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Deconstrucción del concepto de enfermedad mental: breve análisis sobre la locura, la salud y el capitalismo

López Jiménez, Sofía

Abstract

La percepción de la locura ha estado históricamente entrelazada con ceonceptos de violencia, estigma y marginalización. Este análisis, titulado “deconstrucción del concepto de enfermedad mental: un breve análisis sobre la locura, la salud y el capitalismo”, pretende desentrañar las múltiples dimensiones y discursos que han conformado la figura del “loco” en la sociedad contemporánea. A través de un recorrido temático y crítico, se examina de qué manera las narrativas acerca de la locura han influido en la construcción social de la violencia, la medicalización de comportamientos y la respuesta institucional y comunitaria hacia aquellos sujetos “locos”. El primer apartado, el loco y la violencia, aborda la asociación comúnmente establecida entre la locura y la agresividad, cuestionando si la violencia es una consecuencia inevitable de la enfermedad mental o si es una construcción social que estigmatiza aún más a las personas afectadas. Este apartado se complementa con la visión de un psiquiatra eseranzador, que ofrece una perspectiva alternativa sobre el tratamiento y la comprensión de la locura, alejándose de la criminalización y la patología simplista. El segundo apartado, las víctimas de la locura, profundiza en los efectos de la medicalización de la locura y sus consecuencias. Se explicarán los conceptos de medicalización y enfermedad, destacando los efectos secundarios de la desmedicalización, un fenómeno que ha generado tanto beneficio como desafíos en la gestión de la salud mental. La antipsiquiatría emerge como un movimiento crítico frente a la psiquiatría tradicional, proponiendo las redes de apoyo como “cura” y enfatizando la importancia del contexto social y comunitario en el proceso de recuperación. Asimismo, se examina el biologicismo, que reduce la locura a una cuestión de desequilibrios químicos o genéticos, y sus implicaciones en la percepción y tratamiento de los sujetos afectados. Un análisis particular se dedica a la mujer y a la locura, destacando cómo el género influye en la experiencia y diagnóstico de la enfermedad mental. Finalmente, se considera la relación entre el cuerpo y el capitalismo, en el que investigaremos la relación existente entre la psicología, los cuerpos y el capitalismo industrial. Se analiza cómo el sistema capitalista influye en la percepción y en el tratamiento de los cuerpos y en las formas de pensar de los sujetos, utilizando la psicología como herramienta para controlar y optimizar la productividad de estos. Se discuten las implicaciones de este enfoque en la salud mental y el bienestar de los trabajadores.

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FACULTAD DE FILOSOFÍA GRADO EN FILOSOFÍA CURSO ACADÉMICO 2023-2024 DECONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DE ENFERMEDAD MENTAL: BREVE ANÁLISIS SOBRE LA LOCURA, LA SALUD Y EL CAPITALISMO Trabajo de fin de grado presentado por Sofía López Jiménez Tutor: Prof. Dr. José Ordóñez García Dpto. Estética e Historia de la Filosofía 2 ÍNDICE Resumen .............................................................................................................................. 5 Abstract ................................................................................................................................ 3 1. Introducción: El sujeto tachado de loco ........................................................................... 5 1.1. El loco y la violencia ¿Por qué iba a ser alguien violento si no es porque está loco? .................................................................................................... 6 1.2. Un psiquiatra esperanzador ........................................................................................... 6 2. Las víctimas de la locura .................................................................................................. 9 2.1. Medicalización y enfermedad: conceptos ..................................................................... 9 2.1.1. Efectos secundarios de la desmedicalización ............................................................. 13 2.2. Antipsiquiatría .............................................................................................................. 14 2.2.1. Redes de apoyo como “cura” ..................................................................................... 16 2.2.2. Refugios: una alternativa al encierro ......................................................................... 16 2.3. Biologicismo ................................................................................................................. 17 2.4. Mujer loca y feminismo loco ........................................................................................ 19 3. Cuerpos y capitalismo ...................................................................................................... 22 3.2. Psicología y cuerpos en la industria .............................................................................. 24 4. Conclusiones y reflexiones finales ................................................................................... 28 5. Bibliografía ...................................................................................................................... 29 3 Resumen La percepción de la locura ha estado históricamente entrelazada con ceonceptos de violencia, estigma y marginalización. Este análisis, titulado “deconstrucción del concepto de enfermedad mental: un breve análisis sobre la locura, la salud y el capitalismo”, pretende desentrañar las múltiples dimensiones y discursos que han conformado la figura del “loco” en la sociedad contemporánea. A través de un recorrido temático y crítico, se examina de qué manera las narrativas acerca de la locura han influido en la construcción social de la violencia, la medicalización de comportamientos y la respuesta institucional y comunitaria hacia aquellos sujetos “locos”. El primer apartado, el loco y la violencia, aborda la asociación comúnmente establecida entre la locura y la agresividad, cuestionando si la violencia es una consecuencia inevitable de la enfermedad mental o si es una construcción social que estigmatiza aún más a las personas afectadas. Este apartado se complementa con la visión de un psiquiatra eseranzador, que ofrece una perspectiva alternativa sobre el tratamiento y la comprensión de la locura, alejándose de la criminalización y la patología simplista. El segundo apartado, las víctimas de la locura, profundiza en los efectos de la medicalización de la locura y sus consecuencias. Se explicarán los conceptos de medicalización y enfermedad, destacando los efectos secundarios de la desmedicalización, un fenómeno que ha generado tanto beneficio como desafíos en la gestión de la salud mental. La antipsiquiatría emerge como un movimiento crítico frente a la psiquiatría tradicional, proponiendo las redes de apoyo como “cura” y enfatizando la importancia del contexto social y comunitario en el proceso de recuperación. Asimismo, se examina el biologicismo, que reduce la locura a una cuestión de desequilibrios químicos o genéticos, y sus implicaciones en la percepción y tratamiento de los sujetos afectados. Un análisis particular se dedica a la mujer y a la locura, destacando cómo el género influye en la experiencia y diagnóstico de la enfermedad mental. Finalmente, se considera la relación entre el cuerpo y el capitalismo, en el que investigaremos la relación existente entre la psicología, los cuerpos y el capitalismo industrial. Se analiza cómo el sistema capitalista influye en la percepción y en el tratamiento de los cuerpos y en las formas de pensar de los sujetos, utilizando la psicología como herramienta para controlar y optimizar la productividad de estos. Se discuten las implicaciones de este enfoque en la salud mental y el bienestar de los trabajadores. Palabras clave: locura, violencia, psiquiatría, víctima, biologicismo, medicalización, terapia, capitalismo. Abstract The perception of madness has historically been intertwined with concepts of violence, stigma and marginalization. This analysis, entitled “deconstruction of