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Primo Levi, un humanista crítico

Batalla Gavaldà, Ana Lucía

Abstract

La intención de este escrito es reflexionar sobre el pensamiento del italiano Primo Levi y defender como apropiado el referirnos a él como un ‘humanista crítico’. Para ello seguimos los criterios propuestos por T. Todorov para caracterizar la doctrina humanista en tres elementos: autonomía del yo, finalidad del tú y universalidad de los ellos, y los propios del humanismo crítico, único posible tras lo ocurrido en Auschwitz y Kolyma: el reconocimiento del horror del que somos capaces los seres humanos y la afirmación de la posibilidad del bien. Palabras-clave: Humanismo crítico, Campos de concentración, Sobreviviente,Testimonio, Memoria.

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– 53 – THÉMATA. Revista de Filosofía Nº51, Enero-junio (2015) pp.: 53-69 ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 PRIMO LEVI, UN HUMANISTA CRÍTICO PRIMO LEVI, A CRITIC HUMANIST Ana Lucía Batalla Gavaldà1 Universitat de València (España) Recibido: 31-07-2014 Aceptado: 09-12-2014 Resumen: La intención de este escrito es reflexionar sobre el pensamiento del italiano Primo Levi y defender como apropiado el referirnos a él como un ‘humanista crítico’. Para ello seguimos los criterios propuestos por T. Todorov para caracterizar la doctrina humanista en tres elementos: autonomía del yo, finalidad del tú y universalidad de los ellos, y los propios del humanismo crítico, único posible tras lo ocurrido en Auschwitz y Kolyma: el reconocimiento del horror del que somos capaces los seres humanos y la afirmación de la posibilidad del bien. Palabras-clave: Humanismo crítico, Campos de concentración, Sobreviviente,Testimonio, Memoria. Abstract: The aim of this research is to reflect upon the thoughts of the Italian Primo Levi and the defense of referring to himself as a ‘critic humanist’. Therefore, I based on the criteria proposed by T. Todorov to describe the humanism doctrine: the autonomy of the I, the finality of the you and the universality of the they; and the criteria for the critic humanism, the only regarded as possible after what happened in Auschwitz and Kolyma: acknowledgement of the horror that humans are capable to make, and the affirmation of the possibility of good. Key-words: Critic humanism, Concentration camps, Surviving, Testimony, Memory. El objetivo de este texto será tratar aquellos elementos de la obra y la biografía del italiano Primo Levi que me llevan a calificarlo de ‘humanista crítico’. Con este término sigo la concepción propuesta por Tzvetan Todorov en su obra titulada Memoria del mal, tentación del bien. En esta propone una varia- [1] ([email protected]) Licenciada en Filosofía por la Universidad de Valencia, interesada especialmente por la antropología filosófica, la historia conceptual y la hermenéutica filosófica. Ana Lucía Batalla Gavaldà THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 – 54 – ción del concepto de humanismo que anteriormente había defendido en su obra El jardín imperfecto, que se caracterizaba por tres elementos esenciales: 1) El ser humano se encuentra en el origen de sus propios actos y es libre de llevarlos o no a cabo, esto es, actúa a partir de su propia voluntad; 2) El ser humano es el fin último de sus actos, que no apuntan a entidades supra o infrahumanas; 3) Dibuja el espacio en el que todos los seres humanos evolucionan, que únicamente les pertenece a ellos. Las fórmulas que utiliza para referirse a estas tres características son: autonomía del yo, finalidad del tú y universalidad de los ellos, respectivamente2. En el año 2002, Todorov propondrá tomar como punto de partida los campos de concentración de Auschwitz y Kolyma para explicitar qué se puede entender por pensamiento humanista a partir de estos. El primero de los elementos que caracterizarían este humanismo crítico, que se enfrenta a una realidad muy diferente tras ‘el corto siglo XX’, será el reconocimiento del horror del que son capaces los seres humanos, tanto de causarlo como de sufrirlo; y el segundo elemento será una afirmación de la posibilidad del bien, «de un bien que conduce a tomar al hombre, en su identidad concreta e individual, como fin último de su acción, a quererlo y a amarlo»3. De este modo, el desafío al que se enfrentan los humanistas tras Auschwitz y Kolyma será el tratar de conciliar la innegable ausencia de ilusiones sobre el hombre con el mantenimiento del hombre como objetivo de su acción. Lo que voy a hacer en este escrito será ver cómo afronta Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz, este desafío humanista. Para ello, comentaré primero cómo cumple las características del pensamiento humanista en general, para pasar a continuación a ver si cumple las características más concretas del humanismo crítico, posterior a Auschwitz; a pesar de que, como no puede ser de otra manera, ambas caracterizaciones están profundamente interrelacionadas. 