Un propagandista olvidado de la Revolución: el escocés Tomás Muir en Nueva España
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55 U PROPAGADISTA OLVIDADO DE LA REVOLUCIÓ: EL ESCOCÉS THOMAS MUIR E UEVA ESPAÑA. LUIS AVARRO GARCÍA. En el insólito caso de Thomas Muir confluyen varios de los planteamientos políticos característicos de finales del XVIII. En primer lugar, la Revolución Francesa, de la que Muir fue testigo en una de sus principales fases. En segundo lugar, el reflejo de la misma Revolución como estímulo de las revueltas nacionalistas de Escocia e Irlanda, episodio en el que Muir actuó como protagonista. En tercer lugar, el conflicto hispanobritánico de Nutka, en el Pacífico norteamericano, al que indirectamente se deberá la aparición de Muir en México. Por último, las cambiantes y poco sinceras relaciones entre España y la República Francesa, que afectarán al tramo final de la existencia del escocés. La excepcionalidad del caso se refuerza por las nada frecuentes circunstancias que rodean la llegada de Muir al virreinato y su tránsito por tierras novohispanas, habida cuenta de su personalidad -que nadie en México podía certificar-, la ex1raña historia que contaba -que sólo podía hacerla sospechoso a los ojos de las autoridades-, y el trato, sin embargo, cortés, aunque distante, que recibió por orden del virrey. La personalidad de Muir El primer español que conoció a Muir y supo de sus andanzas debió ser el piloto José Tobar y Tamariz, a quien conmovió con su relato allá en el remoto puerto de Nutka, en la actual isla de Vancouver, en julio de 1796. Consta que Tobar no conocía la lengua inglesa, ni Muir la española, no obstante lo cual el marino se hizo cargo del carácter de su interlocutor. «Este individuo -escribe-, según yo he podido entender, es un caballero escudero de Escocia, que por defender su Patria y los Estados Cristianos de Irlanda, lo ha perseguido el gobierno de Inglaterra hasta que por último lo desterró de la isla». Y añade: "Yo, compadecido de sus infortunios y lastimosas súplicas, le franqueé el pasaje, atendiendo a no tener orden para lo contrario y haber varios ejemplares" 1 . Es así como D. Tomás Moro según lo escribe Tobarpudo llegar al puerto mexicano de San Blas, por lo que luego el piloto, aparte de sufrir varios meses de prisión, fue condenado a no volver a tener mando en ningún navío. 1 Extracto del Diario de Navegación de Tobar y Carta de Tobar a Jacinto Caamaño. "Sutil", al ancla en San Blas, 12 agosto 1796. A.G.I. Estado 25 - 45.
56 Tobar había sido enviado a Nutka por el virrey Branciforte con objeto de observar si frecuentaban aquella costa embarcaciones de otras naciones, y velar por el cumplimiento de la Convención de Nutka acordada en 1794, por la que tanto Inglaterra como España renunciaban a mantener establecimientos permanentes en aquellos parajes. Partiendo de San Blas, la goleta "Sutil" alcanzó el puerto de Nutka, y allí encontró a la fragata mercante norteamericana "Otter", de Boston -"EI Otro Boston", en la documentación española-, cuyo capitán Dour (o Dawes, o Dorr), procedente de Nueva Holanda, en Australia, comunicó a Tobar que llevaba a bordo 32 fugitivos de aquel lugar -de los que cedió al comandante de la «Sutil» cinco marineros ingleses-, y le transfirió al perseguido Muir. El Thomas Muir de Nutka, desde luego, no era un impostor y, aunque primero Tobar y luego las autoridades mexicanas no llegaran a saberlo, decía esencialmente la verdad en lo referente a su vida, aunque mezclada con algunas dosis de ocultación, o de magnificación, sabiamente administradas, según le convenía dada la extraña situación en que se encontró en México. El Thomas Muir de Nutka se hallaba próximo a cumplir los treinta y un años de edad 2 , y ya podemos decir que para entonces había concluido su vida pública, caracterizada por su espíritu de rebeldía. Expulsado de la Universidad de Glasgow como autor de un panfleto contra algunos profesores (1784), terminó sus estudios de Derecho en la de Edimburgo en 1787, comenzando entonces su actuación