sin ellas, acompaña a toda la obra, como todo cuerpo tiene una sombra de la que no se puede separar. El autor resume bien su libro cuando señala: “Tres revoluciones importantes conformaron el curso de la historia: la revolución cognitiva marcó el inicio de la historia hace unos 70.000 años. La revolución agrícola la aceleró hace unos 12.000 años. La revolución científica, que se puso en marcha hace solo 500 años, bien pudiera poner fin a la historia e iniciar algo completamente diferente. Este libro cuenta el relato de cómo estas tres revoluciones afectaron a los humanos y a los organismos que los acompañan”.1 Como propósito global es apasionante. Ahora bien, ¿se realiza con imparcialidad y evaluando con objetividad y conocimiento los argumentos que se utilizan? Cuando se llega a una edad y se tiene capacidad mediática no se debe esperar que se carezca de conocimiento. Como a los militares, el valor se le supone, aunque la utilización constante de argumentos cientificistas (que no científicos) sea una forma de revestir las creencias personales de un paño de objetividad del 1 Yuval Noah HARARI, Sapiens. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad, Barcelona, Debate, 2015, 15. BIOLOGÍA Y CULTURA. UNA DECONSTRUCCIÓN, DESDE UN PUNTO DE VISTA CRISTIANO, DE LA OBRA DE Y. N. HARARI - 11 - que se aprecia que carece cuando se descubren las fuentes de donde bebe. Harari no es ignorante, pero es vehementemente parcial en sus argumentos. El supuesto fundamental del que parte es de un evolucionismo filosófico, que no darwinismo científico, que está presente en toda la obra. Afirmaciones como las que sigue jalonan el texto: “Del mismo modo que las personas no fueron creadas tampoco, según la ciencia de la biología, existe un Creador que las dote de nada. Solo existe un proceso evolutivo ciego, desprovisto de cualquier propósito, que conduce al nacimiento de los individuos”.2 Lejos de toda ciencia afirmar, por su propia naturaleza, nada acerca de la existencia o no de un Creador. La limitación a los procesos naturales hace que la ciencia no pueda dar el salto, aunque presente indicios, al ámbito sobrenatural. Harari, sin embargo, extiende un paradigma de lo natural groseramente materialista a toda la realidad: solo existe lo natural siendo lo natural lo material tangible. Ese supuesto le llevará a, por ejemplo, no comprender de manera suficiente la naturaleza del intelec- to humano a la hora de construir símbolos que “representan” cosas, pero que no son materiales. Eso no los convierte en menos reales que aquello que se puede tocar. Por eso a Harari le cuesta trabajo considerar que un ente ficcional, como es todo principio hacedor de cultura, que es en lo que consiste el símbolo, tenga tanta fuerza o más que lo material en la constitución de la historia humana. Su materialismo le lleva a afirmar: “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación común de los hombres”.3 Y, sin embargo, son esas fuerzas primordiales las que han movido el principal producto humano y las que distinguen lo humano del resto de lo evolutivamente formado: la cultura. La revolución cognitiva es la revolución del símbolo y para eso hace falta un tipo de conciencia que no casa bien con la evolución exclusivamente biológica. En el segundo punto precisaremos algo más esta afirmación. Así como en la revolución cognitiva humana Harari no puede comprender bien la naturaleza del símbolo como fuerza inmaterial motor de la cultura, tampoco puede comprender bajo mecanismos no evolutivos los logros de la revolución neolítica que supuso el fin del nomadismo al hacerse dependiente el ser humano de la agricultura y la ganadería. ¿Cómo ingresar en un sistema, podría decirse, que ata al ser humano a la tierra y lo separa de la libertad de ir a donde quiera? En ese sentido, frente a las engañosas ventajas de una vida nómada que solo puede echar de menos un romántico inconsciente de su condición socialmente aventajada, el ser humano se ancla a la tierra buscando la seguridad que no encuentra en otras formas de vida mucho más arriesgadas. Según Harari, lo que justifica el asentamiento humano es que permite la reproducción humana más que la forma de vida de los cazadores-recolectores. Dice así: 2 HARARI, Sapiens, 128. 