1. La autonomía del yo El primer elemento que trataré para ver su reivindicación de la autonomía del yo es de dónde nació su vocación literaria, esto es: ¿por qué siente la necesidad de escribir sobre su experiencia en los campos de concentración alemanes? La pregunta así formulada permite intuir una respuesta: Levi es habitado por un sentimiento de liberación y alivio cuando escribe, es para él un ‘acto terapéutico’4. Tal como el propio autor dice en el Prefacio del primero de sus libros: Si esto es un hombre, la necesidad de escribir nació en el Lager mismo: [2] Todorov, T.: El jardín imperfecto. Luces y sombras del pensamiento humanista, Barcelona: Ed. Paidós, 2011; p. 46. [3] Todorov, T.: Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Barcelona: Ed. Península, 2002; p. 365. [4] Traverso, E.: La historia desgarrada, Barcelona: Ed. Herder, 2001; p. 25. Primo Levi, un humanista crítico – 55 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 «La necesidad de hablar a ‘los demás’, de hacer que ‘los demás’ supiesen, había asumido entre nosotros, antes de nuestra liberación y después de ella, el carácter de un impulso inmediato y violento, hasta el punto de que rivalizaba con nuestras demás necesidades más elementales; en primer lugar, por lo tanto, como una liberación interior»5. Esta necesidad suya se reconoce común entre gran parte de los Häftlinge de los campos de concentración, ya que todos comparten un mismo sueño que les atormenta durante la noche: sueñan que han vuelto a sus casas, están reunidos con su familia, contándoles lo que les ocurrió durante este tiempo y nadie los escucha, sino que ignoran su relato e incluso salen de la sala en la que se encuentran sin dirigirles la palabra. Este sueño angustioso, que todavía les atormenta cuando son liberados del campo, testifica el miedo que sentían a que los alemanes ganasen la batalla y que, en el caso de que sobrevivieran, algo prácticamente impensable durante el tiempo que estuvieron en el Lager, nadie les iba a creer. Miedo a que los alemanes escribieran la historia y consiguieran que el mundo no creyese lo que ellos decían; a que se salieran con la suya, ya que como escribiría muchos años después en Los hundidos y los salvados, toda la historia del ‘Reich milenario’ puede releerse como una guerra contra la memoria, y esto será lo que él tratará de evitar mediante su escritura: evitar el olvido de lo que el ser humano ha sido capaz de hacer a sus semejantes. Mientras ellos estaban dentro del Lager, e incluso antes de que ellos mismos entraran, ya se contaban relatos sobre lo que ocurría en estos campos de concentración. Pero los ‘civiles’ se resistían a creerlos, eran relatos demasiado despiadados para ser ciertos. Parecía que tenían razón en su sueño cuando pensaban que nadie les prestaría atención, preferirían ignorarles. Y él mismo hace algo parecido dentro del campo cuando unos compañeros le cuentan que los elegidos en las selecciones tenían como destino las cámaras de gas. Él, por miedo a creer en lo que le dicen, insinúa que tal vez se los llevan a otros campos y por eso no los vuelven a ver; por lo que su compañero deja de insistir entristeciéndose: ‘No quiere entenderlo’. Esta es, creo yo, una actitud comprensible, podría decir ‘humana’: el querer apartar la mirada cuando algo nos resulta molesto. A esta actitud se refiere en su novela titulada Sistema periódico describiéndola como su modo de reaccionar cuando se enteró todavía en Italia de lo que ocurría en los Lager alemanes: «Si se quería sacar algún provecho de la juventud que aún bullía en nuestras venas, no nos quedaba verdaderamente otro recurso que la ceguera voluntaria» (Système, 65). «Nuestra ignorancia nos permitía vivir» (115)6. Siguiendo a Todorov quiero destacar