como abogado, con buenas perspectivas. Esta trayectoria se interrumpió, sin embargo, al inclinarse Muir hacia la acción política. En 1792, bajo los auspicios de la London Society of de Friends of the People, se celebró en Glasgow, con asistencia de Muir, una reunión de la que saldría la creación de una asociación que promoviese la reforma del Parlamento. Acreditado como orador, nuestro personaje empezó a desplazarse por el país, interviniendo en reuniones semejantes con el mismo objeto, y finalmente el 11 de diciembre de aquel año fue elegido para presidir la asamblea de diputados de toda Escocia que durante tres días tuvo lugar en Edimburgo. En esta ocasión, además, Muir leyó a los congregados un mensaje enviado por una organización irlandesa animada por propósitos semejantes. 2 La figura de Muir no es desconocida para la historiografía norteamericana que ha tratado el tema de Nutka o el de la Alta California. Vid. Cook. Warren L.: Flood Tide 01 Empire. Spain and the Pacific orthwest, 1543-1819. (New Haven and London, Yale University Press, 1973), donde se indica bibliografía. También, por supuesto, ha sido tratado por los historiadores británicos, como Bewley, Christina: Muir of Huntershill (Oxford,1981).
57 No cabe duda de que entonces Muir aparecería a los ojos del gobierno de Londres como un peligroso agitador. Arrestado por primera vez en enero de 1793 acusado de sedición, se negó a responder al interrogatorio de la policía, obteniendo la libertad bajo fianza. Inmediatamente partió hacia Londres, donde fue agasajado por la Sociedad de los Amigos del Pueblo, que le encargó pasar a Francia para protestar contra la anunciada ejecución de Luis XVI. Llegado a París la víspera de la ejecución, nada pudo hacer Muir para impedirla. Tomó, en cambio, entonces contacto con un importante círculo político, cuyo apoyo se manifestaría más adelante. Ahora, tan pronto regresó a su país, fue nuevamente arrestado. Previamente había sido declarado fuera de la ley y expulsado del Colegio de Abogados. El 30 de agosto, ante el Tribunal de Justicia de Edimburgo, fue acusado de promover un espíritu de deslealtad y desafecto, de difundir el «Rights of Man» de Paine, de distribuir y leer escritos sediciosos. Muir actuó en su propia defensa, impugnando, sin éxito, a varios miembros del jurado cuya predisposición era notoria. Luego, los testigos declaran ser cierta la adhesión de Muir a la obra de Paine, mientras que de nada sirvió que el acusado declarase ser enemigo de la violencia y no haber ido a Francia con otra misión que la de salvar vidas. En un ambiente de gran apasionamiento, Muir fue condenado, en la madrugada del 31 de agosto, a la deportación por catorce años. La sorprendente y durísima condena contribuyó a dar publicidad al caso, pues en ambas Cámaras del Parlamento británico se discutió su legalidad, con el extraño resultado que Muir aludirá después. De todos modos, en. marzo de 1794, Muir y sus compañeros Palmer, Skirving y Margarot fueron enviados a Botany Bay, en Australia, en las inmediaciones de la actual Sídney. Allí pudo haber permanecido hasta 1808, fecha en que, de conservar la vida, hubiera recuperado la libertad. Pero no fue así. En enero de 1796 llegó el «Otter» de Bastan a la Bahía Botánica, según algunos -jamás lo dirá Muirenviado expresamente desde Nueva York para rescatarlo por algunos simpatizantes de los Estados Unidos. El 18 emprendió la huida desde su lugar de destierro y con ello, no cabe duda, acortó sus días cuando trataba de refugiarse en Filadelfia. Llegada a ueva España Muir dio a conocer sus propósitos a poco de tomar contacto con los españoles: se dirigía a ponerse bajo la protección del general Washington, entonces presidente de los Estados Unidos. Si este designio no fuese cierto, al menos le sería provechoso el proclamarlo, como el
