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Movimientos sociales y procesos de innovación. Una mirada crítica de las redes sociales y tecnológicas

Candón-Mena, José

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Movimientos sociales y procesos de innovación. Una mirada crítica de las redes sociales y tecnológicas José Candón Mena Los movimientos sociales se han apropiado de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación desde sus inicios y han sido un actor relevante en el propio desarrollo de las mismas. Las TIC forman desde su origen parte fundamental del capital informacional (Hamelink, 2000) de las organizaciones sociales, al menos desde tres niveles de competencia y articulación: 1. El acceso a los equipamientos como ordenadores o teléfonos móviles y a las infraestructuras de las redes electrónicas como la conectividad a Internet y a redes internas. 2. El uso o habilidad técnica para manejar estas infraestructuras, es decir la alfabetización digital que permite la utilización de los servicios de la sociedad de la información. 3. La apropiación o la capacidad de evaluar la información y aplicarla a situaciones reales. Una apropiación tanto tecnológica como informativa que requiere de la disposición organizativa para integrar recursos y usos, la disponibilidad de recursos humanos, la formación y las motivaciones para buscar información y utilizarla en situaciones concretas participando así en la construcción colectiva del conocimiento (Marí Sáez y Sierra Caballero, 2008; León, Burch y Tamayo, 2001; Surman y Reilly, 2005). Acceso, uso y apropiación son pues las etapas sucesivas de un verdadero aprovechamiento de las TIC para la movilización social, entendiendo que el uso influye también en el desarrollo tecnológico y que la apropiación incluye el desarrollo de proyectos de innovación propios para satisfacer las necesidades específicas de los actores sociales colectivos. Este proceso, en el caso de los movimientos sociales, se ha producido por dos vías complementarias; el uso disruptivo de tecnologías ajenas y la creación de proyectos propios de innovación tecnológica. El debate entre ambas opciones se traduce en la priorización de algunas de las ventajas o inconvenientes de ambas estrategias. Del lado del uso disruptivo de tecnologías ajenas suele argumentarse la amplia difusión social de las mismas, como ocurre con los principales servicios comerciales de Internet. Mientras, desde las perspectivas del desarrollo independiente se alerta de los riesgos en la seguridad y privacidad de los datos, del peligro de censura y de la falta de adaptación de estas tecnologías a las necesidades reales y específicas de los movimientos. Al margen del debate, la apropiación de las nuevas tecnologías por parte de los movimientos sociales se produce de forma híbrida e influye en el desarrollo tecnológico tanto por la vía autónoma de la creación de proyectos de innovación libres e independientes como por la reconfiguración e influencia sobre el desarrollo de tecnologías externas producido por el uso social de las mismas. En el mundo del software y en general en Internet, dada la moldeabilidad de los nuevos medios (Manovich, 2005), esta influencia social sobre el desarrollo tecnológico se hace especialmente evidente y puede rastrearse desde los mismos orígenes de la Red. 1. El origen de Internet y el papel de los movimientos Centrándonos en Internet, antes de indagar en la apropiación social de esta tecnología por parte de los movimientos, es necesario señalar que de la misma forma se produce una influencia de los movimientos en la configuración de la Red. Partir de esta idea es importante para comprender la complejidad de la mediación y alcance de la cultura digital en los nuevos movimientos sociales. Pues con frecuencia prevalece, en el discurso público y en el imaginario de los actores sociales, cierto determinismo tecnológico y una concepción de las transformaciones de la galaxia Internet según la cual la tecnología es el resultado de «procesos autónomos y cerrados de desarrollo conforme a una lógica propia e inexorable» (Lévy, 2007). Tal principio supondría tanto como reconocer que toda acción colectiva y la sociedad en general son resultado y actores pasivos condicionados por el desarrollo de las TIC, reproduciendo así un esquema simplista de causa-efecto en el que la causali- dad parte inexorablemente del lado de la tecnología mientras los efectos y consecuencias se producen inevitablemente en las sociedades que reciben el impacto tecnológico. La racionalidad técnica dominante impone esta visión obviando los contextos sociales, culturales y políticos en que se produce la innovación y privándonos así de la problematización que esos contextos incluirían en el análisis del desarrollo científico y tecnológico y en el debate sobre las consecuencias sociales y políticas de dicho desarrollo. Sin embargo, el contexto histórico en el que la innovación se produce es clave tanto en su desarrollo como en la existencia misma de la idea de innovar. La invención de la