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Producción de singularidades y mercado global: el estudio antropológico del turismo

Hernández Ramírez, Javier

Abstract

La Antropología del Turismo es un campo de estudio que tiene un gran porvenir, pero para alcanzar esta situación se han debido superar una serie de prejuicios académicos. En el artículo se analizan las causas de la tardía consolidación de este campo de estudio, así como las trampas del eclecticismo y las aproximaciones ideologizadas imperantes, al tiempo que se propone un marco teórico y metodológico para la investigación del turismo.

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Boletín Antropológico ISSN: 1325-2610 [email protected] Universidad de los Andes Venezuela Hernández Ramírez, Javier Producción de singularidades y mercado global. El estudio antropológico del turismo. Boletín Antropológico, vol. 24, núm. 66, enero-abril, 2006, pp. 21-50 Universidad de los Andes Mérida, Venezuela Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=71206602 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto – 21 PP PP Prr rr roducción de singularidadesoducción de singularidades oducción de singularidadesoducción de singularidades oducción de singularidades y mercado global.y mercado global. y mercado global.y mercado global. y mercado global. El estudio antropológico del turismoEl estudio antropológico del turismo El estudio antropológico del turismoEl estudio antropológico del turismo El estudio antropológico del turismo JAVIER HERNÁNDEZ RAMÍREZ* Departamento de Antropología Social Universidad de Sevilla RR RR RESUMENESUMEN ESUMENESUMEN ESUMEN La Antropología del Turismo es un campo de estudio que tiene un gran porvenir, pero para alcanzar esta situación se han debido superar una serie de prejuicios académicos. En el artículo se analizan las causas de la tardía consolidación de este campo de estudio, así como las trampas del eclecticismo y las aproximaciones ideologizadas imperantes, al tiempo que se propone un marco teórico y metodológico para la investigación del turismo. Palabras Clave: Universalismo. Eclecticismo. Apriorismo. Glocalización. Producción de singularidades. The Emergence of Singularities in the Global Market. Tourism As an Anthropological Study AA AA ABSTRACTBSTRACT BSTRACTBSTRACT BSTRACT The anthropology of tourism promises to be an upcoming field despite academic reluctances. This paper analyzes the reason why this field has not been developed and addresses the eclectic attitudes which are hindrances, as well as investigating certain approximations which have become dominant ideologies. At the same time the parameters of a theory and methodology for research in tourism are proposed. Key Words: Universality, Eclecticism, Apriority, Glocalization, Emergence of singularities Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 22 – Un hecho social total Desde la perspectiva holística propia de la antropología, el turismo se interpreta como un hecho social total en el sentido propuesto por Marcel Mauss (1971) porque más allá de la visión académica dominante, que lo restringe a una industria o un negocio, es un fenómeno que está presente en cada nivel y en todos los sectores de la vida social, así como en las áreas menos visibles y tangibles de la realidad, tales como los sistemas de signos y los procesos simbólicos (Lanfant, 1995), en las expectativas, motivaciones y prácticas sociales de los individuos y en los modos de ver y relacionarnos con los otros. Del mismo modo que el potlach o el kula eran interpretados por Mauss como: “hechos que ponen en juego a la totalidad de la sociedad y de sus instituciones porque los problemas que plantean son al mismo tiempo jurídicos, económicos, religiosos e incluso estéticos y morfológicos”, tras una práctica tan habitual hoy en día como es partir para realizar un viaje turístico subyace todo una compleja maraña de elementos macro y microsociales en la que está involucrada la totalidad de nuestro universo cultural. En las sociedades occidentales sobre todo, que son las principales regiones emisoras, el turismo se ha instalado como un fenómeno que deja caer su influencia en los ámbitos de la producción, del ocio y del consumo, en la organización del territorio, en los modos de vida, en la visión de la propia historia e identidad o en la relación con el patrimonio cultural. Además de una válvula de escape de las tensiones y la fatiga del trabajo y de un regulador de los tiempos y los espacios, el fenómeno incide en los valores, en las costumbres y en los comportamientos. Por ejemplo, si dirigimos nuestra mirada hacia la moda y los patrones de consumo podemos observar cómo se generaliza una forma de vestir desenfadada en la que es difícil acertar si el individuo está de vacaciones o no, o si éste es un forastero o un vecino más. La incidencia del turismo en las costumbres también se evidencia en el cada día más extendido hábito de estar bronceado durante todo el año o en la práctica de co- Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 23 mer fuera de casa en restaurantes de comida extranjera. Estos individuos, que se desplazan por las ciudades hacia sus trabajos bronceados, ataviados con mochilas, botas o ropas de exploradores o viajeros y que frecuentan establecimientos exóticos, parecen querer simular un permanente estado de vacaciones. Los anteriores ejemplos –y otros muchos que podrían citarse, muestran que la experiencia turística está marcando nuestras vidas y que la misma se prolonga más allá del viaje, ya que impregna la cotidianidad, invadiendo el espacio reservado al tiempo del trabajo y de la producción. En palabras de Jean-Didier Urbain se está produciendo: “una importación de gestos, de usos, de productos y de modos de vida que son el efecto rebote del desarrollo del turismo y de sus prácticas en nuestra propia vida social” (1993:291). La expectativa del disfrute del viaje y la estancia fuera del lugar de la cotidianidad está presente en el horizonte vital de los ciudadanos de las sociedades occidentales, que conciben el turismo no sólo como una recompensa por el trabajo realizado, sino como un derecho personal y una experiencia legítima e irrenunciable cargada de sentido y de significados. Pero su práctica polariza a la sociedad en dos grandes bloques: los sectores que pueden optar por su disfrute y aquellos a los que les está vedada cualquier modalidad por no disponer de recursos para viajar; y, a su vez, segmenta al primer gran sector según el tipo de turismo practicado. Por esta razón, el sistema de estratificación social se ve afectado por el turismo, ya que los distintos tipos de consumo turístico, al evidenciar las diferencias sociales existentes, constituyen un claro indicador de la desigualdad, estableciendo un nuevo factor de jerarquización social. Poder disfrutar de un viaje prolongado en destinos alejados y no masificados funciona social y simbólicamente como un marcador de la distinción y una fuente de prestigio; por el contrario, la imposibilidad de su práctica genera frustración y es un principio de conflictividad social, pues se percibe como la negación de un derecho inalienable y constituye un factor que visibiliza la precarización Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 24 – e incluso exclusión social de crecientes grupos poblacionales. Esta dimensión del fenómeno muestra, una vez más, que las repercusiones del turismo, y lógicamente su análisis, van más allá del espacio y del tiempo propios, introduciéndose en la vida cotidiana. Dada la relevancia del hecho turístico, la antropología puede aportar claves para la comprensión de la experiencia de los individuos: sus percepciones, motivaciones, expectativas y prácticas sociales. Pero también puede contribuir a desvelar el papel del fenómeno como una poderosa fuerza contemporánea inductora del contacto entre culturas, que modela un nuevo marco para las relaciones interétnicas. La simple evidencia de que la actividad moviliza a millones de personas desplazándolas por todo el planeta, atravesando fronteras culturales, revela que el turismo ha intensificado el contacto entre diferentes pueblos y culturas, desarrollando una extraordinaria capacidad para difundir ideas e imágenes preexistentes sobre los otros culturales, pero también para reelaborarlas e incluso generar otras nuevas. Visto de esta manera, el turismo inaugura un nuevo marco de relaciones interétnicas, porque es un factor generador de etnicidad, de sus límites y de nuevas formas culturales que se intercambian en un mercado global que demanda lo singular, lo extraordinario y lo puro, aspectos que se han convertido en valores escasos en un mundo cada día más homogeneizado. Las sociedades que optan o se ven presionadas a optar por la especialización turística viven también profundos cambios económicos, ecológicos y sociales. Uno de los aspectos que más afectan a estas sociedades es la demanda de autenticidad de los propios turistas que se desplazan para consumir con sus divisas, su mirada o su cámara fotográfica los espacios paradisíacos o las culturas exóticas ofertadas y anticipadas visualmente por la industria (Urry, 2002). La expectativa genera profundas e irreversibles transformaciones en el interior de estas sociedades que afectan a su identidad, porque lo que se les pide es que mercantilicen aspectos tangibles e intangibles de su cultura y tradiciones. Las repercusiones culturales del fenó- Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 25 meno son muy diversas, lo que exige adoptar un enfoque científico que nos permita comprender globalmente tal heterogeneidad. Es precisamente la abarcabilidad del fenómeno turístico la que lo convierte en un hecho social total, porque más allá de constituir una actividad económica capaz de poner en movimiento a cerca de mil millones de personas cada año, es un fenómeno que impregna a toda la sociedad1. Por todo ello, difícilmente podría entenderse la realidad actual tanto de las sociedades emisoras como de las receptoras sin