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Autobiografía parcial literaria

Morales Padrón, Francisco

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AUTOBIOGRAFÍA PARCIAL LITERARIA Por FRANCISCO MORALES PADRÓN Fueron los años del bachillerato testigos de una lectura descontrolada, para cuya comprensión carecíamos de formación libresca, leía en la Biblioteca del Mus eo Canario, leía de sordenadamente libros con olor a rancio que nos embriagaban, Lo mismo leía la Odisea, la !liada o La Divina Comedia, así como a Lamartine, a Berceo, al Arcipreste de Hita, Las Novelas Ejemplares de Cervantes, Atala, René, Hi storia del último Abencerraje ... Son títulos que me viene ahora a la memoria y que no sé si están citadas correctamente. Recuerdo muy especialmente la edición en Clásicos españoles En la Paz del Sendero de Ramón Pérez de Ayala, cuya primera estrofa repetía hasta la saciedad: Con sayal de amarguras, de la vida romero; 11 topé tras luenga andanza con la paz de un sendero. 11 Fenecía del día el resplandor postrero. 11 En la cima de un álamo sollozaba un jilguero . .. La inicial intención de mi escrito era realizar un itinerario per sonal por la lírica, subrayando lo habitual que es el conocimiento de composiciones de las que hemos retenido en la memoria un estribillo, y como en nuestra época versos de poetas famosos han sido popularizados por la canción de jóvenes conocidos por cantautores. El propósito ha quedado sobrepasado como el mismo título de estas páginas indica . No se redujo a una peregrinación por la lírica, sino por la literatura, en lo que a mi formación cultural se refiere. Por eso creo que habría que continuar el hilo de nuestra exposición para decir algo de lo que la prosa o la novela influyeran en mi persona- 84 FRANCISCO MORALES PADRÓN lidad. Ya he referido algunas de las lecturas que por instinto hice durante el bachillerato. El ámbito cultural, especialmente en lo tocante a lecturas, fue ampliado con los años; si n contar con un director orientador. Aumentó la nómina de autores precisos de conocer por exigencias de los estudios uni ve rsitarios. Algunos formaban parte d el grupo de los destacados; otros quedaron rezagados en mi interés. Ocuparon mi atención una se rie de autores que constituían el meollo como los denominados Generación del 98. De ellos y de mi curiosida d, así como por los críticos a los que lefa, llegaron hasta mí nuevos nombres y cuando ingresé en la Universidad lo hice en compañía de Bécquer, Valle lnclán, Azorín, Miró, Ortega, Pérez de Ayala, Machado, Baroja y Unamuno. A Gustavo Adolfo lo había leído durante el Bachillerato en sus rimas y, sobre todo, en sus Leyendas publicadas en una revista semanal con ilustraciones, creo, de Saenz de Tejada. Mi primera salida del dogal que atenazaba a mi isla lo hice hacia La Laguna, cuyo ambiente invernal me recordaba al q ue el escritor gallego describía en sus famosas Sonatas. La prosa de don Ramón María, con su famoso tresillo de adjetivos, me fascinó. El comportamiento del Marqués de Bradomín, católico, feo y sentimental seducía como si de un Casanova se tratase. Los salones, las cortinas, los amores de algunas de sus mujeres, los espejos, los rayos de sol moribundo penetrando en la oscuridad como la lanza fatigada de un Dios antiguo ... evocaban escenarios familiares, incluso el olor de los membrillos colocados entre las ropas por mi madre. Algo de aquella tramoya se vino aba jo cuando leí Crítica profana de Julio Casares. Con todo, he continuado disfrutando con las Sonatas y especialmente he valorado Tirano Banderas, la obra que para mí como americanista, constituye un hito en la historiografía sobre la figura del dictador, retrato que ningún otro autor ha conseguido mejorar. Me deleitaba la lectura de Azorín, por lo que dice Ortega y Gasset: en Azorín no hay nada solemne, majestuoso o altisonante. Es todo lo contrario de un 'filóso fo de la historia', en sus renglones lo pequeño ocupa el primer rango, y lo grande, lo monumental queda reducido a un breve ornamento. Modelo de esta sencillez es el consejo de Azorín sobre el sa ber escuchar: Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero AUTOBIOGRAFÍA PARCIAL LITERARIA 85 cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, u.nos no conversan. es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, sí la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba .... Las estampas que Gabriel Miró ofrece en Figuras de la Pasión, rebosantes de luz y exotismo, me sedujeron tempranamente. Transmiten con plasticidad todo lo que es la tierra de Palestina con la figura imposible de mejorar del Rabbí