los siguientes procedimientos de control de la memoria como los propios de totalitarismos como el nacionalsocialista: desaparición de las huellas, intimidación de la población, uso de eufemis- [5] Levi, P.: Si esto es un hombre, Barcelona: Muchnik Editores, 2002; p. 10. [6] Citado en Todorov, T.: Frente al límite, México: Ed. Siglo XXI, 2004; p. 153. Ana Lucía Batalla Gavaldà THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 – 56 – mos y la mentira o propaganda. Es por todos sabida la decisión hitleriana, tras la pérdida en Stalingrado, de convertir en cenizas todos los cuerpos que despreocupadamente habían sido apilados en fosas en los Lager alemanes. Este fue su modo de hacer desaparecer las huellas: convertir a seres humanos en cenizas. E incluso hicieron estallar las cámaras de gas y los crematorios en el otoño de 1944. También la intimidación de la población, ligada a la mentira y la propaganda fueron buenos aliados del nazismo, gracias a los cuales mantuvieron a la población en silencio, o como dirá Levi: los convirtió en sordomudos voluntarios. Como último procedimiento, los eufemismos fueron de lo más común en este totalitarismo: ‘solución final’ para referirse al exterminio judío, ‘cuerpos’ como modo de referirse a los seres humanos muertos, ‘traslado’ para referirse a deportación, ‘tratamiento especial’ hacía referencia a la muerte con gas, y un largo etc. Considero que esta voluntad de escribir y narrar lo vivido muestra el primer elemento del pensamiento humanista definido por Todorov: la autonomía del yo del autor, que se compromete deliberadamente en esta tarea narrativa de reconstrucción e intento de comprensión de lo ocurrido. Porque este último punto, no lo olvidemos, será uno de los esenciales en su motivación: intentar comprender y dar un sentido a lo vivido. Esto es algo constitutivo de la especie humana, pero ante una situación semejante a la acaecida en el siglo XX se plantea una cuestión problemática, ya que podríamos correr el riesgo de trivializar el mal al intentar comprenderlo. Por eso dirá Primo Levi: «Tal vez lo que ocurrió no deba ser comprendido, en la medida en que comprender es casi justificar». Aun así, él estará hasta el final de sus días escribiendo, leyendo, recopilando información e intercambiando correspondencia con personas gracias a las cuales esperaba poder comprender, entender y dar sentido a lo ocurrido. Probablemente, moriría sin haberlo conseguido. Tal y como podemos leer en la obra de E. Traverso titulada La historia desgarrada, «Este racionalismo humanista era la fuente de una necesidad de comprensión y claridad, a la vez subjetiva y universal, en la que basaban su obra de testigos. El testimonio no solo responde a una necesidad interior de los supervivientes, sino también a una exigencia ética de la sociedad. Para Levi, la imposibilidad de comprender estimula aún más la necesidad de conocimiento»7. Así pues, Primo Levi reivindicará un valor ético y pedagógico del testimonio que será el que le impulsará a seguir escribiendo hasta el final de sus días. La memoria de la ofensa será una condición esencial para restablecer la justicia, algo que Levi considera que no le corresponde a él, sino a los especialistas en jurisdicción. Mientras que el recuerdo de Auschwitz pertenece a los supervivientes y morirá con ellos, la memoria de lo ocurrido debe generalizarse al conjunto [7] Traverso, E.: Óp. Cit., p. 191-2. Primo Levi, un humanista crítico – 57 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 de la sociedad. Solo de este modo podrá salvarse del olvido a los vencidos en la historia. Primo Levi lo reivindicó a lo largo de su obra: recordar es un deber para los supervivientes, del mismo modo que el escuchar debería serlo para todos los demás. Para él será importante que el mundo comprenda que tales experiencias tenían un sentido, y que los Lager no fueron un accidente, un mero imprevisto de la historia. Para los estudiosos de Levi y de los relatos de los supervivientes en general, será importante en este punto la dialéctica que se establece entre la necesidad y la imposibilidad del testimonio (en términos de Shoshana Felman). Como dice E. Traverso: «La rememoración es necesaria y se acerca a la verdad en la medida en que revela sus límites y reconoce la imposibilidad de narrar un proceso de destrucción que, por voluntad de sus autores, debía ser un