58 mismo Muir reconocería. Al mismo tiempo, explicaría su extraño deseo de pasar del «Otter» a la «Ninfa». Esperaba así acortar la duración de su viaje. Tobar, que se había compadecido de él, dirá luego tener sospechas de la sinceridad del escocés, que viajaba sin equipaje ni nada que valiese diez pesos. El baúl y el colchón se los había dado el capitán del "Otter", que en cambio, según Muir, se habría quedado con doscientos pesos del escocés. En su viaje de regreso a San Blas, la “Ninfa” entró en Monterrey, donde Muir conoció al gobernador D. Diego Borica, a su esposa y a varios de los misioneros franciscanos de la Alta California. Por Borica tuvo el virrey las primeras noticias acerca del fugitivo de Nueva Holanda. Borica tuvo interés en conocer quién era "el letrado escocés», como lo llama, pidiéndole que lo informase por escrito. «Efectivamente lo ejecutó en francés (traduciendo el extracto de un proceso impreso en un papel público que me enseñó) ... y que Borica envió al virrey Branciforte, "junto con su retrato, que también me entregó diciéndome se lo habían remitido a la Bahía Botánica sus apasionados de Inglaterra, en donde pensaban levantarle una estatua de mármol por el tesón y energía con que defendió los derechos del pueblo escocés que le había nombrado por su diputado ... Con alguna imprecisión dice Borica: "Así se explica Muir, el cual asegura se halló en París en las grandes revoluciones de los anos de 92 y 93; da noticias muy circunstanciadas de cuanto ocurrió y pinta con colores bien vivos los caracteres de los principales personajes como Mirabeau, Condorcet La Fayette, Dumouriez. Brisot, Robespierre, Danton, Tallien, L'Egalité y otros, no pareciendo menos instruido en el estado político de la Inglaterra" He aquí un testigo de la Revolución, describiéndola «con colores bien vivos» en el remoto puerto de Monterrey ante un militar español que se muestra no menos informado e interesado. El gobernador Borica anuncia, por último, que el escocés va a Filadelfia, "ínterin se verifica alguna revolución en el ministerio inglés, que pronostica muy pronta», y adjunta, con el cuaderno impreso en inglés y el retrato de Muir, una carta de éste para el virrey, más otras ocho
59 abiertas dirigidas a sus padres y a varios amigos del escocés en Inglaterra y en los Estados Unidos 3 . De este conjunto de cartas, la más notable es la dirigida al presidente Washington, que comienza con la suposición de que éste sin duda conocería el juicio sufrido por Muir los días 30 y 31 de agosto de 1793, y su posterior destierro, así como los debates que por este motivo se produjeron en el Parlamento. En este debate, el gobierno inglés había reconocido el derecho del escocés a dirigirse a cualquier parte del mundo, excepto Gran Bretaña, tan pronto como pisase el lugar al que había sido enviado. Derecho en principio ilusorio, pero que él ejercitó al presentarse el “Otter”. En una pequeña embarcación se internó en el mar y al día siguiente abordó la fragata americana, sin llevar nada de lo preciso para el viaje. A los cuatro meses, en Nutka, se trasladó a la goleta española, para llegar cuanto antes junto a sus amigos. Esperaba estar en Filadelfia dentro de seis meses. Por otra parte, en las rutas asiáticas podría ser capturado por algún navío inglés, con lo que su vida peligraría. Muir hace saber a Washington que ha invocado la protección de su nombre y que espera que el presidente costee los gastos de su viaje, que le serán luego abonados desde Europa. Y en un revelador párrafo final declara: «Desde mi infancia me he considerado su discípulo, y es mí gloria que en una tierra que a casi nadie se permite visitar -i. e., México-, el nombre del general Washington me proporcione en cualquier parte respeto y atención" 4 . En ésta y en las restantes cartas de Muir se repiten las noticias de su fuga, las muestras de agradecimiento a Tobar, Borica y su esposa, la información sobre su deficiente estado de salud, y su propósito de volver a la lucha política, o bien retirarse en los Estados Unidos «a la ciencia ya la virtud privada». La revolución y el virrey El 17 de julio de 1796 fechó Muir su última carta desde Monterrey, la dirigida al marqués de Branciforte. En ella comienza pidiéndole permiso para atravesar el virreinato para llegar a Filadelfia, y se presenta a sí mismo: 3 Borica a Branciforte. Monterrey, 13 julio 1796. A.G.I. Estado 25-45. El retrato de Muir, en A.G.I. Estampas 33 fue publicado por nosotros en El virrey marqués de Brancifor1e (Sevilla, 1972), frente a p. 513. 4 Muir a Washington. Monterrey, 15 Julio 1796. A.G.I. Estado 25-45