imprenta puede ser muy ilustrativa en este sentido. El protestantismo se apropió del arte de edición en su batalla contra la ortodoxia católica defendida por el Papa y la corona española. La impresión de biblias políglotas, en un claro desafío a la doctrina oficial, jugó en las guerras de religión un papel destacado en la batalla ideológica. Pero el protestantismo no sólo se apropió de un invento que permitía llevar a la práctica su propio desafío doctrinario – como muestra la traducción de la biblia a las lenguas vernáculas a fin de permitir a los creyentes su propia interpretación de los textos sagrados –, antes de eso, el contexto cultural en el que surge el protestantismo hizo posible, en las condiciones objetivas de desarrollo e intercambio económico, la propia idea de innovar que daría lugar a la invención de la imprenta. Una idea que estaba descartada culturalmente entre los nobles y clérigos españoles para los que la inversión o el trabajo eran actos indignos de su posición. La imprenta ayudó más tarde a remplazar y omitir este principio y cultura moral a través de la reproducción en masa de libros como El Quijote que ridiculizaba a una nobleza decadente que trataba de mantener su estatus sin renunciar a “las armas o las letras” como los únicos oficios dignos de su clase, incluso cuando sus representantes se encontraran materialmente en la más absoluta miseria. Los hidalgos españoles, representantes de una nobleza guerrera y rentista, no estaban en situación de llegar a la fama por inventar la imprenta, la fama le llegaría a Don Quijote por sus ridículas e ingeniosas venturas y desventuras, impresas gracias al espíritu innovador de una burguesía que remplazaría a esta nobleza en plena decadencia. Una burguesía que adoptaría más tarde una posición de fuerza contrarrevolucionaria y básicamente conservadora, pero que en la transición desde el Antiguo Régimen a la Modernidad podemos calificar, de acuerdo con el propio Marx, como una clase revolucionaria. Este ejemplo ilustra la importancia del contexto en el que se produce la innovación, tanto para permitir que ésta surja como para modelar el desarrollo de las invenciones creadas. Es por tan- to pertinente analizar la influencia de la tecnología en los modos de relación social y en la cultura de las sociedades. Podemos afirmar además que las tecnologías de la información y la comunicación, al tratar de materias propiamente humanas, tienen aún una mayor influencia social (Castells, 2006), ya que «subyacen a todas las otra áreas de la vida humana» y «generan transformaciones fundamentales en los procesos cognitivos» (Piscitelli, 2005: 14). Pero, a la inversa, debemos prestar atención a la influencia cultural y social sobre el desarrollo tecnológico. Para ello quizás sea más útil hablar, como sugiere Pierre Lévy, de sistemas «socio-técnico-culturales» (2007), un concepto que sustituye así al reduccionismo de los sistemas propiamente tecnológicos abarcando la complejidad de las relaciones y la influencia recíproca entre la tecnología o medios culturales materiales, la cultura o medios simbólicos y la sociedad o medios organizativos. De esta forma se señala la capacidad de influir en el desarrollo de la tecnología por parte de los agentes sociales como empresas, gobiernos e instituciones, universidades y la propia sociedad civil, así como los propios inventores, que establecen los marcos legislativos, económicos y culturales en los cuales se produce la innovación. Por otra parte, se pone de manifiesto la influencia última de los usuarios que pueden reinventar la propia tecnología a través del uso social que se hace de ella. Un uso que a veces se diferencia notablemente del inicialmente previsto y que reconfigura la tecnología en su posterior desarrollo. De acuerdo con Castells (2001), las instituciones, las empresas y la gente en general transforman la tecnología, cualquier tecnología, apropiándosela, modificándola y experimentando con ella – lo cual ocurre especialmente en el caso de Internet, al ser ésta una tecnología de la comunica- ción –. En este proceso, explica el mismo autor, la Red es posible merced al cultivo y desarrollo de un entorno cultural marcado, entre otros factores, por la influencia de la cultura de los movimientos sociales de los años sesenta y setenta en un espacio y territorio donde, aún hoy, se concentran las principales empresas “puntocom” y los principales procesos de innovación tecnológica. Hablamos, obviamente, del área de la Bahía de San Francisco, en el Estado de California, al que algunos llaman el más europeo de los estados norteamericanos y donde nacen el movimiento beat, la cultura hippy y underground, el pacifismo (especialmente en oposición a la guerra de Vietnam), el ecologismo o el movimiento de liberación sexual, incluido el movimiento gay. En San Francisco, nace en los 50 la denominada “Generación Beat”, precursora de los siguientes movimientos y que muestra ya un rechazo expreso a los valores dominantes de la sociedad norteamericana. El barrio Haight- Ashbury será el centro neurálgico