the concept of illness and mental health: a brief analysis of madness and capitalism”, aims to unravel the multiple dimensions and discourses that have shaped the figure of the “crazy” in contemporary society. Through a thematic and critical journey, it is examined how narratives 4 about madness have influenced the social construction of violence, the medicalization of behaviors and the institutional and community response towards those “mad” subjects. The first section, madness and violence, addresses the commonly established association between madness and aggressiveness, questioning whether violence is an inevitable consequence of mental illness or if it is a social construction that further stigmatizes affected people. This section is complemented by the vision of an enlightening psychiatrist, who offers an alternative perspective on the treatment and understanding of madness, moving away from criminalization and simplistic pathology. The second section, the victims of madness, delves into the effects of the medicalization of madness and its consequences. The concepts of medicalization and illness are explored, highlighting the side effects of demedicalization, a phenomenon that has generated both benefits and challenges in the management of mental health. Anti-psychiatry emerges as a critical movement against traditional psychiatry, proposing support networks as a “cure” and emphasizing the importance of the social and community context in the recovery process. Likewise, biologicalism is examined, which reduces madness to a question of chemical or genetic imbalances, and its implications for the perception and treatment of affected subjects. A particular analysis is dedicated to women and madness, highlighting how gender influences the experience and diagnosis of mental illness. Finally, the relationship between the body and capitalism is considered, in which we will investigate the relationship between psychology, bodies and industrial capitalism. It analyzes how the capitalist system influences the perception and treatment of bodies and the ways of thinking of subjects, using psychology as a tool to control and optimize their productivity. The implications of this approach on the mental health and well-being of workers are discussed. Key words: madness, violence, psychiatry, victim, biologicism, medicalization, therapy, capitalism. 5 1. Introducción: El sujeto tachado de loco A modo de introducción, en primer lugar querría exponer que mi principal intención con este trabajo es dar, en la medida de mis capacidades, un halo de voz y de esperanza a aquellas personas marginadas y tachadas de enfermas por la sociedad actual y todo aquello que la sustenta. Para poder enfrentarme a este trabajo, en primer lugar será necesario comenzar a presentar a nuestro sujeto protagonista, el llamado “loco”. Es interesante explorar cómo la realidad de estas personas catalogadas con ese adjetivo se encuentran completamente invisibilizadas y estigmatizadas a día de hoy. Me llama la atención cómo las personas se sorprenden cuando se les plantea la posibilidad de que exista relación entre la locura y el sistema capitalista actual. Creo que esto es precisamente lo que le interesa al sistema, dejar esta cuestión al margen. El hecho de que esta relación pueda sorprender de primeras a quien se la plantee, es debido a que vivimos en un sistema con tanto poder que es capaz de utilizar sobre nosotros todas y cada una de las herramientas necesarias para absorbernos las ideas de tal manera que hay muchas personas que, siendo dicha relación tan estrecha, les pueda incluso parecer un sinsentido. Si a alguien le hacemos la pregunta: ¿quién es un loco? habría altas probabilidades de que mantendría que un loco es entendido como un enfermo; también estoy bastante segura de que se les pasaría por la cabeza pensar que aquellos que verdaderamente están locos son aquellas personas que los defienden y buscan justificar sus comportamientos. Mi intención con el presente trabajo es rescatar de las sombras a estos sujetos estigmatizados, darles voz a los locos del sistema, desmentir sus falsas condiciones y características y brindarles el reconocimiento social que merecen al igual que todas y cada una de las personas. Creo firmemente que actualmente, el término “loco” se ha sacado de contexto; y que además esto no ha sido mera casualidad, sino que ha sucedido intencionadamente. Lo que ocurre es que no interesa que exista la posibilidad de dar visibilidad a estas personas, a aquellas marginadas y rebosantes de estigmas. Me sorprende que, el término “loco” se utilice en tantas ocasiones, en cualquier conversación banal y cotidiana. Esta banalización es el motivo de que se esté dejando de lado el trasfondo del término y su realidad. La realidad del sujeto loco es que él no nace así, sino que lo hacen. Resulta aterrador el poder del lenguaje y cómo un término se puede llegar a banalizar de tal manera que provoque que este pierda su sentido y que toda una sociedad tenga una percepción equivocada de él. A lo que se quiere llegar es que un loco no es aquel sujeto que creemos que conocemos y que, sobre todo, hayan querido que conozcamos. Analizaremos de qué manera campos de estudio como son la medicina, concretamente en el ámbito de gran parte de la psiquiatría, así como de la psicología actual son los principales responsables de esta banalización. Cuando en las líneas anteriores se ha hablado de las supuestas características del sujeto loco, salía a relucir la cualidad de la violencia; esto me ha sugerido una pregunta que dará nombre al siguiente subapartado y que trataré de responder. 6 1.1. El loco y la violencia ¿Por qué iba a ser alguien violento si no es porque está loco? Para poder ofrecer una respuesta a esta pregunta deberíamos pararnos a hacer uso del conocimiento filosófico, histórico, sociológico, antropológico, político y económico; y gracias a estos saberes podríamos entender que la locura y las conductas relacionadas con la violencia no tienen una relación tan estrecha o directa como se quiere creer, o más allá: quizá sí que la tenga, pero no como sujetos que producen violencia por su condición, sino como sujetos que la reciben sistemáticamente a causa de ella. ¿Qué se da primero? ¿El loco es violento o quien es violento lo es porque necesariamente tiene que estar loco? He estado pensando la respuesta y siendo lo más honesta posible, realmente no sé qué cuestión sucede antes, ni siquiera sé si se puede utilizar un criterio de temporalidad entre esas dos cuestiones planteadas; pero lo que sí creo firmemente es que la sociedad, tal y como atiende al constructo de la locura, necesita de ella. En referencia a esta última afirmación, los seres humanos necesitamos creencias que contrarresten ciertas realidades que nos parecen desagradables, injustas y violentas. Para ello necesariamente se ha de poder experimentar ciertas sensaciones e historias vitales que predisponen a concebir que las violencias no pueden ser explicadas mediante estructuras que actúan de manera desigual y, además, gozan de legítimo poder para ello. Es aquí en este momento donde la locura cumple una función social: A “x” sujeto se dará menos la violencia si esta se explica médicamente, pues entonces tiene “cura”. Lo que sucede es que ni ese sujeto cualquiera, ni la mayoría de la población general reconoce la locura como un constructo social, ni entiende que lo que conocen como “cura” es en realidad una de las distintas formas del poder psiquiátrico-psicológico (dentro del sistema capitalista) ejerciendo dicha violencia a todo sujeto salido de la norma, es decir, a todo sujeto catalogado como loco. De esta manera solo se me ocurre pensar las numerosas condenas que sufren los locos: en primer lugar la clasificación clínica de sus existencias, personalidades, historias y vivencias. Después el convencimiento de la necesidad de ser tratados fisiológica y terapéuticamente para modificarlos, para readaptarlos a la sociedad, y si esta readaptación no se cumple como se debe, les llegará su condena: privarlos de libertad de comportamiento, de movimiento, del derecho de autonomía a sus cuerpos mediante la medicalización (de este tema hablaremos en apartados posteriores) y todas estas formas de violencia, amparadas por una sociedad que ha sido convencida por el sistema que los locos, los desviados, son los sujetos violentos y desagradecidos por renegar de esa “cura”. 