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CAPÍTULO I LA PRENSA EN EL FRANQUISMO. DESARROLLO Y EVOLUCIÓN HISTORIOGRÁFICADESDE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA Clara Sanz Hernando El trabajo analiza el estado de la cuestión de la prensa que se configuró durante el franquismo y apunta los derroteros por los que avanzan las nuevas contribuciones que se producen al respecto. El objetivo es dar a conocer las principales aportaciones, los temas de interés, las fuentes y los métodos empleados. En las obras seleccionadas, se diferencian las publicadas durante la dictadura de las editadas en la democracia; se distinguen las generales de las monográficas, y se presenta la evolución en los enfoques y fuentes empleados. El trabajo concluye que el interés por esta cuestión despegócon la llegada de la democracia, y especialmente en los noventa. A partir del año 2000 se produjo una eclosión de destacadas monografías, sobre todo las relativas a diarios locales y regionales, que constituye la nueva tendencia por donde avanzan estas investigaciones. 1. Introducción. El interés por lo sucedido en la dictadura franquista (1939-1975) nunca ha contado con tanto predicamento como en la actualidad. En los últimos tiempos se ha producido un salto cualitativo en las publicacionesque abordan desde diferentes perspectivas acontecimientos ligados a estos cuarenta años de privación de libertades. Lo mismo ha ocurrido en lo concerniente a los medios de comunicación, y en particular a la prensa. Este artículo se propone dar a conocer las múltiples aportaciones sobre cómo se configuróla prensa durante el periodo franquista, que evolucionará desde el férreo control impuesto por la Ley de Prensa de 1938 a la tímida apertura informativa que conllevaría la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 (LPI). Interesa ver cuándo y quiénes produjeron los primeros trabajos al respecto y en qué momento vieron la luz los más sobresalientes; cuáles han sido los temas que más han preocupado a los investigadores, y qué metodología y fuentes han empleado para la elaboración de sus trabajos. Con el fin de lograr una exposición lo más clara posible, diferenciaremos las primeras aportaciones durante la dictadura; los estudios pioneros que se realizaron en democracia; las obras generales y monográficas, y la historio- - 15 -
grafía local y regional. Finalizaremos con unapartado dedicado a las principales metodologías y fuentes utilizadas, así como otro donde se recogerán las conclusiones. 2. Las primeras aportaciones sobre la prensa durante la dictadura La etapa del franquismo no alentó las publicaciones sobre los medios de comunicación. Nos encontramos en un contexto de represión cultural y censura poco favorable para la producción investigadora. Será con la muerte del general Franco, y la llegada de la democracia, cuando se produzca un aumento de obras que se interesarán por el modus operandi de la prensa, la radio y la televisión. Un personaje clave, y uno de los primeros en mostrar un apasionado interés por los medios de comunicación durante el franquismo, fue el periodista y primer catedrático de Historia del Periodismo Español, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, José Altabella (Núñez et al., 1997). Sus publicaciones sobre el estudio y evolución de diferentes revistas y periódicos fueron una constante en su vida. Tenía una confianza plena en la prensa local, que experimentó (Altabella, 1966: 92-93) un resurgir en el siglo XX gracias a grupos editores como los Godó, con La Vanguardia, y los Peris Mencheta, con el Noticiario Universal; en Valencia, los Llorente, con Las Provincias, y los Castell, con El Mercantil Valenciano; en Zaragoza, los Montestruc y los Motos, con Heraldo de Aragón; en La Coruña, los Fernández Latorre, con La Voz de Galicia; en Vigo, los Lema, con El Faro de Vigo, y en Valladolid, los Alba y los Silió, con El Norte de Castilla. Si Altabella destacó por sus inabarcables conocimientos sobre Historia del Periodismo, la figura de Gonzalo Dueñas (1969), Ángel Fernández Santos1 en realidad, ha dejado también su huella. Este crítico de cine español, guionista y ensayista, analiza la Ley de Prensa de 1966 tres años después de su entrada en vigor. Su certera visión con tan escaso margen de aplicación de la ley es su principal aportación, el punto de partida que han utilizado después muchos autores para reiterar que la nueva situación creada de “libertad condicionada”, tenía como principal característica “la cautela” (Dueñas, 1969: 63). Y es que una cosa era el texto de la ley donde se reconocía la libertad de expresión, inmediatamente limitada a través delartículo 2, y otra el conjunto de disposiciones aprobadas posteriormente que pretendían atenazarla aún más (Dueñas, 1969: 117). 