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La voz alcándara en el Cantar de Mío Cid: cetrería hispanoárabe en la literatura española

Fernández Durán, David

Abstract

El Cantar de Mio Cid recoge en su comienzo la voz alcándara, definida por Ramón Menéndez Pidal como “Percha para colgar la ropa o poner las aves de caza”. Dicha definición ha sido objeto de escasa discusión. El objetivo de esta investigación, concebida como una nota etimológica, es ahondar en el significado y uso originario de este término de raíz árabe relacionado con la tradición cetrera hispanoárabe y sin paralelo en otras lenguas. Desde el punto de vista metodológico se han examinado diversas fuentes documentales históricas que recogen la palabra, atendiendo principalmente a su antigüedad, naturaleza y autoridad. El examen de la documentación refrenda la posición de Nelson (1974) frente a Hook (1979) y los seguidores de Menéndez Pidal, permitiendo restringir el significado de alcándara en el Cantar a un elemento específico del herramental de la práctica de la cetrería. De los diversos argumentos que se presentan en favor de Nelson destaca la fidelidad que ha mantenido la literatura española a su acepción cetrera originaria desde el poema cidiano hasta el siglo XIX, como así atestiguan El Libro del caballero Zifar o La Celestina y autores como Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Calderón, Baltasar Gracián y el Duque de Rivas, entre otros.

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ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 LA VOZ ALCÁNDARA EN EL CANTAR DE MIO CID CETRERÍA HISPANOÁRABE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA David Fernández Durán Universidad Internacional de La Rioja Resumen: El Cantar de Mio Cid recoge en su comienzo la voz alcándara, definida por Ramón Menéndez Pidal como “Percha para colgar la ropa o poner las aves de caza”. Dicha definición ha sido objeto de escasa discusión. El objetivo de esta investigación, concebida como una nota etimológica, es ahondar en el significado y uso originario de este término de raíz árabe relacionado con la tradición cetrera hispanoárabe y sin paralelo en otras lenguas. Desde el punto de vista metodológico se han examinado diversas fuentes documentales históricas que recogen la palabra, atendiendo principalmente a su antigüedad, naturaleza y autoridad. El examen de la documentación refrenda la posición de Nelson (1974) frente a Hook (1979) y los seguidores de Menéndez Pidal, permitiendo restringir el significado de alcándara en el Cantar a un elemento específico del herramental de la práctica de la cetrería. De los diversos argumentos que se presentan en favor de Nelson destaca la fidelidad que ha mantenido la literatura española a su acepción cetrera originaria desde el poema cidiano hasta el siglo XIX, como así atestiguan El Libro del caballero Zifar o La Celestina y autores como Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Calderón, Baltasar Gracián y el Duque de Rivas, entre otros. Palabras clave: Cantar de Mio Cid, cetrería, etimología, arabismos, alcándara. Abstract: The Cantar de Mio Cid gathers in his beginning the word alcándara, defined by Ramon Menéndez Pidal as “Hanger to hang the clothes or to put the birds of hunt”. This definition has been little discussed. The aim of this research, conceived as an etymological note, is to profound into the meaning and use of this Arabic root term related to the Spanish tradition of falconry and without parallel in other languages. From the methodological point of view have been examined various historical documentary sources that gather the word alcándara, attending principally to his antiquity nature and authority. The examined documentation allows to confirm the position of Nelson (1974) in opposite of Hook (1979) and the followers of Menéndez Pidal, proposing that the meaning of alcándara in the Cantar refers to a specific element of the practice of falconry. Of the various arguments in favour of Nelson is enhanced the notably fidelity that has kept the Spanish literature to the falconry meaning of the word from the Cid Poem to the 19th century, as this prove El libro del 36 David Fernández ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 Caballero Zifar or La Celestina and authors as Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Calderón, Baltasar Gracián and Duque de Rivas, among others. Keywords: Cantar de Mio Cid, Falconary, Etymology, Arabisms, alcándara. El Cantar de Mio Cid presenta en su inicio la única escena en la que se hace referencia a la práctica de la caza, específicamente una alusión indirecta a la modalidad realizada con aves rapaces o cetrería, pues “el Cid jamás caza en el Cantar”(Montaner 2011, p. 648), ni hay otras referencias a la cetrería a lo largo del Poema (Fuentes 2007, p. 158). En dicho fragmento (vv. 4-5): “Vio puertas abiertas e uços sin cañados / alcándaras vazías sin pielles e sin mantos / e sin falcones e sin adtores mudados”, son destacables las palabras mudados y alcándara por ser de frecuente uso dentro del vocabulario cetrero desde la Edad Media. El significado e intención de la palabra mudados no presentan dudas1. Por el contrario, la voz alcándara, de la que no hemos hallado referencias anteriores al poema cidiano, ha sido objeto de una interpretación escasamente discutida desde que Ramón Menéndez Pidal le otorgara el siguiente significado: “Percha para colgar la ropa o poner las aves de caza” (1969, p. 448). La documentación examinada permite matizar la definición pidaliana y afirmar que alcándara es un término empleado en la literatura española que se ha mantenido fiel a la tradición que se encuentra en el Cantar de Mio Cid y hace referencia específica al posadero de las aves de cetrería como sostiene Jan A. Nelson (1974 pp. 382- 386). Más concretamente, indica un tipo de posadero con unos elementos y técnica de montaje probablemente aprendidos de los árabes o surgido en Al- Andalus. La posición de Nelson ha sido rebatida por David Hook (1979 pp. 490-501) en defensa de la definición de Menéndez Pidal. La argumentación de Hook se apoya en dos elementos principales que se discuten más adelante: la ausencia de referencias al almohadillado en los posaderos de las aves anterior al Libro de la caza de las aves de Pero López de Ayala; y la interpretación de la frase formular “pielles y mantos” como una indicación exclusiva de las prendas de vestir de ricohombre. La interpretación de Menéndez Pidal sobre el significado de la voz alcándara probablemente procede de la sustitución de la palabra alcándara por percha en el pasaje del destierro hallado en la Crónica de Castilla y en la Crónica Particular del Cid, en ausencia de documentos que recojan la palabra con anterioridad al Cantar: “E cuando el Çid vio los sus palacios desheredados e sin gentes, e las perchas sin açores” (Menéndez 1969, p. 448). Las crónicas, el romancero y la literatura popular emplean la palabra percha como lectio facilior, al tratarse de 1 Que los halcones y azores tuvieran la pluma mudada viene a acentuar que son aves valiosas por dos motivos: En primer lugar, porque implica que tienen más edad, al menos dos años, y por tanto mayor experiencia en la caza procurando mejores lances. En segundo lugar, porque aumenta su valor estético, de manera que la librea del plumaje se intensifica en matices y contrastes cada año tras mudar la pluma. La voz alcándara en el Cantar de Mio Cid 37 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 un término especializado que puede resultar desconocido (Armistead 1984, p. 182)2. Menéndez Pidal en su argumentación ofrece un único ejemplo del uso de la voz, que es extraído del Libro de caza de las aves de Pero López de Ayala, que no hace sino confirmar su acepción cetrera: “Los açores quieren ser muy bien traydos en la mano, et pensados de buenas viandas et buena alcándara, et fártalo de sol et de agua” (Menéndez 1969, p. 448). Aparte de ello, Pidal cita el diccionario de Covarrubias (1611, p. 36) indicando el error de acentuación que presenta la voz, pero no discute la definición que ofrece: ALCANDARÁ, Latine pertica, la percha, o el varal donde ponen los halcones y aves de bolatería: algunos piensan que se avía de decir halcandara, y la h. mudada en f. falcandara cosa perteneciente a los halcones, El padre Guadix, de al-y candara, que vale percha, o varal. Diego de