1.2. Un psiquiatra esperanzador En este apartado quiero hacer mención a Fernando Colina, uno de los autores que más me ha inspirado para la realización de este trabajo. Es un ensayista, docente, investigador y también psiquiatra emérito del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, en el cual tenía el cargo de director del área de psiquiatría. Años antes, era el encargado de dirigir el Hospital Psiquiátrico Doctor Villacián, también localizado en Valladolid, hasta el cierre de dicha institución como resultado de la reforma psiquiátrica. (Fernando Colina, 2020) 7 Prestemos atención a los siguientes diálogos: –Marina Aguilar: ¿Qué es lo que más te gustaba de tu trabajo en la clínica? –Fernando Colina: De todo lo que he hecho, lo que más me ha gustado ha sido el trabajo con los psicóticos en el manicomio. La vida con el psicótico, su tratamiento, su abordaje, su acompañamiento. Es lo que más me ha atraído y lo que he procurado hacer durante toda la vida. –Marina Aguilar: ¿La diferencia entre estructuras es cualitativa? –Fernando Colina: Procuramos no hablar de “estructura” porque su uso ha adquirido un valor excesivo como diagnóstico, y somos enemigos de los diagnósticos. Remiten en excesos a enfermedades médicas. Preferimos hablar de configuraciones. Para hacer un estudio de la configuración (que es complicado) nos fijamos en cuatro cosas: el tipo de angustia, los síntomas que aparecen (no es lo mismo tener alucinaciones que tener una fobia), qué tipo de relaciones personales se mantienen y también cómo está construida la identidad. Con esas cuatro valoraciones agrupamos a la gente y la clasificamos (para conocer hay que clasificar). Pero clasificamos evitando que se transforme en un diagnóstico. El diagnosticado es el peor instrumento de la psiquiatría biológica, y a menudo también del psicoanálisis. –Marina Aguilar: ¿Por qué? –Fernando Colina: Porque el diagnóstico es como el encierro de la actualidad. Un encierro simbólico, pero encierro al fin y al cabo. La reforma psiquiátrica cambió la prisión de los muros, las tapias de los manicomios, por una cárcel conceptual y otra química. El diagnóstico es un instrumento de poder. Es estigmatizante, reduce a las personas a una categoría. –Marina Aguilar: Y sin embargo, tiene un uso clínico. –Fernando Colina: Tiene un uso permanente. La psiquiatría necesita legitimarse como una especialidad médica y diagnostica como tal. Todo el sistema colabora en ese sentido. Si trabajas en un hospital y abres una historia o reflejas una consulta, no la puedes cerrar si no pones un diagnóstico. El aparato médico-psiquiátrico está construido para imponer ese modelo. Personalmente, después de leer a Colina, podría atreverme a catalogarlo como un psiquiatra crítico con su disciplina. En el primer diálogo (Fernando Colina, 2020), podemos ver cómo manifiesta que la mejor ayuda que puede proporcionar un psiquiatra es el acompañamiento a su paciente, sin tacharlo ni estigmatizar de ninguna manera, simplemente limitarse a escuchar, a entender, y a acompañar. Fernando Colina (2020) equipara el diagnóstico al encierro de la actualidad, de ahí que lo haya catalogado como psiquiatra crítico, porque él es consciente de que diagnosticar a las 8 personas es la fuente de alimento de la disciplina psiquiátrica, sin diagnóstico, no hay psiquiatría. Como dice el autor, “el diagnóstico es un instrumento de poder” (Fernando Colina, 2020). Es así como la medicina impone cómo se han de tratar a los pacientes. Hay un artículo de Colina con el que podemos entender perfectamente su punto de vista y sus objetivos como psiquiatra, he aquí un fragmento: He tenido un sueño. Soñé con que los funcionarios de la Psiquiatría ya trabajaban sin necesidad de diagnosticar la locura. Entendían el sufrimiento mental de los hombres, en especial el más intenso y profundo, sin pensar en enfermedades y sin utilizar esos sucedáneos, solo en apariencia inocuos, que son los síntomas, los síndromes o los trastornos. (Fernando Colina, 2018). Fernando Colina (2018) expone en esta cita que ha tenido un sueño. En él, hace referencia a la utópica posibilidad de que los trabajadores de la psiquiatría se pararan a escuchar realmente a sus pacientes en vez de tener que catalogar y diagnosticar su locura. Menciona también Fernando Colina (2018), que soñaba que aquellos que se hacen llamar profesionales de la salud mental ayudaran a sus pacientes, pero no mediante meras clasificaciones catalogadas en distintas enfermedades, sino brindándoles su ayuda parándose a conocerlos, a conocer sus historias individuales, ¿cómo si no se puede ayudar a alguien? Hoy en día parece complicado tratar de entender a las personas, y más aún tratar de pararse a conocer a alguien con sesgos y con estigmas catalogados como perjudiciales para la sociedad. Con esto me quiero referir, ¿quién va a querer pararse a conocer la historia y el pasado de supuesto loco, si lo que se quiere es ignorarlo porque nos puede resultar perjudicial para nosotros mismos? Ahí está la verdadera cuestión en todo este asunto, aquí es donde entra el egoísmo humano, ¿para qué vamos a tratar de prestarle atención a una persona que nos puede perjudicar? Quizá la sociedad no termina de avanzar como tal en estos términos porque no le damos la suficiente cabida a las personas. Por este motivo es por el que Fernando Colina (2018) habla todo el tiempo acerca de un “sueño”; se debería ayudar a las personas a superar su sufrimiento sin necesidad de diagnosticarlas y de dejarles en la diferencia para siempre. El problema es que los profesionales no se paran a escuchar, solo se señala, sólo se diagnostica y se cuelgan sambenitos que llevarán arrastrando toda una vida. Me parece muy emotivo cómo Colina (2018) termina su artículo, alegando que su deseo ideal sería que ojalá dejara de tratarse a los psicóticos (los locos entendidos por la sociedad) como personas enfermas y que se les empezara a tratar como “hombres singulares”, igual que todos los demás. El último fragmento de su artículo dice así: Soñé y desperté a las puertas de un prólogo. En el preámbulo de un gran cambio, cuando todos los hombres convivirán sin separarse, dividirse y discriminarse. Entonces se volverá casi imposible diferenciar locura y cordura, los psiquiatras serán amigos de los locos y harán las paces entre ellos mismos. En esta tierra prometida, es seguro que ya no habrá más incapacitaciones, ni tratamientos involuntarios, ni electrochoques, ni psicoeducación. Y es probable que, cuando recuerden su pasado, sientan vergüenza por lo sucedido. (Fernando Colina, 2018) 9 2. Las víctimas de la locura En este segundo apartado mi intención es dar voz a aquellas personas a las que se les ha tachado de enfermas “sin estarlo propiamente”; quiero demostrar en qué consisten las denominadas enfermedades mentales, así como el trasfondo de su definición. Para ello, lo primero que haremos será re-definir desde el punto de vista del trabajo los conceptos de medicalización y enfermedad. Posteriormente se nos plantea la pregunta de si el sujeto loco es considerado un enfermo mental. Para poder acercarnos a la respuesta, se brindarán argumentos acerca de su condición, desde el punto de vista de la denominada antipsiquiatría, un concepto muy interesante que nos ayudará a ofrecer una respuesta a esta cuestión. 