tener en cuenta su influencia, ya que el fenómeno se ha convertido en un rasgo definitorio del momento histórico presente. Primeras miradas y consolidación del campo de estudio Aunque los primeros trabajos centrados en el turismo se remontan a los albores del siglo XX2, el interés de la antropología social por este fenómeno es relativamente reciente, ya que el primer estudio fue publicado en 1963 por Theron Núñez. Este trabajo pionero fue casi excepcional, ya que salvando contados estudios, en los sesenta apenas se desarrollaron investigaciones de caso centradas en el turismo y cuando éste se trataba era como un aspecto secundario en el marco de otros objetivos científicos (Crick, 1992). El asunto merece una reflexión ya que durante esta década y la siguiente comenzó a expandirse el turismo de masas a escala planetaria. Sin embargo, la mayor parte de los investigadores ignoraron el fenómeno, mostrando interés casi exclusivamente por el estudio de poblaciones alejadas que eran contempladas como comunidades, es decir, como universos socioculturales completos y autónomos. Prueba de ello es que no fue hasta 1974 cuando se celebró en la ciudad de México el primer simposio académico sobre turismo dentro en un congreso organizado por la American Anthropological Association (Yamashita, 2003). Este desinterés general de la antropología por el turismo dio vía libre en los sesenta al paradigma de la Modernización, desde el que se interpretaba que este sector de actividad constituía una vía Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 26 – idónea para alcanzar el desarrollo y la convergencia de los países considerados atrasados con las sociedades industriales avanzadas. Las voces críticas emergieron una década más tarde como reacción a los enfoques liberales de la modernización y a los efectos negativos del turismo en determinadas zonas del tercer mundo. En este contexto y en el marco de la teoría de la Dependencia fue creciendo el interés antropológico por el fenómeno. Los estudios de caso subrayaban una y otra vez las consecuencias perversas del turismo, concebido como una actividad depredadora que mancilla todo lo que toca, destruye el mismo objeto de su deseo y perpetúa el círculo vicioso del subdesarrollo en el sur y el desarrollo en el norte.3 En el siguiente cuadro se muestran los principales argumentos de ambas corrientes teóricas y el debate que generaron, el cual sigue hoy estando vigente: Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 27 TURISMO Teoría de la Modernización Teoría de la Dependencia El turismo rescata a las sociedades tradicionales del aislamiento, porque propicia la integración en la economía mundial, convirtiéndose en una vía idónea para la convergencia con las sociedades más prósperas. La integración económica mundial a través del turismo puede propiciar la dependencia y la pérdida del control local de la economía y de la toma de decisiones políticas. El turismo fomenta un crecimiento global de la economía, generando una espiral creadora con el poder de un efecto multiplicador o de arrastre sobre el resto de la economía, convirtiéndose en un factor de dinamización y diversificación. El turismo es una actividad monopolística que subordina al resto de la economía a sus demandas. Otras veces hace declinar las formas tradicionales de organización económica (producción, distribución, intercambio y consumo). El turismo atrae divisas que circularán repetidamente en la economía local. Asimismo, la mayor parte de los beneficios obtenidos por el capital extranjero revertirá en la economía local. En las sociedades subdesarrolladas el grado de reversión económica de los beneficios obtenidos por el capital extranjero se reduce en proporción directa al crecimiento de la actividad turística. El turismo contribuye a la financiación de infraestructuras y a otras inversiones estratégicas (tecnología, industria, equipamientos, educación, sanidad, etc.). La creación de infraestructuras, servicios y equipamientos para servir a las necesidades del turismo y de los turistas acrecienta la dependencia y el subdesarrollo, ya que los elevados costes de las mismas son pagados por los países receptores que, a menudo, se endeudan por ello. Los ingresos turísticos permiten equilibrar la balanza de pagos, contribuyendo a mitigar el déficit de la balanza comercial. El turismo incrementa paulatinamente la deuda en la balanza comercial. El pago de los intereses de la deuda promueve la dependencia en lugar del efecto contrario. El consumo turístico potencia toda economía local. Una parte importante de los productos consumidos por los turistas se elabora en los países emisores. La importación provoca una fuga de capitales hacia el extranjero, una crisis de viabilidad de las producciones locales incapaces de competir, así como inflación, estableciéndose una creciente presión sobre los precios de los productos y los recursos. El turismo desencadena efectos territoriales positivos. Favorece la distribución espacial de las rentas entre las zonas