Urrea, dize, que en su terminación Arábiga se llama cantaretum y candaretum, que se muda la t. en d. tenue en media: y vale tanto como puente: y es assí que la alcandara se fixa en el ángulo de dos paredes, estando encaxada en la una y en la otra, y fixa. La esta vara, o percha, se llama por otro nombre cetro: y de allí se ha dicho cetrería la cura de los halcones, porque en ella se curan y se hacen, como el hombre se cura y se repara en la cama: o se llamó cetrería por el cetro e imperio que tiene sobre estas aves el caçador: pues siendo aves bravas y de rapiña las amansa y domestica tanto, que del mismo aire, estando sobre las nubes, libres y sueltas, se la buelven al señuelo, y a la mano. El Diccionario de Autoridades (1963, p. 179) recoge también la definición de alcándara como objeto que forma parte del herramental de cetrería: La percha o varal donde los cazadores ponen los halcones y otras aves de volatería. Es voz árabe compuesta, según el P. Guadix, de Cándara, que en aquel idioma significa percha, y del artículo Al añadido. En el Diccionario de la Lengua Castellana de 1780, a la definición anterior, se añade lo siguiente: Llámese también así a la rama en que acostumbran a ponerse y dormir por las noches. Es voz árabe de cándara, que significa percha, añadido el artículo al. Según el diccionario de la RAE (vigésimo segunda edición) la palabra alcándara posee una raíz etimológica de origen árabe. Del árabe hispánico 2 En la reconstrucción de los versos perdidos del Cantar de Mio Cid, Samuel Armistead sugiere un decimotercero verso tomado de las crónicas y añadido al final de los 12 propuestos por Menéndez Pidal, donde se emplea el término percha: “las perchas sin açores, los portales sin estrados”, siendo perchas lectio facilior por alcándaras. Este añadido al Poema ha sido rechazado por Alberto Montaner quien sostiene que “no es indispensable considerarlo fruto de la transmisión poética, ya que puede deberse a la comprensión a la que los prosificadores sometían a su fuente.” (Montaner 1995, p. 352). 38 David Fernández ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 alkándara, procedente del árabe clásico kandarah, y éste quizá del persa kande rāh: “camino en la jaula del halcón”, Siendo “la jaula del halcón” la halconera o muda, también puede interpretarse por “puente de la halconera”3. Todo parece indicar que el uso de este tipo de posadero especial, con las diferencias en su estructura y montaje con respecto a los modelos usados en Europa, o bien fue traído de oriente por los cetreros árabes y aprendido por sus homólogos cristianos, o fue parcial o totalmente fruto de un perfeccionamiento realizado por los cetreros hispanoárabes, que usaron la voz árabe para nombrarlo4. Esta técnica de montaje no era aplicada en la cetrería medieval centroeuropea, cuya prueba principal es que el tratado De Arte venandi cum avibus de Federico II de Hohenstaufen, la obra de cetrería más importante y extensa del Medievo que recoge los conocimientos y avances de su tiempo, en los capítulos dedicados a los posaderos de las aves, a pesar de abordar con detalle los diversos tipos, su empleo y montaje, en ningún momento cita las pieles y los mantos o lienzos propios de la alcándara.5 La ausencia de descripción de forros en la obra de Federico II es tomada por Hook para rebatir la posición de Nelson, afirmando que el uso del almohadillado en los posaderos es una práctica posterior al Cantar, dado que se encuentra sólo a partir del Libro de caza de aves de Pero López de Ayala. Sin embargo, Hook reconoce que este asunto requiere un examen más detallado (1979, p. 493). La ausencia de referencias en la obra de Federico II no prueba que fuese algo desconocido, sólo demuestra que no era una costumbre en la cetrería en los reinos tras-pirenaicos, no así en la hispanoárabe. Federico II, además de estudiar los principales tratados de cetrería árabes, trajo consigo halconeros de Siria y Tierra Santa, de los que aprendió diversas técnicas, algunas de las cuales aplicó y otras modificó y mejoró (Wood y Fyfe 1943, p. 39). Todo apunta a que los revestimientos de cuero y mantos en la percha alta o posadero de la muda equivalente a la alcándara no se