2.1. Medicalización y enfermedad: conceptos Antes de que desarrollemos ambos conceptos, creo oportuno explicar en qué consisten las siglas DSM-V; estas se refieren al Manual de Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, de la American Psychiatric Association. Según Xarxa Gam (2018), la DSM-V es un manual que se ajusta a las circunstancias y a las situaciones referentes a la cultura y a la historia, junto con los poderes pertenecientes al gobierno de EE.UU; también, se mantiene que está confeccionado en base a las necesidades de la industria farmaceútica. En Xarxa Gam (2018) se expone que esta industria perteneciente a la farmacología, es la que se encarga de exigir la creación de nuevos trastornos y del mantenimiento de los ya registrados. El objetivo de la industria es promocionar y promover los fármacos e idear nuevos. Así es el ciclo: a nuevos trastornos, nuevos fármacos. El DSM-V es muy importante en este contexto porque, según Xarxa Gam (2018), se define y se equipara al Código Penal, pero en este caso sería un Código que remite y registra las supuestas enfermedades mentales; sirve para dejar registro de los delitos de aquellas personas que se salen de la norma. Quería destacar este manual para ilustrar que un gran número de estas enfermedades mentales no son trastornos remitentes a la biología, sino que más bien podrímos entenderlas como actitudes que se encuentran medicalizadas y esto tiene una explicación. Como podemos ver en Xarxa Gam (2018), en el DSM-II, la homosexualidad se encontraba ligada a la desviación sexual, esto se traduce en que se entendía como patología, como un trastorno mental registrado y del que se podía realizar un diagnóstico. Esta homofobia científica tuvo su desaparición del DSM-II gracias a que grupos de homosexuales tomaron conciencia de lo que les estaba sucediendo, de aquello que les estaba haciendo sufrir y vivir en las instituciones psiquiátricas; estaban patologizando su realidad, su forma de relacionarse y de identificarse. Hoy en día, según mantiene Xarxa Gam (2018), la transexualidad, el ciclo menstrual y la depresión provocada por la pérdida de un cónyuge son fenómenos que se identifican como patologías diagnosticadas y registradas. Todo esto nos invita a reflexionar acerca de si realmente estamos enfermos o si simplemente somos seres humanos con problemas y sentimientos; todos sufrimos o podemos sufrir en algún momento de nuestra vida de estos problemas y no tenemos por qué ser tratados con fármacos directamente por padecerlos, por ser humanos. Habiendo ya entrado un poco en contexto con lo anterior, ahora cabría preguntarnos ¿qué es una enfermedad mental? ¿cómo se origina? En primer lugar, para poder brindar una definición detallada y acorde con nuestro contexto, es importante que previamente pongamos 16 Tampoco hay que olvidar que el movimiento antipsiquiátrico lo formamos también aquellas que fuimos dañadas por la psiquiatría y que podríamos ser ayudadas por otro tipo de enfoques. Nosotras somos les primeras en denunciar muchas prácticas de maltrato: la patologización de la homosexualidad, lucha por los derechos humanos, denuncia del nexo psiquiatría-farmacéuticas o el mal uso de DSM, creación de grupos de apoyo autónomos, etc. Creemos más que nadie en nosotras mismas para buscar curaciones y empoderamiento, para combatir el estigma y la discriminación, para ayudar a compañeras e involucrarnos en su atención. (Xarxa GAM, 2018, p. 53-54) Afirma Xarxa GAM (2018, p. 54), que aunque haya resultado muy positivo y ha habido grandes avances en el pensamiento respecto a todo este tema del bienestar de los pacientes psiquiátricos, y aunque esta reforma se haya conseguido poner en marcha, todo es más complicado de lo que parece, sobre todo, porque seguir impulsando estas reformas exige tal cantidad de transformaciones de la tradición impuesta de pensamiento, que hasta que no se dé un cambio de carácter radical en el sistema de salud mental, todos estos avances no podrán ser finalmente implementados y puestos en práctica. Es curioso, que en Noruega, concretamente en Laponia Occidental, hay implementado un sistema de carácter antipisquiátrico. 2.2.1. Redes de apoyo como “cura” Quería dedicar este pequeño subapartado a un tema que me parece clave, y es el de la alternativa de las redes de apoyo mutuo, de formar un espacio en el que la anormalidad tenga cabida y nadie, que pertenezca a esta categoría, se sienta enfermo ni marginado. Según Xarxa GAM (2018), la anormalidad es algo que existe, y debido a esta existencia debemos ir más allá; debemos brindar nuestra ayuda, tender nuestra mano a las personas. Es muy importante respetar lo personal, en este caso, la decisión de una persona de no tomar medicación, y este respeto se transforma creando un terreno seguro y una atmósfera adecuada. Continúa afirmando Xarxa GAM (2018, p. 208-209) que entre los grupos de trabajo existentes, presentes en su ambiente, tendrían que tener por objetivo hacer lo posible por tener presente y preservar las diversas realidades y brindar herramientas que favorezcan a aquellas personas que hayan decidido comenzar emprendiendo con su “condición” de vida un arma subversiva por sí misma. Esto se traduce en que los sujetos locos son personas subversivas, porque aparte de la negación social que presentan, no consumen; no son rentables al sistema. 2.2.2. Refugios: una alternativa al encierro Es muy importante e interesante preocuparnos y preguntarnos por la cuestión de las crisis psicóticas. ¿Qué podría ser lo más adecuado para los sujetos considerados locos en momentos de crisis? Una alternativa que se nos presenta son los denominados refugios. Según Xarxa GAM (2018, p. 60), un refugio es un espacio de vivienda que se encuentra formulado como alternativa al ingreso/encierro en un centro psiquiátrico. Este refugio se conoce como un lugar terapéutico basado en la comunidad, es decir, la antítesis de la institución psiquiátrica, lo contrario al aislamiento, a sentirse solo. Estos refugios parten de la premisa de no 17 establecer roles de poder y de sumisión como los que se ven en los psiquiátricos. Aquello que se nos presenta como alternativa está mostrado ante nuestros ojos como un espacio desligado completamente de la institución dominante; en los refugios, las normas se establecen entre todas las personas que los habiten, es decir, de una manera comunitaria y por supuesto siempre desde el respeto y desde la escucha recíproca. Como mantiene Xarxa GAM (2018, p. 60-61) el objetivo de los refugios no es ni el aislamiento ni la contención, sino que consistirá y tendrá sus bases en establecer un proceso de cuidados y de recuperación, fomentando un espacio sano e inclusivo en el que cubrir todo tipo de necesidades básicas. Cuando las personas se encuentran en esta situación, bajo mi punto de vista, aquello que realmente les puede hacer salir de sus baches es la compañía, la compañía de sus seres queridos cuando ésta sea requerida por los pacientes. En los refugios los familiares y los amigos son bienvenidos, a la vez que está permitido por supuesto prácticar cualquier tipo de actividad que pueda incrementar progresivamente la mejoría de los pacientes. También es muy importante mencionar el establecimiento de vínculos con aquellos sujetos que comparten la necesidad terapéutica de estar en estos refugios, y entre los cuales se encuentran en las condiciones óptimas para poder poner en práctica el apoyo mutuo, siempre a través del cuidado. Según Xarxa GAM (2018, p. 60-61) la opción principal y necesaria para poder sacar estos refugios adelante y puedan funcionar y establecerse en la sociedad, es que se parta de equipos de profesionales que se encuentren aliados a la causa, ya sean psiquiatras, psicólogos/as, enfermeros/as o educadores/as sociales; encontrarse aliados a la causa significa compartir los principios y las prácticas que mencionamos en párrafos anteriores. Los profesionales cualificados con estos valores y principios serán los encargados de aportar los recursos y estudios necesarios, y, sobre todo, pragmáticos, de los sufrimientos de los sujetos locos, siempre encaminados a su mejoría y calidad de vida, poniendo en práctica la idea de la salud comunitaria y la autogestión de la salud, para así lograr la creación de un proyecto libre de las ideas de las instituciones y basado fundamentalmente en el apoyo mutuo. Para ir concluyendo, con todo lo que se ha mencionado, un refugio, según Xarxa GAM (2018, p. 60-61) supone el empoderamiento, tanto individual como colectivo, de las personas, cuando entran en estados y periodos de crisis y de sufrimiento. El refugio es el espacio donde al entrar, se cuelga la etiqueta de “paciente psiquiátrico”, dejando de llevar a cuestas el rol de la sumisión y tranformándolo en “persona con necesidad de ayuda no invasiva”. Xarxa GAM (2018, p. 60-61) nos pone el ejemplo del acompañamiento durante el delirio; estando en el refugio, en cada momento de la recuperación del sujeto se tomarían decisiones lo más ajustadas posibles con las voluntades previas determinadas siempre por él mismo. En definitiva, estos refugios son hogares con sus puertas abiertas tanto al afecto como a la empatía. Se brinda la posibilidad desinteresada de una recuperación en armonía, es decir, haciendo sentir a los sujetos en un lugar seguro, donde intercambiar cuidados, debates, reflexiones y, lo más importante, donde poder ser ellos mismos sin sentirse juzgados ni tachados de enfermos. 