1Altabella (1981: 160) confesaba, 12 años después de la publicación de Gonzalo Dueñas, que esta obra fue la réplica desde el exilio a la Ley de Prensa de 1966 y que no le había sido posible averiguar el verdadero nombre que se ocultaba tras el seudónimo, “por más interés” que puso en conseguirlo. - 16 -
Otro de los autores clásicos a la hora de explicar la normativa legal que afectaba a la prensa durante estos años es Manuel Fernández Areal (1971a, 1971b). En sus obras dedicadas a las dos leyes de Prensaque se dan en la dictadura de Franco, la de 1938 -dictada por el ministrode la Gobernación,Ramón Serrano Suñer- y la de 1966 -aprobada siendo titular del Ministerio de Información y TurismoManuel Fraga Iribarne-, llega a la conclusión de que la libertad de información no queda suficientemente garantizada por la publicación de una ley de prensa si el resto de la legislación no está en consonancia con la libertad responsable que se trataba de implantar. En un repaso sobre la legislación española en materia de prensa y la ideología que está detrás de cada una de las leyes que la regularon (Ley de Imprenta de 1879, Ley de Imprenta de 1883, Ley de Prensa de 1938 y Ley de Prensa e Imprenta de 1966), considera que tras un liberalismo moderado español o “centrismo” lo que subyace siempre es una restricción con respecto a la libertad de expresión (Fernández Areal, 1973). César Molinero aborda la libertad de información una vez aprobada la Ley Fraga. Con respecto a lo ya aportado por Fernández Areal, la novedad que presenta Molinero (1971: 250-258) radica en la visión jurídica que ofrece de las formas que se reserva el Estado para intervenir en la prensa, y que no se refieren solo a las leyes que la regulan, sino a otras normativas que la complementan y que tejen una red más tupida para el control de los medios, como los cupos de papel. Otro de los temas en los que recalan los autores durante el franquismo es en el estudio de la empresa periodística. AlfonsoNieto (1973) ordenó el totum revolutum de cifras sin ningún tipo de rigor que las empresas periodísticas proporcionaban en los años anteriores a la existencia de la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD), que hasta 1964 no comenzó a controlar la tirada de los rotativos. En el año 1944 el delegado nacional de Prensa dispuso que todos los diarios contribuyeran a la Institución San Isidoro (ISI) -bajo cuya tutela se encontraban los huérfanos de periodistasdo- nando 5 céntimos por ejemplar vendido el primer martes de cada mes. El cálculo que hizo Nieto de la difusión respondía a las cantidades de dinero que las propias empresas enviaron al ISI. Se trataba de una aportación que, por tener un destino totalmente benéfico y por no repercutir de manera sensible en la economía de la empresa, permitía y avalabala presunción de veracidad (Nieto, 1973: 122-124). Siguiendo su estela, Francisco Iglesias (1975) se centra en el nacimiento de la “prensa azul”y toda la normativa que puso en marcha el régimen franquista para crear, mediante la Ley de 23 de julio de 1940, la Prensa del Movimiento. El autor repasa las características de este imperio informativo estatal que no se limitaba solo a periódicos, sino que contaba con sus propias - 17 -