3 HARARI, Sapiens, 41. Francisco RODRÍGUEZ V ALLS - 12 - “La moneda de la evolución no es el hambre ni el dolor, sino copias de hélices de ADN. De la misma manera que el éxito económico de una compañía se mide solo por el número de dólares en su cuenta bancaria y no por la felicidad de sus empleados, el éxito evolutivo de una especie se mide por el número de copias de su ADN”.4 Pero si esa fuera la medida de la evolución humana resultaría que las sociedades más adelantadas técnica e industrialmente, las más ricas y poderosas, son las menos evolutivamente exitosas cuando su tasa de nacimientos no sube del 1,2 por ciento en el mejor de los casos y tienen que acudir a regañadientes a la emigración para suplir su falta de población. Los materialmente más avanzados tienen menos hijos. Los más desarrollados no siguen el éxito biológico porque lo humano se rige por otros patrones de índole, no cuantitativa, sino cualitativa. La propia estrategia reproductiva de los mamíferos ha seguido esa misma línea que se ha traducido en una consciente planificación familiar en los países occidentales. Esa planificación se ha vuelto en contra del mismo Occidente y solo puede ser comprendida bajo parámetros no evolucionistas. Si el número de crías fuera la medida del éxito evolutivo sería congruente atacar las relaciones sexuales no reproductivas por antinaturales. Sin embargo, a este respecto, parece como si Harari hubiera sido cogido en un renuncio de lo políticamente correcto y, sobre ese tipo de relaciones, argumenta: “Desde una perspectiva biológica, nada es antinatural. Todo lo que es posible es, por definición, también natural”.5 Argumentando de forma tan a su conveniencia, sin criterio de coherencia, podría decirse que cae en el peor de los males: la falacia naturalista. Si nada hay antinatural porque todo lo posible es natural, se debe permitir el crimen porque es posible, se deben permitir las violaciones porque son posibles, se debe permitir toda violencia y sufrimiento porque son posibles… y, en consecuencia, naturales. Ese tipo de razonamientos ha acallado la conciencia humana durante siglos dejando el campo libre a todo tipo de poderosos, dominadores y aprovechados que justificaban que el bien no existe sencillamente porque nadie podía impedirles cometer sus tropelías. El hecho es que el mal existe y es la mejor de las pruebas contra el relativismo: si todo vale, da igual que se cause sufrimiento; pero, si eso no es verdad, hay y se debe luchar en contra del sufrimiento apelando a un orden, esta vez sí, natural, que le ponga fin. Esa ética que está en contra del sufrimiento innecesario es la que explica la objetividad del valor y la superación de un escepticismo que Harari no solo no termina de atajar sino en el que cae de manera estrepitosa. La biología humana nos lleva a la ética, a la formación consciente y voluntaria de hábitos. Los hábitos, producto de la libertad, pero convertidos en segunda naturaleza, en “instinto artificial” como llama Harari, concluirán en instituciones (hábitos sociales objetivados) que serán 4 HARARI, Sapiens, 101. 5 HARARI, Sapiens, 168. BIOLOGÍA Y CULTURA. UNA DECONSTRUCCIÓN, DESDE UN PUNTO DE VISTA CRISTIANO, DE LA OBRA DE Y. N. HARARI - 13 - asumidas inconscientemente por las nuevas generaciones que, a su vez, potenciarán su cambio a través de la ética y… vuelta a empezar en el ciclo sin fin del desarrollo humano. El ser humano abre su ontología a la ética y ella lo devuelve todo de nuevo a la ontología en un círculo que constantemente se retroalimenta. Llevado por un afán antirreligioso, otro de los supuestos que no explicita, Harari no acaba de distinguir bien entre lo que pertenece al campo de la religión y lo que pertenece a lo humano en su condición singular. Por ejemplo, el caso del ataque que, en nombre de la ciencia, hace de la libertad humana al querer acabar con la idea de alma. Escribe: “Nuestros sistemas políticos y judiciales liberales se basan en la creencia de que cada individuo posee una naturaleza interior sagrada, indivisible e inmutable, que confiere significado al mundo y que es el origen de toda autoridad ética y política. Esto es una reencarnación de la creencia tradicional del alma libre y eterna que reside en cada individuo, a pesar de que a lo largo de los últimos 200 años las ciencias de la vida han socavado completamente dicha creencia. Los científicos que estudian los mecanismos internos del organismo humano no han encontrado el alma de la que se habla. Argumentan cada vez más que el comportamiento humano está determinado por hormonas, genes y sinapsis, y no por el libre albedrío; las mismas fuerzas que determinan el comportamiento de los chimpancés, los lobos y las hormigas. Nuestros sistemas judiciales y políticos intentan barrer en gran medida estos descubrimientos inconvenientes bajo la alfombra. Pero, con toda franqueza, ¿cuánto tiempo más podremos mantener el muro que separa el departamento de biología de los departamentos de derecho y ciencia política?”