consideraba que fueran elementos necesarios según su propia técnica de forma y montaje, en los capítulos dedicados a los posaderos, Federico II explica que prefiere en la muda las perchas altas de 3 En Persia se encuentra uno de los vestigios más antiguos de la cetrería, un bajorrelieve hallado en la ruinas de Korsabad (1400 a.c.) que muestra a un hombre con una rapaz en el puño. 4 Son varias las palabras que tienen origen etimológico árabe y que se encuentran en la terminología cetrera española que apuntan a una transmisión de conocimientos por parte de los árabes. Aportaciones ornitológicas en la identificación de especies y subespecies, en la enfermedades y remedios, y en algunas técnicas de caza apuntan en esa dirección. Algunos ejemplo son: zahareño, borní, baharí, sacre, alcotán y tagarote. La presencia de una traducción castellana del Libro de los animales que cazan, conocido como el libro de Moamin, entre las obras del taller alfonsí, corroboran esta afirmación. 5 Dedica varios capítulos a los posaderos de las aves: De pertica, De pertica statuenda, De diversitate pertice, De sedili fiendo, De diversitate sedilium, De pertica fienda, De iuvamento pertice et sedilis. En ellos se describen en detalle los componentes y montaje de tres tipos de posaderos: percha alta, percha baja y banco. La percha alta es el posadero equivalente a la alcándara, pero no recoge el uso de forros de piel y lienzos o mantos en la misma. (Willemsen 1942, pp. 174-182). La voz alcándara en el Cantar de Mio Cid 39 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 madera que sean portátiles y, por lo tanto, sigue una técnica muy diferente del montaje de las alcándaras que son más bajas, fijas y encajadas en sus extremos a las paredes. Sobre todo, destacan la elevada altura de la percha, al nivel de los ojos del halconero, la anchura del posadero de madera sin forrar y la forma de atar al ave muy corta a la base del mismo empleando unas pihuelas (correas de los tarsos) muy cortas y la lonja (correa del posadero) enrollada a base de vueltas sobre la percha. De esta manera el ave se encuentra en una altura en la que recela menos del trasiego de perros y hombres y se siente inmovilizada por las patas, evitando con ello la mayoría de las debatidas (Wood y Fyfe 1943, p. 162). La alcándara no se coloca tan alta y al ave no se ata tan corto, con lo que se le permite mayor movilidad y comodidad, pero aumenta el riesgo de accidentes si no se colocan los mantos que le permiten volver a la vara. Por otra parte, las ventajas que puede suponer el uso de forros en la vara atienden también a diversas opiniones. Son diferentes prácticas que se aplican según las tradiciones y experiencias particulares. La prueba de ello es que se describen forros para las perchas de las aves en el Libro de los animales que cazan, también llamado Libro de Moamín, tratado de cetrería atribuido al astrólogo y cetrero Muhammad Ibn `Abd Allah Ibn `Umar al Bayzar que vivió en Bagdad bajo los califas ábsidas y murió hacia el año 859-60 de la era cristiana (Fradejas 1987, p. 12), del que Federico II encargó una traducción latina6. De esta obra se conserva una traducción en lengua castellana realizada por encargo de Fernando III el Santo, concluida en 1250 y atribuida por algunos autores al propio Alfonso X7. En el capítulo XII, “capítolo del que fabla de cómo las deven mudar e en qué manera an de seer las mudas e de cómo las deven guardar en ellas”, se expresa lo siguiente (Fradejas 1987, p. 83): E conviene que les pongan dentro, en la muda, .v. perchas, e las .iiiii. perchas esté cada una dellas / ante la finiestra e la quinta en medio de la muda por tal que se pueda deviar del viento calient o de la l[l]uvia cuando la fiziere, e si quisieren fazerles en la muda una finiestra por ó les entre el sol cumpletes; e si vieren que se alegran e andan mucho saltando por las perchas, métenles varas que sean enbueltas de callos e sean enbueltas en lana e que sean envestidas desuso de panno cosido, e esto les fazen por tal de las guardar de la dureza de las perchas, ca cuando posaren en ellas fallarlas an blandas, e guardarlan á que non se llaguen las manos nin se dessuellen. 