2.3. Biologiscismo y trastornos mentales En este punto ya nos adentramos en el tema del biologicismo, una perspectiva de la que quería hablar e investigar porque me parece clave para poder comprender bien el punto de vista de las instituciones científicas y sus objetivos. 18 En primer lugar, Xarxa GAM (2018, p. 13) nos brinda una definición de este biologiscismo entendiéndolo como una perspectiva científica que se encuentra establecida como mayoritaria dentro del campo de la salud mental. Aquello que el bilogicismo viene a decir, poniendo un ejemplo, es que por ejemplo la depresión o el delirio son fenómenos que se encuentran determinadospor la genética de la persona que lo sufre; esto se traduce en que se culpa a la naturaleza de aquello que sucede en el interior de los sujetos, dejando a un lado el desarrollo individual y personal de cada persona que se encuentra diagnosticada, comenzando por la infancia. El biologicismo no contempla, que un determinado sujeto simplemente no haya tenido suerte en la vida, ya sea social o físicamente, o que haya tenido que lidiar con situaciones, contratiempos y contextos a los que le ha sido difícil sobreponerse. Es importante también, cómo Xarxa GAM (2018, p. 13) destaca y saca a relucir, que el biologicismo no tiene en cuenta las causas del sufrimiento derivadas del sistema capitalista, que condenan a vivir en un mundo inhabitable, o más bien habitable solamente para unos pocos y, ni aún así, nadie se escapa al sistema. Bajo el sistema capitalista, la vida entendida bajo una comunidad no está contemplada, de hecho, esta propuesta o forma de vida se encuentra desintegrada; esto provoca que las personas se tengan que enfrentar a sus realidades de manera individual, pues es a lo que aspira el sistema, al individualismo más puro, pues allá donde puede ver unión, escapa. A los individuos no nos queda más remedio que afrontar nuestros problemas sin apenas ayuda de nadie; estos problemas refieren al ámbito laboral, falta de dinero y recursos para mantener una vivienda o simplemente para dar de comer a los hijos. Según Xarxa GAM (2018, p. 13-14), la explicación biologicista ni atiende ni escucha, de hecho nos vivisecciona para después establecer una clasificación. El biologicismo es la corriente que está establecida en las instituciones científicas, pero que algo esté establecido no significa que sea lo correcto ni aquello que brinde y aporte soluciones a las vidas y a los individuos de una sociedad. Cabe que saquemos a relucir, aprovechando que estamos en el terreno del biologicismo, el tema de los trastornos mentales. Según Xarxa GAM (2018, p. 14), estos tienen su clasificación establecida sobre la base de los síntomas que se experimentan, por la razón de que no existen aún ni se han registrado signos biológicos o pruebas realizadas en un laboratorio que permitan describir estos síntomas de forma directa. Sigue manteniendo Xarxa GAM (2018, p. 14), que el biologicismo se sustenta a pesar de un grave error de base, que es que la carencia de biomarcadores evidencia la gratuidad de dar por supuesta una causa somática o biológica al denominado trastorno mental; esto se traduce en que se llegan a inventar relaciones entre comportamientos y sustancias químicas que segregamos, que después tratarán de regular estas mismas sustancias con psicofármacos. En el apartado de las víctimas de la locura y de los conceptos de la medicalización y la enfermedad, hicimos mención a lo que viene a decir Xarxa GAM (2018, p .14), que es que en los países en vías de desarrollo (entendidos comúnmente como países pobres), hay presente una gran diferencia con los países occidentales respecto a cómo se trata la “enfermedad” mental, ya que estos países presentan menos índices de problemática de la denominada salud mental; y es por este motivo por el que presentan un uso mucho menor de psicofármacos, de hecho, las personas con sintomatología aguda de alucinaciones , tiende a recuperarse de mejor manera que en los países de Occidente donde supuestamente la “salud mental” está más controlada. Esto hace que me replantee, si realmente esta salud mental tiende a mejorar a medida que nos apartamos de las instituciones y, por lo visto, parece que sí. Considero muy importante la afirmación que realiza Xarxa GAM (2018, p. 14), y es que afirman con todas las letras que “este cuento no es nuevo”, y que lo hemos podido apreciar y escuchar numerosas veces. Refiere a que argumentos de carácter biologicista están tratando de justificar aquello que resulta injustificable, siempre encontrándose estos 19 argumentos del lado opresor. Lo que ocurre es que se nos vende un discurso disfrazado; se afirma que es disfrazado porque es supuestamente científico y también incontestable e irrebatible, justificando de esa manera la forma en que se trata de manera oficial y registrada el trastorno mental, del mismo modo que ya se ha hecho, afirma Xarxa GAM (2018, p. 14); también continúa haciéndonos saber que el trastorno mental como concepto no se puede atribuir a factores genéticos; y esto se explica porque el sufrimiento es algo que resulta inherente a nuestra forma de vivir; así como también las ganas de afrontarlo y superarlo. Habiendo entrado ya en materia, podemos afirmar, según Xarxa GAM (2018, p. 15), que el biologicismo es aquella ciencia dominante que afirma que las enfermedades mentales que hemos mencionado tienen su origen y su génesis en un “desequilibrio químico” que se encuentra en el cerebro; el bilogicismo mantiene que estos trastornos mentales se encuentran en los genes, están en ellos, y por supuesto, son hereditarios y se traspasan de generación en generación; en otros términos, como bien afirma Xarxa GAM (2018, p.15): “La culpa es de tu cuerpo, y no de que te hagan vivir una vida de mierda”. Es curioso cómo afirma Xarxa GAM (2018, p. 66-67), que aún la psiquiatría no ha conseguido demostrar ni mucho menos encontrar el origen biológico de los trastornos mentales en el que tanto insiste y basa todos sus principios y tesis. Continúa manteniendo que los estudios psiquiátricos no se encuentran fundados en alguna muestra de carácter irrefutable, de que la “enfermedad” se encuentre en la sangre, ni tampoco en los genes, ni por supuesto en nada biológico que se encuentre presente en el organismo. La tesis que quiere exponer Xarxa GAM (2018, p. 66-67) es que los orígenes de los trastornos mentales vienen dados y tienen su punto de partida en la presión vital que el sistema capitalista ejerce sobre nosotros, los individuos; manteniendo una cultura opresora hacia nosotros en todas y cada una de sus ramas. Esto tiene como consecuencia la deducción de que los trastornos mentales deberían quedarse en el ámbito de la psicología y no en el de la psiquiatría (recordemos que según nuestro enfoque, la psiquiatría se entiende como pseudociencia), por el motivo de que estos trastornos vienen de traumas pasados y también, como afirma Xarxa GAM (2018, p.66-67), de una serie de experiencias sumadas que nos superan, nos estresan y también nos angustian: “La última moda es la de predecir en porcentajes la probabilidad que una niña, adolescente o adulta pueda desarrollar un problema concreto de salud mental, pasando de la pseudo-ciencia a las ciencias ocultas de la adivinación.” (Xarxa GAM., 2018, p. 66-67). 