.6 Las consecuencias de esa afirmación hunden todo orden social ético humano al no reconocer la responsabilidad que está unida intrínsecamente a la libertad. Si ninguno es libre, ¿por qué existen sistemas judiciales que pretenden rectificaciones de la conducta que serían a todas luces inviables? La consecuencia sería regresar a la ley del más fuerte y, con ello, a sistemas colectivos que devolverían, a todos los supervivientes de la lucha, a la sabana. Eso no parece que describa bien el futuro que Harari prevé y describe, por lo que no casa bien con sus tesis principales. Por otra parte, ¿cuál es la ciencia que niega la libertad? Una cosa es un programa de investigación científica que intenta establecer determinaciones naturales en la conducta humana y, otra muy distinta, es que ese programa haya demostrado hasta el momento alguna cuestión relevante y establecido fehacientemente que la libertad es una quimera. Confundir un intento con un logro indica que Harari cree que no solo lo posible es natural, sino que lo posible, cuando está de su lado, es de por sí verdadero. El problema es que el reino de la posibilidad es capaz de albergar en sí a los contrarios. Dejemos a la ciencia que adelante y establezca ella misma 6 HARARI, Sapiens, 262-263. Francisco RODRÍGUEZ V ALLS - 14 - sus propias limitaciones sin extrapolaciones improcedentes. El problema es que elaborar una historia de la humanidad destruyendo las características que hacen de lo humano lo que es, acaba por hacer una historia que es, de todo, menos de la humanidad. Uno de los graves errores de Harari es pensar que la religión pretende ofrecer un conocimiento pleno de la realidad natural. La religión es un saber de salvación y no pretende hacerle la competencia ni a la física ni a la biología. Evidentemente, si todo se reduce a física o biología, la religión sobra. Y sobraría también la autoconciencia y la libertad. Y, sin embargo, nadie ha podido demostrar, a pesar de que intentos no han faltado, que no existen, o son un sin sentido. Frente a la evidencia patente de ambas es en sus detractores en quienes está la carga de la prueba y no al revés. Si la existencia humana no está determinada, sino que es el propio hombre el que debe elegirla de acuerdo con las condiciones en las que vive y las circunstancias de las que parte, la religión no solo será útil sino imprescindible. Al menos para muchos. No será un mero lavado de cerebro, como Harari afirma del monoteísmo en alguna ocasión,7 sino un instrumento de conexión entre lo finito y lo infinito, lo temporal y lo eterno, que es lo que al cabo busca el corazón humano desde antiguo. Hay que establecer que el orden biológico y el orden existencial son diferentes. El existencial es propio de las personas y eleva la naturaleza finita a proezas culturales y espirituales jamás soñadas por ninguna otra forma de vida conocida. No hay otra alternativa que reconocer los logros del espíritu por muy biologicista que se sea. Lo raro es que ese reconocimiento, por su evidencia, no ponga a Harari entre la espada y la pared. Como siempre, apela a la ciencia: “Hasta donde podemos saber, desde un punto de vista puramente científico, la vida humana no tiene en absoluto ningún sentido. Los humanos son el resultado de procesos evolutivos ciegos que operan sin objetivo ni propósito. Nuestras acciones no forman parte de ningún plan cósmico divino, y si el planeta Tierra hubiera de explotar mañana por la mañana, probablemente el universo seguiría su camino como de costumbre. Hasta donde podemos decir en este punto, no se echaría en falta la subjetividad humana”.8 Puede que sea así, tiene razón en que el Universo seguirá su camino inexorable tras haber tragado al más radiante y complejo de sus frutos, pero si el origen del ser humano son procesos ciegos, sin embargo, al menos hay que admitirlo, cuando esos procesos cuajan en una subjetividad, la subjetividad pasa a poseerse a sí misma y a ser dueña del destino y del sentido. No es que el ser humano carezca de sentido, es que tiene que otorgárselo de una manera 7 HARARI, Sapiens, 238. Dice literalmente en esa página: “Dos mil años de lavado de cerebro monoteísta han hecho que la mayoría de los occidentales consideren el politeísmo como una idolatría ignorante e infantil”. 