de Nazaret. Ya el inicio de la primera estampa tira por uno: Levantaron las mujeres sus ojos al azul de la tarde, y prorrumpieron en palabras de júbilo y bendiciones al Seiior. Muy alto, entre Cafarnaum y Bethsaida, venía el gracioso triángulo de una bandada de grullas. Doc e aves vio María Salomé. Y las contaba con nombres: Mateo, Tomás, Felipe, Bartolomé, Simón el Zelota, Santiago el Menor y su hermano Judas, Simón Kefa y Andrés su hermano , y Santiago y Juan. ¡ La de la punta. el Rabí! ¡Sus hijos, sus hijos volaban al lado de la grulla cabecera! . Ortega y Gasset me interesó como ejemplo de Jo difícil podía expresarse con claridad y sencillez, por su estilo y por su fondo filosófico sirviéndome de modelo al desplegar mi actividad corno escritor: Mis memorias -nos dijocontarán también, junto a mi vida efectiva, las que pude vivir, vidas desnucadas antes de nacer, pobres existencias que para siempre quedaron exangües sin ser cumplidas, espectros errabundos que son nuestro múltiple ser fracasado. No se trata de abstractas posibilidades, sino que cada ser humano lleva en torno al núcleo de su existencia efectiva un elenco concreto, individualismo de otras posibles vidas suyas y sólo suyas. A principios de siglo se desata una importante polémica anticlerical, an tijesuita, por culpa del carlismo, los privilegios educativos de la Iglesia, y los grandes colegios alzados por la Compañía, en muc ho s de los cuales estudiaron Ortega, Azaña, Juan Ramón, Azorín y Pér ez de Ayala causantes de esta actitud antijesuita, que el último autor mencionado recogió en la novela A.M.D.G. de excelente prosa, pero duro texto crítico a la pedagogía de la Compañía, muy en la lín ea de la s obras Electra de Galdós y el Jard ín de los frailes, de Azaña, que figuran mencio- 86 FRANCI SCO MORALES PA DRÓN nadas por Pérez de Ayala, sin que fa ltasen aportaciones de va lor defendiendo la labor educacional de la Compañía. El panorama pedagógico que Ramón y Cajal narra en su obra Mi infancia y juventud recuerda un sistema semejante al descrito por Pérez de Aya la en su obra A.M.D. G. De Machado rendí culto al autor de Juan de Mairena, al de las Soledades, al de Campos de Castilla de Castilla ... al de Leo- nor, cuya tumba he visitado en dos ocasiones; he repudiado al poeta de los escritos políticos y panfletarios, al del romance infantil La prima vera ha venido del brazo de un capitán... o La primavera ha venido y don Alfonso se va ... o La Rep ública se ha ido. Nadie sabe como ha sido. Mi guel de Unamuno, ahora un tanto silenciado, lo leímos algo forzados pues su prosa no era de nuestro gusto; nos convencía en él la ausencia de un vasquismo patológico incapaz de proclamar como él lo hizo: Es hermoso, grandilocuente y sonoro el idioma castellano, idioma que lo mismo requiebra que alienta a la pelea; pero es suavísimo el bable; vigoroso, el catalán; el andaluz, muelle y gracioso; vivo, nuestro euskara, y melancólico y dulce, el gallego .... De Baroja nos gustaba la acción, el sinnúme ro de sus personajes, su mala sintaxis, su afirmación, de que la historia de España está por hacer, la actual no es mas que una novela pesada sin ningún valor. Estábamos a su lado en su concepto del libro histórico, siempre en un segundo plano en relación con el lib ro de ficción realista en cuanto a testimonio de época, ya que, la historia es una rama de la literatura que está sometida a la inseguridad de los dato s, a la ignorancia de la causa de los hechos y a las tendencias políticas y filosóficas que cor re n por el mundo. A Baraja pertenecía la primera novela que pude comprar en una librería de viejos de la calle Muro, con mi dinero de estudiante: A venturas, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox. Al margen de autores que fueron clave en mi formación queda la figura de Blasco lb áñez, sin que este significara na da para el aspecto formal de mi personalidad literaria. Me es imposible ahora toda referencia a cuando y porqué l eí media docena de novelas debidas al autor valenciano. Este autor, influenciado por Hugo y Zol a, nos atraía por la pintura que hacía del costumbrismo AUTOBIOGRAFÍA PARCIAL LITERARIA 87 de su tierra, por sus descripciones de desnudos femeninos, que lo hacía en ocasiones tremendamente erótico, y por su narración de viajes y propias experiencias. Ello lo convertía en una especia de escritor prohibido, y quizás por ello leímos aque ll as sus novelas de quien nos resultaba instintivo, muy poli tizado, independiente y ajeno a cualquier clase de tertu1ias. Blasco fue un escritor que despertó un interés mundial, que repercutió hasta en Hollywood (Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Sangre y Arena, Rodolfo Valentino). Muerto en Francia, la repatriación de sus restos constituyó una auténtica apoteosis, y t al vez por ento nces fue cuando yo, a través de publicaciones revisteriles, supe de él. Circunstancialmente, desaparecido ya Blasco Ibáñez de mi interés, en los años 50 viajé a Valencia, invitado por el colega José Llavador para gozar de Ja fiesta locales. En su compañía y en la de un hermano suyo, visité el edificio de lo que fuera Ja editori al Prometeo, fundada por Blasco Ibáñez, en cuyo despacho pude contemplar una bella ánfora griega que el hermano de mi amigo, que había comprado el citado edificio, no dudó en regalarme ante mi sorpresa y admiración. Ella hoy decora mi residencia veraniega junto al mar onubense de Punta Umbría. De nuevo, coincidí con el novelista valenciano cuando visitando La Habana por cuarta vez en 1994, encontré y compré en un puesto de libros radicado en la plaza donde se alza la Capitanía General de Cuba las primeras ediciones de En busca del Gran Khan , El caballero de la Virgen y La vuelta al mundo de un novelista. Las primeras me había interesado siempre por ser novelas históricas de Blasco muy relacionadas con mi especia li dad. La anécdota referida la traigo a colación cual testimonio de la enorme sangría cultural sufrida en algunos países como Cuba o la Argentina y que ha permitido a conocedores de lamentables situaciones económica s, adquirir innumerables bibliotecas privadas. Me hubiera complacido conocer a muchos de estos autores, pero he de conformarme con haber tratado, y que no es poco, a Juan Ramón Jiménez. ¿Cómo ocmTió ello?1 En el año 57 viajé a 1. Parte dt: lo que aquí se dice forma parte de un artículo titulado "'El último Juan Ramón .. publicado en "La Estafeta Literaria. Madrid, l febrero ¡ 953·· y que se glosa parcialmente en el lomo III del Diario de Zenobia, Alianza Editorial. 2006 Pág. 387-8. 88 FRANCISCO MORALES PADRÓN Puerto Rico pasa asistir a un congreso, portando papeles que el ayuntamiento de Moguer remitía al poeta. Fue un día en que no lo esperaba, como dijo Rabindranath Tagore, una mañana, bajo la s frondas del tropical Campus de Río Piedras, y sin que faltase el canto del coquí, encontré a Juan Ramón en la "Casita de huéspedes" de la Universidad puertorriqueña. De sca nsaba sentado, con la cabeza hundida en el pecho. Vestido de oscuro. En tomo a él la señora del Rector, la simpática señora Mendoza; Connie Saleva, secretaria del Rector y ex secretaria de Gabriela Mistral, y la enfermera del poeta, la señorita Guzmán. Las mujeres hablaban, y Juan Ramón escuchaba. Muy cerca, sin darnos cuenta del visitante, estábamos los habitantes de la Ca si ta, cua ndo me indicaron al poeta. Le veía de perfil. Fui hacia él y me pre sentaron. Sonó la voz del tercero diciendo que yo era de Moguer. .. -¿ Es de Moguer ?- preguntó el poeta, alzando ligeramente la cabeza, serio, con recelo . .. -No, no soy de M og uer. Vengo -contesté -de Mog 11 er y le traigo un mensaje de su pueblo-. ¡ Ah! , exclamó para comenzar un silencio que ya no interrumpió. La respiración se le hi zo más convulsa. Dominaba un fuerte ca lor. Las mujeres le miraban con una sonrisa maternal. Juan Ramón respiraba agitado. Le había impresionado que yo fuera de Moguer, según me dijo liego Miss Connie Saleva. Con la cabeza inclinada, actitud muy suya ahora, rumiaba Dios sabe qué recuerdo s. Las mujeres reiniciaron la charla y Juan Ramón Jiménez quedó so lo con su cabeza agachada. Volvió otro día a la Universidad y no lo vi. Yo había ido con un amigo puertorriqueño al viejo cementerio de San Juan a ve r la tumba de Pedro Salinas. Junto al mar , cobijada por leprosas murallas de viejas fortificaciones del imperio, se alza apenas la tumba de mármol gris del gran poeta muerto lejos de su patria. ¿Por qué? Sentí angustia. Años atrás, también junto al mar , vi la tumba de otro poeta hispano: Antonio Machado. En Collioure, rozando al Ampurdán por el lado del mar latino, descansa el sencillo Machado esperando que lo lleven a la patria tan cercana y tan lejana. Aquí en las Antillas, cara al amplio Atlántico, reposa Salina s. Collioure, humilde, bello, pescador con olor a mar y a historia . .. San Juan de Puerto Rico, "ciudad murada", moderna, la del cordero echado, abierta al mar de las sorpresas . .. Dos tumbas, dos poetas de España sin España. AUTOBIOGRAFÍA PARCIAL LITERAR IA 89 Antes de abandonar San Juan, quise volver a visitar a Juan Ramón. Lejos, en Hato Tejas, vive el poeta recluido en una clínica. Ni yo, ni mi buen amigo Rodolfo Barón Castro, sabíamos si sería posible ver al