cadenas radiofónicas. Posteriormente, se ocupará también de la empresa privada al publicar una extensa monografía sobre ABC (Iglesias, 1980), abriendo así la espita para posteriores estudios en profundidad de otras cabeceras. 3. Trabajos pioneros sobre la prensa franquista en la democracia La llegada de la democracia facilitó las investigacionessobre los medios de comunicación durante el franquismo. Afortunadamente, se removieron los impedimentos políticos que hacían difícil conocer esta época de la Historia de España. Los fondos documentales se pusieron a disposición de los estudiosos, quienes contaronigualmentecon las opiniones y reflexiones de los testigos directos de esta época. Destacamos la importancia que en esta tarea divulgativa tuvieron las Facultades de Ciencias de la Información y de la Comunicación, que a partir de los años setenta incorporaron la Historia del Periodismo al ámbito académico. Iniciamos el recorrido por la historiografía existente con Javier Terrón Montero, quien analizó la ideología inspiradora de las dos leyes de prensa franquistas y su influencia en el desarrollo del panorama informativo. A su juicio, ambas han de entenderse e interpretarse dentro del contexto social y político en el que nacen, por lo que parece clara, en la primera de ellas, su inspiración en las disposiciones italianas de la época (Terrón, 1981: 51). Su objetivo era la legitimación y estabilización del régimen, de forma que los periódicos se convirtieron en órganos del Estado sometidos a censura previa y a un potente sistema de consignas. Por lo que concierne a la LPI, el autor considera que respondía a la nueva realidad de liberalización política e ideológica, acorde con la liberalización económica que se produjo con anterioridad en el país. En el repaso del panorama informativo en la década de los setenta, constata (Terrón, 1981: 182-186) la existencia de los diarios de la cadena del Movimiento, que numéricamente representaban el grupo más importante, así como otros pertenecientes a la Iglesia, los vinculados al Opus Dei, los de la familia Luca de Tena y los de adscripción tradicionalista. Tanto los periódicos como los periodistas tuvieron que lidiar con unos tiempos poco propicios para una profesión que pasó a ser de alto riesgo para quienes la ejercieron, tal y como narra Eduardo de Guzmán (1980), que saca a la luz la represión y depuración de la que fueron objeto los periodistas que durante la Guerra Civil trabajaron en rotativos republicanos. Estos pormenores leeran bien conocidos, pues los sufrió en primera persona. Tras la guerra, fue apresado y sometido a un consejo de guerra sumarísimo. Se le condenó a muerte, pero se le conmutó la pena por la de prisión. - 18 -
Este colectivo sufrió tres tipos de sanciones (Guzmán, 1980: 54) con la Ley de Prensa de 1938: una depuración administrativa a través del Registro Oficial de Periodistas, ROP; la aplicación de la jurisdicción militar a través del Tribunal Militar de Prensa y la “prohibición absoluta de ejercer su profesión cuando logran la libertad tras permanecer años enteros en cárceles y presidios”. Concluida la Guerra Civil (Guzmán, 1982), las autoridades no permitieron que volvieran a publicarse diarios comoEl Debate-católico y órgano oficial de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), El Siglo Futuro - carlista-,La Época -monárquico y conservador-, oLa Nación -de- fensor de la dictadura primorriverista y después de la Falange-. De los viejos periódicos, solo siguieron ABC e Informaciones, que recuperaron su significación antirrepublicana anterior a la guerra, y Ya, que pasó a publicarse en sustitución de El Debate. Para reemplazar a los diarios derechistas desaparecidos (Guzmán, 1982: 370-371) nació Arriba, el buque insignia de la Prensa del Movimiento; Pueblo y Madrid. También empieza a publicarse en la capital El Alcázar, surgido durante el asedio de la fortaleza toledana en 1936. Y mientras unos nacen, otros se suprimen de manera radical: El Sol, La Voz, La Libertad, el Heraldo, Política, El Socialista, Claridad, Mundo Obrero, CNT, Castilla Libre, Ahora y El Sindicalista, lo que le llevará a decir a Guzmán que jamás en la historia de España se suprimieron “de un solo golpe” tantos periódicos. Desde una perspectiva muy diferente, dirige Jesús Timoteo Álvarez (1989) la obra colectiva Historia de los medios de comunicación en España, que constituye una de las primeras en tratar los medios desde una perspectiva económica y política. El librotiene la virtud de reunir a todos los autores - “Son todos los que están”2, se apunta en la introducciónque en ese momento ya