8 HARARI, Sapiens, 428-429. BIOLOGÍA Y CULTURA. UNA DECONSTRUCCIÓN, DESDE UN PUNTO DE VISTA CRISTIANO, DE LA OBRA DE Y. N. HARARI - 15 - adecuada a la estructura que lo constituye. En eso consiste su dignidad y para eso hacen falta las dos fuerzas principales que lo distinguen de todo lo demás: la autoconciencia y la libertad. Pero Harari sigue afirmando que solo es real lo tangible y, por eso, advertía al comienzo de este punto, está incapacitado para comprender lo humano: ¿cuánto pesa un pensamiento?, ¿y una elección?, ¿pueden pesarse los principios que dan lugar a una cultura?, ¿cuánto pesan los derechos humanos?, ¿y nuestro esfuerzo por salvar el planeta? Si Harari se diera cuenta de que lo real es distinto de lo que se puede palpar, hubiera escrito otro libro. Y lo digo también porque está errado en sus apreciaciones sobre lo que es científico y lo que no y ello le lleva a contradicciones evidentes. Nietzsche se mostró más moderado que Harari al afirmar de Dios, no que no existía, sino que había muerto. El filósofo alemán comprendió que la validez de Dios como fuerza creadora de la cultura va más allá de su existir. El ser humano, hecho a su imagen y semejanza, necesita de Él, lo busca por todas partes y no podrá descansar hasta que no lo encuentre vivo en su corazón. Resulta a todas luces curioso que Harari hable de un futuro humano en las propias manos de lo humano, y de que la evolución cultural ha trascendido la biología, si niega todo atisbo de libertad. Pero dejemos esa cuestión del futuro de la humanidad para el punto siguiente. No quiero adelantar razonamientos para no resultar reiterativo. 2. LA HUMANIDAD Y LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS. ¿PUEDE HARARI PRONOSTICAR EL FUTURO DE LO HUMANO SIN PREOCUPARSE DE CONOCER LA NATURALEZA HUMANA? Harari comienza su segundo best-seller, Homo Deus, hablando de la realidad menos tangible y más novedosa que ha aparecido en la historia reciente de los grupos humanos: la propia humanidad. Existe conciencia solo muy cercana en el tiempo de que formamos una única especie global. ¿En qué consiste su naturaleza?, ¿cómo será su futuro? La humanidad ha logrado domeñar, aunque él no los llama así, a los tres primeros jinetes del Apocalipsis: “El hambre, la peste y la guerra […] ya no son tragedias inevitables fuera de la comprensión y el control de una humanidad indefensa. Por el contrario, se han convertido en retos manejables”.9 Harari insiste, para que no se le acuse de ingenuo o de insensible, en que todavía muchos sufren y sufrirán por estas causas, pero que esos males forman parte de la agenda humana y que tarde o temprano logrará su eliminación. Pero aún nos falta uno de los jinetes: ¿qué ocurre con la muerte? El autor sigue en su respuesta a esta cuestión las líneas argumentales desarrolladas ya en su primer libro: el ser humano es exclusivo producto de una evolución biológica azarosa y no difiere 9 Yuval Noah HARARI, Homo Deus. Breve historia del mañana, Barcelona, Debate, 2016, 30. Francisco RODRÍGUEZ V ALLS - 16 - objetivamente en nada del resto de los seres biológicos. De hecho, parece concebirlo como si fuera una máquina cuyas partes, una a una, será posible sustituir en un futuro más o menos inmediato: “Los humanos siempre mueren debido a un fallo técnico. […]. Y cada problema técnico tiene una solución técnica”.10 Esa afirmación estaría fuera de lugar si al ser humano se le asignara algún tipo de característica ajena a la materia, pero Harari argumenta que el ser humano ni tiene alma inmortal ni es la mente o la conciencia individual lo que lo caracteriza de forma plena. Es coherente con los presupuestos que vimos en el primer punto. El problema de este segundo libro es que, aparte de reiteraciones innecesarias para los que hayan leído el primero, cae en sonoras contradicciones cuando, sosteniendo que el ser humano es un ser natural, le atribuye características específicas que no son materiales. Afirma que el alma no existe porque los científicos todavía no la han encontrado en los pliegues del cerebro, pero igualmente afirma que lo específico de lo humano como conquistador del mundo es lo que llama una “cooperación flexible”. Además de no explicar suficientemente esta categoría, cabría preguntarle: ¿en qué pliegue del cerebro se encuentra ese tipo de cooperación? Y ante eso se guarda un silencio que truena ante los que pensamos que la ciencia no