poeta. Tampoco el caba lleroso don Sebastián García González, Decano de Humanidade s, que nos facilitó el auto para llegar hasta Hato Teja s. Pero al siguiente día salíamos para Ciudad Trujillo y había que hac er lo impo sible por e ntr egarle a Juan Ramón los papeles que yo le traía de Moguer. San Juan, en esas mañanas suyas co nge stionadas de tráfico, se fue quedando atrás. Hato tejas se acercaba por una carretera llena de anhelo. Llegamos. La fachada de la clínica, rodeada por una verja y un andén para autos, se asomaba a la misma carretera principal. Cerrada. hostil. Sin aire mod erno en la construcción. Tocamos y tocamos. Nadie contestaba a nuestras llamadas. Por fin alguien, una , dos tres cabezas de hombre hablaron por una ventana baja y nos indicaron Ja puerta que subía por una escalerita exterior que moría en un minúsculo vestíb ul o en el cual un enfermero examinaba ciertos paquetes. A la izquierda una habitación despacho; al frente un pasillo en penumbras que terminaba en un patio lleno de luz. -¿Don Juan Ramón? ¿Lo podemos ver? -No sé; ahora mismo estaba en el patio paseando. Esperen llamaré a la er~fermera. Sonriente, bonita, apareció una enfermera joven a quien volvimos a exponer nuestro deseo. Somos e.')paiioles, estamos de paso, y deseamos ver a Juan Ramón Jiménez. -No sé si es posible. Lo consultaré -Y desapareció para volver al rato con esta extraña respuesta: Se lo vamos a bajar. Si no lo hubiera yo visto días antes, hubiera hecho miles de elucubraciones sobre la salud del Premio Nobel. Yo le había visto y sabía que estaba bien. Sabía, también, por Connie Saleva que me atendió gentilmente en el antedespacho del Rect or , que Juan Ramón había estado hec ho una auténtica calamidad human a. Tras la muerte de Zenobia se había encerrado en su habitación. con las ventanas cenadas. Durante un año no salió, ni se cuidó de su persona. Daba lástima. La señorita Saleva, que actúa igualmente como secretaria del poeta, le hablaba desde una habitación cercana y sólo la enfermera podía entrar en su cuarto. Había que cambiarle las ropas a la 90 FRANCISCO MORALES PADRÓN fuerza. Daba pena. Quena morirse. Pero un hábil pero duro tratamien- to -me contc.u-on -le había vuelto al mundo. Y el poeta se recuperó físicamente. Yo lo he visto, y Miss Saleva me ha encargado con simpatía que transmita a la familia del poeta el magnífico estado en que se encuentra y lo que ha hecho por él para traerlo a la vida. De pie sentíamos pasar los minutos largos y ansiosos. ¿Bajaiia? Del patio. inundado de sol, se aproximaba la figura encorvada de Juan Ramón Jiménez apoyada levemente en la blanca figura de la enfermera. Serio. interrogante sin interrogar, nos miró el poeta y con una voz baja nos invitó a sentarnos. No recuerdo cómo comenzó la conversación. El poeta, vestido de oscuro, con la corbata floja en su nudo -denotando que se lo hacen- , su barba ya blanca y ese mirar que pintó Vázquez Díaz, nos preguntaba en el rincón del vestibulito. La enfermera joven, que no es la habitual suya, se retiró a la habitación cercana. Yo le entregué los papeles y fotos que traía , le hablé de mi buen amigo Gorostidi, Alcalde de Moguer y alma del mensaje . .. Lentamente miró las fotos. No se alteró ni un ápice. Eran fotos de las tumbas de sus padres. Moguer, su pueblo, le ofrecía un lugar donde reposasen Zenobia y él cuando Dios en su día lo llame. Luego comenzó a leer la carta de la alcaldía. Levantó los ojos y me dijo: Lo veré luego. Y no s preguntó por nosotros, qué éramos, qué hacíamos en Puerto Rico, a dónde íbamos. Barón Castro. diplomático salvadoreño, y español de sentimientos, le explicó todo. Le hablamos de La Rábida, de nuestra Universidad de Verano, de Moguer y del homenaje que anualmente la Universidad le hace al poeta en Fuente Piña. Barón Castro, que había sido este año precisamente quien cerró el acto, volvió a revivir el homenaje de Fuente Piña. Juan Ramón escuchaba callado. Y yo, mirándole a él y escuchando a Barón , di vida en mi mente a aquel atardecer espléndido, cien por cien juanramoniano. Yo me imaginaba a Moguer, entre los pinos y las viñas, con ligeras columnas de humo al cielo y el cielo multicolor al fondo, más allá de la ría ... Juan Ramón escuchaba ¿Qué sentiría? Se siguió hablando de cosas más antiguas; de una visita que Barón le hizo cuando era más joven ... Por cierto que Barón se equivocó al citar la calle de Madrid donde vivía el poeta y éste, AUTOBIOGRAFÍA PARCIAL LITERARIA 91 rápido, le corrigió. Se barajaron nombres de per sonas por las cuales Juan Ramón Jiménez preguntaba, y Barón Castro piadosamente le decía que vivían ... Pero algunos ya es