muestran interés por la investigación en lo que a este campo se refiere. Estamos, por tanto, ante los primeros trabajos de quienes, con el paso del tiempo, se han convertido en auténticas autoridades académicas en medios de comunicación. Gracias al Archivo General de la Administración del Estado, AGA, Justino Sinova (1989) desenterró unos documentos vitales para entender cómo se 2Efectivamente, además del coordinador de la obra, se dan cita en la misma importantes y prestigiosos investigadores y estudiosos de los medios de comunicación, como César Aguilera, Enrique Bustamante, Mª Rosa Cal Martínez, Miguel de Aguilera Moyano, Bernardo Díaz Nosty, F. Espinet, Rosa Franquet, Emilio C. García Fernández, Carmelo Garitaonandía, Ramiro Gómez B. de Castro, Josep Lluis Gómez Mompart, Joan Manuel Tresserras, Juan A. González Martín, Francisco Iglesias, Emilio Lera, Enric Marín i Otto, Agustín Martínez de las Heras, GillesMultigner, Mirta Núñez Díaz-Balart, Mª Antonia Paz, José Antonio Pérez Ornia, Miguel Ángel Pérez Ruiz, Alejandro Pizarroso Quintero, Justino Sinova, Begoña Zalbidea y Ramón Zallo. - 19 -
organizó y funcionó la censura previa, en lo que constituye una gran aportación a la Historia del Periodismo español. Se detiene en laLey de Serrano Suñer, que impone un concepto totalitario de la información al convertir a la prensa en “institución nacional” y, por tanto, a las órdenes del Estado. Tanto la prensa privada como la del Movimiento quedaronférreamente sometidas al sistema de censura y consignas. Mediante la primera, se eliminaba todo aquello que no convenía a los intereses de los gobernantes y con las segundas se obligaba a publicar lo que el poder quería en cada momento. Debido a este estrecho control, todos los periódicos estaban invadidos por “un rutinario aburrimiento” y hasta buscar noticias “era peligroso” (Sinova, 1989: 131). La censura despertó mucho interés entre los investigadores que publicaron ya en democracia y es uno de los temas estrella de estos pioneros. Autores comoMiguel Delibes (1985) contribuyeron a divulgar más detalles sobre cómo la prensa estuvo atada de pies y manos. En sus memorias como director de El Norte de Castilla(Valladolid), cuenta que “al periodista español se le ofrecía la magnánima alternativa de obedecer o ser sancionado”. La última hora del panorama mediático de los ochenta quedó plasmada en la obra deAntonio Alférez (1986), que identificó alos grupos periodísticos más potentes durante los 40 años de franquismo: los Luca de Tena (ABC), los Godó (La Vanguardia) y Editorial Católica (Ya), amén de la Prensa del Movimiento, que desde el desbloqueo informativo que supuso la LPI y la irrupción de la televisión arrastró pérdidas astronómicas. Alférez (1986: 144) establece en los años setenta el hundimiento de los periódicos movimentistas, cuyo déficit a comienzos de 1981 ascendía a 10.000 millones de pesetas. Precisamente, quien mejor tratóeste ocaso de la Prensa del Movimiento, centrándose en la solución final que los gobiernos centristas y socialista dieron a estos periódicos, fue Juan Montabes Pereira (1989), quien abordóun tema inédito hasta entonces. En 1978, con motivo de la nueva situación política española, se comienza a pensar qué destino dar a estos periódicos herederos del franquismo y dependientes de la Secretaría General del Movimiento. La cuestión se resolvió (Montabes, 1989: 62) con su absorción por parte del Estado y la creación del órgano autónomo Medios de Comunicación Social del Estado (MCSE). Esto fue posible gracias a la supresión de la organización del Movimiento Nacional, en abril de 1977, traspasándose sus propiedades al Estado. El Consejo de Ministros de 16 de mayo de 1984 puso fin a la cadena, cuyas cabeceras se privatizaron mediante el sistema de subasta. - 20 -