es que todavía no haya encontrado esas realidades, sino que, sencillamente, no las puede encontrar por su reducción expresa al mundo natural. Sería como si pidiéramos a un ciego de nacimiento un análisis exhaustivo del espectro cromático. Pero la contradicción se agudiza cuando Harari introduce la ficción y la realidad intersubjetiva como piedras angulares del triunfo de la humanidad sobre el resto del planeta. Los órdenes imaginados constituyen, entonces, lo más humano de lo humano. Y he de darle la razón ya que, con ello, el autor descubre una América ya descubierta desde hace siglos. No ha encontrado más que la dinámica del hombre como ser simbólico, que es la fuente de donde nace toda cultura. El ser humano no es tal porque construya herramientas, antes bien, construye herramientas porque posee una sobreabundante capacidad de creación de símbolos. Pero no se trata solo de crear símbolos. También de comunicarlos estableciendo redes de sentido compartido. La herramienta está primero en la mente del diseñador y después se convierte en cosa. Las instituciones están primero en la mente del diseñador y después se convierten en estructuras sociales. La dinámica de la cultura consiste en una humanización del mundo que implica su transformación: la idea se posee y después se transforma material y espiritualmente la realidad. Contrariamente a las tesis que va enunciando, de repente, se da un giro y del ser humano que era puramente natural y que se reducía a biología y a puro algoritmo biológico11 se pasa a un ser que es capaz de cambiar todo lo que tiene a su alrededor, incluso la propia biología. Dice así: 10 HARARI, Homo Deus, 34. 11 Cf. HARARI, Homo Deus, 101. BIOLOGÍA Y CULTURA. UNA DECONSTRUCCIÓN, DESDE UN PUNTO DE VISTA CRISTIANO, DE LA OBRA DE Y. N. HARARI - 17 - “Durante el siglo XXI es probable que la frontera entre la historia y la biología se desvanezca, no porque descubramos explicaciones biológicas de los acontecimientos históricos, sino más bien porque las ficciones ideológicas reescriban las cadenas de ADN, los intereses políticos y económicos reescriban el clima, y la geografía de montañas y ríos dé paso al ciberespacio. A medida que las ficciones humanas se traduzcan en códigos genéticos y electrónicos, la realidad intersubjetiva engullirá por completo la realidad objetiva, y la biología se fusionará con la historia”.12 Harari, al final, ha encontrado sin proponérselo aquello que gran parte de la antropología realista, e incluso idealista de corte hegeliano, viene diciendo desde hace mucho tiempo: el hombre es un ser espiritual, en el sentido de que es creador de realidades y de mundos. El ser humano es trascendente, porque trasciende la naturaleza de las cosas en otras nuevas y es capaz de configurar sentidos de realidad nuevos. ¿Quiere decir esto que esas realidades son débiles ontológicamente hablando? Todo lo contrario, en tanto que el poder transformador configura el mundo material al antojo del espíritu, de acuerdo con su voluntad soberana. Harari ha descubierto la singularidad humana. Otra cosa, que es lo que está por ver, es que su singularidad le lleve y consiga transformar su naturaleza con propósitos de asimilarse lo más que pueda a la divinidad. ¿Necesariamente tiene esa divinización que llevar a lo post-humano? La singularidad humana no garantiza que todo vaya a mejor. Lo humano es libre en la aplicación de su poder. Ello implica la posibilidad de construir y la de destruir, la del egoísmo y la del altruismo, la de usar el poder para el dominio y para el servicio. El futuro es apertura y depende de cómo lo humano trace su futuro. Y aquí Harari descubre la dinámica —él no la llama así— del espíritu: el espíritu se convierte en estructura y se institucionaliza. De esta forma, como institución, viene a configurar un orden nuevo del mundo. Un orden que es más real que las propias cosas materiales. Configurar un orden a menudo ayuda a la gente porque les descubre muchos sentidos. También, a veces, las destruye si ese sentido se quiere imponer por la fuerza. Ese es el riesgo de toda institucionalización. La función de la institución es ofrecer respuestas que han sido eficaces en muchos momentos. Entre esas instituciones está la religión revelada y, aunque su dinámica se configure como las otras, su origen está en un inicio completamente distinto a la invención humana. El origen de la religión es el encuentro con Dios. Dios se manifiesta para transmitir al hombre un conjunto de verdades