del movimiento hippy, precursor del ecopacifismo tanto por su oposición a la guerra de Vietnam (haz el amor y no la guerra) como por su defensa de la naturaleza (el flower-power), así como por su crítica al consumismo capitalista, a las jerarquías y a las convenciones sociales autoritarias. También en San Francisco, se funda en 1981 una de las primeras organizaciones ecologistas, el Sierra Club. A finales de los 60, el movimiento en pro de los derechos de los homosexuales nace en el valle de Eureka, una de las zonas más conocidas de la ciudad, concretamente en la intersección de las calles Market y Castro. Harvey Milk se convertiría en 1977 en el primer político electo abiertamente homosexual como miembro de la Junta de Supervisores de la ciudad y, tras su asesinato, en un mártir de la causa del movimiento gay. En ese entorno del área de la Bahía de San Francisco que vio nacer muchos de los nuevos movimientos sociales nace también la nueva economía basada en las tecnologías de la información y la comunicación, especialmente en el llamado Silicon Valley. Así pues tanto la industria del hardware como la de los desarrolladores de software se concentraron en la misma zona matriz de la contracultura de los años 60 y 70, vinculadas a prestigiosas instituciones académicas de referencia como la Universidad de Berkeley, Stanford, San José o Santa Clara, que tanto influyeron en los valores culturales de los inventores y primeros usuarios de la red de redes. De hecho, los primeros nodos de la red Arpanet, precursora de Internet, se establecen precisamente entre la Universidad de California en Los Ángeles, el Instituto de Investigación de Stanford, la Universidad de California en Santa Bárbara – todas en la amplia zona metropolitana de la costa de California – y la Universidad de Utah, esta sí lejos del área californiana. Otros centros de investigación públicos y privados en la zona como la RAND, el laboratorio Xerox PARC, el System Development Corporation en Santa Mónica o el Centro de Investigación Ames de la NASA fueron también nodos pioneros de Arpanet. Sólo en Silicon Valley tienen su sede empresas como Apple, Google, Facebook, Twitter, Yahoo!, eBay, Hewlett-Packard, Cisco, Sun Microsystems, Adobe, Oracle, Symantec, Verisign, McAfee, PayPal, NVidia, Intel o AMD. La disponibilidad de crédito facilitada por el poder económico de California y sus empresas de capital riesgo, así como la financiación de proyectos por parte del ejército de los EEUU, permitieron hacer realidad estos proyectos tecnológicos. De la misma forma que, además del espíritu innovador, la imprenta necesitó del poder económico de la burguesía alemana. Pero, en los primeros momentos de su desarrollo, ni el ejército ni las empresas tuvieron la influencia de los académicos y la contracultura que dieron forma a las propiedades básicas de Internet. Cuando el precursor de la idea de las redes de computadoras que se convertirían en Internet, Paul Baran, presentó a la Rand Corporation, un think tank creado por el gobierno estadounidense, su idea de una red de comunicaciones distribuida, los militares que le habían encargado el trabajo no le hicieron el más mínimo caso. Su propuesta incluía además descomponer los mensajes en paquetes de información capaces de viajar independientemente por la red. Baran presentó el proyecto a la AT&T, el monopolio telefónico de la época, y su director lo rechazó por imposible y por el hecho de que en el caso de que funcionara implicaría crearle una competencia a la propia AT&T. «Las ideas de Baran naufragaron, pues, ante la oposición combinada del pensamiento centralizado de los militares y las prácticas monopólicas – no menos centralizadas – de la industria» (Piscitelli, 2005: 24). Sólo una década más tarde se valorarían estas ideas cuando en plena guerra fría comienza la carrera espacial y se crea la Defense Advanced Research Project Agency o DARPA, que tras la constitución civil de la NASA perderá la D de defensa para llamarse simplemente ARPA. Allí, y ya con objetivos puramente civiles, se retomarían las ideas de Paul Baran a las que de forma independiente habían llegado científicos del Laboratorio Nacional de Física de Inglaterra, dando lugar primero a Arpanet y luego a Internet. Así, la influencia de lo que Richard Florida (2010) llama la clase creativa, y de las ciudades creativas, entre las que el autor señala a San Francisco como ejemplo paradigmático, es un factor tan importante como la inversión para explicar el surgimiento de Internet en ese entorno. Richard Florida distingue las ciudades creativas como aquellos núcleos urbanos con un amplio porcentaje de profesionales ligados a actividades científicas, artísticas y en general simbólicas, con amplia presencia de homosexuales, inmigrantes y bohemios, que crean espacios propicios para la creatividad y la innovación. Una creatividad que es explotada por el capitalismo posfordista para el beneficio privado de las empresas de la nueva economía y que pretende erigirse en legitimación moderna del neoliberalismo y de un capitalismo