que reciben turistas y el resto. Este fenómeno se produce sobre todo gracias a los salarios de los emigrantes estacionales o temporeros, los cuales retornan a sus lugares de origen con una parte de la renta obtenida, que interviene como una importante inyección económica de zonas rurales, a veces deprimidas. El turismo desestructura la organización espacial y demográfica de los países receptores al impulsar la emigración hacia los destinos turísticos. A su vez, propicia la transformación del suelo rústico en urbano y consecuentemente el abandono de actividades agropecuarias tradicionales y el deterioro del medio ambiente. El turismo genera empleo en su sector de actividad e induce a la creación de puestos de trabajo en otros sectores productivos. El turismo entendido como un sector generador de empleo y riqueza es un mito. El empleo que genera el turismo es mayoritariamente: precario, flexible, inestable, descualificado y, al mismo tiempo, destructor de otros puestos de trabajo y de otras actividades. El turismo acelera la incorporación de la sociedad a la Modernidad. Permite superar las formas tradicionales de control social y promueve la democracia. La penetración del turismo en algunas zonas incrementa la dependencia económica y, al mismo tiempo, limita la soberanía de los pueblos sobre sus naciones. Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 28 – Paulatinamente el turismo terminó adquiriendo pleno reconocimiento en la disciplina, consolidándose este campo como una especialidad específica dentro de la antropología social. Tres causas fundamentales explican este desarrollo: de un lado, el hecho de que se haya convertido en una verdadera industria de masas; de otro, que en las ciencias sociales se impongan nuevos modelos teóricos que suponen la superación tanto de los paradigmas culturalistascomunitaristas como de los presupuestos apriorísticos de las teorías de la dependencia y la modernización; y, finalmente, porque han surgido nuevas preocupaciones derivadas de los profundos y acelerados cambios que se viven en la actualidad como la urbanización, la expansión de las multinacionales, la polarización social, la progresiva degradación medioambiental, la difusión de las tecnologías de la información, la crisis de los estados-nación, la democratización y el crecimiento del ocio, la masificación de la cultura popular, el interés social por la memoria y la mercantilización de la cultura y del patrimonio. Estos temas son analizados como aspectos que están interrelacionados dentro del más amplio proceso de globalización en el que el turismo se inserta como un elemento de primer orden (Boissevain, 2002). Desde esta perspectiva el turismo se analiza como un fenómeno internacional que acelera y acentúa el proceso de globalización, al tiempo que refuerza las dinámicas locales e incide muy significativamente en multitud de aspectos como la organización de los espacios, los usos del territorio, la gestión del patrimonio, las formas de pensar y de vivir, el consumo, las relaciones interétnicas, etc. Dada la evolución experimentada y los avances científicos, la antropología del turismo es un campo muy fértil de la producción científica que tiene un gran porvenir; no obstante, para llegar a esta situación han debido superarse una serie de prejuicios. Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 35 sistema se ha utilizado hasta la saciedad el modelo de producción aplicado en la fábrica Ford, el llamado fordismo, sin atender al producto de este trabajo, que no eran otra cosa que automóviles, ni a los profundos cambios socioculturales desencadenados por la paulatina generalización del uso de este medio de transporte (Lash & Urry, 1998). Pero es que incluso cuando se estudia la movilidad de personas, el prejuicio académico continúa. Por ejemplo, suele gozar de mayor reconocimiento y considerarse más importante el estudio de las migraciones que el del turismo, porque el primero está relacionado directamente con la esfera laboral y el segundo se asocia superficialmente al ocio, aun cuando las consecuencias sociales, territoriales, culturales y económicas que provoca sean indiscutibles. Al mismo tiempo, el turista es un sujeto injustamente vilipendiado, tanto si se le compara con el idealizado viajero (ver Urbain, 1993) como con el inmigrante. La siguiente afirmación expresa claramente este tratamiento descalificatorio: “La figura del turista sólo puede comprenderse a la luz de la del inmigrante como su reverso y su denuncia” (Alba, 2006:8). Se pregunta Crick: “¿No será que a las personalidades académicas les resulta difícil tomarse en serio como campo de investigación un fenómeno tan vinculado al ocio y el hedonismo?” (1992:348). Afortunadamente, esta concepción del turismo como un hecho frívolo, evasivo, dependiente de la esfera productiva, está siendo superada; no obstante, persiste cierto lastre que impide la consolidación institucional y científica plena de este campo de la antropología. De hecho, todavía hoy existe una variable