6 La traducción latina, fue realizada por Teodoro de Antioquía y la francesa la confeccionó Daniel Deloc de Cremona por orden de Enzo de Cerdeña, hijo natural de Federico II. (Fradejas 1987, p. 28). 7 Según José Manuel Fradejas, se ha montado un pequeño enredo con respecto a la atribución de la traducción a Alfonso X, pasando de considerarla alfonsí al polo opuesto. El problema es que a veces se confunde el texto con el manuscrito que se conserva (Fradejas 1998, p. 13). 40 David Fernández ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 En los tratados de cetrería es frecuente hallar una parte dedicada a la muda, dada su importancia, donde se recogen detalles relativos a los posaderos. El primer tratado de cetrería creado en lengua castellana, el Libro de la caza del príncipe Don Juan Manuel, sin embargo, no emplea la alcándara. En este aspecto y en otros se puede considerar heredero del De arte venandi cum avibus8. En la única ocasión que trata con cierto detenimiento de los posaderos de las aves, en el capítulo IX, en que“Dice de commo los deben mudar”, explica lo siguiente al acondicionar la muda (Fradejas 2001, p. 175): (…) et deven fazer poyos en que se asienten los falcones, que sean tan altos que non pueda llegar con la su cola a tierra con un palmo. Et si pudieren haver una piedra de mármol en que esté el falcón será mejor. Et si non la pudieren haver, dévenle poner una teja ençima del poyo, et a las vegadas ruçiárgelas con vinagre, a lo menos dos vezes en la semana. Et pueden [poner] ante el poyo, si quisieren, céspedes de prado verde en que se pueda el falcón asentar cuando quisiere. Pero López de Ayala en el Libro de caza de las aves cita varias veces las alcándaras, aunque dedica tres capítulos a la muda (XXXVIII a XL), no ofrece descripciones pormenorizadas de las mismas. Si bien, en el capítulo VIII, “Cómo se debe gobernar el falcón neblí et ciertas reglas de práctica para ello”, indica lo siguiente (Gutiérrez 1879, p. 196)9: Otrosí, cata siempre de dar á tu falcon buena alcándara, gruesa et firme, et que non hayan estado en ella gallinas, et aun si podieres escusarlo non pomas tu neblí en la alcándara que sacre nin borní haya estado, ca el sacre et el borní han muy mucho piojo. Otrosí, la casa sea sin humo, et sin sereno, et sin polvo, et que non esté en ella cal, porque ciegjíi, et de yuso del alcándara esté el suelo limpio, porque veas la plumada cuando la feciere; otrosí, las tolleduras; et guarda siempre que nunca des de comer á tu falcon fasta que faga su plumada, et si non la feciere, farás como manda en el capítulo de las plumadas viejas, et ponle siempre la lúa de yuso de los pies, et un paño de color atado á la vara, ca le es muy sano á los pies. 8 La forma de tratar la teoría y práctica pueden deberse a la influencia de la obra de Federico II (Di Stefano, 2001: 51). José Manuel Fradejas únicamente reconoce algún leve recuerdo de la obra de Federico II (Fradejas, 1985: 26) Sin embargo, Don Juan Manuel asocia la introducción de la altanería en castilla con las enseñanzas de Federico II al relacionarla con la llegada de Beatriz de Suavia: “Et aun dize don Johan que él oyó dezir que la caça de los falcones altaneros vino a Castiella después que el sancto rey don Fernando, que ganó Alendeluzía, casó con la reina doña Beatriz, que en ante d’sto dizen que non mataban la garça con falcones si non con açores.” (Fradejas, 2001: 172). En referencia a los posaderos y más concretamente a los poyos descritos arriba, pueden identificarse como los bancos descritos en De arte venandi cum avibus,(De sedili fiendo y De diversitate sedilium) en los que se prefiere como material la piedra, aunque no se usan en la muda, como Don Juan Manuel. 