falsamente progresista, frente a la imagen conservadora de las figuras del capitalismo industrial. Ahora bien, esta diversidad urbana y cultural (que podemos leer desde puntos de vista verdaderamente progresistas como los representados por Jane Jacobs en La economía de las ciudades o Enmanuel Rodríguez en La riqueza y la ciudad) demuestra que Internet difícilmente sería tal y como la conocemos si hubiera surgido en otro lugar y quizás ni siquiera hubiera podido surgir en otro sitio, aún contando con la disposición de los recursos económicos necesarios. Ello explica, igualmente, que en tal lugar se dieron las condiciones necesarias para que en 1987 se fundara en la ciudad el Institute for Global Communications (IGC), que impulsaría las primeras redes críticas como PeaceNet, EcoNet o LaborNet, poniendo Internet al servicio de los movimientos pacifista, ecologista y sindicalista. El IGC se integraría más tarde con otras asociaciones a nivel internacional en la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC) que aún hoy es una de las principales organizaciones dedicadas a potenciar la apropiación social de las nuevas tecnologías. Y explica, también, del mismo modo, por qué en California, se desarrolló en 1985 una de las primeras comunidades virtuales, The WELL, descrita por Howard Rheingold en su libro La Comunidad Virtual (1996), como el espacio matriz originario de un nuevo pensamiento, donde se albergaron foros en los que contactaron John Perry Barlow, John Gilmore y Mitch Kapor para crear en 1990 la Electronic Frontier Foundation con sede en la misma ciudad. La Red surge pues «en la insólita encrucijada entre la gran ciencia, la investigación militar y la cultura libertaria», en un ámbito y contexto sociocultural que, sin duda, va a condicionar su contenido y los usos que se hacen de ella en su desarrollo futuro (Castells, 2001). Los intereses y los valores de las diferentes culturas que intervienen en la creación y el desarrollo de Internet explican su diseño tecnológico ya que la Red es producto de un conjunto de decisiones sociales que la configuran intencionadamente de la forma que mejor satisfaga las aspiraciones de sus creadores y primeros usuarios. En otras palabras, la cultura de Internet es una cultura meritocrática basada en la creencia en el progreso humano a través de la tecnología, practicada por comunidades de hackers que prosperan en un entorno de creatividad tecnológica libre y abierto, y articulada en redes virtuales dedicadas a reinventar la sociedad con apoyo material de emprendedores capitalistas en el quehacer de la nueva economía. La cultura tecno-meritocrática, la cultura hacker, la cultura comunitaria virtual y la cultura emprendedora son los estratos identificados por Castells en el desarrollo de la Red, cuya arquitectura se rige por tres principios: su estructura reticular, el poder de computación distribuido entre los diversos nodos y la redundancia de funciones para evitar riesgo de desconexión. Estos principios, en su origen, pretenden satisfacer ciertas necesidades, en concreto la creación de una red de comunicaciones resistente y robusta, con capacidad de supervivencia para resistir la pérdida de grandes por- ciones de los nodos conectados (Cerf, Kahn et. al., 1997). Pero estas mismas propiedades de flexibilidad, ausencia de un centro de mando y máxima autonomía en cada nodo satisfacen igualmente las aspiraciones de libertad individual, rechazo a las jerarquías y autonomía personal como valores propios de la cultura universitaria californiana de los años 60 y 70. Aunque la tan mencionada intención de crear una red resistente a un ataque nuclear es matizada por los principales inventores, sí que uno de los estudios de la RAND tomaba en consideración esta posibilidad y la financiación militar fue determinante en los inicios de la investigación. Por ello, podríamos hablar de la afortunada casualidad de que los principios diseñados para alcanzar unos objetivos determinados, algunos militares, sirvieran igualmente a fines tan distintos como los de la cultura libertaria de las universidades donde se desarrolló el proyecto. Sus inventores y primeros usuarios encontraron en este proyecto una forma de satisfacer preferencias sociales y culturales, y a partir de ese momento desarrollaron el nuevo medio de forma intencional para satisfacer esos valores. La Red por tanto no es horizontal, participativa, autónoma o global por mera casualidad sino porque así la querían y así la crearon sus inventores. La cultura meritocrática propia de este mundo encontró en la Red una forma de compartir los conocimientos, primero sobre el propio desarrollo de la misma, y después utilizando esta herramienta para compartir conocimientos en otras áreas. La cooperación para la creación de bienes comunes primó pues sobre la explotación ajena de las clases creativas propuesta por los neoliberales. Esta cultura de cooperación hizo posible ejemplos como la donación al dominio público del invento de la Web por parte de Tim Berners-Lee o el desarrollo del sistema GNU/Linux