taban más que muertos. La entrevista se prolongaba. Yo en tonces, anhelante por saber dos cosas. le dije a Juan Ramón Jiménez: Me agradaría llevar algo a Moguer, para Moguer, de usted. Allí siempre están deseando recibir algo suyo, cualquier cosa ... . Llena de nostalgia y de infinita tristeza sonó la respuesta de Ju an Ramón Jiménez: ¿Qué voy yo a enviar a Moguer? Mi corazón, mi alma toda está en Moguer ... . No esperaba tal contestación y sentí un escalofrío que me atolondró. Torpemente le insistí, diciéndole ... Me agradaría llevar algún libro suyo, una última edición ... . Y el volvió a explicarme que no tenía nada consigo, que todo estaba en Río Piedras, en el Seminario de la Universidad que llevaba su nombre y el de Zenobia. Varias veces había yo estado en dicho Seminario. Está junto al de don Federico de Onís, en la planta baja de la Biblioteca Universitaria. Una señorita encargada, muy simpática, me atendió siem pr e y me explicó muchas cosas. Allí estaba todo el mundo de objetos personales de Juan Ramón Jiménez y de Zenobia. Una lámpara, un Platero de trapo, una figura. libros dedicados, dibujos de Platero, originales, ediciones en todas las lenguas de sus versos, Platero trotando en todos los idiomas ... Y una vieja gramola cuya tapa había sido herida por el poeta al morir Zenobi a. Con un estilete la había tatuado con Zetas rabiosas y temblorosas, l as cuales rodeaban a un corazón grabado con el mismo objeto por Juan Ramón Jiménez en el centro de la tapadera. ¿ Qué pensó al terminar su tarea? Porque con ira clavó el estilete en el mismo corazón y rompió la vieja tapa ... Todo en el Seminario estaba desordenado, tal y como lo dejó Zenobia al mo rir. Ella lo arreglaba entonces, pero él ya no quiere variar nada. Y allí se amontonan las cosas. Entre ellas vi aun día a Juan Ramón Jiménez sentado firmando lentamente una maravillosa y última edición que se ha hecho de Platero y yo. Nos debíamos ir. Juan Ramón se mostraba fatigado. Habíamos hablado mucho. De nuevo volví a preguntarle por algo que deseaba, a toda costa, saber: ¿ Por qué no vuelve usted a España? Todos le e::,peran. Todos le quieren. En Mogu er han arreglado su casa para cuando usted vuelva. 98 FRANCISCO MORALES PADRÓN lee, sino que se oye . Otra confesión fue que en su mesita de noche tenía a Cervantes y a Quevedo. También recuerdo que cuando le intenté convencer para que escribiera su autobiografía. me puntualizó que su vida estaba escrita en sus novelas, y, glosando a Jorge Manrique. añadió: mis novelas son ríos de recuerdos que 1• wz a dar a la mar. Algo similar confiesa Francisco Ayala cuando escribe que la biografía de un escritor consiste en sus escritos. Y es que estos recogen realidades, experiencias e intimidades propias. Siempre he lamentado no anotar sobre la marcha el contenido de las conversaciones sostenidas con personajes que pasaron por mi casa. Sólo de Sábato, que estuvo una seg unda vez, aproveché para poner por escrito lo que estuvimos hablando. Vino con Matilde. su mujer. Luciendo un bigote a lo Clark Gable y vestido a la inglesa. con chaqueta blaiser y pantalón gris Des de siempre lo consideré un buen conversador. que no cesaba de hablar. Entre lo mucho que estuvimos hablando, puedo recordar su elogio a la reina doña Sofía . que Je llamó ''maestro " al entregarle su discurso. por lo que sobre el cuerpo y del alma hab ía expuesto el autor argentino cua ndo recibió el Premio Cervantes. Éste le dedicó el discurso a Ja reina. De don Juan Carlos. comentaba que era hombre campechano y simpático. pero también se mostró duro con los militares del Proceso. que habían destrozado a su país económica. política y espiritualmente. Contó que en caso de un golpe militar. un amigo le confesó que sería de inmediato liquidado por haber presidido la Comisión antigolpista argentina. pero él no cree en un golpe ni en la vuelta de Jos guerrilleros. Hizo grandes elogios del Presidente Alfonsín. y se mostró duro con García Márquez. que había ido vestido de campesino a recibir el Premio Nóbel. Pe se a que lo detestaba. él lo propuso para el Premio Cervantes junto con Rulfo y Antonio Gala. Al hablar de las tragedias colombianas (volcán Nevado del Ruiz) se preguntó ¿ Por qué Dios permite la desgracia de los nUios?, comentándose a sí mismo los niíios y los animales no son culpables, sólo l os adultos. Par eció insinuar como una duda la existencia de Dios. añadiendo que si el hombre es incapaz de inzaginar la iliflnitud, con ma yor razón es incapaz de suponer cómo es Dios. AUTOBIOGRA FÍA PARCIAL LITERARIA 99 -- - --- -- - --- ------- · - -- También recuerdo al referirse a sus problemas