2.4. Mujer loca y feminismo loco Ahora nos pararemos a analizar de qué manera la locura ha sido utilizada históricamente como una herramienta de control sobre las mujeres. Para poder dar cuenta de esta situación, nos serviremos del artículo de Conchi San Martín, Mujer y locura, extraído del boletín de contrapsicología: El rayo que no cesa. Creo que este apartado va a ser muy ilustrativo, ya que con la ayuda de San Martín podremos tener un buen conocimiento acerca de cómo las estructuras psiquiátricas se han encargado de patologizar las experiencias femeninas, subrayando la importancia de contextualizar la locura desde un punto de vista y desde una perspectiva feminista para así reconocer las voces de las mujeres en el ámbito de la salud mental. Para comenzar, resulta clave que lo primero que hagamos sea analizar, como bien dice San Martín (2019) la relación existente que se ha y se ha dado desde los inicios entre mujer y locura. San Martín también comparte una postura antipsiquiátrica, y como tal, comprende un significado acerca de la locura basado en los principios de la antipsiquiatría. Hace hincapié en que seamos capaces de distinguir en un primer momento, entre locura y esquizofrenia; la 20 locura, según San Martín (2019), se entiende como un intento de reivindicar el recuperar aquello que se ha perdido, aquello que ha sido arrebatado, como por ejemplo la infancia, la capacidad del goce, el ser capaces de atravesar el miedo a la soledad y a la muerte. Por otra parte, se comprende esquizofrenia como respuesta a esta locura, a estos atributos robados; la esquizofrenia es la respuesta con desespero a una situación insoportable para el sujeto, donde han ido surgiendo y han continuado dando una serie de malentendidos y violencias; podría hablarse de una situación sin salida donde se está abocado a la duda permanente, am sufrimiento doloroso que puede convertirse en estéril, destructor… (San Martín, 2019, p. 10). Ahora, si relacionamos estas situaciones con la mujer, observamos que esta se encuentra sometida a un discurso enormemente contradictorio que ha encarnado en cuerpo y alma. De aquí surge la siguiente pregunta según San Martín (2019): “¿cómo es posible construirse como mujer o ser mujer sin de alguna forma volverse loca, sin de alguna manera perder el sitio, dislocarse, perder el lugar?”. San Martín (2019), nos hace entrar en ese discurso contradictorio, el cual mantiene que da forma a la mujer; este discurso pone a la mujer en una situación en la que no encuentra salidas, y en el caso de que las hubiera, le resultarían especialmente dolorosas. Este discurso se explica de la siguiente manera: Por una parte, si yo soy aquello que me está mandado (ya desde fuera, ya desde dentro de mí misma), aquello que me da identidad como mujer normal, como mujer no extraña, no rara, me encuentro con los modelos de una mujer sumisa, obediente, casta, complaciente…, esa mujer que debe construirse a partir del deseo del otro como algo fundamental que va instalándose en la propia identidad, en el propio desarrollarse y saberse. Creo que es un punto especialmente importante el ver cómo eso está de alguna forma dentro nuestro: el saberse valorada a través de los ojos del otro, a través de la confirmación del otro, hablando llanamente, obedecer a un mandato único: ser el deseo del Señor. Necesariamente encontramos las prebendas que se obtienen por el hecho de cumplir con lo que me/nos está mandado: “eres la reina, la diosa, la deseable, la deseada… pero justo por no ser más que aquello que yo te concedo”. (San Martín, 2019, p. 10-11) Como mantiene San Martín (2019), aquello que se valora en la mujer (recibiendo el beneplácito) por el simple hecho de ser mujer, aparece entonces ensalzado, pero también es objeto de burlas, porque es lo que el hombre (entendido como el valor patriarcal) termina por rechazar, es decir, se tiene un fuerte rechazo a la sensibilidad que hace vulnerable, la impotencia silenciosa, los lloriqueos, en resumen, aquello que se entiende por “lo blando”. Es interesante cómo San Martín (2019) nos hace saber que el drama para la niña, el auténtico problema que se le planteará a la futura mujer, va a ser el de cómo esa condena se convierte en una creencia íntima y arraigada a la condición femenina, se convierte en el cómo llego a creer que eso debe ser así, en que eso debe ser ella/nosotras, en cómo todo eso se va instalando dentro del cuerpo y del alma y cómo trata de ir respondiendo a la pregunta que siempre nos está rondando: ¿quién soy realmente? ¿Quién soy yo para el otro? ¿Quién soy para mí en función de la opinión de qué soy para el otro? San Martín (2019) lanza la pregunta: “¿Cómo es posible construirse como mujer o ser mujer sin de alguna forma volverse loca, dislocarse, perder el lugar?”. Ahora, si ponemos el foco desde otra perspectiva, en términos de San Martín (2019), si nos situamos en el punto de vista de la otra forma de ser mujer, es decir, tanto el negarse como 21 el revelarse, como el decir que no, el decir “yo me niego a ser la esclava del señor”, tomar esa postura rebelde no dejaría de resultar menos dolorosa porque sobre esa mujer que intenta la rebelión, que intenta impulsarse y salir de sus cadenas, recaen numerosas acusaciones y burlas que una vez más harán instalar las dudas dentro de sí misma. Según San Martín (2019) esta postura repleta de rebeldía trae como consecuencia la aparición de la mujer catalogada como transgresora, aquella que, como hemos dicho antes, va en contra de ser la sumisa del señor; a causa de esto, es pecadora, merece castigo, y así es como surgen los personajes de la mujer agresiva (llena de rabia), simplemente, de estas actitudes se obtiene la categoría de “no-mujer”. Esta mujer, se convierte en la mujer con características masculinas, por tanto, es rechazada: “ya no eres la que yo deseo” -dirá el amo- “te retiro las prebendas, no eres”. (San Martín, 2019, p.11). Según San Martín (2019), esta rebelión a la que acabamos de hacer referencia, resulta dolorosa para la mujer porque provoca que esta pueda quedarse como a punto de ser arrojada en el filo de un abismo, ya que le inundan las dudas acerca de la pregunta: ¿quién soy yo? ¿estaré equivocándome? ¿cómo puedo hacer para ser? Esta última pregunta, me ha dejado muy impresionada, llegar a preguntarse qué es lo que tengo que hacer, lo que debería hacer para poder ser; plantear esa pregunta deja una sensación de frialdad increíble, esa impotencia de pensar que hagas lo que hagas te vas a sentir juzgada, que tomes una decisión u otra siempre te perseguirán los estigmas, eso es a lo que las mujeres nos tenemos que enfrentar; a preguntarnos qué podemos hacer, cómo podemos ser para vivir un poco más tranquilas, pero una respuesta adecuada a esas preguntas, y más que adecuada, práctica, bajo mi punto de vista es inviable por todo el sistema de creencias patriarcales que se hallan consolidadas. San Martín (2019) lo expone muy bien cuando dice que el sentimiento que toda esta doble visión provoca en la mujer es de contradicción, de que no hay salida: “Si soy aquella que se espera resulto no ser nadie y no tener valor, pero si dejo de serlo, si me rebelo, se me acusa de no ser mujer, de no ser nadie tampoco.” (San Martín, 2019, p. 11). Siguiendo con el tema de la locura, afirma San Martín (2019), que para lograr entenderla en este contexto nos podemos servir de la paradoja del amo y esclavo de Hegel. En esta paradoja, el esclavo tiene la función de descubrirle al amo que ambos están unidos por las mismas cadenas: se necesitan mutuamente, se complementan necesariamente. En este punto, San Martín (2019) afirma que podemos ser capaces de entender de qué manera históricamente la mujer, sabiendo sus condiciones, sabiendo que está dominada y siendo consciente de su situación de sumisión, va a ser la primera que intente, como hemos visto, rebelarse desarrollando formas en las que ahora ese Señor del que hablábamos al principio fuera el que dependiera de ella, el que la necesitase de la misma manera. Según San Martín (2019), a raíz de todo esto se nos aparece el discurso que ha sido creado en cuanto al tema de la histeria femenina, y además, justo en el momento en el que ya se clasifica y se diagnostica la locura específica de la mujer. Sirviéndonos de la metáfora del amo y del esclavo, afirma San Martín (2019) que entenderíamos que lo que la llamada mujer histérica hace no es más que ese acto de rebeldía que mencionábamos en el discurso anterior, ese intentar rebelarse contra su amo, recordándole esas mismas cadenas que le unen a ella. San Martín (2019) saca a colación y afirma que en el querer entender la histeria femenina o, como hemos mencionado anteriormente, la ruptura de la mujer, es de gran importancia pararse a ver cómo ahí entra inmediatamente el temor masculino; es decir, cómo es absolutamente necesario catalogar eso que está sucediendo, entendiendo a esa persona como enferma, como alguien que se sale de la norma, que hace cosas raras y sobre todo, realizar este juicio y este catálogo denigrando