acontecimiento sin sujeto, un crimen anónimo […]. Las víctimas estaban obligadas a actuar como una pieza del engranaje que las destruía, en un proceso que borraba la huella del crimen al tiempo que lo perpetraba. El crimen pretendía ser anónimo, sin sujeto, y radical, sin testigos»8. Como leemos en la obra de Levi, los Muselmänner son aquellos que realmente son los testigos integrales, los que sintieron la experiencia radical de las cámaras de gas, mientras que él, un salvado, solo puede dar testimonio en tanto que consiguió no vivir tal experiencia. Pero ellos ya están muertos, e incluso antes de morir no podrían haber dado cuenta de su situación, porque antes de la muerte del cuerpo, en los Lager se producía una muerte del alma, fruto de la animalización que forzaban los alemanes. Por eso Levi, el superviviente que no ha renunciado al lenguaje, que sigue recordando poemas que le devuelven un mínimo de humanidad (como veremos más adelante) se siente en la necesidad de dar testimonio, de hacer lo que todos estos testigos ya no pueden hacer, y por eso les hará partícipes de sus obras mediante el recurso retórico de la prosopopeya. Sigo en este punto el análisis que ha hecho F. Rastier en su libro Ulises en Auschwitz de la obra de P. Levi, en la que afirma que «los poemas han sido escritos por un testigo hundido, mientras que las prosas son obras de un salvado»9. La prosa será el lenguaje del testigo, que facilita el regreso a la vida, mientras que la poesía, lenguaje del sobreviviente, anticipará la muerte de su narrador o bien tomará la palabra en lugar de los ya muertos. Así, mientras que la prosa del testimonio presenta una imposibilidad de dar la palabra a los difuntos, la prosopopeya lo hace posible mediante la ficción poética. Gracias a la escritura poética puede devolver al muerto la palabra. Los poemas de Levi no van dirigidos solo a los sobrevivientes, a quienes nadie comprende, sino que evocan también las voces de los hundidos. También dejará que los asesinos [8] Traverso, E.: Óp. Cit., p. 195. [9] Rastier, F.: Ulises en Auschwitz. Primo Levi el sobreviviente, Barcelona: Ed. Reverso, 2005; p. 62. Ana Lucía Batalla Gavaldà THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 – 58 – tomen la palabra en sus poemas, pero estos se delatan justificándose, y continúan con vida. Así pues, «No cabe duda de que el sobreviviente testimonia a favor de los muertos y contra los vivos, por las víctimas y contra los verdugos. Estos nos acusan, sin embargo, y hacen extensiva a los inocentes una culpabilidad que no asumen al atentar contra nuestra común humanidad. Negar su humanidad sería concederles el triunfo, puesto que ellos se la negaban a sus víctimas. No son monstruos, y la vergüenza que siente Levi es precisamente la de saber que son tan hombres como nosotros»10. Mediante el recurso de la prosopopeya Levi reafirma el valor ético que supone devolverle la palabra al difunto: así permite que el sobreviviente restituya la voz de los hundidos, que les fue arrancada por la muerte. El testimonio del sobreviviente tiene en cuenta, entonces, el que podrían haber dado los hundidos, y trata de mostrar, en la medida de lo posible, cuál fue su experiencia. Como dice Rastier, la dualidad de prosa y poesía, que Levi calificó como su mitad racional y la otra mitad, muestra el ‘desdoblamiento superpuesto del testimonio’. Así, mediante el recurso poético y la función crítica que tiene aparejada, nuestro autor conseguiría resolver la supuesta paradoja que se seguía de su condición de sobreviviente: la poesía logra reunir al sobreviviente y al testigo. De manera íntimamente relacionada con su necesidad de narrar aquello que entiende como una ruptura crucial en su vida y también en la historia de la humanidad, y de comprender las motivaciones y el carácter de los seres humanos, encontramos en sus textos alusiones directas al lector, que tratan de implicarlo en lo que está leyendo y situarlo en la posición en que se encuentran los personajes de la novela. Un claro ejemplo de esto es el poema que precede a su primer libro –Si esto es un hombre–: se refiere directamente a los que vivimos en nuestras casas calientes y tranquilas, empujándonos a reflexionar sobre lo que de hecho ha ocurrido. Nos pide retener sus palabras y repetirlas a nuestros hijos para que aprendan de lo ocurrido, e incluso termina el poema con una