60 “Yo me he expuesto alodio e incurrido en la venganza de aquellos ministros que, si no ahora, gobernaron últimamen1e Inglaterra. No me sonroja descubrir las causas”, escribe. “El pueblo de Escocia ha gemido mucho tiempo bajo la más odiosa opresión. Sus antiguos derechos le han sido arrebatados. Sus antiguas leyes han sido violadas. De su antigua Constitución a esta hora no les queda ni la sombra.” “Este pueblo ha intentado romper sus cadenas.” “El 11 de diciembre de 1792, diputados de casi todas sus ciudades y provincias se reunieron en Edimburgo para deliberar sobre la restauración de sus antiguas leyes de la manera más constitucional y más legal. Los ministros de Inglaterra se alarmaron. Las milicias de los condados del norte de Inglaterra fueron enviadas a las fronteras de Escocia. Los regimientos ingleses estacionados en el interior de Escocia fueron puestos sobre las armas, listos para entrar en acción.” De tal Asamblea de diputados, tan solemne y augusta, tuve el honor, desde el primer día de su convocatoria, de ser llamado a la presidencia". La narración de Muir continúa aludiendo a la situación, peor si cabe, de los católicos irlandeses, tres millones de personas a los que les eran negados "los derechos de nuestra común naturaleza». "Ellos volvieron sus ojos a Escocia, a la Asamblea de delegados, buscando cooperación. Dirigieron un solemne y patético comunicado a la Asamblea de Edimburgo. Este comunicado vino oficialmente a mis manos. Yo lo leí y publiqué en la Asamblea y con toda la energía de que soy capaz defendí sus principios». Parece significativo el que nada diga Muir en esta carta al virrey de su estancia en Francia. Saltando unos meses de su biografía, pasa a contar su condena de destierro: “el país tembló de horror y rabia. La emoción se extendió a Inglaterra y nosotros, que en Irlanda y Escocia habíamos sido considerados, por los artificios del ministerio, en estado de rebelión, fuimos ahora miradas como campeones y mártires de nuestro país”. “Con invencible elocuencia, mi causa fue defendida en ambas Cámaras del Parlamento británico. Cuento en el número de mis abogados y amigos los ilustres nombres de Sheridan, de Fax, de los condes de Stanhop y de Lawderdale”. “Muir aboga por sí mismo ante el virrey: Le he expuesto todo. No he ocultado nada. Sé y siento que no soy indigno de su protección. Haber defendido las antiguas leyes y constitución
61 de mi país, haber luchado por la inmediata emancipación de tres millones de creyentes de la religión católica, esos no son crímenes” Y asegura que no sólo él, sino millones de personas agradecerán la protección que se le brinde 5 . Esta carta le llegó al virrey junto con otra fechada ya en Tepic el 20 de agosto, y es en ésta en la que Muir, sabedor de la nueva alianza entre España y Francia, alude no sin orgullo a sus relaciones con este país. “Después del profundo interés manifestado por mi suerte por la República Francesa, aliada de Su Católica Majestad, habiendo equipado dos corbetas, según he leído en las Gacetas americanas, la “Alcide” y la “Fabius”, para impedir mi llegada al lugar de mi exilio, confío en que el embajador en Madrid pagará igualmente mis gastos”. “y es ahora cuando menciona la versión su juicio recogida en un panfleto de gran celebridad, titulado. The Complaints of the Poor People of England". "Usted verá con asombro - diceque el primer cargo que allí se narra es mi Intervención en Paris, de acuerdo con la voz de mi país, para salvar la vida del último rey. Renuncio a hacer ninguna observación acerca de la criminal conducta y de la vil hipocresía del ministerio inglés” 6 . En México, a la vista de toda la información concerniente a este visitante inesperado, el marqués de Branciforte adopta