de visión. su mujer Matilde contó que recibía un libro diario, llegando a poseer una biblioteca de más de 10000 volúmenes. la mayoría de lo s cuales los regalaba debido a su imposibilidad de leer. No así ocun-ía con sus propias obras. que no las regalaba por timidez. sí en cambio se las enviaba a su hermano de quien sabía no las leería. En relación con su inm ed iata novela manifestó que trataría de un soldado sup er - viviente de la co lonización española en el Estrecho de Magallanes. fracasada, y de la que se salva un soldado que provisto sólo de un arcabuz y caminando llega hasta Buenos Aires. La limitación o incapacidad de visión que le afectab a. sin embargo, no le apartó de su otra gran pasión. pintar. Se habló mucho de toros y el poeta académico Joaquín Caro demostró su amplio conocimiento del tema. En la conversación, y no se porqué razón o motivo. Sábato a modo de consejo o advertenci a. me dijo: Siempre que encuentres a alguien que te haga desagradable la vida. prescinde de ella. Buen consejo. Si importante resulta conocer a los autores y las novelas en las que se pinta una dictadura. mas int eresa nte resulta conocer al dictador. De los que aparecen en los relatos cuyo contenido impor taba para novelar un régimen. de los llamados strong-man por los americanos. hemos conocido a tres: Rafael Leónidas. Trujillo. Alfredo Stroen er y Juan Carlos On ganía. Trujillo. que nos pareció ligeramente maquillado para disimular unas facciones mulatoides. coopresidió con su hermano Héctor, entonces presidente, algunos actos en los que participábamos en un congreso de historia. Visitamos su famosa Casita de Caoba. gran ropero para sus múltiples uniformes. Algunas noches lo vimos paseando seguido de un grupo de amigos. siguiendo al parecer un a costumbre. Nos fu e dado la oportunidad de ver de cerca y de saludar a un hombre cuyo horrible sistema de gobierno había yo citado críticamente en el n um ero 18 de la Revista Estudios Americanos. or iginando una prot esta de la e mbajada dominicana y la retirada de la citada publicación. Sabiendo. como yo sabía. de lo que era capaz el régimen de Trujillo, que conocía por el famoso libro de Jesús Galíndez, que le cos tó la vida al autor. no era extraño que no me atreviese a escribir un diario o unas cartas hablando del país por donde yo entré por primera vez a América . 100 FRANCISCO MORALES PADRÓN Sucesor de Trujillo fue Joaquín Balaguer profesionalmente, profesor de literatura, y políticamente una prolongación de Trujillo, por Jo cual lo incluimos aquí entre los pr esidentes autoritarios que han servido de modelo a las novelas sobre el dictador. A Balaguer lo saludamos y conversamos con él en dos ocasiones, en los años 1976 y 1977 en que yo, acompañado de un grupo de universitarios sevillanos, fuimos invitados por el presidente a la misa y desayuno posterior que se celebraba en el Palacio Nacional. Balaguer era físicamente un personaje que pasaba desapercibido; bajito, con un pañuelo en la mano, hierático, de piel clara, voz débil. vestido de claro. pero siempre con un so mbrero negro. lucía una camisa blan ca con puntos azules. Parecía enfermo y durante la ceremonia no se santig uó o persignó una vez. Recibió amablemente un ejemplar de mi Historia de América, y me regalaría dedicado muy expresivamente, un esp léndido estudio suyo de la prosa colombina. A Stroener lo visitamos una comisión española acompañada por el embajador de España Giménez Caballero que alardeaba de ser. por así decirlo. un consejero del militar paraguayo, frente a cuya casa vivía cambiándose impresiones de valla a valla. Cuando entramos en el despacho de Stroener a mi me to có quedar junto a él en un extremo de la mesa presidencial, una de cuyas gavetas permane cía abierto y en el que se veía una pistola. Onganía, militar de caballería, representaba en su aspecto ser lo que era, lo que el escritor David Viñas denomina en una de sus novelas Los hombres de a caballo. He conocido a otros novelistas hispanoamericanos en cuyas novelas no encontramos testimonios sobre la realidad americana que buscaba. Pudiéramos relacionar a varios con los que tuvimos trato. Son los casos de: Onetti , Abel Pose y Sergio Ramírez. A Onetti hospedado en un hotel al pie de la Giralda, hubo que buscarle otra residencia porque no resistía las campanadas de aquella; me explicó que le había afectado el hab er vivido junto a un hospital de niños anormales cuyos gritos le desvelaban. Se deleitó en mi compañía contemplando un desfile de cruces de mayo infantiles con las que nos cruzamos en el barrio de Los Remedios. De él me ha quedado la afirmación de que el único