a la mujer. De esta manera, continúa manteniendo San 22 Martín (2019), que la mujer histérica vendría a presentarse y a identificarse como la mujer superficial, reprimida sexualmente hablando, es decir, su frigidez no está expresando una lucha que mantiene para denunciar su situación con respecto a ese hombre –concreto y abstracto– con el que se encuentra, sino que se entiende como una represión tanto de sus deseos como de su goce, hablamos de una mujer que se dedica a exagerar, una teatrera, en resumen, reúne todas las condiciones para que la mujer termine desembocando en el adjetivo de “loca”. Vemos que la mujer vuelve a ser condenada, decimos que vuelve, porque, como hemos visto desde un primer momento, cuando presentábamos el discurso, la mujer también se encontraba perdida sin encontrarse, sin saber bien cómo atreverse a ser, en ese primer momento la locura de la mujer la habíamos entendido en los términos del intento de rebelión en cuanto a su condición dicotómica impuesta. Ahora, cuando hemos introducido la histeria femenina, vemos que la mujer ha sufrido el adjetivo de loca, se ha convertido, y le han convertido en la loca, le han vuelto a condenar. Mantiene San Martín (2019), que a pesar de que le recuerde al otro, que también forma parte de la relación de complementariedad, es decir, recordarle que también es esclavo, ella misma, la mujer, entra en un intento de solución sin salida que no le lleva a nada, vuelve a encontrarse atrapada una vez más y además, ahora, tachada y catalogada como enferma. Mantiene San Martín (2019) que si hacemos uso de, como dice ella textualmente “La Biblia de los Psicólogos y Psiquiatras”, del manual del DSM del que ya hemos hablado en apartados anteriores y ya conocemos, podemos ver los puntos o los rasgos patológicos, diversas acusaciones patológicas que tienen relación con las mujeres. Sostiene San Martín (2019), que estas acusaciones se fundan en miedos irracionales, el no control de las emociones, la exigencia por parte de la persona de amor y cuidados a los otros, el capricho exagerado, superficial, victimista, la hipersensibilidad, la seducción, la manipulación… En conclusión, San Martín (2019) nos hace saber que todos estos rasgos mencionados son los presentes en la histeria femenina. En general, estos rasgos desembocan en trastornos de angustia y también fobias que, justamente, serán aquellos trastornos mentales que padecen en mayor número las mujeres que los hombres. Es curiosa la manera en la que estos rasgos crean toda una imagen de la mujer que, se pregunta San Martín (2019): “¿acaso no es en el fondo lo que se pide a la mujer que sea?, ¿no son realmente coherentes con esa imagen de mujer sumisa, obediente, centrada/volcada en la relación con los demás?”. 3. Cuerpo y capitalismo Para comenzar este tercer y último apartado, lo primero de lo que nos encargaremos será de poner en contexto al concepto del cuerpo, a nuestro cuerpo, el cual nos informa de nuestras vivencias tanto biológicas como sociales. Comienza Federici (2019, p. 15), lanzando la afirmación de que no nos cabe ninguna duda de que el cuerpo, como tal, se encuentra hoy en día en el centro de todos los discursos, tanto en el político, como en el disciplinario y el científico, con el intento de redefinir sus cualidades y también las posibilidades que los cuerpos pueden brindar en cada campo. Mantiene Federici (2019), que va a resultar de una gran complejidad el artificio de una visión con coherencia acerca del cuerpo sobre la base de las teorías que se encuentran más acreditadas en el ámbito tanto intelectual como político. Siguiendo a Federici (2019), para poder hablar de cuerpo, por un lado, nos encontramos con las formas más extremas de determinismo biológico, con la llamada asunción del ADN como el “deus absconditous (dios oculto), que de manera presumible determina –a nuestras espaldas– nuestra vida fisiológica y psicológica. Ahora, por otra parte, dejando de lado los 23 factores biológicos, nos han ido surgiendo diversas teorías que nos han hecho desechar todos estos factores resferentes a la biología, a favor de las representaciones performativas o textuales del cuerpo y a abrazar, como parte constitutiva de nuestro ser, nuestra creciente asimilación en relación con el mundo de las máquinas (Federici, 2019, p. 15). Habiendo ya expuesto estos dos puntos de vista, en referencia al concepto de cuerpo, expone Federici (2019) que una tendencia común es la falta de un punto de vista desde el cual seamos capaces de captar y de identificar aquellas fuerzas sociales que nos afectan, que atentan directamente contra nuestros cuerpos. Presentando una obsesión equiparable a la religiosa, la biología circunscribe el área de la actividad significativa a un mundo microscópico de moléculas, cuya constitución es tan misteriosa como la del pecado original. Según Federici (2019), aquellas personas que se dedican al estudio de la biología, llegamos a este mundo ya contaminado, predispuesto y predestinado o a salvo de enfermedades; y esto es así porque todo se encuentra presente en el ADN, que un dios desconocido para nosotros se ha encargado de asignarnos. Continúa afirmando Federici (2019), que haciendo referencia ahora a las teorías discursivas y performativas del cuerpo, estas también guardan silencio sobre el terreno social a partir del que se van generando progresivamente ideas acerca del cuerpo y también sobre las prácticas corporales; este silencio se da porque existe un temor (Federici, 2019, pp. 15-16) de que la búsqueda de una única causa nos pueda producir cegación ante las diversas maneras en que nuestros cuerpos van articulando y modelando tanto nuestras identidades como las relaciones establecidas con el poder. También Federici (2019) hace referencia y menciona que se da una tendencia que ha sido recuperada desde Foucault; y tiene que ver con la investigación de los “efectos” de los poderes que actúan sobre nuestros cuerpos en lugar de sus fuentes, de su génesis. Sin embargo, si no se ofrece una visión reconstruída del campo de fuerzas en el que se mueven, nuestros cuerpos, según Federici (2019), tienen dos opciones: la primera es permanecer ininteligibles; y la segunda es que han de desencadenar visiones desconcertantes referentes a sus operaciones. Federici (2019, p. 16-17) hace referencia a un trabajo titulado Calibán y la bruja (2004), en que el que afirma que se encargó de examinar aquello que nos interesa en este apartado del trabajo: el papel del capitalismo en relación con el cuerpo. Cuando Federici (2019) habla del cuerpo, lo pone entre comillas, con el objetivo de aclarar que, para ella, es un concepto de carácter ficticio, ya que lo entiende como un conjunto de abstracciones históricas y realidades sociales todas ellas diferentes y únicas entre sí. Federici (2019) toma como principal argumento que uno de los principales objetivos y maquinaciones del capitalismo (nunca mejor dicho) ha sido conseguir transformar nuestros cuerpos en máquinas hechas para el trabajo. Esta concepción responde a la necesidad de, como argumenta Federici (2019), maximizar la explotación del trabajo vivo, también a través de la creación de maneras bien diferenciadas de trabajo y coerción, y ha resultado ser el factor que más ha logrado modelar nuestros cuerpos en la sociedad capitalista en la que vivimos. Mantiene ahora Federici (2019), que este enfoque del cuerpo, en relación con el capitalismo, ha sido contrastado con otro punto de vista ofrecido por Michael Foucault (1979) en su obra El nacimiento de la prisión; su enfoque arraiga los regímenes disciplinarios a los que el cuerpo fue sometido en la “era moderna” en el funcionamiento de un poder metafísico que no se logra identificar de una mejor manera en sus propósitos y objetivos (Federici, 2019, p. 16-17). Federici (2019) argumenta, en contraposición a Foucault, que no hay solamente una historia del cuerpo y de su proceso de mecanización, sino múltiples; porque las jerarquías raciales, sexuales y generacionales que el capitalismo ha ido construyendo desde sus orígenes descartan completamente la posibilidad de un punto de vista universal. Es por este último motivo por el que Federici (2019) dice que la historia 24 del cuerpo tiene que ser contada realizando el ejercicio de entretejer las historias de todas y