iniciado por la Fundación de Software Libre de Richard Stallman y completado por el kernel de Linus Torvals. De modo que, como resultado, el carácter abierto de la arquitectura de Internet constituyó su principal fuerza (Castells, 2001). La contribución de los primeros usuarios transforma la propia tecnología, pero la explosión se produce en la red con Internet porque posibilitará nuevos usos y modificaciones transmitidos al mundo entero en tiempo real. Un ejemplo de ello es que cuando en 1971 Ray de control social. Otros movimientos luchan contra la brecha digital y defienden la consideración del acceso a la Red como un nuevo derecho ciudadano, como la APC, y/o promueven experiencias de redes libres y gratuitas como Madrid Wireless, Guifi.net o Red Libre, y velan por la gestión democrática, pública y transparente de la Red, defendiendo la independencia de las instituciones que deben guiar el desarrollo de la misma, el establecimiento de estándares tecnológicos o el diseño de la arquitectura de las redes como la Free Protocols Foundation (FPF), OpenCores, The League for Programming Freedom e incluso instituciones que formarían parte del gobierno de la Red como la W3C o la Internet Engineering Task Force (IETF). El movimiento del software libre trata también de establecer estándares abiertos y organizaciones de consumidores y usuarios velan por el respeto a los derechos del consumidor frente a las imposiciones de las compañías proveedoras de servicios. Surgen también modelos de red como las redes P2P (peer to peer, de igual a igual) que devuelven la horizontalidad originaria de Internet y organizaciones en defensa de estas redes como P2P United. Se intensifican además los movimientos de defensa de la privacidad en Internet con organizaciones como la Electronic Frontier Foundation, Privacy International, Computer Professionals for Social Responsibili, Digital Civil Rights in Europe, la Asociación de Internautas o el Partido Pirata, a la vez que los movimientos de defensa de la libertad de expresión en Internet como Reporteros sin Fronteras o la Asociación por la Libertad de la Información, y campañas como la Campaña Global por la Libertad en Internet (Global Internet Liberty Campaign) formada por miembros de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, el Centro de Información sobre la Privacidad Electrónica, Human Rights Watch, Internet Society, Privacy International, Association des Utilisateurs d'Internet y otras organizaciones; o la Campaña de Lazos Azules, el proyecto The Censorware Project (CWP) y las redes Internet Free Expression Alliance (IFEA), Free Expression Policy Project, Digital Future Coalition (DFC) o Free Expression Network (FEN) y, por supuesto, Wikileaks que impulsan la libertad de información y conocimiento, junto a colectivos en contra de los abusos de la industria y las asociaciones de gestión de derechos sobre la propiedad intelectual como Hacktivistas.net o Anonymous, o las organizaciones que promocionan las licencias copyleft como la Fundación Copyleft, el colectivo EXGAE o la Asociación de Internautas. En definitiva, los movimientos no sólo influyen en el desarrollo de Internet a través de proyectos propios de innovación sino también mediante la defensa política de los marcos legales y jurídicos que regulan la Red y de los estándares tecnológicos que guían su desarrollo. 3. La Web 2.0, la comercialización de la Red y los usos disruptivos Hoy estos movimientos han de confrontarse con la denominada Web 2.0, resultado de una acumulación de cambios técnicos y sociales (nuevos estándares, servicios y nuevas formas de apropiarse de ellos) en las maneras de intercambiar datos y comunicarse en Internet. Donde la Web 1.0 habilitó las condiciones para la producción y consumo de información, la Web 2.0 estableció las bases para compartir conocimiento a través de canales más interactivos, facilitando la publicación e intercambio de datos, así como rebajando los niveles de accesibilidad y usabilidad de las herramientas previstas a tales efectos (Haché y G. Franco, 2010). Ello ha supuesto paralelamente una socialización y una comercialización de la Red. Los servicios de la Web 2.0 han facilitado la interacción de los usuarios mejorando la usabilidad pero esta socialización de Internet se ha apoyado en buena medida en servicios comerciales fomentando los intereses privados y empresariales en un entorno digital que nació de la colaboración y construción de bienes comunes. Independientemente de esta comercialización de la Red, la Web es hoy mucho más participativa e interactiva gracias a las innovaciones técnicas y sobre todo sociales. En ellas, los movimientos sociales han jugado de nuevo un papel fundamental. Una de las innovaciones técnicas que posibilita el surgimiento de la Web social es el lenguaje PHP surgido en 1995, un lenguaje de programación diseñado originalmente para la creación de páginas Web dinámicas. La innovación técnica y la innovación social se dan la mano con la creación de Indymedia, que podríamos definir también como la unión de la red de