9 Nelson (1974: 383) recoge el siguiente detalle que se encuentra en la traducción portuguesa: “E poē-lhe sempre a lua debaixo dos pes, que seja brāda, uo um pano vermelho na vara, que lhe è muy sāo pera os pes.” La voz alcándara en el Cantar de Mio Cid 41 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 Las alcándaras se encuentran por primera vez descritas en detalle en el Libro de Acetrería y Montería de Juan Vallés (1545) y en el Libro de cetrería de caza de azor de Fadrique de Zúñiga y Sotomayor (1565), obras destinadas a un público más amplio que tienden a recoger descripciones más minuciosas del herramental que sus precedentes. El primero de ambos en el capítulo XIX dedicado a la muda,“El lugar donde ha de estar el açor de día y de noche”, indica lo siguiente: Tenga buena alcándara, rezia, gruessa y segura, que no se menee, y cúbranla de cuero de valdrés adovado con sal de compás, porque aprieta mucho las manos y las preserva de clavos y suelas y otras enfermedades, y descansan mucho los açores con la blandura del cuero; otros cubren la alcándara con paño colorado o de otro color; otros con pelleja de liebre, y todo esto es muy provechoso, pero no teniendo ninguna destas cosas pónganle el guante debaxo de las manos, atado a la alcándara con la lonja, y esto es más necessario en invierno que en verano. Póngase un paño de lienço gruesso atado a la alcándara y que cuelgue della, y que sea tan largo como la alcándara, porque si el açor se debatiere se buelva a ella y no se cuelgue ni se reate tornando a subir a la alcándara por debaxo della.10 Fadrique de Zúñiga añade más detalles sobre los mantos de las alcándaras en el capítulo dedicado a la muda, pero prefiere para el azor no forrar de piel la viga de madera, siempre que sea convenientemente pulida (Zúñiga 1953, p. 39): (…) que el tornillo venga a estar en la cumbre del alcándara, la cual sea para invierno de alcornoque, rebanada la corteza por encima, de manera que cortes lo áspero della y quede alguna parte lisa sin llegar a la madera, porque desta arte terná caliente y mejor y más blando asiento tu ave; y no tenga grietas el alcándara donde se le meta la uña, y se le quede allí, y arranque al debatirse; pero desque venga el verano, bien será que lo mudes a tras varas que no sean de madera tan caliente, y ponerle has en ellas todo el tiempo sus lienzos de vitre o cañamazo o estopa, del largo y ancho que te paresciere, porque topando en él se vuelven más ligeramente y sin pena al alcándara; porque si este lienzo no tuviesen, revolverse hían dando vueltas con la lonja. (…) y los lienzos del alcándara, no te contentes con ponerlos sueltos, como generalmente los ponen todos, porque esta postura no servirá para más de que no dé vuelta el ave a la alcándara con la lonja para la otra parte, pero no servirá de estribo para poderse volver al alcándara; porque algunas aves hay tan delicadas y floxas, y otras tan debatidoras, que aunque sean fuertes, no pueden todas veces volverse de desalentadas tan presto al alcándara que primero no queden colgadas por gran pieza, o por ventura se queden ahorcadas. La alcándara se usa desde el Medievo para designar el posadero del ave de cetrería, pero más específicamente, aquel que está situado en la habitación 10 Vallés, Juan: Libro de acetrería y montería. Biblioteca Nacional de España, Mss/3382, fol. 47r. 42 David Fernández ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 donde se guardan, la llamada halconera o muda. Aunque también puede hacer referencia a un posadero equivalente colocado en diversos lugares y artefactos portátiles para poder depositar al ave o para su transporte, o emplearse como sinónimo de percha, vara, banco o poyo, refiriéndose siempre al posadero de la rapaz. En su designación originaria, consiste en un travesaño de madera, habitualmente forrado con cuero y telas, colocado de lado a lado en las paredes de la muda, en otro lugar o sobre la base de los posaderos móviles. Las pielles y mantos descritos en el Cantar son elementos habituales. La piel que recubre la viga evita enfermedades, como la descrita por Juan Vallés y denominada clavos11. Los mantos permiten al ave regresar a la viga tras las debatidas, evitando heridas, deterioro de plumas y incluso la muerte si queda colgada varias horas sin poder subir. Alcándara es, por tanto, un término altamente especializado, un tecnicismo cetrero que se encuentra en alguna ocasión en la literatura castellana, donde se emplea únicamente para designar a la percha para las aves de cetrería. La ausencia de fuentes documentales anteriores al Cantar de Mio Cid puede ser tomado como argumento en defensa de su empleo ambivalente, para referirse también a una percha para la ropa