compromiso del autor es consigo mismo. Sólo los malos escritores creen que tal compromi- AUTOBIOGRAFÍA PARCIAL LITERARIA 101 so debe ser expresamente político y añadió, ¿Qué me importa perdurar si yo no voy a estar presente para enterarme?. Con Abe] Pose comentamos su obra Daimon cuyo personaje el Loco Aguirre utilizado ya por novelistas venezolanos y, especialmente, por Senderen La locura equinoccial del Loco Aguirre. Sergio Ramírez, que había sido Vicepresidente de la república del gobierno sandinista, me facilitó un panorama del momento de la literatura centroamericana, y el mismo me regaló su novela Te dio miedo la sangre. Para el tema de las dictaduras, incluí a un autor no español y fue así como conocí y traté a Francisco Ayala. Pude conocerlo en Puerto Rico, un día en que estando en el aeropuerto boricua de Isla Verde, me encontré con un colega que me dijo aguardaba el arribo de Ayala procedente de Buenos Aires, pero este vuelo se retrasó. y Ayala siguió siendo un desconocido aunque de él me enteré de todo lo relativo a su positiva labor editorial en la Universidad, donde fundó la importante revista La Torr e. Para ello contó siempre con el apoyo del rector Jaime Benítez. De su estancia en la isla, Ayala dejaría numerosos escritos, de los cuales destacó entre el mundo puertorriqueño, la novelita Isla de Macacos que luego tituló Historia de Ma cacos. Para hablar de Ayala, como él lo hace en ocasiones con una prosa magnífica, incisiva, punzante, de un hombre muy inteligente y muy culto, hay que ser otro Ayala. Este en sus Recuerdos y olvidos (1966-2006), evidencia sus simpatías y antipatías. Malévolo con Juan Ramón y esto lo vive Zenobia que en el tomo lII de sus Memorias recientemente publicado no cita ni una vez a Ayala, pese a la unión y relaciones que hubo entre el granadino y la pareja. Los olvidos de Ayala sorprenden así como las omisiones de figuras claves en la cultura boricua. No entendemos que no se recuerde y olvide la personalidad y labor cultural de Ricardo Alegría al frente del Instituto de Cultura Puertorriqueña. En cuan to a la discutida Historia de macacos (¿macacos o monos los boricuas?) Ayala explicaba más de una vez el origen de la novelita y que, salvo el ambiente tropical, dice él, nada tiene que ver con la acción ni con J os personajes, con la realidad borinqueña. Yo pude conocerle, como dije, pero no fue posible el encuentro, sería más tarde en Sevilla. Volvería a España creo que en 1956. Años m as tarde estuvo en Sevilla llevado por una común amiga, Olga Katán, y 102 FRANCISCO MORAL ES PADRÓN yo le invité a participar en una te1tulia en el Colegio Mayor Heman do Colón ( 1966). Sorprendía su memoria. sus afilados juicios, su humor a veces mordaz. Sevilla Jo confiesa. Je captó enseguida. En ella s ituó la acción de su novelita El hechi-::.ado. Volvería en 1996 de nue vo invitado por mí. que como director de la Fundación Focu s, había organizado un ciclo de conferencias bajo el título de La Sevilla de ... Recuerdo que Javi er Benjumea, presidente de Focus-Abengoa, me acompañó en una visita que hicimos al novelista en su casa de Ma - drid. cerca de Las Cortes. Ayala, como siempre, pr óx imo a cumpl ir los 100 años. desmTOlló ante nosotros un ingenio y memoria prodigiosa. En su conferencia en Focu s, nos contó cómo es posible situar una acción con visos de realidad en un escenario ideal, no co no cido directamente, que era lo que él había hecho en su obra El hechizado. Aunque me he desviado de mi camino, lo que pretendía consistía en demostrar como no me limité a utilizar exclusivamente autores americanos para tratar de los problemas de aquel continente. En el anális is de las novelas in spiradas en las dictaduras, no só lo era prec is o citar siempre a novelistas hispanoamericano s, sino a otros como eran los casos de Valle Inclán y Ayala el cual mani fi esta que no se inspira en una dictadura de la Am ér ica hispana y que su dictador Bocanegra, nada ti e ne que ver con los Somoza nicaragüenses. De lo que llevamos escrito, y ya entramos en el tramo final, creo que es posible extraer una co nclusión: que hemos sido un gran lector. y ello pensamos se debe al ejemplo familiar. Sin pertenecer a una familia de intelectuales. y sin el ejemplo o los medios de algunos miembros dueños de estudios universitarios, quienes fu eran mis padres en primer lugar. y luego los cerca nos al núcleo familiar, mostraron ejemplarmente una notable a fi ción por la música que lo evidenciaba: un a serie de pianos existentes en vm fos de esos hogares donde transcu rr ió mi infancia; y casi un vicio por la lectura, un interés por los libros, un deseo de