redes y el movimiento de movimientos en la convergencia de Internet y el movimiento altermundista. Indymedia surge de la cooperación entre activistas tecnológicos, hackers o hacktivistas y activistas mediáticos tradicionales que empiezan a trabajar conjuntamente a finales de la década de los 90. De esta colaboración surge el primer Centro de Medios Independientes (IMC por sus siglas en inglés) para cubrir las protestas de Seattle, creando un espacio de publicación abierta y coordinación de distintos medios independientes y alternativos con el objetivo de romper el cerco informativo de los medios corporativos tradicionales. Indymedia Seattle aprovechó las innovaciones tecnológicas introducidas por el PHP que permitía, entre otras cosas, la publicación abierta e interactiva en Internet. El sistema implementado ya había sido utilizado anteriormente en un gran Reclaim the Streets celebrado en Londres en 1998 y fue desarrollado por hackers australianos y saudíes para Seattle, en colaboración con las redes sociales que coordinaron la organización de las protestas (Cabello y Teruel, 2006). Indymedia supuso así una importante novedad en el uso de Internet ya que –aún cuando en algunos sitios Web cualquiera podía publicar sin pedir permiso a nadie– el sitio Indymedia.org fue pionero en agrupar, dar visibilidad y facilitar la publicación de la información textual y multimedia generada por las personas y grupos activistas que participaban en las protestas permitiendo la información en tiempo real durante “la batalla de Seattle”. Más aún, este nuevo sistema de publicación abierta puede ser considerado el verdadero precursor de los blogs y los sistemas de publicación colaborativos que hoy son característicos en Internet y en la Web 2.0. Hoy la red Indymedia tiene más de 150 nodos en todo el mundo que continúan activos, sin embargo la red y los movimientos sociales en general han perdido gran parte de la iniciativa y la visibilidad con la que irrumpieron entonces. La idea de la publicación abierta «no era escalable» (Fernandez-Savater, 2009), por lo que una vez que se popularizó el medio y la comunidad de usuarios desbordó el entorno de los activistas altermundistas «el ruido acabó devorando la comunicación». No obstante, Seattle y el movimiento global sirven de ejemplo para la valoración del potencial uso político de las TIC por parte de los movimientos en una etapa de aprendizaje colectivo en la que por primera vez de forma directa, clara y globalmente la cultura digital se incorpora como elemento estratégico en los repertorios de protesta. En particular, el uso del correo electrónico y los mensajes SMS a través del teléfono móvil para la convocatoria de acciones colectivas se difunde socialmente tras ejemplos como las movilizaciones de 2001 en Filipinas, la respuesta al golpe de Estado en Venezuela en Abril de 2001, el 13 de Marzo de 2004 y el movimien- to por una vivienda digna en España en 2006 o el noviembre francés de 2005. A través de mensajes en cadena, relacionados con las «cibercascadas de información» (Sunstein, 2003: 82) o las «ciberturbas» (Urrutia, 2003 citado en Ugarte, 2007: 24) que dan origen a procesos de movilización que Rheingold (2004) denomina «smart mobs», estas convocatorias y la posterior movilización social se difunden a través de redes sociales y electrónicas y en algunas ocasiones logran alcanzar una gran difusión dando lugar a movilizaciones en cierto sentido auto-convocadas. Por otra parte, las listas de correo son utilizadas para la organización y coordinación de las protestas, por ejemplo por el movimiento global. Aparte del correo electrónico, las listas y los SMS, las organizaciones sociales emplean otras herramientas como los foros o los wiki. Por ejemplo, el movimiento por la vivienda digna utiliza el primero para el debate y el segundo para elaborar colaborativamente un manifiesto y concretar las propuestas. Paralelamente, se desarrolla la blogsfera en la que pronto destacarán los blogs políticos y los medios de comunicación alternativos. En general, en esta etapa los movimientos sociales hacen un uso disruptivo de las nuevas tecnologías empleando tanto servicios propios como comerciales. Sin embargo, con el auge de las redes sociales los servicios comerciales logran imponerse y los movimientos pierden cierto protagonismo en el proceso de innovación tecnológica. Redes sociales como Flickr, Facebook o Twitter alcanzan una enorme difusión, desplazando en cierta medida a otros servicios como el correo electrónico o los blogs. El uso de estos servicios comerciales genera problemas e incertidumbres para los movimientos sociales y para la sociedad en general. La privacidad de los datos, los términos de uso abusivos, la posibilidad de censura, el control y vigilancia al que están sometidos los usuarios y la acumulación de poder en pocas manos que supone la disposición de tal cantidad de información suponen un grave riesgo para la privacidad y la libertad, especialmente en el caso de los movimientos sociales sometidos a la presión de los gobiernos y poderes