durante un determinado periodo, pero ante esta posición cabe indicar que en la Edad Media la ropa se guardaba plana en baúles o arcones, siendo muy posterior el uso de este tipo de elementos domésticos12. Aunque los ejemplos aquí recogidos son posteriores al Cantar, es significativo que no se aparten de la acepción cetrera. Se encuentra recogida a principios del siglo XIV en el Libro del Caballero Zifar (González 1987, p. 420): E el emperador non queriendo pensar en estas palabras que la emperatris dezia, e otro dia en la mañana leuantaronse, e abrio la camareta e vio estar en vna alcandara vn açor mudado de muchas mudas, mas aluo que la nieve, e los ojos tan bermejos e tan luzientes commo brasas.13 En La Celestina, en comienzo del acto primero (Lobera 2000, p. 28): CALISTO.- ¡Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldicto? SEMPRONIO.- Aquí stoy Señor, curando destos caballos. CALISTO.- Pues, ¿Cómo sales de la sala? 11 Es una enfermedad muy temida por los cetreros y así se recoge en casi todos los tratados. Se trata de una dolencia exclusiva de las aves rapaces en cautividad, cuyo única sintomatología son unas pequeñas manchas del tamaño de la base de un clavo pequeño en la parte inferior de las patas. Cuando aparecen otros síntomas, como falta de movilidad, la parálisis total y la muerte del ave son casi inevitables y se pueden producir en cuestión de horas. 12 Aunque el gancho para la ropa ya se empleaba en el siglo XVIII, la percha como se conoce actualmente es un invento atribuido a Abert J. Parkhouse en 1903 y está relacionado con la producción industrial. 13 Es una descripción de un azor muy valioso. En cada muda los tonos claros se vuelven más blancos y los ojos pasan de tener color amarillo a rojo intenso. La voz alcándara en el Cantar de Mio Cid 43 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 28/1-2 (2014) 35-49 SEMPRONIO.- Abatióse el girifalte y vínele a endereçar en el alcándara.14 Cervantes la emplea en una ocasión en el Licenciado Vidriera (Schevill y Bonilla 2002, p. 91): Otro día, habiendo visto en muchas alcándaras muchos neblíes y azores y otros pájaros de volatería, dijo que la caza de altanería era digna de príncipes y de grandes señores; pero que advirtiesen que con ella echaba el gusto censo sobre el provecho a más de dos mil por uno. Góngora recurre al vocabulario cetrero en varias de sus obras. En la poesía española del siglo XVI, es el primero en introducir en el lenguaje poético esta expresión propia del arte de la cetrería, en un romance de 1591, Castillo de San Cervantes (Vilanova 1992, p. 225): Las que ya fueron corona son alcándara de cuervo, almenas que, como dientes, dicen la edad de los viejos. Con el mismo uso metafórico, pero referido a la rama de un olivo, en la Fábula de Píramo y Tisbe (vv. 289-92): Dejó la ciudad de Nino, y al salir, funesto buho alcándara hizo umbrosa un verdinegro aceituno.15 En la Fábula de Polifemo y Galatea en la octava II (vv. 9-16): Templado pula en la maestra mano el generoso pájaro su pluma, o tan mudo en la alcándara, que en vano aun desmentir al cascabel presuma; 14 Se trata de una escena muy realista al mostrar que el gerifalte, la especie de halcón más valiosa y apreciada, es la que más problemas presenta en las debatidas por su gran tamaño y menor agilidad que otras, como muestran los tratados de cetrería, mientras que las alcándaras, si van vestidas, reducen considerablemente los accidentes pero no los evitan al cien por cien. Don Juan Manuel:“Es bien traer a los gerifaltes siempre en la mano, porque como son pesados, si se caen de la alcándara podrían peligrar;” (Fradejas, 1959: 77). 15 Javier San José baraja posibilidad de la sustitución de la voz alcándara por alcandora, apoyándose en dos ediciones de Góngora del siglo XVII y en la afirmación de que “es anormal que en la imaginación poética de don Luis el árbol se transforme en alcándara al servir de plataforma para el búho”, que es rechazada por la definición incluida en el Diccionario de 1780, recogida atrás. Aparte de diversas corrupciones, indica que la voz alcandora es utilizada en el lenguaje de germanías para referirse a las perchas de ropa de los sastres (San José 2000, p. 422).