4. Obras generales y monográficas Los años noventa fueron prolíficos en cuanto a publicaciones relacionadas con la historia de los medios de comunicación durante la dictadura. El aumento del número de obrasestuvo en consonancia con el acceso a un mayor número de fuentes por parte de los investigadores. Distinguimos, en primer lugar, las de carácter general sobre la Historia de la Prensa en España que contienen capítulos dedicados a la etapa del franquismo y, en segundo lugar, las monografías, tanto las que tratan de forma específica este periodo como las que se centran en el estudio de temas concretos durante estos años. En cuanto a las obras generales, destacamosla Historia del Periodismo en España, de María Dolores Saiz y María Cruz Seoane.Publicada en tres volúmenes sobre los siglos XVIII, XIX y el XX hasta 1936, se editaron en 1983 los dos primeros tomos, y en 1998 el correspondiente al siglo XX. Posteriormente, ha aparecido Cuatro siglos de periodismo en España. De los avisos a los periódicos digitales, donde Seoane y Saiz (2007) completan el periodo del siglo XX que restaba por analizar incluyendo capítulos nuevos sobre la prensa durante la Guerra Civil, el régimen de Franco y la democracia. En la parte correspondiente a la dictadura, diferencian el primer franquismo, donde los medios de comunicación actuaron conforme a la Ley de Prensa de 1938, y el segundo franquismo, donde se afloja el control estatal con la aprobación de la nueva ley “llena de cautelas” pero que supuso “un avance en la liberalización” (Seoane y Saiz, 2007: 286). En los noventa asistiremos a una creciente publicación de manuales de Historia del Periodismo, en un intento de atender la demanda de los alumnos de las Facultades de Ciencias de la Información. El primero en editarse fue el realizado por José Javier Sánchez Aranda y Carlos Barrera (1992). La obra constituía un primer acercamiento a los temas prohibidos por la censura y se deteníaen los porqués del cambio en la normativa jurídica que iba a producirse casi 30 años después. Supone esta una de las aportaciones singulares de Sánchez Aranda y Barrera, interesados en desentrañar la doctrina de Arias Salgado, el ministro que pergeñó el nuevo texto legal de la Ley de Prensa de 1966, aunque luego fuera aprobado siendo responsable de Información y Turismo Manuel Fraga. Precisamente, al tiempo que se presenta esta obra, se encontraba en imprenta la de Alejandro Pizarroso (1992). La etapa de los medios de comunicación en el franquismo la divide en dos grandes bloques, en función de la periodización que hace -coincidente con la de Seoane y Saiz- y que se caracteriza por atender al marco legal. La primera de ellas iría hasta la Ley de Prensa de 1966, y la siguiente desde ese año hasta la muerte del dictador. Pizarroso (1992: 164) piensa que las dos leyes respondieron al mismo espíritu, si bien es cierto que la realidad de la prensa es distinta en las dos etapas - 21 -
debido más a la evolución de la sociedad española que a las disposiciones legales en sí mismas. Comparte con otros autores, como Sánchez Aranda y Barrera, que la vigencia de la LPI produjo una verdadera renovación en la prensa española y que acabó con la homogeneidad a la que la redujo la censura y las consignas de la Ley de Serrano Suñer. Extendida está también la idea entre los autores que han repasado los medios de comunicación durante el franquismo que las revistas de información general como Cuadernos para el Diálogo, Triunfo, Cambio 16 o Destino (Barrera, 1995b; Chuliá, 2001; Pizarroso, 1992) fueron cruciales para el fin del régimen y la llegada de la democracia. Otro manual de Historia del Periodismo apareció de la mano de Juan Francisco Fuentes y Javier Fernández Sebastián (1997). Una de las aportaciones más destacadas de estos autores es su análisis de la evolución social que se produce en España a finales de la década de los cincuenta, y cómo esta no tiene su reflejo en la política informativa, que siguió enquistada e inamovible, sin cambios perceptibles hasta la entrada en vigor de la LPI. En términos generales defienden que la política del Ministerio de Información y Turismo (MIT) se caracterizó por una aplicación restrictiva de la ley, con excepción del breve mandato aperturista del ministro Pío Cabanillas (Fuentes y Fernández, 1997: 306). Existen tambiénotra serie de publicaciones más numerosas que, de forma monográfica, tratan en exclusiva la etapa del franquismo y su relación con los medios de comunicación. El periodo que comprende los años 1936 a 1975 es sobre el que arroja luzCarlos Barrera (1995a). Tras el análisis del marco jurídico del régimen, entra a valorar