saber, quiz ás para evadirse del pequeño mundo de su pueblo. Yo mis mo , siendo niño leí Cuentos de u.na re ina (Isabel de Rumanía. an te cu ya tumba ya mayor me sería dado invocar aquella lectura infantil); en la escuela leí Flor de leyendas; y ya adol esc ente La Cartuja de Parma. que estaba entre la media docena de libros qu e una tía-madrina poseía en una habitación, en la que dormitaban también una romántica mandolina y un piano en el que ella tecleaba "El lago de AUTO BIOGRAFÍA PARCI AL LITERARIA I03 ~~ ~~~ ~~ ~~~ ~ Como'", lo cual pienso era su fórmula para llenar la vida de un matrimonio sin hijos y un perro llamado "Dandy". Más que conclusiones, sería un consejo dictado desde mi co ndición de docente universitario: que se l ea y que se escriba, son dos sanos ejercicios. La mejor universidad es una biblioteca escribió Carlyle. Tenemos por amigo al que está siempre disponible, y no hay mejor amigo que un libro. Todo escrito implica un cuándo. un por qué y un para qué. Al finalizar las anteriores páginas nos hemos hecho tales interrogaciones. ¿Por qué y para qué las escribimos. Fueron redactadas, mayormente, entre las dos y las cuatro de la madrugada, en días en que molestias personales, ausencias definitivas de amigos o colaboradores. enfermedades de allegados. ocupaciones y preocupaciones tras las cuales siempre había prisa, separaciones académicas, etc., formaron parte de mi entorno. Había publicado una monografía formada por una selección de artículos de prensa que titulé Soíiando caminos a la cual seguiría otra para la que escogí un segundo título. sirviéndome nuevamente de los versos de Machado: Caminos de la tarde sin caer en la cuenta que un día la acción de caminar o atardecer son dos vocablos que me han fascinado siempre y que han ejercido en mí una extraña atracción porque en ellos se encierra lo que constituye nuestra vida, un hacer camino que concluye en un ocaso detrás del cual yace un misterio porque como se preguntaba Machado ¿A dónde el camino irá? Dos puntas tiene el camino cantan los chilenos. Dicen que en el dar los po streros pasos de Jo que constituye el último tramo de nuestra existencia, por ejemplo una jubilación. esta suele ser penosa. ya que le acompaña achaques y limitaciones. Ciertamente, conozco per sonas y amigos que al abandonar el ámbito y la actividad que constituían su motivo de vida, han caído en una especie de trauma, que les conduce a encerrarse sobre sí mismos; a aislarse; a envejecer rápidamente; a incluso convertirse en seres amargados e irritables, sin interés por nada; dispuestos a criticar todo y a no aceptar nada de lo nuevo. Miran de continuo al pasado y no tienen futuro, olvidándose que no vale la pena vivir si no se tiene una razón para vivir. El futuro precisamente es nuestra razón de ser. Sin memoria no existe el pasado, pero sin olvido no 104 FRANCISCO MORALES PADRÓN existiría el futuro para seguir proyectando. Hemos de olvidar el pasado que fue negativo. La vida humana está hecha más de olvidos que de memoria. Nuestra capacidad de olvido debe servirnos más que nuestra capacidad de recordar. Sin memoria, por supues- to, no existe el pasado. pero sin olvido no existiría el futuro que es nuestra razón de ser. Estos amigos y conocidos a los que aludía antes, suelen olvidar lo que acabamos de manifestar. Hay que tener presente que para proyectar y hacer cosa s, hay que olvidar los desaciertos y frustraciones o fracasos. Sueño eterno del hombre ha sido el quererse bañar en las aguas del río Leteo, río del olvido. A esos, repito, amigos y colegas caídos en una postración un tanto negativa , hay que hacerles ver que la vejez, la jubilación por ejemplo, no es un ocaso definitivo, y que hay que estar atentos al presente. Porque hay un tiempo para hacer, para proyectar, para rectificar o para continuar aunque no hayamos tenido éxito. Hay que vivir para vivir y no para sobrevivir; es decir , hay que persistir en una actividad: hay que continuar decidiendo y eligiend o. La vida es un continuo elegir y decidir. Son estas reflexiones y consideraciones que nos las hicimos al alcanzar una hora que implicaba una separación académica de lo que habíamos estado haciendo toda la vida. Y en lugar de sumergirnos en una quietud malsana, insistimos en ser algo para alguien, y esto es lo que hemos hecho, aunque el repaso de nuestra historia literaria de la impresión de un intento por recrear al pasado para consolarnos de un presente que nos puede resultar ingrato. No ha sido así. Hemo s mirado hacia atrás para continuar andando, conscientes de que no hay que olvidar, ni tampoco dejar para mañana el tener ilusiones.