respecto de su salvación y, en la medida en que lo necesita para ella, respecto de la naturaleza del mundo. Incluso muchas de ellas son inaccesibles del todo a su inteligencia natural. A las primeras se las conoce con el nombre de preámbulos de la fe, a las segundas con el de misterios. A la religión le es necesario el misterio que le hace descubrir la autoridad divina y su capacidad para mostrar 12 HARARI, Homo Deus, 173. Francisco RODRÍGUEZ V ALLS - 24 - humano. Personalmente prefiero un conjunto de pensamientos y una interpretación de la historia que me permita una función más activa dentro de ella. No sé si podré cambiar el mundo, pero pido que, al menos, se me deje intentarlo. Que el ser humano deba conocer su mente tanto como sus mecanismos corporales me parece un propósito loable y que comparto. Lo que no veo es que sea un buen final después de haber cantado las alabanzas del materialismo, denostado a la religión como causa de todos los males y haber caído de rodillas ante un determinismo supuestamente científico y que no es otra cosa que ropaje objetivo para ocultar una ideología antihumana. Espero que el cuarto libro de Harari, cuando lo escriba, consiga una mayor coherencia y haga una propuesta al mundo que le sirva eficazmente para crecer. Y, con ello, no hacernos con él culpables de un crimen tremendo: la grave omisión del compromiso con los demás por haber querido comprender el mundo y, al final, haberlo rechazado como una pasión inútil ante la que solo cabe contemplarlo desde lejos. 4. CONCLUSIÓN Tres son los supuestos básicos en los que se inspira la obra de Harari: materialismo, cientificismo y ateísmo. Respecto del primero, concibe que solo existe la realidad palpable. Por ello, no puede dar razón de las realidades culturales que son consecuencia del simbolismo puesto que la realidad del símbolo es representar una cosa sin ser ella misma necesariamente una cosa. Esa situación le impide a Harari dar razón suficiente de la realidad construida por el ser humano en la que consiste la cultura. Si tenemos en cuenta el carácter eminentemente simbólico de lo humano, Harari no puede comprender lo humano. Respecto del segundo, pretende que la ciencia sea el fundamento de sus afirmaciones y constantemente remite lo que dice a ella. El problema es que entiende como probado lo que hasta la fecha son solo programas materialistas de investigación científica. Cae con ello en un fuerte reduccionismo filosófico del que posiblemente no sea consciente. Esa reducción hace que se le escapen aspectos esenciales de lo humano, por ello Harari no puede comprender en su integridad lo humano. Respecto del tercero, su ateísmo le lleva a pensar que la religión es causa de los problemas a los que se enfrenta la humanidad. La religión tendría la misión de garantizar un orden social ya obsoleto, por tanto, a su juicio, la humanidad haría bien en librarse de ella. Pero la religión no se reduce a ser tal, sino que más bien ha sido consustancial a lo humano desde su nacimiento hasta hoy. Por ello, al no poder explicar suficientemente la religión, la visión que da del ser humano queda corta. La obra de Harari es una proyección hacia el futuro de cómo será la humanidad teniendo en cuenta los problemas y soluciones que tiene y se le ofrecen BIOLOGÍA Y CULTURA. UNA DECONSTRUCCIÓN, DESDE UN PUNTO DE VISTA CRISTIANO, DE LA OBRA DE Y. N. HARARI - 25 - hoy en día. Reconoce que es una mera posibilidad y no una profecía que vaya necesariamente a cumplirse. La escritura del libro es ágil y llena de anécdotas e intuiciones sugerentes. Eso explica su éxito. Ahora bien, su parcialidad y radicalismo vehemente le quitan rigor y objetividad y la conclusión a la que llega es insuficiente puesto que deja, en una especie de quietismo contemplativo de lo que pasa, el futuro en manos de otros. Tal y como están las predicciones del futuro creo que cualquier posición que sostenga eso o algo similar debe dejarse de lado. El ser humano debe reivindicar la función protagonista que tiene en su propia historia y, ahora también, en el devenir del mundo.20 20 Cf. algunas obras que tratan temas parecidos con perspectivas diferentes Juan Arana, La conciencia inexplicada, Madrid, Biblioteca Nueva, 2015; Th. NAGEL, La mente y el cosmos, Madrid, Biblioteca Nueva, 2014; Francisco RODRÍGUEZ VALLS, Orígenes del hombre. La singularidad del ser humano, Madrid Biblioteca Nueva, 2017; Francisco SOLER GIL, Mitología materialista de la ciencia, Madrid Encuentro, 2013.