una actitud simplemente recelosa. Comienza por definirlo como “Tomás Muir, escocés, que según dice se hallaba desterrado en la Nueva Holanda por revoluciones parlamentarias en que hacía principal papel”, Mala imagen, sin duda, había de ser ésta a los ojos de un contrarrevolucionario nato como era el virrey, que desde el principio se niega a conceder el tránsito de Muir hacia los Estados Unidos “porque su conducta, para mí desconocida, y según afirma él mismo capitulada de delincuente por los ingleses en el mismo hecho del destierro que confiesa, induce justos recelos de que acaso podrá ser perjudicial protegido por Washington”. Malos antecedentes eran los del fugitivo de la Bahía Botánica pues, como el mismo virrey aclara “la Bahía Botánica es la Siberia de los ingleses”. Pero para Branciforte la decisión a tomar era sencilla. Como por las leyes y órdenes estaba prohibida la presencia de extranjeros en el virreinato, y él mismo había expulsado a muchos precisamente por sus ideas revolucionarias, se limitó a disponer que los cinco ingleses recogidos en Nutka por Tobar, y el mismo Muir, fuesen conducidos a México "sin apariencias 5 Muir a Brancitorte. Monterrey, 15 julio 1796. Ibídem. 6 Muir a Branciforte. Tepic, 20 agosto 1796. Ibídem.
62 de arresto, pero a cargo del capitán de fragata D. Salvador Fidalgo y del teniente de la misma clase D. Andrés de Salazar», habiendo mandado que se socorriese a todos con lo necesario, "y con alguna distinción a Muir». De México los enviaría a Veracruz y de aquí a Cádiz, para que el gobierno resolviese 7 . A través de ueva España He aquí, pues, a Thomas Muir convertido en un viajero dispuesto a cruzar el virreinato de costa a costa. No un preso, sino visitante distinguido, al que se dan por compañeros de viaje dos oficiales de la Real Armada, cosa que el escocés agradece 8 . Cuando recibe la orden de trasladarse a la capital virreinal se cumple un mes de su residencia en San Blas y Tepic. Nada sabemos de sus contactos personales en este tiempo, que sin duda no dejarían de producirse, dados su energía y su carácter expansivo, aunque limitados por su desconocimiento del castellano. Pero en francés o en inglés conversaría con los marinos de San Blas, como lo había hecho antes con el gobernador de California. En ellos encontraría gentes informadas, interesadas, e incluso simpatizantes con la Revolución. No faltarían entre ellos quienes poseyesen y prestasen libros de los considerados prohibidos. El tránsito de Tepic a México requirió otro mes. En la comitiva figuraba otro pasajero, el "colono" norteamericano José Burling, cuya expulsión también había sido ordenada. Probablemente Muir, que había expresado su deseo de presentar sus respetos al virrey, ignoraba el destino que se le había fijado. En cambio, en la capital, el marqués de Branciforte, esperando por horas la llegada de los extranjeros, ya tenía preparado al capitán D. José Basarte, un cabo y dos soldados del regimiento de Dragones de España para que continuasen inmediatamente su viaje a Veracruz, cuyo gobernador tenía orden de despachar a los extranjeros bajo partida de registro en el primer barco que saliese para La Coruña o Cádiz. También le había encargado que, mientras permaneciesen en Veracruz, fuesen tratados “con la humanidad y precauciones que corresponden” 9 . Muir llegó a México el12 de octubre, y el 13 ya estaba en camino, en un coche, con su nuevo acompañante 10 . Debía conocer ya los propósitos del virrey, cuando le escribió el 22 de octubre desde Veracruz, adonde había llegado la víspera, para darle una vez más las gracias, diciéndole: "La recepción que se me ha hecho corresponde a un príncipe de la casa de Carina, a vuestra elevada posición y a vuestro personal carácter". Pero también hace constar: 7 Branciforte al Príncipe de la Paz. México, 26 septiembre 1796, nº 340 reservada. Ibídem. 8 Muir a Branciforte. Tepic, 11 septiembre 1796. A. G. I. Estado 25-49. 9 Branciforte a Paz. México, 11 octubre 1796. Ibídem. 10 Branciforte a Paz. México, 27 octubre 1796. A.G.I. Estado, 25 - 27.