económicos. El caso de Wikileaks ha mostrado cómo servicios comerciales como Amazon o PayPal están dispuestos a obedecer ciegamente a los gobiernos si estos les presionan para censurar contenidos indeseables para los poderes establecidos. Sin embargo, el uso disruptivo de estas redes comerciales se generaliza hasta el punto de que se da la paradoja de que su potencial para la protesta se convierte en uno de sus reclamos y los ejemplos de movilización a través de redes como Facebook o Twitter difunden el uso de las mismas. Así sucede con casos como Twitter y las protestas en Irán o Facebook y la primavera árabe. También en el estado español el movimiento del 15-M se convoca y organiza en un primer momento a través de Facebook. Éste movimiento es un buen ejemplo de las potencialidades y límites del uso de las redes comerciales para la protesta y cómo en su desarrollo puede experimentarse el paso de las redes comerciales a la creación de espacios libres de organización, dando lugar a una nueva etapa de recuperación de la soberanía tecnológica y el protagonismo de los movimientos sociales en el proceso de innovación tecnológica y, sobre todo, política. 4. De las redes comerciales a las redes sociales libres Tal y como hemos apuntado, la expansión de la Web 2.0 y las redes sociales ha supuesto una creciente dependencia de los movimientos hacia servicios comerciales. Si bien el uso disruptivo de los mismos ha mostrado el potencial movilizador de la Red, esta dependencia conlleva riesgos para los movimientos que parecen haber perdido parte de la iniciativa en la innovación y apropiación de las nuevas tecnologías. En los últimos tiempos, proyectos de desarrollo de redes sociales independientes tratan de abrirse camino y resolver los problemas de las redes comerciales sobre los que no sólo los movimientos, sino la sociedad civil en general, van tomando conciencia. Entre estos proyectos, podemos mencionar Pinax, Elgg, Cyn.In, Buddypress, OpenCollad, Smob, Diaspora o Socialbar y, especialmente pensadas desde los movimientos, redes sociales como Crabgrass, desarrollada por el colectivo autónomo de activistas para la provisión de infraestructuras comunicacionales Riseup, la GNU Social de la Free Software Foundation, o Lorea. Este último proyecto es ilustrativo de la situación actual ya que a raíz del movimiento del 15-M en el estado español ha cobrado fuerza como alternativa a los problemas y limitaciones de las redes comerciales empleadas inicialmente por los activistas. El 15-M se convoca y organiza inicialmente a través de las redes comerciales, principalmente Facebook. Comienza por tanto con un uso disruptivo de un servicio ajeno a los movimientos, pero la protesta inicial se desborda y se transforma en un potente movimiento social con crecientes necesidades de organización y coordinación para las que Facebook resulta insuficiente. Más allá de la convocatoria inicial a través de la publicación del evento central y de los eventos locales, la red Facebook se muestra totalmente inadecuada para la organización y el debate a largo plazo. En el grupo promotor de las protestas, la Plataforma de Coordinación de Grupos Pro Movilización Ciudadana, que más tarde pasará a llamarse Democracia Real Ya, el debate se hace insostenible debido a que Facebook está pensada para manejar una cantidad ingente de información, pero no para sostener un debate ordenado y mantenido en el tiempo. En el muro de la Plataforma, el espacio en el que los miembros del grupo pueden publicar informaciones que pueden ser comentadas por el resto de miembros, se suceden hilos de debate que rápidamente desaparecen de la pantalla principal al ser sustituidos por nuevas informaciones. El diseño de Facebook para este espacio prima la novedad de forma que los hilos de debate no se ordenan por importancia, ni siquiera cronológicamente, sino por la última actividad recibida. Así, la primera información que aparece en el muro del grupo puede ser un hilo abierto hace tiempo que acaba de ser comentado o votado por un usuario. Ello provoca que los debates importantes se pierdan o se dupliquen los hilos sobre el mismo tema, haciendo imposible mantener un debate ordenado y perdurable, lo que incluso llegaría a ocasionar malentendidos entre los participantes de la Plataforma. Pero más allá de los detalles concretos sobre las carencias de Facebook interesa aquí analizar el modelo en el que se basa esta red comercial y que explica su incapacidad para dar respuesta a las necesidades organizativas del movimiento. La novedad es el criterio principal utilizado por Facebook para ordenar la información publicada en los grupos, lo que facilita más el chisme de una conversación informal e intrascendente que el debate en profundidad y la organización. Tampoco las aplicaciones incluidas priman las herramientas de trabajo colectivo. En definitiva, el modelo de red social que impone Facebook no es el trabajo colectivo, la organización y el debate, necesidades primarias de los movimientos sociales. Como resume claramente Spideralex, activista de