sorprendente amenaza para aquel que no cumpla con el legado que transmite: «O que vuestra casa se derrumbe, / La enfermedad os imposibilite, / Vuestros descendientes os vuelvan el rostro». A lo largo de toda su obra, Primo Levi tomará como receptor de su narración a un lector al que pide comprensión y sobretodo transmisión, esto es, que luche contra aquello que tanto miedo daba a los Häftlinge en los Lager y a los sobrevivientes después: el olvido y el silencio. Así, Levi considera su tarea principal el dar testimonio de lo ocurrido y no permitir que el olvido se apodere de esta parte tan desgraciada de la historia. Este será su modo de luchar contra el nazismo concretamente y contra todos los sistemas totalitarios en general, que intentan sustituir la verdad con la propaganda. De este modo, defiende la autonomía del yo pero también la finalidad del tú, que fue esencial [10] Rastier, F.: Óp. Cit., p. 86-87. Primo Levi, un humanista crítico – 59 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 para su supervivencia dentro del campo. Todos estos elementos los resume al final de su Apéndice de 1976 a Si esto es un hombre: «El hecho de haber sobrevivido y de haber vuelto indemne se debe en mi opinión a que tuve suerte. […] Quizás también me haya ayudado mi interés, que nunca flaqueó, por el ánimo humano y la voluntad no solo de sobrevivir (común a todos), sino de sobrevivir con el fin preciso de relatar las cosas a las que habíamos asistido y que habíamos soportado. Y finalmente quizás haya desempeñado un papel también la voluntad, que conservé tenazmente, de reconocer siempre, aun en los días más negros, tanto en mis camaradas como en mí mismo, a hombres y no a cosas, sustrayéndome de esa manera a aquella total humillación y desmoralización que condujo a muchos al naufragio espiritual»11. 2. La finalidad del tú En lo que se refiere a este segundo elemento del humanismo, que se tiende a relacionar con la amistad, será uno de los temas más importantes de Si esto es un hombre. Para el autor, las relaciones amistosas con los demás hombres fueron aquello que le permitió seguir sintiéndose como un hombre y no como una mera bestia, y por ello, uno de los elementos esenciales de su supervivencia en el Lager. Esto lo ejemplifica con la relación que establece con un obrero civil italiano que le llevó un trozo de pan y las sobras de su comida durante seis meses, a cambio de nada, simplemente porque consideraba que se tenía que hacer el bien, sin esperar compensación ninguna. Y dice Primo Levi sobre él: «Diré que creo que es a Lorenzo a quien debo estar vivo hoy; y no tanto por su ayuda material como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su manera tan llana y fácil de ser bueno, que todavía había un mundo justo fuera del nuestro, algo y alguien todavía puro y entero, no corrompido ni salvaje, ajeno al odio y al miedo; algo difícilmente definible, una remota posibilidad de bondad, debido a la cual merecía la pena salvarse. […] Lorenzo era un hombre; su humanidad era pura e incontaminada, se encontraba fuera de este mundo de negación. Gracias a Lorenzo no me olvidé yo mismo de que era un hombre»12. Y como él dirá en este mismo texto, fue la amistad que se estableció entre los enfermos dentro del Ka-Be (Krankenbau), durante los últimos días dentro del campo, aunque ya liberados de los alemanes por los bombardeos rusos, lo que les permitió organizarse y hacer de esos días algo ya humano. Esto es importante, porque serán los únicos que están marcados por una fecha concreta, en oposición a la vaguedad temporal que rodea todos los otros capítulos del libro. Este tendrá una estructura similar a la de un diario, en el que [11] Levi, P.: Óp. Cit., p. 346-347. [12] Ibídem, p. 209-210. Ana Lucía Batalla Gavaldà THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 – 60 – se explicita qué ocurrió exactamente durante los diez últimos días que pasaron allí y cómo organizaron entre tres amigos la comida, limpieza y cura de todos los que estaban en el mismo barracón. ¿Por qué este cambio de incerteza temporal a citar exactamente qué días fueron? Considero que se debe al cambio radical en las relaciones interpersonales que se establecieron entre los Häftlinge. Durante el año entero que pasa en el campo, su relación con la mayoría de los compañeros e incluso con él mismo es siempre explicitada en términos zoológicos: ‘gusanos’, ‘caballos de tiro’, ‘perros’, ‘bestias’ e incluso utiliza el verbo alemán fressen para referirse a su modo de comer, verbo que hace referencia en buen alemán a la manera de comer de los animales. Mientras que en estos últimos diez días, ya se relacionan entre ellos como seres humanos propiamente, que se ayudan entre ellos y Los enfermos llegan incluso a ofrecer su trozo de pan a aquellos que trabajan para mantenerles con vida, cosa que antes era impensable en el Lager. Había algo que les unía, existía una amistad entre ellos, y gracias a ella recuperaron poco a poco su humanidad. En sus palabras: «Parte de nuestra existencia reside en las almas de quien se nos aproxima: he aquí por qué es no humana la experiencia de quien ha vivido días en que el hombre ha sido una cosa para el hombre. Nosotros tres fuimos en gran parte inmunes, y nos debemos por ello mutua gratitud; es por lo que mi amistad con Charles resistirá el tiempo»13. 3. La universalidad de los ellos Así pues, el ser humano es autónomo y tiene una voluntad y una libertad que le permiten escoger en sus acciones, y además es el ser humano mismo el fin último de sus actos. Ahora bien, ¿dónde podemos ver la universalidad de los ellos en la obra de Primo Levi? ¿Cómo se establece un espacio propio de los seres humanos? En este punto tal vez lo más destacable de nuestro autor es la consideración de que existe una ‘esencia humana’ de la que participan tanto las víctimas como los verdugos de los Lager. En contra de quienes quieren creer que los nazis son unos monstruos o unos enfermos, esto es, una desviación de lo que es un ser humano ‘normal’, Levi afirma: «Hay que recordar que estos fieles, y entre ellos también los diligentes ejecutores de órdenes inhumanas, no eran esbirros natos, no eran (salvo pocas excepciones) monstruos: eran gente cualquiera. Los monstruos existen pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos; más peligrosos son los hombres comunes, los funcionarios listos a creer y obedecer sin discutir»14. Esta matización es realmente importante, porque si para las víctimas era esencial poder afirmar que también eran seres humanos, Levi insistirá en [13] Ibídem, p. 295. [14] Ibídem, p. 342. Primo Levi, un humanista crítico – 61 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 el hecho de que esta humanidad era común entre víctimas y verdugos. Y tiene la necesidad de hacer hincapié en ello porque sus contemporáneos sí reconocen y reivindican la humanidad de las víctimas, pero la de los ‘agentes del mal’ parece problemática. Por ello dirá en 1986, en Los hundidos y los salvados: «Estaban hechos de nuestra misma pasta, eran seres humanos medios, medianamente inteligentes, medianamente malvados: salvo excepciones, no eran monstruos, tenían nuestro mismo rostro, pero habían sido mal educados. Eran, en su mayoría, gente gregaria y funcionarios vulgares y diligentes»15. Ahora bien, esto no puede llevar a la confusión de ambos: que los verdugos sean humanos no permite deducir que ‘todos nosotros somos víctimas o asesinos y aceptamos estos papeles voluntariamente’, tal como afirma Liliana Cavani sobre el sentido de su polémica película Portero de noche, contra la cual escribirá P. Levi en el mismo texto que acabamos de citar. Afirmaciones como esta tratan de eliminar la culpabilidad de unos y el sufrimiento de otros, de enmarañar la frontera entre ambos, y para Levi esto es sumamente perverso. Para un defensor del humanismo como él, que entiende al ser humano como un agente libre y por tanto, sujeto responsable de sus actos, no es aceptable una asimilación de este modo, que finalmente renuncia a todo posible juicio. Acusa a esta cineasta de coquetería estética, enfermedad moral o de ser cómplice ya que pretende confundir aquello que es inconfundible. Mientras que el sufrimiento de la víctima es injusto porque es inocente respecto del daño, el asesino puede sufrir, pero no es inocente. Por lo que no es tolerable su asimilación. 