cada una de las personas que en su día fueron esclavizadas, colonizadas o también convertidas; también, en referencia al trabajo, aquellas que fueron convertidas en asalariadas o en amas de casa no remuneradas y siguiendo por supuesto con la inclusión de las historias de los niños y las niñas; lo que Federici quiere hacernos saber es que los sistemas de dominación se encuentran entrelazados, esta red es la estrategia que toma el capitalismo para hacerse más fuerte, esta red de dominios siempre va a tener como consecuencia la producción y el origen de una nueva realidad (Federici, 2019, p.16-17). Es necesario, siguiendo a Federici (2019), que pongamos especial énfasis y atención a todas estas maneras de enfocar al cuerpo; si tenemos una perspectiva amplia desde todos estos puntos de vista, podremos realizar un ejercicio más profundo de comprensión acerca de la guerra que ha ido gestando y poco a poco desencadenando el capitalismo contra todos los individuos y contra la naturaleza misma, y también diseñar estrategias que sean capaces de parar y hacerle frente a toda esta situación de destrucción. Para Federici (2019), hacer mención a la guerra no significa asumir una totalidad de carácter original ni tampoco proponer ni proporcionar intencionadamente una visión idealidaza de la llamada naturaleza, sino que, si hablamos de guerra, es con el fin de resaltar el estado de emergencia en el que estamos actualmente inmersos y también para cuestionar la reestructuración de nuestros cuerpos como un camino al supuesto empoderamiento social y la autodeterminación. Tenemos, que tener en cuenta la posibilidad de alcanzar los beneficios que se pueden derivar de políticas y tecnologías que no son controlados desde abajo. Es importante para Federici (2019), que antes de que celebremos nuestra conversión en cyborgs, primeramente sería conveniente reflexionar acerca del proceso de macanización que hemos sufrido y que seguimos sufriendo en nuestros días; esta reflexión se traduce, según Federici (2019), en que sería ingenuo por nuestra parte que imaginásemos nuestra relación con las máquinas como simbiótica, ya que necesariamente tiene como resultado una extensión de nuestros poderes e ignorar las limitaciones que las tecnologías imponen a nuestras vidas y su uso cada vez mayor como medio de control social. El capitalismo se ha encargado de tratar nuestros cuerpos como máquinas de trabajo porque es el sistema social que, de manera sistemática, más ha hecho del trabajo humano la esencia de la acumulación de riqueza; y eso se ha logrado mediante la imposición de formas de trabajo mucho más intensas y uniformes, así como con múltiples regímenes e instituciones de carácter disciplinario, junto con temor y rituales de degradación (Federici, 2019, p. 17-18). 3.1. Psicología y cuerpos en la industria En relación con el apartado anterior, donde contextualizamos el concepto de cuerpo, en este subapartado veremos la relación que tiene el cuerpo con la psicología y con la industria. Según Federici (2019), el objetivo de la psicología en la última parte del siglo XIX es perfeccionar la construcción de la “máquina hombre”, desplazando a la filosofía en este papel estratégico. La psicología según Federici (2019) se convirtió en la encargada de recoger el daño causado a la psique de las personas trabajadoras por el sistema capitalista, así como establecer conexiones apropiadas entre los seres humanos y las máquinas. (Fedrici, 2019, p. 84). En sus orígenes, encontraba su principal preocupación en los efectos del trabajo muscular en el cuerpo, pero pronto sería llamada a enfrentar el absentismo de los trabajadores, así como otras formas de resistencia a la disciplina industrial, y también la resistencia de estos a sus propios métodos y técnicas. Según Federici (2019), la psicología se convirtió en la disciplina que más conectada se encontraba con el control referente a la fuerza de trabajo; mucho más que la medicina y la sociología, la psicología ha tenido múltiples intervenciones, 25 como, por ejemplo, en la selección de los trabajadores, realizando numerosas entrevistas, administrando pruebas, para elegir el “mejor hombre para el trabajo”, como mantiene Federici (2019) citando a Rozzi (19): para detectar frustraciones y decidir promociones. Según Federici (2019, p. 85), en el momento en el que se atribuyen patologías, inherentemente a la organización industrial del trabajo, a una realidad instintiva preexistente, y al dar un manto de cientificidad a políticas dictadas únicamente por la búsqueda de ganancias, las psicólogas y los psicólogos, desde la década de 1930, se han encontrado presentes en las fábricas, unas veces formando parte del personal empleado permanente o también interviniendo de manera directa en el conflicto existente entre capital-trabajo. Continúa manteniendo Federici (2019) que la necesidad de los psicólogos de mantener controlados a los trabajadores les ha obligado a considerar su “subjetividad” y también de esta misma manera, a ajustar sus propias teorías a los efectos de la resistencia de quienes trabajan. Por ejemplo, según Federici (2019) y citando a Rozzi (nota 20, 158), la lucha por la reducción de la jornada laboral ha tenido como consecuencia la generación de diversos estudios médicos sobre el problema de la fatiga muscular, convirtiéndolo por primera vez en un concepto científico. Para Federici (2019), la psicología industrial ha seguido encerrando a las trabajadoras y trabajadores en una amplia red de restricciones que tienen su fundamento en la mistificación, de manera sistemática, de los orígenes de las patologías de las trabajadoras y trabajadores y la normalización del trabajo enajenado. De hecho, insiste Federici (2019), la tarea de la psicología ha sido la de cerrar la realidad del día a día de aquellas personas trabajadoras, tanto que la mayoría de los estudios de carácter psicológico pertenecientes a este periodo, como según nuestra autora, señala también Rozzi, no presentan ningún valor que no sea desde un punto de vista ya sea histórico o genealógico (Federici, 2019, pp. 85-86). Habiendo ya comentado toda esta situación anterior, Federici (2019, p. 89) destaca que podemos encontrarnos con una serie de lecciones de suma importancia respecto a todo este tema: en primer lugar, hemos aprendido que la disciplina de trabajo catalogado como capitalista requiere y necesita del proceso de mecanización del cuerpo, de la destrucción de la autonimía del mismo, así como también de su creatividad y de aquello que lo hace único; a lo que quiere llegar Federici en esta primera puntualización, es que ninguna explicación de nuestra vida psicológica y social debe dejar a un lado esta realidad. Seguidamente, para Federici (2019), somos cómplices de la transformación que han sufrido los cuerpos en fuerzas de trabajo, dice que la psicología ha violado los presupuestos mismos de su pretensión de ciencia, ya que ha ido descartando y desechando aspectos clave de la realidad, que se esperaba analizar, como, por ejemplo, la repulsión de las trabajadoras y trabajadores a la reglamentación que impone el trabajo industrial en nuestros cuerpos. En último lugar, y para Federici (2019), lo más importante, la historia de la transformación de nuestros cuerpos en fuerzas de trabajo hace posible la revelación de la profundidad de la crisis que ha encabezado el capitalismo desde la década de 1960. Se trata de una crisis en la que la clase capitalista ha tratado de contener mediante una reorganización global del proceso de trabajo, pero solamente ha logrado relanzar las contradicciones que impulsaron su causa a un nivel mucho más amplio y explosivo. Según Federici (2019, p. 89-90) esto es así porque cada vez va quedando más claro y se nos va quedando más grabado, que los mecanismos que garantizan la disciplina que se requiere para la producción de valor ya no tienen el mismo funcionamiento o simplemente ya han dejado de funcionar. Continúa afirmando Federici (2019) que los movimientos que se dieron en los años sesenta y setenta fueron un punto de inflexión con respecto a esto, teniendo como consecuencia la expresión de una revuelta contra el trabajo forzado industrial, que consiguió invertir todas y cada una de las articulaciones de la denominada “fábrica social”, como mantiene textualmente Federici