Lorea, dentro de Facebook la lógica es individualista, los intercambios y herramientas están centrados en el individuo, mientras que en Lorea y N-1, en cambio, si bien se parte de la subjetividad individual, ésta es tan importante como lo son los grupos. Más allá de la difusión, para lo que la masa crítica de usuarios de Facebook es su principal valor, esta red no resulta de mucha utilidad para los movimientos. A esta conclusión llegaron los participantes del grupo promotor del 15-M y muchas de las asambleas surgidas a raíz de las acampadas en distintas ciudades españolas. Hubo necesidad entonces de articular una alternativa en las redes creadas por y para los movimientos sociales. En particular, la red de N-1, incluida en el semillero de redes sociales de Lorea, fue la elección de buena parte de las asambleas del movimiento que migraron de forma masiva desde Facebook. Esta red pasó en mes y medio de 3.000 a 19.000 habitantes y de 370 a 2.100 grupos. N-1 forma parte del proyecto Lorea, un semillero de redes sociales basado en el software libre Elgg y promovido por activistas sociales preocupados por la seguridad y la privacidad que presentaron el proyecto en el Hackmeeting de 2009. Lorea se define como un proyecto de redes sociales «libres, seguras, federadas y autogestionadas». Lorea y N-1 implementan y desarrollan «herramientas pensadas para facilitar la colaboración entre las personas, el trabajo en red, la difusión y la generación de memoria colectiva» (Haché y G. Franco, 2010). Entre estas herramientas destacan los wikis, blogs, calendarios, gestores de tareas, listas de correo, microblogging o pad colaborativos. Priman por tanto las herramientas para la coordinación o de escritura colectiva que satisfacen las necesidades de los movimientos sociales. De esta forma, Lorea y N-1 vinieron a solventar las limitaciones del uso de Facebook por parte del movimiento del 15-M, pero este hecho no se produjo tanto por una mejora técnica como por el hecho de ser redes creadas por y para los movimientos, lo que evidencia la importancia de los proyectos propios de innovación para garantizar la soberanía tecnológica de los mismos, ya que como dice uno de los lemas de N-1, «las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo». Hay que destacar además cómo la apropiación por parte del movimiento del 15-M de estas herramientas tecnopolíticas retroalimenta los proyectos de innovación. Además de usar la red de N- 1 ya disponible, algunos grupos del movimiento han creado sus propias redes basadas en el código de Lorea y federadas con el resto de redes, incorporando recursos y líneas de desarrollo alternativas que enriquecen el proyecto. Éste es el caso de network.takethesquare.net, creada por Hacksol, el laboratorio hacker creado en la acampada de la plaza del Sol de Madrid, o red.democraciarealya.es, la red de la plataforma Democracia Real Ya, impulsora de la primera movilización. 5. Conclusión Los protestantes no sólo podían traducir e imprimir masivamente la biblia, lo que también podían hacer los monjes católicos que monopolizaban el conocimiento, sino que además querían hacerlo. Los medios convencionales podían implementar sistemas de publicación abierta, pero fueron los altermundistas los que además de poderlo hacer lo desearon y crearon Indymedia. Facebook puede implementar aplicaciones colaborativas y útiles para el debate y la organización, pero son los hacktivistas los que ansiaban hacerlo y los que finalmente diseñaron redes sociales como Lorea/N-1 pensadas para satisfacer las necesidades de movimientos como el 15-M. Los movimientos sociales no se limitan por tanto a usar los nuevos sistemas de información y a apropiarse instrumentalmente de ellos, los movimientos han sido y continúan siendo actores decisivos en el propio desarrollo tecnológico. Pues, de hecho, los movimientos en sí mismos no son más que innovaciones sociales y, por tanto, sistemas de organización capaces de inventar, pensar e imaginar usos, aplicaciones y desarrollos tecnológicos nuevos. Configuran, reconfiguran y dan sentido al desarrollo tecnológico, influyen en el qué se inventa y en el para qué se inventa. En definitiva, el fin es tan importante como el medio y en el caso de Internet los movimientos no se limitan a usar un medio libre, horizontal y participativo, basado en la cooperación y los bienes comunes, sino que lo hacen precisamente para fomentar una sociedad más libre, horizontal y participativa. Bibliografía Castells, M. (2001). La Galaxia Internet. Reflexiones sobre Internet, Empresa y Sociedad, DeBolsillo, Barcelona. (2005). La Era de la Información, Volúmenes 1-3, Alianza, Madrid. (2006). La Sociedad Red. Una visión Global, Alianza, Madrid. Cabello, F. y Teruel, L. (2006). «Hackeando la frontera: Presentación de Indymedia Estrecho», en Razón y Palabra, n.º 49, pág. 18. Fernández-Savater, A. (2009). «De Indymedia a los blogs», en Público. (Disponible en http://blogs.publico.es/fueradelugar/40/de-indymedia-a-los-blogs) Florida, R. (2010). 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