la calidad en la confección de los periódicos, los principales periodistas que trabajaban en ellos o los contenidos que asomaban con más frecuencia en sus páginas. Nos encontramos, pues, con un ABC quemantiene impertérrita su ideología monárquica; una Prensa del Movimiento controlada por el régimen franquista, y un Ya, sustituto de El Debate, en manos de los católicos. Todos ellos, y a pesar de las distintas fuerzas que los controlaban, tenían una característica común, y es que estaban sometidos a censura, consignas y multas. Un periodo menos extenso -la guerra y la posguerraes el que analiza Francisco Sevillano Calero (1998), que analiza los efectos de los medios de comunicación social. Teniendo en cuenta que no toda la población española estuvo expuesta de igual forma a la influencia mediática, cree que se produjo un relativo fracaso de su labor persuasiva (Sevillano, 1998: 133). Elisa Chuliá (2001) precisará que su influenciano fue probablemente tan exitosa como desearon los nuevos gobernantes, pero tampoco tan ineficaz como indica Sevillano. Concreta que debido a razones como la represión o los be- - 22 -
neficios que se obtenían por demostrar la adhesión al régimenresultaba improbable que cundiera en la sociedad el sentimiento de resistencia (Chuliá, 2001: 79-80). Compara los mecanismos de control que los regímenes totalitarios europeos vigentes por entonces aplicaban a los medios de comunicación, llegando a la conclusión de que España se adaptaba bien a los modelos de la Italia fascista y la Alemania nazi por lo que al control de fuentes y consignas en la confección de mensajes se refiere. Pero, además, España incorporó la censura previa, que la acercaba más al Portugal de Salazar. Chuliá (2001: 135) analiza la liberalización informativa a la que dio lugar laLey de Prensa de 1966, que se convirtió en una necesidad ante el desgaste de la censura y las consignas. Subraya una aparente contradicción, y es que la propia apertura del régimen, lenta pero constante, respondió a su necesidad de pervivencia, si bien conllevaría también el principio de su disolución. Tal y como vienen constatando las obras de los autores que hemos visto hasta ahora, durante el franquismo se produjo una convivencia de la prensa privada con la Prensa del Movimiento. Ambas hubieron de sobrevivir a una política informativa férreamente controlada por el régimen. Si bien en los primeros tiempos de la dictadura era prácticamente imposible distinguirlas, por cuanto sus contenidos eran prácticamente idénticos, con el paso del tiempo prensa privada y Prensa del Movimiento correrían diferente suerte. Begoña Zalbidea (1996) se encargará de contar el camino emprendido por la prensa oficial: sus orígenes, su desarrollo y desaparición. Se trata de la monografía más importante sobre la Prensa del Movimientoen la que queda al descubierto la política informativa del régimen y, por tanto, sus últimas intenciones de que estas cabeceras contribuyeran a legitimarlo. Esta cadena fue fruto de las incautaciones que durante la Guerra Civil realizó la Falange de los periódicos liberales y democráticos, de organizaciones del Frente Popular y de los sindicatos que se editaban durante la Segunda República. Mediante el Decreto de Unificación de FET y de las JONS de abril de 1937Franco desactivó a la Falange auténtica, que quedó sustituida por un partido oficial al servicio del Estado, el Movimiento Nacional. De este modo, se produjo también una reestructuración de estosmedios, que pasaron a depender del Estado (Zalbidea, 1996: 21-26). No sería hasta unos años después, y por Ley de 13 de julio de 1940, cuando se crearía formalmente la Prensa del Movimiento, entonces convertida ya en todo un emporio mediático integrado por más de 40 diarios. Con el tiempo, también el más ruinoso, pues su nacimiento no atendió a fines mercantiles sino ideológicos. La Prensa del Movimiento ha tenido, además, otros interesantes tratamientos, como el de González Calleja (1990), quien nos pone al corriente de cómo la Falange, que se encontraba en precario cuando se produjo el golpe de Estado, se recompuso gracias a los periódicos afines a la República que - 23 -
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