63 “Al atravesar este país, la hospitalidad que he recibido de vuestra nación me vincula y me vinculará para siempre a sus intereses”. En particular, intercede para que el piloto Tobar no sea castigado -»erró por humanidad»- y agradece las atenciones recibidas durante su viaje con Mr. Versati (sic por Basarte) 11 . De este capitán Basarte cabe decir que, siendo familiar de la condesa viuda de San Pedro del Alamo, constaba en el proceso de uno de los sospechosos que poco antes había castigado el virrey que Basarte, estando en Nueva Orleans, le había enviado cierto libro dentro de un cajón de tabaco rapé 12 . Bien puede, por tanto, suponerse que era uno de los que sin dificultad congeniarían con Muir. Al escocés, una vez en Veracruz, lo que le preocupaba era el reciente rompimiento de guerra entre España e Inglaterra. Renovando entonces los temores que había expresado en Nutka, pidió no ser embarcado en un buque mercante, sino en uno de guerra hasta La Habana donde suponía que podría encontrar barcos neutrales para pasar a Europa o a los Estados Unidos. Branciforte, que todavía no estaba seguro de no tener que vérselas con un impostor, informó al gobierno: “Aunque no hay otro fundamento o prueba más que el simple dicho de este individuo para persuadir a que sea quien él dice”, había ordenado que fuese transportado en la fragata «O» hasta La Habana, de donde sería enviado a España 13 . El incidente de La Habana La fragata «O» condujo a Muir a La Habana, donde debió permanecer algún tiempo hasta encontrar otra embarcación que lo trasladase a Europa. Sería aquí donde el escocés advirtiese que su propósito de ir a los Estados Unidos se frustraba porque, contra su voluntad, había de ser conducido a España. Por eso, desde la capital cubana hizo llegar algún mensaje a las autoridades francesas de las Antillas, lo que dio lugar a que, algún tiempo después cuando ya Muir se aproximaba a las costas europeas-, el capitán general de La Habana recibiese un airado escrito de «los agentes particulares del Directorio ejecutivo en las islas de Barlovento», escrito que firma Victor Hugues, en el que se protestaba por el hecho de que Mr. Thomas Muir hubiese estado «detenido en los calabozos de La Habana contra el derecho de gentes y los derechos sagrados e imprescriptibles del asilo que todas las naciones conceden en tales casos». Muir, según Hugues, había sido condenado por opiniones políticas. En nombre del Gobierno francés y 11 Muir a Branciforte. Veracruz, 22 octubre 1796. A.G.I. Estado, 25 - 57. 12 Los precursores ideológicos de la Guerra de independencia, 1789-1794. vol. I (Publicaciones del Archivo General de la Nación, México 1929), págs. LIV (Introducción de Nicolás Ángel) y 250. 13 Brancitorte a Paz. México. 28 octubre 1796. n.º 352 reservada. A.G.I. Estado 25 - 27. La fragata "O" zarpó de Veracruz el 7 de noviembre.