aceptación de la antropología del turismo dentro de la disciplina. En España, es una especialización muy reciente: es aún reducida la producción bibliográfica, aunque tiende a ampliarse gracias a la creación de revistas especializadas y a la demanda social y de instituciones públicas de estudios sobre turismo cultural y patrimonio cultural. Sin embargo, la implantación académica de este campo de la antropología social es muy reducida. Prueba de ello es que sólo en tres de las catorce Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 36 – universidades del Estado español donde se cursa la titulación de Licenciado en Antropología Social se imparta esta materia, quedando la misma circunscrita a cursos especializados y de doctorado.4 El crecimiento de las titulaciones de turismo constituye una oportunidad histórica para la consolidación académica de este importante campo de la antropología social.5 En el terreno científico persiste un enfoque productivista que, como decíamos, dificulta una consolidación plena de la antropología del turismo. Desde esta óptica lo que se considera importante es el estudio de la dimensión económica del sector, y otros aspectos como pueden ser las motivaciones turísticas, los significados de la experiencia o los impactos socioculturales del turismo, sólo adquieren relevancia si sirven como instrumentos para la promoción de los destinos, el incremento de la demanda, la planificación o el desarrollo. Se adopta por tanto un enfoque parcial y economicista, que soslaya una perspectiva holística del fenómeno que lo contemple como hecho social total. Aunque las conexiones con el mundo de la producción son evidentes, las dimensiones no directamente económicas del turismo no pueden quedar reducidas a simples epifenómenos de la esfera material. En otras palabras, el turismo no puede ser globalmente comprendido si se reduce a un sector de actividad, una industria y un negocio, porque es un fenómeno característico de nuestro momento histórico que genera dinámicas muy diversas, tal como se ha tratado de mostrar anteriormente. El estudio de tal complejidad y la necesaria superación del reduccionismo legitima a la antropología del turismo como una especialización dentro de la antropología social. Universalismo, eclecticismo metodológico y apriorismo ideológico A pesar de que los estudios sobre turismo en Antropología Social comienzan a ser abundantes, tal como indicábamos, aún se carece de enfoques teóricos con capacidad para explicar globalmente Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 37 el fenómeno. De acuerdo con Aguirre, los estudios de turismo en antropología social se encuentran en situación pre-paradigmática (1993), con lo que coincide Cohen cuando sostiene que, aunque son muchos los estudios realizados desde las ciencias sociales: “ninguno aguanta una evaluación empírica y muchos adolecen de una orientación teórica y contribuyen poco a una construcción teórica” (1984:51-65). Uno de los primeros problemas que plantea el estudio del turismo es la definición de las fronteras del objeto de investigación. En este asunto existen visiones diametralmente divergentes. Hay autores que se han esforzado en desarrollar teorías universalistas sobre el turismo. Destaca Graburn (1989) con su interpretación psicologista del fenómeno, el cual lo asocia a una conducta humana exploratoria que está presente en todas las sociedades. Según el autor, el turismo es la manifestación contemporánea de esta conducta, que en otras etapas se expresaba mediante distintas prácticas como las peregrinaciones, las cruzadas o la celebración de actividades lúdico-festivas. También Nash (1981) sostiene una teoría universalista al indicar que el desplazamiento motivado por la búsqueda de ocio se ha producido en todos los estadios de la historia de la humanidad. Estas teorías fueron elaboradas en un contexto en el que los estudios sobre turismo estaban necesitados de reconocimiento científico y académico. Al insistir en la universalidad del fenómeno, ya fuera por la existencia de un “gen viajero” o una concepción del trabajo y el ocio como categorías permanentes e inmutables, pretendían establecer las causas explicativas del turismo para así legitimar su estudio. Sin embargo, de acuerdo con Meethan (2001), las sobre-generalizaciones en la definición de turismo desdibujan los límites y objetivos necesarios para un enfoque científico, sin contribuir en nada a la formación de un marco teóricometodológico explicativo y operativo que sirva para abordar esta compleja realidad. En el otro extremo se sitúan aquellos autores que sostienen que, dada la complejidad del turismo, no es posible hallar ninguna Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 38 – teoría que pueda explicar y englobar todas las actividades y variedad de formas que adopta el fenómeno, por lo que el propósito de formulación de una teoría socio-antropológica capaz de interpretar el fenómeno tendría que ser abandonado (Dann & Cohen, 1991, Tribe, 1997, Méndez Muela, 