4. El reconocimiento del horror Pasamos ahora a ver la primera de las dos características propias del humanismo crítico definido por T. Todorov, que parece directamente extraída de las páginas del último de los escritos de Primo Levi, puesto que el reconocimiento del horror del que son capaces los seres humanos es explícito en este texto en el sentimiento de vergüenza que embarga a los justos: «Los justos de entre nosotros, ni más ni menos numerosos que en cualquier otro grupo humano, han experimentado remordimiento, vergüenza, dolor en resumen, por culpas que otros y no ellos habían cometido, y en las cuales se han sentido arrastrados, porque sentían que cuanto había sucedido a su alrededor en su presencia, y en ellos mismos, era irrevocable. No podría ser lavado jamás; había demostrado que el hombre, el género humano, es decir, nosotros, éramos potencialmente capaces de causar una mole infinita de dolor; y que el dolor es la única fuerza que se crea de la nada, sin gasto y sin trabajo. Es suficiente no mirar, no escuchar, no hacer nada»16. [15] Levi, P.: Los hundidos y los salvados, Barcelona: El Aleph Editores, 2008; p. 189. [16] Ibídem, p. 80. Ana Lucía Batalla Gavaldà THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 – 68 – quienes defienden una violencia preventiva, ya que en contra de lo que algunos piensan, la violencia solo genera más violencia, que va creciendo en forma de espiral hasta que nada puede ya huir de ella. Como dirá en la conclusión de su último libro, escrito pocos meses antes de morir: «Satanás no es necesario: no tenemos ninguna necesidad de guerras ni de violencias, en ningún caso. No hay problemas que no puedan resolverse alrededor de una mesa siempre que haya buena voluntad y confianza mutua: o también miedo mutuo»25. Para terminar, no me gustaría pasar por alto una alternativa de comprensión del humanismo que propone F. Rastier en el libro que he comentado: Ulises en Auschwitz. En este afirma que Levi no tuvo la intención de teorizar la última forma de humanismo, quizá el único posible después de los Lager tanto alemanes como rusos y de la explosión de las bombas atómicas: el humanismo de la supervivencia, el de la humanidad del hombre. En este último humanismo, «La protección de la naturaleza y la supervivencia de la población aparecen aquí fundidas en una misma causa. El humanismo del desafío y el de la sabiduría práctica dan paso hoy a un humanismo de la prevención y la conservación, cuya figura central ya no es el científico o el filósofo, sino la víctima»26. Esta encarna en silencio a una humanidad víctima de la barbarie que su misma existencia denuncia. Esto da cuenta de que, tras el exterminio, el concepto de ‘humanidad’ no se impone como una evidencia, sino que es un concepto por (re)construir. Y propone al final de su texto diversas vías que pueden conducir a esta necesaria reconstrucción: 1) el ideal de educación de las humanidades, que reclama una renovación; 2) una antropología cultural que tome en cuenta la génesis y la historia comparada de las culturas y reformule el cosmopolitismo kantiano mediante el universalismo que lo impulsó; 3) una reflexión sobre las artes que combata el prejuicio de que ética y estética deben estar separadas, y que tome en cuenta que cada acto humano se lleva a cabo desde la responsabilidad; 4) una ética que se encuentra, a manera de praxis, en la literatura del exterminio, esto es, en el testimonio que permite al sobreviviente comprenderse y ejercer la justicia. Se tratará, pues, de formular un programa político para el mundo de hoy que nace de una esperanza razonable, que se une directamente con la afirmación de Primo Levi de la no necesidad de la guerra entre los seres humanos: el fin de la guerra y el exilio, un mundo reconstruido gracias a la paz y la justicia entre todos los seres humanos ya que, al fin y al cabo, participamos todos de una misma naturaleza. [25] Levi, P.:Los hundidos y los salvados, Ed. Cit., p. 187. [26] Rastier, F., Óp. Cit., p. 183. Primo Levi, un humanista crítico – 69 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 53-69 doi: 10.12795/themata.2015.i51.03 Referencias bibliográficas: Levi, P., Si esto es un hombre, Barcelona: Muchnik Editores, 2002. Levi P., La Tregua, Barcelona: El Aleph Editores, 2005. Levi, P., Los hundidos y los salvados, Barcelona: El Aleph Editores, 2008. Rastier, F., Ulises en Auschwitz. Primo Levi el sobreviviente, Barcelona: Ed. Reverso, 2005. Todorov, T., Frente al límite, Mexico: Ed. Siglo XXI, 2004. Todorov, T., El jardín imperfecto. Luces y sombras del pensamiento humanista, Barcelona: Ed. Paidós, 2011. Todorov, T., Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Barcelona: Ed. Península, 2002. Traverso, E., La historia desgarrada, Barcelona: Ed. Herder, 2001.