2003). En palabras de Dann & Cohen: “debería quedar claro que no existe una teoría del turismo que lo abarque todo, pues el turismo, como cualquier acción humana, es un campo de estudio que comprende muchos focos y dominios y al que se pueden aplicar correctamente varias aproximaciones teóricas” (1991). La circunstancia, lejos de constituir una limitación, supone para algunos una ventaja que debe ser celebrada, porque permite unir esfuerzos y desarrollar un enfoque multidisciplinar (Tribe, 1997). A nuestro modo de ver el problema de esta posición es que se puede llegar a un eclecticismo teórico y metodológico que interprete que todas las disciplinas y teorías son válidas, incluso aquellas que parten de concepciones y fundamentos antagónicos. Esto podría conducir a un relativismo teórico que asumiría acríticamente aproximaciones analíticas y metodológicas de distintos enfoques. Un ejemplo claro de esta posición ecléctica, en la que se celebra el empleo de distintos enfoques y se combinan como en un cóctel, sería la propuesta que hacen Dann & Cohen cuando señalan que: “algunos de los mejores trabajos sobre sociología del turismo han sido eclécticos, mezclando elementos de una perspectiva con otra, más que optando por un único punto de vista... Es necesario combinar ideas sociológicas con aquellas que vienen de otras disciplinas de las ciencias sociales” (1991). Pero tal como plantea Harris, esta posición que persigue explicar el fenómeno turístico recurriendo a una gran variedad de hipótesis que son heterogéneas y a veces contradictorias corre importantes riesgos: “el eclecticismo está lleno de peligros ocultos. En la práctica, la mayoría de las veces no es más que un eufemismo de lo que más exactamente tendría que llamarse confusión, aceptación indiscriminada de teorías contra- Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 39 dictorias, bancarrota del pensamiento creativo, disfraz de la mediocridad” (1979:247). Es cierto que el turismo genera diversidad de situaciones. Por ejemplo, las respuestas de las sociedades locales a la entrada de turistas son muy diversas: unas veces, se traducen en el rechazo de los propios nativos a su cultura y la adopción de patrones occidentales en un proceso de aculturación; otras, por el contrario, el interés turístico por las tradiciones locales refuerza la identidad y la autoestima de las sociedades receptoras; y otras veces, la demanda de autenticidad genera nuevos procesos de construcción cultural. ¿Tendríamos que interpretar estas divergentes respuestas con modelos teóricos también diferentes? En este sentido, Harris sostiene que el uso de diversas aproximaciones teóricas: “no refleja la naturaleza de los fenómenos socioculturales, sino más bien la ausencia de principios”; es decir, la carencia de un marco teórico capaz de explicar la complejidad del fenómeno y establecer generalizaciones. “Lo que el eclecticismo garantiza, al escoger los principios epistemológicos y teóricos según lo que convenga a cada rompecabezas, es que sus soluciones no quedarán conectadas con un principio coherente” (1982:314). Al contrario de lo que opinan los eclécticos, el empleo de muchas teorías y aproximaciones disminuye nuestra capacidad de comprensión en vez de aumentarla. En este debate, Meethan (2001) apuesta por diferenciar entre el nivel empírico y el nivel teórico, alertando de que deberíamos ser cautelosos para no caer en una actitud complaciente que simplemente acepta la diversidad de aproximaciones teóricas más que intentar explicar la variedad de circunstancias que revela la etnografía. Y es que la diversidad descansa en el nivel empírico, no en el teórico y el propósito de la teoría es precisamente sintetizar, explicar y generalizar la pluralidad empírica. Esta diversidad empírica aporta la información necesaria para la construcción de la teoría, pero no constituye la explicación en sí misma: la ciencia consiste en algo más que responsabilidad ante los datos: existe también la Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 40 – responsabilidad de los datos ante la teoría... No es posible ser fiel a los hechos y ser al mismo tiempo indiferente a la teoría” (Harris, 1979:247). Claramente los temas que pueden ser investigados son amplios y complejos, pero esto no justificaría la adopción de una perspectiva distinta para cada asunto que se investiga. El problema no está, por tanto, en los temas que se desean investigar, ni tampoco en las técnicas de investigación empleadas; el problema consiste en adoptar eclécticamente marcos teóricos distintos para cada asunto. Junto al universalismo y al eclecticismo, son abundantes los trabajos que proponen interpretaciones del turismo fundadas en planteamientos ideológicos y opiniones carentes de apoyos empíricos suficientes. Este modo de aproximarse a la realidad, que podríamos denominar apriorismo ideológico, produce generalizaciones sobre el fenómeno poco o nada contrastadas que no matizan la diversidad de situaciones existentes, incurriendo así en afirmaciones -unas veces simplistas otras más elaboradasque supuestamente tienen un carácter universal y que se ajustan a las visiones e ideologías de sus autores. En este sentido, abundan los trabajos en los que se asume acríticamente que el turismo es la alternativa al desarrollo de las “áreas deprimidas” y que el patrimonio cultural es aquí su recurso más valioso, lo que les lleva a proponer como fórmula o receta de aplicabilidad universal la patrimonialización de la cultura como estrategia de desarrollo (García Marchante, et al, 2002). Otros, por el contrario, sostienen que el turismo implica siempre una mercantilización de la cultura que conduce a la pérdida de los referentes, usos y significados tradicionales e incluso del control local sobre el territorio (Greenwood, 1989). Del mismo modo también encontramos quienes argumentan que el turismo implica la transformación de las ciudades o de partes de éstas en escenarios para la contemplación turística (Delgado, 2003) y los que, por el contrario, aseguran que es la vía para revitalizar social y urbanísticamente los cascos históricos (Marchena, 1998). Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 41 En todos los casos se evidencia un claro sesgo ideológico cargado de una suerte de prejuicios a favor o en contra del turismo y, sobre todo, la ausencia de un enfoque científico capaz de analizar rigurosamente el fenómeno a partir de un marco teórico consistente, desde el que se formulen hipótesis que puedan ser verificadas mediante la aplicación de una metodología y técnicas de investigación basadas en el trabajo de campo. Sólo de este modo, a través del contraste y la comparación de las etnografías turísticas, podremos sintetizar, explicar y establecer generalizaciones que expliquen la diversidad. Un marco teórico para la investigación del turismo Frente a las aproximaciones economicistas que contemplan el turismo exclusivamente como un sector de actividad más, que puede analizarse aisladamente mediante indicadores como el cálculo de viajeros, pernoctaciones y balanza de pagos, una aproximación teórica comprehensiva del fenómeno supone enmarcarlo dentro del proceso de globalización y localización «glocalización» característico de la actual etapa del capitalismo. Visto así, como un mercado global de lo local, su estudio puede contribuir a esclarecer cómo se materializa el proceso de globalización capitalista por todo el planeta, las formas adoptadas por el mercado, los diversos patrones de consumo, la multiplicación de nuevos productos que se ofertan, así como la diversidad de respuestas locales a estas dinámicas globales. La escala planetaria que ha alcanzado el turismo se asocia a la consolidación de grandes corporaciones multinacionales, algunas de las cuales cuentan con presupuestos superiores a los de muchos Estados. Lo forman redes de empresas de transportes, cadenas hoteleras, tour-operadores, etc. que, gracias a las nuevas tecnologías y a la universalización de los sistemas de organización social del viaje, cuentan con gran capacidad para facilitar el desplazamiento de millones de personas a todos los confines del globo, controlar toda la actividad desde los puntos de emisión de viajeros, hasta los Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 42 – propios destinos y modelar los gustos y las expectativas de los turistas. Es decir, en el turismo intervienen procesos a gran escala que favorecen e intensifican el consumo global. Pero en pocos sectores es tan evidente como en el turismo la comercialización de lo particular, donde son los propios consumidores los que se desplazan al lugar de la producción, que son los destinos. Este rasgo intensifica la globalización, porque implica la circulación masiva y acelerada de personas, capitales, imágenes y culturas por todo el planeta. Por ello su correcto análisis exige entender simultáneamente lo local y lo global, porque la industria turística crea un mercado internacional de lo particular (o lo que es presentado como tal), es decir, de sitios específicos cuyo atractivo es constituirse en destinos diferentes o singulares en un mundo cada día más globalizado. En esta mercantilización del lugar se revaloriza el patrimonio, la cultura, las costumbres, las tradiciones o los paisajes para atraer a inversores y turistas. Si nos detenemos en este aspecto comprobamos que ésta es una gran paradoja de nuestro tiempo: el mercado global que todo lo homogeneiza, revaloriza lo particular precisamente porque es escaso. Por ello, la industria global se empeña en producir lo singular aun cuando sea inexistente en los destinos que se desean promocionar. Y lo hace de distintas maneras: inventando tradiciones, recreando el pasado e incluso incorporando nuevos atractivos como la celebración de grandes eventos internacionales (olimpiadas, exposiciones, encuentros), el fomento de una arquitectura neomonumentalista osada en altura o diseño o potenciando determinadas imágenes de los destinos. En este escenario de producción de singularidades, es decir, de nuevos productos turísticos, la industria pone también en circulación para el consumo, lugares míticos convertidos en auténticos santuarios a los que se desplazan los turistas casi como peregrinos. Es el caso de destinos donde residieron personajes ilustres y sacralizados como Graceland, la mansión de Elvis Presley; la presunta casa natal de Shakespeare en Stratford-Upon- Avon; o la residencia de Chopin y Jorge Sand en Valldemusa (Ma- Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. – 43 llorca). La mitificación del lugar también se ofrece en las ciudades, muchas de las cuales se presentan cargadas de resonancias literarias y artísticas que las enaltecen: la Lisboa de Pessoa, la Soria de Machado, el Dublín de Joice, la Praga de Kafka, la Málaga de Picasso. Lo que resulta interesante es que el mantenimiento de estos santuarios depende cada vez más del turismo, es decir, el sector interviene como un verdadero reforzador contemporáneo de mitos del pasado. Pero el producto turístico también pone en circulación para el consumo ilusiones y quimeras, mediante la creación de espacios en los que la fantasía se convierte en realidad o en hiper-realidad. A través de la tematización se materializan escenarios del pasado o de los protagonistas de las películas, aunque sean tan poco reales como Mickey Mouse o Nemo, el pez payaso de ficción cinematográfica, cuya popularidad ha supuesto la multiplicación de las visitas turísticas a los arrecifes de coral del océano Pacífico (Hernández, 2005). En esta dinámica de comercialización de lo local, la cultura, las poblaciones, los lugares o el patrimonio están siendo subsumidos en un más amplio marco económico que adquiere paulatinamente una dimensión planetaria. Las consecuencias de esta particular transacción comercial son muy diversas y contradictorias, pero de lo que no hay duda es de que las mismas, cuando se inician, inauguran un camino sin retorno. Sin embargo, las respuestas locales al turismo no coinciden siempre. Como indica Crick, el turismo internacional: “constituye un campo potencialmente muy rico (...) para analizar de qué forma concreta se da respuesta en cada localidad específica a las fuerzas globalizadoras” (Crick, 1994:6). Esta variabilidad de respuestas muestra que las aproximaciones culturalistascomunitaristas que conciben de forma estática y excluyente a las culturas locales como sistemas cerrados y frágiles, han sido totalmente superadas (Aramberri, 2001). Algunas veces, los destinos turísticos terminan convirtiéndose en los escenarios donde se representa la cultura como un espectáculo para los propósitos del mercado global. La cultura se trans- Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50. 44 – forma así en un producto –en una mercancíapara el consumo. En estas situaciones los locales son conminados a que muestren su singularidad, a que sean exóticos, naturales, primigenios y a que no cambien –a que se queden fosilizados en un tiempo que muchas veces ni siquiera es el pasado real sino un tiempo anterior idealizado e inventado de acuerdo con las expectativas occidentalespara ser consumidos por turistas procedentes de todas las latitudes que aspiran a encontrar lugares auténticos en un mundo que se percibe homogéneo, indiferenciado (Lanfant, 1995). En otros casos, especialmente en los destinos tradicionales especializados en el turismo de masas de sol y playa, no se espera una escenificación de la cultura, sino la transformación del territorio en espacio para el hedonismo de turistas que no buscan la autenticidad el disfrute ocioso. Frecuentemente, en estos sitios los modos de vida tradicionales ceden terreno a prácticas culturales cada día más homogéneas y estandarizadas, de manera que los impactos culturales son contundentes conduciendo en los casos extremos a la aculturación, la asimilación e incluso al etnocidio; es decir, al colapso cultural. No obstante, ocurre a veces que este turismo de masas genera un profundo rechazo en las sociedades locales, que se manifiesta en distintas modalidades de resistencia (pasiva, encubierta u organizada), lo que ha sido muy bien analizado por Boissevain (1996) en varios destinos turísticos del Mediterráneo. El turismo nos enseña también que las sociedades receptoras no son pasivas, sino que con frecuencia se instrumentaliza estratégicamente por las sociedades locales o sectores de ésta para activar y reforzar la autoestima local y la identidad étnica, oponiéndose así a las fuerzas globales que persiguen la uniformización cultural. Tal como plantea Wood, el turismo interviene muy a menudo como un instrumento “de validación de la singularidad y la distinción” (1998:224). Esta es una nueva paradoja, pues el mercado global es utilizado aquí para robustecer lo local. La situación es especialmente frecuente entre minorías étnicas históricamente subordinadas y Boletín Antropológico. Año 24, N 66, Enero-Abril, 2006. ISSN:1325-2610. Universidad de Los Andes. Mérida. Javier Hernández R. Producciones de singularidades... pp. 21-50.